Cuando nos acercamos al arminianismo, descubrimos un enfoque teológico profundamente centrado en el amor de Dios por toda la humanidad y en la dignidad del ser humano como partícipe en la salvación. En respuesta al calvinismo y su doctrina de la predestinación absoluta, Jacobo Arminio y sus seguidores desarrollaron lo que hoy conocemos como los "Cinco Puntos del Arminianismo". Estos puntos, también llamados los "Cinco Artículos de la Remonstrancia", ofrecen una visión bíblica y equilibrada de cómo opera la gracia de Dios y cómo el ser humano responde a esa gracia. Hoy te invito a conocer cada uno de los 5 puntos del arminianismo: ¡Las verdaderas doctrinas de la gracia!
Categoría: Calvinismo
Jacobo Arminio: El pastor y teólogo neerlandés que transformó la historia del pensamiento cristiano
En la vida de Jacobo Arminio, encontramos a un hombre que, con una profunda devoción y una mente aguda, dejó una marca indeleble en la historia del cristianismo. Su obra y ministerio nos invitan a reflexionar sobre las implicaciones del libre albedrío y la gracia divina, temas que marcaron su pensamiento y el desarrollo del arminianismo. Para comprender su legado, es esencial sumergirnos en los momentos más significativos de su vida y el impacto que sus ideas siguen teniendo hoy en día.
La elección incondicional: Un examen crítico de la doctrina de la predestinación
La doctrina de la "elección incondicional" ha generado mucha controversia a lo largo de la historia del cristianismo. Esta creencia, fundamental en la teología de Juan Calvino, sostiene que Dios ha elegido, desde antes de la fundación del mundo, a quienes serían salvos sin ninguna condición previa relacionada con la fe o el arrepentimiento del individuo. Esta doctrina es la segunda de las erróneamente denominadas “Doctrinas de la Gracia”. Como hermanos en la fe, creemos que es esencial examinar si esta doctrina está realmente en armonía con la totalidad de las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
¿Es nuevo calvinismo es el Evangelio?
El nuevo calvinismo, con su sectarismo recalcitrante, ha generado divisiones innecesarias dentro del cuerpo de Cristo, afectando negativamente la relación entre los creyentes reformados y aquellos que no comparten esta interpretación teológica. En lugar de promover el amor y la unidad que Jesús nos enseñó, este movimiento ha contribuido a la fragmentación de la iglesia. Al insistir en un enfoque dogmático y exclusivo, más que en la cooperación y el entendimiento mutuo, el nuevo calvinismo ha causado más daño que bien a la causa de Cristo. En lugar de ser un vehículo para la edificación de la fe y el avance del Evangelio, ha creado barreras que obstaculizan la unidad cristiana que tanto necesitamos en este tiempo. Para ellos no hay más verdad que “su verdad”, todo lo demás es error o falso evangelio. ¿Su lema? Al parecer: ¡Todos son herejes menos yo! ¡Los demás deben ser re-evangelizados!
Sus dones estarán con nosotros hasta que venga «lo perfecto»
Los cesacionistas creen que los dones espirituales milagrosos, como la profecía, las lenguas y la sanidad, eran temporales y dejaron de operar después de la era apostólica. Cuando leen 1 Corintios 13:10, donde dice "cuando venga lo perfecto, lo que es en parte se acabará", ellos interpretan "lo perfecto" como la finalización del canon bíblico. Es decir, piensan que una vez que se completó la Escritura, esos dones ya no fueron necesarios y, por lo tanto, cesaron. Según su punto de vista, la Biblia completa es "lo perfecto" que reemplazó a los dones que eran parciales. Pero ¿Es esto cierto?
La apostasía del creyente y el sello del Espíritu Santo
El concepto del sello del Espíritu Santo es fundamental en la teología cristiana, especialmente en la comprensión de la identidad y la seguridad del creyente. Este sello se menciona en varias ocasiones en las Escrituras, y su significado va más allá de un simple marcado físico, reflejando una identificación espiritual y una garantía divina. De acuerdo con la Biblia, el sello del Espíritu Santo implica una marca distintiva que identifica a los creyentes como propiedad de Dios y como parte de su familia espiritual.
Pentecostalismo Reformado: ¿Caballo de Troya o pentecostalismo «trans»?
Pero más allá de las etiquetas, estas diferencias teológicas no solo tienen ramificaciones en el ámbito doctrinal, sino también en la vida diaria de los creyentes. Para los seguidores de la teología reformada, la confianza en la predestinación puede llevar a una profunda seguridad en la salvación (confianza desmedida que afecta la ortopraxis), pero también puede plantear interrogantes sobre la justicia de Dios (no nos extraña que muchos excalvinistas sean hoy ateos, agnósticos o simplemente resentidos con Dios) y, eventualmente, quienes eligen quedarse y meditan bien el asunto, pueden incluso caer en la desesperación al no saber con plena seguridad que son parte de los escogidos (he visto numerosos casos de calvinistas con crisis depresivas, ansiedad, temor a la muerte y hasta tendencia al suicidio por las contradicciones que su doctrina de la predestinación les crea mentalmente). Mientras tanto, para los pentecostales, el énfasis en la libertad de elección puede (y a menudo lo hace) fomentar un compromiso activo con la evangelización y un sentido de responsabilidad personal en la fe. Esto explica en parte por qué el pentecostalismo ha crecido tanto por su énfasis en el evangelismo y las misiones, mientras que el calvinismo crece a base de proselitismo intra-protestante (robando miembros de otras iglesias)
¿Qué significa estar «muertos en delitos y pecados»?
No podemos ignorar que la imagen de Dios en el hombre no fue totalmente destruida por la caída, sino que permanece en cierta medida. Y ser hecho a imagen de Dios incluye la capacidad de responder a la verdad espiritual. Esto es evidente si se considera el hecho de que la Biblia responsabiliza a las personas ante Dios (Romanos 1:19-28; Hechos 17:30). Así pues, la frase "muertos en vuestros delitos y pecados" (Efesios 2:1) no implica una incapacidad total, sino más bien una separación total de Dios a nivel espiritual. La parábola del hijo pródigo, donde a pesar de ser llamado "muerto", el hijo pudo arrepentirse (Lucas 15:17-24), ilustra perfectamente este punto.
El don de Dios en Efesios 2:8-9 | ¿La fe, o la salvación por gracia a través de la fe?
Se dice que la fe es un don de Dios y, en cierta forma, eso es cierto. Pero ¿qué queremos decir con eso? ¿significa, acaso, que el hombre no participa en el proceso de ejercer la fe y arrepentirse para ser salvo? En los Evangelios encontramos repetidas veces el mandato de pedirle al Señor que nos ayude en nuestra falta de fe (Mc. 9:24), que nos aumente la fe (Luc. 17:5), porque Jesús, que es el inicio de nuestra fe, es también el que la lleva a cumplimiento, según la Carta a los Hebreos (12:2). Quien pide la fe la obtiene, porque el deseo de fe es ya un acto de fe. La fe es un don de Dios por cuanto su otorgamiento, su crecimiento, su principio y su fin radican en el Señor, no en el hombre. El hombre cree, pero Dios es la causa y motor de su fe.
La salvación no se pierde ¡Es imposible perderla!
“¿La salvación se pierde o no? En un sentido sí y en otro sentido no. El problema de la pregunta es que se habla como si la salvación se tuviera, se poseyera, como si fuera propia o como si se tuviera algún derecho sobre ella. La salvación no se gana, no se obtiene, no se posee. No es de uno, es de otro [“La salvación es del Señor.” – Salmo 3:8, LBLA]. Uno es solo un invitado, participa de ella y la goza. Simplemente sé parte de la fiesta.”