Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

¿Santos, o santurrones?

Una santidad falsa se ha vuelto popular en algunas iglesias. Muchos cristianos han asociado la santidad con una larga lista de cosas que no se deben hacer, y otra lista de cosas que son nuestro deber. Pero entender la santidad sólo en términos de obediencia a una serie de reglas produce problemas. Primero, limita lo que es la verdadera santidad bíblica. Segundo, es muy posible obedecer reglas en lugar de obedecer a Dios. Tercero, cuando ponemos nuestro énfasis en obedecer reglas nos engañamos, ya que pensamos haber logrado la santidad por tal esfuerzo. Jamás podremos lograr la santidad sin una obra interna y profunda del Espíritu Santo. Finalmente, está el peligro de que, por nuestro esfuerzo de obedecer reglas, lleguemos a volvernos orgullosos, a exhibir nuestra santidad como si estuviésemos en una competencia de belleza. Todo esto es contrario a la verdadera santidad.

Vida Cristiana, Vida Espiritual

El propósito bíblico del matrimonio

Es imperativo en tiempos como estos que la iglesia cristiana clarifique, enseñe, y fielmente cumpla lo que la Biblia dice acerca del matrimonio. La Iglesia también debe expresar la posición bíblica respecto del divorcio y un segundo matrimonio, lo cual ocurre con demasiada frecuencia cuando uno de los cónyuges, o ambos, abandonan sus compromisos y sus responsabilidades ético-cristianas.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Espiritual

Cuando el pecado nos impide orar.

Reconocer la naturaleza corrosiva del pecado y la forma en que se come nuestra vida espiritual nos obliga a mantener cuentas cortas con Dios, y luchar contra las temporadas de culpa que vienen por la falta de oración. Bien se ha dicho, el pecado te alejará de la oración, y la oración te alejará de pecar. Pero también es cierto que la oración te sacará del pecado. A veces es un trabajo duro. Pero es un buen trabajo. Recuerda, nunca eres demasiado pecador como para orar, si tu oración es una de arrepentimiento. Cristo es poderoso para salvar, y su gracia es más grande que todos nuestros pecados.

Devocional

¡Cuida tus ojos!

La enfermedad no está en el aspecto atractivo de la mujer, sino en la vista corrupta de los hombres que quieren apropiarse de ella. Jesús lo expresó con claridad: “... Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón...” (Mateo 5:28) y “...La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas...” (Mateo 6:22). Por eso, “...Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti...” (Mateo 5:29).

Vida Espiritual

La santidad, meta de un verdadero pentecostal.

El pentecostalismo primitivo tiene sus orígenes en el Movimiento de Santidad. Charles Fox Parham, uno de los pioneros del pentecostalismo, era un metodista formado con la doctrina del movimiento de santidad y con estudiantes que profesaban la misma enseñanza. Dicho Movimiento surgió a mediados del siglo XIX entre las iglesias protestantes de los Estados Unidos de Norteamérica. También se le llamó la doctrina de la completa santificación y, de igual forma, estuvo íntimamente ligada a la doctrina de la perfección cristiana, la cual tenía relación con una experiencia posterior a la conversión. Esta doctrina enseña que un pecador que pone su fe en Jesús y cree, se convierte y justifica, y recibe perdón de pecados; sin embargo, es todavía dominado por su naturaleza pecaminosa y debe buscar la entera santificación. La obra de Dios purifica sus motivos, deseos y pensamientos, conservando su capacidad de pecar, pero su naturaleza heredada por Adán deja de ser una fuente de tentación. Es decir, que se hace énfasis en un proceso constante de santificación hasta alcanzar la perfección cristiana. Se debía buscar dos experiencias con Dios llamadas las obras de la gracia: La Conversión y la Santificación. La naturaleza carnal puede ser limpiada por la fe y el poder del Espíritu Santo. Tal doctrina se fundamenta en las enseñanzas de Juan Wesley, predicador del siglo XVII en Inglaterra y padre del metodismo, quien promulgó esta doctrina casi un siglo antes del surgimiento del Movimiento de Santidad. Aunque no todos los pentecostales concordamos con las ideas de Wesley, todos concordamos con que el fruto de una vida en el Espíritu es la santificación. Esa es la meta de Dios y debería ser la nuestra: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:23,24). El mundo también desea verlo en nuestra vida, pues está cansado de una iglesia que solo habla, pero no vive lo que predica. A la gente no le interesa tanto nuestra teología como le interesa nuestra vida.

Vida Espiritual

Viviendo una vida llena del Espíritu.

La cultura occidental tiene una cosmovisión limitada, y percibe la realidad en dos ámbitos: (1) el mundo natural que opera conforme a leyes científicas comprobables, y (2) Dios que se limita a lo sobrenatural; es decir, lo interior y espiritual. Esta perspectiva es el fundamento de las filosofías humanísticas seculares. Este doble concepto no representa la manera en que gran parte del mundo ve la realidad, y por cierto no es el punto de vista bíblico del mundo de Dios. Dios nos ha dado su Espíritu Santo con el propósito de derribar las falsas barreras entre lo natural y lo sobrenatural.