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La Huella Global del Pentecostalismo – Desde Azusa y Topeka hasta Roma, Wittemberg, Ginebra y Canterbury

El movimiento pentecostal es una fuerza poderosa en las iglesias cristianas de hoy. Se le conoce como Pentecostalismo porque afirma ser un "segundo Pentecostés" al final de la historia. Otros le llaman Movimiento Carismático, porque pretende recuperar y practicar los dones extraordinarios del Espíritu que se mencionan en Hechos y en 1 Corintios 12-14. En 100 años, el Movimiento Pentecostal se ha extendido de un puñado de personas en Topeka, Kansas y en Los Ángeles, California a cientos de millones en todo el mundo. Investigaciones recienten afirman que más 500 millones de personas se adhieren al movimiento pentecostal y sus enseñanzas características. Su crecimiento abrumador ha hecho posible que el movimiento pentecostal sea considerado hoy en día, por muchos estudiosos de la religión cristiana, no como una rama más del protestantismo, sino como una "cuarta rama" en la cristiandad, juntamente con la iglesia ortodoxa, el catolicismo romano y el protestantismo histórico.

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La expansión del neopentecostalismo en Latinoamérica, una amenaza para la ortodoxia pentecostal

En función de los elementos teológicos, se ha definido el neopentecostalismo como una tradición religiosa protestante o evangélica que fusiona doctrinas pentecostales y reformadas con la llamada “teología de la prosperidad”, con especial énfasis en la sanidad, la guerra espiritual y el exorcismo.[4] El neopentecostalismo incorpora además elementos de la Nueva Era como la confesión positiva, así como la presunción de haber restaurado en su plenitud el ministerio apostólico y profético, sobre enfatizar la sanidad divina, el proselitismo mediático, la incursión en la política, la implantación de mega iglesias, el uso de la magia popular en la ministración y el exorcismo, el culto emocional, la veneración desmedida al liderazgo carismático (culto a la personalidad) y un abandono tanto del complementarismo como del igualitarismo bíblico en favor de un tipo difuso de feminismo cristiano. Estos elementos han aparecido progresivamente, a partir de la década de los 80 y pueden observarse con facilidad en el seno del protestantismo latinoamericano.

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Pentecostalismo, el siguiente paso en la Reforma

El movimiento pentecostal, nacido en Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, ha conocido una vigorosa expansión a escala global (y de forma excepcional en América Latina) durante las últimas tres décadas. En tan solo 100 años de existencia, el pentecostalismo se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 totalizaban 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones de pentecostales en el mundo. En varios países el pentecostalismo tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes históricas corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías. Las denominaciones pentecostales, en cambio, compran templos y medios de comunicación todos los años, y se multiplican a una velocidad imposible de ignorar. Tan asombroso ha sido el crecimiento del pentecostalismo que el Consejo Mundial de Iglesias preveía en 1970 que el cristianismo mayoritario para finales del s. XX sería de color pentecostal y se encontraría en el Tercer Mundo. Dichas estimaciones no se equivocaron. Sin lugar a dudas la mayoría cristiana evangélica en América es ahora pentecostal y el siglo XXI parece seguir la misma tendencia.

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Solus Spiritus, la Sexta Sola olvidada

La expresión latina 'Solus Spiritus' significa 'Solo el Espíritu' y constituye la 'sola' olvidada de la Reforma Protestante. Los pentecostales, al igual que el resto de las iglesias nacidas de la Reforma o derivadas de ésta, reconocemos que las enseñanzas del protestantismo pueden resumirse en las famosas cinco solas: Sola scriptura, Sola fide, Sola gratia, Solus Christus y Soli Deo Gloria. Aunque los pentecostales estamos orgullosos de ser protestantes y nos gozamos en nuestro legado evangélico; no obstante, como herederos de un legado espiritual igualmente valioso, estamos cada vez más convencidos de que sería teológicamente correcto y necesario añadir una nueva sola a la lista: Solus Spiritus. ¿Por qué pensamos de esta manera? ¿Por qué añadir una más a la lista de las 5 Solas? Los pentecostales, en plena concordancia con la biblia, entendemos y proclamamos que el conocimiento de Dios por parte del creyente no puede nunca ser completo si no conoce a la tercera persona de la Deidad. En opinión de muchos teólogos, el ministerio activo del Espíritu Santo marca la edad de la Iglesia como la “Edad del Espíritu”, en contraste con la era de los Evangelios que es descripta como la “Era del Hijo”, y el Antiguo Testamento que es llamado “La era del Padre”. Todos aquellos que están genuinamente en la Iglesia del Señor Jesucristo, son producto de la obra creativa del Espíritu Santo por medio de Sus múltiples ministerios.

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Teología arminiana y poder pentecostal, claves del éxito misionero.

Sin lugar a duda, la soteriología dominante de una iglesia  moldea de manera indeleble su cultura (la forma en que la gente piensa y piensa) para la misión. Una de las suposiciones más básicas del misionero encarnado es asumir que Dios ya está involucrado en la vida de cada persona y los está llamando a sí mismo a través de su Hijo. Esto significa que el Dios misionero ha estado activo durante mucho tiempo en la vida de una persona. Nuestro trabajo principal es tratar de ver dónde y cómo Dios ha estado trabajando y asociarnos con él para llevar a la gente a la redención en Jesús. Esta es básicamente la comprensión arminiana de la gracia preveniente. En ella reside la motivación o razón de ser de las misiones pentecostales.

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Pentecostales ¡Ya basta de jugar con lo sagrado!

La tarea de limpiar el pentecostalismo de toda herejía, excesos y desviaciones no será fácil. Debido a que los pentecostales carecemos de alguna estructura de autoridad dominante, es difícil para cualquiera controlar lo que sucede entre algunos grupos pentecostales. Pero tampoco podemos callarnos. Ayudemos a nuestros hermanos no pentecostales a descubrir que generalizar sobre nosotros es un grave error. No todos los pentecostales creemos en la confesión positiva, ni todos creemos en el evangelio de la prosperidad, tampoco todos apoyamos la Nueva Reforma Apostólica, ni promovemos una adoración escandalosa pero vacía teológicamente. No todos somos anti-intelectuales, emocionalistas o desordenados. Es tiempo de abrir nuestros ojos y reflexionar en lo que está pasando dentro de nuestras iglesias.

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Herejías | Arrebatarle cosas al diablo

Los cristianos no debemos “arrebatarle” cosas al diablo, ya que en ninguna parte de la Biblia se nos ordena hablar o discutir con él. La Biblia nos enseña: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7). Sin embargo, muchos cristianos le han asignado a Satanás un papel y un poder mucho mayor del que la Biblia le asigna. Esto les lleva a vivir decretando y declarando cosas, culpando a Satanás de todos sus males, accidentes, necesidades, enfermedades y pecados, como si el diablo fuera omnipotente u omnipresente, o como si pudiera sobrepasar el permiso y la soberanía divina. Muchos equivocadamente piensan que el diablo les ha robado cosas que Dios les ha dado, y que tienen que luchar espiritualmente para recuperarlo.

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Herejías | Las maldiciones generacionales

La frase “maldición generacional” o cualquier otra frase similar nunca aparece en las Escrituras, no se encuentra en ninguno de los Testamentos. Esto en sí no es suficiente para desechar la enseñanza como no bíblica. No obstante, el hecho que la frase maldición generacional no se encuentre en las Escrituras debería alertar a los creyentes con criterio sobre la necesidad de ser cuidadosos en este asunto. Debe haber pruebas convincentes cuando se estudia todo el consejo de Dios. Ciertamente, la Biblia parece hacer mención de las llamadas "maldiciones generacionales" en ciertos pasajes (Éxodo 20:5; 34:7; Números 14:18; Deuteronomio 5:9). Y muchos han sabido usar tales versículos para sostener la enseñanza errónea de que Dios castiga a los hijos por los pecados de sus padres. Tal afirmación no es verdadera. Aunque es cierto que los efectos del pecado pueden transmitirse de una generación a la siguiente (la Caída de Adán es un ejemplo de ello, pues sus efectos y consecuencias arrastraron a todos sus descendientes con él), esto no implica una sentencia irrevocable. La lógica nos enseña que cuando un padre tiene un estilo de vida pecaminoso, sus hijos son propensos a tener el mismo estilo de vida pecaminoso también; es decir, copian los mismos patrones de conducta pecaminosa. Es por ello que muchos hijos terminan cometiendo los mismos pecados que sus antepasados y pagando las mismas consecuencias.