Durante décadas, el Salmo 122:6-9 ha sido esgrimido en buena parte del evangelicalismo contemporáneo como un mandato divino: orar sin descanso por el Estado de Israel y respaldar, sin hacer preguntas, sus políticas. Este artículo sostiene que esa lectura es una extrapolación hermenéutica. Arranca el texto de su suelo, lo pone al servicio de un sistema teológico-político moderno —el sionismo cristiano de raíz dispensacionalista— y contradice la naturaleza misma del salmo: un cántico de peregrinación de la comunidad del antiguo pacto. Mediante un análisis exegético del hebreo, una contextualización histórica y canónica, y una evaluación teológica desde la gracia, se muestra que el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por un Estado-nación moderno ni legitima el apoyo irrestricto a sus acciones. Bajo la gracia, la exhortación apostólica de 1 Timoteo 2:1-2 ensancha el horizonte de la intercesión hasta abrazar a «todos los hombres», israelíes y palestinos por igual. La conclusión es clara: ser fieles al texto exige rechazar toda instrumentalización del salmo al servicio de agendas geopolíticas y recuperar su sentido original, una oración por el shalom integral de una ciudad concreta, dentro de una comunidad pactual que reconocía la soberanía de Dios sobre toda nación.
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«Bendeciré a los que te bendijeren»: El versículo que secuestraron para blindar un Estado moderno
Este artículo examina la interpretación de Génesis 12:1–3 a la luz de la tradición patrística y de la hermenéutica apostólica. Sostiene que la promesa abrahámica tiene un carácter esencialmente cristológico y eclesiológico, que trasciende toda lectura étnica o geopolítica. Se argumenta que la exégesis patrística —desde Justino Mártir e Ireneo de Lyon hasta Agustín de Hipona, Juan Crisóstomo y Beda el Venerable— desarrolló de manera consistente una interpretación tipológica en la que Cristo es la Simiente singular y la Iglesia, el pueblo del cumplimiento. El artículo propone que el uso contemporáneo de Génesis 12:3 como aval teológico de entidades políticas modernas constituye una regresión hermenéutica, pues desatiende tanto el testimonio profético del Antiguo Testamento como la exégesis de los Padres de la Iglesia. Se concluye que la verdadera bendición prometida a las familias de la tierra se recibe únicamente mediante la fe en Jesucristo, en quien todas las promesas divinas encuentran su «Sí» y su «Amén».
Una llamada al arrepentimiento: carta abierta de cristianos palestinos a líderes yteólogos cristianos del occidente
En este llamamiento emanado desde el corazón del sufrimiento en la Tierra Santa, las comunidades e instituciones cristianas palestinas nos extienden una invitación urgente a examinar nuestra fe a la luz del Evangelio y de la justicia divina. Nos recuerdan que el Dios de las Escrituras es el Dios de los oprimidos, aquel que exige buscar la justicia, defender al desamparado y encarnar una misericordia que no se dobla ante los poderes de este mundo. Esta carta nace del dolor vivo por las vidas humanas truncadas —cada una imagen y semejanza de Dios— y nos confronta con la trágica realidad de cómo el nombre del Señor y las Sagradas Escrituras han sido instrumentalizados, en diversas ocasiones, para bendecir la violencia, la ocupación y las ideologías de dominación.
¿Soy yo guarda de mi hermano? — Palestina y el Evangelio de Caín
Este artículo examina la situación de la comunidad cristiana palestina desde una perspectiva teológica y sociopolítica, argumentando que el cristianismo evangélico occidental, particularmente el alineado con el sionismo cristiano, ha reproducido el "espíritu de Caín" al desentenderse del sufrimiento de sus hermanos palestinos. Se documenta el declive demográfico de los cristianos palestinos, las causas estructurales de su éxodo —ocupación militar, restricciones de movimiento, violencia de colonos y asfixia económica— y se analiza la paradoja de la víctima convertida en victimario, señalando paralelismos entre la experiencia del Holocausto y las prácticas de dominación ejercidas por el Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Se sostiene que la indiferencia evangélica ante esta realidad constituye una complicidad teológica que socava la credibilidad profética de la iglesia global. El artículo concluye con un llamado urgente a reconocer en el rostro del cristiano palestino el rostro mismo de Cristo sufriente.
Egipto, Sodoma, Babilonia y Jerusalén — Una lectura incómoda de Apocalipsis 11:8
Ninguna institución, ninguna nación, ningún movimiento religioso está exento de corromperse. Ni siquiera el que lleva el nombre de Dios en la puerta.
El Misterio de la Esperanza — ¿A qué se refiere Pablo cuando afirma que «todo Israel será salvo»?
La frase "todo Israel será salvo" no se refiere a una futura conversión masiva de la nación judía al final de la historia. En cambio, "todo Israel" designa a la totalidad del pueblo de Dios, compuesto por judíos y gentiles que creen en Cristo y están unidos en la Iglesia. La salvación de "todo Israel" es, por lo tanto, la plena inclusión de los gentiles y la de los judíos creyentes en este único pueblo de Dios. La salvación de Israel no es un evento aparte, sino que se está cumpliendo a través de la misión de la Iglesia.
Tres ranas, un frente: reflexión sobre antisemitismo, antisionismo y discernimiento cristiano
Tras recorrer la tradición exegética —desde Victorino de Petovio y Agustín hasta Barnes, Gill, Jamieson-Fausset-Brown y Keener—, la conclusión es inevitable: las tres ranas de Apocalipsis 16:13 simbolizan espíritus demoníacos de engaño que impulsan a las naciones a la batalla contra Dios. No hay rastro de antisemitismo, antisionismo o antijudaísmo. Y si los hubiera, el propio Apocalipsis sería culpable de ellos, algo que Lancaster, por coherencia, debería denunciar también. Pero no lo hace, porque su lectura no es exégesis, sino eiségesis al servicio de una agenda teológico-política. Prefiero quedarme con lo que el texto realmente enseña: espíritus inmundos que engañan al mundo. No tres ranas ideológicas que saltan por Twitter o por los discursos de la ONU. Respeto a Lancaster como estudioso, pero aquí, francamente, no puedo acompañarlo. No porque esté en contra de Israel (no lo estoy), sino porque la Palabra de Dios merece más respeto que convertirla en un tablero de ajedrez geopolítico. Como bien dije al inicio: nuestros enemigos no son las personas, sino las falsas doctrinas. Y una mala interpretación de Apocalipsis, por muy bien intencionada que esté, no deja de ser una mala interpretación.
Dispensacionalismo, Sionismo Cristiano y Pentecostalidad: Un triángulo amoroso profano
El dispensacionalismo contemporáneo, sobre todo en su versión evangélica popular, se ha convertido en un apoyo prácticamente incondicional al Estado de Israel. Ojo: no hablo de solidaridad con el pueblo judío, sino de una adhesión política y teológica que roza la idolatría (Priego Moreno, 2025, pp. 215-218). Este sistema interpreta la historia como una serie de etapas divinas, sostiene que los judíos siguen siendo el pueblo elegido y que las promesas territoriales del Antiguo Testamento deben cumplirse al pie de la letra en la tierra de Israel actual (Sandeen, 1970, p. 58). El resultado es que muchos dispensacionalistas no solo respaldan al Estado judío moderno, sino que ven cualquier crítica o presión diplomática como un ataque directo a Dios. ¿Asentamientos en territorios ocupados? Apoyo sin matices. ¿Desalojos de familias palestinas? Profecía en marcha. Y eso, como pastor, me da asco.
Cristo, no Israel: La clave hermenéutica
Cuando se recorre la Escritura con atención, se advierte que ninguno de los pactos divinos queda inconcluso ni flotando en el aire. Cada uno de ellos, desde el que Dios estableció con Abraham hasta el que selló con David, y también aquel antiguo pacto mediado por Moisés, encuentra su destino final en una sola persona: Jesucristo. No se trata de una mera correspondencia simbólica o de un cumplimiento parcial que deje aún expectativas pendientes. Es más bien la convicción que atraviesa todo el Nuevo Testamento: Cristo es la clave hermenéutica que abre el sentido último de las promesas veterotestamentarias. El apóstol Pablo lo expresa con claridad en 2 Corintios 1:20 (NBLA): «Porque todas las promesas de Dios son en Él ‘sí’; por eso también por medio de Él, nuestro ‘Amén’ es para gloria de Dios por medio de nosotros». No hay promesa huérfana ni pacto que quede sin su plenitud.
PPA Biblia & Teología responde | ¿Mantiene Dios un trato salvífico preferencial hacia Israel en la era de la gracia?
La recurrente fórmula paulina "al judío primeramente, y también al griego" (πρῶτον Ἰουδαίῳ εἶτε καὶ Ἕλληνι), atestiguada en pasajes clave como Romanos 1:16 y 2:9-10, plantea una cuestión teológica fundamental: Si la era de la gracia, proclamada por Pablo, establece una radical igualdad sotereológica ante Dios —donde "no hay distinción" (Romanos 3:22, 10:12) entre judíos y gentiles en cuanto al acceso a la justificación por la fe—, ¿cómo se ha de interpretar esta persistente prioridad otorgada al pueblo judío? ¿por qué el apóstol Pablo insiste en que es "para el judío primeramente, y también para el griego"? ¿No da esto la impresión de que Dios, incluso en esta nueva era, mantiene un trato preferencial hacia Israel, lo cual parece contradecir la naturaleza universal e imparcial de la gracia?