Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Vida Cristiana

Arminianismo, la vía media, bíblica y equilibrada

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Muchos cristianos temen identificarse como calvinistas o arminianos. Dicen estar hartos de las etiquetas y de los conflictos teológicos entre ambos sistemas. Muchos incluso reclaman estar posicionados teológicamente en un término medio entre el calvinismo y el arminianismo. Otros intentan justificar su indecisión con slogans piadosos: “¡Yo solo predico la Biblia!” Te dirán. “¡No sigo a hombres!” Argumentan otros. “Yo soy simplemente cristiano, no soy ni calvinista ni arminiano” Dice la mayoría. No culpo a estas personas por rendirse en su intento por comprender un poco (cuando menos) la inmensidad de quién es Dios, muy en el fondo quizá los inspire un deseo de ser pacificador, o cualquier otra razón. Los más honestos quizá admitan: “No sé, estoy indeciso, ambos sistemas teológicos tienen fuerte sustento en la Palabra de Dios. Eso me confunde.” ¿Es ese tu caso?

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¿EXISTE UN SISTEMA QUE EQUILIBRE BÍBLICAMENTE LA CUESTIÓN DE LA SOBERANÍA DIVINA Y EL ALBEDRÍO Y LA RESPONSABILIDAD HUMANA? ¿EXISTE UNA VÍA INTERMEDIA ENTRE AMBAS VERDADES BÍBLICAS?

Sí, la hay. Existe una vía intermedia y equilibrada: ¡Se llama arminianismo! Muchos cristianos anhelan creer que hay espacio en la Biblia para una soberanía fuerte y meticulosa, y a la vez para la libertad humana. Un sistema que le dé a Dios la gloria debida a su nombre, que reconozca su soberanía sin necesidad de convertirlo en un titiritero universal ni difamar su carácter. ¿Adivina qué? ¡Eso es arminianismo! La verdad es que, pese a todo lo malo que se pueda decir de nosotros en círculos reformados, los arminianos simplemente amamos la Biblia y dejamos espacio para ambas posibilidades.

El problema es que lo que muchos conocen es una tergiversación del arminianismo. En círculos calvinistas al arminianismo se le ha llamado erróneamente semipelagianismo, si no es que pelagianismo absoluto. El pelagianismo es la creencia de que nosotros trabajamos para ganarnos la salvación. Como si nos despertáramos un día y dijéramos: “Sabes, quiero ser salvo”, y luego salgo a buscar a Dios y digo: “Oye, sálvame”. Y Dios respondiera: “¡Me encontraste! ¡Mereces ser salvo! ¡Toma! Pero ten cuidado, ahora estás solo en esto y, con cada error que cometas, puedes perder tu salvación y tendrás que empezar de cero una vez más”. No, ¡Eso no es arminianismo!

Jacobo Arminio, y los verdaderos representantes de su pensamiento creemos en una soberanía fuerte y meticulosa, en la que Dios busca a los pecadores, despierta sus corazones a su gracia y atrae a las personas, a menudo poco dispuestas como son, y los salva. Todo por su gracia y para su gloria. Para nosotros los arminianos ¡Incluso la misma fe es un regalo de la misericordiosa gracia de Dios!

“Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús…” (Efesios 2:8-9, NTV)

Es su gracia la que vence esa incredulidad inherente en el hombre y la mujer no regenerados. Creemos que, por la culpa y la maldad de los hombres, y en parte a la justa venganza de Dios, que abandona, ciega y endurece a los pecadores, todo el género humano está bajo maldición y bajo la esclavitud del pecado. Es su gracia la que nos libera para creer, es su gracia la venció nuestra resistencia natural; es por su gracia que hoy somos salvos por medio de la fe. ¿Atribuimos con esto mérito alguno al hombre por su salvación? ¡En ninguna manera! Antes bien afirmamos junto al profeta Jonás:

“Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de alabanza, y cumpliré todas mis promesas. Pues mi salvación viene solo del Señor».” (Jonás 2:9)

 Cuando los calvinistas no acusan de ser pelagianos o semipelagianos demuestran un pobre conocimiento de la teología arminiana. Si eres uno de esos calvinistas que han vivido engañados acerca de nosotros, déjame explicarme un poco nuestras verdaderas creencias. Quizá así tus prejuicios puedan desaparecer o, por lo menos, disminuir.

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PELAGIANISMO Y SEMIPELAGIANISMO

El pelagianismo es la doctrina enseñada por Pelagio (siglos IV-V), un monje británico, ascético y acusado de heresiarca, quien negaba el pecado original y afirmaba que la gracia divina no era necesaria, ni gratuita, sino merecida por un esfuerzo en la práctica de la misma; sufrió una dura persecución por parte de la Iglesia de Roma tras enseñar ideas consideradas heréticas por los líderes de ésta.

La doctrina de Pelagio enseña que el pecado de Adán no afectó a las futuras generaciones de la humanidad. Según el Pelagianismo, el pecado de Adán era únicamente suyo, y los descendientes de Adán no heredaron una naturaleza pecaminosa transmitida a ellos. Él creía que Dios crea directamente a cada alma humana, y, por lo tanto, cada alma humana comienza en la inocencia y está originalmente libre de pecado. No somos básicamente malos, dice la enseñanza pelagiana; somos básicamente buenos.

Pelagio enfatizó la libertad de la voluntad humana, enseñando esencialmente que todo pecado es el resultado de una elección consciente del mal sobre el bien; todos tienen la capacidad de elegir libremente hacer el bien todo el tiempo. Y, puesto que no hay tal cosa como el pecado original o una naturaleza pecaminosa heredada, entonces no podemos culpar a Adán. Dios nos creó buenos, así que nadie tiene una excusa para pecar. Si no estás viviendo una vida santa, es porque no te esfuerzas lo suficiente.

La característica principal del pelagianismo es su dependencia de la libertad humana y de la fuerza de voluntad, en lugar de la gracia de Dios. Sin embargo, al decir que todos poseemos un poder inherente para elegir la santidad para nosotros mismos, Pelagio dejó sin efecto la gracia de Dios. El Pelagianismo cree que los seres humanos podemos elegir obedecer los mandamientos de Dios, y, si tan sólo conociéramos nuestra verdadera naturaleza, podríamos agradar a Dios y salvarnos a nosotros mismos.

Pelagio y sus doctrinas fueron combatidos por Agustín de Hipona y condenados por el Concilio de Cartago en el año 418 d.C., el mismo año en que Pelagio fue excomulgado. Sin embargo, la doctrina no desapareció y tuvo que ser condenada de nuevo por el Concilio de Éfeso (431 d.C.) y por los concilios eclesiásticos posteriores. El pelagianismo sobrevive hasta el día de hoy y aparece en cualquier enseñanza de carácter humanista, antropocéntrica y en aquellos sistemas que, a pesar de identificarse como cristianos, creen en la salvación por obras.

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¿Qué podemos decir acerca del semipelagianismo? El término “semipelagianismo” fue acuñado en el siglo XVI para designar un movimiento religioso complejo, polarizado en torno a los problemas de la gracia, la predestinación y el libre albedrío. Sus oponentes lo llamaron las «reliquias de la corrupción pelagiana». Sus representantes más destacados fueron Juan Casiano, abad de San Víctor en Marsella; Vicente de Leríns y Fausto de Riez.

¿Qué creían los semipelagianos? Los semipelagianos admitían, en contraposición Pelagio, la necesidad de la gracia para el crecimiento en la fe y la perseverancia en el bien, pero afirman que en el alma humana reside una semilla de virtudes cristianas y es ella la que inicia el acto de fe, la cual es considerada una obra del propio querer. Es decir, excluyen la gracia del inicio de la conversión, haciéndola intervenir sólo posteriormente: al hombre se le debe el inicio de la conversión; a Dios, la perseverancia.[1]

Aunque los semipelagianos creían que la caída de Adán tuvo consecuencias para sus descendientes, por cuanto están físicamente conectados con él, también afirman que el estado moral que entró en vigor en la raza humana como resultado de la transgresión de Adán no es uno de pecado y culpa, sino de debilidad, carencia y enfermedad.[2] Para el semipelagianismo, la caída no fue tan profunda, sino que permitió que el hombre conservarse un poco de su voluntad para cooperar en su salvación. Enseñaban que el hombre retenía una medida de libertad con la cual puede cooperar con la gracia de Dios. La voluntad del hombre ha sido debilitada y su naturaleza afectada por la Caída, pero él no es totalmente depravado.[3]

El semipelagianismo pretendía ser el punto de equilibrio entre el agustinianismo y el pelagianismo. Pero la perspectiva semipelagiana del pecado original, apenas se apartaba de las ideas de Pelagio y estaba abierta a las mismas objeciones. Los semipelagianos consideraban la doctrina agustiniana de la predestinación como un «horrendo sacrilegio» que apaga en el alma la esperanza cristiana, frena la iniciativa en el hombre y limita la eficacia redentora de la sangre de Cristo. Su doctrina sobre el pecado original enseñaba que el pecado de Adán debilitó, mas no extinguió en nosotros, el vigor del libre albedrío. Con la caída, el libre albedrío quedó sencillamente debilitado. Según el semipelagianismo, al hombre le cuesta luchar contra el mal y practicar la virtud, sin embargo, no le es imposible. No hay excusa para el malvado y la desobediencia a la ley es producto de una voluntad libre y señora de sus actos.[4] Al menos en este punto, los semipelagianos coincidían con Agustín.

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¿QUÉ ASPECTOS DIFERENCIAN AL ARMINIANISMO DEL PELAGIANISMO Y EL SEMIPELAGIANISMO?

Al estudiar las diferencias entre estos tres sistemas, salen a debate 5 cuestiones teológicas principales:

  1. Cómo Dios gobierna sobre el mundo (Providencia)
  2. La naturaleza del pecado (depravación)
  3. La condicionalidad de la salvación (Elección)
  4. El papel de la gracia (gracia preventiva)
  5. La naturaleza de la expiación (Expiación)

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I.- LA PROVIDENCIA (COMO DIOS GOBIERNA SOBRE EL MUNDO):

La Providencia Divina se define como el medio por y a través del cual Dios gobierna todas las cosas en el universo. La doctrina de la Providencia Divina afirma que Dios está en control absoluto de todas las cosas. Esto incluye al universo en su totalidad (Salmo 103:19), el mundo físico (Mateo 5:45), los asuntos de las naciones (Salmo 66:7), el nacimiento del ser humano y su destino (Gálatas 1:15), los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y la protección de Su pueblo (Salmo 4:8). Esta doctrina se opone directamente a la idea de que el universo sea gobernado por la casualidad o el destino. El propósito, o la meta, de la providencia divina es llevar a cabo la voluntad de Dios. Para asegurar que Sus propósitos sean cumplidos, Dios gobierna los asuntos del hombre y obra a través del orden natural de las cosas. Las leyes naturales son nada más que una representación de Dios obrando en el universo.

Dicho de otra manera, la doctrina de la providencia divina afirma que Dios, desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de Su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece. Según la doctrina de la providencia Divina, el medio principal por el cual Dios cumple Su voluntad es a través de causas secundarias (las leyes naturales, la elección del hombre). En otras palabras, Dios obra indirectamente a través de estas causas secundarias para cumplir Su voluntad.

Los seres humanos no somos libres de escoger o actuar fuera de la voluntad de Dios. Todo lo que hacemos y todo lo que elegimos está en plena conformidad con la voluntad de Dios, aun nuestras decisiones pecaminosas (Génesis 50:20). Al final de cuentas, es Dios Quien controla nuestras decisiones y acciones (Génesis 45:5; Deuteronomio 8:18; Proverbios 21:1). Sin embargo, pretendiendo hacer malabares teológicos, el calvinismo afirma que, aunque Dios lo determina todo de antemano, Él lo hace de tal manera que esto no viole nuestra responsabilidad como agentes moralmente libres, ni tampoco invalide la realidad de nuestra decisión. A esto se le denomina compatibilismo.[5]

La cuestión de la Providencia es quizá el único aspecto en el cual estos tres sistemas (arminianismo, pelagianismo y semipelagianismo) se unen contra el agustinianismo/calvinismo y mantienen algún grado de acercamiento entre sí. Las tres posiciones rechazan la noción de determinismo (la idea de que todo lo que sucede debe haber sucedido o fue la voluntad directa de Dios). A su vez, las tres posiciones defienden el concepto de Libre Albedrio Libertario, o libertarianismo, el cual puede definirse como la conjunción de un rechazo al compatibilismo junto con la afirmación de que los humanos (al menos ocasionalmente) poseen libre albedrío. Es decir que el libertarianismo afirma que poseemos libertad de responsabilidad moral y racional[6] y que la libertad necesaria para una acción responsable no es compatible con el determinismo.[7]

En este sentido, de acuerdo con la enseñanza arminiana, un agente toma decisiones (al menos algunas veces) de acuerdo con el librepensamiento (razón), y no sujeto irremediablemente a las leyes deterministas de la naturaleza, a la manipulación de Dios sobre su voluntad o cualquier otra cosa. Por lo tanto, si los humanos somos libres y podemos pensar y tomar nuestras propias decisiones, también nos responsabilizamos por estas elecciones y acciones. Esta capacidad es la esencia del libre albedrío libertario y la Biblia es consistente con ella de principio a fin. En 1 Corintios 10:13 se nos dice:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.”

De acuerdo con Pablo, cada vez que hemos pecado, Dios nos ha provisto una salida para que no tengamos que hacerlo. Entonces, se deduce que cuando pecamos, fuimos capaces de no pecar, y pudimos no haber pecado si así lo hubiéramos elegido. Ni Dios ni nadie determinó que cayéramos. Fue nuestra elección. Sin embargo, elegimos pecar libremente de todos modos. De esto se deduce que tenemos libre albedrío. Puesto que somos capaces de no pecar, somos, por consiguiente, responsables de nuestro pecado. No podemos escapar de nuestro pecado diciendo: “el diablo me obligó a hacerlo”. Peor aún, jamás podríamos argumentar que fue Dios quien, en su soberanía, predeterminó que pecásemos de tal o cual forma. Somos responsables por nuestros propios pensamientos (2 Corintios 10:5 y Colosenses 2:8) y acciones.

Sin embargo, si bien estamos de acuerdo con la idea de Libre Albedrío Libertariano, los arminianos tendemos a pensarlo de manera diferente a como lo haría un pelagiano o semipelagiano. El arminianismo se centra en la creencia en la bondad de Dios. Entonces, para nosotros, el Libre Albedrío Libertario es principalmente un concepto teórico. En otras palabras, el Libre Albedrío Libertario es una mera conclusión a la que llegamos para defender el carácter y la personalidad de Dios de la acusación de que Él creó el mal, o de que Él hace el mal. De hecho, los arminianos conocedores rara vez hablan del Libre albedrío Libertariano. Cuando hablamos de salvación o moralidad, preferimos hacerlo en términos de fe o gracia. Esto no es así con los pelagianos. El pelagianismo se ocupa principalmente de la gestión de la moral. Entonces, el pelagiano está más enfocado en cómo el Libre Albedrío Libertario nos da el poder de hacer lo que es bueno. Esto también es cierto para la mayoría de los semipelagianos. Su enfoque está en usar nuestras voluntades para obtener el control de nuestras vidas y acciones, no en defender el honor, carácter y bondad de Dios.

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II.- LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE Y LA NATURALEZA DEL PECADO

El arminianismo se distancia del pelagianismo y el semipelagianismo en su doctrina acerca de la depravación del hombre. Los pelagianos creen que los humanos nacen moralmente neutrales o buenos. El pecado es algo que tenemos que aprender. Como tal, depende de la persona elegir lo bueno y evitar lo malo. Los semipelagianos están de acuerdo en este punto, aunque a veces admitirán algún daño o discapacidad que exista en nuestras almas, lo que obstaculizará el bien. En otras palabras, a menudo creen en la naturaleza del pecado. Pero, aun así, creen que nacemos capaces de hacer el bien.

Los arminianos no podríamos estar más en desacuerdo. En este punto nos unimos a nuestros hermanos calvinistas en su afirmación de que los humanos nacemos depravados: inclinados hacia lo que es malo, pecaminosos y egoístas por naturaleza. Los arminianos creemos en la depravación total del hombre. Creemos que el ser humano no tiene gracia salvadora de sí mismo, ni de la energía de su libre albedrío, en la medida en que él, en el estado de apostasía y pecado, no puede por sí mismo ni pensar, ni desear, ni hacer nada que sea realmente bueno. Esto incluye la fe salvadora, la cual el hombre es incapaz de ejercer por sí mismo sin auxilio de la gracia.

Arminio escribió:

“En este estado [tras la Caída] el libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, tullido, enfermo, deformado y debilitado, sino también encarcelado, destruido y perdido. Y, hasta que llega la asistencia de la Gracia, sus poderes no sólo están debilitados e inútiles, sino que no existen excepto cuando los estimula la Gracia Divina: Puesto que Cristo ha dicho: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’… Cristo no dice, ‘separados de mí no podéis hacer más que unas pocas cosas’, ni tampoco, ‘separados de mí no podéis hacer ninguna cosa difícil’, o ‘separados de mí vais a tener muchas dificultades para hacer las cosas’. Lo que dice es ‘separados de mí nada podéis hacer’…”[8]

El Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960)”[9]

Pero el arminianismo va más allá en sus afirmaciones. El Cuarto Artículo de la Remonstrancia afirma:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni siquiera un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo…”[10]

En la teología arminiana el hombre está caído, desamparado espiritualmente y en estado de esclavitud de la voluntad. No hay ninguna habilidad humana natural dando al hombre condiciones para iniciar su salvación. A causa de la Caída, los hombres nacen, espiritual y moralmente, en estado de total depravación, y por lo tanto son incapaces de realizar cualquier bien delante de Dios sin el amparo de su gracia preveniente. Tal incapacidad es física, intelectual y volitiva. Todo aspecto de la naturaleza y la personalidad humana se ven afectados. No hay ningún bien espiritual que el ser humano pueda hacer aparte de la gracia divina. Solamente por la gracia los efectos del pecado original pueden ser superados y el ser humano, finalmente, podrá cumplir los mandamientos espirituales de Dios. La depravación total es extensiva, alcanzando, incluso, el libre albedrío. Por causa de la Caída la voluntad humana se tornó esclava del pecado. ¿Qué significa esto? Qué la voluntad del hombre se tornó perversa, su intelecto se oscureció, y sus afectos quedaron alienados; cada área de su vida quedó sujeta a servidumbre.

La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado. Por tal razón, todo verdadero arminiano defiende (en oposición al pelagianismo y el semipelagianismo) la doctrina de la depravación total. No somos culpables de negar dicha verdad como nos acusa el calvinismo. Los arminianos creemos que los humanos son totalmente incapaces de hacer cualquier bien espiritual aparte de la gracia divina.

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III.- LA CONDICIONALIDAD DE LA SALVACIÓN, ELECCIÓN Y EL PAPEL DE LAS OBRAS

Como se señaló con anterioridad, el pelagianismo se ocupa principalmente de fomentar la buena moral. No es de extrañar entonces que su punto de vista sobre la salvación sea legalista. Los pelagianistas creen que para ser salvo, uno debe vivir de acuerdo con la ley de Dios. Los que viven bien serán salvados, y los que no lo hagan serán condenados.

El semipelagiano también es legalista. Sin embargo, a diferencia de los pelagianos, no creen en la perfección moral, sino en la lucha por la perfección moral. Aquellos que buscan al Señor recibirán asistencia para hacer lo correcto, y luego serán salvos. Sin embargo, primero debemos tomar la iniciativa e invitar a Dios a nuestras vidas. Esto nos lleva a aclarar un punto importante: Mucho de lo que los calvinistas a menudo etiquetan como arminianismo en realidad no lo es. Los sistemas legalistas y de salvación por obras propios de sectas como los adventistas del séptimo día, mormones, testigos de Jehová, el catolicismo e incluso muchas iglesias que se dicen evangélicas, son en realidad semipelagianismo, no arminianismo. Es falta de integridad en los calvinistas afirmar que nosotros, los arminianos, practicamos un sistema de salvación por obras.

En el arminianismo, la elección está condicionada a la fe en Jesucristo, no a mis propios méritos. Ahora bien, la fe salvadora no es lo mismo que la simple creencia. No es que yo crea que Jesús es el Cristo; sino más bien que creo en Jesús, quien es el Cristo. No es lo que hago o lo que sé; es a quién conozco. Es la confianza y dependencia de Cristo lo que trae salvación, para que ningún hombre pueda jactarse. Entonces, no es por nuestras acciones o nuestros logros, que somos salvos, sino por estar en la presencia de nuestro Señor, Jesús el Cristo.

Para los pelagianos y semipelagianos, la elección para salvación depende de mis obras. De mi capacidad para perseverar y guardar los mandamientos. De mi buen récord como de fidelidad como creyente. En este sentido, para el pelagiano y el semipelagiano, la elección de Dios sobre mí depende de lo que yo haga para que él me considere un elegido. Nuestra obediencia le impone a Dios los términos de la elección. Por el eso el pelagiano y el semipelagiano no puede tener ni seguridad, ni certeza de su salvación. Vive en una constante pérdida y recuperación de la misma en base a sus obras, siempre luchando por la perfección moral y creyendo que, sin la misma, su salvación no es segura Lamentablemente esto es lo que se enseña en muchas iglesias evangélicas hoy día. Pero eso tampoco es arminianismo. En el arminianismo, las decisiones eternas de Dios son hechas sin ninguna condición impuesta sobre Él. Dios ha decretado de manera incondicional una elección condicional, escogiendo individuos como creyentes, a fin de salvarlos por gracia, por medio de la fe.

Los arminianos creemos que la gracia inmerecida del Señor es necesaria “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20). La única manera de recibir la gracia salvadora de Dios es a través de la fe en Cristo:

“pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de dios…la justicia de dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él” (romanos 3:21-22).

Creemos que la gracia salvadora resulta en nuestra santificación, y que a través de ella Dios nos conforma a la imagen de Cristo. En el momento de la salvación por gracia a través de la fe, Dios nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Y Él promete nunca abandonar a Sus hijos:

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Por eso, mi salvación no depende de mi capacidad para obedecer, ni de mi buen récord como creyente, sino de Dios. Los arminianos creemos además que no tenemos nada en nosotros que nos lleve a buscar a Dios (Romanos 3:10-11); no tenemos “gracia salvadora” por nuestra propia cuenta. Siendo básicamente inaceptables ante Dios, creemos firmemente que la salvación es la obra de Dios. Él da la gracia que necesitamos. Nuestra “gracia salvadora” es Cristo mismo. Su obra en la cruz es lo que nos salva, no nuestro propio mérito.

Los arminianos jamás hemos enseñado ni enseñaremos un sistema de salvación por obras. Enfatizamos, ciertamente, que la fe genuina en Cristo va a producir una vida cambiada y buenas obras (Santiago 2:20-26). Pero no creemos que la justificación es por fe más obras, sino que más bien una persona verdaderamente justificada por fe, va a tener buenas obras en su vida. Si una persona afirma ser un creyente, pero no tiene buenas obras en su vida, entonces es probable que no tenga una fe genuina en Cristo (Santiago 2:14, 17, 20, 26). Pablo, el apóstol de la gracia, dice lo mismo en sus escritos. Los buenos frutos que los creyentes deberían tener en su vida, se mencionan en Gálatas 5:22-23. Inmediatamente después de decirnos que somos salvos por fe y no por obras (Efesios 2:8-9), Pablo nos informa que fuimos creados para hacer buenas obras (Efesios 2:10).

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IV.- EL PAPEL DE LA GRACIA (GRACIA PREVENTIVA)

Otro punto importante de divergencia con pelagianos y semipelagianos es nuestra comprensión de la gracia. Todos los cristianos, desde los pelagianos hasta los calvinistas, creen que Dios nos otorga gracia antes de que seamos salvos. Donde todos diferimos es cuál es el acto, o actos de gracia, que ocurren antes de la salvación.

Los pelagianos tienen la comprensión más inusual de esto. Para ellos, la gracia preveniente de Dios es que nos creó con libre albedrío y una naturaleza moralmente neutral. Los semipelagianos consideran que, puesto que nacemos parcialmente discapacitados, la ley de Dios es tan estricta que es imposible cumplirla. Por lo tanto, la gracia preveniente de Dios está dando a los humanos la fuerza para hacer lo correcto, si lo invocan.

Sin embargo, los arminianos ven a Dios como mucho más activo en la vida de sus hijos y menos obsesionado con la perfección moral. Más bien vemos la gracia preveniente como algo que viene antes de que hagamos algo o tan siquiera la invoquemos como afirman los semipelagianos. La gracia preventiva es el primer acto de Dios dentro de la vida de cada persona. Es el sustento continuo de cada persona a lo largo de sus vidas caídas, y la atracción de cada persona al conocimiento de su Hijo. Los pelagianos piensan que Dios es amable y bueno por crearnos libres y ese fue su acto de gracia. Los semipelagianos piensan que Dios es amable por ayudarnos una vez le hallamos encontrado por cuenta propia. Los arminianos en cambio, creemos que Dios es bueno y muestra su gracia por alcanzarnos cuando aún éramos enemigos.

En la teología arminiana, la salvación comienza con lo que es usualmente llamado “gracia preveniente”; la cual incluye el primer deseo de agradar a Dios, el primer albor de luz en relación con la voluntad de Él, y la primera leve y transitoria convicción de haber pecado contra Él. La gracia se describe como la manifestación de la bondad de Dios, que afectuosamente se vuelve hacia el hombre en estado de miseria y, con amor, envía a su Hijo “para que todo aquel que en él cree tenga la vida eterna” (Juan 3:16). Dios toma la iniciativa en el proceso de salvación: Busca al pecador, lo redarguye de pecado, produce en él arrepentimiento y fe, lo regenera, justifica al pecador arrepentido y, en Cristo Jesús, le concede el derecho filial y la salvación.

Para el arminiano, la gracia es la obra del Espíritu Santo operando en el entendimiento y en la voluntad de la persona realizando una regeneración, infundiendo en el pecador (desprovisto de cualquier condición de pensar y hacer cualquier cosa buena) fe, esperanza y amor. La gracia es también la asistencia continua del Espíritu Santo inspirando al hombre en cuanto a las cosas buenas, infundiendo pensamientos loables y buenos deseos.

Este modo de concebir la gracia, coloca al arminianismo en una posición cómoda para mostrar cuán injustas son las acusaciones calvinistas de que el arminianismo es una especie de semipelagianismo (por no decir pelagianismo puro) y que reduce la gracia a una posición de segunda categoría, dándole un valor desmesurado al libre albedrío humano por encima de la gracia de Dios. El arminianismo jamás ha afirmado que el hombre puede salvarse a sí mismo.[11] Son los calvinistas quienes así lo han querido entender.

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V.- LA NATURALEZA DE LA EXPIACIÓN

Los arminianos creemos en la doctrina de la expiación sustitutiva. Desde la perspectiva arminiana, Cristo tomó nuestro lugar en la cruz por nuestros pecados. La descripción exacta de cómo funciona esto ha variado en el pensamiento arminiano, pero el efecto no. La teología arminiana entiende la muerte de Cristo como un sacrificio y el cumplimiento del culto sacrificial del Antiguo Testamento. Él es el sacrificio del verdadero pacto; así como el antiguo pacto fue confirmado por el sacrificio del pacto (Éxodo 24: 3-11), así también la sangre de Cristo es la sangre del nuevo pacto (Mateo 26:28; Marcos 14:24; Hebreos 9: 13).

Cristo es un sacrificio sustitutivo, la víctima del sacrificio por nuestros pecados (Efesios 5:2; Hebreos 9:26; 10:12), una ofrenda (Efesios 5:2; Hebreos 10:10, 14, 18); un rescate (Mateo 20:28; Marcos 10:45; 1 Timoteo 2:6) y, por lo tanto, denota el precio de la liberación, un rescate para comprar la libertad de alguien de la prisión, y por lo tanto un medio de expiación, una sacrificio por el cual cubrir el pecado de otras personas y así salvarlos de la muerte.

En concordancia con la Biblia, el arminianismo enseña que Cristo fue el pago (1 Corintios 6:20; 7:23; 1 Pedro 1: 18-19), el precio pagado por la compra de nuestra libertad; una ofrenda por el pecado que fue hecha pecado por nosotros (2 Corintios 5:21; 1 Juan 2:2; 4:10); el cordero pascual que fue asesinado por nosotros (Juan 19:36, 1 Corintios 5:7), el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y es asesinado para ese fin (Juan 1:29, 36; Hechos 8:32; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5: 6; etc.). Él es una expiación (Romanos 3:25), un sacrificio de expiación, quien fue hecho maldición por nosotros (Gálatas 3:13) y quitó la maldición de la ley.

Los arminianos creemos que somos personas pecaminosas, y la muerte de Cristo quita nuestros pecados y nos justifica. Una vez que la sangre de Cristo nos ha limpiado, estamos total y completamente justificados. Esto nos separa ampliamente del pelagianismo y el semipelagianismo. ¿En qué forma? ¿Qué diferencia al arminianismo de esas dos corrientes heréticas en relación con su entendimiento de la expiación? Para empezar, el semipelagianismo, no posee una postura definida en esta área. Algunos aceptan la expiación sustitutiva, otros creen que la cruz solo quita la naturaleza del pecado, y luego depende de nosotros vivir una vida mejor. La visión pelagiana es aún más radical. Creen que la muerte de Cristo en la cruz es solamente un ejemplo para nosotros. Su autosacrificio es la última demostración de la ética cristiana y la principal inspiración para vivir una vida moral, pero solo eso. Esta es, probablemente, la parte del pelagianismo que más molesta a calvinistas y arminianos.

Ante esto me pregunto: ¿Cómo puede un calvinista, con limpia conciencia, acusar a un arminiano de ser pelagiano o semipelagiano? ¿En verdad no entiende nuestra doctrina o simplemente actúa con malicia? Nuevamente, prefiero creer lo primero.

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ARMINIANOS Y CALVINISTAS, MÁS CERCA DE LO QUE CREES

Como lo destaqué en un artículo anterior, es un mito popular que el calvinismo y el arminianismo sean totalmente opuestos, o que chocamos en todos nuestros puntos de vista. De hecho, somos más parecidos de lo que muchos se atreven a admitir. Por eso me pregunto, ¿Cuál es el criterio que usan algunos para hacernos lucir como eternos adversarios y siempre contrarios al calvinismo? ¿El TULIP? ¿Ignoran acaso que los verdaderos arminianos somos más que simplemente lo contrario al TULIP calvinista? Si no leíste mi artículo anterior: “Calvinistas: ¿Hermanos o enemigos?” quiero invitarte a analizar conmigo el TULIP calvinista y compararlo con las creencias arminianas. El resultado quizá te sorprenda. ¡Comencemos!

(1) DEPRAVACIÓN TOTAL: En realidad, tanto los calvinistas como los arminianos estamos plenamente de acuerdo en que la raza humana es 100% incapaz de hacer el bien o de tan siquiera desear a Dios sin el auxilio de la gracia. Esto quedó claro al abordar las diferencias entre pelagianos, semipelagianos y arminianos. La depravación total y extensiva del ser humano es un hecho indiscutible en el cual, tanto calvinistas como arminianos, nos estrechamos la mano en señal de mutuo acuerdo.
(2) ELECCIÓN INCONDICIONAL: Se podría decir que los calvinistas creen que Dios eligió incondicionalmente salvar a algunas personas, mientras que los arminianos creemos que Dios eligió incondicionalmente brindar la oportunidad de salvación a todas las personas. Esto no es una cuestión de oposición, sino simplemente una cuestión de quién es capaz de recibir y beneficiarse de la salvación ofrecida por gracia. John Wesley, padre del metodismo y un reconocido arminiano, afirmó:
“Con respecto a la… Elección incondicional, creo lo siguiente: Que Dios, antes de la fundación del mundo, eligió incondicionalmente a ciertas personas para realizar ciertas labores, como por ejemplo a Pablo para predicar el evangelio; que ha elegido incondicionalmente a algunas naciones para recibir ciertos privilegios especiales; en particular la nación judía; que ha elegido incondicionalmente a algunas naciones para escuchar el evangelio… en la actualidad, y muchas otras en las edades pasadas; que ha elegido incondicionalmente a ciertas personas para disfrutar de muchas ventajas especiales, tanto en lo que respecta a lo temporal como a lo espiritual; y no niego (aunque no puedo demostrar que sea así) que ha elegido incondicionalmente a algunas personas a la gloria eterna. Empero no puedo creer lo siguiente: Que todos aquellos que no han sido elegidos así para la gloria deben perecer para siempre; o que haya un alma en la tierra que jamás haya tenido la posibilidad de escapar de la condenación eterna.”[12]
 (3) EXPIACIÓN LIMITADA: Los arminianos y los calvinistas simplemente no estamos de acuerdo sobre lo que es limitado con respecto a la expiación (es decir, lo que logra el sacrificio de Jesús). Los calvinistas limitan infamemente el alcance de la expiación, afirmando que Jesús murió solo por los elegidos, que Él no derramó Su sangre por toda la humanidad, porque aquellos predestinados por Dios al infierno no tenían la oportunidad del cielo y punto. Los arminianos sí creemos en una expiación limitada, pero no al estilo calvinista. Los arminianos limitamos la expiación en términos de su efecto, aunque creemos que la sangre es capaz de salvar a todas las personas, a esta gracia se accede solo por la fe (Romanos 5:2). Al igual que los calvinistas, los arminianos creemos que la fe también es un don de Dios y no un producto de la naturaleza caída humana, la cual es incapaz de tan siquiera creer en Dios por cuenta propia sin auxilio de la gracia divina.
(4) GRACIA IRRESISTIBLE: Los calvinistas y los arminianos tenemos ideas opuestas en relación con irresistibilidad o no de la gracia. Los arminianos creemos en la gracia resistible. De acuerdo con Esteban, eso es lo que la gente religiosa le hizo al Espíritu Santo, según Hechos 7:51. Más, sin embargo, aún en esta área podemos tener acuerdos significativos con los calvinistas; por ejemplo, John Wesley afirmó:
“Con respecto a la… Gracia Irresistible, creo lo siguiente: Que la gracia que produce fe, y por lo tanto salvación al alma, es irresistible en ese momento; que la mayor parte de los creyentes tal vez recuerden alguna vez cuando Dios los convenció irresistiblemente de su pecado; que la mayor parte de los creyentes descubre en algunas ocasiones que Dios actúa irresistiblemente sobre sus almas; y sin embargo creo que la gracia de Dios, tanto antes como después de esos momentos, puede ser y ha sido resistida; y que en general no actúa irresistiblemente, sino que podemos obedecerla o no. Y no niego lo siguiente: Que en algunas almas la gracia de Dios es a tal punto irresistible, que no pueden menos que creer y ser finalmente salvadas. Pero no puedo creer: Que deban perderse todos aquéllos en quienes la gracia de Dios no opera de esta forma irresistible; o que haya un alma en la tierra, que no tenga, y nunca haya tenido otra gracia, que aquella que en realidad aumenta su condenación, y que estaba designada por Dios para que así ocurriera.”[13]
(5) PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS: Esto, nuevamente, no es una cuestión de oposición, sino una cuestión de definición realmente. Los arminianos creemos en la perseverancia de los santos, pero también entendemos que un santo, según la Biblia, es un creyente. Cuando un creyente deja de creer o se aleja del Dios vivo (para citar al autor de Hebreos 3:12), ya no es un santo, por lo tanto, esta doctrina no se aplica a él. Ningún arminiano auténtico sugeriría que uno pierde accidentalmente su salvación. Es negligencia deliberada. No es cuestión de que alguien pueda arrebatar a los creyentes de la mano de Dios, sino más bien que es el creyente mismo quien le grita a Dios: “¡Quítame las manos de encima!”

Citando nuevamente a Wesley encontramos una vez más la postura equilibrada del arminianismo en estos temas:

“Con respecto a la… Perseverancia Final, me inclino a creer lo siguiente: Que existe un estado asequible en esta vida, del cual el hombre no puede caer; y que aquél que ha llegado a esto puede decir: Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”[14]

El lector cuidadoso notará que las cinco doctrinas centrales del calvinismo no son tan contrarias a la teología arminiana como se suele pensar. Cierto es que hay cambios sutiles con respecto a dichas doctrinas, más no un desacuerdo que deba llevarnos a enemistad con nuestros hermanos calvinistas. Por otro lado, el calificativo de pelagiano o semipelagiano que le dan los calvinistas al arminianismo es injustificado y malicioso. No tenemos que concordar en todo con ellos, pero eso tampoco les da derecho a considerarnos herejes, vernos con desprecio, caricaturizar nuestra fe, o mentir descaradamente sobre nuestras doctrinas.

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 CONCLUSIÓN

Luego de lo anterior debería ser claro para cualquiera que el arminianismo no es una teología antropocéntrica emparentada con el pelagianismo y el semipelagianismo como a menudo se le etiqueta en círculos calvinistas. Es, más bien, una doctrina teocéntrica hasta la médula. Una doctrina que no necesita distorsionar el carácter de Dios para que aparente ser más glorioso, pues su Dios ya es grande. El verdadero arminianismo es equilibrado y bíblico, predica sobre la asombrosa realidad de quién es Dios y cómo está dispuesto a salvar el mundo:

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” (Miqueas 7:18-19)

Los arminianos reales estamos enamorados de este gran Dios; de ese que los calvinistas creen posesión exclusiva suya. La diferencia está en que nosotros lo amamos a Él, no solo estamos enamorados de un pequeño desacuerdo miserable sobre la voluntad humana. Ni tampoco, en nombre de la soberanía y el honor de Dios, pisotearemos ni degradaremos sus otros atributos.

Muchos calvinistas suponen pequeño al Dios del arminianismo, pues consideran incoherente con sus ideas que el Gran Dios del universo haya concedido libertad a sus criaturas y negarse a predeterminar cada acto de la vida del hombre. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, ¡Un Dios aún más grande vive en el Arminianismo! ¿Por qué?, Precisamente porque Él todavía puede lograr lo que desea, y hacerlo a pesar de, o en congruencia con las decisiones libremente elegidas por las personas. ¡El Dios creído y enseñado en el arminianismo no le teme al albedrío humano! ¡No necesita determinarlo todo! ¡Él siempre estará en control de todo y es perfectamente capaz de llevar a cabo sus propósitos sin necesidad de robarle al hombre su libertad de escoger, ni obligarlo a amarlo! Verdaderamente este Dios puede decir:

“Todo cuanto el Señor quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.” (Salmo 135:6)
 “Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place.” (Salmos 115:3)
 “Que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” (Isaías 46:10)
 “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ¿Qué has hecho?” (Daniel 4:35)

¿Puedes imaginarlo? ¡Un Dios que no necesita usar de una “gracia irresistible” o compulsiva para seducir al hombre y lograr que le ame, y aun así es capaz de lograr lo que quiere! ¿Acaso no es grandioso el Dios de los arminianos? ¡Él sí es un Dios soberano! Un verdadero arminiano buscará la gloriad de Dios, hablará con pasión sobre quién es Él. Sus sermones, su retórica y su lectura de la Biblia serán teocéntricos y no centrados en el hombre.

A ustedes, hermanos que han comprada la mentira calvinista de que el arminianismo es pelagianismo, y por eso se avergüenzan del honroso calificativo de “arminiano”, les digo: O los calvinistas están desinformados sobre nuestras verdaderas creencias, o son engañosos y ocultan la verdad. Yo personalmente prefiero no creer lo último acerca de nuestros hermanos en Cristo que profesan la fe de Calvino. ¿Deseas conocer la verdad acerca del arminianismo? Hazte un favor a ti mismo y lee obras autorizadas sobre el mismo, no las críticas viciadas de sus oponentes. ¿Por qué no leer las obras de Arminio y otros teólogos arminianos respetados y descubrir, por tu propia cuenta, cuáles son sus verdaderos puntos de vista? Al hacerlo quizá descubras que no hay vía media entre el calvinismo y el arminianismo. ¡Nosotros los arminianos somos la vía media, bíblica y equilibrada entre los excesos doctrinales del calvinismo y el pelagianismo!

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REFERENCIAS:

[1] Juan Casiano, Collationes, XIII, PL 49,897-946.

[2] Bavinck H., Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ.

[3] Ryrie, C. C., Teologı́a Básica.

[4] Vicente de Leríns, Commonitorium, PL 50,637-686.

[5] El compatibilismo es la creencia en que el libre albedrío y el determinismo son mutuamente compatibles y que es posible creer en ambos sin ser lógicamente inconsistente. ​

[6] William Lane Craig & J.P. Moreland, Philosophical Foundations for a Christian Worldview, p. 268.

[7] William Lane Craig & J.P. Moreland, Philosophical Foundations for a Christian Worldview (2nd Edition), pg. 303.

[8] Jacobo Arminio, Disputation 11, On The Free Will of Man and its Powers, en The Works of James Arminius, 2:192

[9] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[10] Íbid.

[11] The Works of Arminius: A Declaration Of The Sentiments (La Declaración de Sentimientos) IV, Vol. 1, p. 130.

[12] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática (Editorial Vida), p. 80. Versión electrónica.

[13] Íbid.

[14] Íbid.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Vida Cristiana

Calvinistas y arminianos ¿Hermanos o enemigos?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Una idea bastante común expresada por muchos cristianos es que los arminianos y los calvinistas tenemos diferencias irreconciliables y que, por lo tanto, jamás podríamos llegar a considerarnos hermanos. Acusaciones de herejía suelen ser lanzadas de un bando hacia el otro. La soberanía de Dios es puesta en oposición al albedrío humano, el TULIP calvinista (Total Depravity, Unconditional Election, Limited Atonement, Irresistible Grace, Perseverance of the Saints) es puesto en oposición al FACTS arminiano (Freed by Grace to Believe, Atonement for All, Conditional Election, Total Depravity, Security in Christ) o incluso con el tergiversado DAISY (Diminished Depravity, Abrogated Election, Impersonal Atonement, Sedentary Grace, Yieldable Justification) creado por los calvinistas para caricaturizar al arminianismo (los arminianos no aprobamos el acrónimo DAISY. Dicho acrónimo es en realidad una formulación calvinista, que explica el arminianismo desde su perspectiva, más no representa al arminianismo real).

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¿EN VERDAD SOMOS TAN DIFERENTES?

No sé quién inventó tal enemistad. Muy probablemente fueron los calvinistas en el Sínodo de Dort[1], es lo más probable. Pero es un mito popular que el calvinismo y el arminianismo somos totalmente opuestos, o que no podamos vernos como hermanos. Los verdaderos arminianos somos más que simplemente lo contrario al TULIP calvinista. ¿A qué me refiero con esto? Detengámonos un momento y analicemos un poco el TULIP calvinista en comparación con las creencias arminianas:

  1. DEPRAVACIÓN TOTAL: En realidad, tanto los calvinistas como los arminianos estamos plenamente de acuerdo en que la raza humana es 100% incapaz de hacer el bien o de tan siquiera desear a Dios sin el auxilio de la gracia. La depravación total y extensiva del ser humano es un hecho indiscutible en el cual, tanto calvinistas como arminianos, nos estrechamos la mano en señal de mutuo acuerdo.
  2. ELECCIÓN INCONDICIONAL: Se podría decir que los calvinistas creen que Dios eligió incondicionalmente salvar a algunas personas, mientras que los arminianos creemos que Dios eligió incondicionalmente brindar la oportunidad de salvación a todas las personas. Esto no es una cuestión de oposición, sino simplemente una cuestión de quién es capaz de recibir y beneficiarse de la salvación ofrecida por gracia.
  3. EXPIACIÓN LIMITADA: Los arminianos y los calvinistas simplemente no estamos de acuerdo sobre lo que es limitado con respecto a la expiación (es decir, lo que logra el sacrificio de Jesús). Los calvinistas limitan infamemente el alcance de la expiación, afirmando que Jesús murió solo por los elegidos, que Él no derramó Su sangre por toda la humanidad, porque aquellos predestinados por Dios al infierno no tenían la oportunidad del cielo y punto. Los arminianos sí creemos en una expiación limitada, pero no al estilo calvinista. Los arminianos limitamos la expiación en términos de su efecto, aunque creemos que la sangre es capaz de salvar a todas las personas, a esta gracia se accede solo por la fe (Romanos 5:2). Al igual que los calvinistas, los arminianos creemos que la fe también es un don de Dios y no un producto de la naturaleza caída humana, la cual es incapaz de tan siquiera creer en Dios por cuenta propia sin auxilio de la gracia divina.
  4. GRACIA IRRESISTIBLE: Los calvinistas y los arminianos tenemos ideas opuestas en relación con irresistibilidad o no de la gracia. Los arminianos creemos en la gracia resistible. De acuerdo con Esteban, eso es lo que la gente religiosa le hizo al Espíritu Santo, según Hechos 7:51. Esto de ninguna manera degrada la creencia arminiana en el poder de la gracia.
  5. PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS: Esto, nuevamente, no es una cuestión de oposición, sino una cuestión de definición realmente. Los arminianos creemos en la perseverancia de los santos, pero también entendemos que un santo, según la Biblia, es un creyente. Cuando un creyente deja de creer o se aleja del Dios vivo (para citar al autor de Hebreos 3:12), ya no es un santo, por lo tanto, esta doctrina no se aplica a él. Ningún arminiano auténtico sugeriría que uno pierde accidentalmente su salvación. Es negligencia deliberada. No es cuestión de que alguien pueda arrebatar a los creyentes de la mano de Dios, sino más bien que es el creyente mismo quien le grita a Dios: “¡Quítame las manos de encima!”

De las cinco doctrinas centrales del calvinismo, resulta evidente que solo una de ellas puede, verdaderamente, ser declarada totalmente opuesta al arminianismo. Esta es la Gracia Irresistible. Concordamos plenamente con la doctrina de la depravación total del hombre. En todos los demás aspectos (elección incondicional, expiación limitada y perseverancia de los santos), hay cambios sutiles con respecto a dichas doctrinas, más no un desacuerdo que deba llevarnos a enemistad con nuestros hermanos calvinistas.

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CALVINISTAS Y ARMINIANOS, PARTES INTEGRANTES DEL CUERPO DE CRISTO

Personalmente, tengo muchos amigos calvinistas a quienes amo y considero mis hermanos. Más allá del TULIP o el FACTS que aparentemente nos separa, es más lo que nos une en el Evangelio. Calvinistas y arminianos creemos por igual en las grandes doctrinas de la Biblia, tenemos una fe común que es indispensable preservar. Haríamos bien en proclamar juntos dichas verdades que nos unen en vez de enfocarnos en los aspectos que nos separan.

Pablo nos dice que debemos esforzarnos “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Esto solo es posible si nos sometemos a la autoridad del Espíritu, pues el Espíritu Santo es el gran dador de la unidad. “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya Judíos o Griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13).

La unidad arraigada en el Espíritu, la unidad que manifiesta a Cristo, la unidad que atesora la verdad y que ama humildemente está diseñada por Dios para tener por lo menos dos objetivos: un testimonio al mundo, y una proclamación de la gloria de Dios. El apóstol Juan deja claro el primero de estos: “Un mandamiento nuevo les doy: ‘que se amen los unos a los otros;’ que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros” (Juan 13: 34-35).

Las famosas declaraciones de Jesús en Juan 17 tienen sus raíces en la profunda unidad espiritual entre el Padre y el Hijo, y con los que Dios ha escogido de entre el mundo (Juan 17:6). “Para que todos sean uno. Como Tú, oh, Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me enviaste” (Juan 17:21). El testimonio al mundo es que los discípulos están en el Padre y el Hijo para que el mundo crea. Esto es mucho más —profundamente más— que estar relacionado a través de una organización común o concordar en todo.

Group of interlocked fingers praying together

CONCLUSIÓN

La unidad que brilla con gloria para que el mundo vea es la unión con el Padre y el Hijo, para que la gloria del Padre y el Hijo sea parte de nuestras vidas: “La gloria que Me diste les he dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno” (Juan 17:22). Esa gloria se debe a esto: “Yo en ellos y tú [Padre] en mí” (Juan 17:23). De esta unión con Dios, y la gloria que da, brilla algo que el mundo puede ver, si Dios les da ojos para ver. El objetivo de Dios con esta unidad verticalmente arraigada, esta unidad horizontalmente enfocada, esta unidad que refleja la gloria de Dios, es que Él pueda “reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos” (Juan 11:52), sean estos calvinistas o arminianos.

El objetivo final de dicha unidad de los cristianos es la gloria de Dios. De ahí que Pablo ora, “Y que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros conforme a Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios” (Romanos 15:5-7).

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REFERENCIAS:

[1] El Sínodo de Dort se reunió en la ciudad de Dort (actual Dordrecht), Holanda, durante siete meses (13 de noviembre de 1618 a 9 de mayo de 1619). Su convocatoria fue hecha por el estadista general de Holanda para discutir la controversia arminiana. En este sínodo se realizaron ochenta sesiones. Otros sínodos ya habían ocurrido en Dort, pero este, convocado para tratar la cuestión arminiana fue más notorio al punto de ser denominado de “el gran sínodo”. Durante dicho Sínodo, los arminianos (conocidos entonces como remonstrantes) estaban en una sala anexa a la principal donde ocurrían las reuniones. Sólo podían asistir si eran llamados por el presidente sinodal. Al presentar sus argumentos, los remonstrantes eran retirados y las decisiones se tomaban sin réplicas. Los remonstrantes no eligieron a sus representantes, por el contrario, fueron los calvinistas quienes lo hicieron. También fueron intimados a comparecer como reos y se les impidió expresar sus tesis delante de todos, por varias veces. Los remonstrantes fueron obligados a responder a las indagaciones en latín. Además, a los teólogos arminianos se les canceló todo derecho a voto. El arminianismo fue condenado por los calvinistas. Los Estados de Holanda, por medio de sus diputados, prometieron verbalmente que ningún daño físico debería ser infringido a ellos, ya que el Sínodo estaba siendo montado para examinar los puntos en disputa. Sin embargo, ellos violaron su palabra y no les permitieron salir de Dort, ni visitar sus casas, aun en los casos de aflicciones familiares más urgentes, o en caso de muerte y, finalmente, fueron prohibidos del país como criminales, exiliados y otros asesinados a manos de las autoridades calvinistas.

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ESCATOLOGÍA, Milenio, Pentecostalismo, Teología

El Milenio en la teología protestante

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con la teología evangélica la historia se apresura hacia la segunda venida del Señor Jesucristo a la tierra y su futuro reino milenial. En ese momento los propósitos de Dios, para los cuales el Hijo de Dios vino al mundo, se realizarán. La Redención se habrá completado y la soberanía divina habrá sido manifestada sobre la tierra.

Una gran porción de la profecía se relaciona con esta venida y con los eventos asociados con ella, entre ellos el Milenio. Los intérpretes bíblicos, sin embargo, están divididos en diferentes escuelas sobre la cuestión de la segunda venida de Cristo y la doctrina del milenio. Aunque la Segunda Venida de Cristo siempre ha ocupado un lugar de importancia en la teología cristiana, la cuestión milenaria se había considerado en otros tiempos como algo de poca importancia en la esfera de interpretación y estudios bíblicos, pero esto ha cambiado. La doctrina del milenio ha llegado a ser una de las mayores doctrinas, debido a su efecto determinante en toda la esfera de la teología. Estos aspectos son abordados por una rama de la teología denominada Escatología.

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¿QUÉ ES LA ESCATOLOGÍA?

La escatología es una rama de la teología cristiana conformada por las creencias escatológicas o de las “últimas cosas” del cristianismo. La palabra Escatología proviene de dos palabras griegas que significan “último” (ἔσχατος) y “estudio” (-λογία), se trata del estudio de las ‘cosas finales’, bien el fin de la vida individual, o del fin de los tiempos, o del fin del mundo, así como la naturaleza del Reino de Dios. A grandes rasgos, se refiere al estudio del destino de la humanidad tal como se describe en la Biblia, la fuente primaria para cualquier estudio escatológico cristiano. Los asuntos y eventos más importantes de la escatología cristiana son la muerte y la vida después de la muerte, el Cielo y el Infierno, el segundo advenimiento de Jesús (o Parusía), la Resurrección de los Muertos, el Arrebatamiento, la Gran Tribulación, el Milenio, el fin del mundo, el Juicio Final, así como el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva del mundo que vendrá. Los pasajes escatológicos se encuentran en muchos lugares de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Hay también muchos ejemplos extrabíblicos de profecías escatológicas, así como tradiciones eclesiales.

La escatología es quizá una de las ramas de estudio más antiguas de la teología cristiana, ya considerada en textos bíblicos como la Parábola del juicio final, y otros discursos de Jesús sobre los tiempos finales, la doctrina de la Parusía discutida por Pablo (Romanos 2:5-16, Romanos 14:10, 1 Corintios 4.5, 2 Corintios 5:10, 2 Timoteo 4:1, 2 Tesalonicenses 1:5) e Ignacio de Antioquía (35–107 d.C.), y tratado con más consideración por el apologista cristiano, Justino Mártir (100–165). El estudio de la escatología continuó en occidente con Tertuliano (160–225) y tuvo reflexiones más completas por parte de Orígenes (185–254).[1] El término fue usado inicialmente por el teólogo luterano Abraham Calovius (1612–86), pero sólo se usó de manera más amplia durante el siglo XIX.[2]

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LA DOCTRINA DEL MILENARISMO

La doctrina acerca del Milenio se conoce como Milenarismo. En términos generales, el concepto cristiano del Milenio alude a un período de mil años y se refiere a la doctrina de la era del retorno o segunda venida que aún está por iniciarse. El milenarismo pues, sostiene la creencia de que Cristo regresara a reinar por mil años.[3] Hoy en día, la mayoría de los cristianos creen que el Señor regresará antes de los mil años y por lo tanto esos años se caracterizarán por su presencia personal y por el ejercicio de la autoridad que le corresponde, lo cual confirma y sostiene el cumplimiento de todas las bendiciones sobre la tierra que están predichas para ese período.

En la interpretación mayoritaria los mil años transcurrirán entre la primera y la segunda resurrección de la humanidad. En esos mil años todos los pactos terrenales con Israel se cumplirán, toda la expectativa del Antiguo Testamento se aplicará, se manifestará el reino y la gloria de Israel y el Mesías prometido se sentará sobre el trono de David en Jerusalén. Sin embargo, no todos los cristianos están de acuerdo. En esta, como en muchas otras doctrinas, la diversidad de opiniones e interpretaciones se hace presente en el cristianismo. A pesar de que la fuente de estudio es una sola, existen al menos cuatro corrientes escatológicas en relación con la doctrina del milenio: el alegorismo (punto de vista no literal espiritualizado), postmilenialismo, amilenialismo y premilenialismo.

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PUNTOS DE VISTA SOBRE EL MILENIO

Históricamente ha habido tres puntos de vista, o escuelas de pensamiento escatológico, con respecto al Milenio:

 

(1) POSTMILENARISMO: Este punto de vista es popular entre los teólogos del pacto del período posterior de la Reforma (calvinistas). Sostiene que mediante la predicación del Evangelio el mundo entero será cristianizado y sometido al Evangelio, antes del regreso de Cristo. El nombre de esta corriente se deriva del hecho de que, según esta teoría, Cristo regresa después, del milenio (por tanto, post-milenio). Debiera añadirse que los principios posmilenaristas enseñan que la Segunda Venida será seguida inmediatamente por la resurrección y el juicio general, así como la iniciación plena del cielo y el infierno. En realidad, el posmilenarismo evangélico se diferencia principalmente del amilenarismo, en su creencia sobre el triunfo final del bien sobre el mal antes del retorno de Cristo. Algunos posmilenaristas creen que toda la era de la Iglesia es el Milenio. Otros piensan que la cristianización de la sociedad llegará gradualmente y que será plenamente realizada en un futuro remoto, pero antes del regreso de Cristo. Para los posmilenaristas la venida de Cristo cierra esta era y es seguida por el estado eterno. Como ya vimos anteriormente los amilenaristas también creen esto.
Hubo algunas variaciones a mediados del siglo XVII como resultado de una reacción en contra del humanismo y la teología liberal pero no fue hasta después de las dos guerras mundiales que el posmilenarismo comenzó a perder su importancia e influencia. Este movimiento prácticamente sucumbió con el colapso de los sueños utópicos después de las guerras mundiales. Hoy en día, esta posición es minoritaria entre los evangélicos. Otro factor en su deterioro fue el hecho de que al posmilenarismo se le hizo casi imposible resistir el asalto de la teología liberal. No obstante, los cristianos que aún sostienen este punto de vista se adhieren a la doctrina de la segunda venida literal y creen en un milenio literal, pues siguen generalmente la enseñanza del Antiguo Testamento sobre la naturaleza de ese reino. Su controversia es sobre cuestiones como quién instituye el milenio, la relación de Cristo con el milenio, y el tiempo de la venida de Cristo en relación con ese milenio.
Hay un grupo de variantes modernas del postmilenarismo, que reciben nombres como “el reino ahora” y “teología del dominio”. Enseñan que esta era presente es el reino de Dios, y que los cristianos deben usar el poder de Dios para llevarlo hasta su realización plena a base de convertirse en una Iglesia madura, algo que “habría podido suceder hace miles de años, si la Iglesia de aquellos días hubiese alcanzado la madurez necesaria”. Creen que Cristo regresará a un mundo donde la Iglesia se ha hecho con el dominio “sobre todo aspecto dentro del marco social”. La Iglesia debe recuperar su control sobre todos los reinos de este mundo. Algunos dicen que la Iglesia debe derrocar todo dominio que se oponga a Dios. Aun la muerte deberá estar “totalmente vencida antes del regreso de Jesús.” Olvidan que el trigo y la cizaña existirán juntos a lo largo de toda esta era, hasta que Dios envíe a sus ángeles para que recojan la cosecha (Mateo 13:36–43). Muchos no creen en la doctrina del Arrebatamiento y, en lugar de esto, buscan la victoria y el dominio mientras establecen el reino de Dios en la tierra. La mayor parte son preteristas y creen que la gran tribulación tuvo lugar en el primer siglo. También creen que “el Israel étnico fue excomulgado por su apostasía” y “Cristo transfirió las bendiciones del reino de Israel a un nuevo pueblo: la Iglesia”. Ignoran los numerosos pasajes de las Escrituras que indican que Dios tiene aún un propósito que cumplir con la nación de Israel en su plan.[4]
El posmilenialismo se divide en dos corrientes principales: Posmilenialismo bíblico (tradicional) y posmilenialismo liberal.
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(2) AMILENARISMO: El prefijo “a” significa “no” o “sin”. El amilenarismo es el punto de vista que no cree en un futuro reino literal de Cristo en la tierra por mil años, en cumplimiento de las promesas de Dios contenidas en el Antiguo Testamento. Para los defensores de este punto de vista escatológico, todas las profecías con respecto al reino están cumpliéndose espiritualmente ahora en la Iglesia, en el período intermedio entre los dos advenimientos. Su carácter más general es el de negar el reino literal de Cristo sobre la tierra. Es similar al post-milenarismo, que enseña que Cristo viene después de lo que ellos consideran el milenio.
Algunos toman un punto de vista idealista y dicen que no habrá un milenio literal en absoluto. Otros consideran que los mil años transcurren en el cielo durante la Era de la Iglesia.[5] La mayoría toman el número mil como un número ideal que representa un período indefinido. Esperan que la Era de la Iglesia termine con una resurrección y un juicio generales, tanto para los justos como para los malvados al mismo tiempo, seguido de inmediato por el reino eterno de los nuevos cielos y la nueva tierra. Con respecto al Apocalipsis en su totalidad, muchos son preteristas. Puesto que en su sistema no tienen lugar para una restauración literal de Israel, o para el reinado de Cristo en la tierra, toman las profecías del Antiguo Testamento que se refieren a Israel, las espiritualizan y se las aplican a la Iglesia. No obstante, es muy claro, por ejemplo, en Ezequiel 36, que Dios restaurará a Israel por causa de su santo nombre, a pesar de lo que ellos hayan hecho.[6]
El Amilenarismo no sólo es una designación inaplicable debido a su implicación negativa, sino que la distinción que hace es falsa. Ningún amilenarista niega que la Biblia enseña un Milenio. Pero la palabra amilenarismo significa que no hay Milenio. El problema no es si se enseña el Milenio en Apocalipsis 20. Todos los amilenaristas lo creen.

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(3) PREMILENARISMO: Es el que sostiene que Cristo volverá a la tierra, literal y corporalmente: El prefijo “pre” antes de la palabra milenarismo significa “antes”. Por lo tanto, el Premilenarismo sostiene la creencia de que Cristo retornará antes de que se establezca el milenio y de hecho lo implantará cuando regrese a la tierra. Generalmente el sistema puede caracterizarse de la siguiente forma: los premilenaristas creen que poseen la fe histórica de la Iglesia al sostener una interpretación literal de las Escrituras, piensan que las promesas hechas a David y Abraham son incondicionales, que tuvieron o tendrán un cumplimiento literal. Las promesas hechas a Israel no han sido cumplidas o abrogadas de forma alguna por la iglesia, la cual es un cuerpo particular en esta era que tiene un destino y una promesa diferentes a la de Israel. Los premilenaristas dicen que Cristo, al final de esta era, Cristo retornará para establecer su reino en la tierra por mil años, durante los cuales se cumplirán las promesas hechas al pueblo de Israel. Los estudiantes de la historia de la iglesia primitiva generalmente concuerdan en que el premilenarismo era el punto de vista sostenido por muchos en la era post-apostólica. Que esta es la más antigua de las tres posiciones milenaristas es algo prácticamente indudable. El premilenialismo se divide en dos corrientes: Histórico y dispensacional.
Los premilenaristas toman las profecías del Antiguo Testamento, así como las de Jesús y del Nuevo Testamento, tan literalmente como lo permite su contexto. Reconocen que la forma más sencilla de interpretar estas profecías es situar el regreso de Cristo, la resurrección de los creyentes y el trono del juicio de Cristo, antes del milenio, después del cual Satanás será puesto en libertad temporalmente, para seguir a continuación con su derrota definitiva. Entonces vendrá el juicio del gran trono blanco para el resto de los muertos y, por último, el reino eterno de los nuevos cielos y la nueva tierra. Con respecto al Apocalipsis en su conjunto, los premilenaristas son futuristas. No ven que el mundo vaya a mejorar durante esta era, y sienten lo importante que es exhortar al mundo para que huya de la ira que será derramada, al aceptar a Cristo como Salvador y Señor. Con todo, no son pesimistas. Buscan con gozosa expectación la bienaventurada esperanza; el regreso de nuestro Señor.[7]

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LOS PENTECOSTALES Y EL MILENIO

La teología pentecostal en relación con los eventos futuros y el milenio se enmarca dentro del Premilenialismo (en su mayoría, aunque no exclusivamente, dispensacional). Los pentecostales creemos en un Reinado literal de mil años de Cristo sobre la Tierra.[8] Los pentecostales creemos que:

(1) AL INICIO DEL MILENIO, SATANÁS SERÁ ATADO: En Apocalipsis 20:1–3 y los versículos 7–10 se habla del juicio de Satanás. Este estará prisionero en el abismo durante mil años. El abismo será cerrado y sellado sobre él, de manera que no tendrá posibilidad de realizar actividad alguna en la tierra durante ese período.
(2) LA IGLESIA REINARÁ CON CRISTO DURANTE EL MILENIO: En Apocalipsis 20:4–6 la Biblia habla de los que son sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años. Este reino traerá consigo el cumplimiento de muchas profecías. En el milenio, Israel y la Iglesia son en realidad un único pueblo de Dios. Uno por la fe en Cristo y la participación común en el Espíritu y, sin embargo, distintos, en cuanto a que Dios restaurará a Israel como nación a su tierra bajo un nuevo pacto.[9] Apocalipsis 20:4 se refiere a dos grupos de personas. El primero se sienta en el trono a juzgar (es decir, a “gobernar”). El mensaje a todas las iglesias (Apocalipsis 3:21–22) indica que éstos son todos los creyentes de la Era de la Iglesia que han permanecido fieles, convirtiéndose en vencedores; esto es, ganadores, triunfadores (Apocalipsis 2:26–27; 3:21; 1 Juan 5:4). Entre ellos, tal como lo prometió Jesús, están los doce apóstoles para juzgar (regir) a las doce tribus de Israel (Lucas 22:30), puesto que Israel, restaurado, purificado, lleno del Espíritu Santo de Dios, sin duda alguna ocupará toda la tierra prometida a Abraham (Génesis 15:18). Además de los vencedores procedentes de la Era de la Iglesia, Juan vio “almas”; esto es, personas vivas que habrán pasado por el martirio durante la tribulación (Apocalipsis 6:9–11; 12:15). Estos dos grupos son reunidos para reinar con Cristo durante los mil años.
(3) EL MILENIO SERÁ UN TIEMPO DE PAZ: Este período será un tiempo de paz y bendición, en el que prevalecerá la justicia (Isaías 2:2–4; Miqueas 4:3–5; Zacarías 9:10). El Espíritu Santo realizará una obra de restauración. Hasta el mundo natural reflejará el orden, la perfección y la belleza que Dios quería que tuviese su creación.[10] El mundo animal será transformado (Isaías 11:6–8; 35:25; Ezequiel 34:25). Sin embargo, aún habrá causa para el castigo y la muerte (Isaías 65:17–25). Esto significa que aún les será necesario tomar la decisión de seguir a Cristo en fe y obediencia a aquellos hijos que les nazcan durante el reinado milenial de Cristo en la tierra a los no creyentes que sobrevivieron a la tribulación.
(4) LA SEGUNDA RESURRECCIÓN TENDRÁ LUGAR DESPUÉS DEL MILENIO: En Apocalipsis 20:5 se hace una simple afirmación acerca de “los otros muertos”. Entre éstos se incluyen todos los que no estén en los dos grupos mencionados en el versículo 4. Es decir, este grupo incluye a todos los que han muerto en sus pecados, alejados de la gracia salvadora de Dios. Ellos no resucitarán hasta después del reinado milenial de Cristo.
(5) SATANÁS SERÁ SUELTO AL FINAL DEL MILENIO: Después de los mil años, se soltará a Satanás, probablemente para causar una reivindicación final a la justicia de Dios. Es decir, aunque la gente habrá disfrutado del maravilloso dominio de Cristo, es evidente que seguirá a Satanás en cuanto tenga oportunidad. Los que no son salvos se rebelan. En justicia, Dios no puede hacer otra cosa más que separarlos para siempre de sus bendiciones. Satanás, el gran engañador, también se engaña a sí mismo y cree que aún puede derrotar a Dios, pero su intento final fracasará. Nunca más habrá una rebelión contra Dios y contra su amor. El juicio final tendrá lugar después del Milenio.

When time is passing . Mixed media

CONCLUSIÓN

El Reino Milenial es el título dado a los 1000 años del reinado de Jesucristo en la tierra. Algunos buscan interpretar los 1000 años de manera alegórica. Otros entienden que los 1000 años son solo una manera figurativa de decir “un largo período de tiempo”. El resultado es que algunos no esperan que sea literalmente un reinado físico de Jesucristo sobre la tierra. Sin embargo, en Apocalipsis 20:2-7, seis veces se menciona específicamente que el Reino Milenial tendrá una duración de 1000 años. Si Dios hubiera querido decirnos “un largo período de tiempo”, Él lo hubiera hecho fácilmente, sin mencionar explícita y repetidamente un marco exacto del tiempo.

La Biblia nos dice que cuando Cristo regrese a la tierra, Él mismo se establecerá como Rey en Jerusalén, sentándose en el trono de David (Lucas 1:32-33). Los pactos incondicionales demandan un retorno físico y literal de Cristo para establecer Su reino. El pacto Abrahámico prometió una tierra para Israel, una posteridad, un gobernante, y una bendición espiritual (Génesis 12:1-3) El pacto Palestino prometió a Israel una restauración de la tierra y su ocupación (Deuteronomio 30:1-10). El pacto Davídico prometió a Israel el medio por el cual perdonaría a la nación y podría ser bendecida (Jeremías 31:31-34).

En la Segunda Venida, estos pactos serán cumplidos mientras se reúne a Israel de entre las naciones (Mateo 24:31), se convierte (Zacarías 12:10-14), y se restaura a su tierra bajo el gobierno del Mesías, Jesucristo. La Biblia habla sobre las condiciones durante el Milenio, como un ambiente perfecto tanto físico como espiritual. Será un tiempo de paz (Miqueas 5:2-4; Isaías 32:17-18); gozo (Isaías 61:7,10); confort (Isaías 40:1-2); sin pobreza (Amos 9:13-15), ni enfermedad (Joel 2:28-29). La Biblia también nos dice que solo los creyentes entrarán en el Reino Milenial. Por esto, habrá un tiempo de completa justicia (Mateo 25:37; Salmo 24:3-4); obediencia (Jeremías 31:33); santidad (Isaías 35:8); verdad (Isaías 65:16); y llenura del Espíritu Santo (Joel 2:28-29). Cristo regirá como Rey (Isaías 9:3-7; 11:1-10), con David como gobernante (Jeremías 33:15,17,21; Amos 9:11). Nobles príncipes también gobernarán (Isaías 32:1; Mateo 19:28). Jerusalén será el centro “político” del mundo (Zacarías 8:3).

Apocalipsis 20:2-7 simplemente da el período de tiempo preciso del Reino Milenial. Aún sin estas Escrituras, hay muchísimas otras que apuntan hacia un reinado literal del Mesías en la tierra. El cumplimiento de muchas de las promesas y pactos de Dios descansan sobre un reino futuro literal y físico. No existen bases sólidas para negar una interpretación literal del Reino Milenial y sus 1000 años de duración.

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REFERENCIAS:

[1] Alexander Roberts & James Donaldson, eds. Ante-Nicene Fathers. (16 vol.) Peabody, Massachusetts: Hendrickson, 1994. Los escritos de Ignacio y Justino Mártir pueden verse en el Vol. 1; Tertuliano, en Volumes 3–4; y Orígenes en Volume 4.

[2] Erwin Fahlbusch, Dietrich, “Eschatology,” The Encyclopedia of Christianity (Grand Rapids, MI; Leiden, Netherlands: Wm. B. Eerdmans; Brill, 1999–2003), 122.

[3] Enciclopedia Británica. Décimo cuarta edición. Vol. II.

[4] Pauline G. MacPherson, Can the Elect Be Deceived? Denver: (Bold Truth Press, 1986), p. 46. Véase también David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Fort Worth: Dominion Press, 1985), p. 53; Earl Paulk, The Great Escape Theory (Decatur, Ga.: Chapel Hill Harvester Church, s. f). David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Tyler, Tex.; Reconstruction Press, 1985), p. 224. Gary DeMar y Peter Leithart, The Reduction of Christianity (Fort Worth: Dominion Press, 1988), p. 213. En cuanto a los propósitos de Dios con Israel, véanse Deuteronomio 4:27–31; Isaías 2:2–3; 14:1–3; Jeremías 23:5–6, 32:37–42; Ezequiel 36:22–32; 39:25–29; Amós 9:11–15; Sofonías 3:14–15; Zacarías 8:7–8, 13–15; Romanos 11:15, 25–27.

[5] Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1979), p. 235.

[6] Williams, Systematic Theology, vol. 3, pp. 224, 233.

[7] Wayne House y Thomas Ice, Dominion Theology: Blessing or Curse? (Portland, Oreg.: Multnomah Press, 1988), p. 390.

[8] La repetición de los mil años en seis ocasiones les da importancia y sugiere que esto es algo a tomar literalmente. Salmos 2:8; 24:7–8; Isaías 9:7; 11:6–10; 35:1–2; 61:3; Jeremías 23:5–6; Ezequiel 40–48; Daniel 2:44; Oseas 1:10; 3:5; Amós 9:11–15; Miqueas 4:1–8; Zacarías 8:1–9; Mateo 19:28; Hechos 15:16–18; Apocalipsis 2:25–28; 11:15.

[9] Bruce Ware, The New Covenant and the People(s) of God”, pp. 68–97.

[10] Salmos 96:11–13; 98:7–9; Isaías 14:7–8; 35:1–2, 6–7; 51:3; 55:12–13; Romanos 8:18–23.

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5 SOLAS, Arminianismo Clásico, Calvinismo, Cesasionismo, Continuismo, Dones Espirituales, Luteranismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

Pentecostales, Reforma y reformados

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En cierta ocasión me topé con un emotivo y entusiasta joven que se identificó como “reformado”. Este joven había crecido en una iglesia pentecostal de El Salvador y participaba activamente en los diversos ministerios de esta. Pero su corazón estaba vacío. Con el paso del tiempo su inestabilidad emocional y espiritual lo llevó a una crisis de fe y comenzó a “saltar” de iglesia en iglesia. Su fe parecía sin rumbo hasta que conoció a cierta joven (con el mismo historial de inestabilidad religiosa que él) y ella lo invitó a su nueva congregación: una iglesia que se identificaba como bautista reformada. Con la típica actitud de muchos reformados inmaduros y sin tacto, este joven se jactó de su nueva fe y con mucha arrogancia me dijo: “¿Qué tienen que ver ustedes, los pentecostales, con la Reforma si ustedes no son reformados ni sustentan ninguna de las doctrinas de los reformadores? Es más, ¡Los pentecostales ni siquiera son protestantes ni merecen ser contados como evangélicos!”

Personalmente no me extrañó su actitud. Quienes tratamos a menudo con nuestros hermanos “reformados” estamos acostumbrados a lidiar con ese menosprecio y el espíritu de superioridad intelectual y espiritual que caracteriza a muchos (aunque no a todos) los creyentes de este tipo. Pareciera a veces que aquellos que se autodenominan “Reformados” invierten más tiempo en hablar de nosotros los pentecostales que en predicar de Cristo y de este crucificado. Quiéranlo o no, muchos reformados o calvinistas famosos (como MacArthur y otros de la misma manada), así como muchos “calvinistas de redes sociales”, han hecho girar todo su mundo alrededor de nosotros los pentecostales y arminianos y, cuando todos sus argumentos de ataque y defensa fallan, o se sienten amenazados al ser confrontados con las fallas y contradicciones de su sistema teológico, recurren al insulto o la burla. Eso no nos extraña. Cada uno da los frutos que puede dar.

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PARA EMPEZAR: ¿QUÉ SIGNIFICA EL TÍTULO REFORMADO?

Muchas veces se oye a gente diciendo “soy reformado” o “tal iglesia no es reformada” o “somos un grupo de amigos reformados”. En el mundo de habla española, esta etiqueta se usa en contextos muy diversos y muchas veces de forma equivocada. Normalmente se usa la etiqueta para referirse a una de las siguientes cinco concepciones:

(1) Que tal persona o iglesia cree en las cinco “solas” de la Reforma.
(2) Que tal persona o iglesia prefiere la predicación expositiva a diferencia de la predicación temática.
(3) Que tal persona o iglesia avala cierta postura salvífica (es decir, los cinco puntos del calvinismo).
(4) Que tal persona o iglesia sostiene cierta postura sobre la música y/o el Espíritu Santo (es decir, una postura conservadora).
(5) Que tal persona o iglesia sostiene cierta postura escatológica (es decir, el amilenialismo).

Sin embargo, ningunas de estas concepciones capta la verdadera profundidad y anchura de la etiqueta “reformado” y algunas reflejan un entendimiento totalmente equivocado.

Jamás debemos olvidar que la Reforma tuvo 4 ramas principales: los luteranos, los calvinistas, los anglicanos y los anabaptistas. Estos 4 movimientos pueden ser llamados en propiedad Iglesias Reformadas, no sólo los calvinistas. Por lo tanto, “reformado” no significa exclusivamente “calvinista” o seguidor de las ideas de Calvino. Fue hacia el año 1600 que los calvinistas comenzaron a apropiarse para sí mismos del nombre “reformados” y a llamar “luteranos” a los que diferían de ellos. Dicho de otra manera, los seguidores de Calvino se “robaron” para sí el nombre “reformados”, asumiendo erróneamente que eran los únicos y legítimos herederos de la Reforma, cuando la verdad es que solo son una rama de la misma (y ni siquiera la rama mayoritaria). En todo caso, serían los luteranos quienes más derecho tendrían a ser llamados “reformados”, pues fue Martín Lutero, su fundador, quien hizo estallar la Reforma Protestante (y esto es lo que con tanto celo celebran los mismos calvinistas cada 31 de octubre, Día de la Reforma).

Tristemente, con una actitud de arrogancia y de pedantería espiritual, los calvinistas y sus herederos le niegan el título “reformados” a todos los que difieren de ellos y rechazan el TULIP, tienen una organización eclesiástica diferente o difieren en sacramentos y otros detalles menores. En la mentalidad reducida de los mal llamados “reformados” modernos, los luteranos, anglicanos y anabaptistas (y ya no se diga los otros grupos de ellos surgidos) son excluidos de la etiqueta de “reformados” por varios motivos doctrinales: los anglicanos por su eclesiología (tienen obispos), los luteranos además de por su eclesiología (tienen obispos), por su postura sobre la cena del Señor (la presencia corporal de Cristo en el pan y vino) y los bautistas por su postura sobre el bautismo, sobre la relación entre el Antiguo y Nuevo Testamento y sobre la relación entre el estado y la iglesia (una división clara y total). Esto, sin embargo, es puro sectarismo. Cualquier iglesia nacida de la Reforma es, por naturaleza, una iglesia reformada, ya que nació con, se inspiró en, o se derivó de la Reforma Protestante iniciada en 1517, que por cierto no fue calvinista. Los seguidores de Calvino pueden continuar robándose el título de “Reformados” si quieren (ya lo hicieron desde el sigo XVII), sin embargo, nada cambia lo que es históricamente correcto.

A este punto quiero recalcar lo siguiente:

LA TEOLOGÍA QUE HOY DICE LLAMARSE “REFORMADA” NO NECESARIAMENTE REPRESENTA LA MENTALIDAD DE LUTERO, EL PADRE DE LA REFORMA; POR CONSIGUIENTE, EL USO DEL TÉRMINO “REFORMADA” PARA REFERIRSE EXCLUSIVAMENTE A LA DOCTRINA CALVINISTA ES ABUSIVO.

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LUTERANOS Y CALVINISTAS, MÁS DIFERENTES ENTRE SÍ DE LO QUE MUCHOS CREEN[1]

Muchas veces se tiende a pensar que un luterano y un calvinista, son lo mismo. Esto es un error. De hecho, quizá el único punto en el cual concuerdan por completo calvinistas y luteranos es en cuanto a la Depravación Total del hombre. Tanto calvinistas como luteranos concuerdan en que el hombre está completamente depravado por causa del pecado y no tiene la capacidad de hacer cosas agradables para Dios. Ambos grupos afirman que los seres humanos no pueden acercarse a Dios sin la gracia, porque la voluntad del pecador ha caído.

Los luteranos rechazan la doctrina calvinista de la elección Incondicional y su doble predestinación; es decir, que Dios ha elegido a algunos para ser salvos y otros para ser condenados. Calvino afirmaba que:

“Mediante un consejo eterno e inmutable, Dios ha determinado de una vez por todas a quién admitiría la salvación y a quien condenaría a la destrucción”.[2]

Tal doctrina es abominable para los luteranos. Y, de hecho, la contemplación de tal doctrina era abominable también para Lutero.[3]

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Lo mismo puede decirse de la doctrina calvinista de la Expiación Limitada. Los calvinistas sostienen que, según la intención y el plan de Dios, Cristo murió por los elegidos únicamente. En contraposición, los luteranos afirman una voluntad de salvación universal en Dios, así como una expiación universal. Para los luteranos, la expiación fue objetivamente dada a todos, pero sus beneficios deben ser recibidos subjetivamente por la fe. Para los luteranos la enseñanza de la expiación limitada o particular es una total herejía.

Tanto calvinistas como luteranos sostienen la “Sola Gratia”. Ambos grupos afirman que cuando uno se salva, es por el resultado de la gracia soberana que supera la voluntad caída del pecador, y no por el resultado de una decisión libre por parte del hombre. Sin embargo, existen diferencias entre ambos. Los calvinistas, por ejemplo, afirman que la gracia es irresistible. En el calvinismo se tiene la idea de que los elegidos (aquellos que los calvinistas creen que han sido elegidos incondicionalmente para la vida eterna), no pueden resistir la gracia de Dios y la determinación de ser salvos. Los calvinistas creen que, a los elegidos, la gracia de Dios los abruma de tal manera que incluso si quisieran no podrían rechazarlo. Los luteranos por su parte no limitan la gracia salvadora a los elegidos, sino que esta es universal en alcance e intención y creen que las personas sí son capaces de rechazar a Dios.

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La perseverancia final de los santos es otro punto de desacuerdo. Según el calvinismo a los que Dios eligió, los guardará hasta el fin. Todos los elegidos de Dios serán finalmente salvados. Enfatiza la realidad de que es Dios quien preserva a los elegidos en la fe. Sin embargo, los luteranos creen que las personas pueden rechazar la cruz, es decir, perder la fe y eso haría que dejaran de ser salvos. Pero las diferencias entre luteranos y calvinistas van más allá del famoso TULIP. Su entendimiento de la justificación, su cristología, su enseñanza referente al bautismo, la santa cena y muchos otros aspectos más, difieren notablemente entre ambos grupos reformados. Por consiguiente: ¿Quién puede decir cuál de ellos merece legítimamente ostentar el título de “reformado”? ¿Cuál de ellos ha perdido su derecho de celebrar y hacer suyo el legado de la Reforma Protestante de 1517? ¿Quién de ellos debe negar las 5 Solas y sentirse ajeno al legado de la Reforma? El antojo de un calvinista no es criterio suficiente para ello.

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¿SON LAS 5 SOLAS UNA ELABORACIÓN CALVINISTA EXCLUSIVAMENTE?

No, no lo son. Las ideas que dieron vida a las 5 Solas estuvieron presentes desde la etapa más temprana de la Reforma, pero las frases actuales se desarrollaron en el tiempo. Las frases más tempranas fueron sola gratia (solo por gracia), sola fide y sola scriptura. Éstas se encuentran fácilmente en los textos protestantes de inicios del siglo XVI. Repasemos un poco de historia:

(1.- SOLA GRATIA: El teólogo luterano alemán Andreas Bodenstein von Karlstadt, antes de que se radicalizara, usó la expresión sola gratia repetidamente en su disputa teológica del año 1519. Martin Bucer (otro teólogo alemán que influyó en las doctrinas y prácticas luteranas, calvinistas y anglicanas) la usó en su Comentario de los Evangelios de 1536 y otra vez en un tratado de 1545. El reformador italiano Pedro Mártir Vermiligi la usó en sus lecturas de Romanos en 1558. Wolfang Musculus la usó en sus lecturas de Gálatas y Efesios (1561). Caspar Olevianus la usó en sus lecturas de Romanos (1579). Calvino, el último en usarla, defendió la noción y usó dicha frase en sus obras.[4]

(2.- SOLA FIDE: Lutero usó por primera vez dicha frase en su traducción de Gálatas 3. También la usó en sus lecturas de Gálatas. (Su defensa de insertar “allein” está ahí). En 1521; Melanchton la usó en sus Loci Communes (Lugares Comunes, su texto sistemático) exactamente como nosotros lo hacemos hoy. Karlstadt también usó sola fide en su disputa teológica de 1519. La significancia de esto es que estaba ciertamente reflejando, en este punto, lo que Lutero y Melanchton estaban diciendo. La frase también se halló en la obra de François Lambert (1524); Johannes Oecolampadius (1524,1534); Martin Bucer (1527, 1534, 1536, 1545), Heinrich Bullinger (1534, 1557); Pedro Mártir Vermigli (1549) y en Calvino.[5] También se encuentra, por supuesto, en la Confesión de Ausburgo, art. 6. Se encuentra también en la Confesión de Fe Belga, art. 22. en el texto original francés de 1561 aparece “la seule foy”. En las ediciones posteriores en latín, “sola fide”. El texto en latín del Catecismo de Heidelberg (1563) usa la expresión “sola fide” en la Pregunta 60, sobre la justificación.

(3.- SOLA SCRIPTURA: Sola Scriptura ciertamente es una frase del siglo XVI. La expresión misma se encuentra entre los reformados tan pronto como en 1526 y el teólogo luterano Bucer la usó en 1536. Calvino la usó posteriormente en sus obras.[6]

(4.- SOLUS CHRISTUS Y SOLI DEO GLORIA: Se desconoce la fecha y quién usó por primera vez las frases, Solus Christus (es decir, “en Cristo solo”) y Soli Deo Gloria (a Dios sólo sea la gloria). Sus orígenes son probablemente un poco posteriores a los inicios de la Reforma Protestante. Sin embargo, la enseñanza de que Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro, es extensiva a todo el cristianismo ortodoxo. Ninguna rama del protestantismo puede asumir como exclusiva dicha creencia. Todo creyente protestante y evangélico puede reclamar como suya dicha “sola”. Incluso la frase Soli Deo Gloria, la cual enseña que toda la gloria es sólo para Dios, es extensiva a todo aquel que se llame cristiano y viva para la gloria de Dios. Dicha frase incluso fue utilizada por artistas como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Christoph Graupner para indicar que el trabajo fue producido con el fin de alabar a Dios.

Entonces, pregunto nuevamente: ¿Qué derecho tiene un calvinista a decir que los pentecostales, metodistas, luteranos o cualquier otra denominación nacida o derivada de la Reforma Protestante no tiene derecho a creer o usar las solas en su expresión de fe? Ciertamente, serían los luteranos y no los calvinistas quienes podrían, una vez más, presumir exclusividad sobre las 5 solas. Sin embargo, dichas frases son un legado de todos aquellos que nos hacemos llamar evangélicos o protestantes.

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ENTONCES, ¿VALE LA PENA QUE UN PENTECOSTAL CELEBRE LA REFORMA? ¿TENEMOS DERECHO A HACERLO?

Ciertamente que sí, si así lo elegimos. No depende de los autoproclamados “reformados” decirnos qué podemos o no podemos creer o celebrar. Hay cristianos no calvinistas que dudan celebrar la Reforma Protestante. Unos señalan las divisiones, guerras, y fragmentaciones que surgieron en la Iglesia a partir de la Reforma, con sus secuelas aún hoy. Y sí, eso es lamentable. En cada evento humano siempre está el factor del pecado. Sin embargo, al pesar la balanza, sostengo que la Reforma Protestante ha sido uno de los sucesos grandes e importantes de la historia de la Iglesia. Si eres cristiano, creo que harías bien en celebrar la Reforma, cuando menos por 6 razones:

(1. SI APRECIAS TENER UNA COPIA DE LA BIBLIA EN TU IDIOMA, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: ¿Los nombres Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina te suenan familiares? Son los traductores de la Biblia Reina-Valera, que es la versión más leída en todas las iglesias hispanas. La Reforma permitió la traducción de la Biblia a la lengua del pueblo (la iglesia católica sólo la permitía en latín), lo cual incluye al castellano. Si esta mañana has leído tu Biblia en español, dale gracias a Dios por la Reforma.

(2. SI COMO YO ERES PASTOR Y ESTÁS CASADO, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Antes de la Reforma, los clérigos lo tenían prohibido. Roma enseñaba —y aún enseña— que el celibato es el estado civil más santo, y por lo tanto lo requiere de sus sacerdotes, monjas, y monjes. Lutero, tras leer la Biblia detenidamente, escribió: “No existe nada en la Escritura que requiera el celibato. De hecho, la Biblia quiere que la gente “fructifique y se multiplique.” Lutero no solo abogó por la abolición del celibato para los clérigos, sino que ayudó a una monja a escaparse de un convento y se casó con ella para probar su punto. ¡Bendito sea Lutero! (es maravilloso estar casado y ser ministro de la Palabra).

(3. SI SABES QUE TU TRABAJO SECULAR GLORIFICA A DIOS TANTO COMO EL TRABAJO DE UN PASTOR, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Un ingeniero cristiano que hace su trabajo con excelencia es tan amado por Dios como teólogo, pastor, evangelista o misionero. Ambos tienen una tarea por hacer en el reino de Dios. Los reformadores se esmeraron mucho en elevar las tareas cotidianas hechas para el Señor. “No solo son las personas dentro de la iglesia las que hacen la obra de Dios”, comenta Lutero sobre 1 Pedro 2:9. “Oh, no. Todos somos sacerdotes. Por tanto, todos hacemos la obra de Dios”.

(4. SI APRECIAS LA LIBERTAD DE CONCIENCIA Y EL DERECHO A ELEGIR TU PROPIA RELIGIÓN O NO PRACTICAR NINGUNA, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Antes de la Reforma la libertad de conciencia era una utopía. Todos estaban obligados a pertenecer a la iglesia católica, así no estuvieran de acuerdo con sus enseñanzas. Tampoco había otras opciones para alguien que quisiera permanecer en el cristianismo. Incluso nuestra fe pentecostal no hubiera sido posible sin el derecho a la libertad de conciencia cimentado en las enseñanzas de la Reforma.

(5. SI ESTÁS ACOSTUMBRADO A ESCUCHAR EL EVANGELIO DE LA JUSTIFICACIÓN POR GRACIA A TRAVÉS DE LA FE, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: La Reforma era necesaria porque recuperó el evangelio. La pregunta fundamental para la humanidad es, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y la iglesia medieval titubeaba al responder. ¿Cuántos han entrado a la eternidad pensando que su posición delante de Dios estaba bien debido a ciertos ritos y obras? La Reforma recuperó la proclamación clara de que somos reconciliados con Dios solo a través de la fe en Cristo.

(6. SI TE REGOCIJAS AL VER EL EVANGELIO PREDICADO POR TODO EL MUNDO, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: La Biblia fue traducida a las lenguas vernáculas para que la gente tuviera acceso a la Escritura. Esto, a su vez, provocó un imperativo misionero, el cual fue testigo de muchos predicadores enviados a toda Europa, Norteamérica, India, y hasta Sudamérica. Nosotros hoy, a 501 años de la Reforma Protestante, continuamos recibiendo bendición de lo que Dios hizo allí.

Por estas razones y muchas otras, yo, como evangélico y pentecostal, celebro la Reforma Protestante. Me da lo mismo si a un calvinista le parece apropiado o no. Respeto si otros pentecostales optan por no hacerlo, pero yo no veo nada de malo en hacerlo. Por el contrario, nos recuerda las razones por las cuales existimos como movimiento. Sin embargo, aún considero oportuno aclarar otro punto en relación con este tema.

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¿SOMOS LOS PENTECOSTALES HEREDEROS DE LA REFORMA O SIMPLEMENTE ADVENEDIZOS?

De todos es sabido que el pentecostalismo o movimiento pentecostal es un movimiento evangélico de iglesias y organizaciones cristianas que recalcan la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo, cuya manifestación contemporánea se catalizó a partir del llamado Avivamiento de la Calle Azuza dirigido por el pastor afroamericano William J. Seymour en una Iglesia Metodista Episcopal Africana de Los Ángeles, California en 1906.

Varios de los conceptos que considera el movimiento pentecostal son rescatados de personajes del cristianismo primitivo, como es el caso del obispo Ireneo de Lyon, quien hablaba de las distintas manifestaciones del Espíritu Santo, el don de lenguas y el don de profecía; este último don también era insinuado por Tertuliano, y el énfasis en las prácticas del Espíritu Santo eran compartidas por los montanistas de Frigia. Incluso Agustín de Hipona practicó la imposición de manos para buscar la glosolalia.

Ciertamente, este tipo de prácticas disminuyó considerablemente (más nunca desapareció) durante la Edad Media, época del apogeo del catolicismo en occidente. Sólo más tarde, con la Reforma protestante del siglo XVI, se registraron experiencias semejantes a las de la glosolalia y el avivamiento, buscadas actualmente por los pentecostales. Tal es el caso de los hugonotes en Cevenas durante la Guerra de los camisards. Es más, Martín Lutero dio ejemplos en su vida de poseer ciertos dones espirituales que hoy si consideran exclusivos d ellos pentecostales y carismáticos. Las prédicas sobre el Espíritu Santo de George Fox y los avivamientos experimentados por los husitas de Bohemia se consideran antecedentes del movimiento pentecostal y carismático durante la época de la Reforma y mucho antes.

El pastor anglicano John Wesley, considerado el padre del metodismo, consideraba que los dones perseguidos por el cristianismo primitivo debían rescatarse y no ser ridiculizados. En sus diarios registró diversas historias que tenían que ver con dones divinos. De hecho, el mensaje de las iglesias metodistas marcó una fuerte influencia dentro del movimiento pentecostal. Más adelante, en las décadas de 1730 y 1740 se desarrolló el llamado Primer Gran Despertar, un movimiento de revitalización cristiana que se extendió por la Europa protestante y América británica dejando un impacto permanente en la religión norteamericana y el movimiento pentecostal. Entre sus principales predicadores se encontraron George Whitefield (1714-1770), David Brainerd (1718-1747) y Jonathan Edwards (1703-1758), precursores del evangelicalismo que finalmente dio origen al movimiento pentecostal. Más tarde, a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, se produjo en Estados Unidos el Segundo Gran Despertar, del que surgió el denominado Movimiento de Santidad, un conjunto de creencias y prácticas religiosas que surgió del metodismo y de ciertas denominaciones evangélicas para enfatizar sus creencias a través de una doctrina central.

Entre 1811 y 1825, el teólogo metodista Adam Clarke difundió la idea de hacer más énfasis en el Espíritu Santo, y en 1840 el Movimiento de Santidad comenzó a predicar acerca de la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo. El Movimiento de Santidad procedente del metodismo (y este a su vez de la iglesia anglicana, una de las ramas de la Reforma Protestante) se considera uno de los antecesores del pentecostalismo moderno, y algunos de sus términos publicados hacia 1857 y relacionados con la palabra «pentecostal» son utilizados por el pentecostalismo actual.

¿Cómo negar entonces nuestro linaje protestante? ¿No somos acaso una vertiente más del protestantismo inspirado en la Reforma de 1517? Sola la ignorancia o la malicia de ciertos sectores podría negarnos tal derecho histórico. Ciertamente, el pentecostalismo reúne en sí lo mejor de cada tradición protestante. Como pentecostales podemos ir más allá y trazar nuestro linaje espiritual hasta el pietismo luterano, un heredero indiscutible de la Reforma Protestante de 1517. Surge entonces la pregunta: ¿Qué es el Pietismo?

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PIETISMO Y PENTECOSTALISMO, UNA CONEXIÓN MÁS CON LA REFORMA

El pietismo fue un movimiento de renovación que surgió dentro del luteranismo alemán en el siglo XVII, cuando la Iglesia y la ortodoxia luterana se agotaban en disputas, descuidando la piedad, la moral y la edificación de los fieles. Se suele considerar la Pia Desideria (1675) de Philipp Jacob Spener (1635-1705) como el texto programático y fundador del Pietismo. Spener rescataba principalmente el trabajo de los luteranos Johann Dannhauer (1603-1666), Johann Arndt (1555-1621) y del mismo Martin Lutero (1483-1546). Los pietistas sentían que estaban llevando las enseñanzas de los Reformadores hasta sus conclusiones lógicas, enseñando que la justificación del creyente tenía que manifestarse en una nueva vida. El movimiento pietista comenzó con reuniones en la casa de Spener, para estudio bíblico y oración. Sus grupos caseros se llamaban “Collegia Pietatis” o “Collegia Philobiblica”. Su ardor y su pasión nacía del evangelio. El pietismo tuvo un impacto importante en el Conde Zinzendorf, líder de los moravos, como también en Juan Wesley y el metodismo.

En muchos sentidos, el pietismo puede ser considerado una versión temprana de pentecostalismo. De hecho, el luteranismo tiene una larga historia de movimientos proto-pentecostales. Al igual que los pentecostales, los pietistas enseñaban el sacerdocio universal de los creyentes: Todos los creyentes deben participar de los servicios religiosos, enseñándonos y ayudándonos unos a otros, siendo asiduos en los estudios bíblicos. También se buscaba el cultivo de la vida espiritual a través de la lectura sistemática de la Biblia; se procuraba una vida de oración y abstinencia: combate el juego, borracheras, bailes y teatros, enfatizando moderación en el vestir, en bebida y los alimentos, buen comportamiento cristiano en los negocios, teniendo amor como un parámetro visible de la piedad cristiana, etc. El pietismo, como el pentecostalismo, enfatizaba la vida de santidad y una teología con énfasis en la vida práctica en desmedro de la especulación. Los pietistas sostenían, al igual que los pentecostales modernos, que la Biblia tiene autoridad superior a las confesiones. Pero, sobre todo, los pietistas creyeron, practicaron y experimentaron los carismas o dones espirituales al igual que los pentecostales.

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CONCLUSIÓN

Quiero concluir este artículo aclarando algo que para mí es sumamente importante: AGRADECER POR LA REFORMA Y SER HEREDEROS DE LA MISMA NO IMPLICA CONCORDANCIA CON CADA PUNTO DE ESTA. Sí, los pentecostales tenemos derecho a ser considerados herederos de la Reforma. Sin embargo, tenemos también derecho a disentir con la misma en algunos puntos y esto no nos hace traidores ni menos protestantes. Para empezar, los pentecostales no idolatramos a los reformadores protestantes, no los veneramos como algunos parecen hacerlo. No los consideramos infalibles. No necesitamos citarlos en nuestros sermones ni para validar nuestras afirmaciones teológicas. De hecho, entiendo por qué muchos pentecostales lo piensan dos veces antes de identificarse con la Reforma. Entiendo también por qué muchos (de los más radicales) considerarían casi un insulto el término “reformado”.

Para empezar:

  1. Su teología cesacionista los colocó muy lejos de la ortodoxia cristiana original.
  2. El calvinismo, que se ha apropiado injustamente de la etiqueta de “cristianos reformados”, enseña terribles errores doctrinales e incluso herejías.
  3. Los reformadores fueron autores Intelectuales de la muerte de muchas personas, hermanos en la fe, que por el sólo hecho de diferir de su teología en áreas como el bautismo, fueron muertos de formas terribles.
  4. Martín Lutero fue misógino (discriminaba al sexo femenino) y antisemita (odiaba a los judíos y enseñaba la violencia contra ellos).
  5. Juan Calvino fue el autor intelectual de muchos asesinatos de creyentes a los cuales consideraba herejes por diferir con su interpretación de la Biblia, siendo el caso de Miguel de Servet el más conocido, pero no el único.
  6. Los reformadores (Lutero, Zuinglio, Calvino, etc.) siguieron creyendo en doctrinas y dogmas católicos como la perpetua virginidad de María, doctrina católica romana qué surgió no en la iglesia primitiva, sino en el paso de los siglos dentro de la iglesia y como producto de la apostasía generalizada.

Aclaro, me siento orgulloso del legado protestante y evangélico que como pentecostales podemos reclamar. Simplemente entiendo por qué algunos pentecostales y otros evangélicos modernos prefieren distanciarse de él o ignorarlo. Por otro lado, si los calvinistas quieren considerarse los únicos “cristianos reformados” y herederos exclusivos de la Reforma Protestante ¡Suerte! Asuman también los crímenes cometidos por aquellos a quienes veneran desmedidamente. Prefiero que me llamen simplemente cristiano o evangélico. Y si me llaman pentecostal me sentiré más que honrado por ello. No me molesta si algunos piensan que no tenemos derecho a celebrar la Reforma ¡Yo igual lo haré porque tengo todo el derecho de hacerlo si así lo elijo! Si eres de los que cada año celebra un aniversario más de la Reforma Protestante ¡Felicidades! Hazlo para la gloria de Dios. Si optas por no hacerlo también estás en tu derecho y respeto tus razones. Solamente ten cuidado de no imponer tu opinión particular sobre otro (y mucho menos de negarle a otro lo que considera su derecho). ¡Dios te bendiga!

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REFERENCIAS:

[1] Ariel Álvarez, “Luteranos y Calvinistas: Más lejos de lo que pensabas” (Revista Digital El Católico Luterano), publicado el 20 de octubre de 2018. Disponible en línea en: https://elcatolicoluterano.wordpress.com/2018/10/20/luteranos-y-calvinistas-mas-lejos-de-lo-que-pensabas/

[2] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 3.XXI.7

[3] Obras de Lutero 5: 43-50.

[4] Institución 2.III.

[5] Institución III.III.1; III.XI.1; I.XI.19; III.XIV.17.

[6] Institución III.XVII.

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Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

¿Son algunos predestinados al infierno?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Al pensar en el segundo punto del calvinismo (la elección incondicional) solemos asociarlo exclusivamente con la idea de salvación, pasando por alto la otra cara de esta doctrina: La reprobación para condenación de la mayoría de la humanidad. La doctrina de la “reprobación” es la enseñanza de que Dios es soberano no sólo sobre aquellos que vendrán a la vida eterna, sino también sobre aquellos que resucitarán a la muerte eterna (Juan 5:29). La reprobación pues, es el acto por el cual Dios condena a los pecadores al castigo eterno (Salmo 15:4, 1 Corintios 9:27, 2 Corintios 13:5-7).

De acuerdo con la doctrina calvinista de la predestinación, Dios escoge a los individuos a quienes salvará antes de que nazcan. Él no elige a cada individuo, sino que elige sólo algunos. Así, la elección es limitada. La elección por su naturaleza no se aplica a todos, sino que sólo los elegidos son llamados a salvación (Mateo 24:22, 24, 31, Romanos 8:33). Pero ¿Qué hay del resto de seres humanos a quiénes Dios no ha elegido?

Dios es plenamente consciente del resultado de la vida de una persona antes de darle vida. Dios sabe a quién no escogió antes de crearlo, y aun así lo crea de todos modos. Vemos esto descrito en Apocalipsis 13:8 y 17:8. Dichos versículos afirman que la gente adora el anticristo porque “sus nombres no han sido escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida del Cordero.” Dios sabía que sus nombres no estaban escritos en el libro de la vida, y él los creó de todos modos. Para ser claros: Dios crea personas que él sabe que no salvará, y aun así las crea y les da vida para que puedan usar su vida para su gloria incluso en su rebelión (Romanos 9:17). Esta es la doctrina de la reprobación.

En defensa de su postura, los calvinistas citan Romanos 9:22-23, donde Pablo pregunta:

“¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?” (NVI)

Para el calvinista, tanto la elección como la reprobación suceden “de antemano”. Así que la elección y la reprobación ocurren antes de la creación, y ambas se basan en el plan de Dios para mostrar su gloria en la creación y a través de las vidas de sus criaturas. La elección es salvadora, la reprobación es condenatoria.

La doctrina de la elección y su gemela, la reprobación, enseñan en conjunto que Dios es soberano sobre la salvación, y Dios forma un alma para su destino, sea este el cielo o el infierno. A esto se le conoce como la “doble predestinación”. Juan Calvino creía en “la doble predestinación, es decir, en que desde el principio de la Creación Dios había predeterminado ya quién se salvaría y quién se condenaría”.[1]

Esta doctrina, sin embargo, ha sido repudiada por los arminianos y aún por cierto sector del calvinismo debido a sus implicaciones y afrenta al carácter de Dios y a las Escrituras.

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¿UNOS POCOS ELEGIDOS?

Muy en lo profundo de su alma, algunos calvinistas experimentan en algún momento de su vida cierta repugnancia o rechazo natural hacia la doctrina de la elección y reprobación incondicional. Un bloguero calvinista afirmó en cierta ocasión:

Sé que pensar en que Dios de antemano creó a personas para salvación y otras para condenación eterna es difícil de digerir, pero con una madurez espiritual óptima se logra entender y comprender que Dios es soberano, que tenemos una mente limitada para lograr comprender la sabiduría de Él y que más bien debiéramos estar agradecidos por su gracia y amor”.[2]

C. Sproul, incapaz de responder las contradicciones planteadas por la doctrina calvinista, prefiere echarle la culpa a Dios de tales contradicciones:

“Y me pueden preguntar ¿Por qué me da esa gracia a mí y no a otra persona?… Si hay algo que la Biblia enseña una y otra y otra vez, es que la salvación es del Señor. Y esto, sí, está en el corazón de la Teología Reformada, no porque estemos interesados en asuntos abstractos de la predestinación soberana y que solo disfrutamos del placer intelectual que la especulación sobre esta doctrina produce, sino más bien el punto central en esta teología… volviendo a Agustín… Dios… tiene el derecho eterno y soberano a tener misericordia de quien tenga misericordia; por lo que, no es del que quiere, sino de la voluntad divina, no del que corre, sino de Dios. Ahí es donde se encuentra el peso en la doctrina reformada de la elección.”[3]

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OBLIGADOS A SER INTELECTUAL Y TEOLÓGICAMENTE DESHONESTOS

Hacer callar el sentido natural de justicia implantado por Dios en el hombre no es fácil. Para ello los teólogos calvinistas deben recurrir a sofismas y argumentos elaborados para desviar la atención de las tristes implicaciones de su doctrina. Tristemente, y a pesar de la erudición de la cual se jactan, los calvinistas necesitan tergiversar o reinventar el significado básico de ciertas palabras para defender su postura. Por ejemplo, 1 Timoteo 1:15 nos dice:

“Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores” (Nueva Biblia al Día).

Como cualquier estudiante honesto reconocerá, 1 Timoteo 1:15 quiere decir que el deseo de Dios es que todos los pecadores sean salvos. Obviamente, tal afirmación bastaría para refutar la doctrina calvinista de la elección incondicional de unos cuantos y, lógicamente, también de la reprobación. De forma deshonesta y maliciosa, la palabra “pecadores” es redefinida por los calvinistas como queriendo indicar que Cristo vino sólo por “los elegidos entre los pecadores”, lo cual no se enseña implícita o explícitamente en el texto, ¿Qué necesidad hay de torcer así el texto bíblico? Si quisieran ser honestos y dejar todo sectarismo fanático, los calvinistas tendrían que reconocer que no hay nada en la Biblia, que sugiera que “los pecadores” habla de aquellos pecadores elegidos.

Las palabras “pecador” y “pecadores” se encuentran casi setenta veces en la Biblia: “los hombres de Sodoma eran malvados y pecadores” (Génesis 13:13); “Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo” (Proverbios 13:22); “he aquí, el hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores” (Marcos 14:41); “Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6:32); “Nosotros sabemos que ese hombre es pecador” (Juan 9:24); “sabemos que Dios no oye a los pecadores” (Juan 9:31); “la ley no fue dada para el justo… sino para los transgresores y desobedientes” (1 Timoteo 1:9); “más este… es santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores” (Hebreos 7:24 – 26), etc.. No hay un solo lugar en la Biblia donde podría interpretarse la palabra “pecadores” como “los elegidos”. Pero cuando se habla de la salvación de los pecadores, o el amor de Dios por los pecadores, el calvinista insiste en que “los pecadores” significa los elegidos, como en las siguientes declaraciones: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13; Lucas 5:32), “este a los pecadores recibe” (Lucas 15:2); “en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), y así sucesivamente. Estas redefiniciones deshonestas se requieren a lo largo de las Escrituras para apoyar el calvinismo.

Por desgracia para los calvinistas, a lo largo del Nuevo Testamento, siempre se utiliza la misma palabra griega para “pecadores”. Así que no hay ninguna licencia para dar un significado diferente en algunos casos con el fin de rescatar al calvinismo de su ruina teológica. Claramente, el calvinismo se derrumbaría si la Biblia realmente indicara que Cristo vino a salvar a todos los pecadores sin discriminación alguna, en lugar de sólo algunos pecadores, o aún, los elegidos entre los pecadores.

El estudiante honesto de la Palabra de Dios reconoce que la Biblia usa el término “elegido” y “escogido” en una variedad de formas: para Israel (Isaías 45:4-6), Cristo (Isaías 42:1; Lucas 9:35), una dama (2 Juan 1), una iglesia (1 Pedro5:13) y los ángeles (1 Timoteo 5:21). Sin embargo, nunca, se utiliza esta palabra para indicar que hay un grupo selecto que ha sido predestinado para salvarse. Nunca.

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¿PREDESTINADOS AL INFIERNO?

Con respecto a la doctrina de la reprobación, Ironside, el famoso maestro bíblico y teólogo, declaró:

“En ninguna parte de la biblia las personas son predestinadas para ir al infierno, y en ninguna parte son simplemente elegidos para ir al cielo… predestinación siempre es hacia un algún lugar especial de bendición”.[4]

El calvinismo es antibíblico en su definición de los “elegidos” como el grupo seleccionado a quien Dios desde la eternidad pasada, ha designado a la salvación. Es aún más antibíblico al afirmar que todos los demás están predestinados por Dios para la condenación eterna. ¿Cuál sería la consecuencia lógica de esto? Simple: El evangelio podría ser predicado día y noche a estos condenados y sin embargo sería en vano, porque son totalmente incapaces de creer. Dios supuestamente no tiene deseo alguno de abrir sus ojos cegados y darles la fe para creer. Lo hace solo para los elegidos (a través de la elección incondicional), aunque lo podría hacer para todos.

Quizá suene ofensivo para un calvinista obcecado y testarudo, pero esta doctrina repugnante (elección de algunos, reprobación de muchos) nunca fue, es o será enseñada en las Escrituras. Calvino admite:

“Muchos… consideran incongruente que del gran cuerpo de la humanidad algunos debieran ser predestinados a la salvación y otros para destrucción”.[5]

También admite:

“El decreto, lo admito, es terrible y sin embargo, es imposible negar que Dios supo con anterioridad el fin del hombre antes que fuese porque él lo creó, y supo con anterioridad, porque así lo había ordenado por su decreto”.[6]

Nótese que Calvino se ve obligado a mantener lo que admite como un decreto “terrible”. ¿Por qué? No por las Escrituras, sino por su insistencia antibíblica de que Dios solamente puede saber de antemano solo lo que decreta. De ese error, se deduce que, puesto que Dios sabe todo lo que sucederá, debe decretarlo todo para que pueda suceder, desde la caída de Adán hasta el destino final de miles de millones. Gracias a Dios que la Biblia dice lo contrario:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Lamentablemente, para el calvinista, más fiel a Calvino y a sus dogmas que a la palabra de Dios, “mundo” y “todo aquel” deben cambiarse por “elegidos” para que el calvinismo pueda sostenerse. Pero la Palabra de Dios es clara:

“El Señor no demora el cumplimiento de su promesa, como algunos suponen. Más bien lo que quiere es que nadie se pierda, por lo que está alargando el plazo para que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9, NBV)

¿Lo entendemos? ¡Lo que Dios quiere es que nadie se pierda! ¿Cómo entonces los calvinistas afirman que ha predestinado a la mayoría de la humanidad a una eternidad de condenación en el infierno, sin que puedan hacer nada para escapar de ello? ¿O es que para el calvinista Dios nos miente al afirmar su deseo de salvarnos en 2 Pedro 3:9?

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¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA AL RESPECTO?

De acuerdo con la Biblia la verdadera elección, o predestinación, es el resultado del pre-conocimiento de Dios (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2). Aquellos quienes Dios supo de antemano que creerían, los predestinó (únicamente en unión a Cristo y su cuerpo, que es la iglesia) a bendiciones especiales, entre ellas la salvación del castigo del pecado (1 Corintios 2:9). Es la iglesia corporativamente, y no un individuo en particular, la que ha sido predestinada. Cualquier individuo puede venir a Cristo, llegar a formar parte de su cuerpo que es la iglesia, y heredar el destino que Dios preparó para los tales. Igualmente puede apartarse de Cristo, dejar de ser parte de la iglesia, caer de la gracia y perder el “destino” que Dios señaló para los fieles. Todos están invitados a venir, nadie es excluido. Dios continuamente invita al hombre a venir a Él (Isaías 1:18). Razona con Israel, envía a sus profetas para advertir a su pueblo elegido y en varias ocasiones los castiga por sus malas obras (Deuteronomio 28: 20; Jeremías 9:13). Dios mismo afirma que envió a su Hijo a morir por los pecados del mundo, debido a su gran amor para toda la humanidad (Juan 3:17; 1 Juan 4:14). Con base en lo anterior, sólo podemos concluir que la elección incondicional (y con ella la doctrina de la reprobación incondicional de otros) no es más que una invención humana. De hecho, la conciencia del hombre dada por Dios y las Escrituras claman en protesta en contra de esta doctrina. Dios no actúa con parcialidad (Santiago 3:17). No hace acepción de personas (Hechos 10:34), y todos los hombres son igualmente dignos de condena e igualmente indignos de su gracia.

Los calvinistas según su punto de vista admiten que los “elegidos,” al igual que toda la humanidad, eran una vez totalmente depravados, incurablemente en contra de Dios e incapaces de creer en el Evangelio, con ninguna cosa que merezca la gracia de Dios, igual que los “no elegidos”. Preguntémonos entonces ¿Por qué fueron estos seleccionados para la salvación y todos los demás a la condenación? No se puede encontrar ninguna razón en Dios o en el hombre, ni en cualquier lugar en las Escrituras. No hay escapatoria a la inquietante pregunta: ¿Por qué el Dios de Calvino escogió salvar a tan pocos cuando podría haber salvado a todos? Al no poder presentar excusa alguna, los calvinistas admiten:

“¿Por qué unos hombres son puestos para vida eterna y otros dejados a la destrucción eterna? …Por el beneplácito de Su voluntad [de Dios]”.[7]

Así que, para un calvinista, la bondad de Dios es la causa de salvar a tan pocos y condenar a muchos. ¿Es esto lógico? Lo dudo. Como arminianos estamos horrorizados por este concepto, y nos sentimos ofendidos en nombre de nuestro Dios por la afrenta que se hace a su carácter y personalidad.

Bíblicamente hablando, no hay duda de que Dios tiene el derecho de salvar a quien quiera y nadie puede reclamar. Todos somos merecedores del castigo eterno requerido por la santidad de Dios en contra del pecado. Pero el punto es que varias veces se nos dice en la Biblia que Dios es amor y que Él es misericordioso con todos, exactamente lo que esperaríamos de Él debido a su mandato a nosotros de amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos y hacer el bien a todos. De seguro que no esperaríamos del “padre de misericordias” y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3) retener su misericordia de cualquiera que tan desesperadamente lo necesita, mucho menos que halle placer en hacerlo.

Calvino se esconde detrás de la autoridad del sacerdote católico Agustín para justificar esta contradicción, pero en su esfuerzo, se queda corto. Calvino afirma con total crueldad: “Dios ordena todas las cosas por su soberano consejo, de tal manera que las personas que nacen, que están condenados desde el vientre a una muerte segura, deben glorificarle por su destrucción. Si tu mente está preocupada, no te niegues a aceptar el consejo de Agustín”.[8]

Con insoportable crueldad, Calvino también afirma:

“No dudaré en.… confesar con Agustín que la voluntad de Dios es necesidad… [y] que la destrucción como consecuencia de la predestinación es también más justa… El primer hombre cayó porque el Señor consideró bien que debería… porque él vio que así se mostraría su propia gloria”.[9]

Quizá un calvinista enceguecido por sus razonamientos se niegue a reconocerlo, pero el que Dios imponga “la necesidad de pecar” sobre el hombre, y después lo condene por pecar, no puede llamarse “justo” por ninguna maniobra de semántica. Sin embargo, esto es exactamente lo que enseñó y defendió Calvino:

“El réprobo (predestinado a la condenación), excusaría sus pecados… porque una necesidad de esta naturaleza se coloca sobre ellos por la ordenación de Dios. Negamos que puedan ser debidamente excusados… todos los males que llevan son impuestos por el justo juicio de Dios”.[10]

La crueldad que Calvino atribuye a Dios es atroz. Seguramente, castigar por no hacer lo que es imposible hacer o por haber hecho lo que solo podía hacer, es lo contrario a la justicia. Si eso no fuera suficiente malo, que Dios predestine al hombre al pecado para tener a quien juzgar, es aborrecible incluso para los impíos. Esto es ofensivo para la conciencia que Dios ha dado a toda la humanidad. Calvino atribuye el mal a Dios y luego lo llama justo simplemente porque “todo lo que Él quiere debe sujetarse a ser justo”.[11]

La Escritura nos dice lo contrario. Dios manda a todos los hombres que se arrepientan, el clama a la humanidad para hacerlo y está dispuesto a perdonar y promete la salvación a todos los que creen en Cristo.

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NO SE TRATA DE SER ARMINIANO, LO DICE LA BIBLIA

Los siguientes pasajes, en los cuales Dios exhorta a la humanidad a aceptar la salvación que Él ofrece, son sólo unos pocos entre las muchas Escrituras similares que refutan la doctrina de la elección incondicional y de la reprobación enseñada en el calvinismo:

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. (Isaías 55:7)
“Y me buscareis y me hallareis, porque me buscareis de todo corazón”. (Jeremías 29:13)
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca”. (Mateo 7:24)
“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar”. (Mateo 11:28)
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. (Juan 7:37)
“Y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. (Apocalipsis 22:17)

Cada uno de los anteriores versículos claramente incluyen dos hechos que refutan las doctrinas de la elección y la reprobación incondicional:

(1) El mandato y la invitación se ofrecen a todos, y no sólo a un grupo selecto. Las palabras “perverso” e “injusto” y “cualquiera” y “todo” dicen claramente lo que dicen y no pueden ser convertidos en “elegidos.”
(2) Hay condiciones que deben cumplirse. Hay un mandato y una invitación a cumplir con ciertos requisitos: “abandonar” el pecado, y buscar a Dios con todo el corazón, y “escuchar y hacer” lo que Cristo manda, “venir” a él y “tomar y beber” el agua de la vida que Cristo da. La elección no es incondicional.

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CONCLUSIÓN

El calvinismo jamás podrá explicar cómo Dios, quien es amor, podría tomar placer en maldecir a miles de millones que podrían ser salvos, si así lo deseara. Esta es la gran pregunta que la misma conciencia que Dios ha implantado en todos y la humanidad encuentra tan preocupante, pero que Calvino se negó o no pudo tratar. Bíblicamente, la soberanía de Dios se ejerce solamente en perfecta unidad con su carácter total. No es un soberano despótico. Su soberanía se aplica en armonía con su amor, gracia, misericordia, bondad, justicia y verdad, pero Calvino no tiene casi nada que decir sobre estos atributos, porque estos no se pueden conciliar con su teoría. Los calvinistas declaran que las razones de la condenación de los no elegidos es un misterio, pero declarar “misterio” y exaltar la ignorancia son contrarios a la palabra de Dios, que nos dice que debemos estar “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Sin embargo, Calvino dijo que estaba mal el buscar una razón.

Según la doctrina de la elección incondicional, tanto la fe para creer y la salvación para recibir es impuesta a los elegidos, por la soberanía de Dios, anulando totalmente la voluntad humana. Un destacado calvinista admite que Dios:

“Aun me obliga a mí, quien realmente no ama a Jesús, amarlo y creer en Él”.[12]

Por el contrario, la biblia y la razón enseñan que nadie puede ser obligado a querer o aceptar un regalo, mucho menos cambiar su mente sin la voluntad para hacerlo. Esa voluntad debe provenir del corazón; no se puede crear de la nada. Nadie puede ser forzado a cambiar de parecer. No importa cómo traten de explicar la elección incondicional, el calvinista no puede escapar un hecho reconocido por toda la humanidad: que cualquier cambio significativo de actitud o creencia del ser humano, debe ser por consentimiento y razones que acepta voluntariamente. Pero según el calvinismo ese hecho del sentido común socava la soberanía de Dios. Tal razonamiento es falso.

Algunos, como Juan Calvino, sin reparo dicen que Dios no quiere que todo el mundo sea salvo, de hecho, afirman que esa es su “buena voluntad” condenar a muchos. Otros, al darse cuenta de lo repulsivo que es esta idea a cualquiera que tenga un sentido normal de misericordia y bondad, llaman a esto “Ultra-Calvinismo” e intentan encontrar otras explicaciones por las que Dios no elige irresistiblemente a todo el mundo. La necesidad de superar las objeciones de los no calvinistas a la insensibilidad aparente de Dios (en predestinar multitudes al tormento eterno antes de que nacieran) ha sido la madre de un sinnúmero de intentos y racionalizaciones.

Algunos intentan escapar del desastre moral simplemente diciendo que la respuesta está escondida en el secreto de la voluntad de Dios, esto es esquivar. Otros, si bien reconocen la contradicción monstruosa, insisten en que lo que nos parece aborrecible a nosotros, no lo es para Dios, que nosotros no podemos imponer nuestros estándares sobre él. Sin embargo, ese argumento, es demolido por el hecho de que Dios ha escrito sus estándares en cada conciencia y razona con la humanidad sobre esa base (Isaías 1:10 – 20).

El arminianismo, en concordancia con la Biblia, enseña que aquellos que reciben a Cristo no tienen nada de que gloriarse sino en Cristo solamente, quién pagó la pena por sus pecados. Y aquellos que sufren la pena por sus pecados (y sólo ellos) son culpables de haber rechazado obstinadamente la salvación de Dios provista y libremente ofrecida como un regalo de su amor. Dios no es el culpable de su condena ni Él los predestinó al infierno. Tal es la enseñanza clara de las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero para hacer frente a ese hecho, el calvinista tendría que abandonar los dogmas a los que ha dedicado su vida y su reputación. Muchos lo han hecho y han sido liberados de las erróneas enseñanzas del TULIP.

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REFERENCIAS:

[1] Schwanitz, Dietrich (2002). La Cultura. Todo lo que hay que saber. Taurus.

[2] Oscar Humberto Díaz Jurado, La Predestinación – Elección Incondicional. Publicado el 20 enero, 2019. Disponible en: ingdiaz.org/la-predestinacion-eleccion-incondicional/ Consultado el 22 de octubre de 2019.

[3] R. C. Sproul, elección Incondicional. Edición del 13 de agosto de 2018. Disponible en: https://es.ligonier.org/RTM/eleccion-incondicional/ Consultado el 22 de octubre de 2019.

[4] H. A. Ironside, in the Heavenlies, Addresses on Ephesians; Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1937, 34.

[5] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 1.

[6] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 7)

.[7] James R. White, The Potter’s Freedom; Amityville, NY: Calvary Press Publishing, 2000, 177.

[8] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 5, 6.

[9] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9.

[10] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 11.

[11] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9.

[12] Palmer, Five Points of Calvinism, p. 21.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

El Dios de Calvino, autor del pecado

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En su intento por defender la soberanía de Dios a niveles antibíblicos, los calvinistas han creado un “dios” muy diferente del Dios de la Biblia. De hecho, la versión calvinista de Dios es, en muchos sentidos, el verdadero villano de la historia humana, no el diablo mismo. ¿Por qué? Porque el dios calvinista es el autor del mal, el diablo es apenas un pobre peón en este juego macabro y cruel, donde la libertad y el albedrío de los seres creados es pura ilusión.

Tales ideas erróneas sobre Dios son un producto natural de la doctrina calvinista de la predestinación, la cual no difiere en mucho del viejo fatalismo de los paganos. La doctrina de la predestinación se expresa claramente en el segundo punto del calvinismo: La elección incondicional. El autor calvinista John Piper define la elección incondicional de la siguiente manera:

“La elección incondicional es la elección libre de Dios antes de la creación, no en base a la fe prevista, otorgando fe y arrepentimiento a los traidores, perdonándolos, y adoptándolos en el seno de su familia eterna de gozo”.[1]

El concepto puedo sonar piadoso y hasta bíblico, pero está lejos de ser las buenas nuevas que presume ser. La denominada “elección incondicional” implica, en su aspecto positivo, que Dios escogió desde antes de la fundación del mundo, previendo el pecado del hombre, a una multitud incontable de personas para salvarlas, no porque vio que creerían o consideró algo bueno en ellas, sino que lo hizo por amor y misericordia, según Su voluntad para alabanza de la gloria de Su gracia. El aspecto negativo de la misma suele pasarse por alto, ya que establece que Dios, en su soberanía, también ha determinado de antemano quienes serán condenados eternamente sin que puedan hacer algo para cambiarlo. La Confesión de Fe de Westminster (una declaración de fe calvinista) habla de este decreto eterno de Dios afirmando que:

III.- Por el decreto de Dios y para la manifestación de su gloria, algunos seres humanos y ángeles son predestinados y preordenados para vida eterna, y otros preordenados para muerte eterna.
IV.- Estos ángeles y también los seres humanos, así predestinados, y preordenados, están particular e inmutablemente designados, y su número es tan cierto y definido, que no se puede aumentar ni disminuir.
V.- A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, según su eterno e inmutable propósito, y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, antes que fueran puestos los fundamentos del mundo, por su pura y libre gracia y amor, sin la previsión de la fe o buenas obras, o la perseverancia en ninguna de ellas, o de cualquier otra cosa que haya en las criaturas, como condiciones o causas que le muevan a ello, y todo para la alabanza de su gloriosa gracia.
VI.- Puesto que Dios ha designado a los elegidos para gloria, así también, por el eterno y más libre propósito de su voluntad, ha ordenado todos los medios para ello. Por lo tanto, los que son elegidos, estando caídos en Adán, son redimidos por Cristo, son eficazmente llamados a la fe en Cristo por su Espíritu que obra a su debido tiempo, son justificados, adoptados, santificados y por su poder son guardados para salvación por medio de la fe. Ni hay otros que sean redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados, y salvados, sino solamente los elegidos.
VII.- Al resto de la humanidad, agradó a Dios pasarla por alto y destinarla para deshonra e ira por su pecado, según el inescrutable consejo de su propia voluntad, por la cual extiende o retiene misericordia como a Él le place para la gloria de su poder soberano sobre las criaturas, para la alabanza de su gloriosa justicia.[2]

¿Suena esto a buenas nuevas para los perdidos? ¡No lo creo! Los calvinistas, sin embargo, insisten que sí lo son. Y es que la elección incondicional es exigida por la visión distorsionada de la soberanía de Dios, que presenta el calvinismo.

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LA LÓGICA DEMENTE DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA

De acuerdo con la teología calvinista cada pensamiento, palabra y acción es decretada por Dios, incluyendo todo pecado. Esta perspectiva es irracional y no bíblica, pero para el calvinista es una base importante de su creencia. Como bien lo afirmara cierto autor calvinista:

“El total énfasis en la soberanía de Jehová Dios Todopoderoso es la verdad y la belleza del Calvinismo”[3]

Ciertamente, los calvinistas (en el peor y más amargo espíritu sectario) presumen de ser los únicos que entienden y defienden la soberanía de Dios. Otro escritor calvinista añade:

“Sólo el calvinismo… reconoce la soberanía absoluta de Dios”.[4]

Tal afirmación es falsa. Por el contrario, todos los cristianos creen que Dios es absolutamente soberano, pero muchos reconocen que la soberanía no es incompatible con la libertad de elección. Los arminianos afirmamos que Dios no es menos soberano porque Satanás y la humanidad se hayan rebelado y desobedezcan continuamente. A Dios, en su soberanía, le plació concederle a los ángeles y a los hombres la libertad para escoger. Dios no está detrás de todo lo que pasa como un maestro titiritero. De lo contrario, Él sería el responsable de todo mal y pecado en el mundo, pues si Dios ha predeterminado cada evento que ocurre, aún el pecado ha sido predeterminado por Él. Muchos teólogos calvinistas declaran, sin aparente sentido de contradicción ni culpa alguna que:

“Dios… ha preordenado… incluso el pecado”.[5]

Pero el hecho es que el pecado es rebelión contra Dios, así que difícilmente podría ser por voluntad de Él. Sin embargo, los calvinistas insisten en que:

“Cada evento está preordenado porque Dios es omnisciente… por lo tanto de todo lo que Dios dice, ‘así debe ser…’ ¿No deberían colgar sus cabezas en vergüenza los que dicen que Dios no preordena el mal?”.[6]

Dichos autores simplemente hacen eco de Calvino, quien dijo:

“Dios prevé las cosas que deben suceder, simplemente porque él ha decretado que estás van a suceder… es vano el debate sobre pre-conocimiento, porque está claro que todos los eventos toman lugar por el decreto soberano de Dios”.[7]

Siguiendo a su líder, muchos calvinistas mantienen que, si un solo evento puede ocurrir fuera de la soberanía de Dios, entonces no es totalmente soberano, y no podemos estar seguros de que se cumplirá su plan para las edades. ¿Cómo, entonces, pueden negar los calvinistas de hoy que el calvinismo enseña que Dios provoca el pecado? Esta teoría, como hemos visto, no se encuentra en las Escrituras, ni es razonable. Para ser libre de esta falsa creencia se necesita reconocer que existe una gran diferencia entre lo que Dios decreta y lo que permite, entre lo que Dios desea y lo que sus criaturas hacen en desobediencia a su voluntad y el rechazo de su amor. Eso, aparentemente, es imposible de entender para un calvinista.

MAL 2

EL EXTRAÑO DIOS DEL CALVINISMO

Como arminianos, pero sobre todo como creyentes en la Palabra de Dios, afirmamos que Dios es omnisciente, y sabe todo antes que suceda, y, por lo tanto, no puede suceder nada que Él no sepa. Sin embargo, para que nuestro Dios omnisciente lo sepa todo, claramente no es necesario que deba decretar y causarlo todo. El calvinismo, en contradicción con la Biblia y la razón, limita el pre-conocimiento, insistiendo en que Dios sabe solamente lo que él ha decretado; por lo tanto, para que Dios lo sepa todo, también debe ser el causante de todo, incluyendo de todos los males.

Sin que los calvinistas parezcan incomodarse por ello, la doctrina de la elección incondicional presupone que, como Dios es creador de todo y autor de la elección, también lo es de la maldad. Todo lo que ocurre ha sido decretado por Dios, no por la voluntad del hombre. La posición calvinista sostiene erróneamente que:

“El negar el pre-conocimiento de Dios es negar su omnisciencia… Pero hay que ir más lejos: no sólo vio su ojo omnisciente a Adán comer del fruto prohibido, sino que él lo decretó antes que lo hiciera”.[8]

En su afán por sostener ideologías religiosas humanas, los calvinistas olvidan que Dios está separado del universo. Él trasciende su creación, el tiempo y el espacio. Él observa desde fuera del tiempo; por lo tanto, su previo conocimiento del futuro deja al hombre libre para elegir. Para Dios no hay tiempo. Pasado, presente y futuro son significativos sólo para el hombre como parte de su existencia temporal en este universo físico. El conocimiento de Dios de lo que para él es un eterno presente no tendría efecto sobre lo que es para el hombre todavía futuro. Calvino mismo aceptó este punto de vista sin darse cuenta de su impacto devastador en su propia negación de la capacidad del hombre para tomar decisiones genuinas:

“Cuando atribuimos el pre-conocimiento a Dios, queremos decir… que para su conocimiento no existe pasado ni futuro, sino que todas las cosas están presentes y de hecho realmente las ve y contempla como un hecho que sucede bajo su inmediata inspección”.[9]

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TORCIENDO LA PALABRA DE DIOS DESDE EL GÉNESIS

La doctrina calvinista afrenta el carácter y la sabiduría de Dios. Pero eso no es todo, en su intento por sostener las doctrinas de herencia agustiniana enseñadas por Calvino, el calvinismo tergiversa la palabra de Dios para que encaje en su sistema teológico. El calvinismo razona que Dios, habiendo predestinado desde la eternidad pasada que Adán y Eva comieran del árbol del conocimiento, ¡Les prohíbe comer de él y así Él puede castigarlos por hacer lo que él pre-ordeno y causó que hicieran! Luego, por la elección incondicional, salva a un número selecto de sus descendientes para mostrar su gracia. Ese escenario increíble es contrario al carácter mismo de un Dios Santo y justo que “no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13). Lejos de causar el pecado, Dios ni siquiera tienta al hombre a pecar. La palabra hebrea traducida como “tentar” es nacah y significa probar o demostrar, y no atraer al pecado.

Cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, Él no estaba tentando a Abraham para cometer un asesinato, sino que estaba probando la fe y la obediencia de Abraham. Al sugerir que cada pensamiento de Abraham, palabra y acción ya habían sido predestinados por Dios, hace que la “prueba” de fe de Abraham no tenga sentido. Lo mismo sería válido para los cientos de veces que Dios puso a prueba la fe y la obediencia de los individuos y las naciones en la Biblia. Pedro declara que la prueba de su fe es “mucho más valiosa que el oro” (1 Pedro 1:7). ¿Cómo puede hablar de “su fe” Si la fe es de Dios? Y ¿cómo puede haber cualquier “prueba” significativa de ella si el hombre no tiene voluntad y todo ha sido predeterminado por Dios desde la eternidad pasada?

Dios no provocó ni predestinó la caída del hombre. Es más, Dios le dio a Adán y a Eva el mandato más fácil posible. De los muchos árboles del huerto del Edén ellos podían comer de cualquiera o de todos ellos, excepto uno (Génesis 2:16 – 17). Este mandato fue una prueba necesaria de obediencia y de amor por su creador. Dios estaba probando, y no tentando a sus criaturas. Pero este concepto del hombre recibiendo advertencia para no tentar a Dios y las pruebas de obediencia y fe, no tienen sentido si todo ha sido preordenado eternamente por Dios. Esta doctrina hace una burla de los alegatos de Dios a través de sus profetas para que el hombre se arrepintiera, y hace redundante el mismo evangelio. ¿Por qué suplicarle, advertir, o predicar a aquellos cuya respuesta ha sido preordenada desde la eternidad pasada?

El calvinismo se contradice a sí mismo, pues si el hombre es incapaz de ir en contra del decreto divino y está predestinado a hacer lo que Dios ya preestableció desde la eternidad para él ¿Cómo puede el hombre aún ser responsable por sus actos pecaminosos? Si por su decreto eterno, Dios ha predestinado al hombre cada pensamiento, palabra y acción, incluyendo las atrocidades más horrendas cometidas por los peores criminales de todo el mundo ¿Cómo puede juzgar al hombre haciéndolo responsable de lo que él mismo lo obligó a hacer? En el calvinismo, la rebelión del hombre es sólo la interpretación de lo que Dios ha determinado sobre la voluntad del hombre y esto se debe cumplir. Así que, según el calvinismo, el hombre no es un rebelde sino una marioneta. ¿Cómo puede ser condenado como rebelión pecaminosa contra la voluntad de Dios aquello que Dios mismo preordenó y causó? ¿Cómo es posible que sea desobediencia el hacer la voluntad de Dios? ¿Cómo podría Dios quejarse cuando el hombre hace lo que él le predestinó a hacer? Y ¿cómo podría el hombre entonces ser justamente castigado por hacer lo que no tiene ninguna capacidad de no hacer? Tal doctrina difama el Dios de amor y la justicia que se revela a la humanidad en las escrituras. En defensa del verdadero carácter de Dios, John Wesley argumentó razonable y bíblicamente:

“Dios no castigará a nadie por hacer algo que no pudo evitar; ni por algo que no podría omitir. Cada castigo supone que el agresor podría haber evitado el delito para el cual está siendo castigado. De lo contrario castigarlo sería palpablemente injusto e incompatible con el carácter de Dios”.[10]

Sorprendentemente, los calvinistas no ven la injusticia ni la contradicción en Dios pre-ordenando el pecado del hombre y luego castigándolo por lo que no pudo evitar hacer.

MAL 5

ALTERANDO EL ORDO SALUTIS

Esta visión extrema de la soberanía y la predestinación se aplica a la salvación por la doctrina de la elección incondicional. Aunque la Biblia claramente enseña en varias ocasiones que la fe es la condición para la salvación, la elección incondicional del calvinismo ni siquiera permite fe para salvación. Dios simplemente decide salvar a algunos, llamados “los elegidos”, los regenera soberanamente y, solamente después de esto, les da fe para creer en Cristo mientras que maldice al resto de la humanidad por su eterno decreto. En otras palabras, el calvinismo coloca la regeneración antes del arrepentimiento y la fe en Cristo. Esto contradice la misma Biblia (Juan 1:12; Hechos 2:38; 3:18).

MAL 3

CONCLUSIÓN

La perniciosa doctrina de la elección incondicional resta validez y sentido a las Escrituras. Por ejemplo, ¿Qué sentido tendría cumplir con la gran comisión si el número de los salvos ya está predeterminado por Dios y nada puede hacerse para cambiarlo? Sin embargo, las Escrituras y la conciencia imponen al hombre el deber de rescatar a todos los que sean posibles. Pero el calvinista insiste en que glorifica a Dios el rescatar sólo a un limitado grupo de elegidos caprichosamente. John MacArthur llama a los escogidos:

“Los elegidos de Dios para salvación”.[11]

Y afirma que Dios escoge condenar al resto de forma arbitraria. Según la mentalidad calvinista, esto muestra lo maravilloso que es Dios por salvar al menos unos pocos, causando así a los elegidos estar sumamente agradecidos. Con esto el calvinista intenta escapar a la pregunta de ¿Por qué Dios, ¿quién es amor, salva a tan pocos? El calvinista se conforma con afirmar, mediocremente, que la verdadera maravilla es que Dios salvara a alguno; pero esta no es una buena respuesta en lo absoluto. Es más, difama el carácter de Dios quien no quiere “que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Los Cánones de Dort establecen la parcialidad de Dios al afirmar lo siguiente:

“Que Dios, en el tiempo, a algunos conceda el don de la fe y a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras, y: hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Con arreglo a tal decreto ablanda, por pura gracia, el corazón de los predestinados, por obstinados que sean, y los inclina a creer; mientras que a aquellos que, según Su justo juicio, no son elegidos, los abandona a su maldad y obstinación…”[12]

Refiriéndose a esta declaración doctrinal del Sínodo de Dort el rey James de Inglaterra (cuyo legado es la Biblia King James en inglés), a pesar de que él no era Arminiano y mucho menos un “Santo”, expreso su repugnancia:

“Esta doctrina es tan horrible, que estoy convencido, que si hubiese un Consejo de espíritus inmundos reunidos en el infierno, y su príncipe fuera el diablo y se les pidiera su opinión sobre los medios más probables de agitar el odio de los hombres contra Dios su creador; nada podría ser inventado por ellos que fuera más eficaz para este propósito o que podría poner una mayor afrenta al amor de Dios para la humanidad que ese decreto infame del último Sínodo”[13]

Según la cosmovisión calvinista, Dios es un tirano cruel cuya antojadiza voluntad condena o salva a algunos por puro capricho. O peor aún, según la teología calvinista (ya sea que lo admitan o no), Dios finge ser bueno, misericordioso y justo mientras que, en realidad, es el autor de todo mal y desgracia que azota al universo por Él creado. Un erudito calvinista admitió desvergonzadamente que:

“Las dos tesis más inaceptables para el arminiano están en que Dios es la causa del pecado y que Dios es la causa de la salvación”.[14]

Los arminianos tenemos fuertes razones para no aceptar dichas tesis calvinistas. Para empezar, ambas tesis se contradicen, pero más importante aún, porque la Biblia firma lo contrario. La Biblia nos dice:

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1 Juan 1:5-7)
“Cuando alguien tenga una tentación, no diga que es tentado por Dios, pues a Dios no lo tienta la maldad ni tampoco él tienta a nadie. Uno es tentado cuando se deja llevar por un mal deseo que lo atrae y lo seduce.” (Santiago 1:13-14, PDT).

Nótese que en 1 Juan 1:7 no se nos dice que Dios es una luz, sino que Él es la luz. La luz es parte de su esencia, como lo es el amor (1 Juan 4:8). El mensaje es que Dios es sin reservas, completa y absolutamente santo, sin mezcla de pecado, sin contaminación de iniquidad y sin ningún indicio de injusticia. Por lo tanto, si Dios es luz y no hay maldad en Él, si Dios no es tentado por el mal ni Él tienta a nadie ¿Cómo pueden pensar los calvinistas que Dios es el autor del mal y quien pre-ordena, en su soberanía, todo acto humano, incluso el pecado? Dios no es el autor del mal.

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REFERENCIAS:

[1] John Piper, 5 Razones para abrazar la elección Incondicional; publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Sandra Merino.

[2] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 3, Secciones I-VII

[3] David J. Engelsma, Hyper-Calvinism and the Call of the Gospel; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1980, 133

[4] Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 15

[5] Edwin H. Palmer, the five points of calvinism (Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg., 1999, 26.

[6] Gordon H. Clark, predestination (Phillipsburg, PA: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1987, 63–64.

[7] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 6.

[8] Arthur W. Pink, the Sovereignty of God; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 2nd prtg. 1986, 249.

[9] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 5.

[10] John Wesley, citado por Laurence M. Vance en “The Other Side of Calvinism”; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 236.

[11] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1939.

[12] Cánones de Dort, 3:VI.

[13] King James I; in Jacobus Arminius, the Works of James Arminius, trans. James and William Nichols; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1986, 1:213.

[14] Gordon H. Clark, Predestination; Phillipsburg, PA: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1987, 185.

IMAGEN DESTACADA

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

La Biblia rechaza la expiación limitada

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La doctrina de la expiación limitada, enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”[1] en el calvinismo, la muerte de Cristo fue para todos en lo que respecta a la suficiencia de la satisfacción que Él logró, pero no en lo que respecta a su aplicación. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos y solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre. A menudo el término “redención particular” se usa como sinónimo de “expiación limitada”, porque busca dejar claro que Jesús no murió en lugar de cada pecador en la tierra, sino por su propio pueblo y por nadie más, limitando así el alcance del amor y la misericordia divinas. La pregunta es: ¿Apoya la Biblia la doctrina de la Expiación limitada o redención particular?

TULIP 2

LA SALVACIÓN ES PARA TODOS SEGÚN LA BIBLIA

La Biblia declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

  • “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.

  • “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.

  • “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.

  • “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.”

  • “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

    “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.

    “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).

  • “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

  • “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto, los elegidos no son los únicos pecadores.

  • “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

  • “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).

    “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).

  • “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

  • “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

  • “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).

  • “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

  • “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).

  • “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).

  • “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).

  • “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

  • “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos declaran en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “el Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “el Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

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CONCLUSIÓN

Lamentablemente, en su deseo de defender el calvinismo muchos se ciegan a las Escrituras y a la razón. Obviamente, la multitud de versículos que claramente declaran que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos, no se anulan con otros versículos declarando que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate para muchos o la seguridad de que él murió por nosotros. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las obvias declaraciones de que Él murió por todos. Sin embargo, este mismo argumento es ofrecido repetidamente por calvinistas hasta este día.

Con tal razonamiento, Pablo no hubiera sido capaz de utilizar “vosotros”, “ustedes”, etc., en sus escritos a los Corintios porque eso significaría que los beneficios de la muerte de Cristo y la resurrección eran sólo para ellos. Por el mismo argumento, para David decir: “Jehová es mi pastor” (Salmo 23:1) significa que se trataba sólo de David. O cuando los profetas de Israel escribieron, “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15; Jeremías 50:34), significa que Dios solo era el Dios y el Redentor de Israel. Igualmente, absurdo sería para Pablo decir “el cual me amó” (Gálatas 2:20), lo cual significaría que Cristo solo amó a Pablo.

Otros argumentos que emplean los calvinistas son igualmente irrazonables. Tal falta de lógica lo vemos aun hoy en día en muchos eruditos neo-calvinistas. Por ejemplo, en un intento poco razonable de John Piper y su personal pastoral por explicar 1 Timoteo 4:10, él afirma:

“La muerte de Cristo demuestra tan claramente el aborrecimiento justo de Dios del pecado, que él es libre para tratar al mundo con misericordia sin comprometer su justicia. En este sentido Cristo es el Salvador de todos los hombres. Pero es sobre todo el Salvador de aquellos que creen. El no murió por todos los hombres en el mismo sentido… La muerte de Cristo realmente solo salva de todo mal a aquellos por quienes Cristo murió en forma particular”[2]

¡Su interpretación del texto es totalmente contradictoria! ¿Suena coherente afirmar que Cristo no murió por todos los hombres en el mismo sentido, pero que él es el Salvador de todos los hombres en el mismo sentido? ¿Cuál es este sentido? No podemos hallar ningún sentido en estas tonterías. Pero otra vez, muestra el extremo en el que muchos son capaces de caer para defender el calvinismo. Aún Spurgeon mismo se contradijo al decir que Dios es capaz de salvar a todo el que él desea salvar. Pero luego afirmó que Dios no puede ser sincero ya que no todos son salvos, ni es su deseo que todos los hombres sean salvos. Por lo tanto, el Dios del calvinismo es menos benevolente que Spurgeon, quien deseaba que todos los hombres fueran salvos, y seguramente menos benevolente que Pablo, quien estaba dispuesto a ser “anatema” para salvar a sus hermanos judíos (Romanos 9:1-5). ¿Cómo podría Dios desear que todos los hombres sean salvos, tener el poder para salvar a todos a quienes él desea salvar y, sin embargo, no salvarlos a todos?

John MacArthur (al igual que Spurgeon) intenta escapar de la contradicción evidente diciendo que Dios tiene una voluntad de “decreto” y una “voluntad de deseo”.[3] En el proceso de intentar escapar de una contradicción, cae en otra. ¿Cómo podría Dios, según la posición extrema del calvinismo en cuanto a su soberanía, no decretar algo que el realmente desea? Los calvinistas se jactan que ellos son exegetas de las Escrituras. ¿Pero dónde en 1 Timoteo 2:4 (o en cualquier otro lugar) existe incluso un indicio de “dos voluntades”, una de “decretos” y otra de “deseos” tal como lo enseñan Piper, MacArthur y otros? Es la imposición sobre las Escrituras de una teoría anti-bíblica que atrapa al calvinista en estas contradicciones. Obviamente, la contradicción desaparecería si admitiesen que Calvino y sus ideas están erradas, pero esto no se puede permitir, porque destruiría el becerro de oro del calvinismo. Neciamente, cierto erudito calvinista afirma:

“Si la muerte de Cristo estaba destinada a salvar a todos los hombres, entonces debemos decir que Dios no era capaz o no estaba dispuesto a llevar a cabo sus planes”.[4]

Tristemente olvida que la muerte de Cristo sólo beneficia a los que reciben a Cristo (Juan 1:12) y que la salvación es “la dadiva de Dios” (Romanos 6:23) y debe ser recibida voluntariamente.

En cuanto a los hombres teniendo poder de oponerse a los planes de Dios, ¿Es el mal en el mundo el plan de Dios? ¿Por qué entonces debemos orar, “Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra”? Las Escrituras dejan en claro que el beneficio de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo, como pago completo por los pecados del mundo, está disponible para ser recibido por todo aquel que cree al Evangelio. Mientras que la ira de Dios permanece sobre todos los que rechazan a Cristo y la salvación que Él verdaderamente ofrece a todos.

Sin lugar a duda, la expiación limitada es la parte de la doctrina calvinista que más flagrantemente niega las Escrituras y la magnitud del amor de Dios. Lamentablemente pocos calvinistas están dispuestos a admitirlo.

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REFERENCIAS:

[1] Cánones de Dort, II.8.

[2] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, (Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997), 14–5.

[3] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1862.

[4] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 155