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Calvinismo: ¿Fe reformada o retorno a viejas doctrinas católicas?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El calvinismo (a veces llamado tradición reformada, la fe reformada o teología reformada) es un sistema teológico protestante y un enfoque de la vida cristiana que pone el énfasis en la soberanía de Dios sobre todas las cosas. Esta vertiente del cristianismo protestante es así nombrada en relación al reformador religioso francés del siglo XVI Juan Calvino, quien sistematizó muchas de las más conocidas doctrinas que forman parte de la teología reformada. Si bien la tradición reformada fue desarrollada por teólogos como Martin Bucer, Heinrich Bullinger, Pietro Martire Vermigli, Ulrico Zuinglio, Teodoro de Beza y Guillaume Farel (e influyó en reformadores británicos como Thomas Cranmer y John Knox), debido a la gran influencia y al papel de Juan Calvino en los debates confesionales y eclesiásticos del siglo XVII, la tradición llegó a conocerse con el nombre de calvinismo. Hoy en día, el término designa también las doctrinas y prácticas de las Iglesias reformadas.

¿QUIÉN FUE JUAN CALVINO?

Juan Calvino (Jean Cauvin o Calvin; Noyon, Francia, 1509 – Ginebra, 1564) fue un teólogo y reformador protestante. Educado en el catolicismo, cursó estudios de teología, humanidades y derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante (Las Institución de la Religión Cristiana), que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes.

En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil. Un Consistorio de ancianos y de pastores, dotado de amplios poderes para castigar, vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.

La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Muerto Ulrico Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica. El calvinismo superó pronto en influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y Alemania.

Calvino finalmente falleció a la edad de 54 años, en mayo de 1564, en brazos de Teodoro de Beza, su sucesor. Su cuerpo fue expuesto al público, pero ante la afluencia de visitantes, los reformadores temieron ser acusados de promover la veneración de santos. Por lo que es enterrado al día siguiente en una tumba anónima, en el Cementerio de los Reyes de Ginebra. Se desconoce la ubicación exacta de la tumba, pero se colocó una piedra funeraria en el siglo XIX para marcar la ubicación tradicionalmente considerada como su lugar de descanso.[1]

Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. A pesar de ser considerado uno de los más grandes reformadores de la historia, Calvino tenía un lado muy oscuro. Muchos calvinistas desconocen, o ignoran voluntariamente, los hechos que cualquier historiador secular y honesto podría constatar. Intencionalmente, muchos ocultan que Calvino, habiendo dispuesto ser instalado como un líder protestante en Ginebra, Suiza, estableció una dictadura, convirtiéndose en un autócrata civil y religioso. La ciudad de Ginebra fue apodada la Roma protestante, mientras que a Calvino se le llamaba el Papa de la Reforma. Así que rompió con las verdaderas intenciones de la Reforma, y estableció una teocracia protestante. Su iglesia creía ser la depositaria de la única verdad. Calvino nunca podía considerar cualquier opinión contraria o diferente, o cualquier disidencia doctrinal o en asuntos políticos, declarando que eran un crimen contra el Estado y la Iglesia. Como tales, merecían ser castigados por la autoridad civil con la mayor severidad y crueldad.

No había límite al poder de Calvino. Ejercía su autoridad y hegemonía, y cualquier persona que persistía con enseñanzas heterodoxas tenía que morir en la hoguera. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”. Calvino logró destruir los lazos normales entre las personas y la decencia simple, induciéndolos a espiar a los demás. Su método de intimidación y terror fue perfeccionado a fin de mantener el control de todas las actividades menores.

Se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas, inspiradas por él, con las de inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas. Entre éstas destaca la doctrina de la predestinación: según Calvino, Dios ha decidido de antemano quiénes se salvarán y quiénes no, con independencia de su comportamiento en la vida; el hombre se salva si ha sido elegido para ese destino por Dios; y las buenas obras no constituyen méritos relevantes a ese respecto, sino una conducta también prevista por el Creador. Quienes han sido destinados a la salvación han sido también destinados a llevar una vida recta; curiosamente, esta doctrina produjo entre los creyentes calvinistas un efecto moralizante, caracterizándose dichas comunidades por un extremado rigor moral y una dedicación sistemática al trabajo, como Calvino prescribió. Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo con interés (en contraste con los católicos y con los luteranos) han permitido que desde Max Weber algunos historiadores vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el desarrollo de la moderna economía capitalista.

FUENTES DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA: ¿CALVINISMO O AGUSTINIANISMO?

Las ideas de Calvino, sin embargo, están lejos de ser originales. Juan Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín de Hipona, Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430), un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín exclusivamente para ciertas doctrinas como la predestinación. Por ejemplo, como Calvino señala en su De aeterna Dei Praedestinatione (1552), él basó su doctrina de la predestinación sobre la evidencia de los libros de Agustín. Las tabulaciones hechas por estudiosos han mostrado en la Opera Omnia de Calvino, más de 3.200 referencias explícitas a los padres de la iglesia; de estas, más de 1700 son referencias de citas de Agustín. Los números aumentan cuando se toman en cuenta las veces que Calvino hace eco o alude al mismo.

No hay duda que Calvino impuso sobre la Biblia ciertas interpretaciones erróneas de origen católico romano. Muchos líderes calvinistas están de acuerdo en que los escritos de Agustín fueron la fuente real de la mayoría de lo que hoy se conoce como Calvinismo. Los calvinistas David Steele y Curtis Thomas señalan que “las doctrinas básicas de la posición calvinista habían sido fuertemente defendidas por Agustín contra Pelagio durante el quinto siglo”.[2] En su revelador libro, “El otro lado del Calvinismo”, Laurence M. Vance documenta minuciosamente que “Juan Calvino no originó las doctrinas que llevan su nombre…”.[3]

Para este mismo efecto Vance cita numerosos calvinistas. Por ejemplo, Kenneth G. Talbot y W. Gary Crampton escriben, “el sistema de doctrina que lleva el nombre de Juan Calvino en ninguna manera lo origino él…”.[4] B. B. Warfield declaró, “el sistema de doctrina enseñada por Calvino es sólo el Agustinianismo común a todo el grupo de los reformadores”.[5] Así también a Agustín se le reconocen muchos credos que salen de la reforma. Esto no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que la mayoría de los reformadores habían sido parte de la iglesia católica romana, de los cuales Agustín fue elogiado como uno sus “Santos” más grandes. Incluso John Piper reconoce que Agustín fue la mayor influencia de Calvino, quien continuó reverenciándolo a él y a sus doctrinas, incluso después de que se separaron del Catolicismo Romano.[6] C. H. Spurgeon admitió que el calvinismo “proviene principalmente de los escritos de Agustín”.[7] Alvin L. Baker escribió, “Casi no hay doctrina de Calvino que no lleve las marcas de la influencia de Agustín”.[8] Por ejemplo, el siguiente escrito hace eco a través de los escritos de Calvino: “Aun cuando los ha nombrado a ser regenerados… a quien él predestino a la vida eterna, como el más misericordioso otorgador de gracia, mientras que a aquellos a quienes él ha predestinado a la muerte eterna, también es el más justo otorgador de castigo”.[9] C. Gregg Singer dijo, “las principales características de la teología de Calvino se encuentran en los escritos de Agustín hasta tal punto que muchos teólogos consideran que el Calvinismo es el desarrollo más completo del Agustinianismo”.[10] Tales declaraciones son sorprendentes ante el hecho indiscutible de que, como señala Vance, la iglesia católica tiene un mayor derecho sobre Agustín que los mismos Calvinistas.[11] Calvino mismo dijo: “Agustín es tan integral conmigo, que si quisiera escribir una confesión de mi fe, podría hacerlo con toda plenitud y satisfacción de sus escritos”.[12]

Las enseñanzas agustinas que Calvino presentó en su Institución de la Religión Cristiana, incluyen la soberanía de Dios como la causa de todo (incluyendo el pecado), la predestinación de algunos para salvación y otros para la condenación, la elección y la reprobación, fe como un irresistible don de Dios — de hecho, todos los conceptos claves del corazón del Calvinismo. Buscamos en vano la evidencia de que alguna vez Calvino desaprobara alguna de las herejías de Agustín. El calvinista Richard A. Muller admite, “Juan Calvino fue parte de una larga línea de pensadores que fundamentaron su doctrina de la predestinación sobre la interpretación agustiniana de Pablo”.[13] En cada edición ampliada de sus escritos, las citas de Calvino dependen más y más de Agustín.

CONCLUSIÓN.

Podría presentar documentación adicional, pero esto debe ser suficiente para trazar brevemente la influencia católico-romana, a través de Agustín, en los escritos y teología de Calvino — y a través de Calvino, en los púlpitos y las casas de los protestantes en toda Europa, Inglaterra y América. No es de extrañar que aquellos que, como Arminio, se atrevieron a cuestionar el calvinismo fueron abrumados por la oposición. Por supuesto, diversos sínodos y asambleas se llevaron a cabo para formular credos aceptados para castigar a los disidentes. Pero las condiciones estaban a favor del calvinismo, y ninguna influencia fue permitida para mitigar este error. El ejemplo supremo de tales abusos fue el infame Sínodo de Dort, un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda en 1618-1619, por la Iglesia Reformada Holandesa, con el objetivo de regular una seria controversia en las Iglesias Holandesas iniciada por el ascenso del arminianismo. La primera reunión del sínodo fue el 13 de noviembre de 1618 y la última, la 154ª fue el 9 de mayo de 1619. Fueron también invitados representantes con derecho de voto venidos de 8 países extranjeros. El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, vocación eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco puntos del calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. El calvinismo había mostrado por fin su verdadera cara: Intolerancia y retorno a las viejas doctrinas de Roma.

REFERENCIAS:

[1] Stepanek, Sally; John Calvin, Chelsea House Publishers, 1987.

[2] David N. Steele and Curtis C. Thomas, the Five points of Calvinism; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1963, 19.

[3] Laurence M. Vance, the Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed., 1999, 37.

[4] Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism, Edmonton, AB: Still Water Revival Books, 1990, 78.

[5] Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 22.

[6] John Piper, the legacy of Sovereign Joy: God’s triumphant Grace in the lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 24-25.

[7] Charles Haddon Spurgeon, ed., Exposition of the Doctrine of Grace, Pasadena, CA: Pilgrim Publications, n. d., 298.

[8] Alvin L. Baker, Berkouwer’s Doctrine of Election: Balance or imbalance?; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1981, 25.

[9] St. Augustine, A treatment On the Soul and its Origins, Book IV, 16.

[10] C. Gregg Singer, John Calvin: His Roots and Fruits; Abingdon Press, 1989, vii.

[11] Vance, Other Side, 40.

[12] John Calvin, “A Treatise on the Eternal Predestination of God,” in John Calvin, Calvin’s Calvinism, trans. Henry Cole; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1987, 38; cited in Vance, Other Side, 38.

[13] Richard A. Muller, Christ and the Decree; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1988, 22.

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¿Decadencia pentecostal o avivamiento calvinista?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Algunos calvinistas están tratando de tomar las iglesias arminianas de forma engañosa y sigilosamente ¡Y los arminianos lo estamos permitiendo! La influencia calvinista es a menudo más palpable en aquellas iglesias que no tienen confesión o declaración de fe, pero no se limita a ellas. Tomemos, por ejemplo, la denominación pentecostal más grande del mundo, las Asambleas de Dios. Aunque son una consecuencia del metodismo wesleyano y, por lo tanto, tradicionalmente arminianos en su doctrina de la salvación, su “Declaración de Verdades Fundamentales” no excluye el calvinismo de forma directa. Esto ha permitido que muchos pastores y líderes estén influenciados por el calvinismo y lleguen incluso a considerarlo una posibilidad teológica. Tal descuido llevó a una crisis teológica dentro de algunas iglesias locales en los Estados Unidos, en donde muchas congregaciones, durante un período de transición pastoral, descubrieron que su nuevo pastor resultó ser un calvinista de cinco puntos sin haberlo revelado durante las entrevistas del comité de búsqueda pastoral de la iglesia. Las verdaderas intenciones del nuevo pastor sólo salieron a luz cuando éste intentó imponer el calvinismo a la congregación.

Ante al avance del calvinismo en sus filas, y su infiltración incluso en seminarios teológicos, las Asambleas de Dios se vieron obligadas a responder:

“La creciente popularidad de la teología reformada entre los ministros más jóvenes y los estudiantes que se preparan para el ministerio ha llamado la atención del movimiento contemporáneo evangélico en América y otras partes. Por un lado, el amor por la Escritura y la teología, junto con el fervor por Cristo y su obra, son una fuente de gran aliento. Por otro lado, hay cierta preocupación que, al adoptar la teología reformada apresuradamente, algunos individuos provenientes de trasfondos más wesleyanos y arminianos tal vez no hayan considerado con detenimiento las diferencias esenciales entre las respectivas tradiciones… De hecho, hay un continuo debate filosófico en torno al equilibrio entre la soberanía divina y la responsabilidad humana, que deriva de esta discusión. En un extremo, se afirma que Dios, el destino, o alguna otra fuerza es el único agente activo en el universo que ejerce su influencia sobre seres humanos impotentes. En el otro extremo, se argumenta que la humanidad puede hacer lo que quiere y no necesita justificarse ante ningún poder superior, pues ciertamente es posible que ni siquiera exista. El cristianismo rechaza con toda razón ambos extremos como contrarios a la Biblia. Al mismo tiempo, hay cristianos sinceros que reivindican diferentes perspectivas en cuanto al equilibro entre el control divino de Dios y la responsabilidad humana. En la actualidad, las dos posiciones fundamentales en el cristianismo protestante son generalmente etiquetadas como teología reformada y teología arminiana… Debe notarse también la diversidad entre los grupos reformados y arminianos. Ambos grupos abarcan tanto carismáticos como secesionistas, y muchas otras expresiones teológicas diferentes. Para muchos, la expresión más notable e influyente de la teología reformada se da a través de aquellos que se denominan «neo-reformados»… Si bien la diferencia fundamental entre los pensadores reformados y arminianos (incluso las Asambleas de Dios, entre los últimos) concierne a la soteriología, hay otros puntos de divergencia que a menudo siguen la teología reformada y, en particular, el movimiento neo-reformado. Muchos de los pensadores denominados «jóvenes, preocupados y reformados», no se aferran con demasía a los cinco aspectos de TULIP, siendo la expiación limitada el principio que se cuestiona con más frecuencia. De este modo, algunos se identifican como calvinistas de 4, 3 o 5 puntos. Otros entre los neo-reformados son más estrictos en su soteriología que muchos calvinistas moderados, una vez más, teniendo en cuenta el peligro de considerar como un grupo homogéneo a todos los que se identifican como reformados… Aunque los movimientos reformados en general han sido secesionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas… Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. Éste es un asunto con el que las Asambleas de Dios están en desacuerdo, como se expresa en nuestra declaración oficial sobre las mujeres en el ministerio… Cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.” [1]

En muchos sentidos, la respuesta de las Asambleas de Dios buscaba preservar la unidad dentro de la denominación. Su fin era, según los mismos redactores de la Declaración, “identificar en un espíritu de respeto y conciliación las áreas de acuerdos y desacuerdos, ofreciendo una base para fomentar la conversación, la comprensión, y también los motivos de discrepancia.” Afirmando en tono conciliador que “Muchos de nosotros hemos aprendido mucho al estudiar y dialogar con maestros y amigos de la tradición reformada que estimamos, apreciamos y admiramos, aunque hemos llegado a conclusiones diferentes sobre ciertos aspectos de la salvación personal.” [2]

Tal actitud es loable, pues mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre los que se autodenominan arminianos y reformados, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Sin embargo, tal comunión no siempre será posible. Y la tolerancia tampoco implica que bajemos la guardia y veamos como nuestros jóvenes son instruidos de forma incorrecta en los extremos peligrosos del calvinismo. ¡Los arminianos debemos despertar y defender lo que sabemos que es correcto!

¿PORQUÉ EL CALVINISMO SE HA VUELTO POPULAR EN ALGUNOS CÍRCULOS?

¿Por qué es atractivo el calvinismo para las personas que hasta ahora han estado en iglesias no reformadas? ¿Qué ve la gente, especialmente aquellos que ya son cristianos, en el calvinismo? En particular, ¿Por qué es atractivo para las personas en iglesias arminianas?

(1.- PROFUNDIDAD INTELECTUAL: Tradicionalmente, el evangelicalismo popular, y particularmente el pentecostalismo, se puede caracterizar como un movimiento religioso heterogéneo, variopinto y lleno de diversidad, pero con poca profundidad teológica. ¿Cuántos jóvenes en nuestras iglesias han sido desanimados y hasta expulsados (indirectamente) por atreverse a hacer preguntas teológicas y filosóficas difíciles? El calvinismo, por el contrario, alienta un cierto nivel de profundidad teológica, en parte quizás porque las paradojas pueden ser difíciles de mantener de forma simplista. A su favor, el calvinismo no evita las preguntas duras y perennes de la teología.

(2.- TRADICIÓN RELIGIOSA: El pensamiento reformado tiene una historia significativa que, en comparación con otras iglesias, particularmente pentecostales, parece antigua. Los credos y las confesiones de fe dan forma a esta tradición, al igual que la impresionante variedad de pensadores talentosos y profundos, desde Juan Calvino hasta Jonathan Edwards, Abraham Kuyper y Karl Barth, por nombrar algunos. El calvinismo aprovecha inadvertidamente la ignorancia de las personas sobre las alternativas, histórica y teológicamente. Debido a que a muchos evangélicos no se les ha animado a pensar profundamente en sus propios contextos eclesiales, o tal vez se les ha desanimado a hacerlo, entonces se aferran a la primera opción cristiana que fomenta la reflexión teológica. Y como no tienen conocimiento de la historia de la iglesia, entonces una tradición de 500 años, o incluso una tradición de 1500 años, suena muy antigua y confiable en comparación con una tradición de 100 años o ninguna tradición en absoluto. Se aferran a lo primero que les da ese sentido beneficioso de la tradición. Estas dos primeras razones también son paralelas a las razones del éxodo de muchos a las iglesias católica romana y ortodoxa oriental. Pero muchos cristianos que desean mantenerse fieles a la Reforma, la teología reformada es un destino popular.

(3.- APARIENCIA DE FIDELIDAD BÍBLICA: Los teólogos y predicadores reformados tienen un gran respeto por las Escrituras. Su apelación a las Escrituras para todos los asuntos doctrinales es atractiva para cualquiera que tenga un respeto similar por las Escrituras. También tienen algunos pasajes que, leídos a través de una lente reformada, parecen apoyar la teología reformada. De hecho, si los calvinistas no tuvieran textos que parecieran apoyar sus puntos de vista, probablemente no habría calvinistas. Eso no quiere decir que sus opiniones sean correctas, como 2 Pedro 3:15-16 nos recuerda: “Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16, NVI).

(4.- APARENTE TEOCENTRISMO: Los calvinistas insisten en que su teología es verdaderamente teocéntrica y no centrada en el hombre o antropocéntrica. Desde la concepción calvinista, su teología es la única que proclama a un Dios que salva y que, por lo tanto, es la única que da gloria a Dios y defiende su soberanía (y tratarán ardientemente de hacerte creer que es así); por otro lado, ven al arminianismo como una teología antropocéntrica semi-herética que habla de un Dios que permite al hombre salvarse a sí mismo o contribuir con Dios en el proceso y que, por consiguiente, le roba a Dios la gloria y exalta el albedrío humano. Obviamente, tales afirmaciones hacen parecer al sistema calvinista como el mejor, mientras que el arminianismo es presentado como una herejía horrible. Esa es una falsa y ofensiva caricaturización del arminianismo, pero es lo que el calvinismo pretende hacerle creer a aquellos que busca convertir. Degradando con mentiras al arminianismo pretende brillar en el mundo evangélico, presentándose como la única opción válida de cristianismo.

(5.- CONFORT Y SEGURIDAD AL SABER QUE DIOS ESTÁ EN CONTROL: Cuando el mundo y nuestras propias vidas parecen caóticos y están fuera de control, es reconfortante creer que nada puede resistir la voluntad y el plan de Dios. Si Dios ha predestinado cada evento de la existencia ¿Qué podría salir mal? Cada detalle es parte del gran plan.

ES TIEMPO DE EXAMINARNOS A NOSOTROS MISMOS.

El avance del calvinismo y el neo-calvinismo solo ha sido posible gracias a nuestro descuido como arminianos y a los grandes errores cometidos por las iglesias emblemáticas de dicha teología. Nosotros, los pentecostales, tenemos mucha culpa en ello. Aprender de nuestros errores es indispensable; identificar lo que los calvinistas están haciendo bien y nosotros no, lo es aún más. Las iglesias pentecostales y otras comunidades típicamente no reformadas pueden aprender muchas cosas positivas de la tradición Reformada.

  • UNA VISIÓN MÁS GRANDE DE DIOS Y SU GLORIA: Lo que los pentecostales necesitamos aprender es que Dios no es nuestro “amigote celestial” “ni el genio que concede deseos y se somete a nuestros caprichos” en el cielo. Dios no existe para responder de forma sumisa a nuestras oraciones por salud y riqueza, Él no se somete a nuestras confesiones positivas, decretos o declaraciones, sino que es un Dios absolutamente trascendente, santo y completamente diferente. Quien es la belleza y la verdad. La teología reformada ofrece al pentecostalismo, y al evangelicalismo en general, una visión de la majestad de Dios que pareciera hemos olvidado. Sin embargo, en nuestro intento por corregir lo erróneo, debemos tener cuidado de no caer en el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia del Dios de la teología reformada, la Biblia nos enseña también que el Dios del cristianismo es un Dios que nos ama y nos creó a todos para la comunión eterna con él.
  • SOBERANÍA DIVINA VS. DEÍSMO PRÁCTICO: Muchos de los que se autodenominan arminianos suelen ver a Dios como un observador pasivo, un relojero que terminó su creación y la dejó funcionando sola. Este tipo de teología nos hace creer que estamos prácticamente por nuestra cuenta, lo cual no es cierto. Más bien, tal cual lo sostiene el calvinismo (y de hecho, el arminianismo clásico) Dios sabe el fin desde el principio y resuelve todas las cosas para el bien de quienes lo aman; Él es aquel en quien continuamos viviendo, moviéndonos y teniendo nuestro propio ser. Los arminianos, al igual que los calvinistas, necesitamos entender que Dios es soberano. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la teología reformada, la soberanía no debe significar la determinación de nuestra salvación sin nuestra voluntad, y ciertamente no debe significar, como lo insinúan algunos neo-calvinistas, que Dios es la causa directa y eficiente del mal.
  • LA GRACIA DIVINA Y LA DEPENDENCIA HUMANA FRENTE A LA HABILIDAD HUMANA Y LA AUTONOMÍA INDIVIDUAL: Lo que muchos arminianos podemos aprender de la teología reformada es que la salvación no se trata de que Dios nos deje solos y ahora ponga la pelota en nuestra cancha. La salvación de nuestras almas no descansa en nosotros mismos, sino en Dios. Pareciera que muchas iglesias que se autodenominan arminianas han olvidado que Dios es el que inicia y completa la salvación y quien debe recibir toda la gloria por nuestra salvación. Es Dios quien produce así el querer como el hacer (Filipenses 2:13), es Dios, por su gracia, quien nos permite perseverar hasta el fin para salvación (Judas 1:24). Por otro lado, debemos tener cuidado con el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia de la teología reformada, tenemos algo que decir en el proceso de conversión. La gracia no anula la libertad humana (Deuteronomio 30:15-19).
  • PROFUNDIDAD TEOLÓGICA VS. SUPERFICIALIDAD DEMASIADO SIMPLISTA: Lo que podemos aprender de los calvinistas es que las respuestas fáciles a las preguntas reflexivas no son útiles, y la ignorancia per sé no es una virtud cristiana. Más bien, se nos manda amar a Dios con toda nuestra mente y agregar a nuestra fe, conocimiento. ¡Pero cuidado! La teología debe basarse en toda la Escritura y en la Escritura sola, no en tradiciones humanas, filosofías de hombres y conocimiento vacío. La voluntad de Dios para la creación no es un misterio reservado solo a los sabios. Este ha sido el error arrogante del calvinismo: Considerarse a sí mismos la élite intelectual y elegida del cristianismo. La erudición es buena, pero enterrar nuestra relación con Dios en medio de catecismos, disertaciones filosóficas y teoría sin espiritualidad, es inútil. El intelectualismo jamás debe superar nuestra relación con Dios (1 Corintios 2:1-16).
  • APRECIACIÓN POR LA HISTORIA DE LA IGLESIA Y LA TRADICIÓN CRISTIANA: Los pentecostales principalmente, pero no exclusivamente, podemos aprender que en el cristianismo no solo somos mi Biblia y yo. Dios nos colocó en una comunidad guiada por el Espíritu, y esa comunidad incluye no solo a aquellos que todavía están caminando, sino a millones de cristianos en el pasado que, desde el siglo primero de nuestra era, defendieron con valentía la fe cristiana histórica y nos han dejado un vasto legado de conocimiento en sus escritos. No podemos rechazar el legado de nuestros antepasados en la fe. Por el contrario, aceptarlo nos enriquece. ¡Pero cuidado! La historia de la iglesia, esa nube de testigos, incluye más que a Agustín, Lutero y Calvino. Ese es el error de los reformados.

¿CÓMO EL MAL EJEMPLO DE ALGUNOS PENTECOSTALES HA IMPULSADO EL CALVINISMO?

Para nadie es un secreto que el pentecostalismo (que aspira a una fresca y renovada espiritualidad cristiana) se ha transformado, paradójicamente, en una religión materialista, preocupada de los templos y de que sus creyentes tengan carreras exitosas, mejores trabajos, quizás influenciado por el neopentecostalismo. La nueva oferta religiosa del pentecostalismo está dirigida en torno a la salud, trabajo, prosperidad, etc. Las prédicas y los mensajes religiosos manifestados en la música son mensajes terapéuticos, individualistas, economicistas y exitistas. Lo que parecía ser nuestra fortaleza se convirtió en nuestra ruina: La gran capacidad del pentecostalismo para adaptar su discurso al contexto social, cultural e histórico. Dicha habilidad nos permitió a los pentecostales convertirnos en uno de los pocos movimientos religiosos que aún siguen creciendo, aunque muchos piensan que hemos llegado ya al techo de nuestro crecimiento. ¡Sólo el tiempo lo dirá!

Los efectos que ha tenido la secularización en el pentecostalismo, como la pluralidad religiosa, la subjetivación de la religión y la existencia de una creciente mundanalidad, ha derivado en que la gente que antes no se interesaba por el pentecostalismo, hoy lo haga, porque la oferta ya no está basada en la vida eterna, el cielo o el infierno, sino en cómo ser feliz aquí en la tierra. Este proceso de secularización del pentecostalismo se evidencia en cuatro aspectos concretos:

  1. El exilio de la muerte por la sanidad y los milagros económicos.
  2. El desinterés por la creencia pre milenarista y la predicación escatológica debido a la movilidad social, el reconocimiento social y la legitimación política de los pastores; como, asimismo, la movilidad social de los creyentes a través del interés por el estudio y el acceso a mejores condiciones laborales. El pentecostalismo ha pasado de esperar un futuro reino milenario de Cristo a aspirar un reinado terrenal de la iglesia, aquí y ahora.
  3. Abandono de la predicación sobre el infierno y el cielo. Las predicaciones y el miedo por el infierno han disminuido o han sido totalmente eliminadas en algunas iglesias. Las promesas celestes, como salud, vivienda, alimentación, trabajo, paz y justicia, se viven en la tierra, aunque el cielo sigue siendo una promesa plausible, pero puede esperar un poco. Con el aumento de la expectativa de vida y el acceso a los estudios universitarios, se puede traer algo del cielo a la tierra; el futuro al presente; y la promesa, a realidad.
  4. Declive del fervor pentecostal; esto tiene que ver con la apatía, la pérdida de la pasión pentecostal por predicar, asistir al templo o cumplir ritos sacrificiales como el ayuno y la oración comunitaria; además, hay un tendencia a la movilidad intrapentecostal; es decir, un creyente que va de una iglesia a otra.

En la conciencia pentecostal ahora está la bendición material: la prosperidad económica, la salud, el cuidado del cuerpo, los estudios universitarios, la casa propia y el automóvil propio. La meta suprema de muchos pastores no es ya que su congregación crezca en conocimiento de la sana doctrina y fervor pentecostal, sino entregar la congregación en manos de su hijo, con un templo de material sólido, con el vehículo pastoral y con un reconocimiento sociopolítico. La meta suprema de un padre o de una madre cristiana es ver que sus hijos sean profesionales, tengan trabajo seguro, casa propia y asistan a la iglesia. Nuestra teología del sufrimiento ha sido cambiada por la teología de la prosperidad. La buena muerte ya no es morir predicando, sino “morir lleno de días bendecido”. El pentecostalismo global se ha estancado, sobre todo en las grandes denominaciones, por su lucha y fascinación por el poder, y por el desencanto ético que esto produce. El pentecostalismo nació y se desarrolló como un movimiento religioso comprometido con la verdad, la justicia y la equidad de los pobres, oprimidos y desheredados. Los pastores y pastoras adquirieron ese compromiso con empatía porque pertenecían a ese grupo social, Sin embargo, ¿Hoy quién quiere identificarse con los pobres? O, más bien, ¿Hoy quién se identifica como pobre? ¿Acaso no es vista como señal de desaprobación divina en muchas iglesias pentecostales de nuestra época? El calvinismo ha visto nuestros puntos débiles y los ha sabido capitalizar a su favor.

CONCLUSIÓN.

Mis amados hermanos pentecostales:

¡Necesitamos volver a nuestras raíces! De no hacerlo, no debería extrañarnos que, en el futuro, muchos dejen de ver nuestras iglesias como opciones legítimas para un auténtico cristianismo. Tampoco debería extrañarnos que el calvinismo, hasta hace unas décadas casi desconocido en Latinoamérica, esté cobrando impulso y atacando nuestras bases, nuestra fe y nuestras denominaciones. O corregimos lo que está mal en nosotros, o perderemos el sentido de nuestra existencia como movimiento. El calvinismo no está creciendo porque tenga la razón en sus postulados, o porque sea una mejor opción de cristianismo que el arminianismo o el pentecostalismo. Está creciendo por causa nuestra, por nuestros descuidos. El calvinismo crece gracias al mal ejemplo del pentecostalismo y su miope visión de su estado actual.

Amados hermanos arminianos no pentecostales:

Si bien es cierto nosotros los pentecostales tenemos mucha de la culpa, el avance del calvinismo no es solo culpa nuestra. Crece también porque muchos arminianos no pentecostales ni siquiera entienden las bases de su propia fe arminiana, diluyendo a veces el arminianismo junto a creencias heréticas como el pelagianismo y el semipelagianismo.

¡Ambos grupos necesitamos poner nuestras barbas en remojo! ¡Hay mucho que corregir, mucho que aprender!

REFERENCIAS.

[1] UNA RESPUESTA DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS A LA TEOLOGÍA REFORMADA (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 1 Y 3 DE AGOSTO DE 2015).

[2] Íbid.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Sin categoría

¿Estás seguro que eres salvo?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

 INTRODUCCIÓN.

¿Soy salvo? ¿Puedo estar verdaderamente seguro de mi salvación en esta vida? Es una pregunta que todos los cristianos nos hemos hecho en algún momento. El desafío de la adversidad, la tentación de pecar, cualquier punto bajo en nuestro camino espiritual, puede llevar a una persona a dudar de su identidad como hijo de Dios. A veces la inseguridad de la propia salvación puede originarse en el incumplimiento de ciertos estándares legalistas y extrabíblicos impuestos por una comunidad a otros, o simplemente pueden ser momentos de duda sin ninguna explicación. Cualquiera sea la causa, es una experiencia común que la mayoría de los cristianos pueden atestiguar en algún momento de su caminar.

La seguridad fue una preocupación central y motivadora de la Reforma Protestante. Martín Lutero buscó seguridad en el sacramento de la penitencia, pero fue en vano. Finalmente lo encontró en su descubrimiento de la justificación solo por gracia a través de la fe sola. Esta preocupación por la seguridad continuó entre los reformados (calvinistas).

Nuestro entendimiento de la doctrina de la seguridad de la salvación hace una diferencia: (1) La seguridad sirve como una base desde la cual consagrar más nuestras vidas a Dios; (2) la seguridad proporciona una audacia especial desde la cual vivir la vida cristiana y (3) la seguridad ofrece esperanza y paz que desafían la desesperación que marca nuestro mundo.

 

¿DUDANDO DE TU SALVACIÓN?

A muchos quizá les sorprenda saber que la mayoría de las personas que dudan de su salvación son calvinistas en su teología. En otras palabras, creen en la elección incondicional. Estos son los que creen en la perseverancia de los santos. ¡Estos son los que creen que no podemos perder nuestra salvación! Sin embargo, estos son los que más dudan de su fe. ¿Por qué? El problema radica en su creencia sobre la elección. ¿Cómo puede saber un calvinista con total seguridad y certeza que verdaderamente está entre los elegidos? Simplemente no puede.

En el calvinismo, la seguridad no se basa en las promesas de Dios (su promesa de salvar a todos los que se arrepienten y creen sobre la base de la vida perfecta de Jesús, la muerte sustitutiva y su resurrección), sino más bien en el secreto y eterno decreto de Dios para elegir a quien él quiera. Dicho de otra manera, el calvinismo hace a Dios fundamentalmente indigno de confianza. El punto de vista calvinista es que Dios siempre hará lo que sea que le brinde la mayor gloria, ya sea que eso signifique decretar tu perdón o tu condenación en el tormento eterno.[1]

Pero eso nos es todo ¡la cosa se pone peor! En el calvinismo, ni siquiera la propia conciencia de un creyente de que está bien con Dios es suficiente para proporcionarle seguridad (esto en oposición a Romanos 8:16). El mismo Calvino sostuvo que Dios podría proporcionarte a un individuo lo que él llamó “Gracia Evanescente”; es decir, falsa seguridad para que sea condenado más severamente. Calvino escribió:

“La experiencia muestra que los reprobados a veces se ven afectados de una manera tan similar a los elegidos, que incluso en su propio juicio no hay diferencia entre ellos. Por lo tanto, no es extraño que, para el apóstol, se les atribuya haber saboreado los dones celestiales, y experimentado por Cristo mismo una fe temporal. No es que realmente perciban el poder de la gracia espiritual y la luz segura de la fe; sino que el Señor, para condenarlos mejor y dejarlos sin excusa, inculca en sus mentes un sentido de su bondad que se puede sentir sin el Espíritu de adopción. Si se objetara que los creyentes no tienen un testimonio más sólido para asegurarles su adopción, yo respondo que aunque hay una gran semejanza y afinidad entre los elegidos de Dios y aquellos que están impresionados por un tiempo con una fe decreciente, sin embargo, solo los elegidos tienen esa plena seguridad que es exaltada por Pablo, y por la cual están capacitados para clamar, Abba, Padre. Por lo tanto, como Dios regenera a los elegidos para siempre por la semilla incorruptible, como la semilla de la vida que una vez sembraron en sus corazones nunca perece, entonces él sella efectivamente la gracia de su adopción, para que sea seguro y firme. Pero en esto no hay nada que impida que una operación inferior del Espíritu siga su curso en el reprobado. Mientras tanto, a los creyentes se les enseña a examinarse a sí mismos con cuidado y humildad, para evitar que la seguridad carnal se introduzca y tome el lugar de la seguridad de la fe. Podemos agregar, que el reprobado nunca tiene otro sentido que no sea el confuso sentido de la gracia, que se adueña de la sombra en lugar de la sustancia, porque el Espíritu sella adecuadamente el perdón de los pecados solo en los elegidos, aplicándolos con fe especial para su uso… Sin embargo, se dice correctamente que los reprobados creen que Dios es propicio para ellos, en la medida en que aceptan el don de la reconciliación, aunque confusamente y sin el debido discernimiento; no es que sean participantes de la misma fe o regeneración con los hijos de Dios; pero porque, bajo una cobertura de hipocresía, parecen tener un principio de fe en común con ellos. Ni siquiera niego que Dios ilumine sus mentes hasta este punto, que reconozcan su gracia; pero esa convicción la distingue del testimonio peculiar que da a sus elegidos a este respecto, de que el reprobado nunca alcanza el resultado completo o la fructificación. Cuando se muestra propicio a ellos, no es como si realmente los hubiera rescatado de la muerte y los hubiera tomado bajo su protección. Él solo les da una manifestación de su misericordia presente. Solo en los elegidos él implanta la raíz viva de la fe, para que perseveren hasta el final. Por lo tanto, disponemos de la objeción, que si Dios verdaderamente muestra su gracia, debe perdurar para siempre. No hay nada inconsistente en esto con el hecho de que él ilumina a algunos con un presente sentido de la gracia, que luego se vuelve evanescente”.[2]

El creyente arminiano, en cambio, descanso en la seguridad de la Palabra, en las promesas de Dios. Dios no engaña a nadie, él no puede mentir. Es contra su carácter santo engañar incluso al incrédulo. Él no reprueba a nadie por puro capricho. Todo el que quiera está invitado y tendrá la oportunidad genuina de ser salvo si así lo desea. Su sacrificio expiatorio es ilimitado en cuanto a su poder redentor y no está restringido a un pequeño grupo de elegidos incapaces de estar plenamente seguros que son parte de los “elegidos”: “El Espíritu y la novia dicen: « ¡Ven!»; y el que escuche diga: « ¡Ven!» El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.” (Apocalipsis 22:17, NVI). El Señor ha dicho claramente que “al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.” (Juan 6:37, LBLA). Pues “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9, LBLA).

 

LA BIBLIA, NUESTRA FUENTE DE CERTEZA.

En su epístola a los Romanos, Pablo nos enseña claramente que podemos estar seguros, aquí y ahora, que somos salvos: “El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17 Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…” (Romanos 8:16-17, NVI).

De acuerdo con Pablo, conocer nuestra identidad es una obra sobrenatural del Espíritu. Incluso nuestro conocimiento subjetivo de nuestra identidad depende de la revelación de Dios. Además, cuando Pablo alienta a los cristianos a probarse a sí mismos para ver si están en la fe (2 Corintios 13: 5-6), la implicación es que uno puede conocer la respuesta. De hecho, esto es lo que significa el versículo 6 cuando dice: “Mas espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados” (LBLA).

Puede haber momentos en que una situación difícil pueda eliminar cualquier sensación de seguridad personal. Tal vez incluso caer en un pecado momentáneo nos lleve a la duda. No obstante, las relaciones (y ser un hijo de Dios es eso, una relación, pues implica comunión con el Padre) no se rompen instantáneamente. El mismo Dios que nos justifica con gracia también nos preserva en nuestra debilidad. El mérito de nuestra identidad no se basa en nuestro conocimiento subjetivo, sino en la obra de Cristo y el Espíritu Santo en nuestras vidas. La seguridad no es otra cosa que un regalo de Dios a sus hijos.

 

LA BIBLIA DICE QUE SOMOS SALVOS Y PODEMOS SABERLO AQUÍ Y AHORA.

Según la Palabra podemos saber que tenemos vida eterna porque somos la justicia de Dios en Cristo Jesús (Romanos 3: 23-24); la sangre de Jesús lava todos nuestros pecados (Mateo 26:28; Efesios 1: 7; Hebreos 10: 10,14) y Jesús es nuestro mediador (Hebreos 4: 14-16; 9:14). A aquellos que dudan de su salvación, la Biblia les dice:

 

  • Juan 1: 12-13, “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.”
  • Juan 3: 14-18, Jesús dijo: “Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.”
  • Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios”
  • Juan 5:24, Jesús dijo: “Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.”
  • Hechos 10:43, “De él dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados.”
  • Hechos 16: 30-31, “Luego los sacó y les preguntó: —Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo? —Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos —le contestaron.”
  • Romanos 10: 9-10 y 13, “que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo… porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»”

Juan dijo que escribió su primera epístola: “Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.” (1 Juan 5:13, NVI). A ti que dudas de tu salvación sin razón alguna, te pregunto ¿Tú crees en Jesús? ¿Has depositado tu fe en él para salvación? Entonces, ¿cuál es la promesa de Dios para ti? El apóstol Pablo escribió: “Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.” (2 Timoteo 1:12, LBLA).

 

REFERENCIAS:

[1] Véase John Piper, La justificación de Dios (2ª ed.), Especialmente las páginas 88-89; 116; 121-22; 133; y 149-150.

[2] Juan Calvino, Institución de Religión Cristiana, 3.2.11.

Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.

Dones Espirituales, Sin categoría

Los Dones Espirituales: Clasificación y tipos de dones.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los pentecostales creemos que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia espiritual diferente a la salvación y posterior al nuevo nacimiento en Cristo. La manifestación de que se ha recibido es hablar en otras lenguas, no por propio impulso del hombre, sino bajo la dirección del Espíritu Santo. Es dado para capacitar al creyente en el cumplimiento de la gran comisión (Joel 2:28, Mateo 3:11, Lucas 24:49, Hechos 1:5, 2:39). En el Antiguo Testamento había muchas personas que ejercían ciertos dones espirituales sin ser bautizados con el Espíritu Santo. En la actualidad, vemos muchos ministerios que operan en dones sin estar bautizados con el Espíritu Santo. No obstante, el ideal del nuevo pacto es la conversión, el bautismo en el Espíritu Santo y la operación o manifestación de los dones. Aunque los dones espirituales se pueden manifestar sin haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo, ¿Se imagina la tremenda bendición que representa el bautismo en el Espíritu Santo para la manifestación de los dones?

I.- DIFERENCIA ENTRE DONES NATURALES Y DONES ESPIRITUALES.

Cada individuo tiene lo que llamamos los dones naturales, que son habilidades que Dios le da al hombre para destacar en su vida, tales como la música, el canto, las artes, los números, etc. todos esos dones naturales deben ser puestos al servicio de Dios también en la iglesia, pero no sería correcto llamarlos Dones Sobrenaturales, sino habilidades o dones naturales, los cuales son otorgados por la gracia de Dios a todos los seres humanos.

Los dones sobrenaturales son aquellos que Dios nos otorga al creer en él y nos capacita para hacer su obra en la tierra. En un sentido amplio, es un don espiritual cualquier capacidad que nos da el Espíritu para ministrar en la iglesia y por medio de ella. Esta definición incluye los dones que operan a través de nuestra capacidad natural (enseñanza, gobierno, misericordia) y también a los dones que trascienden los medios ordinarios (sanidades, profecía y milagros). Las listas de dones que aparecen en el Nuevo Testamento incluyen ambos tipos (Romanos 12:6–8; 1 Corintios 7:7; 12:8–10, 28; Efesios 4:11; 1 Pedro 4:11). Desde su nacimiento, la iglesia de Cristo ha dependido de Dios para hacer obras sobrenaturales. Parte esencial del movimiento pentecostal en nuestro tiempo ha sido un nuevo énfasis en los dones espirituales.

La manifestación de los dones espirituales es parte esencial de la obra de Dios en su pueblo y a través de este. Los dones son dados para la edificación del cuerpo de Cristo. En Efesios 4.12, Pablo indica que los dones tienen el propósito de preparar a los santos para la tarea de ministrar con el fin de edificar el cuerpo de Cristo. Los dones preparan a los siervos a fin de que ellos puedan hacer la obra del Señor, lo que dará como resultado la madurez de la iglesia. Nos necesitamos unos a otros para que el cuerpo crezca de manera saludable. De modo que, los dones no son cualidades personales o propias.

Los dones son encarnacionales. Esto quiere decir que Dios obra a través de los seres humanos. Los creyentes le someten su mente, corazón, alma y fortaleza a Dios. Consciente y voluntariamente le entregan todo cuanto son. El Espíritu los capacita sobrenaturalmente para ministrar más allá de sus posibilidades, al mismo tiempo que expresa cada don a través de su experiencia en la vida, su carácter, su personalidad y su vocabulario. Lo que Dios ministra a través de nuestra vida, ministerio y personalidad, puede ser distinto a lo que ministra a través de otros. Por tal razón, los dones manifestados necesitan de una evaluación. Esto no disminuye de manera alguna su eficacia, sino más bien le permite a la congregación poner a prueba su veracidad bíblica y su valor de edificación.

II.- TIPOS DE DONES ESPIRITUALES.

Hay muchos dones. Ninguna de las listas presentadas en la biblia tiene el propósito de ser exhaustiva. En los diversos pasajes que hablan acerca de los dones se mencionan veintiuno. Todos ellos son complementarios; ninguno es completo en sí mismo y por sí mismo. Por ejemplo, todos los dones de Romanos 12:6–8 se pueden aplicar con utilidad a una situación de consejería. Algunos de los dones de una lista se relacionan fácilmente con dones de otras listas. El don de repartir se puede manifestar a sí mismo en el mostrar misericordia, ayudar, exhortar o, incluso, sufrir el martirio. Con esta superposición, encontramos que hay algunos dones que todos identifican con facilidad, como las lenguas y la interpretación, las sanidades y los milagros. En cambio, hay otros dones, como la palabra de sabiduría, la palabra de conocimiento, el discernimiento de espíritus y la profecía, que quizá necesiten evaluación para identificarlos.

 

1.- DONES CARISMÁTICOS.

La mayoría de los escritores han dividido los dones de 1 Corintios 12:8–10 en las tres categorías de dones para la mente, dones de poder y dones para hablar, con tres dones en cada categoría. Es una división cómoda y lógica. No obstante, apoyado en 1 Corintios 12:6–8 y en 1 Corintios 14:1–33, se deduce que Pablo está haciendo aquí una división funcional. A partir del uso que hace Pablo dos veces de la palabra griega “héteros” (“otro de una clase distinta”) en 1 Corintios 12:6–8, podemos ver los dones divididos en tres categorías de dos, cinco y dos dones respectivamente:

  • Dones de enseñanza y predicación (palabra de sabiduría y palabra de ciencia o conocimiento).
  • Dones de ministerio a la iglesia y al mundo (fe, dones de sanidades, poderes milagrosos, profecía, discernimiento de espíritus).
  • Dones de adoración (diferentes clases de lenguas e interpretación de lenguas).

Otra forma muy común de clasificar los dones carismáticos es:

  • Dones de Palabra: Profecía, discernimiento de espíritus, don de lenguas, interpretación de lenguas, palabra de sabiduría y palabra de ciencia.
  • Dones de Poder: Fe, dones de sanidades, obras de poder (milagros).

 

2.- DONES MINISTERIALES.

Aunque el Nuevo Testamento insiste en la universalidad del ministerio dentro del cuerpo de Cristo, también indica que algunos creyentes son apartados de manera exclusiva para funciones concretas dentro del ministerio. Con frecuencia se menciona al respecto Efesios 4:11: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”. De esta manera se obtiene una lista de las que se han llamado en ocasiones “funciones carismáticas” o “dones ministeriales” de la Iglesia Primitiva, diferentes a los “puestos administrativos” (obispo, anciano, diácono), de los que se hace mención especial en las últimas epístolas del Nuevo Testamento. El importante papel que desempeñaron los apóstoles, profetas, evangelistas y demás ministerios en el ministerio de la Iglesia Primitiva está bien atestiguado en el Nuevo Testamento.

 

3.- DONES DE SERVICIO.

Los dones espirituales de servicio se encuentran en una de las listas de los dones espirituales en la Biblia (Romanos 12:6). En Romanos 12:6 la palabra traducida “dones” es el vocablo griego “charisma” que significa un don de gracia inmerecida, regalo, favor, oficio, misión, poder. Es un regalo divino, especialmente una dotación o facultad espiritual milagrosa. Los dones de ayuda al igual que los dones carismáticos de 1 Corintios 12, son parte del grupo de los dones del Espíritu Santo para edificación de la Iglesia de Cristo. Los dones de ayuda son complementarios (Hechos 6:2-4) pero no por ello menos espirituales, o especiales, y menos necesarios para el desarrollo adecuado de la Iglesia del Señor.  En esta lista se mencionan los dones de servir, enseñar, exhortar, el don de dar, el don de dirigir, el don de mostrar misericordia (Romanos 12:6-8). Implica también los dones de ayudar (1 Corintios 12:28). La palabra griega traducida para “ayudar” en 1 Corintios 12:28, se encuentra solamente en el Nuevo Testamento y significa literalmente “aliviar, socorrer, participar en algo o apoyar”.

Aquellos a quienes se les ha dado alguno de los dones de servicio, pueden ayudar o prestar asistencia a otros en la iglesia con compasión y gracia. Este don tiene una amplia variedad de aplicaciones, que van desde ayudar a individuos con tareas diarias, hasta ayudar en la administración de los asuntos de la iglesia. Ayudar y servir en el cuerpo de Cristo puede adoptar una variedad de formas. Algunos ven el don de ayudar como el que se da a aquellos que están dispuestos a “echar una mano” y hacer incluso las tareas más mundanas y desagradables con un espíritu de humildad y de gracia. Los que ayudan son con frecuencia quienes se ofrecen como voluntarios para trabajar regularmente alrededor de los edificios y los terrenos de la iglesia, a menudo trabajando en la oscuridad. Otros ven la ayuda como asistir a las viudas y a los ancianos, o las familias para realizar las tareas diarias, viniendo a prestar asistencia en aquellas áreas donde se necesita ayuda. Estos ayudantes prestan un don de servicio en el sentido más amplio, ayudando y apoyando al cuerpo de Cristo.

Dado que los dones espirituales son dados por el Espíritu Santo para la edificación del cuerpo de Cristo, el aspecto espiritual de los dones de servir y ayudar es quizás aún más importante que el aspecto práctico. Aquellos con el don espiritual de ayudar, han recibido la capacidad única para identificar a aquellos que están luchando con dudas, temores y otras batallas espirituales. Se dirigen hacia aquellos en necesidad espiritual con una palabra amable, una actitud comprensiva y compasiva, y la singular habilidad para hablar la verdad bíblica de una manera amorosa y que produzca convicción. Sus palabras son como “manzana de oro con figuras de plata” (Proverbios 25:11) para los espiritualmente débiles y cansados. Estos cristianos serviciales pueden calmar la ansiedad en los corazones oprimidos, con alegría y con confianza, hablando palabras de verdad y de gozo.

CONCLUSIÓN.

Dios quiere que su pueblo ande en poder, que predique el evangelio valientemente y con señales que lo sigan. No hay en el Nuevo Testamento un concepto de la presencia del Espíritu sin la manifestación del Espíritu en obras de poder. Los cristianos del primer siglo no pudieran haber concebido al Espíritu aparte de milagros, señales y prodigios; era parte integral de su común experiencia en Cristo (Gálatas 3:5; Hebreos 2:4). Dios quiere que su pueblo hoy tenga la misma experiencia. Vivimos en los últimos días, y necesitamos el poder de esos últimos días. A estos dones carismáticos se les une la maravillosa expresión de los dones ministeriales o funciones carismáticas, repartidos en el cuerpo de Cristo para la edificación de la iglesia. Los dones de servicio, a su vez, completan el cuadro de dones espirituales otorgados por la gracia divina a través del Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

Dones Espirituales, Sin categoría

Los Dones Espirituales: Definición y razón de ser.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Un distintivo del movimiento pentecostal es su continuismo; es decir, su creencia en la vigencia actual de los dones sobrenaturales procedentes del Espíritu Santo. Desde su nacimiento, El Pentecostalismo ha dependido de Dios para hacer obras sobrenaturales. Parte esencial del movimiento pentecostal en nuestro tiempo ha sido un nuevo énfasis en los dones espirituales. Esto no debería extrañarnos, ya que la manifestación de los dones espirituales es parte esencial de la obra de Dios en su pueblo y a través de este. Jesús dijo: “edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Nuestro Señor no sólo puso el fundamento de la Iglesia, sino que Él aún la sigue edificando. Él cumplió su promesa de enviar al Espíritu Santo para darnos poder. Jesucristo es el Bautizador. El Espíritu y los dones son nuestros por medio de Él.

Los sucesos del día de Pentecostés (Hechos 2) fueron el clímax de una promesa que Dios había hecho siglos antes. Esa inauguración del nuevo pacto fue también el comienzo de la era del Espíritu. La promesa dada a través del profeta Joel en relación con el derramamiento del Espíritu Santo es de una naturaleza dramática, en donde los recipientes profetizan, sueñan, y ven visiones. La profecía de Joel es similar al deseo expresado por Moisés de que “ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos” (Números 11:29). Este aspecto de la venida del Espíritu está conectado con el concepto del Nuevo Testamento de los dones del Espíritu, los cuales son habilidades especiales proporcionadas por el Espíritu Santo a los cristianos con el propósito de edificar el cuerpo de Cristo.

La lista de dones espirituales en 1 Corintios 12: 8-10, incluye sabiduría, ciencia, fe, sanidad, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, hablar en lenguas, e interpretación de lenguas. Listas similares aparecen en Efesios 4:7-13 y Romanos 12:3-8. Los dones del Espíritu son simplemente facultades dadas por Dios a los creyentes para hacer lo que Él nos ha llamado a hacer. 2 Pedro 1:3 dice: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.” Los dones del Espíritu Santo son parte de “todas las cosas” que necesitamos para cumplir Sus propósitos para nuestras vidas.

¿QUÉ SON LOS DONES ESPIRITUALES?

En un sentido amplio, es un don espiritual cualquier capacidad que nos da el Espíritu para ministrar en la iglesia y por medio de ella. Esta definición incluye los dones que operan a través de nuestra capacidad natural (enseñanza, gobierno, misericordia) y también a los dones que trascienden los medios ordinarios: sanidades, profecía y milagros. Las listas de dones que aparecen en el Nuevo Testamento incluyen ambos tipos (Romanos 12:6–8; 1 Corintios 7:7; 12:8–10, 28; Efesios 4:11; 1 Pedro 4:11). Es necesario señalar algunos puntos respecto a estas listas de dones:

(1.- Las listas no son exhaustivas; no comprenden todos los dones que nos da Dios. Por ejemplo, Dios dota y llena de poder a numerosas personas para la oración de intercesión. Este don no aparece en las listas del Nuevo Testamento y, sin embargo, es un poderoso y eficaz don para destruir fortalezas. Es importante que no limitemos a Dios en un punto en el cual Él mismo no se ha limitado. En ningún lugar de las Escrituras limita Dios la obra con la cual nos llena de poder, a solamente aquellos dones que se mencionan las listas.

 

(2.- Todos los dones actúan en el poder que nos da Dios. No hay un tipo de don que sea superior a otro (por ejemplo, los dones naturales o los sobrenaturales). Aunque un don opere exteriormente por medios ordinarios o naturales, está tan lleno del poder del Espíritu como un don milagroso o sobrenatural. En este sentido, todos los aspectos de la vida cristiana están llenos de poder sobrenatural (1 Corintios 12:13–31).

(3.- La presencia de dones no es señal de madurez espiritual. Los dones son poder para ministrar, y Dios los distribuye conforme a su voluntad. Por ejemplo, los corintios era una iglesia que tenía muchos dones (1 Corintios 1:7), pero eran inmaduros de carácter, lo que fue evidente en sus actitudes de división y de celos respecto a los líderes y los dones (1 Corintios 3:1–23; 12–14).

Los varios términos empleados en el Nuevo Testamento para los dones espirituales nos ayudan a entender esta obra del Espíritu. En 1 Corintios 12:7 Pablo designa todos los dones como la manifestación (phanerosis) del Espíritu. Propiamente dicho, el Nuevo Testamento no trata de manifestaciones espirituales en plural. La palabra está en el singular y aparece sólo una vez más en el Nuevo Testamento en un contexto sin relación con los dones espirituales (2 Corintios 4:2). Muy probablemente, Pablo deseaba transmitir la idea de que el Espíritu único tiene muchas maneras de manifestarse, pero que estas “manifestaciones” deben ser consideradas como una entidad.

Un segundo término es “carismata” (1 Corintios 12:4, 9, 31; 14:1; Romanos 1:11). La forma singular de la palabra (carisma) está compuesta de dos elementos. “Caris” es la palabra griega que usualmente se traduce gracia, o favor inmerecido. El sufijo “ma” con frecuencia significa “resultado de”. Un carisma es, por consiguiente, algo concedido a una persona aun cuando puede que no lo merezca. Se traduce propiamente don o dádiva, pero con esta connotación especial. Sin embargo, la palabra misma no significa don espiritual; sólo en ciertos contextos tiene ese sentido. En otros contextos significa don, regalo o dádiva en un sentido general, tal como en Romanos 6:23, “la dádiva de Dios es vida eterna”. Según se aplica a nuestro sujeto, esta raíz o etimología de la palabra debiera ayudarnos a entender por qué es que a veces le es dispensado un don a una persona que aparentemente no lo merece.

La palabra “pneumatika” también se usa con referencia a dones espirituales. Es la forma plural neutra de “pneumatikos”, que es un adjetivo que significa espiritual. La palabra misma no significa dones espirituales, pero se usa en este sentido en 1Corintios 12:1 y 14:1. En Romanos 1:11 encontramos la combinación “carisma pneumatikon” (don espiritual). Esta expresión sugiere que los dones operan en el reino espiritual. Ellos vienen mediante la capacitación del Espíritu Santo y no deben identificarse con talentos meramente humanos o naturales.

Los términos “doreai” y “domata” se usan también en relación con los dones (Efesios 4:7,8). Como con las dos palabras anteriores, el significado no es don espiritual, sino simplemente don. Son formas nominativas del verbo griego muy común dar (didomi). Sin embargo, Pablo usa los nombres cuando trata de los dones de liderazgo en la iglesia. El último término es “merismois” y se encuentra en Hebreos 2:4, que trata de los “dones del Espíritu Santo”. Pero esta palabra significa más bien porciones, partes o divisiones. Viene del verbo “merizo” que significa dividir, distribuir, asignar, repartir. Ni el nombre ni el verbo tienen referencia directa a la idea de dones, aun cuando el contexto de Hebreos 2:4 lo sugiere. El énfasis es mayormente en la obra del Espíritu de distribuir dones, y es comparable a lo que dice Pablo en 1 Corintios 12:11: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere”. Tenemos entonces esta variedad de términos cuando las Escrituras hablan de dones espirituales. Cada uno de ellos contribuye a una comprensión del todo. Así pues, los dones espirituales son capacitaciones especiales dadas por Dios a su pueblo para la edificación del cuerpo de Cristo y para la extensión de su Reino. El Espíritu Santo es el principal agente divino para la distribución de estos dones.

El pasaje más extenso del Nuevo Testamento acerca de los dones espirituales es 1 Corintios 12 al 14. El apóstol Pablo estaba respondiendo al énfasis que la iglesia en Corinto ponía en ciertos dones (particularmente las lenguas), mientras que se olvidaban de los dones más esenciales. Aunque estaba tratando con un problema específico, en un determinado tiempo y lugar, las verdades que enseñó para ayudar a la iglesia en Corinto se aplican en todos los tiempos y lugares, y dan enseñanza sobre otros aspectos relacionados con los dones espirituales. Pablo menciona que los tres miembros de la Trinidad obran a través de los dones espirituales: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Corintios 12:4–6). Dios nos llama no sólo para que trabajemos por Él sino también para que trabajemos con Él (Marcos 16:20). Él está obrando en nosotros y a través de nosotros. Dios nos da poder a través de los dones. En el capítulo 12 vemos dos formas poderosas en que se manifiestan los dones:

  1. En primer lugar, el poder de los dones se ve en su unidad. Pablo usa el cuerpo humano como un ejemplo de la iglesia. El cuerpo no es meramente un ejemplo de la iglesia, sino que es una representación inspirada de lo que Dios quiere que sea la Iglesia. Dios diseñó el cuerpo humano físico y también el cuerpo espiritual (la Iglesia). Un cuerpo no puede funcionar si sus partes no trabajan en unidad. La iglesia primitiva era un ejemplo vivo del poder de la unidad espiritual. Después que los primeros cristianos fueron llenos del Espíritu Santo, eran “de un corazón y un alma” (Hechos 4:32). Pablo dice que Dios ha ordenado de tal manera el cuerpo, “dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1 Corintios 12:24–26).
  2. En segundo lugar, el poder de los dones se ve en su variedad. Dios tiene un propósito para cada don. La iglesia de Corinto se centraba en unos cuantos dones (especialmente las lenguas), y, en consecuencia, la edificación de la iglesia sufría porque no apreciaban todos los dones. La naturaleza misma de la iglesia es que “no es un solo miembro, sino muchos” (1 Corintios 12:14). Dios sabe lo que la iglesia necesita. Cada parte del cuerpo y cada don espiritual tienen un propósito importante. Si no reconocemos la belleza y el poder en la variedad que Dios ha provisto, podemos devaluar nuestro propio lugar en el cuerpo (vv. 15,16). O podemos devaluar el lugar de otra persona en el cuerpo (v. 21).

LA RAZÓN DE SER DE LOS DONES ESPIRITUALES.

El propósito de los dones es para edificación, lo que simplemente significa esto: edificar. Se relaciona con la misma palabra que Pablo usa en el capítulo 3, cuando les dice a los cristianos que somos edificio de Dios. Jesús está edificando su iglesia. Y tiene la deferencia de usarnos en su obra. Pablo muestra que los dones edifican en dos maneras. Somos espiritualmente edificados como individuos, y la iglesia se edifica como grupo (1 Corintios 14:4). Ambos son necesarios. La iglesia se compone de gente. Cada persona en la iglesia necesita ser edificada para que la iglesia en conjunto sea edificada.

Debido a que las lenguas eran un problema en la iglesia de Corinto, Pablo usa las lenguas como ejemplo. Él hace una distinción entre las lenguas que se interpretan en reuniones de la iglesia y las lenguas que son sólo para edificación personal. En reuniones de la iglesia, las lenguas sólo llegaban a ser para edificación de la iglesia si se interpretaban. Pablo usa un argumento de peso para mostrar eso, diciendo que cuando los creyentes se reúnen, la prioridad debe ser que toda la iglesia sea edificada. Para estar seguro de que los corintios no creyeran que él estaba depreciando el valor de las lenguas para la edificación personal, dice: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Corintios 14:18); pero luego dice que en la iglesia prefiere hablar cinco palabras que se entiendan y que instruyan a otros que diez mil palabras en un idioma que no se entienda (v. 19). No está devaluando las lenguas; está estableciendo una prioridad. Al cierre del pasaje acerca de los dones espirituales, para estar seguro nuevamente de que no sea mal interpretado, Pablo dice: “no impidáis el hablar en lenguas” (v. 39). La prioridad se encuentra en el versículo 12: “procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia”.

Dentro del escenario de la adoración colectiva, los dones tienen como fin edificar a todo el Cuerpo (1 Corintios 12:7). Por ejemplo, los dones de expresión deben ser inteligibles para la congregación, de manera que todos los presentes sean edificados por la manifestación (1 Corintios 14:5–19). De lo contrario, daría lo mismo que el que habla lanzara sus palabras al viento (1 Corintios 14:9). Los dones también glorifican a Dios (1 Corintios 14:16,17,25). En 1 Pedro 4:10,11 se expresa de manera más explícita aún este principio respecto a los dones de expresión, y también a los de servicio. Según este pasaje, los dones nos son distribuidos “para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo” (v. 11). En la esfera personal, los dones también edifican al creyente de manera individual (1 Corintios 14:4,18,19). No hay duda alguna de la aplicación de este principio a esos momentos en los que buscamos la soledad para orar y adorar. Tampoco hay duda alguna de que Dios se comunica personalmente con nosotros fuera del contexto de la adoración colectiva (Hechos 9:1–19; 13:1–3). Sin embargo, los que observan la adoración pentecostal de manera superficial, muchas veces malentienden esta enseñanza del Nuevo Testamento. En las reuniones pentecostales de adoración es una práctica común dedicar un momento a la oración personal; lo que muchos de nuestros padres en la fe solían llamar “el concierto de oración”. Cuando los creyentes levantan su voz de común acuerdo, ofreciendo al Señor sus alabanzas y sus peticiones, podrían presentarse diversas manifestaciones del Espíritu. Aunque el concierto de oración se produce durante la adoración colectiva, en realidad, es un momento apartado para la comunión personal de cada uno con Dios. El principio de inteligibilidad no tiene aplicación en la comunión individual con Dios, ni en el culto de altar.

Los dones espirituales operan en dos tipos distintos de ambiente: el colectivo y el privado. Los ambientes ayudan a determinar cuál es la mayor razón de ser de los dones. Pero tanto en el ambiente colectivo como en el privado, las manifestaciones del Espíritu siempre son edificantes. Ya sea por medio de la convicción o de la reafirmación, por medio de acciones sutiles, o de maravillosas demostraciones del poder de Dios, las manifestaciones de los dones espirituales nos conducen a la gloriosa imagen de Dios, que es Jesucristo, nuestro Señor, y lo exaltan solamente a Él.

LA DISTRIBUCIÓN DE LOS DONES ESPIRITUALES.

Dos veces en el capítulo 12 Pablo hace hincapié en que los dones espirituales y los ministerios en la iglesia son dados por la voluntad y la obra de Dios mismo. Los dones espirituales no son impartidos por voluntad y obra del hombre. Dios obra por medio de personas, pero por su propia voluntad. Pablo menciona que Timoteo recibió un don por la imposición de las manos de Pablo (2 Timoteo 1:6), y también mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio (1 Timoteo 4:14). Sin embargo, muestra claramente que Dios ha colocado cada miembro (don) en el cuerpo “como él quiso” (1 Corintios 12:18). También muestra que Dios ha puesto los diferentes ministerios en la iglesia (1 Corintios 12:28). Debemos “procurar” los dones espirituales (1 Corintios 12:31; 14:1); pero no son para consecución. Los dones espirituales no son premios o logros. Son dones o muestras de gracia, inmerecido e impartidos por la voluntad de Dios para el bien de toda la iglesia. Hemos de seguir el amor y procurar los dones espirituales (1 Corintios 14:1). Los dones espirituales no son trofeos de espiritualidad, sino dones que Dios ha puesto en la iglesia para obrar sus propósitos.

LA PERSPECTIVA CORRECTA ACERCA DE LOS DONES.

No fue la intención de Pablo de que el capítulo 13 fuera un texto aparte, como una bella prosa sobre el amor. Él no lo escribió para que se le pusiera un marco de flores y se colgara en una pared. Más bien, es el centro de la enseñanza de Pablo acerca de los dones espirituales, para darnos perspectiva. Para entender este pasaje, hay que recordar cómo era la iglesia en Corinto. Su problema no eran los dones espirituales, sino el problema era su actitud errónea hacia los dones. Pablo comienza este pasaje con dos poderosos argumentos:

  1. Primeramente, muestra que por más grandes que sean los dones espirituales, el amor es aún mayor.
  2. En segundo término, muestra que por más maravillosos que sean los dones, sin el amor éstos se vuelven ineficaces.

Él en ninguna manera está depreciando los dones espirituales. Antes de que comience su enseñanza sobre el amor, dice: “os muestro un camino aún más excelente” (1 Corintios 12:31). Los dones son excelentes; pero el amor es “aún más excelente”. El amor no está en competencia con los dones; el amor es lo que hace eficaces a los dones.

LOS DONES ESPIRITUALES Y SU USO EN LA CONGREGACIÓN.

Dios ha escogido manifestar sus dones a través de personas. Pero es posible que una persona haga mal uso de los dones. El orden divinamente dirigido es necesario para su debido uso. El propósito de los dones (la edificación) es fundamental para determinar el decoro de los dones. Pablo dice: “Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26). Luego da enseñanza práctica sobre el debido ejercicio de los dones en la iglesia. La última instrucción de Pablo acerca de los dones espirituales es: “pero hágase todo decentemente y con orden” (v.40). Dios no nos controla como si fuéramos marionetas. Tenemos una voluntad. El Espíritu de Dios está obrando en nosotros, pero nuestro propio espíritu humano sigue activo y está sujeto a nosotros (1 Corintios 14:32). Podemos optar por controlar nuestro espíritu. La perspectiva del amor abnegado en el capítulo 13 requiere que cada persona se someta al bien común del resto de la iglesia.

Hay un tiempo y lugar para cada manifestación. Dios no nos ha dado una lista completa de exactamente lo que es apropiado en cada situación. Lo que es adecuado y de buen orden en un culto de oración no podría serlo en un servicio de domingo por la mañana. Y lo que es apropiado una vez en un servicio específico puede no serlo en otra oportunidad en un servicio similar. Hay un tiempo apropiado para la edificación personal y un tiempo para apropiado la edificación de toda la iglesia. Dios nos ha dado líderes que son responsables ante Dios de decidir sobre ello. Dios ha designado “administradores” en la iglesia (1 Co 12:28). Esta palabra se usaba originalmente para referirse a la dirección de un barco. Significaba gobernar por orientación y dirección activa. El liderazgo consiste en emitir juicio. Cuando el líder de un servicio decide sobre la propiedad de una manifestación, esa decisión está bajo la guía del Espíritu Santo y es tan necesaria como un mensaje de profecía u otros dones. Debido a que la naturaleza de la administración es “gobernar”, el juicio del líder tiene autoridad sobre el ejercicio de otros dones. El líder es responsable ante Dios de ser sensible a lo que el Espíritu quiere llevar a cabo en un servicio y es responsable de que todo se haga decentemente y con orden.

La honorabilidad en el uso de los dones es esencial para su eficacia permanente porque, por desgracia, un mal uso de los dones espirituales finalmente resulta en desuso de los dones. Y los dones son esenciales para la edificación de la iglesia de Cristo. No son sólo para uso intermitente, sino como un medio permanente de una fuente de poder para la iglesia, con el fin de que cumpla los propósitos de Dios.

LA NECESIDAD DE PERMANECER LLENOS DEL ESPÍRITU.

Cuando Pablo les dice a los cristianos de Éfeso que sean “llenos del Espíritu”, el verbo griego que usa significa que sigan eligiendo ser llenos (Efesios 5:18). La llenura del Espíritu no debería ser algo de una sola vez, sino que debía ser una forma de vida. Debemos recordar que no es “con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a Zacarías, él tuvo una visión de siete lámparas sobre un candelabro. El combustible para las lámparas no estaba en un depósito, sino en dos árboles de olivo a ambos lados del candelabro, que proporcionaban un suministro continuo de aceite.

Los árboles son una ilustración de los recursos ilimitados de Dios para la edificación de la iglesia. Entre esos medios están los dones espirituales. Tenemos que hacer lo que Pablo exhortó a la iglesia en Corinto dos veces en este pasaje: “Procurad, pues, los dones espirituales.”

RELACIÓN ENTRE LOS DONES Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU.

El fruto del Espíritu es un conjunto de virtudes o cualidades como las de Cristo, producidas por la morada interna del Espíritu Santo, en la medida en que el cristiano mora en Cristo. Como con los dones espirituales, el Nuevo Testamento emplea varios términos para transmitir el pensamiento del fruto del Espíritu. El pasaje central cuando hablamos del fruto espiritual es Gálatas 5:22,23, que trata del fruto (karpos) del Espíritu y luego enumera una lista de nueve especímenes. La expresión “fruto del Espíritu” se entiende mejor como dando a entender productos de los cuales el Espíritu Santo es la fuente.

Los dones y el fruto del Espíritu tienen varios puntos en común. La fuente de ellos es el Espíritu Santo. Ellos no se originan con el creyente separado de la capacitación del Espíritu. El elemento de lo sobrenatural se halla en ambos. Además, el propósito de ambos es edificar. El amplio propósito de los dones es la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:7; 14:26). Del mismo modo, el propósito del fruto espiritual, resumido por el fruto del amor, es edificar (1 Corintios 8:1). Ambas obras del Espíritu son perfectibles. En otras palabras, el creyente no las recibe en su forma acabada. La acometida de 1 Corintios 14 es instructiva. Pablo no cuestiona la validez de los dones que los corintios decían tener; sin embargo, él insiste en que los dones necesitan desarrollarse para edificar a la congregación. En manera similar, el fruto espiritual debe desarrollarse. Deben ser llevados a un estado de madurez. Este es el pensamiento tras los conceptos de madurez cristiana, de crecimiento, y de la continua transformación del cristiano a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).

En cuanto a su naturaleza, el fruto es inanimado, en tanto que los dones son dinámicos. Los primeros son el resultado de la morada interna del Espíritu, los últimos son el resultado de la dotación de poder del Espíritu. El fruto es de naturaleza ética, en tanto que los dones son de naturaleza carismática. Además, hay una diferencia respecto a la obligación del cristiano en apropiarse los dos. A todos los cristianos se les requiere mostrar todo el fruto del Espíritu. Pero Dios no exige que todos los cristianos tengan todos los dones. Lo que se nos pide aquí es que haya receptividad y un intenso deseo (1 Corintios 12:31; 14:1), pero la distribución de los dones es la obra soberana del Espíritu (1 Corintios 12:11). De manera similar, a los creyentes se les requiere que muestren siempre el fruto espiritual, pero la manifestación de los dones espirituales es bajo la dirección del Espíritu. La obra del Espíritu Santo se manifiesta tanto en los dones que concede a los creyentes como en el fruto espiritual mostrado por ellos. Ambas categorías son centrales en el concepto del Nuevo Testamento de la actividad del Espíritu entre el pueblo de Dios.

CONCLUSIÓN.

Algunos se preguntan: ¿Qué es mejor o más importante, los dones o el fruto? Los evangélicos no pentecostales enfatizan el fruto, en tanto que algunos pentecostales sobreenfatizan la importancia de los dones, ¿Quién tiene la razón? Ya que tanto los dones como el fruto se originan en el Espíritu, es injustificado colocarlos en situación de antagonismo el uno contra el otro. A los cristianos corintios se les dijo: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales” (1 Corintios 14:1). Las dos ideas son correlativas, pero ciertamente deben entenderse a la luz de lo que Pablo señala como “un camino aún más excelente” (1 Corintios 12:31). Esto llegó a ser necesario a causa de un abuso de los dones y no porque hubiera alguna inferioridad inherente de los dones respecto del fruto del Espíritu.

En Corinto, los dones estaban siendo usados para competir en vez de hacerlo en ánimo de cooperar; para los intereses de la auto gratificación, más bien que para la edificación de la congregación. Sin embargo, es significativo que en ningún momento Pablo sugiere que los dones mismos no son genuinos cuando se manifiestan de esta manera (1 Corintios 13:1,2). El don es genuino; el que lo ejerce sin amor puede que no lo sea. El “camino aún más excelente” es la mediación de los dones a través del fruto del Espíritu, y principalmente por medio del amor. El amor, como vemos en 1 Corintios 13, es el principio regulador tras los dones espirituales. Es paciente y bondadoso; de buena gana da oportunidad para que otros miembros dotados puedan hablar también (1 Corintios 14:30,31). No es celoso ni jactancioso; reconoce que el Espíritu distribuye soberanamente sus dones a quien le place (1 Corintios 12:11). Ni se enorgullece por poseer algún don, o algunos de los dones (1 Corintios 12:21). No es arrogante ni grosero; siempre considera el bienestar de todo el cuerpo cuando se expresa en la congregación, y está dispuesto a recibir corrección (1 Corintios 14:29,30). No insiste en su propia manera; se somete a la autoridad debidamente constituida en la iglesia (1 Corintios 14:37).

La complementación, no la exclusividad mutua, es el modo de acción mostrado por el Nuevo Testamento para los dones y el fruto del Espíritu. Juntos sirven para edificar la iglesia. El ideal divino es que tanto los dones como el fruto se manifiesten entre los creyentes. No somos llamados para preferir uno en perjuicio del otro.

 

 

 

Pentecostalismo Clásico, Sin categoría

Doctrinas Cardinales del Pentecostalismo Clásico: El Arrebatamiento o Segunda Venida de Cristo.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los desastres naturales en todas partes del mundo, la recesión económica y la incertidumbre cada vez mayor en muchos lugares, nos confirma que la doctrina de la Segunda Venida de Cristo es más relevante ahora que nunca. Los creyentes debemos descansar en la certeza del retorno inminente de nuestro Señor y compartir esta esperanza con quienes no la tienen. Como seguidores del Señor Jesús resucitado, tenemos la seguridad de una esperanza maravillosa, una reunión con nuestros seres queridos que son salvos, y más importante aún, con nuestro Salvador. ¡Esto es lo que llamamos “nuestra bendita esperanza!”» El grito de guerra de la teología pentecostal clásica fue y continúa siendo: Cristo Salva, sana, bautiza con el Espíritu Santo y viene por segunda vez. La declaración anterior es la declaración de fe o credo del pentecostalismo clásico en su forma más pragmática y sintética. Desde sus inicios, el Movimiento Pentecostal enfatizó las 4 facetas del evangelio y ministerio de nuestro Señor Jesucristo: Jesucristo como único salvador (Juan 3.16); Jesucristo como gran sanador (1.ª de Pedro 2.24 y Santiago 5.14); Jesucristo como bautizador con el Espíritu Santo (Lucas 3.16 y Hebreos 2.4) y Jesucristo como rey que viene (1 Tesalonicenses 4.16-17). Estas cuatro verdades se consideran nuestras creencias cardinales porque son verdades claves en nuestra misión de alcanzar a los perdidos y edificar a los creyentes y la iglesia tanto hoy como en el futuro.

La cuarta verdad cardinal del pentecostalismo clásico, la resurrección de los que han muerto en Cristo y su arrebatamiento junto con los que estén vivos a la venida del Señor, es la esperanza inminente y bienaventurada de la Iglesia (1 Tesalonicenses 4:16,17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1 Corintios 15:51,52). Jesús enseñó que Él regresaría a la tierra.  Él cuidadosamente advirtió a sus discípulos que necesitaban estar constantemente preparados para esto (Mateo 24:42-51; 25:1-13; Marcos 13:37; Lucas 12:37). Ellos entendieron que la era actual terminará con su venida (Mateo 24:3).  La garantía de su venida era una de las verdades con las que Él consoló a sus seguidores antes de su muerte (Juan 14:2,3). En el momento de la ascensión de Cristo, dos ángeles vinieron al grupo de los discípulos que estaban reunidos para repetir la promesa de que Él regresaría.  Ellos declararon que Él vendría de la misma manera que se había ido (Hechos 1:11).  Esto claramente significa que su segunda venida será literal, física, y visible.

Las epístolas del Nuevo Testamento se refieren frecuentemente a la segunda venida, y a través de los pasajes de las Escrituras que tratan de este tema recurre la idea de la inminencia.  Aunque habrá un período de tiempo entre la primera y la segunda venida (Lucas 19:11), todas las enseñanzas acerca del regreso del Señor enfatizan que acontecerá repentinamente y sin previo aviso; que los creyentes deben estar siempre en un estado de preparación continua (Filipenses 4:5; Hebreos 10:37; Santiago 5:8,9; Apocalipsis 22:10). Los creyentes en los primeros días de la Iglesia vivían en un estado de expectación (1 Corintios 1:7; 1 Tesalonicenses 1:9,10).  Cuando Pablo usa la forma “nosotros” en 1 Corintios 15:51 y 1 Tesalonicenses 4:17 muestra que él tenía la esperanza de que todavía estaría vivo cuando Jesús regresara.

EL RAPTO O ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA.

Una comparación de los pasajes de las Escrituras relacionados con la segunda venida muestra que algunos hablan de un acontecimiento visible a toda la humanidad que implica el juicio de los pecadores.  Otros describen una venida conocida solo por los creyentes y que resulta en su redención de la tierra. La segunda es conocida por los evangélicos como “el rapto” (o arrebatamiento).  Esta palabra no se encuentra en la Biblia, pero ha sido usada tanto que una de las definiciones para la palabra en inglés en el Webster’s Third New International Dictionary Unabridged, es: “Cuando Cristo levanta a su verdadera iglesia y a sus miembros a un reino más allá de la tierra donde todos disfrutarán de felicidad celestial con su Señor”.  La palabra raptar se podría usar para traducir la palabra “arrebatados” de 1 Tesalonicenses 4:17. Jesús dijo que su venida resultaría en situaciones donde un individuo sería llevado de un lugar mientras el otro individuo sería dejado.  Esto indica un traslado repentino de los creyentes de la tierra, mientras los no creyentes quedan aquí para enfrentar la tribulación (Mateo 24:36-42).

Jesús describió su venida como algo que ocurriría en un tiempo en que las naciones de la tierra se lamentarían cuando lo vieran llegar (Mateo 24:30).  El apóstol Pablo describe el regreso del Señor como un tiempo de juicio e ira para los impíos (2 Tesalonicenses 1:7-10). En 1 Tesalonicenses 4:13-18, él considera un aspecto diferente de la segunda venida.  Este breve pasaje es la enseñanza más directa y clara sobre el rapto en el Nuevo Testamento.  Sólo habla de los creyentes, tantos vivos como muertos.  No dice que los injustos verán a Cristo en ese momento.  Pablo describe la venida de Jesús en el aire, pero no dice nada de que sus pies tocarán la tierra, como dice otro pasaje que acontecerá en su venida (Zacarías 14:4).  Es el momento cuando se cumplirá 1 Juan 3:2, y seremos como Él. La misma palabra griega usada en 1 Tesalonicenses 4:17 para decir “arrebatado” se usa en Hechos 8:39 para describir cuando Felipe fue “arrebatado” después de bautizar al etíope.  El segundo versículo dice que el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, identificando el origen del poder que llevará a los creyentes de la tierra en el rapto.

En 2 Tesalonicenses 2:1 Pablo llama al rapto “nuestra reunión con él.” La palabra griega aquí traducida “reunión” es la misma palabra traducida como “congregarnos” en Hebreos 10:25, refiriéndose a la congregación de los cristianos para alabar.  Es la imagen de los santos congregándose alrededor de Cristo cuando venga por ellos. El arrebatamiento sobrenatural de individuos piadosos de la tierra no es algo desconocido en las Escrituras.  El suceso destacado en la vida de Enoc fue su desaparición milagrosa de la tierra después de caminar con Dios (Génesis 5:21-24).  El autor de Hebreos llamó esa experiencia un traspaso, evitando la muerte (Hebreos 11:5).

Aunque algunos aspectos del traspaso de Elías fueron distintos del de Enoc, también implicó un arrebatamiento repentino de un creyente del mundo sin experimentar la muerte (2 Reyes 2:1-13). Primera de Corintios 15:51-54 trata del mismo acontecimiento que 1 Tesalonicenses 4:13-18.  Aquí también Pablo trata de los cambios que se producirán tanto en los creyentes vivos como en los creyentes muertos durante el rapto.  Lo llama un misterio (1 Corintios 15:51), una verdad que antes no era conocida pero que ahora le fue revelada por el Espíritu Santo. En Filipenses 3:21 Pablo relaciona la venida del Señor con el tiempo cuando “el cuerpo de la humillación nuestra” será cambiado, otra referencia al rapto.

Los pasajes que corresponden al rapto describen la venida del Señor por su pueblo.  Los pasajes que se refieren a la revelación de Cristo describen la venida del Señor con sus santos.  Colosenses 3:4 trata de los creyentes que aparecerán con Cristo en su venida.  Judas 14 también prevé la venida del Señor con su pueblo para ejecutar el juicio que muchos otros pasajes mencionan en relación con su venida pública.  Porque las Escrituras no se contradicen, parece razonable concluir que los pasajes que describen la venida de Cristo por los santos y con los santos indican dos fases de su venida.  Los pentecostales clásicos creemos que es bíblico suponer que el intervalo entre los dos es el tiempo cuando el mundo experimentará la gran tribulación, implicando el reino del Anticristo y el derramamiento de la ira de Dios sobre los injustos (Daniel 12:1,2, 10-13; Mateo 24:15-31; 2 Tesalonicenses 2:1-12).

SALVOS DE LA LA GRAN TRIBULACIÓN

Aunque el pueblo de Dios quizá sufra muchas aflicciones antes de la venida del Señor, la iglesia será raptada antes del período llamado la Gran Tribulación. En 2 Tesalonicenses 2 Pablo indica que ciertas cosas tienen que acontecer antes de que el día del Señor (que es parte de la gran tribulación) pudiera empezar.  Un individuo llamado “el hombre de pecado” (anticristo) aparecerá. El misterio de injusticia ha estado operando desde el tiempo de Pablo, pero está siendo restringido por el poder del Espíritu que obra por medio de la iglesia verdadera.  Sólo cuando la iglesia sea llevada de la tierra por el rapto, este hombre podrá aparecer públicamente.

En 1 Tesalonicenses 5, siguiendo el pasaje del rapto en el capítulo 4, Pablo enseña acerca del Día del Señor.  Él advierte de la destrucción que éste traerá sobre los injustos (vv. 2, 3).  Pero en seguida aseguró a los cristianos que los que son de Cristo no serán vencidos (v. 4). Todavía hablando del día del Señor, Pablo escribe: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (v. 9).  Parece claro que él está indicando aquí la liberación de los creyentes de los juicios del día del Señor, incluida la gran tribulación.

En el Nuevo Testamento los cristianos son repetidamente exhortados a velar en vista de la venida del Señor.  Nunca se les enseña velar por la gran tribulación ni por la llegada del Anticristo.  Esperar que tales cosas tengan que suceder antes del rapto destruye el sentido de inminencia que respecto a la segunda venida de Cristo aparece en todo el Nuevo Testamento. Los creyentes reciben las instrucciones de que tienen que “esperar de los cielos a su Hijo,” no la gran tribulación (1 Tesalonicenses 1:10).  Cuando las señales del fin de la era son evidentes, deben erguirse y levantar su cabeza en expectación de su redención, no de la gran tribulación (Lucas 21:28).

Las señales de la venida del Señor se manifestarán antes de su llegada pública, pero no tienen que ser cumplidas antes del rapto. Cualquier enseñanza que ciertos hechos tienen que acontecer antes del rapto no está en armonía con la doctrina de inminencia. Es consecuente con los tratos de Dios con su pueblo en el Antiguo Testamento creer que la iglesia será llevada del mundo antes de la gran tribulación.  Dios no mandó el diluvio hasta que Noé y su familia estuvieron seguros dentro del arca.  No destruyó a Sodoma hasta que Lot salió.  La Biblia refiere de un rapto que es pre-tribulación.   En todas las enseñanzas de la segunda venida en el Nuevo Testamento la inminencia se enfatiza.  Interponer otros sucesos antes del rapto viola tales enseñanzas.

CONCLUSIÓN.

El concepto del Arrebatamiento es claramente enseñado en la Escritura. El Arrebatamiento de la iglesia es el evento en el cual Dios saca a los creyentes de la tierra para dar paso a Su justo juicio que será derramado sobre la tierra durante el período de la Tribulación. El Arrebatamiento es descrito primeramente en 1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:50-54. 1 Tesalonicenses 4:13-18 describe el Arrebatamiento como el acto en el cual Dios resucita a todos los creyentes que han muerto, dándoles cuerpos glorificados, y después partiendo de la tierra con aquellos creyentes que estén aún vivos, a quienes también les serán dados cuerpos glorificados: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

1 Corintios 15:50-54 se enfoca en la naturaleza instantánea del Arrebatamiento y en los cuerpos glorificados que recibiremos: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52). Mientras los cristianos esperan con alegría la venida del Señor, es bueno recordarles las palabras de Pablo a Tito: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:11-14).

El Arrebatamiento es el glorioso evento que todos debemos esperar con anhelo. Entonces finalmente estaremos libres de pecado, y estaremos para siempre en la presencia de Dios. Existe mucho debate sobre el significado y alcance del Arrebatamiento. Esta no es la intención de Dios. Más bien, Dios quiere que al considerar el Arrebatamiento “nos animemos unos a otros con estas palabras.” Como pentecostales clásicos, nuestro grito de guerra seguirá siendo: ¡Cristo viene pronto!