Arminianismo Clásico, Calvinismo

Calvinismo: Una distorsión de la fe cristiana histórica

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Fue la Reforma Protestante del s. XVI un retorno pleno, completo y acabado hacia el cristianismo primitivo? No. Afirmar tal cosa sería faltar a la verdad. Sin embargo, los denominados reformados o calvinistas (una de las vertientes de la Reforma Protestante) sostienen arrogantemente ser la versión más pura y bíblicamente correcta de cristianismo. Ante tal presunción, es justo preguntarnos: ¿Es el calvinismo la restauración moderna de la doctrina y prácticas de la Iglesia Primitiva? ¡Absolutamente no! Ya sea que sus defensores lo admitan o no, afirmar que el calvinismo es la misma fe enseñada por Jesús y sus apóstoles no solo es arrogante, sino una deshonestidad total. Una deshonestidad que, por cierto, muchos “cristianos reformados” están dispuestos a cometer.

EL ERROR CALVINISTA.

Juan Calvino, considerado por muchos el más grande teólogo protestante de la historia y padre del sistema teológico que hoy lleva su nombre, cometió un grave error al elaborar su sistema teológico: Creyó equivocadamente que las enseñanzas de Agustín de Hipona, un “Padre de la Iglesia Católica”, eran las mismas que tenían los cristianos primitivos. Cuando los escritos de los cristianos primitivos se hicieron disponibles, las doctrinas de la Reforma ya se habían fijado, y nadie tenía el valor de cambiarlas. Por eso, en muchos sentidos, el calvinismo no fue un retorna a la fe bíblica ni un redescubrimiento de esta. Por el contrario, solo logró perpetuar en su teología las ideas de Agustín de Hipona y anteponer su interpretación privada del texto a la Biblia misma.

Calvino instauró una dictadura teocrática bajo la promesa de convertir a Ginebra en la “Ciudad de Dios.” Dictaba leyes y asesinaba a los humanistas en nombre de la Reforma. Distinguía a Calvino la intolerancia religiosa hacia quienes profesaban ideas distintas. Por orden suya fue quemado en la hoguera el científico español Miguel Servet (1553). La condena de Servet (condenado por antitrinitario y contrario el bautismo de infantes), si bien ejemplar, no fue ni la única ni la última de Calvino. El mismo Casiodoro de Reina (traductor de la famosa Biblia que lleva su nombre) fue perseguido por los calvinistas y tildado de hereje por oponerse a la ejecución de Servet y afirmar que las diferencias de opinión entre cristianos nunca deberían llevar a que algunos, con el respaldo del gobierno, impongan sus convicciones a otros, y menos que recurran a la pena de muerte para extirpar a los que piensan distinto en materia teológica. Pero Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”.

Al estudiar la vida de Juan Calvino podemos notar algo: Aunque sus obras fueron notables, se distanció mucho del espíritu y teología de la iglesia primitiva. Como ya se dijo, Calvino creyó erróneamente que el agustinianismo era la creencia de la iglesia primitiva; empleó la fuerza del Estado para imponer sus ideas; mostró intolerancia hacia ideas opuestas a las suyas (persiguiendo incluso a otros cristianos con ideas distintas a él) y marcó la teología protestante para siempre.

Desde entonces, la teología calvinista o reformada ha marcado el pensar del mundo cristiano, llevando a considerar herejes y mostrando intolerancia hacia sus hermanos creyentes que rechazan la intromisión del agustinianismo en el movimiento evangélico moderno.

LA IGLESIA PRIMITIVA Y SUS ENSEÑANZAS CONTRADICEN LA TEOLOGÍA CALVINISTA Y SUS POSTULADOS.

Los cristianos primitivos no creían en la predestinación, la gracia irresistible, la elección incondicional, la expiación limitada, ni la perseverancia final de los santos como lo entiende el calvinismo de hoy. A diferencia del calvinismo, los cristianos primitivos creyeron firmemente en el libre albedrío y el sinergismo evangélico enseñado por el arminianismo.

Por ejemplo, Justino Mártir (n. 100 d.C. – m. 168 d.C.), uno de los primeros apologistas cristianos, propuso el siguiente argumento a los romanos: “Hemos aprendido de los profetas, y lo afirmamos nosotros, que los correctivos, los castigos y los galardones se miden conforme al mérito de los hechos de cada uno. De otra manera, si todo sucediera sólo por suerte, no hubiera nada a nuestro poder. Porque si un hombre se predestinara a lo bueno y otro a lo malo, el primero no mereciera la alabanza ni el segundo la culpa. Si los hombres no tuvieran el poder de evitar lo malo y de escoger lo bueno según su propia voluntad, no fueran responsables por sus hechos, sean buenos o malos… Porque el hombre no sería merecedor de recompensa o alabanza si él mismo no escogiera lo bueno, o si sólo fuera creado para hacer lo bueno. De igual manera, si un hombre fuera malo, no merecería el castigo, ya que él mismo no hubiera escogido lo malo, siendo él capaz de hacer sólo lo que fue creado para hacer.”[1]

Clemente de Alejandría (n. 150 d.C. – m. 217 d.C.) escribió de semejante manera: “Ni alabanza ni condenación, ni recompensa ni castigo, sería justo si el hombre no tuviera el poder de escoger [lo bueno] y evitar [lo malo], si el pecado fuera involuntario.”[2]

Arquelao, obispo de Kashkar, en Mesopotamia (n. desconocido – m. 282 d.C.), escribiendo pocos años después, dijo lo mismo: “Toda la creación de Dios, Dios la hizo muy bien. Y él ha dado a cada persona el poder del libre albedrío, y por la misma norma ha instituido la ley de juicio… Y por cierto todo el que quiera, puede guardar sus mandamientos. Pero el que los desprecia y se vuelve en contra de ellos, sin duda alguna tendrá que hacer frente a esa ley de juicio… No cabe duda de que cada persona, utilizando el poder de su libre albedrío, puede fijar su camino en la dirección que él quiera.”[3]

Metodio de Olimpo, obispo y mártir cristiano (nacido en Licia, Asia Menor, en el siglo III y martirizado en Calcide di Eubea, Grecia Central, hacia el año 311 d.C.), escribió de semejante manera: “Aquellos [paganos] que deciden que el hombre no tiene libre albedrío, sino afirman que se gobierna por las disposiciones inevitables de la suerte, son culpables de impiedad ante el mismo Dios, ya que le hacen la causa y el autor de las maldades humanas.”[4] ¿Acaso no suena como si se dirigiera a algunos calvinistas de hoy en día, que hacen a Dios responsable de todo mal y pecado humano?

Los cristianos primitivos se oponían a las ideas paganas (que luego llegaron a ser agustinianas, y más adelante calvinistas) sobre la predestinación o elección incondicional. Ellos eran fieles defensores del libre albedrío humano, la gracia resistible, la expiación ilimitada y la posibilidad de caer del estado de gracia. Los cristianos primitivos no creían en el libre albedrío sin base, sino se basaron firmemente en las siguientes Escrituras y otras semejantes:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3.16).

 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9).

 “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22.17).

 “Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30.19).

De esta manera, vemos que en el principio era el mundo pagano, y no los cristianos, quienes creían en la predestinación. Mas, en una de las peculiaridades de la historia cristiana, tanto Agustín (un Padre de la Iglesia Católica) como Calvino (el padre de los que se dicen cristianos reformados) apoyaron la noción fatalista del mundo pagano y se opusieron a los cristianos primitivos.

A diferencia de Agustín y Calvino, los cristianos primitivos tuvieron explicaciones lógicas y bíblicas para explicar la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre como dos principios complementarios, no contradictorios. Por contraste, eran los gnósticos paganos quienes enseñaban que los humanos somos predestinados arbitrariamente o para la salvación o para la condenación. En su obra titulada, De los puntos principales, Orígenes (n. Alejandría, 185 – m. Tiro o Cesarea Marítima, 254), considerado un padre de la Iglesia oriental, destacado por su erudición y estimado como uno de los tres pilares de la teología cristiana, escribe de muchos de los argumentos de la biblia que los gnósticos usaban. Contestó muchas de las preguntas acerca del libre albedrío y de la predestinación que sus discípulos le hicieron al respecto. Orígenes escribió:

“Una de las doctrinas enseñadas por la iglesia es la del juicio justo de Dios. Este hecho estimula a los que creen en él para que vivan piadosamente y que eviten el pecado. Reconocen que lo que nos trae o alabanza o culpa está dentro de nuestro poder. Es nuestra responsabilidad vivir en justicia. Dios exige esto de nosotros, no como si dependiéramos de él, ni de otro, ni de la suerte (como creen algunos), sino como si dependiera de nosotros mismos. El profeta Miqueas demostró eso cuando dijo: ‘Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia’ [Miqueas 6.8]. Moisés también dijo: ‘Yo he puesto delante de ti el camino de la vida y el camino de la muerte. Escoge lo bueno y sigue en él’ [Deuteronomio 30.15, 19]. Tome en cuenta cómo nos habla Pablo de manera que da a entender que tenemos libre albedrío y que nosotros mismos somos causa o de nuestra ruina o de nuestra salvación. Él dice: ‘¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino obedecen a la injusticia’ [Romanos 2.4-8]. Pero hay ciertas declaraciones en el Antiguo Testamento como también en el Nuevo que pudieran hacernos concluir lo contrario: Que no depende de nosotros o el guardar sus mandamientos para ser salvos, o el desobedecerlos para perdernos. Así que, examinémoslos uno por uno. Primero, las declaraciones en cuanto a Faraón han causado dudas en muchos. Dios dijo varias veces: ‘Yo endureceré el corazón de Faraón’ [Exodo 4.21]. Claramente, si Faraón fue endurecido por Dios y pecó como resultado de ese endurecimiento, él no fue responsable por su pecado. Y no tuvo libre albedrío. Vamos a añadir a este pasaje otro que escribió Pablo: ‘Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?’ [Romanos 9.20-21]. Ya que sabemos que Dios es tanto bueno como justo, veamos cómo el Dios bueno y justo pudo endurecer el corazón de Faraón. Tal vez por un ejemplo usado por el apóstol en la epístola a los Hebreos podemos ver que, en una sola obra, Dios puede mostrar misericordia a un hombre mientras endurece a otro, sin la intención de endurecerlo. ‘La tierra’, dice él, ‘bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa al agricultor, por la bendición de Dios. Pero la que produce espinos y abrojos no tiene valor, y está próxima a ser maldecida. Su fin es el ser quemada’ [Hebreos 6.7-8]. Tal vez nos parezca raro que aquel que produce la lluvia dijera: ‘Produzco tanto los frutos como también los espinos de la tierra’. Mas, aunque raro, es cierto. Si no hubiera lluvia, no hubiera ni frutos ni espinos. La bendición de la lluvia, por tanto, cayó aun sobre la tierra improductiva. Pero ya que estaba descuidada y no cultivada, produjo espinos y abrojos. De esta manera, las obras maravillosas de Dios son semejantes a las lluvias. Los resultados opuestos son semejantes a las tierras o cultivadas o descuidadas. También las obras de Dios son semejantes al sol, el cual pudiera decir: ‘Yo hago suave y hago duro’. Aunque estas acciones son opuestas, el sol no hablaría mentira, porque el calor que suaviza la cera es el mismo que endurece el lodo. De semejante manera, por una parte, los milagros hechos por mano de Moisés endurecieron a Faraón a causa de la maldad de su corazón. Pero suavizaron a la multitud egipcia, que salió de Egipto con los hebreos [Exodo 12.38]. Veamos a otro pasaje: ‘Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia’ [Romanos 9.16]. Aquí Pablo no niega que los humanos tenemos que hacer algo. Sino alaba la bondad de Dios, quien lleva lo que se hace a su fin deseado. El sencillo deseo humano no basta para alcanzar el fin. Solo el correr no basta para que el atleta gane el premio. Tampoco basta para que los cristianos ganemos el premio que da Dios por Cristo Jesús. Estas cosas se llevan a cabo sólo con la ayuda de Dios. Como si hablara de la agricultura, Pablo dice: ‘Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo da Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento’ [1 Corintios 3.6-7]. Ahora pudiéramos decir con razón que la cosecha del agricultor no es trabajo sólo del agricultor. Tampoco es trabajo sólo del que riega. Al fin y al cabo, es trabajo de Dios. Así mismo, no es que no tengamos nada que hacer para que nos desarrollemos espiritualmente a la perfección. Mas, con todo, no es obra de sólo nosotros, porque Dios tiene una obra aun más grande que la nuestra. Así es en nuestra salvación. La parte que hace Dios es muchísimo mayor que la nuestra.”[5]

Aunque no creyeron en la predestinación, los cristianos primitivos creyeron fuertemente en la soberanía de Dios y en su habilidad de prever el futuro. Por ejemplo, entendieron que las profecías de Dios acerca de Jacob y Esaú (Romanos 9.13 y Génesis 25.23) resultaron de esta habilidad de prever el futuro, y no de una predestinación arbitraria de los hombres a una suerte fija. Vieron que hay una gran diferencia entre el prever algo y el causarlo. Para pesar de los calvinistas más obstinados, esto suena a arminianismo ¡Y era la doctrina de la iglesia cristiana primitiva!

LA IGLESIA PRIMITIVA, ENEMIGA MORTAL DEL CALVINISMO.

Los cristianos primitivos no creían en la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos o seguridad eterna del creyente (una vez salvo, siempre salvo). Por el contrario, los cristianos primitivos reconocían la posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación. Tampoco sostenían que la gracia fuera irresistible, que la elección fuera incondicional o que la expiación fuera limitada. En otras palabras, ellos no eran calvinistas.

La Didaché (o Didajé), considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento (estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.), señala que de nada servirá haber tenido fe durante toda la vida si en el último momento nos apartamos: “Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir el Señor. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.”[6]

Tal afirmación lleva implícita la posibilidad de caer de la gracia. En otras palabras: Ni la gracia es irresistible ni es imposible caer de ella por apostasía o pecado deliberado y habitual. La doctrina calvinista simplemente no cabía en la mentalidad cristiana primitiva.

Clemente Romano (un cristiano insigne de finales del siglo I, uno de los llamados Padres apostólicos y quien fuera obispo de Roma), también advierte sobre el peligro de perder la salvación, por lo que advierte que para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos: “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta digna de Él, lo que es bueno y agradable en su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura: El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos del vientre… Consideremos cuan cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos del puesto que su voluntad nos ha asignado.”[7]

Nótese que en el texto anterior Clemente reconoce que se puede caer del estado de gracia y condenarse, a diferencia de la doctrina calvinista. La posibilidad de la apostasía, y con ella la pérdida de la salvación, fue enseñada por los cristianos primitivos:

“Ahora, pues, como sea cierto que todo es por Él visto y oído, temámosle y demos de mano a los execrables deseos de malas obras, a fin de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros. Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa mano? ¿qué mundo acogerá a los desertores de Dios?”[8]

“…Porque vive Dios y vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo ése será ordenado y escogido en el número de los que se salvan por medio de Jesucristo…”[9]

Para Ignacio de Antioquía, uno de los padres apostólicos por su cercanía cronológica con el tiempo de los apóstoles (n. 35 d.C. – m. entre 98-110 d.C.), no bastaba proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta el final. El premio del atleta de Dios es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de su perseverancia y fidelidad. También establece que la salvación está a disposición del hombre que, por su libre albedrío, elige entre la vida y la muerte:

“Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.”[10]

“Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.”[11]

Justino Mártir, el gran apologeta cristiano, quien tenía una perspectiva clara del libre albedrío y con casi 1.400 años de antelación, rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente un títere que no puede resistir la gracia (de donde concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó la gracia sobre él sino que le abandonó a su maldad). Justino afirmó:

“De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser así, sino que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni este vituperio. Y si el género humano no tiene poder para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga. Mas que el hombre es virtuoso y peca por libre elección, lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad, no podría decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad son puras palabras y que sólo por opinión se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompensa y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos, que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este caso no sería digno de recompensa o alabanza, no habiendo por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.”[12]

Para Ireneo (n. Esmirna Asia Menor, c. 130 – m. Lyon, c. 202), obispo de la ciudad de Lyon y considerado como el más importante adversario del gnosticismo del siglo II, la gracia también es resistible porque Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por propia elección, al igual que el que se salva es porque persevera en la fe:

“Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mateo 23,37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio, no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo da testimonio en su Carta a los romanos: «¿Acaso desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la ira para el día de la cólera, cuando se revelará el justo juicio de Dios» (Romanos 2,4-5). En cambio, dice: «Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10). Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y la justicia… Por este motivo los profetas exhortaban a todos a obrar con justicia y a hacer el bien, como muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien por medio de los profetas.”[13]

Ireneo enfatiza también que la salvación final del creyente implica esfuerzo y lucha:

“Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan», quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta a competir por la corona de la incorrupción; y a que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo el Reino de los cielos es más valioso para quienes conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanta más gloria tendremos ante Dios.”[14]

Rechaza además lo que se conocería más de un milenio después como la doctrina de Salvo siempre Salvo:

“Por eso decía aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios, y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados, sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en las ramas del olivo y recibes de su savia»”.[15]

Hilario, nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers (Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367, habla de cómo el perseverar en la fe es también un don de Dios, pero eso no excluye el libre albedrío:

“Perseverar en la fe es un don de Dios, pero el primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo haga. Dios le dará el aumento después que ha sido hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa el comienzo en vista de haber sido hecho libremente”[16]

“La debilidad humana es impotente si espera lograr algo por sí misma. El deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo, sin embargo, es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la perfección.”[17]

Atanasio, nacido alrededor del año 296 y fallecido el 2 de mayo del año 373, en su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25 del tercer discurso declara que es posible caer del estado de gracia y perder la salvación al cometer pecados graves:

“Cuando entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a como esté dispuesto, de lo contrario, si el que ha caído no está más en Dios (porque el Espíritu Santo y Paráclito que está en Dios lo ha abandonado) pero el pecador estará en aquel que lo ha sometido, como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo afligía.”[18]

Cirilo de Jerusalén (n. 315 d.C. – m. 386 d.C.) concibe la salvación desde una perspectiva completamente opuesta a los calvinistas. Para salvarse se requiere perseverar unido a Cristo como el sarmiento a la vid, de lo contrario la posibilidad de que Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es por eso por lo que al cristiano le corresponde aportar fruto para no ser cortado:

“Eres hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces, serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente. Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras. «Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, confió en el amor de Dios para siempre jamás». No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador de la luz. Lo propio de él es plantar y regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando la recibas.”[19]

Basilio, (n. 330 – m.1 de enero, 379), conocido como Basilio el Magno y quien fuera obispo de Cesarea, reconoció que aquellos que se salven serán aquellos que se mantengan fieles hasta el fin. Habló también de como aquellos que reciben al Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a vivir una vida pecaminosa:

“Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu hasta el día de la redención, y preservaron puros e intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de muchas cosas». De la misma manera que los que han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus caminos, o no han forjado para él lo que Él les dio, serán privados de lo que han recibido, y su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos – cuyo significado es ser separados del Espíritu.”[20]

Jerónimo (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420), conocido también como Jerónimo de Estridón y quien tradujo la Biblia del griego y del hebreo al latín declaró que los creyentes pueden caer del estado de gracia y perder su salvación por medio de las elecciones de su libre albedrio. Aquellos que por medio de la gracia soporten las pruebas recibirán la corona de la vida:

“No va de acuerdo a la justicia divina olvidar las buenas obras, y las acciones que has ministrado y ministras a los santos por su nombre, y para recordar solamente los pecados. El apóstol Santiago también, a sabiendas de que los bautizados pueden ser tentados, y caer de su propia libre elección, dice «Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando ha sido aprobado recibirá la corona de la vida que el Señor les prometió a quienes le aman». Y que no podemos pensar que somos tentados por Dios, como leemos en el Génesis que Abraham fue, añade: «Que nadie diga cuándo es tentado, es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte». Dios nos creó con libre albedrío, y no somos forzados por la necesidad ni a la virtud ni al vicio. De lo contrario, si no estamos obligados por necesidad, no hay corona. Como en las buenas obras es Dios quien los trae a la perfección, ya que no es de quien quiera, ni de lo que corre, sino de Dios que piadosamente nos ayuda a ser capaces de llegar a la meta.”[21]

Como un dato curioso, vale la pena mencionar que el mismo Agustín de Hipona, a quien Calvino y sus seguidores frecuentemente citan en defensa de sus puntos de vista (y en cuyas enseñanzas descansa la estructura completa del calvinismo), rechazaba la posición calvinista y declara que es el hombre por su propia elección quien pierde la gracia y se hace malvado. Esto es contrario a la enseñanza de Calvino, quien afirmaba que quienes no fueron predestinados nunca recibieron la gracia, porque de haberla recibido, no pudieran resistirla y se salvarían:

“Pero si alguien ya regenerado y justificado tendría, por voluntad propia, que recaer en su mala vida, ciertamente ese hombre no puede decir: Yo no lo he recibido; porque él perdió la gracia que él recibió de Dios y por su propia libre elección se hizo malvado.”[22]

Debe ser triste para un calvinista descubrir que ni siquiera Agustín de Hipona, el verdadero padre del calvinismo, creía plenamente en él, pero esa es la realidad. Lo que hoy llamamos calvinismo no es más que una distorsión del cristianismo bíblico. Nunca nadie en la iglesia primitiva, ni en los siglos posteriores a la muerte de los apóstoles, creyó en lo que se conoce como los 5 puntos del calvinismo (TULIP). Tales doctrinas hubieran sido, y de hecho lo fueron, consideradas herejías.

CONCLUSIÓN.

Aquel calvinista que, sinceramente y sin prejuicios, se ha tomado el tiempo de estudiar la Biblia, la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina calvinista no solo no fue creída por la iglesia primitiva, sino explícitamente rechazada. ¿Cómo podría ocurrir esto de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que la Iglesia primitiva, y luego los cristianos de los siglos posteriores, no entendían la Biblia? Aún siglos antes del surgimiento del calvinismo, la doctrina calvinista era rechazada como herética. Y es que un estudio de los textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiásticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, nos enseña que la Iglesia primitiva y de siglos posteriores creía que:

  • El hombre, aunque tiene libre albedrío, no puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia (sinergismo). Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios.
  • Dios llama a todos los hombres a la salvación y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo, porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se condenan lo hacen por su propia voluntad. Por la tanto, no hay tal cosa como una elección incondicional, tampoco gracia irresistible ni mucho menos expiación limitada.
  • La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer. Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo otro, y ni siquiera tiene la iniciativa para hacerlo.
  • Así, la salvación es por gracia, pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de nuestra libertad o libre albedrio.
  • Por medio de la fe el hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado justo sino hecho justo (regenerado).
  • Luego el hombre justificado movido por la gracia debe vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero es libre de no hacerlo y caer del estado de gracia de Dios. Por ende, la gracia es resistible y la salvación puede perderse.
  • El determinismo, fatalismo o predestinación (tal como es entendida por los calvinistas de hoy), no es una doctrina bíblica. Por el contrario, la iglesia primitiva luchó contra los paganos (principalmente gnósticos) para contrarrestar dicha doctrina.

A la luz de lo anterior ¿Podríamos decir que las doctrinas de iglesia cristiana primitiva y del calvinismo son las mismas? Ciertamente no. ¿Puede un calvinista fundamentar históricamente la validez de su doctrina? No lo creo. Al menos no honestamente. El calvinismo es apenas una innovación teológica nacida hace 500 años, rescatada del fango doctrinal del catolicismo romano a través de Agustín, pero nunca creída por la Iglesia Primitiva, Jesús o sus apóstoles.

REFERENCIAS:

[1] Justino, First Apology, capítulo 43.

[2] Clemente, Stromata/Miscellanies, tomo 1, capítulo 17.

[3] Arquelao, Disputation with Manes, secciones 32, 33.

[4] Metodio, The Banquet of the Ten Virgins, discurso 8, capítulo 16.

[5] Orígenes, First Things, tomo 3, capítulo 1, acortado.

[6] La Didaché 16,1-2, Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición. Daniel Ruiz Bueno, BAC 65, pág. 92-93.

[7] Clemente a los Corintios XXI,1-4, Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición, pág. 198.

[8] Clemente a los Corintios XXVIII,1-2, Ibid. pág. 204.

[9] Clemente a los Corintios LVIII,2, Ibid. pág. 231.

[10] Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2, Ibid. pág. 500-501.

[11] Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2, Ibid. pág. 462.

[12] Justino Mártir, Primera Apología 43.1-8, Ibid pág. 228-229.

[13] Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,1-2.

[14] Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7.

[15] Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2.

[16] Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]: Nun, 20, Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol I, pág. 386.

[17] Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]: Ain,10 Ibid. pág. 386-387.

[18] Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3,25, Traducido desde Athanasius,Discourse Against the Arrians,3:25 in NPNF2, Vol IV:407.

[19] Cyril of Jerusalem,Catechetical Lectures,I:4,NPNF 2,Vol. VII, 7.

[20] Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVI,40; Traducido de De Spiritu Sancto Chap. XVI, 40 NPNP 2 Vol VIII, p. 25.

[21] Against Jovinian, Book II, 3; NPNF 2, Vol. VI.

[22] Agustín de Hipona, Amonestación y Gracia 6,9. Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol III, William A. Jurgens, pág. 157.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Sin categoría

Calvinismo: ¿Fe reformada o retorno a viejas doctrinas católicas?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El calvinismo (a veces llamado tradición reformada, la fe reformada o teología reformada) es un sistema teológico protestante y un enfoque de la vida cristiana que pone el énfasis en la soberanía de Dios sobre todas las cosas. Esta vertiente del cristianismo protestante es así nombrada en relación al reformador religioso francés del siglo XVI Juan Calvino, quien sistematizó muchas de las más conocidas doctrinas que forman parte de la teología reformada. Si bien la tradición reformada fue desarrollada por teólogos como Martin Bucer, Heinrich Bullinger, Pietro Martire Vermigli, Ulrico Zuinglio, Teodoro de Beza y Guillaume Farel (e influyó en reformadores británicos como Thomas Cranmer y John Knox), debido a la gran influencia y al papel de Juan Calvino en los debates confesionales y eclesiásticos del siglo XVII, la tradición llegó a conocerse con el nombre de calvinismo. Hoy en día, el término designa también las doctrinas y prácticas de las Iglesias reformadas.

¿QUIÉN FUE JUAN CALVINO?

Juan Calvino (Jean Cauvin o Calvin; Noyon, Francia, 1509 – Ginebra, 1564) fue un teólogo y reformador protestante. Educado en el catolicismo, cursó estudios de teología, humanidades y derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante (Las Institución de la Religión Cristiana), que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes.

En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil. Un Consistorio de ancianos y de pastores, dotado de amplios poderes para castigar, vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.

La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Muerto Ulrico Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica. El calvinismo superó pronto en influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y Alemania.

Calvino finalmente falleció a la edad de 54 años, en mayo de 1564, en brazos de Teodoro de Beza, su sucesor. Su cuerpo fue expuesto al público, pero ante la afluencia de visitantes, los reformadores temieron ser acusados de promover la veneración de santos. Por lo que es enterrado al día siguiente en una tumba anónima, en el Cementerio de los Reyes de Ginebra. Se desconoce la ubicación exacta de la tumba, pero se colocó una piedra funeraria en el siglo XIX para marcar la ubicación tradicionalmente considerada como su lugar de descanso.[1]

Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. A pesar de ser considerado uno de los más grandes reformadores de la historia, Calvino tenía un lado muy oscuro. Muchos calvinistas desconocen, o ignoran voluntariamente, los hechos que cualquier historiador secular y honesto podría constatar. Intencionalmente, muchos ocultan que Calvino, habiendo dispuesto ser instalado como un líder protestante en Ginebra, Suiza, estableció una dictadura, convirtiéndose en un autócrata civil y religioso. La ciudad de Ginebra fue apodada la Roma protestante, mientras que a Calvino se le llamaba el Papa de la Reforma. Así que rompió con las verdaderas intenciones de la Reforma, y estableció una teocracia protestante. Su iglesia creía ser la depositaria de la única verdad. Calvino nunca podía considerar cualquier opinión contraria o diferente, o cualquier disidencia doctrinal o en asuntos políticos, declarando que eran un crimen contra el Estado y la Iglesia. Como tales, merecían ser castigados por la autoridad civil con la mayor severidad y crueldad.

No había límite al poder de Calvino. Ejercía su autoridad y hegemonía, y cualquier persona que persistía con enseñanzas heterodoxas tenía que morir en la hoguera. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”. Calvino logró destruir los lazos normales entre las personas y la decencia simple, induciéndolos a espiar a los demás. Su método de intimidación y terror fue perfeccionado a fin de mantener el control de todas las actividades menores.

Se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas, inspiradas por él, con las de inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas. Entre éstas destaca la doctrina de la predestinación: según Calvino, Dios ha decidido de antemano quiénes se salvarán y quiénes no, con independencia de su comportamiento en la vida; el hombre se salva si ha sido elegido para ese destino por Dios; y las buenas obras no constituyen méritos relevantes a ese respecto, sino una conducta también prevista por el Creador. Quienes han sido destinados a la salvación han sido también destinados a llevar una vida recta; curiosamente, esta doctrina produjo entre los creyentes calvinistas un efecto moralizante, caracterizándose dichas comunidades por un extremado rigor moral y una dedicación sistemática al trabajo, como Calvino prescribió. Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo con interés (en contraste con los católicos y con los luteranos) han permitido que desde Max Weber algunos historiadores vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el desarrollo de la moderna economía capitalista.

FUENTES DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA: ¿CALVINISMO O AGUSTINIANISMO?

Las ideas de Calvino, sin embargo, están lejos de ser originales. Juan Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín de Hipona, Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430), un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín exclusivamente para ciertas doctrinas como la predestinación. Por ejemplo, como Calvino señala en su De aeterna Dei Praedestinatione (1552), él basó su doctrina de la predestinación sobre la evidencia de los libros de Agustín. Las tabulaciones hechas por estudiosos han mostrado en la Opera Omnia de Calvino, más de 3.200 referencias explícitas a los padres de la iglesia; de estas, más de 1700 son referencias de citas de Agustín. Los números aumentan cuando se toman en cuenta las veces que Calvino hace eco o alude al mismo.

No hay duda que Calvino impuso sobre la Biblia ciertas interpretaciones erróneas de origen católico romano. Muchos líderes calvinistas están de acuerdo en que los escritos de Agustín fueron la fuente real de la mayoría de lo que hoy se conoce como Calvinismo. Los calvinistas David Steele y Curtis Thomas señalan que “las doctrinas básicas de la posición calvinista habían sido fuertemente defendidas por Agustín contra Pelagio durante el quinto siglo”.[2] En su revelador libro, “El otro lado del Calvinismo”, Laurence M. Vance documenta minuciosamente que “Juan Calvino no originó las doctrinas que llevan su nombre…”.[3]

Para este mismo efecto Vance cita numerosos calvinistas. Por ejemplo, Kenneth G. Talbot y W. Gary Crampton escriben, “el sistema de doctrina que lleva el nombre de Juan Calvino en ninguna manera lo origino él…”.[4] B. B. Warfield declaró, “el sistema de doctrina enseñada por Calvino es sólo el Agustinianismo común a todo el grupo de los reformadores”.[5] Así también a Agustín se le reconocen muchos credos que salen de la reforma. Esto no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que la mayoría de los reformadores habían sido parte de la iglesia católica romana, de los cuales Agustín fue elogiado como uno sus “Santos” más grandes. Incluso John Piper reconoce que Agustín fue la mayor influencia de Calvino, quien continuó reverenciándolo a él y a sus doctrinas, incluso después de que se separaron del Catolicismo Romano.[6] C. H. Spurgeon admitió que el calvinismo “proviene principalmente de los escritos de Agustín”.[7] Alvin L. Baker escribió, “Casi no hay doctrina de Calvino que no lleve las marcas de la influencia de Agustín”.[8] Por ejemplo, el siguiente escrito hace eco a través de los escritos de Calvino: “Aun cuando los ha nombrado a ser regenerados… a quien él predestino a la vida eterna, como el más misericordioso otorgador de gracia, mientras que a aquellos a quienes él ha predestinado a la muerte eterna, también es el más justo otorgador de castigo”.[9] C. Gregg Singer dijo, “las principales características de la teología de Calvino se encuentran en los escritos de Agustín hasta tal punto que muchos teólogos consideran que el Calvinismo es el desarrollo más completo del Agustinianismo”.[10] Tales declaraciones son sorprendentes ante el hecho indiscutible de que, como señala Vance, la iglesia católica tiene un mayor derecho sobre Agustín que los mismos Calvinistas.[11] Calvino mismo dijo: “Agustín es tan integral conmigo, que si quisiera escribir una confesión de mi fe, podría hacerlo con toda plenitud y satisfacción de sus escritos”.[12]

Las enseñanzas agustinas que Calvino presentó en su Institución de la Religión Cristiana, incluyen la soberanía de Dios como la causa de todo (incluyendo el pecado), la predestinación de algunos para salvación y otros para la condenación, la elección y la reprobación, fe como un irresistible don de Dios — de hecho, todos los conceptos claves del corazón del Calvinismo. Buscamos en vano la evidencia de que alguna vez Calvino desaprobara alguna de las herejías de Agustín. El calvinista Richard A. Muller admite, “Juan Calvino fue parte de una larga línea de pensadores que fundamentaron su doctrina de la predestinación sobre la interpretación agustiniana de Pablo”.[13] En cada edición ampliada de sus escritos, las citas de Calvino dependen más y más de Agustín.

CONCLUSIÓN.

Podría presentar documentación adicional, pero esto debe ser suficiente para trazar brevemente la influencia católico-romana, a través de Agustín, en los escritos y teología de Calvino — y a través de Calvino, en los púlpitos y las casas de los protestantes en toda Europa, Inglaterra y América. No es de extrañar que aquellos que, como Arminio, se atrevieron a cuestionar el calvinismo fueron abrumados por la oposición. Por supuesto, diversos sínodos y asambleas se llevaron a cabo para formular credos aceptados para castigar a los disidentes. Pero las condiciones estaban a favor del calvinismo, y ninguna influencia fue permitida para mitigar este error. El ejemplo supremo de tales abusos fue el infame Sínodo de Dort, un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda en 1618-1619, por la Iglesia Reformada Holandesa, con el objetivo de regular una seria controversia en las Iglesias Holandesas iniciada por el ascenso del arminianismo. La primera reunión del sínodo fue el 13 de noviembre de 1618 y la última, la 154ª fue el 9 de mayo de 1619. Fueron también invitados representantes con derecho de voto venidos de 8 países extranjeros. El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, vocación eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco puntos del calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. El calvinismo había mostrado por fin su verdadera cara: Intolerancia y retorno a las viejas doctrinas de Roma.

REFERENCIAS:

[1] Stepanek, Sally; John Calvin, Chelsea House Publishers, 1987.

[2] David N. Steele and Curtis C. Thomas, the Five points of Calvinism; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1963, 19.

[3] Laurence M. Vance, the Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed., 1999, 37.

[4] Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism, Edmonton, AB: Still Water Revival Books, 1990, 78.

[5] Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 22.

[6] John Piper, the legacy of Sovereign Joy: God’s triumphant Grace in the lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 24-25.

[7] Charles Haddon Spurgeon, ed., Exposition of the Doctrine of Grace, Pasadena, CA: Pilgrim Publications, n. d., 298.

[8] Alvin L. Baker, Berkouwer’s Doctrine of Election: Balance or imbalance?; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1981, 25.

[9] St. Augustine, A treatment On the Soul and its Origins, Book IV, 16.

[10] C. Gregg Singer, John Calvin: His Roots and Fruits; Abingdon Press, 1989, vii.

[11] Vance, Other Side, 40.

[12] John Calvin, “A Treatise on the Eternal Predestination of God,” in John Calvin, Calvin’s Calvinism, trans. Henry Cole; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1987, 38; cited in Vance, Other Side, 38.

[13] Richard A. Muller, Christ and the Decree; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1988, 22.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Teísmo Abierto

El Teísmo Abierto no es Arminianismo

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El “Teísmo Abierto” (también conocido como “apertura teológica” y la “apertura de Dios”), es un intento por explicar la presciencia de Dios en relación con el libre albedrío del hombre. El argumento del teísmo abierto esencialmente es éste:

(1) Los seres humanos son verdaderamente libres.

(2) Si Dios conociera absolutamente todo el futuro, los seres humanos no podrían ser realmente libres.

(3) por lo tanto, Dios no sabe absolutamente todo sobre el futuro.

El Teísmo Abierto sostiene que el futuro es desconocido. Por lo tanto, Dios conoce todo lo que puede ser conocido – pero Él desconoce el futuro. El Teísmo Abierto basa estas creencias en partes de la Escritura donde se describe a Dios como “arrepintiéndose”, o “sorprendiéndose” o “cambiando de parecer” (Génesis 6:6; 22:12; Éxodo 32:14; Jonás 3:10).[1]

ARMINIANISMO Y TEÍSMO ABIERTO.

En general, los teístas abiertos quieren ser considerados arminianos. La mayoría de ellos eran arminianos antes de convertirse en teístas abiertos; por tal razón, todavía se consideran a sí mismos como arminianos. Son pocos los teístas abiertos que saltaron desde una versión de la teología reformada al teísmo abierto. En general, los arminianos se oponen a la inclusión de los teístas abiertos entre sus filas, negándose a tratar el teísmo abierto como una variación del arminianismo. Hay muchas razones para eso.

Entre los evangélicos, el arminianismo ha sido aceptado como una tradición respetable incluso por la mayoría de los evangélicos reformados que están totalmente en desacuerdo con él. Por ejemplo. ¿Quién podría dudar seriamente que John Wesley sea considerado evangélico? Aunque hay algunos calvinistas y luteranos que quisieran hacer exclusivamente suya la etiqueta de “evangélico” y excluir a los arminianos, tal actitud no es vista con buenos ojos por la mayor parte del evangelicalismo moderno. Ya que consideran a los arminianos sus hermanos en la fe. Si el teísmo abierto fuese considerado arminiano, eso les daría a los teístas abiertos una voz, un lugar en la mesa, entre los evangélicos. Por otro lado, los arminianos que se oponen al teísmo abierto, e incluso algunos arminianos que simpatizan con el teísmo abierto, se oponen a que este se incluya como una variedad del arminianismo porque da crédito a la afirmación de los críticos calvinistas de que el arminianismo conduce al teísmo abierto (que afirman es herejía).

Para la mayoría de arminianos el teísmo abierto no es parte de sus filas ni debería llegar a serlo. Este mismo conflicto ha surgido también entre los arminianos evangélicos sobre el molinismo y su enseñanza del “conocimiento medio” y si es o no una versión válida del arminianismo. Muchos arminianos sí creen que Dios tiene conocimiento medio y lo usa en su providencia y predestinación de las personas. Incluso algunos estudiosos arminianos argumentan que Arminio era un Molinista (lo cual es totalmente falso). Otros arminianos se oponen rotundamente al conocimiento medio y especialmente a cualquier idea de que Dios lo usa en la providencia y la predestinación.

LO QUE DEFINE AL ARMINIANISMO.

Si el calvinismo desea ser distinguido por su defensa de la soberanía de Dios, la clave del arminianismo es su defensa del carácter de Dios. Eso es lo que distingue principalmente al arminianismo del calvinismo. Todos los arminianos creemos que el Dios del calvinismo no puede ser entendido lógicamente como perfectamente bueno y amoroso y que solamente el arminianismo hace posible lógicamente ver a Dios como perfectamente bueno. Sí, por supuesto, el libre albedrío es una idea clave de la teología arminiana y la gracia preventiva como la fuente del libre albedrío con respecto a la aceptación del evangelio por parte de una persona. Pero el libre albedrío es por el carácter de Dios. Los arminianos, al menos los arminianos evangélicos, no creemos en el libre albedrío de manera humanista. Creemos en la “voluntad liberada” por gracia, porque creemos en la bondad relacional de Dios.

Este, por ejemplo, es el punto de ruptura entre el molinismo y el arminianismo, ya que el molinismo plantea interrogantes sobre la bondad de Dios, en la medida en que sugiere que Dios usa el conocimiento medio para determinar las decisiones y acciones de las personas. Debe recordarse que el punto central del conocimiento medio molinista es reconciliar el libre albedrío y el determinismo. Sin embargo, el arminianismo es esencialmente no determinista. El determinismo divino, incluso en su forma molinista, conduce lógicamente, inexorablemente, al mismo problema que el calvinismo clásico, una sombra proyectada sobre la bondad de Dios. El tema, por supuesto, es la intencionalidad divina con respecto al pecado y al mal y especialmente al infierno. Por lo tanto, resulta irónico que algunos arminianos sean molinistas y que el molinismo exista entre los arminianos.

El teísmo abierto, por otro lado, está más cerca del “corazón” del arminianismo en cuanto a que el carácter de Dios es absolutamente bueno. Sin embargo, existen también diferencias marcadas entre el arminianismo clásico y el teísmo abierto.

DIFERENCIAS ENTRE EL TEÍSMO ABIERTO Y EL ARMINIANISMO.

Cuando el teísmo abierto apareció por primera vez en la escena evangélica con la publicación de “The Openness of God” a mediados de la década de 1990, muchos de los principales líderes evangélicos protestaron enérgicamente al respecto, negándose a aceptar el teísmo abierto como una opción evangélica legítima. Muchos arminianos, identificando ciertos peligros y errores teológicos en el teísmo abierto, lo rechazaron de inmediato. Los calvinistas, por su parte, vieron en el teísmo abierto una herejía peligrosa, otros argumentaron de forma maliciosa que el teísmo abierto es el arminianismo, ya sea como una rama de él, o argumentando que el teísmo abierto es el arminianismo llevado a su extremo lógico. Obviamente, estoy en desacuerdo con ambas afirmaciones. Arminio no era un teísta abierto y, si estuviera vivo hoy, indudablemente rechazaría el teísmo abierto. Si bien rechazó el supralapsarianismo, Arminio creía firmemente en la doctrina de la Divina Providencia sobre todas las cosas; creyó en la soberanía de Dios y creyó que Dios conoce todas las cosas desde el principio hasta el final.

Esto claramente va en contra de las enseñanzas del teísmo abierto que, en esencia, cree que el futuro está parcialmente abierto en el sentido de que no todas las decisiones de las criaturas de libre albedrío son conocidas por Dios, sino que Dios “aprende” de las decisiones que tomamos y las ajusta a su plan. Arminio, por otro lado, creía que todo sucede de acuerdo con el propósito soberano de Dios y, si bien Dios no es la causa directa de todo, todas las cosas caen bajo su escrutinio y la mirada de su ojo soberano. Dios, en su omnisciencia, sabe todas las cosas. Como dice Isaías 41:23, este es uno de sus atributos naturales como Dios: “Digan qué nos depara el futuro; así sabremos que ustedes son dioses. Hagan algo, bueno o malo, para verlo y llenarnos de terror.” (NVI). No solo conoce el pasado y el presente, sino que también conoce el futuro. Jesús mismo, siendo Dios en la carne, sabía todas las cosas: “Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, les salió al encuentro. —¿A quién buscan? —les preguntó.” (Juan 18:4, NVI).

Los arminianos sostenemos que Dios es soberano y que el futuro no está parcialmente abierto, sino que todos los eventos, todos los pensamientos, todas las acciones, todas las palabras, etc., son conocidos por Dios antes de que tengan lugar. ¿Cómo reconciliar esto con el libre albedrío? Los arminianos apelamos al conocimiento previo y exhaustivo de Dios. Dios conoce de antemano los eventos, elecciones, palabras, etc., antes de que tengan lugar y Él o bien permite que eso suceda o impone Su voluntad soberana. Cuando se trata de la salvación, creemos que la voluntad de Dios es que todos sean salvos (2 Pedro 3: 9) y creemos que Él ha dado a Su Hijo unigénito para cumplir Su voluntad (Juan 3:16) y que puede ser salvado todo aquel que cumpla las condiciones que Dios mismo por su soberanía ha impuesto para alcanzar la salvación, es decir, tener fe en Jesús (Juan 1: 12-13; 3: 16-17; 5:24; Romanos 5: 1; 10: 9 -10; Efesios 2: 8-9; Tito 3: 5-7; 1 Juan 5: 1) y arrepentirse (Lucas 13: 5; 24:47; Hechos 2: 38-39; 3:19; 11:18 17:30; 26:20; Romanos 2: 4; 2 Corintios 7:10; 2 Pedro 3: 9).

Muchos teístas abiertos se autodefinen como arminianos. Se dan cuenta de que parte de su teología es arminiana, pero se dan cuenta también de que gran parte de lo que creen acerca de la presciencia de Dios no se basa en las obras de Arminio. Son libres de mantener sus creencias sobre el futuro y las decisiones libres de los hombres, pero el teísmo abierto no es el arminianismo. De hecho, los arminianos tenemos mucho más en común con los calvinistas con respecto a la naturaleza de la omnisciencia de Dios que con los teístas abiertos.

PELIGROS EVIDENTES EN LAS AFIRMACIONES DEL TEÍSMO ABIERTO.

Las implicaciones teológicas del teísmo abierto, ya sea que sus adherentes lo reconozcan o no, son sumamente peligrosas. Por ejemplo, los teístas abiertos jamás dirán que Dios es débil o impotente. Sin embargo, esa es la conclusión lógica de su doctrina, Ellos dicen, que Dios es capaz de predecir y ordenar ciertos eventos futuros debido a que es capaz de trabajar en el mundo y hacer que pasen ciertos acontecimientos cuando haya necesidad de estos. Por lo tanto, Dios pudo inspirar a los escritores del Antiguo Testamento a profetizar ciertos eventos y entonces, pudo asegurarse de que esos eventos ocurrieran en el momento preciso. Sin embargo, eso está lejos de presentar a Dios como plenamente soberano, lo cual sí enseñan las Escrituras.[2]

Aún más, los teístas abiertos afirman que ellos no niegan la omnisciencia de Dios. Ellos, de la misma manera como hacen los teólogos clásicos, declaran que Dios es, indudablemente, omnisciente. Pero ellos se diferencian en que Dios solo puede conocer lo que es conocible, y debido a que el futuro no ha sucedido todavía, el mismo no puede ser conocido ampliamente por Dios. Más bien, Dios solo conoce ampliamente el presente, incluyendo las inclinaciones, los deseos, los pensamientos y esperanzas de todas las personas. Tal Dios no es el Dios de la Biblia.[3]

Para empeorar las cosas, en el teísmo abierto, Dios puede cometer errores debido a que Él no conoce todas las cosas que ocurrirán en el futuro. De acuerdo con el teísmo abierto, Dios también toma riesgos y se adapta a las escogencias del libre albedrío de las personas. Ellos afirman tener apoyo bíblico para esta posición al citar Escrituras donde Dios se arrepiente (Éxodo 32:14; Isaías 5:3-7; Génesis 22:12; etc.).

Finalmente, el teísmo abierto presenta al Dios de la ortodoxia cristiana, como distante, controlador e inflexible, mientras que el Dios de la “apertura” se involucra, se adapta, es amoroso, interactúa y cuida de la humanidad.[4] Todo eso suena atractivo humanísticamente hablando, pero no encaja totalmente con lo que la Biblia dice de Dios. Y es ahí donde reside el problema: Un dios que no encaja con la descripción bíblica del Ser Supremo no es un Dios real, sino una creación de la mente humana.

El cristianismo ortodoxo declara que Dios conoce todas las cosas ampliamente, aun todo lo futuro (1 Juan 3:20; Juan 21:17). La soberanía de Dios (sin caer en los extremos del determinismo calvinista) es claramente enseñada en la Escritura y Su soberanía está ligada a Su omnisciencia. El cristianismo ortodoxo enseña que Dios es muy amoroso, que está involucrado con Su creación y aun condesciende a colocarse a nuestro nivel e interactúa con nosotros de manera que podamos entender. Esto significa que veremos lo que parecen ser ejemplos de Dios como, arrepintiéndose, sorprendiéndose, y adaptándose. Pero todo esto se debe a que Dios trabaja con criaturas que tienen una visión limitada, tienen períodos cortos de vida y son pecadores. Dios debe entonces trabajar a nuestro nivel debido a que nosotros no podemos hacerlo al Suyo.

Ahora bien, la pregunta acerca del conocimiento de Dios del futuro es muy importante ya que trata con la definición verdadera de la naturaleza de Dios con relación a la naturaleza del futuro. ¿Es o no Dios omnisciente acerca del futuro? ¿Existe o no Dios en el futuro? ¿Está o no Dios limitado solo al presente? Las respuestas a estas preguntas reflejan la misma naturaleza y el ámbito de la existencia de Dios. Los teístas abiertos están impulsando una descripción de Dios que lo reduce de conocer todas las cosas. Para el teísta abierto Dios conoce el pasado y el presente, pero posee un desconocimiento absoluto del futuro. En el teísmo abierto, la omnipresencia de Dios también se encuentra en juego debido a que niega la existencia del futuro y, por lo tanto, niega la omnipresencia de Dios en el futuro

¿ES REALMENTE EL TEÍSMO ABIERTO EL SIGUIENTE PASO LÓGICO DEL ARMINIANISMO? ¿NO ES MÁS BIEN EL DETERMINISMO CALVINISTA LO QUE ESTÁ LLEVANDO A MUCHOS A ABRAZAR EL TEÍSMO ABIERTO?

No, no lo creo. En realidad, es el determinismo calvinista, y no el arminianismo, lo que conduce al teísmo abierto. Tanto los calvinistas como los teístas abiertos están de acuerdo en que, si Dios no determinó “todo lo que suceda”, entonces Dios no podría saberlo infaliblemente. Así que los calvinistas toman la bifurcación en el camino que dice que Dios lo sabe todo, porque lo ha determinado todo, mientras que los teístas abiertos toman la bifurcación en el camino que dice que Dios no lo determinó todo y, por lo tanto, no debe saberlo. Los teístas abiertos están de acuerdo con los calvinistas deterministas de que cualquier futuro que no esté cien por ciento escrito por Dios, sería información lógicamente incognoscible. En contraste, los arminianos declaramos que una supuesta “bifurcación en el camino” es un malentendido tanto de la omnisciencia divina como de la eternidad. Los arminianos adoptamos una perspectiva del “eterno ahora”, ya que Dios sabe lo que Él sabe. En la concepción arminiana Dios es independiente del tiempo y, sin embargo, también puede interactuar con nosotros, pues es en el tiempo que lo conocemos.

Analicemos esto un poco más a profundidad: Según el calvinismo, Dios no puede conocer el futuro a menos que haya predeterminado el futuro. Por lo tanto, el problema evidente del calvinismo es que Dios debe predeterminar todo para saber algo. Pero ¿Por qué debemos asumir que Dios carece de la capacidad de conocer un evento sin causar que ocurra? ¿Acaso Dios no trasciende el tiempo y el espacio? Esto es lo que distingue a los arminianos tanto de los calvinistas como de los teístas abiertos. Los arminianos afirmamos que Dios conoce las elecciones indeterminadas y no causadas de los agentes libres, en virtud de su naturaleza eterna. De esta manera, los arminianos creemos que Dios puede conocer las elecciones futuras y autodeterminadas de los agentes libres porque Dios ya está allí, presente en lo que llamamos “el futuro” e interactuando con ellos. Esto es lo que a menudo se conoce como la perspectiva del “Eterno Ahora”. Lo contrario ocurre con el calvinismo, el cual, en su intento por afirmar la soberanía de Dios y sostener sus ideas deterministas, sin darse cuenta niega la omnisciencia de Dios en su repudio de cualquier motivo sobre el cual basar el conocimiento previo divino exhaustivo de los acontecimientos futuros fuera del decreto de Dios. ¿Por qué se convierto esto en una negación de la omnisciencia de Dios? Sencillamente porque Si Dios debe decretar el futuro para saberlo, no es omnisciente.[5]

Para un calvinista determinista, esto simplemente significa que Dios también predeterminó todas las contingencias. Así que, en otras palabras, lo que tal o cual persona “habría” hecho, también habría sido predeterminado. Simplemente no existe el libre albedrío. El Dios calvinista debe predeterminar todo para saber algo. Es un ser limitado. Y puesto que para que Dios lo sepa todo, Él tuvo que decretarlo todo, esto inevitablemente conduce a la forma más estricta de determinismo, lo que inevitablemente conduce a la acusación de Dios como el “autor del pecado” que los calvinistas buscan evitar (aunque otros lo admitan francamente). El teólogo arminiano Michael Brown, señala de forma inteligente que “Hay algunos calvinistas que dicen que, si eres un verdadero arminiano, vas a seguir el camino del Teísmo Abierto, y por supuesto que lo rechazo categóricamente. Podría decirse también que, si eres un verdadero calvinista, seguirás el camino del fatalismo”.[6]

CONCLUSIÓN.

A la luz de muchas otras Escrituras que declaran el pre-conocimiento de Dios del futuro, declaraciones donde se describe a Dios como “arrepintiéndose”, o “sorprendiéndose” o “cambiando de parecer” (Génesis 6:6; 22:12; Éxodo 32:14; Jonás 3:10) deben ser entendidas como descripciones que Dios hace de Sí Mismo, de maneras que puedan ser entendidas por nosotros. Dios sabe qué acciones y decisiones tomaremos, pero Él “cambia de parecer” respecto a Sus acciones, basándose en las nuestras. El que Dios se “sorprenda” y se decepcione ante la maldad de la humanidad, no significa que Él desconociera lo que iba a ocurrir. En contradicción al Teísmo Abierto, el Salmo 139, versos del 4 al 16, dice que, “Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, Tú la sabes toda…. Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” ¿Cómo pudo Dios predecir en el Antiguo Testamento los intrincados detalles acerca de Jesucristo, si Él no conociera el futuro? ¿Cómo pudo Dios de alguna manera garantizar nuestra eterna salvación, si Él no supiera lo que sucedería en el futuro?

Por último, el Teísmo Abierto falla en que trata de explicar lo inexplicable – la relación entre la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre. Al igual que fallan las formas extremas del calvinismo, en donde hacen de los seres humanos solo robots preprogramados, así en el Teísmo Abierto falla al rechazar la verdad de la omnisciencia de Dios. Dios debe ser comprendido a través de la fe, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Por lo tanto, el concepto del Teísmo Abierto no es escrituralmente aceptable. Es simplemente otra manera en que el hombre finito trata de entender a un Dios infinito con una mente infinita. Es como tratar de beberse el océano entero. El Teísmo Abierto debe ser rechazado por los seguidores de Cristo. Por lo tanto, el Teísmo Abierto es una explicación para la relación entre la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre – y su explicación no es bíblica.

REFERENCIAS:

[1] Pinnock, Clark, et. al., “La apertura de Dios” (“The Openness of God”), Downers Grove, Illinois: Intervarsity Press, 1994.

[2] Frame, John, “No hay otro Dios, una respuesta al teísmo abierto” (“No Other God, a response to Open Theism”), Phillipsburg, New Jersey: P & R Publishing, 2001.

[3] Ware, Bruce A., “Un Dios con menor Gloria: El Dios disminuido del teísmo abierto” (“God’s Lesser Glory: The diminished God of Open Theism”), Crossway Books, 2001.

[4] Sanders, John, “El Dios que arriesga” (“The God who Risks”), Downers Grove, Illinois: Intervarsity Press, 1998.

[5] Hunt Dave, Debating Calvinism, p.389.

[6] Brown, Michael, Soteriology, p. 101..

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Danza profética? ¿Tabernáculo caído de David?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las modas de adoración absurdas y las innovaciones teológicas sin fundamente bíblico inundan el evangelicalismo moderno, principalmente dentro del denominado neopentecostalismo. Esto no debe sorprendernos, pues fue profetizado hace siglos por el apóstol Pablo: “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida” (1 Timoteo 4:1-2, NVI). Tan importante consideraba Pablo evitar tales desviaciones de la fe que repitió dicha advertencia en su segunda carta a Timoteo: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos.” (2 Timoteo 4:1-3, NVI). Dentro de dichas modas extrañas, “inspiraciones engañosas” o “novelerías”, la danza profética sobresale por la ridiculez de sus afirmaciones.

¿QUÉ MODA EXTRAÑA ES ESTA?

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana.

A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don.[1]

En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo. Las denominadas Danzas Ministeriales comprenden, entre otras cosas:

  1. La Danza Maestral (maestros en danza): El “levita”, como un maestro, enseña a la Iglesia a través del baile o el teatro.
  2. La Danza Apostólica (apóstoles en danza): Se produce cuando la danza o la expresión artística genera influencia y actúa directamente sobre la semilla del Reino de Dios en la Tierra. Este tipo de danza se considera una guerra espiritual, una confrontación entre la luz y la oscuridad con efectos concretos, percibidos como curaciones y la liberación espiritual, las conversiones en masa, el resultado de la llegada del Reino de Dios al pueblo, ciudad o país.
  3. La Danza Profética (profetas en danza): Hacen la guerra espiritual y profetizan por la adoración profética la unión del Novio con su Iglesia. Expresa de manera espontánea lo que Dios quiere enseñar, aquello que Él quiere demostrarle a las personas o a la iglesia local.
  4. La Danza Evangelística (evangelistas en danza): Es aquella que hace la sensibilización sobre el Hijo de Dios, trata de ganar el corazón de personas a través de su danza, mostrando la necesidad de recibir Cristo y seguirlo. Es el ministerio con mayor frecuencia en las iglesias.
  5. La Danza Pastoral (pastores en danza): Es el “ministerio” de danza más común en las iglesias. Incluso muchas iglesias que no se identifican como neopentecostales suelen incluir en sus programas este tipo de “ministerios”. Sus practicantes consideran que a través de este tipo de danza los adoradores reciben alimentación, son nutridos e inspirados en su fe y adoración. Se considera que este tipo de danza aporta liderazgo y transformación en la vida cristiana a través de la Palabra manifiesta y expresada en la danza.

En el enredado mundo neopentecostal los diversos tipos de Danzas Ministeriales son “ministradas” por los “levitas y adoradores del Señor Dios Todopoderoso” con la intención producir la salvación, curación o el bautismo en el Espíritu Santo, como si los milagros y manifestaciones espirituales de origen divino pudiesen ser manipuladas por el ser humano con sus fórmulas y ritos. Aunque los devotos de estas extrañas prácticas consideran que el bailarín (erróneamente llamado “danzor” o “danzora”) no necesita una formación específica en el baile, recientemente se han creado academias o escuelas de danza ministerial. Este culto a través del baile ha recibido varios nombres: baile apostólico, danza davídica, adoración íntima, generación profética, ministración por adoradores y Levitas (danza, música y canto) y Gaditas (en intersección y la guerra espiritual), etc. Muchos nombres que describen la misma realidad: ¡Herejía!

¿LA RESTAURACIÓN DEL TABERNÁCULO CAÍDO DE DAVID?

La Danza Ministerial es considerada parte de la “Restauración del Tabernáculo Caído de David” enseñada por los grupos neopentecostales. Tal expresión alude a una corriente teológica sobre la adoración que enseña que es necesario lograr la restauración del canto y las danzas judías del tipo que se cree fueron realizados por David en su culto a Jehová en el tabernáculo de su día. Se trataría de una restauración de alabanza pura profetizada en las Escrituras que a la vez indicaría los tiempos finales. Dichos grupos suelen citar Isaías 16:5, Amós 9:11-12 y Hechos 15:16-17 (los únicos tres pasajes de la Biblia que usan dicha expresión) para sustentar su posición doctrinal:

“Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.” (Isaías 16:5).

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amós 9:11-12).

“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre” (Hechos 15:16-17).

Pero ¿En verdad pueden sustentarse en esos versículos las afirmaciones de los grupos neopentecostales? ¿Qué enseñan dichos versículos realmente? Y más aún, ¿Qué otras implicaciones tiene dicha enseñanza para la iglesia hoy? ¿Cuáles son los postulados que sostiene dicha enseñanza?

Basándonos en la fuente primaria más completa que hay sobre esta corriente, el libro The Tabernacle of David (“El Tabernáculo de David”), escrito en 1976 por Kevin Conner, el padre de esta corriente teológica, se puede resumir la enseñanza de la siguiente manera:

  • Así como el tabernáculo de Moisés fue un tipo, una figura profética, que apuntaba hacia Cristo y su obra expiatoria, David, en su oportunidad, levantó un tabernáculo especial que sólo contenía al arca del pacto, en señal del culto cristiano futuro, libre de sacrificios de sangre. Separado del viejo tabernáculo de Moisés, este tabernáculo fue un tipo de la Iglesia Neotestamentaria. Conner afirma: ““El Tabernáculo de Moisés fue dado como una sombra, un tipo, un padrón de las realidades eternas, espirituales y celestiales (Hebreos 8:5; 9:23,24). Esto seguramente es aplicable también al Tabernáculo de David”.[2]
  • David desarrolló nuevas formas de adoración en el segundo tabernáculo, como una profecía de la adoración de la era cristiana. Entraba confiadamente a este tabernáculo para contemplar el arca, sin temor del juicio divino, consciente de la gracia venidera.
  • En el Tabernáculo de David, los sacerdotes entraron a un “nuevo orden” en lo relativo a la adoración. En contraste con el Tabernáculo de Moisés y los sacerdotes en el Monte Gabaón, estos sacerdotes en el Tabernáculo en Sión no ofrecían sacrificios de animales. Ofrecían sacrificios de alabanza, gozo y gratitud. Aquí el ministerio de los cantantes y los músicos estaba en plena operación. Ofrecían “sacrificios espirituales” en el Monte Sión en el Tabernáculo de David.
  • Los sacerdotes en el Tabernáculo de David podían simplemente y confiadamente entrar en el lugar santísimo. Tenían acceso ante el arca del Señor. No existía ningún velo entre ellos y el arca, como había existido durante siglos en el Tabernáculo de Moisés. Tenían confianza para entrar “más allá del velo” porque ese velo pertenecía al Tabernáculo de Moisés, no al Tabernáculo de David.[3]
  • Lamentablemente, este nuevo culto fue abandonado al construirse el Templo de Salomón y durante las sucesivas generaciones de reyes judíos idólatras.
  • El profeta Amós reconoció estas verdades y anunció que en los postreros días se re-establecería el culto que David había iniciado en su tabernáculo (Amós 9:11).
  • En el Concilio de Jerusalén, Santiago, hermano del Señor, reconoció que con la conversión de los gentiles Dios también estaba restaurando el culto davídico a la Iglesia.
  • La Iglesia post-apostólica también abandonó el culto davídico, es decir, cayó en apostasía.
  • Desde los fines del siglo XX Dios está finalmente restaurando el culto davídico a la Iglesia, en señal de ser estos los tiempos finales.
  • La iglesia de la actualidad debe aprender todo lo posible sobre la adoración como se hacía en el Tabernáculo de David para entrar así en la verdadera adoración “en espíritu y en verdad.” Las iglesias cristianas deben adoptar formas de alabanza judías para así ministrar más perfectamente en el “Tabernáculo de David”. Esto incluiría la danza hebrea.

Aunque superficialmente dichas afirmaciones pueden parecer bíblicas y doctrinalmente correctas, las enseñanzas de moda sobre “el Tabernáculo de David”, como una profecía de la restauración de la adoración pura, son producto de una hermenéutica alegórica que mal interpreta las sagradas Escrituras, y que contradicen la verdad de la adoración bajo el nuevo pacto. Analicemos brevemente las contradicciones y errores de esta corriente doctrinal heterodoxa.

DEFICIENCIAS EN LA HERMENÉUTICA NEOPENTECOSTAL.

Para empezar, aunque es cierto que David levantó una tienda para el arca en Jerusalén e instaló a Asaf y a sus hermanos para ministrar ahí empleando música y alabanzas (1 Crónicas 15:16), no son acertadas todas las atribuciones que la enseñanza sobre “el Tabernáculo de David”, atribuye a estos hechos. Exagera las dimensiones y funciones del “Tabernáculo”, las innovaciones en el culto, y la comprensión de David de cuestiones futuras:

  1. Dimensiones y funciones del “tabernáculo de David” exagerados: La enseñanza “el Tabernáculo de David” visualiza a esta tienda como un lugar grande, espacioso, capaz de contener muchas personas a la vez quienes cantaban y danzaban alrededor del arca del pacto. Todo esto sería en figura profética del acceso de los creyentes cristianos a la presencia de Dios que se describe en Hebreos 10:19-22. Pero esto no calza bien con la realidad bíblica. Interesantemente, la versión Reina Valera nunca llama a esa tienda donde se guardaba el arca un “tabernáculo” sino usa la expresión “tienda” (2 Samuel 6:17; 1 Crónicas 15:1; 16:1). Al resto del viejo tabernáculo de Moisés, incluyendo el altar de holocaustos, que estuvo guardado en Gabaón, la versión Reina Valera sí llama fielmente “el tabernáculo de Jehová.” En el texto hebreo se emplea el mismo vocablo para ambas tiendas, Esta es una palabra hebrea que significa “morada, hogar, tabernáculo, o tienda” muy común, que ocurre 340 veces en el Antiguo Testamento. No se limita a tiendas de uso religioso (Salmos 19:4; Habacuc 3:7; Malaquías 2:12; Isaías 38:12 entre otras).[4] La traducción de Reina Valera traduce bien a Ohel como “tabernáculo” o “tienda” según el contexto. Nada hay en el texto bíblico que sugiere que la tienda levantada por David en Jerusalén era de proporciones suficientes para contener un grupo de personas que tocaba instrumentos y danzaba, más bien queda evidente que se trata de un recurso de almacenamiento provisorio hasta que se levantara un Templo digno de ser el centro de la adoración nacional. La verdad es que el arreglo que David había hecho para guardar el arca en Jerusalén no le satisfacía, y no lo consideraba gran cosa. Se quejaba ante Dios diciendo: “He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.” (1 Crónicas 17:1). La doctrina neopentecostal sobre “el Tabernáculo de David” exagera el propósito de la tienda del arca del pacto en Jerusalén, cambiando su función de un lugar de almacenamiento provisorio a una proyección tipológica de la adoración cristiana, asunto que no tiene ninguna confirmación apostólica en el Nuevo Testamento.
  2. Innovación Exagerada: La enseñanza “el Tabernáculo de David” afirma que ahí por primera vez se usaron instrumentos musicales, cantores, la danza, el levantar manos, palmoteos, y gritos de júbilo.[5] Dice que ninguna de estas cosas sucedía en el culto a Jehová en el orden establecido por Moisés. Pero lo cierto es que no se puede afirmar que antes de David no existieran estas cosas en el rito judío. Al cruzar Israel el Mar Rojo, María y sus compañeras danzaron, tocaron panderos y cantaron (Éxodo 15:20). Incluso el culto profano al becerro de oro en el desierto fue acompañado de danzas y cánticos (Éxodo 32:6, 32:18-19). Durante el tiempo de los jueces las mujeres recibían a los soldados israelitas vencedores con danzas, cánticos y panderos (Jueces 11:34; 1 Samuel 18:6). No se debe pensar que David solo estableció el ministerio musical en Jerusalén, cerca del arca. También estableció sacerdotes músicos y cantores en el tabernáculo de Moisés que estaba guardado en Gabaón (1 Crónicas 16:39-42). Interesantemente, estos, de la línea de Sadoc, eran de mayor rango que los que ministraban en Jerusalén.[6] Esto nos sugiere que la mejor música se ejecutaba en el viejo tabernáculo erigido por Moisés, no en la tienda levantada por David.
  3. Comprensión Profética Exagerada: La enseñanza “el tabernáculo de David” atribuye a David una insólita comprensión profética de las realidades futuras que vendrían después en Cristo. Pero nada hay que indica que David levantó un segundo “tabernáculo” con la finalidad de adorar libremente a Dios sin ofrecer sacrificios y ofrendas, y para poder mirar al arca del pacto cuando quisiera. No hay ninguna mención de que David o sacerdote alguno haya entrado a la tienda del arca para mirarla. Si David consideraba que ya no era necesario impedir el acceso al arca mediante un velo, uno no se explica por qué no enseñó esta nueva libertad a Salomón para que fuese incorporada en el culto en el Templo de Jerusalén. Salomón en su oportunidad hizo un gran velo que separó al lugar santísimo del resto del Templo (2 Crónicas 3:14). No se debe pensar que a David ya no le interesaban los sacrificios y las ofrendas levíticas. Al comprar la era de Ornán el jebuseo, David edificó un altar y ofreció holocaustos y ofrendas de paz (1 Crónicas 21:26). Aún en aquella oportunidad David hubiera preferido ir a Gabaón a ofrecer sus sacrificios, pero temía hacerlo porque había pecado al hacer el censo del pueblo de Israel (1 Crónicas 21:28-30). David continuó ofreciendo sacrificios y ofrendas de animales a Jehová, puesto que en ese nivel de revelación operaba. No es correcto atribuirle una comprensión absoluta de lo que vendría con Cristo.
  4. La profecía de Amós referente al “tabernáculo de David”: Casi trescientos años más tarde, el profeta Amós fue enviado por Dios a la nación de Israel para profetizar contra los graves pecados que allí se cometían. La nación israelita se había dividido en dos después de la muerte de Salomón, permaneciendo la dinastía davídica en el trono de Jerusalén, capital de Judá, nación compuesta por las tribus de Judá y Benjamín. Las diez tribus restantes habían formado la nación de Israel sobre la base del culto a dos becerros de oro preparados por Jeroboam, el primer rey separatista. En el último capítulo de su profecía, luego de asegurar que el castigo de Dios vendría pronto sobre la nación israelita, Amós dice lo siguiente: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amos 9:11-12). Es preciso entender qué quiso decir Amós con esa expresión en su oráculo, y qué quiso decir más adelante Santiago, al citar la profecía. Conner, el creador de la doctrina en cuestión, opinaba que Amós estaba hablando sobre la tienda que David había levantado en Jerusalén para recibir al arca del pacto, preocupado por la situación de la falta de adoración y la necesidad de su restauración: “El levantar el Tabernáculo caído de David, cerrar sus portillos y levantar sus ruinas, y edificarlo como en el tiempo pasado ciertamente significaba una restauración del orden de la adoración establecido en ese Tabernáculo“.[7]Sin embargo, los problemas de los tiempos de Amós eran la división del reino entre Israel y Judá, la apostasía de los reyes Jeroboam y Uzías, y la idolatría del pueblo. Para Amós la expresión “yo levantaré el tabernáculo de David” no es la esperanza de volver a danzar y a cantar salmos. Es algo mucho más grande que eso. Es la reunificación y restauración de Israel bajo un solo gobierno. Es la esperanza mesiánica. Además, la palabra hebrea empleada por Amós traducida en la Reina-Valera como “tabernáculo” no es Ohel, la comúnmente usada para describir el Tabernáculo de Moisés, sino Cukkah que significa tienda, carpa o choza. Esta fue la palabra hebrea usada para describir las sencillas tiendas usadas en la fiesta de tabernáculos.[8] Cukkah es una tienda o choza humilde, sencilla, no ostentosa ni gloriosa. La versión popular Dios Habla Hoy y la Nueva Versión Internacional, ambas emplean la palabra “choza” en vez de “tabernáculo” en Amós 9:11 (“…levantaré la choza caída de David.”). Amós no habla literalmente del Tabernáculo de reunión donde antes se hacían las ofrendas bajo el sacerdocio levítico, ni de la tienda de almacenamiento provisorio del arca en tiempos de David, sino metafóricamente de la dinastía davídica, “la casa de David”, que estaba tan lejos del ideal que Dios deseaba. Amós extiende la metáfora de una carpa o choza a un edificio en ruinas. “Levantaré sus ruinas, lo edificaré”. Estas no son expresiones pertinentes a carpas de pieles como las tiendas o tabernáculos del Antiguo Testamento. Amós tampoco estaba hablando del Templo de Salomón, porque durante su tiempo éste estaba en pie y no destruido. Ahí estaba el arca del pacto; y se hacían las ofrendas con regularidad bajo el gobierno de Uzías. Amós lamentaba la división y pecaminosidad de Israel. Su esperanza estaba en el Mesías. Esa esperanza llegó a una proyección global para “todas las naciones”.

Si la enseñanza de Conner sobre la Restauración del tabernáculo caído de David” es simplemente un error de hermenéutica y pura eiségesis alegórica ¿Dónde queda la Danza Ministerial y los excesos en la adoración promovidas en el neopentecostalismo? ¡En ningún lado! Pierden toda razón de ser.

LO QUE LA BIBLIA REALMENTE ENSEÑA SOBRE LA DANZA.

Hay varias expresiones bíblicas que se refieren a “danzar” y “bailar”. De hecho, las Sagradas Escrituras nos informan que los pueblos antiguos manifestaban sus sentimientos por medio de las danzas. Sin embargo, la práctica de las “Danzas Ministeriales” que se ejerce en muchas iglesias no tiene el sustento ni la evidencia bíblica adecuada. Mucho menos atribuir tales cosas al Espíritu Santo y convertir la danza en uno de los “dones ministeriales” tiene apoyo en la Biblia. Estas danzas nunca ocurrieron en los cultos oficiales al Señor en el Antiguo Testamento, es decir en relación al santuario o dentro de sus puertas. Tampoco vemos dicha práctica en las iglesias del Nuevo Testamento ni en las Iglesias Primitivas de los primeros cristianos.

¿Significa esto que debemos excluir por completo la danza de nuestra adoración? No. El uso de la danza ha sido uno de los distintivos del movimiento pentecostal desde sus inicios, pero definitivamente no como se practica en círculos los neopentecostales modernos, los cuales convierten en un show elaborado y artificial lo que en otro tiempo fue una expresión espontánea de gozo, alegría y júbilo. La Biblia no prohíbe usar la danza en la adoración a Dios; de hecho, hace mención de dicha práctica como forma de devoción y alabanza aceptable en el pueblo de Dios. Analicemos las palabras hebreas y griegas para “danza” y observemos la connotación bíblica que se le da a dicha práctica:

  1. Chagg: Se da este caso en 1 Samuel 30:16, donde dicho vocablo se traduce como “festejar”: “El egipcio los guio hasta los amalecitas, los cuales estaban dispersos por todo el campo, comiendo, bebiendo y festejando el gran botín que habían conseguido en el territorio filisteo y en el de Judá.” (NVI). Sobre el significado de Chagg, el Diccionario Strong nos dice: “propiamente moverse en círculo, i.e. (específicamente) marchar en procesión sagrada, observar un festival; por implicación estar alegre”. Dicha expresión no implica ni indirectamente los bailes y danzas ni mucho menos dentro del templo, ni ligadas al Espíritu Santo.
  2. Chîyl o Chuwl: Se usa en Jueces 21:21, donde dice: “y estén atentos. Cuando las muchachas de Siló salgan a bailar, salgan ustedes de los viñedos y róbese cada uno de ustedes una de esas muchachas para esposa, y váyase a la tierra de Benjamín” (NVI). La palabra para “bailar” significa según los diccionarios, danzar en círculos” o “dar vueltas circulantes”. Luego se da el mismo caso en Jueces 21:23. Es interesante notar que estas “danzas circulares” ocurrieron afuera del templo.
  3. Râqad o Karar: Se emplea en 1 Crónicas 15:29 en relación con David: “Pero cuando el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su corazón”. Y también en Job 21:11, Eclesiastés 3:4 e Isaías 13:21. Como podemos notar claramente, la palabra que casi siempre se traduce por “saltar o saltarán” es la misma que a veces se traduce por danzar, especialmente en el caso de David. David “saltaba de alegría”. La danza de David fue un acto de solemne y santo gozo. Para una persona del Cercano Oriente de entonces, esa era una manera natural de expresarse por extraña que nos parezca hoy. De ese modo David expresó su alabanza de agradecimiento y así honró y glorificó el santo nombre de Dios. La danza que David hacía era “saltar” literalmente o dar vueltas. Fue tanto así que Mical lo despreció. Pero lo más importante de todos es que tales actos ocurrieron en un momento de intensa alegría al encontrar y traer de nuevo el Arca del Pacto. No ocurrió dentro del Templo, pero sí fue una expresión de júbilo y alabanza al Señor.
  4. Mâchowl o Machowal: Se deriva de una raíz que significa simplemente voltear. Puede significar girar alegremente en una vuelta. Se emplea en Salmos 30:11, Salmos 149:3, Salmos 150:4, Jeremías 31:13 y Lamentaciones 5:15. La danza, mencionada en dichos versículos, ocurre en diversos contextos. Podemos notar primeramente los lamentos, especialmente en el caso de Jeremías y Lamentaciones. Esto no tiene nada que ver con la adoración ni menos con el templo. Los otros casos, pero los más famosos de todos ocurren con David y sus Salmos. En los Salmos 149:3 y 150:4, el machowal ocurre en el contexto de una lista de instrumentos que se utilizarán para alabar al Señor. El salmista invita al pueblo de Dios para alabar al Señor “por sus proezas” (v. 2) en todos los lugares posibles y con cada instrumento musical disponible y, obviamente, con danzas espontáneas nacidas de una devoción sincera al Señor.
  5. Mechôwlâh: Es la forma femenina de mechôwlâh: Girar alegremente dando vueltas. Se emplea en Éxodo 15:20, donde se nos dice que María “tomó el tamboril en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con tamboriles y con danza. (esto es, alegres giros en vueltas). También se emplea en Éxodo 32:19, Jueces 21:21, 1 Samuel 18:6, 1 Samuel 21:11 y 1 Samuel 29:5. La palabra hebrea “mechowlah” que se traduce como “danza” aparece siete veces. En cinco de los siete casos, la danza es realizada por las mujeres en la celebración de una victoria militar (1 Samuel 18:6, 21:11, 29:5, Jueces 11:34, Éxodo 15:20). María y las mujeres bailaban para celebrar la victoria sobre el ejército de Egipto (Éxodo 15:20). La hija de Jefté bailaba para celebrar la victoria de su padre sobre los amonitas (Jueces 11:34). Las mujeres bailaban para celebrar la masacre de los filisteos por David (I Samuel 18:6, 21:11, 29:5).En otros dos casos, mechowlah se utiliza para describir la danza de los israelitas en torno al becerro de oro (Éxodo 32:19) y la danza de las hijas de Silo en los viñedos (Jueces 21:21). Sin embargo, en ninguno de estos ejemplos la danza es parte de un servicio de adoración en el Templo.
  6. Pâcach: Significa literalmente “danzar como quien está cojeando”: “y (los profetas de Baal) danzaban, sobre el altar que habían hecho” (1 Reyes 18:26). Es un tipo de danza ocurrido en un contexto pagano y por lo tanto no tiene alguna connotación para la adoración a Dios.
  7. Orcheomai: Significaba probablemente levantar de los pies; de ahí, saltar con un movimiento regular. La actuación de la hija de Herodías es el único ejemplo claro de danza artística, forma esta introducida por las costumbres griegas. Este vocablo se emplea en Mateo 11:17, Lucas 7:32, Mateo 14:6 y Marcos 6:22. En dos de estos casos la danza fue hecha por la hija de Herodías, y claramente fue un tipo de baile sensual que era común en aquella comunidad romana.
  8. Choros: Denota en primer lugar un recinto para la danza; de ahí una compañía de bailarines y de cantantes”. Este vocablo se emplea en la parábola del hijo pródigo y claramente Jesús no tenía en mente enseñar de alguna manera indirecta los bailes y su utilización en la iglesia. Simplemente describe la situación y la alegría como lo demostraron aquellos hombres que vivían en el campo.

Debemos enfatizar que los casos en los que la danza es mencionada en la Biblia son tomados, en su mayoría, del Antiguo Testamento. No se registra ningún ejemplo de adoración a Dios a través de la danza en la iglesia primitiva. Incluso si tomamos en cuenta solo el Antiguo Testamento debe admitirse que la mayoría de los casos de la danza fueron ocasiones de alegría y saltos y no daban lugar a la euforia y hasta la sensualidad y exhibicionismo que vemos hoy día en los “ministerios” de danza de muchas iglesias. Por lo tanto es sano concluir que la permisión de ministerios de danza y otras manifestaciones extrañas que ocurren en muchas iglesias no se fundamentan en las Escrituras.

¿QUÉ HAY CON LA “DANZA EN EL ESPÍRITU”? ¿ES BÍBLICA?

Ningún pasaje de las Escrituras habla de “danzar en el Espíritu”. Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica. En diversas culturas, los seres humanos han acostumbrado expresar sus sentimientos por medio de las danzas, pero la Biblia jamás menciona nada semejante a lo que hoy algunos llaman “danzar en el Espíritu”.

Es indiscutible que entre las naciones semíticas (judíos, árabes, etc.), la danza era practicada tanto por hombres como por mujeres. Incluso Jesús hizo mención de ello en el Nuevo Testamento (Mateo 11:17, Lucas 15:25), aunque sin relación con la adoración a Dios, pues la música y las danzas solían acompañar las festividades nacionales y seculares judías. Sin embargo, aunque los escritores del Nuevo Testamento aconsejan a los creyentes alegrarse en el Señor, no hay ninguna recomendación en el Nuevo Testamento, ni mucho menos un mandato para la Iglesia en la dispensación de la Gracia, diciendo que se deba “danzar en el Espíritu”. Pablo, quien a menudo habla de “orar en el Espíritu”, “bendecir en el Espíritu” y “cantar en el Espíritu”, pero jamás de “danzar en el Espíritu”.

Entonces, si ni Jesús, ni Pablo, ni ninguno de los otros apóstoles habló jamás de la danza en el Espíritu ¿Por qué en muchas iglesias pentecostales se dan cierto tipo de experiencias extáticas extrañas, irreverentes, y hasta risibles, que involucran “danza”, contorsiones, movimientos extraños y cosas semejantes, bajo efecto de una posesión espiritual atribuida al Espíritu Santo? ¿Es esto obra del Espíritu Santo?

Como pentecostales, no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo entre los creyentes. Sin embargo, creo que hemos confundido lo que es una manifestación genuina del Espíritu Santo con nuestra reacción emocional ante el toque de Dios. Quienes hemos experimentado el toque del Espíritu Santo en nuestras vidas sabemos que en algunos momentos no es tan fácil incluso controlarse ante el derramamiento del poder de Dios: quisiéramos llorar, saltar, gritar, movernos, brincar y si… danzar. Pero esa no es la manifestación de la presencia o llenura del Espíritu Santo, ni siquiera de su toque. Es más, ciertas danzas, expresiones, estilos de oración y muchas otras cosas que ocurren en muchos cultos evangélicos no son espontáneos, sino ensayadas, aprendidas, imitadas y, en el peor de los casos, fingidas por algunos para aparentar la llenura del Espíritu y lucir piadosos. Son meramente comportamientos aprendidos, una reacción acorde con lo que se espera que pase. Sin embargo, la Palabra nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más autodominio posee. Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana. El descontrol de nuestros sentimientos, emociones y reacciones físicas no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios, sino todo lo contrario:

“Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” (1 Corintos 14:32, LBLA).

“Porque a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden. Como es costumbre en nuestras iglesias” (1 Corintios 14:33, TLA).

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Timoteo 1:7, NTV).

La danza en el Espíritu no debería ser punto de honor en las iglesias. Ciertamente, hay otras maneras más decorosas y edificantes para los que nos rodean, de agradecer a Dios por su amor y bondad, que ciertas prácticas extravagantes que pueden llegar a despertar solamente la curiosidad carnal. En conclusión, el “danzar en el Espíritu” no es bíblico. No fue una práctica de la iglesia primitiva, no fue enseñada por Jesús (ejemplo supremo de llenura del Espíritu) ni por ninguno de los apóstoles. Es simplemente una reacción emocional de algunos que, más que edificación, trae oprobio y burla sobre la iglesia.

En otros casos, la llamada “danza en el Espíritu” es una expresión de religiosidad popular propia de iglesias en las cuales el sincretismo predomina por encima de la Palabra. Muchos investigadores apuntan a la posibilidad de que este fenómeno haya surgido fruto del sincretismo religioso con cultos de origen animista, donde la posesión y las experiencias extáticas desordenadas son comunes. Quizá esto no suene agradable para algunos, pero es la verdad. Una verdad que se tenía que decir: La “danza en el Espíritu” no es bíblica.

CONCLUSIÓN.

¿Está prohibido usar la danza como expresión de júbilo y adoración a Dios? ¡En ninguna manera! Ya hemos visto que la Biblia sí registra ejemplos en los que la danza fue empleada en la adoración o alabanza a Dios. Sin embargo, hay algunos principios a tener en cuenta al considerar la danza como expresión de adoración:

  • Eclesiastés 3:4 — hay un momento apropiado para danzar (y por consiguiente un momento inapropiado para danzar).
  • Salmo 149:3; 150:4 — ambos pasajes mencionan que podemos alabar o adorar a Dios con danza.
  • Primera Corintios 6:19-20 — nuestros cuerpos pertenecen a Dios, y son el templo del Espíritu Santo. Así que todo lo que hacemos debe honrarle a él. Esto incluye la danza.
  • Sin embargo, en esto, como en todo, debemos recordar que: “a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden.” (1 Corintios 14:33, TLA).

La danza, como instrumento de adoración y expresión de júbilo no está prohibida. Lo que sí es prohibido e incorrecto es convertir en un ministerio algo que jamás lo fue o, peor aún, convertirlo en doctrina y práctica oficial de la iglesia, dándole un carácter místico y herético que escapa de la intención de los escritores sagrados. Sobre todo, la enseñanza sobre el Tabernáculo de David y su supuesta restauración en nuestra época carece del más mínimo fundamento bíblico.

REFERENCIAS:

[1] Tara Gilyard, Prophetic Dance: Communicating Divine Revelation Through Movement, PublishAmerica (2006).

[2] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 3.

[3] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 126.

[4] James Strong,Strong’s Exhaustive Concordance, (New Jersey: Madison, 1890) citado en Conner, pag. 9.

[5] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 156.

[6] Donald Guthrie, Nuevo Comentario Bíblico, (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989), pág. 291.

[7] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 147.

[8] Robert Baker Girdlestone, Sinónimos del Antiguo Testamento (Barcelona: CLIE, 1986), p. 236.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

No hay salvación sin fidelidad hasta el fin

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

A la mayoría de los cristianos le resultaría increíble concebir la idea de que los cristianos infieles, aquellos que no perseveran en la fe hasta el final, aún entrarán en la vida eterna con Jesús. Sin embargo, esto es exactamente lo que se está enseñando hoy en muchas iglesias y denominaciones “cristianas”. Aferrándose a pasajes como Juan 10:27-28, el cual dice: “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:27-28, NVI), algunos predicadores, como el famoso teólogo Charles F. Stanley (pastor principal de la Primera Iglesia Bautista de Atlanta, Georgia), fundador y presidente de “Ministerios en Contacto”, y quien fungiese como presidente de la Convención Bautista del Sur de 1984 a 1986, han enseñado que:

“El creyente infiel no perderá su salvación… Incluso si un creyente para todos los propósitos prácticos se convierte en un incrédulo, su salvación no está en peligro… Cristo no negará a un cristiano incrédulo su salvación.”[1]

Según dichos teólogos la salvación “se aplica en el momento de la fe… Y su permanencia no depende de la permanencia de la fe”[2] Por tal razón enseñan que, dado que un momento de fe asegura el destino eterno de uno, necesariamente se deduce que la salvación de un creyente no puede ser quitada de ellos “por cualquier razón, ya sea pecado o incredulidad”[3] Por lo tanto, no es sorprendente que se opongan a “aquellos que sostienen que la fe de uno debe mantenerse para garantizar la posesión de la vida eterna”[4]

Los arminianos, en cambio, creemos que “el que se mantenga firme hasta el fin será salvo” (Mateo 24:14, NVI). La perseverancia final implica fidelidad final, el que persevere hasta el fin será salvo (Mateo 24:13); el que es fiel hasta la muerte tendrá una corona de vida (Apocalipsis 2:10). Pero, por muy sorprendente que parezca, este importante líder denominacional y muchos otros (en total contradicción con la Biblia), está abogando por los “incrédulos salvados”. Para la mayoría de los cristianos, tal afirmación es un oxímoron.[5] Como si afirmáramos la existencia de un “soltero casado”, dicha expresión carece totalmente de sentido.

En plena concordancia con la Biblia, Jacobo Arminio enseñó:

“Al comienzo de la fe en Cristo y de la conversión a Dios, el creyente se convierte en un miembro vivo de Cristo. Si persevera en la fe de Cristo y mantiene una buena conciencia, sigue siendo un miembro vivo. Pero si se vuelve indolente, no se preocupa por sí mismo, le da lugar al pecado, se vuelve medio muerto: al proceder de esta manera, al final muere por completo y deja de ser miembro de Cristo”[6]

Arminio, fiel en sus enseñanzas a la Palabra de Dios, afirmó que la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final del creyente. Desafortunadamente, la falsa doctrina del “una vez salvo, siempre salvo”, haya perseverancia o no, continúa siendo predicada en muchos púlpitos alrededor del mundo. Y esto a pesar de que las Escrituras enseñan que la posesión de la vida eterna está condicionada a una actitud de confianza en la persona y fuente de eternidad y salvación, el Señor Jesucristo.

SÓLO EL QUE PERSEVERE SERÁ SALVO.

Pero los arminianos no somos los únicos en oponernos a dicha enseñanza antibíblica. Incluso el calvinista clásico está de acuerdo con el arminianismo en que la fe en el Señor Jesucristo debe continuar hasta el fin si uno va a experimentar la salvación en el mundo venidero. Por ejemplo, el autor reformado James White dice:

“Las maravillosas promesas que proporciona Cristo no son para aquellos que no creen verdadera y continuamente. La fe que salva es una fe viva, una fe que siempre mira a Cristo como Señor y Salvador… Muchos en nuestro mundo hoy…. enseñan esencialmente que una persona puede realizar un acto de creer en Cristo una vez, y después de esto, puede caer incluso en la incredulidad total y aun así supuestamente ser “salvado”… Cristo no salva a los hombres de esta manera. El verdadero cristiano es el que viene continuamente, siempre creyendo en Cristo. La verdadera fe cristiana es una fe continua, no un acto de una sola vez. Si uno desea estar eternamente saciado, una comida no es suficiente. Si deseamos festejar con el pan del cielo, debemos hacerlo toda nuestra vida. Nunca tendremos hambre o sed si siempre venimos y siempre creemos en Cristo”[7]

El teólogo wesleyano Daniel Whedon afirma también:

“Mientras cumpla la condición, siempre será el heredero de la salvación… Cuando deja de ser creyente, pierde todo reclamo de la promesa divina y todo interés en la vida eterna. Que una vez haya creído ya no le asegura el cielo”[8]

John Wesley, padre del metodismo, enseñó:

“¿Puede un hijo de Dios, entonces, ir al infierno? ¿O puede un hombre ser un hijo de Dios hoy, y un hijo del diablo mañana? Si Dios es nuestro Padre una vez, ¿no es Él nuestro Padre siempre? Respondo: (1) Un hijo de Dios, es decir, un verdadero creyente (porque el que cree ha nacido de Dios), mientras continúa siendo un verdadero creyente, no puede ir al infierno. Pero, (2) Si un creyente naufraga de la fe, ya no es un hijo de Dios. Y luego puede irse al infierno, sí, y ciertamente lo hará si continúa en la incredulidad. (3.) Si un creyente puede hacer naufragio de su fe, entonces un hombre que cree ahora, puede ser un incrédulo en algún momento; sí, muy posiblemente mañana; pero si es así, el que es un hijo de Dios hoy, puede ser un hijo del diablo mañana… (4) Dios es el Padre de los que creen, mientras ellos creen. Pero el diablo es el padre de los que no creen, ya sea que hayan creído una vez o no”[9]

Tanto White como Whedon, Arminio y Wesley entendieron correctamente que ningún autor bíblico garantiza la salvación final de uno, aparte de una fe viva. El apóstol Pedro está de acuerdo cuando dice a sus compañeros creyentes: “pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.” (1 Pedro 1: 9, NVI). Nótese que Pedro describe dicho proceso como algo continuo. No como un evento ocurrido en el pasado solamente.

El teólogo metodista Joseph Benson llega a la misma conclusión que Wesley y Arminio en su comentario sobre Mateo 10:22:

“Pero no se desanime ante la perspectiva de estas pruebas, porque el que persevera en la fe y la práctica del evangelio, y que soporta constantemente y con paciencia invencible estas persecuciones, (que mi gracia es suficiente para permitirles a todos hacer), serán salvadas por fin y eternamente de todo pecado y miseria, en el reino y la gloria de Dios.”[10]

Pero más allá de la opinión de cualquier teólogo, la Palabra de Dios afirma categóricamente:

Pero mi justo vivirá por la fe. Y, si se vuelve atrás, no será de mi agrado». Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.(Hebreos 10: 38-39, NVI)

Mientras defendía el evangelio cristiano contra los legalistas gálatas, Pablo advirtió:

“Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia.” (Gálatas 5:4, NVI).

Pablo afirma que los creyentes genuinos pueden llegar a caer de la gracia. El hecho de que alguien que estaba en Cristo aún pueda ser separado de Él seguramente no es popular en la cultura tolerante (o más bien permisiva) de hoy. La pregunta, sin embargo, no es si una idea es popular o no, sino si es verdadera o no. Pero en Gálatas 5: 4, la expresión “han roto con Cristo; han caído de la gracia” combina dos ideas: separación y el cese de una obra. Denota separación, partida, cese, finalización, inversión Hablando lógicamente, parece razonable concluir que si estoy separado de algo, primero debo haber estado conectado a él. Si un trabajo ha cesado, primero debe haber comenzado. Estas palabras desafiantes cayeron, no de los labios de algún teólogo moderno, herético, oscuro o parcial, sino de los labios del mismísimo apóstol Pablo, el paladín de la gracia.

Muchos de los doctores de la iglesia moderna, sin embargo, no pueden tolerar tales nociones “intolerantes” de Pablo. Creen que las acciones, elecciones o estilo de vida de uno nunca pueden separarnos de Cristo y de su gracia como lo enseñó Pablo.

CONCLUSIÓN.

Los arminianos creemos en la seguridad de la salvación para el cristiano como cualquier estudiante honesto de la Biblia. Las promesas de Cristo a sus ovejas son innegables y le conceden la seguridad y confianza necesarias a cada creyente. Jesús dijo claramente:

“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” (Juan 10:27-28, NVI)

Los arminianos encontramos mucho consuelo en estas palabras de Cristo. Sin embargo, muchos “evangélicos”, defensores de la falsa enseñanza de “una vez salvos, siempre salvos” y su falsa “seguridad eterna del creyente”, citan a Jesús en este pasaje como si hubiera dicho: “Nunca perecerán si me siguen o no”. Pero Cristo jamás dijo tal cosa.

Aunque la seguridad de la salvación para los seguidores del Buen Pastor es bastante reconfortante. Sin embargo, dicha seguridad nunca debe aplicarse a los hipócritas que “Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan” (Tito 1:16, NVI). La seguridad cristiana pertenece a los cristianos, no a los hipócritas, ya que “el que practica el pecado es del diablo” (1 Juan 3:8, NVI).

En palabras de Ezequiel:

“Si el justo se aparta de la justicia y hace lo malo y practica los mismos actos repugnantes del malvado, ¿merece vivir? No, sino que morirá por causa de su infidelidad y de sus pecados, y no se recordará ninguna de sus obras justas. »Ustedes dicen: “El Señor es injusto”. Pero escucha, pueblo de Israel: ¿En qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos? Cuando el justo se aparta de la justicia, cae en la maldad y muere, ¡pero muere por su maldad!” (Ezequiel 18:24-26, NVI).

La seguridad de Juan 10:27-28 se aplica solo a aquellos que siguen a Cristo, como lo indica claramente el texto. Solo los fieles serán salvos: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10, NVI).

REFERENCIAS:

[1] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 93-94.

[2] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 80.

[3] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 81.

[4] Charles F. Stanley (2014). Seguridad eterna: ¿puedes estar seguro?, Grupo Nelson, pp. 82.

[5] Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto (RAE).

[6] Jacobo Arminio, Obras, 3:470.

[7] James R. White (2013), Drawn by the Father, Reformation Press, pp. 19-20.

[8] Daniel Whedon, Daniel Whedon’s Commentary on the New Testament (2012), GraceWorks Multimedia, 2:288.

[9] John Wesley, Works, 10:297-98.

[10] Joseph Benson, Joseph Benson’s Commentary of the Old and New Testaments, (1854), Carlton & Phillips, 4:99.

Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.

Demonología, Guerra Espiritual, Vida Espiritual

¿Puede un cristiano ser poseído por demonios?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En el siglo IV de nuestra era surgió en Mesopotamia una secta herética conocida como Mesalianos o “Euquitas”, la cual se extendió por toda Siria, Egipto y Asia Menor. Su nombre, Mesalianos, proviene de una palabra aramea que significa «gente que ora». Los mesalianos obviaban la vida sacramental y vivían en cualquier lugar, sobre todo por las calles. Sus doctrinas eran confusas pues parecían proclamarse ortodoxos, pero afirmaban que todos los hombres, incluso los creyentes y hasta Cristo mismo, están sujeto a la posesión de los demonios. Sus creencias y prácticas fueron condenadas por diversos Concilios eclesiásticos y se les acusó de inmoralidad, por lo que desaparecieron gradualmente.[1] Sin embargo, algunas de sus creencias (particularmente aquella que afirma que todos, incluso los cristianos, podemos ser víctimas de posesión demoníaca) aún sobreviven dentro de algunas iglesias modernas.

Se dice que una persona es víctima de posesión demoníaca, está endemoniada, o simplemente está poseída, cuando un espíritu maligno entra en su cuerpo y le hace hablar y comportarse, no como ella quisiera, sino como el tal espíritu quiere. Los demonios, su origen, naturaleza y obra diabólica, despierta muchas interrogantes entre los creyentes modernos. En el presente artículo responderemos bíblicamente a 7 preguntas comunes en relación con la posesión demoníaca: ¿Quiénes o qué son los demonios? ¿Qué son los exorcismos y qué enseña la Biblia al respecto?, ¿Puede un cristiano verdadero ser poseído por demonios?, ¿Cuáles son los síntomas evidentes de una posesión demoníaca?, ¿Cómo puede alguien llegar a estar poseído por un demonio?, ¿Es correcto dialogar con demonios, preguntarles su nombre o permitirles exhibirse en público? Y ¿Puede un demonio exponer públicamente un pecado oculto y no confesado, de aquellos que intenten expulsarle?

¿QUIÉNES O QUÉ SON LOS DEMONIOS?[2]

Los demonios, espíritus inmundos o impuros, son seres de naturaleza espiritual e invisibles, también conocidos como “ángeles caídos” puesto que siguieron a Satanás en su rebelión contra Dios, su creador. Son de carácter inmortal, son poderosos, superiores al poder de un ser humano, y tienen personalidad. La Biblia no vacila en identificar a los demonios como seres espirituales hostiles a Dios y a los hombres.

En el pensamiento griego popular se designaba así a los espíritus malos, y en particular a los de los muertos que ejercían su maleficio como fantasmas. La mención de los espíritus de los muertos, llamados “elohim” en 1 Samuel 28:13 e Isaías 8:19, a los cuales se consultaba por los médiums, revela que muchas de los conceptos que encontramos en Grecia acerca de los demonios, aparecieron esporádicamente en Israel. La prohibición del espiritismo (Números 23:23; Deuteronomio 18:10; 1 Samuel 15:23) explica que la demonología haya ocupado un lugar tan marginal en el Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento la nomenclatura para los demonios es variada y extraña: se llaman shedim (señores) en Deuteronomio 32:17, y es probable que sh˓rim en Isaías 13:21 (cabras) y lilit en Isaías 34:14 (lechuza, literalmente: “la nocturna”) y Azazel (Levítico 16:10–22) se refieran a demonios. En el judaísmo tardío y en el rabinismo aparecen los demonios más explícitamente como seductores de las personas y enemigos de Dios. Se trata de ángeles caídos (Judas 6), a veces relacionados con los «hijos de Dios» de Génesis 6:1–4. Los demonios están sujetos a Satanás o Belial. En la Mishnah, los rabinos consignaban instrucciones para los exorcistas (Lucas 11:24; Apocalipsis 18:2), y consideraban que los demonios moraban en lugares impuros como los cementerios (Marcos 5:2) y por ello se les llama «espíritus inmundos».

La mención de la actividad demoníaca en el Nuevo Testamento se concentra en los Evangelios, como si la irrupción especial del ministerio terrenal de Jesús provocara mayor oposición satánica. Frente a la evidencia de los milagros del Señor, sus enemigos lo acusaron de «tener un demonio» (Juan 7:20; 10:20), pero, al contrario, Jesús actuaba con autoridad propia «desatando» a los dominados por Satanás (Lucas 13:10–17). Su poder sobre los demonios confirmó que Él es el «más fuerte», que entró en la casa del «hombre fuerte» [Satanás], lo ató, y ahora «saquea sus bienes [los demonios]» (Marcos 3:27). El poder de Jesús sobre los demonios señalaba la llegada del Reino de Dios (Lucas 11:20). Jesús compartió esta victoria con sus discípulos (Lucas 9:1; 10:17) e incluso con los que no se contaban entre sus seguidores íntimos (Marcos 9:38).

De acuerdo con la Biblia, muchos podían ser los efectos de la posesión demoníaca: la mudez (Mateo 9.32), la epilepsia (Marcos 917), hábitos antisociales (Marcos 5:1–5) e intentos suicidas (Mateo 17:15). Sin embargo, no toda enfermedad se atribuía a la posesión. Mateo 4:24 distingue bien entre las causas naturales y sobrenaturales al afirmar que Jesús sanó a «los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos». Como habitantes del mundo espiritual, los demonios sabían quién era Jesús, aunque Él callaba este tipo de testimonio (Marcos 3:11). También leemos que ellos reconocían también que su fin en el abismo será para destrucción eterna (Mateo 8:29; Lucas 8:31; Santiago 2:19).

El libro de los Hechos, las Epístolas y el libro de Apocalipsis también hacen mención de los demonios y su obra. Hechos 19.13–16 nos presenta el relato de los hijos de Esceva. Dicho relato constituye una anécdota singular acerca del judaísmo contemporáneo y sus prácticas exorcistas. Escribiendo a mediados del siglo II, el autor desconocido de la conclusión del Evangelio de Marcos (Marcos 16:9–20) se refiere al exorcismo, puesto que este pasaje se basa en una tradición confiable, es probable que Jesús haya hecho una promesa tal. Según 1 Timoteo 4:1 los demonios atentan contra la sana doctrina. En 1 Corintios 10:20, Pablo equipara el culto a los ídolos con el tributo a los mismos demonios en su esencia (Apocalipsis 9:20).

 ​​ ¿QUÉ SON LOS EXORCISMOS Y QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA AL RESPECTO?

La práctica del exorcismo (del griego antiguo: ἐξορκισμός, romanización: exorkismos, literalmente: «obligar mediante juramento, conjurar»)​ se define como “la práctica religiosa o espiritual realizada contra una fuerza maligna, utilizando diversos métodos cuyo fin es expulsar, sacar o apartar a dicho ente de la persona, objeto o área que se encuentra poseída por la entidad maligna (ver, como ejemplo, posesión demoníaca) quien somete y controla al poseído.”​[3] Estos entes, dependiendo de las creencias de los implicados, pueden ser demonios, espíritus, brujos, etc. El objeto de la posesión puede ser una persona o animal, objetos e incluso lugares como pueblos o casas (poltergeist).[4]

El asunto de los exorcismos es uno de los temas favoritos en el cine del terror, tan popular en los últimos años gracias a películas como ‘El exorcista’, una de las más populares en su género, y que sigue siendo referencia para cantidad de producciones que en el cine tratan el asunto de la posesión. Sin embargo, pocos se han preocupado de revisar lo que la fe cristiana enseña en las páginas de la Biblia sobre los demonios y las posesiones. Quizá sea porque las Escrituras muestran a los demonios actuando, pero la reacción de Jesús y de los primeros creyentes está muy lejos de la parafernalia, rituales, o el uso objetos con un supuesto poder para hacer salir a un demonio de la persona poseída.

La obra de los demonios en las personas no es una explicación temporal que la Biblia dé a las enfermedades que, por el desarrollo de la medicina y la ciencia, no se pudieran explicar en la época de los relatos evangélicos. Esto es difícil de aceptar para una persona que no crea en Dios, o en el mundo espiritual, ya que siempre dirá que cualquier manifestación demoníaca es una enfermedad mental y no algo de carácter espiritual. Desde la medicina se apunta que muchos de los casos de posesión se pueden explicar como un trastorno de identidad disociativo o epilepsia. Sin embargo, los pasajes bíblicos hacen distinción entre enfermedad y posesión. No se mezclan.

En Mateo dice que Jesús curaba a endemoniados, epilépticos y paralíticos, haciendo una distinción clara. Lo que es distintivo es la respuesta ante la mención de Cristo. Podemos saber que es un problema espiritual cuando reaccionan violentamente ante este mensaje. Además, una persona poseída no responderá a los tratamientos que le estén dando los médicos. Hollywood y la Iglesia Católica han popularizado la idea de que el exorcismo sólo puede ser realizado por una persona específicamente preparada para ello a través de ciertos rituales. Sin embargo, la forma de enfrentar los demonios en la Biblia es bastante más sencilla y directa. Jesús y los apóstoles sacaban los demonios con unas palabras (Mateo 4:10, 8:16, 8:28-34; Marcos 5:9, 9:25; Lucas 4:35, 8:29, etc.). No hay un ritual. Con una orden la persona queda liberada. Los apóstoles hicieron lo mismo, y lo hacían en el nombre de Jesús. No hay un enfrentamiento, ni discusión, ni reprensión, ni insultar a los espíritus (Judas 8-10).

Debemos romper con toda la parafernalia creada alrededor del exorcismo. En realidad, la palabra ‘exorcismo’ sólo aparece en Hechos 19:13 y se refiere a personas que no eran cristianas que practicaban un exorcismo ambulante. Se trata por tanto de un concepto heredado de otras tradiciones culturales o religiosas que no tienen lugar en la Biblia. En caso de que un cristiano enfrente la circunstancia de estar ante una persona poseída por un demonio no necesita, por tanto, tener un cargo específico, ni siquiera una preparación ritual previa (pues el verdadero cristiano se prepara y vive preparado espiritualmente cada día, no sólo ante una ‘emergencia’ de este tipo). Se nos llama a que, como discípulos, podamos ejercer ese poder de echar demonios en el nombre de Jesús, porque no somos nosotros quienes tenemos poderes, es el Espíritu de Dios.

El siervo de Dios actúa en el nombre de Jesús para expulsarlo. El único requisito que presenta la Biblia es tener fe. Jesús recriminó a sus discípulos en un momento que no fueron capaces de sacar un demonio porque no tuvieron fe. Se requiere fe para que uno pueda expulsar a un demonio de otra persona. Si bien es cierto que el catolicismo trata el asunto de las posesiones y el exorcismo por medio de rituales con crucifijos, estampas, agua bendita, velas, conjuraciones y rosarios, nada de esto tiene poder contra el diablo, según la Escritura. Los evangélicos debemos evitar caer en el mismo engaño. Debemos dejar de lado la fe en el uso de objetos, aceite, sal, imposición de biblias sobre el endemoniado, recitación mística de ciertos salmos, latigazos, golpes o cualquier otro ritual absurdo y antibíblico. No somos ‘brujos blancos’ ni médiums cristianos, sino representantes autorizados de Jesucristo. Y Jesucristo y los apóstoles se enfrentaban con demonios, pero no recurrieron a ninguna fórmula mágica para dominarlos.

​​ ¿PUEDE UN CRISTIANO VERDADERO SER POSEÍDO POR UN DEMONIO?

Muchos creyentes rehúsan ejercer su ministerio de liberación por miedo a ser víctimas ellos mismos de la posesión demoníaca en caso de no realizar adecuadamente el ‘exorcismo’. Muchos cristianos incluso afirman haber oído de creyentes víctimas de la posesión demoníaca. ¿Es esto posible? ¿Pueden los cristianos verdaderos ser poseídos por demonios? Para responder adecuadamente a dichas preguntas, es necesario aclarar ciertos conceptos: Estar poseído no es lo mismo que ser tentado, influenciado o incluso atacado por demonios. Satanás y los demonios tientan a los cristianos, e incluso pueden poner pensamientos pecaminosos en ellos, tal como sucedió en el caso de David con el censo (1 Crónicas 21:1), y Pedro, cuando le insistió a Cristo que no fuera a Jerusalén (Mateo 16:23). La Biblia también atestigua que los demonios pueden producir enfermedades y desgracias, siempre bajo el permiso divino. Tal fue el caso de Job, y también ocurrió con Pablo con el aguijón en su carne, a quien identificó como “un mensajero de Satanás” (2 Corintios 12:7). En Lucas 13:11 se nos habla de una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Y el mismo Cristo dice en Lucas 13:16 que esta mujer era una “hija de Abraham”, a la que Satanás había tenido atada durante dieciocho largos años. Podemos concluir, entonces que los demonios pueden afectar a los cristianos, ya sea produciendo enfermedades o desgracias, o produciendo tentaciones y pensamientos pecaminosos.

Ahora bien, esto es diferente a una posesión demoníaca. Si con poseído por un demonio se quiere decir que la voluntad de la persona está completamente dominada por un demonio, al punto que la persona no tiene poder para escoger el bien y obedecer a Dios, la respuesta sería con certeza que no, porque la Biblia garantiza que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros puesto que hemos sido resucitados con Cristo (Romanos 6:4-11, 14, 18, 22). De igual manera las doctrinas bíblicas de la regeneración y de la presencia permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente imposibilitan por completo la posesión demoníaca de un cristiano verdadero (1 Pedro 1:22; 1 Corintios 3:16). Por eso, cuando oímos de supuestos casos de creyentes que se dice que están poseídos, debemos preguntarnos: ¿Estaban verdaderamente regeneradas las víctimas? ¿Eran cristianos genuinos? y en caso de serlo ¿Estaban realmente poseídas? Si realmente estaban poseídas, puede ser que se trate de personas que realmente no han sido regeneradas, es decir, no han nacido de nuevo, aunque tal vez hayan asistido a la iglesia por años. Si las personas afectadas son cristianos verdaderos, es seguro que no están poseídos realmente, sino que están sufriendo algún tipo de dolencia que los llevó a algún comportamiento extraño.

Podemos asegurar, por la evidencia revelada en la Biblia, que un verdadero cristiano no puede ser poseído por los demonios, aunque sí puede ser tentado y atacado por los mismos, siempre bajo el permiso de Dios. Es incompatible que un cristiano esté habitado por el Espíritu Santo y a la vez esté habitado por Satanás. Ahora bien, debido a que sí seremos atacados, la Escritura claramente revela la forma de lidiar con dichos ataques: resistir con firmeza (Efesios 6:10-18). No tengas temor de ejercer tu ministerio, recuerda tu posición en Cristo. Si Satanás te ataca con duda y temor al enfrentarte con una persona poseída, y temes que eso mismo pueda ocurrirte a ti, recuerda: La doctrina bíblica enseña que Cristo ha vencido a Satanás y a los demonios, por lo que un creyente no puede ser poseído. Cuando somos salvos por la obra de Cristo, somos librados de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13-14). Somos atacados por el diablo, pero tenemos seguridad en Cristo (Romanos 8:37). El maligno no puede tocar a un hijo de Dios (1 Juan 5:18), porque no puede deshacer su obra. El Señor nos protege con su fidelidad (2 Tesalonicenses 3:3). La mejor protección que podemos tener ante el diablo es, como dice Santiago 4:7 someternos a Dios, resistir al diablo, y este huirá. Teniendo firmeza en Cristo, los demonios huyen.

Tener a Cristo en la vida es lo principal para protegerse. Aunque hay poder en Satanás y en los demonios, la Biblia afirma que el poder de Cristo es mucho mayor. Por ello quien quiera ser libre de toda amenaza espiritual debe confiar en la obra de Jesucristo, que da la victoria frente al mal. Ya que Jesús ‘despojando a los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz’ (Colosenses 2:15). ¡No tengas miedo!, pero no por la fuerza de un ritual, sino por la obra de Cristo Jesús, que ha vencido en la cruz.

​​¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS EVIDENTES DE UNA POSESIÓN DEMONÍACA?

La Biblia da varios ejemplos de personas que fueron poseídas o influenciadas por demonios. De estos relatos, podemos conocer algunos síntomas de influencia demoníaca, así como adquirir conocimiento de cómo un demonio posee a alguien. Estos son algunos pasajes bíblicos: Mateo 9:32-33; 12:22; 17:18; Marcos 5:1-20; 7:26-30; Lucas 4:33-36; Lucas 22:3; Hechos 16:16-18.

En algunos de estos pasajes, la posesión demoníaca causaba problemas físicos, tales como inhabilidad para hablar, síntomas de epilepsia, ceguera, etc. En otros casos causaba que el individuo actuara con maldad; Judas sería el mejor ejemplo. En Hechos 16:16-18, un espíritu aparentemente daba a la joven esclava la habilidad de saber cosas más allá de su propio entendimiento. En el caso del endemoniado gadareno que estaba poseído por una multitud de demonios, tenía una fuerza sobrehumana, andaba desnudo y vivía entre los sepulcros. Dios permitió que el rey Saúl, después de haberse rebelado contra Él, fuera atormentado por un espíritu maligno (1 Samuel 16:14-15: 18:10-11; 19:9-10) con el efecto aparente de un estado de ánimo depresivo y un creciente deseo y disposición de matar a David. Por consiguiente, hay una amplia variedad de posibles síntomas de una posesión demoníaca, tales como un deterioro físico que no pueda ser atribuido a la presencia de un problema psicológico, cambios de personalidad tales como una fuerte depresión o una inusual agresividad, fuerza sobrenatural, una indiferencia por el pudor o una interacción social “normal”, y quizá la habilidad de compartir información de la que no hay manera natural de conocer.

Es importante notar que casi todas, si no todas estas características, pueden tener otras explicaciones, así que es importante no etiquetar a cada persona deprimida, o individuo epiléptico como poseídos por demonios. Por otro lado, pienso que, en nuestra cultura occidental, probablemente no tomamos muy en serio la actividad satánica en las vidas de la gente. Adicionalmente a estas características físicas o emocionales, uno también puede ver actitudes espirituales que muestran influencia demoníaca. Estas pueden incluir una resistencia a perdonar (2 Corintios 2:10-11) y la creencia y propagación de falsa doctrina, especialmente concerniente a Jesucristo y Su obra redentora (2 Corintios 11:3-4, 13-15; 1 Timoteo 4:1-5; 1 Juan 4:1-3).

​​¿CÓMO PUEDE ALGUIEN LLEGAR A ESTAR POSEÍDO POR UN DEMONIO?

No se nos dice exactamente cómo se expone uno mismo a ser poseído. Si el caso de Judas es representativo, él abrió su corazón al mal, en su caso por su avaricia (Juan 12:6). Así, es posible que, si uno permite que su corazón sea gobernado por algún pecado habitual, esto se convierta en una invitación para que un demonio entre.

Las posesiones demoníacas también parecen estar relacionadas con la adoración de ídolos paganos y la posesión de objetos del ocultismo. La Escritura repetidamente relaciona la adoración de ídolos con la adoración a los mismos demonios (Levíticos 17:7; Deuteronomio 32:17; Salmo 106:37; 1 Corintios 10:20), así que no sería sorprendente que el involucrarse con esas religiones y prácticas asociadas con esos cultos pueda conducir a la posesión demoníaca. Mucha gente abre sus vidas a la invasión demoníaca, al abrazar algún pecado o a través de involucrarse en una secta (ya sea consciente o inconscientemente). Los ejemplos pueden incluir inmoralidad; abuso de drogas y alcohol, al alterar éstos el estado de conciencia; rebelión; amargura; meditación trascendental; yoga; el movimiento de la Nueva Era, etc.

No obstante, hay algo que no debe ser olvidado. Satanás y sus huestes del mal no pueden hacer nada a nadie, a menos que tengan el permiso de Dios (Job 1, 2). Algunas personas desarrollan una insana fascinación por el ocultismo y la actividad demoníaca. Esto es poco inteligente y antibíblico. Si nosotros seguimos a Dios con nuestras vidas; nos vestimos con Su armadura y dependemos de Su fuerza, no la nuestra (Efesios 6:10-18), no tenemos nada que temer de las fuerzas del mal, porque ¡Dios gobierna sobre todas ellas!

​​ ¿ES CORRECTO DIALOGAR CON LOS DEMONIOS, PREGUNTARLES SU NOMBRE O PERMITIRLES EXHIBIR SU PODER?

Con los demonios, que hablan a través de los endemoniados, no se dialoga: ¡Se los expulsa! Lamentablemente, algunos ‘exorcistas’ se han vuelto enfermizamente adictos a mantener pláticas con los demonios, entrevistarlos, exigirles que digan su nombre y hacerles preguntas ¡Hasta teológicas! Sin embargo, eso es una pérdida de tiempo, porque los demonios mienten y nada dicho por ellos es digno de confianza o credibilidad alguna (Juan 8:44).

La práctica de preguntar el nombre a los demonios y dialogar con ellos proviene, no de la Biblia o del ejemplo de Jesús, sino del Ritual de Exorcismo Católico, en el cual se considera que dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. Basan tal suposición en el hecho de que Dios le dio a Adán el poder de dar un nombre a las cosas. Por ende, en la concepción supersticiosa del catolicismo, en el momento en que el demonio revela su nombre, demuestra que está debilitado. Si no lo dice, es aún fuerte. Sin embargo, tal idea no cuenta con respaldo bíblico.

Jesús no hablaba con los demonios, sólo los echaba fuera. Mientras enseñaba en una sinagoga en Capernaum, Jesús fue interrumpido por un hombre poseído por un demonio. Jesús le ordenó al espíritu que se callara y que saliera del hombre, no se detuvo a dialogar con él o averiguar su nombre, mucho menos le permitió hacer una exhibición de poder o ‘robarse el show’ y amedrentar a los asistentes ¡Simplemente lo expulsó! El hombre convulsionó, y con un tremendo grito el espíritu inmundo salió (Marcos 1:21-28; Lucas 4:31-37). ¡No permitamos que el diablo se exhiba! ¡No nos prestemos al juego del diablo! ¡No gastemos nuestro tiempo inútilmente conversando con el demonio! Dios nos ha mandado a liberar a los cautivos con el poder del Espíritu Santo, no a socializar con el enemigo.

¿PUEDE EL DIABLO EXPONER PÚBLICAMENTE LOS PECADOS NO CONFESADOS DE AQUÉL QUE BUSCA ECHARLE FUERA?

Definitivamente sí. La autoridad espiritual únicamente puede ser ejercida por aquéllos que viven vidas moralmente limpias (2 Timoteo 2:19), han sido justificados por la fe en Cristo (Romanos 5:1) y han lavado sus vestidos en la sangre del Cordero (Hebreos 9:12-14), venciendo de esta forma a Satanás (Apocalipsis 12:11). Sin embargo, al ejercer el ministerio de liberación encomendado por Cristo a su iglesia, muchos han tropezado en el área de la santidad personal. Si bien es cierto todos pecamos, y ofendemos a Dios y al prójimo en algún momento (Santiago 3:2; 1 Juan 1:10), el pecado repetitivo y habitual no puede ser parte de la vida de un creyente verdadero (1 Juan 3:9).

Para su vergüenza, muchos creyentes han sido confrontados por algún espíritu inmundo al pretender echarlo fuera sin estar en comunión genuina con Dios. Esto mismo lo comprobaron los hijos de Esceva (Hechos 19:11-20). Muchos creyentes que viven en pecado habitual han sido expuestos públicamente por el diablo, hablando a través del poseído. Por eso, antes de pretender enfrentarnos con el diablo, debemos tener en mente que todo pecado personal debe haber sido resuelto previamente (1 Juan 2:1-2), así evitaremos ser avergonzados en público. De esta manera, el diablo no tendrá de qué acusarnos y, si lo hiciera, ya que esa es su función (Apocalipsis 12:11) podemos reafirmar nuestra posición en Cristo (Romanos 8:1) y recordarle que es él, y no nosotros, quien está condenado (Apocalipsis 20:10).

 CONCLUSIÓN.

Los cristianos no pueden ser poseídos por demonios. Hay una clara diferencia entre ser poseído por un demonio y ser oprimido o influenciado por un demonio. La posesión demoníaca involucra un demonio que tiene el control directo y completo sobre los pensamientos y o acciones de una persona (Mateo 17:14-18, Lucas 4:33-35; 8:27-33). La opresión (o influencia) demoníaca implica un demonio o demonios atacando espiritualmente a una persona o incentivándole hacia un comportamiento pecaminoso.

El creyente en Cristo no puede vivir atemorizado ante el diablo y su accionar en el mundo. La clave de la victoria en la vida cristiana es estar llenos (controlados y empoderados) con el Espíritu Santo a cada instante (Efesios 5:18). Los demonios son una realidad, pero el poder de Cristo en nosotros es aún mayor. A la iglesia se le ha confiado el ministerio de la liberación:

“En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18).

 “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19).

 “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mateo 10:7-8)

REFERENCIAS:

[1] Ramos, Marcos Antonio. Nuevo Diccionario de Religiones, Denominaciones y Sectas, Editorial Caribe, 1998. Pp. 115.

[2] Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Editorial Caribe, 1998. Pp. 335-337.

[3] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «exorcismo». Diccionario de la lengua española (23.ª edición).

[4] Vergilius Ferm, ed. (1945). «Exorcismo». An Encyclopedia of Religion. New York: Philosophical Library. p. 268.