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Guerra Espiritual, Sin categoría

Verdades Distorsionadas: Extremos Peligrosos en la Guerra Espiritual.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Los cristianos estamos en guerra. No cabe duda: hay una batalla, pero no es contra sangre ni carne (Efesios 6:2). Nuestro enemigo no es visible a nosotros, por lo que no podemos simplemente observar su accionar. Pero Dios sí conoce los planes y las acciones de Satanás y sus demonios, por lo que la única forma de batallar es dependiendo totalmente en Él. Desafortunadamente, Satanás ha creado fortalezas en la mente de los cristianos sobre cómo batallar, lo que ha llevado a estrategias inefectivas y enfoques erróneos. Las Escrituras autentifican la realidad del mundo espiritual, incluyendo a los ángeles (amigos) y a los demonios (enemigos). Sin embargo, a los cristianos occidentales, incluyendo a los evangélicos y pentecostales, no les resulta fácil explicar y referirse a esta dimensión transempírica de la realidad.

Algunos grupos cristianos cuestionan teológicamente que la lucha espiritual sea real y relevante para sus vidas y ministerios. Y es que hay dos extremos de creencia que son graves en términos de combatir. Primero cuando al rechazar creer que hay una batalla, es fácil sufrir heridas espirituales puesto que nos encontramos sin las armas equipadas ni listas para los dardos que vienen. El otro extremo es el de atribuir todo lo que pasa a Satanás, lo que termina dándole más poder de lo que realmente tiene. Muchas personas creen que la forma de luchar contra estas potestades es una lucha de poder. Se comportan como detectives espirituales, siempre buscando al diablo para reprenderlo y arrebatarle lo que se ha llevado. Esta tampoco es la enseñanza de la Palabra.

Los pentecostales que amamos la sana doctrina reconocemos la realidad de la guerra espiritual. No obstante, entendemos que la batalla ya ha sido ganada por Cristo en la cruz, donde Él despojó a los principados y potestades demoníacas triunfando sobre ellas (Colosenses 2:15). Esta sola realización cambia totalmente el tono de nuestro luchar: batallamos con un enemigo que, en última instancia, ha sido derrotado. Entender la derrota de Satanás nos libra de sobre enfatizar el poder del maligno y conocer la Palabra de Dios nos llevará a estar alertas ante las asechanzas del diablo, para resistirlo (1 Pedro 5:8-9). Apoyados en la victoria conquistada por nuestro Señor Jesucristo en la cruz, nos centramos en fortalecer nuestra fe combinando la espiritualidad con acciones prácticas y directas. Oramos con intensidad, vivimos nuestra fe con entrega y pasión, pero recelamos de no caer en las prácticas mágicas y animistas a las que han sido arrastrados algunos creyentes en su obsesiva fiebre por la guerra espiritual.

Manteniendo dicho equilibrio teológico podemos asumir sin problemas la realidad de un conflicto implacable entre el reino de Dios y el gobierno temporal de Satanás, el príncipe de este mundo, quien es asistido por fuerzas demoníacas bajo su comando. Como creyentes pentecostales, aceptamos la realidad de un mundo espiritual tal como se revela la Escritura. La Biblia enseña claramente la existencia de un enemigo invisible dedicado a la destrucción de la humanidad y nos presenta claramente la vida humana como si se viviera en un contexto de continua contienda entre el reino de Dios y el reino de Satanás. La vida y ministerio de Jesucristo ponen en evidencia esta realidad. Inmediatamente después que el Espíritu Santo ungió a Jesús para que comenzara su ministerio público, Jesús experimentó una confrontación personal con Satanás (Mateo 4:1-11; Marcos 1:12,13; Lucas 4:1-13). Más tarde Él declaró: “Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28). Pedro hizo un resumen del ministerio de Jesús al declarar “cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). El apóstol Pablo advirtió a la iglesia de Éfeso: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

EL RESURGIMIENTO DE UNA DOCTRINA OLVIDADA.

La guerra espiritual permaneció como un concepto olvidado por años en el cristianismo, pero resurgió hace ya un poco más de 25 años dentro del movimiento evangélico, como parte de una estrategia evangelística y misionera. Esta estrategia comenzó a configurarse y a tomar impulso a partir del 1989, bajo el liderazgo de Peter Wagner, profesor del Seminario Teológico de Fuller, quien, además, tiene una larga experiencia como misionero en América Latina. Cabe destacar que el moderno resurgir del concepto de guerra espiritual ocurrió, precisamente el año en que cae el emblemático muro de Berlín y el mundo se abre a nuevos paradigmas que se expanden al ritmo de un galopante proceso de globalización, en medio del acentuado subjetivismo que caracteriza esta era posmoderna, marcada por un desplazamiento del ateísmo racional y materialista por doctrinas esotéricas y la búsqueda espiritual de mundos ocultos y otras percepciones del más allá.

Este movimiento que, además de a Wagner, tiene entre sus ideólogos a Charles Kraft, Ed Murphy, John Dawson, Neil Anderson, Héctor Torres y a Cindy Jacobs entre otros, además de activistas de alcance internacional y multitudinario como Omar Cabrera, Carlos Anaconndia, Claudio Freidzon, Rony Chavez y muchos otros, es promovido a través de redes con abundante literatura, seminarios, talleres, cruzadas, concentraciones multitudinarias, marchas y movilizaciones de grupos, lo que le ha ganado notable aceptación, no solo entre los neopentecostales, sino también entre los pentecostales clásicos y otras denominaciones evangélicas. Por ello, los pensadores evangélicos han definido la guerra espiritual como una corriente dentro del ciclo de los grandes movimientos renovadores que han matizado con nuevos impulsos la gran diversidad que a lo largo del tiempo ha caracterizado la práctica del evangelio. Esta corriente hace su aparición en el marco de lo que se ha llamado la tercera ola, periodo de avivamiento que pone énfasis en las señales y prodigios, y que ha tenido notable impacto en lo que tiene que ver con la forma como tradicionalmente estaban organizadas las denominaciones y con muchos otros aspectos de orden eclesiástico y espiritual. Como parte de esta llamada tercera ola, la guerra espiritual ha alcanzado en estos veinticinco años notorio impacto en todos los ámbitos protestantes y más allá.

DOS EXTREMOS PELIGROSOS EN RELACIÓN CON LA GUERRA ESPIRITUAL.

Es innegable que el resurgimiento del concepto bíblico de “Guerra Espiritual” ha sido de bendición para la iglesia. La guerra espiritual surge como un recurso renovador de la iglesia que acentúa con nuevo énfasis y vitalidad la oración. Esto en sí mismo es sumamente positivo. Sin embargo, como ya lo mencionaba antes, los cristianos pueden incurrir en dos extremos de creencia errados frente a la guerra espiritual: Ignorarla por completo o sobre enfatizarla. Analicemos los peligros de ambos extremos.

I.- NEGAR LA REALIDAD DE LA GUERRA ESPIRITUAL.

Nuestra cosmovisión occidental, las suposiciones teológicas tradicionales y un vocabulario bíblico teológico predeterminado, se unen para hacer que sea difícil discernir y enfrentar un vasto despliegue de realidades espirituales que operan más allá de la percepción sensorial de las personas. Desde el Iluminismo, el mundo occidental ha adoptado una orientación racional, humanista, científica, que tiende a evitar el discernimiento espiritual. La confianza en lo racional y en la lógica mental, la capacidad humana de resolver problemas y la habilidad de la ciencia para penetrar a lo profundo y las estructuras de lo que es real, hacen que sea difícil detectar, confrontar y tratar con un reino espiritual hostil. Incluso muchos cristianos evangélicos han llegado a la conclusión de que su experiencia de salvación los inmuniza del diablo y de los demonios. Para los pentecostales, su encuentro inicial del bautismo en el Espíritu Santo hace lo mismo. De este modo, creen que una vez hayan recibido el bautismo en el Espíritu Santo son inmunes a cualquier ataque de los demonios. Muchos teólogos proponen incluso que Jesús ha atado a Satanás en cuanto a la posibilidad de que sus poderes demoníacos puedan afectar de manera alguna a un creyente. Para muchos cristianos, incluyendo a muchos pentecostales, la realidad consiste de Dios, los humanos, la naturaleza y el espacio exterior, las leyes de la naturaleza que gobiernan la vida y el mundo, y ocasionales intervenciones del Espíritu Santo para salvar, bautizar en el Espíritu, realizar milagros de sanidad y librar a los pecadores del control demoníaco. Tal perspectiva falla ignorando la importancia y vitalidad del ámbito espiritual que existe entre el Dios trascendente y el mundo de los humanos y la naturaleza. Trágicamente, el cristianismo que da énfasis a la salvación individual del alma está mal preparado para enfrentar los poderes espirituales hostiles que operan bajo la soberanía suprema de Dios. Este tipo de cristianismo tiene un ministerio de eficacia limitada para las personas, especialmente en la mayor parte del mundo en donde las multitudes creen en la influencia de seres espirituales en todos los aspectos de la vida.

La mayoría de los pueblos del mundo opera desde una orientación de poder en donde los seres espirituales, incluyendo a Dios, Satanás, ángeles, demonios y espíritus ancestrales, controlan todas las dimensiones de la vida. La minoría del mundo occidental, del mismo modo, orientada hacia el poder, enfatiza el poder en la educación, en la política, las finanzas, las posiciones de autoridad, los sistemas sociales y la tecnología, e inserta a los humanos en el centro de su visión mundial. Además, en Occidente, bien sea que la motivación es el deseo de evitar las acusaciones de sensacionalismo o de irracionalidad, o debido a una sospecha de espiritualizar en forma exagerada las conductas y los eventos anormales humanos, por lo general limitan sus diagnósticos a impedimentos médicos o psicológicos, o a dramáticos “actos de Dios”. Temiendo caer en el fanatismo, muchos creyentes hallan seguridad, sanidad y respeto académico en las ciencias seculares. Pero la indiferencia o ignorancia voluntaria de la realidad del mundo espiritual es también un extremo peligroso.

II.- SOBREENFATIZAR O DISTORSIONAR EL CONCEPTO DE GUERRA ESPIRITUAL.

El concepto de guerra espiritual fue olvidado por mucho tiempo en la iglesia evangélica, la cual pagó un alto precio por ello. No podemos negar que hay sitios donde incluso nuestros mejores esfuerzos pastorales, misioneros y evangelísticos fracasaron debido a que no consideramos de forma apropiada dicho elemento. Lamentablemente algunos han sobre enfatizado este tema, llevándolo a niveles descabellados. Muchos cristianos gastan sus energías identificando demonios, trazando rutas, diseñando cartografías espirituales o desarrollando estrategias para ataques espirituales espectaculares y resonantes. Resulta triste ver como muchos creyentes gastan su tiempo y esfuerzo innecesariamente, consagrando vidas enteras al estudio insano de la demonología, todo ello con el propósito de ubicar las estrategias de Satanás y sus huestes. En algunos círculos evangélicos se enseña la existencia de tres los niveles de operación de los demonios:

  • En el nivel primer nivel operan las huestes de menor rango que motivan los pecados individuales de las personas.
  • En el segundo nivel están demonios de mayor calado, “principados”, cuyo control territorial está relacionado con dominar ciudades, regiones y países y su principal propósito es impedir que la iglesia sea bendecida y someter territorios para que la gente rechace el evangelio.
  • El tercer nivel se da a través de las falsas religiones, especialmente las esotéricas y de hechicería, sin soslayar el hinduismo, el budismo, el islam y el catolicismo romano e incluyen a los principados y potestades de mayor rango.

Para los adherentes a esta doctrina, no se trata sólo de orar a ciegas, sino de una guerra espiritual entre fuerzas del bien y el mal invisibles que requiere combate “estratégico”, para lo cual se formulan cartografías espirituales basadas en las actuales divisiones políticas, pues los “principados, potestades y gobernadores de las tinieblas” se distribuyen las tareas de acuerdo con barrios, municipios, provincias y naciones, utilizando las divisiones de cada país. Por eso deben conocer bien la geografía, la cultura, la sociedad, la política y toda información posible, para orar estratégicamente y vencer a los demonios territoriales, a los cuales les suelen asignar los nombres de dioses indígenas actuales o prehispánicos, o de poblaciones negras.

La guerra espiritual es vista como una proclamación e invitación a avanzar hacia espacios espiritualmente no explorados, atacando al enemigo hasta ponerlo en retirada. Partiendo de esto, en muchos círculos evangélicos se habla de oración de guerra, identificación y confrontación de espíritus territoriales, cancelación de maldiciones ancestrales y uso de la cartografía espiritual como una estrategia que permite identificar los espíritus que gobiernan determinados territorios para emprender acciones orientadas a destruir sus fortalezas, sumando así frases y términos al lenguaje que pasan a ser parte del hablar común de los grupos evangélicos que la promocionan y la implementan. Para fundamentar esta lucha de oración se basan en Daniel 10, donde el Príncipe de Persia, una potestad demoníaca, impide que las oraciones de Daniel lleguen a Dios. Estos demonios evitan que la gente escuche la palabra de Dios y la acepte, además la mantiene en ignorancia e idolatría, lo cual impide que la prosperidad económica, el desarrollo y la luz espiritual llegue a las naciones.

En sus concepciones más refinadas, esta estrategia de guerra espiritual se configura con el estudio de la historia, la antropología, además del análisis de prácticas ocultistas y esotéricas, como el espiritismo y el fetichismo, las cuales aborda desde las ciencias sociales y la psicología, para procurarle, en definitiva, una explicación bíblica y teológica consistente y aceptable. Esta creación de realidad sobrepasa a las iglesias neopentecostales o seguidoras de la Nueva Reforma Apostólica (todos aquellos grupos dirigidos por los pseudo-apóstoles modernos) pues su producción cultural permea a iglesias evangélicas que no se adhieren a ellos, pero que se encuentran muy influidos por estas posturas.

Como pentecostales de sana doctrina no negamos la realidad de la guerra espiritual pues es enseñada en la Biblia; sin embargo, nos oponemos a una vida de temor y constante ansiedad espiritual basada en lo que el diablo pueda o no hacer. Somos llamados a estar alertas (1 Corintios 16:13, Filipenses 1:27), pero no a vivir en constante temor o perder la paz a causa del diablo y su mover en este mundo (Isaías 41:10, 44:8; Lucas 12:32). Son los excesos, no la doctrina en sí, los que deben ser rechazados.

LA GUERRA ESPIRITUAL A NIVEL INDIVIDUAL: ¿PUEDEN LOS CREYENTES SER INFLUENCIADOS POR SATANÁS, EXPERIMENTAR OPRESIÓN DEMONÍACA O SUFRIR ATAQUES ESPIRITUALES DE FORMA DIRECTA?

Pero la guerra espiritual va más allá de un conflicto por las naciones de la tierra y la salvación de los perdidos. Tiene también su dimensión personal. Cada área de la vida del creyente está expuesta a ser objeto de ataque por el enemigo de nuestras almas.

Muchos creen que los creyentes en Cristo son inmunes a cualquier forma de ataque satánico; otros en cambio se van al extremo opuesto y viven presos del miedo y el temor al diablo. Muchos incluso temen ser poseídos por espíritus demoníacos o ven la influencia demoniaca en cada faceta de la vida, por trivial que esta sea. Nuevamente, ambos extremos son peligrosos.

Los cristianos genuinos no debemos temer ser poseídos por demonios. Bíblicamente, los seres humanos son creaciones tripartitas, que consisten de cuerpo, alma y espíritu. Un todo integrado compuesto por el cuerpo externo visible, y una naturaleza interna, espiritual y compleja. Los cristianos creemos que Cristo mora dentro del creyente y ocupa el espíritu, el alma y el cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23; 1 Corintios 6:18-20). Por lo tanto, la posesión demoníaca no puede ocurrir en donde Jesús es el Señor.

Por otro lado, es ingenuo creer que porque el diablo no puede poseernos, tampoco puede afectarnos de forma alguna. La experiencia de Job es un testimonio irrefutable de que el fiel creyente puede ser, y es a menudo, atacado por el enemigo.  Si el diablo no pudiera afectar o influir de forma alguna en los creyentes verdaderos, sería difícil explicar cómo es que la serpiente entró al huerto de Edén, donde no había pecado (Génesis 3); cómo pudo Satanás usar a Pedro para que llegara a ser una piedra de tropiezo, estando presente Cristo (Mateo 16:23), cómo pudo Satanás introducirse en Judas, quien acababa de participar de la cena pascual juntamente con Cristo (Juan 13:2,27), y por qué habría Pablo de prohibir a los corintios carismáticos de participar en las festividades en los templos paganos, que eran morada de demonios (1 Corintios 10:14-22). La Biblia pone en evidencia que lo demoníaco no es algo tan remoto como a algunos les gustaría creer.

Aunque podemos afirmar con total seguridad que un creyente genuino, nacido de nuevo y cuya profesión de fe y estilo de vida concuerdan con la Palabra de Dios, no puede ser poseído (indicando control total) por los demonios, el Nuevo Testamento nos indica también que el creyente sí puede experimentar alguna aflicción demoniaca. Las Escrituras de ninguna manera limitan el trabajo de los poderes demoníacos a solo la posesión o demonización plena. En cambio, la Biblia, en varios lugares, habla de personas que tienen un “espíritu inmundo” que influyó negativamente o afectó su vida de alguna manera, ya sea en mayor o menor grado.

Por ejemplo, la conocida historia del hombre con la legión de demonios en Marcos 5 y Lucas 8 es un caso de demonización que había progresado hasta el punto en que el individuo parecía ser completamente propiedad del enemigo. Por otro lado, en Hechos 5, el caso de Ananías y Safira cuando “llenó Satanás [su] corazón” es una ilustración más sutil y suave de la opresión demoníaca (a pesar de que la opresión “leve” les costó la vida).

La Escritura también habla de que los demonios pueden causar enfermedades u otras dolencias físicas (por ejemplo, Lucas 13:11, Mateo 9:32), suministrar aparentes poderes de clarividencia o adivinación (Hechos 16:16), ejercer una gran fuerza y volverse violentos con los demás (Hechos 19:16), y causar daño físico a un supuesto huésped (Marcos 9: 14-29). En Mateo 4:24 y 8:16 se nos dice que le trajeron gente atormentada por demonios a Jesús, y los sanó. Mateo no da detalles de su condición, salvo dejar constancia de que otros los llevaron a Jesús y que la manifestación visible de la influencia demoniaca era su enfermedad únicamente. En Mateo 9:32, ciertas personas trajeron a Jesús un “mudo endemoniado” y después que el demonio fue expulsado, el mudo habló. El demonio parece haber hecho al hombre mudo. Después de que Jesús echó fuera al demonio, el comportamiento de este hombre se normalizó, y él tomó la iniciativa de hablar. En este caso, la influencia demoniaca se manifestaba a través de una enfermedad y no por alguna manifestación sobrenatural. El mudo no estaba poseído, pero sí sufría un ataque o enfermedad de carácter u origen espiritual.

Por la evidencia bíblica podemos concluir que los seres humanos, incluso los creyentes podemos, en cierta medida, ser atacados por demonios. Esto podría implicar ser afectado mentalmente como en el caso de Saúl, a causa de su descuido y pecado personal (1 Samuel 16:14-16). Otras veces, Dios le permite a Satanás atacarnos físicamente en grado significativo, como ocurrió en el caso de Job (Job 1) y Pablo (2 corintios 12:7-9). Indiscutiblemente, no todo lo que nos ocurre necesariamente es culpa de Satanás, pero a veces, y por propósitos especiales, Dios puede permitirle al diablo que nos tiente, nos cause cierto grado de daño o incluso nos enferme.

Muchos se empeñan en negar esta realidad, pero eso no cambia lo que la Biblia enseña. Para los cristianos que se han entregado el control de sus vidas a Cristo, no puede tomar lugar la posesión demoníaca. Debemos ver la posesión demoníaca como un caso extremo de control demoníaco observado sólo entre aquellos que son resistentes al señorío de Cristo.

ABRIENDO PUERTAS A LA INFLUENCIA DEMONÍACA EN NUESTRAS VIDAS.

Un creyente que anda en el Espíritu jamás será poseído por un demonio; sin embargo, en la zona intermedia entre los fieles cristianos y los inconversos están aquellos cristianos que se han estancado en su crecimiento; ellos pueden vivir de manera descuidada e inconsistente en cuanto a buscar la voluntad de Dios y evitar las tentaciones carnales. Cuando ellos vinieron a Cristo, puede que hayan mantenido algunos sectores de su vida interior sin experimentar limpieza, o que después de llegar a Cristo se hayan descuidado y rendido un “lugar” dentro de sus afectos para que el diablo controle cosas tales como avaricia, ira, mentira, lujuria y ansias de poder. Los cristianos pueden pecar voluntariamente y bajar su escudo defensivo contra las tentaciones y los dardos de fuego del maligno (Efesios 6:16). Aun cuando el Espíritu de Dios promete una vía de escape de toda tentación, hay quienes ignoran la oportunidad de huir (1 Corintios 10:13). Santiago recomienda a los creyentes “resistir al diablo” y que de nosotros huirá (Santiago 4:7). Sin embargo, algunos creyentes ofrecen poca resistencia y pueden llegar a ser presa de influencia y opresión demoniaca en diversos grados.

Los creyentes, y particularmente los ministros pentecostales, no pueden permitirse el ser descuidados o arrogantes, suponiendo ser inmunes a los poderes demoniacos. Si Satanás confrontó repetidamente a Jesús (Lucas 4:13), los representantes de Cristo no pueden esperar menos. El Nuevo Testamento llama a los cristianos a la vigilancia y la lucha espiritual constante contra Satanás y sus dominios. El Nuevo Testamento no indica que hay una tregua, zona desmilitarizada o inmunidad. Pablo habla en tiempo presente de “nuestra lucha”, incluido él mismo, que no es contra seres humanos, sino contra poderes espirituales malignos planeado por un demonio intrigante (Efesios 6:11-12).

A los creyentes de Corinto, Pablo les advierte a no ser engañados por Satanás (2 Corintios 2:11). Se advierte a los cristianos de Éfeso a “no dar lugar al diablo” (Efesios 4:27). La orden implica que es posible dar lugar o espacio para el diablo, ya sea en los propios pensamientos, actitudes, comportamientos o relaciones interpersonales. Escribiendo a los conversos en Roma, Pablo les ordenó: “No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos” (Romanos 6:12). Y añadió: “No ofrezcas alguna parte de ti mismo al pecado como instrumento de maldad … ofrezcan cada parte de uno mismo a él [Dios] como instrumento de justicia. … Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecen “(Romanos 6:13-16). Una lectura inversa sugiere que los cristianos pueden permitir que el pecado reine en su cuerpo, ya que pueden ofrecer partes de sus cuerpos para ser utilizados con fines pecaminosos, convirtiéndose en esclavos en ciertos aspectos de su vida. La amonestación del apóstol a entregar todo a Dios y que él reine supremamente sobre todas las dimensiones de la vida, incluyendo el corazón (pensamientos, motivaciones, emociones y valores), el alma (el cuerpo y la conducta externa), y la fuerza (todas esfuerzos y logros de una vida).

Pedro describió predicadores que viven entre los santos que “han escapado de la corrupción del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ella y son vencidos” (2 Pedro 2:20). Afirmó: “Las personas son esclavas de lo que les ha dominado” (2 Pedro 2:19). La referencia de Pedro a ser “enredado”, “vencido” y “esclavizado” implica que, como creyentes, podemos sufrir bajas en la guerra espiritual contra Satanás. Dar lugar a tentaciones puede conducir al pensamiento carnal y a una conducta que finalmente se convertirá en hábitos. Los hábitos conducen a adicciones, y las adicciones pueden resultar en grados crecientes de esclavitud.

LLAMADOS A LA GUERRA ESPIRITUAL.

Los cristianos deben tomar la ofensiva y proclamar a Jesús como Señor entre aquellos que nunca lo han oído. Asimismo, deben invadir y ocupar los dominios de oscuridad. En su avance, ellos deben revestirse de la armadura provista por Dios (Efesios 6:10-18) e involucrarse en tres tipos de batalla:

  • Los seguidores de Jesús deben renovar constantemente su lealtad a Cristo y estar seguros de que Él es Señor de todas las dimensiones de la vida. Esto parece haber sido el asunto en la ciudad de Éfeso, cuando la gente que ya había creído reconocía una lealtad dividida y la necesidad de limpiar sus hogares de parafernalia usada en la brujería (Hechos 19:18-20).
  • Los cristianos deben buscar la verdad y la sinceridad que se encuentra en Jesús, en su carácter, en sus hechos y en sus palabras. En la batalla contra las mentiras y las falsas doctrinas, deben someter las dudas que socavan su confianza en la bondad de la verdad de Dios (2 Corintios 10:5).
  • Cuando sea necesario, los cristianos debieran tener la confianza de involucrarse en confrontaciones de poder. Debieran imitar a Jesús. Él venció la tentación declarando las verdades de la Palabra de Dios, salvaguardando su relación con el Padre por medio de la obediencia, y por permanecer humillado y dependiente de las provisiones, momentos oportunos y direcciones de Dios. Jesús ha dado poder y autoridad a sus discípulos para echar fuera demonios, sanar a los enfermos y predicar el reino de Dios (Marcos 16:15-18; Lucas 9:1,2). El estudio de la palabra de Dios, la oración, la alabanza a Dios, y el ayuno pueden reforzar la dependencia de uno y la confianza en el Señor para liberar a las personas. Habrá ocasiones en que uno discierne que la resistencia proviene de “las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Podemos observar los controles demoniacos sobre la gente por medio del difundido tribalismo, racismo, idolatría, fanatismo religioso y ciertos pecados predominantes. La confrontación de tales espíritus requiere oraciones individuales y corporativas, y que nosotros, como embajadores de Cristo, hagamos compromisos duraderos de vivir y de testificar para Cristo entre la gente de dichas regiones.

La abundancia de advertencias bíblicas a los cristianos respecto de estar alertas, de preparación y de activa resistencia contra Satanás (descrito como un león rugiente que busca devorar al pueblo de Dios) contra los demonios, principados y potestades, debiera sensibilizar a los creyentes ante la realidad de la batalla y de la posibilidad de experimentar bajas y sufrir daño en la guerra espiritual. La fuerza y la frecuencia de estas advertencias parecen advertir a los creyentes para que estén alertas y preparados para combatir contra el reino satánico.

TOMANDO SOBRE NOSOTROS LA ARMADURA DE DIOS.

La armadura metafórica descrita por Pablo (Efesios 6:13-18) incluye el “cinto de la verdad”. Debemos estar ceñidos en el centro de nuestro ser con la sinceridad, honestidad e integridad. Debemos proteger nuestros afectos con la “coraza de justicia”, permaneciendo firmes y haciendo lo que es justo ante los ojos de Dios. El calzado apropiado asegura que uno está listo para ir en cualquier momento donde Dios lo dirija y declarar verbalmente las condiciones de paz con Dios, con los demás y consigo mismo. Tomar el “escudo de la fe”, manteniéndolo firme para asegurar las promesas bíblicas de Dios, permite que los cristianos rechacen e impidan los intentos del diablo para traer destrucción y muerte. Necesitamos proteger nuestros pensamientos con el “yelmo de la salvación”, salvación que es integral, que transforma la mente, las emociones, el cuerpo y las relaciones. El arma es una espada pequeña y manejable, descrita como la “palabra de Dios”, que hace retroceder los poderes de oposición del enemigo. Debemos dedicar tiempo al estudio, meditación, memorización y comprensión contextual de la palabra de Dios, para usarla eficazmente en los momentos de crisis. Vestidos con la armadura y protegidos con el escudo y la espada, los representantes de Dios entran a la lucha “orando en el Espíritu”. No limitados a orar en lenguas, sino incluyendo el ser llenos de percepción a la dirección del Espíritu Santo, y dependientes de Él para recibir fortaleza, resistencia y habilidad de permanecer firmes.

CONCLUSIÓN:

Sin lugar a dudas, el concepto renovado de guerra espiritual ha traído impulsos renovadores que son notorios en la adoración, la oración intercesora, el evangelismo, las misiones y el despliegue de dones espirituales diversos que adormecían por falta de animación y práctica aunque, en algunos casos, ha evidenciado tendencia a la superficialidad y el simplismo bíblico, y todo lo pretende reducir e interpretar desde la óptica espiritualista, ignorando la reflexión, el estudio y la compresión de la Palabra de Dios en su sentido más amplio y sistemático. Haciendo un balance general, la guerra espiritual puede ser considerada como un movimiento que ha traído despertar y ha sido de bendición para el pueblo de Dios, aunque hay que reconocer también sus puntos débiles, como la tendencia a absolutizar modelos y prácticas, descalificando a quienes no se envuelven en ellas. Muchos de sus seguidores están más empeñados en descifrar las estrategias de las tinieblas que en disfrutar de los destellos de gloria que irradia la luz del Cristo resucitado y triunfante que todos debemos proclamar. Sin embargo, los excesos de algunos en nada disminuyen la realidad de la guerra espiritual.

En nuestra calidad de ministros llenos del Espíritu y de poder del Espíritu, es necesario que estemos en guardia, por causa de nosotros mismos y del rebaño. Necesitamos un apropiado discernimiento para diagnosticar, defender y librar (cuando sea necesario) a los miembros de nuestra congregación que están siendo víctimas de ataques espirituales. Los cristianos están involucrados en la guerra, quiéranlo o no, pero ellos saben que el que está en ellos es mayor que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Las armas de la contienda no son del mundo, pero tienen poder divino para derribar fortalezas (2 Corintios 10:4). Tenemos la seguridad de la victoria final por medio de Jesucristo, quien ha conquistado el mundo, la carne y el diablo.

Cesasionismo, Continuismo, Distintivos del Pentecostalismo, Estudio Teológico, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Hacia un pentecostalismo sano

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Soy Pentecostal. No me sonrojo ni me avergüenza decirlo. Estoy orgulloso de mi legado y mi herencia espiritual dentro del Pentecostalismo. Mi pneumatología, mi doctrina del Espíritu Santo y los dones del Espíritu, me etiquetan como un continuista. Los continuistas (y todos los pentecostales lo somos) creemos que todos los dones del Espíritu Santo mencionados en el Nuevo Testamento son para todo el período entre Pentecostés y la segunda venida del Señor. Nuestra exégesis nos lleva a creer que todos los dones identificados en el Nuevo Testamento siguen vigentes y accesibles para los creyentes. Sin embargo, nuestra creencia en la vigencia actual de los dones debe también obligarnos a ser cuidadosos y moderados, evitando caer en los excesos tan comunes en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas.

DEBEMOS EJERCER LOS DONES ESPIRITUALES DENTRO DE LOS PARÁMETROS BÍBLICOS

Cómo pentecostales de sana doctrina debemos practicar los dones dentro de parámetros bíblicos. Si eres continuista tienes que vivir en 1 Corintios 12 al 14. Tienes que saber lo que la Biblia permite en las reuniones de la iglesia. Nadie debe hablar en lenguas a no ser que haya un intérprete. No se debe hablar en lenguas más de una persona a la vez. En tal efecto, en un servicio tienes que tener la valentía de detener prácticas erróneas en el momento que se presentan. Ninguna manifestación es apropiada si la Biblia claramente la prohíbe, sin importar si “sentimos” la presencia de Dios. Ignorar esto es precisamente lo que ha dado vida a movimientos heréticos como la Nueva Reforma Apostólica, el movimiento “Palabra de fe” (confesión positiva, declarar y decretar, etc.), el Evangelio de la Prosperidad o las herejías y excesos en torno a la guerra espiritual, entre otras.

Creo que todos los que amamos la Palabra de Dios y el evangelio lamentamos todas las manifestaciones que se están dando de una casi total falta de orden en algunas iglesias y lugares (risas descontroladas, éxtasis de danza desenfrenada, vómitos y ataques incontrolables, gritos, movimientos frenéticos y sonidos extraños, etc.). Creemos en el dicho de Pablo de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). El caos no honra al Dios de orden. Sin embargo, es precisamente el caos que vemos en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas lo que ha llevado a muchos otros creyentes a dudar o negar la validez y vigencia actual de los dones espirituales. Es gracias a nuestra falta de orden y decencia que el Pentecostalismo fue y sigue siendo caricaturarizado por muchos, los cuales equiparan la postura “continuista” propia del Pentecostalismo con el desorden. No tiene por qué ser así. Había una serie de desórdenes en Corinto, pero el remedio que propuso el apóstol Pablo no era el desuso de ninguno de los dones, sino el uso correcto de todos ellos. Los pentecostales necesitamos urgentemente recuperar el orden en nuestras congregaciones. Sabemos que los dones espirituales, todos ellos, siguen vigentes. No estamos equivocados al decirlo pues la Biblia nos respalda. Pero no es suficiente tener la postura correcta: la práctica también tiene que ser bíblica y correcta.

LA NECESIDAD DE PREDICACIÓN EXPOSITIVA EN NUESTRAS IGLESIAS

Si eres un creyente continuista, específicamente pentecostal, te aconsejo hacer de la predicación bíblica una prioridad, particularmente la predicación expositiva. ¿A qué me refiero con eso? A qué nuestra forma de enseñar la Palabra necesita ser reevaluada. ¡Muchos predicadores pentecostales ni siquiera saben o comprenden lo que es una predicación expositiva! Y es que lo que define que un sermón sea o no expositivo no es lo largo que sea el texto, ni si el sermón es parte de una serie consecutiva que cubre un libro completo de la Biblia. Tampoco tiene que ver con si el predicador explica el sentido que algunas palabras tienen en el idioma original, o si va explicando cada frase del versículo sin una unidad o dirección dominante.

Lo que hace que un sermón sea expositivo es que el énfasis y propósito del sermón sea el énfasis y propósito del texto en su intención original. Predicación expositiva es la predicación en la cual el principal punto del texto bíblico que se considera llega a ser el principal punto del sermón que se predica, y se aplica a la vida actual. Predicar expositivamente implica que el texto bíblico va a dirigir el sermón de principio al fin. Esto también significa que el predicador pasará la mayor parte de su tiempo, durante la semana, tratando de entender el significado de su texto.

¿Acaso no hacen esto nuestros pastores y predicadores pentecostales? No siempre (lo admito con vergüenza). Y es que para muchos “pentecostales” o creyentes “del Espíritu”, la preparación adecuada en el ámbito teológico no siempre es bien vista, lo cual no solo es vergonzoso, sino extremadamente preocupante. ¿Quién confiaría la educación secular de sus hijos a un maestro que odia el estudio y jamás actualiza sus conocimientos? ¿Quién se sometería a una cirugía de corazón abierto poniéndose en manos de alguien que jamás ha estudiado cirugía? ¿Por qué entonces ponemos nuestra formación espiritual y en la Palabra en manos de personas que ni siquiera la conocen ni entienden sus normas de interpretación? ¿Acaso nuestro destino eternos es menos importante? Desgraciadamente uno de los problemas principales que afectan a nuestras iglesias continuistas (carismáticas o pentecostales) es que a muchos les emociona más tener un buen ministerio de danza, el sonido ensordecedor de los instrumentos en los cultos, declarar, decretar, atar al diablo y presumir de dones proféticos de dudosa reputación, que la fiel exposición de la Palabra de Dios. ¡Esto no puede ni debe ser así! Solo la Biblia, la Palabra escrita de Dios, es infalible y plenamente inspirada. Ninguna “profecía” dada en nuestra época puede ser considerada más importante que la Biblia. Este es uno de los puntos que más le preocupa a nuestros hermanos cesacionistas (y con justa razón). Es problemático cuando vivimos más emocionados por lo que comparte un hombre falible que lo que dice la infalible Palabra de Dios. Toda supuesta profecía, toda expresión “inspirada”, todo mensaje transmitido e interpretado en lenguas, siempre tiene que estar sujeto a la Biblia. Como continuista moderado y fiel a la Palabra, creo y entiendo que todos los dones de revelación tienen que estar sujetos a la Palabra de Dios y no debe haber ninguna revelación nueva que sea normativa (1 Corintios 14, 1 Tesalonicenses 5).

CUIDADO CON PONER NUESTRAS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES POR ENCIMA DE LA PALABRA

Una terrible tendencia en muchos creyentes pentecostales es usar sus experiencias espirituales o de carácter místico-religioso de forma autoritativa o apologética. Cuando defendamos nuestra fe ¡Hagámoslo con la Palabra! Tus experiencias personales, visiones, sueños o impresiones espirituales puede que cumplan una función o sean de utilidad para tí. Pero no son de carácter autoritativo ni puedes fundamentar tu doctrina y prácticas cristianas en ellas. Sabemos claramente que la Biblia nos dice que ciertas manifestaciones no necesariamente serán del Espíritu (Mateo 7:22-23). Estemos convencidos por la Palabra, no por experiencias místico-religiosas cuestionables. Tampoco solo hables de tus experiencias. No estoy diciendo que no es bueno compartir los testimonios de lo que Dios ha hecho. Al contrario, es importante hacerlo. Pero a fin de cuentas, la Palabra es el mayor regalo de Dios para Su pueblo. Su Palabra ha sido revelada para que podamos conocer Su carácter. Entonces, ¡Hablemos más de la Biblia que de lo que hemos experimentado en nuestros momentos de éxtasis espiritual! La infalibilidad de la Biblia es segura (2 Timoteo 3:16-17), la veracidad de nuestras impresiones o supuestas experiencias espirituales siempre estará sujeta a escrutinio (1 Juan 4:1), pues no siempre podemos estar seguros que es Dios, y no nuestro propio corazón, la fuente de dicha revelación. Y de nuestro corazón se nos dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).

¿Significa lo anterior que no creo en la profecía y en los dones de revelación para esta época? ¡En ninguna manera! Yo mismo he presenciado y he sido bendecido en varias ocasiones a través del uso correcto e inspirado de estos dones. Además, la Biblia también nos advierte: “No menospreciéis las profecías” (1 Tesalonicenses 5:20). Lo que intento decir es lo mismo que dijo Pablo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Para todos los verdaderos creyentes y para todas las verdaderas iglesias, la Biblia es la autoridad suprema; ella siempre tiene la última palabra. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). Los bereanos “eran más nobles…, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). ¡Hasta las palabras del apóstol Pablo fueron sometidas a la prueba de las Escrituras! ¿Por qué? Porque no todo lo que se presenta como “palabra del Señor” lo es; hay que ejercer el don del discernimiento, juzgar cada manifestación a la luz de la Biblia y separar lo bueno de lo malo. Por lo tanto, que sea la Palabra de Dios la que abunde cuando hablemos de cualquier tema y queramos establecer doctrinas y prácticas en la iglesia y no simplemente anécdotas u opiniones.

DEFENDAMOS LA SUFICIENCIA DE LA BIBLIA

Los pentecostales afirmamos creer en la suficiencia de la Biblia. Pero dicha afirmación a veces es más una mera declaración teórica que una verdad que llevemos a la práctica. La suficiencia de la Biblia significa que la Biblia sola es suficiente para revelar la verdad acerca de Dios y acerca del ser humano, para revelar todo lo que el ser humano necesita saber para poder ser salvo, y para revelar todo lo necesario para que las personas salvas puedan vivir sus vidas para la gloria de Dios. Para todo eso no hace falta ninguna otra fuente de revelación; la Biblia sola es más que suficiente. No necesitamos ninguna revelación moderna o extrabíblica para decirnos cómo vivir la fe. Ese ha sido el error de sectas como los mormones, adventistas del séptimo día o los pentecostales del movimiento “Solo Jesús”, los cuales pusieran las revelaciones extrabíblicas de sus fundadores al mismo nivel que la Biblia, cayendo en graves errores teológicos y de praxis cristiana.

CONCLUSIÓN

A los creyentes pentecostales del siglo XXI nos ha tocado vivir un tiempo maravilloso y emocionante: Un tiempo de llenura y derramamiento del Espíritu Santo tal como al principio. Sin duda, esto representa una amenaza para Satanás y su reino, por lo cual intentará dividirnos, traer oprobio sobre la obra legítima del Espíritu Santo y, si le fuese posible, acabar con tales manifestaciones en nuestras iglesias. ¿Cómo? Falsificando la obra del Espíritu e induciendo a los creyentes a escuchar espíritus engañosos, sustituyendo la presencia y el poder de Dios por las emociones humanas y llevando a otros a dudar de la vigencia de los dones espirituales para nuestra época. No sólo el cesacionismo (con su total negación de los dones espirituales), sino también el continuismo desenfrenado y sin sujeción a la Palabra, sirve perfectamente a los propósitos de Satanás de traer oprobio y debilidad a la iglesia de Cristo.

Sí, están pasando cosas preocupantes, poco bíblicas y que no honran al Señor en muchas de nuestras iglesias pentecostales. Pero, por otra parte, el Señor está obrando, la Iglesia Pentecostal está madurando y reformándose a sí misma, el Evangelio de Cristo se está predicando y se está levantando una nueva generación de creyentes e iglesias pentecostales comprometidas con el Señor, con su Palabra y con el Evangelio. Y esto apenas es el principio de lo que Dios hará… ¡Esa es mi esperanza!

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

La Biblia rechaza la expiación limitada

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La doctrina de la expiación limitada, enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”[1] en el calvinismo, la muerte de Cristo fue para todos en lo que respecta a la suficiencia de la satisfacción que Él logró, pero no en lo que respecta a su aplicación. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos y solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre. A menudo el término “redención particular” se usa como sinónimo de “expiación limitada”, porque busca dejar claro que Jesús no murió en lugar de cada pecador en la tierra, sino por su propio pueblo y por nadie más, limitando así el alcance del amor y la misericordia divinas. La pregunta es: ¿Apoya la Biblia la doctrina de la Expiación limitada o redención particular?

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LA SALVACIÓN ES PARA TODOS SEGÚN LA BIBLIA

La Biblia declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

  • “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.

  • “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.

  • “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.

  • “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.”

  • “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

    “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.

    “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).

  • “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

  • “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto, los elegidos no son los únicos pecadores.

  • “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

  • “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).

    “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).

  • “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

  • “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

  • “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).

  • “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

  • “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).

  • “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).

  • “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).

  • “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

  • “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos declaran en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “el Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “el Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

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CONCLUSIÓN

Lamentablemente, en su deseo de defender el calvinismo muchos se ciegan a las Escrituras y a la razón. Obviamente, la multitud de versículos que claramente declaran que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos, no se anulan con otros versículos declarando que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate para muchos o la seguridad de que él murió por nosotros. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las obvias declaraciones de que Él murió por todos. Sin embargo, este mismo argumento es ofrecido repetidamente por calvinistas hasta este día.

Con tal razonamiento, Pablo no hubiera sido capaz de utilizar “vosotros”, “ustedes”, etc., en sus escritos a los Corintios porque eso significaría que los beneficios de la muerte de Cristo y la resurrección eran sólo para ellos. Por el mismo argumento, para David decir: “Jehová es mi pastor” (Salmo 23:1) significa que se trataba sólo de David. O cuando los profetas de Israel escribieron, “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15; Jeremías 50:34), significa que Dios solo era el Dios y el Redentor de Israel. Igualmente, absurdo sería para Pablo decir “el cual me amó” (Gálatas 2:20), lo cual significaría que Cristo solo amó a Pablo.

Otros argumentos que emplean los calvinistas son igualmente irrazonables. Tal falta de lógica lo vemos aun hoy en día en muchos eruditos neo-calvinistas. Por ejemplo, en un intento poco razonable de John Piper y su personal pastoral por explicar 1 Timoteo 4:10, él afirma:

“La muerte de Cristo demuestra tan claramente el aborrecimiento justo de Dios del pecado, que él es libre para tratar al mundo con misericordia sin comprometer su justicia. En este sentido Cristo es el Salvador de todos los hombres. Pero es sobre todo el Salvador de aquellos que creen. El no murió por todos los hombres en el mismo sentido… La muerte de Cristo realmente solo salva de todo mal a aquellos por quienes Cristo murió en forma particular”[2]

¡Su interpretación del texto es totalmente contradictoria! ¿Suena coherente afirmar que Cristo no murió por todos los hombres en el mismo sentido, pero que él es el Salvador de todos los hombres en el mismo sentido? ¿Cuál es este sentido? No podemos hallar ningún sentido en estas tonterías. Pero otra vez, muestra el extremo en el que muchos son capaces de caer para defender el calvinismo. Aún Spurgeon mismo se contradijo al decir que Dios es capaz de salvar a todo el que él desea salvar. Pero luego afirmó que Dios no puede ser sincero ya que no todos son salvos, ni es su deseo que todos los hombres sean salvos. Por lo tanto, el Dios del calvinismo es menos benevolente que Spurgeon, quien deseaba que todos los hombres fueran salvos, y seguramente menos benevolente que Pablo, quien estaba dispuesto a ser “anatema” para salvar a sus hermanos judíos (Romanos 9:1-5). ¿Cómo podría Dios desear que todos los hombres sean salvos, tener el poder para salvar a todos a quienes él desea salvar y, sin embargo, no salvarlos a todos?

John MacArthur (al igual que Spurgeon) intenta escapar de la contradicción evidente diciendo que Dios tiene una voluntad de “decreto” y una “voluntad de deseo”.[3] En el proceso de intentar escapar de una contradicción, cae en otra. ¿Cómo podría Dios, según la posición extrema del calvinismo en cuanto a su soberanía, no decretar algo que el realmente desea? Los calvinistas se jactan que ellos son exegetas de las Escrituras. ¿Pero dónde en 1 Timoteo 2:4 (o en cualquier otro lugar) existe incluso un indicio de “dos voluntades”, una de “decretos” y otra de “deseos” tal como lo enseñan Piper, MacArthur y otros? Es la imposición sobre las Escrituras de una teoría anti-bíblica que atrapa al calvinista en estas contradicciones. Obviamente, la contradicción desaparecería si admitiesen que Calvino y sus ideas están erradas, pero esto no se puede permitir, porque destruiría el becerro de oro del calvinismo. Neciamente, cierto erudito calvinista afirma:

“Si la muerte de Cristo estaba destinada a salvar a todos los hombres, entonces debemos decir que Dios no era capaz o no estaba dispuesto a llevar a cabo sus planes”.[4]

Tristemente olvida que la muerte de Cristo sólo beneficia a los que reciben a Cristo (Juan 1:12) y que la salvación es “la dadiva de Dios” (Romanos 6:23) y debe ser recibida voluntariamente.

En cuanto a los hombres teniendo poder de oponerse a los planes de Dios, ¿Es el mal en el mundo el plan de Dios? ¿Por qué entonces debemos orar, “Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra”? Las Escrituras dejan en claro que el beneficio de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo, como pago completo por los pecados del mundo, está disponible para ser recibido por todo aquel que cree al Evangelio. Mientras que la ira de Dios permanece sobre todos los que rechazan a Cristo y la salvación que Él verdaderamente ofrece a todos.

Sin lugar a duda, la expiación limitada es la parte de la doctrina calvinista que más flagrantemente niega las Escrituras y la magnitud del amor de Dios. Lamentablemente pocos calvinistas están dispuestos a admitirlo.

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REFERENCIAS:

[1] Cánones de Dort, II.8.

[2] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, (Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997), 14–5.

[3] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1862.

[4] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 155

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Razones para repudiar la creencia en una expiación limitada

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La expiación limitada, o redención particular, es el tercero de los 5 puntos del calvinismo clásico. La doctrina de la expiación limitada enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”[1] La doctrina reformada, por lo tanto, afirma que Jesús murió sólo por sus elegidos. Esta doctrina se desprende lógicamente de la doctrina de la elección incondicional: Si Dios eligió a un grupo limitado de personas para que fuera salvo, entonces el sacrificio expiatorio que Cristo efectuó en la cruz fue realizado única y exclusivamente por ellos. La doctrina de la redención particular afirma que Cristo, en su muerte, limpió los pecados de los elegidos de Dios y aseguró que todos ellos alcancen la fe a través de la regeneración y por la fe sean preservados hasta alcanzar la glorificación. Según dicha doctrina, Cristo no pretendió morir por todos. La prueba de eso, según el razonamiento calvinista, es que no todos son salvos.

A pesar de lo anterior, cuando se usa la frase “Expiación limitada” o “Redención particular”, no se quiere decir que el valor de la expiación sea limitado. Debido a que el pecado de Adán ofende a un ser de una dignidad infinita, el sacrificio para limpiar ese pecado debía tener un valor infinito, lo cual se cumple con la muerte del Dios hecho carne: Jesús. Cuando se habla de “Expiación limitada” se quiere decir que los efectos de la muerte de Cristo son para un grupo limitado de personas. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos, y solo a aquellos, que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre.

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INTERPRETANDO A CONVENIENCIA EL TEXTO BÍBLICO

El ministro puritano John Owen (1616-1683), en su magna obra The Death of Death in the Death of Christ (La Muerte de la Muerte en la Muerte de Cristo), una obra que trata la doctrina de la redención particular plantea que Cristo murió sólo por los elegidos. Owen afirma que los elegidos por Dios son mencionados en la Biblia con las palabras Pueblo, Ovejas e Iglesia.

  1. Su Pueblo: Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” e Isaías 53:8 “Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.” Según la interpretación calvinista, ambos textos limitan la salvación que compra la muerte de Jesús en la cruz a un grupo llamado su “pueblo”.
  2. Sus Ovejas: El apóstol Juan usa el término “ovejas” para referirse a los “elegidos”. Juan 10:11 y 14 señala: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas… Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.” Según la interpretación calvinista, Juan limita la muerte de Cristo por “sus ovejas”, aquellas personas que eran conocidas por Dios y que conocían a Dios.
  3. Su Iglesia: Hechos 20:28 dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” y Efesios 5:25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” En el primer versículo Pablo está hablando a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso pidiéndoles que cuiden la iglesia debido a que Cristo pagó por ella, en el segundo Pablo está enseñando el cuidado y el cariño que debe tener el esposo por su mujer y lo ilustra usando el ejemplo del Señor, quien dio su vida por su amada iglesia.

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BUENAS NUEVAS QUE NO LO SON

La doctrina de la expiación limitada suele venderse como una de las “buenas nuevas” proclamadas en las “doctrinas de la gracia” (nombre utilizado para referirse al TULIP calvinista); sin embargo, está lejos de ser una buena noticia. En la práctica, la doctrina de la expiación limitada es una doctrina infortunada y desesperanzadora para la humanidad, ya que proclama que Jesús no ama a todos, ni murió por todos, ni todos tienen siquiera la oportunidad remota de salvarse. No debería extrañarnos que haya desatado tan fuerte oposición en la inmensa mayoría de iglesias bíblicas, las cuales han sabido reconocer sus desaciertos, su escaso fundamento bíblico y sus terribles implicaciones. Además, para aquel que llegue a comprenderla, dicha doctrina resultará chocante para su sentido de justicia y misericordia.

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POSTURAS EN CONFLICTO

Podemos reconocer dos tipos de crítica a esta doctrina:

a)    Unos dicen que Cristo murió por todos y que todos, sin excepción, serán salvos; esto se llama Universalismo. La Biblia es clara en demostrar que no todos los hombres serán salvos en el último día (Lucas 13:23-24, 2 Tesalonicenses 1:9-10, Apocalipsis 20:15). El Universalismo, por lo tanto, carece de fundamento bíblico.
b)    Otro grupo afirma que Jesús murió por todos los hombres, pero que los efectos salvadores de su sacrificio solamente son eficaces para aquellos que creen en Él y obedecen Su Palabra (Romanos 1:16, Tito 2:11, Hebreos 5:9, 2 Pedro 3:9). Dicho de otro modo, Cristo murió por todos, no sólo por un grupo selecto de elegidos o predestinados arbitrariamente para salvación; no obstante, aunque su sacrificio es suficiente para todos, solo se benefician de él aquellos que creen. Dicho concepto es enseñado en la Biblia y sostenido por el sector arminiano del protestantismo.

Los calvinistas, sin embargo, se oponen a la interpretación arminiana argumentando que, si la expiación fuese ilimitada en su alcance y requiriese la participación del hombre para hacerla eficaz, eso haría la muerte de Cristo totalmente ineficiente y pondría la salvación del hombre en lo que él puede hacer por sí mismo.

Dicho razonamiento no es válido, pues el hombre en ningún momento se convierte en su propio salvador por el simple hecho de aceptar voluntariamente el regalo de Dios. Extendemos nuestros manos para recibir dicho regalo a través del arrepentimiento y la fe en Cristo (Hechos 16:30-31), sin la cual nadie puede ser salvo. Además, el hombre sería incapaz de ejercer fe por sí mismo, a menos que sea auxiliado por la gracia preveniente de Dios (Efesios 2:8). Que el hombre deba responder en fe al ofrecimiento de Dios en nada roba gloria a nuestro Señor. Dios es el dador, nosotros los receptores (Romanos 6:23, Juan 3:16). Dios nos ofrece la salvación como regalo. Todo lo que tenemos que hacer es aceptarla. ¿Cuál es el mérito? ¿En qué le roba a Dios que nosotros, como simples mendigos de su gracia, aceptemos su regalo de amor?

Los calvinistas afirman también que, si el arminianismo está en lo correcto, parte de la sangre de Cristo se hubiera derramado en vano y su sufrimiento no hubiera sido suficiente. Entonces, según la lógica calvinista, la muerte de Cristo no sería una expiación ni un rescate en ningún sentido. Tal lógica es absurda. ¿Dónde en las escrituras dice que la sangre de Cristo no puede ser derramada para aquellos que no se pueden beneficiar de ella? En ninguna parte. Pero esta ficción es fundamental para la doctrina de la expiación limitada. Es más, aunque los calvinistas insisten en que los arminianos limitamos el poder de la expiación, parecen ignorar convenientemente que su doctrina de la redención particular limita el alcance de la expiación, reduciéndola a un pequeño grupo de elegidos como si la sangre de Cristo no tuviera suficiente poder para borrar el pecado de todo aquel que crea y reciba la dádiva de Dios. La eficacia de la expiación no se ve limitada porque sólo los que creen son salvos o porque algunos rechazan el sacrificio de Cristo a su favor. Esto sería igual a afirmar que la herencia dejada por un difunto se reduce en valor porque algunos herederos se niegan a participar de ella. ¡Sería absurdo!

Porciones como Juan 3:16 y 2 Corintios 5:14-15 objetan claramente que la muerte de Jesús tuviera la intención de limpiar sólo los pecados de sus elegidos. Jesús murió por todos los hombres sin distinción y sin excepción (Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9). Afirmar que Cristo murió sólo por los elegidos y no por toda la humanidad es difamar el carácter de Dios y pervertir las Escrituras.

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TORCIENDO LAS ESCRITURAS A SU CONVENIENCIA

Muchos calvinistas argumentan que cuando la Biblia señala que Dios ama al “mundo”, no quiere significar realmente que el ama a todas las personas, sino solamente al “mundo de los elegidos”. Tal afirmación es completamente ridícula y luce más como un intento desesperado por defender una doctrina notoriamente falsa, que una interpretación seria. El término “mundo” usado en Juan 3:16, por ejemplo, no significa “el mundo formado por aquellos que son elegidos por Dios”, sino más bien significa “todo el mundo”. De lo contrario, si como afirma el calvinismo la palabra “mundo” se refiere sólo a los elegidos, habría que entenderlo así en todos los casos en que se menciona, no sólo en aquellos casos que le son convenientes a los calvinistas para defender su error doctrinal, como, por ejemplo: 1 Corintios 1:20-21; 2 Corintios 7:10; Santiago 4:4; etc.

Sin ninguna declaración especifica en todas las Escrituras para apoyar el dogma calvinista de la redención particular o expiación limitada, este debe ser defendido a base de racionalizaciones. Ejemplo de ello son las casi blasfemas afirmaciones de cierto autor calvinista:

“Si Cristo murió por todos los hombres y no todos los hombres son salvos, la Cruz de Cristo no tiene ningún efecto. El Calvario es una farsa[2]

Por supuesto, eso no es lo que declara la Biblia. Que algunos por incredulidad no alcancen el galardón no significa que dicho galardón sea irreal para quienes sí lo reciben. De lo contrario, el haber dado los diez mandamientos también sería una farsa, porque no todos los hombres los cumplen. El valor de la expiación de Cristo es suficiente para cubrir los pecados del mundo. No solo de unos pocos. Tiene que ser así, porque su sacrificio perfecto debe ser de valor infinito. Aunque la enseñanza de la cruz suene a locura para aquellos que se pierden” (1 Corintios 1:18), ¡No es una farsa por cuanto salva a todos los que creen! La Biblia enseña fuertemente la doctrina de la expiación ilimitada. La doctrina de la expiación limitada, por otro lado, es negada específicamente en las Escrituras.

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MÁS FIELES A CALVINO QUE A LA BIBLIA

Lamentablemente, prefiriendo dogmas humanos a la Palabra de Dios, y en el peor de los espíritus sectarios, los calvinistas persisten en enseñar que:

“Sólo el calvinismo con su expiación eficaz limita el poder del hombre y exalta el poder y la gloria de Dios”[3]

El calvinista es conducido a tales argumentos falaces y anti-bíblicos en su desesperación por defender un dogma insostenible. Mientras que algunos que se llaman calvinistas rechazan la expiación limitada, es irracional el hacerlo mientras se aceptan los otros cuatro puntos. Un líder y autor calvinista escribe:

“Es en esta verdad de la expiación limitada que la doctrina de la elección soberana (y, de hecho, la predestinación soberana con sus dos aspectos de la elección y reprobación), se clarifican”[4]

En otras palabras, el sistema calvinista se desmorona en su totalidad si la expiación limitada no es bíblica. Y de hecho ¡No lo es! Calvinistas de alto rango han expresado sus dudas acerca de la expiación limitada. Spurgeon afirmó:

“No puedo imaginar un instrumento más dañino en manos de Satanás para la ruina de las almas, que un ministro que le dice a los pecadores que no es su deber arrepentirse de sus pecados y creer en Cristo, y así tener la arrogancia de llamarse a sí mismo un ministro del Evangelio, mientras que enseña que Dios odia a algunos hombres infinitamente e inalterablemente por ningún motivo sino solo porque él escoge hacerlo”[5]

Los eruditos calvinistas reconocen que la elección incondicional y la expiación limitada:

“Deben permanecer o caer juntas. Lógicamente no podemos aceptar una y rechazar la otra”.[6]

No obstante, la Biblia repetidamente declara que Cristo murió por toda la humanidad (no solo por un reducido número de elegidos) y que el Evangelio es ofrecido y está igualmente disponible para todos, pues Dios quiere que todos se salven.

Incluso John MacArthur (un erudito calvinista moderno) reconoce que Dios quiere que todos los hombres sean salvos. Tristemente, luego afirma que:

“Dios inexplicablemente no elige ni predestina a salvación a multitudes de aquellos que él desea que sean salvos”.[7]

¿Acaso no suena esto contradictorio? Como bien lo señalara otro erudito bíblico, el Dios calvinista de la expiación limitada:

“Difícilmente es el Dios de amor que encontramos en la Biblia. La Deidad determinista crea seres humanos hacia quienes Él no tiene ningún amor directo y quienes no tienen libre voluntad, creados únicamente para el tormento eterno. La muerte de Cristo no les afecta de ninguna manera y así están totalmente fuera de cualquier disposición redentora… La crueldad implícita en ese punto de vista es evidente para cualquier observador fuera de aquellos que han sido educados o han adquirido esta clase de teología. A pesar de argumentos capciosos dirigidos a cada texto alegado contra tal teología, los deterministas de este tipo son carentes de apoyo bíblico. Es absurdo, por ejemplo, el reclamar (como hacen a veces) que cuando la Biblia dice que, “Dios amo al mundo”, que esto solo habla del mundo de los elegidos”.[8]

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CONTRA LA RAZÓN, LA BIBLIA Y EL SENTIDO COMÚN

Al estudiar lo que dicen las Escrituras sobre este tema, queda claro que la única forma en que la expiación limitada puede ser defendida es asignar, arbitrariamente, un significado calvinista restrictivo a las palabras claves. Para mantener en pie el dogma de la expiación limitada, el calvinista razona:

“Si Cristo pagó la deuda del pecado, ha salvado, redimido, dado su vida por todos los hombres, entonces se salvarían todos los hombres”.[9]

En el mismo sentido, otro autor calvinista argumenta:

“Pero si la muerte de Jesús es lo que dice la Biblia, un sacrificio sustituto por los pecados… por el cual el pecador es realmente reconciliado con Dios, entonces es obvio que no puede ser para cada hombre… porque entonces todos se salvarían, y obviamente no lo son”.[10]

Sin embargo, tales argumentos se basan en la teoría anti-bíblica de que la muerte de Cristo salvó inmediatamente, al momento de su sacrificio, a todos los elegidos; sin fe, ni comprensión o aceptación de su parte. La Biblia, en cambio, enseña que un Salvador provisto no es suficiente: Dicho Salvador debe ser recibido. Debe haber ‘fe en su sangre’ (Romanos 3:25) y la fe es una cosa personal que debe ser ejercida. La Biblia enseña que Cristo gustó “la muerte por todos” (Hebreos 2:9), pero que esto no significa que, automáticamente, todos los seres humanos son salvos. En ninguna parte de la Biblia dice tal cosa. Los pecadores son invitados e instados a venir a Cristo y creer en Él. Tal es la responsabilidad del pecador (Hechos 16:30-31).

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 CONCLUSIÓN

El que Cristo murió por nuestros pecados es el mensaje que nos da el Evangelio. Sin embargo, debe ser creído para ser de beneficio al pecador. La muerte de Cristo, aunque ofrecida “a todos los hombres”, sólo es eficaz para aquellos que creen: Él es “el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10). La doctrina calvinista entra nuevamente en contradicción con la lógica y la Biblia:

“Si la naturaleza de la expiación era tal que en realidad y por sí misma proporcionó salvación para aquellos para los cuales fue diseñada, entonces los elegidos nunca podrían haber nacido muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1). Y, por lo tanto, ¿Cómo es posible que aquellos hombres quienes son salvos, redimidos, reconciliados, y justificados, hubieran sido “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás? (Efesios 2:3)”.[11]

La Pascua, reconocida como uno de los más llamativos símbolos de la obra de la cruz de Cristo que se encuentran en el Antiguo Testamento, es un claro ejemplo del principio de que la expiación y su aplicación deben ser distinguidos. La sangre del cordero sacrificado de la Pascua (Éxodo 12:6, 21) llegó a ser eficaz solamente después de que se aplicó al dintel de la puerta según las instrucciones (Éxodo 12:7, 22). La simple muerte del cordero no salvó a nadie: La sangre tenía que ser aplicada. Así es también con la muerte de Cristo.

El calvinismo difama y acusa abiertamente a Dios:

“Porque Dios ha amado a unos cuantos y no todos, porque él soberana e inmutablemente ha determinado que éstos en particular sean salvos, él envió a su hijo a morir por ellos, para salvar a ellos y no a todo el mundo”.[12]

Así, según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente. Sin embargo, según la Biblia, no todos son salvos, porque ellos (los perdidos) se niegan a creer en Cristo. Pablo escribe que la salvación viene a todos los que creen “por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23). Por cierto, el “todos pecaron” significa toda la humanidad. Así también el “todos los que creen” debe significar que toda la humanidad puede creer en Cristo y ser salvos si así lo quieren hacer.

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REFERENCIAS:

[1] Cánones de Dort, II.8

[2] Herman Hanko, God’s Everlasting Covenant of Grace, Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1988, 15.

[3] Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 49.

[4] Homer Hoeksema, Limited Atonement, p. 151.

[5] H. Spurgeon, New park Street pulpit; London: Passmore and Alabaster, Vol 6, 28-29; sermon preached December 11, 1859). Esto ha llevado a que la doctrina de la expiación limitada sea considerada “el talón de Aquiles del calvinismo” (Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism; Edmonton, AB: Still Waters Revival Books, 1990, 11.

[6] Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 151.

[7] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville: Word Publishing (1997), p. 1862.

[8] Zane C. Hodges, “The New Puritanism, Pt. 3: Michael S. Horton: Holy War With Unholy Weapons,” Journal of the Grace Evangelical Society, Spring 1994, 7:12, 17–29.

[9] W. J. Seaton, the Five points of Calvinism; Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1970, 15

[10] Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 44

[11] Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 427

[12] Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 50.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

La Biblia niega la doctrina de la gracia irresistible

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Cuando Dios desea la salvación de alguien y le llama a través de la predicación del Evangelio, ¿esta persona puede negarse a venir a Él? Los calvinistas dirían que no sin pensarlo pues creen que Dios, soberanamente y por el sabio consejo de Su voluntad, llama eficazmente a sus escogidos y los trae a la vida, dándoles la fe y el arrepentimiento genuino: los lleva a los pies de Jesucristo. Este don es inmerecido e irrevocable, de manera tal que el elegido no se niega ni hace caso omiso del preciado regalo de la salvación. Esta enseñanza calvinista es conocida como la doctrina de la gracia irresistible.

El calvinismo afirma que la gracia salvadora no admite condiciones por parte del hombre redimido, y no es opcional recibirla. ¿Por qué? Porque creen que cuando Dios obra en el creyente este es sellado con el Espíritu Santo y convertido en nueva criatura aún antes de creer (2 Corintios 5:17). Por lo tanto, lo único que podrá hacer es amar a Dios porque este le amó primero (1 Juan 4:19) y lo predestinó para ser salvo y amarle. En este sentido, la gracia irresistible implica la imposición de la salvación sobre el pecador sin tomar en cuanta su deseo o decisión personal. 

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¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE DIOS ES ASÍ?

En contraste con dicha herejía humana, la Palabra de Dios brinda repetidas garantías de que el amor de Dios, su gracia y perdón son para toda la humanidad:

“Pero tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste” (Nehemías 9:17, LBLA)
“Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo” (Nehemías 9:31, LBLA)
“Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan”  (Salmos 86:15, LBLA)
“Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal” (Joel 2:13, LBLA)
“Y oró al Señor, y dijo: ¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas” (Jonás 4:2, LBLA)

Como cientos de otros, cada uno de estos versículos se dirigen a toda la nación de Israel; sin embargo, la mayoría de los israelitas rechazaron la gracia de Dios. No hay ningún indicio de que la compasión y misericordia de Dios se limite a unos cuantos elegidos, sino que es ofrecida a todos los hombres: “Le amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19) Nuestro amor es en respuesta al amor de Dios. ¿Y qué de aquellos supuestos no elegidos a la salvación, que Dios nunca pretendió salvar, para quienes Cristo no murió, y para quienes no existe esperanza alguna? ¿No es sádico el ordenarles amar a Dios? Porque este, el primero de los diez mandamientos, como todos, es un mandamiento para todos. ¿Cómo podrían los no elegidos amar a Dios, cuando Dios no los ama a ellos? Tal enseñanza deshonra a Dios y sólo puede causar resentimiento hacia Él. Ese es el fruto real del calvinismo. Mateo 7:17-19 nos dice:

“Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”

TITERE 1

DE ACUERDO CON LA BIBLIA LA GRACIA NO ES IRRESISTIBLE

El amor infinito del Dios de la Biblia, Su gracia y Su misericordia se demuestran poderosamente en su trato con Israel. Y Su amor brilla aún más debido al rechazo y el odio contra Él, por un Israel desobediente. Si en verdad la gracia fuera irresistible, los elegidos no podrían menos que rendirse ante Dios y hacer Su voluntad.

La gracia divina puede y ha sido a menudo resistida. Por ejemplo, la profecía completa de Oseas es una representación sorprendente del amor de Dios. En ella, el Dios Todopoderoso se asemeja a un marido traicionado y engañado. Pero la intensidad de la pasión de Dios por la nación del Pacto llega a su apogeo en Oseas 11.

“Cuando Israel era muchacho” Dios declara, “yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo,” (11:1). “Pero entre más amaba Dios a Israel, más se alejaban. Dios fue el que se preocupaba por ellos… el que “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (Oseas 11:4).

Sin embargo, ellos sacrificaban a Baal y amaban la idolatría. Así que Dios promete juicio. Volverán a Egipto y Asiria, es decir, a la cautividad y la esclavitud, “porque se niegan a arrepentirse” (11:5). Sus ciudades serán destruidas (11:6). Esto da a entender como si se ha pronunciado una sentencia implacable. Pero después es como si Dios no puede tolerar la idea. En una agonía de intensidad emocional, Dios se compunge:

“¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboím? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad” (Oseas 11:8, 9)

Estos versículos muestran que Israel, el pueblo elegido, resistió el llamado y la gracia, los cuales supuestamente son eficaces e irresistibles. Pero también recalcan otra verdad importante: Si el calvinismo estuviera en lo correcto, estos ruegos son una farsa ¿Por qué? Porque los elegidos no los necesitan, y los no elegidos no les prestan atención. Los que son totalmente depravados y elegidos a la salvación deben ser regenerados e infundidos con la Gracia Irresistible, por lo que únicamente podrían responder en amor y aceptación al toque de Dios, mientras que el resto de la humanidad está condenada y sin remedio. Pero eso no es lo que vemos en la historia de Israel. Además, ¿Por qué fingir este amor y preocupación cuando el hombre no tiene opción y Dios irresistiblemente puede hacer que alguien haga lo que él quiera? Supuestamente, el elegir sólo unos pocos selectos y condenar al resto es necesario para demostrar la soberanía de Dios y su justicia, y será eternamente para su mayor gloria. Sin embargo, es obvio que Dios no necesita maldecir a nadie para demostrar su soberanía o su justicia. Si no es una amenaza a la soberanía de Dios el salvar a los elegidos, tampoco sería una amenaza rescatar a un millón más, 100 millones más, o aún, salvar a toda la humanidad.

Múltiples pasajes de la Biblia quitan toda duda de que Dios ama y desea bendecir no solo a un grupo de elegidos, sino a toda la humanidad, incluyendo aquellos que rechazan su amor y su oferta de gracia y bendición. El carácter mismo de Dios se refleja en los mandamientos que Él dio a su pueblo elegido. Ellos debían restaurar, incluso a un enemigo, su buey o asno que se había extraviado (Éxodo 23:4). ¿Y, sin embargo, Dios no daría a la humanidad errante la bondad que Él manda al hombre dar a los animales? Tal enseñanza no es fiel a las Escrituras o a la conciencia que Dios ha puesto dentro de cada persona (Romanos 2:14-15).

Otra prueba de que la gracia no es irresistible la encontramos en el hecho de que Dios envió a sus profetas, generación tras generación, para abogar por el arrepentimiento de un pueblo que repetidamente rechazó la oferta de su gracia. ¿Por qué esa gracia no fue “irresistible”? Si el poder omnipotente de Dios puede hacer que cualquiera reciba el don de su gracia, entonces el “regalo” no es un regalo, y la “gracia” no es gracia, y el hombre no es un ser moralmente responsable. En todos los ruegos de Dios con Israel para arrepentimiento y sus promesas de bendición si lo cumplían, nunca hay ninguna sugerencia de que podría o que sería impuesta su gracia sobre ellos irresistiblemente. Por el contrario, Dios clama:

 “Oye, pueblo mío, y te amonestaré… En un momento habría yo derribado a sus enemigos… Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo” (Salmo 81:8 – 16).

En cambio, el juicio de Dios cayó sobre Israel. ¿Era juicio lo que Dios quiso para ellos todo ese tiempo?, y ¿Fueron sus ruegos falsos? Uno es conducido a esa conclusión por el calvinismo, el cual socava todas las Escrituras. Tales ruegos de Dios a Israel y a toda la humanidad se convierten en un pretexto vergonzoso.

La Biblia enseña que la gracia para venir a la salvación se les da a todos, no sólo a un pequeño grupo de elegidos. Si no todos vienen a los pies de Cristo se debe a que ellos resisten dicha gracia. Tito 2:11 nos dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.” (No solo a los elegidos)

La Biblia enseña que aquellos que no vienen a la salvación después de ser expuestos a la verdad, han resistido y rechazado la gracia. 2 Tesalonicenses 2:10 dice:

“y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.”

Se puede resistir el llamado de salvación de Dios. Hechos 7:51 dice:

“Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros”.

¿Acaso la gracia no es Irresistible? ¿No que no se puede resistir el llamado eficaz y la gracia impartida por el Espíritu Santo?

Juan 5:40 afirma:

“y no queréis venir a mí para que tengáis vida.  Y rehusáis venir a mí para tener vida”.

¿Qué acaso no sabía Cristo que los elegidos no puede rehusar venir a Él? (Gracia irresistible). ¿O no sabía Cristo que, si no son parte de los elegidos, no pueden venir a Él, pues no son capaces de hacerlo? (pues su voluntad estaba depravada y la gracia no les ha sido dada, ni les será dada jamás, pues la redención es limitada solo a los elegidos)

Lucas 19:41 nos dice:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”.

¿Por qué lloro Jesús por Jerusalén si ese era el designio de la voluntad perfecta de Su Padre? ¿Por qué no simplemente dijo que era la voluntad de Su padre que la ciudad pereciera junto con los que no eran elegidos? Si él deseaba salvar a su pueblo elegido, ¿Por qué su gracia no fue irresistible en este caso y los salvó?

Lucas 7:30 afirma:

“Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”.

¿Por qué recalcar tanto la responsabilidad de los fariseos al rechazar la gracia y los designios de Dios en sus vidas? ¿Acaso no era esta gracia y este designio divino algo irresistible? Obviamente era el designio de Dios para ellos que se arrepintieran, pero ellos lo rechazaron libremente probando que la gracia no es irresistible.

Hechos 13:46 nos dice:

“Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.

Es claro que aquí los “elegidos” desecharon el mensaje y la vida eterna (¿Qué acaso no sabía Pablo que la gracia es irresistible?). Según la lógica calvinista los elegidos hallan irresistible la gracia de modo que se arrepienten y creen. No tienen opción de rechazar la gracia y el mensaje que se les predica. Pero aquí vemos a los “elegidos”, la nación del pacto, rechazarlo, resistirlo y condenarse.

IRRESISTIBLE 1

CONTRADICCIONES INTERMINABLES EN EL CALVINISMO

El sistema teológico calvinista malinterpreta el concepto de soberanía y omnipotencia de Dios. Este elemental, pero sincero malentendido de la soberanía y omnipotencia divina es fundamental para el calvinismo. Cierto erudito calvinista afirma erróneamente:

“Si cada hombre posee un libre albedrío que es lo suficientemente fuerte como para resistir la voluntad de Dios en la salvación, ¿Qué le evitaría el resistir la voluntad de Dios en la condenación eterna del juicio del Gran Trono blanco?”[1]

Dicho autor parece estar confundido o peca deliberadamente de deshonestidad. Los que están presentes en el juicio del Gran Trono Blanco están allí debido a su repetido endurecimiento contra el amor de Dios y de la oferta de salvación. Ahora se enfrentan a su juicio. La gracia se ofrece en amor; el juicio es impuesto por la justicia y el poder. ¿Acaso los calvinistas no ven ninguna diferencia entre la salvación ofrecida en la gracia de Dios y el juicio impuesto por su justicia? ¿Hablan en serio cuando sugieren que por rechazar una, también se puede rechazar la otra? No todos los calvinistas están de acuerdo. Muchos están descubriendo lo contradictorio y errado de dicho sistema teológico.

Pero las contradicciones del calvinismo no terminan ahí. Otro autor calvinista afirma que la “soberanía incondicional de Dios y la responsabilidad de los seres humanos son compatibles entre sí”[2] Dicho argumento es ridículo.

Los arminianos no minimizamos la soberanía de Dios, más bien entendemos que esta debe ser equilibrada con sus otros atributos. La soberanía absoluta de Dios no impidió la rebelión de Satanás y de Adán, tampoco impidió la desobediencia continua del hombre y su extravío como oveja perdida en rechazo a la voluntad de Dios. La soberanía de Dios tampoco significa que Dios está detrás de todo y que por consiguiente sea Él quien esté causando cada pecado por designio de su voluntad, como lo requiere el calvinismo. Este error dio lugar a la creencia de que la gracia debe ser irresistible, lo cual es totalmente falso. Las Escrituras no se burlan de nosotros al decir que, “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103:13).

Algunos calvinistas intentan escapar de las terribles consecuencias de su doctrina. Muchos sugieren que la predestinación a la condenación, y la invitación de Dios a todos a creer, son ambas verdades bíblicas, aunque se contradigan entre sí. Supuestamente, el problema es que no sabemos cómo conciliar estos aparentes conflictos y tampoco se debe intentar, porque todo será revelado en la eternidad. Esto no es más que un argumento sin sentido que pretende callar la disidencia y el intelecto.

La verdad es que el calvinismo ha creado este “misterio” particular. Aunque hay muchas cosas que no comprendemos los seres humanos, se nos ha dado una conciencia con un agudo sentido del bien y el mal, de justicia y de la injusticia. Dios nos llama a razonar con Él sobre estas cosas. Llega hasta límites extremos para explicar su justicia y su amor e incluso le ha dado al hombre no regenerado, a través de su gracia preveniente, la capacidad de entender el Evangelio y creer en Cristo o rechazarlo. El calvinismo, como hemos visto repetidamente, es repugnante a la conciencia dada por Dios.

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LA GRACIA IRRESISTIBLE DEL CALVINISMO SE OPONE A LA GRACIA BÍBLICA DEL EVANGELIO

La mayoría de los calvinistas intentan honrar el mandamiento de Cristo de predicar el Evangelio a toda criatura. Sin embargo, es difícil defender la importancia del evangelio cuando el no regenerado es incapaz de creerlo, y los elegidos se regeneran sin él, luego se les da fe para creer soberana y sobrenaturalmente.

Según el TULIP, ¿Cómo puede el Evangelio afectar la salvación de alguien? El no regenerado, sea un elegido o no elegido, no puede responder ni tampoco creerlo. Tampoco se beneficia el no electo de entender, porque estos han sido predestinados a la condenación eterna desde el principio. Los elegidos se regeneran sin el Evangelio y sólo entonces pueden creer (y esto de forma impuesta por ser irresistible). Pero el imponer cualquier cosa a alguien es la antítesis de la gracia. Incluso el forzar un regalo tan valioso y deseable, sobre alguien que no desea recibirlo, sería totalmente contrario a la gracia. Por lo tanto, el término “Gracia Irresistible” es otra contradicción. Sin embargo, dicha doctrina es un elemento integral sin la cual los otros cuatro puntos del ‘TULIP’ se desmoronan. Y es que la palabra “irresistible” para referirse a la gracia no aparece en la Biblia. Esto es irónico si se tienen en cuenta que la maravillosa gracia de Dios es una de las más preciosas verdades en Su palabra.

La palabra “gracia” aparece 170 veces en 159 versos. Y nunca en ninguna mención hay alguna sugerencia de que la gracia se impone irresistiblemente. Siempre la inferencia es que la gracia de Dios es entregada libremente y es voluntariamente recibida (Génesis 6:8; Salmos 84:11; Romanos 1:5; Romanos 12:6; 1 Corintios 1:4; ; Efesios 3:8; Efesios 4:7; 1 Pedro 3:7; Zacarías 12:10; Hechos 4:33; 2 Corintios 9:8). Aunque resulta evidente que Dios es el otorgador de la gracia, no hay ningún indicio bíblico de que la gracia de Dios se imponga irresistiblemente sobre cualquiera. Cada uno de su propia voluntad, debe elegir recibirla o rechazarla.

Muchos calvinistas, en defensa de su contradictorio sistema teológico más que del honor y del carácter divino, hacen sorprendentes declaraciones. Por ejemplo, cierto autor calvinista afirma:

“Porque la voluntad de Dios siempre se cumple, la voluntad de cada criatura debe conformarse a la voluntad soberana de Dios”[3]

Entonces, siguiendo la lógica calvinista, cada pensamiento, palabra y acción de la humanidad (incluyendo la maldad más atroz) ha sido determinada por Dios. Otro erudito calvinista comenta:

“La fornicación y la ingratitud son realmente parte de la voluntad ‘secreta’ de Dios’ y no debe sorprendernos a la luz de… el concepto calvinista de todo el decreto de Dios”[4]

¿Realmente creen lo que dicen? ¿Acaso no es repugnante y blasfema tal doctrina que afirma que todo el mal es cumplido por la voluntad de Dios? Sin embargo, los calvinistas luchan por reconciliar esta cruel y blasfema doctrina con el repetido testimonio bíblico de la bondad de Dios, su compasión y amor para todos. Teólogos neo-calvinistas como MacArthur y John Piper proponen una solución pseudo-bíblica e irracional: la idea de que Dios tiene dos voluntades que se contradicen una a otra, pero que realmente no están en conflicto:

“Por lo tanto afirmo con Juan 3:16 y 1 Timoteo 2:4 que Dios ama al mundo con una profunda compasión, y que desea la salvación de todos los hombres. Pero también afirmo que Dios ha escogido desde antes de la fundación del mundo a quien él salvará del pecado. Puesto que no todas las personas son salvas debemos elegir si creemos (con los Arminianos) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso de la libre determinación humana o si creemos (con los calvinistas) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso con la glorificación de su soberana gracia (Efesios 1:6, 12, 14; Romanos 9:22-23)… la voluntad de Dios para que todas las personas sean salvas no es una contradicción con la soberanía de la gracia de Dios en la elección. Esta es mi respuesta a la pregunta sobre lo que frena la voluntad de Dios para salvar a todas las personas en su supremo compromiso de respetar y mostrar la gama completa de su gloria a través de la manifestación soberana de su ira y misericordia para el gozo de sus escogidos y los creyentes de cada tribu, lengua y nación”[5]

Una vez más, tenemos una contradicción evidente de Piper. En su gran amor y compasión, Dios “desea la salvación de todos los hombres”. Sin embargo, para “Mostrar la gama completa de su gloria” no salva a todos a pesar de la insistencia en que él podría salvar a todos, si él así lo deseara. Aclaremos esto: El Dios de Piper desea la salvación de todos los hombres; y con su imposición soberana de la gracia irresistible, él podría salvar a todos, pero no lo hace para demostrar su ira. Aquí tenemos la contradicción más clara posible. ¿Cómo puede escapar de ella el calvinista? Según Piper Dios ama y realmente quiere salvar incluso aquellos a quienes él ha predestinado a la condenación desde la eternidad pasada, pero no lo hará porque desea mostrar su ira y presumir su soberanía; por lo tanto, Dios tiene dos voluntades que, aunque se contradicen entre sí, en secreto realmente están de acuerdo. ¿Es esto lógico y coherente con el carácter del Dios de la Biblia? Se nos pide creer que no se trata de ninguna contradicción para Dios mismo contradecirse, siempre y cuando fomente la “soberana demostración de su ira y su misericordia”. Piper falla en su razonamiento, pues condenar a miles de millones sin duda demostraría la ira de Dios, pero ¿Cómo glorifica esto su misericordia? Y aunque de alguna manera fuera este el caso, no hay forma de conciliar la reprobación con las claras expresiones del amor y el deseo de salvación para todos.

Piper tiene otro problema. Dios no se contradice. Por lo tanto, Piper debe conciliar lo que él llama las “dos voluntades” de Dios para mostrar que éstas están de acuerdo, aunque directamente se contradicen y auto-cancelan mutuamente. Y no logra conciliarlas porque es imposible. Una contradicción es una contradicción y no existe una manera honesta de que dos proposiciones contradictorias puedan ser manipuladas para que logren concordar. ¿Será el Dios del calvinismo un dios esquizofrénico? Por lo tanto, los calvinistas están en una posición bastante incómoda de pretender hacer una oferta válida de la salvación a los no elegidos, mientras que niegan que la única disposición de salvación (es decir, la muerte de Cristo) no está disponible para ellos. Para agregar insulto a esta lesión, reclaman que esta es la manera que Dios lo quiso desde la eternidad pasada.[6]

Los calvinistas afirman que la voluntad y las acciones del hombre no pueden estar en conflicto con la voluntad de Dios, porque esto haría al hombre mayor que Dios. Esa posición relativa y antibíblica de la soberanía de Dios, les conduce a proponer que las dos voluntades en conflicto no son la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, sino las dos voluntades del designio de Dios. En otras palabras, afirman que la batalla no es entre Dios y el hombre, como dice la Biblia, sino más bien de Dios contra sí mismo, como insiste el calvinismo. Sin lugar a duda el carácter y el honor de Dios está siendo tergiversado por la doctrina calvinista.

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CONCLUSIÓN

Todo el mundo que oye el Evangelio es llamado a la fe en Cristo, no sólo externamente sino también internamente. El Espíritu habla a cada corazón, haciendo todo lo posible para persuadir al pecador a confiar en Cristo. Sin embargo, los pecadores son capaces de resistir el Espíritu Santo, y no van a ser regenerados a menos que y hasta que se arrepientan. Para decirlo de otra manera, la aplicación del Espíritu de la obra salvadora de Cristo está condicionada a la aceptación previa del pecador del evangelio.

El Espíritu Santo no puede impartir nueva vida espiritual a menos que el pecador esté dispuesto a recibirla. No obstante, debe entenderse que la gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, con respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Esto resulta evidente al estudiar pasajes ampliamente conocidos como Hechos 7 y muchos otros.

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REFERENCIAS:

[1] Tom Ross, Abandoned Truth: The Doctrines of Grace; Providence Baptist Church, 1991, 56.

[2] D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 52.

[3] Steven R. Houck, The Bondage of the Will; Lansing, IL: Peace Protestant Reformed Church, n. d., 3.

[4] Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 481.

[5] John Piper, “Are There Two Wills In God?” In Still Sovereign, ed. Thomas R. Schreiner and Bruce A. Ware; Grand Rapids, MI: Baker Books, 2000, 130–31.

[6] George L. Bryson, The Five Points of Calvinism: Weighed and Found Wanting; Costa Mesa, CA: The Word For Today, 1996, 56.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Razones para rechazar la doctrina de la gracia irresistible o llamamiento eficaz

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La doctrina de la Gracia Irresistible es una enseñanza calvinista que declara que cuando Dios llama a Sus elegidos para salvación, ellos no pueden resistir ese llamado. La teología calvinista diferencia dos tipos de llamado:

  1. Dios ofrece el mensaje del Evangelio a todas las personas. Esto se conoce como el Llamado Externo.
  2. Para los elegidos Dios extiende un Llamado Interno el cual no puede ser resistido.

El llamamiento externo es el que hacemos cada vez que predicamos el evangelio a alguien (en este sentido todos son llamados) pero los únicos que pueden escuchar este llamado externo y responder a él con fe, son aquellos que han sido llamados internamente por el Espíritu Santo. Los reprobados están inhabilitados de acuerdo con la soberana voluntad de Dios para responder, o siquiera escuchar, dicho llamado; por ende, jamás serán salvos. Dios así lo ha predeterminado.

El llamado externo es producido por los seres humanos, pero el llamado interno es una obra exclusiva de Dios que ocurre solamente en los elegidos. Aunque el llamado externo del evangelio pueda ser rechazado, el llamamiento interno y especial del Espíritu nunca deja de producir la conversión de aquellos a quienes es hecho. Ese llamamiento no es hecho a todos los pecadores, sino que es extendida sólo a los elegidos.

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¿QUÉ ENSEÑA EL CALVINISMO?

De acuerdo con la enseñanza calvinista, el Espíritu no depende en ninguna manera de la ayuda o cooperación del pecador para tener éxito en su tarea de traerlo a Cristo. Este llamado lo hace el Espíritu Santo que trabaja en el corazón y la mente del elegido para traerlo al arrepentimiento y a la regeneración de forma eficaz e irresistible, por lo que el elegido no puede hacer otra cosa que venir a Dios. Es un simple títere de la voluntad divina, llevado a donde la voluntad de la deidad predestinó que fuese. La doctrina del Llamamiento Eficaz también es llamada Gracia Irresistible y se enseña claramente en la Confesión de Fe de Westminster (un breve resumen teológico y apologético del credo calvinista promulgado en 1646). Dicha Confesión de Fe afirma lo siguiente:

“…A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y solamente a ellos, le agradó en su tiempo señalado y aceptado, llamarlos eficazmente, por medio de su Palabra y Espíritu, de aquél estado de pecado y muerte en el que están por naturaleza, al estado de gracia salvación por medio de Jesucristo; iluminando sus mentes espiritual y salvíficamente para entender las cosas de Dios; quitándoles su corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades, y determinándoles a hacer lo que es bueno por su poder todopoderoso y acercándoles eficazmente hacia Jesucristo; pero de tal manera que vienen muy libremente, pues, por la gracia de Dios están en la disposición de hacer lo bueno. Este llamamiento eficaz proviene únicamente de la libre y especial gracia de Dios, no por cosa alguna previamente vista en el ser humano, el cual es totalmente pasivo en ello, hasta que, siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, la persona es por ese medio capacitada para responder a este llamamiento y para adoptar la gracia ofrecida y trasmitida en él…”[1]

En otras palabras, esta doctrina afirma que el Espíritu Santo nunca falla en traer salvación a aquellos pecadores que Él personalmente llama a Cristo. Él aplica inevitablemente la salvación a todo pecador que Él tuvo la intención de salvar. Debido a que el llamamiento eficaz es un llamado cuyo resultado está garantizado, este no constituye una “invitación” que el elegido puede aceptar o rechazar. El elegido es obligado, sin darse cuenta, a venir a Dios. Su voluntad, sencillamente, no cuenta en esto. Lo que importa es que Dios se salga con la suya. Al llamar a sus elegidos, Dios no sólo los convida a hacer algo, sino que Él hace algo en ellos. Un reconocido teólogo calvinista lo describió de la siguiente manera:

“Aquel que los llama crea en ellos la capacidad para responder, de forma que en el mismo acto de llamar Él los trae a una nueva vida”[2]

En otras palabras, Dios toma la decisión por ellos, manipulando su conciencia, emociones y entendimiento para obtener la respuesta que desea de sus elegidos. Los no elegidos carecen de tal ayuda. Dios los abandona deliberadamente a su suerte (según la interpretación de algunos calvinistas moderados) o los endurece intencionalmente (según los calvinistas ultraconservadores). Tal “discriminación divina” no parece incomodar a los calvinistas, quienes continúan sosteniendo que es Dios quien causa esta diferencia, Él persuade eficazmente a unos a venir a él y a otros no.[3]

Algunos de los versículos usados para apoyar esta enseñanza son:

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16)
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12-13)
 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”( Juan 1:12-13)
 “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:28-29)
 “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14)

Entonces ¿Enseña la Biblia que la gracia de Dios es irresistible para los elegidos y que los demás están inhabilitados y jamás podrán alcanzarla? ¡Absolutamente no! Tal interpretación del texto bíblico es errónea. Ciertamente tampoco se origina del pensamiento apostólico ni se fundamenta en las enseñanzas de la iglesia primitiva. Estudiar el verdadero origen de dicha enseñanza es indispensable para refutar su validez.

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¿CÓMO NACIÓ ESTA DOCTRINA TAN AJENA AL CARÁCTER DE DIOS?

En la doctrina de la Gracia Irresistible encontramos una vez más la influencia omnipresente de Agustín. Los mismos eruditos calvinistas lo reconocen sin reparo alguno:

“Esta verdad cardinal del cristianismo [La Gracia Irresistible] fue vista claramente por primera vez por Agustín”[4]

No es de extrañar que Benjamín Warfield (otro erudito calvinista) afirmara también que Agustín (sacerdote, santo y Padre de la Iglesia Católica) ha “recuperado para la iglesia”[5] dicha doctrina. De igual forma, algunos Bautistas concuerdan en que “Agustín puede ser considerado como el padre del sistema soteriológico llamado ‘Calvinismo’…”[6] El mismísimo R. C. Sproul incluso dijo:

“El agustinianismo actualmente se llama calvinismo o teología reformada”[7]

Agustín enseñó en sus escritos que algunos hombres son renovados, mientras que otros no, por el Decreto Incondicional de Dios (decretum absolutum), según el cual Dios mismo determinó seleccionar de la masa caída de la humanidad (massa perditionis) a ciertos individuos. A los elegidos, a pesar de ser igualmente culpables y estar bajo la misma condenación que los demás, Dios les conferiría Su gracia renovadora. El resto sería dejado a su propia voluntad y a la operación de la ley y su justicia.[8]

A pesar de ser el verdadero creador del calvinismo, Agustín no siempre creyó eso. Habiendo una vez enseñado la libre voluntad del hombre y que Dios desea salvar a toda la humanidad, con el tiempo Agustín cambió su opinión y creó el sistema teológico que más adelante sería conocido como calvinismo.[9] La fe se convirtió para él en algo que Dios concede irresistiblemente a los elegidos sin que ellos hubiesen creído nada o sin haber tomado alguna decisión, o incluso sin haber sido conscientes de que estaban siendo regenerados.[10]

Agustín creía que el hombre (siendo por naturaleza muerto en pecado) no puede escuchar el Evangelio y mucho menos responder al llamado de Cristo a menos que sea uno de los elegidos. Tal enseñanza contradice la Biblia, pues sería absurdo que Dios mandase a los hombres arrepentirse y creer, si estos no pueden hacerlo por no ser parte de los elegidos. Nuestro Señor Jesucristo contradice a Calvino y Agustín cuando invita a todos:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)
 “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37)

Todos están invitados y pueden oír, llegar y beber del agua de vida, como lo dice claramente en otros pasajes.

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¿DE DÓNDE SACÓ AGUSTÍN SUS IDEAS ERRÓNEAS?

Agustín de Hipona (en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis; Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hipona, 28 de agosto de 430), el verdadero padre del calvinismo, fue un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Antes de su conversión al catolicismo, en su búsqueda incansable de respuestas al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente, decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal. Los años posteriores a su conversión como cristiano estuvieron marcados por su oposición al determinismo Maniqueo. Él mismo, habiendo sido un Maniqueo, y ahora católico, deseó distanciarse de la atribución maniquea del pecado humano al poder de la oscuridad, que supuestamente se apodera de la persona humana, eliminando el albedrío moral y la responsabilidad individual.

Los primeros escritos de Agustín como católico, por contraste, subrayaron el poder del libre albedrío y de la responsabilidad individual por la acción de la propia persona: su tratado más nuevo que proclamó este mensaje –Sobre el Libre Albedrío– sería arrojado a su cara en décadas posteriores por los opositores pelagianos de Agustín, quienes citaron los mismísimos escritos de Agustín para oponerse a su ya madura teoría sobre la predestinación.[11] Así pues, las ideas agustinianas sobre la predestinación, la elección y muchas otras, recicladas más tarde por el calvinismo (y que hoy se nos quieren presentar como “doctrinas de la gracia”) marcaron simplemente un retorno de Agustín a su pasado maniqueo, ya que los maniqueos enseñaron un determinismo basado en un Orden Cósmico, doctrina que formó parte de las enseñanzas fundamentales que recibió Agustín bajo esa orden. Si bien es cierto luego de su conversión al catolicismo, Agustín se opuso a esas doctrinas e incluso escribió un tratado para defender el libre albedrío y la responsabilidad personal de cada ser; luego, en las controversias con Pelagio (quien exageró el papel del libre albedrío), Agustín retornó a una estancia determinista y desarrolló su propia teoría de la predestinación a partir de la influencia gnóstica recibida por más una década como miembro de los maniqueos.

Al final de su vida, Agustín confirmó la predestinación con tal severidad que sus oponentes lo acusaron de regresar al fatalismo pagano, lo cual no estaba lejos de ser cierto. Más tarde, sus ideas sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores como Tomas de Aquino, Martín Lutero y Juan Calvino.[12] Sin embargo, es innegable que la predestinación absoluta no fue la posición original de Agustín. Su posición inicial fue sinergista como la de sus predecesores.[13]

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IMPLICACIONES DE LA DOCTRINA DE LA GRACIA IRRESISTIBLE

Agustín incorporó los errores de su pasado gnóstico en su doctrina. Gracias a Calvino, los errores de Agustín pasaron también al protestantismo. Y errores engendran otros errores aún peores. Desde la perspectiva calvinista, debido a la Total Depravación del Hombre, aquellos a quienes Dios ha elegido incondicionalmente y predestinado a vida eterna (Elección Incondicional) y por quienes Cristo murió única y exclusivamente (Redención Particular o Expiación Limitada), son primero soberanamente regenerados sin fe, entendimiento, o siquiera saber lo que les está sucediendo. Después de eso (algunos dirían simultáneamente) la gracia de creer en Cristo como Salvador y Señor irresistiblemente se impone sobre el elegido recién regenerado, que Dios desde la eternidad pasada ha predeterminado salvar, y les da fe para creer en Cristo. El teólogo neo-calvinista John Piper dice que el hombre debe primero:

“…Ser nacido de Dios. Luego, con la nueva naturaleza de Dios, inmediatamente recibe a Cristo. Los dos actos (regeneración y fe) están tan íntimamente conectados que no podemos distinguirlos por alguna experiencia… el nuevo nacimiento es el resultado de la gracia irresistible… un acto de creación soberana…”[14]

La Gracia Irresistible es esencial en la teoría de salvación calvinista. Para el calvinista, nadie puede resistir la gracia salvadora de Dios, que es impuesta irresistiblemente sobre aquellos a quienes él ha predestinado para vida eterna. Como dice Piper:

“No puede haber salvación sin la realidad de la gracia irresistible. Si estamos muertos en nuestros pecados, totalmente incapaces de someternos a Dios, entonces nunca creeremos en Cristo a menos de que Dios supere nuestra rebelión”[15]

Lamentablemente esta doctrina, junto con todo el sistema calvinista en sí, conduce a una negación del amor, la misericordia y la gracia de Dios como está revelado en las Escrituras. Piper declara:

 “Dios es soberano y puede superar todas las resistencias cuando él quiere… la gracia irresistible se refiere a la obra soberana de Dios para vencer la rebelión de nuestro corazón y traernos a la fe en Cristo para que podamos ser salvos”[16]

Si eso fuera cierto, Dios podría haber impuesto irresistiblemente su gracia sobre Adán y Eva y salvar a la humanidad de la maldad y sufrimiento que resultó a causa de su rebelión. ¿Por qué no lo hizo? ¿Acaso no es un Dios de santidad, pero también de misericordia y amor? ¿Por qué jugar un juego tan cruel con la humanidad si estos no podrían salvarse a menos que el capricho divino lo permitiera? ¿Le falta a Dios amor y compasión para el mundo (como dice la Biblia), o es que sólo lo tiene por unos pocos elegidos (como insisten los calvinistas)?

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¿QUÉ CLASE DE DIOS ES ESTE?

El calvinismo insiste en que Dios decidió salvar a los elegidos imponiendo su gracia irresistiblemente sobre ellos, mientras que predestinó al resto de la humanidad al tormento eterno. ¿Es esto justicia? ¿Es esto amor? Y si así lo fuera, ¡Qué clase más absurda de amor! ¿No es esto más bien un acto de crueldad, parcialidad e injusticia abominable a nuestra conciencia? Ciertamente que sí; pues la doctrina calvinista convierte al Dios de la Biblia en un ser maligno y cruel, no muy diferente de los dioses paganos. Sin embargo, la Biblia dice que el Dios verdadero extiende “sus misericordias sobre todas sus obras” (Salmo 145:9) y que desea que “todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4).

Si tal arbitrariedad choca con nuestro sentido de justicia, amor y misericordia, ¿Cómo podríamos pensar que Dios es menos misericordioso, amoroso y justo que nosotros? Jesús dijo:

“¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13).

Si, como declara la Biblia, Dios realmente ama a todos y les ha dado el poder de elección, entonces la perdición y condenación es responsabilidad del ser humano por rechazar voluntariamente la salvación que Dios amorosamente ofrece libremente en Cristo. Sin embargo, según el esquema agustiniano (fuente y origen del calvinismo moderno) los no elegidos carecen de oportunidad alguna de asegurar su salvación. ¡Ahora resulta que Dios discrimina a algunas de sus criaturas excluyéndolas caprichosamente de la salvación! ¿Podría haber una injusticia mayor? Sin embargo, Sproul, Piper, MacArthur y otros líderes calvinistas “moderados” de hoy, persisten en esta evidente contradicción del carácter divino ¡Esto es una burla! Y más que burla, una difamación del carácter y personalidad de Dios. Además, ¿Cómo pueden estas personas rendir cuentas justamente?  ¿Cómo puede un parapléjico ser juzgado por no convertirse en un gimnasta de clase mundial, o un hombre ser juzgado por su incapacidad de parir hijos o amamantarlos si tal cosa no está en su naturaleza? ¡Absurdo! Sin embargo, en el calvinismo se nos dice que la justicia perfecta de Dios opera de esta manera. Nos sentimos impulsados a cuestionar tal posición a la luz de la Biblia pues en ella se nos dice que “para Dios no hay favoritismos” (Hechos 10:34, NVI) y que “El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?” (Génesis 18:25).

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CONCLUSIÓN

Trágicamente, la tergiversación del carácter de Dios que hace el calvinismo ha llevado a muchos a alejarse de Dios como si fuese un monstruo. ¿Es de extrañarnos que en los países donde la tradición reformada/calvinista se impuso, hoy florezca el ateísmo y el liberalismo teológico? ¿Nos extraña que en tales naciones hoy nadie quiera saber nada de Dios y rechace la Biblia? Al parecer, el Dios del calvinismo ha creado a todos los hombres como incapaces de elegir buscarlo y creer en el Evangelio. La única esperanza está en Dios mismo, soberanamente regenerando al pecador (sin que este lo desee o lo pida), pero sólo lo hace para un selecto número limitado y condena al resto para demostrar su soberanía y justicia. Tal es el mensaje del ‘TULIP’ (los 5 puntos del calvinismo). Considerándose a sí mismo como uno de los elegidos, el calvinista encuentra gran gozo en del ‘TULIP’ y no expresa ningún remordimiento por el destino predestinado de aquellos para quienes esta doctrina sólo podría causar angustia eterna:

“…Tenemos que repensar nuestra Doctrina Reformada de la salvación para que cada miembro y cada rama del árbol sea recorrida con la savia del deleite Agustino. Debemos aclarar que la depravación total no es solo maldad y ceguera… y que la elección incondicional significa que la plenitud de nuestro gozo en Jesús fue planeada para nosotros antes de que existiésemos (no importa que la condenación eterna también fue planeada para otros); y que la limitada expiación es la garantía de que el gozo indestructible en Dios infaliblemente garantizada para nosotros (solo los elegidos para quienes Cristo murió) por la sangre del Pacto; y la gracia irresistible es el compromiso y el poder del amor de Dios… la perseverancia de los Santos es la obra omnipotente de Dios para sostenernos…”[17]

Según Piper, solo los elegidos disfrutan el “deleite Agustino” de haber sido elegidos para la salvación. ¿Qué delicia existe para aquellos que, antes de que llegaran a la existencia, ya estaban predestinados al tormento eterno? Si el Dios del calvinismo es duro y desamorado hacia sus criaturas, mucho más parecen serlo los calvinistas, quienes parecen no tener la más mínima simpatía por aquellos a quienes Dios tiene, ‘por su buena voluntad’, condenados eternamente.

¿Es este “dios calvinista” el Dios de la Biblia? ¿Es este el amor cristiano que se nos demanda a tener para todos, especialmente por los perdidos? ¡No lo creo!

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REFERENCIAS:

[1] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo X, Secciones I y II

[2] Ferguson, Sinclair B. The Christian Life: A Doctrinal Introduction; Carlisle, Pennsylvania: The Banner of Truth Trust, 1997; p. 34.

[3] Boettner, Loraine. La Predestinación. Ed. Libros Desafío. Gran Rapids, 2005. Pág. 139.

[4] Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 345.

[5] Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 321.

[6] Kenneth H. Good, Are Baptists Calvinists?; Rochester, NY: Backus Book Publishers, 1988, 49.

[7] R. C. Sproul, The Holiness of God; Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 1993, ed., 273.

[8] William G. T. Shedd, A History of Christian Doctrine; New York: Charles Scribner and Co., 3rd ed. 1865), 70.

[9] Agustín, On the Spirit and the Letter. In Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 57.

[10] Agustín, On the Predestination of the Saints, op. cit., 7,8,16

[11] Valeria Finucci and Kevin Brownlee, Generation and Degeneration: Tropes of Reproduction in Literature and History from Antiquity Through Early Modern Europe Medieval and early modern studies”. Duke University Press, 2001. Páginas 19-20.

[12] Jeffrey Burton Russell, The Prince of Darkness: Radical Evil and the Power of Good in History. Página 99.

[13] Harry Buis, Historic Protestantism and Predestination. Página 9.

[14] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 12.

[15] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 9.

[16] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 9.

[17] John Piper, The Legacy of Sovereign Joy: God’s Triumphant Grace in the Lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 73).

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Salvación

Analogías sin fundamento bíblico de la doctrina “salvo, siempre salvo”

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Los argumentos analógicos o lógicos son recursos muy corrientes entre quienes sostienen la posición que afirma que “una vez salvos, siempre salvos”. Tales argumentos se basan con frecuencia en analogías trazadas a partir de la experiencia humana y no en la enseñanza bíblica. ¿Por qué combatir tales argumentos? Porque la Palabra de Dios nos manda:

“Destruir la altivez de cualquier argumento y cualquier muralla que pretenda interponerse para que el hombre conozca a Dios. De esa manera, hacemos que todo tipo de pensamiento se someta para que obedezca a Cristo”. (2 Corintios 10:5, NBV).

¿En qué forma dichos argumentos se interponen para que el hombre conozca a Dios? En primer lugar, son contrarios a la Palabra de Dios y fallan a la verdad bíblica (2 Pedro 3:16); en segundo lugar, producen una falsa seguridad en el creyente, la cual le puede costar, eventualmente, su salvación (1 Timoteo 4:16). Ante esto, como buenos obreros, nos corresponde hablar la verdad en amor (Efesios 4:15), mostrando las falacias y sinsentidos de tales argumentos.

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LOS CREYENTES SOMOS EL CUERPO DE CRISTO. SI ALGUIEN PUDIERA SER CERCENADO DEL CUERPO DE CRISTO, ÉSTE QUEDARÍA MUTILADO

Aunque pudiera sonar lógico a simple vista, este argumente es en realidad hueco, ya que, sin pretenderlo, rebaja a Cristo. ¿Por qué? Porque afirma que, si uno de nosotros se perdiera, Él estaría incompleto, cercenado. Sin embargo, La Biblia no enseña que Cristo esté completo en nosotros, como parece implicar tal argumento; lo que Pablo dice, por el contrario, es que nosotros somos quienes estamos completos en Él (Colosenses 2:10). Somos nosotros quienes separados de Él no podemos hacer nada (Juan 15:4-5). La misma figura de la vid y los pámpanos deja en claro que a él no le pasa nada si alguno de nosotros es cortado.

Él sigue siendo Dios y sigue estando completo, con nosotros o sin nosotros. Dios es santo, eterno, todopoderoso, y completamente autosuficiente. Él no necesita de ningún ser creado, pero nosotros si necesitamos a Dios. Toda la creación depende de la vida que sólo Dios sustenta:

“Él hace producir el heno para las bestias”, y “todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo… Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo” (Salmo 104:14, 27, 29).

Por otro lado, Dios no depende de nada ni de nadie. A él no le hace falta nada, no conoce ninguna limitación, y no experimenta ninguna deficiencia. Él es “YO SOY EL QUE SOY”, sin ninguna otra calificación o excepción (Éxodo 3:14). Si Dios necesitara algo para sentirse completo, entonces no sería Dios.

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SI ALGUIEN ES HIJO DE DIOS, ENTONCES PASE LO QUE PASE, NO PUEDE DEJAR DE SERLO

¡Suena lindo! ¿O no? Sí, pero es falso. Cuando intentamos establecer una correlación absoluta entre una relación espiritual y una natural se nos plantea un problema: si las relaciones espirituales no pueden cambiar, sería entonces imposible que pudiéramos ser salvos. Por ejemplo, Juan 8:44 nos dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”. 1 Juan 3:10 también nos dice:

“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”.

En Efesios 2:1-3 Pablo se refiere a los no creyentes como personas que viven según el príncipe de la potestad del aire; también les llama hijos de desobediencia e hijos de ira. Si es cierto que las relaciones espirituales no pueden romperse cuando hablamos de los “hijos de Dios”, en tal caso la coherencia lógica demanda que también los “hijos del diablo” sean siempre hijos del diablo. Por tanto, nadie podría jamás llegar a ser hijo de Dios. El argumento que reza: “una vez hijo, lo eres siempre”, no es pues válido.

Por otro lado, debemos recordar que, aunque somos hijos, no lo somos por compartir la misma naturaleza y substancia de Dios como en el caso de Cristo. Nosotros somos hijos por adopción:

“Ustedes no recibieron un espíritu que los haga esclavos del miedo; recibieron el Espíritu que los adopta como hijos de Dios y les permite clamar: «Padre, Padre»” (Romanos 8:15, NBV)
“Y añade que los paganos, a los cuales había dicho: «No eres mi pueblo», serían llamados «hijos del Dios viviente».” (Romanos 9:26, NBV)
“Ahora todos ustedes son hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:26, NBV)

¿De dónde toma Pablo la figura de la adopción? Pues de la cultura griega y romana de su época. En la cultura griega de la época, la figura de la adopción gozó de protección jurídica y gran importancia y trascendencia. Es más, tenía su propio vocablo (poitos) para denominar al hijo adoptivo y al sucesor testamentario (Compárese con Romanos 8:17). La adopción, sin embargo, tenía ciertas normas mediante las cuales podía abrogarse:

1. El adoptado podía renunciar voluntariamente a su derecho de adopción y volver a su familia natural. Sin embargo, no podía volver a la familia natural sin antes haber dejado un hijo en la familia adoptiva. Cumplido este requisito se le permitía volver a su familia y parentesco anterior si así lo deseaba.

2. La ingratitud del adoptado hacía posible la revocación del título adoptivo

Todas las adopciones se llevaban a cabo íntegramente en presencia de un magistrado, formalidad que luego pasaría a Roma.

La adopción era también una costumbre conocida y practicada por los pueblos hebreo y egipcio. La Biblia nos habla de esta interesante institución en Génesis 48:

“Poco tiempo después de esto, José recibió la noticia de que su padre estaba enfermo. Entonces, tomó a sus dos hijos, Manasés y Efraín, y fue a visitarlo. Cuando Jacob oyó que José había llegado, reunió todas sus fuerzas y se sentó en la cama y le dijo: ―El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán. Allí me dijo: Haré de ti una nación grande, y esta tierra de Canaán será para ti y para los hijos de tus hijos, como posesión permanente. A tus dos hijos, Efraín y Manasés, que te nacieron antes de que yo llegara a esta tierra, los adopto como hijos míos. Ellos recibirán parte de mi herencia tal como lo harán Rubén y Simeón.” (Génesis 48:1-5, NBV).

Igualmente, los egipcios consagraron dentro de sus prácticas y usos la figura de la adopción. En el libro de Éxodo, capítulo segundo, se relata cómo es que Moisés, después de haber sido un niño abandonado, fue adoptado por la hija del Faraón, una vez ya crecido. E incluso fue ella quien le puso por nombre Moisés, significando con ello que lo había sacado de las aguas:

“Por esa época, un hombre de la tribu de Leví se casó con una mujer de su misma tribu. Después de un tiempo, la mujer quedó embarazada y tuvo un hijo. El niño era tan hermoso, que la madre lo mantuvo escondido durante tres meses. Pero cuando ya no pudo esconderlo más, le hizo una pequeña cesta de papiro, la recubrió con asfalto, y puso al niño adentro; luego fue y lo dejó en medio de las cañas que crecían a la orilla del río. La hermana del bebé lo estuvo vigilando desde lejos, para ver qué iba a pasar con él. En eso vio que llegaba a bañarse al río una princesa, una de las hijas del faraón. Mientras caminaba por la orilla con sus damas de compañía, vio la pequeña cesta que estaba en medio de las cañas y envió a una de sus doncellas para que se la llevara. Cuando la abrió, vio al bebé que lloraba, y se sintió conmovida. ―Debe de ser un bebé de los hebreos —dijo. La hermana del niño se acercó y le preguntó a la princesa: ― ¿Quiere que vaya y busque a una mujer hebrea para que le cuide al niño? ―Sí, anda —respondió la princesa. La muchacha corrió hasta su casa, y regresó con su madre. ―Lleva a este niño a tu casa y cuídamelo —le ordenó la princesa a la madre del niño—. Te pagaré bien. Ella, pues, lo llevó a su casa y lo cuidó. 10 Cuando el niño creció, la madre se lo llevó a la princesa, y ella lo adoptó como hijo suyo. Lo llamó Moisés, porque lo había sacado de las aguas.” (Éxodo 2:1-9, NBV).

Este pasaje bíblico nos muestra los dos sentidos que tenía la institución de la adopción para los egipcios, y luego para los hebreos; la cual primeramente era para suplir la carencia de descendientes mayormente varones en los hogares, puesto que eran estos últimos los llamados a perpetuar el nombre de sus padres adoptivos y, en segunda medida, nos muestra como sirve la adopción como medio para ayudar a otorgarles una protección a los desvalidos y a los menos favorecidos dentro de la misma sociedad con todos los derechos y deberes de cualquier hijo legítimo.

Sin embargo, también la Biblia nos muestra que el hijo adoptivo podía, si así lo elegía libremente, romper el vínculo con su adoptante. Esto fue precisamente lo que hizo Moisés:

“Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón.” (Hebreos 11:24, LBLA).

Vemos pues, que la adopción de hijos puede y es, a veces, revocada. Ya sea por voluntad del adoptado que se niega a seguir siendo parte de la familia, o por decisión del adoptante debido a la ingratitud y el cumplimiento de los deberes del hijo adoptivo. Quienes se escudan en que son hijos de Dios y nunca dejarán de serlo, y que por eso “una vez salvos, siempre salvos”, harían bien en considerar las palabras de Juan el Bautista:

“Crías de víboras, ¿quién les dijo que así podrán escapar de la ira de Dios que vendrá sobre ustedes?… No crean que les basta con decir que son descendientes de Abraham, porque Dios puede sacar hijos de Abraham aun de estas piedras. El hacha está lista para talar los árboles que no den fruto y arrojarlos al fuego.” (Mateo 3:7-10, NBV).

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ALGUIEN QUE HA NACIDO DE NUEVO NUNCA PUEDE DEJAR DE HABER NACIDO

Esto es cierto, pero olvidan algo importante: Cuando alguien apostata de la fe, lo que sucede no es que tal persona deje de haber nacido, ¡Sino que muere! Antes de la conversión, las personas están espiritualmente muertas (Efesios 2:1). Por medio de la apostasía y la perseverancia en el pecado, se regresa a este estado de muerte espiritual. Como dice Juan 3:36.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.

Romanos 6:23 afirma contundentemente:

“Porque la paga del pecado es muerte”.

Nadie puede perseverar en el pecado y creer que seguirá gozando de vida espiritual. 1 Timoteo 5:6 nos recuerda que la persona que “se entrega a los placeres desenfrenados, aun viviendo, está muerta”.

Puede que tengamos vida nueva ahora, que hayamos nacido de nuevo, pero eso no garantiza que no podemos reincidir en el pecado, caer de la gracia, morir espiritualmente, y así perdernos:

“Ustedes los gentiles, que eran como ramas de olivo silvestre, han sido injertados entre las demás ramas. Como resultado, ahora se nutren también de la rica savia de la raíz del olivo. Sin embargo, cuídense de no sentirse mejor que las ramas cortadas. Y si se sienten así, recuerden que no son ustedes quienes nutren a la raíz, sino la raíz a ustedes. Bueno, quizás te estés diciendo: «Si cortaron aquellas ramas, fue para injertarme a mí». Tienes razón. Recuerda que esas ramas fueron cortadas por no creer en Dios, y que tú estás allí porque crees. Por eso, no te pongas orgulloso; sé humilde, pues si Dios no vaciló en cortar las ramas que había puesto allí primero, tampoco vacilará en cortarte a ti. Fíjate que Dios es a la vez bondadoso y severo. Aunque es severo contra los que lo desobedecen, es bondadoso contigo. Pero si no vives de acuerdo con su bondad, también te cortará.” (Romanos 11:17-22. NBV)

¿Es Dios mentiroso o falla a sus promesas cuando un cristiano auténtico cae de la gracia y se pierde? No, pues como los calvinistas mismos insisten gozosamente en afirmar, Dios no está obligado a salvar a nadie, mucho menos a los rebeldes y apóstatas en quienes, previamente, ha derrochado su gracia, ya que:

“Si sobre un terreno llueve mucho y proporciona una buena cosecha a sus propietarios, aquel terreno recibe bendición de Dios. Pero si lo único que produce es espinos y abrojos, resulta ser un mal terreno y se le condena al fuego.” (Hebreos 6:7, NBV).

Además, Dios tiene pleno derecho a revocar su favor sobre aquellos que le deshonran con sus frutos y proceder:

“Por lo tanto, yo, el Señor Dios de Israel, declaro que, aunque prometí que tu casa y la casa de tus antepasados llevarían el sacerdocio por siempre, no permitiré que se siga haciendo lo que tú haces. Honraré solamente a los que me honran, y despreciaré a los que me desprecian.” (1 Samuel 2:30, NBV).

Y por favor señores del “salvo, siempre salvo”, no nos vengan con el cuento de que, si se aportó de la fe y cayó en apostasía, nunca fue un verdadero cristiano, pues un verdadero cristiano jamás caería. Tal afirmación es solo un mal pretexto para justificar los errores insalvables en su sistema doctrinal. Dios mismo afirma la posibilidad de que el justo se pueda apartar de la fe y perderse:

“Sin embargo, si los justos se apartan de su conducta recta y comienzan a pecar y a comportarse como los demás pecadores, ¿se les permitirá vivir? No, ¡claro que no! Todas las acciones justas que han hecho serán olvidadas y morirán por sus pecados.” (Ezequiel 18:24, NTV).
“Mi justo vivirá por la fe; pero si se vuelve atrás, no estaré contento con él.” (Hebreos 10:38, NBV).
“Por lo tanto, es necesario que prestemos más atención al mensaje que hemos oído, no sea que nos extraviemos. Si el mensaje que los ángeles anunciaron fue verdadero y toda desobediencia recibió su merecido castigo, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos esta gran salvación?” (Hebreos 2:1-3, NBV).
“Pues es imposible lograr que vuelvan a arrepentirse los que una vez fueron iluminados —aquellos que experimentaron las cosas buenas del cielo y fueron partícipes del Espíritu Santo, que saborearon la bondad de la palabra de Dios y el poder del mundo venidero— y que luego se alejan de Dios. Es imposible lograr que esas personas vuelvan a arrepentirse; al rechazar al Hijo de Dios, ellos mismos lo clavan otra vez en la cruz y lo exponen a la vergüenza pública.” (Hebreos 6:4-6, NTV).

Hombre-pensativo

SE DICE QUE EL CREYENTE TIENE VIDA ETERNA COMO POSESIÓN PRESENTE; NO SERÍA ETERNA SI PUDIESE PERDERLA

Se usan muchos textos para apoyar este argumento (Juan 3:15-16; 3:36; 5:24; 6:54; 10:28). Estos versículos hablan de vida eterna. Por ello hemos de preguntarnos qué es esta vida eterna. La respuesta puede parecernos obvia, pero ¿lo es realmente? ¿Es la vida eterna una mera cantidad de vida? ¿significa tan solo que voy a vivir para siempre? Por otra parte, ¿Tienen vida eterna los no creyentes? No existe un solo versículo en la Biblia que afirme tal cosa. Por supuesto, los no creyentes existirán eternamente. Sin embargo, esto no es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de vida eterna. Varios versículos de los escritos del apóstol Juan arrojan luz al respecto:

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4)
“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26)
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40)
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10)
“Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:50).

Es especialmente importante considerar el todo el contexto de los versículos 44-50. Creer en Cristo es obviamente la clave para tener vida eterna.

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El conocimiento de la vida eterna Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:11-13).

Nótese que el apóstol concluye diciendo que la clave para tener al Hijo y, por tanto, la vida eterna, es creer en el Hijo de Dios. La fe en Cristo es lo que nos coloca en Él. La vida eterna no es meramente una existencia perpetua; es la propia vida de Dios. Mi participación en esta vida se debe a que en un sentido legal estoy en Cristo. Nadie que esté fuera de Cristo tiene vida eterna. La vida de Dios era eterna antes de que yo la tuviera, y seguirá siéndolo, aunque yo la pierda al rechazar a Cristo Jesús. Por tanto, el argumento de que la salvación no se pierde pues el creyente tiene vida eterna, no es válido. Nuevamente, 1 Samuel 2:30 nos arroja luz en este punto:

“Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; más ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”.

Si pierdes la fe en el Hijo y te apartas de Él, entonces pierdes la vida eterna, pues la vida eterna no es algo que recibas aparte de la fe en Cristo y de la persona de Jesús misma:

“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). Así de simple.

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CONCLUSIÓN

En vista de la enseñanza bíblica de que la seguridad del creyente depende de una relación viviente con Cristo (Juan 15:6); en vista del llamado bíblico a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16); en vista de la clara enseñanza de que a la persona se le puede quitar su parte del Libro de la Vida (Apocalipsis 22:19); y en vista del hecho de que una persona que cree por un tiempo puede volver a caer (Lucas 8:13); la lógica y la lealtad a la Palabra de Dios nos llevan a rechazar la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos y su variante moderna, la doctrina del “Una vez salvo, siempre salvo”.

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Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

¿Enseña la Biblia que la salvación se pierde?

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Al contrario de lo que enseñan los calvinistas, si analizamos bíblicamente las enseñanzas de Jesús, encontramos que la salvación se pierde:

“El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden” (Juan 15:6).

Al mirar la expresión “el que en mí no permanece”, un calvinista podría argumentar que ese nunca fue salvo, porque no era escogido, por eso no permaneció. Pero Jesús está hablando de un pámpano, una parte integral de la vid, la cual no permaneció y por eso será echada al fuego. Si estaba “en Él” era salvo, pero si se aleja y rehúsa permanecer en Él será echado fuera, se secará y será echado en el fuego. Aún en este texto, Jesús está reconociendo el libre albedrío del hombre y su papel en la salvación humana, pues menciona la existencia de personas que no quieren permanecer en Él y se pierden por voluntad propia.

Cuando analizamos la cita bíblica de Marcos capítulo 9 de los versículos 43 al 48, podemos llegar a la misma conclusión: la pérdida de la salvación. En ese texto Jesús enseña que:

“Si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado”.

Jesús habla de alguien que es salvo, pero que tiene la posibilidad de caer, perdiendo con ello su salvación.

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¿QUÉ MÁS DIJO JESÚS ACERCA DE LA POSIBILIDAD DE CAER DE LA GRACIA?

Juan 10: 28 es uno de los versículos favoritos de los calvinistas para defender su postura, dicho texto dice:

“y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano”.

Pablo también nos dice:

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39).

JESÚS 2

¿QUÉ ENSEÑARON LOS APÓSTOLES ACERCA DE LA POSIBILIDAD DE PERDER LA SALVACIÓN?

Es verdad que nadie nos arrebatara de la mano del Padre y del Hijo, que Dios nos da vida Eterna y no temporal, es verdad que Dios nos ayuda a perseverar, pero eso no niega la realidad de la posibilidad de apostasía. El calvinismo si lo niega, a pesar de que la Biblia lo afirma. 1 Timoteo 4:1-2 se nos advierte:

“El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe.”

¿Qué parte de “¿El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe,” no entienden los calvinistas para decir que es imposible apostatar? La realidad de la apostasía es la motivación de la exhortación de la carta de Hebreos.  Hebreos 10:26-29 nos dice:

“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

Hebreos 6:4-8 nos recuerda esta terrible verdad:

“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”.

Nos preguntamos ¿Quiénes son los que una vez “fueron hechos partícipes del Espíritu Santo… y los poderes del siglo venidero, y recayeron”, si no los creyentes que apostataron? Para los que se apartan, habiendo sido salvos previamente, pero rechazado luego tal bendición, la sentencia es clara. Dicha gente: “es reprobada está próxima a ser maldecida, y su fin es ser quemada”. La posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación es real. 2 Corintios 3:5-7 nos exhorta:

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.”

Mateo 7:13-14 nos dice:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Los calvinistas pretenden usar estos versículos para afirmar que el número de los elegidos es reducido; sin embargo, más que probar el calvinismo prueba el libre albedrío y la posibilidad del hombre (dada por Dios) de responder a la salvación. Pocos lo hallan, escogieron ellos el camino a seguir. No fueron forzados por Dios de forma irresistible. En otra oportunidad, Jesús advirtió a sus siervos a ser fieles: “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes lo pondrá. Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir, y comienza a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:45-51).

Primero Jesús habla del siervo fiel y prudente, que recibirá recompensa cuando venga su Señor. Después habla de un siervo malo, que cree que su Señor está tardando en venir y comienza a maltratar sus consiervos y a emborracharse. Jesús está hablando de un siervo que llegó a ser infiel y malo, de alguien que en otro tiempo servía a su señor. No se refería a uno que no conocía a su dueño. En otras palabras: un creyente que comienza a hacer lo malo. Viene su señor en el día que no espera y a la hora que no sabe. ¿No será así en la venida de Jesús? Ese siervo será castigado, al lloro y crujir de dientes (lago de fuego). Este último, aunque era fiel al principio, perdió su condición de siervo y se fue con los hipócritas. Y es que la Biblia es clara al afirmar que una persona que haya conseguido la salvación al depositar su fe en Jesús puede perder esa fe y, por lo tanto, la salvación. La Biblia nos exhorta:

“Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos… Ahora quiero recordaros, aunque ya definitivamente lo sepáis todo, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron” (Judas 3,5; LBLA).

Esto quiere decir que mantenerse fiel requiere esfuerzo personal. A los primeros cristianos que ya habían aceptado a Cristo se les dijo:

“ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12, LBLA).

La Biblia nos advierte de que los pecados graves impiden que heredemos el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19-21). Si la salvación no se pudiera perder, esas advertencias no tendrían ningún sentido. La Biblia muestra que alguien que ha obtenido la salvación puede apartarse de Dios si comete un pecado grave y rehúsa abandonarlo. Por ejemplo, Hebreos 10:26 dice:

“Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 6:4-6).

El apóstol Pedro también nos advierte:

“Porque si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera. Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia que, habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: El perro vuelve a su propio vomito, y: La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22, LBLA).

Como ya se dijo anteriormente, Jesús destacó la importancia de mantenerse fieles cuando se comparó a sí mismo con una vid y comparó a sus seguidores con las ramas de esa vid. Por un tiempo, algunos de ellos demostrarían por sus frutos o acciones que tenían fe en él, pero más tarde dejarían de tener fe y serían desechados como una rama que no tiene fruto, así que perderían la salvación (Juan 15:1-6). El apóstol Pablo usó un ejemplo parecido cuando dijo que el cristiano que no se mantuviera fiel sería podado:

“Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado” (Romanos 11:17-22, LBLA).

La Biblia dice que los cristianos deben mantenerse alerta (Mateo 24:42; 25:13). Aquellos que se duermen en sentido espiritual, ya sea porque practican obras de maldad o porque no obedecen plenamente los mandatos de Jesús, pierden la salvación (Romanos 13:11-13; Apocalipsis 3:1-3).

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CONCLUSIÓN

Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente? Es más, el apóstol Pablo (a cuyos escritos muchos calvinistas acuden en defensa de sus doctrinas) no pensó jamás que tenía la salvación asegurada por algún tipo de decreto divino. Ciertamente, él no creía en la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos. Anteriormente había reconocido que podía perder la salvación si se dejaba llevar por los deseos carnales. Él escribió:

“Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).

También afirmó:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

Y entonces ¿Por qué prefieren los calvinistas seguir engañándose al pensar que jamás podrían perder su salvación?

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