Por Fernando E. Alvarado
Corría el año 1621 cuando un puñado de teólogos desterrados, perseguidos por sus convicciones y obligados a abandonar sus hogares, culminaron la redacción de un documento que habría de convertirse en el símbolo perdurable de su fe. La Confesión o declaración de los pastores que en la Federación Belga son llamados Remonstrantes sobre los principales artículos de la religión cristiana —conocida posteriormente como la Confesión Arminiana de 1621— no era meramente un ejercicio teológico abstracto. Era, ante todo, un acto de supervivencia intelectual y espiritual en medio de la adversidad.
Dos años antes, en el Sínodo de Dort (1618-1619), las esperanzas de los seguidores de Jacobo Arminio de un debate libre y abierto se habían desvanecido ante la contundencia de la mayoría calvinista. Los trece ministros remonstrantes, encabezados por Simón Episcopius, fueron excluidos de las deliberaciones, sus doctrinas condenadas y sus personas desterradas. En palabras de un observador contemporáneo, fueron «cargados en carretas y llevados al exilio». Sin embargo, lejos de sucumbir al silencio, estos teólogos respondieron con la palabra escrita, dando forma a una confesión que no solo defendía sus convicciones, sino que ofrecía una visión comprehensiva de la fe cristiana desde una perspectiva que se atrevía a disentir del consenso reformado imperante.

Simón Episcopius: el teólogo que forjó una tradición
Juventud y formación
Simón Episcopius —cuyo nombre neerlandés era Simon Bisschop— nació en Ámsterdam el 8 de enero de 1583, en el seno de una república que se encontraba en el corazón de las tensiones religiosas y políticas de Europa. Sus dotes intelectuales y su laboriosidad llamaron pronto la atención de las autoridades de su ciudad natal, que le concedieron una beca para ingresar en la Universidad de Leiden en el año 1600.
En Leiden, Episcopius obtuvo el grado de maestro en artes en 1606, para emprender a continuación el estudio de la teología bajo la tutela de dos gigantes intelectuales de la época: Jacobo Arminio y Francisco Gomaro. Esta dualidad formativa —discípulo de ambos contendientes principales de la controversia que agitaba los Países Bajos— le proporcionó una perspectiva única que más tarde habría de caracterizar su obra teológica: la capacidad de comprender profundamente ambas posiciones para luego trascenderlas.
Trayectoria académica y eclesiástica
Cuando las autoridades de Ámsterdam quisieron nombrarle predicador, la oposición calvinista se hizo sentir con fuerza. Episcopius optó entonces por ampliar sus horizontes académicos en Franeker, donde escuchó las lecciones del célebre hebraísta Johannes Drusius. En 1610, tras haber declinado otras ofertas pastorales, aceptó el cargo de pastor en Bleiswyk, una pequeña localidad cercana a Róterdam.
Su defensa de la causa remonstrante en las conferencias de La Haya (1611) y Delft (1613) le granjeó el reconocimiento de sus correligionarios. Cuando Gomaro dimitió como profesor de teología en Leiden —en protesta por el nombramiento de otro arminiano, Conrado Vorstio, para suceder al fallecido Arminio—, Episcopius fue designado para ocupar la cátedra vacante. Tomó posesión el 23 de febrero de 1612 con una alocución memorable titulada De optima regni Christi instruendi ratione («Sobre el mejor modo de edificar el reino de Cristo»).
Durante los seis años que desempeñó este cargo, Episcopius publicó diversas obras que, recopiladas tras su muerte, formarían los dos volúmenes de sus Opera theologica (Ámsterdam, 1650-1665), editados por S. Curcellaeus y P. van Limborch. Sin embargo, no todos veían con buenos ojos su influencia creciente. Festus Hommius, pastor de Leiden, le atacó en su Specimen controversiarum Belgicarum (1618), y en una ocasión fue públicamente afrentado en Ámsterdam.
El exilio y el retorno
El Sínodo de Dort marcó un punto de inflexión dramático en su vida. Citado a comparecer junto con otros doce ministros remonstrantes, Episcopius se convirtió en el líder natural de su grupo ante aquel tribunal eclesiástico. La condena y el destierro que siguieron le obligaron a emprender un peregrinaje por diversas ciudades: Amberes, París y Rouen.
Fue precisamente durante este exilio cuando Episcopius redactó su obra más perdurable: la Confessio sive declaratio pastorum qui in fæderato Belgio Remonstrantes vocantur. La muerte del príncipe Mauricio en 1626 comenzó a suavizar la animosidad contra los remonstrantes, permitiendo a Episcopius regresar a Róterdam ese mismo año.
En septiembre de 1630 dedicó la nueva iglesia remonstrante en Ámsterdam, y en octubre de 1634 fue nombrado director del recién creado seminario teológico remonstrante, posición que ocupó con «mucho honor y renombre durante nueve años, mostrando gran energía y ejerciendo una influencia de largo alcance».
Pensamiento teológico y legado
La contribución teológica de Episcopius trasciende la mera defensa de los cinco puntos del arminianismo. En sus Institutiones theologicæ —obra póstuma e incompleta, publicada en cuatro volúmenes entre 1650 y 1651— proporcionó una base científica para la doctrina remonstrante, y en su Apologia pro confessione (1629) refutó los ataques de cuatro profesores de Leiden y replicó a las críticas de Trigland y otros.
Pero quizás el rasgo más distintivo de su pensamiento fue su convicción de que «la teología no es una ciencia especulativa sino práctica» y que «cada concepto de la fe es sin valor cuando no tiene aplicación en la vida». Esta perspectiva pragmática y existencial anticipaba en más de dos siglos ciertas corrientes de la teología moderna. Por su empeño en liberar la ciencia teológica de los lazos eclesiásticos, Episcopius abrió el camino para su desarrollo independiente.
El teólogo alemán Philip Schaff, en su monumental Historia de los credos, lo describe como «uno de los más grandes teólogos de su tiempo, generalmente estimado por su carácter amigable». Murió en Ámsterdam el 4 de abril de 1643, a la edad de sesenta años, dejando tras de sí una tradición teológica que habría de influir profundamente en el desarrollo del protestantismo, particularmente en el metodismo wesleyano y en diversas corrientes evangélicas.

La Confesión de 1621: contexto, propósito y estructura
El contexto histórico
Para comprender cabalmente la naturaleza de la Confesión Arminiana, es indispensable situarla en su contexto histórico. Tras la conclusión del Sínodo de Dort, los remonstrantes se vieron privados de sus iglesias y sus medios de subsistencia. En 1619, sin embargo, se unieron en Amberes, donde sentaron las bases de una nueva comunidad eclesiástica bajo el nombre de Hermandad Reformada Remonstrante.
Juan Uytenbogaert y Episcopius, que habían encontrado refugio en Ruan, asumieron el liderazgo de esta hermandad. Tres predicadores exiliados regresaron en secreto a su país para atender a las congregaciones que permanecían fieles, pues «a pesar del decreto desfavorable, aún quedaba un número considerable que no quería oír predicar la doctrina de la gracia absoluta, y no faltaban predicadores depuestos que se atrevían a servirles».
Fue en este contexto de clandestinidad, exilio y resistencia que Episcopius redactó la Confesión, cuya edición neerlandesa se publicó en 1621 y la latina en 1622.
Propósito y carácter
El propósito de la Confesión era múltiple. Como señala el Dr. Mark A. Ellis, traductor y editor de la edición crítica moderna: «La concibieron como una declaración de fe concisa y fácilmente comprensible, y como un correctivo a lo que consideraban las tergiversaciones publicadas en las Actas del Sínodo de Dort».
Sin embargo, la elaboración de una confesión no estuvo exenta de tensiones internas. Muchos remonstrantes se mostraban reacios, temerosos de establecer el mismo tipo de credalismo que había resultado en su persecución y destierro. El prefacio, que los remonstrantes consideraban parte integral del documento, enfatizaba su carácter no vinculante. La propia Confessio Remonstrantium manifestaba abiertamente «carecer de carácter vinculante stricto sensu». «Esta declaración», advertían sus autores, «no ha sido publicada con la intención de poner un nuevo lazo a las conciencias».
Finalmente, la sociedad remonstrante juzgó más importante probar su ortodoxia ante quienes querían asistirles, silenciar las tergiversaciones de sus oponentes y, sobre todo, alentar y unir a los remonstrantes ahora dispersos y afligidos. Seleccionaron a Episcopius y a otros dos para redactarla, pero al final fue él quien realizó el trabajo en solitario.
Un detalle de gran interés histórico es que el famoso líder remonstrante Juan Uytenbogaert tradujo el texto al neerlandés en solo once días. Esta rápida traducción facilitó una amplia circulación del documento entre las congregaciones remonstrantes que, dispersas por diversas regiones, necesitaban urgentemente un instrumento de unidad y consuelo.
Estructura y contenido
La Confesión consta de un prefacio y veinticinco capítulos que abordan de manera sistemática los principales artículos de la fe cristiana. A diferencia de lo que a veces se supone, la Confesión no se limita a defender los cinco puntos del arminianismo condenados en Dort, sino que ofrece «una declaración sucinta de toda su teología». De hecho, los remonstrantes consideraban su movimiento como «un rechazo de la escolástica reformada como método teológico».
Los capítulos se organizan siguiendo un orden que va de lo general a lo particular, de la revelación divina a la vida de la iglesia:
Revelación y doctrina de Dios (caps. 1-4): Escrituras, esencia de Dios, Trinidad y obras divinas.
Creación y providencia (caps. 5-6): creación del mundo, los ángeles y el hombre; providencia divina.
El problema del pecado y su solución en Cristo (caps. 7-8): pecado y miseria humana; obra de redención y persona de Cristo.
La vida cristiana (caps. 9-16): voluntad de Dios, fe y arrepentimiento, buenas obras, oración, tradiciones humanas y adoración a Cristo.
Promesas y consumación (caps. 17-20): elección a la gracia, justificación, santificación, vida eterna y reprobación.
La iglesia y su gobierno (caps. 21-25): ministerio de la Palabra, iglesia y sus marcas, sacramentos, disciplina y sínodos.
El prefacio: un llamado a la tolerancia
El prefacio de la Confesión merece una atención especial por su tono, que contrasta notablemente con la dureza de los documentos polémicos de la época. Los autores reconocen con realismo que «la declaración de fe que hagamos estará sujeta a variados y diversos juicios de los hombres». Pero lejos de adoptar una actitud defensiva o agresiva, apelan a la mansedumbre y la caridad:
«Después de tantas maldiciones tristes, oscuras y espantosas, en las que por todos lados se han irritado y exasperado odios feroces y rabias mortales, dejemos a un lado las mentes hostiles y ulceradas, y sigamos el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo y de sus apóstoles, por la mansedumbre, la paciencia, la bondad, el Espíritu Santo de Cristo, la caridad sincera, la palabra de verdad, el poder de Dios y el amor de la justicia a la derecha y a la izquierda».
Este pasaje revela una de las características más distintivas del espíritu arminiano primitivo: la convicción de que la verdad teológica no debe ser impuesta por la fuerza ni defendida con la violencia, sino ofrecida con humildad y sostenida por el testimonio de una vida coherente. Los remonstrantes, que habían sufrido en carne propia la intolerancia, no deseaban reproducir el mismo patrón de coerción que habían padecido.

Legado e influencia
La Confesión Arminiana de 1621 representa mucho más que un documento histórico circunscrito a las disputas teológicas del siglo XVII. Su influencia se ha extendido a lo largo de los siglos, permeando diversas tradiciones cristianas. El metodismo wesleyano, por ejemplo, encontró en la Confesión un eco de sus propias convicciones sobre la gracia preveniente y la posibilidad de la salvación universal.
«Este espíritu del arminianismo, expresado en la Confessio remonstrantium», señala un estudio reciente, «estaba destinado a ejercer un profundo influjo no solo sobre el nuevo pensamiento teológico, sino también sobre la concepción de la libertad religiosa en Europa».
La Confesión fue revisada y publicada en forma más sucinta en 1940, «como testimonio contra las pretensiones espirituales del nacionalsocialismo al comienzo de la ocupación alemana de los Países Bajos». Este episodio, poco conocido, demuestra la vigencia perdurable de un documento que, nacido en el exilio y la persecución, sigue ofreciendo un marco teológico para la resistencia contra toda forma de totalitarismo espiritual.
Una invitación a estudiar la Confesión Arminiana de 1621
La Confesión Arminiana de 1621 no es simplemente un artefacto del pasado, un testimonio fosilizado de controversias ya superadas. Es, ante todo, un documento vivo que sigue hablando a quienes buscan comprender la fe cristiana desde una perspectiva que enfatiza la responsabilidad humana, la universalidad de la gracia y la primacía del amor sobre la coerción doctrinal.
Simón Episcopius y sus compañeros remonstrantes, desterrados y perseguidos, respondieron a la adversidad no con amargura ni con dogmatismo cerril, sino con una confesión que combinaba la fidelidad a la Escritura con un espíritu de mansedumbre y apertura. Nos legaron un ejemplo de cómo la teología puede ser, a la vez, rigurosa y humilde, fiel a la tradición y abierta a la novedad del Espíritu.
En próximos artículos estudiaremos, uno a uno, cada capítulo de la Confesión Arminiana de 1621. Te invitamos a embarcarte en esta aventura de conocimiento y a profundizar en la teología arminiana, descubriendo la riqueza de una tradición que sigue ofreciendo respuestas relevantes para los desafíos de nuestra época.
Referencias:
- Acta et Scripta Synodalia Dordracena ministrorum Remonstrantium in fœderato Belgio. (1620). Harderwijk.
- Calder, F. (1835). Memoirs of Simon Episcopius: The celebrated pupil of Arminius … who was condemned by the Synod of Dort as a dangerous heretic, and … was sentenced to perpetual banishment by the civil authorities of Holland … to which is added, a brief account of the Synod of Dort and of the sufferings to which the followers of Arminius were exposed. Londres.
- Ellis, M. A. (Ed. & Trad.). (2005). The Arminian Confession of 1621. Pickwick Publications. (Princeton Theological Monograph Series).
- Ellis, M. A. (2006). Simon Episcopius’ Doctrine of Original Sin (American University Studies, Series VII: Theology and Religion, Vol. 240). Peter Lang.
- Encyclopædia Britannica. (1911). Episcopius, Simon. En Encyclopædia Britannica (11.ª ed.).
- Episcopius, S. (1621). Belijdenisse, ofte, Verklaringhe Van’t ghevoelen der Leeraren – die in de … Neder-landen Remonstranten worden ghenaemt [Confessio seu Declaratio Pastorum qui in fœderato Belgio Remonstrantes vocantur, super præcipuis articulis religionis christianæ]. Harderwijk. (Obra publicada en neerlandés; la primera edición latina apareció en 1622).
- Episcopius, S. (1629). Apologia pro confessione sive declaratione sententiæ eorum, qui in Foederato Belgio vocantur Remonstrantes, super præcipuis articulis religionis Christianæ. Contra Censuram quatuor professorum Leidensium. Leiden.
- Episcopius, S. (1650-1651). Institutiones theologicæ, privatis lectionibus Amstelodami traditæ (Vols. 1-4). Ex typographeio Ioannis Blaeu.
- Episcopius, S. (1650-1665). Opera theologica (S. Curcellaeus y P. van Limborch, Eds.; Vols. 1-2). Ex typographeio Ioannis Blaeu.
- Library of Congress. (s. f.). Episcopius, Simon, 1583-1643. Confessio, sive Declaratio, sententiæ pastorum, qui in Foederatio Belgio Remonstrantes vocantur [Registro de autoridad]. Recuperado el 4 de julio de 2026, de https://id.loc.gov
- Rogget, A. C. (1909). Simon Episcopius. En Dictionary of National Biography. Smith, Elder & Co.
- Schaff, P. (1877). Creeds of Christendom, with a History and Critical Notes (Vol. 1: The History of Creeds). Harper & Brothers.