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ESCATOLOGÍA, Milenio, Teología

El Posmilenialismo y sus postulados

Por Fernando E, Alvarado

 INTRODUCCIÓN

A grandes rasgos, el posmilenialismo (o postmilenialismo) se define como una interpretación del capítulo 20 del libro de Apocalipsis, que ve la segunda venida de Cristo como si ocurriera después del “Milenio”, el cual es interpretado como una Edad Dorada o una era de prosperidad y dominio cristiano. Ahora bien, aunque el posmilenialismo afirma que Cristo volverá después del Milenio, este no debe ser entendido necesariamente como un período de 1,000 años literales. Los que sostienen esta posición, no interpretan la profecía no cumplida usando un método normal, es decir, literal. Ellos creen que los 1,000 años mencionados en Apocalipsis 20:4-6 significan simplemente “un largo período de tiempo”. Además, el prefijo “pos” en “posmilenialismo” denota la opinión que Cristo volverá después de que los cristianos (y no Cristo Mismo) hayan establecido el reino sobre esta tierra. A consecuencia de tal razonamiento, los posmilenialistas creen que este mundo va a ir mejorándose cada vez más y que el mundo entero será “cristianizado” finalmente. Después de esto, y solo hasta entonces, Cristo volverá.[1]

El posmilenialismo contrasta con el premilenialismo (el punto de vista que dice que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reino Milenario, y que el Reino Milenario es de 1,000 años literales) y, en menor grado, con el amilenialismo (un milenio no literal). Asimismo, el posmilenialismo ha servido de base a nuevas corrientes teológicas heterodoxas, tales como la Teología del Dominio (Dominionismo) y el “Reino Ahora”. El posmilenialismo se divide en dos corrientes: Posmilenialismo bíblico y posmilenialismo liberal.

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PRINCIPALES POSTULADOS DEL POSMILENIALISMO

El Postmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo establece su reino en la tierra a través de la predicación y la obra redentora en el primer siglo y que Él equipa a su Iglesia con el evangelio, le capacita por el Espíritu, y le encomienda la Gran Comisión de discipular a todas las naciones. El Postmilenialismo espera que eventualmente una vasta mayoría de los hombres con vida sean salvados. El éxito creciente del evangelio producirá gradualmente un tiempo en la historia, anterior a la venida de Cristo, en el cual la fe, justicia, paz y prosperidad prevalecerán en los asuntos de los hombres y de las naciones. Luego de una extensa era de tales condiciones el Señor regresará visible, corporal y gloriosamente, para ponerle fin a la historia con la resurrección general y el juicio final luego del cual sigue el orden eterno.[2]

De lo anterior se desprende que:

  • El posmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo funda su reino Mesiánico en la tierra durante su ministerio terrenal y por medio de sus labores redentoras. Su establecimiento del “reino de los cielos” cumple las expectativas proféticas del Antiguo Testamento con respecto al reino venidero. El reino que Cristo predica y presenta no es otro que aquel que fue esperado por los santos del Antiguo Testamento. En el Postmilenialismo la iglesia es el Israel cumplido/transformado e incluso es llamada “el Israel de Dios” (Gálatas 6:16).
  • La naturaleza fundamental del reino es esencialmente redentora y espiritual, antes que política y material. Aunque tiene implicaciones para la esfera política. Algunos posmilenialistas consideran la iglesia como un reino en competencia con las naciones geopolíticas para el dominio gubernamental. Para ellos Cristo gobierna su reino espiritualmente en y a través de su pueblo en el mundo, lo mismo que por su providencia universal.
  • Debido al poder intrínseco y al diseño de la redención de Cristo, su reino ejercerá una influencia transformacional sociocultural en la historia. Esto ocurrirá a medida que más y más gente se convierta a Cristo. La clave, en primer plano, es la regeneración, la propagación del evangelio y la conversión de los hombres y las naciones a la Palabra de Dios.
  • El posmilenialismo espera la expansión y el desarrollo gradual del reino de Cristo en el tiempo y en la tierra antes que el Señor regrese a ponerle fin a la historia. Esto procederá de un ministerio global de la Palabra, oración ferviente y llena de fe, y las labores consagradas del pueblo de Cristo lleno del Espíritu. El Cristo siempre presente está dirigiendo el crecimiento del reino desde Su trono en el cielo, donde está sentado a la diestra de Dios.
  • El posmilenialismo anticipa confiadamente un tiempo en la historia en la tierra (continua con el presente) en el cual el mismo evangelio que ya está operando ganará la victoria por toda la tierra, cumpliendo la Gran Comisión.[3] El posmilenialismo enseña el éxito de la gran comisión en esta era de la iglesia. Cree que una abrumadora mayoría de hombres y naciones será cristianizada, la justicia abundará, la guerras cesarán, y la prosperidad y la seguridad florecerán. Se distinguirá por la recepción universal de la verdadera religión, y la sujeción ilimitada al cetro de Cristo. Será un tiempo de paz universal y que, además, se caracterizará por una gran prosperidad temporal.[4]
  • De acuerdo con el posmilenialismo podemos ver hacia adelante, hacia una ‘era dorada’ de prosperidad espiritual continuando por siglos, o incluso por milenios, durante cuyo tiempo el cristianismo será triunfante sobre toda la tierra.[5] Luego de este período extendido de prosperidad en el evangelio, la historia de la tierra llegará a su conclusión por el regreso personal, visible y corporal de Jesucristo (acompañado por una resurrección literal y un juicio general) para introducir su pueblo comprado con sangre en la forma consumada y eterna del reino. Y así estaremos por siempre con el Señor.

POSTMILENIALISMO TRADICIONAL - GRÁFICA

¿CÓMO SURGIÓ EL POSMILENIALISMO?

Durante los tres primeros siglos la iglesia fue premilenarista en su enfoque sobre el milenio. Se esperaba que Jesús reinase literalmente durante 1,000 años sobre la tierra. Este punto de vista fue especialmente popular durante los períodos de cruenta persecución que tuvo que enfrentar la iglesia. Uno de los primeros en modificar este enfoque fue Ticonio, donatista africano, quien hacia fines del siglo IV introdujo una interpretación novedosa de Apocalipsis 20. Ticonio rechazó la estricta interpretación escatológica de Apocalipsis 20. Para Ticonio el milenio se refiere a la edad presente. La primera resurrección se refiere al pasar de muerte a vida en la conversión. Para Ticonio la palabra “milenio” no debía entenderse literalmente.

Posteriormente, Agustín de Hipona popularizó e hizo dogma el punto de vista de Ticonio. Agustín consideró el milenio como un sábado universal repleto de bendiciones espirituales, concibió los mil años como una época en que la iglesia gobernaría sobre la tierra, era el abandono de la interpretación futurista. La principal razón de Agustín para tal actitud eran las crudas exageraciones a que habían llegado las descripciones literalitas del milenio.

Aunque la forma agustiniana de interpretar el milenio fue a veces modificada (lo cual en ocasiones dificulta distinguirla de lo que se denomina amilenialismo) ella prevaleció por largo tiempo. Durante la Edad Media cualquier interpretación literal del milenio era vista como una herejía. Muchas de las grandes denominaciones protestantes incorporaron el postmilenialismo en sus credos. Las Confesiones de Augsburgo y Westminster son básicamente postmilenialistas. Luteranos, presbiterianos, y grupos reformados han tendido a seguir el postmilenialismo. La gran escuela de teología de Princeton del siglo XIX y comienzos del siglo XX, representada por Ch. Hodges y B. Warfield, representa firmemente el postmilenialismo.[6]

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Durante los Siglos XVI y XVII varios teólogos Reformados de los Países Bajos enseñaron una forma de quilianismo, que podría llamarse actualmente postmilenialismo, entre ellos hubo algunos bien conocidos personajes como Coccejus, Alting, los dos Vitringa, d’Outrein, Witsius, Hoombeek, Koelman y Brakel, de los cuales algunos consideraban al milenio como cosa del pasado, otros lo entendían como cosa del presente, y todavía otros lo miraban en el futuro. La mayoría lo esperaba hacia el fin del mundo, precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Estos hombres rechazaron las dos principales ideas del premilenialismo, es decir, que Cristo volverá físicamente a reinar sobre la tierra durante mil años, y que los santos resucitarán en su venida, y luego reinarán con Él en el reino milenario.

En tanto que sus explicaciones diferían en algunos detalles, el concepto dominante era que el evangelio, que gradualmente se esparciría por todo el mundo, al final llegaría a ser inconmensurablemente más efectivo de lo que es al presente, dando lugar a un período de ricas bendiciones espirituales para la iglesia de Jesucristo, una Edad de Oro, en la cual los judíos participarán en las bendiciones del evangelio de una manera sin precedente.

Otro ejemplo de postmilenialismo fue el de los puritanos norteamericanos de los Siglos XVII y XVIII. Huyendo de Inglaterra tras el fracaso político allí, cruzaron el océano y fundaron (inspirados por sus ideas posmilenialistas) sus teocracias en aquellas tierras, extirpando por la fuerza e incluso con la pena capital todo pecado que pudiera mancillar su proyecto de perfección moral.

El siglo XVIII fue la gran época del postmilenialismo, que desempeñó un papel clave en el desarrollo del pensamiento misionero. Pero en el siglo XIX, la expectación postmilenaria se aproximaba cada vez más a la doctrina secular del progreso y fue absorbida por la identificación que la teología liberal hacía del reino de Dios con el mejoramiento moral y social. El postmilenialismo sufrió una fuerte declinación de su popularidad durante el período 1914-1970. Esta perdida se ha debido más a las situaciones históricas (las dos guerras mundiales y otros conflictos bélicos) que a consideraciones exegéticas.

En años más recientes el postmilenialismo ha sido defendido por David Brown, J. Berg y J. H. Snowden, quienes enseñan que, en los últimos días, se levantará una iglesia militante bajo la influencia especial del Espíritu Santo; el espíritu de los mártires aparecerá de nuevo en la iglesia, la verdadera religión será avivada en gran manera y revivida, y los miembros de las iglesias cristianas se harán tan conscientes de su fuerza en Cristo como nunca antes. Esto provocará la Edad de Oro de la iglesia, la cual será seguida por una breve apostasía, un terrible conflicto entre las fuerzas del bien y del mal, y por la ocurrencia simultánea de la venida de Cristo, la resurrección general y el juicio final.

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PUNTOS DÉBILES DEL POSMILENIALISMO

El posmilenialismo, como corriente interpretativa sobre el milenio y los eventos futuros, es quizá la más débil de todas las posturas. Esto se debe a que:

  • Los posmilenialistas creen que este mundo va a ir mejorándose cada vez más (a pesar de que la historia les ha demostrado todo lo contrario) y que el mundo entero será “cristianizado” finalmente. Después de esto, Cristo volverá. Sin embargo, esta no es la perspectiva que presenta la Escritura del mundo de los últimos tiempos. Del libro de Apocalipsis, es fácil ver que el mundo será un lugar terrible en aquel tiempo futuro. También, en 2 Timoteo 3:1-7, Pablo describe los últimos tiempos como “tiempos peligrosos”.
  • Los que sostienen la posición posmilenialista, usan un método no literal para interpretar la profecía no cumplida, asignando sus propios significados a palabras. El problema con esto, es que cuando alguien empieza a asignar significados a palabras diferentes a su significado normal, una persona entonces puede decidir que una palabra, o frase, u oración, signifique lo que él mismo quisiera. Toda objetividad concerniente el significado de las palabras se pierde. Cuando las palabras pierden su significado, la comunicación se detiene. Sin embargo, Dios no ha querido que el lenguaje y la comunicación sean así. Dios se comunica con nosotros a través de Su Palabra escrita, con significados objetivos de palabras, para que las ideas y los pensamientos puedan ser comunicados.
  • Una interpretación normal y literal de la Escritura, rechaza el posmilenialismo y se aferra a una interpretación normal de toda la Escritura, incluyendo la profecía no cumplida. El método de interpretación bíblica usado en el posmilenialismo resulta ambiguo, tendencioso y contradictorio, ya que utiliza un método de interpretación para profecías no cumplidas y otro método muy diferente para las Escrituras no proféticas y para profecías cumplidas. Las Escrituras no proféticas y las profecías cumplidas son interpretadas literal o normalmente. Pero según el posmilenialista, la profecía no cumplida debe ser interpretada espiritualmente, o no literalmente. Esto simplemente no tiene sentido. Los que aceptan el posmilenialismo creen que una lectura “espiritual” de la profecía no cumplida es la lectura normal de estos textos. Esto se llama el uso de una hermenéutica doble. El posmilenialista supone que la mayor parte, o toda, la profecía no cumplida está escrita en lenguaje simbólico, figurativo, y espiritual. Por lo tanto, el posmilenialista asignará significados diferentes a aquellas partes de la Escritura en lugar de los significados normales y contextuales de esas palabras. Tal sistema de interpretación traiciona la intencionalidad del texto bíblico y de sus autores.
  • El método de interpretación posmilenialista (hermenéutica doble) genera más problemas de los que resuelve. El problema con una interpretación de este tipo es que da lugar a una amplia gama de significados. A menos que interpretemos la Escritura en el sentido normal, no habrá un solo significado. No obstante, Dios, el Autor final de toda la Escritura, tuvo un solo significado en mente cuando Él inspiró a los autores humanos a escribirla. Aunque puede haber muchas aplicaciones de vida en un pasaje de la Escritura, hay un solo significado, y ese significado es lo que Dios quiso que significara. Además, el hecho de que la profecía cumplida fue cumplida literalmente, es la mejor razón de todas para deducir que la profecía no cumplida también será cumplida literalmente. Todas las profecías concernientes a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo también deben ser esperadas para ser cumplidas literalmente. Por estas razones, una interpretación alegórica de la profecía no cumplida debe ser rechazada y una interpretación literal o normal de la profecía no cumplida debe ser adoptada. El posmilenialismo fracasa en el sentido de que utiliza hermenéutica inconsistente, es decir, interpretar la profecía incumplida de manera diferente a la profecía cumplida.
  • El posmilenialismo yerra al interpretar subjetivamente la profecía bíblica y sostener que el reino milenario será establecido por la iglesia, no por Cristo mismo.

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ASPECTOS POSITIVOS DEL POSMILENIALISMO

A pesar de sus notorias deficiencias, el posmilenialismo mantiene varios aspectos positivos que merecen ser destacados (y de hecho, imitados) por otros cristianos:

  1. El postmilenialismo da una correcta atención al genuino tema bíblico “La dimensión presente del reino de Dios”.
  2. El postmilenialismo tiene un fuerte énfasis en el activismo de los creyentes. Si el reino está presente, luego necesita ser extendido por todo el mundo.
  3. El postmilenialismo es muy bíblico en promover un espíritu de optimismo y combatir una suerte de pesimismo del cual muchos cristianos son fáciles víctimas.
  4. El postmilenialismo reconoce que el reino de Dios se extiende más allá de la iglesia. El reino de Dios se extiende, o está trabajando, en el mundo secular no cristiano. Todo el mundo se halla bajo la esfera del poder del reino de Dios.

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POSMILENIALISMO BÍBLICO Y POSMILENIALISMO LIBERAL

Tal como se mencionó al inicio, el posmilenialismo se divide en dos ramas o vertientes: el posmilenialismo bíblico (del cual se ha venido hablando a lo largo de este artículo) y el posmilenialismo liberal (el cual describiremos a continuación).

El posmilenialismo liberal es más bien una filosofía humanista materialista que infectó el posmilenialismo bíblico desde la época de la Ilustración. Alaba el logro humano y busca armonizar con el humanismo secular y las ideas científicas de moda. Como toda filosofía humanista, cree que la humanidad gradualmente irá mejorando y avanzará hacia la unidad y la introducción de una sociedad ideal, o utópica, a través del avance de la ciencia, la educación y el intelecto humanos. Dudar de lo milagroso o sobrenatural es la norma; por consiguiente, rechaza cualquier idea de un gobierno literal de Dios sobre la tierra.

El posmilenialismo liberal enseña que no habrá un regreso literal, corporal, personal, de Cristo a la tierra. Una opinión común sobre el regreso del Señor dentro del posmilenialismo liberal es el Ilamado “punto de vista espiritual” que identifica la venida de Cristo con el avance perpetuo de Cristo en la Iglesia y que incluye muchos eventos notables. También se dice que las promesas de la segunda venida se cumplen mediante su presencia espiritual con su pueblo, que se introdujo con la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés y fue complementada con la caída de Jerusalén. Y realmente cumplida mediante el avance espiritual continuo de la Iglesia y la sociedad.[7]

En otras palabras, para el posmilenialista la Segunda Venida no es un solo evento, sino que incluye todos los eventos de la era Cristiana, que son obra de Cristo. Este punto de vista es sostenido por muchos modernistas de nuestros días. Esta corriente considera que la segunda venida del Señor se cumplió en la destrucción de Jerusalén o el día de Pentecostés, o en la muerte de los santos, o en la conversión del individuo o en cualquier crisis de la historia o de la experiencia del individuo. Su controversia es en cuanto a que si habrá una segunda venida literal o no al final de los tiempos. Por demás está decir que ese punto de vista se basa en la incredulidad a la Palabra de Dios o en el método de espiritualizar la interpretación. Para el posmilenialista liberal el reino de Dios es primariamente una realidad presente. Es un reinado en el corazón de los hombres. Consideran que el reino de Dios no puede ser introducido por la fuerza de manera cataclísmica en algún punto del futuro. El milenio, por lo tanto, no es literal sino alegórico.

El posmilenialismo liberal es del tipo evolutivo. La autoridad definitiva de este tipo de posmilenialismo no es la palabra de Dios, sino la razón humana y su confianza en el hombre para lograr el progreso por medios naturales. Como ya se mencionó, ese tipo de doctrina es más bien un producto de la Ilustración que fue alimentado por la revolución científica, así como, por supuesto, el pensamiento evolutivo, materialista y humanista. Se inclina más por una evangelio social y ecuménico. Todas las religiones deberían unirse para traer un simbólico milenio de hermandad, prosperidad y paz social sobre las naciones.

Como creyentes en la Palabra de Dios no podemos sino rechazar el posmilenialismo liberal, ya que entendemos que las opiniones humanistas y evolucionistas son contrarias a todo lo que la Biblia dice en cuanto al hombre y al pecado. Además, el postmilenialismo niega todo genuino sobrenaturalismo, lo cual atenta contra la inspiración y autoridad de la Biblia. En el posmilenialismo el reino de Dios ha llegado a ser muy difuso, demasiado secularizado. Es, literalmente, otro Evangelio diferente.

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CONCLUSIÓN

El postmilenialismo (particularmente el bíblico) espera una conversión de todas las naciones previa al retorno de Cristo. Esto motiva una predicación del evangelio efectiva (Mateo 24:14). Un principio del postmilenialismo es la esperanza de un largo período de paz que llenará la tierra en el cual, más y más personas, se convertirán a Cristo y comenzarán a practicar las enseñanzas del evangelio.

El posmilenialismo no es literalista en su concepción de la extensión del milenio; el milenio como tal es un largo período de tiempo, no necesariamente mil años de calendario. Un fundamento distintivo del postmilenialismo bíblico es el gradual crecimiento del reino (Mateo 13:31-33). En el posmilenialismo liberal la sociedad utópica solo será posible gracias al avance de la humanidad por cuenta propia.

De acuerdo con el posmilenialismo bíblico al final del milenio habrá un período de apostasía, el cual está conectado con la aparición del anticristo. El milenio será seguido por el retorno personal, visible y corporal del Señor Jesucristo. El posmilenialismo liberal niega una segunda venida literal del Señor o le atribuye un significado alegórico. En el posmilenialismo bíblico el retorno del Señor será seguido inmediatamente por la resurrección de justos e injustos, y por el juicio final.

Para cualquier crítico externo al posmilenialismo, dicha corriente interpretativa yerra en las siguientes áreas:

  • El optimismo acerca de la conversión del mundo parece ser irreal a la luz del desarrollo de la historia.
  • A la luz de la Escritura parece no haber base para la esperanza de una prosperidad espiritual sin par justo antes de la parusía.
  • La idea de un paso casi imperceptible desde la era presente a una gloriosa en el futuro la contradice la representación catastrófica que la Escritura presenta.
  • Las opiniones humanistas y evolucionistas son contrarias a todo lo que la Biblia dice en cuanto al hombre y al pecado.
  • El postmilenialismo ha tenido algunas dificultades en mantener un genuino El reino de Dios ha llegado a ser muy difuso, demasiado secularizado.
  • El trabajo exegético del postmilenialismo sobre Apocalipsis 20 es visto (principalmente por los premilenialistas) como muy artificial.

Muchas de las grandes denominaciones protestantes incorporaron el postmilenialismo en sus credos. Las Confesiones de Augsburgo y Westminster son básicamente postmilenialistas. Algunos grupos luteranos, presbiterianos, y reformados han tendido a seguir el postmilenialismo. La gran escuela de teología de Princeton del siglo XIX y comienzos del siglo XX, representada por Ch. Hodges y B. Warfield, representa firmemente el postmilenialismo. Sectas modernas como los adventistas del séptimo día también incorporan elementos del posmilenialismo en su teología.

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REFERENCIAS:

[1] Seraiah, C. Jonathan. The End of All Things: A Defense of the Future. Moscow, ID: Canon Press, 1999.

[2] Gentry, Kenneth L., Jr. He Shall Have Dominion: A Postmillennial Eschatology, Second Edition. Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1997.

[3] Greg L. Bahnsen, Victoria en Jesús, 74.

[4] David Brown, La Segunda Venida de Cristo, 399, 401.

[5] Lorraine Boettner, El Milenio, 29.

[6] Mathison, Keith A., Postmillennialism: An Eschatology of Hope. Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed, 1999.

[7] Ice, Thomas, and Tim LaHaye, eds. The End Times Controversy: The Second Coming Under Attack. Eugene, OR: Harvest House Publishers, 2003.

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ESCATOLOGÍA, Milenio, Teología

El Amilenialismo en perspectiva

Por Fernando E. Alvarado

 INTRODUCCIÓN

El amilenialismo es el nombre dado a la creencia de que no habrá un reino literal de Cristo de mil años. Las personas que sostienen esta creencia son llamadas amilenialistas. Como explicamos en un artículo anterior, el prefijo “a” en amilenialismo implica negación, significa “no”. Por lo tanto, la palabra “amilenialismo” significa que “no hay milenio”. Esto difiere de la idea más extensamente aceptada llamada el premilenialismo (la creencia de que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes de Su reino milenario, y que el reino milenario es un reino literal de mil años) y de la idea menos extensamente aceptada llamada el posmilenialismo (la creencia de que Cristo volverá después de que los cristianos [y no Cristo Mismo] hayan establecido el reino en esta tierra).

Sin embargo, es importante aclarar que sería injusto e incorrecto afirmar que los amilenialistas no creen que no haya milenio en absoluto. Mas bien no creen en un milenio literal (un reino literal de Cristo de mil años en la tierra). Por el contrario, los amilenialistas creen que Cristo está sentado ahora sobre el trono de David y que esta dispensación de la Iglesia es el reino sobre el cual Cristo reina. Tal postura, sin embargo, deja abiertas algunas interrogantes:

  • No hay duda alguna de que Cristo esté sentado sobre un trono (esta es una afirmación que todo protestante o evangélico acepta sin discusión alguna). Sin embargo, esto no significa que esto sea lo que la Biblia describe como el trono de David.
  • No hay duda alguna que Cristo reine ahora, porque Él es Dios. Sin embargo, esto no quiere decir que Él esté reinando sobre el reino milenario.

Para entender a cabalidad la doctrina amilenialista es necesario analizar su origen histórico y sus principales postulados a la luz de la Biblia.

DESTACADA

PRINCIPALES POSTULADOS DEL AMILENIALISMO[1]

Como ya se dijo anteriormente, el amilenialismo enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. Sin embargo, reducir el amilenialismo a la simple negación de la literalidad del Reino Milenial sería incorrecto. El amilenialismo es un sistema escatológico con postulados claros y un orden definido. El amilenialismo sostiene, entre otras cosas que:

(1) Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Romanos 2:26-29; 4:9-12; 11:17-24; Gálatas 3:14-16, 22, 23-29; Efesios 2:11-22).[2]
(2) La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mateo 13:24-30, 36-43; 13:47-50).[3]
(3) La Segunda Venida de Cristo será un único evento, juntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mateo 24:3-44; 2 Tesalonicenses 2:1-3). Se niega cualquier idea del “Rapto de la iglesia”. El arrebatamiento de la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo son, en el amilenialismo, un mismo y único evento.
(4) La enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

En cuanto al orden y naturaleza de los eventos futuros, el amilenialismo los ubica, cronológicamente, de la siguiente manera:

  • Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.
  • La Segunda Venida de Cristo.
  • Juntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.
  • Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.
  • Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo y la tierra nuevos por toda la eternidad.

A pesar de concordar en lo anterior, no existe unidad absoluta en el amilenialismo. En otros temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial.

AMILENIALISMO -GRÁFICA

 

ORIGEN DEL AMILENIALISMO

Sin duda alguna, el principal pensador y escritor más destacado del Amilenialismo, y de gran influencia en el pensamiento cristiano del siglo IV en adelante, fue el africano Agustín de Hipona.[4] Fue Agustín quien rompió con la traidición premilenialista que caracterizó a la Iglesia durante los primeros tres siglos de su existencia.

Siguiendo el esquema agustiniano, los primeros reformadores también se identificaron, generalmente, con el Amilenialismo. Se encuentran algunas referencias de Lutero y Calvino[5] hacia ese sentido. En la actualidad podría asegurarse que el Amilenarismo es la perspectiva teológica a la que suscribe la mayor cantidad de cristianos reformados en el mundo. Teólogos y exégetas de renombre como F.F. Bruce, William Hendriksen, León Morris y John Stott, se adhieren a esta posición.[6]

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DENOMINACIONES QUE SUSTENTAN UNA TEOLOGÍA AMILENIALISTA

El amilenialismo se ha mantenido ampliamente en las Iglesias ortodoxas orientales, así como en la Iglesia católica romana, que generalmente abarca una escatología agustiniana y que ha considerado que el premilenialismo “no se puede enseñar con seguridad”.[7] El amilenialismo también es común entre las denominaciones protestantes históricas como los luteranos, reformados, anglicanos, metodistas e incluso muchos judíos mesiánicos.[8] Representa la posición histórica de los menonitas, los amish y otros grupos anabaptistas (aunque entre los grupos más modernos el premilenialismo ha incursionado). Es común entre los grupos que surgen del movimiento de restauración estadounidense del siglo XIX, como las Iglesias de Cristo, los Discípulos de Cristo, etc.[9] También tiene seguidores entre algunas denominaciones bautistas, principalmente en Europa.

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PUNTOS FUERTES DEL AMILENIALISMO

La escatología amilenial haya sustento y firmeza en tres aspectos claves:

  • Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (Compárese Amós 9:11-12 con Hechos 15:14-18; compárese también Isaías 65:17; 66:22 con Apocalipsis 21:1).
  • La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con el esquema amilenial (Mateo 12:32, Marcos 10:29-30, Lucas 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? De acuerdo con la Biblia, es en la Segunda Venida de Cristo (Mateo 13:24-30, 37-43; Tito 2:11-13).
  • La división de la historia de la humanidad en las tres etapas enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con este esquema amilenial. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 Pedro 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

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PUNTOS DÉBILES DEL AMILENIALISMO

Ahora bien, el amilenialismo presenta también ciertos vacíos o carencias. Por ejemplo:

  1. Para que Dios cumpla Sus promesas a Israel y Su pacto con David (2 Samuel 7:8-16; 23:5; Salmo 89:3-4), tiene que haber un reino literal y físico sobre la tierra. Dudar de esto es cuestionar el deseo de Dios y/o Su habilidad de cumplir Sus promesas, y esto abre la puerta a una gran multitud de otros problemas teológicos. Por ejemplo, si Dios no cumpliera Sus promesas a Israel después de proclamar que esas promesas son “eternas”, ¿cómo podríamos nosotros estar seguros de cualquier cosa que Él nos prometiera, incluyendo las promesas de la salvación para creyentes en el Señor Jesús? La única solución es tomar por seguro que Su Palabra sea cierta y entender que Sus promesas se cumplirán literalmente.
  2. Las indicaciones bíblicas de que el reino será un reino literal y terrenal son claras. La Biblia nos dice de forma específica muchos detalles acerca del mismo ¿Qué sentido tendría si dicho reinado no fuese literal? Por Ejemplo, la Biblia nos dice que: 1) Los pies de Cristo tocarán literalmente el Monte de los Olivos antes del establecimiento de Su reino (Zacarías 14:4,9); 2) Durante el reino, el Mesías ejecutará justicia y juicio sobre la tierra (Jeremías 23:5-8); 3) El reino es descrito como estando bajo el cielo (Daniel 7:13-14, 27); 4) Los profetas predijeron cambios dramáticos en la tierra durante el reino (Hechos 3:21; Isaías 35:1-2; 11:6-9; 29:18; 65:20-22; Ezequiel 47:1-12; Amos 9:11-15); y 5) El orden cronológico de los eventos de Apocalipsis indica la existencia de un reino terrenal antes de la conclusión de la historia del mundo (Apocalipsis 20).
  3. El método de interpretación bíblica usado en el amilenialismo resulta ambiguo, tendencioso y contradictorio. ¿A qué me refiero con esto? A que el punto de vista amilenialista utiliza un método de interpretación para profecías no cumplidas y otro método muy diferente para las Escrituras no proféticas y para profecías cumplidas. Las Escrituras no proféticas y las profecías cumplidas son interpretadas literal o normalmente. Pero según el amilenialista, la profecía no cumplida debe ser interpretada espiritualmente, o no literalmente. Esto simplemente no tiene sentido. Los que aceptan el amilenialismo creen que una lectura “espiritual” de la profecía no cumplida es la lectura normal de estos textos. Esto se llama el uso de una hermenéutica doble. El amilenialista supone que la mayor parte, o toda, la profecía no cumplida está escrita en lenguaje simbólico, figurativo, y espiritual. Por lo tanto, el amilenialista asignará significados diferentes a aquellas partes de la Escritura en lugar de los significados normales y contextuales de esas palabras. Tal sistema de interpretación traiciona la intencionalidad del texto bíblico y de sus autores.
  4. El método de interpretación amilenialista (hermenéutica doble) genera más problemas de los que resuelve. El problema con una interpretación de este tipo es que da lugar a una amplia gama de significados. A menos que interpretemos la Escritura en el sentido normal, no habrá un solo significado. No obstante, Dios, el Autor final de toda la Escritura, tuvo un solo significado en mente cuando Él inspiró a los autores humanos a escribirla. Aunque puede haber muchas aplicaciones de vida en un pasaje de la Escritura, hay un solo significado, y ese significado es lo que Dios quiso que significara. Además, el hecho de que la profecía cumplida fue cumplida literalmente, es la mejor razón de todas para deducir que la profecía no cumplida también será cumplida literalmente. Todas las profecías concernientes a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo también deben ser esperadas para ser cumplidas literalmente. Por estas razones, una interpretación alegórica de la profecía no cumplida debe ser rechazada y una interpretación literal o normal de la profecía no cumplida debe ser adoptada. El amilenialismo fracasa en el sentido de que utiliza hermenéutica inconsistente, es decir, interpretar la profecía incumplida de manera diferente a la profecía cumplida.

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OBJECIONES AL TÉRMINO “AMILENIALISTA”

Los amilenialistas a menudo objetan el término Amilenarismo para referirse a su sistema teológico por considerarlo insatisfactorio como descriptivo de su posición. Ese término parece sugerir que los adherentes al sistema no creen en absoluto en alguna forma de Milenio, como si ignoraran prácticamente los primeros versículos de Apocalipsis 20. Se ha propuesto reemplazarlo por expresiones tales como “Milenarismo Realizado ” u otros parecidos. De todos modos, el cambio no es tan importante y, de hecho, históricamente a esta escuela se la ha conocido como Amilenialismo o Amilenarismo.

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CONCLUSIONES

El amilenialismo ha sobrevivido como teología a lo largo de los siglos, de hecho, ha resurgido en algunas iglesias influenciadas por el calvinismo moderno. Podemos resumir sus principales postulados de la siguiente manera:

  • La primera venida de Cristo representa para el Amilenarismo una “escatología inaugurada”. Cristo ha ganado una victoria decisiva sobre el pecado, la muerte y Satanás. Para los amilenaristas el día más importante de la historia ha ocurrido en la cruz del Calvario. Existe un único pueblo de Dios, compuesto por judíos y gentiles. En esto, hay total coincidencia con el Premilenarismo histórico.
  • El amilenialismo también sostiene que el reino de Dios es tanto presente como futuro. Los amilenialistas no creen que el reino de Dios sea primariamente un reino judaico que incluya la restauración literal del trono de David. Ellos creen que el Reino ha sido iniciado por Cristo y está operando en la historia ahora, siendo destinado a revelarse en plenitud en el futuro. Por eso, el Reino es tanto presente como futuro. Presentan textos tales como: Mateo 12.28; Lucas 17.20-21; Mateo 7.21-23; 8.11; 12; Romanos 14.17; 1 Corintios 4.19-20; Colosenses 1.13-14; 1 Corintios 6.9; Gálatas 5.21; Efesios 5.5 y 2 Timoteo 4.18.
  • Para el amilenialista, aunque el último día es todavía del futuro, desde el hecho de Cristo en la cruz ya vivimos en los últimos tiempos. Apelan a los siguientes pasajes: Hechos 2.16-17; 1 Juan 2.18; Juan 6.39-40; 6.44,54; 11.24; 12.48; Romanos 8.23; 2 Corintios 5.17; 1 Corintios 6.19 y Colosenses 3.9-10. El retomo de Cristo (en la interpretación amilenial) será precedido por ciertos signos: predicación del evangelio a todas las naciones, conversión de la plenitud de Israel, gran apostasía, la Gran Tribulación y la aparición del Anticristo. Estos signos tendrán un clímax justamente antes de que el Señor retorne. Esto será, según el Amilenialismo, un solo evento. No existe en su esquema teológico un lugar para dos futuras venidas ni dos etapas de la Segunda Venida.
  • De acuerdo con el amilenialismo, después de la resurrección, cuando ocurrirá a la venida del Señor, los creyentes que estén vivos serán inmediatamente transformados y glorificados. Aquí se concretará el arrebatamiento de que habla 1 Tesalonicenses 4.13. Luego del juicio final que tendrá lugar el Estado Final. Los pasajes bíblicos citados son: Apocalipsis 21, 22; Romanos 8.19-22; Isaías 65.17; 66.22 y 2 Pedro 3.13). Es allí, en los cielos y tierra nuevos, donde los amilenialistas ven el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento que los dispensacionalistas toman como referencias al milenio terrenal. Los amilenialistas, por lo tanto, no sienten necesidad de poner un milenio terrenal para proveer el cumplimento a profecías de esta clase.

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REFERENCIAS:

[1] ¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una Respuesta, Pág.154, Casa Bautista de Publicaciones, 1991.

[2] Provan, Charles D. The Church is Israel Now: Old and New Testament Scripture Texts Which Illustrate the Conditional Privileged Position and Titles of “Racial Israel” and Their Transfer to the Christian Church, Arranged with Commentary. Vallecito, Calif.: Ross House Books, 1987.

[3] Cox, William E. (1966). Amillennialism Today. Presbyterian & Reformed Publishing Company.

[4] Philip Schaff, History of the Christian Church, Vol. 2 (Peabody, MA: Hendrickson, n.d.) 381.

[5] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, XXV.V

[6] David Bruce, Approaches to biblical prophecy.

[7] Catholic Answers on “The Rapture”. Consultado el 6/11/2018. Disponible en catholic.com/tract/the-rapture

[8] Jon Kennedy. The Everything Jesus Book: His Life, His Teachings, Adams Media, 2004.

[9] Ron Rhodes, The Complete Guide to Christian Denominations, Harvest House Publishers, 2005,

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ESCATOLOGÍA, Milenio, Pentecostalismo, Teología

El Milenio en la teología protestante

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con la teología evangélica la historia se apresura hacia la segunda venida del Señor Jesucristo a la tierra y su futuro reino milenial. En ese momento los propósitos de Dios, para los cuales el Hijo de Dios vino al mundo, se realizarán. La Redención se habrá completado y la soberanía divina habrá sido manifestada sobre la tierra.

Una gran porción de la profecía se relaciona con esta venida y con los eventos asociados con ella, entre ellos el Milenio. Los intérpretes bíblicos, sin embargo, están divididos en diferentes escuelas sobre la cuestión de la segunda venida de Cristo y la doctrina del milenio. Aunque la Segunda Venida de Cristo siempre ha ocupado un lugar de importancia en la teología cristiana, la cuestión milenaria se había considerado en otros tiempos como algo de poca importancia en la esfera de interpretación y estudios bíblicos, pero esto ha cambiado. La doctrina del milenio ha llegado a ser una de las mayores doctrinas, debido a su efecto determinante en toda la esfera de la teología. Estos aspectos son abordados por una rama de la teología denominada Escatología.

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¿QUÉ ES LA ESCATOLOGÍA?

La escatología es una rama de la teología cristiana conformada por las creencias escatológicas o de las “últimas cosas” del cristianismo. La palabra Escatología proviene de dos palabras griegas que significan “último” (ἔσχατος) y “estudio” (-λογία), se trata del estudio de las ‘cosas finales’, bien el fin de la vida individual, o del fin de los tiempos, o del fin del mundo, así como la naturaleza del Reino de Dios. A grandes rasgos, se refiere al estudio del destino de la humanidad tal como se describe en la Biblia, la fuente primaria para cualquier estudio escatológico cristiano. Los asuntos y eventos más importantes de la escatología cristiana son la muerte y la vida después de la muerte, el Cielo y el Infierno, el segundo advenimiento de Jesús (o Parusía), la Resurrección de los Muertos, el Arrebatamiento, la Gran Tribulación, el Milenio, el fin del mundo, el Juicio Final, así como el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva del mundo que vendrá. Los pasajes escatológicos se encuentran en muchos lugares de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Hay también muchos ejemplos extrabíblicos de profecías escatológicas, así como tradiciones eclesiales.

La escatología es quizá una de las ramas de estudio más antiguas de la teología cristiana, ya considerada en textos bíblicos como la Parábola del juicio final, y otros discursos de Jesús sobre los tiempos finales, la doctrina de la Parusía discutida por Pablo (Romanos 2:5-16, Romanos 14:10, 1 Corintios 4.5, 2 Corintios 5:10, 2 Timoteo 4:1, 2 Tesalonicenses 1:5) e Ignacio de Antioquía (35–107 d.C.), y tratado con más consideración por el apologista cristiano, Justino Mártir (100–165). El estudio de la escatología continuó en occidente con Tertuliano (160–225) y tuvo reflexiones más completas por parte de Orígenes (185–254).[1] El término fue usado inicialmente por el teólogo luterano Abraham Calovius (1612–86), pero sólo se usó de manera más amplia durante el siglo XIX.[2]

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LA DOCTRINA DEL MILENARISMO

La doctrina acerca del Milenio se conoce como Milenarismo. En términos generales, el concepto cristiano del Milenio alude a un período de mil años y se refiere a la doctrina de la era del retorno o segunda venida que aún está por iniciarse. El milenarismo pues, sostiene la creencia de que Cristo regresara a reinar por mil años.[3] Hoy en día, la mayoría de los cristianos creen que el Señor regresará antes de los mil años y por lo tanto esos años se caracterizarán por su presencia personal y por el ejercicio de la autoridad que le corresponde, lo cual confirma y sostiene el cumplimiento de todas las bendiciones sobre la tierra que están predichas para ese período.

En la interpretación mayoritaria los mil años transcurrirán entre la primera y la segunda resurrección de la humanidad. En esos mil años todos los pactos terrenales con Israel se cumplirán, toda la expectativa del Antiguo Testamento se aplicará, se manifestará el reino y la gloria de Israel y el Mesías prometido se sentará sobre el trono de David en Jerusalén. Sin embargo, no todos los cristianos están de acuerdo. En esta, como en muchas otras doctrinas, la diversidad de opiniones e interpretaciones se hace presente en el cristianismo. A pesar de que la fuente de estudio es una sola, existen al menos cuatro corrientes escatológicas en relación con la doctrina del milenio: el alegorismo (punto de vista no literal espiritualizado), postmilenialismo, amilenialismo y premilenialismo.

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PUNTOS DE VISTA SOBRE EL MILENIO

Históricamente ha habido tres puntos de vista, o escuelas de pensamiento escatológico, con respecto al Milenio:

 

(1) POSTMILENARISMO: Este punto de vista es popular entre los teólogos del pacto del período posterior de la Reforma (calvinistas). Sostiene que mediante la predicación del Evangelio el mundo entero será cristianizado y sometido al Evangelio, antes del regreso de Cristo. El nombre de esta corriente se deriva del hecho de que, según esta teoría, Cristo regresa después, del milenio (por tanto, post-milenio). Debiera añadirse que los principios posmilenaristas enseñan que la Segunda Venida será seguida inmediatamente por la resurrección y el juicio general, así como la iniciación plena del cielo y el infierno. En realidad, el posmilenarismo evangélico se diferencia principalmente del amilenarismo, en su creencia sobre el triunfo final del bien sobre el mal antes del retorno de Cristo. Algunos posmilenaristas creen que toda la era de la Iglesia es el Milenio. Otros piensan que la cristianización de la sociedad llegará gradualmente y que será plenamente realizada en un futuro remoto, pero antes del regreso de Cristo. Para los posmilenaristas la venida de Cristo cierra esta era y es seguida por el estado eterno. Como ya vimos anteriormente los amilenaristas también creen esto.
Hubo algunas variaciones a mediados del siglo XVII como resultado de una reacción en contra del humanismo y la teología liberal pero no fue hasta después de las dos guerras mundiales que el posmilenarismo comenzó a perder su importancia e influencia. Este movimiento prácticamente sucumbió con el colapso de los sueños utópicos después de las guerras mundiales. Hoy en día, esta posición es minoritaria entre los evangélicos. Otro factor en su deterioro fue el hecho de que al posmilenarismo se le hizo casi imposible resistir el asalto de la teología liberal. No obstante, los cristianos que aún sostienen este punto de vista se adhieren a la doctrina de la segunda venida literal y creen en un milenio literal, pues siguen generalmente la enseñanza del Antiguo Testamento sobre la naturaleza de ese reino. Su controversia es sobre cuestiones como quién instituye el milenio, la relación de Cristo con el milenio, y el tiempo de la venida de Cristo en relación con ese milenio.
Hay un grupo de variantes modernas del postmilenarismo, que reciben nombres como “el reino ahora” y “teología del dominio”. Enseñan que esta era presente es el reino de Dios, y que los cristianos deben usar el poder de Dios para llevarlo hasta su realización plena a base de convertirse en una Iglesia madura, algo que “habría podido suceder hace miles de años, si la Iglesia de aquellos días hubiese alcanzado la madurez necesaria”. Creen que Cristo regresará a un mundo donde la Iglesia se ha hecho con el dominio “sobre todo aspecto dentro del marco social”. La Iglesia debe recuperar su control sobre todos los reinos de este mundo. Algunos dicen que la Iglesia debe derrocar todo dominio que se oponga a Dios. Aun la muerte deberá estar “totalmente vencida antes del regreso de Jesús.” Olvidan que el trigo y la cizaña existirán juntos a lo largo de toda esta era, hasta que Dios envíe a sus ángeles para que recojan la cosecha (Mateo 13:36–43). Muchos no creen en la doctrina del Arrebatamiento y, en lugar de esto, buscan la victoria y el dominio mientras establecen el reino de Dios en la tierra. La mayor parte son preteristas y creen que la gran tribulación tuvo lugar en el primer siglo. También creen que “el Israel étnico fue excomulgado por su apostasía” y “Cristo transfirió las bendiciones del reino de Israel a un nuevo pueblo: la Iglesia”. Ignoran los numerosos pasajes de las Escrituras que indican que Dios tiene aún un propósito que cumplir con la nación de Israel en su plan.[4]
El posmilenialismo se divide en dos corrientes principales: Posmilenialismo bíblico (tradicional) y posmilenialismo liberal.
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(2) AMILENARISMO: El prefijo “a” significa “no” o “sin”. El amilenarismo es el punto de vista que no cree en un futuro reino literal de Cristo en la tierra por mil años, en cumplimiento de las promesas de Dios contenidas en el Antiguo Testamento. Para los defensores de este punto de vista escatológico, todas las profecías con respecto al reino están cumpliéndose espiritualmente ahora en la Iglesia, en el período intermedio entre los dos advenimientos. Su carácter más general es el de negar el reino literal de Cristo sobre la tierra. Es similar al post-milenarismo, que enseña que Cristo viene después de lo que ellos consideran el milenio.
Algunos toman un punto de vista idealista y dicen que no habrá un milenio literal en absoluto. Otros consideran que los mil años transcurren en el cielo durante la Era de la Iglesia.[5] La mayoría toman el número mil como un número ideal que representa un período indefinido. Esperan que la Era de la Iglesia termine con una resurrección y un juicio generales, tanto para los justos como para los malvados al mismo tiempo, seguido de inmediato por el reino eterno de los nuevos cielos y la nueva tierra. Con respecto al Apocalipsis en su totalidad, muchos son preteristas. Puesto que en su sistema no tienen lugar para una restauración literal de Israel, o para el reinado de Cristo en la tierra, toman las profecías del Antiguo Testamento que se refieren a Israel, las espiritualizan y se las aplican a la Iglesia. No obstante, es muy claro, por ejemplo, en Ezequiel 36, que Dios restaurará a Israel por causa de su santo nombre, a pesar de lo que ellos hayan hecho.[6]
El Amilenarismo no sólo es una designación inaplicable debido a su implicación negativa, sino que la distinción que hace es falsa. Ningún amilenarista niega que la Biblia enseña un Milenio. Pero la palabra amilenarismo significa que no hay Milenio. El problema no es si se enseña el Milenio en Apocalipsis 20. Todos los amilenaristas lo creen.

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(3) PREMILENARISMO: Es el que sostiene que Cristo volverá a la tierra, literal y corporalmente: El prefijo “pre” antes de la palabra milenarismo significa “antes”. Por lo tanto, el Premilenarismo sostiene la creencia de que Cristo retornará antes de que se establezca el milenio y de hecho lo implantará cuando regrese a la tierra. Generalmente el sistema puede caracterizarse de la siguiente forma: los premilenaristas creen que poseen la fe histórica de la Iglesia al sostener una interpretación literal de las Escrituras, piensan que las promesas hechas a David y Abraham son incondicionales, que tuvieron o tendrán un cumplimiento literal. Las promesas hechas a Israel no han sido cumplidas o abrogadas de forma alguna por la iglesia, la cual es un cuerpo particular en esta era que tiene un destino y una promesa diferentes a la de Israel. Los premilenaristas dicen que Cristo, al final de esta era, Cristo retornará para establecer su reino en la tierra por mil años, durante los cuales se cumplirán las promesas hechas al pueblo de Israel. Los estudiantes de la historia de la iglesia primitiva generalmente concuerdan en que el premilenarismo era el punto de vista sostenido por muchos en la era post-apostólica. Que esta es la más antigua de las tres posiciones milenaristas es algo prácticamente indudable. El premilenialismo se divide en dos corrientes: Histórico y dispensacional.
Los premilenaristas toman las profecías del Antiguo Testamento, así como las de Jesús y del Nuevo Testamento, tan literalmente como lo permite su contexto. Reconocen que la forma más sencilla de interpretar estas profecías es situar el regreso de Cristo, la resurrección de los creyentes y el trono del juicio de Cristo, antes del milenio, después del cual Satanás será puesto en libertad temporalmente, para seguir a continuación con su derrota definitiva. Entonces vendrá el juicio del gran trono blanco para el resto de los muertos y, por último, el reino eterno de los nuevos cielos y la nueva tierra. Con respecto al Apocalipsis en su conjunto, los premilenaristas son futuristas. No ven que el mundo vaya a mejorar durante esta era, y sienten lo importante que es exhortar al mundo para que huya de la ira que será derramada, al aceptar a Cristo como Salvador y Señor. Con todo, no son pesimistas. Buscan con gozosa expectación la bienaventurada esperanza; el regreso de nuestro Señor.[7]

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LOS PENTECOSTALES Y EL MILENIO

La teología pentecostal en relación con los eventos futuros y el milenio se enmarca dentro del Premilenialismo (en su mayoría, aunque no exclusivamente, dispensacional). Los pentecostales creemos en un Reinado literal de mil años de Cristo sobre la Tierra.[8] Los pentecostales creemos que:

(1) AL INICIO DEL MILENIO, SATANÁS SERÁ ATADO: En Apocalipsis 20:1–3 y los versículos 7–10 se habla del juicio de Satanás. Este estará prisionero en el abismo durante mil años. El abismo será cerrado y sellado sobre él, de manera que no tendrá posibilidad de realizar actividad alguna en la tierra durante ese período.
(2) LA IGLESIA REINARÁ CON CRISTO DURANTE EL MILENIO: En Apocalipsis 20:4–6 la Biblia habla de los que son sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años. Este reino traerá consigo el cumplimiento de muchas profecías. En el milenio, Israel y la Iglesia son en realidad un único pueblo de Dios. Uno por la fe en Cristo y la participación común en el Espíritu y, sin embargo, distintos, en cuanto a que Dios restaurará a Israel como nación a su tierra bajo un nuevo pacto.[9] Apocalipsis 20:4 se refiere a dos grupos de personas. El primero se sienta en el trono a juzgar (es decir, a “gobernar”). El mensaje a todas las iglesias (Apocalipsis 3:21–22) indica que éstos son todos los creyentes de la Era de la Iglesia que han permanecido fieles, convirtiéndose en vencedores; esto es, ganadores, triunfadores (Apocalipsis 2:26–27; 3:21; 1 Juan 5:4). Entre ellos, tal como lo prometió Jesús, están los doce apóstoles para juzgar (regir) a las doce tribus de Israel (Lucas 22:30), puesto que Israel, restaurado, purificado, lleno del Espíritu Santo de Dios, sin duda alguna ocupará toda la tierra prometida a Abraham (Génesis 15:18). Además de los vencedores procedentes de la Era de la Iglesia, Juan vio “almas”; esto es, personas vivas que habrán pasado por el martirio durante la tribulación (Apocalipsis 6:9–11; 12:15). Estos dos grupos son reunidos para reinar con Cristo durante los mil años.
(3) EL MILENIO SERÁ UN TIEMPO DE PAZ: Este período será un tiempo de paz y bendición, en el que prevalecerá la justicia (Isaías 2:2–4; Miqueas 4:3–5; Zacarías 9:10). El Espíritu Santo realizará una obra de restauración. Hasta el mundo natural reflejará el orden, la perfección y la belleza que Dios quería que tuviese su creación.[10] El mundo animal será transformado (Isaías 11:6–8; 35:25; Ezequiel 34:25). Sin embargo, aún habrá causa para el castigo y la muerte (Isaías 65:17–25). Esto significa que aún les será necesario tomar la decisión de seguir a Cristo en fe y obediencia a aquellos hijos que les nazcan durante el reinado milenial de Cristo en la tierra a los no creyentes que sobrevivieron a la tribulación.
(4) LA SEGUNDA RESURRECCIÓN TENDRÁ LUGAR DESPUÉS DEL MILENIO: En Apocalipsis 20:5 se hace una simple afirmación acerca de “los otros muertos”. Entre éstos se incluyen todos los que no estén en los dos grupos mencionados en el versículo 4. Es decir, este grupo incluye a todos los que han muerto en sus pecados, alejados de la gracia salvadora de Dios. Ellos no resucitarán hasta después del reinado milenial de Cristo.
(5) SATANÁS SERÁ SUELTO AL FINAL DEL MILENIO: Después de los mil años, se soltará a Satanás, probablemente para causar una reivindicación final a la justicia de Dios. Es decir, aunque la gente habrá disfrutado del maravilloso dominio de Cristo, es evidente que seguirá a Satanás en cuanto tenga oportunidad. Los que no son salvos se rebelan. En justicia, Dios no puede hacer otra cosa más que separarlos para siempre de sus bendiciones. Satanás, el gran engañador, también se engaña a sí mismo y cree que aún puede derrotar a Dios, pero su intento final fracasará. Nunca más habrá una rebelión contra Dios y contra su amor. El juicio final tendrá lugar después del Milenio.

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CONCLUSIÓN

El Reino Milenial es el título dado a los 1000 años del reinado de Jesucristo en la tierra. Algunos buscan interpretar los 1000 años de manera alegórica. Otros entienden que los 1000 años son solo una manera figurativa de decir “un largo período de tiempo”. El resultado es que algunos no esperan que sea literalmente un reinado físico de Jesucristo sobre la tierra. Sin embargo, en Apocalipsis 20:2-7, seis veces se menciona específicamente que el Reino Milenial tendrá una duración de 1000 años. Si Dios hubiera querido decirnos “un largo período de tiempo”, Él lo hubiera hecho fácilmente, sin mencionar explícita y repetidamente un marco exacto del tiempo.

La Biblia nos dice que cuando Cristo regrese a la tierra, Él mismo se establecerá como Rey en Jerusalén, sentándose en el trono de David (Lucas 1:32-33). Los pactos incondicionales demandan un retorno físico y literal de Cristo para establecer Su reino. El pacto Abrahámico prometió una tierra para Israel, una posteridad, un gobernante, y una bendición espiritual (Génesis 12:1-3) El pacto Palestino prometió a Israel una restauración de la tierra y su ocupación (Deuteronomio 30:1-10). El pacto Davídico prometió a Israel el medio por el cual perdonaría a la nación y podría ser bendecida (Jeremías 31:31-34).

En la Segunda Venida, estos pactos serán cumplidos mientras se reúne a Israel de entre las naciones (Mateo 24:31), se convierte (Zacarías 12:10-14), y se restaura a su tierra bajo el gobierno del Mesías, Jesucristo. La Biblia habla sobre las condiciones durante el Milenio, como un ambiente perfecto tanto físico como espiritual. Será un tiempo de paz (Miqueas 5:2-4; Isaías 32:17-18); gozo (Isaías 61:7,10); confort (Isaías 40:1-2); sin pobreza (Amos 9:13-15), ni enfermedad (Joel 2:28-29). La Biblia también nos dice que solo los creyentes entrarán en el Reino Milenial. Por esto, habrá un tiempo de completa justicia (Mateo 25:37; Salmo 24:3-4); obediencia (Jeremías 31:33); santidad (Isaías 35:8); verdad (Isaías 65:16); y llenura del Espíritu Santo (Joel 2:28-29). Cristo regirá como Rey (Isaías 9:3-7; 11:1-10), con David como gobernante (Jeremías 33:15,17,21; Amos 9:11). Nobles príncipes también gobernarán (Isaías 32:1; Mateo 19:28). Jerusalén será el centro “político” del mundo (Zacarías 8:3).

Apocalipsis 20:2-7 simplemente da el período de tiempo preciso del Reino Milenial. Aún sin estas Escrituras, hay muchísimas otras que apuntan hacia un reinado literal del Mesías en la tierra. El cumplimiento de muchas de las promesas y pactos de Dios descansan sobre un reino futuro literal y físico. No existen bases sólidas para negar una interpretación literal del Reino Milenial y sus 1000 años de duración.

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REFERENCIAS:

[1] Alexander Roberts & James Donaldson, eds. Ante-Nicene Fathers. (16 vol.) Peabody, Massachusetts: Hendrickson, 1994. Los escritos de Ignacio y Justino Mártir pueden verse en el Vol. 1; Tertuliano, en Volumes 3–4; y Orígenes en Volume 4.

[2] Erwin Fahlbusch, Dietrich, “Eschatology,” The Encyclopedia of Christianity (Grand Rapids, MI; Leiden, Netherlands: Wm. B. Eerdmans; Brill, 1999–2003), 122.

[3] Enciclopedia Británica. Décimo cuarta edición. Vol. II.

[4] Pauline G. MacPherson, Can the Elect Be Deceived? Denver: (Bold Truth Press, 1986), p. 46. Véase también David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Fort Worth: Dominion Press, 1985), p. 53; Earl Paulk, The Great Escape Theory (Decatur, Ga.: Chapel Hill Harvester Church, s. f). David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Tyler, Tex.; Reconstruction Press, 1985), p. 224. Gary DeMar y Peter Leithart, The Reduction of Christianity (Fort Worth: Dominion Press, 1988), p. 213. En cuanto a los propósitos de Dios con Israel, véanse Deuteronomio 4:27–31; Isaías 2:2–3; 14:1–3; Jeremías 23:5–6, 32:37–42; Ezequiel 36:22–32; 39:25–29; Amós 9:11–15; Sofonías 3:14–15; Zacarías 8:7–8, 13–15; Romanos 11:15, 25–27.

[5] Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1979), p. 235.

[6] Williams, Systematic Theology, vol. 3, pp. 224, 233.

[7] Wayne House y Thomas Ice, Dominion Theology: Blessing or Curse? (Portland, Oreg.: Multnomah Press, 1988), p. 390.

[8] La repetición de los mil años en seis ocasiones les da importancia y sugiere que esto es algo a tomar literalmente. Salmos 2:8; 24:7–8; Isaías 9:7; 11:6–10; 35:1–2; 61:3; Jeremías 23:5–6; Ezequiel 40–48; Daniel 2:44; Oseas 1:10; 3:5; Amós 9:11–15; Miqueas 4:1–8; Zacarías 8:1–9; Mateo 19:28; Hechos 15:16–18; Apocalipsis 2:25–28; 11:15.

[9] Bruce Ware, The New Covenant and the People(s) of God”, pp. 68–97.

[10] Salmos 96:11–13; 98:7–9; Isaías 14:7–8; 35:1–2, 6–7; 51:3; 55:12–13; Romanos 8:18–23.

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Catolicismo, Iglesias Reformadas, ORDENANZAS DEL EVANGELIO, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante, SACRAMENTOS

Sacramentos u ordenanzas pentecostales

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Nuestro término “sacramento” proviene del latín “sacramentum”. En el mundo antiguo, originalmente, el sacramentum era una suma de dinero depositada en un lugar sagrado por las dos partes envueltas en una litigación civil. Cuando la corte tomaba su decisión, se le devolvía su dinero a la parte ganadora, mientras que se le quitaba el suyo a la perdedora, como “sacramento” obligatorio; era considerado sagrado porque era ofrecido entonces a los dioses paganos. Al pasar el tiempo, también se aplicó el término “sacramento” al juramento de fidelidad que hacían los nuevos reclutas en el ejército romano. Ya en el segundo siglo, los cristianos habían adoptado este término y lo habían comenzado a asociar con su voto de obediencia y consagración al Señor. La Vulgata latina (alrededor del año 400) usó el término sacramentum para traducir el término griego mystérion (“misterio”), lo cual añadía una connotación más bien secreta o misteriosa a aquellas cosas consideradas “sagradas”.[1] De hecho, a lo largo de los años, el sacramentalismo se impuso en la iglesia cristiana al punto que estos llegaron a ser vistos como ritos que confieren gracia espiritual (con frecuencia, “gracia salvadora”) a los que participan de ellos. En el catolicismo, por ejemplo, los sacramentos son considerados señales exteriores de la gracia interior, instituidos por Cristo para nuestra santificación.[2]

En la interpretación reformada los sacramentos son considerados signos externos que sellan y confirman las promesas del pacto de Dios. Así, para muchos protestantes de tradición calvinista, los sacramentos son medios de gracia. Es decir, son canales utilizados por Dios para impartir y conferir la gracia simbolizada. De acuerdo con esta interpretación los sacramentos, además de contener algún elemento visible como el agua, el pan o el vino, incluyen también una acción determinada, ordenada por Dios en asociación con el signo, que le otorga al creyente un beneficio redentor. Esta, sin embargo, no es la norma evangélica.

La mayoría de las iglesias evangélicas (pentecostales incluidos) ven a los sacramentos como solamente memoriales o señales que indican que la persona ha hecho una profesión de fe y ahora son parte de la familia de la iglesia. La mayor parte de los grupos protestantes están de acuerdo en que Cristo le dejó a la Iglesia dos observancias o ritos, que se debían incorporar a la adoración cristiana: el bautismo en agua y la Cena del Señor.[3]

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¿SACRAMENTOS U ORDENANZAS?

En el contexto pentecostal y evangélico, mayormente a causa de la connotación un tanto mágica que acompaña al uso de la palabra “sacramento”, se suele preferir el término “ordenanza” para expresar nuestro entendimiento con respecto al bautismo y la Cena del Señor.[4] Ya desde los tiempos de la Reforma, algunos pusieron objeciones al uso de la palabra “sacramentos”, prefiriendo hablar de “señales” o “sellos” de la gracia. Tanto Lutero como Calvino utilizaron el término “sacramento”, pero llamaron la atención sobre el hecho de que el uso que ellos hacían de él tenía un sentido teológico distinto al que implica originalmente la palabra. Felipe Melanchton, compañero de Lutero, prefería utilizar el término “signi” (señales).[5] Hoy en día, algunos que no se consideran “sacramentalistas” (es decir, que no consideran que se administre la gracia salvadora a través de los sacramentos), siguen usando los términos “sacramento” y “ordenanza” como sinónimos.

Como algo dispuesto por Cristo, en lo que participamos tanto por su mandato como por su ejemplo, la mayoría de los pentecostales y evangélicos no consideran las ordenanzas como algo que produzca por sí mismo un cambio espiritual, sino más bien piensan que sirven como símbolos o formas de proclamar lo que Cristo ya ha efectuado espiritualmente en la vida del creyente.

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EL BAUTISMO EN AGUA

La ordenanza del bautismo en agua ha sido parte de la práctica cristiana desde los orígenes de la Iglesia. Esta práctica era una parte tan corriente de la vida en la Iglesia Primitiva, que la sola idea de un cristiano sin bautizar es sencillamente absurda y no se considera siquiera en el Nuevo Testamento.[6]

La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios afirma:

“Las Escrituras establecen la ordenanza del bautismo en agua por inmersión. Todos los que se arrepienten y creen en Cristo como Salvador y Señor deben ser bautizados. De esta manera declaran ante el mundo que han muerto con Cristo y que han sido resucitados con El para andar en nueva vida (Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 10:47-48; Romanos 6:4)”[7]

La Declaración de Fe de la iglesia de Dios también afirma:

“En el bautismo en agua por inmersión, y que todos los que se arrepienten deben ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”[8]

Asimismo, la Declaración de Fe de la Iglesia del Evangelio Cuadrangular afirma:

“Creemos que el bautismo en agua en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, de acuerdo con el mandamiento de nuestro Señor, es una bendita señal exterior de una obra interna, un precioso y solemne emblema que nos recuerda que así como nuestro Señor murió en la cruz del Calvario, debemos de considerarnos muertos verdaderamente al pecado, y que el viejo hombre fue clavado en la cruz con El; y que así como Él fue tomado del madero de la cruz y sepultado, así nosotros somos sepultados con El para muerte por el bautismo; para que así como Cristo fue resucitado de los muertos por la gloria del Padre, así nosotros andemos en novedad de vida”[9]

Para nosotros los pentecostales, Cristo marcó la pauta del bautismo cristiano cuando fue bautizado Él mismo por Juan al comienzo de su ministerio público (Mateo 3:13–17). Más tarde, les ordenó a sus seguidores que fuesen a todo el mundo e hiciesen discípulos, “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Por tanto, fue Cristo quien instituyó la ordenanza del bautismo, tanto con su ejemplo como con su mandato.

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En la teología pentecostal, uno de los principales propósitos por los que se bautiza a los creyentes en agua, es que esto simboliza su identificación con Cristo. Los creyentes del Nuevo Testamento, al ser bautizados, indicaban que estaban entrando en el ámbito del señorío soberano y la autoridad de Cristo. A través del bautismo, el nuevo creyente se identifica con Cristo en su muerte, que su vieja naturaleza fue sepultada con Él, y que ha sido levantado a nueva vida en Él. El bautismo indica que el creyente ha muerto a la antigua forma de vivir y entrado en “novedad de vida” por medio de la redención en Cristo. En la teología pentecostal, el acto del bautismo en agua no es el que realiza esta identificación con Cristo, pero la presupone y simboliza. De esta forma, el bautismo simboliza el momento en el cual alguien que anteriormente había sido enemigo de Cristo presenta su rendición definitiva.[10]

El bautismo en agua simboliza también que los creyentes se han identificado con el cuerpo de Cristo, la Iglesia. Los creyentes bautizados son iniciados en la comunidad de la fe y, al hacerlo, dan testimonio público ante el mundo de su fidelidad al pueblo de Dios. Ésta parece ser una de las razones más importantes por las que eran bautizados los creyentes del Nuevo Testamento casi inmediatamente después de su conversión. En un mundo que era hostil a la fe cristiana, era importante que los nuevos creyentes tomaran partido junto con los discípulos de Cristo y se integraran de inmediato en la vida total de la comunidad cristiana. Así pues, recibir el bautismo es más que obedecer el mandato de Cristo; es algo relacionado con el acto mismo de convertirse en discípulo suyo.[11]

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LA CENA DEL SEÑOR

La segunda ordenanza de la Iglesia es la Cena del Señor o Santa Comunión. Como el bautismo, esta ordenanza ha formado parte integral del culto cristiano desde el ministerio terrenal de Cristo, cuando Él mismo instituyó este rito en la noche en que fue traicionado, durante la cena de la Pascua. Nuevamente, la Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios nos dice:

“La Cena del Señor, que consiste en la participación de las especies eucarísticas–el pan y el fruto de la vid–es el símbolo que expresa nuestra participación de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:4); un recordatorio de sus sufrimientos y su muerte (1 Corintios 11:26); y una profecía de su segunda venida (1 Corintios 11:26); y un mandato para todos los creyentes “¡hasta que él venga!”[12]

La Iglesia del Evangelio Cuadrangular, una denominación histórica del pentecostalismo clásico, declara al respecto:

“Creemos en la conmemoración y observancia de la Cena del Señor por el uso sagrado del pan partido, un símbolo precioso del Pan de Vida Jesucristo mismo, cuyo cuerpo fue partido por nosotros; y por el jugo de la vid, un símbolo solemne que siempre debe recordarnos de la sangre derramada del Salvador, quien es la Vid verdadera, y cuyas ramas representan a todos los creyentes; que esta ordenanza es como un arco iris glorioso que cubre el golfo del tiempo entre el Calvario y la venida del Señor, cuando en el reino de Su Padre el participara nuevamente de esta ordenanza con sus hijos; que el servir de este sacramento bendito debe ser siempre antecedido por el más solemne escrutinio del corazón, examen propio, perdón y amor hacia todos los hombres, para que nadie participe de esta ordenanza indignamente y beba condenación para su alma”.[13]

Siguiendo las indicaciones de Jesús, los cristianos participan de la Santa Cena en “memoria” de Él (Lucas 22:19–20; 1 Corintios 11:24–25). Sin embargo, el término que traducimos como “memoria” (gr. anámnesis) implica mucho más que recordar algo o pensar en alguna ocasión del pasado. Anámnesis implica transportar una acción que está enterrada en el pasado de una manera tal, que no se pierdan su potencia y vitalidad originales, sino que sean traspasadas al presente.[14] Este concepto se halla reflejado incluso en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 16:3; 1 Reyes 17:18). El concepto de anámnesis le confiere a la Cena del Señor un sentido triple del recuerdo: pasado, presente y futuro. El teólogo pentecostal Stanley M. Horton afirma a este respecto:

“La Iglesia se reúne como un solo cuerpo en la mesa del Señor, para recordar su muerte. Los mismos elementos que es típico utilizar en la Santa Cena son representativos del sacrificio máximo de Cristo: dar su cuerpo y su sangre por los pecados del mundo. Hay también un sentido presente de comunión con Cristo en su mesa. La Iglesia no se reúne a proclamar a un héroe muerto, sino a un Salvador resucitado y vencedor. La frase “la mesa del Señor” sugiere que Él se halla a cargo de todo, como el verdadero anfitrión de la cena, con la connotación del sentido de que los creyentes están seguros y tienen paz en Él (Salmo 23:5). Finalmente, hay un sentido futuro de recuerdo en que la comunión presente del creyente con el Señor no es la definitiva. En este sentido, la Cena del Señor tiene una dimensión escatológica, puesto que se toma mientras se espera su regreso y la reunión eterna de la Iglesia con Él (Marcos 14:25; 1 Corintios 11:26). La comunión con Cristo denota además una comunión con su cuerpo, la Iglesia. La relación vertical que los creyentes tienen con el Señor se ve complementada con su relación horizontal los unos con los otros; el amor a Dios está vitalmente asociado con el amor a nuestro prójimo (Mateo 22:37–39). Esta comunión verdadera con nuestros hermanos y hermanas exige necesariamente la superación de todas las barreras (social, económica, cultural, etc.) y la corrección de todo aquello que pudiese destruir la unidad verdadera. Sólo entonces podrá la Iglesia participar genuinamente (o tener koinonía) en el cuerpo y la sangre del Señor, y ser realmente un cuerpo (1 Corintios 10:16–17). Pablo hace resaltar vívidamente esta verdad en 1 Corintios 11:17–34.”[15]

Ahora bien, el hecho de que en la teología pentecostal la Cena del Señor sea considerada una verdadera comunión entre los creyentes, implica de forma práctica que la mayor parte de las iglesias en las tradiciones pentecostal y evangélica practican la comunión abierta. Comunión abierta significa que todos los creyentes nacidos de nuevo, cualesquiera que sean sus diferencias menos importantes, son invitados a unirse con los santos en comunión con el Señor ante su mesa. Los creyentes de denominaciones hermanas pueden sentarse juntos a la mesa del Señor. Hay un elemento más que merece ser destacado en relación con la Cena del Señor y las prácticas de algunas iglesias pentecostales: El Lavatorio de pies.

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LA CENA DEL SEÑOR EN UNIÓN AL LAVATORIO DE PIES EN ALGUNAS IGLESIAS PENTECOSTALES

El lavado de pies es un acto ritual que simbolizaba la hospitalidad en el Medio Oriente, proporcionando agua para la limpieza y bienestar de los viajeros después de un largo camino. Sin embargo, en algunas culturas se considera una vergüenza repugnante y humillante lavar los pies a una persona, por lo que aún en el Medio Oriente era una labor destinada a los esclavos o siervos. En el contexto cristiano, el rito toma un significado diferente. En algunas denominaciones cristianas el lavatorio de pies es conocido también como Mandato (en latín mandatum, ‘orden, mandamiento’), y procede de las palabras de Jesús en la Vulgata “Mandatum novum do vobis” (Juan 13:34 VUL, ‘Os doy un nuevo mandamiento’).[16] Este rito no es exclusivo del Nuevo Testamento, sino que es mencionado en muchas más ocasiones en el Antiguo. Hay dos tipos de lavatorios de pies mencionados en el Antiguo Testamento:

  1. EL LAVATORIO TRADICIONAL: Esta práctica común se menciona en Génesis 18.4; 19.2; 24.32; 43.24 y 2 Samuel 11.8. Esta costumbre fue conocida en los días de Cristo, como es evidente por su reprensión a Simón: “Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies” (Lucas 7.44). La costumbre en aquel tiempo era que los siervos lavaran los pies a las visitas. En nuestra cultura ya no existe esta costumbre.
  2. EL LAVATORIO CEREMONIAL: El lavatorio ceremonial de los pies y las manos se menciona en Éxodo 30.17–21 y Éxodo 40.30–32. La primera cita tiene una lista de instrucciones específicas de Dios a Aarón y a sus hijos acerca de la ceremonia de purificación que tiene que ver con el lavatorio de las manos y de los pies. La segunda se refiere a la observancia de este mandamiento.

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El Nuevo Testamento, por otro lado, describe el lavado de pies como un acto efectuado por Jesús sobre sus discípulos. En la iglesia primitiva, era costumbre lavar los pies a otros cristianos como acción de humildad y servicio por las viudas según 1 Timoteo 5:10, en donde se nos dice:

“y que sea reconocida por sus buenas obras, tales como criar hijos, practicar la hospitalidad, lavar los pies de los creyentes, ayudar a los que sufren y aprovechar toda oportunidad para hacer el bien”

Agustín de Hipona lo relacionó ceremonialmente con el bautismo pascual y su asociación con el Jueves Santo fue establecida en la iglesia tradicional por el Concilio de Toledo en el 694. Sin embargo, este rito ha sido practicado desde el período de la iglesia primitiva e imitado por diversas denominaciones cristianas. Loa anabaptistas, una de las ramas de la Reforma Protestante, han practicado desde siempre el lavatorio de pies. Una de sus confesiones de fe establece:

“Creemos que Jesús nos llama a servirnos unos a otros en amor como lo hizo él. En lugar de procurar dominar sobre los demás, estamos llamados a seguir el ejemplo de nuestro Señor, que eligió ejercer como un sirviente, lavando los pies de sus discípulos. Cuando se aproximaba su muerte, Jesús se inclinó para lavar los pies de sus discípulos y les dijo: «Así que si yo, vuestro Señor y Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros unos a otros los pies. Porque os he dado un ejemplo, para que vosotros también hagáis lo que yo os he hecho». Con este acto, Jesús manifestó humildad y una disposición servicial, llegando a entregar su vida por los que él amó. Al lavar los pies de los discípulos, Jesús escenificó una parábola de su vida entregada hasta la muerte por ellos, y del estilo de vida a que están llamados los discípulos en el mundo. Los creyentes que se lavan los pies unos a otros manifiestan que son uno en el cuerpo de Cristo. Así reconocen su necesidad frecuente de limpieza, renuevan su disposición a deshacerse del orgullo y del poder mundanal, y ofrecen sus vidas en servicio humilde y amor sacrificado (Jn 13,14-15; Jn 13,8; Mt 20,20-28; Mr 9,30-37; Lc 22,25-27)”[17]

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Este rito fue transmitido también a algunas ramas del pentecostalismo clásico. La Iglesia de Dios, una de las denominaciones pentecostales más grandes e importantes, afirma en su Declaración de Fe:

“Creemos… en la cena del Señor y el lavatorio de los pies de los santos”[18]

Cabe destacar que no muchas organizaciones pentecostales observan el Lavatorio de Pies seguido de sus servicios de la Santa Cena, no obstante, la Iglesia de Dios aún continúa observando dicha práctica, la cual halla su fundamento en Juan 13:4-5, donde se nos dice:

“Se levantó de la cena, y se quitó su túnica, y tomando una toalla, se ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”

De acuerdo con la enseñanza de las iglesias pentecostales que todavía practican el lavatorio de pies, hay varias lecciones enseñadas en este acto. Todas estas se ven demostradas por la manera en la cual Jesús lavó los pies de los apóstoles. Estas incluyen la obediencia, la humildad, el amor, la igualdad, la sumisión, y el servicio. Aunque no todos los pentecostales consideramos el lavatorio de pies como una ordenanza que deba ser practicada de forma obligatorio en la iglesia de hoy (tal como el bautismo en agua y la cena del Señor), respetamos a nuestros hermanos pentecostales y de otras denominaciones que sí lo hacen, reconociendo además la belleza y simbolismo de dicho acto.

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LOS SACRAMENTOS, OTRO PUNTO DE DESACUERDO ENTRE PROTESTANTES Y CATÓLICOS

En la teología católica se enseña que, mientras que Dios da gracia al hombre sin símbolos externos (sacramentos), Él también ha elegido dar gracia al hombre a través de símbolos visibles. En la mentalidad católica, el hombre es necio al no hacer uso de estos medios provistos por Dios para obtener santificación. A fin de calificar como un sacramento, la Iglesia Católica Romana establece que debe reunir los siguientes tres criterios:

a) Debe ser una señal sensiblemente perceptible de gracia santificadora.
b) El otorgamiento de gracia santificadora.
c) La institución hecha por Dios o, más exactamente, por Dios-Hombre, Jesucristo.

Así que, los sacramentos no son meramente un símbolo, sino que son creídos como verdaderos otorgantes de gracia santificante sobre el receptor. La Iglesia Católica Romana cree que todos sus siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo Mismo. Hay siete sacramentos católico-romanos, y son los siguientes:

1) Bautismo, del cual la Iglesia Católica Romana enseña que quita el pecado original mientras que es infundido con gracia santificante.
2) Penitencia, por la cual uno confiesa sus pecados a un sacerdote.
3) Comunión, (La Eucaristía) considerado la recepción y consumo del mismo cuerpo y la misma sangre de Cristo.
4) Confirmación, una aceptación formal dentro de la iglesia, junto con una unción especial del Espíritu Santo.
5) Extremaunción o unción de los enfermos, realizada a personas moribundas para el fortalecimiento físico y espiritual, como preparación para el Cielo. Cuando se combina con la confesión y la comunión (La Eucaristía), es llamado – los ritos finales.
6) Orden sacerdotal el proceso por medio del cual los hombres son ordenados al clero.
7) Matrimonio, que provee gracia especial para la pareja.

Para el católico romano, los sacramentos realmente imparten beneficios espirituales. Sin embargo, toda la idea de los “sacramentos” que imparten gracia salvadora sobre la gente, es antibíblica. Hay dos de los principales sacramentos que específicamente son nombrados por la Iglesia Católica Romana como necesarios de que uno participe a fin de obtener la vida eterna; el bautismo y la comunión. Por la creencia de la Iglesia Católica Romana, de que el bautismo es requerido para la salvación, ellos sostienen que es importante el bautismo de infantes. Pero en ninguna parte de la Escritura encontramos aún un solo ejemplo o mandato de hacerlo así.

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En cuanto a la comunión, la Iglesia Católica Romana toma literalmente Juan 6:54 cuando Jesús dice:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”

El problema es que su creencia de que Jesús está hablando literalmente aquí, no está de acuerdo con el contexto del pasaje en el cual Jesús repetidamente establece la importancia de la fe en Él, y Su próxima muerte expiatoria por sus pecados (Juan 6:29; 6:35; 6:40; 6:47 y 20:31).

Cuando uno examina los sacramentos restantes en contexto, uno encuentra que la creencia de que ellos otorgan “gracia santificante” no está de acuerdo con el contexto del resto de la Biblia. Los pentecostales creemos que todos los cristianos debemos ser bautizados, pero el bautismo no nos enviste con gracia. También afirmamos que todos los cristianos debemos participar de la Cena del Señor, pero el hacerlo no nos confiere gracia santificante. De igual forma, aunque creemos que debemos confesar nuestros pecados, dicha confesión no debe ser hecha a un sacerdote, sino a Dios (1 Juan 1:9). Lo mismo puede ser dicho del llamado al ministerio (orden sacerdotal): El ser aprobado como un líder de la iglesia es algo honorable, pero esto no da como resultado la gracia. Asimismo, creemos que el matrimonio es maravilloso y es un evento bendito en la vida de una pareja, pero no es el medio por el cual Dios nos da la gracia. El orar por y con una persona que está muriendo, y estar en su presencia es algo bueno de hacer, pero no añade gracia a tu cuenta.

Toda la gracia que podamos necesitar es recibida al momento en que una persona confía en Jesús, por fe, como Salvador (Efesios 2:8-9). La gracia salvadora que está garantizada al momento de una fe genuina, es la única gracia salvadora a la que la Palabra de Dios nos llama a recibir. Esta gracia es recibida por fe, no por la observancia de rituales. Así que, mientras que los sacramentos son “cosas buenas por hacer” cuando son entendidas en un contexto bíblico, el concepto de los sacramentos como “otorgadores de gracia santificante” es completamente antibíblico.

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LA DOCTRINA REFORMADA Y LOS SACRAMENTOS

La doctrina reformada (calvinista) de los sacramentos está en contraste con la comprensión evangélica habitual. Reformados y pentecostales concordamos al rechazar la doctrina romanista de que la eficacia de los sacramentos reside y es conferida por la virtud del sacramento mismo, es decir, el ex opere operato. Este rechazo es explícito en la Confesión de Westminster:

“La gracia que es mostrada en los sacramentos, o por ellos usados rectamente, no es conferida por algún poder que haya en ellos”[19]

Sin embargo, en un plano más fundamental, hay una gran diferencia entre la doctrina reformada sobre los sacramentos y la doctrina pentecostal y evangélica generalmente aceptada. Dichas diferencias se enfocan principalmente a la virtud o eficacia del sacramento: se trata de la afirmación reformada de que el sacramento no es una ceremonia desprovista de eficacia espiritual alguna. Esta afirmación se halla ya en la Confesión de Fe de La Rochelle, escrita por Calvino mismo y adoptada en 1559 como la confesión de las Iglesias Reformadas de Francia. En el artículo 34 dice:

“Creemos… que son de tal manera signos exteriores, que Dios opera por ellos en la virtud de su Espíritu, a fin de que no se nos signifique nada en vano”[20]

La Confesión Belga (1561) insiste en este punto. En el artículo 33, sobre los sacramentos en general, afirma:

“Así, pues, las señales no son vanas ni vacías, para engañarnos; porque Jesucristo es su verdad, sin el cual ellas no serían absolutamente nada.”[21]

Más adelante, en el artículo 35, sobre la Santa Cena, añade:

“Ahora pues, es seguro e indudable, que Jesucristo no nos ha ordenado en vano los sacramentos. Pues, de este modo obra en nosotros todo lo que Él nos pone ante los ojos por estos santos signos”[22]

Esta declaración de la Confesión Belga establece en qué consiste la eficacia de los sacramentos en la tradición reformada: el sacramento produce lo que ellos mismos significan. Así, la Confesión Belga, art. 33, afirma:

“Son signos visibles y sellos de algo interno e invisible, por medio de los cuales Dios obra en nosotros por el poder del Espíritu Santo”[23]

La Confesión de Westminster 27,3 nos dice:

“La gracia que es mostrada en los sacramentos, o por ellos usados rectamente, no es conferida por algún poder que haya en ellos (…) sino de la obra del Espíritu”[24]

Aunque se afirma que la gracia mostrada en los sacramentos es aplicada por el poder del Espíritu en el alma del creyente, la doctrina reformada afirma también que los sacramentos obran lo que ellos significan. Esta es la misma convicción en cuanto al sacramento que comparte la Confesión de Westminster 27,2 cuando afirma:

“Hay en cada sacramento una relación espiritual, o unión sacramental, entre la señal y la cosa significada; de donde llega a suceder que los nombres y efectos del uno se atribuyen al otro”[25]

Dicho de otra manera, la doctrina reformada enseña el denominado “realismo sacramental”. En ella se recoge la unión existente entre la señal (pan, vino, agua) y su significado, por un lado, así como entre este último y lo que el sacramento opera en el creyente, por otro. La primera unión se corresponde a la definición del sacramento como “señal” y la segunda como “sello” dada en Westminster 27,1.Para los cristianos reformados, el sacramento no está separado o dividido de Cristo, sino que Él es la sustancia del mismo, como afirma la Confesión Belga 33:

“Porque Jesucristo es su verdad, sin el cual ellas (las señales) no serían absolutamente nada”[26]

Este realismo sacramental se encuentra también en el Catecismo de Heidelberg expresado con la fórmula “tan cierto… como…”:

Pregunta 69: “Cristo ha instituido el lavamiento exterior del agua, añadiendo esta promesa, que tan ciertamente soy lavado con su sangre y Espíritu de las inmundicias de mi alma, es a saber, de todos mis pecados, como soy rociado y lavado exteriormente con el agua, con la cual se suelen limpiar las suciedades del cuerpo.”
Pregunta 75: “Él tan cierto alimenta mi alma para la vida eterna con su cuerpo crucificado y con su sangre derramada, como yo recibo con la boca corporal de la mano del ministro el pan y el vino, símbolos del cuerpo y de la sangre del Señor.”[27]

De esta manera, el sacramento, según la doctrina reformada, tiene un papel fundamental para “confirmar” (Westminster 27,1), “alimentar y sostener” (Confesión Belga 35) la fe del creyente. Es decir, es un “medio de gracia” para su crecimiento espiritual y del disfrute de la salvación en Cristo. En la doctrina reformada, por tanto, la espiritualidad de los creyentes no se concibe aparte de los sacramentos.

Los pentecostales, por otro lado, vemos en dicha creencia un vestigio del sacramentalismo catolicismo romano impregnado en las iglesias de tradición reformada aún hoy en día. No podemos sino rechazar tal interpretación de los sacramentos u ordenanzas del Evangelio.

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CONCLUSIÓN

Cristo instituyó dos ritos o ceremonias que debían observar sus seguidores: el bautismo, un rito único de iniciación (Mateo 28:19; Gálatas 3:27) y la Santa Cena, un rito memorial constante (1 Corintios 11:23–26). Algunas denominaciones cristianas los llaman “sacramentos” (católicos, luteranos, anglicanos, reformados, etc.), la iglesia ortodoxa oriental los llama “misterios” y los evangélicos y otros protestantes que consideran que estas dos palabras tienen connotaciones negativas los llaman “ordenanzas”. Las Escrituras, sin embargo, no tienen ninguna palabra para la categoría que forman estos dos ritos.

En las Iglesias pentecostales estos dos ritos reciben el nombre de “ordenanzas”, no sacramentos, pues no se cree (a diferencia de católicos y reformados) que se reciba alguna gracia especial a través de ellos. En la tradición pentecostal se practican dos ordenanzas: El Bautismo en agua (que se realiza siempre por inmersión) y la Santa Cena (o Cena del Señor). Sin embargo, algunas iglesias pentecostales y anabaptistas practican también el lavatorio de pies como parte de la Cena del Señor.

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REFERENCIAS:

[1] Wiley, Christian Theology, vol. 3, p. 155. Véase Saucy, The Church, p. 191.

[2] Catecismo de la Iglesia católica 1127.

[3] Stanley M. Horton, Teología sistemática: Una Perspectiva pentecostal (Zondervan, 1994), p. 595.

[4] Stanley M. Horton, Teología sistemática: Una Perspectiva pentecostal (Zondervan, 1994), p. 596.

[5] Berkhof, Systematic Theology, p. 617.

[6] F. F. Bruce, The Book of Acts, The New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1954), p. 77.

[7] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios. Artículo 6: Las ordenanzas de la Iglesia. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#6 . Consultado el 4/10/2019.

[8] Declaración de Fe de la Iglesia de Dios. Disponible en: http://www.churchofgod.org.es/beliefs/declaration-of-faith Consultado el 4/10/2019.

[9] En Esto Creemos, Declaración de Fe de la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular. Disponible en: foursquare-org.s3.amazonaws.com/resources/Print_Brochure_This_We_Believe_Spanish_bw.pdf Consultado el 4/10/2019.

[10] Henry C. Thiessen, Lectures in Systematic Theology, ed. rev. (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1979), p. 320. G. R. Beasley-Murray, Baptism Today and Tomorrow (Nueva York: St. Martin’s, 1966), p. 43.

[11] Saucy, The Church, p. 196.

[12] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios. Artículo 6: Las ordenanzas de la Iglesia. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#6 . Consultado el 4/10/2019.

[13] En Esto Creemos, Declaración de Fe de la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular. Disponible en: foursquare-org.s3.amazonaws.com/resources/Print_Brochure_This_We_Believe_Spanish_bw.pdf Consultado el 4/10/2019.

[14] Ralph R. Martin, Worship in the Early Church (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1964), p. 126.

[15] Stanley M. Horton, Teología sistemática: Una perspectiva pentecostal (Zondervan 1994), pp. 600-601.

[16] Chris Church (2014). Diccionario Bíblico Ilustrado Holman. Nashville: B&H Publishing Group. pp. 1239-1240.

[17] Confesión de Fe en Perspectiva Menonita, Artículo 13. Lavamiento de pies. Disponible en: https://www.menonitas.org/n3/CdeF/art13.html Consultado el 4/10/2019.

[18] Declaración de Fe de la Iglesia de Dios. Disponible en: http://www.churchofgod.org.es/beliefs/declaration-of-faith Consultado el 4/10/2019.

[19] Confesión de Westminster 27.3.

[20] Confesión de Fe de La Rochelle, Artículo 34.

[21] Confesión de Fe Belga, Artículo 33.

[22] Confesión de Fe Belga, Artículo 35.

[23] Confesión de Fe Belga, Artículo 33.

[24] Confesión de Fe de Westminster, 27,3.

[25] Confesión de Fe de Westminster, 27,2.

[26] Confesión de Fe Belga, Artículo 33.

[27] Catecismo de Heidelberg, 69, 75.

Culto a los Muertos, Demonología, Espiritismo y Ocultismo, Guerra Espiritual, Paganismo, Satanismo, Sincretismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Los cristianos y el Halloween

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Hace unos días, como cada 31 de octubre en el mundo anglosajón (y en algunos países de Latinoamérica influenciados por la cultura estadounidense) se celebró la fiesta pagana conocida como Halloween. Incluso algunos que se identifican a sí mismos como “cristianos” también lo celebraron. Ya en años anteriores hemos oído de uno que otro artista “cristiano” desubicado que considera inofensiva, y hasta ha recomendado, la celebración de dicha fiesta. Pero lo cierto es que, si te llamas a ti mismo cristiano, no puedes, ni debes celebrar el Halloween.

¿HALLOWEEN? ¿POR QUÉ NO?

Halloween es una fiesta de origen pagano que se celebra la noche del 31 de octubre, la víspera del Día de Todos los Santos según el calendario católico, y que tiene sus raíces en el antiguo festival celta conocido como Samhain (pronunciado “sow-in”), que significa “fin del verano” y se celebraba al finalizar de la temporada de cosechas en Irlanda para dar comienzo al “año nuevo celta”, coincidiendo con el solsticio de otoño.

Durante esa noche se creía que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos, y se realizaban fiestas y ritos sagrados que incluían la comunicación con los muertos. Además, era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos “encontrasen su camino”. Aunque muchas personas consideren que el Halloween es una diversión inofensiva, la verdad es que las prácticas asociadas a esta celebración no lo son. La Biblia dice claramente:

“Nadie entre los tuyos deberá… servir de médium espiritista o consultar a los muertos…” (Deuteronomio 18:10-12, Nueva Versión Internacional)

Y también advierte:

“No quiero que ustedes tengan algo que ver con los demonios. Ustedes no pueden beber de la copa del Señor, y también de la copa de los demonios” (1 Corintios 10:20, 21, Reina-Valera Contemporánea).

Analicemos brevemente el origen del Halloween y sus costumbres.

SAMHAIN

Según la mitología celta, se creía que durante la fiesta pagana de Samhain (la cual se celebraba hace más de dos mil años) los espíritus del Más Allá podían recorrer la tierra y los humanos podían visitar el mundo de los muertos. Para ellos era un día en donde los mundos sobrenaturales chocaban el uno contra el otro. La muerte y los espíritus eran centrales en las ceremonias de Samhain, y siguen siendo temas atractivos para los que celebran Halloween.

Halloween celebra todo relacionado con la muerte y el mundo de las tinieblas. Esta exaltación de lo oscuro contradice lo que la Biblia nos enseña. Jesucristo vino para vencer al príncipe de las tinieblas, Satanás, y precisamente lo hiso al resucitar de la muerte. La esperanza que ofrece Jesús es de gozo, alegría, paz, seguridad y vida eterna. No de miedo, tormento, oscuridad y mucho menos la muerte. La tradición de Samhain ha sobrevivido en los tiempos modernos en las fiestas de Halloween y del Día de Difuntos. Sin embargo, la Biblia enseña que los muertos no pueden interactuar con los vivos (Eclesiastés 9:5).

DISFRACES, GOLOSINAS Y TRAVESURAS

Algunos celtas se disfrazaban de criaturas sobrenaturales para que los espíritus que deambulaban por la tierra creyeran que ellos también eran espíritus y no les hicieran maldades. Otros pretendían apaciguarlos ofreciéndoles dulces. En la Europa medieval, el clero católico terminó adoptando muchas costumbres paganas y animó a sus feligreses a disfrazarse en la víspera del día de Todos los Santos e ir por las casas pidiendo pequeños regalos a cambio de una oración por los difuntos. Pero la Biblia prohíbe mezclar las creencias paganas con el culto al Dios verdadero (2 Corintios 6:17).

FANTASMAS, VAMPIROS, HOMBRES LOBO, BRUJAS Y ZOMBIS

A estos personajes siempre se les ha relacionado con los espíritus malignos. Y la Biblia dice claramente que debemos luchar contra tales espíritus (Efesios 6:12). Así que no estaría bien hacerles una fiesta. Mucho se puede decir sobre lo que nos sucede después de morir. La parábola de Jesús sobre el rico y Lázaro, por ejemplo, nos dice que después de la muerte los justos pasaran a un lugar donde serán confortados y los injustos irán al lugar de tormento mientras esperan el juicio final. Los que han pasado a la eternidad están sujetos a estos lugares. Cuando el rico pidió que Lázaro fuera a advertir a sus familiares sobre las consecuencias de vivir injustamente, Abraham no se lo permitió.

Los detalles en las parábolas de Jesús no son coincidencias. Después en Hebreos 9:2, el apóstol Pablo dice:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”

No hay desorden aquí. No hay fantasmas vagando por el mundo tratando de comunicarse con los vivos. El mundo espiritual esta sujeto a un orden donde Dios tiene toda autoridad. La Biblia sí dice que Satanás y sus demonios se disfrazan como ángeles de luz para engañar. En 1 Corintios 11:14-15 la Palabra de Dios nos dice:

“Porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan de ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”

Satanás y sus demonios no son mito, si existen. Se aprovechan de personas que creen en fantasmas y zombis pues estos son un engaño de las tinieblas. Tienen como propósito atormentar al ser humano, mantenerlo bajo la opresión del miedo, y evitar a que lleguen a tener un conocimiento verdadero de quien es Dios. Así que el Halloween, de una forma que aparenta ser inofensiva, celebra las cosas que son usadas por el enemigo para causar daño. Bíblicamente, un cristiano no tiene razón para creer en fantasmas ni en zombis. Tampoco tiene razón para estar asustado pues los evangelios nos enseñan que Jesús tiene toda autoridad sobre Satanás y los demonios y que estos ya han sido vencidos al morir Cristo en la cruz y ser resucitado de la muerte.

FAROLES HECHOS CON CALABAZAS

Durante la Edad Media, en Gran Bretaña se acostumbraba ir casa por casa pidiendo comida a cambio de una oración a favor de algún difunto. Los suplicantes llevaban faroles que consistían en nabos ahuecados, cuya vela evocaba al alma atrapada en el purgatorio. Hay también quienes afirman que tales faroles se usaban para espantar a los malos espíritus. Ya en el siglo XIX, en América del Norte se sustituyeron los nabos por calabazas, pues eran más fáciles de conseguir, ahuecar y tallar. Estas costumbres se basan en creencias que carecen de fundamento bíblico, como aquella de que existe el purgatorio y que hay que orar por los muertos.

SUPERSTICIONES, ADIVINANZAS, NECROMANCIA Y ESPIRITISMO

Las supersticiones y las adivinanzas también forman parte de la historia del Halloween. La Biblia habla claramente sobre las personas que tratan de consultar un mago, a un fantasma, o un adivino y que estos hechos no agradan a Dios. Isaías 8:19 dice:

“Si os dicen: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”

La razón por la cual a Dios no le agradan estas cosas es porque son una forma de idolatría y llevan a la adoración diabólica. Hacen que las personas no confíen en Dios y contaminan el alma. Otros pasajes bíblicos, que prohíben cosas semejantes relacionadas con el Halloween y el mundo de las tinieblas, son:

“Que no haya en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni nadie que practique la adivinación, ni sea agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni nadie que consulte a los muertos. Al Señor le repugnan todos los que hacen estas cosas, y precisamente por estos actos repugnantes el Señor tu Dios va a expulsar de tu presencia a estas naciones” (Deuteronomio 18:10-12)
“Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1)
“La persona que preste atención a encantadores o adivinos, para prostituirse detrás de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la eliminaré de su pueblo” (Levítico 20:6)

CONCLUSIÓN

Los principios bíblicos se oponen a la celebración del Halloween. En el Israel del Antiguo Testamento, la brujería era un crimen castigado por la muerte (Éxodo 22:18; Levítico 19:31; 20:6, 27). La enseñanza del Nuevo Testamento con respecto al ocultismo es clara. Hechos 8:9-24, el relato de Simón, muestra que el ocultismo y el cristianismo no se mezclan. El relato de Elimas el hechicero en Hechos 13:6-11 revela que la hechicería está violentamente opuesta al cristianismo. Pablo llamó a Elimas un hijo del diablo, un enemigo de la justicia y pervertidor de los caminos de Dios.

En Hechos 16, en Filipos, una joven adivina perdió sus poderes demoníacos cuando el espíritu maligno fue expulsado por Pablo. El punto interesante es que Pablo rehusó permitir incluso que buenos comentarios vinieran de una persona endemoniada. Hechos 19 muestra a nuevos conversos que abruptamente han dejado atrás su ocultismo confesando sus obras malvadas, trayendo su parafernalia mágica y quemándola frente a todos. (Hechos 19:19). Por todo lo anterior, es evidente que Halloween y el cristianismo no se mezclan entre sí.

Culto a los Muertos, Paganismo, Satanismo, Sincretismo, Tradiciones, Vida Cristiana, Vida Espiritual

La Biblia y el culto a la muerte

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Antes de proseguir con este artículo quiere aclarar algo: No es mi intención herir susceptibilidades. Ofrezco esta respuesta en un espíritu de mansedumbre y respeto, orando que pueda advertir a los demás y equipar a los cristianos, para que puedan ser capaces de responder a aquellos sin esperanza y sin Cristo en el mundo (Efesios 2:12), cuando ellos nos piden dar una razón de la esperanza que está en nosotros (1 Pedro 3:15).

El Día de los Muertos es una fiesta celebrada en México, Centroamérica, regiones de Sudamérica, y por los latinoamericanos que viven en los Estados Unidos y Canadá. Esta fiesta existe en conexión con las fiestas católicas que caen en el 1 y 2 de noviembre, el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. En el Día de los Muertos (que no es otra cosa que culto a los muertos) los amigos y familiares de los fallecidos se reúnen para orar por ellos y llevar a la tumba del difunto comidas favoritas. En México, se elaboran las tradicionales “calaveras de azúcar ” y el “pan de la muerte.” Se crean altares privados en honor de los difuntos y se da homenaje a ellos.

¿CÓMO EMPEZÓ ESTA TRADICIÓN?

Los orígenes de esta fiesta han sido trazados hace miles de años a un festival azteca dedicada a una diosa llamada Mictecacihuatl. Aunque muchos de los que celebran el Día de los Muertos se llaman cristianos, no hay nada cristiano en tales prácticas. La celebración del Día de los Muertos por los paganos es una cosa, pero para los cristianos participar en ella, o tolerarla, no es compatible con la enseñanza bíblica. La fuerza que impulsa a la gente a participar en este evento es la falsa idea de que por medio de sus rituales y prácticas, ellos pueden comunicarse con sus familiares queridos difuntos, que ellos creen que participan en estas ceremonias. Esto simplemente no es verdad.

Bíblicamente, hay un sólo “día” más que los muertos no arrepentidos pueden estar seguros de anticipar: el día en que se presentarán delante de Dios para el juicio final (Apocalipsis 20:11-15). Cuando un alma pasa a la eternidad, o bien entra en la bendita presencia del Señor, o sigue a la espera del juicio final antes de ser echado al infierno eterno. La Biblia dice que:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Esto simple y claramente quiere decir que cuando una persona muere, el cuerpo se desintegra al polvo, pero el alma permanece consciente en el estado en que se habitará por toda la eternidad, ya sea la condenación en el infierno o la gloria eterna con Dios.

En el evangelio de Lucas, Jesús enseñó que Dios ha establecido un abismo infranqueable entre los que están en el cielo y los que están en tormento (Lucas 16:26). La palabra griega traducida “puesta” significa establecer o hacer firme. Cada alma que muere sin Cristo ha perdido toda esperanza. Los muertos no arrepentidos enfrentan una eternidad de sufrimiento indescriptible, la destrucción eterna, lejos de la presencia del Dios y la gloria de su poder. Jesús mismo dijo:

“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46)

Antes de morir, los no arrepentidos disfrutan de la “gracia común” que Dios concede a todas las personas, buenas y malas. Experimentan los olores, sabores y sonidos de la vida; ellos pueden experimentar el amor y otras alegrías que forman parte de la vida. Pero el momento en que mueren sin Cristo, están aislados de tales bendiciones comunes para siempre. Tal como el pasaje citado arriba enseña, después de la muerte viene el juicio.

¿QUÉ PASA CON LOS MUERTOS?

Además de la descomposición del cuerpo que sigue a la muerte (el cuerpo físico vuelve a sus elementos físicos constitutivos: “…porque tú eres polvo y al polvo volverás…” (Génesis 3:19), cualquier otra empresa terrenal termina, y no puede haber más participación en las cosas de la vida (Eclesiastés 9:10). Los muertos no tienen sabiduría que ofrecer a quienes les consultan en el Día de los Muertos, ni son capaces de escuchar o responder a las oraciones que se les ofrece. En el Día de los Muertos, cada celebrante que invoca las almas de los difuntos se involucra en un pecado abominable y sin sentido por completo (Deuteronomio 18:10-12). Sólo Uno es digno y lo suficientemente poderoso como para llamar a los muertos; Él llamará a unos a la resurrección de vida y a otros a resurrección de condenación (Juan 5: 28-29).

Los que han muerto en Cristo pasan inmediatamente a la presencia del Señor. La muerte es sin duda gravosa a los que no tienen esperanza, que están sin Cristo (1 Tesalonicenses 4:13). No obstante, el que conoce al Señor se siente alentado por el conocimiento que así como Jesús murió y resucitó, así también, a través de Jesús, también traerá Dios con Jesús a los que duermen. Porque el mismo Señor Jesús:

“Descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor…”(1 Tesalonicenses 4:16-18)

¡Esta es la verdad real! La Palabra de Dios nos advierte que no consultemos a espíritus y adivinos en Isaías 8:19:

“¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”

Deuteronomio 18:10-11 nos dice que aquellos que consultan a los muertos son “abominables” delante del Señor. El hecho de que la UNESCO ha declarado el Día de los Muertos una “obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad” no altera el hecho de que, de acuerdo con las normas bíblicas, los cristianos no deben tener nada que ver con esos mitos (1 Timoteo 4:7, 1:4). Según la UNESCO, las diversas manifestaciones del Día de los Muertos son “representaciones importantes del patrimonio vivo de América y el mundo”; sin embargo, con todo respeto debemos declarar las razones bíblicas por qué esta celebración tradicional es espiritualmente dañina y ofensiva.

¿QUÉ DEBEMOS HACER LOS CRISTIANOS?

Cuando cualquier tradición o costumbre es contraria a la voluntad de Dios expresada en su Palabra, no puede haber ninguna justificación para honrar y preservar la misma. De hecho, aquellos que lo hacen son tontamente provocando la ira de Dios (2 Crónicas 33:6). Como ya hemos visto, la Biblia nos advierte no consultar (o dar audiencia) a los muertos, como ocurre a menudo en el Día de los Muertos. En pocas palabras, el pueblo de Dios debe separarse de tales prácticas pecaminosas, como se hace en el Día de los Muertos, y así evitar la ira que vendrá sobre aquellos que las hacen (Apocalipsis 18:4).

La misión principal de la iglesia es alcanzar a cada grupo étnico y cultura, y hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles a guardar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:19-20), hasta que cada miembro del cuerpo de Cristo se ha conformado a la imagen del Señor Jesús (Gálatas 4:19). Y mientras que haríamos bien en seguir el ejemplo del apóstol, convirtiéndose en todo para todo el pueblo, para que por todos los medios podamos salvar a algunos, esto no quiere decir que cambiemos el mensaje (el evangelio). Más bien, nos humillamos y confiamos en que Dios va a usar su Palabra no diluida para que la bendición de la salvación alcance a aquellos fuera de la fe (1 Corintios 9:22-23).

Nosotros no nos permitimos una alteración creativa del evangelio para eliminar sus aspectos de confrontación, pero lo presentamos en su pureza, aunque sabemos que esto invariablemente ofenderá a algunos, y estos pueden acusar al evangelista veraz de ser intolerante. Esto no es sorprendente porque el Evangelio ha sido siempre una piedra de tropiezo para muchos. El Día de los Muertos está en contraste con el evangelio de verdad que se encuentra en las Escrituras. Como tal, se lo debe evitar como una manifestación más de las mentiras de Satanás, que ronda “como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

EVITANDO SER COMO TODOS LOS PUEBLOS

¿Es permisible que, como creyentes, participemos en actividades relacionadas con el Día de los Muertos, o deberíamos evitarlo por completo? En primer lugar, los creyentes deben evitar cualquier actividad que esté prohibida en la Escritura. Consecuentemente, deben abstenerse de cualquier cosa que tenga un aire de inmoralidad, libertinaje o adoración satánica.

Ya que la Escritura claramente prohibe estas cosas, los cristianos no deberían fomentar nada que promueva o induzca a este comportamiento. Como creyentes, estamos llamados a huir de hechos pecaminosos, no a deleitarnos en ellos. Así que cualquier actividad o fiesta que celebre tales cosas debería ser evitado por completo. Un ejemplo claro en la Escritura es Efesios 5:8-12:

“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto”

La Escritura claramente dicta: Huyan de toda idolatría e inmoralidad (Romanos 13:12-14, Gálatas 5:19-21, Efesios 5:18, 1 Tesalonisenses 1:9, 4:3-8, 1 Pedro 4:3-6). Debemos notar que como creyentes no compartimos la misma fascinación morbosa por la muerte, porque en Cristo hemos sido libertados de la esclavitud de tales cosas (Hebreos 2:15). Consecuentemente, los cristianos no deberían unirse con nuestra sociedad incrédula en celebrar motivos macabros. Aún más, el interés cultural por lo espeluznante y la muerte, insensibiliza los corazones y desvía la atención de lo que es verdaderamente aterrador: el juicio de Dios que le espera a todo aquel que muere sin Cristo (Hebreos 9:27, 10:31).

¿CUESTIÓN DE CONCIENCIA?

Muchos quizá argumenten que el Día de los Muertos no se menciona explícitamente en la Biblia y que, por lo tanto, no hay pecado alguno en su celebración en tanto no se incurra en prácticas de tipo pagano o espiritista. Para muchos quizá sólo se trate de un día de recordación de sus seres queridos que han muerto y reuniones de carácter familiar. Sin embargo, cuando tratamos con aspectos no prohibidos explícitamente en la Escritura, los cristianos deben aplicar principios bíblicos para poder tomar decisiones sabias y piadosas. Dos de los lugares en donde podemos encontrar este tipo de principios son pasajes como Romanos 14-15 y 1 Corintios 8-10, en donde el apóstol Pablo da instrucciones a aquellos que se preguntaban si era correcto que un creyente comiese de lo ofrecido a ídolos. Estos principios por lo general son tratados bajo la categoría de libertad cristiana. Aunque la situación no es exactamente la misma, los principios que Pablo articula en estos pasajes nos proveen con un paradigma para saber cómo aplicar sabiduría bíblica en situaciones similares.

Al tomar este tipo de decisiones, debemos hacernos las siguientes tres preguntas:

(I.- Si participo en esta actividad, ¿Deshonro a Cristo? En 1 Corintios 10:31 Pablo escribe: “…Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios…” Las implicaciones de este versículo son universales y totales. Dicho de manera negativa, los cristianos no deben participar en cualquier cosa que deshonre o reproche el nombre de Cristo. Dicho de manera positiva, los creyentes deben hacer sólo aquello que puede ser hecho para la gloria de Dios. No solamente deberíamos intentar evitar el desapruebo de Dios, pero deberíamos activamente buscar complacerle en todo lo que hacemos (2 Corintios 5:9). Consecuentemente, al pensar en cómo lidiar con éste o cualquier otro día festivo, tenemos que buscar oportunidades de servir al Señor y avanzar la verdad de su evangelio.

(II.- Si participo en esta actividad, ¿Violo mi propia conciencia? En estos mismos capítulos, Pablo presenta claramente que si violamos nuestras propias conciencias cometemos pecado (Romanos 14:22-23, 1 Corintios 8:7). Así que si alguna actividad viola la conciencia de una persona, aún si la misma fuese aceptable para algunos creyentes, tal persona debería evitarla.

(III.- Si participo en esta actividad, ¿Estoy tentando a algún hermano en Cristo a pecar? Pablo nos recuerda que los creyentes deben tener cuidado al practicar su libertad en Cristo para no causar que un hermano o hermana tropiece (1 Corintios 8:12-13). En otras palabras, debemos tener en mente que existen otros cristianos que pueden tener conciencias más sensibles, y por lo tanto debemos evitar ponerles en situaciones que pudieran causar que cometan pecado al violar su conciencia.

CONSIDERACIONES FINALES

Entonces ¿Tenemos los cristianos evangélicos algo que ver con estas fiestas? ¡Absolutamente nada! La Conmemoración a los Fieles Difuntos, o Día de Muertos, es una celebración sincrética (combinación de catolicismo y paganismo) que se realiza el 2 de noviembre complementando al Día de Todos los Santos (celebrado el 1 de noviembre), cuyo objetivo es orar por aquellos fieles católicos que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que, supuestamente, se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. La celebración de esta fiesta dedicada a los difuntos persigue, en la mayoría de las culturas, el objetivo de apaciguar a los muertos más recientes que vagan aún por la tierra sin encontrar el lugar de reposo. La misma Enciclopedia Católica reconoce:

“El Día de los Difuntos […] es el día designado en la Iglesia Católica hispana para la conmemoración de los difuntos fieles. La celebración se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. […] Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Así sucede que los campesinos de muchos países católicos creen que en la noche de los Difuntos los muertos vuelven a las casas donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivientes” [1]

The American Encyclopedia dice:

“Elementos de las costumbres relacionadas con la víspera del Día de Todos los Santos se remontan a una ceremonia druídica de tiempos precristianos. Los celtas tenían fiestas para dos dioses principales… un dios solar y un dios de los muertos (llamado Samhain), la fiesta del cual se celebraba el 1 de noviembre, el comienzo del año nuevo celta. La fiesta de los difuntos fue gradualmente incorporada en el ritual cristiano” [2]

El libro The Worship of the Dead (La adoración de los difuntos) señala el origen oscuro de esta festividad al decir:

“Las mitologías de todas las naciones antiguas están entretejidas con los sucesos del Diluvio […] El vigor de este argumento está ilustrado por el hecho de que una gran fiesta de los muertos en conmemoración de ese acontecimiento se observa, no solo en naciones que más o menos se encuentran en comunicación entre sí, sino también en otras extensamente distanciadas, tanto por el océano como por siglos de tiempo. Además, todos celebran esta fiesta más o menos el mismísimo día en que, de acuerdo con el relato mosaico, tuvo lugar el Diluvio, a saber, el decimoséptimo día del segundo mes… el mes que casi corresponde con nuestro noviembre”

¿Qué debemos concluir entonces acerca de esta fiesta? ¿Debemos celebrarla los cristianos? No lo considero correcto, al menos no bíblicamente. Principalmente debido a sus orígenes paganos y su conmemoración de la herejía y la muerte de los perversos en el Diluvio.

REFERENCIAS:

[1] Enciclopedia Católica, Tomo I, pág. 709.

[2] The American Encyclopedia, Tomo XIII, pág. 725.

[3] Colonel J. Garnier, The Worship of the Dead (1904), pág. 4.

5 SOLAS, Arminianismo Clásico, Calvinismo, Cesasionismo, Continuismo, Dones Espirituales, Luteranismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

Pentecostales, Reforma y reformados

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En cierta ocasión me topé con un emotivo y entusiasta joven que se identificó como “reformado”. Este joven había crecido en una iglesia pentecostal de El Salvador y participaba activamente en los diversos ministerios de esta. Pero su corazón estaba vacío. Con el paso del tiempo su inestabilidad emocional y espiritual lo llevó a una crisis de fe y comenzó a “saltar” de iglesia en iglesia. Su fe parecía sin rumbo hasta que conoció a cierta joven (con el mismo historial de inestabilidad religiosa que él) y ella lo invitó a su nueva congregación: una iglesia que se identificaba como bautista reformada. Con la típica actitud de muchos reformados inmaduros y sin tacto, este joven se jactó de su nueva fe y con mucha arrogancia me dijo: “¿Qué tienen que ver ustedes, los pentecostales, con la Reforma si ustedes no son reformados ni sustentan ninguna de las doctrinas de los reformadores? Es más, ¡Los pentecostales ni siquiera son protestantes ni merecen ser contados como evangélicos!”

Personalmente no me extrañó su actitud. Quienes tratamos a menudo con nuestros hermanos “reformados” estamos acostumbrados a lidiar con ese menosprecio y el espíritu de superioridad intelectual y espiritual que caracteriza a muchos (aunque no a todos) los creyentes de este tipo. Pareciera a veces que aquellos que se autodenominan “Reformados” invierten más tiempo en hablar de nosotros los pentecostales que en predicar de Cristo y de este crucificado. Quiéranlo o no, muchos reformados o calvinistas famosos (como MacArthur y otros de la misma manada), así como muchos “calvinistas de redes sociales”, han hecho girar todo su mundo alrededor de nosotros los pentecostales y arminianos y, cuando todos sus argumentos de ataque y defensa fallan, o se sienten amenazados al ser confrontados con las fallas y contradicciones de su sistema teológico, recurren al insulto o la burla. Eso no nos extraña. Cada uno da los frutos que puede dar.

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PARA EMPEZAR: ¿QUÉ SIGNIFICA EL TÍTULO REFORMADO?

Muchas veces se oye a gente diciendo “soy reformado” o “tal iglesia no es reformada” o “somos un grupo de amigos reformados”. En el mundo de habla española, esta etiqueta se usa en contextos muy diversos y muchas veces de forma equivocada. Normalmente se usa la etiqueta para referirse a una de las siguientes cinco concepciones:

(1) Que tal persona o iglesia cree en las cinco “solas” de la Reforma.
(2) Que tal persona o iglesia prefiere la predicación expositiva a diferencia de la predicación temática.
(3) Que tal persona o iglesia avala cierta postura salvífica (es decir, los cinco puntos del calvinismo).
(4) Que tal persona o iglesia sostiene cierta postura sobre la música y/o el Espíritu Santo (es decir, una postura conservadora).
(5) Que tal persona o iglesia sostiene cierta postura escatológica (es decir, el amilenialismo).

Sin embargo, ningunas de estas concepciones capta la verdadera profundidad y anchura de la etiqueta “reformado” y algunas reflejan un entendimiento totalmente equivocado.

Jamás debemos olvidar que la Reforma tuvo 4 ramas principales: los luteranos, los calvinistas, los anglicanos y los anabaptistas. Estos 4 movimientos pueden ser llamados en propiedad Iglesias Reformadas, no sólo los calvinistas. Por lo tanto, “reformado” no significa exclusivamente “calvinista” o seguidor de las ideas de Calvino. Fue hacia el año 1600 que los calvinistas comenzaron a apropiarse para sí mismos del nombre “reformados” y a llamar “luteranos” a los que diferían de ellos. Dicho de otra manera, los seguidores de Calvino se “robaron” para sí el nombre “reformados”, asumiendo erróneamente que eran los únicos y legítimos herederos de la Reforma, cuando la verdad es que solo son una rama de la misma (y ni siquiera la rama mayoritaria). En todo caso, serían los luteranos quienes más derecho tendrían a ser llamados “reformados”, pues fue Martín Lutero, su fundador, quien hizo estallar la Reforma Protestante (y esto es lo que con tanto celo celebran los mismos calvinistas cada 31 de octubre, Día de la Reforma).

Tristemente, con una actitud de arrogancia y de pedantería espiritual, los calvinistas y sus herederos le niegan el título “reformados” a todos los que difieren de ellos y rechazan el TULIP, tienen una organización eclesiástica diferente o difieren en sacramentos y otros detalles menores. En la mentalidad reducida de los mal llamados “reformados” modernos, los luteranos, anglicanos y anabaptistas (y ya no se diga los otros grupos de ellos surgidos) son excluidos de la etiqueta de “reformados” por varios motivos doctrinales: los anglicanos por su eclesiología (tienen obispos), los luteranos además de por su eclesiología (tienen obispos), por su postura sobre la cena del Señor (la presencia corporal de Cristo en el pan y vino) y los bautistas por su postura sobre el bautismo, sobre la relación entre el Antiguo y Nuevo Testamento y sobre la relación entre el estado y la iglesia (una división clara y total). Esto, sin embargo, es puro sectarismo. Cualquier iglesia nacida de la Reforma es, por naturaleza, una iglesia reformada, ya que nació con, se inspiró en, o se derivó de la Reforma Protestante iniciada en 1517, que por cierto no fue calvinista. Los seguidores de Calvino pueden continuar robándose el título de “Reformados” si quieren (ya lo hicieron desde el sigo XVII), sin embargo, nada cambia lo que es históricamente correcto.

A este punto quiero recalcar lo siguiente:

LA TEOLOGÍA QUE HOY DICE LLAMARSE “REFORMADA” NO NECESARIAMENTE REPRESENTA LA MENTALIDAD DE LUTERO, EL PADRE DE LA REFORMA; POR CONSIGUIENTE, EL USO DEL TÉRMINO “REFORMADA” PARA REFERIRSE EXCLUSIVAMENTE A LA DOCTRINA CALVINISTA ES ABUSIVO.

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LUTERANOS Y CALVINISTAS, MÁS DIFERENTES ENTRE SÍ DE LO QUE MUCHOS CREEN[1]

Muchas veces se tiende a pensar que un luterano y un calvinista, son lo mismo. Esto es un error. De hecho, quizá el único punto en el cual concuerdan por completo calvinistas y luteranos es en cuanto a la Depravación Total del hombre. Tanto calvinistas como luteranos concuerdan en que el hombre está completamente depravado por causa del pecado y no tiene la capacidad de hacer cosas agradables para Dios. Ambos grupos afirman que los seres humanos no pueden acercarse a Dios sin la gracia, porque la voluntad del pecador ha caído.

Los luteranos rechazan la doctrina calvinista de la elección Incondicional y su doble predestinación; es decir, que Dios ha elegido a algunos para ser salvos y otros para ser condenados. Calvino afirmaba que:

“Mediante un consejo eterno e inmutable, Dios ha determinado de una vez por todas a quién admitiría la salvación y a quien condenaría a la destrucción”.[2]

Tal doctrina es abominable para los luteranos. Y, de hecho, la contemplación de tal doctrina era abominable también para Lutero.[3]

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Lo mismo puede decirse de la doctrina calvinista de la Expiación Limitada. Los calvinistas sostienen que, según la intención y el plan de Dios, Cristo murió por los elegidos únicamente. En contraposición, los luteranos afirman una voluntad de salvación universal en Dios, así como una expiación universal. Para los luteranos, la expiación fue objetivamente dada a todos, pero sus beneficios deben ser recibidos subjetivamente por la fe. Para los luteranos la enseñanza de la expiación limitada o particular es una total herejía.

Tanto calvinistas como luteranos sostienen la “Sola Gratia”. Ambos grupos afirman que cuando uno se salva, es por el resultado de la gracia soberana que supera la voluntad caída del pecador, y no por el resultado de una decisión libre por parte del hombre. Sin embargo, existen diferencias entre ambos. Los calvinistas, por ejemplo, afirman que la gracia es irresistible. En el calvinismo se tiene la idea de que los elegidos (aquellos que los calvinistas creen que han sido elegidos incondicionalmente para la vida eterna), no pueden resistir la gracia de Dios y la determinación de ser salvos. Los calvinistas creen que, a los elegidos, la gracia de Dios los abruma de tal manera que incluso si quisieran no podrían rechazarlo. Los luteranos por su parte no limitan la gracia salvadora a los elegidos, sino que esta es universal en alcance e intención y creen que las personas sí son capaces de rechazar a Dios.

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La perseverancia final de los santos es otro punto de desacuerdo. Según el calvinismo a los que Dios eligió, los guardará hasta el fin. Todos los elegidos de Dios serán finalmente salvados. Enfatiza la realidad de que es Dios quien preserva a los elegidos en la fe. Sin embargo, los luteranos creen que las personas pueden rechazar la cruz, es decir, perder la fe y eso haría que dejaran de ser salvos. Pero las diferencias entre luteranos y calvinistas van más allá del famoso TULIP. Su entendimiento de la justificación, su cristología, su enseñanza referente al bautismo, la santa cena y muchos otros aspectos más, difieren notablemente entre ambos grupos reformados. Por consiguiente: ¿Quién puede decir cuál de ellos merece legítimamente ostentar el título de “reformado”? ¿Cuál de ellos ha perdido su derecho de celebrar y hacer suyo el legado de la Reforma Protestante de 1517? ¿Quién de ellos debe negar las 5 Solas y sentirse ajeno al legado de la Reforma? El antojo de un calvinista no es criterio suficiente para ello.

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¿SON LAS 5 SOLAS UNA ELABORACIÓN CALVINISTA EXCLUSIVAMENTE?

No, no lo son. Las ideas que dieron vida a las 5 Solas estuvieron presentes desde la etapa más temprana de la Reforma, pero las frases actuales se desarrollaron en el tiempo. Las frases más tempranas fueron sola gratia (solo por gracia), sola fide y sola scriptura. Éstas se encuentran fácilmente en los textos protestantes de inicios del siglo XVI. Repasemos un poco de historia:

(1.- SOLA GRATIA: El teólogo luterano alemán Andreas Bodenstein von Karlstadt, antes de que se radicalizara, usó la expresión sola gratia repetidamente en su disputa teológica del año 1519. Martin Bucer (otro teólogo alemán que influyó en las doctrinas y prácticas luteranas, calvinistas y anglicanas) la usó en su Comentario de los Evangelios de 1536 y otra vez en un tratado de 1545. El reformador italiano Pedro Mártir Vermiligi la usó en sus lecturas de Romanos en 1558. Wolfang Musculus la usó en sus lecturas de Gálatas y Efesios (1561). Caspar Olevianus la usó en sus lecturas de Romanos (1579). Calvino, el último en usarla, defendió la noción y usó dicha frase en sus obras.[4]

(2.- SOLA FIDE: Lutero usó por primera vez dicha frase en su traducción de Gálatas 3. También la usó en sus lecturas de Gálatas. (Su defensa de insertar “allein” está ahí). En 1521; Melanchton la usó en sus Loci Communes (Lugares Comunes, su texto sistemático) exactamente como nosotros lo hacemos hoy. Karlstadt también usó sola fide en su disputa teológica de 1519. La significancia de esto es que estaba ciertamente reflejando, en este punto, lo que Lutero y Melanchton estaban diciendo. La frase también se halló en la obra de François Lambert (1524); Johannes Oecolampadius (1524,1534); Martin Bucer (1527, 1534, 1536, 1545), Heinrich Bullinger (1534, 1557); Pedro Mártir Vermigli (1549) y en Calvino.[5] También se encuentra, por supuesto, en la Confesión de Ausburgo, art. 6. Se encuentra también en la Confesión de Fe Belga, art. 22. en el texto original francés de 1561 aparece “la seule foy”. En las ediciones posteriores en latín, “sola fide”. El texto en latín del Catecismo de Heidelberg (1563) usa la expresión “sola fide” en la Pregunta 60, sobre la justificación.

(3.- SOLA SCRIPTURA: Sola Scriptura ciertamente es una frase del siglo XVI. La expresión misma se encuentra entre los reformados tan pronto como en 1526 y el teólogo luterano Bucer la usó en 1536. Calvino la usó posteriormente en sus obras.[6]

(4.- SOLUS CHRISTUS Y SOLI DEO GLORIA: Se desconoce la fecha y quién usó por primera vez las frases, Solus Christus (es decir, “en Cristo solo”) y Soli Deo Gloria (a Dios sólo sea la gloria). Sus orígenes son probablemente un poco posteriores a los inicios de la Reforma Protestante. Sin embargo, la enseñanza de que Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro, es extensiva a todo el cristianismo ortodoxo. Ninguna rama del protestantismo puede asumir como exclusiva dicha creencia. Todo creyente protestante y evangélico puede reclamar como suya dicha “sola”. Incluso la frase Soli Deo Gloria, la cual enseña que toda la gloria es sólo para Dios, es extensiva a todo aquel que se llame cristiano y viva para la gloria de Dios. Dicha frase incluso fue utilizada por artistas como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Christoph Graupner para indicar que el trabajo fue producido con el fin de alabar a Dios.

Entonces, pregunto nuevamente: ¿Qué derecho tiene un calvinista a decir que los pentecostales, metodistas, luteranos o cualquier otra denominación nacida o derivada de la Reforma Protestante no tiene derecho a creer o usar las solas en su expresión de fe? Ciertamente, serían los luteranos y no los calvinistas quienes podrían, una vez más, presumir exclusividad sobre las 5 solas. Sin embargo, dichas frases son un legado de todos aquellos que nos hacemos llamar evangélicos o protestantes.

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ENTONCES, ¿VALE LA PENA QUE UN PENTECOSTAL CELEBRE LA REFORMA? ¿TENEMOS DERECHO A HACERLO?

Ciertamente que sí, si así lo elegimos. No depende de los autoproclamados “reformados” decirnos qué podemos o no podemos creer o celebrar. Hay cristianos no calvinistas que dudan celebrar la Reforma Protestante. Unos señalan las divisiones, guerras, y fragmentaciones que surgieron en la Iglesia a partir de la Reforma, con sus secuelas aún hoy. Y sí, eso es lamentable. En cada evento humano siempre está el factor del pecado. Sin embargo, al pesar la balanza, sostengo que la Reforma Protestante ha sido uno de los sucesos grandes e importantes de la historia de la Iglesia. Si eres cristiano, creo que harías bien en celebrar la Reforma, cuando menos por 6 razones:

(1. SI APRECIAS TENER UNA COPIA DE LA BIBLIA EN TU IDIOMA, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: ¿Los nombres Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina te suenan familiares? Son los traductores de la Biblia Reina-Valera, que es la versión más leída en todas las iglesias hispanas. La Reforma permitió la traducción de la Biblia a la lengua del pueblo (la iglesia católica sólo la permitía en latín), lo cual incluye al castellano. Si esta mañana has leído tu Biblia en español, dale gracias a Dios por la Reforma.

(2. SI COMO YO ERES PASTOR Y ESTÁS CASADO, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Antes de la Reforma, los clérigos lo tenían prohibido. Roma enseñaba —y aún enseña— que el celibato es el estado civil más santo, y por lo tanto lo requiere de sus sacerdotes, monjas, y monjes. Lutero, tras leer la Biblia detenidamente, escribió: “No existe nada en la Escritura que requiera el celibato. De hecho, la Biblia quiere que la gente “fructifique y se multiplique.” Lutero no solo abogó por la abolición del celibato para los clérigos, sino que ayudó a una monja a escaparse de un convento y se casó con ella para probar su punto. ¡Bendito sea Lutero! (es maravilloso estar casado y ser ministro de la Palabra).

(3. SI SABES QUE TU TRABAJO SECULAR GLORIFICA A DIOS TANTO COMO EL TRABAJO DE UN PASTOR, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Un ingeniero cristiano que hace su trabajo con excelencia es tan amado por Dios como teólogo, pastor, evangelista o misionero. Ambos tienen una tarea por hacer en el reino de Dios. Los reformadores se esmeraron mucho en elevar las tareas cotidianas hechas para el Señor. “No solo son las personas dentro de la iglesia las que hacen la obra de Dios”, comenta Lutero sobre 1 Pedro 2:9. “Oh, no. Todos somos sacerdotes. Por tanto, todos hacemos la obra de Dios”.

(4. SI APRECIAS LA LIBERTAD DE CONCIENCIA Y EL DERECHO A ELEGIR TU PROPIA RELIGIÓN O NO PRACTICAR NINGUNA, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: Antes de la Reforma la libertad de conciencia era una utopía. Todos estaban obligados a pertenecer a la iglesia católica, así no estuvieran de acuerdo con sus enseñanzas. Tampoco había otras opciones para alguien que quisiera permanecer en el cristianismo. Incluso nuestra fe pentecostal no hubiera sido posible sin el derecho a la libertad de conciencia cimentado en las enseñanzas de la Reforma.

(5. SI ESTÁS ACOSTUMBRADO A ESCUCHAR EL EVANGELIO DE LA JUSTIFICACIÓN POR GRACIA A TRAVÉS DE LA FE, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: La Reforma era necesaria porque recuperó el evangelio. La pregunta fundamental para la humanidad es, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y la iglesia medieval titubeaba al responder. ¿Cuántos han entrado a la eternidad pensando que su posición delante de Dios estaba bien debido a ciertos ritos y obras? La Reforma recuperó la proclamación clara de que somos reconciliados con Dios solo a través de la fe en Cristo.

(6. SI TE REGOCIJAS AL VER EL EVANGELIO PREDICADO POR TODO EL MUNDO, DEBERÍAS CELEBRAR LA REFORMA: La Biblia fue traducida a las lenguas vernáculas para que la gente tuviera acceso a la Escritura. Esto, a su vez, provocó un imperativo misionero, el cual fue testigo de muchos predicadores enviados a toda Europa, Norteamérica, India, y hasta Sudamérica. Nosotros hoy, a 501 años de la Reforma Protestante, continuamos recibiendo bendición de lo que Dios hizo allí.

Por estas razones y muchas otras, yo, como evangélico y pentecostal, celebro la Reforma Protestante. Me da lo mismo si a un calvinista le parece apropiado o no. Respeto si otros pentecostales optan por no hacerlo, pero yo no veo nada de malo en hacerlo. Por el contrario, nos recuerda las razones por las cuales existimos como movimiento. Sin embargo, aún considero oportuno aclarar otro punto en relación con este tema.

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¿SOMOS LOS PENTECOSTALES HEREDEROS DE LA REFORMA O SIMPLEMENTE ADVENEDIZOS?

De todos es sabido que el pentecostalismo o movimiento pentecostal es un movimiento evangélico de iglesias y organizaciones cristianas que recalcan la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo, cuya manifestación contemporánea se catalizó a partir del llamado Avivamiento de la Calle Azuza dirigido por el pastor afroamericano William J. Seymour en una Iglesia Metodista Episcopal Africana de Los Ángeles, California en 1906.

Varios de los conceptos que considera el movimiento pentecostal son rescatados de personajes del cristianismo primitivo, como es el caso del obispo Ireneo de Lyon, quien hablaba de las distintas manifestaciones del Espíritu Santo, el don de lenguas y el don de profecía; este último don también era insinuado por Tertuliano, y el énfasis en las prácticas del Espíritu Santo eran compartidas por los montanistas de Frigia. Incluso Agustín de Hipona practicó la imposición de manos para buscar la glosolalia.

Ciertamente, este tipo de prácticas disminuyó considerablemente (más nunca desapareció) durante la Edad Media, época del apogeo del catolicismo en occidente. Sólo más tarde, con la Reforma protestante del siglo XVI, se registraron experiencias semejantes a las de la glosolalia y el avivamiento, buscadas actualmente por los pentecostales. Tal es el caso de los hugonotes en Cevenas durante la Guerra de los camisards. Es más, Martín Lutero dio ejemplos en su vida de poseer ciertos dones espirituales que hoy si consideran exclusivos d ellos pentecostales y carismáticos. Las prédicas sobre el Espíritu Santo de George Fox y los avivamientos experimentados por los husitas de Bohemia se consideran antecedentes del movimiento pentecostal y carismático durante la época de la Reforma y mucho antes.

El pastor anglicano John Wesley, considerado el padre del metodismo, consideraba que los dones perseguidos por el cristianismo primitivo debían rescatarse y no ser ridiculizados. En sus diarios registró diversas historias que tenían que ver con dones divinos. De hecho, el mensaje de las iglesias metodistas marcó una fuerte influencia dentro del movimiento pentecostal. Más adelante, en las décadas de 1730 y 1740 se desarrolló el llamado Primer Gran Despertar, un movimiento de revitalización cristiana que se extendió por la Europa protestante y América británica dejando un impacto permanente en la religión norteamericana y el movimiento pentecostal. Entre sus principales predicadores se encontraron George Whitefield (1714-1770), David Brainerd (1718-1747) y Jonathan Edwards (1703-1758), precursores del evangelicalismo que finalmente dio origen al movimiento pentecostal. Más tarde, a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, se produjo en Estados Unidos el Segundo Gran Despertar, del que surgió el denominado Movimiento de Santidad, un conjunto de creencias y prácticas religiosas que surgió del metodismo y de ciertas denominaciones evangélicas para enfatizar sus creencias a través de una doctrina central.

Entre 1811 y 1825, el teólogo metodista Adam Clarke difundió la idea de hacer más énfasis en el Espíritu Santo, y en 1840 el Movimiento de Santidad comenzó a predicar acerca de la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo. El Movimiento de Santidad procedente del metodismo (y este a su vez de la iglesia anglicana, una de las ramas de la Reforma Protestante) se considera uno de los antecesores del pentecostalismo moderno, y algunos de sus términos publicados hacia 1857 y relacionados con la palabra «pentecostal» son utilizados por el pentecostalismo actual.

¿Cómo negar entonces nuestro linaje protestante? ¿No somos acaso una vertiente más del protestantismo inspirado en la Reforma de 1517? Sola la ignorancia o la malicia de ciertos sectores podría negarnos tal derecho histórico. Ciertamente, el pentecostalismo reúne en sí lo mejor de cada tradición protestante. Como pentecostales podemos ir más allá y trazar nuestro linaje espiritual hasta el pietismo luterano, un heredero indiscutible de la Reforma Protestante de 1517. Surge entonces la pregunta: ¿Qué es el Pietismo?

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PIETISMO Y PENTECOSTALISMO, UNA CONEXIÓN MÁS CON LA REFORMA

El pietismo fue un movimiento de renovación que surgió dentro del luteranismo alemán en el siglo XVII, cuando la Iglesia y la ortodoxia luterana se agotaban en disputas, descuidando la piedad, la moral y la edificación de los fieles. Se suele considerar la Pia Desideria (1675) de Philipp Jacob Spener (1635-1705) como el texto programático y fundador del Pietismo. Spener rescataba principalmente el trabajo de los luteranos Johann Dannhauer (1603-1666), Johann Arndt (1555-1621) y del mismo Martin Lutero (1483-1546). Los pietistas sentían que estaban llevando las enseñanzas de los Reformadores hasta sus conclusiones lógicas, enseñando que la justificación del creyente tenía que manifestarse en una nueva vida. El movimiento pietista comenzó con reuniones en la casa de Spener, para estudio bíblico y oración. Sus grupos caseros se llamaban “Collegia Pietatis” o “Collegia Philobiblica”. Su ardor y su pasión nacía del evangelio. El pietismo tuvo un impacto importante en el Conde Zinzendorf, líder de los moravos, como también en Juan Wesley y el metodismo.

En muchos sentidos, el pietismo puede ser considerado una versión temprana de pentecostalismo. De hecho, el luteranismo tiene una larga historia de movimientos proto-pentecostales. Al igual que los pentecostales, los pietistas enseñaban el sacerdocio universal de los creyentes: Todos los creyentes deben participar de los servicios religiosos, enseñándonos y ayudándonos unos a otros, siendo asiduos en los estudios bíblicos. También se buscaba el cultivo de la vida espiritual a través de la lectura sistemática de la Biblia; se procuraba una vida de oración y abstinencia: combate el juego, borracheras, bailes y teatros, enfatizando moderación en el vestir, en bebida y los alimentos, buen comportamiento cristiano en los negocios, teniendo amor como un parámetro visible de la piedad cristiana, etc. El pietismo, como el pentecostalismo, enfatizaba la vida de santidad y una teología con énfasis en la vida práctica en desmedro de la especulación. Los pietistas sostenían, al igual que los pentecostales modernos, que la Biblia tiene autoridad superior a las confesiones. Pero, sobre todo, los pietistas creyeron, practicaron y experimentaron los carismas o dones espirituales al igual que los pentecostales.

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CONCLUSIÓN

Quiero concluir este artículo aclarando algo que para mí es sumamente importante: AGRADECER POR LA REFORMA Y SER HEREDEROS DE LA MISMA NO IMPLICA CONCORDANCIA CON CADA PUNTO DE ESTA. Sí, los pentecostales tenemos derecho a ser considerados herederos de la Reforma. Sin embargo, tenemos también derecho a disentir con la misma en algunos puntos y esto no nos hace traidores ni menos protestantes. Para empezar, los pentecostales no idolatramos a los reformadores protestantes, no los veneramos como algunos parecen hacerlo. No los consideramos infalibles. No necesitamos citarlos en nuestros sermones ni para validar nuestras afirmaciones teológicas. De hecho, entiendo por qué muchos pentecostales lo piensan dos veces antes de identificarse con la Reforma. Entiendo también por qué muchos (de los más radicales) considerarían casi un insulto el término “reformado”.

Para empezar:

  1. Su teología cesacionista los colocó muy lejos de la ortodoxia cristiana original.
  2. El calvinismo, que se ha apropiado injustamente de la etiqueta de “cristianos reformados”, enseña terribles errores doctrinales e incluso herejías.
  3. Los reformadores fueron autores Intelectuales de la muerte de muchas personas, hermanos en la fe, que por el sólo hecho de diferir de su teología en áreas como el bautismo, fueron muertos de formas terribles.
  4. Martín Lutero fue misógino (discriminaba al sexo femenino) y antisemita (odiaba a los judíos y enseñaba la violencia contra ellos).
  5. Juan Calvino fue el autor intelectual de muchos asesinatos de creyentes a los cuales consideraba herejes por diferir con su interpretación de la Biblia, siendo el caso de Miguel de Servet el más conocido, pero no el único.
  6. Los reformadores (Lutero, Zuinglio, Calvino, etc.) siguieron creyendo en doctrinas y dogmas católicos como la perpetua virginidad de María, doctrina católica romana qué surgió no en la iglesia primitiva, sino en el paso de los siglos dentro de la iglesia y como producto de la apostasía generalizada.

Aclaro, me siento orgulloso del legado protestante y evangélico que como pentecostales podemos reclamar. Simplemente entiendo por qué algunos pentecostales y otros evangélicos modernos prefieren distanciarse de él o ignorarlo. Por otro lado, si los calvinistas quieren considerarse los únicos “cristianos reformados” y herederos exclusivos de la Reforma Protestante ¡Suerte! Asuman también los crímenes cometidos por aquellos a quienes veneran desmedidamente. Prefiero que me llamen simplemente cristiano o evangélico. Y si me llaman pentecostal me sentiré más que honrado por ello. No me molesta si algunos piensan que no tenemos derecho a celebrar la Reforma ¡Yo igual lo haré porque tengo todo el derecho de hacerlo si así lo elijo! Si eres de los que cada año celebra un aniversario más de la Reforma Protestante ¡Felicidades! Hazlo para la gloria de Dios. Si optas por no hacerlo también estás en tu derecho y respeto tus razones. Solamente ten cuidado de no imponer tu opinión particular sobre otro (y mucho menos de negarle a otro lo que considera su derecho). ¡Dios te bendiga!

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REFERENCIAS:

[1] Ariel Álvarez, “Luteranos y Calvinistas: Más lejos de lo que pensabas” (Revista Digital El Católico Luterano), publicado el 20 de octubre de 2018. Disponible en línea en: https://elcatolicoluterano.wordpress.com/2018/10/20/luteranos-y-calvinistas-mas-lejos-de-lo-que-pensabas/

[2] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 3.XXI.7

[3] Obras de Lutero 5: 43-50.

[4] Institución 2.III.

[5] Institución III.III.1; III.XI.1; I.XI.19; III.XIV.17.

[6] Institución III.XVII.

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