Teología, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Analfabetismo bíblico en las iglesias

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En cierta época de su vida William Tyndale, famoso por realizar la primera traducción de la Biblia al inglés directamente del griego y el hebreo, trabajó en casa de sir John Walsh como preceptor de sus hijos. Durante las comidas que ofrecía Walsh, el joven Tyndale y los clérigos del lugar solían entablar combates dialécticos. Tyndale, erudito en la Palabra como pocos de su época, desafiaba con toda naturalidad las opiniones de estos abriendo la Biblia y mostrándoles textos. Con el tiempo, a los Walsh les convenció lo que decía Tyndale, y a los clérigos cada vez se les invitaba con menos frecuencia y se les recibía con menos entusiasmo. Como es natural, los eclesiásticos se resintieron más con Tyndale y sus creencias. Un alto jerarca eclesiástico afirmó: “Mejor nos iría sin la ley de Dios que sin la del Papa”, a lo que Tyndale respondió con sus famosas palabras:

“Yo Desafío al Papa y todas sus leyes. Si Dios me hace merced de seguir vivo, de aquí a no muchos años lograré que el muchacho que guía el arado sepa más de la Escritura que vos”. Más adelante Tyndale afirmaría: “La experiencia me enseñó que era imposible afianzar a los laicos en la verdad, a menos que se les presentara con claridad la Escritura en su lengua materna para que pudieran percibir la esencia, el orden y el significado del texto”.[1]

1

La pasión de Tyndale por el estudio de las Escrituras y su deseo de que todos pudieran conocerla y estudiarla en su lengua materna fue una característica distintiva del protestantismo inicial. De hecho, el grito de guerra de la Reforma fue “Sola Scriptura”. Los primeros protestantes creían, y aún hoy afirman, que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, por consiguiente, la única fuente de autoridad, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede auto interpretar por medio de ella misma. Está de más decir que, cualquier iglesia evangélica que se precie de enseñar la sana doctrina, afirmará sin duda alguna que las Escrituras, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios al hombre, la regla infalible e inapelable de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21).[2]

En vista de lo anterior nos preguntamos: ¿Sigue teniendo la iglesia evangélica el mismo celo por el estudio de la Palabra? ¿Por qué entonces presenciamos hoy en día un creciente “analfabetismo” bíblico en las iglesias evangélicas? ¿Por qué el conocimiento de los hechos y las doctrinas más básicas de nuestra fe evangélica es cada vez más escaso en las nuevas generaciones, e incluso en los ministros de la Palabra?

2

HEMOS FALLADO EN PASAR LA ANTORCHA DE LA FE A LAS NUEVAS GENERACIONES

La teología cristiana busca comprender a Dios tal como Él es revelado en la Biblia. Su meta es profundizar en la Palabra de Dios para descubrir lo que Dios ha revelado acerca de Sí Mismo. Una sana teología es de vital importancia, puesto que una teología equivocada y una comprensión errónea y superficial de Dios sólo hará que nuestras vidas sean peores, en vez de traernos el consuelo y la esperanza que tanto anhelamos. Tristemente, pareciera que la teología, como correctivo de tendencias nefastas en el seno de las iglesias, no ha desempeñado su papel de forma suficiente. Divagando entre un intelectualismo incomprensible para el creyente común y un simplismo infantil y superficial, la teología ha hecho poco últimamente para fortalecer a los creyentes. Esto se debe en parte a que los teólogos han sido incapaces en la mayoría de los casos de transmitir una visión vibrante, apasionada e inspiradora para los creyentes. Para muchos cristianos de hoy, la sola mención de la palabra “teología” despierta cansancio y aburrimiento.

Es doloroso admitirlo, pero la Iglesia evangélica, en términos generales, ha fracasado en su intento de transmitir sus creencias a las nuevas generaciones. En cambio, hemos preferido sobreenfatizar la experiencia personal, descuidando al mismo tiempo la educación cristiana. Pareciera que nuestra historia es similar a la de los israelitas tras la muerte de Josué:

“También toda aquella generación fue reunida a sus padres. Y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor, ni la obra que Él había hecho por Israel.” (Jueces 2:10, LBLA).

Ya no hay conocimiento sólido y real de Dios y su Palabra, solo emociones, experiencias místicas, pero sin fundamento bíblico. La vida espiritual ha llegado a ser, por lo tanto, no algo que se aprende sino una pura cuestión de experiencias o tradiciones. Esto se refleja, por ejemplo, en la manera como se predica. Los sermones son cada vez más terapéuticos y menos educacionales. Y la relevancia de lo que hacemos en el culto los domingos por la mañana se basa sobre todo en lo que sentimos y cada vez menos en lo que pensamos. Horas y horas son dedicadas al canto, las dramatizaciones y al espectáculo y poco, o nada, se le concede al estudio de la Palabra.

3

Hemos llenado a nuestra juventud con entretenimiento de todo tipo: escultismo, campamentos, conciertos, caminatas, juegos y dinámicas; pero los hemos privado de lo único que realmente necesitaban: Conocimiento de Dios y su Palabra. Hemos olvidado que “Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro” (Mateo 23:23, DHH), pues la diversión no está mal, ya que todo tiene su tiempo y su lugar (Eclesiastés 3:1). El problema reside en que hacemos de todo por retener a los jóvenes en nuestras iglesias, pero ¿Retenerlos a qué? ¿Nos causa tanto placer tener números altos en nuestras reuniones de la iglesia al punto que nos importa tan poco la vida espiritual de los congregados? ¿Qué pasará cuando la diversión se acabe o el mundo les ofrezca algo más divertido? Sin fundamentos un edificio colapsa ¡Cuánto más la vida espiritual! Y al igual que el rey David yo me pregunto:

“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?” (Salmo 11:3).

HEMOS ABANDONADO LA PALABRA Y LA HEMOS SUSTITUIDO POR ESPECTÁCULO Y RUIDO

Es doloroso admitir que nos hemos equivocado, pero es necesario si queremos corregir el error cometido. Muchas iglesias evangélicas han abandonado la exposición de la Biblia y han dejado de enseñar teología. La exégesis histórica se ha convertido en un arte perdido en el púlpito. En vez de explicar el contexto histórico de un pasaje, el texto se convierte en la base de reflexiones devocionales. Pasajes bíblicos son sacados de su contexto, ya que el predicador está buscando aquellas historias que provocan las respuestas o actitudes deseadas entre la gente. No se expone el texto. Se busca un texto para pretexto de lo que el predicador de turno quiere decir. En consecuencia, los sermones hoy en día se han reducido a charlas breves y reflexiones cargadas de emociones, gritos y espectáculo ruidoso (sobre todo en nuestras iglesias pentecostales).

En otros casos, se ha reducido la exposición de la Palabra a largos e interminables discursos de predicadores gritones que cuentan sus anécdotas e historias personales, confundiendo decibeles, pataletas, gemidos extraños, contorsiones y abundante mímica con el poder de lo alto. Quizá logremos con ello cultos emotivos, excitar el ánimo de los asistentes, pero ¿Qué pasa cuando el culto termina? ¿Pueden los griteríos transformar las vidas? ¿Habrán logrado acercar a los oyentes más a Dios? O, por el contrario, ¿Se perderá todo en el olvido? Muchos pentecostales dirán que tal ambiente emotivo es un distintivo de su fe, y quizá tengan razón, pero ¿De qué sirve todo eso si la Palabra de Dios no es predicada en su pureza, si Cristo no es glorificado y si el Espíritu Santo es sustituido por gritos, emocionalismo y pantomimas?

6

HEMOS PERMITIDO EL SINCRETISMO, CONTAMINANDO NUESTRA FE EVANGÉLICA

Muchos evangélicos han aceptado y combinado tantas ideas de otras creencias y filosofías que han creado su propio sistema de fe. Uno completamente distinto al Evangelio de Jesucristo. En muchas de las iglesias de nuestros días raras veces hay tiempo para hablar sobre asuntos teológicos o doctrinales con la Biblia abierta. Si preguntamos a nuestros pastores contemporáneos si se enseña sistemáticamente doctrinas bíblicas, la respuesta es por regla general negativa. Los cultos de estudio bíblica han sido eliminados. Simplemente no hay tiempo para ello. O no se ve la importancia. Lo mismo es infelizmente cierto en la escuela dominical de los niños (donde todavía la hay).

La fe cristiana ya no se edifica sobre el fundamento firme de enseñanzas y argumentos que han probado su validez a través de los siglos, sino sobre emociones y experiencias personales, o ideologías que vienen directamente del secularismo rampante de nuestros tiempos: El feminismo agresivo, la ideología de género, el aborto, la eutanasia, el consumo de drogas, el sexo prematrimonial, la apertura al movimiento LGBTIQ, el matrimonio entre personas del mismo sexo, etc. Todas ellas son promovidas y aceptadas hoy por muchos creyentes aún cuando estén en franca y abierta contradicción a la Palabra. ¿Por qué? Porque nos hemos abierto a todo, menos a la verdad revelada en la Biblia.

7

Las ideas de la Nueva Era inundan nuestros sermones, más parecidos a discursos motivacionales y de autosuperación que a la Palabra de Dios. La Confesión Positiva, con su “declárelo”, “decrételo”, es hoy emblema de una fe firme y símbolo de poder espiritual, y esto a pesar de contradecir abiertamente la Palabra de Dios. Abrazamos modas judaizantes, danzas y estilos de adoración antibíblicos, ¿Por qué? ¡porque están de moda! Y lo hacemos sin pensar en lo que la Biblia dice al respecto o, peor aún, torciendo la Palabra a nuestra conveniencia. Pero esto no es todo: Prácticas fetichistas como el uso de aceites benditos, agua bendita, pañuelos milagrosos, amuletos cristianos, etc., han sido incorporados a nuestra fe, al punto que los ritos de muchas iglesias no difieren mucho de las de algunos magos y brujos blancos. Simplemente aceptamos todo de todos, menos de Dios y su Palabra revelada.

8

HEMOS DEJADO QUE LA TERRIBLE INFLUENCIA DE FILOSOFÍAS Y OPINIONES SECULARES INUNDEN NUESTRAS IGLESIAS Y SEMINARIOS TEOLÓGICOS

El racionalismo mundano inunda la mente y el corazón de muchos cristianos de hoy. Ellos, al igual que la gente de este mundo, “a pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios” (Romanos 1:21-22, NVI). Este racionalismo teológico enseña que la Biblia simplemente es un producto humano que habla de experiencias personales, pero no una revelación divina. De esta manera, se opone frontalmente a la doctrina de la inerrancia bíblica, la deidad de Cristo, la realidad de Satanás la redención y otras doctrinas claves de la fe cristiana. El existencialismo y su énfasis sobre la experiencia humana hace que la gente mire a sí misma y no a Dios o las Escrituras para encontrar la verdad. El postmodernismo ha convencido a muchos de que no existe una verdad universal. Incluso entre aquellos evangélicos que se consideran creyentes nacidos de nuevo son pocos los que todavía creen en la existencia de verdades absolutas en el campo de la moral.

Muchos evangélicos aceptan elementos de estas filosofías materialistas y pensamientos secularizantes sin tan siquiera darse cuenta de ello. La fe de muchos creyentes de hoy no es una fe basada sobre la Biblia, sino más bien una fe sintética y sincretista. Muchos de aquellos que se consideran a sí mismos creyentes nacidos de nuevo, han asumido y aceptado elementos del budismo, hinduismo, judaísmo, islam, de los mormones, la cienciología, el unitarismo y de la ciencia cristiana sin darse cuenta de que acaban por crear su propia fe. Un nuevo Evangelio ajeno a la fe bíblica. Consultan a médiums y dicen creen en Cristo. Practican el yoga (una disciplina religiosa hindú) mientras afirman ser discípulos de Jesús. ¿Es todo esto coherente? No lo es. Sin embargo, el postmodernismo ha convencido a muchos de que no hay una verdad universal. ¿Cuál ha sido el resultado? Lo que la iglesia de hoy predica está lejos de ser un Evangelio sano y completo. Por un lado, algunos predican un cristianismo vacío, hueco, pasivo, que no es ni sal ni luz de este mundo, sino amigo de este. Por otro lado, otros predican una fe sensacionalista, manipuladora, ególatra, superficial y mercantil. Urge un cambio de dirección.

9

¿CÓMO PODEMOS SUPERAR EL ANALFABETISMO BÍBLICO?

El desconocimiento de los elementos básicos de la Biblia por parte de aquellos que profesan ser cristianos es una triste realidad que va en aumento. Pero hay esperanza. De hecho, la solución para este problema está en la propia Biblia. El Salmo 119, y particularmente los versos 97–104, nos da la clave para superar el analfabetismo bíblico que está destruyendo a la iglesia:

(1.- DEBEMOS APRENDER A AMAR A LA PALABRA DE DIOS.

El versículo 97 nos dice: “¡Oh, ¡cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”. El salmista expresa un profundo sentimiento de estima, valor y placer hacia las Escrituras. Él aprendió a amar la revelación de Dios pues esta nos dice cómo es Dios y lo que él piensa. El cristiano del siglo XXI necesita dejar de ver la Biblia como un manual de reglas, historias antiguas y cosas raras. Dicha visión equivocada de la Biblia ha provocado un desamor. Tal concepción de la Biblia la descalifica, la rebaja a un status indigno de su valor. Para que la Palabra recupere su lugar de honor en la iglesia de hoy es necesario que esta se enamore de la Palabra. Por eso Salmo 119:97 apunta a una consecuencia natural del amor: la meditación frecuente. Aquello que enamora domina toda la vida del enamorado. El tema o actividad que te encanta te mueve a una intensidad en la relación, resultando en un dominio completo del objeto de su amor en la mente del que ama. Por eso, la meditación diaria y constante en la Palabra no es producto de un legalismo frío, de una pesada obligación que uno se impone o un tipo de castigo, todo lo contrario: es la misma expresión del placer y alegría. Es por esta razón que él dice: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Salmo 119:104).

¿Por qué el analfabetismo bíblico abunda en nuestras iglesias? Porque es, en gran parte, producto de la falta de amor a Dios, que se expresa por la falta de amor a su Palabra, resultando en la ausencia de placer en conocerla y estudiarla. Si queremos dejar de ser analfabetos bíblicos, debemos entender que no podemos amar al Dios de la Palabra sin amar a la Palabra de Dios.

10

(2.- DEBEMOS RECONOCER LA EFICACIA DE LA PALABRA DE DIOS

En Salmo 119:98-100 leemos: “Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos.” Dichos versículos nos llevan a descubrir otra causa para el analfabetismo bíblico es la ignorancia en cuanto a sus efectos. El escritor sagrado quiere destacar que el amor por la Palabra de Dios no es solamente un amor ciego que nos mueve a desear un constante contacto con la Biblia. Amar la Palabra implica además el descubrimiento de que ella es sumamente eficaz para nuestra vida diaria.

El creyente necesita comprobar de forma personal cómo la constante meditación y obediencia a los mandamientos de Dios puede llevar su vida más allá de lo ordinario, pues la Palabra de Dios es capaz de cambiar nuestra vida. Si analizamos los versículos 98-100 notaremos que el salmista dice que Dios le hizo más sabio que sus enemigos, apuntando a que el constante considerar y tomar en cuenta la Revelación de Dios frente a los problemas de la vida le dio victoria. Esta verdad necesita ser redescubierta, pues lamentablemente muchos cristianos, por desconocer la Palabra de Dios, fracasan en su vida cristiana y ministerio. Al ignorar la relevancia de la Biblia frente a los problemas de la vida, fracasan de manera más vergonzosa, y no por falta de recursos para salir de dicha situación, sino porque, que pese a tenerlos, los desconocen. Da pena decirlo, pero el analfabetismo bíblico ha producido toda una generación de cristianos inmaduros y fracasados y, pero aún, una generación de cristianos desconectados de su misión. Al ignorar la Palabra de Dios y desconocer sus enseñanzas, muchos creyentes han fracasado también en su tarea de ser sal y luz en la vida diaria. Muchos parecen ignorar felizmente que la Palabra de Dios nos hace mejores profesionales, mejores científicos, mejores académicos, porque nos permite tener una visión más amplia de la realidad: la perspectiva del creador. Al tener una cosmovisión bíblica de la vida, los cristianos hemos terminado aceptado una cosmovisión sin Dios, puramente secular. Así pues, el analfabetismo bíblico ha producido toda una generación de cristianos mediocres, sin impacto real en el mundo, cristianos que son cola y no cabeza.

11

(3.- DEBEMOS ENTENDER EL PROPÓSITO DE LA PALABRA DE DIOS

En Salmo 119: 101–102 leemos: “De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste.” En dichos versículos el autor destaca, como consecuencia de la meditación en las Escrituras, el propósito de la lectura y meditación bíblica: hacernos más santos. Y es que la Biblia está no solo para ser conocida, sino que también obedecida. Ella es normativa, y está hecha para conozcamos a Cristo y andemos según su voluntad. No obstante, muchos cristianos terminan por dar nuevos propósitos para la Biblia, como: sentirse bien consigo mismo, resolver problemas puntuales o como simple texto religioso leído solamente en ceremonias religiosas. El problema que esto ocasiona es que la vida de muchos cristianos no tiene como proposito el ser más santo cada día. Si no entendemos el propósito por el cual nos fue dada la Biblia nuestra relación con la Palabra será bastante irregular e infructífera.

El escritor sagrado es claro al afirmar que, como consecuencia lógica del aprendizaje de la Palabra de Dios, él contuvo sus pies de los malos caminos. Fue a través del estudio y la meditación continua de la Ley de Dios que el autor de este salmo aprendió a hacer y ser como Dios quiere. Así, el autor apunta en estos versos que la Biblia nos capacita a vivir vidas más santas. El analfabetismo bíblico, por otro lado, ha producido toda una generación de cristianos carnales.

12

CONCLUSIÓN

El analfabetismo bíblico debe ser erradicado, pero esto no pasará mientras los ministros del Evangelio lideremos la indiferencia hacia la misma. Tan solo piensa: Si otras profesiones demandan preparación ¿Cuánto más el ministerio de la Palabra? Sin embargo, pareciera que hoy día ser ministro del Evangelio se toma a la ligera. ¿Te has preguntado alguna vez qué tanto sabe tu pastor de la Biblia y sus enseñanzas? Para muchos la respuesta quizá resulte deprimente. Pero, ¿Qué hay de ti como creyente? ¿Eres de los que dice “amén” a todo lo que oye desde el púlpito, aunque lo que oigas sea una herejía? ¿O eres como los creyentes de Berea que cuestionan todo a la luz de la Palabra? De ellos se dice:

“Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11, LBLA).

13

La iglesia necesita eliminar el analfabetismo bíblico, pero para ello debe revalorizar la Palabra. Colocarla en el sitio de honor que merece. La iglesia necesita recordar que la Biblia no es un libro obscurantista, que demanda fe ciega en temas absurdos, sino que es un documento liberador que capacita al lector a una obediencia consciente e inteligente. Los creyentes de hoy necesitan comprender que la Biblia no es un libro obsoleto, utilizado solamente para ceremonias religiosas y por personas privadas de un saber más amplio, sino que es la clave para una vida plena en todos los sentido. La razón por la que muchos cristianos viven vidas mediocres y carnales es la baja estima que tienen por la Palabra de Dios, el poco valor que dan a ella y el poco amor que tienen por Dios. ¡Necesitamos volver al primer amor! ¡necesitamos redescubrir las raíces de la fe! Enamorémonos de nuevo y definitivamente de la Palabra de Dios, pues es ahí donde encontramos a nuestro Creador.

15

REFERENCIAS:

[1] Fuente: https://citas.in/autores/william-tyndale/

[2] Véase: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/Inspiration-Inerrancy-Authority-of-Scripture

ANALFABETISMO BÍBLICO

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Resiliencia espiritual del cristiano

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Quizá la palabra “resiliencia” te suene un tanto extraña o hasta desconocida. No obstante, dicho término representa una cualidad digna de ser imitada por el creyente en Cristo. La resiliencia como tal suele definirse de forma sencilla como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversas. La palabra resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar» e indica repetición o reanudación [1]. El término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que a pesar de sufrir situaciones estresantes no son afectadas psicológicamente por ellas [2].

En el área de la física y la química, la resiliencia designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. Incluso el cuerpo humano tiene una capacidad natural de resiliencia: Nuestro cuerpo procesa sustancias tóxicas en el hígado y las expulsa vía lágrimas, orina o sudor; el sistema linfático recurre a los glóbulos blancos para combatir virus que ingresan al organismo; o el sistema enzimático permite una regeneración acelerada de células para reemplazar células dañadas, etc. Para el cristiano, sin embargo, la resiliencia va más allá del área física o anímica. Implica además (o sobre todo) el área espiritual. Dicha resiliencia es producto de nuestra relación íntima con Jesucristo, quien puede levantar aun a los muertos de sus tumbas. ¡Él es nuestra fuente sobranatural de resiliencia espiritual!

DIOS DESEA QUE SU PUEBLO DESARROLLE RESILIENCIA ESPIRITUAL

La Biblia nos presenta grandes ejemplos de resiliencia. De acuerdo con el libro de Esdras, habían pasado 85 años en Jerusalén desde que la ciudad fue destruida y 15 años desde que el intento de reconstrucción del templo fue frustrado violentamente por los enemigos del pueblo de Dios. Sin embargo, el Señor empezó a trabajar un proceso de resiliencia espiritual que permitiera restablecer las condiciones previas a la perturbación y el estancamiento de la obra. Del libro de Esdras aprendemos cómo opera el principio de Resiliencia espiritual.

Lo primero que hace el Señor es enviar a sus mensajeros con su Palabra poderosa y transformadora:

“Cuando los profetas Hageo y Zacarías, hijo de Iddo, profetizaron a los Judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre ellos…” (Esdras 5:1).

Esta inyección de vitalidad y de esperanza a través del mensaje alentador y confrontador del Dios de Israel surtió un efecto inmediato. Los judíos respondieron al llamado de Dios y pusieron manos a la obra. Todo lo que durante años le pareció a los judíos infructuoso e inútil, se convirtió luego del mensaje del Señor en una posibilidad inminente. Esto se debe a que nunca un proceso de reconstrucción puede ponerse en marcha olvidando a la fuente directiva de la vida. Cuando los enemigos de Israel le pidieron cuenta a los trabajadores, ellos dijeron:

“Somos los siervos del Dios del cielo y de la tierra, y estamos reedificando el templo que fue construido hace muchos años, el cual un gran rey de Israel edificó y terminó” (Esdras 5:11).

Esta obediencia práctica a la exhortación de Dios hizo que la resiliencia espiritual surtiera su efecto revitalizador: “Y los ancianos de los Judíos tuvieron éxito en la edificación según la profecía del profeta Hageo y de Zacarías, hijo de Iddo. Y terminaron de edificar conforme al mandato del Dios de Israel y al decreto de Ciro, de Darío y de Artajerjes, rey de Persia” (Esdras 6:14).

CRISTO, LA FUENTE DE RESILIENCIA

¿En dónde radica la fuente de la resiliencia personal? Está en Jesucristo. Él puede llegar a ser el bombero, salvavidas, socorrista, policía y paramédico que la tragedia personal demanda para su reconstrucción. Jesús no se intimida con nuestros enemigos, no se cansa, no se distrae, ni tampoco anda a ciegas buscando sobrevivientes. Cuando desarrolló su ministerio terrenal hasta las fuerzas de la naturaleza se le sujetaron cuando sus discípulos le clamaron ante el temor del mar embravecido:

“Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: ‘¡Cálmate, sosiégate!’ Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma” (Marcos 4:39).

La gente que vivía a su alrededor lo buscaba incesantemente para lograr la tan ansiada resiliencia que los levantara de sus propias postraciones:

“Y dijo a Sus discípulos que tuvieran lista una barca para El por causa de la multitud, para que no Lo oprimieran; porque El había sanado a muchos, de manera que todos los que tenían aflicciones, para tocar a Jesús, se echaban sobre El” (Marcos 3.9-10).

Hoy, como ayer, es posible dejar el pesimismo de la destrucción por la confianza de la restauración. Jesucristo ha trabajado en situaciones de emergencia desde que nuestro mundo es mundo, ¿Habrá alguien más experimentado al cual recurrir? El mayor acto de resiliencia que Él puede hacer en tu vida es levantarte de tu propia muerte espiritual y ofrecerte una nueva vida a través del sacrificio que Él hizo por ti en la Cruz del Calvario.

LA RESILIENCIA ESPIRITUAL, MARCA DEL CRISTIANO MADURO

La resiliencia no es una opción para el cristiano maduro. Es su marca distintiva. La Palabra del Señor nos dice:

“Os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.“ (Hebreos 10:36).

Nuestro Maestro también nos lo advirtió :

“Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.” (Lucas 21:19).

Y es que como parte de nuestro crecimiento espiritual y desarrollo cristiano, inevitablemente aprendemos a soportar dificultades y retrasos. Es posible que en diferentes momentos de nuestra vida tengamos que acostumbrarnos a librar más batallas prolongadas. Y en el proceso, aprendemos lo que significa aguantar de verdad, no apenas un día, una semana o un mes, sino tal vez muchos meses seguidos, o incluso años. Por medio de esas experiencias, aprendemos a aferrarnos de verdad a la Palabra de Dios y a sufrir penalidades como buenos soldados de Jesucristo (2 Timoteo 2:3).

Es posible que anteriormente no hayamos tenido que aprender paciencia y aguante de una manera tan tremenda; y cuando eso llega a nuestra puerta puede parecer una declaración dura. En nuestras batallas y padecimientos, en muchos casos es posible que las dificultades hayan sido más breves, con victorias rápidas como respuesta a nuestras oraciones. Hemos visto vidas transformadas y que se conquistan almas muy fácilmente. Hemos terminado tareas y hemos recibido rápidas respuestas a nuestras oraciones. Hemos visto curaciones rápidas. Sin embargo, todos enfrentamos situaciones en que tenemos que aceptar que tal vez nos aguarden temporadas prolongadas en que no veamos pruebas de victoria o ni siquiera mejoras, temporadas en que, en todo caso, es posible que nos sintamos muy mal.

Es posible que a veces no podamos apoyarnos en modo alguno en nuestras sensaciones y sentimientos, sino que tengamos que aferrarnos a las promesas de la Palabra de Dios, que Él todavía nos ama y sigue preocupándose por nosotros. Espera que sigamos adelante siguiéndolo a Él, independientemente de cómo nos sintamos, ni por cuánto tiempo no tengamos ganas de hacerlo. Es posible que sea necesario aprender a seguir adelante aunque pensemos que actuamos mecánicamente, cumpliendo simplemente con nuestra obligación porque Dios lo dice en Su Palabra.

La Palabra de Dios nos dice:

“Bienaventurado el hombre que soporta la tentación.” (Santiago 1:12)
“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin que le dio el Señor, porque el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (Santiago 5:11)
“Tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Timoteo 4:5)
“También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.” (Romanos 5:3-4)

Saber que la Palabra de Dios nos dice que somos bienaventurados al aguantar, puede darnos valor para seguir adelante frente a aparentes situaciones sin esperanza. Puede que tengamos que seguir adelante hasta cuando parezca que todo está en contra de nosotros, confiando en que Dios nunca deja de cumplir ni una sola de Sus buenas promesas. Es posible que debamos optar por esperar en el Señor y reposar en los brazos de Jesús con esas promesas inquebrantables resonando en nuestra mente y corazón. Debemos cimentar nuestra fe en Su Palabra y confiar en que se cumplirá el propósito de Dios para cada uno de nosotros, a medida que creemos en Sus promesas y confiamos en ellas.

EL CRISTIANISMO NO ES UNA MODA PASAJERA QUE ABANDONAS CUANDO TE ABURRES, REQUIERE AGUANTE Y PERSEVERANCIA

No se puede ver la fe de la manera en que muchas personas ven el inicio de su matrimonio en la actualidad: «Bueno, si la cosa no sale bien, me divorcio». Debemos estar «plenamente convencidos» de lo que creemos, que Dios es capaz de hacer lo que promete (Romanos 4:21). Nuestra actitud debe ser:

“¿A quién iremos? ¡Tú tienes Palabras de vida eterna!” (Juan 6:68).

Si nos hemos consagrado y entregado, si hemos asumido un compromiso así con el Señor, entonces independientemente de lo difícil que sea la situación, seguiremos adelante por Su gracia; y seguiremos viviendo para el Señor de la manera que Él nos lo ha pedido.

¿QUÉ HAREMOS CUANDO EL DOLOR Y LAS PENALIDADES NOS ALCANCEN?

¿Nos encogeremos de miedo y temblaremos? ¿Esconderemos el rostro ante la posibilidad de sufrir penalidades? ¡No! Deberíamos estar entusiasmados, emocionados, ante las maravillas que el Señor hará por medio de nosotros. Si estás preocupado, o tienes miedo al futuro y sus incertidumbres, el secreto está en aumentar tu fe por medio de Su Palabra y las maravillosas promesas que ha dado el Señor. Aunque te encuentres en una época de sufrimiento o soportes dificultades en esta vida, puedes regocijarte porque es tu destino y tu llamado salir victorioso de ello, ¡ya sea en esta vida o en la próxima! Lo que debes entender cuando pases por épocas difíciles es que para los cristianos hay un propósito en todo lo que les sucede.

¡No debemos temer! Aunque es posible que tengamos muchos problemas, al menos sabemos que tienen una razón de ser, que todo es con un propósito. Entendemos que estamos en una guerra espiritual, y que la mayoría de nuestros problemas son consecuencia de eso, y que en última instancia nos dejan enseñanzas y nos fortalecen. Así pues, el simple hecho de saber que esos padecimientos tienen un fin útil, eterno, hace que nos resulte mucho más fácil soportarlo.

Tenemos la Palabra de Dios, la oración, las promesas del Señor, un ideal, un propósito, el poder del Espíritu y conocemos el plan del Señor para el futuro y a dónde vamos después de esta vida. Tenemos una razón para soportar con paciencia las épocas de tribulación. Por lo tanto, gloriémonos en nuestras debilidades, para que repose sobre nosotros el poder de Cristo (2 Corintios 12:9). ¡El Señor nos ha prometido que Su gracia será suficiente!

REFERENCIAS:

[1] «What is Resilience and Why is it Important to Bounce Back?». positivepsychologyprogram.com. 3 de enero de 2019. Consultado el 3 de enero de 2020.

[2] Santos, Rafaela: “Levantarse y luchar” (2013) Barcelona. Random House Mondadori. S.A. 3a. edición.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Dios está en control

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

¿Te gustaría saber el día y la hora en que morirás? Imagina que existiera una aplicación para tu móvil capaz de llevar una cuenta regresiva de los días, horas, minutos, y segundos que te quedan de vida. ¿La instalarías en tu smartphone? Muchos quizá dirían que sí, ya que podrían planificar su vida, su partida, dejar sus negocios en orden o incluso “ajustar sus cuentas” con Dios antes de partir. Pero piénsalo bien ¿Crees que podrías vivir una vida normal y feliz si tuvieras acceso a tal información? Yo no lo creo ¡Sería espeluznante! ¡Tan solo imagina la ansiedad con la que vivirías!

TODOS AMAMOS ESTAR EN CONTROL

A pesar de que saber el día exacto de nuestra muerte sería algo inquietante y sombrío, la verdad es que a muchos seguramente les gustaría poder saberlo. El ser humano ama estar en control. A mí personalmente me gusta planear lo más que puedo y, cuando algo se sale del plan, fácilmente me frustro y hasta enojo. ¿Eres parecido a mí? Aun si no eres como yo de obsesivo, creo que la mayoría de nosotros preferimos estar en control de nuestro tiempo y de la mayoría de situaciones de nuestra vida. El problema con ello es que la vida no nos pide permiso para romper nuestra agenda. A diario se presentan situaciones que no esperamos y sobre las cuales no tenemos ningún control: la muerte de un ser querido, un accidente, una enfermedad incurable, etc. Afortunadamente Dios está siempre en control, incluso en esas situaciones. A Él nada le toma por sorpresa. Y el día de nuestra muerte no es la excepción.

El rey David escribió:

“Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.” (Salmo 139:16).

Este versículo me fascina por varias razones. En primer lugar, nos muestra que desde el momento de nuestra concepción, Dios ya nos conoce. De hecho, lo hace desde antes de la fundación del mundo, ya que Dios es omnisciente. Además, es interesante que David usa la imagen de Dios escribiendo sobre la vida como si fuera un libro. ¿Sabes lo que esto significa? ¡Pues que Dios es el escritor de tu vida y de la mía! ¿No te trae eso descanso? ¿No te trae alegría? Dios te formó como eres. Aun si tienes un problema físico, o incluso una enfermedad incurable para el hombre, ese es el plan de Dios para ti (Éxodo 4:11). ¡Cómo! ¿Puede acaso una enfermedad crónica, una limitación física o incluso un defecto físico evidente ser parte del plan de Dios para mí?

Tan solo mira a Jesús. El cumplió el glorioso plan de Dios para su vida y hoy se sienta a la diestra de la Majestad en las alturas (Hebreos 1:3). Tiene un Nombre que es sobre todo nombre. Sin embargo, dicho plan glorioso implicó también momentos sombríos, pobreza, sufrimiento y, finalmente, la muerte ignominiosa de la cruz.

Si Cristo, siendo el Hijo de Dios, aprendió obediencia y sumisión a la voluntad del Padre por medio de lo que padeció, con nosotros no será diferente:

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. ” (Hebreos 5:7-9)

De nosotros y para nosotros se dice:

“Lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera, que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante.” (2 Corintios 4:17, DHH)
“Yo reconozco que tenemos que sufrir ahora, pero esos sufrimientos no son nada comparados con toda la gloria que vamos a recibir después.” (Romanos 8:18, PDT)

No importa si por el momento no le hayas sentido a las cosas. A su tiempo verás que Dios hizo lo mejor para ti. Incluso si te vas de esta vida sin entenderlo, lo entenderás más tarde, al otro lado del velo. No temas ¡Cree solamente!

LA VIDA Y LA MUERTE ESTÁN SUJETAS AL DESIGNIO DE DIOS

El día en que naciste, el cual era desconocido para tus padres cuando se enteraron de tu concepción, no era un misterio para Dios. Él sabía perfectamente bien cuando nacerías. El mismo principio es aplicable en relación a la muerte, y es que aunque yo no sé cuánto me queda de vida, Dios sí. La Biblia dice:

“El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir.” (1 Samuel 2:6).

También dice la Escritura:

“Vean ahora que Yo, Yo soy el Señor, y fuera de mí no hay dios. Yo hago morir y hago vivir. Yo hiero y Yo sano, y no hay quien pueda librar de mi mano.” (Deuteronomio 32:39).

El fin de mis días está dentro del decreto soberano de Dios. Me gusta pensar que Dios, el perfecto escritor de mi vida, ya escribió “el fin”. Él ya lo sabe. No le es un misterio. Puedo confiar que cuando venga mi hora, será cuando Dios lo haya designado, no antes ni después. Eso lo descubrí cuando un médico me dijo hace casi 15 años que moriría, que mi mal era incurable y que nada podría salvarme de cierta enfermedad. No conocía a Dios entonces (aunque yo creía que sí), pero afortunadamente Él sí me conocía a mi.

Al principio me frustré, me enfurecí y por cierto que blasfemé de mi suerte. Como muchos antes de mí, me rendí ante mi impotencia, acepté la realidad de mi próxima muerte, me acostumbré a la presencia de la misma y le dí la bienvenida como a una compañera. Ignoraba que Dios estaba obrando tras bambalinas. Que él guiaba mi historia a su feliz conclusión. Ignoraba que esa misma desgracia que entonces maldecía, sería la que me traería a los pies de Jesucristo en busca de esperanza, sanidad y salvación. Hoy, a varios años de ese día, puedo decir con total certeza: ¡La palabra definitiva sobre mi vida la tiene Dios, no el hombre! ¿Por qué lo sé? ¡Porque sigo vivo! ¡Porque Dios anuló la palabra de los médicos! Y porque, en vez de llamarme a la tumba ¡Dios me llamó al ministerio!

Sinceramente, me hace feliz saber que ni siquiera yo mismo controlo mi destino. Estoy muy agradecido por ello ¡Ni siquiera puedo imaginarme el desastre que sería mi vida si mi destino dependiera de mí! Ni siquiera el más poderoso de los hombres es dueño de su destino:

“Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place.” (Proverbios 21:1, LBLA)

Y por el hecho de que mi destino, tanto temporal como eterno, descansa en la sabiduría, el amor y la soberanía de Dios, yo puedo descansar pues:

“… Estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.” (Filipenses 1:6, NTV)

HAY ESPERANZA PARA TÍ Y PARA MÍ

Mi amado hermano o amigo que lees esto: ¿Sientes que el enemigo te acecha como león rugiente para devorarte? No temas, sólo sé fiel y descansa en Dios, y mira lo que Él hará por ti. ¿Afrontas una situación difícil o una enfermedad incurable para el hombre? Que nada te robe la paz. Dios conoce tu situación, Él conoce el fin desde el principio. Tú no puedes ver en este momento cómo va a terminar todo, pero Dios ya estuvo en tu futuro y sabe lo que necesitarás a lo largo del camino y todo esto te servirá de preparación para cumplir con el destino que Dios ha planeado para ti.

No hay nada que tome por sorpresa a Dios. Camina en fe, porque lo que necesitarás te saldrá en el camino. Él conoce el fin desde el principio:

“Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” (Isaías 46:9-10, La Biblia de las Américas).

Si eres creyente, puedes descansar en que toda tu vida, desde tu nacimiento hasta tu muerte, descansa en las manos de Dios. Así que vive para Él, glorifica su nombre, y confía: Él está en control. Los planes que Dios tiene para nuestra vida son perfectos. Quizá en ocasiones no son lo que esperamos o lo que queremos, pero siguen siendo perfectos. Podemos confiar que en nuestra vida, Dios es soberano. Por lo tanto, no te amargas ante las circunstancias actuales que escapan de tu control.

No pienses que ese diagnóstico médico o esa sentencia de muerte es definitiva. Créeme, ¡Lo sé por experiencia! La mente del hombre puede intentar planear su camino, pero es el Señor quien dirige sus pasos (Proverbios 16:9, 19:21; 20:24; 21:30, 31). Pues aunque nosotros podamos planear, el hombre pueda decir, o el mismo diablo deseara poder decretar algo sobre nuestra vida, al final se hace la voluntad de Dios. ¡Y eso es algo bueno! ¡Esas son buenas noticias! ¿Por qué no descansas en Dios?

Hacedores de Tiendas, Ministerio Pastoral, Pastorado Biocupacional, Pastorado Bivocacional

El pastor bivocacional y su llamado

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La alarma suena ¡No puedo creer que ya es hora de levantarme! ¡La noche pasó tan rápido! Miro mi celular y son las 2:00 a.m. Elevo una oración y le pido a Dios fuerza en este día, perdón por mis pecados y sabiduría para todo lo que corresponde. Me baño y me visto, me despido de mi esposa con un beso y camino alrededor de un kilómetro hasta llegar a la parada de buses. Debo tomar el bus de las 3:00 a.m. o no llegaré a tiempo ¡El tráfico es terrible aún a estas horas! Voy rumbo a mi trabajo que está a dos horas y más de 90 kilómetros de distancia en carro, y por el camino aprovecho el tiempo para encomendar de nuevo mi día en manos del Señor y dormir un poco más si es posible.

Llego a mi trabajo a las 6:00 a.m. y entro al aula. Sí, soy maestro en una Escuela Cristiana de renombre y gran trayectoria, reconocida como la mejor del país en el ámbito cristiano. De hecho, supera incluso a la mayoría de instituciones educativas seculares en mi natal El Salvador. Me siento en mi escritorio, realizo mi devocional personal y me apresuro a desayunar. El día laboral está por comenzar y debo recibir a mis alumnos con una reflexión de la Palabra. Luego vendrán las lecciones de historia, geografía, política y métodos y técnicas de investigación social. La Biblia es el ingrediente infaltable en cada lección. ¡Amo mi trabajo! ¡Amo poder pastorear el corazón de estos hermosos jóvenes!

CORRIENDO LA MILLA EXTRA…

Mi jornada laboral termina a las 2:30 p.m. y ahora debo apresurarme para llegar a la terminal de buses y tomar a tiempo el transporte que me llevará de vuelta a casa. Pero ¡Un momento! No puedo irme a descansar todavía. ¡Soy el pastor de una pequeña iglesia en un pequeño pueblo al norte de mi país! ¡Y esta noche hay estudio bíblico y reunión de jóvenes! Por fin la reunión ha terminado y cuando me preparo para cerrar el edificio de la iglesia alguien se me acerca y me dice que desea hablar conmigo sobre un problema que le atormenta (yo todavía no he cenado). Luego de terminar nuestra plática me apresuro a entrar a casa. Son las 9:00 p.m. y quiero cenar y pasar tiempo con mi esposa. Ella, quien también es pastora licenciada por nuestra denominación, se encargó de presidir y predicar en la reunión de mujeres de esta tarde y atender el comedor infantil administrado por la iglesia. Honestamente no sé qué haría sin ella. Luego de charlar un rato y discutir los problemas de la congregación, las cuentas por pagar y los asuntos familiares, nos disponemos a dormir. Son las 10:00 p.m. y mi alarma sonará sin falta en cuatro horas. La historia se repetirá mañana.

Esta es mi normalidad. Así son los días de mi vida, tres o cuatro veces en la semana como un pastor bivocacional. Sin mencionar la Escuela Dominal de Adultos, la preparación de los nuevos miembros para recibir el bautismo, los servicios los domingos y a veces las diferentes reuniones los sábados. ¿Algo más? Sí. Olvidaba los Retiros Espirituales, el Instituto Bíblico, mi blog y los viajes misioneros. Y claro ¡Hay que preparar adecuadamente las clases de la Escuela y atender actividades extracurriculares y las programadas en el calendario distrital de mi denominación, ya que también ejerzo liderazgo en el comité de misiones! ¿Cómo puedo aguantar este ritmo de vida sin morir de un infarto cardíaco o cerebral? Pues ¡Con la ayuda de Dios! He podido experimentar en carne propia la veracidad de estas palabras inspiradas:

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:29-31)
“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco.” (Salmo 92:10)

LA VIDA DE UN PASTOR BIVOCACIONAL

Pero no estoy solo en esto. Hay muchos como yo en todas denominaciones cristianas e iglesias independientes sin ayuda exterior. La realidad para muchos pastores bivocacionales es mucho trabajo, poco descanso y mínimo fruto. Pero ¿Qué es en sí un pastor bivocacional? Un pastor bivocacional es aquel que tiene un llamado a servir, una pasión por predicar a Cristo y discipular, pero se sustenta mayormente con su trabajo, y parcialmente o en nada por la iglesia, por lo menos al principio de su ministerio. El concepto de “pastor bivocacional” es novedoso para muchos, principalmente en nuestra América Latina, en donde se acostumbra que el pastor se dedique exclusivamente a la iglesia y ministerio. En muchas denominaciones, principalmente pentecostales, trabajar secularmente es mal visto o incluso considerado como una señal de pecado, de abandono divino, falta de fe o falta de consagración por parte del ministro; sin embargo, el ministerio bivocacional es muy antiguo (mucho más que las iglesias pentecostales); de hecho, es el modelo que vemos en Pablo. Cuando llegó a Corinto, él trabajó haciendo tiendas y se desempeñaba en este oficio mientras predicaba y fundaba la iglesia allí (Hechos 18:1-11). En otras palabras ¡Pablo se sostenía a sí mismo cuando era necesario! Nunca consideró que el trabajo secular fuera degradante para el ministro de la Palabra.

Quizá tú que estás leyendo este artículo seas un pastor bivocacional o miembro de una iglesia donde tu pastor tiene dos trabajos a tiempo completo (pastorado y trabajo secular). Es probable que tengas que experimentar no sólo el cansancio físico y mental por el exceso de trabajo, sino también dolor espiritual y emocional ante las opiniones no solicitadas de otros creyentes, a veces colegas en el ministerio, que te juzgarán por hacer las cosas de esa manera. Sin embargo, esta es la realidad de muchos pastores que sirven en iglesias pequeñas, geográficamente aisladas y que tampoco son autosostenibles. Muchas veces incluso tendrás que usar el dinero de tu trabajo para apoyar en algo los eventos y cubrir los gastos de tu iglesia local. Si ese es tu caso, permíteme darte unos consejos que me ayudaron a no llegar a la locura y a deleitarme en el ministerio bivocacional.

NO CODICIES LO QUE OTRAS IGLESIAS TIENEN

A veces nos enteramos del ministro de música que tiene otra iglesia, o cuántos maestros de Escuela Dominical tiene la iglesia en el otro lado del pue lo o en la ciudad vecina. La tentación es que tengamos celos ministeriales y empecemos a forzar en la iglesia cosas que no están ahí. La gente no está capacitada, pero la obligamos porque “necesitamos” ese ministerio. Ponemos personas que no deberían cantar, a cantar y ponemos a enseñar personas que no deben enseñar. Mi consejo, hermano, es estar contento con lo que tienes y trabajar con lo que Dios te dio. Es muy tentador tener envidia del pastor que está a tiempo completo y que tiene una iglesia más grande que la tuya. La codicia muere cuando estamos contentos con lo que Dios nos dio:

“Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos” (1 Timoteo 6:6-8, LBLA).

Ten paz con las cosas que no puedes hacer en tu iglesia. El tiempo del pastor bivocacional es limitado y muchas cosas no se podrán hacer. Tres cosas son esenciales en el ministerio pastoral: la preparación y predicación de la Palabra, pastorear o cuidar las ovejas y la oración. Todo lo demás es secundario. Enfócate en ser excelente en estas tres cosas y para lo demás, ten paz si no se puede hacer. Recuerda:

“El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12, LBLA).

NO TE SOBRECARGUES CON COSAS INNECESARIAS

Sé selectivo en qué puedes hacer y qué no puedes hacer fuera de la iglesia. Estamos viviendo en una era de conferencias, retiros, capacitaciones, etc. El activismo en muchas iglesias es brutal. Parece que cada semana hay algo nuevo a lo que es necesario asistir. Pero debes ser realista con lo que puedes hacer y con lo que no puedes hacer; en otras palabras, no tienes que ir a todas las conferencias, Retiros, campamentos y demás actividades que se pongan enfrente. Muchas de ellas pueden ser dejadas para otra ocasion. Sé selectivo porque para ir a esas actividades posiblemente tendrás que usar el tiempo de otras actividades que sí son esenciales o, peor aún, le robarás el tiempo que es sagrado a tu familia. ¿Cuántos ministros han visto destruidas su familias por no dedicarles tiempo? Lamentablemente muchos pastores piensan que están casados con la iglesia, pero ¡Momento! ¡La iglesia es la esposa del Cordero, no la tuya! Así que no dejes viuda a tu esposa antes de tiempo y tampoco abandones a tus hijos por cumplir cada antojo del activismo desenfrenado de algunas denominaciones.

TÚ TAMBIÉN NECESITAS DESCANSAR

Asegúrate de tomar tiempo para el descanso y vacaciones con tu familia. No, ¡No es pecado hacerlo! Nunca olvides que tu familia es tu principal ministerio. Y, aunque no te lo hayan dicho en el seminario teológico ¡Descansar es también un mandato! La Biblia nos dice:

“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.” (Éxodo 20:9-11)

Sí, leíste bien. Dios mandó a su pueblo descansar periódicamente. La misma ley mosaica justificaba dicho mandato argumentando que, después de crear al mundo, el mismo Dios descansó (Génesis 2:2). Esto no fue porque para Dios fuera necesario, sino porque para nosotros sí. En la creación, Dios modeló para nosotros un ritmo de trabajo y descanso. Si trabajamos demasiado sin descansar, nos sentimos agotados. Si descansamos todo el tiempo y nunca trabajamos, nos sentimos inquietos. Este ritmo continuo de trabajo y descanso muestra que no somos lo suficientemente fuertes para siempre trabajar. Solo Dios es tan fuerte y poderoso para no tener que jamás descansar. Cada vez que te acuestas en tu cama estás demostrándole al mundo que no eres Dios y que Dios no solo nos da nuestro pan diario, sino también nuestro descanso cada noche.

Muchos pastores llevan sobre sus hombros la carga innecesaria de la culpa por descansar o tomarse vacaciones ocasionales. Sienten que pecan y que le están fallando a Dios por estar cansados y necesitar un descanso. Pero tal me era de pensat no tiene sentido. Tan sólo piensa: ¿Dice la Biblia en alguna parte que es pecado que el pastor se tome un día de descanso semanal? No. No lo dice. Pero sí nos ilustra la necesidad de que el líder y pastor cristiano descanse y sepa delegar por el bienestar de su salud:

“El día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo. El pueblo se colocó alrededor de Moisés todo el día. El suegro de Moisés vio todo lo que Moisés estaba haciendo por el pueblo y le preguntó: —¿Qué es lo que estás haciendo con este pueblo? ¿Por qué estás sentado ahí tú solo, mientras el pueblo se queda de pie a tu alrededor todo el día? Moisés le respondió a su suegro: —Porque el pueblo viene a buscarme para consultar a Dios. Cuando tienen algún problema entre ellos, vienen y yo decido quién tiene la razón. Yo doy a conocer las leyes y normas de Dios. Pero el suegro de Moisés le dijo: —Lo que estás haciendo no está bien. Tú y el pueblo que está contigo se van a cansar. Este trabajo es muy difícil para ti, no puedes hacerlo solo. Ahora escúchame, te voy a dar un consejo para que Dios esté contigo. Tú serás el representante de Dios ante el pueblo y llevarás los problemas de ellos ante él. Enséñales las leyes y las normas y hazles saber de qué manera deben vivir y qué deben hacer. Pero elige hombres buenos, dignos de confianza, que respeten a Dios, que no se dejen sobornar y haz que ellos manden sobre el pueblo. Coloca a unos de ellos a cargo de mil personas, a otros a cargo de cien, a otros a cargo de cincuenta, e incluso otros a cargo de diez. Ellos estarán encargados de juzgar al pueblo en todo momento. Los casos más graves te los llevarán a ti, pero los casos menores los juzgarán ellos. Facilítate las cosas, encargándoles parte del trabajo. Si haces todo esto y lo ordena Dios, vas a poder sobrellevar tu trabajo y todo el pueblo se irá en paz a sus hogares.” (Éxodo 18:13-23, PDT).

Y esto nos lleva al siguiente punto.

PIDE AYUDA A OTROS

Mi amado hermano pastor ¿Quién te ha dicho que eres Supermán? Uno de los pecados más fuertes en nosotros los pastores es el orgullo ministerial. Mentimos acerca de la membresía, nos jactamos de la efectividad de la iglesia en la comunidad y exageramos acerca de los ministerios que tenemos. Son pocos los pastores que pueden reconocer sus limitaciones, humillarse y pedir ayuda a otros pastores. No hay nada malo en pedir ayuda ya sea a otro pastor, a tus superiores en tu denominación, u otros miembros de tu iglesia. El pastor bivocacional necesita mucha ayuda y hay un gran número de iglesias con gran cantidad de recursos (personas y dinero) que estarían dispuestos a ayudar si tan sólo lo pidieras.

PREPARA E INSTRUYE A OTROS

Mi amado pastor bivocacional: ¡Dedícate a preparar a otros hombres y mujeres para el ministerio! Una de mis quejas cuando comencé como pastor bivocacional, era que carecía de obreros. Me sentía presionado para hacer todo, y es que, en nuestra amada Latinoamérica, los pastores, en vez de ser teólogos somos “todólogos”. No sabemos ni queremos delegar. Pero 2 Timoteo 2:2 nos aconseja:

“Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”

Si leíste bien quizá observas te que este texto vemos cuatro generaciones de obreros: Pablo, Timoteo, hombres fieles y otros. Busca dos o tres hombres de la congregación que sean enseñables y que ellos enseñen a otros. Esto cambiará tu ministerio.

ORGANIZA BIEN TU TIEMPO

Una cosa que el pastor bivocacional debe aprender, es decir “no” a muchas cosas. El corazón servidor de un pastor puede llevarlo a hacer más de lo que su tiempo le permite. Su tiempo debe ser distribuido en lo siguiente: su relación con el Señor (estudio bíblico, devocional, oración), familia, iglesia (pastorado) y trabajo. Organiza tu vida para que puedas ser efectivo en estas áreas. Hay ocasiones, hermano pastor, cuando tienes que decirle a una oveja que no puedes atenderlo porque estás pasando tiempo con tu hijo. Además de organizar tu tiempo, debes quitar o modificar las distracciones en tu vida, por ejemplo: las redes sociales, la TV, Netflix y muchas otras cosas pueden robar valiosas e irrecuperables horas de tu vida. Te aconsejo que aprendas a vivir con un calendario o agenda para que tengas tus citas en orden y puedas organizarte bien.

CONTROLA TUS FINANZAS

Una razón por la que algunos pastores bivocacionales están obligados a trabajar secularmente, es porque descuidaron sus finanzas. Tienen muchas deudas, viven en un nivel superior a su realidad o simplemente por avaricia. En otras palabras, sus finanzas los controlan y ellos no controlan sus finanzas. Un consejo aquí es: aprende a vivir bajo un presupuesto. Si no sabes cómo preparar uno, te recomiendo buscar a alguien que te pueda ayudar a controlar tus finanzas. Como pastores, debemos ser ejemplo de la mayordomía. Trabaja en un plan para eliminar las deudas y controla la manera en la que gastas el dinero.

VIVE PARA LA EXCELENCIA

Haz tu trabajo con excelencia para agradar a Dios. El apóstol Pablo dice a los siervos en Efesios 6:5-9:

“Siervos, obedeced a vuestros amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de vuestro corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre”.

Tu trabajo debe mostrar a quien sirves y serás un ejemplo para la iglesia de cómo servir a Dios en el trabajo.

ORA, ORA Y ORA MÁS…

Estoy convencido de que ser pastor bivocacional es un llamado, y para ser efectivo en este ministerio debes confiar en el poder del Espíritu Santo y eso nos debería llevar a ser hombres de oración. Dedica tu vida a la oración. Hay momentos en que te querrás rendir por el cansancio físico, el desánimo o falta de fruto. Tal vez tengas problemas en el trabajo, en la iglesia y en tu familia. ¡A mí me ha pasado muchas veces! Pero por favor, pase lo que pase, no descuides tu vida de oración bajo la excusa de que estás cansado o tienes mucho que hacer como para orar.

De todas las cosas por las que se conoce a Martin Lutero, entre las más importantes está su dedicación a la oración. Él es famoso por decir:

“Tengo tantas cosas qué hacer que debo invertir las primeras tres horas en oración’’.

Y no exageraba. Muchos de sus amigos y estudiantes testifican que pasaba varias horas sobre sus rodillas en una ferviente y diaria oración, y a menudo lo hacía en momentos durante del día que parecían inoportunos. Si el gran reformador, catedrático, teólogo y traductor de la biblia al alemán tenía tiempo para orar ¿Por qué tú no? ¡Seguramente reformar una nación es más pesado que ser pastor bivocacional! ¿No crees? Te suplico, amado pastor bivocacional, que derrames tu corazón “confiadamente al trono de gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

CONCLUSIÓN

Puede ser que a los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas nunca se les invite a predicar en la conferencia nacional de su denominación (es más, quizás se les critique en la misma); puede ser que nunca se les pida escribir un libro, quizá nunca se destaquen en su reunión denominacional o en el retiro de su red de iglesias nacional. Sin embargo, ellos tienen las mismas responsabilidades que todos los demás pastores. De hecho, podría afirmar que tienen más responsabilidades porque los pastores de iglesias más grandes tienen empleados y asistentes que pueden quitarles algo de su carga. Los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, en cambio, con frecuencia no tienen a nadie más. ¿Quién más preparará el sermón, visitará el hospital, aconsejará a los quebrantados, hará visitas evangelísticas, discipulará a los hombres o, incluso, doblará los boletines en ciertas ocasiones?

Me entristece, sin embargo, sentir que con frecuencia los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, mis hermanos pastores, están desanimados en sus ministerios. Sus superiores, sus colegas pastores y hasta sus mismas congregaciones les hacen sentir así con sus críticas despiadadas y comentarios irreflexivos. Lo sé porque yo también he sentido y experimentado eso a veces. Por eso, a mis amados hermanos que, como yo, sirven como pastores bivocacionales, quiero decirles: El hecho de que estés sirviendo en el ministerio pastoral no es un accidente. Dios te apartó, por medio de Su Espíritu Santo, para el ministerio del evangelio, el ministerio en el que sirves ahora. Así que, recuerda que Dios te llamó, y el Espíritu Santo te hizo pastor «para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). Tu trato con Dios no depende de la opinión de otros o de su aprobación. Cada ministerio es distinto, cada llamado es especial y único ¡Recuerda tu llamado y da gracias!

Ministerio Pastoral, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Reflexiones sobre el ministerio

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Me encanta caminar en el evangelio con otras personas, pastorear una comunidad, predicar, enseñar y participar en todo lo emocionante que conlleva ser parte de una iglesia. Sin embargo, no todo en el ministerio es divertido. Al contrario, el ministerio está lleno de situaciones difíciles y a veces pecaminosas.

Desde afuera uno puede hacer todo para prepararse: leer libros, asistir a clases, ser ordenado, etc. Pero ser un pastor es infinitamente más difícil que prepararse para serlo. Ciertamente, el ministerio es un tesoro de glorias y muertes. Nada te puede preparar para ‘tomar tu cruz’ de esta manera excepto hacerlo.

LO QUE SIGNIFICA EL MINISTERIO CRISTIANO

Aunque no he estado en el ministerio por décadas como muchos otros colegas más experimentados, he aprendido la necesidad de definir el ministerio de acuerdo a la Biblia y no a mis expectativas. No solo habló acerca del ministerio pastoral sino también de cualquier función que alguien tiene en la vida de la Iglesia para llevar a cabo la misión de hacer y crecer discípulos de Cristo. Desde afuera el ministerio puede parecer genial, y ¡en muchas ocasiones lo es! Pero muchas veces el ministerio parece genial porque solo destacamos las partes positivas (un edificio lleno de personas que oyen tu predicación, bautizar a nuevos creyentes, realizar, retiros, campamentos, conferencias, etc.). En realidad, el ministerio es mucho más que eso.

El ministerio existe principalmente porque Cristo nos ministró primero a través de su vida, muerte y resurrección (el evangelio), y ahora nos ha encomendado con una misión para compartir ese mismo evangelio a otros (Mateo 28:18-20). El evangelio es necesario porque nosotros somos pecadores y todos nuestros problemas encuentran su raíz en el pecado. Ministrar, entonces, en gran parte es lidiar con los problemas de otros, los pecados de otros, y apuntarles hacia la única solución verdadera: Cristo (Romanos 10:13-15).

EL MINISTERIO: ENTRE LO MEJOR Y LO PEOR

Estar en el ministerio es lo mejor porque estamos participando directamente en la misión de Dios de reconciliar a pecadores con sí mismo. Claro, nosotros no somos el poder o la fuente de salvación: somos nada más que heraldos de las buenas noticias que Cristo salva, y esta es la obra más gratificante y satisfactoria en la que podemos participar. Pero, estar en el ministerio también es lo peor porque hemos sido enviados como heraldos a un mundo caído. Y mientras somos sus instrumentos, también somos imperfectos. Cometemos errores, fracasamos frecuentemente, y nos tropezamos en cada paso de llevar a cabo la Gran Comisión que se nos ha encomendado.

LO QUE CUESTA SEGUIR A CRISTO

¿Quién dijo que sería fácil? La Biblia no presenta un concepto de ministerio que es todo alegre y para nada difícil. Sinceramente, presenta lo opuesto: “Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, con paciencia, con bondad, en el Espíritu Santo, con amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces. Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo.” (2 Corintios 6:4-10, LBLA).

Somos llamados a ser ministros de Dios, representantes del evangelio, en las peores circunstancias. ¡Somos llamados a ir y entrar a los lugares más oscuros para brillar la luz del evangelio! Esto no es fácil. Muchas veces significa sufrir con los que están sufriendo. Sacrificar lo que tenemos para servir a los demás. Y en algunos casos, significa darlo todo hasta el punto de la muerte. Que nuestra oración tenga el mismo espíritu como la de Pablo cuando dijo: «Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24).

LOS MINISTROS TAMBIÉN NECESITAMOS EL EVANGELIO

Las buenas noticias para el ministro son las mismas que las buenas noticias para el que está siendo ministrado: Cristo lo ha hecho todo. Y porque Él nos está haciendo perfectos, por medio del Espíritu y gracias a su obra en la cruz, podemos confiar en que Él nos usará y santificará a través del ministerio también. Como lo dice el pasaje de arriba, podemos ser pobres pero enriquecer a muchos porque aunque no tengamos nada, lo tenemos todo en Cristo (2 Corintios 6:4-10). Él es nuestra esperanza, en lo bueno y en lo malo. Al fin y a cabo, el ministerio no es solucionar los problemas de los demás, sino apuntarles a la única persona que realmente puede ayudarles. En cualquier caso, sea lo mejor o lo peor, el éxito y la satisfacción del ministerio no se debe medir por meras circunstancias, sino por lo que Cristo está haciendo al trascender nuestras circunstancias y obrar a través de y en personas imperfectas y ordinarias como nosotros.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

¿Santos, o santurrones?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Una santidad falsa se ha vuelto popular en algunas iglesias. Muchos cristianos han asociado la santidad con una larga lista de cosas que no se deben hacer, y otra lista de cosas que son nuestro deber. Pero entender la santidad sólo en términos de obediencia a una serie de reglas produce problemas. Primero, limita lo que es la verdadera santidad bíblica. Segundo, es muy posible obedecer reglas en lugar de obedecer a Dios. Tercero, cuando ponemos nuestro énfasis en obedecer reglas nos engañamos, ya que pensamos haber logrado la santidad por tal esfuerzo. Jamás podremos lograr la santidad sin una obra interna y profunda del Espíritu Santo. Finalmente, está el peligro de que, por nuestro esfuerzo de obedecer reglas, lleguemos a volvernos orgullosos, a exhibir nuestra santidad como si estuviésemos en una competencia de belleza. Todo esto es contrario a la verdadera santidad.

El ejemplo perfecto de la santidad fue el Señor Jesús. Aunque nunca pecó, nadie lo acusó de ser un santurrón. Su misión era vivir en este mundo lleno de pecadores y mostrarles, por vida y ejemplo, el camino a Dios. “He venido”, dijo, “para buscar y salvar al que se había perdido”. Su santidad no le hizo apartarse de la humanidad, ni del mundo pecador. Al contrario, los fariseos lo acusaron de siempre estar entre publicanos y pecadores. Allí, entre ellos, donde había tanta oscuridad, resplandeció la luz. Dios no pide de nosotros una santidad inoperante. Lo que Él pide es que vivamos como vivió Jesús, en ese tipo de pureza ostensible, a fin de que él que anda en tinieblas vea en nuestro vivir y palabra la Luz de Dios.

LA SANTURRONERÍA EN LA IGLESIA

Santurrón es el título que utilizamos para describir a quien muestra una devoción exagerada o falsa, que hace notar que es mejor que otros moralmente, que se asusta o enoja ante situaciones nuevas y huye de ellas o las ataca violentamente. Algunos prefieren llamarlos fariseos, mojigatos, hipócritas, tragasantos, timoratos, etc. Como sea que les llamemos, lo cierto es que los santurrones siempre han existido en las filas del cristianismo, desde sus inicios y hasta la actualidad. Además, los santurrones pueden estar ubicados en esferas altas de liderazgo eclesial, así como en posiciones bajas, y pueden estar presentes en iglesias de todo tipo y denominación. Ciertamente, los santurrones son una especie diversa, algunos de ellos son extremistas violentos, otros son del tipo callados (no hablan, no opinan, pero en su interior están hirviendo de “rabia santa”). ¿Conoces a alguno?

CARACTERÍSTICAS DE UN SANTURRÓN

¿Cómo identificamos a un santurrón? Fácil. Sus acciones, palabras y actitudes lo delatarán tarde o temprano. Por ejemplo:

(1.- Los santurrones defienden sus postulados legalistas a capa y espada autonombrándose “fundamentalistas”, “conservadores” o “defensores de la senda antigua”, pero en verdad no entienden el concepto y más bien lo asocian a ser opositores a todo lo que, a juicio de ellos, vaya en contra de su opinión personal y prejuicios.

(2.- Los santurrones tienden a ocultarse tras el rótulo de defensores de la “sana doctrina” contra cualquier invasor, hereje, mundano o incircunciso que ose cuestionarla. A veces esta defensa es violenta, sobre todo en las redes sociales donde suelen soltar su “don de lenguas” para mandar al infierno a cualquiera que ellos consideren poco santo, usando incluso palabras groseras “en el nombre de Cristo”, o descalificando a sus “oponentes” de manera personal, no doctrinal.

(3.- Los santurrones callados no atacarán a nadie, física o verbalmente, pero son “ollas hirviendo” que en cualquier momento estallarán contra los pecadores que digan algo que va en contra de sus creencias. Este tipo de santurrón suele vivir amargado y frustrado; él, o ella, no puede entender cómo en la iglesia hay gente tan liberal que no sea capaz de seguir la “sana doctrina” y las “normas de santidad”. Esto los complica al punto de transformarse en criticones severos.

(4.- Los santurrones suelen vivir a la defensiva. Interpretan (o mal interpretan) predicaciones, enseñanzas, post, y postulados según su conveniencia. Pero ¡ay de aquellas enseñanzas que no les cuadren!, no dudarán en hacerla pedazos, o de forma más moderada sancionarla.

(5.- Los santurrones se escandalizan por los pecados ajenos, pero no reconocen los propios. Es como aquel que se enoja por los gases flatulentos de otros, pero disfruta de los suyos cuando está a solas. Perdón si herí sensibilidades. Sé que esto sonó feo y grosero, pero me permitiré dejarlo porque ilustra perfectamente lo que quiero decir. Por favor disculpen mi crudeza.

(6.- Los santurrones se sienten maltratados cuando alguien les enseña la verdad, entonces gritan, hacen escándalo, denuncian abuso de autoridad; pero por dentro cometen homicidio porque desean el mal a quien, según ellos, los violentó.

(7.- Los santurrones no aceptan instrucción (no se dejan enseñar), no al menos de quienes están fuera de su “círculo santo”. Para ellos los maestros o predicadores que no enseñan la sana doctrina son “perros sarnosos” que no merecen instruir a nadie, menos a ellos, que son gente “tres veces santa”.

(8.- Los santurrones no tienen respeto por ciertos ministros. Para ellos es fácil emitir juicios de valor contra ministros que no tiene una visión legalista del Evangelio como la suya. A todos esos “herejes” los llaman “seudo-cristianos, apóstatas, vendidos, liberales, etc.” Sin conocerlos en persona o haber participado de sus ministerios los catalogan de esa manera, olvidando felizmente que hablar mal de otros es pecado. Claro, ellos deberían saberlo, pero no les conviene reconocerlo. Al igual que los fariseos y religiosos judíos se jactaban de una santidad superior mientras intentaban matar al Señor, así los santurrones se rasgarán las vestiduras ante las fallas de otros diciendo: “¡Ha blasfemado!… He aquí, ahora mismo habéis oído la blasfemia» (Mateo 26:65).

(9.- Los santurrones confunden santidad de vida con apariencia externa. Ellos juzgan la cáscara (lo que se ve), pero no conocen el interior de las personas. Esto hace que emitan juicios, condenas y sentencias exageradas, sin detenerse siquiera a apreciar a la persona que hay debajo del aparataje externo.

(10.- Los santurrones evidencian una pobre vida de lectura de la Biblia y una práctica deficiente o nula de otras disciplinas espirituales. Es decir que leen poco las Sagradas Escrituras y mucho menos la estudian con seriedad. Les resulta más cómodo dejarse llevar por lo que maestros más santurrones que ellos dicen sin siquiera darse el trabajo de indagar. En cuanto a su vida de oración, meditación y tiempo a solas con Dios, ¡Uf! dejan mucho que desear. Algunos santurrones se las dan de exégetas, hermeneutas, teólogos o iluminados, pero sus declaraciones seudo-teológicas son drásticamente raquíticas.

SANTURRONERÍA Y VERDADERA SANTIDAD

Si nuestros hermanos que han caído preza de la santurronería leyeran un poco más sus Biblias (y se dejarán corregir por ella), seguramente descubrirían que esta contradice su falso concepto de santidad. De hecho, Jesús tenía mucho que decir acerca de este tema. En Juan 17:16 el Señor dice acerca de sus discípulos: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” Y esto está antes de Su petición: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” Para Jesús la santidad implica un estado de separación para Dios. Pero esto no es algo que ganas al obedecer perfectamente un catálogo de normas impuestas por una organización religiosa. Todos los creyentes entran en este estado cuando son nacidos de Dios: “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.” (1 Corintios 1:30). Esta es una separación definitiva, eternamente apartados para Dios. Es una parte intrínseca de nuestra salvación, nuestra conexión con Cristo (Hebreos 10:10).

La santificación es posicional, pero tiene también una faceta vivencial, ya quese refiere a la experiencia práctica de esta separación en Dios, siendo el resultado de la obediencia a la Palabra de Dios en la vida de uno, y ha de ser buscada fervientemente por el creyente (1 Pedro 1:15 y Hebreos 12:14). Así como el Señor oró en Juan 17, la santificación comprende la separación de los creyentes para el propósito por el cual fueron enviados al mundo: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (v. 18,19). Que Él mismo haya sido apartado para el propósito por el cual fue enviado, es tanto la base como la condición de nuestra separación por la cual somos enviados (Juan 10:36). Su santificación es el modelo y el poder para el nuestro. El envío y la santificación son inseparables. Por esta causa los creyentes son llamados santos, (hagios en el griego) y “los santificados.” Mientras que anteriormente su comportamiento daba testimonio de su posición en el mundo, separados de Dios, ahora su comportamiento debe dar testimonio de su posición ante Dios y su separación del mundo. Nuevamente, esto no tiene nada que ver con ser amaestrado para obedecer reglas eclesiásticas, sino más bien con un cambio de naturaleza que produce el fruto correspondiente a la misma. No se hace para lucir más santo que otro y poder presumir de ello. Se hace porque la naturaleza misma del individuo ha cambiado y ama el obrar con justicia.

Hay un sentido más que comprende la palabra “santificación” en la Escritura. Pablo ora en 1 Tesalonicenses 5:23, “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Pablo también escribe en Colosenses 1:5, “la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio.” Posteriormente habla del mismo Cristo como “la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27) y luego menciona el hecho de esa esperanza cuando dice, “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria.” (Colosenses 3:4). Este estado glorificado será nuestra separación última del pecado, la satisfacción plena en todo aspecto. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es.” (I Juan 3:2).

En resumen, la santificación es sinónimo de santidad, la palabra griega para ambos significa “una separación.” Primero, una separación posicional definitiva en Cristo al momento de nuestra salvación. Segundo, una santidad práctica progresiva en la vida de un creyente mientras aguarda el regreso de Cristo. Y finalmente, una separación eterna del pecado cuando lleguemos al cielo. Los santurrones no pueden entender esto. En vez de ello, buscan ganarse el cielo y parecer santos a base de normas, leyes humanas, la observancia de normas culturales y el juzgar a los demás. Su evangelio, si se le puede llamar así, es el Evangelio de las apariencias, de la vestidura larga y la ausencia de maquillaje o prendas de moda, de los peinados y joyas ¡Y nada más! Un falso evangelio legalista, repulsivo y repugnante ante Dios.

¿QUÉ DEBEMOS HACER CON LOS SANTURRONES?

Sí. En tu caminar cristiano encontrarás (o seguramente ya encontraste) muchos santurrones. Eso es inevitable. Yo mismo chocó con ellos todo el tiempo. Pero, ¿Qué debemos hacer con ellos? En primer lugar, ¡No pelees con ellos! Están acostumbrados al pleito y te ganarán por experiencia (no por capacidad académica). No saben argumentar, ni les interesa hacerlo. En segundo lugar, no te amargues. Santurrones encontrarás en todas las iglesias, ¡Y eso incluye también el Facebook y otras redes sociales! Tercero, no intentes enseñarles, rechazarán tus instrucciones con versículos fuera de contexto mal interpretados y teológicamente checos. No te deprimas por lo que dijeron de ti. En realidad, sus frustraciones los hacen hablar, proyectan sus miedos en las redes, aulas, discusiones y donde se les de plataforma para ello. Las teologías escrituralmente correctas les asustan. Lo que sí debes hacer es alejarte de los tales, su compañía es peligrosa y odiosa.

Pero sé sabio, no los discrimines pues serías igual a ellos (quiérelos, respétalos, ora por ellos), pero no los dejes entrar a tu círculo de intimidad (ahí solo deben entrar los verdaderos discípulos). Y si acaso ves una ventanita de esperanza en ellos, es decir, que en verdad deseen ser enseñados, bueno pues, quizá –sólo quizá–, Dios te use para sacar a un hermano/a santurrón de su ‘oscuridad santa’ a la luz admirable del verdadero Evangelio, un Evangelio que libera y alumbra a los hombres. A fin de cuentas, muchos han sido santurrones, pero después de dejarse instruir por maestros bíblica, teológica, doctrinal e históricamente bien preparados han resultado en preciosos instrumentos en las manos de Dios.

¡Ánimo! ¡Y que Dios te dé paciencia y amor hacia los santurrones en tu iglesia! Y quien sabe… ¡Quizá necesites tratar también con el santurrón que llevas dentro esperando salir! Todos tenemos uno que sale a flote de vez en cuando.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

2020, un año para descansar…

Por Fernando E. Alvarado.

 INTRODUCCIÓN

¡El 2020 ha llegado! ¡Pero tranquilo! Esta no es una proclamación profética. No vine a declarar ni decretar. Eso se lo dejo a los falsos maestros, profetas y apóstoles del error. Una cosa es cierta: Muchos de nosotros encontramos en el año nuevo la motivación que perdimos durante el transcurso del año anterior. En estos primeros días del año muchos están hablando de sus metas, propósitos, y ambiciones para el futuro: los libros que leerán, los nuevos hábitos que cultivarán, y todas las resoluciones que cumplirán (bajar de peso, inscribirse en un gimnasio, estudiar de nuevo, terminar su carrera universitaria, etc.). No hace falta decir que muchas iglesias también aprovechan estas fechas para declarar sus visiones para el año: Las grandes obras que harán y las cosas que recibirán “por el poder de Dios” (¡Ojalá sea así!). Hoy, sin embargo, quisiera hablarte acerca de la mentalidad que marca nuestras motivaciones al trabajar para alcanzar nuevas metas y llegar a nuevos logros.

5

RESOLUCIONES DE AÑO NUEVO

Al principio del año muchos deciden “ponerse las pilas”, “echarle ganas”, “trabajar duro”, “dar lo mejor de ti”, “caminar la segunda milla”. Esto no tiene nada malo. De hecho, cada cristiano debe trabajar con excelencia y diligencia. Después de todo, los cristianos debemos entender que nuestro trabajo no es solamente para nosotros. Lo que hacemos y la manera en que lo hacemos dice algo acerca de nuestro Dios y por ende todo lo que hacemos debe hacerse de corazón para la gloria de Dios (Colosenses 3:17, 23; 1 Corintios 10:31). Apuntamos a Dios cuando hacemos un buen trabajo, y eso debe ser la resolución de cada cristiano en cada momento. Pero creo que a la hora de considerar nuestro trabajo (y nuestras metas al principio del año), también hay otra manera en que apuntamos y glorificamos a Dios: con nuestro descanso. Sí. Leíste bien: Descanso. Eso que a veces aquellos que servimos a Dios en el ministerio consideramos pecado.

3

 

DIOS TAMBIÉN NOS INVITA A DESCANSAR

Después de crear al mundo, Dios descansó (Génesis 2:2). Esto no fue porque para Dios fuera necesario, sino porque para nosotros sí. En la creación, Dios modeló para nosotros un ritmo de trabajo y descanso. Si trabajamos demasiado sin descansar, nos sentimos agotados. Si descansamos todo el tiempo y nunca trabajamos, nos sentimos inquietos. Este ritmo continuo de trabajo y descanso muestra que no somos lo suficientemente fuertes para siempre trabajar. Solo Dios es tan fuerte y poderoso para no tener que jamás descansar. Cada vez que te acuestas en tu cama estás demostrándole al mundo que no eres Dios y que Dios no solo nos da nuestro pan diario, sino también nuestro descanso cada noche. Cada noche puedes descansar sabiendo que Dios se mantendrá despierto, guardando y cuidando sobre toda su creación:

“En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmos 4:8, NVI)

4

UN DESCANSO DIFERENTE

También hay otro tipo que descanso que todos necesitamos: el descanso de trabajar para sentirnos importantes o recibir valor. Muchos trabajamos como si nuestro valor dependiera de nuestro esfuerzo. Y la realidad es que si no hay un Dios que nos da valor, entonces nuestro valor lo tenemos que encontrar en otro lugar, y usualmente ese lugar es nuestro trabajo, nuestros logros, y nuestras obras. Esto pasa cuando el estudiante estudia no solo para recibir buenas notas, sino para recibir el elogio de sus maestros y compañeros. Pasa cuando el pastor predica no solo para hacer discípulos, sino también para ser reconocido como un pensador profundo y líder influyente. Pasa cuando un empresario gana dinero no solo para ser generoso, sino también para encontrar seguridad en sus logros y ser reconocido por otros como una persona exitosa.

6

Esta mentalidad de trabajo insiste que uno gana su identidad con sus obras. Pero este no es el camino del evangelio. El autor de Hebreos nos recuerda que en Cristo hay “…un reposo sagrado para el pueblo de Dios. Pues el que ha entrado a Su reposo, él mismo ha reposado de sus obras, como Dios reposó de las Suyas” (Hebreos 4:9-10). En Cristo, hay descanso para el que trabaja angustiosamente para encontrar su valor. En Cristo, hay reposo. En Cristo, no tienes que ganar la aceptación de los demás. En Cristo, no tienes que ganar tu identidad o tu lugar delante de Dios. En Cristo, no tienes que trabajar para encontrar valor, dignidad, y seguridad. Ya lo tienes porque Cristo hizo el trabajo necesario en tu lugar.

2

Tal vez una de las razones por las que perdemos la motivación para trabajar duro y alcanzar nuestras metas más tarde en el año es porque hemos escogido metas que no glorifican a Dios o hemos tratado de alcanzarlas de una manera que no le glorifica. Tal vez nos agotamos más rápidamente porque trabajamos como si nuestra salvación dependiera de nuestras obras. Tal vez necesitamos recordar que no solamente glorificamos a Dios con nuestros logros, sino también cuando descansamos en lo que Él ha logrado.

Couple in love ride in cabriolet car

CONCLUSIÓN

En Cristo, puedes descansar sabiendo que tu Creador ya hizo todo por ti al crearte a su semejanza, salvarte por su gracia, y sigue trabajando hoy para conformarte a Su imagen. ¡Que el 2020 sea un año en que no olvidemos sus obras y a descansar cada día en Él!

 

1