ESCATOLOGÍA, Milenio, Segunda Venida de Cristo, Teología

Teorías sobre la Segunda Venida

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En la teología evangélica, se denomina “arrebatamiento de la iglesia” al evento en el cual Dios “quita” o “arrebata” a los creyentes de la tierra para dar paso a Su justo juicio que será derramado sobre la tierra durante el período de la tribulación. La doctrina del arrebatamiento (a veces llamado “rapto de la iglesia”) no fue enseñada en el Antiguo Testamento, por lo que Pablo la llama un “misterio” ahora revelado:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

Pablo consideraba al arrebatamiento la “esperanza bienaventurada” del creyente (Tito 2:13), el glorioso evento que todos debemos anhelar. A través del arrebatamiento seremos totalmente libres de pecado, y estaremos para siempre en la presencia de Dios. En el arrebatamiento, Dios resucitará a todos los creyentes que han muerto, dándoles cuerpos glorificados, y después partiendo de la tierra con aquellos creyentes que estén aún vivos, a quienes también les serán dados cuerpos glorificados (1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:50-54). El apóstol Pablo enseñó:

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Así pues, el arrebatamiento implicará una transformación instantánea de nuestros cuerpos para adaptarnos para la eternidad:

“Sabemos que cuando él (Cristo) se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

En algunos sistemas de interpretación, el arrebatamiento se suele distinguir de la segunda venida, considerándosele un evento diferente o, cuando menos, la primera fase de un evento dividido en dos fases: En el arrebatamiento, el Señor viene “en las nubes” para encontrarnos “en el aire” (1 Tesalonicenses 4:17), mientras que, en la segunda venida, el Señor desciende hasta la tierra para pararse en el Monte de los Olivos, resultando en un gran terremoto seguido de una derrota de los enemigos de Dios (Zacarías 14:3-4). En esta, como en muchas doctrinas relacionados con los eventos futuros, los cristianos manifiestan diversidad de opiniones.

4

EL ARREBATAMIENTO, UNA DOCTRINA QUE MUCHOS HAN DISTORSIONADO

Tal vez ningún evento en la historia del mundo ha sido más anticipado que la Segunda Venida. Cada generación de creyentes, incluyendo los creyentes en el Nuevo Testamento, ha creído firmemente que Jesús regresará durante sus vidas. Incluso Pablo creía que él estaría vivo a la Venida del Señor:

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4:17)

Esta expectativa llevó a algunos a cometer grandes errores como vender sus propiedades creyendo que el Señor vendría pronto y no necesitarían de sus bienes (Hechos 2:45; 4:32-36), otros se desconectaron del mundo real, desatendiendo sus obligaciones familiares e incluso negándose a trabajar (2 Tesalonicenses 3:6-15). La situación llegó a ser tan preocupante que Pablo tuvo que escribirles a los creyentes de Tesalónica para exhortarles a ser equilibrados y no entrar en pánico escatológico. En 2 Tesalonicenses 2:1-2 Pablo nos dice:

“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.”

10

Lamentablemente las cosas no han cambiado mucho entre los creyentes hoy en día. Muchos cristianos viven atemorizados ante la posibilidad de quedarse en un futuro “rapto secreto” de la iglesia, de modo que la “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13) se ha convertido para ellos en motivo de turbación, miedo y angustia, temiendo no estar preparados para ese día (que podría ocurrir en cualquier momento) y sufrir el abandono del Señor. Tal expectativa los lleva a vivir no solo una vida de intranquilidad y desasosiego, sino a ignorar la gracia y sus implicaciones, así como a vivir un legalismo autoimpuesto a fin de ser hallados “santos y preparados” para ese día.

Otros erróneamente (al igual que los primeros cristianos) renuncian a sus metas personales y a proseguir con sus vidas ante la inminencia de la Venida de Cristo (¿Por qué casarme? ¿Por qué seguir estudiando? Si de todos modos el fin se acerca…). Muchos falsos maestros han sabido utilizar esta devoción enfermiza por lo escatológico en el pueblo evangélico. Algunos maestros de la Biblia han hecho predicciones acerca de cuándo ocurrirá “el Rapto” y la Segunda Venida. Todos se han equivocado. La Biblia declara:

“Pero el día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” (Mateo 24:36).

De manera que, debemos anticipar la Segunda Venida, pero tener una comprensión bíblica de ella. No debemos poner fechas y tiempos. Ese ha sido el error de grupos como los adventistas del séptimo día, los testigo de Jehová y otros grupos.

3

En sentido contrario al grupo de los “expectantes”, muchos otros dudan de que la Segunda Venida ocurrirá alguna vez y se dicen a sí mismos y a otros:

“¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen, así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:4).

Así que debemos evitar los dos extremos: (1) Vivir aterrorizados ante la inminencia de la Segunda Venida (lo cual nos expone a los falsos profetas y a la manipulación), y (2) vivir confiados y en apatía espiritual, creyendo que la Segunda Venida nunca ocurrirá (lo cual nos expone a la apostasía, el materialismo y la frialdad espiritual).

6

TEORÍAS QUE DESCARTAN EL REGRESO DEL SEÑOR

El hecho de que Jesús regresa a la tierra es claro en las Escrituras. Los evangélicos en general aceptan Hechos 1:11 como certeza de su retorno personal y visible. Sin embargo, han surgido varias teorías que tratan de descartar esto. Entre ellas podemos mencionar:

  1. RETORNO EN PENTECOSTÉS: Algunos dicen que Cristo volvió en la persona del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Sin embargo, el Cristo exaltado estaba a la diestra de Dios Padre, y desde el cielo él derramó el Espíritu Santo en esa ocasión (Hechos 2:32-33).
  2. RETORNO EN LA CONVERSIÓN: Otros dicen que la Segunda Venida de Cristo ocurre cuando entra en el corazón del creyente en el momento de la conversión (con frecuencia citan Apocalipsis 3:20), pero las Escrituras enseñan que los que le reciben entonces esperan su venida (Filipenses 3:20; 1 Tesalonicenses 1:10).
  3. RETORNO A LA MUERTE: Otros dicen que su retorno se cumple cuando él viene por el creyente cuando este muere. Es más, esto llegó a ser casi la única expectación de la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, tanto los muertos como los vivos serán «arrebatados» cuando él aparezca (1 Tesalonicenses 4:17).
  4. REGRESO EN EL AÑO 70 DESPUÉS DE CRISTO: En base a pasajes tales como Mateo 10:23; 16:28; 24:34; Marcos 9:1; 13:30 y 14:62, algunos conectan el retorno de Jesús con la destrucción de Jerusalén y su templo por parte de los romanos en el año 70 d.C., trayendo así a su fin el sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Dicen que Cristo estaba invisiblemente presente trayendo ese juicio, tal vez como un paso en una serie de juicios en el que la presencia de Cristo (gr. parusía) trae victorias continuas. Los que sostienen esta opinión basan parte de su argumento en la presuposición de que el libro de Apocalipsis con su noción de un futuro regreso fue escrito antes del año 70 d.C. Sin embargo, la gran mayoría de eruditos bíblicos antiguos y modernos fechan Apocalipsis durante el reinado de Domiciano, alrededor del 95 d.C. (Es también obvio que las glorias del reino futuro y el reino personal de Cristo en la tierra no siguieron a los eventos del año 70 d.C.). Lucas 21:20-24 no se refiere específicamente a la caída de Jerusalén. Los siguientes versículos indican que después que se cumplan los tiempos de los gentiles, señales en el sol, la luna y las estrellas causarán angustia y perplejidad en las naciones de la tierra. «Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con poder y gran gloria» (Lucas 21:27). Marcos 13:14-26 suplementa esto «desde el mismo punto de vista fundamental». George Beasley-Murray destaca que la destrucción de Jerusalén y el templo se relacionan al retorno de Cristo, no debido a que ambos eventos ocurren al mismo tiempo, sino debido a que los eventos del año 70 d.C. fueron parte de una larga serie de castigos de Dios que preparan el venidero fin de la edad. Jesús no reveló el lapso de tiempo entre la destrucción de la ciudad y su retorno, tal como los profetas del Antiguo Testamento no revelaron el lapso de tiempo entre la primera y Segunda Venida de Cristo. Jesús estaba más preocupado por declarar el poder y la gloria de su retorno.

7

Todos estas interpretaciones se toman grandes libertades para espiritualizar declaraciones bíblicas sencillas y se olvidan de que no tenemos nuestra esperanza todavía, sino que «con paciencia lo aguardamos» (Romanos 8:25, RVR). El retorno personal de Jesucristo a la tierra es la única manera en que recibiremos la plenitud de la esperanza que tanto anhelamos. Debemos estar esperando un retorno inesperado y visible de Cristo (Mateo 24:27, 30,44; Marcos 13:26; Lucas 21:27; Hechos 1:11; Filipenses 2:10-11) quien repentinamente nos transformará y nos hará partícipes de su gloria (Romanos 8:18-23; 1 Corintios 15:51-52), haciéndonos posible regresar con él en gloria (Colosenses 3:4).

8

TEORÍAS SOBRE EL ARREBATAMIENTO Y LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Jesús enseñó que Él regresaría a la tierra.  Él cuidadosamente advirtió a sus discípulos que necesitaban estar constantemente preparados para esto (Mateo 24:42-51; 25:1-13; Marcos 13:37; Lucas 12:37). Ellos entendieron que la era actual terminará con su venida (Mateo 24:3).  La garantía de su venida era una de las verdades con las que Él consoló a sus seguidores antes de su muerte (Juan 14:2,3). En el momento de la ascensión de Cristo, dos ángeles vinieron al grupo de los discípulos que estaban reunidos para repetir la promesa de que Él regresaría.  Ellos declararon que Él vendría de la misma manera que se había ido (Hechos 1:11).  Esto claramente significa que su segunda venida será literal, física, y visible.

Las epístolas del Nuevo Testamento se refieren frecuentemente a la segunda venida, y a través de los pasajes de las Escrituras que tratan de este tema recurre la idea de la inminencia.  Aunque habrá un período de tiempo entre la primera y la segunda venida (Lucas 19:11), todas las enseñanzas acerca del regreso del Señor enfatizan que acontecerá repentinamente y sin previo aviso; que los creyentes deben estar siempre en un estado de preparación continua (Filipenses 4:5; Hebreos 10:37; Santiago 5:8,9; Apocalipsis 22:10). Los creyentes en los primeros días de la Iglesia vivían en un estado de expectación (1 Corintios 1:7; 1 Tesalonicenses 1:9,10).  Cuando Pablo usa la forma “nosotros” en 1 Corintios 15:51 y 1 Tesalonicenses 4:17 muestra que él tenía la esperanza de que todavía estaría vivo cuando Jesús regresara.

9

Hoy en día, sin embargo, los creyentes están divididos en cuanto al tiempo y la forma en que dicho suceso tendrá lugar. Para algunos, el arrebatamiento de la iglesia y la segunda venida de Cristo son un único evento, ambas ocurren simultáneamente. Para otros, son dos eventos diferentes o, al menos, un mismo evento dividido en dos fases distintas pero complementarias. Para aquellos que aceptamos la realidad de una Segunda Venida literal de Cristo a la tierra, esto ha dado lugar a tres teorías principales:[1]

  1. PRETRIBULACIONISMO: Creen que el arrebatamiento ocurrirá tras la manifestación del Anticristo y antes de la Gran Tribulación (2 Tesalonicenses 2:1-4). Después de este periodo ocurriría la segunda venida de Cristo para reinar en la Tierra físicamente por mil años literales. Después del milenio acontecería el juicio final y tendrá lugar el «nuevo cielo» y la «nueva Tierra». De acuerdo con los eruditos, esta doctrina es relativamente reciente (de hace poco más de un siglo). Desde 1832 formó parte de las tesis dispensacionalistas de John Nelson Darby, quien se refería al arrebatamiento como «el misterio del rapto». Fue incorporada a la Biblia de Referencia Scofield en 1909. Tras la publicación del libro de Hal Lindsey La agonía del gran planeta Tierra en 1970 y la difusión de varias películas, hoy se ha convertido en una doctrina muy popular en el seno de muchas Iglesias evangélicas, entre ellas la Iglesia Metodista Pentecostal, la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, las Asambleas de Dios y la mayoría de las Iglesias pentecostales.
  2. POSTRIBULACIONISMO: Creen, de acuerdo con 2 Tesalonicenses 2:1-4, que el arrebatamiento ocurrirá tras la manifestación del Anticristo y al término de la Gran Tribulación. Los postribulacionistas ven el arrebatamiento como un suceso que sucederá en un mismo evento con la Segunda Venida de Cristo. En opinión de muchos eruditos e historiadores eclesiásticos, esta fue la doctrina sostenida por los escritores paleocristianos y los reformadores protestantes de la Edad Media. Muchas Iglesias evangélicas y protestantes sostienen esta interpretación.
  3. SEMITRIBULACIONISMO O MEDTRIBULATIONISMO: Consideran que la Iglesia pasará los primeros 42 meses en la Tierra y que el arrebatamiento ocurrirá aproximadamente a la mitad de la semana 70 (semana de 7 años bíblicos de 360 días de duración, mencionada en la profecía de las Setenta Semanas escrita en Daniel 9:24-27). Los semitribulacionistas creen que el arrebatamiento ocurrirá a la mitad de los siete años, luego de los primeros tres años de paz ficticia bajo el anticristo, que es cuando verdaderamente tendrá lugar la Gran tribulación, que dura los últimos 42 meses finales de la semana 70 (Mateo 24:20-21 y Apocalipsis 13:5). A la mitad de la Tribulación, el Anticristo se convertiría en la «abominación de la desolación», por la profanación del Tercer templo de Jerusalén, que habrá de ser construido.

10

EL PRETRIBULACIONISMO

Según los defensores del pretribulacionismo, una comparación de los pasajes de las Escrituras relacionados con la segunda venida muestra que algunos hablan de un acontecimiento visible a toda la humanidad que implica el juicio de los pecadores.  Otros describen una venida conocida solo por los creyentes y que resulta en su redención de la tierra.

La segunda es conocida como “el rapto” (o arrebatamiento).  Esta palabra, sin embargo, no se encuentra en la Biblia, pero se emplea a menudo en círculos evangélicos para traducir la palabra “arrebatados” de 1 Tesalonicenses 4:17. Los pretribulacionistas consideran que las palabras de Jesús acerca de que su venida resultaría en situaciones donde un individuo sería llevado de un lugar, mientras el otro individuo sería dejado, indica un traslado repentino de los creyentes de la tierra, mientras los no creyentes quedan aquí para enfrentar la tribulación (Mateo 24:36-42).

Se señala además que Jesús describió su venida como algo que ocurriría en un tiempo en que las naciones de la tierra se lamentarían cuando lo vieran llegar (Mateo 24:30). Además, el apóstol Pablo describe el regreso del Señor como un tiempo de juicio e ira para los impíos (2 Tesalonicenses 1:7-10). Por otro lado, en 1 Tesalonicenses 4:13-18, el mismo Pablo considera un aspecto diferente de la segunda venida.  Para los pretribulacionistas este breve pasaje es la enseñanza más directa y clara sobre el rapto en el Nuevo Testamento.  Sólo habla de los creyentes, tantos vivos como muertos.  No dice que los injustos verán a Cristo en ese momento.  Pablo describe la venida de Jesús en el aire, pero no dice nada de que sus pies tocarán la tierra, como dice otro pasaje que acontecerá en su venida (Zacarías 14:4).  Según el pretribulacionismo ese es el momento cuando se cumplirá 1 Juan 3:2, y seremos como Él.

11

Frecuentemente, los pretribulacionistas citan ejemplos bíblicos en los cuales la palabra “arrebatar” es usada y que, además, parecen reforzar su postura de un “rapto” inesperado. Por ejemplo, la misma palabra griega usada en 1 Tesalonicenses 4:17 para decir “arrebatado” se usa en Hechos 8:39 para describir cuando Felipe fue “arrebatado” después de bautizar al etíope.  El segundo versículo dice que el Espíritu del Señor arrebató a Felipe – identificando el origen del poder que llevará a los creyentes de la tierra en el rapto.

Los pretribulacionistas a menudo señalan que el arrebatamiento sobrenatural de individuos piadosos de la tierra no es algo desconocido en las Escrituras. El suceso destacado en la vida de Enoc fue su desaparición milagrosa de la tierra después de caminar con Dios (Génesis 5:21-24). El autor de Hebreos llamó esa experiencia un traspaso, evitando la muerte (Hebreos 11:5). El caso de Elías es también citado a menudo como ejemplo. Aunque algunos aspectos del traspaso de Elías fueron distintos del de Enoc, también implicó un arrebatamiento repentino de un creyente del mundo sin experimentar la muerte (2 Reyes 2:1-13).

Los pretribulacionistas señalan además que algunos pasajes que corresponden al arrebatamiento describen la venida del Señor por su pueblo, mientras que otros pasajes que se refieren a la revelación de Cristo describen la venida del Señor con sus santos.  Colosenses 3:4 trata de los creyentes que aparecerán con Cristo en su venida. Judas 14 también prevé la venida del Señor con su pueblo para ejecutar el juicio que muchos otros pasajes mencionan en relación con su venida pública. Puesto que las Escrituras no se contradicen, los pretribulacionistas concluyen que los pasajes que describen la venida de Cristo por los santos y con los santos indican dos fases de su venida. Creen, asimismo, que es bíblico suponer que el intervalo entre los dos es el tiempo cuando el mundo experimentará la gran tribulación, implicando el reino del Anticristo y el derramamiento de la ira de Dios sobre los injustos (Daniel 12:1,2, 10-13; Mateo 24:15-31; 2 Tesalonicenses 2:1-12).[2]

 

15

A grandes rasgos, el pretribulacionismo sostiene los siguientes puntos:

(1.- El aumento de la apostasía en esta era (1 Timoteo 4:1-3.- 2 Timoteo 3:1-5).
(2.- La resurrección de los muertos en Cristo, acompañada por la traslación de estos, juntamente con los santos vivos, al cielo. Algunos denominan a este evento “el Rapto de la Iglesia” (1 Corintios 15:20-24.-35-50; 1 Tesalonicenses 4:13-18).
(3.- Durante los siete años de tribulación en la tierra (Apocalipsis 6:16), aquellos que resucitaron y los que fueron raptados estarán con el Señor en el cielo. El tribunal de Cristo (1 Corintios 3:12-15) y las Bodas del cordero (Apocalipsis 19:7) tomarán lugar en el cielo durante mientras los juicios de la tribulación son derramados sobre la tierra.
(4.- La batalla del Armagedón marcará el fin de la Gran Tribulación. Cristo vendrá con los suyos a la tierra (Apocalipsis 19:11-16). Cuando Cristo llegue, Israel será congregado y juzgado (Mateo 24:37 – 25:46). Las naciones gentiles también serán juzgadas (Mateo 25:31-46) por el trato brindado a los seguidores que Jesús y a Israel durante la Gran Tribulación.
(5.- El Reino de Dios es instaurado. La tierra entera se convierte en una teocracia Tendrá mil años de duración (Apocalipsis 20:1-6). Sin embargo, antes que comience, Satanás será atado y echado al abismo (Apocalipsis 20:1). Luego del reino de los mil años Satanás será desatado por un breve espacio de tiempo (Apocalipsis 20:7). Engañará a las naciones rebeldes y dirigirá una revuelta contra Dios. Este será derrotado por Cristo y echado en el lago de fuego en donde permanecerá para siempre (Apocalipsis 20:10).
(6.- Los perdidos de todas las edades aparecerán ante el gran trono blanco del Juicio Final (Apocalipsis 20:11-15) y los que no tengan sus nombres escrito en el libro de la vida, serán echados en el lago de fuego.
(7.- La creación de un nuevo cielo y una nueva tierra (Apocalipsis 21:1) tendrá lugar.
(8.- Una eternidad como seres glorificados será nuestro destino (Apocalipsis 22:1-6). El Reino de Dios abarcará todo el universo.

16

Bíblicamente, la postura pre-tribulacional tiene suficiente fundamento. Por ejemplo, la iglesia no está destinada para ira (1 Tesalonicenses 1:9-10, 5:9), y los creyentes no serán alcanzados por el Día del Señor (1 Tesalonicenses 5:1-9). Se le prometió a la iglesia de Filadelfia, que sería guardada de “la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero” (Apocalipsis 3:10). Nótese que la promesa no es preservación a través de la prueba, sino liberación de la hora, esto es, por el período de tiempo de la prueba.

El pretribulacionismo también encuentra apoyo en lo que no se encuentra en la Escritura. La palabra “iglesia” aparece diecinueve veces en los primeros tres capítulos de Apocalipsis, pero, significativamente, la palabra no vuelve a ser mencionada hasta el capítulo 22. En otras palabras, a lo largo de toda la descripción de la Tribulación en Apocalipsis, la palabra iglesia está notablemente ausente. De hecho, la Biblia nunca usa la palabra “iglesia” en un pasaje relativo a la Tribulación.

El pretribulacionismo es la única teoría que mantiene una clara distinción entre Israel y la iglesia y los planes separados de Dios para cada uno. Los setenta “sietes” de Daniel 9:24, están decretados sobre el pueblo de Daniel (los judíos) y la ciudad santa de Daniel (Jerusalén). Esta profecía deja en claro que la semana setenta (la Tribulación) es un tiempo de purga y restauración de Israel y Jerusalén, no de la iglesia. Así mismo, el pretribulacionismo tiene fundamento histórico. Considerando Juan 21:22-23, parece que iglesia primitiva creía que el regreso de Cristo era algo tan inminente, que lo esperaban en cualquier momento. De otra forma, no hubiera persistido el rumor de que Jesús regresaría cuando Juan aún viviera. La inminencia, que es incompatible con las otras dos teorías del Arrebatamiento, es un principio clave del pretribulacionismo. Además, la creencia pretribulacional parece ser la que más se ajusta al carácter de Dios y Su deseo de librar a los justos del juicio sobre el mundo. Los ejemplos bíblicos de la salvación de Dios incluyen a Noé, quien fue librado del diluvio universal; Lot, quien fue librado de Sodoma; y Rahab, quien fue librada del ataque a Jericó (2 Pedro 2:6-9).

Una debilidad percibida en el pretribulacionismo, es su relativamente reciente desarrollo como doctrina eclesiástica, no habiendo sido formulada en detalle hasta principios del siglo XIX. Otra debilidad es que el pretribulacionismo divide el regreso de Jesucristo en dos “fases”, el Arrebatamiento y la Segunda Venida, considerando que la Biblia no delimita claramente ninguna de tales fases. Otra dificultad que enfrenta la creencia del pretribulacionismo, es el hecho de que obviamente habrá santos en la Tribulación (Apocalipsis 13:7, 20:9). Los pretribulacionistas responden a esto, distinguiendo a los santos del Antiguo Testamento y a los santos de la Tribulación, de la iglesia del Nuevo Testamento. Los creyentes que vivan para el Arrebatamiento, serán llevados antes de la Tribulación, pero habrá aquellos que vendrán a Cristo durante la Tribulación.

A

EL SEMITRIBULACIONISMO O MEDTRIBULACIONISMO

El medtribulacionismo enseña que el Arrebatamiento ocurre a la mitad de la Tribulación. En ese tiempo, se tocará la séptima trompeta (Apocalipsis 11:15). La iglesia se encontrará con Cristo en el aire, y luego las copas de la ira de Dios serán derramadas sobre la tierra (Apocalipsis, capítulos 15-16) en un tiempo conocido como la Gran Tribulación. En otras palabras, el Arrebatamiento y la Segunda Venida de Cristo (para establecer Su reino) están separados por un período de tres y medio años. De acuerdo con esta creencia, la iglesia pasará por la primera mitad de la Tribulación, pero es librada de lo peor de la Tribulación, lo cual ocurrirá en los últimos tres y medio años.

Apoyando su postura, los medtribulacionistas señalan la cronología dada en 2 Tesalonicenses 2:1-3. El orden de los eventos es como sigue: 1) la apostasía, 2) la revelación del Anticristo, y 3) el Día de Cristo. La creencia medtribulacional enseña que el Anticristo no será totalmente revelado hasta que se presente “la abominación desoladora” (Mateo 24:15), lo que ocurre a la mitad de la Tribulación (Daniel 9:27). También, los medtribulacionistas interpretan “el Día de Cristo” como el Arrebatamiento; por tanto, la iglesia no será llevada al cielo hasta después que el Anticristo sea revelado.

Otra enseñanza fundamental del medtribulacionismo es que la trompeta de 1 Corintios 15:52 es la misma trompeta que se menciona en Apocalipsis 11:15. La trompeta de Apocalipsis 11 es la final de una serie de trompetas; por tanto, tiene sentido que será “la final trompeta” de 1 Corintios 15. Sin embargo, esta lógica falla en vista de los objetivos de las trompetas. La trompeta que suena en el Arrebatamiento es “la trompeta del llamado de Dios” (1 Tesalonicenses 4:16), pero la de Apocalipsis 11 es un presagio de juicio. Una trompeta es un llamado de gracia a los elegidos de Dios; la otra es un pronunciamiento de condenación para los impíos. Además, la séptima trompeta en Apocalipsis no es la “última” trompeta cronológicamente, Mateo 24:31 habla de una trompeta posterior, que suena al inicio del reinado de Cristo.

B

1 Tesalonicenses 5:9 dice que la iglesia no ha sido puesta “para ira, sino para alcanzar salvación.” Esto parecería indicar que los creyentes no experimentarán la Tribulación. Sin embargo, los medtribulacionistas interpretan la “ira” como una referencia a la segunda mitad de la Tribulación, específicamente los juicios de las copas de la ira. Sin embargo, parece injustificable limitar la palabra de tal forma. Con seguridad los terribles juicios contenidos en los sellos y las trompetas – incluyendo hambrunas, ríos envenenados, el oscurecimiento de la luna, derramamiento de sangre, terremotos y tormentas – también pueden ser considerados como la ira de Dios.

El medtribulacionismo coloca el Arrebatamiento en Apocalipsis 11, anterior al inicio de la “Gran Tribulación.” Hay dos problemas con este lugar asignado en la cronología de Apocalipsis. Primero, la única mención del término “gran tribulación” en todo el libro de Apocalipsis, está en 7:14. Segundo, la única referencia al “gran día de la ira” está en Apocalipsis 6:17. Ambas referencias se encuentran demasiado tempranas para un Arrebatamiento medtribulacional.

C

EL POSTRIBULACIONISMO

El Post-tribulacionismo enseña que el Arrebatamiento ocurrirá al final, o cerca del final de la Tribulación. En ese momento, la iglesia se encontrará con Cristo en el aire y luego regresará a la tierra para el inicio del Reinado de Cristo en la tierra. En otras palabras, el Arrebatamiento y la Segunda Venida de Cristo (para establecer Su Reino) suceden casi simultáneamente. De acuerdo con esta creencia, la iglesia pasará a través de todos los siete años de la Tribulación. La iglesia Católica Romana, la Ortodoxa Griega y muchas denominaciones Protestantes, apoyan la creencia Post-tribulacional del Arrebatamiento.

Uno de los puntos fuertes del Post-tribulacionismo es que Jesús, en Su extendido discurso sobre el final de los tiempos, dice que Él regresará después de una “gran tribulación” (Mateo 24:21, 29). También, el libro de Apocalipsis, con todas sus variadas profecías, solo menciona una venida del Señor, y ésta ocurre después de la Tribulación (Apocalipsis, capítulos 19-20). Pasajes tales como Apocalipsis 13:7 y 20:9 también dan soporte al post-tribulacionalismo en que obviamente habrá santos en la Tribulación. También, la resurrección de los muertos en Apocalipsis 20:5 es llamada “la primera resurrección.” Los postribulacionistas afirman que, puesto que esta “primera” resurrección tiene lugar después de la Tribulación, la resurrección asociada con el Arrebatamiento en 1 de Tesalonicenses 4:1 no puede ocurrir hasta entonces.

Los postribulacionistas, también señalan, que históricamente el pueblo de Dios ha experimentado épocas de intensa persecución y aflicción. Por tanto, dicen, no debería sorprendernos que la iglesia también experimente la Gran Tribulación de los tiempos del fin. En relación con esto, la creencia post-tribulacional distingue “la ira de Satanás” (o “la ira del hombre”) de “la ira de Dios” en el libro del Apocalipsis. La ira de Satanás está dirigida contra los santos, y Dios la permite como un medio de purificación para Sus fieles. Por otra parte, la ira de Dios es vertida sobre el Anticristo y su reino del mal, y Dios protegerá a Su pueblo de ese castigo.

D

Una falla del post-tribulacionalismo es la clara enseñanza de la Escritura de que aquellos que están en Cristo no están bajo condenación y nunca experimentarán la ira de Dios (Romanos 8:1). Mientras que algunos juicios durante la Tribulación son dirigidos específicamente a los no salvos, muchos otros, tales como los terremotos, la caída de las estrellas, y hambrunas, afectarán a salvos y no salvos por igual. Por lo que, si los creyentes pasan por la Tribulación, ellos experimentarían la ira de Dios, en contradicción a Romanos 8:1.

Otra debilidad de la creencia postribulacionista es que debe, hasta cierto punto, alegorizar la Tribulación. Muchos post-tribulacionistas enseñan que estamos viviendo en la Tribulación ahora mismo; de hecho, algunos dicen que la Tribulación comenzó inmediatamente después de Pentecostés en Hechos 2. Tal enseñanza ignora la singular naturaleza de la Tribulación como se presenta en la Escritura (Mateo 24:21), de que habrá un tiempo de angustia sin paralelo en la historia del mundo. También los post-tribulacionistas enfrentan una dificultad para explicar la ausencia de la “iglesia” en el mundo en todos los pasajes bíblicos relativos a la Tribulación. Aún en Apocalipsis, capítulos 4-21, la descripción más extensa de la Tribulación en toda la Escritura, la palabra “iglesia” nunca aparece. Los post-tribulacionistas deben asumir que la palabra “santos” en Apocalipsis, capítulos 4-21 significa la iglesia, aunque es usada una palabra griega diferente.

Y una falla final de la opinión postribulacionista, es compartida por las otras dos teorías; como el que la Biblia no proporciona una línea de tiempo explícita concerniente a los eventos futuros. La Escritura no enseña expresamente una creencia sobre otra, y es por lo que tenemos diversidad de opiniones respecto al final de los tiempos y cierta divergencia sobre cómo deben ser armonizadas las profecías relacionadas con ello.

E

OTRAS TEORÍAS MENORES SOBRE EL RAPTO

Además de las tres posturas principales, algunos grupos han aceptado posturas intermedias o adaptaciones de estas. Cabe destacar dos de ellas:

  1. TEORÍA DEL RAPTO PREÍRA: Esta postura considera que el rapto ocurrirá en la segunda mitad de la Tribulación, antes de la segunda venida. Se trata de una doctrina postribulacionista que adelanta el arrebatamiento un poco antes de finalizada la Tribulación. Divide la semana 70 en 3 períodos: del primer al tercer sello, conocido como «principio de los dolores del parto»; del cuarto al sexto sello, denominado la «Gran Tribulación del Anticristo»; y del sexto sello en adelante, llamado el «día de la ira del Señor». Los creyentes en esta doctrina consideran que el rapto ocurrirá cuando se abra el sexto sello. Para entonces, muchos cristianos habrían sido asesinados como mártires por el Anticristo.
  2. TEORÍA DEL RAPTO PARCIAL: Esta teoría sostiene que los verdaderos cristianos serán arrebatados antes, en medio de o después de la Tribulación, dependiendo de la verdadera conversión a la fe. Por lo tanto, el rapto de un creyente se determina por el tiempo de su conversión durante la Tribulación. Los defensores de esta teoría sostienen que solo los que son fieles a la Iglesia serán raptados al inicio de la Tribulación y que el resto de los creyentes lo serán en algún momento durante esta o al final.

A1

CONCLUSIÓN

Cuando se considera cualquier pregunta que involucra la escatología (el estudio del final de los tiempos), es importante recordar que casi todos los cristianos concuerdan en estas tres cosas:

  • Vendrá un tiempo de gran tribulación, como el mundo jamás ha visto,
  • Después de la Tribulación, Cristo regresará para establecer Su reino en la tierra,
  • Habrá un Arrebatamiento – una “transición” de lo mortal a la inmortalidad para los creyentes, como se describe en Juan 14:1-3; 1 Corintios 15:51-52; y 1 Tesalonicenses 4:16-17. La pregunta en cuanto al momento del Arrebatamiento es: ¿cuándo ocurrirá éste, en relación a la Tribulación y la Segunda Venida de Cristo?

A3

Las tres teorías principales acerca del tiempo en que ocurrirá el Arrebatamiento de la iglesia son:

  1. La creencia de que el Arrebatamiento ocurrirá antes de que se inicie la Tribulación (pretribulacionismo),
  2. La creencia de que el Arrebatamiento ocurrirá a la mitad de la Tribulación (midtribulacionismo).
  3. La creencia de que el Arrebatamiento ocurrirá al final de la Tribulación (postribulacionismo).

Cada una de estas teorías, y sus variantes, poseen puntos fuertes y debilidades; sin embargo, todas ellas comparten una falla en común, y es el que la Biblia no proporciona una línea explícita de tiempo en cuanto a los eventos futuros. La Escritura no enseña expresamente una u otra opinión, y es por lo que tenemos diversidad de opiniones concerniente al final de los tiempos y cierta divergencia sobre cómo deben ser armonizadas las profecías relacionadas con este tema. Por tal razón, no podemos ser dogmáticos ni sectarios, acusando de herejía a nuestros hermanos que piensan diferente a nosotros en relación con este tema.

A2

REFERENCIAS:

[1] Elwell, Walter A., ed. (1 de mayo de 2001) [1984]. Evangelical Dictionary of Theology (2nd edición). Baker Academic. p. 910.

[2] El Arrebatamiento de la Iglesia, Declaración Oficial sobre el Rapto de la Iglesia. Adoptada el 14 de agosto de 1979 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas De Dios. Disponible en https://ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/The-Rapture-of-the-Church.

 

ESCATOLOGÍA, Estudio Teológico, Teología

Una mirada bíblica al Premilenialismo

Por Fernando E. Alvarado

 INTRODUCCIÓN

El Premilenialismo (o Premilenarismo, conocido históricamente como Quiliasmo y más propiamente como Milenarismo), es una enseñanza escatológica que dice que la Segunda Venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reinado Milenial, y que el Reino Milenial es literalmente de un período de 1,000 años donde Cristo va a reinar sobre la tierra.[1]

Este modelo de interpretación se puede dividir en dos corrientes principales: el Premilenialismo Histórico y el Premilenialismo Dispensacional. Esta postura teológica se desprende primordialmente de Apocalipsis 20, pero está vinculada concomitantemente a las promesas de reino futuro tanto en el Antiguo Testamento como en las palabras de Jesús (Hechos 1:6-7).

 

9

ORÍGENES DEL PREMILENIALISMO

El término Premilenialismo o Premilenarismo no era manejado sino hasta mediados del siglo XIX. Hasta ese momento solo se lo conocía como milenarismo, que fue el término acuñado por los primeros padres de la Iglesia. De hecho, el punto más impactante en la escatología de la edad pre-nicena es el prominente quiliasmo, que es la creencia en un reino visible del Cristo glorificado sobre la tierra con los santos resucitados por un período de mil años y antes de la resurrección general y juicio final.[2]

Aunque la doctrina del Quiliasmo o milenarismo no fue plasmada en algún credo o forma de devoción, distinguidos eruditos de los primeros siglos del cristianismo como Bernabé, Papías, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Metodio y Lactancio confirman, a través de sus escritos, que el quiliasmo era la doctrina aceptada por la iglesia primitiva.[3] Fue en siglos posteriores que autores y teólogos como Cayo, Orígenes, Dionisio Magno, Eusebio (y más adelante Jerónimo y Agustín) se opusieron al milenarismo, abandonando la fe de la iglesia antigua.[4]

El quiliasmo puede trazar sus orígenes incluso con anterioridad al período neotestamentario. Existe literatura judía temprana que alude a un reino mesiánico temporal previo al estado eterno, como IV Esdras 12:34, II Baruc 24:1-4; 30:1-5; 39:3-8; 40:1-4; Jubileos 1:4-29 y 23:14-31. La creencia judía en una era mesiánica terrenal transitoria continuó expandiéndose durante y más allá del tiempo de la redacción del libro del Apocalipsis.[5]

Entre los denominados Padres de la Iglesia Primitiva, Justino Mártir, en el siglo II, fue uno de los primeros escritores cristianos que declaró concordar con la creencia judía de un reino mesiánico temporal previo al estado eterno. En sus ideas escatológicas, Justino comparte los puntos de vista de los quiliastas respecto al milenio. Justino afirmó que habrá dos resurrecciones, una de los creyentes antes del reino de Cristo y luego una resurrección general más adelante. Justino escribió en el capítulo LXXX de su obra Diálogo con Trifo:

“Yo y otros cristianos en nuestros justos juicios estamos convencidos de que habrá una resurrección de muertos, y un bloque de mil años en Jerusalén que luego será erigido… porque Isaías habló en esos términos respecto a este período de mil años”.[6]

Ireneo (130-202), el otrora Obispo de Lyon en el siglo II, fue un premilenialista declarado. Es mejor conocido por sus tomos voluminosos escritos contra la amenaza gnóstica del segundo siglo, comúnmente conocido como Contra Las Herejías. En el quinto libro Contra Las Herejías, Ireneo se concentra primordialmente en escatología. En un pasaje él defiende el Premilenialismo al argüir que un futuro reino terrenal era necesario por causa de la promesa de Dios a Abraham. En otra porción Ireneo también explica que la bendición a Jacob “pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino cuando los justos llevarán espada luego de levantarse de entre los muertos”.[7]

Muchos de estos teólogos y otros de la iglesia primitiva expresaron su creencia en el Premilenialismo por medio a su aceptación de la tradición sexta-septimilenial. Esta postura aduce que la historia humana continuará por 6,000 años y luego disfrutará de un sabático de 1000 años (el reino milenial), de ese modo toda la historia humana consistirá de un total de 7.000 años previo a la nueva creación.

Por todo lo anterior, aunque hay otras posturas en relación con el Milenio, es evidente que la historia de la iglesia tiene un marcado énfasis premilenial. Hoy en día, el premilenialismo se divide en dos escuelas de pensamiento principales: El premilenialismo histórico y el dispensacional. Analicemos brevemente cada una de estas posturas premilenialistas.

6

POSTULADOS DEL PREMILENIALISMO HISTÓRICO[8]

El Premilenialismo Histórico o Clásico es distintivamente no Dispensacional. Esto significa, entre otras cosas, que no ve distinción teológica radical entre Israel y la Iglesia. A menudo se perfila como post-tribulacional, lo cual significa que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá luego de un período de tribulación. El Premilenarismo Histórico se adhiere al Quiliasmo por causa de su enfoque de que la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales. Entre los proponentes de esta postura se encuentran Charles H. Spurgeon, George Eldon Ladd, Francis Schaeffer y Albert Mohler. A grandes rasgos, el Premilenialismo Histórico, o clásico, enseña que:

(1. La Iglesia de la era del Nuevo Testamento es la fase inicial del reino de Cristo como fuese profetizado por los profetas del Antiguo Testamento.
(2. La Iglesia al final no tendrá éxito en su misión de discipular a todas las naciones a medida que la maldad crezca mundialmente hacia el final de la era eclesiástica.
(3. La Iglesia atravesará la Gran Tribulación, un tiempo de prueba mundial sin precedentes que marcará el cierre de la historia contemporánea.
(4. Cristo retornará al final de la Tribulación a arrebatar a la Iglesia, a resucitar a los santos fallecidos y al juicio de los justos en “un abrir y cerrar de ojos”.
(5. Cristo luego descenderá a la tierra con Sus santos glorificados, peleará la batalla del Armagedón, atará a Satanás y establecerá un reino político mundial que será personalmente administrado por Él por 1,000 años desde Jerusalén.
(6. Al final del milenio (Ap. 20:3-8), Satanás será suelto y se materializará una rebelión masiva contra Cristo, contra Su reino y contra Sus santos.
(7. Dios interviene con álgido juicio para librar a Cristo y a Sus santos. La resurrección y juicio de los malvados se lleva a cabo e inicia el estado eterno.

PREMILENIALISMO TRADICIONAL -GRÁFICA

POSTULADOS DEL PREMILENIALISMO DISPENSACIONAL[9]

El Premilenialismo Dispensacional inició alrededor del 1830, como fuese planteada por John Nelson Darby. Simplificando un poco esta postura, podríamos decir que el Premilenialismo Dispensacional entiende que la nación de Israel será salvada y restaurada a un lugar de preeminencia durante el Milenio. Además, y de manera general, los que se suscriben a esta enseñanza creen en un rapto pre-tribulacional. Es decir, que los escogidos no han de pasar por toda o la mayor parte de la Gran Tribulación. Esta postura es sostenida por eruditos modernos como Donald Barnhouse, Norman Geisler y Evis L. Carballosa. Entre los principales postulados del Premilenialismo Dispensacional podemos mencionar:

(1. La era eclesiástica es una era totalmente distinta y no anticipada en el plan de Dios. En toda su amplitud, era desconocida e inesperada por los profetas del AT. Es entendida como un “paréntesis”.
(2. Dios tiene un programa separado y un plan distinto para el Israel étnico que se distingue del de la Iglesia.
(3. Cristo volverá secretamente desde los cielos para arrebatar a los santos que aún viven (1.ª fase de su Segunda Venida) y resucitar los cuerpos de los santos ya fallecidos (1.ª Resurrección). Estos serán sacados del mundo antes de la Gran Tribulación. El juicio de los santos se efectuará en los cielos durante el período de los 7 años de Tribulación antes del retorno corporal de Cristo a la tierra.
(4. Al cierre de los 7 años de la Gran Tribulación, Cristo descenderá visiblemente con Sus santos a la tierra (2.ª fase de su Segunda Venida), a fin de establecer y administrar personalmente un reino político judío con sede en Jerusalén por 1,000 años. Durante este tiempo, Satanás será atado y el templo y sistema de sacrificios será restablecido en Jerusalén como memorial. Es en este tiempo cuando Dios cumple las promesas que hizo a los judíos.
(5. Hacia el final del Reino Milenial, Satanás será desatado para nuevamente salir a engañar a las naciones.
(6. Cristo hará descender fuego del cielo para destruir a Sus enemigos. Ocurre entonces la resurrección (Muerte Segunda) dando paso al juicio del Gran Trono Blanco para los impíos, iniciando el estado eterno.
(7. Los dispensacionalistas entienden que los judíos y la iglesia pertenecen a dos distintos pueblos de Dios.

La mayoría de los dispensacionalistas creen en un arrebatamiento secreto antes de la Gran Tribulación. A esto se lo conoce como pretribulacionismo. Otros creen que el arrebatamiento sucederá 3 años y medio luego del inicio de la Gran Tribulación, a lo que se le llama midtribulacionismo. Aun otros creen en el postribulacionismo presentado en el Premilenialismo histórico.

Hay premilenialistas que creen que Dios solo tiene un pueblo (el olivo silvestre en Romanos 11).

PREMILENIALISMO DISPENSACIONAL - GRÁFICA

PUNTOS DÉBILES DEL PREMILENIALISMO

Como todo modelo interpretativo, el premilenialismo no está libre de cuestionamientos. A menudo se citan los siguientes:

(1. Hay ciertos pasajes difíciles de interpretar desde la perspectiva premilenialista, como Isaías 11:6 “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (compárese con Isaías 65:25). Ahora bien, analizando el contexto y poniendo atención a los detalles de la narración, parece ser que el autor intercambia aspectos de un reino terrenal con un estado eterno, y obviamente no es congruente entender que estos detalles serán distintivos en ambos períodos.

(2. La restauración del templo y el sistema de sacrificios. El Dispensacionalismo Clásico enseña (basado en una interpretación literal del templo que describe Ezequiel 40–46, en Daniel 9:27; 12:11; 2 Tesalonicenses 2:4 y Apocalipsis 11:1-2) que en el reino milenial futuro se reinstaurarán los sacrificios al modo del Antiguo Testamento. Una poderosa refutación y crítica a este punto de vista es el señalamiento de que Cristo es el Cordero inmolado que ya dio Su vida y derramó Su sangre en sacrificio por Su Iglesia, y en Su calidad de mediador y agente catalizador del Nuevo Pacto, ya no es necesario ofrecer oblaciones ni sacrificios de animales que solo constituían una sombra del sacrificio perfecto que habría de venir: habiéndolo consumado todo, hace obsoleto el Viejo.

Sunset In Orbit

FORTALEZAS DEL PREMILENIALISMO[10]

Ante esos dos cuestionamientos, las fortalezas del premilenialismo superan con creces cualquier aparente debilidad en dicho sistema. Por ejemplo:

(1. La frase “esta es la primera resurrección” en Apocalipsis 20:5 implica que habrá otra resurrección, separando así una resurrección de creyentes con una resurrección general para condenación (cp. Ap. 20:11-15).
(2. La pregunta hecha a Jesús: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6-7). Él pudo haberles desmentido, o al menos aclararle que no habrá tal cosa como un reino en particular destinado a un Israel étnico. Sin embargo, solo se limitó a comunicarles que no era asunto de su incumbencia.
(3. La contundente y explícita declaración de Jesús en Mateo 19:28: “vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
(4. Apocalipsis 5:10 declara: “y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 1:6; 19:15; 12:5; 2:27).
(5. En cuanto a la literalidad de la frase “mil años”, repetida 6 veces en Apocalipsis 20:2-6, es importante entender que dentro del libro tenemos elementos concretos; el libro no es simbólico sino simbiótico. Muy pocos cuestionan el número 7 en Apocalipsis como no literal. Muy pocos ponen en tela de juicio que los 144 mil sellados no sea un número literal (Apocalipsis 7:14). Pocos argumentan que las 12 puertas de 12 perlas en la Nueva Jerusalén no sean literales (Ap. 21:21). Nadie reclama que los 4 seres vivientes o los 4 ángeles no sean 4 criaturas en específico (Apocalipsis 7:2, 11; 9:14; 14:3). Si este es el caso, ¿por qué pensar en estos “mil años” como algo no literal?

4

(6. Quizá la mayor fortaleza del premilenialismo es su apropiado método para la interpretación de la Escritura. El método de interpretación bíblica empleada por los premilenialistas requiere que la Escritura sea interpretada de manera que sea consistente con su contexto. Esto es, que un pasaje debe ser interpretado de manera que sea coherente con la audiencia para quién fue escrita, aquellos de quiénes se escribe, por quiénes fue escrito, etc. Es crucial conocer al autor, la audiencia a quién se proyecta, y los antecedentes históricos de cada pasaje que se interpreta. Al establecer el aspecto histórico y cultural, con frecuencia revelará el significado correcto que tiene un pasaje.
También es importante recordar que, en el modelo premilenialista, la Escritura interpreta la Escritura. Esto es, muchas veces un pasaje cubrirá un tópico o tema que también se trata en alguna otra parte de la Biblia. Es importante interpretar todos estos pasajes consistentemente el uno con el otro. Pero lo más importante: Los pasajes deben siempre ser tomados en su significado normal, regular, sencillo, y literal, a menos que el contexto del pasaje indique que es de naturaleza figurativa. Una interpretación literal no elimina la posibilidad de que se usen figuras literarias. Más bien, anima al intérprete a no leer el lenguaje figurativo en el significado de un pasaje, a menos que sea apropiado para ese contexto. Es crucial nunca buscar un significado “más profundo, más espiritual” que el que es presentado. Espiritualizar un pasaje es peligroso, porque cuando se hace, las bases para la verdadera interpretación se colocan en la mente del lector, en lugar de las que vienen de las Escrituras. En este caso, no puede haber parámetros objetivos de interpretación, sino que la Escritura se convierte en objeto de la impresión y significado propio de todas y cada una de las personas que la leen. Esta ha sido la falta grave cometida por modelos escatológicos como el amilenialismo y el postmilenialismo. En cambio, 2 Pedro 1:20-21 nos recuerda:
“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

1

(7. El premilenialismo distingue entre Israel (los descendientes físicos de Abraham) y la Iglesia (todos los creyentes del Nuevo Testamento), considerándolos dos grupos diferentes. Entender que Israel y la Iglesia son distintos es de vital importancia porque, si esto no es comprendido, la Escritura será malinterpretada. Específicamente, los pasajes que tratan con las promesas hechas a Israel (tanto cumplidas como por cumplir) son propensos a malentenderse y malinterpretarse si uno trata de aplicarlos a la iglesia, y viceversa. Por ejemplo, en Génesis 12:1-3, leemos:
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.
Aquí Dios promete a Abraham tres cosas: que Abraham tendría muchos descendientes, que esta nación ocuparía y poseería una tierra, y que del linaje de Abraham (los judíos) vendría una bendición universal que llegaría a toda la humanidad. En Génesis 15:9-17, Dios ratifica Su pacto con Abraham. En la manera en que esto es hecho, Dios coloca toda la responsabilidad del pacto sobre Él mismo. Esto es, no había nada que pudiera hacer Abraham que ocasionara el fracaso del pacto que Dios hizo. También en este pasaje, se establecen las fronteras para la tierra que los judíos eventualmente ocuparían. Para una lista detallada de los límites, basta con leer Deuteronomio 34. Otros pasajes que tratan con la promesa de la tierra son Deuteronomio 30:3-5 y Ezequiel 20:42-44.
También, en 2 Samuel 7:10-17 vemos la promesa hecha por Dios al rey David. Aquí Dios le promete a David que tendrá descendientes y que de esos descendientes Dios establecerá Su reino eterno. Esto se refiere al gobierno de Cristo durante el Milenio, y para siempre. Es importante tener en mente que esta promesa debe ser cumplida literalmente, y que aún no ha tenido lugar. Algunos creerían que el gobierno de Salomón fue el cumplimiento literal de esta profecía, pero hay un problema con eso. El territorio sobre el cual Salomón reinó, no es propiedad de Israel en la actualidad, y Salomón tampoco reina sobre el Israel actual. Puesto que Dios prometió a Abraham y a sus descendientes que poseerían la tierra para siempre, y que en 2 Samuel 7 se nos dice que Dios establecería un Rey que reinaría eternamente, resulta obvio que Salomón no pudo ser el cumplimiento de la promesa hecha a David. Por consiguiente, esta es una promesa que aún tiene que ser cumplida. Con esto en mente, podemos examinar lo registrado en Apocalipsis 20:1-7 y concluir que los mil años que son mencionados repetidamente en Apocalipsis 20:1-7 corresponden literalmente al reinado de 1,000 años de Cristo sobre la tierra. ¿Por qué? Porque la promesa hecha a David respecto al reinado, tiene que ser cumplida literalmente, y aún no ha tenido lugar. El Premilenialismo ve que este pasaje describe el futuro cumplimiento de la promesa con Cristo en el trono. Dios hizo pactos incondicionales con ambos, Abraham y David. Ninguno de estos pactos ha sido cumplido total o permanentemente. La única manera de que estos pactos puedan ser cumplidos como Dios prometió que serían, es el literal y físico reinado de Cristo en la tierra.
La aplicación del método de interpretación literal de la Escritura empleado por el premilenialismo, da como resultado que las piezas del rompecabezas se unan. Todas las profecías del Antiguo Testamento sobre la Primera Venida de Jesucristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, debemos esperar que las profecías respecto a Su Segunda Venida, también sean cumplidas literalmente. El Premilenialismo es el único sistema que concuerda con una interpretación literal de los pactos de Dios y la profecía del fin de los tiempos.

Al analizar todos estos aspectos, no nos resulta extraño qué la iglesia primitiva adoptara el modelo premilenialista como su sistema de interpretación escatológica.

5

 CONCLUSIÓN

Como se mencionó al inicio de este artículo, el premilenialismo es el punto de vista de que la Segunda Venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reinado Milenial, y que el Reino Milenial es literalmente de un período de 1,000 años donde Cristo va a reinar sobre la tierra. El premilenialismo fue el sistema escatológico creído y aceptado por la iglesia primitiva. A grandes rasgos, el premilenialismo enseña que en los últimos tiempos habrá un Período de Tribulación en el cual un anticristo emergerá y Dios derramará Su ira sobre el mundo. Al final de este Tribulación, Jesús regresará visible y físicamente a la tierra para derrotar a Satanás y al anticristo, y luego él establecerá un reino milenario en la tierra. A esta hora, aquellos que murieron tiempo atrás como creyentes recibirán cuerpos humanos glorificados y reinarán con Cristo. Aquellos creyentes que sobrevivan la Tribulación también reinarán con Cristo. Durante este período, Satanás estará atado y echado al abismo. Al final de los 1,000 años Satanás será puesto en libertad y orquestará una rebelión final en contra de Dios. Él será derrotado y enviado permanentemente al lago de fuego.[11]

Todos los premilenialistas (históricos y dispensacionales) afirman que el milenio es un reino intermedio que dará paso al Reino Eterno (o el Estado Eterno) que será el destino final y condición para todos los creyentes. El Premilenialismo, pues, ve el milenio de Apocalipsis 20:1–6 como siendo cumplido en el futuro.

La principal diferencia entre el premilenialismo histórico y el dispensacional se encuentra en el hecho que, en el premilenialismo dispensacional, se incorpora la teoría de un Rapto Secreto al inicio o en medio de la Gran Tribulación. La Segunda Venida de Cristo es considerada un evento en dos fases: Cristo volverá secretamente desde los cielos para arrebatar a los santos que aún viven (1.ª fase de su Segunda Venida) y resucitar los cuerpos de los santos ya fallecidos (1.ª Resurrección). Estos serán sacados del mundo antes de la Gran Tribulación. El juicio de los santos se efectuará en los cielos durante el período de los 7 años de Tribulación antes del retorno corporal de Cristo a la tierra. Al cierre de los 7 años de la Gran Tribulación, Cristo descenderá visiblemente con Sus santos a la tierra (2.ª fase de su Segunda Venida), a fin de establecer y administrar personalmente un reino político judío con sede en Jerusalén por 1,000 años.

En su mayoría, las iglesias pentecostales se adhieren al premilenialismo dispensacional. Sin embargo, y tras un proceso de revisionismo doctrinal, algunas iglesias pentecostales y otros grupos evangélicos, están abandonando gradualmente la idea de un futuro rapto secreto de la Iglesia.

8

REFERENCIAS

[1] Ladd, George Eldon. Las últimas cosas . Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

[2] Ernst Lee Tuveson (1949). Millennium and Utopia. Berkeley: University of California Press.

[3] Alcañiz S.J., Florentino; Castellani, Leonardo (1962). La Iglesia patrística y la parusía. Buenos Aires: Ediciones Paulinas.

[4] Phillip Schaff, Historia de la Iglesia Cristiana. Tomo I, Hendrickson Publishers, Inc. (2006)

[5] Duby, Georges (1988). El año mil: Una nueva y diferente visión de un momento crucial de la historia. Editorial Gedisa.

[6] Jústino Mártir, Diálogo con Trifo, Cap. LXXX.

[7] Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, Libro V.

[8] Peters, FNB El Reino Teocrático . 3 Vols. Grand Rapids: Kregel, 1952.

[9] Osbourne, Grant R., Apocalipsis. Comentario Exegético Baker del Nuevo Testamento (Baker: Grand Rapids: 2002).

[10] Ryrie, Charles C. La base de la fe Premilenial . Neptuno, NJ: Loizeaux Hermanos, 1953.

[11] Walvoord, John . El Reino del Milenio . Grand Rapids: Zondervan , 1959.

13

ESCATOLOGÍA, Milenio, Teología

El Posmilenialismo y sus postulados

Por Fernando E, Alvarado

 INTRODUCCIÓN

A grandes rasgos, el posmilenialismo (o postmilenialismo) se define como una interpretación del capítulo 20 del libro de Apocalipsis, que ve la segunda venida de Cristo como si ocurriera después del “Milenio”, el cual es interpretado como una Edad Dorada o una era de prosperidad y dominio cristiano. Ahora bien, aunque el posmilenialismo afirma que Cristo volverá después del Milenio, este no debe ser entendido necesariamente como un período de 1,000 años literales. Los que sostienen esta posición, no interpretan la profecía no cumplida usando un método normal, es decir, literal. Ellos creen que los 1,000 años mencionados en Apocalipsis 20:4-6 significan simplemente “un largo período de tiempo”. Además, el prefijo “pos” en “posmilenialismo” denota la opinión que Cristo volverá después de que los cristianos (y no Cristo Mismo) hayan establecido el reino sobre esta tierra. A consecuencia de tal razonamiento, los posmilenialistas creen que este mundo va a ir mejorándose cada vez más y que el mundo entero será “cristianizado” finalmente. Después de esto, y solo hasta entonces, Cristo volverá.[1]

El posmilenialismo contrasta con el premilenialismo (el punto de vista que dice que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reino Milenario, y que el Reino Milenario es de 1,000 años literales) y, en menor grado, con el amilenialismo (un milenio no literal). Asimismo, el posmilenialismo ha servido de base a nuevas corrientes teológicas heterodoxas, tales como la Teología del Dominio (Dominionismo) y el “Reino Ahora”. El posmilenialismo se divide en dos corrientes: Posmilenialismo bíblico y posmilenialismo liberal.

4

PRINCIPALES POSTULADOS DEL POSMILENIALISMO

El Postmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo establece su reino en la tierra a través de la predicación y la obra redentora en el primer siglo y que Él equipa a su Iglesia con el evangelio, le capacita por el Espíritu, y le encomienda la Gran Comisión de discipular a todas las naciones. El Postmilenialismo espera que eventualmente una vasta mayoría de los hombres con vida sean salvados. El éxito creciente del evangelio producirá gradualmente un tiempo en la historia, anterior a la venida de Cristo, en el cual la fe, justicia, paz y prosperidad prevalecerán en los asuntos de los hombres y de las naciones. Luego de una extensa era de tales condiciones el Señor regresará visible, corporal y gloriosamente, para ponerle fin a la historia con la resurrección general y el juicio final luego del cual sigue el orden eterno.[2]

De lo anterior se desprende que:

  • El posmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo funda su reino Mesiánico en la tierra durante su ministerio terrenal y por medio de sus labores redentoras. Su establecimiento del “reino de los cielos” cumple las expectativas proféticas del Antiguo Testamento con respecto al reino venidero. El reino que Cristo predica y presenta no es otro que aquel que fue esperado por los santos del Antiguo Testamento. En el Postmilenialismo la iglesia es el Israel cumplido/transformado e incluso es llamada “el Israel de Dios” (Gálatas 6:16).
  • La naturaleza fundamental del reino es esencialmente redentora y espiritual, antes que política y material. Aunque tiene implicaciones para la esfera política. Algunos posmilenialistas consideran la iglesia como un reino en competencia con las naciones geopolíticas para el dominio gubernamental. Para ellos Cristo gobierna su reino espiritualmente en y a través de su pueblo en el mundo, lo mismo que por su providencia universal.
  • Debido al poder intrínseco y al diseño de la redención de Cristo, su reino ejercerá una influencia transformacional sociocultural en la historia. Esto ocurrirá a medida que más y más gente se convierta a Cristo. La clave, en primer plano, es la regeneración, la propagación del evangelio y la conversión de los hombres y las naciones a la Palabra de Dios.
  • El posmilenialismo espera la expansión y el desarrollo gradual del reino de Cristo en el tiempo y en la tierra antes que el Señor regrese a ponerle fin a la historia. Esto procederá de un ministerio global de la Palabra, oración ferviente y llena de fe, y las labores consagradas del pueblo de Cristo lleno del Espíritu. El Cristo siempre presente está dirigiendo el crecimiento del reino desde Su trono en el cielo, donde está sentado a la diestra de Dios.
  • El posmilenialismo anticipa confiadamente un tiempo en la historia en la tierra (continua con el presente) en el cual el mismo evangelio que ya está operando ganará la victoria por toda la tierra, cumpliendo la Gran Comisión.[3] El posmilenialismo enseña el éxito de la gran comisión en esta era de la iglesia. Cree que una abrumadora mayoría de hombres y naciones será cristianizada, la justicia abundará, la guerras cesarán, y la prosperidad y la seguridad florecerán. Se distinguirá por la recepción universal de la verdadera religión, y la sujeción ilimitada al cetro de Cristo. Será un tiempo de paz universal y que, además, se caracterizará por una gran prosperidad temporal.[4]
  • De acuerdo con el posmilenialismo podemos ver hacia adelante, hacia una ‘era dorada’ de prosperidad espiritual continuando por siglos, o incluso por milenios, durante cuyo tiempo el cristianismo será triunfante sobre toda la tierra.[5] Luego de este período extendido de prosperidad en el evangelio, la historia de la tierra llegará a su conclusión por el regreso personal, visible y corporal de Jesucristo (acompañado por una resurrección literal y un juicio general) para introducir su pueblo comprado con sangre en la forma consumada y eterna del reino. Y así estaremos por siempre con el Señor.

POSTMILENIALISMO TRADICIONAL - GRÁFICA

¿CÓMO SURGIÓ EL POSMILENIALISMO?

Durante los tres primeros siglos la iglesia fue premilenarista en su enfoque sobre el milenio. Se esperaba que Jesús reinase literalmente durante 1,000 años sobre la tierra. Este punto de vista fue especialmente popular durante los períodos de cruenta persecución que tuvo que enfrentar la iglesia. Uno de los primeros en modificar este enfoque fue Ticonio, donatista africano, quien hacia fines del siglo IV introdujo una interpretación novedosa de Apocalipsis 20. Ticonio rechazó la estricta interpretación escatológica de Apocalipsis 20. Para Ticonio el milenio se refiere a la edad presente. La primera resurrección se refiere al pasar de muerte a vida en la conversión. Para Ticonio la palabra “milenio” no debía entenderse literalmente.

Posteriormente, Agustín de Hipona popularizó e hizo dogma el punto de vista de Ticonio. Agustín consideró el milenio como un sábado universal repleto de bendiciones espirituales, concibió los mil años como una época en que la iglesia gobernaría sobre la tierra, era el abandono de la interpretación futurista. La principal razón de Agustín para tal actitud eran las crudas exageraciones a que habían llegado las descripciones literalitas del milenio.

Aunque la forma agustiniana de interpretar el milenio fue a veces modificada (lo cual en ocasiones dificulta distinguirla de lo que se denomina amilenialismo) ella prevaleció por largo tiempo. Durante la Edad Media cualquier interpretación literal del milenio era vista como una herejía. Muchas de las grandes denominaciones protestantes incorporaron el postmilenialismo en sus credos. Las Confesiones de Augsburgo y Westminster son básicamente postmilenialistas. Luteranos, presbiterianos, y grupos reformados han tendido a seguir el postmilenialismo. La gran escuela de teología de Princeton del siglo XIX y comienzos del siglo XX, representada por Ch. Hodges y B. Warfield, representa firmemente el postmilenialismo.[6]

5

Durante los Siglos XVI y XVII varios teólogos Reformados de los Países Bajos enseñaron una forma de quilianismo, que podría llamarse actualmente postmilenialismo, entre ellos hubo algunos bien conocidos personajes como Coccejus, Alting, los dos Vitringa, d’Outrein, Witsius, Hoombeek, Koelman y Brakel, de los cuales algunos consideraban al milenio como cosa del pasado, otros lo entendían como cosa del presente, y todavía otros lo miraban en el futuro. La mayoría lo esperaba hacia el fin del mundo, precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Estos hombres rechazaron las dos principales ideas del premilenialismo, es decir, que Cristo volverá físicamente a reinar sobre la tierra durante mil años, y que los santos resucitarán en su venida, y luego reinarán con Él en el reino milenario.

En tanto que sus explicaciones diferían en algunos detalles, el concepto dominante era que el evangelio, que gradualmente se esparciría por todo el mundo, al final llegaría a ser inconmensurablemente más efectivo de lo que es al presente, dando lugar a un período de ricas bendiciones espirituales para la iglesia de Jesucristo, una Edad de Oro, en la cual los judíos participarán en las bendiciones del evangelio de una manera sin precedente.

Otro ejemplo de postmilenialismo fue el de los puritanos norteamericanos de los Siglos XVII y XVIII. Huyendo de Inglaterra tras el fracaso político allí, cruzaron el océano y fundaron (inspirados por sus ideas posmilenialistas) sus teocracias en aquellas tierras, extirpando por la fuerza e incluso con la pena capital todo pecado que pudiera mancillar su proyecto de perfección moral.

El siglo XVIII fue la gran época del postmilenialismo, que desempeñó un papel clave en el desarrollo del pensamiento misionero. Pero en el siglo XIX, la expectación postmilenaria se aproximaba cada vez más a la doctrina secular del progreso y fue absorbida por la identificación que la teología liberal hacía del reino de Dios con el mejoramiento moral y social. El postmilenialismo sufrió una fuerte declinación de su popularidad durante el período 1914-1970. Esta perdida se ha debido más a las situaciones históricas (las dos guerras mundiales y otros conflictos bélicos) que a consideraciones exegéticas.

En años más recientes el postmilenialismo ha sido defendido por David Brown, J. Berg y J. H. Snowden, quienes enseñan que, en los últimos días, se levantará una iglesia militante bajo la influencia especial del Espíritu Santo; el espíritu de los mártires aparecerá de nuevo en la iglesia, la verdadera religión será avivada en gran manera y revivida, y los miembros de las iglesias cristianas se harán tan conscientes de su fuerza en Cristo como nunca antes. Esto provocará la Edad de Oro de la iglesia, la cual será seguida por una breve apostasía, un terrible conflicto entre las fuerzas del bien y del mal, y por la ocurrencia simultánea de la venida de Cristo, la resurrección general y el juicio final.

2

PUNTOS DÉBILES DEL POSMILENIALISMO

El posmilenialismo, como corriente interpretativa sobre el milenio y los eventos futuros, es quizá la más débil de todas las posturas. Esto se debe a que:

  • Los posmilenialistas creen que este mundo va a ir mejorándose cada vez más (a pesar de que la historia les ha demostrado todo lo contrario) y que el mundo entero será “cristianizado” finalmente. Después de esto, Cristo volverá. Sin embargo, esta no es la perspectiva que presenta la Escritura del mundo de los últimos tiempos. Del libro de Apocalipsis, es fácil ver que el mundo será un lugar terrible en aquel tiempo futuro. También, en 2 Timoteo 3:1-7, Pablo describe los últimos tiempos como “tiempos peligrosos”.
  • Los que sostienen la posición posmilenialista, usan un método no literal para interpretar la profecía no cumplida, asignando sus propios significados a palabras. El problema con esto, es que cuando alguien empieza a asignar significados a palabras diferentes a su significado normal, una persona entonces puede decidir que una palabra, o frase, u oración, signifique lo que él mismo quisiera. Toda objetividad concerniente el significado de las palabras se pierde. Cuando las palabras pierden su significado, la comunicación se detiene. Sin embargo, Dios no ha querido que el lenguaje y la comunicación sean así. Dios se comunica con nosotros a través de Su Palabra escrita, con significados objetivos de palabras, para que las ideas y los pensamientos puedan ser comunicados.
  • Una interpretación normal y literal de la Escritura, rechaza el posmilenialismo y se aferra a una interpretación normal de toda la Escritura, incluyendo la profecía no cumplida. El método de interpretación bíblica usado en el posmilenialismo resulta ambiguo, tendencioso y contradictorio, ya que utiliza un método de interpretación para profecías no cumplidas y otro método muy diferente para las Escrituras no proféticas y para profecías cumplidas. Las Escrituras no proféticas y las profecías cumplidas son interpretadas literal o normalmente. Pero según el posmilenialista, la profecía no cumplida debe ser interpretada espiritualmente, o no literalmente. Esto simplemente no tiene sentido. Los que aceptan el posmilenialismo creen que una lectura “espiritual” de la profecía no cumplida es la lectura normal de estos textos. Esto se llama el uso de una hermenéutica doble. El posmilenialista supone que la mayor parte, o toda, la profecía no cumplida está escrita en lenguaje simbólico, figurativo, y espiritual. Por lo tanto, el posmilenialista asignará significados diferentes a aquellas partes de la Escritura en lugar de los significados normales y contextuales de esas palabras. Tal sistema de interpretación traiciona la intencionalidad del texto bíblico y de sus autores.
  • El método de interpretación posmilenialista (hermenéutica doble) genera más problemas de los que resuelve. El problema con una interpretación de este tipo es que da lugar a una amplia gama de significados. A menos que interpretemos la Escritura en el sentido normal, no habrá un solo significado. No obstante, Dios, el Autor final de toda la Escritura, tuvo un solo significado en mente cuando Él inspiró a los autores humanos a escribirla. Aunque puede haber muchas aplicaciones de vida en un pasaje de la Escritura, hay un solo significado, y ese significado es lo que Dios quiso que significara. Además, el hecho de que la profecía cumplida fue cumplida literalmente, es la mejor razón de todas para deducir que la profecía no cumplida también será cumplida literalmente. Todas las profecías concernientes a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo también deben ser esperadas para ser cumplidas literalmente. Por estas razones, una interpretación alegórica de la profecía no cumplida debe ser rechazada y una interpretación literal o normal de la profecía no cumplida debe ser adoptada. El posmilenialismo fracasa en el sentido de que utiliza hermenéutica inconsistente, es decir, interpretar la profecía incumplida de manera diferente a la profecía cumplida.
  • El posmilenialismo yerra al interpretar subjetivamente la profecía bíblica y sostener que el reino milenario será establecido por la iglesia, no por Cristo mismo.

1

ASPECTOS POSITIVOS DEL POSMILENIALISMO

A pesar de sus notorias deficiencias, el posmilenialismo mantiene varios aspectos positivos que merecen ser destacados (y de hecho, imitados) por otros cristianos:

  1. El postmilenialismo da una correcta atención al genuino tema bíblico “La dimensión presente del reino de Dios”.
  2. El postmilenialismo tiene un fuerte énfasis en el activismo de los creyentes. Si el reino está presente, luego necesita ser extendido por todo el mundo.
  3. El postmilenialismo es muy bíblico en promover un espíritu de optimismo y combatir una suerte de pesimismo del cual muchos cristianos son fáciles víctimas.
  4. El postmilenialismo reconoce que el reino de Dios se extiende más allá de la iglesia. El reino de Dios se extiende, o está trabajando, en el mundo secular no cristiano. Todo el mundo se halla bajo la esfera del poder del reino de Dios.

6

POSMILENIALISMO BÍBLICO Y POSMILENIALISMO LIBERAL

Tal como se mencionó al inicio, el posmilenialismo se divide en dos ramas o vertientes: el posmilenialismo bíblico (del cual se ha venido hablando a lo largo de este artículo) y el posmilenialismo liberal (el cual describiremos a continuación).

El posmilenialismo liberal es más bien una filosofía humanista materialista que infectó el posmilenialismo bíblico desde la época de la Ilustración. Alaba el logro humano y busca armonizar con el humanismo secular y las ideas científicas de moda. Como toda filosofía humanista, cree que la humanidad gradualmente irá mejorando y avanzará hacia la unidad y la introducción de una sociedad ideal, o utópica, a través del avance de la ciencia, la educación y el intelecto humanos. Dudar de lo milagroso o sobrenatural es la norma; por consiguiente, rechaza cualquier idea de un gobierno literal de Dios sobre la tierra.

El posmilenialismo liberal enseña que no habrá un regreso literal, corporal, personal, de Cristo a la tierra. Una opinión común sobre el regreso del Señor dentro del posmilenialismo liberal es el Ilamado “punto de vista espiritual” que identifica la venida de Cristo con el avance perpetuo de Cristo en la Iglesia y que incluye muchos eventos notables. También se dice que las promesas de la segunda venida se cumplen mediante su presencia espiritual con su pueblo, que se introdujo con la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés y fue complementada con la caída de Jerusalén. Y realmente cumplida mediante el avance espiritual continuo de la Iglesia y la sociedad.[7]

En otras palabras, para el posmilenialista la Segunda Venida no es un solo evento, sino que incluye todos los eventos de la era Cristiana, que son obra de Cristo. Este punto de vista es sostenido por muchos modernistas de nuestros días. Esta corriente considera que la segunda venida del Señor se cumplió en la destrucción de Jerusalén o el día de Pentecostés, o en la muerte de los santos, o en la conversión del individuo o en cualquier crisis de la historia o de la experiencia del individuo. Su controversia es en cuanto a que si habrá una segunda venida literal o no al final de los tiempos. Por demás está decir que ese punto de vista se basa en la incredulidad a la Palabra de Dios o en el método de espiritualizar la interpretación. Para el posmilenialista liberal el reino de Dios es primariamente una realidad presente. Es un reinado en el corazón de los hombres. Consideran que el reino de Dios no puede ser introducido por la fuerza de manera cataclísmica en algún punto del futuro. El milenio, por lo tanto, no es literal sino alegórico.

El posmilenialismo liberal es del tipo evolutivo. La autoridad definitiva de este tipo de posmilenialismo no es la palabra de Dios, sino la razón humana y su confianza en el hombre para lograr el progreso por medios naturales. Como ya se mencionó, ese tipo de doctrina es más bien un producto de la Ilustración que fue alimentado por la revolución científica, así como, por supuesto, el pensamiento evolutivo, materialista y humanista. Se inclina más por una evangelio social y ecuménico. Todas las religiones deberían unirse para traer un simbólico milenio de hermandad, prosperidad y paz social sobre las naciones.

Como creyentes en la Palabra de Dios no podemos sino rechazar el posmilenialismo liberal, ya que entendemos que las opiniones humanistas y evolucionistas son contrarias a todo lo que la Biblia dice en cuanto al hombre y al pecado. Además, el postmilenialismo niega todo genuino sobrenaturalismo, lo cual atenta contra la inspiración y autoridad de la Biblia. En el posmilenialismo el reino de Dios ha llegado a ser muy difuso, demasiado secularizado. Es, literalmente, otro Evangelio diferente.

9

CONCLUSIÓN

El postmilenialismo (particularmente el bíblico) espera una conversión de todas las naciones previa al retorno de Cristo. Esto motiva una predicación del evangelio efectiva (Mateo 24:14). Un principio del postmilenialismo es la esperanza de un largo período de paz que llenará la tierra en el cual, más y más personas, se convertirán a Cristo y comenzarán a practicar las enseñanzas del evangelio.

El posmilenialismo no es literalista en su concepción de la extensión del milenio; el milenio como tal es un largo período de tiempo, no necesariamente mil años de calendario. Un fundamento distintivo del postmilenialismo bíblico es el gradual crecimiento del reino (Mateo 13:31-33). En el posmilenialismo liberal la sociedad utópica solo será posible gracias al avance de la humanidad por cuenta propia.

De acuerdo con el posmilenialismo bíblico al final del milenio habrá un período de apostasía, el cual está conectado con la aparición del anticristo. El milenio será seguido por el retorno personal, visible y corporal del Señor Jesucristo. El posmilenialismo liberal niega una segunda venida literal del Señor o le atribuye un significado alegórico. En el posmilenialismo bíblico el retorno del Señor será seguido inmediatamente por la resurrección de justos e injustos, y por el juicio final.

Para cualquier crítico externo al posmilenialismo, dicha corriente interpretativa yerra en las siguientes áreas:

  • El optimismo acerca de la conversión del mundo parece ser irreal a la luz del desarrollo de la historia.
  • A la luz de la Escritura parece no haber base para la esperanza de una prosperidad espiritual sin par justo antes de la parusía.
  • La idea de un paso casi imperceptible desde la era presente a una gloriosa en el futuro la contradice la representación catastrófica que la Escritura presenta.
  • Las opiniones humanistas y evolucionistas son contrarias a todo lo que la Biblia dice en cuanto al hombre y al pecado.
  • El postmilenialismo ha tenido algunas dificultades en mantener un genuino El reino de Dios ha llegado a ser muy difuso, demasiado secularizado.
  • El trabajo exegético del postmilenialismo sobre Apocalipsis 20 es visto (principalmente por los premilenialistas) como muy artificial.

Muchas de las grandes denominaciones protestantes incorporaron el postmilenialismo en sus credos. Las Confesiones de Augsburgo y Westminster son básicamente postmilenialistas. Algunos grupos luteranos, presbiterianos, y reformados han tendido a seguir el postmilenialismo. La gran escuela de teología de Princeton del siglo XIX y comienzos del siglo XX, representada por Ch. Hodges y B. Warfield, representa firmemente el postmilenialismo. Sectas modernas como los adventistas del séptimo día también incorporan elementos del posmilenialismo en su teología.

7

REFERENCIAS:

[1] Seraiah, C. Jonathan. The End of All Things: A Defense of the Future. Moscow, ID: Canon Press, 1999.

[2] Gentry, Kenneth L., Jr. He Shall Have Dominion: A Postmillennial Eschatology, Second Edition. Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1997.

[3] Greg L. Bahnsen, Victoria en Jesús, 74.

[4] David Brown, La Segunda Venida de Cristo, 399, 401.

[5] Lorraine Boettner, El Milenio, 29.

[6] Mathison, Keith A., Postmillennialism: An Eschatology of Hope. Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed, 1999.

[7] Ice, Thomas, and Tim LaHaye, eds. The End Times Controversy: The Second Coming Under Attack. Eugene, OR: Harvest House Publishers, 2003.

8

ESCATOLOGÍA, Milenio, Teología

El Amilenialismo en perspectiva

Por Fernando E. Alvarado

 INTRODUCCIÓN

El amilenialismo es el nombre dado a la creencia de que no habrá un reino literal de Cristo de mil años. Las personas que sostienen esta creencia son llamadas amilenialistas. Como explicamos en un artículo anterior, el prefijo “a” en amilenialismo implica negación, significa “no”. Por lo tanto, la palabra “amilenialismo” significa que “no hay milenio”. Esto difiere de la idea más extensamente aceptada llamada el premilenialismo (la creencia de que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes de Su reino milenario, y que el reino milenario es un reino literal de mil años) y de la idea menos extensamente aceptada llamada el posmilenialismo (la creencia de que Cristo volverá después de que los cristianos [y no Cristo Mismo] hayan establecido el reino en esta tierra).

Sin embargo, es importante aclarar que sería injusto e incorrecto afirmar que los amilenialistas no creen que no haya milenio en absoluto. Mas bien no creen en un milenio literal (un reino literal de Cristo de mil años en la tierra). Por el contrario, los amilenialistas creen que Cristo está sentado ahora sobre el trono de David y que esta dispensación de la Iglesia es el reino sobre el cual Cristo reina. Tal postura, sin embargo, deja abiertas algunas interrogantes:

  • No hay duda alguna de que Cristo esté sentado sobre un trono (esta es una afirmación que todo protestante o evangélico acepta sin discusión alguna). Sin embargo, esto no significa que esto sea lo que la Biblia describe como el trono de David.
  • No hay duda alguna que Cristo reine ahora, porque Él es Dios. Sin embargo, esto no quiere decir que Él esté reinando sobre el reino milenario.

Para entender a cabalidad la doctrina amilenialista es necesario analizar su origen histórico y sus principales postulados a la luz de la Biblia.

DESTACADA

PRINCIPALES POSTULADOS DEL AMILENIALISMO[1]

Como ya se dijo anteriormente, el amilenialismo enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. Sin embargo, reducir el amilenialismo a la simple negación de la literalidad del Reino Milenial sería incorrecto. El amilenialismo es un sistema escatológico con postulados claros y un orden definido. El amilenialismo sostiene, entre otras cosas que:

(1) Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Romanos 2:26-29; 4:9-12; 11:17-24; Gálatas 3:14-16, 22, 23-29; Efesios 2:11-22).[2]
(2) La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mateo 13:24-30, 36-43; 13:47-50).[3]
(3) La Segunda Venida de Cristo será un único evento, juntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mateo 24:3-44; 2 Tesalonicenses 2:1-3). Se niega cualquier idea del “Rapto de la iglesia”. El arrebatamiento de la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo son, en el amilenialismo, un mismo y único evento.
(4) La enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

En cuanto al orden y naturaleza de los eventos futuros, el amilenialismo los ubica, cronológicamente, de la siguiente manera:

  • Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.
  • La Segunda Venida de Cristo.
  • Juntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.
  • Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.
  • Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo y la tierra nuevos por toda la eternidad.

A pesar de concordar en lo anterior, no existe unidad absoluta en el amilenialismo. En otros temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial.

AMILENIALISMO -GRÁFICA

 

ORIGEN DEL AMILENIALISMO

Sin duda alguna, el principal pensador y escritor más destacado del Amilenialismo, y de gran influencia en el pensamiento cristiano del siglo IV en adelante, fue el africano Agustín de Hipona.[4] Fue Agustín quien rompió con la traidición premilenialista que caracterizó a la Iglesia durante los primeros tres siglos de su existencia.

Siguiendo el esquema agustiniano, los primeros reformadores también se identificaron, generalmente, con el Amilenialismo. Se encuentran algunas referencias de Lutero y Calvino[5] hacia ese sentido. En la actualidad podría asegurarse que el Amilenarismo es la perspectiva teológica a la que suscribe la mayor cantidad de cristianos reformados en el mundo. Teólogos y exégetas de renombre como F.F. Bruce, William Hendriksen, León Morris y John Stott, se adhieren a esta posición.[6]

7

DENOMINACIONES QUE SUSTENTAN UNA TEOLOGÍA AMILENIALISTA

El amilenialismo se ha mantenido ampliamente en las Iglesias ortodoxas orientales, así como en la Iglesia católica romana, que generalmente abarca una escatología agustiniana y que ha considerado que el premilenialismo “no se puede enseñar con seguridad”.[7] El amilenialismo también es común entre las denominaciones protestantes históricas como los luteranos, reformados, anglicanos, metodistas e incluso muchos judíos mesiánicos.[8] Representa la posición histórica de los menonitas, los amish y otros grupos anabaptistas (aunque entre los grupos más modernos el premilenialismo ha incursionado). Es común entre los grupos que surgen del movimiento de restauración estadounidense del siglo XIX, como las Iglesias de Cristo, los Discípulos de Cristo, etc.[9] También tiene seguidores entre algunas denominaciones bautistas, principalmente en Europa.

3

PUNTOS FUERTES DEL AMILENIALISMO

La escatología amilenial haya sustento y firmeza en tres aspectos claves:

  • Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (Compárese Amós 9:11-12 con Hechos 15:14-18; compárese también Isaías 65:17; 66:22 con Apocalipsis 21:1).
  • La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con el esquema amilenial (Mateo 12:32, Marcos 10:29-30, Lucas 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? De acuerdo con la Biblia, es en la Segunda Venida de Cristo (Mateo 13:24-30, 37-43; Tito 2:11-13).
  • La división de la historia de la humanidad en las tres etapas enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con este esquema amilenial. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 Pedro 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

9

PUNTOS DÉBILES DEL AMILENIALISMO

Ahora bien, el amilenialismo presenta también ciertos vacíos o carencias. Por ejemplo:

  1. Para que Dios cumpla Sus promesas a Israel y Su pacto con David (2 Samuel 7:8-16; 23:5; Salmo 89:3-4), tiene que haber un reino literal y físico sobre la tierra. Dudar de esto es cuestionar el deseo de Dios y/o Su habilidad de cumplir Sus promesas, y esto abre la puerta a una gran multitud de otros problemas teológicos. Por ejemplo, si Dios no cumpliera Sus promesas a Israel después de proclamar que esas promesas son “eternas”, ¿cómo podríamos nosotros estar seguros de cualquier cosa que Él nos prometiera, incluyendo las promesas de la salvación para creyentes en el Señor Jesús? La única solución es tomar por seguro que Su Palabra sea cierta y entender que Sus promesas se cumplirán literalmente.
  2. Las indicaciones bíblicas de que el reino será un reino literal y terrenal son claras. La Biblia nos dice de forma específica muchos detalles acerca del mismo ¿Qué sentido tendría si dicho reinado no fuese literal? Por Ejemplo, la Biblia nos dice que: 1) Los pies de Cristo tocarán literalmente el Monte de los Olivos antes del establecimiento de Su reino (Zacarías 14:4,9); 2) Durante el reino, el Mesías ejecutará justicia y juicio sobre la tierra (Jeremías 23:5-8); 3) El reino es descrito como estando bajo el cielo (Daniel 7:13-14, 27); 4) Los profetas predijeron cambios dramáticos en la tierra durante el reino (Hechos 3:21; Isaías 35:1-2; 11:6-9; 29:18; 65:20-22; Ezequiel 47:1-12; Amos 9:11-15); y 5) El orden cronológico de los eventos de Apocalipsis indica la existencia de un reino terrenal antes de la conclusión de la historia del mundo (Apocalipsis 20).
  3. El método de interpretación bíblica usado en el amilenialismo resulta ambiguo, tendencioso y contradictorio. ¿A qué me refiero con esto? A que el punto de vista amilenialista utiliza un método de interpretación para profecías no cumplidas y otro método muy diferente para las Escrituras no proféticas y para profecías cumplidas. Las Escrituras no proféticas y las profecías cumplidas son interpretadas literal o normalmente. Pero según el amilenialista, la profecía no cumplida debe ser interpretada espiritualmente, o no literalmente. Esto simplemente no tiene sentido. Los que aceptan el amilenialismo creen que una lectura “espiritual” de la profecía no cumplida es la lectura normal de estos textos. Esto se llama el uso de una hermenéutica doble. El amilenialista supone que la mayor parte, o toda, la profecía no cumplida está escrita en lenguaje simbólico, figurativo, y espiritual. Por lo tanto, el amilenialista asignará significados diferentes a aquellas partes de la Escritura en lugar de los significados normales y contextuales de esas palabras. Tal sistema de interpretación traiciona la intencionalidad del texto bíblico y de sus autores.
  4. El método de interpretación amilenialista (hermenéutica doble) genera más problemas de los que resuelve. El problema con una interpretación de este tipo es que da lugar a una amplia gama de significados. A menos que interpretemos la Escritura en el sentido normal, no habrá un solo significado. No obstante, Dios, el Autor final de toda la Escritura, tuvo un solo significado en mente cuando Él inspiró a los autores humanos a escribirla. Aunque puede haber muchas aplicaciones de vida en un pasaje de la Escritura, hay un solo significado, y ese significado es lo que Dios quiso que significara. Además, el hecho de que la profecía cumplida fue cumplida literalmente, es la mejor razón de todas para deducir que la profecía no cumplida también será cumplida literalmente. Todas las profecías concernientes a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo también deben ser esperadas para ser cumplidas literalmente. Por estas razones, una interpretación alegórica de la profecía no cumplida debe ser rechazada y una interpretación literal o normal de la profecía no cumplida debe ser adoptada. El amilenialismo fracasa en el sentido de que utiliza hermenéutica inconsistente, es decir, interpretar la profecía incumplida de manera diferente a la profecía cumplida.

5

OBJECIONES AL TÉRMINO “AMILENIALISTA”

Los amilenialistas a menudo objetan el término Amilenarismo para referirse a su sistema teológico por considerarlo insatisfactorio como descriptivo de su posición. Ese término parece sugerir que los adherentes al sistema no creen en absoluto en alguna forma de Milenio, como si ignoraran prácticamente los primeros versículos de Apocalipsis 20. Se ha propuesto reemplazarlo por expresiones tales como “Milenarismo Realizado ” u otros parecidos. De todos modos, el cambio no es tan importante y, de hecho, históricamente a esta escuela se la ha conocido como Amilenialismo o Amilenarismo.

6

CONCLUSIONES

El amilenialismo ha sobrevivido como teología a lo largo de los siglos, de hecho, ha resurgido en algunas iglesias influenciadas por el calvinismo moderno. Podemos resumir sus principales postulados de la siguiente manera:

  • La primera venida de Cristo representa para el Amilenarismo una “escatología inaugurada”. Cristo ha ganado una victoria decisiva sobre el pecado, la muerte y Satanás. Para los amilenaristas el día más importante de la historia ha ocurrido en la cruz del Calvario. Existe un único pueblo de Dios, compuesto por judíos y gentiles. En esto, hay total coincidencia con el Premilenarismo histórico.
  • El amilenialismo también sostiene que el reino de Dios es tanto presente como futuro. Los amilenialistas no creen que el reino de Dios sea primariamente un reino judaico que incluya la restauración literal del trono de David. Ellos creen que el Reino ha sido iniciado por Cristo y está operando en la historia ahora, siendo destinado a revelarse en plenitud en el futuro. Por eso, el Reino es tanto presente como futuro. Presentan textos tales como: Mateo 12.28; Lucas 17.20-21; Mateo 7.21-23; 8.11; 12; Romanos 14.17; 1 Corintios 4.19-20; Colosenses 1.13-14; 1 Corintios 6.9; Gálatas 5.21; Efesios 5.5 y 2 Timoteo 4.18.
  • Para el amilenialista, aunque el último día es todavía del futuro, desde el hecho de Cristo en la cruz ya vivimos en los últimos tiempos. Apelan a los siguientes pasajes: Hechos 2.16-17; 1 Juan 2.18; Juan 6.39-40; 6.44,54; 11.24; 12.48; Romanos 8.23; 2 Corintios 5.17; 1 Corintios 6.19 y Colosenses 3.9-10. El retomo de Cristo (en la interpretación amilenial) será precedido por ciertos signos: predicación del evangelio a todas las naciones, conversión de la plenitud de Israel, gran apostasía, la Gran Tribulación y la aparición del Anticristo. Estos signos tendrán un clímax justamente antes de que el Señor retorne. Esto será, según el Amilenialismo, un solo evento. No existe en su esquema teológico un lugar para dos futuras venidas ni dos etapas de la Segunda Venida.
  • De acuerdo con el amilenialismo, después de la resurrección, cuando ocurrirá a la venida del Señor, los creyentes que estén vivos serán inmediatamente transformados y glorificados. Aquí se concretará el arrebatamiento de que habla 1 Tesalonicenses 4.13. Luego del juicio final que tendrá lugar el Estado Final. Los pasajes bíblicos citados son: Apocalipsis 21, 22; Romanos 8.19-22; Isaías 65.17; 66.22 y 2 Pedro 3.13). Es allí, en los cielos y tierra nuevos, donde los amilenialistas ven el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento que los dispensacionalistas toman como referencias al milenio terrenal. Los amilenialistas, por lo tanto, no sienten necesidad de poner un milenio terrenal para proveer el cumplimento a profecías de esta clase.

4

REFERENCIAS:

[1] ¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una Respuesta, Pág.154, Casa Bautista de Publicaciones, 1991.

[2] Provan, Charles D. The Church is Israel Now: Old and New Testament Scripture Texts Which Illustrate the Conditional Privileged Position and Titles of “Racial Israel” and Their Transfer to the Christian Church, Arranged with Commentary. Vallecito, Calif.: Ross House Books, 1987.

[3] Cox, William E. (1966). Amillennialism Today. Presbyterian & Reformed Publishing Company.

[4] Philip Schaff, History of the Christian Church, Vol. 2 (Peabody, MA: Hendrickson, n.d.) 381.

[5] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, XXV.V

[6] David Bruce, Approaches to biblical prophecy.

[7] Catholic Answers on “The Rapture”. Consultado el 6/11/2018. Disponible en catholic.com/tract/the-rapture

[8] Jon Kennedy. The Everything Jesus Book: His Life, His Teachings, Adams Media, 2004.

[9] Ron Rhodes, The Complete Guide to Christian Denominations, Harvest House Publishers, 2005,

1

ESCATOLOGÍA, Milenio, Pentecostalismo, Teología

El Milenio en la teología protestante

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con la teología evangélica la historia se apresura hacia la segunda venida del Señor Jesucristo a la tierra y su futuro reino milenial. En ese momento los propósitos de Dios, para los cuales el Hijo de Dios vino al mundo, se realizarán. La Redención se habrá completado y la soberanía divina habrá sido manifestada sobre la tierra.

Una gran porción de la profecía se relaciona con esta venida y con los eventos asociados con ella, entre ellos el Milenio. Los intérpretes bíblicos, sin embargo, están divididos en diferentes escuelas sobre la cuestión de la segunda venida de Cristo y la doctrina del milenio. Aunque la Segunda Venida de Cristo siempre ha ocupado un lugar de importancia en la teología cristiana, la cuestión milenaria se había considerado en otros tiempos como algo de poca importancia en la esfera de interpretación y estudios bíblicos, pero esto ha cambiado. La doctrina del milenio ha llegado a ser una de las mayores doctrinas, debido a su efecto determinante en toda la esfera de la teología. Estos aspectos son abordados por una rama de la teología denominada Escatología.

1

¿QUÉ ES LA ESCATOLOGÍA?

La escatología es una rama de la teología cristiana conformada por las creencias escatológicas o de las “últimas cosas” del cristianismo. La palabra Escatología proviene de dos palabras griegas que significan “último” (ἔσχατος) y “estudio” (-λογία), se trata del estudio de las ‘cosas finales’, bien el fin de la vida individual, o del fin de los tiempos, o del fin del mundo, así como la naturaleza del Reino de Dios. A grandes rasgos, se refiere al estudio del destino de la humanidad tal como se describe en la Biblia, la fuente primaria para cualquier estudio escatológico cristiano. Los asuntos y eventos más importantes de la escatología cristiana son la muerte y la vida después de la muerte, el Cielo y el Infierno, el segundo advenimiento de Jesús (o Parusía), la Resurrección de los Muertos, el Arrebatamiento, la Gran Tribulación, el Milenio, el fin del mundo, el Juicio Final, así como el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva del mundo que vendrá. Los pasajes escatológicos se encuentran en muchos lugares de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Hay también muchos ejemplos extrabíblicos de profecías escatológicas, así como tradiciones eclesiales.

La escatología es quizá una de las ramas de estudio más antiguas de la teología cristiana, ya considerada en textos bíblicos como la Parábola del juicio final, y otros discursos de Jesús sobre los tiempos finales, la doctrina de la Parusía discutida por Pablo (Romanos 2:5-16, Romanos 14:10, 1 Corintios 4.5, 2 Corintios 5:10, 2 Timoteo 4:1, 2 Tesalonicenses 1:5) e Ignacio de Antioquía (35–107 d.C.), y tratado con más consideración por el apologista cristiano, Justino Mártir (100–165). El estudio de la escatología continuó en occidente con Tertuliano (160–225) y tuvo reflexiones más completas por parte de Orígenes (185–254).[1] El término fue usado inicialmente por el teólogo luterano Abraham Calovius (1612–86), pero sólo se usó de manera más amplia durante el siglo XIX.[2]

4

LA DOCTRINA DEL MILENARISMO

La doctrina acerca del Milenio se conoce como Milenarismo. En términos generales, el concepto cristiano del Milenio alude a un período de mil años y se refiere a la doctrina de la era del retorno o segunda venida que aún está por iniciarse. El milenarismo pues, sostiene la creencia de que Cristo regresara a reinar por mil años.[3] Hoy en día, la mayoría de los cristianos creen que el Señor regresará antes de los mil años y por lo tanto esos años se caracterizarán por su presencia personal y por el ejercicio de la autoridad que le corresponde, lo cual confirma y sostiene el cumplimiento de todas las bendiciones sobre la tierra que están predichas para ese período.

En la interpretación mayoritaria los mil años transcurrirán entre la primera y la segunda resurrección de la humanidad. En esos mil años todos los pactos terrenales con Israel se cumplirán, toda la expectativa del Antiguo Testamento se aplicará, se manifestará el reino y la gloria de Israel y el Mesías prometido se sentará sobre el trono de David en Jerusalén. Sin embargo, no todos los cristianos están de acuerdo. En esta, como en muchas otras doctrinas, la diversidad de opiniones e interpretaciones se hace presente en el cristianismo. A pesar de que la fuente de estudio es una sola, existen al menos cuatro corrientes escatológicas en relación con la doctrina del milenio: el alegorismo (punto de vista no literal espiritualizado), postmilenialismo, amilenialismo y premilenialismo.

6 post

PUNTOS DE VISTA SOBRE EL MILENIO

Históricamente ha habido tres puntos de vista, o escuelas de pensamiento escatológico, con respecto al Milenio:

 

(1) POSTMILENARISMO: Este punto de vista es popular entre los teólogos del pacto del período posterior de la Reforma (calvinistas). Sostiene que mediante la predicación del Evangelio el mundo entero será cristianizado y sometido al Evangelio, antes del regreso de Cristo. El nombre de esta corriente se deriva del hecho de que, según esta teoría, Cristo regresa después, del milenio (por tanto, post-milenio). Debiera añadirse que los principios posmilenaristas enseñan que la Segunda Venida será seguida inmediatamente por la resurrección y el juicio general, así como la iniciación plena del cielo y el infierno. En realidad, el posmilenarismo evangélico se diferencia principalmente del amilenarismo, en su creencia sobre el triunfo final del bien sobre el mal antes del retorno de Cristo. Algunos posmilenaristas creen que toda la era de la Iglesia es el Milenio. Otros piensan que la cristianización de la sociedad llegará gradualmente y que será plenamente realizada en un futuro remoto, pero antes del regreso de Cristo. Para los posmilenaristas la venida de Cristo cierra esta era y es seguida por el estado eterno. Como ya vimos anteriormente los amilenaristas también creen esto.
Hubo algunas variaciones a mediados del siglo XVII como resultado de una reacción en contra del humanismo y la teología liberal pero no fue hasta después de las dos guerras mundiales que el posmilenarismo comenzó a perder su importancia e influencia. Este movimiento prácticamente sucumbió con el colapso de los sueños utópicos después de las guerras mundiales. Hoy en día, esta posición es minoritaria entre los evangélicos. Otro factor en su deterioro fue el hecho de que al posmilenarismo se le hizo casi imposible resistir el asalto de la teología liberal. No obstante, los cristianos que aún sostienen este punto de vista se adhieren a la doctrina de la segunda venida literal y creen en un milenio literal, pues siguen generalmente la enseñanza del Antiguo Testamento sobre la naturaleza de ese reino. Su controversia es sobre cuestiones como quién instituye el milenio, la relación de Cristo con el milenio, y el tiempo de la venida de Cristo en relación con ese milenio.
Hay un grupo de variantes modernas del postmilenarismo, que reciben nombres como “el reino ahora” y “teología del dominio”. Enseñan que esta era presente es el reino de Dios, y que los cristianos deben usar el poder de Dios para llevarlo hasta su realización plena a base de convertirse en una Iglesia madura, algo que “habría podido suceder hace miles de años, si la Iglesia de aquellos días hubiese alcanzado la madurez necesaria”. Creen que Cristo regresará a un mundo donde la Iglesia se ha hecho con el dominio “sobre todo aspecto dentro del marco social”. La Iglesia debe recuperar su control sobre todos los reinos de este mundo. Algunos dicen que la Iglesia debe derrocar todo dominio que se oponga a Dios. Aun la muerte deberá estar “totalmente vencida antes del regreso de Jesús.” Olvidan que el trigo y la cizaña existirán juntos a lo largo de toda esta era, hasta que Dios envíe a sus ángeles para que recojan la cosecha (Mateo 13:36–43). Muchos no creen en la doctrina del Arrebatamiento y, en lugar de esto, buscan la victoria y el dominio mientras establecen el reino de Dios en la tierra. La mayor parte son preteristas y creen que la gran tribulación tuvo lugar en el primer siglo. También creen que “el Israel étnico fue excomulgado por su apostasía” y “Cristo transfirió las bendiciones del reino de Israel a un nuevo pueblo: la Iglesia”. Ignoran los numerosos pasajes de las Escrituras que indican que Dios tiene aún un propósito que cumplir con la nación de Israel en su plan.[4]
El posmilenialismo se divide en dos corrientes principales: Posmilenialismo bíblico (tradicional) y posmilenialismo liberal.
7
(2) AMILENARISMO: El prefijo “a” significa “no” o “sin”. El amilenarismo es el punto de vista que no cree en un futuro reino literal de Cristo en la tierra por mil años, en cumplimiento de las promesas de Dios contenidas en el Antiguo Testamento. Para los defensores de este punto de vista escatológico, todas las profecías con respecto al reino están cumpliéndose espiritualmente ahora en la Iglesia, en el período intermedio entre los dos advenimientos. Su carácter más general es el de negar el reino literal de Cristo sobre la tierra. Es similar al post-milenarismo, que enseña que Cristo viene después de lo que ellos consideran el milenio.
Algunos toman un punto de vista idealista y dicen que no habrá un milenio literal en absoluto. Otros consideran que los mil años transcurren en el cielo durante la Era de la Iglesia.[5] La mayoría toman el número mil como un número ideal que representa un período indefinido. Esperan que la Era de la Iglesia termine con una resurrección y un juicio generales, tanto para los justos como para los malvados al mismo tiempo, seguido de inmediato por el reino eterno de los nuevos cielos y la nueva tierra. Con respecto al Apocalipsis en su totalidad, muchos son preteristas. Puesto que en su sistema no tienen lugar para una restauración literal de Israel, o para el reinado de Cristo en la tierra, toman las profecías del Antiguo Testamento que se refieren a Israel, las espiritualizan y se las aplican a la Iglesia. No obstante, es muy claro, por ejemplo, en Ezequiel 36, que Dios restaurará a Israel por causa de su santo nombre, a pesar de lo que ellos hayan hecho.[6]
El Amilenarismo no sólo es una designación inaplicable debido a su implicación negativa, sino que la distinción que hace es falsa. Ningún amilenarista niega que la Biblia enseña un Milenio. Pero la palabra amilenarismo significa que no hay Milenio. El problema no es si se enseña el Milenio en Apocalipsis 20. Todos los amilenaristas lo creen.

2

(3) PREMILENARISMO: Es el que sostiene que Cristo volverá a la tierra, literal y corporalmente: El prefijo “pre” antes de la palabra milenarismo significa “antes”. Por lo tanto, el Premilenarismo sostiene la creencia de que Cristo retornará antes de que se establezca el milenio y de hecho lo implantará cuando regrese a la tierra. Generalmente el sistema puede caracterizarse de la siguiente forma: los premilenaristas creen que poseen la fe histórica de la Iglesia al sostener una interpretación literal de las Escrituras, piensan que las promesas hechas a David y Abraham son incondicionales, que tuvieron o tendrán un cumplimiento literal. Las promesas hechas a Israel no han sido cumplidas o abrogadas de forma alguna por la iglesia, la cual es un cuerpo particular en esta era que tiene un destino y una promesa diferentes a la de Israel. Los premilenaristas dicen que Cristo, al final de esta era, Cristo retornará para establecer su reino en la tierra por mil años, durante los cuales se cumplirán las promesas hechas al pueblo de Israel. Los estudiantes de la historia de la iglesia primitiva generalmente concuerdan en que el premilenarismo era el punto de vista sostenido por muchos en la era post-apostólica. Que esta es la más antigua de las tres posiciones milenaristas es algo prácticamente indudable. El premilenialismo se divide en dos corrientes: Histórico y dispensacional.
Los premilenaristas toman las profecías del Antiguo Testamento, así como las de Jesús y del Nuevo Testamento, tan literalmente como lo permite su contexto. Reconocen que la forma más sencilla de interpretar estas profecías es situar el regreso de Cristo, la resurrección de los creyentes y el trono del juicio de Cristo, antes del milenio, después del cual Satanás será puesto en libertad temporalmente, para seguir a continuación con su derrota definitiva. Entonces vendrá el juicio del gran trono blanco para el resto de los muertos y, por último, el reino eterno de los nuevos cielos y la nueva tierra. Con respecto al Apocalipsis en su conjunto, los premilenaristas son futuristas. No ven que el mundo vaya a mejorar durante esta era, y sienten lo importante que es exhortar al mundo para que huya de la ira que será derramada, al aceptar a Cristo como Salvador y Señor. Con todo, no son pesimistas. Buscan con gozosa expectación la bienaventurada esperanza; el regreso de nuestro Señor.[7]

8

LOS PENTECOSTALES Y EL MILENIO

La teología pentecostal en relación con los eventos futuros y el milenio se enmarca dentro del Premilenialismo (en su mayoría, aunque no exclusivamente, dispensacional). Los pentecostales creemos en un Reinado literal de mil años de Cristo sobre la Tierra.[8] Los pentecostales creemos que:

(1) AL INICIO DEL MILENIO, SATANÁS SERÁ ATADO: En Apocalipsis 20:1–3 y los versículos 7–10 se habla del juicio de Satanás. Este estará prisionero en el abismo durante mil años. El abismo será cerrado y sellado sobre él, de manera que no tendrá posibilidad de realizar actividad alguna en la tierra durante ese período.
(2) LA IGLESIA REINARÁ CON CRISTO DURANTE EL MILENIO: En Apocalipsis 20:4–6 la Biblia habla de los que son sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años. Este reino traerá consigo el cumplimiento de muchas profecías. En el milenio, Israel y la Iglesia son en realidad un único pueblo de Dios. Uno por la fe en Cristo y la participación común en el Espíritu y, sin embargo, distintos, en cuanto a que Dios restaurará a Israel como nación a su tierra bajo un nuevo pacto.[9] Apocalipsis 20:4 se refiere a dos grupos de personas. El primero se sienta en el trono a juzgar (es decir, a “gobernar”). El mensaje a todas las iglesias (Apocalipsis 3:21–22) indica que éstos son todos los creyentes de la Era de la Iglesia que han permanecido fieles, convirtiéndose en vencedores; esto es, ganadores, triunfadores (Apocalipsis 2:26–27; 3:21; 1 Juan 5:4). Entre ellos, tal como lo prometió Jesús, están los doce apóstoles para juzgar (regir) a las doce tribus de Israel (Lucas 22:30), puesto que Israel, restaurado, purificado, lleno del Espíritu Santo de Dios, sin duda alguna ocupará toda la tierra prometida a Abraham (Génesis 15:18). Además de los vencedores procedentes de la Era de la Iglesia, Juan vio “almas”; esto es, personas vivas que habrán pasado por el martirio durante la tribulación (Apocalipsis 6:9–11; 12:15). Estos dos grupos son reunidos para reinar con Cristo durante los mil años.
(3) EL MILENIO SERÁ UN TIEMPO DE PAZ: Este período será un tiempo de paz y bendición, en el que prevalecerá la justicia (Isaías 2:2–4; Miqueas 4:3–5; Zacarías 9:10). El Espíritu Santo realizará una obra de restauración. Hasta el mundo natural reflejará el orden, la perfección y la belleza que Dios quería que tuviese su creación.[10] El mundo animal será transformado (Isaías 11:6–8; 35:25; Ezequiel 34:25). Sin embargo, aún habrá causa para el castigo y la muerte (Isaías 65:17–25). Esto significa que aún les será necesario tomar la decisión de seguir a Cristo en fe y obediencia a aquellos hijos que les nazcan durante el reinado milenial de Cristo en la tierra a los no creyentes que sobrevivieron a la tribulación.
(4) LA SEGUNDA RESURRECCIÓN TENDRÁ LUGAR DESPUÉS DEL MILENIO: En Apocalipsis 20:5 se hace una simple afirmación acerca de “los otros muertos”. Entre éstos se incluyen todos los que no estén en los dos grupos mencionados en el versículo 4. Es decir, este grupo incluye a todos los que han muerto en sus pecados, alejados de la gracia salvadora de Dios. Ellos no resucitarán hasta después del reinado milenial de Cristo.
(5) SATANÁS SERÁ SUELTO AL FINAL DEL MILENIO: Después de los mil años, se soltará a Satanás, probablemente para causar una reivindicación final a la justicia de Dios. Es decir, aunque la gente habrá disfrutado del maravilloso dominio de Cristo, es evidente que seguirá a Satanás en cuanto tenga oportunidad. Los que no son salvos se rebelan. En justicia, Dios no puede hacer otra cosa más que separarlos para siempre de sus bendiciones. Satanás, el gran engañador, también se engaña a sí mismo y cree que aún puede derrotar a Dios, pero su intento final fracasará. Nunca más habrá una rebelión contra Dios y contra su amor. El juicio final tendrá lugar después del Milenio.

When time is passing . Mixed media

CONCLUSIÓN

El Reino Milenial es el título dado a los 1000 años del reinado de Jesucristo en la tierra. Algunos buscan interpretar los 1000 años de manera alegórica. Otros entienden que los 1000 años son solo una manera figurativa de decir “un largo período de tiempo”. El resultado es que algunos no esperan que sea literalmente un reinado físico de Jesucristo sobre la tierra. Sin embargo, en Apocalipsis 20:2-7, seis veces se menciona específicamente que el Reino Milenial tendrá una duración de 1000 años. Si Dios hubiera querido decirnos “un largo período de tiempo”, Él lo hubiera hecho fácilmente, sin mencionar explícita y repetidamente un marco exacto del tiempo.

La Biblia nos dice que cuando Cristo regrese a la tierra, Él mismo se establecerá como Rey en Jerusalén, sentándose en el trono de David (Lucas 1:32-33). Los pactos incondicionales demandan un retorno físico y literal de Cristo para establecer Su reino. El pacto Abrahámico prometió una tierra para Israel, una posteridad, un gobernante, y una bendición espiritual (Génesis 12:1-3) El pacto Palestino prometió a Israel una restauración de la tierra y su ocupación (Deuteronomio 30:1-10). El pacto Davídico prometió a Israel el medio por el cual perdonaría a la nación y podría ser bendecida (Jeremías 31:31-34).

En la Segunda Venida, estos pactos serán cumplidos mientras se reúne a Israel de entre las naciones (Mateo 24:31), se convierte (Zacarías 12:10-14), y se restaura a su tierra bajo el gobierno del Mesías, Jesucristo. La Biblia habla sobre las condiciones durante el Milenio, como un ambiente perfecto tanto físico como espiritual. Será un tiempo de paz (Miqueas 5:2-4; Isaías 32:17-18); gozo (Isaías 61:7,10); confort (Isaías 40:1-2); sin pobreza (Amos 9:13-15), ni enfermedad (Joel 2:28-29). La Biblia también nos dice que solo los creyentes entrarán en el Reino Milenial. Por esto, habrá un tiempo de completa justicia (Mateo 25:37; Salmo 24:3-4); obediencia (Jeremías 31:33); santidad (Isaías 35:8); verdad (Isaías 65:16); y llenura del Espíritu Santo (Joel 2:28-29). Cristo regirá como Rey (Isaías 9:3-7; 11:1-10), con David como gobernante (Jeremías 33:15,17,21; Amos 9:11). Nobles príncipes también gobernarán (Isaías 32:1; Mateo 19:28). Jerusalén será el centro “político” del mundo (Zacarías 8:3).

Apocalipsis 20:2-7 simplemente da el período de tiempo preciso del Reino Milenial. Aún sin estas Escrituras, hay muchísimas otras que apuntan hacia un reinado literal del Mesías en la tierra. El cumplimiento de muchas de las promesas y pactos de Dios descansan sobre un reino futuro literal y físico. No existen bases sólidas para negar una interpretación literal del Reino Milenial y sus 1000 años de duración.

10

REFERENCIAS:

[1] Alexander Roberts & James Donaldson, eds. Ante-Nicene Fathers. (16 vol.) Peabody, Massachusetts: Hendrickson, 1994. Los escritos de Ignacio y Justino Mártir pueden verse en el Vol. 1; Tertuliano, en Volumes 3–4; y Orígenes en Volume 4.

[2] Erwin Fahlbusch, Dietrich, “Eschatology,” The Encyclopedia of Christianity (Grand Rapids, MI; Leiden, Netherlands: Wm. B. Eerdmans; Brill, 1999–2003), 122.

[3] Enciclopedia Británica. Décimo cuarta edición. Vol. II.

[4] Pauline G. MacPherson, Can the Elect Be Deceived? Denver: (Bold Truth Press, 1986), p. 46. Véase también David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Fort Worth: Dominion Press, 1985), p. 53; Earl Paulk, The Great Escape Theory (Decatur, Ga.: Chapel Hill Harvester Church, s. f). David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Tyler, Tex.; Reconstruction Press, 1985), p. 224. Gary DeMar y Peter Leithart, The Reduction of Christianity (Fort Worth: Dominion Press, 1988), p. 213. En cuanto a los propósitos de Dios con Israel, véanse Deuteronomio 4:27–31; Isaías 2:2–3; 14:1–3; Jeremías 23:5–6, 32:37–42; Ezequiel 36:22–32; 39:25–29; Amós 9:11–15; Sofonías 3:14–15; Zacarías 8:7–8, 13–15; Romanos 11:15, 25–27.

[5] Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1979), p. 235.

[6] Williams, Systematic Theology, vol. 3, pp. 224, 233.

[7] Wayne House y Thomas Ice, Dominion Theology: Blessing or Curse? (Portland, Oreg.: Multnomah Press, 1988), p. 390.

[8] La repetición de los mil años en seis ocasiones les da importancia y sugiere que esto es algo a tomar literalmente. Salmos 2:8; 24:7–8; Isaías 9:7; 11:6–10; 35:1–2; 61:3; Jeremías 23:5–6; Ezequiel 40–48; Daniel 2:44; Oseas 1:10; 3:5; Amós 9:11–15; Miqueas 4:1–8; Zacarías 8:1–9; Mateo 19:28; Hechos 15:16–18; Apocalipsis 2:25–28; 11:15.

[9] Bruce Ware, The New Covenant and the People(s) of God”, pp. 68–97.

[10] Salmos 96:11–13; 98:7–9; Isaías 14:7–8; 35:1–2, 6–7; 51:3; 55:12–13; Romanos 8:18–23.

3

5 SOLAS, Continuismo, Dones Espirituales, Hablar en Lenguas, Neumatología, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante, Teología

Solus Spiritus, la Sexta Sola olvidada

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión latina ‘Solus Spiritus’ significa ‘Solo el Espíritu’ y constituye la ‘sola’ olvidada de la Reforma Protestante. Los pentecostales, al igual que el resto de las iglesias nacidas de la Reforma o derivadas de ésta, reconocemos que las enseñanzas del protestantismo pueden resumirse en las famosas cinco solas: Sola scriptura, Sola fide, Sola gratia, Solus Christus y Soli Deo gloria.

Aunque los pentecostales estamos orgullosos de ser protestantes y nos gozamos en nuestro legado evangélico; no obstante, como herederos de un legado espiritual igualmente valioso, estamos cada vez más convencidos de que sería teológicamente correcto y necesario añadir una nueva sola a la lista: Solus Spiritus.

¿Por qué pensamos de esta manera? ¿Por qué añadir una más a la lista de las 5 Solas? Los pentecostales, en plena concordancia con la biblia, entendemos y proclamamos que el conocimiento de Dios por parte del creyente no puede nunca ser completo si no conoce a la tercera persona de la Deidad. En opinión de muchos teólogos, el ministerio activo del Espíritu Santo marca la edad de la Iglesia como la “Edad del Espíritu”, en contraste con la era de los Evangelios que es descripta como la “Era del Hijo”, y el Antiguo Testamento que es llamado “La era del Padre”. Todos aquellos que están genuinamente en la Iglesia del Señor Jesucristo, son producto de la obra creativa del Espíritu Santo por medio de Sus múltiples ministerios.[1]

ES1

¿QUÉ DIFERENCIA AL CRISTIANISMO DE CUALQUIER OTRA RELIGIÓN?

Ante la pregunta: ¿En qué se diferencia el cristianismo de cualquier otra fe o sistema de creencias? El creyente pentecostal responderá sin dudarlo: ¡Es el Espíritu Santo! El Espíritu Santo morando en el creyente le asegura la verdad de que el cristianismo no es una mera religión filosófica o moralista. La doctrina cristiana llega a ser una fe vivificada con ímpetu dinámico y validez convincente gracias al Espíritu Santo. En la medida que el creyente ha apropiado el Espíritu Santo, en esa medida ha participado del poder del Evangelio de Cristo Jesús.

Para el creyente, el Espíritu Santo es la llave a toda dádiva y aproximación espiritual. A través de su ministerio le son transmitidos al creyente los frutos de la victoria de la obra consumada por Cristo en el Calvario. El estudio del Espíritu Santo permite al creyente: (1) Apreciar más adecuadamente la naturaleza y la persona de Dios; (2) comprender mejor la naturaleza de la Iglesia como cuerpo orgánico vivificado por el poder del Espíritu Santo y (3) comprender el plan de Dios para el creyente y Su provisión divina para una vida Cristiana victoriosa.

Al estudiar acerca del Espíritu Santo el creyente no está estudiando acerca de un ser extraño; él está estudiando a Dios. La naturaleza y el ministerio del Espíritu Santo son exactamente los de Dios el Padre y Dios el Hijo. El Nuevo Testamento hace mención del Espíritu Santo constantemente: 56 veces en los evangelios; 57 veces en el libro de los Hechos; 112 veces en las cartas de Pablo; 36 veces en el resto del Nuevo Testamento. ¿Osaría alguien cuestionar la importancia del Espíritu Santo en la Biblia y en el cristianismo en general?

ES3

¿DE QUIÉN ESTAMOS HABLANDO?

La Biblia afirma categóricamente que el Espíritu Santo es Dios. No es una mera suposición teológica, pues en la Palabra de Dios encontramos la afirmación de Su divinidad. La Biblia enseña claramente que el Espíritu Santo posee los atributos divinos: omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, eternidad. Incluso le llama “Dios” en Hechos 5:3-4. En este versículo, Pedro confronta a Ananías por haber mentido al Espíritu Santo, y le dice que él “…No había mentido a los hombres sino a Dios…”. Es una clara declaración de que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios.

También podemos saber que el Espíritu Santo es Dios, porque El posee los atributos o características de Dios. Por ejemplo, el hecho de que el Espíritu Santo es omnipresente, lo vemos en Salmos 139:7-8 “… ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás…”. Luego, en 1 Corintios 2:10-11 vemos la característica de la omnisciencia del Espíritu Santo: “…Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios…”. La eternidad del Espíritu Santo también es enseñada en Hebreos 9:14 y Zacarías 4:6.

La Biblia también nos dice que el Espíritu Santo es una Persona, un Ser con una mente, emociones, y una voluntad. De acuerdo con la Biblia, y es lo único que importa acá, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Sabemos que el Espíritu Santo no es un simple poder o fuerza impersonal pues:

  • La Escritura le atribuye una personalidad distintiva, al igual que al Padre y el Hijo (Mateo 3:16-17; Juan 14:16-17).
  • El Espíritu Santo piensa, conoce el lenguaje, tiene voluntad, se le puede tratar como una persona, se le puede mentir, se le puede probar, se le puede resistir y se le puede contristar (Hechos 5:3; 7:51).
  • Podemos conocer que el Espíritu Santo es en verdad una Persona, porque Él posee una mente, emociones y una voluntad. El Espíritu Santo piensa y sabe (1 Corintios 2:10). El Espíritu Santo puede ser afligido (Efesios 4:30).
  • El Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26-27), lo cual no sería posible si no fuera una persona.
  • El Espíritu Santo hace decisiones de acuerdo con Su voluntad (1 Corintios 12:7-11).
  • El Espíritu Santo es Dios, la tercera “Persona” de la Trinidad. Como Dios, el Espíritu Santo puede funcionar verdaderamente como Consejero y Consolador, tal como lo prometió Jesús (Juan 14:16, 26; 15:26) Jesucristo habló de Él llamándolo el “otro Consolador” y utiliza el pronombre personal “Él” para referirse al Espíritu Santo, lo cual sería absurdo si no fuera una persona real igual que Jesús (Juan 16:7-8; 16:13-15; Romanos 8:16-26).
  • El Espíritu Santo es mencionado en conexión con el Padre (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:13), lo cual sería ilógico si no fuera una persona igual que Él.
  • El libro de los Hechos nos muestra al Espíritu Santo obrando en la plenitud de su poder, mostrando cualidades y hechos personales como hablar y guiar a los creyentes, manifestándose claramente como la tercera persona de la Trinidad (Hechos 8:29; 10:19-20; 10:38; 13:2; 15:28; 16:6-7; 20:28).[2]

Pero el Nuevo Testamento no es el único testigo de la personalidad y Deidad del Espíritu Santo. Aún el Antiguo Testamento da fe de la personalidad divina del Espíritu Santo. Así, en el Antiguo Testamento leemos que:

  1. EL ESPÍRITU SANTO HABLA: La presuposición fundamental de la inspiración de las Escrituras es que el Espíritu de Dios habló a través de los profetas escogidos. Antes de morir, el rey David declaró que “el Espíritu del Señor habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua” (2 Samuel 23:2). El Espíritu hablando es una clara señal de su personalidad, ya que las fuerzas impersonales son incapaces de comunicarse. El dinámico libro de Ezequiel dice algo parecido: “…Entonces el Espíritu entró en mí, me hizo ponerme en pie y habló conmigo, y me dijo: ‘Ve, enciérrate en tu casa’…” (Ezequiel 3:24). Al entender que el Espíritu habló personalmente con el profeta, es fácil reconocer que se trata de un agente consciente y personal.
  2. EL ESPÍRITU SANTO NOS GUÍA Y PASTOREA: Otro atributo personal del Espíritu Santo es que nos guía: “…Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe a tierra firme…” (Salmo 143:10). El Espíritu es como el buen pastor que procura llevar a las ovejas del Señor a delicados pastos. La misma verdad se repite en Isaías 63:14, donde el profeta escribe que “…como a ganado que desciende al valle, el Espíritu del Señor les dio descanso. Así guiaste a Tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso…”. El Espíritu guio al pueblo en los días de Moisés para que heredaran la tierra prometida.
  3. EL ESPÍRITU SANTO SE ENOJA: Isaías resalta que el Espíritu Santo se enojó con el pueblo de Dios en los días de Moisés por su dureza de corazón: “…Pero ellos se rebelaron y afligieron Su Santo Espíritu; por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos…” (Isaías 63:10). El texto es otra muestra más de que el Espíritu es una persona, ya que las fuerzas abstractas e inanimadas no pueden enojarse. El enojo santo es propio de personas.
  4. EL ESPÍRITU SANTO ENSEÑA: Hay un par de hermosos textos en Nehemías que defienden la personalidad del Espíritu Santo. El primero se encuentra en Nehemías 9:20: “…Y enviaste tu buen Espíritu para instruirles…”. La idea aquí es que el Espíritu de Dios es el que enseña al pueblo del Señor. Se trata de otro atributo personal. Diez versículos después, sucede lo mismo: “…Sin embargo, Tú fuiste paciente con ellos por muchos años, y los amonestaste con Tu Espíritu por medio de Tus profetas, pero no prestaron oído. Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras…” (Nehemías 9:30). Es la misma realidad vista en el versículo 20. El Señor quiso enseñar a los hebreos y advertirles por medio del ministerio del Espíritu.[3]

La personalidad del Espíritu Santo y su Deidad son enseñadas claramente en las Escrituras. El Espíritu habla, guía, pastorea, se enoja, y enseña. Dado que el Espíritu es una persona, podemos tener una relación con Él también. ¡El protestantismo en su totalidad necesita incorporar el Solus Spiritus para estar vivo, ser verdaderamente bíblico y presentar un Evangelio completo!

ES4

SOLUS SPIRITUS, LA “SOLA” NECESARIA PARA UN EVANGELIO COMPLETO

Francamente, es difícil entender la razón por la que ‘Solus Spiritus’ nunca llegó a formar parte de las cinco solas dado que la Reforma se centró en dar a conocer las gloriosas verdades de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo es omnipresente en la Biblia. En el Pentateuco, los libros históricos, los escritos proféticos, los Evangelios, el libro de los Hechos y las epístolas, el Espíritu está literalmente por todos lados.

No obstante, pese a su gran habilidad teológica, los primeros protestantes no consiguieron desarrollar una profunda teología de lo que Cristo ahora hace ‘en’ nosotros por medio del Espíritu. El protestantismo apenas estaba en pañales y tendría que esperar hasta los grandes avivamientos evangélicos del siglo XVIII y el auge del pietismo para entender plenamente la obra del Espíritu de Dios en el creyente.

Poco a poco la Iglesia protestante empezó a darse cuenta de que hace falta algo más que simplemente profesar fe en ciertos principios para mantener una fe viva. También entendió que sin el Espíritu Santo y su poder en el creyente es imposible cumplir con la Gran Comisión de manera eficaz. El Espíritu tiene que aplicar dichas verdades al corazón del impío a través de la regeneración y empoderar al creyente para que su mensaje sea más que palabras. Con el surgimiento del movimiento pentecostal y carismático el protestantismo recuperó los elementos vitales que habían estado ausentes a lo largo de casi toda la época medieval y que fueron característicos de la iglesia apostólica: La experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo y la consiguiente manifestación de los dones del Espíritu. Además la llenura del Espíritu Santo, la santificación y la Gran Comisión llegaron a ser cada vez más prominentes en la teología protestante gracias al nuevo giro hacia la obra del Espíritu. En este sentido, si decidiéramos añadir una sexta sola a nuestro Credo Protestante, tendríamos una confesión más robustamente bíblica y más plenamente protestante.

Incorporar ‘Solus Spiritus’ le daría al Espíritu Santo el lugar que le corresponde en la doctrina y la adoración Protestante. Desde sus inicios, el movimiento de la Reforma se caracterizó por una fe ortodoxa en la Trinidad. Siguiendo el credo de Nicea, los primeros protestantes confesaron a una sola voz la deidad del Espíritu del Señor. La primera confesión de fe protestante, la Confesión de Augsburgo (1530), redactada por el brazo derecho de Lutero, Felipe Melanchthon, declara lo siguiente en su primer artículo:

“Nuestras iglesias enseñan, en perfecta unanimidad la doctrina proclamada por el Concilio de Nicea: a saber, que hay un solo Ser divino que llamamos y que es realmente Dios. Asimismo que hay en Él tres personas, igualmente poderosas y eternas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; todos los tres son un solo ser divino”.

Si el Espíritu es divino, entonces es lógico que le glorifiquemos juntamente con el Padre y el Hijo.

Sin el ‘Solus Spiritus’ las cinco solas carecen de sentido. Sin el Espíritu Santo no existe ‘Sola scriptura’, pues el que inspiró la Escritura es el Espíritu y el que nos convence de la sola autoridad de la Palabra de Dios también es el Espíritu. Sin el ‘Solus Spiritus’ no habría ‘Sola gratia’, pues el canal que el Señor emplea para derramar de su gracia sobre una humanidad caída y pecadora es el Espíritu de Dios. En cuanto a ‘Solus Christus’, el que se encarga de testificar y glorificar al Hijo en este mundo es el Espíritu Santo. El Espíritu está tan absorbido en exaltar al Hijo que Pablo le llama “el Espíritu de Cristo”. El mismo Lutero afirmó que no podríamos saber nada acerca del Hijo si no fuese por el ministerio del Espíritu. En cuanto a ‘Sola fide’, ¿Qué es la fe sino un regalo del Espíritu de Dios? ¿Quién obra la fe en el corazón del pecador sino el Espíritu? Sin la obra del Espíritu, la fe ni siquiera existiría. En cuanto a ‘Soli Deo gloria’, somos llamados a glorificar al Espíritu juntamente con el Padre y el Hijo. Si el Espíritu es Dios, no hay ninguna razón teológica para no glorificarle. Además, el que nos impulsa a glorificar al Dios trino es el Espíritu. Por todo lo anterior, una sexta sola, ‘Solus Spiritus’, serviría para hacer patente lo que ya está latente en la confesión Protestante.

ES5

SOLUS SPIRITUS, LA PRIMAVERA DE DIOS SOBRE LA IGLESIA

‘Solus Spiritus’ representa la realidad innegable de la iglesia evangélica del siglo XXI. A pesar de los prejuicios, el mover del Espíritu Santo a través del movimiento carismático y pentecostal es imparable. Hay pentecostales en prácticamente todas las denominaciones y familias evangélicas. La primavera del Espíritu ha llegado para barrer con el largo invierno del cesacionismo y la frialdad espiritual que imperó por siglos en iglesia, incluso entre los protestantes. Esta no es una moda que está de paso. Dios nos ha devuelto el mismo don que depositó sobre la iglesia primitiva.

La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, en su artículo 7 y 8, afirma:

“Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49, Hechos 1:4, Hechos 1:8, 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12-17, Hechos 10:44-46, Hechos 11:14-16, Hechos 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como: la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39, Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43, Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos, Marcos 16:20)… El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4)”.[4]

ES2

LO QUE EL PENTECOSTALISMO TIENE QUE OFRECERLE AL PROTESTANTISMO

Desde los primeros días del siglo veinte, muchos creyentes cristianos han enseñado y han recibido una experiencia espiritual que llaman el bautismo en el Espíritu Santo. En la actualidad, centenares de millones de creyentes se identifican con el movimiento que enseña y promueve la recepción de esta experiencia. La expansión global de este movimiento muestra el cumplimiento de las palabras de Jesucristo a sus discípulos cuando les prometió que el Espíritu Santo vendría sobre ellos, y recibirían poder para ser sus testigos a todo el mundo (Hechos 1:5,8).

El Nuevo Testamento enfatiza la centralidad de la función del Espíritu Santo en el ministerio de Jesús y la continuación de esa función en la iglesia primitiva. El ministerio público de Jesús fue iniciado por el Espíritu Santo que vino sobre Él (Mateo 3:16; Marcos 1:10; Lucas 3:22; Juan 1:32). El libro de los Hechos presenta una extensión de ese ministerio a través de los discípulos, mediante el empoderamiento del Espíritu Santo.

Los rasgos más característicos del bautismo en el Espíritu Santo son los que siguen:

(1) Teológicamente y como experiencia se distingue del nuevo nacimiento y los sucede.
(2) Está acompañado por las lenguas que habla quien lo recibe.
(3) Tiene un propósito que lo distingue de la obra del Espíritu en la regeneración del corazón y la vida de un pecador arrepentido.

El bautismo del Espíritu es una “inmersión del Espíritu Santo”. Cuando uno es bautizado con el Espíritu, recibe fuerza, poder y audacia por parte de Dios, para llevar a cabo su obra y vencer el pecado en su propia vida.

El término “bautismo en el Espíritu Santo” es una conveniente designación para la experiencia que anuncia Juan el bautista, que Jesús bautizaría “en Espíritu Santo” (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), que Jesús mismo repetiría (Hechos 1:5), y también Pedro (Hechos 11:16). Cabe notar que la expresión aparece en los Evangelios y también el Libro de los Hechos. La ilustración del bautismo presenta la inmersión, como se ve en la analogía del Juan el bautista del bautismo en agua que él administraba y el bautismo en el Espíritu Santo que administraría Jesús.

Algunos sectores del cristianismo que rechazan el movimiento pentecostal y la continuidad de la obra del Espíritu Santo en nuestros días, definen el bautismo del Espíritu Santo como la obra mediante la cual el Espíritu de Dios coloca al creyente, al momento de la salvación, en unión con Cristo y en unión con otros creyentes en el Cuerpo de Cristo. Para nuestros hermanos no pentecostales, el bautismo del Espíritu Santo sólo hace dos cosas: Nos une al Cuerpo de Cristo, y hace realidad nuestra co-crucifixión con Cristo. Por ende, según dicha interpretación, experimentar el bautismo de un mismo Espíritu sirve como base para mantener la unidad en la iglesia, y ocurre única y exclusivamente al momento de la conversión sin ninguna evidencia física inicial más que la regeneración del creyente. Estar asociados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo del Espíritu establece la base para nuestra separación del poder persistente del pecado que está en nosotros y nuestro caminar en una vida nueva (Romanos 6:1-10, Colosenses 2:12). Fundamentan dicha afirmación en 1 Corintios 12:13.

Aunque respetamos su postura, nosotros, como pentecostales, afirmamos que ser bautizado en el Espíritu Santo se debe diferenciar de lo que Pablo declara en 1 Corintios 12:13 que, según la sintaxis griega, lee: “por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”. El contexto de este pasaje muestra que “por” es la mejor traducción, indicando que el Espíritu Santo es el instrumento o medio por el cual se lleva a cabo el bautismo. En los versículos 3 y 9 del capítulo, Pablo usa la misma preposición dos veces en el mismo versículo para indicar una actividad del Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:13, “bautizados en un cuerpo” habla de la obra del Espíritu Santo de incorporar a un pecador arrepentido al cuerpo de Cristo (Romanos 6:3; Gálatas 3:27 para una expresión equivalente a “bautizados en Cristo”). Este es el “un bautismo” de Efesios 4:5; es el bautismo indispensable e importante que resulta en el “un cuerpo” del versículo 4. Dicho de otra manera, en la conversión el Espíritu Santo bautiza en Cristo/el cuerpo de Cristo; en una experiencia subsiguiente y diferente, Cristo bautizará en el Espíritu Santo.

El bautismo en el Espíritu Santo es una realidad bíblica y experimental innegable. En la Biblia se usan diversos términos bíblicos para referirse a esta experiencia, especialmente en el libro de los Hechos, que registra el primer descenso del Espíritu sobre los discípulos de Jesús y da ejemplos similares de encuentros del Espíritu con el pueblo de Dios. Las siguientes expresiones en Hechos se usan de manera intercambiable para describir la experiencia:

(1.- Bautizado en el Espíritu—Hechos 1:5; 11:16; véase también Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33. El término “bautismo en el Espíritu” generalmente sirve como un conveniente sustituto y también se usa en este documento
(2.- El Espíritu viene, o desciende, sobre— Hechos 1:8; 8:16; 10:44; 11:15:19:6; véase también Lucas 1:35; 3:22
(3.- El Espíritu derramado— Hechos 2:17,18; 10:45
(4.- El don que mi Padre prometió— Hechos 1:4
(5.- El don del Espíritu— Hechos 2:38; 10:45; 11:17
(6.- El don de Dios— Hechos 8:20; 11:17; 15:8
(7.- Recibir el Espíritu— Hechos 8:15,17,19; 19:2
(8.- Lleno con el Espíritu— Hechos 2:4; 9:17; además Lucas 1:15,41,67. Esta expresión, junto con “lleno del Espíritu”, tiene una aplicación más amplia en los escritos de Lucas. El mandato de Pablo de “ser llenos con el Espíritu” (Efesios 5:18) no se refiere a la plenitud inicial del Espíritu; es un mandamiento para continuar llenándose del Espíritu.[5]

Ninguno de estos términos expresa todo lo que envuelve la experiencia. Son metáforas que expresan la idea de que el receptor es completamente dominado o saturado por el Espíritu, que ya mora en él (Romanos 8:9,14-16; 1 Corintios 6:19; Gálatas 4:6).

El bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta y posterior a la regeneración. Cada vez que en el Nuevo Testamento encontramos el bautismo en el Espíritu, veremos que se manifiesta el orar en el Espíritu u orar en lenguas, como la señal del derramamiento del Espíritu. También encontramos en algunos casos la manifestación de profecía y alabanza además del hablar en lenguas. Pero siempre es algo que se ve y oye:

“Y [Jesús] exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros VÉIS Y OÍS” (Hechos 2:33).

En Pentecostés el Espíritu se derrama sobre cada uno, y se ponen a hablar en lenguas según el Espíritu les concedía expresarse. Ellos eran los que hablaban, pero el Espíritu les daba el lenguaje a expresar (Hechos 2:1-4).

En Hechos 10:44-46 se relata:

“Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos AL VER que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, PUES LES OÍAN hablar en lenguas y glorificar a Dios”

Pedro está predicando de Cristo a Cornelio y su gente, cuando repentinamente cayó el Espíritu sobre todos ellos, incluidos los gentiles. ¿Cómo sabían que había caído el Espíritu sobre todos ellos? Porque los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Ellos también habían recibido su bautismo en el Espíritu tal como los Apóstoles en Pentecostés, porque hablaban en lenguas.

En Hechos 19:1-6 leemos:

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a HABLAR en lenguas y a profetizar…”

¿Qué sucedió cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo? Se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. A todo lo anterior, la conclusión es obvia: El bautismo en el Espíritu Santo es siempre una experiencia visible (o cuando menos audible) y no siempre ocurre al momento de la conversión. Tampoco es lo mismo que la regeneración. Ser sellado con el Espíritu Santo al momento de nuestra conversión y recibir el bautismo en el Espíritu Santo son dos experiencias distintas.

ES9

CONCLUSIÓN

A quienes todavía cuestionan la validez de este mover del Espíritu, les remitimos a las pruebas y al respaldo de Dios sobre el mismo: Los pentecostales sólo representaban el 6 por ciento de todos los cristianos en el año 1980. Hoy ese número ha aumentado al 26 por ciento. Y el Pulitzer Center informa que 35.000 personas se unen a las iglesias pentecostales cada día. Algunos investigadores predicen que habrá 1.000 millones de cristianos pentecostales en el mundo en 2025. A pesar de los estereotipos, en absoluto se puede decir que los pentecostales seamos marginales en la sociedad. Fieles a la Palabra y a nuestro legado Protestante, los pentecostales declaramos: ¡Sola Scriptura! ¡Sola fide! ¡Sola Gratia! ¡Solus Christus! ¡Soli Deo gloria! Pero también declaramos sin avergonzarnos: ¡Ha llegado el tiempo de Solus Spiritus!

ES10

REFERENCIAS:

[1] J. José Alvarez, El Tiempo del Espíritu: Hacia una teología Pneumatológica, Editorial Eunsa, 2006.

[2] Lucas Mateo Seco, Teología trinitaria. Dios Espíritu Santo. Ediciones RIALP. Madrid 2005.

[3][3] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, Editorial Vida, 1990.

[4] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículos 7-8.

[5] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal, Editorial Vida, 2012.

ES11

5 SOLAS, Pentecostalismo, Reforma Protestante, Teología, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Soli Deo Gloria, nuestra razón de ser

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión “Soli Deo gloria” es un término en latín que significa “Solo a Dios la gloria”.[1] Algunos lo traducen como gloria al único Dios. Una frase similar se encuentra en la traducción Vulgata de la Biblia: «soli Deo honor et gloria»[2] (1 Timoteo 1:17). Junto con la Sola Scriptura, la Sola Fide, la Sola Gratia y Solus Christus, la frase se ha convertido en parte de lo que se conoce como las Cinco solas, un resumen de los principios centrales de la Reforma Protestante.

El principio de Soli Deo Gloria es ampliamente enseñado en la Biblia. En el Salmo 115:1 el salmista declara: “No a nosotros, Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria”. Por eso, en opinión de muchos, “Soli Deo gloria” es la más importante de las Solas, porque de ella dependen las demás Solas, sin la Gloria de Dios no habría nada (Salmo 115:1). Dios mostró su Gloria desde el comienzo de la creación, con su sola voz creó todo lo que hoy podemos ver y para coronar la creación hizo al hombre (1 Corintios 11:7). El salmista proclama y dice los cielos cuentan la Gloria de Dios (Salmo 19:1).

DEO 7

LA GLORIA INTRÍNSECA DE DIOS

La palabra “Gloria” en hebreo es kabod, «peso» y en griego doxa (δόξα) que significa poder, grandeza, esplendor. De modo que la palabra gloria habla de algo de peso, gravedad e importancia. Por esto la primera definición del Diccionario de la Real Academia es esta: «Reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona». La gloria de Dios habla de su majestad, esplendor y magnificencia. El salmista expresa con júbilo:

«Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, alzaos vosotras, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos, él es el Rey de la gloria» (Sal. 24:7-8).

En Hechos 7:2, Esteban identifica al Señor como «el Dios de gloria», tal como también es expresado en el Salmo 29:3. El apóstol Pablo, por su parte, lo llama «el Padre de gloria» (Efesios 1:17). Todo encuentro con tal Dios registrado en las Escrituras no podía pasar desapercibido. Hay dos ejemplos particularmente impactantes: el caso de Moisés en Éxodo 33 y 34. El rostro de Moisés queda brillando con la gloria de Dios, con sólo ver «las espaldas de Dios». Y luego el caso de la transfiguración del Señor Jesús. La impresión fue tal en los discípulos que, aquellos que estaban con Él todo el día, se postraron y quedaron temblando. Pedro quedó tan impactado que comenzó a hablar cosas que no entendía (Mateo 17:1-8; Marcos 9:2-8; Lucas 9:28-36).

La gloria de Dios es intrínseca a él; es natural a él (Isaías 42:8; 1 Pedro 4:11; Mateo 6:13). Por eso, cuando alabamos a Dios lo que realmente hacemos es darle «la gloria debida a su nombre» (1 Crónicas 16:29). Cuando glorificamos a Dios estamos reconociendo que él ya es glorioso y exaltado, y queremos que los demás lo vean.[3] Como lo dice el apóstol Pedro:

«Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9).

No podemos glorificar a Dios sin ser sus admiradores. No podemos anunciar sus virtudes si no las conocemos. Si no las conocemos no las podremos admirar. Si no las admiramos no lo podremos glorificar.

DEO 4

SOLI DEO GLORIA POR NUESTRA SALVACIÓN Y EN LA VIDA CRISTIANA

La salvación no se trata de nosotros. Con respecto a la salvación no es suficiente decir «a Dios sea la gloria». Lo correcto es decir soli Deo gloria—solamente a Dios, únicamente a Dios, sea la gloria:

«Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9).

En Efesios capítulo 1, el apóstol Pablo hace una especie de desglose con respecto al papel de cada una de las personas de la Trinidad en el proceso de la salvación. Nos enseña que Dios el Padre: «Nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (v. 3), «nos escogió antes de la fundación del mundo» (v. 4) y «nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo» (v. 5). El v. 6 entonces nos explica por qué hizo lo que hizo: «para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado».

Pero esto no concluye ahí. Los versículos 13 y 14 de Efesios 1 nos hablan de la tercera Persona de la Trinidad, Dios el Espíritu Santo:

«En él también vosotros, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído, fuisteis sellados en él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria».

Pablo nos habla del sello del Espíritu, la marca que muestra y garantiza que somos posesión de Dios. El Espíritu hace la función de garantía de que recibiremos la herencia prometida. La plenitud de la salvación todavía es algo futuro. Pero el Espíritu es el pago inicial que garantiza que la entrega de la herencia será total. En realidad, el Espíritu hace mucho más por nosotros que lo declarado en Efesios 1. Él es quien nos hace renacer o nacer de nuevo (Juan 3). Él es quien obra en nosotros el convencimiento de pecado y nos la gracia del arrepentimiento. Él es quien nos da la fe para que creamos en Jesús y depositemos nuestras almas en sus manos para salvación. Él es quien nos guía y nos santifica, quien nos preserva y nos glorifica. ¿Para qué hace el Espíritu todo esto? La respuesta una vez más es: «para alabanza de su gloria» (v. 14).

¿A quién hacemos entonces el reconocimiento por todo eso que hace el Espíritu en nosotros? ¡Soli Deo gloria! El Padre planificó nuestra salvación, proveyó esa salvación en la muerte de su Hijo y aplicó esa salvación por medio de su Espíritu. Todo se lo debemos a Dios. ¿Acaso no deberíamos entonces glorificarle por nuestra salvación? Por el maravilloso plan de salvación y el maravilloso amor eterno con el que hemos sido amados desde antes de la fundación del mundo, soli Deo gloria. Por la gracia de la que hemos sido objetos, soli Deo gloria. Por haber sido adoptados por él y haber sido hechos sus hijos sin merecerlo, soli Deo gloria. Todo honor, gloria y reconocimiento, toda acción de gracias, es para el Señor.

Soli Deo gloria cobra un nuevo y especial significado cuando lo entendemos a la luz de nuestra propia salvación. Cuando comprendemos que fuimos salvos para la gloria de Dios deseamos vivir nuestras vidas cristianas únicamente para su gloria. El Señor Jesús nos hizo la siguiente encomienda:

«Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16).

El creyente pentecostal reconoce que todo se lo debemos a Dios, por lo tanto, nuestra vida entera debe glorificarle. Y esto haremos recordando que somos salvos de acuerdo al propósito de Dios, por la obra de Dios y de acuerdo a la voluntad de Dios. La salvación verdaderamente es de él, por él y para él. Cuando esta verdad penetra nuestra mente y nuestro corazón, nos gloriamos en Dios por siempre y procuramos vivir para la alabanza de su gloria.

DEO 6

JESUCRISTO, RESPLANDOR DE LA GLORIA DE DIOS

Por sobre todo, la Gloria de Dios se nos ha manifestado a través de Jesucristo. Los cristianos tenemos hoy la manifestación más gloriosa (Juan 1:14; 17:5, 24; Hebreos 1:3), el niño que vino a salvar a su pueblo de pecado; quien nació, vivió una vida santa, hizo milagros, mostró y vivió para la Gloria de Dios Padre y fue crucificado por causa de nuestro pecado para aplacar la ira de Dios. Jesucristo fue quien dio su vida y resucitó para que pudiéramos resucitar juntamente con Él para vida eterna. Ascendió al Cielo y hoy está a la diestra de Dios, lleno de Gloria. Él aparecerá nuevamente a buscar una Iglesia gloriosa sin mancha y sin arrugas, para estar para siempre con él. Ese Dios es nuestro Dios, digno de honra, gloria y de alabanza. No hay ser más Glorioso que Él, no hay un ser más perfecto Él. Él es quien sustenta todo.

DEO 3

LA IMPORTANCIA DE VIVIR DANDO LA GLORIA SOLO A DIOS

Soli Deo gloria derriba la dicotomía entre lo secular y lo sagrado y unifica la motivación adecuada para todo lo que se hace en la vida:

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

También le da sentido a cada circunstancia para que incluso situaciones trágicas puedan soportarse con una paz que supere todo entendimiento. Soli Deo gloria convierte Romanos 8:28 en una realidad en lugar de un cliché cristiano:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

El propósito es la gloria de Dios. La doxología de Romanos 16:25-27 nos dice:

“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.”

DEO 1

CONCLUSIÓN

Los Israelitas pudieron ver la gloria de Dios manifestada como un fuego devorador (Éxodo 24:17), Moisés quiso verla, pero no hubiera seguido vivo (Éxodo 33:18, 20, 22). En otras ocasiones, la Gloria de Dios se presentó como una nube (Éxodo 40:34–35; 1 R. 8:11). Algunos hombres, como Isaías (Isaías 6:3) y Ezequiel (Ez. 1:28) pudieron ver la Gloria de Dios en visión. Se le presentó a los pastores (Lucas 2:9), y cuando Esteban moría, Dios le permitió ver su Gloria (Hechos 7.55). Por sobre todo, Jesucristo es el resplandor mismo de la gloria de Dios (Hebreos 1).

Todo lo creado existe para la gloria de Dios, incluso nosotros:

“En él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:6).

Aún nuestra propia salvación tiene como propósito darle a Él la gloria:

“Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado… a fin de que nosotros, que fuimos los primeros en esperar en Cristo, seamos para alabanza de su gloria” (Efesios 1:3-6, 12 NVI).

En una época en la cual muchos predican una salvación centrada en el hombre y han hecho del hombre el centro del plan de redención de Dios (aun cuando la Palabra de Dios describe una historia redentora, teocéntrica de principio a fin), es importante recordar y recalcar una vez más el principio de Soli Deo Gloria. Todo es de él, por él y para él. Por tanto, solo a él sea la gloria. Por todo lo anterior no dudamos, como cristianos pentecostales, en unirnos al solemne grito de la Reforma: ¡Soli Deo Gloria!

DEO 2

REFERENCIAS:

[1] The Routledge dictionary of Latin quotations: the illiterati’s guide to Latin maxims, mottoes, proverbs and sayings, Jon R. Stone, Routledge, 2005 p. 207.

[2] «1 Timothy 1:17 in the Vulgate». Latinvulgate.com. Consultado el 29 de octubre de 2019. Händel and the English Chapel Royal by Donald Burrows (2005) p. 103

[3] Thomas Watson, Tratado de teología (Carlisle, PA: El Estandarte de la Verdad, 2013), 29.