5 SOLAS, Reforma Protestante, Salvación

Sola Fide, una perspectiva pentecostal

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión “Sola Fide” es una frase en latín que significa “fe sola”. Es una de las cinco solas de la Reforma Protestante. La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios establece que:

“La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios… La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe”[1]

Sola fide señala que la salvación es a través de la fe, no de las obras, como explica Efesios 2: 8-9:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”

El reformador protestante Martín Lutero consideraba tan importante la sola fide que lo llamó “El artículo con el que se apoya la iglesia”.[2]

FIDE 2

LA SALVACIÓN POR LA FE SOLA

Sola fide se resume bien en Efesios 2: 8-9, pero el concepto se encuentra en todas las Escrituras. Por ejemplo, Juan 3:16 enfatiza la fe en Jesús para la vida eterna:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

Juan 5:24 agrega:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”

Jesús también enseñó que:

“Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29)

La iglesia primitiva afirmó esta enseñanza de Jesús y notó que sus enseñanzas hacían eco de las palabras anteriores de los profetas del Antiguo Testamento:

“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43)

Romanos 1:17 cita Habacuc 2: 4 en el Antiguo Testamento y dice:

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”

Lo que la ley del Antiguo Testamento buscaba alcanzar por medio de las obras, fue alcanzado por medio de la fe en Jesucristo:

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Romanos 3:28)

Filipenses 3: 9 declara que la fe es lo que nos hace justos:

“… y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”

Aquellos que rechazan la Sola Fide o la salvación solo por la fe se aferran a un Evangelio basado en obras que difiere de las enseñanzas que se encuentran en las Escrituras. En Gálatas 1:9, Pablo condenó tal pensamiento como un falso evangelio:

“Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”

Sola fide es una enseñanza esencial de las Escrituras que fue recuperada por los reformadores protestantes, y sigue siendo vital para la vida de los cristianos evangélicos modernos y la vida de la iglesia de hoy.

FIDE 1

LA IMPORTA DE SOLA FIDE EN EL PROTESTANTISMO

Pocas doctrinas son más importantes para la teología evangélica que la doctrina de la justificación solo por fe (el principio de la Reforma de sola fide). Martin Lutero afirmó con razón que la iglesia se establece o se derrumba a partir de esta doctrina. La historia proporciona muchas pruebas objetivas para afirmar la evaluación de Lutero.[3] Las iglesias y las denominaciones que mantienen firmemente la sola fide permanecen evangélicas. Aquellos que se han apartado del consenso de la Reforma sobre este punto, capitulan inevitablemente al liberalismo, vuelven a lo sacerdotal, aceptan alguna forma de legalismo o se desvían a peores formas de apostasía.

El evangelicalismo histórico, por lo tanto, siempre ha tratado a la justificación por fe como un distintivo bíblico central. Ésta es la doctrina que hace que el cristianismo auténtico sea distinto de todas las demás religiones. El cristianismo es la religión de la realización divina, con el énfasis siempre en la obra consumada de Cristo. Todas las demás son religiones de logros humanos. Se preocupan, inevitablemente, con los esfuerzos propios del pecador por ser santo. Si abandonamos la doctrina de la justificación por la fe no podemos afirmar honestamente ser evangélicos. La Escritura misma hace de sola fide la única alternativa a un sistema condenatorio de obras-justicia:

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5).

En otras palabras, los que confían en Cristo para la justificación sólo por fe reciben una justicia perfecta que se les es tenida en cuenta. Aquellos que tratan de establecer la suya propia o mezclan la fe con las obras sólo reciben la terrible paga que se debe a todos los que no alcanzan la perfección. Así que el individuo, tanto como la iglesia, se mantiene o cae con el principio de sola fide. La apostasía de Israel estaba basada en el abandono de la justificación solo por fe:

“Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Romanos 10:3)

FIDE 3

LA FE SALVADORA, UNA FE QUE OBRA

No obstante, y a pesar de sostener la plena validez de la Sola Fide, reconocemos que la fe viva es la que actúa y se mueve por el amor. Los evangélicos, y particularmente los pentecostales, sostenemos la salvación por fe. Afirmamos sin duda alguna que “por gracia sois salvos por medio de la fe” y de que “el justo por la fe vivirá”. Sin embargo, también afirmamos, basados en la Palabra de Dios, que la fe de aquellos que han tenido y tienen la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana, es, y debe siempre ser, activa y moverse por el amor.

¿Plantea esto una contradicción con el principio de Sola fide? ¡En ninguna manera! En la Biblia se muestra, en otros contextos, que la fe, para vivir, para respirar, para ser auténtica, tiene que tener obras, actuación y dinamismo. Santiago afirma:

“Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no lo demuestra con sus acciones? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Por ejemplo: un hermano o una hermana no tiene ropa para vestirse y tampoco tiene el alimento necesario para cada día. Si uno de ustedes le dice: «Que te vaya bien, abrígate y come todo lo que quieras», pero no le da lo que necesita su cuerpo, ¿de qué le sirve? Así pasa también con la fe: por sí sola, sin acciones, está muerta. Pero alguien puede decir: «Tú tienes fe, y yo tengo acciones. Pues bien, muéstrame tu fe sin las acciones, y yo te mostraré mi fe por medio de mis acciones». Tú crees que hay un solo Dios. ¡Qué bien! Pero también los demonios lo creen, y tiemblan. ¡No seas tonto! Debes darte cuenta de que la fe sin las acciones es inútil. Nuestro antepasado Abraham fue declarado justo por lo que hizo. Él ofreció como sacrificio a su hijo Isaac sobre el altar. Date cuenta de que su fe iba acompañada de sus acciones, y por medio de sus acciones su fe llegó a ser perfecta. Así se cumplió la Escritura que dice: «Abraham creyó a Dios y eso se le tomó en cuenta como justicia». Y a Abraham lo llamaron amigo de Dios. Como pueden ver, a una persona se la declara justa por sus acciones, y no sólo por su fe. Lo mismo le pasó a Rahab, la prostituta, cuando recibió a los espías y los ayudó a huir por otro camino. Ella fue declarada justa. Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin acciones está muerta” (Santiago 2:14-26, NBV)

La justificación bíblica jamás minimiza el renacimiento espiritual de la regeneración (2 Corintios 5:17); ni tampoco substrae los efectos morales del nuevo corazón del creyente (Ezequiel 36:26-27). La doctrina de la justificación por la fe jamás convierte la gracia de Dios en libertinaje (Judas 4). Este punto de vista se llama antinomianismo.

Aclaramos: No son las obras las que nos salvan, es la fe, pero esta fe, si es viva necesita ineludiblemente, ser una fe activa. No hay fe en aquel que carece de obras justas y, si hubiera fe, caería en la calificación de una fe muerta, aunque quien la tenga sea totalmente religioso. Así, el apóstol Pablo, que nos deja toda la doctrina de la gracia, de la justificación, el Apóstol que nos deja la frase lapidaria “el justo por la fe vivirá”, también nos deja, escribiendo a los Gálatas, que “la fe… obra por el amor” (Gálatas 5:6). Cuando a la fe le cortamos esa dimensión amorosa, obradora y actuante, la matamos o termina por morirse y dejar de ser. En última instancia, una fe sin obras debería ser considerada una fe falsa, incapaz de salvar, ya que:

  1. La fe sin obras revela un corazón que no ha sido transformado por Dios. Cuando hemos sido regenerados por el Espíritu Santo, nuestras vidas van a demostrar esa vida nueva. Nuestras obras se caracterizarán por la obediencia a Dios. La fe que no se ve, llega a ser evidente por la demostración del fruto del Espíritu en nuestras vidas (Gálatas 5:22). Si no hay frutos, es obvio que la fe no es real.
  2. La fe sin obras es una fe vana, pues la fe resulta en una nueva creación, no en una repetición de los mismos patrones de conducta pecaminosa. Como Pablo escribió en 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
  3. La fe sin obras viene de un corazón que no ha sido regenerado por Dios. Profesar una fe vacía, no tiene el poder para cambiar vidas. Aquellos que dicen tener fe pero que no tienen el Espíritu, escucharán a Cristo mismo decir, “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).

Aquel que dice tener fe, lo demostrará por sus obras, pues la fe es más que un mero asentimiento intelectual. Los pentecostales creemos que las buenas obras no nos salvan, sin embargo, creemos también que los verdaderamente salvos producen buenas obras.

FIDE 4

LA FE QUE OBRA NO ES UNA FE LEGALISTA

Por otro parte, hay muchos que hacen que la justificación dependa de una mezcla de fe y obras. El efecto es hacer de la justificación un proceso basado en la propia justicia imperfecta del creyente en lugar de un acto declarativo de Dios basado en la justicia perfecta de Cristo. Tan pronto como la justificación se fusiona con la santificación, las obras de la justicia se convierten en una parte esencial del proceso. La fe se diluye por lo tanto con las obras. Se abandona la Sola Fide. Éste fue el error de los legalistas de Galacia (Gálatas 2:16; 5:4). Pablo lo llamó “un evangelio diferente” (Gálatas 1:6, 9). El mismo error se encuentra prácticamente en todo culto falso. Es el principal error del catolicismo romano y de las sectas legalistas.

Ante la pregunta: ¿Qué debemos hacer para ser salvos? Los pentecostales, al igual que el apóstol Pablo respondemos si dudarlo:

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31)

Las epístolas doctrinales cruciales de Pablo (especialmente Romanos y Gálatas) se extienden en esa respuesta, desarrollando la doctrina de la justificación por la fe para mostrar cómo somos justificados por la fe sin obras humanas de ningún tipo. Dicho de otro modo: el cristiano no hace buenas obras para ser salvo ¡Sino porque ya es salvo! Es el fruto natural que se espera del verdadero creyente.

FIDE 5

LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE SOLA EN LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

Aunque Cristo no hizo ninguna explicación formal de la doctrina de la justificación (como lo hizo Pablo en su epístola a los Romanos), la justificación por fe subyace e impregna toda Su predicación del Evangelio. Aunque Jesús nunca dio un discurso sobre el tema, es fácil de demostrar a partir de Su ministerio evangelístico que Él enseñó sola fide. Por ejemplo, fue el mismo Jesús quien dijo:

“El que oye Mi palabra, y cree… ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24)

Nótese que Jesús habló de una salvación plena, sin pasar ningún sacramento o ritual y sin ningún tipo de espera o período el purgatorio. El ladrón en la cruz es el ejemplo clásico. En la prueba más exigua de su fe, Jesús le dijo:

“De cierto os digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43)

No era necesario ningún sacramento o trabajo por parte de él para obtener la salvación. Por otra parte, las muchas sanaciones que Jesús logró eran evidencia física de Su poder de perdonar pecados (Mateo 9:5-6). Cuando Él sanaba, con frecuencia decía: “Tu fe te ha salvado” (Mateo 9:22; Marcos 5:34; 10:52, Lc. 8:48, 17:19, 18:42). Todas esas curaciones eran lecciones objetivas sobre la doctrina de la justificación solo por fe. Sin embargo, la única ocasión en la cual Jesús declaró a alguien “justificado” proporciona la mejor visión de la doctrina tal como Él la enseñó:

“Dijo también esta parábola a unos que confiaban que ellos eran justos y menospreciaban a otros: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:9-14)

¡Esa parábola seguramente sorprendió a los que escuchaban a Jesús! Ellos “confiaban en sí mismos como justos” (v. 9), la definición misma de la justicia propia. Sus héroes teológicos eran los fariseos, que tenían las normas legalistas más rígidas. Ellos ayunaban, oraban y daban limosna dando un gran espectáculo; e incluso iban más allá en la aplicación de las leyes ceremoniales de lo que en realidad Moisés había prescrito.Sin embargo, Jesús había sorprendido multitudes diciendo:  “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20), seguido por:

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”(v. 48)

Es evidente que Él estableció un estándar que era humanamente imposible, ya que nadie podía superar la rigurosa vida de los escribas y fariseos. Ahora Él sorprende aún más a Sus oyentes con una parábola que parece colocar a un recaudador de impuestos detestable en una posición espiritual mejor que un fariseo que ora. El punto de Jesús es claro. Él estaba enseñando que la justificación es solo por fe. Ahí está toda la teología de la justificación. Pero sin profundizar en la teología abstracta, Jesús nos describió claramente la imagen con una parábola. La justificación del recaudador de impuestos era una realidad instantánea. No hubo ningún proceso, lapso de tiempo, ningún miedo del purgatorio. Él “descendió a su casa justificado” (v. 14) – no por algo que había hecho, sino por lo que había sido hecho en su nombre.

Nótese que el recaudador de impuestos entendió su propia impotencia. Debía una deuda imposible, que él sabía que no podía pagar. Lo único que podía hacer era arrepentirse y pedir clemencia. Su oración contrasta con la del fariseo arrogante. No relata lo que había hecho. Sabía que incluso sus mejores obras eran pecados. Él no se ofreció a hacer algo por Dios. Simplemente pidió clemencia divina. Buscaba a Dios para que Él hiciera lo que él no podía hacer por sí mismo. Esa es la naturaleza misma del arrepentimiento que Jesús pidió.

Además, este hombre se fue justificado sin realizar ninguna obra de penitencia, sin hacer ningún sacramento o ritual, sin obras meritorias. Su justificación fue completa y sin ninguna de esas cosas, porque era únicamente sobre la base de la fe. Todo lo necesario para expiar su pecado y ofrecer perdón ya había sido hecho en su nombre. Él fue justificado por fe en ese mismo momento. Una vez más, hace un fuerte contraste con el fariseo engreído, que estaba tan seguro de que todo su ayuno, diezmo y otras obras le hacían aceptable a Dios. Pero mientras que el trabajo del fariseo se mantuvo injustificado, el creyente recaudador recibió plena justificación solo por fe.

Hay algo sumamente importante que destacar en todo esto: Jesús, en el Sermón de la Montaña, afirmó:

“Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20)

Sin embargo, ahora afirma que este recaudador de impuestos, el más malvado de los hombres en la mentalidad judía, ¡es justificado! ¿Cómo obtuvo tal pecador una justicia que excedía la de los fariseos? Si la norma es la perfección divina (v. 48), ¿cómo puede un cobrador de impuestos traidor llegar a ser justo a los ojos de Dios? La única respuesta posible es que recibió una justicia que no era la suya (Filipenses 3:9). La justicia le fue imputada por fe (Romanos 4:9-11). ¿La justicia de quién le fue reconocida? Sólo podía ser la perfecta justicia de un Sustituto irreprochable, que a su vez debe cargar con los pecados del recaudador de impuestos y sufrir el castigo de la ira de Dios en su lugar. Y el Evangelio nos dice que eso es precisamente lo que Jesús hizo.

El publicano fue justificado. Dios le declaró justo, imputándole la justicia plena y perfecta de Cristo, perdonándole de toda injusticia y librándole de toda condenación. A partir de entonces, siempre estuvo frente a Dios con una justicia perfecta que le había sido otorgada a su favor. Eso es lo que significa la justificación. Es el único Evangelio verdadero. Todos los demás puntos de la teología emanan de ella.

FIDE 6

CONCLUSIÓN

La doctrina más distintiva de la fe evangélica es la justificación por la fe sola. No hay ninguna otra religión en el mundo que tenga semejante enseñanza. No solo es una doctrina distintiva, sino que viene a ser la única solución al problema más importante de la humanidad: su propia injusticia y la ruptura de su relación con el Creador. La justificación por la fe sola es el camino que Dios ha puesto para establecer de nuevo la paz entre Él y sus criaturas. Es el corazón del evangelio, la buena noticia de la Biblia.

Fieles a nuestra herencia protestante, pero sobre todo a la Palabra de Dios, los pentecostales declaramos que el principio de Sola Fide es una enseñanza clave de nuestra fe. La doctrina de la justificación por la fe sola, bien entendida, nos capacita para obedecer. De hecho, es la única fuente duradera de motivación, y el patrón a seguir para vivir la vida cristiana. ¿Por qué? La justificación por la fe es la clave para la vida cristiana porque le da al creyente el derecho legal de participar en las bendiciones celestiales, incluyendo la obra santificadora del Espíritu (Gálatas 3:6-14). La justificación por la fe es también el motor que impulsa la fidelidad a Dios porque garantiza ser aceptado por Él, lo cual libera al creyente para obedecerle radicalmente, incluso arriesgando su vida, confiando que Dios estará siempre con él y obrará todo para bien (Romanos 5:1-5; 8:28-30). Finalmente, la justificación por la fe provee el patrón para la vida cristiana porque en ella Dios muestra su misericordia y generosidad, lo cual motiva asimismo al creyente a mostrar misericordia y generosidad hacia los demás (Mt. 18:21-35). ¡Glorificado sea Dios por tan excelsa doctrina!

FIDE 7

REFERENCIAS:

[1] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículo 5.

[2] Wriedt, Markus. “Luther’s Theology,” en The Cambridge Companion to Luther. New York: Cambridge University Press, 2003, pp. 88–94.

[3] Jaroslav Pelikan and Helmut Lehmann, eds., Luther’s Works, 55 vols. (St. Louis and Philadelphia: Concordia Publishing House and Fortress Press, 1955-1986), 34:337.

5 SOLAS, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

Las 5 Solas y el Pentecostalismo

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Por años, los teólogos de la Reforma cuestionaron y cambiaron el entendimiento de la salvación del hombre que la iglesia católica abrazaba, junto con toda la teología relacionada al plan de redención. Con el paso del tiempo se hizo necesario resumir todo ese nuevo entendimiento teológico, a fin de que otros pudieran visualizarlo de una manera sencilla, pero no simplista. Esto dio origen a cinco lemas, conocidos como las cinco «Solas» de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. Sola Fide. Sola Gratia. Solus Christus. Soli Deo Gloria.

A medida que se establecían, las denominaciones nacidas o derivadas de la Reforma adoptaron, en mayor o menor grado, estos cinco fundamentos, considerándolos claves de su fe. Para los protestantes, las “Cinco Solas” resumen las creencias teológicas básicas de los reformadores del siglo XVI que entraban en contraposición con la doctrina católica.

La palabra latina “sola” significa en español “solo” o “solamente”. Las cinco solas eran, en el entendimiento de los primeros reformadores, como pilares esenciales para la vida y práctica cristianas. Estos cinco puntos teológicos son los que mantienen Wittenberg y el Vaticano irreconciliablemente separados.

SOLA 3

¿CÓMO SURGIERON LAS 5 SOLAS DE LA REFORMA?[1]

Hoy día prácticamente todos los evangélicos se adhieren y confiesan las 5 “Solas” de la Reforma. Las ideas que dieron vida a las 5 “Solas” estuvieron presentes desde la etapa más temprana de la Reforma, pero las frases actuales se desarrollaron en el tiempo. Las frases más tempranas fueron tres: sola scriptura, sola fide y sola gratia. Éstas se encuentran fácilmente en los textos protestantes de inicios del siglo XVI.

      I.        SOLA SCRIPTURA

Para los protestantes la Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica. Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente (Gálatas 1:6-10; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:3). La expresión “Sola Scriptura” era empleada por los primeros protestantes ya en el siglo XVI. Dicha expresión se encuentra en escritos de los primeros reformadores tan pronto como en 1526 y Bucer la usó en 1536. Más tarde fue adoptada también por Calvino, quien la usó en la Institución III.XVII.8.

Sola scriptura enseña que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, por consiguiente, la única fuente de autoridad, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede auto interpretar por medio de ella misma. Lo anterior significa que la Biblia no necesita interpretación fuera de ella misma, idea que se opone directamente a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia católica, la cual enseña que la Biblia sólo puede ser interpretada fielmente por medio de la tradición apostólica; estando ésta representada para la tradición católica por el Magisterio (que es la autoridad de enseñanza que tienen los obispos en unión con el papa). A Sola scriptura a veces se le llama el principio formal de la Reforma, puesto que es la fuente y norma para el principio material, Sola fide.

    II.        SOLA FIDE

De acuerdo con la teología protestante, la salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir (Efesios 2:8-9, Romanos 3:28). La expresión “Sola Fide” fue usada célebremente por Lutero en su traducción de Gálatas 3. También la usó en sus lecturas de Gálatas. En 1521; Melanchton la usó en sus Loci Communes (Lugares Comunes, su texto sistemático) exactamente como nosotros lo hacemos hoy. Karlstadt también usó sola fide en su disputa teológica de 1519. La significancia de esto es que estaba ciertamente reflejando, en este punto, lo que Lutero y Melanchton estaban diciendo. La frase también se halló en la obra de François Lambert (1524); Johannes Oecolampadius (1524,1534); Martin Bucer (1527, 1534, 1536, 1545), Heinrich Bullinger (1534, 1557); Pedro Mártir Vermigli (1549) y en Calvino (Institución III.III.1; III.XI.1; I.XI.19; III.XIV.17, etc.). Para los primeros protestantes, la expresión “Sola fide” constituía una declaración de que la justificación (interpretada en la teología protestante como “ser declarado justo por Dios”, y asumida también como “salvación”) se recibe sólo por la fe, sin ninguna mezcla ni necesidad de buenas obras, aunque en la teología protestante clásica, la fe salvadora siempre se evidencia por las buenas obras.

   III.        SOLA GRATIA

En la teología protestante la salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección (Efesios 2:8). Hasta donde se sabe, el luterano Andreas Bodenstein von Karlstadt, antes de que se radicalizara, fue el primero en usar la expresión “Sola gratia” en sus escritos, usándola repetidamente en su disputa teológica del año 1519. Más adelante fue usada también por Martin Bucer en su Comentario de los Evangelios de 1536 y otra vez en un tratado de 1545. Calvino defendió la noción y usó la frase en su obra Institución de la Religión Cristiana II.III.11 (1536).

El reformador italiano Pedro Mártir Vermiligi la usó en sus lecturas de Romanos en 1558; Wolfang Musculus la usó en sus lecturas de Gálatas y Efesios (1561) y Caspar Olevianus la usó en sus lecturas de Romanos (1579). Para los primeros reformadores, la expresión “Sola gratia” constituía una enseñanza cardinal de la Reforma: que la salvación viene sólo por la gracia divina o gracia de Dios; es decir, por un “favor inmerecido”, no como algo que el pecador haya conseguido por sus propios méritos.

   IV.        SOLUS CHRISTUS

La expresión Solus Christus afinca sus raíces en el pensamiento de Martín Lutero y permanece, al igual que las otras “Solas” de la Reforma, como un testimonio duradero de su influencia en el protestantismo.[2] Para nosotros los protestantes, la salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios (Hechos 4:12). Así pues, Solus Christus enseña que Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro.

La razón por la cual los reformadores pelearon tan incesantemente por “Solus Christus” fue porque nuestra propia salvación descansa en la persona de Cristo y su obra culminada. La Escritura presenta a Jesucristo como el único mediador entre un Dios Santo y el hombre pecador (1 Timoteo 2:5). Dios salva a pecadores Solus Christus.[3] Solus Christus significa, entonces, que hay un solo Dios y un solo mediador, Jesucristo el Dios Hombre, quien se entregó para salvar a todos los que vienen a él.

    V.        SOLI DEO GLORIA

Soli Deo gloria es un término en latín que significa solo la gloria a Dios. Para el cristiano el propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios; poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter (Efesios 1:4-6; 1 Pedro 2:9). Soli Deo gloria enseña que toda la gloria es sólo para Dios, puesto que la salvación sólo se lleva a cabo a través de su voluntad y acción por medio de la redención todo-suficiente de Jesús en la cruz.

La expresión “Soli Deo Gloria” ha sido utilizada por artistas como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Christoph Graupner para indicar que el trabajo fue producido por el bien de alabar a Dios. La frase se ha convertido en una de las cinco solas postuladas para resumir las creencias básicas de los reformadores durante la Reforma protestante. Como doctrina, significa que todo lo que se hace es para la gloria de Dios a la exclusión de auto-glorificación y el orgullo de la humanidad. Los cristianos deben estar motivados e inspirados por la gloria de Dios y no la suya.

SOLA 2

LOS PENTECOSTALES Y LAS “5 SOLAS”

¿Cuál es nuestra postura como pentecostales en relación con las 5 Solas? ¿Las aceptamos como parte integral de nuestra teología y práctica cristiana? Sí. Y esto puede evidenciarse en las Declaraciones de Fe de las principales denominaciones pentecostales.

La “Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios”[4] la cual contiene las 16 doctrinas básicas a las cuales se adscriben las iglesias de las Asambleas de Dios (la mayor denominación pentecostal del mundo) incluye de forma explícita los principios teológicos y doctrinales contenidos en las “5 Solas”. Dicha “Declaración” afirma:

ARTÍCULO 1:
“Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (SOLA SCRIPTURA)”.
ARTÍCULO 2:
“… No es solo un deber de todos en el cielo y en la tierra postrarse ante Él, sino que es un gozo inefable en el Espíritu Santo… rendirle todo el honor y la gloria…” (SOLI DEO GLORIA)
ARTÍCULO 5:
“LA ÚNICA ESPERANZA DE REDENCIÓN PARA EL HOMBRE ES A TRAVÉS DE LA SANGRE DERRAMADA DE JESUCRISTO, el Hijo de Dios… La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la FE EN EL SEÑOR JESUCRISTO. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la JUSTIFICACIÓN POR LA GRACIA A TRAVÉS DE LA FE” (SOLA FIDE, SOLA GRATIA, SOLUS CHRISTUS)

Todas las iglesias de las Asambleas de Dios se adhieren a estas doctrinas que son principios no negociables de la fe.

La Iglesia de Dios (Cleveland), otra de las mayores denominaciones pentecostales, también afirma:

“La Iglesia de Dios cree y sostiene la Biblia completa, debidamente trazada [Sola Scriptura]. El Nuevo Testamento es su única regla de gobierno y disciplina. La Iglesia de Dios ha adoptado la siguiente Declaración de Fe como el estandarte oficial de su doctrina. Creemos: En la inspiración verbal de la Biblia… Que Jesucristo es el unigénito del Padre, concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Que fue crucificado, sepultado y resucitó de entre los muertos. Que ascendió al cielo y está hoy a la diestra del Padre como nuestro Intercesor [Solus Christus]… Que la justificación, la regeneración y el nuevo nacimiento se efectúan por fe en la sangre de Jesucristo [Sola Fide, Sola Gratia].”[5]

La Iglesia Cuadrangular, otra denominación importante del pentecostalismo clásico, afirma:

“Creemos que la Biblia fue inspirada por Dios [Sola Scriptura]… Creemos que mientras éramos pecadores, Cristo murió por nosotros perdonando a todo aquel que en Él crea [Solus Christus, Sola Fide]… Creemos que somos salvados por la gracia de nuestro Señor a través de nuestra fe en Él [Sola Gratia][6]

SOLA 4

CONCLUSIÓN

Los pentecostales reconocemos la importancia de las 5 Solas de la Reforma y las incorporamos en nuestra teología y práctica cristiana. Concluyo este artículo con las palabras de Esteban Muñoz de Morales, pastor pentecostal y vicepresidente de las Asambleas de Dios en España quien afirmó en relación con las 5 Solas:[7]

“Lutero vino a señalar que la Palabra de Dios tiene autoridad en sí misma y puede descubrirse para la persona que se acerca a ella…” (SOLA SCRIPTURA)
“La reforma manifestaba que la salvación no depende del esfuerzo humano o de una administración de sacramentos, sino de la gracia de Dios…” (SOLA GRATIA)
“Si Dios es quien trae la salvación, hace la obra completa, sólo él recibe la gloria… Por ello el ser humano no se pone como centro, sino que Cristo es el único que recibe la gloria. No hay ninguna persona que reciba adoración o alabanza fuera de él… que todo sea para la gloria de Dios tiene aplicaciones para nuestra vida cotidiana, porque no es posible darle la gloria a Dios sin una encarnación. El ser humano, como cristiano, no puede glorificar a Dios sin encarnar el mensaje del evangelio. La reforma nos quita del dualismo, de una división entre lo secular y lo sagrado. Se enfatiza una vida integral, las personas deben vivir toda su existencia para dar la gloria a Dios. No es una cuestión de liturgia, sino que en todo en la vida Cristo está presente…” (SOLI DEO GLORIA)
“El hombre y la mujer no pueden salvarse a sí mismos, solo Cristo salva. La fe es la llave maestra de la salvación, como enseñó Pablo…” (SOLA FIDE)
“El principio de solo Cristo nos ayuda a descubrir a Dios como Padre al que tenemos acceso por nuestro hermano mayor, Jesucristo, que nos lleva de la mano a él. La religión popular se suele enfocar en otras ayudas, pero Cristo es el único que nos puede llevar a Dios.” (SOLUS CHRISTUS)

Los pentecostales no necesitamos estar de acuerdo con cada elemento de la teología luterana o reformada para concordar con las “5 Solas”. Valoramos el legado de los reformadores, particularmente de Martín Lutero, y reconocemos sus aportes a la teología. Como parte integrante del protestantismo, los pentecostales nos unimos para proclamar la validez y vigencia de las 5 Solas: ¡Sola Scriptura! ¡Sola fide! ¡Sola gratia! ¡Solus Christus! ¡Soli Deo gloria!

SOLA 5

REFERENCIAS:

[1] Strawbridge, Gregg (1993). «The Five Solas of the Reformation. A Brief Statement» (en inglés). Reformation Celebration en Audubon Drive Bible Church, en Laurel: FiveSolas.com. Consultado el 24 de octubre de 2019.

[2] Stephen J. Nichols, Martin Luther: A Guided Tour of his Life and Thought [Martín Lutero: un recorrido guiado de su vida y pensamiento] (Phillipsburg: P&R Publishing, 2002).

[3] Rod Rosenbladt, Christ Alone [Solo Cristo] (Irvine: NRP Books, 2015).

[4] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#15 Consultado el 24 de octubre de 2019.

[5] Declaración de Fe de la iglesia de Dios. Disponible en: http://www.churchofgod.org.es/beliefs/declaration-of-faith consultado el 24 de octubre de 2019.

[6] Declaración de Fe – Iglesia Cuadrangular. Disponible en: http://iglesiacuadrangularplenituddegozo.org/Declaracion_de_Fe.html Consultado el 24 de octubre de 2019.

[7] Protestante Digital, “Las 5 Solas son la esencia de la fe cristiana”. Artículo disponible en: http://protestantedigital.com/cultura/39608/%E2%80%9CLas_cinco_solas_no_son_un_invento_es_la_esencia_de_la_fe_cristiana%E2%80%9D Consultado el 24 de octubre de 2019.

Navidad

Nimrod, Semíramis, Tamuz y la Navidad.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Mientras que la iglesia tradicional ha elaborado una fantasiosa y sobre elaborada versión del relato navideño, muchos cristianos evangélicos, en su intento por ir en sentido contrario a la religión tradicional, han abrazado su propia mitología anti navideña. Poco les importa a muchos evangélicos si lo que dicen se basa en hechos reales o en puros inventos nacidos del fanatismo religioso. Lo único que parece importarles es atacar una festividad que les parece ofensiva: La Navidad. En esta complicada mitología evangélica 3 personajes resaltan como principales: Nimrod (el personaje bíblico), Semíramis (la casi mitológica reina asiria) y Tamuz (el mitológico dios pagano de la fertilidad).

El mito anti navideño promovido por la iglesia evangélica, y que asocia a Nimrod, Semíramis y Tamuz, enseña que Nimrod nació precisamente el 25 de diciembre. Dicho hombre se unió con su madre que se llamaba Semíramis, de esta unión nació un hijo que se llamó Tamuz. Cuando Nimrod murió, su “madre-esposa” fue quien lo sepultó. Pero Semíramis quiso mantener el poder en Babilonia y afirmó que Nimrod había ascendido al cielo y se había convertido en el sol. Desde este momento, el culto al sol se transformaría en el más antiguo del mundo.

Pero la historia no terminaría ahí. Al paso del tiempo creció un árbol en donde Nimrod había sido sepultado. Semíramis comenzó a enseñar que su “hijo-esposo”, había encarnado en ese árbol y cada día de su natalicio visitaba su tumba y llevaba un sinnúmero de dones, colgándolos en ese árbol. Esta doctrina se propagó por todos los pueblos, siendo uno de ellos Babel y la tierra de Sinar, que posteriormente se llamó Babilonia. De esta forma vino a existir el “árbol” del natalicio de Nimrod. Según dicha enseñanza, lo que hoy se hace en el mes de diciembre es recordar indirectamente el nacimiento de este hombre que fue un malvado y pecador. Los defensores del mito señalan que, cierto o no, en el solsticio de invierno (que por cierto es el 21 de diciembre, no el 25), el árbol sagrado era cortado en memoria de la muerte de Nimrod y decorado, como un rey se adornaría. Así que, el árbol representaría a Nimrod y decorarlo es un símbolo de adoración al dios pagano.

Pero la trama de esta leyenda no concluye ahí. Una vez en el poder, Semíramis quedaría embarazada y afirmaría que los rayos del sol habían concebido al hijo que esperaba (una imitación de la concepción virginal de Cristo), y cuando nació, Semíramis afirmó que su hijo Tamuz era la reencarnación de su esposo Nimrod. Tamuz habría nacido exactamente en el solsticio de invierno, el 25 de diciembre en el calendario babilónico. Semíramis y Tamuz serían adorados como dioses, y con ello se instauraría uno de los cultos más antiguos de la humanidad, el culto a la madre y al hijo. Con el tiempo, Semíramis sería adorada como “Ishtar”, diosa de la fertilidad, y proclamada como “la reina del cielo”.

Así pues, según estos teóricos evangélicos de la conspiración, la Navidad es un invento macabro ideado en el mismo infierno para llevar a muchos hacia la adoración disimulada al Sol (Nimrod), a Tamuz (según ellos hijo de Nimrod y Semíramis) y a Ishtar (Semíramis), dioses paganos. Tal forma de pensar cuenta con muchos adeptos entre los evangélicos, principalmente latinoamericanos, así como en sectas como los testigos de Jehová, los cuales niegan la encarnación de Cristo, la segunda persona de la Trinidad. También puede observarse tal enseñanza en algunos grupos cristianos judaizantes, los cuales buscan etiquetar como pagano todo aquello que no sea judío en su origen.

Es de por sí evidente que toda esta enseñanza, de principio a fin, se basa en suposiciones, mitos e interpretaciones de mitos antiguos. Nimrod apenas es mencionado en la Biblia, Semíramis simplemente no aparece en el texto bíblico y el nombre Tamuz es mencionado una sola vez en los profetas, sin conexión alguna con los otros dos personajes. Esto resulta contradictorio viniendo del sector evangélico, el cual dice basar únicamente en la Biblia sus enseñanzas. La biblia, en cambio, nos manda no fundamentar nuestras ideas y doctrinas en los mitos:

“Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos. Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación.” (2 Timoteo 4:3-5, Nueva Traducción Viviente).

“Cuando partí hacia Macedonia, te rogué que te quedaras ahí en Éfeso y que frenaras a esas personas cuyas enseñanzas son contrarias a la verdad. No dejes que pierdan el tiempo en debates interminables sobre mitos y linajes espirituales. Esto solo conduce a especulaciones sin sentido alguno, que no ayudan a que la gente lleve una vida de fe en Dios” (1 Timoteo 1:3-4, Nueva Traducción Viviente).

“Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad” (1 Timoteo 4:7, La Biblia de las Américas).

“Repréndelos con severidad para fortalecerlos en la fe. Tienen que dejar de prestar atención a mitos judíos y a los mandatos de aquellos que se han apartado de la verdad” (Tito 1:13-14, Nueva Traducción Viviente).

“Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad” (2 Pedro 1:16, La Biblia de las Américas).

Esto debería ser aleccionador para los creyentes evangélicos que han fundamentado toda una doctrina anti navideña en puros mitos, leyendas, fábulas y cuentos paganos. Tristemente, muchos prefieren ignorar las palabras arriba mencionadas. Entender como surgió este modo de pensar nos ayudará a entender los errores de este.

SEMIRAMIS, EL MITO Y LA REALIDAD.

La famosa obra Las Dos Babilonias: La adoración papal prueba ser la adoración de Nimrod y su esposa, escrita por Alexander Hislop puede considerarse como el génesis del mito anti navideño. El libro de Hislop influyó mucho en el pensamiento protestante posterior. Dicha obra fue publicada como folleto en 1853 y, luego de numerosas revisiones y ampliaciones, fue publicada como libro en 1858. Aunque es popular en círculos evangélicos conservadores, dicho libro ha sido calificado por los eruditos como “propaganda de teorías conspiracionales producto de la mezcla de conocimientos rudimentarios sobre la antiguo Medio Oriente y una vívida imaginación” (Bill Ellis Raising the Devil, p. 135, University Press of Kentucky 2000).

Hislop afirma en su libro que la Iglesia católica es en realidad una religión de misterio babilónica, pagana, y que sólo los protestantes adoran al verdadero Jesús y al verdadero Dios. Según Hislop, las prácticas religiosas católicas serían en realidad prácticas paganas incorporadas al cristianismo por el emperador Constantino. Los elementos de la religión pagana de Roma (incluyendo la adoración de la “madre y el hijo”) habrían sido transferidas al cristianismo mediante la fusión de personajes cristianos con personajes de la mitología romana. De esta manera la “diosa-madre” se habría convertido en la “Virgen María” y el “niño-dios Júpiter” en el “niño-dios Jesús”. Según la teoría de Hislop, el origen de la veneración católica la Virgen María se remontaría a la antigua babilonia, a una mujer llamada Semíramis, quien habría originado el culto a la diosa-madre. Dicho culto posteriormente se habría diseminado por el mundo y por la historia tomando el nombre de Ishtar en Babilonia, Isis en Egipto, y Venus, Hestia y Juno en Grecia y Roma. Diferentes nombres, pero siempre desempeñando un lugar principal en los cultos basados en la religión de misterio babilónica.

Respecto a Semíramis, Hislop afirma en su libro que habría sido esposa de Nimrod (fundador de la antigua Babilonia y su religión). Una mujer extraordinariamente hermosa que dio a luz, mediante una concepción pseudo-virginal, a un hijo al que llamó Tammuz. Hislop califica este alumbramiento como un presagio diabólico del nacimiento de Cristo tramado por Satanás. Según Hislop, cuando Nimrod fue asesinado durante el embarazo de Semíramis esta afirmó que su hijo Tammuz era en realidad Nimrod reencarnado, originando el culto a la diosa-madre. Hislop afirma en su libro que, aunque Constantino declaró haberse convertido al cristianismo, en realidad siguió siendo pagano. Bajo la influencia de Satanás, Constantino habría cambiado los nombres de los dioses paganos por nombres cristianos, fusionando ambas creencias con la finalidad de sacar ventajas políticas.

Siendo honestos, debemos decir que Hislop no era un erudito en historia, arqueología o algún área afín. Hislop era un humilde ministro de la Iglesia Libre de Escocia, que se hizo famoso por su abierta crítica contra la Iglesia católica. Fue hijo de Stephen Hislop (fallecido en 1837), de oficio albañil y anciano de la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia. A pesar de su poca erudición en el tema, su obra influyó grandemente en el pensamiento protestante y evangélico posterior. Sus ideas fueron copiadas al pie de la letra por otro ministro protestante llamado Ralph Woodrow, quien popularizó las ideas de Hislop en el evangelicalismo del s. XX.

Ralph Woodrow, un ministro evangélico, conferencista y autor de catorce libros sobre doctrina bíblica y vida cristiana, en su libro “Babilonia, Misterio Religioso” (muy popular aún hoy en varios países de Latinoamérica, por ser su obra más difundida), sostuvo también la tesis propuesta en el siglo XIX por Alexander Hislop, sin embargo, lo que muchos pastores ignoran es que posteriormente, debido a los errores históricos y de sistema de investigación cometidos tanto por Hislop como por él mismo, Woodrow se retractó de sus afirmaciones anteriores en otro libro titulado: The Babylon Connection? (¿La Conexión Babilonia?, 1997). Tristemente, los errores se hicieron doctrina y sus ideas son defendidos hoy en día a capa y espada por muchos pastores y creyentes latinoamericanos principalmente, debido al contexto anticatólico del evangelicalismo en América Latina.

¿QUIÉN ERA REALMENTE SEMÍRAMIS?

I.- LA SEMIRAMIS MITOLÓGICA:

Según una de las muchas leyendas, Semíramis fue hija de una diosa siria llamada Derceto, de rostro de mujer y cuerpo de pez, que la abandonó en el desierto para que pereciese. Unas palomas la cuidaron y alimentaron y un pastor llamado Simas la recogió. Años después, fue la fundadora del reino babilónico. Cuando tuvo la edad suficiente se casó con Oannes, oficial de Nino y gobernador de Siria, a quien siguió en la campaña emprendida por aquel monarca. Determinó por su valor la toma de Bactres y poco tiempo después se casó con el mismo Nino, de quien se libró más tarde haciéndole asesinar. Dueña absoluta del imperio asirio, fundó o reedificó en los pantanos del Éufrates la más bella y célebre ciudad de Oriente y del mundo, Babilonia, a la que rodeó de muros y de fortificaciones inmensas y adornó con palacios suntuosos y jardines colgantes que se han colocado entre las maravillas del mundo. Enseguida, dieron comienzo sus famosas conquistas y las expediciones que parecían una marcha triunfal a través de Asia. Media, Persia, Armenia y Arabia, países ya subyugados por Nino pero que habían recobrado su independencia, fueron sometidos de nuevo. Poco tiempo después incorporó a su reino Egipto, Libia y toda el Asia hasta el Indo, y después de un reinado glorioso de cuarenta y dos años renunció a la corona en favor de su hijo Ninias, que se lo disputaba, y desapareció del mundo, siendo transportada al cielo en forma de paloma.

II.- LA SEMIRAMIS HISTORICA:

Es difícil decidir si Semíramis fue leyenda o realidad, pero lo cierto es que la mayoría de los historiadores especialistas en Asiria y Babilonia conceden a la reina un lugar preponderante entre los personajes históricos, remontando su reinado al siglo IX a. C. De acuerdo con estas doctas opiniones, primero habría existido la mujer, que pasaría después a ser divinizada. Sus hazañas, al menos en parte, son legendarias, pero existió una reina asiria llamada Shammuramat (Semíramis), esposa de Shamshi-Adad V, y a la muerte de su esposo fue regente en nombre de su hijo. Sus victoriosas campañas militares, y el hecho poco común de que fuera una mujer quien gobernara tan vasto imperio, hizo surgir en torno a su nombre el adorno de mil leyendas. Las excavaciones arqueológicas recientes nos permiten conocer un poco sobre su historia. Semíramis nació en Ascalón, que era una ciudad situada en la costa mediterránea en la zona sirio-palestina. Sobre sus padres y su nacimiento existen numerosas leyendas, que no merecen la pena contar porque todas responden a fábulas. Su nombre Semíramis viene de un término asirio que significa “paloma”.

En la ciudad asiria de Asur, que había sido capital de Asiria se descubrieron una serie de estelas que nos aportaran datos muy importantes para conocer la vida de Semíramis. En una de ellas, dice “Sammuramat, dama del palacio de Samsi-Adad, rey del universo, rey de Asiria, madre de Adad-nirari, rey del universo, rey de Asiria, nuera de Salmanasar, rey de las cuatro regiones”. Gracias a esta estela podemos fijar con precisión cronológica la vida de Semíramis. Fue la esposa del rey asirio Samshi Adad IV que gobernó del 823 al 811 a.C. Semíramis fue la madre de Adad-nirari que gobernó del 810 al 783 a. C.

Hay otra estela dedicada al rey asirio Adad Nirari III, al Dios ADAD, donde se puede concluir que durante los cuatro primeros años de su reinado 810-807 a. C Semíramis había actuado como regente, pues el rey se encontraba en expediciones militares. El que una mujer fuera regente, es muy importante, pues no había hasta ese momento una mujer que hubiera detentado el poder, siendo la primera que de una forma documentada posee el poder y que además lo hace por un espacio de tiempo prolongado. Sin embargo, parece ser, que el papel de Semíramis en Asiria fue muy escaso a pesar de las abundantes leyendas existentes. En aquella época histórica en Asiria, el poder real era ejercido por los hombres, pues la reina no era más que una mujer asociada, por matrimonio o maternidad a los reyes.

A Semíramis se le atribuyó la construcción de la fabulosa ciudad de Babilonia. La realidad nos indica que no fue así. Si seguimos a Beroso, un sacerdote greco-babilónico del siglo III a.C., en su libro “Historia Caldea” criticó a los escritores griegos por creer erróneamente que Babilonia fue fundada por Semíramis de Asiria, y “por haber cometido el error de escribir que esas maravillosas obras fueron construidas por ella”. Todos los estudios arqueológicos y epigráficos actualmente desarrollados nos dicen que la fundación de la última ciudad de Babilonia fue obra de Nabucodonosor II en el siglo VI a. C., es decir, casi dos siglos después de la vida de Semíramis.

Los descubrimientos arqueológicos desvirtúan también el mito creado por Hislop de que Semíramis era esposa de Nimrod, ya que Nimrod vivió (de acuerdo con el registro bíblico) entre el año 1480 a. C. y el 1450 a. C., mientras que Semíramis, la real e histórica, fue la esposa del rey asirio Samshi Adad IV que gobernó del 823 al 811 a.C. varios siglos después. Además, Semíramis tampoco fue la madre de Tamuz. El hijo de Semíramis fue Adad-nirari que gobernó del 810 al 783 a. C., mucho tiempo después de lo que pretende Hislop en su obra. Nimrod y Semíramis jamás se conocieron.

EL NIMROD BÍBLICO Y EL MITOLÓGICO.

Nuestro segundo personaje es Nimrod. La mención que en la Biblia se hace de Nimrod es bastante limitada; sin embargo, sobre un cimiento tan pobre se ha edificado una complicada mitología evangélica. Como ya se mencionó, Moisés, autor del libro del Génesis, sitúa a Nimrod entre el año 3480 a. C. y el 3450 a. C. Es descrito como hijo de Cus, nieto de Cam, bisnieto de Noé; y como “el primer poderoso en la tierra” y un “vigoroso cazador delante de Jehová” (Génesis 10:8-9). De Nimrod se dice que fue el fundador del primer reino formado después del Diluvio universal y, por ende, el primer rey que existió. El Génesis señala que edificó Babel, Erec, Acad y Calne en la región sur de Mesopotamia, y Nínive, Resén, Rehobot y Cala en el Norte (Génesis 10:10-12). Aunque la Biblia no lo menciona directamente, la tradición ha considerado a Nimrod como el constructor de la Torre de Babel, pero esto no puede ser probado por fuentes bíblicas. Dado que la torre fue edificada en su territorio y durante su reinado, se asume que fue bajo su dirección que la construcción se inició (Génesis 10:10-12), lo cual no dice el texto bíblico. Para peor, las fuentes extrabíblicas señalan lo contrario, alegando que Nimrod no se encontraba en la región de Sinar cuando la construcción comenzó. También se menciona en 1 Crónicas 1:10 y en Miqueas 5:6.

De acuerdo con tradiciones hebreas, Nimrod era descendiente de Mizraim por línea materna, pero su padre fue Cus hijo de Cam, de quien heredó su primera posesión territorial, que pronto extendió. Su nombre se volvió proverbial como un poderoso cazador en oposición a YHWH. Josefo escribió:

“…Fue Nimrod quien los incitó a tal afrenta y menosprecio hacia Dios. Él era un nieto de Cam, el hijo de Noé, un hombre atrevido y de gran fortaleza de manos. Los persuadió de que no le atribuyeran a Dios, como si fuera por medio de él que habían obtenido felicidad, si no a creer que fue su propio esfuerzo lo que les alcanzó esa felicidad. Fue cambiando gradualmente su gobierno en una tiranía, al no hallar otra manera de apartar la gente del temor de Dios, que induciéndolo a una tonta dependencia de su poder… Ahora la multitud estaba más que lista para seguir la determinación de Nimrod, y a considerar una muestra de cobardía el someterse a Dios; y construyeron una torre, sin reparar en dolor, ni siendo en lo más mínimo negligente con el trabajo: y, a causa de la multitud empleada en ello, creció muy alta, más rápido de lo que ninguno hubiera esperado; pero su anchura era tal, y estaba tan fuertemente construida, que a pesar de su gran altura parecía, a la vista, ser menor de lo que realmente era. Fue construida con ladrillos cocidos, pegados con mezcla hecha con brea, de manera que no permitiera el paso del agua. Cuando Dios vio que actuaron tontamente, Él no quiso destruirlos completamente, puesto que no crecieron más sabios por la destrucción de los pecadores anteriores; pero Él causó un tumulto entre ellos, produciendo en ellos idiomas diversos, y causando con esa multiplicidad de idiomas, el no poderse entender unos con otros. El lugar donde construyeron la torre ahora se llama Babilonia, debido a la confusión de esa lengua, la que entendían fácilmente antes; y para los hebreos por la palabra Babel, confusión…” (Josefo, Antigüedades Judías).

En cuanto a la muerte de Nimrod, una tradición extrabíblica sugiere que a Nimrod lo mató un animal salvaje. Otra leyenda afirma que Sem lo mató por hacer que la gente adorara a Baal. Luego descuartizó el cadáver y repartió sus pedazos para desalentar a otros idólatras. Pero su mujer recogió los pedazos y los unió, y luego proclamó que había vuelto a vivir, pero que se había convertido en un dios, muy parecido a la leyenda de Isis y Osiris en la mitología egipcia. Hay otra mención de Nimrod que está en el libro apócrifo de Jaser 27:7, que atribuye su muerte a Esaú (nieto de Abraham), quien supuestamente lo decapitó.

Los mitos y leyendas alrededor de Nimrod son muchos. Algunos de ellos lo colocan viviendo al mismo tiempo que Abraham, en franca contradicción con el texto bíblico, pues la Biblia no menciona ningún encuentro entre Nimrod y Abraham. Tal cosa es poco probable, pues hay una diferencia de siete generaciones entre ellos. Abraham nació alrededor del año 2000 a. C., mientras que Peleg, de quien menciona la Biblia nació poco después de que Dios confundiera las lenguas en la Torre de Babel (Génesis 10:25), nació unos 200 años antes que Abraham. Nimrod era bisnieto de Noé, en tanto que Abraham está separado de Noé por diez generaciones (Génesis 10:11). Sin embargo, tradiciones judías tardías los ponen enfrentándose. Estas tradiciones aparecen por primera vez en los escritos de Pseudo-Philo (Van Der Toorn y Van Der Horst 1990, p. 19), continúa en el Talmud y va a través de escritos rabínicos de la Edad Media, y aún en nuestros días, rabinos contemporáneos siguen añadiendo a estas tradiciones. En general, estas versiones presentan a Nimrod como un hombre opuesto a Dios. Algunas señalan que se autoproclamó un dios y que fue adorado por sus súbditos. En algunas ocasiones su leyenda se entremezcla con la de Nino, el mítico fundador de Nínive.

En relación con Abraham, cuentan las leyendas que una señal en los astros anunció a Nimrod y a sus astrólogos el nacimiento de Abraham, quien pondría fin a la idolatría. Así que Nimrod ordenó matar a todos los niños recién nacidos. Sin embargo, la madre de Abraham escapó y dio a luz secretamente. Algunas versiones la sitúan dando a luz en el campo, donde pasta el ganado, otras, en un establo. Al crecer Abraham se enfrentó a Nimrod y le instó a que desistiera de su idolatría, por lo que Nemrod mandó que fuera quemado. Algunas versiones dicen que se recogió madera durante cuatro años para quemar a Abraham en la hoguera más grande que jamás se hubiera visto. En todas las leyendas Abraham es echado al fuego y sale caminando. En algunas versiones, Nimrod entonces declara la guerra a Abraham. Nimrod se presenta mandando un enorme ejército, pero Abraham trae un ejército de insectos que destruye el de Nimrod. Algunas versiones dicen que un mosquito entró hasta el cerebro de Nimrod volviéndole loco (lo mismo dice la tradición judía que sucedió con Tito, el emperador romano que destruyó el Templo de Jerusalén).

En algunas versiones Nimrod se arrepiente y acepta a Dios, ofreciendo cuantiosos sacrificios, que Dios rechaza. Otras versiones dicen que Nimrod dio a Abraham, como obsequio de reconciliación, el siervo Eliezer, de quien algunas versiones dicen era el propio hijo de Nimrod. Sin embargo, en la Biblia se dice que Eleazar era de Damasco, ciudad siria, y no de Asiria ni de Babilonia, territorios sobre los que gobernó Nimrod. En suma, las leyendas judías sobre Nimrod son abundantes y contradictorias (algunas imitan situaciones que aparecen en otros lugares de la Biblia), pero casi siempre citan a Abraham como su principal antagonista. La misma confrontación se presenta extensivamente en el Qur’an islámico. Pero ya sea que lo presenten como arrepentido al final o no, Nimrod permanece en la tradición hebrea e islámica como un personaje malvado emblemático, y un arquetipo de idolatría. En los escritos rabínicos, incluso los de hoy en día, se hace referencia a él casi invariablemente como “el malvado Nimrod” (en hebreo, נמרוד הרשע‎), y para los musulmanes es “Nimrod al-Taghi” (Nimrod el tirano).

En contraposición a la extensa mitología que sobre él se ha elaborado, la Biblia calla acerca de Nimrod y se limita a mencionarlo apenas en 3 ocasiones, todas ellas brindando escasa información sobre él y sus obras. La biblia no menciona nada sobre la esposa de Nimrod ni se le atribuye ningún hijo. Todo lo que de él se dice fuera de la Biblia son puramente mitos sin fundamento.

TAMUZ EL DIOS DE LA FERTILIDAD.

Nuestro tercer personaje es Tamuz. Tamuz (תַּמּוּז; del acadio du-muzu) es el nombre del dios de la fertilidad extensamente adorado en Mesopotamia, Siria y Palestina; equivalente a Osiris en Egipto y Adonis entre los griegos. Su consorte era la diosa Ishtar (Astarté). Su culto involucraba ritos licenciosos. Se suponía que Tamuz había sido muerto por un jabalí mientras cuidaba sus rebaños. Su esposa lo rescató del averno. Su muerte representaba el principio del invierno. La prolongada estación de sequía era interrumpida por las lluvias de la primavera cuando Tamuz volvió a la vida.

El nombre Tamuz es dado también al décimo mes del calendario hebreo moderno, que comienza su cómputo a partir del mes de Tishrei con la Creación del mundo, y el cuarto mes según el ordenamiento de los meses en la Biblia (junio-julio), que comienza por Nisán, en conmemoración de la salida de los hebreos de la esclavitud en Egipto. El nombre otorgado al mes de Tamuz en la Biblia es simplemente “el cuarto mes”, siguiendo la numeración ordinal, al igual que el resto de los meses del año hebreo en la Torá: “A los nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la tierra” (2 Reyes 25:3). Su nombre actual, Tamuz, tiene sus orígenes en los nombres de los meses de la antigua Babilonia, provenientes del idioma acadio, y de aquí fueron adoptados por los judíos allí desterrados entre 586 a. C. y 536 a. C., luego de haber sido llevados al exilio por el rey Nabucodonosor II.

Tamuz no es recordado en la Biblia como nombre de este mes, sino al nombrar a la deidad homónima, el dios de la primavera y el florecimiento, que, según la mitología babilónica, reinaba durante los tres meses de primavera (Nisán, Iyar y Siván) mientras que en Tamuz, al llegar el verano, Tamuz moría. La única mención de Tamuz en la Biblia aparece en conexión con la costumbre de mujeres que hacían duelo por él (Ezequiel 8:14).

Tamuz no es una persona real, sino mitológica. Se le considero esposo de Ishtar (Astarté), quien también era su hermana. Al morir Tamuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a su hermana, la terrible Ereškigal, el poder sobre la vida y la muerte. Después de darle instrucciones a su sirviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, descendió a la tierra de las tinieblas, Irkalla. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echase abajo. Pero en cada una de las siete puertas era despojada de una de sus prendas, y con ellas se iba despojando de su poder, hasta que llegó desnuda e indefensa ante Ereškigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo. Con su muerte, todo el mundo comenzó a languidecer. Pero el fiel Papsukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar con la comida y el agua de la vida. Así es como Ishtar volvió a la vida. Tamuz también es resucitado, pero tenía que pagar el precio: durante seis meses al año, Tammuz debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Isthar ha de lamentar su pérdida; en primavera, vuelve a salir y todos se llenan de gozo.

Si, como supone el mito anti navideño, Tamuz es hijo de Semíramis, ¿Por qué entonces los mitos sobre Tamuz ya existían antes del siglo IX a.C., fecha en que vivió la auténtica Semíramis? Algo simplemente no encaja en el cuento de Hislop. Debe recodarse que el mito de Ishtar y Tamuz procede no originalmente de los babilonios, sino de la cultura sumeria o acadia (Inanna y Dumuzi), la cual floreció muchos siglos antes de la época de Semíramis. Simplemente no existe relación alguna entre Semíramis, Tamuz y Nimrod, por lo menos ninguna de carácter histórico.

¿QUÉ DEBEMOS CREER?

Los creyentes deberíamos dejar de lado las teorías de conspiración y enfocarnos en la Biblia y en la comunión los unos con los otros. No hay razón alguna para depositar nuestra confianza en mitos antiguos, dándolos por ciertos y asociándolos con eventos actuales. La navidad real, la celebrada por los verdaderos cristianos, no puede ser relacionada de forma alguna con el mito creado por Hislop.

Si los paganos adoraban a Tamuz e Ishtar, si veneraban al Sol o si adoraban a los árboles es su problema. Pero el árbol en particular, el 25 de diciembre como fecha de la celebración o la Navidad en su totalidad, no tienen porqué ser malos. Si los israelitas fornicaron debajo de los árboles frondosos y sus mujeres hacían tortas para la Reina del cielo y endechaban a Tamuz ¿Qué tiene que ver eso con nosotros los cristianos del s. XXI? La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Colocar o no el árbol, celebrar o no la Navidad, no significa mayor o menor compromiso con los valores enseñados por Jesús. Hacer una u otra opción debe quedar en la libertad cristiana para decidir sobre asuntos que permiten pluralidad de posibilidades, ya que elegir una de esas posibilidades no contraviene normas fundamentales del ser cristiano. Los que han concluido no hacerlo están en su derecho, lo verdaderamente inquietante es cuando son misioneros de la anti-Navidad y su decisión la quieren hacer válida para los demás y miden la fidelidad al Evangelio con lo que se hace o deja de hacer el 25 de diciembre.

Hemos sido llamados a enseñar la verdad, a predicar de Cristo y de este crucificado, no a difundir mitos paganos y querer asociarlos con alguna festividad del cristianismo. El efecto logrado por los creyentes anti-Navidad no ha sido el de destruir la Navidad, sino más bien poner en duda todo el marco histórico y doctrinal del cristianismo. En su intento por destruir una fiesta, han logrado sembrar duda entre los inconversos, quienes no sólo ven nuestra división en este tema, sino que también llegan a pensar que el cristianismo como religión se fundamenta en mitos paganos. Necesitamos ser más inteligentes de lo que hemos sido hasta ahora. Pero, sobre todo, menos fanáticos.

Navidad

¿Eres un pagano si celebras la Navidad?

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

La polémica de si los cristianos deben celebrar la Navidad, o no, ha estado en discusión por siglos. Hay cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con múltiples razones del porque o por qué no se debe celebrar la Navidad en los hogares cristianos. Una razón contra la celebración de la Navidad es que las tradiciones que rodean esta festividad tienen su origen en el paganismo. ¿Es esto cierto? La búsqueda de la información sobre este tema es difícil porque los orígenes de muchas de nuestras tradiciones son tan oscuros que sus fuentes de información a menudo se contradicen entre ellas. Campanas, velas, muérdago y otras decoraciones se mencionan en la historia del culto pagano, pero el uso de estas en el hogar ciertamente no indica retornar al paganismo.

LA RAÍZ DEL PROBLEMA.

Es innegable confesar que antes de la conversión de Constantino al cristianismo en el siglo IV los romanos pasaban una semana adorando a Saturno de manera inmoral durante el festival de Saturnalia (que comenzaba el 17 de diciembre). La celebración era seguida por el culto al “Sol Invicto” para así coincidir (más o menos) con el solsticio de invierno el 25 de diciembre. Pero cuando al cristianismo se le dio una nueva esfera de influencia en el Imperio Romano gracias a Constantino, la Iglesia trató de distanciarse de cualquier clase de paganismo. Esta fue la razón por la cual los cristianos decidieron adorar al Sol de justicia (esto es, Jesucristo) en lugar de al Sol Invicto (Malaquías 4:2). La celebración de la bondad de Dios al enviar a Jesús a la tierra marcó a los creyentes como un pueblo santo, quienes se diferenciaron de la tradición pagana. Por lo tanto, cualquier reclamo contemporáneo que proponga que la conmemoración de la Iglesia de la encarnación se originó en el paganismo es totalmente falso. De hecho, la razón por la que la Iglesia decidió adorar a Jesús por su nacimiento el 25 de diciembre era precisamente para alejarse del paganismo. Si los paganos optan por adorar a sus falsos dioses en el día de Navidad, pueden hacerlo. Pero los cristianos siempre se han negado a inclinarse ante el sol. Ellos adoran al Dios Uno y Trino el 25 de diciembre para recordar la obra de la salvación eterna. En resumen, el día de Navidad, como lo celebraban los cristianos, no tiene nada que ver con el paganismo. Es un día libre de paganismo en el corazón de los verdaderos hijos de Dios. No hay ninguna base para la objeción histórica a la celebración de la Navidad.

Mientras que hay definitivamente raíces paganas en algunas tradiciones, hay muchas más asociadas con el verdadero significado de la Navidad – el nacimiento del Salvador del mundo en Belén. Campanas que tañen para anunciar las buenas nuevas, velas que se encienden para recordarnos que Cristo es la Luz del Mundo (Juan 1:4-9), una estrella que se coloca en la punta del árbol para conmemorar la estrella de Belén y regalos que se intercambian para recordarnos los obsequios de los reyes magos a Jesús, el más grande regalo de Dios a la humanidad.

INCONSISTENCIAS ENTRE AQUELLOS QUE ACUSAN A LA NAVIDAD DE SER UNA FIESTA PAGANA.

Hay una falla más en este argumento. Si de evitar aquello cuyo origen es pagano se trata, todos los cristianos estarían pecando en mayor o menor grado. Es más, tendrían de abandonar por completo la sociedad como la conocen. Por ejemplo:

  • Deberíamos cambiarle nombre a los días de la semana, ya que evocan la adoración de dioses paganos. El día que en español llamamos domingo era originalmente llamado “dies Solis” por los romanos, y aún hoy es nombrado Sunday (día del Sol) en inglés, recordándonos la dedicación de dicho día al sol. Con la llegada del cristianismo, el antiguo día del sol fue renombrado a “die Domini”, día del Señor, santificando un día pagano y dándole un nuevo significado cristiano (justamente lo mismo que se hizo con la Navidad). No obstante, pocos pensarían en satanizar actualmente el domingo debido a su origen pagano, ya que se ha convertido en el principal día de adoración de la cristiandad en general. Lo mismo podemos decir de los otros días: Lunes (Llamado dies Lunae -día de la Luna- por los romanos, ya que honraba a la diosa Selene); Martes (Dies Martis, dedicado a Marte, el dios de la Guerra); Miércoles (Dies Mercurii, dedicado a Mercurio, el dios mensajero. Era muy normal que en este día se anunciaran decisiones y problemas a la familia); Jueves (Este día era conocido por los romanos como dies Jovis y representaba al dios Júpiter o Zeus); Viernes (dies Veneris, dedicado a la diosa del amor Venus); Sábado (Dies Saturni, día en honor al dios Saturno -Cronos para los griegos).

 

  • Algunos meses del año necesitarían ser renombrados:

 

i.- Enero – IANVARIVS: Toma su nombre del dios bicéfalo Janus. Este era el Dios de las puertas, portones, principios y finales -razón por la cual se lo ve representado en tantas puertas-. Como Enero es el mes que abre el año se honró a dicho Dios nombrando al mes que abre el año.

 

ii.- Febrero – FEBRVUARIVS: Proviene de la palabra en Latín “Februare”, la cual nace de Februo, que significa “limpiarse”. Este mes fue nombrado de esta manera ya que en Febrero los romanos realizaban ciertos ritos religiosos, dedicados a Plutón, que tenían una finalidad de conseguir pureza.

 

iii.- Marzo – MARTIVS: Marzo era el primer mes del Calendario Romano antiguo y era nombrado en honor a Marte el dios de la Guerra. Esto era porque en este mes se planeaban todas las campañas militares que tendrían lugar tras el transcurso del año.

 

iv.- Abril – APRILIS: Proviene de “aperio”, que significa abrir. Se dio este nombre a dicho mes ya que en Abril es cuando las plantas comienzan a florecer -ubicándonos en la geografía de Italia. Sin embargo, un gran número de estudiosos señala que también puede estar tomado de los griegos que lo dedicaban a la diosa Afrodita.

 

v.- Mayo – MAIVS: Proviene de la diosa Maia, una de las diosas más ancianas de Roma que también era la diosa de la primavera. Los sacrificios a Maia, madre, Tierra, se ofrecían el primero de Mayo.

 

vi.- Junio – IVNONIVS: Nombrado en honor a la Diosa Juno, Diosa del matrimonio y una de las más poderosas figuras del Olimpo.

 

  • La celebración de cumpleaños debería ser prohibida: Las varias costumbres que la gente observa hoy día al celebrar sus cumpleaños se remontan a mucho tiempo atrás en la historia. Nacen dentro del dominio de la magia, la astrología y la superstición. En la antigüedad, las costumbres de felicitar, dar regalos y hacer una fiesta con las velas encendidas que la completan, tenían el propósito de proteger de los demonios al que celebraba su cumpleaños, y de garantizar su seguridad durante el año entrante. La costumbre de rodear la tarta o pastel con velas viene de la antigüedad. El círculo de velas formaba parte de un ritual que protegía al homenajeado de los malos espíritus durante un año.

 

  • El día de las madres debería ser abolido: esta festividad tiene también un origen pagano. Los romanos llamaron a esta celebración Hilaria cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles o templo de Magna Mater, el cual fue un templo del monte Palatino en Roma dedicado a Cibeles, una diosa frigia, identificada como la personificación de la fértil tierra, una diosa de las cavernas y las montañas, murallas y fortalezas, de la naturaleza y los animales (especialmente leones y abejas). En la mitología griega, era conocida como Rea, la madre de los dioses. Durante tres días se realizaban ofrendas y dádivas en honor a la diosa madre. Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María.

 

Entonces, ¿Eres un pagano si celebras la Navidad, o cualquiera de las fiestas arriba mencionadas? Sí y no. La respuesta depende de lo que adores durante la temporada festiva. Si tus deidades son el dinero, la autoindulgencia y el materialismo, entonces puedes etiquetarte como un pagano de pura cepa. Pero si tu deseo en Navidad es adorar al Dios Trino y darle gracias a Jesús por venir a la tierra, entonces no hay nada pagano en ti.

 

EVITEMOS JUZGARNOS ENTRE CRISTIANOS.

La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Para esto pueden valerse de símbolos diversos que apuntan hacia la centralidad del Verbo encarnado. Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Pablo nos enseñó que la observancia o no de días sagrados es irrelevante en el Evangelio. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Navidad

Biblia y Navidad ¿Se oponen?

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

Muchos cristianos argumentan que, puesto que la Biblia no nos ordena celebrar la Navidad, los cristianos no deberían hacerlo, ya que no es bíblico. Tal premisa es reduccionista y rudimentaria. Primero habría que dilucidar qué comprenden por bíblico. Porque si a su lógica nos atenemos tampoco Jesús mandó realizar actividades que estoy seguro los adversarios evangélicos de la Navidad sí realizan: viajar en avión, usar calcetines, comunicarse por teléfonos celulares, usar las redes sociales para difundir mensajes, acompañar los cantos con instrumentos que no se describen en el Nuevo Testamento y un largo etcétera. Considero un desatino afirmar que exclusivamente los seguidores y seguidoras de Jesús tenemos permitido hacer lo expresamente ordenado por Jesús. El Evangelio no es un manual en el que estén normadas todas y cada una de las acciones que debemos llevar a cabo. Lo que sí está claro es el espíritu de amor, servicio y compasión que debiera caracterizar nuestras conductas cotidianas, que ellas reflejen el Espíritu de Cristo en lugar de andar de fiscales de conductas de los demás.

 

JESÚS NOS DIO EL EJEMPLO.

Quienes argumentan que no debemos celebrar la Navidad, ya que la Biblia no manda su celebración ignoran felizmente que, en el evangelio de Juan, vemos a Jesucristo mismo celebrando una fiesta que no era mandada en las Escrituras. Leemos lo siguiente: “En esos días se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús andaba por el templo, en el pórtico de Salomón” (Juan 10:22-23). ¿Qué hacía Jesús en el templo? Celebrando, por supuesto. Se celebraba la fiesta de la dedicación, la cual no estaba autorizada por las Escrituras Hebreas; era una institución relativamente reciente. Esta fiesta se había este intuido en el periodo entre los dos testamentos, para marcar la re-dedicación del templo después de ser profanado por Antíoco Epifanes en el 164 a.C. (New Bible Commentary: 21st Century Edition (ed. D. A Carson et al.; Downers Grove: InterVarsity Press, 1994), 1047).

La fiesta de la dedicación era celebrada por los judíos ya que era algo digno de celebrarse. Jesucristo, siendo judío, la celebró. Nosotros no somos judíos, así que no tenemos por qué celebrar esta fiesta (además, el Nuevo Testamento es claro en el libro de Hebreos que toda celebración del Templo, con sus rituales y fiestas, se han cumplido por y en Jesucristo). Sin embargo, encontramos este principio: que la Biblia admite (por el ejemplo de Jesucristo mismo) el derecho a celebrar algo digno de celebrarse. La pregunta correcta sería: ¿Es la encarnación y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo algo digno de ser celebrado? Definitivamente sí.

 

LA BIBLIA CELEBRA EL. NACIMIENTO DE CRISTO.

Por otro lado, la objeción de que no debemos celebrar la navidad porque la Biblia no lo manda explícitamente es más teológica que histórica. Preguntémonos; ¿Dios, realmente, nos ordena adorarle por la encarnación? Sí y no. No hay ningún mandamiento bíblico específico que diga: “Adorarás al Señor tu Dios por la encarnación”, pero la Biblia sí hace resaltar una y otra vez que debemos agradecer a Dios por todo (encarnación incluida). Si leemos el relato de la Navidad registrado en los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas, notaremos algo sorprendente: Mucha gente alaba a Dios por la Encarnación. He aquí una breve lista de las personas que la Biblia menciona: los sabios de Oriente, María, los pastores, los ángeles, Elizabeth, Zacarías y el anciano hermano Simeón. Sólo Dios sabe cuánta gente lo alabó por el nacimiento de Jesús y en ninguna parte de la Biblia dice que Dios les reprendió por hacerlo. Es algo espiritual alabar a Dios y si la Navidad nos motiva a agradecer a Dios por su desbordante gracia y bondad, entonces, ¡hagámoslo de todas las maneras posibles! Dios no puede ser ofendido por tal adoración. Así que no. No es pecado agradecer a Dios por la encarnación, aunque en ningún lugar se nos ordene. Pablo mismo nos da el ejemplo al agradecer, celebrar y adorar a Dios por la encarnación de Cristo. 1 Timoteo 3:16 nos dice:

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.”

 

EL MUNDO TAMBIÉN CELEBRA LA NAVIDAD ¿ACASO ESTO LA CONVIERTE EN UNA FIESTA PROHIBIDA PARA LOS CRISTIANOS?

Algunos cristianos piensan que, puesto que el mundo celebra la Navidad, los cristianos no deberían hacerlo. Pero este mismo es el argumento usado por falsas religiones que niegan totalmente a Cristo, al igual que ciertos cultos como los Testigos de Jehová, quienes niegan Su deidad. La lógica misma se impone ante este argumento. No todo lo que haga un inconverso es malo por el simple hecho de no ser cristiano. Por ejemplo: El hecho de que los paganos usen el dinero no significa que los cristianos deban dejar de usar el dinero. Y sólo porque los paganos lean libros, eso no significa que los cristianos deban dejar de leer libros. De la misma manera, sólo porque algunos falsos adoradores glorificaron a sus dioses (hace siglos ya) en un día que coincide con nuestra celebración de Navidad, eso no significa que los cristianos deban dejar de adorar a Jesús en tal fecha. Aquellos cristianos que sí celebran la Navidad tienden a ver en ello, la oportunidad para proclamar a Cristo como “la razón de la celebración” entre las naciones y para aquellos cautivos en falsas religiones.

Si aquellos que usan este argumento desean ser consistentes, deberían hacer un cambio cultural extremo. No sólo abstenerse de celebrar la Navidad, sino también dejar de celebrar otras festividades o practicar costumbres y hábitos nacidos fuera de la comunidad cristiana. Además, tampoco podrían hacer cosas tan sencillas como ver Tv, estudiar en la universidad, usar ropa de marca, salir de paseo, ir a la playa, comer ciertas cosas, etc., ya que el mundo también lo hace. ¿Hasta qué punto serían capaces de llegar?

 

EN CONCLUSIÓN.

Celebrar o no celebrar la Navidad no significa mayor o menor compromiso con los valores enseñados por Jesús. Hacer una u otra opción debe quedar en la libertad cristiana para decidir sobre asuntos que permiten pluralidad de posibilidades, ya que elegir una de esas posibilidades no contraviene normas fundamentales del ser cristiano. Los que han concluido no celebrar Navidad están en su derecho, lo verdaderamente inquietante es cuando son misioneros de la anti-Navidad y su decisión la quieren hacer válida para los demás y miden la fidelidad al Evangelio con lo que se hace o deja de hacer el 25 de diciembre. Las narraciones de los Evangelios sobre la natividad de Jesús hablan en sentido festivo, jubiloso, sobre la promesa que fue cumplida al irrumpir la luz en las tinieblas, al nacer Emmanuel, Dios con nosotros. Esto debería ser suficiente para nosotros.

Navidad

La Navidad y el protestantismo.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

Antes de la Reforma nadie se cuestionaba la validez de la Navidad; sin embargo, la Reforma Protestante trajo consigo una diversidad de opiniones acerca de la Navidad. De hecho, los tres principales reformadores protestantes (Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino) tenían perspectivas diferentes en cuanto a la celebración de la Navidad que siguen con nosotros hasta el día de hoy.

MARTÍN LUTERO.

A Lutero, el más fogoso y carismático de los reformadores, le encantó celebrar la Navidad y predicó muchas veces sobre el nacimiento de Cristo cuando se acercaba el 25 de diciembre. Puesto que Lutero se aferró al principio normativo en la adoración, esto es, que se acepta todo lo que la Escritura no prohíbe, el alemán se sintió enteramente justificado a la hora de celebrar la encarnación de manera especial una vez al año. Lejos de gastar su tiempo en discusiones estériles sobre la fecha o el origen de la Navidad, Lutero aprovechó las fechas especiales para dar a conocer las buenas nuevas del Evangelio. De hecho, en su famoso sermón ‘Un niño nos es nacido’ (predicado el día 26 de diciembre, 1531) Lutero hizo hincapié en la perfecta justicia de Cristo, la cual nos salva a través de la sola fe en su Evangelio. Este, para Lutero, era el verdadero mensaje de la Navidad.

Martín Lutero jugó también un papel importante en la instauración de otra tradición navideña: El árbol de navidad. Aunque el primer árbol de Navidad en la historia moderna fue erigido en una plaza pública en la ciudad de Tallin (Estonia) en 1441 y Riga (Letonia) en 1510, la tradición del árbol de Navidad dentro del protestantismo data del Siglo XVI, cuando Martín Lutero decoró con luces por primera vez un árbol dentro de su hogar . Pero no todos los reformadores pensaron como Lutero. Al otro lado del espectro evangélico estuvo Ulrico Zuinglio.

ULRICO ZUINGLIO.

Sin lugar a duda Zuinglio era el más radical de los tres reformadores magistrales; no obstante, los protestantes más radicales (los anabaptistas) acabaron apartándose del reformador de Zúrich por dos razones: Zuinglio seguía bautizando a los niños y no creyó que la Iglesia tuviese que ser independiente del Estado. Zuinglio rechazó todos los días festivos eclesiásticos en Zúrich (Van Dellen, Idzerd y Monsma, Martin, The Church Order Commentary; Grand Rapids: Zondervan, 1941, p. 273. Citado en Williams, G.I., ¿Is Christmas Scriptural?).

Dado que Zuinglio creyó en el principio regulativo de la adoración, a saber, la idea de que las iglesias deben hacer solamente lo que las Escrituras enseñan y exigen que hagan, se opuso a cualquier celebración que no fuese explícitamente mencionada en el texto bíblico. Fue esa misma convicción tocante al principio regulativo la que llevó a los presbiterianos escoceses y a los puritanos ingleses a rehusar celebrar la Navidad. De hecho, mientras el protestante Oliver Cromwell sirvió como Lord Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda entre 1653-58, llegó a prohibir la Navidad a nivel nacional.

JUAN CALVINO.

Juan Calvino asumió una posición intermedia. Aunque Calvino aceptase el principio regulativo de Zuinglio y no el principio normativo de Lutero, creía que cada congregación local podía determinar cómo mejor celebrar (o no celebrar) la Navidad. A pesar de que algunos aseveren que Calvino se opuso a la Navidad, el reformador escribió dos cartas específicas (enero 1551 y marzo 1555) para aclarar su postura al respecto. En la carta de enero 1551, explica que las autoridades de Ginebra ya habían abolido la celebración de los días festivos antes de que él llegara a la ciudad. Y dice en términos explícitos que él mismo –a nivel personal- sí celebró “el nacimiento de Cristo”. En la segunda carta, Calvino se opone a aquéllos que critican a ciertas iglesias que deciden conmemorar fechas especiales. Según el francés, estas cuestiones son “asuntos de indiferencia”. Cada iglesia puede tomar la decisión que sea después de haber meditado sobre el tema. En otras palabras, una iglesia tiene libertad en Cristo para celebrar la Navidad o para no celebrarla. Pero no tiene porqué meterse con otras congregaciones que hacen lo contrario (Selected Works of John Calvin, Tracts and Letters’ (Henry Beveridge and Jules Bonnet, ed.), Vol. 6, Letters, Part 3, 1554-1558, pp. pp. 162-169).

Estas tres corrientes siguen con el pueblo evangélico hasta el día de hoy. Así que no hay ninguna postura rotundamente evangélica en cuanto a la Navidad. La postura de Calvino, sin embargo, parece la más madura, sensata y pastoral y la más afín a las palabras del Apóstol Pablo ¿Por qué?

EL APÓSTOL PABLO.

El apóstol Pablo y sus enseñanzas nos inspiran a considerar la Navidad como un asunto de conciencia para cada cristiano; un asunto en el cual nadie está autorizado a juzgar a sus hermanos por celebrar o no celebrar estas fiestas. El apóstol Pablo es muy práctico. Pero su práctica está basada en teología profunda. En Romanos y Corintios escribe principios similares (aunque la situación en las dos ciudades no era idéntica). El debate en cuanto a celebrar ciertas fechas, comer o abstenerse de ciertas comidas es resuelto de la siguiente manera: “… El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda. El que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo. Pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos. Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿Por qué desprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios…” (Romanos 14:6-10). Pablo nos recuerda lo que en verdad importa: Glorificar a Dios. Independientemente de si celebras o no celebras, no eres mejor o peor creyente. Dios ve tu corazón (algo de mucho peso).

CONCLUSIÓN.

Dios no se centra en si celebras, sino por qué celebras. Algunos hermanos, por razones legítimas, deciden abstenerse de celebrar la Navidad. Esa es una libertad que la Biblia otorga. Hay buenos ejemplos de hermanos en Cristo que se han abstenido de la celebración navideña, como los Puritanos. Pero de igual manera, hay libertad para celebrar la Navidad, y la gran mayoría de la iglesia por 1800 años (aproximadamente) ha celebrado el nacimiento de Jesucristo. Así que si celebras, ¡Hazlo para la gloria de Dios! Que quien celebra no juzgue a quien no lo hace, y quien no celebra no desprecie a quien lo hace.