Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Cesasionismo, Complementarianismo, Continuismo, Egalitarianismo

¿Arminianos Reformados?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El Arminianismo Reformado (también conocido como Arminianismo Clásico) es la visión sistemática de las Escrituras enseñada por el teólogo holandés Jacobo Arminio. Arminio expuso sus ideas mucho antes que sus seguidores hicieran públicos los 5 Artículos de la Remonstrancia. Lo que muchos ignoran es que Arminio se consideraba a sí mismo como Reformado, y muchos dentro del movimiento reformado holandés sostuvieron su enfoque de la teología. Hoy, sin embargo, el término calvinista es virtualmente sinónimo de reformado, y cualquier cosa con el término “Arminiano” se considera un punto de vista opuesto a lo reformado o calvinista.

Tristemente, lo que muchos calvinistas conocen e identifican como arminianismo es la corriente o tradición wesleyana únicamente. Sin embargo, un número cada vez mayor de arminianos está adoptando una variedad no wesleyana de arminianismo que ahora se conoce como “Arminianismo Reformado” o, más comúnmente, como “Arminianismo Clásico”. En países como Estados Unidos la corriente principal de este movimiento se encuentra en la denominación Bautista de libre albedrío, cuyos orígenes se remontan al movimiento bautista general inglés del siglo XVII. Los primeros defensores de este enfoque incluyen figuras inglesas del siglo XVII como Thomas Helwys y Thomas Grantham. Los defensores del siglo XX incluyen a los eruditos Bautistas de Libre Albedrío Leroy Forlines y Robert Picirilli, quienes se consideran a sí mismos como representantes de un tipo de arminianismo más parecido a la teología de Arminio que a la mayoría del arminianismo moderno.

Un número cada vez más creciente de evangélicos se ajusta a un perfil único en la conversación calvinista-arminiana: consideran que las Escrituras no apoyan una visión tradicional calvinista de la predestinación, la gracia y la libertad humana. Sin embargo, no están de acuerdo con el rechazo de la mayoría de los arminianos a las doctrinas reformadas de la depravación total, la expiación penal sustitutiva, la imputación de la justicia de Cristo de Cristo en la justificación y la santificación progresiva (en oposición a la doctrina de la santificación total en esta vida enseñada por la corriente wesleyana). Para estas personas, y para toda la conversación calvinista-arminiana, esta corriente de pensamiento arminiana reformada ofrece posibilidades fructíferas de entendimiento entre ambos sistemas teológicos. Por ejemplo, las Asambleas de Dios, la mayor y más influyente de las denominaciones pentecostales, ha abrazado de forma significativa la teología arminiana clásica (o reformada), rechazando algunos elementos del arminianismo wesleyano y calificando como herejía el pelagianismo. Esto se debe en parte a la influencia bautista en los orígenes, liderazgo primitivo y fundamento teológico de esta denominación pentecostal. Debe recordarse que el Reverendo E.N. Bell, primer Superintendente General de las Asambleas de Dios era bautista. Bell recibió educación superior en la Universidad de Stetson en la década de 1890, y se formó teológicamente en el Seminario Teológico Bautista del Sur (1900-1902) y la Universidad de Chicago (B.A., 1903).

NECESITAMOS IR MÁS ALLÁ DE NUESTRA TRIBU SOTERIOLÓGICA.

Aunque en la mente de muchos cristianos no podrían existir dos términos más opuestos entre sí que “arminiano” y “calvinista”, esto no necesariamente es cierto. No obstante, al oír la expresión “Arminiano Reformado” muchos pensarán que se trata de una broma, pues consideran que tal expresión constituye un verdadero oxímoron; como si habláramos de la existencia de hielo caliente o de un conservador de izquierda. Tal forma de pensar ilustra de forma clara el antagonismo y la incomprensión que ha predominado por siglos en ambos bandos.

Los calvinistas frecuentemente caricaturizan a los arminianos y los acusan de creer cosas que realmente no creen. Lo mismo puede decirse de los arminianos hacia los calvinistas. Lo cierto es que la mayoría de los evangélicos calvinistas no están familiarizados con los escritos de Arminio, al igual que la mayoría de los evangélicos arminianos no conocen los escritos de Calvino. Esto es una pena, y no siempre fue así. Parece que hay mucha más insularidad en estos días en la comunidad evangélica, y mucho menos ir más allá de nuestra tribu soteriológica para entender realmente a los demás y su manera de pensar. Personalmente, he descubierto que puedo tener mucho más en común de lo que pensé con algunos calvinistas con respecto a la persona, obra y evangelio de Cristo, justificación, santificación, cosmovisión cristiana, apologética y epistemología, compromiso cultural, escatología, etc. (e incluso puntos de vista sobre el bautismo y los dones carismáticos). Pero todos esos puntos en común a menudo se pasan por alto en la comunidad arminiana por un simple hecho: ¡No somos calvinistas y no queremos ser relacionados como tales! ¡No creemos en la elección incondicional, la expiación limitada, ni en la gracia irresistible! ¡Y tampoco estamos totalmente de acuerdo en lo que a la perseverancia final de los santos se refiere!

Pero no solo los arminianos podemos ser así. Los calvinistas pueden ser igual o peor de insulares que nosotros. Es gracioso que los arminianos (o calvinistas) puedan trabajar junto con otros arminianos (o calvinistas) que difieren con ellos en cuanto a si los niños deben ser bautizados, el momento del regreso de Cristo y los dones carismáticos, y, sin embargo, el calvinismo y el arminianismo se han convertido en una prueba de fuego para la comunión evangélica en esos mismos círculos. Esta situación es precisamente lo que impide que las personas comprendan y lean a los autores del otro lado, lo que no es saludable.

Creo que si los calvinistas leyesen a Arminio en persona (y no solo a sus críticos y adversarios teológicos), verían a alguien cuyo latido del corazón por el evangelio se parece mucho a los calvinistas más antiguos que leen y citan. Se encontrarían con alguien cuya espiritualidad y creencias doctrinales en lo que significa ser un pecador totalmente depravado fuera de la gracia divina, lo que significa ser justificado por la justicia imputada de Cristo solo por la fe, lo que la doctrina de la expiación por medio de la sustitución penal se trata, de cómo un creyente crece en gracia y se santifica, del legalismo contra el antinomismo, etc., se parecen más a lo que ellos creen de lo que habían imaginado.

ARMINIANISMO REFORMADO, ARMINIANISMO WESLEYANO Y SEMIPELAGIANISMO.

La soteriología arminiana reformada se aparta de los modelos wesleyanos y del movimiento de santidad derivado de este al abrazar las categorías más reformadas de Arminio. Asimismo, marca una clara distancia con otros sistemas falsamente identificados como arminianos, pero que rayan en el semipelagianismo y el Teísmo Abierto.

A diferencia de la teología wesleyana-arminiana, tal como se desarrolló en el movimiento de santidad, el arminianismo reformado sostiene la noción tradicional reformada de la depravación total del hombre, que solo la gracia de Dios a través del poder de convicción y atracción del Espíritu Santo puede contrarrestar. Presenta una visión reformada de satisfacción penal de la expiación. Esto implica que la obediencia activa y pasiva de Cristo se imputa al creyente en la justificación.

Los arminianos reformados difieren fuertemente del perfeccionismo y la doctrina de la entera santificación propuesta por el arminianismo wesleyano. También creen que los cristianos perseveran en la salvación solo por medio de la fe. Si bien los creyentes pueden apostatar de la salvación forjada de una vez por todas en Cristo y perderse irremediablemente, esta apostasía se produce solo a través de la deserción de la fe. Esto tiene ramificaciones prácticas para asegurar la salvación: la comprensión del arminianismo reformado de la apostasía difiere un poco de la noción wesleyana de que los individuos pueden caer repetidamente de la gracia al cometer pecados individuales y pueden ser restaurados repetidamente a un estado de gracia a través del arrepentimiento.

Es precisamente este alejamiento de la teología wesleyana lo que le permitiría al arminianismo reformado revitalizar el actual diálogo arminiano-calvinista (o la falta de diálogo). ¿Por qué? Porque el arminianismo reformado constituye una apropiación más orientada a la gracia y cercana a la doctrina reformada en su entendimiento de la naturaleza de la expiación, la justificación, la santificación y la espiritualidad, combinada con su postura arminiana sobre la predestinación y la libertad (antes y después de la conversión) para resistir la gracia salvífica divina. De este modo, el arminianismo reformado proporciona un arminianismo único a través de medios arraigados en la teología del propio Arminio.

Desafortunadamente, el “arminianismo” más popular en el evangelicalismo moderno no es ni siquiera el wesleyano, sino más bien un modelo semipelagiano, más cercano a Charles Finney[1] que a John Wesley. Aunque Wesley está más alejado de la teología reformada de lo que lo estaríamos nosotros, los arminianos clásicos, no estuvo tan lejos como Finney y gran parte del movimiento de Santidad como se desarrolló en los siglos XIX y principios del XX. Wesley rechazó una expiación sustitutiva penal completa y la imputación de la justicia de Cristo al creyente. Él enseñó a los creyentes que podían perder su salvación una y otra vez a través de la impenitencia. Su visión de la santificación y la espiritualidad fue mucho más sobre las experiencias de crisis y la perfección; en mi opinión, se desvió hacia el legalismo en su reacción al antinomianismo. Sin embargo, aún se parecía más a los reformadores que a Finney y reaccionó contra el pelagianismo de maneras importantes, especialmente en su opinión del pecado adámico.

SIMILITUDES ENTRE LA TEOLOGÍA ARMINIANA REFORMADA, O CLÁSICA, Y EL CALVINISMO.

Ahora bien, la pregunta más importante en este punto es: ¿Existen similitudes reales entre el arminianismo clásico, o reformado, y el calvinismo? La respuesta es sí. Contrario a lo que muchos piensan, el arminianismo clásico o reformado guarda ciertas similitudes doctrinales con el calvinismo. Entre ellas podemos mencionar las siguientes:

(1.- Depravación Humana: la voluntad humana en su estado de caída no puede lograr ningún bien espiritual a menos que sea asistido y habilitado por la gracia divina. Arminio afirmó: “El libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, mutilado, enfermo, inclinado y debilitado; sino también está encarcelado, destruido y perdido … Cristo dijo: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’ “.[2] Jacobo Arminio siempre quiso mantener la mayor distancia posible del pelagianismo, al cual calificaba como herejía.

(2.- Justificación: La expiación de Cristo no fue simplemente una obra de teatro o exhibición para mostrar el amor de Dios o su disgusto hacia el pecado. No estaba destinada simplemente a ejercer una influencia moral sobre los hombres o defender la justicia pública afirmando el orden moral. Más bien, como Anselmo, Arminio sostuvo la doctrina de la satisfacción penal de la expiación (es decir, una vista forense). Dios, como juez, solo justificará al hombre al cumplir plenamente con la ley (justicia inherente), o a través de una completa rendición de cuentas con ese hombre o la plena satisfacción de la ley según lo cumplido por otro en su lugar (justicia imputada). La paga del pecado debe ser hecha de una manera u otra, ya sea por sí mismo o por otro en su lugar.

Arminio rechazó absolutamente cualquier doctrina basada en la salvación por obras. Para Arminio, estar en estado de gracia significaba ser encontrado en Cristo. En la teología arminiana, al igual que en el calvinismo, Jesús llevó una vida sin pecado, murió de muerte sustitutiva, resucitó de entre los muertos al tercer día y ascendió al Padre donde él mora por siempre para interceder por sus santos. La frase “en Cristo” tiene que ver con la unión del creyente con Cristo. Nuestros pecados le fueron imputados a Él para que su justicia (tanto su obediencia activa en la vida, como su obediencia pasiva en su muerte sustitutiva) nos fuese imputada a nosotros.

ARMINIANISMO REFORMADO EN LAS IGLESIAS PENTECOSTALES.

Como se dijo anteriormente, las Asambleas de Dios, la mayor y más influyente de las denominaciones pentecostales, ha abrazado de forma significativa la teología arminiana clásica (o reformada), rechazando algunos elementos del arminianismo wesleyano y calificando como herejía el pelagianismo. Esto no es casual o fortuito, sino que se debe en gran medida a la influencia bautista en los orígenes, liderazgo primitivo y fundamento teológico de esta denominación pentecostal.

Aunque muchos no vacilarían en identificar el origen de las Asambleas de Dios dentro de la corriente del Movimiento de Santidad wesleyano, esto no es del todo cierto. Debe recordarse que el Reverendo E.N. Bell, primer Superintendente General de las Asambleas de Dios era bautista. Bell recibió educación superior en la Universidad de Stetson en la década de 1890, y se formó teológicamente en el Seminario Teológico Bautista del Sur (1900-1902) y la Universidad de Chicago (B.A., 1903). Bell pastoreó diversas iglesias bautistas durante diecisiete años.[3] El primer pastorado pentecostal de Bell fue en Malvern, Arkansas, donde publicó un periódico mensual, The Word and Witness. Cuando los padres fundadores de las Asambleas de Dios se reunieron en Hot Springs, Arkansas, del 2 al 12 de abril de 1914 para promover la unidad y la estabilidad doctrinal, establecer una personería legal, coordinar la empresa misionera y establecer una escuela de entrenamiento para el ministerio Eudorus N. Bell fue elegido presidente (título que más adelante se cambió a superintendente general) del primer Concilio General de las Asambleas de Dios. Las iglesias provenientes del movimiento de santidad no fueron dominantes en el desarrollo teológico del nuevo movimiento, ya que los aproximadamente 300 delegados del primer Concilio General representaron una diversidad de iglesias independientes y redes, entre ellas la «Asociación de Asambleas Cristianas» en Indiana, la «Iglesia de Dios en Cristo», y el «Movimiento de la Fe Apostólica» de Alabama, Arkansas, Mississippi y Texas.

En una de sus declaraciones oficiales, las Asambleas de Dios sientan postura y se distancian tanto del pelagianismo y las variantes extremas de arminianismo, como del calvinismo extremo (llamado hipercalvinismo). En cambio, las Asambleas de Dios afirman:

“Debe notarse que hay peligros en las expresiones extremas de ambos grupos [calvinistas y arminianos]. Una forma extrema de arminianismo puede rotularse como pelagianismo, postura en la cual los creyentes básicamente se salvan a sí mismos por la calidad de su vida y de su fe. Una forma extrema de la teología reformada se ha denominado a veces híper- calvinismo, en la cual el individuo, como se señaló antes, no tiene participación alguna en la salvación o condenación. Ninguno de estos extremos tiene base bíblica, o una explicación satisfactoria para las realidades de la vida.”[4]

Pero esta denominación representativa del pentecostalismo clásico va más allá. A pesar de que el pentecostalismo podría considerarse como una continuación del Movimiento de Santidad Wesleyano, las Asambleas de Dios se distancian del arminianismo wesleyano (el cual enseña que los creyentes pueden perder su salvación una y otra vez, y cuya visión de la santificación y la espiritualidad se desvía hacia el legalismo en su reacción al antinomianismo); en cambio, las Asambleas de Dios afirman:

“Cualquiera que ha nacido de Dios no practica pecado, no sigue pecando habitualmente. No puede seguir pecando de la misma manera que el hijo del diablo. Más bien, el cristiano debe crecer espiritualmente y dejar el pecado, reconociendo que el pecado continuo afectará adversamente su fe. ¿Implica esto que un cristiano puede pecar y todavía ser salvo? La primera reacción de muchos es decir que no puede. Sin embargo, es necesario en este contexto considerar el hecho de que la preocupación, el orgullo, la envidia, y la amargura se aceptan como fallos comunes. Pocos sugerirían que los creyentes que cometen tales pecados están perdidos. Además, si se insiste en que Dios requiere una perfección actual sin pecado de los creyentes, entonces la pregunta es: “¿Está la posición del hombre en Cristo basada en su propia justicia o en la justicia de Cristo que le fue atribuida por fe?” Si el hombre es salvo solamente cuando tiene una vida sin mancha, ¡entonces la salvación no es por gracia, sino por obras! También si Dios acepta al hombre solamente cuando éste no tiene ninguna falta, la vida cristiana entonces no está libre de condenación como Pablo insistió en Romanos 8:1. Más bien, sería una existencia de preocupación y penitencia constante, llena de temor y condenación y desprovista del gozo y la confianza que el conocimiento de la salvación puede dar. (Vea Romanos 5:9–11 donde está claro que el Dios que nos amó lo suficiente como para proveer para nuestra salvación también nos ama lo suficiente como para proveer para nosotros hasta llegar a la gloria. Esta garantía nos da gozo en Él.) Una pregunta similar es: “¿Qué pasaría a un creyente que peca en el momento en que Jesús regrese?” Los que sostienen la idea de que los cristianos no pueden pecar y todavía ser salvos enseñarían que tal creyente está perdido y condenado por la eternidad. ¡Qué desesperación! ¡El creyente no entra y sale de la gracia de Dios! ¡Está seguro en la mano de Dios, y ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada lo podrá separar del amor del Padre![5]

Dicha declaración oficial choca en cierta medida con el perfeccionismo wesleyano y su idea de la caída constante del creyente de la Gracia. Así, mientras se distancia tanto del arminianismo wesleyano como del pelagianismo y del hipercalvinismo, la mayor de las denominaciones pentecostales del mundo se inclina por un arminianismo clásico o reformado:

“Los creyentes tienen que mirar bien, “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios” (Hebreos 12:15). La exhortación de la Biblia es: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5). ¿Por qué tanta preocupación y cuidado? Estas repetidas advertencias tienen importancia solamente cuando se reconoce que la pérdida de la fe significa la pérdida eterna del alma. Porque mientras que es cierto que la salvación del creyente no se gana por obras ni conserva su fe por ellas, es igual de cierto que el creyente obtiene su salvación por fe, ¡y también puede perderla por falta de fe! El pecado está muy relacionado con la incredulidad. El pecado pone en peligro la fe, y la pérdida de fe significa pérdida de posición. Hebreos 3:12-14 trata al respecto. El escritor exhorta a los hermanos a evitar la incredulidad que lleva a las personas a apartarse del Dios vivo. Él menciona el engaño del pecado como la causa de la incredulidad y les recuerda que son hechos participantes de Cristo solamente si retienen firme hasta el fin su confianza del principio. Ser participantes en Cristo es por fe. Si quitamos la fe, ya no hay posición en Cristo. Es por esta razón que las Escrituras exhortan al creyente: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad” (Hebreos 3:12)… La salvación se pierde al rechazar a Cristo… Dios no permite que nos apartemos de Él fácilmente. (Vea Romanos 10:21 donde Pablo habla de Israel, pero el principio se aplica aquí también.) Pero un creyente se puede perder si descarta las continuas convicciones del Espíritu Santo y llega al punto donde rechaza a Jesús como su Salvador. Es posible creer por un tiempo y durante un período de tentación alejarse (Lucas 8:13). Es posible que se pierda el hermano débil por quien Cristo murió (1 Corintios 8:11). Es posible que un nombre esté escrito en el Libro de Vida y después sea quitado del Libro (Apocalipsis 22:19). No siempre es posible determinar si una persona ha rechazado a Jesús como su Salvador. Entonces es mejor dejar que el Dios omnisciente juzgue estos asuntos. Estamos seguros, sin embargo, que, si Dios no da al pródigo por perdido, tampoco debe hacerlo la Iglesia de Jesucristo. Demasiadas veces la gente se da por vencida con un individuo cuando Dios todavía no se ha dado por vencido. La Biblia reconoce la posibilidad de perder la salvación, pero nunca cesa de ofrecer esperanza para cualquier persona que quiera responder a la súplica del Espíritu Santo.”[6]

Así pues, el arminianismo clásico, o reformado, se ha convertido en el punto de encuentro entre la teología calvinista moderada y los nuevos grupos evangélicos, incluidos los pentecostales. Llegar a acuerdos es posible. Ambas corrientes teológicas pueden coexistir y enriquecerse mutuamente y, en los puntos de desacuerdo, respetarse. Esto nos lleva al siguiente punto: Los diferencias.

DIFERENCIAS ENTRE LA TEOLOGÍA DE ARMINIO Y EL CALVINISMO.

Si bien el arminianismo reformado permite un mayor entendimiento con el calvinismo, y constituye una aproximación mayor a la teología reformada de lo que muchos pensaban, o de lo que otros tipos de arminianismo lo permiten, tampoco puede negarse que existen diferencias claras entre ambos sistemas. Entre dichas diferencias podemos mencionar:

(1.- LA TEOLOGÍA DEL PACTO:

Las diferencias fundamentales entre el arminianismo reformado y el calvinismo pueden encontrarse en la comprensión particularista del calvinismo del “decreto inalterable de Dios”. La visión calvinista de la elección incondicional, la gracia irresistible y la necesaria perseverancia de los santos, se deriva de la denominada Teología del Pacto. La Teología del Pacto le proporciona al calvinismo un marco explicativo para interpretar los pasajes del Nuevo Testamento relativos a la salvación. Pero ¿en qué consiste dicho sistema teológico? De acuerdo con el calvinismo, para entender el plan de salvación como es explicado en el Nuevo Testamento, hemos de presuponer el paradigma bíblico del Pacto de Redención, el Pacto de Obras y el Pacto de Gracia. Así pues, la teología del pacto pretende resumir la enseñanza de toda la Biblia con el concepto de pacto. Un pacto es un acuerdo formal entre dos o más personas que establece y define los límites de la relación. La teología del pacto sostiene que Dios toma la iniciativa de relacionarse con el ser humano siempre por medio de pactos. También sostiene que existe cierta continuidad entre varios de estos pactos, y que reconocer esta continuidad nos ayuda a entender el mensaje principal de la Biblia.

Los teólogos del pacto suelen ver un pacto en Edén antes de la caída de Adán. Sin embargo, enfrentan un problema: Los primeros capítulos de Génesis no usan la palabra pacto para hablar de la relación entre Dios y Adán, por lo que los teólogos calvinistas deben buscar indicios de dicho pacto en otro lado. Generalmente, suelen refugiarse en Oseas 6:7 para sostener dicha idea: “mas ellos, como Adán, han transgredido el pacto”. En los supuestos teológicos del calvinismo, Dios siempre se relaciona con el ser humano por medio de pactos. Por medio de los pactos, Dios comunica lo que espera de su pueblo, les ofrece y promete bendición, estipula consecuencias por la desobediencia, y especifica la manera de recibir la bendición (si por la fe o por la obediencia). De acuerdo con dicha teología, otro aspecto clave de los pactos bíblicos es que suele haber representación; es decir, Dios trata con una sola persona en representación de los demás. Existe una solidaridad entre el pueblo y el representante. Citan como ejemplo el trato de Dios con el pueblo de Israel y sus reyes. Si el rey obedecía, el pueblo disfrutaba de bendición. Por el contrario, si el rey desobedecía, el pueblo sufría las consecuencias.

Una forma en la que la teología del pacto resume los tratos de Dios con su pueblo es según tres pactos: el de las obras, el de gracia, y el de la redención.

(1.- Pacto de las Obras: Dios entró en un pacto condicional con Adán en el cual este tenía que obedecerle en el jardín para evitar la muerte y ser confirmado para siempre en justicia. Adán era el representante de la raza humana, de modo que, cuando desobedeció, Dios consideró a todo ser humano culpable. Romanos 5 dice que el pecado entró en el mundo y se extendió no debido a la desobediencia de cada ser humano, sino a la culpa a un individuo: Adán. Todos sufrimos las consecuencias de su pecado porque fue nuestro representante en el pacto de las obras.

(2.- Pacto de la Gracia: Se suele explicar que este pacto entra en vigor a partir de Génesis 3:15 (la maldición de la serpiente). Este pacto establece la manera en que Dios salva a su pueblo: por gracia por medio de la fe en el mediador, que es el Cristo. Se argumenta (aunque con matices y diferencias, según el teólogo) que los pactos sucesivos en la Biblia incluyen y revelan este principio de salvación por gracia por medio de la fe. Esta continuidad se resume en el pacto de la gracia.

(3.- Pacto de la Redención: El pacto de gracia se ejecuta en la historia humana, pero antes, en la eternidad, el Padre, el Hijo, y el Espíritu ya habían establecido un acuerdo según el cual el Padre le prometió un pueblo como herencia, del cual el Hijo sería cabeza y redentor. El Hijo, por su parte, voluntariamente decidió tomar el lugar de este pueblo en su vida encarnada y en su muerte. Y el Espíritu se comprometió a aplicar las bendiciones ganadas por Cristo a todo el pueblo. Este pacto busca encontrar apoyo bíblico, por ejemplo, en los salmos mesiánicos, en el lenguaje de Jesús cuando habla de la necesidad que tiene de cumplir la voluntad de su Padre, y en Efesios 1, donde se habla de los roles de cada persona de la Trinidad en la redención. Sin embargo, el pacto propuesto por los calvinistas no incluye a toda la humanidad ni pone a disposición de todos los hombres el regalo de la salvación. Para el calvinista, a través del pacto Dios busca redimir solo a los elegidos. De acuerdo con los términos de este pacto el Padre elige un número definido de individuos para sí mismo, el Hijo hace lo que es necesario para salvar a aquellos que el Padre le ha dado y a nadie más, y el Espíritu Santo, de igual manera, aplica la salvación solo a los elegidos.[7]

Sin embargo, la Teología del Pacto posee ciertos puntos de crítica que debilitan la posición calvinista. La primera y principal es la falta de base bíblica.  Aunque la palabra pacto aparece muchas veces en la Biblia, lo cierto es que la Biblia no menciona ni el pacto de la gracia, ni el de la redención, y muchos creen que tampoco el de obras. Son deducciones sin base bíblica concreta. No hay una indicación directa en las Escrituras de que tal pacto fuera jamás hecho, y lo que es más importante, los términos de dicho pacto no se revelan. Solo cuando asumimos a priori que la elección no es condicional, es que concluimos el Ordo Salutis y todos los demás elementos del calvinismo. Sin embargo, se ve exactamente lo contrario en las Escrituras: la expiación de Cristo fue para todos, de hecho, para el mundo entero, y la salvación de Dios es condicional, y esa condición es la fe en Cristo.

Otro punto de crítica con esta teología es que propone demasiada continuidad entre los pactos. Sobran quienes argumentan que la teología del pacto propone demasiada continuidad entre los tratos de Dios con su pueblo en una época y en otra. Por ejemplo, el debate entre bautistas y presbiterianos acerca del bautismo de infantes tiene que ver precisamente con el tema de la continuidad entre los pactos: los presbiterianos dicen que los hijos de creyentes se incluyen en la comunidad del pacto porque así fue con Abraham y con el pueblo de Israel, ambos partícipes del mismo pacto de gracia del cual participa la iglesia del nuevo pacto. Los bautistas que se consideran teólogos del pacto (y los hay) responden que el pacto de la gracia no incluye necesariamente los hijos de creyentes, a no ser que estos también respondan en fe.

Como puede verse, la teología del pacto crea más problemas de los que resuelve. Aquí, entonces, está el entendimiento arminiano reformado de cómo uno puede llegar a “estar en Cristo”: Por medio de la fe, y dicha oferta está abierta a todos. La expiación es general, no limitada ni particular.

(2.- EL DETERMINISMO O FATALISMO CRISTIANO: El determinismo es la creencia que Dios ordena u organiza todas las cuestiones del universo de manera que todo y cada cosa que ha sucedido y sucederá está eficazmente orquestado por Dios de tal forma que debieron suceder exactamente cómo sucedieron. Dicha doctrina niega de forma contundente la existencia del albedrío humano. Augustus Toplady, clérigo anglicano y opositor calvinista de John Wesley, llegó incluso a afirmar que “No hay partícula de polvo que se mueva sin que Dios la haya levantado, conduzca su movimiento incierto, y por su cuidado particular, la haga reposar en cierto lugar que El dispuso con anticipación.”[8]

Sin embargo, el determinismo causal universal y divino propuesto por el calvinismo no puede ofrecer una interpretación coherente de la Biblia. Incluso los teólogos reformados clásicos reconocieron eso. D. A. Carson identifica nueve corrientes de pasajes que afirman la libertad humana: (1) Las personas enfrentan una multitud de exhortaciones y ordenes divinas, (2) a las personas se le dice que obedezcan, crean y que escojan a Dios, (3) las personas pecan y se rebelan contra Dios, (4) los pecados de las personas son juzgados por Dios, (5) las personas son probadas por Dios, (6) las personas reciben recompensas divinas, (7) los elegidos son responsables de responder a la iniciativa de Dios, (8) las oraciones no son meras obras maestras programadas por Dios, (9) Dios literalmente le suplica a los pecadores para que se arrepientan y sean salvos. Esto, ciertamente, no concuerda con la doctrina determinista, o fatalismo cristiano, propuesto por el calvinismo.[9]

Pero no solo la Biblia se opone al determinismo, sino que, el determinismo causal universal no puede ser afirmado de manera racional. Además, el determinismo universal divino hace a Dios el autor del pecado y remueve la responsabilidad humana. Contrario a la visión arminiana, en la visión determinista aún el movimiento del albedrío humano es causado por Dios. Dios mueve a las personas a escoger el mal y no pueden hacer lo contrario. Dios determina sus elecciones y hace que ellos hagan el mal. Si es malo hacer que otra persona haga lo malo, entonces en esta visión Dios no sólo es la causa del pecado y del mal, sino que Dios mismo se hace malo, lo cual es absurdo. De la misma manera, todas las responsabilidades humanas para el pecado han sido removidas. Así que nuestras elecciones no dependen de nosotros: Dios es el causante de que las hagamos. No podemos ser responsables por nuestras acciones, ya que nada de lo que pensamos o hacemos depende de nosotros. De este modo, el determinismo universal divino anula la agencia humana.

Pero hay algo peor en esto. El determinismo hace que la realidad se convierta en una farsa. Según la visión determinista, el mundo entero se convierte en un espectáculo vano y vacío. No hay agentes libres en rebelión contra Dios, a quienes Dios busca para ganárselos por medio de Su amor, ni nadie que libremente responda a ese amor y que libremente da a cambio su amor y alabanza a Dios. Todo el espectáculo es una payasada en la que el mismo Dios es el único actor real.

Lejos de glorificar a Dios, la visión determinista menosprecia a Dios por involucrarse en esa payasada absurda. Es profundamente ofensivo para Dios el pensar que Él crearía seres que son, en todo sentido, causalmente determinados por Él y luego les trata como si ellos fueran agentes libres cuando les castiga por las malas acciones que hizo que ellos cometieran, o cuando los ama como si ellos fueran agentes que responden de manera libre.

(3.- LAS DOCTRINAS DE LA GRACIA: El término “Doctrinas de la Gracia” suele ser empleado para referirse al TULIP, acrónimo que resume los cinco puntos del calvinismo (Depravación total, elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible y perseverancia final de los santos). Todos los arminianos aceptamos la doctrina de la depravación total del hombre. Sin embargo, negamos de forma contundente las doctrinas calvinistas de la elección incondicional, la expiación limitada o particular y la naturaleza irresistible de la gracia. Asimismo, poseemos una comprensión diferente de la doctrina de la perseverancia final de los santos. La postura arminiana reformada en relación con las doctrinas de la gracia queda establecida en “Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610” los cuales afirman:

ARTÍCULO I.

“Dios, por un objetivo eterno e inmutable en Jesucristo su Hijo, antes de la fundación del mundo, tiene determinado, de la raza caída, pecaminosa de los hombres, salvar en Cristo, para Cristo, y por Cristo, a los que, por la gracia del Espíritu Santo, creerán en este su Hijo Jesús, y perseverarán en fe y obediencia de fe, por esta gracia, hasta el fin; y, de otra parte, dejar a los incorregibles e incrédulos en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como enajenados de Cristo, según la palabra del evangelio en Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” y de acuerdo también con otros pasajes de la Escritura.”

ARTÍCULO II.

“De acuerdo con esto, Jesucristo, el Salvador del mundo, ha muerto por todos los hombres y por cada hombre, de modo que haya obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, el rescate y el perdón de pecados; aunque nadie en realidad disfrute de este perdón de pecados excepto el creyente, según la palabra del Evangelio de Juan 3.16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna”. Y en la Primera Epístola de Juan 2:2: “Él es la propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

ARTÍCULO III.

“Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que él, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo, Juan 15:5: “Separados de mí nada podéis hacer”.

ARTÍCULO IV.

“Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Hechos 7 y en otros muchos lugares.”

ARTÍCULO V.

“Que aquellos que están incorporados en Cristo por una fe verdadera, y de esta manera se han hecho partícipes de su Espíritu vivificante, tienen por lo tanto pleno poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo y su propia carne, y para ganar la victoria, siendo bien entendido que esto es siempre a través de la gracia asistente del Espíritu Santo; y que Jesucristo les asiste por medio de su Espíritu en todas las tentaciones, extendiendo a estos su mano, y si sólo están listos para el conflicto y desean su ayuda, y no están inactivos, les impide caer, de modo que ellos por ninguna artimaña o poder de Satanás, pueden ser engañados, ni arrancados de las manos de Cristo, según la palabra de Cristo, Juan x. 28: “Nadie los arrebatará de mi mano”. Pero si son capaces, por negligencia, de abandonar de nuevo los primeros comienzos de su vida en Cristo, regresando nuevamente a este mundo malvado presente, de apartarse de la santa doctrina que les fue dada, de perder una buena conciencia, siendo desprovistos de gracia, eso debe ser determinado más particularmente de las Sagradas Escrituras antes de que puedan enseñar esto con la plena persuasión de sus mentes. Por consiguiente, los remonstrantes consideramos estos artículos conformes a la Palabra de Dios, tendentes a la edificación y en cuanto a este argumento, suficiente para la salvación, de modo que no sea necesario o edificante elevarse más alto o descender más profundo.”[10]

 (4.- CESASIONISMO: El cesasionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. Aunque los movimientos reformados en general han sido cesasionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas. Los arminianos, y particularmente los pentecostales y carismáticos, creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

(5.- COMPLEMENTARIANISMO: Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. En el contexto eclesiástico, el complementarianismo afirma que solo los hombres deben dirigir la iglesia en calidad de pastores. Éste es un asunto con el que los arminianos, sobre todo los pentecostales, estamos en desacuerdo. Creemos, en cambio, en el egalitarianismo, el cual le permite a las mujeres el acceso al ministerio, incluso la ordenación al pastorado.[11]

La historia del Antiguo Testamento incluye relatos de sólidos liderazgo femenino en muchos roles, tal como los siguientes ejemplos dignos de destacar: Miriam fue profetisa en Israel durante el éxodo, junto a sus hermanos, Moisés y Aarón (Éxodo 15:20). Débora, que era no sólo profetisa sino jueza, dirigió a Barac para que guiara al ejército de Israel hacia un combate exitoso contra sus opresores (Jueces 4 y 5). Hulda, también profetisa, autenticó el rollo de la ley encontrado en el templo y ayudó a iniciar la reforma religiosa en los días de Josías (2 Reyes 22:14–20; 2 Crónicas 34:22–28).

El Nuevo Testamento también muestra que las mujeres desempeñaban roles ministeriales importantes en la Iglesia Primitiva. Tabita (Dorcas) puso en marcha un efectivo ministerio de benevolencia (Hechos 9:36). Las cuatro hijas solteras de Felipe eran profetisas reconocidas (Hechos 21:8,9). Pablo señaló a dos mujeres, Evodia y Síntique, como mujeres que “combatieron juntamente conmigo en el evangelio” (Filipenses 4:2,3). Priscila fue otra de las mujeres que 3 Pablo consideró ejemplar entre sus “compañeros de trabajo en Cristo Jesús” (Romanos 16:3,4). En Romanos 16, Pablo saluda a muchos colegas ministeriales, entre los cuales muchas eran mujeres. En estos saludos, la palabra que Pablo usa para hablar del “trabajo” (kopiaō) o la “labor” de María, Trifena, Trifosa, y Pérsida (Romanos 16:6,12) es una que utiliza con frecuencia para su propia labor ministerial (1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17). Febe, una líder de la iglesia de Cencrea, fue muy elogiada por Pablo ante la iglesia de Roma (Romanos 16:1,2). Lamentablemente, las parcialidades de las traducciones han oscurecido la posición de Febe en el liderazgo; por ejemplo, algunas versiones en inglés traducen el término como “sierva”, pero Febe era diakonos de la iglesia en Cencrea. Por lo general, Pablo utilizaba este término para identificar a un ministro o líder de una congregación, y lo aplica específicamente a Jesucristo, Tíquico, Epafras, Timoteo, y su propio ministerio. Según el contexto, diakonos por lo general se traduce como “diácono” o “ministro”. Aunque algunas traducciones han escogido la palabra “diaconisa” (por ejemplo, la NVI, pues Febe es mujer), el griego diakonos es un sustantivo masculino. Por tanto, es probable que diakonos fuera una designación para una posición de liderazgo oficial en la Iglesia Primitiva. Por tanto, la traducción correcta para el rol de Febe sería “diácono” o “ministro” (como lo reflejan algunas versiones en inglés, por ejemplo, la New Living Translation, NLT). Además, muchas traducciones reflejan inclinaciones similares, al referirse a Febe como alguien que “ha ayudado” (NVI), “ha sido de ayuda” (NTV) para muchos, incluido el mismo Pablo (Romanos 16:2). El término griego aquí es prostatis, que NRSV [versión en inglés] se traduce como “benefactor”, con sus matices de igualdad y liderazgo. Pablo identificó a Junia como apóstol (Romanos 16:7). A comienzos del siglo trece, algunos eruditos y traductores masculinizaron su nombre como Junias, al parecer estaban renuentes a reconocer que había un apóstol mujer. Sin embargo, el nombre Junia se encuentra más de 250 veces solamente en Roma, mientras que la forma masculina Junias es conocida en cualquier fuente greco-romana. Pablo claramente fue un defensor de la mujer en el ministerio. Estas instancias de mujeres cumpliendo funciones de liderazgo en la Biblia deben considerarse como un patrón aprobado por Dios, no como excepciones a sus normas divinas. Incluso un número limitado de mujeres que cumplían funciones de liderazgo con el respaldo de las Escrituras afirman que Dios en verdad llama a mujeres al liderazgo espiritual.

CONCLUSIÓN.

Mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre nosotros los arminianos (incluso reformados o clásicos) y los calvinistas, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Los extremos de ambas posiciones deberían rechazarse: Ni los extremos cuasi pelagianos de algunos que se autodenominan arminianos, ni los extremos hipercalvinistas de algunos grupos que se denominan reformados, son bíblicos. Si bien la enseñanza y la predicación de algunos teólogos de ambos grupos pudieran ser ocasionalmente controversiales, concordamos en el imperativo de presentar el evangelio a los perdidos. Los arminianos reconocemos a los calvinistas como nuestros hermanos en Cristo. Reconocemos su pasión por la causa del Evangelio y los aportes de sus eruditos a la teología cristiana en general. Sin embargo, cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.

REFERENCIAS:

[1] Charles Grandison Finney (29 de agosto de 1792 – 16 de agosto de 1875), llamado “El más importante restauracionista estadounidense”, fue un líder del segundo gran despertar cristiano de Estados Unidos, que tuvo un profundo impacto en la historia social de los Estados Unidos. Finney tuvo una influencia primaria en el estilo de “renacimiento” de la teología que surgió en el siglo XIX. A pesar de provenir del calvinismo, Finney rechazó varios puntos del “viejo calvinismo divinista” que consideraba que no estaban de acuerdo con la Biblia además de que parecían oponerse al evangelismo y a la misión de los cristianos. En su teología Finney se oponía a la doctrina calvinista como lo expresa en su obra “resurgimientos religiosos”. En esta obra, él sostiene que la salvación se basa en la voluntad humana de arrepentirse y no es impuesta por Dios sobre las personas en contra de la voluntad de ellas. Su rechazo al calvinismo no fue total. En su obra Teología sistemática, Finney abraza la doctrina calvinista de la “Perseverancia de los Santos”. Quedan preguntas sobre cómo es que Finney veía el significado de la muerte de Jesús en la cruz. Su opinión es compleja. Además de hacer de la muerte de Cristo la pieza central de la justificación, más bien que de la obediencia de Cristo, la interpretación de Finney de la expiación era que satisfizo la “justicia pública” y que abrió las puertas para que Dios perdonase a la gente sus pecados. Ésta era la opinión de los seguidores de Jonatán Edwards, el así llamado Nueva Divinidad que era popular en aquella época. En esta interpretación, la muerte de Cristo satisfizo la justicia pública más bien que una justicia de retribución. Finney decía que no era una “transacción comercial”. Esta interpretación, conocida típicamente como el punto de vista gubernamental u opinión moral del gobierno, se diferencia del punto de vista calvinista en donde los sufrimientos de Jesús igualan la cantidad de sufrimiento que los cristianos experimentarían en el infierno.

[2] Disputation 11, “On the Free Will of Man and its Powers”, en The Works of James Arminius, 2:192.

[3] Véase: https://www.apostolicarchives.com/articles/article/8795590/172502.htm

[4] Véase: “UNA RESPUESTA DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS A LA TEOLOGÍA REFORMADA” (adoptada por el presbiterio general en sesión el 1 y 3 de agosto de 2015). Disponible en línea en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/Reformed-Theology-Response-of-the-AG-Position-Paper

[5] Véase: “LA SEGURIDAD DEL CREYENTE”. Declaración oficial sobre la seguridad del creyente fue adoptada el 21 de agosto del 1978 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios.

[6] Íbid.

[7] Para saber más sobre la teología del pacto, se puede leer los resúmenes de la doctrina del pacto en manuales de teología sistemática como los siguientes:

  • En castellano: Berkhof, Teología sistemática.  W. Grudem, Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica.
  • En inglés: M. Horton, The Christian Faith: A Systematic Theology for Pilgrims on the Way. J. Frame, Systematic Theology: An Introduction to Christian Belief.

[8] Augustus Toplady, prefacio, Jerom Zanchius, The Doctrine of Absolute Predestination (London: Sovereign Grace Union, 1930), pp. 14.

[9] D. A. Carson, Divine Sovereignty and Human Responsibility: Biblical Perspective in Tension”(Soberanía Divina y la Responsabilidad Humana: Perspectiva Bíblica en Tensión, página 18-22).

[10] Creeds of Christendom, Volume III. The Creeds of the Evangelical Protestant Churches. ARTICULI ARMINIANI sive REMONSTRANTIA. The Five Arminian Articles. A.D. 1610.

[11] EL ROL DE LA MUJER EN EL MINISTERIO, tal como se describe en las Sagradas Escrituras (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 9 AL 11 DE AGOSTO DE 2010). Disponible en PDF en: http://agchurches.org/Sitefiles/Default/RSS/Spanish%20AG/Position%20Papers/El%20rol%20de%20la%20mujer%20en%20el%20ministerio.pdf

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Depravación Total: ¿Intensiva o Extensiva?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La doctrina de la Depravación Total, a veces conocida como “Depravación Radical”, constituye el primero de los 5 puntos del calvinismo (TULIP). El Canon de Dort nos dice:

“Por consiguiente, todos los hombres son concebidos en pecado, y al nacer como hijos de ira, incapaces de algún bien saludable o salvífico, e inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado; y no quieren ni pueden volver a Dios, ni corregir su naturaleza corrompida, ni por ellos mismos mejorar la misma, sin la gracia del Espíritu Santo, que es quien regenera.”[1]

Que los calvinistas se aferran a esta doctrina es conocido por todos, pero ¿Cuál es la perspectiva arminiana acerca de dicho punto? A diferencia del pensamiento común entre los calvinistas, Arminio y los primeros remonstrantes no negaron la Depravación Total. Arminio escribió:

“En este estado [tras la Caída] el libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, tullido, enfermo, deformado y debilitado, sino también encarcelado, destruido y perdido. Y, hasta que llega la asistencia de la Gracia, sus poderes no sólo están debilitados e inútiles, sino que no existen excepto cuando los estimula la Gracia Divina: Puesto que Cristo ha dicho: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’… Cristo no dice, ‘separados de mí no podéis hacer más que unas pocas cosas’, ni tampoco, ‘separados de mí no podéis hacer ninguna cosa difícil’, o ‘separados de mí vais a tener muchas dificultades para hacer las cosas’. Lo que dice es ‘separados de mí nada podéis hacer’…”[2]

El Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960)”[3]

Pero el arminianismo va más allá en sus afirmaciones. El Cuarto Artículo de la Remonstrancia afirma:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni siquiera un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo…”[4]

En la teología arminiana el hombre está caído, desamparado espiritualmente y en estado de esclavitud de la voluntad. No hay ninguna habilidad humana natural dando al hombre condiciones para iniciar su salvación. A causa de la Caída, los hombres nacen, espiritual y moralmente, en estado de total depravación, y por lo tanto son incapaces de realizar cualquier bien delante de Dios sin el amparo de su gracia preveniente. Tal incapacidad es física, intelectual y volitiva. Todo aspecto de la naturaleza y la personalidad humana se ven afectados. No hay ningún bien espiritual que el ser humano pueda hacer aparte de la gracia divina. Solamente por la gracia los efectos del pecado original pueden ser superados y el ser humano, finalmente, podrá cumplir los mandamientos espirituales de Dios. La depravación total es extensiva, alcanzando, incluso, el libre albedrío. Por causa de la Caída la voluntad humana se tornó esclava del pecado. ¿Qué significa esto? Qué la voluntad del hombre se tornó perversa, su intelecto se oscureció, y sus afectos quedaron alienados; cada área de su vida quedó sujeta a servidumbre. Por tal razón, todo Arminiano Reformado (o Arminiano Clásico) defiende la doctrina de la depravación total. No somos culpables de negar dicha verdad como nos acusa el calvinismo. Los arminianos creemos que los humanos son totalmente incapaces de hacer cualquier bien espiritual aparte de la gracia divina.

DEPRAVACIÓN INTENSIVA.

Ahora bien, los arminianos no creemos que la Depravación Total sea intensiva, sino más bien extensiva. ¿Cuál es la diferencia? Por Depravación Total Intensiva se entiende la destrucción integral de la naturaleza humana y de sus potencialidades esenciales. Es decir, en estado de Depravación Total Intensiva el pecador es tan pecador cuanto es posible y se involucra en todas las formas posibles de pecado. Los arminianos rechazamos tal postura.

Al afirma que el hombre es totalmente depravado no queremos decir que la persona no regenerada sea totalmente insensible en cuestiones de conciencia, de lo correcto e incorrecto. La Depravación Total no significa que todos los seres humanos sean potencial y extremadamente malos. Significa que no son tan buenos como necesitarían ser para ganar su propia salvación por mérito propio. La gracia, y sólo la gracia, es el único medio que puede superar los efectos graves y devastadores del pecado. Así pues, en el arminianismo, la depravación total implica que incluso el altruismo de la persona no regenerada siempre contiene un elemento de motivación inapropiada.

DEPRAVACIÓN EXTENSIVA.

Lo que sí creemos los arminianos es que la depravación total es extensiva, es decir, se extiende a todas las dimensiones de nuestro ser. Ella afecta la plenitud del ser del hombre. La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado.

CONDICIÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE EN SU ESTADO CAÍDO.

La Biblia describe el estado de la humanidad bajo los efectos devastadores del pecado llamándoles ‘impíos’ (Romanos 5.6), ‘hijos de desobediencia’ (Colosenses 3.6), ‘hijos de la ira’ (Efesios 2.3), ‘esclavos del pecado’ (Romanos 6.20), ‘abominable y corrupto’ (Job 15.16), ‘insensatos, desobedientes, extraviados’ (Tito 3.3).

La Depravación Total del hombre tiene graves consecuencias en relación a Dios: Por su rebeldía, el hombre está alejado de Dios (Romanos 3:12); por eso recibe el salario del pecado, a saber, la muerte (Romanos 6:23); además, en su estado de carnalidad el hombre no puede agradar a Dios (Romanos 8:8), sino que vive en un estado continuo y permanente de enemistad con su Creador (Romanos 8:7).

CONCLUSIÓN.

En esto consiste la Depravación Total del hombre. Y eso es lo que creemos y defendemos los arminianos. Cesen pues, los calvinistas, de difamar y caricaturizar al arminianismo, enseñando que nosotros ignoramos o nos oponemos a dichas verdades bíblicas.

REFERENCIAS:

[1] Canon de Dort, Capítulo 3-4, IIL

[2] (Jacobo Arminio, Disputation 11, On The Free Will of Man and its Powers, en The Works of James Arminius, 2:192).

[3] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[4] Íbid.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Salvación, predestinación y amor de Dios

Por: Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN:

Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. A pesar de ello, muchas personas se confunden en este punto. Algunos cristianos ven la predestinación como la clave de la salvación, pero eso no es cierto. Para quienes sustentan dicho punto de vista, somos salvos (si es que acaso pudieran estar seguros de ello) debido a una decisión irrevocable o “decreto” que el Dios Soberano hizo antes de que el mundo comenzara.

Pero, ¿Es eso lo que dice la Biblia? No. La Biblia no enseña en ninguna parte que seamos salvos por un decreto eterno de Dios. Esa es una forma distorsionada de entender la predestinación. Más bien, somos salvos por la provisión de la gracia de Dios para la salvación de todos. Estamos plenamente convencidos de que Jesucristo “murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.” (2 Corintios 5:15, NVI).

LO QUE SIGNIFICA SER PREDESTINADOS.

Bíblicamente, la predestinación significa que aquellos que confían plenamente en Jesucristo para la salvación están “predestinados” para ser conformados a su imagen mientras caminan en la luz. “Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29, NVI). En otras palabras, la predestinación es la predeterminación del “destino” al que conduce la salvación. La salvación significa la restauración de la imagen de Dios en nosotros, y en última instancia, significa la “la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas.” (Hechos 3:21, NVI).

Bíblicamente, la predestinación no se refiere a la voluntad específica de Dios para una persona en particular, sino a la certeza y soberanía del plan de salvación de Dios en la historia, mediante el cual la salvación se ofrece a todos y finalmente se cumplirá plenamente en la justicia, el juicio y la misericordia.

LOS CÁNONES HUMANOS JAMÁS ESTARÁN POR ENCIMA DE LA BIBLIA.

Muchos cristianos entienden las Escrituras principalmente a través de los cánones del Concilio de Dordt, celebrado en Holanda en 1618-1619. Incluso muchos teólogos de la línea reformada consideran que el Concilio de Dort es la declaración definitiva del significado de la salvación. Esto es absurdo, ya que colocan este consejo por encima de las Escrituras. Esta visión de la salvación fue declarada sucintamente por el autor reformado holandés Arnold A. van Ruler en su libro de 1989, Calvinist Trinitarianism and Theocentric Politics: Essays Toward a Public Theology. Van Ruler escribió: “En el tema de la elección eterna, todo depende del libre poder soberano de Dios… El libre poder soberano de Dios busca ser reflejado en la voluntad por la cual aprobamos a Dios en su soberanía. Después de todo, de eso se trata la redención: sumergirse en el abismo de la soberanía de Dios, eventualmente en la forma de resignarse a la reprobación (resignatio ad infernum).”[1]

Sin embargo, esto no es de hecho de lo que se trata la “redención”. Esta es una vista estrecha que invierte el orden de las cosas, haciendo que lo que es segundo vaya primero, y que lo que es primero, vaya en segundo lugar. Bíblicamente, en el tema de la elección eterna, todo depende, no del antojadizo capricho de un tirano universal, sino del libre amor y la gracia de Dios. La gracia soberana y gratuita de Dios busca ser reflejada en la disposición por la cual aceptamos y respondemos responsablemente a Dios. Contrario al pensamiento calvinista la redención se trata de sumergirse, no el abismo de una soberanía cruel y fría, sino en el abismo del amor de Dios, confiar plenamente en el carácter amoroso de Dios y en el poder soberano con total fidelidad a las promesas de su pacto.

CONCLUSIÓN.

Esta, entonces, es la entrada al cumplimiento de todas las maravillosas promesas de Dios de llevar su reino a plenitud. El amor y la gracia de Dios son lo primero, la voluntad de Dios de que todos sean salvos. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).

REFERENCIAS:

[1] Arnold A. van Ruler, Calvinist Trinitarianism and Theocentric Politics: Essays Toward a Public Theology (1989) Lewiston, N.Y.: Edwin Mellen Press. Pp. 83.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Y tú, ¿Eres Arminiano?

Posted by: Society of Evangelical Arminians[1]

(Traducido y editado por Fernando E. Alvarado)

INTRODUCCIÓN:

A lo largo de los siglos, los calvinistas han vilipendiado con tanto éxito el arminianismo que las personas que son arminianos tienen miedo de decirlo. Esto es cierto, aunque el arminianismo es la posición teológica por defecto del protestantismo cristiano; de hecho, muchas personas son arminianas y ni siquiera lo saben, e incluso lo niegan. El arminianismo está tan extendido que incluso las iglesias calvinistas más fuertes están llenas de arminianos. Es irónico, entonces, que la gente tenga miedo de decir que es arminiana; por ejemplo, muchos bautistas independientes y sureños son típicamente arminianos, pero a pesar de eso, a menudo se llaman a sí mismos calvinistas.

A continuación, presento una serie de preguntas las cuales pueden ayudar a las personas que tienen una teología arminiana a darse cuenta de que son arminianos y ayudarles a comprender que está bien ser arminiano. Las preguntas tratan los temas más pertinentes que definen el arminianismo y distinguen el arminianismo del calvinismo.

(1.- ¿Crees que Jesús murió por toda la humanidad?

Si respondiste afirmativamente a la pregunta, entonces al menos estás de acuerdo con uno de los principios centrales del arminianismo y, en general, no serás bienvenido en los círculos calvinistas. Este es quizás el tema más evidente que divide al calvinismo y al arminianismo. La mayoría de los calvinistas creen que Jesús murió solo por ciertas personas, aunque existe cierto debate sobre si Calvino mismo sostuvo esta opinión. Si crees que Jesús murió sólo por aquellos que eventualmente creerían (unos cuantos elegidos), entonces realmente eres un calvinista y no un arminiano.

(2. ¿Crees que los humanos son tan depravados que no pueden hacer nada para ganar la salvación y que no pueden elegir creer en Jesús sin la intervención de la gracia de Dios?

Si respondiste que sí, entonces estás de acuerdo con Arminio y el Arminianismo. Los calvinistas afirman la misma doctrina, y los arminianos concordamos con ellos en casi todos los aspectos relacionados a ella.[2]

(3.- ¿Crees que una persona puede resistir (rechazar para condenación) el poder de convicción de la gracia de Dios?

Si respondiste que sí, entonces otra vez afirmas otro de los principios centrales del Arminianismo, como se refleja en las palabras de Jesús: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37). Los calvinistas argumentan que Dios ha determinado qué individuos creerán; para hacer que su fe sea posible, los llama a la salvación de tal manera que sus propias voluntades sean superadas para que no puedan resistir el llamado a la salvación (en otras palabras, los obliga a creer). Los arminianos creen que Dios realmente quiere que todos crean; pero cuando Dios capacita a una persona para creer, lo hace de tal manera que el individuo aún puede resistir el poder de convicción del Espíritu (es decir, el hombre es libre de rechazar la gracia de Dios y así perderse por su libre elección); de modo que la fe no es un resultado necesario de la gracia habilitadora de Dios (Dios no obliga a nadie a creer).

(4.- ¿Crees que naciste de nuevo cuando pusiste tu fe en Jesús?

Si respondiste que sí, entonces mantienes un principio importante del arminianismo y probablemente no eres un calvinista. Los calvinistas creen que Dios debe primero darle a una persona una vida nueva para permitir la fe. Los calvinistas creen que, sin haber sido creados para compartir la nueva vida, una persona no puede creer. Esto significa que los calvinistas creen que somos regenerados (nacidos de nuevo) antes de poner nuestra fe en Jesús. Los arminianos, en cambio, argumentamos que las personas no reciben el don de la nueva vida hasta que creen. Los arminianos sostenemos que cuando una persona cree, está unida con Cristo y solo entonces participa de la nueva vida y nace de nuevo; una persona no comparte la nueva vida sin estar primero unida a Cristo por la fe, porque “todo aquel que en él cree” no perece, sino que tiene vida eterna (Juan 3:16).

(5.- ¿Crees en la elección?

Si respondiste que sí, entonces podrías ser un Arminiano. Los calvinistas creen en una elección independiente de la fe. Los arminianos creemos que la elección es “en Cristo”; es decir, los arminianos creemos que cualquier persona que está “en Cristo” es elegida, pero que la fe es esencial para unirse a Cristo. Por lo tanto, la elección está condicionada a la fe.

(6.- ¿Crees en la predestinación?

Si respondiste que sí, entonces podrías ser un Arminiano. Los arminianos afirmamos que los creyentes están predestinados a la salvación final (si perseveran hasta el fin), no que las personas están predestinadas a creer (es decir, obligados a creer por el decreto de un Dios que los predestinó para ello, como afirma el calvinismo).

(7.- ¿Crees en la seguridad eterna?

El problema es si las personas que verdaderamente creen en Jesús para la salvación pueden naufragar su fe y perder su salvación, o por el contrario, una vez que la gente ha puesto genuinamente su fe en Cristo, si su salvación final está garantizada incondicionalmente. Si respondiste que sí y crees en la seguridad eterna, podrías ser un Arminiano.

Existe la duda de si Arminio mismo enseñó alguna vez que los creyentes pueden hacer naufragar de su fe y así perder su salvación. Aparentemente, Arminio no sentó postura al respecto, dejando el tema abierto a discusión. Los Remonstrantes, los primeros arminianos, personas que se pusieron del lado de Arminio en los debates teológicos de la Holanda del siglo XVII, originalmente no tomaron posición sobre este tema, aunque finalmente llegaron a la conclusión de que los creyentes pueden naufragar de su fe y perecer eternamente. Para nosotros los arminianos, la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final.

Todos los calvinistas creen en la seguridad eterna incondicional (algunos sin calificación y otros porque piensan que la fe y su continuidad se deben a una elección incondicional). La mayoría de los bautistas basan su afirmación de ser calvinistas en este único punto y en la inclusión tradicional de la posibilidad de apostasía para los creyentes genuinos como parte esencial de la teología arminiana. Sin embargo, a la luz de la incertidumbre entre los primeros arminianos sobre este tema y el hecho de que tales bautistas están de acuerdo con la posición arminiana contra el calvinista en todos los otros puntos de desacuerdo, la seguridad eterna no debe ser un factor determinante en la cuestión de si uno es un arminiano o un calvinista.

(8.- ¿Crees en la doctrina de la satisfacción penal de la expiación?

Si respondiste que sí, o si respondiste que no, todavía podrías ser un Arminiano. La doctrina de la satisfacción penal de la expiación afirma que la muerte de Jesús implicó un pago por el pecado. Asume que la justicia de Dios requiere que el pecado sea castigado y que la justa ira de Dios se desvió de los pecadores merecedores y se derramó sobre Jesús como su sustituto. Este punto de vista es mantenido por la mayoría de los calvinistas y por la mayoría de los arminianos (especialmente aquellos que reclaman la nomenclatura “Arminianismo Reformado” o “Clásico”), aunque algunos arminianos rechazan la idea de que Dios castigó a su Hijo Jesús. Arminio enseñó la doctrina de la satisfacción penal de la expiación.

(9.- ¿Crees que Dios conoce exhaustivamente el futuro?

Si respondiste que sí, podrías ser un arminiano. Los calvinistas y la mayoría de los arminianos creen que Dios conoce exhaustivamente el futuro. Algunos arminianos piensan que negar esta doctrina es un rechazo del teísmo cristiano básico, y que aquellos que niegan la doctrina no pueden ser arminianos.

(10.- ¿Crees en la soberanía de Dios?

Si respondiste que sí, entonces podrías ser un Arminiano. Todos los calvinistas y todos los arminianos afirman la soberanía de Dios, pero difieren en el otorgamiento de la libertad de Dios a los seres humanos. Algunos calvinistas definen la soberanía como Dios ordenando y predeterminando todas las cosas y eventos, de modo que la elección humana es simplemente una ilusión. Algunos calvinistas no niegan explícitamente la libertad humana, sino que intentan redefinirla para que se ajuste a su visión de soberanía. Los arminianos, en cambio, afirmamos el libre albedrío básico y que los humanos realmente toman decisiones genuinas, afirmando sin lugar a duda la culpabilidad humana en el pecado. La opinión arminiana de la soberanía es que Dios tiene el poder y la autoridad para hacer lo que quiera, y nada puede suceder a menos que lo haga o lo permita. Los arminianos creemos además que Dios es lo suficientemente soberano como para dotar a sus criaturas con libre albedrío. La visión arminiana de la soberanía y la libertad humana está motivada por su comprensión del carácter de Dios como santo, de modo que 1) Dios no es el autor del mal; y 2) los humanos son culpables por sus pecados.

CONCLUSIÓN…

En resumen, puedes ser un arminiano y creer:

  • La doctrina de la expiación ilimitada (Jesús murió por todos).
  • La doctrina de la depravación total (las personas son incapaces de creer en Jesús sin la intervención de la gracia de Dios).
  • La doctrina de la gracia resistible (Dios dispensa la gracia de tal manera que las personas puedan resistir su gracia convincente).
  • La doctrina de la elección (todos los que están “en Cristo” son elegidos).
  • La doctrina de la predestinación (los creyentes están predestinados).
  • La doctrina de la seguridad eterna o la visión alternativa de que los verdaderos creyentes pueden abandonar su fe y perecer, así como los incrédulos.
  • La doctrina de la expiación de la satisfacción penal (Dios castigó a Jesús por los pecados del mundo).
  • La doctrina de la omnisciencia (incluyendo que Dios conoce el futuro perfectamente).
  • La soberanía de Dios (Dios puede hacer lo que quiera, incluso dotar a los humanos con un libre albedrío).

Como dije antes, la posición por defecto del evangelicalismo cristiano es el arminianismo. Y como puede verse en este breve resumen, está bien ser arminiano (a pesar de lo que los calvinistas quisieran hacerte creer). Para una mayor reflexión sobre estos temas, te invito a leer la Teología Arminiana: Mitos y Realidades, de Roger Olson, que expone la teología arminiana clásica y desacredita los 10 mitos más comunes sobre el arminianismo.

REFERENCIAS:

[1] Encuesta original publicada en inglés el 28/02/2013 por SEA. Disponible en: http://evangelicalarminians.org/survey-are-you-an-arminian-and-dont-even-know-it-2/

[2] El término “depravación total” no significa que todos los hombres sean todo lo malo que pueden llegar a ser, o que todos los seres humanos sean completamente incapaces de hacer alguna cosa relativamente buena. El hombre está totalmente depravado en el sentido de que todas sus facultades han sido profundamente afectadas por el pecado: su intelecto, su voluntad, sus emociones, etc.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Si Dios sabía que Adán caería ¿Por qué lo permitió?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Dios creó al hombre y le dio la habilidad de tener comunión con su Creador a través de la fuerza vivificante del Espíritu Santo. En este ambiente el hombre fue capaz de cultivar la comunión, desarrollando amor libre y desinteresado por Dios. Por lo tanto, el mismo hombre gozaba de perfección y gracia plenas mientras permaneciese en el ambiente de Dios; sin embargo, existía la posibilidad de abandonar dicho estado y caer de la gracia y la perfección. Por desgracia, el hombre, con el engaño del diablo, negó la relación amorosa con Dios y se alejó de la gracia del Espíritu Santo, quedando espiritualmente muerto al separarse de la energía vivificante de Dios.

La muerte física que siguió a la muerte espiritual fue un resultado natural del pecado. Así la muerte entró en la vida humana como un parásito, como resultado del acto libre del hombre: de su separación de Dios. Dios no impidió la muerte, la permitió para que el mal no llegara a ser inmortal, para dar al hombre la oportunidad de arrepentimiento, para reconstruir el hombre y para hacerle nueva creación en Cristo. (2 Corintios 5:17, Gálatas 6:15). Ciertamente, Dios podría haber creado al hombre incapaz de caer, a fin de que éste no se apartarse de Su amor, pero esto le quitaría la libertad, es decir, la capacidad de elegir libremente y ser así moralmente responsable.

El hombre, con su caída, se alejó de la vida divina. Perdió la energía del Espíritu Santo que hace todo indestructible y su naturaleza quedó enferma. La muerte había entrado en este mundo a causa del pecado (Romanos 5:12). Pero ¿Acaso Dios no sabía de antemano que esto pasaría? Si así es, ¿Por qué decidió crear al hombre de todas maneras? ¿Por qué no impidió la caída?

EL HOMBRE: ¿JUGUETE DE DIOS? ¿ROBOT BIOLÓGICO? ¿ENTRETENIMIENTO DIVINO?

Dios no puso Adán en un estado de prueba en el Edén por mera curiosidad para ver si era capaz de caer (como parece sugerir el teísmo abierto), o por malevolencia para hacerlo caer (como parece enseñar el calvinismo), sino con el deseo genuino de que Adán—haciendo uso del amplio poder que le fue confiado—obtuviese la recompensa final de su fidelidad en la forma de una libertad de toda posibilidad de pecar. En este sentido, la situación de Adán era privilegiada. Prácticamente Dios le da libertad total y prohíbe una sola cosa—no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal—con claras consecuencias si desobedecía: muerte.

Por otro lado, Adán y Eva no fueron robots biológicos. Fueron seres con libre albedrío. Aquí hay que dejar muy claro que Dios no es la causa del pecado de Adán (Santiago 1:13), sino que Dios les deja la capacidad de escoger. El hecho que había un árbol de la ciencia del bien y del mal acentúa claramente esta libertad y capacidad de elección. Ahora bien, esto nos lleva a preguntarnos:

  • ¿Sabía Dios que Adán y Eva pecarían?
  • ¿Acaso no se hace siempre la voluntad de Dios en cada suceso de la vida humana?
  • Si Dios Sabía que Adán y Eva iban a pecar ¿Por qué los dejó? ¿Por qué siguió adelante en su deseo de crear a Adán y Eva a sabiendas que ellos caerían y esto traería desgracia a la humanidad entera?

¿SABÍA DIOS QUE ADÁN Y EVA PECARÍAN?

La respuesta a esta pregunta es un sí rotundo. Sabemos por la Escritura que Dios es omnisciente, lo que literalmente significa “todo-conocimiento”. Job 37:16, Salmo 139:2-4, 147:5; Proverbios 5:21, Isaías 46:9-10, y 1 Juan 3:19-20, no dejan duda de que el conocimiento de Dios es infinito y que Él sabe todo lo que ha sucedido en el pasado, lo que está sucediendo ahora, y lo que sucederá en el futuro. Ahora bien, que Dios sepa de antemano lo que ocurrirá no significa que Él haya predeterminado[1] que así pase. Debemos distinguir entre la presciencia (o pre-conocimiento de Dios) y su poder para determinar que ciertos sucesos ocurran.

Para entender la presciencia y la predeterminación de Dios, es preciso tener presente ciertos factores.

  • Primero: en la Biblia se dice claramente que Dios puede preconocer y predeterminar. Dios mismo presenta como prueba de su Divinidad esta capacidad de preconocer y predeterminar acontecimientos de salvación y liberación, así como actos de juicio y castigo, y luego hacer que se realicen. Su pueblo escogido es testigo de ello. (Isaías 44:6-9; 48:3-8.) La presciencia y la predeterminación divinas constituyen la base de toda profecía verdadera. (Isaías 42:9; Jeremías 50:45; Am 3:7, 8.) En el Antiguo Testamento vemos a Dios desafiando a todas las naciones que se oponen a su pueblo a que demuestren la pretendida divinidad de aquellos a quienes consideran dioses y de sus ídolos, pidiendo que sus deidades profeticen actos de salvación y juicio similares y que luego hagan que se cumplan. Su impotencia ante este desafío demuestra que sus ídolos solo son “viento y vanidad” (Isaías 41:1-10, 21-29; 43:9-15; 45:20, 21.)
  • Un segundo factor que debe tenerse en cuenta es el libre albedrío de las criaturas inteligentes de Dios. Las Escrituras muestran que Dios extiende a tales criaturas el privilegio y la responsabilidad de elegir lo que quieren hacer, de ejercer libre albedrío (Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:15), haciéndolas así responsables de sus actos. (Génesis 2:16, 17; 3:11-19; Ro 14:10-12; Hebreos 4:13.) Por lo tanto, no son meros autómatas o robots. No se podría afirmar que el hombre fue creado a la “imagen de Dios” si no tuviera libre albedrío. (Génesis 1:26, 27) Lógicamente, no debería haber ningún conflicto entre la presciencia de Dios, así como su predeterminación, y el libre albedrío de sus criaturas inteligentes.
  • Un tercer factor que debe tomarse en cuenta, pero que a veces se pasa por alto, es el de las normas y cualidades morales de Dios reveladas en la Biblia, como su justicia, honradez, imparcialidad, amor, misericordia y bondad. Por lo tanto, la manera de entender cómo Dios usa sus facultades de presciencia y predeterminación tiene que armonizar, no solo con algunos de estos factores, sino con todos ellos.

En todo el registro bíblico, cuando Dios ejerce su presciencia y predeterminación siempre es en consonancia con sus propósitos y su voluntad. “Proponerse” algo, o trazarse un propósito, significa aspirar a conseguir cierta meta u objetivo poniendo los medios que lo propician. De hecho, la palabra griega pró·the·sis, que se traduce “propósito”, significa literalmente “colocación o preparación antes de algo”. Puesto que los propósitos de Dios se cumplirán inevitablemente, Él puede preconocer los resultados, la realización final de sus propósitos, y puede predeterminar tanto esos resultados como los pasos que crea conveniente dar para lograrlos. (Isaías 14:24-27.) Por eso se dice que Dios ‘forma’ o ‘moldea’ (del hebreo ya·tsár, término relacionado con “alfarero”; Jeremías 18:4) su propósito en lo que respecta a acontecimientos o acciones futuras. (2 Reyes 19:25; Isaías 46:11; 45:9-13, 18.) En su calidad de Gran Alfarero, Dios “obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad”, en armonía con su propósito (Efesios 1:11), y hace que todas sus obras cooperen juntas para el bien de los que lo aman. (Romanos 8:28.) Por tanto, Dios puede decir de sí mismo: “yo soy Dios, y no hay ningún otro, yo soy Dios, y no hay nadie igual a mí. Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo”, específicamente en relación con sus propósitos determinados (Isaías 46:9-13).

¿Cómo se aplica esto en el caso de Adán, Eva y la caída? Dios creó perfecta a la primera pareja humana, y pudo contemplar los resultados de toda su obra creativa y ver que todo era “bueno”. (Génesis 1:26, 31; Deuteronomio 32:4). Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo hizo libre, pues no necesitaba predeterminar las decisiones de Adán ni obligarlo a ser fiel o a caer. En lugar de preocuparse con un sentido de desconfianza por lo que la pareja humana pudiera hacer en el futuro, Dios “reposó”, dice el registro (Génesis 2:2); lo cual evidencia que Dios no le teme al albedrío humano ni lo considera una amenaza ¡Dios simplemente reposó! Pudo hacerlo porque, en virtud de su omnipotencia y sabiduría supremas, ninguna acción, circunstancia o contingencia que surgiera podría convertirse en un obstáculo insalvable o en un problema irremediable que impidiera la realización de su propósito soberano (2 Crónicas 20:6; Isaías 14:27; Daniel 4:35). ¡Así de grande es nuestro Dios que no necesita obligar o manipular a nadie a hacer nada! Por lo tanto, no existe ninguna base bíblica para apoyar los argumentos de los que creen en la predestinación y alegan que Dios predeterminó la Caída. De haberlo hecho, Dios sería el responsable del pecado y del mal existente en la Tierra. Ni Satanás ni el hombre podrían ser justamente condenados por hacer aquello que Dios ya había predestinado que ocurriera. Simplemente estarían haciendo la voluntad de Dios. Pero ese no fue el caso. A Satanás y al hombre se les hizo libres para elegir, por lo tanto, se les hará responsables de sus decisiones.

No podemos olvidar la siguiente verdad: Que Dios supiera que el hombre caería no lo hace responsable de ello. La presciencia es uno de sus atributos, Dios no puede evitar saber lo que pasará pues, en tal caso, dejaría de ser omnisciente. ¿Cómo funciona entonces la presciencia? El término “presciencia” se traduce la palabra griega pró·gnō·sis (de pro, “antes” y gnō·sis, “conocimiento”). Es empleado en textos como Hechos 2:23 y 1 Pedro 1:2. La forma verbal correspondiente, pro·gui·nṓ·skō, se emplea en dos ocasiones con referencia a los seres humanos: en el comentario de Pablo respecto a ciertos judíos que lo habían conocido de antes y en la referencia que hace Pedro al conocimiento de antemano que tenían aquellos a quienes dirigió su segunda carta (Hechos 26:4, 5; 2 Pedro 3:17) En este último caso es obvio que tal presciencia no implicaba predeterminación, es decir, no significaba que aquellos cristianos habían predeterminado el lugar y las circunstancias relacionados con las condiciones y los sucesos futuros que Pedro había considerado. Pero sí tenían una idea general de lo que podían esperar. Esto es precisamente lo ocurrido en la Caída: Dios sabía que ocurriría, mas no determinó que ocurriera.

¿ACASO NO SE HACE SIEMPRE LA VOLUNTAD DE DIOS EN CADA SUCESO DE LA VIDA HUMANA?

No necesariamente. Dios nos ha dado libertad. Hemos oído hasta la saciedad que Dios es soberano. Esto es verdad. Sin embargo, hemos olvidado que la soberanía de Dios se entrelaza de forma magistral con el albedrío humano. En su soberanía, Dios le concedió al hombre la libertad para elegir, lo cual implica la capacidad de obedecer o desobedecer la voluntad de Dios. ¿Implica esto que Dios es menos soberano que si nos obligara a hacer su voluntad, o predeterminara cada suceso de nuestra vida? Absolutamente no. Solo nos muestra lo confiado y seguro que está Dios en su soberanía y en su capacidad para realizar sus propósitos.

Ante la pregunta de si se hace siempre la voluntad de Dios, la respuesta es sí, pero también no. ¿Cómo así? Una cosa es que Dios tenga el poder de obligarnos a hacer su voluntad. Él indiscutiblemente puede hacerlo ¡Pero no lo hace! ¿Por qué? Porque él ha elegido no hacerlo con el propósito de hacer posible y real el albedrío del hombre. En este punto es necesario entender la diferencia entre la voluntad perfecta y la voluntad permisiva de Dios:

  1. La voluntad perfecta y soberana de Dios es la que se desarrolla de acuerdo con su Palabra y basada en su perfecta sabiduría. Es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). La voluntad perfecta es lo que Dios quiere que acontezca y, en su máxima expresión, se relaciona con su plan redentor y su designio final para la creación. Para garantizar su cumplimiento, Dios ha predeterminado ciertos sucesos. El ser humano no puede oponerse a ella ni hacer nada para cambiarla. Esta faceta de la soberanía de Dios representa la capacidad de poner en práctica Su santa voluntad o supremacía. El Altísimo, Señor del Cielo y de la tierra, tiene poder ilimitado para hacer lo que haya resuelto. Al ser absolutamente independiente, Dios hace lo que le place. Nadie puede disuadirlo, nadie puede obstaculizarlo. En Su Palabra, Dios declara: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios; y nada hay semejante a mí… mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” Isaías 46:9-10). Nabucodonosor, el Rey de Babilonia, edificó obras arquitectónicas que fueron clasificadas entre las Siete Maravillas del Mundo. Aun así, alabó la soberanía del Altísimo. “Cuyo dominio [el de Dios] es sempiterno, y su reino por todas las edades… Y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra. Y no hay quien detenga su mano.” (Daniel 4:34-35).
  2. La voluntad permisiva de Dios es esa voluntad en la cual Dios no decreta lo que ocurre ni tampoco es Su deseo que suceda, ya que la misma no está de acuerdo con Su Ley. Sin embargo, Dios permite que el hombre se revele contra Él permitiendo a las personas que hagan cosas tales como mentir, robar, etc. Jeremías 19:5 nos dice: “…Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento…”. Es obvio que Dios no quería que eso pasara, pero, en su respeto de la libertad humana, Dios lo permitió. Lucas 8:32 nos habla de ese mismo principio: “Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso”. Dios siempre es respetuoso, aún de las decisiones de los malos y perversos. Sólo así puede juzgarlos responsables de sus actos. De lo contrario, Dios mismo sería el responsable de las consecuencias de las malas decisiones de otros. Romanos 1:22-23 nos muestra la triste realidad del ser humano: “Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”. Por eso mismo, Dios los entrega a una mente reprobada, para que hagan cosas que no convienen y lleven las consecuencias, positivas o negativas, de sus propios actos. La caída de Adán y Eva encaja dentro de la voluntad permisiva de Dios, mas no en su voluntad perfecta, pues a Dios no lo tienta la maldad ni tampoco él tienta a nadie (Santiago 1:12-14).

SI DIOS SABÍA QUE ADÁN Y EVA IBAN A PECAR ¿POR QUÉ LO PERMITIÓ? ¿POR QUÉ SIGUIÓ ADELANTE EN SU DESEO DE CREAR A ADÁN Y EVA A SABIENDAS QUE ELLOS CAERÍAN Y ESTO TRAERÍA DESGRACIA A LA HUMANIDAD ENTERA?

La Biblia no nos dice detalladamente por qué los deja pecar, ni por qué siguió adelante con su plan creador aun conociendo de antemano los resultados, pero si hay algunos puntos que podemos inferir:

EL DERECHO DE DIOS A DAR VIDA Y FORMAR UNA FAMILIA DE SERES CREADOS A SU IMAGEN Y SEMEJANZA:

Si Dios sabía que Adán y Eva iban a pecar, primero, es claro que esto no tomó a Dios por “sorpresa.” Si la objeción es que Dios no debió haberlos creado a sabiendas de que pecaríamos, entonces estaríamos pidiendo nuestra propia inexistencia. Eso sería absurdo (Isaías 45:10, Romanos 9:20). La vida es un regalo y debe tomarse como tal. Decir que Dios no debió haber creado a Adán y Eva, o permitir que todos nosotros naciéramos es simplemente tonto. Sería como negarle a un padre o madre humanos el derecho a tener hijos sólo porque estos no serán como sus padres o porque nacer, inevitablemente, implica algún grado de dolor y sufrimiento. Esto adquiere mayor sentido si se considera que lo mismo que Dios experimentó con Adán y Eva es lo mismo que les sucede a los padres humanos también. Hay ocasiones en la que los padres deben dejar que los hijos hagan su voluntad y aprendan las consecuencias de su desobediencia. Pero negarles la existencia porque no serán perfectos es absurdo. Además, tampoco sería justo negarle a alguien el privilegio de ser padre si está plenamente capacitado para serlo.
El propósito de Dios era que la Tierra fuera un paraíso y se llenara con los descendientes de Adán y Eva para, finalmente, si demostraban ser fieles a Dios, gozar de vida eterna en su presencia (2 Pedro 1:4). Dios estaba buscando formar una familia (Juan 1:12, 1 Juan 3:2, Gálatas 4:1-7), hacer a la humanidad sus herederos (Romanos 8:17). Y Dios cumplirá su propósito, aunque Satanás intente impedírselo (Génesis 1:28; Isaías 55:10, 11). Pensemos por un momento ¿Tiene el hombre derecho a negarle a Dios formar una familia si así lo desea? ¡Claro que no! Por eso, Dios no destruyó a Adán y Eva de inmediato, sino que les permitió tener hijos. Así, los hijos de Adán y Eva podrían decidir a quién querían como Padre y gobernante. Adán y Eva tomaron su decisión conscientemente, pero ¿Qué pasaría con los millones de seres humanos a quienes Dios preconoció en su omnisciencia y vio que le elegirían si se les daba la oportunidad? ¿Por qué negarles a ellos el privilegio de nacer sólo porque sus primeros padres no fueron fieles? (Romanos 8:29-30, Hebreos 2:14-17, 1 Pedro 1:2)

EL DERECHO DE DIOS A GOBERNAR SOBRE SUS CRIATURAS:

Si Dios crea a Adán y Eva con libre albedrío, es factible especular que Dios también sabía que ellos caerían tarde o temprano, sin importar las amantes advertencias de Dios. En su sabiduría Dios consideró oportuno dejar que los seres humanos hicieran su voluntad y aprendieran las consecuencias de su desobediencia. Esto es parte de un proceso de educación y aprendizaje para la humanidad. En este mundo estamos aprendiendo que el pecado y la rebelión son graves (Jeremías 2:19), al entenderlo, debe nacer en nosotros (por nuestra libre voluntad) cambiar dicha situación a través del aborrecimiento del pecado. No podemos culpar a Dios por el pecado y la maldad a pesar de ser el Creador y conocer de antemano lo que pasaría ¿Por qué? No podemos olvidar que el mal surgió en la Tierra cuando Satanás dijo la primera mentira. Él era un ángel bueno y perfecto, pero cayó de su posición exaltada por desobediencia y orgullo (Juan 8:44). Fue cultivando el deseo de ser adorado, derecho que pertenece solo al Creador. Con una mentira, persuadió a Eva, la primera mujer, para que le obedeciera a él y no a Dios. Adán se unió a su esposa en su desobediencia. Dicha decisión, y no Dios, ha producido sufrimiento y muerte. (Génesis 3:1-6, 19). Al sugerirle a Eva que desobedeciera a Dios, Satanás comenzó una rebelión. Se negó a reconocer la soberanía divina, o el derecho a gobernar que tiene el Altísimo. Como la mayoría de la humanidad se ha unido al Diablo al rechazar la autoridad de Dios, Satanás se ha convertido en el príncipe y dios de este mundo (Juan 14:30 y 1 Juan 5:19).

Dios nunca obligó ni preordinó la caída de Adán como a menudo sugieren los calvinistas. Las obras de Dios son perfectas. Los primeros seres humanos y los ángeles eran capaces de obedecer a Dios en todo (Deuteronomio 32:4, 5). Él nos dotó de libertad para elegir entre el bien y el mal. Esa libertad nos permite obedecerlo por amor. (Santiago 1:13-15 y 1 Juan 5:3). Fue culpa del hombre, no de Dios, caer de dicho estado de gracia. Acusar a Dios de preordinar la caída no solo difama el carácter santo, justo y amoroso de Dios, sino que constituye una herejía grosera y blasfema.

Entonces ¿Por qué toleró Dios la caída y sigue tolerando aún hoy el pecado del hombre? ¿Acaso no podría erradicarlo de inmediato? Sí, claro que podría. Sin embargo, Dios ha optado por tolerar la rebelión contra su soberanía solo por un tiempo. ¿Con qué propósito? Para demostrar que nada, fuera de Él y su Reino, puede beneficiar a la humanidad (Eclesiastés 7:29; 8:9). Tras seis mil años de historia, ya no queda ninguna duda: los líderes humanos no han sido capaces de eliminar las injusticias, los delitos, las guerras ni las enfermedades. (Jeremías 10:23 y Romanos 9:17). Pero si dejamos que Dios nos gobierne, obtendremos beneficios (Isaías 48:17, 18). No debemos olvidar que el derecho de Dios a gobernar sobre sus criaturas y el carácter del hombre y sus motivaciones para adorar a Dios fueron cuestionadas por Satanás. Satanás acusó a Dios delante de millones de ángeles (Job 38:7; Daniel 7:10). Así que Dios le dio a Satanás tiempo suficiente para que demostrara si tenía razón. También les dio tiempo a los seres humanos para que se gobernaran ellos mismos en un mundo controlado por Satanás. De ese modo, los humanos podrían demostrar si pueden gobernarse sin la ayuda de Dios. Satanás aseguró que los seres humanos (y aun los mismos ángeles) le sirven a Dios solo por conveniencia. Gracias a la paciencia divina, todos podemos probar por nuestro modo de vivir que el Diablo es un mentiroso y que apoyamos y reconocemos el gobierno de Dios más bien que el del hombre o el del mismo Satanás (Job 1:8-12, Proverbios 27:11). Al permitir el pecado y la caída, Dios desea mostrarnos a nosotros, los descendientes de Adán (y de hecho a toda la creación) las consecuencias de vivir por nuestra propia cuenta o bajo el gobierno satánico. Tras dos guerras mundiales y siglos de hambrunas, desastres naturales, violaciones, criminalidad, etc. ¿Quién en su buen juicio desearía continuar de la misma forma por la eternidad? A través de este proceso de aprendizaje, Dios no solo busca prevenir rebeliones posteriores que pondrían en peligro al resto de criaturas inocentes por Él traídas a la existencia, sino mostrarnos de forma experimental su derecho a gobernar sobre el hombre y los beneficios de obedecer sus mandamientos los cuales, a la larga, no buscan imponer un reinado despótico de origen divino, sino beneficiar a sus criaturas con leyes justas, sabias y benéficas. Al fin de cuentas, nadie mejor que el fabricante para elaborar manual sobre el uso correcto de su creación. Lamentablemente, hoy en día el hombre piensa que los mandamientos son gravosos, restrictivos y autoritarios. Dios, por el contrario, desea que descubramos que son para nuestro bien, no para limitarnos.

EL QUE DIOS SUPIERA DE ANTEMANO LO QUE OCURRIRÍA, Y AUN ASÍ CONTINUARA CON SU PLAN CREATIVO, NO LO CONVIERTE EN EL AUTOR DEL PECADO Y DEL MAL EN EL MUNDO, PUES ESTO NO REFLEJA SU VOLUNTAD FINAL Y PERFECTA PARA EL HOMBRE, SINO UN DESVÍO TEMPORAL DE LA MISMA:

Dios no es el autor del mal y del pecado, ni tampoco tentó, obligó o preordinó a Adán y Eva para que pecaran (Santiago 1:13). Esto lo hicieron solos por su libre voluntad. No podemos responsabilizar a Dios por ello. Pero la maldad y el sufrimiento en el mundo no solo es responsabilidad del hombre. La Biblia dice que “el mundo entero está bajo el control del maligno” (1 Juan 5:19, NVI). El gobernante de este mundo es Satanás, un ser malvado y cruel. Él está engañando “al mundo entero” (Apocalipsis 12:9). Mucha gente lo imita. Esta es la primera razón por la que el mundo está lleno de mentiras, odio y crueldad. Pero hay una segunda razón por la que hay tanto sufrimiento. Después de rebelarse contra Dios, Adán y Eva pasaron el pecado a sus hijos, heredándoles su naturaleza pecaminosa. Como los seres humanos son pecadores, hacen sufrir a otros. Muchas veces quieren ser más importantes que los demás. Así que luchan, van a la guerra y maltratan a otras personas para conseguirlo (Eclesiastés 4:1; 8:9). En otras palabras, somos nosotros quienes nos provocamos el mal los unos a los otros. La tercera razón por la que a veces sufrimos es que, en un mundo caído y alejado de Dios como este, “a todos les llegan buenos y malos tiempos” (Eclesiastés 9:11). Esto quiere decir que puede que tengamos un accidente o que nos pase algo malo porque estemos en el lugar y en el momento equivocados, no porque Dios así lo planeó o se deleite en nuestro sufrimiento. Así pues, podemos estar seguros que Dios no causa el sufrimiento. No es responsable de las guerras, el delito, la violencia o las injusticias. Tampoco es responsable de los terremotos, los huracanes, las inundaciones y otros desastres.

EL DON DEL LIBRE ALBEDRÍO: Muchos, en su intento por reprocharle a Dios la caída de Adán y culpar al Señor por el mal en este mundo, argumentan que Dios bien pudo haber puesto a alguien en la tierra que nunca pecase en lugar de Adán y Eva. Es decir, Dios pudo haber creado robots biológicos que solo fuesen capaces de hacer su voluntad y jamás pecar. Quienes opinan que Dios pudo haber limitado el libre albedrío de Adán y Eva, parecen ignorar que es precisamente el libre albedrío lo que nos hace humanos, porque sin libre albedrío tampoco existiría amor verdadero.

Aunque Dios no deseaba la caída del hombre ni preordinó que esta pasara, este evento funciona para llevar a cabo los planes de redención humana. De forma similar, Jesús no deseaba su propia muerte y sufrimiento (Mateo 26:42) pero lo hizo por amor. Génesis es el paraíso perdido, el resto de la Biblia es el plan de redención en ejecución y el Apocalipsis es el paraíso nuevamente recuperado. Todo esto con el beneficio adicional de saber que la rebelión es una mala idea. En vez de enojarnos con Dios por permitir la caída y haber creado al hombre aun sabiendo que éste pecaría, deberíamos estar agradecidos porque el Ser humano es, posiblemente, el único ser con libre albedrío que ha experimentado el pecado en toda su potencia y aún tiene la oportunidad de heredar el Reino de Dios. A los ángeles caídos no les será otorgado tal privilegio. La caída de Satanás fue un suceso irreparable, la del hombre tiene solución.

Cierto es que Dios pudo haber creado un universo en donde todo el mundo le “amara” y Adán y Eva nunca pecasen, pero tal mundo puede ser una imposibilidad práctica si Dios quiere preservar el libre albedrío de los humanos. Dios en verdad quiere que escojamos amarlo y obedecerlo (2 Pedro 2:4). Igual que un padre quiere que sus hijos lo amen de corazón y corran a sus brazos abiertos. Pero los hijos tienen libre albedrío y existe el peligro real que nuestros propios hijos rechacen libremente nuestro amor. Este es un riesgo que todos los padres están dispuestos a correr, porque el amor verdadero vale la pena. El amor no puede ser forzado porque el único amor que vale la pena recibir es el amor libremente otorgado. Dios sabía desde un principio que la humanidad caería, y aun así les otorga libre albedrío en un mundo donde las acciones tienen consecuencias reales. De otra forma, viviríamos en un mundo de caricatura donde no existiría la posibilidad de pecar, pero sería también un mundo donde la bondad verdadera, la virtud, el sacrificio, la belleza y el amor serían falsos o simplemente no existirían.

Un mundo sin libertad es un mundo sin amor. Dios es Amor, por eso nos da libertad. Por esto manda a su Hijo como rescate, “para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Ese ha sido el plan de Dios desde el principio y será el plan que se ejecute: La vida eterna a todo el que crea en Él. Aprendamos del error de Adán y Eva y usemos nuestra libertad sabiamente mientras estemos en esta Tierra, como Dios quiso desde el principio, y démosle la Gloria a Él (Romanos 11:36).

Pero ¿Acaso la existencia del libre albedrío no contradice la soberanía de Dios? No, sino todo lo contrario, la reafirma y la hace más gloriosa, pues Dios no necesita haber preordenado cada evento de la vida de sus criaturas (como quien tuviera miedo de no poder controlarlas), sino más bien es tan soberano que sabe que, en cualquier momento y si así lo deseare (y más importante aún, sin obligar a sus criaturas), puede intervenir en la historia humana y llevarla al fin que Él se propuso. Como bien lo dijera A. W. Tozer: “Dios soberanamente decretó que el hombre debería ser libre para ejercer su albedrío moral, y el hombre desde el principio ha cumplido ese decreto al elegir entre el bien y el mal. Cuando elige hacer el mal, no contrarresta la voluntad soberana de Dios, sino que lo cumple, en la medida en que el decreto eterno decidió no elegir qué opción debería tomar el hombre, sino que debería tener la libertad de hacerlo. Si en su libertad absoluta Dios ha querido darle al hombre una libertad limitada, ¿quién está allí para detener su mano o decir, ‘¿Qué haces?’ La voluntad del hombre es libre porque Dios es soberano. Un Dios menos soberano no podría otorgar libertad moral a sus criaturas. Tendría miedo de hacerlo “.[2]

CONCLUSIÓN

El carácter de Dios ha sido difamado por aquellos que enseñan que Dios predeterminó la caída. En su intento por reafirmar la soberanía de Dios, sólo lograron difamar su carácter y convertirlo en una especie de titiritero cósmico. El fatalismo y predestinacianismo propio del calvinismo y otros grupos heréticos es, por tal razón, antibíblico. Peor aún, es de origen pagano. En el calvinismo, dados sus orígenes maniqueos, esto no es de extrañar.

Lo cierto es que fueron los pueblos paganos de la antigüedad (no los judíos, ni mucho menos los cristianos), quienes creían que los dioses predeterminaban el destino de una persona, en particular la duración de su vida. La mitología griega atribuía el control de los destinos del hombre a tres deidades: Cloto (la hilandera), que hilaba la trama de la vida; Láquesis (la que da a cada uno su parte), que determinaba la duración de la vida, y Átropo (la inflexible), que ponía fin a la vida de una persona cuando se cumplía su tiempo. Los romanos también tuvieron una tríada similar.

Según el historiador judío Josefo (siglo I E.C.), fueron los fariseos quienes procuraron conciliar el concepto pagano del destino con su creencia judía en Dios. Este es el mismo error de los calvinistas modernos.[3] Lo cierto es que, antes de Agustín [siglos IV y V E.C.], no hubo en el cristianismo un desarrollo serio de la teoría de la predestinación. De hecho, los “padres de la Iglesia” anteriores a Agustín —entre ellos Justino, Orígenes e Ireneo— “no tuvieron conocimiento alguno del concepto de la predestinación incondicional; enseñaron el principio del libre albedrío”.[4] Al refutar las doctrinas propias del gnosticismo, estos “padres de la Iglesia” por lo general se apoyaron en la creencia de que la facultad del libre albedrío era “la característica distintiva de la personalidad humana, la base de su responsabilidad moral, un don divino que le permitía al hombre optar por hacer las cosas que agradan a Dios”, y hablaron de “la autonomía del hombre ante Dios, cuyo consejo no le constreñía”.[5]

REFERENCIAS:

[1] “Predeterminar” traduce la palabra griega pro·o·rí·zō (de pro, “antes” y ho·rí·zō, “delimitar, demarcar”). (La palabra española “horizonte” se deriva de la griega ho·rí·zōn, que significa “delimitador, demarcador”.) Como ilustración del sentido que tiene el verbo griego ho·rí·zō, véase la declaración que hizo Jesús con respecto a sí mismo: “El Hijo del hombre va según lo que está determinado [ho·ri·smé·non]”; o las palabras de Pablo cuando dijo que Dios “les ha prefijado [delimitado, ho·rí·sas] el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”. (Lucas 22:22; Hechos 17:26). Este mismo verbo también se usa para hacer referencia a la determinación de los hombres, como, por ejemplo, cuando los discípulos “determinaron [hó·ri·san]” enviar una ayuda para socorrer a sus hermanos necesitados (Hechos 11:29) No obstante, las referencias específicas a la acción de predeterminar que aparecen en el Nuevo Testamento solo se aplican a Dios.

[2] A.W. Tozer, The Knowledge of the Holy: The Attributes of God.

[3] La Guerra de los Judíos, libro II, cap. VIII, sec. 14; Antigüedades Judías, libro XVIII, cap. I, sec. 3

[4] Encyclopædia of Religion and Ethics, de Hastings, 1919, vol. 10, pág. 231

[5] The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge, edición de S. Jackson, 1957, vol. 9, págs. 192, 193

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Historia de la Iglesia

Raíces gnóstico-maniqueas del calvinismo

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Juan Calvino (1509-1564) admitió en diversas ocasiones que su teología ya había sido desarrollada por Agustín, por lo que la pregunta es entonces: ¿Cómo llegó Agustín a su visión de doctrinas como la predestinación, que es todo lo contrario de lo que se enseñaba públicamente dentro de la iglesia de los primeros 300 años de historia de la iglesia temprana? Esta pregunta es importante porque el calvinismo afirma ser un movimiento cristiano de gran antigüedad. Pero lo cierto es que las ideas que dieron vida a dicho sistema teológico pueden trazar su origen no en la iglesia primitiva, o en una correcta interpretación de la Biblia, sino en el gnosticismo[1], un movimiento herético enemigo del cristianismo bíblico desde sus orígenes.

Como cualquier historiador serio del cristianismo podrá constatar, Agustín de Hipona, el verdadero padre de calvinismo, fue él mismo un gnóstico maniqueo durante casi una década antes de convertirse al catolicismo. En general, se piensa que Agustín desarrolló su teología sobre la predestinación después de debatir con Pelagio (354-420/440), Sin embargo, estudios recientes sugieren que la doctrina de la Predestinación de Agustín fue desarrollada a partir de los debates de Agustín con los maniqueos, en términos de la inevitabilidad de ordenamiento cósmico divino y del mal personal (soberanía divina, si se quiere).

Pero ¿Quiénes eran los maniqueos? Los maniqueos representaban la rama persa del gnosticismo, y enseñaron tanto el determinismo y la depravación total. Sin embargo, su determinismo se basa en la mitología dualista[2] y también mantuvieron una actitud carnal de placer corporal. Aunque muchos calvinistas preferirían ignorarlo, los escritos de Agustín fueron influenciados por el maniqueísmo[3], que, a la vez, fue influenciado por el gnosticismo.

DOCTRINAS EXTRAÑAS ATACAN LA IGLESIA.

En el segundo siglo de la era cristiana, el verdadero enemigo de la iglesia, era el interno; la herejía. El gnosticismo era una falsa enseñanza que prevalecía. Alrededor del año 180, Ireneo de Lyon, Francia, escribió cinco libros, para salvaguardar a sus creyentes de la herejía gnóstica. Los gnósticos enseñaban que la salvación se basaba en un conocimiento secreto que solo ellos sabían. Se decían cristianos y asechaban a los creyentes de poco conocimiento; usaban un lenguaje “cristiano” adornado de versículos bíblicos, sembrando desconfianza hacia los pastores, diciendo que los mismos les ocultaban la verdad para controlar a sus feligreses y evitar que los creyentes obtuviesen la “gnosis”, una especie de conocimiento secreto reservado para unos pocos elegidos. Hablaban con gran convicción y sinceridad. Pero, aunque sonaba parecido al cristianismo bíblico, sus palabras no tenían el mismo significado[4]. Cuando ya habían atrapado la atención de los incautos, los gnósticos les explicaban una de las versiones del mito gnóstico: El “Padre” de quien hablaban los gnósticos era la deidad eterna, incognoscible, espiritual y suprema. Dicho ser ha emanado de sí mismo seres conocidos como eones. Los eones han asumido diversos nombres como “Cristo”, “Logos”, “Salvador” y “Sofía”. En cierto punto, “Sofía” decidió impropiamente, con orgullo y arrogancia, que ella podría y debería arribar a un conocimiento de lo incognoscible, el Padre excelso. Su orgullo y arrogancia dio como resultado que ella engendrara otro ser llamado “Yaldabaoth”[5], quien fue conocido como “Demiurgo”, o creador. Él heredó las fallas y pecados de su madre: orgullo arrogancia y maldad. Fue este ser, no el Padre supremo, quien creó el mundo físico. Para ellos, el creador, el dios del Antiguo Testamento, el Yahveh de Israel, no era el padre supremo. Él era un ser inferior malvado y arrogante.[6] Cuando explicaban un pasaje profético como el de Isaías 46:9, en el cual Dios anunció su exclusividad diciendo: “Yo soy Dios y no hay otro”, decían que este era el Demiurgo, el cual afirmaba con orgullo su unicidad, ignorando al verdadero Padre.[7] Como consecuencia, el mundo material creado por el Demiurgo tiene características del Creador. Todo lo físico, la tierra y particularmente el cuerpo humano, es visto como malvado, maligno y hasta pútrido.[8]

El gnosticismo crecería con el paso del tiempo y amenazaría la pureza doctrinal del cristianismo. A su vez, el gnosticismo se dividiría en numerosas sectas. Una de ellas, el maniqueísmo (gnosticismo de origen persa), lograría permear los cimientos mismos de la fe cristiana a través de uno de sus viejos adherentes: Agustín de Hipona.

AGUSTÍN, EL MANIQUEO.

Agustín de Hipona (en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis; Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hipona, 28 de agosto de 430), el verdadero padre del calvinismo, fue un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Antes de su conversión al catolicismo, en su búsqueda incansable de respuestas al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente, decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal.

Los años posteriores a su conversión como cristiano estuvieron marcados por su oposición al determinismo Maniqueo. Él mismo, habiendo sido un Maniqueo, y ahora católico, deseó distanciarse de la atribución maniquea del pecado humano al poder de la oscuridad, que supuestamente se apodera de la persona humana, eliminando el albedrío moral y la responsabilidad individual.

Los primeros escritos de Agustín como católico, por contraste, subrayaron el poder del libre albedrío y de la responsabilidad individual por la acción de la propia persona: su tratado más nuevo que proclamó este mensaje –Sobre el Libre Albedrío– sería arrojado a su cara en décadas posteriores por los opositores pelagianos de Agustín, quienes citaron los mismísimos escritos de Agustín para oponerse a su ya madura teoría sobre la predestinación.[9] Así pues, las ideas agustinianas sobre la predestinación, la elección y muchas otras, recicladas más tarde por el calvinismo (y que hoy se nos quieren presentar como “doctrinas de la gracia”) marcaron simplemente un retorno de Agustín a su pasado maniqueo, ya que los maniqueos enseñaron un determinismo basado en un Orden Cósmico, doctrina que formó parte de las enseñanzas fundamentales que recibió Agustín bajo esa orden.

Si bien es cierto luego de su conversión al catolicismo, Agustín se opuso a esas doctrinas e incluso escribió un tratado para defender el libre albedrío y la responsabilidad personal de cada ser; luego, en las controversias con Pelagio (quien exageró el papel del libre albedrío), Agustín retornó a una estancia determinista y desarrolló su propia teoría de la predestinación a partir de la influencia gnóstica recibida por más una década como miembro de los maniqueos.

Al final de su vida, Agustín confirmó la predestinación con tal severidad que sus oponentes lo acusaron de regresar al fatalismo pagano, lo cual no estaba lejos de ser cierto. Más tarde, sus ideas sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores como Tomas de Aquino, Martín Lutero y Juan Calvino.[10] Sin embargo, es innegable que la predestinación absoluta no fue la posición original de Agustín. Su posición inicial fue sinergista como la de sus predecesores.[11]

INFLUENCIA GNÓSTICO-MANIQUEA EN AGUSTÍN.

Entre otras cosas Agustín tomó prestado de los maniqueos su noción dual del mal como “maldad” y como “mortalidad”. Estos fueron considerados el mal, porque ellos son la antítesis del placer tranquilo en el espiritual y en el nivel físico de la existencia. Agustín compartió con los Maniqueos la opinión de que estos aspectos del mal son inevitables, siempre y cuando la vida sea vivida en este mundo. En conjunto, estos enfoques tomados acerca del mal ayudaron a Agustín para formular una explicación alternativa del principio del mal personal.[12]

El marco del orden cósmico en el que Agustín desarrolló su doctrina es un resultado de su respuesta a la opinión maniquea del universo como una mezcla del bien y del mal. En esta respuesta, de nuevo emplea la idea maniquea del bien al firmar que el universo entero es bello a pesar de la presencia del mal. Siempre y cuando el mal sea colocado en su lugar correcto, se preserva la armonía cósmica.[13] Pero ¿Estuvo este tipo de “orden cósmico” en apoyo de, o en contradicción con la teología de los primeros 300 años de historia de la iglesia? El clima teológico en el tiempo de Agustín fomentó el libre albedrío y la responsabilidad. El Determinismo habría ido contra la corriente aceptada por la iglesia primitiva como ortodoxa.

Pero la dependencia agustiniana del maniqueísmo no termina ahí. Los maniqueos negaban el libre albedrío y la responsabilidad humana por los males cometidos, pues no creían que los actos humanos fuesen producto de la libre voluntad. La comunidad maniquea se dividía en dos grupos: (1) Los elegidos, en latín electi, pasaban su tiempo en oración, practicaban el celibato y eran vegetarianos. Tras su muerte, según la teología maniquea, los elegidos alcanzaban el Reino de la Luz; (2) Los oyentes, en latín auditores, debían servir a los elegidos, podían contraer matrimonio (aunque les estaba desaconsejado tener hijos) y practicaban ayuno todas las semanas.[14] A su muerte, esperaban reencarnarse en elegidos. Lo que buscaban los maniqueos, era un retorno al estado original, la separación del Bien y del Mal. Como creían que el mal es indestructible, la única forma de alcanzar el Reino de la Luz es huir de las Tinieblas. El concepto de “elegidos” y “réprobos” fue modificado, pero finalmente incorporado en el agustinianismo y, de ahí a su heredero teológico, el calvinismo.

La explicación maniquea de la causa del mal personal es relativamente sencilla. Uno no puede escapar del mal moral, porque hay un principio del mal metafísico que trabaja detrás del alma. En otras palabras, uno peca involuntariamente. Considerado cosmológicamente, el alma humana es puesta en la difícil situación de constante lucha con el mal, no por su propia voluntad, sino por la determinación de un factor externo. Según el mito maniqueo, este factor es el principio del bien o el Dios que envía el alma buena para ser mezclada con el mal, a fin de bloquear la invasión de un enemigo que avanzaba.[15] Una vez que Agustín empezó a responder a la visión maniquea en relación con el macrocosmos, no pudo evitar el tema del determinismo.

En su propuesta alternativa, un ordenamiento cósmico divino, Agustín tuvo que hacer frente a la cuestión de lo que en última instancia determina el lugar del individuo en el orden universal.

Para Agustín la determinación es hecha por el Dios que ordena el cosmos. Expresado en el lenguaje de la predestinación, esta visión significa que Dios tiene el poder de elegir de la massa damnata[16] los que reciben la salvación y dejar el resto en condenación.[17] Así que la pregunta es: ¿Acaso Agustín tomó la mitología del Determinismo Gnóstico, y lo puso bajo el cercado de la ortodoxia cristiana, simplemente para juguetear con esto, mediante la eliminación del componente dualista mitológico, y hacer que la causa del mal, sea enteramente el producto de un ordenamiento cósmico divino monista? o dicho de otro modo ¿Estableció la soberanía divina de la forma en que la entiende aún hoy el calvinismo? Ese parece ser el caso. ¿Quién de los teólogos de la Iglesia primitiva, antes de Agustín, enseñó la predestinación agustiniana? ¡Ninguno!

DEPRAVACIÓN TOTAL, GNOSTICISMO Y CALVINISMO.

La doctrina de la Depravación Total, también llamada Inhabilidad Total, o corrupción Radical, dice, en su versión calvinista, que “el hombre natural [el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo] nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal“.[18] La Confesión de Fe de Westminster nos habla de esta doctrina, dice “El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza“.[19] En la teología calvinista, además de la imputación del pecado original en nosotros, la caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad e inteligencia están corrompidos por causa de la caída de Adán. Por tal razón, el calvinismo considera que el hombre perdió el libre albedrío en Adán.[20] Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. A causa de la caída el hombre perdió su capacidad de hacer lo bueno, por ello el calvinismo le niega totalmente al hombre una salvación que pueda llegar por medio de las capacidades o decisiones del hombre por sí mismo.

¿Qué piensa el arminianismo al respecto? Los arminianos clásicos reconocemos la naturaleza pecaminosa del hombre caído. El Tercer Artículo de la Remonstrancia, el cual trata sobre la Depravación Total de la Humanidad, afirma “Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que él, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo en Juan 15:5: Separados de mí nada podéis hacer.”

Ahora bien, es importante aclarar a qué nos estamos refiriendo aquí́, porque algunos pueden llegar a la conclusión equivocada de que el pecador es una especie de víctima en las manos de un Dios cruel que le está pidiendo hacer algo que Él sabe de antemano que no puede hacer, tal como ocurre en el hipercalvinismo. Ese no es el caso en el arminianismo. Para el arminiano, la depravación total no significa que todos los hombres sean todo lo malo que pueden llegar a ser, o que todos los seres humanos sean completamente incapaces de hacer alguna cosa relativamente buena. El hombre está totalmente depravado en el sentido de que todas sus facultades han sido profundamente afectadas por el pecado: su intelecto, su voluntad, sus emociones. En la teología arminiana, por su pecado, Adán, en cuanto primer hombre, perdió la santidad y la justicia originales que había recibido de Dios no solamente para él, sino para todos los humanos. Adán y Eva transmitieron a su descendencia la naturaleza humana herida por su primer pecado, privada por tanto de la santidad y la justicia originales. Como consecuencia de la caída, la naturaleza humana quedó debilitada en sus fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, e inclinada al pecado.

Hasta aquí la enseñanza arminiana podría parecer idéntica a la doctrina calvinista; sin embargo, el arminianismo difiere del calvinismo, y de su padre el gnosticismo, en un aspecto fundamental. Por siglos, los teólogos reformados han declarado que la “imagen de Dios” en Génesis 1:26-27 hace referencia a una perfección espiritual que se perdió en la Caída. Por ende, han concluido que el hombre moderno ya no porta la imagen de Dios. El reformador Martín Lutero creía que la “imagen de Dios” era una justicia original que se perdió completamente. Pero él no estaba solo en sus afirmaciones. Frecuentemente Juan Calvino mencionó que el pecado destruyó la imagen de Dios, que la Caída la eliminó, y que la injusticia finalmente la desfiguró. Pero ¿Concuerda la Biblia con tales afirmaciones? No. La Biblia revela que el hombre todavía porta la imagen de Dios después de la Caída. Génesis 9:6 declara: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. Según este pasaje, el hombre caído todavía porta la imagen de Dios. Se había registrado la caída de Adán y Eva anteriormente en el libro de Génesis; se señala claramente el hecho que el hombre había llegado a ser un pecador total en el contexto inmediato del pasaje (“…el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud”—8:21). Aunque la evaluación de Dios en cuanto a la humanidad es correcta, se prohíbe el homicidio porque el hombre es creado a la imagen de Dios, es decir, él todavía porta esa imagen. Si alguien argumenta que este pasaje habla solamente en cuanto al pasado y no dice nada en cuanto al futuro, malinterpreta el significado del pasaje. Al escribir alrededor de 2,500 años después de la Caída, Moisés dijo que el homicidio es incorrecto porque la víctima es alguien creado a la imagen de Dios. Si el hombre no portara la imagen de Dios después de la Caída, estas palabras no hubieran tenido sentido para los israelitas (y no tuvieran sentido para el hombre moderno).

En el Nuevo Testamento se puede leer que Santiago escribió: “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios” (Santiago 3:8-9). La expresión “están hechos” se deriva del griego gegonotas, que es el participio perfecto del verbo ginomai. Se usa el tiempo perfecto en griego para describir una acción que se completó en el pasado, pero cuyos efectos se expresan en el presente. Por ejemplo, cuando la Biblia dice, “Escrito está”, usualmente esta expresión está en el tiempo perfecto. Se escribió la Escritura en el pasado, pero se aplica en el presente. La idea central de la expresión griega traducida “que están hechos a la semejanza de Dios”, es que los seres humanos en el pasado han sido creados según la semejanza de Dios y que todavía son portadores de esa semejanza. Por esta razón es inconsistente bendecir a Dios y maldecir a los hombres con la misma lengua. Esto nos lleva a concluir que, aunque el pecado es destructivo para el hombre y repulsivo para Dios, la Biblia no enseña que la entrada del pecado al mundo destruyó la “imagen de Dios” en el hombre. En cambio, el hombre moderno todavía está hecho a la imagen de Dios. Debería causarnos sobrecogimiento y humildad el hecho que todos los hombres posean características inherentes que le asemejen a Dios y le diferencien de la creación inferior. Pero al parecer, esto le ofende al calvinista, heredero moderno del viejo gnosticismo, que ve solo el mal, y únicamente el mal, en la naturaleza humana.

GNOSTICISMO, CALVINISMO Y ELECCIÓN.

Pero el calvinismo no solo parece haber heredado del gnosticismo su creencia extrema en la depravación del hombre. Siguiendo con el mito gnóstico, dicha secta afirma que hubo un intento de los seres espirituales buenos de corregir la perversión de la creación del mundo físico. Pero Yaldabaoth capturó algunos elementos espirituales, celestiales y los mantuvo cautivos dentro de algunos cuerpos físicos malos. Estos elementos espirituales fueron llamados de “semillas de luz”, “la persona interior”, o más comúnmente, los “espíritus”. En resumen, según ellos, algunos tienen cuerpos corruptos que hospedan el único elemento de valor eterno, el espíritu. En el gnosticismo hay dos clases de humanos: los que tienen la semilla o espíritu (los elegidos) y los que no. Los humanos elegidos son buenos, pero los otros humanos son innecesarios o réprobos.[21] ¿Suena esto parecido a la doctrina de la elección incondicional?

CONCLUSIÓN.

En muchos aspectos, los gnósticos eran muy similares a los calvinistas modernos, los cuales se infiltran en nuestras iglesias y seminarios para sembrar su cizaña y robar feligreses para sus iglesias “reformadas”. Esto no solo es sectario, sino carente de toda ética y moral cristiana. A muchos calvinistas se les ha animado incluso a “plantar tulipanes (símbolo de la doctrina calvinista) en iglesias arminianas” Sin embargo, tal proceder no debería extrañarnos, pues su desprecio por los arminianos es bien conocido en el mundo evangélico. John Piper[22], reconocido pastor y teólogo calvinista, afirmó en cierta ocasión:

“¿Puede un arminiano predicar el evangelio en su plenitud?… ¿Puede un arminiano predicar el evangelio sin defectos teológicos implícitos o explícitos?… ¿Puede un arminiano predicar el evangelio sin tendencias que lleven a la Iglesia en direcciones dañinas?… ¿Puede un arminiano predicar el evangelio de la forma que exalta más a Cristo? Y mi respuesta a todas esas preguntas sería: No, no puede.”[23]

Sin duda, el concepto agustiniano (y calvinista) acerca de la depravación humana, la doctrina de la elección incondicional y la doble predestinación fueron originadas en el mito gnóstico y fueron combatidas por Ireneo y otros obispos y pastores de la iglesia en los primeros siglos. Ireneo también enseñó que los gnósticos, antes que explicasen su sistema, sonaban muy “ortodoxos y bíblicos”. Él siempre se refería a la advertencia de Jesús sobre los falsos apóstoles. Enseñó que ellos eran “lobos con piel de oveja”. Él escribió: “Tales hombres exteriormente parecen ovejas; porque ellos parecen ser como nosotros por lo que dicen en público, repitiendo las mismas palabras como lo hacemos nosotros; pero interiormente son lobos”.[24]

Al igual que los gnósticos, los calvinistas se autoproclaman “creyentes bíblicos” y sus iglesias, “iglesias bíblicas”. Para aquel que no conoce la verdadera doctrina bíblica tales afirmaciones suenan auténticas. Sin embargo, como podemos constatar, la semejanza doctrinal entre el calvinismo y el gnosticismo es patente. El ADN espiritual del calvinismo, lo delata como lo que es: Un hijo legítimo del gnosticismo. ¡Que Dios guarde a los creyentes de hoy de tal levadura!

REFERENCIAS:

[1] El gnosticismo es una doctrina religiosa esotérica y herética que se desarrolló durante los primeros siglos del cristianismo y que prometía a sus seguidores conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas que les conduciría a la salvación.

[2] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 128, 209.

[3] Maniqueísmo es el nombre que recibe la religión universalista fundada por el sabio persa Mani (o Manes) (c. 215-276), quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad. El fenómeno maniqueo es esencialmente gnóstico y dualista. Los maniqueos, a semejanza de los gnósticos, mandeos y mazdeístas, eran dualistas: creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal, que eran asociados a la Luz (Zurván) y las Tinieblas (Ahrimán) y, por tanto, consideraban que el espíritu del hombre es de Dios, pero el cuerpo del hombre es del demonio. Los maniqueos aspiraban a reencarnarse como «elegidos», los cuales ya no necesitarían reencarnarse más. En la práctica, el maniqueísmo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad, sino del dominio del mal sobre nuestra vida. Se divulgó desde la Antigüedad tardía por el Imperio romano e Imperio sasánida, y en la Edad Media, por el mundo islámico, Asia Central y China, donde perduraría, al menos, hasta el siglo XVII.

[4] Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 34-35.

[5] Yaldabaoth, el Demiurgo es una deidad asociada al platonismo y al gnosticismo. Según algunos credos de raigambre platónica, al principio la materia no existía y todo era el espíritu. Sin embargo, Yaldabaoth, un dios soberbio y celoso, intentó estructurarlo todo recreando al espíritu en un mundo material y confinándolo todo en dicho plano. Pero sólo logró fabricar un mundo imperfecto, una burda imitación del espíritu original. Su forma de ser presuntuosa le impidió admitir su error. Yaldabaoth, presuntuoso y estúpido, odia a los hombres porque, a diferencia de él, tienen alma, cosa de la que él carece y que desearía obtener por cualquier medio, aunque le resulta imposible. Por ello, maltrata, castiga y reprime a los mortales para vengarse de ellos.

[6] Runciman, Steven (1982 [1947, primera edición]). The Medieval Manichee: a study of the Christian dualist heresy.

[7] Puech, Henri-Charles (2006). Sobre el maniqueísmo y otros ensayos. Traductor: Marís Cucurella Miquel. Madrid: Editorial Siruela.

[8] Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 35-36.

[9] Valeria Finucci and Kevin Brownlee, Generation and Degeneration: Tropes of Reproduction in Literature and History from Antiquity Through Early Modern Europe Medieval and early modern studies”. Duke University Press, 2001. Páginas 19-20.

[10] Jeffrey Burton Russell, The Prince of Darkness: Radical Evil and the Power of Good in History. Página 99.

[11] Harry Buis, Historic Protestantism and Predestination. Página 9.

[12] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 205.

[13] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 206.

[14] Bermejo Rubio, Fernando (2008). El maniqueísmo: Estudio introductorio. Madrid: Editorial Trotta. Pp. 316.

[15] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 208-209.

[16] Frase medieval que resume la idea de que, porque nosotros frecuentemente caemos al ejercitar nuestras responsabilidades morales, entonces por eso la mayoría de nosotros iremos al Infierno.

[17] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 210.

[18] Palmer, Edwin H. Doctrinas Claves. El Estandarte de la verdad. Edinburgh, 1976. Pág. 18.

[19] Ramírez, Alonzo (traductor). Confesión de Fe de Westminster. Ed. CLIE. Lima, 1999. Cap. IX, Sec. III. Pág. 91.

[20] García, Ricardo M. (2003). El concepto de libre albedrío en San Agustín. Bahía Blanca (Argentina): EdiUNS. Capítulo 3: Maniqueísmo. Pp. 161.

[21] Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 35-36.

[22] John Piper es un reconocido teólogo calvinista, fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros y se opone abiertamente a la teología arminiana.

[23] Artículo de internet publicado el 16 de diciembre de 2015 en Coalición por el Evangelio: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/predican-los-arminianos-un-evangelio-suficiente/ Consultado el 21-06-2019.

[24] Ireneo, citado en Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 36.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Historia de la Iglesia

Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los Cinco Artículos de la Remonstrancia, conocidos también como los Cinco Artículos del Arminianismo, constituyen la parte final de un amplio documento elaborado en 1610 por los seguidores de Jacobo Arminio (1560-1609), padre del sistema teológico conocido como Arminianismo. El término “Remonstrancia” significa literalmente “una expresión de oposición o protesta”, que en este caso fue una queja contra la doctrina calvinista de la predestinación que figura en la confesión belga. En consecuencia, a los seguidores de Arminio que redactaron esta protesta se les dio el nombre de “Remonstrantes”.

El documento de protesta que contiene los 5 Puntos de la Remonstrancia nace, pues, en el seno de las disputas entre gomaristas[1] y arminianos. Por invitación de Oldenbarnevelt, gran pensionario de Holanda y simpatizante con los objetantes, cuarenta y un predicadores y dos miembros de la universidad de Leiden (o Leyden) se reunieron para expresar por escrito su opinión sobre las doctrinas en disputa. La pieza fue escrita por Uytenbogaert el 14 de enero de 1610 en La Haya durante la celebración de los Estados Generales de Holanda y Frisia, y, con modificaciones menores, aprobada, firmada y presentada a Oldenbarnevelt por Uytenbogaert y los 43 delegados arminianos en julio. Se dirigían a los Estados de Holanda instando a la convocatoria de un sínodo para la revisión y examen de la Confesión de los Países Bajos y el Catecismo de Heidelberg, a los que no reconocían como cánones de fe permanentes e inmutables (ya que, según las convicciones arminianas, sólo la Palabra de Dios, expresada en las Sagradas Escrituras tienen tal autoridad). Los cinco artículos son una declaración sintetizada de la doctrina de Jacobo Arminio que se insertaron al final de un alegato en favor de la tolerancia.

Durante la generación posterior a la muerte de Arminio, la causa de los remonstrantes estuvo estrechamente vinculada a la tolerancia. Para ellos, la libertad se convirtió en un principio esencial, sobre todo porque defendían la libertad espiritual del hombre frente la doctrina de la doble predestinación. Pero, además, tenían que justificar su propio derecho a disentir. Los remonstrantes sostenían que el Estado debería regir a la Iglesia, aunque sólo en los asuntos externos; con este principio, en cierta medida cercano a las teorías erastianistas[2], se pretendía proteger la libertad de la Iglesia frente al gobierno teocrático de sus ministros. Según Episcopio, la Iglesia no podía ejercer otro poder correctivo que el de la disciplina espiritual, porque dicho poder era potestad inalienable del Estado. Sin embargo, como el Estado sólo regía los asuntos externos y temporales de la Iglesia, no tenía derecho a entrometerse en lo espiritual ni a violentar las conciencias, con lo que la libertad de los cristianos quedaba preservada. La asociación voluntaria era un derecho y posibilitaba que existieran otras Iglesias diferentes de la estatal.

Los calvinistas presentaron a los Estados de Holanda una contra-protesta en la que condenaban vehementemente el punto de vista de los remonstrantes. Propiciada por su encono teológico, la polémica desembocó en una lucha entre la oligarquía mercantil de la próspera Holanda y los intereses dinásticos de la casa Orange-Nassau. La mayoría de los Estados de Holanda se negaban persistentemente a convocar a una asamblea nacional, defendida por los Contrarremonstrantes. Como la última conferencia fue favorable a los arminianos, los gomaristas la hicieron anular por el príncipe Mauricio de Nassau y los Estados Generales. El 30 de mayo de 1618 se convocó un sínodo nacional por los Estados Generales en Dordrecht donde se condenaron los cinco artículos de protesta. El régimen de Holanda fue derrocado por los calvinistas y se ejecutó al gran pensionario. Los cinco artículos sirvieron de base para el desarrollo teológico posterior de las ideas arminianas vertidas en una confessio escrita por Episcopius, su gran teólogo, en 1621 y el Catecismo de Jan Uytenbogaert.[3]

EL INFAME SÍNODO DE DORT, EXPRESIÓN DE LA INTOLERANCIA Y ESPÍRITU SANGUINARIO DEL CALVINISMO.

El Sínodo de Dort es considerado el mayor y, junto a la Asamblea de Westminster, el más determinante de todos los sínodos de la Iglesia Reformada. Fue convocado por los Estados Generales de los Países Bajos a instancias de los calvinistas para intentar resolver las disputas entre éstos y los Remonstrantes o seguidores de Jacobo Arminio. Dicho Sínodo se reunió en la ciudad de Dort (Dordrecht, en una isla sobre el Meuse) el 13 de noviembre de 1618 y fue disuelto el 9 de mayo de 1619. Las iglesias holandesas de las provincias enviaron treinta y ocho clérigos y varios ancianos; los Estados Generales estuvieron representados por seis diputados y las academias por cinco. Otros países fueron invitados a participar, estando presentes veintiséis delegados del Palatinado, Nassau, Frisia oriental, Inglaterra y Escocia. Anhalt no fue invitada, Brandeburgo declinó estar representada y a cuatro delegados escogidos por el sínodo nacional de Francia se les prohibió salir del país por Luis XIII. Los remonstrantes habían escogido dieciséis clérigos, representándolos el profesor Simon Episcopius de Leiden. Al llegar tarde a las sesiones, las primeras se dedicaron a la discusión de una nueva traducción de la Biblia, acordándose que tres miembros se hicieran cargo del Antiguo Testamento y otros tres del Nuevo; entonces se declaró que el Catecismo de Heidelberg fuera expuesto en todas las iglesias.

No fue hasta el 6 de diciembre en la vigésimo segunda sesión que se llegó al punto principal del sínodo. A los remonstrantes se les dijo que podían expresar sus opiniones y que el sínodo dictaría la resolución. Ellos protestaron ante este procedimiento. Episcopius en un elocuente discurso dijo que ellos venían de su propio acuerdo y que no serían acusados de heterodoxia; aunque estaban dispuestos a discutir los dogmas en cuestión no se someterían a ningún poder humano o creencia, sino solo a la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Su estatus en el sínodo fue discutido durante muchos días, pero finalmente los delegados de los Estados Generales decidieron que no tenían nada que hacer sino defender sus creencias; el sínodo decidiría al final. Los remonstrantes presentaron sucesivamente declaraciones escritas en defensa de cada uno de los Cinco Artículos. Se les pidió que pusieran por escrito sus objeciones a la Confesión y aunque al principio se negaron luego lo hicieron. Los miembros del sínodo y de los Estados Generales les hablaron en ocasiones muy bruscamente. Las cosas empeoraron cuando surgió la cuestión de si los remonstrantes podían hablar contra las convicciones de sus oponentes. Entonces unánimemente rechazaron continuar si no les era permitido hacerlo, por lo que se decidió someter el asunto a los Estados Generales; mientras tanto los remonstrantes debían permanecer en Dort. Así acabó el año 1618. El 3 de enero de 1619 los remonstrantes fueron informados de la decisión que sostenía la mayoría del sínodo, declarando que no podían aceptarla. Se decidió proceder contra ellos. A su vez ellos intentaron una reconciliación ofreciendo una respuesta a la cuestión que les fue sometida por escrito, pero el presidente rechazó la propuesta. El 18 de enero (quincuagésimo séptima sesión) se les preguntó si se someterían y decididamente respondieron con un no. El resultado neto de seis semanas de discusión fue que los remonstrantes fueron expulsados, a la vez que se les mandaba no abandonar Dort.

El sínodo estaba ahora dividido en grupos que se reunían por la mañana para formular sus opiniones sobre las doctrinas de los remonstrantes y se juntaban por la tarde para la discusión. En la sesión ciento veinticinco se votó que los Cinco Artículos de los Remonstrantes eran contrarios a la doctrina de la Iglesia Reformada y que sus objeciones a la Confesión y al Catecismo no estaban apoyadas por la Escritura. Se designó un comité para expresar la decisión final en forma de artículos, que fueron adoptados y firmados por todos en la sesión ciento treinta y seis (23 de abril). La doctrina de la predestinación absoluta se mantuvo; se decidió destituir a los remonstrantes de sus posiciones, debiendo los sínodos provinciales, clases y presbiterios ejecutar la sentencia. La Confesión y el Catecismo fueron considerados en presencia de los delegados extranjeros y declarados en acuerdo con las Sagradas Escrituras.

El 6 de mayo los miembros del sínodo marcharon a la catedral de Dort, donde se pronunció una alocución en latín y los secretarios leyeron los artículos contra los remonstrantes. Tres días después se reunieron para despedir a los delegados extranjeros en un banquete al que asistieron las autoridades de Dort. Los delegados holandeses se reunieron de nuevo desde el 13 al 29 de mayo para considerar ciertos asuntos eclesiásticos. El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, llamamiento eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco Puntos del Calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. El calvinismo había mostrado una vez más su verdadero rostro: intolerancia y espíritu asesino. Desde entonces, y a través de los siglos, la decisión del Sínodo de Dort ha sido base de la Iglesia Reformada de Holanda y los Cánones Dordracenses le dieron su peculiar carácter. Sin embargo, en lo que concierne a la predestinación, difieren tanto de las Instituciones de Calvino como de la Confesión Helvética y el Consenso de Ginebra.[4]

EL CALVINISMO PERSEGUIDOR Y EL SUFRIMIENTO DE LOS ARMINIANOS TRAS EL SÍNODO DE DORT.

Por los decretos del sínodo de Dort los servicios eclesiásticos de los remonstrantes quedaron prohibidos. Episcopius, con los otros remonstrantes fue citado ante el sínodo y destituido, con más de 200 predicadores. Los que no estuvieron dispuestos a renunciar a toda actividad como predicadores fueron desterrados. Se unieron en 1619 en Amberes, donde se puso la base para una nueva comunidad eclesiástica, bajo el nombre de Fraternidad Reformada Remonstrante. Uytenbogaert y Episcopius, que habían hallado refugio en Rouen, y Grevinchoven, antiguo predicador de Rotterdam, asumieron el liderazgo de la fraternidad mientras que tres predicadores exiliados regresaron secretamente a su país para cuidar de la congregación que había quedado; pues a pesar del decreto desfavorable quedaba todavía un considerable número que no atenderían a la doctrina de la predestinación absoluta, no faltando predicadores destituidos que quisieran servirles. En 1621 Episcopius elaboró una Confessio sive declaratio sententiæ pastorum qui remonstrantes vocantur, que halló gran circulación en su traducción holandesa. Debido a la falta de predicadores se originó en Warmond un movimiento en favor del sermón laico, cuyos adherentes se afincaron posteriormente en Rynsburg y fundaron la Sociedad de Colegiantes. A invitación de Suecia y Dinamarca algunos predicadores fueron a Glückstadt, Danzig y otros lugares, fundando congregaciones, que, sin embargo, eran sólo de corta duración, salvo la de Friedrichstadt, bajo el favor y protección del duque Federico de Holstein. Las congregaciones en Holanda que se habían separado de la Iglesia reformada fueron hostigadas y perseguidas. A los predicadores se les castigó con prisión de por vida en el castillo de Loevestein. Fue sólo tras la muerte del príncipe Mauricio (1625) que amaneció un mejor tiempo para los remonstrantes. El príncipe Federico Enrique era de un espíritu más moderado, por lo que Episcopius y Uytenbogaert pudieron regresar del exilio. Todos los cautivos, siete en número, huyeron en 1631 del castillo de Loevestein, sin hacerse ningún intento serio de captura. Se construyeron iglesias y las congregaciones recibieron a sus propios predicadores. De esta manera la fraternidad quedó establecida como la Iglesia Comunidad Reformada Remonstrante.

Los remonstrantes fueron tolerados, pero no oficialmente reconocidos hasta 1795. No se les permitió construir sus iglesias en la calle y tuvieron que ayudar a sus predicadores mediante ofrendas voluntarias. Al principio había sólo 40 congregaciones, principalmente en Holanda meridional; en Holanda septentrional había sólo cuatro y otras tantas en Utrecht; otras estaban en Gelderland, Overyssel y Frisia. Los delegados de sus congregaciones se reunían cada año alternativamente en Rotterdam y Ámsterdam. En una de las primeras reuniones se estableció un orden eclesiástico. Uytenbogaert escribió un Onderwysinge in de christelycke religie en concordancia estricta con la confesión. En Ámsterdam se fundó un seminario teológico, con Episcopius como director, dando en 1634 sus primeras clases. Esta institución educó a muchos predicadores distinguidos. Gerard Brandt y sus hijos Caspar, Johannes y Gerard el Joven formaron parte de los mejores predicadores del país en el siglo XVII.

Cuando la Iglesia y el Estado se separaron, tras la revolución de 1795, la fraternidad de los remonstrantes fue reconocida como Iglesia independiente, haciendo ellos un intento de unirse a todos los protestantes. En septiembre de 1796 la convención de la Fraternidad envió una carta a los clérigos de todas las Iglesias protestantes en la que se discutía el plan plenamente. Pero la Iglesia reformada, fiel defensora del calvinismo, rechazó la cooperación. El principal punto de los remonstrantes era confesar y predicar el evangelio de Cristo en libertad y tolerancia. Sus comunidades sufrieron considerablemente durante el dominio francés, pero tras la restitución de las antiguas condiciones su causa comenzó a florecer. Muchas congregaciones rurales desaparecieron en el siglo XIX, pero nuevas congregaciones surgieron en ciudades como Arnheim, Groningen y la mismísima Dort, donde los adherentes de la moderna tendencia en la Iglesia reformada holandesa se unieron a la Fraternidad bajo la presión del confesionalismo.

LOS 5 PUNTOS DE LA REMONSTRANCIA.

Pero ¿Cuáles fueron las doctrinas arminianas a las cuales se opusieran salvajemente los calvinistas? Las proposiciones teológicas promovidas por los seguidores de Jacobo Arminio y plasmadas en “Los Cinco Artículos de la Remonstrancia” o “Protesta del 1610” fueron:

ARTÍCULO 1: ACERCA DE LA ELECCIÓN

“Que Dios, por un propósito eterno e inmutable en Jesucristo, su Hijo, antes de la fundación del mundo, ha determinado, de la raza caída, pecaminosa de los hombres, salvar en Cristo, por causa de Cristo, y a través de Cristo, aquellos que por la gracia del Santo Espíritu creerán en este su Hijo Jesús, y perseverarán en esta fe y obediencia de fe, por esta gracia hasta el fin; y, por otra parte, dejar a los incorregibles e incrédulos en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como alienados de Cristo, según la palabra del Evangelio en Juan iii. 36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna, y el que no cree al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece en él”, y según otros pasajes de la Escritura.”

ARTÍCULO 2: ACERCA DE LA EXPIACIÓN

Que, de acuerdo con esto, Jesucristo, el Salvador del mundo, murió por todos los hombres y por cada hombre, de modo que ha obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, la redención y el perdón de los pecados; aun así, nadie realmente disfruta de este perdón de pecados, excepto el creyente, según la palabra del Evangelio de Juan 3:16: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”; y en la Primera Epístola de Juan 2:2: “Y él es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los pecados del mundo entero”.

 ARTÍCULO 3: LA DEPRAVACIÓN TOTAL DE LA HUMANIDAD

“Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que él, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo, Juan 15:5: Separados de mí nada podéis hacer.”

ARTÍCULO 4: ACERCA DE LA GRACIA

“Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Hechos 7 y en otros muchos lugares.”

ARTÍCULO 5: SEGURIDAD EN CRISTO Y EL ESPÍRITU

“Que aquellos que están incorporados en Cristo por una fe verdadera, y de esta manera se han hecho partícipes de su Espíritu vivificante, tienen por lo tanto pleno poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo y su propia carne, y para ganar la victoria, siendo bien entendido que esto es siempre a través de la gracia asistente del Espíritu Santo; y que Jesucristo les asiste por medio de su Espíritu en todas las tentaciones, extendiendo a estos su mano, y si sólo están listos para el conflicto y desean su ayuda, y no están inactivos, les impide caer, de modo que ellos por ninguna artimaña o poder de Satanás, pueden ser engañados, ni arrancados de las manos de Cristo, según la palabra de Cristo, Juan 10:28: “Nadie los arrebatará de mi mano”. Pero si son capaces, por negligencia, de abandonar de nuevo los primeros comienzos de su vida en Cristo, regresando nuevamente a este mundo malvado presente, de apartarse de la santa doctrina que les fue dada, de perder una buena conciencia, siendo desprovistos de gracia, eso debe ser determinado más particularmente de las Sagradas Escrituras antes de que puedan enseñar esto con la plena persuasión de sus mentes.”

CONCLUSIÓN.

A pesar de la terrible oposición experimentada en siglos pasados, y de los intentos modernos por desvirtuar la fe arminiana, el arminianismo avanza en el mundo de forma imparable. De hecho, el arminianismo es la fe dominante en muchas naciones donde el evangelicalismo (principalmente pentecostal) se ha extendido. Entre las principales denominaciones arminianas se destacan las diferentes Iglesias metodistas (Iglesia Metodista Episcopal, Iglesia Metodista Unida, Iglesia Metodista Libre), la Iglesia del Nazareno, el Ejército de Salvación (The Salvation Army), la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Wesleyana, la Iglesia de Dios, las Asambleas de Dios, la mayoría de las Iglesias pentecostales, la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, las Iglesias de Cristo y otras del movimiento restauracionista (menonitas en su mayoría).​[5]

Pero los arminianos no son los únicos en rechazar los extremos peligrosos de la herejía calvinista. Muchos anglicanos (como el famoso C.S. Lewis[6]​), así como la Iglesia Copta​ y la Iglesia Ortodoxa, creen en la libertad de la voluntad humana; así como que toda persona tiene la posibilidad de recibir la salvación. Creen además que, una vez recibida, también pueden perderla a causa del pecado persistente y la apostasía. Cabe mencionar, igualmente, que cuando en el arminianismo se habla de perder la salvación, no es porque Dios la arrebata nuevamente después de haberla otorgado en Jesús, sino que es el mismo hombre quien la desecha una vez que rompe su comunión con Dios a través del pecado.

REFERENCIAS:

[1] Seguidores de Franciscus Gomarus (Brujas, 30 de enero de 1563 – Groninga 11 de enero de 1641), teólogo y orientalista holandés, de estricto calvinismo, que se opuso a Jacobo Arminio, cuya condena consiguió en el Sínodo de Dort (1618–1619). Sus seguidores eran denominados gomaristas y sus doctrinas gomarismo; también han sido calificadas como escolástica protestante. A sus habilidades intelectuales sumaba grandes dotes de polemista y fuertes convicciones que defendía con entusiasmo. Era un declarado anticatólico, enemigo del arminianismo, antisemita y partidario de toda clase de restricciones en contra de los judíos.

[2] Se conoce con el nombre de erastianismo al sistema protestante que afirma la superioridad del Estado sobre la Iglesia, defendido por el teólogo suizo Thomas Lieber, llamado «Erasto» o «Erastus», en el siglo XVI. Erasto, profesor de medicina en la Universidad de Heidelberg, fue seguidor de Ulrico Zuinglio y opositor a Calvino durante el patronazgo a los protestantes de Federico III del Palatinado. Contrariamente a lo afirmado por el calvinismo, Erasto sostenía que el Estado tenía potestad sobre el orden religioso excepto en el caso de excomunión, en su obra Explicatio gravissimae quaestionis utrum excommunicatio, quatenus religionem intelligentes et amplexantes, a sacramentorum usu, propter admissum facinus arcet, mandato nitatur divino, an excogitata sit ab hominibus, llamado comúnmente «Sesenta y cinco Tesis», compuesta en 1568 pero publicada póstumamente en Inglaterra en 1589. Las ideas del erastianismo, que heredaban parte del pensamiento de Marsilio de Padua, fueron asimiladas parcialmente en la Confesión de Fe de Westminster e influenciaron profundamente a Thomas Hobbes, que las reformula en su obra Leviathan y a Richard Hooker en su Of the Lawes of Ecclesiastical Politie.

[3] Kamen, Henry. Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna. Alianza Editorial. Madrid 1987, pp. 135-13

[4] Encyclopædia Britannica de 1911 sobre Dort, Synod of.

[5] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[6] Clive Staples Lewis, popularmente conocido como C. S. Lewis, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, novelista, académico, locutor de radio y ensayista británico, reconocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica, y también por sus ensayos apologéticos (mayormente en forma de libro) como Mero Cristianismo, Milagros y El problema del dolor, entre otros. Lewis fue un amigo cercano de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Ambos autores fueron prominentes figuras de la facultad de inglés de la Universidad de Oxford y miembros activos del grupo literario informal de Oxford conocido como los “Inklings”. De acuerdo a sus memorias denominadas Sorprendido por la alegría, Lewis fue bautizado en la Iglesia de Irlanda cuando nació, pero durante su adolescencia se alejó de su fe. Debido a la influencia de Tolkien y otros amigos, cuando tenía cerca de 30 años, Lewis se reconvirtió al cristianismo. Su conversión tuvo un profundo efecto en sus obras, y sus transmisiones radiofónicas en tiempo de guerra sobre temas relacionados con el cristianismo fueron ampliamente aclamadas.