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Arminianismo Clásico, Calvinismo

¿Quién fue Jacobo Arminio?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Jacobo Arminio es uno de los teólogos más difamados y mal entendidos en la historia de la iglesia. En una era de grandes debates sobre la predestinación, el libre albedrío y otros conceptos relacionados, se acusó a Arminio de ser pelagiano, semipelagiano o hereje de todo tipo. Esta es una tendencia que comenzó en su tiempo y ha continuado hasta nuestros días. La verdad es que Arminio fue un teólogo brillante que sacudió los cimientos del calvinismo hasta la médula. Sin embargo, Arminio era un teólogo ortodoxo en su forma de pensar, y sus ideas emanaban de la Reforma Protestante, aunque buscó reformar algunas ideas de Calvino y Lutero que consideraba erróneas a la luz de la Biblia. Contrariamente a la creencia común, Arminio creyó en la total depravación del hombre y en que es necesaria una gran obra de gracia, es decir, la gracia preveniente, para llevar a una persona al arrepentimiento. También rechazó enfáticamente el pelagianismo y el semipelagianismo.

¿QUIÉN FUE JACOBO ARMINIO?

Jacobo Arminio (Oudewater, 10 de octubre de 1560 – Leiden, 19 de octubre de 1609) fue un teólogo y catedrático holandés. Sin lugar a duda, Arminio fue y será el teólogo más famoso que aportó la Iglesia Reformada Holandesa. Curiosamente, la fama de Arminio es una gran ironía puesto que la Iglesia Reformada Holandesa era históricamente un bastión del calvinismo más ortodoxo y Arminio dio su nombre a un movimiento que se basó en la oposición al calvinismo histórico: el arminianismo.

Su padre, Herman, murió cuando Jacobo era un niño, dejando sola a su madre y a varios hijos. Un pastor calvinista, Teodoro Aemelius, lo adoptó y envió al pequeño a una escuela en Ultrech. En 1575, su madre fue asesinada durante la masacre de Oudewater, a manos de los soldados españoles. Luego de la tragedia, Arminio fue enviado a estudiar teología en la Universidad de Leiden. Jacobo Arminio permaneció en Leiden desde 1576 hasta 1582 logrando destacarse entre sus pares. Sus maestros más influyentes fueron Lambertus Danaeus, Johannes Drusius, Guillaume Feuguereius y Johann Colman. Kolman creía y proclamaba que la ortodoxia calvinista convertía a Dios en un tirano caprichoso y un verdugo asesino. Bajo la influencia de este hombre, Arminio desarrolló una doctrina teológica que se enfrentaría a la rigidez calvinista.

Después de haber completado sus estudios bajo la tutoría de Theodore Beza, en Génova (Suiza) en 1582, fue llamado a tomar el pastorado en Ámsterdan para lo cual fue ordenado en 1588. Prontamente se ganó una buena reputación como pastor y fiel defensor de la doctrina. En 1590 se casó con Lijsbet Reael.

EL DEBATE SOBRE LA PREDESTINACIÓN SACUDE HOLANDA.

La entrada de Arminio en el debate de la predestinación que se estaba librando en Ámsterdam comenzó dos años después de su regreso, cuando los funcionarios de la ciudad le pidieron que refutara una forma modificada de calvinismo propuesta por Theodore Beza. Sin embargo, el estudio de Arminio de las Escrituras lo había llevado a concluir que la Biblia no apoyaba una interpretación estricta de la predestinación como fuera enseñada en su tiempo por Juan Calvino. Sin embargo, Arminio no era un polémico por naturaleza y no intensificó el debate. Las cosas cambiarían más adelante, pues cuando Arminio recibió su doctorado y se convirtió en catedrático de teología en Leiden en 1603, el argumento sobre el calvinismo volvió a cobrar vida.

Arminio se puso al frente del debate, enseñando que los puntos de vista calvinistas de la predestinación absoluta y la elección incondicional convertían a Dios en el autor del mal. Arminio insistió en que la elección de los creyentes por parte de Dios estaba condicionada a su respuesta en la fe. Además, argumentó Arminio, el conocimiento previo de Dios no significa que predetermina si una persona responderá con fe a la gracia de Dios o no.

Arminio y sus seguidores creían que un sínodo nacional debería reunirse y procurar la tolerancia para sus puntos de vista. Sus oponentes, que se resistían a cualquier cambio en las estrictas confesiones calvinistas de la Iglesia Reformada Holandesa, mantuvieron la autoridad de los sínodos locales y negaron la necesidad de una convención nacional. Cuando el Estado general holandés finalmente reunió a ambas partes, los opositores de Arminio, dirigidos por el profesor Franciscus Gomarus, lo acusaron de errores relacionados con la doctrina de la gracia, la autoridad de las Escrituras, el pecado original y la salvación. Arminio no solo negó los cargos, sino que argumentó que sus opiniones eran más compatibles con las de Calvino que las de sus oponentes.

Si bien Arminio fue absuelto de cualquier error doctrinal, el proceso lo dejó terriblemente débil. Aun buscando obtener tolerancia legal para sus puntos de vista, aceptó una invitación del Estado General a una “conferencia amistosa” con Gomarus, pero su salud hizo que la conferencia terminara prematuramente. Dos meses después, el 19 de octubre de 1609, Jacobo Arminio murió.

EL INFAME SÍNODO DE DORT

La muerte de Arminio no pondría fin a las disputas. La calvinista Iglesia Reformada Holandesa convocó en 1618 el infame Sínodo de Dort, un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda, con el objetivo de frenar el ascenso del Arminianismo. La primera reunión del sínodo fue el 13 de noviembre de 1618 y la última, la 154ª fue el 9 de mayo de 1619. Fueron también invitados representantes con derecho de voto venidos de 8 países extranjeros.

El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, llamamiento eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco puntos del calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius (principales defensores de las ideas de Arminio), tuvieron que exiliarse.

EL LEGADO TEOLÓGICO DE JACOBO ARMINIO

Jacobo Arminio y sus seguidores aceptaron la creencia calvinista de que los humanos caídos son básicamente depravados y dependen de la gracia de Dios para la salvación. Sin embargo, a diferencia de Calvino, Lutero o Agustín de Hipona, Arminio insistió en que el libre albedrío humano desempeña un papel crucial en el proceso. A diferencia del calvinismo, Arminio creía que la gracia es resistible. Arminio sostuvo que Dios toma la iniciativa en el proceso de salvación y su gracia llega a todas las personas. Esta gracia actúa sobre todas las personas para convencerlos del Evangelio y atraerlos fuertemente hacia la salvación. Sin embargo, la oferta de salvación a través de la gracia no actúa de manera irresistible en un método determinista puramente de causa-efecto. Contrariamente a Calvino, Lutero y Agustín, quienes sostuvieron que la gracia de Dios es “irresistible”, Arminio enseñó que la gracia puede ser aceptada y negada libremente por los humanos.

Jacobo Arminio creía también que el hombre tiene libre albedrío para responder o resistir la gracia. El libre albedrío está limitado por la soberanía de Dios, pero Dios les permite a todas las personas elegir el Evangelio a través de la fe. Aunque Dios es omnipotente, Él ha elegido concederles este poder a los hombres.

Arminio creía además que la elección es condicional. Arminio definió la elección como “el decreto de Dios por el cual, de Sí mismo, desde la eternidad, Él decretó justificar en Cristo, los creyentes, y aceptarlos para la vida eterna”. Solo Dios determina quién será salvo y su determinación es que todos los que creen en Jesús a través de la fe serán justificados. Sin embargo, aquellos que son elegidos siguen siendo libres de resistir la voluntad de Dios para salvarlos.

Aunque Arminio vivió gran parte de su vida en medio de disputas teológicas, no solo con los calvinistas, sino también con otros movimientos teológicos de la época, su conducta de vida nunca pudo ser reprobada, y sus seguidores lo tenían en gran estima, siendo respetado aún por sus detractores, a causa de su buen testimonio. Hoy por hoy, Arminio es el más conocido fundador de la escuela “anticalvinista” en la teología protestante reformada, de tal modo que su nombre dio origen al arminianismo, como denominación que representaba su ideología, aunque al principio sus seguidores eran llamados “remonstrants”, debido al célebre documento de cinco puntos en el que disentía con Calvino, llamado Remonstratioe (1560). Uno de los grandes admiradores de la doctrina arminiana fue John Wesley, el fundador del movimiento metodista, muchos años más tarde. De hecho, el arminianismo ha sido fuente inspiradora para muchos de los fundadores y predicadores en la época de los grandes avivamientos.

REFERENCIAS:

  • Arminius, Jacobus, James Nichols, William Nichols, and Carl Bangs. The Works of James Arminius. Grand Rapids, Mich: Baker Book House, 1986. ISBN 9780801002069
  • Bangs, Carl. Arminius; a Study in the Dutch Reformation. Nashville: Abingdon Press, 1971. ISBN 9780687017447
  • Clarke, F. Stuart. The Ground of Election: Jacobus Arminius’ Doctrine of the Work and Person of Christ. Studies in Christian history and thought. Bletchley, Milton Keynes: Paternoster, an imprint of Authentic Media, 2006. ISBN 9781842273982
  • Stanglin, Keith D. Arminius on the Assurance of Salvation: The Context, Roots, and Shape of the Leiden Debate, 1603-1609. Leiden: Brill, 2007. ISBN 9789004156081
Arminianismo Clásico, Calvinismo

Expiación Universal, más no incondicional

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN.

El Arminianismo afirma que Cristo llevó el pecado del mundo y Su expiación fue destinada, extendida y ofrecida a todos los hombres. Sin embargo, esto no significa que todos serán salvos. La expiación universal hecha por Cristo debe aplicarse al individuo; y esa aplicación está condicionada a la fe: Él salva a todos los que invocan su nombre con fe (Romanos 10:13). Cristo fue presentado como una propiciación, un sacrificio expiatorio, para todo el mundo (1 Juan 2:2) y, sin embargo, ese sacrificio expiatorio es efectivo por medio de la fe para la salvación (Romanos 3: 23-25).

 

EXPIACIÓN UNIVERSAL CONDICIONADA.

En sus ataques contra la teología arminiana, los calvinistas a veces argumentan que si Cristo murió por todos los hombres como enseña el arminianismo, entonces todos, de forma incondicional, serían salvos. Esta herejía, conocida como universalismo, nunca ha sido parte de la teología arminiana, sino más bien una acusación infundada hecha por los calvinistas a nuestra teología. Lo que el arminianismo sí enseña en realidad es que la expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y solo para los fieles de manera eficiente.[1] Los datos bíblicos apoyan tres líneas generales de pensamiento: (1) Cristo murió por todas las personas, demostrando que Su expiación está destinada, está disponible y es ofrecida a todos los hombres; (2), no todas las personas que han vivido, viven o vivirán en este mundo han sido o serán salvadas; (3), los beneficios de la expiación se aplican únicamente a los creyentes, imputándoles así la justicia de Cristo cuando son regenerados y justificados. De esta manera, la expiación es presentada en la Biblia como genuinamente diseñada y disponible para todos, pero únicamente aplicable a los creyentes. Es un perdón condicional. La expiación es, por lo tanto, efectiva en dos sentidos: Es suficiente para todos los hombres, y eficiente para los elegidos.[2] Pasajes como Juan 3:16 argumentan que la provisión para la salvación es universal (Dios amó al mundo), pero para que esto sea apropiado debe haber fe individual (quien crea). En otras palabras, la expiación es provisional hasta que se aplique, y sólo puede aplicarse con la condición de la fe y sobre la base de la unión con Cristo. Cuando se aplica, la expiación se vuelve eficaz.[3]

Por lo tanto, no es la realización de la expiación lo que es intrínsecamente salvífico; más bien, en virtud de la fe de un individuo, la expiación se aplica sobre él y éste es redimido de la maldición del pecado por los méritos de Cristo. La expiación se realizó para todos (1 Juan 2: 2), pero se aplica a través de la fe (Romanos 3:22, 25). La enseñanza arminiana clásica es que Cristo murió para proporcionar la salvación para todos, una disposición que es efectiva solo cuando se aplica a aquellos que creen.[4] Esta es la única manera de dar sentido a las palabras de Jesús cuando declara que su obra está consumada (Juan 19:30), pero luego Pablo afirma que los cristianos de Éfeso estaban muertos en sus pecados antes de creer aun cuando el sacrificio de Jesús ya había sido efectuado (Efesios 2:1-3). O de que a los corintios se les dice que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20) a pesar de que Él ya había reconciliado al mundo (2 Corintios 5:19).

La doctrina que afirma que la expiación es provisional para todos y se imparte condicionalmente a través de la fe no debería ser controvertida, ya que incluso la mayoría de los calvinistas sostienen que los elegidos no son salvos sin fe. En otras palabras, todos los puntos de vista están comprometidos con el hecho teológico de que la expiación aparte de la fe no salva. De lo contrario, los pasajes que hablan de que incluso los elegidos fueron enemigos de Dios (Romanos 10:10; Colosenses 1:21) e hijos de ira (Efesios 2: 3) serían inexplicables. Si la expiación ya se aplicó a estas personas elegidas desde su nacimiento, ya serían justificadas ante Dios y nunca enemigos o hijos de ira (incluso la fe sería superflua, pues ya serían salvas). Los calvinistas como William Shedd están de acuerdo con esto y escriben: “La expiación en sí misma, separada de la fe, no salva ningún alma… No es la realización de esta expiación, sino la confianza en ella lo que salva al pecador”.[5] El calvinista Norman Douty lo expresa de forma clara: “Sin estos actos [el arrepentimiento y la fe], incluso los elegidos solo son potencialmente los beneficiarios de estos beneficios”. Hasta entonces, “toda la obra salvadora de Cristo es solo suya potencialmente… Su muerte solo ha provisto estos beneficios para ellos; la aplicación de ellos está supeditada a su arrepentimiento y fe”.[6]

La fe (incluso si es irresistiblemente dada por Dios como sostiene el calvinista) todavía se requiere del individuo. Puede ser elegido incondicionalmente antes de la creación para hacerlo, pero el acto de la fe personal todavía es necesario para la salvación. La verdad bíblica de que la justificación, el perdón y la regeneración son por fe es una piedra angular del cristianismo. De modo que, tanto los calvinistas como los arminianos están comprometidos con la verdad teológica de que, sin la fe del individuo, la expiación no salvará ni podrá salvar a nadie. El problema con esto par el calvinista resulta evidente: Si esta perspectiva provisional es permitida para los elegidos en el calvinismo, entonces no hay nada incoherente o contradictorio en la aplicación de esta en un ámbito universal para el arminianismo. De hecho, eso es exactamente lo que enseña la Biblia.

 

LA BIBLIA ENSEÑA DE FORMA CONTUNDENTE LA EXPIACIÓN ILIMITADA

La doctrina arminiana de la expiación ilimitada, universal o general es bastante sólida bíblicamente. En artículos anteriores hemos dejado en claro que, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, sostienen el alcance universal de la expiación. Sin embargo, hay una serie de puntos auxiliares que asumen tácitamente una extensión universal de la expiación. Estos son:

(1.- LA OFERTA DE SALVACIÓN ES EXTENDIDA, DE BUENA FE, A TODOS LOS HOMBRES: Un fundamento sobre el cual sustentar la doctrina de la expiación general es el llamado general de Dios al arrepentimiento. Es decir, Dios llama a todos a volverse a Él y ser salvos (Isaías 45:22) mientras ofrece salvación a todos (Tito 2:11). Es Dios mismo llamando a todos los hombres al arrepentimiento y ofreciendo la salvación a todos (Hechos 17:30). No hay restricciones en la Gran Comisión (Mateo 28:19) y Dios incluso extiende sus manos y llama a todos, incluso a los que lo rechazan (Isaías 65: 2; Romanos 10:21; Jeremías 7:13; Oseas 11:1-2; Proverbios 1:24, etc.). El arminianismo es consistente con la enseñanza bíblica sobre este tema, lo cual no puede decirse del calvinismo. ¿Por qué no? Preguntémonos: En el calvinismo, ¿Es el llamado general de Dios y la oferta de salvación una oferta genuina? ¿Es este un acto genuino, sincero, auténtico de un Dios perfectamente moral? En el calvinismo, parece no serlo. El calvinista, lo quiera o no, está bromeando de forma cruel cuando dice que se ofrece salvación para todos y que todos pueden responder al llamado de Dios. Esto se debe a que Dios ha elegido incondicionalmente a quién salvar y a quién condenar en su ira. Esta fue la enseñanza defendida por Juan Calvino: No todos son creados iguales; algunos son creados para salvación, otros para la destrucción eterna. En el calvinismo Cristo no murió por aquellos creados para el tormento eterno, sino solo por los elegidos (expiación limitada). Pero ¿Sería Dios justo, santo, bueno, verídico y fiel a Su carácter si llamara y ofreciera algo que Él no puede dar, pues nunca estuvo en sus planes hacerlo? ¿Sería Dios fiel a su carácter si responsabilizara a las personas por rechazar algo que de hecho no está disponible para ellos? ¿Sería Dios fiel a Su carácter si hiciera a las personas culpables por hacer lo que fueron creadas para hacer, según su soberano, ineludible y eterno decreto? ¿Concuerda con el carácter de Dios el condenar a seres a quienes les ha negado la capacidad de responder a su llamado al arrepentimiento? Como se puede ver fácilmente, la expiación limitada pone el carácter de Dios en una posición precaria. La expiación general, por el contrario, encaja perfectamente con el texto bíblico. Dios extiende su llamado y ofrece a todos la oportunidad de arrepentirse: “El Señor… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9). Él ha hecho una provisión real y fidedigna para la humanidad. Por lo tanto, se responsabiliza a las personas por rechazar algo que Dios ha puesto a su disposición, y son responsables porque son capaces de responder al llamado universal de Dios (Juan 12:32). Dios ama a todos y no creó individuos destinados para el tormento eterno; más bien, desea que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

(2.- SEGURIDAD CONDICIONAL: Otra doctrina que presupone una expiación ilimitada es la doctrina de la seguridad condicional (Mateo 18: 23-35; Lucas 8: 11-15; Juan 15: 1-6; Romanos 11: 17-23; 2 Timoteo 2:12; Hebreos 6:4-8; 10: 26-31; 2 Pedro 2: 20-22; Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11). El hecho de que individuos que una vez creyeron puedan separarse luego del Señor y caer de la vida eterna que está en el Hijo, refuerza aún más la idea de una expiación provisional y universal. Esto se debe a que las personas que posterior a su conversión se alejaron, verdaderamente habían experimentado en sus vidas los efectos salvíficos de la expiación de Cristo y participaron del Espíritu Santo mientras creían. Sin embargo, cuando apostataron, renunciaron a esos beneficios y, por lo tanto, “negaron al Señor que los compró” (2 Pedro 2:1). En este caso, la expiación pasó de ser hecha y aplicada a ciertos creyentes, para luego ser retenida de ellos en virtud de su incredulidad posterior. De modo que, si la salvación puede ser poseída genuinamente por una persona y luego perdida por causa de la apostasía total, esto implicaría una expiación de carácter universal; ya que se extiende provisionalmente a todos, pero su aplicación está supeditada a la fe sostenida (1 Pedro 1:5). Mirando brevemente la Parábola del Siervo Despiadado en Mateo 18, esto se puede ver claramente. El sirviente no puede pagarle a su señor, y más tarde cae de rodillas y le pide más tiempo para hacer los pagos. El señor siente compasión por él y lo perdona de la gran deuda en su totalidad (v. 27). Lamentablemente, el sirviente pasa a actuar sin misericordia con los demás. El señor dice: “Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (V. 32-33). Luego, el sirviente es entregado a los acreedores hasta que pague todo lo que debe (v. 34). Jesús advierte que lo mismo se hará incluso a sus discípulos si actúan de la misma manera. La parábola es bastante explícita en el sentido de que una persona puede estar en un estado de perdón, luego perderá ese perdón y tendrá que pagar sus propias deudas. Esto no tendría sentido en una expiación limitada e incondicional, pero sí lo tiene en una expiación de carácter universal y provisional (con seguridad condicional).[7]

(3.- EVIDENCIA HISTÓRICA CONSENSUAL: Un último punto suplementario es el hecho de que la iglesia cristiana primitiva (todos los Padres de la Iglesia antes de Agustín, quizás incluso Agustín incluido) creyeron y sostuvieron la expiación universal.[8] El teólogo Roger Olson escribe: “La gran mayoría de los cristianos a través de los siglos, incluidos todos los padres de la iglesia de los primeros cuatro siglos… creyeron en la expiación universal”.[9] David Allen, en su magistral libro que da una revisión histórica de la doctrina de la expiación ilimitada, escribe: “La expiación limitada [en oposición a la expiación general o ilimitada] es una doctrina nueva en la historia de la iglesia”.[10] Lightner dice que hasta la Reforma del siglo XVI “la visión predominante y en su mayor parte indiscutible de la muerte de Cristo era que esta constituía un sacrificio provisional para toda la humanidad, salvífico solo para aquellos que creían”.[11] Hammett lo expresa sin rodeos: “En general, la posición mayoritaria en la historia cristiana está decididamente del lado de la Expiación universal”.[12] Para aquellos que dan peso a los teólogos de la iglesia primitiva, muchos de los cuales fueron enseñados directamente por los apóstoles o por aquellos que conocieron a los apóstoles, este es un golpe serio contra la expiación limitada enseñada por el calvinismo.

 

CONCLUSIÓN

Dada la evidencia examinada, parecería que cualquier soteriología que se precie de ser seria, y bíblica, debería aceptar la doctrina de la expiación ilimitada de Cristo; es decir, una expiación de alcance universal pero eficaz únicamente para los fieles. La posición no solo toma en serio la gran cantidad de pasajes que hablan de una expiación universal realizada por Cristo, mediante la cual pagó el precio por el pecado del hombre y probó la muerte por cada persona, sino que también responde de manera convincente a cualquier objeción presentada en su contra. Arminio lo resume claramente cuando escribe: “Cristo se ofreció en lugar de todos los hombres universalmente… y no en el lugar de los elegidos solamente”.[13] Concluye diciendo que la expiación “se obtuvo para todo el mundo, y para todos y cada hombre; pero se aplica solo a los creyentes y a los elegidos.”[14]

Por lo tanto, la posición bíblica (y de hecho, arminiana) afirma correctamente que Cristo verdaderamente es la propiciación para el mundo entero (1 Juan 2:2); El es el Salvador del mundo (1 Juan 4:14) y para todas las personas (1 Timoteo 4:10), ya que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11); Él probó la muerte para todos (Hebreos 2:9) y está reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19); Él quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y se ofreció en rescate por todos (1 Timoteo 2: 6); su muerte es para todos (2 Corintios 5: 14-15) y él ofrece justificación para todos (Romanos 5:18); el pan de vida es dado al mundo (Juan 6:33, 51) y su expiación se hace incluso para aquellos que lo niegan (2 Pedro 2:1) y para aquellos que luego apostatarán (Hebreos 10:26, 1 Corintios 8:11, Romanos 14:15). La Biblia es clara en su presentación de una expiación universal, que se hace, se ofrece, se extiende y se proporciona para todos (1 Corintios 15:3), pero es eficaz y se aplica solo a los fieles (Romanos 3:22, 25).

 

REFERENCIAS:

[1] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

[2] Robert Shank, Elect In The Son, 71.

[3] Forlines, Classical Arminianism, 234.

[4] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 100.

[5]  William Shedd, Dogmatic Theology, II:440.

[6] Norman Douty, The Death of Christ, 43.

[7] Shank, Life in the Son, 39.

[8] Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 79.

[9] Olson, Against Calvinism, 152.

[10] David Allen, The Extent of the Atonement, 767.

[11] Lightner, 9. FIX*** (Israel of God, 9).

[12] Hammett, Perspectives, 158.

[13] Jacob Arminius, Works, III:332.

[14] Jacob Arminius, Works, III:425.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación General en el Antiguo Testamento

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31). Pero esta doctrina no es exclusiva del Nuevo Testamento. La Expiación Ilimitada, general o universal, es enseñada también en el Antiguo Testamento.

EL ANTIGUO PACTO SEÑALA HACIA UNA EXPIACIÓN GENERAL, NO LIMITADA.

La naturaleza ilimitada, provisional y condicional de la expiación de Cristo puede vislumbrarse incluso en los tipos y figuras del Antiguo Testamento. Esto no tiene nada de extraño, ya que el viejo pacto era sombra y figura de lo que había de venir (Colosenses 2:17). Tres de esos tipos proféticos, en particular, nos ayudan a desentrañar mejor el alcance y la aplicación de la propiciación de Cristo.

El Cordero de la Pascua:

Muchas veces se menciona a Jesús como el “Cordero” sacrificial, un cordero que fue sacrificado por el mundo (Juan 1:29; 1 Corintios 5: 7; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5:12). Esto es seguramente en referencia al cordero de la Pascua en Éxodo 12, donde la disposición de la expiación y la posterior aplicación se llevan a cabo maravillosamente. En esta interacción, Dios le ordena al pueblo de Israel que mate a un cordero como un sacrificio para evitar su ira. Curiosamente, la nación de Israel no solo debía matar al cordero del sacrificio (v. 6), sino también comérselo y aplicar su sangre a los postes de la puerta (v. 7). La sangre aplicada era una cobertura que guardaba a Israel de la ira de Dios (v. 13) derramada sobre Egipto y sobre aquellos de Israel que se negaran a cumplir con dicho ritual. El punto crucial es que la simple muerte del cordero no protegía a Israel: Cada hogar no solo tenía que matar al cordero, sino también aplicar su sangre, de lo contrario, la ira de Dios se vería afectada por ellos.

Nótese lo bien que esto corresponde con lo que se enseña en el Nuevo Testamento acerca de Cristo y su obra expiatoria. Él es el Cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y es una propiciación para todos (1 Juan 2:2); pero esta propiciación es para aquellos que creen (Romanos 3:22, 25). En sí misma, la sangre de Cristo no salva a nadie, debe ser aplicada a través de la fe. La expiación es provisional para todos, eficaz sólo para los fieles.

Éxodo 12 es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben distinguirse. La sangre del cordero pascual muerto se volvió eficaz solo después de que se aplicó. La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tuvo que aplicarse.[1]  Incluso el renombrado calvinista A. W. Pink está de acuerdo con esto. En su comentario de Éxodo escribe: “Un Salvador provisto  no es suficiente: debe ser  recibido . Debe haber ‘fe’ en Su sangre ‘(Romanos 3:25), y la fe es algo personal… Debo por la fe tomar la sangre y refugiarme debajo de ella.” [2]

Pink señala correctamente que la Pascua es “uno de los más sorprendentes… presagios de la obra de la Cruz de Cristo que se encuentran en cualquier parte del Antiguo Testamento, [y] es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben ser distinguido. La sangre del cordero pascual muerto… se volvió eficaz solo después de que se aplicó al poste de la puerta según las instrucciones… La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tenía que aplicarse.”[3]

La Serpiente de Bronce:

En Números 21, el pueblo de Israel se impacientó con Moisés y con Dios, y se manifestó contra ellos en rebelión. Dios envió serpientes venenosas en medio de ellos como una forma de juicio por su comportamiento pecaminoso. Los israelitas rebeldes estaban siendo mordidos y muriendo. Después de que Moisés intercede por el pueblo, Dios responde ordenándole que ponga una serpiente de bronce en un palo. Dios dijo que todo el que fuere mordido, cuando mirare la serpiente bronce, viviría (v. 8).

De nuevo, nótese cuidadosamente la provisión hecha aquí por Dios. El medio de sanidad (la serpiente de bronce) fue dado y puesto a disposición de toda la nación de Israel. Todos habían sido mordidos por las serpientes venenosas (representando el pecado) y Dios había hecho una provisión para todos. Aun así, la disposición tenía que ser aplicada por el individuo mirando a la serpiente de bronce; sólo entonces vivirían. La limitación para Israel no estaba en la provisión de la serpiente de bronce (fue dada para todo Israel); más bien, la limitación estaba en la aplicación: solo los que dirigían su mirada hacia ella vivían. Había un remedio para todo Israel, y serían sanados si solo miraran. Hay un remedio en la muerte de Cristo para todos, y serán salvos si solo creen.[4]

Este pasaje es referido por el mismo Jesús: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:14-15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la creencia. La naturaleza universal se ve en el famoso pasaje de Juan 3:16, donde el amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17) a través de la fe. Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (12:32). Provisional para todos, eficaz para los fieles.

El Sumo Sacerdote

En el Antiguo Testamento, Dios ordenó que los sacerdotes designados llevaran a cabo un sistema de sacrificios para hacer expiación por los pecados del pueblo. Esto incluyó el llamado “Día de la Expiación” (Yom Kippur), que permitía al sumo sacerdote entrar al Lugar Santísimo (Levítico 16). Esto lo hacía el sumo sacerdote para realizar expiación por sí mismo y por la gente (v. 24) a fin de que el pueblo se limpiara de sus pecados ante el Señor (v. 30). Esto se hacía anualmente tanto por los sacerdotes como para todas las personas de la asamblea (v. 33). Hebreos 9:7 dice: “pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo”.

Obsérvese que la expiación era hecha para toda la nación, para todo Israel. Indiscutiblemente, la disposición del Antiguo Testamento para el pecado y la salvación fue para todo Israel, no para un grupo elegido y especial entre ellos. La desobediencia y la incredulidad fueron las únicas barreras que separaron a todos los israelitas de la gracia de Dios.[5] La reconciliación y las ofrendas por el pecado fueron para “todo Israel” (2 Crónicas 29:24; Esdras 8:25; Malaquías 4: 4). Sin embargo, uno tenía que permanecer como parte integrante de la nación de Israel para obtener esos beneficios. Y, sin lugar a duda, existían las condiciones para formar parte de, y permanecer, ‘en Israel’. Por ejemplo, si un hombre no fue circuncidado, sería separado del pueblo (Génesis 17:14); si alguien comía pan con levadura en ciertos días, sería “cortado de Israel” (Éxodo 12:15); el mal uso de varios aceites o perfumes resultó en ser separado del pueblo (30:33, 38); profanar el sábado (31:14); comer ciertas cosas (Levítico 7:20, 21, 25, 27) y cometer ciertos actos considerados abominables (18:29) provocarían ser excluidos de la congregación de los hijos de Israel; incluso Dios advierte que una persona de Israel puede ser separada de su presencia (22: 3). Números 15:30 resume bien este principio: Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo.”

Ser “cortado” no solo significaba la exclusión de un individuo de la congregación de Israel (y la salvación), sino que a veces también la destrucción inmediata. En Levítico 23:29-30, Dios declara que, si los del pueblo de Israel le son infieles, no solo serán cortados, sino que perecerán por completo. Dios pondrá Su rostro contra ellos y serán derribados por sus enemigos (26:17); perecerán entre las naciones (Levítico 26:38; Deuteronomio 8: 19-20). La nación fue llamada a ser el pueblo elegido de Dios, pero con eso se les ordenó también observar todas los estatutos y los mandamientos de Dios, de lo contrario serían maldecidos (11: 26-31) y luego serían destruidos, consumidos y perecerían (28: 20-24). Claramente, ser descendiente de Abraham no conllevaba ninguna garantía de que una persona permanecería entre el pueblo del pacto de Dios sin tener en cuenta su fe y su fidelidad al pacto de Dios.[6] Sin embargo, si el individuo infiel confiesa sus pecados y se humilla a sí mismo ante Dios, su fidelidad y compasión le permitirán regresar a Israel y los beneficios subsiguientes se volverán a aplicar (Levítico 26: 40-45).

El punto aquí es claro: mientras que Dios elige incondicionalmente a la nación corporativa de Israel como su pueblo, la participación en esa nación estaba supeditada a la obediencia. Ningún individuo fue posicionado incondicionalmente en Israel. Además, debe notarse que cualquier persona fuera del Israel étnico podría unirse a la comunidad y convertirse en israelita a través de la circuncisión y la obediencia (Génesis 17:12-13; Éxodo 12:48). Desde el principio, cualquier gentil podría convertirse en un judío de pleno derecho, profesando fe en el Dios de Abraham y siendo circuncidado. No existía ninguna barrera racial para evitar que los gentiles se convirtieran en participantes plenos en las promesas del pacto.[7] De hecho, aparentemente existía la posibilidad de salvación fuera del Israel étnico si uno estaba buscando fielmente a Dios (por ejemplo, Melquisedec, Job, Rahab, etc.).

Volviendo al caso del sumo sacerdote y al Día de la Expiación mencionados anteriormente, el sumo sacerdote hacía expiación por todo Israel, pero los efectos de la misma sólo se aplicaban a los obedientes, a los fieles. Este sistema del Antiguo Testamento era solo una sombra de las cosas por venir; un simple vistazo de lo que se encuentra en Jesucristo, que es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 3: 1). Él es un “sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (5:6; 5:10; 6:20; 7:17; 8:1). Los viejos sacerdotes tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de interceder por la nación, y debido a su mortalidad, tenían que ser reemplazados constantemente. Jesús tiene su sacerdocio eterno e inmutable (7:24) y, por lo tanto, vive para siempre para interceder por nosotros (7:25). Su muerte fue de una vez por todas por su propia sangre (7:27), un sacrificio realizado una vez y para siempre (10:12). Cristo fue tanto el sacerdote como el sacrificio por nuestros pecados, cuando entró en el cielo delante del Padre. Como los sumos sacerdotes del viejo pacto, que hacían expiación por todo Israel, también Cristo purificó los pecados y probó la muerte para todos  (1: 3; 2: 9). Su propiciación fue para todo el mundo (2:17; 9:28; 1 ​​Juan 2: 2; Juan 1:29; 1 Timoteo 2: 6). Aquí se ve cómo Jesús cumple con la sustancia misma de la expiación del Antiguo Pacto, que nunca podía quitar los pecados. Jesús inicia un nuevo sistema de sacrificios en el Nuevo Pacto mientras asume el papel de sumo sacerdote, para siempre. Nótese el fascinante paralelo:

  • El sumo sacerdote del Antiguo Testamento ofreció expiación por todo Israel. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe estar “en Israel” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Israel” a través de la obediencia (fe). Era una provisión de expiación para la nación, eficaz para los obedientes (fieles).
  • El sumo sacerdote del Nuevo Testamento (Jesús) ofrece expiación para todas las personas, por el mundo entero. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe). Es una provisión de expiación para el mundo, pero eficaz solo para los obedientes (fieles).

CONCLUSIÓN.

Habiendo examinado estos tres ejemplos del Antiguo Testamento, todos los cuales se aplican de diversas maneras a Cristo, la naturaleza provisional ilimitada de la expiación queda clara, junto con su aplicación condicional: La expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y para el Israel de Dios de manera eficiente.[8] Cristo es el Cordero que fue inmolado por todos, la provisión fue hecha para todos y el Sumo Sacerdote que hizo la propiciación la efectuó por todos.

 

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 427.

[2] A.W. Pink, Gleanings in Exodus, 84.

[3] Pink, Gleanings in Exodus, 88.

[4] David Allen, The Extent of the Atonement, 692-693.

[5] Dave Hunt, What Love is This?, 298.

[6] Palmer Robertson, The Israel of God, 36.

[7] Robertson, The Israel of God, 35

[8] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Las Cartas Paulinas y la expiación general

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

Los arminianos sostenemos la doctrina de la Redención universal o expiación general. La obra redentora de Cristo brinda a todos los hombres la oportunidad de ser salvos. Sin embargo, a pesar de que Cristo murió por todos los hombres, sólo los que creen en él son salvados. Su muerte es suficiente para la salvación de todos los hombres, pero sólo eficaz en los que creen. Pero esta no es una doctrina inventada por los arminianos, las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara también en las cartas de Pablo.

 

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PABLO.

El apóstol Pablo enseñó en sus epístolas la doctrina de la Expiación Universal, ilimitada o general. Pablo escribe en su segunda carta a los corintios: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.“(2 Corintios 5: 14-15). De acuerdo con Pablo, Cristo murió por todos porque todos murieron en Adán (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22) y están muertos en el pecado (Efesios 2: 1; Colosenses 2:13). Simplemente todos han muerto en Adán en virtud de su liderazgo representativo, por lo que Cristo murió por todos ya que es el segundo Adán (1 Corintios 15:45). El primer Adán trajo la muerte a todos a través de la naturaleza humana, mientras que el último Adán trajo la vida a todos a través de la fe (Romanos 5: 17-18).  Después de enseñar la extensión universal de la expiación de Cristo (Romanos 5: 8; 1 Corintios 15:3), Pablo continúa hablando de las implicaciones de la aplicación posterior de esa expiación universal para “los que viven” (v. 14). Los que “viven” son nuevas criaturas, en Cristo (v. 17), a través de la fe (Juan 20, 31).

Más adelante en el mismo capítulo, Pablo dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo ” (5:19). Aquí Pablo habla del ministerio de reconciliación (v. 18) dado a los apóstoles por Dios. Este ministerio es “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (v. 19). El alcance universal de la salvación de Dios puede notarse claramente en este pasaje.

Por supuesto, Pablo no está enseñando que todos se reconcilian de manera salvífica. Sin embargo, hay un sentido de una reconciliación objetiva que se enseña aquí: Cristo murió por todos. Pero también una reconciliación subjetiva: Dicha reconciliación debe ser recibida por la fe. Por esta razón, Pablo continúa diciendo: “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (v. 20). La expiación ilimitada (a través de la cual Cristo murió por todos) debe ser apropiada individualmente; es decir, cada persona debe obtener este objetivo de reconciliación universal de Cristo a través de la fe para reconciliarse con Dios de manera subjetiva e individual.

En Romanos 5: 15-21, Pablo escribe extensamente sobre el don gratuito de la salvación que aporta justicia y justificación, y lo compara con la transmisión del pecado de Adán. Lo que es de particular importancia en este pasaje es el alcance universal que ambos individuos tienen sobre la humanidad. Pablo usa a Adán y a Cristo como dos paralelos para mostrar el alcance ilimitado que ambos tienen en el hombre. De hecho, a Adán se le llama el “primer Adán” y Cristo el “segundo Adán” (1 Corintios 15:45). Pablo explica cómo el pecado y la muerte pasaron de Adán al resto de la humanidad: El pecado vino al mundo a través de un hombre, y la muerte vino por el pecado (Romanos 5:12). Luego compara la muerte ocasionada por el pecado de Adán con la oferta universal de Cristo del don gratuito de gracia en virtud de su sacrificio expiatorio (v. 15, 18).

Algunos calvinistas seguramente llamarán la atención sobre la palabra “muchos” usada en Romanos 5:15, “Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.”, queriendo indicar que la expiación fue efectuada por muchos, pero no por todos. Sin embargo, debe notarse que, aunque Pablo usa la palabra “muchos” en el v. 15, esta seguramente debe entenderse como toda la humanidad. Como la mayoría de los teólogos reconocen, “muchos” y “todos” se usan a menudo como sinónimos, como es el caso aquí. Esto se demuestra en el contexto anterior, donde Pablo dice que “la muerte se extendió a todos los hombres” debido al pecado (v. 12) y los “muchos murieron” (v. 15). Todos murieron porque la muerte se extendió a todos; todos nacen muertos en el pecado (Efesios 2: 3; Colosenses 2:13). Esto no tiene por qué ser un punto de discusión, ya que incluso Juan Calvino entendió este punto bíblico.

En numerosos pasajes que hablan de “muchos”, Calvino reconoció que el autor usó “muchos” como sinónimo de “todos”. Incluso compara muchos de estos pasajes con Romanos 5:15. Acerca de la expresión “muchos” que se usa en Mateo 20:28, Calvino dice: “Muchos se usa, no para un número definido, sino para un gran número, en el sentido de que se pone a sí Mismo contra todos los demás. Y este es el significado también en Romanos 5:15, donde Pablo no está hablando de una parte de la humanidad, sino de toda la raza humana”. Con respecto a los famosos pasajes de Isaías 53:12 que hablan del Mesías que cargó con los pecados de “muchos”, Calvino dice: “Él solo soportó el castigo de muchos, porque sobre él se impuso la culpa de todo el mundo. Es evidente a partir del quinto capítulo de la Epístola a los Romanos, que “muchos” a veces denota todos”. De Hebreos 9:28, dice: “Él dice muchos significando todos, como en Romanos 5:15” y “la palabra muchos es a menudo equivalente a todos” Finalmente, en Marcos 14:24, Calvino explica: “la palabra ‘muchos’ no significa solo una parte del mundo, sino toda la raza humana”.[1]

A través de la transgresión de Adán, hay una condena universal para todos, pero a través de la muerte expiatoria de Cristo, existe el regalo universal gratuito disponible para todos (Romanos 5:16). El poderoso pasaje de Romanos 5:12-21 no se basa en una distinción entre el reprobado y el elegido, sino en los efectos universales de Adán y Cristo para cada individuo; condena y justificación son las dos opciones de vida para todas las personas.[2] Pablo es quien mejor explica la relación simétrica y paralela entre la imputación del pecado de Adán y la expiación de Cristo en Romanos. Esto muestra un contraste en los resultados de los dos hombres: el don de la justicia versus la muerte, manteniendo la extensión universal en ambos casos. Sin embargo, mientras que, a través de Adán, la muerte se imparte a todos, ya que todos nacen por naturaleza como hijos de ira (Efesios 2: 3), a través de la expiación de Cristo, existe una justificación para todos los hombres, porque “si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.“(v. 17). En otras palabras, Pablo dice que recibir el regalo es necesario para experimentar la gracia de Dios. A diferencia del pecado de Adán, que se transmite a todos de manera inherente, el don gratuito de Cristo requiere aceptación. En Romanos 5:18, Pablo afirma una expiación y reconciliación universales que comprenden a todos los hombres, pero la actuación de la expiación universal para los hombres individualmente está supeditada a la apropiación personal (v.17).[3]

A través del pecado de Adán, la humanidad está bajo condenación y está espiritualmente muerta (v. 17-18). En contraste, a través de la muerte expiatoria de Jesús, existe el don de la justicia para todos, que depende solo de su recepción (v. 17-18). El pecado y la muerte están presentes en la humanidad, pero la gracia de Dios abunda y desborda aún más (v. 15, 20). La expiación universal está fuertemente respaldada por la indicación bíblica de que la disposición es tan amplia como el pecado.[4] La provisión o base para la justificación y la vida está hecha para todos, de modo que “todos” abarca a toda la humanidad.[5] Si podemos aceptar el hecho de que el pecado de un simple hombre ha traído el pecado y la muerte a todo el mundo, seguramente podemos creer que la muerte expiatoria del Hijo de Dios ha traído la salvación a todo el mundo.[6]

En virtud tanto del primer Adán como del segundo Adán (Cristo), existen profundas implicaciones para la raza humana: la muerte y el pecado universales, y la gracia universal obtenida a través de la aceptación del sacrificio expiatorio de Cristo. La obra salvadora de Cristo es pertinente para toda la raza humana, como lo fue la obra de Adán, y por lo tanto se ofrece a todos los pecadores.[7] A través del único acto de desobediencia de Adán, toda la raza humana se convirtió en receptora del pecado, y mediante un acto de obediencia, el último Adán trajo el don de la justicia a toda la raza humana. La desobediencia de uno fue co-extensiva con la obediencia del otro.[8]

De hecho, anteriormente en el mismo capítulo, Pablo escribe que Cristo murió por los impíos (Romanos 5:6). Uno de los puntos principales de Pablo en los capítulos anteriores fue que toda la humanidad está bajo pecado (3:9), y todos estamos destituidos de la gloria de Dios por causa del pecado (3:23) y no hay nadie justo (3:10). Así, cuando Pablo continúa hablando de los impíos, seguramente está hablando de la misma categoría, a saber, toda la humanidad. De esta manera, Cristo murió por los impíos; murió por todos. Pablo es claro al indicar que Cristo murió por los impíos, incluso murió por sus enemigos. Cristo actuó como parte del plan designado por Dios, que tenía como objeto toda la raza humana, ya que todos han pecado y no han alcanzado la gloria de Dios.[9] Esto puede compararse con Lucas 19:10 que dice que “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”, donde lo perdido es toda la humanidad bajo el pecado.

Uno de los versos más singulares sobre el tema se encuentra en la primera carta de Pablo a Timoteo. Él escribe, “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” (1 Timoteo 4:10). Aquí Pablo ayuda a desentrañar diferentes matices de Dios como Salvador. En un sentido, Dios es el Salvador de todos los hombres; pero en otro sentido, Él es el Salvador de los creyentes justos. Solo hay que mirar antes en la misma carta, donde Pablo habla de “Dios nuestro Salvador” (2:3) y dice que desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (v. 4). Debido a que Dios quiere que todos sean salvos, Él ha enviado a Cristo Su Hijo para que sea un rescate para todos (v. 6), ya que él es el mediador también entre Dios y los hombres, no solo los elegidos (v. 5). Aquí se ve exactamente lo que Pablo quiere decir cuando habla de Dios como “Salvador”. Dios es el Salvador de todos (y envió a Su Hijo como rescate por todos) en cuanto a que Él provee y desea que todos sean salvos, pero especialmente de los creyentes. en el sentido de que se aplica solo a los fieles (como se muestra en 4:10). Lo que es potencial o está disponible para todos, en realidad se convierte en una realidad para los creyentes.[10] Al afirmar que Él es el Salvador de todos los hombres se habla de provisión; al afirmar que Él es el Salvador, especialmente de los creyentes, habla de aplicación.[11] Sugerir, como afirman algunos calvinistas, que Dios es el “Salvador” de todos solo en alguna forma de “gracia común” en comparación con ser un verdadero Salvador de los elegidos, no está justificado. Sin duda, Dios es particularmente el Salvador de los creyentes, pero su papel como Salvador se relaciona tanto con los creyentes como con los no creyentes. En otras palabras, el tipo de Salvador es el mismo para ambos grupos. Además, la palabra griega para salvador aquí (soter) cuando se aplica a Dios la mayoría de las veces (si no siempre) hace referencia a la salvación, no a una simple gracia común. El apóstol Pablo aquí llama a Dios el ‘Salvador’ exactamente como lo hace en otros cinco lugares en sus epístolas (1 Timoteo 1:1, 2:3; Tito 1:3, 3:14), Es decir, siempre en el sentido de un salvador espiritual, no una mera gracia común extendida.[12]

En 1 Corintios 15, Pablo habla del “evangelio” que recibió y predicó. Las buenas nuevas de que “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (v. 3). Pablo dice que él y los otros apóstoles predican este mensaje (v. 11). Es decir, la buena noticia que predicaron los apóstoles fue que Cristo murió por “nuestros pecados”, los pecados del orador y los pecados de la audiencia. En esta predicación indiscriminada, los apóstoles no sabían nada de una expiación limitada. La predicación del evangelio, según Pablo, incluye o asume que Cristo murió por los pecados de todos aquellos a quienes les predicaban.[13] Pudieron proclamar honestamente que Cristo murió por todos. Debe tenerse en cuenta que Pablo predicó esto antes de la conversión de su audiencia. Este es el caso de un predicador que incluye a su audiencia no salvada con él en una declaración inclusiva. Lo más seguro es que no es una declaración de que murió solo por los pecados de aquellos que ya son creyentes, sino por todos.[14] Primera Corintios 15:3 es uno de los pasajes más fuertes que apoyan la expiación ilimitada.[15]

 

CONCLUSIÓN.

Uno puede ver cuán extraño es cuando los calvinistas se ven obligados a realizar una exégesis forzada para dar sentido a estos pasajes dados sus compromisos teológicos. Por ejemplo, la teóloga calvinista Loraine Boettner escribe: “[la Cruz] no era, entonces, un amor general e indiscriminado del cual todos los hombres son objetos por igual, sino un amor peculiar, misterioso e infinito para los elegidos, lo que hizo que Dios enviara a Dios. Hijo en el mundo para sufrir y morir”.[16] O cuando R.C. Sproul escribe: “[el] propósito o diseño [de la expiación] no incluye a toda la raza humana”.[17]

Contra el calvinismo, la narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31).

En contraposición al calvinismo, el apóstol Pablo, junto a todos los creyentes arminianos, enseñó que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él.

 

REFERENCIAS:

[1] Steve W Lemke, Whosoever Will: A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 202-204.

[2] Grant Osborne, Perspectives, 112.

[3] Robert Shank, Elect in the Son, 108.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 120.

[5] Robert Picirilli, Grace for All, 60.

[6] Jack Cottrell, The Faith Once For All, 184.

[7] John Wagner, Grace for All, xvi. See also Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 78.

[8] Robert Lightner, The Death of Christ, 142.

[9] Ben Witherington, Paul’s Letter to the Romans: A Socio-Rhetorical Commentary, 137.

[10] Howard Marshall, For All My Savior Died, 11.

[11] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 136.

[12] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 448.

[13] Hammett, Perspectives, 169.

[14] Howard Marshall, For All, For All My Saviour Died, 19.

[15] Allen, The Extent of the Atonement: A Historical and Critical Review, 710.

[16] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, 157.

[17] R. C. Sproul What Is Reformed Theology?: Understanding the Basics, 177.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación Ilimitada en las Epístolas Generales

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Sin embargo, la obra de Cristo en la cruz es eficaz, válida y beneficiosa solamente para los que creen (1 Timoteo 4:10; Juan 3:16). Para decirlo de otro modo, Cristo murió una muerte sustitutiva e hizo un pago por los pecados que fue suficiente para todos los hombres, pero que es eficaz solo para los que creen en Él. Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara en las epístolas generales.

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LA CARTA A LOS HEBREOS.

El autor de Hebreos escribe: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” (Hebreos 2:9). El alcance universal de la expiación se sobreentiende al afirmar que Cristo gustó “la muerte de todos.” El contexto anterior de Hebreos 2 es universal, ya que los versículos anteriores citan el Salmo 8 y hablan de la preocupación de Dios por la humanidad (“¿Qué es el hombre [” seres humanos “NRSV], que lo recuerdes?” 2:6). El pensamiento inicial en Hebreos 2: 6 es “lo que es el hombre”, no lo que son los elegidos.”[1] De hecho, hasta el v. 9, el autor se centra exclusivamente en la humanidad y en que Dios coloca a toda la tierra bajo su dominio. En el v. 9, el autor vuelve a hablar de Jesús en particular. El autor continúa describiendo a Cristo como coronado de gloria por Dios, y prometió tener todas las cosas sometidas a él a su regreso. Por lo tanto, en el v. 9, no hay razón para interpretar la muerte de Cristo para todos como algo más que eso. El contexto anterior sugiere una lectura universal. Los versículos posteriores que hablan de “traer a muchos hijos a la gloria” (v. 10) se refieren a la aplicación de su muerte expiatoria (a través de la fe) y en ningún sentido limitan el alcance universal antes mencionado de la expiación provisional.

El hecho de que el escritor haya tratado con la universalidad de la sujeción en el versículo 8 apoya la universalidad de la provisión de la redención en el versículo 9. A esto se añade el cambio de lo general a lo particular en el pasaje. Cristo gustó la muerto por cada hombre (v. 9), pero el traer a muchos hijos a la gloria (v. 10) solo se relaciona con aquellos santificados o apartados por medio de la fe (v. 11). Por lo tanto, los “hermanos” y “los que están santificados” constituyen un grupo de aquellos para quienes probó la muerte.[2]

Además, el autor de Hebreos da serias advertencias a su audiencia si descuidan la salvación de Dios (2:3), si endurecen sus corazones (3:7-8), si se apartan de Dios (3:12), si fracasan Debido a la incredulidad (4:6). Incluso a aquellos que han participado del Espíritu Santo se les advierte que pueden caer por apostasía (6:4-6) y los que continúan en el pecado ya no tienen un sacrificio por sus pecados (10:26). Por lo tanto, el amplio contexto de Hebreos es plausiblemente visto como dirigido a los creyentes y potenciales apóstatas (1 Timoteo 4:1). La extensión de la expiación en Hebreos 2:9 es, por lo tanto, universal.

EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PEDRO.

En las cartas de Pedro, podemos ver cómo incluso aquellos que rechazan la gracia de Dios todavía son “comprados” a través de la expiación de Cristo. 2 Pedro 2: 1 dice: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.“. Obsérvese primero que hay una clara negación del Maestro (Cristo) aquí (Compárese con Judas 1:4). Pedro está enseñando aquí que Cristo compró incluso a los falsos maestros a través de su muerte. Este lenguaje de “comprar” es bastante común en el Nuevo Testamento al hablar de la expiación de Cristo. El mismo lenguaje puede observarse en 1 Corintios 6:20 y 7:23, donde Pablo dice que los cristianos fueron “comprados por precio”. El paralelo con Judas 4 y la referencia a ser “comprado” apunta claramente a Cristo. La mayoría de los intérpretes favorecen claramente que “comprado” se refiere a un sentido soteriológico en lugar de cualquier tipo de simple liberación o beneficio temporal. Una de las razones principales es que la palabra para la redención que se usa aquí, agorazo, la cual nunca se encuentra en el Nuevo Testamento en asociación con Cristo en un sentido no valioso.[3] Cada aparición en el Nuevo Testamento de esta palabra, cuando se usa en el contexto de la muerte de Cristo, tiene un significado soteriológico.

Por lo tanto, Pedro enseña que la expiación no se limita en ningún sentido al mero cuerpo elegido, ya que hay un claro ejemplo de personas que niegan a Dios, luego son destruidas y, sin embargo, son compradas por Él. El precio de compra o la redención fue pagada por el Señor, incluso para los falsos profetas y maestros, a pesar de que, obviamente, nunca lo aceptan.[4] 2 Pedro 2: 1 parece indicar claramente que las personas por las que murió Cristo pueden perderse.[5]

CONCLUSIÓN.

En contraposición al calvinismo, los arminianos sostenemos que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él. El don de Dios ha sido comprado, ofrecido y presentado a todos (1 Juan 5:11), pero tiene que ser recibido personalmente por fe (1 Juan 5:12; Juan 1:12).

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 450.

[2] Robert Lightner, The Death Christ Died, 71-72.

[3] John Hammett, Perspectives on the Extent of the Atonement, 156.

[4] Robert Lightner, The Death Christ Died, 75.

[5] Millard Erickson, Christian Theology, 758.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación Ilimitada en los escritos de Juan

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

La doctrina cristiana de la expiación de Jesucristo es sin duda una cuestión primordial en el plan de salvación. La doctrina cristiana de la expiación afirma que Cristo es la satisfacción y reparación del pecado de la humanidad ante Dios. Cristo hace posible la reconciliación entre el hombre y Dios gracias a su muerte sustitutiva, a través de la cual cargó con nuestros pecados y el castigo debido por los mismos (1 Pedro 2:24; Hebreos 9:28). Algunos cristianos sugieren erróneamente que Cristo simplemente llevó el castigo del hombre y no sus pecados reales. Sin embargo, tal afirmación resulta bíblicamente insostenible. La Biblia afirma claramente que Cristo cargó con los pecados de las personas (Isaías 53: 6, 11, 12), y él cargó con su sufrimiento y castigo; lo cual es visto poderosamente en Isaías 53, donde él experimenta sufrimiento por las transgresiones de su pueblo y Dios carga en él el pecado de todos nosotros. Jesús llevó tanto el castigo como los pecados de todos cuando se convirtió en pecado por causa nuestra (2 Corintios 5:21).

 

EXTENSIÓN DE LA EXPIACIÓN.

Aunque existen diversas teorías en el mundo evangélico sobre la naturaleza de la expiación, basta con decir que la mayoría de los cristianos evangélicos están de acuerdo en que la expiación explica cómo Dios perdona a los pecadores y restaura a los individuos a su relación apropiada con Él a través de la fe. Es por gracia que Dios cancela la deuda pecaminosa en la Cruz a través de Cristo. Dios exuda su amor supremo y su justicia completa hacia la humanidad rebelde al derrotar a la muerte, a Satanás y al pecado en el Calvario.

La extensión de la expiación, sin embargo, es un área que es fuertemente debatida entre los calvinistas y los arminianos. Esto se debe a que muchos calvinistas sostienen lo que se llama expiación limitada (a veces llamada “redención particular”) y dicen que la expiación no solo se aplica, sino que también se pretende, se proporciona, se hace y se extiende a los elegidos, pero no al mundo entero. En otras palabras, Cristo no cargó con los pecados y el castigo de todos; no fue propiciación y rescate por todos. Más bien, él solo soportó y pagó los pecados y el castigo de los elegidos. La extensión solo incluye a aquellos a quienes Dios ha escogido incondicionalmente para salvar, y este es el punto de desacuerdo. ¿Murió Cristo por todo el mundo y su pecado para que la salvación esté disponible para todos? ¿Fue Cristo castigado por los pecados de todas las personas? ¿Fue un rescate por todos? ¿O murió y sufrió el castigo solo por los elegidos, y proporcionó la salvación solo a un grupo selecto?

Vale la pena señalar que los calvinistas no niegan que la muerte de Cristo fue potencialmente suficiente para toda la humanidad. Cristo podría haber muerto por cada persona si quisiera. El aspecto limitado o particular de la expiación, insiste el calvinista, no se debe a alguna falta en la capacidad de la expiación; más bien, es su decisión soberana salvar a quien Él elige, y Él eligió solo expiar a algunos de la raza humana (los elegidos). Como el teólogo calvinista William Shedd escribe: “El Padre Divino, al dar al Hijo Divino como un sacrificio por el pecado, determinó simultáneamente que este sacrificio debería ser apropiado a través de la fe por un número definido de la familia humana.”[1] Hay un número definido de personas, a saber, las elegidas incondicionalmente, para quienes Dios hizo la propiciación. Esta comprensión de la expiación se deriva lógicamente de la visión calvinista de la elección, la predestinación y la gracia. Debe señalarse, sin embargo, que algunos calvinistas, pasados ​​y presentes, han negado este aspecto particular de la soteriología de Calvino: algunos estudiosos incluso argumentan que el mismo Calvino no sostuvo una expiación limitada.[2]

Ahora bien, en la lógica calvinista, Si Dios elige incondicionalmente y si su gracia es irresistible (lo que afirman ambos calvinistas), es lógico (el calvinista argumenta) que la expiación solo se extenderá y se proveerá para los elegidos. No habría ninguna razón para extender o proporcionar expiación a las personas que han sido creadas para la destrucción eterna por Dios. Pero lo que es lógicamente coherente dentro del marco calvinista no es de ninguna manera una garantía de exactitud bíblica. Antes de hacer un resumen sistemático, los datos relevantes deben ser revisados. Mientras leemos los pasajes de la Biblia que tratan este tema, debemos recordar el principal punto de desacuerdo: ¿Cristo murió por todos los hombres? ¿O simplemente murió por los elegidos? ¿Se extiende la expiación a todas las personas, o solo a aquellos que han sido elegidos incondicionalmente? ¿Fue Cristo un rescate y propiciación para todos, o simplemente para los elegidos? También vale la pena hacerse la pregunta: si los autores bíblicos quisieran enseñar una expiación ilimitada, ¿Qué tipo de lenguaje, palabras y frases emplearían?

 

LOS ESCRITOS JOANINOS Y LA EXPIACIÓN ILIMITADA.

Comenzando en el libro de Juan, Jesús es llamado el Cordero de Dios que “quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). De acuerdo con Juan, Jesús, descrito como un cordero sacrificial, vino a esta tierra para quitar el pecado del mundo. Este pasaje sigue los pasos de Juan el Bautista proclamando al Mesías venidero para que todos puedan creer a través de él (Juan 1:7). Como la verdadera Luz, Jesús “ilumina a todo hombre” (Juan 1:9). El alcance universal de la expiación es consistente con la proclamación de que Jesús quitará el pecado del mundo (kósmos). Ahora bien, la palabra “mundo” nunca se usa para denotar a los “elegido”.[3] De hecho, en los escritos de Juan, la palabra kosmos es mencionada 105 veces, siempre para referirse al mundo de los incrédulos que son hostiles a Dios y, sin embargo, son el objeto del amor y la misión de Dios.[4] W.A. Elwell explica: “No hay un solo lugar en todo el Nuevo Testamento donde mundo signifique iglesia o los elegidos.”[5]

En Juan 4:42, los creyentes dicen, “nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Esta afirmación se produce después de la historia de Jesús interactuando no solo con una mujer dentro de un sistema patriarcal, sino también con un samaritano despreciado. “Muchos más creyeron” (v. 41) porque vieron que Jesús no solo hablaba la verdad, sino que también interactuaba y cuidaba incluso a los discriminados y marginados. Se dice que Jesús es el Salvador del mundo porque se preocupa por todos y ofrece su agua de vida eterna a quien quiera beberla (v. 14). Él es capaz de ofrecer vida eterna a todos precisamente debido a su muerte subsiguiente, que es de alcance universal.

En escritos posteriores, Juan resalta este mismo punto diciendo que el “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.” (1 Juan 4:14)”. En 1 Juan, el “mundo” se usa veintitrés veces y siempre es usado como antítesis de la iglesia (creyentes). Así, cuando Juan dice que el Hijo es el Salvador del mundo, explica que la propiciación se hizo para el mundo (1 Juan 2: 2), incluido el “mundo” que no conoce a Dios (1 Juan 3: 1) y que se encuentra en el poder de Satanás (1 Juan 5:19).

En Juan 6, Jesús habla del pan del cielo y de la vida (v. 32, 33) y dice que este pan de Dios “da vida al mundo” (v. 33). Más adelante en el mismo capítulo, Jesús se identifica a sí mismo como el pan vivo y ofrece vida eterna si uno simplemente come el pan (v. 51). Además, concluye el mismo verso diciendo: “el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51). Obsérvese que este pan, que representa a Jesús, se da para el mundo. Además, se dice que este pan de vida se da (v. 32) incluso a aquellos que luego se alejaron de él y abandonaron su ministerio (v. 66). De hecho, “Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían” (v. 64) y aun así estaba disponible el pan de vida para ellos.

El mundo es así el objeto de los esfuerzos salvíficos de Dios. El pan, que representa el cuerpo de Cristo, se da para el mundo, se aplica a través de comer de él, de creer en Cristo. Debemos tener en cuenta que el pan se entrega a todos, igual que en el desierto con Moisés (Éxodo 16: 4; Números 11: 8); Sin embargo, el pan debe ser recogido y comido. Se hace una provisión universal, con la condición necesaria de recepción para obtener vida. El mero hecho o provisión del pan por sí solo no salva.

El famoso pasaje de Juan 3:16 no debe olvidarse al comprender el alcance de la expiación. Es precisamente porque Dios amó tanto al mundo (kósmos), que dio a Su Hijo. Sería extraño sugerir que la provisión de la salvación es menor que el amor universal de Dios. La lectura natural y correcta es que, debido al amor universal de Dios, hay una provisión universal en Su Hijo, aplicada a los creyentes.

El contexto anterior de Juan 3:16 es ilustrativo al respaldar esta interpretación de la expiación universal. Jesús recuerda y se compara con Moisés levantando a la serpiente en el desierto (Números 21). La conexión con Jesús es sorprendente. La serpiente de bronce hecha por Moisés fue levantada para toda la nación, pero solo los que miraban la serpiente de bronce se beneficiarían. La provisión se hizo para todos, pero no benefició a todos. Jesús hace referencia a este pasaje en Juan 3. Él dice que de la misma manera, como la serpiente de bronce fue levantada, él también debe ser levantado, para que todo aquel que crea en él, tenga vida eterna (Juan 3, 14- 15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la fe genuina. El amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17). Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (Juan 12:32). La expiación se extiende a todo el mundo (kósmos), no solo a los elegidos.

Si hay un versículo que es el más explícito en relación con el alcance de la expiación, es 1 Juan 2: 2. Juan escribe: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”. El versículo es tan directo en su enseñanza e implicaciones que uno se pregunta cómo una doctrina de expiación limitada podría sostenerse sobre bases bíblicas. Robert Lightner señala acertadamente: “A uno le resulta difícil imaginar cómo Juan pudo haber sido más claro al afirmar el aspecto universal de la expiación de lo que fue en este pasaje”.[6] Cristo es la propiciación por “nuestros pecados”, es decir, por los creyentes a quienes Juan se dirige; pero también Cristo es la propiciación por los pecados de ” todo el mundo”. El “todo el mundo” del que se habla aquí se refiere inequívocamente al resto del mundo incrédulo aparte de la iglesia. Cuando uno lee la carta de Juan no puede llegar a otra conclusión. Algunos calvinistas argumentan que cuando Juan dice “todo el mundo”, simplemente está hablando del resto de los gentiles y / o judíos elegidos incondicionalmente fuera de su audiencia directa y no literalmente del resto del mundo incrédulo. En la interpretación calvinista Juan no está hablando del resto del mundo; más bien, solo está hablando del resto del cuerpo de creyentes (los electos) de todo el mundo. Esta interpretación se hace para negar el alcance universal de la expiación. Sin embargo, aunque lo dicho por Juan desagrade a los calvinistas Cristo, en términos inequívocos, es el sacrificio expiatorio para todas las personas. El sacrificio expiatorio se extiende tanto para los creyentes como para los incrédulos; para el mundo entero.

La negación de la enseñanza clara en 1 Juan 2: 2 y otros versos que muestran la naturaleza universal de la expiación parecen deberse en gran parte a las presuposiciones calvinistas y a la negativa de estos a reconocer su error teológico. Sin embargo, nadie puede negar que la forma más natural de entender este versículo es considerar que el sacrificio propiciatorio tenía la intención de hacer expiación por los pecados de todo el mundo. Las únicas personas que pensarían de otra manera son las que creen en el calvinismo. No obstante, la única razón para tomar un verso cuyo significado es evidente, y para aplicar una interpretación forzada (es decir, tratar de hacer que se ajuste a la idea de limitación expiación), es más el dogmatismo religioso que un apego sincero a la verdad.

 

CONCLUSIÓN.

El mensaje central del evangelio es que Cristo murió por los pecados de la humanidad (1 Corintios 15: 3; 1 Juan 4:10) y, por lo tanto, se entregó a sí mismo como ofrenda y sacrificio a Dios (Efesios 5: 2; Romanos 8: 3). A través de este sacrificio, Cristo canceló la deuda de la transgresión y se convirtió en pecado por la provisión de justicia para todos (Juan 1:29; Colosenses 2:14; 2 Corintios 5:21). En este gran intercambio, Cristo lleva el pecado de la humanidad e imputa justicia a los fieles (Romanos 3: 21-22; 4: 6, 5:17, 10: 3). Él es, por lo tanto, el sacrificio expiatorio a Dios por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2: 2; Hebreos 1: 3) para que, a través de la fe, cualquiera pueda obtener la justicia de Dios (Filipenses 3: 9).

 

REFERENCIAS.

[1] William Shedd, Dogmatic Theology, 475-476.

[2] David Allen, A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 69-71.

[3] Norman Douty, Did Christ Die Only for the Elect: A Treatise on the Extent of Christ’s Atonement, 39.

[4] Grant Osborne, Perspectives on the Extent of the Atonement: 3 Views, 108.

[5] Evangelical Dictionary of Theology, 116.

[6] Robert Lightner, The Death Christ Died: A Biblical Case for Unlimited Atonement, 81.

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¿Decadencia pentecostal o avivamiento calvinista?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Algunos calvinistas están tratando de tomar las iglesias arminianas de forma engañosa y sigilosamente ¡Y los arminianos lo estamos permitiendo! La influencia calvinista es a menudo más palpable en aquellas iglesias que no tienen confesión o declaración de fe, pero no se limita a ellas. Tomemos, por ejemplo, la denominación pentecostal más grande del mundo, las Asambleas de Dios. Aunque son una consecuencia del metodismo wesleyano y, por lo tanto, tradicionalmente arminianos en su doctrina de la salvación, su “Declaración de Verdades Fundamentales” no excluye el calvinismo de forma directa. Esto ha permitido que muchos pastores y líderes estén influenciados por el calvinismo y lleguen incluso a considerarlo una posibilidad teológica. Tal descuido llevó a una crisis teológica dentro de algunas iglesias locales en los Estados Unidos, en donde muchas congregaciones, durante un período de transición pastoral, descubrieron que su nuevo pastor resultó ser un calvinista de cinco puntos sin haberlo revelado durante las entrevistas del comité de búsqueda pastoral de la iglesia. Las verdaderas intenciones del nuevo pastor sólo salieron a luz cuando éste intentó imponer el calvinismo a la congregación.

Ante al avance del calvinismo en sus filas, y su infiltración incluso en seminarios teológicos, las Asambleas de Dios se vieron obligadas a responder:

“La creciente popularidad de la teología reformada entre los ministros más jóvenes y los estudiantes que se preparan para el ministerio ha llamado la atención del movimiento contemporáneo evangélico en América y otras partes. Por un lado, el amor por la Escritura y la teología, junto con el fervor por Cristo y su obra, son una fuente de gran aliento. Por otro lado, hay cierta preocupación que, al adoptar la teología reformada apresuradamente, algunos individuos provenientes de trasfondos más wesleyanos y arminianos tal vez no hayan considerado con detenimiento las diferencias esenciales entre las respectivas tradiciones… De hecho, hay un continuo debate filosófico en torno al equilibrio entre la soberanía divina y la responsabilidad humana, que deriva de esta discusión. En un extremo, se afirma que Dios, el destino, o alguna otra fuerza es el único agente activo en el universo que ejerce su influencia sobre seres humanos impotentes. En el otro extremo, se argumenta que la humanidad puede hacer lo que quiere y no necesita justificarse ante ningún poder superior, pues ciertamente es posible que ni siquiera exista. El cristianismo rechaza con toda razón ambos extremos como contrarios a la Biblia. Al mismo tiempo, hay cristianos sinceros que reivindican diferentes perspectivas en cuanto al equilibro entre el control divino de Dios y la responsabilidad humana. En la actualidad, las dos posiciones fundamentales en el cristianismo protestante son generalmente etiquetadas como teología reformada y teología arminiana… Debe notarse también la diversidad entre los grupos reformados y arminianos. Ambos grupos abarcan tanto carismáticos como secesionistas, y muchas otras expresiones teológicas diferentes. Para muchos, la expresión más notable e influyente de la teología reformada se da a través de aquellos que se denominan «neo-reformados»… Si bien la diferencia fundamental entre los pensadores reformados y arminianos (incluso las Asambleas de Dios, entre los últimos) concierne a la soteriología, hay otros puntos de divergencia que a menudo siguen la teología reformada y, en particular, el movimiento neo-reformado. Muchos de los pensadores denominados «jóvenes, preocupados y reformados», no se aferran con demasía a los cinco aspectos de TULIP, siendo la expiación limitada el principio que se cuestiona con más frecuencia. De este modo, algunos se identifican como calvinistas de 4, 3 o 5 puntos. Otros entre los neo-reformados son más estrictos en su soteriología que muchos calvinistas moderados, una vez más, teniendo en cuenta el peligro de considerar como un grupo homogéneo a todos los que se identifican como reformados… Aunque los movimientos reformados en general han sido secesionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas… Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. Éste es un asunto con el que las Asambleas de Dios están en desacuerdo, como se expresa en nuestra declaración oficial sobre las mujeres en el ministerio… Cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.” [1]

En muchos sentidos, la respuesta de las Asambleas de Dios buscaba preservar la unidad dentro de la denominación. Su fin era, según los mismos redactores de la Declaración, “identificar en un espíritu de respeto y conciliación las áreas de acuerdos y desacuerdos, ofreciendo una base para fomentar la conversación, la comprensión, y también los motivos de discrepancia.” Afirmando en tono conciliador que “Muchos de nosotros hemos aprendido mucho al estudiar y dialogar con maestros y amigos de la tradición reformada que estimamos, apreciamos y admiramos, aunque hemos llegado a conclusiones diferentes sobre ciertos aspectos de la salvación personal.” [2]

Tal actitud es loable, pues mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre los que se autodenominan arminianos y reformados, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Sin embargo, tal comunión no siempre será posible. Y la tolerancia tampoco implica que bajemos la guardia y veamos como nuestros jóvenes son instruidos de forma incorrecta en los extremos peligrosos del calvinismo. ¡Los arminianos debemos despertar y defender lo que sabemos que es correcto!

¿PORQUÉ EL CALVINISMO SE HA VUELTO POPULAR EN ALGUNOS CÍRCULOS?

¿Por qué es atractivo el calvinismo para las personas que hasta ahora han estado en iglesias no reformadas? ¿Qué ve la gente, especialmente aquellos que ya son cristianos, en el calvinismo? En particular, ¿Por qué es atractivo para las personas en iglesias arminianas?

(1.- PROFUNDIDAD INTELECTUAL: Tradicionalmente, el evangelicalismo popular, y particularmente el pentecostalismo, se puede caracterizar como un movimiento religioso heterogéneo, variopinto y lleno de diversidad, pero con poca profundidad teológica. ¿Cuántos jóvenes en nuestras iglesias han sido desanimados y hasta expulsados (indirectamente) por atreverse a hacer preguntas teológicas y filosóficas difíciles? El calvinismo, por el contrario, alienta un cierto nivel de profundidad teológica, en parte quizás porque las paradojas pueden ser difíciles de mantener de forma simplista. A su favor, el calvinismo no evita las preguntas duras y perennes de la teología.

(2.- TRADICIÓN RELIGIOSA: El pensamiento reformado tiene una historia significativa que, en comparación con otras iglesias, particularmente pentecostales, parece antigua. Los credos y las confesiones de fe dan forma a esta tradición, al igual que la impresionante variedad de pensadores talentosos y profundos, desde Juan Calvino hasta Jonathan Edwards, Abraham Kuyper y Karl Barth, por nombrar algunos. El calvinismo aprovecha inadvertidamente la ignorancia de las personas sobre las alternativas, histórica y teológicamente. Debido a que a muchos evangélicos no se les ha animado a pensar profundamente en sus propios contextos eclesiales, o tal vez se les ha desanimado a hacerlo, entonces se aferran a la primera opción cristiana que fomenta la reflexión teológica. Y como no tienen conocimiento de la historia de la iglesia, entonces una tradición de 500 años, o incluso una tradición de 1500 años, suena muy antigua y confiable en comparación con una tradición de 100 años o ninguna tradición en absoluto. Se aferran a lo primero que les da ese sentido beneficioso de la tradición. Estas dos primeras razones también son paralelas a las razones del éxodo de muchos a las iglesias católica romana y ortodoxa oriental. Pero muchos cristianos que desean mantenerse fieles a la Reforma, la teología reformada es un destino popular.

(3.- APARIENCIA DE FIDELIDAD BÍBLICA: Los teólogos y predicadores reformados tienen un gran respeto por las Escrituras. Su apelación a las Escrituras para todos los asuntos doctrinales es atractiva para cualquiera que tenga un respeto similar por las Escrituras. También tienen algunos pasajes que, leídos a través de una lente reformada, parecen apoyar la teología reformada. De hecho, si los calvinistas no tuvieran textos que parecieran apoyar sus puntos de vista, probablemente no habría calvinistas. Eso no quiere decir que sus opiniones sean correctas, como 2 Pedro 3:15-16 nos recuerda: “Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16, NVI).

(4.- APARENTE TEOCENTRISMO: Los calvinistas insisten en que su teología es verdaderamente teocéntrica y no centrada en el hombre o antropocéntrica. Desde la concepción calvinista, su teología es la única que proclama a un Dios que salva y que, por lo tanto, es la única que da gloria a Dios y defiende su soberanía (y tratarán ardientemente de hacerte creer que es así); por otro lado, ven al arminianismo como una teología antropocéntrica semi-herética que habla de un Dios que permite al hombre salvarse a sí mismo o contribuir con Dios en el proceso y que, por consiguiente, le roba a Dios la gloria y exalta el albedrío humano. Obviamente, tales afirmaciones hacen parecer al sistema calvinista como el mejor, mientras que el arminianismo es presentado como una herejía horrible. Esa es una falsa y ofensiva caricaturización del arminianismo, pero es lo que el calvinismo pretende hacerle creer a aquellos que busca convertir. Degradando con mentiras al arminianismo pretende brillar en el mundo evangélico, presentándose como la única opción válida de cristianismo.

(5.- CONFORT Y SEGURIDAD AL SABER QUE DIOS ESTÁ EN CONTROL: Cuando el mundo y nuestras propias vidas parecen caóticos y están fuera de control, es reconfortante creer que nada puede resistir la voluntad y el plan de Dios. Si Dios ha predestinado cada evento de la existencia ¿Qué podría salir mal? Cada detalle es parte del gran plan.

ES TIEMPO DE EXAMINARNOS A NOSOTROS MISMOS.

El avance del calvinismo y el neo-calvinismo solo ha sido posible gracias a nuestro descuido como arminianos y a los grandes errores cometidos por las iglesias emblemáticas de dicha teología. Nosotros, los pentecostales, tenemos mucha culpa en ello. Aprender de nuestros errores es indispensable; identificar lo que los calvinistas están haciendo bien y nosotros no, lo es aún más. Las iglesias pentecostales y otras comunidades típicamente no reformadas pueden aprender muchas cosas positivas de la tradición Reformada.

  • UNA VISIÓN MÁS GRANDE DE DIOS Y SU GLORIA: Lo que los pentecostales necesitamos aprender es que Dios no es nuestro “amigote celestial” “ni el genio que concede deseos y se somete a nuestros caprichos” en el cielo. Dios no existe para responder de forma sumisa a nuestras oraciones por salud y riqueza, Él no se somete a nuestras confesiones positivas, decretos o declaraciones, sino que es un Dios absolutamente trascendente, santo y completamente diferente. Quien es la belleza y la verdad. La teología reformada ofrece al pentecostalismo, y al evangelicalismo en general, una visión de la majestad de Dios que pareciera hemos olvidado. Sin embargo, en nuestro intento por corregir lo erróneo, debemos tener cuidado de no caer en el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia del Dios de la teología reformada, la Biblia nos enseña también que el Dios del cristianismo es un Dios que nos ama y nos creó a todos para la comunión eterna con él.
  • SOBERANÍA DIVINA VS. DEÍSMO PRÁCTICO: Muchos de los que se autodenominan arminianos suelen ver a Dios como un observador pasivo, un relojero que terminó su creación y la dejó funcionando sola. Este tipo de teología nos hace creer que estamos prácticamente por nuestra cuenta, lo cual no es cierto. Más bien, tal cual lo sostiene el calvinismo (y de hecho, el arminianismo clásico) Dios sabe el fin desde el principio y resuelve todas las cosas para el bien de quienes lo aman; Él es aquel en quien continuamos viviendo, moviéndonos y teniendo nuestro propio ser. Los arminianos, al igual que los calvinistas, necesitamos entender que Dios es soberano. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la teología reformada, la soberanía no debe significar la determinación de nuestra salvación sin nuestra voluntad, y ciertamente no debe significar, como lo insinúan algunos neo-calvinistas, que Dios es la causa directa y eficiente del mal.
  • LA GRACIA DIVINA Y LA DEPENDENCIA HUMANA FRENTE A LA HABILIDAD HUMANA Y LA AUTONOMÍA INDIVIDUAL: Lo que muchos arminianos podemos aprender de la teología reformada es que la salvación no se trata de que Dios nos deje solos y ahora ponga la pelota en nuestra cancha. La salvación de nuestras almas no descansa en nosotros mismos, sino en Dios. Pareciera que muchas iglesias que se autodenominan arminianas han olvidado que Dios es el que inicia y completa la salvación y quien debe recibir toda la gloria por nuestra salvación. Es Dios quien produce así el querer como el hacer (Filipenses 2:13), es Dios, por su gracia, quien nos permite perseverar hasta el fin para salvación (Judas 1:24). Por otro lado, debemos tener cuidado con el extremo peligroso del calvinismo: A diferencia de la teología reformada, tenemos algo que decir en el proceso de conversión. La gracia no anula la libertad humana (Deuteronomio 30:15-19).
  • PROFUNDIDAD TEOLÓGICA VS. SUPERFICIALIDAD DEMASIADO SIMPLISTA: Lo que podemos aprender de los calvinistas es que las respuestas fáciles a las preguntas reflexivas no son útiles, y la ignorancia per sé no es una virtud cristiana. Más bien, se nos manda amar a Dios con toda nuestra mente y agregar a nuestra fe, conocimiento. ¡Pero cuidado! La teología debe basarse en toda la Escritura y en la Escritura sola, no en tradiciones humanas, filosofías de hombres y conocimiento vacío. La voluntad de Dios para la creación no es un misterio reservado solo a los sabios. Este ha sido el error arrogante del calvinismo: Considerarse a sí mismos la élite intelectual y elegida del cristianismo. La erudición es buena, pero enterrar nuestra relación con Dios en medio de catecismos, disertaciones filosóficas y teoría sin espiritualidad, es inútil. El intelectualismo jamás debe superar nuestra relación con Dios (1 Corintios 2:1-16).
  • APRECIACIÓN POR LA HISTORIA DE LA IGLESIA Y LA TRADICIÓN CRISTIANA: Los pentecostales principalmente, pero no exclusivamente, podemos aprender que en el cristianismo no solo somos mi Biblia y yo. Dios nos colocó en una comunidad guiada por el Espíritu, y esa comunidad incluye no solo a aquellos que todavía están caminando, sino a millones de cristianos en el pasado que, desde el siglo primero de nuestra era, defendieron con valentía la fe cristiana histórica y nos han dejado un vasto legado de conocimiento en sus escritos. No podemos rechazar el legado de nuestros antepasados en la fe. Por el contrario, aceptarlo nos enriquece. ¡Pero cuidado! La historia de la iglesia, esa nube de testigos, incluye más que a Agustín, Lutero y Calvino. Ese es el error de los reformados.

¿CÓMO EL MAL EJEMPLO DE ALGUNOS PENTECOSTALES HA IMPULSADO EL CALVINISMO?

Para nadie es un secreto que el pentecostalismo (que aspira a una fresca y renovada espiritualidad cristiana) se ha transformado, paradójicamente, en una religión materialista, preocupada de los templos y de que sus creyentes tengan carreras exitosas, mejores trabajos, quizás influenciado por el neopentecostalismo. La nueva oferta religiosa del pentecostalismo está dirigida en torno a la salud, trabajo, prosperidad, etc. Las prédicas y los mensajes religiosos manifestados en la música son mensajes terapéuticos, individualistas, economicistas y exitistas. Lo que parecía ser nuestra fortaleza se convirtió en nuestra ruina: La gran capacidad del pentecostalismo para adaptar su discurso al contexto social, cultural e histórico. Dicha habilidad nos permitió a los pentecostales convertirnos en uno de los pocos movimientos religiosos que aún siguen creciendo, aunque muchos piensan que hemos llegado ya al techo de nuestro crecimiento. ¡Sólo el tiempo lo dirá!

Los efectos que ha tenido la secularización en el pentecostalismo, como la pluralidad religiosa, la subjetivación de la religión y la existencia de una creciente mundanalidad, ha derivado en que la gente que antes no se interesaba por el pentecostalismo, hoy lo haga, porque la oferta ya no está basada en la vida eterna, el cielo o el infierno, sino en cómo ser feliz aquí en la tierra. Este proceso de secularización del pentecostalismo se evidencia en cuatro aspectos concretos:

  1. El exilio de la muerte por la sanidad y los milagros económicos.
  2. El desinterés por la creencia pre milenarista y la predicación escatológica debido a la movilidad social, el reconocimiento social y la legitimación política de los pastores; como, asimismo, la movilidad social de los creyentes a través del interés por el estudio y el acceso a mejores condiciones laborales. El pentecostalismo ha pasado de esperar un futuro reino milenario de Cristo a aspirar un reinado terrenal de la iglesia, aquí y ahora.
  3. Abandono de la predicación sobre el infierno y el cielo. Las predicaciones y el miedo por el infierno han disminuido o han sido totalmente eliminadas en algunas iglesias. Las promesas celestes, como salud, vivienda, alimentación, trabajo, paz y justicia, se viven en la tierra, aunque el cielo sigue siendo una promesa plausible, pero puede esperar un poco. Con el aumento de la expectativa de vida y el acceso a los estudios universitarios, se puede traer algo del cielo a la tierra; el futuro al presente; y la promesa, a realidad.
  4. Declive del fervor pentecostal; esto tiene que ver con la apatía, la pérdida de la pasión pentecostal por predicar, asistir al templo o cumplir ritos sacrificiales como el ayuno y la oración comunitaria; además, hay un tendencia a la movilidad intrapentecostal; es decir, un creyente que va de una iglesia a otra.

En la conciencia pentecostal ahora está la bendición material: la prosperidad económica, la salud, el cuidado del cuerpo, los estudios universitarios, la casa propia y el automóvil propio. La meta suprema de muchos pastores no es ya que su congregación crezca en conocimiento de la sana doctrina y fervor pentecostal, sino entregar la congregación en manos de su hijo, con un templo de material sólido, con el vehículo pastoral y con un reconocimiento sociopolítico. La meta suprema de un padre o de una madre cristiana es ver que sus hijos sean profesionales, tengan trabajo seguro, casa propia y asistan a la iglesia. Nuestra teología del sufrimiento ha sido cambiada por la teología de la prosperidad. La buena muerte ya no es morir predicando, sino “morir lleno de días bendecido”. El pentecostalismo global se ha estancado, sobre todo en las grandes denominaciones, por su lucha y fascinación por el poder, y por el desencanto ético que esto produce. El pentecostalismo nació y se desarrolló como un movimiento religioso comprometido con la verdad, la justicia y la equidad de los pobres, oprimidos y desheredados. Los pastores y pastoras adquirieron ese compromiso con empatía porque pertenecían a ese grupo social, Sin embargo, ¿Hoy quién quiere identificarse con los pobres? O, más bien, ¿Hoy quién se identifica como pobre? ¿Acaso no es vista como señal de desaprobación divina en muchas iglesias pentecostales de nuestra época? El calvinismo ha visto nuestros puntos débiles y los ha sabido capitalizar a su favor.

CONCLUSIÓN.

Mis amados hermanos pentecostales:

¡Necesitamos volver a nuestras raíces! De no hacerlo, no debería extrañarnos que, en el futuro, muchos dejen de ver nuestras iglesias como opciones legítimas para un auténtico cristianismo. Tampoco debería extrañarnos que el calvinismo, hasta hace unas décadas casi desconocido en Latinoamérica, esté cobrando impulso y atacando nuestras bases, nuestra fe y nuestras denominaciones. O corregimos lo que está mal en nosotros, o perderemos el sentido de nuestra existencia como movimiento. El calvinismo no está creciendo porque tenga la razón en sus postulados, o porque sea una mejor opción de cristianismo que el arminianismo o el pentecostalismo. Está creciendo por causa nuestra, por nuestros descuidos. El calvinismo crece gracias al mal ejemplo del pentecostalismo y su miope visión de su estado actual.

Amados hermanos arminianos no pentecostales:

Si bien es cierto nosotros los pentecostales tenemos mucha de la culpa, el avance del calvinismo no es solo culpa nuestra. Crece también porque muchos arminianos no pentecostales ni siquiera entienden las bases de su propia fe arminiana, diluyendo a veces el arminianismo junto a creencias heréticas como el pelagianismo y el semipelagianismo.

¡Ambos grupos necesitamos poner nuestras barbas en remojo! ¡Hay mucho que corregir, mucho que aprender!

REFERENCIAS.

[1] UNA RESPUESTA DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS A LA TEOLOGÍA REFORMADA (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 1 Y 3 DE AGOSTO DE 2015).

[2] Íbid.