La expresión 𝙎𝙞𝙢𝙪𝙡 𝙄𝙪𝙨𝙩𝙪𝙨 𝙚𝙩 𝙋𝙚𝙘𝙘𝙖𝙩𝙤𝙧 no solo nos recuerda que los cristianos seguimos siendo capaces de pecar y que, en efecto, pecamos a diario. 𝙎𝙞𝙢𝙪𝙡 𝙄𝙪𝙨𝙩𝙪𝙨 𝙚𝙩 𝙋𝙚𝙘𝙘𝙖𝙩𝙤𝙧 proclama también, y de forma radical, que el cristiano ha sido justificado ante Dios. Afirmar que hemos sido justificados es una declaración de que el perdón, la vida y la salvación nos pertenecen por gracia mediante la fe por causa de Cristo solamente.
Categoría: Vida Cristiana
Tatuajes: Ley, gracia y libertad cristiana
No podemos decidir que solamente aplicaremos la prohibición de Levítico 19,28 pero rechazaremos el resto de las prohibiciones dadas en otra parte del mismo capítulo o sección. No tenemos esa clase de autoridad. La cuestión es sencilla: o estamos bajo el imperio de la ley o no lo estamos. Es todo o nada.
Pon la mira en las verdades del cielo
"Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios." (Colosenses 3:1-3, NTV)
Sobre el uso de pinturas y representaciones de Dios, Cristo y otros personajes bíblicos en los templos cristianos
Los judíos fieles no veneraban los grabados ni las figuras del templo, para ellos eran simples elementos decorativos, no se postraban ante ellos, ni les oraban o veneraban de forma alguna. Eran simples elementos decorativos. Tales imágenes o representaciones tuvieron fines principalmente didácticos y decorativos; y en la mente del israelita más devoto esto justificaba su uso. Jamás hubieran reaccionado de forma escandalosa por su presencia en el lugar de culto. Cabe decir que los primeros cristianos no fueron muy distintos a ellos en sus lugares de culto o incluso tumbas y otros monumentos conmemorativos.
El Derramamiento del Espíritu en la Universidad de Asbury: Respondiendo a un crítico | Por Dr. Craig Keener
Las personas que difunden rumores sobre los demás deben tener cuidado con lo que dice la Biblia acerca de la calumnia. Después de enumerar los pecados cometidos por varios pecadores, incluidos los calumniadores, Pablo concluye que “ellos conocen el justo decreto de Dios de que los que practican tales cosas merecen la muerte” (1:32). La calumnia proviene del mal en el corazón (Marcos 7:22). Nadie requiere que te guste la teología o la práctica de todo lo que otra persona cree o hace, pero la tergiversación es una violación básica de la ética.
Reflexiones sobre el legalismo: Seis verdades incómodas
¿Por qué son conocidas nuestras iglesias pentecostales? ¿Por el mover del Espíritu? ¿Por la abundancia de carismas y la sana predicación de la Palabra? ¡Así lo quiera Dios! Tristemente, muchas de nuestras iglesias suelen ser reconocidas no tanto por la libertad del Espíritu o la predicación liberadora de la gracia de Dios, sino por lo opuesto: La esclavitud del legalismo. Si bien el cristianismo promueve un elevado estándar moral (Mt. 5:20), dicho estándar jamás debería degenerar en legalismo. En el cristianismo la santidad debe ser predicada sí o sí, pero sin olvidar que la santidad es un resultado no una causa. Podemos ser santos porque hemos sido salvados. La salvación viene primero, el buen comportamiento después. Y ese comportamiento no es meritorio. Ningún comportamiento, por bueno que sea, logrará que merezcas el favor de Dios. Es por gracia de principio a fin (1 Cor. 1:30-31; 4:7). El legalismo, en su absurdo intento por alcanzar una justicia propia, yerra el blanco y traiciona los principios más elementales del Evangelio.
Una respuesta al cesacionismo | ¿Por qué los dones parecen estar ausentes de la historia de la iglesia hasta el s. XX?
La ausencia, o disminución de la frecuencia con que los dones carismáticos se manifestaban en la iglesia, halla su razón de ser en el pecado, la incredulidad y la apostasía tan notoria de los siglos posteriores a la edad apostólica. La misma Reforma Protestante da fe del pecado, corrupción y decadencia doctrinal y moral del cristianismo. Tales faltas se constituyeron en pecados contra el Espíritu Santo, lo cual entristecería y apagaría el mover del mismo dentro de las congregaciones. No deberíamos sorprendemos, pues, ante la poca frecuencia de dones milagrosos en periodos de la historia de la Iglesia marcados por la ignorancia teológica e inmoralidad personal.
El creyente y la norma bíblica sobre el vestuario
El decoro, el pudor y la modestia no es opcional para el cristiano, es un mandamiento escritural, un mandamiento que muchos parecen estar olvidando. Cada vez se nota menos la diferencia entre nosotros y los paganos que no conocen a Dios. La pregunta que debieran hacerse muchos cristianos de hoy es la siguiente: ¿Es tu vestimenta un reflejo de la humildad y castidad que debe caracterizar a un creyente? Cristo nuestro Salvador, derramó Su preciosa sangre en la cruz para comprar tu espíritu, tu alma y tu cuerpo: "Que Dios mismo, el Dios de paz, los haga a ustedes perfectamente santos, y les conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sin defecto alguno, para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1 Tesalonicenses 5:23; DHH)
Prestigio humano, grados académicos y verdadera autoridad espiritual
Muchos hoy fundamentan su autoridad en sus títulos y grados académicos: licenciaturas en teología, maestrías y doctorados. Estudiar está bien ¡Ojalá todo cristiano fuese un erudito! ¡Pero los demonios no salen cuando les recitas tu tesis de grado, ni te obedecen por tener 2 licenciaturas, 3 maestrías o 4 doctorados! ¡Les importa poco si citas a Juan Calvino, Jonathan Edwards, Spurgeon, a Wesley, Arminio, a Molina o a los puritanos! ¡Para ellos eso es irrelevante! Sólo hay algo que ellos respetan, y es la autoridad de Dios, impartida por el Espíritu Santo en el creyente.
¿A qué tengo que renunciar si le entrego mi vida a Cristo?
"¿A qué tengo que renunciar?" Esta es una pregunta común que uno puede hacer al entregar su vida a Cristo. Para muchos tan sólo hacerse esta pregunta genera temor. Las personas están muy apegadas a lo que han adquirido o logrado, ¿y por qué no deberían estarlo? Se invierte mucho tiempo, energía y recursos en todo lo que obtenemos en la vida. ¿Tenemos que renunciar a todo para seguir a Cristo?