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¿Decadencia pentecostal o avivamiento calvinista?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Algunos calvinistas están tratando de tomar las iglesias arminianas de forma engañosa y sigilosamente ¡Y los arminianos lo estamos permitiendo! La influencia calvinista es a menudo más palpable en aquellas iglesias que no tienen confesión o declaración de fe, pero no se limita a ellas. Tomemos, por ejemplo, la denominación pentecostal más grande del mundo, las Asambleas de Dios. Aunque son una consecuencia del metodismo wesleyano y, por lo tanto, tradicionalmente arminianos en su doctrina de la salvación, su “Declaración de Verdades Fundamentales” no excluye el calvinismo de forma directa. Esto ha permitido que muchos pastores y líderes estén influenciados por el calvinismo y lleguen incluso a considerarlo una posibilidad teológica. Tal descuido llevó a una crisis teológica dentro de algunas iglesias locales en los Estados Unidos, en donde muchas congregaciones, durante un período de transición pastoral, descubrieron que su nuevo pastor resultó ser un calvinista de cinco puntos sin haberlo revelado durante las entrevistas del comité de búsqueda pastoral de la iglesia. Las verdaderas intenciones del nuevo pastor sólo salieron a luz cuando éste intentó imponer el calvinismo a la congregación.

Ante al avance del calvinismo en sus filas, y su infiltración incluso en seminarios teológicos, las Asambleas de Dios se vieron obligadas a responder:

“La creciente popularidad de la teología reformada entre los ministros más jóvenes y los estudiantes que se preparan para el ministerio ha llamado la atención del movimiento contemporáneo evangélico en América y otras partes. Por un lado, el amor por la Escritura y la teología, junto con el fervor por Cristo y su obra, son una fuente de gran aliento. Por otro lado, hay cierta preocupación que, al adoptar la teología reformada apresuradamente, algunos individuos provenientes de trasfondos más wesleyanos y arminianos tal vez no hayan considerado con detenimiento las diferencias esenciales entre las respectivas tradiciones… De hecho, hay un continuo debate filosófico en torno al equilibrio entre la soberanía divina y la responsabilidad humana, que deriva de esta discusión. En un extremo, se afirma que Dios, el destino, o alguna otra fuerza es el único agente activo en el universo que ejerce su influencia sobre seres humanos impotentes. En el otro extremo, se argumenta que la humanidad puede hacer lo que quiere y no necesita justificarse ante ningún poder superior, pues ciertamente es posible que ni siquiera exista. El cristianismo rechaza con toda razón ambos extremos como contrarios a la Biblia. Al mismo tiempo, hay cristianos sinceros que reivindican diferentes perspectivas en cuanto al equilibro entre el control divino de Dios y la responsabilidad humana. En la actualidad, las dos posiciones fundamentales en el cristianismo protestante son generalmente etiquetadas como teología reformada y teología arminiana… Debe notarse también la diversidad entre los grupos reformados y arminianos. Ambos grupos abarcan tanto carismáticos como secesionistas, y muchas otras expresiones teológicas diferentes. Para muchos, la expresión más notable e influyente de la teología reformada se da a través de aquellos que se denominan «neo-reformados»… Si bien la diferencia fundamental entre los pensadores reformados y arminianos (incluso las Asambleas de Dios, entre los últimos) concierne a la soteriología, hay otros puntos de divergencia que a menudo siguen la teología reformada y, en particular, el movimiento neo-reformado. Muchos de los pensadores denominados «jóvenes, preocupados y reformados», no se aferran con demasía a los cinco aspectos de TULIP, siendo la expiación limitada el principio que se cuestiona con más frecuencia. De este modo, algunos se identifican como calvinistas de 4, 3 o 5 puntos. Otros entre los neo-reformados son más estrictos en su soteriología que muchos calvinistas moderados, una vez más, teniendo en cuenta el peligro de considerar como un grupo homogéneo a todos los que se identifican como reformados… Aunque los movimientos reformados en general han sido secesionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas… Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. Éste es un asunto con el que las Asambleas de Dios están en desacuerdo, como se expresa en nuestra declaración oficial sobre las mujeres en el ministerio… Cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.” [1]

En muchos sentidos, la respuesta de las Asambleas de Dios buscaba preservar la unidad dentro de la denominación. Su fin era, según los mismos redactores de la Declaración, “identificar en un espíritu de respeto y conciliación las áreas de acuerdos y desacuerdos, ofreciendo una base para fomentar la conversación, la comprensión, y también los motivos de discrepancia.” Afirmando en tono conciliador que “Muchos de nosotros hemos aprendido mucho al estudiar y dialogar con maestros y amigos de la tradición reformada que estimamos, apreciamos y admiramos, aunque hemos llegado a conclusiones diferentes sobre ciertos aspectos de la salvación personal.” [2]

Tal actitud es loable, pues mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre los que se autodenominan arminianos y reformados, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Sin embargo, tal comunión no siempre será posible. Y la tolerancia tampoco implica que bajemos la guardia y veamos como nuestros jóvenes son instruidos de forma incorrecta en los extremos peligrosos del calvinismo. ¡Los arminianos debemos despertar y defender lo que sabemos que es correcto!

¿PORQUÉ EL CALVINISMO SE HA VUELTO POPULAR EN ALGUNOS CÍRCULOS?

¿Por qué es atractivo el calvinismo para las personas que hasta ahora han estado en iglesias no reformadas? ¿Qué ve la gente, especialmente aquellos que ya son cristianos, en el calvinismo? En particular, ¿Por qué es atractivo para las personas en iglesias arminianas?

(1.- PROFUNDIDAD INTELECTUAL: Tradicionalmente, el evangelicalismo popular, y particularmente el pentecostalismo, se puede caracterizar como un movimiento religioso heterogéneo, variopinto y lleno de diversidad, pero con poca profundidad teológica. ¿Cuántos jóvenes en nuestras iglesias han sido desanimados y hasta expulsados (indirectamente) por atreverse a hacer preguntas teológicas y filosóficas difíciles? El calvinismo, por el contrario, alienta un cierto nivel de profundidad teológica, en parte quizás porque las paradojas pueden ser difíciles de mantener de forma simplista. A su favor, el calvinismo no evita las preguntas duras y perennes de la teología.

(2.- TRADICIÓN RELIGIOSA: El pensamiento reformado tiene una historia significativa que, en comparación con otras iglesias, particularmente pentecostales, parece antigua. Los credos y las confesiones de fe dan forma a esta tradición, al igual que la impresionante variedad de pensadores talentosos y profundos, desde Juan Calvino hasta Jonathan Edwards, Abraham Kuyper y Karl Barth, por nombrar algunos. El calvinismo aprovecha inadvertidamente la ignorancia de las personas sobre las alternativas, histórica y teológicamente. Debido a que a muchos evangélicos no se les ha animado a pensar profundamente en sus propios contextos eclesiales, o tal vez se les ha desanimado a hacerlo, entonces se aferran a la primera opción cristiana que fomenta la reflexión teológica. Y como no tienen conocimiento de la historia de la iglesia, entonces una tradición de 500 años, o incluso una tradición de 1500 años, suena muy antigua y confiable en comparación con una tradición de 100 años o ninguna tradición en absoluto. Se aferran a lo primero que les da ese sentido beneficioso de la tradición. Estas dos primeras razones también son paralelas a las razones del éxodo de muchos a las iglesias católica romana y ortodoxa oriental. Pero muchos cristianos que desean mantenerse fieles a la Reforma, la teología reformada es un destino popular.

(3.- APARIENCIA DE FIDELIDAD BÍBLICA: Los teólogos y predicadores reformados tienen un gran respeto por las Escrituras. Su apelación a las Escrituras para todos los asuntos doctrinales es atractiva para cualquiera que tenga un respeto similar por las Escrituras. También tienen algunos pasajes que, leídos a través de una lente reformada, parecen apoyar la teología reformada. De hecho, si los calvinistas no tuvieran textos que parecieran apoyar sus puntos de vista, probablemente no habría calvinistas. Eso no quiere decir que sus opiniones sean correctas, como 2 Pedro 3:15-16 nos recuerda: “Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16, NVI).

(4.- APARENTE TEOCENTRISMO: Los calvinistas insisten en que su teología es verdaderamente teocéntrica y no centrada en el hombre o antropocéntrica. Desde la concepción calvinista, su teología es la única que proclama a un Dios que salva y que, por lo tanto, es la única que da gloria a Dios y defiende su soberanía (y tratarán ardientemente de hacerte creer que es así); por otro lado, ven al arminianismo como una teología antropocéntrica semi-herética que habla de un Dios que permite al hombre salvarse a sí mismo o contribuir con Dios en el proceso y que, por consiguiente, le roba a Dios la gloria y exalta el albedrío humano. Obviamente, tales afirmaciones hacen parecer al sistema calvinista como el mejor, mientras que el arminianismo es presentado como una herejía horrible. Esa es una falsa y ofensiva caricaturización del arminianismo, pero es lo que el calvinismo pretende hacerle creer a aquellos que busca convertir. Degradando con mentiras al arminianismo pretende brillar en el mundo evangélico, presentándose como la única opción válida de cristianismo.

(5.- CONFORT Y SEGURIDAD AL SABER QUE DIOS ESTÁ EN CONTROL: Cuando el mundo y nuestras propias vidas parecen caóticos y están fuera de control, es reconfortante creer que nada puede resistir la voluntad y el plan de Dios. Si Dios ha predestinado cada evento de la existencia ¿Qué podría salir mal? Cada detalle es parte del gran plan.

ES TIEMPO DE EXAMINARNOS A NOSOTROS MISMOS.

El avance del calvinismo y el neo-calvinismo solo ha sido posible gracias a nuestro descuido como arminianos y a los grandes errores cometidos por las iglesias emblemáticas de dicha teología. Nosotros, los pentecostales, tenemos mucha culpa en ello. Aprender de nuestros errores es indispensable; identificar lo que los calvinistas están haciendo bien y nosotros no, lo es aún más. Las iglesias pentecostales y otras comunidades típicamente no reformadas pueden aprender muchas cosas positivas de la tradición Reformada.

  • UNA VISIÓN MÁS GRANDE DE DIOS Y SU GLORIA: Lo que los pentecostales necesitamos aprender es que Dios no es nuestro “amigote celestial” “ni el genio que concede deseos y se somete a nuestros caprichos” en el cielo. Dios no existe para responder de forma sumisa a nuestras oraciones por salud y riqueza, Él no se somete a nuestras confesiones positivas, decretos o declaraciones, sino que es un Dios absolutamente trascendente, santo y completamente diferente. Quien es la belleza y la verdad. La teología reformada ofrece al pentecostalismo, y al evangelicalismo en general, una visión de la majestad de Dios que pareciera hemos olvidado. Sin embargo, en nuestro intento por corregir lo erróneo, debemos tener cuidado de no caer en el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia del Dios de la teología reformada, la Biblia nos enseña también que el Dios del cristianismo es un Dios que nos ama y nos creó a todos para la comunión eterna con él.
  • SOBERANÍA DIVINA VS. DEÍSMO PRÁCTICO: Muchos de los que se autodenominan arminianos suelen ver a Dios como un observador pasivo, un relojero que terminó su creación y la dejó funcionando sola. Este tipo de teología nos hace creer que estamos prácticamente por nuestra cuenta, lo cual no es cierto. Más bien, tal cual lo sostiene el calvinismo (y de hecho, el arminianismo clásico) Dios sabe el fin desde el principio y resuelve todas las cosas para el bien de quienes lo aman; Él es aquel en quien continuamos viviendo, moviéndonos y teniendo nuestro propio ser. Los arminianos, al igual que los calvinistas, necesitamos entender que Dios es soberano. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la teología reformada, la soberanía no debe significar la determinación de nuestra salvación sin nuestra voluntad, y ciertamente no debe significar, como lo insinúan algunos neo-calvinistas, que Dios es la causa directa y eficiente del mal.
  • LA GRACIA DIVINA Y LA DEPENDENCIA HUMANA FRENTE A LA HABILIDAD HUMANA Y LA AUTONOMÍA INDIVIDUAL: Lo que muchos arminianos podemos aprender de la teología reformada es que la salvación no se trata de que Dios nos deje solos y ahora ponga la pelota en nuestra cancha. La salvación de nuestras almas no descansa en nosotros mismos, sino en Dios. Pareciera que muchas iglesias que se autodenominan arminianas han olvidado que Dios es el que inicia y completa la salvación y quien debe recibir toda la gloria por nuestra salvación. Es Dios quien produce así el querer como el hacer (Filipenses 2:13), es Dios, por su gracia, quien nos permite perseverar hasta el fin para salvación (Judas 1:24). Por otro lado, debemos tener cuidado con el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia de la teología reformada, tenemos algo que decir en el proceso de conversión. La gracia no anula la libertad humana (Deuteronomio 30:15-19).
  • PROFUNDIDAD TEOLÓGICA VS. SUPERFICIALIDAD DEMASIADO SIMPLISTA: Lo que podemos aprender de los calvinistas es que las respuestas fáciles a las preguntas reflexivas no son útiles, y la ignorancia per sé no es una virtud cristiana. Más bien, se nos manda amar a Dios con toda nuestra mente y agregar a nuestra fe, conocimiento. ¡Pero cuidado! La teología debe basarse en toda la Escritura y en la Escritura sola, no en tradiciones humanas, filosofías de hombres y conocimiento vacío. La voluntad de Dios para la creación no es un misterio reservado solo a los sabios. Este ha sido el error arrogante del calvinismo: Considerarse a sí mismos la élite intelectual y elegida del cristianismo. La erudición es buena, pero enterrar nuestra relación con Dios en medio de catecismos, disertaciones filosóficas y teoría sin espiritualidad, es inútil. El intelectualismo jamás debe superar nuestra relación con Dios (1 Corintios 2:1-16).
  • APRECIACIÓN POR LA HISTORIA DE LA IGLESIA Y LA TRADICIÓN CRISTIANA: Los pentecostales principalmente, pero no exclusivamente, podemos aprender que en el cristianismo no solo somos mi Biblia y yo. Dios nos colocó en una comunidad guiada por el Espíritu, y esa comunidad incluye no solo a aquellos que todavía están caminando, sino a millones de cristianos en el pasado que, desde el siglo primero de nuestra era, defendieron con valentía la fe cristiana histórica y nos han dejado un vasto legado de conocimiento en sus escritos. No podemos rechazar el legado de nuestros antepasados en la fe. Por el contrario, aceptarlo nos enriquece. ¡Pero cuidado! La historia de la iglesia, esa nube de testigos, incluye más que a Agustín, Lutero y Calvino. Ese es el error de los reformados.

¿CÓMO EL MAL EJEMPLO DE ALGUNOS PENTECOSTALES HA IMPULSADO EL CALVINISMO?

Para nadie es un secreto que el pentecostalismo (que aspira a una fresca y renovada espiritualidad cristiana) se ha transformado, paradójicamente, en una religión materialista, preocupada de los templos y de que sus creyentes tengan carreras exitosas, mejores trabajos, quizás influenciado por el neopentecostalismo. La nueva oferta religiosa del pentecostalismo está dirigida en torno a la salud, trabajo, prosperidad, etc. Las prédicas y los mensajes religiosos manifestados en la música son mensajes terapéuticos, individualistas, economicistas y exitistas. Lo que parecía ser nuestra fortaleza se convirtió en nuestra ruina: La gran capacidad del pentecostalismo para adaptar su discurso al contexto social, cultural e histórico. Dicha habilidad nos permitió a los pentecostales convertirnos en uno de los pocos movimientos religiosos que aún siguen creciendo, aunque muchos piensan que hemos llegado ya al techo de nuestro crecimiento. ¡Sólo el tiempo lo dirá!

Los efectos que ha tenido la secularización en el pentecostalismo, como la pluralidad religiosa, la subjetivación de la religión y la existencia de una creciente mundanalidad, ha derivado en que la gente que antes no se interesaba por el pentecostalismo, hoy lo haga, porque la oferta ya no está basada en la vida eterna, el cielo o el infierno, sino en cómo ser feliz aquí en la tierra. Este proceso de secularización del pentecostalismo se evidencia en cuatro aspectos concretos:

  1. El exilio de la muerte por la sanidad y los milagros económicos.
  2. El desinterés por la creencia pre milenarista y la predicación escatológica debido a la movilidad social, el reconocimiento social y la legitimación política de los pastores; como, asimismo, la movilidad social de los creyentes a través del interés por el estudio y el acceso a mejores condiciones laborales. El pentecostalismo ha pasado de esperar un futuro reino milenario de Cristo a aspirar un reinado terrenal de la iglesia, aquí y ahora.
  3. Abandono de la predicación sobre el infierno y el cielo. Las predicaciones y el miedo por el infierno han disminuido o han sido totalmente eliminadas en algunas iglesias. Las promesas celestes, como salud, vivienda, alimentación, trabajo, paz y justicia, se viven en la tierra, aunque el cielo sigue siendo una promesa plausible, pero puede esperar un poco. Con el aumento de la expectativa de vida y el acceso a los estudios universitarios, se puede traer algo del cielo a la tierra; el futuro al presente; y la promesa, a realidad.
  4. Declive del fervor pentecostal; esto tiene que ver con la apatía, la pérdida de la pasión pentecostal por predicar, asistir al templo o cumplir ritos sacrificiales como el ayuno y la oración comunitaria; además, hay un tendencia a la movilidad intrapentecostal; es decir, un creyente que va de una iglesia a otra.

En la conciencia pentecostal ahora está la bendición material: la prosperidad económica, la salud, el cuidado del cuerpo, los estudios universitarios, la casa propia y el automóvil propio. La meta suprema de muchos pastores no es ya que su congregación crezca en conocimiento de la sana doctrina y fervor pentecostal, sino entregar la congregación en manos de su hijo, con un templo de material sólido, con el vehículo pastoral y con un reconocimiento sociopolítico. La meta suprema de un padre o de una madre cristiana es ver que sus hijos sean profesionales, tengan trabajo seguro, casa propia y asistan a la iglesia. Nuestra teología del sufrimiento ha sido cambiada por la teología de la prosperidad. La buena muerte ya no es morir predicando, sino “morir lleno de días bendecido”. El pentecostalismo global se ha estancado, sobre todo en las grandes denominaciones, por su lucha y fascinación por el poder, y por el desencanto ético que esto produce. El pentecostalismo nació y se desarrolló como un movimiento religioso comprometido con la verdad, la justicia y la equidad de los pobres, oprimidos y desheredados. Los pastores y pastoras adquirieron ese compromiso con empatía porque pertenecían a ese grupo social, Sin embargo, ¿Hoy quién quiere identificarse con los pobres? O, más bien, ¿Hoy quién se identifica como pobre? ¿Acaso no es vista como señal de desaprobación divina en muchas iglesias pentecostales de nuestra época? El calvinismo ha visto nuestros puntos débiles y los ha sabido capitalizar a su favor.

CONCLUSIÓN.

Mis amados hermanos pentecostales:

¡Necesitamos volver a nuestras raíces! De no hacerlo, no debería extrañarnos que, en el futuro, muchos dejen de ver nuestras iglesias como opciones legítimas para un auténtico cristianismo. Tampoco debería extrañarnos que el calvinismo, hasta hace unas décadas casi desconocido en Latinoamérica, esté cobrando impulso y atacando nuestras bases, nuestra fe y nuestras denominaciones. O corregimos lo que está mal en nosotros, o perderemos el sentido de nuestra existencia como movimiento. El calvinismo no está creciendo porque tenga la razón en sus postulados, o porque sea una mejor opción de cristianismo que el arminianismo o el pentecostalismo. Está creciendo por causa nuestra, por nuestros descuidos. El calvinismo crece gracias al mal ejemplo del pentecostalismo y su miope visión de su estado actual.

Amados hermanos arminianos no pentecostales:

Si bien es cierto nosotros los pentecostales tenemos mucha de la culpa, el avance del calvinismo no es solo culpa nuestra. Crece también porque muchos arminianos no pentecostales ni siquiera entienden las bases de su propia fe arminiana, diluyendo a veces el arminianismo junto a creencias heréticas como el pelagianismo y el semipelagianismo.

¡Ambos grupos necesitamos poner nuestras barbas en remojo! ¡Hay mucho que corregir, mucho que aprender!

REFERENCIAS.

[1] UNA RESPUESTA DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS A LA TEOLOGÍA REFORMADA (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 1 Y 3 DE AGOSTO DE 2015).

[2] Íbid.

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Danza profética? ¿Tabernáculo caído de David?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las modas de adoración absurdas y las innovaciones teológicas sin fundamente bíblico inundan el evangelicalismo moderno, principalmente dentro del denominado neopentecostalismo. Esto no debe sorprendernos, pues fue profetizado hace siglos por el apóstol Pablo: “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida” (1 Timoteo 4:1-2, NVI). Tan importante consideraba Pablo evitar tales desviaciones de la fe que repitió dicha advertencia en su segunda carta a Timoteo: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos.” (2 Timoteo 4:1-3, NVI). Dentro de dichas modas extrañas, “inspiraciones engañosas” o “novelerías”, la danza profética sobresale por la ridiculez de sus afirmaciones.

¿QUÉ MODA EXTRAÑA ES ESTA?

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana.

A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don.[1]

En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo. Las denominadas Danzas Ministeriales comprenden, entre otras cosas:

  1. La Danza Maestral (maestros en danza): El “levita”, como un maestro, enseña a la Iglesia a través del baile o el teatro.
  2. La Danza Apostólica (apóstoles en danza): Se produce cuando la danza o la expresión artística genera influencia y actúa directamente sobre la semilla del Reino de Dios en la Tierra. Este tipo de danza se considera una guerra espiritual, una confrontación entre la luz y la oscuridad con efectos concretos, percibidos como curaciones y la liberación espiritual, las conversiones en masa, el resultado de la llegada del Reino de Dios al pueblo, ciudad o país.
  3. La Danza Profética (profetas en danza): Hacen la guerra espiritual y profetizan por la adoración profética la unión del Novio con su Iglesia. Expresa de manera espontánea lo que Dios quiere enseñar, aquello que Él quiere demostrarle a las personas o a la iglesia local.
  4. La Danza Evangelística (evangelistas en danza): Es aquella que hace la sensibilización sobre el Hijo de Dios, trata de ganar el corazón de personas a través de su danza, mostrando la necesidad de recibir Cristo y seguirlo. Es el ministerio con mayor frecuencia en las iglesias.
  5. La Danza Pastoral (pastores en danza): Es el “ministerio” de danza más común en las iglesias. Incluso muchas iglesias que no se identifican como neopentecostales suelen incluir en sus programas este tipo de “ministerios”. Sus practicantes consideran que a través de este tipo de danza los adoradores reciben alimentación, son nutridos e inspirados en su fe y adoración. Se considera que este tipo de danza aporta liderazgo y transformación en la vida cristiana a través de la Palabra manifiesta y expresada en la danza.

En el enredado mundo neopentecostal los diversos tipos de Danzas Ministeriales son “ministradas” por los “levitas y adoradores del Señor Dios Todopoderoso” con la intención producir la salvación, curación o el bautismo en el Espíritu Santo, como si los milagros y manifestaciones espirituales de origen divino pudiesen ser manipuladas por el ser humano con sus fórmulas y ritos. Aunque los devotos de estas extrañas prácticas consideran que el bailarín (erróneamente llamado “danzor” o “danzora”) no necesita una formación específica en el baile, recientemente se han creado academias o escuelas de danza ministerial. Este culto a través del baile ha recibido varios nombres: baile apostólico, danza davídica, adoración íntima, generación profética, ministración por adoradores y Levitas (danza, música y canto) y Gaditas (en intersección y la guerra espiritual), etc. Muchos nombres que describen la misma realidad: ¡Herejía!

¿LA RESTAURACIÓN DEL TABERNÁCULO CAÍDO DE DAVID?

La Danza Ministerial es considerada parte de la “Restauración del Tabernáculo Caído de David” enseñada por los grupos neopentecostales. Tal expresión alude a una corriente teológica sobre la adoración que enseña que es necesario lograr la restauración del canto y las danzas judías del tipo que se cree fueron realizados por David en su culto a Jehová en el tabernáculo de su día. Se trataría de una restauración de alabanza pura profetizada en las Escrituras que a la vez indicaría los tiempos finales. Dichos grupos suelen citar Isaías 16:5, Amós 9:11-12 y Hechos 15:16-17 (los únicos tres pasajes de la Biblia que usan dicha expresión) para sustentar su posición doctrinal:

“Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.” (Isaías 16:5).

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amós 9:11-12).

“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre” (Hechos 15:16-17).

Pero ¿En verdad pueden sustentarse en esos versículos las afirmaciones de los grupos neopentecostales? ¿Qué enseñan dichos versículos realmente? Y más aún, ¿Qué otras implicaciones tiene dicha enseñanza para la iglesia hoy? ¿Cuáles son los postulados que sostiene dicha enseñanza?

Basándonos en la fuente primaria más completa que hay sobre esta corriente, el libro The Tabernacle of David (“El Tabernáculo de David”), escrito en 1976 por Kevin Conner, el padre de esta corriente teológica, se puede resumir la enseñanza de la siguiente manera:

  • Así como el tabernáculo de Moisés fue un tipo, una figura profética, que apuntaba hacia Cristo y su obra expiatoria, David, en su oportunidad, levantó un tabernáculo especial que sólo contenía al arca del pacto, en señal del culto cristiano futuro, libre de sacrificios de sangre. Separado del viejo tabernáculo de Moisés, este tabernáculo fue un tipo de la Iglesia Neotestamentaria. Conner afirma: ““El Tabernáculo de Moisés fue dado como una sombra, un tipo, un padrón de las realidades eternas, espirituales y celestiales (Hebreos 8:5; 9:23,24). Esto seguramente es aplicable también al Tabernáculo de David”.[2]
  • David desarrolló nuevas formas de adoración en el segundo tabernáculo, como una profecía de la adoración de la era cristiana. Entraba confiadamente a este tabernáculo para contemplar el arca, sin temor del juicio divino, consciente de la gracia venidera.
  • En el Tabernáculo de David, los sacerdotes entraron a un “nuevo orden” en lo relativo a la adoración. En contraste con el Tabernáculo de Moisés y los sacerdotes en el Monte Gabaón, estos sacerdotes en el Tabernáculo en Sión no ofrecían sacrificios de animales. Ofrecían sacrificios de alabanza, gozo y gratitud. Aquí el ministerio de los cantantes y los músicos estaba en plena operación. Ofrecían “sacrificios espirituales” en el Monte Sión en el Tabernáculo de David.
  • Los sacerdotes en el Tabernáculo de David podían simplemente y confiadamente entrar en el lugar santísimo. Tenían acceso ante el arca del Señor. No existía ningún velo entre ellos y el arca, como había existido durante siglos en el Tabernáculo de Moisés. Tenían confianza para entrar “más allá del velo” porque ese velo pertenecía al Tabernáculo de Moisés, no al Tabernáculo de David.[3]
  • Lamentablemente, este nuevo culto fue abandonado al construirse el Templo de Salomón y durante las sucesivas generaciones de reyes judíos idólatras.
  • El profeta Amós reconoció estas verdades y anunció que en los postreros días se re-establecería el culto que David había iniciado en su tabernáculo (Amós 9:11).
  • En el Concilio de Jerusalén, Santiago, hermano del Señor, reconoció que con la conversión de los gentiles Dios también estaba restaurando el culto davídico a la Iglesia.
  • La Iglesia post-apostólica también abandonó el culto davídico, es decir, cayó en apostasía.
  • Desde los fines del siglo XX Dios está finalmente restaurando el culto davídico a la Iglesia, en señal de ser estos los tiempos finales.
  • La iglesia de la actualidad debe aprender todo lo posible sobre la adoración como se hacía en el Tabernáculo de David para entrar así en la verdadera adoración “en espíritu y en verdad.” Las iglesias cristianas deben adoptar formas de alabanza judías para así ministrar más perfectamente en el “Tabernáculo de David”. Esto incluiría la danza hebrea.

Aunque superficialmente dichas afirmaciones pueden parecer bíblicas y doctrinalmente correctas, las enseñanzas de moda sobre “el Tabernáculo de David”, como una profecía de la restauración de la adoración pura, son producto de una hermenéutica alegórica que mal interpreta las sagradas Escrituras, y que contradicen la verdad de la adoración bajo el nuevo pacto. Analicemos brevemente las contradicciones y errores de esta corriente doctrinal heterodoxa.

DEFICIENCIAS EN LA HERMENÉUTICA NEOPENTECOSTAL.

Para empezar, aunque es cierto que David levantó una tienda para el arca en Jerusalén e instaló a Asaf y a sus hermanos para ministrar ahí empleando música y alabanzas (1 Crónicas 15:16), no son acertadas todas las atribuciones que la enseñanza sobre “el Tabernáculo de David”, atribuye a estos hechos. Exagera las dimensiones y funciones del “Tabernáculo”, las innovaciones en el culto, y la comprensión de David de cuestiones futuras:

  1. Dimensiones y funciones del “tabernáculo de David” exagerados: La enseñanza “el Tabernáculo de David” visualiza a esta tienda como un lugar grande, espacioso, capaz de contener muchas personas a la vez quienes cantaban y danzaban alrededor del arca del pacto. Todo esto sería en figura profética del acceso de los creyentes cristianos a la presencia de Dios que se describe en Hebreos 10:19-22. Pero esto no calza bien con la realidad bíblica. Interesantemente, la versión Reina Valera nunca llama a esa tienda donde se guardaba el arca un “tabernáculo” sino usa la expresión “tienda” (2 Samuel 6:17; 1 Crónicas 15:1; 16:1). Al resto del viejo tabernáculo de Moisés, incluyendo el altar de holocaustos, que estuvo guardado en Gabaón, la versión Reina Valera sí llama fielmente “el tabernáculo de Jehová.” En el texto hebreo se emplea el mismo vocablo para ambas tiendas, Esta es una palabra hebrea que significa “morada, hogar, tabernáculo, o tienda” muy común, que ocurre 340 veces en el Antiguo Testamento. No se limita a tiendas de uso religioso (Salmos 19:4; Habacuc 3:7; Malaquías 2:12; Isaías 38:12 entre otras).[4] La traducción de Reina Valera traduce bien a Ohel como “tabernáculo” o “tienda” según el contexto. Nada hay en el texto bíblico que sugiere que la tienda levantada por David en Jerusalén era de proporciones suficientes para contener un grupo de personas que tocaba instrumentos y danzaba, más bien queda evidente que se trata de un recurso de almacenamiento provisorio hasta que se levantara un Templo digno de ser el centro de la adoración nacional. La verdad es que el arreglo que David había hecho para guardar el arca en Jerusalén no le satisfacía, y no lo consideraba gran cosa. Se quejaba ante Dios diciendo: “He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.” (1 Crónicas 17:1). La doctrina neopentecostal sobre “el Tabernáculo de David” exagera el propósito de la tienda del arca del pacto en Jerusalén, cambiando su función de un lugar de almacenamiento provisorio a una proyección tipológica de la adoración cristiana, asunto que no tiene ninguna confirmación apostólica en el Nuevo Testamento.
  2. Innovación Exagerada: La enseñanza “el Tabernáculo de David” afirma que ahí por primera vez se usaron instrumentos musicales, cantores, la danza, el levantar manos, palmoteos, y gritos de júbilo.[5] Dice que ninguna de estas cosas sucedía en el culto a Jehová en el orden establecido por Moisés. Pero lo cierto es que no se puede afirmar que antes de David no existieran estas cosas en el rito judío. Al cruzar Israel el Mar Rojo, María y sus compañeras danzaron, tocaron panderos y cantaron (Éxodo 15:20). Incluso el culto profano al becerro de oro en el desierto fue acompañado de danzas y cánticos (Éxodo 32:6, 32:18-19). Durante el tiempo de los jueces las mujeres recibían a los soldados israelitas vencedores con danzas, cánticos y panderos (Jueces 11:34; 1 Samuel 18:6). No se debe pensar que David solo estableció el ministerio musical en Jerusalén, cerca del arca. También estableció sacerdotes músicos y cantores en el tabernáculo de Moisés que estaba guardado en Gabaón (1 Crónicas 16:39-42). Interesantemente, estos, de la línea de Sadoc, eran de mayor rango que los que ministraban en Jerusalén.[6] Esto nos sugiere que la mejor música se ejecutaba en el viejo tabernáculo erigido por Moisés, no en la tienda levantada por David.
  3. Comprensión Profética Exagerada: La enseñanza “el tabernáculo de David” atribuye a David una insólita comprensión profética de las realidades futuras que vendrían después en Cristo. Pero nada hay que indica que David levantó un segundo “tabernáculo” con la finalidad de adorar libremente a Dios sin ofrecer sacrificios y ofrendas, y para poder mirar al arca del pacto cuando quisiera. No hay ninguna mención de que David o sacerdote alguno haya entrado a la tienda del arca para mirarla. Si David consideraba que ya no era necesario impedir el acceso al arca mediante un velo, uno no se explica por qué no enseñó esta nueva libertad a Salomón para que fuese incorporada en el culto en el Templo de Jerusalén. Salomón en su oportunidad hizo un gran velo que separó al lugar santísimo del resto del Templo (2 Crónicas 3:14). No se debe pensar que a David ya no le interesaban los sacrificios y las ofrendas levíticas. Al comprar la era de Ornán el jebuseo, David edificó un altar y ofreció holocaustos y ofrendas de paz (1 Crónicas 21:26). Aún en aquella oportunidad David hubiera preferido ir a Gabaón a ofrecer sus sacrificios, pero temía hacerlo porque había pecado al hacer el censo del pueblo de Israel (1 Crónicas 21:28-30). David continuó ofreciendo sacrificios y ofrendas de animales a Jehová, puesto que en ese nivel de revelación operaba. No es correcto atribuirle una comprensión absoluta de lo que vendría con Cristo.
  4. La profecía de Amós referente al “tabernáculo de David”: Casi trescientos años más tarde, el profeta Amós fue enviado por Dios a la nación de Israel para profetizar contra los graves pecados que allí se cometían. La nación israelita se había dividido en dos después de la muerte de Salomón, permaneciendo la dinastía davídica en el trono de Jerusalén, capital de Judá, nación compuesta por las tribus de Judá y Benjamín. Las diez tribus restantes habían formado la nación de Israel sobre la base del culto a dos becerros de oro preparados por Jeroboam, el primer rey separatista. En el último capítulo de su profecía, luego de asegurar que el castigo de Dios vendría pronto sobre la nación israelita, Amós dice lo siguiente: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amos 9:11-12). Es preciso entender qué quiso decir Amós con esa expresión en su oráculo, y qué quiso decir más adelante Santiago, al citar la profecía. Conner, el creador de la doctrina en cuestión, opinaba que Amós estaba hablando sobre la tienda que David había levantado en Jerusalén para recibir al arca del pacto, preocupado por la situación de la falta de adoración y la necesidad de su restauración: “El levantar el Tabernáculo caído de David, cerrar sus portillos y levantar sus ruinas, y edificarlo como en el tiempo pasado ciertamente significaba una restauración del orden de la adoración establecido en ese Tabernáculo“.[7]Sin embargo, los problemas de los tiempos de Amós eran la división del reino entre Israel y Judá, la apostasía de los reyes Jeroboam y Uzías, y la idolatría del pueblo. Para Amós la expresión “yo levantaré el tabernáculo de David” no es la esperanza de volver a danzar y a cantar salmos. Es algo mucho más grande que eso. Es la reunificación y restauración de Israel bajo un solo gobierno. Es la esperanza mesiánica. Además, la palabra hebrea empleada por Amós traducida en la Reina-Valera como “tabernáculo” no es Ohel, la comúnmente usada para describir el Tabernáculo de Moisés, sino Cukkah que significa tienda, carpa o choza. Esta fue la palabra hebrea usada para describir las sencillas tiendas usadas en la fiesta de tabernáculos.[8] Cukkah es una tienda o choza humilde, sencilla, no ostentosa ni gloriosa. La versión popular Dios Habla Hoy y la Nueva Versión Internacional, ambas emplean la palabra “choza” en vez de “tabernáculo” en Amós 9:11 (“…levantaré la choza caída de David.”). Amós no habla literalmente del Tabernáculo de reunión donde antes se hacían las ofrendas bajo el sacerdocio levítico, ni de la tienda de almacenamiento provisorio del arca en tiempos de David, sino metafóricamente de la dinastía davídica, “la casa de David”, que estaba tan lejos del ideal que Dios deseaba. Amós extiende la metáfora de una carpa o choza a un edificio en ruinas. “Levantaré sus ruinas, lo edificaré”. Estas no son expresiones pertinentes a carpas de pieles como las tiendas o tabernáculos del Antiguo Testamento. Amós tampoco estaba hablando del Templo de Salomón, porque durante su tiempo éste estaba en pie y no destruido. Ahí estaba el arca del pacto; y se hacían las ofrendas con regularidad bajo el gobierno de Uzías. Amós lamentaba la división y pecaminosidad de Israel. Su esperanza estaba en el Mesías. Esa esperanza llegó a una proyección global para “todas las naciones”.

Si la enseñanza de Conner sobre la Restauración del tabernáculo caído de David” es simplemente un error de hermenéutica y pura eiségesis alegórica ¿Dónde queda la Danza Ministerial y los excesos en la adoración promovidas en el neopentecostalismo? ¡En ningún lado! Pierden toda razón de ser.

LO QUE LA BIBLIA REALMENTE ENSEÑA SOBRE LA DANZA.

Hay varias expresiones bíblicas que se refieren a “danzar” y “bailar”. De hecho, las Sagradas Escrituras nos informan que los pueblos antiguos manifestaban sus sentimientos por medio de las danzas. Sin embargo, la práctica de las “Danzas Ministeriales” que se ejerce en muchas iglesias no tiene el sustento ni la evidencia bíblica adecuada. Mucho menos atribuir tales cosas al Espíritu Santo y convertir la danza en uno de los “dones ministeriales” tiene apoyo en la Biblia. Estas danzas nunca ocurrieron en los cultos oficiales al Señor en el Antiguo Testamento, es decir en relación al santuario o dentro de sus puertas. Tampoco vemos dicha práctica en las iglesias del Nuevo Testamento ni en las Iglesias Primitivas de los primeros cristianos.

¿Significa esto que debemos excluir por completo la danza de nuestra adoración? No. El uso de la danza ha sido uno de los distintivos del movimiento pentecostal desde sus inicios, pero definitivamente no como se practica en círculos los neopentecostales modernos, los cuales convierten en un show elaborado y artificial lo que en otro tiempo fue una expresión espontánea de gozo, alegría y júbilo. La Biblia no prohíbe usar la danza en la adoración a Dios; de hecho, hace mención de dicha práctica como forma de devoción y alabanza aceptable en el pueblo de Dios. Analicemos las palabras hebreas y griegas para “danza” y observemos la connotación bíblica que se le da a dicha práctica:

  1. Chagg: Se da este caso en 1 Samuel 30:16, donde dicho vocablo se traduce como “festejar”: “El egipcio los guio hasta los amalecitas, los cuales estaban dispersos por todo el campo, comiendo, bebiendo y festejando el gran botín que habían conseguido en el territorio filisteo y en el de Judá.” (NVI). Sobre el significado de Chagg, el Diccionario Strong nos dice: “propiamente moverse en círculo, i.e. (específicamente) marchar en procesión sagrada, observar un festival; por implicación estar alegre”. Dicha expresión no implica ni indirectamente los bailes y danzas ni mucho menos dentro del templo, ni ligadas al Espíritu Santo.
  2. Chîyl o Chuwl: Se usa en Jueces 21:21, donde dice: “y estén atentos. Cuando las muchachas de Siló salgan a bailar, salgan ustedes de los viñedos y róbese cada uno de ustedes una de esas muchachas para esposa, y váyase a la tierra de Benjamín” (NVI). La palabra para “bailar” significa según los diccionarios, danzar en círculos” o “dar vueltas circulantes”. Luego se da el mismo caso en Jueces 21:23. Es interesante notar que estas “danzas circulares” ocurrieron afuera del templo.
  3. Râqad o Karar: Se emplea en 1 Crónicas 15:29 en relación con David: “Pero cuando el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su corazón”. Y también en Job 21:11, Eclesiastés 3:4 e Isaías 13:21. Como podemos notar claramente, la palabra que casi siempre se traduce por “saltar o saltarán” es la misma que a veces se traduce por danzar, especialmente en el caso de David. David “saltaba de alegría”. La danza de David fue un acto de solemne y santo gozo. Para una persona del Cercano Oriente de entonces, esa era una manera natural de expresarse por extraña que nos parezca hoy. De ese modo David expresó su alabanza de agradecimiento y así honró y glorificó el santo nombre de Dios. La danza que David hacía era “saltar” literalmente o dar vueltas. Fue tanto así que Mical lo despreció. Pero lo más importante de todos es que tales actos ocurrieron en un momento de intensa alegría al encontrar y traer de nuevo el Arca del Pacto. No ocurrió dentro del Templo, pero sí fue una expresión de júbilo y alabanza al Señor.
  4. Mâchowl o Machowal: Se deriva de una raíz que significa simplemente voltear. Puede significar girar alegremente en una vuelta. Se emplea en Salmos 30:11, Salmos 149:3, Salmos 150:4, Jeremías 31:13 y Lamentaciones 5:15. La danza, mencionada en dichos versículos, ocurre en diversos contextos. Podemos notar primeramente los lamentos, especialmente en el caso de Jeremías y Lamentaciones. Esto no tiene nada que ver con la adoración ni menos con el templo. Los otros casos, pero los más famosos de todos ocurren con David y sus Salmos. En los Salmos 149:3 y 150:4, el machowal ocurre en el contexto de una lista de instrumentos que se utilizarán para alabar al Señor. El salmista invita al pueblo de Dios para alabar al Señor “por sus proezas” (v. 2) en todos los lugares posibles y con cada instrumento musical disponible y, obviamente, con danzas espontáneas nacidas de una devoción sincera al Señor.
  5. Mechôwlâh: Es la forma femenina de mechôwlâh: Girar alegremente dando vueltas. Se emplea en Éxodo 15:20, donde se nos dice que María “tomó el tamboril en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con tamboriles y con danza. (esto es, alegres giros en vueltas). También se emplea en Éxodo 32:19, Jueces 21:21, 1 Samuel 18:6, 1 Samuel 21:11 y 1 Samuel 29:5. La palabra hebrea “mechowlah” que se traduce como “danza” aparece siete veces. En cinco de los siete casos, la danza es realizada por las mujeres en la celebración de una victoria militar (1 Samuel 18:6, 21:11, 29:5, Jueces 11:34, Éxodo 15:20). María y las mujeres bailaban para celebrar la victoria sobre el ejército de Egipto (Éxodo 15:20). La hija de Jefté bailaba para celebrar la victoria de su padre sobre los amonitas (Jueces 11:34). Las mujeres bailaban para celebrar la masacre de los filisteos por David (I Samuel 18:6, 21:11, 29:5).En otros dos casos, mechowlah se utiliza para describir la danza de los israelitas en torno al becerro de oro (Éxodo 32:19) y la danza de las hijas de Silo en los viñedos (Jueces 21:21). Sin embargo, en ninguno de estos ejemplos la danza es parte de un servicio de adoración en el Templo.
  6. Pâcach: Significa literalmente “danzar como quien está cojeando”: “y (los profetas de Baal) danzaban, sobre el altar que habían hecho” (1 Reyes 18:26). Es un tipo de danza ocurrido en un contexto pagano y por lo tanto no tiene alguna connotación para la adoración a Dios.
  7. Orcheomai: Significaba probablemente levantar de los pies; de ahí, saltar con un movimiento regular. La actuación de la hija de Herodías es el único ejemplo claro de danza artística, forma esta introducida por las costumbres griegas. Este vocablo se emplea en Mateo 11:17, Lucas 7:32, Mateo 14:6 y Marcos 6:22. En dos de estos casos la danza fue hecha por la hija de Herodías, y claramente fue un tipo de baile sensual que era común en aquella comunidad romana.
  8. Choros: Denota en primer lugar un recinto para la danza; de ahí una compañía de bailarines y de cantantes”. Este vocablo se emplea en la parábola del hijo pródigo y claramente Jesús no tenía en mente enseñar de alguna manera indirecta los bailes y su utilización en la iglesia. Simplemente describe la situación y la alegría como lo demostraron aquellos hombres que vivían en el campo.

Debemos enfatizar que los casos en los que la danza es mencionada en la Biblia son tomados, en su mayoría, del Antiguo Testamento. No se registra ningún ejemplo de adoración a Dios a través de la danza en la iglesia primitiva. Incluso si tomamos en cuenta solo el Antiguo Testamento debe admitirse que la mayoría de los casos de la danza fueron ocasiones de alegría y saltos y no daban lugar a la euforia y hasta la sensualidad y exhibicionismo que vemos hoy día en los “ministerios” de danza de muchas iglesias. Por lo tanto es sano concluir que la permisión de ministerios de danza y otras manifestaciones extrañas que ocurren en muchas iglesias no se fundamentan en las Escrituras.

¿QUÉ HAY CON LA “DANZA EN EL ESPÍRITU”? ¿ES BÍBLICA?

Ningún pasaje de las Escrituras habla de “danzar en el Espíritu”. Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica. En diversas culturas, los seres humanos han acostumbrado expresar sus sentimientos por medio de las danzas, pero la Biblia jamás menciona nada semejante a lo que hoy algunos llaman “danzar en el Espíritu”.

Es indiscutible que entre las naciones semíticas (judíos, árabes, etc.), la danza era practicada tanto por hombres como por mujeres. Incluso Jesús hizo mención de ello en el Nuevo Testamento (Mateo 11:17, Lucas 15:25), aunque sin relación con la adoración a Dios, pues la música y las danzas solían acompañar las festividades nacionales y seculares judías. Sin embargo, aunque los escritores del Nuevo Testamento aconsejan a los creyentes alegrarse en el Señor, no hay ninguna recomendación en el Nuevo Testamento, ni mucho menos un mandato para la Iglesia en la dispensación de la Gracia, diciendo que se deba “danzar en el Espíritu”. Pablo, quien a menudo habla de “orar en el Espíritu”, “bendecir en el Espíritu” y “cantar en el Espíritu”, pero jamás de “danzar en el Espíritu”.

Entonces, si ni Jesús, ni Pablo, ni ninguno de los otros apóstoles habló jamás de la danza en el Espíritu ¿Por qué en muchas iglesias pentecostales se dan cierto tipo de experiencias extáticas extrañas, irreverentes, y hasta risibles, que involucran “danza”, contorsiones, movimientos extraños y cosas semejantes, bajo efecto de una posesión espiritual atribuida al Espíritu Santo? ¿Es esto obra del Espíritu Santo?

Como pentecostales, no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo entre los creyentes. Sin embargo, creo que hemos confundido lo que es una manifestación genuina del Espíritu Santo con nuestra reacción emocional ante el toque de Dios. Quienes hemos experimentado el toque del Espíritu Santo en nuestras vidas sabemos que en algunos momentos no es tan fácil incluso controlarse ante el derramamiento del poder de Dios: quisiéramos llorar, saltar, gritar, movernos, brincar y si… danzar. Pero esa no es la manifestación de la presencia o llenura del Espíritu Santo, ni siquiera de su toque. Es más, ciertas danzas, expresiones, estilos de oración y muchas otras cosas que ocurren en muchos cultos evangélicos no son espontáneos, sino ensayadas, aprendidas, imitadas y, en el peor de los casos, fingidas por algunos para aparentar la llenura del Espíritu y lucir piadosos. Son meramente comportamientos aprendidos, una reacción acorde con lo que se espera que pase. Sin embargo, la Palabra nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más autodominio posee. Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana. El descontrol de nuestros sentimientos, emociones y reacciones físicas no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios, sino todo lo contrario:

“Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” (1 Corintos 14:32, LBLA).

“Porque a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden. Como es costumbre en nuestras iglesias” (1 Corintios 14:33, TLA).

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Timoteo 1:7, NTV).

La danza en el Espíritu no debería ser punto de honor en las iglesias. Ciertamente, hay otras maneras más decorosas y edificantes para los que nos rodean, de agradecer a Dios por su amor y bondad, que ciertas prácticas extravagantes que pueden llegar a despertar solamente la curiosidad carnal. En conclusión, el “danzar en el Espíritu” no es bíblico. No fue una práctica de la iglesia primitiva, no fue enseñada por Jesús (ejemplo supremo de llenura del Espíritu) ni por ninguno de los apóstoles. Es simplemente una reacción emocional de algunos que, más que edificación, trae oprobio y burla sobre la iglesia.

En otros casos, la llamada “danza en el Espíritu” es una expresión de religiosidad popular propia de iglesias en las cuales el sincretismo predomina por encima de la Palabra. Muchos investigadores apuntan a la posibilidad de que este fenómeno haya surgido fruto del sincretismo religioso con cultos de origen animista, donde la posesión y las experiencias extáticas desordenadas son comunes. Quizá esto no suene agradable para algunos, pero es la verdad. Una verdad que se tenía que decir: La “danza en el Espíritu” no es bíblica.

CONCLUSIÓN.

¿Está prohibido usar la danza como expresión de júbilo y adoración a Dios? ¡En ninguna manera! Ya hemos visto que la Biblia sí registra ejemplos en los que la danza fue empleada en la adoración o alabanza a Dios. Sin embargo, hay algunos principios a tener en cuenta al considerar la danza como expresión de adoración:

  • Eclesiastés 3:4 — hay un momento apropiado para danzar (y por consiguiente un momento inapropiado para danzar).
  • Salmo 149:3; 150:4 — ambos pasajes mencionan que podemos alabar o adorar a Dios con danza.
  • Primera Corintios 6:19-20 — nuestros cuerpos pertenecen a Dios, y son el templo del Espíritu Santo. Así que todo lo que hacemos debe honrarle a él. Esto incluye la danza.
  • Sin embargo, en esto, como en todo, debemos recordar que: “a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden.” (1 Corintios 14:33, TLA).

La danza, como instrumento de adoración y expresión de júbilo no está prohibida. Lo que sí es prohibido e incorrecto es convertir en un ministerio algo que jamás lo fue o, peor aún, convertirlo en doctrina y práctica oficial de la iglesia, dándole un carácter místico y herético que escapa de la intención de los escritores sagrados. Sobre todo, la enseñanza sobre el Tabernáculo de David y su supuesta restauración en nuestra época carece del más mínimo fundamento bíblico.

REFERENCIAS:

[1] Tara Gilyard, Prophetic Dance: Communicating Divine Revelation Through Movement, PublishAmerica (2006).

[2] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 3.

[3] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 126.

[4] James Strong,Strong’s Exhaustive Concordance, (New Jersey: Madison, 1890) citado en Conner, pag. 9.

[5] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 156.

[6] Donald Guthrie, Nuevo Comentario Bíblico, (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989), pág. 291.

[7] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 147.

[8] Robert Baker Girdlestone, Sinónimos del Antiguo Testamento (Barcelona: CLIE, 1986), p. 236.

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Crisis en la adoración y liturgia pentecostal

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La liturgia (Del latín tardío liturgĭa, y este del griego λειτουργία, servicio público) se define como “Orden y forma con que se llevan a cabo las ceremonias de culto en las distintas religiones.”[1] En el Nuevo Testamento, escrito en el dialecto griego llamado κοινέ (koiné), esta palabra se utiliza para denotar (1) servicio, asistencia, con la implicación de un servicio formal y constante (2 Corintios 9:12; Filipenses 2:17, 2:30); (2) un ministerio, una función o asignación al servicio (Hebreos 8:6); (3) la realización de tareas religiosas, servicio religioso, cumplimiento de los ritos ceremoniales (Lucas 1:23; Hebreos 9:21).[2]

Aunque muchos relacionan la liturgia con la rutina, la liturgia, entendida como forma de adoración, es capaz de comunicar el evangelio con aquellas partes del hombre que podemos definir como sentimientos, emociones, todo el mundo plástico-simbólico de su mente, su subconsciente. Si la fe se limitara a su elemento teórico, doctrinal y filosófico, la fe sería meramente un acto racional. El hombre necesita adorar con cada parte de su ser, no solo con el intelecto. Aunque en la Biblia se nos manda adorar con el entendimiento (1 Corintios 14:15, Salmos 47:7), si las emociones y sentimientos del adorador no participan, tal adoración (si s ele puede llamar así) no pasa de ser un mero formalismo. El alma queda vacía y sin fruto. La liturgia, al comunicarse más con el inconsciente, hace algo con nosotros a un nivel diferente que la razón. Es ahí donde reside su importancia.

 

LA BELLEZA DE LA LITURGIA PENTECOSTAL CLÁSICA.

A diferencia de otros movimientos, el pentecostalismo ha añadido a su forma litúrgica una serie de elementos que han hecho marcar una diferencia del resto de cultos. La liturgia pentecostal no solamente radica en el relato del Pentecostés (Hechos 2) sino que se vale de otros aportes bíblicos. De esta forma la base bíblica del culto pentecostal puede hallarse en la teología lucana (Lucas y Hechos), el libro de los Salmos y algunos aportes de las cartas paulinas (1 Tesalonicenses, 1 Corintios y Hebreos).

Entre algunos de los rasgos de las iglesias pentecostales se enumeran: El gran fervor y la emotividad en los cultos, espontaneidad y libertad en las oraciones, oraciones privadas, pero dirigidas al Señor al mismo tiempo, respuesta personal, verbal y corporal a las predicaciones, amenes, glorias y aleluyas, coros y estribillos acompañados con palmadas y a veces con movimientos del cuerpo y la práctica de hablar en lenguas. La gran emotividad que se da en la vida cúltica es atribuida a la presencia del Espíritu Santo en todo momento. Asimismo, es necesario señalar que en algunos grupos se practica la sanidad corporal, como parte rutinaria del culto y a veces en grandes campañas públicas. Los cultos pentecostales casi siempre son evangelísticos con un llamado a las personas no convertidas.[3]

Los estudios que se han realizado acerca de la liturgia pentecostal resaltan la importancia de la experiencia del derramamiento del Espíritu Santo en el pentecostés. También el papel importante que juega la música en la liturgia pentecostal. A esta música se le ha incluido elementos culturales de las regiones. Es característico de esta música incluir instrumentos musicales de viento y de percusión, instrumentos que emiten sonidos que invitan al receptor a tomar una actitud activa y no pasiva dentro de la celebración. No en vano las expresiones musicales pentecostales se consideran uno de los principales ejes en la construcción de la identidad del movimiento.[4]

Pero el pentecostalismo se distingue de otros movimientos incluso en la música que emplea en sus servicios de adoración. Desde sus inicios el culto pentecostal ha sido acompañado de música, pero no la llamada música sacra o del siglo pasado sino que es una música autóctona y que así mismo se desarrolla con instrumentos propios de cada región. Lo anterior lleva a expresiones como: cantar, danzar, hablar en lenguas, batir las manos, dar completa libertad al Espíritu Santo, el cual se manifiesta con dones y milagros.[5]

De este modo, la adoración o liturgia pentecostal se desarrolla alrededor de la oración espontanea o “en el espíritu” (Efesios 6:18, Apocalipsis 1:10, 4:2, 17:3, 21:10). Así mismo es común que en los momentos de oración o alabanza, todos oren al mismo tiempo. La alabanza se describe como una experiencia con Dios en donde se goza, se canta “con el corazón”, se aplaude, se alaba con las emociones, en algunas ocasiones se danza así como es posible que se den expresiones de júbilo o expresiones libres. De esta forma se puede decir que comúnmente la alabanza y la oración se entremezclan en una sola, a lo que se ha denominado “ministración”, haciéndose experiencias vivas y en ocasiones impredecibles, que tienen como objetivo conducir hacia una fuerte experiencia de encuentro con Dios.[6]

 

PERDIENDO EL RUMBO EN LA ADORACIÓN.

Como señal distintiva, los cultos de las Iglesias pentecostales siempre han sido cultos participativos en los cuales todos los creyentes pueden cantar, predicar, dar testimonio y orar públicamente. Pero esto está cambiando de forma peligrosa y amenaza con destruir las bases mismas sobre las cuales se fundamenta nuestra liturgia. Hoy día, en las iglesias carismáticas y neo carismáticas los cultos son dirigidos por los “especialistas”, las prédicas se parecen más a conferencias masivas orientadas a subir la “autoestima” de los fieles, se recorta la participación de la membresía en el púlpito (los cantos especiales, los testimonios o las oraciones), y los cantos parecen ser una suerte de gimnasia colectiva que los desconecta de la realidad en la que viven.[7]

En muchas iglesias pentecostales modernas, los cultos se asemejan a conferencias, en las cuales el tema central se basa en la búsqueda de soluciones prácticas para los problemas de la vida cotidiana, los pasos para alcanzar la plenitud financiera, la autorrealización, vida conyugal, etc. Los temas clásicos pentecostales como la santidad, la persona del Espíritu Santo, la obra de Cristo en la cruz, entre otros, ahora son dejados para la Escuela Dominical. Esta transformación del culto está haciendo que los dones del Espíritu ya no estén presentes en las reuniones.

Debe tenerse en cuenta que, en sus inicios, las iglesias pentecostales no tenían ministerios ni ministros de alabanza, todo el pueblo cantaba, los cultos eran participativos y había horizontalidad en el canto. La democracia del Espíritu, más que un discurso, era una realidad visible. Los aleluyas y los gloria a Dios eran espontáneos, señal de una relación fresca y cotidiana con Dios, expresión visible y genuina de vigor espiritual. En los cultos pentecostales no había sonidos innecesarios ni estridentes de instrumentos musicales, ni “ungidos” dirigiendo los cantos, sino un pueblo que adoraba al compás del Espíritu, con cantos y palabras de alabanza nacidas del corazón, fruto de una experiencia espiritual intensa que daba cuenta de la presencia de Dios caminando en y con el pueblo de a pie reunido en el culto. El sacerdocio de todos los creyentes era una realidad cotidiana, una señal de la democracia en el Espíritu, todos los creyentes eran ministros y tenían acceso directo al Dios de la vida en el nombre de Jesús y en el poder del Espíritu. ¡Cuánto ha cambiado el contenido, la estructura, y la naturaleza festiva de nuestros cultos! En un porcentaje creciente de iglesias pentecostales de todas las denominaciones, ¡el espectáculo ha reemplazado al culto! ¡El exhibicionismo al encuentro con Dios! ¡Los profesionales del canto al canto libre del pueblo de a pie!

La dinámica pentecostal está cambiando, y no necesariamente para bien. Y es que con un nuevo estilo de culto neo pentecostal, en donde se pone como prioridad un mensaje completamente motivacional y en donde se busca además, proyectar una imagen agradable a los que visitan por primera vez la congregación, las manifestaciones sobrenaturales no tienen más espacio, pues ellas “asustan” y alejan a los que visitan por primera vez la congregación pentecostal. En el culto neo pentecostal pareciera que el ser humano pasa a ser el centro (antropocentrismo), pareciera también que todo es para él (letras de las canciones, el mensaje de la Palabra, testimonios) y que es realizado con la intención de satisfacer sus propias necesidades. Es decir, es un culto que busca captar la atención del hombre, ya no de Dios. Más emocionalismo y dramatismo es buscado y apreciado por los creyentes, convirtiendo el culto a Dios en un mero espectáculo diseñado para complacer al hombre y buscar su comodidad más que adorar a Dios.

Hoy, más que manifestaciones del Espíritu, los cultos pentecostales sobresalen por el uso de la tecnología, las luces, la predicación motivacional y una alabanza contemporánea. Este tipo de iglesia “modernizada” hace del culto un acto de “recibir de Dios su bendición” y ya no de “darle a Dios la adoración”.

 

HEMOS PERDIDO EL RUMBO DE NUESTRA ADORACIÓN.

La adoración está reservada sólo a Dios. Sólo Él es digno de ser adorado (Apocalipsis 19:10). Los pentecostales sabemos esto de memoria. Sin embargo, pareciera que hemos perdido el rumbo. En un intento por autocomplacernos y hacer de nuestra adoración un espectáculo socialmente aceptable o, cuando menos gratificante a los sentidos, hemos terminado adorándonos a nosotros mismos y a nuestros gustos particulares. Esto se debe a que hemos olvidado lo que significa adoración.

Hemos llenado nuestros templos con el ruido de los instrumentos, pero los hemos vaciado de poder de lo alto. Hemos colmado de luces, humo y grupos de danza nuestros servicios religiosos, pero la presencia de Dios ha abandonado nuestros templos. Hemos sustituido a los verdaderos adoradores y en su lugar hemos puesto actores profesionales disfrazados de ministros de alabanza. Peor aún, hemos sustituido las letras edificantes de nuestros himnos por música frívola y doctrinalmente incorrecta. De nosotros, Dios bien podría decir: “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” (Jeremías 2:13, NVI).

Quizá debamos preguntarnos nuevamente ¿Qué significa adorar? Adorar proviene del término adoris del latín formado por el prefijo ad (hacia) más el verbo orare (hablar). Adorar es pues, en su etimología, hablar hacia Dios o a Dios. Adorar, por lo tanto, no se trata de nosotros, sino de Dios. No se trata de nuestros gustos personales o de agradarnos a nosotros mismos, sino a Dios. No se trata de un show elaborado que satisfaga nuestras expectativas y alegre los sentidos, pues la adoración auténtica no proviene de la carne, sino del Espíritu: “los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” (Juan 4:23-24, NVI).

Adorar a Dios implica hacer las cosas a su manera, no a la nuestra, pues de lo contrario quizá estemos introduciendo fuego extraño en la adoración a nuestro Dios (Levítico 10:1-11). Nuestra liturgia debe amoldarse a la palabra de Dios, no a las modas del mundo: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19). Haríamos bien en seguir el consejo de Pablo: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI).

Amados hermanos pentecostales: “Así dice el Señor: Deténganse en los caminos y miren;  pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado.” (Jeremías 6:16).

 

REFERENCIAS:

[1] Real Academia Española, consultado en línea en: https://dle.rae.es/?id=NSUsi9e

[2] James Swanson, Diccionario Swanson, pp. 3311.

[3] Clement, A. (2003). Los pentecostales y carismáticos. U.S.A.: Editorial Concordia.

[4] López, D. (2006). La fiesta del Espíritu: espiritualidad y celebración pentecostal. Lima: Ediciones Puma.

[5] Dayton, D. (1996). Raíces Teológica del Pentecostalismo. Buenos Aires, Argentina: Editorial Nueva creación.

[6] Schutmaat, A. (1985). Culto cristiano. San José, Costa Rica: Sebila.

[7] López, Darío. Pentecostalismo y Misión Integral. Teología del Espíritu, teología de la vida, p. 110, Puma, 2008.

Arminianismo Clásico, Misionología, Pentecostalismo Clásico

Teología arminiana y poder pentecostal, claves del éxito misionero.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Sin lugar a duda, la soteriología dominante de una iglesia  moldea de manera indeleble su cultura (la forma en que la gente piensa y piensa) para la misión. Una de las suposiciones más básicas del misionero encarnado es asumir que Dios ya está involucrado en la vida de cada persona y los está llamando a sí mismo a través de su Hijo. Esto significa que el Dios misionero ha estado activo durante mucho tiempo en la vida de una persona. Nuestro trabajo principal es tratar de ver dónde y cómo Dios ha estado trabajando y asociarnos con él para llevar a la gente a la redención en Jesús. Esta es básicamente la comprensión arminiana de la gracia preveniente. En ella reside la motivación o razón de ser de las misiones pentecostales.

Entendiendo lo anterior, no resulta extraño ver el estancamiento de las misiones en iglesias reformadas o calvinistas. Si bien la mayoría de los calvinistas sostienen la creencia en la  “gracia común”, no se entiende que tenga un propósito salvífico. La comprensión arminiana de la gracia preveniente difiere de la concepción calvinista de la gracia común en un área importante. En el esquema calvinista, la gracia común no conduce ni puede conducir a la salvación. Funciona para contener el mal en el mundo pero no lleva a los incrédulos a la fe. Para los arminianos, la gracia preventiva puede llevarnos a la salvación.

Además, la forma en que entendamos la doctrina de la elección y la predestinación determina, de forma ineludible, nuestra misionología. Si elegidos lo son de forma incondicional, si la gracia es irresistible y cada suceso de nuestra vida depende del decreto divino ¿Por qué esforzarnos? De todos modos, los que deban ser salvos lo serán de cualquier manera ya que no pueden hacer otra cosa ¿O no? ¿Qué importancia tiene nuestra pasión o indiferencia para cumplir con la Gran Comisión si, al final, todo está predestinado?

¿CÓMO CAMBIA LA TEOLOGÍA ARMINIANA NUESTRA VISIÓN DEL MUNDO?

En comparación con el calvinismo, el arminianismo tiende hacia una visión del mundo más misional y centrada en el evangelismo y el discipulado. Mientras que el calvinismo tiende a una cosmovisión determinista, que lleva a lo que se ha llamado una “Teología de la Resignación”, la teología arminiana nos alienta a usar un lente evangélico y misional en todas nuestras interacciones, y por lo tanto se convierte en una “Teología de la Práctica”.

El arminianismo es de naturaleza misional pues da sentido real a los esfuerzos misioneros. Como Dios ama a cada persona, y desea, según las Escrituras, la salvación de cada persona, el deber del creyente arminiano es compartir con otros las buenas nuevas pues cada ser humano es candidato a la salvación, no solo un grupo reducido de “electos”. Esta verdad bíblica motiva al creyente a dar testimonio de su fe en Cristo para la salvación de los demás. El evangelismo es el corazón de Dios y de la teología arminiana. ¿Por qué? Porque a diferencia del calvinismo, el arminianismo, y de hecho el evangelio, no descarta a nadie de la gracia y la salvación. Saber que Dios está activo en cada encuentro del evangelio nos da una visión más misional que en las iglesias calvinistas e hipercalvinistas.

El hecho de que la gracia preveniente de Dios, que permite y hace creer en Cristo, se ofrezca a cada ser humano a través de la comunicación de la Iglesia del evangelio es de una inmensa importancia misiológica. A medida que la Iglesia lleva a cabo su tarea misionera, puede confiar no solo en que Cristo ha muerto por todos, sino también en que existe un poder inherente en la proclamación y demostración del evangelio, ya que es a través de la misión de la Iglesia que Dios hace que Su gracia esté disponible y la gente sea capacitada para arrepentirse y creer, y así experimentar la conversión.

El arminianismo, entonces, nos impulsa, todos los días y con cada parte de nuestras vidas, a involucrar a quienes nos rodean con el Evangelio, sabiendo que Dios ya los está buscando y que estamos cooperando en su búsqueda.

EL PROBLEMA DE LA COSMOVISIÓN CALVINISTA

El teólogo calvinista Wayne Grudem, en su popular Teología Sistemática, sugiere que el calvinismo debería fomentar el evangelismo ya que “garantiza que habrá algún éxito.”[1] Para los calvinistas, lLa elección es la garantía de que su evangelización tendrá cierto éxito, porque sabe que algunas de las personas con las que habla serán las elegidas, y creerán el Evangelio y serán salvas. Esto es como si alguien nos invitara a venir a pescar y dijera: “Te garantizo que pescarás un poco, están hambrientos y esperando”. Pero, ¿Esto realmente funciona en la práctica? Por un lado, Grudem no puede garantizar que habrá algún éxito. Si, como enseña el calvinismo, la persona con la que estamos compartiendo el evangelio no ha sido elegida desde la fundación del mundo, no hay nada que nuestra predicación pueda hacer para cambiar eso. Lo que realmente parece tener en mente es un evangelismo amplio pero poco profundo. Esta es la misma actitud que le permitió a Whitefield creer que la esclavitud podría usarse para el evangelismo. Whitefield creía que la esclavitud, a pesar de su brutalidad y crueldad, facilitaba el evangelismo al exponer a los africanos al cristianismo.

Quiérase o no, el determinismo teológico calvinista convierte el evangelismo en un juego: En este punto de vista, el evangelismo deja de ser el proceso mediante el cual rescatamos a los perdidos “arrebatándolos de las llamas del juicio” (Judas 1:23), pasando a ser apenas una frívola y burlesca pantomima[2], ya que solo los elegidos desde la eternidad responderán, y esos mismos responderán eventualmente a la gracia irresistible de Dios independientemente de su llamado. En el mejor de los casos, los calvinistas pueden consolarse pensando que son el medio que Dios usó para salvar a los elegidos. Es comprensible, entonces, por qué hay poca motivación real para el evangelismo entre los calvinistas, especialmente frente a la persecución. Si es solo un juego, si los elegidos se salvarán y los perdidos se perderán independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer, ¿Por qué debería arriesgarme a ser rechazado, o perseguido por hacer algo irrelevante? ¿Acaso no obtendríamos el mismo resultado si de guardamos silencio?

Por supuesto, no todos los creyentes en el calvinismo son indiferentes al evangelismo. Hay muchos calvinistas que sienten pasión por compartir el evangelio. Sin embargo, esto es a pesar de su calvinismo y no a causa de él.

WHITEFIELD Y SPURGEON: ¿MODELOS DE CALVINISMO EVANGELÍSTICO?

En su artículo “How to Teach and Preach Calvinism”, John Piper escribe: “Haz que Spurgeon y Whitefield sean tus modelos en lugar de Owen o Calvino, porque los primeros eran evangelistas y ganaron a muchas personas para Cristo de una manera que está más cerca de nuestros días.”[3]

Si Whitefield y Spurgeon son los modelos de éxito de los evangelistas calvinistas exitosos, ¿Qué podemos aprender de sus ministerios? Si observamos más de cerca sus ministerios, encontramos que ambos hombres fueron acusados ​​por los otros calvinistas en su día de ser “arminianos”. El  calvinismo de Whitefield llegó a ser tan sospechoso, por decir lo menos, debido al tipo de predicación evangelística que realizaba, que los mismos bautistas particulares se burlaron abiertamente del “dialecto arminiano” de Whitefield”.[4]

 Según investigaciones realizadas en 1876 por Luke Tyerman, en los primeros años de su ministerio George Whitefield era un arminiano declarado.[5] Whitefield cambió su posición por razones puramente pragmáticas, es decir, para obtener el patrocinio de la Condesa de Huntingdon y obtener más fácilmente el apoyo de los ministros disidentes. De hecho, el pensamiento de Whitefield sobre la soteriología reformada no se resolvió hasta después de 1739. Doctrinas calvinistas como la elección, perseverancia de los santos y expiación particular o “limitada” no constituyeron jamás el núcleo de la enseñanza de Whitefield. El mismo Whitefield “no estaba completamente claro en su propia comprensión de ello”.[6] Ciertamente, la pasión evangelística de Whitefield no se derivó del calvinismo, sino de sus raíces arminianas. En una carta a John Wesley fechada el 25 de agosto de 1740, Whitefield declaró que “nunca había leído a Calvino”, lo que lo llevó a concluir que “ni era un seguidor de Calvino o John Knox como tal”.[7]

De Spurgeon, el historiador bautista A. C. Underwood escribió:

 “Su sermón sobre “Fuércenlos a entrar” fue criticado como arminiano… A sus críticos, él respondió: “Mi Maestro puso Su sello en ese mensaje. Nunca prediqué un sermón por el cual tantas almas fueron ganadas para Dios… Si se piensa que es algo malo pedirle al pecador que se apodere de la vida eterna, seré aún más malvado a este respecto e imitaré aquí a mi Señor y a Sus apóstoles.[8]

Dadas estas acusaciones de sus contemporáneos, debería ser obvio que Spurgeon y Whitefield eran las excepciones a la práctica evangelística del calvinismo en lugar de cualquier tipo de regla. Fueron más bien sus acuerdos teológicos con el arminianismo lo que avivó la llama de su pasión evangelística.

PODER DE LO ALTO, CLAVE DEL ÉXITO MISIONERO PENTECOSTAL.

Pero la teología arminiana no es la única clave del éxito misionero de nuestras denominaciones pentecostales. Si bien nuestra teología arminiana nos da una razón legítima para hacer misiones, nuestra praxis pentecostal, con la experiencia sobrenatural del bautismo en el Espíritu Santo, nos proporciona el poder para cumplir con la Gran Comisión de forma exitosa.

Muy a pesar de sus oponentes el pentecostalismo, en tan solo 100 años de existencia, se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Esto le ha merecido la atención de estudiosos de la religión, teólogos, y especialmente de las Iglesias históricas para las cuales se ha transformado en un verdadero desafío. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 los pentecostales totalizaban 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones de pentecostales en todo el planeta. En varios países tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes históricas (y esto incluye las iglesias reformadas o calvinistas) corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías.

De acuerdo con el Consejo Mundial de Iglesias y muchos otros expertos, el cristianismo mayoritario en el s. XXI será de color, liturgia y teología pentecostal. Sin lugar a dudas la mayoría cristiana evangélica en América Latina es ya pentecostal. Pero ¿A qué se debe el éxito misionero y evangelístico del movimiento pentecostal? Los pentecostales respondemos sin dudarlo: ¡Al poder de lo alto impartido a través del bautismo en el Espíritu Santo!

El bautismo en el Espíritu Santo ha sido la clave del éxito misionero y evangelístico pentecostal. Sin embargo, ciertos peligros se ven venir sobre el movimiento pentecostal moderno. El bautismo en el Espíritu Santo es una provisión poderosa que añade poder sobrenatural a la vida y ministerio de cualquier creyente. Hoy, ministerios que tratan de evangelizar a un mundo perdido y muriendo en pecado y miseria, enfrentan desafíos enormes. Es beneficioso que cada creyente entienda adecuadamente lo que Dios ha provisto y aproveche de ello, recordando las palabras de Jesús cuando comisionó a sus discípulos: “Yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49).

Entender el papel que el bautismo en el Espíritu Santo ha desempeñado en nuestra historia y éxito ministerial resulta instructivo. El 20 de noviembre de 1998, el erudito pentecostal Vinson Synan presentó un artículo a la Evangelical Theological Society [Sociedad evangélica teológica] titulado, “Policy Decisions on Tongues As an Indicator of Future Church Growth [La política de decisiones sobre lenguas como una indicación del crecimiento futuro de la iglesia].”   Synan demuestra en su artículo que pentecostales han sido dramáticamente más exitosos en plantar y crecer iglesias que los que han rechazado el entendimiento pentecostal del bautismo en el Espíritu Santo y la necesidad de hablar en lenguas.  Sus estadísticas vienen del desarrollo de las misiones pentecostales en el siglo xx. En Chile, los metodistas crecieron aproximadamente 5,000 miembros, mientras los pentecostales crecieron 2.371.000. En Brasil, los bautistas crecieron a 1.050.000, mientras los pentecostales crecieron a más de 21 millones. Internacionalmente, la Alianza Cristiana Misionera creció a 1.9 millones, mientras las Asambleas de Dios han sobrepasado los 70 millones.  No es posible ignorar estas estadísticas.

Estos logros son la razón de que el Fuller Seminary decidiera estudiar las misiones pentecostales debido al éxito espectacular del ministerio pentecostal. Otros eruditos están sacando las mismas conclusiones. Philip Jenkins, profesor distinguido de historia y estudios religiosos en Pennsylvania State University, escribió recientemente un nuevo libro, The Next Christendom [El siguiente cristianismo], en donde él demuestra que los patrones de crecimiento de los pentecostales harán que el siglo XXI sea un siglo pentecostal.  El ministerio pentecostal no es un poco más eficaz. Hace una diferencia dramática.  El bautismo en el Espíritu Santo provee una cantidad significante de poder para el ministerio sobrenatural resultando en logros asombrosos para el reino.

CONCLUSIÓN.

Muchos pentecostales modernos, en su búsqueda por la aprobación de la comunidad evangélica en general, y frente al ataque continuo del calvinismo que busca infiltrarse en las iglesias pentecostales de forma abusiva, suelen avergonzarse de la misma cosa que los ha hecho eficaces: su soteriología arminiana, su enfoque emocional y apasionado de la vida y ministerio, y su énfasis en la experiencia sobrenatural del bautismo en el Espíritu Santo. Pero ¿Por qué deberíamos desear imitar la teología y ausencia de poder espiritual de aquellos que, por envidia o por cualquier otra razón, nos critican por ser como somos? ¿Es la decadencia moral y espiritual de las iglesias protestantes históricas algo digno de imitar? ¿Por qué deberíamos coquetear con una teología que ha probado ser fría, anti misionera y que limita a Dios? ¡No deberíamos!

Los pentecostales jamás debemos avergonzarnos la misma cosa que nos ha hecho tan efectivos en la obra del ministerio. Nuestra soteriología arminiana nos permite predicar con pasión sabiendo que Dios desea que todos sean salvos; nuestra firme creencia en el bautismo en el Espíritu Santo nos ha revestido del poder necesario para cumplir con la Gran Comisión y, de esta manera, crecer tanto en tan poco tiempo. Jamás renunciemos a ambos distintivos de nuestra fe. Seamos humildes, pero a la vez valoremos y honremos nuestro legado.

REFERENCIAS.

[1] Wayne Grudem, Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica (2007), Editorial Vida, Miami, FL. Pp. 674.

[2] Representación teatral. Engaño o fingimiento para ocultar una cosa.

[3] John Piper, How to teach and preach “Calvinism”. Artículo publicado en: https://www.desiringgod.org/articles/how-to-teach-and-preach-calvinism (Consultado el 28/03/2019).

[4] James E. Tull, Shapers of Baptist Thought (2000), Mercer University Press, pp. 80.

[5] Luke Tyerman, The Life of the Revd. George Whitefield, B.A., of Pembroke College, Oxford. Volume I (London: Hodder and Stoughton, 1876), pp. 275.

[6] Arnold A. Dallimore, George Whitefield: The Life and Times of the Great Evangelist of the 18th Century Revival. Volume 2 (Banner of Truth Trust, 1980), pp. 25-26.

[7] George E. Clarkson, George Whitefield and Welsh Calvinist Methodism (Lampeter: Edwin Mellen Press, 1996), pp. 21.

[8] A. C. Underwood, A History of English Baptist , pp. 203-206.

Arminianismo Clásico, LEGALISMO Y TENDENCIAS JUDAIZANTES, Pentecostalismo Clásico

Atrapados entre la santidad y el legalismo

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La mayoría de las iglesias latinoamericanas, especialmente las pentecostales, fueron influenciadas por el movimiento de santidad originado en los Estados Unidos, a fines del siglo XIX. Este movimiento puso énfasis en la santidad personal como medio para agradar a Dios, y si bien esta enseñanza es correcta, se hace en desmedro de otra doctrina que otrora fue el pilar del mensaje evangélico, la mecha que encendió la Reforma del siglo XVI y a la cual el apóstol Pablo dedicó una parte central en sus cartas: la salvación por gracia. Somos salvos, no porque hayamos impresionado a Dios con nuestra conducta “santa”, sino por los méritos de Cristo en la cruz, y a esta salvación por gracia se accede sólo por medio de la fe (Romanos 1:17; Efesios 2:8-9). La santidad es una consecuencia de la obra del Espíritu Santo en el creyente, no un requisito para que éste obre. Sin embargo, el movimiento de santidad influyó en el naciente pentecostalismo de principios del siglo XX para que pusiera énfasis en la santidad en desmedro de la gracia.

Dicho énfasis ha hecho que el evangelio se predique desde una especie de pedestal de superioridad moral, se espera de un cristiano que está llamado a ser más santo que el resto de los mortales, pasando por alto que seguimos siendo pecadores. Este énfasis es notorio cuando en el punto de predicación recitamos el texto de 1 Timoteo 1:15 “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores…” y omitimos la última parte del versículo: “De los cuales yo soy el primero”. O sea, Pablo seguía considerándose pecador aún después de su conversión, pero a nosotros parece que nos avergüenza reconocerlo públicamente.

Este énfasis en la santidad personal en desmedro de la gracia, hace que los pastores prediquen un “estándar de santidad” que ha convertido al Evangelio en un conjunto de reglas morales que debemos cumplir para alcanzar la santidad “sin la cual nadie verá a Dios”. Buscar la santidad no es incorrecto, pero ¿Qué ha pasado con la cruz de Cristo? Pues ha pasado a ser “una más” de las tantas doctrinas de la Biblia que se dan por sabidas.

A todo eso, sumemos el hecho de que la moralidad o santidad se entienden, no necesariamente según la Biblia, sino según los usos y costumbres de la época en que nuestros ancianos conocieron el evangelio, esto es, la primera mitad del siglo XX. Por lo tanto, todos los cambios sociales y culturales ocurridos después son considerados pecaminosos, inmorales o mundanos, ya sea que vayan o no en contra de lo que la Biblia enseña. Por el sólo hecho de ser “novedosos”, son merecedores de la mayor sospecha, para que “el mundo no entre a la iglesia”. Sin quererlo, en nuestras iglesias la Biblia dejó de ser nuestra norma de fe y conducta, para ser reemplazada por los usos y costumbres de la sociedad conservadora de mediados del siglo XX. La Escritura la usamos solamente para justificar nuestras ideas preconcebidas respecto de lo que culturalmente entendemos como santo o impuro.

¿Cuál es el efecto de esto? Muchos de nuestros amados y valiosos jóvenes, llegados a cierta edad, deciden salir de sus congregaciones, y no por una rebeldía sin causa: muchas veces ni siquiera es una rebeldía contra Dios o contra el evangelio, sino contra un sistema religioso, una estructura eclesiástica que oprime y aísla a quienes no encajan en la subcultura evangélica.

PONIENDO SAL EN LA HERIDA.

Antes de proseguir quiero aclarar algo: No estoy promoviendo que nos olvidemos de la santidad para irnos a un libertinaje sin ley, sino que aprendamos a armonizar la santidad y la gracia; que son complementarias; pues sin la gracia, la santidad es imposible. No debemos olvidar que la ley de Dios nos fue dada como parte de la gracia, y no como algo contrario a ella. No debemos abandonar el extremo del legalismo para irnos al extremo opuesto del antinomianismo.[1] Debemos vivir en el justo equilibrio del evangelio, y recordar que nuestra única regla de fe y conducta es la Biblia y no el contexto cultural en que la aprendimos. Lamentablemente, pareciera que muchas congregaciones pentecostales hemos caído en dos graves errores:

  1. Hemos olvidado la doctrina de la salvación por gracia por medio de la fe, para terminar predicando un mensaje moralista de salvación por la buena conducta.
  2. No sabemos distinguir entre el evangelio y el contexto cultural en que nuestros antecesores en la fe lo aprendieron, lo cual hace que terminemos enseñando los usos y costumbres de principios o mediados del siglo XX, en vez del evangelio mismo.

Estos dos gravísimos errores nos muestran como un mal entendimiento teológico puede llevar a una mala práctica que es dañina para la iglesia. Como pastores y líderes eclesiásticos, llamados a velar por las almas de nuestro rebaño, debemos exponer las deficiencias de un sistema religioso que no da toda la gloria a Cristo, ni pone a su evangelio en el lugar que se merece, causando con ello mucho daño a las congregaciones.

¿QUÉ ES EL LEGALISMO?

Hablar del legalismo en la cristiandad no es fácil, pues suele causar crispación entre los mismos creyentes. Por eso, antes de definir lo que es el legalismo, es necesario aclarar lo que no es. Para empezar:

  1. Procurar crecer en santidad diariamente no es legalismo: La voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4:3), pues la meta del cristiano es ser perfecto en Cristo (Colosenses 1:8). El apóstol Juan afirma: “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.” (1 Juan 3:3).
  2. Vivir una vida piadosa, que toma seriamente la ley de Dios y la ética cristiana, no es legalismo. Jesús lo expresó así: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). No obstante, recordemos cómo resumió Jesús toda la ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” y «amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-40).
  3. Limitar mi libertad por amor al hermano no es legalismo. Pablo lo explicó claramente: “Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.” (Romanos 14:13).

Entonces ¿Qué es el legalismo? El legalismo es una posición doctrinal que enfatiza un sistema de reglas y reglamentos, para alcanzar tanto la salvación como el crecimiento espiritual. Los legalistas creen que es necesaria la estricta adherencia literal a esas reglas y reglamentos. Doctrinalmente, es una posición esencialmente opuesta a la gracia. Aquellos que sostienen una postura legalista, pueden fallar aún en ver el propósito real de la ley, especialmente el propósito de la Ley de Moisés en el Antiguo Testamento, el cual es el ser nuestro “ayo” o “tutor” para traernos a Cristo (Gálatas 3:24).

Aunque los practicantes de dicha posición doctrinal no puedan verlo, el legalismo es el intento por parte del hombre de ganar el favor de Dios por medio de la obediencia estricta a una serie de normas o leyes. Dicho de otra forma, es el intento de ser justificado y salvado (Romanos 3:20; 9:31-32) o de crecer en santidad por medio de la obediencia a la ley. Respecto a nuestra disposición, el legalismo es lo opuesto a ser compasivo, y así, aún los creyentes pueden ser legalistas.

EL LEGALISMO JAMÁS NOS HARÁ SANTOS, EN VEZ DE ESO NOS SEPARA DE CRISTO.

A pesar de las afirmaciones de los creyentes legalistas, seguidores de una falsa santidad anti bíblica, la Palabra de Dios jamás nos enseña que nuestra santidad, justificación o redención dependen de la obediencia de la ley. Por el contrario, la Biblia afirma:

“Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado.” (Romanos 3:20, NVI)

“Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige.” (Romanos 3:28, NVI)

Si las obras no pueden justificarnos ante Dios, entonces, ¿De qué depende nuestra justificación, santificación y redención? La Biblia también responde a esta pregunta:

“Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado.” (1 Corintios 1:30, NTV).

Debemos hacernos tres preguntas respecto al texto anterior: ¿Gracias a quién estamos unidos a Cristo Jesús? Gracias a Dios. No a la ley. ¿Qué nos hace justos, puros y santos ante Dios? Cristo. No la ley. ¿Qué nos libera del poder del pecado? Cristo. ¡No el cumplimiento de la ley! No hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame más, ni nada que podamos hacer para que Dios nos ame menos. El amor de Dios es incondicional, esto significa que no depende de los méritos del hombre. Si hemos sido justificados, si Dios nos considera uno de sus santos, y si un día disfrutamos de la vida eterna en toda su plenitud, habrá sido únicamente por los méritos de Jesucristo en favor nuestro, para que, como está escrito: “Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor” (1 Corintios 1:31). Si no entendemos esto, entonces no entendemos el evangelio. Lamentablemente, muchos que se hacen llamar “evangélicos” desconocen el evangelio.

Esta actitud legalista estaba ya presente en los primeros años de la iglesia. Tanto es así que el apóstol Pablo escribe su carta a los Gálatas con la intención de refutar las enseñanzas legalistas dentro de la iglesia. En aquella iglesia, un grupo de “maestros” insistían en que la salvación y la santidad de los creyentes dependían de la observancia de ciertos ritos y leyes. Es probable que algunos de estos maestros tuvieran buenas intenciones al enseñar; sin embargo, para el apóstol esto constituía una gravísima amenaza al verdadero evangelio, pues violaba las enseñanzas del evangelio de la gracia. El disgusto de Pablo queda más que evidenciado en su tempestuosa introducción a la carta:

“Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio, sólo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema. Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.” (Gálatas 1:6-10).

Parafraseando al apóstol en un lenguaje más moderno y coloquial, diría:

“¡No puedo creerlo! Vosotros, que fuisteis llamados por la pura gracia de Dios, ahora predicáis y enseñáis un evangelio lleno de reglas del tipo: “No gustes, no comas, no toques, no te pongas, no te pintes…”. Los que tal hacen están corrompiendo y malinterpretando el evangelio, haciendo un evangelio totalmente diferente y falso. Pero si el pastor que tanto aprecias y tiene tantos años de experiencia o incluso un ángel te predica un evangelio que pretenden justificarte o hacerte más santo por las obras, considéralo un maldito. ¿Buscas agradar a tu pastor o a los hombres religiosos? ¿O buscas agradar a Dios? Pues si tu deseo de agradar a cualquier hombre está por encima de tu deseo de agradar a Dios, entonces, no eres digno de llamarte servidor de Cristo”.

Pablo, el apóstol que condena las obras como un modo de justificarse o de agradar a Dios es el mismo que se describe así mismo, antes de su conversión a Cristo, como un observador y cumplidor irreprensible de la ley (Filipenses 3:6). ¡Él sabía de lo que hablaba!

Tristemente, este tipo de legalismo aún continúa dándose en muchas congregaciones. En un legítimo y bienintencionado deseo de luchar contra el pecado y procurar la santidad, algunas congregaciones pueden caer sutilmente en el legalismo. ¡Que Dios nos ayude a disfrutar de las riquezas de su gracia!

IDENTIFICANDO A UN LEGALISTA.

Pero ¿Cómo puedes identificar a un creyente legalista mi iglesia? O mejor aún ¿Cómo puede identificar si yo mismo soy un legalista? El creyente legalista posee ciertas características distintivas, entre ellas:

(1) EL CRISTIANO LEGALISTA ENFATIZA LOS CAMBIOS EXTERNOS, NO LOS INTERNOS.

En su lucha contra el pecado, reducen la vida cristiana a una cuestión de conducta externa. Por ejemplo, para no caer en lujuria, prohíben a las mujeres usar pantalones o faldas por encima de la rodilla, maquillarse, pintarse las uñas, etcétera; para no caer en adulterio prohíben ir a la playa; para evitar la vanidad prohíben llevar aretes, pendientes, anillos o relojes. La consecuencia es que uno será mejor o peor cristiano en la medida en que acate con mayor fidelidad todos estos preceptos. Si diezmas, usas faldas por debajo de la rodilla, no vas a la playa ni usas cualquier tipo de cosmético, entonces, estarás agradando a Dios. Esto implica que aquellas mujeres –por continuar con el ejemplo– que usan pantalones, se maquillan y llevan colgantes y anillos están siendo menos santas o directamente rebeldes y desagradables a Dios.

El problema de enfatizar los cambios externos es que esto no soluciona el verdadero problema, que es interno; el corazón. A los fariseos que tanto cuidaban la fachada, es decir, lo externo, Jesús les llamó “Sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27). Se nos olvida que incluso las mejores obras a los ojos de los hombres pueden ser las que procedan del corazón más sucio a los ojos de Dios. Con todo, Jesús nos enseña constantemente que el cristianismo es asunto del corazón. Nada más empezar su ministerio terrenal expresó: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8) ¿Quiénes verán a Dios? ¿Los que guardan preceptos externos? No, sino los limpios de corazón. En tiempos de Cristo, si los religiosos se jactaban de no haber cometido adulterio y de cumplir así la ley, Jesús les decía: “El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Si alguno creía que estaba cumpliendo con Dios asistiendo legalistamente al “culto” (sinagoga) y cantándole con la boca, Jesucristo les reprochaba: “Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mí”. Jesús siempre apunta al corazón. En cambio, el legalista apunta a lo externo. Según Jesús, todos los pecados y malas acciones de los hombres provienen del interior, no de lo externo: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Marcos 7:21-23). Todo lo que contamina al hombre, toda impureza, todo pecado del tipo que sea, procede del corazón. Por tanto, si queremos conseguir cambios auténticos en nuestra propia vida o en la vida de otra persona o congregación, debemos apuntar y trabajar siempre con el corazón, no con lo externo. Las congregaciones que imponen normas humanas y prescripciones pesadas a sus feligreses en aras de buscar la santidad, en realidad están corriendo en la dirección contraria. Quizá sus pretensiones sean de buena fe, pero no producirán nunca cambios auténticos en el corazón; por tanto, cualquier cambio externo será solo de apariencia, para agradar a los hombres, pero no para agradar a Dios. Tales personas están haciendo la puerta estrecha más estrecha de lo que es, atando pesadas cargas en las espaldas de los demás que ni ellos mismos pueden llevar. Ya advirtió Jesús de los tales: “¡Ay también de vosotros, intérpretes de la ley!, porque cargáis a los hombres con cargas difíciles de llevar, y vosotros ni siquiera tocáis las cargas con uno de vuestros dedos” (Lucas 11:46).

Esta es la razón por la que la Escritura nos enseña una y otra vez que los cambios genuinos y sinceros deben producirse internamente, en el corazón. Y, posteriormente, esta purificación interna se manifestará hacia lo exterior progresivamente por la obra del Espíritu de Dios. La Biblia nos enseña cómo Dios trabaja en el hombre: “Entonces les rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas sus inmundicias y de todos sus ídolos les limpiaré. Además, les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi espíritu y haré que anden en mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente mis ordenanzas.” (Ezequiel 36:26-27) El trabajo de Dios siempre comienza con el corazón, no con lo externo. El texto no dice: “Cumplan mis estatutos y, entonces, tendrán un nuevo corazón”, como si la obra debiera hacerse de afuera hacia dentro. Por otra parte, ¿qué o quién hará que andemos en los estatutos y ordenanzas divinas? El texto dice claramente que esa será una obra divina ejercida en favor del hombre, resultado natural de un cambio de corazón. La razón por la que este cambio externo debe ser llevado a cabo por Dios es porque el ser humano está totalmente incapacitado para arreglar su depravado corazón, aunque se imponga a sí mismo toda una serie de estrictas ordenanzas. Con razón Jesús condenaba a los legalistas que insistían en lo externo: “Resulta que ustedes los fariseos -les dijo el Señor-, limpian el vaso y el plato por fuera, pero por dentro están ustedes llenos de codicia y de maldad.” (Lucas 11:39, NVI).

(2) EL LEGALISTA LUCHA CONTRA EL PECADO POR MEDIO DE PROHIBICIONES DEL TIPO: “NO TOQUEN ESTO”, “NO COMAN ESO”, “NO PRUEBEN AQUELLO”, “NO UTILICEN ESTO OTRO”.

El legalismo trata de conseguir el favor de Dios por medio del esfuerzo humano. En cambio, el cristiano que ha entendido el evangelio lucha contra el pecado no guiado por leyes, sino por el Espíritu. Sus armas son la Palabra de Dios, la fe, la coraza de justicia, el evangelio de la paz, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu (Efesios 6:10-17). Pablo advirtió a la iglesia de Colosas contra el legalismo de su entorno. “Ustedes están unidos a Cristo por medio de su muerte en la cruz, y ya no están sometidos a los espíritus que gobiernan este mundo. Entonces, ¿por qué se comportan como si todavía estuvieran bajo su dominio? ¿Por qué obedecen a quienes les dicen “no toquen esto”, “no coman eso”, “no prueben aquello”? Esas reglas no son más que enseñanzas humanas, que con el tiempo van perdiendo su valor.” (Colosenses 2:20-22, NVI).

(3) EL LEGALISTA LUCHA CONTRA EL PECADO CON MOTIVACIONES EQUIVOCADAS.

Mientras el cristiano que ha entendido el evangelio lucha contra el pecado porque ama a Dios con todo su corazón y no desea desagradarle, no quiere contristar al Espíritu que habita en él y porque la gracia de Cristo en favor suyo le enseña a renunciar a toda impiedad; el legalista lucha contra el pecado para salvaguardar su reputación religiosa o su imagen pública, para tener una conciencia más tranquila consigo mismo, para dar una apariencia de piedad, en definitiva, para agradar al ojo humano. La Biblia enseña que el legalista se gloría en cumplir leyes: “El Fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos” (Lucas 18:1). En cambio, el creyente que entiende el evangelio se gloría en vivir a Cristo: “para que, como está escrito: “Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor”” (1 Corintios 1:31).

(4) EL LEGALISTA TIENE UNA VISIÓN EQUIVOCADA DE LA LEY.

El creyente legalista está convencido de que cumplir rigurosamente los mandamientos y normas le ganarán no solo la aprobación de Dios, sino también todas sus bendiciones. La obediencia a la ley se convierte así en un fin en sí mismo. En contraste, las Escrituras nos enseñan que ningún ser humano será justificado por la obediencia a la ley y que el propósito de la ley es sacar al descubierto nuestro propio pecado e incapacidad para agradar a Dios; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado (Romanos 3:20). Pablo advierte: “Aquellos que tratan de ser justificados por la ley, han roto con Cristo; han caído de la gracia.” (Gálatas 5:4, NVI). De acuerdo con la Biblia, la ley no fue dada como un fin en sí mismo, sino como un medio para descubrir algo más importante y fundamental, a saber, la absoluta impotencia del hombre para agradar a Dios por sí mismo y la necesidad que este tiene de una transformación interna.

(5) LOS ESFUERZOS DEL LEGALISTA SE CENTRAN EN LUCHAR CONTRA EL PECADO EXTERNO.

Los esfuerzos de quien entiende el evangelio consisten en revestirse de Cristo. El primero tiene siempre su mirada en el pecado; el segundo tiene siempre su mirada en Cristo. Entretanto que el primero trata de encontrar satisfacción evitando el pecado visible, el segundo buscará su satisfacción escondiéndose en Cristo. Sabe que cuanto más satisfecho esté en Cristo, menos buscará la satisfacción en el pecado. El apóstol Pablo enseña que los esfuerzos del cristiano deben concentrarse en revestirse de Cristo y no tanto en el pecado, que es la consecuencia de no estar revestido de Él: “Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa.” (Romanos 13:14, NVI).

(6) EL LEGALISTA USA EL TEXTO BÍBLICO PARA APOYAR SUS IDEAS PERSONALES.

El creyente legalista se va a las Escrituras con una postura tomada que hay que demostrar y defender a ultranza. Empero, la Biblia enseña que nuestras ideas deben someterse a la Palabra de Dios, no viceversa. El principal error del legalista es que no enseña las Escrituras expositivamente, esto es, exponiendo únicamente lo que el texto bíblico dice en su contexto original y sometiéndose a lo que este enseña para nosotros hoy, sino que añade sus normas particulares de cómo ese texto debe obedecerse actualmente, según él, sumando su punto de vista al texto y presentando todas estas normas humanas como divinas o como parte misma del Evangelio. Algo similar ocurría ya en tiempos de Jesús. Los maestros de la ley, quizá con buenas intenciones, añadían mandamientos de hombres que pretendían situarse a la misma altura que los mandamientos expresados directamente por Dios. Nuestro Señor dijo a los tales: “Así que los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús: — ¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los ancianos, en vez de comer con manos impuras? Él les contestó: —Tenía razón Isaías cuando profetizó acerca de ustedes, hipócritas, según está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas». Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas. Y añadió: — ¡Qué buena manera tienen ustedes de dejar a un lado los mandamientos de Dios para mantener sus propias tradiciones!” (Marcos 7:5-9, NVI). Ninguna persona tiene el derecho a crear restricciones que Dios no ha restringido. Quien hace esto está jugando a ser “dios”.

(7) EL LEGALISTA CONVIERTE LA VIDA CRISTIANA EN TODA UNA SERIE DE REGLAS Y PRINCIPIOS MORALES.

Reducen la vida cristiana a normas del tipo: “puedes hacer esto”, pero “no puedes hacer aquello”. Olvidan que la vida cristiana es una relación personal con un Dios que nos ha adoptado como hijos y que nos permite acercarnos a Él como a un Padre. Como toda relación, la base es el amor, que nos lleva a honrar y respetar a la otra persona. Por eso toda la ley se reduce en: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37). El verdadero amor nos mueve a evitar todo aquello que pudiera desagradar a Dios. ¡No necesitamos ordenanzas cuando la relación se basa en el amor sincero y apasionado! Si las normas se hacen necesarias, este es un indicativo de que no hay verdadero amor.

(8) EL LEGALISTA SIEMPRE VERÁ A LOS QUE NO ESTÉN DE ACUERDO CON SUS REGLAMENTOS COMO LIBERALES O REBELDES.

Los fariseos acusaron numerosas veces a Jesús y a sus discípulos de quebrantar las tradiciones y mandamientos (Marcos 7:1-23; 15:1-20). ¡Consideraban a Jesús un revolucionario y rebelde a la ley de Dios! Según ellos, Cristo incumplió una y otra vez el obligado día de descanso al sanar al hombre de la mano seca (Lucas 6:6); a la mujer encorvada (Lucas 14:2); al ciego de nacimiento (Juan 9:1); al paralítico de Betesda (Juan 5:8), y un largo etcétera. ¡Qué paradoja! El creador del universo y dador de las leyes fue condenado por las leyes de los hombres. Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.(Juan 19:7). Resulta curioso que el grupo que más se enoja con Jesús a lo largo de su ministerio terrenal es el grupo que, al menos externamente y a ojos de los hombres, más rigurosamente cumplía la ley.

(9) EL LEGALISTA PRONTO SERÁ DOMINADO POR EL ORGULLO Y LA HIPOCRESÍA.

Mantener una apariencia de piedad externa puede servir para encubrir la podredumbre interna. Insistir en lo externo promueve que las personas finjan una santidad externa que esconde problemas internos. Sutilmente, la santidad será sinónimo de religiosidad externa o devoción superficial. Aquellos que se sujeten a las normas establecidas (por absurdas que sean) serán considerados más santos y fieles que aquellos que no lo hagan. Esto provocará una competencia por demostrar a los demás quien es el más puro y santo de todos, produciendo así orgullo en los corazones y menosprecio al mirar a los demás. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano.(Lucas 18:11).

CONCLUSIÓN.

Debemos tomar muy enserio las duras críticas que el Hijo de Dios hizo a los legalistas: “Hipócritas”, “sepulcros blanqueados”, “necios”, “serpientes”, “raza de víboras”, etc. Aquel que dijo de sí mismo que era “manso y humilde de corazón” no titubeó en proferir tales calificativos contra los legalistas. Indudablemente, el legalismo es un grave pecado, que atenta directamente contra el Evangelio de la gracia. Si has caído alguna vez en el legalismo, te ruego en nombre del Señor Jesucristo que te reconcilies con Dios, pues has caído de la gracia: “Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia.” (Gálatas 5:4; NVI). Seguir un evangelio legista no es seguir el evangelio en absoluto: “Todos los que viven por las obras que demanda la ley están bajo maldición, porque está escrito: «Maldito sea quien no practique fielmente todo lo que está escrito en el libro de la ley»” (Gálatas 3:10, NVI).

El legalismo crea un falso sentido de santidad y, peor aún, lleva a sus practicantes a la intolerancia hacia otros creyentes que piensan o viven su vida cristiana de forma diferente. Fue Tertuliano, el célebre teólogo cristiano nacido en África en el siglo II, quien llevado por un arrebato de legalismo e intolerancia expresó en cierta ocasión: “Todos los que no piensan como nosotros están locos”. La actitud de Tertuliano parece describir el sentir y el pensar de muchos creyentes pentecostales y de otras denominaciones que han caído en el legalismo. Aunque a Tertuliano se le reconoce por fomentar el desarrollo de la teología sistemática para la naciente iglesia cristiana y ocupa un puesto destacado en la historia de la misma, tuvo también sus desaciertos: Dio claras muestras de ser una persona intransigente y legalista. Con sobrada razón, este que fuera uno de los más grandes apologetas cristianos, fue considerado de “espíritu legalista y autoritario”.[2] ¡Qué Dios nos guarde de caer en el mismo legalismo y perder toda compasión, amor y consideración hacia el prójimo!

REFERENCIAS:

[1] El antinomismo, o antinomianismo, es, propiamente, un movimiento cristiano del siglo XVI considerado herético que defendía que la fe lo llenaba todo y era lo único necesario, y que como la ley de Moisés era inútil para la salvación, es indiferente que un creyente “persevere en pecado para que la gracia abunde”.

[2] Christopher Dawson. Los orígenes de Europa (1991), pp. 5-6.

Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Cristocentricidad del Pentecostalismo

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Son muchas las iglesias que no predican un mensaje Cristocéntrico. Es interesante notar que muchos cristianos no pueden ni darse cuenta de esto, incluso hay algunos que nunca han escuchado este término, por lo cual se preguntaran: ¿Qué es un mensaje Cristocéntrico? Pues es aquel que coloca al Señor Jesucristo en el centro de toda la prédica, porque Él es el autor de nuestra redención (Hebreos 12:2). Por Él todas las cosas existen y por Él todas fueron hechas (Colosenses 1:16). El auténtico pentecostalismo es, ante todo, un Evangelio Cristocéntrico.

Aunque desde su origen, ha sido percibido principalmente como un “movimiento del espíritu”, el Espíritu Santo no es el foco principal del pentecostalismo en absoluto. Más bien, es Cristo. La espiritualidad pentecostal está imbuida y anclada en un encuentro con Cristo en tanto que se le representa por sus múltiples roles como Salvador, sanador, bautizador con el Espíritu Santo y Rey que viene pronto. Todo lo que los pentecostales buscamos viene de Cristo: el que salva, el que sana, el que empodera con el Espíritu (y así brinda dones espirituales) y el que pronto cumplirá las esperanzas escatológicas cristianas.

Es a partir de este esquema cuádruple que emergió el término “Evangelio Completo”. El Espíritu Santo, más que ser el centro, es el intermediario que comunica a la iglesia del Señor todas las bendiciones que emanan de la persona de Cristo:

“Pero, cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá solo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. Todo cuanto tiene el Padre es mío. Por eso les dije que el Espíritu tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes.” (Juan 16:13-15, NVI)

Cualquiera que haya asistido a un típico servicio de adoración pentecostal de adoración rápidamente encontrará la expectación, deseo y hambre por “encontrarse con el Señor”. Como los cristianos de la iglesia primitiva, los misioneros y evangelistas pentecostales que van a las ciudades y pueblos en sus propios países o al extranjero a predicar el evangelio completo, no predican las buenas nuevas del Espíritu sino las de Cristo.

 

ENFOQUE CRISTOCÉNTRICO DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL.

El esquema del evangelio completo emergió de la predicación y testificación pentecostal temprana. Una de las pioneras del pentecostalismo, la legendaria Aimee Semple McPherson acuñó el término evangelio “cuadrangular” durante una campaña evangelística en Oakland, California, en 1922, mientras hablaba de Cristo en sus cuatro roles como salvador, sanador, bautizador con el Espíritu y Rey que viene pronto. De esta predicación nació una de las denominaciones pentecostales más antiguas, la Iglesia Cuadrangular. Algunos otros pentecostales, provenientes principalmente de movimientos de Santidad, sumaron el papel de Cristo como santificador al esquema y así el término “Evangelio Completo” fue añadido al diccionario cristiano.[1]

La “cristocentricidad” del mensaje predicado por nosotros, los pentecostales, se refleja en los 4 postulados básicos o verdades cardinales del pentecostalismo clásico:

 

  1. Cristo como Salvador: El primer y más importante aspecto de la doctrina pentecostal es que Jesucristo es el único medio de salvación para la persona. La salvación no es por obras sino por gracia por medio de la fe, nadie se puede salvar a sí mismo (Efesios 2:8). Los pentecostales creemos que Jesucristo, vino a la tierra y murió en nuestro lugar. La muerte de Jesús, fue un pago infinito por nuestros pecados (2 Corintios 5:17). De esta manera, Jesús murió para pagar el castigo por nuestros pecados (Romanos 5:8). Él pagó el precio para que nosotros no lo tuviésemos que hacer. La resurrección de Jesús de entre los muertos probó que Su muerte fue suficiente para pagar el castigo por nuestros pecados. ¡Esa es la razón por la cual Jesús es el único Salvador! (Juan 14:6; Hechos 4:12). Y ese es el primer pilar de nuestra fe pentecostal.

 

  1. Cristo como Sanador: El rol de Cristo como sanador significa que mientras que los pentecostales valoramos muy positivamente el tratamiento médico, a la vez creemos en el continuo ministerio sanador de Cristo, ya sea físico o mental, gradual o instantáneo. El creyente pentecostal busca activamente y desea ansiosamente sanidades aquí y ahora.

 

  1. Cristo como Bautizador: El bautismo del Espíritu es el sello del pentecostalismo. A diferencia de la tradición cristiana general, en la que el bautismo del Espíritu es equiparado con el nuevo nacimiento y la justificación, los pentecostales lo consideran un segundo evento, una experiencia de empoderamiento para el servicio y la testificación. En su mayoría los pentecostales, si bien no todos, creemos que hablar en lenguas es la evidencia inicial de la recepción del bautismo del Espíritu. Todos los pentecostales creemos además que los dones carismáticos están disponibles para los cristianos bautizados por el Espíritu. Cristo es quien nos imparte dicha bendición.

 

  1. Cristo, el Rey que Viene: El asunto final del esquema del evangelio completo refleja el fervor escatológico de los pentecostales: esperan el retorno de Cristo para establecer el reino. De nuevo, esta es una creencia compartida por todos los otros cristianos. La vitalidad de la expectación pentecostal, en todo caso, es el ímpetu por “terminar el trabajo” de evangelizar el mundo. La promesa de Cristo antes de su ascensión de que el poder de lo alto haría testigos a todos sus seguidores (Hechos 1:8) ha sido abrazada literalmente. En el día de pentecostés esta promesa fue totalmente cumplida. Como consecuencia, los pentecostales creemos que ambos hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, tenemos acceso al poder del Cristo resucitado como resultado de la efusión del Espíritu al fin de los tiempos. Como resultado de esto, ha habido el despliegue de una empresa misionera sin precedentes –y es, más allá de toda duda, numéricamente exitosa.

 

Esta espiritualidad cristocéntrica del evangelio completo es lo que define al pentecostalismo. Y no es negociable. Todos los demás aspectos son secundarios y la diversidad del movimiento pentecostal testifica de ello: En el pentecostalismo podemos encontrar todo tipo de estructuras eclesiales, desde la autonomía de la iglesia local en el pentecostalismo escandinavo, pasando por el gobierno de tipo presbiteriano de las altamente organizadas Asambleas de Dios (USA), hasta las muy jerárquicas estructuras episcopales en muchas iglesias afroamericanas y del sur global. La diversidad y creatividad de los títulos para las iglesias pentecostales es asombrosa ¡Hasta el punto en que ocasionalmente a los pentecostales nos resulta difícil reconocernos entre nosotros mismos!

 

ENFOQUE CRISTOCÉNTRICO DE LA ESPIRITUALIDAD PENTECOSTAL.

La espiritualidad pentecostal es la conciencia y experiencia personal y directa de la morada continua y permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente, por la cual el Cristo resucitado y glorificado es revelado, y el creyente es empoderado para testificar y adorar con la abundancia de su vida como es descrito en los Hechos y las Epístolas. Un aspecto característico de esta forma de vida es un amor por la Palabra de Dios, el fervor en la oración y la testificación en el mundo y hacia el mundo, y una preocupación de vivir por el poder del Espíritu Santo. Contrario a la mala concepción de muchos, los pentecostales a pesar de su énfasis en la experiencia, no abogan por el tipo de “entusiasmo” que separa de la Palabra de Dios: Los pentecostales somos tan amantes de la Palabra como cualquier otro creyente devoto de tradición reformada, luterana, metodista o cualquier otra. El deseo pentecostal entusiasta de experimentar a Dios y el poder del Espíritu Santo aquí y ahora descansa en la Palabra de Dios, la cual nos garantiza un acceso directo a Dios para todos.

 

CONCLUSIÓN.

Los pentecostales no nos avergonzamos al afirmar que poseemos un Evangelio Completo. Pero esto no con arrogancia. El término “Evangelio Completo” simplemente significa que el don de Dios para Su pueblo no carece de nada. Mientras que los seres humanos nunca pueden agotar la plenitud de Cristo, Cristo es la encarnación de todos los dones de Dios. Los pentecostales no somos “fanáticos del Espíritu” que ponen la experiencia subjetiva por encima de la Palabra y otorgan a Cristo un papel secundario, como algunos quisieran caricaturizarnos. El Espíritu que ha llenado nuestros corazones no presta atención a sí mismo sino a Cristo, y a través de Cristo al Padre. La espiritualidad pentecostal se centra en Cristo y a Él vuelve una y otra vez.

 

REFERENCIAS:

[1] Se recomienda la lectura del brochure: Presentando el Evangelio Cuadrangular: Ministrando en Totalidad, Sanidad, Poder y Esperanza a través del Evangelio Cuadrangular. Publicado por la iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular.

 

 

 

 

Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.