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Calixto, Nicea y el mito del “Occidente monarquiano”

El presente artículo examina tres afirmaciones recurrentes en la apologética unicista modalista: (1) que Calixto I y Praxeas fueron la misma persona; (2) que el Concilio de Nicea fue “monarquiano”; y (3) que gran parte del Occidente cristiano era monarquiano. Mediante un análisis histórico-patrístico, exegético, lógico y teológico, se muestra que tales afirmaciones carecen de fundamento documental sólido, confunden categorías históricas y no resisten el testimonio bíblico. Se muestra, además, que la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no es un añadido tardío: late en el bautismo, en la oración y en la confesión de los cristianos desde el siglo I, mucho antes de Nicea. Se concluye que el unicismo modalista no representa la fe normativa de la Iglesia primitiva, sino una corriente herética combatida por autores como Tertuliano, Hipólito y Novaciano, y que la doctrina trinitaria —culminada en la noción de perichōrēsis— ofrece una síntesis más coherente del testimonio bíblico sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Arminianismo Wesleyano, Calvinismo, Herejías, Soteriología

El demiurgo malévolo: Cómo la doble predestinación calvinista convierte a Dios en autor del pecado

El presente artículo examina críticamente la doctrina calvinista de la doble predestinación, tal como fue formulada por Juan Calvino y desarrollada por sus sucesores, a la luz del testimonio bíblico y de la coherencia teológica. Sostiene que dicha doctrina es incompatible con el carácter de Dios revelado en las Escrituras, contradice pasajes bíblicos explícitos —Santiago 1:13, Ezequiel 33:11, 2 Pedro 3:9, 1 Juan 4:8, Génesis 18:25, 1 Timoteo 2:4— y conduce a consecuencias teológicas inadmisibles, entre ellas la conversión de Dios en autor del pecado y del mal. El análisis se articula en cuatro ejes: (1) el testimonio bíblico contra la doble predestinación; (2) la incompatibilidad con los atributos divinos de justicia y amor; (3) la cuestión del autor del pecado y sus implicaciones para la teodicea, con especial atención a las respuestas calvinistas contemporáneas —Bignon, White, Bruce, Helm— y a las críticas que revelan sus límites; y (4) la coherencia interna del sistema calvinista y las alternativas teológicas que preservan tanto la soberanía divina como la libertad humana genuina. Se concluye que la doble predestinación, lejos de ser una verdad misteriosa que deba aceptarse a pesar de su aparente contradicción moral, es una construcción teológica que debe ser rechazada porque hace de Dios un ser moralmente aborrecible y contradice el testimonio unánime de las Escrituras sobre la universalidad de la oferta salvífica y la justicia de Dios en el juicio.

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La Teología Cautiva: Sionismo cristiano, dispensacionalismo y la subordinación del Evangelio a un proyecto geopolítico

El presente artículo examina críticamente la penetración del sionismo político en el seno de la iglesia evangélica contemporánea, argumentando que constituye una desviación teológica de gran alcance. Se documenta el origen secular, ateo y nacionalista del sionismo político; su instrumentalización de la religión judía; su infiltración en el cristianismo a través del dispensacionalismo de John Nelson Darby; la promoción y financiación de esta doctrina por parte de intereses sionistas; la cristianización de un proyecto esencialmente secular; los conflictos con la teología cristiana histórica; las desviaciones doctrinales derivadas; los movimientos y organizaciones evangélicas que ejercen lobby proisraelí; y el papel del sionismo en la génesis de la evangélicofobia contemporánea. Se concluye con un llamado a la corrección de esta desviación mediante el retorno a la hermenéutica bíblica cristocéntrica y pactual, pues como advierte el apóstol Pablo, es necesario examinarlo todo y retener lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21), velando porque el adversario, como león rugiente, busca a quien devorar (1 Pedro 5:8), y no conformándonos a este siglo, sino transformándonos por medio de la renovación del entendimiento (Romanos 12:2).

Group of people praying beneath an Israeli flag in a city square
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¿Oro por la paz o respaldo una guerra? Lo que el Salmo 122 nunca dijo

Durante décadas, el Salmo 122:6-9 ha sido esgrimido en buena parte del evangelicalismo contemporáneo como un mandato divino: orar sin descanso por el Estado de Israel y respaldar, sin hacer preguntas, sus políticas. Este artículo sostiene que esa lectura es una extrapolación hermenéutica. Arranca el texto de su suelo, lo pone al servicio de un sistema teológico-político moderno —el sionismo cristiano de raíz dispensacionalista— y contradice la naturaleza misma del salmo: un cántico de peregrinación de la comunidad del antiguo pacto. Mediante un análisis exegético del hebreo, una contextualización histórica y canónica, y una evaluación teológica desde la gracia, se muestra que el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por un Estado-nación moderno ni legitima el apoyo irrestricto a sus acciones. Bajo la gracia, la exhortación apostólica de 1 Timoteo 2:1-2 ensancha el horizonte de la intercesión hasta abrazar a «todos los hombres», israelíes y palestinos por igual. La conclusión es clara: ser fieles al texto exige rechazar toda instrumentalización del salmo al servicio de agendas geopolíticas y recuperar su sentido original, una oración por el shalom integral de una ciudad concreta, dentro de una comunidad pactual que reconocía la soberanía de Dios sobre toda nación.

Split scene of Abraham praying in a desert beside a modern Israeli city with flags; text reads “ABRAHAM RECIBIENDO LA PROMESA” and “MODERNO ESTADO DE ISRAEL.”
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«Bendeciré a los que te bendijeren»: El versículo que secuestraron para blindar un Estado moderno

Este artículo examina la interpretación de Génesis 12:1–3 a la luz de la tradición patrística y de la hermenéutica apostólica. Sostiene que la promesa abrahámica tiene un carácter esencialmente cristológico y eclesiológico, que trasciende toda lectura étnica o geopolítica. Se argumenta que la exégesis patrística —desde Justino Mártir e Ireneo de Lyon hasta Agustín de Hipona, Juan Crisóstomo y Beda el Venerable— desarrolló de manera consistente una interpretación tipológica en la que Cristo es la Simiente singular y la Iglesia, el pueblo del cumplimiento. El artículo propone que el uso contemporáneo de Génesis 12:3 como aval teológico de entidades políticas modernas constituye una regresión hermenéutica, pues desatiende tanto el testimonio profético del Antiguo Testamento como la exégesis de los Padres de la Iglesia. Se concluye que la verdadera bendición prometida a las familias de la tierra se recibe únicamente mediante la fe en Jesucristo, en quien todas las promesas divinas encuentran su «Sí» y su «Amén».

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Yeshú en el banquillo del Talmud: La difamación rabínica de Jesús, la judaización de la fe y la suficiencia de Cristo

El presente artículo aborda el fenómeno del neo-judaísmo contemporáneo y las denominadas “raíces hebreas”, examinando su trasfondo normativo e histórico: el Talmud de Babilonia y la literatura rabínica. Se analiza el contexto geopolítico y religioso de su surgimiento tras la destrucción del segundo templo en el año 70 d.C., su estructura interna dividida entre la halajá (norma práctica) y la agadá (narrativa homilética), así como las referencias textuales explícitas y polémicas sobre Jesús de Nazaret (Yeshú). Se argumenta desde la teología sistemática el peligro de la judaización de la fe cristiana, concluyendo con una defensa apologética de la suficiencia de la gracia neotestamentaria y la validez de las advertencias escatológicas del Nuevo Testamento frente a la hostilidad histórica de la sinagoga rabínica. El estudio emplea un método histórico-crítico y exegético, dialogando con fuentes primarias del corpus talmúdico y con la erudición contemporánea más autorizada. No se trata, sin embargo, de un mero ejercicio académico: quien esto escribe lo hace desde la convicción de que la persona de Cristo —su vida, su muerte y su resurrección— es el centro irreemplazable de la revelación divina, y que ninguna tradición humana, por venerable que se presente, puede arrogarse el derecho de oscurecer su gloria.

Women dancing and waving colorful flags in a church filled with worshippers
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¿Danza en el trono o en el altar pagano? —Deconstrucción crítica de las prácticas de danza en el pentecostalismo contemporáneo

La adoración que Jesús inauguró no necesita de la pirotecnia de las danzas de guerra, ni de los supuestos portales de gloria, ni de las banderas cargadas de colores codificados. Necesita, sencillamente, corazones rotos y humillados, fe genuina en la obra consumada del Salvador y una proclamación fiel de su Palabra. La verdadera unción, enseña el apóstol Juan, permanece en nosotros y nos enseña todas las cosas (1 Juan 2:27), y no está condicionada a cuán alto saltemos, cuán estridentes sean nuestras coreografías o cuán dramáticamente agitemos un manto. Esa unción interior, silenciosa y transformadora, es la que produce fruto duradero; todo lo demás, cuando se convierte en el centro, no es más que fuego extraño ofrecido sobre el altar.

Man praying at a church podium with interfaith symbols and congregation praying
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“Yo cancelo” — ¿Oración o conjuro? (Un análisis de sus raíces mágicas y su distancia de la fe bíblica)

"Yo cancelo". Basta con pronunciar estas dos palabras para que, en muchos templos de Latinoamérica, se encienda un aire de batalla espiritual. Junto a sus primas hermanas —“yo disuelvo”, “yo rompo”, “yo anulo” o “yo transmuto”—, esta fórmula se ha convertido en el eco cotidiano de quienes buscan un corte radical con todo lo que les pesa: maldiciones heredadas, malas palabras lanzadas al aire, o esas energías que parecen querer frenarlos en seco. Aunque cada comunidad le da su propio matiz, lo cierto es que el “yo cancelo” ya no se queda en las cuatro paredes de los templos; ha trascendido, se ha colado en la cultura popular y hoy se mezcla, sin complejos, con el lenguaje de la autoayuda y el crecimiento espiritual. Esa mezcla ha hecho que, incluso sin saber bien de dónde viene, mucha gente repita la frase como un recurso para sentirse a salvo. Dentro del mundo pentecostal y carismático, esta práctica es mucho más que una simple declaración: es un recurso casi ritual en las sesiones de liberación, en los cultos de guerra espiritual y en los ayunos colectivos. Se usa como un escudo contra la envidia del vecino, la brujería que se teme a la vuelta de la esquina, o esos ataques invisibles que, según se cree, acechan en el día a día. Frases como “Yo cancelo toda maldición en el nombre de Jesús” o “Disuelvo y transmuto cualquier energía negativa” resuenan con fuerza en los corrillos de oración. Y hoy, gracias al poder de las redes sociales, las predicaciones virales y los devocionales digitales, este estilo de oración ha cruzado fronteras. Lo curioso es que ya no es patrimonio exclusivo de los creyentes: personas alejadas de la fe cristiana han encontrado en estas palabras una especie de amuleto verbal, una manera de tomar el control y plantar cara cuando la vida aprieta.

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Ni ídolo ni demonio: El dispensacionalismo ante el escrutinio bíblico (Desaciertos, aportes y un llamado a la lealtad a la Palabra)

Nuestra lealtad última no pertenece a ningún sistema. No juramos fidelidad a Darby ni a Scofield, como tampoco a Calvino ni a Arminio. Nuestra lealtad, aquella por la que estaríamos dispuestos a dar la vida si fuera necesario, es a la Palabra de Dios escrita, esa que «es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3:16-17, RV60). Pero no solo a la letra, sino a la Persona viva a la que esa letra testifica: Jesucristo, el Verbo hecho carne, que habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad (Juan 1:1, 14). La Escritura sin Cristo es un cuerpo sin alma; Cristo sin la Escritura es un fantasma sin anclaje histórico. Ambos, la Palabra escrita y la Palabra encarnada, se iluminan mutuamente y nos llaman a una fidelidad indivisible.

Man in traditional blue and white garments performing a ritual with fire on a stone altar
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Sacrificios de animales en el milenio: ¿Memorial, error exegético o herejía velada del dispensacionalismo?

En el seno de ciertas tradiciones teológicas —y de manera especial en algunas expresiones del dispensacionalismo, esa corriente evangélica que entiende la historia de la salvación como una serie de administraciones divinas distintas (Ryrie, 1995, p. 28) — se sostiene una convicción controvertida: que durante el reino milenario de Cristo, el período de mil años al que alude Apocalipsis 20, los sacrificios de animales prescritos por la ley mosaica serán restaurados. Esta idea ha sido asumida de forma sistemática por el dispensacionalismo y, con diversos matices, ha encontrado eco en otras sensibilidades teológicas.