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La crisis de la lectura utilitarista de la Biblia en el púlpito y en la banca

* Por Fernando E. Alvarado

Resumen: La práctica devocional del pentecostalismo latinoamericano ha estado frecuentemente marcada por una lectura utilitarista y fragmentaria de las Escrituras, donde el texto sagrado se reduce a un manual de soluciones rápidas para las crisis cotidianas. Este artículo examina los profundos riesgos teológicos e históricos de este pragmatismo instrumentalizador y propone, en contraparte, una hermenéutica eclesial, narrativa y comunitaria. Se argumenta que el Espíritu Santo moviliza a la comunidad de fe a leer la Biblia no como un repertorio de promesas descontextualizadas, sino como el gran teatro de la redención donde Dios dialoga activamente con su pueblo en el presente, exigiendo un compromiso tanto con la dependencia carismática como con la responsabilidad exegética.

Palabras clave: Hermenéutica pentecostal; pragmatismo; lectura comunitaria; eclesiología; espiritualidad.

1. La crisis de la lectura utilitarista en el púlpito y en la banca

Una de las paradojas más notables y urgentes del pentecostalismo contemporáneo radica en su profunda devoción afectiva por la Biblia combinada, paradójicamente, con un alto grado de superficialidad metodológica en su interpretación sistemática. En la praxis cotidiana de innumerables congregaciones a lo largo del continente, la Escritura es reverenciada con pasión desbordante en los altares, pero empobrecida analíticamente en las bancas y en las aulas de discipulado. Con frecuencia, el acercamiento al texto sagrado se sostiene sobre un andamiaje puramente utilitario: se busca en la Biblia alivio emocional frente a la angustia existencial, directrices económicas ante la precarización de la vida o una palabra de triunfo triunfalista frente a la prueba inmediata.

Si bien la Palabra de Dios posee una inagotable riqueza pastoral y consuela genuinamente al quebrantado, reducir el canon bíblico a una suerte de vademécum de respuestas automáticas distorsiona de forma radical su verdadera naturaleza literaria, histórica y teológica. Como bien ha advertido Lee Roy Martin al analizar los desvíos metodológicos del movimiento en el contexto global y latinoamericano, la tendencia inveterada a instrumentalizar el texto de manera fragmentaria debilita trágicamente la capacidad de la Iglesia para escuchar la totalidad de la voz profética de Dios (MARTÍN, 2013, p. 2). Este ensayo examina las causas históricas y pneumatológicas de este fenómeno y plantea la imperiosa necesidad de recuperar una hermenéutica anclada firmemente en la vida comunitaria y eclesial.

2. Cuando el texto se convierte en instrumento

El pragmatismo hermenéutico dentro del pentecostalismo popular no surge por malicia, sino, por lo general, de una urgencia pastoral legítima: la necesidad apremiante de ofrecer respuestas y esperanza a creyentes que enfrentan cotidianamente contextos asfixiantes de pobreza estructural, violencia social, marginación y sufrimiento. Sin embargo, cuando la urgencia coyuntural se erige como el único criterio normativo de lectura, el texto bíblico sufre una mutación peligrosa que vulnera su integridad canónica.

En este esquema utilitarista, los pasajes difíciles o incómodos de las Escrituras —tales como los sombríos relatos de juicio histórico, los textos sapienciales de profundo lamento o las complejas exigencias éticas del Sermón del Monte— son sistemáticamente marginados o reinterpretados forzosamente para ajustarlos a una narrativa triunfalista constante. El texto sagrado deja de interpelar al lector desde su alteridad histórica y literaria, degradándose para pasar a ser un simple eco subordinado a las necesidades psicológicas, emocionales o institucionales del liderazgo del momento.

Como señala con agudeza Gordon D. Fee, domesticar la autoridad de la Escritura para hacerla decir únicamente lo que deseamos escuchar en función de nuestra comodidad espiritual equivale a vaciar de contenido profético al texto mismo, sustituyendo la voz soberana del Espíritu por los ecos ensordecedores de nuestra propia subjetividad cultural (FEE, 1991, p. 45). La comunidad pentecostal necesita reconocer con urgencia que la genuina autoridad de las Escrituras radica precisamente en su inalienable capacidad de confrontar nuestras agendas preconcebidas, sacudir nuestras falsas seguridades y corregir permanentemente nuestros rumbos comunitarios.

3. El redescubrimiento del canon literario

Para superar este atolladero metodológico y espiritual, es imperativo recuperar una perspectiva profundamente comunitaria, narrativa y eclesial de la hermenéutica. El Espíritu Santo no fue derramado sobre la Iglesia primitiva únicamente como una dote individual para la experiencia mística o el éxtasis personal, sino con el propósito primordial de constituir, guiar y sostener a la comunidad del nuevo pacto (MENZIES, 2016, p. 112). Es precisamente en el seno de la Iglesia corporativa, cuando esta se congrega en genuina adoración y en riguroso estudio, donde el texto sagrado cobra su dimensión más honda y transformadora.

Una hermenéutica pentecostal verdaderamente renovada comprende que la Biblia no constituye un archivo estático de fragmentos doctrinales desconectados, sino una vasta y coherente narrativa unificada —el gran teatro de la redención— cuyo hilo conductor es la obra soberana, histórica y salvífica de Dios manifestada plenamente en Jesucristo. Cuando la comunidad de fe lee unida, dócil y atenta a la dirección del Espíritu, se protege de los estragos del individualismo hermenéutico exacerbado. La erudición histórica, el análisis gramatical y el rigor literario, lejos de apagar el fuego del Espíritu, proveen los lentes ópticos adecuados para que la comunidad escuche con extrema fidelidad los matices originales del texto, permitiendo que el Espíritu resuene con frescura inusitada ante los dilemas del presente.

4. Hacia una praxis hermenéutica eclesial y transformadora

Restaurar la dignidad y la profundidad de la lectura bíblica en el pentecostalismo latinoamericano exige transformar de raíz la manera en que enseñamos, discipulamos y predicamos en el ámbito local. Esto implica desplazar con valentía el enfoque de la pregunta meramente individualista y egocéntrica («¿Qué significa este versículo para mí hoy de forma aislada?») hacia una interrogante de carácter corporativo, histórico y riguroso («¿Qué está comunicando Dios a su pueblo a través de este texto en su horizonte original, y cómo nos convoca hoy a encarnar su justicia y su verdad?»).

Esta transición metodológica y pastoral no empobrece en absoluto la vitalidad de la experiencia carismática; por el contrario, la sanea, la madura y la proyecta con solidez. Como apunta Rick Nañez, el desarrollo sistemático de una mente teológicamente madura en el creyente carismático enriquece notablemente la liturgia de la adoración y dota a la predicación pastoral de un peso ético, social y profético insustituible frente a los males de la sociedad (NAÑEZ, 2007, p. 185). Una comunidad pentecostal que comprende e interpreta las Escrituras en su rica vastedad literaria e histórica deja de depender indefectiblemente de discursos superficiales o manipuladores, transformándose en una voz con autoridad moral indiscutible.

Conclusión

Superar las amarras ideológicas del pragmatismo utilitarista representa uno de los desafíos teológicos e históricos más inaplazables para el pentecostalismo del siglo XXI. La sagrada Escritura no es un depósito impersonal de recursos mágicos destinados a aliviar emergencias existenciales transitorias, sino la morada viva y desafiante donde el Espíritu Santo confronta, edifica, corrige y moviliza permanentemente a la Iglesia. Al rescatar una hermenéutica profundamente eclesial y equilibrada, que valora con la misma intensidad el rigor exegético y la dependencia del fuego pneumatológico, la comunidad de fe redescubre su vocación más alta: ser un pueblo arraigado en la verdad inquebrantable, apasionado por la presencia divina y plenamente capacitado para encarnar el Evangelio en las complejas encrucijadas de la historia humana.

Referencias bibliográficas

  • Anderson, Allan H. (2007). El pentecostalismo: El cristianismo carismático mundial. Madrid: Ediciones Akal.
  • Fee, Gordon D. (1991). Gospel and Spirit: Issues in New Testament Hermeneutics. Grand Rapids, MI: Baker Academic.
  • Martín, Lee Roy. (2013). Guía Pentecostal para el Estudio Bíblico. Cleveland, TN: Church of God / Material de estudio pentecostal.
  • Menzies, Robert P. (2016). Pentecostales: Esta historia es nuestra historia. Río de Janeiro: CPAD.
  • Nañez, Rick. (2007). Pentecostal de Corazón y Mente: Un Llamado al Don Divino del Intelecto. São Paulo: Vida.
* Fernando E. Alvarado es pastor de las Asambleas de Dios. Posee licenciaturas en Estudios Teológicos, Teología Ministerial y Ciencias Sociales, y cuenta con una maestría en Teología y una maestría en Educación Cristiana, encontrándose actualmente cursando la maestría en Ministerio y la maestría en Sagrada Escritura, a lo que suma estudios en Idiomas Bíblicos y en Teología del Medio Oriente con énfasis en Teología Islámica, además de diplomados en Misiones Transculturales, Comunicación Transcultural y Ley Sharia. Ha recibido el Doctorado honoris causa en Ciencias Teológicas. Se desempeña como rector del Seminario Teológico Pentecostal Donald Gee y director del blog Pensamiento Pentecostal Arminiano. Es autor de cuatro libros: La maldición de las hijas de Eva: un estudio sobre el rol de la mujer según la Biblia, su exclusión del ministerio y su papel en el cristianismo a través de la historia (2021), ¿Jesús sol? Una respuesta al pentecostalsimo unicitario (2022), Sigue siendo Dios: Una defensa del continuismo pentecostal (2024) y Charismata: Hacia una teología pentecostal de los dones del Espíritu (2026).

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