Cesasionismo, Continuismo, Distintivos del Pentecostalismo, Estudio Teológico, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Hacia un pentecostalismo sano

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Soy Pentecostal. No me sonrojo ni me avergüenza decirlo. Estoy orgulloso de mi legado y mi herencia espiritual dentro del Pentecostalismo. Mi pneumatología, mi doctrina del Espíritu Santo y los dones del Espíritu, me etiquetan como un continuista. Los continuistas (y todos los pentecostales lo somos) creemos que todos los dones del Espíritu Santo mencionados en el Nuevo Testamento son para todo el período entre Pentecostés y la segunda venida del Señor. Nuestra exégesis nos lleva a creer que todos los dones identificados en el Nuevo Testamento siguen vigentes y accesibles para los creyentes. Sin embargo, nuestra creencia en la vigencia actual de los dones debe también obligarnos a ser cuidadosos y moderados, evitando caer en los excesos tan comunes en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas.

DEBEMOS EJERCER LOS DONES ESPIRITUALES DENTRO DE LOS PARÁMETROS BÍBLICOS

Cómo pentecostales de sana doctrina debemos practicar los dones dentro de parámetros bíblicos. Si eres continuista tienes que vivir en 1 Corintios 12 al 14. Tienes que saber lo que la Biblia permite en las reuniones de la iglesia. Nadie debe hablar en lenguas a no ser que haya un intérprete. No se debe hablar en lenguas más de una persona a la vez. En tal efecto, en un servicio tienes que tener la valentía de detener prácticas erróneas en el momento que se presentan. Ninguna manifestación es apropiada si la Biblia claramente la prohíbe, sin importar si “sentimos” la presencia de Dios. Ignorar esto es precisamente lo que ha dado vida a movimientos heréticos como la Nueva Reforma Apostólica, el movimiento “Palabra de fe” (confesión positiva, declarar y decretar, etc.), el Evangelio de la Prosperidad o las herejías y excesos en torno a la guerra espiritual, entre otras.

Creo que todos los que amamos la Palabra de Dios y el evangelio lamentamos todas las manifestaciones que se están dando de una casi total falta de orden en algunas iglesias y lugares (risas descontroladas, éxtasis de danza desenfrenada, vómitos y ataques incontrolables, gritos, movimientos frenéticos y sonidos extraños, etc.). Creemos en el dicho de Pablo de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). El caos no honra al Dios de orden. Sin embargo, es precisamente el caos que vemos en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas lo que ha llevado a muchos otros creyentes a dudar o negar la validez y vigencia actual de los dones espirituales. Es gracias a nuestra falta de orden y decencia que el Pentecostalismo fue y sigue siendo caricaturarizado por muchos, los cuales equiparan la postura “continuista” propia del Pentecostalismo con el desorden. No tiene por qué ser así. Había una serie de desórdenes en Corinto, pero el remedio que propuso el apóstol Pablo no era el desuso de ninguno de los dones, sino el uso correcto de todos ellos. Los pentecostales necesitamos urgentemente recuperar el orden en nuestras congregaciones. Sabemos que los dones espirituales, todos ellos, siguen vigentes. No estamos equivocados al decirlo pues la Biblia nos respalda. Pero no es suficiente tener la postura correcta: la práctica también tiene que ser bíblica y correcta.

LA NECESIDAD DE PREDICACIÓN EXPOSITIVA EN NUESTRAS IGLESIAS

Si eres un creyente continuista, específicamente pentecostal, te aconsejo hacer de la predicación bíblica una prioridad, particularmente la predicación expositiva. ¿A qué me refiero con eso? A qué nuestra forma de enseñar la Palabra necesita ser reevaluada. ¡Muchos predicadores pentecostales ni siquiera saben o comprenden lo que es una predicación expositiva! Y es que lo que define que un sermón sea o no expositivo no es lo largo que sea el texto, ni si el sermón es parte de una serie consecutiva que cubre un libro completo de la Biblia. Tampoco tiene que ver con si el predicador explica el sentido que algunas palabras tienen en el idioma original, o si va explicando cada frase del versículo sin una unidad o dirección dominante.

Lo que hace que un sermón sea expositivo es que el énfasis y propósito del sermón sea el énfasis y propósito del texto en su intención original. Predicación expositiva es la predicación en la cual el principal punto del texto bíblico que se considera llega a ser el principal punto del sermón que se predica, y se aplica a la vida actual. Predicar expositivamente implica que el texto bíblico va a dirigir el sermón de principio al fin. Esto también significa que el predicador pasará la mayor parte de su tiempo, durante la semana, tratando de entender el significado de su texto.

¿Acaso no hacen esto nuestros pastores y predicadores pentecostales? No siempre (lo admito con vergüenza). Y es que para muchos “pentecostales” o creyentes “del Espíritu”, la preparación adecuada en el ámbito teológico no siempre es bien vista, lo cual no solo es vergonzoso, sino extremadamente preocupante. ¿Quién confiaría la educación secular de sus hijos a un maestro que odia el estudio y jamás actualiza sus conocimientos? ¿Quién se sometería a una cirugía de corazón abierto poniéndose en manos de alguien que jamás ha estudiado cirugía? ¿Por qué entonces ponemos nuestra formación espiritual y en la Palabra en manos de personas que ni siquiera la conocen ni entienden sus normas de interpretación? ¿Acaso nuestro destino eternos es menos importante? Desgraciadamente uno de los problemas principales que afectan a nuestras iglesias continuistas (carismáticas o pentecostales) es que a muchos les emociona más tener un buen ministerio de danza, el sonido ensordecedor de los instrumentos en los cultos, declarar, decretar, atar al diablo y presumir de dones proféticos de dudosa reputación, que la fiel exposición de la Palabra de Dios. ¡Esto no puede ni debe ser así! Solo la Biblia, la Palabra escrita de Dios, es infalible y plenamente inspirada. Ninguna “profecía” dada en nuestra época puede ser considerada más importante que la Biblia. Este es uno de los puntos que más le preocupa a nuestros hermanos cesacionistas (y con justa razón). Es problemático cuando vivimos más emocionados por lo que comparte un hombre falible que lo que dice la infalible Palabra de Dios. Toda supuesta profecía, toda expresión “inspirada”, todo mensaje transmitido e interpretado en lenguas, siempre tiene que estar sujeto a la Biblia. Como continuista moderado y fiel a la Palabra, creo y entiendo que todos los dones de revelación tienen que estar sujetos a la Palabra de Dios y no debe haber ninguna revelación nueva que sea normativa (1 Corintios 14, 1 Tesalonicenses 5).

CUIDADO CON PONER NUESTRAS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES POR ENCIMA DE LA PALABRA

Una terrible tendencia en muchos creyentes pentecostales es usar sus experiencias espirituales o de carácter místico-religioso de forma autoritativa o apologética. Cuando defendamos nuestra fe ¡Hagámoslo con la Palabra! Tus experiencias personales, visiones, sueños o impresiones espirituales puede que cumplan una función o sean de utilidad para tí. Pero no son de carácter autoritativo ni puedes fundamentar tu doctrina y prácticas cristianas en ellas. Sabemos claramente que la Biblia nos dice que ciertas manifestaciones no necesariamente serán del Espíritu (Mateo 7:22-23). Estemos convencidos por la Palabra, no por experiencias místico-religiosas cuestionables. Tampoco solo hables de tus experiencias. No estoy diciendo que no es bueno compartir los testimonios de lo que Dios ha hecho. Al contrario, es importante hacerlo. Pero a fin de cuentas, la Palabra es el mayor regalo de Dios para Su pueblo. Su Palabra ha sido revelada para que podamos conocer Su carácter. Entonces, ¡Hablemos más de la Biblia que de lo que hemos experimentado en nuestros momentos de éxtasis espiritual! La infalibilidad de la Biblia es segura (2 Timoteo 3:16-17), la veracidad de nuestras impresiones o supuestas experiencias espirituales siempre estará sujeta a escrutinio (1 Juan 4:1), pues no siempre podemos estar seguros que es Dios, y no nuestro propio corazón, la fuente de dicha revelación. Y de nuestro corazón se nos dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).

¿Significa lo anterior que no creo en la profecía y en los dones de revelación para esta época? ¡En ninguna manera! Yo mismo he presenciado y he sido bendecido en varias ocasiones a través del uso correcto e inspirado de estos dones. Además, la Biblia también nos advierte: “No menospreciéis las profecías” (1 Tesalonicenses 5:20). Lo que intento decir es lo mismo que dijo Pablo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Para todos los verdaderos creyentes y para todas las verdaderas iglesias, la Biblia es la autoridad suprema; ella siempre tiene la última palabra. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). Los bereanos “eran más nobles…, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). ¡Hasta las palabras del apóstol Pablo fueron sometidas a la prueba de las Escrituras! ¿Por qué? Porque no todo lo que se presenta como “palabra del Señor” lo es; hay que ejercer el don del discernimiento, juzgar cada manifestación a la luz de la Biblia y separar lo bueno de lo malo. Por lo tanto, que sea la Palabra de Dios la que abunde cuando hablemos de cualquier tema y queramos establecer doctrinas y prácticas en la iglesia y no simplemente anécdotas u opiniones.

DEFENDAMOS LA SUFICIENCIA DE LA BIBLIA

Los pentecostales afirmamos creer en la suficiencia de la Biblia. Pero dicha afirmación a veces es más una mera declaración teórica que una verdad que llevemos a la práctica. La suficiencia de la Biblia significa que la Biblia sola es suficiente para revelar la verdad acerca de Dios y acerca del ser humano, para revelar todo lo que el ser humano necesita saber para poder ser salvo, y para revelar todo lo necesario para que las personas salvas puedan vivir sus vidas para la gloria de Dios. Para todo eso no hace falta ninguna otra fuente de revelación; la Biblia sola es más que suficiente. No necesitamos ninguna revelación moderna o extrabíblica para decirnos cómo vivir la fe. Ese ha sido el error de sectas como los mormones, adventistas del séptimo día o los pentecostales del movimiento “Solo Jesús”, los cuales pusieran las revelaciones extrabíblicas de sus fundadores al mismo nivel que la Biblia, cayendo en graves errores teológicos y de praxis cristiana.

CONCLUSIÓN

A los creyentes pentecostales del siglo XXI nos ha tocado vivir un tiempo maravilloso y emocionante: Un tiempo de llenura y derramamiento del Espíritu Santo tal como al principio. Sin duda, esto representa una amenaza para Satanás y su reino, por lo cual intentará dividirnos, traer oprobio sobre la obra legítima del Espíritu Santo y, si le fuese posible, acabar con tales manifestaciones en nuestras iglesias. ¿Cómo? Falsificando la obra del Espíritu e induciendo a los creyentes a escuchar espíritus engañosos, sustituyendo la presencia y el poder de Dios por las emociones humanas y llevando a otros a dudar de la vigencia de los dones espirituales para nuestra época. No sólo el cesacionismo (con su total negación de los dones espirituales), sino también el continuismo desenfrenado y sin sujeción a la Palabra, sirve perfectamente a los propósitos de Satanás de traer oprobio y debilidad a la iglesia de Cristo.

Sí, están pasando cosas preocupantes, poco bíblicas y que no honran al Señor en muchas de nuestras iglesias pentecostales. Pero, por otra parte, el Señor está obrando, la Iglesia Pentecostal está madurando y reformándose a sí misma, el Evangelio de Cristo se está predicando y se está levantando una nueva generación de creyentes e iglesias pentecostales comprometidas con el Señor, con su Palabra y con el Evangelio. Y esto apenas es el principio de lo que Dios hará… ¡Esa es mi esperanza!

Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Cristocentricidad del Pentecostalismo

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Son muchas las iglesias que no predican un mensaje Cristocéntrico. Es interesante notar que muchos cristianos no pueden ni darse cuenta de esto, incluso hay algunos que nunca han escuchado este término, por lo cual se preguntaran: ¿Qué es un mensaje Cristocéntrico? Pues es aquel que coloca al Señor Jesucristo en el centro de toda la prédica, porque Él es el autor de nuestra redención (Hebreos 12:2). Por Él todas las cosas existen y por Él todas fueron hechas (Colosenses 1:16). El auténtico pentecostalismo es, ante todo, un Evangelio Cristocéntrico.

Aunque desde su origen, ha sido percibido principalmente como un “movimiento del espíritu”, el Espíritu Santo no es el foco principal del pentecostalismo en absoluto. Más bien, es Cristo. La espiritualidad pentecostal está imbuida y anclada en un encuentro con Cristo en tanto que se le representa por sus múltiples roles como Salvador, sanador, bautizador con el Espíritu Santo y Rey que viene pronto. Todo lo que los pentecostales buscamos viene de Cristo: el que salva, el que sana, el que empodera con el Espíritu (y así brinda dones espirituales) y el que pronto cumplirá las esperanzas escatológicas cristianas.

Es a partir de este esquema cuádruple que emergió el término “Evangelio Completo”. El Espíritu Santo, más que ser el centro, es el intermediario que comunica a la iglesia del Señor todas las bendiciones que emanan de la persona de Cristo:

“Pero, cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá solo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. Todo cuanto tiene el Padre es mío. Por eso les dije que el Espíritu tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes.” (Juan 16:13-15, NVI)

Cualquiera que haya asistido a un típico servicio de adoración pentecostal de adoración rápidamente encontrará la expectación, deseo y hambre por “encontrarse con el Señor”. Como los cristianos de la iglesia primitiva, los misioneros y evangelistas pentecostales que van a las ciudades y pueblos en sus propios países o al extranjero a predicar el evangelio completo, no predican las buenas nuevas del Espíritu sino las de Cristo.

 

ENFOQUE CRISTOCÉNTRICO DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL.

El esquema del evangelio completo emergió de la predicación y testificación pentecostal temprana. Una de las pioneras del pentecostalismo, la legendaria Aimee Semple McPherson acuñó el término evangelio “cuadrangular” durante una campaña evangelística en Oakland, California, en 1922, mientras hablaba de Cristo en sus cuatro roles como salvador, sanador, bautizador con el Espíritu y Rey que viene pronto. De esta predicación nació una de las denominaciones pentecostales más antiguas, la Iglesia Cuadrangular. Algunos otros pentecostales, provenientes principalmente de movimientos de Santidad, sumaron el papel de Cristo como santificador al esquema y así el término “Evangelio Completo” fue añadido al diccionario cristiano.[1]

La “cristocentricidad” del mensaje predicado por nosotros, los pentecostales, se refleja en los 4 postulados básicos o verdades cardinales del pentecostalismo clásico:

 

  1. Cristo como Salvador: El primer y más importante aspecto de la doctrina pentecostal es que Jesucristo es el único medio de salvación para la persona. La salvación no es por obras sino por gracia por medio de la fe, nadie se puede salvar a sí mismo (Efesios 2:8). Los pentecostales creemos que Jesucristo, vino a la tierra y murió en nuestro lugar. La muerte de Jesús, fue un pago infinito por nuestros pecados (2 Corintios 5:17). De esta manera, Jesús murió para pagar el castigo por nuestros pecados (Romanos 5:8). Él pagó el precio para que nosotros no lo tuviésemos que hacer. La resurrección de Jesús de entre los muertos probó que Su muerte fue suficiente para pagar el castigo por nuestros pecados. ¡Esa es la razón por la cual Jesús es el único Salvador! (Juan 14:6; Hechos 4:12). Y ese es el primer pilar de nuestra fe pentecostal.

 

  1. Cristo como Sanador: El rol de Cristo como sanador significa que mientras que los pentecostales valoramos muy positivamente el tratamiento médico, a la vez creemos en el continuo ministerio sanador de Cristo, ya sea físico o mental, gradual o instantáneo. El creyente pentecostal busca activamente y desea ansiosamente sanidades aquí y ahora.

 

  1. Cristo como Bautizador: El bautismo del Espíritu es el sello del pentecostalismo. A diferencia de la tradición cristiana general, en la que el bautismo del Espíritu es equiparado con el nuevo nacimiento y la justificación, los pentecostales lo consideran un segundo evento, una experiencia de empoderamiento para el servicio y la testificación. En su mayoría los pentecostales, si bien no todos, creemos que hablar en lenguas es la evidencia inicial de la recepción del bautismo del Espíritu. Todos los pentecostales creemos además que los dones carismáticos están disponibles para los cristianos bautizados por el Espíritu. Cristo es quien nos imparte dicha bendición.

 

  1. Cristo, el Rey que Viene: El asunto final del esquema del evangelio completo refleja el fervor escatológico de los pentecostales: esperan el retorno de Cristo para establecer el reino. De nuevo, esta es una creencia compartida por todos los otros cristianos. La vitalidad de la expectación pentecostal, en todo caso, es el ímpetu por “terminar el trabajo” de evangelizar el mundo. La promesa de Cristo antes de su ascensión de que el poder de lo alto haría testigos a todos sus seguidores (Hechos 1:8) ha sido abrazada literalmente. En el día de pentecostés esta promesa fue totalmente cumplida. Como consecuencia, los pentecostales creemos que ambos hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, tenemos acceso al poder del Cristo resucitado como resultado de la efusión del Espíritu al fin de los tiempos. Como resultado de esto, ha habido el despliegue de una empresa misionera sin precedentes –y es, más allá de toda duda, numéricamente exitosa.

 

Esta espiritualidad cristocéntrica del evangelio completo es lo que define al pentecostalismo. Y no es negociable. Todos los demás aspectos son secundarios y la diversidad del movimiento pentecostal testifica de ello: En el pentecostalismo podemos encontrar todo tipo de estructuras eclesiales, desde la autonomía de la iglesia local en el pentecostalismo escandinavo, pasando por el gobierno de tipo presbiteriano de las altamente organizadas Asambleas de Dios (USA), hasta las muy jerárquicas estructuras episcopales en muchas iglesias afroamericanas y del sur global. La diversidad y creatividad de los títulos para las iglesias pentecostales es asombrosa ¡Hasta el punto en que ocasionalmente a los pentecostales nos resulta difícil reconocernos entre nosotros mismos!

 

ENFOQUE CRISTOCÉNTRICO DE LA ESPIRITUALIDAD PENTECOSTAL.

La espiritualidad pentecostal es la conciencia y experiencia personal y directa de la morada continua y permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente, por la cual el Cristo resucitado y glorificado es revelado, y el creyente es empoderado para testificar y adorar con la abundancia de su vida como es descrito en los Hechos y las Epístolas. Un aspecto característico de esta forma de vida es un amor por la Palabra de Dios, el fervor en la oración y la testificación en el mundo y hacia el mundo, y una preocupación de vivir por el poder del Espíritu Santo. Contrario a la mala concepción de muchos, los pentecostales a pesar de su énfasis en la experiencia, no abogan por el tipo de “entusiasmo” que separa de la Palabra de Dios: Los pentecostales somos tan amantes de la Palabra como cualquier otro creyente devoto de tradición reformada, luterana, metodista o cualquier otra. El deseo pentecostal entusiasta de experimentar a Dios y el poder del Espíritu Santo aquí y ahora descansa en la Palabra de Dios, la cual nos garantiza un acceso directo a Dios para todos.

 

CONCLUSIÓN.

Los pentecostales no nos avergonzamos al afirmar que poseemos un Evangelio Completo. Pero esto no con arrogancia. El término “Evangelio Completo” simplemente significa que el don de Dios para Su pueblo no carece de nada. Mientras que los seres humanos nunca pueden agotar la plenitud de Cristo, Cristo es la encarnación de todos los dones de Dios. Los pentecostales no somos “fanáticos del Espíritu” que ponen la experiencia subjetiva por encima de la Palabra y otorgan a Cristo un papel secundario, como algunos quisieran caricaturizarnos. El Espíritu que ha llenado nuestros corazones no presta atención a sí mismo sino a Cristo, y a través de Cristo al Padre. La espiritualidad pentecostal se centra en Cristo y a Él vuelve una y otra vez.

 

REFERENCIAS:

[1] Se recomienda la lectura del brochure: Presentando el Evangelio Cuadrangular: Ministrando en Totalidad, Sanidad, Poder y Esperanza a través del Evangelio Cuadrangular. Publicado por la iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular.

 

 

 

 

Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Distintivos de un verdadero pentecostal.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Cuáles son las características o distintivos de ser pentecostal? ¿Qué nos marca como movimiento del Espíritu Santo? Ser pentecostal significa modelar una la vida conforme al día de Pentecostés que nos narra el capítulo dos de los Hechos. La experiencia pentecostal necesariamente implica la recepción del bautismo en el Espíritu y la experiencia de sus dones (Hechos 2:1-13), lo cual implica también comunión y dependencia del Espíritu Santo, la proclamación fiel de la Palabra de Dios (Hechos 2:14-41), el entendimiento de nuestro llamado y la vivencia del evangelio en una comunidad transformada (Hechos 2:42-47). Todos estos aspectos son indispensables para una auténtica pentecostalidad.

EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO.

El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas como la evidencia física inicial era y sigue siendo la base tanto de la vida cristiana como del ministerio pentecostal. El bautismo en el Espíritu Santo no es simplemente resultado de la búsqueda de una experiencia, sino que es el principio de una vida y un ministerio empoderado. En el libro de Hechos, el escritor Lucas establece la correlación entre el derramamiento del Espíritu Santo y el poder para testificar. Las últimas palabras de Jesús en la tierra incluían las de Hechos 1:8, “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Luego en Hechos 4:31, se cuenta, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. La Nueva Traducción Viviente traduce la última frase, “predicaban con valentía la palabra de Dios”.

Las tres partes del patrón de Hechos 1:8 y de 4:31 siguen igual para hoy:

  1. Buscar (orar, esperar)
  2. Recibir (bautismo, llenura del Espíritu Santo)
  3. Predicar (testificar, ministrar) con poder (valentía)

El creyente pentecostal de hoy puede y debe esperar la misma experiencia, y no en una sola ocasión. El Apóstol Pablo nos anima en Efesios 5:18, “Sed llenos del Espíritu” como un estado continuo y constante. Lamentablemente, se ha observado una tendencia peligrosa en las últimas décadas. La cifra básica que nos define como pentecostales, el porcentaje de creyentes bautizados en el Espíritu Santo ha bajado cada década. Es urgente cambiar esta peligrosa tendencia. Aquellos que nos hacemos llamar pentecostales en el siglo XXI debemos buscar y recibir la llenura del Espíritu y ministrar en su poder.

COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU SANTO Y DEPENDENCIA DE ÉL

Los pentecostales creemos en el sacerdocio del creyente que afirma que no se necesita un sacerdote humano para buscar el perdón o hablar con Dios. Tenemos un Gran Sacerdote que siempre intercede por nosotros. Además, por la obra salvífica de Jesucristo, se rompió la cortina y ahora tenemos pleno acceso al Lugar Santísimo, a nuestro Padre Celestial. Así, cada creyente tiene la oportunidad y responsabilidad de aprender a acercarse a Dios para escucharlo, obedecer y depender del Espíritu Santo. Esta espiritualidad no solo está disponible para todos, sino que es lo que Dios espera observar en todo creyente.

El bautismo en el Espíritu Santo le da al pentecostal la alta sensibilidad del obrar de Dios en la vida diaria y ministerio. Ahí entra la práctica de hablar en lenguas, pero ahora en las lenguas privadas. Hay lenguas que operan en contextos públicos que son para la edificación del cuerpo de Cristo. Pero, también hay las lenguas privadas que son para la edificación de la persona. Es un lenguaje celestial para adoración e intercesión. Cuando hablamos en lenguas en nuestra cámara de oración, el Espíritu Santo ayuda al pentecostal a lograr mayor intimidad con Dios. Ya que es el Espíritu que habla por medio de nuestra lengua, nuestro espíritu puede enfocarse en Dios y escuchar su voz.

Es importante recordar que la oración es comunicación de dos vías. En los ricos tiempos de adoración y oración, habrá momentos de silencio para reflexionar y dejar al Espíritu oportunidades para hablarnos, a veces en suaves susurros. El primer deber del creyente es aprender a escuchar la voz del Espíritu Santo, comprometerse a obedecerla sin condición y desarrollar la dependencia absoluta de Él. Nuestra formación pentecostal tiene base, desde el principio, en la creencia en el bautismo en el Espíritu Santo y en el llamado universal del creyente al servicio. El Espíritu Santo le da a todo creyente poder y dones para servir y ministrar.

ROL IMPRESCINDIBLE DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y EL MINISTERIO DEL CREYENTE

Además, por la obra del Espíritu Santo, “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). El Espíritu Santo mora en nosotros y Él comienza a sembrar y cosechar su fruto en nuestras vidas: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23). Además, Él nos bendice con dones espirituales que nos habilitan para servirle a Él, a su cuerpo y un mundo desesperado sin Él.

A veces, tomamos como común el desarrollo del fruto del Espíritu Santo, o peor error, como producto automático de ser pentecostales. Sin embargo, cultivar el fruto del Espíritu Santo es resultado de la misma relación íntima con Jesús – más de Él y menos de mí. Y esa experiencia es la base de una relación íntima con el Espíritu Santo. A través de la llenura del Espíritu Santo recibimos poder para ser testigos de Jesucristo. Además, cuando practicamos estar en la presencia del Espíritu Santo, la sensibilidad se aumenta, no solamente de su presencia, sino también de la operación de los dones que Él nos imparte para servir la diversidad de ministerios. 1 Pedro 4:10 dice, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. La NTV dice, “Dios, de su gran variedad de dones espirituales, le ha dado un don a cada uno de ustedes”.

El creyente pentecostal aprende como depender del Espíritu, y no de su propio talento o conocimiento, y como ministrar en el poder del Espíritu. La iglesia pentecostal reconoce y aprecia la diversidad del ministerio e igualmente de los dones espirituales.

LLAMADO INDIVIDUAL UNIVERSAL AL SERVICIO

Otro distintivo pentecostal desde el principio ha sido la creencia que Dios ha llamado a todo creyente servirle a Él. No existía ninguna brecha entre ministro y laico en el principio. En la iglesia verdaderamente pentecostal, la brecha debe ser mínima. Sí, la iglesia aprueba y aparta a algunos como ministros aprobados y acreditados. Sin embargo, lo hace en pleno reconocimiento que todo creyente tiene ministerio y ha recibido dones para habilitar su ministerio. Así, los pentecostales afirmamos que el Espíritu sigue llamando y potenciando a todo creyente participar en el gran plan de Dios para alcanzar el mundo para Cristo.

CONOCIMIENTO Y COMPROMISO CON LA SANA DOCTRINA BÍBLICA Y PENTECOSTAL

Un verdadero pentecostal debe poner énfasis en el conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal. El apóstol Pablo instruyó a Timoteo en 2 Timoteo 2:15, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. La NTV dice, “Esfuérzate para poder presentarte delante de Dios y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad”.

La gran meta es presentarnos a Dios de tal manera que recibimos su aprobación. El versículo sugiere que requerirá esfuerzo y diligencia personal, alto conocimiento y uso recto de la Palabra de Dios, y compromiso con obedecerla y vivirla. El conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal son resultado de cumplir con el consejo de 2 Timoteo 2:15. Seamos obreros aprobados, con conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal.

CONCLUSIÓN

Conocimiento bíblico y fervor espiritual deben caracterizar nuestra fe pentecostal. No es el uno sin el otro. Conocimiento sin fervor omite la dinámica del Espíritu que activa y aplica el conocimiento. Fervor sin conocimiento deja al obrero no aprobado, avergonzado porque no maneja bien la Palabra de Dios. Conocimiento y fervor juntos, en equilibrio pone al obrero en el lugar más seguro donde el Señor lo puede usar. Es nuestro distintivo de ser pentecostal – bautizado, empoderado, conectado, llamado, involucrado y comprometido. ¡Eso es ser pentecostal!

Distintivos del Pentecostalismo

Dispensacionalismo en el movimiento pentecostal.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los pentecostales creemos que las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21). Interpretarla correctamente debería ser la meta de todo pentecostal que ame la sana doctrina. La complejidad de la Biblia, sin embargo, hace de esta una tarea no tan simple.

La Biblia no es sólo un libro extenso, es más bien una biblioteca: Una compilación de 66 libros escritos por 40 autores diferentes a lo largo de 1.500 años. Para estudiarla y comprenderla correctamente es esencial determinar un marco para la interpretación. El último libro de la Biblia fue escrito hace casi 2.000 años. Ambos Testamentos fueron escritos en una cultura e idioma drásticamente diferentes. Está claro que gran parte de la Biblia fue pensada como historia, pero también hay algo de alegoría y simbolismo, algo de poesía y gran parte de profecía. Determinar cómo consolidar varias formas literarias diferentes y determinar la historia general de Dios casi requiere una metodología tan flexible como el método científico: hacer una predicción, ver cómo la evidencia respalda esa predicción, refinar la predicción hasta que no ocurran más anomalías, luego usar el marco establecido para interpretar los textos más ambiguos. Es ahí donde el dispensacionalismo cobra importancia dentro del Movimiento Pentecostal, ya que le proporciona ese marco de referencia para interpretar correctamente la Biblia.

¿QUÉ ES EL DISPENSACIONALISMO?

El dispensacionalismo es un acercamiento a la interpretación bíblica el cual declara que Dios usa medios diferentes de trabajar con las personas durante diferentes períodos de la historia. El marco establecido al que se adhieren los dispensacionalistas es que el texto de la Biblia debe tomarse literalmente siempre que sea posible. Dentro de la interpretación literal del dispensacionalismo hay margen para la metáfora, las figuras literarias y la alegoría. Pero el significado detrás de la metáfora se toma literalmente. Dios lo hace evidente a través del uso del lenguaje, respecto a cuáles pasajes son literales y cuales son metafóricos.

Una interpretación literal de la Biblia puede tener su mayor y más divisivo efecto en la interpretación de lo que sucederá en el fin de los tiempos. El dispensacionalismo sostiene que la iglesia e Israel son dos entidades diferentes, con quienes Dios interactúa de dos maneras específicas. A diferencia de la teología del Pacto, el dispensacionalismo enseña que la iglesia no heredó las promesas que Dios le hizo a Israel. Aunque tanto la iglesia como Israel reciben la salvación a través del sacrificio de Jesús, la iglesia no es una entidad política nacional y no está llamada a imponer los estándares de Dios a escala nacional o mundial. Con esta distinción en mente, el plan de Dios para Israel todavía no se ha cumplido; Israel todavía tiene una parte esencial en el fin de los tiempos, que finalmente sucederá en el Reino del Milenio (Apocalipsis 20). La atención de Dios está temporalmente en la iglesia, pero regresará a Israel cuando la iglesia sea arrebatada antes de la Tribulación.

El “dispensacionalismo” recibe su nombre de las “dispensaciones” inferidas en la Biblia. Una dispensación se define como:

  1. Un período de tiempo durante el cual se prueba al hombre con respecto a la obediencia a una revelación específica de la voluntad de Dios.
  2. Un sistema establecido por Dios para regular la obediencia de los seres humanos para con él en cuestiones de fe y moralidad.
  3. Un período particular a lo largo de la historia de la salvación.

Este vocablo de uso teológico es aplicado a la «economía divina» (del gr. Oikonomía), y aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento, pero sólo una vez con connotaciones temporales: Comisión en (1 Corintios 9:17); Dispensación (Efesios 1:10); Administración (Efesios 3:2) y con un sentido doble en Colosenses 1:15 (En referencia a una persona en autoridad significa un arreglo o plan y en referencia a una persona bajo autoridad se refiere a una mayordomía o administración). La historia de la redención generalmente se divide en siete períodos sucesivamente cronológicos. Sin embargo, la división dispensacionalista de la historia varía entre sus adherentes, que van desde tres períodos a cuatro, a siete y a ocho dispensaciones.  Siete es el más común y son:

  • Inocencia (Génesis 1 – 3). Adán y Eva antes de que pecaran.
  • Consciencia (Génesis 3 – 8). Del primer pecado hasta el diluvio.
  • Gobierno humano (Génesis 9 – 11). Después del diluvio, el gobierno solo humano.
  • La promesa (Génesis 12 – Éxodo 19). De Abraham a Moisés: La Ley es dada.
  • La Ley (Éxodo 20 – Hechos 2:4). De Moisés a la muerte del Señor Jesús en la cruz.
  • La gracia (Hechos 2:4 – Apocalipsis 20:3). De la cruz al reino milenial.
  • El reino milenial (Apocalipsis 20:4-6). El gobierno de Cristo sobre la tierra en el reino milenial.

Quizás irónicamente, estos siete marcos de tiempo no se mencionan literalmente en el texto, pero sí describen con precisión las diferentes formas en que Dios ha interactuado con Su creación. Una interpretación literal de la Biblia muestra que Dios se ha relacionado con la humanidad de diferentes maneras a lo largo de la historia, y que Israel y la iglesia son dos entidades separadas. Esa es la esencia del dispensacionalismo. Sin embargo, estas dispensaciones no son medios para la salvación, sino maneras en las que Dios se relaciona con el hombre. El dispensacionalismo como un sistema, resulta en una interpretación premilenial de la Segunda Venida de Cristo, y usualmente una interpretación pretribulacional del Arrebatamiento.

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LAS SIETE DISPENSACIONES.

  1. DISPENSACIÓN DE LA INOCENCIA: La primera dispensación es llamada la ‘Dispensación de la Inocencia (Génesis 1:28-30 y 2:15-17). Esta dispensación cubre el período de Adán y Eva en el Jardín del Edén. En esta dispensación los mandatos de Dios eran (1) poblar la tierra con hijos, (2) sojuzgar la tierra, (3) tener dominio sobre los animales, (4) cuidar del jardín, y (5) abstenerse de comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios les advirtió del castigo de muerte física y espiritual si desobedecían. Esta dispensación tuvo una vida corta, y llegó a su fin por la desobediencia de Adán y Eva al comer el fruto prohibido y su consecuente expulsión del Jardín del Edén.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA CONCIENCIA: La segunda dispensación es llamada la ‘Dispensación de la Conciencia,’ y duró como 1,656 años desde el tiempo de la expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén, hasta el Diluvio (Génesis 3:8-8:22). Esta dispensación demuestra lo que la humanidad hará si se le deja a su voluntad y conciencia, la cual ha sido contaminada por su heredada naturaleza pecaminosa. Los cinco aspectos más importantes de esta dispensación son 1) una maldición sobre la serpiente, 2) un cambio en la femineidad y la maternidad, 3) una maldición sobre la naturaleza, 4) una imposición de trabajo sobre la humanidad para producir comida, y 5) la promesa de Cristo como la simiente que heriría a la serpiente en la cabeza (Satanás).

 

  1. DISPENSACIÓN DEL GOBIERNO HUMANO: La tercera dispensación es la ‘Dispensación del Gobierno Humano,’ la cual se inició en Génesis 8. Dios había destruido la vida sobre la tierra con el Diluvio universal, salvando solo una familia para reiniciar la raza humana. Dios les dio las siguientes promesas y mandatos a Noé y su familia: Dios ya no maldeciría la tierra nuevamente; Noé y su familia deberían repoblar la tierra con gente; ellos tendrían dominio sobre el reino animal; se les permitía comer carne; es establecida la ley de la pena capital; nunca habría otro diluvio universal; la señal de la promesa de Dios sería el arco-iris. Los descendientes de Noé no se dispersaron y repoblaron la tierra como Dios les ordenó, por tanto, fracasaron en su responsabilidad en esta dispensación. Cerca del 325 años después del diluvio, los habitantes de la tierra comenzaron a construir una torre, un gran monumento a su solidaridad y orgullo (Génesis 11:7-9). Dios puso fin a la construcción, creando diferentes lenguajes y forzando Su mandato de repoblar la tierra. El resultado fue el nacimiento de las diferentes naciones y culturas. A partir de ese momento, los gobiernos humanos han sido una realidad.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA PROMESA: La cuarta dispensación, llamada la ‘Dispensación de la Promesa,’ comenzó con el llamado de Abraham, continuando a través de las vidas de los patriarcas, y terminando con el éxodo del pueblo judío de Egipto, un período de aproximadamente 430 años. Durante esta dispensación, Dios desarrolló a una gran nación que Él había elegido como Su pueblo (Génesis 12:1 – Éxodo 19:25). La promesa básica durante la ‘Dispensación de la Promesa,’ fue el Pacto Abrahámico. Estos son los puntos clave de ese pacto incondicional: De Abraham, saldría una gran nación que Dios bendeciría con prosperidad física y espiritual; Dios haría grande el nombre de Abraham; Dios bendeciría a aquellos que bendijeran a los descendientes de Abraham, y maldeciría a aquellos que los maldijeran. En Abraham, todas las familias de la tierra serían bendecidas. Esto fue cumplido en Jesucristo y Su obra de salvación. La señal del pacto es la circuncisión. Este pacto, que fue repetido a Isaac y Jacob, está reservado para el pueblo hebreo y las 12 tribus de Israel.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA LEY: La quinta dispensación es la llamada ‘Dispensación de la Ley.’ Duró casi 1,500 años, desde el Éxodo, hasta que fue suspendido después de la muerte de Jesucristo. Esta dispensación continuará durante el Milenio, con algunas modificaciones. Durante la Dispensación de la Ley, Dios trató específicamente con la nación judía, a través del Pacto Mosaico, o la Ley, que se encuentra en Éxodo 19-23. La dispensación incluyó la adoración en el templo dirigida por sacerdotes, con la dirección adicional dicha a través de los voceros de Dios, los profetas. Eventualmente, debido a la desobediencia del pueblo al pacto, las tribus de Israel perdieron la Tierra Prometida y fueron sujetos a servidumbre.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA GRACIA: La sexta dispensación, la que estamos viviendo ahora, es la ‘Dispensación de la Gracia.’ Comenzó con el Nuevo Pacto en la sangre de Cristo (Lucas 22:20). Esta “Era de la Gracia” o “Era de la Iglesia” ocurre entre la 69 y 70ª semana de Daniel 9:24. Comienza con la muerte de Cristo y termina con el Arrebatamiento de la iglesia (1 Tesalonicenses 4). Esta dispensación es mundial e incluye tanto a judíos como a gentiles. La responsabilidad del hombre durante la Dispensación de la Gracia es creer en Jesucristo, el Hijo de Dios (Juan 3:18). En esta dispensación, el Espíritu Santo mora en los creyentes como el Consolador (Juan 14:16-26). Esta dispensación ha durado ya más de 2,000 años, y nadie sabe cuándo terminará. Lo que sí sabemos es que terminará con el Arrebatamiento, y todos los creyentes del mundo nacidos de nuevo, irán al cielo con Cristo. Después del Arrebatamiento, tendrán lugar los juicios de Dios que durarán siete años.

 

  1. EL REINO MILENIAL DE CRISTO: La séptima dispensación es llamada ‘El Reino Milenial de Cristo’ y durará por 1,000 años mientras Cristo Mismo gobernará sobre la tierra. Este Reino cumplirá la profecía para la nación judía, de que Cristo regresará y será su Rey. Los únicos a quienes se le permitirá la entrada al Reino, son los creyentes nacidos de nuevo de la Era de la Gracia y los justos que sobrevivieron los siete años de la tribulación. A ninguna persona no salva se le permitirá el acceso a este reino. Satanás es atado durante los 1,000 años. Este período termina con el juicio final (Apocalipsis 20:11-14). El viejo mundo es destruido por fuego, y dará comienzo el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra de Apocalipsis 21 y 22

 

CARACTERÍSTICAS Y COHERENCIA BÍBLICA DEL DISPENSACIONALISMO.

El dispensacionalismo como sistema de teología tiene dos características principales:

(1) Una consistente interpretación literal de la Escritura, especialmente de la profecía bíblica:

El dispensacionalismo sostiene que su principio de hermenéutica es el de la interpretación literal. “Interpretación Literal” significa dar a cada palabra el significado que comúnmente tendría en el uso cotidiano. Los símbolos, figuras del lenguaje y tipos son todos interpretados sencillamente bajo este método, y no son en manera algunos contrarios a la interpretación literal. Aún los simbolismos y figuras del lenguaje tienen interpretaciones literales contenidas en ellas. Hay por lo menos tres razones por las que esta es la mejor manera de ver la Escritura:

  1. Primero, filosóficamente, el propósito del lenguaje en sí parece requerir que lo interpretemos literalmente. El lenguaje fue dado por Dios con el propósito de poder comunicarse con el hombre.
  2. La segunda razón es bíblica. Cada profecía acerca de Jesucristo en el Antiguo Testamento fue cumplida literalmente. El nacimiento de Jesús, Su ministerio, Su muerte y Su resurrección, todas ocurrieron exacta y literalmente como fueron predichas en el Antiguo Testamento. No hay ningún cumplimiento no literal de estas profecías en el Nuevo Testamento. Este es un fuerte argumento a favor del método literal.
  3. Si no se utiliza la interpretación literal en el estudio de las Escrituras, entonces no hay un denominador común por el cual se pueda entender la Biblia. Cada y toda persona podría interpretar la Biblia como le acomodara. La interpretación bíblica denigraría en “lo que este pasaje me dice a mí” en vez de “la Biblia dice”.

Con base en una convicción firme en la autoridad e infalibilidad del texto y el mensaje de las Escrituras, los sistemas dispensacionales buscan aplicar consistentemente una exégesis gramática-histórica-literal a la interpretación de toda la Biblia. Este “literalismo” afirma el carácter progresivo de la revelación divina. El Nuevo Testamento encuentra significado solo cuando se interpreta en correcta relación con el mensaje del Antiguo Testamento. Además, el literalismo dispensacional enfatiza también que el Nuevo Testamento no cancela el mensaje del Antiguo Testamento, ni reemplaza necesariamente el cumplimiento histórico, cultural, y político de promesas dadas al pueblo de Dios en el antiguo pacto. Es decir, el dispensacionalismo no espiritualiza el mensaje del Antiguo Testamento. Más bien, el Nuevo Testamento esclarece, enriquece, y consuma el mensaje del Antiguo Testamento, revelando todo su valor histórico y teológico. Finalmente, podemos afirmar que el énfasis literal del dispensacionalismo otorga un valor y respeto únicos al pueblo de Dios a lo largo de los siglos, en su contexto histórico.

(2) Una distinción entre Israel y la iglesia dentro del programa de Dios:

El Dispensacionalismo sostiene que hay dos clases del pueblo de Dios: Israel y la Iglesia. Los dispensacionalistas creen que la salvación siempre ha sido por fe (En Dios en el Antiguo Testamento, y específicamente en Dios Hijo en el Nuevo Testamento). El dispensacionalismo afirma que las promesas espirituales y eternas ofrecidas sobre la base del nuevo pacto (una nueva dispensación) no revocan el compromiso de Dios de cumplir las promesas hechas a su pueblo en el antiguo pacto (la antigua dispensación). En este sentido, las nuevas promesas no sustituyen, ni reinterpretan, ni espiritualizan indistintamente el cumplimiento de las promesas hechas incondicionalmente a Israel en los pactos abrahámico y davídico.

En el Antiguo Testamento, la obra redentora de Dios está directamente relacionada con Israel; con los descendientes fieles de Abraham y de David. Pero luego de la venida de Jesús como el Mesías prometido, Dios enfoca ahora su obra redentora en y a través de la Iglesia, la simiente espiritual de Abraham. Así pues, los dispensacionalistas sostienen que la Iglesia no ha reemplazado a Israel en el programa de Dios y las promesas a Israel en el Antiguo Testamento no han sido transferidas a la Iglesia. Ellos creen que las promesas que Dios hizo a Israel (de la tierra, muchos descendientes y bendiciones) en el Antiguo Testamento serán finalmente cumplidas en el período del milenio del que se habla en Apocalipsis 20. Creen que, así como Dios en la época actual enfoca Su atención en la Iglesia, Él nuevamente en el futuro, enfocará Su atención en Israel (Romanos 9:11).

Finalmente, podemos afirmar que el dispensacionalismo representa un énfasis más comprensivo en la forma de ver la obra de Dios en la historia. La obra de salvación de Dios es más que una redención espiritual. En contraste con otros sistemas cuyo énfasis es mayormente espiritual, el dispensacionalismo busca tener un acercamiento más balanceado a su percepción de la historia. Dios ha obrado a lo largo de los siglos para el bienestar social, político, y económico de las naciones, y en especial de su pueblo escogido. Todos los sistemas reconocen esta realidad, pero el dispensacionalismo desea interpretar el texto de manera que no enfatice lo espiritual a expensas de lo histórico-social.

Debemos afirmar también que esta historiografía integral es la base de la comprensión futurista de la profecía que caracteriza al dispensacionalismo. Y al mismo tiempo, es también el fundamento de su postura premilenialista que enfatiza la segunda venida del Mesías para establecer un reino literal, milenial, e histórico en la tierra.

CORRIENTES DENTRO DEL DISPENSACIONALISMO.

Aunque el dispensacionalismo comparte opiniones comunes acerca de la interpretación de la Escritura, existen diferentes tipos de posiciones dispensacionalistas:

  •  DISPENSACIONALISMO CLÁSICO: A finales del siglo XIX, el irlandés John Nelson Darby (1880-1882), abandonó la Iglesia de Inglaterra y adoptó una eclesiología que enfatizaba la comunión de los creyentes y el estudio bíblico devocional, personal, y comunitario. Con el tiempo, Darby sistematizó el dispensacionalismo que posteriormente llegó a los Estados Unidos y fue adoptado por personajes de la talla de C. I. Scofield y Dwight L. Moody. Este dispensacionalismo “clásico” afirmaba que cada dispensación o economía se caracterizaba por una instrucción divina, una prueba de obediencia, y eventualmente el fracaso del hombre, dando lugar al juicio divino y el comienzo de una nueva dispensación. Adicionalmente, se caracterizaba por una discontinuidad extrema; un dualismo que hacía una diferencia radical y eterna entre Israel y la Iglesia. Israel era el pueblo terrenal de Dios, mientras que la Iglesia era su pueblo celestial. De aquí surgía un propósito redentor distinto para ambos. El propósito y el futuro de Israel serían terrenales, mientras que los de la Iglesia serían celestiales. Este dispensacionalismo reconocía solo el pacto con Abraham como aplicable espiritualmente a la Iglesia, mientras que el mosaico y davídico eran puramente temporales. Además, hacía distinción entre el “reino de Dios” y el “reino de los cielos”. En su forma más común fue popularizado por la primera edición de La Biblia de Estudio de Scofield y enseñaba siete dispensaciones: La inocencia (desde la creación hasta la caída de Adán y Eva en Edén); la conciencia (desde la caída hasta el diluvio); el gobierno humano (desde Noé hasta Abraham); la promesa (desde Abraham hasta Moisés); la Ley (desde Moisés hasta Juan el Bautista); la gracia (desde la primera venida del Mesías y su pasión, hasta su segunda venida) y el milenio (desde la segunda venida hasta el juicio del gran trono blanco).

 

  • DISPENSACIONALISMO REVISADO: Hacia mediados del siglo XX y culminando con la edición revisada de La Biblia de Estudio de Scofield en 1967, se desarrolló en los Estados Unidos la revisión más significativa en la historia del dispensacionalismo. Este “dispensacionalismo revisado” tuvo como resultado principal la eliminación del dualismo extremo del dispensacionalismo clásico. Eliminó la distinción escatológica entre el pueblo “terrenal” de Dios y su pueblo “celestial”. Pero conservó al mismo tiempo una clara distinción histórica entre Israel y la Iglesia. Este dispensacionalismo es el que inundó el mundo evangélico hacia finales del siglo XX, y es sin duda, la postura más popular en gran número de las denominaciones cristianas en Latinoamérica. El número de las dispensaciones permaneció estable, siguiendo el modelo de Scofield. Sus proponentes más importantes surgieron primero en el Seminario Teológico de Dallas con figuras como John F. Walwoord, Dwight Pentecost, y Charles Ryrie. En cuanto al significado del “reino de Dios”, no hubo una postura homogénea.

 

  • DISPENSACIONALISMO PROGRESIVO: Hacia finales del siglo XX se desarrolló una nueva corriente dispensacional conocida como “dispensacionalismo progresivo”. Entre sus proponentes más importantes se encuentran Darrell Bock y Craig Blaising. La característica esencial de este modelo es su intención de enfatizar la continuidad o “progresión” de las dispensaciones. En este sentido, el propósito redentor es más integral. Aunque todos los modelos dispensacionales enfatizan primariamente la “discontinuidad” en el trato de Dios con el hombre a través de la historia, el dispensacionalismo progresivo establece un mejor balance entre continuidad y discontinuidad. Aun cuando mantiene la distinción entre la Iglesia e Israel, también reconoce que la Iglesia es ahora el lugar único de toda bendición espiritual para todos los redimidos, sin importar su etnia o nacionalidad. También esclarece la primacía de la gracia a lo largo de la historia de la redención, y presenta las dispensaciones como una expresión progresiva, cada vez más clara y completa de la obra de la gracia de Dios para la salvación de la humanidad en todas las dispensaciones. Este dispensacionalismo es también más inclusivo en su interpretación de los pactos. En lugar de enfatizar la primacía y continuidad solo del pacto abrahámico, reconoce a los pactos posteriores como una continuidad y expansión de la promesa de bendición hecha a Abraham. Al mismo tiempo evita “espiritualizar” los pactos del Antiguo Testamento como lo hace la teología de pacto. Más bien, reconoce que las bendiciones espirituales son un nuevo desarrollo inaugurado en el nuevo pacto. Por último, el dispensacionalismo progresivo enfatiza el carácter eterno del reino de Dios y su consumación futura, pero afirmando al mismo tiempo que dicho reino fue inaugurado (no consumado) en la primera venida del Mesías. En este sentido, el reino de Dios ya está entre nosotros, pero todavía no se ha revelado ni consumado en toda su gloria.

Como un todo, los dispensacionalistas (cualquiera sea su corriente) buscan interpretar las Escrituras de la forma más literal como sea posible. Las posiciones sostienen que la salvación siempre ha sido por fe, pero es manifestada de forma diferente entre el Antiguo y Nuevo Testamentos (Génesis 15:6; Habacuc 2:4; Romanos 4:1-5; Juan 3:16). Aceptan los pactos de Dios como partes importantes de la actividad dispensacional, pero la unidad principal de división es la dispensación; es decir, período de tiempo. Existen promesas para Israel que todavía no han sido cumplidas. Israel será totalmente restaurado y será importante en el mundo en la medida en que lleve a cabo las promesas de Dios. La Iglesia puede reemplazar a Israel hasta cierto punto, pero no totalmente. La Iglesia no existía en el Antiguo Testamento. El premilenialismo es sostenido por todos los dispensacionalistas. La mayoría de los dispensacionalistas sostienen el rapto pretribulacional.

CONCLUSIÓN.

En plano de igualdad con el continuismo y la teología arminiana, el dispensacionalismo es por mucho el sistema teológico más popular dentro del Movimiento Pentecostal. Ser pentecostal implica, en la mayoría de los casos, ser dispensacionalista. Tal devoción por este sistema de interpretación no es gratuita:

  • La forma de exégesis literal del dispensacionalismo busca respetar el carácter histórico de las promesas de Dios a su pueblo tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. El cumplimiento de las promesas es tanto histórico como espiritual y eterno. Al enfatizar el carácter progresivo de la revelación, el dispensacionalismo reconoce el valor especial que el Nuevo Testamento tiene para la Iglesia en el presente. Pero al mismo tiempo, honra la obra y las promesas de Dios hechas a Israel en el pasado.
  • Además, también afirma que la obra pasada de Dios es la base de la revelación más completa de su gracia en el presente. De esta manera, el carácter progresivo de la revelación establece tanto la discontinuidad como la continuidad de la obra de redención de Dios en la historia.
  • El dispensacionalismo busca reconocer que la obra de salvación de Dios incluye aspectos temporales y eternos, espirituales y sociales. De esta manera, la obra de Dios en relación al pueblo de Israel tiene propósitos históricos, culturales, políticos, y eternos que no son cancelados ni reemplazados por la obra de Dios por medio de la iglesia.

Quizá la crítica más importante en contra del dispensacionalismo es que divide innecesaria o erróneamente las Escrituras. Es evidente que el desarrollo histórico mismo del dispensacionalismo demuestra cómo, inicialmente, la distinción entre Israel y la Iglesia era extrema, y que a lo largo del siglo se ha buscado regresar a un mejor balance entre discontinuidad y continuidad. Pero el riesgo persiste, especialmente en Latinoamérica donde el dispensacionalismo progresivo no ha sido significativamente estudiado ni adoptado.

Al igual que otros sistemas teológicos, el dispensacionalismo ha mostrado propensión a abusos hermenéuticos específicos. En ocasiones, su literalismo exegético se ha llevado a excesos como los mostrados por el dualismo extremo del dispensacionalismo clásico. Por otra parte, algunos exegetas han malinterpretado las distinciones dispensacionales, afirmando que la gracia es característica solo de la dispensación presente, la “dispensación de la gracia”. Este argumento prosigue a proclamar distintos modos de salvación a lo largo de la historia. Cosas tales como: “las personas se salvaban por obras bajo la ley, pero ahora son salvas por gracia.” En la mayoría de los casos, estos errores han sido resultado de un estudio superficial y descuidado del modelo dispensacional por parte de pastores y líderes sin entrenamiento teológico formal.

Otro punto de crítica ha sido el abuso de algunos en relación con los aspectos proféticos y escatológicos asociados al dispensacionalismo. Se ha dicho que los creyentes tienden a dos extremos en relación con las doctrinas del futuro: la escatofobia y la escatomanía. Sin duda esto es especialmente cierto entre las iglesias que enseñan una escatología dispensacional. Por un lado, hay algunos que han abusado de los modelos dispensacionales, usándolos para causar un temor extremo al futuro, y para promover modelos evangelísticos carnales basados en el temor al rapto o la tribulación. Por otra parte, otros han deformado el dispensacionalismo, usándolo como excusa para “descubrir” y proclamar cumplimientos proféticos específicos en las noticias cotidianas, afirmando fechas precisas para la venida de Cristo, juicios divinos sobre Israel y otras naciones, etc.

 

BIBLIOGRAFÍA.

  • Cyrus Ingerson Scofield, Biblia de Referencia Scofield.
  • Cyrus Ingerson Scofield, Rightly Dividing the Word of Truth.
  • Charles Ryrie, Dispensacionalismo Hoy.
  • Ernest R. Sandeen, The Roots of Fundamentalism, British and American Millenarianism, 1800-1930.
  • John Feingberg, editor. Continuity and Discontinuity: Perspectives on the Relationship Between the Old and New Testaments.
  • Darrell L Bock and Craig A. Blaising, Progressive Dispensationalism.
  • Jeffrey Bingham (Editor), Glenn R. Kreider (Editor), Dispensationalism and the History of Redemption: A Developing and Diverse Tradition.
  • Dwight Pentecost, Venga tu Reino: Promesas del pacto de Dios a lo largo de la historia.