Arminianismo Clásico

Gracia Preveniente, gracia resistible.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La teología cristiana, y particularmente el arminianismo, enseña la doctrina de la gracia preveniente, la cual sostiene que antes de que un hombre pueda buscar a Dios, Dios primero debe haber buscado al hombre. Antes de que un hombre pecador pueda pensar correctamente en Dios, debe haber una obra de iluminación realizada dentro de él. La Biblia nos enseña claramente que buscamos a Dios porque, y solo porque, Él primero ha puesto un impulso dentro de nosotros que nos incita a la búsqueda. “Nadie puede venir a mí”, dijo nuestro Señor, ” si no lo atrae el Padre que me envió” (Juan 6:44, NVI), y es por esta atracción sobrenatural que Dios nos quita todo vestigio de crédito por el hecho de venir. El impulso de buscar a Dios se origina en Dios, pero el resultado de ese impulso depende de nuestra respuesta a dicho estímulo o atracción divina. A esto le denominamos Sinergismo Evangélico.

El teólogo pentecostal Stanley Horton define el sinergismo evangélico de la siguiente manera:

“En su expresión evangélica moderada (el sinergismo evangélico) se remonta a Arminio, y, más importante aún, a Wesley. Ambos hicieron resaltar nuestra capacidad para decidir libremente, aun en asuntos que afecten a nuestro destino eterno. Somos depravados, pero aun los más depravados de nosotros no han perdido totalmente la imagen de Dios. Un evangélico sinergista afirma que sólo

Dios salva, pero cree que las exhortaciones universales a arrepentirse y creer sólo tienen sentido si es cierto que podemos aceptar o rechazar la salvación. La salvación brota totalmente de la gracia de Dios, pero afirmar que esto es así no nos exige disminuir nuestra responsabilidad cuando se nos presenta el evangelio.”[1]

En este sostén divino y el seguimiento o respuesta humana, no hay contradicción. Todo el mérito es de Dios, pues el influjo de la gracia de Dios en el ser humano siempre es anterior a la respuesta del hombre. Sin embargo, cuando la gracia de Dios, la cual es impartida a través de la obra del Espíritu Santo en el interior del hombre (Juan 16:8-11) ha hecho su parte, es responsabilidad del hombre buscar a Dios.[2] En el cálido lenguaje del sentimiento personal, esto se afirma en el Salmo 42: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.” (Salmo 42:1, NVI).

 La doctrina de la gracia preveniente nos permite afirmar completamente que el hombre está muerto en delitos y pecados, y que es incapaz de responder al Evangelio sin la convicción interna del Espíritu Santo (Juan 16:8) y el llamado del Padre (Juan 6:44, 65, 12:32, Romanos 10: 20). Además, también le da un mejor sentido a pasajes como Lucas 7:30 (“Pero los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos”), Lucas 18:24-25 (“Al verlo tan afligido, Jesús comentó: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.”) y Hechos 7:51 (“¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo!”).[3]

GRACIA PREVENIENTE: GRACIA HABILITADORA O GRACIA PRE-REGENERACIÓN.

La gracia preveniente, también denominada por algunos teólogos como “gracia habilitadora” o “gracia pre-regeneradora”, hace posible que el Espíritu de Dios supere esa incapacidad innata en el hombre para buscar a Dios. Es por medio de la gracia preveniente, la cual ejerce una obra directa en el corazón del hombre, una obra adecuada para que la persona no regenerada pueda comprender la verdad del Evangelio, que el inconverso desea a Dios y ejerce la fe salvadora.[4]

Bíblicamente, este concepto pretende expresar la verdad que se encuentra en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 o Juan 16:8. La gracia pre-regeneradora, por lo tanto, implica la obra de “atraer”, “abrir el corazón” o traer “convicción de pecado”.

LA GRACIA PREVENIENTE SIEMPRE SERÁ GRACIA RESISTIBLE.

Los arminianos afirmamos, basados en la Palabra de Dios, que no todos los que son atraídos o capacitados por el Padre para ejercer la fe y el arrepentimiento, en realidad deciden hacerlo; es decir, la gracia preveniente es resistible. Aunque es igualmente cierto que sin ese atracción o habilitación ninguna persona sería capaz de venir a Dios por su propia cuenta. Aquel que ha sido liberado para creer tiene el deseo o la habilidad de venir a Cristo en fe, pero en ninguna manera será obligado por Dios a creer y salvarse. Arminio, en su segundo punto llamado “Liberado por Gracia para creer”, afirma lo siguiente:

“Confieso que la mente del hombre natural y carnal se encuentra en tinieblas y oscuridad, que sus afectos están corrompidos y desordenados, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el ser en sí está muerto en pecados. Y agrego a esto, que un maestro obtiene mi más alta aprobación cuando atribuye el mayor mérito posible a la gracia divina; siempre que defienda la causa de ella hasta el límite de no infringir daño a la justicia de Dios, y de no quitar el libre albedrío del hombre específicamente hacia hacer el mal. De esta manera, atribuyo a la gracia el comienzo, la continuación y la consumación de todo bien, y llevo su influencia a tal extremo que un hombre, a pesar de ser regenerado, no puede concebir, desear, o hacer nada bueno, ni resistir siquiera una tentación, sin la gracia divina. A raíz de lo anterior, se hará claramente visible, que por ningún motivo hago injusticia a la gracia, atribuyéndole (como se ha dicho de mi) demasiado énfasis al libre albedrío del hombre. Ya que toda la controversia se reduce a la respuesta de la siguiente pregunta: “¿es la gracia de Dios una fuerza irresistible?”, dicho de otra manera, la controversia no tiene que ver con aquellas acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia (ya que he reconocido y enseñado cuantas de estas acciones u operaciones un maestro pueda haber enseñado) si no que se reduce estrictamente al modo de operación, si es irresistible o no. Con respecto a lo cual, creo, de acuerdo con las escrituras, que muchas personas resisten al Espíritu Santo y rechazan la gracia que se les ofrece”.[5]

Los Remostrantes, en su defensa ante el Sínodo de Dort, afirmaron algo similar a lo que Jacobo Arminio había articulado en sus obras:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni mismo un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo. Pero, en relación con el modo de operación de esta gracia, no es irresistible, ya que está escrito sobre muchos que “resistieron al Espíritu Santo” (Hechos 7) y en muchos otros lugares”. [6]

Los arminianos podemos adoptar esta posición precisamente porque la atracción y la habilitación del Padre se presentan en el Evangelio de Juan como condiciones necesarias, no suficientes, para llegar a la fe en Cristo. Así pues, la visión arminiana clásica sostiene que la aplicación de la gracia preveniente sobre el ser humano está ligada al mensaje del evangelio y su proclamación. La Palabra es el instrumento, el medio utilizado por el Espíritu como base para la convicción, la persuasión y la habilitación. Esta observación concuerda con el concepto del poder de la Palabra de Dios que se menciona en todas partes en las Escrituras, como en Hebreos 4:12, por ejemplo. La opinión de Arminio sobre esto es clara cuando, hablando de la persuasión involucrada en esta gracia pre-regeneradora, dice:

“Esto es efectuado por la palabra de Dios. Pero la persuasión se efectúa, externamente, por la predicación de la palabra, internamente por la operación, o más bien por la cooperación del Espíritu Santo, tendiendo a este resultado, para que la palabra pueda ser entendida y aprehendida por la verdadera fe “.[7]

La doctrina arminiana y bíblica, reconoce que, aunque Dios desea que todos se salven, Él nunca forzará a nadie a hacerlo. Por tal motivo, muchos resistirán la gracia y finalmente se perderán. Jesús deja claro esto en Lucas 14:26-33, en donde explica que algunos considerarán que los términos del discipulado son demasiado costosos y, por lo tanto, rechazarán la invitación. Las palabras de Jesús cobran un mayor significado si tenemos en cuenta que a este relato le sigue la parábola del banquete de bodas, que a su vez sigue el lamento de Jesús sobre Jerusalén en el final del capítulo 13.

De manera similar, en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23), vemos que a veces los que escuchan y reciben la palabra no siempre perseveran en última instancia porque oyen “la palabra e inmediatamente la reciben con alegría; pero, como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella.” Otros reciben “la semilla… oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que esta no llega a dar fruto.” Los calvinistas suelen negar que dichos “desertores de la fe” hayan sido verdaderamente cristianos en primer lugar; sin embargo, ¿Cómo puede alguien recibir la palabra con alegría (siendo incapaz para hacerlo sin el influjo de la gracia de Dios, debido a que está muerto espiritualmente e incapaz de cualquier obra buena) a menos que el Señor haya hecho una obra en su corazón? El contexto nos indica que tales personas fueron creyentes genuinos, y por lo tanto salvos en un principio, pero luego se apartaron y se perdieron. Esto lo deducimos además por el lenguaje usado en el contexto inmediato. Nótese por ejemplo la parábola del tesoro escondido, unos versos más tarde, donde en su alegría él va y vende todo lo que tiene y compra ese campo (Mateo 13:44), o la parábola de la perla donde fue y vendió todo lo que lo tenía y lo compró (Mateo 13:45-46). El lenguaje que describe la reacción de ambos grupos es idéntico. Todos recibieron el mensaje con alegría y creyeron, pero no todos perseveraron. También tenemos la declaración de Jesús después de su interacción con el joven rico:

“Al verlo tan afligido, Jesús comentó: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.” (Lucas 18:24-25, NVI).

Por supuesto, si Jesús fuera un calvinista, nunca hubiera sugerido que era más difícil para las personas ricas ser salvadas por la “gracia irresistible” de Dios que las personas pobres. Sus voluntades serían cambiadas inmediata e invenciblemente al escuchar el llamado efectivo de Dios. No sería más difícil para una persona rica ser salvada por el llamamiento monergístico e irresistible de Dios de que lo sería para cualquier otro pecador. Pero el verdadero Jesús estaba sugiriendo que su salvación estaba ligada en cierta medida a su respuesta y compromiso con su llamamiento. Finalmente, el libro de Hebreos advierte repetidamente a las personas que han escuchado el evangelio que no endurezcan sus corazones (Hebreos 3:7, 15; 4:7). Cuando una persona que ha sido redargüida de pecado por el Espíritu de Dios escucha el evangelio, puede optar por resistir (Hechos 7:51). De ese modo, insulta al Espíritu de gracia al rechazar a Cristo (Hebreos 10:29).

REFERENCIAS:

[1] Stanley M. Horton, Teología Bíblica: Una perspectiva pentecostal, Edición Ampliada, pp. 382. Editorial Vida, 1999.

[2] A. W. Tozer, La Búsqueda de Dios, Christian Publications, 1948.

[3] A menos que se indique lo contrario, todas las citas fueron tomadas de la Santa Biblia, Nueva Versión internacional.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, pp. 154-55. Randall House Publications, 2002.

[5] Jacobo Arminio. Obras de Arminio: Las Doctrinas Bíblicas de la Gracia. pp. 2-3.

[6] Los Cinco Artículos de la Remonstrancia en 1610. Artículo #4.

[7] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, pp. 158. Randall House Publications, 2002.

Neumatología

¿En qué consiste la blasfemia contra el Espíritu Santo?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El término blasfemia puede definirse generalmente como “irreverencia desafiante”, “palabra o expresión injuriosas contra alguien o algo sagrado”.[1] El término se puede aplicar a pecados tales como maldecir a Dios o a decir cosas intencionalmente degradantes relacionadas con Dios. La blasfemia es también atribuir algún mal a Dios, o negarle algún bien que deberíamos atribuirle a Él. Un caso particular de blasfemia, sin embargo, es la llamada “blasfemia contra el Espíritu Santo.[2] El concepto de “blasfemia contra el Espíritu Santo”, se menciona en Mateo 12:22-32 y en Marcos 3:22-30.

“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto, os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Mateo 12:22-32)

“Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.  Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.”  (Marcos 3:22-30).

Mucho se ha dicho acerca de este tema, sin embargo, pocos comprenden aún la naturaleza de este pecado. Incluso muchos creyentes sinceros viven atormentados, temiendo haber cometido el pecado imperdonable. La Palabra de Dios indica que sí es posible para un creyente cometer dicho pecado. La Biblia también nos advierte que, “Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Solo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.” (Hebreos 10:26-27, NVI). Y el apóstol Juan señaló: “Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida.” (1 Juan 5:16). Sin embargo, la pregunta aún sigue sin contestar: ¿Qué es en sí, la blasfemia contra el Espíritu Santo?

LA BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO PARA LOS PADRES DE LA IGLESIA Y LOS TEÓLOGOS DE LA EDAD MEDIA.[3]

Algunos de los denominados “Padres de la Iglesia” como Atanasio, Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Crisóstomo, consideraron que este pecado es aquella blasfemia que atribuye las obras del Espíritu Santo a los espíritus diabólicos (como ocurre en el episodio relatado en el Evangelio). Agustín de Hipona enseñó, en cambio, que este pecado es cualquier blasfemia contra el Espíritu Santo por quien viene la remisión de los pecados. Muchos otros después de Agustín lo identificaron con todo pecado cometido con plena conciencia y malicia (y se llamaría “contra el Espíritu Santo” en cuanto contraría la bondad que se apropia a esta divina Persona).

Tomás de Aquino, famoso teólogo de la Edad Media, complementando estas tres interpretaciones señaló que el “pecado contra el Espíritu Santo” es todo pecado que pone un obstáculo particularmente grave a la obra de la redención en el alma, es decir, que hace sumamente difícil la conversión al bien o la salida del pecado; así:

(1) Lo que nos hace desconfiar de la misericordia de Dios (la desesperación que excluye la confianza en la misericordia divina) o nos alienta a pecar (la presunción, que excluye el temor de la justicia).

 (2) Lo que nos hace enemigos de los dones divinos que nos llevan a la conversión: el rechazo de la verdad (que nos lleva a rebatir la verdad para poder pecar con tranquilidad) y la envidia u odio de la gracia (la envidia de la gracia fraterna o tristeza por la acción de la gracia en los demás y por el crecimiento de la gracia de Dios en el mundo).

 (3) Y finalmente, lo que nos impide salir del pecado: la impenitencia (la negativa a arrepentirnos y dejar nuestros pecados) y la obstinación en el mal (la reiteración del propósito de seguir pecando).

Para Tomás de Aquino, era evidente que a este pecado no se llega de repente, sino después de haberse habituado al pecado. La malicia de este pecado implica muchos otros pecados que van deslizando al hombre hasta rechazar la conversión.  Nuestro Señor afirmó que este pecado no sería perdonado ni en este mundo ni en el otro (Mateo 12:32). Pero debe entenderse que esto no quiere decir que este pecado no “pueda” ser perdonado por Dios, ya que la Biblia deja en claro que la sangre de Cristo es capaz de limpiar cualquier tipo de pecado (1 Juan 1:7), sino que, por la naturaleza del mismo, este pecado no da pie alguno para el perdón, ya que corta todas las vías para el arrepentimiento y la vuelta a Dios (Hechos 7:51). El hombre ya no puede ser perdonado por cuanto se aleja voluntariamente de Aquél que tiene el poder de convencerlo de su pecado, redargüirlo, llevarlo al arrepentimiento y perdonarlo. Sin embargo, jamás debemos perder de vista que nada puede cerrar la omnipotencia y la misericordia divina, la cual puede causar la conversión del corazón más empedernido, así como puede curar milagrosamente una enfermedad mortal (Lucas 1:37).

ANALIZANDO EL CONTEXTO.

Estudiar el contexto de Mateo 12:22-32 y Marcos 3:22-30 es clave para entender la naturaleza de la blasfemia contra el Espíritu Santo y por qué se le llama el “pecado imperdonable”. Obsérvese que Jesús acababa de realizar un milagro. Un hombre endemoniado ciego y mudo fue llevado a Jesús, y el Señor expulsó al demonio, sanando al hombre. Los testigos oculares de este exorcismo comenzaron a preguntarse si Jesús era realmente el Mesías que habían estado esperando. Un grupo de fariseos, al escuchar la conversación del Mesías, rápidamente aplastaron la fe de la multitud, diciendo “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios(Mateo 12:24). Ante tal acusación, Jesús refuta a los fariseos con algunos argumentos lógicos para explicar por qué no está echando fuera demonios en el poder de Satanás (Mateo 12:25-29). Luego, Él habla de la blasfemia contra el Espíritu Santo: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31-32).

Los fariseos, habiendo sido testigos de pruebas irrefutables de que Jesús estaba obrando milagros en el poder del Espíritu Santo, afirmaron en cambio que el Señor estaba poseído por un demonio (Mateo 12:24). Fíjese que en Marcos 3:30 Jesús es muy específico acerca de lo que los fariseos hicieron para blasfemar contra el Espíritu Santo: “Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo”. Por tanto, la blasfemia contra el Espíritu Santo tiene que ver con alguien acusando a Jesucristo de estar poseído por demonios, en lugar de estar lleno del Espíritu. Este tipo particular de blasfemia no se puede duplicar hoy en día. Los fariseos estaban en un momento único de la historia: tenían la Ley y los Profetas, tenían al Espíritu Santo moviendo sus corazones, tenían al mismísimo Hijo de Dios estando de pie delante de ellos, y veían con sus propios ojos los milagros que Él hacía. Nunca antes en la historia del mundo (y nunca desde entonces) se había concedido tanta luz divina a los hombres; si alguien debiese haber reconocido a Jesús por lo que era, eran los fariseos. Sin embargo, eligieron el desprecio. Ellos atribuyeron intencionalmente la obra del Espíritu al diablo, aunque conocían la verdad y tenían la prueba. Jesús declaró que su ceguera voluntaria era imperdonable. Su blasfemia contra el Espíritu Santo fue su rechazo final de la gracia de Dios. Habían fijado su curso, y Dios iba a dejarlos navegar sin restricciones hacia la perdición.

Jesús dijo a la multitud que la blasfemia de los fariseos contra el Espíritu Santo “no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32). Esta es otra manera de decir que su pecado nunca sería perdonado. Ni ahora, ni en la eternidad. Como dice Marcos 3:29: “es reo de juicio eterno”. El resultado inmediato del rechazo público de los fariseos hacia Cristo (y el rechazo de Dios hacia ellos), se ve en el siguiente capítulo. Jesús, por primera vez, “les dijo muchas cosas en parábolas” (Mateo 13:3; Marcos 4:2). Los discípulos estaban desconcertados por el cambio de método de enseñanza de Jesús, y Jesús les explicó el uso que Él hacía de las parábolas: “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado… porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13:11, 13). Jesús comenzó a cubrir la verdad con parábolas y metáforas como resultado directo de la denuncia oficial de los líderes judíos.

De nuevo, la blasfemia del Espíritu Santo no puede repetirse hoy, aunque algunas personas lo intenten. Jesucristo no está en la tierra ahora, sino sentado a la diestra de Dios. Además, nadie puede ver a Jesucristo realizando milagros y luego atribuirle ese poder a Satanás en lugar de al Espíritu Santo.

LA BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO EN NUESTRA ÉPOCA.

Entonces, ¿Pueden los creyentes de hoy cometer el pecado imperdonable? Sí y no, o cuando menos no en el mismo sentido que los fariseos en el primer siglo de nuestra era. El pecado imperdonable de hoy es el estado de continua incredulidad. El Espíritu actualmente convence de pecado, justicia y juicio, a aquellos del mundo que no son salvos (Juan 16:8). Resistir esa convicción y permanecer sin arrepentirse voluntariamente, es “blasfemar” al Espíritu. No hay perdón, ni en este siglo ni en el venidero, para una persona que rechaza el llamado del Espíritu para confiar en Jesucristo y luego muere en la incredulidad. El amor de Dios es evidente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Y la elección es clara: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que rechaza al Hijo no verá la vida, porque la ira de Dios permanece sobre él” (Juan 3:36).

Ahora bien, no sólo el inconverso puede caer en este pecado. El creyente puede también incurrir en apostasía total e incurrir en el mismo. Pensemos en el caso de Judas Iscariote. Judas se comportaba de forma deshonesta, pues robaba del dinero que se le había confiado (Juan 12:5-6). Finalmente se puso de acuerdo con los gobernantes judíos para traicionar a Jesús por 30 piezas de plata. Es verdad que después de traicionarlo sintió remordimiento, pero en ningún momento se arrepintió de su pecado deliberado. Su conciencia ya era inmune a la influencia del Espíritu Santo (1 Timoteo 4:2). Como consecuencia, Judas cayó de su posición y se condenó a sí mismo, y por eso Jesús lo llamó “el hijo de perdición” (Juan 17:12; Mateo 26:14-16).

¿Cómo llegó Judas a ese estado tan lamentable? Muchos dudarían que Judas fue en algún momento un verdadero creyente. Algunos hasta afirman que Judas estaba predestinado para cometer tal pecado, y que simplemente cumplía con aquello para lo cual Dios lo había creado. Pero eso no es lo que enseña la Biblia. Tal afirmación es absurda, ya que en tal caso Dios, y no Judas, sería el verdadero culpable de tal maldad, pues Dios le habría obligado a pecar. Santiago nos dice: “Cuando alguien tenga una tentación, no diga que es tentado por Dios, pues a Dios no lo tienta la maldad ni tampoco él tienta a nadie. Uno es tentado cuando se deja llevar por un mal deseo que lo atrae y lo seduce.” (Santiago 1:12-14, PDT). Judas tampoco fue elegido por ser el peor de los hombres o porque Jesús buscara un pretexto para condenarle, sino que, en oración y comunión con Su Padre, Jesús eligió a Judas entre muchos candidatos para ser parte del selecto grupo de los Doce (Mateo 10.1-4; Marcos 3:13-19; Lucas 6.12-16). En sus inicios, Judas fue un verdadero creyente. Pero cayó en apostasía personal y se perdió eternamente. Lo mismo puede ocurrirnos a nosotros hoy.

En 1 Timoteo 4:2, el Apóstol Pablo habla acerca de aquellos cuya conciencia ha sido “cauterizada” o dejada insensible en la misma forma que una piel de animal marcada con un hierro llega a ser insensible a más dolor. Para los seres humanos, tener una conciencia cauterizada es el resultado de pecar continua e impenitentemente. Finalmente, el pecado enturbia el sentido moral del bien o del mal, y el pecador impenitente se hace insensible a las advertencias de la conciencia, que Dios ha puesto en cada uno de nosotros para que nos guíen (Romanos 2:15).

En el momento de la salvación, somos limpiados del pecado heredado de Adán y todos los pecados personales. Pero al seguir en nuestro camino como cristianos, seguimos siendo proclives al pecado. Cuando pecamos, Dios nos ha dotado de un método de “limpieza” para restaurarnos al punto de la salvación. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9). Cuando nos permitimos a nosotros mismos practicar pecados de actitud mental, estamos apagando al Espíritu Santo. Se nos manda a no apagar al Espíritu Santo, Quien mora en nosotros (1 Tesalonicenses 5:19). Cuando seguimos en nuestros pecados de actitud mental sin confesarlos, y comenzamos a practicar estos pecados en nuestros cuerpos (Santiago 1:15), entristecemos al Espíritu Santo, algo que no debemos hacer (Efesios 4:30). Una vez más, tenemos la opción de confesar y arrepentirnos, o continuar en el pecado y retroceder espiritualmente. Cuando seguimos con el pecado, nuestras almas empiezan a ser moralmente insensibles. Por fin llegamos a un punto donde nuestra conciencia está cauterizada y no es capaz de ayudarnos a discernir entre el bien y el mal. Es como si un hierro caliente se aplicó a nuestra conciencia, y lo destruyó. Y lo que es peor, podemos llegar al lugar donde no nos importa cuán pecaminosos somos. Esto es lo que se quiere decir en 1 Timoteo 4:2, donde Pablo se refiere a los falsos maestros, llamándolos “embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida.” (NVI), pues han llegado por voluntad propia a un punto irreversible. Se han vuelto insensibles al Espíritu Santo y, por lo tanto, no pueden ser traídos a arrepentimiento para salvación.

De la misma forma que un inconverso puede rechazar el llamado del Espíritu para confiar en Jesucristo y luego morir en la incredulidad y condenarse, así también los creyentes pueden dejar de serlo y caer en apostasía. Si mueren en tal condición su destino eterno será la condenación. Es por ello por lo que Pablo nos dice en 2 Corintios 13:5 que nos examinemos a nosotros mismos para ver si estamos en la fe. Escrituras tales como Hebreos 6:4-6 y Hebreos 10:26-29 son advertencias para los apóstatas.

“Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública.” (Hebreos 6:4-6, NVI).

 “Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Solo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios. Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia?” (Hebreos 10:26-29, NVI).

Ellos son rechazados por haber perdido la fe y negar posteriormente a su Señor. Para un creyente moderno, la apostasía total equivale a la blasfemia contra el Espíritu Santo. De cometerla, y morir en ella, no hay perdón de pecados en este mundo ni en el venidero. No porque Dios no pueda perdonarle, sino porque el apóstata se aleja a sí mismo de toda influencia positiva del Espíritu Santo, sin cuya gracia y accionar en el alma, nadie puede salvarse.

APOSTASÍA, BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO Y PÉRDIDA DE LA SALVACIÓN.

Muchos negarían que la salvación pueda perderse, pero la Biblia lo enseña. Los calvinistas, por ejemplo, argumentan que un cristiano que se aparta de la fe y comete apostasía, nunca fue en realidad un verdadero creyente. De esta manera pretenden salvaguardar la doctrina de la perseverancia final de los santos o seguridad eterna del creyente. Tal argumentación busca, además, justificar las deserciones en sus filas. No obstante, tal argumento no es más que un mero pretexto para sostener una doctrina a la cual se aferran.

Nosotros los arminianos, en vista de la enseñanza bíblica de que la seguridad del creyente depende de una relación viviente con Cristo (Juan 15:6); en vista del llamado bíblico a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16); en vista de la clara enseñanza de que a la persona se le puede quitar su parte del Libro de la Vida (Apocalipsis 22:19); y en vista del hecho de que una persona que cree por un tiempo puede volver a caer (Lucas 8:13); afirmamos, basados en la lógica y la lealtad a la Palabra de Dios, que el creyente puede dejar de serlo, cayendo así de la gracia y perdiendo la salvación.

Debemos entender que Dios no quita del creyente el poder de escoger. Por el albedrío, el creyente llega a ser hijo de Dios, y por el uso continuo de ese albedrío seguirá siendo hijo de Dios. Seguir creyendo es la responsabilidad del creyente. El creyente también necesita cuidarse de una actitud de indiferencia hacia el pecado. Que no se atreva a usar la gracia de Dios como un permiso para pecar. “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”, pregunta Pablo (Romanos 6:1). La respuesta es no. Pablo sabía y enseñaba que el pecado continuo afectaría adversamente la fe del creyente, y la fe es lo que hace posible una relación con Dios. El pecado continuo llega a ser imprudente y es evidencia de rebelión (Números 15:30,31). La rebelión es lo contrario de la confianza y obediencia de la fe. Los creyentes tienen que mirar bien, “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios” (Hebreos 12:15). La exhortación de la Biblia es: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5).

Ahora bien, ¿Debe esto llenarnos de preocupación y ansiedad por perder la salvación? Estas repetidas advertencias tienen importancia solamente cuando se reconoce que la pérdida de la fe significa la pérdida eterna del alma. Porque mientras que es cierto que la salvación del creyente no se gana por obras ni conserva su fe por ellas, es igual de cierto que el creyente obtiene su salvación por fe, ¡y también puede perderla por falta de fe! El pecado está muy relacionado con la incredulidad. El pecado pone en peligro la fe, y la pérdida de fe significa pérdida de posición. Hebreos 3:12-14 trata al respecto. El escritor exhorta a los hermanos a evitar la incredulidad que lleva a las personas a apartarse del Dios vivo. Él menciona el engaño del pecado como la causa de la incredulidad y les recuerda que son hechos participantes de Cristo solamente si retienen firme hasta el fin su confianza del principio. Ser participantes en Cristo es por fe. Si quitamos la fe, ya no hay posición en Cristo. Es por esta razón que las Escrituras exhortan al creyente: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad” (Hebreos 3:12).

 Para el creyente arminiano, el camino que nos lleva a la condenación es gradual y escalonado: pecado persistente, cauterización de la conciencia, incredulidad, apostasía, blasfemia contra el Espíritu Santo y pérdida de la salvación. Es cierto que Dios no permite que nos apartemos de Él fácilmente (Romanos 10:21). Pero un creyente se puede perder si descarta las continuas convicciones del Espíritu Santo y llega al punto donde rechaza a Jesús como su Salvador. Es posible creer por un tiempo y durante un período de tentación alejarse (Lucas 8:13). Es posible que se pierda el hermano débil por quien Cristo murió (1 Corintios 8:11). Es posible que un nombre esté escrito en el Libro de Vida y después sea quitado del Libro (Apocalipsis 22:19).

Por otro lado, no siempre es posible determinar si una persona ha rechazado a Jesús como su Salvador. Entonces es mejor dejar que el Dios omnisciente juzgue estos asuntos. Estamos seguros, sin embargo, que, si Dios no da al pródigo por perdido, tampoco debe hacerlo la Iglesia de Jesucristo. Demasiadas veces la gente se da por vencida con un individuo cuando Dios todavía no se ha dado por vencido. La Biblia reconoce la posibilidad de perder la salvación, pero nunca cesa de ofrecer esperanza para cualquier persona que quiera responder a la súplica del Espíritu Santo. La invitación de Jesús se ofrece sin requisitos. Él habla a todos cuando dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Otra vez la Biblia habla a todos cuando dice, “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13).

REFERENCIAS.

[1] RAE, Diccionario de la lengua española, Edición del Tricentenario, Actualización 2018

[2] Paul Lamarche, Pecado, en: Xavier Léon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder 1978, 660-672.

[3] Francesco Roberti, Pecado contra el Espíritu Santo, en: Diccionario de Teología Moral, Editorial Litúrgica Española, Barcelona 1960, pp. 924-925.

Pentecostalismo Unicitario

El Pentecostalismo Unicitario: Un desafío a la ortodoxia pentecostal.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El concepto de la trinidad de Dios está presente a través de toda la Escritura. No es un concepto que sea fácilmente comprendido por la mente finita. Y debido a que el hombre quiere que todo tenga sentido en su teología, regularmente se levantan movimientos heréticos para tratar de explicar la naturaleza de Dios. Desde luego, esto sencillamente no puede lograrse sin violentar el texto bíblico. Los cristianos han llegado a aceptar que la naturaleza de Dios no está sujeta a limitaciones que nos gustaría imponerle. Simplemente le creemos cuando nos dice, “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9). Si no podemos entender Sus pensamientos y caminos, aceptamos que tampoco podemos comprender Su naturaleza. El pentecostalismo no ha estado exento de la aparición de grupos heréticos antitrinitarios dentro de sus filas. Prueba de ello es la existencia del movimiento conocido como “Solo Jesús”.

El movimiento “Solo Jesús,” también conocido como Pentecostalismo Unicitario, o teología de la unicidad, enseña que solo hay un Dios, pero niega la trinidad de Dios. En otras palabras, la unicidad teológica no reconoce a las diferentes personas de la Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tiene varias formas – algunos ven a Jesucristo con el único Dios, quien a veces se manifiesta a Sí Mismo como el Padre o el Espíritu Santo. La doctrina central del pentecostalismo unicitario /solo Jesús, es que Jesús es el Padre y Jesús es el Espíritu. Hay un Dios que se revela a Sí Mismo en diferentes “maneras.”

Esta enseñanza de Solo Jesús/Pentecostalismo Unicitario ha estado vigente por siglos, de una u otra forma, como modalismo o sabelianismo. El modalismo enseña que Dios se ha revelado a Sí Mismo en tres modalidades o formas en diferentes momentos – a veces como el Padre, otras como el Hijo, y otras como el Espíritu Santo. Pero pasajes como Mateo 3:16-17, donde dos o las tres Personas de la Trinidad están presentes, contradice la visión modalista. El modalismo fue condenado como herético ya en el siglo II d.C. La iglesia primitiva condenó fuertemente la opinión de que Dios es estrictamente una Persona singular que actuó en formas diferentes en diferentes momentos. Ellos afirmaban que, en base a la Escritura, la tri-unidad de Dios es evidente en que más de un Persona de la Divinidad es vista a menudo simultáneamente, y con frecuencia interactúan una con la otra (Génesis 1:26; 3:22; 11:7; Salmos 2:7; 104:30; 110:1; Mateo 28:19, Juan 14:16). Por tal razón, la doctrina del Pentecostalismo Unicitario/Solo Jesús, es considerada antibíblica de acuerdo con la ortodoxia cristiana. A algunos practicantes aislados del pentecostalismo unicitario se les ha criticado incluso por sostener ciertas posturas arrianas. ​ No obstante, las acusaciones de herejía han sido insuficientes para frenar el crecimiento de dicho grupo religioso. Actualmente, el número de creyentes pentecostales unicitarios supera ya los 40 millones de adherentes alrededor del mundo.

 

¿CÓMO SURGIÓ EL PENTECOSTALISMO UNICITARIO?

El pentecostalismo unicitario surgió del movimiento pentecostal, que tiene sus orígenes en las enseñanzas de Charles Parham en Topeka, Kansas y del Avivamiento de la Calle Azusa liderado por William J. Seymour en 1906. Rechazados por las iglesias históricas, los pentecostales comenzaron a formar sus propias organizaciones. Uno de estos nuevos grupos fue las Asambleas de Dios que se formó en 1914.

Algunos predicadores evangelistas pentecostales y comenzaron a aceptar y predicar la doctrina de la Unicidad y el bautismo el nombre de Jesús durante ese tiempo, lo que condujo a fricciones dentro del nuevo movimiento. Cuando las Asambleas de Dios oficialmente afirmaron la doctrina tradicional de la Trinidad en su Cuarto Concilio General en octubre de 1916, los pentecostales unicitarios se vieron obligados a retirarse. Dos meses más tarde, varios ministros unicitarios se reunieron en Eureka Springs, Arkansas, y el 2 de enero de 1917, formaron una organización Pentecostal Unicitaria llamada Asamblea General de las Asambleas Apostólicas.

La Asamblea General de las Asambleas de la Sede Apostólica se fusionó con otra iglesia, las Asambleas Pentecostales del Mundo (Pentecostal Assemblies of the World – PAW) y aceptó el liderazgo de G. T. Haywood, un afroamericano. Este grupo celebró la primera reunión en Eureka Springs en 1918. Esta organización interracial adoptó el nombre de la PAW y permaneció como el único organismo Pentecostal Unicitario hasta finales de 1924. Las leyes Jim Crow del sur, junto con otras normas raciales y culturales, condujo a que muchos dirigentes blancos salieran de la PAW en vez de permanecer bajo el liderazgo afroamericano. Muchas congregaciones locales en el Sur, no obstante, quedaron integradas mientras que intentaran cumplir con las leyes de segregación local.

En 1925, se formaron tres nuevas iglesias unicitarias: las Iglesias Apostólicas de Jesucristo, la Alianza Ministerial Pentecostal, y la Iglesia de Emmanuel en Jesucristo. En 1927, se dieron pasos hacia la reunificación de estas organizaciones. Reunidos en un convenio conjunto en Guthrie, Oklahoma, la Iglesia de Emmanuel en Jesucristo y las Iglesias Apostólicas de Jesucristo se fusionaron, tomando el nombre de la Iglesia Apostólica de Jesucristo. Esta fusión unió alrededor de 400 ministros pentecostales de la Unicidad. En 1931, una conferencia de unidad con representantes de cuatro organizaciones unicitarias se realizó en Columbus, Ohio, tratando de unificar a todos los pentecostales Unicitarios de Estados Unidos. La Alianza Ministerial Pentecostal votó a favor de fusionarse con la Iglesia Apostólica de Jesucristo, pero los términos de la fusión propuesta fueron rechazados por ese organismo. Sin embargo, una unión entre la Iglesia Apostólica de Jesucristo y la PAW se consumó en noviembre de 1931. El nuevo organismo mantuvo el nombre de las Asambleas Pentecostales del Mundo.

En 1932, la Alianza Ministerial Pentecostal cambió su nombre a la Iglesia Pentecostal Incorporada para reflejar su estructura organizativa. En 1936, ministros de la Iglesia Pentecostal Incorporada, votaron para trabajar hacia una fusión con las Asambleas Pentecostales de Jesucristo. La unión final, sin embargo, resultó difícil de conseguir hasta 1945 cuando estas dos organizaciones Pentecostales unicitarias se integraron para formar la Iglesia Pentecostal Unida Internacional. La fusión de estos dos organismos pentecostales de la Unicidad unió a 1.838 ministros y aproximadamente 900 iglesias. En los últimos años, la IPUI se ha vuelto étnicamente más diversa. Numerosos pastores, presbíteros y superintendentes de distrito afroamericanos ocupan posiciones de liderazgo en la IPUI hoy día. La comunidad hispana/latina tiene su propio organismo de la IPU llamada Iglesia Pentecostal Unida Hispana Inc., con congregaciones localizadas por todos los Estados Unidos. La IPUI es, hoy por hoy, la mayor de las iglesias del pentecostalismo unicitario, pero no es la única. Otras denominaciones pentecostales unicitarias de importancia numérica son la Iglesia Apostólica Internacional, la Iglesia de Jesús en Filipinas, la Asamblea del Señor Jesucristo, la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo de la Fe Apostólica, los Cristianos Evangélicos en el Espíritu de los Apóstoles, la Verdadera Iglesia de Jesús, las Asambleas Pentecostales del Mundo, Inc., la Iglesia del Espíritu Santo de Jesús, la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, la Iglesia Apostólica de Pentecostés de Canadá, las Asambleas Pentecostales de Jesucristo y la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, entre muchas otras.

(Para un mayor estudio referente a la historia del pentecostalismo unicitario, recomiendo la lectura del libro en inglés: Bernard, David. 1999, A History of Christian Doctrine, Volume Three: The Twentieth Century A.D. 1900–2000. Hazelwood, MO: Word Aflame Press).

 

CREENCIAS DISTINTIVAS DEL PENTECOSTALISMO UNICITARIO.

 I.- UNICIDAD DE DIOS:

El pentecostalismo unicitario se adhiere al concepto de Unicidad de la Deidad, en contraste a católicos, ortodoxos y protestantes de entendimiento tradicional, que incorporan el dogma trinitario. Por lo tanto, un entendimiento de la Unicidad es fundamental para comprender la posición del pentecostalismo unicitario. Mientras que los Trinitarios creemos que Dios es un ser que existe eternamente como tres personas que son uno en esencia, la enseñanza de la Unicidad afirma que Dios es un espíritu singular. “Padre”, “Hijo” y “Espíritu Santo” no son más que los títulos que reflejan las diferentes manifestaciones del Único Dios Verdadero en el universo. El Padre y el Espíritu Santo son uno y el mismo, dice esta doctrina; “Padre” se refiere a Dios en relación paternal, mientras que “Espíritu Santo” se refiere a Dios en su actividad. Según este entendimiento de la Deidad, estos dos títulos no reflejan personas distintas en la Deidad, más bien dos diferentes maneras en que el único Dios se revela a sus criaturas.

Según el entendimiento de la Unicidad, el “Hijo” no existe en alguna forma antes de la encarnación de Jesús de Nazaret, excepto en la presciencia de Dios. En Jesús, Dios tomó carne humana en un momento preciso en el tiempo, sin dejar de ser plena y eternamente Dios: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Juan 1:1-14; 1 Timoteo 3:16, Colosenses 2:9). Así, el Padre no es el Hijo (esta distinción es fundamental), pero está en el Hijo como la plenitud de su naturaleza divina (Colosenses 2:9). Para el pentecostalismo unicitario, Jesús es el único Dios verdadero, manifestado en la carne. Por esta razón, prefiere usar el título “Hijo de Dios” en lugar de “Dios el Hijo” para referirse a Cristo.

El pentecostalismo unicitario cree que su concepción de la Deidad es fidedigna al monoteísmo estricto del cristianismo primitivo, lo cual es cuestionable tanto bíblica como históricamente. Ellos contraponen sus puntos de vista no sólo con el Trinitarismo, sino también con el arrianismo adoptado por la Santos de los Últimos Días (mormones), que creen que Cristo era “dios” totalmente separado del Padre y del Espíritu Santo, y los Testigos de Jehová, que lo ven como una deidad menor que su padre. El entendimiento de Dios dentro del pentecostalismo unicitario es similar al Modalismo, aunque no puede ser exactamente caracterizado como tal. Así pues, esta diferencia entre el pentecostalismo unicitario y otros pentecostales y evangélicos (tal como las Asambleas de Dios), ha provocado que las iglesias nacidas del pentecostalismo unicitario sean caracterizadas como sectas.

II.- SOTEROLOGÍA:

El pentecostalismo unicitario deriva su soteriología de Hechos 2:38 y Juan 3:3-5. Creen que, a fin de recibir la salvación bíblica, una persona debe ser espiritualmente nacida de nuevo. Para ellos, esto se logra por morir al pecado mediante el arrepentimiento, siendo sepultado con Jesucristo en el bautismo en agua, y ser resucitado mediante la recepción del bautismo del Espíritu Santo, evidenciado por el hablar en lenguas. Por tal motivo, el bautismo en agua y el hablar en lenguas son considerados esenciales para la salvación.

El pentecostalismo unicitario no reconoce la soteriología aceptada por la mayoría de protestantes y evangélicos (incluidos otros pentecostales), particularmente la creencia en la salvación por fe solamente. Para los pentecostales unicitarios, uno recibe a Cristo cuando sigue su mandamiento de arrepentirse, es bautizado en agua en su Nombre (usando la fórmula del Nombre de Jesús) y recibe el bautismo en el Espíritu Santo evidenciado por el hablar en otras lenguas. Sin estos 3 requisitos no hay salvación. Sólo aquellos que “perseveren hasta el fin” (Mateo 24:13) en esta relación con Cristo serán salvos. Mientras tanto, no hay verdadera seguridad ni certeza de la salvación.

Este sistema soteriológico es considerado herético por los evangélicos ortodoxos, quienes ven en el mismo un sistema de salvación por obras, muy cercano al semipelagianismo. Los pentecostales unicitarios, sin embargo, insisten en negar tal acusación, afirmando que ellos creen que uno es salvado, no por obras, sino por la gracia de Dios. No obstante, insisten en afirmar que la gracia se recibe no sólo por la fe en Jesucristo sino por la obediencia a su mandamiento de nacer de nuevo (ser bautizado en agua en el nombre de Jesús y hablar en lenguas, según su interpretación) y seguir la paz con todos y la santidad sin la cual nadie será salvo. Estas obras, insisten, son hechas por fe en lo que ya está establecido en la Palabra de Dios.

III.- EL ARREPENTIMIENTO:

Los pentecostales unicitarios creen que el arrepentimiento es esencial para la salvación, como se indica en Lucas 13:5 y Hechos 2:38. El arrepentimiento es definido por ellos como un total alejamiento del pecado y con dirección a Dios. Según el pentecostalismo unicitario el arrepentimiento exige al pecador arrepentido tomar los próximos pasos bíblicos hacia el perdón y la reconciliación con Dios: el bautismo en agua en el Nombre de Jesucristo y el bautismo del Espíritu Santo. Por otra parte, el arrepentimiento debe ir acompañado de “quebranto divino”. Esto no es solo pesar, sino un gusto genuino interno del desagrado de Dios sobre el estilo de vida pecaminoso de uno, que a su vez rompe su corazón y lleva a la determinación de abandonar absolutamente el pecado sin remordimientos ni dudas.

El arrepentimiento es considerado un prerrequisito para recibir el Espíritu Santo. Los pentecostales unicitarios enfatizan que nadie puede arrepentirse por su propio poder, sino que requiere un don sobrenatural de la gracia de Dios. Consideran, sin embargo, que el arrepentimiento no conlleva por sí mismo el poder de la salvación, pues a menos que se siga con el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo y del bautismo del Espíritu Santo, el creyente sigue perdido y condenado.

IV.- BAUTISMO EN EL NOMBRE DE JESÚS:

El bautismo en agua en el Nombre de Jesús es un componente esencial de la doctrina del pentecostalismo unicitario. Ellos afirman la necesidad indispensable del bautismo en agua, citando Juan 3:5, Hechos 2:38 y Mateo 28:19. Apuntan a Mateo 3:13-16 como evidencia de que incluso el mismo Jesús fue bautizado. El modo de bautismo es por inmersión completa en agua, efectuado en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.

Esta doctrina de Nombre de Jesús es un punto de discordia entre los pentecostales unicitarios y los cristianos trinitarios. Los pentecostales unicitarios bautizan “en el nombre de Jesucristo”, mientras que los trinitarios utilizamos la fórmula enseñada por el mismo Jesús: “en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Curiosamente, los pentecostales unicitarios utilizan Mateo 28:19 para apoyar sus afirmaciones, sosteniendo que el nombre singular del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es Jesús. Insisten en que el nombre en la Escritura es singular, e implica que los tres títulos se refieren a Jesús. Otros creyentes de la Unicidad afirman que Mateo 28:19 fue cambiado a la fórmula tradicional triuna por la Iglesia Católica, pero tal afirmación es falsa e infundada desde la perspectiva bíblica e histórica.

La creencia del Nombre de Jesús se origina en Hechos 2:38, y los miembros también ponen énfasis en Hechos 8:16, Hechos 10:48, y Hechos 19:5, afirmando que estas son las únicas escrituras que muestran cómo la Iglesia primitiva hizo bautismos, y que la Biblia no autoriza el desvío de esa fórmula.

V.- HABLAR EN LENGUAS:

Los pentecostales unicitarios abrazan la creencia de que el hablar en lenguas es la inmediata, externa, observable, y audible evidencia de la llenura inicial del Espíritu Santo, y es el cumplimiento del mandamiento de Jesús de ser “nacido del Espíritu” en Juan 3:5. En concordancia con el pentecostalismo clásico, consideran que la experiencia de hablar en lenguas implica hablar en una lengua que nunca se ha aprendido antes, y puede darse a todos, independientemente de raza, cultura o idioma. Sus creencias al respecto se derivan de Hechos 2:4, 17, 38-39; 10:46; 19:6, y 1 Corintios 12:13.

Al igual que los grupos pentecostales ortodoxos, los unicitarios consideran que la lengua se convierte en el vehículo de expresión para el Espíritu Santo (Santiago 3), y simboliza el control completo de Dios sobre el creyente. Su doctrina distingue entre el acto inicial de hablar en lenguas que acompaña al bautismo en el Espíritu, y el don de “diversos géneros de lenguas” mencionado por Pablo en 1 Corintios 12:10, 28-30. Mientras que el primero se considera evidencia indispensable del Bautismo en el Espíritu Santo, el regalo último no es necesariamente mantenido para todos los creyentes una vez que han hablado en lenguas inicialmente. Consideran que los incidentes de hablar en lenguas descritos en Hechos, aunque son lo mismo en esencia, son diferentes en operación y propósito de las lenguas dichas en 1 Corintios 12 -14. Estos últimos son dados a los creyentes seleccionados como el Espíritu decide.

Sin embargo, se separan de la ortodoxia pentecostal al afirmar que el hablar en otras lenguas sirve como signo y es además considerado una parte indispensable del proceso de salvación de una persona: Nadie es considerado salvo si nunca ha hablado en otras lenguas.

 (Para una mayor explicación sobre las doctrinas del pentecostalismo unicitario, recomiendo la lectura del libro en inglés: Bernard, David K., 2011. The Apostolic Life. Hazelwood, Missouri: Word Aflame Press)

 

VI.- VIDA CRISTIANA:

Los pentecostales unicitarios enfatizan teóricamente que la salvación se logra por la gracia mediante la fe en Cristo, pero añaden que esta no es posible sin la obediencia a su orden de “nacer de agua y del Espíritu” (Juan 3:5); es decir, bautizarse en el Nombre de Jesús solo y hablar en lenguas. Afirman creer, al menos de palabra, que ninguna cantidad de buenas obras u obediencia a las leyes o las normas pueden salvar a nadie (Tito 3:5). Sin embargo, en contradicción con lo que dicen creer, enseñan un código de conducta que debe ser observado si se desea ser salvo. Ellos creen que dicho código fue ordenado en la Escritura por los Apóstoles.

Según su interpretación, la santidad interior, como demostración de los frutos del Espíritu en la vida del cristiano, se acompaña de signos externos de santidad. Estos incluyen la creencia de que las mujeres no deben cortarse el cabello, además, que deben usar vestidos o faldas en lugar de pantalones. Según su interpretación, tal prohibición está en conformidad con el mandato bíblico dado en Deuteronomio 22:5, el cual manda que “la mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer “. En cuanto al largo de las faldas se espera generalmente que lleguen por debajo de la rodilla. Mujeres y hombres por igual son alentados a “adornarse [ellos mismos] de ropa decorosa, con pudor y modestia”, y son disuadidos de usar cosméticos o joyas, bíblicamente definido como “oro, o perlas, o adornos ostentosos” (1 Timoteo 2:9-10). La severidad precisa para que estas normas sean acatadas.

Algunas denominaciones como la IPUI incluso llegaron en un tiempo a considerar pecado la posesión de un televisor. Esto podría parecer trivial para nosotros, pero no lo es dentro de dicho movimiento. Por ejemplo, en un intento de agilizar la causa de la evangelización, la Conferencia General de 2007 de la IPUI vio una mayoría de ministros votar a favor de una resolución que permita el uso de la televisión en la publicidad. Esta propuesta fue aprobada por sólo 84 votos, y actualmente permite la publicidad a través de este medio. La resolución fue examinada por un año por un comité especial antes de la votación final y no se adoptó sino hasta después de una cuidadosa consideración. Esta resolución causó que muchos ministros amenazaran con abandonar la IPUI. Por lo menos una nueva organización, la Comunidad Pentecostal Mundial, se formó en Tulsa, Oklahoma por este motivo. Otros temas controvertidos incluyen: hombres vestidos con pantalones cortos, la asistencia a cines y baños mixtos.

 (Para una mayor explicación sobre las prácticas y normas del pentecostalismo unicitario, recomiendo la lectura del libro en inglés:An Overview of Basic Doctrines, Section IV “Holiness and Christian Living,” Word Aflame Press, 1979).

 

LITURGIA EN EL PENTECOSTALISMO UNICITARIO.

Los servicios de adoración en las iglesias pentecostales unicitarias son a menudo descritos como de naturaleza festiva y emocional, con miembros saltando, danzando, cantando, gritando y aplaudiendo, como en todas las iglesias pentecostales. Algunas personas corren por los pasillos de la iglesia, lo que se conoce como “marcha de victoria”. Los servicios a menudo son interrumpidos por actos de hablar en lenguas (glosolalia), interpretación de lenguas, mensajes proféticos, e imposición de manos para propósitos de sanidad. Estos acontecimientos pueden ocurrir espontáneamente. A menudo se realizan masivas “llamados al altar” donde la congregación entera es animada a venir y orar juntos en el frente de la iglesia.

 

CONCLUSIÓN.

El pentecostalismo unicitario, también llamado pentecostalismo del nombre de Jesucristo o Solo Jesús, ​ es una de las cinco ramas del pentecostalismo moderno. Se caracteriza por practicar la doctrina de la Unicidad de Dios, es decir, por no creer en la Santísima Trinidad y considerar al «Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» como manifestaciones de YHWH, EL Dios del Antiguo Testamento, ​ siendo su principal manifestación la figura de Jesucristo. En consecuencia, sus creyentes practican el bautismo en el nombre de Jesús, en lugar de seguir la forma trinitaria del bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los pentecostales unicitarios fundamentan su unitarismo en pasajes del Antiguo Testamento como Deuteronomio 6:4; sin embargo, el modalismo de los pentecostales unicitarios ha sido duramente criticado por los movimientos pentecostales trinitarios.

Al afirmar que el bautismo en agua y el hablar en lenguas equivalen a nacer de nuevo y, por lo tanto, son indispensables para la salvación, los pentecostales unicitarios se alejan enormemente de la ortodoxia pentecostal. Su legalismo y contradictorio sistema soteriológico también han sido cuestionados duramente, ya que muestran un alejamiento de la teología protestante ortodoxa. Por tal motivo, muchos evangélicos no vacilan en catalogar como sectas a las diversas iglesias pentecostales unicitarias. En artículos posteriores analizaremos con mayor amplitud las doctrinas del pentecostalismo unicitario a la luz de la Biblia.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Bernard, David (1999). A History of Christian Doctrine, Volume Three: The Twentieth Century A.D. 1900–2000. Hazelwood, MO: Word Aflame Press.
  • Bernard, David K. (2011). The Apostolic Life. Hazelwood, Missouri: Word Aflame Press.
  • Thomas A. Fudge: Christianity Without the Cross: A History of Salvation in Oneness Pentecotalism. Universal Publishers, 2003.
  • An Overview of Basic Doctrines, Section IV “Holiness and Christian Living,” Word Aflame Press, 1979.

 

Molinismo

Molinismo: ¿Una nueva herejía?

 

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las posiciones en cuanto a la salvación están en dos extremos de la balanza: la agustiniana contra la pelagiana. Sin embargo, el agustinismo (conocido en su forma protestante como calvinismo) y el pelagianismo no son las únicas posiciones soteriológicas sustentadas por la cristiandad. En el medio de ambos extremos se encuentra el arminianismo (por el lado protestante) y el molinismo (por el lado católico). En su mayoría, los pentecostales somos arminianos en nuestra soteriología; sin embargo, cada vez más protestantes (algunos pentecostales incluidos) se inclinan por el molinismo. Pero ¿Qué es el molinismo?

¿QUÉ ES EL MOLINISMO?

La doctrina molinista o molinismo es una doctrina religiosa cristiana que intenta reconciliar la providencia de Dios con el libre albedrío humano. El término proviene del apellido del teólogo católico español Luis de Molina, jesuita del siglo XVI. William Lane Craig, teólogo protestante, es uno de sus mejores defensores conocidos hoy en día, aunque otros molinistas importantes incluyen Alfred Freddoso y Thomas Flint. En términos básicos, los molinistas sostienen que además de conocer todo lo que hace o que va a pasar, Dios también sabe lo que sus criaturas elegirían libremente si estuvieran en cualquier otra circunstancia distinta de su realidad presente.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS DEL MOLINISMO.

En el siglo XVI, Luis de Molina (Cuenca, 29 de septiembre de 1535 – Madrid, 12 de octubre de 1600), un sacerdote jesuita español, teólogo y jurista intentó frenar el avance del protestantismo en Europa. De Molina se opuso a la doctrina protestante de la predestinación, defendida por Martín Lutero en La voluntad determinada y Juan Calvino en su Institución de la Religión Cristiana. El pensador español no quiso que el mensaje protestante eliminase el concepto de la libertad de la criatura. Creyó que el protestantismo estaba sofocando el libre albedrío. Sus ideas quedaron plasmadas en su obra maestra titulada La Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, publicada en Lisboa en 1588, en latín, la cual es considerada una de las obras más importantes de la gran filosofía escolástica española del siglo XVI.

Así pues, el molinismo nació con el propósito expreso de combatir la doctrina calvinista de algunos Reformadores, según la cual tanto los pecadores como el justo han perdido la libertad de la voluntad. El molinismo mantiene y defiende denodadamente el dogma Tridentino que enseña que la libertad de la voluntad no ha sido destruida por el pecado original y que esta libertad permanece intacta bajo la influencia de la Gracia divina (Cf. Sess. VI, can iv-v en Denzinger, “Enchiridion”, ed. Bannwart, Freiburg, 1908, nn. 814-15).

Para el molinismo la libertad de la voluntad es una consecuencia de la inteligencia, y como tal el más precioso don del hombre, una dote que nunca puede perder sin aniquilar su propia naturaleza. El hombre es necesariamente libre en todos los estados de la vida, actual o posible, sea ese estado la naturaleza pura, como en los animales (status purœ naturœ), o el estado de naturaleza caída (status naturœ lapsœ), o el estado de regeneración (status naturœ reparatœ). Si se privara al hombre de la libertad de la voluntad necesariamente degeneraría en su naturaleza y se hundiría al nivel de los animales.

De acuerdo con el molinismo, puesto el estado de pura naturaleza, privado de la gracia sobrenatural y sin una justicia sobrenatural, nunca existió y puesto que el estado de justicia original no ha sido reestablecido por la redención de Cristo, solo se puede tener en consideración el estado presente del hombre para resolver el problema de la relación entre la gracia y la libre voluntad. A pesar del pecado original y la concupiscencia, el hombre es aún libre, no solo respecto al bien y mal éticos en sus acciones naturales sino también en sus obras salvíficas sobrenaturales en las que la gracia divina coopera con su voluntad (sinergismo).

El molinismo escapa de las sospechas de pelagianismo afirmando desde el principio que el alma con sus facultades (intelecto y voluntad) deben ser primero constituidas por la gracia previniente, un principio sobrenatural de operación in actu primo, antes de poder, en conjunción con la ayuda del concurso sobrenatural de Dios, realizar un acto salvífico in actu secundo. Así, el acto salvífico es en sí mismo un acto de la gracia más que de la voluntad; es la obra común de Dios y el hombre, porque mientras que el elemento sobrenatural de acto se debe a Dios, a su vitalidad y libertad al hombre.

No se debe imaginar, sin embargo, que la voluntad tiene tal influencia en la gracia que refuerza el poder de la misma; el hecho es más bien que el poder sobrenatural de la gracia se transforma primero en energía vital de la voluntad y después, como concurso sobrenatural, excita y acompaña al acto libre salvífico. En otras palabras, la gracia como ayuda y cooperadora (gratia adiuvans seu cooperans), produce el acto conjuntamente con la voluntad. De acuerdo con esta explicación la divina gracia no solo hace el acto sobrenatural posible, sino que el acto mismo, aunque libre, depende completamente de la gracia, porque es la gracia la que hace posible el acto salvífico y la que estimula y asiste en producirlo. Así el acto es completamente producido por Dios como primera causa (Causa prima), y también completamente por la voluntad como causa segunda (causa secunda). Una mente sin prejuicios debe reconocer que esta exposición está lejos de incurrir en la sospecha de Pelagianismo o Semipelagianismo.

El Molinismo pretende armonizar dos verdades bíblicas aparentemente irreconciliables: (1) Dios ejercita soberano control sobre toda su creación y (2) los seres humanos son agentes libres, responsables por sus actos. Es importante notar que tanto el Calvinismo como el Arminianismo afirman estas verdades, pero el Calvinismo tiende mucho a enfatizar la soberanía de Dios, lo cual, llevado a un extremo, cae en el fatalismo, haciendo a Dios el autor del mal. Por otra parte, el libertarismo llevado al extremo puede llevar al Pelagianismo. El Molinista afirma rechazar ambas posiciones enseñando que Dios es soberano por medio de su atributo de omnisciencia.

EL CONOCIMIENTO MEDIO.

La ortodoxia protestante divide el conocimiento de Dios en dos grandes bloques, a saber, el conocimiento natural de Dios (scientia necessaria), y el conocimiento libre de Dios (scientia definita). El primer tipo de conocimiento se refiere a todo lo que Dios sabe en cuanto a su propia naturaleza y a todas las posibilidades compatibles con su naturaleza; la segunda clase de conocimiento tiene que ver con lo que Dios ha decretado efectuar por su libre voluntad.

A diferencia del protestantismo tradicional, en el molinismo la omnisciencia incluye tres tipos de conocimiento divino: conocimiento natural, conocimiento medio y conocimiento libre. Para el molinista, Dios tiene conocimiento natural—todas las verdades necesarias—y conocimiento libre—todas las verdades del mundo presente. Sin embargo, el molinismo coloca antes del conocimiento libre, el denominado conocimiento medio, incluyendo verdades contrafactuales—todo el conocimiento de los mundos posibles que podrían llevar a cabo la voluntad soberana de Dios. Contiene conocimiento acerca de todas las elecciones y decisiones de agentes libres si fuesen creados en un mundo en particular usando conocimiento contrafactual. Contrafactuales (CC) son estatutos condicionales del tipo “si… entonces…” en modo subjuntivo. Según el molinismo, estos estatutos son indispensables para el mecanismo de decisiones humanas. Por medio del uso del conocimiento medio—antes del decreto divino (creación)—Dios sabe lo que las criaturas harían en cualquier situación dada. Utilizando este conocimiento Él puede entonces materializar el universo por medio de su decreto divino en el que su soberana voluntad se lleva a cabo sin violación de la libertad humana. Una vez que Dios materializa el universo, entonces posee conocimiento libre de todos los hechos futuros.

El molinismo pues, afirma que, a partir del conjunto infinito de mundos posibles que pudiesen existir (conocimiento natural de Dios), existe un subconjunto infinito de mundos factibles que podrían llevar a cabo Su voluntad (conocimiento medio de Dios). Es así como en el modelo Molinista se afirma que Dios controla absolutamente todo soberanamente, y esto a pesar de que los humanos poseen verdadero libre albedrío por el que deben de dar cuentas (Kenneth Keathley, Salvation and Sovereignty: A Molinist Account, Nashville, TN: B&H Publishing, 2010, pp. 385-388).

EL MOLINISMO SE EXPANDE AL MUNDO EVANGÉLICO.

La fuerza y atractivo filosófico del molinismo no sólo atrajo a muchos teólogos católicos. El molinismo halló rápidamente adeptos en el movimiento evangélico moderno. Ciertamente no existe una denominación protestante o evangélica que se identifique como molinista; sin embargo, muchos teólogos y grandes pensadores modernos del sector protestante se inclinan por dicho sistema soteriológico. Uno de ellos, y quizá su más famoso exponente hoy en día, es el Dr. William Lane Craig.

William Lane Craig es un filósofo​ analítico y teólogo​ cristiano estadounidense. El trabajo filosófico de Craig se enfoca en la filosofía de la religión, la metafísica y la filosofía del tiempo. Su interés teológico se encuentra en los estudios del Jesús histórico y en la teología filosófica. Craig no sólo es el molinista protestante más famoso de la actualidad, sino que también ha hecho importantes contribuciones a las discusiones del argumento cosmológico a favor de la existencia de Dios, de la omnisciencia divina, de las teorías del tiempo y la eternidad, y de la historicidad de la resurrección de Jesús. Su investigación actual trata con la aseidad divina (auto-suficiencia) de Dios y con el desafío que plantean los relatos platónicos de los objetos abstractos para esta doctrina. Craig es autor de varios libros, siendo el más notable de ellos Reasonable Faith, publicado en español como Fe Razonable.

Construyendo sobre la obra de Alfred Freddoso, Craig es un férreo opositor del fatalismo y el determinismo calvinista, a la vez que defiende con fervor las ideas molinistas del conocimiento medio, los contrafácticos y la libertad humana.

¿IDEAS EXTRAÑAS, O ARMINIANISMO PARA NERDS?

Comprender el molinismo y sus postulados requiere conocer previamente el significado de varios términos usados por sus defensores para explicar su doctrina, entre ellos:

  1. ACTUALIZAR: Crear, materializar algo. Dicha actualización puede ser:
  • ACTUALIZACIÓN DÉBIL: Dios creando a un agente en circunstancias en donde Él sabía que el agente haría algo libremente. (Por ejemplo, el suicidio de Saúl).
  • ACTUALIZACIÓN FUERTE: Cuando Dios trae u ocasiona un estado de cosas a través de un ejercicio de su poder causal (por ejemplo, partir en dos el Mar Rojo, levantar a Jesús de entre los muertos).

 

  1. COMPATIBILISMO O DETERMINISMO SUAVE: El Compatibilismo es un intento de conciliar la proposición teológica de que cada evento es causalmente determinado, ordenado o decretado por Dios (esto es, el determinismo, no debe ser confundido con el fatalismo) – con el libre albedrío del hombre. Promulgado originalmente desde el punto de vista filosófico por los griegos estoicos y más tarde por numerosos filósofos como Thomas Hobbes y David Hume, y desde el punto de vista teológico por teólogos como Agustín de Hipona y Juan Calvino, el concepto del Compatibilismo del libre albedrío establecerá que, aunque el libre albedrío del hombre parece irreconciliable con la proposición del determinismo, ambos existen y son “compatibles” uno con el otro.

 

  1. COMPONIBILIDAD: La componibilidad (del latín componere, “poner juntos”) es un concepto filosófico debido a Leibniz por la que algo es posible en relación con algunos estados de cosas, hechos o circunstancias. Leibniz estableció que un elemento individual completo (por ejemplo, una persona) se caracteriza por todas sus propiedades, y éstas determinan sus relaciones con otros elementos individuales. La existencia de un elemento individual puede contradecir la existencia de otro. Un mundo posible comprende elementos individuales que son componibles; es decir, elementos individuales que pueden existir juntos. Leibniz indica que un mundo es un conjunto de elementos componibles, sin embargo, un mundo es una especie de colección de elementos que Dios podría traer a la existencia. Pero ni siquiera Dios puede traer a la existencia un mundo en el que hubiera una cierta contradicción entre sus miembros o propiedades.

 

  1. CONOCIMIENTO LIBRE (SCIENTIA LIBERA): El “momento lógico” en el conocimiento de Dios en donde Él sabe todas las proposiciones verdaderas en el mundo actual.

 

  1. CONOCIMIENTO MEDIO (SCIENTIA MEDIA): Localizada entre el Conocimiento Natural de Dios y su Conocimiento Libre, este “momento lógico” contiene verdades contingentes que no dependen de Dios; contienen, por lo tanto, Contrafácticos de la Libertad Criatural (CLC), como cualquier otro contrafáctico que es tanto contingente como no dependiente de Dios, si es que lo hay (por ejemplo, contrafácticos de la mecánica cuántica en una interpretación indeterminista).

 

  1. CONOCIMIENTO NATURAL/NECESARIO (SCIENTIA NATURALIS): Esto se refiere al “momento lógico” en donde Dios conoce todas las verdades necesarias, tales como las verdades de las matemáticas y la lógica. Este momento también incluye todas las posibilidades, ya que todo lo que es posible es necesariamente posible. Estas verdades no están bajo el control de Dios, pero tampoco son contingentes.

 

  1. CONTINGENCIA: La contingencia es el modo de ser de lo que no es necesario ni imposible, sino que puede ser o no ser el caso. ​ En general la contingencia se predica de los estados de cosas, los hechos, los eventos o las proposiciones. Es la noción que algo podría haber sido de otra manera o lo contrario. Una verdad contingente es algo que pasa a ser verdad, pero obviamente podría haber sido falso. Si una declaración es contingentemente verdadera, entonces eso significa que la alternativa fue genuinamente posible. Se suelen emplear algunos pasajes de la Biblia para defender la idea molinista de contingencia, por ejemplo: Génesis 19:2-3, 1 Samuel 13:13-14, 2 Reyes 13:19, Isaías 38:1-5 y Amós 7:1-6.

 

  1. CONTRAFÁCTICOS: Se denomina contrafactual o contrafáctico a todo acontecimiento o a toda situación que no ha sucedido en el universo actualmente observable por la investigación humana, pero que podría haber ocurrido (la situación o acontecimiento fácticos o fenoménicamente existentes son llamados por este motivo, algo ambiguamente, «actuales»). Se dice que el acontecimiento o la situación forman parte de un universo posible, mientras que el acontecimiento o situación actuales forman parte del universo fáctico o universo actual o universo real. Por ejemplo, en el mundo actual Aristóteles fue discípulo de Platón, pero en varios universos posibles Aristóteles puede no haber sido discípulo de Platón. En oposición a los contrafácticos se encuentra el necesitarismo, (las cosas deben ocurrir necesariamente tal cual ocurren), por ende, acepta sólo como posibles las cosas del mundo actual (actualismo). Los contrafácticos exhiben una estructura “si-entonces”, pero se utiliza un lenguaje de “estuviera-hubiera”. Este lenguaje indica situaciones que llegarían a pasar, si hubiera un escenario para ser cierto. Ejemplo: “Si Carlos estuviera en C, él se casaría libremente con Diana.” Este es un ejemplo de un tipo de contrafáctico en particular llamado “contrafácticos de la libertad Criatural (CLC o CFF en inglés)”. Se suelen presentar los siguientes pasajes de las Escrituras como evidencia del conocimiento contrafáctico de Dios: 1 Samuel 12:13-14, 23:10-13, Jeremías 38:17-18, Mateo 11:21-23, etc.

 

  1. DETERMINISMO: Es una doctrina filosófica según la cual todo fenómeno está prefijado de una manera necesaria por las circunstancias o condiciones en que se produce, y, por consiguiente, ninguno de los actos de nuestra voluntad es libre, sino necesariamente preestablecido. El determinismo argumenta que ya que el carácter de una persona (o la naturaleza, de acuerdo con algunos deterministas) determina sus decisiones, entonces en cualquier situación dada, una y solo una opción es en realidad posible. Cuando una persona hace una decisión, las condiciones previas (es decir, las circunstancias externas y el carácter interno de la persona) la dictan de manera que ninguna otra decisión pueda hacerse. El calvinismo suele considerarse determinista en su comprensión de la realidad: Todo es dirigido por la providencia y la soberanía divinas.

 

  1. ESTADOS DE COSAS: Situación general de un lugar y tiempo determinados. Se debe aclarar que la palabra “determinados” en esta definición no denota determinismo causal, sino que es utilizado en un sentido mundano.

 

  1. GRACIA PREVENIENTE (VERSIÓN MOLINISTA): Es el acto o proceso monergista de Dios, para llevarnos a la regeneración. Se debe notar que la gracia preveniente no es el proceso de regeneración, sino el proceso de llegar a la regeneración. Y este proceso es resistible.

 

  1. LIBRE ALBEDRÍO LIBERTARIANO FUERTE: Este punto de vista del libre albedrío libertariano (LAL) declara que para que una acción sea libre, el agente debe ser libre de escoger A o no A en cualquier situación en particular. Esta versión del LAL es completamente compatible con el Molinismo.

 

  1. LIBRE ALBEDRÍO LIBERTARIANO SUAVE: Este punto de vista del LAL declara que para que una acción sea libre, un agente debe ser el creador causal de sus propias decisiones, y no debe ser causalmente limitado por nada, por lo que las decisiones permanecen indeterminadas.

 

  1. MUNDO FACTIBLE O VIABLE: Este es un subconjunto en particular de mundos posibles que no solo tiene todas las proposiciones como componiblemente verdaderas, sino también todos los contrafácticos de libertad criatural mutualmente consistentes.

 

  1. MUNDO POSIBLE: Un dispositivo filosófico utilizado para expresar las afirmaciones modales. Se refiere a la manera que el mundo pudo haber sido. Puede ser pensado como un máximo estado de cosas que incluye cada otro estado de cosas o su complemento. Uno puede pensarlo también como una conjunción compuesta de cada declaración o su contradictorio. Este estado de cosas o declaraciones debe ser componible.

El molinismo quizá resulte ininteligible para el cristiano promedio, pero ciertamente resulta fascinante para cristianos con formación filosófica. Por tal motivo, muchos calvinistas no dudan en calificar al molinismo como un mero “arminianismo filosófico” o “arminianismo sofisticado”, es decir, arminianismo para nerds sin fundamento en la Palabra de Dios. Pero ¿Es realmente el molinismo una versión sofisticada de arminianismo? Analicemos brevemente las similitudes entre ambos sistemas.

R.O.S.E.S. (LOS 5 PUNTOS DEL MOLINISMO).

Es evidente en el molinismo la intención de reconocer y de afirmar el papel decisivo de la libertad del hombre, tanto en el orden natural como en el espiritual. La opción por el bien de parte del hombre provoca el concurso simultáneo de Dios, hace que sea eficaz el don de la gracia, realiza el plan del Creador y conduce de este modo a la salvación. Desde su perspectiva, Dios conoce lo que hará la voluntad libre en las diversas situaciones en que llegue a encontrarse una persona y sabe, en virtud del conocimiento libre, en qué situaciones llegará efectivamente a encontrarse la persona, pudiendo así prever con certeza el buen resultado de la gracia que va a dar a cada uno.

Bajo esta perspectiva, los predestinados son aquellos que han recibido de Dios las gracias con las que han colaborado libremente según la previsión infalible de Dios; los réprobos, por el contrario, no son aquellos a los que Dios no ha concedido las gracias para salvarse, sino los que reciben el castigo debido a su negativa prevista a salvarse. Para Molina el enemigo a vencer era el calvinismo. Lo que Molina pretendía hacer era combatir la doctrina de la doble predestinación (la elección divina de los justos para salvación y los réprobos para condenación), así como el determinismo (que Dios ha determinado y predestinado todo en el universo de antemano).

Así como la soteriología arminiana se resume en el acrónimo F.A.C.T.S. y la calvinista en T.U.L.I.P. la soteriología molinista también tiene su acrónimo, que es R.O.S.E.S. (Rosas en español).

  • R – RADICAL DEPRAVATY. La depravación radical en el molinismo equivale a la Total depravación del calvinismo y del arminianismo clásico, pero lo llaman de ese modo para no causar la controversia que se da al pensar que el ser humano está todo lo depravado que puede ser. Los molinistas también enseñan que la humanidad es completamente incapaz de venir a Dios por ellos mismos.

 

  • O – OVERCOMING GRACE. Superación de la Gracia. La gracia preveniente libera la voluntad humana dejándola lista para elegir o rechazar libremente a Dios. En este punto el molinismo trata de alejarse del semipelagianismo, al decirnos que la gracia prepara el alma para que nosotros decidamos seguir o no al Señor, al final es sinergismo post gracia, pero sinergismo al fin.

 

  • S. – SINGULAR REDEMPTION. Redención singular. Como todos están perdidos a causa de la depravación radical DIOS tomó la iniciativa de salvar a todos, como Dios desea que todos sean salvos, envió a Jesús a morir por todos, y como murió por todos, la salvación se vuelve real y accesible para todos, de aquí emana la gracia preveniente. Para evitar caer en el universalismo, los molinistas afirman que el sacrificio de Cristo no provee la salvación de todos, solo la hace posible.

 

  • E. – ETERNAL LIFE. Vida eterna. Es el sinónimo de la perseverancia de los santos del calvinismo, contrario al semipelagianismo y al arminianismo, habla de una seguridad en los salvos, una vida eterna garantizada sin la posibilidad de perder la salvación.

 

  • S. – SOVEREING ELECTION. Elección soberana, en lugar de elección incondicional. En el calvinismo, la elección incondicional es presentada de tal manera que da la impresión de que aquellos que mueren sin Cristo lo hicieron porque Dios nunca deseo su salvación en primer lugar. El nuevo término empleado por el molinismo (elección soberana) afirma que Dios desea la salvación de todos, pero haciendo énfasis en que nuestra salvación no está basada en nosotros escogiendo a Dios, sino en Dios escogiéndonos a nosotros (por su conocimiento medio).

¿CUÁL ES EL PROBLEMA CON EL MOLINISMO?

Como todo sistema teológico ideado por el hombre, el molinismo es imperfecto y falible. Tiene fortalezas y puntos débiles. Sus detractores también son muchos. Los calvinistas, por ejemplo, argumentan que el molinismo no deja de ser una especie de arminianismo sofisticado, que atenta contra la deidad de Dios, la antropología bíblica, y que además es incoherente con sus propios postulados filosóficos. Muchos arminianos, por otro lado, prefieren distanciarse del molinismo pues no ven necesarias las innovaciones teológicas y filosóficas de dicho sistema.

  1. Primero, para muchos el molinismo pone en tela de juicio la plena deidad de Dios ya que presupone que haya situaciones hipotéticas que podrían ocurrir independientes de su providencia. Estas situaciones hipotéticas están fuera del control de Dios y por lo tanto el Todopoderoso se ve obligado a escoger crear el mejor mundo posible de entre las opciones que le dan esas situaciones hipotéticas. Dios, pues, es como un jugador de cartas cósmico que solamente puede jugar conforme a las cartas que le fueron repartidas antes de la creación del mundo. Tal Dios no es soberano en el sentido bíblico del término. ¿Acaso no estipula el Salmo 115:3 que Dios hace todo lo que quiere? Al abrir la puerta hacia un cosmos sin el pleno dominio de Dios, se coronan el azar y la suerte en lugar del Rey de los siglos.

 

  1. Segundo, el Conocimiento Medio significa que Dios aprende lo que serán las decisiones de las personas sólo cuando estas ocurran. Dios sería entonces ignorante acerca de las futuras decisiones del hombre. Esto viola la Escritura que dice que Dios conoce todas las cosas (1 Juan 3:20) y no sólo las cosas que suceden en realidad. De hecho, los versículos usados por los Molinistas para apoyar el Conocimiento Medio en Mateo 11:21-24 y 1 Corintios 2:8, pueden ser usados para mostrar que el conocimiento de Dios es absoluto cuando se trata de eventos potenciales, no en desarrollo; y Él no aprende; Él conoce.

 

  1. Tercero, como el Conocimiento del Medio está relacionado a la libertad humana, éste falla en que no entiende la depravación del hombre. Las Escrituras no enseñan que la persona no regenerada puede escoger libremente a Dios. El corazón del hombre es engañador y perverso (Jeremías 17:9), el hombre está lleno de maldad (Marcos 7:21-23), ama más las tinieblas (Juan 3:19), no busca a Dios (Romanos 3:10-12), es impío (Romanos 5:6), está muerto en sus pecados (Efesios 2:1), es por naturaleza hijo de ira (Efesios 2:3), no puede entender las cosas espirituales (1 Corintios 2:4), y es, un esclavo del pecado (Romano 6:16-20). Por lo tanto, lo que es importante aquí, es entender que un no creyente es incapaz, en cualquier mundo posible, de entender y aceptar a Cristo dada su naturaleza caída, su estado no regenerado. Esta es la razón por la cual la Biblia enseña cosas como que Dios es quien ordena a las personas para que crean (Hechos 13:48), escoge quién será santo y sin mancha (Efesios 1:4), llama de acuerdo a Su propósito (2 Timoteo 1:9), nos escoge para salvación (2 Tesalonicenses 2:13-14), concede el acto de creer (Filipenses 1:29), concede arrepentimiento (2 Timoteo 2:24-26), nos hace nacer de nuevo (1 Pedro 1:3), trae a las personas a Sí (Juan 6:44, 65), nos predestina para salvación (Romanos 8:29-30) y nos adopta de acuerdo a Su propósito (Efesios 1:5; 1:11), nos hace nacer de nuevo no por nuestra voluntad sino por la Él (Juan 1:12-12), y trabaja la fe en el creyente (Juan 6:28-29). Aparentemente, el molinismo no toma en serio la corrupción radical del ser humano, ignorando que no hay ningún mundo posible en el cual un ser humano caído aceptaría a Cristo sin que la gracia del Espíritu lo atrajera. La conversión es siempre la obra del Omnipotente, nunca la decisión autónoma de un ser humano espiritualmente neutral. Por lo tanto, la idea de que hay un mundo hipotético en el cual un ser humano podría escoger a Cristo libremente (o sea, sin la intervención del Señor) es simplemente ficticia. La salvación, nos recuerda el profeta Jonás, es del Señor (Jonás 2:8).

 

  1. Cuarto, en términos puramente filosóficos, los teólogos protestantes ortodoxos (tanto arminianos como calvinistas) destacan que sí creen en el conocimiento medio ya que están convencidos de que Dios sabe todo lo que pasaría en todos los diferentes mundos posibles. Sin embargo, para ellos este conocimiento forma parte del conocimiento natural de Dios (scientia necessaria), es decir, no hay una tercera clase de conocimiento separado del conocimiento natural o libre de Dios. Proponer una tercera vía solo sirve para complicar la epistemología divina innecesariamente.

 

  1. Finalmente, y de forma bastante irónica, el molinismo acaba negando la libertad del individuo que pretende defender. Por ejemplo, si Dios decide crear un mundo en el cual un ser humano X ha de aceptar a Cristo, sus decisiones ya están todas predeterminadas. Tal individuo va a aceptar a Cristo sí o sí. En cada momento, todo lo que hace, piensa, dice, siente, y escoge tal persona está totalmente predestinado. Así que, en última instancia, el molinista acaba disparándose en el pie, hablando filosóficamente. De hecho, su postura es más fatalista que la perspectiva protestante tradicional. ¿Por qué? Porque en el molinismo, Dios decide crear un mundo según las cartas que el azar le reparta. El hombre, entonces, está sujeto al ciego proceso del azar. Pero en la teología, tanto calvinista como arminiana clásica, el ser humano se encuentra arropado por un Salvador bueno, misericordioso, y soberano, que dirige todas las cosas providencialmente para la gloria de su nombre y el bien de su pueblo.

ENTONCES… ¿QUÉ DEBEMOS PENSAR ACERCA DEL MOLINISMO?

¿Qué debemos pensar los cristianos arminianos acerca del molinismo? Los críticos del molinismo argumentan que el molinismo es más filosófico que bíblico. Según ellos, el molinismo debe recurrir a malabares filosóficos para reconciliar la soberanía de Dios y el libre albedrío humano en la elección de los que han de ser salvos, pero carece de fundamentos bíblicos solidos que lo respalden. La naturaleza filosófica del molinismo es obvia. Esto no necesariamente tiene que ser malo, pues toda verdad nos concierne, no sólo la verdad religiosa.

Algunos objetores al molinismo lo han tachado de herejía ideada por los semipelagianos, y sus defensores han sido acusados de aceptar un método teológico que se deriva no del texto a una especulación filosófica sino de una especulación filosófica al texto. Frecuentemente los molinistas son acusados de permitir que sus presuposiciones filosóficas distorsionen la exegesis gramático-histórica del texto, pero esto sería negado severamente por cualquier molinista.

Muchos arminianos se ven atraídos por el molinismo debido a sus obvias similitudes. El R.O.S.E.S del molinismo es muy similar al F.A.C.T.S de los arminianos. No podemos negar las similitudes, pero tampoco ignorar algunas diferencias entre ambos sistemas.

Otros cristianos rechazan el molinismo por su origen católico y jesuita. Pero cualquiera sea la razón para aceptarlo o rechazarlo, lo que sí es innegable es que los postulados del molinismo y su terminología no se encuentran explícitamente en la Biblia. Los molinistas argumentan que eso no significa que sus postulados y doctrinas sean falsos. Pero no pueden negar que la Biblia no habla sobre “mundos posibles”, “mundos viables”, “conocimiento medio”, o algo similar a eso.

Concordamos con muchos de nuestros hermanos arminianos en que hay algo interesante y enigmático con respecto molinismo, más la respuesta del protestantismo ortodoxo ha sido – y debe seguir siendo – que la idea misma del conocimiento medio es una especulación innecesaria. La existencia misma del molinismo nos invita a vigilar nuestras concepciones filosóficas a la luz de las Escrituras. Suele ser perjudicial poner a divagar nuestra razón, pensando que es soberana, cuando ni la razón ni la voluntad lo son, a fin de cuentas. De hecho, “como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place” (Proverbios 21:1). Y “más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” (Jeremías 17:9). Guardémonos de poner nuestros conceptos por encima de la Palabra de Dios. En suma, los protestantes contemporáneos haríamos bien en mantenernos anclados en los caminos de la ortodoxia.

 

 

Navidad

La Navidad, emblema de una sana Cristología.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

La Navidad es más que una fiesta y adornos coloridos. La Navidad nos invita a reflexionar en una de las grandes verdades teológicas de la fe cristiana. Junto con el gran teólogo y filósofo Anselmo de Canterbury nos hacemos la pregunta: ¿Cur deus homo? ¿Por qué el Dios-Hombre? Cuando miramos la respuesta bíblica a esa pregunta, vemos que el propósito detrás de la encarnación de Cristo fue cumplir su obra como el mediador establecido por Dios. Dice en 1 Timoteo 2:5-6, “Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien Se dio a sí mismo…”. Nuestro único Mediador, quien es el agente que reconcilia a Dios con el hombre, es aquel que participa tanto de la deidad como de la humanidad. En el Evangelio de Juan leemos que fue el eterno Logos, el Verbo, quien se hizo carne y habitó entre nosotros. Fue la segunda persona de la Trinidad quien tomó en sí mismo una naturaleza humana para obrar nuestra redención. Cristo posee dos naturalezas distintas: divina y humana. Él es “vere homo” (verdaderamente humano) y “vere Deus” (verdaderamente divino, o verdaderamente Dios). Estas dos naturalezas se unen en el misterio de la Encarnación. En Cristo, la naturaleza divina es completamente Dios, y la naturaleza humana es completamente humana.

Nuestro Señor Jesucristo, quien tomó sobre sí ambas naturalezas —divina y humana—, está perfectamente preparado para ser el Mediador entre Dios y nosotros. En su rol como Mediador y como el Dios-Hombre, Jesús tomó el oficio del segundo Adán, lo que la Biblia llama el último Adán. Jesús entró en una solidaridad corporal con nuestra humanidad, siendo el representante así como el primer Adán. Pablo, por ejemplo, en su carta a los Romanos, nos da el contraste entre el Adán original y Jesús como el segundo Adán. En Romanos 5:15 dice, “Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un Hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos”. Aquí observamos el contraste entre la calamidad que vino a la raza humana por la desobediencia del Adán original, y la gloria que viene a los creyentes por la obediencia de Cristo. Pablo continúa diciendo en el verso 19: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos”. Adán hizo función en su rol como mediador y falló miserablemente en esa labor. Esa falla fue rectificada por el éxito perfecto de Cristo, el Dios-Hombre. Leemos en la Carta de Pablo a los Corintios las siguientes palabras: “Así también está escrito: ‘El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente’. El último Adán, espíritu que da vida. Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural; luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:45-49). Vemos entonces el propósito de la primera venida de Cristo. El Logos tomo en sí mismo una naturaleza humana, el Verbo se hizo carne para efectuar nuestra redención al cumplir el rol del perfecto Mediador entre Dios y el hombre. El nuevo Adán es nuestro campeón, nuestro representante, quien satisface las demandas de la Ley de Dios por nosotros, y gana para nosotros la bendición de Dios prometida a sus criaturas si obedecemos su Ley. Como Adán, fallamos en obedecer la Ley, pero el nuevo Adán, nuestro Mediador, ha cumplido la Ley perfectamente por nosotros, y ganó por nosotros la corona de la redención. Esta es la base del gozo en el nacimiento de Cristo.

La navidad fue, y continúa siendo aún hoy, un recordatorio tangible de la ortodoxia cristiana en relación con la deidad de Cristo, la Trinidad y el plan de salvación. A finales del s. IV, probablemente a fines del año 379 o del año 380, un viejo cristiano llamado Gregorio Nacianceno o Gregorio de Nacianzo, predicó un famoso sermón sobre la natividad. Un sermón que aún continúa resonando fuertemente en nuestros oídos.

El carácter de dicho sermón no fue casual, lógicamente porque se preparó para la festividad que le da nombre, pero sobre todo porque fue escrito en un contexto de particular tensión en la historia de la Iglesia, en el cual estaba en cuestión nada menos que la naturaleza misma de Cristo. De modo que, aunque su tiempo poco tiene que ver con el nuestro, no puede desconocerse su aporte imperecedero a la comprensión de aquello que celebra la fiesta llamada navidad: el nacimiento de Cristo, o natividad.

GREGORIO DE NACIANZO Y LA NAVIDAD.

Gregorio de Nacianzo fue declarado Doctor de la Iglesia y apodado «el teólogo» (título que comparte con el apóstol san Juan), por la habilidad con que defendió la doctrina cristiana. Nació hacia el año 329, en Arianzo de Capadocia. Era hijo de Nona y Gregorio el Mayor. Su padre era un antiguo propietario y magistrado que, después de convertirse al cristianismo junto con su esposa, sirvió como obispo de Nacianzo. Con el tiempo, Gregorio mismo fue llamado al obispado cristiano.

Gregorio vivió una época turbulenta dentro de la iglesia. El arrianismo amenazaba con pervertir de forma absoluta el cristianismo, despojando a Cristo de su divinidad y negando la doctrina de la Trinidad. La Iglesia de Constantinopla era, sin duda, la que se hallaba en peor estado, ya que estuvo sometida a la influencia de los arrianos, durante treinta o cuarenta años, y no tenía una sola iglesia para reunir a los que habían permanecido fieles al cristianismo ortodoxo. Un consejo de ancianos invitó a Gregorio a encargarse de la restauración de la fe en Constantinopla. Este, cuyo temperamento sensible y pacífico le hacía temer aquel remolino de intrigas, corrupción y violencia, se negó al principio, pero finalmente aceptó. Sus pruebas empezaron desde que llegó a Constantinopla, pues el populacho, acostumbrado a la pompa y al esplendor, recibió con recelo a aquel hombrecillo mal vestido, calvo y prematuramente encorvado. Gregorio se alojó al principio en casa de unos amigos, que pronto se transformó en iglesia, y le dio el nombre de «Anastasia», es decir, el sitio en que la fe iba a resucitar. En aquel reducido santuario se dedicó a predicar e instruir al pueblo. Allí fue donde predicó sus célebres sermones sobre la Trinidad que le merecieron el título de «el teólogo», por la profundidad con que captó la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Poco a poco creció su fama y la capacidad de su iglesia resultó insuficiente. Por su parte, los arrianos y los apolinaristas no dejaban de esparcir insultos y calumnias contra él. En una ocasión llegaron incluso a irrumpir en la iglesia para arrastrar a Gregorio a los tribunales. Pero Gregorio se consolaba al saber que, si la fuerza estaba del lado de sus enemigos, la verdad, en cambio, estaba de su parte; si ellos poseían las iglesias, él tenía a Dios; si el pueblo apoyaba a sus adversarios, los ángeles le sostenían a él. Gregorio se convirtió en su época en un heraldo de la verdad bíblica. En una época donde la divinidad de Cristo era negada o malinterpretada, Gregorio Nacianceno utilizó la Navidad como instrumento para defender la doctrina cristiana ortodoxa.

LA NAVIDAD COMO EMBLEMA DE LA ORTODOXIA CRISTIANA.

Gregorio Nacianceno escribía en una época en que los cristianos habían alcanzado aceptación en el Imperio Romano. Pero, al mismo tiempo, la iglesia enfrentaba internamente una de las disputas teológicas más importantes de la historia del cristianismo: la lucha entre quienes afirmaban la trinidad de Dios, y quienes no lo hacían. Entre quienes afirmaban que Cristo era Dios, y quienes sostenían que su naturaleza era inferior a la de Dios Padre. En un contexto así, predicar sobre la navidad iba necesariamente a ser una declaración teológica sustantiva. Y la argumentación del Nacianceno no podía ser menos que un robusto posicionamiento a favor de la deidad de Cristo.

Gregorio de Nacianzo, fundamentando su sermón en la festividad de la Navidad, inicia su homilía proclamando dos características de Cristo: su eternidad y su encarnación.  Cristo no es un ser creado, es el verbo de Dios que habita en comunión trinitaria desde la eternidad. Cristo tampoco es una forma de Dios, es el verbo de Dios que se hizo carne. Así, niega el arrianismo (doctrina practicada actualmente por grupos religiosos como los Testigos de Jehová) por considerar éste que Cristo es un ser creado e inferior al Padre, y niega al modalismo (enseñado hoy en día por el Movimiento Jesús Solo) por pensar que Cristo es una forma de Dios Padre.

Bajo cualquiera de los dos paradigmas a los que nuestro autor se opuso, la natividad no tiene gran importancia. Para unos, sería el nacimiento de un ser creado más; para otros, el nacimiento de un modo en que Dios se ha expresado. Lo que hace de la navidad una fiesta tan importante, es que se proclama algo que estas dos comprensiones no estaban dispuestas a asumir: que una de las personas que componía la trinidad, eterna, infinita e impasible, podía hacerse carne.

La homilía inquiere en el misterio de la encarnación con un agudo sentido poético. Se dice que “quien era celeste se hizo terreno” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 45), que “la tiniebla se disuelve, de nuevo se anuncia la luz” (ídem), que “el pueblo [Israel] que permanece en la oscuridad de la ignorancia, vea la gran luz del conocimiento” (ídem), que “la letra cede, el espíritu es superior” (ídem) y que “las sombras declinan, amanece la verdad” (ídem). Todas estas bellas metáforas conducen a una sola conclusión: que Cristo es la revelación suprema. Que está sobre la ley, aquella maldición y ayo de Pablo. Que es la luz, esa que ilumina al mundo, tal como dijo Jesús de sí. Cristo es el cielo en la tierra, ese Reino de Dios que está entre nosotros como se dice en Lucas. Es la verdad que conduce al Padre. Es el conocimiento que también les hacía falta a los judíos que habían creído en él, como bien se dice en Juan.

En esta festividad, “Dios se mostró a los hombres” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 46). El incognoscible, que estaba oculto de los hombres, se hizo cercano. Por eso dice el de Nacianzo que “esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres para que nosotros nos acerquemos a Dios o, más propiamente, para que volvamos a Él” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 47). De este modo, la navidad es una invitación de Dios a volver a que nos acerquemos a él. En ella no se habla ya más de la enfermedad que nos vino en Edén, el pecado, sino de su curación; no se habla tanto de la creación caída, sino de su restauración por medio de la obra de Cristo: “Siendo Dios se presentó con una naturaleza humana, un solo ser formado de dos naturalezas contrarias, carne y espíritu, de las que una era divina y la otra estaba divinizada. ¡Oh, inaudita mezcla! ¡Oh, extraña unión! El que es, nace; se ha creado quien no lo es; el infinito se hace extenso merced al alma racional que hace de mediadora entre la divinidad y la gravedad de la carne. El que enriquece mendiga. Se empobrece tomando mi carne para que yo me enriquezca con su naturaleza divina” ((Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 59).

Expresiones como estas difícilmente han sido superadas en la historia del cristianismo por otras mejores. Todos quienes mediten seriamente en el significado de la encarnación del verbo de Dios, hallarán en ella un misterio incomprensible, insondable. Esto es natividad: una revelación que se presenta abierta a ser respondida, y a la cual los cristianos han contestado con su fe.

EL MENSAJE NACIANCENO Y SU RELACIÓN CON LA IGLESIA ACTUAL.

Nuestras navidades no son necesariamente cristianas. Y aunque son bastante distintas a las que podía haber en el tiempo de Gregorio, en el suyo también había navidades no cristianas. Después de todo, ¿cómo habían de celebrar la fiesta aquellos cuya cristología no reconocía el elemento más profundo de fórmulas tan decisivas como las juaninas (Juan 1:1-14)?

Así que, tenemos eso en común. Pero hay más. Gregorio contraponía la celebración de la natividad con las fiestas griegas. Estas últimas eran ocasión para vanidades, orgías, lujos, glotonería, borracheras y, en fin, todo tipo de vicios. Al mismo tiempo, tenían por contraste que todo ello ocurría “mientras otros, formados del mismo barro nuestro y con nuestra misma composición, pasan hambre y fatiga a causa de su pobreza” ((Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 48). Para Gregorio, la navidad cristiana se contraponía a las festividades paganas ciertamente por su significado, pero también porque dicha significación era honrada con sencillez, meditación y gozo en la palabra divina.  De modo que, quien pretende celebrar navidad con sentido cristiano, pero no honra su significado con una sobria devoción, no la celebra en absoluto.

Gregorio se opuso no sólo a la herejía arriana y modalista, sino también a la paganización de la festividad cristiana de la Navidad. La vanidad de la fiesta pagana a la cual Gregorio criticó también puede compararse con la vanidad de la navidad consumista. ¿Cuánto lujo, gasto y vicios varios se exhiben, en ocasiones, incluso entre cristianos? ¿Cómo aquello podría honrar las sublimes expresiones del nacianceno cuando sostiene que Cristo es el cielo en la tierra, la luz en las tinieblas, el conocimiento contra la ignorancia, el espíritu sobre la letra de la ley, la verdad sobre las sombras?

Al parecer, tanto en su tiempo como en el nuestro, hizo falta una mayor preocupación por inquirir en lo que se celebra en navidad. No solo se debe evitar el consumismo devorador, ni tampoco conformarse únicamente con las tareas asistenciales que inspira la ocasión. Es necesario dar un paso más, un paso cristiano. Meditar en aquel misterio tan bellamente expresado por este sabio cristiano capadocio, para quien “Dios es inabarcable y difícil su contemplación. Únicamente podemos percibir su infinitud” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 51). No sea otra cosa, sino esa eternidad encarnada que es Cristo, lo que inspire nuestra navidad.

¿CÓMO CELEBRAMOS NOSOTROS LA NAVIDAD?

Es diciembre y las tiendas comerciales están cuidadosamente engalanadas con pinos, coronas y todo tipo de adornos, al mismo tiempo que se atestan de consumidores. Es diciembre y, en vista que se acerca navidad, hay quienes se motivan por hacer de la noche buena una buena noche para personas en situación de vulnerabilidad. No resulta complicado describir, en líneas generales, lo que la navidad es hoy en nuestra sociedad. Una ocasión para la compra compulsiva, un desborde de materialismo en el que se piensa que la festividad consiste prácticamente en el intercambio de regalos. Por otra parte, una ocasión que, por cierta comprensión de su dimensión simbólica, invita a realizar obras asistenciales en favor de personas en situaciones difíciles. Dejando de lado aquellos para quienes la festividad no es más que un par de días libres, es evidente que aun cuando una de las dos formas de entender esta festividad sea más provechosa que la otra, ambas adolecen del sentido cristiano de la navidad. O, para ponerlo en otros términos: Hay navidad cristiana y navidad no cristiana.

Puede parecer desconcertante que se diga “sentido cristiano de la navidad”, porque en principio se asume que la navidad es esencialmente cristiana. Lo cierto es que es entendible que tal cosa se diga de la sociedad en general, porque sus miembros no cristianos evidentemente pueden buscar modos diversos de resolver el significado de la festividad. No obstante, la situación es distinta cuando se habla de los propios cristianos. Porque, de hecho, es diciembre y las congregaciones empiezan a organizar la obra teatral más esperada del año, se organizan cenas de todo tipo, se colocan pesebres en casas y templos. Y, sin embargo, esto no significa que se esté celebrando navidad cristianamente.

El distintivo de la fiesta no está meramente en lo que se hace o lo que no se hace. Porque, de hecho, se puede ser cristiano y celebrar la navidad como consumista, del mismo modo que se puede no ser cristianos y consumista y, con todo, no comprender la significancia de la festividad.

 

Pentecostalismo Clásico, Sin categoría

Doctrinas Cardinales del Pentecostalismo Clásico: La Salvación.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La salvación es crucial para una buena relación personal con Dios. Es el corazón de las buenas nuevas, el evangelismo y la salud de la iglesia. No nos debe sorprender, entonces, que la salvación de los perdidos fuese el enfoque de toda la proclamación apostólica en las Escrituras. Tampoco nos debe sorprender que los apóstoles reservaron las más enérgicas denuncias para quienes alteraban, añadían, o complicaban la doctrina de la salvación. El libro de los Hechos y en las epístolas, los líderes de la iglesia primitiva predicaron constantemente el mismo evangelio. El pentecostalismo clásico, al igual que la iglesia primitiva, hizo de la doctrina de la salvación el corazón de su mensaje y el eje central de su evangelismo y visión misionera.

Como pentecostales, creemos que las personas entran en una relación personal salvadora con Cristo por medio del poder regenerador del Espíritu Santo, quien las lleva al arrepentimiento y a la fe en Cristo. Con base en la Palabra de Dios, los pentecostales afirmamos que:

  • La salvación se halla al alcance de todas las personas (Lucas 19:10; Juan 3:16; Romanos 10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 22:17).
  • La salvación es recibida y asegurada por medio de la fe (Romanos 3:28; Gálatas 2:20–21; Efesios 2:8; Filipenses 3:9; Hebreos 10:38; 1 Pedro 1:5).
  • La salvación es un conflicto constante con la tentación y el pecado (Romanos 1:32; 1 Corintios 3:1–3, 5–8; 5:9–13; Hebreos 3:12–14; 12:1; 1 Juan 1:8; 3:8).
  • La salvación del creyente se puede perder o abandonar por su alejamiento voluntario de Cristo (Juan 17:12; 1 Timoteo 4:1; 5:12, 15; Hebreos 6:4–6, 10:26–27, 38; 2 Pedro 2:20; 1 Juan 5:16)

La doctrina de la salvación forma el núcleo de nuestra fe cristiana y pentecostal, proclamando la victoria de Dios sobre el pecado en nuestra vida. Esta verdad resulta en liberación, sanidad y vidas restauradas. Ya sea un nuevo miembro o un cristiano maduro, cada creyente debe tener una comprensión clara de la salvación y la gran diferencia que esta verdad marca en nuestra vida e iglesia. La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios. La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47, Juan 3:3, Romanos 10:13-15, Efesios 2:8, Tito 2:11, Tito 3:5-7). La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu (Romanos 8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24, Tito 2:12).

EL ORDO SALUTIS.

Prácticamente en toda declaración de fe protestante, la doctrina de la salvación se clasifica como una de las doctrinas cardinales del cristianismo. También es así en el pentecostalismo clásico. La salvación, el bautismo en el Espíritu Santo, la sanidad divina, y la segunda venida de Cristo son consideradas doctrinas cardinales que son esenciales para la misión esencial de la iglesia de alcanzar al mundo para Cristo.

La clasificación como herejía de las modificaciones a la doctrina de la salvación tiene claros paralelos con la manera en que la iglesia ha tratado tales aberraciones en el pasado. Pisamos sobre terreno bíblico firme cuando guardamos celosamente la pureza de la doctrina de la salvación, porque es la única doctrina en la Biblia por la que se pronuncia un anatema (maldición) a quienes se atreven a pervertirla (Gr. metastrepsai) de acuerdo con Gálatas 1:6-9. En este pasaje, Pablo declaró “bajo maldición” (NVI) a la persona o el ángel que distorsiona el Ordo Salutis (el camino de la salvación) como se revela en las Escrituras. Dicho anatema se establece dos veces para mayor énfasis, (versículos 8,9). El Apóstol consideró el Ordo Salutis de tal fundamental importancia que aún un leve cambio comprometería la totalidad del evangelio. El resultado sería la concepción de un “evangelio diferente” (versículo 6). A pesar de esta terrible advertencia acerca de la desviación doctrinal, la doctrina de la salvación ha sufrido más ataques herejes que ninguna otra doctrina bíblica.

Desde el primer siglo de la Era Cristiana, el evangelio ha sufrido por los intentos de hombres pecadores de añadir pasos al Ordo Salutis. La iglesia primitiva fue testigo de los primeros esfuerzos.  El libro de los Hechos registra un movimiento dentro de la iglesia primitiva de añadir a la salvación la circuncisión y la observancia de toda la ley de Moisés (Hechos 15:1,5). Los judaizantes sostenían que los gentiles tenían que convertirse al judaísmo antes de que Dios les concediera la salvación. Los creyentes convocaron al primer concilio en Jerusalén para tratar este asunto que causaba división. Después de que todos tuvieron oportunidad de hablar, prevalecieron el testimonio apostólico (versículo 14), la Palabra de Dios (versículos 15-18), y la guía del Espíritu Santo (versículo 28), y los creyentes no añadieron estos dos requisitos al Ordo Salutis.

Sin embargo, la victoria fue breve. Comenzando con el libro de Gálatas, que fue escrito después del Concilio de Jerusalén, Pablo inició en su ministerio una implacable batalla contra los judaizantes que persistían en su intento de cambiar el camino de la salvación. (compare con Romanos 2 al 4; 1 Corintios 7:18-20; 2 Corintios 11:4-22; Gálatas 2:11-14; 5:6-11; Efesios 2:11; Filipenses 3:2,3; Colosenses 2:11; y Tito 1:10). Este conflictivo asunto sobrevivió la muerte de Pablo y los apóstoles. Líderes cristianos como Ignacio de Antioquía también trató este asunto en el segundo siglo (Epístola a los Magnesios 8:1; 10:3).

A través de los siglos, el Ordo Salutis ha estado bajo continuo ataque. En la Edad Media los requisitos para la salvación incluían la aspersión, la afiliación satisfactoria a la iglesia adecuada, la observancia periódica de la Comunión, y la asistencia periódica a la confesión. Después de la Reforma Protestante, muchos grupos comenzaron a enseñar el bautismo en agua como un paso necesario para la salvación. Recientemente se expresó un énfasis similar en los círculos pentecostales. En 1916, muchos pastores e iglesias dejaron la recién organizada Asambleas de Dios por un movimiento llamado Nueva Luz [New Light]. Basado en la revelación personal en vez de las claras enseñanzas de las Escrituras, los seguidores de las enseñanzas de la Nueva Luz sostienen que la verdadera salvación requiere los pasos adicionales del bautismo en agua “solo en el nombre de Jesús” (en vez de la fórmula trinitaria que encontramos en Mateo 28:19) y el bautismo en el Espíritu Santo con hablar en lenguas. La Iglesia Pentecostal Unida, la Iglesia Apostólica, y los grupos pentecostales Solo Jesús todavía mantienen esta forma de Ordo Salutis.

¿Cuál es entonces el sencillo y claro Ordo Salutis que aparece en las Escrituras? Es nada más ni menos que: el arrepentimiento de los pecados y la confianza en Jesús como perdonar y Señor. Solo el sacrificio de la sangre de Jesús en la Cruz puede hacer posible el perdón y la reconciliación con Dios (Mateo 26:28; Juan 3:16; Hechos 20:28; Romanos 3:24,25; 5:9; Efesios 1:7; 2:13-26; Colosenses 1:14,20,22; Tito 2:14; Hebreos 9:14,26,28; 13:12,20; 1 Pedro 1:2,18-21; 1 Juan 1:7; Apocalipsis 1:5; 5:9; 7:14). Arrepentimiento, confianza, y sometimiento a su señorío destina a los creyentes los efectos de su sacrificio (Juan 3:16; Hechos 3:19; 5:31; 10:43; 13:38,39; 16:31; 17:30; 20:21; Romanos 10:9,10; 1 Juan 1:9). Según las Escrituras, el sacrificio de Jesús es suficiente para proveer para nuestra salvación. Solo se requiere la fe (confianza y obediencia a Él) para aplicarla a la vida de los creyentes (Juan 3:16; Hechos 11:17; 15:9,11; Romanos 1:16,17; 3:27,28; 4:5,16; 5:1; 10:3-13; Gálatas 3:1,2; Efesios 2:8,9).

HERENCIA ARMINIANA Y WESLEYANA EN LA SOTERIOLOGÍA DEL PENTECOSTALISMO CLÁSICO.

La posición soteriológica que mantienen típicamente las iglesias pentecostales se denomina arminianismo, por Jacobo Arminio (1560–1609). El arminianismo fue luego desarrollado por John Wesley; por lo que algunos pentecostales tal vez estén más familiarizados con el rótulo de wesleyanos en vez de arminianos. Arminio fue un elogiado estudiante de Beza. En el proceso de defender conceptos reformados, terminó discrepando con Calvino y Beza en los temas de la gracia irresistible, la predestinación, y el libre albedrío. Luego de su muerte, los seguidores de Arminio desarrollaron su pensamiento en más profundidad en Los cinco artículos de la oposición (también llamados Los cinco artículos de reproche o de la Remonstrancia) en 1610. El arminianismo se define brevemente a través de los denominados 5 puntos del arminianismo, los cuales también sosn sostenidos por el pentecostalismo clásico:

  • Depravación Total: El hombre es naturalmente malo, e incapaz de salvarse a sí mismo.
  • Elección Condicional- Dios elige para la salvación a todo aquel que responde por medio de la fe, pues la salvación es por la fe (Efesios 2:8)
  • Expiación Ilimitada o Universal: Cristo murió para salvar a todos los pecadores (Juan 3:16) y su expiación es válida para todo aquel que cree en Jesucristo y lo reciba. De manera que todos tienen la oportunidad de ser salvos. Dios no discrimina, no quiere que nadie perezca, sino que espera que todos se arrepientan y sean salvos (2 Pedro 3:9)
  • Gracia Resistible (Libre albedrío): Dios ha hecho al ser humano con la capacidad de elegir su propio destino. Dios no decide en su lugar. Dios ofrece a todos su gracia, pero cada uno es libre de aceptarla o rechazarla.
  • Seguridad del Creyente en la Fe: Todo creyente está seguro de ser salvo, porque Dios lo mantiene en la fe. Su seguridad depende de que se mantenga en la fe de Jesucristo y la nueva vida de santidad que Él da al creyente.

EL ORDO SALUTIS ARMINIANO Y PENTECOSTAL CLÁSICO.

El Ordo Salutis es el “orden de la salvación”. Este se centra en el proceso de salvación y el orden lógico de ese proceso. Cuando se dice que una persona particular fue o es “salva”, el término es frecuentemente usado sin la profundidad de la Escritura o sin la apreciación de la gracia de Dios. La Escritura define varios aspectos diferentes o pasos en la salvación de la persona, desde el primer oír del evangelio hasta el camino para la eternidad en el cielo. Cada uno de esos aspectos coincide, puesto que todos ellos son parte de la salvación de la persona, mas ellos también mantienen sus características distintivas en las Escrituras en el plano redentor.

(1.- EL LLAMADO DEL EVANGELIO, EL EJERCICIO DE LA FE Y LA ELECCIÓN: El Padre determinó que el camino normativo de la salvación debería ser a través de Su Palabra. La Biblia coloca un énfasis muy grande sobre la lectura y predicación de Su Palabra, así como la transmisión de ese evangelio a todas las personas. Este llamado general del Evangelio contiene la supremacía de Dios, su ira contra el pecado, y la promesa de salvación a través de su Hijo, exhorta a el hombre caído a arrepentirse en sus pecados y creer en la redención de Cristo Jesús. (Isaías 55:7, Mateo 28:9-20, Romanos 10:14,17, 2 Timoteo 1:9-10, 3:15). Aquel que oye el evangelio es confrontado con la culpa de su condición pecaminosa y la certeza de un juicio justo contra él. Desesperándose por causa de su estado, él ve su única esperanza de escape a través de Cristo y, capacitado por la gracia preveniente de Dios, ejerce fe en Cristo, confía en la promesa de salvación y también se arrepiente de sus pecados. Por la fe él se reconoce como un pecador necesitado de gracia, e implora a Dios por su poder y amor para salvarlo a través de la sangre y la justicia de Cristo. A través del arrepentimiento él odia su pecaminosidad y se vuelve a Dios como la única fuente de justicia y bondad, esforzándose para vivir en obediencia a Él. Aquellos que se arrepienten y creen son convertidos de seguidores de Satanás a seguidores de Dios (Isaías 55:11, Oseas 14:2,4, Hechos 17:30-31, 20:21, Romanos 1:17, Efesios. 1:17-18, 2:8). En ese momento, un pecador destinado previamente al infierno, pasa ser parte de los elegidos.

(2.- JUSTIFICACIÓN: La promesa del Evangelio es que aquellos que confían en el Señor serán salvos. El perdón de los pecados del pueblo del Dios, y la justicia que permite al pecador estar en la presencia de un Dios Santo, viene de la perfecta obediencia y del sacrificio expiatorio de Cristo. Como un sustituto para el pecador arrepentido, dos cosas acontecen:  Cristo obtiene su salvación (del pecador arrepentido) y el derecho de estar delante de Dios, por cumplir la ley de Dios y el pacto en lugar de él, y él carga el castigo por sus pecados. Como Cristo cumplió esta tarea, Dios promete que aquellos que confían en Él tendrán la justicia de Cristo imputada (o dada) a ellos, así como sus pecados serán imputados a Cristo. Así, como un santo juez, Dios legalmente declara que su pueblo es “justo” o “sin culpa”. El pecador es justificado delante del Señor cuando, en fe, Él descansa no sobre su propia bondad y/o buenas obras (de las cuales el pecador no tiene ninguna), sino sobre la magnífica obra del Hijo de Dios (Jeremías 23:6, Romanos 3:24-26, 4.5-8, 5:17-19, Gálatas 2:16)

(3.- REGENERACIÓN: El llamado general del Evangelio es hecho eficaz cuando el Espíritu Santo hace que la Palabra de Dios sea entendida, apreciada y creída en el corazón del individuo. Por causa de la naturaleza caída y pecaminosa del hombre, él está en enemistad contra Dios y rehúsa reconocer la veracidad del Evangelio. Dios, por medio de su Espíritu, cambia esa rebelión espiritual, regenerando, renovando y transformando la condición interna de una depravada hacia una de amor por el Señor. Aquellos que responden al mensaje de salvación y ejercen fe en Jesucristo son entonces renacidos, nacidos de nuevo, y sus ojos y oídos son abiertos para ver las gloriosas verdades de la salvación de Dios. (Ezequiel 36:26-27, Mateo 16:17, 1 Corintios 2:12-14, 2 Corintios 3:3,6, 2 Tesalonicenses 2:13-14, Tito 3.5)

(4.- ADOPCIÓN: La gracia de Dios convierte a los pecadores de siervos de Satanás en siervos de Cristo, más aún, Dios promete más que eso. El manifiesta su amor paternal para con los pecadores perdidos adoptándolos como sus propios hijos. A través de la adopción, Él les da todos los derechos, privilegios y protección, como perteneciendo a su familia y teniendo su nombre. Ellos se vuelven hijos e hijos adoptivos del Padre, y hermanos, hermanas, y coherederos con Cristo (Salmos 103:13, Juan 1:12, Romanos 8:15-17, Gálatas 4:5-7, Efesios 1:5).

(5.- SANTIFICACIÓN: El próximo paso en este proceso de salvación es la obra purificadora del Espíritu Santo en el andar diario del creyente. Los creyentes no solamente son presentados como inocentes a través de la imputación de la justicia de Cristo, sino que ellos también se desarrollan espiritualmente en la justicia por la palabra y por el Espíritu. Como el Espíritu habita en el creyente, Él opera en ellos el crecer en la gracia y en el conocimiento, y produce en ellos frutos y buenas obras espirituales. Sin embargo, nadie se puede tornar perfecto en esta vida, y aunque esta santificación puede ser una obra muy larga y demorosa, los elegidos son fortalecidos por la gracia de Dios para que ellos perseveren en la santidad (2 Corintios 7:1, Efesios 2:10, 5:26, 2 Tesalonicenses 2:13, Hebreos 13:20-21)

(6.- GLORIFICACIÓN: Cuando un creyente muere, su alma va a la presencia de Dios mientras él espera por la resurrección y redención de su cuerpo físico, allí es confortado y contempla la gloria de Dios. La realización final de la salvación acontecerá cuando Cristo vuelva, reúna a su pueblo, y lo glorifique junto a Él. Finalmente, la Biblia promete que la maldición del pecado no existirá más, y que habitaremos con el Señor en perfecta paz, amor y alegría (Eclesiastés 12:7, Juan 5:28-29, Hechos 24:15, Romanos 8:30, 1 Corintios 15, 2 Corintios 5:1,6,8, Filipenses 1:23).

Estrictamente hablando, la fe no es parte de la salvación en el ordo arminiano, ya que dicho aspecto es la condición que se cumple antes del acto de salvación de Dios. Todo lo que sigue a la fe en el “ordo” arminiano es la salvación. La gracia preveniente hace posible la respuesta de fe y la fe es la condición ordenada por Dios que debe ser cumplida antes de que Dios salve al individuo. La fe es sinérgica en el sentido de que es una respuesta genuina que es posible gracias a la gracia capacitadora de Dios. Todo lo que sigue (los diversos aspectos de la salvación) es una obra monergista de Dios. Mientras que la salvación es resultado de la fe, la fe no causa la salvación. Dios causa la salvación en respuesta a la fe de acuerdo con su promesa de salvar a los creyentes.

La adopción se incluye tanto en la regeneración como en la glorificación. La regeneración es el comienzo de la adopción mientras que la glorificación es la culminación de esta. La elección está ligada a la unión con Cristo. Pasamos a ser los elegidos de Dios en nuestra unión con Cristo (el elegido), ya que llegamos a participar en su elección a través de la unión y la identificación con Él. La fe nos une a Cristo (Efesios 1:13) y todas las bendiciones espirituales que residen en Cristo se convierten en las del creyente cuando se unen con Él (Efesios 1: 3-12).

En términos temporales, estas bendiciones serían simultáneamente nuestras, pero lógicamente es importante colocar la justificación antes de la regeneración y todo lo que sigue, ya que primero se debe recibir el perdón y tener el pecado removido antes de la recepción de la nueva vida y el alcance de la santidad (santificación). Uno no puede tener vida mientras todavía está bajo la condenación del pecado y la ira de Dios porque “la paga del pecado es muerte”. Y uno no puede ser santificado aparte de la justificación. Así que, en el momento en que estamos unidos a Cristo, somos purificados por su sangre y nueva vida y santidad inmediatamente resultan de esa purificación. Bajo este ángulo soteriológico, la predestinación se refiere al destino predeterminado de los creyentes a través de la unión con Cristo. Los creyentes han sido predestinados a la adopción final y a la conformidad con la imagen de Cristo (glorificación). La predestinación no hace referencia a la predeterminación de Dios de ciertos pecadores a convertirse en creyentes y ser finalmente salvados.

CONCLUSIÓN.

Como embajadores de Cristo, hemos de predicar el mensaje del Rey como heraldos fieles: la buena noticia del Hijo de Dios que fue crucificado y resucitado para rebeldes ingratos como nosotros. Por tanto, el llamado es para cada uno de nosotros a predicar este glorioso mensaje el cual es capaz de transformar el corazón de los seres humanos y frenar la maldad de este mundo que se manifiesta en violencia, fraudes, muertes, extorsiones, hogares destruidos por la infidelidad conyugal, abortos, delincuencias, etc. Para Dios esta labor es sumamente importante que aun desde el Antiguo Testamento les encomendara tal tarea: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 31:12). De igual manera la iglesia del Señor tiene esta misma encomienda: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19-20). Los pentecostales hemos hecho nuestra la responsabilidad de compartir el mensaje salvador del evangelio. Como Pablo nosotros somos responsables de trastornar el mundo de las tinieblas anunciando este glorioso mensaje a aquellos que viven en las tinieblas: ¡Sólo Cristo salva! No hay otro camino. La salvación está disponible para todo aquel que quiera venir a Él.