Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.

Continuismo, Pentecostalismo Clásico

Pentecostalismo: ¿Fuego extraño o fuego santo?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pentecostalismo, o movimiento pentecostal, es un movimiento evangélico que incluye un amplio número de denominaciones, iglesias independientes y organizaciones paraeclesiásticas que recalcan la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo. Surgió primero en Norteamérica a principios del siglo XX, cuando miembros del movimiento de santidad wesleyano experimentaron el fenómeno espiritual denominado glosolalia (hablar en lenguas), hecho que identificaron como la evidencia bíblica de haber sido bautizados en el Espíritu Santo (Hechos 1:8, 2:1-4). En la creencia pentecostal, el bautismo en el Espíritu Santo suministra al creyente un poder sobrenatural que incluye los carismas de 1 Corintios 12:8-10.

El pentecostalismo carece de un dirigente mundial debido a las diferentes creencias y opiniones sobre doctrinas, prácticas y liturgia existentes entre sus distintas organizaciones. Una iglesia pentecostal puede trabajar de forma independiente o estar afiliada a una organización religiosa de mayor cobertura. Sus ritos, prácticas y costumbres dependen de la corriente con la cual se identifique. En este sentido, se pueden distinguir tres “olas” en el movimiento pentecostal de nuestro siglo.

La primera es el pentecostalismo clásico que se vincula a la experiencia de “hablar en lenguas” que tuvo Agnes Oxham durante un servicio de sanidad divina en Topeka, Kansas, Estados Unidos, en vísperas del año nuevo de 1900. Este movimiento se extendió rápidamente en sectores populares de los Estados Unidos y pronto fue llevado con celo misionero también a otras partes del mundo. Puede decirse que esta ola es una forma popular del protestantismo que conforman denominaciones como las Asambleas de Dios o la Iglesia Cuadrangular. Brotes espontáneos de este tipo se dieron en América Latina en casos como el de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile y el movimiento “Brasil para Cristo”.

Algo diferente sería la segunda ola conocida también como “Movimiento Carismático” que hacia la década de los sesenta se extiende en el seno de las denominaciones protestantes antiguas como luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas, o aun de la Iglesia Católica Romana. La glosolalia o la sanidad divina son parte de este movimiento, pero su característica sociológica no tiene las marcas de lo popular como en el caso del pentecostalismo clásico. Como en general no forma denominaciones separadas, conserva las características sociológicas de las denominaciones dentro de las cuales se manifiesta.

La tercera ola se puede definir como neocarismática o neopentecostal. Estaría representada por las nuevas iglesias sin tradición de denominación clara, aparecidas en años más recientes alrededor de figuras carismáticas. Según la World Christian Database, el número de pentecostales clásicos asciende a 78 millones, los carismáticos suman 192 millones y los neopentecostales, 318 millones.

Aunque el pentecostalismo experimentó fuerte oposición en sus inicios, gradualmente fue ganando reconocimiento y aceptación dentro del mundo evangélico al punto que, hoy en día, constituye el sector de mayor crecimiento dentro del protestantismo. Sin embargo, no todos han extendido la mano de confraternidad hacia el pentecostalismo. En ciertos sectores del evangelicalismo tradicional, principalmente en el bloque calvinista o reformado, los oponentes al movimiento pentecostal no solo son muchos, sino también cada vez más agresivos. Por ejemplo, en su polémico libro “Fuego Extraño” el pastor John MacArthur califica al Movimiento Pentecostal y Carismático[1] como una herejía peligrosa que debe ser combatida por los demás cristianos:

“Es hora de que la iglesia evangélica se levante y recupere un enfoque adecuado de la persona y la obra del Espíritu Santo. La salud espiritual de la iglesia está en juego. En las últimas décadas, el movimiento carismático se ha infiltrado en el evangelicalismo tradicional irrumpido en el escenario mundial a un ritmo alarmante. Es el movimiento religioso de más rápido crecimiento en el mundo. Los carismáticos suman ya más de quinientos millones en todo el orbe. Sin embargo, el evangelio que está conduciendo a esos números no es el verdadero evangelio y el espíritu detrás de ellos no es el Espíritu Santo. Lo que estamos viendo es, en realidad, el crecimiento explosivo de una iglesia falsa, tan peligrosa como cualquier secta o herejía que haya atacado al cristianismo…. fue una farsa y un engaño desde el principio y no ha cambiado a algo bueno”[2]

MacArthur llega al extremo de afirmar:

“La teología carismática no ha hecho ninguna contribución a la verdadera teología o la interpretación bíblicas, sino que representa una mutación desviada de la verdad. Al igual que un virus mortal, obtiene su acceso a la iglesia manteniendo una relación superficial con ciertas características del cristianismo bíblico, pero al final siempre corrompe y distorsiona la sana doctrina. La degradación resultante, como una versión doctrinal del monstruo de Frankenstein, es un híbrido repugnante de la herejía, el éxtasis y la blasfemia torpemente vestido con los restos destrozados del lenguaje evangélico. Se llama a sí misma «cristiana», pero en realidad se trata de una farsa, un simulacro de una forma de espiritualidad que continuamente se transforma como en un espiral errático de un error a otro.”[3]

Para MacArthur, lo pentecostales ni siquiera deberíamos ser considerados evangélicos, por lo que deberíamos ser rechazados por la comunidad cristiana en general:

“A pesar de sus graves errores teológicos, los carismáticos exigen su aceptación dentro de la corriente tradicional evangélica. Y los evangélicos han sucumbido en gran parte a esas demandas, respondiendo con los brazos abiertos y una sonrisa de bienvenida. De este modo, el evangelicalismo tradicional ha invitado inadvertidamente a un enemigo a entrar. Las puertas se le han abierto de par en par a un caballo de Troya lleno de subjetivismo, experimentalismo, compromiso ecuménico y herejía. Los que se comprometen de esta manera están jugando con fuego extraño y poniéndose en grave peligro.”[4]

“En generaciones anteriores, el movimiento carismático pentecostal habría sido etiquetado como herejía. En cambio, ahora es la estirpe más dominante, agresiva y visible del llamado cristianismo en el mundo. Pretende representar la forma más pura y poderosa del evangelio. Sin embargo, proclama ante todo un evangelio de salud y riquezas, un mensaje totalmente incompatible con las buenas nuevas de las Escrituras. Todos los que se oponen a su doctrina son acusados de aflicción, apatía, resistencia e incluso de blasfemia contra el Espíritu Santo. No obstante, ningún movimiento arrastra su nombre por el fango con mayor frecuencia o audacia.”[5]

MacArthur concluye su libro afirmando:

“La teología carismática es el fuego extraño de nuestra generación y los cristianos evangélicos no deben coquetear con ella a ningún nivel.”[6]

MacArthur se proclama a sí mismo como cesacionista, lo cual explica en parte su férrea oposición al pentecostalismo. Sin embargo, él no es el único en despreciar al Movimiento Pentecostal. En diversos círculos religiosos, principalmente calvinistas, la opinión desfavorable hacia el pentecostalismo, o carismatismo, permanece:

“¿Es bíblico el movimiento carismático? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que, desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de Satanás ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el Jardín del Edén, cuando la serpiente le preguntó a Eva, “¿Con que Dios os ha dicho…” (Génesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho? Desde ese día, él continúa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que Satanás ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8).”[7]

Nos preguntamos ¿Cuál es el problema con MacArthur y otros cristianos no pentecostales? ¿Por qué etiquetan, generalizan y desprecian a todo el movimiento pentecostal y carismático de esa forma? El celo ministerial y el cada vez más persistente decaimiento en las iglesias reformadas, en contraposición a la vitalidad y crecimiento del Movimiento Pentecostal, podrían explicar en parte tal oposición.

MACARTHUR, LOS CALVINISTAS Y EL CESACIONISMO.

John MacArthur es ampliamente conocido en el mundo evangélico. Además de ser pastor y autor es también popular gracias a su programa de radio Grace to You (Gracia a Vosotros). Es el pastor y maestro de la Grace Community Church en Sun Valley, California desde el 9 de febrero de 1969 y actualmente es también el presidente de The Master’s University en Newhall, California y de The Master’s Seminary en Los Ángeles, California.

Teológicamente, MacArthur es considerado un calvinista, y un fuerte defensor de la predicación expositiva. Ha sido reconocido por Christianity Today como uno de los predicadores más influyentes de su tiempo. Pero eso no es todo, MacArthur es cesacionista[8], y es una de las voces más prominentes en la iglesia en contra de las creencias continuistas del pentecostalismo y del movimiento carismático. En relación con el movimiento pentecostal, MacArthur ha llegado incluso a afirmar de forma tajante:

“Esto es el trabajo de Satanás, es el trabajo de la oscuridad, y no ha de ser atribuido al Espíritu Santo.”[9]

No nos extraña que MacArthur piense de esa manera. MacArthur, y muchos otros que se identifican como cesacionistas, niegan la continuidad de los dones espirituales. Ellos afirman que, al sostener dicha postura, buscan proteger las doctrinas de la suficiencia y la finalización de la Escritura. Sin embargo, esta es una excusa. Hay motivos siniestros detrás de esta doctrina, como su incredulidad y el temor de que esta incredulidad sea expuesta si se aventuran. Lejos de admitir su error teológico, los cesacionistas prefieren crucificar a Cristo con sus plumas, sólo para callarle, antes que admitir que luchan con la incredulidad. La incredulidad persistente de muchos calvinistas y otros sectores del protestantismo no les permite ver que la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu no compromete la suficiencia y la finalización de la Escritura. Pero en su intento por desprestigiar al pentecostalismo, los cesacionistas como MacArthur afrentan a Dios y niegan la veracidad de la Biblia, libro que pretenden defender. Si de verdad creyeran en la Biblia, lo cesacionistas tendrían que admitir la continuidad de los dones del Espíritu para nuestra época al igual que los pentecostales.

LA BIBLIA ENSEÑA EL CONTINUISMO.

Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración?

También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento.

Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

DESHONESTIDAD INTELECTUAL Y TEOLÓGICA DE JOHN MACARTHUR.

En uno de sus sermones sobre el enfoque bíblico de crecimiento de la iglesia, John MacArthur insistió en que los métodos de crecimiento de la iglesia que se basan en las teorías de negocios y trucos de marketing son infieles y destructivos. Estoy totalmente de acuerdo con él en eso. MacArthur propuso que los cristianos deben regresar a los Hechos de los Apóstoles,[10] ya que allí el método divino modelado por los primeros discípulos se establece. Él no se refería a un modelo neotestamentario en un sentido general, pero insistió en que hay que seguir el libro de los Hechos.

Luego, en el curso del sermón, ofreció cinco principios que había derivado: La iglesia primitiva tuvo 1) Un mensaje trascendente, 2) Una congregación regenerada, 3) Una valiente perseverancia, 4) Una pureza evidente, y 5) Un liderazgo cualificado. Sin embargo, cualquier expositor honesto debería haber añadido, 6) Un hablar en lenguas, sanidad de paralíticos, resurrección de muertos, expulsión de demonios, visiones, profecías y ministerios milagrosos. Todas estas cosas se registran en el libro de los Hechos, ¿No es así? ¿Por qué entonces MacArthur lo omite? ¿Qué libro de los Hechos estuvo leyendo MacArthur? ¿Es este el campeón de la predicación expositiva que tantos cristianos adoran? La predicación expositiva obliga al predicador a abordar temas con los que no se siente cómodo, y exponer lo que él podría encontrar difícil de aceptar ¿Qué pasó con eso? Pareciera que MacArthur olvidó que, como teólogo honesto que dice ser, no debe permitir que el prejuicio y la mentira oscurezcan las claras enseñanzas de la palabra de Dios. Es muy difícil, si no imposible, excusar a alguien de su calibre por no mencionar los milagros cuando él mismo, con tanto celo e indignación, reprende a las iglesias por no seguir el patrón en el libro de los Hechos.

Señores cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo, viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? ¡Hipócritas! Pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad.

¿Y QUÉ HAY CON LAS ACUSACIONES MORALES QUE MACARTHUR Y MUCHOS OTROS ARROJAN SOBRE EL PENTECOSTALISMO?

En su polémico libro “Fuego Extraño”, MacArthur arroja lodo sobre la reputación del Movimiento Pentecostal al afirmar:

“La trágica ironía es que el movimiento que se cataloga a sí mismo como «lleno del Espíritu» resulta notorio por la inmoralidad sexual, las irregularidades financieras y la mundanalidad ostentosa en la vida de sus líderes más visibles… el movimiento carismático se ve manchado con regularidad por el escándalo.”[11]

Muchos líderes pentecostales han caído en graves errores morales. Eso es cierto. El pecado es común a la naturaleza humana. Seguramente un calvinista como MacArthur que sostiene la depravación total del hombre concordaría con nosotros al respecto. Lo verdaderamente malicioso de sus acusaciones reside en el hecho de que, según MacArthur, sólo los pentecostales y carismáticos somos culpables de tales faltas. Pero ¿Posee MacArthur la autoridad moral para decir eso? Personalmente, lo dudo.

Con respecto a MacArthur y la institución educativa y teológica que preside, las autoridades estadounidenses reportaron:

“Después de que un equipo de acreditación visitó The Master´s College para revisar sus prácticas en marzo de este año, el equipo compiló un informe en el que se afirmaba que la universidad estaba nuevamente en violación de las responsabilidades de informe requeridas en virtud de la Ley Clery y la Ley de Violencia contra la Mujer (VAWA). La Ley Clery exige que todas las escuelas que reciben asistencia financiera federal bajo el Título IV de la Ley de educación superior informen los delitos, incluidas las agresiones sexuales, que ocurren dentro y fuera del campus. Según el informe del equipo de la Asociación Occidental de Escuelas y Colegios (WASC, por sus siglas en inglés) no es la primera vez que la universidad se encuentra bajo escrutinio por cuestiones relacionadas con las leyes federales relacionadas con la agresión sexual… Un estudio realizado en 2013 por un investigador de la Universidad de Cornell analizó los datos de la Ley Clery del Departamento de Educación para clasificar y evaluar las instituciones según los informes de agresión sexual. The Master´s College y The Master´s Seminary se clasificaron dentro del último tramo de los puntos de referencia del estudio. Según las medidas estándar de salud pública, el estudio estimó la ocurrencia de aproximadamente 34.96 asaltos en el campus de The Master´s College y The Master´s Seminary en 2013. La escuela informó cero violaciones, según el Departamento de Educación de los Estados Unidos. El estudio se repitió nuevamente utilizando los datos de 2014. Se esperaba The Master´s College y The Master´s Seminary reportaran 40.03 agresiones sexuales. La universidad de nuevo no informó al Departamento de Educación de los Estados Unidos. Entre 2014 y 2016, el año más reciente en que están disponibles los datos de la Ley Clery, no se presentaron informes de violación o agresión sexual ante el Departamento de Educación de los Estados Unidos. El año siguiente, el Departamento de Educación de EE. UU. Emitió una Determinación de Revisión Final del Programa (FPRD) el 6 de julio de 2015, que confirmó varios casos de incumplimiento de las disposiciones de la Ley Clery durante 2014. La escuela tuvo una declaración de política incompleta con respecto a programas de asalto sexual en el campus, una descripción incompleta de los procedimientos a seguir cuando ocurre un delito sexual y no desarrolló los procedimientos para la acción disciplinaria del campus en casos de un presunto delito sexual, según el Departamento de Educación de los Estados Unidos.”[12]

Entonces, ¿Es el pecado sexual y los escándalos morales un distintivo único de nosotros los pentecostales? Sin lugar a duda, MacArthur está lanzando piedras a la casa del vecino, pero olvida que él mismo tiene un techo de cristal. La inmoralidad y el escándalo lo han salpicado a él también, por lo que sus acusaciones en contra del pentecostalismo son simplemente hipócritas. La diferencia entre MacArthur y los líderes carismáticos que él acusa reside en que MacArthur, hipócritamente, intentó ocultar todo aquello que dañara su reputación y la de su seminario teológico.[13]

¿Y ENTONCES?

No todo en el pentecostalismo funciona bien. MacArthur acierta en muchas de sus críticas. Su pecado es la generalización. Incluso el Dr. George O. Wood, superintendente general de las Asambleas de Dios de Estados Unidos, reconoció en una carta dirigida al Pastor John MacArthur acerca de su conferencia “Fuego Extraño”, que “ha habido aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina durante el siglo pasado, entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos”. Sin embargo, que “el movimiento en su conjunto ha demostrado ser una fuerza vital en la evangelización del mundo.”

El Dr. Wood, en un espíritu mucho más cristiano que el demostrado por MacArthur, también dijo:

“Confiamos en que llegará el momento en que el Dr. John MacArthur y aquellos que comparten su punto de vista reconozcan la gran contribución que los pentecostales y carismáticos están haciendo en la evangelización de las personas sin Cristo. Pedimos las bendiciones de Dios sobre sus esfuerzos para compartir el evangelio en un mundo que se pierde. Pentecostales y carismáticos son sus colaboradores en este esfuerzo por lo que pedimos que ellos igualmente oren por la bendición de Dios en nosotros a medida que tratamos de cumplir con la gran comisión que Dios nos ha dado. “[14]

El continuismo del movimiento pentecostal es bíblico y no pretendemos disculparnos por ello. Concordamos con MacArthur y otros cesacionistas acerca de los abusos cometidos por algunos grupos carismáticos. Al igual que MacArthur, los pentecostales de sana doctrina nos oponemos a los errores teológicos de movimientos pseudocristianos, autodenominados pentecostales, como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías. Precisamente por ello, nos negamos a permitir que se nos etiquete a todos por igual como herejes o que se generalice sobre nosotros.

Señores cesacionistas ¡Ya basta de tanta hipocresía y espíritu fariseo y anticristiano hacia sus hermanos en la fe! ¡A paz nos ha llamado el Señor!

REFERENCIAS:

[1] Aunque en algunos países latinoamericanos el término “carismático” suele asociarse con el catolicismo romano, en el presente artículo dicho término alude a un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y no a la Renovación Carismática Católica. El movimiento carismático, o pentecostal, tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, California

[2] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 17.

[3] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[4] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 15.

[5] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[6] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 233.

[7] Véase el artículo: “¿Qué es el movimiento Carismático?” publicado en: https://www.gotquestions.org/Espanol/movimiento-carismatico.html, consultado el 04/03/2019.

[8] El cesacionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. La mayoría de los cesacionistas creen que, mientras que Dios puede y aún realiza milagros hoy en día, el Espíritu Santo ya no utiliza a individuos para llevar a cabo señales milagrosas.

[9] La conferencia Fuego Extraño puede escucharse en su totalidad en: https://www.gracia.org/library/topical-series-library/GAV-325/conferencia-fuego-extra%C3%B1o

[10] https://www.gracia.org/library/sermons-library/GAV-44-13/la-iglesia-ordinaria

[11] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 195.

[12] Véase : https://proclaimerscv.com/2018/09/19/masters-demonstrates-failure-to-report-sexual-assault-under-clery-act/, consultado el 05-03-2019.

[13] Para mayor información sobre los escándalos por abuso sexual en The Master´s College (ahora The Master´s University) y The Master´s Seminary pueden consultarse diversos enlaces, entre ellos: https://spiritualsoundingboard.com/2017/09/22/janes-account-of-rape-response-of-masters-university-to-her-claims-and-a-breaking-development-confirming-details-doyouseeus/, https://www.patheos.com/blogs/jesuscreed/2017/09/25/janes-story-leaders-failed/, http://thewartburgwatch.com/2017/09/23/janes-traumatic-rape-and-subsequent-mistreatment-by-officials-at-the-masters-college-now-university/

[14] Véase: https://www.crossmap.com/article/assemblies-of-god-george-woods-statement-regarding-strange-fire-conference.html, consultado el 05-03-2019.

Pentecostalismo Clásico

Soy pentecostal, pero no de esos…

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

Yo soy pentecostal y lo digo con orgullo. No lo llevo escrito en la frente y tampoco uso esa etiqueta en la manga, pero no estoy avergonzado de admitirle a nadie que soy un cristiano que cree en el poder del Espíritu Santo y en sus manifestaciones en nuestra época. Rechazo el cesacionismo y creo firmemente en la vigencia actual de los dones del Espíritu. Aun así, cuando ocupo la palabra “pentecostal” para describirme, recibo una que otra mirada burlona de parte de mis hermanos cristianos provenientes de otras tradiciones, como si esperaran verme convulsionar frente a ellos mientras hablo en lenguas o me creyeran anti-intelectual y sin conocimiento teológico alguno. ¿Es este tu caso? Quizá al oír la palabra “pentecostal” se dibuje en tu mente la imagen de un místico fanático, iletrado y sin control de sus emociones. Pero no todos somos así. Muy probablemente te sorprendería conocer el número de eruditos pentecostales y carismáticos de primer nivel que hoy enseñan en seminarios teológicos y universidades, que escriben libros y hacen aportes significativos al estudio de la teología, la política y las ciencias en general.

Si bien hay un prejuicio extendido acerca de lo que es el pentecostalismo en nuestra sociedad, dichos prejuicios no necesariamente se apegan a la realidad. En general, al oír el término “pentecostal” la gente, y principalmente otros creyentes, tienden imaginar a una persona pobre o de clase media baja, que predica en la calle a viva voz con poco o ningún tacto, que en ciertos casos toca guitarra y pandero, que está muy interesado en que otras personas lleguen a la iglesia, que se trata de “hermano” con otros miembros de la comunidad, que no fuma ni consume bebidas alcohólicas, que suele gritar, golpear el púlpito y zapatear mientras predica, etc. Si eso es lo que piensas que significa ser pentecostal, te falta mucho por conocer acerca de nosotros.

Muchos hermanos de otras tradiciones suelen suponer que los pentecostales somos unos bichos raros descerebrados que entran en ataques incontrolables durante servicios religiosos. Están sorprendidos de saber que muchos de nosotros tenemos grados avanzados, muchos somos profesionales, tenemos nuestros propios negocios, ejercemos cargos públicos y movilizamos una gran cantidad de obras misioneras y de caridad en el mundo. Los pentecostales componemos más de un cuarto de todos los cristianos hoy en día (tan sólo las Asambleas de Dios, la más grande de las denominaciones pentecostales, cuenta con más de 69 millones de miembros). Por eso, deberías pensarlo mejor antes de generalizar acerca de nosotros. Ten en mente algo: ¡No todos los ‘pentecostales’ somos iguales! No es justo ni honesto etiquetarnos o reducirnos a un pobre estereotipo. De lo profundo de mi corazón quiero decirte algo. Y esta es la realidad de muchos como yo que estamos cansados de los estereotipos:

(1.- Soy pentecostal por la voluntad y la misericordia de Dios, y ejerzo más de un ministerio por Su Gracia y para Su Gloria. Sin embargo, no dejo que el amor a los títulos me ciegue. No busco que me llamen “apóstol” ni tampoco creo en los falsos ‘apóstoles’ modernos. Aborrezco el Evangelio de la Prosperidad, pues me parece una herejía destructiva en todos sus aspectos.

(2.- Soy pentecostal, pero no anti-intelectual. Amo la Palabra de Dios y he consagrado mi vida a estudiarla. También creo que la formación académica es importante y estoy convencido de que un ministro de Dios debe crecer tanto espiritual como intelectualmente.

(3.- Soy pentecostal pero no me caigo hacia atrás cada vez que alguien ora por mí, ni empujo a nadie para que se caiga cuando oro. Tampoco cierro mi mente ni mi corazón a las manifestaciones del Espíritu Santo; pero entiendo que todo debe hacerse decentemente y en orden.

(4.- Soy pentecostal y creo en el hablar en lenguas, pero insto a la gente a verificar si el don es verdadero y no motivo el desorden en los servicios de adoración, mucho menos manipulo a la audiencia para que experimente o practique fenómenos extraños, antibíblicos e irreverentes como la “unción de la risa”, el “vómito santo” ni nada por el estilo. Tampoco manipulo serpientes ni danzo en hogueras para probar mi unción. De hecho, eso me parece de lo más ridículo, herético y hasta blasfemo.

(5.- Soy pentecostal, pero no “danzo en el espíritu”, no emito sonidos de animales al orar ni convulsiono o me muevo frenéticamente durante la oración como si fuese un poseso. Considero que cada experiencia espiritual debe ser medida a luz de la Palabra, para así determinar si es una manifestación real o bíblica de la obra del Espíritu Santo.

(6.- Soy pentecostal e insto a la gente a levantar sus brazos, orar a Dios y llorar delante de Dios, si es necesario y se siente movido a hacerlo, pero no manipulo sus emociones.

(7.- Soy pentecostal, pero desde el púlpito jamás he mencionado por lista a quienes no ofrendan para la obra de Dios. Jamás he instado a alguien a quedarse sin su sustento por ofrendar en la iglesia, ni condeno al infierno a aquellos que no pagan sus diezmos.

(8.- Soy Pastor pentecostal y no frecuento restaurantes costosos con mi familia, ni invitados; mucho menos a expensas de la iglesia. Mi estilo de vida es sencillo y, lejos de esperar que se me trate como ‘Señor del Rebaño’, trabajo con mis manos y creo en el ministerio biocupacional.

(9.- Soy pentecostal, pero no ‘profetizo’, vaticino, ni decreto sobre nadie. No creo en la confesión positiva y tampoco creo que mis palabras tengan poder místico o sobrenatural. Dios es Dios y yo un simple mortal. No me considero un “pequeño dios” sobre la tierra.

(10.- Soy pentecostal, pero no uso, ni permito que se use, la profecía para manipular. Es más, he tenido que callar y reprender fuertemente en varias ocasiones a más de un charlatán.

(11.- Soy pentecostal, pero insto a la congregación a traer sus Biblias a la iglesia y verificar por ellos mismos lo que les enseño. La autoridad es la Biblia, no mi opinión personal sobre ella. Asimismo, creo en la necesidad de una mayor formación teológica y profesional en el pastorado.

(12.- Soy pentecostal, pero no creo que estudiar la Biblia “mate” o te vuelva un intelectual sin Dios, sino todo lo contrario. De hecho, me he propuesto estudiarla con seriedad y pasión.

(13.- Soy pentecostal, pero no me enseñoreo de la congregación y jamás he instado a alguien para que me obedezca ciegamente.

(14.- Soy pentecostal, pero no ato al “hombre fuerte”, ni ato demonios, ni desato finanzas, ni rompo maldiciones generacionales, ni las dejo sin efecto en el mismo instante. Esa es una práctica herética y abominable a la cual me opongo.

(15.- Soy pentecostal, pero no creo que todo lo que pasa en la vida se deba al Diablo y los demonios, ni declaro endemoniado olímpicamente a alguna persona.

(16.- Soy pentecostal. Me encanta que la gente testifique de lo que Dios hace en sus vidas y familias, e insto a las personas a ser sinceras y decir sólo la verdad en sus historias. Creo que exagerar, mentir o inventar milagros no beneficia en nada a la obra de Dios.

(17.- Soy pentecostal, pero jamás he tenido preferencias por quienes ofrendan más en detrimento de quienes ofrendan menos.

(18.- Soy pentecostal, pero no permito los escándalos ni el desorden en el culto.

(19.- Soy pentecostal, pero no tengo como cliché afirmar que “el Señor me dijo…” y aún más cuando el Señor no ha dicho nada.

(20.- Soy pentecostal y creo en el poder de la oración y el ayuno.

(21.- Soy pentecostal y por ello mismo no necesito de grupos de danza hebrea, humo, luces y todo ese show mediático para hacer la obra de Dios o pretender falsificar la obra de Dios y el gozo del Espíritu.

Por último: Soy pentecostal y no creo que serlo sea un error. Ser pentecostal no me hace menos inteligente que nuestros hermanos ‘reformados’, ‘calvinistas’, ‘luteranos’ o de cualquier otra tradición. Tampoco considero irremediablemente perdidos a todos aquellos que no piensan como yo. Sin embargo, tampoco permito que se me menosprecie por creer lo que creo. Es más, como pentecostal considero tener algo que mis hermanos de otras tradiciones, o que rechazan la obra del Espíritu Santo en nuestra época, necesitan descubrir para darle más sentido a toda esa teoría y erudición que afirman tener. Lamento que el resentimiento e inmadurez de muchos les lleve a despreciar a sus hermanos en la fe. Muchos recelan de nuestro éxito misionero y el crecimiento exponencial de nuestras denominaciones, por lo que raramente pueden decir algo bueno y amable sobre nosotros. Pero creo sinceramente que esa raíz de amargura la puede arrancar Cristo (si se lo permiten). Muchos quizá hallan conocido iglesias que se denominan pentecostales y que practican todas las aberraciones que mencioné anteriormente. Quizá a eso se deban sus prejuicios. Sin embargo, déjame decirte algo: ¡Si estuviste en un lugar dónde se practicaban cosas absurdas y antibíblicas (a las cuales yo mismo como pentecostal me opongo) no estuviste en una Iglesia Pentecostal de sana doctrina, sino en una secta!

Quizá tus prejuicios te impidan verme como hermano. Yo no tengo problema con eso. Yo si puede verte y considerarte como tal. Puedo convivir contigo y respetarte a pesar de nuestras diferencias y extenderte la mano de confraternidad.

Dicho lo anterior ¡Qué Dios te bendiga!

Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

¿Risa Santa? ¿Borrachera espiritual?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pueblo cristiano suele ser esporádicamente invadido por corrientes extrañas que de repente aparecen en el panorama y producen mucha confusión y caos. Esto cada vez es más común porque hoy, como nunca, la iglesia cristiana se halla en su nivel más bajo de discernimiento espiritual. Como parte de una tendencia generalizada de nuestra cultura postmoderna, muchas iglesias hoy en día manifiestan también un interés por el espiritualismo místico. No el espiritualismo como la búsqueda de una calidad de vida espiritual piadosa, un mayor compromiso con el evangelio o una mayor profundidad en el conocimiento de Dios, sino una sed por toda clase de experiencias sobrenaturales, aunque las mismas carezcan de un fundamento bíblico sano.[1] El fenómeno de la risa santa y la borrachera espiritual caen dentro de esta categoría.

En algunas iglesias dentro del movimiento pentecostal se emplea el término “risa santa” para referirse a un fenómeno durante el cual una persona se ríe incontrolablemente, presumiblemente como resultado de ser llenado del gozo del Espíritu Santo. Algunas de sus manifestaciones incluyen los trances de risa y carcajadas que duran desde varios minutos hasta horas, rugidos e imitaciones de distintos tipos de animales. Las personas supuestamente golpeadas por el Espíritu se comportan como si estuvieran completamente ebrias. Dichas experiencias pueden ocurrir espontáneamente durante el culto, al final de este, y especialmente cuando algún líder involucrado en este fenómeno impone las manos o clama pidiendo que esto suceda. Sus promotores dicen que de esa forma se reciben grandes bendiciones espirituales, se le atribuye en ocasiones poder curativo y hasta salvador.[2]

La risa casi siempre está acompañada con efectos muy parecidos a los que produce una borrachera común. Se puede observar a personas que casi no pueden caminar en línea recta. Incluso a algunos hay que cargarlos para sostenerlos mientras están con los ojos entrecerrados y la cabeza colgando semiinconscientes. Actuando exactamente como borrachos, hay quienes pierden todo tipo de inhibición y cometen actos vergonzosos y ridículos. Lo extraño de todo, es que en estas reuniones no se sirve alcohol, ni se utiliza ningún tipo de droga, sino que la experiencia está a disposición de cualquier persona, sólo con el toque de los pastores-gurús o a la simple indicación de su voz.[3]

Las manifestaciones no se limitan sólo a esto, hay otros que se revuelcan por el suelo sin control de ninguna clase. Es un estado alterado de la conciencia tan profundo, que están bien documentados casos de personas que además ladran como perros, rugen como leones, bufan, intentan volar como aves y hacen todo tipo de ruidos extraños. No son raros incluso quienes emiten gruñidos característicos de los cerdos o que cacareen como gallinas. Los promotores del movimiento dicen que todo «¡Es Divino! ¡Es un nuevo pentecostés venido del cielo! ¡Es la visitación esperada de parte de Dios!»[4]

¿DE DÓNDE SURGIÓ ESTA PRÁCTICA?

El Avivamiento de la Risa, también conocido como “Risa Santa, Borrachera Espiritual o Bendición de Toronto”, es un movimiento supuestamente espiritual que se ha extendido en los últimos años en muchas iglesias y denominaciones. La Bendición de Toronto se refiere a la supuesta efusión del Espíritu Santo en las personas que asistían a la Iglesia de la Comunión Cristiana del Aeropuerto de Toronto, que en esa época era la Vineyard Church del Aeropuerto de Toronto. El 20 de enero de 1994, un pastor Pentecostal llamado Randy Clark habló en la iglesia y dio su testimonio de cómo él se emborrachaba en el Espíritu y se reía incontrolablemente. Y, en respuesta a este testimonio, la congregación estalló en un pandemonio con gente riéndose, gruñendo, bailando, temblando, ladrando como perros e incluso algunos estancados en posiciones de parálisis. Estas experiencias fueron atribuidas al Espíritu Santo entrando en los cuerpos de la gente. El pastor de la iglesia, John Arnott, se refirió a esto como una gran fiesta del Espíritu Santo. El apodo ‘Bendición de Toronto’ fue dado, y la iglesia pronto ganó atención internacional.[5]

Cabe mencionar que Randy Clark había sido previamente influenciado por Rodney Howard-Browne, mejor conocido como el “Bar tender” del Espíritu Santo, por afirmar que él servía el “vino nuevo” de este supuesto avivamiento. Howard-Browne, oriundo de Port Elizabeth en Sudáfrica, propagó este movimiento por Canadá, Estados Unidos, Australia, Inglaterra y Nueva Zelanda.[6] Tanto Howard-Browne como Clark (y por ende los modernos defensores de esta práctica) emplean algunos versículos para justificar su extraña práctica, entre ellos:

  • Efesios 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”.
  • Hechos 2:12-13 “Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.”
  • Hechos 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Aunque aquellos que han experimentado este fenómeno suelen interpretarlo como un signo de una ‘bendición’ o ‘unción’ del Espíritu Santo y creen firmemente que la Biblia apoya su postura, el estudiante serio de la Biblia reconocerá de inmediato que en ninguno de estos versículos se habla de risa santa o borrachera espiritual. Ni en Pentecostés, ni en ningún otro episodio de la historia sagrada se dice que sucedió tal fenómeno ni tampoco que es un don del Espíritu. La Biblia, por otro lado, nos aclara el propósito de toda manifestación espiritual: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” (1 Corintios 12:7). En base a lo anterior debemos preguntarnos: ¿Cuál es el provecho de tirarse al piso y revolcarse riendo sin control? Sencillo, ¡Ninguno! Esto nos lleva a cuestionar y analizar a la luz de Palabra la naturaleza de esta extraña manifestación “espiritual”, muy común en algunas iglesias pentecostales.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA RISA?

La Biblia aborda el tema de la risa en varias ocasiones. A menudo se utiliza para describir una respuesta burlona o despectiva:

  1. Sara se rio cuando Dios les dijo que podrían tener a un hijo en su vejez (Génesis 18:12-15).
  2. Algunos versos lo usan como un signo de burla (Salmo 59:8; Salmo 80:6; Proverbios 1:26).
  3. Salomón, hizo las siguientes observaciones referentes a la risa: en Eclesiastés 2:2, “A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?” Luego él dice en Eclesiastés 7:3, “Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.” En Proverbios 14:13 también nos muestra otro aspecto de la risa: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón; Y el término de la alegría es congoja.”

Bíblicamente, la risa es vista como una experiencia subjetiva. Una expresión de nuestros sentimientos y emociones. Y aunque los sentimientos no son malos, más a menudo están alineados con nuestra naturaleza pecaminosa. Esto convierte a la risa en un parámetro poco fiable para medir la autenticidad de una manifestación espiritual, pues: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Sin embargo, el argumento más convincente de las Escrituras contra lo que se llama la ‘risa santa’ se encuentra en Gálatas 5:22-23. Dice, “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Si el autocontrol es un fruto del Espíritu de Dios, ¿cómo puede la incontrolable risa ser también fruto de Su Espíritu? Algo aquí no tiene sentido.

Los creyentes en esta extraña práctica afirman que el Espíritu es libre para actuar sobre ellos según Sus caprichos. Pero la idea de que Dios haría que la gente actuara como borrachos o reírse incontrolablemente o hacer ruidos de animales como resultado de la unción del Espíritu se opone directamente a la forma que actúa el Espíritu según Gálatas 5:22-23. El Espíritu que se describe en Gálatas 5 es uno que promueve el autocontrol dentro de nosotros, no lo contrario. Finalmente, no había nadie en la Biblia más llena del Espíritu Santo que Jesús, y ni una vez la Biblia le registra riendo de forma descontrolada.

En contraposición al fenómeno descontrolado de la risa santa, Pablo enseñó:

“los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos”. (1 Corintios 14:32-33).

¿BORRACHERA ESPIRITUAL?

Como ya se mencionó, el fenómeno de la risa sana raras veces viene solo. Para empeorar las cosas, los grupos pentecostales que defienden el origen divino de esta extraña práctica suelen asociarla en algunas ocasiones con otro fenómeno semejante: la borrachera espiritual. En algunas iglesias pentecostales-carismáticas suelen presenciarse escenas bulliciosas, efusivas, caóticas y de gran expansividad. Los creyentes, dominados por el fenómeno denominado “borrachera espiritual”, lucen aturdidos, tambaleando, cayendo, alegres y riendo. A menudo definen dicha experiencia extática como una “intoxicación espiritual.” Durante dicho trance la persona está fuera de su mente, como sería el caso si hubiese consumido vino o drogas; pero en este caso dicha experiencia es atribuida al influjo del Espíritu Santo. Basan tal afirmación en Efesios 5:18-19, en donde Pablo exhorta:

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”.

 Sin embargo, si observamos cuidadosamente, el mismo versículo que algunos grupos pentecostales emplean para defender la práctica de la “borrachera espiritual” y la “risa santa”, se opone por completo a dichas prácticas. Efesios 5:18-19 nos manda a ser llenos. La borrachera espiritual no existe. La borrachera es pasajera y al final no deja nada bueno, pero nuestra llenura en el Espíritu no es pasajera, sino que al pasar de los días sigue actuando positivamente en nosotros. Cuando nos embriagamos nos confundimos, nuestros sentidos se aturden y nuestro Dios “no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Corintios 14:33). El Espíritu Santo jamás nos hará perder nuestro buen juicio. La experiencia o manifestación del Espíritu Santo es con un orden porque Dios es ordenado. Se experimenta además con todos nuestros sentidos bien puestos.

Además, la obra de Dios y las cosas de Dios jamás pueden ser comparadas con términos que describen algo inmoral. Embriagarse es perder las facultades, más Dios nos da de su Espíritu, jamás para quitarnos facultades, sino para obrar a favor de nosotros. 1 Corintios 6:10 nos dice que “ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” La palabra de Dios nos dice claramente que los borrachos no heredarán el Reino de Dios. Entonces ¿Cómo es posible que el Espíritu Santo nos embriague cuando la embriaguez es algo que a Dios no le agrada?

La unción de Dios, la manifestación del Espíritu Santo en nosotros, es algo que el Señor hace en orden, deleitándonos de ella con todas nuestras facultades. Es algo santo. Dudo que Dios provocara que una iglesia se viera como un bar, donde todos están embriagados.

UN LLAMADO AL ORDEN.

A la luz de estas cosas, es provechoso estudiar la amonestación de Pablo en 1 Corintios 14, donde el apóstol brinda ciertas indicaciones sobre el ejercicio del don de lenguas.

 “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” (1 Corintios 14:6)

¡Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.” (1 Corintios 14:8-9)

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.” (1 Corintios 14:26-28)

“…pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.” (1 Corintios 14:33)

En los días de Pablo, mucha gente en la iglesia de Corinto estaba hablando en lenguas que eran irreconocibles a los demás y, por lo tanto, Pablo dice que eran inútiles en la iglesia porque el orador no podía edificar a otros con su discurso. Lo mismo podría aplicarse a la risa santa. “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación.” Otra vez, dice: “Hágase todo para edificación.” Pablo termina su argumento diciendo, “Dios no es Dios de confusión, sino de paz,” de modo que resulta claro que no quiere que el ambiente dentro de la iglesia sea uno de confusión y falta de significado, sino de conocimiento y edificación. Resulta evidente, por lo que Pablo está diciendo, que lo que se llama la ‘risa santa’ y más aún la “borrachera espiritual” caerían bajo la categoría de lo que es ‘no edificante’ al cuerpo de Cristo y por lo tanto debe evitarse. Es aconsejable, por lo tanto, no mirar a la “risa santa” y mucho menos a la “borrachera espiritual” como un medio de acercarnos a Dios o como un medio de experimentar Su Espíritu.

CONCLUSIÓN.

El mundo actual experimenta un ataque de apostasía sin precedentes y algunas iglesias pentecostales podrían ser parte de las iglesias que no soportarán el vendaval de esa apostasía ¿La razón? Muchos creyentes son perezosos para estudiar la Biblia y son susceptibles a las emociones y a las modas espirituales.

Cuando la denominada ‘Bendición de Toronto’ se evalúa a la luz de las Escrituras, puede apenas ser llamada una bendición; abominación, tal vez, pero no una bendición. En ninguna parte de las Escrituras puede uno encontrar algún precedente para lo que estaba sucediendo en la Iglesia del Aeropuerto de Toronto, excepto, quizás, las condiciones físicas sufridas por gente endemoniadas. De hecho, la Iglesia del Aeropuerto de Toronto así se embrolló tanto en arrebatos emocionales y psicológicos que el Pastor Arnott cesó de predicar la salvación y en su lugar predicó sobre la fiesta del Espíritu Santo. El pastor Arnott les concedió a estas experiencias mayor autoridad que a las Escrituras, llegando a horribles excesos y aberraciones.[7] Esto fue demasiado incluso para The Association of Vineyard Churches, también conocida como Vineyard Movement (Movimiento del Viñedo), la denominación neopentecostal a la cual pertenecía Arnott, al punto que cortó los lazos con la Iglesia del Aeropuerto de Toronto en 1995, lo que provocó el cambio de nombre a la Iglesia de la Comunión Cristiana del Aeropuerto de Toronto.[8]

El enfoque de un creyente debe ser Jesucristo, el “autor y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12:2), no en uno mismo, sus experiencias o supuestas manifestaciones del Espíritu Santo. La Bendición de Toronto se centra en la última, en detrimento de la fe bíblica. Los creyentes pueden gozarse, danzar, cantar, y aun gritar al Señor. Sin embargo, cuando un servicio de adoración se asemeja al sueño de un demente esquizofrénico y la confusión se atribuye a la obra del Espíritu Santo, solamente una palabra viene a la mente: ¡Herejía!

REFERENCIAS:

[1] Poloma, Margaret. Inspecting the fruit: A 1997 sociological assessment of the blessing. The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 1998

[2] Burgess, Stanley. The New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. Zondervan, 2002

[3] Maxwell, Joe. Laughter Draws Toronto Charismatic Crowds. Christianity Today, October 24, 1994

[4] Ostling, Richard. Laughing for the Lord: Revivalist fervor has invaded the Church of England. Time Magazine, 1994, p.38

[5] Bowker, John. Toronto Blessing. The Concise Oxford Dictionary of World Religions, 1997.

[6] Roberts, Dave. The Toronto Blessing. Kingsway Publications, 1994.

[7] Oropeza, B. J. A Time to Laugh: The Holy Laughter Phenomenon Examined (Peabody: Hendrickson, 1995).

[8] Poloma, Margaret. Inspecting the fruit: A 1997 sociological assessment of the blessing. The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 1998

Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Distintivos de un verdadero pentecostal.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Cuáles son las características o distintivos de ser pentecostal? ¿Qué nos marca como movimiento del Espíritu Santo? Ser pentecostal significa modelar una la vida conforme al día de Pentecostés que nos narra el capítulo dos de los Hechos. La experiencia pentecostal necesariamente implica la recepción del bautismo en el Espíritu y la experiencia de sus dones (Hechos 2:1-13), lo cual implica también comunión y dependencia del Espíritu Santo, la proclamación fiel de la Palabra de Dios (Hechos 2:14-41), el entendimiento de nuestro llamado y la vivencia del evangelio en una comunidad transformada (Hechos 2:42-47). Todos estos aspectos son indispensables para una auténtica pentecostalidad.

EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO.

El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas como la evidencia física inicial era y sigue siendo la base tanto de la vida cristiana como del ministerio pentecostal. El bautismo en el Espíritu Santo no es simplemente resultado de la búsqueda de una experiencia, sino que es el principio de una vida y un ministerio empoderado. En el libro de Hechos, el escritor Lucas establece la correlación entre el derramamiento del Espíritu Santo y el poder para testificar. Las últimas palabras de Jesús en la tierra incluían las de Hechos 1:8, “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Luego en Hechos 4:31, se cuenta, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. La Nueva Traducción Viviente traduce la última frase, “predicaban con valentía la palabra de Dios”.

Las tres partes del patrón de Hechos 1:8 y de 4:31 siguen igual para hoy:

  1. Buscar (orar, esperar)
  2. Recibir (bautismo, llenura del Espíritu Santo)
  3. Predicar (testificar, ministrar) con poder (valentía)

El creyente pentecostal de hoy puede y debe esperar la misma experiencia, y no en una sola ocasión. El Apóstol Pablo nos anima en Efesios 5:18, “Sed llenos del Espíritu” como un estado continuo y constante. Lamentablemente, se ha observado una tendencia peligrosa en las últimas décadas. La cifra básica que nos define como pentecostales, el porcentaje de creyentes bautizados en el Espíritu Santo ha bajado cada década. Es urgente cambiar esta peligrosa tendencia. Aquellos que nos hacemos llamar pentecostales en el siglo XXI debemos buscar y recibir la llenura del Espíritu y ministrar en su poder.

COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU SANTO Y DEPENDENCIA DE ÉL

Los pentecostales creemos en el sacerdocio del creyente que afirma que no se necesita un sacerdote humano para buscar el perdón o hablar con Dios. Tenemos un Gran Sacerdote que siempre intercede por nosotros. Además, por la obra salvífica de Jesucristo, se rompió la cortina y ahora tenemos pleno acceso al Lugar Santísimo, a nuestro Padre Celestial. Así, cada creyente tiene la oportunidad y responsabilidad de aprender a acercarse a Dios para escucharlo, obedecer y depender del Espíritu Santo. Esta espiritualidad no solo está disponible para todos, sino que es lo que Dios espera observar en todo creyente.

El bautismo en el Espíritu Santo le da al pentecostal la alta sensibilidad del obrar de Dios en la vida diaria y ministerio. Ahí entra la práctica de hablar en lenguas, pero ahora en las lenguas privadas. Hay lenguas que operan en contextos públicos que son para la edificación del cuerpo de Cristo. Pero, también hay las lenguas privadas que son para la edificación de la persona. Es un lenguaje celestial para adoración e intercesión. Cuando hablamos en lenguas en nuestra cámara de oración, el Espíritu Santo ayuda al pentecostal a lograr mayor intimidad con Dios. Ya que es el Espíritu que habla por medio de nuestra lengua, nuestro espíritu puede enfocarse en Dios y escuchar su voz.

Es importante recordar que la oración es comunicación de dos vías. En los ricos tiempos de adoración y oración, habrá momentos de silencio para reflexionar y dejar al Espíritu oportunidades para hablarnos, a veces en suaves susurros. El primer deber del creyente es aprender a escuchar la voz del Espíritu Santo, comprometerse a obedecerla sin condición y desarrollar la dependencia absoluta de Él. Nuestra formación pentecostal tiene base, desde el principio, en la creencia en el bautismo en el Espíritu Santo y en el llamado universal del creyente al servicio. El Espíritu Santo le da a todo creyente poder y dones para servir y ministrar.

ROL IMPRESCINDIBLE DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y EL MINISTERIO DEL CREYENTE

Además, por la obra del Espíritu Santo, “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). El Espíritu Santo mora en nosotros y Él comienza a sembrar y cosechar su fruto en nuestras vidas: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23). Además, Él nos bendice con dones espirituales que nos habilitan para servirle a Él, a su cuerpo y un mundo desesperado sin Él.

A veces, tomamos como común el desarrollo del fruto del Espíritu Santo, o peor error, como producto automático de ser pentecostales. Sin embargo, cultivar el fruto del Espíritu Santo es resultado de la misma relación íntima con Jesús – más de Él y menos de mí. Y esa experiencia es la base de una relación íntima con el Espíritu Santo. A través de la llenura del Espíritu Santo recibimos poder para ser testigos de Jesucristo. Además, cuando practicamos estar en la presencia del Espíritu Santo, la sensibilidad se aumenta, no solamente de su presencia, sino también de la operación de los dones que Él nos imparte para servir la diversidad de ministerios. 1 Pedro 4:10 dice, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. La NTV dice, “Dios, de su gran variedad de dones espirituales, le ha dado un don a cada uno de ustedes”.

El creyente pentecostal aprende como depender del Espíritu, y no de su propio talento o conocimiento, y como ministrar en el poder del Espíritu. La iglesia pentecostal reconoce y aprecia la diversidad del ministerio e igualmente de los dones espirituales.

LLAMADO INDIVIDUAL UNIVERSAL AL SERVICIO

Otro distintivo pentecostal desde el principio ha sido la creencia que Dios ha llamado a todo creyente servirle a Él. No existía ninguna brecha entre ministro y laico en el principio. En la iglesia verdaderamente pentecostal, la brecha debe ser mínima. Sí, la iglesia aprueba y aparta a algunos como ministros aprobados y acreditados. Sin embargo, lo hace en pleno reconocimiento que todo creyente tiene ministerio y ha recibido dones para habilitar su ministerio. Así, los pentecostales afirmamos que el Espíritu sigue llamando y potenciando a todo creyente participar en el gran plan de Dios para alcanzar el mundo para Cristo.

CONOCIMIENTO Y COMPROMISO CON LA SANA DOCTRINA BÍBLICA Y PENTECOSTAL

Un verdadero pentecostal debe poner énfasis en el conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal. El apóstol Pablo instruyó a Timoteo en 2 Timoteo 2:15, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. La NTV dice, “Esfuérzate para poder presentarte delante de Dios y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad”.

La gran meta es presentarnos a Dios de tal manera que recibimos su aprobación. El versículo sugiere que requerirá esfuerzo y diligencia personal, alto conocimiento y uso recto de la Palabra de Dios, y compromiso con obedecerla y vivirla. El conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal son resultado de cumplir con el consejo de 2 Timoteo 2:15. Seamos obreros aprobados, con conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal.

CONCLUSIÓN

Conocimiento bíblico y fervor espiritual deben caracterizar nuestra fe pentecostal. No es el uno sin el otro. Conocimiento sin fervor omite la dinámica del Espíritu que activa y aplica el conocimiento. Fervor sin conocimiento deja al obrero no aprobado, avergonzado porque no maneja bien la Palabra de Dios. Conocimiento y fervor juntos, en equilibrio pone al obrero en el lugar más seguro donde el Señor lo puede usar. Es nuestro distintivo de ser pentecostal – bautizado, empoderado, conectado, llamado, involucrado y comprometido. ¡Eso es ser pentecostal!

Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Pentecostales ¡Ya basta de jugar con lo sagrado!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Desde mi radical conversión a Cristo siempre he sido un pentecostal amante de la Biblia, perseguidor de la santidad y buscador de Dios. Esa fue la manera en que me enseñaron mis líderes. Y la manera que ahora, como pastor pentecostal, enseño a otros. Sin embargo, debo admitir que no todos los pentecostales pensamos igual. De todos es bien sabido que el pentecostalismo ha sido a menudo anti-intelectual y no podemos negarlo. Este fue uno de nuestros primeros errores.

Cualquier estudioso de la historia del movimiento pentecostal sabe que el pentecostalismo surgió entre la gente menos educada de la sociedad norteamericana. Pero esto no es ninguna novedad. Los avivamientos religiosos nunca se dieron entre los grandes y eruditos de la cristiandad, sino entre los humildes y muchas veces iletrados entre el pueblo. Fueron los pobres y humildes dentro de la iglesia quienes experimentaron un aspecto de la actividad de Dios menos apreciada entre la élite intelectual. Este ha sido el patrón usado por Dios a través de la historia:

 “Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana. Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.” (1 Corintios 1:25-29, NVI)

A la luz de lo anterior creo que, quizás si los cristianos que se precian de ser más intelectuales se humillaran, ellos podrían aprender algo de la experiencia pentecostal-carismática y ganar más audiencia entre aquellos a los que pueda servir su entrenamiento. Necesitamos la Palabra y el Espíritu juntos, y apagar cualquiera de los dos, ya sea como el pentecostalismo tradicional algunas veces ha hecho o como los intelectuales cesacionistas rígidos de muchas iglesias reformadas hacen ahora, no es útil.

NECESITAMOS VOLVER A LA PALABRA.

Los pentecostales de sana doctrina creemos que la base primaria para nuestra enseñanza es la Escritura. El Señor nos exhorta a fundamentar nuestra fe únicamente en Su Palabra, y no en ningún tipo de experiencia espiritual, visión, sueño, o manifestación sobrenatural:

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad. Irán de un lugar a otro, fatigados y hambrientos. Y porque tienen hambre, se pondrán furiosos y maldecirán a su rey y a su Dios. Levantarán la mirada al cielo y luego la bajarán a la tierra, pero dondequiera que miren habrá problemas, angustia y una oscura desesperación. Serán lanzados a las tinieblas de afuera.” (Isaías 8:20-22, NTV)

A Josué se le exhortó:

“Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.”  (Josué 1:8, NTV)

Ni la tradición, ni la cultura, ni mucho menos la experiencia subjetiva, como en algunos círculos carismáticos y pentecostales suele ocurrir, puede reemplazar la autoridad de la Palabra. Los pentecostales y carismáticos deberíamos ser, entre los cristianos, los más fieles a las Escrituras. También deberíamos buscar volver a la Biblia mucho más que otros creyentes. Sin embargo, muchos de nosotros estamos familiarizados con círculos pentecostales donde los testimonios y supuestas revelaciones suplantan la enseñanza bíblica más que apoyarla. Esto no debería ser así, ya que una mayor comprensión y exposición más fiel de la Escritura es esencial. Pablo exhorta a Timoteo a no descuidar el don que él recibió a través de la profecía cuando los ancianos impusieron manos sobre él (1 Timoteo 4:14). Pero él también insta a Timoteo a dedicarse a la lectura pública y exposición de la Escritura (1 Timoteo 4:13), porque su enseñanza sería algo de vida o muerte para sus oyentes (1 Timoteo 4:16). Dios nos dio la Biblia como canon, una “vara de medir,” por la cual todas las otras afirmaciones puedan ser evaluadas. Los pentecostales haríamos bien en no olvidarlo.

El pentecostalismo necesita dejar de ver la erudición y el uso del intelecto como enemigos, sabiendo que ambos son regalos de Dios, útiles para alcanzar a las personas para Cristo. Aunque Pablo afirmó que ni su palabra ni su predicación “fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder”, también dijo: “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez” (1 Corintios 2:4-6). Los pentecostales debemos imitar el ejemplo de Pablo, manteniendo el equilibrio entre conocimiento bíblico y experiencia espiritual. No debemos renunciar al Espíritu y sus manifestaciones, pero tampoco a nuestro cerebro, pues la Palabra de Dios exhorta a los creyentes a renovar sus mentes, no a pasarlas por alto: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI). Los carismáticos-pentecostales necesitamos hacer un gran énfasis en renovar la mente.

Tristemente, el apego y obediencia a la Palabra ha dejado de ser la norma en muchos círculos carismáticos-pentecostales. Algunos pentecostales parecieran haber renunciado al uso de sus facultades mentales, a un estudio disciplinado y sistemático de la palabra de Dios, a normas adecuadas de hermenéutica y a una exégesis sana del texto bíblico. Hoy en día, algunos grupos que se autodenominan pentecostales promulgan enseñanzas que no pueden más que ser vistas como herejías (Palabra de Fe, Nueva Reforma Apostólica, Evangelio de la Prosperidad, etc.). Esto ha llevado a muchos de nuestros hermanos no pentecostales a cuestionar la validez no solo de nuestra experiencia pentecostal, sino también la ortodoxia de nuestra fe y la seriedad de nuestra teología.

A mis hermanos pentecostales les digo: Es tiempo de usar nuestra cabeza y estudiar teología sistemática, exégesis, hermenéutica, homilética y todas las demás ciencias bíblicas sin perder la esencia de nuestro pentecostalismo. Sin embargo, también hay algo que quiero decirles a nuestros hermanos no pentecostales: Harían bien en no generalizar ni juzgar por igual a todos los pentecostales. No todos los pentecostales somos mentes muertas y es posible encontrar iglesias y creyentes pentecostales con un espíritu crítico basado en la Palabra de Dios. Yo mismo me considero uno de ellos.

NECESITAMOS ABANDONAR LOS EXCESOS.

Los pentecostales frecuentemente somos acusados de ser emocionalistas, poner demasiado énfasis en la experiencia personal, sobre enfatizar los dones menospreciando el fruto del Espíritu, ser desordenados y hasta sincréticos en nuestra adoración y liturgia. Lamentablemente, mucho de esto también es cierto. Aunque nuestros críticos tienden a exagerar extremadamente nuestros defectos, algunos grupos pentecostales tristemente sí calzan con el estereotipo común a nuestro movimiento, pues tienden a hablar incesantemente acerca de los fenómenos espirituales y no mucho acerca de Cristo. Los Evangelios y Hechos, por supuesto, enfatizan las señales, pero estas señales siempre honran a Jesús y buscan llamar la atención hacia Él. La adoración cristiana y la enseñanza deben atraer la atención más que todo hacia Jesús y su muerte por nosotros y su resurrección.

A pesar de las advertencias de muchos líderes, hay círculos donde la gente cultiva particularmente la emoción y las respuestas físicas. Muchos pentecostales parecen reducir al Espíritu de Dios a una fuerza o un sentimiento. Y, aunque las reacciones emocionales o físicas podrían acompañar la obra de Dios, en otras ocasiones podrían ser falsas. Uno debería evaluar el avivamiento por otros criterios bíblicos. El apóstol Juan nos exhortó: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios” (1 Juan 4:1, LBLA).

Lamentablemente, muchos pentecostales y carismáticos hemos lanzado nuestra teología a los fuegos de la experiencia humana y adorado al falso espíritu que resultó de nuestra propia interpretación personal. Esto ha traído más afrenta que gloria al Espíritu Santo que decimos adorar. Aunque la emoción y la celebración son bíblicas, muchos de nosotros hemos sido testigos de abusos a lo largo de los años. Muchas enseñanzas populares en la actualidad sobre la guerra espiritual, el gobierno de la iglesia y así sucesivamente descansan en “revelaciones” extrabíblicas que deben ser examinadas más cuidadosamente. Por lo menos algunas de estas enseñanzas van en contra de la Biblia, y muchas de las otras parecen en el mejor de los casos irrelevantes al ministerio práctico para el reino.

Para empeorar las cosas, muchos predicadores pentecostales han enseñado aberraciones teológicas y litúrgicas como la risa santa, el vómito como señal de liberación, experiencias extáticas, el desmayo sagrado, las danzas convulsivas y otras extravagancias, convirtiéndolas en regla y tratando de reproducir los efectos del Espíritu más que sirviendo y adorando al Señor. Aunque no me atrevo a negar que el Espíritu Santo a veces trabaja de formas que escapan de nuestra comprensión, también debo reconocer que ninguna de estas prácticas es mencionada en la Biblia y, por lo tanto, ninguna de ellas puede ser aceptada como norma o manifestación del Espíritu con total certeza. Desafortunadamente, la experiencia de una generación (o algunas veces sus caprichos) se convierte en la tradición de la siguiente generación y el legalismo de la generación que viene tras ella. Jamás debemos olvidar que no todo legado heredado de nuestros antecesores es útil; es la palabra y el Espíritu lo que necesitamos. El Espíritu y sus manifestaciones jamás van a contradecir lo que dice la Biblia.

Los pentecostales necesitamos despertar y reconocer, sin abandonar nuestro pentecostalismo, que toda manifestación espiritual debe ser probada y ejercitada a la luz de la Biblia. Y, en cuanto a las manifestaciones espirituales, la Biblia nos llama al orden y la decencia:

“¿Qué concluimos, hermanos? Que, cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia. Si se habla en lenguas, que hablen dos —o cuando mucho tres—, cada uno por turno; y que alguien interprete. Si no hay intérprete, que guarden silencio en la iglesia y cada uno hable para sí mismo y para Dios. En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás examinen con cuidado lo dicho. Si alguien que está sentado recibe una revelación, el que esté hablando ceda la palabra. Así todos pueden profetizar por turno, para que todos reciban instrucción y aliento. El don de profecía está bajo el control de los profetas, porque Dios no es un Dios de desorden, sino de paz… Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor. Si no lo reconoce, tampoco él será reconocido. Así que, hermanos míos, ambicionen el don de profetizar, y no prohíban que se hable en lenguas. Pero todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden.” (1 Corintios 14:26-39, NVI)

Nótese que Pablo no manda cesar con las manifestaciones espirituales, sino más bien exhorta al orden en el ejercicio legítimo de los mismos: “Empéñense en seguir el amor y ambicionen los dones espirituales, sobre todo el de profecía.” (v. 1). Los corintios poseían dones espirituales legítimos, aunque los ejercitaban de forma incorrecta. Esto es, con exactitud, lo que ocurre actualmente con la iglesia pentecostal del siglo XXI. ¿La solución? Ciertamente no es dejar de creer en las manifestaciones espirituales o de negarnos a ejercitar los dones del Espíritu. La solución es hacerlo “de una manera apropiada y con orden” (v. 39).

Por eso, preguntémonos: Si el Señor Jesús o el apóstol Pablo entraran a nuestras iglesias pentecostales hoy ¿Qué encontrarían? ¿Se sentirían cómodos en medio de nosotros o se avergonzarían del trato que le damos al Espíritu Santo y de nuestra liturgia? Necesitamos reevaluar nuestras prácticas o seguiremos dañando la causa de Cristo y trayendo afrenta al Espíritu Santo y sus verdaderas manifestaciones. Es por nuestra falta de orden y decencia en la adoración, así como por las muchas payasadas irreverentes y las doctrinas torcidas que se han infiltrado en algunas iglesias pentecostales-carismáticas, que nuestros hermanos no pentecostales han llegado a considerar nuestro estilo de adoración y nuestra teología como igual, o peor, al fuego extraño ofrecido por Nadab y Abiú, los irreverentes y profanos hijos de Aarón:

“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, pusieron carbones encendidos en sus incensarios y encima esparcieron incienso. De esta manera, desobedecieron al Señor al quemar ante él un fuego equivocado, diferente al que él había ordenado. Como consecuencia, un fuego ardiente salió de la presencia del Señor y los consumió por completo, y murieron ahí ante el Señor.” (Levítico 10:1-2, NTV).

 Lo que le pasó a Nadab y Abiú bien podría pasarnos a nosotros también. Es hora de que alguien empiece a hablar claro. Líderes pentecostales valientes y piadosos como David Wilkerson (1931-2011) y B.H. Clendennen (1922-2009) han predicado contra tales inmundicias a lo largo de las últimas décadas. Pero ellos ya no están entre nosotros, se han ido a casa con el Señor. Todo depende de nosotros ahora. El futuro nos espera. Dios nos ha dado una boca. ¡A usarla para su gloria! ¡Es hora de apagar todo el fuego extraño que se hace en el nombre del Señor!

 INTRODUCCIÓN.

Concluyo afirmando lo siguiente: Muchos de nosotros, los pentecostales, estamos en contra de las mismas cosas que nuestros hermanos no pentecostales suelen criticar de nuestras iglesias: Música desenfrenada y sin sentido que repite la misma línea o coro una y mil veces; una adoración sin inteligencia, la religión del “yo, yo, yo” que se basa totalmente en nuestros caprichos y sentimientos; predicadores manipuladores que chupan a la gente su dinero arduamente ganado; la falta de rendición de cuentas de tantos ‘profetas’ itinerantes; herejías desvergonzadas que van tan lejos como para negar incluso los fundamentos de la fe (es decir, la naturaleza trina de Dios, las dos naturalezas de Cristo, la salvación por la fe sola, etc.), una tendencia generalizada a decir “Dios me dijo” cuando Dios nunca le dijo nada; el liderazgo abusivo; una clara desviación de los mandamientos explícitos de la Escritura; y sermones que son poco más que ‘mensajes motivacionales’ en lugar de serias exposiciones del texto bíblico. Y la lista sigue y sigue… Por lo que es tiempo de lavar los trapos sucios.

La tarea de limpiar el pentecostalismo de toda herejía, excesos y desviaciones no será fácil. Debido a que los pentecostales carecemos de alguna estructura de autoridad dominante, es difícil para cualquiera controlar lo que sucede entre algunos grupos pentecostales. Pero tampoco podemos callarnos. Ayudemos a nuestros hermanos no pentecostales a descubrir que generalizar sobre nosotros es un grave error. No todos los pentecostales creemos en la confesión positiva, ni todos creemos en el evangelio de la prosperidad, tampoco todos apoyamos la Nueva Reforma Apostólica, ni promovemos la inclusión de danzas extravagantes ni una adoración escandalosa pero vacía teológicamente. No todos somos anti-intelectuales, emocionalistas o desordenados. Es tiempo de abrir nuestros ojos y reflexionar en lo que está pasando dentro de nuestras iglesias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dones Espirituales, Hablar en Lenguas, Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Aspecto animístico y dinámico de la obra del Espíritu.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés constituyó el clímax de una promesa que Dios había hecho siglos antes. El libro de Hechos nos cuenta que:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. Desconcertados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!»” (Hechos 2:1-11, NVI)

Los pentecostales entendemos que la institución del nuevo pacto fue también el comienzo de la era del Espíritu. Dios prometió por medio del profeta Ezequiel:

“Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes.” (Ezequiel 36:26-27, NVI).

A través del profeta Joel, el Señor también prometió:

“Después de esto, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán sueños los ancianos y visiones los jóvenes. En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los siervos y las siervas.” (Joel 2:28,29, NVI).

De acuerdo con estas profecías, la venida del Espíritu Santo de un modo inusual anunció el amanecer de la nueva era prometida por Dios, la era del Espíritu. Si bien es cierto que, entre el nacimiento de Jesús y el descenso del Espíritu sobre los discípulos, el Espíritu Santo estuvo activo en el ministerio de Jesús, la inauguración no estuvo completa sino hasta el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés. El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús al momento de su bautismo por Juan en el río Jordán (Mateo 3:16), junto con la actividad del Espíritu a través de Él por medio de su ministerio terrenal (Lucas 4:18,19; Hechos 2:38,39), sirve como un paradigma para todos los creyentes a los cuales Dios en el Antiguo Testamento prometió la morada interior y la capacitación de poder del Espíritu Santo.

ASPECTOS DE LA OBRA DEL ESPÍRITU.

Las profecías de Ezequiel y Joel destacan dos aspectos distintos del ministerio del Espíritu Santo bajo el Nuevo Pacto de la gracia. La promesa dada por medio de Ezequiel es que todo el pueblo de Dios del nuevo pacto experimentará la morada interna del Espíritu Santo. Recibirán un nuevo corazón y un nuevo espíritu; por causa de la morada interna del Espíritu Santo podrán andar en rectitud.

La promesa dada por medio de Joel es de distinta naturaleza. En la profecía de Joel, el derramamiento del Espíritu Santo es de naturaleza dramática, por la cual los receptores profetizarán, tendrán sueños, y verán visiones. La profecía de Joel es similar al deseo expresado por Moisés: “¡Cómo quisiera que todo el pueblo del Señor profetizara, y que el Señor pusiera su Espíritu en todos ellos!” (Números 11:29, NVI).

Las profecías distinguían claramente dos obras del Espíritu Santo:

  1. Morada Interna: Se le denomina también Aspecto Animístico de la obra del Espíritu. Se relaciona con la regeneración y la consiguiente morada interna del Espíritu Santo.
  2. Dotación de Poder. Se le conoce también como Aspecto Dinámico de la obra del Espíritu. Se refiere a la dotación de poder, que con frecuencia se manifiesta por medio de algún fenómeno desacostumbrado.

Una diferencia significativa entre las experiencias del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento es que las personas en el Antiguo Testamento no parecen haber recibido una morada permanente del Espíritu Santo. Aún más, comparativamente el Espíritu Santo fue dado a unos pocos, y por lo general para profetizar. En el Nuevo Testamento, por el contrario, el Espíritu Santo es dado a todos los creyentes. Bajo el Nuevo pacto, es imposible ser un creyente del Nuevo Testamento sin contar con la morada interna del Espíritu Santo (Romanos 8:9,14-16). Además, todos los creyentes del Nuevo Testamento pueden ser dotados de poder por el Espíritu Santo (Hechos 1:8).

La voluntad de Dios fue que todos los creyentes experimentaran tanto la morada interna como la dotación de poder del Espíritu Santo. Y aunque la Biblia nos muestra que fue la intención de Dios que estas dos operaciones del Espíritu fueran distintos aspectos de la obra única del Espíritu en conexión con el nuevo pacto, el Nuevo Testamento parece indicar que una persona puede experimentar ambas obras del Espíritu casi simultáneamente, como sucedió con la casa de Cornelio (Hechos 10:44-46). Es difícil determinar el punto preciso en el cual estas personas fueron regeneradas. Parece que en medio de la predicación de Pedro ellos creyeron y fueron llenos del Espíritu Santo. Estas dos experiencias, aun cuando pueden distinguirse teológicamente, no están necesariamente separadas en forma cronológica. No hay garantía bíblica para enseñar que debe existir un intervalo entre la regeneración y el ser lleno del Espíritu Santo. Pero también es cierto que muchos cristianos han experimentado sólo la obra básica del Espíritu Santo (la de regeneración) por medio de la cual el Espíritu de Dios habita en ellos (Juan 14:17).

Esta terminología para la segunda obra del Espíritu Santo es variada. Los pentecostales por lo general designamos esto como el bautismo en el Espíritu Santo. Al hacer esto estamos sobre terreno firme, bíblicamente. Además de la declaración de Juan el Bautista (Mateo 3:11), Jesús dijo a los discípulos: “ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.” (Hechos 1:5, NVI). Sin embargo, cuando Lucas registra el cumplimiento de esa promesa en Hechos 2:4, dice: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo”. Esta experiencia inicial de ser “llenos” del Espíritu Santo es, por tanto, sinónima de ser “bautizados” en el Espíritu Santo. En otros lugares cuando Él habla de esta experiencia, Lucas dice que el Espíritu viene o cae sobre la gente (Hechos 1:8; 8:16; 10:44; 11:15; 19:6). A veces él habla del derramamiento del Espíritu o del Espíritu que es derramado (Hechos 2:17,18; 10:45). Como quiera que uno designe esta segunda experiencia del Espíritu, nunca debiera interpretarse como que significa que el receptor con anterioridad a ese momento no tenía la morada del Espíritu. ¡Un creyente sin el Espíritu Santo es una contradicción de términos! Pero es posible que un creyente no experimente la obra adicional del Espíritu Santo denominada el bautismo en el Espíritu.

Los diversos términos usados para la experiencia del bautismo en el Espíritu no deben atrapar nuestra atención desmedidamente, son simples intentos por parte de los escritores bíblicos para ayudarnos a entender mejor el significado de la experiencia. Expresiones como “bautizado”, “lleno”, y “revestido” ponen énfasis en que el creyente está enteramente dominado o gobernado por el Espíritu Santo. Entre otras cosas, la obra del Espíritu Santo que ya mora en el creyente se intensifica y llega a una culminación por la experiencia de ser lleno con el Espíritu Santo.

LA PROFECÍA DE JOEL.

El derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés está asociado con la profecía de Joel. El apóstol Pedro señaló esto claramente:

“Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: «Compatriotas judíos y todos ustedes que están en Jerusalén, déjenme explicarles lo que sucede; presten atención a lo que les voy a decir. Estos no están borrachos, como suponen ustedes. ¡Apenas son las nueve de la mañana! 16 En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel: “Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. En esos días derramaré mi Espíritu     aun sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán. Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y nubes de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y esplendoroso. Y todo el que invoque el nombre del Señor     será salvo”.  (Hechos 2:16-21).

Tal como en el Antiguo Testamento, la venida del Espíritu sobre los hombres y mujeres resultó en que profetizaban, tal como Joel había declarado que el derramamiento del Espíritu sobre toda carne resultaría en profecía. Joel mencionó también otras indicaciones de la venida del Espíritu, las que parecen no haberse cumplido en el día de Pentecostés. Sin embargo, Pedro recalcó el elemento de profecía, porque añadiendo a la cita del pasaje de Joel, él también insertó palabras, “y profetizarán”, en medio de la cita de Joel (Hechos 2:18). En otras palabras, Pedro estaba dando énfasis a que la profecía acompañaría al derramamiento del Espíritu Santo.

¿HABLARON EN LENGUAS O PROFETIZARON?

Luego de leer Hechos 2 muchos quizá se pregunten ¿profetizaron los discípulos el día de Pentecostés? Lucas nos dice que hablaron en lenguas (Hechos 2:4). Con anterioridad al día de Pentecostés, no hay registro de que alguien haya hablado en lenguas bajo el impulso del Espíritu Santo. Entonces ¿Cómo relacionamos el hablar en lenguas con la profecía? Esto no es difícil si recordamos que la profecía es hablar bajo el impulso directo del Espíritu Santo. Esto es precisamente la naturaleza del hablar en lenguas: Es hablar bajo el impulso del Espíritu Santo, o como lo expresa Lucas, “como el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). La diferencia obvia entre profecía y hablar en lenguas es que la profecía es en un lenguaje bajo el control de quien habla, mientras que el hablar en lenguas es en una lengua desconocida para el que habla. Hablar en lenguas es, en consecuencia, una forma especializada de profecía.

¿DEBE HABLAR EN LENGUAS TODO AQUEL QUE RECIBE EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO?

La experiencia de ser bautizado en el Espíritu está acompañada por hablar en lenguas, o glosolalia. En Hechos 2:4 Se nos muestra que todos aquellos que fueron bautizados en el Espíritu Santo hablaron en lenguas. El sujeto es “todos” (griego pantes). Un sencillo análisis gramatical muestra que ese único sujeto se aplica a ambas cláusulas principales, de modo que la clara intención es que todos fueron llenos del Espíritu Santo y que todos comenzaron a hablar en otras lenguas. Lucas tenía a disposición los medios lingüísticos por medio de los cuales pudo haber dicho que todos fueron llenos del Espíritu Santo y que algunos hablaron en lenguas, si ése hubiera sido el caso. Pero es claro que todos fueron llenos y que todos hablaron en lenguas.

En Hechos 10, se nos dice que el Espíritu Santo “cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hechos 10:44). Los creyentes compañeros de Pedro, que estaban atónitos de que los gentiles recibieran el bautismo del Espíritu Santo, supieron que el derramamiento había tenido lugar sólo porque “los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:46). El versículo 46 es introducido por la palabra griega gar, que es una conjunción causativa que a menudo se traduce “porque” o “por”. El hablar en lenguas convenció a estos hombres de que Cornelio y los de su casa verdaderamente habían sido llenos del Espíritu Santo. La evidencia en Hechos indica ciertamente que la glosolalia es un acompañamiento necesario del bautismo en el Espíritu Santo.

¿POR QUÉ HABLAR EN LENGUAS?

Con frecuencia surge la pregunta: “¿Por qué Dios eligió el hablar en lenguas como señal?” La Biblia nos presenta una triple respuesta:

  1. Primero, es definitivamente una señal de la nueva era inaugurada por Dios. Esto resulta claro cuando leemos la profecía de Joel a la luz de Hechos 2. En un sentido personal, el hablar en lenguas significa también la entrada del creyente a la nueva era, si recordamos que la morada interna y la dotación de poder del Espíritu Santo son realmente dos aspectos de la obra única del Espíritu en la nueva era.
  2. Segundo, el hablar en lenguas sugiere firmemente la responsabilidad misionera de la Iglesia. La comunicación del evangelio debe ser verbal. En consecuencia, la multiplicidad de lenguas en el día de Pentecostés sugiere la responsabilidad evangelística mundial de la Iglesia (Hechos 1:8). Esto, ciertamente, no significa que el creyente tiene el dominio de un idioma extraño con el cual predicar el evangelio. Significa simplemente que la variedad de lenguas que los creyentes hablan cuando están llenos del Espíritu es un recordatorio implícito de la tarea misionera de la Iglesia.
  3. Tercero, hablar en lenguas es un medio por el cual el creyente se identifica espiritualmente (1 Corintios 14:4). De todas las manifestaciones o dones del Espíritu mencionados en el Nuevo Testamento, sólo en conexión con la glosolalia se dice que la persona se edifica a sí misma. Todas las otras manifestaciones o dones son para la edificación de la Iglesia. Parece que Dios no retendría de alguno de sus hijos algún medio por el cual pudiera ser edificado espiritualmente.

La afirmación del pentecostalismo clásico de que la glosolalia es la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo no contradice la necesaria respuesta negativa a la pregunta de Pablo, “¿hablan todos lenguas?” (1 Corintios 12:30). Todo aquel que ha sido bautizado en el Espíritu Santo suele emplear la glosolalia a menudo como forma de adoración privada. Pablo nunca prohibió esto ni afirmó que no fuera posible. En 1 Corintios 12-14, Pablo está dando énfasis a los aspectos público y corporativo de los dones. No todos hablan lenguas en el sentido en que no todos son llamados por Dios a dar expresiones públicas en lenguas, lo cual debe ser seguido de interpretación. Pero el ejercicio privado de la glosolalia es un asunto distinto.

CONCLUSIÓN.

Hay dos experiencias identificables del Espíritu: regeneración y plenitud. Ambas están incluidas en la promesa del Espíritu en el Antiguo Testamento. Cada una complementa a la otra. En la regeneración, el énfasis está sobre el cambio de corazón y de vida. En el bautismo en el Espíritu, el énfasis está en la dotación de poder para servicio. Todos los creyentes experimentan la obra regeneradora del Espíritu; de igual forma, todos debieran experimentar su dotación de poder.