Arminianismo Clásico, Calvinismo

Calvinismo, falsa seguridad y desesperanza

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La seguridad de la salvación fue una preocupación central y motivadora de la Reforma protestante. Martín Lutero buscó seguridad en el sacramento de la penitencia, pero fue en vano. Finalmente lo encontró en su descubrimiento de la justificación solo por gracia a través de la fe sola. Esta preocupación por la seguridad de la salvación continuó vigente dentro de las iglesias reformadas (calvinistas), tal como nos lo evidencia el Catecismo de Heidelberg[1] (1563):

“P.1. ¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte? R. Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, que me libró del poder del diablo, satisfaciendo enteramente con preciosa sangre por todos mis pecados, y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer antes es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según su santa voluntad.”[2]

La mayoría de los creyentes reformados (calvinistas) asumen que, como los arminianos creemos que es posible caer de la gracia y perder la salvación, entonces no tenemos el mismo grado de comodidad y seguridad que supuestamente tienen los reformados. En realidad, lo contrario es el caso: los arminianos pueden tener mayor seguridad de la salvación que los mismos calvinistas. En su propia vida y ministerio, Jacobo Arminio (1559–1609) vio la razón de esto. Durante los años de su ministerio pastoral en Ámsterdam, Arminio fue testigo de dos problemas diferentes en lo que respecta a la seguridad de la salvación entre los creyentes del calvinismo: La desesperación y la falsa seguridad como producto de la doctrina reformada de la predestinación.

CALVINISMO, FUENTE DE DESESPERANZA

Primero, Arminio se dio cuenta de lo que llamaba desesperación entre los calvinistas (Utilizó la palabra latina “desperatio”, que significa desesperanza) Recordó múltiples ejemplos cuando atendía a personas en sus lechos de muerte que no tenían la seguridad de su propia salvación. El problema era que, en estos casos, estos eran creyentes ejemplares que deberían tener seguridad. Sin embargo, en este momento crucial en el que más necesitaban seguridad, les faltaba. ¿Cómo podrían los cristianos reformados, que fueron salvados no por su propia bondad, sino por la justicia imputada de Cristo, caer víctimas de la desesperación? ¿Cómo llegaron a este punto? ¿Por qué la duda que plagó a la Iglesia romana medieval tardía no se resolvió en la Iglesia Reformada? Cuando uno examina los escritos de Arminio, uno puede ver cómo la desesperación es el resultado de tres doctrinas reformadas:

  1. La convicción reformada de que la fe salvadora incluye no solo el conocimiento y el consentimiento, sino también la fiduciao la confianza segura. La seguridad (fiducia) a veces se usaba como sinónimo de fe (fides). Bajo este supuesto reformado, si una persona cree en Cristo como Salvador y cree que la justicia de Cristo puede ser imputada a él por fe, y la persona desea esta salvación, pero solo carece de la certeza de esa salvación, entonces la persona puede comenzar a cuestionar su fe en conjunto, y preguntarse si él es uno de los elegidos. Este fue el problema que Arminio, como pastor calvinista que fue, tuvo que enfrentar al estar junto a cristianos moribundos en Ámsterdam: tomaron su falta de seguridad para indicar necesariamente una falta de fe. Arminio distinguió la seguridad (fiducia) de la fe (fides), declarando que la seguridad sigue como el resultado ordinario de la fe salvadora, pero no es necesariamente simultánea con la fe.
  1. La doctrina de la fe temporal, como lo enseñó Juan Calvino y otros teólogos reformados. Dicha doctrina también generó desesperanza. ¿Cómo se puede distinguir la diferencia entre la fe débil de los elegidos y la fe temporal del reprobado? ¡No puedes realmente! Calvino afirmó que una persona puede parecer a los demás como si tuviera fe, de hecho ella misma podría pensar que posee una fe salvadora, cuando en realidad solo fue una fe otorgada temporalmente por Dios que no estaba destinada a perseverar, sino que sería retirada por Dios. El ejemplo bíblico común es Simón el Mago (Hechos 8), quien se describe como creyente y se creía genuinamente como un verdadero creyente, pero cuya creencia pronto se demostró que era falsa.[3] Es decir, el mismo Simón no era consciente de su estado hasta que su fe falló. El reprobado puede ser engañado a sí mismo y, a pesar de todas las apariencias en contra, carece de fe genuina. Si incluso el reprobado puede tener una fe temporal que se asemeja a la de los elegidos, tanto externa como internamente, entonces no importa cuán débil o fuerte parezca la fe y la seguridad de la persona en el presente.
  1. La doctrina de la reprobación incondicional. Esta doctrina produce un socavamiento de la seguridad de la salvación que puede ser devastador. La doctrina reformada de la elección incondicional afirma que Dios elige a quién Dios quiere salvar, no basándose en sus buenas obras, su fe prevista o incluso su consentimiento voluntario. El corolario necesario para esta elección es que Dios reprueba incondicionalmente, o tal vez “pasa por alto”, el resto de la humanidad, cuyo resultado es la condena. La única manera de escapar de la condenación es ser elegido por Dios. Pero, como observa Arminio, ya que esa elección es incondicional (aparte de la voluntad absoluta y soberana de Dios), no hay nada que el reprobado pueda hacer para estar en una relación de salvación con un Dios que no lo haya elegido. La predestinación reformada, dice Arminio, “produce en la gente una desesperación tanto de cumplir lo que su deber requiere como de obtener aquello hacia lo que se dirigen sus deseos”[4] Esto es lo que se conoce como la doctrina de la “gracia no disponible”. Si crees que puedes ser reprobado, no hay nada que puedas hacer al respecto, ya que la elección es incondicional.

FALSA SEGURIDAD DEL CALVINISMO

El segundo problema que observó Arminio en el calvinismo es el extremo opuesto al primero. Llamó a dicho problema “vicio de seguridad”. Recordó varias veces durante su ministerio cuando, como un pastor atento, se dirigió al pecado en la congregación e incluso amonestó a ciertos individuos. Con demasiada frecuencia, esas mismas personas respondieron como si el pecado no fuera una preocupación real. Le consideraban de poca importancia. Después de todo, el apóstol Pablo, según la interpretación reformada dominante de Romanos 7, fue continuamente vencido por el pecado. Ya que los elegidos son salvos por gracia, ¿cuál es realmente el problema? Parece que esta tendencia hacia la seguridad, como el anterior problema de la desesperación, es el resultado de la combinación distintiva de tres enseñanzas reformadas:

  1. La Normalidad del Pecado en la Vida Cristiana (Eficacia de la Santificación):Para los reformados, aunque la persona regenerada debe y puede hacer pasos hacia la santificación con la ayuda del Espíritu Santo, sin embargo, son pasos de bebé; el progreso es mínimo. La interpretación reformada estándar de Romanos 7, leída como el relato autobiográfico del apóstol regenerado Pablo, apoya la idea de que el pecado es una lucha continua y prominente en la vida cristiana. Tener poca expectativa de la santificación personal implica que el pecado es, en cierto sentido, normal y, por lo tanto, no es motivo de grave preocupación para el cristiano individual. Por su parte, Arminio ciertamente reconoció que el progreso en la santidad se ve impedido por el pecado y la debilidad. Pero también impugnó la típica lectura reformada de Romanos 7 y, como los primeros padres de la iglesia, interpretó a la persona agobiada por el pecado como alguien que aún no se ha regenerado, porque el pecado no puede dominar la vida de una persona regenerada como se describe en este pasaje.
  1. La Elección Incondicional: La segunda doctrina reformada que lleva muchos de sus adeptos a la seguridad es la elección incondicional, junto con su corolario de la gracia irresistible. Si uno confía en su elección, entonces la gracia es irresistible y la salvación es segura.
  1. La Perseverancia de los Santos: La elección incondicional y la gracia irresistible pueden promover la seguridad, especialmente cuando se combina con una tercera doctrina, la perseverancia de los santos, que es un corolario predecible de la elección incondicional. Si una persona se convierte en parte del pueblo escogido por el pacto de Dios solo por la gracia irresistible, aparte de las buenas obras, ninguna cantidad de obras malvadas o falta de buenas obras puede anular esa elección y el pacto. Según Arminio, si se afirma la imposibilidad de la apostasía, esta doctrina no consuela tanto como engendra descuido con respecto al pecado, lo que, para Arminio, es una indicación peligrosa de “seguridad carnal” (securitas carnalis). Arminio escribió:

“La persuasión por la cual cualquier creyente ciertamente se persuade a sí mismo de que no puede desertar de la fe, o que, al menos, no desertará de la fe, no conduce tanto a la consolación contra la desesperación o la duda que sea adversa a la fe y la esperanza, como lo hace para generar seguridad, una cosa que se opone directamente a ese temor más saludable con el que se nos manda desarrollar nuestra salvación, y que es sumamente necesario en este lugar de tentaciones[5]

Por lo tanto, la normalidad del pecado en la vida cristiana, junto con las doctrinas de la elección incondicional y la seguridad eterna, podría fomentar una actitud de “salvo si lo haces; salvo si no lo haces”. Esta falta de preocupación por la presencia del pecado es lo que podría precipitar una caída.

Para los arminianos, hay un camino intermedio de verdadera seguridad entre los extremos de la desesperación y la falsa seguridad calvinista. Por un lado, el conocimiento de que el pecado tiene consecuencias y de que una persona puede caer de la gracia a través de la rebelión abierta contra Dios. Pero, por otro lado, el conocimiento de que Dios salvará a todos los creyentes penitentes nos llega de seguridad, certeza y esperanza.

EL FUNDAMENTO SEGURO DE NUESTRA SALVACIÓN.

En última instancia, la garantía de la salvación se encuentra al examinar cuál es el fundamento mismo de la salvación: el amor de Dios. Este amor de Dios es evidente en su promesa, que es externa a la criatura. La palabra de Dios da a conocer su voluntad o intención para la criatura. La pregunta es: Si no hay obra meritoria alguna que pueda asegurarnos el favor divino y la salvación, ¿Qué determina o influye en la voluntad divina de salvarnos?

Los calvinistas, o reformados, son reacios a describir el afecto de Dios hacia toda la raza humana como “amor”. Para los calvinistas, la voluntad amorosa de Dios no se extiende a toda la humanidad con el propósito de la salvación, sino solo a unos cuantos elegidos. Pero si Dios no ama a todos, entonces la seguridad se ve socavada. Al creyente promedio le queda nada más preguntarse en qué grupo está incluido él: Entre aquellos a quienes Dios quiere salvar o entre aquellos a quienes él no quiere salvar. Su voluntad con respecto a la elección y la base de esta voluntad es inescrutable.

Para los arminianos, el verdadero fundamento de la salvación y la seguridad de la salvación es la promesa de Dios de que él ama a todos y salvará a los creyentes penitentes. Este fundamento se basa en Dios mismo y es posible solo a través de la obra de Cristo. Y Dios envió a Cristo por su amor (Juan 3:16). Para llegar al fondo del asunto, podemos comparar las respuestas calvinistas y arminianas a las preguntas: ¿Cómo sabes que perteneces a Dios? ¿Cómo sabes que eres uno de los elegidos?

Robert Peterson y Michael Williams, dos teólogos calvinistas, responden a dichas preguntas de la siguiente manera:

“Es cuando las personas se vuelven a Cristo con fe cuando saben que Dios las ha elegido para la salvación”[6]

Michael Horton, otro teólogo calvinista, responde a esta pregunta con una referencia a Juan 10: 27-28:

“¿Has escuchado la voz de Cristo y lo has seguido? Luego te da vida eterna. Descubrimos la elección no en nosotros mismos sino en Cristo”.[7]

Esto suena bonito, sin embargo, una vez que reconoces que hay una clase de personas que Dios realmente no quiere salvar, personas a las que no ama, la seguridad se ve socavada. Además, el reconocimiento de que la fe actual de cualquier persona puede ser simplemente una fe temporal y un resultado del autoengaño, una fe que no durará, también socava la seguridad. “Volverse a Cristo en la fe” y “descubrir la elección en Cristo” son frases que suenan huecas en un sistema en el que Dios no quiere que todos se salven, y le da fe temporal a algún reprobado a quien Dios finalmente excluirá de la salvación. El calvinismo enseña:

“Todos aquellos a quienes Dios ha predestinado a la vida y solo a ellos, él se complace… de llamar eficazmente… a la gracia y salvación por Jesucristo”.[8]

Claramente, solo unos pocos elegidos se salvan en el calvinismo, los demás están excluidos. Tales afirmaciones, por lo tanto, carecen de sentido. Así las cosas, el calvinismo genera más dudas que certezas en el creyente pues ¿Cómo puede estar plenamente seguro que pertenece a los elegidos?

Para el arminiano, por otro lado, esas mismas frases, y todos los testimonios de salvación, en realidad significan algo. No hay duda en cuanto a qué grupo pertenecemos. Pertenecemos al grupo que Dios ama y quiere salvar. Los arminianos creemos firmemente que:

“El Señor… No quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9, NVI)

“El Dios viviente, que es Salvador de todos, especialmente de los que creen.” (1 Timoteo 4:10, NVI)

CONCLUSIÓN.

Pase lo que pase en la vida, sabemos que Dios nos ama. Cualquier cosa que pueda pasar, cualquier éxito o fracaso que pueda experimentar, cualquier ganancia o pérdida, sabemos algo que un calvinista nunca puede saber con certeza: Dios quiere que sea salvo y me creó para este fin. Esta es la base de la salvación y la seguridad de la salvación.

REFERENCIAS:

[1] El Catecismo de Heidelberg (Heidelberger Katechismus)es uno de las Tres Formas de la Unidad junto a la Confesión belga (1561) y los Cánones de Dort (1618-19). Fue escrito en 1563 por dos jóvenes teólogos: uno que había sido alumno de Juan Calvino, y el otro que lo fue de Felipe Melanchton, cercano colaborador de Lutero. Los nombres de los autores son Zacharius Ursinus y Gaspar Oleviano. El Catecismo de Heidelberg consta de un total de 129 preguntas y respuestas.

[2] Catecismo de Heidelberg (2010), Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas, Guadalupe, Costa Rica. Pp. 7.

[3] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, III:2:10.

[4] Jacobo Arminio, Verklaring, pág. 87.

[5] Jacobo Arminio, Articuli nonnulli XXII.4-5.

[6] Robert A. Peterson y Michael D. Williams, Why I am Not an Arminian (2004), IVP Books, pp. 65.

[7] Michael Horton, For Calvinism (2011), Zondervan Academic, pp. 73.

[8] Confesión de Fe de Westminster (1643), X: 1.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

No hay salvación sin fidelidad hasta el fin

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

A la mayoría de los cristianos le resultaría increíble concebir la idea de que los cristianos infieles, aquellos que no perseveran en la fe hasta el final, aún entrarán en la vida eterna con Jesús. Sin embargo, esto es exactamente lo que se está enseñando hoy en muchas iglesias y denominaciones “cristianas”. Aferrándose a pasajes como Juan 10:27-28, el cual dice: “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:27-28, NVI), algunos predicadores, como el famoso teólogo Charles F. Stanley (pastor principal de la Primera Iglesia Bautista de Atlanta, Georgia), fundador y presidente de “Ministerios en Contacto”, y quien fungiese como presidente de la Convención Bautista del Sur de 1984 a 1986, han enseñado que:

“El creyente infiel no perderá su salvación… Incluso si un creyente para todos los propósitos prácticos se convierte en un incrédulo, su salvación no está en peligro… Cristo no negará a un cristiano incrédulo su salvación.”[1]

Según dichos teólogos la salvación “se aplica en el momento de la fe… Y su permanencia no depende de la permanencia de la fe”[2] Por tal razón enseñan que, dado que un momento de fe asegura el destino eterno de uno, necesariamente se deduce que la salvación de un creyente no puede ser quitada de ellos “por cualquier razón, ya sea pecado o incredulidad”[3] Por lo tanto, no es sorprendente que se opongan a “aquellos que sostienen que la fe de uno debe mantenerse para garantizar la posesión de la vida eterna”[4]

Los arminianos, en cambio, creemos que “el que se mantenga firme hasta el fin será salvo” (Mateo 24:14, NVI). La perseverancia final implica fidelidad final, el que persevere hasta el fin será salvo (Mateo 24:13); el que es fiel hasta la muerte tendrá una corona de vida (Apocalipsis 2:10). Pero, por muy sorprendente que parezca, este importante líder denominacional y muchos otros (en total contradicción con la Biblia), está abogando por los “incrédulos salvados”. Para la mayoría de los cristianos, tal afirmación es un oxímoron.[5] Como si afirmáramos la existencia de un “soltero casado”, dicha expresión carece totalmente de sentido.

En plena concordancia con la Biblia, Jacobo Arminio enseñó:

“Al comienzo de la fe en Cristo y de la conversión a Dios, el creyente se convierte en un miembro vivo de Cristo. Si persevera en la fe de Cristo y mantiene una buena conciencia, sigue siendo un miembro vivo. Pero si se vuelve indolente, no se preocupa por sí mismo, le da lugar al pecado, se vuelve medio muerto: al proceder de esta manera, al final muere por completo y deja de ser miembro de Cristo”[6]

Arminio, fiel en sus enseñanzas a la Palabra de Dios, afirmó que la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final del creyente. Desafortunadamente, la falsa doctrina del “una vez salvo, siempre salvo”, haya perseverancia o no, continúa siendo predicada en muchos púlpitos alrededor del mundo. Y esto a pesar de que las Escrituras enseñan que la posesión de la vida eterna está condicionada a una actitud de confianza en la persona y fuente de eternidad y salvación, el Señor Jesucristo.

SÓLO EL QUE PERSEVERE SERÁ SALVO.

Pero los arminianos no somos los únicos en oponernos a dicha enseñanza antibíblica. Incluso el calvinista clásico está de acuerdo con el arminianismo en que la fe en el Señor Jesucristo debe continuar hasta el fin si uno va a experimentar la salvación en el mundo venidero. Por ejemplo, el autor reformado James White dice:

“Las maravillosas promesas que proporciona Cristo no son para aquellos que no creen verdadera y continuamente. La fe que salva es una fe viva, una fe que siempre mira a Cristo como Señor y Salvador… Muchos en nuestro mundo hoy…. enseñan esencialmente que una persona puede realizar un acto de creer en Cristo una vez, y después de esto, puede caer incluso en la incredulidad total y aun así supuestamente ser “salvado”… Cristo no salva a los hombres de esta manera. El verdadero cristiano es el que viene continuamente, siempre creyendo en Cristo. La verdadera fe cristiana es una fe continua, no un acto de una sola vez. Si uno desea estar eternamente saciado, una comida no es suficiente. Si deseamos festejar con el pan del cielo, debemos hacerlo toda nuestra vida. Nunca tendremos hambre o sed si siempre venimos y siempre creemos en Cristo”[7]

El teólogo wesleyano Daniel Whedon afirma también:

“Mientras cumpla la condición, siempre será el heredero de la salvación… Cuando deja de ser creyente, pierde todo reclamo de la promesa divina y todo interés en la vida eterna. Que una vez haya creído ya no le asegura el cielo”[8]

John Wesley, padre del metodismo, enseñó:

“¿Puede un hijo de Dios, entonces, ir al infierno? ¿O puede un hombre ser un hijo de Dios hoy, y un hijo del diablo mañana? Si Dios es nuestro Padre una vez, ¿no es Él nuestro Padre siempre? Respondo: (1) Un hijo de Dios, es decir, un verdadero creyente (porque el que cree ha nacido de Dios), mientras continúa siendo un verdadero creyente, no puede ir al infierno. Pero, (2) Si un creyente naufraga de la fe, ya no es un hijo de Dios. Y luego puede irse al infierno, sí, y ciertamente lo hará si continúa en la incredulidad. (3.) Si un creyente puede hacer naufragio de su fe, entonces un hombre que cree ahora, puede ser un incrédulo en algún momento; sí, muy posiblemente mañana; pero si es así, el que es un hijo de Dios hoy, puede ser un hijo del diablo mañana… (4) Dios es el Padre de los que creen, mientras ellos creen. Pero el diablo es el padre de los que no creen, ya sea que hayan creído una vez o no”[9]

Tanto White como Whedon, Arminio y Wesley entendieron correctamente que ningún autor bíblico garantiza la salvación final de uno, aparte de una fe viva. El apóstol Pedro está de acuerdo cuando dice a sus compañeros creyentes: “pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.” (1 Pedro 1: 9, NVI). Nótese que Pedro describe dicho proceso como algo continuo. No como un evento ocurrido en el pasado solamente.

El teólogo metodista Joseph Benson llega a la misma conclusión que Wesley y Arminio en su comentario sobre Mateo 10:22:

“Pero no se desanime ante la perspectiva de estas pruebas, porque el que persevera en la fe y la práctica del evangelio, y que soporta constantemente y con paciencia invencible estas persecuciones, (que mi gracia es suficiente para permitirles a todos hacer), serán salvadas por fin y eternamente de todo pecado y miseria, en el reino y la gloria de Dios.”[10]

Pero más allá de la opinión de cualquier teólogo, la Palabra de Dios afirma categóricamente:

Pero mi justo vivirá por la fe. Y, si se vuelve atrás, no será de mi agrado». Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.(Hebreos 10: 38-39, NVI)

Mientras defendía el evangelio cristiano contra los legalistas gálatas, Pablo advirtió:

“Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia.” (Gálatas 5:4, NVI).

Pablo afirma que los creyentes genuinos pueden llegar a caer de la gracia. El hecho de que alguien que estaba en Cristo aún pueda ser separado de Él seguramente no es popular en la cultura tolerante (o más bien permisiva) de hoy. La pregunta, sin embargo, no es si una idea es popular o no, sino si es verdadera o no. Pero en Gálatas 5: 4, la expresión “han roto con Cristo; han caído de la gracia” combina dos ideas: separación y el cese de una obra. Denota separación, partida, cese, finalización, inversión Hablando lógicamente, parece razonable concluir que si estoy separado de algo, primero debo haber estado conectado a él. Si un trabajo ha cesado, primero debe haber comenzado. Estas palabras desafiantes cayeron, no de los labios de algún teólogo moderno, herético, oscuro o parcial, sino de los labios del mismísimo apóstol Pablo, el paladín de la gracia.

Muchos de los doctores de la iglesia moderna, sin embargo, no pueden tolerar tales nociones “intolerantes” de Pablo. Creen que las acciones, elecciones o estilo de vida de uno nunca pueden separarnos de Cristo y de su gracia como lo enseñó Pablo.

CONCLUSIÓN.

Los arminianos creemos en la seguridad de la salvación para el cristiano como cualquier estudiante honesto de la Biblia. Las promesas de Cristo a sus ovejas son innegables y le conceden la seguridad y confianza necesarias a cada creyente. Jesús dijo claramente:

“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:27-28, NVI)

Los arminianos encontramos mucho consuelo en estas palabras de Cristo. Sin embargo, muchos “evangélicos”, defensores de la falsa enseñanza de “una vez salvos, siempre salvos” y su falsa “seguridad eterna del creyente”, citan a Jesús en este pasaje como si hubiera dicho: “Nunca perecerán si me siguen o no”. Pero Cristo jamás dijo tal cosa.

Aunque la seguridad de la salvación para los seguidores del Buen Pastor es bastante reconfortante. Sin embargo, dicha seguridad nunca debe aplicarse a los hipócritas que “Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan” (Tito 1:16, NVI). La seguridad cristiana pertenece a los cristianos, no a los hipócritas, ya que “el que practica el pecado es del diablo” (1 Juan 3:8, NVI).

En palabras de Ezequiel:

“Si el justo se aparta de la justicia y hace lo malo y practica los mismos actos repugnantes del malvado, ¿merece vivir? No, sino que morirá por causa de su infidelidad y de sus pecados, y no se recordará ninguna de sus obras justas. »Ustedes dicen: “El Señor es injusto”. Pero escucha, pueblo de Israel: ¿En qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos? Cuando el justo se aparta de la justicia, cae en la maldad y muere, ¡pero muere por su maldad!” (Ezequiel 18:24-26, NVI).

La seguridad de Juan 10:27-28 se aplica solo a aquellos que siguen a Cristo, como lo indica claramente el texto. Solo los fieles serán salvos: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10, NVI).

REFERENCIAS:

[1] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 93-94.

[2] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 80.

[3] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 81.

[4] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 82.

[5] Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto (RAE).

[6] Jacobo Arminio, Obras, 3:470.

[7] James R. White (2013), Drawn by the Father, Reformation Press, pp. 19-20.

[8] Daniel Whedon, Daniel Whedon’s Commentary on the New Testament (2012), GraceWorks Multimedia, 2:288.

[9] John Wesley, Works, 10:297-98.

[10] Joseph Benson, Joseph Benson’s Commentary of the Old and New Testaments, (1854), Carlton & Phillips, 4:99.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Libre Albedrío

Soberanía de Dios y Libre Albedrío.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Uno de los atributos de Dios que es común en todas las teologías cristianas ortodoxas es su omnisciencia. Dios lo sabe todo, no solo el presente y el pasado, sino también el futuro. Dios sabía antes de comenzar a crear el universo exactamente cada cosa que nosotros haríamos durante nuestra vida. Pero ¿cómo sabe un futuro que aún no ha sucedido? Tres alternativas merecen ser consideradas:

  • El Calvinismo cree que Dios conoce el futuro porque él lo decretó. El determinismo es inherente a la soberanía de Dios según el calvinismo; el pensamiento de que nada sucede aparte de la dirección específica de Dios. Entonces, porque Dios ha determinado el futuro, él puede saberlo.
  • El Arminianismo cree que Dios conoce el futuro porque es trascendente, está fuera del tiempo y puede ver el pasado, el presente y el futuro sin impactarlo necesariamente. Mientras que los arminianos sí creen que la mayor parte del futuro está decretado por Dios, sí dejan espacio para las acciones de libre albedrío de la humanidad, sin que Dios viole la libertad que le ha dado a sus criaturas. Dios sabe todas las opciones posibles que podríamos tomar, así como la que realmente tomaremos, y planea en consecuencia.
  • El Teísmo Abierto enseña que Dios no conoce el futuro de manera exhaustiva, que Dios no puede saber qué decisiones tomará la humanidad en el futuro y tiene que esperar hasta que actúen antes de conocer la acción. Esta es una enseñanza herética que limita la omnisciencia de Dios y lo hace amigable en su trato con la humanidad. Esto a veces se identifica como arminianismo, pero no lo es.

EL PROBLEMA CON EL DETERMINISMO.

La doctrina calvinista de la soberanía divina implica el determinismo. Nada sucede en toda la creación aparte del decreto de Dios. Cada evento en el mundo natural, así como cada acción del hombre, sucede en la dirección de Dios. Entonces, ¿dónde encaja el libre albedrío humano en esto? Los calvinistas abogan por lo que llaman el libre albedrío compatibilista, o el libre albedrío que es compatible con el determinismo. Dicha doctrina afirma que Dios nos ha hecho de tal manera que libremente elegimos hacer lo que él quiere que haga. Sin embargo, puesto que no podemos elegir de otra manera, esto no parece ser libre albedrío. Juan Calvino sentó su postura determinista con total claridad:

“Entonces digo que, aunque todas las cosas están ordenadas por el consejo y cierto acuerdo de Dios, para nosotros, sin embargo, son fortuitas, no porque imaginemos que la Fortuna gobierna el mundo y la humanidad, y da vuelta todas las cosas al azar ( lejos sea un pensamiento tan cruel de todo seno cristiano); pero como el orden, el método, el fin y la necesidad de los eventos están, en su mayor parte, ocultos en el consejo de Dios, aunque es cierto que son producidos por la voluntad de Dios, tienen la apariencia de ser fortuitos. tal es la forma en que se presentan ante nosotros, ya sea que se consideren en su propia naturaleza o se estimen de acuerdo con nuestro conocimiento y juicio. Supongamos, por ejemplo, que un comerciante, después de entrar en un bosque en compañía de personas dignas de confianza, se desvía imprudentemente de sus compañeros y se pasea desconcertado hasta que cae en una cueva de ladrones y es asesinado. Su muerte no solo fue prevista por el ojo de Dios, sino que fue fijada por su decreto.[1]

En el calvinismo, debido a que Dios determina específicamente todo lo que sucederá, se deduce, lógicamente, que Dios también es responsable de todo, incluido el pecado. La mayoría de los calvinistas tratan de distanciarse del pensamiento de que Dios causa el pecado, pero es una consecuencia ineludible del determinismo. Para escapar de tal contradicción en el carácter de Dios, el calvinismo afirma que el hombre es totalmente depravado e incapaz de hacer ningún bien aparte de la gracia de Dios. Así pues, Dios no obliga a las personas a pecar, pero sí les quita su gracia para que sean incapaces de obedecer a Dios. Por lo tanto, la responsabilidad por su pecado es solo de ellos y no de Dios. Pero tal razonamiento no deja de ser un mero sofisma. Por eso, algunos calvinistas, simplemente admiten que Dios es el autor del pecado. Por ejemplo, el teólogo calvinista Vincent Cheung afirma:

“Dios controla todo lo que existe y todo lo que sucede. No existe ni existirá una cosa que no haya decretado y causado, ni siquiera un solo pensamiento en la mente del hombre. Como esto es cierto, se deduce que Dios ha decretado y causado la existencia del mal. No solo lo ha permitido, porque nada puede originarse o suceder aparte de su voluntad y poder. Como ninguna criatura puede tomar decisiones libres o independientes, el mal nunca podría haber comenzado a menos que Dios lo haya decretado y lo haya causado, y no puede continuar por un momento más sin la voluntad de Dios para que continúe o sin el poder de Dios haciendo que continúe “.[2]

Quizás la cuestión más importante en relación con el determinismo es la visión calvinista de la predestinación. En este punto de vista, Dios predispuso a algunos para la salvación y el resto fue predestinado a la condenación. La preordenación de Dios de sus elegidos no se basa en nada que ellos puedan hacer. Más bien, Dios, en su divina sabiduría y sus formas inescrutables, simplemente los eligió. A cualquier observador imparcial le será difícil ver esto como otra cosa que no sea Dios creando arbitrariamente personas con el propósito expreso de condenarlos al infierno simplemente porque no los eligió, responsabilizándolos de algo que eran incapaces de alcanzar por sí mismos, y que él podría darles y, sin embargo, optó por retenerlo de ellos. Si el calvinismo fuese cierto, Dios no podría ser visto más que como un maestro titiritero que tira de las cuerdas de la humanidad. En tal caso, Dios sería responsable de todo lo que sucede en la creación, incluyendo el pecado y el mal. Por consiguiente, sería difícil, por no decir imposible, ver a Dios como un ser amoroso y misericordioso.

LIBRE ALBEDRÍO COMPATIBILISTA Y LIBRE ALBEDRÍO LIBERTARIO.

El Arminianismo rechaza la interpretación calvinista de la soberanía divina ya que contradice el carácter de Dios. ¿Cómo reconciliar la idea de un Dios santo, justo y amoroso con uno que es el autor del pecado y que hace responsable a la humanidad de algo que no puede evitar? El libre albedrío humano, en lugar de estar en el centro del arminianismo, es una forma de transferir la responsabilidad por el pecado de Dios a la humanidad. Debido a que la humanidad es responsable de su propio pecado, Dios puede castigar correctamente el pecado sin dañar su santidad.

Contrariamente a la opinión popular en los círculos calvinistas, el arminianismo tiene una visión elevada de la soberanía de Dios, en algunos aspectos incluso más alta que la de los mismos calvinistas. Para el arminiano, la soberanía de Dios significa que nada sucede en el universo que Dios no permita. De hecho, mucho de lo que sucede, si no la mayoría, está decretado por Dios. Pero sí creemos que Dios le ha dado al hombre un libre albedrío limitado, aunque corrompido en la caída, que puede tomar decisiones reales. Si bien nuestra depravación nos impide elegir creer en Cristo, podemos elegir libremente el color de la camisa que usaremos, lo que cenaremos, a dónde iremos de vacaciones o con quién nos casaremos. Sin embargo, sin importar las elecciones que hagamos, Dios las conoció antes de la creación y trabaja a través de ellas para cumplir su propósito en la creación. Para el arminiano, Dios permite el pecado, pero no lo decreta. Pero aun cuando Dios permite el pecado, él lo usa para cumplir su propósito. Dios también previene el mal gratuito si el bien no puede salir de él.

Los arminianos también reconocemos cierta forma de predestinación. Pero en lugar de la preordenación por razones arbitrarias, creemos que Dios predestina basándose en su conocimiento previo de quién responderá a su oferta de gracia. Todos los que se someten a ella están predestinados a conformarse a la imagen de Cristo. Aquellos que se resisten a su gracia se enfrentan a la condenación, no porque Dios quiera que sean condenados, sino porque eligieron rechazar la oferta de salvación de Dios.

En contraste con el Libre Albedrío Compatibilista del calvinismo, los arminianos sostenemos el Libre Albedrío Libertario, o voluntad que está libre de determinismo. El libre albedrío humano es totalmente depravado y totalmente incapaz de hacer cualquier cosa que sea agradable a Dios. Aparte de la obra de la gracia de Dios, no puedo complacerlo. Pero Dios nos da a cada uno de nosotros una medida de gracia que nos permitirá hacer el bien. Debido a esta “gracia común”, podemos ser justamente responsables de nuestro pecado. Si bien somos totalmente corruptos, la gracia de Dios nos permite tomar buenas decisiones morales, por lo que no tenemos excusa.

Mientras que la visión calvinista de la soberanía es “soberanía por mandato”, donde Dios es como un maestro titiritero que tira de todas las cuerdas y hace que todo y todos bailen a su tono, la visión arminiana es más bien la de un “director soberano”; Dios es como un director de orquesta que trabaja para mezclar la música de cada uno de los músicos en su visión. Cada miembro de la orquesta es independiente y aporta sus propias notas. Pero el conductor tiene un plan en el que está trabajando y trabaja para reunir todas las partes dispares en un magnífico conjunto. Pero mientras el conductor humano no tiene éxito garantizado, Dios no fallará, su plan tendrá éxito.

¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE DIOS NOS HA DADO LIBRE ALBEDRÍO?

El libre albedrío humano es totalmente depravado y totalmente incapaz de hacer cualquier cosa que sea agradable a Dios. Jacobo Arminio enseñó:

“En este estado, el libre albedrío del hombre hacia el bien verdadero no solo está herido, mutilado, enfermo, torcido y debilitado; sino también está encarcelado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo son debilitados e inútiles a menos que sean asistidos por la gracia, sino que no tienen ningún poder, excepto los que están excitados por la gracia divina. Porque Cristo ha dicho: Separados de mí, nada podéis hacer.”[3]

Desde la creación del hombre, Dios le concedió a este la libertad de escoger por su cuenta, sin compulsión alguna por parte de Dios:

 “y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás».” (Génesis 2:16-17, NVI)

Después de la caída el albedrío del hombre quedó mutilado, destruido y perdido, pero esto no significa que ya no exista:

“El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9, NVI). Si Dios predetermina las decisiones humanas ¿Por qué esperar y tener paciencia? ¿No podría simplemente “programar” la respuesta esperada? Además, ¿Cómo puede decir que no quiere que nadie perezca si ha predestinado a algunos para condenación?

“Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor.” (Gálatas 5:13, NVI). ¿A qué libertad hemos sido llamados si nuestros actos están todos predeterminados?

“El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Juan 7:17, NVI). Para poder estar dispuestos a hacer la voluntad de Dios por necesidad se requiere poseer libre albedrío; de lo contrario no sería disposición, sino compulsión.

Josué dejó en claro que podemos elegir servir a Dios o no. Nadie es obligado a servir a Dios, pues él no manipula a nadie como si de un maestro titiritero se tratara:

“Pero, si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor».” (Josué 24:15, NVI)

Cristo mismo ha expresado su voluntad de respetar el albedrío del hombre:

“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20, NVI)

La posibilidad de rebelarse e ir en contra del decreto de Dios es la base para ser condenados. Si dicha posibilidad nos fuese negada y Dios decretara cada uno de nuestros actos, incluso los pecaminosos, la culpa de nuestra supuesta rebeldía sería de Dios, no nuestra. Pablo enseñó que rebelarnos contra lo que Dios ha instituido es posible:

“Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo.” (Romanos 13:2, NVI)

El ser humano es capaz de elegir entre lo bueno y lo malo. Por tal razón Dios lo hace moralmente responsable de sus actos:

“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.” (1 Corintios 10:13, NVI)

A través de su gracia, Dios libera el albedrío del hombre, dándole libertad de elegir entregarse a Él o rechazar su gracia:

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.” (Juan 1:12-13, NVI)

Aún Moisés habló de Dios concediéndole al hombre la libertad de elegir sin que fuese Dios quien lo predeterminara:

“Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Ama al Señor tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida, y por él vivirás mucho tiempo en el territorio que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.” (Deuteronomio 30:19-20, NVI)

El libre albedrío jamás le ha sido negado por Dios al hombre. De lo contrario, Dios sería injusto si lo condenara por hacer algo que no podía evitar hacer:

“Por tanto, a cada uno de ustedes, los israelitas, los juzgaré según su conducta. Lo afirma el Señor omnipotente. Arrepiéntanse y apártense de todas sus maldades, para que el pecado no les acarree la ruina. Arrojen de una vez por todas las maldades que cometieron contra mí, y háganse de un corazón y de un espíritu nuevos. ¿Por qué habrás de morir, pueblo de Israel? Yo no quiero la muerte de nadie. ¡Conviértanse, y vivirán! Lo afirma el Señor omnipotente.” (Ezequiel 18:30-32, NVI)

CONCLUSIÓN.

Muchos se cuestionan el por qué un Dios soberano le concedería a la humanidad la capacidad de tomar decisiones libres en lugar de dirigir todos sus asuntos. La respuesta dicha pregunta está relacionada con su propósito en la creación. ¿Para qué creó Dios el universo? Una de sus razones fue para producir la iglesia. La mejor prueba de esto es que, cuando el propósito para el universo se cumpla, el siguiente paso es la destrucción de la creación actual y la producción de una nueva que habitaremos (2 Pedro 3:3-13; Apocalipsis 21:1). Ahora bien, Dios está usando la creación actual como un lugar, no solo para producir la iglesia, sino también para desarrollarla para lo que está por venir. El desarrollo de nuestro carácter ahora es importante, y para ello lo mejor es permitirnos tomar decisiones, incluidos los errores. En cierto modo, ahora somos como niños, y lo que seremos en la vida venidera aún nos está oculto, pero Dios nos ha creado para un propósito especial, y como un Padre amoroso nos guía en el camino. Y qué mejor manera de moldearnos que permitiéndonos tomar decisiones en lugar de solo programarlas.

Nada de lo que ha sucedido en la historia del universo fue una sorpresa para Dios. Antes de crearnos, sabía que rechazaríamos su señorío y seguiríamos nuestro propio camino. Su plan de redención no fue un intento de recuperarnos después de frustrar su plan; fue el plan desde el principio (1 Pedro 1: 18-20). Dios quiere a aquellos que le responderán con fe (Hebreos 11: 6), no porque deban hacerlo. Por nuestra cuenta, somos incapaces de responder con fe, pero la gracia de Dios permite a la humanidad someterse a Dios o continuar resistiéndolo. Es por la fe, habilitada por la gracia, que podemos entrar en una relación con Dios que continuará por el resto de la eternidad. Dios creó a la humanidad con libre albedrío por una razón; Él quiere que elijamos libremente servirle y amarlo, así como desarrollarnos en la madurez. Y el ejercicio de nuestras voluntades ahora, a medida que nos desarrollamos, nos está preparando para la eternidad y su tarea para nosotros allí.

REFERENCIAS:

[1] John Calvin, Institutes of Christian Religion 1.16.9.

[2] Vincent Cheung: The Problem of Evil, God’s Sovereignty

[3] Jacob Arminius, Public Disputation 11 On the Free Will of Man and Its Powers.