Arminianismo Clásico

Gracia Preveniente, gracia resistible.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La teología cristiana, y particularmente el arminianismo, enseña la doctrina de la gracia preveniente, la cual sostiene que antes de que un hombre pueda buscar a Dios, Dios primero debe haber buscado al hombre. Antes de que un hombre pecador pueda pensar correctamente en Dios, debe haber una obra de iluminación realizada dentro de él. La Biblia nos enseña claramente que buscamos a Dios porque, y solo porque, Él primero ha puesto un impulso dentro de nosotros que nos incita a la búsqueda. “Nadie puede venir a mí”, dijo nuestro Señor, ” si no lo atrae el Padre que me envió” (Juan 6:44, NVI), y es por esta atracción sobrenatural que Dios nos quita todo vestigio de crédito por el hecho de venir. El impulso de buscar a Dios se origina en Dios, pero el resultado de ese impulso depende de nuestra respuesta a dicho estímulo o atracción divina. A esto le denominamos Sinergismo Evangélico.

El teólogo pentecostal Stanley Horton define el sinergismo evangélico de la siguiente manera:

“En su expresión evangélica moderada (el sinergismo evangélico) se remonta a Arminio, y, más importante aún, a Wesley. Ambos hicieron resaltar nuestra capacidad para decidir libremente, aun en asuntos que afecten a nuestro destino eterno. Somos depravados, pero aun los más depravados de nosotros no han perdido totalmente la imagen de Dios. Un evangélico sinergista afirma que sólo

Dios salva, pero cree que las exhortaciones universales a arrepentirse y creer sólo tienen sentido si es cierto que podemos aceptar o rechazar la salvación. La salvación brota totalmente de la gracia de Dios, pero afirmar que esto es así no nos exige disminuir nuestra responsabilidad cuando se nos presenta el evangelio.”[1]

En este sostén divino y el seguimiento o respuesta humana, no hay contradicción. Todo el mérito es de Dios, pues el influjo de la gracia de Dios en el ser humano siempre es anterior a la respuesta del hombre. Sin embargo, cuando la gracia de Dios, la cual es impartida a través de la obra del Espíritu Santo en el interior del hombre (Juan 16:8-11) ha hecho su parte, es responsabilidad del hombre buscar a Dios.[2] En el cálido lenguaje del sentimiento personal, esto se afirma en el Salmo 42: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.” (Salmo 42:1, NVI).

 La doctrina de la gracia preveniente nos permite afirmar completamente que el hombre está muerto en delitos y pecados, y que es incapaz de responder al Evangelio sin la convicción interna del Espíritu Santo (Juan 16:8) y el llamado del Padre (Juan 6:44, 65, 12:32, Romanos 10: 20). Además, también le da un mejor sentido a pasajes como Lucas 7:30 (“Pero los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos”), Lucas 18:24-25 (“Al verlo tan afligido, Jesús comentó: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.”) y Hechos 7:51 (“¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo!”).[3]

GRACIA PREVENIENTE: GRACIA HABILITADORA O GRACIA PRE-REGENERACIÓN.

La gracia preveniente, también denominada por algunos teólogos como “gracia habilitadora” o “gracia pre-regeneradora”, hace posible que el Espíritu de Dios supere esa incapacidad innata en el hombre para buscar a Dios. Es por medio de la gracia preveniente, la cual ejerce una obra directa en el corazón del hombre, una obra adecuada para que la persona no regenerada pueda comprender la verdad del Evangelio, que el inconverso desea a Dios y ejerce la fe salvadora.[4]

Bíblicamente, este concepto pretende expresar la verdad que se encuentra en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 o Juan 16:8. La gracia pre-regeneradora, por lo tanto, implica la obra de “atraer”, “abrir el corazón” o traer “convicción de pecado”.

LA GRACIA PREVENIENTE SIEMPRE SERÁ GRACIA RESISTIBLE.

Los arminianos afirmamos, basados en la Palabra de Dios, que no todos los que son atraídos o capacitados por el Padre para ejercer la fe y el arrepentimiento, en realidad deciden hacerlo; es decir, la gracia preveniente es resistible. Aunque es igualmente cierto que sin ese atracción o habilitación ninguna persona sería capaz de venir a Dios por su propia cuenta. Aquel que ha sido liberado para creer tiene el deseo o la habilidad de venir a Cristo en fe, pero en ninguna manera será obligado por Dios a creer y salvarse. Arminio, en su segundo punto llamado “Liberado por Gracia para creer”, afirma lo siguiente:

“Confieso que la mente del hombre natural y carnal se encuentra en tinieblas y oscuridad, que sus afectos están corrompidos y desordenados, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el ser en sí está muerto en pecados. Y agrego a esto, que un maestro obtiene mi más alta aprobación cuando atribuye el mayor mérito posible a la gracia divina; siempre que defienda la causa de ella hasta el límite de no infringir daño a la justicia de Dios, y de no quitar el libre albedrío del hombre específicamente hacia hacer el mal. De esta manera, atribuyo a la gracia el comienzo, la continuación y la consumación de todo bien, y llevo su influencia a tal extremo que un hombre, a pesar de ser regenerado, no puede concebir, desear, o hacer nada bueno, ni resistir siquiera una tentación, sin la gracia divina. A raíz de lo anterior, se hará claramente visible, que por ningún motivo hago injusticia a la gracia, atribuyéndole (como se ha dicho de mi) demasiado énfasis al libre albedrío del hombre. Ya que toda la controversia se reduce a la respuesta de la siguiente pregunta: “¿es la gracia de Dios una fuerza irresistible?”, dicho de otra manera, la controversia no tiene que ver con aquellas acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia (ya que he reconocido y enseñado cuantas de estas acciones u operaciones un maestro pueda haber enseñado) si no que se reduce estrictamente al modo de operación, si es irresistible o no. Con respecto a lo cual, creo, de acuerdo con las escrituras, que muchas personas resisten al Espíritu Santo y rechazan la gracia que se les ofrece”.[5]

Los Remostrantes, en su defensa ante el Sínodo de Dort, afirmaron algo similar a lo que Jacobo Arminio había articulado en sus obras:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni mismo un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo. Pero, en relación con el modo de operación de esta gracia, no es irresistible, ya que está escrito sobre muchos que “resistieron al Espíritu Santo” (Hechos 7) y en muchos otros lugares”. [6]

Los arminianos podemos adoptar esta posición precisamente porque la atracción y la habilitación del Padre se presentan en el Evangelio de Juan como condiciones necesarias, no suficientes, para llegar a la fe en Cristo. Así pues, la visión arminiana clásica sostiene que la aplicación de la gracia preveniente sobre el ser humano está ligada al mensaje del evangelio y su proclamación. La Palabra es el instrumento, el medio utilizado por el Espíritu como base para la convicción, la persuasión y la habilitación. Esta observación concuerda con el concepto del poder de la Palabra de Dios que se menciona en todas partes en las Escrituras, como en Hebreos 4:12, por ejemplo. La opinión de Arminio sobre esto es clara cuando, hablando de la persuasión involucrada en esta gracia pre-regeneradora, dice:

“Esto es efectuado por la palabra de Dios. Pero la persuasión se efectúa, externamente, por la predicación de la palabra, internamente por la operación, o más bien por la cooperación del Espíritu Santo, tendiendo a este resultado, para que la palabra pueda ser entendida y aprehendida por la verdadera fe “.[7]

La doctrina arminiana y bíblica, reconoce que, aunque Dios desea que todos se salven, Él nunca forzará a nadie a hacerlo. Por tal motivo, muchos resistirán la gracia y finalmente se perderán. Jesús deja claro esto en Lucas 14:26-33, en donde explica que algunos considerarán que los términos del discipulado son demasiado costosos y, por lo tanto, rechazarán la invitación. Las palabras de Jesús cobran un mayor significado si tenemos en cuenta que a este relato le sigue la parábola del banquete de bodas, que a su vez sigue el lamento de Jesús sobre Jerusalén en el final del capítulo 13.

De manera similar, en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23), vemos que a veces los que escuchan y reciben la palabra no siempre perseveran en última instancia porque oyen “la palabra e inmediatamente la reciben con alegría; pero, como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella.” Otros reciben “la semilla… oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que esta no llega a dar fruto.” Los calvinistas suelen negar que dichos “desertores de la fe” hayan sido verdaderamente cristianos en primer lugar; sin embargo, ¿Cómo puede alguien recibir la palabra con alegría (siendo incapaz para hacerlo sin el influjo de la gracia de Dios, debido a que está muerto espiritualmente e incapaz de cualquier obra buena) a menos que el Señor haya hecho una obra en su corazón? El contexto nos indica que tales personas fueron creyentes genuinos, y por lo tanto salvos en un principio, pero luego se apartaron y se perdieron. Esto lo deducimos además por el lenguaje usado en el contexto inmediato. Nótese por ejemplo la parábola del tesoro escondido, unos versos más tarde, donde en su alegría él va y vende todo lo que tiene y compra ese campo (Mateo 13:44), o la parábola de la perla donde fue y vendió todo lo que lo tenía y lo compró (Mateo 13:45-46). El lenguaje que describe la reacción de ambos grupos es idéntico. Todos recibieron el mensaje con alegría y creyeron, pero no todos perseveraron. También tenemos la declaración de Jesús después de su interacción con el joven rico:

“Al verlo tan afligido, Jesús comentó: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.” (Lucas 18:24-25, NVI).

Por supuesto, si Jesús fuera un calvinista, nunca hubiera sugerido que era más difícil para las personas ricas ser salvadas por la “gracia irresistible” de Dios que las personas pobres. Sus voluntades serían cambiadas inmediata e invenciblemente al escuchar el llamado efectivo de Dios. No sería más difícil para una persona rica ser salvada por el llamamiento monergístico e irresistible de Dios de que lo sería para cualquier otro pecador. Pero el verdadero Jesús estaba sugiriendo que su salvación estaba ligada en cierta medida a su respuesta y compromiso con su llamamiento. Finalmente, el libro de Hebreos advierte repetidamente a las personas que han escuchado el evangelio que no endurezcan sus corazones (Hebreos 3:7, 15; 4:7). Cuando una persona que ha sido redargüida de pecado por el Espíritu de Dios escucha el evangelio, puede optar por resistir (Hechos 7:51). De ese modo, insulta al Espíritu de gracia al rechazar a Cristo (Hebreos 10:29).

REFERENCIAS:

[1] Stanley M. Horton, Teología Bíblica: Una perspectiva pentecostal, Edición Ampliada, pp. 382. Editorial Vida, 1999.

[2] A. W. Tozer, La Búsqueda de Dios, Christian Publications, 1948.

[3] A menos que se indique lo contrario, todas las citas fueron tomadas de la Santa Biblia, Nueva Versión internacional.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, pp. 154-55. Randall House Publications, 2002.

[5] Jacobo Arminio. Obras de Arminio: Las Doctrinas Bíblicas de la Gracia. pp. 2-3.

[6] Los Cinco Artículos de la Remonstrancia en 1610. Artículo #4.

[7] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, pp. 158. Randall House Publications, 2002.

Distintivos del Pentecostalismo

Dispensacionalismo en el movimiento pentecostal.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los pentecostales creemos que las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21). Interpretarla correctamente debería ser la meta de todo pentecostal que ame la sana doctrina. La complejidad de la Biblia, sin embargo, hace de esta una tarea no tan simple.

La Biblia no es sólo un libro extenso, es más bien una biblioteca: Una compilación de 66 libros escritos por 40 autores diferentes a lo largo de 1.500 años. Para estudiarla y comprenderla correctamente es esencial determinar un marco para la interpretación. El último libro de la Biblia fue escrito hace casi 2.000 años. Ambos Testamentos fueron escritos en una cultura e idioma drásticamente diferentes. Está claro que gran parte de la Biblia fue pensada como historia, pero también hay algo de alegoría y simbolismo, algo de poesía y gran parte de profecía. Determinar cómo consolidar varias formas literarias diferentes y determinar la historia general de Dios casi requiere una metodología tan flexible como el método científico: hacer una predicción, ver cómo la evidencia respalda esa predicción, refinar la predicción hasta que no ocurran más anomalías, luego usar el marco establecido para interpretar los textos más ambiguos. Es ahí donde el dispensacionalismo cobra importancia dentro del Movimiento Pentecostal, ya que le proporciona ese marco de referencia para interpretar correctamente la Biblia.

¿QUÉ ES EL DISPENSACIONALISMO?

El dispensacionalismo es un acercamiento a la interpretación bíblica el cual declara que Dios usa medios diferentes de trabajar con las personas durante diferentes períodos de la historia. El marco establecido al que se adhieren los dispensacionalistas es que el texto de la Biblia debe tomarse literalmente siempre que sea posible. Dentro de la interpretación literal del dispensacionalismo hay margen para la metáfora, las figuras literarias y la alegoría. Pero el significado detrás de la metáfora se toma literalmente. Dios lo hace evidente a través del uso del lenguaje, respecto a cuáles pasajes son literales y cuales son metafóricos.

Una interpretación literal de la Biblia puede tener su mayor y más divisivo efecto en la interpretación de lo que sucederá en el fin de los tiempos. El dispensacionalismo sostiene que la iglesia e Israel son dos entidades diferentes, con quienes Dios interactúa de dos maneras específicas. A diferencia de la teología del Pacto, el dispensacionalismo enseña que la iglesia no heredó las promesas que Dios le hizo a Israel. Aunque tanto la iglesia como Israel reciben la salvación a través del sacrificio de Jesús, la iglesia no es una entidad política nacional y no está llamada a imponer los estándares de Dios a escala nacional o mundial. Con esta distinción en mente, el plan de Dios para Israel todavía no se ha cumplido; Israel todavía tiene una parte esencial en el fin de los tiempos, que finalmente sucederá en el Reino del Milenio (Apocalipsis 20). La atención de Dios está temporalmente en la iglesia, pero regresará a Israel cuando la iglesia sea arrebatada antes de la Tribulación.

El “dispensacionalismo” recibe su nombre de las “dispensaciones” inferidas en la Biblia. Una dispensación se define como:

  1. Un período de tiempo durante el cual se prueba al hombre con respecto a la obediencia a una revelación específica de la voluntad de Dios.
  2. Un sistema establecido por Dios para regular la obediencia de los seres humanos para con él en cuestiones de fe y moralidad.
  3. Un período particular a lo largo de la historia de la salvación.

Este vocablo de uso teológico es aplicado a la «economía divina» (del gr. Oikonomía), y aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento, pero sólo una vez con connotaciones temporales: Comisión en (1 Corintios 9:17); Dispensación (Efesios 1:10); Administración (Efesios 3:2) y con un sentido doble en Colosenses 1:15 (En referencia a una persona en autoridad significa un arreglo o plan y en referencia a una persona bajo autoridad se refiere a una mayordomía o administración). La historia de la redención generalmente se divide en siete períodos sucesivamente cronológicos. Sin embargo, la división dispensacionalista de la historia varía entre sus adherentes, que van desde tres períodos a cuatro, a siete y a ocho dispensaciones.  Siete es el más común y son:

  • Inocencia (Génesis 1 – 3). Adán y Eva antes de que pecaran.
  • Consciencia (Génesis 3 – 8). Del primer pecado hasta el diluvio.
  • Gobierno humano (Génesis 9 – 11). Después del diluvio, el gobierno solo humano.
  • La promesa (Génesis 12 – Éxodo 19). De Abraham a Moisés: La Ley es dada.
  • La Ley (Éxodo 20 – Hechos 2:4). De Moisés a la muerte del Señor Jesús en la cruz.
  • La gracia (Hechos 2:4 – Apocalipsis 20:3). De la cruz al reino milenial.
  • El reino milenial (Apocalipsis 20:4-6). El gobierno de Cristo sobre la tierra en el reino milenial.

Quizás irónicamente, estos siete marcos de tiempo no se mencionan literalmente en el texto, pero sí describen con precisión las diferentes formas en que Dios ha interactuado con Su creación. Una interpretación literal de la Biblia muestra que Dios se ha relacionado con la humanidad de diferentes maneras a lo largo de la historia, y que Israel y la iglesia son dos entidades separadas. Esa es la esencia del dispensacionalismo. Sin embargo, estas dispensaciones no son medios para la salvación, sino maneras en las que Dios se relaciona con el hombre. El dispensacionalismo como un sistema, resulta en una interpretación premilenial de la Segunda Venida de Cristo, y usualmente una interpretación pretribulacional del Arrebatamiento.

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LAS SIETE DISPENSACIONES.

  1. DISPENSACIÓN DE LA INOCENCIA: La primera dispensación es llamada la ‘Dispensación de la Inocencia (Génesis 1:28-30 y 2:15-17). Esta dispensación cubre el período de Adán y Eva en el Jardín del Edén. En esta dispensación los mandatos de Dios eran (1) poblar la tierra con hijos, (2) sojuzgar la tierra, (3) tener dominio sobre los animales, (4) cuidar del jardín, y (5) abstenerse de comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios les advirtió del castigo de muerte física y espiritual si desobedecían. Esta dispensación tuvo una vida corta, y llegó a su fin por la desobediencia de Adán y Eva al comer el fruto prohibido y su consecuente expulsión del Jardín del Edén.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA CONCIENCIA: La segunda dispensación es llamada la ‘Dispensación de la Conciencia,’ y duró como 1,656 años desde el tiempo de la expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén, hasta el Diluvio (Génesis 3:8-8:22). Esta dispensación demuestra lo que la humanidad hará si se le deja a su voluntad y conciencia, la cual ha sido contaminada por su heredada naturaleza pecaminosa. Los cinco aspectos más importantes de esta dispensación son 1) una maldición sobre la serpiente, 2) un cambio en la femineidad y la maternidad, 3) una maldición sobre la naturaleza, 4) una imposición de trabajo sobre la humanidad para producir comida, y 5) la promesa de Cristo como la simiente que heriría a la serpiente en la cabeza (Satanás).

 

  1. DISPENSACIÓN DEL GOBIERNO HUMANO: La tercera dispensación es la ‘Dispensación del Gobierno Humano,’ la cual se inició en Génesis 8. Dios había destruido la vida sobre la tierra con el Diluvio universal, salvando solo una familia para reiniciar la raza humana. Dios les dio las siguientes promesas y mandatos a Noé y su familia: Dios ya no maldeciría la tierra nuevamente; Noé y su familia deberían repoblar la tierra con gente; ellos tendrían dominio sobre el reino animal; se les permitía comer carne; es establecida la ley de la pena capital; nunca habría otro diluvio universal; la señal de la promesa de Dios sería el arco-iris. Los descendientes de Noé no se dispersaron y repoblaron la tierra como Dios les ordenó, por tanto, fracasaron en su responsabilidad en esta dispensación. Cerca del 325 años después del diluvio, los habitantes de la tierra comenzaron a construir una torre, un gran monumento a su solidaridad y orgullo (Génesis 11:7-9). Dios puso fin a la construcción, creando diferentes lenguajes y forzando Su mandato de repoblar la tierra. El resultado fue el nacimiento de las diferentes naciones y culturas. A partir de ese momento, los gobiernos humanos han sido una realidad.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA PROMESA: La cuarta dispensación, llamada la ‘Dispensación de la Promesa,’ comenzó con el llamado de Abraham, continuando a través de las vidas de los patriarcas, y terminando con el éxodo del pueblo judío de Egipto, un período de aproximadamente 430 años. Durante esta dispensación, Dios desarrolló a una gran nación que Él había elegido como Su pueblo (Génesis 12:1 – Éxodo 19:25). La promesa básica durante la ‘Dispensación de la Promesa,’ fue el Pacto Abrahámico. Estos son los puntos clave de ese pacto incondicional: De Abraham, saldría una gran nación que Dios bendeciría con prosperidad física y espiritual; Dios haría grande el nombre de Abraham; Dios bendeciría a aquellos que bendijeran a los descendientes de Abraham, y maldeciría a aquellos que los maldijeran. En Abraham, todas las familias de la tierra serían bendecidas. Esto fue cumplido en Jesucristo y Su obra de salvación. La señal del pacto es la circuncisión. Este pacto, que fue repetido a Isaac y Jacob, está reservado para el pueblo hebreo y las 12 tribus de Israel.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA LEY: La quinta dispensación es la llamada ‘Dispensación de la Ley.’ Duró casi 1,500 años, desde el Éxodo, hasta que fue suspendido después de la muerte de Jesucristo. Esta dispensación continuará durante el Milenio, con algunas modificaciones. Durante la Dispensación de la Ley, Dios trató específicamente con la nación judía, a través del Pacto Mosaico, o la Ley, que se encuentra en Éxodo 19-23. La dispensación incluyó la adoración en el templo dirigida por sacerdotes, con la dirección adicional dicha a través de los voceros de Dios, los profetas. Eventualmente, debido a la desobediencia del pueblo al pacto, las tribus de Israel perdieron la Tierra Prometida y fueron sujetos a servidumbre.

 

  1. DISPENSACIÓN DE LA GRACIA: La sexta dispensación, la que estamos viviendo ahora, es la ‘Dispensación de la Gracia.’ Comenzó con el Nuevo Pacto en la sangre de Cristo (Lucas 22:20). Esta “Era de la Gracia” o “Era de la Iglesia” ocurre entre la 69 y 70ª semana de Daniel 9:24. Comienza con la muerte de Cristo y termina con el Arrebatamiento de la iglesia (1 Tesalonicenses 4). Esta dispensación es mundial e incluye tanto a judíos como a gentiles. La responsabilidad del hombre durante la Dispensación de la Gracia es creer en Jesucristo, el Hijo de Dios (Juan 3:18). En esta dispensación, el Espíritu Santo mora en los creyentes como el Consolador (Juan 14:16-26). Esta dispensación ha durado ya más de 2,000 años, y nadie sabe cuándo terminará. Lo que sí sabemos es que terminará con el Arrebatamiento, y todos los creyentes del mundo nacidos de nuevo, irán al cielo con Cristo. Después del Arrebatamiento, tendrán lugar los juicios de Dios que durarán siete años.

 

  1. EL REINO MILENIAL DE CRISTO: La séptima dispensación es llamada ‘El Reino Milenial de Cristo’ y durará por 1,000 años mientras Cristo Mismo gobernará sobre la tierra. Este Reino cumplirá la profecía para la nación judía, de que Cristo regresará y será su Rey. Los únicos a quienes se le permitirá la entrada al Reino, son los creyentes nacidos de nuevo de la Era de la Gracia y los justos que sobrevivieron los siete años de la tribulación. A ninguna persona no salva se le permitirá el acceso a este reino. Satanás es atado durante los 1,000 años. Este período termina con el juicio final (Apocalipsis 20:11-14). El viejo mundo es destruido por fuego, y dará comienzo el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra de Apocalipsis 21 y 22

 

CARACTERÍSTICAS Y COHERENCIA BÍBLICA DEL DISPENSACIONALISMO.

El dispensacionalismo como sistema de teología tiene dos características principales:

(1) Una consistente interpretación literal de la Escritura, especialmente de la profecía bíblica:

El dispensacionalismo sostiene que su principio de hermenéutica es el de la interpretación literal. “Interpretación Literal” significa dar a cada palabra el significado que comúnmente tendría en el uso cotidiano. Los símbolos, figuras del lenguaje y tipos son todos interpretados sencillamente bajo este método, y no son en manera algunos contrarios a la interpretación literal. Aún los simbolismos y figuras del lenguaje tienen interpretaciones literales contenidas en ellas. Hay por lo menos tres razones por las que esta es la mejor manera de ver la Escritura:

  1. Primero, filosóficamente, el propósito del lenguaje en sí parece requerir que lo interpretemos literalmente. El lenguaje fue dado por Dios con el propósito de poder comunicarse con el hombre.
  2. La segunda razón es bíblica. Cada profecía acerca de Jesucristo en el Antiguo Testamento fue cumplida literalmente. El nacimiento de Jesús, Su ministerio, Su muerte y Su resurrección, todas ocurrieron exacta y literalmente como fueron predichas en el Antiguo Testamento. No hay ningún cumplimiento no literal de estas profecías en el Nuevo Testamento. Este es un fuerte argumento a favor del método literal.
  3. Si no se utiliza la interpretación literal en el estudio de las Escrituras, entonces no hay un denominador común por el cual se pueda entender la Biblia. Cada y toda persona podría interpretar la Biblia como le acomodara. La interpretación bíblica denigraría en “lo que este pasaje me dice a mí” en vez de “la Biblia dice”.

Con base en una convicción firme en la autoridad e infalibilidad del texto y el mensaje de las Escrituras, los sistemas dispensacionales buscan aplicar consistentemente una exégesis gramática-histórica-literal a la interpretación de toda la Biblia. Este “literalismo” afirma el carácter progresivo de la revelación divina. El Nuevo Testamento encuentra significado solo cuando se interpreta en correcta relación con el mensaje del Antiguo Testamento. Además, el literalismo dispensacional enfatiza también que el Nuevo Testamento no cancela el mensaje del Antiguo Testamento, ni reemplaza necesariamente el cumplimiento histórico, cultural, y político de promesas dadas al pueblo de Dios en el antiguo pacto. Es decir, el dispensacionalismo no espiritualiza el mensaje del Antiguo Testamento. Más bien, el Nuevo Testamento esclarece, enriquece, y consuma el mensaje del Antiguo Testamento, revelando todo su valor histórico y teológico. Finalmente, podemos afirmar que el énfasis literal del dispensacionalismo otorga un valor y respeto únicos al pueblo de Dios a lo largo de los siglos, en su contexto histórico.

(2) Una distinción entre Israel y la iglesia dentro del programa de Dios:

El Dispensacionalismo sostiene que hay dos clases del pueblo de Dios: Israel y la Iglesia. Los dispensacionalistas creen que la salvación siempre ha sido por fe (En Dios en el Antiguo Testamento, y específicamente en Dios Hijo en el Nuevo Testamento). El dispensacionalismo afirma que las promesas espirituales y eternas ofrecidas sobre la base del nuevo pacto (una nueva dispensación) no revocan el compromiso de Dios de cumplir las promesas hechas a su pueblo en el antiguo pacto (la antigua dispensación). En este sentido, las nuevas promesas no sustituyen, ni reinterpretan, ni espiritualizan indistintamente el cumplimiento de las promesas hechas incondicionalmente a Israel en los pactos abrahámico y davídico.

En el Antiguo Testamento, la obra redentora de Dios está directamente relacionada con Israel; con los descendientes fieles de Abraham y de David. Pero luego de la venida de Jesús como el Mesías prometido, Dios enfoca ahora su obra redentora en y a través de la Iglesia, la simiente espiritual de Abraham. Así pues, los dispensacionalistas sostienen que la Iglesia no ha reemplazado a Israel en el programa de Dios y las promesas a Israel en el Antiguo Testamento no han sido transferidas a la Iglesia. Ellos creen que las promesas que Dios hizo a Israel (de la tierra, muchos descendientes y bendiciones) en el Antiguo Testamento serán finalmente cumplidas en el período del milenio del que se habla en Apocalipsis 20. Creen que, así como Dios en la época actual enfoca Su atención en la Iglesia, Él nuevamente en el futuro, enfocará Su atención en Israel (Romanos 9:11).

Finalmente, podemos afirmar que el dispensacionalismo representa un énfasis más comprensivo en la forma de ver la obra de Dios en la historia. La obra de salvación de Dios es más que una redención espiritual. En contraste con otros sistemas cuyo énfasis es mayormente espiritual, el dispensacionalismo busca tener un acercamiento más balanceado a su percepción de la historia. Dios ha obrado a lo largo de los siglos para el bienestar social, político, y económico de las naciones, y en especial de su pueblo escogido. Todos los sistemas reconocen esta realidad, pero el dispensacionalismo desea interpretar el texto de manera que no enfatice lo espiritual a expensas de lo histórico-social.

Debemos afirmar también que esta historiografía integral es la base de la comprensión futurista de la profecía que caracteriza al dispensacionalismo. Y al mismo tiempo, es también el fundamento de su postura premilenialista que enfatiza la segunda venida del Mesías para establecer un reino literal, milenial, e histórico en la tierra.

CORRIENTES DENTRO DEL DISPENSACIONALISMO.

Aunque el dispensacionalismo comparte opiniones comunes acerca de la interpretación de la Escritura, existen diferentes tipos de posiciones dispensacionalistas:

  •  DISPENSACIONALISMO CLÁSICO: A finales del siglo XIX, el irlandés John Nelson Darby (1880-1882), abandonó la Iglesia de Inglaterra y adoptó una eclesiología que enfatizaba la comunión de los creyentes y el estudio bíblico devocional, personal, y comunitario. Con el tiempo, Darby sistematizó el dispensacionalismo que posteriormente llegó a los Estados Unidos y fue adoptado por personajes de la talla de C. I. Scofield y Dwight L. Moody. Este dispensacionalismo “clásico” afirmaba que cada dispensación o economía se caracterizaba por una instrucción divina, una prueba de obediencia, y eventualmente el fracaso del hombre, dando lugar al juicio divino y el comienzo de una nueva dispensación. Adicionalmente, se caracterizaba por una discontinuidad extrema; un dualismo que hacía una diferencia radical y eterna entre Israel y la Iglesia. Israel era el pueblo terrenal de Dios, mientras que la Iglesia era su pueblo celestial. De aquí surgía un propósito redentor distinto para ambos. El propósito y el futuro de Israel serían terrenales, mientras que los de la Iglesia serían celestiales. Este dispensacionalismo reconocía solo el pacto con Abraham como aplicable espiritualmente a la Iglesia, mientras que el mosaico y davídico eran puramente temporales. Además, hacía distinción entre el “reino de Dios” y el “reino de los cielos”. En su forma más común fue popularizado por la primera edición de La Biblia de Estudio de Scofield y enseñaba siete dispensaciones: La inocencia (desde la creación hasta la caída de Adán y Eva en Edén); la conciencia (desde la caída hasta el diluvio); el gobierno humano (desde Noé hasta Abraham); la promesa (desde Abraham hasta Moisés); la Ley (desde Moisés hasta Juan el Bautista); la gracia (desde la primera venida del Mesías y su pasión, hasta su segunda venida) y el milenio (desde la segunda venida hasta el juicio del gran trono blanco).

 

  • DISPENSACIONALISMO REVISADO: Hacia mediados del siglo XX y culminando con la edición revisada de La Biblia de Estudio de Scofield en 1967, se desarrolló en los Estados Unidos la revisión más significativa en la historia del dispensacionalismo. Este “dispensacionalismo revisado” tuvo como resultado principal la eliminación del dualismo extremo del dispensacionalismo clásico. Eliminó la distinción escatológica entre el pueblo “terrenal” de Dios y su pueblo “celestial”. Pero conservó al mismo tiempo una clara distinción histórica entre Israel y la Iglesia. Este dispensacionalismo es el que inundó el mundo evangélico hacia finales del siglo XX, y es sin duda, la postura más popular en gran número de las denominaciones cristianas en Latinoamérica. El número de las dispensaciones permaneció estable, siguiendo el modelo de Scofield. Sus proponentes más importantes surgieron primero en el Seminario Teológico de Dallas con figuras como John F. Walwoord, Dwight Pentecost, y Charles Ryrie. En cuanto al significado del “reino de Dios”, no hubo una postura homogénea.

 

  • DISPENSACIONALISMO PROGRESIVO: Hacia finales del siglo XX se desarrolló una nueva corriente dispensacional conocida como “dispensacionalismo progresivo”. Entre sus proponentes más importantes se encuentran Darrell Bock y Craig Blaising. La característica esencial de este modelo es su intención de enfatizar la continuidad o “progresión” de las dispensaciones. En este sentido, el propósito redentor es más integral. Aunque todos los modelos dispensacionales enfatizan primariamente la “discontinuidad” en el trato de Dios con el hombre a través de la historia, el dispensacionalismo progresivo establece un mejor balance entre continuidad y discontinuidad. Aun cuando mantiene la distinción entre la Iglesia e Israel, también reconoce que la Iglesia es ahora el lugar único de toda bendición espiritual para todos los redimidos, sin importar su etnia o nacionalidad. También esclarece la primacía de la gracia a lo largo de la historia de la redención, y presenta las dispensaciones como una expresión progresiva, cada vez más clara y completa de la obra de la gracia de Dios para la salvación de la humanidad en todas las dispensaciones. Este dispensacionalismo es también más inclusivo en su interpretación de los pactos. En lugar de enfatizar la primacía y continuidad solo del pacto abrahámico, reconoce a los pactos posteriores como una continuidad y expansión de la promesa de bendición hecha a Abraham. Al mismo tiempo evita “espiritualizar” los pactos del Antiguo Testamento como lo hace la teología de pacto. Más bien, reconoce que las bendiciones espirituales son un nuevo desarrollo inaugurado en el nuevo pacto. Por último, el dispensacionalismo progresivo enfatiza el carácter eterno del reino de Dios y su consumación futura, pero afirmando al mismo tiempo que dicho reino fue inaugurado (no consumado) en la primera venida del Mesías. En este sentido, el reino de Dios ya está entre nosotros, pero todavía no se ha revelado ni consumado en toda su gloria.

Como un todo, los dispensacionalistas (cualquiera sea su corriente) buscan interpretar las Escrituras de la forma más literal como sea posible. Las posiciones sostienen que la salvación siempre ha sido por fe, pero es manifestada de forma diferente entre el Antiguo y Nuevo Testamentos (Génesis 15:6; Habacuc 2:4; Romanos 4:1-5; Juan 3:16). Aceptan los pactos de Dios como partes importantes de la actividad dispensacional, pero la unidad principal de división es la dispensación; es decir, período de tiempo. Existen promesas para Israel que todavía no han sido cumplidas. Israel será totalmente restaurado y será importante en el mundo en la medida en que lleve a cabo las promesas de Dios. La Iglesia puede reemplazar a Israel hasta cierto punto, pero no totalmente. La Iglesia no existía en el Antiguo Testamento. El premilenialismo es sostenido por todos los dispensacionalistas. La mayoría de los dispensacionalistas sostienen el rapto pretribulacional.

CONCLUSIÓN.

En plano de igualdad con el continuismo y la teología arminiana, el dispensacionalismo es por mucho el sistema teológico más popular dentro del Movimiento Pentecostal. Ser pentecostal implica, en la mayoría de los casos, ser dispensacionalista. Tal devoción por este sistema de interpretación no es gratuita:

  • La forma de exégesis literal del dispensacionalismo busca respetar el carácter histórico de las promesas de Dios a su pueblo tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. El cumplimiento de las promesas es tanto histórico como espiritual y eterno. Al enfatizar el carácter progresivo de la revelación, el dispensacionalismo reconoce el valor especial que el Nuevo Testamento tiene para la Iglesia en el presente. Pero al mismo tiempo, honra la obra y las promesas de Dios hechas a Israel en el pasado.
  • Además, también afirma que la obra pasada de Dios es la base de la revelación más completa de su gracia en el presente. De esta manera, el carácter progresivo de la revelación establece tanto la discontinuidad como la continuidad de la obra de redención de Dios en la historia.
  • El dispensacionalismo busca reconocer que la obra de salvación de Dios incluye aspectos temporales y eternos, espirituales y sociales. De esta manera, la obra de Dios en relación al pueblo de Israel tiene propósitos históricos, culturales, políticos, y eternos que no son cancelados ni reemplazados por la obra de Dios por medio de la iglesia.

Quizá la crítica más importante en contra del dispensacionalismo es que divide innecesaria o erróneamente las Escrituras. Es evidente que el desarrollo histórico mismo del dispensacionalismo demuestra cómo, inicialmente, la distinción entre Israel y la Iglesia era extrema, y que a lo largo del siglo se ha buscado regresar a un mejor balance entre discontinuidad y continuidad. Pero el riesgo persiste, especialmente en Latinoamérica donde el dispensacionalismo progresivo no ha sido significativamente estudiado ni adoptado.

Al igual que otros sistemas teológicos, el dispensacionalismo ha mostrado propensión a abusos hermenéuticos específicos. En ocasiones, su literalismo exegético se ha llevado a excesos como los mostrados por el dualismo extremo del dispensacionalismo clásico. Por otra parte, algunos exegetas han malinterpretado las distinciones dispensacionales, afirmando que la gracia es característica solo de la dispensación presente, la “dispensación de la gracia”. Este argumento prosigue a proclamar distintos modos de salvación a lo largo de la historia. Cosas tales como: “las personas se salvaban por obras bajo la ley, pero ahora son salvas por gracia.” En la mayoría de los casos, estos errores han sido resultado de un estudio superficial y descuidado del modelo dispensacional por parte de pastores y líderes sin entrenamiento teológico formal.

Otro punto de crítica ha sido el abuso de algunos en relación con los aspectos proféticos y escatológicos asociados al dispensacionalismo. Se ha dicho que los creyentes tienden a dos extremos en relación con las doctrinas del futuro: la escatofobia y la escatomanía. Sin duda esto es especialmente cierto entre las iglesias que enseñan una escatología dispensacional. Por un lado, hay algunos que han abusado de los modelos dispensacionales, usándolos para causar un temor extremo al futuro, y para promover modelos evangelísticos carnales basados en el temor al rapto o la tribulación. Por otra parte, otros han deformado el dispensacionalismo, usándolo como excusa para “descubrir” y proclamar cumplimientos proféticos específicos en las noticias cotidianas, afirmando fechas precisas para la venida de Cristo, juicios divinos sobre Israel y otras naciones, etc.

 

BIBLIOGRAFÍA.

  • Cyrus Ingerson Scofield, Biblia de Referencia Scofield.
  • Cyrus Ingerson Scofield, Rightly Dividing the Word of Truth.
  • Charles Ryrie, Dispensacionalismo Hoy.
  • Ernest R. Sandeen, The Roots of Fundamentalism, British and American Millenarianism, 1800-1930.
  • John Feingberg, editor. Continuity and Discontinuity: Perspectives on the Relationship Between the Old and New Testaments.
  • Darrell L Bock and Craig A. Blaising, Progressive Dispensationalism.
  • Jeffrey Bingham (Editor), Glenn R. Kreider (Editor), Dispensationalism and the History of Redemption: A Developing and Diverse Tradition.
  • Dwight Pentecost, Venga tu Reino: Promesas del pacto de Dios a lo largo de la historia.