Pentecostalismo Unicitario

Respuestas al Pentecostalismo Unicitario: El Bautismo en el Nombre de Jesús.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

Hay un mundo que se pierde en el pecado y los cristianos somos llamados a alcanzarlo. Sin embargo, algunos grupos de la línea ‘Sólo Jesús’ (pentecostales unicitarios), prefieren trabajar y hacer proselitismo entre los miembros de otras iglesias cristianas, difundiendo así su herejía destructiva y causando división en las iglesias. Tal actitud no sólo es sectaria, sino también digna de reprensión. Ellos afirman ser poseedores exclusivos de la verdad y consideran que los demás cristianos estamos en error. El bautismo en el Nombre de Jesús suele ser la punta de lanza en sus argumentos sectarios.

Pero bautizar en el nombre de Jesús es sólo uno de los muchos errores de los pentecostales unicitarios. Ellos tampoco creen en la Trinidad y, como es de esperarse, no bautizan en el triple nombre ordenado por Jesús en Mateo 28:19 sino “en el nombre de Jesús solo”, extrayendo algunos textos fuera de su contexto.

SUPUESTAS BASES BÍBLICAS PARA LA HEREJÍA SABELIANA O MODALISMO.[1]

Analicemos brevemente las bases de los pentecostales unicitarios:

(1.- Hechos 2:38 “…Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo…”. Basta leer el contexto para darse cuenta de que el mensaje central no es enseñar que solo existe Jesús o que el bautismo correcto deba realizarse únicamente en su nombre. En el discurso del apóstol se destaca que Dios había prometido derramar el Espíritu Santo y ahora lo había derramado y por eso ellos hablaban en lenguas y presenta a Jesús como el salvador enviado por Dios. Por ningún lado dice o da a entender que solo existe Jesús. Eso lo asumen solo los pentecostales unicitarios porque en el discurso aparece la mención de las tres personas (Padre, Espíritu Santo y Jesús). Además, basta leer el discurso para darse cuenta de que el apóstol en su sermón destaca como los israelitas mismos le habían quitado la vida a Jesús, por lo que ellos se sintieron compungidos de corazón y le preguntan acerca de qué debían hacer ante su gran pecado, y es cuando el apóstol les hace el llamado a arrepentirse y bautizarse en el nombre de Jesús para ser perdonados y recibir el Espíritu Santo. El contexto indica que el llamado a bautizarse en el nombre de Jesús es una invitación a reconocerlo como su mesías; porque para ser aceptados por Dios debían primero aceptar a Jesús como Salvador, ya que él es el Cristo enviado por Dios. Esto servía para identificar que ahora eran seguidores de Jesús. Es de esperarse que Pedro, al efectuar la ordenanza del bautismo, lo haría siguiendo la fórmula y el mandato dado por Cristo antes de su ascensión. Esto resulta lógico porque: En primer lugar, Pedro predicaba a personas que creían en Dios. Pedro predicaba a personas que, aunque vagamente, tenían idea de la existencia de un Espíritu Santo. De los muchos pasajes en que podemos considerar al Espíritu Santo en el Antiguo Testamento como distinto e independiente de Dios el Padre, hallamos los siguientes: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2). “Su espíritu adornó los cielos; su mano creó la serpiente tortuosa” (Job 26:13). “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Salmos 33:6). “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmos 51:11). “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. Pero se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso en medio de él su santo espíritu” (Isaías 63:10, 11). Esta doctrina iba a tener su floración perfecta en el Nuevo Testamento. Además, Pedro predicaba a personas que no creían en Jesús y que antes, al contrario, lo habían escarnecido, despreciado y crucificado. Pero ahora, Pedro les dice que ese Jesús era nada menos que su Mesías y que toda relación con Dios tenía como fundamento el nombre de Jesucristo y que por lo tanto, en el nombre de Él debían recibir el bautismo. Era pues, para aquella multitud, la oportunidad que tenían de resarcirse de su mal contra su Mesías, y de recibir, como prueba de su arrepentimiento y fe, el bautismo teniendo como base la Persona que 50 días antes habían crucificado. Era la exaltación y elevación de la Persona que aborrecieron y que desde ahora sería la más amada. Cipriano (200 D.C.) dice: «Pedro menciona aquí el nombre de Jesucristo, no para omitir al Padre, sino para que el Hijo no falte de ser unido con el del Padre». En los discursos sucesivos que encontramos especialmente en los primeros capítulos de Hechos, los discípulos están tratando de hacer resaltar a la persona de Jesucristo, porque ella era la que había tomado cuerpo humano para poder ofrecer por los hombres el sacrificio perfecto. En cuanto a los tres mil se debe pensar que no fueron bautizados en el acto, lo que no había sido posible. La expresión “y se añadieron aquel día”, no implica necesariamente que su bautismo haya sido celebrado el mismo día. Una instrucción completa les fue dada más tarde según Hechos 2:42: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en la oración”.

(2.- Hechos 8:16 “…Porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús…”. Este pasaje bíblico tampoco menciona que solo exista Jesús como suponen los pentecostales unicitarios, o que sólo en su nombre es el bautismo correcto. Por el contrario, si leemos todo el relato podemos darnos cuenta de que se mencionan a Dios el Padre, al Espíritu Santo y a Jesús. Felipe había llegado a Samaria donde hizo muchas señales y presentó a Jesús como el Salvador; pero luego Pedro y Juan fueron enviados y hallaron que sólo habían sido bautizados en señal de reconocimiento de que Jesús era el mesías, pero no habían recibido el Espíritu Santo. Al leer el relato podemos darnos cuenta de que se refiere a que ellos habían aceptado el nombre de Jesús como el Salvador personal y que habían sido bautizados con la autoridad dada por Jesús. Esto servía para identificar que ahora eran seguidores de Jesús. No pretende establecer fórmula bautismal alguna.

(3.- Hechos 10:48 “…Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días…”. En este texto la Biblia tampoco está negando la existencia del Padre y del Espíritu Santo, ni presentado la sola existencia de Jesús solamente. Pedro por indicación divina había ido a casa de Cornelio, un gentil temeroso del Señor, y al llegar se da cuenta que no debía hacer excepción de personas y comienza a predicarle a él y a muchos otros más gentiles, y aún a algunos judíos presentes en la casa de Cornelio. Su mensaje principal es mostrar como Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y le envió como Salvador de la humanidad al resucitarle el tercer día. Los pentecostales unicitarios parece que no leen el contexto completo en el que se destaca que Jesús fue el mesías de Dios y por ningún lado dice que solo existe Jesús. Cuando dice que el apóstol les manda a ser bautizados en el nombre de Jesús se está destacando que al haber recibido el Espíritu Santo y hablado en lenguas sin duda debían dar el paso del bautismo, aceptando a Jesús como salvador y enviado de Dios. Esto servía para identificar que ahora eran seguidores de Jesús. Sin embargo, a la hora de efectuar el bautismo, los apóstoles no desobedecerían jamás el mandato de Su Señor ni cambiarían la fórmula bautismal trinitaria dada por el mismo Jesús.

(4.- Hechos 19:5 “…Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús…”. El apóstol Pablo llegó a Éfeso y halló a algunos discípulos o seguidores, pero encontró que no habían recibido el Espíritu Santo y que sólo conocían el bautismo de Juan y ahora procede a hablarles de Jesús y luego fueron bautizados. En ningún versículo del texto se menciona que solo existe Jesús como suponen los pentecostales unicitarios. Claramente se revela la existencia de otro Ser: el Espíritu Santo; del que los seguidores no sabían nada porque no habían sido instruidos. Los creyentes no habían escuchado ni del Espíritu Santo ni de Jesús y solo sabían acerca del bautismo de arrepentimiento de Juan el Bautista; razón por la que ahora el apóstol les habla de Jesús y les presenta a Jesús como el Cristo y luego que ellos aceptan a Jesús como su Salvador personal les bautiza. Pero, obviamente, no en el nombre de Jesús sólo. Es evidente que lo que se destaca es la necesidad de reconocer a Jesús como Salvador como requisito previo e indispensable para recibir el bautismo cristiano. El apóstol les pregunto ‘¿En qué fuisteis bautizados?’ Ellos no le dijeron en el nombre de Juan, sino en el bautismo de Juan. En respuesta, ahora el apóstol les presenta la nueva forma ordenada por Dios, la cual era aceptando a Jesús como Salvador.

REFUTANDO LA DOCTRINA SABELIANA.[2]

La postura pentecostal unicitaria, y de algunos otros que pretenden enseñar que sólo se debe bautizar en el nombre de Jesús, deja algunas dudas:

(I.- Según Mateo 28:19, Jesús mandó bautizar a sus discípulos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; pero según ellos los discípulos lo hicieron solo en el nombre de Jesús. Como quien dice fueron desobedientes. No creo que ellos hayan sido ejemplo de desobediencia y mucho menos en un tema tan importante. Por ejemplo, Dios mandó a Noé a construir “un arca de madera de gofer”: “Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera” (Génesis 6:14). Virtualmente se le prohibía el uso de cualquier otra madera. Si Noé hubiera usado distinta clase de madera a la ordenada era una desobediencia abierta a Dios. La institución de la Pascua proporciona varias ilustraciones de esta máxima (Éxodo 12). Había de sacrificarse un cordero, no una ternera; había de ser de un año, no de dos o tres; macho, no hembra; perfecto, no defectuoso; había de sacrificarse el 14 del mes, no ningún otro día; la sangre debía ponerse en los postes y en los dinteles de la puerta, no en ninguna otra parte. Cuando el Señor ordena: “Id, y haced discípulos… bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” y se cambia la fórmula por otras palabras, así sean santas, se está desconociendo la autoridad de Jesucristo. Si él mandó bautizar en el nombre de las Tres Personas se debe hacer así y no de ninguna otra manera, pues hacerlo es suplantar la Palabra de Dios y desobedecerle flagrantemente.

(II.- De acuerdo a lo anterior, si la postura de los unicitarios fuese correcta, esto querría decir que la Biblia, Jesús y los discípulos se contradicen entre sí. No creo que la Biblia se contradiga. Mucho menos tan garrafalmente. Eso es poner en dudas la palabra de Dios.

(III.- En la Biblia no hay un solo ejemplo de una persona en la que se expresen las palabras pronunciadas en el momento del bautismo ¿Por qué asumir que Jesús enseño una cosa y los apóstoles hicieron y enseñaron otra? No hay un solo texto en el que Pedro, Pablo o alguno de los otros apóstoles diga “Yo te bautizo en el nombre de Jesús”

(IV.- Los pentecostales unicitarios argumentan que en Mateo 28:19 cuando dice “en el nombre” es indicando que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son un título de una misma persona; pero, para su desacierto, lo que se resalta es la unidad de los tres: “nombre” (singular) del Padre, del Hijo y Espíritu Santo (plural)

(V.- La regla idiomática griega dice que cuando hay dos sustantivos conectados por el copulativo kai (y) el primer nombre tiene el artículo “el” delante y el segundo no lo tiene ambos nombres describen a la misma persona (ejemplo: “nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo” Tito 2:13) pero en Mateo 28:19 tanto Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen el artículo “del” que es una contracción de “de” y “el” delante lo que significa que son tres personas distintas.

(VI. – Algunos antitrinitarios niegan la fórmula bautismal de Mateo 28:19 basados en que Eusebio, un padre de la iglesia no la registró en ninguno de sus escritos antes del concilio de Nicea (325 d.C.) y luego si la usó en sus escritos; pero eso no constituye ninguna evidencia porque los manuscritos bíblicos griegos más antiguos, los cuales son más confiables, si la registran.

(VII.- Existen aproximadamente cinco mil manuscritos griegos y todos dicen “en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y no hay uno solo que diga “bautizándolos en mi nombre”.

(VIII.- Incluso manuscritos extrabíblicos antiguos mencionan el Triple Nombre, entre ellos: Epístola de Ignacio a los Filipenses, capítulo 2 (siglo II), Tertuliano, De bautismo, capítulo 13 (200 d.C.), Tertuliano, Contra Praxeas, capítulo 2 (200 d.C.), Cipriano, Los siete concilios de Cartago (siglo II), Gregorio taumaturgo, Confesión de fe (siglo II), Didajé, 7, (70 d.C.) e Ireneo siglo II, entre muchos otros.[3]

(IX.- En el nacimiento de Jesús vemos la acción de los tres miembros de la Trinidad. Lucas 1:35 nos dice: “…Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra por lo cual el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios…”

(X.- En el bautismo de Jesús vemos la acción de los tres. Mateo 3:16,17 nos dice: “…Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia…”

(XI.- En la resurrección de Jesús vemos la acción de los tres: El Padre, según Efesios 1:20 “…operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales…”. Jesús dijo en Juan 2:19-21: “…Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo…”. Luego, del Espíritu Santo se nos dice en Romanos 8:11, “…Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros…”

(XII.- La expresión “el nombre” es presentada en las Escrituras como el medio por el cual se hacen milagros y se obtiene la salvación. Pero la palabra “nombre” tenía un significado diferente en el contexto judío al que le dan los pentecostales unicitarios hoy, por ejemplo:

(a.- Se creía que la mención de un nombre era especialmente poderosa para que se efectuaran milagros. Josefo relata haber visto a un tal Eleazar que pretendía echar fuera demonios usando el nombre de Salomón (Antigüedades VIII, 2.5). Los siete hijos de Esceva intentaron en Éfeso usar el nombre de Jesús con el mismo propósito (Hechos 19:13-14).

(b.- En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea “Shem”, (“nombre”), algunas veces se emplea con el sentido de “carácter” (Jeremías 14:7, 21), y puede ser casi un sinónimo de la persona misma (Salmos 18:49). Esta estrecha relación entre el nombre y el carácter se ilustra con la abundancia de nombres del Antiguo Testamento que indican el carácter de quienes los tenían.

(c.- Otro aspecto de esto puede verse en tiempos del Nuevo Testamento, cuando la palabra griega “Ónoma” (“nombre”), puede significar “persona”.

Todo esto indica que al pronunciar el nombre de Jesús para realizar milagros y para proclamar salvación, o incluso mencionarlo en relación con el bautismo, los apóstoles declaraban que el poder de sanar y de salvar o bautizar se empleaba en una relación vital con la persona y el carácter de Jesucristo.

EL BAUTISMO EN AGUA COMO NECESARIO PARA LA SALVACIÓN.[4]

Un error engendra a otro. Puesto que los pentecostales unicitarios enseñan que el bautismo debe efectuarse en el nombre de Jesús, creen que sus hermanos que no han sido bautizados de dicha forma están en error y ponen en peligro su salvación eterna. Pero al enseñar que el bautismo salva, limpia o perdona pecados, el bello significado de esta ordenanza se pierde. Para los verdaderos cristianos, el bautismo expresa, por figura, la muerte al pecado del creyente y su resurrección a novedad de vida: “… ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva…” (Romanos 6:3, 4). El bautismo es también un testimonio de que pertenecemos a Cristo: “…Porque habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos…” (Gálatas 3:27). Porque somos de él, hemos sido “revestidos” de Cristo, del carácter de Él. También es el bautismo un paso de obediencia: “…Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo…” (Hechos 2:38). “…Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios…” (Hechos 8:36-37). El bautismo en sí no tiene poder salvador. La gente se bautiza porque es salva, no para ser salva. No hay en la Biblia siquiera una idea que dé base para decir que el bautismo salva, limpia o perdona pecados. Veamos algunos hechos que nos enseñan la imposibilidad del bautismo para otorgar limpieza o salvación: Jesucristo fue bautizado: “…Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia…” (Mateo 3:13-17). Si el bautismo lava, limpia y quita los pecados, ¿De qué pecados Jesucristo fue limpio o perdonado? Hablando de Cristo la Biblia dice: “…El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca…” (1 Pedro 2:22). “…Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos…” (Hebreos 7:26). Siguiendo la lógica de los “unicitarios” de que el bautismo es necesario para la salvación, Jesucristo fue un pecador. ¿No raya esto en blasfemia? Si el bautismo salva, ¿Por qué el ladrón en la cruz fue invitado por Cristo al cielo sin someterse a ese acto? Dicen que es una excepción por las circunstancias. Esto todavía es más error porque para la salvación las circunstancias no hacen concesión a nadie. Arrepentimiento y fe tuvo el ladrón y eso le bastó. Lo mismo que la Biblia exige para cada pecador en todo tiempo y lugar. En Hechos 8:9-24, tenemos el caso de Simón el mago. Él fue bautizado, pero vemos que el agua no le hizo nada, no cambió su corazón, no lo sacó del lugar tenebroso en que se encontraba. Pedro hablando a Simón después de ser bautizado le dice: “…Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás…” (Hechos 8:20-23). Algo muy distinto pensaba Pedro del bautismo de lo que piensan los señores “unicitarios”.

Pablo dice en 1 Corintios 1:14-17 “…que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo… También bauticé a la familia de Estéfanas…” Y agrega: “…Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio…” ¿No tendría Pablo interés en que las personas se salvaran? Así hay que creer si seguimos las enseñanzas de los señores de ‘Solo Jesús’ o la Nueva Luz. Es que para Pablo el bautismo tenía su lugar, nunca debía ocupar el lugar que le corresponde al arrepentimiento y la fe. En las epístolas no se hace énfasis en el bautismo. El silencio habla en esta ocasión. Es raro, si el bautismo salva, que las cartas que rigen a la cristiandad, que regulan su conducta, se queden mudas en cuanto al bautismo. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos se enseña que la fe es el medio que trae la salvación al creyente: “…Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…”. (Juan 1:12). “…Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna…” (Juan 3:16). El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios… El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:15, 16, 18, 36). “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). “Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15:9). “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). “Testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17). “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús… Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:24, 28). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1:5). La Biblia tiene que ser su propio intérprete. Eso de aislar versículos para hacerles decir lo que no fue la intención del Espíritu Santo que dijera, es sumamente peligroso. Así se conocen las corrientes falsas y ese método también lo usan los “modernos sabelianos”.

CONCLUSIÓN.

Los pentecostales unicitarios y otros antitrinitarios, argumentan que la formula correcta de bautizar era solo en el nombre de Jesús, pero los textos dentro de su contexto y las evidencias bíblicas e históricas, nos revelan que se hacía en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que, cuando en el libro de los Hechos se menciona solamente el nombre de Jesús en relación con el bautismo, no se está dando una nueva fórmula bautismal, sino afirmando que era con la autoridad dada por Jesús que dicha ordenanza se efectuaba y, a la vez, era una invitación a aceptarle como Salvador. Los pentecostales unicitarios, por lo tanto, están sumamente equivocados en su interpretación doctrinal y no debemos prestarles atención a sus herejías.

REFERENCIAS:

[1] David K. Bernard, J.D., The Oneness of God, Pentecostal Publishing House, 1983, Hazelwood, MO.

[2] Por la defensa del Evangelio: Apologética Contemporánea, Editorial Cristiana Continental de las Asambleas de Dios (ECCAD), 1994.

[3] Luisa Jeter de Walker, ¿Cuál camino?, Editorial Vida, Miami, FL., 1968.

[4] G.R. Beasley-Murray, Baptism in the New Testament Paperback, Wm. B. Eerdmans Publishing Company; First Edition (March 15, 1973)

Pentecostalismo Unicitario

Respuestas al Pentecostalismo Unicitario: ¿Es Dios una Trinidad?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La herejía amenazó con infectar el pentecostalismo desde sus inicios. La doctrina trinitaria, pilar del cristianismo ortodoxo y bíblico, fue cuestionada en el pentecostalismo primitivo a través de la doctrina heterodoxa conocida como “Modalismo”. El modalismo  es una herejía cristológica que enseña que Dios no es una esencia compartida por tres personas, sino que existe un solo ser en tres modos, en diferentes tiempos. Los Pentecostales Unicitarios creen que en el Antiguo Testamento Dios se manifestó como Padre, en el Nuevo Testamento durante su encarnación se manifestó como Hijo y desde pentecostés como Espíritu Santo. El modalismo también es conocido como Monarquianismo Modalista. Dicha herejía identifica a Jesucristo como Dios mismo (el Padre) manifestado en carne.

El modalismo, se opone férreamente al dogma de la Trinidad. De acuerdo con la concepción trinitaria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son cada una de las tres personas de la Trinidad. En cambio, los modalistas afirman que estos términos nunca pretendían hacer distinciones de tres personas eternas dentro de la naturaleza de Dios, sino que simplemente se referían a modos o manifestaciones de Dios. En otras palabras, Dios es un ser individual y único y los diversos términos usados para describirle (tales como Padre, Hijo y Espíritu Santo) son designaciones aplicadas a sus diferentes formas de actuar o a las diferentes relaciones que Él tiene para con el hombre.

La principal corriente del modalismo en los primeros siglos del cristianismo fue el patripasianismo o sabelianismo. El patripasianismo (del latín pater, patris, padre, y passus, padecer) fue una doctrina cristiana monarquianista de los siglos II y III que negaba el dogma de la Trinidad al considerar la misma como tres manifestaciones de un ser divino único, sosteniendo que fue el mismísimo Dios Padre quien había venido a la Tierra y había sufrido en la cruz bajo la apariencia del Hijo. Esta doctrina, considerada herética tras ser condenada en el 261 d.C. por el Concilio de Alejandría, es también conocida como sabelianismo al ser su principal defensor el obispo Sabelio, sacerdote y teólogo del siglo III. Hoy en día, esta doctrina sobrevive a través del pentecostalismo unicitario.

¿ES LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD UN INVENTO DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA?

En su intento por negar la doctrina de la Trinidad de Dios, los pentecostales unicitarios suelen recurrir a falsas teorías, sofismas y mentiras descaradas. La más popular de esas teorías dice que la Trinidad fue maquinada por la iglesia católica. En líneas generales, el argumento expresa que la doctrina de la Trinidad fue formulada en el siglo IV, en el Concilio de Nicea (325 d.C.), bajo el patrocinio del emperador Constantino. Los pentecostales unicitarios afirman que fue a partir de ese entonces que la doctrina de la Trinidad fue impuesta a las masas por la iglesia católica romana que, según ellos, para ese entonces era ya una iglesia apóstata.

Este argumento, popular pero falso, tiene varios errores e inexactitudes. Para empezar, la Iglesia Católica Romana como tal, con una estructura jerárquica, es decir, un obispo en Roma con jurisdicción sobre muchas iglesias en una amplia área geográfica no llegó a existir sino hasta finales del siglo VI. Peor aún, el obispo de Roma (pues en ese tiempo era sólo eso, un obispo, ya que el papado aún no había surgido como tal) ni siquiera estuvo presente en el Concilio de Nicea, cuya concurrencia estuvo exclusivamente formada por obispos de las iglesias orientales. No fue sino hasta cientos de años después de Nicea que la historia reporta los primeros vestigios de una organización con alguien en Roma funcionando como cabeza de la Iglesia Católica. La iglesia católica no podría jamás haber creado la doctrina de la Trinidad pues dicha doctrina es anterior al mismo catolicismo. Ni siquiera puede decirse que fue Constantino, en complicidad con los obispos congregados en Nicea, quienes la crearon. Ellos simplemente dieron reconocimiento oficial a una doctrina considerada vital por la iglesia cristiana desde los tiempos de los apóstoles.

Si examinamos la Biblia y la terminología esencial que conocemos hoy para referirnos a la doctrina trinitaria, la encontramos mucho antes de Nicea. Los términos “tres personas, una sustancia, trinidad” fueron usados por Tertuliano, quien escribió entre el 200 y el 240 d.C. Esbozos bastantes definidos de la Trinidad pueden ser encontrados también en los escritos de Teófilo de Antioquía (115-181 d.C.), Hipólito (170-235 d.C.) e Irineo (120-202 d.C.). Si bien el término Trinitas fue popularizado por Tertuliano en el contexto de su debate con el hereje modalista Praxeas, él no fue el primero en usar el vocablo. La primera mención de la palabra que tenemos en forma escrita data del 160 d.C., por mano de Teófilo en su epístola a Autólico.[1]

Les guste o no a los pentecostales unicitarios, hoy por hoy, la doctrina de la Trinidad sigue siendo salvaguarda contra las diferentes herejías, las antiguas y las modernas, y por ello persistimos diligentemente en enseñarla. Es a partir de ella que demarcamos el límite entre un grupo doctrinalmente sano y un grupo herético.

Puesto que la historia de la iglesia ha probado la falsedad de los argumentos unicitarios, es la biblia y sus enseñanzas la que tiene la última palabra en relación con la Trinidad. La pregunta sería: ¿Apoya la Biblia la teología pentecostal unicitaria? o ¿Puede probarse con la Biblia que la doctrina de la Trinidad es auténtica y de origen divino?

LA TRINIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.[2]

En la doctrina de la Trinidad se encuentra incluido el monoteísmo, lo cual es la enseñanza de que en todo el universo existe un ser único conocido como Dios el cual tiene una existencia propia e inmutable (Isaías 43:10; 44:6, 8). Es importante notar que la doctrina de la Trinidad no es politeísta como algunos de los críticos proclaman. Por definición el trinitarismo (o, mejor dicho, triunitarismo) es monoteísta y aquellos que claman que es politeísta, demuestran una falta de entendimiento de lo que es ésta realmente. Dios es una Trinidad de personas la cual consiste de una sustancia y una esencia. Dios, numéricamente es uno; aun así, dentro de la esencia divina individual hay tres individuos subsistiendo a los cuales llamamos personas. Cada una de las tres personas es completamente divina en naturaleza, aunque cada uno no es la totalidad de la Divinidad. Cada una de las tres personas no es las otras dos personas. Cada una de las tres personas está relacionada a las otras dos, pero son diferentes entre ellas.

El Credo Atanasiano explica la doctrina trinitaria de la siguiente manera:

“… Veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, tal (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres señores, sino un solo Señor; porque, así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho no creado ni engendrado. El Hijo fue solo por el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede.

 Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.

 Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo 1, perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno…”[3]

Pero más allá de los credos de la iglesia, la Biblia en su totalidad nos enseña la doctrina de la Trinidad. En la Biblia si podemos encontrar evidencias que demuestran el concepto trinitario, y realmente no necesitamos investigar muy a fondo las Santas Escrituras para encontrar tales pruebas. Ya desde el mismo comienzo de la Biblia, en Génesis 1: 1, encontramos que Moisés utiliza el nombre plural de Dios: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Aquí, en este versículo, la palabra hebrea equivalente a Dios es Elohim(אלהים o ‘ĕlohı̂̂ym), en la forma plural אל El o אלה Eloah, la cual ha sido tradicionalmente interpretada como la pluralidad de la condición divina del mismo Dios.

Pero Génesis 1: 1 no es la única cita en las Santas Escrituras hebreas que describe a nuestro Dios en una forma plural. Esta palabra en plural se encuentra en la Biblia unas tres mil veces, mientras que su equivalente en singular solo cincuenta y siete veces. ¿Es todo esto una contradicción? ¿Quiere decir esto que en realidad hay varios Dioses y no solo Uno? De ninguna manera.

Es provechoso el conocimiento del idioma hebreo, para el mejor entendimiento de los pasajes del Antiguo Testamento. En Génesis 1:1, se utiliza el nombre plural “Elohim”. En Génesis 1:26; 3:22; 11:7 y en Isaías 6:8, se usa el pronombre plural para “nosotros”. Sin duda, “Elohim” y “Nosotros” se refieren a más de dos. En el idioma español tenemos dos formas, singular y plural. En el idioma hebreo existen tres formas: singular, doble y plural. Doble es solamente para dos. En hebreo, la forma doble es utilizada para cosas que vienen en pares como los ojos, orejas y manos. La palabra “Elohim” y el pronombre “nosotros” son formas plurales (definitivamente más que dos) y deben estarse refiriendo a tres o más (Padre, Hijo, y Espíritu Santo).

En Génesis 1:26 podemos ver también como aparece la forma plural imperativa de la primera persona del verbo hacer (“hagamos”) y también la forma plural nominativa de la primera persona (“nuestra”): “…Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra…”. Nuevamente, vale la pena recordar que hay aproximadamente unos tres mil casos en que la palabra hebrea equivalente a Dios (Elohim) aparece en su forma plural en el Antiguo Testamento.

Algunos argumentan que en Génesis 1:26 Dios le hablaba a los ángeles, seres espirituales inteligentes y semejantes a él, pero inferiores, con los cuales consultó acerca de la creación. Esto sin embargo, no podría ser posible por dos razones: En primer lugar, los ángeles no son creadores; en segundo lugar, no estamos hechos a la imagen de los ángeles.

Otros pasajes trinitarios del Antiguo Testamento son:

“…Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre…” (Génesis 3:22)

Génesis 11:7 dice: “…Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero…”.

También se destaca Salmos 45:6-7: “…Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros…”. Esto es citado en Hebreos 1:8: “…Mas del Hijo dice; Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino…”.

Otro pasaje trinitario es Isaías 6:8: “…Después oí la voz del Señor, que decía: ‘¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?’ Entonces respondí yo: ‘Heme aquí, envíame a mí…’”. También en Isaías 48:16 leemos: “…Acercaos a mí, oíd esto: ‘desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu…’”.

El texto hebreo y arameo del Antiguo Testamento nos revela aún más conocimiento sobre la Trinidad del que podríamos deducir del texto en español.[4] Por ejemplo:

 

Texto en español Fonética Hebrea Traducción Literal
JOSUÉ 24:19

ESPAÑOL:

“Porque Él es Dios Santo.”

 

FONÉTICA:

KI ELOHIM KEDOSHIM HU

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

PORQUE DIOSES SANTOS (ES) ÉL

 

PROVERBIOS 9:10

ESPAÑOL:

“y el conocimiento del Santo es inteligencia.”

 

FONÉTICA:

VEDAAT KEDOSHIM BINAH

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y CONOCIMIENTO DE LOS SANTOS (ES) INTELIGENCIA

 

PROVERBIOS 30:3

ESPAÑOL:

“. . . ni tengo conocimiento del Santo.”

 

FONÉTICA:

VEDAAT KEDOSHIM EDA

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y CONOCIMIENTO DE LOS SANTOS (NO) CONOCÍ

 

SALMO 58:11

ESPAÑOL:

“. . . hay un Dios que juzga en la tierra.”

 

FONÉTICA:

YESH-ELOHIM SHOFTIM BA’ARETS

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

HAY DIOSES QUE JUZGAN EN LA TIERRA

 

ECLESIASTÉS 12:1

ESPAÑOL:

“Acuérdate, pues, de tu Creador . . .”

 

FONÉTICA:

UZEJOR ET-BOREJA

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y ACUÉRDATE DE TUS CREADORES

 

SALMO 149:2

ESPAÑOL:

“Alégrese Israel en su Creador . . .”

 

FONÉTICA:

YISMAJ YISRAEL BEOSAV

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

ALÉGRESE ISRAEL EN SUS HACEDORES

 

JOB 35:10

ESPAÑOL:

“. . . Dónde está Dios mi Hacedor . . .”

 

FONÉTICA:

AYEH ELOAH OSAY

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

DONDE (ESTÁ) DIOS MIS HACEDORES

 

ISAÍAS 54:5

ESPAÑOL:

“Porque tu esposo es tu Hacedor,

el SEÑOR de los ejércitos es su nombre. . .”

 

FONÉTICA:

KI BOALAYIJ OSAYIJ YAHVEH TSEVAOT SHEMO

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

PORQUE TUS MARIDOS (SON) TUS HACEDORES YAHVEH DE LOS EJERCITOS (ES) SU NOMBRE

 

GÉNESIS 20:13

ESPAÑOL:

“Y sucedió que cuando Dios me hizo salir . . .”

 

FONÉTICA

VAYEHI KA’ASHER HITU OTI ELOHIM MIBET AVI

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y SUCEDIÓ QUE CUANDO LOS DIOSES ME HICIERON SALIR DE CASA DE MI PADRE

 

MALAQUÍAS 1:6

ESPAÑOL:

“. . . y si yo soy señor . . .”

 

FONÉTICA:

VEIM-ADONIM ANI . . .

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y SI SEÑORES (SOY) YO

 

2 SAMUEL 7:23

ESPAÑOL:

“al cual viniste . . .”

 

FONÉTICA:

ASHER HALJU-ELOHIM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

AL CUAL FUERON / VINIERON DIOSES . . .

 

ÉXODO 33:14 Y 15

ESPAÑOL:

Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso . . .

Si tu presencia no va con nosotros no nos hagas partir de aquí

 

FÓNETICA:

PANAY YELEJU VAHANIJOTI LAJ

IM-EN PANEJA HOLJIM AL-TAALENU MIZEH

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

MIS ROSTROS / PRESENCIAS TE ACOMPAÑARÁN Y TE DARÉ DESCANSO . . .

SI TUS ROSTROS / PRESENCIAS NO NOS ACOMPAÑAN NO NOS SAQUES DE AQUÍ

 

DEUTERONOMIO 4:7

ESPAÑOL:

“¿Qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el Señor nuestro Dios . . .?”

 

FONÉTICA:

MI-GOY GADOL ASHER-LO ELOHIM KEROVIM ELAV KAYAHVEH ELOHEYNU

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

¿QUÉ NACIÓN GRANDE QUE TENGA DIOSES CERCANOS A ÉL COMO YAHVEH NUESTROS DIOSES?

 

GÉNESIS 35:7

ESPAÑOL:

“. . . allí Dios se le había manifestado . . .”

 

FONÉTICA:

SHAM NIGLU ELAV HAELOHIM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

ALLÍ SE MANIFESTARON A ÉL LOS DIOSES

 

GÉNESIS 33:20

ESPAÑOL:

“y lo llamó: El-Elohe-Israel.”

 

FONÉTICA:

VAYIKRA-LO EL ELOHEI YISRAEL

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y LO LLAMÓ DIOS DIOSES DE ISRAEL

 

JOSUÉ 22:22

ESPAÑOL:

“El Dios de los dioses, Yahveh, el Dios de los dioses, Yahveh, lo sabe . . .”

 

FONÉTICA:

EL ELOHIM YAHVEH EL ELOHIM YAHVEH HU YODEA

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

DIOS DIOSES YAHVEH DIOS DIOSES YAHVEH ÉL SABE

 

JEREMÍAS 10:10

ESPAÑOL:

“Él es el Dios vivo y el Rey eterno.”

 

FONÉTICA:

HU-ELOHIM JAYIM UMELEJ OLAM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

EL ES DIOSES VIVOS Y REY ETERNO

 

OSEAS 11:2

ESPAÑOL:

“Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí”

 

FONÉTICA:

KAREU LAHEM KEN HALEJU MIPENEHEM

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

ELLOS LES LLAMABAN Y DE LA MISMA MANERA SE IBAN DE SUS ROSTROS / PRESENCIAS

 

OSEAS 11:12b

ESPAÑOL:

“Judá aún gobierna con Dios, y es fiel con los santos.”

 

FONÉTICA:

VIHUDA OD RAD IM-EL VEIM-KEDOSHIM NEEMAN

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y JUDÁ AÚN GOBIERNA CON DIOS Y CON LOS SANTOS ES FIEL

 

DANIEL 7:18

ESPAÑOL:

“Pero los santos del Altísimo recibirán el reino . . .”

 

FONÉTICA:

VIKABELUN MALJUTA KADISHEI ELYONIN

 

TRADUCCIÓN LITERAL:

Y RECIBIRÁN EL REINO LOS SANTOS DE LOS ALTÍSIMOS

 

Es justo preguntarnos: ¿Cuál sería el propósito de usar verbos y pronombres en plural para referirse al único Dios verdadero? El creyente trinitario sabe muy bien la respuesta: ¡Dios es tres en uno, y uno en tres! Estudiar el texto en el idioma original nos da una gran lección acerca de la Trinidad. Deuteronomio 6:4, conocido como el Shemá, nos dice: “…Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. El original hebreo dice “Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”. Palabra por palabra tenemos:

(1.- Shemá: Es la palabra que se usa para “escuchar una noticia”, como si dijera “oye la novedad”.

(2.- Israel: El pueblo de Israel.

 (3.- Adonai: Esta palabra se traduce como “Señor” aunque también se puede traducir como “amo”. Algunos han sugerido que se traduce como el plural “Mis” y el singular “Señor”: “Mis Señor”.

 (4.- Eloheinu: Es un plural que se traduce en singular. Es como si leyéramos “árboles” pero traduciendo “árbol”. Esta palabra se traduce como “Dios”, pero es un plural que realmente quiere decir “Dioses”. Aunque, como sabemos que Dios es Uno debemos llamarlo en singular. En ninguna parte de la Biblia se traduce de Dios en plural.

 (5.- Ejad: Esta palabra se traduce como “uno”. Lo relevante de esto es que no quiere decir “uno” en singular, sino como unidad. ¿Un ejemplo? Vayamos a Génesis, donde se nos dice: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una (ejad) sola carne? (Génesis 2:24)”.

Los pentecostales unicitarios se apresurarían, sin duda, a reconocer que Ejad significa uno, pero ignorando que se refiero a una unidad compuesta. El hombre y la mujer forman uno (ejad). Matemáticamente eso se expresa así: 1+1=1. Otro ejemplo lo vemos en el mismo libro: “Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un (ejad) día”. Aquí la tarde es un elemento y la mañana es otro elemento, pero ambos forman un día. Fíjese que no dice “y fueron un…” sino que dice: “y fue un día”. Se repite la fórmula matemática 1+1=1. La palabra “ejad” quiere decir Uno formado por varios. Y es la misma palabra que se usa aquí en Deuteronomio 6:4 para afirmar “nuestro Dios, Uno es”. Si pudiéramos traducir palabra por palabra tendríamos algo así: “Presta atención Israel, el Señor nuestros Dioses, es Un solo Señor formado por Varios.”. Dios es Uno. No podemos negarlo. Pero esa misma Biblia que nos dice que Dios es Uno, también nos dice que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios. Y esto sólo tomando en cuenta el Antiguo Testamento.

LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO.[5]

Si el Antiguo Testamento insinúa la Trinidad, el Nuevo la enseña de manera clara y sin rodeos. El Nuevo Testamento registra sucesos y formulaciones que ponen en claro la Trinidad Divina en su accionar dentro de la historia de la salvación. Un ejemplo de la presencia del trino Dios se puede ver inmediatamente al comenzar la actividad pública de Jesús, cuando en su Bautismo el Padre y el Espíritu Santo atestiguan el envío del Hijo de Dios hecho hombre: “…Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia…” (Marcos 1:10-11, véase también Mateo 3:16-17). Este pasaje demuestra que el Hijo de Dios obra en unidad con el Padre y el Espíritu Santo.

I.- EL BAUTISMO DE JESÚS: 

Mateo 3:16-17 es otro pasaje bastante ilustrativo. Aunque a primera vista pareciera que nada tiene que ver con la Trinidad sino con la unidad de Dios, pues la única divinidad claramente manifestada sería la del Padre, sin embargo, cuando examinamos más detenidamente el texto descubrimos la del Hijo y la del Espíritu Santo también. En efecto, porque el Padre está haciendo una confesión o declaración solemne acerca de la persona que acaba de ser bautizada y esa declaración es la más extraordinaria y conspicua que se pueda hacer. Algo que, como dice el autor de la carta a los Hebreos, ni siquiera ha hecho acerca de las criaturas más excelsas, los ángeles (Hebreos 1:5). Y si de esas criaturas no ha hecho esa confesión, cuanto menos de ninguno de los hombres, incluso de los mayores hombres de Dios. Ni de Abraham, ni de Moisés, ni de David ha dicho Dios nunca nada parecido. Y es que la palabra Hijo alude a una comunión de naturaleza, no sólo de voluntad o de propósito. Puede haber coincidencia de voluntad o propósito entre amo y siervo, pero de naturaleza sólo entre padre e hijo y eso es precisamente lo que el Padre está declarando aquí sobre Jesucristo. Ahora bien, la comunión de naturaleza supone comunión de divinidad, lo que implica igualdad de atributos; luego la divinidad del Padre es la misma del Hijo también, porque se trata de una filiación no adoptiva, sino de esencia. La otra referencia en este pasaje es al Espíritu Santo. Si el espíritu del hombre es el hombre mismo, es evidente que el Espíritu de Dios tiene que ser Dios mismo. Y si Dios no está constituido de partes, síguese que hay una identidad de naturaleza entre Dios y su Espíritu, no siendo una cosa uno y otra cosa el otro sino ambos lo mismo, aunque distinguiéndose el uno del otro por la preposición de en la expresión Espíritu de Dios, que indica relación. Por tanto, hay igualdad y distinción a la vez. Igualdad por la única esencia, distinción por la relación mutua. Algo que sobresale en este texto del bautismo de Jesús es que la presencia de Padre, Hijo y Espíritu Santo es simultánea, es decir, se produce al mismo tiempo, lo cual echa por tierra la teoría de que Padre, Hijo y Espíritu Santo no son sino manifestaciones de un ser unipersonal, que ejerce esos papeles de forma sucesiva, según convenga. La vieja enseñanza unitaria sabeliana queda así puesta en evidencia, así como la nueva enseñanza unitaria que niega las distinciones personales permanentes en Dios.

II.- LA FÓRMULA BAUTISMAL Y LA GRAN COMISIÓN:

Padre, Hijo y Espíritu Santo también son mencionados en el mandato del Bautismo dado por Jesucristo a los Apóstoles antes de su ascensión (Mateo 28:18-19). La fuerza que tiene este pasaje no puede ser negada. En primer lugar, se trata del acto por el que una persona queda consagrada a Dios, como es el bautismo. Por tanto, perfectamente Jesús podía haber dicho que el bautismo se hiciera en el nombre de Dios, lo cual habría sido correcto. También podría haber empleado otras fórmulas, como en el nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, o en el nombre del Dios de Israel, lo que igualmente habría sido pertinente. Sin embargo, en lugar de usar esas u otras fórmulas va a usar la de en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nótese que emplea el término nombre en singular, para denotar la unidad de Dios, pero al mismo tiempo introduce las distinciones personales que hay en esa unidad. Otras referencias a la correlación existente entre las personas divinas se hallan en el Evangelio de Juan cuando se menciona la unidad del Hijo con el Padre, donde Jesucristo dice: “…Yo y el Padre uno somos…” (Juan 10:30, comparar también con Juan 1:1 y 14). Asimismo, la promesa del Espíritu Santo hace referencia a la Trinidad de Dios (Juan 16:13-15).

III.- LAS CARTAS DE PABLO:

En las epístolas del Nuevo Testamento hay más alusiones a la Trinidad de Dios. Las encontramos en las alabanzas a Dios o también en las fórmulas de bendición. Así dice en 1 Corintios 12:4-6: “…Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo…”. Aquí se menciona tanto la unicidad de Dios, como las diferentes auto manifestaciones personales. También Efesios 4:4-6 testifica que el obrar de Dios contiene señales de su naturaleza trinitaria: “…Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos…”.

IV.- LAS CARTAS DE PEDRO:

Asimismo, en 1 Pedro 1:2 se habla acerca del obrar de salvación del trino Dios: “…Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…”. 1 Pedro 1:2 resume el plan de salvación en tres actos: Elección, santificación y expiación. Es decir, diseño, aplicación y ejecución. El primer acto es del Padre, el segundo del Espíritu y el tercero de Jesucristo. Si se reduce la divinidad al Padre, entonces la tarea de Dios en la salvación se reduce a que la ha pensado, nada más, siendo su aplicación y ejecución tarea de dos criaturas. Del mismo modo, si se reduce la divinidad a Jesucristo, como hacen algunos unitarios modernos, llegamos a la misma conclusión, que dos partes de la salvación han sido efectuadas por entes fantasmales que no tienen realidad personal propia.

V.- LA BENDICIÓN APOSTÓLICA: 

Una alusión clara a la Trinidad de Dios la constituye la fórmula de bendición que se encuentra al final de la segunda epístola a los Corintios: “…La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros…” (2 Corintios 13:14). Ciertamente, 2 Corintios 13:14 es una fórmula en la que se contienen tres grandes bendiciones que sólo Dios puede otorgar: La gracia, el amor y la comunión. La gracia es el medio de la salvación, el amor es la causa de esa salvación y la comunión el resultado de dicha salvación. Pues bien, el medio de la salvación es la gracia impartida por Jesucristo, su causa es el amor de Dios y su resultado es la comunión del Espíritu Santo. Esta bendición que es la salvación, algo que por definición solamente Dios puede impartir, el apóstol Pablo la atribuye aquí a Dios, también a Jesucristo, al que le añade el nombre Señor, y asimismo al Espíritu Santo. Si sólo el Padre o sólo Jesucristo fuera Dios, sería blasfemo que de alguien que no es Dios se dijera que es autor de la salvación, ya que ésta es una obra exclusivamente divina.

¿Y ENTONCES QUÉ? ¿DEBEMOS CREER EN LA TRINIDAD?

En este punto, la respuesta a la pregunta anterior debería ser obvia. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento no vacilan en enseñar con claridad la doctrina trinitaria. Judas 20-21 nos dice: “…Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna…”. En resumen, la doctrina de la Trinidad no es un invento de la Iglesia de los primeros siglos ni una copia de sistemas paganos, sino la enseñanza clara y evidente del Nuevo Testamento, respaldado por el Antiguo, sobre Dios. Toda la Biblia se une en defensa de la doctrina trinitaria. La Biblia en su conjunto nos enseña que:

(1) Hay un Dios: Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 8:4; Gálatas 3:20; 1ª Timoteo 2:5.

(2) La Deidad está compuesta de tres Personas: Génesis 1:1; 1:26; 3:22; 11:7; Isaías 6:8; 48:16; 61:1; Mateo 3:16-17; 28:19; 2 Corintios 13:14. En Isaías 48:16 y 61:1, el Hijo está hablando mientras hace referencia al Padre y al Espíritu Santo. Compare Isaías 61:1 con Lucas 4:14-19 y se dará cuenta de que es el Hijo hablando. Mateo 3:16-17 describe el evento del bautismo de Jesús. En este se ve a Dios el Espíritu Santo descendiendo sobre Dios el Hijo mientras Dios el Padre proclama Su complacencia en el Hijo. Mateo 28:19 y 2ª Corintios 13:14 son ejemplos de 3 personas distintas en la Trinidad.

(3) Los miembros de la Trinidad se distinguen el uno del otro en varios pasajes: En el Antiguo Testamento, Jehová afirma tener un “Hijo” (Salmos 2:7, 12; Proverbios 30:2-4). El Espíritu se distingue de Jehová (Números 27:18) y de Dios (Salmos 51:10-12). Dios el Hijo se distingue de Dios el Padre (Salmos 45:6-7; Hebreos 1:8-9). En el Nuevo Testamento, Juan 14:16-17 es donde Jesús ruega al Padre que envíe un Consolador, el Espíritu Santo. Esto muestra que Jesús no se consideró el Padre o el Espíritu Santo. Tome en cuenta también todos los otros tiempos en los Evangelios, en donde Jesús habla al Padre. ¿Estaba hablándose a Sí mismo? No. El habló a otra persona de la Trinidad – al Padre.

(4) Cada miembro de la Trinidad es Dios: El Padre es Dios: Juan 6:27; Romanos 1:7; 1ª Pedro 1:2. El Hijo es Dios: Juan 1:1, 14; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Hebreos 1:8; 1 Juan 5:20. El Espíritu Santo es Dios: Hechos 5:3-4; 1 Corintios 3:16; Romanos 8:9; Juan 14:16-17; Hechos 2:1-4).

(5) La subordinación dentro de la Trinidad: La Escritura muestra que el Espíritu Santo es subordinado al Padre y al Hijo, y el Hijo es subordinado al Padre. Esta es una relación interna, y no niega la deidad de ninguna persona de la Trinidad. Esta es simplemente un área en el cual nuestras mentes finitas no pueden entender lo concerniente al Dios infinito. Concerniente al Hijo veamos: Lucas 22:42; Juan 5:36; Juan 20:21; 1 Juan 4:14. Concerniente al Espíritu Santo veamos: Juan 14:16; 14:26; 15:26; 16:7 y especialmente Juan 16:13-14.

(6) Las labores de los miembros individuales de la Trinidad:

  • El Padre es el recurso o causa esencial de: el universo (1 Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11); la revelación divina (Apocalipsis 1:1); la salvación (Juan 3:16-17); y las obras humanas de Jesús (Juan 5:17; 14:10). El Padre pone en marcha todas estas cosas.
  • El Hijo es el agente a través de quien el Padre hace las siguientes obras: la creación y mantenimiento del universo (1 Corintios 8:6; Juan 1:3; Colosenses 1:16-17); la revelación divina (Juan 1:1; Mateo 11:27; Juan 16:12-15; Apocalipsis 1:1); y la salvación (2 Corintios 5:19; Mateo 1:21; Juan 4:42). El Padre hace todas estas cosas a través del Hijo, quien hace las veces de Su agente.
  • El Espíritu Santo es el medio por el cual el Padre hace las siguientes obras: la creación y mantenimiento del universo (Génesis 1:2; Job 26:13; Salmos 104:30); la revelación divina (Juan 16:12-15; Efesios 3:5; 2 Pedro 1:21); la salvación (Juan 3:16; Tito 3:5; 1 Pedro 1:2); y las obras de Jesús (Isaías 61:1; Hechos 10:38). De este modo el Padre hace todas estas cosas por el poder del Espíritu Santo.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son formas de Dios, cada uno de ellos es Dios. De manera que, ninguna ilustración puede darnos una representación de la Trinidad, pues por muy buena que sea, ninguna representación es completamente certera. Un Dios infinito no puede ser descrito completamente, por una ilustración finita. En lugar de enfocarse en lo que no comprendemos de la Trinidad, debemos enfocarnos en el hecho de la grandeza de Dios y en la naturaleza infinitamente superior a nosotros mismos: “… ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?”.

REFERENCIAS:

[1] J.P. Moreland y William Lane Craig, Philosophical Foundations for a Christian Worldview, IVP, 2003.

[2] Granados, Juan José Fernandez, Pluralidad de Personas en la Deidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

[3] The Book of Concord: The Confessions of the Evangelical Lutheran Church. Theodore G. Tappert (traductor y editor). Philadelphia: Fortress Press, 1959. ISBN 0-8006-0825-9. Primera traducción al inglés de los textos publicados en Die Bekenntnisschriften (en inglés)

[4] Los 21 testigos de la Trinidad: http://www.ministerioluzalasnaciones.com/index.php/la-trinidad-la-hashilush-hakadosh/50-los-21-testigos-de-la-trinidad

[5] Jeter de Walker, Luisa. ¿Cuál camino?, Editorial Vida.