Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado

La Providencia de Dios

En el ámbito de la doctrina de Dios que como arminianos confesamos, encontramos uno de sus atributos que es muy especial: su providencia. La providencia es el poder de Dios, omnipotente y presente en todo lugar, por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas de tal manera que todo lo que la tierra produce, la lluvia, la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, las riquezas y la pobreza, así como todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar, sino por su consejo y voluntad.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Vida Cristiana

La salvación no se pierde, tú la abandonas

Un verdadero creyente no puede perder su salvación. Sin embargo, ¡Un verdadero creyente puede dejar de serlo! Y es ahí donde surge el problema: 𝑺𝒊𝒏 𝒇𝒆 𝒏𝒐 𝒉𝒂𝒚 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒄𝒊ó𝒏 (Hebreos 11:6; Juan 3:36). La Palabra nos confronta con esta dura verdad: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de 𝒊𝒏𝒄𝒓𝒆𝒅𝒖𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒑𝒂𝒓𝒕𝒂𝒓𝒔𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒗𝒐; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, 𝒄𝒐𝒏 𝒕𝒂𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒓𝒆𝒕𝒆𝒏𝒈𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒇𝒊𝒓𝒎𝒆 𝒉𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒆𝒍 𝒇𝒊𝒏 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒇𝒊𝒂𝒏𝒛𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒐" (Hebreos 3:12-14).

Arminianismo Clásico, Salvación

Eternamente seguros

¿Vivimos entrando y saliendo continuamente de la gracia? La seguridad y la certeza de nuestra salvación ¿de quién depende? ¿Es tan fácil como dicen caer de la gracia? ¿Debemos ser perfectos para poder estar verdaderamente seguros de nuestra salvación eterna? ¡Miserables de nosotros si así fuera! Afortunadamente el mensaje del Evangelio es muy superior a las falsas ideas de los hombres, lo cual constituye  buenas noticias para seres imperfectos, caídos y depravados como nosotros.

Arminianismo Clásico, Salvación

Salvación, obtenida y asegurada por fe

Como pentecostales y arminianos, creemos que la seguridad de los creyentes nos viene por medio de la fe, tanto cuando recibimos la salvación, como cuando continuamos en comunión con Cristo por medio de su Espíritu. Junto con Pablo, el creyente ora para «ser hallado en él [en Cristo], no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe» (Filipenses 3:9).

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¿Predestinación o predeterminismo?

Dios quiere que todos los seres humanos sean salvos, verdad que la Biblia presenta repetidas veces (Lucas 19:10; Juan 3:16; Romanos 10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 22:17). El propósito salvador eterno de Dios fue expresado por el propio Jesús: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10); es decir, que Él quiere salvar a todos los seres humanos. Lamentablemente, algunas tradiciones cristianas han llegado a un concepto tal de la soberanía de Dios, que afirma que solo un número limitado de seres humanos pueden responder al ofrecimiento hecho por Dios en cuanto a la salvación. Estas tradiciones sostienen además que el sacrificio expiatorio de Cristo no está destinado a todos. Dan por sentado que la soberanía de Dios decretó desde la eternidad pasada la elección exclusiva de un número limitado de personas para la salvación.

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Apostasía de un creyente | ¿Hay restauración?

La carta a los Hebreos es única en el Nuevo Testamento por su extenso desarrollo y fundamentación del sumo sacerdocio de Jesucristo. Esta extraordinaria exposición, de valor perpetuo, tuvo como propósito fortalecer y afirmar en la fe a cristianos procedentes del judaísmo y, en este sentido, cabe notar que cada sección de desarrollo doctrinal culmina con severas advertencias contra la apostasía, que pueden hallarse en 2:1-4, 3:7- 4:16, 5:11-6:20 y 10:19-39.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Apostasía de un creyente | Hebreos 6:4-9

El escritor de Hebreos se dirige específicamente a los creyentes y les advierte del peligro real de la apostasía a lo largo de la epístola, No escribe a los hipócritas ni a los falsos hermanos. Tampoco es una sarta de suposiciones y casos hipotéticos. Es una advertencia seria en contra de la posibilidad real de apostasía por parte de los creyentes verdaderos. El escritor de Hebreos se dirige a su audiencia como “hermanos santos, participantes de un llamamiento celestial” que han confesado a Cristo (Hebreos 3:1). Es a estos “hermanos santos” a quienes el escritor dirige sus advertencias para que no permitan que sus corazones se endurezcan, cuyo resultado final es la apostasía a la vista en los numerosos pasajes de advertencia a lo largo de la epístola (3:8, 12, 13, 15, cf. 2:1-3; 4:1; 6:4-8; 10:26-39; 12:15-17, 25). Para el escritor de Hebreos la posibilidad de apostasía y condenación eterna son reales y deben ser tomadas en serio.

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Apostasía de un creyente | La reincidencia

El Nuevo Testamento advierte con respecto al pecado de la apostasía y la reincidencia en el pecado y las viejas costumbres pecaminosas. En el Nuevo Testamento un reincidente es aquél que otrora tenía fervor hacia Dios, pero que ahora se ha enfriado (Mateo 24:12); es aquel que antes obedecía la Palabra, pero la mundanalidad y el pecado impidieron el crecimiento y la producción de frutos (Mateo 13:22); es quien otrora puso su mano al arado, pero luego miró hacia atrás al igual que la esposa de Lot (Lucas 9:62), la cual, a pesar de haber sido liberada de Sodoma, en su corazón retornó allí, mirando hacia atrás y pereciendo (Lucas 17:32).

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Apostasía de un creyente | Alegoría del olivo

Los arminianos creemos que Dios, nuestro amoroso Padre celestial, no quiere que ningún ser humano se aparte de la salvación que Él en su bondad nos ha proporcionado en Cristo. Pedro nos recuerda que «[El Señor] es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). No obstante, la Biblia también enseña que los creyentes que han aceptado a Cristo como Salvador se pueden perder si ignoran repetidas veces las enseñanzas de las Escrituras, se resisten continuamente a la convicción que les da el Espíritu Santo, y alcanzan finalmente un punto en el cual se alejan de su Salvador. Jesús habla de esta situación en la Parábola del Sembrador, en la cual, hablando de algunos que se han hecho creyentes, dice: «Creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan (Lucas 8:13).

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Apostasía de un creyente | Cortados de la Vid

Reformados y bautistas se unen para afirmar que, aunque algunos verdaderos creyentes pueden alejarse temporalmente de la fe, aquellos que han sido verdaderamente regenerados nunca se alejarán de forma total de la fe ni de la salvación. Dirían que la apostasía sólo prueba que la profesión de fe del tal no era genuina y que el “apóstata” nunca había sido verdaderamente regenerado en primer lugar. Ciertos grupos bautistas llegan incluso a descartar la necesidad de perseverancia de cualquier tipo con respecto a la salvación final. Afirman que una vez que una persona pone la fe salvadora en Jesucristo, nada puede cambiar el destino eterno de esa persona (Salvo Siempre Salvo). Esto los lleva a afirmar que un verdadero creyente puede volver a una vida de maldad, morir en un estado de no arrepentimiento, y aun así ser salvado al final. Este punto de vista incluso sostiene que un verdadero creyente puede más tarde repudiar la fe, morir en la incredulidad, y todavía tener garantizada la entrada en el Reino eterno de Dios. Su único castigo sería, en el peor de los casos, sufrir las consecuencias terrenales de sus pecados y, en la eternidad, ser privados de su corona o cualquier otra recompensa en el Tribunal de Cristo. Sin coronas, sin gloria ni rangos celestiales, pero salvos por gracia. Sin embargo, un examen cuidadoso de Juan 15 nos permite llegar a una conclusión muy diferente a la interpretación bautista o reformada. Dicho pasaje afirma sin tapujos que los verdaderos creyentes pueden cometer apostasía.