5 SOLAS, Arminianismo Clásico, Calvinismo, Cesasionismo, Continuismo, Dones Espirituales, Luteranismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

Pentecostales, Reforma y reformados

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En cierta ocasión me topé con un emotivo y entusiasta joven que se identificó como “reformado”. Este joven había crecido en una iglesia pentecostal de El Salvador y participaba activamente en los diversos ministerios de esta. Pero su corazón estaba vacío. Con el paso del tiempo su inestabilidad emocional y espiritual lo llevó a una crisis de fe y comenzó a “saltar” de iglesia en iglesia. Su fe parecía sin rumbo hasta que conoció a cierta joven (con el mismo historial de inestabilidad religiosa que él) y ella lo invitó a su nueva congregación: una iglesia que se identificaba como bautista reformada. Con la típica actitud de muchos reformados inmaduros y sin tacto, este joven se jactó de su nueva fe y con mucha arrogancia me dijo: “¿Qué tienen que ver ustedes, los pentecostales, con la Reforma si ustedes no son reformados ni sustentan ninguna de las doctrinas de los reformadores? Es más, ¡Los pentecostales ni siquiera son protestantes ni merecen ser contados como evangélicos!”

Personalmente no me extrañó su actitud. Quienes tratamos a menudo con nuestros hermanos “reformados” estamos acostumbrados a lidiar con ese menosprecio y el espíritu de superioridad intelectual y espiritual que caracteriza a muchos (aunque no a todos) los creyentes de este tipo. Pareciera a veces que aquellos que se autodenominan “Reformados” invierten más tiempo en hablar de nosotros los pentecostales que en predicar de Cristo y de este crucificado. Quiéranlo o no, muchos reformados o calvinistas famosos (como MacArthur y otros de la misma manada), así como muchos “calvinistas de redes sociales”, han hecho girar todo su mundo alrededor de nosotros los pentecostales y arminianos y, cuando todos sus argumentos de ataque y defensa fallan, o se sienten amenazados al ser confrontados con las fallas y contradicciones de su sistema teológico, recurren al insulto o la burla. Eso no nos extraña. Cada uno da los frutos que puede dar.

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PARA EMPEZAR: ¿QUÉ SIGNIFICA EL TÍTULO REFORMADO?

Muchas veces se oye a gente diciendo “soy reformado” o “tal iglesia no es reformada” o “somos un grupo de amigos reformados”. En el mundo de habla española, esta etiqueta se usa en contextos muy diversos y muchas veces de forma equivocada. Normalmente se usa la etiqueta para referirse a una de las siguientes cinco concepciones:

(1) Que tal persona o iglesia cree en las cinco “solas” de la Reforma.
(2) Que tal persona o iglesia prefiere la predicación expositiva a diferencia de la predicación temática.
(3) Que tal persona o iglesia avala cierta postura salvífica (es decir, los cinco puntos del calvinismo).
(4) Que tal persona o iglesia sostiene cierta postura sobre la música y/o el Espíritu Santo (es decir, una postura conservadora).
(5) Que tal persona o iglesia sostiene cierta postura escatológica (es decir, el amilenialismo).

Sin embargo, ningunas de estas concepciones capta la verdadera profundidad y anchura de la etiqueta “reformado” y algunas reflejan un entendimiento totalmente equivocado.

Jamás debemos olvidar que la Reforma tuvo 4 ramas principales: los luteranos, los calvinistas, los anglicanos y los anabaptistas. Estos 4 movimientos pueden ser llamados en propiedad Iglesias Reformadas, no sólo los calvinistas. Por lo tanto, “reformado” no significa exclusivamente “calvinista” o seguidor de las ideas de Calvino. Fue hacia el año 1600 que los calvinistas comenzaron a apropiarse para sí mismos del nombre “reformados” y a llamar “luteranos” a los que diferían de ellos. Dicho de otra manera, los seguidores de Calvino se “robaron” para sí el nombre “reformados”, asumiendo erróneamente que eran los únicos y legítimos herederos de la Reforma, cuando la verdad es que solo son una rama de la misma (y ni siquiera la rama mayoritaria). En todo caso, serían los luteranos quienes más derecho tendrían a ser llamados “reformados”, pues fue Martín Lutero, su fundador, quien hizo estallar la Reforma Protestante (y esto es lo que con tanto celo celebran los mismos calvinistas cada 31 de octubre, Día de la Reforma).

Tristemente, con una actitud de arrogancia y de pedantería espiritual, los calvinistas y sus herederos le niegan el título “reformados” a todos los que difieren de ellos y rechazan el TULIP, tienen una organización eclesiástica diferente o difieren en sacramentos y otros detalles menores. En la mentalidad reducida de los mal llamados “reformados” modernos, los luteranos, anglicanos y anabaptistas (y ya no se diga los otros grupos de ellos surgidos) son excluidos de la etiqueta de “reformados” por varios motivos doctrinales: los anglicanos por su eclesiología (tienen obispos), los luteranos además de por su eclesiología (tienen obispos), por su postura sobre la cena del Señor (la presencia corporal de Cristo en el pan y vino) y los bautistas por su postura sobre el bautismo, sobre la relación entre el Antiguo y Nuevo Testamento y sobre la relación entre el estado y la iglesia (una división clara y total). Esto, sin embargo, es puro sectarismo. Cualquier iglesia nacida de la Reforma es, por naturaleza, una iglesia reformada, ya que nació con, se inspiró en, o se derivó de la Reforma Protestante iniciada en 1517, que por cierto no fue calvinista. Los seguidores de Calvino pueden continuar robándose el título de “Reformados” si quieren (ya lo hicieron desde el sigo XVII), sin embargo, nada cambia lo que es históricamente correcto.

A este punto quiero recalcar lo siguiente:

LA TEOLOGÍA QUE HOY DICE LLAMARSE “REFORMADA” NO NECESARIAMENTE REPRESENTA LA MENTALIDAD DE LUTERO, EL PADRE DE LA REFORMA; POR CONSIGUIENTE, EL USO DEL TÉRMINO “REFORMADA” PARA REFERIRSE EXCLUSIVAMENTE A LA DOCTRINA CALVINISTA ES ABUSIVO.

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LUTERANOS Y CALVINISTAS, MÁS DIFERENTES ENTRE SÍ DE LO QUE MUCHOS CREEN[1]

Muchas veces se tiende a pensar que un luterano y un calvinista, son lo mismo. Esto es un error. De hecho, quizá el único punto en el cual concuerdan por completo calvinistas y luteranos es en cuanto a la Depravación Total del hombre. Tanto calvinistas como luteranos concuerdan en que el hombre está completamente depravado por causa del pecado y no tiene la capacidad de hacer cosas agradables para Dios. Ambos grupos afirman que los seres humanos no pueden acercarse a Dios sin la gracia, porque la voluntad del pecador ha caído.

Los luteranos rechazan la doctrina calvinista de la elección Incondicional y su doble predestinación; es decir, que Dios ha elegido a algunos para ser salvos y otros para ser condenados. Calvino afirmaba que:

“Mediante un consejo eterno e inmutable, Dios ha determinado de una vez por todas a quién admitiría la salvación y a quien condenaría a la destrucción”.[2]

Tal doctrina es abominable para los luteranos. Y, de hecho, la contemplación de tal doctrina era abominable también para Lutero.[3]

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Lo mismo puede decirse de la doctrina calvinista de la Expiación Limitada. Los calvinistas sostienen que, según la intención y el plan de Dios, Cristo murió por los elegidos únicamente. En contraposición, los luteranos afirman una voluntad de salvación universal en Dios, así como una expiación universal. Para los luteranos, la expiación fue objetivamente dada a todos, pero sus beneficios deben ser recibidos subjetivamente por la fe. Para los luteranos la enseñanza de la expiación limitada o particular es una total herejía.

Tanto calvinistas como luteranos sostienen la “Sola Gratia”. Ambos grupos afirman que cuando uno se salva, es por el resultado de la gracia soberana que supera la voluntad caída del pecador, y no por el resultado de una decisión libre por parte del hombre. Sin embargo, existen diferencias entre ambos. Los calvinistas, por ejemplo, afirman que la gracia es irresistible. En el calvinismo se tiene la idea de que los elegidos (aquellos que los calvinistas creen que han sido elegidos incondicionalmente para la vida eterna), no pueden resistir la gracia de Dios y la determinación de ser salvos. Los calvinistas creen que, a los elegidos, la gracia de Dios los abruma de tal manera que incluso si quisieran no podrían rechazarlo. Los luteranos por su parte no limitan la gracia salvadora a los elegidos, sino que esta es universal en alcance e intención y creen que las personas sí son capaces de rechazar a Dios.

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La perseverancia final de los santos es otro punto de desacuerdo. Según el calvinismo a los que Dios eligió, los guardará hasta el fin. Todos los elegidos de Dios serán finalmente salvados. Enfatiza la realidad de que es Dios quien preserva a los elegidos en la fe. Sin embargo, los luteranos creen que las personas pueden rechazar la cruz, es decir, perder la fe y eso haría que dejaran de ser salvos. Pero las diferencias entre luteranos y calvinistas van más allá del famoso TULIP. Su entendimiento de la justificación, su cristología, su enseñanza referente al bautismo, la santa cena y muchos otros aspectos más, difieren notablemente entre ambos grupos reformados. Por consiguiente: ¿Quién puede decir cuál de ellos merece legítimamente ostentar el título de “reformado”? ¿Cuál de ellos ha perdido su derecho de celebrar y hacer suyo el legado de la Reforma Protestante de 1517? ¿Quién de ellos debe negar las 5 Solas y sentirse ajeno al legado de la Reforma? El antojo de un calvinista no es criterio suficiente para ello.

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¿SON LAS 5 SOLAS UNA ELABORACIÓN CALVINISTA EXCLUSIVAMENTE?

No, no lo son. Las ideas que dieron vida a las 5 Solas estuvieron presentes desde la etapa más temprana de la Reforma, pero las frases actuales se desarrollaron en el tiempo. Las frases más tempranas fueron sola gratia (solo por gracia), sola fide y sola scriptura. Éstas se encuentran fácilmente en los textos protestantes de inicios del siglo XVI. Repasemos un poco de historia:

(1.- SOLA GRATIA: El teólogo luterano alemán Andreas Bodenstein von Karlstadt, antes de que se radicalizara, usó la expresión sola gratia repetidamente en su disputa teológica del año 1519. Martin Bucer (otro teólogo alemán que influyó en las doctrinas y prácticas luteranas, calvinistas y anglicanas) la usó en su Comentario de los Evangelios de 1536 y otra vez en un tratado de 1545. El reformador italiano Pedro Mártir Vermiligi la usó en sus lecturas de Romanos en 1558. Wolfang Musculus la usó en sus lecturas de Gálatas y Efesios (1561). Caspar Olevianus la usó en sus lecturas de Romanos (1579). Calvino, el último en usarla, defendió la noción y usó dicha frase en sus obras.[4]

(2.- SOLA FIDE: Lutero usó por primera vez dicha frase en su traducción de Gálatas 3. También la usó en sus lecturas de Gálatas. (Su defensa de insertar “allein” está ahí). En 1521; Melanchton la usó en sus Loci Communes (Lugares Comunes, su texto sistemático) exactamente como nosotros lo hacemos hoy. Karlstadt también usó sola fide en su disputa teológica de 1519. La significancia de esto es que estaba ciertamente reflejando, en este punto, lo que Lutero y Melanchton estaban diciendo. La frase también se halló en la obra de François Lambert (1524); Johannes Oecolampadius (1524,1534); Martin Bucer (1527, 1534, 1536, 1545), Heinrich Bullinger (1534, 1557); Pedro Mártir Vermigli (1549) y en Calvino.[5] También se encuentra, por supuesto, en la Confesión de Ausburgo, art. 6. Se encuentra también en la Confesión de Fe Belga, art. 22. en el texto original francés de 1561 aparece “la seule foy”. En las ediciones posteriores en latín, “sola fide”. El texto en latín del Catecismo de Heidelberg (1563) usa la expresión “sola fide” en la Pregunta 60, sobre la justificación.

(3.- SOLA SCRIPTURA: Sola Scriptura ciertamente es una frase del siglo XVI. La expresión misma se encuentra entre los reformados tan pronto como en 1526 y el teólogo luterano Bucer la usó en 1536. Calvino la usó posteriormente en sus obras.[6]

(4.- SOLUS CHRISTUS Y SOLI DEO GLORIA: Se desconoce la fecha y quién usó por primera vez las frases, Solus Christus (es decir, “en Cristo solo”) y Soli Deo Gloria (a Dios sólo sea la gloria). Sus orígenes son probablemente un poco posteriores a los inicios de la Reforma Protestante. Sin embargo, la enseñanza de que Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro, es extensiva a todo el cristianismo ortodoxo. Ninguna rama del protestantismo puede asumir como exclusiva dicha creencia. Todo creyente protestante y evangélico puede reclamar como suya dicha “sola”. Incluso la frase Soli Deo Gloria, la cual enseña que toda la gloria es sólo para Dios, es extensiva a todo aquel que se llame cristiano y viva para la gloria de Dios. Dicha frase incluso fue utilizada por artistas como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Christoph Graupner para indicar que el trabajo fue producido con el fin de alabar a Dios.

Entonces, pregunto nuevamente: ¿Qué derecho tiene un calvinista a decir que los pentecostales, metodistas, luteranos o cualquier otra denominación nacida o derivada de la Reforma Protestante no tiene derecho a creer o usar las solas en su expresión de fe? Ciertamente, serían los luteranos y no los calvinistas quienes podrían, una vez más, presumir exclusividad sobre las 5 solas. Sin embargo, dichas frases son un legado de todos aquellos que nos hacemos llamar evangélicos o protestantes.

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ENTONCES, ¿VALE LA PENA QUE UN PENTECOSTAL CELEBRE LA REFORMA? ¿TENEMOS DERECHO A HACERLO?

Ciertamente que sí, si así lo elegimos. No depende de los autoproclamados “reformados” decirnos qué podemos o no podemos creer o celebrar. Hay cristianos no calvinistas que dudan celebrar la Reforma Protestante. Unos señalan las divisiones, guerras, y fragmentaciones que surgieron en la Iglesia a partir de la Reforma, con sus secuelas aún hoy. Y sí, eso es lamentable. En cada evento humano siempre está el factor del pecado. Sin embargo, al pesar la balanza, sostengo que la Reforma Protestante ha sido uno de los sucesos grandes e importantes de la historia de la Iglesia. Si eres cristiano, creo que harías bien en celebrar la Reforma, cuando menos por 6 razones:

(1. SI APRECIAS TENER UNA COPIA DE LA BIBLIA EN TU IDIOMA, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: ¿Los nombres Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina te suenan familiares? Son los traductores de la Biblia Reina-Valera, que es la versión más leída en todas las iglesias hispanas. La Reforma permitió la traducción de la Biblia a la lengua del pueblo (la iglesia católica sólo la permitía en latín), lo cual incluye al castellano. Si esta mañana has leído tu Biblia en español, dale gracias a Dios por la Reforma.

(2. SI COMO YO ERES PASTOR Y ESTÁS CASADO, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Antes de la Reforma, los clérigos lo tenían prohibido. Roma enseñaba —y aún enseña— que el celibato es el estado civil más santo, y por lo tanto lo requiere de sus sacerdotes, monjas, y monjes. Lutero, tras leer la Biblia detenidamente, escribió: “No existe nada en la Escritura que requiera el celibato. De hecho, la Biblia quiere que la gente “fructifique y se multiplique.” Lutero no solo abogó por la abolición del celibato para los clérigos, sino que ayudó a una monja a escaparse de un convento y se casó con ella para probar su punto. ¡Bendito sea Lutero! (es maravilloso estar casado y ser ministro de la Palabra).

(3. SI SABES QUE TU TRABAJO SECULAR GLORIFICA A DIOS TANTO COMO EL TRABAJO DE UN PASTOR, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Un ingeniero cristiano que hace su trabajo con excelencia es tan amado por Dios como teólogo, pastor, evangelista o misionero. Ambos tienen una tarea por hacer en el reino de Dios. Los reformadores se esmeraron mucho en elevar las tareas cotidianas hechas para el Señor. “No solo son las personas dentro de la iglesia las que hacen la obra de Dios”, comenta Lutero sobre 1 Pedro 2:9. “Oh, no. Todos somos sacerdotes. Por tanto, todos hacemos la obra de Dios”.

(4. SI APRECIAS LA LIBERTAD DE CONCIENCIA Y EL DERECHO A ELEGIR TU PROPIA RELIGIÓN O NO PRACTICAR NINGUNA, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Antes de la Reforma la libertad de conciencia era una utopía. Todos estaban obligados a pertenecer a la iglesia católica, así no estuvieran de acuerdo con sus enseñanzas. Tampoco había otras opciones para alguien que quisiera permanecer en el cristianismo. Incluso nuestra fe pentecostal no hubiera sido posible sin el derecho a la libertad de conciencia cimentado en las enseñanzas de la Reforma.

(5. SI ESTÁS ACOSTUMBRADO A ESCUCHAR EL EVANGELIO DE LA JUSTIFICACIÓN POR GRACIA A TRAVÉS DE LA FE, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: La Reforma era necesaria porque recuperó el evangelio. La pregunta fundamental para la humanidad es, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y la iglesia medieval titubeaba al responder. ¿Cuántos han entrado a la eternidad pensando que su posición delante de Dios estaba bien debido a ciertos ritos y obras? La Reforma recuperó la proclamación clara de que somos reconciliados con Dios solo a través de la fe en Cristo.

(6. SI TE REGOCIJAS AL VER EL EVANGELIO PREDICADO POR TODO EL MUNDO, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: La Biblia fue traducida a las lenguas vernáculas para que la gente tuviera acceso a la Escritura. Esto, a su vez, provocó un imperativo misionero, el cual fue testigo de muchos predicadores enviados a toda Europa, Norteamérica, India, y hasta Sudamérica. Nosotros hoy, a 501 años de la Reforma Protestante, continuamos recibiendo bendición de lo que Dios hizo allí.

Por estas razones y muchas otras, yo, como evangélico y pentecostal, celebro la Reforma Protestante. Me da lo mismo si a un calvinista le parece apropiado o no. Respeto si otros pentecostales optan por no hacerlo, pero yo no veo nada de malo en hacerlo. Por el contrario, nos recuerda las razones por las cuales existimos como movimiento. Sin embargo, aún considero oportuno aclarar otro punto en relación con este tema.

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¿SOMOS LOS PENTECOSTALES HEREDEROS DE LA REFORMA O SIMPLEMENTE ADVENEDIZOS?

De todos es sabido que el pentecostalismo o movimiento pentecostal es un movimiento evangélico de iglesias y organizaciones cristianas que recalcan la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo, cuya manifestación contemporánea se catalizó a partir del llamado Avivamiento de la Calle Azuza dirigido por el pastor afroamericano William J. Seymour en una Iglesia Metodista Episcopal Africana de Los Ángeles, California en 1906.

Varios de los conceptos que considera el movimiento pentecostal son rescatados de personajes del cristianismo primitivo, como es el caso del obispo Ireneo de Lyon, quien hablaba de las distintas manifestaciones del Espíritu Santo, el don de lenguas y el don de profecía; este último don también era insinuado por Tertuliano, y el énfasis en las prácticas del Espíritu Santo eran compartidas por los montanistas de Frigia. Incluso Agustín de Hipona practicó la imposición de manos para buscar la glosolalia.

Ciertamente, este tipo de prácticas disminuyó considerablemente (más nunca desapareció) durante la Edad Media, época del apogeo del catolicismo en occidente. Sólo más tarde, con la Reforma protestante del siglo XVI, se registraron experiencias semejantes a las de la glosolalia y el avivamiento, buscadas actualmente por los pentecostales. Tal es el caso de los hugonotes en Cevenas durante la Guerra de los camisards. Es más, Martín Lutero dio ejemplos en su vida de poseer ciertos dones espirituales que hoy si consideran exclusivos d ellos pentecostales y carismáticos. Las prédicas sobre el Espíritu Santo de George Fox y los avivamientos experimentados por los husitas de Bohemia se consideran antecedentes del movimiento pentecostal y carismático durante la época de la Reforma y mucho antes.

El pastor anglicano John Wesley, considerado el padre del metodismo, consideraba que los dones perseguidos por el cristianismo primitivo debían rescatarse y no ser ridiculizados. En sus diarios registró diversas historias que tenían que ver con dones divinos. De hecho, el mensaje de las iglesias metodistas marcó una fuerte influencia dentro del movimiento pentecostal. Más adelante, en las décadas de 1730 y 1740 se desarrolló el llamado Primer Gran Despertar, un movimiento de revitalización cristiana que se extendió por la Europa protestante y América británica dejando un impacto permanente en la religión norteamericana y el movimiento pentecostal. Entre sus principales predicadores se encontraron George Whitefield (1714-1770), David Brainerd (1718-1747) y Jonathan Edwards (1703-1758), precursores del evangelicalismo que finalmente dio origen al movimiento pentecostal. Más tarde, a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, se produjo en Estados Unidos el Segundo Gran Despertar, del que surgió el denominado Movimiento de Santidad, un conjunto de creencias y prácticas religiosas que surgió del metodismo y de ciertas denominaciones evangélicas para enfatizar sus creencias a través de una doctrina central.

Entre 1811 y 1825, el teólogo metodista Adam Clarke difundió la idea de hacer más énfasis en el Espíritu Santo, y en 1840 el Movimiento de Santidad comenzó a predicar acerca de la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo. El Movimiento de Santidad procedente del metodismo (y este a su vez de la iglesia anglicana, una de las ramas de la Reforma Protestante) se considera uno de los antecesores del pentecostalismo moderno, y algunos de sus términos publicados hacia 1857 y relacionados con la palabra «pentecostal» son utilizados por el pentecostalismo actual.

¿Cómo negar entonces nuestro linaje protestante? ¿No somos acaso una vertiente más del protestantismo inspirado en la Reforma de 1517? Sola la ignorancia o la malicia de ciertos sectores podría negarnos tal derecho histórico. Ciertamente, el pentecostalismo reúne en sí lo mejor de cada tradición protestante. Como pentecostales podemos ir más allá y trazar nuestro linaje espiritual hasta el pietismo luterano, un heredero indiscutible de la Reforma Protestante de 1517. Surge entonces la pregunta: ¿Qué es el Pietismo?

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PIETISMO Y PENTECOSTALISMO, UNA CONEXIÓN MÁS CON LA REFORMA

El pietismo fue un movimiento de renovación que surgió dentro del luteranismo alemán en el siglo XVII, cuando la Iglesia y la ortodoxia luterana se agotaban en disputas, descuidando la piedad, la moral y la edificación de los fieles. Se suele considerar la Pia Desideria (1675) de Philipp Jacob Spener (1635-1705) como el texto programático y fundador del Pietismo. Spener rescataba principalmente el trabajo de los luteranos Johann Dannhauer (1603-1666), Johann Arndt (1555-1621) y del mismo Martin Lutero (1483-1546). Los pietistas sentían que estaban llevando las enseñanzas de los Reformadores hasta sus conclusiones lógicas, enseñando que la justificación del creyente tenía que manifestarse en una nueva vida. El movimiento pietista comenzó con reuniones en la casa de Spener, para estudio bíblico y oración. Sus grupos caseros se llamaban “Collegia Pietatis” o “Collegia Philobiblica”. Su ardor y su pasión nacía del evangelio. El pietismo tuvo un impacto importante en el Conde Zinzendorf, líder de los moravos, como también en Juan Wesley y el metodismo.

En muchos sentidos, el pietismo puede ser considerado una versión temprana de pentecostalismo. De hecho, el luteranismo tiene una larga historia de movimientos proto-pentecostales. Al igual que los pentecostales, los pietistas enseñaban el sacerdocio universal de los creyentes: Todos los creyentes deben participar de los servicios religiosos, enseñándonos y ayudándonos unos a otros, siendo asiduos en los estudios bíblicos. También se buscaba el cultivo de la vida espiritual a través de la lectura sistemática de la Biblia; se procuraba una vida de oración y abstinencia: combate el juego, borracheras, bailes y teatros, enfatizando moderación en el vestir, en bebida y los alimentos, buen comportamiento cristiano en los negocios, teniendo amor como un parámetro visible de la piedad cristiana, etc. El pietismo, como el pentecostalismo, enfatizaba la vida de santidad y una teología con énfasis en la vida práctica en desmedro de la especulación. Los pietistas sostenían, al igual que los pentecostales modernos, que la Biblia tiene autoridad superior a las confesiones. Pero, sobre todo, los pietistas creyeron, practicaron y experimentaron los carismas o dones espirituales al igual que los pentecostales.

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CONCLUSIÓN

Quiero concluir este artículo aclarando algo que para mí es sumamente importante: AGRADECER POR LA REFORMA Y SER HEREDEROS DE LA MISMA NO IMPLICA CONCORDANCIA CON CADA PUNTO DE ESTA. Sí, los pentecostales tenemos derecho a ser considerados herederos de la Reforma. Sin embargo, tenemos también derecho a disentir con la misma en algunos puntos y esto no nos hace traidores ni menos protestantes. Para empezar, los pentecostales no idolatramos a los reformadores protestantes, no los veneramos como algunos parecen hacerlo. No los consideramos infalibles. No necesitamos citarlos en nuestros sermones ni para validar nuestras afirmaciones teológicas. De hecho, entiendo por qué muchos pentecostales lo piensan dos veces antes de identificarse con la Reforma. Entiendo también por qué muchos (de los más radicales) considerarían casi un insulto el término “reformado”.

Para empezar:

  1. Su teología cesacionista los colocó muy lejos de la ortodoxia cristiana original.
  2. El calvinismo, que se ha apropiado injustamente de la etiqueta de “cristianos reformados”, enseña terribles errores doctrinales e incluso herejías.
  3. Los reformadores fueron autores Intelectuales de la muerte de muchas personas, hermanos en la fe, que por el sólo hecho de diferir de su teología en áreas como el bautismo, fueron muertos de formas terribles.
  4. Martín Lutero fue misógino (discriminaba al sexo femenino) y antisemita (odiaba a los judíos y enseñaba la violencia contra ellos).
  5. Juan Calvino fue el autor intelectual de muchos asesinatos de creyentes a los cuales consideraba herejes por diferir con su interpretación de la Biblia, siendo el caso de Miguel de Servet el más conocido, pero no el único.
  6. Los reformadores (Lutero, Zuinglio, Calvino, etc.) siguieron creyendo en doctrinas y dogmas católicos como la perpetua virginidad de María, doctrina católica romana qué surgió no en la iglesia primitiva, sino en el paso de los siglos dentro de la iglesia y como producto de la apostasía generalizada.

Aclaro, me siento orgulloso del legado protestante y evangélico que como pentecostales podemos reclamar. Simplemente entiendo por qué algunos pentecostales y otros evangélicos modernos prefieren distanciarse de él o ignorarlo. Por otro lado, si los calvinistas quieren considerarse los únicos “cristianos reformados” y herederos exclusivos de la Reforma Protestante ¡Suerte! Asuman también los crímenes cometidos por aquellos a quienes veneran desmedidamente. Prefiero que me llamen simplemente cristiano o evangélico. Y si me llaman pentecostal me sentiré más que honrado por ello. No me molesta si algunos piensan que no tenemos derecho a celebrar la Reforma ¡Yo igual lo haré porque tengo todo el derecho de hacerlo si así lo elijo! Si eres de los que cada año celebra un aniversario más de la Reforma Protestante ¡Felicidades! Hazlo para la gloria de Dios. Si optas por no hacerlo también estás en tu derecho y respeto tus razones. Solamente ten cuidado de no imponer tu opinión particular sobre otro (y mucho menos de negarle a otro lo que considera su derecho). ¡Dios te bendiga!

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REFERENCIAS:

[1] Ariel Álvarez, “Luteranos y Calvinistas: Más lejos de lo que pensabas” (Revista Digital El Católico Luterano), publicado el 20 de octubre de 2018. Disponible en línea en: https://elcatolicoluterano.wordpress.com/2018/10/20/luteranos-y-calvinistas-mas-lejos-de-lo-que-pensabas/

[2] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 3.XXI.7

[3] Obras de Lutero 5: 43-50.

[4] Institución 2.III.

[5] Institución III.III.1; III.XI.1; I.XI.19; III.XIV.17.

[6] Institución III.XVII.

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5 SOLAS, Continuismo, Dones Espirituales, Hablar en Lenguas, Neumatología, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante, Teología

Solus Spiritus, la Sexta Sola olvidada

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión latina ‘Solus Spiritus’ significa ‘Solo el Espíritu’ y constituye la ‘sola’ olvidada de la Reforma Protestante. Los pentecostales, al igual que el resto de las iglesias nacidas de la Reforma o derivadas de ésta, reconocemos que las enseñanzas del protestantismo pueden resumirse en las famosas cinco solas: Sola scriptura, Sola fide, Sola gratia, Solus Christus y Soli Deo gloria.

Aunque los pentecostales estamos orgullosos de ser protestantes y nos gozamos en nuestro legado evangélico; no obstante, como herederos de un legado espiritual igualmente valioso, estamos cada vez más convencidos de que sería teológicamente correcto y necesario añadir una nueva sola a la lista: Solus Spiritus.

¿Por qué pensamos de esta manera? ¿Por qué añadir una más a la lista de las 5 Solas? Los pentecostales, en plena concordancia con la biblia, entendemos y proclamamos que el conocimiento de Dios por parte del creyente no puede nunca ser completo si no conoce a la tercera persona de la Deidad. En opinión de muchos teólogos, el ministerio activo del Espíritu Santo marca la edad de la Iglesia como la “Edad del Espíritu”, en contraste con la era de los Evangelios que es descripta como la “Era del Hijo”, y el Antiguo Testamento que es llamado “La era del Padre”. Todos aquellos que están genuinamente en la Iglesia del Señor Jesucristo, son producto de la obra creativa del Espíritu Santo por medio de Sus múltiples ministerios.[1]

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¿QUÉ DIFERENCIA AL CRISTIANISMO DE CUALQUIER OTRA RELIGIÓN?

Ante la pregunta: ¿En qué se diferencia el cristianismo de cualquier otra fe o sistema de creencias? El creyente pentecostal responderá sin dudarlo: ¡Es el Espíritu Santo! El Espíritu Santo morando en el creyente le asegura la verdad de que el cristianismo no es una mera religión filosófica o moralista. La doctrina cristiana llega a ser una fe vivificada con ímpetu dinámico y validez convincente gracias al Espíritu Santo. En la medida que el creyente ha apropiado el Espíritu Santo, en esa medida ha participado del poder del Evangelio de Cristo Jesús.

Para el creyente, el Espíritu Santo es la llave a toda dádiva y aproximación espiritual. A través de su ministerio le son transmitidos al creyente los frutos de la victoria de la obra consumada por Cristo en el Calvario. El estudio del Espíritu Santo permite al creyente: (1) Apreciar más adecuadamente la naturaleza y la persona de Dios; (2) comprender mejor la naturaleza de la Iglesia como cuerpo orgánico vivificado por el poder del Espíritu Santo y (3) comprender el plan de Dios para el creyente y Su provisión divina para una vida Cristiana victoriosa.

Al estudiar acerca del Espíritu Santo el creyente no está estudiando acerca de un ser extraño; él está estudiando a Dios. La naturaleza y el ministerio del Espíritu Santo son exactamente los de Dios el Padre y Dios el Hijo. El Nuevo Testamento hace mención del Espíritu Santo constantemente: 56 veces en los evangelios; 57 veces en el libro de los Hechos; 112 veces en las cartas de Pablo; 36 veces en el resto del Nuevo Testamento. ¿Osaría alguien cuestionar la importancia del Espíritu Santo en la Biblia y en el cristianismo en general?

ES3

¿DE QUIÉN ESTAMOS HABLANDO?

La Biblia afirma categóricamente que el Espíritu Santo es Dios. No es una mera suposición teológica, pues en la Palabra de Dios encontramos la afirmación de Su divinidad. La Biblia enseña claramente que el Espíritu Santo posee los atributos divinos: omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, eternidad. Incluso le llama “Dios” en Hechos 5:3-4. En este versículo, Pedro confronta a Ananías por haber mentido al Espíritu Santo, y le dice que él “…No había mentido a los hombres sino a Dios…”. Es una clara declaración de que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios.

También podemos saber que el Espíritu Santo es Dios, porque El posee los atributos o características de Dios. Por ejemplo, el hecho de que el Espíritu Santo es omnipresente, lo vemos en Salmos 139:7-8 “… ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás…”. Luego, en 1 Corintios 2:10-11 vemos la característica de la omnisciencia del Espíritu Santo: “…Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios…”. La eternidad del Espíritu Santo también es enseñada en Hebreos 9:14 y Zacarías 4:6.

La Biblia también nos dice que el Espíritu Santo es una Persona, un Ser con una mente, emociones, y una voluntad. De acuerdo con la Biblia, y es lo único que importa acá, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Sabemos que el Espíritu Santo no es un simple poder o fuerza impersonal pues:

  • La Escritura le atribuye una personalidad distintiva, al igual que al Padre y el Hijo (Mateo 3:16-17; Juan 14:16-17).
  • El Espíritu Santo piensa, conoce el lenguaje, tiene voluntad, se le puede tratar como una persona, se le puede mentir, se le puede probar, se le puede resistir y se le puede contristar (Hechos 5:3; 7:51).
  • Podemos conocer que el Espíritu Santo es en verdad una Persona, porque Él posee una mente, emociones y una voluntad. El Espíritu Santo piensa y sabe (1 Corintios 2:10). El Espíritu Santo puede ser afligido (Efesios 4:30).
  • El Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26-27), lo cual no sería posible si no fuera una persona.
  • El Espíritu Santo hace decisiones de acuerdo con Su voluntad (1 Corintios 12:7-11).
  • El Espíritu Santo es Dios, la tercera “Persona” de la Trinidad. Como Dios, el Espíritu Santo puede funcionar verdaderamente como Consejero y Consolador, tal como lo prometió Jesús (Juan 14:16, 26; 15:26) Jesucristo habló de Él llamándolo el “otro Consolador” y utiliza el pronombre personal “Él” para referirse al Espíritu Santo, lo cual sería absurdo si no fuera una persona real igual que Jesús (Juan 16:7-8; 16:13-15; Romanos 8:16-26).
  • El Espíritu Santo es mencionado en conexión con el Padre (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:13), lo cual sería ilógico si no fuera una persona igual que Él.
  • El libro de los Hechos nos muestra al Espíritu Santo obrando en la plenitud de su poder, mostrando cualidades y hechos personales como hablar y guiar a los creyentes, manifestándose claramente como la tercera persona de la Trinidad (Hechos 8:29; 10:19-20; 10:38; 13:2; 15:28; 16:6-7; 20:28).[2]

Pero el Nuevo Testamento no es el único testigo de la personalidad y Deidad del Espíritu Santo. Aún el Antiguo Testamento da fe de la personalidad divina del Espíritu Santo. Así, en el Antiguo Testamento leemos que:

  1. EL ESPÍRITU SANTO HABLA: La presuposición fundamental de la inspiración de las Escrituras es que el Espíritu de Dios habló a través de los profetas escogidos. Antes de morir, el rey David declaró que “el Espíritu del Señor habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua” (2 Samuel 23:2). El Espíritu hablando es una clara señal de su personalidad, ya que las fuerzas impersonales son incapaces de comunicarse. El dinámico libro de Ezequiel dice algo parecido: “…Entonces el Espíritu entró en mí, me hizo ponerme en pie y habló conmigo, y me dijo: ‘Ve, enciérrate en tu casa’…” (Ezequiel 3:24). Al entender que el Espíritu habló personalmente con el profeta, es fácil reconocer que se trata de un agente consciente y personal.
  2. EL ESPÍRITU SANTO NOS GUÍA Y PASTOREA: Otro atributo personal del Espíritu Santo es que nos guía: “…Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe a tierra firme…” (Salmo 143:10). El Espíritu es como el buen pastor que procura llevar a las ovejas del Señor a delicados pastos. La misma verdad se repite en Isaías 63:14, donde el profeta escribe que “…como a ganado que desciende al valle, el Espíritu del Señor les dio descanso. Así guiaste a Tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso…”. El Espíritu guio al pueblo en los días de Moisés para que heredaran la tierra prometida.
  3. EL ESPÍRITU SANTO SE ENOJA: Isaías resalta que el Espíritu Santo se enojó con el pueblo de Dios en los días de Moisés por su dureza de corazón: “…Pero ellos se rebelaron y afligieron Su Santo Espíritu; por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos…” (Isaías 63:10). El texto es otra muestra más de que el Espíritu es una persona, ya que las fuerzas abstractas e inanimadas no pueden enojarse. El enojo santo es propio de personas.
  4. EL ESPÍRITU SANTO ENSEÑA: Hay un par de hermosos textos en Nehemías que defienden la personalidad del Espíritu Santo. El primero se encuentra en Nehemías 9:20: “…Y enviaste tu buen Espíritu para instruirles…”. La idea aquí es que el Espíritu de Dios es el que enseña al pueblo del Señor. Se trata de otro atributo personal. Diez versículos después, sucede lo mismo: “…Sin embargo, Tú fuiste paciente con ellos por muchos años, y los amonestaste con Tu Espíritu por medio de Tus profetas, pero no prestaron oído. Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras…” (Nehemías 9:30). Es la misma realidad vista en el versículo 20. El Señor quiso enseñar a los hebreos y advertirles por medio del ministerio del Espíritu.[3]

La personalidad del Espíritu Santo y su Deidad son enseñadas claramente en las Escrituras. El Espíritu habla, guía, pastorea, se enoja, y enseña. Dado que el Espíritu es una persona, podemos tener una relación con Él también. ¡El protestantismo en su totalidad necesita incorporar el Solus Spiritus para estar vivo, ser verdaderamente bíblico y presentar un Evangelio completo!

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SOLUS SPIRITUS, LA “SOLA” NECESARIA PARA UN EVANGELIO COMPLETO

Francamente, es difícil entender la razón por la que ‘Solus Spiritus’ nunca llegó a formar parte de las cinco solas dado que la Reforma se centró en dar a conocer las gloriosas verdades de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo es omnipresente en la Biblia. En el Pentateuco, los libros históricos, los escritos proféticos, los Evangelios, el libro de los Hechos y las epístolas, el Espíritu está literalmente por todos lados.

No obstante, pese a su gran habilidad teológica, los primeros protestantes no consiguieron desarrollar una profunda teología de lo que Cristo ahora hace ‘en’ nosotros por medio del Espíritu. El protestantismo apenas estaba en pañales y tendría que esperar hasta los grandes avivamientos evangélicos del siglo XVIII y el auge del pietismo para entender plenamente la obra del Espíritu de Dios en el creyente.

Poco a poco la Iglesia protestante empezó a darse cuenta de que hace falta algo más que simplemente profesar fe en ciertos principios para mantener una fe viva. También entendió que sin el Espíritu Santo y su poder en el creyente es imposible cumplir con la Gran Comisión de manera eficaz. El Espíritu tiene que aplicar dichas verdades al corazón del impío a través de la regeneración y empoderar al creyente para que su mensaje sea más que palabras. Con el surgimiento del movimiento pentecostal y carismático el protestantismo recuperó los elementos vitales que habían estado ausentes a lo largo de casi toda la época medieval y que fueron característicos de la iglesia apostólica: La experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo y la consiguiente manifestación de los dones del Espíritu. Además la llenura del Espíritu Santo, la santificación y la Gran Comisión llegaron a ser cada vez más prominentes en la teología protestante gracias al nuevo giro hacia la obra del Espíritu. En este sentido, si decidiéramos añadir una sexta sola a nuestro Credo Protestante, tendríamos una confesión más robustamente bíblica y más plenamente protestante.

Incorporar ‘Solus Spiritus’ le daría al Espíritu Santo el lugar que le corresponde en la doctrina y la adoración Protestante. Desde sus inicios, el movimiento de la Reforma se caracterizó por una fe ortodoxa en la Trinidad. Siguiendo el credo de Nicea, los primeros protestantes confesaron a una sola voz la deidad del Espíritu del Señor. La primera confesión de fe protestante, la Confesión de Augsburgo (1530), redactada por el brazo derecho de Lutero, Felipe Melanchthon, declara lo siguiente en su primer artículo:

“Nuestras iglesias enseñan, en perfecta unanimidad la doctrina proclamada por el Concilio de Nicea: a saber, que hay un solo Ser divino que llamamos y que es realmente Dios. Asimismo que hay en Él tres personas, igualmente poderosas y eternas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; todos los tres son un solo ser divino”.

Si el Espíritu es divino, entonces es lógico que le glorifiquemos juntamente con el Padre y el Hijo.

Sin el ‘Solus Spiritus’ las cinco solas carecen de sentido. Sin el Espíritu Santo no existe ‘Sola scriptura’, pues el que inspiró la Escritura es el Espíritu y el que nos convence de la sola autoridad de la Palabra de Dios también es el Espíritu. Sin el ‘Solus Spiritus’ no habría ‘Sola gratia’, pues el canal que el Señor emplea para derramar de su gracia sobre una humanidad caída y pecadora es el Espíritu de Dios. En cuanto a ‘Solus Christus’, el que se encarga de testificar y glorificar al Hijo en este mundo es el Espíritu Santo. El Espíritu está tan absorbido en exaltar al Hijo que Pablo le llama “el Espíritu de Cristo”. El mismo Lutero afirmó que no podríamos saber nada acerca del Hijo si no fuese por el ministerio del Espíritu. En cuanto a ‘Sola fide’, ¿Qué es la fe sino un regalo del Espíritu de Dios? ¿Quién obra la fe en el corazón del pecador sino el Espíritu? Sin la obra del Espíritu, la fe ni siquiera existiría. En cuanto a ‘Soli Deo gloria’, somos llamados a glorificar al Espíritu juntamente con el Padre y el Hijo. Si el Espíritu es Dios, no hay ninguna razón teológica para no glorificarle. Además, el que nos impulsa a glorificar al Dios trino es el Espíritu. Por todo lo anterior, una sexta sola, ‘Solus Spiritus’, serviría para hacer patente lo que ya está latente en la confesión Protestante.

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SOLUS SPIRITUS, LA PRIMAVERA DE DIOS SOBRE LA IGLESIA

‘Solus Spiritus’ representa la realidad innegable de la iglesia evangélica del siglo XXI. A pesar de los prejuicios, el mover del Espíritu Santo a través del movimiento carismático y pentecostal es imparable. Hay pentecostales en prácticamente todas las denominaciones y familias evangélicas. La primavera del Espíritu ha llegado para barrer con el largo invierno del cesacionismo y la frialdad espiritual que imperó por siglos en iglesia, incluso entre los protestantes. Esta no es una moda que está de paso. Dios nos ha devuelto el mismo don que depositó sobre la iglesia primitiva.

La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, en su artículo 7 y 8, afirma:

“Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49, Hechos 1:4, Hechos 1:8, 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12-17, Hechos 10:44-46, Hechos 11:14-16, Hechos 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como: la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39, Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43, Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos, Marcos 16:20)… El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4)”.[4]

ES2

LO QUE EL PENTECOSTALISMO TIENE QUE OFRECERLE AL PROTESTANTISMO

Desde los primeros días del siglo veinte, muchos creyentes cristianos han enseñado y han recibido una experiencia espiritual que llaman el bautismo en el Espíritu Santo. En la actualidad, centenares de millones de creyentes se identifican con el movimiento que enseña y promueve la recepción de esta experiencia. La expansión global de este movimiento muestra el cumplimiento de las palabras de Jesucristo a sus discípulos cuando les prometió que el Espíritu Santo vendría sobre ellos, y recibirían poder para ser sus testigos a todo el mundo (Hechos 1:5,8).

El Nuevo Testamento enfatiza la centralidad de la función del Espíritu Santo en el ministerio de Jesús y la continuación de esa función en la iglesia primitiva. El ministerio público de Jesús fue iniciado por el Espíritu Santo que vino sobre Él (Mateo 3:16; Marcos 1:10; Lucas 3:22; Juan 1:32). El libro de los Hechos presenta una extensión de ese ministerio a través de los discípulos, mediante el empoderamiento del Espíritu Santo.

Los rasgos más característicos del bautismo en el Espíritu Santo son los que siguen:

(1) Teológicamente y como experiencia se distingue del nuevo nacimiento y los sucede.
(2) Está acompañado por las lenguas que habla quien lo recibe.
(3) Tiene un propósito que lo distingue de la obra del Espíritu en la regeneración del corazón y la vida de un pecador arrepentido.

El bautismo del Espíritu es una “inmersión del Espíritu Santo”. Cuando uno es bautizado con el Espíritu, recibe fuerza, poder y audacia por parte de Dios, para llevar a cabo su obra y vencer el pecado en su propia vida.

El término “bautismo en el Espíritu Santo” es una conveniente designación para la experiencia que anuncia Juan el bautista, que Jesús bautizaría “en Espíritu Santo” (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), que Jesús mismo repetiría (Hechos 1:5), y también Pedro (Hechos 11:16). Cabe notar que la expresión aparece en los Evangelios y también el Libro de los Hechos. La ilustración del bautismo presenta la inmersión, como se ve en la analogía del Juan el bautista del bautismo en agua que él administraba y el bautismo en el Espíritu Santo que administraría Jesús.

Algunos sectores del cristianismo que rechazan el movimiento pentecostal y la continuidad de la obra del Espíritu Santo en nuestros días, definen el bautismo del Espíritu Santo como la obra mediante la cual el Espíritu de Dios coloca al creyente, al momento de la salvación, en unión con Cristo y en unión con otros creyentes en el Cuerpo de Cristo. Para nuestros hermanos no pentecostales, el bautismo del Espíritu Santo sólo hace dos cosas: Nos une al Cuerpo de Cristo, y hace realidad nuestra co-crucifixión con Cristo. Por ende, según dicha interpretación, experimentar el bautismo de un mismo Espíritu sirve como base para mantener la unidad en la iglesia, y ocurre única y exclusivamente al momento de la conversión sin ninguna evidencia física inicial más que la regeneración del creyente. Estar asociados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo del Espíritu establece la base para nuestra separación del poder persistente del pecado que está en nosotros y nuestro caminar en una vida nueva (Romanos 6:1-10, Colosenses 2:12). Fundamentan dicha afirmación en 1 Corintios 12:13.

Aunque respetamos su postura, nosotros, como pentecostales, afirmamos que ser bautizado en el Espíritu Santo se debe diferenciar de lo que Pablo declara en 1 Corintios 12:13 que, según la sintaxis griega, lee: “por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”. El contexto de este pasaje muestra que “por” es la mejor traducción, indicando que el Espíritu Santo es el instrumento o medio por el cual se lleva a cabo el bautismo. En los versículos 3 y 9 del capítulo, Pablo usa la misma preposición dos veces en el mismo versículo para indicar una actividad del Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:13, “bautizados en un cuerpo” habla de la obra del Espíritu Santo de incorporar a un pecador arrepentido al cuerpo de Cristo (Romanos 6:3; Gálatas 3:27 para una expresión equivalente a “bautizados en Cristo”). Este es el “un bautismo” de Efesios 4:5; es el bautismo indispensable e importante que resulta en el “un cuerpo” del versículo 4. Dicho de otra manera, en la conversión el Espíritu Santo bautiza en Cristo/el cuerpo de Cristo; en una experiencia subsiguiente y diferente, Cristo bautizará en el Espíritu Santo.

El bautismo en el Espíritu Santo es una realidad bíblica y experimental innegable. En la Biblia se usan diversos términos bíblicos para referirse a esta experiencia, especialmente en el libro de los Hechos, que registra el primer descenso del Espíritu sobre los discípulos de Jesús y da ejemplos similares de encuentros del Espíritu con el pueblo de Dios. Las siguientes expresiones en Hechos se usan de manera intercambiable para describir la experiencia:

(1.- Bautizado en el Espíritu—Hechos 1:5; 11:16; véase también Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33. El término “bautismo en el Espíritu” generalmente sirve como un conveniente sustituto y también se usa en este documento
(2.- El Espíritu viene, o desciende, sobre— Hechos 1:8; 8:16; 10:44; 11:15:19:6; véase también Lucas 1:35; 3:22
(3.- El Espíritu derramado— Hechos 2:17,18; 10:45
(4.- El don que mi Padre prometió— Hechos 1:4
(5.- El don del Espíritu— Hechos 2:38; 10:45; 11:17
(6.- El don de Dios— Hechos 8:20; 11:17; 15:8
(7.- Recibir el Espíritu— Hechos 8:15,17,19; 19:2
(8.- Lleno con el Espíritu— Hechos 2:4; 9:17; además Lucas 1:15,41,67. Esta expresión, junto con “lleno del Espíritu”, tiene una aplicación más amplia en los escritos de Lucas. El mandato de Pablo de “ser llenos con el Espíritu” (Efesios 5:18) no se refiere a la plenitud inicial del Espíritu; es un mandamiento para continuar llenándose del Espíritu.[5]

Ninguno de estos términos expresa todo lo que envuelve la experiencia. Son metáforas que expresan la idea de que el receptor es completamente dominado o saturado por el Espíritu, que ya mora en él (Romanos 8:9,14-16; 1 Corintios 6:19; Gálatas 4:6).

El bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta y posterior a la regeneración. Cada vez que en el Nuevo Testamento encontramos el bautismo en el Espíritu, veremos que se manifiesta el orar en el Espíritu u orar en lenguas, como la señal del derramamiento del Espíritu. También encontramos en algunos casos la manifestación de profecía y alabanza además del hablar en lenguas. Pero siempre es algo que se ve y oye:

“Y [Jesús] exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros VÉIS Y OÍS” (Hechos 2:33).

En Pentecostés el Espíritu se derrama sobre cada uno, y se ponen a hablar en lenguas según el Espíritu les concedía expresarse. Ellos eran los que hablaban, pero el Espíritu les daba el lenguaje a expresar (Hechos 2:1-4).

En Hechos 10:44-46 se relata:

“Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos AL VER que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, PUES LES OÍAN hablar en lenguas y glorificar a Dios”

Pedro está predicando de Cristo a Cornelio y su gente, cuando repentinamente cayó el Espíritu sobre todos ellos, incluidos los gentiles. ¿Cómo sabían que había caído el Espíritu sobre todos ellos? Porque los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Ellos también habían recibido su bautismo en el Espíritu tal como los Apóstoles en Pentecostés, porque hablaban en lenguas.

En Hechos 19:1-6 leemos:

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a HABLAR en lenguas y a profetizar…”

¿Qué sucedió cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo? Se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. A todo lo anterior, la conclusión es obvia: El bautismo en el Espíritu Santo es siempre una experiencia visible (o cuando menos audible) y no siempre ocurre al momento de la conversión. Tampoco es lo mismo que la regeneración. Ser sellado con el Espíritu Santo al momento de nuestra conversión y recibir el bautismo en el Espíritu Santo son dos experiencias distintas.

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CONCLUSIÓN

A quienes todavía cuestionan la validez de este mover del Espíritu, les remitimos a las pruebas y al respaldo de Dios sobre el mismo: Los pentecostales sólo representaban el 6 por ciento de todos los cristianos en el año 1980. Hoy ese número ha aumentado al 26 por ciento. Y el Pulitzer Center informa que 35.000 personas se unen a las iglesias pentecostales cada día. Algunos investigadores predicen que habrá 1.000 millones de cristianos pentecostales en el mundo en 2025. A pesar de los estereotipos, en absoluto se puede decir que los pentecostales seamos marginales en la sociedad. Fieles a la Palabra y a nuestro legado Protestante, los pentecostales declaramos: ¡Sola Scriptura! ¡Sola fide! ¡Sola Gratia! ¡Solus Christus! ¡Soli Deo gloria! Pero también declaramos sin avergonzarnos: ¡Ha llegado el tiempo de Solus Spiritus!

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REFERENCIAS:

[1] J. José Alvarez, El Tiempo del Espíritu: Hacia una teología Pneumatológica, Editorial Eunsa, 2006.

[2] Lucas Mateo Seco, Teología trinitaria. Dios Espíritu Santo. Ediciones RIALP. Madrid 2005.

[3][3] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, Editorial Vida, 1990.

[4] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículos 7-8.

[5] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal, Editorial Vida, 2012.

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5 SOLAS, Cesasionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

La Sola Scriptura en el pentecostalismo

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión “Sola Scriptura” significa que solamente la Escritura tiene autoridad para la fe y la práctica del cristiano. Al igual que los primeros reformadores, los pentecostales creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, ya que Dios mismo reveló su voluntad y propósito a los escritores que escogió (Amós 3:8), quienes documentaron con fidelidad y precisión lo que les fue revelado para la inclusión final y providencial en nuestro canon de sesenta y seis libros. La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios establece que:

“Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta – 2 Timoteo 3:15-17, 1 Tesalonicenses 2:13, 2 Pedro 1:21”[1]

Afirmamos que la Biblia es inspirada por Dios. Creemos que el Espíritu Santo guio a los escritores de la Biblia. Tal supervisión influyó en los pensamientos y la elección misma de palabras de los escritores, aunque también permitió que se manifestaran su trasfondo, sus habilidades y personalidad. Además, la inspiración se aplica a todo lo que escribieron tal como se encuentra en el canon de la Escritura.

Pero no solo creemos que la Biblia es inspirada, sino también infalible. Los pentecostales creemos que las Escrituras son veraces y confiables en lo que tienen la intención de afirmar. Creemos que la Escritura, como está documentada en los manuscritos originales, los autógrafos, no tiene error. Al carecer de error y ser completamente veraces, las Escrituras son absolutamente confiables (2 Samuel 7:28; Salmo 119:160; Juan 17:17; Colosenses 1:5). La infalibilidad y la inerrancia se aplican a todas las Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento por igual.

Debido a su carácter inspirado, infalible e inerrante, los pentecostales creemos que todo lo que afirma y enseña la Biblia es verdad. Al revelar el propósito y la voluntad de Dios, la Biblia determina la creencia y la conducta. Por tanto, la afirmación de que la Biblia es la «regla autoritativa de fe y conducta» se entiende como un llamado a aceptar las Escrituras como la autoridad final e inmutable de la doctrina y la ética.[2]

Los pentecostales creemos que la Biblia es completa, autoritativa y verdadera. En palabras de Pablo:

“Toda la Escritura es ‘inspirada por Dios’ (dada por la inspiración de Dios) y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

BIBLIA 1

LA SOLA SCRIPTURA Y LOS DONES CARISMÁTICOS

Frecuentemente se nos acusa a los pentecostales de atentar contra el principio de Sola Scriptura debido a nuestra creencia en la continuidad de los dones carismáticos, incluidos los dones de palabra (palabra de sabiduría, palabra de ciencia, discernimiento de espíritus, profecía, hablar en lenguas e interpretación de lenguas). Esto no es cierto. El continuismo pentecostal no atenta contra el principio de Sola Scriptura.

Aunque creemos en el don de profecía, los pentecostales no le atribuimos el mismo valor que a la Biblia, la Palabra escrita de Dios (lo cual sí ocurre en sectas como los mormones, los cuales atribuyen un carácter infalible a las palabras de José Smith y sus sucesores). Fieles al principio de Sola Scriptura, los pentecostales creemos que la profecía actual no es inspirada de la misma forma que las Escrituras, y no es inerrante. ¿Por qué? Porque está basada en la impresión inmediata que Dios ha traído espontáneamente a la mente de un creyente. A través de este don, Dios dirige información a nuestros pensamientos que de otra forma no podríamos saber o expresar; sin embargo, dichos mensajes no tienen la intención de que los consideremos plenamente autorizados o infalibles. De lo contrario, la Biblia misma jamás nos mandaría probar toda expresión que afirme ser inspirada por Dios (1 Juan 4:1), mientras que al mismo tiempo nos aconseja no menospreciar el don de profecía (1 Tesalonicenses 5:20-21). Esto deja en claro que, aunque el don de profecía es real y sigue vigente en nuestra época, este no es igual a la Palabra escrita de Dios. El mismo principio aplica a los mensajes transmitidos mediante el don de lenguas.

Así, por ejemplo, sería un ejercicio del don de profecía o mensaje inspirado por Dios, si alguien en un pequeño grupo o en una reunión de oración fuera guiado por Dios a decir: “siento que tal o cual misionero está batallando espiritualmente y está bajo ataque”, y al día siguiente recibimos una llamada o un email confirmando que así estaba ocurriendo, y que estas oraciones del pueblo fueron contestadas. La declaración probó ser cierta y resultó provechosa y de bendición. El mensaje no pretendía transmitir o imponer una nueva verdad, tampoco contradecir o reinterpretar el texto bíblico, sino más bien orientar a la iglesia acerca de un hecho actual que redundaría en el beneficio de las misma, o traería consuelo y guía en un área específica de nuestra peregrinar cristiano. Encontramos ejemplos de ello en Hechos 8:26-29, 9:10-16, 13:1-3, 16:6-10, 20:23, 21:10-12, etc.

Es en este punto donde quiero llamar la atención hacia algo muy importante (pero que a menudo es pasado por alto por los cesacionistas, quienes niegan la vigencia actual de los dones espirituales): Negar la vigencia de los dones carismáticos, incluido el de profecía, es atentar también contra el principio de Sola Scriptura. ¿Por qué? Porque si decimos que creemos que la Escritura es inspirada, infalible y plenamente autorizada, y la declaramos nuestra única base de fe y prácticas, entonces debemos aceptar que es la Biblia la que enseña la vigencia actual de los dones carismáticos.

En primer lugar, la Biblia nos presenta argumentos contundentes para tratar el don de profecía como válido para hoy, entendiéndose como algo que Dios trae a la mente, pero que no necesariamente es comprendido infaliblemente. En Hechos 2:17, Pedro explica el evento de Pentecostés citando al profeta Joel:

“Y sucederá en los últimos días —dice Dios— que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (LBLA)

Así que aquí tenemos una declaración de cómo serían los últimos días ¡Nuestros días! Al parece la profecía sería una experiencia esparcida entre hombres y mujeres. En 1 Corintios 14:1-4, Pablo dice a toda la iglesia:

“Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios. 3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación [es lo que se espera que haga el don de profecía]. El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia” (LBLA)

Esto ciertamente suena como profecía, y no es la prerrogativa de un grupo escogido de fundadores autoritativos de la iglesia, sino del cuerpo en general. Y el ministerio de profecía es simplemente descrito como edificante, exhortador, y consolador.

1 Corintios 14:29-32 dice:

“Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen.  Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle. Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (LBLA)

Aquí hay dos verdades cruciales que son dichas: una es que la profecía está basada en una “revelación”. Versículo 30: “Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle”. Por esta razón afirmamos que el don de profecía está basado en algo que Dios trae a la mente. No es exactamente lo mismo que la enseñanza, que está basada en la exposición de un texto. Está basada en lo que Dios trae a la mente, algo más inmediato. Pero entonces, el versículo 29 dice: “los demás juzguen (diakrinetosan)” Esto es muy interesante si se considera que no enfoca la atención a si la persona que habla es un “verdadero profeta” o no. No dice lo que dijo Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-16). Se enfoca en lo que se dice. Y la idea es: Véanlo con escepticismo afable, pues dicha palabra (juzguen: diakrinetosan) regularmente tiene esa connotación. En otras palabras, verifiquen, valoren. Lo que significa que el don de profecía, en la manera en que Pablo recomendaba su uso más amplio, no tenía una autoridad decisiva, suprema. Las Escrituras sí. Las mismas palabras inspiradas de Pablo eran decisivas, y no cualquier reclamo de revelación divina a través del don de profecía:

“Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido” (1 Corintios 14:37, LBLA)

Encontramos la misma situación en 1 Tesalonicenses 5:20-21 (citado anteriormente):

“No menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno” (LBLA)

En otras palabras, parece como si parte de lo que viene por medio de las profecías fuera bueno (aférrense a eso), y otra parte no lo fuera (déjenlo ir). En otras palabras, el don de profecía no está en la misma categoría que las Escrituras. Está por debajo de las Escrituras y es probado por las Escrituras, y es sabiduría espiritual informada en las Escrituras.

En 1 Corintios 13, Pablo advierte contra el uso inadecuado de los dones, cuando se utilizan sin amor. En los versículos 8-10 dice:

“El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará” (LBLA)

En el contexto, la llegada de “lo perfecto” es casi seguramente la segunda venida de Cristo, porque el versículo 12 dice:

“Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido” (LBLA)

Esto ocurrirá en la segunda venida de Cristo. La implicación entonces, es que los dones de profecías, y lenguas, y conocimiento, parciales e imperfectos, permanecerán hasta el retorno de Cristo.

1 Corintios 14:1 dice a la iglesia:

“Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis” (LBLA) 

Así que a todos se nos dice que deseemos profetizar ardiente y especialmente.  Esta exhortación no tendría sentido si el don solo se aplicara a un grupo limitado de hombres que hablaran con un nivel de autoridad semejante al de las Escrituras. Pero tendría muchísimo sentido si la profecía fuera un don que cada creyente pudiera usar para ofrecer intuiciones guiadas por el Espíritu que Dios trajera a la mente para el bien de los demás. Así que, por estas razones presentadas en la Biblia, los pentecostales estamos persuadidos de que el don de profecía es válido para hoy y no tiene la misma autoridad que las Escrituras, pero es valioso como una expresión guiada por el Espíritu, de algo que de otra manera no pudiera saberse o decirse, que es poderosa para un momento específico y trae convicción o exhortación, o consolación para avivar o edificación de la fe. No debiera asustarnos como si fuera algo incontrolable, debiera ser tratado como cualquier reclamo de discernimiento. Es falible. Puede probarse cierta y pudiera no poder probarse cierta, porque el canal humano es pecaminoso, falible, y finito. Lo que sí es claro es que la vigencia actual de dones carismáticos como el de profecía no contradice el principio de Sola Scriptura, sino más bien lo contrario.[3]

En esto, como en todo, los creyentes pentecostales debemos ser equilibrados. Reconocemos que sin el principio de “Sola Scriptura” poco o nada nos separaría de sectas heterodoxas como los mormones, adventistas del séptimo día, ciencia cristiana, testigos de Jehová o cualquier otro culto herético, los cuales ponen las revelaciones de sus líderes, los sentimientos internos o las ideologías humanas al mismo nivel que la Palabra de Dios.

Los cristianos, y de forma particular los pentecostales, debemos ser muy cautelosos con aquellos que afirman tener un “nuevo” mensaje de parte de Dios. Una cosa es creer que Dios nos hable actualmente a través de sueños, visiones e incluso profecías y mensajes en lenguas, y otra cosa muy diferente es afirmar “Dios me reveló algo y toda la iglesia debe obedecerlo, pues es revelación fresca de parte de Dios para su pueblo”. Ninguna declaración del hombre debe ser considerada igual o superior a la Palabra escrita de Dios. El canon bíblica está cerrado. Debemos aferrarnos a la Palabra que Dios ya ha dado y comprometernos a Sola Scriptura – solo a la Escrituras.

BIBLIA 3

EL PRINCIPIO DE SOLA SCRIPTURA Y LA TEOLOGÍA LIBERAL

Pero nuestro apego como pentecostales al principio de Sola Scriptura va más allá de oponernos a cualquier supuesta revelación moderna y contradictoria que afirme estar al mismo nivel que la Biblia. Los pentecostales nos oponemos también a cualquier teología liberal que atente contra la autoridad, inspiración, infalibilidad e inerrancia bíblica. Dicha tendencia es muy común hoy día en iglesias protestantes liberales (muchas de las cuales nacieron en días de la Reforma y se adscribían originalmente al principio de Sola Scriptura).

En defensa del principio de Sola Scriptura, nos oponemos a la idea tan popular hoy en día de que la Biblia está llena de errores. Tal postura no solamente es convicción de la inmensa mayoría de personas agnósticas o no creyentes, sino que, en una medida creciente y desafortunada, está llegando a formar parte de la teología evangélica, siendo abrazada no solo por teólogos racionalistas, sino por aquellos que más dicen aferrase al principio de Sola Scriptura.

Frente a nuestros ojos, los humanistas han reescrito la historia para restarle importancia a la Biblia en el pensamiento y la cultura occidental. Y los cristianos evangélicos se han apuntado a este tipo de percepción casi por defecto. Los integrantes del mundo académico evangélico (en otro tiempo defensores de la Sola Scriptura), han recibido una educación escolar de parte de ateos y agnósticos donde el ridiculizar de la Biblia forma parte del curriculum. Al mismo tiempo, la membresía de muchas iglesias del protestantismo histórico ha aceptado esa cosmovisión humanista y se han conformado a la idea de que la Biblia solo tiene algo que decir en cuanto a la salvación del alma y que es irrelevante en cuanto a la exactitud histórica o la organización de una sociedad. La razón humana ha sustituido para ellos la Sola Scriptura.

Para los cristianos pentecostales, sin embargo, el punto de partida para una comprensión correcta de la doctrina revelada en las Escrituras no son las corrientes de moda, las ideologías humanistas o el capricho de teólogos sin fe. Es la Biblia misma que da un testimonio reiterado y poderoso de su propia naturaleza y nosotros lo aceptamos. Es la Biblia misma la que, con total claridad, reclama autoridad divina e inspiración plena.

Para nosotros, los pentecostales, la enseñanza de Jesús es el fundamento de nuestra comprensión de las Escrituras. En Mateo 5:18, se cita a Jesús:

«Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido» (NVI).

La insistencia de Jesús en la confiabilidad y autoridad de cada fragmento de las Escrituras se ve también en otros pasajes. En Juan 10:34-38, hace referencia a una breve declaración de los Salmos (82:6) y argumenta que ni esa ni ninguna otra parte de la Ley puede ser quebrantada. Si Jesús hubiera pensado que la inspiración de las Escrituras era parcial, y que estaban sujetas a errores en algún detalle, sin duda no hubiera hablado de la manera que habló. Por tal razón, los pentecostales creemos que, para sustentar a cabalidad el principio de Sola Scriptura, no solo basta con decir que ella es nuestra única regla de fe y conducta. Vivirla y creerla plenamente en todas sus partes, sin cuestionar la validez o veracidad de la misma, ni sometiendo la Biblia al  razonamiento, las filosofías y voluntad humana, es también una parte inseparable de Sola Scriptura.

BIBLIA 4

SOLA SCRIPTURA Y LAS TRADICIONES ECLESIÁSTICAS

Sola Scriptura fue el “grito de guerra” de la Reforma Protestante ante la imposición de tradiciones contrarias a la Palabra por parte de la iglesia tradicional. Por siglos la Iglesia Católica Romana consideró sus tradiciones superiores en autoridad a la Biblia. Esto dio como resultado muchas prácticas que eran, de hecho, contrarias a la Palabra de Dios. Algunos ejemplos son: la oración a los santos y/o a María, la inmaculada concepción, la transubstanciación, el bautismo de infantes, las indulgencias, y la autoridad papal. Martín Lutero, el fundador de la iglesia Luterana y padre de la Reforma Protestante, reprendió públicamente a la iglesia Católica por sus enseñanzas antibíblicas. La Iglesia Católica amenazó a Martín Lutero con la excomunión (y la muerte) si no se retractaba. La respuesta de Martín Lutero fue:

“Por tanto, a menos que yo sea persuadido o convencido por el testimonio de la Escritura, o por el más claro razonamiento, – a menos que sea persuadido por medio de los pasajes que he citado, – y a menos que mi conciencia sea sometida de esta manera por la Palabra de Dios, no puedo retractarme y no lo haré, porque es peligroso para un cristiano el hablar en contra de su conciencia. ¡Me mantengo firme, no puedo hacer otra cosa; que Dios me ayude! ¡Amén!”.[4]

La Sola Scriptura no es tanto un argumento contra la tradición como lo es contra las doctrinas no bíblicas o antibíblicas. La única manera de saber con seguridad lo que Dios espera de nosotros es permanecer fieles a lo que sabemos que Él nos ha revelado – la Biblia. Ahora sabemos, más allá de cualquier sombra de duda, que la Escritura es verdadera, autoritativa y confiable. No puede decirse lo mismo de la tradición.

La Palabra de Dios es la única autoridad para la fe cristiana. Las tradiciones solo son válidas cuando están basadas en la Escritura y están en completo acuerdo con la Escritura. Las tradiciones que están en contradicción con la Biblia no son de Dios y no son un aspecto válido de la fe cristiana. La Sola Scriptura es la única manera de evitar que la opinión personal y subjetiva tenga prioridad sobre las enseñanzas de la Biblia. La esencia de la Sola Scriptura es basar tu vida espiritual en la Biblia solamente, y rechazar cualquier tradición o enseñanza que no esté de total acuerdo con la Biblia. 2 Timoteo 2:15 dice:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

La Sola Scriptura no nulifica el concepto de las tradiciones eclesiásticas, más bien nos proporciona un fundamento sólido sobre el cual basar las tradiciones de la iglesia.

Hay muchas prácticas, en ambas iglesias Católica y Protestante, que son el resultado de tradiciones, y no de las explícitas enseñanzas de la Escritura. Es bueno y aún necesario que la iglesia tenga tradiciones. Las tradiciones juegan un papel importante en la clarificación de la doctrina cristiana, y la organización de las prácticas cristianas. Al mismo tiempo, para que estas tradiciones sean válidas, no deben estar en desacuerdo con la Palabra de Dios. Deben estar basadas en el sólido fundamento de la enseñanza en la Escritura.

Los cristianos siempre deben regresar a la Sola Scriptura, la autoritativa Palabra de Dios, como la única base sólida para la fe y la práctica. Las tradiciones que están basadas en, y están de acuerdo con la Palabra de Dios pueden ser mantenidas. Las tradiciones que no están basadas o están en desacuerdo con la Palabra de Dios, deben ser rechazadas. La Sola Scriptura nos lleva de regreso a lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra. Finalmente, la Sola Scriptura nos señala nuevamente al Dios que siempre habla la verdad, nunca se contradice a Sí mismo, y siempre ha comprobado ser confiable.

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CONCLUSIÓN

Los pentecostales defendemos el principio de Sola Scriptura. Afirmamos que Dios ha provisto para todos los tiempos un registro inspirado, inerrante y autoritativo de su revelación en la Biblia, nuestras Santas Escrituras. Sostenemos que las Escrituras son la revelación plena y fidedigna de Dios para la salvación de todas las personas y, por tanto, son una fuente fidedigna para la fe, la enseñanza y la práctica. Las Escrituras definen la cosmovisión, la moralidad y ética del creyente. Es más, las Escrituras no son una mera fuente autorizada entre otras, sino la fuente de autoridad final. El Espíritu Santo, que inspiró a los escritores en su tarea de llevar un registro de la revelación de Dios, da vida a los escritos y a través de ellos, para que continúen hablando con claridad y autoridad al lector contemporáneo. Él no habla a través de los supuestos profetas o líderes religiosos que enseñan cualquier creencia o acción que no esté validada por las Escrituras. Por consiguiente, rechazamos cualquier filosofía contemporánea, método de interpretación, o supuesta profecía o revelación moderna que altera o se opone a la naturaleza y el significado de «la fe encomendada una vez por todas a los santos» (Judas 3; 2 Pedro 1:20-21).

Los cristianos pentecostales nos acercamos con humildad a la revelación bíblica, pidiendo al Espíritu Santo que hable a través de ella, y que conforme nuestra voluntad y cosmovisión a ella. Concedemos la primacía absoluta a la revelación bíblica, y estamos seguros de que nos guiará a toda verdad. El grito de guerra de la Reforma del siglo XVI es también el nuestro: ¡Sola Scriptura! Por tanto, exhortamos a todo el mundo:

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV).

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REFERENCIAS:

[1] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículo 1.

[2] Normas Doctrinales de las Asambleas de Dios y otras Declaraciones. “La inspiración, inerrancia y autoridad de las Escrituras” (adoptada por el presbiterio general en sesión el 1 y 3 de agosto de 2015).

[3] Vern Poythress, “Modern Spiritual Gifts as Analogous to Apostolic Gifts: Affirming Extraordinary Works of the Spirit Within Cesssationist Theology,” en Journal of the Evangelical Theological Society 39/1 (Marzo, 1996): 85.

[4] Discurso de Martín Lutero ante la Dieta de Worms.

Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

El Pentecostalismo y la Reforma de 1517

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Cada 31 de octubre se conmemora un año más de la Reforma Protestante y los pentecostales somos parte de dicha celebración. Aunque tradicionalmente la figura de Lutero ha sido vinculada a las iglesias evangélicas llamadas históricas, las iglesias pentecostales también arraigan su historia en el evento que recordamos cada 31 de octubre. El mismo día que, hace un poco más de 500 años, Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la iglesia de Wittenberg.

Pero ¿Qué tienen que ver las iglesias pentecostales con la Reforma Protestante? ¿Somos los pentecostales verdaderamente protestantes? ¡Absolutamente sí! El pentecostalismo surgió como un movimiento de renovación dentro del cristianismo protestante. Sin embargo, no todos los protestantes estarían de acuerdo en concedernos dicho título, particularmente en el sector “reformado” o “calvinista” del protestantismo, el cual prefiere vernos como sectas heterodoxas sin conexión formal con la Reforma Protestante. Y es que el movimiento pentecostal, nacido en Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, a pesar de su vigorosa expansión a nivel global, es a menudo rechazado por algunos protestantes históricos que rechazan su fuerte componente emotivo, la insistencia pentecostal en la comunicación directa, personal y permanente con la Divinidad y la creencia (muy propia del pentecostalismo) en la intervención milagrosa de Dios en los asuntos cotidianos.

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¿SOMOS PROTESTANTES?

Cuando el 31 de octubre de 1517 el monje alemán Martín Lutero colgó, para que todos las vieran, sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg, estaba dando origen a una serie de movimientos religiosos e iglesias que cambiarían profundamente el mundo (según los razonamientos de Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo). En este documento, el monje criticaba duramente la costumbre católica de vender indulgencias y rechazaba así la idea de que la salvación del infierno fuera posible mediante los aportes económicos realizados a la Iglesia.

Para Lutero, el perdón era una gracia que solo Dios podía otorgar, y ni la caridad, ni los buenos actos, ni las promesas de los obispos garantizaban la salvación. Lo único que los fieles podían hacer era aceptar a Jesús como el Salvador, confiar en su gracia e intentar vivir santamente en busca de la aprobación divina. Lutero, además, desestimaba la infalibilidad papal y reconocía como única fuente de autoridad religiosa a la Biblia –y la interpretación personal que, bajo inspiración del Espíritu Santo, cada creyente realizaba de ella–. Por estas ideas fue excomulgado en 1521, luego de la Dieta de Worms. Su pensamiento, al expandirse con algunas variantes por distintos países, dio origen a la llamada Reforma protestante. Mientras el catolicismo asentaba su fe en la Iglesia, y en su cabeza, el papa, los grupos disidentes que surgieron a partir de Lutero afirmaron su credo en los Evangelios –motivo por el cual pronto se los conocería como evangélicos–. La autoridad que estos grupos conferían a cada creyente en la interpretación autónoma de la Biblia dio lugar a un continuo proceso de creación, institucionalización y disidencia religiosa que prosigue hasta el día de hoy y que ayuda a la expansión de este credo religioso por el mundo entero.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Estados Unidos vivió una ola de resurgimiento religioso conocida como el Segundo Despertar, en la que distintos grupos reivindicaban no solo la interpretación personalizada de la Biblia y la aceptación de Cristo como único Salvador, sino también la sanación divina y la necesidad de una fuerte vivencia experiencial que rubricara ese encuentro personal con Jesús. Con este trasfondo religioso surgen, a principios del siglo XX, las primeras iglesias pentecostales.

Muchos historiadores pentecostales reivindican como el nacimiento del movimiento pentecostal el bautismo en el Espíritu Santo experimentado por el predicador negro William Seymour y su congregación en la iglesia de la calle Azusa en Los Ángeles, en 1906. Esta experiencia fundante revivió la escena del Pentecostés bíblico en la cual los apóstoles, bajo la influencia del Espíritu Santo, hablaron en lenguas que desconocían (Hechos 2:1-11). La experiencia del «bautismo en el Espíritu» pronto se difundió hacia otras iglesias y también hacia otras regiones: misioneros de la iglesia de la calle Azusa se dispersaron por 25 países en los siguientes dos años. En la experiencia pentecostal de comienzos del siglo XX, las manifestaciones que evidenciaban la presencia divina en el individuo incluían la glosolalia (el hablar en lenguas extrañas) y otras experiencias espirituales como sueños, visiones, sanidades, profecías, etc.

El pentecostalismo pronto desarrolló, más allá de sus diversidades, un patrón doctrinario y práctico común resumido en la afirmación «Jesús sana, salva, bautiza en el Espíritu Santo y vuelve como rey». Jesús sana el cuerpo, salva el alma, y acerca a Dios a través de una experiencia de encuentro personal con él. El acento en cualquiera de esos cuatro temas puede variar, pero lo principal para un pentecostal es la continua acción sanadora y salvífica de Jesús en distintos momentos de su vida personal. Esta interpretación de los hechos de la vida en clave de permanente intervención divina diferencia a pentecostales y evangélicos de otros grupos cristianos; para ellos, la posibilidad del milagro no es excepcional sino cotidiana, aun en instancias que otros grupos religiosos considerarían banales. De ahí la insistencia, en sermones de pastores y evangelistas, en la fe en un Jesús vivo, actuante cada día en la vida de los creyentes. Todo esto vino a contrastar con la frialdad y decadencia de muchas iglesias protestantes de esa época, las cuales vieron en el pentecostalismo una amenaza contra su hegemonía religiosa.

Para muchos observadores externos el éxito de las iglesias pentecostales parece radicar en que expresaron, fomentaron y legitimaron elementos y formas de adoración libre, emotiva y fluida que no encontraban acogida en muchas religiones instituidas de la época, las cuales, o se hallaban fosilizadas en sus viejos dogmas y confesiones de fe, o habían traicionado las verdades del evangelio abrazando el liberalismo teológico y moral. En este sentido, el pentecostalismo no fue un alejamiento de la ortodoxia protestante, sino más bien un movimiento de retorno a las bases morales y teológicas del mismo, pero con un componente agregado: La experiencia vivencial de comunión con Dios a través del bautismo en el Espíritu Santo tal como ocurría en la iglesia neotestamentaria.

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¿POR QUÉ NECESITAMOS JUSTIFICAR NUESTRA PERTENENCIA AL PROTESTANTISMO?

Más allá de las críticas de sus adversarios y las diferencias litúrgicas que separan al pentecostalismo de las iglesias tradicionales, resulta evidente que el movimiento pentecostal es heredero de la Reforma y una continuación moderna y renovada de la misma; las doctrinas pentecostales se derivan del rico legado teológico de la Reforma y el pentecostalismo nació a partir de iglesias derivadas de la misma ¿Acaso no es esto suficiente? Aparentemente no (para algunos). ¿Por qué entonces nos vemos obligados a reivindicar una y otra vez nuestro derecho a ser considerados evangélicos o protestantes? Porque en ciertos sectores del evangelicalismo tradicional, principalmente en el bloque calvinista o reformado, los oponentes al movimiento pentecostal no solo son muchos, sino también cada vez más agresivos. Por ejemplo, en su polémico libro “Fuego Extraño” el pastor John MacArthur califica al Movimiento Pentecostal y Carismático[1] como una herejía peligrosa que debe ser combatida por los demás cristianos:

“Es hora de que la iglesia evangélica se levante y recupere un enfoque adecuado de la persona y la obra del Espíritu Santo. La salud espiritual de la iglesia está en juego. En las últimas décadas, el movimiento carismático se ha infiltrado en el evangelicalismo tradicional irrumpido en el escenario mundial a un ritmo alarmante. Es el movimiento religioso de más rápido crecimiento en el mundo. Los carismáticos suman ya más de quinientos millones en todo el orbe. Sin embargo, el evangelio que está conduciendo a esos números no es el verdadero evangelio y el espíritu detrás de ellos no es el Espíritu Santo. Lo que estamos viendo es, en realidad, el crecimiento explosivo de una iglesia falsa, tan peligrosa como cualquier secta o herejía que haya atacado al cristianismo…. fue una farsa y un engaño desde el principio y no ha cambiado a algo bueno”[2]

MacArthur llega al extremo de afirmar:

“La teología carismática no ha hecho ninguna contribución a la verdadera teología o la interpretación bíblicas, sino que representa una mutación desviada de la verdad. Al igual que un virus mortal, obtiene su acceso a la iglesia manteniendo una relación superficial con ciertas características del cristianismo bíblico, pero al final siempre corrompe y distorsiona la sana doctrina. La degradación resultante, como una versión doctrinal del monstruo de Frankenstein, es un híbrido repugnante de la herejía, el éxtasis y la blasfemia torpemente vestido con los restos destrozados del lenguaje evangélico. Se llama a sí misma «cristiana», pero en realidad se trata de una farsa, un simulacro de una forma de espiritualidad que continuamente se transforma como en un espiral errático de un error a otro.”[3]

Para MacArthur, lo pentecostales ni siquiera deberíamos ser considerados evangélicos, por lo que deberíamos ser rechazados por la comunidad cristiana en general:

“A pesar de sus graves errores teológicos, los carismáticos exigen su aceptación dentro de la corriente tradicional evangélica. Y los evangélicos han sucumbido en gran parte a esas demandas, respondiendo con los brazos abiertos y una sonrisa de bienvenida. De este modo, el evangelicalismo tradicional ha invitado inadvertidamente a un enemigo a entrar. Las puertas se le han abierto de par en par a un caballo de Troya lleno de subjetivismo, experimentalismo, compromiso ecuménico y herejía. Los que se comprometen de esta manera están jugando con fuego extraño y poniéndose en grave peligro.”[4]
“En generaciones anteriores, el movimiento carismático pentecostal habría sido etiquetado como herejía. En cambio, ahora es la estirpe más dominante, agresiva y visible del llamado cristianismo en el mundo. Pretende representar la forma más pura y poderosa del evangelio. Sin embargo, proclama ante todo un evangelio de salud y riquezas, un mensaje totalmente incompatible con las buenas nuevas de las Escrituras. Todos los que se oponen a su doctrina son acusados de aflicción, apatía, resistencia e incluso de blasfemia contra el Espíritu Santo. No obstante, ningún movimiento arrastra su nombre por el fango con mayor frecuencia o audacia.”[5]

MacArthur concluye su libro afirmando:

“La teología carismática es el fuego extraño de nuestra generación y los cristianos evangélicos no deben coquetear con ella a ningún nivel.”[6]

MacArthur se proclama a sí mismo como cesacionista, lo cual explica en parte su férrea oposición al pentecostalismo. Sin embargo, él no es el único en despreciar al Movimiento Pentecostal. En diversos círculos religiosos, principalmente calvinistas, la opinión desfavorable hacia el pentecostalismo, o carismatismo, permanece:

“¿Es bíblico el movimiento carismático? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que, desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de Satanás ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el Jardín del Edén, cuando la serpiente le preguntó a Eva, “¿Con que Dios os ha dicho…” (Génesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho? Desde ese día, él continúa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que Satanás ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8).”[7]

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¿POR QUÉ TANTA OPOSICIÓN POR PARTE DE OTROS CRISTIANOS?

Nos preguntamos ¿Cuál es el problema que tienen con el pentecostalismo otros cristianos no pentecostales? ¿Por qué algunos etiquetan, generalizan y desprecian a todo el movimiento pentecostal de esa forma? El celo ministerial y el cada vez más persistente decaimiento en las iglesias tradicionales, en contraposición a la vitalidad y crecimiento del Movimiento Pentecostal, podrían explicar en parte tal oposición.

Amigos y enemigos reconocen que el crecimiento del pentecostalismo en los últimos 100 años ha sido sorprendente, de hecho, es inigualable en la historia de la iglesia cristiana. El pentecostalismo produce conversiones y masas de fieles en Norteamérica, Latinoamérica, China, Corea del Sur, Singapur, Filipinas y varios países del continente africano. En todos estos casos se verifica una constante: el movimiento posee una gran capacidad de vincular su mensaje con las masas, difundir la fe cristiana y adaptarla a las culturas locales, plantar iglesias autóctonas y alentar formas de organización, teología y liturgia flexibles, variadas y fácilmente apropiables con las que se disemina entre los más diversos segmentos de población de distintos contextos nacionales. Todo ello sin traicionar los fundamentos del cristianismo histórico ni imponer culturas foráneas.

La flexibilidad y colorido del mundo pentecostal no siempre cae en gracia con algunas iglesias protestantes tradicionales, inflexibles litúrgicamente y aferradas a una cultura específica. Lo que sí es innegable es el éxito del pentecostalismo en expandirse y globalizarse: En tan solo 100 años de existencia, el pentecostalismo se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 totalizaban 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de 500 millones. En varios países tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes históricas corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías.

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ELEMENTOS DE CONTINUIDAD DEL PENTECOSTALISMO CON LA REFORMA PROTESTANTE

Cabe destacar que la naturaleza dinámica, flexible y variopinta del pentecostalismo jamás significó una ruptura con la fe cristiana histórica. El ADN mismo del movimiento pentecostal es plenamente protestante. Esto puede corroborarse fácilmente si analizamos los siguientes aspectos:

  1. Los Pentecostales y la Biblia.

Entre nosotros los pentecostales, más allá de los prejuicios que se tengan acerca de nuestras doctrinas, liturgia y prácticas, pues se nos acusa “ignorantes”, “emocionalistas” y “enemigos del estudio y de la preparación teológica”, existe un marcado aprecio por la Biblia, la que se lee desde una consideración literal y devocional, que se memoriza y se aplica con rapidez a la vida. Existe una fuerte motivación a la proclamación y divulgación de la fe, haciendo uso de la palabra en espacios públicos y privados. Existe una avidez por conocer con claridad y fervor lo que la Biblia dice.

  1. La relación positiva con la teología protestante.

Existe un fuerte apego por parte de los pentecostales hacia la ortodoxia protestante y las doctrinas del cristianismo histórico, aunque con énfasis fundamentalista. Probablemente, el aspecto de mayor cercanía con los frutos de la Reforma Protestante en el pentecostalismo, tenga que ver con el bagaje doctrinal que lo sustenta.

  1. La concepción de la iglesia.

A nivel eclesiológico es muy importante destacar el hecho que las iglesias pentecostales (a semejanza del protestantismo histórico) fundaron iglesias nacionales, con gobierno propio e independencia en la administración de los recursos económicos. Otro elemento para destacar acá es la realización de un culto que posee canto, oración y predicación en lenguaje vernáculo, contextualizado en la realidad que les toca por la providencia.

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ELEMENTOS DE CAMBIO DEL PENTECOSTALISMO EN RELACIÓN CON LA REFORMA PROTESTANTE

Como pentecostales, lo que nos une con el protestantismo histórico es más de lo que nos separa. Sin embargo, ciertos distintivos del pentecostalismo marcan distancia (mas no ruptura) con las iglesias tradicionales del protestantismo. Tales diferencias son de esperar en un movimiento de renovación como el movimiento pentecostal. Entre ellas cabe mencionar:

  1. Hablamos el lenguaje del pueblo.

En primer lugar, los pentecostales hablan en general el lenguaje del pueblo. Hablan al corazón, no con ideas abstractas, y otorgan a sus adeptos un ámbito de sentido, un lugar para realizarse, sobre todo para aquellos que no tienen lugar en el mundo. Su culto es un ámbito para la experiencia vivencial con Dios a través de la obra del Espíritu Santo, para la fiesta y el gozo de vivir en las manos de Dios, y todos participan activamente.

  1. Estructura jerárquica sencilla.

La jerarquía pentecostal es sencilla, lejos del clero tradicional y lejano de muchas iglesias históricas. Cada uno de los fieles se siente y se sabe un discípulo de Jesucristo enviado con una misión única e insustituible.

  1. Conservadurismo teológico y moral.

En muchos sentidos, el pentecostalismo es un “cristianismo primario”, cuyos temas centrales -salvación, milagros, sanidades, liberación, predicación escatológica- son los dejados de lado por las Iglesias históricas que se aggiornaron[8] en la década del 60, adaptándose a la tesis de la secularización progresiva. Y éstas últimas, aggiornadas, son las que ven vaciarse sus templos, y en algunos casos bajo riesgo de desaparecer. Mientras tanto, las denominaciones pentecostales consolidan su presencia y feligresía día tras día.

  1. La experiencia pentecostal.

Un primer elemento que necesita ser tenido en cuenta es el que constituye lo pentecostal, a saber, la experiencia del bautismo del Espíritu Santo y luego, el ejercicio de los carismas, poniendo mucho énfasis en los dones manifestacionales o extraordinarios. El elemento doctrinal distintivo del pentecostalismo se encuentra en esta experiencia, que genera una lectura continuista de los dones de lenguas, profecías y milagros. Lo central y distintivo en lo pentecostal es la experiencia de poder del Espíritu.

  1. Lecturas teológicas divergentes de la Reforma.

En su cristología, el énfasis del pentecostalismo es de continuidad con los movimientos de santidad, en la idea de sostener que Cristo es salvador, bautizador en el Espíritu, sanador o santificador, y rey venidero, generando un punto focal distintivo y diferenciador del protestantismo clásico.

Los ejes de la teología del pentecostalismo están caracterizados por una visión del mundo que tiende a separar radicalmente lo sagrado de lo profano; por el determinismo y pesimismo antropológico; por el reconocimiento de múltiples manifestaciones espirituales y de la realidad de una relación cercana con el Espíritu; por la ausencia de mediación de los profesionales religiosos en la lectura bíblica de los creyentes laicos; y por la configuración de una iglesia militante, a la que se ingresa por conversión y en la que se vive un compromiso total.

  1. La misiología pentecostal.

El pentecostalismo se caracteriza por una urgencia misional, pues la evangelización se potencia por la noción del rescate de los perdidos. Y si bien es cierto, los esfuerzos misionales del pentecostalismo no son mayores que el de otros movimientos y denominaciones en la historia cristiana, sí generó un crecimiento explosivo, que ha llamado la atención de quienes estudian la historia del protestantismo y las misiones en mundiales.

La misión pentecostal, particularmente desarrollada en un arduo proceso de “plantación de iglesias”, se caracteriza por un profundo asentamiento en los sectores populares, por la fundación de iglesias nacionales con fomento de liderazgo autóctono, y por su alto sentido del deber en la misión.

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CONCLUSIÓN

Es indudable que el pentecostalismo ha proporcionado un tremendo aporte y vigor renovado al cristianismo mundial, llenando cada ciudad con iglesias construidas con mucho esfuerzo, con sus cánticos alegres sean con instrumentos o a viva voz, con su proclamación del evangelio y por supuesto, con vidas redimidas integralmente. Por otro lado, más allá de las rupturas y elementos de cambio, se han preservado elementos de continuidad con el protestantismo y con el cristianismo histórico.

El pentecostalismo es un movimiento explosivo no por su novedad, sino por su relevancia, porque tiene algo que decir al hombre y mujer de hoy. Algo que el protestantismo histórico fue perdiendo en el camino. Lamentablemente, no todos se gozan en nuestro éxito ni celebran nuestros avances. El perfil restauracionista que se le da a la Reforma Protestante, como si ésta rompiera con el oscuro pasado medieval, tiende a menospreciar al pentecostalismo y sus logros, como si el cristianismo primigenio, después de un largo intervalo -a lo menos desde el s. III d. C.- hubiese vuelto a existir por la Reforma. Quienes ven al protestantismo como una reforma acabada y completa tienden a ver el pentecostalismo nada más como una secta de poco más de 100 años que amenaza su hegemonía. Quienes tienen una visión tan pobre del cristianismo a menudo ignorarán que los pentecostales somos parte de la larga historia de la iglesia de Jesucristo, plural y diversa en tiempos y espacios, pero marcada por la redención conquistada en la cruz. Ese es su problema, no el nuestro. Nosotros seguiremos avanzando para la Gloria de Dios.

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REFERENCIAS:

[1] Aunque en algunos países latinoamericanos el término “carismático” suele asociarse con el catolicismo romano, en el presente artículo dicho término alude a un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y no a la Renovación Carismática Católica. El movimiento carismático, o pentecostal, tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, California

[2] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 17.

[3] Ibid., pp. 16.

[4] Ibid., pp. 15.

[5] Ibid., pp. 16.

[6] Ibid., pp. 233.

[7] Véase el artículo: “¿Qué es el movimiento Carismático?” publicado en: https://www.gotquestions.org/Espanol/movimiento-carismatico.html, consultado el 04/03/2019.

[8] Aggiornamento (“actualización” en italiano) es un término italiano utilizado para expresar la adaptación o la nueva presentación de los principios cristianos al mundo actual y moderno, siendo por eso un sinónimo de liberalismo teológico y moral. Implica amoldar o adaptar la teología y moralidad cristiana a la sociedad secular y sus normas cambiantes.

Cesasionismo, Continuismo, Distintivos del Pentecostalismo, Estudio Teológico, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Hacia un pentecostalismo sano

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Soy Pentecostal. No me sonrojo ni me avergüenza decirlo. Estoy orgulloso de mi legado y mi herencia espiritual dentro del Pentecostalismo. Mi pneumatología, mi doctrina del Espíritu Santo y los dones del Espíritu, me etiquetan como un continuista. Los continuistas (y todos los pentecostales lo somos) creemos que todos los dones del Espíritu Santo mencionados en el Nuevo Testamento son para todo el período entre Pentecostés y la segunda venida del Señor. Nuestra exégesis nos lleva a creer que todos los dones identificados en el Nuevo Testamento siguen vigentes y accesibles para los creyentes. Sin embargo, nuestra creencia en la vigencia actual de los dones debe también obligarnos a ser cuidadosos y moderados, evitando caer en los excesos tan comunes en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas.

DEBEMOS EJERCER LOS DONES ESPIRITUALES DENTRO DE LOS PARÁMETROS BÍBLICOS

Cómo pentecostales de sana doctrina debemos practicar los dones dentro de parámetros bíblicos. Si eres continuista tienes que vivir en 1 Corintios 12 al 14. Tienes que saber lo que la Biblia permite en las reuniones de la iglesia. Nadie debe hablar en lenguas a no ser que haya un intérprete. No se debe hablar en lenguas más de una persona a la vez. En tal efecto, en un servicio tienes que tener la valentía de detener prácticas erróneas en el momento que se presentan. Ninguna manifestación es apropiada si la Biblia claramente la prohíbe, sin importar si “sentimos” la presencia de Dios. Ignorar esto es precisamente lo que ha dado vida a movimientos heréticos como la Nueva Reforma Apostólica, el movimiento “Palabra de fe” (confesión positiva, declarar y decretar, etc.), el Evangelio de la Prosperidad o las herejías y excesos en torno a la guerra espiritual, entre otras.

Creo que todos los que amamos la Palabra de Dios y el evangelio lamentamos todas las manifestaciones que se están dando de una casi total falta de orden en algunas iglesias y lugares (risas descontroladas, éxtasis de danza desenfrenada, vómitos y ataques incontrolables, gritos, movimientos frenéticos y sonidos extraños, etc.). Creemos en el dicho de Pablo de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). El caos no honra al Dios de orden. Sin embargo, es precisamente el caos que vemos en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas lo que ha llevado a muchos otros creyentes a dudar o negar la validez y vigencia actual de los dones espirituales. Es gracias a nuestra falta de orden y decencia que el Pentecostalismo fue y sigue siendo caricaturarizado por muchos, los cuales equiparan la postura “continuista” propia del Pentecostalismo con el desorden. No tiene por qué ser así. Había una serie de desórdenes en Corinto, pero el remedio que propuso el apóstol Pablo no era el desuso de ninguno de los dones, sino el uso correcto de todos ellos. Los pentecostales necesitamos urgentemente recuperar el orden en nuestras congregaciones. Sabemos que los dones espirituales, todos ellos, siguen vigentes. No estamos equivocados al decirlo pues la Biblia nos respalda. Pero no es suficiente tener la postura correcta: la práctica también tiene que ser bíblica y correcta.

LA NECESIDAD DE PREDICACIÓN EXPOSITIVA EN NUESTRAS IGLESIAS

Si eres un creyente continuista, específicamente pentecostal, te aconsejo hacer de la predicación bíblica una prioridad, particularmente la predicación expositiva. ¿A qué me refiero con eso? A qué nuestra forma de enseñar la Palabra necesita ser reevaluada. ¡Muchos predicadores pentecostales ni siquiera saben o comprenden lo que es una predicación expositiva! Y es que lo que define que un sermón sea o no expositivo no es lo largo que sea el texto, ni si el sermón es parte de una serie consecutiva que cubre un libro completo de la Biblia. Tampoco tiene que ver con si el predicador explica el sentido que algunas palabras tienen en el idioma original, o si va explicando cada frase del versículo sin una unidad o dirección dominante.

Lo que hace que un sermón sea expositivo es que el énfasis y propósito del sermón sea el énfasis y propósito del texto en su intención original. Predicación expositiva es la predicación en la cual el principal punto del texto bíblico que se considera llega a ser el principal punto del sermón que se predica, y se aplica a la vida actual. Predicar expositivamente implica que el texto bíblico va a dirigir el sermón de principio al fin. Esto también significa que el predicador pasará la mayor parte de su tiempo, durante la semana, tratando de entender el significado de su texto.

¿Acaso no hacen esto nuestros pastores y predicadores pentecostales? No siempre (lo admito con vergüenza). Y es que para muchos “pentecostales” o creyentes “del Espíritu”, la preparación adecuada en el ámbito teológico no siempre es bien vista, lo cual no solo es vergonzoso, sino extremadamente preocupante. ¿Quién confiaría la educación secular de sus hijos a un maestro que odia el estudio y jamás actualiza sus conocimientos? ¿Quién se sometería a una cirugía de corazón abierto poniéndose en manos de alguien que jamás ha estudiado cirugía? ¿Por qué entonces ponemos nuestra formación espiritual y en la Palabra en manos de personas que ni siquiera la conocen ni entienden sus normas de interpretación? ¿Acaso nuestro destino eternos es menos importante? Desgraciadamente uno de los problemas principales que afectan a nuestras iglesias continuistas (carismáticas o pentecostales) es que a muchos les emociona más tener un buen ministerio de danza, el sonido ensordecedor de los instrumentos en los cultos, declarar, decretar, atar al diablo y presumir de dones proféticos de dudosa reputación, que la fiel exposición de la Palabra de Dios. ¡Esto no puede ni debe ser así! Solo la Biblia, la Palabra escrita de Dios, es infalible y plenamente inspirada. Ninguna “profecía” dada en nuestra época puede ser considerada más importante que la Biblia. Este es uno de los puntos que más le preocupa a nuestros hermanos cesacionistas (y con justa razón). Es problemático cuando vivimos más emocionados por lo que comparte un hombre falible que lo que dice la infalible Palabra de Dios. Toda supuesta profecía, toda expresión “inspirada”, todo mensaje transmitido e interpretado en lenguas, siempre tiene que estar sujeto a la Biblia. Como continuista moderado y fiel a la Palabra, creo y entiendo que todos los dones de revelación tienen que estar sujetos a la Palabra de Dios y no debe haber ninguna revelación nueva que sea normativa (1 Corintios 14, 1 Tesalonicenses 5).

CUIDADO CON PONER NUESTRAS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES POR ENCIMA DE LA PALABRA

Una terrible tendencia en muchos creyentes pentecostales es usar sus experiencias espirituales o de carácter místico-religioso de forma autoritativa o apologética. Cuando defendamos nuestra fe ¡Hagámoslo con la Palabra! Tus experiencias personales, visiones, sueños o impresiones espirituales puede que cumplan una función o sean de utilidad para tí. Pero no son de carácter autoritativo ni puedes fundamentar tu doctrina y prácticas cristianas en ellas. Sabemos claramente que la Biblia nos dice que ciertas manifestaciones no necesariamente serán del Espíritu (Mateo 7:22-23). Estemos convencidos por la Palabra, no por experiencias místico-religiosas cuestionables. Tampoco solo hables de tus experiencias. No estoy diciendo que no es bueno compartir los testimonios de lo que Dios ha hecho. Al contrario, es importante hacerlo. Pero a fin de cuentas, la Palabra es el mayor regalo de Dios para Su pueblo. Su Palabra ha sido revelada para que podamos conocer Su carácter. Entonces, ¡Hablemos más de la Biblia que de lo que hemos experimentado en nuestros momentos de éxtasis espiritual! La infalibilidad de la Biblia es segura (2 Timoteo 3:16-17), la veracidad de nuestras impresiones o supuestas experiencias espirituales siempre estará sujeta a escrutinio (1 Juan 4:1), pues no siempre podemos estar seguros que es Dios, y no nuestro propio corazón, la fuente de dicha revelación. Y de nuestro corazón se nos dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).

¿Significa lo anterior que no creo en la profecía y en los dones de revelación para esta época? ¡En ninguna manera! Yo mismo he presenciado y he sido bendecido en varias ocasiones a través del uso correcto e inspirado de estos dones. Además, la Biblia también nos advierte: “No menospreciéis las profecías” (1 Tesalonicenses 5:20). Lo que intento decir es lo mismo que dijo Pablo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Para todos los verdaderos creyentes y para todas las verdaderas iglesias, la Biblia es la autoridad suprema; ella siempre tiene la última palabra. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). Los bereanos “eran más nobles…, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). ¡Hasta las palabras del apóstol Pablo fueron sometidas a la prueba de las Escrituras! ¿Por qué? Porque no todo lo que se presenta como “palabra del Señor” lo es; hay que ejercer el don del discernimiento, juzgar cada manifestación a la luz de la Biblia y separar lo bueno de lo malo. Por lo tanto, que sea la Palabra de Dios la que abunde cuando hablemos de cualquier tema y queramos establecer doctrinas y prácticas en la iglesia y no simplemente anécdotas u opiniones.

DEFENDAMOS LA SUFICIENCIA DE LA BIBLIA

Los pentecostales afirmamos creer en la suficiencia de la Biblia. Pero dicha afirmación a veces es más una mera declaración teórica que una verdad que llevemos a la práctica. La suficiencia de la Biblia significa que la Biblia sola es suficiente para revelar la verdad acerca de Dios y acerca del ser humano, para revelar todo lo que el ser humano necesita saber para poder ser salvo, y para revelar todo lo necesario para que las personas salvas puedan vivir sus vidas para la gloria de Dios. Para todo eso no hace falta ninguna otra fuente de revelación; la Biblia sola es más que suficiente. No necesitamos ninguna revelación moderna o extrabíblica para decirnos cómo vivir la fe. Ese ha sido el error de sectas como los mormones, adventistas del séptimo día o los pentecostales del movimiento “Solo Jesús”, los cuales pusieran las revelaciones extrabíblicas de sus fundadores al mismo nivel que la Biblia, cayendo en graves errores teológicos y de praxis cristiana.

CONCLUSIÓN

A los creyentes pentecostales del siglo XXI nos ha tocado vivir un tiempo maravilloso y emocionante: Un tiempo de llenura y derramamiento del Espíritu Santo tal como al principio. Sin duda, esto representa una amenaza para Satanás y su reino, por lo cual intentará dividirnos, traer oprobio sobre la obra legítima del Espíritu Santo y, si le fuese posible, acabar con tales manifestaciones en nuestras iglesias. ¿Cómo? Falsificando la obra del Espíritu e induciendo a los creyentes a escuchar espíritus engañosos, sustituyendo la presencia y el poder de Dios por las emociones humanas y llevando a otros a dudar de la vigencia de los dones espirituales para nuestra época. No sólo el cesacionismo (con su total negación de los dones espirituales), sino también el continuismo desenfrenado y sin sujeción a la Palabra, sirve perfectamente a los propósitos de Satanás de traer oprobio y debilidad a la iglesia de Cristo.

Sí, están pasando cosas preocupantes, poco bíblicas y que no honran al Señor en muchas de nuestras iglesias pentecostales. Pero, por otra parte, el Señor está obrando, la Iglesia Pentecostal está madurando y reformándose a sí misma, el Evangelio de Cristo se está predicando y se está levantando una nueva generación de creyentes e iglesias pentecostales comprometidas con el Señor, con su Palabra y con el Evangelio. Y esto apenas es el principio de lo que Dios hará… ¡Esa es mi esperanza!

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Cesasionismo, Complementarianismo, Continuismo, Egalitarianismo

¿Arminianos Reformados?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El Arminianismo Reformado (también conocido como Arminianismo Clásico) es la visión sistemática de las Escrituras enseñada por el teólogo holandés Jacobo Arminio. Arminio expuso sus ideas mucho antes que sus seguidores hicieran públicos los 5 Artículos de la Remonstrancia. Lo que muchos ignoran es que Arminio se consideraba a sí mismo como Reformado, y muchos dentro del movimiento reformado holandés sostuvieron su enfoque de la teología. Hoy, sin embargo, el término calvinista es virtualmente sinónimo de reformado, y cualquier cosa con el término “Arminiano” se considera un punto de vista opuesto a lo reformado o calvinista.

Tristemente, lo que muchos calvinistas conocen e identifican como arminianismo es la corriente o tradición wesleyana únicamente. Sin embargo, un número cada vez mayor de arminianos está adoptando una variedad no wesleyana de arminianismo que ahora se conoce como “Arminianismo Reformado” o, más comúnmente, como “Arminianismo Clásico”. En países como Estados Unidos la corriente principal de este movimiento se encuentra en la denominación Bautista de libre albedrío, cuyos orígenes se remontan al movimiento bautista general inglés del siglo XVII. Los primeros defensores de este enfoque incluyen figuras inglesas del siglo XVII como Thomas Helwys y Thomas Grantham. Los defensores del siglo XX incluyen a los eruditos Bautistas de Libre Albedrío Leroy Forlines y Robert Picirilli, quienes se consideran a sí mismos como representantes de un tipo de arminianismo más parecido a la teología de Arminio que a la mayoría del arminianismo moderno.

Un número cada vez más creciente de evangélicos se ajusta a un perfil único en la conversación calvinista-arminiana: consideran que las Escrituras no apoyan una visión tradicional calvinista de la predestinación, la gracia y la libertad humana. Sin embargo, no están de acuerdo con el rechazo de la mayoría de los arminianos a las doctrinas reformadas de la depravación total, la expiación penal sustitutiva, la imputación de la justicia de Cristo de Cristo en la justificación y la santificación progresiva (en oposición a la doctrina de la santificación total en esta vida enseñada por la corriente wesleyana). Para estas personas, y para toda la conversación calvinista-arminiana, esta corriente de pensamiento arminiana reformada ofrece posibilidades fructíferas de entendimiento entre ambos sistemas teológicos. Por ejemplo, las Asambleas de Dios, la mayor y más influyente de las denominaciones pentecostales, ha abrazado de forma significativa la teología arminiana clásica (o reformada), rechazando algunos elementos del arminianismo wesleyano y calificando como herejía el pelagianismo. Esto se debe en parte a la influencia bautista en los orígenes, liderazgo primitivo y fundamento teológico de esta denominación pentecostal. Debe recordarse que el Reverendo E.N. Bell, primer Superintendente General de las Asambleas de Dios era bautista. Bell recibió educación superior en la Universidad de Stetson en la década de 1890, y se formó teológicamente en el Seminario Teológico Bautista del Sur (1900-1902) y la Universidad de Chicago (B.A., 1903).

NECESITAMOS IR MÁS ALLÁ DE NUESTRA TRIBU SOTERIOLÓGICA.

Aunque en la mente de muchos cristianos no podrían existir dos términos más opuestos entre sí que “arminiano” y “calvinista”, esto no necesariamente es cierto. No obstante, al oír la expresión “Arminiano Reformado” muchos pensarán que se trata de una broma, pues consideran que tal expresión constituye un verdadero oxímoron; como si habláramos de la existencia de hielo caliente o de un conservador de izquierda. Tal forma de pensar ilustra de forma clara el antagonismo y la incomprensión que ha predominado por siglos en ambos bandos.

Los calvinistas frecuentemente caricaturizan a los arminianos y los acusan de creer cosas que realmente no creen. Lo mismo puede decirse de los arminianos hacia los calvinistas. Lo cierto es que la mayoría de los evangélicos calvinistas no están familiarizados con los escritos de Arminio, al igual que la mayoría de los evangélicos arminianos no conocen los escritos de Calvino. Esto es una pena, y no siempre fue así. Parece que hay mucha más insularidad en estos días en la comunidad evangélica, y mucho menos ir más allá de nuestra tribu soteriológica para entender realmente a los demás y su manera de pensar. Personalmente, he descubierto que puedo tener mucho más en común de lo que pensé con algunos calvinistas con respecto a la persona, obra y evangelio de Cristo, justificación, santificación, cosmovisión cristiana, apologética y epistemología, compromiso cultural, escatología, etc. (e incluso puntos de vista sobre el bautismo y los dones carismáticos). Pero todos esos puntos en común a menudo se pasan por alto en la comunidad arminiana por un simple hecho: ¡No somos calvinistas y no queremos ser relacionados como tales! ¡No creemos en la elección incondicional, la expiación limitada, ni en la gracia irresistible! ¡Y tampoco estamos totalmente de acuerdo en lo que a la perseverancia final de los santos se refiere!

Pero no solo los arminianos podemos ser así. Los calvinistas pueden ser igual o peor de insulares que nosotros. Es gracioso que los arminianos (o calvinistas) puedan trabajar junto con otros arminianos (o calvinistas) que difieren con ellos en cuanto a si los niños deben ser bautizados, el momento del regreso de Cristo y los dones carismáticos, y, sin embargo, el calvinismo y el arminianismo se han convertido en una prueba de fuego para la comunión evangélica en esos mismos círculos. Esta situación es precisamente lo que impide que las personas comprendan y lean a los autores del otro lado, lo que no es saludable.

Creo que si los calvinistas leyesen a Arminio en persona (y no solo a sus críticos y adversarios teológicos), verían a alguien cuyo latido del corazón por el evangelio se parece mucho a los calvinistas más antiguos que leen y citan. Se encontrarían con alguien cuya espiritualidad y creencias doctrinales en lo que significa ser un pecador totalmente depravado fuera de la gracia divina, lo que significa ser justificado por la justicia imputada de Cristo solo por la fe, lo que la doctrina de la expiación por medio de la sustitución penal se trata, de cómo un creyente crece en gracia y se santifica, del legalismo contra el antinomismo, etc., se parecen más a lo que ellos creen de lo que habían imaginado.

ARMINIANISMO REFORMADO, ARMINIANISMO WESLEYANO Y SEMIPELAGIANISMO.

La soteriología arminiana reformada se aparta de los modelos wesleyanos y del movimiento de santidad derivado de este al abrazar las categorías más reformadas de Arminio. Asimismo, marca una clara distancia con otros sistemas falsamente identificados como arminianos, pero que rayan en el semipelagianismo y el Teísmo Abierto.

A diferencia de la teología wesleyana-arminiana, tal como se desarrolló en el movimiento de santidad, el arminianismo reformado sostiene la noción tradicional reformada de la depravación total del hombre, que solo la gracia de Dios a través del poder de convicción y atracción del Espíritu Santo puede contrarrestar. Presenta una visión reformada de satisfacción penal de la expiación. Esto implica que la obediencia activa y pasiva de Cristo se imputa al creyente en la justificación.

Los arminianos reformados difieren fuertemente del perfeccionismo y la doctrina de la entera santificación propuesta por el arminianismo wesleyano. También creen que los cristianos perseveran en la salvación solo por medio de la fe. Si bien los creyentes pueden apostatar de la salvación forjada de una vez por todas en Cristo y perderse irremediablemente, esta apostasía se produce solo a través de la deserción de la fe. Esto tiene ramificaciones prácticas para asegurar la salvación: la comprensión del arminianismo reformado de la apostasía difiere un poco de la noción wesleyana de que los individuos pueden caer repetidamente de la gracia al cometer pecados individuales y pueden ser restaurados repetidamente a un estado de gracia a través del arrepentimiento.

Es precisamente este alejamiento de la teología wesleyana lo que le permitiría al arminianismo reformado revitalizar el actual diálogo arminiano-calvinista (o la falta de diálogo). ¿Por qué? Porque el arminianismo reformado constituye una apropiación más orientada a la gracia y cercana a la doctrina reformada en su entendimiento de la naturaleza de la expiación, la justificación, la santificación y la espiritualidad, combinada con su postura arminiana sobre la predestinación y la libertad (antes y después de la conversión) para resistir la gracia salvífica divina. De este modo, el arminianismo reformado proporciona un arminianismo único a través de medios arraigados en la teología del propio Arminio.

Desafortunadamente, el “arminianismo” más popular en el evangelicalismo moderno no es ni siquiera el wesleyano, sino más bien un modelo semipelagiano, más cercano a Charles Finney[1] que a John Wesley. Aunque Wesley está más alejado de la teología reformada de lo que lo estaríamos nosotros, los arminianos clásicos, no estuvo tan lejos como Finney y gran parte del movimiento de Santidad como se desarrolló en los siglos XIX y principios del XX. Wesley rechazó una expiación sustitutiva penal completa y la imputación de la justicia de Cristo al creyente. Él enseñó a los creyentes que podían perder su salvación una y otra vez a través de la impenitencia. Su visión de la santificación y la espiritualidad fue mucho más sobre las experiencias de crisis y la perfección; en mi opinión, se desvió hacia el legalismo en su reacción al antinomianismo. Sin embargo, aún se parecía más a los reformadores que a Finney y reaccionó contra el pelagianismo de maneras importantes, especialmente en su opinión del pecado adámico.

SIMILITUDES ENTRE LA TEOLOGÍA ARMINIANA REFORMADA, O CLÁSICA, Y EL CALVINISMO.

Ahora bien, la pregunta más importante en este punto es: ¿Existen similitudes reales entre el arminianismo clásico, o reformado, y el calvinismo? La respuesta es sí. Contrario a lo que muchos piensan, el arminianismo clásico o reformado guarda ciertas similitudes doctrinales con el calvinismo. Entre ellas podemos mencionar las siguientes:

(1.- Depravación Humana: la voluntad humana en su estado de caída no puede lograr ningún bien espiritual a menos que sea asistido y habilitado por la gracia divina. Arminio afirmó: “El libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, mutilado, enfermo, inclinado y debilitado; sino también está encarcelado, destruido y perdido … Cristo dijo: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’ “.[2] Jacobo Arminio siempre quiso mantener la mayor distancia posible del pelagianismo, al cual calificaba como herejía.

(2.- Justificación: La expiación de Cristo no fue simplemente una obra de teatro o exhibición para mostrar el amor de Dios o su disgusto hacia el pecado. No estaba destinada simplemente a ejercer una influencia moral sobre los hombres o defender la justicia pública afirmando el orden moral. Más bien, como Anselmo, Arminio sostuvo la doctrina de la satisfacción penal de la expiación (es decir, una vista forense). Dios, como juez, solo justificará al hombre al cumplir plenamente con la ley (justicia inherente), o a través de una completa rendición de cuentas con ese hombre o la plena satisfacción de la ley según lo cumplido por otro en su lugar (justicia imputada). La paga del pecado debe ser hecha de una manera u otra, ya sea por sí mismo o por otro en su lugar.

Arminio rechazó absolutamente cualquier doctrina basada en la salvación por obras. Para Arminio, estar en estado de gracia significaba ser encontrado en Cristo. En la teología arminiana, al igual que en el calvinismo, Jesús llevó una vida sin pecado, murió de muerte sustitutiva, resucitó de entre los muertos al tercer día y ascendió al Padre donde él mora por siempre para interceder por sus santos. La frase “en Cristo” tiene que ver con la unión del creyente con Cristo. Nuestros pecados le fueron imputados a Él para que su justicia (tanto su obediencia activa en la vida, como su obediencia pasiva en su muerte sustitutiva) nos fuese imputada a nosotros.

ARMINIANISMO REFORMADO EN LAS IGLESIAS PENTECOSTALES.

Como se dijo anteriormente, las Asambleas de Dios, la mayor y más influyente de las denominaciones pentecostales, ha abrazado de forma significativa la teología arminiana clásica (o reformada), rechazando algunos elementos del arminianismo wesleyano y calificando como herejía el pelagianismo. Esto no es casual o fortuito, sino que se debe en gran medida a la influencia bautista en los orígenes, liderazgo primitivo y fundamento teológico de esta denominación pentecostal.

Aunque muchos no vacilarían en identificar el origen de las Asambleas de Dios dentro de la corriente del Movimiento de Santidad wesleyano, esto no es del todo cierto. Debe recordarse que el Reverendo E.N. Bell, primer Superintendente General de las Asambleas de Dios era bautista. Bell recibió educación superior en la Universidad de Stetson en la década de 1890, y se formó teológicamente en el Seminario Teológico Bautista del Sur (1900-1902) y la Universidad de Chicago (B.A., 1903). Bell pastoreó diversas iglesias bautistas durante diecisiete años.[3] El primer pastorado pentecostal de Bell fue en Malvern, Arkansas, donde publicó un periódico mensual, The Word and Witness. Cuando los padres fundadores de las Asambleas de Dios se reunieron en Hot Springs, Arkansas, del 2 al 12 de abril de 1914 para promover la unidad y la estabilidad doctrinal, establecer una personería legal, coordinar la empresa misionera y establecer una escuela de entrenamiento para el ministerio Eudorus N. Bell fue elegido presidente (título que más adelante se cambió a superintendente general) del primer Concilio General de las Asambleas de Dios. Las iglesias provenientes del movimiento de santidad no fueron dominantes en el desarrollo teológico del nuevo movimiento, ya que los aproximadamente 300 delegados del primer Concilio General representaron una diversidad de iglesias independientes y redes, entre ellas la «Asociación de Asambleas Cristianas» en Indiana, la «Iglesia de Dios en Cristo», y el «Movimiento de la Fe Apostólica» de Alabama, Arkansas, Mississippi y Texas.

En una de sus declaraciones oficiales, las Asambleas de Dios sientan postura y se distancian tanto del pelagianismo y las variantes extremas de arminianismo, como del calvinismo extremo (llamado hipercalvinismo). En cambio, las Asambleas de Dios afirman:

“Debe notarse que hay peligros en las expresiones extremas de ambos grupos [calvinistas y arminianos]. Una forma extrema de arminianismo puede rotularse como pelagianismo, postura en la cual los creyentes básicamente se salvan a sí mismos por la calidad de su vida y de su fe. Una forma extrema de la teología reformada se ha denominado a veces híper- calvinismo, en la cual el individuo, como se señaló antes, no tiene participación alguna en la salvación o condenación. Ninguno de estos extremos tiene base bíblica, o una explicación satisfactoria para las realidades de la vida.”[4]

Pero esta denominación representativa del pentecostalismo clásico va más allá. A pesar de que el pentecostalismo podría considerarse como una continuación del Movimiento de Santidad Wesleyano, las Asambleas de Dios se distancian del arminianismo wesleyano (el cual enseña que los creyentes pueden perder su salvación una y otra vez, y cuya visión de la santificación y la espiritualidad se desvía hacia el legalismo en su reacción al antinomianismo); en cambio, las Asambleas de Dios afirman:

“Cualquiera que ha nacido de Dios no practica pecado, no sigue pecando habitualmente. No puede seguir pecando de la misma manera que el hijo del diablo. Más bien, el cristiano debe crecer espiritualmente y dejar el pecado, reconociendo que el pecado continuo afectará adversamente su fe. ¿Implica esto que un cristiano puede pecar y todavía ser salvo? La primera reacción de muchos es decir que no puede. Sin embargo, es necesario en este contexto considerar el hecho de que la preocupación, el orgullo, la envidia, y la amargura se aceptan como fallos comunes. Pocos sugerirían que los creyentes que cometen tales pecados están perdidos. Además, si se insiste en que Dios requiere una perfección actual sin pecado de los creyentes, entonces la pregunta es: “¿Está la posición del hombre en Cristo basada en su propia justicia o en la justicia de Cristo que le fue atribuida por fe?” Si el hombre es salvo solamente cuando tiene una vida sin mancha, ¡entonces la salvación no es por gracia, sino por obras! También si Dios acepta al hombre solamente cuando éste no tiene ninguna falta, la vida cristiana entonces no está libre de condenación como Pablo insistió en Romanos 8:1. Más bien, sería una existencia de preocupación y penitencia constante, llena de temor y condenación y desprovista del gozo y la confianza que el conocimiento de la salvación puede dar. (Vea Romanos 5:9–11 donde está claro que el Dios que nos amó lo suficiente como para proveer para nuestra salvación también nos ama lo suficiente como para proveer para nosotros hasta llegar a la gloria. Esta garantía nos da gozo en Él.) Una pregunta similar es: “¿Qué pasaría a un creyente que peca en el momento en que Jesús regrese?” Los que sostienen la idea de que los cristianos no pueden pecar y todavía ser salvos enseñarían que tal creyente está perdido y condenado por la eternidad. ¡Qué desesperación! ¡El creyente no entra y sale de la gracia de Dios! ¡Está seguro en la mano de Dios, y ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada lo podrá separar del amor del Padre![5]

Dicha declaración oficial choca en cierta medida con el perfeccionismo wesleyano y su idea de la caída constante del creyente de la Gracia. Así, mientras se distancia tanto del arminianismo wesleyano como del pelagianismo y del hipercalvinismo, la mayor de las denominaciones pentecostales del mundo se inclina por un arminianismo clásico o reformado:

“Los creyentes tienen que mirar bien, “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios” (Hebreos 12:15). La exhortación de la Biblia es: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5). ¿Por qué tanta preocupación y cuidado? Estas repetidas advertencias tienen importancia solamente cuando se reconoce que la pérdida de la fe significa la pérdida eterna del alma. Porque mientras que es cierto que la salvación del creyente no se gana por obras ni conserva su fe por ellas, es igual de cierto que el creyente obtiene su salvación por fe, ¡y también puede perderla por falta de fe! El pecado está muy relacionado con la incredulidad. El pecado pone en peligro la fe, y la pérdida de fe significa pérdida de posición. Hebreos 3:12-14 trata al respecto. El escritor exhorta a los hermanos a evitar la incredulidad que lleva a las personas a apartarse del Dios vivo. Él menciona el engaño del pecado como la causa de la incredulidad y les recuerda que son hechos participantes de Cristo solamente si retienen firme hasta el fin su confianza del principio. Ser participantes en Cristo es por fe. Si quitamos la fe, ya no hay posición en Cristo. Es por esta razón que las Escrituras exhortan al creyente: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad” (Hebreos 3:12)… La salvación se pierde al rechazar a Cristo… Dios no permite que nos apartemos de Él fácilmente. (Vea Romanos 10:21 donde Pablo habla de Israel, pero el principio se aplica aquí también.) Pero un creyente se puede perder si descarta las continuas convicciones del Espíritu Santo y llega al punto donde rechaza a Jesús como su Salvador. Es posible creer por un tiempo y durante un período de tentación alejarse (Lucas 8:13). Es posible que se pierda el hermano débil por quien Cristo murió (1 Corintios 8:11). Es posible que un nombre esté escrito en el Libro de Vida y después sea quitado del Libro (Apocalipsis 22:19). No siempre es posible determinar si una persona ha rechazado a Jesús como su Salvador. Entonces es mejor dejar que el Dios omnisciente juzgue estos asuntos. Estamos seguros, sin embargo, que, si Dios no da al pródigo por perdido, tampoco debe hacerlo la Iglesia de Jesucristo. Demasiadas veces la gente se da por vencida con un individuo cuando Dios todavía no se ha dado por vencido. La Biblia reconoce la posibilidad de perder la salvación, pero nunca cesa de ofrecer esperanza para cualquier persona que quiera responder a la súplica del Espíritu Santo.”[6]

Así pues, el arminianismo clásico, o reformado, se ha convertido en el punto de encuentro entre la teología calvinista moderada y los nuevos grupos evangélicos, incluidos los pentecostales. Llegar a acuerdos es posible. Ambas corrientes teológicas pueden coexistir y enriquecerse mutuamente y, en los puntos de desacuerdo, respetarse. Esto nos lleva al siguiente punto: Los diferencias.

DIFERENCIAS ENTRE LA TEOLOGÍA DE ARMINIO Y EL CALVINISMO.

Si bien el arminianismo reformado permite un mayor entendimiento con el calvinismo, y constituye una aproximación mayor a la teología reformada de lo que muchos pensaban, o de lo que otros tipos de arminianismo lo permiten, tampoco puede negarse que existen diferencias claras entre ambos sistemas. Entre dichas diferencias podemos mencionar:

(1.- LA TEOLOGÍA DEL PACTO:

Las diferencias fundamentales entre el arminianismo reformado y el calvinismo pueden encontrarse en la comprensión particularista del calvinismo del “decreto inalterable de Dios”. La visión calvinista de la elección incondicional, la gracia irresistible y la necesaria perseverancia de los santos, se deriva de la denominada Teología del Pacto. La Teología del Pacto le proporciona al calvinismo un marco explicativo para interpretar los pasajes del Nuevo Testamento relativos a la salvación. Pero ¿en qué consiste dicho sistema teológico? De acuerdo con el calvinismo, para entender el plan de salvación como es explicado en el Nuevo Testamento, hemos de presuponer el paradigma bíblico del Pacto de Redención, el Pacto de Obras y el Pacto de Gracia. Así pues, la teología del pacto pretende resumir la enseñanza de toda la Biblia con el concepto de pacto. Un pacto es un acuerdo formal entre dos o más personas que establece y define los límites de la relación. La teología del pacto sostiene que Dios toma la iniciativa de relacionarse con el ser humano siempre por medio de pactos. También sostiene que existe cierta continuidad entre varios de estos pactos, y que reconocer esta continuidad nos ayuda a entender el mensaje principal de la Biblia.

Los teólogos del pacto suelen ver un pacto en Edén antes de la caída de Adán. Sin embargo, enfrentan un problema: Los primeros capítulos de Génesis no usan la palabra pacto para hablar de la relación entre Dios y Adán, por lo que los teólogos calvinistas deben buscar indicios de dicho pacto en otro lado. Generalmente, suelen refugiarse en Oseas 6:7 para sostener dicha idea: “mas ellos, como Adán, han transgredido el pacto”. En los supuestos teológicos del calvinismo, Dios siempre se relaciona con el ser humano por medio de pactos. Por medio de los pactos, Dios comunica lo que espera de su pueblo, les ofrece y promete bendición, estipula consecuencias por la desobediencia, y especifica la manera de recibir la bendición (si por la fe o por la obediencia). De acuerdo con dicha teología, otro aspecto clave de los pactos bíblicos es que suele haber representación; es decir, Dios trata con una sola persona en representación de los demás. Existe una solidaridad entre el pueblo y el representante. Citan como ejemplo el trato de Dios con el pueblo de Israel y sus reyes. Si el rey obedecía, el pueblo disfrutaba de bendición. Por el contrario, si el rey desobedecía, el pueblo sufría las consecuencias.

Una forma en la que la teología del pacto resume los tratos de Dios con su pueblo es según tres pactos: el de las obras, el de gracia, y el de la redención.

(1.- Pacto de las Obras: Dios entró en un pacto condicional con Adán en el cual este tenía que obedecerle en el jardín para evitar la muerte y ser confirmado para siempre en justicia. Adán era el representante de la raza humana, de modo que, cuando desobedeció, Dios consideró a todo ser humano culpable. Romanos 5 dice que el pecado entró en el mundo y se extendió no debido a la desobediencia de cada ser humano, sino a la culpa a un individuo: Adán. Todos sufrimos las consecuencias de su pecado porque fue nuestro representante en el pacto de las obras.

(2.- Pacto de la Gracia: Se suele explicar que este pacto entra en vigor a partir de Génesis 3:15 (la maldición de la serpiente). Este pacto establece la manera en que Dios salva a su pueblo: por gracia por medio de la fe en el mediador, que es el Cristo. Se argumenta (aunque con matices y diferencias, según el teólogo) que los pactos sucesivos en la Biblia incluyen y revelan este principio de salvación por gracia por medio de la fe. Esta continuidad se resume en el pacto de la gracia.

(3.- Pacto de la Redención: El pacto de gracia se ejecuta en la historia humana, pero antes, en la eternidad, el Padre, el Hijo, y el Espíritu ya habían establecido un acuerdo según el cual el Padre le prometió un pueblo como herencia, del cual el Hijo sería cabeza y redentor. El Hijo, por su parte, voluntariamente decidió tomar el lugar de este pueblo en su vida encarnada y en su muerte. Y el Espíritu se comprometió a aplicar las bendiciones ganadas por Cristo a todo el pueblo. Este pacto busca encontrar apoyo bíblico, por ejemplo, en los salmos mesiánicos, en el lenguaje de Jesús cuando habla de la necesidad que tiene de cumplir la voluntad de su Padre, y en Efesios 1, donde se habla de los roles de cada persona de la Trinidad en la redención. Sin embargo, el pacto propuesto por los calvinistas no incluye a toda la humanidad ni pone a disposición de todos los hombres el regalo de la salvación. Para el calvinista, a través del pacto Dios busca redimir solo a los elegidos. De acuerdo con los términos de este pacto el Padre elige un número definido de individuos para sí mismo, el Hijo hace lo que es necesario para salvar a aquellos que el Padre le ha dado y a nadie más, y el Espíritu Santo, de igual manera, aplica la salvación solo a los elegidos.[7]

Sin embargo, la Teología del Pacto posee ciertos puntos de crítica que debilitan la posición calvinista. La primera y principal es la falta de base bíblica.  Aunque la palabra pacto aparece muchas veces en la Biblia, lo cierto es que la Biblia no menciona ni el pacto de la gracia, ni el de la redención, y muchos creen que tampoco el de obras. Son deducciones sin base bíblica concreta. No hay una indicación directa en las Escrituras de que tal pacto fuera jamás hecho, y lo que es más importante, los términos de dicho pacto no se revelan. Solo cuando asumimos a priori que la elección no es condicional, es que concluimos el Ordo Salutis y todos los demás elementos del calvinismo. Sin embargo, se ve exactamente lo contrario en las Escrituras: la expiación de Cristo fue para todos, de hecho, para el mundo entero, y la salvación de Dios es condicional, y esa condición es la fe en Cristo.

Otro punto de crítica con esta teología es que propone demasiada continuidad entre los pactos. Sobran quienes argumentan que la teología del pacto propone demasiada continuidad entre los tratos de Dios con su pueblo en una época y en otra. Por ejemplo, el debate entre bautistas y presbiterianos acerca del bautismo de infantes tiene que ver precisamente con el tema de la continuidad entre los pactos: los presbiterianos dicen que los hijos de creyentes se incluyen en la comunidad del pacto porque así fue con Abraham y con el pueblo de Israel, ambos partícipes del mismo pacto de gracia del cual participa la iglesia del nuevo pacto. Los bautistas que se consideran teólogos del pacto (y los hay) responden que el pacto de la gracia no incluye necesariamente los hijos de creyentes, a no ser que estos también respondan en fe.

Como puede verse, la teología del pacto crea más problemas de los que resuelve. Aquí, entonces, está el entendimiento arminiano reformado de cómo uno puede llegar a “estar en Cristo”: Por medio de la fe, y dicha oferta está abierta a todos. La expiación es general, no limitada ni particular.

(2.- EL DETERMINISMO O FATALISMO CRISTIANO: El determinismo es la creencia que Dios ordena u organiza todas las cuestiones del universo de manera que todo y cada cosa que ha sucedido y sucederá está eficazmente orquestado por Dios de tal forma que debieron suceder exactamente cómo sucedieron. Dicha doctrina niega de forma contundente la existencia del albedrío humano. Augustus Toplady, clérigo anglicano y opositor calvinista de John Wesley, llegó incluso a afirmar que “No hay partícula de polvo que se mueva sin que Dios la haya levantado, conduzca su movimiento incierto, y por su cuidado particular, la haga reposar en cierto lugar que El dispuso con anticipación.”[8]

Sin embargo, el determinismo causal universal y divino propuesto por el calvinismo no puede ofrecer una interpretación coherente de la Biblia. Incluso los teólogos reformados clásicos reconocieron eso. D. A. Carson identifica nueve corrientes de pasajes que afirman la libertad humana: (1) Las personas enfrentan una multitud de exhortaciones y ordenes divinas, (2) a las personas se le dice que obedezcan, crean y que escojan a Dios, (3) las personas pecan y se rebelan contra Dios, (4) los pecados de las personas son juzgados por Dios, (5) las personas son probadas por Dios, (6) las personas reciben recompensas divinas, (7) los elegidos son responsables de responder a la iniciativa de Dios, (8) las oraciones no son meras obras maestras programadas por Dios, (9) Dios literalmente le suplica a los pecadores para que se arrepientan y sean salvos. Esto, ciertamente, no concuerda con la doctrina determinista, o fatalismo cristiano, propuesto por el calvinismo.[9]

Pero no solo la Biblia se opone al determinismo, sino que, el determinismo causal universal no puede ser afirmado de manera racional. Además, el determinismo universal divino hace a Dios el autor del pecado y remueve la responsabilidad humana. Contrario a la visión arminiana, en la visión determinista aún el movimiento del albedrío humano es causado por Dios. Dios mueve a las personas a escoger el mal y no pueden hacer lo contrario. Dios determina sus elecciones y hace que ellos hagan el mal. Si es malo hacer que otra persona haga lo malo, entonces en esta visión Dios no sólo es la causa del pecado y del mal, sino que Dios mismo se hace malo, lo cual es absurdo. De la misma manera, todas las responsabilidades humanas para el pecado han sido removidas. Así que nuestras elecciones no dependen de nosotros: Dios es el causante de que las hagamos. No podemos ser responsables por nuestras acciones, ya que nada de lo que pensamos o hacemos depende de nosotros. De este modo, el determinismo universal divino anula la agencia humana.

Pero hay algo peor en esto. El determinismo hace que la realidad se convierta en una farsa. Según la visión determinista, el mundo entero se convierte en un espectáculo vano y vacío. No hay agentes libres en rebelión contra Dios, a quienes Dios busca para ganárselos por medio de Su amor, ni nadie que libremente responda a ese amor y que libremente da a cambio su amor y alabanza a Dios. Todo el espectáculo es una payasada en la que el mismo Dios es el único actor real.

Lejos de glorificar a Dios, la visión determinista menosprecia a Dios por involucrarse en esa payasada absurda. Es profundamente ofensivo para Dios el pensar que Él crearía seres que son, en todo sentido, causalmente determinados por Él y luego les trata como si ellos fueran agentes libres cuando les castiga por las malas acciones que hizo que ellos cometieran, o cuando los ama como si ellos fueran agentes que responden de manera libre.

(3.- LAS DOCTRINAS DE LA GRACIA: El término “Doctrinas de la Gracia” suele ser empleado para referirse al TULIP, acrónimo que resume los cinco puntos del calvinismo (Depravación total, elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible y perseverancia final de los santos). Todos los arminianos aceptamos la doctrina de la depravación total del hombre. Sin embargo, negamos de forma contundente las doctrinas calvinistas de la elección incondicional, la expiación limitada o particular y la naturaleza irresistible de la gracia. Asimismo, poseemos una comprensión diferente de la doctrina de la perseverancia final de los santos. La postura arminiana reformada en relación con las doctrinas de la gracia queda establecida en “Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610” los cuales afirman:

ARTÍCULO I.

“Dios, por un objetivo eterno e inmutable en Jesucristo su Hijo, antes de la fundación del mundo, tiene determinado, de la raza caída, pecaminosa de los hombres, salvar en Cristo, para Cristo, y por Cristo, a los que, por la gracia del Espíritu Santo, creerán en este su Hijo Jesús, y perseverarán en fe y obediencia de fe, por esta gracia, hasta el fin; y, de otra parte, dejar a los incorregibles e incrédulos en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como enajenados de Cristo, según la palabra del evangelio en Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” y de acuerdo también con otros pasajes de la Escritura.”

ARTÍCULO II.

“De acuerdo con esto, Jesucristo, el Salvador del mundo, ha muerto por todos los hombres y por cada hombre, de modo que haya obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, el rescate y el perdón de pecados; aunque nadie en realidad disfrute de este perdón de pecados excepto el creyente, según la palabra del Evangelio de Juan 3.16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna”. Y en la Primera Epístola de Juan 2:2: “Él es la propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

ARTÍCULO III.

“Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que él, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo, Juan 15:5: “Separados de mí nada podéis hacer”.

ARTÍCULO IV.

“Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Hechos 7 y en otros muchos lugares.”

ARTÍCULO V.

“Que aquellos que están incorporados en Cristo por una fe verdadera, y de esta manera se han hecho partícipes de su Espíritu vivificante, tienen por lo tanto pleno poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo y su propia carne, y para ganar la victoria, siendo bien entendido que esto es siempre a través de la gracia asistente del Espíritu Santo; y que Jesucristo les asiste por medio de su Espíritu en todas las tentaciones, extendiendo a estos su mano, y si sólo están listos para el conflicto y desean su ayuda, y no están inactivos, les impide caer, de modo que ellos por ninguna artimaña o poder de Satanás, pueden ser engañados, ni arrancados de las manos de Cristo, según la palabra de Cristo, Juan x. 28: “Nadie los arrebatará de mi mano”. Pero si son capaces, por negligencia, de abandonar de nuevo los primeros comienzos de su vida en Cristo, regresando nuevamente a este mundo malvado presente, de apartarse de la santa doctrina que les fue dada, de perder una buena conciencia, siendo desprovistos de gracia, eso debe ser determinado más particularmente de las Sagradas Escrituras antes de que puedan enseñar esto con la plena persuasión de sus mentes. Por consiguiente, los remonstrantes consideramos estos artículos conformes a la Palabra de Dios, tendentes a la edificación y en cuanto a este argumento, suficiente para la salvación, de modo que no sea necesario o edificante elevarse más alto o descender más profundo.”[10]

 (4.- CESASIONISMO: El cesasionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. Aunque los movimientos reformados en general han sido cesasionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas. Los arminianos, y particularmente los pentecostales y carismáticos, creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

(5.- COMPLEMENTARIANISMO: Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. En el contexto eclesiástico, el complementarianismo afirma que solo los hombres deben dirigir la iglesia en calidad de pastores. Éste es un asunto con el que los arminianos, sobre todo los pentecostales, estamos en desacuerdo. Creemos, en cambio, en el egalitarianismo, el cual le permite a las mujeres el acceso al ministerio, incluso la ordenación al pastorado.[11]

La historia del Antiguo Testamento incluye relatos de sólidos liderazgo femenino en muchos roles, tal como los siguientes ejemplos dignos de destacar: Miriam fue profetisa en Israel durante el éxodo, junto a sus hermanos, Moisés y Aarón (Éxodo 15:20). Débora, que era no sólo profetisa sino jueza, dirigió a Barac para que guiara al ejército de Israel hacia un combate exitoso contra sus opresores (Jueces 4 y 5). Hulda, también profetisa, autenticó el rollo de la ley encontrado en el templo y ayudó a iniciar la reforma religiosa en los días de Josías (2 Reyes 22:14–20; 2 Crónicas 34:22–28).

El Nuevo Testamento también muestra que las mujeres desempeñaban roles ministeriales importantes en la Iglesia Primitiva. Tabita (Dorcas) puso en marcha un efectivo ministerio de benevolencia (Hechos 9:36). Las cuatro hijas solteras de Felipe eran profetisas reconocidas (Hechos 21:8,9). Pablo señaló a dos mujeres, Evodia y Síntique, como mujeres que “combatieron juntamente conmigo en el evangelio” (Filipenses 4:2,3). Priscila fue otra de las mujeres que 3 Pablo consideró ejemplar entre sus “compañeros de trabajo en Cristo Jesús” (Romanos 16:3,4). En Romanos 16, Pablo saluda a muchos colegas ministeriales, entre los cuales muchas eran mujeres. En estos saludos, la palabra que Pablo usa para hablar del “trabajo” (kopiaō) o la “labor” de María, Trifena, Trifosa, y Pérsida (Romanos 16:6,12) es una que utiliza con frecuencia para su propia labor ministerial (1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17). Febe, una líder de la iglesia de Cencrea, fue muy elogiada por Pablo ante la iglesia de Roma (Romanos 16:1,2). Lamentablemente, las parcialidades de las traducciones han oscurecido la posición de Febe en el liderazgo; por ejemplo, algunas versiones en inglés traducen el término como “sierva”, pero Febe era diakonos de la iglesia en Cencrea. Por lo general, Pablo utilizaba este término para identificar a un ministro o líder de una congregación, y lo aplica específicamente a Jesucristo, Tíquico, Epafras, Timoteo, y su propio ministerio. Según el contexto, diakonos por lo general se traduce como “diácono” o “ministro”. Aunque algunas traducciones han escogido la palabra “diaconisa” (por ejemplo, la NVI, pues Febe es mujer), el griego diakonos es un sustantivo masculino. Por tanto, es probable que diakonos fuera una designación para una posición de liderazgo oficial en la Iglesia Primitiva. Por tanto, la traducción correcta para el rol de Febe sería “diácono” o “ministro” (como lo reflejan algunas versiones en inglés, por ejemplo, la New Living Translation, NLT). Además, muchas traducciones reflejan inclinaciones similares, al referirse a Febe como alguien que “ha ayudado” (NVI), “ha sido de ayuda” (NTV) para muchos, incluido el mismo Pablo (Romanos 16:2). El término griego aquí es prostatis, que NRSV [versión en inglés] se traduce como “benefactor”, con sus matices de igualdad y liderazgo. Pablo identificó a Junia como apóstol (Romanos 16:7). A comienzos del siglo trece, algunos eruditos y traductores masculinizaron su nombre como Junias, al parecer estaban renuentes a reconocer que había un apóstol mujer. Sin embargo, el nombre Junia se encuentra más de 250 veces solamente en Roma, mientras que la forma masculina Junias es conocida en cualquier fuente greco-romana. Pablo claramente fue un defensor de la mujer en el ministerio. Estas instancias de mujeres cumpliendo funciones de liderazgo en la Biblia deben considerarse como un patrón aprobado por Dios, no como excepciones a sus normas divinas. Incluso un número limitado de mujeres que cumplían funciones de liderazgo con el respaldo de las Escrituras afirman que Dios en verdad llama a mujeres al liderazgo espiritual.

CONCLUSIÓN.

Mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre nosotros los arminianos (incluso reformados o clásicos) y los calvinistas, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Los extremos de ambas posiciones deberían rechazarse: Ni los extremos cuasi pelagianos de algunos que se autodenominan arminianos, ni los extremos hipercalvinistas de algunos grupos que se denominan reformados, son bíblicos. Si bien la enseñanza y la predicación de algunos teólogos de ambos grupos pudieran ser ocasionalmente controversiales, concordamos en el imperativo de presentar el evangelio a los perdidos. Los arminianos reconocemos a los calvinistas como nuestros hermanos en Cristo. Reconocemos su pasión por la causa del Evangelio y los aportes de sus eruditos a la teología cristiana en general. Sin embargo, cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.

REFERENCIAS:

[1] Charles Grandison Finney (29 de agosto de 1792 – 16 de agosto de 1875), llamado “El más importante restauracionista estadounidense”, fue un líder del segundo gran despertar cristiano de Estados Unidos, que tuvo un profundo impacto en la historia social de los Estados Unidos. Finney tuvo una influencia primaria en el estilo de “renacimiento” de la teología que surgió en el siglo XIX. A pesar de provenir del calvinismo, Finney rechazó varios puntos del “viejo calvinismo divinista” que consideraba que no estaban de acuerdo con la Biblia además de que parecían oponerse al evangelismo y a la misión de los cristianos. En su teología Finney se oponía a la doctrina calvinista como lo expresa en su obra “resurgimientos religiosos”. En esta obra, él sostiene que la salvación se basa en la voluntad humana de arrepentirse y no es impuesta por Dios sobre las personas en contra de la voluntad de ellas. Su rechazo al calvinismo no fue total. En su obra Teología sistemática, Finney abraza la doctrina calvinista de la “Perseverancia de los Santos”. Quedan preguntas sobre cómo es que Finney veía el significado de la muerte de Jesús en la cruz. Su opinión es compleja. Además de hacer de la muerte de Cristo la pieza central de la justificación, más bien que de la obediencia de Cristo, la interpretación de Finney de la expiación era que satisfizo la “justicia pública” y que abrió las puertas para que Dios perdonase a la gente sus pecados. Ésta era la opinión de los seguidores de Jonatán Edwards, el así llamado Nueva Divinidad que era popular en aquella época. En esta interpretación, la muerte de Cristo satisfizo la justicia pública más bien que una justicia de retribución. Finney decía que no era una “transacción comercial”. Esta interpretación, conocida típicamente como el punto de vista gubernamental u opinión moral del gobierno, se diferencia del punto de vista calvinista en donde los sufrimientos de Jesús igualan la cantidad de sufrimiento que los cristianos experimentarían en el infierno.

[2] Disputation 11, “On the Free Will of Man and its Powers”, en The Works of James Arminius, 2:192.

[3] Véase: https://www.apostolicarchives.com/articles/article/8795590/172502.htm

[4] Véase: “UNA RESPUESTA DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS A LA TEOLOGÍA REFORMADA” (adoptada por el presbiterio general en sesión el 1 y 3 de agosto de 2015). Disponible en línea en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/Reformed-Theology-Response-of-the-AG-Position-Paper

[5] Véase: “LA SEGURIDAD DEL CREYENTE”. Declaración oficial sobre la seguridad del creyente fue adoptada el 21 de agosto del 1978 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios.

[6] Íbid.

[7] Para saber más sobre la teología del pacto, se puede leer los resúmenes de la doctrina del pacto en manuales de teología sistemática como los siguientes:

  • En castellano: Berkhof, Teología sistemática.  W. Grudem, Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica.
  • En inglés: M. Horton, The Christian Faith: A Systematic Theology for Pilgrims on the Way. J. Frame, Systematic Theology: An Introduction to Christian Belief.

[8] Augustus Toplady, prefacio, Jerom Zanchius, The Doctrine of Absolute Predestination (London: Sovereign Grace Union, 1930), pp. 14.

[9] D. A. Carson, Divine Sovereignty and Human Responsibility: Biblical Perspective in Tension”(Soberanía Divina y la Responsabilidad Humana: Perspectiva Bíblica en Tensión, página 18-22).

[10] Creeds of Christendom, Volume III. The Creeds of the Evangelical Protestant Churches. ARTICULI ARMINIANI sive REMONSTRANTIA. The Five Arminian Articles. A.D. 1610.

[11] EL ROL DE LA MUJER EN EL MINISTERIO, tal como se describe en las Sagradas Escrituras (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 9 AL 11 DE AGOSTO DE 2010). Disponible en PDF en: http://agchurches.org/Sitefiles/Default/RSS/Spanish%20AG/Position%20Papers/El%20rol%20de%20la%20mujer%20en%20el%20ministerio.pdf

Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.