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Reflexiones sobre el legalismo: Seis verdades incómodas

¿Por qué son conocidas nuestras iglesias pentecostales? ¿Por el mover del Espíritu? ¿Por la abundancia de carismas y la sana predicación de la Palabra? ¡Así lo quiera Dios! Tristemente, muchas de nuestras iglesias suelen ser reconocidas no tanto por la libertad del Espíritu o la predicación liberadora de la gracia de Dios, sino por lo opuesto: La esclavitud del legalismo. Si bien el cristianismo promueve un elevado estándar moral (Mt. 5:20), dicho estándar jamás debería degenerar en legalismo. En el cristianismo la santidad debe ser predicada sí o sí, pero sin olvidar que la santidad es un resultado no una causa. Podemos ser santos porque hemos sido salvados. La salvación viene primero, el buen comportamiento después. Y ese comportamiento no es meritorio. Ningún comportamiento, por bueno que sea, logrará que merezcas el favor de Dios. Es por gracia de principio a fin (1 Cor. 1:30-31; 4:7). El legalismo, en su absurdo intento por alcanzar una justicia propia, yerra el blanco y traiciona los principios más elementales del Evangelio.

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Una respuesta al cesacionismo | ¿Por qué los dones parecen estar ausentes de la historia de la iglesia hasta el s. XX?

La ausencia, o disminución de la frecuencia con que los dones carismáticos se manifestaban en la iglesia, halla su razón de ser en el pecado, la incredulidad y la apostasía tan notoria de los siglos posteriores a la edad apostólica. La misma Reforma Protestante da fe del pecado, corrupción y decadencia doctrinal y moral del cristianismo. Tales faltas se constituyeron en pecados contra el Espíritu Santo, lo cual entristecería y apagaría el mover del mismo dentro de las congregaciones. No deberíamos sorprendemos, pues, ante la poca frecuencia de dones milagrosos en periodos de la historia de la Iglesia marcados por la ignorancia teológica e inmoralidad personal.

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El creyente y la norma bíblica sobre el vestuario

El decoro, el pudor y la modestia no es opcional para el cristiano, es un mandamiento escritural, un mandamiento que muchos parecen estar olvidando. Cada vez se nota menos la diferencia entre nosotros y los paganos que no conocen a Dios. La pregunta que debieran hacerse muchos cristianos de hoy es la siguiente: ¿Es tu vestimenta un reflejo de la humildad y castidad que debe caracterizar a un creyente? Cristo nuestro Salvador, derramó Su preciosa sangre en la cruz para comprar tu espíritu, tu alma y tu cuerpo: "Que Dios mismo, el Dios de paz, los haga a ustedes perfectamente santos, y les conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sin defecto alguno, para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1 Tesalonicenses 5:23; DHH)

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Prestigio humano, grados académicos y verdadera autoridad espiritual

Muchos hoy fundamentan su autoridad en sus títulos y grados académicos: licenciaturas en teología, maestrías y doctorados. Estudiar está bien ¡Ojalá todo cristiano fuese un erudito! ¡Pero los demonios no salen cuando les recitas tu tesis de grado, ni te obedecen por tener 2 licenciaturas, 3 maestrías o 4 doctorados! ¡Les importa poco si citas a Juan Calvino, Jonathan Edwards, Spurgeon, a Wesley, Arminio, a Molina o a los puritanos! ¡Para ellos eso es irrelevante! Sólo hay algo que ellos respetan, y es la autoridad de Dios, impartida por el Espíritu Santo en el creyente.

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¿A qué tengo que renunciar si le entrego mi vida a Cristo?

"¿A qué tengo que renunciar?" Esta es una pregunta común que uno puede hacer al entregar su vida a Cristo. Para muchos tan sólo hacerse esta pregunta genera temor. Las personas están muy apegadas a lo que han adquirido o logrado, ¿y por qué no deberían estarlo? Se invierte mucho tiempo, energía y recursos en todo lo que obtenemos en la vida. ¿Tenemos que renunciar a todo para seguir a Cristo?

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¿Pueden los creyentes nacidos de nuevo estar poseídos por demonios?

Declaración oficial sobre la pregunta, “¿pueden los creyentes nacidos de nuevo estar poseídos por demonios?”, adoptada en mayo de 1972 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios.

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¿Deberíamos los cristianos leer solamente libros «cristianos»?

Aunque hay una gran brecha en nuestras experiencias espirituales, los cristianos y los no creyentes comparten una amplia gama de experiencias de vida. Todos tenemos mucho en común en la forma en que nos enamoramos, sufrimos dolor, engendramos y criamos hijos, y lloramos la pérdida y la muerte. Por esta razón, podemos aprender mucho sobre la vida a través de las experiencias de otros que no comparten nuestra fe en Cristo.

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Vosotros no sabéis de qué espíritu sois

La fusión de elementos religiosos ajenos al cristianismo y prácticas sincréticas matiza el universo neo-pentecostal y carismático. Diferentes expresiones que pasan por una mezcla criolla entre el catolicismo-romano, las múltiples expresiones africanas y versiones del espiritismo indígena y creencias y prácticas extraídas del folklore de los pueblos receptores, son el arcoíris de la religiosidad pentecostal en muchos países.

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Con SIDA en el alma | Una reflexión pastoral sobre el papel de la iglesia cristiana en la lucha contra el VIH-SIDA

Cuando la pandemia de SIDA inició algunos religiosos, tanto católicos como protestantes, militantes del más extremado fundamentalismo, manifestaron sin rubor que el SIDA era un castigo de Dios al pecado del mundo. ¿Suena lógico o no? Después de todo, si te enfermaste de esto muy seguramente fue por algo malo que hiciste. Pero la verdad no es así de simple.

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¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (X) – La Iglesia y su Misión

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo, con el encargo divino de llevar a cabo su gran comisión. Todo creyente, nacido del Espíritu Santo, es parte integral de la asamblea general e iglesia de los primogénitos, que están inscritos en los cielos (Efesios 1:22-23; Efesios 2:22; Hebreos 12:23). Siendo que el propósito de Dios en relación con el hombre es buscar y salvar lo que se había perdido, ser adorado por el ser humano y edificar un cuerpo de creyentes a la imagen de su Hijo. La principal razón de ser de las Asambleas de Dios como parte de la Iglesia es: (1) Ser una agencia de Dios para la evangelización del mundo (Hechos 1:8; Mateo 28:19-20; Marcos 16:15-16); (2) Ser un cuerpo corporativo en el que el hombre pueda adorar a Dios (1 Corintios 12:13); (3) Ser un canal para el propósito de Dios de edificar a un cuerpo de santos siendo perfeccionados a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11-16; 1 Corintios 12:28; 1 Corintios 14:12); (4) Ser un pueblo que muestra el amor y la compasión de Dios a todo el mundo (Salmo 112:9; Gálatas 2:10; Gálatas 6:10; Santiago 1:27). Las Asambleas de Dios existe expresamente para dar continuo énfasis a esta razón de ser según el modelo apostólico del Nuevo Testamento enseñando a los creyentes y alentándolos a que sean bautizados en el Espíritu Santo.