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La glosolalia, un don de lo alto

Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4, 8; 1 Corintios 12:1–31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12–17; 10:44–46; 11:14–16; 15:7–9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39; Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20). El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en este caso es esencialmente lo mismo que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero es diferente en propósito y uso.

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Pentecostés, la Reforma del Espíritu, ha llegado

Los pentecostales, ese grupo heterogéneo de creyentes emotivos, ruidosos y con celo evangelístico, comparten muchas creencias con otros protestantes evangélicos, pero ponen más énfasis en los "dones del Espíritu Santo", tales como hablar en lenguas, sanidades y profecía. Dones que, al parecer, han sido olvidados por otros protestantes. Y Dios ha respaldado el pentecostalismo. De hecho, se estima que el pentecostalismo tiene casi 300 millones de seguidores en todo el mundo. En Brasil, por ejemplo, las Asambleas de Dios tienen entre 10 millones y 12 millones de miembros; mientras que a nivel mundial suman ya más de 69 millones de creyentes, siendo hasta la fecha la mayor denominación pentecostal a escala global. y es que, más allá de las críticas infructuosas de sus adversarios, si el pentecostalismo nunca hubiera llegado a América Latina, el paisaje religioso no sería tan vibrante como lo es hoy en día. El catolicismo seguiría reinando.

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9 preguntas sobre el hablar en lenguas y el bautismo en el Espíritu Santo

Una de los distintivos del pentecostalismo clásico es la creencia de que la experiencia de hablar en nuevas lenguas es la señal o evidencia inicial física que siempre acompaña el bautismo en el Espíritu Santo. Para nosotros, los pentecostales clásicos, esto no significa que la persona que jamás haya hablado en lenguas no ha recibido el Espíritu Santo y que, por ende, no tiene la salvación, debido a que para nosotros la fe misma es una obra del Espíritu (1 Corintios 12:3) y la fe en Jesucristo es lo que salva. El bautismo en el Espíritu mencionado en el libro de los Hechos tiene el propósito de dar poder al creyente para servir (Hechos 1:8). De manera que, aunque no es un requisito para la salvación, cada creyente en Jesucristo debe buscarlo ansiosa y ardientemente, esperándolo con fe hasta que reciba la prometida bendición de Dios. El bautismo en el Espíritu Santo es una segunda bendición, una segunda obra de la gracia posterior a la salvación.

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¿Es el bautismo en el Espíritu Santo lo mismo que la conversión?

El término “bautismo en el Espíritu Santo” no aparece en las Escrituras. Es una conveniente designación para la experiencia que anuncia Juan el bautista, que Jesús “[bautizaría] en Espíritu Santo” (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), que Jesús mismo repetiría (Hechos 1:5), y también Pedro (Hechos 11:16). Dicha expresión aparece en los Evangelios y también el Libro de los Hechos. Los grupos no pentecostales sugieren a menudo que el bautismo en el Espíritu Santo equivale a ser sellado con el mismo al momento de la regeneración y que, por ende, no existe manifestación visible del mismo. De modo que, para ellos, el bautismo en el Espíritu Santo implica solamente la obra mediante la cual el Espíritu de Dios coloca al creyente, al momento de la salvación, en unión con Cristo y en unión con otros creyentes en el Cuerpo de Cristo. Basan tal afirmación en 1 Corintios 12:12-13, el cual nos dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Con ello pretenden negar la experiencia pentecostal y la validez del movimiento; pero ¿Es realmente así?

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Por qué disfruto hablar en lenguas

El don de lenguas es una realidad incomprendida y ridiculizada por aquellos que, en su escepticismo, no pueden concebir que tal experiencia ocurra en nuestra época actual. Les es fácil aceptar que esto ocurrió en los primeros siglos de nuestra era, pero su fe y su miedo a lo sobrenatural los hace pensar que es imposible que Dios siga obrando entre su pueblo de esa manera hoy. Sin embargo, Jesús dijo: “Y estas señales[a] acompañarán a los que han creído: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas; tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y se pondrán bien.” (Marcos 16:17-18, LBLA).

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Pentecostales locos, desordenados y visionarios

Como pentecostal considero tener algo que mis hermanos de otras tradiciones necesitan descubrir para darle más sentido a toda esa erudición que tienen. ¿Parecemos raros? Quizá. Pero eso no importa ¿Locos? ¡Tampoco importa! Algo parecido se dijo de los primeros “pentecostales” en el 33 d.C. (Hechos 2:13-21). Si a Jesús le dijeron endemoniado a causa de la unción y el poder que manifestaba (Juan 10:20) ¿Por qué deberían afectar mi fe las opiniones de John MacArthur y otros cesacionistas que critican el pentecostalismo y lo consideran “diabólico y blasfemo”?

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Que el fuego nunca se apague en el altar

A pesar de todo lo bueno que hemos logrado, también podemos observar una tendencia peligrosa en las últimas décadas. La cifra básica que nos define como pentecostales, el porcentaje de creyentes bautizados en el Espíritu Santo, ha bajado cada década. Es urgente cambiar esta peligrosa tendencia. Como líderes y pastores debemos volver a dar énfasis, aun insistir en dejar tiempo en nuestros cultos y programas para buscar y recibir la llenura del Espíritu y ministrar en su poder. Es cierto que aún gozamos de brotes de avivamiento real en nuestras iglesias, pero esto no es suficiente. En otras ocasiones el avivamiento no es tan real como creemos, ya que hay una variedad de manifestaciones que tienden a hacernos sentir cómodos con nuestro estado espiritual y a creer que estamos en avivamiento (grandes conciertos, mega-iglesias, música pegajosa, luces, buenos músicos, líderes carismáticos con dotes en la oratoria y un talento natural para conmovernos, etc.). Pero lo esencial es descuidado.  El bautismo en el Espíritu Santo ha llegado a ser una opción y no el regalo que el Señor planeó para su toda su iglesia.

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Pentecostalismo, el siguiente paso en la Reforma

El movimiento pentecostal, nacido en Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, ha conocido una vigorosa expansión a escala global (y de forma excepcional en América Latina) durante las últimas tres décadas. En tan solo 100 años de existencia, el pentecostalismo se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 totalizaban 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones de pentecostales en el mundo. En varios países el pentecostalismo tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes históricas corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías. Las denominaciones pentecostales, en cambio, compran templos y medios de comunicación todos los años, y se multiplican a una velocidad imposible de ignorar. Tan asombroso ha sido el crecimiento del pentecostalismo que el Consejo Mundial de Iglesias preveía en 1970 que el cristianismo mayoritario para finales del s. XX sería de color pentecostal y se encontraría en el Tercer Mundo. Dichas estimaciones no se equivocaron. Sin lugar a dudas la mayoría cristiana evangélica en América es ahora pentecostal y el siglo XXI parece seguir la misma tendencia.

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¡Qué! ¿Usted es pentecostal?

El pentecostalismo está lejos de ser una moda que está de paso. Los pentecostales sólo representaban el 6 por ciento de todos los cristianos en el año 1980. Hoy ese número ha aumentado al 26 por ciento. Y el Pulitzer Center informa que 35.000 personas se unen a las iglesias pentecostales cada día. Algunos investigadores predicen que habrá 1000 millones de cristianos pentecostales en el mundo en 2025. A pesar de los estereotipos, en absoluto se puede decir que los pentecostales sean marginales en la sociedad. Somos, de hecho, el rostro presente y futuro del protestantismo evangélico.

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La llenura santificante del Espíritu Santo

El bautismo en el Espíritu Santo es una inmersión en Aquel que es el Espíritu Santo—la más frecuente designación para Él en el Nuevo Testamento—por lo tanto experiencia debe de alguna manera relacionarse con la santidad personal. La persona bautizada en el Espíritu debe entender que además de los dones espirituales, la experiencia Pentecostal debe producir fruto espiritual.