Teología, Teología del Pacto, Teología del Reemplazo

La Teología Pactual como alternativa al dispensacionalismo

La teología del pacto es una manera de leer la Biblia que trata de explicar la trama de las Escrituras, mostrando cómo las diversas partes de la Biblia se integran en una unidad que presenta un solo mensaje de salvación por la fe en Jesús. La teología del pacto pretende resumir la enseñanza de toda la Biblia con el concepto de pacto. Un pacto es un acuerdo formal entre dos o más personas que establece y define los límites de la relación. La teología del pacto sostiene que Dios toma la iniciativa de relacionarse con el ser humano siempre por medio de pactos. También sostiene que existe cierta continuidad entre varios de estos pactos, y que reconocer esta continuidad nos ayuda a entender el mensaje principal de la Biblia. Una forma en la que la teología del pacto resume los tratos de Dios con su pueblo es según tres pactos: el de las obras, el de gracia, y el de la redención.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado

La Providencia de Dios

En el ámbito de la doctrina de Dios que como arminianos confesamos, encontramos uno de sus atributos que es muy especial: su providencia. La providencia es el poder de Dios, omnipotente y presente en todo lugar, por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas de tal manera que todo lo que la tierra produce, la lluvia, la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, las riquezas y la pobreza, así como todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar, sino por su consejo y voluntad.

Bautismo en el Espíritu Santo, Continuismo, Pentecostalismo Clásico

La llenura santificante del Espíritu Santo

El bautismo en el Espíritu Santo es una inmersión en Aquel que es el Espíritu Santo—la más frecuente designación para Él en el Nuevo Testamento—por lo tanto experiencia debe de alguna manera relacionarse con la santidad personal. La persona bautizada en el Espíritu debe entender que además de los dones espirituales, la experiencia Pentecostal debe producir fruto espiritual.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Vida Cristiana

La salvación no se pierde, tú la abandonas

Un verdadero creyente no puede perder su salvación. Sin embargo, ¡Un verdadero creyente puede dejar de serlo! Y es ahí donde surge el problema: 𝑺𝒊𝒏 𝒇𝒆 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒚 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒄𝒊ó𝒏 (Hebreos 11:6; Juan 3:36). La Palabra nos confronta con esta dura verdad: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de 𝒊𝒏𝒄𝒓𝒆𝒅𝒖𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒑𝒂𝒓𝒕𝒂𝒓𝒔𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒗𝒐; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, 𝒄𝒐𝒏 𝒕𝒂𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒓𝒆𝒕𝒆𝒏𝒈𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒇𝒊𝒓𝒎𝒆 𝒉𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒆𝒍 𝒇𝒊𝒏 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒐" (Hebreos 3:12-14).

Arminianismo Clásico, Salvación

Eternamente seguros

¿Vivimos entrando y saliendo continuamente de la gracia? La seguridad y la certeza de nuestra salvación ¿de quién depende? ¿Es tan fácil como dicen caer de la gracia? ¿Debemos ser perfectos para poder estar verdaderamente seguros de nuestra salvación eterna? ¡Miserables de nosotros si así fuera! Afortunadamente el mensaje del Evangelio es muy superior a las falsas ideas de los hombres, lo cual constituye  buenas noticias para seres imperfectos, caídos y depravados como nosotros.

Arminianismo Clásico, Salvación

Salvación, obtenida y asegurada por fe

Como pentecostales y arminianos, creemos que la seguridad de los creyentes nos viene por medio de la fe, tanto cuando recibimos la salvación, como cuando continuamos en comunión con Cristo por medio de su Espíritu. Junto con Pablo, el creyente ora para «ser hallado en él [en Cristo], no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe» (Filipenses 3:9).

Dones Espirituales, REFLEXIÓN BÍBLICA

Sé tú mismo para la gloria de Dios

En muchas ocasiones, la única manera de ser nosotros mismos es arriesgándonos a fracasar y no dejarnos llevar por las opiniones de los demás. Los que quieren tener todo controlado simplemente sobreviven, no son capaces de comprender lo importante que es que cada uno disfrute de la propia existencia ¡Viven siempre comparándose con los demás y deseando lo que otros tienen! Mientras tanto, Dios espera que nos arriesguemos y confiemos en Él siempre; que seamos tal como Él nos diseñó.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Asambleas de Dios, Calvinismo

¿Predestinación o predeterminismo?

Dios quiere que todos los seres humanos sean salvos, verdad que la Biblia presenta repetidas veces (Lucas 19:10; Juan 3:16; Romanos 10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 22:17). El propósito salvador eterno de Dios fue expresado por el propio Jesús: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10); es decir, que Él quiere salvar a todos los seres humanos. Lamentablemente, algunas tradiciones cristianas han llegado a un concepto tal de la soberanía de Dios, que afirma que solo un número limitado de seres humanos pueden responder al ofrecimiento hecho por Dios en cuanto a la salvación. Estas tradiciones sostienen además que el sacrificio expiatorio de Cristo no está destinado a todos. Dan por sentado que la soberanía de Dios decretó desde la eternidad pasada la elección exclusiva de un número limitado de personas para la salvación.

Adoración, Música,

La música en la iglesia

No se trata de catalogar los géneros musicales como “música de Dios y música del mundo”, afirmando que la música cristiana se limita a ritmos suaves como baladas, pop, góspel o ritmos similares. Eso simplemente no es cierto. Como tampoco es cierto que otros ritmos como el trapp, el reggae, el hip hop, el reggaetón o cualquier otro tipo de música urbana (o de otra índole) sean música “mundana” y, por lo tanto, prohibida para los cristianos.

Atributos de Dios

La ira de Dios, el atributo olvidado

En un mundo donde todos tienen miedo de ofender a alguien, la verdad de la ira de Dios ha sido negada, ridiculizada y denigrada, tanto por los que niegan a Dios totalmente, como por aquellos que, aún declarándose cristianos, reducen a Dios para que encaje con su gusto e imaginación. Sin embargo, la ira de Dios no es una ficción intimidatoria eclesiástica, sino una realidad ante la cual solo cabe una sensata reacción. De hecho, el tema de la ira de Dios es recurrente en los profetas. La lengua hebrea tiene muchos vocablos para denotar esa pasión que es la ira, razón por la que en nuestras Biblias hay una variedad de palabras que la expresan, como furor, enojo, furia, indignación, cólera, ardor, etc.