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Que el fuego nunca se apague en el altar

A pesar de todo lo bueno que hemos logrado, también podemos observar una tendencia peligrosa en las últimas décadas. La cifra básica que nos define como pentecostales, el porcentaje de creyentes bautizados en el Espíritu Santo, ha bajado cada década. Es urgente cambiar esta peligrosa tendencia. Como líderes y pastores debemos volver a dar énfasis, aun insistir en dejar tiempo en nuestros cultos y programas para buscar y recibir la llenura del Espíritu y ministrar en su poder. Es cierto que aún gozamos de brotes de avivamiento real en nuestras iglesias, pero esto no es suficiente. En otras ocasiones el avivamiento no es tan real como creemos, ya que hay una variedad de manifestaciones que tienden a hacernos sentir cómodos con nuestro estado espiritual y a creer que estamos en avivamiento (grandes conciertos, mega-iglesias, música pegajosa, luces, buenos músicos, líderes carismáticos con dotes en la oratoria y un talento natural para conmovernos, etc.). Pero lo esencial es descuidado.  El bautismo en el Espíritu Santo ha llegado a ser una opción y no el regalo que el Señor planeó para su toda su iglesia.

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Pentecostalismo, el siguiente paso en la Reforma

El movimiento pentecostal, nacido en Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, ha conocido una vigorosa expansión a escala global (y de forma excepcional en América Latina) durante las últimas tres décadas. En tan solo 100 años de existencia, el pentecostalismo se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 totalizaban 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones de pentecostales en el mundo. En varios países el pentecostalismo tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes históricas corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías. Las denominaciones pentecostales, en cambio, compran templos y medios de comunicación todos los años, y se multiplican a una velocidad imposible de ignorar. Tan asombroso ha sido el crecimiento del pentecostalismo que el Consejo Mundial de Iglesias preveía en 1970 que el cristianismo mayoritario para finales del s. XX sería de color pentecostal y se encontraría en el Tercer Mundo. Dichas estimaciones no se equivocaron. Sin lugar a dudas la mayoría cristiana evangélica en América es ahora pentecostal y el siglo XXI parece seguir la misma tendencia.

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¡Qué! ¿Usted es pentecostal?

El pentecostalismo está lejos de ser una moda que está de paso. Los pentecostales sólo representaban el 6 por ciento de todos los cristianos en el año 1980. Hoy ese número ha aumentado al 26 por ciento. Y el Pulitzer Center informa que 35.000 personas se unen a las iglesias pentecostales cada día. Algunos investigadores predicen que habrá 1000 millones de cristianos pentecostales en el mundo en 2025. A pesar de los estereotipos, en absoluto se puede decir que los pentecostales sean marginales en la sociedad. Somos, de hecho, el rostro presente y futuro del protestantismo evangélico.

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Cristocentricidad del Pentecostalismo

La espiritualidad pentecostal es la conciencia y experiencia personal y directa de la morada continua y permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente, por la cual el Cristo resucitado y glorificado es revelado, y el creyente es empoderado para testificar y adorar con la abundancia de su vida como es descrito en los Hechos y las Epístolas. Un aspecto característico de esta forma de vida es un amor por la Palabra de Dios, el fervor en la oración y la testificación en el mundo y hacia el mundo, y una preocupación de vivir por el poder del Espíritu Santo. Contrario a la mala concepción de muchos, los pentecostales a pesar de su énfasis en la experiencia, no abogan por el tipo de “entusiasmo” que separa de la Palabra de Dios: Los pentecostales somos tan amantes de la Palabra como cualquier otro creyente devoto de tradición reformada, luterana, metodista o cualquier otra. El deseo pentecostal entusiasta de experimentar a Dios y el poder del Espíritu Santo aquí y ahora descansa en la Palabra de Dios, la cual nos garantiza un acceso directo a Dios para todos.