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Calixto, Nicea y el mito del “Occidente monarquiano”

El presente artículo examina tres afirmaciones recurrentes en la apologética unicista modalista: (1) que Calixto I y Praxeas fueron la misma persona; (2) que el Concilio de Nicea fue “monarquiano”; y (3) que gran parte del Occidente cristiano era monarquiano. Mediante un análisis histórico-patrístico, exegético, lógico y teológico, se muestra que tales afirmaciones carecen de fundamento documental sólido, confunden categorías históricas y no resisten el testimonio bíblico. Se muestra, además, que la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no es un añadido tardío: late en el bautismo, en la oración y en la confesión de los cristianos desde el siglo I, mucho antes de Nicea. Se concluye que el unicismo modalista no representa la fe normativa de la Iglesia primitiva, sino una corriente herética combatida por autores como Tertuliano, Hipólito y Novaciano, y que la doctrina trinitaria —culminada en la noción de perichōrēsis— ofrece una síntesis más coherente del testimonio bíblico sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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Sion contra la misión: el sionismo como piedra de tropiezo del pentecostalismo y la misiología

Este artículo examina, desde la teología y la misiología, el choque entre dos realidades que no caben en la misma casa: la universalidad de Pentecostés, entendido como reversión redentora de Babel, y el sionismo cristiano de matriz pentecostal-carismática, que levanta a una nación y a un proyecto estatal por encima de todos los demás pueblos. Sostengo que el sionismo cristiano, en sus versiones dispensacionalista y neopentecostal, introduce una lógica de elección territorial y étnica que contradice la gramática pneumatológica de Hechos 2, donde el Espíritu forma un pueblo de muchas lenguas y naciones sin conceder privilegio a ninguna geografía salvífica. El método combina exégesis bíblica, historia del cristianismo y misiología crítica, con atención especial a las voces teológicas palestinas y a los documentos kairológicos. La conclusión es que el sionismo cristiano funciona como piedra de tropiezo misiológica: desplaza el centro del Evangelio hacia una geopolítica profética, desacredita el testimonio de la Iglesia en Medio Oriente y estorba la misión entre las naciones. Frente a ello propongo recuperar una pneumatología misiológica de las naciones que, sin caer en el supersesionismo, afirme la suficiencia de Cristo y la vocación reconciliadora de la Iglesia en medio de la diversidad cultural.

Two robed scholars confront each other while observers watch in a study.
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Dividir no es reformar, es mutilar el cuerpo de Cristo

La moda del nuevo calvinismo, que durante poco más de una década sacudió a buena parte del protestantismo latinoamericano, va pasando: en la región ya cede, y solo en algunos países superarla está costando, allí donde las redes sociales, las sectas digitales y los influencers revoltosos siguen siendo escuchados y permiten que el problema sobreviva. Su expansión ha generado tensiones reales en iglesias arminianas y pentecostales: cambios pastorales inesperados, reorientaciones doctrinales no declaradas y divisiones congregacionales. Este artículo sostiene que, al margen de si existe o no una estrategia organizada de infiltración —algo que las fuentes consultadas no permiten afirmar de manera generalizada—, el problema de fondo es ético: cuando un movimiento se establece en comunidades ajenas para reordenarlas desde dentro y sin transparencia, daña el cuerpo de Cristo. Frente a ello, la ética cristiana ofrece dos criterios elementales: si no estoy de acuerdo con una iglesia y su confesión de fe, lo honesto es irme y no dividirla; y si fui recibido con amor, lo justo es corresponder con lealtad y no con daño.

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El papel de Jonathan Edwards en la defensa teológica de las manifestaciones del Espíritu durante el Primer Gran Despertar

El Primer Gran Despertar (c. 1734-1743) produjo en las congregaciones de Nueva Inglaterra llantos, temblores, desmayos, gritos y éxtasis que dividieron a las iglesias y exigieron una respuesta teológica. Jonathan Edwards (1703-1758) fue el principal defensor del avivamiento y, a la vez, uno de sus críticos más lúcidos. Este artículo examina su defensa a partir de tres obras centrales: The Distinguishing Marks of a Work of the Spirit of God (1741), Some Thoughts Concerning the Present Revival of Religion in New-England (1742) y A Treatise Concerning Religious Affections (1746). Se sostiene que Edwards trazó una vía media entre el entusiasmo acrítico y el racionalismo escéptico, y que lo hizo con argumentos bíblicos antes que con argumentos de experiencia: el criterio de 1 Juan 4:1-6, la tesis de que los efectos corporales no prueban ni refutan la obra del Espíritu, y una teología de las afecciones que mide la autenticidad por el fruto de santidad y amor. Desde una perspectiva pentecostal, el artículo propone apropiarse críticamente de este marco sin adoptar el cesacionismo de Edwards, y lo contrasta con las directrices de discernimiento de 1 Corintios 12-14 y 1 Tesalonicenses 5:19-22. La conclusión es que la tradición pentecostal puede afirmar la continuidad de los dones y, con la misma firmeza, exigirse un discernimiento teológicamente riguroso.

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La Teología Cautiva: Sionismo cristiano, dispensacionalismo y la subordinación del Evangelio a un proyecto geopolítico

El presente artículo examina críticamente la penetración del sionismo político en el seno de la iglesia evangélica contemporánea, argumentando que constituye una desviación teológica de gran alcance. Se documenta el origen secular, ateo y nacionalista del sionismo político; su instrumentalización de la religión judía; su infiltración en el cristianismo a través del dispensacionalismo de John Nelson Darby; la promoción y financiación de esta doctrina por parte de intereses sionistas; la cristianización de un proyecto esencialmente secular; los conflictos con la teología cristiana histórica; las desviaciones doctrinales derivadas; los movimientos y organizaciones evangélicas que ejercen lobby proisraelí; y el papel del sionismo en la génesis de la evangélicofobia contemporánea. Se concluye con un llamado a la corrección de esta desviación mediante el retorno a la hermenéutica bíblica cristocéntrica y pactual, pues como advierte el apóstol Pablo, es necesario examinarlo todo y retener lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21), velando porque el adversario, como león rugiente, busca a quien devorar (1 Pedro 5:8), y no conformándonos a este siglo, sino transformándonos por medio de la renovación del entendimiento (Romanos 12:2).

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El avivamiento de Cane Ridge (1801): manifestaciones físicas e interpretación teológica

El avivamiento de Cane Ridge, celebrado del 6 al 12 de agosto de 1801 en el condado de Bourbon, Kentucky, constituye uno de los fenómenos más significativos del Segundo Gran Despertar en los Estados Unidos. Este artículo examina las manifestaciones físicas que lo caracterizaron —conocidas como «ejercicios corporales» (bodily exercises)— y analiza las interpretaciones teológicas que suscitaron entre partidarios y críticos. Se argumenta que dichas manifestaciones, lejos de ser meros fenómenos emocionales o patológicos, representaron una reconfiguración teológica de la relación entre el Espíritu Santo, el cuerpo humano y la comunidad de fe en la frontera norteamericana. Desde un marco bíblico que atiende a Lucas-Hechos, a la literatura profética y al corpus paulino, y desde una perspectiva pentecostal crítica, el estudio sostiene que Cane Ridge ofrece a la vez un precedente y una advertencia: un precedente, porque afirmó la corporalidad de la experiencia del Espíritu; una advertencia, porque la ausencia de criterios de discernimiento comunitario y de orientación misional dejó abierta la ambigüedad sobre el sentido de los ejercicios. El artículo concluye que la interpretación de estas manifestaciones osciló entre la afirmación de una acción pneumatológica directa y la sospecha de un desorden emocional o incluso de una influencia demoníaca, reflejando tensiones teológicas más profundas en torno a la soteriología calvinista, la eclesiología y la autoridad religiosa en la naciente república.

People praying beneath an Israeli flag beside Palestinian flag amid destroyed buildings
Dispensacionalismo, Israel, Palestina, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Sionismo, Sionismo Cristiano

¿Soy yo guarda de mi hermano? — Palestina y el Evangelio de Caín

Este artículo examina la situación de la comunidad cristiana palestina desde una perspectiva teológica y sociopolítica, argumentando que el cristianismo evangélico occidental, particularmente el alineado con el sionismo cristiano, ha reproducido el "espíritu de Caín" al desentenderse del sufrimiento de sus hermanos palestinos. Se documenta el declive demográfico de los cristianos palestinos, las causas estructurales de su éxodo —ocupación militar, restricciones de movimiento, violencia de colonos y asfixia económica— y se analiza la paradoja de la víctima convertida en victimario, señalando paralelismos entre la experiencia del Holocausto y las prácticas de dominación ejercidas por el Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Se sostiene que la indiferencia evangélica ante esta realidad constituye una complicidad teológica que socava la credibilidad profética de la iglesia global. El artículo concluye con un llamado urgente a reconocer en el rostro del cristiano palestino el rostro mismo de Cristo sufriente.

Two people discuss philosophy over coffee beside a window marked CAFE
Biblia, Bibliología, INERRANCIA BÍBLICA, Neopentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Pentecostalismo Reformado, Pentecostalismo Unicitario, REFLEXIÓN BÍBLICA, Teología Pentecostal

La crisis de la lectura utilitarista de la Biblia en el púlpito y en la banca

Una de las paradojas más notables y urgentes del pentecostalismo contemporáneo radica en su profunda devoción afectiva por la Biblia combinada, paradójicamente, con un alto grado de superficialidad metodológica en su interpretación sistemática. En la praxis cotidiana de innumerables congregaciones a lo largo del continente, la Escritura es reverenciada con pasión desbordante en los altares, pero empobrecida analíticamente en las bancas y en las aulas de discipulado. Con frecuencia, el acercamiento al texto sagrado se sostiene sobre un andamiaje puramente utilitario: se busca en la Biblia alivio emocional frente a la angustia existencial, directrices económicas ante la precarización de la vida o una palabra de triunfo triunfalista frente a la prueba inmediata.

Biblia en Hechos con escenas alrededor
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Lucas y Hechos como narrativa teológica normativa | ¿Por qué la hermenéutica pentecostal honra mejor la inspiración Escritural que el cesacionismo?

A menudo, el sector cesacionista del cristianismo trata de convencer a los pentecostales de que considerar normativos a Lucas y Hechos es una postura ridícula y errónea. Se argumenta que estos libros son meramente descriptivos, es decir, que solo narran lo que ocurrió en la Iglesia primitiva sin establecer principios permanentes para la vida cristiana posterior. Desde esa perspectiva, tomar los relatos de milagros, lenguas, profecías y manifestaciones del Espíritu Santo como modelo para la Iglesia actual sería un error hermenéutico, una confusión entre historia y doctrina, entre descripción y prescripción. Sin embargo, no tendríamos por qué sentirnos avergonzados de interpretar los escritos lucanos como lo hacemos. Al contrario, nuestra postura es más sólida y respetuosa de la inspiración e inerrancia de las Escrituras, porque reconoce que toda la Escritura, también en su forma narrativa, es útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia, tal como declara el apóstol Pablo: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3,16-17). Si los relatos de Lucas y Hechos son inspirados por Dios, no pueden ser considerados simples crónicas sin autoridad normativa, como si una parte de la Biblia tuviera menos valor para la fe y la práctica de la Iglesia.

Women dancing and waving colorful flags in a church filled with worshippers
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¿Danza en el trono o en el altar pagano? —Deconstrucción crítica de las prácticas de danza en el pentecostalismo contemporáneo

La adoración que Jesús inauguró no necesita de la pirotecnia de las danzas de guerra, ni de los supuestos portales de gloria, ni de las banderas cargadas de colores codificados. Necesita, sencillamente, corazones rotos y humillados, fe genuina en la obra consumada del Salvador y una proclamación fiel de su Palabra. La verdadera unción, enseña el apóstol Juan, permanece en nosotros y nos enseña todas las cosas (1 Juan 2:27), y no está condicionada a cuán alto saltemos, cuán estridentes sean nuestras coreografías o cuán dramáticamente agitemos un manto. Esa unción interior, silenciosa y transformadora, es la que produce fruto duradero; todo lo demás, cuando se convierte en el centro, no es más que fuego extraño ofrecido sobre el altar.