Una de las paradojas más notables y urgentes del pentecostalismo contemporáneo radica en su profunda devoción afectiva por la Biblia combinada, paradójicamente, con un alto grado de superficialidad metodológica en su interpretación sistemática. En la praxis cotidiana de innumerables congregaciones a lo largo del continente, la Escritura es reverenciada con pasión desbordante en los altares, pero empobrecida analíticamente en las bancas y en las aulas de discipulado. Con frecuencia, el acercamiento al texto sagrado se sostiene sobre un andamiaje puramente utilitario: se busca en la Biblia alivio emocional frente a la angustia existencial, directrices económicas ante la precarización de la vida o una palabra de triunfo triunfalista frente a la prueba inmediata.
Categoría: REFLEXIÓN BÍBLICA
Egipto, Sodoma, Babilonia y Jerusalén — Una lectura incómoda de Apocalipsis 11:8
Ninguna institución, ninguna nación, ningún movimiento religioso está exento de corromperse. Ni siquiera el que lleva el nombre de Dios en la puerta.
El Siervo Sufriente de Isaías 53: ¿Israel, Jesús o una relectura interesada? Una revisión crítica de la tesis de Bart Ehrman y un análisis histórico-teológico del texto
La tesis de Bart Ehrman —atractiva por su aparente sencillez— se desmorona cuando es sometida a un análisis profundo y contextual. El Siervo Sufriente de Isaías 53 no pudo ser la nación de Israel, porque el texto describe a un individuo justo, inocente, que muere vicariamente por los pecados de su propio pueblo y es exaltado después de la muerte. La identificación corporativa con Israel no es la interpretación original, sino una relectura tardía forjada al calor de la polémica anticristiana. Por el contrario, en el judaísmo del Segundo Templo existían corrientes que apuntaban a un Mesías sufriente, y la iglesia primitiva —desde Felipe y el eunuco etíope hasta Pablo— reconoció unánimemente en Jesús al Siervo que carga con el pecado del mundo. Lejos de ser una retroproyección arbitraria, la lectura cristiana representa la realización plena y coherente del sentido profundo del texto inspirado.
Tres ranas, un frente: reflexión sobre antisemitismo, antisionismo y discernimiento cristiano
Tras recorrer la tradición exegética —desde Victorino de Petovio y Agustín hasta Barnes, Gill, Jamieson-Fausset-Brown y Keener—, la conclusión es inevitable: las tres ranas de Apocalipsis 16:13 simbolizan espíritus demoníacos de engaño que impulsan a las naciones a la batalla contra Dios. No hay rastro de antisemitismo, antisionismo o antijudaísmo. Y si los hubiera, el propio Apocalipsis sería culpable de ellos, algo que Lancaster, por coherencia, debería denunciar también. Pero no lo hace, porque su lectura no es exégesis, sino eiségesis al servicio de una agenda teológico-política. Prefiero quedarme con lo que el texto realmente enseña: espíritus inmundos que engañan al mundo. No tres ranas ideológicas que saltan por Twitter o por los discursos de la ONU. Respeto a Lancaster como estudioso, pero aquí, francamente, no puedo acompañarlo. No porque esté en contra de Israel (no lo estoy), sino porque la Palabra de Dios merece más respeto que convertirla en un tablero de ajedrez geopolítico. Como bien dije al inicio: nuestros enemigos no son las personas, sino las falsas doctrinas. Y una mala interpretación de Apocalipsis, por muy bien intencionada que esté, no deja de ser una mala interpretación.
La ilusión de la seguridad sin santidad: una crítica teológica, patrística y lógica a la «gracia gratuita»
Para los defensores de la Free Grace, el arrepentimiento es una "obra" y, por tanto, debe excluirse de la salvación. Redefinen el término griego metanoia como un simple "cambio de opinión" sobre quién es Jesús. No obstante, la patrística y la lexicografía bíblica nos dicen algo muy distinto. El arrepentimiento no es un pago por el perdón, sino el acto de soltar el pecado para poder asir la gracia. San Juan Crisóstomo, en sus homilías sobre Romanos, explicaba que el arrepentimiento es la herida que permite que entre la medicina. Si no hay reconocimiento del pecado y un giro radical de la voluntad, la fe es un mero ejercicio mental, similar a la de los demonios que Santiago describe en su epístola: una fe que conoce la verdad pero que permanece en rebelión (Santiago 2:19).
PPA Biblia & Teología responde | El bautismo con fuego de Mateo 3:11
Ningún Padre interpreta Mateo 3:11 como dos bautismos separados (uno de Espíritu para los salvos y otro de fuego-juicio para los impíos). Esa lectura aparece mucho después, en la controversia calvinista-arminiana del siglo XVII, y luego en el siglo XX debido a los intentos cesacionistas por negar la obra del Espíritu Santo. Por tanto, afirmar que el “bautismo con fuego” de Mateo 3:11 es solo juicio para los impíos no solo contradice la exégesis más cuidadosa y el testimonio patrístico, sino que, sobre todo, contradice la experiencia neotestamentaria de Pentecostés, donde el fuego del Espíritu descendió precisamente sobre los arrepentidos, no sobre los réprobos. ¡Que el Señor nos bautice de nuevo con Espíritu Santo y fuego! (Hechos 2:3-4; Mateo 3:11).
PPA Biblia & Teología responde | ¿Mantiene Dios un trato salvífico preferencial hacia Israel en la era de la gracia?
La recurrente fórmula paulina "al judío primeramente, y también al griego" (πρῶτον Ἰουδαίῳ εἶτε καὶ Ἕλληνι), atestiguada en pasajes clave como Romanos 1:16 y 2:9-10, plantea una cuestión teológica fundamental: Si la era de la gracia, proclamada por Pablo, establece una radical igualdad sotereológica ante Dios —donde "no hay distinción" (Romanos 3:22, 10:12) entre judíos y gentiles en cuanto al acceso a la justificación por la fe—, ¿cómo se ha de interpretar esta persistente prioridad otorgada al pueblo judío? ¿por qué el apóstol Pablo insiste en que es "para el judío primeramente, y también para el griego"? ¿No da esto la impresión de que Dios, incluso en esta nueva era, mantiene un trato preferencial hacia Israel, lo cual parece contradecir la naturaleza universal e imparcial de la gracia?
¿El que se aparta nunca fue verdadero creyente? Un examen exegético y teológico de Hebreos 6:4-6
La predisposición a interpretar las Escrituras a través del prisma de nuestra tradición teológica es un fenómeno constante y difícil de evitar. Nacemos inmersos en un marco doctrinal específico, y quienes están convencidos de su postura rara vez admitirán su posible equivocación. Sin embargo, imponer al texto bíblico un significado ajeno a su intención original mediante artificios exegéticos constituye una grave falta de fidelidad tanto a Dios como a Su Palabra. Un ejemplo paradigmático de este error se encuentra en la interpretación calvinista de Hebreos 6:4-6, donde se argumenta que el pasaje se refiere a "creyentes falsos" —sosteniendo, en esencia, que "si eres un verdadero creyente, permanecerás en la fe; si no lo eres, eventualmente te apartarás, demostrando que nunca fuiste un verdadero creyente". Esta lectura, sin embargo, no solo desvirtúa el sentido claro del texto, sino que representa una falacia exegética destinada a preservar un sistema teológico cerrado, reacio a cuestionarse a sí mismo.
Kenosis, theosis y Pentecostés
La kenosis (del griego κένωσις, "vaciamiento") descrita en Filipenses 2:5-11 constituye no solo un misterio teológico, sino la máxima expresión del amor divino: un Dios que, lejos de permanecer en la inaccesible gloria de su trascendencia, desciende voluntariamente a la fragilidad de la condición humana. Este acto de autoanonadamiento no es un gesto de debilidad, sino de poder redentor, donde el Creador asume la forma de siervo (μορφὴ δούλου) para revelar que el verdadero señorío se ejerce mediante el servicio y el sacrificio.
La donación de órganos desde una perspectiva cristiana
La donación de órganos es un tema que, en el ámbito teológico, suscita reflexiones profundas sobre la dignidad humana, la caridad y la responsabilidad cristiana ante el prójimo. Aunque muchas denominaciones cristianas apoyan la donación de órganos como un acto de amor al prójimo, algunos grupos religiosos se oponen basándose en argumentos teológicos, escatológicos y éticos.