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Kundalini y experiencia pentecostal (Parte III)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En artículos anteriores hemos probado que la kundalini y la experiencia conocida como bautismo o llenura del Espíritu Santo no son lo mismo. Sin embargo, aún queda algo pendiente de aclarar: Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

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LOS DONES ESPIRITUALES Y LAS MANIFESTACIONES DEL ESPÍRITU SANTO NO HAN CESADO

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración? También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento. Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

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NO, LOS DONES ESPIRITUALES NO FUERON SOLO PARA LA ÉPOCA APOSTÓLICA

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

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NO, LOS DONES ESPIRITUALES TAMPOCO SE OPONEN A LA PALABRA ESCRITA

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

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UNA PREGUNTA FINAL A LOS CESACIONISTAS

Quiero concluir haciendo una pregunta final a mis hermanos cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? Como yo lo veo, ustedes pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

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CONCLUSIÓN

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. Acusándonos de herejes y blasfemando contra Dios, al atribuirle al diablo toda manifestación del Espíritu Santo, no lograrán destruirnos ni impedir que avancemos. Sólo se dañan a sí mismos y presumen su mala interpretación de las Escrituras, por no decir una carencia total de fruto del Espíritu. La kundalini y la experiencia pentecostal no son lo mismo. Ustedes lo saben. Vengan y vean. Reciban y lo entenderán. Pero por favor, ya no sigan blasfemando ni enseñando mentiras sobre nosotros para detenernos. Eso jamás pasará.

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Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Somos polvo, frágiles vasijas de barro

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Todos conocemos la tremenda historia del Rey Nabucodonosor y su legendaria frase: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4:30). Su arrogancia, soberbia y orgullo, lo llevaron a enloquecer durante siete tiempos y vagar errante por los montes y campos como un animal salvaje (Daniel 4:31-37). Esta historia conmueve mi corazón y me lleva a pensar que, si desde antes de la fundación del mundo, la arrogancia y el orgullo de Satanás le llevaron a su caída (Isaías 14:12-15), y si el orgullo está de primero en la lista de las siete cosas que aborrece el Señor en el libro bíblico de Proverbios (Proverbios 6:16-19), entonces hoy, en los últimos tiempos, el orgulloso, la soberbia y la arrogancia humana están más que nunca a la orden del día. Para el mundo el orgullo es sinónimo de fortaleza, poder y autoridad. No lo ven como un pecado, sino como algo positivo. Dios, sin embargo, tiene una escala de valores muy diferente. Un precioso texto bíblico afirma que Dios “hermoseará a los humildes con la salvación” (Salmo 149:4). Lo cual concuerda con las palabras de Jesús: “Tomad mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). Dios valora la humanidad. Eso está claro. La pregunta es: ¿Y nosotros? ¿Valoramos la humanidad? ¿Somos verdaderamente humildes? Examinándome a mí mismo puedo ver que no. Y que, de hecho, me falta mucho por lograr el ideal propuesto por Jesús.

DUST 3

LA HUMILDAD, UNA VIRTUD POCO DESEABLE

Pero ¿Por qué la humildad nos parece tan poco deseable? ¿Por qué parece tan difícil de alcanzar? Quizá se deba a que hemos olvidado lo que somos. El humanismo antropocéntrico nos ha hecho olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos: ¡Al polvo! Así de sencillo: Dios nos hizo del polvo (Génesis 2:7) y un día nos devolverá al polvo (Salmo 90:3). En vez de eso, el ser humano ha construido un universo imaginario en el cual él es su propio dios y centro del universo. Pero tal universo es irreal. El ser humano no es un dios, es polvo nada más. ¡Polvo! Sí, el mismo que pisoteados y sobre el cual caminamos todos los días. Por eso pregunto: ¿Acaso hay algo grande y digno de jactancia y presunción en el hombre hecho de polvo? ¡No lo creo! El polvo es materia inanimada, sin vida, desintegrada. Es el polo opuesto a las complejas células interconectadas, los sistemas orgánicos, los patrones neuronales, los nervios, los músculos, los huesos, los tejidos, todo el sistema maravillosamente hilado que conforma a un ser humano vivo, formado en el vientre por el poder y la sabiduría de Dios (Salmo 139:13).

DUST 2

Un ser humano vivo puede caminar, correr, construir, pensar, hablar, actuar, amar. Pero el polvo es apenas un conjunto de partículas desconectadas en la tierra, sin vida, sin acción, sin voluntad, sin poder; es materia inerte e inorgánica. Lo digno de ser recordado en todo esto es que tú y yo venimos del polvo, y nuestros cuerpos volverán al polvo. En ningún momento de nuestras vidas mortales estamos lejos de volver al polvo. De hecho, cada día que pasa estamos más cerca de volver a él. Somos muy frágiles… ¡Más de lo que quisiéramos admitir! A veces nuestra prosperidad temporal, la buena salud y nuestros logros de cualquier índole nos llevan al autoengaño y la negación de nuestra frágil condición humana. El problema de estar fuertes y sanos es que tú y yo empezamos a creer que somos algo más que partículas de polvo sobre las que Dios ha respirado aliento de vida temporalmente. Puesto que soy capaz de caminar, pensar, hablar, y actuar, empiezo a creer que soy inmortal: que siempre podré caminar, pensar, hablar, y actuar. Pero no será así. Es saludable aceptar la verdad de que somos polvo. Estamos hechos de polvo. En esta vida mortal nunca seremos más que un puñado de partículas de tierra en las que Dios ha soplado el aliento de vida temporalmente. Somos frágiles y delicados, y haríamos bien en no olvidarlo nunca.

VASIJA DE BARRO

EL LÍDER CRISTIANO Y SU LLAMADO A LA HUMILDAD

Sí. Sé bien que tú y yo somos diferentes. Tenemos distintos tipos de resistencia, tanto física como mental. Tenemos capacidades diversas para soportar más o menos horas de trabajo. A algunos se nos da bien viajar, a otros no tanto. En muchos sentidos tenemos distintas capacidades. Pero sea cual sea la constitución que Dios nos ha dado, ninguno somos más que polvo. Cada cristiano, y en particular aquellos que hemos sido llamados por Dios al ministerio o elegidos para ejercer responsabilidades de liderazgo en el Cuerpo de Cristo, debemos tener siempre en mente que, cuando nos rendimos a Jesús como Señor, no le ofrecimos los servicios de una criatura divina o semidivina para fortalecer su reino: le ofrecimos la vida frágil, temporal, mortal y delicada que él nos dio primero a nosotros. Eso es todo lo que tenemos para ofrecer. Dios lo sabe. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro (Salmos 103:14), él recuerda que somos polvo. Conocer esto es vital al rendir nuestras vidas a Él en el ministerio. Solo teniendo esto en mente podremos escapar del orgullo, la soberbia y la arrogancia. Ahora pues: “Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3, NTV).

CREACIÓN DE ADÁN

Demonología, Guerra Espiritual, Vida Espiritual

¿Puede un cristiano ser poseído por demonios?

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En el siglo IV de nuestra era surgió en Mesopotamia una secta herética conocida como Mesalianos o “Euquitas”, la cual se extendió por toda Siria, Egipto y Asia Menor. Su nombre, Mesalianos, proviene de una palabra aramea que significa «gente que ora». Los mesalianos obviaban la vida sacramental y vivían en cualquier lugar, sobre todo por las calles. Sus doctrinas eran confusas pues parecían proclamarse ortodoxos, pero afirmaban que todos los hombres, incluso los creyentes y hasta Cristo mismo, están sujeto a la posesión de los demonios. Sus creencias y prácticas fueron condenadas por diversos Concilios eclesiásticos y se les acusó de inmoralidad, por lo que desaparecieron gradualmente.[1] Sin embargo, algunas de sus creencias (particularmente aquella que afirma que todos, incluso los cristianos, podemos ser víctimas de posesión demoníaca) aún sobreviven dentro de algunas iglesias modernas.

Se dice que una persona es víctima de posesión demoníaca, está endemoniada, o simplemente está poseída, cuando un espíritu maligno entra en su cuerpo y le hace hablar y comportarse, no como ella quisiera, sino como el tal espíritu quiere. Los demonios, su origen, naturaleza y obra diabólica, despierta muchas interrogantes entre los creyentes modernos. En el presente artículo responderemos bíblicamente a 7 preguntas comunes en relación con la posesión demoníaca: ¿Quiénes o qué son los demonios? ¿Qué son los exorcismos y qué enseña la Biblia al respecto?, ¿Puede un cristiano verdadero ser poseído por demonios?, ¿Cuáles son los síntomas evidentes de una posesión demoníaca?, ¿Cómo puede alguien llegar a estar poseído por un demonio?, ¿Es correcto dialogar con demonios, preguntarles su nombre o permitirles exhibirse en público? Y ¿Puede un demonio exponer públicamente un pecado oculto y no confesado, de aquellos que intenten expulsarle?

¿QUIÉNES O QUÉ SON LOS DEMONIOS?[2]

Los demonios, espíritus inmundos o impuros, son seres de naturaleza espiritual e invisibles, también conocidos como “ángeles caídos” puesto que siguieron a Satanás en su rebelión contra Dios, su creador. Son de carácter inmortal, son poderosos, superiores al poder de un ser humano, y tienen personalidad. La Biblia no vacila en identificar a los demonios como seres espirituales hostiles a Dios y a los hombres.

En el pensamiento griego popular se designaba así a los espíritus malos, y en particular a los de los muertos que ejercían su maleficio como fantasmas. La mención de los espíritus de los muertos, llamados “elohim” en 1 Samuel 28:13 e Isaías 8:19, a los cuales se consultaba por los médiums, revela que muchas de los conceptos que encontramos en Grecia acerca de los demonios, aparecieron esporádicamente en Israel. La prohibición del espiritismo (Números 23:23; Deuteronomio 18:10; 1 Samuel 15:23) explica que la demonología haya ocupado un lugar tan marginal en el Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento la nomenclatura para los demonios es variada y extraña: se llaman shedim (señores) en Deuteronomio 32:17, y es probable que sh˓rim en Isaías 13:21 (cabras) y lilit en Isaías 34:14 (lechuza, literalmente: “la nocturna”) y Azazel (Levítico 16:10–22) se refieran a demonios. En el judaísmo tardío y en el rabinismo aparecen los demonios más explícitamente como seductores de las personas y enemigos de Dios. Se trata de ángeles caídos (Judas 6), a veces relacionados con los «hijos de Dios» de Génesis 6:1–4. Los demonios están sujetos a Satanás o Belial. En la Mishnah, los rabinos consignaban instrucciones para los exorcistas (Lucas 11:24; Apocalipsis 18:2), y consideraban que los demonios moraban en lugares impuros como los cementerios (Marcos 5:2) y por ello se les llama «espíritus inmundos».

La mención de la actividad demoníaca en el Nuevo Testamento se concentra en los Evangelios, como si la irrupción especial del ministerio terrenal de Jesús provocara mayor oposición satánica. Frente a la evidencia de los milagros del Señor, sus enemigos lo acusaron de «tener un demonio» (Juan 7:20; 10:20), pero, al contrario, Jesús actuaba con autoridad propia «desatando» a los dominados por Satanás (Lucas 13:10–17). Su poder sobre los demonios confirmó que Él es el «más fuerte», que entró en la casa del «hombre fuerte» [Satanás], lo ató, y ahora «saquea sus bienes [los demonios]» (Marcos 3:27). El poder de Jesús sobre los demonios señalaba la llegada del Reino de Dios (Lucas 11:20). Jesús compartió esta victoria con sus discípulos (Lucas 9:1; 10:17) e incluso con los que no se contaban entre sus seguidores íntimos (Marcos 9:38).

De acuerdo con la Biblia, muchos podían ser los efectos de la posesión demoníaca: la mudez (Mateo 9.32), la epilepsia (Marcos 917), hábitos antisociales (Marcos 5:1–5) e intentos suicidas (Mateo 17:15). Sin embargo, no toda enfermedad se atribuía a la posesión. Mateo 4:24 distingue bien entre las causas naturales y sobrenaturales al afirmar que Jesús sanó a «los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos». Como habitantes del mundo espiritual, los demonios sabían quién era Jesús, aunque Él callaba este tipo de testimonio (Marcos 3:11). También leemos que ellos reconocían también que su fin en el abismo será para destrucción eterna (Mateo 8:29; Lucas 8:31; Santiago 2:19).

El libro de los Hechos, las Epístolas y el libro de Apocalipsis también hacen mención de los demonios y su obra. Hechos 19.13–16 nos presenta el relato de los hijos de Esceva. Dicho relato constituye una anécdota singular acerca del judaísmo contemporáneo y sus prácticas exorcistas. Escribiendo a mediados del siglo II, el autor desconocido de la conclusión del Evangelio de Marcos (Marcos 16:9–20) se refiere al exorcismo, puesto que este pasaje se basa en una tradición confiable, es probable que Jesús haya hecho una promesa tal. Según 1 Timoteo 4:1 los demonios atentan contra la sana doctrina. En 1 Corintios 10:20, Pablo equipara el culto a los ídolos con el tributo a los mismos demonios en su esencia (Apocalipsis 9:20).

 ​​ ¿QUÉ SON LOS EXORCISMOS Y QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA AL RESPECTO?

La práctica del exorcismo (del griego antiguo: ἐξορκισμός, romanización: exorkismos, literalmente: «obligar mediante juramento, conjurar»)​ se define como “la práctica religiosa o espiritual realizada contra una fuerza maligna, utilizando diversos métodos cuyo fin es expulsar, sacar o apartar a dicho ente de la persona, objeto o área que se encuentra poseída por la entidad maligna (ver, como ejemplo, posesión demoníaca) quien somete y controla al poseído.”​[3] Estos entes, dependiendo de las creencias de los implicados, pueden ser demonios, espíritus, brujos, etc. El objeto de la posesión puede ser una persona o animal, objetos e incluso lugares como pueblos o casas (poltergeist).[4]

El asunto de los exorcismos es uno de los temas favoritos en el cine del terror, tan popular en los últimos años gracias a películas como ‘El exorcista’, una de las más populares en su género, y que sigue siendo referencia para cantidad de producciones que en el cine tratan el asunto de la posesión. Sin embargo, pocos se han preocupado de revisar lo que la fe cristiana enseña en las páginas de la Biblia sobre los demonios y las posesiones. Quizá sea porque las Escrituras muestran a los demonios actuando, pero la reacción de Jesús y de los primeros creyentes está muy lejos de la parafernalia, rituales, o el uso objetos con un supuesto poder para hacer salir a un demonio de la persona poseída.

La obra de los demonios en las personas no es una explicación temporal que la Biblia dé a las enfermedades que, por el desarrollo de la medicina y la ciencia, no se pudieran explicar en la época de los relatos evangélicos. Esto es difícil de aceptar para una persona que no crea en Dios, o en el mundo espiritual, ya que siempre dirá que cualquier manifestación demoníaca es una enfermedad mental y no algo de carácter espiritual. Desde la medicina se apunta que muchos de los casos de posesión se pueden explicar como un trastorno de identidad disociativo o epilepsia. Sin embargo, los pasajes bíblicos hacen distinción entre enfermedad y posesión. No se mezclan.

En Mateo dice que Jesús curaba a endemoniados, epilépticos y paralíticos, haciendo una distinción clara. Lo que es distintivo es la respuesta ante la mención de Cristo. Podemos saber que es un problema espiritual cuando reaccionan violentamente ante este mensaje. Además, una persona poseída no responderá a los tratamientos que le estén dando los médicos. Hollywood y la Iglesia Católica han popularizado la idea de que el exorcismo sólo puede ser realizado por una persona específicamente preparada para ello a través de ciertos rituales. Sin embargo, la forma de enfrentar los demonios en la Biblia es bastante más sencilla y directa. Jesús y los apóstoles sacaban los demonios con unas palabras (Mateo 4:10, 8:16, 8:28-34; Marcos 5:9, 9:25; Lucas 4:35, 8:29, etc.). No hay un ritual. Con una orden la persona queda liberada. Los apóstoles hicieron lo mismo, y lo hacían en el nombre de Jesús. No hay un enfrentamiento, ni discusión, ni reprensión, ni insultar a los espíritus (Judas 8-10).

Debemos romper con toda la parafernalia creada alrededor del exorcismo. En realidad, la palabra ‘exorcismo’ sólo aparece en Hechos 19:13 y se refiere a personas que no eran cristianas que practicaban un exorcismo ambulante. Se trata por tanto de un concepto heredado de otras tradiciones culturales o religiosas que no tienen lugar en la Biblia. En caso de que un cristiano enfrente la circunstancia de estar ante una persona poseída por un demonio no necesita, por tanto, tener un cargo específico, ni siquiera una preparación ritual previa (pues el verdadero cristiano se prepara y vive preparado espiritualmente cada día, no sólo ante una ‘emergencia’ de este tipo). Se nos llama a que, como discípulos, podamos ejercer ese poder de echar demonios en el nombre de Jesús, porque no somos nosotros quienes tenemos poderes, es el Espíritu de Dios.

El siervo de Dios actúa en el nombre de Jesús para expulsarlo. El único requisito que presenta la Biblia es tener fe. Jesús recriminó a sus discípulos en un momento que no fueron capaces de sacar un demonio porque no tuvieron fe. Se requiere fe para que uno pueda expulsar a un demonio de otra persona. Si bien es cierto que el catolicismo trata el asunto de las posesiones y el exorcismo por medio de rituales con crucifijos, estampas, agua bendita, velas, conjuraciones y rosarios, nada de esto tiene poder contra el diablo, según la Escritura. Los evangélicos debemos evitar caer en el mismo engaño. Debemos dejar de lado la fe en el uso de objetos, aceite, sal, imposición de biblias sobre el endemoniado, recitación mística de ciertos salmos, latigazos, golpes o cualquier otro ritual absurdo y antibíblico. No somos ‘brujos blancos’ ni médiums cristianos, sino representantes autorizados de Jesucristo. Y Jesucristo y los apóstoles se enfrentaban con demonios, pero no recurrieron a ninguna fórmula mágica para dominarlos.

​​ ¿PUEDE UN CRISTIANO VERDADERO SER POSEÍDO POR UN DEMONIO?

Muchos creyentes rehúsan ejercer su ministerio de liberación por miedo a ser víctimas ellos mismos de la posesión demoníaca en caso de no realizar adecuadamente el ‘exorcismo’. Muchos cristianos incluso afirman haber oído de creyentes víctimas de la posesión demoníaca. ¿Es esto posible? ¿Pueden los cristianos verdaderos ser poseídos por demonios? Para responder adecuadamente a dichas preguntas, es necesario aclarar ciertos conceptos: Estar poseído no es lo mismo que ser tentado, influenciado o incluso atacado por demonios. Satanás y los demonios tientan a los cristianos, e incluso pueden poner pensamientos pecaminosos en ellos, tal como sucedió en el caso de David con el censo (1 Crónicas 21:1), y Pedro, cuando le insistió a Cristo que no fuera a Jerusalén (Mateo 16:23). La Biblia también atestigua que los demonios pueden producir enfermedades y desgracias, siempre bajo el permiso divino. Tal fue el caso de Job, y también ocurrió con Pablo con el aguijón en su carne, a quien identificó como “un mensajero de Satanás” (2 Corintios 12:7). En Lucas 13:11 se nos habla de una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Y el mismo Cristo dice en Lucas 13:16 que esta mujer era una “hija de Abraham”, a la que Satanás había tenido atada durante dieciocho largos años. Podemos concluir, entonces que los demonios pueden afectar a los cristianos, ya sea produciendo enfermedades o desgracias, o produciendo tentaciones y pensamientos pecaminosos.

Ahora bien, esto es diferente a una posesión demoníaca. Si con poseído por un demonio se quiere decir que la voluntad de la persona está completamente dominada por un demonio, al punto que la persona no tiene poder para escoger el bien y obedecer a Dios, la respuesta sería con certeza que no, porque la Biblia garantiza que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros puesto que hemos sido resucitados con Cristo (Romanos 6:4-11, 14, 18, 22). De igual manera las doctrinas bíblicas de la regeneración y de la presencia permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente imposibilitan por completo la posesión demoníaca de un cristiano verdadero (1 Pedro 1:22; 1 Corintios 3:16). Por eso, cuando oímos de supuestos casos de creyentes que se dice que están poseídos, debemos preguntarnos: ¿Estaban verdaderamente regeneradas las víctimas? ¿Eran cristianos genuinos? y en caso de serlo ¿Estaban realmente poseídas? Si realmente estaban poseídas, puede ser que se trate de personas que realmente no han sido regeneradas, es decir, no han nacido de nuevo, aunque tal vez hayan asistido a la iglesia por años. Si las personas afectadas son cristianos verdaderos, es seguro que no están poseídos realmente, sino que están sufriendo algún tipo de dolencia que los llevó a algún comportamiento extraño.

Podemos asegurar, por la evidencia revelada en la Biblia, que un verdadero cristiano no puede ser poseído por los demonios, aunque sí puede ser tentado y atacado por los mismos, siempre bajo el permiso de Dios. Es incompatible que un cristiano esté habitado por el Espíritu Santo y a la vez esté habitado por Satanás. Ahora bien, debido a que sí seremos atacados, la Escritura claramente revela la forma de lidiar con dichos ataques: resistir con firmeza (Efesios 6:10-18). No tengas temor de ejercer tu ministerio, recuerda tu posición en Cristo. Si Satanás te ataca con duda y temor al enfrentarte con una persona poseída, y temes que eso mismo pueda ocurrirte a ti, recuerda: La doctrina bíblica enseña que Cristo ha vencido a Satanás y a los demonios, por lo que un creyente no puede ser poseído. Cuando somos salvos por la obra de Cristo, somos librados de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13-14). Somos atacados por el diablo, pero tenemos seguridad en Cristo (Romanos 8:37). El maligno no puede tocar a un hijo de Dios (1 Juan 5:18), porque no puede deshacer su obra. El Señor nos protege con su fidelidad (2 Tesalonicenses 3:3). La mejor protección que podemos tener ante el diablo es, como dice Santiago 4:7 someternos a Dios, resistir al diablo, y este huirá. Teniendo firmeza en Cristo, los demonios huyen.

Tener a Cristo en la vida es lo principal para protegerse. Aunque hay poder en Satanás y en los demonios, la Biblia afirma que el poder de Cristo es mucho mayor. Por ello quien quiera ser libre de toda amenaza espiritual debe confiar en la obra de Jesucristo, que da la victoria frente al mal. Ya que Jesús ‘despojando a los principados y las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz’ (Colosenses 2:15). ¡No tengas miedo!, pero no por la fuerza de un ritual, sino por la obra de Cristo Jesús, que ha vencido en la cruz.

​​¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS EVIDENTES DE UNA POSESIÓN DEMONÍACA?

La Biblia da varios ejemplos de personas que fueron poseídas o influenciadas por demonios. De estos relatos, podemos conocer algunos síntomas de influencia demoníaca, así como adquirir conocimiento de cómo un demonio posee a alguien. Estos son algunos pasajes bíblicos: Mateo 9:32-33; 12:22; 17:18; Marcos 5:1-20; 7:26-30; Lucas 4:33-36; Lucas 22:3; Hechos 16:16-18.

En algunos de estos pasajes, la posesión demoníaca causaba problemas físicos, tales como inhabilidad para hablar, síntomas de epilepsia, ceguera, etc. En otros casos causaba que el individuo actuara con maldad; Judas sería el mejor ejemplo. En Hechos 16:16-18, un espíritu aparentemente daba a la joven esclava la habilidad de saber cosas más allá de su propio entendimiento. En el caso del endemoniado gadareno que estaba poseído por una multitud de demonios, tenía una fuerza sobrehumana, andaba desnudo y vivía entre los sepulcros. Dios permitió que el rey Saúl, después de haberse rebelado contra Él, fuera atormentado por un espíritu maligno (1 Samuel 16:14-15: 18:10-11; 19:9-10) con el efecto aparente de un estado de ánimo depresivo y un creciente deseo y disposición de matar a David. Por consiguiente, hay una amplia variedad de posibles síntomas de una posesión demoníaca, tales como un deterioro físico que no pueda ser atribuido a la presencia de un problema psicológico, cambios de personalidad tales como una fuerte depresión o una inusual agresividad, fuerza sobrenatural, una indiferencia por el pudor o una interacción social “normal”, y quizá la habilidad de compartir información de la que no hay manera natural de conocer.

Es importante notar que casi todas, si no todas estas características, pueden tener otras explicaciones, así que es importante no etiquetar a cada persona deprimida, o individuo epiléptico como poseídos por demonios. Por otro lado, pienso que, en nuestra cultura occidental, probablemente no tomamos muy en serio la actividad satánica en las vidas de la gente. Adicionalmente a estas características físicas o emocionales, uno también puede ver actitudes espirituales que muestran influencia demoníaca. Estas pueden incluir una resistencia a perdonar (2 Corintios 2:10-11) y la creencia y propagación de falsa doctrina, especialmente concerniente a Jesucristo y Su obra redentora (2 Corintios 11:3-4, 13-15; 1 Timoteo 4:1-5; 1 Juan 4:1-3).

​​¿CÓMO PUEDE ALGUIEN LLEGAR A ESTAR POSEÍDO POR UN DEMONIO?

No se nos dice exactamente cómo se expone uno mismo a ser poseído. Si el caso de Judas es representativo, él abrió su corazón al mal, en su caso por su avaricia (Juan 12:6). Así, es posible que, si uno permite que su corazón sea gobernado por algún pecado habitual, esto se convierta en una invitación para que un demonio entre.

Las posesiones demoníacas también parecen estar relacionadas con la adoración de ídolos paganos y la posesión de objetos del ocultismo. La Escritura repetidamente relaciona la adoración de ídolos con la adoración a los mismos demonios (Levíticos 17:7; Deuteronomio 32:17; Salmo 106:37; 1 Corintios 10:20), así que no sería sorprendente que el involucrarse con esas religiones y prácticas asociadas con esos cultos pueda conducir a la posesión demoníaca. Mucha gente abre sus vidas a la invasión demoníaca, al abrazar algún pecado o a través de involucrarse en una secta (ya sea consciente o inconscientemente). Los ejemplos pueden incluir inmoralidad; abuso de drogas y alcohol, al alterar éstos el estado de conciencia; rebelión; amargura; meditación trascendental; yoga; el movimiento de la Nueva Era, etc.

No obstante, hay algo que no debe ser olvidado. Satanás y sus huestes del mal no pueden hacer nada a nadie, a menos que tengan el permiso de Dios (Job 1, 2). Algunas personas desarrollan una insana fascinación por el ocultismo y la actividad demoníaca. Esto es poco inteligente y antibíblico. Si nosotros seguimos a Dios con nuestras vidas; nos vestimos con Su armadura y dependemos de Su fuerza, no la nuestra (Efesios 6:10-18), no tenemos nada que temer de las fuerzas del mal, porque ¡Dios gobierna sobre todas ellas!

​​ ¿ES CORRECTO DIALOGAR CON LOS DEMONIOS, PREGUNTARLES SU NOMBRE O PERMITIRLES EXHIBIR SU PODER?

Con los demonios, que hablan a través de los endemoniados, no se dialoga: ¡Se los expulsa! Lamentablemente, algunos ‘exorcistas’ se han vuelto enfermizamente adictos a mantener pláticas con los demonios, entrevistarlos, exigirles que digan su nombre y hacerles preguntas ¡Hasta teológicas! Sin embargo, eso es una pérdida de tiempo, porque los demonios mienten y nada dicho por ellos es digno de confianza o credibilidad alguna (Juan 8:44).

La práctica de preguntar el nombre a los demonios y dialogar con ellos proviene, no de la Biblia o del ejemplo de Jesús, sino del Ritual de Exorcismo Católico, en el cual se considera que dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. Basan tal suposición en el hecho de que Dios le dio a Adán el poder de dar un nombre a las cosas. Por ende, en la concepción supersticiosa del catolicismo, en el momento en que el demonio revela su nombre, demuestra que está debilitado. Si no lo dice, es aún fuerte. Sin embargo, tal idea no cuenta con respaldo bíblico.

Jesús no hablaba con los demonios, sólo los echaba fuera. Mientras enseñaba en una sinagoga en Capernaum, Jesús fue interrumpido por un hombre poseído por un demonio. Jesús le ordenó al espíritu que se callara y que saliera del hombre, no se detuvo a dialogar con él o averiguar su nombre, mucho menos le permitió hacer una exhibición de poder o ‘robarse el show’ y amedrentar a los asistentes ¡Simplemente lo expulsó! El hombre convulsionó, y con un tremendo grito el espíritu inmundo salió (Marcos 1:21-28; Lucas 4:31-37). ¡No permitamos que el diablo se exhiba! ¡No nos prestemos al juego del diablo! ¡No gastemos nuestro tiempo inútilmente conversando con el demonio! Dios nos ha mandado a liberar a los cautivos con el poder del Espíritu Santo, no a socializar con el enemigo.

¿PUEDE EL DIABLO EXPONER PÚBLICAMENTE LOS PECADOS NO CONFESADOS DE AQUÉL QUE BUSCA ECHARLE FUERA?

Definitivamente sí. La autoridad espiritual únicamente puede ser ejercida por aquéllos que viven vidas moralmente limpias (2 Timoteo 2:19), han sido justificados por la fe en Cristo (Romanos 5:1) y han lavado sus vestidos en la sangre del Cordero (Hebreos 9:12-14), venciendo de esta forma a Satanás (Apocalipsis 12:11). Sin embargo, al ejercer el ministerio de liberación encomendado por Cristo a su iglesia, muchos han tropezado en el área de la santidad personal. Si bien es cierto todos pecamos, y ofendemos a Dios y al prójimo en algún momento (Santiago 3:2; 1 Juan 1:10), el pecado repetitivo y habitual no puede ser parte de la vida de un creyente verdadero (1 Juan 3:9).

Para su vergüenza, muchos creyentes han sido confrontados por algún espíritu inmundo al pretender echarlo fuera sin estar en comunión genuina con Dios. Esto mismo lo comprobaron los hijos de Esceva (Hechos 19:11-20). Muchos creyentes que viven en pecado habitual han sido expuestos públicamente por el diablo, hablando a través del poseído. Por eso, antes de pretender enfrentarnos con el diablo, debemos tener en mente que todo pecado personal debe haber sido resuelto previamente (1 Juan 2:1-2), así evitaremos ser avergonzados en público. De esta manera, el diablo no tendrá de qué acusarnos y, si lo hiciera, ya que esa es su función (Apocalipsis 12:11) podemos reafirmar nuestra posición en Cristo (Romanos 8:1) y recordarle que es él, y no nosotros, quien está condenado (Apocalipsis 20:10).

 CONCLUSIÓN.

Los cristianos no pueden ser poseídos por demonios. Hay una clara diferencia entre ser poseído por un demonio y ser oprimido o influenciado por un demonio. La posesión demoníaca involucra un demonio que tiene el control directo y completo sobre los pensamientos y o acciones de una persona (Mateo 17:14-18, Lucas 4:33-35; 8:27-33). La opresión (o influencia) demoníaca implica un demonio o demonios atacando espiritualmente a una persona o incentivándole hacia un comportamiento pecaminoso.

El creyente en Cristo no puede vivir atemorizado ante el diablo y su accionar en el mundo. La clave de la victoria en la vida cristiana es estar llenos (controlados y empoderados) con el Espíritu Santo a cada instante (Efesios 5:18). Los demonios son una realidad, pero el poder de Cristo en nosotros es aún mayor. A la iglesia se le ha confiado el ministerio de la liberación:

“En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18).

 “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19).

 “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mateo 10:7-8)

REFERENCIAS:

[1] Ramos, Marcos Antonio. Nuevo Diccionario de Religiones, Denominaciones y Sectas, Editorial Caribe, 1998. Pp. 115.

[2] Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Editorial Caribe, 1998. Pp. 335-337.

[3] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «exorcismo». Diccionario de la lengua española (23.ª edición).

[4] Vergilius Ferm, ed. (1945). «Exorcismo». An Encyclopedia of Religion. New York: Philosophical Library. p. 268.

Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: El Evangelio de la Prosperidad.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Vivir con el objetivo de acumular riqueza es anticristiano. Sin embargo, a través de los años, el mensaje que se ha estado predicando en algunas de las iglesias más grandes del mundo ha cambiado; de hecho, un nuevo evangelio se está enseñando en muchas congregaciones hoy. A este evangelio se le han adscrito muchos nombres, tales como «el evangelio del decláralo y recíbelo», «el evangelio del písalo y arrebátalo», «el evangelio de la salud y las riquezas», «el evangelio de la prosperidad» y «la teología de la confesión positiva». Pero no importa el nombre que se use, la esencia de este nuevo evangelio es la misma.

La teología de prosperidad, a veces llamada evangelio de la prosperidad, es una creencia religiosa compartida por algunos cristianos, quienes sostienen que la bendición financiera y el bienestar físico son siempre la voluntad de Dios para con ellos, y que la fe, el discurso positivo y las donaciones a causas religiosas aumentarán la riqueza material propia. En pocas palabras, este egocéntrico «evangelio de la prosperidad» enseña que Dios quiere que los creyentes estén físicamente sanos, sean materialmente ricos y personalmente felices. Los maestros del evangelio de la prosperidad animan a sus seguidores a orar e incluso a demandar a Dios un florecimiento material.

La doctrina enfatiza la importancia del empoderamiento personal y propone que es la voluntad de Dios que su pueblo sea feliz. La expiación (reconciliación con Dios) se interpreta para incluir el alivio de la enfermedad y la pobreza, los cuales se consideran maldiciones que se pueden romper por la fe. Se cree que esto se consigue a través de donaciones monetarias, visualización y confesión positiva. Durante el auge del movimiento conocido como Healing Revival, a fines de los años 1940 y durante la década de 1950, la teología de la prosperidad tuvo gran difusión en Estados Unidos, aunque algunos han asociado los orígenes de su teología al movimiento Nuevo Pensamiento, que empezó en el siglo XIX. Las enseñanzas de prosperidad ocuparon más tarde un lugar prominente en el movimiento Word of Faith y el tele-evangelismo de los años 1980. En las décadas de 1990 y 2000, influentes líderes del movimiento pentecostal y el movimiento carismático la adoptaron en los Estados Unidos y se ha propagado por varios otros países. Algunas figuras prominentes en su desarrollo son E. W. Kenyon, Oral Roberts, A. A. Allen, Robert Tilton, T. L. Osborn, Joel Osteen, Creflo Dollar, Kenneth Copeland, Cash Luna, Mike Murdoc, Reverendo Ike y Kenneth Hagin.

ORIGEN, DESARROLLO Y EXPANSIÓN DEL. EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD.

Si buscamos los orígenes de esta corriente teológica podremos encontrarlos en los Estados Unidos, donde la mayoría de los investigadores de la fenomenología religiosa estadounidense hacen remontar este movimiento al pastor neoyorkino Essek William Kenyon (1867-1948). Kenyon sostenía que a través del poder de la fe pueden modificarse las realidades materiales concretas. Pero la conclusión directa de esta convicción es que la fe puede llevar a la riqueza, a la salud y al bienestar, mientras que la falta de fe lleva a la pobreza, a la enfermedad y a la desdicha. Estas doctrinas se han asociado con el Positive Thinking, el «pensamiento positivo», y se han alimentado también en una medida importante de él. El Positive Thinking es expresión del denominado “American way of life” (modo de vida estadounidense). En tal sentido, se relacionan con la «posición excepcional» que Alexis de Tocqueville, en su célebre obra ‘La democracia en América’ (1831), atribuyó a los estadounidenses. Según este autor, en virtud de dicha excepcionalidad se ha de creer que ningún pueblo democrático llegará a encontrarse nunca en una posición semejante. Tocqueville llegó a afirmar que ese modo de vida plasma también la religión de los estadounidenses. Un impulso fundamental a estas ideas de «prosperidad evangélica» se dio con el denominado «movimiento de la fe», que tuvo como principal mentor al pastor y autoproclamado «profeta» Kenneth Hagin (1917-2003). Una de las características de Hagin eran visiones recurrentes que lo llevaban a dar una interpretación singular de algunos textos muy conocidos de la Biblia. Tal es el caso, por ejemplo, de Marcos 11:23-24: “En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis». Estos dos versículos son para Hagin pilares de la «teología de la prosperidad.”

Según afirma, la fe milagrosa, para traducirse en obras, debe ser sin incertidumbres, especialmente en las cosas imposibles: debe declarar específicamente el milagro y creer que se lo obtendrá de la manera imaginada. Hagin enfatizó también otro aspecto: que el milagro deseado se considere como ya sucedido. Es decir, se debe desplazar su realización del futuro al pasado. Tanto Kenyon como Hagin comprendieron que la comunicación de masas era un instrumento fundamental para la rápida difusión de sus enseñanzas. El primero se sirvió de su show personal «Kenyon’s Church of the Air» [«La Iglesia del aire de Kenyon»], y el segundo, del programa «Faith Seminar of the Air» [«El seminario de fe del aire»]. Pero ellos no fueron los únicos. Hay algunos predicadores que pueden citarse como continuadores de las teologías de Kenyon y Hagin y de su estrategia de comunicación. El primero de ellos es Kenneth Copland, que fue «ungido» por el mismo Hagin como sucesor suyo, con su programa televisivo «Believer’s Voice of Victory» [«La voz de victoria del creyente»], que ha difundido en gran parte del mundo estas doctrinas. Del mismo modo, Norman Vincent Peale (1889-1993), pastor de la Marble Collegiate Church de Nueva York, alcanzó popularidad con sus libros con títulos elocuentes en su significado: “El poder del pensamiento positivo”; “Cambia tus pensamientos y cambiará todo”; “Guía para una vida apacible” . Peale fue un predicador exitoso, y llegó a mezclar marketing y predicación.

En los Estados Unidos millones de personas frecuentan asiduamente «megaiglesias» que difunden estas teologías de la prosperidad. Los predicadores, profetas y apóstoles enrolados en evangelio diferente han ocupado espacios cada vez más importantes en los medios de comunicación de masas, han publicado una enorme cantidad de libros que se han convertido rápidamente en superventas y han pronunciado conferencias que muy a menudo llegan a millones de personas a través de todos los medios disponibles de Internet y de las redes sociales. Nombres como Oral Roberts, Pat Robertson, Benny Hinn, Robert Tilton, Joel Osteen, Joyce Meyer y otros han acrecentado su popularidad y riqueza profundizando, enfatizando y extremando este evangelio.

El «evangelio de la prosperidad» (Prosperity Gospel) ha ido difundiéndose no solamente en los Estados Unidos, donde nació, sino también en África, especialmente en Nigeria, Kenia, Uganda y Sudáfrica, de la mano de pastores como Robert Kayanja, quien desarrolló también un vasto movimiento muy presente en los medios de comunicación de masas. Pero el «evangelio de la prosperidad» ha tenido también un notable impacto en Asia, sobre todo en India y Corea del Sur. En este último país hubo en los años ochenta un fuerte movimiento autóctono vinculado a esta corriente teológica, promovido por el pastor Paul Yonggi Cho. Este predicó una «teología de la cuarta dimensión», según la cual los creyentes, mediante el desarrollo de visiones y sueños, iban a poder llegar a controlar la realidad, obteniendo casi todo tipo de prosperidad inmanente. Se observa también un arraigo en la República Popular China gracias a las «Iglesias de Wenzhou». Wenzhou es un gran puerto oriental en la provincia de Zhejiang, en cuya zona han ido apareciendo grandes cruces rojas en cada vez más edificios. Tales cruces suelen indicar la presencia de una «Iglesia de Wenzhou», una comunidad creada por varios empresarios locales y vinculada al movimiento de la «teología de la prosperidad».

En América Latina la difusión y la propagación de esta teología se dio de manera exponencial, y ello desde 1980, aunque también pueden encontrarse raíces de este proceso entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Este fenómeno religioso se traduce desde el punto de vista mediático en el uso de la televisión por parte de figuras muy carismáticas de algunos pastores, que lanzan un mensaje simple y directo montado en torno a un espectáculo de música, testimonios y una lectura distorsionada de la Biblia. Si consideramos América Central, Guatemala y Costa Rica se han convertido probablemente en los dos bastiones principales de esta corriente religiosa. En Guatemala ha sido determinante la presencia del líder carismático Carlos Enrique Luna Arango, llamado «Cash Luna». Costa Rica es también un bastión del evangelio de la prosperidad, al ser la sede del canal de televisión satelital TBN-Enlace, un medio de comunicación al servicio de este movimiento herético. En América del Sur la difusión más significativa se dio en Colombia, Chile y Argentina, pero no cabe duda de que Brasil merece una consideración especial, porque posee una dinámica propia y un movimiento pentecostal autóctono como la «Iglesia Universal del Reino de Dios». Este grupo, denominado también «Pare de sufrir», tiene ramificaciones en toda América Latina. Basta analizar el anuncio de la «Iglesia Universal» brasileña para encontrar en ella un fuerte mensaje de prosperidad y bienestar ligado a la frecuentación personal de sus templos con el fin de recibir múltiples beneficios.

Lo que resulta absolutamente claro es que el poder económico, mediático y político de estos grupos, a los que podemos definir genéricamente como «evangélicos del sueño estadounidense», los hace mucho más visibles que el resto de las Iglesias evangélicas, también que las de la línea pentecostal clásica. Además, su crecimiento es exponencial y directamente proporcional a los beneficios económicos, físicos y espirituales que prometen a sus seguidores: bendiciones todas que están muy lejos de las enseñanzas de una vida de conversión propia de los movimientos evangélicos tradicionales. Estos movimientos han recibido no pocas críticas. Muchos sectores evangélicos tanto tradicionales como más recientes, han criticado duramente esos movimientos, llegando a denominar lo que proclaman como «un evangelio diferente».

ERRORES TEOLÓGICOS DEL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

El Evangelio de la Prosperidad, que no es más que un falso Evangelio, ha sido duramente criticado por los líderes de varias denominaciones cristianas, aun dentro del mismo movimiento pentecostal y carismático, pues sostienen que es irresponsable, promueve la idolatría y es contraria a la Escritura. Basta con analizar 5 de los principales postulados de este “Evangelio Diferente” para darnos cuenta que las críticas que se le hacen son justificadas:

(1. EL PACTO ABRAHÁMICO ES UN MEDIO PARA EL DERECHO MATERIAL.

El primer error del evangelio de la prosperidad es ver el Pacto Abrahámico como un medio para el derecho material. El pacto Abrahámico (Génesis 12, 15, 17, 22) es una de las bases teológicas del evangelio de la prosperidad. Es bueno que los teólogos de la prosperidad reconozcan que gran parte de la Escritura es el registro del cumplimiento del pacto Abrahámico, pero es malo que no mantengan una visión ortodoxa de este pacto. Tienen una visión incorrecta del inicio del pacto; más significativamente, tienen una visión errónea de la aplicación de este.

De acuerdo con el Evangelio de la Prosperidad, los cristianos son hijos espirituales de Abraham y herederos de las bendiciones de la fe. Esta herencia abrahámica se desenvuelve principalmente en términos de beneficios materiales. En otras palabras, el evangelio de la prosperidad enseña que el propósito primordial del pacto Abrahámico era que Dios bendijera a Abraham materialmente. Ya que los creyentes son ahora los hijos espirituales de Abraham, han heredado estas bendiciones financieras. Como el pacto de Dios ha sido establecido, y la prosperidad es una provisión de este pacto, cada creyente tiene que tomar conciencia de que la prosperidad ahora te pertenece y reclamarla. Para respaldar esta declaración, los maestros de la prosperidad apelan a Gálatas 3:14, que se refiere a: “Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham…” (Nueva Traducción Viviente). Es interesante, sin embargo, que en sus apelaciones a Gálatas 3:14, los maestros de la prosperidad ignoran la segunda mitad del versículo, que dice: “a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.” En este versículo Pablo le recordaba claramente a los Gálatas la bendición espiritual de la salvación, no la bendición material de la riqueza.

Jesús advirtió a los suyos respecto al peligro de ser dominados por el afán, la codicia y la avaricia. Y les dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.15–16). Jesús señaló que el objetivo primordial de los creyentes debe centrarse en buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todo lo demás vendría por añadidura (Mateo 6:19-21, 33). A un grupo de personas que lo habían visto hacer milagros y que desesperadamente lo andaban buscando del otro lado del Mar de Galilea, Jesús les descubrió sus intenciones y de forma tajante les dijo: “De cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:26–28). Estas personas habían visto en Jesús al Rey del Pan terrenal, pero no al “Pan de Vida” enviado de Dios. Lo miraban como el suplidor de las necesidades básicas temporales, pero no tenían ningún interés en saciar el hambre espiritual. En lugar de ser movidos a una mayor entrega a Dios o a seguir al Señor, ahora pretendían usar a Jesús para satisfacer sus necesidades físicas y temporales.

Deplorablemente la poca enseñanza teológica existente, o la baja calidad de la enseñanza bíblica en las congregaciones cristianas, abonan el terreno para que los engañadores persuadan con sus estratagemas a los incautos: “Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme (2 Pedro 2.1–3). Jesús dijo que no se puede servir a Dios y a Mammón: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón” (Mateo 6:24; RV1909).

El espíritu materialista de Mammón, el dios del dinero (Mateo 6:24; 1 Timoteo 6:10), disfrazado de “Prosperidad divina” y la avidez por tener más y más a cualquier precio, se han apoderado en gran parte de la agenda de muchos ministros del Evangelio hoy en día. Estos ministros se han olvidado de que fueron llamados a vivir por fe, no por vista (2 Corintios 4:18, 5:7); a andar en el Espíritu, no en la carne (Gálatas 5:16); a buscar las cosas de arriba, no las de la tierra (Colosenses 3:1-3); a no distraerse en lo terrenal (Filipenses 3:18-19); a servir a Dios y no a las riquezas (Mateo 6:24; Lucas 12:21); a predicar el Evangelio gratuitamente (Mateo 10:8; 1 Corintios 9:18; 2 Corintios 11:7); y a estar contentos con lo que Dios les ha dado, no monopolizando la religión como un medio para obtener ganancias (1 Timoteo 6:3-10).

(2. LA EXPIACIÓN DE JESÚS SE EXTIENDE HASTA EL «PECADO» DE LA POBREZA MATERIAL.

Un segundo error teológico del evangelio de prosperidad es una visión defectuosa de la expiación. El evangelio de la prosperidad afirma que tanto la curación física como la prosperidad financiera han sido provistas en la Expiación. Para los maestros de la prosperidad el principio básico de la vida cristiana es saber que Dios ha puesto nuestro pecado, malestar, enfermedad, tristeza, angustia y pobreza sobre Jesús en el Calvario. Por ende, nuestra bendición material está garantizada.

Este malentendido del alcance de la expiación proviene de dos errores que cometen los proponentes del evangelio de la prosperidad. En primer lugar, muchos de los que se aferran a la teología de la prosperidad tienen un concepto erróneo fundamental de la vida de Cristo. Por ejemplo, algunos de los maestros de la prosperidad han caído en el absurdo de suponer que Jesús tenía una casa bonita, una casa grande, manejaba mucho dinero e incluso vestía ropas de diseñador (John Avanzini, “Believer’s Voice of Victory,” programa transmitido en TBN, 20 de enero 1991. Citado en Hank Hanegraaff, Christianity in Crisis; Eugene, OR: Harvest House, 1993, pp. 381). Esa visión deformada de la vida de Cristo lleva a los maestros de la prosperidad a un concepto igualmente deformado sobre la muerte de Cristo, basado en una interpretación errónea de 2 Corintios 8:9, que dice: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Si bien una lectura superficial de este versículo puede llevar a creer que Pablo estaba enseñando acerca de un aumento en la riqueza material, una lectura contextual revela que Pablo estaba enseñando el principio opuesto. De hecho, Pablo estaba enseñando a los corintios que, puesto que Cristo realizó tanto por ellos a través de la expiación, ellos debían vaciarse de sus riquezas al servicio del Salvador. Esta es la razón por la cual solo cinco cortos versículos más tarde Pablo instaría a los corintios a dar sus riquezas a sus hermanos necesitados, escribiendo: “Para que, en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos”. (2 Corintios. 8:14).

Desde la perspectiva bíblica la prosperidad financiera, al igual que la salud física, es algo deseable, pero no se constituye en un fin en sí mismo y tampoco en la meta suprema del cristiano, como lo afirma el apóstol Juan: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2). La prosperidad espiritual debe ser la sólida base sobre la que corresponde cimentar cualquier otro tipo de prosperidad entre los cristianos. La Nueva Versión Internacional aclara más el sentido de este texto al apuntar: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 2, NVI). Una prosperidad financiera sin los fundamentos de la prosperidad espiritual, en términos estrictamente bíblicos, no sirve absolutamente para nada. En palabras del Señor Jesús, sería como edificar una casa sobre la arena movediza y no sobre la roca fuerte. Es construir sobre las arenas de las volatilidades cambiarias, de los fenómenos bursátiles, y de la falsa sensación de seguridad que dan las riquezas (Mateo 7:24-27). Tal prosperidad sería totalmente destructiva y conduciría, no solo a alimentar el espíritu de la avaricia entre los cristianos, sino también, a que estos pongan su mira y su confianza exclusivamente en las cosas de este mundo, olvidándose de la gloriosa esperanza eterna. El apóstol Pablo enseñó que los verdaderos creyentes deben concentrar su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:1–2).

  1. LOS CRISTIANOS DAN PARA OBTENER COMPENSACIÓN MATERIAL DE DIOS.

Un tercer error del evangelio de la prosperidad es que los cristianos deben dar para obtener compensación material de Dios. Una de las características más llamativas de los teólogos de la prosperidad es su aparente fijación con el acto de dar. Los estudiantes del evangelio de la prosperidad son instados a dar generosamente; sin embargo, este énfasis en dar se basa en motivos que son todo menos filantrópicos. La fuerza que impulsa esta enseñanza sobre el dar es lo que se conoce como la «Ley de la compensación». Según esta ley, supuestamente basada en Marcos 10:30, los cristianos necesitan dar generosamente a otros porque cuando lo hacen, Dios devuelve más a cambio. Esto, a su vez, conduce a un ciclo de prosperidad cada vez mayor. Es evidente, entonces, que la doctrina de dar del evangelio de la prosperidad se fundamenta en motivos defectuosos. Si bien es cierto que Jesús enseñó a sus discípulos a dar, sin esperar nada a cambio (Lucas 10:35), los teólogos de la prosperidad enseñan a sus discípulos a dar porque conseguirán un gran retorno de su inversión.

Mientras por un lado emergen creyentes que motivados por un sentimiento honroso de generosidad son capaces de quedarse absolutamente sin nada en su haber con tal de darlo para el progreso de la Iglesia, existen, asimismo, ministros codiciosos, oportunistas, “cuyo dios es su vientre y cuya gloria es su vergüenza”, porque “sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:19). Los proponentes del Evangelio de la Prosperidad siembran en la mente de los oyentes, la falsa idea, de que, si no eres próspero económicamente, es porque estas bajo maldición o eres parte de algún tipo de juicio divino (Para un estudio más profundo sobre las maldiciones véase: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/09/distorsionando-la-fe-pentecostal-las-maldiciones-generacionales/).

Los predicadores de la prosperidad priorizan el asunto del dinero como lo más importante en el contexto de las bendiciones de Dios para Su pueblo. Además, con su valoración persistente de las riquezas terrenales demuestran que su confianza y esperanza están enfocadas exclusivamente en esta vida efímera y pasajera y no en la expectativa de la gloriosa vida eterna. Con reiteración recurren al pasaje bíblico que habla de la viuda de Sarepta y el profeta Elías (1 Reyes 17:8-24). Insisten en que a esta viuda por mucho tiempo no se le agotó el aceite debido a que le dio de su comida a Elías primero. El énfasis aquí es que, si das mucho dinero a la obra, tus finanzas siempre se estarán multiplicando, lo cual es una gran falacia, porque en el caso de la viuda de Sarepta, hubo un trato directo por parte de Dios. Fue una situación particular en que Dios obró de forma soberana y providencial para suplir las necesidades del profeta Elías y no puede interpretarse como que siempre Dios actuará de la misma forma con todos sus siervos. Dios es muy creativo y multifacético en su modus operandi. Esto queda comprobado al observar que, en medio de aquella crisis, ya con anterioridad, el profeta Elías, había sido alimentado milagrosamente por unos cuervos (1 Reyes 17:2-6). Si bien esta historia puede llevarnos a la reflexión para conocer algunos de los tratos de Dios con sus hijos, es evidente que no se puede violentar la interpretación de los textos, intentando aplicarla a nuestro tiempo en todo su rigor, y menos en relación con el tema del dinero. De hecho, con el trascurrir del tiempo, los líderes religiosos de Israel ya habían tergiversado esta historia y con frecuencia visitaban a las viudas para explotarlas económicamente. Por lo mismo, en su época, Jesús los reprendió con bastante firmeza al decirles: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas” (Mateo 23:14; 12:40).

Los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad enseñan a la gente que quien no aporte dinero a sus ministerios, no será prosperado, ni en ninguna manera bendecido por Dios. De esa manera astuta y siniestra, condicionan psicológicamente las conciencias de las personas para que se predispongan a ofrendar. Para empeorar las cosas, el estilo de vida ostentoso y de despilfarro de algunos ministros que promueven el Evangelio de la Prosperidad es un grosero insulto a Aquel humilde carpintero de Nazaret que no tenía ni siquiera donde recostar su cabeza (Mateo 8:20; Lucas 16:13). Estos ministros corruptos, han leudado el verdadero Evangelio, introduciéndole la levadura de su interpretación unipersonal, completamente descontextualizada del tenor general de las Escrituras.

Otra de las infaustas prácticas comunes que tienen estos postulantes del Evangelio de la Prosperidad, es hacerle creer a la gente que pueden utilizar su dinero para establecer pactos con Dios. Cabe señalar, que esta es otra burda falacia, porque, aunque si bien es cierto que la Biblia habla de pactos, esos pactos no tienen que ver, en lo absoluto, con dinero (Para un estudio más profundo visita: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/16/herejias-destructoras-las-maratonicas-y-el-pactar-con-dios-a-traves-del-dinero/).

Un pasaje que con regularidad esgrimen los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad, es cuando Jacob hizo voto a Dios en su camino hacia Padan-Aram. Ellos dicen que Jacob hizo un pacto con Dios relacionado con el dinero, lo cual es una tremenda distorsión del sentido de la verdad escrituraria. El pasaje clarísimamente señala que lo que Jacob hizo fue un voto y no un pacto. Fue una promesa “Luego Jacob hizo esta promesa: «Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que estoy haciendo, y si me da alimento y ropa para vestirme, y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. Y esta piedra que yo erigí como pilar será casa de Dios, y de todo lo que Dios me dé, le daré la décima parte»”. (Génesis 28:20-22, NVI)

Con bastante asiduidad los postulantes de la Prosperidad hablan de la siembra de dinero. El texto favorito que emplean es: “Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará” (2 Corintios 9:6, NVI). Se trata de una metáfora de la siembra y la cosecha que el apóstol Pablo utiliza, para enseñar sobre la generosidad del creyente a la hora de dar. Es evidente que hay bendiciones que Dios reparte por motivos de un corazón que actúa de manera magnánima con Su obra. El cuidado que se debe tener, no obstante, es el de no resaltar extremadamente la verdad contenida en el texto con la intención de sacar ventaja personal explotando la economía de otros. Insistir de forma pertinaz en interpretar un texto en detrimento de su contexto es una forma de herejía. El siguiente versículo remarca que: “Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:6, NVI). Derivar de este versículo (como lo hacen los ministros mercaderes, corruptos) que se pueda sembrar semillas de dinero para que Dios nos sane a un hijo, nos provea de un buen trabajo, multiplique nuestras finanzas, o algo por el estilo, es sencillamente, una soberbia ignorancia y una temeraria violación de la hermenéutica bíblica. La repulsiva falsedad de la “Doctrina de la Prosperidad”, está en el intento de sus proponentes de insertar en la mente de los cristianos, la avariciosa idea de que Dios quiere que sus hijos se inunden de dinero. Es una exégesis totalmente torcida de algunos textos de la Biblia. Imaginémonos a Dios, prosperando económicamente a cristianos llenos de egoísmo con su prójimo. Imaginémonos a Un Dios que, en vez de regenerar el corazón humano, decide en cambio bañarlo en dólares. El enfoque de la “Doctrina de la Prosperidad”, está dirigido a sobrestimar la riqueza material en menosprecio de la riqueza espiritual. Mucho énfasis en los designios del corazón humano y poco énfasis en la santidad y mandamientos de Dios. Muchos sueños de hombres y poco anhelo por la verdad de Dios. Mucho énfasis en lo temporal y poco en lo que realmente es eterno.

  1. LA FE ES UNA FUERZA ESPIRITUAL AUTOGENERADA QUE CONDUCE A LA PROSPERIDAD.

Un cuarto error de la teología de la prosperidad es su enseñanza de que la fe es una fuerza espiritual autogenerada que conduce a la prosperidad. Mientras que el cristianismo ortodoxo entiende la fe como la confianza en la persona de Jesucristo, los maestros de la prosperidad adoptan una doctrina muy diferente. En su libro The Laws of Prosperity, Kenneth Copeland, escribe: “La fe es una fuerza espiritual, una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de fe la que hace funcionar las leyes del mundo espiritual… Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad revelada en la Palabra de Dios. La fe hace que esas leyes funcionen” (Kenneth Copeland, The Laws of Prosperity; Fort Worth, TX: Kenneth Copeland Publications, 1974, pp. 19). Obviamente, esto es un entendimiento defectuoso, quizás incluso herético, de la fe.

Según la teología de la prosperidad, la fe no es un acto de la voluntad otorgado por Dios y centrado en Dios. Más bien es una fuerza espiritual humanamente forjada, dirigida a Dios. De hecho, cualquier teología que considere la fe únicamente como un medio para el logro material antes que para la justificación ante Dios debe ser juzgada como defectuosa e inadecuada.

Para un estudio más amplio sobre los errores de la confesión positiva, la doctrina de arrebatar y otros conceptos distorsionados acerca de la fe, visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/13/herejias-destructoras-ensena-la-biblia-que-debemos-arrebatarle-cosas-al-diablo/ y: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/10/distorsionando-la-fe-pentecostal-la-confesion-positiva/

  1. LA ORACIÓN ES UNA HERRAMIENTA PARA FORZAR A DIOS A CONCEDER PROSPERIDAD.

El evangelio de la prosperidad trata la oración como una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad. Los predicadores del evangelio de la prosperidad a menudo notan que “no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2). Los defensores del evangelio de la prosperidad animan a los creyentes a orar por el éxito personal en todas las áreas de la vida. Creflo Dollar, otro maestro de este falso evangelio escribe: “Cuando oramos, creyendo que ya hemos recibido lo que estamos pidiendo, Dios no tiene otra opción que hacer lo que le pedimos… Es una clave para obtener resultados como cristiano” (Creflo Dollar, “Prayer: Your Path to Success,” March 2, 2009, http://www.creflodollarministries.org/BibleStudy/Articles.aspx?id=329).

Ciertamente las oraciones para la bendición personal no son intrínsecamente erróneas, pero el énfasis excesivo del evangelio de la prosperidad en el hombre convierte la oración en una herramienta que los creyentes pueden usar para obligar a Dios a conceder sus deseos. Dentro de la teología de la prosperidad, el hombre, no Dios, se convierte en el enfoque de la oración. Curiosamente, los predicadores de la prosperidad a menudo ignoran la segunda mitad de la enseñanza de Santiago sobre la oración que dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Dios no responde a peticiones egoístas que no honran su nombre. Ciertamente, todas nuestras peticiones deben ser presentadas a Dios (Filipenses 4:6), pero el evangelio de la prosperidad se centra tanto en los deseos del hombre que puede llevar a la gente a hacer oraciones egoístas y superficiales que no traen gloria a Dios. Además, cuando se combina con la doctrina de la súper fe (o confesión positiva) de la prosperidad, esta enseñanza puede llevar a la gente a tratar de manipular a Dios para obtener lo que quieran, lo cual es una tarea inútil. Esto está muy lejos de orar para que se haga la voluntad de Dios.

A la luz de la Escritura, el evangelio de la prosperidad es fundamentalmente defectuoso. En el fondo, el evangelio de la prosperidad es en realidad un evangelio falso debido a su visión defectuosa de la relación entre Dios y el hombre. En pocas palabras, si el evangelio de la prosperidad es verdadero, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas. Ya sea que estén hablando del pacto Abrahámico, de la expiación, del dar, de la fe o de la oración, los maestros de la prosperidad convierten la relación entre Dios y el hombre en una transacción de dar para recibir. Dios es reducido a una especie de “sirviente cósmico” atendiendo a las necesidades y deseos de su creación. Esta es una visión totalmente inadecuada y no bíblica de la relación entre Dios y el hombre.

CONCLUSIÓN.

Los Apóstoles tuvieron sumo cuidado de no caer en la trampa del dinero. El libro de los Hechos relata un caso en que un mago judío, recién convertido a la fe, llamado Simón, quiso a los apóstoles ofreciéndoles dinero a cambio de la adquisición de poderes espirituales. El pasaje dice: “Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero y les pidió: —Denme también a mí ese poder, para que todos a quienes yo les imponga las manos reciban el Espíritu Santo. La respuesta que este individuo recibió ante semejante oferta fue contundente: “—¡Que tu dinero perezca contigo—le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero! No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios. Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención. Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado” (Hechos 8:18–23). Pedro aquí, muestra un hermoso ejemplo, de cómo debe comportarse un verdadero ministro de Jesucristo ante las ofertas relacionadas con el dinero. Su integridad y ética ministerial quedan trasparentadas al reprender con autoridad y celo de Dios a Simón el mago, dejándolo avergonzado por semejante extorsión y dándole una lección inolvidable.

En otra ocasión se menciona que cuando Pedro y Juan iban a la oración, en una de las puertas del templo estaba sentado un hombre cojo que les pidió dinero. En ese momento Pedro no traía dinero para poder darle a aquel hombre. Aquí se menciona a un apóstol sin dinero. De acuerdo con lo que enseñan los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad Pedro tendría que estar bajo maldición por no tener dinero. El en ninguna manera se avergonzó por no tener dinero. Para este siervo de Jesucristo el dinero no era lo más importante. Tenía la verdadera riqueza, la que los ministros de la Prosperidad menosprecian, la riqueza de tener morando en él al mismo Señor Jesucristo: ” —No tengo plata ni oro—declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6).

Por su parte el apóstol Pablo, advirtió de los graves peligros asociados con las ambiciones materiales y la codicia por el dinero: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:9-10). La preocupación principal de Pablo siempre fue la vida espiritual de los creyentes, oró para que estos alcanzaran crecimiento y madurez en la comunión con su Salvador. Cuando se reunió con los ancianos de la Iglesia de Éfeso, después de darles algunos consejos y orar por ellos, Pablo les recordó a estos líderes respecto a su integridad ministerial en cuanto al dinero, les señaló: “No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros” (Hechos 20:33–34). El mismo Apóstol agrega en otro pasaje: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:18–19). Son: “Hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Timoteo 6.5–6).

El escritor de la Epístola a los Hebreos también aconseja: “Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.»” (Hebreos 13:5I). Muchos siervos de Dios han sido atrapados por los tentáculos de las riquezas temporales, aun sabiendo que son ilusorias, fugaces y perecederas (Proverbios 23:4–5). Han vendido su primogenitura por un plato de lentejas. Han descuidado su vida espiritual, distrayéndose en perseguir con avidez, las ofertas temporales de este mundo. Han cambiado el mensaje de la verdad por el de la falsedad. Están distraídos y entretenidos, capitalizando oscuros y sospechados negocios con Mammón, el dios de las riquezas. Se han olvidado de ocuparse en los verdaderos negocios a los que fueron llamados. Aquellos que Jesús dijo: “en los negocios de mi Padre me conviene estar” (Lucas 2:49).  Las palabras de exhortación del apóstol Pedro dirigidas a los pastores deben ser bien recibidas: “Cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere” (1 Pedro 5:2, NVI).

Al ministro de la Iglesia de Laodicea que se sentía muy seguro en sus riquezas terrenales, el Señor le dio una fuerte reprensión. Jesús se valió de términos bastante enérgicos contra aquel siervo, ya que es indiscutible que la comodidad de las riquezas terrenales lo había convertido en un ministro vano y soberbio. Estaba orgulloso de su estatus y de sus muchas posesiones, pero internamente se encontraba vacío. Había perdido la unción, la espiritualidad, y lo más sublime y valioso para un ministro verdadero, la intimidad con Dios. Que terrible será aquel día para algunos ministros que una vez comenzaron bien en la obra de Dios, pero poco a poco, fueron siendo absorbidos por el engaño de las riquezas, a tal grado que ahora tienen comodidades materiales, fama y gloria humanas, pero el respaldo de Dios ya no está con ellos. “Dices: Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista” (Apocalipsis 3:17–18).

Ahora bien, conviene señalar, que el pueblo de Dios tiene el deber de sostener económicamente a sus pastores: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” (1 Timoteo 5:18). Los pastores, por su parte, deben, cada día, aumentar sus conocimientos de la Palabra de Dios y enseñar la Verdad al pueblo que Él ha puesto bajo su cuidado; a fin de que no sean engañados por estos falsos profetas que desfilan en la arena pública trayendo una Biblia, pero por sus frutos es incuestionable que son predicadores de sus propios intereses y no conocen a Dios. Debe existir un perfecto equilibrio en relación con las posesiones materiales. Si bien es cierto que Dios quiere bendecirnos en todas las cosas. Lamentablemente existe la tendencia, entre muchos cristianos, de priorizar y valorar desmedidamente las pertenencias de este mundo. Los ejemplos de Lot, y Balaán en el Antiguo Testamento, deberían ser más que suficientes para apercibirnos respecto a que una vida con posesiones materiales, pero vacía de lo espiritual, se encamina irremediablemente a la autodestrucción.

Desde la perspectiva bíblica y teológica es pertinente y moralmente obligatorio, presentar una apología de la fe y la verdad de Dios, descubriendo y corrigiendo cualquier error en materia de doctrina que se suscite dentro del conglomerado evangélico. La teología de la prosperidad debe ser denunciada como la herejía que es.

Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: La Nueva Reforma Apostólica.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio.

Lo cierto es que vivimos tiempos peligrosos, tiempos de apostasía y desviaciones en el Cuerpo de Cristo. Pablo nos advirtió acerca de estos días: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos… amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3:1-5). Muchos movimientos heréticos han surgido en el seno de la iglesia a lo largo de su historia; sin embargo, la Nueva Reforma Apostólica (NRA) pareciera ser la gota que colmó el vaso.

La Nueva Reforma Apostólica (NRA) es uno de los movimientos más grandes, más amplios y más poderosos dentro del cristianismo de hoy, pero vuela en gran parte bajo el radar. Incluso los involucrados a menudo no entienden el movimiento en la medida en que incluso puede negar que son parte de ella. Esta confusión se debe al hecho de que NRA no tiene membresía oficial o incluso liderazgo. Más bien, la NRA es una coalición de cristianos, organizaciones e iglesias pentecostales y carismáticos que están unidos por un entendimiento particular e interpretación de ciertas partes de la Escritura. Manifiestan un total desprecio por las opiniones contrarias, las que más bien les resultan “evidencias” de su autenticidad como genuinos representantes del “nuevo mover de Dios” en la iglesia contemporánea. Proponen con agresividad sus modelos de Igle-crecimiento y sus novedosas interpretaciones de antiguas doctrinas del cristianismo histórico. Sostienen que la autoridad bíblica (la Palabra escrita) tiene que estar siempre supeditada a la autoridad de la viva y “dinámica”, Palabra de Dios dada a conocer por la presente actividad del Espíritu mismo. La subordinación de la Escritura a la autoridad del Espíritu Santo, también se ilustra por la aceptación en este movimiento de la validez del don de profecía en la vida de la iglesia contemporánea. De acuerdo con los seguidores de este movimiento, Dios habla hoy con tanta autoridad, como hablaba a los autores bíblicos. Este es un entendimiento existencial de la Palabra de Dios. De acuerdo con esto, sus seguidores creen que el canon bíblico no está cerrado, de modo que la Palabra de Dios escrita no es la autoridad final. Ellos creen que Dios da hoy a la iglesia revelación adicional y que esta nueva revelación es tan autoritativa o aún más autoritativa que la Biblia misma. En este sentido, no están muy lejos de sectas como los mormones, los seguidores de Moon, la Ciencia Cristiana o cualquier otro grupo heterodoxo que añade su propia revelación a la Palabra de Dios.

Algunos han equiparado NRA con la llamada Tercera Ola del pentecostalismo (la primera ola comenzó con el nacimiento del movimiento pentecostal en 1901, la segunda se identifica con el movimiento carismático en 1960 y la Tercera Ola que enfatiza el evangelismo de poder, las sanidades y Guerra espiritual liderada por John Wimber y el Movimiento de la Viña en la década de 1980). Sin embargo, aunque ciertamente hay un solapamiento entre NRA y la Tercera Ola, no son idénticos. La Nueva Reforma Apostólica (NRA) surge más formalmente en la década de los 90. Uno de sus proclamadores vanguardistas es el profesor C. Peter Wagner, quien en 1994 acuñara primero el nombre de Post-Denominacionalismo para identificar al nuevo movimiento, y que luego le diera en definitiva el nombre que lleva actualmente. Los promotores de la NRA, aseguran que las raíces históricas de este movimiento se hallan en la Reforma de Lutero. Pero en realidad, este movimiento es un resultado directo del Neo-carismatismo o Tercera Oleada del pentecostalismo, surgida en 1980. Además, incorpora en su haber teológico doctrinas del movimiento “La lluvia Tardía” y del “Reino Ahora”. Este último toma una buena parte de sus enseñanzas del movimiento Restauracionista (1948) y del Recontruccionista (finales de los 60 y comienzos de los 70).

Los diversos exponentes de la NRA, presentan variaciones doctrinales en mayor o menor grado. Aún así, se percibe alguna uniformidad de enfoques. Entre sus principales propuestas, está la restauración del denominado “Ministerio Quíntuple”, con un énfasis superlativo en los apóstoles. Según ellos, éstos y los profetas, constituyen el fundamento de la iglesia, lo que da a entender que la iglesia de Cristo lleva casi dos mil años sin fundamento. Sostienen que el apóstol y el profeta desempeñan ministerios superiores, por lo que los demás ministerios los necesitan para funcionar en el plan de Dios. Sin embargo, este argumento, en vez de apoyar la interdependencia que defiende la Biblia y que da un sano equilibrio a las funciones de los ministerios dentro de la iglesia aboga más bien, por una desmedida y anti escritural dependencia de los apóstoles y profetas. Los heraldos de esta Nueva Reforma, insisten en que es necesario sustituir el gobierno pluralista que sostienen la mayoría de las confesiones evangélicas actuales, para implantar una regencia unipersonal del apóstol. Declaran ser portadores de nuevas revelaciones, que solo ellos reciben por su condición de Apóstoles y Profetas y que son pertinentes para que el cuerpo de Cristo funcione en el diseño de Dios. En ocasiones, ponen sus proclamas proféticas a la altura o por encima incluso de las Sagradas Escrituras. Tal postura tiene similitud con el Montanismo del siglo II. Reclaman además ser una especie de élite de iluminados, únicos receptores de los dones del Espíritu. Estas enseñanzas ignoran el sacerdocio de todos los creyentes.

Aunque los cristianos ortodoxos han empleado la interpretación de la Biblia mediante el método de interpretación literal, histórico, y gramatical, la Nueva Reforma Apostólica, por su parte, abandonando esta manera segura de interpretar la Biblia, utiliza el método de interpretación alegórico. Esto les conduce a la formulación y aceptación de un sin número de nuevas enseñanzas, algunas de las cuales conducen al error. Entre estas enseñanzas se encuentran los métodos extremos de guerra espiritual, visualización, sanidad interior, prosperidad, súper fe, el pensamiento positivo y otros. Además, la doctrina del Arrebatamiento, Rapto o Traslado de la Iglesia es rechazada y calificada como teología futurista por los promotores de la NRA.

EL SURGIMIENTO DE LA NUEVA REFORMA APOSTÓLICA.

Puesto que la NRA es una alianza unida sobre una comprensión distintiva de los cinco ministerios, no hay ninguna organización o liderazgo establecido como tal. Sin embargo, C. Peter Wagner (1930-2016) es el reconocido fundador y padre del movimiento. Wagner tuvo mucha influencia en una amplia gama de pensamiento y práctica cristiana a lo largo de su vida. Fue misionero, profesor de la Escuela de Misiones Mundiales del Seminario Teológico Fuller, autor de más de 70 libros, presidente de Global Harvests Ministries y canciller del Wagner Leadership Institute, que es un campo de entrenamiento para los interesados ​​en la NRA. En la década de 1980 Wagner estuvo bajo la influencia de John Wimber y su teología de la Tercera Ola. Wimber sostenía que el ministerio de Jesús debe ser un rompimiento del reino combinando la proclamación del reino con su demostración (expulsión de demonios, sanidad de enfermos, resucitación de muertos, etc.). Los seguidores de Cristo han recibido la autoridad de Cristo y deben proclamar el reino y ejercer la autoridad en su nombre. La clave para el evangelismo eficaz es combinar la proclamación (la predicación del Evangelio) con las manifestaciones (señales y prodigios).

Wimber y Wagner enseñarían un curso en el Seminario Fuller durante los años 80 titulado “MC510 – Señales, Prodigios y Crecimiento de la Iglesia.” Más tarde Wagner adoptó ideas y técnicas de guerra espiritual que incluso Wimber no pudo aceptar. Mientras Wagner empezaba a trazar otras doctrinas inusuales de varias fuentes, él finalmente trató de agruparlas bajo un paraguas que él llamó “La Iglesia Pos-denominacional”. Aparentemente recibiendo críticas de algunos de sus amigos, incluyendo a Jack Hayford, él cambió el nombre a “La Nueva Reforma Apostólica”. Wagner, en este momento, creía que la iglesia había entrado en la “Segunda Era Apostólica,” que él dice que comenzó en 2001. Muchas de las ideas que Wagner venía a defender no eran nuevas y han estado circulando en los movimientos pentecostal, Palabra de Fe, Vineyard y otros grupos carismáticos durante años. Lo que la NRA ha hecho en gran medida es incorporar y representar muchos, si no la mayoría, de estos grupos e ideas sin formar realmente una organización oficial.

Sin embargo, algunos de los líderes y establecimientos a menudo asociados con la NRA, y aceptando la mayoría de sus distinciones, incluyen: Mike Bickle y su Casa Internacional de Oración (IHOP), Kansas City Prophets incluyendo a Bob Jones y Paul Cain, Bill Johnson y su Iglesia de Bethel, Rick Joyner, fundador de Morning Star Ministries, Todd Bentley, Brian y Bobbie Huston de Hillsong Church, Cindy Jacobs de Generals International, Michael Brown y Rod Parsley y Youth With A Mission (JUCUM).

DISTINTIVOS TEOLÓGICOS DE LA NUEVA REFORMA APOSTÓLICA.

Lo que diferencia a la NRA de los evangélicos e incluso otros pentecostales no puede ser fijado con precisión. Esto se debe a que la NRA, como se dijo anteriormente, no es ni una organización oficial ni monolítica en sus creencias. Los adherentes de la NRA pueden encontrarse en la Palabra de Fe, el evangelio de la prosperidad, los movimientos pentecostales, carismáticos y de la Tercera Ola. Pero, cada vez más, las doctrinas y las filosofías de los partidarios de la NRA se están arrastrando hacia las principales iglesias y organizaciones no carismáticas. Por lo tanto, si bien existen diferencias significativas entre los que se alinean con NRA, hay, sin embargo, algunos comunes denominadores que todos aceptarían. Todos los individuos, iglesias y organizaciones que podrían ser identificados como parte de NRA estarían de acuerdo con las siguientes distinciones:

  1. RESTAURACIÓN DEL MINISTERIO QUÍNTUPLE:

Una de las propuestas medulares de la NRA, es la formulación de un nuevo sistema eclesial, referido comúnmente como el “ministerio quíntuple.” Esta es la doctrina fundamental de la NRA sobre la cual descansan todas sus otras filosofías. Basados en Efesios 4:11-13, en conjunción con Efesios 2:20 y 1 Corintios 12:28, los líderes de la NRA creen que los cinco ministerios enumerados en estos textos, que fueron dados para establecer y equipar a la iglesia, están completamente operativos hoy en día. A partir de la interpretación que dan a estos pasajes de las Escrituras, promueven su aplicación a la iglesia contemporánea como un modelo para su ministerio, e incluso, para una transformación total de las estructuras de autoridad en la iglesia o denominación correspondiente. La Nueva Reforma Apostólica asegura que el orden en que son mencionados los ministerios en Efesios 4:11, implica la preeminencia de los primeros sobre los últimos. Esto les hace concluir que el apóstol es el mayor y más importante de todos, bajo cuya autoridad deben funcionar los restantes ministerios. No sólo reducen a cinco el número de ministerios, sino que, además, enfatizan injustificadamente la supremacía del ministerio apostólico y profético sobre los demás. La NRA enseña que los ministerios apostólicos y proféticos deben ser ejercidos como oficios dentro de la iglesia. El término “oficio” debe ser entendido como el reconocimiento y la designación de una persona como apóstol o profeta. Esto implicaría que sólo ellos son los capacitados y autorizados para comunicar el mensaje divino (profetas) y los únicos que pondrán en función el plan revelado, mediante la movilización y dirección de la Iglesia (apóstoles). Los que actualmente se consideran apóstoles, además de autoproclamarse poseedores de ministerios utilizando todas sus habilidades, carismas y recursos creen poseer la autoridad necesaria para otorgar dones y ministerios a otros. La realidad bíblica (1 Corintios 12:11, Efesios 4:7) indica que es Dios y no otro quien imparte los dones y establece los ministerios. Por ello, se puede afirmar que son regalos divinos para los creyentes, a fin de edificar el cuerpo de Cristo. Quizá la principal demanda de los promotores de la NRA, es la “restauración” del oficio del apóstol. Acusan a la iglesia contemporánea de haber abandonado el modelo apostólico, necesario para su extensión y conquista del mundo. Sin embargo, el concepto del apostolado que proponen, dista mucho de ser el que se observa en el Nuevo Testamento. Esto se analizará más adelante.

  1. LA TEOLOGÍA DEL DOMINIO:

Una de sus principales declaraciones de la NRA es la llamada Teología del Dominio, la cual toma como base la declaración que aparece en Génesis 1:28 donde dice “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” De esta porción escogen la frase “sojuzgad la tierra” y la asumen como una tarea prioritaria para la iglesia. Esta tarea implicaría que la iglesia debe conquistar literalmente la autoridad política y el gobierno de las naciones, para imponer así el reino de Dios sobre toda la tierra.

Si analizamos esta porción de Génesis 1:28, notaremos que aquí se habla del dominio del ser humano sobre el ámbito en el cual Dios lo colocó. Una declaración similar aparece en Génesis 9:7, con la notable ausencia de las órdenes “sojuzgad” y “enseñoread”. El hombre se ha multiplicado considerablemente sobre la tierra, poblando sus cinco continentes. De igual manera el hombre ha impuesto su voluntad sobre los animales, y ha utilizado la tierra según sus propósitos para cultivarla y edificarla. Asimismo, ha tenido en sus manos el gobierno de la tierra que habita.

Todo esto hace dudar que el hombre haya fracasado en el cumplimiento de su tarea primordial. Con esto concuerda la declaración que hace David en el Salmos 8:6-8 “Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar”. Aquí se describe al hombre realizando la tarea que Dios le había encomendado. Por su parte Santiago asegura: “Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana.” (Santiago 3:7). De esto se concluye, que la afirmación de la NRA al respecto no tiene respaldo bíblico.

Partiendo de esta deficiente interpretación, los promotores de la NRA aseguran que la tarea de sojuzgar la tierra quedó inconclusa por la caída del hombre en pecado. Afirman que la obra de Jesucristo reconcilió al hombre con el plan original de Dios; esto es: señorear y sojuzgar la tierra. Sin hacer distinción alguna entre la misión del hombre natural y la misión de la iglesia, aseguran que Jesús otorga nuevamente al hombre autoridad y poder para concluir la obra que este había comenzado al principio de la creación. A partir de esta confusión, aseguran que la tarea de la Iglesia ahora es establecer el reino de Dios aquí en la tierra, para lo que nos dio “el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18). Fue el propio Jesucristo quien calificó la tarea a la Iglesia en los momentos previos a su ascensión. Por las palabras de Marcos conocemos que esta tarea es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Esta interpretación de la tarea de la Iglesia que propone la NRA, se conoce también como la “Teología del Reino Ahora”, una teología que tiene la tendencia a introducir a la iglesia en una lucha política y social en contra de los inconversos, haciéndola enemiga de las personas a las que debe alcanzar con el evangelio. Fomenta de este modo una actitud que va en contra de lo que el Señor Jesucristo dijo ante Pilato: “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). La Biblia esclarece perfectamente, que sólo la obra de Jesucristo va a restaurar la Tierra, colocándola en su perfecta función y lugar durante el reinado milenial de Cristo (Romanos 8:19-25; 1 Corintios 15:24-28).

Para un estudio más detallado sobre la teología del dominio y su refutación bíblica recomiendo visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/17/herejias-destructoras-la-teologia-del-dominio-o-del-reino-ahora/

  1. GUERRA ESPIRITUAL O DEMONÍACA:

Guante de mano con el énfasis desmedido en los dones milagrosos, la NRA sobreenfatiza también la guerra demoníaca o espiritual. La NRA no originó la obsesión de hoy con lo demoníaco que tiene raíces que se remontan a los primeros días del pentecostalismo, pero la NRA ha añadido algunos nuevos giros y arrugas. Los métodos populares a menudo utilizados incluyen “cartografía espiritual” en la que la investigación de una ciudad, región o nación está comprometida para descubrir qué espíritu territorial reina en esa área. Una vez descubierto, el espíritu se enfrenta a un nombre con el fin de “derribar sus fortalezas”. Otro método popular es la caminata de oración en el que los equipos de creyentes caminan por los barrios, ciudades y similares para participar en la oración de guerra espiritual. Aparentemente, según los defensores de los NRA, los demonios controlan las regiones geográficas y deben ser destronados por estos métodos. Los demonios también buscan traer daño a los individuos a través de maldiciones generacionales, que son maldiciones colocadas sobre sus antepasados que pueden ser removidas sólo a través de alguna forma de técnicas de guerra espiritual desarrolladas por medio de la experimentación extrabíblica. Y cuando uno se encuentra con luchas económicas y problemas de salud, a menudo se remontan a actividades demoníacas.

Para un estudio más detallado sobre la teología del dominio y su refutación bíblica recomiendo visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/14/distorsionando-la-fe-pentecostal-mitos-y-realidades-sobre-la-guerra-espiritual/

  1. REVELACIÓN EXTRABÍBLICA:

En cada nivel, y en cada grupo relacionado, la revelación personal, supuestamente del Señor, es central. Sin embargo, las profecías dadas a sus apóstoles y profetas socavan y añaden a la inspirada Palabra de Dios. Incluso a nivel de base, el promedio de los adherentes a la NRA espera escuchar una palabra personal del Señor regularmente, y estos mensajes determinan lo que creen y cómo viven mucho más que de la Biblia. Sin embargo, la Biblia misma está siendo invalidada por esos supuestos mensajes del Señor.

Con respecto a la existencia del don profético en nuestro tiempo, los pentecostales reconocemos su existencia; sin embargo, debemos tener mucho cuidado al respecto. En un sentido estricto, no hay profetas hoy de la misma forma que en el Antiguo Testamento. A menudo vemos el ministerio profético en el antiguo testamento, cuando Dios levantaba a los profetas para alentar y reprender a la nación de Israel en los momentos de dificultad o de rebelión. Durante el reinado del Rey David (2 Samuel), el profeta Natán, entre otros, hablaron la palabra del Señor a David, para orientarlo y dirigirlo, y de igual manera para confrontarlo sobre su pecado con Betsabé. Por supuesto, Isaías, Jeremías, Oseas, Amós, Miqueas, Zacarías, etc., también tuvieron un ministerio profético; después de todo ellos eran profetas. El llamado de un profeta era hablar en nombre de Dios. Un profeta enseñaba, guiaba, aconsejaba o reprendía si era necesario.

En el nuevo testamento, encontramos a otros que tuvieron un ministerio profético. Algunas personas tenían el don de profetas para dar orientación, dirección, consejería, etc., para el pueblo de Dios. El don de profecía específicamente se menciona en 1 Corintios 12:10 y Efesios 4:11. Este don fue dado para la edificación de la iglesia (Efesios 4:12). Por lo tanto, los profetas debían hablar la palabra de Dios a la iglesia, para que los creyentes conocieran la mente del Señor y que supieran cómo debe funcionar la iglesia. Este don existe en la iglesia hoy en día, e implica sobre todo la predicación de la biblia de manera precisa y clara. El don de profecía es más que transmitir nueva información desde el cielo. Tristemente, muchos confunden el don de profecía la predicción del futuro o cosas semejantes. Eso no es del todo cierto. Cuando una persona afirme estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla a través de una persona, el mensaje concordará completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.” 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo. Retened lo bueno.” Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma. Compare lo dicho con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, deséchela. Si concuerda con la Biblia, pida sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL MINISTERIO APOSTÓLICO Y SU VIGENCIA EN LA IGLESIA DE HOY.

La Teología de la Nueva Reforma Apostólica distorsiona también la comprensión bíblica del ministerio. En el Nuevo Testamento existen varios listados de ministerios. Los mismos deben ser vistos de forma representativa y no restrictiva de los ministerios que pueden tener lugar en el cuerpo de Cristo. Los ministerios tal y como enseña el apóstol Pablo no han sido establecidos por Dios para que unos sean superiores a otros. El énfasis bíblico está en la colaboración entre los ministerios para lograr los propósitos establecidos por nuestro Señor: “Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. El que en cierto pasaje aparezca un ministerio determinado antes que otro, no es suficiente razón para sostener la superioridad de algunos ministerios sobre los que les siguen en la lista. Si esto fuera así, aparecerían las listas uniformemente en las otras epístolas, cosa que no ocurre.

Reconocer un ministerio apostólico o profético como un oficio, tal y como la NRA lo sugiere, implicaría que sólo ellos son los capacitados y autorizados para comunicar el mensaje divino (profetas) y los únicos que pondrán en función el plan revelado, mediante la movilización y dirección de la iglesia (apóstoles). Esto traería más mal que bien al cuerpo de Cristo. Reconocemos la labor apostólica al estilo de Bernabé, Silas y Timoteo en medio nuestro. De igual manera creemos que el ministerio profético está presente hoy, pero la historia ha demostrado que sería muy peligroso si se quiere salvaguardar la unidad y la doctrina de la iglesia el reconocimiento de estos ministerios como oficios. Dios y no otro es quien imparte los dones a los creyentes y establece los ministerios en la manera que soberanamente él determina, sin la intervención de ningún ser humano (1 Corintios 12:11 y Efesios 4:7). En este acto nada puede hacer la iglesia. Ella y sus líderes están, no para entregar ministerios, sino para reconocerlos ulteriormente, cuando se hagan visibles por el desempeño fiel de su receptor.

En su ambición desmedida de poder, los defensores de la Nueva Reforma Apostólica sobreenfatizan la dignidad del oficio o ministerio apostólico. Analicemos bíblicamente este punto.

I.- USOS DEL TÉRMINO “APÓSTOL” EN EL NUEVO TESTAMENTO.

Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega “apostolos”. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso:

(1) El sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido.

(2) Ocurre en 2 Corintios 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea.

(3) En tercer lugar, la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Jesucristo es el “misionero” enviado por Dios (Hebreos 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Juan 20:21; Marcos 9:37; Mateo 10:40; Juan 13.20: Jesús es el Enviado del Padre).

(4) El cuarto sentido es lo que generalmente entendemos por “los apóstoles”, como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.

Dados estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. Lo cierto es que, según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.

II.- TRASFONDO JUDÍO DEL APOSTOLADO CRISTIANO.

El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado Shaliaj, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esdras 7:14; Daniel 5:24; 2 Crónicas 17:7-9). El Shaliaj era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a tí me recibe a mí”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Marcos 9:37; Mateo 16:19; Lucas 10:16; Juan 13:20; 20:23). La comisión del Shaliaj era para una tarea específica y no era transferible a otras personas. El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado.

La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hechos 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (Hechos 1:24; 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo. Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; 1 Juan 1:1-4) y de su resurrección (Hechos 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efesios 2:20). Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hechos 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de los “apóstoles” de hoy.

III.- CARÁCTER ÚNICO E INTRANSFERIBLE DEL OFICIO DE LOS DOCE.

Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que, para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos los “apóstoles” de nuestros tiempos modernos. El mismísimo apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio. Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Corintios  9:1; 1 Corintios 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gálatas 1:1,15-17,19; 1 Timoteo 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Corintios 12:12; Romanos 15:18-19).

En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol: “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.” A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (1 Corintios 9:3-6; 2 Corintios 11:5,13; 12:11s). En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (1 Corintios 15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (1 Corintios 15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (1 Corintios 15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar “los testigos autorizados de la resurrección” (1 Corintios 15:5-8): Cefas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo.

Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos de la resurrección. Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Corintios 12) y que tuvieron Esteban (Hechos 7) o Juan (Apocalipsis 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Corintios 15 es “apareció”, y el sujeto activo es el Resucitado (Gálatas 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues, aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (1 Corintios 15:8; 1 Corintios 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino “como un abortivo” (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol “nacido fuera del tiempo normal”. No puede haber otros apóstoles después de él.

Ahora bien, 1 Corintios 15:7 habla de “todos los apóstoles”, además de los doce y Pablo, pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama “apóstol”. No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas “apóstol” podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de “misioneros” o de “delegados congregacionales”.

Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.

Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado “movimiento apostólico” apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”

El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (Efesios 4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (Salmo 68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (Salmo 68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (Salmo 68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (Salmo 68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando “tomaste dones” (Salmo 68:18) en “dio dones” (Efesios 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo y el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo. El verbo “constituyó” (Efesios 4:11, edôken, “dio”) es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después. De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de Shaliaj, que no era transmisible. Por otra parte, Pablo habla en 2 Corintios 11:13 de “falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (Apocalipsis 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de “superapóstoles” (tôn huperlian apostolôn, 2 Corintios 11:5; 12:11, NVI). Estos son los únicos títulos que los modernos apóstoles podrían reclamar.

CONCLUSIÓN.

La influencia de la NRA se ha vuelto más amplia, y por lo tanto más peligrosa, ya que muchas de sus ideas están siendo aceptadas por iglesias y organizaciones tanto dentro como fuera del movimiento carismático y pentecostal. Esta aceptación se debe a una serie de factores:

  1. La música de Bethel, Hillsong, IHOP y muchos ministerios de alabanza vinculados a la NRA ha encontrado una acogida entusiasta en iglesias, ministerios juveniles y entre jóvenes adultos a lo largo del espectro evangélico.
  2. Muchos no tienen comprensión de las enseñanzas de NRA y ningún concepto de lo que es.
  3. Los maestros influyentes de NRA y los libros están abriéndose paso en los círculos evangélicos.
  4. Debido al analfabetismo bíblico desenfrenado y la apatía general hacia la Escritura y la teología, menos cristianos están alarmados o incluso conscientes de que la falsa enseñanza y el engaño está teniendo lugar. No es sorprendente que aquellos que intentan advertir sobre la NRA u otras enseñanzas falsas son a menudo vilipendiados y etiquetados como negativos, legalistas y odiadores. La mayoría de iglesia evangélica está lista para la infiltración de NRA y por lo tanto no debe sorprender que muchos estén abrazando esta enseñanza herética.

El movimiento de la Nueva Reforma Apostólica, con su enseñanza del dominio político de la iglesia, la negación del arrebatamiento de la iglesia, su obsesión por el ministerio quíntuple, el apostolado para nuestros días, sus métodos extremos de guerra espiritual, visualización, sanidad interior, prosperidad, súper fe, el pensamiento positivo y otras prácticas heterodoxas, debe ser rechazado por todo aquel que ame la sana doctrina. Asimismo, debe ser denunciado como lo que es: Una herejía destructora. Pero ¿Cómo podemos protegernos a nosotros mismos y a quienes amamos de la influencia destructiva de la NRA?

  1. En primer lugar, es imperativo que tengamos una comprensión buena y creciente de la Escritura y la teología. El engaño es más poderoso cuando la gente carece de conocimiento.
  2. En segundo lugar, incluso aquellos con una buena comprensión de la verdad bíblica pueden ser engañados por movimientos como la NRA si prestan demasiada credibilidad a las nuevas revelaciones, que se mueven más allá y no están directamente ligadas a la Escritura, son posibles. Es esencial comprender que todo lo que creemos acerca de la vida y la piedad debe emerger de la Palabra de Dios (1 Pedro 1: 3; 2 Timoteo 3: 16-17). No es suficiente que una enseñanza en particular no parezca contradecir la Escritura. La verdadera cuestión es si se extrae de la Escritura.
  3. Tercero, nuestras habilidades de discernimiento deben ser agudas. Hebreos 5:14 llama a la madurez y rechaza a los creyentes que se han vuelto laxos y apáticos en su andar cristiano: “Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.” 1 Timoteo 4: 1 nos advierte: “pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios,” es tiempo de que los creyentes tomen estas advertencias con seriedad. La iglesia contemporánea está terriblemente desprevenida para combatir la teología fraudulenta como la NRA, y es por eso que esta, y los grupos relacionados, están creciendo rápidamente.

Finalmente, los creyentes deben estar involucrados en una iglesia que tome la Palabra de Dios seriamente. Demasiados cristianos están contentos de asistir a iglesias mediocres que tienen música entretenida, programas de diversión y excelentes cafeterías. Las Iglesias deben ser la “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15) y, si a la cual asisten no está cumpliendo con su divina descripción del trabajo, debe ser buscada una nueva si es posible. Los creyentes necesitan hermanos y hermanas de la misma semejanza que sean serios acerca de la Palabra y sirvan a Cristo basado en esa Palabra (Hebreos 10: 23-25). Ninguno de nosotros puede permitirse ignorar las maquinaciones de Satanás (2 Corintios 2:11) y nuestra única salvaguarda es la revelación inspirada e infalible de Dios en la Biblia misma, no la imaginación de la gente.

Guerra Espiritual, Sin categoría

Verdades Distorsionadas: Extremos Peligrosos en la Guerra Espiritual.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Los cristianos estamos en guerra. No cabe duda: hay una batalla, pero no es contra sangre ni carne (Efesios 6:2). Nuestro enemigo no es visible a nosotros, por lo que no podemos simplemente observar su accionar. Pero Dios sí conoce los planes y las acciones de Satanás y sus demonios, por lo que la única forma de batallar es dependiendo totalmente en Él. Desafortunadamente, Satanás ha creado fortalezas en la mente de los cristianos sobre cómo batallar, lo que ha llevado a estrategias inefectivas y enfoques erróneos. Las Escrituras autentifican la realidad del mundo espiritual, incluyendo a los ángeles (amigos) y a los demonios (enemigos). Sin embargo, a los cristianos occidentales, incluyendo a los evangélicos y pentecostales, no les resulta fácil explicar y referirse a esta dimensión transempírica de la realidad.

Algunos grupos cristianos cuestionan teológicamente que la lucha espiritual sea real y relevante para sus vidas y ministerios. Y es que hay dos extremos de creencia que son graves en términos de combatir. Primero cuando al rechazar creer que hay una batalla, es fácil sufrir heridas espirituales puesto que nos encontramos sin las armas equipadas ni listas para los dardos que vienen. El otro extremo es el de atribuir todo lo que pasa a Satanás, lo que termina dándole más poder de lo que realmente tiene. Muchas personas creen que la forma de luchar contra estas potestades es una lucha de poder. Se comportan como detectives espirituales, siempre buscando al diablo para reprenderlo y arrebatarle lo que se ha llevado. Esta tampoco es la enseñanza de la Palabra.

Los pentecostales que amamos la sana doctrina reconocemos la realidad de la guerra espiritual. No obstante, entendemos que la batalla ya ha sido ganada por Cristo en la cruz, donde Él despojó a los principados y potestades demoníacas triunfando sobre ellas (Colosenses 2:15). Esta sola realización cambia totalmente el tono de nuestro luchar: batallamos con un enemigo que, en última instancia, ha sido derrotado. Entender la derrota de Satanás nos libra de sobre enfatizar el poder del maligno y conocer la Palabra de Dios nos llevará a estar alertas ante las asechanzas del diablo, para resistirlo (1 Pedro 5:8-9). Apoyados en la victoria conquistada por nuestro Señor Jesucristo en la cruz, nos centramos en fortalecer nuestra fe combinando la espiritualidad con acciones prácticas y directas. Oramos con intensidad, vivimos nuestra fe con entrega y pasión, pero recelamos de no caer en las prácticas mágicas y animistas a las que han sido arrastrados algunos creyentes en su obsesiva fiebre por la guerra espiritual.

Manteniendo dicho equilibrio teológico podemos asumir sin problemas la realidad de un conflicto implacable entre el reino de Dios y el gobierno temporal de Satanás, el príncipe de este mundo, quien es asistido por fuerzas demoníacas bajo su comando. Como creyentes pentecostales, aceptamos la realidad de un mundo espiritual tal como se revela la Escritura. La Biblia enseña claramente la existencia de un enemigo invisible dedicado a la destrucción de la humanidad y nos presenta claramente la vida humana como si se viviera en un contexto de continua contienda entre el reino de Dios y el reino de Satanás. La vida y ministerio de Jesucristo ponen en evidencia esta realidad. Inmediatamente después que el Espíritu Santo ungió a Jesús para que comenzara su ministerio público, Jesús experimentó una confrontación personal con Satanás (Mateo 4:1-11; Marcos 1:12,13; Lucas 4:1-13). Más tarde Él declaró: “Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28). Pedro hizo un resumen del ministerio de Jesús al declarar “cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). El apóstol Pablo advirtió a la iglesia de Éfeso: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

EL RESURGIMIENTO DE UNA DOCTRINA OLVIDADA.

La guerra espiritual permaneció como un concepto olvidado por años en el cristianismo, pero resurgió hace ya un poco más de 25 años dentro del movimiento evangélico, como parte de una estrategia evangelística y misionera. Esta estrategia comenzó a configurarse y a tomar impulso a partir del 1989, bajo el liderazgo de Peter Wagner, profesor del Seminario Teológico de Fuller, quien, además, tiene una larga experiencia como misionero en América Latina. Cabe destacar que el moderno resurgir del concepto de guerra espiritual ocurrió, precisamente el año en que cae el emblemático muro de Berlín y el mundo se abre a nuevos paradigmas que se expanden al ritmo de un galopante proceso de globalización, en medio del acentuado subjetivismo que caracteriza esta era posmoderna, marcada por un desplazamiento del ateísmo racional y materialista por doctrinas esotéricas y la búsqueda espiritual de mundos ocultos y otras percepciones del más allá.

Este movimiento que, además de a Wagner, tiene entre sus ideólogos a Charles Kraft, Ed Murphy, John Dawson, Neil Anderson, Héctor Torres y a Cindy Jacobs entre otros, además de activistas de alcance internacional y multitudinario como Omar Cabrera, Carlos Anaconndia, Claudio Freidzon, Rony Chavez y muchos otros, es promovido a través de redes con abundante literatura, seminarios, talleres, cruzadas, concentraciones multitudinarias, marchas y movilizaciones de grupos, lo que le ha ganado notable aceptación, no solo entre los neopentecostales, sino también entre los pentecostales clásicos y otras denominaciones evangélicas. Por ello, los pensadores evangélicos han definido la guerra espiritual como una corriente dentro del ciclo de los grandes movimientos renovadores que han matizado con nuevos impulsos la gran diversidad que a lo largo del tiempo ha caracterizado la práctica del evangelio. Esta corriente hace su aparición en el marco de lo que se ha llamado la tercera ola, periodo de avivamiento que pone énfasis en las señales y prodigios, y que ha tenido notable impacto en lo que tiene que ver con la forma como tradicionalmente estaban organizadas las denominaciones y con muchos otros aspectos de orden eclesiástico y espiritual. Como parte de esta llamada tercera ola, la guerra espiritual ha alcanzado en estos veinticinco años notorio impacto en todos los ámbitos protestantes y más allá.

DOS EXTREMOS PELIGROSOS EN RELACIÓN CON LA GUERRA ESPIRITUAL.

Es innegable que el resurgimiento del concepto bíblico de “Guerra Espiritual” ha sido de bendición para la iglesia. La guerra espiritual surge como un recurso renovador de la iglesia que acentúa con nuevo énfasis y vitalidad la oración. Esto en sí mismo es sumamente positivo. Sin embargo, como ya lo mencionaba antes, los cristianos pueden incurrir en dos extremos de creencia errados frente a la guerra espiritual: Ignorarla por completo o sobre enfatizarla. Analicemos los peligros de ambos extremos.

I.- NEGAR LA REALIDAD DE LA GUERRA ESPIRITUAL.

Nuestra cosmovisión occidental, las suposiciones teológicas tradicionales y un vocabulario bíblico teológico predeterminado, se unen para hacer que sea difícil discernir y enfrentar un vasto despliegue de realidades espirituales que operan más allá de la percepción sensorial de las personas. Desde el Iluminismo, el mundo occidental ha adoptado una orientación racional, humanista, científica, que tiende a evitar el discernimiento espiritual. La confianza en lo racional y en la lógica mental, la capacidad humana de resolver problemas y la habilidad de la ciencia para penetrar a lo profundo y las estructuras de lo que es real, hacen que sea difícil detectar, confrontar y tratar con un reino espiritual hostil. Incluso muchos cristianos evangélicos han llegado a la conclusión de que su experiencia de salvación los inmuniza del diablo y de los demonios. Para los pentecostales, su encuentro inicial del bautismo en el Espíritu Santo hace lo mismo. De este modo, creen que una vez hayan recibido el bautismo en el Espíritu Santo son inmunes a cualquier ataque de los demonios. Muchos teólogos proponen incluso que Jesús ha atado a Satanás en cuanto a la posibilidad de que sus poderes demoníacos puedan afectar de manera alguna a un creyente. Para muchos cristianos, incluyendo a muchos pentecostales, la realidad consiste de Dios, los humanos, la naturaleza y el espacio exterior, las leyes de la naturaleza que gobiernan la vida y el mundo, y ocasionales intervenciones del Espíritu Santo para salvar, bautizar en el Espíritu, realizar milagros de sanidad y librar a los pecadores del control demoníaco. Tal perspectiva falla ignorando la importancia y vitalidad del ámbito espiritual que existe entre el Dios trascendente y el mundo de los humanos y la naturaleza. Trágicamente, el cristianismo que da énfasis a la salvación individual del alma está mal preparado para enfrentar los poderes espirituales hostiles que operan bajo la soberanía suprema de Dios. Este tipo de cristianismo tiene un ministerio de eficacia limitada para las personas, especialmente en la mayor parte del mundo en donde las multitudes creen en la influencia de seres espirituales en todos los aspectos de la vida.

La mayoría de los pueblos del mundo opera desde una orientación de poder en donde los seres espirituales, incluyendo a Dios, Satanás, ángeles, demonios y espíritus ancestrales, controlan todas las dimensiones de la vida. La minoría del mundo occidental, del mismo modo, orientada hacia el poder, enfatiza el poder en la educación, en la política, las finanzas, las posiciones de autoridad, los sistemas sociales y la tecnología, e inserta a los humanos en el centro de su visión mundial. Además, en Occidente, bien sea que la motivación es el deseo de evitar las acusaciones de sensacionalismo o de irracionalidad, o debido a una sospecha de espiritualizar en forma exagerada las conductas y los eventos anormales humanos, por lo general limitan sus diagnósticos a impedimentos médicos o psicológicos, o a dramáticos “actos de Dios”. Temiendo caer en el fanatismo, muchos creyentes hallan seguridad, sanidad y respeto académico en las ciencias seculares. Pero la indiferencia o ignorancia voluntaria de la realidad del mundo espiritual es también un extremo peligroso.

II.- SOBREENFATIZAR O DISTORSIONAR EL CONCEPTO DE GUERRA ESPIRITUAL.

El concepto de guerra espiritual fue olvidado por mucho tiempo en la iglesia evangélica, la cual pagó un alto precio por ello. No podemos negar que hay sitios donde incluso nuestros mejores esfuerzos pastorales, misioneros y evangelísticos fracasaron debido a que no consideramos de forma apropiada dicho elemento. Lamentablemente algunos han sobre enfatizado este tema, llevándolo a niveles descabellados. Muchos cristianos gastan sus energías identificando demonios, trazando rutas, diseñando cartografías espirituales o desarrollando estrategias para ataques espirituales espectaculares y resonantes. Resulta triste ver como muchos creyentes gastan su tiempo y esfuerzo innecesariamente, consagrando vidas enteras al estudio insano de la demonología, todo ello con el propósito de ubicar las estrategias de Satanás y sus huestes. En algunos círculos evangélicos se enseña la existencia de tres los niveles de operación de los demonios:

  • En el nivel primer nivel operan las huestes de menor rango que motivan los pecados individuales de las personas.
  • En el segundo nivel están demonios de mayor calado, “principados”, cuyo control territorial está relacionado con dominar ciudades, regiones y países y su principal propósito es impedir que la iglesia sea bendecida y someter territorios para que la gente rechace el evangelio.
  • El tercer nivel se da a través de las falsas religiones, especialmente las esotéricas y de hechicería, sin soslayar el hinduismo, el budismo, el islam y el catolicismo romano e incluyen a los principados y potestades de mayor rango.

Para los adherentes a esta doctrina, no se trata sólo de orar a ciegas, sino de una guerra espiritual entre fuerzas del bien y el mal invisibles que requiere combate “estratégico”, para lo cual se formulan cartografías espirituales basadas en las actuales divisiones políticas, pues los “principados, potestades y gobernadores de las tinieblas” se distribuyen las tareas de acuerdo con barrios, municipios, provincias y naciones, utilizando las divisiones de cada país. Por eso deben conocer bien la geografía, la cultura, la sociedad, la política y toda información posible, para orar estratégicamente y vencer a los demonios territoriales, a los cuales les suelen asignar los nombres de dioses indígenas actuales o prehispánicos, o de poblaciones negras.

La guerra espiritual es vista como una proclamación e invitación a avanzar hacia espacios espiritualmente no explorados, atacando al enemigo hasta ponerlo en retirada. Partiendo de esto, en muchos círculos evangélicos se habla de oración de guerra, identificación y confrontación de espíritus territoriales, cancelación de maldiciones ancestrales y uso de la cartografía espiritual como una estrategia que permite identificar los espíritus que gobiernan determinados territorios para emprender acciones orientadas a destruir sus fortalezas, sumando así frases y términos al lenguaje que pasan a ser parte del hablar común de los grupos evangélicos que la promocionan y la implementan. Para fundamentar esta lucha de oración se basan en Daniel 10, donde el Príncipe de Persia, una potestad demoníaca, impide que las oraciones de Daniel lleguen a Dios. Estos demonios evitan que la gente escuche la palabra de Dios y la acepte, además la mantiene en ignorancia e idolatría, lo cual impide que la prosperidad económica, el desarrollo y la luz espiritual llegue a las naciones.

En sus concepciones más refinadas, esta estrategia de guerra espiritual se configura con el estudio de la historia, la antropología, además del análisis de prácticas ocultistas y esotéricas, como el espiritismo y el fetichismo, las cuales aborda desde las ciencias sociales y la psicología, para procurarle, en definitiva, una explicación bíblica y teológica consistente y aceptable. Esta creación de realidad sobrepasa a las iglesias neopentecostales o seguidoras de la Nueva Reforma Apostólica (todos aquellos grupos dirigidos por los pseudo-apóstoles modernos) pues su producción cultural permea a iglesias evangélicas que no se adhieren a ellos, pero que se encuentran muy influidos por estas posturas.

Como pentecostales de sana doctrina no negamos la realidad de la guerra espiritual pues es enseñada en la Biblia; sin embargo, nos oponemos a una vida de temor y constante ansiedad espiritual basada en lo que el diablo pueda o no hacer. Somos llamados a estar alertas (1 Corintios 16:13, Filipenses 1:27), pero no a vivir en constante temor o perder la paz a causa del diablo y su mover en este mundo (Isaías 41:10, 44:8; Lucas 12:32). Son los excesos, no la doctrina en sí, los que deben ser rechazados.

LA GUERRA ESPIRITUAL A NIVEL INDIVIDUAL: ¿PUEDEN LOS CREYENTES SER INFLUENCIADOS POR SATANÁS, EXPERIMENTAR OPRESIÓN DEMONÍACA O SUFRIR ATAQUES ESPIRITUALES DE FORMA DIRECTA?

Pero la guerra espiritual va más allá de un conflicto por las naciones de la tierra y la salvación de los perdidos. Tiene también su dimensión personal. Cada área de la vida del creyente está expuesta a ser objeto de ataque por el enemigo de nuestras almas.

Muchos creen que los creyentes en Cristo son inmunes a cualquier forma de ataque satánico; otros en cambio se van al extremo opuesto y viven presos del miedo y el temor al diablo. Muchos incluso temen ser poseídos por espíritus demoníacos o ven la influencia demoniaca en cada faceta de la vida, por trivial que esta sea. Nuevamente, ambos extremos son peligrosos.

Los cristianos genuinos no debemos temer ser poseídos por demonios. Bíblicamente, los seres humanos son creaciones tripartitas, que consisten de cuerpo, alma y espíritu. Un todo integrado compuesto por el cuerpo externo visible, y una naturaleza interna, espiritual y compleja. Los cristianos creemos que Cristo mora dentro del creyente y ocupa el espíritu, el alma y el cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23; 1 Corintios 6:18-20). Por lo tanto, la posesión demoníaca no puede ocurrir en donde Jesús es el Señor.

Por otro lado, es ingenuo creer que porque el diablo no puede poseernos, tampoco puede afectarnos de forma alguna. La experiencia de Job es un testimonio irrefutable de que el fiel creyente puede ser, y es a menudo, atacado por el enemigo.  Si el diablo no pudiera afectar o influir de forma alguna en los creyentes verdaderos, sería difícil explicar cómo es que la serpiente entró al huerto de Edén, donde no había pecado (Génesis 3); cómo pudo Satanás usar a Pedro para que llegara a ser una piedra de tropiezo, estando presente Cristo (Mateo 16:23), cómo pudo Satanás introducirse en Judas, quien acababa de participar de la cena pascual juntamente con Cristo (Juan 13:2,27), y por qué habría Pablo de prohibir a los corintios carismáticos de participar en las festividades en los templos paganos, que eran morada de demonios (1 Corintios 10:14-22). La Biblia pone en evidencia que lo demoníaco no es algo tan remoto como a algunos les gustaría creer.

Aunque podemos afirmar con total seguridad que un creyente genuino, nacido de nuevo y cuya profesión de fe y estilo de vida concuerdan con la Palabra de Dios, no puede ser poseído (indicando control total) por los demonios, el Nuevo Testamento nos indica también que el creyente sí puede experimentar alguna aflicción demoniaca. Las Escrituras de ninguna manera limitan el trabajo de los poderes demoníacos a solo la posesión o demonización plena. En cambio, la Biblia, en varios lugares, habla de personas que tienen un “espíritu inmundo” que influyó negativamente o afectó su vida de alguna manera, ya sea en mayor o menor grado.

Por ejemplo, la conocida historia del hombre con la legión de demonios en Marcos 5 y Lucas 8 es un caso de demonización que había progresado hasta el punto en que el individuo parecía ser completamente propiedad del enemigo. Por otro lado, en Hechos 5, el caso de Ananías y Safira cuando “llenó Satanás [su] corazón” es una ilustración más sutil y suave de la opresión demoníaca (a pesar de que la opresión “leve” les costó la vida).

La Escritura también habla de que los demonios pueden causar enfermedades u otras dolencias físicas (por ejemplo, Lucas 13:11, Mateo 9:32), suministrar aparentes poderes de clarividencia o adivinación (Hechos 16:16), ejercer una gran fuerza y volverse violentos con los demás (Hechos 19:16), y causar daño físico a un supuesto huésped (Marcos 9: 14-29). En Mateo 4:24 y 8:16 se nos dice que le trajeron gente atormentada por demonios a Jesús, y los sanó. Mateo no da detalles de su condición, salvo dejar constancia de que otros los llevaron a Jesús y que la manifestación visible de la influencia demoniaca era su enfermedad únicamente. En Mateo 9:32, ciertas personas trajeron a Jesús un “mudo endemoniado” y después que el demonio fue expulsado, el mudo habló. El demonio parece haber hecho al hombre mudo. Después de que Jesús echó fuera al demonio, el comportamiento de este hombre se normalizó, y él tomó la iniciativa de hablar. En este caso, la influencia demoniaca se manifestaba a través de una enfermedad y no por alguna manifestación sobrenatural. El mudo no estaba poseído, pero sí sufría un ataque o enfermedad de carácter u origen espiritual.

Por la evidencia bíblica podemos concluir que los seres humanos, incluso los creyentes podemos, en cierta medida, ser atacados por demonios. Esto podría implicar ser afectado mentalmente como en el caso de Saúl, a causa de su descuido y pecado personal (1 Samuel 16:14-16). Otras veces, Dios le permite a Satanás atacarnos físicamente en grado significativo, como ocurrió en el caso de Job (Job 1) y Pablo (2 corintios 12:7-9). Indiscutiblemente, no todo lo que nos ocurre necesariamente es culpa de Satanás, pero a veces, y por propósitos especiales, Dios puede permitirle al diablo que nos tiente, nos cause cierto grado de daño o incluso nos enferme.

Muchos se empeñan en negar esta realidad, pero eso no cambia lo que la Biblia enseña. Para los cristianos que se han entregado el control de sus vidas a Cristo, no puede tomar lugar la posesión demoníaca. Debemos ver la posesión demoníaca como un caso extremo de control demoníaco observado sólo entre aquellos que son resistentes al señorío de Cristo.

ABRIENDO PUERTAS A LA INFLUENCIA DEMONÍACA EN NUESTRAS VIDAS.

Un creyente que anda en el Espíritu jamás será poseído por un demonio; sin embargo, en la zona intermedia entre los fieles cristianos y los inconversos están aquellos cristianos que se han estancado en su crecimiento; ellos pueden vivir de manera descuidada e inconsistente en cuanto a buscar la voluntad de Dios y evitar las tentaciones carnales. Cuando ellos vinieron a Cristo, puede que hayan mantenido algunos sectores de su vida interior sin experimentar limpieza, o que después de llegar a Cristo se hayan descuidado y rendido un “lugar” dentro de sus afectos para que el diablo controle cosas tales como avaricia, ira, mentira, lujuria y ansias de poder. Los cristianos pueden pecar voluntariamente y bajar su escudo defensivo contra las tentaciones y los dardos de fuego del maligno (Efesios 6:16). Aun cuando el Espíritu de Dios promete una vía de escape de toda tentación, hay quienes ignoran la oportunidad de huir (1 Corintios 10:13). Santiago recomienda a los creyentes “resistir al diablo” y que de nosotros huirá (Santiago 4:7). Sin embargo, algunos creyentes ofrecen poca resistencia y pueden llegar a ser presa de influencia y opresión demoniaca en diversos grados.

Los creyentes, y particularmente los ministros pentecostales, no pueden permitirse el ser descuidados o arrogantes, suponiendo ser inmunes a los poderes demoniacos. Si Satanás confrontó repetidamente a Jesús (Lucas 4:13), los representantes de Cristo no pueden esperar menos. El Nuevo Testamento llama a los cristianos a la vigilancia y la lucha espiritual constante contra Satanás y sus dominios. El Nuevo Testamento no indica que hay una tregua, zona desmilitarizada o inmunidad. Pablo habla en tiempo presente de “nuestra lucha”, incluido él mismo, que no es contra seres humanos, sino contra poderes espirituales malignos planeado por un demonio intrigante (Efesios 6:11-12).

A los creyentes de Corinto, Pablo les advierte a no ser engañados por Satanás (2 Corintios 2:11). Se advierte a los cristianos de Éfeso a “no dar lugar al diablo” (Efesios 4:27). La orden implica que es posible dar lugar o espacio para el diablo, ya sea en los propios pensamientos, actitudes, comportamientos o relaciones interpersonales. Escribiendo a los conversos en Roma, Pablo les ordenó: “No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos” (Romanos 6:12). Y añadió: “No ofrezcas alguna parte de ti mismo al pecado como instrumento de maldad … ofrezcan cada parte de uno mismo a él [Dios] como instrumento de justicia. … Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecen “(Romanos 6:13-16). Una lectura inversa sugiere que los cristianos pueden permitir que el pecado reine en su cuerpo, ya que pueden ofrecer partes de sus cuerpos para ser utilizados con fines pecaminosos, convirtiéndose en esclavos en ciertos aspectos de su vida. La amonestación del apóstol a entregar todo a Dios y que él reine supremamente sobre todas las dimensiones de la vida, incluyendo el corazón (pensamientos, motivaciones, emociones y valores), el alma (el cuerpo y la conducta externa), y la fuerza (todas esfuerzos y logros de una vida).

Pedro describió predicadores que viven entre los santos que “han escapado de la corrupción del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ella y son vencidos” (2 Pedro 2:20). Afirmó: “Las personas son esclavas de lo que les ha dominado” (2 Pedro 2:19). La referencia de Pedro a ser “enredado”, “vencido” y “esclavizado” implica que, como creyentes, podemos sufrir bajas en la guerra espiritual contra Satanás. Dar lugar a tentaciones puede conducir al pensamiento carnal y a una conducta que finalmente se convertirá en hábitos. Los hábitos conducen a adicciones, y las adicciones pueden resultar en grados crecientes de esclavitud.

LLAMADOS A LA GUERRA ESPIRITUAL.

Los cristianos deben tomar la ofensiva y proclamar a Jesús como Señor entre aquellos que nunca lo han oído. Asimismo, deben invadir y ocupar los dominios de oscuridad. En su avance, ellos deben revestirse de la armadura provista por Dios (Efesios 6:10-18) e involucrarse en tres tipos de batalla:

  • Los seguidores de Jesús deben renovar constantemente su lealtad a Cristo y estar seguros de que Él es Señor de todas las dimensiones de la vida. Esto parece haber sido el asunto en la ciudad de Éfeso, cuando la gente que ya había creído reconocía una lealtad dividida y la necesidad de limpiar sus hogares de parafernalia usada en la brujería (Hechos 19:18-20).
  • Los cristianos deben buscar la verdad y la sinceridad que se encuentra en Jesús, en su carácter, en sus hechos y en sus palabras. En la batalla contra las mentiras y las falsas doctrinas, deben someter las dudas que socavan su confianza en la bondad de la verdad de Dios (2 Corintios 10:5).
  • Cuando sea necesario, los cristianos debieran tener la confianza de involucrarse en confrontaciones de poder. Debieran imitar a Jesús. Él venció la tentación declarando las verdades de la Palabra de Dios, salvaguardando su relación con el Padre por medio de la obediencia, y por permanecer humillado y dependiente de las provisiones, momentos oportunos y direcciones de Dios. Jesús ha dado poder y autoridad a sus discípulos para echar fuera demonios, sanar a los enfermos y predicar el reino de Dios (Marcos 16:15-18; Lucas 9:1,2). El estudio de la palabra de Dios, la oración, la alabanza a Dios, y el ayuno pueden reforzar la dependencia de uno y la confianza en el Señor para liberar a las personas. Habrá ocasiones en que uno discierne que la resistencia proviene de “las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Podemos observar los controles demoniacos sobre la gente por medio del difundido tribalismo, racismo, idolatría, fanatismo religioso y ciertos pecados predominantes. La confrontación de tales espíritus requiere oraciones individuales y corporativas, y que nosotros, como embajadores de Cristo, hagamos compromisos duraderos de vivir y de testificar para Cristo entre la gente de dichas regiones.

La abundancia de advertencias bíblicas a los cristianos respecto de estar alertas, de preparación y de activa resistencia contra Satanás (descrito como un león rugiente que busca devorar al pueblo de Dios) contra los demonios, principados y potestades, debiera sensibilizar a los creyentes ante la realidad de la batalla y de la posibilidad de experimentar bajas y sufrir daño en la guerra espiritual. La fuerza y la frecuencia de estas advertencias parecen advertir a los creyentes para que estén alertas y preparados para combatir contra el reino satánico.

TOMANDO SOBRE NOSOTROS LA ARMADURA DE DIOS.

La armadura metafórica descrita por Pablo (Efesios 6:13-18) incluye el “cinto de la verdad”. Debemos estar ceñidos en el centro de nuestro ser con la sinceridad, honestidad e integridad. Debemos proteger nuestros afectos con la “coraza de justicia”, permaneciendo firmes y haciendo lo que es justo ante los ojos de Dios. El calzado apropiado asegura que uno está listo para ir en cualquier momento donde Dios lo dirija y declarar verbalmente las condiciones de paz con Dios, con los demás y consigo mismo. Tomar el “escudo de la fe”, manteniéndolo firme para asegurar las promesas bíblicas de Dios, permite que los cristianos rechacen e impidan los intentos del diablo para traer destrucción y muerte. Necesitamos proteger nuestros pensamientos con el “yelmo de la salvación”, salvación que es integral, que transforma la mente, las emociones, el cuerpo y las relaciones. El arma es una espada pequeña y manejable, descrita como la “palabra de Dios”, que hace retroceder los poderes de oposición del enemigo. Debemos dedicar tiempo al estudio, meditación, memorización y comprensión contextual de la palabra de Dios, para usarla eficazmente en los momentos de crisis. Vestidos con la armadura y protegidos con el escudo y la espada, los representantes de Dios entran a la lucha “orando en el Espíritu”. No limitados a orar en lenguas, sino incluyendo el ser llenos de percepción a la dirección del Espíritu Santo, y dependientes de Él para recibir fortaleza, resistencia y habilidad de permanecer firmes.

CONCLUSIÓN:

Sin lugar a dudas, el concepto renovado de guerra espiritual ha traído impulsos renovadores que son notorios en la adoración, la oración intercesora, el evangelismo, las misiones y el despliegue de dones espirituales diversos que adormecían por falta de animación y práctica aunque, en algunos casos, ha evidenciado tendencia a la superficialidad y el simplismo bíblico, y todo lo pretende reducir e interpretar desde la óptica espiritualista, ignorando la reflexión, el estudio y la compresión de la Palabra de Dios en su sentido más amplio y sistemático. Haciendo un balance general, la guerra espiritual puede ser considerada como un movimiento que ha traído despertar y ha sido de bendición para el pueblo de Dios, aunque hay que reconocer también sus puntos débiles, como la tendencia a absolutizar modelos y prácticas, descalificando a quienes no se envuelven en ellas. Muchos de sus seguidores están más empeñados en descifrar las estrategias de las tinieblas que en disfrutar de los destellos de gloria que irradia la luz del Cristo resucitado y triunfante que todos debemos proclamar. Sin embargo, los excesos de algunos en nada disminuyen la realidad de la guerra espiritual.

En nuestra calidad de ministros llenos del Espíritu y de poder del Espíritu, es necesario que estemos en guardia, por causa de nosotros mismos y del rebaño. Necesitamos un apropiado discernimiento para diagnosticar, defender y librar (cuando sea necesario) a los miembros de nuestra congregación que están siendo víctimas de ataques espirituales. Los cristianos están involucrados en la guerra, quiéranlo o no, pero ellos saben que el que está en ellos es mayor que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Las armas de la contienda no son del mundo, pero tienen poder divino para derribar fortalezas (2 Corintios 10:4). Tenemos la seguridad de la victoria final por medio de Jesucristo, quien ha conquistado el mundo, la carne y el diablo.

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Herejías Destructoras: Atar y Desatar

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En cierta ocasión, el pastor estadounidense John Bryan Chapell, fundador y presidente de Unlimited Grace, un ministerio de radio y enseñanza de la Biblia en línea, dijo: “Los errores más grandes de la iglesia ocurren cuando la gente honra lo que sus pastores dicen sin examinar esas enseñanzas a la luz de las Escrituras.” ¡Y vaya que tenía la razón! En nuestros días nos encontramos una y otra vez con un cristianismo que insiste en resaltar las capacidades del hombre al punto de convertirlo en casi una deidad. Para cumplir con su objetivo, diversos sectores de la iglesia han malinterpretado el hecho de que el hombre fue creado “a semejanza de Dios”, y a partir de ahí ha enseñado que el hombre, en cierta medida, puede hacer lo que Dios hace. En ese sentido, una de las enseñanzas que está muy arraigada en los círculos cristianos es que los creyentes también podemos declarar y mandar con autoridad, así como Dios lo hace. Mejor dicho, que nuestras palabras tienen tanto poder, como las palabras de Dios. Dicha autoridad, dicen, incluye un poder que los creyentes tenemos para “atar al diablo y a los demonios”.

La doctrina de que podemos “atar y desatar al demonio”, muy común en algunas iglesias de nuestra época, es una de esas enseñanzas que suele distorsionarse a menudo desde el púlpito. A menudo se le asocia con el tema de la guerra espiritual. Antes de seguir quiero aclarar algo: La guerra espiritual es real. Puede no salir en las noticias; pero debería. Pablo lo admite en Efesios 6:12, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Sin embargo, las armas de esta guerra son a menudo malentendidas de alguna forma. En algunos círculos evangélicos, por ejemplo, es común escuchar a pastores y su gente hablar de “atar a Satanás” o “renunciar a la presencia del diablo” o muestras similares de confianza. Una de las prácticas más comunes dentro de ciertas congregaciones es la de “atar y desatar”, atan al diablo, demonios, enfermedades, maldiciones, ¡Hasta huracanes! y por otro lado desatan huestes celestiales, bendiciones, finanzas, riquezas, salud, autos, casas, etc.

La mayoría de los cristianos se sorprende al saber que los verbos atar y desatar aparecen juntos solamente dos veces (Mateo 16:19; 18:18). Por el hecho de que la misma palabra griega que se usa para atar en estos versículos (deo) también aparece en Mateo 12:29 y Marcos 3:27, muchos pentecostales y carismáticos han llegado a la conclusión de que tales pasajes se refieren a la autoridad del creyente para atar espíritus rebeldes y demoníacos. No obstante, lo que parece una conclusión simple y sencilla, está sin embargo erizada de dificultades contextuales, teológicas, y prácticas. Pero esto no ha detenido la herejía. Atar al diablo y su obra en la tierra se ha convertido en el pan diario de muchas congregaciones.

Necesitamos considerar el asunto de atar y desatar por varias razones:

  1. Primero, esta difundida práctica refleja la necesidad de una sólida interpretación bíblica. Con frecuencia la gente supone que esta práctica tiene apoyo bíblico, en vez de hacer un cuidadoso estudio bíblico. El movimiento Pentecostal siempre ha defendido la creencia de que solo las Escrituras son el fundamento en todos los asuntos de “fe y práctica”. Por consiguiente, aquellos que toman la Biblia absolutamente en serio deben disciplinarse para someter todas sus creencias y prácticas al escrutinio de ella.
  2. Segundo, necesitamos ver que los asuntos teológicos populares sean como vías para conectarse con las Escrituras y desarrollar nuestras habilidades en la interpretación y aplicación bíblicas. No podemos ser negligentes en la disciplina espiritual del estudio bíblico regular.
  3. Tercero, Dios nos llama a desear conocer y complacernos en hacer su voluntad (Romanos 12:1; Efesios 5:10,17; Colosenses 1:9,10). La Palabra de Dios debe estar presente en cada pensamiento, palabra, y acción de aquellos que desean agradar a Dios, y que conocen y hacen su voluntad.

Una razón final para una seria consideración de este asunto es la preocupación por la salud espiritual de los cristianos individualmente y del cuerpo de Cristo. Las enseñanzas que no tienen un sólido apoyo bíblico con frecuencia ejercen una influencia errónea en los creyentes y llevan a falsas doctrinas y a prácticas que dañan la salud espiritual de los creyentes y de la iglesia. Con estos pensamientos en mente, demos un repaso a esta popular enseñanza

UNA PRÁCTICA INÚTIL Y ANTIBÍBLICA.

Pretender que tenemos el poder de “atar al diablo” ha llevado a muchos creyentes a incurrir en prácticas no solamente inútiles, sino antibíblicas y promotoras de herejías aún más peligrosas.  Vivir atando al diablo es un sinsentido en el contexto de las Escrituras, de hecho, jamás podremos hallar un tan solo ejemplo de ello ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Es más, en el contexto de una verdadera lucha espiritual, ocurre totalmente lo opuesto: “Ni siquiera el arcángel Miguel, cuando argumentaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: «¡Que el Señor te reprenda!»” (Judas 9, NVI).

Judas 9 es el supremo ejemplo de cómo los cristianos deben tratar a Satanás y los demonios. El ejemplo de Miguel, al negarse pronunciar una maldición sobre Satanás, debe ser una lección para los cristianos de cómo relacionarnos con las fuerzas demoníacas. Los creyentes no deben hablarles, sino buscar al Señor, y Su poder de intervención contra ellos. Si un ser tan potente como Miguel dejó al Señor tratar con Satanás, ¿Quiénes nos creemos para pensar que tenemos el poder de atar a los demonios, incluyendo al mismísimo Satanás?

Tal práctica es más bien asociada con los falsos maestros y sus doctrinas: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras… Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas… siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición.” (1 Pedro 2:1-12).

VIVIENDO EN LA ESCLAVITUD DE TEMORES INFUNDADOS.

Hay una paranoia perniciosa que se respira en las iglesias hoy en día: la gente piensa que Satanás en persona los vigila a cada segundo. Algunas personas inconscientemente incluyen en el currículo de Satanás los atributos únicos de Dios: su omnisciencia y omnipresencia. Sí, Satanás ciertamente está deambulando (1 Pedro 5:8), pero está limitado a un lugar a la vez. Él no puede leer tu mente, y tampoco “para las orejas” cada vez que su nombre es mencionado en nuestras oraciones. Es triste darnos cuenta como, en muchas ocasiones, mientras estamos orando a Dios, en un desliz ¡Comenzamos a dirigirnos a Satanás! Incluso por las cosas más triviales: Por ejemplo, en cierta ocasión, un pastor oraba: “Señor oramos contra las fuerzas del mal en este lugar hoy, y Satanás te atamos en el nombre de Jesús, denunciamos tus esfuerzos de distraernos jugando con el proyector de PowerPoint otra vez, y reprendemos tu presencia aquí hoy. ¡No eres bienvenido aquí!”.

Tal suceso fuera cómico sino representara la poca comprensión que tenemos del mundo espiritual: En primer lugar, los cristianos debemos orar a Dios, no a Satanás (aun cuando lo que estemos diciendo sea para irritarlo). Segundo, es poco probable que Satanás en persona esté merodeando todo el tiempo por tu iglesia de todos modos. Así que, a menos que tenga demonios grabando nuestras oraciones y luego enviándole el transcrito por correo, tales oraciones son totalmente inútiles, por no decir ridículas. Estoy seguro de que jugar con el equipo de sonido de mi iglesia, o hacerme resbalar en una cáscara de plátano, tiene que ser una prioridad menor para el diablo que, digamos, lo que sucede a niveles mayores en los gobiernos y naciones de la tierra.

ATAR A SATANÁS ESTÁ FUERA DE NUESTRA JURISDICCIÓN.

Satanás puede ser atado, sólo que no por ti o por mí. La tarea de atar a Satanás se le ha dado a un ángel (Apocalipsis 20:1-3). Es una tarea bastante importante y una gran parte de la escatología depende en que se realice correctamente. Al igual que Pedro, Judas advierte con severidad a aquellos fanfarrones espirituales que presumen aventurarse por encima de su jurisdicción y encima de los seres angelicales malignos: “No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.” Judas 1:8-10.

El propio arcángel Miguel no trató de atar a Satanás de la forma en que muchos tele-evangelistas, pastores, pseudo profetas y falsos apóstoles fanfarrones de hoy en día lo hacen. Incluso el privilegio que tenemos de invocar el nombre de Jesús no nos concede una licencia para realizar cosas más allá de la autoridad que Dios nos ha delegado, o traspasar los límites establecidos por la Palabra. Los hijos de Esceva prueban esta hipótesis (Hechos 19:13-16).

LAS LLAVES Y EL PODER DE ATAR Y DESATAR.

La justificación bíblica para esta práctica es tomada de dos textos del libro de Mateo, y en ambos casos Jesús les está enseñando a sus discípulos algunos aspectos de la autoridad que la iglesia tendría en su misión en la tierra. El primer texto lo encontramos en Mateo 16, cuando Jesús está preguntando a sus discípulos “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15). Pedro fue el único que respondió, diciendo “tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”. El Señor anuncia que su iglesia será fundada sobre esta declaración (“tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”), y es en este contexto que le dice a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19). Las palabras de Jesús significan que Pedro tendría el derecho de entrar en el reino mismo, tendría ahí autoridad general, simbolizada por la posesión de las llaves, y la predicación del Evangelio sería el medio por el cual abriría el reino de los cielos a todos los creyentes y lo cerraría contra los incrédulos. El libro de Hechos nos muestra este proceso en acción. Por medio de su sermón en el día de Pentecostés (Hechos 2:14-40), Pedro abrió la puerta del reino por primera vez. La expresión “atar” y “desatar” era común en la fraseología legal judía, significando declarar algo como prohibido o declararlo permitido.

El apóstol Pedro, y luego a los otros discípulos, fueron los pioneros que “abrieron” el acceso al reino, a través de la proclamación del evangelio. Su predicación hizo posible que tanto judíos como gentiles tuvieran la oportunidad de ser parte y de recibir las bendiciones del reino de los cielos. Sin embargo, en su aplicación más amplia, esta autoridad “de atar y desatar” quedaba extendida a toda la iglesia en su misión evangelizadora. En el cumplimiento de la Gran Comisión, la iglesia de Jesucristo puede asegurar las bendiciones de acceso al reino o puede advertir de juicio y condenación a los hombres, según ellos respondan. Por eso, debemos recordar que cuando el creyente predica las buenas nuevas, puede darle seguridad de perdón de pecados a quienes se arrepienten, y aun advertir de juicio a quienes rechazan el mensaje del evangelio. Esa es la autoridad para atar y desatar que vemos en Mateo 16.

Ahora, el otro texto que nos enseña sobre esto de atar y desatar está en Mateo 18, y Jesús nuevamente les está enseñando a sus discípulos diciendo: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.” (Mateo 18:18). En esta oportunidad, el tema que el Señor está discutiendo es la disciplina eclesiástica. Jesús les está recordando a los discípulos la responsabilidad que la iglesia tiene de ejercer disciplina a quien rehúsa ser corregido y no busca arrepentirse por un acto pecaminoso. Eso lo podemos ver por los versículos que anteceden: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” (Mateo 18:15-17). Cuando alguien ha cometido pecado, el deber de la iglesia es restaurarlo, y los creyentes que ejerzan la disciplina deben procurar ganar al hermano. La meta es hacerle ver su pecado y llevarlo a buscar el perdón. Pero si en una instancia íntima, la persona que ha pecado se resiste, debemos llamar un par de testigos para concederle una nueva oportunidad. Si todavía no hay arrepentimiento, el otro peldaño en la escalera de la restauración es decirlo públicamente a la iglesia. Si el hermano no recibe la disciplina, la cuarta y última medida será tenerlo “por gentil y publicano”, o más bien, expulsarlo de la iglesia, tal como lo había demandado el apóstol Pablo a los corintios cuando uno de sus miembros estaba en abierta desobediencia a las Escrituras practicando un pecado sexual. (1 Corintios 5:13). En este contexto, “todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” se refiere al respaldo que el cielo otorga cuando la iglesia cumple su labor y procura la santidad entre sus miembros. Cuando ejercemos bien esa autoridad en la tierra, el cielo aprueba la disciplina.

Por lo tanto, pensar que tenemos la necesidad de “atar y desatar” al diablo es un argumento que no se ajusta al testimonio de las Escrituras, y lo que es más, desvía la atención de la iglesia. Los creyentes no tenemos que enfrascarnos en una “batalla campal” con el diablo y sus demonios, ni tampoco “atarlos” en el nombre de Jesús. Por un lado, Satanás, ya fue derrotado hace 2,000 años por un hombre más fuerte que él: Jesús de Nazaret (Mateo 12:29). Además, la influencia que en cierta medida el diablo pueda tener hoy día siempre estará sujeta a los límites que Dios ha establecido en su soberanía. En medio de la guerra espiritual, que es real y no ignoramos, el llamado que tenemos en la Escritura es a resistir y estar firmes (Efesios 6:11,13; Santiago 4:7). No tenemos que atar al diablo porque toda su obra está bajo el permiso y control soberano de Dios. Su soberanía y amor hacia nosotros debe constituirse en la base de nuestra confianza.

Como ya se mencionó, el contexto de Mateo 16:19 y 18:18 no tiene nada que ver con el exorcismo. En el capítulo 16, Jesús estaba hablando acerca de edificar la iglesia (versículo 18). Las llaves que Él dio eran para la apertura del reino de los cielos (versículo 19), no para cerrar (o atar) el dominio de las tinieblas. En Mateo 18, el atar y desatar no tiene lugar en un contexto de exorcismo, sino en la administración de disciplina en la iglesia. Los líderes de la iglesia tienen la responsabilidad de determinar a quién se le permite permanecer dentro de la comunidad del nuevo pacto, y bajo qué condiciones. Si este es el caso en Mateo 18 y el lenguaje (“atar y desatar”) es idéntico al lenguaje de Mateo 16, los contextos de estos dos pasajes están muy probablemente relacionados. Al considerar la relación entre estos dos pasajes, es importante tener en cuenta el principio hermenéutico de que “las Escrituras interpretan las Escrituras”. Este principio requiere que el pasaje que no parece claro, o que está en disputa, sea interpretado sobre la base del pasaje que nos resulta claro. En este caso, Mateo 18:18 resulta ser el pasaje claro y sobre el cual no hay duda en cuanto a su significado.

INTERPRETANDO CORRECTAMENTE MATEO 16:19 Y 18:18.

Vayamos un poco más lejos. Ahora que hemos comentado lo que Mateo 16:19 y 18:18 no significan, es necesario que veamos cuál es el sentido de tales pasajes.

Primero, para entender la terminología de atar y desatar de Mateo 16:19, debemos comenzar con Mateo 18:18. Cuando se emplea el principio de contexto literario inmediato, el significado de este pasaje resulta claro, porque contiene muchos indicadores contextuales. Los elementos de un “hermano [que] peca” (versículo 15), “repréndele” (versículo 15), “testigos” (versículo 16), “iglesia” (versículo 17), y excomunión, “tenle por gentil y publicano” (versículo 17), no dejan duda de que el pasaje no trata de exorcismo, sino de excomunión. En este contexto es que se lee el versículo 18: “Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”. Cuando se toma Mateo 18:15-20 como un todo, Jesús estaba autorizando a los líderes de la iglesia a seguir un proceso específico con el fin de preservar la pureza y el testimonio de la iglesia. Se les designa a ellos para que protejan la reputación de Dios y de su iglesia, y si es necesario, para que despidan a los miembros que en forma abierta persisten en su estilo de vida pecaminoso. Sus decisiones son autoritativas (atar) y finales. A menos que tomemos en forma extrema la traducción tradicional de estas palabras, necesitamos tomar en cuenta que este texto no concede la influencia humana desenfrenada sobre los decretos de Dios. Las referencias gramaticales del griego autorizado nos hacen ver que necesitamos traducir el versículo 18: “Cualquier cosa que ustedes aten en la tierra habrá (ya) sido atada en el cielo; y cualquier cosa que desaten en la tierra habrá (ya) sido desatada en el cielo”. Los líderes cristianos tienen que reflejar la voluntad de Dios en sus decisiones, y no ser ellos quienes las generen. Del mismo modo que con muchos otros pasajes de las Escrituras, éste enseña a quienes somos siervos de Él, a hacer su voluntad antes que exigir que Él haga la nuestra (Mateo 6:10; 7:21; 26:39; Romanos 12:1; Efesios 5:10, 17; Colosenses 1:9,10). Los dos versículos finales de este pasaje proveen mayor evidencia de la naturaleza judicial (contrariamente al exorcismo) del pasaje. “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19,20). Usualmente estos versículos se han usado para garantizar las respuestas a las peticiones en oración ofrecidas por dos o tres creyentes “que están de acuerdo” unos con otros. Pero las palabras “otra vez os digo”, fusionan claramente esta enseñanza con la instrucción previa. En otras palabras, Jesús estaba reiterando la misma verdad que comunicó en el versículo 18. El “acuerdo… respecto de cualquier cosa que pidieren” (versículo 19) tiene límites definidos por el contexto en el cual aparace la frase. Por cuanto el contexto más amplio tiene que ver con la disciplina de la iglesia, lo más probable es que Jesús dijera que Dios está dispuesto a contestar a oraciones por fortaleza, sabiduría, revelación, valentía e imparcialidad para los participantes en una disputa o los disciplinadores, y para convicción, contrición, reacción, arrepentimiento, y perdón para el pecador. La garantía de la presencia de Dios entre los “dos o tres… reunidos en [su] nombre (versículo 20) calza perfectamente en el contexto judicial y disciplinario. Los “dos o tres” que se mencionan no son números arbitrarios. Se refieren a los “testigos” a los cuales el juez podía llamar para establecer las palabras o hechos pecaminosos del acusado mediante su testimonio ocular (véase Deuteronomio 17:6,7; 19:15-21; 1 Timoteo 5:19). Los dos o tres mencionados por Jesús en Mateo 18:20 se refieren sin duda a los testigos del versículo 16. Estas palabras llevan una promesa y una advertencia. La promesa es la garantía de Dios de que ningún líder o testigo tendrá que pasar por esta difícil experiencia confiando sólo en su propia fuerza. Ellos experimentarán la presencia, autorización, y capacitación de poder a pesar de lo difícil de la situación. Sin embargo, la advertencia se ve en el hecho de que nada menos que Dios es quien supervisa el proceso. Sus representantes en la tierra deben recordar la santidad personal, rectitud, justicia e imparcialidad de Dios cuando lleven a cabo un juicio. Sus decisiones deben reflejar el decreto celestial. Estímulo y desafío semejantes a éste eran comunes en los primeros siglos. Podemos ver esto en un pasaje de la literatura rabínica que provee un mayor fundamento bíblico: “Los jueces debieran conocer a quien juzgan, y en la presencia de Quién juzgan, y Quién es el que juzga con ellos. Los testigos debieran saber respecto de quién dan testimonio, en la presencia de Quién dan testimonio, con Quién dan testimonio, y Quién es el que da testimonio con ellos, puesto que se dice: “Entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová” (Deuteronomio 19:17), y se dice: “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga” (Tosefta Sanhedrin 1:9).

Segundo, después que establecemos que el atar y desatar ordenado por Jesús en Mateo 18:18 tiene que ver con la disciplina en la iglesia, podemos movernos a Mateo 16:19. El contexto es menos obvio, pero es similar al de 18:18. Cuando nos fijamos en el contexto literario inmediato, los indicadores (aun cuando posiblemente sean menos obvios) sugieren una similitud de contexto con Mateo 18. Por ejemplo, en 16:18 Jesús habla de “edificar [su] iglesia”. El versículo 19 introduce la metáfora de las “llaves del reino de los cielos”. Las llaves deben referirse a autoridad para determinar la admisión y la no admisión en la fraternidad de la iglesia. Es en este punto del versículo que aparece la frase en cuestión: “Y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (16:19). La construcción gramatical aquí es la misma que en 18:18. Por tanto, como en 18:18, podemos traducir: “Cualquier cosa que ustedes aten en la tierra habrá (ya) sido atada en el cielo; y cualquier cosa que desaten en la tierra habrá (ya) sido desatada en el cielo”. En este texto Jesús ordena al liderazgo de la iglesia que reflejen la voluntad de Dios y no la de ellos mismos respecto de a quien debieran recibir como miembro “en plena comunión” en la nueva comunidad de pacto.

Tercero, además del hecho de que 16:19 y 18:18 comparten la misma terminología y contexto, la literatura concerniente a esta discusión que hallamos fuera de la Biblia apoya la interpretación de estos textos en la manera que estamos sugiriendo. La asociación verbal de atar y desatar aparece con tanta frecuencia en la literatura rabínica que nos parece que Jesús estaba empleando terminología que su cultura entendería con facilidad. Aquí tenemos tres ejemplos:

“Durante la guerra de Vespasiano, (los rabinos primitivos) ataron las guirnaldas de los novios y [tocaron] las campanas. Durante la guerra de Quietus, ellos ataron las guirnaldas de las novias y que un hombre enseñara griego a su hijo. En la última guerra [La revolución de Bar Koziba], ellos ataron a la novia a cabalgar en una litera dentro de su villa, pero nuestros rabinos desataron a la novia para que cabalgara en una litera dentro de su villa” (Mishnah Sotah 9:14).

“Si un hombre hacía un voto de abstenerse de leche, él era desatado [respecto al] suero. El rabino Yosi lo ata… Si un hombre hizo un voto de abstenerse de carne, el es desatado [respecto al] caldo [en el cual se cocinaba] … [pero] el rabino Judá lo ata… si un hombre hizo un voto de abstenerse de vino, él es desatado [respecto a] la comida preparada que tenga sabor a vino” (Mishnah Nedarim 6:5-7).

“Si un hombre prometía abstenerse de verduras, es desatado [respecto a] calabazas, pero el rabino Akiva lo ata” (Ibid., 7:1).

Estos pasajes de la literatura rabínica confirman que los términos atar y desatar, cuando aparecen juntos, se refieren a la autoridad de los que están en el liderazgo para atar (prohibir) y desatar (permitir) ciertas prácticas o conductas. Aún más, estos pasajes no tienen relación con atar o desatar espíritus de demonios, ángeles, o actitudes de la gente.

¿Cuál es, entonces, la diferencia entre 16:19 y 18:18? Sobre la base de la información contextual ya comentada, es obvio que el capítulo 16 se refiere a la autoridad del liderazgo de la iglesia para prohibir o permitir la entrada a la comunidad del pacto. Por otra parte, el capítulo 18 se refiere a la autoridad del liderazgo para prohibir o permitir la continuación de la condición de miembro en la iglesia local.

ERRORES QUE ENGENDRAN ERRORES.

Cuando la gente interpreta y aplica incorrectamente Mateo 16 y 18, inevitablemente surgen problemas teológicos y prácticos. Por ejemplo, en ninguna parte de las Escrituras (tanto en la literatura judaica como en la cristiana fuera de la Biblia) aparece Dios dando a los creyentes la tarea de atar a Satanás o a los demonios. En cambio, solo Dios y sus intermediarios angelicales realizan esta actividad (Apocalipsis 20:1,2). En tiempos recientes, la interpretación de desatar se ha referido en algunas ocasiones a la prerrogativa del creyente de permitir que las fuerzas demoníacas ejerzan una cierta libertad. Sin embargo, con más frecuencia, desatar se aplica para liberar un espíritu de avivamiento o de intercesión. En casos extremos, el espíritu de Elías o algún otro personaje bíblico es “soltado”. Respecto a las primeras tres interpretaciones, es más apropiado atribuir tales iniciativas a la obra del Espíritu Santo que a los dictados del hombre. En cuanto a la última interpretación, el idioma y el concepto que representan se encuentran en el límite de la nigromancia (interacción que involucra a los muertos) y son espiritualmente insalubres y bíblicamente inapropiados (Levítico 19:26, Deuteronomio 18:10,11). La interacción que implica a los santos que han partido está dentro del ámbito de Dios solo.

En muchos círculos ha estado en boga también la práctica de atar ciertas actitudes o atributos personales a los que se les designa como “espíritus”. De este modo, con frecuencia se induce a los padres a atar el espíritu de rebeldía en sus hijos desobedientes. En manera similar, oímos con frecuencia que gente bien intencionada ata el espíritu de incredulidad sobre personas o grupos. Por muy espiritual que parezca esta expresión, lleva consigo un marco no bíblico de referencia. Dios ha creado a las personas como agentes morales libres. Él nos da la capacidad y la responsabilidad de elegir. Dios no responderá a una oración que requiera que Él viole este aspecto de la naturaleza humana que Él creó intencionalmente. Cuando oramos de esta manera, nos colocamos al margen de las Escrituras, que son las que operan como nuestra única regla de fe y práctica. Una vez que uno se aleja de los parámetros de las Escrituras, es muy probable que haya otras desviaciones, como la creencia y práctica que algunos han adoptado de dar órdenes a los ángeles.

ATANDO AL HOMBRE FUERTE (MATEO 12:29).

Mateo 12:29 es otro versículo usado por los que dicen que atar demonios es bíblico. De acuerdo con el contexto, Jesús es acusado por los fariseos de echar fuera demonios por el poder de Belcebú. Jesús les respondió: “Todo reino dividido por una guerra civil está condenado al fracaso. Una ciudad o una familia dividida por peleas se desintegrará. Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido y pelea contra sí mismo; su propio reino no sobrevivirá. Entonces, si mi poder proviene de Satanás, ¿qué me dicen de sus propios exorcistas, quienes también expulsan demonios? Así que ellos los condenarán a ustedes por lo que acaban de decir. Sin embargo, si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado y está entre ustedes. Pues, ¿quién tiene suficiente poder para entrar en la casa de un hombre fuerte como Satanás y saquear sus bienes? Solo alguien aún más fuerte, alguien que pudiera atarlo y después saquear su casa.” (Mateo 12:25-29; NTV)

Nótese que Jesús no dice que podemos atar demonios o que debemos hacerlo. De hecho, ese pasaje nunca ha sido interpretado de esa manera en toda la historia de la iglesia hasta que surgió hace poco la moda de “atar y desatar”. El problema es que mucha gente ni siquiera se toma la molestia de leer bien lo que dice Jesús. Jesús explica que Él saca demonios por el poder del Espíritu Santo, y ese poder es más poderoso que el poder de los demonios, pues ¿Quién tiene suficiente poder para entrar en la casa de un hombre fuerte como Satanás?”. Y aquí Jesús hace una analogía entre Él contra Satanás, y un hombre muy fuerte que ata a alguien menos fuerte y le quita dominio. ¡Aquí no se dice que nosotros debemos o podemos “atar” demonios!

A pesar de la interpretación popular de que las palabras de Jesús: “¿Cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata?” (Mateo 12:29, Marcos 3:272) prescribe una secuencia para el exorcismo, la evidencia en el resto del Nuevo Testamento no apoya esta idea. Por ejemplo, aun cuando los escritores de los Evangelios registraron múltiples enfrentamientos entre Jesús y los espíritus demoníacos, no hay una ocasión en el registro escrito en el cual Él haya atado a un demonio antes de echarlo fuera. Aún más, una acción tal relacionada con atar a los demonios no se encuentra en el libro de los Hechos, en las epístolas, o en el libro de Apocalipsis. En comparación con las fórmulas elaboradas de exorcismo de los judíos contemporáneos y de los paganos, las palabras y acciones de Jesús y de sus primitivos seguidores son cortantes y directas: “¡Sal de él!”

Si hubo algo que caracterizó a Jesús, es que era consecuente. Si hubo algo que caracterizara a sus seguidores del primer siglo, es que eran obedientes a sus enseñanzas. Si en Mateo 12:29 Jesús hubiera tratado de proveer una descripción respecto de la adecuada secuencia de actos para un exorcismo exitoso, habría seguido su propia fórmula cuando exorcizaba a los demonios, y sus discípulos del Nuevo Testamento también la hubiesen seguido.

Si seguimos los principios interpretativos de que las Escrituras interpretan las Escrituras, y si examinamos las Escrituras como un todo, tenemos que entender que Mateo 12:29 y Marcos 3:27 no son un mandato, sino mas bien una analogía (una técnica ilustrativa que Jesús usó regularmente en los cuatro Evangelios). Satanás no es un hombre, sino semejante a un hombre rico que debe ser sometido antes que un ladrón pueda robar en su hogar. Satanás debe ser desarmado antes que el reino de Dios pueda avanzar (compare Mateo 12:28).

CAYENDO EN LO ABSURDO Y LA CONTRADICCIÓN.

Si en realidad, como muchos super creyentes afirman, ellos poseen la autoridad para ‘atar’ al diablo cada vez que se presente, tenemos solamente dos opciones para explicar el continuo actuar del diablo en el mundo a pesar de que muchos creyentes vivan atándolo. Hay dos opciones: O lo ataron con una cadena muy larga que de todas maneras le permite actuar a su antojo, o el diablo se escapa sutilmente a cada rato y se va a otra iglesia donde lo vuelven a atar. Tales suposiciones suenan ridículas ¿Verdad? ¡Por supuesto que sí! ¡Igual que la doctrina de atar y desatar demonios! La moda de “atar y desatar” es un fraude porque contradice la Biblia, el sentido común y la lógica. En ninguna parte en toda la Biblia verás a los miembros de la iglesia atando demonios, deudas económicas, hábitos, enfermedades, etc.

Atar y desatar es una moda herética que ha invadido la iglesia. Tal enseñanza nació en círculos de creyentes en donde la Palabra de Dios no es estudiada con seriedad y detenimiento. ¿Dónde está la confianza de tales “creyentes” en la soberanía y la Palabra de Dios en todos nuestros momentos, ya sean difíciles o felices? Para empeorar las cosas, atar y desatar es una moda que refleja la fascinación insana del pueblo evangélico por el diablo y sus demonios (muchos evangélicos en Latinoamérica ven al diablo hasta en la sopa, pero son ciegos para ver la mano de Dios en sus vidas). La fe de ellos está en “atar” lo malo para que les vaya bien, en vez de confiar en la voluntad de Dios para sus vidas. Muchos charlatanes se aprovechan de esta moda para vender entradas para sus congresos en donde prometen atar los demonios y las enfermedades que atormentan a la gente.

Piénsalo bien: Atar demonios simplemente no tiene sentido. Si alguien realmente tiene el poder de “atar” a Satanás o a los demonios, entonces ¿Quién los vuelve a soltar? ¿Por qué los cristianos de todo el mundo están afirmando que atan a Satanás y siguen pasando cosas malas? ¿Cuánto tiempo dura la “atadura”? Si sólo dura una hora, entonces la gente pudiera literalmente “turnarse” para atar a Satanás y de esta manera nunca dejarlo suelto de nuevo. ¿Puedes ver lo absurdo que es esta doctrina de “atar demonios y a Satanás”? Además, ¿quién dice que Satanás esté escuchando? No olvidemos que Satanás no es omnipresente, por lo que sólo puede estar en un lugar al mismo tiempo, así que el concepto de que la gente de todo el mundo esté atando a Satanás en, o alrededor del mismo tiempo, no tiene sentido. Lo repito: La única “atadura” de Satanás en la Biblia está en Apocalipsis 20:2, cuando un ángel “ate” a Satanás por 1.000 años en el abismo.

CONCLUSIÓN.

Es necesario que pensemos y analicemos a la luz de la Biblia todo lo que se nos predica. Las personas a veces podrán equivocarse y transmitir de forma torcida un mensaje, incluso cuando tal vez esas personas tengan una buena intención, pero la Palabra de Dios nunca se equivoca. Reconozcamos que la Biblia es más que suficiente y que no necesitamos sacar versículos fuera de sus contextos. Amémosla y conozcamos a Dios y Su voluntad en sus páginas. Eso es lo que la iglesia más necesita en el día de hoy. Cuando realmente sabemos que Dios cuida de nosotros y que nada de lo que nos sucede se escapa de la voluntad de Dios, no perdemos tiempo “atando” demonios y vivimos con más gozo en Dios (Romanos 8:28).