Culto a los Muertos, Demonología, Espiritismo y Ocultismo, Guerra Espiritual, Paganismo, Satanismo, Sincretismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Los cristianos y el Halloween

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Hace unos días, como cada 31 de octubre en el mundo anglosajón (y en algunos países de Latinoamérica influenciados por la cultura estadounidense) se celebró la fiesta pagana conocida como Halloween. Incluso algunos que se identifican a sí mismos como “cristianos” también lo celebraron. Ya en años anteriores hemos oído de uno que otro artista “cristiano” desubicado que considera inofensiva, y hasta ha recomendado, la celebración de dicha fiesta. Pero lo cierto es que, si te llamas a ti mismo cristiano, no puedes, ni debes celebrar el Halloween.

¿HALLOWEEN? ¿POR QUÉ NO?

Halloween es una fiesta de origen pagano que se celebra la noche del 31 de octubre, la víspera del Día de Todos los Santos según el calendario católico, y que tiene sus raíces en el antiguo festival celta conocido como Samhain (pronunciado “sow-in”), que significa “fin del verano” y se celebraba al finalizar de la temporada de cosechas en Irlanda para dar comienzo al “año nuevo celta”, coincidiendo con el solsticio de otoño.

Durante esa noche se creía que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos, y se realizaban fiestas y ritos sagrados que incluían la comunicación con los muertos. Además, era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos “encontrasen su camino”. Aunque muchas personas consideren que el Halloween es una diversión inofensiva, la verdad es que las prácticas asociadas a esta celebración no lo son. La Biblia dice claramente:

“Nadie entre los tuyos deberá… servir de médium espiritista o consultar a los muertos…” (Deuteronomio 18:10-12, Nueva Versión Internacional)

Y también advierte:

“No quiero que ustedes tengan algo que ver con los demonios. Ustedes no pueden beber de la copa del Señor, y también de la copa de los demonios” (1 Corintios 10:20, 21, Reina-Valera Contemporánea).

Analicemos brevemente el origen del Halloween y sus costumbres.

SAMHAIN

Según la mitología celta, se creía que durante la fiesta pagana de Samhain (la cual se celebraba hace más de dos mil años) los espíritus del Más Allá podían recorrer la tierra y los humanos podían visitar el mundo de los muertos. Para ellos era un día en donde los mundos sobrenaturales chocaban el uno contra el otro. La muerte y los espíritus eran centrales en las ceremonias de Samhain, y siguen siendo temas atractivos para los que celebran Halloween.

Halloween celebra todo relacionado con la muerte y el mundo de las tinieblas. Esta exaltación de lo oscuro contradice lo que la Biblia nos enseña. Jesucristo vino para vencer al príncipe de las tinieblas, Satanás, y precisamente lo hiso al resucitar de la muerte. La esperanza que ofrece Jesús es de gozo, alegría, paz, seguridad y vida eterna. No de miedo, tormento, oscuridad y mucho menos la muerte. La tradición de Samhain ha sobrevivido en los tiempos modernos en las fiestas de Halloween y del Día de Difuntos. Sin embargo, la Biblia enseña que los muertos no pueden interactuar con los vivos (Eclesiastés 9:5).

DISFRACES, GOLOSINAS Y TRAVESURAS

Algunos celtas se disfrazaban de criaturas sobrenaturales para que los espíritus que deambulaban por la tierra creyeran que ellos también eran espíritus y no les hicieran maldades. Otros pretendían apaciguarlos ofreciéndoles dulces. En la Europa medieval, el clero católico terminó adoptando muchas costumbres paganas y animó a sus feligreses a disfrazarse en la víspera del día de Todos los Santos e ir por las casas pidiendo pequeños regalos a cambio de una oración por los difuntos. Pero la Biblia prohíbe mezclar las creencias paganas con el culto al Dios verdadero (2 Corintios 6:17).

FANTASMAS, VAMPIROS, HOMBRES LOBO, BRUJAS Y ZOMBIS

A estos personajes siempre se les ha relacionado con los espíritus malignos. Y la Biblia dice claramente que debemos luchar contra tales espíritus (Efesios 6:12). Así que no estaría bien hacerles una fiesta. Mucho se puede decir sobre lo que nos sucede después de morir. La parábola de Jesús sobre el rico y Lázaro, por ejemplo, nos dice que después de la muerte los justos pasaran a un lugar donde serán confortados y los injustos irán al lugar de tormento mientras esperan el juicio final. Los que han pasado a la eternidad están sujetos a estos lugares. Cuando el rico pidió que Lázaro fuera a advertir a sus familiares sobre las consecuencias de vivir injustamente, Abraham no se lo permitió.

Los detalles en las parábolas de Jesús no son coincidencias. Después en Hebreos 9:2, el apóstol Pablo dice:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”

No hay desorden aquí. No hay fantasmas vagando por el mundo tratando de comunicarse con los vivos. El mundo espiritual esta sujeto a un orden donde Dios tiene toda autoridad. La Biblia sí dice que Satanás y sus demonios se disfrazan como ángeles de luz para engañar. En 1 Corintios 11:14-15 la Palabra de Dios nos dice:

“Porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan de ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”

Satanás y sus demonios no son mito, si existen. Se aprovechan de personas que creen en fantasmas y zombis pues estos son un engaño de las tinieblas. Tienen como propósito atormentar al ser humano, mantenerlo bajo la opresión del miedo, y evitar a que lleguen a tener un conocimiento verdadero de quien es Dios. Así que el Halloween, de una forma que aparenta ser inofensiva, celebra las cosas que son usadas por el enemigo para causar daño. Bíblicamente, un cristiano no tiene razón para creer en fantasmas ni en zombis. Tampoco tiene razón para estar asustado pues los evangelios nos enseñan que Jesús tiene toda autoridad sobre Satanás y los demonios y que estos ya han sido vencidos al morir Cristo en la cruz y ser resucitado de la muerte.

FAROLES HECHOS CON CALABAZAS

Durante la Edad Media, en Gran Bretaña se acostumbraba ir casa por casa pidiendo comida a cambio de una oración a favor de algún difunto. Los suplicantes llevaban faroles que consistían en nabos ahuecados, cuya vela evocaba al alma atrapada en el purgatorio. Hay también quienes afirman que tales faroles se usaban para espantar a los malos espíritus. Ya en el siglo XIX, en América del Norte se sustituyeron los nabos por calabazas, pues eran más fáciles de conseguir, ahuecar y tallar. Estas costumbres se basan en creencias que carecen de fundamento bíblico, como aquella de que existe el purgatorio y que hay que orar por los muertos.

SUPERSTICIONES, ADIVINANZAS, NECROMANCIA Y ESPIRITISMO

Las supersticiones y las adivinanzas también forman parte de la historia del Halloween. La Biblia habla claramente sobre las personas que tratan de consultar un mago, a un fantasma, o un adivino y que estos hechos no agradan a Dios. Isaías 8:19 dice:

“Si os dicen: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”

La razón por la cual a Dios no le agradan estas cosas es porque son una forma de idolatría y llevan a la adoración diabólica. Hacen que las personas no confíen en Dios y contaminan el alma. Otros pasajes bíblicos, que prohíben cosas semejantes relacionadas con el Halloween y el mundo de las tinieblas, son:

“Que no haya en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni nadie que practique la adivinación, ni sea agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni nadie que consulte a los muertos. Al Señor le repugnan todos los que hacen estas cosas, y precisamente por estos actos repugnantes el Señor tu Dios va a expulsar de tu presencia a estas naciones” (Deuteronomio 18:10-12)
“Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1)
“La persona que preste atención a encantadores o adivinos, para prostituirse detrás de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la eliminaré de su pueblo” (Levítico 20:6)

CONCLUSIÓN

Los principios bíblicos se oponen a la celebración del Halloween. En el Israel del Antiguo Testamento, la brujería era un crimen castigado por la muerte (Éxodo 22:18; Levítico 19:31; 20:6, 27). La enseñanza del Nuevo Testamento con respecto al ocultismo es clara. Hechos 8:9-24, el relato de Simón, muestra que el ocultismo y el cristianismo no se mezclan. El relato de Elimas el hechicero en Hechos 13:6-11 revela que la hechicería está violentamente opuesta al cristianismo. Pablo llamó a Elimas un hijo del diablo, un enemigo de la justicia y pervertidor de los caminos de Dios.

En Hechos 16, en Filipos, una joven adivina perdió sus poderes demoníacos cuando el espíritu maligno fue expulsado por Pablo. El punto interesante es que Pablo rehusó permitir incluso que buenos comentarios vinieran de una persona endemoniada. Hechos 19 muestra a nuevos conversos que abruptamente han dejado atrás su ocultismo confesando sus obras malvadas, trayendo su parafernalia mágica y quemándola frente a todos. (Hechos 19:19). Por todo lo anterior, es evidente que Halloween y el cristianismo no se mezclan entre sí.

Espiritismo y Ocultismo, REFLEXIÓN BÍBLICA, Religiones Falsas, Satanismo, Vida Espiritual

El desafío de la Nueva Era y el ocultismo.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Hoy, en pleno siglo XXI, somos testigos del impresionante resurgimiento de las antiguas prácticas mágicas y ocultistas de las viejas culturas paganas, de modo que el creyente se encuentra frente a un verdadero desafío. ¿A qué tipos de fenómenos nos referimos? La lista es enorme, e incluye las múltiples formas de superstición que atribuyen ciertas características mágicas, o casi mágicas, a ciertos objetos, personas, fenómenos naturales, cuerpos celestes, seres vivos o figuras inanimadas. Dichas prácticas abominables incluyen el uso de amuletos, consulta de horóscopos, astrología, lectura de las cartas, números de la buena o de la mala suerte; la práctica de la brujería, el satanismo, la visita a curanderos, videntes, médiums espiritistas, nigromantes, adivinos, etc. Con tales prácticas, las personas que no conocen a Dios pretenden manipular las fuerzas ocultas y someterlas al propio servicio o de los otros, para obtener poderes especiales, ya sea para el bien (afectos, negocios, salud), o para el mal (mal de ojo, trabajos, maleficios, misas negras, etc.).

A este grupo de prácticas condenadas por Dios pertenecen también diversas creencias tales como la reencarnación, el esoterismo, el espiritismo en sus diferentes formas (es decir el recurso a los espíritus de los muertos para entrar en contacto con ellos y develar el futuro o algún aspecto de este); la masonería, el rosacrucismo, presuntos contactos con los difuntos por medio de ritos o técnicas; sesiones espiritistas, de médiums, tablas de ouija, culto a los ovnis, etc. A esto podemos agregarle las heterodoxas y complejas creencias orientales y de la Nueva Era, tales como ciertas experiencias y técnicas psico-físicas de concentración o de curación (como por ejemplo el reiki, el yoga, la meditación trascendental, el uso de piedras y cristales sanadores, entre otras). Tales creencias y prácticas erróneas insinúan en realidad una determinada visión del hombre y del mundo (karma, reencarnación, etc.) no conformes a la revelación de Jesucristo. Verdaderamente, “Satanás, quien es el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acerca de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios.” (2 Corintios 4:4, DHH).

CRISTIANOS ENGAÑADOS.

Pero no solo el mundo está siendo engañado. Muchos cristianos están cayendo en la trampa de la Nueva Era y movimientos neopaganos similares importados de otras naciones; sin embargo, la Biblia nos advierte: “Cuando entres en la tierra que te da el Señor tu Dios, no imites las costumbres abominables de esas naciones. Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos. Cualquiera que practique estas costumbres se hará abominable al Señor, y por causa de ellas el Señor tu Dios expulsará de tu presencia a esas naciones. A los ojos del Señor tu Dios serás irreprensible. Las naciones cuyo territorio vas a poseer consultan a hechiceros y adivinos, pero a ti el Señor tu Dios no te ha permitido hacer nada de eso.” (Deuteronomio 18:9-14, NVI). A lo anterior, el Señor añade: “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19).

Dicho de otro modo, a los cristianos se nos manda “no [amoldarnos] al mundo actual, sino [ser] transformados mediante la renovación de [nuestra] mente. Así [podremos] comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI). Tal mandato es completamente razonable si consideramos que “el mundo entero está bajo el control del maligno.” (1 Juan 5:19, NVI) y que “la amistad con el mundo es enemistad con Dios… [y que] Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.” (Santiago 4:4, NVI). Por tanto, el hijo de Dios no puede ser partícipe de las obras de las tinieblas, so pena de ofender a su Padre, quien les exhorta: “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: «Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo». Por tanto, el Señor añade: «Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los recibiré». «Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso».” (2 Corintios 6:14-18, NVI).

¿QUÉ HAY CON LA LLAMADA “MAGIA BLANCA”?

A lo largo de las Escrituras, en el Antiguo y Nuevo Testamento, todas las formas de brujería están en violación de la ley de Dios y condenadas (Deuteronomio 18:10-16; Levítico 19:26,31, 20:27; Hechos 13:8-10). Los magos del Faraón intentaron duplicar los milagros hechos por Moisés y Aarón al usar sus “artes secretas”, que se refieren a “las ceremonias o rituales que usan los brujos y magos para lograr sus fines: encantamientos, hechizos, palabras mágicas, amuletos,” etc. (Éxodo 7:11, 8:7). El apóstol Pablo condenó a Elimas el hechicero, proclamándolo un “hijo del diablo”, que estaba lleno de “todo engaño y de toda maldad” y que trastornaba “los caminos rectos del Señor.” (Hechos 13:10). En ninguna parte en la Biblia se presenta a cualquier brujo o mago en una luz positiva. Todos están condenados por Dios.

¿POR QUÉ DIOS ODIA ESTA TIPO DE PRÁCTICAS?

La Escritura dice que Dios odia toda magia. ¿Por qué? Porque no proviene de Dios. Satanás engaña a la gente haciéndoles pensar que la magia blanca es beneficiosa. Puede hacer esto porque pretende ser un ángel de luz (2 Corintios 11:14), pero su deseo es atrapar las almas de tantos como pueda. La Biblia advierte contra él y sus engaños de maldad. “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”(1 Pedro 5:8). “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1 Timoteo 4:1). El poder espiritual verdadero sólo proviene de Dios, de una relación correcta con él mediante la fe en Jesucristo y del Espíritu Santo que vive en los corazones de los creyentes.

EL QUE NO CONOCE A DIOS, A CUALQUIER “SANTO” LE REZA.

El escritor británico G. K. Chesterton decía que “cuando el hombre deja de creer en Dios, no es que no crea ya en nada, es que cree en cualquier cosa”. ¡Y vaya que tenía razón! Cuando uno se acerca al mundo del ocultismo, una de las cosas que más le llama la atención es esa extraña mezcla de sinceridad y engaño. Es así como lo extraño se convierte en sinónimo de sobrenatural, y lo ridículo en espiritual, pero lo opuesto a la razón no es la fe, sino el absurdo. Es por eso una tragedia que se haya cambiado el milagro por la superchería, la religión por la secta, y la realidad trascendente por el más burdo fraude. Parece como si la misma confianza religiosa que la modernidad puso en la ciencia y la tecnología, despreciando la religión, se deposita ahora con igual fervor en supersticiones y patrañas. ¿Qué seguridad podemos tener de estas cosas?

EL TESTIMONIO SEGURO DE LA PALABRA DE DIOS.

La Biblia invita a consultar su Palabra como una dirección segura, cuyo conocimiento no se puede comparar con nuestra experiencia de ningún fenómeno, “Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y el testimonio!”, dice Isaías 8:19-20. Toda otra vía no produce más que error y engaño. Hoy, el mundo está haciendo las preguntas correctas; desafortunadamente las busca en el lugar incorrecto. No hay nada más importante que saber que la muerte no es el fin y que hay una realidad superior a la terrenal, pero la gente está buscando la respuesta en el lugar equivocado. No podemos confiar en cualquier fuente. No podemos por eso aceptar fenómenos como manifestaciones de espíritus de difuntos, porque la Biblia enseña claramente que el espíritu humano no vaga después de la muerte, sino que tiene un destino inmediato. Por la fe, tenemos seguridad de poder estar con el Señor (2 Corintios 5:8). La muerte, para el creyente es “partir y estar con Cristo” (Filipenses 1:23). Los que rechazan a Dios, sin embargo, vivirán separados de Él, sufriendo el tormento de la ausencia de Aquel que es fuente de toda alegría, luz y vida. Cuando el hombre rico de la parábola de Jesús (Lucas 16:19-31), le pide a Abraham que vuelva Lázaro de los muertos a advertir a sus hermanos, para que no vayan al lugar de tormento donde ahora se encuentra, la respuesta no puede ser más significativa. “Las Escrituras tienen, que atiendan a su testimonio” (v. 29). Si no les hacemos caso, tampoco nos convenceremos, aunque alguien se levante de los muertos (v. 31). Sólo hay Uno que ha venido de la muerte, Cristo Jesús, pero a Él también le conocemos por la Escritura. Sobre ella descansa una fe segura. No en viejas patrañas traídas de oriente, ni en las antiguas creencias de los pueblos paganos.