Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación Ilimitada en las Epístolas Generales

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Sin embargo, la obra de Cristo en la cruz es eficaz, válida y beneficiosa solamente para los que creen (1 Timoteo 4:10; Juan 3:16). Para decirlo de otro modo, Cristo murió una muerte sustitutiva e hizo un pago por los pecados que fue suficiente para todos los hombres, pero que es eficaz solo para los que creen en Él. Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara en las epístolas generales.

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LA CARTA A LOS HEBREOS.

El autor de Hebreos escribe: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” (Hebreos 2:9). El alcance universal de la expiación se sobreentiende al afirmar que Cristo gustó “la muerte de todos.” El contexto anterior de Hebreos 2 es universal, ya que los versículos anteriores citan el Salmo 8 y hablan de la preocupación de Dios por la humanidad (“¿Qué es el hombre [” seres humanos “NRSV], que lo recuerdes?” 2:6). El pensamiento inicial en Hebreos 2: 6 es “lo que es el hombre”, no lo que son los elegidos.”[1] De hecho, hasta el v. 9, el autor se centra exclusivamente en la humanidad y en que Dios coloca a toda la tierra bajo su dominio. En el v. 9, el autor vuelve a hablar de Jesús en particular. El autor continúa describiendo a Cristo como coronado de gloria por Dios, y prometió tener todas las cosas sometidas a él a su regreso. Por lo tanto, en el v. 9, no hay razón para interpretar la muerte de Cristo para todos como algo más que eso. El contexto anterior sugiere una lectura universal. Los versículos posteriores que hablan de “traer a muchos hijos a la gloria” (v. 10) se refieren a la aplicación de su muerte expiatoria (a través de la fe) y en ningún sentido limitan el alcance universal antes mencionado de la expiación provisional.

El hecho de que el escritor haya tratado con la universalidad de la sujeción en el versículo 8 apoya la universalidad de la provisión de la redención en el versículo 9. A esto se añade el cambio de lo general a lo particular en el pasaje. Cristo gustó la muerto por cada hombre (v. 9), pero el traer a muchos hijos a la gloria (v. 10) solo se relaciona con aquellos santificados o apartados por medio de la fe (v. 11). Por lo tanto, los “hermanos” y “los que están santificados” constituyen un grupo de aquellos para quienes probó la muerte.[2]

Además, el autor de Hebreos da serias advertencias a su audiencia si descuidan la salvación de Dios (2:3), si endurecen sus corazones (3:7-8), si se apartan de Dios (3:12), si fracasan Debido a la incredulidad (4:6). Incluso a aquellos que han participado del Espíritu Santo se les advierte que pueden caer por apostasía (6:4-6) y los que continúan en el pecado ya no tienen un sacrificio por sus pecados (10:26). Por lo tanto, el amplio contexto de Hebreos es plausiblemente visto como dirigido a los creyentes y potenciales apóstatas (1 Timoteo 4:1). La extensión de la expiación en Hebreos 2:9 es, por lo tanto, universal.

EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PEDRO.

En las cartas de Pedro, podemos ver cómo incluso aquellos que rechazan la gracia de Dios todavía son “comprados” a través de la expiación de Cristo. 2 Pedro 2: 1 dice: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.“. Obsérvese primero que hay una clara negación del Maestro (Cristo) aquí (Compárese con Judas 1:4). Pedro está enseñando aquí que Cristo compró incluso a los falsos maestros a través de su muerte. Este lenguaje de “comprar” es bastante común en el Nuevo Testamento al hablar de la expiación de Cristo. El mismo lenguaje puede observarse en 1 Corintios 6:20 y 7:23, donde Pablo dice que los cristianos fueron “comprados por precio”. El paralelo con Judas 4 y la referencia a ser “comprado” apunta claramente a Cristo. La mayoría de los intérpretes favorecen claramente que “comprado” se refiere a un sentido soteriológico en lugar de cualquier tipo de simple liberación o beneficio temporal. Una de las razones principales es que la palabra para la redención que se usa aquí, agorazo, la cual nunca se encuentra en el Nuevo Testamento en asociación con Cristo en un sentido no valioso.[3] Cada aparición en el Nuevo Testamento de esta palabra, cuando se usa en el contexto de la muerte de Cristo, tiene un significado soteriológico.

Por lo tanto, Pedro enseña que la expiación no se limita en ningún sentido al mero cuerpo elegido, ya que hay un claro ejemplo de personas que niegan a Dios, luego son destruidas y, sin embargo, son compradas por Él. El precio de compra o la redención fue pagada por el Señor, incluso para los falsos profetas y maestros, a pesar de que, obviamente, nunca lo aceptan.[4] 2 Pedro 2: 1 parece indicar claramente que las personas por las que murió Cristo pueden perderse.[5]

CONCLUSIÓN.

En contraposición al calvinismo, los arminianos sostenemos que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él. El don de Dios ha sido comprado, ofrecido y presentado a todos (1 Juan 5:11), pero tiene que ser recibido personalmente por fe (1 Juan 5:12; Juan 1:12).

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 450.

[2] Robert Lightner, The Death Christ Died, 71-72.

[3] John Hammett, Perspectives on the Extent of the Atonement, 156.

[4] Robert Lightner, The Death Christ Died, 75.

[5] Millard Erickson, Christian Theology, 758.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación Ilimitada en los escritos de Juan

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

La doctrina cristiana de la expiación de Jesucristo es sin duda una cuestión primordial en el plan de salvación. La doctrina cristiana de la expiación afirma que Cristo es la satisfacción y reparación del pecado de la humanidad ante Dios. Cristo hace posible la reconciliación entre el hombre y Dios gracias a su muerte sustitutiva, a través de la cual cargó con nuestros pecados y el castigo debido por los mismos (1 Pedro 2:24; Hebreos 9:28). Algunos cristianos sugieren erróneamente que Cristo simplemente llevó el castigo del hombre y no sus pecados reales. Sin embargo, tal afirmación resulta bíblicamente insostenible. La Biblia afirma claramente que Cristo cargó con los pecados de las personas (Isaías 53: 6, 11, 12), y él cargó con su sufrimiento y castigo; lo cual es visto poderosamente en Isaías 53, donde él experimenta sufrimiento por las transgresiones de su pueblo y Dios carga en él el pecado de todos nosotros. Jesús llevó tanto el castigo como los pecados de todos cuando se convirtió en pecado por causa nuestra (2 Corintios 5:21).

 

EXTENSIÓN DE LA EXPIACIÓN.

Aunque existen diversas teorías en el mundo evangélico sobre la naturaleza de la expiación, basta con decir que la mayoría de los cristianos evangélicos están de acuerdo en que la expiación explica cómo Dios perdona a los pecadores y restaura a los individuos a su relación apropiada con Él a través de la fe. Es por gracia que Dios cancela la deuda pecaminosa en la Cruz a través de Cristo. Dios exuda su amor supremo y su justicia completa hacia la humanidad rebelde al derrotar a la muerte, a Satanás y al pecado en el Calvario.

La extensión de la expiación, sin embargo, es un área que es fuertemente debatida entre los calvinistas y los arminianos. Esto se debe a que muchos calvinistas sostienen lo que se llama expiación limitada (a veces llamada “redención particular”) y dicen que la expiación no solo se aplica, sino que también se pretende, se proporciona, se hace y se extiende a los elegidos, pero no al mundo entero. En otras palabras, Cristo no cargó con los pecados y el castigo de todos; no fue propiciación y rescate por todos. Más bien, él solo soportó y pagó los pecados y el castigo de los elegidos. La extensión solo incluye a aquellos a quienes Dios ha escogido incondicionalmente para salvar, y este es el punto de desacuerdo. ¿Murió Cristo por todo el mundo y su pecado para que la salvación esté disponible para todos? ¿Fue Cristo castigado por los pecados de todas las personas? ¿Fue un rescate por todos? ¿O murió y sufrió el castigo solo por los elegidos, y proporcionó la salvación solo a un grupo selecto?

Vale la pena señalar que los calvinistas no niegan que la muerte de Cristo fue potencialmente suficiente para toda la humanidad. Cristo podría haber muerto por cada persona si quisiera. El aspecto limitado o particular de la expiación, insiste el calvinista, no se debe a alguna falta en la capacidad de la expiación; más bien, es su decisión soberana salvar a quien Él elige, y Él eligió solo expiar a algunos de la raza humana (los elegidos). Como el teólogo calvinista William Shedd escribe: “El Padre Divino, al dar al Hijo Divino como un sacrificio por el pecado, determinó simultáneamente que este sacrificio debería ser apropiado a través de la fe por un número definido de la familia humana.”[1] Hay un número definido de personas, a saber, las elegidas incondicionalmente, para quienes Dios hizo la propiciación. Esta comprensión de la expiación se deriva lógicamente de la visión calvinista de la elección, la predestinación y la gracia. Debe señalarse, sin embargo, que algunos calvinistas, pasados ​​y presentes, han negado este aspecto particular de la soteriología de Calvino: algunos estudiosos incluso argumentan que el mismo Calvino no sostuvo una expiación limitada.[2]

Ahora bien, en la lógica calvinista, Si Dios elige incondicionalmente y si su gracia es irresistible (lo que afirman ambos calvinistas), es lógico (el calvinista argumenta) que la expiación solo se extenderá y se proveerá para los elegidos. No habría ninguna razón para extender o proporcionar expiación a las personas que han sido creadas para la destrucción eterna por Dios. Pero lo que es lógicamente coherente dentro del marco calvinista no es de ninguna manera una garantía de exactitud bíblica. Antes de hacer un resumen sistemático, los datos relevantes deben ser revisados. Mientras leemos los pasajes de la Biblia que tratan este tema, debemos recordar el principal punto de desacuerdo: ¿Cristo murió por todos los hombres? ¿O simplemente murió por los elegidos? ¿Se extiende la expiación a todas las personas, o solo a aquellos que han sido elegidos incondicionalmente? ¿Fue Cristo un rescate y propiciación para todos, o simplemente para los elegidos? También vale la pena hacerse la pregunta: si los autores bíblicos quisieran enseñar una expiación ilimitada, ¿Qué tipo de lenguaje, palabras y frases emplearían?

 

LOS ESCRITOS JOANINOS Y LA EXPIACIÓN ILIMITADA.

Comenzando en el libro de Juan, Jesús es llamado el Cordero de Dios que “quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). De acuerdo con Juan, Jesús, descrito como un cordero sacrificial, vino a esta tierra para quitar el pecado del mundo. Este pasaje sigue los pasos de Juan el Bautista proclamando al Mesías venidero para que todos puedan creer a través de él (Juan 1:7). Como la verdadera Luz, Jesús “ilumina a todo hombre” (Juan 1:9). El alcance universal de la expiación es consistente con la proclamación de que Jesús quitará el pecado del mundo (kósmos). Ahora bien, la palabra “mundo” nunca se usa para denotar a los “elegido”.[3] De hecho, en los escritos de Juan, la palabra kosmos es mencionada 105 veces, siempre para referirse al mundo de los incrédulos que son hostiles a Dios y, sin embargo, son el objeto del amor y la misión de Dios.[4] W.A. Elwell explica: “No hay un solo lugar en todo el Nuevo Testamento donde mundo signifique iglesia o los elegidos.”[5]

En Juan 4:42, los creyentes dicen, “nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Esta afirmación se produce después de la historia de Jesús interactuando no solo con una mujer dentro de un sistema patriarcal, sino también con un samaritano despreciado. “Muchos más creyeron” (v. 41) porque vieron que Jesús no solo hablaba la verdad, sino que también interactuaba y cuidaba incluso a los discriminados y marginados. Se dice que Jesús es el Salvador del mundo porque se preocupa por todos y ofrece su agua de vida eterna a quien quiera beberla (v. 14). Él es capaz de ofrecer vida eterna a todos precisamente debido a su muerte subsiguiente, que es de alcance universal.

En escritos posteriores, Juan resalta este mismo punto diciendo que el “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.” (1 Juan 4:14)”. En 1 Juan, el “mundo” se usa veintitrés veces y siempre es usado como antítesis de la iglesia (creyentes). Así, cuando Juan dice que el Hijo es el Salvador del mundo, explica que la propiciación se hizo para el mundo (1 Juan 2: 2), incluido el “mundo” que no conoce a Dios (1 Juan 3: 1) y que se encuentra en el poder de Satanás (1 Juan 5:19).

En Juan 6, Jesús habla del pan del cielo y de la vida (v. 32, 33) y dice que este pan de Dios “da vida al mundo” (v. 33). Más adelante en el mismo capítulo, Jesús se identifica a sí mismo como el pan vivo y ofrece vida eterna si uno simplemente come el pan (v. 51). Además, concluye el mismo verso diciendo: “el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51). Obsérvese que este pan, que representa a Jesús, se da para el mundo. Además, se dice que este pan de vida se da (v. 32) incluso a aquellos que luego se alejaron de él y abandonaron su ministerio (v. 66). De hecho, “Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían” (v. 64) y aun así estaba disponible el pan de vida para ellos.

El mundo es así el objeto de los esfuerzos salvíficos de Dios. El pan, que representa el cuerpo de Cristo, se da para el mundo, se aplica a través de comer de él, de creer en Cristo. Debemos tener en cuenta que el pan se entrega a todos, igual que en el desierto con Moisés (Éxodo 16: 4; Números 11: 8); Sin embargo, el pan debe ser recogido y comido. Se hace una provisión universal, con la condición necesaria de recepción para obtener vida. El mero hecho o provisión del pan por sí solo no salva.

El famoso pasaje de Juan 3:16 no debe olvidarse al comprender el alcance de la expiación. Es precisamente porque Dios amó tanto al mundo (kósmos), que dio a Su Hijo. Sería extraño sugerir que la provisión de la salvación es menor que el amor universal de Dios. La lectura natural y correcta es que, debido al amor universal de Dios, hay una provisión universal en Su Hijo, aplicada a los creyentes.

El contexto anterior de Juan 3:16 es ilustrativo al respaldar esta interpretación de la expiación universal. Jesús recuerda y se compara con Moisés levantando a la serpiente en el desierto (Números 21). La conexión con Jesús es sorprendente. La serpiente de bronce hecha por Moisés fue levantada para toda la nación, pero solo los que miraban la serpiente de bronce se beneficiarían. La provisión se hizo para todos, pero no benefició a todos. Jesús hace referencia a este pasaje en Juan 3. Él dice que de la misma manera, como la serpiente de bronce fue levantada, él también debe ser levantado, para que todo aquel que crea en él, tenga vida eterna (Juan 3, 14- 15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la fe genuina. El amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17). Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (Juan 12:32). La expiación se extiende a todo el mundo (kósmos), no solo a los elegidos.

Si hay un versículo que es el más explícito en relación con el alcance de la expiación, es 1 Juan 2: 2. Juan escribe: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”. El versículo es tan directo en su enseñanza e implicaciones que uno se pregunta cómo una doctrina de expiación limitada podría sostenerse sobre bases bíblicas. Robert Lightner señala acertadamente: “A uno le resulta difícil imaginar cómo Juan pudo haber sido más claro al afirmar el aspecto universal de la expiación de lo que fue en este pasaje”.[6] Cristo es la propiciación por “nuestros pecados”, es decir, por los creyentes a quienes Juan se dirige; pero también Cristo es la propiciación por los pecados de ” todo el mundo”. El “todo el mundo” del que se habla aquí se refiere inequívocamente al resto del mundo incrédulo aparte de la iglesia. Cuando uno lee la carta de Juan no puede llegar a otra conclusión. Algunos calvinistas argumentan que cuando Juan dice “todo el mundo”, simplemente está hablando del resto de los gentiles y / o judíos elegidos incondicionalmente fuera de su audiencia directa y no literalmente del resto del mundo incrédulo. En la interpretación calvinista Juan no está hablando del resto del mundo; más bien, solo está hablando del resto del cuerpo de creyentes (los electos) de todo el mundo. Esta interpretación se hace para negar el alcance universal de la expiación. Sin embargo, aunque lo dicho por Juan desagrade a los calvinistas Cristo, en términos inequívocos, es el sacrificio expiatorio para todas las personas. El sacrificio expiatorio se extiende tanto para los creyentes como para los incrédulos; para el mundo entero.

La negación de la enseñanza clara en 1 Juan 2: 2 y otros versos que muestran la naturaleza universal de la expiación parecen deberse en gran parte a las presuposiciones calvinistas y a la negativa de estos a reconocer su error teológico. Sin embargo, nadie puede negar que la forma más natural de entender este versículo es considerar que el sacrificio propiciatorio tenía la intención de hacer expiación por los pecados de todo el mundo. Las únicas personas que pensarían de otra manera son las que creen en el calvinismo. No obstante, la única razón para tomar un verso cuyo significado es evidente, y para aplicar una interpretación forzada (es decir, tratar de hacer que se ajuste a la idea de limitación expiación), es más el dogmatismo religioso que un apego sincero a la verdad.

 

CONCLUSIÓN.

El mensaje central del evangelio es que Cristo murió por los pecados de la humanidad (1 Corintios 15: 3; 1 Juan 4:10) y, por lo tanto, se entregó a sí mismo como ofrenda y sacrificio a Dios (Efesios 5: 2; Romanos 8: 3). A través de este sacrificio, Cristo canceló la deuda de la transgresión y se convirtió en pecado por la provisión de justicia para todos (Juan 1:29; Colosenses 2:14; 2 Corintios 5:21). En este gran intercambio, Cristo lleva el pecado de la humanidad e imputa justicia a los fieles (Romanos 3: 21-22; 4: 6, 5:17, 10: 3). Él es, por lo tanto, el sacrificio expiatorio a Dios por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2: 2; Hebreos 1: 3) para que, a través de la fe, cualquiera pueda obtener la justicia de Dios (Filipenses 3: 9).

 

REFERENCIAS.

[1] William Shedd, Dogmatic Theology, 475-476.

[2] David Allen, A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 69-71.

[3] Norman Douty, Did Christ Die Only for the Elect: A Treatise on the Extent of Christ’s Atonement, 39.

[4] Grant Osborne, Perspectives on the Extent of the Atonement: 3 Views, 108.

[5] Evangelical Dictionary of Theology, 116.

[6] Robert Lightner, The Death Christ Died: A Biblical Case for Unlimited Atonement, 81.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría

¿Decadencia pentecostal o avivamiento calvinista?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Algunos calvinistas están tratando de tomar las iglesias arminianas de forma engañosa y sigilosamente ¡Y los arminianos lo estamos permitiendo! La influencia calvinista es a menudo más palpable en aquellas iglesias que no tienen confesión o declaración de fe, pero no se limita a ellas. Tomemos, por ejemplo, la denominación pentecostal más grande del mundo, las Asambleas de Dios. Aunque son una consecuencia del metodismo wesleyano y, por lo tanto, tradicionalmente arminianos en su doctrina de la salvación, su “Declaración de Verdades Fundamentales” no excluye el calvinismo de forma directa. Esto ha permitido que muchos pastores y líderes estén influenciados por el calvinismo y lleguen incluso a considerarlo una posibilidad teológica. Tal descuido llevó a una crisis teológica dentro de algunas iglesias locales en los Estados Unidos, en donde muchas congregaciones, durante un período de transición pastoral, descubrieron que su nuevo pastor resultó ser un calvinista de cinco puntos sin haberlo revelado durante las entrevistas del comité de búsqueda pastoral de la iglesia. Las verdaderas intenciones del nuevo pastor sólo salieron a luz cuando éste intentó imponer el calvinismo a la congregación.

Ante al avance del calvinismo en sus filas, y su infiltración incluso en seminarios teológicos, las Asambleas de Dios se vieron obligadas a responder:

“La creciente popularidad de la teología reformada entre los ministros más jóvenes y los estudiantes que se preparan para el ministerio ha llamado la atención del movimiento contemporáneo evangélico en América y otras partes. Por un lado, el amor por la Escritura y la teología, junto con el fervor por Cristo y su obra, son una fuente de gran aliento. Por otro lado, hay cierta preocupación que, al adoptar la teología reformada apresuradamente, algunos individuos provenientes de trasfondos más wesleyanos y arminianos tal vez no hayan considerado con detenimiento las diferencias esenciales entre las respectivas tradiciones… De hecho, hay un continuo debate filosófico en torno al equilibrio entre la soberanía divina y la responsabilidad humana, que deriva de esta discusión. En un extremo, se afirma que Dios, el destino, o alguna otra fuerza es el único agente activo en el universo que ejerce su influencia sobre seres humanos impotentes. En el otro extremo, se argumenta que la humanidad puede hacer lo que quiere y no necesita justificarse ante ningún poder superior, pues ciertamente es posible que ni siquiera exista. El cristianismo rechaza con toda razón ambos extremos como contrarios a la Biblia. Al mismo tiempo, hay cristianos sinceros que reivindican diferentes perspectivas en cuanto al equilibro entre el control divino de Dios y la responsabilidad humana. En la actualidad, las dos posiciones fundamentales en el cristianismo protestante son generalmente etiquetadas como teología reformada y teología arminiana… Debe notarse también la diversidad entre los grupos reformados y arminianos. Ambos grupos abarcan tanto carismáticos como secesionistas, y muchas otras expresiones teológicas diferentes. Para muchos, la expresión más notable e influyente de la teología reformada se da a través de aquellos que se denominan «neo-reformados»… Si bien la diferencia fundamental entre los pensadores reformados y arminianos (incluso las Asambleas de Dios, entre los últimos) concierne a la soteriología, hay otros puntos de divergencia que a menudo siguen la teología reformada y, en particular, el movimiento neo-reformado. Muchos de los pensadores denominados «jóvenes, preocupados y reformados», no se aferran con demasía a los cinco aspectos de TULIP, siendo la expiación limitada el principio que se cuestiona con más frecuencia. De este modo, algunos se identifican como calvinistas de 4, 3 o 5 puntos. Otros entre los neo-reformados son más estrictos en su soteriología que muchos calvinistas moderados, una vez más, teniendo en cuenta el peligro de considerar como un grupo homogéneo a todos los que se identifican como reformados… Aunque los movimientos reformados en general han sido secesionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas… Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. Éste es un asunto con el que las Asambleas de Dios están en desacuerdo, como se expresa en nuestra declaración oficial sobre las mujeres en el ministerio… Cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.” [1]

En muchos sentidos, la respuesta de las Asambleas de Dios buscaba preservar la unidad dentro de la denominación. Su fin era, según los mismos redactores de la Declaración, “identificar en un espíritu de respeto y conciliación las áreas de acuerdos y desacuerdos, ofreciendo una base para fomentar la conversación, la comprensión, y también los motivos de discrepancia.” Afirmando en tono conciliador que “Muchos de nosotros hemos aprendido mucho al estudiar y dialogar con maestros y amigos de la tradición reformada que estimamos, apreciamos y admiramos, aunque hemos llegado a conclusiones diferentes sobre ciertos aspectos de la salvación personal.” [2]

Tal actitud es loable, pues mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre los que se autodenominan arminianos y reformados, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Sin embargo, tal comunión no siempre será posible. Y la tolerancia tampoco implica que bajemos la guardia y veamos como nuestros jóvenes son instruidos de forma incorrecta en los extremos peligrosos del calvinismo. ¡Los arminianos debemos despertar y defender lo que sabemos que es correcto!

¿PORQUÉ EL CALVINISMO SE HA VUELTO POPULAR EN ALGUNOS CÍRCULOS?

¿Por qué es atractivo el calvinismo para las personas que hasta ahora han estado en iglesias no reformadas? ¿Qué ve la gente, especialmente aquellos que ya son cristianos, en el calvinismo? En particular, ¿Por qué es atractivo para las personas en iglesias arminianas?

(1.- PROFUNDIDAD INTELECTUAL: Tradicionalmente, el evangelicalismo popular, y particularmente el pentecostalismo, se puede caracterizar como un movimiento religioso heterogéneo, variopinto y lleno de diversidad, pero con poca profundidad teológica. ¿Cuántos jóvenes en nuestras iglesias han sido desanimados y hasta expulsados (indirectamente) por atreverse a hacer preguntas teológicas y filosóficas difíciles? El calvinismo, por el contrario, alienta un cierto nivel de profundidad teológica, en parte quizás porque las paradojas pueden ser difíciles de mantener de forma simplista. A su favor, el calvinismo no evita las preguntas duras y perennes de la teología.

(2.- TRADICIÓN RELIGIOSA: El pensamiento reformado tiene una historia significativa que, en comparación con otras iglesias, particularmente pentecostales, parece antigua. Los credos y las confesiones de fe dan forma a esta tradición, al igual que la impresionante variedad de pensadores talentosos y profundos, desde Juan Calvino hasta Jonathan Edwards, Abraham Kuyper y Karl Barth, por nombrar algunos. El calvinismo aprovecha inadvertidamente la ignorancia de las personas sobre las alternativas, histórica y teológicamente. Debido a que a muchos evangélicos no se les ha animado a pensar profundamente en sus propios contextos eclesiales, o tal vez se les ha desanimado a hacerlo, entonces se aferran a la primera opción cristiana que fomenta la reflexión teológica. Y como no tienen conocimiento de la historia de la iglesia, entonces una tradición de 500 años, o incluso una tradición de 1500 años, suena muy antigua y confiable en comparación con una tradición de 100 años o ninguna tradición en absoluto. Se aferran a lo primero que les da ese sentido beneficioso de la tradición. Estas dos primeras razones también son paralelas a las razones del éxodo de muchos a las iglesias católica romana y ortodoxa oriental. Pero muchos cristianos que desean mantenerse fieles a la Reforma, la teología reformada es un destino popular.

(3.- APARIENCIA DE FIDELIDAD BÍBLICA: Los teólogos y predicadores reformados tienen un gran respeto por las Escrituras. Su apelación a las Escrituras para todos los asuntos doctrinales es atractiva para cualquiera que tenga un respeto similar por las Escrituras. También tienen algunos pasajes que, leídos a través de una lente reformada, parecen apoyar la teología reformada. De hecho, si los calvinistas no tuvieran textos que parecieran apoyar sus puntos de vista, probablemente no habría calvinistas. Eso no quiere decir que sus opiniones sean correctas, como 2 Pedro 3:15-16 nos recuerda: “Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16, NVI).

(4.- APARENTE TEOCENTRISMO: Los calvinistas insisten en que su teología es verdaderamente teocéntrica y no centrada en el hombre o antropocéntrica. Desde la concepción calvinista, su teología es la única que proclama a un Dios que salva y que, por lo tanto, es la única que da gloria a Dios y defiende su soberanía (y tratarán ardientemente de hacerte creer que es así); por otro lado, ven al arminianismo como una teología antropocéntrica semi-herética que habla de un Dios que permite al hombre salvarse a sí mismo o contribuir con Dios en el proceso y que, por consiguiente, le roba a Dios la gloria y exalta el albedrío humano. Obviamente, tales afirmaciones hacen parecer al sistema calvinista como el mejor, mientras que el arminianismo es presentado como una herejía horrible. Esa es una falsa y ofensiva caricaturización del arminianismo, pero es lo que el calvinismo pretende hacerle creer a aquellos que busca convertir. Degradando con mentiras al arminianismo pretende brillar en el mundo evangélico, presentándose como la única opción válida de cristianismo.

(5.- CONFORT Y SEGURIDAD AL SABER QUE DIOS ESTÁ EN CONTROL: Cuando el mundo y nuestras propias vidas parecen caóticos y están fuera de control, es reconfortante creer que nada puede resistir la voluntad y el plan de Dios. Si Dios ha predestinado cada evento de la existencia ¿Qué podría salir mal? Cada detalle es parte del gran plan.

ES TIEMPO DE EXAMINARNOS A NOSOTROS MISMOS.

El avance del calvinismo y el neo-calvinismo solo ha sido posible gracias a nuestro descuido como arminianos y a los grandes errores cometidos por las iglesias emblemáticas de dicha teología. Nosotros, los pentecostales, tenemos mucha culpa en ello. Aprender de nuestros errores es indispensable; identificar lo que los calvinistas están haciendo bien y nosotros no, lo es aún más. Las iglesias pentecostales y otras comunidades típicamente no reformadas pueden aprender muchas cosas positivas de la tradición Reformada.

  • UNA VISIÓN MÁS GRANDE DE DIOS Y SU GLORIA: Lo que los pentecostales necesitamos aprender es que Dios no es nuestro “amigote celestial” “ni el genio que concede deseos y se somete a nuestros caprichos” en el cielo. Dios no existe para responder de forma sumisa a nuestras oraciones por salud y riqueza, Él no se somete a nuestras confesiones positivas, decretos o declaraciones, sino que es un Dios absolutamente trascendente, santo y completamente diferente. Quien es la belleza y la verdad. La teología reformada ofrece al pentecostalismo, y al evangelicalismo en general, una visión de la majestad de Dios que pareciera hemos olvidado. Sin embargo, en nuestro intento por corregir lo erróneo, debemos tener cuidado de no caer en el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia del Dios de la teología reformada, la Biblia nos enseña también que el Dios del cristianismo es un Dios que nos ama y nos creó a todos para la comunión eterna con él.
  • SOBERANÍA DIVINA VS. DEÍSMO PRÁCTICO: Muchos de los que se autodenominan arminianos suelen ver a Dios como un observador pasivo, un relojero que terminó su creación y la dejó funcionando sola. Este tipo de teología nos hace creer que estamos prácticamente por nuestra cuenta, lo cual no es cierto. Más bien, tal cual lo sostiene el calvinismo (y de hecho, el arminianismo clásico) Dios sabe el fin desde el principio y resuelve todas las cosas para el bien de quienes lo aman; Él es aquel en quien continuamos viviendo, moviéndonos y teniendo nuestro propio ser. Los arminianos, al igual que los calvinistas, necesitamos entender que Dios es soberano. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la teología reformada, la soberanía no debe significar la determinación de nuestra salvación sin nuestra voluntad, y ciertamente no debe significar, como lo insinúan algunos neo-calvinistas, que Dios es la causa directa y eficiente del mal.
  • LA GRACIA DIVINA Y LA DEPENDENCIA HUMANA FRENTE A LA HABILIDAD HUMANA Y LA AUTONOMÍA INDIVIDUAL: Lo que muchos arminianos podemos aprender de la teología reformada es que la salvación no se trata de que Dios nos deje solos y ahora ponga la pelota en nuestra cancha. La salvación de nuestras almas no descansa en nosotros mismos, sino en Dios. Pareciera que muchas iglesias que se autodenominan arminianas han olvidado que Dios es el que inicia y completa la salvación y quien debe recibir toda la gloria por nuestra salvación. Es Dios quien produce así el querer como el hacer (Filipenses 2:13), es Dios, por su gracia, quien nos permite perseverar hasta el fin para salvación (Judas 1:24). Por otro lado, debemos tener cuidado con el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia de la teología reformada, tenemos algo que decir en el proceso de conversión. La gracia no anula la libertad humana (Deuteronomio 30:15-19).
  • PROFUNDIDAD TEOLÓGICA VS. SUPERFICIALIDAD DEMASIADO SIMPLISTA: Lo que podemos aprender de los calvinistas es que las respuestas fáciles a las preguntas reflexivas no son útiles, y la ignorancia per sé no es una virtud cristiana. Más bien, se nos manda amar a Dios con toda nuestra mente y agregar a nuestra fe, conocimiento. ¡Pero cuidado! La teología debe basarse en toda la Escritura y en la Escritura sola, no en tradiciones humanas, filosofías de hombres y conocimiento vacío. La voluntad de Dios para la creación no es un misterio reservado solo a los sabios. Este ha sido el error arrogante del calvinismo: Considerarse a sí mismos la élite intelectual y elegida del cristianismo. La erudición es buena, pero enterrar nuestra relación con Dios en medio de catecismos, disertaciones filosóficas y teoría sin espiritualidad, es inútil. El intelectualismo jamás debe superar nuestra relación con Dios (1 Corintios 2:1-16).
  • APRECIACIÓN POR LA HISTORIA DE LA IGLESIA Y LA TRADICIÓN CRISTIANA: Los pentecostales principalmente, pero no exclusivamente, podemos aprender que en el cristianismo no solo somos mi Biblia y yo. Dios nos colocó en una comunidad guiada por el Espíritu, y esa comunidad incluye no solo a aquellos que todavía están caminando, sino a millones de cristianos en el pasado que, desde el siglo primero de nuestra era, defendieron con valentía la fe cristiana histórica y nos han dejado un vasto legado de conocimiento en sus escritos. No podemos rechazar el legado de nuestros antepasados en la fe. Por el contrario, aceptarlo nos enriquece. ¡Pero cuidado! La historia de la iglesia, esa nube de testigos, incluye más que a Agustín, Lutero y Calvino. Ese es el error de los reformados.

¿CÓMO EL MAL EJEMPLO DE ALGUNOS PENTECOSTALES HA IMPULSADO EL CALVINISMO?

Para nadie es un secreto que el pentecostalismo (que aspira a una fresca y renovada espiritualidad cristiana) se ha transformado, paradójicamente, en una religión materialista, preocupada de los templos y de que sus creyentes tengan carreras exitosas, mejores trabajos, quizás influenciado por el neopentecostalismo. La nueva oferta religiosa del pentecostalismo está dirigida en torno a la salud, trabajo, prosperidad, etc. Las prédicas y los mensajes religiosos manifestados en la música son mensajes terapéuticos, individualistas, economicistas y exitistas. Lo que parecía ser nuestra fortaleza se convirtió en nuestra ruina: La gran capacidad del pentecostalismo para adaptar su discurso al contexto social, cultural e histórico. Dicha habilidad nos permitió a los pentecostales convertirnos en uno de los pocos movimientos religiosos que aún siguen creciendo, aunque muchos piensan que hemos llegado ya al techo de nuestro crecimiento. ¡Sólo el tiempo lo dirá!

Los efectos que ha tenido la secularización en el pentecostalismo, como la pluralidad religiosa, la subjetivación de la religión y la existencia de una creciente mundanalidad, ha derivado en que la gente que antes no se interesaba por el pentecostalismo, hoy lo haga, porque la oferta ya no está basada en la vida eterna, el cielo o el infierno, sino en cómo ser feliz aquí en la tierra. Este proceso de secularización del pentecostalismo se evidencia en cuatro aspectos concretos:

  1. El exilio de la muerte por la sanidad y los milagros económicos.
  2. El desinterés por la creencia pre milenarista y la predicación escatológica debido a la movilidad social, el reconocimiento social y la legitimación política de los pastores; como, asimismo, la movilidad social de los creyentes a través del interés por el estudio y el acceso a mejores condiciones laborales. El pentecostalismo ha pasado de esperar un futuro reino milenario de Cristo a aspirar un reinado terrenal de la iglesia, aquí y ahora.
  3. Abandono de la predicación sobre el infierno y el cielo. Las predicaciones y el miedo por el infierno han disminuido o han sido totalmente eliminadas en algunas iglesias. Las promesas celestes, como salud, vivienda, alimentación, trabajo, paz y justicia, se viven en la tierra, aunque el cielo sigue siendo una promesa plausible, pero puede esperar un poco. Con el aumento de la expectativa de vida y el acceso a los estudios universitarios, se puede traer algo del cielo a la tierra; el futuro al presente; y la promesa, a realidad.
  4. Declive del fervor pentecostal; esto tiene que ver con la apatía, la pérdida de la pasión pentecostal por predicar, asistir al templo o cumplir ritos sacrificiales como el ayuno y la oración comunitaria; además, hay un tendencia a la movilidad intrapentecostal; es decir, un creyente que va de una iglesia a otra.

En la conciencia pentecostal ahora está la bendición material: la prosperidad económica, la salud, el cuidado del cuerpo, los estudios universitarios, la casa propia y el automóvil propio. La meta suprema de muchos pastores no es ya que su congregación crezca en conocimiento de la sana doctrina y fervor pentecostal, sino entregar la congregación en manos de su hijo, con un templo de material sólido, con el vehículo pastoral y con un reconocimiento sociopolítico. La meta suprema de un padre o de una madre cristiana es ver que sus hijos sean profesionales, tengan trabajo seguro, casa propia y asistan a la iglesia. Nuestra teología del sufrimiento ha sido cambiada por la teología de la prosperidad. La buena muerte ya no es morir predicando, sino “morir lleno de días bendecido”. El pentecostalismo global se ha estancado, sobre todo en las grandes denominaciones, por su lucha y fascinación por el poder, y por el desencanto ético que esto produce. El pentecostalismo nació y se desarrolló como un movimiento religioso comprometido con la verdad, la justicia y la equidad de los pobres, oprimidos y desheredados. Los pastores y pastoras adquirieron ese compromiso con empatía porque pertenecían a ese grupo social, Sin embargo, ¿Hoy quién quiere identificarse con los pobres? O, más bien, ¿Hoy quién se identifica como pobre? ¿Acaso no es vista como señal de desaprobación divina en muchas iglesias pentecostales de nuestra época? El calvinismo ha visto nuestros puntos débiles y los ha sabido capitalizar a su favor.

CONCLUSIÓN.

Mis amados hermanos pentecostales:

¡Necesitamos volver a nuestras raíces! De no hacerlo, no debería extrañarnos que, en el futuro, muchos dejen de ver nuestras iglesias como opciones legítimas para un auténtico cristianismo. Tampoco debería extrañarnos que el calvinismo, hasta hace unas décadas casi desconocido en Latinoamérica, esté cobrando impulso y atacando nuestras bases, nuestra fe y nuestras denominaciones. O corregimos lo que está mal en nosotros, o perderemos el sentido de nuestra existencia como movimiento. El calvinismo no está creciendo porque tenga la razón en sus postulados, o porque sea una mejor opción de cristianismo que el arminianismo o el pentecostalismo. Está creciendo por causa nuestra, por nuestros descuidos. El calvinismo crece gracias al mal ejemplo del pentecostalismo y su miope visión de su estado actual.

Amados hermanos arminianos no pentecostales:

Si bien es cierto nosotros los pentecostales tenemos mucha de la culpa, el avance del calvinismo no es solo culpa nuestra. Crece también porque muchos arminianos no pentecostales ni siquiera entienden las bases de su propia fe arminiana, diluyendo a veces el arminianismo junto a creencias heréticas como el pelagianismo y el semipelagianismo.

¡Ambos grupos necesitamos poner nuestras barbas en remojo! ¡Hay mucho que corregir, mucho que aprender!

REFERENCIAS.

[1] UNA RESPUESTA DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS A LA TEOLOGÍA REFORMADA (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 1 Y 3 DE AGOSTO DE 2015).

[2] Íbid.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Sin categoría

¿Estás seguro que eres salvo?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

 INTRODUCCIÓN.

¿Soy salvo? ¿Puedo estar verdaderamente seguro de mi salvación en esta vida? Es una pregunta que todos los cristianos nos hemos hecho en algún momento. El desafío de la adversidad, la tentación de pecar, cualquier punto bajo en nuestro camino espiritual, puede llevar a una persona a dudar de su identidad como hijo de Dios. A veces la inseguridad de la propia salvación puede originarse en el incumplimiento de ciertos estándares legalistas y extrabíblicos impuestos por una comunidad a otros, o simplemente pueden ser momentos de duda sin ninguna explicación. Cualquiera sea la causa, es una experiencia común que la mayoría de los cristianos pueden atestiguar en algún momento de su caminar.

La seguridad fue una preocupación central y motivadora de la Reforma Protestante. Martín Lutero buscó seguridad en el sacramento de la penitencia, pero fue en vano. Finalmente lo encontró en su descubrimiento de la justificación solo por gracia a través de la fe sola. Esta preocupación por la seguridad continuó entre los reformados (calvinistas).

Nuestro entendimiento de la doctrina de la seguridad de la salvación hace una diferencia: (1) La seguridad sirve como una base desde la cual consagrar más nuestras vidas a Dios; (2) la seguridad proporciona una audacia especial desde la cual vivir la vida cristiana y (3) la seguridad ofrece esperanza y paz que desafían la desesperación que marca nuestro mundo.

 

¿DUDANDO DE TU SALVACIÓN?

A muchos quizá les sorprenda saber que la mayoría de las personas que dudan de su salvación son calvinistas en su teología. En otras palabras, creen en la elección incondicional. Estos son los que creen en la perseverancia de los santos. ¡Estos son los que creen que no podemos perder nuestra salvación! Sin embargo, estos son los que más dudan de su fe. ¿Por qué? El problema radica en su creencia sobre la elección. ¿Cómo puede saber un calvinista con total seguridad y certeza que verdaderamente está entre los elegidos? Simplemente no puede.

En el calvinismo, la seguridad no se basa en las promesas de Dios (su promesa de salvar a todos los que se arrepienten y creen sobre la base de la vida perfecta de Jesús, la muerte sustitutiva y su resurrección), sino más bien en el secreto y eterno decreto de Dios para elegir a quien él quiera. Dicho de otra manera, el calvinismo hace a Dios fundamentalmente indigno de confianza. El punto de vista calvinista es que Dios siempre hará lo que sea que le brinde la mayor gloria, ya sea que eso signifique decretar tu perdón o tu condenación en el tormento eterno.[1]

Pero eso nos es todo ¡la cosa se pone peor! En el calvinismo, ni siquiera la propia conciencia de un creyente de que está bien con Dios es suficiente para proporcionarle seguridad (esto en oposición a Romanos 8:16). El mismo Calvino sostuvo que Dios podría proporcionarte a un individuo lo que él llamó “Gracia Evanescente”; es decir, falsa seguridad para que sea condenado más severamente. Calvino escribió:

“La experiencia muestra que los reprobados a veces se ven afectados de una manera tan similar a los elegidos, que incluso en su propio juicio no hay diferencia entre ellos. Por lo tanto, no es extraño que, para el apóstol, se les atribuya haber saboreado los dones celestiales, y experimentado por Cristo mismo una fe temporal. No es que realmente perciban el poder de la gracia espiritual y la luz segura de la fe; sino que el Señor, para condenarlos mejor y dejarlos sin excusa, inculca en sus mentes un sentido de su bondad que se puede sentir sin el Espíritu de adopción. Si se objetara que los creyentes no tienen un testimonio más sólido para asegurarles su adopción, yo respondo que aunque hay una gran semejanza y afinidad entre los elegidos de Dios y aquellos que están impresionados por un tiempo con una fe decreciente, sin embargo, solo los elegidos tienen esa plena seguridad que es exaltada por Pablo, y por la cual están capacitados para clamar, Abba, Padre. Por lo tanto, como Dios regenera a los elegidos para siempre por la semilla incorruptible, como la semilla de la vida que una vez sembraron en sus corazones nunca perece, entonces él sella efectivamente la gracia de su adopción, para que sea seguro y firme. Pero en esto no hay nada que impida que una operación inferior del Espíritu siga su curso en el reprobado. Mientras tanto, a los creyentes se les enseña a examinarse a sí mismos con cuidado y humildad, para evitar que la seguridad carnal se introduzca y tome el lugar de la seguridad de la fe. Podemos agregar, que el reprobado nunca tiene otro sentido que no sea el confuso sentido de la gracia, que se adueña de la sombra en lugar de la sustancia, porque el Espíritu sella adecuadamente el perdón de los pecados solo en los elegidos, aplicándolos con fe especial para su uso… Sin embargo, se dice correctamente que los reprobados creen que Dios es propicio para ellos, en la medida en que aceptan el don de la reconciliación, aunque confusamente y sin el debido discernimiento; no es que sean participantes de la misma fe o regeneración con los hijos de Dios; pero porque, bajo una cobertura de hipocresía, parecen tener un principio de fe en común con ellos. Ni siquiera niego que Dios ilumine sus mentes hasta este punto, que reconozcan su gracia; pero esa convicción la distingue del testimonio peculiar que da a sus elegidos a este respecto, de que el reprobado nunca alcanza el resultado completo o la fructificación. Cuando se muestra propicio a ellos, no es como si realmente los hubiera rescatado de la muerte y los hubiera tomado bajo su protección. Él solo les da una manifestación de su misericordia presente. Solo en los elegidos él implanta la raíz viva de la fe, para que perseveren hasta el final. Por lo tanto, disponemos de la objeción, que si Dios verdaderamente muestra su gracia, debe perdurar para siempre. No hay nada inconsistente en esto con el hecho de que él ilumina a algunos con un presente sentido de la gracia, que luego se vuelve evanescente”.[2]

El creyente arminiano, en cambio, descanso en la seguridad de la Palabra, en las promesas de Dios. Dios no engaña a nadie, él no puede mentir. Es contra su carácter santo engañar incluso al incrédulo. Él no reprueba a nadie por puro capricho. Todo el que quiera está invitado y tendrá la oportunidad genuina de ser salvo si así lo desea. Su sacrificio expiatorio es ilimitado en cuanto a su poder redentor y no está restringido a un pequeño grupo de elegidos incapaces de estar plenamente seguros que son parte de los “elegidos”: “El Espíritu y la novia dicen: « ¡Ven!»; y el que escuche diga: « ¡Ven!» El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.” (Apocalipsis 22:17, NVI). El Señor ha dicho claramente que “al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.” (Juan 6:37, LBLA). Pues “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9, LBLA).

 

LA BIBLIA, NUESTRA FUENTE DE CERTEZA.

En su epístola a los Romanos, Pablo nos enseña claramente que podemos estar seguros, aquí y ahora, que somos salvos: “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17 Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…” (Romanos 8:16-17, NVI).

De acuerdo con Pablo, conocer nuestra identidad es una obra sobrenatural del Espíritu. Incluso nuestro conocimiento subjetivo de nuestra identidad depende de la revelación de Dios. Además, cuando Pablo alienta a los cristianos a probarse a sí mismos para ver si están en la fe (2 Corintios 13: 5-6), la implicación es que uno puede conocer la respuesta. De hecho, esto es lo que significa el versículo 6 cuando dice: “Mas espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados” (LBLA).

Puede haber momentos en que una situación difícil pueda eliminar cualquier sensación de seguridad personal. Tal vez incluso caer en un pecado momentáneo nos lleve a la duda. No obstante, las relaciones (y ser un hijo de Dios es eso, una relación, pues implica comunión con el Padre) no se rompen instantáneamente. El mismo Dios que nos justifica con gracia también nos preserva en nuestra debilidad. El mérito de nuestra identidad no se basa en nuestro conocimiento subjetivo, sino en la obra de Cristo y el Espíritu Santo en nuestras vidas. La seguridad no es otra cosa que un regalo de Dios a sus hijos.

 

LA BIBLIA DICE QUE SOMOS SALVOS Y PODEMOS SABERLO AQUÍ Y AHORA.

Según la Palabra podemos saber que tenemos vida eterna porque somos la justicia de Dios en Cristo Jesús (Romanos 3: 23-24); la sangre de Jesús lava todos nuestros pecados (Mateo 26:28; Efesios 1: 7; Hebreos 10: 10,14) y Jesús es nuestro mediador (Hebreos 4: 14-16; 9:14). A aquellos que dudan de su salvación, la Biblia les dice:

 

  • Juan 1: 12-13, “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.”
  • Juan 3: 14-18, Jesús dijo: “Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.”
  • Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios”
  • Juan 5:24, Jesús dijo: “Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.”
  • Hechos 10:43, “De él dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados.”
  • Hechos 16: 30-31, “Luego los sacó y les preguntó: —Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo? —Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos —le contestaron.”
  • Romanos 10: 9-10 y 13, “que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo… porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»”

Juan dijo que escribió su primera epístola: “Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.” (1 Juan 5:13, NVI). A ti que dudas de tu salvación sin razón alguna, te pregunto ¿Tú crees en Jesús? ¿Has depositado tu fe en él para salvación? Entonces, ¿cuál es la promesa de Dios para ti? El apóstol Pablo escribió: “Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.” (2 Timoteo 1:12, LBLA).

 

REFERENCIAS:

[1] Véase John Piper, La justificación de Dios (2ª ed.), Especialmente las páginas 88-89; 116; 121-22; 133; y 149-150.

[2] Juan Calvino, Institución de Religión Cristiana, 3.2.11.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La elección, doctrina que inspira gozo.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Muchos calvinistas piensan que han arrojado una bomba atómica sobre las bases de la teología arminiana cuando presentan sus argumentos acerca de la doctrina de la elección y  predestinación. Ellos están convencidos de que su interpretación de la doctrina de la elección incondicional es incuestionable, infalible y verdadera, por lo que simplemente no pueden entender por qué nosotros los arminianos no podemos aceptar los postulados calvinistas sobre la elección incondicional que afirman que Dios ama a toda la humanidad pero que, al mismo tiempo, eligió enviar a su Hijo a morir por unos, pero no por todos los hombres. A ellos les parece increíble que no podamos ver la “justicia” y la “misericordia” de Dios en predestinar a unos para salvación y a otros para condenación eterna.

 

LA ELECCIÓN SE FUNDAMENTA EN CRISTO, NO EN NOSOTROS.

Para decepción de los calvinistas, los arminianos no le tememos al concepto de elección. ¡Nos deleitamos en ello! Para nosotros, la elección no es una medicina amarga. Es el hilo unificador de la historia redentora de Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Para nosotros, la elección encaja en una historia más grande de cómo Dios salva al mundo. Dios eligió a Abraham para llevar la semilla que bendeciría al mundo (Génesis 12:3). Entonces, Dios eligió una sola nación de la descendencia de Abraham (a Israel) para ser herederos de esta promesa (Deuteronomio 14:2; Isaías 42:1). A Israel se le dijo: “eres pueblo consagrado al Señor tu Dios. Él te eligió de entre todos los pueblos de la tierra, para que fueras su posesión exclusiva.” Pero Israel falló en su llamado. Sin embargo, Dios eligió una tribu de Israel, Judá, para heredar la promesa. Una vez más, de todas las familias de Judá, Dios escogió la casa de David. De todos los descendientes de David, Dios finalmente eligió a Jesús de Nazaret, su Unigénito Hijo.

La presentación del Mesías es el último acto dramático en la saga de Dios. Se revela que Jesús es la simiente prometida en la cual Dios cumpliría su promesa a Abraham (Gálatas 3:16). Jesús fue el siervo elegido en quien Dios se deleitó (Mateo 3:17). Jesucristo es el elegido de Dios para cumplir las promesas. Esto no fue una idea de último momento. Cristo fue elegido para ser nuestro Salvador desde antes de la creación del mundo. Para nosotros los arminianos, la historia de la elección de Dios nos está llevando al clímax de la historia, ya que el clímax es Cristo el elegido.

Si Cristo es la simiente elegida, la pregunta de la elección es, “¿Cómo llegamos nosotros a ser parte de dicha simiente y, por consiguiente, de los elegidos?” Pablo responde a esta pregunta explícitamente: “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y, si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:26-29, NVI).

El lenguaje participativo es inconfundible. Por la fe en Cristo nos convertimos en hijos de Dios. Nosotros que fuimos “bautizados en Cristo” ahora estamos “revestidos” con Cristo. ¡Si le pertenecemos, entonces nos convertimos también en la simiente de Abraham y en los elegidos de Dios!

Para expresarlo de manera más clara: Somos elegidos en Cristo. Además de ser elegidos en Cristo, las Escrituras nos dicen que “en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales” (Efesios 2:6, NVI). Hemos sido hechos justos en Cristo e hijos en Cristo.

En cada ejemplo, Cristo lleva la bendición original que solo se convierte en nuestra cuando nos incluimos en él. Ninguno de nosotros está literalmente sentado en las regiones celestiales. Pero Cristo lo está, literalmente, y nosotros estamos en Cristo; por lo tanto, en Cristo, estamos sentados en las regiones celestiales. Por lo tanto, ser elegido en Cristo significa lo mismo que ser justo en Cristo, santo en Cristo e hijos de Dios en Cristo. Cristo es el elegido desde antes de la creación del mundo. En Cristo, fuimos elegidos en él desde antes de la creación del mundo. Por lo tanto, cuando los creyentes vienen a estar en Cristo por la fe, comparten su historia, identidad y destino.

Por lo tanto, la razón por la que nos deleitamos en la doctrina de la elección es que, en última instancia, no se trata de nosotros. Se trata de Cristo el elegido, quien es la cabeza, y nosotros somos su cuerpo y, por lo tanto, herederos de la elección:

“Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues, si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.” (Romanos 8:7, NVI).

 Pero el heredero legítimo, el elegido, es Cristo, no nosotros como individuos. Por lo tanto, la elección y la predestinación para salvación solo son efectivas en nuestra vida en unión con Cristo, el Elegido:

“Permaneced en mí, y yo permaneceré en vosotros. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco vosotros podéis dar fruto si no permanecéis en mí. Yo soy la vid y vosotros las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no podéis hacer nada.” (Juan 15:4-5, NVI).

Todo se trata de Él, nunca de nosotros, pues todo existe por “medio de él y para él.” (Colosenses 1:16, NVI). Y este todo incluye, sin duda alguna, nuestra elección y predestinación. O, para usar la metáfora de Pedro, Cristo es “la piedra que desecharon… los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular” (Hechos 4:11, NVI), y en él nosotros, su cuerpo, somos “como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.” (1 Pedro 2:5, NVI), un “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios” (1 Pedro 2:9, NVI). La elección, para nosotros los arminianos, comienza y termina con Cristo. Ya sea que lo llamemos una visión “cristocéntrica”, o “corporativa”, la conclusión es que la elección y predestinación del creyente está en Cristo. Y eso es una cosa hermosa. Una vez que aceptas que eres elegido en Cristo, el amor de Dios es una verdad, no un enigma.

Visto de esta manera, la elección corporativa enseñada por el arminianismo no es una novedad. Debería ser lo que esperaríamos de la teología calvinista también. El mismísimo Juan Calvino afirmó:

“Ves que nuestra justicia no está en nosotros mismos, sino en Cristo; que la única forma en que podemos poseerlo es haciéndonos partícipes de Cristo, ya que con él poseemos todas las riquezas.”[1]

Ya sea reconciliación, justificación o nuevo nacimiento, todos está en él. Cada paso en el proceso de salvación está irreparablemente vinculado a nuestra incorporación a Cristo, a nuestra unión con Cristo. Nuestra elección y nuestro destino eterno están ligados a nuestra incorporación a Cristo. Los arminianos simplemente reconocemos que toda bendición espiritual está en Cristo.

 

¿SE OPONE ROMANOS, CAPÍTULO 9, A LA ELECCIÓN CORPORATIVA ENSEÑADA POR EL ARMINIANISMO?

La visión corporativa de la elección se fundamenta en una exégesis cuidadosa. Incluso académicos calvinistas han admitido que la interpretación arminiana de la elección corporativa es fuertemente sólida. ¿Qué hay entonces con la interpretación calvinista de la elección? En su mayoría, la visión calvinista de la elección se basa en Romanos 9, que está más orientado a discutir la fidelidad de Dios a Israel que la elección cristiana.

Diversos teólogos concuerdan en que, cuando se compara con el resto de los escritos de Pablo (incluso con el resto de Romanos) la interpretación determinista que el calvinismo hace de este pasaje no puede ser correcta. Es solo un ejemplo más de mala hermenéutica. En Romanos 9, Pablo no esté enseñando sobre elección individual, sino sobre elección corporativa.[2] Si leemos cuidadosamente el capítulo 9 notaremos que Pablo resalta el hecho de que solo un remanente de la semiente de Abraham, escogido por gracia, reflejó el verdadero pueblo de Dios a través de los tiempos del Antiguo Testamento:

“Digo la verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me lo confirma en el Espíritu Santo. Me invade una gran tristeza y me embarga un continuo dolor. Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los de mi propia raza, el pueblo de Israel. De ellos son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la ley, el privilegio de adorar a Dios y el de contar con sus promesas. De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén. Ahora bien, no digamos que la Palabra de Dios ha fracasado. Lo que sucede es que no todos los que descienden de Israel son Israel.  Tampoco por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: «Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac». En otras palabras, los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más bien, se considera descendencia de Abraham a los hijos de la promesa. Y la promesa es esta: «Dentro de un año vendré, y para entonces Sara tendrá un hijo». No solo eso. También sucedió que los hijos de Rebeca tuvieron un mismo padre, que fue nuestro antepasado Isaac. Sin embargo, antes de que los mellizos nacieran, o hicieran algo bueno o malo, y para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a las obras, sino al llamado de Dios, se le dijo a ella: «El mayor servirá al menor». Y así está escrito: «Amé a Jacob, pero aborrecí a Esaú». ¿Qué concluiremos? ¿Acaso es Dios injusto? ¡De ninguna manera! Es un hecho que a Moisés le dice: «Tendré clemencia de quien yo quiera tenerla, y seré compasivo con quien yo quiera serlo». Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios. Porque la Escritura le dice al faraón: «Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra». Así que Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla, y endurece a quien él quiere endurecer. Pero tú me dirás: «Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?» Respondo: ¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?”?» ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios? ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo[i] y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria? Esos somos nosotros, a quienes Dios llamó no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles. Así lo dice Dios en el libro de Oseas: «Llamaré “mi pueblo” a los que no son mi pueblo; y llamaré “mi amada” a la que no es mi amada», «Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”, serán llamados “hijos del Dios viviente”». Isaías, por su parte, proclama respecto de Israel: «Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del mar, solo el remanente será salvo; porque plenamente y sin demora     el Señor cumplirá su sentencia en la tierra». Así había dicho Isaías: «Si el Señor Todopoderoso no nos hubiera dejado descendientes, seríamos ya como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra»” (Romanos 9:6-29, NVI).

En su argumento Pablo contrasta a Isaac e Ismael, a Jacob y a Esaú (Romanos 6-13), sin embargo, Pablo no está hablando de elección a salvación o condenación eterna, sino de la manera en que el plan de Dios para la humanidad se llevaría a cabo a través de la vida de ellos. La reconciliación de Esaú con Jacob mencionada en Génesis 33 nos sugiere que la vida de Esaú terminó en buenos términos con Dios. Pero, a pesar de ello, su descendencia continuó sin ser parte de la nación escogida de forma corporativa, es decir, de Israel. Esto nos deja en claro que Pablo no está hablando de una elección individual para salvación o condenación eterna, sino de una elección temporal para una misión específica.[3]

Tal interpretación concuerda con el resto de los escritos de Pablo (incluido el resto de Romanos). La Biblia afirma no solo la soberanía de Dios, sino que también afirma completamente la realidad del libre albedrío humano y con la existencia de una responsabilidad genuina por parte del hombre. Romanos 1:28-32, también parte clave para entender esta epístola y su mensaje, nos dice:

“Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no solo siguen practicándolas, sino que incluso aprueban a quienes las practican.” (Romanos 8:28-32, NVI)

Las palabras de Pablo implican que los no salvos pudieron haber tomado en cuenta a Dios, pero ellos escogieron no hacerlo. Por lo tanto, Dios les dio la libertad de escoger vivir una vida perversa y separarse ellos mismos de Dios. Al elegir por sí mismos quedaron fuera de la elección divina, que es siempre corporativa en unión con Cristo y su pueblo, más no individual, ni irresistible, ni incondicional.

 

MÁS ALLÁ DE ROMANOS 9.

En el calvinismo, la doctrina de la elección se ha formulado sin tener en cuenta adecuadamente la exposición adicional de Pablo acerca del propósito de Dios en la elección. Al concluir su argumento, Pablo afirma: “Hermanos, quiero que entiendan este misterio para que no se vuelvan presuntuosos. Parte de Israel se ha endurecido, y así permanecerá hasta que haya entrado la totalidad de los gentiles. De esta manera todo Israel será salvo, como está escrito: «El redentor vendrá de Sión y apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos cuando perdone sus pecados». Con respecto al evangelio, los israelitas son enemigos de Dios para bien de ustedes; pero, si tomamos en cuenta la elección, son amados de Dios por causa de los patriarcas, porque las dádivas de Dios son irrevocables, como lo es también su llamamiento. De hecho, en otro tiempo ustedes fueron desobedientes a Dios; pero ahora, por la desobediencia de los israelitas, han sido objeto de su misericordia. Así mismo, estos que han desobedecido recibirán misericordia ahora, como resultado de la misericordia de Dios hacia ustedes. En fin, Dios ha sujetado a todos a la desobediencia, con el fin de tener misericordia de todos.” (Romanos 11: 25–32, NVI).

A los arminianos no nos aterra ni nos interesa eliminar el capítulo 9 de la Epístola a los Romanos de nuestras Biblias. Por el contrario, creemos firmemente en cada palabra de dicho capítulo. De hecho, creo que es el calvinista quien, si lo interpretara correctamente, desearía eliminar Romanos 9 o cuando menos, darle un sentido diferente para que cuadre con su interpretación particular de la elección (aunque, ciertamente, eso ya lo hacen).

Romanos 9 nos enseña que sí, es Dios quien elige, endurece y muestra misericordia. Pero la conclusión de Pablo no es que “Israel no obtuvo lo que buscaba (justicia) porque Dios eligió no mostrar misericordia”. Más bien, su conclusión es que Israel no obtuvo lo que buscaban porque lo buscó no por fe sino por obras (Romanos 9:32). La idea no es que Dios no eligió salvar a Israel ¡Israel ya era el pueblo elegido! El problema fue que Israel no cumplió con los medios de salvación escogidos por Dios para hacer firme su elección: La gracia, a través de la fe. El pueblo elegido se debe caracterizar por su sumisión a los términos de justicia de Dios. Israel, pese a ser el pueblo elegido, no se sometió a los términos de la elección y, por consiguiente, dejó de serlo.[4]

Parar en el capítulo 9 de Romanos para entender la doctrina de la elección sería una injusticia para Pablo, que continúa con su argumentación en los capítulos 10 y 11. En el capítulo 10, explica que la fe proviene de escuchar la palabra, y luego exclama que Israel escuchó y entendió la palabra. En el capítulo 11, Pablo explica que Dios no hizo que los individuos “no elegidos” de Israel tropezaran para que cayeran, sino que los provocó a envidia para salvación, pues él no deseaba que ellos dejaran de ser parte de los elegidos. La base de la fidelidad perdurable de Dios a los israelitas endurecidos, tambaleantes y que rechazan el evangelio es el respaldo de Dios de que, con respecto a la elección, son amados por causa de sus antepasados.[5]

 

CONCLUSIÓN.

Los calvinistas se sienten cómodos sintiéndose parte de los elegidos (si es que realmente pueden estar seguros de ello). De hecho ese elemento es una parte determinante en su carácter arrogante y presuntuoso en su trato con otros creyentes que piensan diferente a ellos. Sin embargo, no debemos olvidar que las creencias de uno no son ciertas simplemente porque lo consuelan.

Como ya se mencionó con anterioridad, cuando se compara con el resto de los escritos de Pablo (incluso con el resto de Romanos) la interpretación determinista que el calvinismo hace de Romanos 9 y la elección no puede ser correcta. Es solo un ejemplo más de mala hermenéutica. En Romanos 9, Pablo no esté enseñando sobre elección individual, sino sobre elección corporativa.

 

REFERENCIAS:

[1] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 3.11.23.

[2] H. P. Liddon, Análisis explicativo de la Epístola de San Pablo a los romanos (1892, reimpreso, Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1961) pp. 162-63.

[3] Samuel Fisk, Elección y Predestinación: Claves para una comprensión más clara (Eugene, Oregon, 1997), pp. 71-82.

[4] Robert Picirilli, El libro de los romanos (Nashville: Randall House Publications, 1975), pp. 183.

[5] F. Leroy Forlines, Arminianismo clásico: Una teología de la salvación (Nashville: Casa de Randall, 2011), pp. 129-31.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

¿Estamos predestinados?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En el siglo XVI el francés Juan Calvino (1483-1564) enunció su doctrina de la predestinación según la cual el ser humano está predestinado de antemano a condenarse o salvarse. Juan Calvino definió la predestinación de la siguiente manera: “Llamamos predestinación el decreto eterno de Dios con el cual estableció lo que ha de hacer cada uno de los hombres, puesto que no todos fueron creados con las mismas condiciones, sino que algunos fueron destinados a la vida eterna y otros a la eterna condenación”[1]

Calvino también afirmó: “Declaro con Agustín, que el Señor ha creado a aquellos que, sin duda conoció con anterioridad, que debían ir a la destrucción, y lo hizo porque así es su voluntad. ¿Por qué es ésta su voluntad?, no es para nosotros el saberlo”[2]

Calvino reitera: “Por lo tanto, a quienes Dios deja de lado, son reprobados y esto por ninguna otra causa, sino porque está satisfecho de excluirlos de la herencia a la que él predestina a sus hijos”[3]

El historiador Edward Hulme dice de Calvino: “La predestinación fue su dogma fundamental… ‘Todo’, dice Calvino, ‘ depende de la mera voluntad de Dios; Si algunos son condenados y otros rescatados es porque Dios ha creado a algunos para la muerte y otros para la vida.’”[4]

Para el calvinista, no solo la salvación del hombre depende de la predestinación. Cada evento de la vida y de la historia humana lo hace. El historiador John Horsch reconoce que, “según la enseñanza de Agustín, la historia de la humanidad, desde un punto de vista religioso y espiritual, no es más que un espectáculo de marionetas[5] R. C. Sproul, famoso teólogo calvinista, también reconoce que, para el calvinismo: “Dios decreta todo lo que sucede… Dios deseó que el hombre cayera en pecado. Dios creó el pecado.”[6] Dicho de otra manera, el esquema calvinista “representa a [Dios] como pre-ordenando la caída que debía implicar, más allá de cualquier posibilidad de rescate, la ruina eterna y la condenación de la mayor parte de la raza”[7]

Lo anterior implica que, para el calvinista, Dios es el autor de todo y por lo tanto, también de todo pecado. No es de extrañarse que Susana Wesley, madre del famoso predicador John Wesley, le escribiera a su hijo: “la doctrina de la predestinación, mantenida por los calvinistas rígidos es muy chocante y debe ser aborrecido absolutamente, porque acusa al más Santo Dios de ser el autor del pecado”.[8]  Los arminianos concordamos con Susana Wesley en que la predestinación, así entendida por los calvinistas, no es bíblica, y es una invención humana que difama el carácter santo de Dios.

 

LA PREDESTINACIÓN EN LA BIBLIA.

¿Habla la Biblia de la predestinación? Sí, lo hace. Pero jamás de la forma en que los calvinistas la presentan. Bíblicamente, predestinación (Gr. prooizo) significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”, “decidir con antelación”, y se aplica a los propósitos de Dios comprendidos en la elección. La elección es la elección de Dios en Cristo de un pueblo (la verdadera iglesia) para sí mismo. La predestinación comprende lo que pasará con el pueblo de Dios (todos los verdaderos creyentes en Cristo). La doctrina de la predestinación se fundamenta en diversos pasajes bíblicos, entre ellos:

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. (Romanos 8:29-30)

“En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad…. En Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad”. (Efesios 1:5 y 11)

Con respecto a la predestinación, la Biblia enseña ciertas verdades cruciales:

  • Dios predestina a sus elegidos para ser: (a) llamados (Romanos 8:30); (b) justificados (Romanos 3:24, 8:30); (c) glorificados (Romanos 8:30); (d) hechos conforme a la semejanza de su Hijo (Romanos 8:29); (e) ser santos e irreprensibles (Efesios 1: 4); (f) ser adoptados como hijos de Dios (Efesios 1: 5); (g) redimidos (Efesios 1:7); (h) destinatarios de una herencia (Efesios 1:14); (i) para la alabanza de su gloria (Efesios 1:2; 1 Pedro 2:9); (j) los destinatarios del Espíritu Santo (Efesios 1:13; Gálatas 3:14); y (k) creados para hacer buenas obras (Efesios 2:10).

 

  • La predestinación, al igual que la elección, se refiere al cuerpo de Cristo (es decir, la verdadera iglesia espiritual), y comprende a los individuos solo en asociación con ese cuerpo a través de una fe viva en Jesucristo (Efesios 1: 5, 7, 13; Hechos 2: 38-41; 16:31). En este sentido, la predestinación es corporativo, no individual.

 

EL BARCO DE LA SALVACIÓN.

Con respecto a la elección y la predestinación, podríamos usar la analogía de un gran barco en su camino al cielo. El barco (la iglesia) es elegido por Dios para llegar a cierto destino preestablecido. Cristo es el capitán y piloto de este barco. Todos los que deseen ser parte de este barco electo y su Capitán pueden hacerlo a través de una fe viva en Cristo, mediante la cual suben a bordo del barco. Mientras estén en el barco, en compañía del Capitán del barco, están entre los elegidos. Si deciden abandonar el barco y el capitán, dejan de ser parte de los elegidos. La elección siempre es solo en unión con el Capitán y su nave. La predestinación nos habla sobre el destino del barco y lo que Dios ha preparado para los que permanecen en él. Dios invita a todos a subir al barco elegido a través de la fe en Jesucristo.

 

PRESCIENCIA, FUNDAMENTO DE LA PREDESTINACIÓN.

Presciencia significa conocimiento de lo que ha de suceder o existir. En la Biblia, esta palabra tiene que ver principalmente, aunque no de manera exclusiva, con Dios, el Creador, y con sus propósitos. Las palabras que por lo general se traducen por “presciencia” se encuentran en el Nuevo Testamento, aunque estos mismos conceptos se hallan reflejados también en el Antiguo. El término “presciencia” traduce la palabra griega pró·gnō·sis (de pro, “antes” y gnō·sis, “conocimiento”), como se usa en Hechos 2:23 y 1 Pedro 1:2. La forma verbal correspondiente, pro·gui·nṓ·skō, se emplea en dos ocasiones con referencia a los seres humanos: en el comentario de Pablo respecto a ciertos judíos que lo habían conocido de antes y en la referencia que hace Pedro al conocimiento de antemano que tenían aquellos a quienes dirigió su segunda carta. (Hechos 26:4, 5; 2 Pedro 3:17). En este sentido, preconocer no implica necesariamente predeterminar.

En relación con la presciencia de Dios, debemos considerar 3 aspectos clave:

  • La Biblia enseña claramente que Dios puede preconocer y predeterminar. Dios mismo presenta como prueba de su Divinidad esta capacidad de preconocer y predeterminar acontecimientos de salvación y liberación, así como actos de juicio y castigo, y luego hacer que se realicen. Su pueblo escogido es testigo de ello (Isaías 44:6-9; 48:3-8.) La presciencia y la predeterminación divinas constituyen la base de toda profecía verdadera (Isaías 42:9; Jeremías 50:45; Amós 3:7, 8). En el Antiguo Testamento Dios desafió a todas las naciones que se oponen a su pueblo a que demuestren la pretendida divinidad de aquellos a quienes consideran dioses y de sus ídolos, pidiendo que sus deidades profeticen actos de salvación y juicio similares y que luego hagan que se cumplan. Su impotencia ante este desafío demuestra que sus ídolos son falsedad (Isaías 41:1-10, 21-29; 43:9-15; 45:20, 21).

 

  • Un segundo factor que debe tenerse en cuenta es el libre albedrío de las criaturas inteligentes de Dios. Las Escrituras muestran que Dios extiende a tales criaturas el privilegio y la responsabilidad de elegir lo que quieren hacer, de ejercer libre albedrío (Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:15), haciéndolas así responsables de sus actos (Génesis 2:16, 17; 3:11-19; Romanos 14:10-12; Hebreos 4:13). Por lo tanto, no son meros autómatas o robots. No se podría afirmar que el hombre fue creado a la “imagen de Dios” si no tuviera libre albedrío. (Génesis 1:26, 27) Lógicamente, no debería haber ningún conflicto entre la presciencia de Dios, así como su predeterminación, y el libre albedrío de sus criaturas inteligentes.

 

  • Un tercer factor que debe tomarse en cuenta, pero que a veces se pasa por alto, es el de las normas y cualidades morales de Dios reveladas en la Biblia, como su justicia, honradez, imparcialidad, amor, misericordia y bondad. Por lo tanto, la manera de entender cómo Dios usa sus facultades de presciencia y predeterminación tiene que armonizar, no solo con algunos de estos factores, sino con todos ellos. Es evidente que cualquier cosa que Dios preconozca tiene que suceder inevitablemente, por lo que Dios puede llamar a las “cosas que no son como si fueran” (Romanos 4:17).

 

En perfecta comunión de estos 3 criterios, la Biblia enseña que los creyentes somos “elegidos” para ser el pueblo de Dios de acuerdo con su presciencia, es decir, de acuerdo con el conocimiento previo de Dios de su plan de redención en Cristo para la iglesia, incluso antes de que comenzara la creación y la historia humana (Romanos 8:29). El conocimiento previo es virtualmente un sinónimo del propósito soberano y de la gran visión de Dios para redimir de acuerdo con su amor eterno. Así pues, los “elegidos” son la compañía de los verdaderos creyentes, elegidos en armonía con el plan decidido por Dios para redimir a la iglesia por la sangre de Jesucristo a través de la obra santificadora del Espíritu. Sin embargo, en respeto a la imagen de Dios puesta en el hombre y a su libre albedrío, los creyentes deben participar en su elección con su respuesta de fe y con el firme deseo de hacer que su llamado y elección sean seguros (2 Pedro 1:5-10). De lo contrario, ellos mismos caerían y perderían su condición de elegidos, pues es la iglesia como pueblo, quien está predestinada a salvación, y no individuos a título personal (Juan 15:1-8). Es en unión a Cristo y su cuerpo que la elección es hecha segura. Esto concuerda con el carácter de Dios, quien jamás predestinará a nadie de forma incondicional sin imponerle la condición de perseverar en la fe: “Por lo tanto, el Señor, el Dios de Israel, que había dicho que tú y tu familia le servirían siempre, ahora declara: Jamás permitiré tal cosa, sino que honraré a los que me honren, y los que me desprecien serán puestos en ridículo. Yo, el Señor, lo afirmo.” (1 Samuel 2:30, DHH).

 

CONCLUSIÓN.

En su presciencia, Dios ha predestinado para salvación a aquellos que conoció de antemano. Al afirmar que Dios nos “conoció” en Efesios 1:5 y 11, Pablo enseña que Dios eligió otorgar su amor sobre nosotros desde la eternidad. Esto es sugerido ampliamente en muchos otros pasajes (Éxodo 2:25; Salmos 1:6 Oseas 13:5; Mateo 7:23; 1 Corintios 8:3; Gálatas 4:9; 1 Juan 3:1). Por lo tanto:

  1. El conocimiento previo significa que Dios se propuso desde la eternidad amar y redimir a la raza humana a través de Cristo (Romanos 5:8; Juan 3:16). El destinatario de la presciencia de Dios o de su amor hacia el exterior se expresa en plural y se refiere a la iglesia. Es decir, el amor de Dios es principalmente para el cuerpo corporativo de Cristo (Efesios 1:4; 2:4; 1 Juan 4:19) e incluye a los individuos solo cuando se identifican con este pueblo corporativo a través de la fe y la unión con Cristo (Juan 15: 1-6).
  2. El pueblo corporativo de Cristo alcanzará la glorificación (Romanos 8:30). Los creyentes individuales no alcanzarán la glorificación si se separan de ese cuerpo amado y no mantienen su fe en Cristo (Romanos 9:12-14, 17; Colosenses 1: 21-23).

De modo que la elección de acuerdo con la presciencia se refiere a la elección basada en la elección previa de Cristo y el pueblo corporativo de Dios en él.

 

REFERENCIAS:

[1] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Capítulo XIV, N°5.

[2] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed.), III: xxiii, 5.

[3] Ibid. xxiii, 1, 4.

[4] Edward Maslin Hulme, the Renaissance, the protestant Reformation, and the Catholic Revolution (New York: The Century Company, 1920), 299.

[5] John Horsch, History of Christianity (John Horsch, 1903), 104–105.

[6] R. C. Sproul, Jr., Almighty Over All (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1999), 54.

[7] Henry C. Sheldon, History of Christian Doctrine (New York: Harper and Bros., 2nd ed., 1895), II : 163.

[8] A. W. Harrison, Arminianism (London: Duckworth, 1937), 189.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Arminianismo y Universalismo Condicionado

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En su intento por desvirtuar la doctrina arminiana, muchos calvinistas acusan al arminianismo de enseñar la herejía soteriológica conocida como Universalismo. El universalismo es una creencia que afirma que en la plenitud de los tiempos todas las almas se liberarán de las penas del pecado y serán restaurados en su relación con Dios. Históricamente conocida como Apocatástasis, el universalismo o doctrina de la salvación universal final niega la doctrina bíblica del castigo eterno.

Además de los pasajes que hablan de la naturaleza de amor y misericordia infinitos de Dios, el versículo clave del universalismo en Hechos 3:21, donde Pedro afirma:

“Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas.” (Hechos 3:21, NVI)

Pero ¿Es esto lo que quiso decir Pedro? ¿De verdad enseña la Biblia que todos, penitentes e impenitentes, serán salvos? Definitivamente no. El erudito pentecostal Stanley Horton explica dicho pasaje de la siguiente manera:

“Algunos toman la expresión griega apokatastáseos pánton (“restauración de todas las cosas”) como poseedora de una intención absoluta, en lugar de limitarla a “todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas”. Aunque es cierto que las Escrituras se requieren a una restauración futura (Romanos 8:18–25; 1 Corintios 15:24–26; 2 Pedro 3:13), a la luz de todas las enseñanzas de la Biblia sobre el destino eterno, tanto de los seres humanos como de los ángeles, no es posible utilizar este versículo para apoyar el universalismo. Hacerlo equivaldría a violentar exegéticamente lo que la Biblia afirma a este respecto.”[1]

Otros pasajes, usados fuera de su contexto, para sostener la doctrina universalista son:

“Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:18-19, NVI)

 “Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo, esto es, reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.” (Efesios 1:9 -10, NVI)

“Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir” (1 Corintios 15:22, NVI)

Sin embargo, ninguno de dichos versículos enseña que todos los seres humanos serán finalmente salvos. Una exégesis honesta de dichos pasajes desvirtúa tales afirmaciones universalistas.

Ahora bien, la creencia en la salvación universal es por lo menos tan antigua como el cristianismo. Los primeros escritos claramente universalistas datan de los denominados “Padres de la Iglesia Griega”, sobre todo Clemente de Alejandría, su discípulo Orígenes y Gregorio de Nisa. De ellas, las enseñanzas de Orígenes, quien creía que hasta el diablo finalmente se salvará, fueron los más influyentes. Numerosos partidarios de la salvación universal final se encontraban en la iglesia post apostólica, pero fueron ampliamente combatidos por Agustín de Hipona. Principalmente por su influencia, la teología de Orígenes fue finalmente declarada herética en el Concilio de Constantinopla en el 553 d.C.

 

UNIVERSALISMO UNIVERSALISTA Y PLURALISMO SALVÍFICO.

Los arminianos rechazamos tanto el denominado Universalismo universalista (todos, incluso Satanás y sus demonios, alcanzarán el perdón y la salvación gracias al sacrificio expiatorio de Cristo) como el Pluralismo Salvífico (la creencia de que puede haber diversos caminos dadores de vida o vías de salvación en diferentes tradiciones y prácticas religiosas).

En cambio, nos aferramos a la Palabra de Dios, la cual afirma que:

“y del polvo de la tierra se levantarán las multitudes de los que duermen, algunos de ellos para vivir por siempre, pero otros para quedar en la vergüenza y en la confusión perpetuas.” (Daniel 12:2, NVI)

“El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Luego vi un gran trono blanco y a alguien que estaba sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo, sin dejar rastro alguno. Vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Se abrieron unos libros, y luego otro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados según lo que habían hecho, conforme a lo que estaba escrito en los libros. El mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno[a] devolvieron los suyos; y cada uno fue juzgado según lo que había hecho. La muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda. Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:10-15, NVI)

“Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no reconocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todos los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos.” (2 Tesalonicenses 1:6-10, NVI)

“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5, NVI)

 “De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos” (Hechos 12:2, NVI)

No toda la humanidad será salva, ni todos los caminos o religiones llevan a Dios. Solo Cristo salva. La biblia afirma claramente que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios (Juan 3:36). Jesucristo mismo afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.” (Juan 14:6, NVI).

 

PARTICULARISMO CALVINISTA, EXPIACIÓN LIMITADA O REDENCIÓN PARTICULAR.

Un distintivo del calvinismo es su doctrina de la expiación limitada, o redención particular. Dicha doctrina, conocida también como “Particularismo”, enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”.[2] La doctrina reformada afirma que Jesús murió sólo por sus elegidos. Esta doctrina se desprende lógicamente de la doctrina de la elección incondicional: Si Dios eligió solo a un selecto grupo para que fuera salvo entonces el sacrificio que Cristo hizo debía ser sólo por ellos. La doctrina de la redención particular afirma que Cristo, en su muerte, limpió los pecados de los elegidos de Dios y aseguró que todos ellos alcancen la fe a través de la regeneración y por la fe sean preservados para alcanzar y heredar la gloria venidera. Según dicha doctrina, Cristo no pretendió morir por todos. La prueba de eso, según el razonamiento calvinista, es que no todos son salvos.

El teólogo pentecostal Stanley M. Horton resume las afirmaciones calvinistas de la siguiente manera:

“Los particularistas toman los pasajes que dicen que Cristo murió por las ovejas (Juan 10:11, 15), por la Iglesia (Efesios 5:25; Hechos 20:28), o por “muchos” (Marcos 10:45). Citan también numerosos pasajes que, en el contexto, asocian claramente a los “creyentes” con la obra expiatoria de Cristo (Juan 17:9; Gálatas 1:4; 3:13; 2 Timoteo 1:9; Tito 2:3; 1 Pedro 2:24). Los particularistas alegan lo siguiente: (1) Si Cristo murió por todos, entonces Dios debe ser injusto si alguno perece por sus propios pecados, puesto que Cristo tomó sobre sí todo el castigo debido por los pecados de todos. Dios no podría exigir dos veces el pago de la misma deuda. (2) La doctrina de la expiación ilimitada conduce lógicamente al universalismo, porque si pensamos de otra forma, tenemos que poner en duda la eficacia de la obra de Cristo, que fue para “todos”. (3) Una exégesis y una hermenéutica sólidas hacen evidente que el lenguaje universal no es siempre absoluto (Lucas 2:1; Juan 12:32; Romanos 5:18; Colosenses 3:11)”.[3]

Tan importante es para el calvinista la doctrina de la Expiación Limitada que diversos teólogos calvinistas han afirmado que “sólo el calvinismo con su expiación eficaz limita el poder del hombre y exalta el poder y la gloria de Dios”.[4] Otro líder y autor calvinista escribe: “Es en esta verdad de la expiación limitada que la doctrina de la elección soberana (y, de hecho, la predestinación soberana con sus dos aspectos de la elección y reprobación), se clarifican”.[5] En otras palabras, el sistema calvinista se desmorona en su totalidad si la expiación limitada no es bíblica, y de hecho no lo es.

Incluso calvinistas de alto rango han expresado sus dudas acerca de la expiación limitada. Charles Spurgeon afirmó: “No puedo imaginar un instrumento más dañino en manos de Satanás para la ruina de las almas, que un ministro que le dice a los pecadores que no es su deber arrepentirse de sus pecados y creer en Cristo, y así tener la arrogancia llamarse a sí mismo un ministro del Evangelio, mientras que enseña que Dios odia a algunos hombres infinitamente e inalterablemente por ningún motivo sino solo porque él escoge hacerlo”.[6] Esto ha llevado a que la doctrina de la expiación limitada sea considerada “el talón de Aquiles del calvinismo”.[7]

Ya sea que los calvinistas lo reconozcan o no, el calvinismo atenta contra el carácter mismo de Dios:

 “Porque Dios ha amado a unos cuantos y no todos, porque él soberana e inmutablemente ha determinado que éstos en particular sean salvos, él envió a su hijo a morir por ellos, para salvar a ellos y no a todo el mundo”.[8]

¿Entendemos lo que tal afirmación implica? Según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente.

 

ARMINIANISMO: EXPIACIÓN UNIVERSAL O UNIVERSALISMO CONDICIONADO.

En contraposición al particularismo calvinista, los arminianos creemos en la doctrina de la Expiación Ilimitada, conocida también como universalismo condicionado. Dicha doctrina sostiene que la expiación es ilimitada en el sentido de que se halla a disposición de todos; más sin embargo es limitada en el sentido de que sólo es eficaz para aquéllos que crean. Así, aunque la Expiación y sus beneficios están a disposición de todos, no todos se benefician de ella. El perdón de pecados y la salvación está condicionada a la fe en Cristo.

La doctrina arminiana, en plena concordancia con la Biblia, declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

  • “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.

 

  • “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.

 

  • “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.

 

  • “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.

 

  • “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

 

  • “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

 

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.

 

  • “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).

 

  • “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

 

  • “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto que los “elegidos” no son los únicos pecadores.

 

  • “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

 

  • “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).

 

  • “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).

 

  • “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

 

  • “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

 

  • “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).

 

  • “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

 

  • “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).

 

  • “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).

 

  • “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).

 

  • “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

 

  • “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

 

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos afirman claramente en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “el Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “el Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

Pero si los argumentos bíblicos no fuesen suficientes, podemos agregar también que la posición arminiana (el universalismo condicionado) goza de las siguientes fortalezas:[9]

(1) Es el único que le da sentido al ofrecimiento sincero del evangelio a todos los seres humanos. Los calvinistas objetan que la autorización para predicar el evangelio a todos es la Gran Comisión. Un calvinista seguramente argumentará que “Puesto que la Biblia enseña la elección, y puesto que no sabemos quiénes son los elegidos (Hechos 18:10, “Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”, es decir, en Corinto), les debemos predicar a todos”. Sin embargo, la doctrina arminiana, la lógica y la Biblia se impone al argumento calvinista y responde: ¿Sería genuino el ofrecimiento de Dios cuando dice “Todo el que quiera”, a sabiendas de que esto no es realmente posible, pues la salvación se limita solo a los elegidos?

(2) La historia eclesiástica reafirma también la posición arminiana. Desde el principio de la Iglesia, hasta que surgió el calvinismo, el universalismo condicionado fue la opinión mayoritaria. Así pues: “Entre los reformadores, encontramos esta doctrina en Lutero, Melanchton, Bullinger, Latimer, Cranner, Coverdale, e incluso Calvino en algunos de sus comentarios. Por ejemplo, Calvino dice acerca de … Marcos 14:24, ‘que por muchos es derramada: Con la palabra “muchos”, [Marcos] no define solamente a una parte de la humanidad, sino a toda la raza humana’ ”.[10]

(3) No es posible sostener la acusación de que, si fuese cierta una expiación ilimitada, Dios sería injusto, y de que el universalismo universalista sería la conclusión lógica. Necesitamos tener en mente que es necesario creer para ser salvos, y esto incluye a los supuestos elegidos. La aplicación de la obra de Cristo no es automática. El que una persona decida no creer, no significa que Cristo no haya muerto por ella, o que quede bajo sospecha la integridad personal de Dios.

Sin embargo, el punto culminante de la defensa arminiana es que no resulta fácil pasar por alto el evidente propósito de muchos pasajes universalistas. Incluso el teólogo calvinista Millard Erickson reconoce que la doctrina arminiana de la Expiación Ilimitada o Universal “puede dar cuenta de un segmento más amplio del testimonio bíblico con menos distorsión que la hipótesis de la expiación limitada”.[11]

Horton observa de forma certera que: “En Hebreos 2:9 dice que, por la gracia de Dios, Jesús probó la muerte “por todos”. Es bastante fácil alegar que el contexto (2:10–13) señala que el escritor no está hablando de todos en sentido absoluto, sino de los “muchos hijos” que Jesús lleva a la gloria. Sin embargo, una conclusión así extiende demasiado la credibilidad exegética. Además, en el contexto hay un sentido universal (2:5–8, 15).3 Cuando la Biblia dice que “de tal manera amó Dios al mundo” (Juan 3:16), o que Cristo es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), o que Él es “el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14), es eso precisamente lo que quiere decir. Ciertamente, la Biblia usa la palabra “mundo” en un sentido cualitativo, para referirse al sistema de maldad del mundo, dominado por Satanás. Sin embargo, Cristo no murió por un sistema; murió por las personas que forman parte de ese sistema. En ningún lugar del Nuevo Testamento, la palabra “mundo” se refiere a la Iglesia o a los elegidos. Pablo dice que Jesús “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6) y que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4). En 1 Juan 2:1–2 tenemos una separación explícita entre los creyentes y el mundo, y una afirmación de que Jesucristo, el Justo, “es la propiciación” (v. 2) por ambos”.[12]

Así pues, la doctrina arminiana es más coherente con el texto bíblico al afirmar que la expiación es ilimitada en el sentido de que se halla a disposición de todos; más sin embargo es limitada en el sentido de que sólo es eficaz para aquéllos que crean. Está a disposición de todos, pero no todos se benefician de ella.[13]

 

CONCLUSIÓN.

La Biblia declara que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos. Los versículos que declaran que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate por su pueblo, o la seguridad de que él murió por sus ovejas, no anula la realidad de que su sacrificio expiatoria se ofrece libremente a todos. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las claras declaraciones de que Él murió por todos.

 

REFERENCIAS:

[1] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva Pentecostal (1996), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 367.

[2] Cánones de Dort, II.8

[3] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (1994), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 375.

[4] Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? The Ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 49

[5] Homer Hoeksema, Limited Atonement, 151; citado en Vance, The Other Side of Calvinism, pp. 406.

[6] C. H. Spurgeon, New park Street pulpit; London: Passmore and Alabaster, Vol 6, 28-29; sermón predicado en diciembre 11, 1859

[7] Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism; Edmonton, AB: Still Waters Revival Books, 1990, pp. 11.

[8] Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, pp. 50.

[9] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (1994), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 375.

[10] Walter A. Elwell, “Extent of Atonement”, Evangelical Dictionary, p. 99.

[11] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids: Baker Book House, 1985), p. 835.

[12] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (1994), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 376.

[13] Henry C. Thiessen, Lectures in Systematic Theology (Grand Rapids: Wm.B. Eerdmans, 1979), pp. 242. Véase también Isaías 53:6; Mateo 11:28; Romanos 5:18; 2 Corintios 5:14–15; 1 Timoteo 4:10; 2 Pedro 3:9.