Los cristianos estamos en guerra. No cabe duda: hay una batalla, pero no es contra sangre ni carne (Efesios 6:2). Nuestro enemigo no es visible a nosotros, por lo que no podemos simplemente observar su accionar. Pero Dios sí conoce los planes y las acciones de Satanás y sus demonios, por lo que la única forma de batallar es dependiendo totalmente en Él. Desafortunadamente, Satanás ha creado fortalezas en la mente de los cristianos sobre cómo batallar, lo que ha llevado a estrategias inefectivas y enfoques erróneos. Las Escrituras autentifican la realidad del mundo espiritual, incluyendo a los ángeles (amigos) y a los demonios (enemigos). Sin embargo, a los cristianos occidentales, incluyendo a los evangélicos y pentecostales, no les resulta fácil explicar y referirse a esta dimensión transempírica de la realidad.
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El don incomprendido: Las lenguas como señal teofánica y juicio profético
El fenómeno de la glosolalia ocupa hoy un lugar central en un diálogo tan fecundo como complejo, donde confluyen —y a menudo colisionan— la efervescencia de la experiencia emocional y la exigencia de una fe que aspire a ser intelectualmente coherente. Quienes observan el pentecostalismo desde fuera, o desde una firme postura cesacionista, no suelen hacerlo por un simple afán de confrontación. Sería injusto reducir su postura a una mera reacción visceral. Al contrario, su crítica (en la mayoría de los casos) suele nacer de una preocupación genuina y legítima: el anhelo de que lo sagrado no se diluya en la confusión ni quede atrapado en la subjetividad, sino que se manifieste como una fuerza capaz de transformar la realidad de manera tangible, comprensible y verificable.
Más que letras: el legado del Pueblo del Libro
Hagamos honor a nuestro título de "Pueblo del Libro". Que este Día del Libro sea un recordatorio para retomar el hábito de la lectura, entendiendo que un cristiano que lee es un cristiano que profundiza en la verdad y se capacita para servir mejor. Ocupémonos en la lectura; leamos más.
La doctrina de la generación eterna del Hijo
La doctrina de la generación eterna del Hijo constituye uno de los pilares más profundos y, a la vez, más desafiantes del pensamiento teológico cristiano. Para la tradición evangélica, esta enseñanza no es una mera especulación filosófica, sino el esfuerzo por dar nombre a la relación íntima y sin principio que une al Padre con el Hijo. Al hablar de "generación", no nos referimos a un evento ocurrido en el tiempo, como sucede con el nacimiento humano, sino a una distinción de origen dentro de la esencia misma de Dios. En el corazón de esta doctrina reside la convicción de que el Hijo es "Dios de Dios" y "Luz de Luz", compartiendo la misma sustancia divina con el Padre, pero siendo eternamente derivado de Él en una comunicación de vida que nunca tuvo un comienzo y que jamás tendrá un final.
La ilusión de la seguridad sin santidad: una crítica teológica, patrística y lógica a la «gracia gratuita»
Para los defensores de la Free Grace, el arrepentimiento es una "obra" y, por tanto, debe excluirse de la salvación. Redefinen el término griego metanoia como un simple "cambio de opinión" sobre quién es Jesús. No obstante, la patrística y la lexicografía bíblica nos dicen algo muy distinto. El arrepentimiento no es un pago por el perdón, sino el acto de soltar el pecado para poder asir la gracia. San Juan Crisóstomo, en sus homilías sobre Romanos, explicaba que el arrepentimiento es la herida que permite que entre la medicina. Si no hay reconocimiento del pecado y un giro radical de la voluntad, la fe es un mero ejercicio mental, similar a la de los demonios que Santiago describe en su epístola: una fe que conoce la verdad pero que permanece en rebelión (Santiago 2:19).
El eclipse del Logos: Cuando el sentir sustituye a la Palabra
La salud de cualquier movimiento que se pretenda guiado por el Espíritu depende, invariablemente, de la tensión dialéctica entre la experiencia vital y el fundamento revelado. Sin embargo, al observar la fisonomía del liderazgo actual en ciertos sectores de la tradición pentecostal, se hace evidente un desplazamiento preocupante: la sustitución de la exégesis por la efervescencia. Estamos ante una crisis donde el "sentir" ha dejado de ser un acompañante de la fe para convertirse en su máxima autoridad.
El Pneuma en lo cotidiano: Los dones de servicio (Romanos 12:6-8)
A menudo nos seduce lo extraordinario, lo que brilla con fuerza o hace mucho ruido, como si la presencia divina solo pudiera manifestarse en lo espectacular. Sin embargo, el Espíritu Santo, en su inescrutable sabiduría, a veces prefiere transitar por un camino mucho más tranquilo y discreto: el camino de lo cotidiano, de lo que a simple vista parece común y ordinario. Es en esas acciones sencillas, en esas capacidades que se confunden fácilmente con simples aptitudes humanas, donde a menudo reside su poder más transformador. En un mundo obsesionado con el protagonismo y el reconocimiento, pocos son los que realmente desean abrazar el servicio silencioso y auténtico. Aún así, ese es el camino por el cual el Espíritu, a través de su multiforme gracia, ha decidido revelarse a su pueblo para recordarle que el que sirve es el mayor de todos.
La razón en la tradición pentecostal: Hacia un evangelio completo en mentes completas
En el corazón del cristianismo evangélico late una convicción profunda: la fe no es solo un asunto del corazón latiendo con emoción, ni una experiencia extática aislada. Es una respuesta total del ser humano al Dios que se revela. Jesús mismo lo resumió: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30, NVI). Esa mención a la mente no es casual. Dios nos creó con capacidad de razonar porque somos imagen suya, y esa razón, aunque herida por el pecado, puede ser redimida y santificada por el Espíritu Santo.
La experiencia como lugar teológico en el pentecostalismo
Quien se asoma por primera vez a una comunidad pentecostal suele quedar desconcertado por aquello que allí ocurre. No es el orden litúrgico lo que llama la atención, ni siquiera la predicación, por intensa que esta pueda ser. Lo que resulta inconfundible es el modo en que la comunidad entiende que Dios sigue hablando, sigue obrando, sigue irrumpiendo. Un testimonio compartido en medio del culto, una palabra de conocimiento pronunciada por un hermano que nunca ha estudiado teología formal, un canto que se convierte en profecía: todo ello conforma el entramado de una experiencia que no es meramente subjetiva, sino que se reconoce como encuentro con el Dios vivo.
El episcopado (pastorado) femenino en la Biblia y la historia de la Iglesia
Ordenar mujeres al presbiterio (pastorado, episcopado, obispado, o como quieras llamarle) no es una novedad cultural, sino la recuperación de una práctica neotestamentaria que quedó oscurecida por siglos de influencias patriarcales. Las ancianas (presbýtidas), llamadas a ser “maestras del bien”, no forman un grupo paralelo ni secundario. Junto con los ancianos varones integran el presbýterion, el consejo de líderes maduros que Dios ha dado a su iglesia para pastorear, enseñar y guiar a toda la comunidad. Las iglesias del Nuevo Testamento —reunidas en casas en Corinto, Roma y Éfeso— eran lideradas por hombres y mujeres maduros en la fe que, juntos, ejercían el ministerio pastoral. Restaurar esta imagen bíblica completa no es doblegarse a la cultura, sino obedecer al texto con mayor fidelidad. Solo así la imagen de Dios —varón y mujer— brillará en toda su plenitud en el liderazgo de su pueblo.
Cuando doce varones pesan más que todo el Evangelio
La semilla del ministerio femenino no es una concesión moderna a las presiones feministas, ni un invento de la teología progresista. Está plantada en el corazón mismo del Evangelio, en esas páginas que algunos leen con tanto cuidado para encontrar doce nombres y tan poco interés para descubrir todo lo demás. Y mientras el argumento de los doce varones siga circulando, habrá que seguir recordando que los Evangelios no se agotan en una lista, que Jesús hizo mucho más que elegir doce apóstoles, y que la resurrección, afortunadamente, fue anunciada primero por quienes, según los criterios humanos, no tenían derecho a hacerlo. Cosas del Reino.