Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: El Evangelio de la Prosperidad.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Vivir con el objetivo de acumular riqueza es anticristiano. Sin embargo, a través de los años, el mensaje que se ha estado predicando en algunas de las iglesias más grandes del mundo ha cambiado; de hecho, un nuevo evangelio se está enseñando en muchas congregaciones hoy. A este evangelio se le han adscrito muchos nombres, tales como «el evangelio del decláralo y recíbelo», «el evangelio del písalo y arrebátalo», «el evangelio de la salud y las riquezas», «el evangelio de la prosperidad» y «la teología de la confesión positiva». Pero no importa el nombre que se use, la esencia de este nuevo evangelio es la misma.

La teología de prosperidad, a veces llamada evangelio de la prosperidad, es una creencia religiosa compartida por algunos cristianos, quienes sostienen que la bendición financiera y el bienestar físico son siempre la voluntad de Dios para con ellos, y que la fe, el discurso positivo y las donaciones a causas religiosas aumentarán la riqueza material propia. En pocas palabras, este egocéntrico «evangelio de la prosperidad» enseña que Dios quiere que los creyentes estén físicamente sanos, sean materialmente ricos y personalmente felices. Los maestros del evangelio de la prosperidad animan a sus seguidores a orar e incluso a demandar a Dios un florecimiento material.

La doctrina enfatiza la importancia del empoderamiento personal y propone que es la voluntad de Dios que su pueblo sea feliz. La expiación (reconciliación con Dios) se interpreta para incluir el alivio de la enfermedad y la pobreza, los cuales se consideran maldiciones que se pueden romper por la fe. Se cree que esto se consigue a través de donaciones monetarias, visualización y confesión positiva. Durante el auge del movimiento conocido como Healing Revival, a fines de los años 1940 y durante la década de 1950, la teología de la prosperidad tuvo gran difusión en Estados Unidos, aunque algunos han asociado los orígenes de su teología al movimiento Nuevo Pensamiento, que empezó en el siglo XIX. Las enseñanzas de prosperidad ocuparon más tarde un lugar prominente en el movimiento Word of Faith y el tele-evangelismo de los años 1980. En las décadas de 1990 y 2000, influentes líderes del movimiento pentecostal y el movimiento carismático la adoptaron en los Estados Unidos y se ha propagado por varios otros países. Algunas figuras prominentes en su desarrollo son E. W. Kenyon, Oral Roberts, A. A. Allen, Robert Tilton, T. L. Osborn, Joel Osteen, Creflo Dollar, Kenneth Copeland, Cash Luna, Mike Murdoc, Reverendo Ike y Kenneth Hagin.

ORIGEN, DESARROLLO Y EXPANSIÓN DEL. EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD.

Si buscamos los orígenes de esta corriente teológica podremos encontrarlos en los Estados Unidos, donde la mayoría de los investigadores de la fenomenología religiosa estadounidense hacen remontar este movimiento al pastor neoyorkino Essek William Kenyon (1867-1948). Kenyon sostenía que a través del poder de la fe pueden modificarse las realidades materiales concretas. Pero la conclusión directa de esta convicción es que la fe puede llevar a la riqueza, a la salud y al bienestar, mientras que la falta de fe lleva a la pobreza, a la enfermedad y a la desdicha. Estas doctrinas se han asociado con el Positive Thinking, el «pensamiento positivo», y se han alimentado también en una medida importante de él. El Positive Thinking es expresión del denominado “American way of life” (modo de vida estadounidense). En tal sentido, se relacionan con la «posición excepcional» que Alexis de Tocqueville, en su célebre obra ‘La democracia en América’ (1831), atribuyó a los estadounidenses. Según este autor, en virtud de dicha excepcionalidad se ha de creer que ningún pueblo democrático llegará a encontrarse nunca en una posición semejante. Tocqueville llegó a afirmar que ese modo de vida plasma también la religión de los estadounidenses. Un impulso fundamental a estas ideas de «prosperidad evangélica» se dio con el denominado «movimiento de la fe», que tuvo como principal mentor al pastor y autoproclamado «profeta» Kenneth Hagin (1917-2003). Una de las características de Hagin eran visiones recurrentes que lo llevaban a dar una interpretación singular de algunos textos muy conocidos de la Biblia. Tal es el caso, por ejemplo, de Marcos 11:23-24: “En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis». Estos dos versículos son para Hagin pilares de la «teología de la prosperidad.”

Según afirma, la fe milagrosa, para traducirse en obras, debe ser sin incertidumbres, especialmente en las cosas imposibles: debe declarar específicamente el milagro y creer que se lo obtendrá de la manera imaginada. Hagin enfatizó también otro aspecto: que el milagro deseado se considere como ya sucedido. Es decir, se debe desplazar su realización del futuro al pasado. Tanto Kenyon como Hagin comprendieron que la comunicación de masas era un instrumento fundamental para la rápida difusión de sus enseñanzas. El primero se sirvió de su show personal «Kenyon’s Church of the Air» [«La Iglesia del aire de Kenyon»], y el segundo, del programa «Faith Seminar of the Air» [«El seminario de fe del aire»]. Pero ellos no fueron los únicos. Hay algunos predicadores que pueden citarse como continuadores de las teologías de Kenyon y Hagin y de su estrategia de comunicación. El primero de ellos es Kenneth Copland, que fue «ungido» por el mismo Hagin como sucesor suyo, con su programa televisivo «Believer’s Voice of Victory» [«La voz de victoria del creyente»], que ha difundido en gran parte del mundo estas doctrinas. Del mismo modo, Norman Vincent Peale (1889-1993), pastor de la Marble Collegiate Church de Nueva York, alcanzó popularidad con sus libros con títulos elocuentes en su significado: “El poder del pensamiento positivo”; “Cambia tus pensamientos y cambiará todo”; “Guía para una vida apacible” . Peale fue un predicador exitoso, y llegó a mezclar marketing y predicación.

En los Estados Unidos millones de personas frecuentan asiduamente «megaiglesias» que difunden estas teologías de la prosperidad. Los predicadores, profetas y apóstoles enrolados en evangelio diferente han ocupado espacios cada vez más importantes en los medios de comunicación de masas, han publicado una enorme cantidad de libros que se han convertido rápidamente en superventas y han pronunciado conferencias que muy a menudo llegan a millones de personas a través de todos los medios disponibles de Internet y de las redes sociales. Nombres como Oral Roberts, Pat Robertson, Benny Hinn, Robert Tilton, Joel Osteen, Joyce Meyer y otros han acrecentado su popularidad y riqueza profundizando, enfatizando y extremando este evangelio.

El «evangelio de la prosperidad» (Prosperity Gospel) ha ido difundiéndose no solamente en los Estados Unidos, donde nació, sino también en África, especialmente en Nigeria, Kenia, Uganda y Sudáfrica, de la mano de pastores como Robert Kayanja, quien desarrolló también un vasto movimiento muy presente en los medios de comunicación de masas. Pero el «evangelio de la prosperidad» ha tenido también un notable impacto en Asia, sobre todo en India y Corea del Sur. En este último país hubo en los años ochenta un fuerte movimiento autóctono vinculado a esta corriente teológica, promovido por el pastor Paul Yonggi Cho. Este predicó una «teología de la cuarta dimensión», según la cual los creyentes, mediante el desarrollo de visiones y sueños, iban a poder llegar a controlar la realidad, obteniendo casi todo tipo de prosperidad inmanente. Se observa también un arraigo en la República Popular China gracias a las «Iglesias de Wenzhou». Wenzhou es un gran puerto oriental en la provincia de Zhejiang, en cuya zona han ido apareciendo grandes cruces rojas en cada vez más edificios. Tales cruces suelen indicar la presencia de una «Iglesia de Wenzhou», una comunidad creada por varios empresarios locales y vinculada al movimiento de la «teología de la prosperidad».

En América Latina la difusión y la propagación de esta teología se dio de manera exponencial, y ello desde 1980, aunque también pueden encontrarse raíces de este proceso entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Este fenómeno religioso se traduce desde el punto de vista mediático en el uso de la televisión por parte de figuras muy carismáticas de algunos pastores, que lanzan un mensaje simple y directo montado en torno a un espectáculo de música, testimonios y una lectura distorsionada de la Biblia. Si consideramos América Central, Guatemala y Costa Rica se han convertido probablemente en los dos bastiones principales de esta corriente religiosa. En Guatemala ha sido determinante la presencia del líder carismático Carlos Enrique Luna Arango, llamado «Cash Luna». Costa Rica es también un bastión del evangelio de la prosperidad, al ser la sede del canal de televisión satelital TBN-Enlace, un medio de comunicación al servicio de este movimiento herético. En América del Sur la difusión más significativa se dio en Colombia, Chile y Argentina, pero no cabe duda de que Brasil merece una consideración especial, porque posee una dinámica propia y un movimiento pentecostal autóctono como la «Iglesia Universal del Reino de Dios». Este grupo, denominado también «Pare de sufrir», tiene ramificaciones en toda América Latina. Basta analizar el anuncio de la «Iglesia Universal» brasileña para encontrar en ella un fuerte mensaje de prosperidad y bienestar ligado a la frecuentación personal de sus templos con el fin de recibir múltiples beneficios.

Lo que resulta absolutamente claro es que el poder económico, mediático y político de estos grupos, a los que podemos definir genéricamente como «evangélicos del sueño estadounidense», los hace mucho más visibles que el resto de las Iglesias evangélicas, también que las de la línea pentecostal clásica. Además, su crecimiento es exponencial y directamente proporcional a los beneficios económicos, físicos y espirituales que prometen a sus seguidores: bendiciones todas que están muy lejos de las enseñanzas de una vida de conversión propia de los movimientos evangélicos tradicionales. Estos movimientos han recibido no pocas críticas. Muchos sectores evangélicos tanto tradicionales como más recientes, han criticado duramente esos movimientos, llegando a denominar lo que proclaman como «un evangelio diferente».

ERRORES TEOLÓGICOS DEL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

El Evangelio de la Prosperidad, que no es más que un falso Evangelio, ha sido duramente criticado por los líderes de varias denominaciones cristianas, aun dentro del mismo movimiento pentecostal y carismático, pues sostienen que es irresponsable, promueve la idolatría y es contraria a la Escritura. Basta con analizar 5 de los principales postulados de este “Evangelio Diferente” para darnos cuenta que las críticas que se le hacen son justificadas:

(1. EL PACTO ABRAHÁMICO ES UN MEDIO PARA EL DERECHO MATERIAL.

El primer error del evangelio de la prosperidad es ver el Pacto Abrahámico como un medio para el derecho material. El pacto Abrahámico (Génesis 12, 15, 17, 22) es una de las bases teológicas del evangelio de la prosperidad. Es bueno que los teólogos de la prosperidad reconozcan que gran parte de la Escritura es el registro del cumplimiento del pacto Abrahámico, pero es malo que no mantengan una visión ortodoxa de este pacto. Tienen una visión incorrecta del inicio del pacto; más significativamente, tienen una visión errónea de la aplicación de este.

De acuerdo con el Evangelio de la Prosperidad, los cristianos son hijos espirituales de Abraham y herederos de las bendiciones de la fe. Esta herencia abrahámica se desenvuelve principalmente en términos de beneficios materiales. En otras palabras, el evangelio de la prosperidad enseña que el propósito primordial del pacto Abrahámico era que Dios bendijera a Abraham materialmente. Ya que los creyentes son ahora los hijos espirituales de Abraham, han heredado estas bendiciones financieras. Como el pacto de Dios ha sido establecido, y la prosperidad es una provisión de este pacto, cada creyente tiene que tomar conciencia de que la prosperidad ahora te pertenece y reclamarla. Para respaldar esta declaración, los maestros de la prosperidad apelan a Gálatas 3:14, que se refiere a: “Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham…” (Nueva Traducción Viviente). Es interesante, sin embargo, que en sus apelaciones a Gálatas 3:14, los maestros de la prosperidad ignoran la segunda mitad del versículo, que dice: “a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.” En este versículo Pablo le recordaba claramente a los Gálatas la bendición espiritual de la salvación, no la bendición material de la riqueza.

Jesús advirtió a los suyos respecto al peligro de ser dominados por el afán, la codicia y la avaricia. Y les dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.15–16). Jesús señaló que el objetivo primordial de los creyentes debe centrarse en buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todo lo demás vendría por añadidura (Mateo 6:19-21, 33). A un grupo de personas que lo habían visto hacer milagros y que desesperadamente lo andaban buscando del otro lado del Mar de Galilea, Jesús les descubrió sus intenciones y de forma tajante les dijo: “De cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:26–28). Estas personas habían visto en Jesús al Rey del Pan terrenal, pero no al “Pan de Vida” enviado de Dios. Lo miraban como el suplidor de las necesidades básicas temporales, pero no tenían ningún interés en saciar el hambre espiritual. En lugar de ser movidos a una mayor entrega a Dios o a seguir al Señor, ahora pretendían usar a Jesús para satisfacer sus necesidades físicas y temporales.

Deplorablemente la poca enseñanza teológica existente, o la baja calidad de la enseñanza bíblica en las congregaciones cristianas, abonan el terreno para que los engañadores persuadan con sus estratagemas a los incautos: “Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme (2 Pedro 2.1–3). Jesús dijo que no se puede servir a Dios y a Mammón: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón” (Mateo 6:24; RV1909).

El espíritu materialista de Mammón, el dios del dinero (Mateo 6:24; 1 Timoteo 6:10), disfrazado de “Prosperidad divina” y la avidez por tener más y más a cualquier precio, se han apoderado en gran parte de la agenda de muchos ministros del Evangelio hoy en día. Estos ministros se han olvidado de que fueron llamados a vivir por fe, no por vista (2 Corintios 4:18, 5:7); a andar en el Espíritu, no en la carne (Gálatas 5:16); a buscar las cosas de arriba, no las de la tierra (Colosenses 3:1-3); a no distraerse en lo terrenal (Filipenses 3:18-19); a servir a Dios y no a las riquezas (Mateo 6:24; Lucas 12:21); a predicar el Evangelio gratuitamente (Mateo 10:8; 1 Corintios 9:18; 2 Corintios 11:7); y a estar contentos con lo que Dios les ha dado, no monopolizando la religión como un medio para obtener ganancias (1 Timoteo 6:3-10).

(2. LA EXPIACIÓN DE JESÚS SE EXTIENDE HASTA EL «PECADO» DE LA POBREZA MATERIAL.

Un segundo error teológico del evangelio de prosperidad es una visión defectuosa de la expiación. El evangelio de la prosperidad afirma que tanto la curación física como la prosperidad financiera han sido provistas en la Expiación. Para los maestros de la prosperidad el principio básico de la vida cristiana es saber que Dios ha puesto nuestro pecado, malestar, enfermedad, tristeza, angustia y pobreza sobre Jesús en el Calvario. Por ende, nuestra bendición material está garantizada.

Este malentendido del alcance de la expiación proviene de dos errores que cometen los proponentes del evangelio de la prosperidad. En primer lugar, muchos de los que se aferran a la teología de la prosperidad tienen un concepto erróneo fundamental de la vida de Cristo. Por ejemplo, algunos de los maestros de la prosperidad han caído en el absurdo de suponer que Jesús tenía una casa bonita, una casa grande, manejaba mucho dinero e incluso vestía ropas de diseñador (John Avanzini, “Believer’s Voice of Victory,” programa transmitido en TBN, 20 de enero 1991. Citado en Hank Hanegraaff, Christianity in Crisis; Eugene, OR: Harvest House, 1993, pp. 381). Esa visión deformada de la vida de Cristo lleva a los maestros de la prosperidad a un concepto igualmente deformado sobre la muerte de Cristo, basado en una interpretación errónea de 2 Corintios 8:9, que dice: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Si bien una lectura superficial de este versículo puede llevar a creer que Pablo estaba enseñando acerca de un aumento en la riqueza material, una lectura contextual revela que Pablo estaba enseñando el principio opuesto. De hecho, Pablo estaba enseñando a los corintios que, puesto que Cristo realizó tanto por ellos a través de la expiación, ellos debían vaciarse de sus riquezas al servicio del Salvador. Esta es la razón por la cual solo cinco cortos versículos más tarde Pablo instaría a los corintios a dar sus riquezas a sus hermanos necesitados, escribiendo: “Para que, en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos”. (2 Corintios. 8:14).

Desde la perspectiva bíblica la prosperidad financiera, al igual que la salud física, es algo deseable, pero no se constituye en un fin en sí mismo y tampoco en la meta suprema del cristiano, como lo afirma el apóstol Juan: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2). La prosperidad espiritual debe ser la sólida base sobre la que corresponde cimentar cualquier otro tipo de prosperidad entre los cristianos. La Nueva Versión Internacional aclara más el sentido de este texto al apuntar: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 2, NVI). Una prosperidad financiera sin los fundamentos de la prosperidad espiritual, en términos estrictamente bíblicos, no sirve absolutamente para nada. En palabras del Señor Jesús, sería como edificar una casa sobre la arena movediza y no sobre la roca fuerte. Es construir sobre las arenas de las volatilidades cambiarias, de los fenómenos bursátiles, y de la falsa sensación de seguridad que dan las riquezas (Mateo 7:24-27). Tal prosperidad sería totalmente destructiva y conduciría, no solo a alimentar el espíritu de la avaricia entre los cristianos, sino también, a que estos pongan su mira y su confianza exclusivamente en las cosas de este mundo, olvidándose de la gloriosa esperanza eterna. El apóstol Pablo enseñó que los verdaderos creyentes deben concentrar su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:1–2).

  1. LOS CRISTIANOS DAN PARA OBTENER COMPENSACIÓN MATERIAL DE DIOS.

Un tercer error del evangelio de la prosperidad es que los cristianos deben dar para obtener compensación material de Dios. Una de las características más llamativas de los teólogos de la prosperidad es su aparente fijación con el acto de dar. Los estudiantes del evangelio de la prosperidad son instados a dar generosamente; sin embargo, este énfasis en dar se basa en motivos que son todo menos filantrópicos. La fuerza que impulsa esta enseñanza sobre el dar es lo que se conoce como la «Ley de la compensación». Según esta ley, supuestamente basada en Marcos 10:30, los cristianos necesitan dar generosamente a otros porque cuando lo hacen, Dios devuelve más a cambio. Esto, a su vez, conduce a un ciclo de prosperidad cada vez mayor. Es evidente, entonces, que la doctrina de dar del evangelio de la prosperidad se fundamenta en motivos defectuosos. Si bien es cierto que Jesús enseñó a sus discípulos a dar, sin esperar nada a cambio (Lucas 10:35), los teólogos de la prosperidad enseñan a sus discípulos a dar porque conseguirán un gran retorno de su inversión.

Mientras por un lado emergen creyentes que motivados por un sentimiento honroso de generosidad son capaces de quedarse absolutamente sin nada en su haber con tal de darlo para el progreso de la Iglesia, existen, asimismo, ministros codiciosos, oportunistas, “cuyo dios es su vientre y cuya gloria es su vergüenza”, porque “sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:19). Los proponentes del Evangelio de la Prosperidad siembran en la mente de los oyentes, la falsa idea, de que, si no eres próspero económicamente, es porque estas bajo maldición o eres parte de algún tipo de juicio divino (Para un estudio más profundo sobre las maldiciones véase: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/09/distorsionando-la-fe-pentecostal-las-maldiciones-generacionales/).

Los predicadores de la prosperidad priorizan el asunto del dinero como lo más importante en el contexto de las bendiciones de Dios para Su pueblo. Además, con su valoración persistente de las riquezas terrenales demuestran que su confianza y esperanza están enfocadas exclusivamente en esta vida efímera y pasajera y no en la expectativa de la gloriosa vida eterna. Con reiteración recurren al pasaje bíblico que habla de la viuda de Sarepta y el profeta Elías (1 Reyes 17:8-24). Insisten en que a esta viuda por mucho tiempo no se le agotó el aceite debido a que le dio de su comida a Elías primero. El énfasis aquí es que, si das mucho dinero a la obra, tus finanzas siempre se estarán multiplicando, lo cual es una gran falacia, porque en el caso de la viuda de Sarepta, hubo un trato directo por parte de Dios. Fue una situación particular en que Dios obró de forma soberana y providencial para suplir las necesidades del profeta Elías y no puede interpretarse como que siempre Dios actuará de la misma forma con todos sus siervos. Dios es muy creativo y multifacético en su modus operandi. Esto queda comprobado al observar que, en medio de aquella crisis, ya con anterioridad, el profeta Elías, había sido alimentado milagrosamente por unos cuervos (1 Reyes 17:2-6). Si bien esta historia puede llevarnos a la reflexión para conocer algunos de los tratos de Dios con sus hijos, es evidente que no se puede violentar la interpretación de los textos, intentando aplicarla a nuestro tiempo en todo su rigor, y menos en relación con el tema del dinero. De hecho, con el trascurrir del tiempo, los líderes religiosos de Israel ya habían tergiversado esta historia y con frecuencia visitaban a las viudas para explotarlas económicamente. Por lo mismo, en su época, Jesús los reprendió con bastante firmeza al decirles: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas” (Mateo 23:14; 12:40).

Los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad enseñan a la gente que quien no aporte dinero a sus ministerios, no será prosperado, ni en ninguna manera bendecido por Dios. De esa manera astuta y siniestra, condicionan psicológicamente las conciencias de las personas para que se predispongan a ofrendar. Para empeorar las cosas, el estilo de vida ostentoso y de despilfarro de algunos ministros que promueven el Evangelio de la Prosperidad es un grosero insulto a Aquel humilde carpintero de Nazaret que no tenía ni siquiera donde recostar su cabeza (Mateo 8:20; Lucas 16:13). Estos ministros corruptos, han leudado el verdadero Evangelio, introduciéndole la levadura de su interpretación unipersonal, completamente descontextualizada del tenor general de las Escrituras.

Otra de las infaustas prácticas comunes que tienen estos postulantes del Evangelio de la Prosperidad, es hacerle creer a la gente que pueden utilizar su dinero para establecer pactos con Dios. Cabe señalar, que esta es otra burda falacia, porque, aunque si bien es cierto que la Biblia habla de pactos, esos pactos no tienen que ver, en lo absoluto, con dinero (Para un estudio más profundo visita: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/16/herejias-destructoras-las-maratonicas-y-el-pactar-con-dios-a-traves-del-dinero/).

Un pasaje que con regularidad esgrimen los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad, es cuando Jacob hizo voto a Dios en su camino hacia Padan-Aram. Ellos dicen que Jacob hizo un pacto con Dios relacionado con el dinero, lo cual es una tremenda distorsión del sentido de la verdad escrituraria. El pasaje clarísimamente señala que lo que Jacob hizo fue un voto y no un pacto. Fue una promesa “Luego Jacob hizo esta promesa: «Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que estoy haciendo, y si me da alimento y ropa para vestirme, y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. Y esta piedra que yo erigí como pilar será casa de Dios, y de todo lo que Dios me dé, le daré la décima parte»”. (Génesis 28:20-22, NVI)

Con bastante asiduidad los postulantes de la Prosperidad hablan de la siembra de dinero. El texto favorito que emplean es: “Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará” (2 Corintios 9:6, NVI). Se trata de una metáfora de la siembra y la cosecha que el apóstol Pablo utiliza, para enseñar sobre la generosidad del creyente a la hora de dar. Es evidente que hay bendiciones que Dios reparte por motivos de un corazón que actúa de manera magnánima con Su obra. El cuidado que se debe tener, no obstante, es el de no resaltar extremadamente la verdad contenida en el texto con la intención de sacar ventaja personal explotando la economía de otros. Insistir de forma pertinaz en interpretar un texto en detrimento de su contexto es una forma de herejía. El siguiente versículo remarca que: “Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:6, NVI). Derivar de este versículo (como lo hacen los ministros mercaderes, corruptos) que se pueda sembrar semillas de dinero para que Dios nos sane a un hijo, nos provea de un buen trabajo, multiplique nuestras finanzas, o algo por el estilo, es sencillamente, una soberbia ignorancia y una temeraria violación de la hermenéutica bíblica. La repulsiva falsedad de la “Doctrina de la Prosperidad”, está en el intento de sus proponentes de insertar en la mente de los cristianos, la avariciosa idea de que Dios quiere que sus hijos se inunden de dinero. Es una exégesis totalmente torcida de algunos textos de la Biblia. Imaginémonos a Dios, prosperando económicamente a cristianos llenos de egoísmo con su prójimo. Imaginémonos a Un Dios que, en vez de regenerar el corazón humano, decide en cambio bañarlo en dólares. El enfoque de la “Doctrina de la Prosperidad”, está dirigido a sobrestimar la riqueza material en menosprecio de la riqueza espiritual. Mucho énfasis en los designios del corazón humano y poco énfasis en la santidad y mandamientos de Dios. Muchos sueños de hombres y poco anhelo por la verdad de Dios. Mucho énfasis en lo temporal y poco en lo que realmente es eterno.

  1. LA FE ES UNA FUERZA ESPIRITUAL AUTOGENERADA QUE CONDUCE A LA PROSPERIDAD.

Un cuarto error de la teología de la prosperidad es su enseñanza de que la fe es una fuerza espiritual autogenerada que conduce a la prosperidad. Mientras que el cristianismo ortodoxo entiende la fe como la confianza en la persona de Jesucristo, los maestros de la prosperidad adoptan una doctrina muy diferente. En su libro The Laws of Prosperity, Kenneth Copeland, escribe: “La fe es una fuerza espiritual, una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de fe la que hace funcionar las leyes del mundo espiritual… Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad revelada en la Palabra de Dios. La fe hace que esas leyes funcionen” (Kenneth Copeland, The Laws of Prosperity; Fort Worth, TX: Kenneth Copeland Publications, 1974, pp. 19). Obviamente, esto es un entendimiento defectuoso, quizás incluso herético, de la fe.

Según la teología de la prosperidad, la fe no es un acto de la voluntad otorgado por Dios y centrado en Dios. Más bien es una fuerza espiritual humanamente forjada, dirigida a Dios. De hecho, cualquier teología que considere la fe únicamente como un medio para el logro material antes que para la justificación ante Dios debe ser juzgada como defectuosa e inadecuada.

Para un estudio más amplio sobre los errores de la confesión positiva, la doctrina de arrebatar y otros conceptos distorsionados acerca de la fe, visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/13/herejias-destructoras-ensena-la-biblia-que-debemos-arrebatarle-cosas-al-diablo/ y: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/10/distorsionando-la-fe-pentecostal-la-confesion-positiva/

  1. LA ORACIÓN ES UNA HERRAMIENTA PARA FORZAR A DIOS A CONCEDER PROSPERIDAD.

El evangelio de la prosperidad trata la oración como una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad. Los predicadores del evangelio de la prosperidad a menudo notan que “no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2). Los defensores del evangelio de la prosperidad animan a los creyentes a orar por el éxito personal en todas las áreas de la vida. Creflo Dollar, otro maestro de este falso evangelio escribe: “Cuando oramos, creyendo que ya hemos recibido lo que estamos pidiendo, Dios no tiene otra opción que hacer lo que le pedimos… Es una clave para obtener resultados como cristiano” (Creflo Dollar, “Prayer: Your Path to Success,” March 2, 2009, http://www.creflodollarministries.org/BibleStudy/Articles.aspx?id=329).

Ciertamente las oraciones para la bendición personal no son intrínsecamente erróneas, pero el énfasis excesivo del evangelio de la prosperidad en el hombre convierte la oración en una herramienta que los creyentes pueden usar para obligar a Dios a conceder sus deseos. Dentro de la teología de la prosperidad, el hombre, no Dios, se convierte en el enfoque de la oración. Curiosamente, los predicadores de la prosperidad a menudo ignoran la segunda mitad de la enseñanza de Santiago sobre la oración que dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Dios no responde a peticiones egoístas que no honran su nombre. Ciertamente, todas nuestras peticiones deben ser presentadas a Dios (Filipenses 4:6), pero el evangelio de la prosperidad se centra tanto en los deseos del hombre que puede llevar a la gente a hacer oraciones egoístas y superficiales que no traen gloria a Dios. Además, cuando se combina con la doctrina de la súper fe (o confesión positiva) de la prosperidad, esta enseñanza puede llevar a la gente a tratar de manipular a Dios para obtener lo que quieran, lo cual es una tarea inútil. Esto está muy lejos de orar para que se haga la voluntad de Dios.

A la luz de la Escritura, el evangelio de la prosperidad es fundamentalmente defectuoso. En el fondo, el evangelio de la prosperidad es en realidad un evangelio falso debido a su visión defectuosa de la relación entre Dios y el hombre. En pocas palabras, si el evangelio de la prosperidad es verdadero, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas. Ya sea que estén hablando del pacto Abrahámico, de la expiación, del dar, de la fe o de la oración, los maestros de la prosperidad convierten la relación entre Dios y el hombre en una transacción de dar para recibir. Dios es reducido a una especie de “sirviente cósmico” atendiendo a las necesidades y deseos de su creación. Esta es una visión totalmente inadecuada y no bíblica de la relación entre Dios y el hombre.

CONCLUSIÓN.

Los Apóstoles tuvieron sumo cuidado de no caer en la trampa del dinero. El libro de los Hechos relata un caso en que un mago judío, recién convertido a la fe, llamado Simón, quiso a los apóstoles ofreciéndoles dinero a cambio de la adquisición de poderes espirituales. El pasaje dice: “Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero y les pidió: —Denme también a mí ese poder, para que todos a quienes yo les imponga las manos reciban el Espíritu Santo. La respuesta que este individuo recibió ante semejante oferta fue contundente: “—¡Que tu dinero perezca contigo—le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero! No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios. Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención. Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado” (Hechos 8:18–23). Pedro aquí, muestra un hermoso ejemplo, de cómo debe comportarse un verdadero ministro de Jesucristo ante las ofertas relacionadas con el dinero. Su integridad y ética ministerial quedan trasparentadas al reprender con autoridad y celo de Dios a Simón el mago, dejándolo avergonzado por semejante extorsión y dándole una lección inolvidable.

En otra ocasión se menciona que cuando Pedro y Juan iban a la oración, en una de las puertas del templo estaba sentado un hombre cojo que les pidió dinero. En ese momento Pedro no traía dinero para poder darle a aquel hombre. Aquí se menciona a un apóstol sin dinero. De acuerdo con lo que enseñan los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad Pedro tendría que estar bajo maldición por no tener dinero. El en ninguna manera se avergonzó por no tener dinero. Para este siervo de Jesucristo el dinero no era lo más importante. Tenía la verdadera riqueza, la que los ministros de la Prosperidad menosprecian, la riqueza de tener morando en él al mismo Señor Jesucristo: ” —No tengo plata ni oro—declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6).

Por su parte el apóstol Pablo, advirtió de los graves peligros asociados con las ambiciones materiales y la codicia por el dinero: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:9-10). La preocupación principal de Pablo siempre fue la vida espiritual de los creyentes, oró para que estos alcanzaran crecimiento y madurez en la comunión con su Salvador. Cuando se reunió con los ancianos de la Iglesia de Éfeso, después de darles algunos consejos y orar por ellos, Pablo les recordó a estos líderes respecto a su integridad ministerial en cuanto al dinero, les señaló: “No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros” (Hechos 20:33–34). El mismo Apóstol agrega en otro pasaje: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:18–19). Son: “Hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Timoteo 6.5–6).

El escritor de la Epístola a los Hebreos también aconseja: “Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.»” (Hebreos 13:5I). Muchos siervos de Dios han sido atrapados por los tentáculos de las riquezas temporales, aun sabiendo que son ilusorias, fugaces y perecederas (Proverbios 23:4–5). Han vendido su primogenitura por un plato de lentejas. Han descuidado su vida espiritual, distrayéndose en perseguir con avidez, las ofertas temporales de este mundo. Han cambiado el mensaje de la verdad por el de la falsedad. Están distraídos y entretenidos, capitalizando oscuros y sospechados negocios con Mammón, el dios de las riquezas. Se han olvidado de ocuparse en los verdaderos negocios a los que fueron llamados. Aquellos que Jesús dijo: “en los negocios de mi Padre me conviene estar” (Lucas 2:49).  Las palabras de exhortación del apóstol Pedro dirigidas a los pastores deben ser bien recibidas: “Cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere” (1 Pedro 5:2, NVI).

Al ministro de la Iglesia de Laodicea que se sentía muy seguro en sus riquezas terrenales, el Señor le dio una fuerte reprensión. Jesús se valió de términos bastante enérgicos contra aquel siervo, ya que es indiscutible que la comodidad de las riquezas terrenales lo había convertido en un ministro vano y soberbio. Estaba orgulloso de su estatus y de sus muchas posesiones, pero internamente se encontraba vacío. Había perdido la unción, la espiritualidad, y lo más sublime y valioso para un ministro verdadero, la intimidad con Dios. Que terrible será aquel día para algunos ministros que una vez comenzaron bien en la obra de Dios, pero poco a poco, fueron siendo absorbidos por el engaño de las riquezas, a tal grado que ahora tienen comodidades materiales, fama y gloria humanas, pero el respaldo de Dios ya no está con ellos. “Dices: Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista” (Apocalipsis 3:17–18).

Ahora bien, conviene señalar, que el pueblo de Dios tiene el deber de sostener económicamente a sus pastores: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” (1 Timoteo 5:18). Los pastores, por su parte, deben, cada día, aumentar sus conocimientos de la Palabra de Dios y enseñar la Verdad al pueblo que Él ha puesto bajo su cuidado; a fin de que no sean engañados por estos falsos profetas que desfilan en la arena pública trayendo una Biblia, pero por sus frutos es incuestionable que son predicadores de sus propios intereses y no conocen a Dios. Debe existir un perfecto equilibrio en relación con las posesiones materiales. Si bien es cierto que Dios quiere bendecirnos en todas las cosas. Lamentablemente existe la tendencia, entre muchos cristianos, de priorizar y valorar desmedidamente las pertenencias de este mundo. Los ejemplos de Lot, y Balaán en el Antiguo Testamento, deberían ser más que suficientes para apercibirnos respecto a que una vida con posesiones materiales, pero vacía de lo espiritual, se encamina irremediablemente a la autodestrucción.

Desde la perspectiva bíblica y teológica es pertinente y moralmente obligatorio, presentar una apología de la fe y la verdad de Dios, descubriendo y corrigiendo cualquier error en materia de doctrina que se suscite dentro del conglomerado evangélico. La teología de la prosperidad debe ser denunciada como la herejía que es.

Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: La Teología del Dominio o del Reino Ahora.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¡Conquista! ¡Gobierno! ¡Autoridad! ¡Dominio! ¡Manifestación! ¡Visión de Reino! ¡El reino es aquí y ahora! ¿Suena conocido? Estas son palabras y frases que se oyen habitualmente dentro de las iglesias pertenecientes o asociadas con el movimiento “apostólico y profético.” Estas promueven la “Teología del dominio” al mando de los apóstoles y profetas modernos. ¿Es realmente bíblica? ¿Qué hay detrás de esta corriente doctrinal la cual muchas iglesias han adoptado?

La Teología del Dominio, conocida también como Reconstruccionismo, “Teología del Reino Ahora”, “El Reino Presente”, “Dominionismo” y “Teología de la Restauración” es un término usado para describir la filosofía de cristianos conservadores políticamente activos (principalmente de la denominada Derecha Cristiana) que, según se cree, buscan ejercer influencia o control sobre el gobierno civil secular a través de la acción política, especialmente en los Estados Unidos y América Latina, y cuyo objetivo es el establecimiento de una nación gobernada por cristianos, o de una nación gobernada por una comprensión cristiana conservadora de la ley bíblica. Argumentan que sólo los cristianos deben controlar el gobierno civil, llevándolo a cabo de acuerdo con la ley bíblica. Fundamentar sus alegatos en una interpretación política de Génesis 1:28 y combinan en su teología elementos teocráticos, así como su calvinismo y postmilenialismo.

Los dominionistas afirman como un deber cristiano el tomar el control de una sociedad secular pecadora (Chip Berlet, “Following the Threads,” in Ansell, Amy E. Unraveling the Right: The New Conservatism in American Thought and Politics, pp 24, Westview Press, 1998). Aunque existe diversidad de pensamiento entre las iglesias que sustentan dichas ideas, existen ciertas características compartidas por todas las formas de dominionismo:

  1. Los dominionistas celebran el Nacionalismo Cristiano. En el caso particular de los Estados Unidos creen que dicha nación volverá a ser, tal como lo fue una vez, una nación cristiana. De este modo, niegan las raíces de la democracia estadounidense en la Ilustración. En los demás países (principalmente en los latinoamericanos) se aspira a cristianizar la cultura y la sociedad por medio del poder político, el control de los medios y el poder económico de los cristianos (siendo este el punto de encuentro donde la teología de la prosperidad se une con la teología del dominio).
  2. Los dominionistas promueven la supremacía religiosa, en la medida en que no suelen respetar la igualdad de otras religiones, o incluso otras versiones del cristianismo.
  3. Los dominionistas apoyan visiones teocráticas, en la medida en que estas crean que los Diez Mandamientos, o “la ley bíblica” debe ser el fundamento de la ley, y que la Constitución de los países debe ser vista como un mero vehículo para la aplicación de los principios bíblicos (Clarkson, de Frederick. (2005). ” The Rise of Dominionism: Remaking America as a Christian Nation “. Revista Public Eye, vol. 19, No. 3).

Dicho de otra manera, la Teología de Dominio enseña que la Iglesia debe establecer el Reino de Dios como un reino literal y físico en esta tierra. Sólo cuando este objetivo sea logrado, Jesús podrá retornar a la tierra. El Dominionismo también enseña que los creyentes podemos “encarnar” literalmente a Cristo como su cuerpo para establecer su imperio, tomándose atribuciones que la Escritura describe como pertinentes a Cristo solamente. También creen que el hombre puede ser coaccionado a someterse a los dictados de un nuevo orden mundial antes que Cristo venga, y la Iglesia será ese instrumento de coacción.

Los grupos que adhieren a esta teología son muchos y a pesar de que algunos de ellos dicen no tener nada en común con otros, y de presentar ligeras variantes en sus proposiciones, es posible aproximarse al movimiento general como una unidad ya que los puntos en común son numerosos. Entre los grupos más prominentes tenemos a Latter Rain (Lluvia Tardía), Kansas City Prophets, Restauración, Nueva Reforma Apostólica, el  Movimiento de Renovación Carismático y la Confesión Positiva. Algunos exponentes del Dominionismo son: Bill Hamon, Peter Wagner, Ana Méndez, Kenneth Copeland, Benny Hinn, Earl Paulk, Pat Robertson, Larrea Lea, etc. Por supuesto que la sarta de falsos apóstoles y profetas (y hasta salmistas) que sobreabundan en el mundo hispano también se adhieren a la teología: Cash Luna, Rony Chávez, Guillermo Maldonado, etc.

La Teología Del Dominio se basa en 4 columnas doctrinales:

1) Cuando Adán y Eva sucumbieron a la tentación, perdieron dominio sobre la tierra y Satanás tomó control.

2) Dios también perdió el control y desde entonces está buscando “un pueblo del pacto” que sea Su “extensión” o “expresión” en la tierra.

3) La Iglesia (o según algunos, un pequeño grupo llamados “los vencedores”) es el instrumento de Dios para recuperar ese dominio y arrebatarlo de manos de Satanás.

4) Jesús no puede volver hasta que la Iglesia recupere dominio de las estructuras gubernamentales, sociales y económicas de la tierra.

Fundamental en este esperpento teológico es la sumisión a los modernos apóstoles y profetas, quienes con sus milagros y portentos guiarán a la Iglesia hacia la nueva era. Esos milagros y poderes sobrenaturales se harán por medio del Espíritu Santo, quien les otorga todos los dones que los apóstoles tuvieron en el primer siglo. Como toda autoridad en el cielo y en la tierra ha sido dada a Jesucristo y los creyentes somos hoy habitados por el mismo Espíritu que habitó en Jesús, también los creyentes tenemos toda autoridad en el cielo y la tierra, y hasta podemos hablar y, por el poder de nuestras palabras, traer cosas a la existencia y crear el Reino en la tierra antes que Jesús retorne.

Por supuesto que parte del establecimiento del reino por parte de la Iglesia comprende la concentración de los poderes policiales y militares en manos de los que estarán en control durante la era del Reino. Según los creyentes en el Dominionismo este será el cumplimiento de Apocalipsis 12:1-5:  “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas ….. Y ella dio a luz un hijo varón que regirá con vara de hierro a todas las naciones”. Esencial y necesaria en esta grotesca teología es “La Restauración del Tabernáculo de David”. Esta frase rebuscada es sinónimo de la culminación de la perfección de la Esposa de Cristo, una iglesia sin arruga ni mancha. Esta Iglesia es la que pondrá a Satanás y todos los enemigos de Dios sometidos bajo sus pies. Esto será el cumplimiento de 1 Corintios 15:25-26: “Porque preciso es que él [Cristo] reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte”.

Puesto que la cabeza es Cristo, los pies son parte de un cuerpo, y ese cuerpo es la Iglesia. Por consiguiente, donde el pasaje dice Cristo, en realidad se refiere a la Iglesia. Es por todo esto que los Dominionistas tienen que martillar en la mente del cristiano que, como el cuerpo de Cristo, somos Cristo y tenemos su naturaleza divina. De la Teología del Dominio se desprende que no habrá rapto ni tribulación, ni futuro para la nación de Israel, y Jesús no vendrá hasta que el milenio comience o se haya terminado, o nunca, según las diferentes corrientes.

El Dominionismo ha estado con nosotros desde el Tercer Siglo en diferentes formas y bajo diferentes nombres. Juan Calvino instauró en Ginebra, Suiza, su propia versión del mismo.  La teología ha sido rescatada en estos últimos tiempos por una serie de hombres y mujeres que se proclaman profetas y apóstoles, los cuales manipulan a sus seguidores con el fin de extraer dinero de ellos (ya que no podrían tomar control del mundo sin dinero). Su accionar es tan descarado que más bien pareciera que usan la Teología del Dominio con el fin de enriquecerse. Y lejos de ser considerados cristianos y parte integral de la Esposa del Cordero, son más bien tumores dentro del cuerpo de Cristo.

I.- ORÍGENES MODERNOS DE LA TEOLOGÍA DEL DOMINIO.

La formulación moderna más importante de la Teología del Dominio es el Reconstruccionismo cristiano, fundado por R. J. Rushdoony en la década de 1970. El precedente de esta teología, también conocida como “Teología del reino ahora”, puede encontrarse además en los restauracionistas y reconstruccionistas de dicho período, entre los que destacó Pat Robertson, fundador de TBN (Trinity Broadcasting Network) y socio de Enlace TBN para América Latina. El año de 1986 marcó el inicio de esta corriente con la Coalición por el Avivamiento y a Dennis Peacock como el principal protagonista de este amilenialismo, juntando a diversos sectores de la derecha evangélica norteamericana para preparar el camino para la segunda venida de Cristo. Se eliminó el “escapismo del arrebatamiento” (descartó de su teología la doctrina del rapto pretribulacional de la iglesia), y se propuso instaurar el reino de Dios por medio de la evangelización mundial e influenciar, o dominar, las naciones. Posteriormente Peter Wagner (teólogo, misionólogo, misionero, escritor, docente y fundador de varias organizaciones, conocido como un líder clave del Movimiento de Crecimiento de la Iglesia y más tarde por sus escritos sobre la guerra espiritual) a quien muchos consideran uno de los principales ideólogos de este movimiento, desarrolló la teoría que llegó a conocerse como “las siete montañas” o áreas en las cuales la iglesia debería tomar el control de la sociedad: religión, familia, negocios, arte y entretenimiento, gobierno, educación y medios masivos.

Diversos grupos carismáticos y neopentecostales adoptaron las ideas de Wagner y, desde entonces, han sido los principales promotores, aunque no los únicos, de esta teología de conquista. No sólo quieren ganar almas, sino, así como el islam y el comunismo tomaron naciones enteras, ellos consideran un deber moral del cristianismo, en todas sus facetas, implantarlo en todo el orbe. Para ello deben hacer uso de las “ganancias injustas” de este mundo, con propósitos santos, como lo es el cristianizar el mundo a través de infiltrar los negocios y la política, logrando acuerdos con gobiernos y el apoyo de agencias como la USAID. Ellos creen que los cristianos deben tomar el control de todas las áreas de la vida social sobre los no creyentes o cristianos infieles.

Para los defensores de la teología del dominio, la iglesia evangélica ha vivido dormida en una teología de la derrota, en una espera pasiva de la segunda venida de Cristo, pero necesita pasar a una vida gloriosa, de poder. Para ello, la iglesia evangélica necesita una nueva reforma. Los líderes de este movimiento aseguran que esta Nueva Reforma Apostólica y Profética (como les gusta llamarle) es mayor a la de Lutero, pues esa quedó inconclusa y esta pretende restaurar todas las cosas, comenzando con los oficios olvidados (el apostolado y la profecía) y regresando la sociedad al propósito original de Dios en el segundo capítulo del Génesis. Esto significa preparar a la Iglesia para establecer el reino de Dios ahora, adelantando la segunda venida de Cristo.

II.- PELIGROS DE LA TEOLOGÍA DEL DOMINIO.

La Teología del Dominio o del Reino Ahora, muy presente en grupos neopentecostales como la Nueva Reforma Apostólica y otros grupos similares, representa graves peligros para los creyentes de sana doctrina y el evangelismo latinoamericano en particular. Entre ellos podemos mencionar:

  1. La creencia de que el propósito principal de la Iglesia es recuperar de Satanás el dominio de la tierra y establecer y edificar un Reino de Dios físico sobre la tierra.
  2. Negación del reinado milenial de Cristo sobre la tierra y del arrebatamiento de la iglesia.
  3. La promoción de un evangelio social y de la justicia social en vez de evangelizar bíblicamente a los perdidos.
  4. La promoción del ecumenismo, a través del cual todas las religiones del mundo pueden trabajar unidas para resolver los problemas mundiales sin tomar en cuenta la doctrina ni la fidelidad a la Palabra.
  5. El compromiso radical de elegir a cristianos para los puestos públicos en una escala global con el fin de establecer un gobierno cristiano o una teocracia para el Reino de Dios en la tierra.
  6. El compromiso con una filosofía comunitaria que busca unir a la Iglesia, al gobierno y a las corporaciones en una asociación de igualdad con el fin de solucionar los problemas del mundo y lograr la paz y la estabilidad mundiales.
  7. La creencia de que la Gran Comisión no es principalmente acerca del evangelismo y discipulado bíblicos, sino acerca del despertar de los cristianos a su necesidad de recuperar el dominio sobre la tierra y establecer el Reino de Dios.
  8. La promoción agresiva de política y legislación públicas con poco o ningún interés en el evangelismo bíblico.
  9. La creencia de que Dios está dando nuevas revelaciones al hombre y que estas revelaciones son iguales a la Palabra de Dios.
  10. La promoción de prácticas espirituales paganas que les permiten a los individuos tener acceso a estas “nuevas” revelaciones de Dios.
  11. La falta de compromiso para estudiar la Biblia en su contexto por medio de la exégesis, sino más bien un compromiso a interpretar la Biblia por medio de opiniones personales, sentimientos, deseos y experiencias; también conocido como eiségesis.
  12. La creencia y aceptación de falsos apóstoles y profetas de la prosperidad.
  13. La descarada hostilidad contra los cristianos que se rehúsan a aceptar sus revelaciones esotéricas, su autoridad autoproclamada y su agenda global.
  14. La descarada y engañosa estrategia de usar términos tradicionales que tienen nuevos significados definidos por los líderes de la teología del dominio.

III.- ¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA TEOLOGÍA DEL DOMINIO?

No nos extraña el surgimiento de la Teología del Dominio en el movimiento evangélico. La palabra del Señor nos la había advertido siglos antes de que ocurriera: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Timoteo 4:3-4).

El cristianismo moderno parece haber olvidado las palabras dichas por su fundador, el Señor Jesucristo: “Mi reino no es de este mundo.” (Juan 18:36). Un análisis de sus principales enseñanzas nos permite detectar fácilmente sus errores teológicos:

EL REINO DE DIOS:

Los autores de la teología de dominio creen que Dios perdió el control del mundo a manos de Satanás cuando Adán y Eva pecaron. Ellos creen que, desde entonces, Dios ha estado tratando de restablecer el control sobre el mundo mediante la búsqueda de un grupo especial de creyentes, conocido también como “pueblo de pacto”. Que gracias a la sepultura y resurrección de Cristo se ha devuelto la tierra lo que era antes de la caída de Adán y Eva en el pecado. Y que a través de este “pueblo de pacto”, siguiendo a los “apóstoles y profetas de los últimos días” por medio de la “guerra espiritual” y la superación personal de cada cristiano en su campo individual, todos los ámbitos sociales y de la vida, incluyendo las enfermedades y los problemas financieros serán superados. También cosas tales como educación, ciencia, gobierno, leyes, etc., estarán bajo la autoridad de Dios. La creencia es que, dado que los creyentes son habitados por el mismo Espíritu Santo que mora en Jesús, tenemos toda autoridad en el cielo y en la tierra, tenemos el poder para creer y hablar a las cosas que no son como si fueran, y por lo tanto podemos traer la Era del Reino, o “los cielos a la tierra”, antes de la Segunda venida de Cristo. Ellos creen que los apóstoles y profetas de los últimos días que están vivos en el día de hoy tomarán la iglesia a través de la transición de la dispensación de la gracia a la dispensación del reino, de la dispensación de la iglesia mortal a la iglesia inmortal.

Tomando el concepto bíblico del Reino de Dios los líderes de la “teología del dominio” se han ido a extremos no bíblicos. Esta enseñanza errónea ha generado todo un movimiento de enseñanzas no bíblicas y heréticas. La premisa básica del movimiento de la teología del dominio es que el Reino de Dios está en vigor ahora. Entendamos el término Reino de Dios:

  • Primeramente, el Reino fue profetizado en el Antiguo Testamento. Daniel predijo que Dios establecería un reino que nunca sería destruido y que nunca cedería Su soberanía a ningún otro pueblo (Daniel 2:44). También previó la venida de Cristo y Su reino universal y eterno (Daniel 7:13,14; Jeremías 23:5-6).
  • En segundo lugar, el Reino es descrito como estando cerca y presente en la Persona del Rey. Primero, Juan el Bautista, después, Jesús, y luego los discípulos anunciaron que el reino estaba cerca (Mateo 3:2; 4:17; 10:7). El Rey había venido a presentarse a sí mismo ante la nación de Israel. Jesús dijo: “En cambio, si expulso a los demonios por medio del Espíritu de Dios, eso significa que el reino de Dios ha llegado a ustedes.” (Mateo 12:28, NVI). En otra ocasión dijo: “No van a decir: “¡Mírenlo acá! ¡Mírenlo allá!” Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes.” (Lucas 17:21, NVI). Estaba presente porque el Rey había llegado a la escena. Reino de Dios y Reino de los cielos son sinónimos. Estos se utilizan de forma intercambiable en el Nuevo Testamento.
  • En tercer lugar, el Reino es descrito como estando en una forma provisional. Después de ser rechazado por la nación de Israel, el Rey volvió al cielo. El Reino existe hoy en los corazones de aquellos que reconocen Su condición de rey mientras que Él está ausente. Esta fase provisional del reino queda descrita en las parábolas de Mateo 13.
  • La cuarta fase del reino es su manifestación. Esta es el reino literal, milenial, de Cristo sobre la tierra. Tuvo su prefiguración en el Monte de la Transfiguración, cuando el Señor fue visto en la gloria de Su reino venidero (Mateo 16:28). Jesús se refirió a este reino cuando dijo: «Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos» (Mateo 8:11). Este es mencionado en Apocalipsis 20. La quinta y final forma será el reino eterno. Este es descrito en 2 Pedro 1: 11 como «el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo».

APROPIACIÓN INDEBIDA Y FUERA DE CONTEXTO DE LAS PROMESAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO:

Donde los defensores del movimiento yerran llevando a extremos el concepto de Reino de Dios es que ellos creen y enseñan que todas las promesas del Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y las descripciones de los versículos referidos a la manifestación del Reino terrenal de Dios (Reino Milenial de Cristo), se aplican directamente a los cristianos de hoy. Es allí donde caen en la herejía al tratar de apropiarse y aplicar todas las promesas y los versos que pertenecen a aquel tiempo distante y aplicarlo a esta época actual dominada por el pecado. Ellos, sin embargo, se creen llamados a expandir el reino de Dios y ejercer dominio y señorío sobre cada territorio y, finalmente, sobre toda la Tierra.

Los “maestros dominionistas” tratan de aplicar los versículos del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento para los cristianos hoy en día de una manera que no se puede hacer a través de sana exégesis de los pasajes. Al igual que la mayoría de los maestros falsos, selectivamente citan de las Escrituras y toman versículos fuera de su contexto para hacer la aplicación que no es compatible en el texto. Por lo tanto, en esa visión del mundo que ellos enseñan, se trastorna el concepto de lo que es la salvación y el evangelio. Ya que estos traerían consigo la curación total y completa de todas las enfermedades y problemas. Y asimismo el “derecho” de “reclamar” y vivir en abundancia y prosperidad material. Uno de los mayores exponentes del movimiento y de esta doctrina es Myles Munroe este es a la vez el mentor de Guillermo Maldonado, Ana Méndez, Cash Luna y otros falsos apóstoles y profetas de la prosperidad.

Las creencias de la “Teología del dominio” se basan en Génesis 1:28, que dice: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” Este versículo es tomado por los “dominionistas” como un mandato divino para reclamar el dominio sobre la tierra, física, política y espiritualmente. Sin embargo, esta interpretación está totalmente fuera de contexto. El texto sólo dice que la humanidad en general debe multiplicarse y expandirse sobre la faz de la tierra en lugar de permanecer en un lugar y mantener y cuidar de todos los demás seres vivos. No hubo entidades políticas en Génesis 1.

LA NO SEPARACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO:

Entre los principios más controvertidos de la teología del dominio se encuentra la oposición a la separación de la iglesia y el estado. Otras creencias incluyen la idea de que, como somos el Cuerpo de Cristo, somos Cristo. En otras palabras, él está encarnado en la iglesia y nosotros tenemos Su naturaleza divina. Esto es una herejía del peor tipo. Muy similar a la doctrina mormona de la “exaltación” o divinización del ser humano. Lejos de fundamentarse en la Palabra de Dios, se fundamenta en la mentira satánica: “seréis como Dios.” (Génesis 3:5).

ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA, LA GRAN TRIBULACIÓN Y LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO:

Los defensores de las enseñanzas de la teología del dominio tampoco creen en el rapto de la Iglesia ni en los juicios que abarcan “La gran tribulación”. Ellos explican al rapto como una sensación de éxtasis o emoción cuando el Señor regrese para recibir el reino de sus manos. En otras palabras, todo el mundo será “arrebatado” emocionalmente cuando regrese. Y que los juicios de Dios han sido durante toda la historia y no nos espera nada adelante como “juicios venideros”. También, entre sus creencias no bíblicas, está la idea de que todas las profecías sobre el futuro de Israel, tanto en el Antiguo y el Nuevo Testamento en realidad se aplican a la Iglesia.

La Teología del dominio ve la segunda venida de Jesús en dos etapas: primero a través de la carne de los creyentes (y en particular la carne de los apóstoles y los profetas de hoy), y luego en persona para hacerse cargo del reino entregado a Él por su “pueblo de pacto”. Antes de la segunda venida, se debe purgar la tierra de todas las malas influencias. La Teología del Reino Ahora afirma que Jesús no puede volver hasta que todos sus enemigos hayan sido puestos bajo los pies de la Iglesia.

IV.- DEL ERROR A LA BLASFEMIA.

Aunque hay gente que cree en algunas, pero no todas, las enseñanzas del Reino Ahora. Las creencias señaladas anteriormente tienen un factor común. Todas están fuera de la corriente principal del cristianismo y todas estas niegan la Escritura. Sus ramificaciones no son bíblicas. Este concepto suena muy bonito y muy brillante. Pero lamentablemente es algo que las Escrituras no enseñan. La teología del dominio tiene muchos problemas. Esta toma la base que el mundo irá paulatinamente mejorando con el mundo entero llegando a ser “cristianizado” finalmente; sin embargo, toda la evidencia apunta a lo contrario. Después de esto, Cristo volverá. Esto genera una confusión doctrinal severa, ya que va más allá de un simple punto de vista escatológico para convertirse en una malinterpretación total de lo que las Escrituras enseñan. En el libro de Apocalipsis, es fácil ver que el mundo será un lugar terrible en aquel tiempo futuro. También, en 2 Timoteo 3:1-7, Pablo describe los últimos tiempos como “tiempos peligrosos”.

En primer lugar, la idea de que Dios ha “perdido el control” de todo es absurdo, sobre todo, junto con la idea de que Él tiene a los seres humanos para ayudar a recuperar ese control. Él es el Señor soberano del universo, completa y santo, perfecto en todos sus atributos. Él tiene el control total sobre todas las cosas, pasado, presente y futuro y no pasa nada fuera de su mandato. Todo se desarrolla de acuerdo con Su plan y propósito divino: “Si lo ha determinado el Señor Todopoderoso, ¿quién podrá impedirlo? Si él ha extendido su mano, ¿quién podrá detenerla?” (Isaías 14:27).

En cuanto a los hombres que tienen el poder de creer y hablar a las cosas que no lo son, como si fueran, este poder pertenece sólo a Dios (Génesis 1:3; Romanos 4:17). Y Dios no ve con buenos ojos a los que intentan usurparse de él: “Acordaos de esto, y tened vergüenza; volved en vosotros, prevaricadores. Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré.” (Isaías 46:8-11).

Decir que Cristo esta “encarnado”, o sea, hecho carne, en el cuerpo de Cristo, no es sino una falsa creencia. Decir que Él está “encarnado” o “corporizado” en la Iglesia, especialmente a través de los “ungidos” es igual a la doctrina católica romana quién bajo esta pretensión, a través del papa de turno, usurpó el poder político enseñando que ella debía controlar algún día los gobiernos (y lo hizo por más de 17 siglos). En cuanto a nuestro ser con Cristo y la naturaleza divina, no somos Cristo. Es cierto que participamos de su naturaleza divina al ser transformados por la continua presencia del Espíritu Santo en nosotros (2 Pedro 1:4), nuestra meta es parecernos más a Él, pero nunca seremos dioses. Cristo, en cambio, es la segunda Persona de la Deidad, y nadie jamás podrá llegar a ser Dios fuera de la Trinidad. Esto es una mentira del padre de la mentira, Satanás, quien fue el primero que dijo en el Jardín del Edén cuando tentó a Eva con “seréis como Dios” (Génesis 3:5).

La negación del rapto de la Iglesia también es antibíblica. La explicación de que el rapto no es más que el pueblo de Dios siendo atrapado en sentimientos entusiastas pasa por alto la aplicación de la palabra en 1 Tesalonicenses 4:17. El vocablo griego “harpazo”, traducido como “arrebatar” significa arrebatar, alcanzar, quitar, capturar, tomar  por  la fuerza. Este verbo expresa una  idea de fuerza  ejercida  repentinamente  sobre  alguien. Esto quiere  decir que   vendrá   un   día   cuando   se   ejercerá repentinamente   una   fuerza sobrenatural   sobre   todos   aquellos   que   estemos   preparados   para   ser arrebatados;    seremos    levantados,    capturados,    tomados,    alcanzados, quitados de esta tierra para así estar por siempre con el Señor. Este mismo vocablo es empleado para describir lo que ocurrió con Felipe en Hechos 8:39 y Pablo en 2 Corintios 12: 2-4. También se emplea en Apocalipsis 12:5 y Mateo 11:12. En ninguno de los casos se refiere a ser atrapado en sentimientos entusiastas. 1 Tesalonicenses 4:17 junto con Juan 14:1-3 y 1 Corintios 15:51-52 constituyen la base bíblica para el arrebatamiento de la Iglesia.  Claramente esto aún no ha ocurrido, estos hechos se caracterizan por la resurrección de los muertos en Cristo (1 Tesalonicenses 4:16) y la transformación completa del cuerpo. (Filipenses 3:20-21)

Si bien el reino literal, milenial de Cristo en su manifestación personal sobre la tierra es considerado como un tiempo de bendición (Isaías 2.1-3; 11.1-9; 30.23-26; Zacarías 14:1, 7-11, 20, 21; Mateo 19:28; Hechos 3:19-21), ninguna de ellas es totalmente para hoy. Como los profetas falsos que en el mundo antiguo hicieron pronósticos fraudulentos sobre un futuro radiante a pesar de la inminencia del juicio de Dios sobre el pecado (Jeremías 6:14; 8:11; 14:13-14; Lamentaciones 2:14; Ezequiel 13:10, 16; Miqueas 3:5), los falsos profetas de hoy hacen lo mismo. De ellos, la Biblia dice: “Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.” (1 Tesalonicenses 5:3).

Por otro lado, la idea de que la iglesia ha reemplazado a Israel y que el cumplimiento de las profecías de Israel pertenece a la iglesia es conocida como “Teología del reemplazo”, y es antibíblica. Las promesas hechas a Israel se cumplen en Israel, no en la iglesia. Las bendiciones de Dios para Israel son eternas e irrevocables.

Por último, la segunda venida de Cristo será cuando Él, no a los hombres, derrote a sus enemigos y ponga todas las cosas bajo sus pies. La descripción de la segunda venida en Apocalipsis 19 es la descripción de un poderoso guerrero que viene a poner todas las cosas en orden, no de aquel que va a una tierra que ya está limpia y preparada para Él, para gobernar. El versículo 15 es claro: “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.” Pero si la tierra ya hubiese sido “purgada de todas las malas influencias” por la iglesia, como la teología del dominio cree, ¿Por qué Cristo necesita una espada aguda contra las naciones, y ¿Por qué el enojo y la ira de Dios todavía existen en su contra? Los que defienden esta doctrina, siempre querrán solapar su deseo de poder y dominio con frases muy espirituales; sin embargo, la teología del dominio es solo una más en la larga lista de falsas doctrinas filosóficas, no bíblicas, y engañosas de hombres que tratan de humanizar a Dios y deificar al hombre. Esta debe evitarse.

CONCLUSIÓN:

La teología del dominio es una herejía destructiva y peligrosa. Cuando Pablo le escribe a la iglesia de Corintio, donde los falsos apóstoles habían ingresado durante su ministerio (2 Corintios 11:13-15) él los exhorta por su egoísmo, autosuficiencia, carnalidad e ingenuidad diciendo: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:8).

Los corintios creían y actuaban como si ya estuvieran reinando. Esto produjo en los corintios una flaqueza y ceguera espiritual severa por poner su mirada en lo terrenal. ¡Ellos pensaban que debían reinar en el presente y vivir como reyes! Pero Pablo sabía que nosotros debemos enfrentar diversas pruebas ahora para reinar cuando Cristo vuelva (Hechos 14:22). El apóstol se molesta más bien porque ellos habían elegido otro camino que el que él les había enseñado, preocupándose por sus deseos personales mientras él sufría el vituperio de Cristo (1 Corintios 4:9-13). Si ellos hubieran reinado realmente, sería porque Cristo ya habría venido, el milenio ya habría comenzado, por eso Pablo agrega: “Nosotros estaríamos reinando con ustedes”. Pero ello no había ocurrido, como tampoco está ocurriendo hoy y ni ocurrirá por medio de los apóstoles y profetas modernos. Cuando venga el Rey personalmente habrá reino.

Similar a los corintios se muestra la Iglesia de Laodicea, la cual (según algunos intérpretes) es una figura que representa la última etapa de la iglesia en la tierra. El Señor les reprende: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” Las siguientes palabras de Jesús son contundentes a su estado: “sé pues celoso y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:14-22). La teología del dominio, o del Reino Ahora, tiene todas las características de un falso evangelio. Pablo nos advierte: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.” (Filipenses 3:17-20).

Durante el ministerio de nuestro Señor ocurrió algo similar. Juan 6:14 dice: “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” Ellos entendieron que Jesús era el Mesías profetizado y prometido en Deuteronomio 18:15, de modo que quisieron hacerlo rey. Sin embargo, según nos dice el versículo: “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.” Ellos tenían en mente un reino terrenal tal como lo tienen hoy los falsos apóstoles, los falsos profetas de la prosperidad y sus seguidores. Nunca pensaron en Jesús más que como el rey terrenal que les daría libertad terrenal y la venganza que querían. No tenían interés en “Venga tu reino, hágase tu voluntad”. Más bien estaban diciendo “Venga nuestro reino, hágase nuestra voluntad.” Pero el Señor Jesús tenía otros planes, el no usaría poder político y militar contra los romanos. Él quería que aquellos lo reconocieran como el salvador del pecado y del juicio. Pero ellos querían obligarlo a que siguiera la agenda terrenal que ellos tenían.

Como aquellos que buscaban a Jesús para hacerlo rey literalmente, cuando aún no era él momento. Hoy en día lo apóstoles y profetas del siglo XXI tienen y presentan “Otro Jesús”. Un Jesús que atrae a las personas egoístas, las cuales quieren satisfacer sus antojos personales, que los haga ricos y renombrados para así “conquistar las naciones.” Esto es una traición al ideal de Cristo y a su Reino. Eso es en donde han caído los propulsores de la doctrina del reino ahora. Ellos no se preocupan realmente por extender el Reino de Dios ni la gloria de su Nombre, sino que simplemente buscan el engrandecimiento de su propio imperio y el cumplimiento de sus propios deseos egoístas. No temamos denunciar tal enseñanza como lo que es: ¡Una herejía!

Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: Las Maratónicas y el Pactar con Dios a través del dinero.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Expresiones como “Llame y créale a Dios”, “siembre y coseche”, “No razones, cree solamente”, ¡Atrévete a pactar en este día!”, “Bendice al Señor con tus primicias y todo tu año será bendito” y otras frases semejantes se oyen por todos lados en el ambiente evangélico, tanto en nuestras congregaciones como en los medios de comunicación religiosos. Esto recalca el espíritu mercantilista que reina en muchas iglesias de nuestra época y ha sido motivo de descrédito para el cristianismo en general. La condición actual de algunos líderes religiosos e iglesias modernas dista mucho de ser la voluntad de Aquel que, en un arranque de cólera santa, expulsó a los mercaderes que profanaban con su avaricia la casa de su Padre (Marcos 11:15-17).

Tales escándalos no deberían darse jamás en el pueblo de Dios. El ministro del Evangelio debe ser irreprensible y evitar cualquier motivo de afrenta para el santo mensaje que predica. La avaricia y el amor al dinero, sobre todo, descalifican al obrero cristiano. Pablo, explicando los requisitos indispensables para la elección de los pastores, diáconos y demás líderes de la congregación dijo: “Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.” (1 Timoteo 3:1-3; LBLA). Este requisito (evitar la avaricia y las ganancias deshonestas) se repite en 1 Timoteo 3:8 y Tito 1:7.

Pedro también advierte a los ancianos contra los peligros de la avaricia: “pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo.” (1 Pedro 5:2; LBLA). El florecimiento de falsos maestros y traficantes de la fe en pleno siglo XXI hace de tales amonestaciones más necesarias ahora que nunca: “Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores… a quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando, por ganancias deshonestas, cosas que no deben.” (Tito 1:10-11; LBLA).

El apóstol Pablo podía jactarse diciendo: “Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado.” (Hechos 20:33; LBLA). Su integridad era incuestionable, particularmente en el área financiera. Pablo quiso inculcar también tal integridad en la nueva generación de ministros. A Timoteo, su fiel discípulo e hijo en la fe, Pablo le advierte: “Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores.” (1 Timoteo 6:6-10; LBLA).

Con plena autoridad moral, Pablo podía decir con limpia conciencia: “Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que, con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo.” (2 Corintios 2:17; La Biblia de las Américas).

Lamentablemente, la iglesia del siglo XXI parece haber borrado de su memoria y corazón tales advertencias. El apóstol Pedro nos advirtió que tal cosa ocurriría. Refiriéndose a los falsos maestros, él dijo: “Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.” (2 Pedro 2:3). Judas pareciera referirse a muchos pastores, falsos profetas, pseudo apóstoles y tele-evangelistas de nuestra época cuando dijo: “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.” (Judas 11-16).

Hoy, 21 siglos después del nacimiento del cristianismo, los mercaderes de la fe, aquellos que hacen mercancía con los creyentes y adulan a otros para sacar provecho, han regresado. Las prácticas antibíblicas tales como el “pactar con Dios”, el ofrecer milagros a cambio de dinero, las Maratónicas (colectas descaradas de dinero a costa de la fe) y muchas otras del evangelicalismo moderno dan prueba de ello y merecen ser denunciadas. Los verdaderos y fieles ministros del Evangelio estamos llamados a desenmascarar tales abusos.

RESUCITANDO VIEJAS PRÁCTICAS HEREDADAS DEL CATOLICISMO.

El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero, un devoto fraile agustino, sacudió los cimientos de la sociedad europea al denunciar las indulgencias católicas que, mediante pago acorde con la magnitud del pecado, aseguraban la redención del alma pecadora. Su inflamada crítica a las indulgencias formó parte del corazón de las famosas 95 Tesis, clavadas en la tosca madera de la capilla de la Universidad de Wittenberg, donde el fraile impartía lecciones de Ética y Exégesis Bíblica. Las indulgencias cubrían todo el arcoíris de las debilidades humanas. El pecador incluso podía prevenir cualquier contingencia pagando por adelantado. El dinero recaudado se invertía mayormente en la catedral de San Pedro, en Roma, y en uno que otro proyecto local. También servía para pagar las deudas que el arzobispo Alberto de Mainz y el papa León X habían adquirido con los Fuggers, los financistas más acaudalados de entonces. Europa no volvió a ser la misma después del cisma luterano.

Quinientos años después, indulgencias reformadas de nueva estirpe han llenado el firmamento. Me refiero, por supuesto, a las indulgencias traficadas hoy día por muchas iglesias que se hacen llamar evangélicas. Esto me lleva a pensar que, si Martín Lutero estuviera vivo, saldría nuevamente del claustro para atacar con furia, esta vez no al clero católico, sino a los promotores de las nuevas indulgencias dentro del mismo movimiento protestante.

Una bandada amplia de predicadores protestantes ha desplegado sus alas y, con la Biblia en una mano y un libro de recibos no timbrados en la otra, prometen a los fieles evangélicos todas las bendiciones del cielo a cambio de una generosa ofrenda o “promesa de fe”. Estos ministros, empresarios del evangelio, distorsionan el sistema bíblico de ofrendar, hablan de “pactar con Dios”, o “sembrar en el Reino” como carnada, como la principal puerta de entrada a las bendiciones de la gracia y desatienden las responsabilidades que conlleva la conducta neotestamentaria. En su mensaje por ningún lado aparecen las demandas éticas del cristianismo. Ellos sobreenfatizan el diezmo y las ofrendas (ambos conceptos bíblicos legítimos), distorsionando la enseñanza pura del evangelio y debilitando el mensaje central del cristianismo y de las epístolas paulinas, que consiste en la salvación por gracia y no por obras (ni indulgencias), y la preeminencia de los deberes sobre los derechos.

Además de anticristiana, es ofensiva (por no decir escandalosa y carente de toda decencia) la frenética campaña de estos dirigentes. El mal gusto y la desfachatez de algunas de esas campañas ahuyentan a las personas que genuinamente se acercan a recibir consuelo y dirección en Cristo y las Escrituras, y podrían debilitar la fe de ciertos creyentes. De forma desvergonzada, muchas iglesias (si se les puede llamar así), ministerios, emisoras de radio y canales de TV (como el canal Enlace, por ejemplo), han llegado a convertirse simple y sencillamente en una cueva de ladrones que roba a manos llenas a la iglesia, utilizando mentiras y métodos como ofrecer sanidades, milagros financieros, hasta salvación para las personas a través de lo que ellos denominan “pactos con Dios”. Dichos “pactos”, obviamente, deben hacerse mandando dinero a Enlace o a cualquier otro “ministerio” de este tipo.

Tales mercaderes de la fe utilizan un ambiente emocional para mover a las personas a abrir sus carteras y así manipularlos a dar. No puede faltar la música, las promesas llenas de versículos sacados de contexto, gritos y lloriqueos para demostrar que la “presencia de Dios” está con ellos, revelándoles cuánto debes de dar para recibir tu milagro. Afirman que desatan bendiciones, sacando textos de contexto, y utilizando enseñanzas arbitrarias y torciéndolas para su propia perdición. (2 Pedro 3:16). Les dicen a las personas que tienen que dar “hasta que les duela”, obviamente en contra del mandato bíblico de ser un dador alegre, ya que la ofrenda no debe ser con tristeza, ni por necesidad (2 Corintios 9:7-9).

Prácticamente para dichos ministerios si usted les da dinero, Dios lo escuchará; en otras palabras, es una relación netamente financiera y no por buscar conocerle y ser más como Cristo. Tales ministerios afirmarán seguramente que ellos ocupan el dinero para evangelizar el mundo o realizar obras de caridad, pero nunca veremos a estos mercaderes de la fe realizando actividades pastorales, evangelizando en las calles, alcanzando a los perdidos o yendo en misiones a lugares remotos. Por el contrario, quienes se enriquecen, prosperan y viven bien son ellos, mientras que sus seguidores, como ovejas trasquiladas, sufren el daño.

El veneno espiritual, de este falso evangelio, que muchos telepredicadores, “inyectan” a diario a miles de incautas almas ya sea en sus “clubes” o también llamados: “iglesias” o por televisión, no lo hacen por el interés o bienestar de sus ciegos seguidores, si no por una simple y sencilla razón: ¡La avaricia! Los seguidores de estos hombres, quienes los aman casi al borde de la idolatría, no quieren entender, y algunos de ellos no quieren conocer, que sus “padres” espirituales, anunciadores de un falso evangelio; que a la sazón se hacen llamar “apóstoles”, “profetas”, “pastores”, etc., los mantienen adormecidos en la ignorancia bíblica y los envenenan espiritualmente con sus falsas enseñanzas, con la única finalidad de aprovecharse de sus vidas y en especial de sus ingresos económicos. Esta motivación está cargada nada más y nada menos que de pura avaricia. Estos son los mercaderes, de la fe, a quienes vemos en los “pulpitos o escenarios”, con actitudes altaneras y luciendo toda clase de ornamentos, para mostrar a la audiencia engañada que el lujo y el confort es sinónimo de “bendición”. Moviéndose de un lado a otro, dando saltos y brincos mientras mezclan alguna breve enseñanza bíblica manoseada para sustentar su avaricia.

MANCHAS EN EL TESTIMONIO DE LA IGLESIA.

A través de jornadas de donaciones (las llamadas Maratónicas, Radiotones, etc.) el nombre del evangelio se ha manchado y muchos excesos se han cometido. Las formas que los “pastores” usan para motivar a la gente es tan ridícula que muchos de los creyentes sentimos vergüenza. Los predicadores usan frases como “Llame y créale a Dios”, “siembre y coseche”, “No razones, cree solamente”, ¡atrévete a pactar en este día”, “Bendice al Señor con tus primicias y todo tu año será bendito” y otras frases semejantes. Lo más serio de todo es que les prometen indiscriminadamente a las personas que van a recibir más dinero a cambio, aumentos de sueldos, promociones, oportunidades de negocios, o una llamada de alguien que les dará dinero, etc. Otros les aseguran que sus deudas serán canceladas y que por sus ofrendas serán sanados. Aun van al extremo de animar a aquellos que están pasando dificultades económicas a despojarse de todo y que “le crean a Dios”. Usan una y otra vez textos fuera de contexto para lograr su fin.

Con harto dolor debo decir que semejantes comportamientos andan más cerca del tráfico de indulgencias medieval que de lo que enseña la Biblia. Por supuesto, la Biblia indica que debemos ayudar a nuestra iglesia local económicamente. También enseñan las Escrituras que Dios bendice económicamente a sus hijos. De hecho, aunque a algunos despistados no les gustará, Abraham o Job fueron ricos gracias a Dios y así lo dice la Biblia (Génesis 13:1-2; Job 42) sin que las Escrituras añadan que eran ricos porque otros eran pobres o tonterías semejantes nacidas del pensamiento políticamente correcto. Igualmente es verdad que el pacto que Dios suscribió con Israel incluía bendiciones materiales (Deuteronomio 11, 13) y no es menos cierto que Jesús contó entre sus discípulos con hombres ricos como José de Arimatea en cuyo sepulcro nuevo se le dio sepultura. Sin embargo, aunque la Biblia señala que Dios da entre otras bendiciones la prosperidad material, en ningún momento indica ni que eso sea lo más importante ni que podamos activarlo mediante la entrega de dinero a un determinado sujeto o que la garantía de que pagaremos nuestra hipoteca se encuentra en dar más dinero en la ofrenda. Por el contrario, la enseñanza de la Biblia es que debemos saber vivir “con abundancia y con escasez” porque Dios sabe mejor que nosotros nuestra necesidad y porque nuestra primera meta debe ser la búsqueda del Reino (Lucas 12:30); que la viuda que echó dos moneditas dio mucho más que los magnates porque entregó todo lo que tenía sin ninguna promesa de recibir el doble o el triple (Lucas 21:2); que debemos dar dinero “sin esperar nada a cambio” (Lucas 6:35) y que a Dios le repugna la conducta de aquellos que, valiéndose de largas oraciones y otros argumentos religiosos, se apoderan del patrimonio de los demás, incluidos los de los más necesitados (Lucas 20:47). Conductas como estas constituyen pecado, aunque los que las practican, igual que los que vendían indulgencias en el s. XVI, estén convencidos de su bondad.

PROSPERIDAD FINANCIERA A CAMBIO DE DINERO.

Sanidad física, promoción laboral, restauración matrimonial y muchas otras cosas a cambio de dinero. Eso es lo que nos ofrecen hoy en día los nuevos vendedores de indulgencias. Esa mentalidad y práctica fue condenada por los apóstoles cuando Simón el mago quiso comprar el don del Espíritu Santo (Hechos 8:18-23). Por eso la advertencia que se hace a los pastores en las epístolas es “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2). Los ministros nunca deben usar la influencia que Dios les ha dado para manipular a los creyentes. El mismo apóstol denunció a los falsos maestros, advirtiendo a sus lectores que “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda…” (2 Pedro 2:3).

A todos esto se añade otro factor de igual seriedad. Y es que muchos de los creyentes que hacen sus promesas de fe y entregan de corazón sus ofrendas constantemente no reciben lo prometido, y desde ahí se produce una decepción con ellos mismos. Se sienten indignos y débiles en la fe. Y en el peor de los casos, hasta condenados. En este sentido cabe recordar las palabras que Jesús dijo: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18:6). Además, Deuteronomio 18:22 nos dice que estas profecías no cumplidas son evidencias que delatan a un falso profeta.

Algunas personas quizá hayan visto la provisión divina después de hacer alguna contribución en las Maratónicas, las Radiotones, u ofrendar a algún ministerio cuya rendición de cuentas y uso de los fondos recibidos sea cuestionable. Al fin y al cabo, la generosidad es agradable a Dios y Él conoce los corazones y la intención de aquel que da. Pero nunca debemos pensar que la causa de nuestra bendición o prosperidad se encuentra en nuestro sacrificio o en lo abultado de las ofrendas. La única razón por la que Dios bendice y concede su favor es en base a la obra de Jesucristo (Efesios 1:3). Insinuar algo distinto sería desmerecer la cruz de nuestro Señor. Los creyentes debemos recordar que Dios es quien decide recompensar soberanamente la generosidad de los suyos. Al final es el Señor quien determina cómo, cuándo y cuánto “cosechamos”.

CONCLUSIÓN:

La fidelidad a Cristo, el fundador del cristianismo, y al mensaje neotestamentario nos obliga a los dirigentes evangélicos a un manejo modesto, proporcionado y transparente de los diezmos y ofrendas que los creyentes voluntariamente traen a los templos. A los pastores, la Palabra nos exhorta: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Debemos ser responsables en la administración de la palabra de Dios al momento de enseñarla y proclamarla. Que nunca usemos de las Sagradas Escrituras negligentemente, y peor aun manipulando las emociones de las personas para fines lucrativos. No podemos olvidar que los maestros recibiremos un juicio más severo (Santiago 3:1). Esto es algo serio.

Creo de todo corazón que tenemos que hacer nuestros mejores esfuerzos para el avance del evangelio. Debemos cumplir con la gran comisión, cada uno desde su lugar, pero debemos hacerlo legítimamente. Los resultados se los dejamos a Dios. Nada justifica la manera irresponsable y manipuladora con que se recolectan ofrendas en las Maratónicas y otros eventos de ese tipo. Nada de esto justifica lucrar con el evangelio. Conviene que los creyentes evangélicos cumplamos con la ineludible responsabilidad de pedir cuentas. Las congregaciones e instituciones evangélicas deben acostumbrarse a la sana conducta de rendir cuentas periódicamente, mediante auditorías independientes de reconocidas firmas del ramo. La iglesia puede y debe ser una influencia positiva en la sociedad, pero para ello deben tener credibilidad. En esta sociedad abierta en que vivimos, en la que dichosamente todos nos enteramos de casi todo, la credibilidad solo se genera con transparencia. Los pocos espacios cerrados que nos heredó el siglo XX se van abriendo ante el empuje de Internet, esa gran ventana libertaria que todo lo ventila. Gracias a la Providencia por esta apertura. Muchas cosas buenas obtendrá la humanidad de ella.

A los ministros, ¡Qué Dios nos ayude a ser fieles! Mientras tanto, a ti que lees esto quiero decirte: ¡Por favor no te dejes engañar por los mercaderes de la fe, escudriña tu Biblia!

 

Guerra Espiritual, Sin categoría

Verdades Distorsionadas: Extremos Peligrosos en la Guerra Espiritual.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Los cristianos estamos en guerra. No cabe duda: hay una batalla, pero no es contra sangre ni carne (Efesios 6:2). Nuestro enemigo no es visible a nosotros, por lo que no podemos simplemente observar su accionar. Pero Dios sí conoce los planes y las acciones de Satanás y sus demonios, por lo que la única forma de batallar es dependiendo totalmente en Él. Desafortunadamente, Satanás ha creado fortalezas en la mente de los cristianos sobre cómo batallar, lo que ha llevado a estrategias inefectivas y enfoques erróneos. Las Escrituras autentifican la realidad del mundo espiritual, incluyendo a los ángeles (amigos) y a los demonios (enemigos). Sin embargo, a los cristianos occidentales, incluyendo a los evangélicos y pentecostales, no les resulta fácil explicar y referirse a esta dimensión transempírica de la realidad.

Algunos grupos cristianos cuestionan teológicamente que la lucha espiritual sea real y relevante para sus vidas y ministerios. Y es que hay dos extremos de creencia que son graves en términos de combatir. Primero cuando al rechazar creer que hay una batalla, es fácil sufrir heridas espirituales puesto que nos encontramos sin las armas equipadas ni listas para los dardos que vienen. El otro extremo es el de atribuir todo lo que pasa a Satanás, lo que termina dándole más poder de lo que realmente tiene. Muchas personas creen que la forma de luchar contra estas potestades es una lucha de poder. Se comportan como detectives espirituales, siempre buscando al diablo para reprenderlo y arrebatarle lo que se ha llevado. Esta tampoco es la enseñanza de la Palabra.

Los pentecostales que amamos la sana doctrina reconocemos la realidad de la guerra espiritual. No obstante, entendemos que la batalla ya ha sido ganada por Cristo en la cruz, donde Él despojó a los principados y potestades demoníacas triunfando sobre ellas (Colosenses 2:15). Esta sola realización cambia totalmente el tono de nuestro luchar: batallamos con un enemigo que, en última instancia, ha sido derrotado. Entender la derrota de Satanás nos libra de sobre enfatizar el poder del maligno y conocer la Palabra de Dios nos llevará a estar alertas ante las asechanzas del diablo, para resistirlo (1 Pedro 5:8-9). Apoyados en la victoria conquistada por nuestro Señor Jesucristo en la cruz, nos centramos en fortalecer nuestra fe combinando la espiritualidad con acciones prácticas y directas. Oramos con intensidad, vivimos nuestra fe con entrega y pasión, pero recelamos de no caer en las prácticas mágicas y animistas a las que han sido arrastrados algunos creyentes en su obsesiva fiebre por la guerra espiritual.

Manteniendo dicho equilibrio teológico podemos asumir sin problemas la realidad de un conflicto implacable entre el reino de Dios y el gobierno temporal de Satanás, el príncipe de este mundo, quien es asistido por fuerzas demoníacas bajo su comando. Como creyentes pentecostales, aceptamos la realidad de un mundo espiritual tal como se revela la Escritura. La Biblia enseña claramente la existencia de un enemigo invisible dedicado a la destrucción de la humanidad y nos presenta claramente la vida humana como si se viviera en un contexto de continua contienda entre el reino de Dios y el reino de Satanás. La vida y ministerio de Jesucristo ponen en evidencia esta realidad. Inmediatamente después que el Espíritu Santo ungió a Jesús para que comenzara su ministerio público, Jesús experimentó una confrontación personal con Satanás (Mateo 4:1-11; Marcos 1:12,13; Lucas 4:1-13). Más tarde Él declaró: “Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28). Pedro hizo un resumen del ministerio de Jesús al declarar “cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). El apóstol Pablo advirtió a la iglesia de Éfeso: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

EL RESURGIMIENTO DE UNA DOCTRINA OLVIDADA.

La guerra espiritual permaneció como un concepto olvidado por años en el cristianismo, pero resurgió hace ya un poco más de 25 años dentro del movimiento evangélico, como parte de una estrategia evangelística y misionera. Esta estrategia comenzó a configurarse y a tomar impulso a partir del 1989, bajo el liderazgo de Peter Wagner, profesor del Seminario Teológico de Fuller, quien, además, tiene una larga experiencia como misionero en América Latina. Cabe destacar que el moderno resurgir del concepto de guerra espiritual ocurrió, precisamente el año en que cae el emblemático muro de Berlín y el mundo se abre a nuevos paradigmas que se expanden al ritmo de un galopante proceso de globalización, en medio del acentuado subjetivismo que caracteriza esta era posmoderna, marcada por un desplazamiento del ateísmo racional y materialista por doctrinas esotéricas y la búsqueda espiritual de mundos ocultos y otras percepciones del más allá.

Este movimiento que, además de a Wagner, tiene entre sus ideólogos a Charles Kraft, Ed Murphy, John Dawson, Neil Anderson, Héctor Torres y a Cindy Jacobs entre otros, además de activistas de alcance internacional y multitudinario como Omar Cabrera, Carlos Anaconndia, Claudio Freidzon, Rony Chavez y muchos otros, es promovido a través de redes con abundante literatura, seminarios, talleres, cruzadas, concentraciones multitudinarias, marchas y movilizaciones de grupos, lo que le ha ganado notable aceptación, no solo entre los neopentecostales, sino también entre los pentecostales clásicos y otras denominaciones evangélicas. Por ello, los pensadores evangélicos han definido la guerra espiritual como una corriente dentro del ciclo de los grandes movimientos renovadores que han matizado con nuevos impulsos la gran diversidad que a lo largo del tiempo ha caracterizado la práctica del evangelio. Esta corriente hace su aparición en el marco de lo que se ha llamado la tercera ola, periodo de avivamiento que pone énfasis en las señales y prodigios, y que ha tenido notable impacto en lo que tiene que ver con la forma como tradicionalmente estaban organizadas las denominaciones y con muchos otros aspectos de orden eclesiástico y espiritual. Como parte de esta llamada tercera ola, la guerra espiritual ha alcanzado en estos veinticinco años notorio impacto en todos los ámbitos protestantes y más allá.

DOS EXTREMOS PELIGROSOS EN RELACIÓN CON LA GUERRA ESPIRITUAL.

Es innegable que el resurgimiento del concepto bíblico de “Guerra Espiritual” ha sido de bendición para la iglesia. La guerra espiritual surge como un recurso renovador de la iglesia que acentúa con nuevo énfasis y vitalidad la oración. Esto en sí mismo es sumamente positivo. Sin embargo, como ya lo mencionaba antes, los cristianos pueden incurrir en dos extremos de creencia errados frente a la guerra espiritual: Ignorarla por completo o sobre enfatizarla. Analicemos los peligros de ambos extremos.

I.- NEGAR LA REALIDAD DE LA GUERRA ESPIRITUAL.

Nuestra cosmovisión occidental, las suposiciones teológicas tradicionales y un vocabulario bíblico teológico predeterminado, se unen para hacer que sea difícil discernir y enfrentar un vasto despliegue de realidades espirituales que operan más allá de la percepción sensorial de las personas. Desde el Iluminismo, el mundo occidental ha adoptado una orientación racional, humanista, científica, que tiende a evitar el discernimiento espiritual. La confianza en lo racional y en la lógica mental, la capacidad humana de resolver problemas y la habilidad de la ciencia para penetrar a lo profundo y las estructuras de lo que es real, hacen que sea difícil detectar, confrontar y tratar con un reino espiritual hostil. Incluso muchos cristianos evangélicos han llegado a la conclusión de que su experiencia de salvación los inmuniza del diablo y de los demonios. Para los pentecostales, su encuentro inicial del bautismo en el Espíritu Santo hace lo mismo. De este modo, creen que una vez hayan recibido el bautismo en el Espíritu Santo son inmunes a cualquier ataque de los demonios. Muchos teólogos proponen incluso que Jesús ha atado a Satanás en cuanto a la posibilidad de que sus poderes demoníacos puedan afectar de manera alguna a un creyente. Para muchos cristianos, incluyendo a muchos pentecostales, la realidad consiste de Dios, los humanos, la naturaleza y el espacio exterior, las leyes de la naturaleza que gobiernan la vida y el mundo, y ocasionales intervenciones del Espíritu Santo para salvar, bautizar en el Espíritu, realizar milagros de sanidad y librar a los pecadores del control demoníaco. Tal perspectiva falla ignorando la importancia y vitalidad del ámbito espiritual que existe entre el Dios trascendente y el mundo de los humanos y la naturaleza. Trágicamente, el cristianismo que da énfasis a la salvación individual del alma está mal preparado para enfrentar los poderes espirituales hostiles que operan bajo la soberanía suprema de Dios. Este tipo de cristianismo tiene un ministerio de eficacia limitada para las personas, especialmente en la mayor parte del mundo en donde las multitudes creen en la influencia de seres espirituales en todos los aspectos de la vida.

La mayoría de los pueblos del mundo opera desde una orientación de poder en donde los seres espirituales, incluyendo a Dios, Satanás, ángeles, demonios y espíritus ancestrales, controlan todas las dimensiones de la vida. La minoría del mundo occidental, del mismo modo, orientada hacia el poder, enfatiza el poder en la educación, en la política, las finanzas, las posiciones de autoridad, los sistemas sociales y la tecnología, e inserta a los humanos en el centro de su visión mundial. Además, en Occidente, bien sea que la motivación es el deseo de evitar las acusaciones de sensacionalismo o de irracionalidad, o debido a una sospecha de espiritualizar en forma exagerada las conductas y los eventos anormales humanos, por lo general limitan sus diagnósticos a impedimentos médicos o psicológicos, o a dramáticos “actos de Dios”. Temiendo caer en el fanatismo, muchos creyentes hallan seguridad, sanidad y respeto académico en las ciencias seculares. Pero la indiferencia o ignorancia voluntaria de la realidad del mundo espiritual es también un extremo peligroso.

II.- SOBREENFATIZAR O DISTORSIONAR EL CONCEPTO DE GUERRA ESPIRITUAL.

El concepto de guerra espiritual fue olvidado por mucho tiempo en la iglesia evangélica, la cual pagó un alto precio por ello. No podemos negar que hay sitios donde incluso nuestros mejores esfuerzos pastorales, misioneros y evangelísticos fracasaron debido a que no consideramos de forma apropiada dicho elemento. Lamentablemente algunos han sobre enfatizado este tema, llevándolo a niveles descabellados. Muchos cristianos gastan sus energías identificando demonios, trazando rutas, diseñando cartografías espirituales o desarrollando estrategias para ataques espirituales espectaculares y resonantes. Resulta triste ver como muchos creyentes gastan su tiempo y esfuerzo innecesariamente, consagrando vidas enteras al estudio insano de la demonología, todo ello con el propósito de ubicar las estrategias de Satanás y sus huestes. En algunos círculos evangélicos se enseña la existencia de tres los niveles de operación de los demonios:

  • En el nivel primer nivel operan las huestes de menor rango que motivan los pecados individuales de las personas.
  • En el segundo nivel están demonios de mayor calado, “principados”, cuyo control territorial está relacionado con dominar ciudades, regiones y países y su principal propósito es impedir que la iglesia sea bendecida y someter territorios para que la gente rechace el evangelio.
  • El tercer nivel se da a través de las falsas religiones, especialmente las esotéricas y de hechicería, sin soslayar el hinduismo, el budismo, el islam y el catolicismo romano e incluyen a los principados y potestades de mayor rango.

Para los adherentes a esta doctrina, no se trata sólo de orar a ciegas, sino de una guerra espiritual entre fuerzas del bien y el mal invisibles que requiere combate “estratégico”, para lo cual se formulan cartografías espirituales basadas en las actuales divisiones políticas, pues los “principados, potestades y gobernadores de las tinieblas” se distribuyen las tareas de acuerdo con barrios, municipios, provincias y naciones, utilizando las divisiones de cada país. Por eso deben conocer bien la geografía, la cultura, la sociedad, la política y toda información posible, para orar estratégicamente y vencer a los demonios territoriales, a los cuales les suelen asignar los nombres de dioses indígenas actuales o prehispánicos, o de poblaciones negras.

La guerra espiritual es vista como una proclamación e invitación a avanzar hacia espacios espiritualmente no explorados, atacando al enemigo hasta ponerlo en retirada. Partiendo de esto, en muchos círculos evangélicos se habla de oración de guerra, identificación y confrontación de espíritus territoriales, cancelación de maldiciones ancestrales y uso de la cartografía espiritual como una estrategia que permite identificar los espíritus que gobiernan determinados territorios para emprender acciones orientadas a destruir sus fortalezas, sumando así frases y términos al lenguaje que pasan a ser parte del hablar común de los grupos evangélicos que la promocionan y la implementan. Para fundamentar esta lucha de oración se basan en Daniel 10, donde el Príncipe de Persia, una potestad demoníaca, impide que las oraciones de Daniel lleguen a Dios. Estos demonios evitan que la gente escuche la palabra de Dios y la acepte, además la mantiene en ignorancia e idolatría, lo cual impide que la prosperidad económica, el desarrollo y la luz espiritual llegue a las naciones.

En sus concepciones más refinadas, esta estrategia de guerra espiritual se configura con el estudio de la historia, la antropología, además del análisis de prácticas ocultistas y esotéricas, como el espiritismo y el fetichismo, las cuales aborda desde las ciencias sociales y la psicología, para procurarle, en definitiva, una explicación bíblica y teológica consistente y aceptable. Esta creación de realidad sobrepasa a las iglesias neopentecostales o seguidoras de la Nueva Reforma Apostólica (todos aquellos grupos dirigidos por los pseudo-apóstoles modernos) pues su producción cultural permea a iglesias evangélicas que no se adhieren a ellos, pero que se encuentran muy influidos por estas posturas.

Como pentecostales de sana doctrina no negamos la realidad de la guerra espiritual pues es enseñada en la Biblia; sin embargo, nos oponemos a una vida de temor y constante ansiedad espiritual basada en lo que el diablo pueda o no hacer. Somos llamados a estar alertas (1 Corintios 16:13, Filipenses 1:27), pero no a vivir en constante temor o perder la paz a causa del diablo y su mover en este mundo (Isaías 41:10, 44:8; Lucas 12:32). Son los excesos, no la doctrina en sí, los que deben ser rechazados.

LA GUERRA ESPIRITUAL A NIVEL INDIVIDUAL: ¿PUEDEN LOS CREYENTES SER INFLUENCIADOS POR SATANÁS, EXPERIMENTAR OPRESIÓN DEMONÍACA O SUFRIR ATAQUES ESPIRITUALES DE FORMA DIRECTA?

Pero la guerra espiritual va más allá de un conflicto por las naciones de la tierra y la salvación de los perdidos. Tiene también su dimensión personal. Cada área de la vida del creyente está expuesta a ser objeto de ataque por el enemigo de nuestras almas.

Muchos creen que los creyentes en Cristo son inmunes a cualquier forma de ataque satánico; otros en cambio se van al extremo opuesto y viven presos del miedo y el temor al diablo. Muchos incluso temen ser poseídos por espíritus demoníacos o ven la influencia demoniaca en cada faceta de la vida, por trivial que esta sea. Nuevamente, ambos extremos son peligrosos.

Los cristianos genuinos no debemos temer ser poseídos por demonios. Bíblicamente, los seres humanos son creaciones tripartitas, que consisten de cuerpo, alma y espíritu. Un todo integrado compuesto por el cuerpo externo visible, y una naturaleza interna, espiritual y compleja. Los cristianos creemos que Cristo mora dentro del creyente y ocupa el espíritu, el alma y el cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23; 1 Corintios 6:18-20). Por lo tanto, la posesión demoníaca no puede ocurrir en donde Jesús es el Señor.

Por otro lado, es ingenuo creer que porque el diablo no puede poseernos, tampoco puede afectarnos de forma alguna. La experiencia de Job es un testimonio irrefutable de que el fiel creyente puede ser, y es a menudo, atacado por el enemigo.  Si el diablo no pudiera afectar o influir de forma alguna en los creyentes verdaderos, sería difícil explicar cómo es que la serpiente entró al huerto de Edén, donde no había pecado (Génesis 3); cómo pudo Satanás usar a Pedro para que llegara a ser una piedra de tropiezo, estando presente Cristo (Mateo 16:23), cómo pudo Satanás introducirse en Judas, quien acababa de participar de la cena pascual juntamente con Cristo (Juan 13:2,27), y por qué habría Pablo de prohibir a los corintios carismáticos de participar en las festividades en los templos paganos, que eran morada de demonios (1 Corintios 10:14-22). La Biblia pone en evidencia que lo demoníaco no es algo tan remoto como a algunos les gustaría creer.

Aunque podemos afirmar con total seguridad que un creyente genuino, nacido de nuevo y cuya profesión de fe y estilo de vida concuerdan con la Palabra de Dios, no puede ser poseído (indicando control total) por los demonios, el Nuevo Testamento nos indica también que el creyente sí puede experimentar alguna aflicción demoniaca. Las Escrituras de ninguna manera limitan el trabajo de los poderes demoníacos a solo la posesión o demonización plena. En cambio, la Biblia, en varios lugares, habla de personas que tienen un “espíritu inmundo” que influyó negativamente o afectó su vida de alguna manera, ya sea en mayor o menor grado.

Por ejemplo, la conocida historia del hombre con la legión de demonios en Marcos 5 y Lucas 8 es un caso de demonización que había progresado hasta el punto en que el individuo parecía ser completamente propiedad del enemigo. Por otro lado, en Hechos 5, el caso de Ananías y Safira cuando “llenó Satanás [su] corazón” es una ilustración más sutil y suave de la opresión demoníaca (a pesar de que la opresión “leve” les costó la vida).

La Escritura también habla de que los demonios pueden causar enfermedades u otras dolencias físicas (por ejemplo, Lucas 13:11, Mateo 9:32), suministrar aparentes poderes de clarividencia o adivinación (Hechos 16:16), ejercer una gran fuerza y volverse violentos con los demás (Hechos 19:16), y causar daño físico a un supuesto huésped (Marcos 9: 14-29). En Mateo 4:24 y 8:16 se nos dice que le trajeron gente atormentada por demonios a Jesús, y los sanó. Mateo no da detalles de su condición, salvo dejar constancia de que otros los llevaron a Jesús y que la manifestación visible de la influencia demoniaca era su enfermedad únicamente. En Mateo 9:32, ciertas personas trajeron a Jesús un “mudo endemoniado” y después que el demonio fue expulsado, el mudo habló. El demonio parece haber hecho al hombre mudo. Después de que Jesús echó fuera al demonio, el comportamiento de este hombre se normalizó, y él tomó la iniciativa de hablar. En este caso, la influencia demoniaca se manifestaba a través de una enfermedad y no por alguna manifestación sobrenatural. El mudo no estaba poseído, pero sí sufría un ataque o enfermedad de carácter u origen espiritual.

Por la evidencia bíblica podemos concluir que los seres humanos, incluso los creyentes podemos, en cierta medida, ser atacados por demonios. Esto podría implicar ser afectado mentalmente como en el caso de Saúl, a causa de su descuido y pecado personal (1 Samuel 16:14-16). Otras veces, Dios le permite a Satanás atacarnos físicamente en grado significativo, como ocurrió en el caso de Job (Job 1) y Pablo (2 corintios 12:7-9). Indiscutiblemente, no todo lo que nos ocurre necesariamente es culpa de Satanás, pero a veces, y por propósitos especiales, Dios puede permitirle al diablo que nos tiente, nos cause cierto grado de daño o incluso nos enferme.

Muchos se empeñan en negar esta realidad, pero eso no cambia lo que la Biblia enseña. Para los cristianos que se han entregado el control de sus vidas a Cristo, no puede tomar lugar la posesión demoníaca. Debemos ver la posesión demoníaca como un caso extremo de control demoníaco observado sólo entre aquellos que son resistentes al señorío de Cristo.

ABRIENDO PUERTAS A LA INFLUENCIA DEMONÍACA EN NUESTRAS VIDAS.

Un creyente que anda en el Espíritu jamás será poseído por un demonio; sin embargo, en la zona intermedia entre los fieles cristianos y los inconversos están aquellos cristianos que se han estancado en su crecimiento; ellos pueden vivir de manera descuidada e inconsistente en cuanto a buscar la voluntad de Dios y evitar las tentaciones carnales. Cuando ellos vinieron a Cristo, puede que hayan mantenido algunos sectores de su vida interior sin experimentar limpieza, o que después de llegar a Cristo se hayan descuidado y rendido un “lugar” dentro de sus afectos para que el diablo controle cosas tales como avaricia, ira, mentira, lujuria y ansias de poder. Los cristianos pueden pecar voluntariamente y bajar su escudo defensivo contra las tentaciones y los dardos de fuego del maligno (Efesios 6:16). Aun cuando el Espíritu de Dios promete una vía de escape de toda tentación, hay quienes ignoran la oportunidad de huir (1 Corintios 10:13). Santiago recomienda a los creyentes “resistir al diablo” y que de nosotros huirá (Santiago 4:7). Sin embargo, algunos creyentes ofrecen poca resistencia y pueden llegar a ser presa de influencia y opresión demoniaca en diversos grados.

Los creyentes, y particularmente los ministros pentecostales, no pueden permitirse el ser descuidados o arrogantes, suponiendo ser inmunes a los poderes demoniacos. Si Satanás confrontó repetidamente a Jesús (Lucas 4:13), los representantes de Cristo no pueden esperar menos. El Nuevo Testamento llama a los cristianos a la vigilancia y la lucha espiritual constante contra Satanás y sus dominios. El Nuevo Testamento no indica que hay una tregua, zona desmilitarizada o inmunidad. Pablo habla en tiempo presente de “nuestra lucha”, incluido él mismo, que no es contra seres humanos, sino contra poderes espirituales malignos planeado por un demonio intrigante (Efesios 6:11-12).

A los creyentes de Corinto, Pablo les advierte a no ser engañados por Satanás (2 Corintios 2:11). Se advierte a los cristianos de Éfeso a “no dar lugar al diablo” (Efesios 4:27). La orden implica que es posible dar lugar o espacio para el diablo, ya sea en los propios pensamientos, actitudes, comportamientos o relaciones interpersonales. Escribiendo a los conversos en Roma, Pablo les ordenó: “No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos” (Romanos 6:12). Y añadió: “No ofrezcas alguna parte de ti mismo al pecado como instrumento de maldad … ofrezcan cada parte de uno mismo a él [Dios] como instrumento de justicia. … Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecen “(Romanos 6:13-16). Una lectura inversa sugiere que los cristianos pueden permitir que el pecado reine en su cuerpo, ya que pueden ofrecer partes de sus cuerpos para ser utilizados con fines pecaminosos, convirtiéndose en esclavos en ciertos aspectos de su vida. La amonestación del apóstol a entregar todo a Dios y que él reine supremamente sobre todas las dimensiones de la vida, incluyendo el corazón (pensamientos, motivaciones, emociones y valores), el alma (el cuerpo y la conducta externa), y la fuerza (todas esfuerzos y logros de una vida).

Pedro describió predicadores que viven entre los santos que “han escapado de la corrupción del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ella y son vencidos” (2 Pedro 2:20). Afirmó: “Las personas son esclavas de lo que les ha dominado” (2 Pedro 2:19). La referencia de Pedro a ser “enredado”, “vencido” y “esclavizado” implica que, como creyentes, podemos sufrir bajas en la guerra espiritual contra Satanás. Dar lugar a tentaciones puede conducir al pensamiento carnal y a una conducta que finalmente se convertirá en hábitos. Los hábitos conducen a adicciones, y las adicciones pueden resultar en grados crecientes de esclavitud.

LLAMADOS A LA GUERRA ESPIRITUAL.

Los cristianos deben tomar la ofensiva y proclamar a Jesús como Señor entre aquellos que nunca lo han oído. Asimismo, deben invadir y ocupar los dominios de oscuridad. En su avance, ellos deben revestirse de la armadura provista por Dios (Efesios 6:10-18) e involucrarse en tres tipos de batalla:

  • Los seguidores de Jesús deben renovar constantemente su lealtad a Cristo y estar seguros de que Él es Señor de todas las dimensiones de la vida. Esto parece haber sido el asunto en la ciudad de Éfeso, cuando la gente que ya había creído reconocía una lealtad dividida y la necesidad de limpiar sus hogares de parafernalia usada en la brujería (Hechos 19:18-20).
  • Los cristianos deben buscar la verdad y la sinceridad que se encuentra en Jesús, en su carácter, en sus hechos y en sus palabras. En la batalla contra las mentiras y las falsas doctrinas, deben someter las dudas que socavan su confianza en la bondad de la verdad de Dios (2 Corintios 10:5).
  • Cuando sea necesario, los cristianos debieran tener la confianza de involucrarse en confrontaciones de poder. Debieran imitar a Jesús. Él venció la tentación declarando las verdades de la Palabra de Dios, salvaguardando su relación con el Padre por medio de la obediencia, y por permanecer humillado y dependiente de las provisiones, momentos oportunos y direcciones de Dios. Jesús ha dado poder y autoridad a sus discípulos para echar fuera demonios, sanar a los enfermos y predicar el reino de Dios (Marcos 16:15-18; Lucas 9:1,2). El estudio de la palabra de Dios, la oración, la alabanza a Dios, y el ayuno pueden reforzar la dependencia de uno y la confianza en el Señor para liberar a las personas. Habrá ocasiones en que uno discierne que la resistencia proviene de “las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Podemos observar los controles demoniacos sobre la gente por medio del difundido tribalismo, racismo, idolatría, fanatismo religioso y ciertos pecados predominantes. La confrontación de tales espíritus requiere oraciones individuales y corporativas, y que nosotros, como embajadores de Cristo, hagamos compromisos duraderos de vivir y de testificar para Cristo entre la gente de dichas regiones.

La abundancia de advertencias bíblicas a los cristianos respecto de estar alertas, de preparación y de activa resistencia contra Satanás (descrito como un león rugiente que busca devorar al pueblo de Dios) contra los demonios, principados y potestades, debiera sensibilizar a los creyentes ante la realidad de la batalla y de la posibilidad de experimentar bajas y sufrir daño en la guerra espiritual. La fuerza y la frecuencia de estas advertencias parecen advertir a los creyentes para que estén alertas y preparados para combatir contra el reino satánico.

TOMANDO SOBRE NOSOTROS LA ARMADURA DE DIOS.

La armadura metafórica descrita por Pablo (Efesios 6:13-18) incluye el “cinto de la verdad”. Debemos estar ceñidos en el centro de nuestro ser con la sinceridad, honestidad e integridad. Debemos proteger nuestros afectos con la “coraza de justicia”, permaneciendo firmes y haciendo lo que es justo ante los ojos de Dios. El calzado apropiado asegura que uno está listo para ir en cualquier momento donde Dios lo dirija y declarar verbalmente las condiciones de paz con Dios, con los demás y consigo mismo. Tomar el “escudo de la fe”, manteniéndolo firme para asegurar las promesas bíblicas de Dios, permite que los cristianos rechacen e impidan los intentos del diablo para traer destrucción y muerte. Necesitamos proteger nuestros pensamientos con el “yelmo de la salvación”, salvación que es integral, que transforma la mente, las emociones, el cuerpo y las relaciones. El arma es una espada pequeña y manejable, descrita como la “palabra de Dios”, que hace retroceder los poderes de oposición del enemigo. Debemos dedicar tiempo al estudio, meditación, memorización y comprensión contextual de la palabra de Dios, para usarla eficazmente en los momentos de crisis. Vestidos con la armadura y protegidos con el escudo y la espada, los representantes de Dios entran a la lucha “orando en el Espíritu”. No limitados a orar en lenguas, sino incluyendo el ser llenos de percepción a la dirección del Espíritu Santo, y dependientes de Él para recibir fortaleza, resistencia y habilidad de permanecer firmes.

CONCLUSIÓN:

Sin lugar a dudas, el concepto renovado de guerra espiritual ha traído impulsos renovadores que son notorios en la adoración, la oración intercesora, el evangelismo, las misiones y el despliegue de dones espirituales diversos que adormecían por falta de animación y práctica aunque, en algunos casos, ha evidenciado tendencia a la superficialidad y el simplismo bíblico, y todo lo pretende reducir e interpretar desde la óptica espiritualista, ignorando la reflexión, el estudio y la compresión de la Palabra de Dios en su sentido más amplio y sistemático. Haciendo un balance general, la guerra espiritual puede ser considerada como un movimiento que ha traído despertar y ha sido de bendición para el pueblo de Dios, aunque hay que reconocer también sus puntos débiles, como la tendencia a absolutizar modelos y prácticas, descalificando a quienes no se envuelven en ellas. Muchos de sus seguidores están más empeñados en descifrar las estrategias de las tinieblas que en disfrutar de los destellos de gloria que irradia la luz del Cristo resucitado y triunfante que todos debemos proclamar. Sin embargo, los excesos de algunos en nada disminuyen la realidad de la guerra espiritual.

En nuestra calidad de ministros llenos del Espíritu y de poder del Espíritu, es necesario que estemos en guardia, por causa de nosotros mismos y del rebaño. Necesitamos un apropiado discernimiento para diagnosticar, defender y librar (cuando sea necesario) a los miembros de nuestra congregación que están siendo víctimas de ataques espirituales. Los cristianos están involucrados en la guerra, quiéranlo o no, pero ellos saben que el que está en ellos es mayor que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Las armas de la contienda no son del mundo, pero tienen poder divino para derribar fortalezas (2 Corintios 10:4). Tenemos la seguridad de la victoria final por medio de Jesucristo, quien ha conquistado el mundo, la carne y el diablo.

Sin categoría

Distorsionando la Fe Pentecostal: La Confesión Positiva.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Desde siempre, el pentecostalismo ha reconocido la importancia de una vida de fe.  Dicho énfasis se fundamenta en que las Escrituras mismas le han dado tal importancia.  El escritor a los Hebreos señala que sin fe es imposible agradar a Dios.  Luego describe la fe como creer dos cosas acerca de Dios: que Dios existe, y que Él recompensa a los que lo buscan (Hebreos 11:6). Los pentecostales entendemos que todas las bendiciones que Dios tiene para su pueblo se reciben por fe.  La salvación (Hechos 16:31), el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 11:15-17), la preservación divina (1 Pedro 1:5), la herencia de las promesas que incluyen sanidades y provisión de las necesidades materiales (Hebreos 6:12), y la motivación para testificar (2 Corintios 4:13) son algunas de las muchas provisiones de la gracia de Dios. Las Escrituras nos instan a ser fuertes en la fe (Romanos 4:20-24) y a protegernos contra cualquier cosa que pueda debilitarla o destruirla.  La Palabra de Dios nos manda orar para que la fe se aumente (Lucas 17:5) y constantemente se nos invita a cultivarla por medio de la lectura de la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Los pentecostales sabemos por experiencia que una vida de fe es una vida de victoria (1 Juan 5:4). Lamentablemente, a través de la historia de la Iglesia, muchas personas han adoptado posiciones extremas en cuanto a las grandes verdades bíblicas, yendo más allá de las enseñanzas de la Palabra de Dios. Tales desviaciones solo han perjudicado la causa de Cristo. La confesión positiva es un ejemplo claro de este tipo de desviaciones teológicas.

La confesión positiva es la práctica de decir en voz alta lo que uno desea que pase con la esperanza de que Dios lo haga realidad. Esta enseñanza es popular en muchos círculos pentecostales y carismáticos, los cuales afirman que las palabras tienen poder espiritual y que, si decimos en voz alta las palabras correctas con la fe correcta, podemos obtener riquezas y salud, atar a Satanás, y lograr cualquier cosa que queramos. Confesar positivamente es decir palabras que creemos o queremos creer, haciéndolas realidad. Esto se opone a la confesión negativa, que consiste en reconocer dificultades, pobreza y enfermedad y, por lo tanto, (supuestamente) aceptarlas y rechazar la comodidad, riqueza y salud que Dios ha planeado para nosotros. Esto se debe a que los seguidores de esta doctrina dividen la confesión en aspectos negativos y positivos.  Los negativos son el reconocimiento de pecado, enfermedad, pobreza, u otras situaciones no deseadas.  La confesión positiva es reconocer o poseer las situaciones deseadas. La conclusión es que lo desagradable se puede evitar al abstenerse de las confesiones negativas. Lo agradable se puede disfrutar al hacer confesiones positivas. Según esta perspectiva, el creyente que evite el reconocimiento de lo negativo y siga afirmando lo positivo estará asegurándose circunstancias agradables. Podrá dominar la pobreza y la enfermedad. Se enfermará solamente si confiesa que está enfermo. Esta perspectiva arguye que Dios quiere que los creyentes se pongan la mejor ropa, manejen los mejores coches, y tengan lo mejor de todo. Los creyentes no tienen que sufrir problemas financieros. Lo único que necesitan hacer es decirle a Satanás que quite las manos de su dinero. Con sólo decirlo, el creyente puede tener resuelta cualquier cosa que desee, ya sea una necesidad espiritual, física, o financiera. Se enseña que la fe obliga la acción de Dios.

Según esta perspectiva, lo que una persona diga determinará lo que recibirá y lo que llegará a ser.  Por tanto, las personas son instruidas a empezar a confesar, aunque lo que quieren quizá no haya sido realizado. Si una persona quiere dinero, debe confesar que ya lo tiene aun cuando no sea cierto.  Si una persona quiere ser sanada, debe confesarlo, aunque sea obvio que no es el caso.  Las personas aprenden que pueden tener cualquier cosa que digan, y de ahí la gran importancia que se atribuye a la palabra hablada.  Proclaman que la palabra hablada, si se repite suficientemente, con el tiempo resultará en fe que obtendrá la bendición deseada.

¡CUIDADO! ¡HEREJÍA A LA VISTA!

Lo más peligroso con la confesión positiva es la creencia de que las palabras tienen una especie de poder mágico espiritual, que podemos utilizar para conseguir lo que queremos. La práctica no se obtiene de verdades bíblicas, sino de un concepto de la Nueva Era llamado la “ley de la atracción”, según la cual una declaración o pensamiento positivo atraerá una reacción positiva. Todo está impregnado de cierta presencia o poder espiritual, pero no de Dios como el creador omnipresente, sino de un “dios” en una forma hinduista/panteísta. El resultado claro es la idea de que nuestras palabras tienen el poder para obligar a Dios que nos dé lo que queremos (una creencia herética). Adicionalmente, los resultados que se atribuyen a la confesión positiva son empoderados por la fe de la persona. Esto conduce a la antigua creencia de que la enfermedad y la pobreza son un tipo de castigo por el pecado (en este caso, la falta de fe). Juan 9:1-3 y todo el libro de Job refutan esto.

La confesión positiva (casada de forma indisoluble con el “evangelio de la prosperidad”) malinterpreta las promesas de Dios. En un sentido bíblico, “confesión” es estar de acuerdo con lo que Dios ha dicho; “la confesión positiva”, en cambio, le exige a Dios el cumplimiento de deseos humanos. En otras palabras, la confesión positiva le roba a Dios su soberanía y lo convierte en el “genio de la lámpara”, siempre dispuesto a concederle sus deseos y caprichos a sus amos humanos. Ese dios, no es el Dios de la Biblia. Las personas que impulsan la confesión positiva dicen que la práctica es simplemente reafirmar las promesas de Dios como fueron dadas en la Biblia. Sin embargo, ellos no diferencian entre las promesas universales que Dios hizo a todos Sus seguidores (por ejemplo, Filipenses 4:19) y las promesas personales hechas a los individuos en un momento determinado para un propósito en particular (por ejemplo, Jeremías 29:11). Ellos también tergiversan las promesas que Dios nos da, negándose a aceptar que el plan que Dios tiene para nuestras vidas no necesariamente debe coincidir con el nuestro (Isaías 55:9). Una vida libre de preocupaciones y perfecta, es la antítesis de lo que Jesús dijo que la vida cristiana sería y las vidas que Sus seguidores vivieron. Jesús no prometió prosperidad; Él prometió dificultades (Mateo 8:20). Él no prometió que todos nuestros anhelos serían cumplidos; Él prometió que tendríamos lo que necesitáramos (Filipenses 4:19). Él no promete paz en una familia; prometió que las familias tendrían problemas sabiendo que algunos decidirían seguirlo y otros no (Mateo 10:34-36). Y Él no prometió salud; prometió llevar a cabo Su plan para nosotros y la gracia en las dificultades (2 Corintios 12:7-10).

La confesión positiva comete otro error teológico monumental al afirmar que, si hacemos una “confesión negativa” (es decir, si reconocemos que estamos en problemas, que si confesamos estar en necesidad, o que si admitimos tener una enfermedad o crisis), tal cosa nos sobrevendrá. Eso no es cierto. No somos dioses y nuestras palabras no poseen el poder de crear realidades más allá de la voluntad soberana de Dios. Es más, la Biblia es muy clara en que “la confesión negativa” carece de poder para negarnos o alejar de nosotros las bendiciones de Dios. Los Salmos están llenos de clamores a Dios para obtener liberación, y en el Salmo 55:22 y 1 Pedro 5:7 se nos exhorta a seguir ese ejemplo. Incluso Jesús fue ante el Padre celestial con claridad sobre la situación y solicitando una ayuda (Mateo 26:39). Ni el Señor ni los escritores sagrados atribuyeron significado mágico alguno a las palabras. La confesión positiva pretende convertir al Dios de la Biblia no en un ser soberano, sino más bien en un Santa Claus cósmico (Santiago 4:1-3) esclavo de los caprichos de sus criaturas. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña que Dios es un Padre amoroso que quiere estar involucrado en las vidas de Sus hijos, en lo bueno y en lo malo. Solo cuando nos humillamos a nosotros mismos y le pedimos ayuda, es que Él nos liberará de las circunstancias o nos da la fortaleza para atravesarlas.

¿ENSEÑANZA BÍBLICA O MERA PSICOLOGÍA?

En cierto modo, la confesión positiva tiene más que ver con la psicología que con el evangelio. Es bien sabido que aquellos que confían en que pueden resolver un problema, generalmente están más relajados y son más creativos. Se ha demostrado que un estado de ánimo optimista mejora la salud. Y las personas felices suelen tener suficiente distancia emocional entre ellos mismos y los demás para darse cuenta de pistas sutiles que podrían conducir al éxito de las operaciones comerciales y personales. Además, cuando alguien expresa constantemente los objetivos, estos se mantienen a la vanguardia; aquellos que constantemente piensan en conseguir más dinero, actuarán como corresponde. Los beneficios emocionales de la confesión positiva son evidentes, pero atribuirles a nuestras palabras un poder mágico cuasi divino es pervertir el evangelio. En otras palabras, es una herejía. En este sentido, los peligros de la confesión positiva superan ampliamente los beneficios. Todas las ventajas que hemos enumerado son psicológicas y de alguna manera fisiológicas, no espirituales. El único beneficio espiritual que se tiene es el hecho de que las personas que esperan que Dios se mueva, son más propensas a ver la mano de Dios en las situaciones. Pero las palabras no son magia. Nuestra función con nuestro Padre Celestial no es exigirle, sino pedirle ayuda, confiar y darnos cuenta de que nuestras bendiciones no dependen de la fortaleza de nuestra fe, sino de Su plan y Su poder.

LO QUE LA BIBLIA EN SU TOTALIDAD TIENE QUE DECIRNOS ACERCA DE LA CONFESIÓN POSITIVA.

Se entiende por qué a algunas personas les gustaría aceptar la enseñanza de la confesión positiva:  Promete una vida libre de problemas, y sus defensores parecen apoyarla con pasajes de las Escrituras.  Los problemas se desarrollan, sin embargo, cuando los pasajes bíblicos son aislados del contexto y de lo que el resto de las Escrituras dicen acerca de este asunto. Resultan los extremos que tergiversan la verdad y al final perjudican a los creyentes como individuos y la causa de Cristo en general.

El apóstol Pablo dio un principio importante para interpretar las Escrituras que llama a “acomodar lo espiritual a lo espiritual” (1 Corintios 2:13).  El énfasis básico de este principio es la importancia de considerar todo lo que dice la Palabra de Dios acerca de un asunto para poder establecer una doctrina.  Solamente la doctrina basada en una perspectiva completa de las Escrituras se conforma a esta regla bíblica de interpretación. Cuando la enseñanza de la confesión positiva indica que confesar la debilidad es aceptar la derrota, confesar la necesidad financiera es aceptar la pobreza, y confesar la enfermedad es impedir la sanidad, entonces está yendo más allá y contradice la armonía de las Escrituras. Por ejemplo, el rey Josafat confesó que no tenía poder para enfrentar la alianza del enemigo, pero Dios le dio una victoria maravillosa (2 Crónicas 20).  Pablo confesó debilidad y entonces dijo que cuando él era débil, era fuerte porque la fuerza de Dios se perfeccionaba en su debilidad (2 Corintios 12:9,10).

Fue después de que los discípulos reconocieron que no tenían lo suficiente para dar de comer a la multitud y estuvieron dispuestos a admitirlo, que Cristo proveyó milagrosamente una abundancia de comida (Lucas 9:12,13).  Fue después que los discípulos admitieron que no habían pescado nada que Jesús los dirigió a una situación muy exitosa (Juan 21:3-6). Estas personas no recibieron instrucciones de reemplazar sus confesiones negativas con confesiones positivas contrarias a la realidad.  Declararon las condiciones exactamente como eran en vez de fingir que eran otra cosa. Sin embargo, Dios intervino maravillosamente, aunque declaraban lo que algunos llamarían “confesiones negativas”.  Comparar las Escrituras con las Escrituras hace claro que las expresiones positivas verbales no siempre tienen resultados felices, ni los comentarios negativos siempre tienen resultados infelices.  Enseñar que los líderes en los primeros años de la Iglesia, como Pablo, Esteban, y Trófimo, no vivían en un estado constante de riqueza y salud porque esta enseñanza no había salido a la luz es ir más allá y contradecir la Palabra de Dios.  La doctrina solamente será completa y fiable cuando se desarrolla dentro de la estructura de todas las enseñanzas de la Biblia entera.

La palabra griega traducida como “confesar” significa “hablar la misma cosa”.  Cuando las personas confiesan a Cristo, están diciendo la misma cosa que las Escrituras dicen acerca de Cristo.  Cuando las personas confiesan su pecado, están diciendo la misma cosa que las Escrituras dicen en relación con el pecado. Y cuando las personas confiesan alguna promesa de las Escrituras, tienen que asegurarse de que están diciendo la misma cosa que la promesa dice en todas las enseñanzas de las Escrituras al respecto. Las palabras de Agustín son apropiadas respecto a esto: “Si crees lo que a ti te gusta en el evangelio, y rechazas lo que no te gusta, no es el evangelio que crees, sino a ti mismo.”

Cuando la doctrina de la confesión positiva indica que una persona puede tener lo que diga, no está enfatizando adecuadamente la necesidad de considerar la voluntad de Dios.  David tenía las mejores intenciones cuando expresó su deseo de construir un templo para el Señor, pero no era la voluntad de Dios (1 Crónicas 17:4).  A David se le permitió reunir los materiales, pero fue Salomón el que construyó el templo.

Pablo oraba para que el aguijón en su carne pudiera ser quitado, pero no era la voluntad de Dios.  En vez de quitar el aguijón, Dios dio la gracia suficiente a Pablo (2 Corintios 12:9). La voluntad de Dios se puede saber y reclamar por fe, pero el deseo del corazón no siempre es el criterio por el cual la voluntad de Dios se determina. Hay tiempos cuando lo agradable y deleitoso quizás no sea la voluntad de Dios.  Santiago aludía a esto cuando escribió: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3).  La palabra traducida “deleites” no se refiere a un deseo pervertido sino a un placer o diversión; lo que el corazón desea.  Otras versiones bíblicas usan la palabra pasiones o placeres en vez de deleites.

En Getsemaní Jesús pidió que pasara de Él la copa.  Esto fue su deseo, pero en su oración Él reconoció la voluntad de Dios.  Él dijo, “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).  La Biblia reconoce que habrá tiempos cuando el creyente no sabrá por lo que debe orar. No sabrá lo que es la voluntad de Dios. Es posible que hasta se sienta perplejo como Pablo a veces se sentía (2 Corintios 4:8).  En esta situación, en vez de simplemente hacer una confesión positiva basada en los deseos del corazón, el creyente necesita reconocer que el Espíritu Santo intercede por él según la voluntad de Dios (Romanos 8:26,27). La voluntad de Dios siempre tiene prioridad sobre los planes y deseos del creyente.  Se deben recordar constantemente las palabras de Santiago: “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:15). Recibir siempre lo que el creyente quiere precisa de más que de una sencilla confesión positiva.  Las cosas agradables pueden estar fuera de la voluntad de Dios; y, por el contrario, las cosas desagradables pueden ser la voluntad de Dios.  Es importante que el creyente diga como los amigos de Pablo, “hágase la voluntad del Señor” (Hechos 21:14), aún más importante que exigir una vida libre del sufrimiento.

Cuando la perspectiva de la confesión positiva enseña que los creyentes deben confesar en vez de orar por las cosas que Dios ha prometido, está pasando por alto la enseñanza de la Palabra de Dios en cuanto a la oración importuna.  Según algunos que creen esta idea de la confesión positiva, las promesas de Dios se clasifican en las áreas de bendiciones materiales, físicas, y espirituales; los creyentes deben reclamar o confesar estas bendiciones y no orar por ellas. Sin embargo, las instrucciones a no orar por las bendiciones prometidas contradicen las enseñanzas de la Palabra de Dios.  Los alimentos son una de las bendiciones prometidas por Dios; sin embargo, Jesús enseñó a sus discípulos a que oraran: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11).  La sabiduría es una bendición prometida por Dios; sin embargo, las Escrituras declaran: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).  Jesús dijo que el Espíritu Santo era la promesa del Padre (Lucas 24:49), y también enseñaba que Dios daría el Espíritu Santo a quienes se lo pidieran (Lucas 11:13). Aunque hubo veces cuando Dios dijo a las personas que actuaran en vez de simplemente clamar, como en el caso de Moisés en el Mar Rojo (Éxodo 14:15), hay muchos pasajes de las Escrituras que recuerdan a los creyentes orar, y orar sin cesar (Romanos 12:12; Filipenses 4:6, 1 Tesalonicenses 5:17). Jesús mismo enfatizaba la importancia de la oración importuna. La ilustración del amigo persistente que llegó a medianoche pidiendo pan para ofrecer a sus invitados se convirtió la base de la declaración de Cristo: “Pedid, y se os dará” (Lucas 11:5-10).  La parábola de la viuda y el juez injusto llegó a ser una oportunidad para que nuestro Señor enfatizara la importunidad en la oración (Lucas 18:1-8).  Estas personas fueron estimadas por la importunidad y no por la confesión positiva sin oración.

Aunque los caminos del Señor son más altos que los del hombre, y no podemos comprender el motivo de cada mandato en las Escrituras, sabemos que en su sabiduría Dios ha ordenado la oración como parte del proceso de satisfacer una necesidad.  En vez de ser un signo de duda, la oración importuna puede ser una muestra de obediencia y fe. Los creyentes deben reconocer que pueden esperar el sufrimiento en esta vida. Por esa misma razón, la confesión positiva es una distorsión de la fe bíblica. La enseñanza de la confesión positiva implica que reinamos como monarcas en esta vida.  Enseña que los creyentes deben dominar en vez de ser dominados por las circunstancias.  La pobreza y enfermedad normalmente son mencionadas como algunas de las circunstancias sobre las cuales los creyentes deben tener dominio. Si los creyentes escogen seguir a los reyes de este mundo como ejemplos, es cierto que buscarán una vida sin problemas (aunque aún los reyes de este mundo tienen también problemas). Se preocuparán más por la prosperidad física y material que por el crecimiento espiritual. Pero cuando los creyentes escogen al Rey de reyes como su modelo, sus deseos serán completamente distintos.  Serán transformados por sus enseñanzas y ejemplo.  Reconocerán la verdad de Romanos 8:17 tocante a los coherederos con Cristo: “Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.  Pablo aun dijo que se gloriaría en sus enfermedades; no dijo que las negaría (2 Corintios 12:5-10).

JESÚS, NUESTRO EJEMPLO SUPREMO, CONTRADIJO CON SU VIDA LA DOCTRINA DE LA CONFESIÓN POSITIVA.

Aunque Cristo era rico, por nosotros se hizo pobre (2 Corintios 8:9).  Él pudo decir: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20). Jesús nunca dejó de ser Dios, y por el poder del Espíritu Santo hacía muchos milagros; pero aun así no estaba libre del sufrimiento. Él sabía que tenía que padecer mucho de los ancianos (Mateo 16:21; 17:12).  Deseaba comer la pascua con sus discípulos antes de padecer (Lucas 22:15).  Después de su muerte, los discípulos reconocieron que el padecimiento de Cristo era el cumplimiento de la profecía (Lucas 24:25,26,32). Cuando los creyentes reconocen que reinar en esta vida es tomar a Jesús como modelo de un rey, reconocerán también que esto puede implicar el sufrimiento; que a veces es mejor quedarse en las circunstancias desagradables que tratar de hacer todas las circunstancias placenteras.

A Pablo le fue mostrado que sufriría (Hechos 9:16). Después él se regocijó en sus sufrimientos por los colosenses. Él vio su sufrimiento como una plenitud “que está más allá de las aflicciones de Cristo en mi carne por el cuerpo suyo que es la iglesia” (Colosenses 1:24). Es cierto que Dios promete suplir las necesidades de los creyentes, y sabe cómo ayudar a los santos a vencer la tentación; pero pretender una vida sin sufrimiento simplemente es un engaño. El creyente comprometido aceptará esto. No se desilusionará si la vida no es una continua serie de experiencias placenteras. No será cínico si no obtiene todos los deseos de su corazón. Él reconocerá que el siervo no es más grande que su Maestro. Reconocerá que seguir a Cristo requiere negarse a sí mismo (Lucas 9:23). Esto incluye negar nuestros deseos egoístas y aun admitir que tenemos problemas. Los problemas no son siempre una indicación de falta de fe. Por lo contrario, pueden ser un tributo a la fe. Este es el gran énfasis en Hebreos 11:32-40. Sostener que todo sufrimiento resulta de confesiones negativas e indica una falta de fe contradice las Escrituras. Algunos héroes de la fe sufrieron grandemente, algunos hasta murieron por su fe, y fueron encomiados por ello.

ENFATIZANDO LA AUTORIDAD DEL CREYENTE MUCHOS HAN OLVIDADO QUE DIOS ES SOBERANO.

El énfasis en la confesión positiva tiende a incluir palabras que hacen parecer que el hombre es soberano y que Dios es el siervo. Dichas palabras se dicen para hacer que Dios obre, sugiriendo que Él tiene que rendir su soberanía; que Él ya no está en posición de obrar de acuerdo a su sabiduría y propósito. Se arguye que la verdadera prosperidad es la habilidad de dejar que el poder de Dios supla nuestras necesidades sin importar cuáles sean éstas. Esto pone al hombre en una posición de usar a Dios en vez de rendirse a sí mismo para ser usado por Dios. En este punto de vista se da muy poca consideración a la comunión con Dios en vez de descubrir su voluntad. Es verdad que Jesús dijo, “y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:13).  Pero las Escrituras también enseñan que se debe pedir en armonía con la voluntad de Dios.  “Y esta es la confianza que tenemos en él que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14,15).

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10) es todavía un mandato importante. Dios es Dios. Él no rendirá su gloria ni soberanía a nadie. Nadie puede convencer a Dios de que debe obrar. La autoridad del creyente existe sólo en la voluntad de Dios, y es la responsabilidad del creyente descubrirla y conformarla a la voluntad de la soberanía de Dios aun en las cosas que él desea. Las palabras de Pablo aún son aplicables: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:17). Cuando los creyentes reconocen la soberanía divina y se preocupan debidamente con la voluntad divina, no hablarán en términos de obligar a Dios ni de usar el poder de Dios. Hablarán de convertirse en siervos obedientes. Desearán ser instrumentos en las manos de Dios.

RHEMA Y LOGOS.

Los defensores de la doctrina de la confesión positiva no sólo traicionan el sentido del texto bíblico, sino que van un paso más allá distorsionando el significa de ciertas palabras en los idiomas originales. Tal es el caso de los vocablos logos y rhema. Desde los años 1970 ha circulado una enseñanza que afirma que los dos vocablos griegos que expresan la idea de “palabra” en el Nuevo Testamento, Rhema y Logos, son marcadamente diferentes uno del otro.  Esto supuestamente nos revelaría que en verdad hay dos clases de “palabra de Dios” (una escrita, la otra hablada) y que todo creyente necesita conocer esta distinción y como aplicarla. La enseñanza “Palabras RHEMA” consiste fundamentalmente de las siguientes proposiciones:

  • Existe en las Escrituras una marcada distinción de uso y significado entre las dos palabras “LOGOS” y “RHEMA”.
  • La palabra “LOGOS” se refiere a la revelación objetiva, es la Palabra eterna de Dios, es la Palabra escrita, absoluta para todo creyente en todo lugar.
  • La palabra “RHEMA” se refiere a la revelación subjetiva, contemporánea, particular para una persona. Es la palabra hablada.  Una profecía, palabra de ciencia o sabiduría se ha de considerar una “palabra RHEMA”.  Una lectura de las Escrituras a viva voz, con fe y convicción también puede ser “palabra RHEMA”.
  • Si el creyente toma una palabra LOGOS, y la confiesa en fe como una palabra RHEMA, esa palabra adquiere poderes creativos, para hacer cumplirse una visión, sanar enfermos, traer prosperidad y cosas por el estilo.

Un ejemplo de esta enseñanza se encuentra en el libro “Apóstoles, Profetas y los Movimientos Venideros de Dios” (Bill Hamon, 1997, pags. 284-285). De acuerdo con dicho libro:

  1. “LOGOS” es la Palabra de Dios inefable, inerrante, creativa e inspirada. (2 Timoteo 3:16; 1 Corintios 2:13). Logos es la Palabra de Dios escrita entera, la Santa Biblia. Es la revelación completa de Dios como aparece en las Escrituras.
  2. Una palabra RHEMA es una palabra o ilustración que Dios nos habla directamente, y que concierne nuestra situación personal o particular. Es una palabra oportuna e inspirada por el Espíritu Santo del LOGOS que trae vida, poder y fe para realizarla y cumplirla. (Efesios 6:17, “la espada del Espíritu que es el RHEMA de Dios”). Puede ser recibida mediante otros como una palabra profética, o como una iluminación dada directamente a uno en su tiempo de meditación personal en la Biblia o en la oración.
  3. El LOGOS es la Palabra fija de Dios, las Escrituras, y el RHEMA es una porción particular del LOGOS sacada a luz por el Espíritu Santo para ser aplicada directamente a algo de nuestra experiencia personal.

Los defensores de la confesión positiva, así sea que lo admitan o no, tienen un concepto degradado de la Biblia. Según su interpretación, la Biblia es, objetivamente, la Palabra de Dios. Pero es la Palabra subjetiva de Dios (el ‘RHEMA’) lo que determina y desencadena una acción divina, y que tiene un poder creativo y regenerador. No basta conocer el ‘LOGOS’ de Dios. Tenemos que recibir el ‘RHEMA’ para poder decir: “Esto es lo que Dios dice”. En esta declaración se aprecia la idea que una palabra “RHEMA” en la boca del creyente tiene un “poder creativo y regenerador.” Dice que “no basta conocer el LOGOS de Dios.” O sea, no basta con estudiar la Biblia. Es necesario recibir una interpretación o sentido de la Palabra escrita que la haga más convincente a nuestras mentes. De ahí nacen los problemas con esta doctrina, pues inculca y motiva al abandono del estudio exegético de la Palabra de Dios y motiva a la interpretación subjetiva y alegórica del texto sagrado. Algunos llevan la doctrina a niveles peores aun al llamar “LOGOS” a las palabras de Dios directamente recibidas por los creyentes de la actualidad, y “RHEMA” a la repetición a viva voz de las mismas como acto creador. En este proceso la Biblia ni tiene lugar, salvo para “confirmar” sus aseveraciones.

De acuerdo con la confesión positiva, el “LOGOS” es la palabra revelacional, la palabra mística, directa que Dios habla al creyente.  El “RHEMA” es la palabra que los creyentes deben decretar o confesar para traer prosperidad y sanidad a esta dimensión. El maestro de la enseñanza “Palabras Rhema”, Kenneth Copeland escribe:

“En tu condición de ser un creyente nacido de nuevo, estás equipado con la Palabra. Tienes el poder de Dios a tu disposición. Al dejar penetrar la Palabra en tu espíritu y al declararlo con tu boca liberas poder espiritual para cambiar cosas en las circunstancias naturales.”   (Kenneth Copeland, El poder de la lengua, pp. 15).

LA VERDAD ACERCA DE “RHEMA”  Y “LOGOS”

Aunque es cierto que en el griego existen ambas palabras LOGOS y RHEMA, y que ambas se usan en el Nuevo Testamento, no existe la distinción alegada entre las mismas. Los defensores de la confesión positiva hacen una distinción inexistente entre ambas palabras, afirmando que la primera se refiere a la palabra escrita. La segunda, a lo que se dice en fe. Según este punto de vista, lo que se dice en fe es inspirado y toma el poder de Dios, pero hay dos problemas grandes con esta distinción:

  1. Primero, la distinción no es justificada por su uso en el griego del Nuevo Testamento ni en la Septuaginta (La versión griega del Antiguo Testamento). Las dos palabras se usan sinónimamente. En el caso de la Septuaginta, las dos, rhema y logos, se usan para traducir la palabra hebrea “dabar” que se emplea en varias maneras relativas a la comunicación. Por ejemplo, la palabra “dabar” (traducida, palabra de Dios) se usa en Jeremías 1:1 y 2. Aun en la Septuaginta se traduce como rhema en el versículo 1 y logos en el versículo 2. En el Nuevo Testamento las palabras rhema y logos se usan intercambiablemente. Esto se puede ver en pasajes como 1 Pedro 1:23,25.  En el versículo 23, es la palabra logos de Dios que… permanece para siempre. En el versículo 25, “la rhema del Señor permanece para siempre”. Otra vez en Efesios 5:26 los creyentes son limpios “en el lavamiento del agua por la rhema”.  En Juan 15:3 los creyentes son “limpios por medio del logos”. Las distinciones entre logos y rhema no pueden ser sostenidas por la evidencia bíblica. La palabra de Dios, ya sea en logos o rhema, es inspirada, eterna, dinámica, y milagrosa. Sea que la palabra sea dicha o escrita no altera su carácter esencial. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17).
  2. Hay también un segundo problema entre aquellos que hacen una distinción entre las palabras logos y rhema. Pasajes de las Escrituras a veces son seleccionados sin pensar en el contexto o analogía de fe, y dicen estar hablando en fe. Con este tipo de aplicación del llamado “principio rhema”, los partidarios se preocupan más en hacer que la Palabra signifique lo que ellos quieren en vez de dejar que la Palabra signifique lo que ella quiere que ellos entiendan. A veces es muy obvio que aman a Dios más por lo que Él hace por ellos que por quién Él es. Es muy importante para los creyentes eludir cualquier forma de existencialismo cristiano, que separa del contexto pasajes de las Escrituras o hace algunos pasajes eternos y otros contemporáneos.

SEMBRANDO ORGULLO, ARROGANCIA Y PEDANTERÍA ESPIRITUAL.

Al revisar los esfuerzos de aquellos que defienden la enseñanza de la confesión positiva, es evidente que la básica apelación es para aquellos que ya son cristianos y que viven en una sociedad de abundancia. Ellos animan a cierto elitismo espiritual entre sus seguidores. El orgullo, la arrogancia, el amor al dinero, la pedantería espiritual y la vanidad tienden a ser fruto de esta teología. Pero ¿Es este el fruto que debe producir la teología cristiana? Definitivamente no. La prueba del fruto todavía es una manera de determinar si un maestro o enseñanza es de Dios o del hombre. “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20).

La confesión positiva mide la condición espiritual del creyente prioritariamente en términos de dinero, éxito y bienes materiales. Se fomenta el materialismo individualista más que el ánimo de bendecir a otros.  Los maestros de la “confesión positiva Rhema” afirman que los apóstoles y hasta Jesús fueron todos hombres muy adinerados y que todo creyente con fe debe serlo también.  Toman al saludo personal de 3 Juan 2 como una promesa divina de absoluta salud y riquezas como “derecho divino” de todo creyente.  Ignoran el consejo de Cristo de Lucas 12:22-31 de no afanarnos por las mismas cosas que se afanan los del mundo. Además, da una respuesta simplista y antibíblica frente a las instancias de sufrimiento en la vida del creyente. Si un creyente admite estar pasando por una dificultad o enfermedad, los maestros del RHEMA en seguida le dirán cosas como: “¡No digas que estás enfermo! ¡Confiesa que ya estás sano!”  Si no hay un milagro de sanidad o prosperidad la explicación siempre es: “Te faltó fe”, “Dejaste de confesar positivamente y usaste palabras negativas” o “Tienes un pecado encubierto que no quieres confesar.”  Ridiculizan a quien ora “que se haga la voluntad de Dios”. Esta corriente ignora las cuantiosas y sabias expresiones neotestamentarias sobre las maneras y propósitos que se dan en el sufrimiento en la vida del creyente.  (2 Timoteo 2:1-13; Hebreos 10:32-39; 11:35-38; Santiago 1:2-4; 1 Pedro 3:8-17; 4:12-19; Apocalipsis 2:8-11).

La confesión positiva distorsiona la doctrina de la revelación divina y la inspiración de las Sagradas Escrituras. Se cree poseer una revelación mayor que los escritores bíblicos, cosa que resulta en doctrinas nuevas y extrañas. Eso es característico de las sectas, no de una verdadera iglesia cristiana. La confesión positiva fomenta también conductas irresponsables bajo el pretexto de confiar en el poder de la confesión de palabras “RHEMA”. Por ejemplo:  El matrimonio de Larry y Lucky Parker, norteamericanos fieles seguidores de la enseñanza “Palabra RHEMA”, dejaron morir a su hijo diabético Wesley, al rehusar que se le diera insulina, convencidos por las palabras RHEMA que habían confesado en fe, que ya estaba sano. El niño cayó en estado de coma diabético, cosa que sus padres tomaron como un engaño satánico para quebrar su fe en la palabra RHEMA. Después de la muerte del niño, los padres no celebraron un funeral, sino un “culto de resurrección” esperando que así viniese el cumplimiento del RHEMA. El niño no resucitó. Los padres fueron condenados por maltrato de menores, pero en vez de una posible condena de 25 años de prisión recibieron una sentencia de cinco años que luego fue conmutada por misericordia de parte del juez.  Lamentablemente han sucedido varios casos como este en los Estados Unidos durante los últimos años. (D.R. McDonnell, Un Evangelio diferente. (Massachussets: Hendrikson, 1988, p.81).

APLICACIÓN UNIVERSAL.

Otro punto en contra de la confesión positiva es su aplicación limitada. Un examen práctico de la validez bíblica de una creencia es si tiene una aplicación universal. ¿Tiene la enseñanza significado sólo para aquellos que viven acaudaladamente en una sociedad? ¿O también da resultado entre los refugiados del mundo?  ¿Qué aplicación tienen las enseñanzas a los creyentes encarcelados por su fe por gobiernos ateos? ¿Son esos creyentes menos porque sufren un martirio o tienen heridas físicas y están en las manos de crueles e implacables dictadores?

La verdad de la Palabra de Dios tiene una aplicación universal.  Es tan efectiva en los barrios como en los suburbios.  Es tan efectiva en la selva como en la ciudad. Es tan efectiva en otros países como en nuestra propia nación.  Es tan efectiva en naciones con privaciones materiales como en las ricas.

CONCLUSIÓN.

Cuando se considera cualquier doctrina siempre es necesario preguntarnos si está en armonía con las enseñanzas totales de las Escrituras. La doctrina basada en menos de un punto de vista holístico de verdades bíblicas sólo puede dañar la causa del Señor. Muchas veces puede ser más perjudicial que los puntos de vista que rechazan enteramente las Escrituras. Alguna gente aceptará más fácil algo como verdad si está escrito en la Palabra de Dios, aunque la enseñanza sea extrema o contradiga otros principios bíblicos.

La Palabra de Dios sí enseña grandes verdades como sanidad, provisión a los necesitados, fe y autoridad de los creyentes. La Biblia enseña que una mente disciplinada es un factor importante para una vida victoriosa. Pero estas verdades deben siempre considerarse como la estructura de todas las enseñanzas de las Escrituras. Cuando hay abuso, hay también a veces la tentación de retractarse de estas grandes verdades de la Palabra de Dios.  En algunos casos la gente pierde a Dios en su totalidad cuando descubre que su énfasis exagerado no siempre corresponde a sus expectaciones ni resulta en la liberación de los problemas. El hecho de que se desarrollen aberraciones doctrinales, sin embargo, no es razón de que se las rechace o de permanecer en silencio al respecto. Los siervos de Dios deben con fe declarar todo el consejo de Dios.