Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Danza profética? ¿Tabernáculo caído de David?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las modas de adoración absurdas y las innovaciones teológicas sin fundamente bíblico inundan el evangelicalismo moderno, principalmente dentro del denominado neopentecostalismo. Esto no debe sorprendernos, pues fue profetizado hace siglos por el apóstol Pablo: “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida” (1 Timoteo 4:1-2, NVI). Tan importante consideraba Pablo evitar tales desviaciones de la fe que repitió dicha advertencia en su segunda carta a Timoteo: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos.” (2 Timoteo 4:1-3, NVI). Dentro de dichas modas extrañas, “inspiraciones engañosas” o “novelerías”, la danza profética sobresale por la ridiculez de sus afirmaciones.

¿QUÉ MODA EXTRAÑA ES ESTA?

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana.

A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don.[1]

En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo. Las denominadas Danzas Ministeriales comprenden, entre otras cosas:

  1. La Danza Maestral (maestros en danza): El “levita”, como un maestro, enseña a la Iglesia a través del baile o el teatro.
  2. La Danza Apostólica (apóstoles en danza): Se produce cuando la danza o la expresión artística genera influencia y actúa directamente sobre la semilla del Reino de Dios en la Tierra. Este tipo de danza se considera una guerra espiritual, una confrontación entre la luz y la oscuridad con efectos concretos, percibidos como curaciones y la liberación espiritual, las conversiones en masa, el resultado de la llegada del Reino de Dios al pueblo, ciudad o país.
  3. La Danza Profética (profetas en danza): Hacen la guerra espiritual y profetizan por la adoración profética la unión del Novio con su Iglesia. Expresa de manera espontánea lo que Dios quiere enseñar, aquello que Él quiere demostrarle a las personas o a la iglesia local.
  4. La Danza Evangelística (evangelistas en danza): Es aquella que hace la sensibilización sobre el Hijo de Dios, trata de ganar el corazón de personas a través de su danza, mostrando la necesidad de recibir Cristo y seguirlo. Es el ministerio con mayor frecuencia en las iglesias.
  5. La Danza Pastoral (pastores en danza): Es el “ministerio” de danza más común en las iglesias. Incluso muchas iglesias que no se identifican como neopentecostales suelen incluir en sus programas este tipo de “ministerios”. Sus practicantes consideran que a través de este tipo de danza los adoradores reciben alimentación, son nutridos e inspirados en su fe y adoración. Se considera que este tipo de danza aporta liderazgo y transformación en la vida cristiana a través de la Palabra manifiesta y expresada en la danza.

En el enredado mundo neopentecostal los diversos tipos de Danzas Ministeriales son “ministradas” por los “levitas y adoradores del Señor Dios Todopoderoso” con la intención producir la salvación, curación o el bautismo en el Espíritu Santo, como si los milagros y manifestaciones espirituales de origen divino pudiesen ser manipuladas por el ser humano con sus fórmulas y ritos. Aunque los devotos de estas extrañas prácticas consideran que el bailarín (erróneamente llamado “danzor” o “danzora”) no necesita una formación específica en el baile, recientemente se han creado academias o escuelas de danza ministerial. Este culto a través del baile ha recibido varios nombres: baile apostólico, danza davídica, adoración íntima, generación profética, ministración por adoradores y Levitas (danza, música y canto) y Gaditas (en intersección y la guerra espiritual), etc. Muchos nombres que describen la misma realidad: ¡Herejía!

¿LA RESTAURACIÓN DEL TABERNÁCULO CAÍDO DE DAVID?

La Danza Ministerial es considerada parte de la “Restauración del Tabernáculo Caído de David” enseñada por los grupos neopentecostales. Tal expresión alude a una corriente teológica sobre la adoración que enseña que es necesario lograr la restauración del canto y las danzas judías del tipo que se cree fueron realizados por David en su culto a Jehová en el tabernáculo de su día. Se trataría de una restauración de alabanza pura profetizada en las Escrituras que a la vez indicaría los tiempos finales. Dichos grupos suelen citar Isaías 16:5, Amós 9:11-12 y Hechos 15:16-17 (los únicos tres pasajes de la Biblia que usan dicha expresión) para sustentar su posición doctrinal:

“Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.” (Isaías 16:5).

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amós 9:11-12).

“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre” (Hechos 15:16-17).

Pero ¿En verdad pueden sustentarse en esos versículos las afirmaciones de los grupos neopentecostales? ¿Qué enseñan dichos versículos realmente? Y más aún, ¿Qué otras implicaciones tiene dicha enseñanza para la iglesia hoy? ¿Cuáles son los postulados que sostiene dicha enseñanza?

Basándonos en la fuente primaria más completa que hay sobre esta corriente, el libro The Tabernacle of David (“El Tabernáculo de David”), escrito en 1976 por Kevin Conner, el padre de esta corriente teológica, se puede resumir la enseñanza de la siguiente manera:

  • Así como el tabernáculo de Moisés fue un tipo, una figura profética, que apuntaba hacia Cristo y su obra expiatoria, David, en su oportunidad, levantó un tabernáculo especial que sólo contenía al arca del pacto, en señal del culto cristiano futuro, libre de sacrificios de sangre. Separado del viejo tabernáculo de Moisés, este tabernáculo fue un tipo de la Iglesia Neotestamentaria. Conner afirma: ““El Tabernáculo de Moisés fue dado como una sombra, un tipo, un padrón de las realidades eternas, espirituales y celestiales (Hebreos 8:5; 9:23,24). Esto seguramente es aplicable también al Tabernáculo de David”.[2]
  • David desarrolló nuevas formas de adoración en el segundo tabernáculo, como una profecía de la adoración de la era cristiana. Entraba confiadamente a este tabernáculo para contemplar el arca, sin temor del juicio divino, consciente de la gracia venidera.
  • En el Tabernáculo de David, los sacerdotes entraron a un “nuevo orden” en lo relativo a la adoración. En contraste con el Tabernáculo de Moisés y los sacerdotes en el Monte Gabaón, estos sacerdotes en el Tabernáculo en Sión no ofrecían sacrificios de animales. Ofrecían sacrificios de alabanza, gozo y gratitud. Aquí el ministerio de los cantantes y los músicos estaba en plena operación. Ofrecían “sacrificios espirituales” en el Monte Sión en el Tabernáculo de David.
  • Los sacerdotes en el Tabernáculo de David podían simplemente y confiadamente entrar en el lugar santísimo. Tenían acceso ante el arca del Señor. No existía ningún velo entre ellos y el arca, como había existido durante siglos en el Tabernáculo de Moisés. Tenían confianza para entrar “más allá del velo” porque ese velo pertenecía al Tabernáculo de Moisés, no al Tabernáculo de David.[3]
  • Lamentablemente, este nuevo culto fue abandonado al construirse el Templo de Salomón y durante las sucesivas generaciones de reyes judíos idólatras.
  • El profeta Amós reconoció estas verdades y anunció que en los postreros días se re-establecería el culto que David había iniciado en su tabernáculo (Amós 9:11).
  • En el Concilio de Jerusalén, Santiago, hermano del Señor, reconoció que con la conversión de los gentiles Dios también estaba restaurando el culto davídico a la Iglesia.
  • La Iglesia post-apostólica también abandonó el culto davídico, es decir, cayó en apostasía.
  • Desde los fines del siglo XX Dios está finalmente restaurando el culto davídico a la Iglesia, en señal de ser estos los tiempos finales.
  • La iglesia de la actualidad debe aprender todo lo posible sobre la adoración como se hacía en el Tabernáculo de David para entrar así en la verdadera adoración “en espíritu y en verdad.” Las iglesias cristianas deben adoptar formas de alabanza judías para así ministrar más perfectamente en el “Tabernáculo de David”. Esto incluiría la danza hebrea.

Aunque superficialmente dichas afirmaciones pueden parecer bíblicas y doctrinalmente correctas, las enseñanzas de moda sobre “el Tabernáculo de David”, como una profecía de la restauración de la adoración pura, son producto de una hermenéutica alegórica que mal interpreta las sagradas Escrituras, y que contradicen la verdad de la adoración bajo el nuevo pacto. Analicemos brevemente las contradicciones y errores de esta corriente doctrinal heterodoxa.

DEFICIENCIAS EN LA HERMENÉUTICA NEOPENTECOSTAL.

Para empezar, aunque es cierto que David levantó una tienda para el arca en Jerusalén e instaló a Asaf y a sus hermanos para ministrar ahí empleando música y alabanzas (1 Crónicas 15:16), no son acertadas todas las atribuciones que la enseñanza sobre “el Tabernáculo de David”, atribuye a estos hechos. Exagera las dimensiones y funciones del “Tabernáculo”, las innovaciones en el culto, y la comprensión de David de cuestiones futuras:

  1. Dimensiones y funciones del “tabernáculo de David” exagerados: La enseñanza “el Tabernáculo de David” visualiza a esta tienda como un lugar grande, espacioso, capaz de contener muchas personas a la vez quienes cantaban y danzaban alrededor del arca del pacto. Todo esto sería en figura profética del acceso de los creyentes cristianos a la presencia de Dios que se describe en Hebreos 10:19-22. Pero esto no calza bien con la realidad bíblica. Interesantemente, la versión Reina Valera nunca llama a esa tienda donde se guardaba el arca un “tabernáculo” sino usa la expresión “tienda” (2 Samuel 6:17; 1 Crónicas 15:1; 16:1). Al resto del viejo tabernáculo de Moisés, incluyendo el altar de holocaustos, que estuvo guardado en Gabaón, la versión Reina Valera sí llama fielmente “el tabernáculo de Jehová.” En el texto hebreo se emplea el mismo vocablo para ambas tiendas, Esta es una palabra hebrea que significa “morada, hogar, tabernáculo, o tienda” muy común, que ocurre 340 veces en el Antiguo Testamento. No se limita a tiendas de uso religioso (Salmos 19:4; Habacuc 3:7; Malaquías 2:12; Isaías 38:12 entre otras).[4] La traducción de Reina Valera traduce bien a Ohel como “tabernáculo” o “tienda” según el contexto. Nada hay en el texto bíblico que sugiere que la tienda levantada por David en Jerusalén era de proporciones suficientes para contener un grupo de personas que tocaba instrumentos y danzaba, más bien queda evidente que se trata de un recurso de almacenamiento provisorio hasta que se levantara un Templo digno de ser el centro de la adoración nacional. La verdad es que el arreglo que David había hecho para guardar el arca en Jerusalén no le satisfacía, y no lo consideraba gran cosa. Se quejaba ante Dios diciendo: “He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.” (1 Crónicas 17:1). La doctrina neopentecostal sobre “el Tabernáculo de David” exagera el propósito de la tienda del arca del pacto en Jerusalén, cambiando su función de un lugar de almacenamiento provisorio a una proyección tipológica de la adoración cristiana, asunto que no tiene ninguna confirmación apostólica en el Nuevo Testamento.
  2. Innovación Exagerada: La enseñanza “el Tabernáculo de David” afirma que ahí por primera vez se usaron instrumentos musicales, cantores, la danza, el levantar manos, palmoteos, y gritos de júbilo.[5] Dice que ninguna de estas cosas sucedía en el culto a Jehová en el orden establecido por Moisés. Pero lo cierto es que no se puede afirmar que antes de David no existieran estas cosas en el rito judío. Al cruzar Israel el Mar Rojo, María y sus compañeras danzaron, tocaron panderos y cantaron (Éxodo 15:20). Incluso el culto profano al becerro de oro en el desierto fue acompañado de danzas y cánticos (Éxodo 32:6, 32:18-19). Durante el tiempo de los jueces las mujeres recibían a los soldados israelitas vencedores con danzas, cánticos y panderos (Jueces 11:34; 1 Samuel 18:6). No se debe pensar que David solo estableció el ministerio musical en Jerusalén, cerca del arca. También estableció sacerdotes músicos y cantores en el tabernáculo de Moisés que estaba guardado en Gabaón (1 Crónicas 16:39-42). Interesantemente, estos, de la línea de Sadoc, eran de mayor rango que los que ministraban en Jerusalén.[6] Esto nos sugiere que la mejor música se ejecutaba en el viejo tabernáculo erigido por Moisés, no en la tienda levantada por David.
  3. Comprensión Profética Exagerada: La enseñanza “el tabernáculo de David” atribuye a David una insólita comprensión profética de las realidades futuras que vendrían después en Cristo. Pero nada hay que indica que David levantó un segundo “tabernáculo” con la finalidad de adorar libremente a Dios sin ofrecer sacrificios y ofrendas, y para poder mirar al arca del pacto cuando quisiera. No hay ninguna mención de que David o sacerdote alguno haya entrado a la tienda del arca para mirarla. Si David consideraba que ya no era necesario impedir el acceso al arca mediante un velo, uno no se explica por qué no enseñó esta nueva libertad a Salomón para que fuese incorporada en el culto en el Templo de Jerusalén. Salomón en su oportunidad hizo un gran velo que separó al lugar santísimo del resto del Templo (2 Crónicas 3:14). No se debe pensar que a David ya no le interesaban los sacrificios y las ofrendas levíticas. Al comprar la era de Ornán el jebuseo, David edificó un altar y ofreció holocaustos y ofrendas de paz (1 Crónicas 21:26). Aún en aquella oportunidad David hubiera preferido ir a Gabaón a ofrecer sus sacrificios, pero temía hacerlo porque había pecado al hacer el censo del pueblo de Israel (1 Crónicas 21:28-30). David continuó ofreciendo sacrificios y ofrendas de animales a Jehová, puesto que en ese nivel de revelación operaba. No es correcto atribuirle una comprensión absoluta de lo que vendría con Cristo.
  4. La profecía de Amós referente al “tabernáculo de David”: Casi trescientos años más tarde, el profeta Amós fue enviado por Dios a la nación de Israel para profetizar contra los graves pecados que allí se cometían. La nación israelita se había dividido en dos después de la muerte de Salomón, permaneciendo la dinastía davídica en el trono de Jerusalén, capital de Judá, nación compuesta por las tribus de Judá y Benjamín. Las diez tribus restantes habían formado la nación de Israel sobre la base del culto a dos becerros de oro preparados por Jeroboam, el primer rey separatista. En el último capítulo de su profecía, luego de asegurar que el castigo de Dios vendría pronto sobre la nación israelita, Amós dice lo siguiente: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amos 9:11-12). Es preciso entender qué quiso decir Amós con esa expresión en su oráculo, y qué quiso decir más adelante Santiago, al citar la profecía. Conner, el creador de la doctrina en cuestión, opinaba que Amós estaba hablando sobre la tienda que David había levantado en Jerusalén para recibir al arca del pacto, preocupado por la situación de la falta de adoración y la necesidad de su restauración: “El levantar el Tabernáculo caído de David, cerrar sus portillos y levantar sus ruinas, y edificarlo como en el tiempo pasado ciertamente significaba una restauración del orden de la adoración establecido en ese Tabernáculo“.[7]Sin embargo, los problemas de los tiempos de Amós eran la división del reino entre Israel y Judá, la apostasía de los reyes Jeroboam y Uzías, y la idolatría del pueblo. Para Amós la expresión “yo levantaré el tabernáculo de David” no es la esperanza de volver a danzar y a cantar salmos. Es algo mucho más grande que eso. Es la reunificación y restauración de Israel bajo un solo gobierno. Es la esperanza mesiánica. Además, la palabra hebrea empleada por Amós traducida en la Reina-Valera como “tabernáculo” no es Ohel, la comúnmente usada para describir el Tabernáculo de Moisés, sino Cukkah que significa tienda, carpa o choza. Esta fue la palabra hebrea usada para describir las sencillas tiendas usadas en la fiesta de tabernáculos.[8] Cukkah es una tienda o choza humilde, sencilla, no ostentosa ni gloriosa. La versión popular Dios Habla Hoy y la Nueva Versión Internacional, ambas emplean la palabra “choza” en vez de “tabernáculo” en Amós 9:11 (“…levantaré la choza caída de David.”). Amós no habla literalmente del Tabernáculo de reunión donde antes se hacían las ofrendas bajo el sacerdocio levítico, ni de la tienda de almacenamiento provisorio del arca en tiempos de David, sino metafóricamente de la dinastía davídica, “la casa de David”, que estaba tan lejos del ideal que Dios deseaba. Amós extiende la metáfora de una carpa o choza a un edificio en ruinas. “Levantaré sus ruinas, lo edificaré”. Estas no son expresiones pertinentes a carpas de pieles como las tiendas o tabernáculos del Antiguo Testamento. Amós tampoco estaba hablando del Templo de Salomón, porque durante su tiempo éste estaba en pie y no destruido. Ahí estaba el arca del pacto; y se hacían las ofrendas con regularidad bajo el gobierno de Uzías. Amós lamentaba la división y pecaminosidad de Israel. Su esperanza estaba en el Mesías. Esa esperanza llegó a una proyección global para “todas las naciones”.

Si la enseñanza de Conner sobre la Restauración del tabernáculo caído de David” es simplemente un error de hermenéutica y pura eiségesis alegórica ¿Dónde queda la Danza Ministerial y los excesos en la adoración promovidas en el neopentecostalismo? ¡En ningún lado! Pierden toda razón de ser.

LO QUE LA BIBLIA REALMENTE ENSEÑA SOBRE LA DANZA.

Hay varias expresiones bíblicas que se refieren a “danzar” y “bailar”. De hecho, las Sagradas Escrituras nos informan que los pueblos antiguos manifestaban sus sentimientos por medio de las danzas. Sin embargo, la práctica de las “Danzas Ministeriales” que se ejerce en muchas iglesias no tiene el sustento ni la evidencia bíblica adecuada. Mucho menos atribuir tales cosas al Espíritu Santo y convertir la danza en uno de los “dones ministeriales” tiene apoyo en la Biblia. Estas danzas nunca ocurrieron en los cultos oficiales al Señor en el Antiguo Testamento, es decir en relación al santuario o dentro de sus puertas. Tampoco vemos dicha práctica en las iglesias del Nuevo Testamento ni en las Iglesias Primitivas de los primeros cristianos.

¿Significa esto que debemos excluir por completo la danza de nuestra adoración? No. El uso de la danza ha sido uno de los distintivos del movimiento pentecostal desde sus inicios, pero definitivamente no como se practica en círculos los neopentecostales modernos, los cuales convierten en un show elaborado y artificial lo que en otro tiempo fue una expresión espontánea de gozo, alegría y júbilo. La Biblia no prohíbe usar la danza en la adoración a Dios; de hecho, hace mención de dicha práctica como forma de devoción y alabanza aceptable en el pueblo de Dios. Analicemos las palabras hebreas y griegas para “danza” y observemos la connotación bíblica que se le da a dicha práctica:

  1. Chagg: Se da este caso en 1 Samuel 30:16, donde dicho vocablo se traduce como “festejar”: “El egipcio los guio hasta los amalecitas, los cuales estaban dispersos por todo el campo, comiendo, bebiendo y festejando el gran botín que habían conseguido en el territorio filisteo y en el de Judá.” (NVI). Sobre el significado de Chagg, el Diccionario Strong nos dice: “propiamente moverse en círculo, i.e. (específicamente) marchar en procesión sagrada, observar un festival; por implicación estar alegre”. Dicha expresión no implica ni indirectamente los bailes y danzas ni mucho menos dentro del templo, ni ligadas al Espíritu Santo.
  2. Chîyl o Chuwl: Se usa en Jueces 21:21, donde dice: “y estén atentos. Cuando las muchachas de Siló salgan a bailar, salgan ustedes de los viñedos y róbese cada uno de ustedes una de esas muchachas para esposa, y váyase a la tierra de Benjamín” (NVI). La palabra para “bailar” significa según los diccionarios, danzar en círculos” o “dar vueltas circulantes”. Luego se da el mismo caso en Jueces 21:23. Es interesante notar que estas “danzas circulares” ocurrieron afuera del templo.
  3. Râqad o Karar: Se emplea en 1 Crónicas 15:29 en relación con David: “Pero cuando el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su corazón”. Y también en Job 21:11, Eclesiastés 3:4 e Isaías 13:21. Como podemos notar claramente, la palabra que casi siempre se traduce por “saltar o saltarán” es la misma que a veces se traduce por danzar, especialmente en el caso de David. David “saltaba de alegría”. La danza de David fue un acto de solemne y santo gozo. Para una persona del Cercano Oriente de entonces, esa era una manera natural de expresarse por extraña que nos parezca hoy. De ese modo David expresó su alabanza de agradecimiento y así honró y glorificó el santo nombre de Dios. La danza que David hacía era “saltar” literalmente o dar vueltas. Fue tanto así que Mical lo despreció. Pero lo más importante de todos es que tales actos ocurrieron en un momento de intensa alegría al encontrar y traer de nuevo el Arca del Pacto. No ocurrió dentro del Templo, pero sí fue una expresión de júbilo y alabanza al Señor.
  4. Mâchowl o Machowal: Se deriva de una raíz que significa simplemente voltear. Puede significar girar alegremente en una vuelta. Se emplea en Salmos 30:11, Salmos 149:3, Salmos 150:4, Jeremías 31:13 y Lamentaciones 5:15. La danza, mencionada en dichos versículos, ocurre en diversos contextos. Podemos notar primeramente los lamentos, especialmente en el caso de Jeremías y Lamentaciones. Esto no tiene nada que ver con la adoración ni menos con el templo. Los otros casos, pero los más famosos de todos ocurren con David y sus Salmos. En los Salmos 149:3 y 150:4, el machowal ocurre en el contexto de una lista de instrumentos que se utilizarán para alabar al Señor. El salmista invita al pueblo de Dios para alabar al Señor “por sus proezas” (v. 2) en todos los lugares posibles y con cada instrumento musical disponible y, obviamente, con danzas espontáneas nacidas de una devoción sincera al Señor.
  5. Mechôwlâh: Es la forma femenina de mechôwlâh: Girar alegremente dando vueltas. Se emplea en Éxodo 15:20, donde se nos dice que María “tomó el tamboril en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con tamboriles y con danza. (esto es, alegres giros en vueltas). También se emplea en Éxodo 32:19, Jueces 21:21, 1 Samuel 18:6, 1 Samuel 21:11 y 1 Samuel 29:5. La palabra hebrea “mechowlah” que se traduce como “danza” aparece siete veces. En cinco de los siete casos, la danza es realizada por las mujeres en la celebración de una victoria militar (1 Samuel 18:6, 21:11, 29:5, Jueces 11:34, Éxodo 15:20). María y las mujeres bailaban para celebrar la victoria sobre el ejército de Egipto (Éxodo 15:20). La hija de Jefté bailaba para celebrar la victoria de su padre sobre los amonitas (Jueces 11:34). Las mujeres bailaban para celebrar la masacre de los filisteos por David (I Samuel 18:6, 21:11, 29:5).En otros dos casos, mechowlah se utiliza para describir la danza de los israelitas en torno al becerro de oro (Éxodo 32:19) y la danza de las hijas de Silo en los viñedos (Jueces 21:21). Sin embargo, en ninguno de estos ejemplos la danza es parte de un servicio de adoración en el Templo.
  6. Pâcach: Significa literalmente “danzar como quien está cojeando”: “y (los profetas de Baal) danzaban, sobre el altar que habían hecho” (1 Reyes 18:26). Es un tipo de danza ocurrido en un contexto pagano y por lo tanto no tiene alguna connotación para la adoración a Dios.
  7. Orcheomai: Significaba probablemente levantar de los pies; de ahí, saltar con un movimiento regular. La actuación de la hija de Herodías es el único ejemplo claro de danza artística, forma esta introducida por las costumbres griegas. Este vocablo se emplea en Mateo 11:17, Lucas 7:32, Mateo 14:6 y Marcos 6:22. En dos de estos casos la danza fue hecha por la hija de Herodías, y claramente fue un tipo de baile sensual que era común en aquella comunidad romana.
  8. Choros: Denota en primer lugar un recinto para la danza; de ahí una compañía de bailarines y de cantantes”. Este vocablo se emplea en la parábola del hijo pródigo y claramente Jesús no tenía en mente enseñar de alguna manera indirecta los bailes y su utilización en la iglesia. Simplemente describe la situación y la alegría como lo demostraron aquellos hombres que vivían en el campo.

Debemos enfatizar que los casos en los que la danza es mencionada en la Biblia son tomados, en su mayoría, del Antiguo Testamento. No se registra ningún ejemplo de adoración a Dios a través de la danza en la iglesia primitiva. Incluso si tomamos en cuenta solo el Antiguo Testamento debe admitirse que la mayoría de los casos de la danza fueron ocasiones de alegría y saltos y no daban lugar a la euforia y hasta la sensualidad y exhibicionismo que vemos hoy día en los “ministerios” de danza de muchas iglesias. Por lo tanto es sano concluir que la permisión de ministerios de danza y otras manifestaciones extrañas que ocurren en muchas iglesias no se fundamentan en las Escrituras.

¿QUÉ HAY CON LA “DANZA EN EL ESPÍRITU”? ¿ES BÍBLICA?

Ningún pasaje de las Escrituras habla de “danzar en el Espíritu”. Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica. En diversas culturas, los seres humanos han acostumbrado expresar sus sentimientos por medio de las danzas, pero la Biblia jamás menciona nada semejante a lo que hoy algunos llaman “danzar en el Espíritu”.

Es indiscutible que entre las naciones semíticas (judíos, árabes, etc.), la danza era practicada tanto por hombres como por mujeres. Incluso Jesús hizo mención de ello en el Nuevo Testamento (Mateo 11:17, Lucas 15:25), aunque sin relación con la adoración a Dios, pues la música y las danzas solían acompañar las festividades nacionales y seculares judías. Sin embargo, aunque los escritores del Nuevo Testamento aconsejan a los creyentes alegrarse en el Señor, no hay ninguna recomendación en el Nuevo Testamento, ni mucho menos un mandato para la Iglesia en la dispensación de la Gracia, diciendo que se deba “danzar en el Espíritu”. Pablo, quien a menudo habla de “orar en el Espíritu”, “bendecir en el Espíritu” y “cantar en el Espíritu”, pero jamás de “danzar en el Espíritu”.

Entonces, si ni Jesús, ni Pablo, ni ninguno de los otros apóstoles habló jamás de la danza en el Espíritu ¿Por qué en muchas iglesias pentecostales se dan cierto tipo de experiencias extáticas extrañas, irreverentes, y hasta risibles, que involucran “danza”, contorsiones, movimientos extraños y cosas semejantes, bajo efecto de una posesión espiritual atribuida al Espíritu Santo? ¿Es esto obra del Espíritu Santo?

Como pentecostales, no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo entre los creyentes. Sin embargo, creo que hemos confundido lo que es una manifestación genuina del Espíritu Santo con nuestra reacción emocional ante el toque de Dios. Quienes hemos experimentado el toque del Espíritu Santo en nuestras vidas sabemos que en algunos momentos no es tan fácil incluso controlarse ante el derramamiento del poder de Dios: quisiéramos llorar, saltar, gritar, movernos, brincar y si… danzar. Pero esa no es la manifestación de la presencia o llenura del Espíritu Santo, ni siquiera de su toque. Es más, ciertas danzas, expresiones, estilos de oración y muchas otras cosas que ocurren en muchos cultos evangélicos no son espontáneos, sino ensayadas, aprendidas, imitadas y, en el peor de los casos, fingidas por algunos para aparentar la llenura del Espíritu y lucir piadosos. Son meramente comportamientos aprendidos, una reacción acorde con lo que se espera que pase. Sin embargo, la Palabra nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más autodominio posee. Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana. El descontrol de nuestros sentimientos, emociones y reacciones físicas no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios, sino todo lo contrario:

“Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” (1 Corintos 14:32, LBLA).

“Porque a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden. Como es costumbre en nuestras iglesias” (1 Corintios 14:33, TLA).

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Timoteo 1:7, NTV).

La danza en el Espíritu no debería ser punto de honor en las iglesias. Ciertamente, hay otras maneras más decorosas y edificantes para los que nos rodean, de agradecer a Dios por su amor y bondad, que ciertas prácticas extravagantes que pueden llegar a despertar solamente la curiosidad carnal. En conclusión, el “danzar en el Espíritu” no es bíblico. No fue una práctica de la iglesia primitiva, no fue enseñada por Jesús (ejemplo supremo de llenura del Espíritu) ni por ninguno de los apóstoles. Es simplemente una reacción emocional de algunos que, más que edificación, trae oprobio y burla sobre la iglesia.

En otros casos, la llamada “danza en el Espíritu” es una expresión de religiosidad popular propia de iglesias en las cuales el sincretismo predomina por encima de la Palabra. Muchos investigadores apuntan a la posibilidad de que este fenómeno haya surgido fruto del sincretismo religioso con cultos de origen animista, donde la posesión y las experiencias extáticas desordenadas son comunes. Quizá esto no suene agradable para algunos, pero es la verdad. Una verdad que se tenía que decir: La “danza en el Espíritu” no es bíblica.

CONCLUSIÓN.

¿Está prohibido usar la danza como expresión de júbilo y adoración a Dios? ¡En ninguna manera! Ya hemos visto que la Biblia sí registra ejemplos en los que la danza fue empleada en la adoración o alabanza a Dios. Sin embargo, hay algunos principios a tener en cuenta al considerar la danza como expresión de adoración:

  • Eclesiastés 3:4 — hay un momento apropiado para danzar (y por consiguiente un momento inapropiado para danzar).
  • Salmo 149:3; 150:4 — ambos pasajes mencionan que podemos alabar o adorar a Dios con danza.
  • Primera Corintios 6:19-20 — nuestros cuerpos pertenecen a Dios, y son el templo del Espíritu Santo. Así que todo lo que hacemos debe honrarle a él. Esto incluye la danza.
  • Sin embargo, en esto, como en todo, debemos recordar que: “a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden.” (1 Corintios 14:33, TLA).

La danza, como instrumento de adoración y expresión de júbilo no está prohibida. Lo que sí es prohibido e incorrecto es convertir en un ministerio algo que jamás lo fue o, peor aún, convertirlo en doctrina y práctica oficial de la iglesia, dándole un carácter místico y herético que escapa de la intención de los escritores sagrados. Sobre todo, la enseñanza sobre el Tabernáculo de David y su supuesta restauración en nuestra época carece del más mínimo fundamento bíblico.

REFERENCIAS:

[1] Tara Gilyard, Prophetic Dance: Communicating Divine Revelation Through Movement, PublishAmerica (2006).

[2] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 3.

[3] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 126.

[4] James Strong,Strong’s Exhaustive Concordance, (New Jersey: Madison, 1890) citado en Conner, pag. 9.

[5] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 156.

[6] Donald Guthrie, Nuevo Comentario Bíblico, (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989), pág. 291.

[7] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 147.

[8] Robert Baker Girdlestone, Sinónimos del Antiguo Testamento (Barcelona: CLIE, 1986), p. 236.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

No hay salvación sin fidelidad hasta el fin

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

A la mayoría de los cristianos le resultaría increíble concebir la idea de que los cristianos infieles, aquellos que no perseveran en la fe hasta el final, aún entrarán en la vida eterna con Jesús. Sin embargo, esto es exactamente lo que se está enseñando hoy en muchas iglesias y denominaciones “cristianas”. Aferrándose a pasajes como Juan 10:27-28, el cual dice: “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:27-28, NVI), algunos predicadores, como el famoso teólogo Charles F. Stanley (pastor principal de la Primera Iglesia Bautista de Atlanta, Georgia), fundador y presidente de “Ministerios en Contacto”, y quien fungiese como presidente de la Convención Bautista del Sur de 1984 a 1986, han enseñado que:

“El creyente infiel no perderá su salvación… Incluso si un creyente para todos los propósitos prácticos se convierte en un incrédulo, su salvación no está en peligro… Cristo no negará a un cristiano incrédulo su salvación.”[1]

Según dichos teólogos la salvación “se aplica en el momento de la fe… Y su permanencia no depende de la permanencia de la fe”[2] Por tal razón enseñan que, dado que un momento de fe asegura el destino eterno de uno, necesariamente se deduce que la salvación de un creyente no puede ser quitada de ellos “por cualquier razón, ya sea pecado o incredulidad”[3] Por lo tanto, no es sorprendente que se opongan a “aquellos que sostienen que la fe de uno debe mantenerse para garantizar la posesión de la vida eterna”[4]

Los arminianos, en cambio, creemos que “el que se mantenga firme hasta el fin será salvo” (Mateo 24:14, NVI). La perseverancia final implica fidelidad final, el que persevere hasta el fin será salvo (Mateo 24:13); el que es fiel hasta la muerte tendrá una corona de vida (Apocalipsis 2:10). Pero, por muy sorprendente que parezca, este importante líder denominacional y muchos otros (en total contradicción con la Biblia), está abogando por los “incrédulos salvados”. Para la mayoría de los cristianos, tal afirmación es un oxímoron.[5] Como si afirmáramos la existencia de un “soltero casado”, dicha expresión carece totalmente de sentido.

En plena concordancia con la Biblia, Jacobo Arminio enseñó:

“Al comienzo de la fe en Cristo y de la conversión a Dios, el creyente se convierte en un miembro vivo de Cristo. Si persevera en la fe de Cristo y mantiene una buena conciencia, sigue siendo un miembro vivo. Pero si se vuelve indolente, no se preocupa por sí mismo, le da lugar al pecado, se vuelve medio muerto: al proceder de esta manera, al final muere por completo y deja de ser miembro de Cristo”[6]

Arminio, fiel en sus enseñanzas a la Palabra de Dios, afirmó que la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final del creyente. Desafortunadamente, la falsa doctrina del “una vez salvo, siempre salvo”, haya perseverancia o no, continúa siendo predicada en muchos púlpitos alrededor del mundo. Y esto a pesar de que las Escrituras enseñan que la posesión de la vida eterna está condicionada a una actitud de confianza en la persona y fuente de eternidad y salvación, el Señor Jesucristo.

SÓLO EL QUE PERSEVERE SERÁ SALVO.

Pero los arminianos no somos los únicos en oponernos a dicha enseñanza antibíblica. Incluso el calvinista clásico está de acuerdo con el arminianismo en que la fe en el Señor Jesucristo debe continuar hasta el fin si uno va a experimentar la salvación en el mundo venidero. Por ejemplo, el autor reformado James White dice:

“Las maravillosas promesas que proporciona Cristo no son para aquellos que no creen verdadera y continuamente. La fe que salva es una fe viva, una fe que siempre mira a Cristo como Señor y Salvador… Muchos en nuestro mundo hoy…. enseñan esencialmente que una persona puede realizar un acto de creer en Cristo una vez, y después de esto, puede caer incluso en la incredulidad total y aun así supuestamente ser “salvado”… Cristo no salva a los hombres de esta manera. El verdadero cristiano es el que viene continuamente, siempre creyendo en Cristo. La verdadera fe cristiana es una fe continua, no un acto de una sola vez. Si uno desea estar eternamente saciado, una comida no es suficiente. Si deseamos festejar con el pan del cielo, debemos hacerlo toda nuestra vida. Nunca tendremos hambre o sed si siempre venimos y siempre creemos en Cristo”[7]

El teólogo wesleyano Daniel Whedon afirma también:

“Mientras cumpla la condición, siempre será el heredero de la salvación… Cuando deja de ser creyente, pierde todo reclamo de la promesa divina y todo interés en la vida eterna. Que una vez haya creído ya no le asegura el cielo”[8]

John Wesley, padre del metodismo, enseñó:

“¿Puede un hijo de Dios, entonces, ir al infierno? ¿O puede un hombre ser un hijo de Dios hoy, y un hijo del diablo mañana? Si Dios es nuestro Padre una vez, ¿no es Él nuestro Padre siempre? Respondo: (1) Un hijo de Dios, es decir, un verdadero creyente (porque el que cree ha nacido de Dios), mientras continúa siendo un verdadero creyente, no puede ir al infierno. Pero, (2) Si un creyente naufraga de la fe, ya no es un hijo de Dios. Y luego puede irse al infierno, sí, y ciertamente lo hará si continúa en la incredulidad. (3.) Si un creyente puede hacer naufragio de su fe, entonces un hombre que cree ahora, puede ser un incrédulo en algún momento; sí, muy posiblemente mañana; pero si es así, el que es un hijo de Dios hoy, puede ser un hijo del diablo mañana… (4) Dios es el Padre de los que creen, mientras ellos creen. Pero el diablo es el padre de los que no creen, ya sea que hayan creído una vez o no”[9]

Tanto White como Whedon, Arminio y Wesley entendieron correctamente que ningún autor bíblico garantiza la salvación final de uno, aparte de una fe viva. El apóstol Pedro está de acuerdo cuando dice a sus compañeros creyentes: “pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.” (1 Pedro 1: 9, NVI). Nótese que Pedro describe dicho proceso como algo continuo. No como un evento ocurrido en el pasado solamente.

El teólogo metodista Joseph Benson llega a la misma conclusión que Wesley y Arminio en su comentario sobre Mateo 10:22:

“Pero no se desanime ante la perspectiva de estas pruebas, porque el que persevera en la fe y la práctica del evangelio, y que soporta constantemente y con paciencia invencible estas persecuciones, (que mi gracia es suficiente para permitirles a todos hacer), serán salvadas por fin y eternamente de todo pecado y miseria, en el reino y la gloria de Dios.”[10]

Pero más allá de la opinión de cualquier teólogo, la Palabra de Dios afirma categóricamente:

Pero mi justo vivirá por la fe. Y, si se vuelve atrás, no será de mi agrado». Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.(Hebreos 10: 38-39, NVI)

Mientras defendía el evangelio cristiano contra los legalistas gálatas, Pablo advirtió:

“Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia.” (Gálatas 5:4, NVI).

Pablo afirma que los creyentes genuinos pueden llegar a caer de la gracia. El hecho de que alguien que estaba en Cristo aún pueda ser separado de Él seguramente no es popular en la cultura tolerante (o más bien permisiva) de hoy. La pregunta, sin embargo, no es si una idea es popular o no, sino si es verdadera o no. Pero en Gálatas 5: 4, la expresión “han roto con Cristo; han caído de la gracia” combina dos ideas: separación y el cese de una obra. Denota separación, partida, cese, finalización, inversión Hablando lógicamente, parece razonable concluir que si estoy separado de algo, primero debo haber estado conectado a él. Si un trabajo ha cesado, primero debe haber comenzado. Estas palabras desafiantes cayeron, no de los labios de algún teólogo moderno, herético, oscuro o parcial, sino de los labios del mismísimo apóstol Pablo, el paladín de la gracia.

Muchos de los doctores de la iglesia moderna, sin embargo, no pueden tolerar tales nociones “intolerantes” de Pablo. Creen que las acciones, elecciones o estilo de vida de uno nunca pueden separarnos de Cristo y de su gracia como lo enseñó Pablo.

CONCLUSIÓN.

Los arminianos creemos en la seguridad de la salvación para el cristiano como cualquier estudiante honesto de la Biblia. Las promesas de Cristo a sus ovejas son innegables y le conceden la seguridad y confianza necesarias a cada creyente. Jesús dijo claramente:

“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:27-28, NVI)

Los arminianos encontramos mucho consuelo en estas palabras de Cristo. Sin embargo, muchos “evangélicos”, defensores de la falsa enseñanza de “una vez salvos, siempre salvos” y su falsa “seguridad eterna del creyente”, citan a Jesús en este pasaje como si hubiera dicho: “Nunca perecerán si me siguen o no”. Pero Cristo jamás dijo tal cosa.

Aunque la seguridad de la salvación para los seguidores del Buen Pastor es bastante reconfortante. Sin embargo, dicha seguridad nunca debe aplicarse a los hipócritas que “Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan” (Tito 1:16, NVI). La seguridad cristiana pertenece a los cristianos, no a los hipócritas, ya que “el que practica el pecado es del diablo” (1 Juan 3:8, NVI).

En palabras de Ezequiel:

“Si el justo se aparta de la justicia y hace lo malo y practica los mismos actos repugnantes del malvado, ¿merece vivir? No, sino que morirá por causa de su infidelidad y de sus pecados, y no se recordará ninguna de sus obras justas. »Ustedes dicen: “El Señor es injusto”. Pero escucha, pueblo de Israel: ¿En qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos? Cuando el justo se aparta de la justicia, cae en la maldad y muere, ¡pero muere por su maldad!” (Ezequiel 18:24-26, NVI).

La seguridad de Juan 10:27-28 se aplica solo a aquellos que siguen a Cristo, como lo indica claramente el texto. Solo los fieles serán salvos: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10, NVI).

REFERENCIAS:

[1] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 93-94.

[2] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 80.

[3] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 81.

[4] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 82.

[5] Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto (RAE).

[6] Jacobo Arminio, Obras, 3:470.

[7] James R. White (2013), Drawn by the Father, Reformation Press, pp. 19-20.

[8] Daniel Whedon, Daniel Whedon’s Commentary on the New Testament (2012), GraceWorks Multimedia, 2:288.

[9] John Wesley, Works, 10:297-98.

[10] Joseph Benson, Joseph Benson’s Commentary of the Old and New Testaments, (1854), Carlton & Phillips, 4:99.

Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.

Demonología, Guerra Espiritual, Vida Espiritual

¿Puede un cristiano ser poseído por demonios?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En el siglo IV de nuestra era surgió en Mesopotamia una secta herética conocida como Mesalianos o “Euquitas”, la cual se extendió por toda Siria, Egipto y Asia Menor. Su nombre, Mesalianos, proviene de una palabra aramea que significa «gente que ora». Los mesalianos obviaban la vida sacramental y vivían en cualquier lugar, sobre todo por las calles. Sus doctrinas eran confusas pues parecían proclamarse ortodoxos, pero afirmaban que todos los hombres, incluso los creyentes y hasta Cristo mismo, están sujeto a la posesión de los demonios. Sus creencias y prácticas fueron condenadas por diversos Concilios eclesiásticos y se les acusó de inmoralidad, por lo que desaparecieron gradualmente.[1] Sin embargo, algunas de sus creencias (particularmente aquella que afirma que todos, incluso los cristianos, podemos ser víctimas de posesión demoníaca) aún sobreviven dentro de algunas iglesias modernas.

Se dice que una persona es víctima de posesión demoníaca, está endemoniada, o simplemente está poseída, cuando un espíritu maligno entra en su cuerpo y le hace hablar y comportarse, no como ella quisiera, sino como el tal espíritu quiere. Los demonios, su origen, naturaleza y obra diabólica, despierta muchas interrogantes entre los creyentes modernos. En el presente artículo responderemos bíblicamente a 7 preguntas comunes en relación con la posesión demoníaca: ¿Quiénes o qué son los demonios? ¿Qué son los exorcismos y qué enseña la Biblia al respecto?, ¿Puede un cristiano verdadero ser poseído por demonios?, ¿Cuáles son los síntomas evidentes de una posesión demoníaca?, ¿Cómo puede alguien llegar a estar poseído por un demonio?, ¿Es correcto dialogar con demonios, preguntarles su nombre o permitirles exhibirse en público? Y ¿Puede un demonio exponer públicamente un pecado oculto y no confesado, de aquellos que intenten expulsarle?

¿QUIÉNES O QUÉ SON LOS DEMONIOS?[2]

Los demonios, espíritus inmundos o impuros, son seres de naturaleza espiritual e invisibles, también conocidos como “ángeles caídos” puesto que siguieron a Satanás en su rebelión contra Dios, su creador. Son de carácter inmortal, son poderosos, superiores al poder de un ser humano, y tienen personalidad. La Biblia no vacila en identificar a los demonios como seres espirituales hostiles a Dios y a los hombres.

En el pensamiento griego popular se designaba así a los espíritus malos, y en particular a los de los muertos que ejercían su maleficio como fantasmas. La mención de los espíritus de los muertos, llamados “elohim” en 1 Samuel 28:13 e Isaías 8:19, a los cuales se consultaba por los médiums, revela que muchas de los conceptos que encontramos en Grecia acerca de los demonios, aparecieron esporádicamente en Israel. La prohibición del espiritismo (Números 23:23; Deuteronomio 18:10; 1 Samuel 15:23) explica que la demonología haya ocupado un lugar tan marginal en el Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento la nomenclatura para los demonios es variada y extraña: se llaman shedim (señores) en Deuteronomio 32:17, y es probable que sh˓rim en Isaías 13:21 (cabras) y lilit en Isaías 34:14 (lechuza, literalmente: “la nocturna”) y Azazel (Levítico 16:10–22) se refieran a demonios. En el judaísmo tardío y en el rabinismo aparecen los demonios más explícitamente como seductores de las personas y enemigos de Dios. Se trata de ángeles caídos (Judas 6), a veces relacionados con los «hijos de Dios» de Génesis 6:1–4. Los demonios están sujetos a Satanás o Belial. En la Mishnah, los rabinos consignaban instrucciones para los exorcistas (Lucas 11:24; Apocalipsis 18:2), y consideraban que los demonios moraban en lugares impuros como los cementerios (Marcos 5:2) y por ello se les llama «espíritus inmundos».

La mención de la actividad demoníaca en el Nuevo Testamento se concentra en los Evangelios, como si la irrupción especial del ministerio terrenal de Jesús provocara mayor oposición satánica. Frente a la evidencia de los milagros del Señor, sus enemigos lo acusaron de «tener un demonio» (Juan 7:20; 10:20), pero, al contrario, Jesús actuaba con autoridad propia «desatando» a los dominados por Satanás (Lucas 13:10–17). Su poder sobre los demonios confirmó que Él es el «más fuerte», que entró en la casa del «hombre fuerte» [Satanás], lo ató, y ahora «saquea sus bienes [los demonios]» (Marcos 3:27). El poder de Jesús sobre los demonios señalaba la llegada del Reino de Dios (Lucas 11:20). Jesús compartió esta victoria con sus discípulos (Lucas 9:1; 10:17) e incluso con los que no se contaban entre sus seguidores íntimos (Marcos 9:38).

De acuerdo con la Biblia, muchos podían ser los efectos de la posesión demoníaca: la mudez (Mateo 9.32), la epilepsia (Marcos 917), hábitos antisociales (Marcos 5:1–5) e intentos suicidas (Mateo 17:15). Sin embargo, no toda enfermedad se atribuía a la posesión. Mateo 4:24 distingue bien entre las causas naturales y sobrenaturales al afirmar que Jesús sanó a «los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos». Como habitantes del mundo espiritual, los demonios sabían quién era Jesús, aunque Él callaba este tipo de testimonio (Marcos 3:11). También leemos que ellos reconocían también que su fin en el abismo será para destrucción eterna (Mateo 8:29; Lucas 8:31; Santiago 2:19).

El libro de los Hechos, las Epístolas y el libro de Apocalipsis también hacen mención de los demonios y su obra. Hechos 19.13–16 nos presenta el relato de los hijos de Esceva. Dicho relato constituye una anécdota singular acerca del judaísmo contemporáneo y sus prácticas exorcistas. Escribiendo a mediados del siglo II, el autor desconocido de la conclusión del Evangelio de Marcos (Marcos 16:9–20) se refiere al exorcismo, puesto que este pasaje se basa en una tradición confiable, es probable que Jesús haya hecho una promesa tal. Según 1 Timoteo 4:1 los demonios atentan contra la sana doctrina. En 1 Corintios 10:20, Pablo equipara el culto a los ídolos con el tributo a los mismos demonios en su esencia (Apocalipsis 9:20).

 ​​ ¿QUÉ SON LOS EXORCISMOS Y QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA AL RESPECTO?

La práctica del exorcismo (del griego antiguo: ἐξορκισμός, romanización: exorkismos, literalmente: «obligar mediante juramento, conjurar»)​ se define como “la práctica religiosa o espiritual realizada contra una fuerza maligna, utilizando diversos métodos cuyo fin es expulsar, sacar o apartar a dicho ente de la persona, objeto o área que se encuentra poseída por la entidad maligna (ver, como ejemplo, posesión demoníaca) quien somete y controla al poseído.”​[3] Estos entes, dependiendo de las creencias de los implicados, pueden ser demonios, espíritus, brujos, etc. El objeto de la posesión puede ser una persona o animal, objetos e incluso lugares como pueblos o casas (poltergeist).[4]

El asunto de los exorcismos es uno de los temas favoritos en el cine del terror, tan popular en los últimos años gracias a películas como ‘El exorcista’, una de las más populares en su género, y que sigue siendo referencia para cantidad de producciones que en el cine tratan el asunto de la posesión. Sin embargo, pocos se han preocupado de revisar lo que la fe cristiana enseña en las páginas de la Biblia sobre los demonios y las posesiones. Quizá sea porque las Escrituras muestran a los demonios actuando, pero la reacción de Jesús y de los primeros creyentes está muy lejos de la parafernalia, rituales, o el uso objetos con un supuesto poder para hacer salir a un demonio de la persona poseída.

La obra de los demonios en las personas no es una explicación temporal que la Biblia dé a las enfermedades que, por el desarrollo de la medicina y la ciencia, no se pudieran explicar en la época de los relatos evangélicos. Esto es difícil de aceptar para una persona que no crea en Dios, o en el mundo espiritual, ya que siempre dirá que cualquier manifestación demoníaca es una enfermedad mental y no algo de carácter espiritual. Desde la medicina se apunta que muchos de los casos de posesión se pueden explicar como un trastorno de identidad disociativo o epilepsia. Sin embargo, los pasajes bíblicos hacen distinción entre enfermedad y posesión. No se mezclan.

En Mateo dice que Jesús curaba a endemoniados, epilépticos y paralíticos, haciendo una distinción clara. Lo que es distintivo es la respuesta ante la mención de Cristo. Podemos saber que es un problema espiritual cuando reaccionan violentamente ante este mensaje. Además, una persona poseída no responderá a los tratamientos que le estén dando los médicos. Hollywood y la Iglesia Católica han popularizado la idea de que el exorcismo sólo puede ser realizado por una persona específicamente preparada para ello a través de ciertos rituales. Sin embargo, la forma de enfrentar los demonios en la Biblia es bastante más sencilla y directa. Jesús y los apóstoles sacaban los demonios con unas palabras (Mateo 4:10, 8:16, 8:28-34; Marcos 5:9, 9:25; Lucas 4:35, 8:29, etc.). No hay un ritual. Con una orden la persona queda liberada. Los apóstoles hicieron lo mismo, y lo hacían en el nombre de Jesús. No hay un enfrentamiento, ni discusión, ni reprensión, ni insultar a los espíritus (Judas 8-10).

Debemos romper con toda la parafernalia creada alrededor del exorcismo. En realidad, la palabra ‘exorcismo’ sólo aparece en Hechos 19:13 y se refiere a personas que no eran cristianas que practicaban un exorcismo ambulante. Se trata por tanto de un concepto heredado de otras tradiciones culturales o religiosas que no tienen lugar en la Biblia. En caso de que un cristiano enfrente la circunstancia de estar ante una persona poseída por un demonio no necesita, por tanto, tener un cargo específico, ni siquiera una preparación ritual previa (pues el verdadero cristiano se prepara y vive preparado espiritualmente cada día, no sólo ante una ‘emergencia’ de este tipo). Se nos llama a que, como discípulos, podamos ejercer ese poder de echar demonios en el nombre de Jesús, porque no somos nosotros quienes tenemos poderes, es el Espíritu de Dios.

El siervo de Dios actúa en el nombre de Jesús para expulsarlo. El único requisito que presenta la Biblia es tener fe. Jesús recriminó a sus discípulos en un momento que no fueron capaces de sacar un demonio porque no tuvieron fe. Se requiere fe para que uno pueda expulsar a un demonio de otra persona. Si bien es cierto que el catolicismo trata el asunto de las posesiones y el exorcismo por medio de rituales con crucifijos, estampas, agua bendita, velas, conjuraciones y rosarios, nada de esto tiene poder contra el diablo, según la Escritura. Los evangélicos debemos evitar caer en el mismo engaño. Debemos dejar de lado la fe en el uso de objetos, aceite, sal, imposición de biblias sobre el endemoniado, recitación mística de ciertos salmos, latigazos, golpes o cualquier otro ritual absurdo y antibíblico. No somos ‘brujos blancos’ ni médiums cristianos, sino representantes autorizados de Jesucristo. Y Jesucristo y los apóstoles se enfrentaban con demonios, pero no recurrieron a ninguna fórmula mágica para dominarlos.

​​ ¿PUEDE UN CRISTIANO VERDADERO SER POSEÍDO POR UN DEMONIO?

Muchos creyentes rehúsan ejercer su ministerio de liberación por miedo a ser víctimas ellos mismos de la posesión demoníaca en caso de no realizar adecuadamente el ‘exorcismo’. Muchos cristianos incluso afirman haber oído de creyentes víctimas de la posesión demoníaca. ¿Es esto posible? ¿Pueden los cristianos verdaderos ser poseídos por demonios? Para responder adecuadamente a dichas preguntas, es necesario aclarar ciertos conceptos: Estar poseído no es lo mismo que ser tentado, influenciado o incluso atacado por demonios. Satanás y los demonios tientan a los cristianos, e incluso pueden poner pensamientos pecaminosos en ellos, tal como sucedió en el caso de David con el censo (1 Crónicas 21:1), y Pedro, cuando le insistió a Cristo que no fuera a Jerusalén (Mateo 16:23). La Biblia también atestigua que los demonios pueden producir enfermedades y desgracias, siempre bajo el permiso divino. Tal fue el caso de Job, y también ocurrió con Pablo con el aguijón en su carne, a quien identificó como “un mensajero de Satanás” (2 Corintios 12:7). En Lucas 13:11 se nos habla de una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Y el mismo Cristo dice en Lucas 13:16 que esta mujer era una “hija de Abraham”, a la que Satanás había tenido atada durante dieciocho largos años. Podemos concluir, entonces que los demonios pueden afectar a los cristianos, ya sea produciendo enfermedades o desgracias, o produciendo tentaciones y pensamientos pecaminosos.

Ahora bien, esto es diferente a una posesión demoníaca. Si con poseído por un demonio se quiere decir que la voluntad de la persona está completamente dominada por un demonio, al punto que la persona no tiene poder para escoger el bien y obedecer a Dios, la respuesta sería con certeza que no, porque la Biblia garantiza que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros puesto que hemos sido resucitados con Cristo (Romanos 6:4-11, 14, 18, 22). De igual manera las doctrinas bíblicas de la regeneración y de la presencia permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente imposibilitan por completo la posesión demoníaca de un cristiano verdadero (1 Pedro 1:22; 1 Corintios 3:16). Por eso, cuando oímos de supuestos casos de creyentes que se dice que están poseídos, debemos preguntarnos: ¿Estaban verdaderamente regeneradas las víctimas? ¿Eran cristianos genuinos? y en caso de serlo ¿Estaban realmente poseídas? Si realmente estaban poseídas, puede ser que se trate de personas que realmente no han sido regeneradas, es decir, no han nacido de nuevo, aunque tal vez hayan asistido a la iglesia por años. Si las personas afectadas son cristianos verdaderos, es seguro que no están poseídos realmente, sino que están sufriendo algún tipo de dolencia que los llevó a algún comportamiento extraño.

Podemos asegurar, por la evidencia revelada en la Biblia, que un verdadero cristiano no puede ser poseído por los demonios, aunque sí puede ser tentado y atacado por los mismos, siempre bajo el permiso de Dios. Es incompatible que un cristiano esté habitado por el Espíritu Santo y a la vez esté habitado por Satanás. Ahora bien, debido a que sí seremos atacados, la Escritura claramente revela la forma de lidiar con dichos ataques: resistir con firmeza (Efesios 6:10-18). No tengas temor de ejercer tu ministerio, recuerda tu posición en Cristo. Si Satanás te ataca con duda y temor al enfrentarte con una persona poseída, y temes que eso mismo pueda ocurrirte a ti, recuerda: La doctrina bíblica enseña que Cristo ha vencido a Satanás y a los demonios, por lo que un creyente no puede ser poseído. Cuando somos salvos por la obra de Cristo, somos librados de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13-14). Somos atacados por el diablo, pero tenemos seguridad en Cristo (Romanos 8:37). El maligno no puede tocar a un hijo de Dios (1 Juan 5:18), porque no puede deshacer su obra. El Señor nos protege con su fidelidad (2 Tesalonicenses 3:3). La mejor protección que podemos tener ante el diablo es, como dice Santiago 4:7 someternos a Dios, resistir al diablo, y este huirá. Teniendo firmeza en Cristo, los demonios huyen.

Tener a Cristo en la vida es lo principal para protegerse. Aunque hay poder en Satanás y en los demonios, la Biblia afirma que el poder de Cristo es mucho mayor. Por ello quien quiera ser libre de toda amenaza espiritual debe confiar en la obra de Jesucristo, que da la victoria frente al mal. Ya que Jesús ‘despojando a los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz’ (Colosenses 2:15). ¡No tengas miedo!, pero no por la fuerza de un ritual, sino por la obra de Cristo Jesús, que ha vencido en la cruz.

​​¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS EVIDENTES DE UNA POSESIÓN DEMONÍACA?

La Biblia da varios ejemplos de personas que fueron poseídas o influenciadas por demonios. De estos relatos, podemos conocer algunos síntomas de influencia demoníaca, así como adquirir conocimiento de cómo un demonio posee a alguien. Estos son algunos pasajes bíblicos: Mateo 9:32-33; 12:22; 17:18; Marcos 5:1-20; 7:26-30; Lucas 4:33-36; Lucas 22:3; Hechos 16:16-18.

En algunos de estos pasajes, la posesión demoníaca causaba problemas físicos, tales como inhabilidad para hablar, síntomas de epilepsia, ceguera, etc. En otros casos causaba que el individuo actuara con maldad; Judas sería el mejor ejemplo. En Hechos 16:16-18, un espíritu aparentemente daba a la joven esclava la habilidad de saber cosas más allá de su propio entendimiento. En el caso del endemoniado gadareno que estaba poseído por una multitud de demonios, tenía una fuerza sobrehumana, andaba desnudo y vivía entre los sepulcros. Dios permitió que el rey Saúl, después de haberse rebelado contra Él, fuera atormentado por un espíritu maligno (1 Samuel 16:14-15: 18:10-11; 19:9-10) con el efecto aparente de un estado de ánimo depresivo y un creciente deseo y disposición de matar a David. Por consiguiente, hay una amplia variedad de posibles síntomas de una posesión demoníaca, tales como un deterioro físico que no pueda ser atribuido a la presencia de un problema psicológico, cambios de personalidad tales como una fuerte depresión o una inusual agresividad, fuerza sobrenatural, una indiferencia por el pudor o una interacción social “normal”, y quizá la habilidad de compartir información de la que no hay manera natural de conocer.

Es importante notar que casi todas, si no todas estas características, pueden tener otras explicaciones, así que es importante no etiquetar a cada persona deprimida, o individuo epiléptico como poseídos por demonios. Por otro lado, pienso que, en nuestra cultura occidental, probablemente no tomamos muy en serio la actividad satánica en las vidas de la gente. Adicionalmente a estas características físicas o emocionales, uno también puede ver actitudes espirituales que muestran influencia demoníaca. Estas pueden incluir una resistencia a perdonar (2 Corintios 2:10-11) y la creencia y propagación de falsa doctrina, especialmente concerniente a Jesucristo y Su obra redentora (2 Corintios 11:3-4, 13-15; 1 Timoteo 4:1-5; 1 Juan 4:1-3).

​​¿CÓMO PUEDE ALGUIEN LLEGAR A ESTAR POSEÍDO POR UN DEMONIO?

No se nos dice exactamente cómo se expone uno mismo a ser poseído. Si el caso de Judas es representativo, él abrió su corazón al mal, en su caso por su avaricia (Juan 12:6). Así, es posible que, si uno permite que su corazón sea gobernado por algún pecado habitual, esto se convierta en una invitación para que un demonio entre.

Las posesiones demoníacas también parecen estar relacionadas con la adoración de ídolos paganos y la posesión de objetos del ocultismo. La Escritura repetidamente relaciona la adoración de ídolos con la adoración a los mismos demonios (Levíticos 17:7; Deuteronomio 32:17; Salmo 106:37; 1 Corintios 10:20), así que no sería sorprendente que el involucrarse con esas religiones y prácticas asociadas con esos cultos pueda conducir a la posesión demoníaca. Mucha gente abre sus vidas a la invasión demoníaca, al abrazar algún pecado o a través de involucrarse en una secta (ya sea consciente o inconscientemente). Los ejemplos pueden incluir inmoralidad; abuso de drogas y alcohol, al alterar éstos el estado de conciencia; rebelión; amargura; meditación trascendental; yoga; el movimiento de la Nueva Era, etc.

No obstante, hay algo que no debe ser olvidado. Satanás y sus huestes del mal no pueden hacer nada a nadie, a menos que tengan el permiso de Dios (Job 1, 2). Algunas personas desarrollan una insana fascinación por el ocultismo y la actividad demoníaca. Esto es poco inteligente y antibíblico. Si nosotros seguimos a Dios con nuestras vidas; nos vestimos con Su armadura y dependemos de Su fuerza, no la nuestra (Efesios 6:10-18), no tenemos nada que temer de las fuerzas del mal, porque ¡Dios gobierna sobre todas ellas!

​​ ¿ES CORRECTO DIALOGAR CON LOS DEMONIOS, PREGUNTARLES SU NOMBRE O PERMITIRLES EXHIBIR SU PODER?

Con los demonios, que hablan a través de los endemoniados, no se dialoga: ¡Se los expulsa! Lamentablemente, algunos ‘exorcistas’ se han vuelto enfermizamente adictos a mantener pláticas con los demonios, entrevistarlos, exigirles que digan su nombre y hacerles preguntas ¡Hasta teológicas! Sin embargo, eso es una pérdida de tiempo, porque los demonios mienten y nada dicho por ellos es digno de confianza o credibilidad alguna (Juan 8:44).

La práctica de preguntar el nombre a los demonios y dialogar con ellos proviene, no de la Biblia o del ejemplo de Jesús, sino del Ritual de Exorcismo Católico, en el cual se considera que dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. Basan tal suposición en el hecho de que Dios le dio a Adán el poder de dar un nombre a las cosas. Por ende, en la concepción supersticiosa del catolicismo, en el momento en que el demonio revela su nombre, demuestra que está debilitado. Si no lo dice, es aún fuerte. Sin embargo, tal idea no cuenta con respaldo bíblico.

Jesús no hablaba con los demonios, sólo los echaba fuera. Mientras enseñaba en una sinagoga en Capernaum, Jesús fue interrumpido por un hombre poseído por un demonio. Jesús le ordenó al espíritu que se callara y que saliera del hombre, no se detuvo a dialogar con él o averiguar su nombre, mucho menos le permitió hacer una exhibición de poder o ‘robarse el show’ y amedrentar a los asistentes ¡Simplemente lo expulsó! El hombre convulsionó, y con un tremendo grito el espíritu inmundo salió (Marcos 1:21-28; Lucas 4:31-37). ¡No permitamos que el diablo se exhiba! ¡No nos prestemos al juego del diablo! ¡No gastemos nuestro tiempo inútilmente conversando con el demonio! Dios nos ha mandado a liberar a los cautivos con el poder del Espíritu Santo, no a socializar con el enemigo.

¿PUEDE EL DIABLO EXPONER PÚBLICAMENTE LOS PECADOS NO CONFESADOS DE AQUÉL QUE BUSCA ECHARLE FUERA?

Definitivamente sí. La autoridad espiritual únicamente puede ser ejercida por aquéllos que viven vidas moralmente limpias (2 Timoteo 2:19), han sido justificados por la fe en Cristo (Romanos 5:1) y han lavado sus vestidos en la sangre del Cordero (Hebreos 9:12-14), venciendo de esta forma a Satanás (Apocalipsis 12:11). Sin embargo, al ejercer el ministerio de liberación encomendado por Cristo a su iglesia, muchos han tropezado en el área de la santidad personal. Si bien es cierto todos pecamos, y ofendemos a Dios y al prójimo en algún momento (Santiago 3:2; 1 Juan 1:10), el pecado repetitivo y habitual no puede ser parte de la vida de un creyente verdadero (1 Juan 3:9).

Para su vergüenza, muchos creyentes han sido confrontados por algún espíritu inmundo al pretender echarlo fuera sin estar en comunión genuina con Dios. Esto mismo lo comprobaron los hijos de Esceva (Hechos 19:11-20). Muchos creyentes que viven en pecado habitual han sido expuestos públicamente por el diablo, hablando a través del poseído. Por eso, antes de pretender enfrentarnos con el diablo, debemos tener en mente que todo pecado personal debe haber sido resuelto previamente (1 Juan 2:1-2), así evitaremos ser avergonzados en público. De esta manera, el diablo no tendrá de qué acusarnos y, si lo hiciera, ya que esa es su función (Apocalipsis 12:11) podemos reafirmar nuestra posición en Cristo (Romanos 8:1) y recordarle que es él, y no nosotros, quien está condenado (Apocalipsis 20:10).

 CONCLUSIÓN.

Los cristianos no pueden ser poseídos por demonios. Hay una clara diferencia entre ser poseído por un demonio y ser oprimido o influenciado por un demonio. La posesión demoníaca involucra un demonio que tiene el control directo y completo sobre los pensamientos y o acciones de una persona (Mateo 17:14-18, Lucas 4:33-35; 8:27-33). La opresión (o influencia) demoníaca implica un demonio o demonios atacando espiritualmente a una persona o incentivándole hacia un comportamiento pecaminoso.

El creyente en Cristo no puede vivir atemorizado ante el diablo y su accionar en el mundo. La clave de la victoria en la vida cristiana es estar llenos (controlados y empoderados) con el Espíritu Santo a cada instante (Efesios 5:18). Los demonios son una realidad, pero el poder de Cristo en nosotros es aún mayor. A la iglesia se le ha confiado el ministerio de la liberación:

“En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18).

 “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19).

 “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mateo 10:7-8)

REFERENCIAS:

[1] Ramos, Marcos Antonio. Nuevo Diccionario de Religiones, Denominaciones y Sectas, Editorial Caribe, 1998. Pp. 115.

[2] Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Editorial Caribe, 1998. Pp. 335-337.

[3] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «exorcismo». Diccionario de la lengua española (23.ª edición).

[4] Vergilius Ferm, ed. (1945). «Exorcismo». An Encyclopedia of Religion. New York: Philosophical Library. p. 268.

Evangelio de la Prosperidad, Neopentecostalismo, Neumatología

La repugnante práctica del “vómito santo”

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El vómito, también llamado emesis, se define como la expulsión violenta y espasmódica del contenido del estómago a través de la boca. La sensación que experimentamos justo antes de vomitar (pródromo) se llama náusea, y puede preceder al vómito o aparecer de forma aislada.[1] Los problemas comunes que pueden causar náuseas y vómitos incluyen: Alergias a los alimentos, infecciones estomacales o intestinales, como la “gastroenteritis vírica epidémica” o la intoxicación alimentaria, devolución de los contenidos estomacales (también llamado reflujo gastroesofágico), medicamentos o tratamientos, como la quimioterapia o la radioterapia para el cáncer, migrañas, náuseas matutinas durante el embarazo, mareo o cinetosis, dolor intenso, como el causado por los cálculos renales, etc. Las náuseas y los vómitos también pueden ser un signo de advertencia inicial de problemas de salud más serios, como: apendicitis, obstrucción intestinal, cáncer o un tumor, ingestión de un fármaco o tóxico, especialmente por parte de los niños; úlceras en el revestimiento del estómago o el intestino delgado, etc.[2]

En nuestra época, sin embargo, el vómito ha pasado de ser una manifestación de problemas de salud, a considerarse una manifestación espiritual. En algunas iglesias, principalmente neopentecostales, suele enseñarse la aberrante y asquerosa práctica del “vómito santo” que, según sus simpatizantes, es producida por obra del Espíritu Santo. Dicha práctica consiste en que la persona es tomada por el “Espíritu”, el cual le produce náuseas y posteriormente el vómito. En muchas iglesias, los afectados por este fenómeno de pronto se ponen de pie en medio de la congregación y comienzan a vomitar como señal de liberación o “toque espiritual”, atribuyendo tal acto al poder de Dios.

Si bien es cierto que la Biblia menciona la palabra “vómito”, nunca lo presenta como una manifestación del Espíritu Santo. La Biblia habla de la tierra vomitando a sus moradores a causa del pecado (Levítico 18:24-28). Habla del perro que vuelve a su vómito (2 Pedro 2:17-22). También nos relata que a Jonás lo vomitó el gran pez (Jonás 2:10). Y en Apocalipsis el Señor afirma que vomitará a los tibios (Apocalipsis 3:16). Nunca el vómito es presentado en la Biblia como señal o manifestación de la presencia del Espíritu Santo. Tampoco es usada como símbolo de liberación espiritual.

La repugnante práctica del “vómito santo” carece de bases bíblicas. Jesús nunca provocó el vómito en ninguna persona para evidenciar su liberación, tampoco como evidencia de sanidad divina. El libro de los Hechos tampoco relata que alguno de los apóstoles usara dicha práctica o la enseñara. Las epístolas tampoco pueden emplearse para fundamentar esta práctica herética. Basta con ver los espectáculos repugnantes que se producen en las iglesias que practican el “vómito santo”, para darnos cuenta de que dicha práctica no solo es asquerosa, sino que contradice el claro mandato bíblico de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40) dentro de nuestras congregaciones. Tal exhortación debería ser suficiente para lograr que los creyentes evitásemos dicha práctica aberrante; sin embargo, muchos grupos neopentecostales insisten en defenderla a capa y espada.

¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE EL VÓMITO ES SEÑAL DE LIBERACIÓN?

En iglesias de corte neopentecostal abundan los testimonios de personas que tuvieron la experiencia del “vómito santo”. Dichas personas afirman que, durante las ministraciones en sus iglesias, durante oraciones por sanidad, sesiones de liberación espiritual o ruptura de las denominadas “maldiciones generacionales”, muchos de ellos expulsaron espuma, vómito o un líquido espeso con olor desagradable a través de sus bocas. Afirman también que, luego de dicha experiencia, siguió una sensación de paz, tranquilidad y libertad.

Aunque tales narraciones suelen ser comunes, los pentecostales de sana doctrina debemos ser muy cuidadosos con este tipo de prácticas, ya que poco se diferencian de las prácticas ocultistas de los brujos y hechiceros. No podemos elevar a la categoría de práctica o doctrina cristiana algo que no ha sido aprobado por las Sagradas Escrituras. No encontramos un solo precepto o ejemplo bíblico de que una persona deba vomitar algo cuando se ora por ella en señal de que ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo, sanidad divina, liberación espiritual o cualquier otra bendición del cielo.

La Biblia sí menciona un episodio en el cual este tipo de manifestaciones se produjo, sin embargo, lo asocia con un caso de posesión demoníaca en el cual la persona lanzaba espumarajos por la boca debido al influjo de un espíritu maligno.

“Cada vez que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos, cruje los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no lo lograron. —¡Ah, generación incrédula! —respondió Jesús—. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho. Así que se lo llevaron. Tan pronto como vio a Jesús, el espíritu sacudió de tal modo al muchacho que este cayó al suelo y comenzó a revolcarse echando espumarajos.” (Marcos 9:18-20, NVI).

Como puede notarse, el único caso similar a la práctica del “vómito santo” que aparece registrado en los evangelios se encuentra asociado con la acción del demonio, no del Espíritu de Dios. Puesto que el “vómito santo” está más relacionado con el ocultismo y las religiones espiritualistas que con la fe cristiana, los creyentes en Cristo debemos rechazar dicha práctica antibíblica.

POSESIÓN DEMONÍACA, HECHIZOS, BRUJERÍA Y “VÓMITO SANTO”.

La práctica del “vómito santo” generalmente se ha asociado con exorcismos, liberación y ruptura de la opresión demoníaca. Dentro de las iglesias neopentecostales este fenómeno ocurre generalmente entre creyentes. Muchas iglesias neopentecostales a menudo creen y enseñan que los cristianos pueden ser víctima de hechizos, brujería o incluso ser poseídos por demonios. Entienden, a su vez, que sólo a través del vómito un exorcista puede verificar que el demonio haya salido de la persona o que el hechizo lanzado sobre el creyente ha sido roto. Esto es antibíblico.

En Marcos 9:18-20, no sólo se asocia el fenómeno del “vómito santo” con el accionar demoníaco, sino que también se nos revela que la persona poseída era una persona incrédula, no un verdadero creyente, pues los verdaderos cristianos no pueden ser poseídos por demonios, ni tampoco pueden ser objetos de la acción de hechicerías, maleficios o agüeros. Está escrito:

“Contra Jacob no hay brujería que valga, ni valen las hechicerías contra Israel. De Jacob y de Israel se dirá: ¡Miren lo que Dios ha hecho!” (Números 23:23, NVI).

Si esto se dice del Israel carnal, ¿Cuánto más de la iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo? Lastimosamente, la mala enseñanza sobre este tema ha provocado que muchos creyentes vivan continuamente aterrorizados ante la idea de a ser víctimas ellos mismos de la posesión demoníaca. Muchos incluso acuden frecuentemente a sesiones de liberación cada vez que se creen víctimas del accionar demoníaco en sus vidas. Pero ¿Es eso posible? ¿Pueden los cristianos verdaderos ser poseídos por demonios?

La Biblia enseña que Satanás y los demonios tientan a los cristianos, e incluso pueden poner pensamientos pecaminosos en ellos, tal como sucedió en el caso de David con el censo (1 Crónicas 21:1), y Pedro, cuando le insistió a Cristo que no fuera a Jerusalén (Mateo 16:23). La Biblia también atestigua que los demonios pueden producir enfermedades y desgracias, siempre bajo el permiso divino. Tal fue el caso de Job, y también ocurrió con Pablo con el aguijón en su carne, a quien identificó como “un mensajero de Satanás” (2 Corintios 12:7). En Lucas 13:11 se nos habla de una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Y el mismo Cristo dice en Lucas 13:16 que esta mujer era una “hija de Abraham”, a la que Satanás había tenido atada durante dieciocho largos años.

Ahora bien, esto es diferente a una posesión demoníaca. Si con poseído por un demonio se quiere decir que la voluntad de la persona está completamente dominada por un demonio, al punto que la persona no tiene poder para escoger el bien y obedecer a Dios, la respuesta sería con certeza que no, porque la Biblia garantiza que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros puesto que hemos sido resucitados con Cristo (Romanos 6:4-11, 14, 18, 22). De igual manera las doctrinas bíblicas de la regeneración y de la presencia permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente imposibilitan por completo la posesión demoníaca de un cristiano verdadero (1 Pedro 1:22; 1 Corintios 3:16). Por eso, cuando oímos de supuestos casos de creyentes que se dice que están poseídos, debemos preguntarnos: ¿Estaban verdaderamente regeneradas las víctimas? ¿Eran cristianos genuinos? y en caso de serlo ¿Estaban realmente poseídas? Si realmente estaban poseídas, puede ser que se trate de personas que realmente no han sido regeneradas, es decir, no han nacido de nuevo, aunque tal vez hayan asistido a la iglesia por años. Si las personas afectadas son cristianos verdaderos, es seguro que no están poseídos realmente, sino que están sufriendo algún tipo de dolencia que los llevó a algún comportamiento extraño.

Por lo tanto, si los cristianos no podemos ser poseídos por demonios, y si la brujería y la hechicería carecen de efecto sobre nosotros, la práctica asquerosa del “vómito santo” no solo es totalmente innecesaria, sino también herética. Es más bien un fraude y una manipulación de la fe; un fenómeno extraño producto de la histeria colectiva que se genera a menudo en muchas iglesias neopentecostales. O peor aún… Una manifestación de espíritus extraños.

CONCLUSIÓN.

Por todo lo anterior, la Biblia nos lleva a concluir que, lejos de fundamentarse fielmente en la Palabra de Dios, la enseñanza del “vómito santo” es una perversión de la enseñanza bíblica. Es otra especulación fantasiosa de algunos predicadores que no se cansan de inventar nuevas doctrinas para deslumbrar a su público y mantenerlos cautivos de sus aberraciones. Esta práctica aberrante, lejos de ser un mensaje fiel a la Palabra, es otro intento de manipularla, y manipular al público creyente. Es hora de levantar la voz de protesta contra estas novedades antibíblicas. Principalmente cuando somos nosotros, los pentecostales que amamos la sana doctrina, a quienes se nos acusa de promoverla.

REFERENCIAS:

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Vómito

[2] MedlinePlus, Náuseas y vómitos en adultos. Artículo publicado en https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003117.htm, consultado el 27-02-2019.

Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

¿Risa Santa? ¿Borrachera espiritual?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pueblo cristiano suele ser esporádicamente invadido por corrientes extrañas que de repente aparecen en el panorama y producen mucha confusión y caos. Esto cada vez es más común porque hoy, como nunca, la iglesia cristiana se halla en su nivel más bajo de discernimiento espiritual. Como parte de una tendencia generalizada de nuestra cultura postmoderna, muchas iglesias hoy en día manifiestan también un interés por el espiritualismo místico. No el espiritualismo como la búsqueda de una calidad de vida espiritual piadosa, un mayor compromiso con el evangelio o una mayor profundidad en el conocimiento de Dios, sino una sed por toda clase de experiencias sobrenaturales, aunque las mismas carezcan de un fundamento bíblico sano.[1] El fenómeno de la risa santa y la borrachera espiritual caen dentro de esta categoría.

En algunas iglesias dentro del movimiento pentecostal se emplea el término “risa santa” para referirse a un fenómeno durante el cual una persona se ríe incontrolablemente, presumiblemente como resultado de ser llenado del gozo del Espíritu Santo. Algunas de sus manifestaciones incluyen los trances de risa y carcajadas que duran desde varios minutos hasta horas, rugidos e imitaciones de distintos tipos de animales. Las personas supuestamente golpeadas por el Espíritu se comportan como si estuvieran completamente ebrias. Dichas experiencias pueden ocurrir espontáneamente durante el culto, al final de este, y especialmente cuando algún líder involucrado en este fenómeno impone las manos o clama pidiendo que esto suceda. Sus promotores dicen que de esa forma se reciben grandes bendiciones espirituales, se le atribuye en ocasiones poder curativo y hasta salvador.[2]

La risa casi siempre está acompañada con efectos muy parecidos a los que produce una borrachera común. Se puede observar a personas que casi no pueden caminar en línea recta. Incluso a algunos hay que cargarlos para sostenerlos mientras están con los ojos entrecerrados y la cabeza colgando semiinconscientes. Actuando exactamente como borrachos, hay quienes pierden todo tipo de inhibición y cometen actos vergonzosos y ridículos. Lo extraño de todo, es que en estas reuniones no se sirve alcohol, ni se utiliza ningún tipo de droga, sino que la experiencia está a disposición de cualquier persona, sólo con el toque de los pastores-gurús o a la simple indicación de su voz.[3]

Las manifestaciones no se limitan sólo a esto, hay otros que se revuelcan por el suelo sin control de ninguna clase. Es un estado alterado de la conciencia tan profundo, que están bien documentados casos de personas que además ladran como perros, rugen como leones, bufan, intentan volar como aves y hacen todo tipo de ruidos extraños. No son raros incluso quienes emiten gruñidos característicos de los cerdos o que cacareen como gallinas. Los promotores del movimiento dicen que todo «¡Es Divino! ¡Es un nuevo pentecostés venido del cielo! ¡Es la visitación esperada de parte de Dios!»[4]

¿DE DÓNDE SURGIÓ ESTA PRÁCTICA?

El Avivamiento de la Risa, también conocido como “Risa Santa, Borrachera Espiritual o Bendición de Toronto”, es un movimiento supuestamente espiritual que se ha extendido en los últimos años en muchas iglesias y denominaciones. La Bendición de Toronto se refiere a la supuesta efusión del Espíritu Santo en las personas que asistían a la Iglesia de la Comunión Cristiana del Aeropuerto de Toronto, que en esa época era la Vineyard Church del Aeropuerto de Toronto. El 20 de enero de 1994, un pastor Pentecostal llamado Randy Clark habló en la iglesia y dio su testimonio de cómo él se emborrachaba en el Espíritu y se reía incontrolablemente. Y, en respuesta a este testimonio, la congregación estalló en un pandemonio con gente riéndose, gruñendo, bailando, temblando, ladrando como perros e incluso algunos estancados en posiciones de parálisis. Estas experiencias fueron atribuidas al Espíritu Santo entrando en los cuerpos de la gente. El pastor de la iglesia, John Arnott, se refirió a esto como una gran fiesta del Espíritu Santo. El apodo ‘Bendición de Toronto’ fue dado, y la iglesia pronto ganó atención internacional.[5]

Cabe mencionar que Randy Clark había sido previamente influenciado por Rodney Howard-Browne, mejor conocido como el “Bar tender” del Espíritu Santo, por afirmar que él servía el “vino nuevo” de este supuesto avivamiento. Howard-Browne, oriundo de Port Elizabeth en Sudáfrica, propagó este movimiento por Canadá, Estados Unidos, Australia, Inglaterra y Nueva Zelanda.[6] Tanto Howard-Browne como Clark (y por ende los modernos defensores de esta práctica) emplean algunos versículos para justificar su extraña práctica, entre ellos:

  • Efesios 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”.
  • Hechos 2:12-13 “Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.”
  • Hechos 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Aunque aquellos que han experimentado este fenómeno suelen interpretarlo como un signo de una ‘bendición’ o ‘unción’ del Espíritu Santo y creen firmemente que la Biblia apoya su postura, el estudiante serio de la Biblia reconocerá de inmediato que en ninguno de estos versículos se habla de risa santa o borrachera espiritual. Ni en Pentecostés, ni en ningún otro episodio de la historia sagrada se dice que sucedió tal fenómeno ni tampoco que es un don del Espíritu. La Biblia, por otro lado, nos aclara el propósito de toda manifestación espiritual: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” (1 Corintios 12:7). En base a lo anterior debemos preguntarnos: ¿Cuál es el provecho de tirarse al piso y revolcarse riendo sin control? Sencillo, ¡Ninguno! Esto nos lleva a cuestionar y analizar a la luz de Palabra la naturaleza de esta extraña manifestación “espiritual”, muy común en algunas iglesias pentecostales.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA RISA?

La Biblia aborda el tema de la risa en varias ocasiones. A menudo se utiliza para describir una respuesta burlona o despectiva:

  1. Sara se rio cuando Dios les dijo que podrían tener a un hijo en su vejez (Génesis 18:12-15).
  2. Algunos versos lo usan como un signo de burla (Salmo 59:8; Salmo 80:6; Proverbios 1:26).
  3. Salomón, hizo las siguientes observaciones referentes a la risa: en Eclesiastés 2:2, “A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?” Luego él dice en Eclesiastés 7:3, “Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.” En Proverbios 14:13 también nos muestra otro aspecto de la risa: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón; Y el término de la alegría es congoja.”

Bíblicamente, la risa es vista como una experiencia subjetiva. Una expresión de nuestros sentimientos y emociones. Y aunque los sentimientos no son malos, más a menudo están alineados con nuestra naturaleza pecaminosa. Esto convierte a la risa en un parámetro poco fiable para medir la autenticidad de una manifestación espiritual, pues: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Sin embargo, el argumento más convincente de las Escrituras contra lo que se llama la ‘risa santa’ se encuentra en Gálatas 5:22-23. Dice, “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Si el autocontrol es un fruto del Espíritu de Dios, ¿cómo puede la incontrolable risa ser también fruto de Su Espíritu? Algo aquí no tiene sentido.

Los creyentes en esta extraña práctica afirman que el Espíritu es libre para actuar sobre ellos según Sus caprichos. Pero la idea de que Dios haría que la gente actuara como borrachos o reírse incontrolablemente o hacer ruidos de animales como resultado de la unción del Espíritu se opone directamente a la forma que actúa el Espíritu según Gálatas 5:22-23. El Espíritu que se describe en Gálatas 5 es uno que promueve el autocontrol dentro de nosotros, no lo contrario. Finalmente, no había nadie en la Biblia más llena del Espíritu Santo que Jesús, y ni una vez la Biblia le registra riendo de forma descontrolada.

En contraposición al fenómeno descontrolado de la risa santa, Pablo enseñó:

“los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos”. (1 Corintios 14:32-33).

¿BORRACHERA ESPIRITUAL?

Como ya se mencionó, el fenómeno de la risa sana raras veces viene solo. Para empeorar las cosas, los grupos pentecostales que defienden el origen divino de esta extraña práctica suelen asociarla en algunas ocasiones con otro fenómeno semejante: la borrachera espiritual. En algunas iglesias pentecostales-carismáticas suelen presenciarse escenas bulliciosas, efusivas, caóticas y de gran expansividad. Los creyentes, dominados por el fenómeno denominado “borrachera espiritual”, lucen aturdidos, tambaleando, cayendo, alegres y riendo. A menudo definen dicha experiencia extática como una “intoxicación espiritual.” Durante dicho trance la persona está fuera de su mente, como sería el caso si hubiese consumido vino o drogas; pero en este caso dicha experiencia es atribuida al influjo del Espíritu Santo. Basan tal afirmación en Efesios 5:18-19, en donde Pablo exhorta:

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”.

 Sin embargo, si observamos cuidadosamente, el mismo versículo que algunos grupos pentecostales emplean para defender la práctica de la “borrachera espiritual” y la “risa santa”, se opone por completo a dichas prácticas. Efesios 5:18-19 nos manda a ser llenos. La borrachera espiritual no existe. La borrachera es pasajera y al final no deja nada bueno, pero nuestra llenura en el Espíritu no es pasajera, sino que al pasar de los días sigue actuando positivamente en nosotros. Cuando nos embriagamos nos confundimos, nuestros sentidos se aturden y nuestro Dios “no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Corintios 14:33). El Espíritu Santo jamás nos hará perder nuestro buen juicio. La experiencia o manifestación del Espíritu Santo es con un orden porque Dios es ordenado. Se experimenta además con todos nuestros sentidos bien puestos.

Además, la obra de Dios y las cosas de Dios jamás pueden ser comparadas con términos que describen algo inmoral. Embriagarse es perder las facultades, más Dios nos da de su Espíritu, jamás para quitarnos facultades, sino para obrar a favor de nosotros. 1 Corintios 6:10 nos dice que “ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” La palabra de Dios nos dice claramente que los borrachos no heredarán el Reino de Dios. Entonces ¿Cómo es posible que el Espíritu Santo nos embriague cuando la embriaguez es algo que a Dios no le agrada?

La unción de Dios, la manifestación del Espíritu Santo en nosotros, es algo que el Señor hace en orden, deleitándonos de ella con todas nuestras facultades. Es algo santo. Dudo que Dios provocara que una iglesia se viera como un bar, donde todos están embriagados.

UN LLAMADO AL ORDEN.

A la luz de estas cosas, es provechoso estudiar la amonestación de Pablo en 1 Corintios 14, donde el apóstol brinda ciertas indicaciones sobre el ejercicio del don de lenguas.

 “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” (1 Corintios 14:6)

¡Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.” (1 Corintios 14:8-9)

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.” (1 Corintios 14:26-28)

“…pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.” (1 Corintios 14:33)

En los días de Pablo, mucha gente en la iglesia de Corinto estaba hablando en lenguas que eran irreconocibles a los demás y, por lo tanto, Pablo dice que eran inútiles en la iglesia porque el orador no podía edificar a otros con su discurso. Lo mismo podría aplicarse a la risa santa. “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación.” Otra vez, dice: “Hágase todo para edificación.” Pablo termina su argumento diciendo, “Dios no es Dios de confusión, sino de paz,” de modo que resulta claro que no quiere que el ambiente dentro de la iglesia sea uno de confusión y falta de significado, sino de conocimiento y edificación. Resulta evidente, por lo que Pablo está diciendo, que lo que se llama la ‘risa santa’ y más aún la “borrachera espiritual” caerían bajo la categoría de lo que es ‘no edificante’ al cuerpo de Cristo y por lo tanto debe evitarse. Es aconsejable, por lo tanto, no mirar a la “risa santa” y mucho menos a la “borrachera espiritual” como un medio de acercarnos a Dios o como un medio de experimentar Su Espíritu.

CONCLUSIÓN.

El mundo actual experimenta un ataque de apostasía sin precedentes y algunas iglesias pentecostales podrían ser parte de las iglesias que no soportarán el vendaval de esa apostasía ¿La razón? Muchos creyentes son perezosos para estudiar la Biblia y son susceptibles a las emociones y a las modas espirituales.

Cuando la denominada ‘Bendición de Toronto’ se evalúa a la luz de las Escrituras, puede apenas ser llamada una bendición; abominación, tal vez, pero no una bendición. En ninguna parte de las Escrituras puede uno encontrar algún precedente para lo que estaba sucediendo en la Iglesia del Aeropuerto de Toronto, excepto, quizás, las condiciones físicas sufridas por gente endemoniadas. De hecho, la Iglesia del Aeropuerto de Toronto así se embrolló tanto en arrebatos emocionales y psicológicos que el Pastor Arnott cesó de predicar la salvación y en su lugar predicó sobre la fiesta del Espíritu Santo. El pastor Arnott les concedió a estas experiencias mayor autoridad que a las Escrituras, llegando a horribles excesos y aberraciones.[7] Esto fue demasiado incluso para The Association of Vineyard Churches, también conocida como Vineyard Movement (Movimiento del Viñedo), la denominación neopentecostal a la cual pertenecía Arnott, al punto que cortó los lazos con la Iglesia del Aeropuerto de Toronto en 1995, lo que provocó el cambio de nombre a la Iglesia de la Comunión Cristiana del Aeropuerto de Toronto.[8]

El enfoque de un creyente debe ser Jesucristo, el “autor y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12:2), no en uno mismo, sus experiencias o supuestas manifestaciones del Espíritu Santo. La Bendición de Toronto se centra en la última, en detrimento de la fe bíblica. Los creyentes pueden gozarse, danzar, cantar, y aun gritar al Señor. Sin embargo, cuando un servicio de adoración se asemeja al sueño de un demente esquizofrénico y la confusión se atribuye a la obra del Espíritu Santo, solamente una palabra viene a la mente: ¡Herejía!

REFERENCIAS:

[1] Poloma, Margaret. Inspecting the fruit: A 1997 sociological assessment of the blessing. The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 1998

[2] Burgess, Stanley. The New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. Zondervan, 2002

[3] Maxwell, Joe. Laughter Draws Toronto Charismatic Crowds. Christianity Today, October 24, 1994

[4] Ostling, Richard. Laughing for the Lord: Revivalist fervor has invaded the Church of England. Time Magazine, 1994, p.38

[5] Bowker, John. Toronto Blessing. The Concise Oxford Dictionary of World Religions, 1997.

[6] Roberts, Dave. The Toronto Blessing. Kingsway Publications, 1994.

[7] Oropeza, B. J. A Time to Laugh: The Holy Laughter Phenomenon Examined (Peabody: Hendrickson, 1995).

[8] Poloma, Margaret. Inspecting the fruit: A 1997 sociological assessment of the blessing. The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 1998

Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Pentecostales ¡Ya basta de jugar con lo sagrado!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Desde mi radical conversión a Cristo siempre he sido un pentecostal amante de la Biblia, perseguidor de la santidad y buscador de Dios. Esa fue la manera en que me enseñaron mis líderes. Y la manera que ahora, como pastor pentecostal, enseño a otros. Sin embargo, debo admitir que no todos los pentecostales pensamos igual. De todos es bien sabido que el pentecostalismo ha sido a menudo anti-intelectual y no podemos negarlo. Este fue uno de nuestros primeros errores.

Cualquier estudioso de la historia del movimiento pentecostal sabe que el pentecostalismo surgió entre la gente menos educada de la sociedad norteamericana. Pero esto no es ninguna novedad. Los avivamientos religiosos nunca se dieron entre los grandes y eruditos de la cristiandad, sino entre los humildes y muchas veces iletrados entre el pueblo. Fueron los pobres y humildes dentro de la iglesia quienes experimentaron un aspecto de la actividad de Dios menos apreciada entre la élite intelectual. Este ha sido el patrón usado por Dios a través de la historia:

 “Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana. Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.” (1 Corintios 1:25-29, NVI)

A la luz de lo anterior creo que, quizás si los cristianos que se precian de ser más intelectuales se humillaran, ellos podrían aprender algo de la experiencia pentecostal-carismática y ganar más audiencia entre aquellos a los que pueda servir su entrenamiento. Necesitamos la Palabra y el Espíritu juntos, y apagar cualquiera de los dos, ya sea como el pentecostalismo tradicional algunas veces ha hecho o como los intelectuales cesacionistas rígidos de muchas iglesias reformadas hacen ahora, no es útil.

NECESITAMOS VOLVER A LA PALABRA.

Los pentecostales de sana doctrina creemos que la base primaria para nuestra enseñanza es la Escritura. El Señor nos exhorta a fundamentar nuestra fe únicamente en Su Palabra, y no en ningún tipo de experiencia espiritual, visión, sueño, o manifestación sobrenatural:

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad. Irán de un lugar a otro, fatigados y hambrientos. Y porque tienen hambre, se pondrán furiosos y maldecirán a su rey y a su Dios. Levantarán la mirada al cielo y luego la bajarán a la tierra, pero dondequiera que miren habrá problemas, angustia y una oscura desesperación. Serán lanzados a las tinieblas de afuera.” (Isaías 8:20-22, NTV)

A Josué se le exhortó:

“Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.”  (Josué 1:8, NTV)

Ni la tradición, ni la cultura, ni mucho menos la experiencia subjetiva, como en algunos círculos carismáticos y pentecostales suele ocurrir, puede reemplazar la autoridad de la Palabra. Los pentecostales y carismáticos deberíamos ser, entre los cristianos, los más fieles a las Escrituras. También deberíamos buscar volver a la Biblia mucho más que otros creyentes. Sin embargo, muchos de nosotros estamos familiarizados con círculos pentecostales donde los testimonios y supuestas revelaciones suplantan la enseñanza bíblica más que apoyarla. Esto no debería ser así, ya que una mayor comprensión y exposición más fiel de la Escritura es esencial. Pablo exhorta a Timoteo a no descuidar el don que él recibió a través de la profecía cuando los ancianos impusieron manos sobre él (1 Timoteo 4:14). Pero él también insta a Timoteo a dedicarse a la lectura pública y exposición de la Escritura (1 Timoteo 4:13), porque su enseñanza sería algo de vida o muerte para sus oyentes (1 Timoteo 4:16). Dios nos dio la Biblia como canon, una “vara de medir,” por la cual todas las otras afirmaciones puedan ser evaluadas. Los pentecostales haríamos bien en no olvidarlo.

El pentecostalismo necesita dejar de ver la erudición y el uso del intelecto como enemigos, sabiendo que ambos son regalos de Dios, útiles para alcanzar a las personas para Cristo. Aunque Pablo afirmó que ni su palabra ni su predicación “fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder”, también dijo: “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez” (1 Corintios 2:4-6). Los pentecostales debemos imitar el ejemplo de Pablo, manteniendo el equilibrio entre conocimiento bíblico y experiencia espiritual. No debemos renunciar al Espíritu y sus manifestaciones, pero tampoco a nuestro cerebro, pues la Palabra de Dios exhorta a los creyentes a renovar sus mentes, no a pasarlas por alto: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI). Los carismáticos-pentecostales necesitamos hacer un gran énfasis en renovar la mente.

Tristemente, el apego y obediencia a la Palabra ha dejado de ser la norma en muchos círculos carismáticos-pentecostales. Algunos pentecostales parecieran haber renunciado al uso de sus facultades mentales, a un estudio disciplinado y sistemático de la palabra de Dios, a normas adecuadas de hermenéutica y a una exégesis sana del texto bíblico. Hoy en día, algunos grupos que se autodenominan pentecostales promulgan enseñanzas que no pueden más que ser vistas como herejías (Palabra de Fe, Nueva Reforma Apostólica, Evangelio de la Prosperidad, etc.). Esto ha llevado a muchos de nuestros hermanos no pentecostales a cuestionar la validez no solo de nuestra experiencia pentecostal, sino también la ortodoxia de nuestra fe y la seriedad de nuestra teología.

A mis hermanos pentecostales les digo: Es tiempo de usar nuestra cabeza y estudiar teología sistemática, exégesis, hermenéutica, homilética y todas las demás ciencias bíblicas sin perder la esencia de nuestro pentecostalismo. Sin embargo, también hay algo que quiero decirles a nuestros hermanos no pentecostales: Harían bien en no generalizar ni juzgar por igual a todos los pentecostales. No todos los pentecostales somos mentes muertas y es posible encontrar iglesias y creyentes pentecostales con un espíritu crítico basado en la Palabra de Dios. Yo mismo me considero uno de ellos.

NECESITAMOS ABANDONAR LOS EXCESOS.

Los pentecostales frecuentemente somos acusados de ser emocionalistas, poner demasiado énfasis en la experiencia personal, sobre enfatizar los dones menospreciando el fruto del Espíritu, ser desordenados y hasta sincréticos en nuestra adoración y liturgia. Lamentablemente, mucho de esto también es cierto. Aunque nuestros críticos tienden a exagerar extremadamente nuestros defectos, algunos grupos pentecostales tristemente sí calzan con el estereotipo común a nuestro movimiento, pues tienden a hablar incesantemente acerca de los fenómenos espirituales y no mucho acerca de Cristo. Los Evangelios y Hechos, por supuesto, enfatizan las señales, pero estas señales siempre honran a Jesús y buscan llamar la atención hacia Él. La adoración cristiana y la enseñanza deben atraer la atención más que todo hacia Jesús y su muerte por nosotros y su resurrección.

A pesar de las advertencias de muchos líderes, hay círculos donde la gente cultiva particularmente la emoción y las respuestas físicas. Muchos pentecostales parecen reducir al Espíritu de Dios a una fuerza o un sentimiento. Y, aunque las reacciones emocionales o físicas podrían acompañar la obra de Dios, en otras ocasiones podrían ser falsas. Uno debería evaluar el avivamiento por otros criterios bíblicos. El apóstol Juan nos exhortó: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios” (1 Juan 4:1, LBLA).

Lamentablemente, muchos pentecostales y carismáticos hemos lanzado nuestra teología a los fuegos de la experiencia humana y adorado al falso espíritu que resultó de nuestra propia interpretación personal. Esto ha traído más afrenta que gloria al Espíritu Santo que decimos adorar. Aunque la emoción y la celebración son bíblicas, muchos de nosotros hemos sido testigos de abusos a lo largo de los años. Muchas enseñanzas populares en la actualidad sobre la guerra espiritual, el gobierno de la iglesia y así sucesivamente descansan en “revelaciones” extrabíblicas que deben ser examinadas más cuidadosamente. Por lo menos algunas de estas enseñanzas van en contra de la Biblia, y muchas de las otras parecen en el mejor de los casos irrelevantes al ministerio práctico para el reino.

Para empeorar las cosas, muchos predicadores pentecostales han enseñado aberraciones teológicas y litúrgicas como la risa santa, el vómito como señal de liberación, experiencias extáticas, el desmayo sagrado, las danzas convulsivas y otras extravagancias, convirtiéndolas en regla y tratando de reproducir los efectos del Espíritu más que sirviendo y adorando al Señor. Aunque no me atrevo a negar que el Espíritu Santo a veces trabaja de formas que escapan de nuestra comprensión, también debo reconocer que ninguna de estas prácticas es mencionada en la Biblia y, por lo tanto, ninguna de ellas puede ser aceptada como norma o manifestación del Espíritu con total certeza. Desafortunadamente, la experiencia de una generación (o algunas veces sus caprichos) se convierte en la tradición de la siguiente generación y el legalismo de la generación que viene tras ella. Jamás debemos olvidar que no todo legado heredado de nuestros antecesores es útil; es la palabra y el Espíritu lo que necesitamos. El Espíritu y sus manifestaciones jamás van a contradecir lo que dice la Biblia.

Los pentecostales necesitamos despertar y reconocer, sin abandonar nuestro pentecostalismo, que toda manifestación espiritual debe ser probada y ejercitada a la luz de la Biblia. Y, en cuanto a las manifestaciones espirituales, la Biblia nos llama al orden y la decencia:

“¿Qué concluimos, hermanos? Que, cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia. Si se habla en lenguas, que hablen dos —o cuando mucho tres—, cada uno por turno; y que alguien interprete. Si no hay intérprete, que guarden silencio en la iglesia y cada uno hable para sí mismo y para Dios. En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás examinen con cuidado lo dicho. Si alguien que está sentado recibe una revelación, el que esté hablando ceda la palabra. Así todos pueden profetizar por turno, para que todos reciban instrucción y aliento. El don de profecía está bajo el control de los profetas, porque Dios no es un Dios de desorden, sino de paz… Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor. Si no lo reconoce, tampoco él será reconocido. Así que, hermanos míos, ambicionen el don de profetizar, y no prohíban que se hable en lenguas. Pero todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden.” (1 Corintios 14:26-39, NVI)

Nótese que Pablo no manda cesar con las manifestaciones espirituales, sino más bien exhorta al orden en el ejercicio legítimo de los mismos: “Empéñense en seguir el amor y ambicionen los dones espirituales, sobre todo el de profecía.” (v. 1). Los corintios poseían dones espirituales legítimos, aunque los ejercitaban de forma incorrecta. Esto es, con exactitud, lo que ocurre actualmente con la iglesia pentecostal del siglo XXI. ¿La solución? Ciertamente no es dejar de creer en las manifestaciones espirituales o de negarnos a ejercitar los dones del Espíritu. La solución es hacerlo “de una manera apropiada y con orden” (v. 39).

Por eso, preguntémonos: Si el Señor Jesús o el apóstol Pablo entraran a nuestras iglesias pentecostales hoy ¿Qué encontrarían? ¿Se sentirían cómodos en medio de nosotros o se avergonzarían del trato que le damos al Espíritu Santo y de nuestra liturgia? Necesitamos reevaluar nuestras prácticas o seguiremos dañando la causa de Cristo y trayendo afrenta al Espíritu Santo y sus verdaderas manifestaciones. Es por nuestra falta de orden y decencia en la adoración, así como por las muchas payasadas irreverentes y las doctrinas torcidas que se han infiltrado en algunas iglesias pentecostales-carismáticas, que nuestros hermanos no pentecostales han llegado a considerar nuestro estilo de adoración y nuestra teología como igual, o peor, al fuego extraño ofrecido por Nadab y Abiú, los irreverentes y profanos hijos de Aarón:

“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, pusieron carbones encendidos en sus incensarios y encima esparcieron incienso. De esta manera, desobedecieron al Señor al quemar ante él un fuego equivocado, diferente al que él había ordenado. Como consecuencia, un fuego ardiente salió de la presencia del Señor y los consumió por completo, y murieron ahí ante el Señor.” (Levítico 10:1-2, NTV).

 Lo que le pasó a Nadab y Abiú bien podría pasarnos a nosotros también. Es hora de que alguien empiece a hablar claro. Líderes pentecostales valientes y piadosos como David Wilkerson (1931-2011) y B.H. Clendennen (1922-2009) han predicado contra tales inmundicias a lo largo de las últimas décadas. Pero ellos ya no están entre nosotros, se han ido a casa con el Señor. Todo depende de nosotros ahora. El futuro nos espera. Dios nos ha dado una boca. ¡A usarla para su gloria! ¡Es hora de apagar todo el fuego extraño que se hace en el nombre del Señor!

 INTRODUCCIÓN.

Concluyo afirmando lo siguiente: Muchos de nosotros, los pentecostales, estamos en contra de las mismas cosas que nuestros hermanos no pentecostales suelen criticar de nuestras iglesias: Música desenfrenada y sin sentido que repite la misma línea o coro una y mil veces; una adoración sin inteligencia, la religión del “yo, yo, yo” que se basa totalmente en nuestros caprichos y sentimientos; predicadores manipuladores que chupan a la gente su dinero arduamente ganado; la falta de rendición de cuentas de tantos ‘profetas’ itinerantes; herejías desvergonzadas que van tan lejos como para negar incluso los fundamentos de la fe (es decir, la naturaleza trina de Dios, las dos naturalezas de Cristo, la salvación por la fe sola, etc.), una tendencia generalizada a decir “Dios me dijo” cuando Dios nunca le dijo nada; el liderazgo abusivo; una clara desviación de los mandamientos explícitos de la Escritura; y sermones que son poco más que ‘mensajes motivacionales’ en lugar de serias exposiciones del texto bíblico. Y la lista sigue y sigue… Por lo que es tiempo de lavar los trapos sucios.

La tarea de limpiar el pentecostalismo de toda herejía, excesos y desviaciones no será fácil. Debido a que los pentecostales carecemos de alguna estructura de autoridad dominante, es difícil para cualquiera controlar lo que sucede entre algunos grupos pentecostales. Pero tampoco podemos callarnos. Ayudemos a nuestros hermanos no pentecostales a descubrir que generalizar sobre nosotros es un grave error. No todos los pentecostales creemos en la confesión positiva, ni todos creemos en el evangelio de la prosperidad, tampoco todos apoyamos la Nueva Reforma Apostólica, ni promovemos la inclusión de danzas extravagantes ni una adoración escandalosa pero vacía teológicamente. No todos somos anti-intelectuales, emocionalistas o desordenados. Es tiempo de abrir nuestros ojos y reflexionar en lo que está pasando dentro de nuestras iglesias.