Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Danza profética? ¿Tabernáculo caído de David?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las modas de adoración absurdas y las innovaciones teológicas sin fundamente bíblico inundan el evangelicalismo moderno, principalmente dentro del denominado neopentecostalismo. Esto no debe sorprendernos, pues fue profetizado hace siglos por el apóstol Pablo: “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida” (1 Timoteo 4:1-2, NVI). Tan importante consideraba Pablo evitar tales desviaciones de la fe que repitió dicha advertencia en su segunda carta a Timoteo: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos.” (2 Timoteo 4:1-3, NVI). Dentro de dichas modas extrañas, “inspiraciones engañosas” o “novelerías”, la danza profética sobresale por la ridiculez de sus afirmaciones.

¿QUÉ MODA EXTRAÑA ES ESTA?

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana.

A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don.[1]

En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo. Las denominadas Danzas Ministeriales comprenden, entre otras cosas:

  1. La Danza Maestral (maestros en danza): El “levita”, como un maestro, enseña a la Iglesia a través del baile o el teatro.
  2. La Danza Apostólica (apóstoles en danza): Se produce cuando la danza o la expresión artística genera influencia y actúa directamente sobre la semilla del Reino de Dios en la Tierra. Este tipo de danza se considera una guerra espiritual, una confrontación entre la luz y la oscuridad con efectos concretos, percibidos como curaciones y la liberación espiritual, las conversiones en masa, el resultado de la llegada del Reino de Dios al pueblo, ciudad o país.
  3. La Danza Profética (profetas en danza): Hacen la guerra espiritual y profetizan por la adoración profética la unión del Novio con su Iglesia. Expresa de manera espontánea lo que Dios quiere enseñar, aquello que Él quiere demostrarle a las personas o a la iglesia local.
  4. La Danza Evangelística (evangelistas en danza): Es aquella que hace la sensibilización sobre el Hijo de Dios, trata de ganar el corazón de personas a través de su danza, mostrando la necesidad de recibir Cristo y seguirlo. Es el ministerio con mayor frecuencia en las iglesias.
  5. La Danza Pastoral (pastores en danza): Es el “ministerio” de danza más común en las iglesias. Incluso muchas iglesias que no se identifican como neopentecostales suelen incluir en sus programas este tipo de “ministerios”. Sus practicantes consideran que a través de este tipo de danza los adoradores reciben alimentación, son nutridos e inspirados en su fe y adoración. Se considera que este tipo de danza aporta liderazgo y transformación en la vida cristiana a través de la Palabra manifiesta y expresada en la danza.

En el enredado mundo neopentecostal los diversos tipos de Danzas Ministeriales son “ministradas” por los “levitas y adoradores del Señor Dios Todopoderoso” con la intención producir la salvación, curación o el bautismo en el Espíritu Santo, como si los milagros y manifestaciones espirituales de origen divino pudiesen ser manipuladas por el ser humano con sus fórmulas y ritos. Aunque los devotos de estas extrañas prácticas consideran que el bailarín (erróneamente llamado “danzor” o “danzora”) no necesita una formación específica en el baile, recientemente se han creado academias o escuelas de danza ministerial. Este culto a través del baile ha recibido varios nombres: baile apostólico, danza davídica, adoración íntima, generación profética, ministración por adoradores y Levitas (danza, música y canto) y Gaditas (en intersección y la guerra espiritual), etc. Muchos nombres que describen la misma realidad: ¡Herejía!

¿LA RESTAURACIÓN DEL TABERNÁCULO CAÍDO DE DAVID?

La Danza Ministerial es considerada parte de la “Restauración del Tabernáculo Caído de David” enseñada por los grupos neopentecostales. Tal expresión alude a una corriente teológica sobre la adoración que enseña que es necesario lograr la restauración del canto y las danzas judías del tipo que se cree fueron realizados por David en su culto a Jehová en el tabernáculo de su día. Se trataría de una restauración de alabanza pura profetizada en las Escrituras que a la vez indicaría los tiempos finales. Dichos grupos suelen citar Isaías 16:5, Amós 9:11-12 y Hechos 15:16-17 (los únicos tres pasajes de la Biblia que usan dicha expresión) para sustentar su posición doctrinal:

“Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.” (Isaías 16:5).

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amós 9:11-12).

“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre” (Hechos 15:16-17).

Pero ¿En verdad pueden sustentarse en esos versículos las afirmaciones de los grupos neopentecostales? ¿Qué enseñan dichos versículos realmente? Y más aún, ¿Qué otras implicaciones tiene dicha enseñanza para la iglesia hoy? ¿Cuáles son los postulados que sostiene dicha enseñanza?

Basándonos en la fuente primaria más completa que hay sobre esta corriente, el libro The Tabernacle of David (“El Tabernáculo de David”), escrito en 1976 por Kevin Conner, el padre de esta corriente teológica, se puede resumir la enseñanza de la siguiente manera:

  • Así como el tabernáculo de Moisés fue un tipo, una figura profética, que apuntaba hacia Cristo y su obra expiatoria, David, en su oportunidad, levantó un tabernáculo especial que sólo contenía al arca del pacto, en señal del culto cristiano futuro, libre de sacrificios de sangre. Separado del viejo tabernáculo de Moisés, este tabernáculo fue un tipo de la Iglesia Neotestamentaria. Conner afirma: ““El Tabernáculo de Moisés fue dado como una sombra, un tipo, un padrón de las realidades eternas, espirituales y celestiales (Hebreos 8:5; 9:23,24). Esto seguramente es aplicable también al Tabernáculo de David”.[2]
  • David desarrolló nuevas formas de adoración en el segundo tabernáculo, como una profecía de la adoración de la era cristiana. Entraba confiadamente a este tabernáculo para contemplar el arca, sin temor del juicio divino, consciente de la gracia venidera.
  • En el Tabernáculo de David, los sacerdotes entraron a un “nuevo orden” en lo relativo a la adoración. En contraste con el Tabernáculo de Moisés y los sacerdotes en el Monte Gabaón, estos sacerdotes en el Tabernáculo en Sión no ofrecían sacrificios de animales. Ofrecían sacrificios de alabanza, gozo y gratitud. Aquí el ministerio de los cantantes y los músicos estaba en plena operación. Ofrecían “sacrificios espirituales” en el Monte Sión en el Tabernáculo de David.
  • Los sacerdotes en el Tabernáculo de David podían simplemente y confiadamente entrar en el lugar santísimo. Tenían acceso ante el arca del Señor. No existía ningún velo entre ellos y el arca, como había existido durante siglos en el Tabernáculo de Moisés. Tenían confianza para entrar “más allá del velo” porque ese velo pertenecía al Tabernáculo de Moisés, no al Tabernáculo de David.[3]
  • Lamentablemente, este nuevo culto fue abandonado al construirse el Templo de Salomón y durante las sucesivas generaciones de reyes judíos idólatras.
  • El profeta Amós reconoció estas verdades y anunció que en los postreros días se re-establecería el culto que David había iniciado en su tabernáculo (Amós 9:11).
  • En el Concilio de Jerusalén, Santiago, hermano del Señor, reconoció que con la conversión de los gentiles Dios también estaba restaurando el culto davídico a la Iglesia.
  • La Iglesia post-apostólica también abandonó el culto davídico, es decir, cayó en apostasía.
  • Desde los fines del siglo XX Dios está finalmente restaurando el culto davídico a la Iglesia, en señal de ser estos los tiempos finales.
  • La iglesia de la actualidad debe aprender todo lo posible sobre la adoración como se hacía en el Tabernáculo de David para entrar así en la verdadera adoración “en espíritu y en verdad.” Las iglesias cristianas deben adoptar formas de alabanza judías para así ministrar más perfectamente en el “Tabernáculo de David”. Esto incluiría la danza hebrea.

Aunque superficialmente dichas afirmaciones pueden parecer bíblicas y doctrinalmente correctas, las enseñanzas de moda sobre “el Tabernáculo de David”, como una profecía de la restauración de la adoración pura, son producto de una hermenéutica alegórica que mal interpreta las sagradas Escrituras, y que contradicen la verdad de la adoración bajo el nuevo pacto. Analicemos brevemente las contradicciones y errores de esta corriente doctrinal heterodoxa.

DEFICIENCIAS EN LA HERMENÉUTICA NEOPENTECOSTAL.

Para empezar, aunque es cierto que David levantó una tienda para el arca en Jerusalén e instaló a Asaf y a sus hermanos para ministrar ahí empleando música y alabanzas (1 Crónicas 15:16), no son acertadas todas las atribuciones que la enseñanza sobre “el Tabernáculo de David”, atribuye a estos hechos. Exagera las dimensiones y funciones del “Tabernáculo”, las innovaciones en el culto, y la comprensión de David de cuestiones futuras:

  1. Dimensiones y funciones del “tabernáculo de David” exagerados: La enseñanza “el Tabernáculo de David” visualiza a esta tienda como un lugar grande, espacioso, capaz de contener muchas personas a la vez quienes cantaban y danzaban alrededor del arca del pacto. Todo esto sería en figura profética del acceso de los creyentes cristianos a la presencia de Dios que se describe en Hebreos 10:19-22. Pero esto no calza bien con la realidad bíblica. Interesantemente, la versión Reina Valera nunca llama a esa tienda donde se guardaba el arca un “tabernáculo” sino usa la expresión “tienda” (2 Samuel 6:17; 1 Crónicas 15:1; 16:1). Al resto del viejo tabernáculo de Moisés, incluyendo el altar de holocaustos, que estuvo guardado en Gabaón, la versión Reina Valera sí llama fielmente “el tabernáculo de Jehová.” En el texto hebreo se emplea el mismo vocablo para ambas tiendas, Esta es una palabra hebrea que significa “morada, hogar, tabernáculo, o tienda” muy común, que ocurre 340 veces en el Antiguo Testamento. No se limita a tiendas de uso religioso (Salmos 19:4; Habacuc 3:7; Malaquías 2:12; Isaías 38:12 entre otras).[4] La traducción de Reina Valera traduce bien a Ohel como “tabernáculo” o “tienda” según el contexto. Nada hay en el texto bíblico que sugiere que la tienda levantada por David en Jerusalén era de proporciones suficientes para contener un grupo de personas que tocaba instrumentos y danzaba, más bien queda evidente que se trata de un recurso de almacenamiento provisorio hasta que se levantara un Templo digno de ser el centro de la adoración nacional. La verdad es que el arreglo que David había hecho para guardar el arca en Jerusalén no le satisfacía, y no lo consideraba gran cosa. Se quejaba ante Dios diciendo: “He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.” (1 Crónicas 17:1). La doctrina neopentecostal sobre “el Tabernáculo de David” exagera el propósito de la tienda del arca del pacto en Jerusalén, cambiando su función de un lugar de almacenamiento provisorio a una proyección tipológica de la adoración cristiana, asunto que no tiene ninguna confirmación apostólica en el Nuevo Testamento.
  2. Innovación Exagerada: La enseñanza “el Tabernáculo de David” afirma que ahí por primera vez se usaron instrumentos musicales, cantores, la danza, el levantar manos, palmoteos, y gritos de júbilo.[5] Dice que ninguna de estas cosas sucedía en el culto a Jehová en el orden establecido por Moisés. Pero lo cierto es que no se puede afirmar que antes de David no existieran estas cosas en el rito judío. Al cruzar Israel el Mar Rojo, María y sus compañeras danzaron, tocaron panderos y cantaron (Éxodo 15:20). Incluso el culto profano al becerro de oro en el desierto fue acompañado de danzas y cánticos (Éxodo 32:6, 32:18-19). Durante el tiempo de los jueces las mujeres recibían a los soldados israelitas vencedores con danzas, cánticos y panderos (Jueces 11:34; 1 Samuel 18:6). No se debe pensar que David solo estableció el ministerio musical en Jerusalén, cerca del arca. También estableció sacerdotes músicos y cantores en el tabernáculo de Moisés que estaba guardado en Gabaón (1 Crónicas 16:39-42). Interesantemente, estos, de la línea de Sadoc, eran de mayor rango que los que ministraban en Jerusalén.[6] Esto nos sugiere que la mejor música se ejecutaba en el viejo tabernáculo erigido por Moisés, no en la tienda levantada por David.
  3. Comprensión Profética Exagerada: La enseñanza “el tabernáculo de David” atribuye a David una insólita comprensión profética de las realidades futuras que vendrían después en Cristo. Pero nada hay que indica que David levantó un segundo “tabernáculo” con la finalidad de adorar libremente a Dios sin ofrecer sacrificios y ofrendas, y para poder mirar al arca del pacto cuando quisiera. No hay ninguna mención de que David o sacerdote alguno haya entrado a la tienda del arca para mirarla. Si David consideraba que ya no era necesario impedir el acceso al arca mediante un velo, uno no se explica por qué no enseñó esta nueva libertad a Salomón para que fuese incorporada en el culto en el Templo de Jerusalén. Salomón en su oportunidad hizo un gran velo que separó al lugar santísimo del resto del Templo (2 Crónicas 3:14). No se debe pensar que a David ya no le interesaban los sacrificios y las ofrendas levíticas. Al comprar la era de Ornán el jebuseo, David edificó un altar y ofreció holocaustos y ofrendas de paz (1 Crónicas 21:26). Aún en aquella oportunidad David hubiera preferido ir a Gabaón a ofrecer sus sacrificios, pero temía hacerlo porque había pecado al hacer el censo del pueblo de Israel (1 Crónicas 21:28-30). David continuó ofreciendo sacrificios y ofrendas de animales a Jehová, puesto que en ese nivel de revelación operaba. No es correcto atribuirle una comprensión absoluta de lo que vendría con Cristo.
  4. La profecía de Amós referente al “tabernáculo de David”: Casi trescientos años más tarde, el profeta Amós fue enviado por Dios a la nación de Israel para profetizar contra los graves pecados que allí se cometían. La nación israelita se había dividido en dos después de la muerte de Salomón, permaneciendo la dinastía davídica en el trono de Jerusalén, capital de Judá, nación compuesta por las tribus de Judá y Benjamín. Las diez tribus restantes habían formado la nación de Israel sobre la base del culto a dos becerros de oro preparados por Jeroboam, el primer rey separatista. En el último capítulo de su profecía, luego de asegurar que el castigo de Dios vendría pronto sobre la nación israelita, Amós dice lo siguiente: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amos 9:11-12). Es preciso entender qué quiso decir Amós con esa expresión en su oráculo, y qué quiso decir más adelante Santiago, al citar la profecía. Conner, el creador de la doctrina en cuestión, opinaba que Amós estaba hablando sobre la tienda que David había levantado en Jerusalén para recibir al arca del pacto, preocupado por la situación de la falta de adoración y la necesidad de su restauración: “El levantar el Tabernáculo caído de David, cerrar sus portillos y levantar sus ruinas, y edificarlo como en el tiempo pasado ciertamente significaba una restauración del orden de la adoración establecido en ese Tabernáculo“.[7]Sin embargo, los problemas de los tiempos de Amós eran la división del reino entre Israel y Judá, la apostasía de los reyes Jeroboam y Uzías, y la idolatría del pueblo. Para Amós la expresión “yo levantaré el tabernáculo de David” no es la esperanza de volver a danzar y a cantar salmos. Es algo mucho más grande que eso. Es la reunificación y restauración de Israel bajo un solo gobierno. Es la esperanza mesiánica. Además, la palabra hebrea empleada por Amós traducida en la Reina-Valera como “tabernáculo” no es Ohel, la comúnmente usada para describir el Tabernáculo de Moisés, sino Cukkah que significa tienda, carpa o choza. Esta fue la palabra hebrea usada para describir las sencillas tiendas usadas en la fiesta de tabernáculos.[8] Cukkah es una tienda o choza humilde, sencilla, no ostentosa ni gloriosa. La versión popular Dios Habla Hoy y la Nueva Versión Internacional, ambas emplean la palabra “choza” en vez de “tabernáculo” en Amós 9:11 (“…levantaré la choza caída de David.”). Amós no habla literalmente del Tabernáculo de reunión donde antes se hacían las ofrendas bajo el sacerdocio levítico, ni de la tienda de almacenamiento provisorio del arca en tiempos de David, sino metafóricamente de la dinastía davídica, “la casa de David”, que estaba tan lejos del ideal que Dios deseaba. Amós extiende la metáfora de una carpa o choza a un edificio en ruinas. “Levantaré sus ruinas, lo edificaré”. Estas no son expresiones pertinentes a carpas de pieles como las tiendas o tabernáculos del Antiguo Testamento. Amós tampoco estaba hablando del Templo de Salomón, porque durante su tiempo éste estaba en pie y no destruido. Ahí estaba el arca del pacto; y se hacían las ofrendas con regularidad bajo el gobierno de Uzías. Amós lamentaba la división y pecaminosidad de Israel. Su esperanza estaba en el Mesías. Esa esperanza llegó a una proyección global para “todas las naciones”.

Si la enseñanza de Conner sobre la Restauración del tabernáculo caído de David” es simplemente un error de hermenéutica y pura eiségesis alegórica ¿Dónde queda la Danza Ministerial y los excesos en la adoración promovidas en el neopentecostalismo? ¡En ningún lado! Pierden toda razón de ser.

LO QUE LA BIBLIA REALMENTE ENSEÑA SOBRE LA DANZA.

Hay varias expresiones bíblicas que se refieren a “danzar” y “bailar”. De hecho, las Sagradas Escrituras nos informan que los pueblos antiguos manifestaban sus sentimientos por medio de las danzas. Sin embargo, la práctica de las “Danzas Ministeriales” que se ejerce en muchas iglesias no tiene el sustento ni la evidencia bíblica adecuada. Mucho menos atribuir tales cosas al Espíritu Santo y convertir la danza en uno de los “dones ministeriales” tiene apoyo en la Biblia. Estas danzas nunca ocurrieron en los cultos oficiales al Señor en el Antiguo Testamento, es decir en relación al santuario o dentro de sus puertas. Tampoco vemos dicha práctica en las iglesias del Nuevo Testamento ni en las Iglesias Primitivas de los primeros cristianos.

¿Significa esto que debemos excluir por completo la danza de nuestra adoración? No. El uso de la danza ha sido uno de los distintivos del movimiento pentecostal desde sus inicios, pero definitivamente no como se practica en círculos los neopentecostales modernos, los cuales convierten en un show elaborado y artificial lo que en otro tiempo fue una expresión espontánea de gozo, alegría y júbilo. La Biblia no prohíbe usar la danza en la adoración a Dios; de hecho, hace mención de dicha práctica como forma de devoción y alabanza aceptable en el pueblo de Dios. Analicemos las palabras hebreas y griegas para “danza” y observemos la connotación bíblica que se le da a dicha práctica:

  1. Chagg: Se da este caso en 1 Samuel 30:16, donde dicho vocablo se traduce como “festejar”: “El egipcio los guio hasta los amalecitas, los cuales estaban dispersos por todo el campo, comiendo, bebiendo y festejando el gran botín que habían conseguido en el territorio filisteo y en el de Judá.” (NVI). Sobre el significado de Chagg, el Diccionario Strong nos dice: “propiamente moverse en círculo, i.e. (específicamente) marchar en procesión sagrada, observar un festival; por implicación estar alegre”. Dicha expresión no implica ni indirectamente los bailes y danzas ni mucho menos dentro del templo, ni ligadas al Espíritu Santo.
  2. Chîyl o Chuwl: Se usa en Jueces 21:21, donde dice: “y estén atentos. Cuando las muchachas de Siló salgan a bailar, salgan ustedes de los viñedos y róbese cada uno de ustedes una de esas muchachas para esposa, y váyase a la tierra de Benjamín” (NVI). La palabra para “bailar” significa según los diccionarios, danzar en círculos” o “dar vueltas circulantes”. Luego se da el mismo caso en Jueces 21:23. Es interesante notar que estas “danzas circulares” ocurrieron afuera del templo.
  3. Râqad o Karar: Se emplea en 1 Crónicas 15:29 en relación con David: “Pero cuando el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su corazón”. Y también en Job 21:11, Eclesiastés 3:4 e Isaías 13:21. Como podemos notar claramente, la palabra que casi siempre se traduce por “saltar o saltarán” es la misma que a veces se traduce por danzar, especialmente en el caso de David. David “saltaba de alegría”. La danza de David fue un acto de solemne y santo gozo. Para una persona del Cercano Oriente de entonces, esa era una manera natural de expresarse por extraña que nos parezca hoy. De ese modo David expresó su alabanza de agradecimiento y así honró y glorificó el santo nombre de Dios. La danza que David hacía era “saltar” literalmente o dar vueltas. Fue tanto así que Mical lo despreció. Pero lo más importante de todos es que tales actos ocurrieron en un momento de intensa alegría al encontrar y traer de nuevo el Arca del Pacto. No ocurrió dentro del Templo, pero sí fue una expresión de júbilo y alabanza al Señor.
  4. Mâchowl o Machowal: Se deriva de una raíz que significa simplemente voltear. Puede significar girar alegremente en una vuelta. Se emplea en Salmos 30:11, Salmos 149:3, Salmos 150:4, Jeremías 31:13 y Lamentaciones 5:15. La danza, mencionada en dichos versículos, ocurre en diversos contextos. Podemos notar primeramente los lamentos, especialmente en el caso de Jeremías y Lamentaciones. Esto no tiene nada que ver con la adoración ni menos con el templo. Los otros casos, pero los más famosos de todos ocurren con David y sus Salmos. En los Salmos 149:3 y 150:4, el machowal ocurre en el contexto de una lista de instrumentos que se utilizarán para alabar al Señor. El salmista invita al pueblo de Dios para alabar al Señor “por sus proezas” (v. 2) en todos los lugares posibles y con cada instrumento musical disponible y, obviamente, con danzas espontáneas nacidas de una devoción sincera al Señor.
  5. Mechôwlâh: Es la forma femenina de mechôwlâh: Girar alegremente dando vueltas. Se emplea en Éxodo 15:20, donde se nos dice que María “tomó el tamboril en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con tamboriles y con danza. (esto es, alegres giros en vueltas). También se emplea en Éxodo 32:19, Jueces 21:21, 1 Samuel 18:6, 1 Samuel 21:11 y 1 Samuel 29:5. La palabra hebrea “mechowlah” que se traduce como “danza” aparece siete veces. En cinco de los siete casos, la danza es realizada por las mujeres en la celebración de una victoria militar (1 Samuel 18:6, 21:11, 29:5, Jueces 11:34, Éxodo 15:20). María y las mujeres bailaban para celebrar la victoria sobre el ejército de Egipto (Éxodo 15:20). La hija de Jefté bailaba para celebrar la victoria de su padre sobre los amonitas (Jueces 11:34). Las mujeres bailaban para celebrar la masacre de los filisteos por David (I Samuel 18:6, 21:11, 29:5).En otros dos casos, mechowlah se utiliza para describir la danza de los israelitas en torno al becerro de oro (Éxodo 32:19) y la danza de las hijas de Silo en los viñedos (Jueces 21:21). Sin embargo, en ninguno de estos ejemplos la danza es parte de un servicio de adoración en el Templo.
  6. Pâcach: Significa literalmente “danzar como quien está cojeando”: “y (los profetas de Baal) danzaban, sobre el altar que habían hecho” (1 Reyes 18:26). Es un tipo de danza ocurrido en un contexto pagano y por lo tanto no tiene alguna connotación para la adoración a Dios.
  7. Orcheomai: Significaba probablemente levantar de los pies; de ahí, saltar con un movimiento regular. La actuación de la hija de Herodías es el único ejemplo claro de danza artística, forma esta introducida por las costumbres griegas. Este vocablo se emplea en Mateo 11:17, Lucas 7:32, Mateo 14:6 y Marcos 6:22. En dos de estos casos la danza fue hecha por la hija de Herodías, y claramente fue un tipo de baile sensual que era común en aquella comunidad romana.
  8. Choros: Denota en primer lugar un recinto para la danza; de ahí una compañía de bailarines y de cantantes”. Este vocablo se emplea en la parábola del hijo pródigo y claramente Jesús no tenía en mente enseñar de alguna manera indirecta los bailes y su utilización en la iglesia. Simplemente describe la situación y la alegría como lo demostraron aquellos hombres que vivían en el campo.

Debemos enfatizar que los casos en los que la danza es mencionada en la Biblia son tomados, en su mayoría, del Antiguo Testamento. No se registra ningún ejemplo de adoración a Dios a través de la danza en la iglesia primitiva. Incluso si tomamos en cuenta solo el Antiguo Testamento debe admitirse que la mayoría de los casos de la danza fueron ocasiones de alegría y saltos y no daban lugar a la euforia y hasta la sensualidad y exhibicionismo que vemos hoy día en los “ministerios” de danza de muchas iglesias. Por lo tanto es sano concluir que la permisión de ministerios de danza y otras manifestaciones extrañas que ocurren en muchas iglesias no se fundamentan en las Escrituras.

¿QUÉ HAY CON LA “DANZA EN EL ESPÍRITU”? ¿ES BÍBLICA?

Ningún pasaje de las Escrituras habla de “danzar en el Espíritu”. Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica. En diversas culturas, los seres humanos han acostumbrado expresar sus sentimientos por medio de las danzas, pero la Biblia jamás menciona nada semejante a lo que hoy algunos llaman “danzar en el Espíritu”.

Es indiscutible que entre las naciones semíticas (judíos, árabes, etc.), la danza era practicada tanto por hombres como por mujeres. Incluso Jesús hizo mención de ello en el Nuevo Testamento (Mateo 11:17, Lucas 15:25), aunque sin relación con la adoración a Dios, pues la música y las danzas solían acompañar las festividades nacionales y seculares judías. Sin embargo, aunque los escritores del Nuevo Testamento aconsejan a los creyentes alegrarse en el Señor, no hay ninguna recomendación en el Nuevo Testamento, ni mucho menos un mandato para la Iglesia en la dispensación de la Gracia, diciendo que se deba “danzar en el Espíritu”. Pablo, quien a menudo habla de “orar en el Espíritu”, “bendecir en el Espíritu” y “cantar en el Espíritu”, pero jamás de “danzar en el Espíritu”.

Entonces, si ni Jesús, ni Pablo, ni ninguno de los otros apóstoles habló jamás de la danza en el Espíritu ¿Por qué en muchas iglesias pentecostales se dan cierto tipo de experiencias extáticas extrañas, irreverentes, y hasta risibles, que involucran “danza”, contorsiones, movimientos extraños y cosas semejantes, bajo efecto de una posesión espiritual atribuida al Espíritu Santo? ¿Es esto obra del Espíritu Santo?

Como pentecostales, no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo entre los creyentes. Sin embargo, creo que hemos confundido lo que es una manifestación genuina del Espíritu Santo con nuestra reacción emocional ante el toque de Dios. Quienes hemos experimentado el toque del Espíritu Santo en nuestras vidas sabemos que en algunos momentos no es tan fácil incluso controlarse ante el derramamiento del poder de Dios: quisiéramos llorar, saltar, gritar, movernos, brincar y si… danzar. Pero esa no es la manifestación de la presencia o llenura del Espíritu Santo, ni siquiera de su toque. Es más, ciertas danzas, expresiones, estilos de oración y muchas otras cosas que ocurren en muchos cultos evangélicos no son espontáneos, sino ensayadas, aprendidas, imitadas y, en el peor de los casos, fingidas por algunos para aparentar la llenura del Espíritu y lucir piadosos. Son meramente comportamientos aprendidos, una reacción acorde con lo que se espera que pase. Sin embargo, la Palabra nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más autodominio posee. Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana. El descontrol de nuestros sentimientos, emociones y reacciones físicas no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios, sino todo lo contrario:

“Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” (1 Corintos 14:32, LBLA).

“Porque a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden. Como es costumbre en nuestras iglesias” (1 Corintios 14:33, TLA).

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Timoteo 1:7, NTV).

La danza en el Espíritu no debería ser punto de honor en las iglesias. Ciertamente, hay otras maneras más decorosas y edificantes para los que nos rodean, de agradecer a Dios por su amor y bondad, que ciertas prácticas extravagantes que pueden llegar a despertar solamente la curiosidad carnal. En conclusión, el “danzar en el Espíritu” no es bíblico. No fue una práctica de la iglesia primitiva, no fue enseñada por Jesús (ejemplo supremo de llenura del Espíritu) ni por ninguno de los apóstoles. Es simplemente una reacción emocional de algunos que, más que edificación, trae oprobio y burla sobre la iglesia.

En otros casos, la llamada “danza en el Espíritu” es una expresión de religiosidad popular propia de iglesias en las cuales el sincretismo predomina por encima de la Palabra. Muchos investigadores apuntan a la posibilidad de que este fenómeno haya surgido fruto del sincretismo religioso con cultos de origen animista, donde la posesión y las experiencias extáticas desordenadas son comunes. Quizá esto no suene agradable para algunos, pero es la verdad. Una verdad que se tenía que decir: La “danza en el Espíritu” no es bíblica.

CONCLUSIÓN.

¿Está prohibido usar la danza como expresión de júbilo y adoración a Dios? ¡En ninguna manera! Ya hemos visto que la Biblia sí registra ejemplos en los que la danza fue empleada en la adoración o alabanza a Dios. Sin embargo, hay algunos principios a tener en cuenta al considerar la danza como expresión de adoración:

  • Eclesiastés 3:4 — hay un momento apropiado para danzar (y por consiguiente un momento inapropiado para danzar).
  • Salmo 149:3; 150:4 — ambos pasajes mencionan que podemos alabar o adorar a Dios con danza.
  • Primera Corintios 6:19-20 — nuestros cuerpos pertenecen a Dios, y son el templo del Espíritu Santo. Así que todo lo que hacemos debe honrarle a él. Esto incluye la danza.
  • Sin embargo, en esto, como en todo, debemos recordar que: “a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden.” (1 Corintios 14:33, TLA).

La danza, como instrumento de adoración y expresión de júbilo no está prohibida. Lo que sí es prohibido e incorrecto es convertir en un ministerio algo que jamás lo fue o, peor aún, convertirlo en doctrina y práctica oficial de la iglesia, dándole un carácter místico y herético que escapa de la intención de los escritores sagrados. Sobre todo, la enseñanza sobre el Tabernáculo de David y su supuesta restauración en nuestra época carece del más mínimo fundamento bíblico.

REFERENCIAS:

[1] Tara Gilyard, Prophetic Dance: Communicating Divine Revelation Through Movement, PublishAmerica (2006).

[2] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 3.

[3] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 126.

[4] James Strong,Strong’s Exhaustive Concordance, (New Jersey: Madison, 1890) citado en Conner, pag. 9.

[5] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 156.

[6] Donald Guthrie, Nuevo Comentario Bíblico, (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989), pág. 291.

[7] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 147.

[8] Robert Baker Girdlestone, Sinónimos del Antiguo Testamento (Barcelona: CLIE, 1986), p. 236.

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Crisis en la adoración y liturgia pentecostal

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La liturgia (Del latín tardío liturgĭa, y este del griego λειτουργία, servicio público) se define como “Orden y forma con que se llevan a cabo las ceremonias de culto en las distintas religiones.”[1] En el Nuevo Testamento, escrito en el dialecto griego llamado κοινέ (koiné), esta palabra se utiliza para denotar (1) servicio, asistencia, con la implicación de un servicio formal y constante (2 Corintios 9:12; Filipenses 2:17, 2:30); (2) un ministerio, una función o asignación al servicio (Hebreos 8:6); (3) la realización de tareas religiosas, servicio religioso, cumplimiento de los ritos ceremoniales (Lucas 1:23; Hebreos 9:21).[2]

Aunque muchos relacionan la liturgia con la rutina, la liturgia, entendida como forma de adoración, es capaz de comunicar el evangelio con aquellas partes del hombre que podemos definir como sentimientos, emociones, todo el mundo plástico-simbólico de su mente, su subconsciente. Si la fe se limitara a su elemento teórico, doctrinal y filosófico, la fe sería meramente un acto racional. El hombre necesita adorar con cada parte de su ser, no solo con el intelecto. Aunque en la Biblia se nos manda adorar con el entendimiento (1 Corintios 14:15, Salmos 47:7), si las emociones y sentimientos del adorador no participan, tal adoración (si s ele puede llamar así) no pasa de ser un mero formalismo. El alma queda vacía y sin fruto. La liturgia, al comunicarse más con el inconsciente, hace algo con nosotros a un nivel diferente que la razón. Es ahí donde reside su importancia.

 

LA BELLEZA DE LA LITURGIA PENTECOSTAL CLÁSICA.

A diferencia de otros movimientos, el pentecostalismo ha añadido a su forma litúrgica una serie de elementos que han hecho marcar una diferencia del resto de cultos. La liturgia pentecostal no solamente radica en el relato del Pentecostés (Hechos 2) sino que se vale de otros aportes bíblicos. De esta forma la base bíblica del culto pentecostal puede hallarse en la teología lucana (Lucas y Hechos), el libro de los Salmos y algunos aportes de las cartas paulinas (1 Tesalonicenses, 1 Corintios y Hebreos).

Entre algunos de los rasgos de las iglesias pentecostales se enumeran: El gran fervor y la emotividad en los cultos, espontaneidad y libertad en las oraciones, oraciones privadas, pero dirigidas al Señor al mismo tiempo, respuesta personal, verbal y corporal a las predicaciones, amenes, glorias y aleluyas, coros y estribillos acompañados con palmadas y a veces con movimientos del cuerpo y la práctica de hablar en lenguas. La gran emotividad que se da en la vida cúltica es atribuida a la presencia del Espíritu Santo en todo momento. Asimismo, es necesario señalar que en algunos grupos se practica la sanidad corporal, como parte rutinaria del culto y a veces en grandes campañas públicas. Los cultos pentecostales casi siempre son evangelísticos con un llamado a las personas no convertidas.[3]

Los estudios que se han realizado acerca de la liturgia pentecostal resaltan la importancia de la experiencia del derramamiento del Espíritu Santo en el pentecostés. También el papel importante que juega la música en la liturgia pentecostal. A esta música se le ha incluido elementos culturales de las regiones. Es característico de esta música incluir instrumentos musicales de viento y de percusión, instrumentos que emiten sonidos que invitan al receptor a tomar una actitud activa y no pasiva dentro de la celebración. No en vano las expresiones musicales pentecostales se consideran uno de los principales ejes en la construcción de la identidad del movimiento.[4]

Pero el pentecostalismo se distingue de otros movimientos incluso en la música que emplea en sus servicios de adoración. Desde sus inicios el culto pentecostal ha sido acompañado de música, pero no la llamada música sacra o del siglo pasado sino que es una música autóctona y que así mismo se desarrolla con instrumentos propios de cada región. Lo anterior lleva a expresiones como: cantar, danzar, hablar en lenguas, batir las manos, dar completa libertad al Espíritu Santo, el cual se manifiesta con dones y milagros.[5]

De este modo, la adoración o liturgia pentecostal se desarrolla alrededor de la oración espontanea o “en el espíritu” (Efesios 6:18, Apocalipsis 1:10, 4:2, 17:3, 21:10). Así mismo es común que en los momentos de oración o alabanza, todos oren al mismo tiempo. La alabanza se describe como una experiencia con Dios en donde se goza, se canta “con el corazón”, se aplaude, se alaba con las emociones, en algunas ocasiones se danza así como es posible que se den expresiones de júbilo o expresiones libres. De esta forma se puede decir que comúnmente la alabanza y la oración se entremezclan en una sola, a lo que se ha denominado “ministración”, haciéndose experiencias vivas y en ocasiones impredecibles, que tienen como objetivo conducir hacia una fuerte experiencia de encuentro con Dios.[6]

 

PERDIENDO EL RUMBO EN LA ADORACIÓN.

Como señal distintiva, los cultos de las Iglesias pentecostales siempre han sido cultos participativos en los cuales todos los creyentes pueden cantar, predicar, dar testimonio y orar públicamente. Pero esto está cambiando de forma peligrosa y amenaza con destruir las bases mismas sobre las cuales se fundamenta nuestra liturgia. Hoy día, en las iglesias carismáticas y neo carismáticas los cultos son dirigidos por los “especialistas”, las prédicas se parecen más a conferencias masivas orientadas a subir la “autoestima” de los fieles, se recorta la participación de la membresía en el púlpito (los cantos especiales, los testimonios o las oraciones), y los cantos parecen ser una suerte de gimnasia colectiva que los desconecta de la realidad en la que viven.[7]

En muchas iglesias pentecostales modernas, los cultos se asemejan a conferencias, en las cuales el tema central se basa en la búsqueda de soluciones prácticas para los problemas de la vida cotidiana, los pasos para alcanzar la plenitud financiera, la autorrealización, vida conyugal, etc. Los temas clásicos pentecostales como la santidad, la persona del Espíritu Santo, la obra de Cristo en la cruz, entre otros, ahora son dejados para la Escuela Dominical. Esta transformación del culto está haciendo que los dones del Espíritu ya no estén presentes en las reuniones.

Debe tenerse en cuenta que, en sus inicios, las iglesias pentecostales no tenían ministerios ni ministros de alabanza, todo el pueblo cantaba, los cultos eran participativos y había horizontalidad en el canto. La democracia del Espíritu, más que un discurso, era una realidad visible. Los aleluyas y los gloria a Dios eran espontáneos, señal de una relación fresca y cotidiana con Dios, expresión visible y genuina de vigor espiritual. En los cultos pentecostales no había sonidos innecesarios ni estridentes de instrumentos musicales, ni “ungidos” dirigiendo los cantos, sino un pueblo que adoraba al compás del Espíritu, con cantos y palabras de alabanza nacidas del corazón, fruto de una experiencia espiritual intensa que daba cuenta de la presencia de Dios caminando en y con el pueblo de a pie reunido en el culto. El sacerdocio de todos los creyentes era una realidad cotidiana, una señal de la democracia en el Espíritu, todos los creyentes eran ministros y tenían acceso directo al Dios de la vida en el nombre de Jesús y en el poder del Espíritu. ¡Cuánto ha cambiado el contenido, la estructura, y la naturaleza festiva de nuestros cultos! En un porcentaje creciente de iglesias pentecostales de todas las denominaciones, ¡el espectáculo ha reemplazado al culto! ¡El exhibicionismo al encuentro con Dios! ¡Los profesionales del canto al canto libre del pueblo de a pie!

La dinámica pentecostal está cambiando, y no necesariamente para bien. Y es que con un nuevo estilo de culto neo pentecostal, en donde se pone como prioridad un mensaje completamente motivacional y en donde se busca además, proyectar una imagen agradable a los que visitan por primera vez la congregación, las manifestaciones sobrenaturales no tienen más espacio, pues ellas “asustan” y alejan a los que visitan por primera vez la congregación pentecostal. En el culto neo pentecostal pareciera que el ser humano pasa a ser el centro (antropocentrismo), pareciera también que todo es para él (letras de las canciones, el mensaje de la Palabra, testimonios) y que es realizado con la intención de satisfacer sus propias necesidades. Es decir, es un culto que busca captar la atención del hombre, ya no de Dios. Más emocionalismo y dramatismo es buscado y apreciado por los creyentes, convirtiendo el culto a Dios en un mero espectáculo diseñado para complacer al hombre y buscar su comodidad más que adorar a Dios.

Hoy, más que manifestaciones del Espíritu, los cultos pentecostales sobresalen por el uso de la tecnología, las luces, la predicación motivacional y una alabanza contemporánea. Este tipo de iglesia “modernizada” hace del culto un acto de “recibir de Dios su bendición” y ya no de “darle a Dios la adoración”.

 

HEMOS PERDIDO EL RUMBO DE NUESTRA ADORACIÓN.

La adoración está reservada sólo a Dios. Sólo Él es digno de ser adorado (Apocalipsis 19:10). Los pentecostales sabemos esto de memoria. Sin embargo, pareciera que hemos perdido el rumbo. En un intento por autocomplacernos y hacer de nuestra adoración un espectáculo socialmente aceptable o, cuando menos gratificante a los sentidos, hemos terminado adorándonos a nosotros mismos y a nuestros gustos particulares. Esto se debe a que hemos olvidado lo que significa adoración.

Hemos llenado nuestros templos con el ruido de los instrumentos, pero los hemos vaciado de poder de lo alto. Hemos colmado de luces, humo y grupos de danza nuestros servicios religiosos, pero la presencia de Dios ha abandonado nuestros templos. Hemos sustituido a los verdaderos adoradores y en su lugar hemos puesto actores profesionales disfrazados de ministros de alabanza. Peor aún, hemos sustituido las letras edificantes de nuestros himnos por música frívola y doctrinalmente incorrecta. De nosotros, Dios bien podría decir: “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” (Jeremías 2:13, NVI).

Quizá debamos preguntarnos nuevamente ¿Qué significa adorar? Adorar proviene del término adoris del latín formado por el prefijo ad (hacia) más el verbo orare (hablar). Adorar es pues, en su etimología, hablar hacia Dios o a Dios. Adorar, por lo tanto, no se trata de nosotros, sino de Dios. No se trata de nuestros gustos personales o de agradarnos a nosotros mismos, sino a Dios. No se trata de un show elaborado que satisfaga nuestras expectativas y alegre los sentidos, pues la adoración auténtica no proviene de la carne, sino del Espíritu: “los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” (Juan 4:23-24, NVI).

Adorar a Dios implica hacer las cosas a su manera, no a la nuestra, pues de lo contrario quizá estemos introduciendo fuego extraño en la adoración a nuestro Dios (Levítico 10:1-11). Nuestra liturgia debe amoldarse a la palabra de Dios, no a las modas del mundo: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19). Haríamos bien en seguir el consejo de Pablo: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI).

Amados hermanos pentecostales: “Así dice el Señor: Deténganse en los caminos y miren;  pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado.” (Jeremías 6:16).

 

REFERENCIAS:

[1] Real Academia Española, consultado en línea en: https://dle.rae.es/?id=NSUsi9e

[2] James Swanson, Diccionario Swanson, pp. 3311.

[3] Clement, A. (2003). Los pentecostales y carismáticos. U.S.A.: Editorial Concordia.

[4] López, D. (2006). La fiesta del Espíritu: espiritualidad y celebración pentecostal. Lima: Ediciones Puma.

[5] Dayton, D. (1996). Raíces Teológica del Pentecostalismo. Buenos Aires, Argentina: Editorial Nueva creación.

[6] Schutmaat, A. (1985). Culto cristiano. San José, Costa Rica: Sebila.

[7] López, Darío. Pentecostalismo y Misión Integral. Teología del Espíritu, teología de la vida, p. 110, Puma, 2008.

Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Cristocentricidad del Pentecostalismo

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Son muchas las iglesias que no predican un mensaje Cristocéntrico. Es interesante notar que muchos cristianos no pueden ni darse cuenta de esto, incluso hay algunos que nunca han escuchado este término, por lo cual se preguntaran: ¿Qué es un mensaje Cristocéntrico? Pues es aquel que coloca al Señor Jesucristo en el centro de toda la prédica, porque Él es el autor de nuestra redención (Hebreos 12:2). Por Él todas las cosas existen y por Él todas fueron hechas (Colosenses 1:16). El auténtico pentecostalismo es, ante todo, un Evangelio Cristocéntrico.

Aunque desde su origen, ha sido percibido principalmente como un “movimiento del espíritu”, el Espíritu Santo no es el foco principal del pentecostalismo en absoluto. Más bien, es Cristo. La espiritualidad pentecostal está imbuida y anclada en un encuentro con Cristo en tanto que se le representa por sus múltiples roles como Salvador, sanador, bautizador con el Espíritu Santo y Rey que viene pronto. Todo lo que los pentecostales buscamos viene de Cristo: el que salva, el que sana, el que empodera con el Espíritu (y así brinda dones espirituales) y el que pronto cumplirá las esperanzas escatológicas cristianas.

Es a partir de este esquema cuádruple que emergió el término “Evangelio Completo”. El Espíritu Santo, más que ser el centro, es el intermediario que comunica a la iglesia del Señor todas las bendiciones que emanan de la persona de Cristo:

“Pero, cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá solo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. Todo cuanto tiene el Padre es mío. Por eso les dije que el Espíritu tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes.” (Juan 16:13-15, NVI)

Cualquiera que haya asistido a un típico servicio de adoración pentecostal de adoración rápidamente encontrará la expectación, deseo y hambre por “encontrarse con el Señor”. Como los cristianos de la iglesia primitiva, los misioneros y evangelistas pentecostales que van a las ciudades y pueblos en sus propios países o al extranjero a predicar el evangelio completo, no predican las buenas nuevas del Espíritu sino las de Cristo.

 

ENFOQUE CRISTOCÉNTRICO DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL.

El esquema del evangelio completo emergió de la predicación y testificación pentecostal temprana. Una de las pioneras del pentecostalismo, la legendaria Aimee Semple McPherson acuñó el término evangelio “cuadrangular” durante una campaña evangelística en Oakland, California, en 1922, mientras hablaba de Cristo en sus cuatro roles como salvador, sanador, bautizador con el Espíritu y Rey que viene pronto. De esta predicación nació una de las denominaciones pentecostales más antiguas, la Iglesia Cuadrangular. Algunos otros pentecostales, provenientes principalmente de movimientos de Santidad, sumaron el papel de Cristo como santificador al esquema y así el término “Evangelio Completo” fue añadido al diccionario cristiano.[1]

La “cristocentricidad” del mensaje predicado por nosotros, los pentecostales, se refleja en los 4 postulados básicos o verdades cardinales del pentecostalismo clásico:

 

  1. Cristo como Salvador: El primer y más importante aspecto de la doctrina pentecostal es que Jesucristo es el único medio de salvación para la persona. La salvación no es por obras sino por gracia por medio de la fe, nadie se puede salvar a sí mismo (Efesios 2:8). Los pentecostales creemos que Jesucristo, vino a la tierra y murió en nuestro lugar. La muerte de Jesús, fue un pago infinito por nuestros pecados (2 Corintios 5:17). De esta manera, Jesús murió para pagar el castigo por nuestros pecados (Romanos 5:8). Él pagó el precio para que nosotros no lo tuviésemos que hacer. La resurrección de Jesús de entre los muertos probó que Su muerte fue suficiente para pagar el castigo por nuestros pecados. ¡Esa es la razón por la cual Jesús es el único Salvador! (Juan 14:6; Hechos 4:12). Y ese es el primer pilar de nuestra fe pentecostal.

 

  1. Cristo como Sanador: El rol de Cristo como sanador significa que mientras que los pentecostales valoramos muy positivamente el tratamiento médico, a la vez creemos en el continuo ministerio sanador de Cristo, ya sea físico o mental, gradual o instantáneo. El creyente pentecostal busca activamente y desea ansiosamente sanidades aquí y ahora.

 

  1. Cristo como Bautizador: El bautismo del Espíritu es el sello del pentecostalismo. A diferencia de la tradición cristiana general, en la que el bautismo del Espíritu es equiparado con el nuevo nacimiento y la justificación, los pentecostales lo consideran un segundo evento, una experiencia de empoderamiento para el servicio y la testificación. En su mayoría los pentecostales, si bien no todos, creemos que hablar en lenguas es la evidencia inicial de la recepción del bautismo del Espíritu. Todos los pentecostales creemos además que los dones carismáticos están disponibles para los cristianos bautizados por el Espíritu. Cristo es quien nos imparte dicha bendición.

 

  1. Cristo, el Rey que Viene: El asunto final del esquema del evangelio completo refleja el fervor escatológico de los pentecostales: esperan el retorno de Cristo para establecer el reino. De nuevo, esta es una creencia compartida por todos los otros cristianos. La vitalidad de la expectación pentecostal, en todo caso, es el ímpetu por “terminar el trabajo” de evangelizar el mundo. La promesa de Cristo antes de su ascensión de que el poder de lo alto haría testigos a todos sus seguidores (Hechos 1:8) ha sido abrazada literalmente. En el día de pentecostés esta promesa fue totalmente cumplida. Como consecuencia, los pentecostales creemos que ambos hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, tenemos acceso al poder del Cristo resucitado como resultado de la efusión del Espíritu al fin de los tiempos. Como resultado de esto, ha habido el despliegue de una empresa misionera sin precedentes –y es, más allá de toda duda, numéricamente exitosa.

 

Esta espiritualidad cristocéntrica del evangelio completo es lo que define al pentecostalismo. Y no es negociable. Todos los demás aspectos son secundarios y la diversidad del movimiento pentecostal testifica de ello: En el pentecostalismo podemos encontrar todo tipo de estructuras eclesiales, desde la autonomía de la iglesia local en el pentecostalismo escandinavo, pasando por el gobierno de tipo presbiteriano de las altamente organizadas Asambleas de Dios (USA), hasta las muy jerárquicas estructuras episcopales en muchas iglesias afroamericanas y del sur global. La diversidad y creatividad de los títulos para las iglesias pentecostales es asombrosa ¡Hasta el punto en que ocasionalmente a los pentecostales nos resulta difícil reconocernos entre nosotros mismos!

 

ENFOQUE CRISTOCÉNTRICO DE LA ESPIRITUALIDAD PENTECOSTAL.

La espiritualidad pentecostal es la conciencia y experiencia personal y directa de la morada continua y permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente, por la cual el Cristo resucitado y glorificado es revelado, y el creyente es empoderado para testificar y adorar con la abundancia de su vida como es descrito en los Hechos y las Epístolas. Un aspecto característico de esta forma de vida es un amor por la Palabra de Dios, el fervor en la oración y la testificación en el mundo y hacia el mundo, y una preocupación de vivir por el poder del Espíritu Santo. Contrario a la mala concepción de muchos, los pentecostales a pesar de su énfasis en la experiencia, no abogan por el tipo de “entusiasmo” que separa de la Palabra de Dios: Los pentecostales somos tan amantes de la Palabra como cualquier otro creyente devoto de tradición reformada, luterana, metodista o cualquier otra. El deseo pentecostal entusiasta de experimentar a Dios y el poder del Espíritu Santo aquí y ahora descansa en la Palabra de Dios, la cual nos garantiza un acceso directo a Dios para todos.

 

CONCLUSIÓN.

Los pentecostales no nos avergonzamos al afirmar que poseemos un Evangelio Completo. Pero esto no con arrogancia. El término “Evangelio Completo” simplemente significa que el don de Dios para Su pueblo no carece de nada. Mientras que los seres humanos nunca pueden agotar la plenitud de Cristo, Cristo es la encarnación de todos los dones de Dios. Los pentecostales no somos “fanáticos del Espíritu” que ponen la experiencia subjetiva por encima de la Palabra y otorgan a Cristo un papel secundario, como algunos quisieran caricaturizarnos. El Espíritu que ha llenado nuestros corazones no presta atención a sí mismo sino a Cristo, y a través de Cristo al Padre. La espiritualidad pentecostal se centra en Cristo y a Él vuelve una y otra vez.

 

REFERENCIAS:

[1] Se recomienda la lectura del brochure: Presentando el Evangelio Cuadrangular: Ministrando en Totalidad, Sanidad, Poder y Esperanza a través del Evangelio Cuadrangular. Publicado por la iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular.

 

 

 

 

Continuismo, Pentecostalismo Clásico

Pentecostalismo: ¿Fuego extraño o fuego santo?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pentecostalismo, o movimiento pentecostal, es un movimiento evangélico que incluye un amplio número de denominaciones, iglesias independientes y organizaciones paraeclesiásticas que recalcan la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo. Surgió primero en Norteamérica a principios del siglo XX, cuando miembros del movimiento de santidad wesleyano experimentaron el fenómeno espiritual denominado glosolalia (hablar en lenguas), hecho que identificaron como la evidencia bíblica de haber sido bautizados en el Espíritu Santo (Hechos 1:8, 2:1-4). En la creencia pentecostal, el bautismo en el Espíritu Santo suministra al creyente un poder sobrenatural que incluye los carismas de 1 Corintios 12:8-10.

El pentecostalismo carece de un dirigente mundial debido a las diferentes creencias y opiniones sobre doctrinas, prácticas y liturgia existentes entre sus distintas organizaciones. Una iglesia pentecostal puede trabajar de forma independiente o estar afiliada a una organización religiosa de mayor cobertura. Sus ritos, prácticas y costumbres dependen de la corriente con la cual se identifique. En este sentido, se pueden distinguir tres “olas” en el movimiento pentecostal de nuestro siglo.

La primera es el pentecostalismo clásico que se vincula a la experiencia de “hablar en lenguas” que tuvo Agnes Oxham durante un servicio de sanidad divina en Topeka, Kansas, Estados Unidos, en vísperas del año nuevo de 1900. Este movimiento se extendió rápidamente en sectores populares de los Estados Unidos y pronto fue llevado con celo misionero también a otras partes del mundo. Puede decirse que esta ola es una forma popular del protestantismo que conforman denominaciones como las Asambleas de Dios o la Iglesia Cuadrangular. Brotes espontáneos de este tipo se dieron en América Latina en casos como el de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile y el movimiento “Brasil para Cristo”.

Algo diferente sería la segunda ola conocida también como “Movimiento Carismático” que hacia la década de los sesenta se extiende en el seno de las denominaciones protestantes antiguas como luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas, o aun de la Iglesia Católica Romana. La glosolalia o la sanidad divina son parte de este movimiento, pero su característica sociológica no tiene las marcas de lo popular como en el caso del pentecostalismo clásico. Como en general no forma denominaciones separadas, conserva las características sociológicas de las denominaciones dentro de las cuales se manifiesta.

La tercera ola se puede definir como neocarismática o neopentecostal. Estaría representada por las nuevas iglesias sin tradición de denominación clara, aparecidas en años más recientes alrededor de figuras carismáticas. Según la World Christian Database, el número de pentecostales clásicos asciende a 78 millones, los carismáticos suman 192 millones y los neopentecostales, 318 millones.

Aunque el pentecostalismo experimentó fuerte oposición en sus inicios, gradualmente fue ganando reconocimiento y aceptación dentro del mundo evangélico al punto que, hoy en día, constituye el sector de mayor crecimiento dentro del protestantismo. Sin embargo, no todos han extendido la mano de confraternidad hacia el pentecostalismo. En ciertos sectores del evangelicalismo tradicional, principalmente en el bloque calvinista o reformado, los oponentes al movimiento pentecostal no solo son muchos, sino también cada vez más agresivos. Por ejemplo, en su polémico libro “Fuego Extraño” el pastor John MacArthur califica al Movimiento Pentecostal y Carismático[1] como una herejía peligrosa que debe ser combatida por los demás cristianos:

“Es hora de que la iglesia evangélica se levante y recupere un enfoque adecuado de la persona y la obra del Espíritu Santo. La salud espiritual de la iglesia está en juego. En las últimas décadas, el movimiento carismático se ha infiltrado en el evangelicalismo tradicional irrumpido en el escenario mundial a un ritmo alarmante. Es el movimiento religioso de más rápido crecimiento en el mundo. Los carismáticos suman ya más de quinientos millones en todo el orbe. Sin embargo, el evangelio que está conduciendo a esos números no es el verdadero evangelio y el espíritu detrás de ellos no es el Espíritu Santo. Lo que estamos viendo es, en realidad, el crecimiento explosivo de una iglesia falsa, tan peligrosa como cualquier secta o herejía que haya atacado al cristianismo…. fue una farsa y un engaño desde el principio y no ha cambiado a algo bueno”[2]

MacArthur llega al extremo de afirmar:

“La teología carismática no ha hecho ninguna contribución a la verdadera teología o la interpretación bíblicas, sino que representa una mutación desviada de la verdad. Al igual que un virus mortal, obtiene su acceso a la iglesia manteniendo una relación superficial con ciertas características del cristianismo bíblico, pero al final siempre corrompe y distorsiona la sana doctrina. La degradación resultante, como una versión doctrinal del monstruo de Frankenstein, es un híbrido repugnante de la herejía, el éxtasis y la blasfemia torpemente vestido con los restos destrozados del lenguaje evangélico. Se llama a sí misma «cristiana», pero en realidad se trata de una farsa, un simulacro de una forma de espiritualidad que continuamente se transforma como en un espiral errático de un error a otro.”[3]

Para MacArthur, lo pentecostales ni siquiera deberíamos ser considerados evangélicos, por lo que deberíamos ser rechazados por la comunidad cristiana en general:

“A pesar de sus graves errores teológicos, los carismáticos exigen su aceptación dentro de la corriente tradicional evangélica. Y los evangélicos han sucumbido en gran parte a esas demandas, respondiendo con los brazos abiertos y una sonrisa de bienvenida. De este modo, el evangelicalismo tradicional ha invitado inadvertidamente a un enemigo a entrar. Las puertas se le han abierto de par en par a un caballo de Troya lleno de subjetivismo, experimentalismo, compromiso ecuménico y herejía. Los que se comprometen de esta manera están jugando con fuego extraño y poniéndose en grave peligro.”[4]

“En generaciones anteriores, el movimiento carismático pentecostal habría sido etiquetado como herejía. En cambio, ahora es la estirpe más dominante, agresiva y visible del llamado cristianismo en el mundo. Pretende representar la forma más pura y poderosa del evangelio. Sin embargo, proclama ante todo un evangelio de salud y riquezas, un mensaje totalmente incompatible con las buenas nuevas de las Escrituras. Todos los que se oponen a su doctrina son acusados de aflicción, apatía, resistencia e incluso de blasfemia contra el Espíritu Santo. No obstante, ningún movimiento arrastra su nombre por el fango con mayor frecuencia o audacia.”[5]

MacArthur concluye su libro afirmando:

“La teología carismática es el fuego extraño de nuestra generación y los cristianos evangélicos no deben coquetear con ella a ningún nivel.”[6]

MacArthur se proclama a sí mismo como cesacionista, lo cual explica en parte su férrea oposición al pentecostalismo. Sin embargo, él no es el único en despreciar al Movimiento Pentecostal. En diversos círculos religiosos, principalmente calvinistas, la opinión desfavorable hacia el pentecostalismo, o carismatismo, permanece:

“¿Es bíblico el movimiento carismático? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que, desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de Satanás ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el Jardín del Edén, cuando la serpiente le preguntó a Eva, “¿Con que Dios os ha dicho…” (Génesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho? Desde ese día, él continúa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que Satanás ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8).”[7]

Nos preguntamos ¿Cuál es el problema con MacArthur y otros cristianos no pentecostales? ¿Por qué etiquetan, generalizan y desprecian a todo el movimiento pentecostal y carismático de esa forma? El celo ministerial y el cada vez más persistente decaimiento en las iglesias reformadas, en contraposición a la vitalidad y crecimiento del Movimiento Pentecostal, podrían explicar en parte tal oposición.

MACARTHUR, LOS CALVINISTAS Y EL CESACIONISMO.

John MacArthur es ampliamente conocido en el mundo evangélico. Además de ser pastor y autor es también popular gracias a su programa de radio Grace to You (Gracia a Vosotros). Es el pastor y maestro de la Grace Community Church en Sun Valley, California desde el 9 de febrero de 1969 y actualmente es también el presidente de The Master’s University en Newhall, California y de The Master’s Seminary en Los Ángeles, California.

Teológicamente, MacArthur es considerado un calvinista, y un fuerte defensor de la predicación expositiva. Ha sido reconocido por Christianity Today como uno de los predicadores más influyentes de su tiempo. Pero eso no es todo, MacArthur es cesacionista[8], y es una de las voces más prominentes en la iglesia en contra de las creencias continuistas del pentecostalismo y del movimiento carismático. En relación con el movimiento pentecostal, MacArthur ha llegado incluso a afirmar de forma tajante:

“Esto es el trabajo de Satanás, es el trabajo de la oscuridad, y no ha de ser atribuido al Espíritu Santo.”[9]

No nos extraña que MacArthur piense de esa manera. MacArthur, y muchos otros que se identifican como cesacionistas, niegan la continuidad de los dones espirituales. Ellos afirman que, al sostener dicha postura, buscan proteger las doctrinas de la suficiencia y la finalización de la Escritura. Sin embargo, esta es una excusa. Hay motivos siniestros detrás de esta doctrina, como su incredulidad y el temor de que esta incredulidad sea expuesta si se aventuran. Lejos de admitir su error teológico, los cesacionistas prefieren crucificar a Cristo con sus plumas, sólo para callarle, antes que admitir que luchan con la incredulidad. La incredulidad persistente de muchos calvinistas y otros sectores del protestantismo no les permite ver que la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu no compromete la suficiencia y la finalización de la Escritura. Pero en su intento por desprestigiar al pentecostalismo, los cesacionistas como MacArthur afrentan a Dios y niegan la veracidad de la Biblia, libro que pretenden defender. Si de verdad creyeran en la Biblia, lo cesacionistas tendrían que admitir la continuidad de los dones del Espíritu para nuestra época al igual que los pentecostales.

LA BIBLIA ENSEÑA EL CONTINUISMO.

Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración?

También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento.

Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

DESHONESTIDAD INTELECTUAL Y TEOLÓGICA DE JOHN MACARTHUR.

En uno de sus sermones sobre el enfoque bíblico de crecimiento de la iglesia, John MacArthur insistió en que los métodos de crecimiento de la iglesia que se basan en las teorías de negocios y trucos de marketing son infieles y destructivos. Estoy totalmente de acuerdo con él en eso. MacArthur propuso que los cristianos deben regresar a los Hechos de los Apóstoles,[10] ya que allí el método divino modelado por los primeros discípulos se establece. Él no se refería a un modelo neotestamentario en un sentido general, pero insistió en que hay que seguir el libro de los Hechos.

Luego, en el curso del sermón, ofreció cinco principios que había derivado: La iglesia primitiva tuvo 1) Un mensaje trascendente, 2) Una congregación regenerada, 3) Una valiente perseverancia, 4) Una pureza evidente, y 5) Un liderazgo cualificado. Sin embargo, cualquier expositor honesto debería haber añadido, 6) Un hablar en lenguas, sanidad de paralíticos, resurrección de muertos, expulsión de demonios, visiones, profecías y ministerios milagrosos. Todas estas cosas se registran en el libro de los Hechos, ¿No es así? ¿Por qué entonces MacArthur lo omite? ¿Qué libro de los Hechos estuvo leyendo MacArthur? ¿Es este el campeón de la predicación expositiva que tantos cristianos adoran? La predicación expositiva obliga al predicador a abordar temas con los que no se siente cómodo, y exponer lo que él podría encontrar difícil de aceptar ¿Qué pasó con eso? Pareciera que MacArthur olvidó que, como teólogo honesto que dice ser, no debe permitir que el prejuicio y la mentira oscurezcan las claras enseñanzas de la palabra de Dios. Es muy difícil, si no imposible, excusar a alguien de su calibre por no mencionar los milagros cuando él mismo, con tanto celo e indignación, reprende a las iglesias por no seguir el patrón en el libro de los Hechos.

Señores cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo, viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? ¡Hipócritas! Pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad.

¿Y QUÉ HAY CON LAS ACUSACIONES MORALES QUE MACARTHUR Y MUCHOS OTROS ARROJAN SOBRE EL PENTECOSTALISMO?

En su polémico libro “Fuego Extraño”, MacArthur arroja lodo sobre la reputación del Movimiento Pentecostal al afirmar:

“La trágica ironía es que el movimiento que se cataloga a sí mismo como «lleno del Espíritu» resulta notorio por la inmoralidad sexual, las irregularidades financieras y la mundanalidad ostentosa en la vida de sus líderes más visibles… el movimiento carismático se ve manchado con regularidad por el escándalo.”[11]

Muchos líderes pentecostales han caído en graves errores morales. Eso es cierto. El pecado es común a la naturaleza humana. Seguramente un calvinista como MacArthur que sostiene la depravación total del hombre concordaría con nosotros al respecto. Lo verdaderamente malicioso de sus acusaciones reside en el hecho de que, según MacArthur, sólo los pentecostales y carismáticos somos culpables de tales faltas. Pero ¿Posee MacArthur la autoridad moral para decir eso? Personalmente, lo dudo.

Con respecto a MacArthur y la institución educativa y teológica que preside, las autoridades estadounidenses reportaron:

“Después de que un equipo de acreditación visitó The Master´s College para revisar sus prácticas en marzo de este año, el equipo compiló un informe en el que se afirmaba que la universidad estaba nuevamente en violación de las responsabilidades de informe requeridas en virtud de la Ley Clery y la Ley de Violencia contra la Mujer (VAWA). La Ley Clery exige que todas las escuelas que reciben asistencia financiera federal bajo el Título IV de la Ley de educación superior informen los delitos, incluidas las agresiones sexuales, que ocurren dentro y fuera del campus. Según el informe del equipo de la Asociación Occidental de Escuelas y Colegios (WASC, por sus siglas en inglés) no es la primera vez que la universidad se encuentra bajo escrutinio por cuestiones relacionadas con las leyes federales relacionadas con la agresión sexual… Un estudio realizado en 2013 por un investigador de la Universidad de Cornell analizó los datos de la Ley Clery del Departamento de Educación para clasificar y evaluar las instituciones según los informes de agresión sexual. The Master´s College y The Master´s Seminary se clasificaron dentro del último tramo de los puntos de referencia del estudio. Según las medidas estándar de salud pública, el estudio estimó la ocurrencia de aproximadamente 34.96 asaltos en el campus de The Master´s College y The Master´s Seminary en 2013. La escuela informó cero violaciones, según el Departamento de Educación de los Estados Unidos. El estudio se repitió nuevamente utilizando los datos de 2014. Se esperaba The Master´s College y The Master´s Seminary reportaran 40.03 agresiones sexuales. La universidad de nuevo no informó al Departamento de Educación de los Estados Unidos. Entre 2014 y 2016, el año más reciente en que están disponibles los datos de la Ley Clery, no se presentaron informes de violación o agresión sexual ante el Departamento de Educación de los Estados Unidos. El año siguiente, el Departamento de Educación de EE. UU. Emitió una Determinación de Revisión Final del Programa (FPRD) el 6 de julio de 2015, que confirmó varios casos de incumplimiento de las disposiciones de la Ley Clery durante 2014. La escuela tuvo una declaración de política incompleta con respecto a programas de asalto sexual en el campus, una descripción incompleta de los procedimientos a seguir cuando ocurre un delito sexual y no desarrolló los procedimientos para la acción disciplinaria del campus en casos de un presunto delito sexual, según el Departamento de Educación de los Estados Unidos.”[12]

Entonces, ¿Es el pecado sexual y los escándalos morales un distintivo único de nosotros los pentecostales? Sin lugar a duda, MacArthur está lanzando piedras a la casa del vecino, pero olvida que él mismo tiene un techo de cristal. La inmoralidad y el escándalo lo han salpicado a él también, por lo que sus acusaciones en contra del pentecostalismo son simplemente hipócritas. La diferencia entre MacArthur y los líderes carismáticos que él acusa reside en que MacArthur, hipócritamente, intentó ocultar todo aquello que dañara su reputación y la de su seminario teológico.[13]

¿Y ENTONCES?

No todo en el pentecostalismo funciona bien. MacArthur acierta en muchas de sus críticas. Su pecado es la generalización. Incluso el Dr. George O. Wood, superintendente general de las Asambleas de Dios de Estados Unidos, reconoció en una carta dirigida al Pastor John MacArthur acerca de su conferencia “Fuego Extraño”, que “ha habido aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina durante el siglo pasado, entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos”. Sin embargo, que “el movimiento en su conjunto ha demostrado ser una fuerza vital en la evangelización del mundo.”

El Dr. Wood, en un espíritu mucho más cristiano que el demostrado por MacArthur, también dijo:

“Confiamos en que llegará el momento en que el Dr. John MacArthur y aquellos que comparten su punto de vista reconozcan la gran contribución que los pentecostales y carismáticos están haciendo en la evangelización de las personas sin Cristo. Pedimos las bendiciones de Dios sobre sus esfuerzos para compartir el evangelio en un mundo que se pierde. Pentecostales y carismáticos son sus colaboradores en este esfuerzo por lo que pedimos que ellos igualmente oren por la bendición de Dios en nosotros a medida que tratamos de cumplir con la gran comisión que Dios nos ha dado. “[14]

El continuismo del movimiento pentecostal es bíblico y no pretendemos disculparnos por ello. Concordamos con MacArthur y otros cesacionistas acerca de los abusos cometidos por algunos grupos carismáticos. Al igual que MacArthur, los pentecostales de sana doctrina nos oponemos a los errores teológicos de movimientos pseudocristianos, autodenominados pentecostales, como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías. Precisamente por ello, nos negamos a permitir que se nos etiquete a todos por igual como herejes o que se generalice sobre nosotros.

Señores cesacionistas ¡Ya basta de tanta hipocresía y espíritu fariseo y anticristiano hacia sus hermanos en la fe! ¡A paz nos ha llamado el Señor!

REFERENCIAS:

[1] Aunque en algunos países latinoamericanos el término “carismático” suele asociarse con el catolicismo romano, en el presente artículo dicho término alude a un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y no a la Renovación Carismática Católica. El movimiento carismático, o pentecostal, tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, California

[2] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 17.

[3] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[4] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 15.

[5] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[6] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 233.

[7] Véase el artículo: “¿Qué es el movimiento Carismático?” publicado en: https://www.gotquestions.org/Espanol/movimiento-carismatico.html, consultado el 04/03/2019.

[8] El cesacionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. La mayoría de los cesacionistas creen que, mientras que Dios puede y aún realiza milagros hoy en día, el Espíritu Santo ya no utiliza a individuos para llevar a cabo señales milagrosas.

[9] La conferencia Fuego Extraño puede escucharse en su totalidad en: https://www.gracia.org/library/topical-series-library/GAV-325/conferencia-fuego-extra%C3%B1o

[10] https://www.gracia.org/library/sermons-library/GAV-44-13/la-iglesia-ordinaria

[11] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 195.

[12] Véase : https://proclaimerscv.com/2018/09/19/masters-demonstrates-failure-to-report-sexual-assault-under-clery-act/, consultado el 05-03-2019.

[13] Para mayor información sobre los escándalos por abuso sexual en The Master´s College (ahora The Master´s University) y The Master´s Seminary pueden consultarse diversos enlaces, entre ellos: https://spiritualsoundingboard.com/2017/09/22/janes-account-of-rape-response-of-masters-university-to-her-claims-and-a-breaking-development-confirming-details-doyouseeus/, https://www.patheos.com/blogs/jesuscreed/2017/09/25/janes-story-leaders-failed/, http://thewartburgwatch.com/2017/09/23/janes-traumatic-rape-and-subsequent-mistreatment-by-officials-at-the-masters-college-now-university/

[14] Véase: https://www.crossmap.com/article/assemblies-of-god-george-woods-statement-regarding-strange-fire-conference.html, consultado el 05-03-2019.

Pentecostalismo Clásico

Soy pentecostal, pero no de esos…

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

Yo soy pentecostal y lo digo con orgullo. No lo llevo escrito en la frente y tampoco uso esa etiqueta en la manga, pero no estoy avergonzado de admitirle a nadie que soy un cristiano que cree en el poder del Espíritu Santo y en sus manifestaciones en nuestra época. Rechazo el cesacionismo y creo firmemente en la vigencia actual de los dones del Espíritu. Aun así, cuando ocupo la palabra “pentecostal” para describirme, recibo una que otra mirada burlona de parte de mis hermanos cristianos provenientes de otras tradiciones, como si esperaran verme convulsionar frente a ellos mientras hablo en lenguas o me creyeran anti-intelectual y sin conocimiento teológico alguno. ¿Es este tu caso? Quizá al oír la palabra “pentecostal” se dibuje en tu mente la imagen de un místico fanático, iletrado y sin control de sus emociones. Pero no todos somos así. Muy probablemente te sorprendería conocer el número de eruditos pentecostales y carismáticos de primer nivel que hoy enseñan en seminarios teológicos y universidades, que escriben libros y hacen aportes significativos al estudio de la teología, la política y las ciencias en general.

Si bien hay un prejuicio extendido acerca de lo que es el pentecostalismo en nuestra sociedad, dichos prejuicios no necesariamente se apegan a la realidad. En general, al oír el término “pentecostal” la gente, y principalmente otros creyentes, tienden imaginar a una persona pobre o de clase media baja, que predica en la calle a viva voz con poco o ningún tacto, que en ciertos casos toca guitarra y pandero, que está muy interesado en que otras personas lleguen a la iglesia, que se trata de “hermano” con otros miembros de la comunidad, que no fuma ni consume bebidas alcohólicas, que suele gritar, golpear el púlpito y zapatear mientras predica, etc. Si eso es lo que piensas que significa ser pentecostal, te falta mucho por conocer acerca de nosotros.

Muchos hermanos de otras tradiciones suelen suponer que los pentecostales somos unos bichos raros descerebrados que entran en ataques incontrolables durante servicios religiosos. Están sorprendidos de saber que muchos de nosotros tenemos grados avanzados, muchos somos profesionales, tenemos nuestros propios negocios, ejercemos cargos públicos y movilizamos una gran cantidad de obras misioneras y de caridad en el mundo. Los pentecostales componemos más de un cuarto de todos los cristianos hoy en día (tan sólo las Asambleas de Dios, la más grande de las denominaciones pentecostales, cuenta con más de 69 millones de miembros). Por eso, deberías pensarlo mejor antes de generalizar acerca de nosotros. Ten en mente algo: ¡No todos los ‘pentecostales’ somos iguales! No es justo ni honesto etiquetarnos o reducirnos a un pobre estereotipo. De lo profundo de mi corazón quiero decirte algo. Y esta es la realidad de muchos como yo que estamos cansados de los estereotipos:

(1.- Soy pentecostal por la voluntad y la misericordia de Dios, y ejerzo más de un ministerio por Su Gracia y para Su Gloria. Sin embargo, no dejo que el amor a los títulos me ciegue. No busco que me llamen “apóstol” ni tampoco creo en los falsos ‘apóstoles’ modernos. Aborrezco el Evangelio de la Prosperidad, pues me parece una herejía destructiva en todos sus aspectos.

(2.- Soy pentecostal, pero no anti-intelectual. Amo la Palabra de Dios y he consagrado mi vida a estudiarla. También creo que la formación académica es importante y estoy convencido de que un ministro de Dios debe crecer tanto espiritual como intelectualmente.

(3.- Soy pentecostal pero no me caigo hacia atrás cada vez que alguien ora por mí, ni empujo a nadie para que se caiga cuando oro. Tampoco cierro mi mente ni mi corazón a las manifestaciones del Espíritu Santo; pero entiendo que todo debe hacerse decentemente y en orden.

(4.- Soy pentecostal y creo en el hablar en lenguas, pero insto a la gente a verificar si el don es verdadero y no motivo el desorden en los servicios de adoración, mucho menos manipulo a la audiencia para que experimente o practique fenómenos extraños, antibíblicos e irreverentes como la “unción de la risa”, el “vómito santo” ni nada por el estilo. Tampoco manipulo serpientes ni danzo en hogueras para probar mi unción. De hecho, eso me parece de lo más ridículo, herético y hasta blasfemo.

(5.- Soy pentecostal, pero no “danzo en el espíritu”, no emito sonidos de animales al orar ni convulsiono o me muevo frenéticamente durante la oración como si fuese un poseso. Considero que cada experiencia espiritual debe ser medida a luz de la Palabra, para así determinar si es una manifestación real o bíblica de la obra del Espíritu Santo.

(6.- Soy pentecostal e insto a la gente a levantar sus brazos, orar a Dios y llorar delante de Dios, si es necesario y se siente movido a hacerlo, pero no manipulo sus emociones.

(7.- Soy pentecostal, pero desde el púlpito jamás he mencionado por lista a quienes no ofrendan para la obra de Dios. Jamás he instado a alguien a quedarse sin su sustento por ofrendar en la iglesia, ni condeno al infierno a aquellos que no pagan sus diezmos.

(8.- Soy Pastor pentecostal y no frecuento restaurantes costosos con mi familia, ni invitados; mucho menos a expensas de la iglesia. Mi estilo de vida es sencillo y, lejos de esperar que se me trate como ‘Señor del Rebaño’, trabajo con mis manos y creo en el ministerio biocupacional.

(9.- Soy pentecostal, pero no ‘profetizo’, vaticino, ni decreto sobre nadie. No creo en la confesión positiva y tampoco creo que mis palabras tengan poder místico o sobrenatural. Dios es Dios y yo un simple mortal. No me considero un “pequeño dios” sobre la tierra.

(10.- Soy pentecostal, pero no uso, ni permito que se use, la profecía para manipular. Es más, he tenido que callar y reprender fuertemente en varias ocasiones a más de un charlatán.

(11.- Soy pentecostal, pero insto a la congregación a traer sus Biblias a la iglesia y verificar por ellos mismos lo que les enseño. La autoridad es la Biblia, no mi opinión personal sobre ella. Asimismo, creo en la necesidad de una mayor formación teológica y profesional en el pastorado.

(12.- Soy pentecostal, pero no creo que estudiar la Biblia “mate” o te vuelva un intelectual sin Dios, sino todo lo contrario. De hecho, me he propuesto estudiarla con seriedad y pasión.

(13.- Soy pentecostal, pero no me enseñoreo de la congregación y jamás he instado a alguien para que me obedezca ciegamente.

(14.- Soy pentecostal, pero no ato al “hombre fuerte”, ni ato demonios, ni desato finanzas, ni rompo maldiciones generacionales, ni las dejo sin efecto en el mismo instante. Esa es una práctica herética y abominable a la cual me opongo.

(15.- Soy pentecostal, pero no creo que todo lo que pasa en la vida se deba al Diablo y los demonios, ni declaro endemoniado olímpicamente a alguna persona.

(16.- Soy pentecostal. Me encanta que la gente testifique de lo que Dios hace en sus vidas y familias, e insto a las personas a ser sinceras y decir sólo la verdad en sus historias. Creo que exagerar, mentir o inventar milagros no beneficia en nada a la obra de Dios.

(17.- Soy pentecostal, pero jamás he tenido preferencias por quienes ofrendan más en detrimento de quienes ofrendan menos.

(18.- Soy pentecostal, pero no permito los escándalos ni el desorden en el culto.

(19.- Soy pentecostal, pero no tengo como cliché afirmar que “el Señor me dijo…” y aún más cuando el Señor no ha dicho nada.

(20.- Soy pentecostal y creo en el poder de la oración y el ayuno.

(21.- Soy pentecostal y por ello mismo no necesito de grupos de danza hebrea, humo, luces y todo ese show mediático para hacer la obra de Dios o pretender falsificar la obra de Dios y el gozo del Espíritu.

Por último: Soy pentecostal y no creo que serlo sea un error. Ser pentecostal no me hace menos inteligente que nuestros hermanos ‘reformados’, ‘calvinistas’, ‘luteranos’ o de cualquier otra tradición. Tampoco considero irremediablemente perdidos a todos aquellos que no piensan como yo. Sin embargo, tampoco permito que se me menosprecie por creer lo que creo. Es más, como pentecostal considero tener algo que mis hermanos de otras tradiciones, o que rechazan la obra del Espíritu Santo en nuestra época, necesitan descubrir para darle más sentido a toda esa teoría y erudición que afirman tener. Lamento que el resentimiento e inmadurez de muchos les lleve a despreciar a sus hermanos en la fe. Muchos recelan de nuestro éxito misionero y el crecimiento exponencial de nuestras denominaciones, por lo que raramente pueden decir algo bueno y amable sobre nosotros. Pero creo sinceramente que esa raíz de amargura la puede arrancar Cristo (si se lo permiten). Muchos quizá hallan conocido iglesias que se denominan pentecostales y que practican todas las aberraciones que mencioné anteriormente. Quizá a eso se deban sus prejuicios. Sin embargo, déjame decirte algo: ¡Si estuviste en un lugar dónde se practicaban cosas absurdas y antibíblicas (a las cuales yo mismo como pentecostal me opongo) no estuviste en una Iglesia Pentecostal de sana doctrina, sino en una secta!

Quizá tus prejuicios te impidan verme como hermano. Yo no tengo problema con eso. Yo si puede verte y considerarte como tal. Puedo convivir contigo y respetarte a pesar de nuestras diferencias y extenderte la mano de confraternidad.

Dicho lo anterior ¡Qué Dios te bendiga!

Evangelio de la Prosperidad, Neopentecostalismo, Neumatología

La repugnante práctica del “vómito santo”

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El vómito, también llamado emesis, se define como la expulsión violenta y espasmódica del contenido del estómago a través de la boca. La sensación que experimentamos justo antes de vomitar (pródromo) se llama náusea, y puede preceder al vómito o aparecer de forma aislada.[1] Los problemas comunes que pueden causar náuseas y vómitos incluyen: Alergias a los alimentos, infecciones estomacales o intestinales, como la “gastroenteritis vírica epidémica” o la intoxicación alimentaria, devolución de los contenidos estomacales (también llamado reflujo gastroesofágico), medicamentos o tratamientos, como la quimioterapia o la radioterapia para el cáncer, migrañas, náuseas matutinas durante el embarazo, mareo o cinetosis, dolor intenso, como el causado por los cálculos renales, etc. Las náuseas y los vómitos también pueden ser un signo de advertencia inicial de problemas de salud más serios, como: apendicitis, obstrucción intestinal, cáncer o un tumor, ingestión de un fármaco o tóxico, especialmente por parte de los niños; úlceras en el revestimiento del estómago o el intestino delgado, etc.[2]

En nuestra época, sin embargo, el vómito ha pasado de ser una manifestación de problemas de salud, a considerarse una manifestación espiritual. En algunas iglesias, principalmente neopentecostales, suele enseñarse la aberrante y asquerosa práctica del “vómito santo” que, según sus simpatizantes, es producida por obra del Espíritu Santo. Dicha práctica consiste en que la persona es tomada por el “Espíritu”, el cual le produce náuseas y posteriormente el vómito. En muchas iglesias, los afectados por este fenómeno de pronto se ponen de pie en medio de la congregación y comienzan a vomitar como señal de liberación o “toque espiritual”, atribuyendo tal acto al poder de Dios.

Si bien es cierto que la Biblia menciona la palabra “vómito”, nunca lo presenta como una manifestación del Espíritu Santo. La Biblia habla de la tierra vomitando a sus moradores a causa del pecado (Levítico 18:24-28). Habla del perro que vuelve a su vómito (2 Pedro 2:17-22). También nos relata que a Jonás lo vomitó el gran pez (Jonás 2:10). Y en Apocalipsis el Señor afirma que vomitará a los tibios (Apocalipsis 3:16). Nunca el vómito es presentado en la Biblia como señal o manifestación de la presencia del Espíritu Santo. Tampoco es usada como símbolo de liberación espiritual.

La repugnante práctica del “vómito santo” carece de bases bíblicas. Jesús nunca provocó el vómito en ninguna persona para evidenciar su liberación, tampoco como evidencia de sanidad divina. El libro de los Hechos tampoco relata que alguno de los apóstoles usara dicha práctica o la enseñara. Las epístolas tampoco pueden emplearse para fundamentar esta práctica herética. Basta con ver los espectáculos repugnantes que se producen en las iglesias que practican el “vómito santo”, para darnos cuenta de que dicha práctica no solo es asquerosa, sino que contradice el claro mandato bíblico de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40) dentro de nuestras congregaciones. Tal exhortación debería ser suficiente para lograr que los creyentes evitásemos dicha práctica aberrante; sin embargo, muchos grupos neopentecostales insisten en defenderla a capa y espada.

¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE EL VÓMITO ES SEÑAL DE LIBERACIÓN?

En iglesias de corte neopentecostal abundan los testimonios de personas que tuvieron la experiencia del “vómito santo”. Dichas personas afirman que, durante las ministraciones en sus iglesias, durante oraciones por sanidad, sesiones de liberación espiritual o ruptura de las denominadas “maldiciones generacionales”, muchos de ellos expulsaron espuma, vómito o un líquido espeso con olor desagradable a través de sus bocas. Afirman también que, luego de dicha experiencia, siguió una sensación de paz, tranquilidad y libertad.

Aunque tales narraciones suelen ser comunes, los pentecostales de sana doctrina debemos ser muy cuidadosos con este tipo de prácticas, ya que poco se diferencian de las prácticas ocultistas de los brujos y hechiceros. No podemos elevar a la categoría de práctica o doctrina cristiana algo que no ha sido aprobado por las Sagradas Escrituras. No encontramos un solo precepto o ejemplo bíblico de que una persona deba vomitar algo cuando se ora por ella en señal de que ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo, sanidad divina, liberación espiritual o cualquier otra bendición del cielo.

La Biblia sí menciona un episodio en el cual este tipo de manifestaciones se produjo, sin embargo, lo asocia con un caso de posesión demoníaca en el cual la persona lanzaba espumarajos por la boca debido al influjo de un espíritu maligno.

“Cada vez que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos, cruje los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no lo lograron. —¡Ah, generación incrédula! —respondió Jesús—. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho. Así que se lo llevaron. Tan pronto como vio a Jesús, el espíritu sacudió de tal modo al muchacho que este cayó al suelo y comenzó a revolcarse echando espumarajos.” (Marcos 9:18-20, NVI).

Como puede notarse, el único caso similar a la práctica del “vómito santo” que aparece registrado en los evangelios se encuentra asociado con la acción del demonio, no del Espíritu de Dios. Puesto que el “vómito santo” está más relacionado con el ocultismo y las religiones espiritualistas que con la fe cristiana, los creyentes en Cristo debemos rechazar dicha práctica antibíblica.

POSESIÓN DEMONÍACA, HECHIZOS, BRUJERÍA Y “VÓMITO SANTO”.

La práctica del “vómito santo” generalmente se ha asociado con exorcismos, liberación y ruptura de la opresión demoníaca. Dentro de las iglesias neopentecostales este fenómeno ocurre generalmente entre creyentes. Muchas iglesias neopentecostales a menudo creen y enseñan que los cristianos pueden ser víctima de hechizos, brujería o incluso ser poseídos por demonios. Entienden, a su vez, que sólo a través del vómito un exorcista puede verificar que el demonio haya salido de la persona o que el hechizo lanzado sobre el creyente ha sido roto. Esto es antibíblico.

En Marcos 9:18-20, no sólo se asocia el fenómeno del “vómito santo” con el accionar demoníaco, sino que también se nos revela que la persona poseída era una persona incrédula, no un verdadero creyente, pues los verdaderos cristianos no pueden ser poseídos por demonios, ni tampoco pueden ser objetos de la acción de hechicerías, maleficios o agüeros. Está escrito:

“Contra Jacob no hay brujería que valga, ni valen las hechicerías contra Israel. De Jacob y de Israel se dirá: ¡Miren lo que Dios ha hecho!” (Números 23:23, NVI).

Si esto se dice del Israel carnal, ¿Cuánto más de la iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo? Lastimosamente, la mala enseñanza sobre este tema ha provocado que muchos creyentes vivan continuamente aterrorizados ante la idea de a ser víctimas ellos mismos de la posesión demoníaca. Muchos incluso acuden frecuentemente a sesiones de liberación cada vez que se creen víctimas del accionar demoníaco en sus vidas. Pero ¿Es eso posible? ¿Pueden los cristianos verdaderos ser poseídos por demonios?

La Biblia enseña que Satanás y los demonios tientan a los cristianos, e incluso pueden poner pensamientos pecaminosos en ellos, tal como sucedió en el caso de David con el censo (1 Crónicas 21:1), y Pedro, cuando le insistió a Cristo que no fuera a Jerusalén (Mateo 16:23). La Biblia también atestigua que los demonios pueden producir enfermedades y desgracias, siempre bajo el permiso divino. Tal fue el caso de Job, y también ocurrió con Pablo con el aguijón en su carne, a quien identificó como “un mensajero de Satanás” (2 Corintios 12:7). En Lucas 13:11 se nos habla de una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Y el mismo Cristo dice en Lucas 13:16 que esta mujer era una “hija de Abraham”, a la que Satanás había tenido atada durante dieciocho largos años.

Ahora bien, esto es diferente a una posesión demoníaca. Si con poseído por un demonio se quiere decir que la voluntad de la persona está completamente dominada por un demonio, al punto que la persona no tiene poder para escoger el bien y obedecer a Dios, la respuesta sería con certeza que no, porque la Biblia garantiza que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros puesto que hemos sido resucitados con Cristo (Romanos 6:4-11, 14, 18, 22). De igual manera las doctrinas bíblicas de la regeneración y de la presencia permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente imposibilitan por completo la posesión demoníaca de un cristiano verdadero (1 Pedro 1:22; 1 Corintios 3:16). Por eso, cuando oímos de supuestos casos de creyentes que se dice que están poseídos, debemos preguntarnos: ¿Estaban verdaderamente regeneradas las víctimas? ¿Eran cristianos genuinos? y en caso de serlo ¿Estaban realmente poseídas? Si realmente estaban poseídas, puede ser que se trate de personas que realmente no han sido regeneradas, es decir, no han nacido de nuevo, aunque tal vez hayan asistido a la iglesia por años. Si las personas afectadas son cristianos verdaderos, es seguro que no están poseídos realmente, sino que están sufriendo algún tipo de dolencia que los llevó a algún comportamiento extraño.

Por lo tanto, si los cristianos no podemos ser poseídos por demonios, y si la brujería y la hechicería carecen de efecto sobre nosotros, la práctica asquerosa del “vómito santo” no solo es totalmente innecesaria, sino también herética. Es más bien un fraude y una manipulación de la fe; un fenómeno extraño producto de la histeria colectiva que se genera a menudo en muchas iglesias neopentecostales. O peor aún… Una manifestación de espíritus extraños.

CONCLUSIÓN.

Por todo lo anterior, la Biblia nos lleva a concluir que, lejos de fundamentarse fielmente en la Palabra de Dios, la enseñanza del “vómito santo” es una perversión de la enseñanza bíblica. Es otra especulación fantasiosa de algunos predicadores que no se cansan de inventar nuevas doctrinas para deslumbrar a su público y mantenerlos cautivos de sus aberraciones. Esta práctica aberrante, lejos de ser un mensaje fiel a la Palabra, es otro intento de manipularla, y manipular al público creyente. Es hora de levantar la voz de protesta contra estas novedades antibíblicas. Principalmente cuando somos nosotros, los pentecostales que amamos la sana doctrina, a quienes se nos acusa de promoverla.

REFERENCIAS:

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Vómito

[2] MedlinePlus, Náuseas y vómitos en adultos. Artículo publicado en https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003117.htm, consultado el 27-02-2019.

Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

¿Risa Santa? ¿Borrachera espiritual?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pueblo cristiano suele ser esporádicamente invadido por corrientes extrañas que de repente aparecen en el panorama y producen mucha confusión y caos. Esto cada vez es más común porque hoy, como nunca, la iglesia cristiana se halla en su nivel más bajo de discernimiento espiritual. Como parte de una tendencia generalizada de nuestra cultura postmoderna, muchas iglesias hoy en día manifiestan también un interés por el espiritualismo místico. No el espiritualismo como la búsqueda de una calidad de vida espiritual piadosa, un mayor compromiso con el evangelio o una mayor profundidad en el conocimiento de Dios, sino una sed por toda clase de experiencias sobrenaturales, aunque las mismas carezcan de un fundamento bíblico sano.[1] El fenómeno de la risa santa y la borrachera espiritual caen dentro de esta categoría.

En algunas iglesias dentro del movimiento pentecostal se emplea el término “risa santa” para referirse a un fenómeno durante el cual una persona se ríe incontrolablemente, presumiblemente como resultado de ser llenado del gozo del Espíritu Santo. Algunas de sus manifestaciones incluyen los trances de risa y carcajadas que duran desde varios minutos hasta horas, rugidos e imitaciones de distintos tipos de animales. Las personas supuestamente golpeadas por el Espíritu se comportan como si estuvieran completamente ebrias. Dichas experiencias pueden ocurrir espontáneamente durante el culto, al final de este, y especialmente cuando algún líder involucrado en este fenómeno impone las manos o clama pidiendo que esto suceda. Sus promotores dicen que de esa forma se reciben grandes bendiciones espirituales, se le atribuye en ocasiones poder curativo y hasta salvador.[2]

La risa casi siempre está acompañada con efectos muy parecidos a los que produce una borrachera común. Se puede observar a personas que casi no pueden caminar en línea recta. Incluso a algunos hay que cargarlos para sostenerlos mientras están con los ojos entrecerrados y la cabeza colgando semiinconscientes. Actuando exactamente como borrachos, hay quienes pierden todo tipo de inhibición y cometen actos vergonzosos y ridículos. Lo extraño de todo, es que en estas reuniones no se sirve alcohol, ni se utiliza ningún tipo de droga, sino que la experiencia está a disposición de cualquier persona, sólo con el toque de los pastores-gurús o a la simple indicación de su voz.[3]

Las manifestaciones no se limitan sólo a esto, hay otros que se revuelcan por el suelo sin control de ninguna clase. Es un estado alterado de la conciencia tan profundo, que están bien documentados casos de personas que además ladran como perros, rugen como leones, bufan, intentan volar como aves y hacen todo tipo de ruidos extraños. No son raros incluso quienes emiten gruñidos característicos de los cerdos o que cacareen como gallinas. Los promotores del movimiento dicen que todo «¡Es Divino! ¡Es un nuevo pentecostés venido del cielo! ¡Es la visitación esperada de parte de Dios!»[4]

¿DE DÓNDE SURGIÓ ESTA PRÁCTICA?

El Avivamiento de la Risa, también conocido como “Risa Santa, Borrachera Espiritual o Bendición de Toronto”, es un movimiento supuestamente espiritual que se ha extendido en los últimos años en muchas iglesias y denominaciones. La Bendición de Toronto se refiere a la supuesta efusión del Espíritu Santo en las personas que asistían a la Iglesia de la Comunión Cristiana del Aeropuerto de Toronto, que en esa época era la Vineyard Church del Aeropuerto de Toronto. El 20 de enero de 1994, un pastor Pentecostal llamado Randy Clark habló en la iglesia y dio su testimonio de cómo él se emborrachaba en el Espíritu y se reía incontrolablemente. Y, en respuesta a este testimonio, la congregación estalló en un pandemonio con gente riéndose, gruñendo, bailando, temblando, ladrando como perros e incluso algunos estancados en posiciones de parálisis. Estas experiencias fueron atribuidas al Espíritu Santo entrando en los cuerpos de la gente. El pastor de la iglesia, John Arnott, se refirió a esto como una gran fiesta del Espíritu Santo. El apodo ‘Bendición de Toronto’ fue dado, y la iglesia pronto ganó atención internacional.[5]

Cabe mencionar que Randy Clark había sido previamente influenciado por Rodney Howard-Browne, mejor conocido como el “Bar tender” del Espíritu Santo, por afirmar que él servía el “vino nuevo” de este supuesto avivamiento. Howard-Browne, oriundo de Port Elizabeth en Sudáfrica, propagó este movimiento por Canadá, Estados Unidos, Australia, Inglaterra y Nueva Zelanda.[6] Tanto Howard-Browne como Clark (y por ende los modernos defensores de esta práctica) emplean algunos versículos para justificar su extraña práctica, entre ellos:

  • Efesios 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”.
  • Hechos 2:12-13 “Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.”
  • Hechos 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Aunque aquellos que han experimentado este fenómeno suelen interpretarlo como un signo de una ‘bendición’ o ‘unción’ del Espíritu Santo y creen firmemente que la Biblia apoya su postura, el estudiante serio de la Biblia reconocerá de inmediato que en ninguno de estos versículos se habla de risa santa o borrachera espiritual. Ni en Pentecostés, ni en ningún otro episodio de la historia sagrada se dice que sucedió tal fenómeno ni tampoco que es un don del Espíritu. La Biblia, por otro lado, nos aclara el propósito de toda manifestación espiritual: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.” (1 Corintios 12:7). En base a lo anterior debemos preguntarnos: ¿Cuál es el provecho de tirarse al piso y revolcarse riendo sin control? Sencillo, ¡Ninguno! Esto nos lleva a cuestionar y analizar a la luz de Palabra la naturaleza de esta extraña manifestación “espiritual”, muy común en algunas iglesias pentecostales.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA RISA?

La Biblia aborda el tema de la risa en varias ocasiones. A menudo se utiliza para describir una respuesta burlona o despectiva:

  1. Sara se rio cuando Dios les dijo que podrían tener a un hijo en su vejez (Génesis 18:12-15).
  2. Algunos versos lo usan como un signo de burla (Salmo 59:8; Salmo 80:6; Proverbios 1:26).
  3. Salomón, hizo las siguientes observaciones referentes a la risa: en Eclesiastés 2:2, “A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?” Luego él dice en Eclesiastés 7:3, “Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.” En Proverbios 14:13 también nos muestra otro aspecto de la risa: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón; Y el término de la alegría es congoja.”

Bíblicamente, la risa es vista como una experiencia subjetiva. Una expresión de nuestros sentimientos y emociones. Y aunque los sentimientos no son malos, más a menudo están alineados con nuestra naturaleza pecaminosa. Esto convierte a la risa en un parámetro poco fiable para medir la autenticidad de una manifestación espiritual, pues: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Sin embargo, el argumento más convincente de las Escrituras contra lo que se llama la ‘risa santa’ se encuentra en Gálatas 5:22-23. Dice, “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Si el autocontrol es un fruto del Espíritu de Dios, ¿cómo puede la incontrolable risa ser también fruto de Su Espíritu? Algo aquí no tiene sentido.

Los creyentes en esta extraña práctica afirman que el Espíritu es libre para actuar sobre ellos según Sus caprichos. Pero la idea de que Dios haría que la gente actuara como borrachos o reírse incontrolablemente o hacer ruidos de animales como resultado de la unción del Espíritu se opone directamente a la forma que actúa el Espíritu según Gálatas 5:22-23. El Espíritu que se describe en Gálatas 5 es uno que promueve el autocontrol dentro de nosotros, no lo contrario. Finalmente, no había nadie en la Biblia más llena del Espíritu Santo que Jesús, y ni una vez la Biblia le registra riendo de forma descontrolada.

En contraposición al fenómeno descontrolado de la risa santa, Pablo enseñó:

“los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos”. (1 Corintios 14:32-33).

¿BORRACHERA ESPIRITUAL?

Como ya se mencionó, el fenómeno de la risa sana raras veces viene solo. Para empeorar las cosas, los grupos pentecostales que defienden el origen divino de esta extraña práctica suelen asociarla en algunas ocasiones con otro fenómeno semejante: la borrachera espiritual. En algunas iglesias pentecostales-carismáticas suelen presenciarse escenas bulliciosas, efusivas, caóticas y de gran expansividad. Los creyentes, dominados por el fenómeno denominado “borrachera espiritual”, lucen aturdidos, tambaleando, cayendo, alegres y riendo. A menudo definen dicha experiencia extática como una “intoxicación espiritual.” Durante dicho trance la persona está fuera de su mente, como sería el caso si hubiese consumido vino o drogas; pero en este caso dicha experiencia es atribuida al influjo del Espíritu Santo. Basan tal afirmación en Efesios 5:18-19, en donde Pablo exhorta:

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”.

 Sin embargo, si observamos cuidadosamente, el mismo versículo que algunos grupos pentecostales emplean para defender la práctica de la “borrachera espiritual” y la “risa santa”, se opone por completo a dichas prácticas. Efesios 5:18-19 nos manda a ser llenos. La borrachera espiritual no existe. La borrachera es pasajera y al final no deja nada bueno, pero nuestra llenura en el Espíritu no es pasajera, sino que al pasar de los días sigue actuando positivamente en nosotros. Cuando nos embriagamos nos confundimos, nuestros sentidos se aturden y nuestro Dios “no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Corintios 14:33). El Espíritu Santo jamás nos hará perder nuestro buen juicio. La experiencia o manifestación del Espíritu Santo es con un orden porque Dios es ordenado. Se experimenta además con todos nuestros sentidos bien puestos.

Además, la obra de Dios y las cosas de Dios jamás pueden ser comparadas con términos que describen algo inmoral. Embriagarse es perder las facultades, más Dios nos da de su Espíritu, jamás para quitarnos facultades, sino para obrar a favor de nosotros. 1 Corintios 6:10 nos dice que “ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” La palabra de Dios nos dice claramente que los borrachos no heredarán el Reino de Dios. Entonces ¿Cómo es posible que el Espíritu Santo nos embriague cuando la embriaguez es algo que a Dios no le agrada?

La unción de Dios, la manifestación del Espíritu Santo en nosotros, es algo que el Señor hace en orden, deleitándonos de ella con todas nuestras facultades. Es algo santo. Dudo que Dios provocara que una iglesia se viera como un bar, donde todos están embriagados.

UN LLAMADO AL ORDEN.

A la luz de estas cosas, es provechoso estudiar la amonestación de Pablo en 1 Corintios 14, donde el apóstol brinda ciertas indicaciones sobre el ejercicio del don de lenguas.

 “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” (1 Corintios 14:6)

¡Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.” (1 Corintios 14:8-9)

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.” (1 Corintios 14:26-28)

“…pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.” (1 Corintios 14:33)

En los días de Pablo, mucha gente en la iglesia de Corinto estaba hablando en lenguas que eran irreconocibles a los demás y, por lo tanto, Pablo dice que eran inútiles en la iglesia porque el orador no podía edificar a otros con su discurso. Lo mismo podría aplicarse a la risa santa. “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación.” Otra vez, dice: “Hágase todo para edificación.” Pablo termina su argumento diciendo, “Dios no es Dios de confusión, sino de paz,” de modo que resulta claro que no quiere que el ambiente dentro de la iglesia sea uno de confusión y falta de significado, sino de conocimiento y edificación. Resulta evidente, por lo que Pablo está diciendo, que lo que se llama la ‘risa santa’ y más aún la “borrachera espiritual” caerían bajo la categoría de lo que es ‘no edificante’ al cuerpo de Cristo y por lo tanto debe evitarse. Es aconsejable, por lo tanto, no mirar a la “risa santa” y mucho menos a la “borrachera espiritual” como un medio de acercarnos a Dios o como un medio de experimentar Su Espíritu.

CONCLUSIÓN.

El mundo actual experimenta un ataque de apostasía sin precedentes y algunas iglesias pentecostales podrían ser parte de las iglesias que no soportarán el vendaval de esa apostasía ¿La razón? Muchos creyentes son perezosos para estudiar la Biblia y son susceptibles a las emociones y a las modas espirituales.

Cuando la denominada ‘Bendición de Toronto’ se evalúa a la luz de las Escrituras, puede apenas ser llamada una bendición; abominación, tal vez, pero no una bendición. En ninguna parte de las Escrituras puede uno encontrar algún precedente para lo que estaba sucediendo en la Iglesia del Aeropuerto de Toronto, excepto, quizás, las condiciones físicas sufridas por gente endemoniadas. De hecho, la Iglesia del Aeropuerto de Toronto así se embrolló tanto en arrebatos emocionales y psicológicos que el Pastor Arnott cesó de predicar la salvación y en su lugar predicó sobre la fiesta del Espíritu Santo. El pastor Arnott les concedió a estas experiencias mayor autoridad que a las Escrituras, llegando a horribles excesos y aberraciones.[7] Esto fue demasiado incluso para The Association of Vineyard Churches, también conocida como Vineyard Movement (Movimiento del Viñedo), la denominación neopentecostal a la cual pertenecía Arnott, al punto que cortó los lazos con la Iglesia del Aeropuerto de Toronto en 1995, lo que provocó el cambio de nombre a la Iglesia de la Comunión Cristiana del Aeropuerto de Toronto.[8]

El enfoque de un creyente debe ser Jesucristo, el “autor y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12:2), no en uno mismo, sus experiencias o supuestas manifestaciones del Espíritu Santo. La Bendición de Toronto se centra en la última, en detrimento de la fe bíblica. Los creyentes pueden gozarse, danzar, cantar, y aun gritar al Señor. Sin embargo, cuando un servicio de adoración se asemeja al sueño de un demente esquizofrénico y la confusión se atribuye a la obra del Espíritu Santo, solamente una palabra viene a la mente: ¡Herejía!

REFERENCIAS:

[1] Poloma, Margaret. Inspecting the fruit: A 1997 sociological assessment of the blessing. The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 1998

[2] Burgess, Stanley. The New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. Zondervan, 2002

[3] Maxwell, Joe. Laughter Draws Toronto Charismatic Crowds. Christianity Today, October 24, 1994

[4] Ostling, Richard. Laughing for the Lord: Revivalist fervor has invaded the Church of England. Time Magazine, 1994, p.38

[5] Bowker, John. Toronto Blessing. The Concise Oxford Dictionary of World Religions, 1997.

[6] Roberts, Dave. The Toronto Blessing. Kingsway Publications, 1994.

[7] Oropeza, B. J. A Time to Laugh: The Holy Laughter Phenomenon Examined (Peabody: Hendrickson, 1995).

[8] Poloma, Margaret. Inspecting the fruit: A 1997 sociological assessment of the blessing. The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 1998