Los cristianos estamos en guerra. No cabe duda: hay una batalla, pero no es contra sangre ni carne (Efesios 6:2). Nuestro enemigo no es visible a nosotros, por lo que no podemos simplemente observar su accionar. Pero Dios sí conoce los planes y las acciones de Satanás y sus demonios, por lo que la única forma de batallar es dependiendo totalmente en Él. Desafortunadamente, Satanás ha creado fortalezas en la mente de los cristianos sobre cómo batallar, lo que ha llevado a estrategias inefectivas y enfoques erróneos. Las Escrituras autentifican la realidad del mundo espiritual, incluyendo a los ángeles (amigos) y a los demonios (enemigos). Sin embargo, a los cristianos occidentales, incluyendo a los evangélicos y pentecostales, no les resulta fácil explicar y referirse a esta dimensión transempírica de la realidad.
Blog
La crisis de la lectura utilitarista de la Biblia en el púlpito y en la banca
Una de las paradojas más notables y urgentes del pentecostalismo contemporáneo radica en su profunda devoción afectiva por la Biblia combinada, paradójicamente, con un alto grado de superficialidad metodológica en su interpretación sistemática. En la praxis cotidiana de innumerables congregaciones a lo largo del continente, la Escritura es reverenciada con pasión desbordante en los altares, pero empobrecida analíticamente en las bancas y en las aulas de discipulado. Con frecuencia, el acercamiento al texto sagrado se sostiene sobre un andamiaje puramente utilitario: se busca en la Biblia alivio emocional frente a la angustia existencial, directrices económicas ante la precarización de la vida o una palabra de triunfo triunfalista frente a la prueba inmediata.
Redescubriendo la fe bíblica: La salvación como leatad activa al rey Jesús
Durante siglos, la teología occidental ha tendido a interpretar la fe (pistis) predominantemente como un asentimiento intelectual a un conjunto de proposiciones doctrinales. Este artículo propone un reexamen de la salvación por fe, argumentando que tal interpretación es una reducción anacrónica del concepto bíblico. Al remontarnos a la raíz hebrea 'aman y su sustantivo derivado emunah, y al situar el uso neotestamentario de pistis dentro de su contexto sociopolítico grecorromano, emerge una comprensión más rica y robusta: la fe bíblica es, en esencia, una lealtad activa, operativa y obediente a un soberano. Lejos de ser un mero acto cognitivo, la fe salvadora es una respuesta integral del ser humano al señorío de Cristo, una dinámica relacional de pacto que transforma la totalidad de la existencia.
Soberanía divina sin calvinismo: Redescubriendo al Dios que se autolimita por amor
La soberanía de Dios en las Escrituras no se revela como un mecanismo de relojería implacable que reduce la historia a un guion preescrito, sino como el gobierno supremo de un Creador que ha decidido, en su infinita sabiduría y tierno amor, hacer espacio para la genuina libertad de sus criaturas. Lejos de un decreto despótico que predetermina cada pensamiento, cada fallo y cada acto humano —convirtiendo la tragedia del pecado en un engranaje necesario de su propia voluntad—, el testimonio bíblico presenta a un Dios cuya majestad brilla precisamente en su capacidad de establecer un pacto real. En este vínculo, las decisiones humanas poseen peso y consecuencias auténticas. Las reiteradas exhortaciones a elegir la vida, las lágrimas derramadas sobre ciudades que se negaron a ser cobijadas, y los lamentos divinos ante la rebeldía revelan a un soberano que no coacciona irresistibles títeres, sino que anhela la conversión genuina del corazón, tal como recuerda el Señor al exclamar: "¿Quiero yo la muerte del impío? —dice Jehová el Señor— ¿No vivirá si se convirtiere de sus caminos?" (Ezequiel 18:23).
Lucas y Hechos como narrativa teológica normativa | ¿Por qué la hermenéutica pentecostal honra mejor la inspiración Escritural que el cesacionismo?
A menudo, el sector cesacionista del cristianismo trata de convencer a los pentecostales de que considerar normativos a Lucas y Hechos es una postura ridícula y errónea. Se argumenta que estos libros son meramente descriptivos, es decir, que solo narran lo que ocurrió en la Iglesia primitiva sin establecer principios permanentes para la vida cristiana posterior. Desde esa perspectiva, tomar los relatos de milagros, lenguas, profecías y manifestaciones del Espíritu Santo como modelo para la Iglesia actual sería un error hermenéutico, una confusión entre historia y doctrina, entre descripción y prescripción. Sin embargo, no tendríamos por qué sentirnos avergonzados de interpretar los escritos lucanos como lo hacemos. Al contrario, nuestra postura es más sólida y respetuosa de la inspiración e inerrancia de las Escrituras, porque reconoce que toda la Escritura, también en su forma narrativa, es útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia, tal como declara el apóstol Pablo: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3,16-17). Si los relatos de Lucas y Hechos son inspirados por Dios, no pueden ser considerados simples crónicas sin autoridad normativa, como si una parte de la Biblia tuviera menos valor para la fe y la práctica de la Iglesia.
Egipto, Sodoma, Babilonia y Jerusalén — Una lectura incómoda de Apocalipsis 11:8
Ninguna institución, ninguna nación, ningún movimiento religioso está exento de corromperse. Ni siquiera el que lleva el nombre de Dios en la puerta.
«¡Los perros no van al cielo! ¿O sí?» | La redención cósmica y el destino eterno de los animales (Una respuesta escatológica y ecoteológica a la restauración de toda la creación)
Por Fernando E. Alvarado Justo el día en que partíamos hacia nuestro viaje misionero en Chile, Dark, el perro que alegraba el hogar de mis suegros y con quien todos estábamos profundamente encariñados, falleció. La urgencia del vuelo inminente nos impidió darle el último adiós y sepultarlo con nuestras propias manos; sin embargo, mi suegro… Sigue leyendo «¡Los perros no van al cielo! ¿O sí?» | La redención cósmica y el destino eterno de los animales (Una respuesta escatológica y ecoteológica a la restauración de toda la creación)
¿Danza en el trono o en el altar pagano? —Deconstrucción crítica de las prácticas de danza en el pentecostalismo contemporáneo
La adoración que Jesús inauguró no necesita de la pirotecnia de las danzas de guerra, ni de los supuestos portales de gloria, ni de las banderas cargadas de colores codificados. Necesita, sencillamente, corazones rotos y humillados, fe genuina en la obra consumada del Salvador y una proclamación fiel de su Palabra. La verdadera unción, enseña el apóstol Juan, permanece en nosotros y nos enseña todas las cosas (1 Juan 2:27), y no está condicionada a cuán alto saltemos, cuán estridentes sean nuestras coreografías o cuán dramáticamente agitemos un manto. Esa unción interior, silenciosa y transformadora, es la que produce fruto duradero; todo lo demás, cuando se convierte en el centro, no es más que fuego extraño ofrecido sobre el altar.
El Siervo Sufriente de Isaías 53: ¿Israel, Jesús o una relectura interesada? Una revisión crítica de la tesis de Bart Ehrman y un análisis histórico-teológico del texto
La tesis de Bart Ehrman —atractiva por su aparente sencillez— se desmorona cuando es sometida a un análisis profundo y contextual. El Siervo Sufriente de Isaías 53 no pudo ser la nación de Israel, porque el texto describe a un individuo justo, inocente, que muere vicariamente por los pecados de su propio pueblo y es exaltado después de la muerte. La identificación corporativa con Israel no es la interpretación original, sino una relectura tardía forjada al calor de la polémica anticristiana. Por el contrario, en el judaísmo del Segundo Templo existían corrientes que apuntaban a un Mesías sufriente, y la iglesia primitiva —desde Felipe y el eunuco etíope hasta Pablo— reconoció unánimemente en Jesús al Siervo que carga con el pecado del mundo. Lejos de ser una retroproyección arbitraria, la lectura cristiana representa la realización plena y coherente del sentido profundo del texto inspirado.
¡Te invitamos a conocer nuestro Diplomado Superior en Filosofía y Apologética Cristiana!
El Seminario Teológico Pentecostal Donald Gee, consciente de los desafíos intelectuales y espirituales que enfrenta la iglesia cristiana en el siglo XXI, presenta su Diplomado Superior en Filosofía y Apologética Cristiana como una respuesta académica y pastoral a las crecientes demandas de un mundo pluralista, secularizado y cada vez más alejado de las verdades fundamentales de la fe cristiana. Este programa de estudios superiores ha sido cuidadosamente diseñado para formar líderes, pastores, maestros y creyentes comprometidos que, movidos por el amor a la verdad y la pasión por las almas, estén capacitados para "presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Pedro 3:15). No se trata de un mero ejercicio académico, sino de una preparación integral que integra el rigor intelectual con la sensibilidad pastoral, la profundidad teológica con la relevancia contextual, y la fidelidad doctrinal con la gracia evangelizadora.
La Confesión Arminiana de 1621: Capítulo 2 — El conocimiento de la esencia de Dios
Este artículo examina el Capítulo 2 de la Confessio sive Declaratio Sententiae Pastorum qui in Foederato Belgio Remonstrantes vocantur (1621), titulado «Sobre el conocimiento de la esencia de Dios». Se analiza cómo los autores remonstrantes construyen una teología de los atributos divinos que, siendo fiel a la tradición protestante, despliega una visión de Dios profundamente personal y relacional. El estudio muestra que el Capítulo 2 no es una mera enumeración escolástica de perfecciones divinas, sino una invitación a conocer a Dios de manera salvífica, donde cada atributo se convierte en fundamento para la adoración, la confianza y la vida ética del creyente. En el contexto posterior al Sínodo de Dort (1618-1619), esta exposición de la naturaleza divina constituye una afirmación de que el Dios de los remonstrantes no es un déspota arbitrario que decreta la condenación de unos y la salvación de otros, sino un Padre bueno que se revela en Cristo y que respeta la libertad de sus criaturas.