Una cosa es repetir el eslogan "Soli Deo Gloria" y otra muy diferente es en verdad darle a Dios, y solamente a Él, la gloria. Por eso repetimos junto al salmista: "No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros [ni a Calvino, ni a Arminio, ni a nuestros sistemas teológicos], sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad." (Salmos 115:1)
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El calvinismo y su perversión de la santidad de Dios
La acusación contra el calvinismo es que, si bien Satanás no puede elevarse al nivel moral de Dios, lo que puede hacer, a través del calvinismo, es quizás rebajar a Dios a su propio nivel, o empeorar a Dios, como la mente maestra suprema y el origen creativo de todo mal moral en el universo. Por tanto, el calvinismo (lejos de dar gloria a Dios como presume) se alinea con el objetivo principal de Satanás: Difamar el carácter de Dios y hacerlo aborrecible para el hombre.
Sobre el error de creernos «Una vez salvos, siempre salvos»
El Espíritu de Dios y su gracia no contenderán para siempre con el hombre (Génesis 6:3), ni siquiera con aquellos que haya sacado de “Egipto” y luego se rebelen (Hebreos 3:17-19). Si una persona sigue creyendo, entonces Dios es fiel y continúa revelándole más y más de sí mismo. Sin embargo, si tal persona pierde su fe y continúa en pecado, llegará el momento en que Dios ya no se revelará a sí mismo y los ojos de tal persona estarán cegados a la verdad y su corazón se endurecerá. En 2 Tesalonicenses 2: 10-12 leemos de “los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia."
El Dios deformado del nuevo calvinismo
El Dios de la Biblia es un Dios de amor, un Dios que no ama solamente a los que le aman, sino también a los pródigos y rebeldes. Un Dios que no teme concederle a sus criaturas el regalo de la libertad para elegirlo voluntariamente y sin compulsión alguna.
Confesiones de un pentecostal arminiano a sus hermanos reformados
"El hierro se pule con el hierro, y el hombre se pule en el trato con su prójimo." (Proverbios 27:17, RVC)
Los reformadores, ídolos con pies de barro y manos ensangrentadas
Los pentecostales a menudo intentamos reivindicar nuestro lugar como “verdaderos protestantes” (como si anhelásemos, igual que las iglesias tradicionales, anclarnos al siglo XVI y justificar así nuestra existencia; y aunque es evidente que la Reforma logró muchas cosas buenas, tampoco deberíamos creernos del todo la “leyenda rosa” que sobre ella se levanta o anhelar patéticamente ser incluidos en sus filas. ¡Yo mismo he intentado justificar nuestra pertenencia al protestantismo en numerosas ocasiones! pero a veces me pregunto ¿Por qué lo hacemos? ¿vale la pena insistir tanto en ello? ¿Ganamos algo de inmenso valor porque se nos incluya y acepte en las filas protestantes? Quizá no mucho…
Marie Dentière, la igualitaria, primer teóloga de la Reforma
La historia de la Reforma está dominada por personajes como Martín Lutero (1483-1546), Juan Calvino (1509-1564), Philipp Melanchthon (1497-1560), Ulrico Zwinglio (1484-1531), Guillaume Farel (1489-1565) y John Knox (1514-1572), entre otros. Estos, “los hombres de la Reforma” suelen llevarse el crédito por impulsar el movimiento político, religioso y social conocido como la Reforma Protestante. La labor de las mujeres, por otro lado, ha sido ignorada e incluso denigrada por los “Padres del Protestantismo”.
El Evangelio de la Prosperidad y sus raíces calvinistas
A lo largo de las últimas dos décadas, casi todos los pensadores y predicadores cristianos han tenido algo importante que decir sobre la Teología de la prosperidad. En el ideario de muchos protestantes, católicos y hasta personas sin religión, el mal llamado Evangelio de la prosperidad tiende a equipararse con el pentecostalismo, como si este hubiera dado vida al primero. Nada, sin embargo, está más lejos de la realidad que esto. De hecho, el Evangelio de la Prosperidad no solo puede verse en ciertos grupos pentecostales, sino que ha permeado casi cada denominación evangélica hasta la fecha. Pero, si no fueron los pentecostales los que inventaron esta herejía, entonces ¿De dónde surgió? ¿Cómo se originaron las ideas que dieron vida al Evangelio de la Prosperidad? La verdadera respuesta a esta pregunta quizá sorprenderá a muchos.
¿Debería un pentecostal celebrar el Día de la Reforma?
¿Los nombres Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina te suenan familiares? Son los traductores de la Biblia Reina-Valera, que es la versión más leída en todas las iglesias hispanas. La Reforma permitió la traducción de la Biblia a la lengua del pueblo (la iglesia católica sólo la permitía en latín), lo cual incluye al castellano. Si esta mañana has leído tu Biblia en español, dale gracias a Dios por la Reforma.
¿Qué tal si derribamos nuestros ídolos?
Se dice a menudo que los arminianos no solemos hablar mucho de Arminio ni mostramos tanto interés en su vida. Y eso es cierto en la mayoría de los casos. Se dice que defendemos la doctrina pero no hablamos del personaje, y eso está bien. ¡De hecho es excelente! Nunca debiéramos tener ídolos. Estos son inútiles y tarde o temprano se derrumban por su propio peso. Frecuentemente acusamos a los católicos de idólatras por sus imágenes (y ciertamente es idolatría), pero los protestantes también tienen sus ídolos propios (aunque se ofenderían si algo se los señalara). Aquellos que llamamos "grandes teólogos y reformadores" no necesariamente vivieron a la altura de la Palabra de Dios (nadie lo hace en realidad), ni merecen nuestra veneración ni mucho menos nuestra lealtad absoluta a sus ideas.