Neumatología

Pneumatología Pentecostal: ¿Quién es el Espíritu Santo?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La pneumatología, o neumatología, es la parte de la teología sistemática que estudia lo referente a la tercera persona de la trinidad, es decir, al Espíritu Santo. Al igual que la teología propia estudia algunos rasgos de la primera persona de la trinidad y la cristología estudia de Jesús, también la neumatología estudia la personalidad, la deidad y la obra del Espíritu Santo. Etimológicamente la palabra neumatología proviene de dos vocablos griegos donde pneuma significa viento, aire o espíritu y logos, estudio o tratado. En palabras sencillas se entiende entonces que es el estudio del Espíritu Santo.[1] Las razones de estudio son diversas, sin embargo, es necesario su estudio ya que también es Dios y no conocerlo sería negligente. Por otro lado, la Biblia menciona que el Espíritu Santo tiene mucha relación con el hombre hoy día. Además, se le pide al creyente vivir en sujeción al Espíritu Santo, pero ¿Cómo entender esta relación con el Espíritu sin antes conocerle? Por tal razón, el estudio de la persona y de la obra del Espíritu Santo es, para el cristiano devoto, una cuestión de vital interés. Particularmente para el creyente pentecostal.

El conocimiento de Dios por parte del creyente no puede nunca ser completo si no conoce a la tercera persona de la Deidad. En opinión de muchos teólogos, el ministerio activo del Espíritu Santo marca la edad de la Iglesia como la “Edad del Espíritu”, en contraste con la era de los Evangelios que es descripta como la “Era del Hijo”, y el Antiguo Testamento que es llamado “La era del Padre”. Todos aquellos que están genuinamente en la Iglesia del Señor Jesucristo, son producto de la obra creativa del Espíritu Santo por medio de Sus múltiples ministerios.[2]

¿Te has preguntado alguna vez en qué se diferencia el cristianismo de cualquier otra fe o sistema de creencias? La respuesta es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo morando en el creyente le asegura la verdad de que el cristianismo no es una mera religión filosófica o moralista. La doctrina cristiana llega a ser una fe vivificada con ímpetu dinámico y validez convincente gracias al Espíritu Santo. En la medida que el creyente ha apropiado el Espíritu Santo, en esa medida ha participado del poder del Evangelio de Cristo Jesús. Para el creyente, el Espíritu Santo es la llave a toda dádiva y aproximación espiritual. A través de su ministerio le son transmitidos al creyente los frutos de la victoria de la obra consumada por Cristo en el Calvario. El estudio del Espíritu Santo permite al creyente: (1) Apreciar más adecuadamente la naturaleza y la persona de Dios; (2) comprender mejor la naturaleza de la Iglesia como cuerpo orgánico vivificado por el poder del Espíritu Santo y (3) comprender el plan de Dios para el creyente y Su provisión divina para una vida Cristiana victoriosa.

Al estudiar acerca del Espíritu Santo el creyente no está estudiando acerca de un ser extraño; él está estudiando a Dios. La naturaleza y el ministerio del Espíritu Santo son exactamente los de Dios el Padre y Dios el Hijo. El Nuevo Testamento hace mención del Espíritu Santo constantemente: 56 veces en los evangelios; 57 veces en el libro de los Hechos; 112 veces en las cartas de Pablo; 36 veces en el resto del Nuevo Testamento. A pesar de ello, aún subsisten muchos conceptos erróneos sobre la identidad del Espíritu Santo. Algunos ven al Espíritu Santo como una fuerza mística. Otros entienden al Espíritu Santo, como el poder impersonal que Dios pone a disposición para los seguidores de Cristo.[3] Tal confusión se debe principalmente a la proliferación de sectas niegan la personalidad del Espíritu Santo. Sin embargo, lo que realmente importa no es lo que diga alguna secta o grupo herético. Nuestra autoridad en materia de doctrina y práctica es la Biblia. Por ende, cabe preguntarnos: ¿Qué dice la Biblia acerca de la identidad del Espíritu Santo? Ciertamente, la Biblia tiene mucho que decirnos acerca del Espíritu Santo, su naturaleza, personalidad, funciones y atributos. Dejemos pues que la Biblia hable por sí sola.

EL ESPÍRITU SANTO A TRAVÉS DE LA HISTORIA HUMANA.

Podemos ver al Espíritu Santo desde el Antiguo Testamento haciendo diversas actividades, como: Obrando en la creación (Génesis 1:2); da aliento a los hombres y los animales (Génesis 2:7; 6:3); capacitando a hombres para la batalla (Jueces 3:10); capacitando a los profetas para anunciar el mensaje del Señor (Miqueas 3:8), etc. En el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo estaba en medio del pueblo de Dios (Isaías 63:11) y capacitaba a ciertos hombres para tareas especiales (Éxodo 31:3; Jueces 6:34; 11:29). Sin embargo, no era dado a todos y podía ser retirado (Jueces 13:25; 16:20; Salmos 51:11). El Espíritu Santo es llamado de distintas maneras a lo largo del Nuevo Testamento: El Espíritu de Dios (1 Corintios 3:16); el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9); el Espíritu Eterno (Hebreos 9:14); el Espíritu de Verdad (Juan 16:13) y el Espíritu de Gracia (Hechos 10:29). La primera obra del Espíritu Santo en el hombre es convencer de pecado (Juan 16:8,11) y de la realidad del perdón a través de Jesucristo. Esto lo hace a través de la predicación (Hechos 2:37; 1 Tesalonicenses 1:5) y del ejercicio de los dones espirituales (1 Corintios 14:24-25). El Espíritu Santo es prometido a todos los creyentes (Hechos 2:38) y es un don que se recibe por la fe en Jesucristo (Efesios 1:13; 3:16-17; Gálatas 3:2,5). El Espíritu Santo es el que produce la obra de regeneración en nosotros. Él es el sello de nuestra salvación: ”…En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria…” (Efesios 1:13-14). Pero el Espíritu Santo es mucho más que el sello de Dios en nosotros.

DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO.[4]

Dicho de una manera sencilla, la Biblia dice que el Espíritu Santo es Dios. No es una mera suposición teológica, pues en la Palabra de Dios encontramos la afirmación de Su divinidad. La Biblia enseña claramente que el Espíritu Santo posee los atributos divinos: omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, eternidad. Incluso le llama “Dios” en Hechos 5:3-4. En este versículo, Pedro confronta a Ananías por haber mentido al Espíritu Santo, y le dice que él “…No había mentido a los hombres sino a Dios…”. Es una clara declaración de que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. También podemos saber que el Espíritu Santo es Dios, porque El posee los atributos o características de Dios. Por ejemplo, el hecho de que el Espíritu Santo es omnipresente, lo vemos en Salmos 139:7-8 “… ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás…”. Luego, en 1 Corintios 2:10-11 vemos la característica de la omnisciencia del Espíritu Santo: “…Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios…”. La eternidad del Espíritu Santo también es enseñada en Hebreos 9:14 y Zacarías 4:6.

PERSONALIDAD DEL ESPÍRITU SANTO.[5]

La Biblia también nos dice que el Espíritu Santo es una Persona, un Ser con una mente, emociones, y una voluntad. De acuerdo con la Biblia, y es lo único que importa acá, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. No es un poder ni una fuerza. La Escritura le atribuye una personalidad distintiva, al igual que al Padre y el Hijo (Mateo 3:16-17; Juan 14:16-17). El Espíritu Santo piensa, conoce el lenguaje, tiene voluntad, se le puede tratar como una persona, se le puede mentir, se le puede probar, se le puede resistir y se le puede contristar (Hechos 5:3; 7:51). Podemos conocer que el Espíritu Santo es en verdad una Persona, porque Él posee una mente, emociones y una voluntad. El Espíritu Santo piensa y sabe (1 Corintios 2:10). El Espíritu Santo puede ser afligido (Efesios 4:30) El Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26-27), lo cual no sería posible si no fuera una persona. El Espíritu Santo hace decisiones de acuerdo con Su voluntad (1 Corintios 12:7-11). El Espíritu Santo es Dios, la tercera “Persona” de la Trinidad. Como Dios, el Espíritu Santo puede funcionar verdaderamente como Consejero y Consolador, tal como lo prometió Jesús (Juan 14:16, 26; 15:26) Jesucristo habló de Él llamándolo el “otro Consolador” y utiliza el pronombre personal “Él” para referirse al Espíritu Santo, lo cual sería absurdo si no fuera una persona real igual que Jesús (Juan 16:7-8; 16:13-15; Romanos 8:16-26). El Espíritu Santo es mencionado en conexión con el Padre (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:13), lo cual sería ilógico si no fuera una persona igual que Él. El libro de los Hechos nos muestra al Espíritu Santo obrando en la plenitud de su poder, mostrando cualidades y hechos personales como hablar y guiar a los creyentes, manifestándose claramente como la tercera persona de la Trinidad (Hechos 8:29; 10:19-20; 10:38; 13:2; 15:28; 16:6-7; 20:28). Pero el Nuevo Testamento no es el único testigo de la personalidad del Espíritu Santo. Aún el Antiguo Testamento da fe de la personalidad del Espíritu Santo. Así, en el Antiguo Testamento leemos que:

(1.- EL ESPÍRITU SANTO HABLA: La presuposición fundamental de la inspiración de las Escrituras es que el Espíritu de Dios habló a través de los profetas escogidos. Antes de morir, el rey David declaró que “el Espíritu del Señor habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua” (2 Samuel 23:2). El Espíritu hablando es una clara señal de su personalidad, ya que las fuerzas impersonales son incapaces de comunicarse. El dinámico libro de Ezequiel dice algo parecido: “…Entonces el Espíritu entró en mí, me hizo ponerme en pie y habló conmigo, y me dijo: ‘Ve, enciérrate en tu casa’…” (Ezequiel 3:24). Al entender que el Espíritu habló personalmente con el profeta, es fácil reconocer que se trata de un agente consciente y personal.

(2.- EL ESPÍRITU SANTO NOS GUÍA Y PASTOREA: Otro atributo personal del Espíritu Santo es que nos guía: “…Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe a tierra firme…” (Salmo 143:10). El Espíritu es como el buen pastor que procura llevar a las ovejas del Señor a delicados pastos. La misma verdad se repite en Isaías 63:14, donde el profeta escribe que “…como a ganado que desciende al valle, el Espíritu del Señor les dio descanso. Así guiaste a Tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso…”. El Espíritu guio al pueblo en los días de Moisés para que heredaran la tierra prometida.

(3.- EL ESPÍRITU SANTO SE ENOJA: Isaías resalta que el Espíritu Santo se enojó con el pueblo de Dios en los días de Moisés por su dureza de corazón: “…Pero ellos se rebelaron y afligieron Su Santo Espíritu; por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos…” (Isaías 63:10). El texto es otra muestra más de que el Espíritu es una persona, ya que las fuerzas abstractas e inanimadas no pueden enojarse. El enojo santo es propio de personas.

(4.- EL ESPÍRITU SANTO ENSEÑA: Hay un par de hermosos textos en Nehemías que defienden la personalidad del Espíritu Santo. El primero se encuentra en Nehemías 9:20: “…Y enviaste tu buen Espíritu para instruirles…”. La idea aquí es que el Espíritu de Dios es el que enseña al pueblo del Señor. Se trata de otro atributo personal. Diez versículos después, sucede lo mismo: “…Sin embargo, Tú fuiste paciente con ellos por muchos años, y los amonestaste con Tu Espíritu por medio de Tus profetas, pero no prestaron oído. Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras…” (Nehemías 9:30). Es la misma realidad vista en el versículo 20. El Señor quiso enseñar a los hebreos y advertirles por medio del ministerio del Espíritu.

La personalidad del Espíritu Santo es una doctrina clara. Y para vergüenza de los falsamente llamados Testigos de Jehová, no hace falta consultar el Nuevo Testamento para creer en la doctrina de la personalidad del Espíritu Santo. El testimonio del Antiguo Testamento es más que claro. El Espíritu habla, guía, pastorea, se enoja, y enseña. Es imposible, pues, que sea una simple fuerza impersonal como ellos erróneamente enseñan. Dado que el Espíritu es una persona, podemos tener una relación con Él también.

CONCLUSIÓN.

El Espíritu Santo no es un viento, no es un poder natural, no es una mera influencia inspiradora como asumen los falsos Testigos de Jehová. El Espíritu Santo es una Persona, la Tercera Persona de la Trinidad. Vive aquí, presente entre nosotros, para iluminarnos en el conocimiento de la Biblia, único lugar donde Dios se revela al hombre. El Espíritu Santo es otro Cristo, es otro Consolador. El Hijo terminó la misión que le había traído a la tierra. La continuación de su obra, es decir, el establecimiento y fortalecimiento de la Iglesia, fueron trabajos encomendados al Espíritu Santo. Este comenzó a obrar cuando el Hijo fue recibido nuevamente al cielo. El Espíritu Santo es una persona con atributos propios. Está dotado de voluntad, ya que reparte los dones como él quiere. Está dotado de pensamiento. Está dotado de conocimiento. Está dotado, también, de los atributos de bondad y amor. Más aún, la Biblia afirma que el Espíritu Santo puede ser tratado igual que una persona. Se le puede mentir, se le puede tentar, se le puede resistir, se le puede entristecer, se le puede invocar y se le puede blasfemar. Un ser dotado de atributos semejantes es necesariamente una persona, en este caso una persona divina, la tercera persona de la Trinidad.

REFERENCIAS:

[1] Antonio Aranda Lomeña, Estudios de pneumatología, Editorial Universidad de Navarra, año 1985, España.

[2] J. José Alvarez, El Tiempo del Espíritu: Hacia una teología Pneumatológica, Editorial Eunsa, 2006.

[3] Lucas Mateo Seco, Teología trinitaria. Dios Espíritu Santo. Ediciones RIALP. Madrid 2005.

[4] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, Editorial Vida, 1990.

[5] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal, Editorial Vida, 2012.

Pentecostalismo Unicitario

Respuestas al Pentecostalismo Unicitario: ¿Es Dios una Trinidad?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La herejía amenazó con infectar el pentecostalismo desde sus inicios. La doctrina trinitaria, pilar del cristianismo ortodoxo y bíblico, fue cuestionada en el pentecostalismo primitivo a través de la doctrina heterodoxa conocida como “Modalismo”. El modalismo  es una herejía cristológica que enseña que Dios no es una esencia compartida por tres personas, sino que existe un solo ser en tres modos, en diferentes tiempos. Los Pentecostales Unicitarios creen que en el Antiguo Testamento Dios se manifestó como Padre, en el Nuevo Testamento durante su encarnación se manifestó como Hijo y desde pentecostés como Espíritu Santo. El modalismo también es conocido como Monarquianismo Modalista. Dicha herejía identifica a Jesucristo como Dios mismo (el Padre) manifestado en carne.

El modalismo, se opone férreamente al dogma de la Trinidad. De acuerdo con la concepción trinitaria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son cada una de las tres personas de la Trinidad. En cambio, los modalistas afirman que estos términos nunca pretendían hacer distinciones de tres personas eternas dentro de la naturaleza de Dios, sino que simplemente se referían a modos o manifestaciones de Dios. En otras palabras, Dios es un ser individual y único y los diversos términos usados para describirle (tales como Padre, Hijo y Espíritu Santo) son designaciones aplicadas a sus diferentes formas de actuar o a las diferentes relaciones que Él tiene para con el hombre.

La principal corriente del modalismo en los primeros siglos del cristianismo fue el patripasianismo o sabelianismo. El patripasianismo (del latín pater, patris, padre, y passus, padecer) fue una doctrina cristiana monarquianista de los siglos II y III que negaba el dogma de la Trinidad al considerar la misma como tres manifestaciones de un ser divino único, sosteniendo que fue el mismísimo Dios Padre quien había venido a la Tierra y había sufrido en la cruz bajo la apariencia del Hijo. Esta doctrina, considerada herética tras ser condenada en el 261 d.C. por el Concilio de Alejandría, es también conocida como sabelianismo al ser su principal defensor el obispo Sabelio, sacerdote y teólogo del siglo III. Hoy en día, esta doctrina sobrevive a través del pentecostalismo unicitario.

¿ES LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD UN INVENTO DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA?

En su intento por negar la doctrina de la Trinidad de Dios, los pentecostales unicitarios suelen recurrir a falsas teorías, sofismas y mentiras descaradas. La más popular de esas teorías dice que la Trinidad fue maquinada por la iglesia católica. En líneas generales, el argumento expresa que la doctrina de la Trinidad fue formulada en el siglo IV, en el Concilio de Nicea (325 d.C.), bajo el patrocinio del emperador Constantino. Los pentecostales unicitarios afirman que fue a partir de ese entonces que la doctrina de la Trinidad fue impuesta a las masas por la iglesia católica romana que, según ellos, para ese entonces era ya una iglesia apóstata.

Este argumento, popular pero falso, tiene varios errores e inexactitudes. Para empezar, la Iglesia Católica Romana como tal, con una estructura jerárquica, es decir, un obispo en Roma con jurisdicción sobre muchas iglesias en una amplia área geográfica no llegó a existir sino hasta finales del siglo VI. Peor aún, el obispo de Roma (pues en ese tiempo era sólo eso, un obispo, ya que el papado aún no había surgido como tal) ni siquiera estuvo presente en el Concilio de Nicea, cuya concurrencia estuvo exclusivamente formada por obispos de las iglesias orientales. No fue sino hasta cientos de años después de Nicea que la historia reporta los primeros vestigios de una organización con alguien en Roma funcionando como cabeza de la Iglesia Católica. La iglesia católica no podría jamás haber creado la doctrina de la Trinidad pues dicha doctrina es anterior al mismo catolicismo. Ni siquiera puede decirse que fue Constantino, en complicidad con los obispos congregados en Nicea, quienes la crearon. Ellos simplemente dieron reconocimiento oficial a una doctrina considerada vital por la iglesia cristiana desde los tiempos de los apóstoles.

Si examinamos la Biblia y la terminología esencial que conocemos hoy para referirnos a la doctrina trinitaria, la encontramos mucho antes de Nicea. Los términos “tres personas, una sustancia, trinidad” fueron usados por Tertuliano, quien escribió entre el 200 y el 240 d.C. Esbozos bastantes definidos de la Trinidad pueden ser encontrados también en los escritos de Teófilo de Antioquía (115-181 d.C.), Hipólito (170-235 d.C.) e Irineo (120-202 d.C.). Si bien el término Trinitas fue popularizado por Tertuliano en el contexto de su debate con el hereje modalista Praxeas, él no fue el primero en usar el vocablo. La primera mención de la palabra que tenemos en forma escrita data del 160 d.C., por mano de Teófilo en su epístola a Autólico.[1]

Les guste o no a los pentecostales unicitarios, hoy por hoy, la doctrina de la Trinidad sigue siendo salvaguarda contra las diferentes herejías, las antiguas y las modernas, y por ello persistimos diligentemente en enseñarla. Es a partir de ella que demarcamos el límite entre un grupo doctrinalmente sano y un grupo herético.

Puesto que la historia de la iglesia ha probado la falsedad de los argumentos unicitarios, es la biblia y sus enseñanzas la que tiene la última palabra en relación con la Trinidad. La pregunta sería: ¿Apoya la Biblia la teología pentecostal unicitaria? o ¿Puede probarse con la Biblia que la doctrina de la Trinidad es auténtica y de origen divino?

LA TRINIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.[2]

En la doctrina de la Trinidad se encuentra incluido el monoteísmo, lo cual es la enseñanza de que en todo el universo existe un ser único conocido como Dios el cual tiene una existencia propia e inmutable (Isaías 43:10; 44:6, 8). Es importante notar que la doctrina de la Trinidad no es politeísta como algunos de los críticos proclaman. Por definición el trinitarismo (o, mejor dicho, triunitarismo) es monoteísta y aquellos que claman que es politeísta, demuestran una falta de entendimiento de lo que es ésta realmente. Dios es una Trinidad de personas la cual consiste de una sustancia y una esencia. Dios, numéricamente es uno; aun así, dentro de la esencia divina individual hay tres individuos subsistiendo a los cuales llamamos personas. Cada una de las tres personas es completamente divina en naturaleza, aunque cada uno no es la totalidad de la Divinidad. Cada una de las tres personas no es las otras dos personas. Cada una de las tres personas está relacionada a las otras dos, pero son diferentes entre ellas.

El Credo Atanasiano explica la doctrina trinitaria de la siguiente manera:

“… Veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, tal (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres señores, sino un solo Señor; porque, así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho no creado ni engendrado. El Hijo fue solo por el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede.

 Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.

 Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo 1, perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno…”[3]

Pero más allá de los credos de la iglesia, la Biblia en su totalidad nos enseña la doctrina de la Trinidad. En la Biblia si podemos encontrar evidencias que demuestran el concepto trinitario, y realmente no necesitamos investigar muy a fondo las Santas Escrituras para encontrar tales pruebas. Ya desde el mismo comienzo de la Biblia, en Génesis 1: 1, encontramos que Moisés utiliza el nombre plural de Dios: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Aquí, en este versículo, la palabra hebrea equivalente a Dios es Elohim(אלהים o ‘ĕlohı̂̂ym), en la forma plural אל El o אלה Eloah, la cual ha sido tradicionalmente interpretada como la pluralidad de la condición divina del mismo Dios.

Pero Génesis 1: 1 no es la única cita en las Santas Escrituras hebreas que describe a nuestro Dios en una forma plural. Esta palabra en plural se encuentra en la Biblia unas tres mil veces, mientras que su equivalente en singular solo cincuenta y siete veces. ¿Es todo esto una contradicción? ¿Quiere decir esto que en realidad hay varios Dioses y no solo Uno? De ninguna manera.

Es provechoso el conocimiento del idioma hebreo, para el mejor entendimiento de los pasajes del Antiguo Testamento. En Génesis 1:1, se utiliza el nombre plural “Elohim”. En Génesis 1:26; 3:22; 11:7 y en Isaías 6:8, se usa el pronombre plural para “nosotros”. Sin duda, “Elohim” y “Nosotros” se refieren a más de dos. En el idioma español tenemos dos formas, singular y plural. En el idioma hebreo existen tres formas: singular, doble y plural. Doble es solamente para dos. En hebreo, la forma doble es utilizada para cosas que vienen en pares como los ojos, orejas y manos. La palabra “Elohim” y el pronombre “nosotros” son formas plurales (definitivamente más que dos) y deben estarse refiriendo a tres o más (Padre, Hijo, y Espíritu Santo).

En Génesis 1:26 podemos ver también como aparece la forma plural imperativa de la primera persona del verbo hacer (“hagamos”) y también la forma plural nominativa de la primera persona (“nuestra”): “…Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra…”. Nuevamente, vale la pena recordar que hay aproximadamente unos tres mil casos en que la palabra hebrea equivalente a Dios (Elohim) aparece en su forma plural en el Antiguo Testamento.

Algunos argumentan que en Génesis 1:26 Dios le hablaba a los ángeles, seres espirituales inteligentes y semejantes a él, pero inferiores, con los cuales consultó acerca de la creación. Esto sin embargo, no podría ser posible por dos razones: En primer lugar, los ángeles no son creadores; en segundo lugar, no estamos hechos a la imagen de los ángeles.

Otros pasajes trinitarios del Antiguo Testamento son:

“…Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre…” (Génesis 3:22)

Génesis 11:7 dice: “…Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero…”.

También se destaca Salmos 45:6-7: “…Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros…”. Esto es citado en Hebreos 1:8: “…Mas del Hijo dice; Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino…”.

Otro pasaje trinitario es Isaías 6:8: “…Después oí la voz del Señor, que decía: ‘¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?’ Entonces respondí yo: ‘Heme aquí, envíame a mí…’”. También en Isaías 48:16 leemos: “…Acercaos a mí, oíd esto: ‘desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu…’”.

El texto hebreo y arameo del Antiguo Testamento nos revela aún más conocimiento sobre la Trinidad del que podríamos deducir del texto en español.[4] Por ejemplo:

 

Texto en español Fonética Hebrea Traducción Literal
JOSUÉ 24:19

ESPAÑOL:

“Porque Él es Dios Santo.”

 

FONÉTICA:

KI ELOHIM KEDOSHIM HU

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

PORQUE DIOSES SANTOS (ES) ÉL

 

PROVERBIOS 9:10

ESPAÑOL:

“y el conocimiento del Santo es inteligencia.”

 

FONÉTICA:

VEDAAT KEDOSHIM BINAH

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y CONOCIMIENTO DE LOS SANTOS (ES) INTELIGENCIA

 

PROVERBIOS 30:3

ESPAÑOL:

“. . . ni tengo conocimiento del Santo.”

 

FONÉTICA:

VEDAAT KEDOSHIM EDA

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y CONOCIMIENTO DE LOS SANTOS (NO) CONOCÍ

 

SALMO 58:11

ESPAÑOL:

“. . . hay un Dios que juzga en la tierra.”

 

FONÉTICA:

YESH-ELOHIM SHOFTIM BA’ARETS

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

HAY DIOSES QUE JUZGAN EN LA TIERRA

 

ECLESIASTÉS 12:1

ESPAÑOL:

“Acuérdate, pues, de tu Creador . . .”

 

FONÉTICA:

UZEJOR ET-BOREJA

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y ACUÉRDATE DE TUS CREADORES

 

SALMO 149:2

ESPAÑOL:

“Alégrese Israel en su Creador . . .”

 

FONÉTICA:

YISMAJ YISRAEL BEOSAV

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

ALÉGRESE ISRAEL EN SUS HACEDORES

 

JOB 35:10

ESPAÑOL:

“. . . Dónde está Dios mi Hacedor . . .”

 

FONÉTICA:

AYEH ELOAH OSAY

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

DONDE (ESTÁ) DIOS MIS HACEDORES

 

ISAÍAS 54:5

ESPAÑOL:

“Porque tu esposo es tu Hacedor,

el SEÑOR de los ejércitos es su nombre. . .”

 

FONÉTICA:

KI BOALAYIJ OSAYIJ YAHVEH TSEVAOT SHEMO

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

PORQUE TUS MARIDOS (SON) TUS HACEDORES YAHVEH DE LOS EJERCITOS (ES) SU NOMBRE

 

GÉNESIS 20:13

ESPAÑOL:

“Y sucedió que cuando Dios me hizo salir . . .”

 

FONÉTICA

VAYEHI KA’ASHER HITU OTI ELOHIM MIBET AVI

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y SUCEDIÓ QUE CUANDO LOS DIOSES ME HICIERON SALIR DE CASA DE MI PADRE

 

MALAQUÍAS 1:6

ESPAÑOL:

“. . . y si yo soy señor . . .”

 

FONÉTICA:

VEIM-ADONIM ANI . . .

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y SI SEÑORES (SOY) YO

 

2 SAMUEL 7:23

ESPAÑOL:

“al cual viniste . . .”

 

FONÉTICA:

ASHER HALJU-ELOHIM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

AL CUAL FUERON / VINIERON DIOSES . . .

 

ÉXODO 33:14 Y 15

ESPAÑOL:

Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso . . .

Si tu presencia no va con nosotros no nos hagas partir de aquí

 

FÓNETICA:

PANAY YELEJU VAHANIJOTI LAJ

IM-EN PANEJA HOLJIM AL-TAALENU MIZEH

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

MIS ROSTROS / PRESENCIAS TE ACOMPAÑARÁN Y TE DARÉ DESCANSO . . .

SI TUS ROSTROS / PRESENCIAS NO NOS ACOMPAÑAN NO NOS SAQUES DE AQUÍ

 

DEUTERONOMIO 4:7

ESPAÑOL:

“¿Qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el Señor nuestro Dios . . .?”

 

FONÉTICA:

MI-GOY GADOL ASHER-LO ELOHIM KEROVIM ELAV KAYAHVEH ELOHEYNU

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

¿QUÉ NACIÓN GRANDE QUE TENGA DIOSES CERCANOS A ÉL COMO YAHVEH NUESTROS DIOSES?

 

GÉNESIS 35:7

ESPAÑOL:

“. . . allí Dios se le había manifestado . . .”

 

FONÉTICA:

SHAM NIGLU ELAV HAELOHIM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

ALLÍ SE MANIFESTARON A ÉL LOS DIOSES

 

GÉNESIS 33:20

ESPAÑOL:

“y lo llamó: El-Elohe-Israel.”

 

FONÉTICA:

VAYIKRA-LO EL ELOHEI YISRAEL

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y LO LLAMÓ DIOS DIOSES DE ISRAEL

 

JOSUÉ 22:22

ESPAÑOL:

“El Dios de los dioses, Yahveh, el Dios de los dioses, Yahveh, lo sabe . . .”

 

FONÉTICA:

EL ELOHIM YAHVEH EL ELOHIM YAHVEH HU YODEA

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

DIOS DIOSES YAHVEH DIOS DIOSES YAHVEH ÉL SABE

 

JEREMÍAS 10:10

ESPAÑOL:

“Él es el Dios vivo y el Rey eterno.”

 

FONÉTICA:

HU-ELOHIM JAYIM UMELEJ OLAM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

EL ES DIOSES VIVOS Y REY ETERNO

 

OSEAS 11:2

ESPAÑOL:

“Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí”

 

FONÉTICA:

KAREU LAHEM KEN HALEJU MIPENEHEM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

ELLOS LES LLAMABAN Y DE LA MISMA MANERA SE IBAN DE SUS ROSTROS / PRESENCIAS

 

OSEAS 11:12b

ESPAÑOL:

“Judá aún gobierna con Dios, y es fiel con los santos.”

 

FONÉTICA:

VIHUDA OD RAD IM-EL VEIM-KEDOSHIM NEEMAN

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y JUDÁ AÚN GOBIERNA CON DIOS Y CON LOS SANTOS ES FIEL

 

DANIEL 7:18

ESPAÑOL:

“Pero los santos del Altísimo recibirán el reino . . .”

 

FONÉTICA:

VIKABELUN MALJUTA KADISHEI ELYONIN

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y RECIBIRÁN EL REINO LOS SANTOS DE LOS ALTÍSIMOS

 

Es justo preguntarnos: ¿Cuál sería el propósito de usar verbos y pronombres en plural para referirse al único Dios verdadero? El creyente trinitario sabe muy bien la respuesta: ¡Dios es tres en uno, y uno en tres! Estudiar el texto en el idioma original nos da una gran lección acerca de la Trinidad. Deuteronomio 6:4, conocido como el Shemá, nos dice: “…Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. El original hebreo dice “Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”. Palabra por palabra tenemos:

(1.- Shemá: Es la palabra que se usa para “escuchar una noticia”, como si dijera “oye la novedad”.

(2.- Israel: El pueblo de Israel.

 (3.- Adonai: Esta palabra se traduce como “Señor” aunque también se puede traducir como “amo”. Algunos han sugerido que se traduce como el plural “Mis” y el singular “Señor”: “Mis Señor”.

 (4.- Eloheinu: Es un plural que se traduce en singular. Es como si leyéramos “árboles” pero traduciendo “árbol”. Esta palabra se traduce como “Dios”, pero es un plural que realmente quiere decir “Dioses”. Aunque, como sabemos que Dios es Uno debemos llamarlo en singular. En ninguna parte de la Biblia se traduce de Dios en plural.

 (5.- Ejad: Esta palabra se traduce como “uno”. Lo relevante de esto es que no quiere decir “uno” en singular, sino como unidad. ¿Un ejemplo? Vayamos a Génesis, donde se nos dice: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una (ejad) sola carne? (Génesis 2:24)”.

Los pentecostales unicitarios se apresurarían, sin duda, a reconocer que Ejad significa uno, pero ignorando que se refiero a una unidad compuesta. El hombre y la mujer forman uno (ejad). Matemáticamente eso se expresa así: 1+1=1. Otro ejemplo lo vemos en el mismo libro: “Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un (ejad) día”. Aquí la tarde es un elemento y la mañana es otro elemento, pero ambos forman un día. Fíjese que no dice “y fueron un…” sino que dice: “y fue un día”. Se repite la fórmula matemática 1+1=1. La palabra “ejad” quiere decir Uno formado por varios. Y es la misma palabra que se usa aquí en Deuteronomio 6:4 para afirmar “nuestro Dios, Uno es”. Si pudiéramos traducir palabra por palabra tendríamos algo así: “Presta atención Israel, el Señor nuestros Dioses, es Un solo Señor formado por Varios.”. Dios es Uno. No podemos negarlo. Pero esa misma Biblia que nos dice que Dios es Uno, también nos dice que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Y esto sólo tomando en cuenta el Antiguo Testamento.

LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO.[5]

Si el Antiguo Testamento insinúa la Trinidad, el Nuevo la enseña de manera clara y sin rodeos. El Nuevo Testamento registra sucesos y formulaciones que ponen en claro la Trinidad Divina en su accionar dentro de la historia de la salvación. Un ejemplo de la presencia del trino Dios se puede ver inmediatamente al comenzar la actividad pública de Jesús, cuando en su Bautismo el Padre y el Espíritu Santo atestiguan el envío del Hijo de Dios hecho hombre: “…Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia…” (Marcos 1:10-11, véase también Mateo 3:16-17). Este pasaje demuestra que el Hijo de Dios obra en unidad con el Padre y el Espíritu Santo.

I.- EL BAUTISMO DE JESÚS: 

Mateo 3:16-17 es otro pasaje bastante ilustrativo. Aunque a primera vista pareciera que nada tiene que ver con la Trinidad sino con la unidad de Dios, pues la única divinidad claramente manifestada sería la del Padre, sin embargo, cuando examinamos más detenidamente el texto descubrimos la del Hijo y la del Espíritu Santo también. En efecto, porque el Padre está haciendo una confesión o declaración solemne acerca de la persona que acaba de ser bautizada y esa declaración es la más extraordinaria y conspicua que se pueda hacer. Algo que, como dice el autor de la carta a los Hebreos, ni siquiera ha hecho acerca de las criaturas más excelsas, los ángeles (Hebreos 1:5). Y si de esas criaturas no ha hecho esa confesión, cuanto menos de ninguno de los hombres, incluso de los mayores hombres de Dios. Ni de Abraham, ni de Moisés, ni de David ha dicho Dios nunca nada parecido. Y es que la palabra Hijo alude a una comunión de naturaleza, no sólo de voluntad o de propósito. Puede haber coincidencia de voluntad o propósito entre amo y siervo, pero de naturaleza sólo entre padre e hijo y eso es precisamente lo que el Padre está declarando aquí sobre Jesucristo. Ahora bien, la comunión de naturaleza supone comunión de divinidad, lo que implica igualdad de atributos; luego la divinidad del Padre es la misma del Hijo también, porque se trata de una filiación no adoptiva, sino de esencia. La otra referencia en este pasaje es al Espíritu Santo. Si el espíritu del hombre es el hombre mismo, es evidente que el Espíritu de Dios tiene que ser Dios mismo. Y si Dios no está constituido de partes, síguese que hay una identidad de naturaleza entre Dios y su Espíritu, no siendo una cosa uno y otra cosa el otro sino ambos lo mismo, aunque distinguiéndose el uno del otro por la preposición de en la expresión Espíritu de Dios, que indica relación. Por tanto, hay igualdad y distinción a la vez. Igualdad por la única esencia, distinción por la relación mutua. Algo que sobresale en este texto del bautismo de Jesús es que la presencia de Padre, Hijo y Espíritu Santo es simultánea, es decir, se produce al mismo tiempo, lo cual echa por tierra la teoría de que Padre, Hijo y Espíritu Santo no son sino manifestaciones de un ser unipersonal, que ejerce esos papeles de forma sucesiva, según convenga. La vieja enseñanza unitaria sabeliana queda así puesta en evidencia, así como la nueva enseñanza unitaria que niega las distinciones personales permanentes en Dios.

II.- LA FÓRMULA BAUTISMAL Y LA GRAN COMISIÓN:

Padre, Hijo y Espíritu Santo también son mencionados en el mandato del Bautismo dado por Jesucristo a los Apóstoles antes de su ascensión (Mateo 28:18-19). La fuerza que tiene este pasaje no puede ser negada. En primer lugar, se trata del acto por el que una persona queda consagrada a Dios, como es el bautismo. Por tanto, perfectamente Jesús podía haber dicho que el bautismo se hiciera en el nombre de Dios, lo cual habría sido correcto. También podría haber empleado otras fórmulas, como en el nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, o en el nombre del Dios de Israel, lo que igualmente habría sido pertinente. Sin embargo, en lugar de usar esas u otras fórmulas va a usar la de en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nótese que emplea el término nombre en singular, para denotar la unidad de Dios, pero al mismo tiempo introduce las distinciones personales que hay en esa unidad. Otras referencias a la correlación existente entre las personas divinas se hallan en el Evangelio de Juan cuando se menciona la unidad del Hijo con el Padre, donde Jesucristo dice: “…Yo y el Padre uno somos…” (Juan 10:30, comparar también con Juan 1:1 y 14). Asimismo, la promesa del Espíritu Santo hace referencia a la Trinidad de Dios (Juan 16:13-15).

III.- LAS CARTAS DE PABLO:

En las epístolas del Nuevo Testamento hay más alusiones a la Trinidad de Dios. Las encontramos en las alabanzas a Dios o también en las fórmulas de bendición. Así dice en 1 Corintios 12:4-6: “…Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo…”. Aquí se menciona tanto la unicidad de Dios, como las diferentes auto manifestaciones personales. También Efesios 4:4-6 testifica que el obrar de Dios contiene señales de su naturaleza trinitaria: “…Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos…”.

IV.- LAS CARTAS DE PEDRO:

Asimismo, en 1 Pedro 1:2 se habla acerca del obrar de salvación del trino Dios: “…Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…”. 1 Pedro 1:2 resume el plan de salvación en tres actos: Elección, santificación y expiación. Es decir, diseño, aplicación y ejecución. El primer acto es del Padre, el segundo del Espíritu y el tercero de Jesucristo. Si se reduce la divinidad al Padre, entonces la tarea de Dios en la salvación se reduce a que la ha pensado, nada más, siendo su aplicación y ejecución tarea de dos criaturas. Del mismo modo, si se reduce la divinidad a Jesucristo, como hacen algunos unitarios modernos, llegamos a la misma conclusión, que dos partes de la salvación han sido efectuadas por entes fantasmales que no tienen realidad personal propia.

V.- LA BENDICIÓN APOSTÓLICA: 

Una alusión clara a la Trinidad de Dios la constituye la fórmula de bendición que se encuentra al final de la segunda epístola a los Corintios: “…La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros…” (2 Corintios 13:14). Ciertamente, 2 Corintios 13:14 es una fórmula en la que se contienen tres grandes bendiciones que sólo Dios puede otorgar: La gracia, el amor y la comunión. La gracia es el medio de la salvación, el amor es la causa de esa salvación y la comunión el resultado de dicha salvación. Pues bien, el medio de la salvación es la gracia impartida por Jesucristo, su causa es el amor de Dios y su resultado es la comunión del Espíritu Santo. Esta bendición que es la salvación, algo que por definición solamente Dios puede impartir, el apóstol Pablo la atribuye aquí a Dios, también a Jesucristo, al que le añade el nombre Señor, y asimismo al Espíritu Santo. Si sólo el Padre o sólo Jesucristo fuera Dios, sería blasfemo que de alguien que no es Dios se dijera que es autor de la salvación, ya que ésta es una obra exclusivamente divina.

¿Y ENTONCES QUÉ? ¿DEBEMOS CREER EN LA TRINIDAD?

En este punto, la respuesta a la pregunta anterior debería ser obvia. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento no vacilan en enseñar con claridad la doctrina trinitaria. Judas 20-21 nos dice: “…Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna…”. En resumen, la doctrina de la Trinidad no es un invento de la Iglesia de los primeros siglos ni una copia de sistemas paganos, sino la enseñanza clara y evidente del Nuevo Testamento, respaldado por el Antiguo, sobre Dios. Toda la Biblia se une en defensa de la doctrina trinitaria. La Biblia en su conjunto nos enseña que:

(1) Hay un Dios: Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 8:4; Gálatas 3:20; 1ª Timoteo 2:5.

(2) La Deidad está compuesta de tres Personas: Génesis 1:1; 1:26; 3:22; 11:7; Isaías 6:8; 48:16; 61:1; Mateo 3:16-17; 28:19; 2 Corintios 13:14. En Isaías 48:16 y 61:1, el Hijo está hablando mientras hace referencia al Padre y al Espíritu Santo. Compare Isaías 61:1 con Lucas 4:14-19 y se dará cuenta de que es el Hijo hablando. Mateo 3:16-17 describe el evento del bautismo de Jesús. En este se ve a Dios el Espíritu Santo descendiendo sobre Dios el Hijo mientras Dios el Padre proclama Su complacencia en el Hijo. Mateo 28:19 y 2ª Corintios 13:14 son ejemplos de 3 personas distintas en la Trinidad.

(3) Los miembros de la Trinidad se distinguen el uno del otro en varios pasajes: En el Antiguo Testamento, Jehová afirma tener un “Hijo” (Salmos 2:7, 12; Proverbios 30:2-4). El Espíritu se distingue de Jehová (Números 27:18) y de Dios (Salmos 51:10-12). Dios el Hijo se distingue de Dios el Padre (Salmos 45:6-7; Hebreos 1:8-9). En el Nuevo Testamento, Juan 14:16-17 es donde Jesús ruega al Padre que envíe un Consolador, el Espíritu Santo. Esto muestra que Jesús no se consideró el Padre o el Espíritu Santo. Tome en cuenta también todos los otros tiempos en los Evangelios, en donde Jesús habla al Padre. ¿Estaba hablándose a Sí mismo? No. El habló a otra persona de la Trinidad – al Padre.

(4) Cada miembro de la Trinidad es Dios: El Padre es Dios: Juan 6:27; Romanos 1:7; 1ª Pedro 1:2. El Hijo es Dios: Juan 1:1, 14; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Hebreos 1:8; 1 Juan 5:20. El Espíritu Santo es Dios: Hechos 5:3-4; 1 Corintios 3:16; Romanos 8:9; Juan 14:16-17; Hechos 2:1-4).

(5) La subordinación dentro de la Trinidad: La Escritura muestra que el Espíritu Santo es subordinado al Padre y al Hijo, y el Hijo es subordinado al Padre. Esta es una relación interna, y no niega la deidad de ninguna persona de la Trinidad. Esta es simplemente un área en el cual nuestras mentes finitas no pueden entender lo concerniente al Dios infinito. Concerniente al Hijo veamos: Lucas 22:42; Juan 5:36; Juan 20:21; 1 Juan 4:14. Concerniente al Espíritu Santo veamos: Juan 14:16; 14:26; 15:26; 16:7 y especialmente Juan 16:13-14.

(6) Las labores de los miembros individuales de la Trinidad:

  • El Padre es el recurso o causa esencial de: el universo (1 Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11); la revelación divina (Apocalipsis 1:1); la salvación (Juan 3:16-17); y las obras humanas de Jesús (Juan 5:17; 14:10). El Padre pone en marcha todas estas cosas.
  • El Hijo es el agente a través de quien el Padre hace las siguientes obras: la creación y mantenimiento del universo (1 Corintios 8:6; Juan 1:3; Colosenses 1:16-17); la revelación divina (Juan 1:1; Mateo 11:27; Juan 16:12-15; Apocalipsis 1:1); y la salvación (2 Corintios 5:19; Mateo 1:21; Juan 4:42). El Padre hace todas estas cosas a través del Hijo, quien hace las veces de Su agente.
  • El Espíritu Santo es el medio por el cual el Padre hace las siguientes obras: la creación y mantenimiento del universo (Génesis 1:2; Job 26:13; Salmos 104:30); la revelación divina (Juan 16:12-15; Efesios 3:5; 2 Pedro 1:21); la salvación (Juan 3:16; Tito 3:5; 1 Pedro 1:2); y las obras de Jesús (Isaías 61:1; Hechos 10:38). De este modo el Padre hace todas estas cosas por el poder del Espíritu Santo.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son formas de Dios, cada uno de ellos es Dios. De manera que, ninguna ilustración puede darnos una representación de la Trinidad, pues por muy buena que sea, ninguna representación es completamente certera. Un Dios infinito no puede ser descrito completamente, por una ilustración finita. En lugar de enfocarse en lo que no comprendemos de la Trinidad, debemos enfocarnos en el hecho de la grandeza de Dios y en la naturaleza infinitamente superior a nosotros mismos: “… ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?”.

REFERENCIAS:

[1] J.P. Moreland y William Lane Craig, Philosophical Foundations for a Christian Worldview, IVP, 2003.

[2] Granados, Juan José Fernandez, Pluralidad de Personas en la Deidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

[3] The Book of Concord: The Confessions of the Evangelical Lutheran Church. Theodore G. Tappert (traductor y editor). Philadelphia: Fortress Press, 1959. ISBN 0-8006-0825-9. Primera traducción al inglés de los textos publicados en Die Bekenntnisschriften (en inglés)

[4] Los 21 testigos de la Trinidad: http://www.ministerioluzalasnaciones.com/index.php/la-trinidad-la-hashilush-hakadosh/50-los-21-testigos-de-la-trinidad

[5] Jeter de Walker, Luisa. ¿Cuál camino?, Editorial Vida.