Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Just Thinking | Esperar en Dios

¿Esperar en Dios? ¿Aceptar su voluntad aunque no sea de mi agrado? ¿Qué hago cuando Dios me pone en un lugar y en una situación en la que no quiero estar? Debemos tener claro lo siguiente: La meta de Dios no es nuestra comodidad. Tampoco complacer cada uno de nuestros caprichos infantiles. Si te han dicho que lo único que Dios quiere es que estés sano todo el tiempo, que seas rico, feliz y próspero, y que si lo sigues a Él todos tus sueños de prosperidad se harán realidad, ¡Te han mentido! ¡Compraste una imitación barata del Evangelio! A Dios no le interesa tanto tu prosperidad material como sí le interesa conformarte a la imagen de Cristo.

Arminianismo Clásico, c. S. Lewis, Calvinismo, Literatura Cristiana

La teología arminiana de C. S. Lewis (Parte I)

C. S. Lewis es uno de los nombres más queridos y respetados en la literatura cristiana de nuestro tiempo. Desde su serie infantil The Chronicles of Narnia, hasta sus obras más especulativas como The Screwtape Letters y The Great Divorce, y sus novelas míticas como The Four Loves y Out of the Silent Planet, sus logros literarios son realmente formidables. Además, con la adaptación cinematográfica de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero, su popularidad ha crecido significativamente en nuestros días. Sin embargo, las creencias de C. S. Lewis en materia teológica suelen ser desconocidas para la mayoría de sus seguidores, incluso cristianos.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Ordo Salutis

¿Qué ocurre primero? ¿La fe o la regeneración?

¿Qué ocurre primero? ¿La fe o la regeneración? ¿Somos salvos porque creemos, o llegamos a creer porque ya somos salvos? ¿La regeneración precede a la fe, o es al revés? El auge de ciertos movimientos neo-calvinistas en nuestro tiempo ha traído consigo una oleada de artículos respecto a la doctrina de la regeneración, afirmando que esta precede a la fe; es decir, que somos regenerados antes de creer. Esto ha generado mucha confusión al respecto.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Contagiemos la esperanza

La extensión del coronavirus está golpeando todo aquello que da seguridad a nuestra sociedad. La estabilidad económica, el sistema de salud, las libertades, etc. Repentinamente todos nos encontramos con una amenaza desconocida y de consecuencias imprevisibles. Estas circunstancias, sin embargo, no deberían hacernos perder de vista nuestra fe. Al contrario, como cristianos, es en estas situaciones críticas donde podemos aferrarnos con más fuerza a las ciertas promesas de Dios.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Dios está en control

El fin de mis días está dentro del decreto soberano de Dios. Me gusta pensar que Dios, el perfecto escritor de mi vida, ya escribió “el fin”. Él ya lo sabe. No le es un misterio. Puedo confiar que cuando venga mi hora, será cuando Dios lo haya designado, no antes ni después.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Gira tu rostro hacia el Sol de Justicia

¿Te has fijado alguna vez cómo el girasol gira su enorme flor hacia el sol? El «girasol» nos da, pues, una enseñanza. El sol es fuente de luz y calor. El girasol lo sabe y lo busca. ¿Por qué nosotros, creados a imagen de Dios, deberíamos ser diferentes en nuestra relación con la fuente de vida? ¿Hacia dónde deberíamos dirigirnos a fin de tener la respuesta a nuestras necesidades? Hacia Dios mismo, por medio de la fe. En efecto, Dios quiere dar luz y calor a cada uno, pero esto sólo es posible si nos volvemos a él por medio de su Hijo Jesucristo. Sí, Jesús vino como la “luz del mundo” (Juan 8:12) para todos los pueblos, luz enviada por Dios, hecha de ese resplandor que es gracia y verdad. Al recibirlo en lo más profundo de nuestro ser, nos transmite la vida de Dios para que gocemos de una nueva relación con nuestro Creador.

5 SOLAS, Reforma Protestante, Salvación

Sola Fide, una perspectiva pentecostal

La doctrina más distintiva de la fe evangélica es la justificación por la fe sola. No hay ninguna otra religión en el mundo que tenga semejante enseñanza. No solo es una doctrina distintiva, sino que viene a ser la única solución al problema más importante de la humanidad: su propia injusticia y la ruptura de su relación con el Creador. La justificación por la fe sola es el camino que Dios ha puesto para establecer de nuevo la paz entre Él y sus criaturas. Es el corazón del evangelio, la buena noticia de la Biblia.

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Aprendiendo a confiar en Dios

Sabiendo que Dios te cuida, no debes temer la pérdida, el dolor, o la muerte. Jesús, en Mateo 6:25–34, nos manda no estar "ansiosos por nada." De hecho, Jesús nos invita a presenciar la providencia de Dios sobre la creación y allí ver su amor por nosotros, ya que si los pájaros no siembran, pero son alimentados (Mateo 6:26); si los lirios del campo no trabajan, y sin embargo, están vestidos con más magnificencia que Salomón (Mateo 6:28-29). ¿Qué no hará Dios por nosotros, que somos mucho más valiosos que ellos? Pues Dios no es solo nuestro Creador; sino nuestro Padre amoroso. Y Él sabe lo que necesitas. Su provisión no es arbitraria. Él no retiene las bendiciones para someter a sus hijos a una prueba cósmica de tolerancia al dolor. El Dios de la Providencia es nuestro Dios, y Él conoce nuestras necesidades. Él añadirá la provisión. ¿Confías en esta clase de Dios sabio, soberano y providente? ¿Qué tal si dejamos de ver la soberanía de Dios como el terrible martillo que nos golpea con su frialdad, o la voluntad caprichosa que a veces nos niega lo que más deseamos? ¿Por qué no verla, más bien, como la tierna almohada sobre la cual descansa nuestra paz y seguridad? Entonces aprenderemos "a conocer la voluntad de Dios... la cual es buena, agradable y perfecta." (Romanos 12:2, NTV).

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¡No te rindas!

¿Cuántas veces has pensado rendirte ante la crítica, los problemas y los ataques de otros? ¿Alguna vez te han abrumado tanto tus propias debilidades y limitaciones que has pensado que no vale la pena seguir luchando? ¡No te rindas! No estás solo. Todo aquél que ha logrado sus metas ha tenido que enfrentar esos mismos sentimientos de ineptitud, abandono y rechazo en algún momento de su vida. Pero aquellos que creemos en Dios hemos descubierto que no batallamos por nuestra propia cuenta.

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Recuerda: ¡No podemos mandar a Dios!

¿Estás pidiendo algo y Dios parece darte un "no" por respuesta? ¿Le pides a Dios ciertas cosas y estas nunca llegan? No es que Dios sea sordo, sino que quizá no estás pidiendo correctamente, o lo que pides no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Hemos oído tantas veces que "la fe mueve la mano de Dios", al punto que quizá hemos llegado a pensar que nuestras oraciones, reclamos y decretos pueden torcerle el brazo y obligarlo a darnos lo que Él no desea para nosotros. Pero eso es falso: "Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place." (Salmos 115:3), no lo que nosotros intentamos ordenarle.

¿Cómo? ¿Acaso no es la voluntad de Dios sanarnos todo el tiempo, darnos ese trabajo, adquirir esa posesión o salvarnos de la misma muerte? ¡No siempre! Quizá esto no suene al Evangelio que conozcas o te prediquen en la televisión. Y es que a Dios le tiene sin cuidado lo que pueda decir el falso Evangelio de la Prosperidad, la confesión positiva o cualquier otra moda teológica. Él no obedece decretos, no le interesa que "arrebates" lo que creas que es tuyo ni escuchará confesiones positivas contrarias a su voluntad, pues "todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle '¿Qué has hecho?'." (Daniel 4:35).

El fin supremo de todo es la gloria de Dios, no la nuestra. Nuestras oraciones solo tienen valor cuánto humildemente nos rendimos y decimos "hágase tu voluntad" (Mateo 6:10) en vez de querer obligar a Dios a hacer la nuestra. En 2 Samuel 7:18-26, la oración de David para que Dios ratificara Su promesa y bendijera la casa de David fue motivada por el deseo de ver el nombre de Dios magnificado. Nuestras oraciones para que Dios nos bendiga deben estar motivadas por lo mismo. Al pedir la bendición del Señor, busquemos hacerlo no solo para nuestro beneficio, sino para que el Señor sea glorificado por nosotros y por los demás.

¿Es esa sanidad que deseas tanto para glorificar a Dios, o simplemente quieres más tiempo para seguir deleitándose en el pecado? ¿Anhelas honrar a Dios con tus bienes, o simplemente quieres adquirir más para gastar en los deleites temporales del pecado? Examínate a tí mismo. Dios ya sondeó tu corazón y sabe lo que realmente harás con la "bendición" que le estás pidiendo. Él no te dará lo que no conviene, pues a Dios le interesa más tu salvación eterna que tú comodidad terrenal. Santiago lo explica claramente: "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." (Santiago 4:3).