Teología, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Analfabetismo bíblico en las iglesias

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En cierta época de su vida William Tyndale, famoso por realizar la primera traducción de la Biblia al inglés directamente del griego y el hebreo, trabajó en casa de sir John Walsh como preceptor de sus hijos. Durante las comidas que ofrecía Walsh, el joven Tyndale y los clérigos del lugar solían entablar combates dialécticos. Tyndale, erudito en la Palabra como pocos de su época, desafiaba con toda naturalidad las opiniones de estos abriendo la Biblia y mostrándoles textos. Con el tiempo, a los Walsh les convenció lo que decía Tyndale, y a los clérigos cada vez se les invitaba con menos frecuencia y se les recibía con menos entusiasmo. Como es natural, los eclesiásticos se resintieron más con Tyndale y sus creencias. Un alto jerarca eclesiástico afirmó: “Mejor nos iría sin la ley de Dios que sin la del Papa”, a lo que Tyndale respondió con sus famosas palabras:

“Yo Desafío al Papa y todas sus leyes. Si Dios me hace merced de seguir vivo, de aquí a no muchos años lograré que el muchacho que guía el arado sepa más de la Escritura que vos”. Más adelante Tyndale afirmaría: “La experiencia me enseñó que era imposible afianzar a los laicos en la verdad, a menos que se les presentara con claridad la Escritura en su lengua materna para que pudieran percibir la esencia, el orden y el significado del texto”.[1]

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La pasión de Tyndale por el estudio de las Escrituras y su deseo de que todos pudieran conocerla y estudiarla en su lengua materna fue una característica distintiva del protestantismo inicial. De hecho, el grito de guerra de la Reforma fue “Sola Scriptura”. Los primeros protestantes creían, y aún hoy afirman, que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, por consiguiente, la única fuente de autoridad, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede auto interpretar por medio de ella misma. Está de más decir que, cualquier iglesia evangélica que se precie de enseñar la sana doctrina, afirmará sin duda alguna que las Escrituras, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios al hombre, la regla infalible e inapelable de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21).[2]

En vista de lo anterior nos preguntamos: ¿Sigue teniendo la iglesia evangélica el mismo celo por el estudio de la Palabra? ¿Por qué entonces presenciamos hoy en día un creciente “analfabetismo” bíblico en las iglesias evangélicas? ¿Por qué el conocimiento de los hechos y las doctrinas más básicas de nuestra fe evangélica es cada vez más escaso en las nuevas generaciones, e incluso en los ministros de la Palabra?

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HEMOS FALLADO EN PASAR LA ANTORCHA DE LA FE A LAS NUEVAS GENERACIONES

La teología cristiana busca comprender a Dios tal como Él es revelado en la Biblia. Su meta es profundizar en la Palabra de Dios para descubrir lo que Dios ha revelado acerca de Sí Mismo. Una sana teología es de vital importancia, puesto que una teología equivocada y una comprensión errónea y superficial de Dios sólo hará que nuestras vidas sean peores, en vez de traernos el consuelo y la esperanza que tanto anhelamos. Tristemente, pareciera que la teología, como correctivo de tendencias nefastas en el seno de las iglesias, no ha desempeñado su papel de forma suficiente. Divagando entre un intelectualismo incomprensible para el creyente común y un simplismo infantil y superficial, la teología ha hecho poco últimamente para fortalecer a los creyentes. Esto se debe en parte a que los teólogos han sido incapaces en la mayoría de los casos de transmitir una visión vibrante, apasionada e inspiradora para los creyentes. Para muchos cristianos de hoy, la sola mención de la palabra “teología” despierta cansancio y aburrimiento.

Es doloroso admitirlo, pero la Iglesia evangélica, en términos generales, ha fracasado en su intento de transmitir sus creencias a las nuevas generaciones. En cambio, hemos preferido sobreenfatizar la experiencia personal, descuidando al mismo tiempo la educación cristiana. Pareciera que nuestra historia es similar a la de los israelitas tras la muerte de Josué:

“También toda aquella generación fue reunida a sus padres. Y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor, ni la obra que Él había hecho por Israel.” (Jueces 2:10, LBLA).

Ya no hay conocimiento sólido y real de Dios y su Palabra, solo emociones, experiencias místicas, pero sin fundamento bíblico. La vida espiritual ha llegado a ser, por lo tanto, no algo que se aprende sino una pura cuestión de experiencias o tradiciones. Esto se refleja, por ejemplo, en la manera como se predica. Los sermones son cada vez más terapéuticos y menos educacionales. Y la relevancia de lo que hacemos en el culto los domingos por la mañana se basa sobre todo en lo que sentimos y cada vez menos en lo que pensamos. Horas y horas son dedicadas al canto, las dramatizaciones y al espectáculo y poco, o nada, se le concede al estudio de la Palabra.

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Hemos llenado a nuestra juventud con entretenimiento de todo tipo: escultismo, campamentos, conciertos, caminatas, juegos y dinámicas; pero los hemos privado de lo único que realmente necesitaban: Conocimiento de Dios y su Palabra. Hemos olvidado que “Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro” (Mateo 23:23, DHH), pues la diversión no está mal, ya que todo tiene su tiempo y su lugar (Eclesiastés 3:1). El problema reside en que hacemos de todo por retener a los jóvenes en nuestras iglesias, pero ¿Retenerlos a qué? ¿Nos causa tanto placer tener números altos en nuestras reuniones de la iglesia al punto que nos importa tan poco la vida espiritual de los congregados? ¿Qué pasará cuando la diversión se acabe o el mundo les ofrezca algo más divertido? Sin fundamentos un edificio colapsa ¡Cuánto más la vida espiritual! Y al igual que el rey David yo me pregunto:

“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?” (Salmo 11:3).

HEMOS ABANDONADO LA PALABRA Y LA HEMOS SUSTITUIDO POR ESPECTÁCULO Y RUIDO

Es doloroso admitir que nos hemos equivocado, pero es necesario si queremos corregir el error cometido. Muchas iglesias evangélicas han abandonado la exposición de la Biblia y han dejado de enseñar teología. La exégesis histórica se ha convertido en un arte perdido en el púlpito. En vez de explicar el contexto histórico de un pasaje, el texto se convierte en la base de reflexiones devocionales. Pasajes bíblicos son sacados de su contexto, ya que el predicador está buscando aquellas historias que provocan las respuestas o actitudes deseadas entre la gente. No se expone el texto. Se busca un texto para pretexto de lo que el predicador de turno quiere decir. En consecuencia, los sermones hoy en día se han reducido a charlas breves y reflexiones cargadas de emociones, gritos y espectáculo ruidoso (sobre todo en nuestras iglesias pentecostales).

En otros casos, se ha reducido la exposición de la Palabra a largos e interminables discursos de predicadores gritones que cuentan sus anécdotas e historias personales, confundiendo decibeles, pataletas, gemidos extraños, contorsiones y abundante mímica con el poder de lo alto. Quizá logremos con ello cultos emotivos, excitar el ánimo de los asistentes, pero ¿Qué pasa cuando el culto termina? ¿Pueden los griteríos transformar las vidas? ¿Habrán logrado acercar a los oyentes más a Dios? O, por el contrario, ¿Se perderá todo en el olvido? Muchos pentecostales dirán que tal ambiente emotivo es un distintivo de su fe, y quizá tengan razón, pero ¿De qué sirve todo eso si la Palabra de Dios no es predicada en su pureza, si Cristo no es glorificado y si el Espíritu Santo es sustituido por gritos, emocionalismo y pantomimas?

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HEMOS PERMITIDO EL SINCRETISMO, CONTAMINANDO NUESTRA FE EVANGÉLICA

Muchos evangélicos han aceptado y combinado tantas ideas de otras creencias y filosofías que han creado su propio sistema de fe. Uno completamente distinto al Evangelio de Jesucristo. En muchas de las iglesias de nuestros días raras veces hay tiempo para hablar sobre asuntos teológicos o doctrinales con la Biblia abierta. Si preguntamos a nuestros pastores contemporáneos si se enseña sistemáticamente doctrinas bíblicas, la respuesta es por regla general negativa. Los cultos de estudio bíblica han sido eliminados. Simplemente no hay tiempo para ello. O no se ve la importancia. Lo mismo es infelizmente cierto en la escuela dominical de los niños (donde todavía la hay).

La fe cristiana ya no se edifica sobre el fundamento firme de enseñanzas y argumentos que han probado su validez a través de los siglos, sino sobre emociones y experiencias personales, o ideologías que vienen directamente del secularismo rampante de nuestros tiempos: El feminismo agresivo, la ideología de género, el aborto, la eutanasia, el consumo de drogas, el sexo prematrimonial, la apertura al movimiento LGBTIQ, el matrimonio entre personas del mismo sexo, etc. Todas ellas son promovidas y aceptadas hoy por muchos creyentes aún cuando estén en franca y abierta contradicción a la Palabra. ¿Por qué? Porque nos hemos abierto a todo, menos a la verdad revelada en la Biblia.

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Las ideas de la Nueva Era inundan nuestros sermones, más parecidos a discursos motivacionales y de autosuperación que a la Palabra de Dios. La Confesión Positiva, con su “declárelo”, “decrételo”, es hoy emblema de una fe firme y símbolo de poder espiritual, y esto a pesar de contradecir abiertamente la Palabra de Dios. Abrazamos modas judaizantes, danzas y estilos de adoración antibíblicos, ¿Por qué? ¡porque están de moda! Y lo hacemos sin pensar en lo que la Biblia dice al respecto o, peor aún, torciendo la Palabra a nuestra conveniencia. Pero esto no es todo: Prácticas fetichistas como el uso de aceites benditos, agua bendita, pañuelos milagrosos, amuletos cristianos, etc., han sido incorporados a nuestra fe, al punto que los ritos de muchas iglesias no difieren mucho de las de algunos magos y brujos blancos. Simplemente aceptamos todo de todos, menos de Dios y su Palabra revelada.

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HEMOS DEJADO QUE LA TERRIBLE INFLUENCIA DE FILOSOFÍAS Y OPINIONES SECULARES INUNDEN NUESTRAS IGLESIAS Y SEMINARIOS TEOLÓGICOS

El racionalismo mundano inunda la mente y el corazón de muchos cristianos de hoy. Ellos, al igual que la gente de este mundo, “a pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios” (Romanos 1:21-22, NVI). Este racionalismo teológico enseña que la Biblia simplemente es un producto humano que habla de experiencias personales, pero no una revelación divina. De esta manera, se opone frontalmente a la doctrina de la inerrancia bíblica, la deidad de Cristo, la realidad de Satanás la redención y otras doctrinas claves de la fe cristiana. El existencialismo y su énfasis sobre la experiencia humana hace que la gente mire a sí misma y no a Dios o las Escrituras para encontrar la verdad. El postmodernismo ha convencido a muchos de que no existe una verdad universal. Incluso entre aquellos evangélicos que se consideran creyentes nacidos de nuevo son pocos los que todavía creen en la existencia de verdades absolutas en el campo de la moral.

Muchos evangélicos aceptan elementos de estas filosofías materialistas y pensamientos secularizantes sin tan siquiera darse cuenta de ello. La fe de muchos creyentes de hoy no es una fe basada sobre la Biblia, sino más bien una fe sintética y sincretista. Muchos de aquellos que se consideran a sí mismos creyentes nacidos de nuevo, han asumido y aceptado elementos del budismo, hinduismo, judaísmo, islam, de los mormones, la cienciología, el unitarismo y de la ciencia cristiana sin darse cuenta de que acaban por crear su propia fe. Un nuevo Evangelio ajeno a la fe bíblica. Consultan a médiums y dicen creen en Cristo. Practican el yoga (una disciplina religiosa hindú) mientras afirman ser discípulos de Jesús. ¿Es todo esto coherente? No lo es. Sin embargo, el postmodernismo ha convencido a muchos de que no hay una verdad universal. ¿Cuál ha sido el resultado? Lo que la iglesia de hoy predica está lejos de ser un Evangelio sano y completo. Por un lado, algunos predican un cristianismo vacío, hueco, pasivo, que no es ni sal ni luz de este mundo, sino amigo de este. Por otro lado, otros predican una fe sensacionalista, manipuladora, ególatra, superficial y mercantil. Urge un cambio de dirección.

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¿CÓMO PODEMOS SUPERAR EL ANALFABETISMO BÍBLICO?

El desconocimiento de los elementos básicos de la Biblia por parte de aquellos que profesan ser cristianos es una triste realidad que va en aumento. Pero hay esperanza. De hecho, la solución para este problema está en la propia Biblia. El Salmo 119, y particularmente los versos 97–104, nos da la clave para superar el analfabetismo bíblico que está destruyendo a la iglesia:

(1.- DEBEMOS APRENDER A AMAR A LA PALABRA DE DIOS.

El versículo 97 nos dice: “¡Oh, ¡cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”. El salmista expresa un profundo sentimiento de estima, valor y placer hacia las Escrituras. Él aprendió a amar la revelación de Dios pues esta nos dice cómo es Dios y lo que él piensa. El cristiano del siglo XXI necesita dejar de ver la Biblia como un manual de reglas, historias antiguas y cosas raras. Dicha visión equivocada de la Biblia ha provocado un desamor. Tal concepción de la Biblia la descalifica, la rebaja a un status indigno de su valor. Para que la Palabra recupere su lugar de honor en la iglesia de hoy es necesario que esta se enamore de la Palabra. Por eso Salmo 119:97 apunta a una consecuencia natural del amor: la meditación frecuente. Aquello que enamora domina toda la vida del enamorado. El tema o actividad que te encanta te mueve a una intensidad en la relación, resultando en un dominio completo del objeto de su amor en la mente del que ama. Por eso, la meditación diaria y constante en la Palabra no es producto de un legalismo frío, de una pesada obligación que uno se impone o un tipo de castigo, todo lo contrario: es la misma expresión del placer y alegría. Es por esta razón que él dice: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Salmo 119:104).

¿Por qué el analfabetismo bíblico abunda en nuestras iglesias? Porque es, en gran parte, producto de la falta de amor a Dios, que se expresa por la falta de amor a su Palabra, resultando en la ausencia de placer en conocerla y estudiarla. Si queremos dejar de ser analfabetos bíblicos, debemos entender que no podemos amar al Dios de la Palabra sin amar a la Palabra de Dios.

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(2.- DEBEMOS RECONOCER LA EFICACIA DE LA PALABRA DE DIOS

En Salmo 119:98-100 leemos: “Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos.” Dichos versículos nos llevan a descubrir otra causa para el analfabetismo bíblico es la ignorancia en cuanto a sus efectos. El escritor sagrado quiere destacar que el amor por la Palabra de Dios no es solamente un amor ciego que nos mueve a desear un constante contacto con la Biblia. Amar la Palabra implica además el descubrimiento de que ella es sumamente eficaz para nuestra vida diaria.

El creyente necesita comprobar de forma personal cómo la constante meditación y obediencia a los mandamientos de Dios puede llevar su vida más allá de lo ordinario, pues la Palabra de Dios es capaz de cambiar nuestra vida. Si analizamos los versículos 98-100 notaremos que el salmista dice que Dios le hizo más sabio que sus enemigos, apuntando a que el constante considerar y tomar en cuenta la Revelación de Dios frente a los problemas de la vida le dio victoria. Esta verdad necesita ser redescubierta, pues lamentablemente muchos cristianos, por desconocer la Palabra de Dios, fracasan en su vida cristiana y ministerio. Al ignorar la relevancia de la Biblia frente a los problemas de la vida, fracasan de manera más vergonzosa, y no por falta de recursos para salir de dicha situación, sino porque, que pese a tenerlos, los desconocen. Da pena decirlo, pero el analfabetismo bíblico ha producido toda una generación de cristianos inmaduros y fracasados y, pero aún, una generación de cristianos desconectados de su misión. Al ignorar la Palabra de Dios y desconocer sus enseñanzas, muchos creyentes han fracasado también en su tarea de ser sal y luz en la vida diaria. Muchos parecen ignorar felizmente que la Palabra de Dios nos hace mejores profesionales, mejores científicos, mejores académicos, porque nos permite tener una visión más amplia de la realidad: la perspectiva del creador. Al tener una cosmovisión bíblica de la vida, los cristianos hemos terminado aceptado una cosmovisión sin Dios, puramente secular. Así pues, el analfabetismo bíblico ha producido toda una generación de cristianos mediocres, sin impacto real en el mundo, cristianos que son cola y no cabeza.

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(3.- DEBEMOS ENTENDER EL PROPÓSITO DE LA PALABRA DE DIOS

En Salmo 119: 101–102 leemos: “De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste.” En dichos versículos el autor destaca, como consecuencia de la meditación en las Escrituras, el propósito de la lectura y meditación bíblica: hacernos más santos. Y es que la Biblia está no solo para ser conocida, sino que también obedecida. Ella es normativa, y está hecha para conozcamos a Cristo y andemos según su voluntad. No obstante, muchos cristianos terminan por dar nuevos propósitos para la Biblia, como: sentirse bien consigo mismo, resolver problemas puntuales o como simple texto religioso leído solamente en ceremonias religiosas. El problema que esto ocasiona es que la vida de muchos cristianos no tiene como proposito el ser más santo cada día. Si no entendemos el propósito por el cual nos fue dada la Biblia nuestra relación con la Palabra será bastante irregular e infructífera.

El escritor sagrado es claro al afirmar que, como consecuencia lógica del aprendizaje de la Palabra de Dios, él contuvo sus pies de los malos caminos. Fue a través del estudio y la meditación continua de la Ley de Dios que el autor de este salmo aprendió a hacer y ser como Dios quiere. Así, el autor apunta en estos versos que la Biblia nos capacita a vivir vidas más santas. El analfabetismo bíblico, por otro lado, ha producido toda una generación de cristianos carnales.

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CONCLUSIÓN

El analfabetismo bíblico debe ser erradicado, pero esto no pasará mientras los ministros del Evangelio lideremos la indiferencia hacia la misma. Tan solo piensa: Si otras profesiones demandan preparación ¿Cuánto más el ministerio de la Palabra? Sin embargo, pareciera que hoy día ser ministro del Evangelio se toma a la ligera. ¿Te has preguntado alguna vez qué tanto sabe tu pastor de la Biblia y sus enseñanzas? Para muchos la respuesta quizá resulte deprimente. Pero, ¿Qué hay de ti como creyente? ¿Eres de los que dice “amén” a todo lo que oye desde el púlpito, aunque lo que oigas sea una herejía? ¿O eres como los creyentes de Berea que cuestionan todo a la luz de la Palabra? De ellos se dice:

“Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11, LBLA).

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La iglesia necesita eliminar el analfabetismo bíblico, pero para ello debe revalorizar la Palabra. Colocarla en el sitio de honor que merece. La iglesia necesita recordar que la Biblia no es un libro obscurantista, que demanda fe ciega en temas absurdos, sino que es un documento liberador que capacita al lector a una obediencia consciente e inteligente. Los creyentes de hoy necesitan comprender que la Biblia no es un libro obsoleto, utilizado solamente para ceremonias religiosas y por personas privadas de un saber más amplio, sino que es la clave para una vida plena en todos los sentido. La razón por la que muchos cristianos viven vidas mediocres y carnales es la baja estima que tienen por la Palabra de Dios, el poco valor que dan a ella y el poco amor que tienen por Dios. ¡Necesitamos volver al primer amor! ¡necesitamos redescubrir las raíces de la fe! Enamorémonos de nuevo y definitivamente de la Palabra de Dios, pues es ahí donde encontramos a nuestro Creador.

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REFERENCIAS:

[1] Fuente: https://citas.in/autores/william-tyndale/

[2] Véase: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/Inspiration-Inerrancy-Authority-of-Scripture

ANALFABETISMO BÍBLICO

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Resiliencia espiritual del cristiano

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Quizá la palabra “resiliencia” te suene un tanto extraña o hasta desconocida. No obstante, dicho término representa una cualidad digna de ser imitada por el creyente en Cristo. La resiliencia como tal suele definirse de forma sencilla como la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversas. La palabra resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar» e indica repetición o reanudación [1]. El término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que a pesar de sufrir situaciones estresantes no son afectadas psicológicamente por ellas [2].

En el área de la física y la química, la resiliencia designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. Incluso el cuerpo humano tiene una capacidad natural de resiliencia: Nuestro cuerpo procesa sustancias tóxicas en el hígado y las expulsa vía lágrimas, orina o sudor; el sistema linfático recurre a los glóbulos blancos para combatir virus que ingresan al organismo; o el sistema enzimático permite una regeneración acelerada de células para reemplazar células dañadas, etc. Para el cristiano, sin embargo, la resiliencia va más allá del área física o anímica. Implica además (o sobre todo) el área espiritual. Dicha resiliencia es producto de nuestra relación íntima con Jesucristo, quien puede levantar aun a los muertos de sus tumbas. ¡Él es nuestra fuente sobranatural de resiliencia espiritual!

DIOS DESEA QUE SU PUEBLO DESARROLLE RESILIENCIA ESPIRITUAL

La Biblia nos presenta grandes ejemplos de resiliencia. De acuerdo con el libro de Esdras, habían pasado 85 años en Jerusalén desde que la ciudad fue destruida y 15 años desde que el intento de reconstrucción del templo fue frustrado violentamente por los enemigos del pueblo de Dios. Sin embargo, el Señor empezó a trabajar un proceso de resiliencia espiritual que permitiera restablecer las condiciones previas a la perturbación y el estancamiento de la obra. Del libro de Esdras aprendemos cómo opera el principio de Resiliencia espiritual.

Lo primero que hace el Señor es enviar a sus mensajeros con su Palabra poderosa y transformadora:

“Cuando los profetas Hageo y Zacarías, hijo de Iddo, profetizaron a los Judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre ellos…” (Esdras 5:1).

Esta inyección de vitalidad y de esperanza a través del mensaje alentador y confrontador del Dios de Israel surtió un efecto inmediato. Los judíos respondieron al llamado de Dios y pusieron manos a la obra. Todo lo que durante años le pareció a los judíos infructuoso e inútil, se convirtió luego del mensaje del Señor en una posibilidad inminente. Esto se debe a que nunca un proceso de reconstrucción puede ponerse en marcha olvidando a la fuente directiva de la vida. Cuando los enemigos de Israel le pidieron cuenta a los trabajadores, ellos dijeron:

“Somos los siervos del Dios del cielo y de la tierra, y estamos reedificando el templo que fue construido hace muchos años, el cual un gran rey de Israel edificó y terminó” (Esdras 5:11).

Esta obediencia práctica a la exhortación de Dios hizo que la resiliencia espiritual surtiera su efecto revitalizador: “Y los ancianos de los Judíos tuvieron éxito en la edificación según la profecía del profeta Hageo y de Zacarías, hijo de Iddo. Y terminaron de edificar conforme al mandato del Dios de Israel y al decreto de Ciro, de Darío y de Artajerjes, rey de Persia” (Esdras 6:14).

CRISTO, LA FUENTE DE RESILIENCIA

¿En dónde radica la fuente de la resiliencia personal? Está en Jesucristo. Él puede llegar a ser el bombero, salvavidas, socorrista, policía y paramédico que la tragedia personal demanda para su reconstrucción. Jesús no se intimida con nuestros enemigos, no se cansa, no se distrae, ni tampoco anda a ciegas buscando sobrevivientes. Cuando desarrolló su ministerio terrenal hasta las fuerzas de la naturaleza se le sujetaron cuando sus discípulos le clamaron ante el temor del mar embravecido:

“Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: ‘¡Cálmate, sosiégate!’ Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma” (Marcos 4:39).

La gente que vivía a su alrededor lo buscaba incesantemente para lograr la tan ansiada resiliencia que los levantara de sus propias postraciones:

“Y dijo a Sus discípulos que tuvieran lista una barca para El por causa de la multitud, para que no Lo oprimieran; porque El había sanado a muchos, de manera que todos los que tenían aflicciones, para tocar a Jesús, se echaban sobre El” (Marcos 3.9-10).

Hoy, como ayer, es posible dejar el pesimismo de la destrucción por la confianza de la restauración. Jesucristo ha trabajado en situaciones de emergencia desde que nuestro mundo es mundo, ¿Habrá alguien más experimentado al cual recurrir? El mayor acto de resiliencia que Él puede hacer en tu vida es levantarte de tu propia muerte espiritual y ofrecerte una nueva vida a través del sacrificio que Él hizo por ti en la Cruz del Calvario.

LA RESILIENCIA ESPIRITUAL, MARCA DEL CRISTIANO MADURO

La resiliencia no es una opción para el cristiano maduro. Es su marca distintiva. La Palabra del Señor nos dice:

“Os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.“ (Hebreos 10:36).

Nuestro Maestro también nos lo advirtió :

“Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.” (Lucas 21:19).

Y es que como parte de nuestro crecimiento espiritual y desarrollo cristiano, inevitablemente aprendemos a soportar dificultades y retrasos. Es posible que en diferentes momentos de nuestra vida tengamos que acostumbrarnos a librar más batallas prolongadas. Y en el proceso, aprendemos lo que significa aguantar de verdad, no apenas un día, una semana o un mes, sino tal vez muchos meses seguidos, o incluso años. Por medio de esas experiencias, aprendemos a aferrarnos de verdad a la Palabra de Dios y a sufrir penalidades como buenos soldados de Jesucristo (2 Timoteo 2:3).

Es posible que anteriormente no hayamos tenido que aprender paciencia y aguante de una manera tan tremenda; y cuando eso llega a nuestra puerta puede parecer una declaración dura. En nuestras batallas y padecimientos, en muchos casos es posible que las dificultades hayan sido más breves, con victorias rápidas como respuesta a nuestras oraciones. Hemos visto vidas transformadas y que se conquistan almas muy fácilmente. Hemos terminado tareas y hemos recibido rápidas respuestas a nuestras oraciones. Hemos visto curaciones rápidas. Sin embargo, todos enfrentamos situaciones en que tenemos que aceptar que tal vez nos aguarden temporadas prolongadas en que no veamos pruebas de victoria o ni siquiera mejoras, temporadas en que, en todo caso, es posible que nos sintamos muy mal.

Es posible que a veces no podamos apoyarnos en modo alguno en nuestras sensaciones y sentimientos, sino que tengamos que aferrarnos a las promesas de la Palabra de Dios, que Él todavía nos ama y sigue preocupándose por nosotros. Espera que sigamos adelante siguiéndolo a Él, independientemente de cómo nos sintamos, ni por cuánto tiempo no tengamos ganas de hacerlo. Es posible que sea necesario aprender a seguir adelante aunque pensemos que actuamos mecánicamente, cumpliendo simplemente con nuestra obligación porque Dios lo dice en Su Palabra.

La Palabra de Dios nos dice:

“Bienaventurado el hombre que soporta la tentación.” (Santiago 1:12)
“He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin que le dio el Señor, porque el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (Santiago 5:11)
“Tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Timoteo 4:5)
“También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.” (Romanos 5:3-4)

Saber que la Palabra de Dios nos dice que somos bienaventurados al aguantar, puede darnos valor para seguir adelante frente a aparentes situaciones sin esperanza. Puede que tengamos que seguir adelante hasta cuando parezca que todo está en contra de nosotros, confiando en que Dios nunca deja de cumplir ni una sola de Sus buenas promesas. Es posible que debamos optar por esperar en el Señor y reposar en los brazos de Jesús con esas promesas inquebrantables resonando en nuestra mente y corazón. Debemos cimentar nuestra fe en Su Palabra y confiar en que se cumplirá el propósito de Dios para cada uno de nosotros, a medida que creemos en Sus promesas y confiamos en ellas.

EL CRISTIANISMO NO ES UNA MODA PASAJERA QUE ABANDONAS CUANDO TE ABURRES, REQUIERE AGUANTE Y PERSEVERANCIA

No se puede ver la fe de la manera en que muchas personas ven el inicio de su matrimonio en la actualidad: «Bueno, si la cosa no sale bien, me divorcio». Debemos estar «plenamente convencidos» de lo que creemos, que Dios es capaz de hacer lo que promete (Romanos 4:21). Nuestra actitud debe ser:

“¿A quién iremos? ¡Tú tienes Palabras de vida eterna!” (Juan 6:68).

Si nos hemos consagrado y entregado, si hemos asumido un compromiso así con el Señor, entonces independientemente de lo difícil que sea la situación, seguiremos adelante por Su gracia; y seguiremos viviendo para el Señor de la manera que Él nos lo ha pedido.

¿QUÉ HAREMOS CUANDO EL DOLOR Y LAS PENALIDADES NOS ALCANCEN?

¿Nos encogeremos de miedo y temblaremos? ¿Esconderemos el rostro ante la posibilidad de sufrir penalidades? ¡No! Deberíamos estar entusiasmados, emocionados, ante las maravillas que el Señor hará por medio de nosotros. Si estás preocupado, o tienes miedo al futuro y sus incertidumbres, el secreto está en aumentar tu fe por medio de Su Palabra y las maravillosas promesas que ha dado el Señor. Aunque te encuentres en una época de sufrimiento o soportes dificultades en esta vida, puedes regocijarte porque es tu destino y tu llamado salir victorioso de ello, ¡ya sea en esta vida o en la próxima! Lo que debes entender cuando pases por épocas difíciles es que para los cristianos hay un propósito en todo lo que les sucede.

¡No debemos temer! Aunque es posible que tengamos muchos problemas, al menos sabemos que tienen una razón de ser, que todo es con un propósito. Entendemos que estamos en una guerra espiritual, y que la mayoría de nuestros problemas son consecuencia de eso, y que en última instancia nos dejan enseñanzas y nos fortalecen. Así pues, el simple hecho de saber que esos padecimientos tienen un fin útil, eterno, hace que nos resulte mucho más fácil soportarlo.

Tenemos la Palabra de Dios, la oración, las promesas del Señor, un ideal, un propósito, el poder del Espíritu y conocemos el plan del Señor para el futuro y a dónde vamos después de esta vida. Tenemos una razón para soportar con paciencia las épocas de tribulación. Por lo tanto, gloriémonos en nuestras debilidades, para que repose sobre nosotros el poder de Cristo (2 Corintios 12:9). ¡El Señor nos ha prometido que Su gracia será suficiente!

REFERENCIAS:

[1] «What is Resilience and Why is it Important to Bounce Back?». positivepsychologyprogram.com. 3 de enero de 2019. Consultado el 3 de enero de 2020.

[2] Santos, Rafaela: “Levantarse y luchar” (2013) Barcelona. Random House Mondadori. S.A. 3a. edición.

Hacedores de Tiendas, Ministerio Pastoral, Pastorado Biocupacional, Pastorado Bivocacional

El pastor bivocacional y su llamado

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La alarma suena ¡No puedo creer que ya es hora de levantarme! ¡La noche pasó tan rápido! Miro mi celular y son las 2:00 a.m. Elevo una oración y le pido a Dios fuerza en este día, perdón por mis pecados y sabiduría para todo lo que corresponde. Me baño y me visto, me despido de mi esposa con un beso y camino alrededor de un kilómetro hasta llegar a la parada de buses. Debo tomar el bus de las 3:00 a.m. o no llegaré a tiempo ¡El tráfico es terrible aún a estas horas! Voy rumbo a mi trabajo que está a dos horas y más de 90 kilómetros de distancia en carro, y por el camino aprovecho el tiempo para encomendar de nuevo mi día en manos del Señor y dormir un poco más si es posible.

Llego a mi trabajo a las 6:00 a.m. y entro al aula. Sí, soy maestro en una Escuela Cristiana de renombre y gran trayectoria, reconocida como la mejor del país en el ámbito cristiano. De hecho, supera incluso a la mayoría de instituciones educativas seculares en mi natal El Salvador. Me siento en mi escritorio, realizo mi devocional personal y me apresuro a desayunar. El día laboral está por comenzar y debo recibir a mis alumnos con una reflexión de la Palabra. Luego vendrán las lecciones de historia, geografía, política y métodos y técnicas de investigación social. La Biblia es el ingrediente infaltable en cada lección. ¡Amo mi trabajo! ¡Amo poder pastorear el corazón de estos hermosos jóvenes!

CORRIENDO LA MILLA EXTRA…

Mi jornada laboral termina a las 2:30 p.m. y ahora debo apresurarme para llegar a la terminal de buses y tomar a tiempo el transporte que me llevará de vuelta a casa. Pero ¡Un momento! No puedo irme a descansar todavía. ¡Soy el pastor de una pequeña iglesia en un pequeño pueblo al norte de mi país! ¡Y esta noche hay estudio bíblico y reunión de jóvenes! Por fin la reunión ha terminado y cuando me preparo para cerrar el edificio de la iglesia alguien se me acerca y me dice que desea hablar conmigo sobre un problema que le atormenta (yo todavía no he cenado). Luego de terminar nuestra plática me apresuro a entrar a casa. Son las 9:00 p.m. y quiero cenar y pasar tiempo con mi esposa. Ella, quien también es pastora licenciada por nuestra denominación, se encargó de presidir y predicar en la reunión de mujeres de esta tarde y atender el comedor infantil administrado por la iglesia. Honestamente no sé qué haría sin ella. Luego de charlar un rato y discutir los problemas de la congregación, las cuentas por pagar y los asuntos familiares, nos disponemos a dormir. Son las 10:00 p.m. y mi alarma sonará sin falta en cuatro horas. La historia se repetirá mañana.

Esta es mi normalidad. Así son los días de mi vida, tres o cuatro veces en la semana como un pastor bivocacional. Sin mencionar la Escuela Dominal de Adultos, la preparación de los nuevos miembros para recibir el bautismo, los servicios los domingos y a veces las diferentes reuniones los sábados. ¿Algo más? Sí. Olvidaba los Retiros Espirituales, el Instituto Bíblico, mi blog y los viajes misioneros. Y claro ¡Hay que preparar adecuadamente las clases de la Escuela y atender actividades extracurriculares y las programadas en el calendario distrital de mi denominación, ya que también ejerzo liderazgo en el comité de misiones! ¿Cómo puedo aguantar este ritmo de vida sin morir de un infarto cardíaco o cerebral? Pues ¡Con la ayuda de Dios! He podido experimentar en carne propia la veracidad de estas palabras inspiradas:

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:29-31)
“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco.” (Salmo 92:10)

LA VIDA DE UN PASTOR BIVOCACIONAL

Pero no estoy solo en esto. Hay muchos como yo en todas denominaciones cristianas e iglesias independientes sin ayuda exterior. La realidad para muchos pastores bivocacionales es mucho trabajo, poco descanso y mínimo fruto. Pero ¿Qué es en sí un pastor bivocacional? Un pastor bivocacional es aquel que tiene un llamado a servir, una pasión por predicar a Cristo y discipular, pero se sustenta mayormente con su trabajo, y parcialmente o en nada por la iglesia, por lo menos al principio de su ministerio. El concepto de “pastor bivocacional” es novedoso para muchos, principalmente en nuestra América Latina, en donde se acostumbra que el pastor se dedique exclusivamente a la iglesia y ministerio. En muchas denominaciones, principalmente pentecostales, trabajar secularmente es mal visto o incluso considerado como una señal de pecado, de abandono divino, falta de fe o falta de consagración por parte del ministro; sin embargo, el ministerio bivocacional es muy antiguo (mucho más que las iglesias pentecostales); de hecho, es el modelo que vemos en Pablo. Cuando llegó a Corinto, él trabajó haciendo tiendas y se desempeñaba en este oficio mientras predicaba y fundaba la iglesia allí (Hechos 18:1-11). En otras palabras ¡Pablo se sostenía a sí mismo cuando era necesario! Nunca consideró que el trabajo secular fuera degradante para el ministro de la Palabra.

Quizá tú que estás leyendo este artículo seas un pastor bivocacional o miembro de una iglesia donde tu pastor tiene dos trabajos a tiempo completo (pastorado y trabajo secular). Es probable que tengas que experimentar no sólo el cansancio físico y mental por el exceso de trabajo, sino también dolor espiritual y emocional ante las opiniones no solicitadas de otros creyentes, a veces colegas en el ministerio, que te juzgarán por hacer las cosas de esa manera. Sin embargo, esta es la realidad de muchos pastores que sirven en iglesias pequeñas, geográficamente aisladas y que tampoco son autosostenibles. Muchas veces incluso tendrás que usar el dinero de tu trabajo para apoyar en algo los eventos y cubrir los gastos de tu iglesia local. Si ese es tu caso, permíteme darte unos consejos que me ayudaron a no llegar a la locura y a deleitarme en el ministerio bivocacional.

NO CODICIES LO QUE OTRAS IGLESIAS TIENEN

A veces nos enteramos del ministro de música que tiene otra iglesia, o cuántos maestros de Escuela Dominical tiene la iglesia en el otro lado del pue lo o en la ciudad vecina. La tentación es que tengamos celos ministeriales y empecemos a forzar en la iglesia cosas que no están ahí. La gente no está capacitada, pero la obligamos porque “necesitamos” ese ministerio. Ponemos personas que no deberían cantar, a cantar y ponemos a enseñar personas que no deben enseñar. Mi consejo, hermano, es estar contento con lo que tienes y trabajar con lo que Dios te dio. Es muy tentador tener envidia del pastor que está a tiempo completo y que tiene una iglesia más grande que la tuya. La codicia muere cuando estamos contentos con lo que Dios nos dio:

“Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos” (1 Timoteo 6:6-8, LBLA).

Ten paz con las cosas que no puedes hacer en tu iglesia. El tiempo del pastor bivocacional es limitado y muchas cosas no se podrán hacer. Tres cosas son esenciales en el ministerio pastoral: la preparación y predicación de la Palabra, pastorear o cuidar las ovejas y la oración. Todo lo demás es secundario. Enfócate en ser excelente en estas tres cosas y para lo demás, ten paz si no se puede hacer. Recuerda:

“El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12, LBLA).

NO TE SOBRECARGUES CON COSAS INNECESARIAS

Sé selectivo en qué puedes hacer y qué no puedes hacer fuera de la iglesia. Estamos viviendo en una era de conferencias, retiros, capacitaciones, etc. El activismo en muchas iglesias es brutal. Parece que cada semana hay algo nuevo a lo que es necesario asistir. Pero debes ser realista con lo que puedes hacer y con lo que no puedes hacer; en otras palabras, no tienes que ir a todas las conferencias, Retiros, campamentos y demás actividades que se pongan enfrente. Muchas de ellas pueden ser dejadas para otra ocasion. Sé selectivo porque para ir a esas actividades posiblemente tendrás que usar el tiempo de otras actividades que sí son esenciales o, peor aún, le robarás el tiempo que es sagrado a tu familia. ¿Cuántos ministros han visto destruidas su familias por no dedicarles tiempo? Lamentablemente muchos pastores piensan que están casados con la iglesia, pero ¡Momento! ¡La iglesia es la esposa del Cordero, no la tuya! Así que no dejes viuda a tu esposa antes de tiempo y tampoco abandones a tus hijos por cumplir cada antojo del activismo desenfrenado de algunas denominaciones.

TÚ TAMBIÉN NECESITAS DESCANSAR

Asegúrate de tomar tiempo para el descanso y vacaciones con tu familia. No, ¡No es pecado hacerlo! Nunca olvides que tu familia es tu principal ministerio. Y, aunque no te lo hayan dicho en el seminario teológico ¡Descansar es también un mandato! La Biblia nos dice:

“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.” (Éxodo 20:9-11)

Sí, leíste bien. Dios mandó a su pueblo descansar periódicamente. La misma ley mosaica justificaba dicho mandato argumentando que, después de crear al mundo, el mismo Dios descansó (Génesis 2:2). Esto no fue porque para Dios fuera necesario, sino porque para nosotros sí. En la creación, Dios modeló para nosotros un ritmo de trabajo y descanso. Si trabajamos demasiado sin descansar, nos sentimos agotados. Si descansamos todo el tiempo y nunca trabajamos, nos sentimos inquietos. Este ritmo continuo de trabajo y descanso muestra que no somos lo suficientemente fuertes para siempre trabajar. Solo Dios es tan fuerte y poderoso para no tener que jamás descansar. Cada vez que te acuestas en tu cama estás demostrándole al mundo que no eres Dios y que Dios no solo nos da nuestro pan diario, sino también nuestro descanso cada noche.

Muchos pastores llevan sobre sus hombros la carga innecesaria de la culpa por descansar o tomarse vacaciones ocasionales. Sienten que pecan y que le están fallando a Dios por estar cansados y necesitar un descanso. Pero tal me era de pensat no tiene sentido. Tan sólo piensa: ¿Dice la Biblia en alguna parte que es pecado que el pastor se tome un día de descanso semanal? No. No lo dice. Pero sí nos ilustra la necesidad de que el líder y pastor cristiano descanse y sepa delegar por el bienestar de su salud:

“El día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo. El pueblo se colocó alrededor de Moisés todo el día. El suegro de Moisés vio todo lo que Moisés estaba haciendo por el pueblo y le preguntó: —¿Qué es lo que estás haciendo con este pueblo? ¿Por qué estás sentado ahí tú solo, mientras el pueblo se queda de pie a tu alrededor todo el día? Moisés le respondió a su suegro: —Porque el pueblo viene a buscarme para consultar a Dios. Cuando tienen algún problema entre ellos, vienen y yo decido quién tiene la razón. Yo doy a conocer las leyes y normas de Dios. Pero el suegro de Moisés le dijo: —Lo que estás haciendo no está bien. Tú y el pueblo que está contigo se van a cansar. Este trabajo es muy difícil para ti, no puedes hacerlo solo. Ahora escúchame, te voy a dar un consejo para que Dios esté contigo. Tú serás el representante de Dios ante el pueblo y llevarás los problemas de ellos ante él. Enséñales las leyes y las normas y hazles saber de qué manera deben vivir y qué deben hacer. Pero elige hombres buenos, dignos de confianza, que respeten a Dios, que no se dejen sobornar y haz que ellos manden sobre el pueblo. Coloca a unos de ellos a cargo de mil personas, a otros a cargo de cien, a otros a cargo de cincuenta, e incluso otros a cargo de diez. Ellos estarán encargados de juzgar al pueblo en todo momento. Los casos más graves te los llevarán a ti, pero los casos menores los juzgarán ellos. Facilítate las cosas, encargándoles parte del trabajo. Si haces todo esto y lo ordena Dios, vas a poder sobrellevar tu trabajo y todo el pueblo se irá en paz a sus hogares.” (Éxodo 18:13-23, PDT).

Y esto nos lleva al siguiente punto.

PIDE AYUDA A OTROS

Mi amado hermano pastor ¿Quién te ha dicho que eres Supermán? Uno de los pecados más fuertes en nosotros los pastores es el orgullo ministerial. Mentimos acerca de la membresía, nos jactamos de la efectividad de la iglesia en la comunidad y exageramos acerca de los ministerios que tenemos. Son pocos los pastores que pueden reconocer sus limitaciones, humillarse y pedir ayuda a otros pastores. No hay nada malo en pedir ayuda ya sea a otro pastor, a tus superiores en tu denominación, u otros miembros de tu iglesia. El pastor bivocacional necesita mucha ayuda y hay un gran número de iglesias con gran cantidad de recursos (personas y dinero) que estarían dispuestos a ayudar si tan sólo lo pidieras.

PREPARA E INSTRUYE A OTROS

Mi amado pastor bivocacional: ¡Dedícate a preparar a otros hombres y mujeres para el ministerio! Una de mis quejas cuando comencé como pastor bivocacional, era que carecía de obreros. Me sentía presionado para hacer todo, y es que, en nuestra amada Latinoamérica, los pastores, en vez de ser teólogos somos “todólogos”. No sabemos ni queremos delegar. Pero 2 Timoteo 2:2 nos aconseja:

“Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”

Si leíste bien quizá observas te que este texto vemos cuatro generaciones de obreros: Pablo, Timoteo, hombres fieles y otros. Busca dos o tres hombres de la congregación que sean enseñables y que ellos enseñen a otros. Esto cambiará tu ministerio.

ORGANIZA BIEN TU TIEMPO

Una cosa que el pastor bivocacional debe aprender, es decir “no” a muchas cosas. El corazón servidor de un pastor puede llevarlo a hacer más de lo que su tiempo le permite. Su tiempo debe ser distribuido en lo siguiente: su relación con el Señor (estudio bíblico, devocional, oración), familia, iglesia (pastorado) y trabajo. Organiza tu vida para que puedas ser efectivo en estas áreas. Hay ocasiones, hermano pastor, cuando tienes que decirle a una oveja que no puedes atenderlo porque estás pasando tiempo con tu hijo. Además de organizar tu tiempo, debes quitar o modificar las distracciones en tu vida, por ejemplo: las redes sociales, la TV, Netflix y muchas otras cosas pueden robar valiosas e irrecuperables horas de tu vida. Te aconsejo que aprendas a vivir con un calendario o agenda para que tengas tus citas en orden y puedas organizarte bien.

CONTROLA TUS FINANZAS

Una razón por la que algunos pastores bivocacionales están obligados a trabajar secularmente, es porque descuidaron sus finanzas. Tienen muchas deudas, viven en un nivel superior a su realidad o simplemente por avaricia. En otras palabras, sus finanzas los controlan y ellos no controlan sus finanzas. Un consejo aquí es: aprende a vivir bajo un presupuesto. Si no sabes cómo preparar uno, te recomiendo buscar a alguien que te pueda ayudar a controlar tus finanzas. Como pastores, debemos ser ejemplo de la mayordomía. Trabaja en un plan para eliminar las deudas y controla la manera en la que gastas el dinero.

VIVE PARA LA EXCELENCIA

Haz tu trabajo con excelencia para agradar a Dios. El apóstol Pablo dice a los siervos en Efesios 6:5-9:

“Siervos, obedeced a vuestros amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de vuestro corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre”.

Tu trabajo debe mostrar a quien sirves y serás un ejemplo para la iglesia de cómo servir a Dios en el trabajo.

ORA, ORA Y ORA MÁS…

Estoy convencido de que ser pastor bivocacional es un llamado, y para ser efectivo en este ministerio debes confiar en el poder del Espíritu Santo y eso nos debería llevar a ser hombres de oración. Dedica tu vida a la oración. Hay momentos en que te querrás rendir por el cansancio físico, el desánimo o falta de fruto. Tal vez tengas problemas en el trabajo, en la iglesia y en tu familia. ¡A mí me ha pasado muchas veces! Pero por favor, pase lo que pase, no descuides tu vida de oración bajo la excusa de que estás cansado o tienes mucho que hacer como para orar.

De todas las cosas por las que se conoce a Martin Lutero, entre las más importantes está su dedicación a la oración. Él es famoso por decir:

“Tengo tantas cosas qué hacer que debo invertir las primeras tres horas en oración’’.

Y no exageraba. Muchos de sus amigos y estudiantes testifican que pasaba varias horas sobre sus rodillas en una ferviente y diaria oración, y a menudo lo hacía en momentos durante del día que parecían inoportunos. Si el gran reformador, catedrático, teólogo y traductor de la biblia al alemán tenía tiempo para orar ¿Por qué tú no? ¡Seguramente reformar una nación es más pesado que ser pastor bivocacional! ¿No crees? Te suplico, amado pastor bivocacional, que derrames tu corazón “confiadamente al trono de gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

CONCLUSIÓN

Puede ser que a los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas nunca se les invite a predicar en la conferencia nacional de su denominación (es más, quizás se les critique en la misma); puede ser que nunca se les pida escribir un libro, quizá nunca se destaquen en su reunión denominacional o en el retiro de su red de iglesias nacional. Sin embargo, ellos tienen las mismas responsabilidades que todos los demás pastores. De hecho, podría afirmar que tienen más responsabilidades porque los pastores de iglesias más grandes tienen empleados y asistentes que pueden quitarles algo de su carga. Los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, en cambio, con frecuencia no tienen a nadie más. ¿Quién más preparará el sermón, visitará el hospital, aconsejará a los quebrantados, hará visitas evangelísticas, discipulará a los hombres o, incluso, doblará los boletines en ciertas ocasiones?

Me entristece, sin embargo, sentir que con frecuencia los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, mis hermanos pastores, están desanimados en sus ministerios. Sus superiores, sus colegas pastores y hasta sus mismas congregaciones les hacen sentir así con sus críticas despiadadas y comentarios irreflexivos. Lo sé porque yo también he sentido y experimentado eso a veces. Por eso, a mis amados hermanos que, como yo, sirven como pastores bivocacionales, quiero decirles: El hecho de que estés sirviendo en el ministerio pastoral no es un accidente. Dios te apartó, por medio de Su Espíritu Santo, para el ministerio del evangelio, el ministerio en el que sirves ahora. Así que, recuerda que Dios te llamó, y el Espíritu Santo te hizo pastor «para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). Tu trato con Dios no depende de la opinión de otros o de su aprobación. Cada ministerio es distinto, cada llamado es especial y único ¡Recuerda tu llamado y da gracias!

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

2020, un año para descansar…

Por Fernando E. Alvarado.

 INTRODUCCIÓN

¡El 2020 ha llegado! ¡Pero tranquilo! Esta no es una proclamación profética. No vine a declarar ni decretar. Eso se lo dejo a los falsos maestros, profetas y apóstoles del error. Una cosa es cierta: Muchos de nosotros encontramos en el año nuevo la motivación que perdimos durante el transcurso del año anterior. En estos primeros días del año muchos están hablando de sus metas, propósitos, y ambiciones para el futuro: los libros que leerán, los nuevos hábitos que cultivarán, y todas las resoluciones que cumplirán (bajar de peso, inscribirse en un gimnasio, estudiar de nuevo, terminar su carrera universitaria, etc.). No hace falta decir que muchas iglesias también aprovechan estas fechas para declarar sus visiones para el año: Las grandes obras que harán y las cosas que recibirán “por el poder de Dios” (¡Ojalá sea así!). Hoy, sin embargo, quisiera hablarte acerca de la mentalidad que marca nuestras motivaciones al trabajar para alcanzar nuevas metas y llegar a nuevos logros.

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RESOLUCIONES DE AÑO NUEVO

Al principio del año muchos deciden “ponerse las pilas”, “echarle ganas”, “trabajar duro”, “dar lo mejor de ti”, “caminar la segunda milla”. Esto no tiene nada malo. De hecho, cada cristiano debe trabajar con excelencia y diligencia. Después de todo, los cristianos debemos entender que nuestro trabajo no es solamente para nosotros. Lo que hacemos y la manera en que lo hacemos dice algo acerca de nuestro Dios y por ende todo lo que hacemos debe hacerse de corazón para la gloria de Dios (Colosenses 3:17, 23; 1 Corintios 10:31). Apuntamos a Dios cuando hacemos un buen trabajo, y eso debe ser la resolución de cada cristiano en cada momento. Pero creo que a la hora de considerar nuestro trabajo (y nuestras metas al principio del año), también hay otra manera en que apuntamos y glorificamos a Dios: con nuestro descanso. Sí. Leíste bien: Descanso. Eso que a veces aquellos que servimos a Dios en el ministerio consideramos pecado.

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DIOS TAMBIÉN NOS INVITA A DESCANSAR

Después de crear al mundo, Dios descansó (Génesis 2:2). Esto no fue porque para Dios fuera necesario, sino porque para nosotros sí. En la creación, Dios modeló para nosotros un ritmo de trabajo y descanso. Si trabajamos demasiado sin descansar, nos sentimos agotados. Si descansamos todo el tiempo y nunca trabajamos, nos sentimos inquietos. Este ritmo continuo de trabajo y descanso muestra que no somos lo suficientemente fuertes para siempre trabajar. Solo Dios es tan fuerte y poderoso para no tener que jamás descansar. Cada vez que te acuestas en tu cama estás demostrándole al mundo que no eres Dios y que Dios no solo nos da nuestro pan diario, sino también nuestro descanso cada noche. Cada noche puedes descansar sabiendo que Dios se mantendrá despierto, guardando y cuidando sobre toda su creación:

“En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmos 4:8, NVI)

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UN DESCANSO DIFERENTE

También hay otro tipo que descanso que todos necesitamos: el descanso de trabajar para sentirnos importantes o recibir valor. Muchos trabajamos como si nuestro valor dependiera de nuestro esfuerzo. Y la realidad es que si no hay un Dios que nos da valor, entonces nuestro valor lo tenemos que encontrar en otro lugar, y usualmente ese lugar es nuestro trabajo, nuestros logros, y nuestras obras. Esto pasa cuando el estudiante estudia no solo para recibir buenas notas, sino para recibir el elogio de sus maestros y compañeros. Pasa cuando el pastor predica no solo para hacer discípulos, sino también para ser reconocido como un pensador profundo y líder influyente. Pasa cuando un empresario gana dinero no solo para ser generoso, sino también para encontrar seguridad en sus logros y ser reconocido por otros como una persona exitosa.

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Esta mentalidad de trabajo insiste que uno gana su identidad con sus obras. Pero este no es el camino del evangelio. El autor de Hebreos nos recuerda que en Cristo hay “…un reposo sagrado para el pueblo de Dios. Pues el que ha entrado a Su reposo, él mismo ha reposado de sus obras, como Dios reposó de las Suyas” (Hebreos 4:9-10). En Cristo, hay descanso para el que trabaja angustiosamente para encontrar su valor. En Cristo, hay reposo. En Cristo, no tienes que ganar la aceptación de los demás. En Cristo, no tienes que ganar tu identidad o tu lugar delante de Dios. En Cristo, no tienes que trabajar para encontrar valor, dignidad, y seguridad. Ya lo tienes porque Cristo hizo el trabajo necesario en tu lugar.

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Tal vez una de las razones por las que perdemos la motivación para trabajar duro y alcanzar nuestras metas más tarde en el año es porque hemos escogido metas que no glorifican a Dios o hemos tratado de alcanzarlas de una manera que no le glorifica. Tal vez nos agotamos más rápidamente porque trabajamos como si nuestra salvación dependiera de nuestras obras. Tal vez necesitamos recordar que no solamente glorificamos a Dios con nuestros logros, sino también cuando descansamos en lo que Él ha logrado.

Couple in love ride in cabriolet car

CONCLUSIÓN

En Cristo, puedes descansar sabiendo que tu Creador ya hizo todo por ti al crearte a su semejanza, salvarte por su gracia, y sigue trabajando hoy para conformarte a Su imagen. ¡Que el 2020 sea un año en que no olvidemos sus obras y a descansar cada día en Él!

 

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Cesasionismo, Continuismo, Distintivos del Pentecostalismo, Dones Espirituales, Espiritismo y Ocultismo, Guerra Espiritual, Herejías, Neopentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Pluralismo Religioso, Postmodernidad, Sincretismo, Teología, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte III)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En artículos anteriores hemos probado que la kundalini y la experiencia conocida como bautismo o llenura del Espíritu Santo no son lo mismo. Sin embargo, aún queda algo pendiente de aclarar: Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

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LOS DONES ESPIRITUALES Y LAS MANIFESTACIONES DEL ESPÍRITU SANTO NO HAN CESADO

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración? También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento. Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

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NO, LOS DONES ESPIRITUALES NO FUERON SOLO PARA LA ÉPOCA APOSTÓLICA

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

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NO, LOS DONES ESPIRITUALES TAMPOCO SE OPONEN A LA PALABRA ESCRITA

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

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UNA PREGUNTA FINAL A LOS CESACIONISTAS

Quiero concluir haciendo una pregunta final a mis hermanos cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? Como yo lo veo, ustedes pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

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CONCLUSIÓN

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. Acusándonos de herejes y blasfemando contra Dios, al atribuirle al diablo toda manifestación del Espíritu Santo, no lograrán destruirnos ni impedir que avancemos. Sólo se dañan a sí mismos y presumen su mala interpretación de las Escrituras, por no decir una carencia total de fruto del Espíritu. La kundalini y la experiencia pentecostal no son lo mismo. Ustedes lo saben. Vengan y vean. Reciban y lo entenderán. Pero por favor, ya no sigan blasfemando ni enseñando mentiras sobre nosotros para detenernos. Eso jamás pasará.

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Cesasionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Pluralismo Religioso, Postmodernidad, Satanismo, Sincretismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte II)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Tal como lo enfaticé en mi artículo anterior, los pentecostales clásicos, defensores de la sana doctrina y praxis cristiana, rechazamos las acusaciones de los cesacionistas. Los pentecostales creemos en la continuidad de los dones espirituales. Atribuir a Satanás toda manifestación moderna de los dones espirituales es absurdo, sería igual a firmar que el diablo actúa libremente en el mundo mientras Dios tiene las manos atadas. Asimismo, rechazamos la absurda idea que afirma que la experiencia conocida como bautismo en el Espíritu Santo y la kundalini son iguales, semejantes, o la misma experiencia.

Afirmamos categóricamente que la kundalini y el bautismo o llenura del Espíritu Santo no son, ni remotamente, la misma cosa. Esto lo sabe muy bien cualquier creyente pentecostal que ha experimentado personalmente dicha bendición espiritual. Sin embargo, debemos admitir que no todo lo que ocurre en algunas iglesias que se identifican como pentecostales o carismáticas puede ser atribuido a la obra divina del Espíritu Santo. Hemos sido testigos de aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos, principalmente en movimientos pseudocristianos como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías.

A

MANIFESTACIONES EXTRAÑAS Y FENÓMENOS CONFUSOS QUE HAN INVADIDO EL CRISTIANISMO PENTECOSTAL Y CARISMÁTICO

En dichos grupos heterodoxos nacidos de un cristianismo postmoderno, es común escuchar a muchos líderes eclesiásticos que dicen que tenemos que reinventar el cristianismo. La Palabra de Fe (con su moda de declarar y decretar), la Nueva Reforma Apostólica y diversos grupos neopentecostales heréticos están creando alternativas al cristianismo bíblico. Es su punto de vista que es necesario recrear el cristianismo para llegar a la generación posmoderna. En estos movimientos, la verdad es subjetiva, por lo tanto, es relativa. El subjetivismo es la negación de la verdad absoluta, por lo tanto, todos poseen su propia verdad y todos podemos unirnos en uno solo. Han intercambiado un cristianismo racional por un cristianismo irracional basado en experiencias subjetivas humanas y experiencias emocionales.

En lugar de aferrarse a la Palabra de Dios, la generación posmoderna desea un encuentro más emocional, místico y esotérico con Dios. Como resultado, se cristianizan el yoga, la oración contemplativa, la oración profunda y muchas prácticas místicas ocultistas. Muchos buscan incorporar experiencias espirituales provenientes de otras religiones en el cristianismo y no están interesados ​​en la Palabra de Dios, sino que buscan probar, sentir y tocar a Dios. Ven a Jesús como alguien que vino a mostrarnos nuestra divinidad, pero el dios que predican no es el Dios de la Biblia, sino una deidad en el sentido ocultista. No es el Dios judeocristiano, sino un dios que resuena con los conceptos hindúes y budistas de dios, un dios con el que podrías tener experiencias místicas, un dios que puedes abrazar a través de prácticas de meditación y espiritualidad de la nueva era. Obviamente, el dios que puedes acceder con estas prácticas no es otro más que el dios de este mundo, Satanás, el ser caído que se convirtió en enemigo de Dios y de nuestras almas.

B

Tristemente, debemos admitir que muchos de los fenómenos que ocurren en algunas iglesias no tienen su origen en Dios. Son más bien expresiones espiritistas y de la Nueva Era infiltradas en el cristianismo. El dios que muchos “cristianos” postmodernistas adoran tienen más parecido con Buda, Brahma o cualquiera de los dioses hindúes, que con el Dios de la Biblia. Las experiencias espirituales derivadas de tales enseñanzas son también cuestionables, pareciéndose más a mera hipnosis, histeria colectiva, esoterismo, espiritismo, parapsicología, ocultismo descarado y magia blanca, entre otras cosas. Poco o nada ha quedado de las verdaderas manifestaciones de Dios en algunas iglesias denominadas pentecostales, neopentecostales, apostólicas o proféticas.

Las sospechosas expresiones del Espíritu que se producen en algunas reuniones carismáticas (estados de embriaguez, saltos paroxísticos, rigidez corporal, derrumbes, risa santa, sudoraciones, temblores, pérdida de la conciencia, y demás síntomas misteriosos), comparadas con la verdadera acción del Espíritu, reflejada a través del fruto: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22), descubren, a todas luces, que la diferencia entre unas manifestaciones y otras, son verdaderamente contrapuestas. Y este marcado contraste logra descubrir, como parece evidente, la falta de coherencia bíblica que existe en algunas prácticas modernas. Pero ¿Significa esto que debemos descartar todo tipo de manifestación espiritual en nuestras iglesias? ¿Acaso el Espíritu Santo ya no se manifiesta de forma auténtica en las congregaciones? ¿Debemos rechazar como del diablo toda manifestación de dones y milagros en nuestras congregaciones? No. Absolutamente no. La misma existencia de tales falsificaciones espirituales es un fuerte argumento a favor de la continuidad de los dones espirituales auténticos. O ¿Quién se molesta en falsificar algo que no existe? Solo se falsifica o se imita lo que es real y de valor.

C

SATANÁS, EL PADRE DE LAS MENTIRAS Y MAESTRO DE LAS IMITACIONES

¿Cómo explicamos entonces toda la amplia gama de prácticas y manifestaciones cuasi-espiritistas que podemos observar hoy día en algunas iglesias? La respuesta es simple: Vivimos en tiempos de apostasía. De esto profetizaron las Escrituras:

Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto? Y vosotros sabéis lo que lo detiene por ahora, para ser revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, solo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.” (2 Tesalonicenses 2:3-10, LBLA).

Lo que ocurre en muchas iglesias que han abandonado la sana doctrina quizá no pueda ser llamado completamente kundalini, pero tiene el mismo origen y por eso se le parece: Poderes engañosos de las tinieblas que buscan engañar a las personas y llevarlas a la adoración de falsos dioses.

Y vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero y hablaba como un dragón. Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los que moran en ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres. Además engaña a los que moran en la tierra a causa de las señales que se le concedió hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía la herida de la espada y que ha vuelto a vivir.” (Apocalipsis 12:11-14, LBLA).

Esto no debería extrañarnos, Cristo mismo lo profetizó:

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes.” (Mateo 24:24-25).

E

En los últimos días el poder de Satanás se haría presente aún dentro de las mismas iglesias, pues el espíritu satánico, tal como fue profetizado “se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios” (2 Tesalonicenses 2:4). ¿Acaso no es esto lo que está pasando en muchas congregaciones en donde un falso Espíritu Santo, que hace pasar su obra como si fuese de Dios, respalda la obra de falsos profetas y falsos maestros?

Como verdaderos pentecostales, no debería darnos miedo denunciar estas falsificaciones diabólicas ni a los falsos ministros del Espíritu, “porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz. Por tanto, no es de sorprender que sus servidores también se disfracen como servidores de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.” (2 Corintios 11:13-15, LBLA). Kundalini o no, la fuente de tales manifestaciones no es Dios.

F

¿CÓMO SABEMOS QUE LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL Y LA KUNDALINI NO SON LO MISMO?

Volvamos ahora a la acusación de que el bautismo en el Espíritu santo y las experiencias místicas de la kundalini son la misma cosa. En el artículo anterior describí los frutos amargos y manifestaciones destructivas del síndrome kundalini. Eso me lleva a preguntarle a quienes nos difaman: ¿En verdad creen que todo eso se parece a lo que hace el Espíritu Santo al bautizar a los creyentes pentecostales hoy día? Si quieren ser honestos, y si de veras han conocido a un creyente pentecostal lleno del Espíritu, tendrán que admitir que ambas cosas son tan diferentes como el día de la noche.

Si observamos con detenimiento la acción del Espíritu a lo largo de la Escritura, comprobaremos que es todo lo opuesto a las extrañas manifestaciones de la kundalini.

  1. En primer lugar, el Espíritu Santo siempre actúa bajo el marco de la Palabra, y nunca sobre presupuestos extrabíblicos. Aquel que viene a la luz, deberá ceñirse al contenido certero de la Palabra de Dios; pues siendo que el Espíritu Santo la inspiró, parece dudoso que esté de acuerdo con doctrinas o prácticas que Él mismo no ha revelado en su Palabra. Quienes conocen la verdadera doctrina pentecostal saben que es cristocéntrica y plenamente bíblica. Honra a Dios y Dios es glorificado a través de ella porque el Espíritu Santo nos guía a toda verdad. Esto no puede decirse de las sectas practicantes del kundalini, las cuales no siquiera son cristianas ni aceptan la infalibilidad de la Biblia. Tampoco puede decirse de movimientos heréticos como la Palabra de Fe, la Nueva Reforma Apostólica, el Evangelio de la Prosperidad y otros más cuya doctrina es contraria a la Biblia. Pero es incorrecto y deshonesto identificar a tales grupos con el pentecostalismo clásico, ya que su heterodoxia delata el origen no santo de sus manifestaciones espirituales. No hay cabida alguna para las manifestaciones, del carácter que fueren, que se muevan entre la sombra y la oscuridad doctrinal.
  2. El kundalini apela a prácticas profanas, ocultistas y antibíblicas, no se basa en la autoridad de la Palabra ni la respeta, sino que escucha a espíritus engañadores y experiencias extracorpóreas. El Espíritu Santo manifestado en la experiencia pentecostal, en contraste, edifica al creyente a través de la meditación y el estudio serio de la Escritura, que es viva y eficaz; sirviéndose, además, para tal propósito, de la comunión práctica del pueblo de Dios. El pentecostalismo biblico no encuentra su edificación espiritual en el emocionalismo extremo, el ritualismo místico, el jolgorio, los espectáculos, las manifestaciones extáticas, o la excitación artificial de sus emociones (danzas extáticas, música estridente y manipuladora, sermones motivacionales, etc.). Si hay grupos que están recurriendo a dichas prácticas es su problema particular, no del pentecostalismo como tal.
  3. La kundalini esclaviza y oprime, e incluso enferma, enloquece y mata. El Espíritu Santo, por el contrario, proporciona una liberación completa. Por tanto, el cristiano que es controlado por Él, camina en este mundo con verdadera libertad y autonomía; solo condicionado por la Palabra. No se dejará manipular, ni esclavizar, por ningún líder, movimiento religioso o atadura de tipo espiritual, tal como ocurre con aquellos que practican la kundalini y otros ritos, los cuales se ven influenciados, oprimidos y poseídos por espíritus impuros que los atan a su voluntad y capricho. El Espíritu Santo trae verdadera libertad. Así es como el Espíritu de Dios, respetando la decisión del ser humano, ofrece la auténtica libertad: «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Corintios 3:17). Por el contrario, donde opera otro «espíritu», que no es el de Cristo, se procura una manipulación de la conciencia que, lo único que consigue, es anular por completo el sentido práctico de la libertad cristiana.
  4. El Espíritu Santo genera gozo y paz en el corazón de los verdaderos creyentes. En cambio, la intranquilidad, el tumulto, la exaltación, los desórdenes mentales, enfermedades físicas y opresión espiritual que se experimentan a través del ocultismo, la kundalini y otras prácticas místicas no concuerdan con el sosiego y la tranquilidad interior que proviene del Espíritu.
  5. El Espíritu Santo utiliza a sus siervos cuando éstos asumen una actitud de humildad y dependencia total de Dios, la cual se acompaña de paciencia y benignidad. La Nueva Era y la kundalini, por el contrario, alimentan el ego del hombre y le repiten la vieja mentira satánica: “Seréis como los dioses” (Génesis 3:5, RV1909). cuando existe jactancia o engreimiento, podemos decir que un «espíritu» oscuro planea sobre el escenario. Tal espíritu oscuro opera en los gurúes de la Nueva Era, falsos apóstoles, profetas y maestros de nuestros días, cuyo engreimiento los lleva a considerarse dioses, o casi dioses. Curiosamente, esto se asemeja mucho a la prepotencia y soberbia característica de los “ungidos” de la Nueva Reforma Apostólica, los promotores de la Palabra de Fe y otros grupos sincréticos e insanos doctrinalmente, los cuales enseñan que los creyentes son pequeños dioses con el poder de declarar, decretar y dar órdenes al mismísimo Dios (Judas 1:8-12).
  6. El Espíritu Santo engendra la virtud de la templanza –dominio propio–, y ésta encuentra su forma de expresión a través del decoro personal, el orden y la reverencia. La santidad y la pureza sexual es un fruto natural de una vida dominada por el Espíritu Santo. La kundalini, por el contrario, implica prácticas impuras y mágicas de tipo sexual. 
  7. El Espíritu Santo restaura automáticamente la salud espiritual del convertido y, según lo promete en Romanos 8:28, todo lo que acontezca –si ama a Dios– le ayudará para bien. Esto no puede decirse de la kundalini y sus efectos nocivos sobre las personas. Conocidas son ya las denominadas “emergencias espirituales” en la kundalini, las cuales le pueden costar la vida o la sanidad mental a sus practicantes. Esto no ocurre en las manifestaciones genuinas del Espíritu Santo.

G

Kundalini y experiencia pentecostal no son lo mismo. Eso es evidente. Es deshonesto de parte de nuestros detractores equiparar ambas experiencias. Claro, se ven obligados a hacerlo por necesidad, ya que los cesacionistas, principales críticos del pentecostalismo, niegan la vigencia actual de los dones y manifestaciones espirituales. Para justificar su postura se ven forzados a atribuir a Satanás cualquier señal o poder milagroso. En nuestra próxima entrega analizaremos la vigencia o no de los dones espirituales.

H

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Somos polvo, frágiles vasijas de barro

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Todos conocemos la tremenda historia del Rey Nabucodonosor y su legendaria frase: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4:30). Su arrogancia, soberbia y orgullo, lo llevaron a enloquecer durante siete tiempos y vagar errante por los montes y campos como un animal salvaje (Daniel 4:31-37). Esta historia conmueve mi corazón y me lleva a pensar que, si desde antes de la fundación del mundo, la arrogancia y el orgullo de Satanás le llevaron a su caída (Isaías 14:12-15), y si el orgullo está de primero en la lista de las siete cosas que aborrece el Señor en el libro bíblico de Proverbios (Proverbios 6:16-19), entonces hoy, en los últimos tiempos, el orgulloso, la soberbia y la arrogancia humana están más que nunca a la orden del día. Para el mundo el orgullo es sinónimo de fortaleza, poder y autoridad. No lo ven como un pecado, sino como algo positivo. Dios, sin embargo, tiene una escala de valores muy diferente. Un precioso texto bíblico afirma que Dios “hermoseará a los humildes con la salvación” (Salmo 149:4). Lo cual concuerda con las palabras de Jesús: “Tomad mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). Dios valora la humanidad. Eso está claro. La pregunta es: ¿Y nosotros? ¿Valoramos la humanidad? ¿Somos verdaderamente humildes? Examinándome a mí mismo puedo ver que no. Y que, de hecho, me falta mucho por lograr el ideal propuesto por Jesús.

DUST 3

LA HUMILDAD, UNA VIRTUD POCO DESEABLE

Pero ¿Por qué la humildad nos parece tan poco deseable? ¿Por qué parece tan difícil de alcanzar? Quizá se deba a que hemos olvidado lo que somos. El humanismo antropocéntrico nos ha hecho olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos: ¡Al polvo! Así de sencillo: Dios nos hizo del polvo (Génesis 2:7) y un día nos devolverá al polvo (Salmo 90:3). En vez de eso, el ser humano ha construido un universo imaginario en el cual él es su propio dios y centro del universo. Pero tal universo es irreal. El ser humano no es un dios, es polvo nada más. ¡Polvo! Sí, el mismo que pisoteados y sobre el cual caminamos todos los días. Por eso pregunto: ¿Acaso hay algo grande y digno de jactancia y presunción en el hombre hecho de polvo? ¡No lo creo! El polvo es materia inanimada, sin vida, desintegrada. Es el polo opuesto a las complejas células interconectadas, los sistemas orgánicos, los patrones neuronales, los nervios, los músculos, los huesos, los tejidos, todo el sistema maravillosamente hilado que conforma a un ser humano vivo, formado en el vientre por el poder y la sabiduría de Dios (Salmo 139:13).

DUST 2

Un ser humano vivo puede caminar, correr, construir, pensar, hablar, actuar, amar. Pero el polvo es apenas un conjunto de partículas desconectadas en la tierra, sin vida, sin acción, sin voluntad, sin poder; es materia inerte e inorgánica. Lo digno de ser recordado en todo esto es que tú y yo venimos del polvo, y nuestros cuerpos volverán al polvo. En ningún momento de nuestras vidas mortales estamos lejos de volver al polvo. De hecho, cada día que pasa estamos más cerca de volver a él. Somos muy frágiles… ¡Más de lo que quisiéramos admitir! A veces nuestra prosperidad temporal, la buena salud y nuestros logros de cualquier índole nos llevan al autoengaño y la negación de nuestra frágil condición humana. El problema de estar fuertes y sanos es que tú y yo empezamos a creer que somos algo más que partículas de polvo sobre las que Dios ha respirado aliento de vida temporalmente. Puesto que soy capaz de caminar, pensar, hablar, y actuar, empiezo a creer que soy inmortal: que siempre podré caminar, pensar, hablar, y actuar. Pero no será así. Es saludable aceptar la verdad de que somos polvo. Estamos hechos de polvo. En esta vida mortal nunca seremos más que un puñado de partículas de tierra en las que Dios ha soplado el aliento de vida temporalmente. Somos frágiles y delicados, y haríamos bien en no olvidarlo nunca.

VASIJA DE BARRO

EL LÍDER CRISTIANO Y SU LLAMADO A LA HUMILDAD

Sí. Sé bien que tú y yo somos diferentes. Tenemos distintos tipos de resistencia, tanto física como mental. Tenemos capacidades diversas para soportar más o menos horas de trabajo. A algunos se nos da bien viajar, a otros no tanto. En muchos sentidos tenemos distintas capacidades. Pero sea cual sea la constitución que Dios nos ha dado, ninguno somos más que polvo. Cada cristiano, y en particular aquellos que hemos sido llamados por Dios al ministerio o elegidos para ejercer responsabilidades de liderazgo en el Cuerpo de Cristo, debemos tener siempre en mente que, cuando nos rendimos a Jesús como Señor, no le ofrecimos los servicios de una criatura divina o semidivina para fortalecer su reino: le ofrecimos la vida frágil, temporal, mortal y delicada que él nos dio primero a nosotros. Eso es todo lo que tenemos para ofrecer. Dios lo sabe. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro (Salmos 103:14), él recuerda que somos polvo. Conocer esto es vital al rendir nuestras vidas a Él en el ministerio. Solo teniendo esto en mente podremos escapar del orgullo, la soberbia y la arrogancia. Ahora pues: “Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3, NTV).

CREACIÓN DE ADÁN