El Jesús real, en sus 33 años aproximadamente, con cara de palestino pobre, obrero, inmigrante, sin partido y que dice que los últimos serán los primeros (Mateo 20:16), hoy no estaría en un templo de mármol blanco (como esos lujosos templos mormones, lujosas catedrales y megaiglesias ricas). Estaría en la frontera, en un campo de refugiados, en una manifestación, y sería detenido por ICE o por la policía. O asesinado por las FDI. ¿Te identificarías con Él? ¿O serías de los que lo esposaran, arrestaran, deportaran o atacaran con misiles?
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Ni de derecha ni de izquierda, ¡Dios no está en tu bando!
La Iglesia, cuerpo de Cristo en la tierra (1 Corintios 12:27; Efesios 1:22-23), existe para encarnar los valores del Evangelio y del Reino de Dios, no para servir de capellán a ningún poder político. No somos aliados de los imperios ni cómplices de nacionalismos o xenofobias (Juan 17:14-16). Jesús nació refugiado (Mateo 2:13-15), habló con samaritanos y extranjeros (Juan 4:7-42; Lucas 17:11-19), y dijo: «Mi reino no es de este mundo» (Juan 18:36).
Israel, Palestina y el derecho divino sobre la Tierra Santa
Este artículo examina si el Estado moderno de Israel posee un «derecho divino» sobre el territorio que ocupa y cómo deberían posicionarse los cristianos ante el conflicto israelí-palestino. Mediante una lectura canónica y cristocéntrica de las Escrituras se sostiene que: (1) Dios eligió a Israel y le prometió la tierra en el pacto abrahámico; (2) esa promesa estuvo siempre vinculada a la fidelidad al pacto, y la tierra pertenece a Dios; (3) la violación reiterada del pacto, culminada en la no recepción del Mesías, trajo el juicio del año 70 d. C.; (4) el Nuevo Testamento afirma la fidelidad de Dios hacia el Israel étnico (Ro 11), pero no anuncia un Estado político con estatus privilegiado antes de la segunda venida de Cristo; y (5) la salvación y la herencia se universalizan en el Mesías. Se concluye que el Estado de Israel debe ser juzgado, como cualquier otro, conforme al derecho internacional, la justicia y la dignidad humana, y no por una prerrogativa teológica; y que el amor al pueblo judío y la compasión por el pueblo palestino no son lealtades en competencia. El estudio incluye un examen de las principales objeciones, notas y bibliografía.
La Teología Cautiva: Sionismo cristiano, dispensacionalismo y la subordinación del Evangelio a un proyecto geopolítico
El presente artículo examina críticamente la penetración del sionismo político en el seno de la iglesia evangélica contemporánea, argumentando que constituye una desviación teológica de gran alcance. Se documenta el origen secular, ateo y nacionalista del sionismo político; su instrumentalización de la religión judía; su infiltración en el cristianismo a través del dispensacionalismo de John Nelson Darby; la promoción y financiación de esta doctrina por parte de intereses sionistas; la cristianización de un proyecto esencialmente secular; los conflictos con la teología cristiana histórica; las desviaciones doctrinales derivadas; los movimientos y organizaciones evangélicas que ejercen lobby proisraelí; y el papel del sionismo en la génesis de la evangélicofobia contemporánea. Se concluye con un llamado a la corrección de esta desviación mediante el retorno a la hermenéutica bíblica cristocéntrica y pactual, pues como advierte el apóstol Pablo, es necesario examinarlo todo y retener lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21), velando porque el adversario, como león rugiente, busca a quien devorar (1 Pedro 5:8), y no conformándonos a este siglo, sino transformándonos por medio de la renovación del entendimiento (Romanos 12:2).
¿Oro por la paz o respaldo una guerra? Lo que el Salmo 122 nunca dijo
Durante décadas, el Salmo 122:6-9 ha sido esgrimido en buena parte del evangelicalismo contemporáneo como un mandato divino: orar sin descanso por el Estado de Israel y respaldar, sin hacer preguntas, sus políticas. Este artículo sostiene que esa lectura es una extrapolación hermenéutica. Arranca el texto de su suelo, lo pone al servicio de un sistema teológico-político moderno —el sionismo cristiano de raíz dispensacionalista— y contradice la naturaleza misma del salmo: un cántico de peregrinación de la comunidad del antiguo pacto. Mediante un análisis exegético del hebreo, una contextualización histórica y canónica, y una evaluación teológica desde la gracia, se muestra que el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por un Estado-nación moderno ni legitima el apoyo irrestricto a sus acciones. Bajo la gracia, la exhortación apostólica de 1 Timoteo 2:1-2 ensancha el horizonte de la intercesión hasta abrazar a «todos los hombres», israelíes y palestinos por igual. La conclusión es clara: ser fieles al texto exige rechazar toda instrumentalización del salmo al servicio de agendas geopolíticas y recuperar su sentido original, una oración por el shalom integral de una ciudad concreta, dentro de una comunidad pactual que reconocía la soberanía de Dios sobre toda nación.
Una llamada al arrepentimiento: carta abierta de cristianos palestinos a líderes yteólogos cristianos del occidente
En este llamamiento emanado desde el corazón del sufrimiento en la Tierra Santa, las comunidades e instituciones cristianas palestinas nos extienden una invitación urgente a examinar nuestra fe a la luz del Evangelio y de la justicia divina. Nos recuerdan que el Dios de las Escrituras es el Dios de los oprimidos, aquel que exige buscar la justicia, defender al desamparado y encarnar una misericordia que no se dobla ante los poderes de este mundo. Esta carta nace del dolor vivo por las vidas humanas truncadas —cada una imagen y semejanza de Dios— y nos confronta con la trágica realidad de cómo el nombre del Señor y las Sagradas Escrituras han sido instrumentalizados, en diversas ocasiones, para bendecir la violencia, la ocupación y las ideologías de dominación.
¿Soy yo guarda de mi hermano? — Palestina y el Evangelio de Caín
Este artículo examina la situación de la comunidad cristiana palestina desde una perspectiva teológica y sociopolítica, argumentando que el cristianismo evangélico occidental, particularmente el alineado con el sionismo cristiano, ha reproducido el "espíritu de Caín" al desentenderse del sufrimiento de sus hermanos palestinos. Se documenta el declive demográfico de los cristianos palestinos, las causas estructurales de su éxodo —ocupación militar, restricciones de movimiento, violencia de colonos y asfixia económica— y se analiza la paradoja de la víctima convertida en victimario, señalando paralelismos entre la experiencia del Holocausto y las prácticas de dominación ejercidas por el Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Se sostiene que la indiferencia evangélica ante esta realidad constituye una complicidad teológica que socava la credibilidad profética de la iglesia global. El artículo concluye con un llamado urgente a reconocer en el rostro del cristiano palestino el rostro mismo de Cristo sufriente.
Egipto, Sodoma, Babilonia y Jerusalén — Una lectura incómoda de Apocalipsis 11:8
Ninguna institución, ninguna nación, ningún movimiento religioso está exento de corromperse. Ni siquiera el que lleva el nombre de Dios en la puerta.
¿Reemplazo o continuación? Pablo y el nuevo Israel en la epístola a los Romanos
En la epístola de los Romanos, se conceptualiza la Iglesia como el "nuevo Israel". Sin embargo, es crucial destacar que esta terminología no implica en modo alguno la suplantación de Israel por parte de la iglesia, sino más bien la continuidad del Israel restaurado en Cristo. Bajo esta óptica, Cristo emerge como el genuino Hijo de Dios y la verdadera simiente de Abraham, Isaac y Jacob (la simiente de la promesa), a través del cual se llevan a cabo todos los designios divinos para Israel y la totalidad de la creación.
¿Dos pueblos y dos planes de salvación?
Como buenos cristianos, sustentados en el principio de la sola Escritura, debemos aceptar, más allá de nuestros prejuicios o preferencias, que hay un solo pueblo de Dios (la iglesia) y no dos. Y que no hay dos caminos o planes de salvación, sino uno: Solo Cristo, solo por fe, solo por gracia. Y sobre todo, sin distinción étnica. Este único plan redentor, por medio de la fe en Cristo, es el único capaz de dar verdaderamente la gloria solo a Dios (Juan 14:6, 1 Timoteo 2:5)