Arminianismo Clásico, Calvinismo

Expiación Universal, más no incondicional

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN.

El Arminianismo afirma que Cristo llevó el pecado del mundo y Su expiación fue destinada, extendida y ofrecida a todos los hombres. Sin embargo, esto no significa que todos serán salvos. La expiación universal hecha por Cristo debe aplicarse al individuo; y esa aplicación está condicionada a la fe: Él salva a todos los que invocan su nombre con fe (Romanos 10:13). Cristo fue presentado como una propiciación, un sacrificio expiatorio, para todo el mundo (1 Juan 2:2) y, sin embargo, ese sacrificio expiatorio es efectivo por medio de la fe para la salvación (Romanos 3: 23-25).

 

EXPIACIÓN UNIVERSAL CONDICIONADA.

En sus ataques contra la teología arminiana, los calvinistas a veces argumentan que si Cristo murió por todos los hombres como enseña el arminianismo, entonces todos, de forma incondicional, serían salvos. Esta herejía, conocida como universalismo, nunca ha sido parte de la teología arminiana, sino más bien una acusación infundada hecha por los calvinistas a nuestra teología. Lo que el arminianismo sí enseña en realidad es que la expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y solo para los fieles de manera eficiente.[1] Los datos bíblicos apoyan tres líneas generales de pensamiento: (1) Cristo murió por todas las personas, demostrando que Su expiación está destinada, está disponible y es ofrecida a todos los hombres; (2), no todas las personas que han vivido, viven o vivirán en este mundo han sido o serán salvadas; (3), los beneficios de la expiación se aplican únicamente a los creyentes, imputándoles así la justicia de Cristo cuando son regenerados y justificados. De esta manera, la expiación es presentada en la Biblia como genuinamente diseñada y disponible para todos, pero únicamente aplicable a los creyentes. Es un perdón condicional. La expiación es, por lo tanto, efectiva en dos sentidos: Es suficiente para todos los hombres, y eficiente para los elegidos.[2] Pasajes como Juan 3:16 argumentan que la provisión para la salvación es universal (Dios amó al mundo), pero para que esto sea apropiado debe haber fe individual (quien crea). En otras palabras, la expiación es provisional hasta que se aplique, y sólo puede aplicarse con la condición de la fe y sobre la base de la unión con Cristo. Cuando se aplica, la expiación se vuelve eficaz.[3]

Por lo tanto, no es la realización de la expiación lo que es intrínsecamente salvífico; más bien, en virtud de la fe de un individuo, la expiación se aplica sobre él y éste es redimido de la maldición del pecado por los méritos de Cristo. La expiación se realizó para todos (1 Juan 2: 2), pero se aplica a través de la fe (Romanos 3:22, 25). La enseñanza arminiana clásica es que Cristo murió para proporcionar la salvación para todos, una disposición que es efectiva solo cuando se aplica a aquellos que creen.[4] Esta es la única manera de dar sentido a las palabras de Jesús cuando declara que su obra está consumada (Juan 19:30), pero luego Pablo afirma que los cristianos de Éfeso estaban muertos en sus pecados antes de creer aun cuando el sacrificio de Jesús ya había sido efectuado (Efesios 2:1-3). O de que a los corintios se les dice que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20) a pesar de que Él ya había reconciliado al mundo (2 Corintios 5:19).

La doctrina que afirma que la expiación es provisional para todos y se imparte condicionalmente a través de la fe no debería ser controvertida, ya que incluso la mayoría de los calvinistas sostienen que los elegidos no son salvos sin fe. En otras palabras, todos los puntos de vista están comprometidos con el hecho teológico de que la expiación aparte de la fe no salva. De lo contrario, los pasajes que hablan de que incluso los elegidos fueron enemigos de Dios (Romanos 10:10; Colosenses 1:21) e hijos de ira (Efesios 2: 3) serían inexplicables. Si la expiación ya se aplicó a estas personas elegidas desde su nacimiento, ya serían justificadas ante Dios y nunca enemigos o hijos de ira (incluso la fe sería superflua, pues ya serían salvas). Los calvinistas como William Shedd están de acuerdo con esto y escriben: “La expiación en sí misma, separada de la fe, no salva ningún alma… No es la realización de esta expiación, sino la confianza en ella lo que salva al pecador”.[5] El calvinista Norman Douty lo expresa de forma clara: “Sin estos actos [el arrepentimiento y la fe], incluso los elegidos solo son potencialmente los beneficiarios de estos beneficios”. Hasta entonces, “toda la obra salvadora de Cristo es solo suya potencialmente… Su muerte solo ha provisto estos beneficios para ellos; la aplicación de ellos está supeditada a su arrepentimiento y fe”.[6]

La fe (incluso si es irresistiblemente dada por Dios como sostiene el calvinista) todavía se requiere del individuo. Puede ser elegido incondicionalmente antes de la creación para hacerlo, pero el acto de la fe personal todavía es necesario para la salvación. La verdad bíblica de que la justificación, el perdón y la regeneración son por fe es una piedra angular del cristianismo. De modo que, tanto los calvinistas como los arminianos están comprometidos con la verdad teológica de que, sin la fe del individuo, la expiación no salvará ni podrá salvar a nadie. El problema con esto par el calvinista resulta evidente: Si esta perspectiva provisional es permitida para los elegidos en el calvinismo, entonces no hay nada incoherente o contradictorio en la aplicación de esta en un ámbito universal para el arminianismo. De hecho, eso es exactamente lo que enseña la Biblia.

 

LA BIBLIA ENSEÑA DE FORMA CONTUNDENTE LA EXPIACIÓN ILIMITADA

La doctrina arminiana de la expiación ilimitada, universal o general es bastante sólida bíblicamente. En artículos anteriores hemos dejado en claro que, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, sostienen el alcance universal de la expiación. Sin embargo, hay una serie de puntos auxiliares que asumen tácitamente una extensión universal de la expiación. Estos son:

(1.- LA OFERTA DE SALVACIÓN ES EXTENDIDA, DE BUENA FE, A TODOS LOS HOMBRES: Un fundamento sobre el cual sustentar la doctrina de la expiación general es el llamado general de Dios al arrepentimiento. Es decir, Dios llama a todos a volverse a Él y ser salvos (Isaías 45:22) mientras ofrece salvación a todos (Tito 2:11). Es Dios mismo llamando a todos los hombres al arrepentimiento y ofreciendo la salvación a todos (Hechos 17:30). No hay restricciones en la Gran Comisión (Mateo 28:19) y Dios incluso extiende sus manos y llama a todos, incluso a los que lo rechazan (Isaías 65: 2; Romanos 10:21; Jeremías 7:13; Oseas 11:1-2; Proverbios 1:24, etc.). El arminianismo es consistente con la enseñanza bíblica sobre este tema, lo cual no puede decirse del calvinismo. ¿Por qué no? Preguntémonos: En el calvinismo, ¿Es el llamado general de Dios y la oferta de salvación una oferta genuina? ¿Es este un acto genuino, sincero, auténtico de un Dios perfectamente moral? En el calvinismo, parece no serlo. El calvinista, lo quiera o no, está bromeando de forma cruel cuando dice que se ofrece salvación para todos y que todos pueden responder al llamado de Dios. Esto se debe a que Dios ha elegido incondicionalmente a quién salvar y a quién condenar en su ira. Esta fue la enseñanza defendida por Juan Calvino: No todos son creados iguales; algunos son creados para salvación, otros para la destrucción eterna. En el calvinismo Cristo no murió por aquellos creados para el tormento eterno, sino solo por los elegidos (expiación limitada). Pero ¿Sería Dios justo, santo, bueno, verídico y fiel a Su carácter si llamara y ofreciera algo que Él no puede dar, pues nunca estuvo en sus planes hacerlo? ¿Sería Dios fiel a su carácter si responsabilizara a las personas por rechazar algo que de hecho no está disponible para ellos? ¿Sería Dios fiel a Su carácter si hiciera a las personas culpables por hacer lo que fueron creadas para hacer, según su soberano, ineludible y eterno decreto? ¿Concuerda con el carácter de Dios el condenar a seres a quienes les ha negado la capacidad de responder a su llamado al arrepentimiento? Como se puede ver fácilmente, la expiación limitada pone el carácter de Dios en una posición precaria. La expiación general, por el contrario, encaja perfectamente con el texto bíblico. Dios extiende su llamado y ofrece a todos la oportunidad de arrepentirse: “El Señor… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9). Él ha hecho una provisión real y fidedigna para la humanidad. Por lo tanto, se responsabiliza a las personas por rechazar algo que Dios ha puesto a su disposición, y son responsables porque son capaces de responder al llamado universal de Dios (Juan 12:32). Dios ama a todos y no creó individuos destinados para el tormento eterno; más bien, desea que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

(2.- SEGURIDAD CONDICIONAL: Otra doctrina que presupone una expiación ilimitada es la doctrina de la seguridad condicional (Mateo 18: 23-35; Lucas 8: 11-15; Juan 15: 1-6; Romanos 11: 17-23; 2 Timoteo 2:12; Hebreos 6:4-8; 10: 26-31; 2 Pedro 2: 20-22; Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11). El hecho de que individuos que una vez creyeron puedan separarse luego del Señor y caer de la vida eterna que está en el Hijo, refuerza aún más la idea de una expiación provisional y universal. Esto se debe a que las personas que posterior a su conversión se alejaron, verdaderamente habían experimentado en sus vidas los efectos salvíficos de la expiación de Cristo y participaron del Espíritu Santo mientras creían. Sin embargo, cuando apostataron, renunciaron a esos beneficios y, por lo tanto, “negaron al Señor que los compró” (2 Pedro 2:1). En este caso, la expiación pasó de ser hecha y aplicada a ciertos creyentes, para luego ser retenida de ellos en virtud de su incredulidad posterior. De modo que, si la salvación puede ser poseída genuinamente por una persona y luego perdida por causa de la apostasía total, esto implicaría una expiación de carácter universal; ya que se extiende provisionalmente a todos, pero su aplicación está supeditada a la fe sostenida (1 Pedro 1:5). Mirando brevemente la Parábola del Siervo Despiadado en Mateo 18, esto se puede ver claramente. El sirviente no puede pagarle a su señor, y más tarde cae de rodillas y le pide más tiempo para hacer los pagos. El señor siente compasión por él y lo perdona de la gran deuda en su totalidad (v. 27). Lamentablemente, el sirviente pasa a actuar sin misericordia con los demás. El señor dice: “Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (V. 32-33). Luego, el sirviente es entregado a los acreedores hasta que pague todo lo que debe (v. 34). Jesús advierte que lo mismo se hará incluso a sus discípulos si actúan de la misma manera. La parábola es bastante explícita en el sentido de que una persona puede estar en un estado de perdón, luego perderá ese perdón y tendrá que pagar sus propias deudas. Esto no tendría sentido en una expiación limitada e incondicional, pero sí lo tiene en una expiación de carácter universal y provisional (con seguridad condicional).[7]

(3.- EVIDENCIA HISTÓRICA CONSENSUAL: Un último punto suplementario es el hecho de que la iglesia cristiana primitiva (todos los Padres de la Iglesia antes de Agustín, quizás incluso Agustín incluido) creyeron y sostuvieron la expiación universal.[8] El teólogo Roger Olson escribe: “La gran mayoría de los cristianos a través de los siglos, incluidos todos los padres de la iglesia de los primeros cuatro siglos… creyeron en la expiación universal”.[9] David Allen, en su magistral libro que da una revisión histórica de la doctrina de la expiación ilimitada, escribe: “La expiación limitada [en oposición a la expiación general o ilimitada] es una doctrina nueva en la historia de la iglesia”.[10] Lightner dice que hasta la Reforma del siglo XVI “la visión predominante y en su mayor parte indiscutible de la muerte de Cristo era que esta constituía un sacrificio provisional para toda la humanidad, salvífico solo para aquellos que creían”.[11] Hammett lo expresa sin rodeos: “En general, la posición mayoritaria en la historia cristiana está decididamente del lado de la Expiación universal”.[12] Para aquellos que dan peso a los teólogos de la iglesia primitiva, muchos de los cuales fueron enseñados directamente por los apóstoles o por aquellos que conocieron a los apóstoles, este es un golpe serio contra la expiación limitada enseñada por el calvinismo.

 

CONCLUSIÓN

Dada la evidencia examinada, parecería que cualquier soteriología que se precie de ser seria, y bíblica, debería aceptar la doctrina de la expiación ilimitada de Cristo; es decir, una expiación de alcance universal pero eficaz únicamente para los fieles. La posición no solo toma en serio la gran cantidad de pasajes que hablan de una expiación universal realizada por Cristo, mediante la cual pagó el precio por el pecado del hombre y probó la muerte por cada persona, sino que también responde de manera convincente a cualquier objeción presentada en su contra. Arminio lo resume claramente cuando escribe: “Cristo se ofreció en lugar de todos los hombres universalmente… y no en el lugar de los elegidos solamente”.[13] Concluye diciendo que la expiación “se obtuvo para todo el mundo, y para todos y cada hombre; pero se aplica solo a los creyentes y a los elegidos.”[14]

Por lo tanto, la posición bíblica (y de hecho, arminiana) afirma correctamente que Cristo verdaderamente es la propiciación para el mundo entero (1 Juan 2:2); El es el Salvador del mundo (1 Juan 4:14) y para todas las personas (1 Timoteo 4:10), ya que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11); Él probó la muerte para todos (Hebreos 2:9) y está reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19); Él quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y se ofreció en rescate por todos (1 Timoteo 2: 6); su muerte es para todos (2 Corintios 5: 14-15) y él ofrece justificación para todos (Romanos 5:18); el pan de vida es dado al mundo (Juan 6:33, 51) y su expiación se hace incluso para aquellos que lo niegan (2 Pedro 2:1) y para aquellos que luego apostatarán (Hebreos 10:26, 1 Corintios 8:11, Romanos 14:15). La Biblia es clara en su presentación de una expiación universal, que se hace, se ofrece, se extiende y se proporciona para todos (1 Corintios 15:3), pero es eficaz y se aplica solo a los fieles (Romanos 3:22, 25).

 

REFERENCIAS:

[1] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

[2] Robert Shank, Elect In The Son, 71.

[3] Forlines, Classical Arminianism, 234.

[4] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 100.

[5]  William Shedd, Dogmatic Theology, II:440.

[6] Norman Douty, The Death of Christ, 43.

[7] Shank, Life in the Son, 39.

[8] Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 79.

[9] Olson, Against Calvinism, 152.

[10] David Allen, The Extent of the Atonement, 767.

[11] Lightner, 9. FIX*** (Israel of God, 9).

[12] Hammett, Perspectives, 158.

[13] Jacob Arminius, Works, III:332.

[14] Jacob Arminius, Works, III:425.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación General en el Antiguo Testamento

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31). Pero esta doctrina no es exclusiva del Nuevo Testamento. La Expiación Ilimitada, general o universal, es enseñada también en el Antiguo Testamento.

EL ANTIGUO PACTO SEÑALA HACIA UNA EXPIACIÓN GENERAL, NO LIMITADA.

La naturaleza ilimitada, provisional y condicional de la expiación de Cristo puede vislumbrarse incluso en los tipos y figuras del Antiguo Testamento. Esto no tiene nada de extraño, ya que el viejo pacto era sombra y figura de lo que había de venir (Colosenses 2:17). Tres de esos tipos proféticos, en particular, nos ayudan a desentrañar mejor el alcance y la aplicación de la propiciación de Cristo.

El Cordero de la Pascua:

Muchas veces se menciona a Jesús como el “Cordero” sacrificial, un cordero que fue sacrificado por el mundo (Juan 1:29; 1 Corintios 5: 7; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5:12). Esto es seguramente en referencia al cordero de la Pascua en Éxodo 12, donde la disposición de la expiación y la posterior aplicación se llevan a cabo maravillosamente. En esta interacción, Dios le ordena al pueblo de Israel que mate a un cordero como un sacrificio para evitar su ira. Curiosamente, la nación de Israel no solo debía matar al cordero del sacrificio (v. 6), sino también comérselo y aplicar su sangre a los postes de la puerta (v. 7). La sangre aplicada era una cobertura que guardaba a Israel de la ira de Dios (v. 13) derramada sobre Egipto y sobre aquellos de Israel que se negaran a cumplir con dicho ritual. El punto crucial es que la simple muerte del cordero no protegía a Israel: Cada hogar no solo tenía que matar al cordero, sino también aplicar su sangre, de lo contrario, la ira de Dios se vería afectada por ellos.

Nótese lo bien que esto corresponde con lo que se enseña en el Nuevo Testamento acerca de Cristo y su obra expiatoria. Él es el Cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y es una propiciación para todos (1 Juan 2:2); pero esta propiciación es para aquellos que creen (Romanos 3:22, 25). En sí misma, la sangre de Cristo no salva a nadie, debe ser aplicada a través de la fe. La expiación es provisional para todos, eficaz sólo para los fieles.

Éxodo 12 es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben distinguirse. La sangre del cordero pascual muerto se volvió eficaz solo después de que se aplicó. La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tuvo que aplicarse.[1]  Incluso el renombrado calvinista A. W. Pink está de acuerdo con esto. En su comentario de Éxodo escribe: “Un Salvador provisto  no es suficiente: debe ser  recibido . Debe haber ‘fe’ en Su sangre ‘(Romanos 3:25), y la fe es algo personal… Debo por la fe tomar la sangre y refugiarme debajo de ella.” [2]

Pink señala correctamente que la Pascua es “uno de los más sorprendentes… presagios de la obra de la Cruz de Cristo que se encuentran en cualquier parte del Antiguo Testamento, [y] es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben ser distinguido. La sangre del cordero pascual muerto… se volvió eficaz solo después de que se aplicó al poste de la puerta según las instrucciones… La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tenía que aplicarse.”[3]

La Serpiente de Bronce:

En Números 21, el pueblo de Israel se impacientó con Moisés y con Dios, y se manifestó contra ellos en rebelión. Dios envió serpientes venenosas en medio de ellos como una forma de juicio por su comportamiento pecaminoso. Los israelitas rebeldes estaban siendo mordidos y muriendo. Después de que Moisés intercede por el pueblo, Dios responde ordenándole que ponga una serpiente de bronce en un palo. Dios dijo que todo el que fuere mordido, cuando mirare la serpiente bronce, viviría (v. 8).

De nuevo, nótese cuidadosamente la provisión hecha aquí por Dios. El medio de sanidad (la serpiente de bronce) fue dado y puesto a disposición de toda la nación de Israel. Todos habían sido mordidos por las serpientes venenosas (representando el pecado) y Dios había hecho una provisión para todos. Aun así, la disposición tenía que ser aplicada por el individuo mirando a la serpiente de bronce; sólo entonces vivirían. La limitación para Israel no estaba en la provisión de la serpiente de bronce (fue dada para todo Israel); más bien, la limitación estaba en la aplicación: solo los que dirigían su mirada hacia ella vivían. Había un remedio para todo Israel, y serían sanados si solo miraran. Hay un remedio en la muerte de Cristo para todos, y serán salvos si solo creen.[4]

Este pasaje es referido por el mismo Jesús: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:14-15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la creencia. La naturaleza universal se ve en el famoso pasaje de Juan 3:16, donde el amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17) a través de la fe. Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (12:32). Provisional para todos, eficaz para los fieles.

El Sumo Sacerdote

En el Antiguo Testamento, Dios ordenó que los sacerdotes designados llevaran a cabo un sistema de sacrificios para hacer expiación por los pecados del pueblo. Esto incluyó el llamado “Día de la Expiación” (Yom Kippur), que permitía al sumo sacerdote entrar al Lugar Santísimo (Levítico 16). Esto lo hacía el sumo sacerdote para realizar expiación por sí mismo y por la gente (v. 24) a fin de que el pueblo se limpiara de sus pecados ante el Señor (v. 30). Esto se hacía anualmente tanto por los sacerdotes como para todas las personas de la asamblea (v. 33). Hebreos 9:7 dice: “pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo”.

Obsérvese que la expiación era hecha para toda la nación, para todo Israel. Indiscutiblemente, la disposición del Antiguo Testamento para el pecado y la salvación fue para todo Israel, no para un grupo elegido y especial entre ellos. La desobediencia y la incredulidad fueron las únicas barreras que separaron a todos los israelitas de la gracia de Dios.[5] La reconciliación y las ofrendas por el pecado fueron para “todo Israel” (2 Crónicas 29:24; Esdras 8:25; Malaquías 4: 4). Sin embargo, uno tenía que permanecer como parte integrante de la nación de Israel para obtener esos beneficios. Y, sin lugar a duda, existían las condiciones para formar parte de, y permanecer, ‘en Israel’. Por ejemplo, si un hombre no fue circuncidado, sería separado del pueblo (Génesis 17:14); si alguien comía pan con levadura en ciertos días, sería “cortado de Israel” (Éxodo 12:15); el mal uso de varios aceites o perfumes resultó en ser separado del pueblo (30:33, 38); profanar el sábado (31:14); comer ciertas cosas (Levítico 7:20, 21, 25, 27) y cometer ciertos actos considerados abominables (18:29) provocarían ser excluidos de la congregación de los hijos de Israel; incluso Dios advierte que una persona de Israel puede ser separada de su presencia (22: 3). Números 15:30 resume bien este principio: Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo.”

Ser “cortado” no solo significaba la exclusión de un individuo de la congregación de Israel (y la salvación), sino que a veces también la destrucción inmediata. En Levítico 23:29-30, Dios declara que, si los del pueblo de Israel le son infieles, no solo serán cortados, sino que perecerán por completo. Dios pondrá Su rostro contra ellos y serán derribados por sus enemigos (26:17); perecerán entre las naciones (Levítico 26:38; Deuteronomio 8: 19-20). La nación fue llamada a ser el pueblo elegido de Dios, pero con eso se les ordenó también observar todas los estatutos y los mandamientos de Dios, de lo contrario serían maldecidos (11: 26-31) y luego serían destruidos, consumidos y perecerían (28: 20-24). Claramente, ser descendiente de Abraham no conllevaba ninguna garantía de que una persona permanecería entre el pueblo del pacto de Dios sin tener en cuenta su fe y su fidelidad al pacto de Dios.[6] Sin embargo, si el individuo infiel confiesa sus pecados y se humilla a sí mismo ante Dios, su fidelidad y compasión le permitirán regresar a Israel y los beneficios subsiguientes se volverán a aplicar (Levítico 26: 40-45).

El punto aquí es claro: mientras que Dios elige incondicionalmente a la nación corporativa de Israel como su pueblo, la participación en esa nación estaba supeditada a la obediencia. Ningún individuo fue posicionado incondicionalmente en Israel. Además, debe notarse que cualquier persona fuera del Israel étnico podría unirse a la comunidad y convertirse en israelita a través de la circuncisión y la obediencia (Génesis 17:12-13; Éxodo 12:48). Desde el principio, cualquier gentil podría convertirse en un judío de pleno derecho, profesando fe en el Dios de Abraham y siendo circuncidado. No existía ninguna barrera racial para evitar que los gentiles se convirtieran en participantes plenos en las promesas del pacto.[7] De hecho, aparentemente existía la posibilidad de salvación fuera del Israel étnico si uno estaba buscando fielmente a Dios (por ejemplo, Melquisedec, Job, Rahab, etc.).

Volviendo al caso del sumo sacerdote y al Día de la Expiación mencionados anteriormente, el sumo sacerdote hacía expiación por todo Israel, pero los efectos de la misma sólo se aplicaban a los obedientes, a los fieles. Este sistema del Antiguo Testamento era solo una sombra de las cosas por venir; un simple vistazo de lo que se encuentra en Jesucristo, que es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 3: 1). Él es un “sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (5:6; 5:10; 6:20; 7:17; 8:1). Los viejos sacerdotes tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de interceder por la nación, y debido a su mortalidad, tenían que ser reemplazados constantemente. Jesús tiene su sacerdocio eterno e inmutable (7:24) y, por lo tanto, vive para siempre para interceder por nosotros (7:25). Su muerte fue de una vez por todas por su propia sangre (7:27), un sacrificio realizado una vez y para siempre (10:12). Cristo fue tanto el sacerdote como el sacrificio por nuestros pecados, cuando entró en el cielo delante del Padre. Como los sumos sacerdotes del viejo pacto, que hacían expiación por todo Israel, también Cristo purificó los pecados y probó la muerte para todos  (1: 3; 2: 9). Su propiciación fue para todo el mundo (2:17; 9:28; 1 ​​Juan 2: 2; Juan 1:29; 1 Timoteo 2: 6). Aquí se ve cómo Jesús cumple con la sustancia misma de la expiación del Antiguo Pacto, que nunca podía quitar los pecados. Jesús inicia un nuevo sistema de sacrificios en el Nuevo Pacto mientras asume el papel de sumo sacerdote, para siempre. Nótese el fascinante paralelo:

  • El sumo sacerdote del Antiguo Testamento ofreció expiación por todo Israel. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe estar “en Israel” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Israel” a través de la obediencia (fe). Era una provisión de expiación para la nación, eficaz para los obedientes (fieles).
  • El sumo sacerdote del Nuevo Testamento (Jesús) ofrece expiación para todas las personas, por el mundo entero. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe). Es una provisión de expiación para el mundo, pero eficaz solo para los obedientes (fieles).

CONCLUSIÓN.

Habiendo examinado estos tres ejemplos del Antiguo Testamento, todos los cuales se aplican de diversas maneras a Cristo, la naturaleza provisional ilimitada de la expiación queda clara, junto con su aplicación condicional: La expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y para el Israel de Dios de manera eficiente.[8] Cristo es el Cordero que fue inmolado por todos, la provisión fue hecha para todos y el Sumo Sacerdote que hizo la propiciación la efectuó por todos.

 

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 427.

[2] A.W. Pink, Gleanings in Exodus, 84.

[3] Pink, Gleanings in Exodus, 88.

[4] David Allen, The Extent of the Atonement, 692-693.

[5] Dave Hunt, What Love is This?, 298.

[6] Palmer Robertson, The Israel of God, 36.

[7] Robertson, The Israel of God, 35

[8] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Las Cartas Paulinas y la expiación general

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

Los arminianos sostenemos la doctrina de la Redención universal o expiación general. La obra redentora de Cristo brinda a todos los hombres la oportunidad de ser salvos. Sin embargo, a pesar de que Cristo murió por todos los hombres, sólo los que creen en él son salvados. Su muerte es suficiente para la salvación de todos los hombres, pero sólo eficaz en los que creen. Pero esta no es una doctrina inventada por los arminianos, las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara también en las cartas de Pablo.

 

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PABLO.

El apóstol Pablo enseñó en sus epístolas la doctrina de la Expiación Universal, ilimitada o general. Pablo escribe en su segunda carta a los corintios: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.“(2 Corintios 5: 14-15). De acuerdo con Pablo, Cristo murió por todos porque todos murieron en Adán (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22) y están muertos en el pecado (Efesios 2: 1; Colosenses 2:13). Simplemente todos han muerto en Adán en virtud de su liderazgo representativo, por lo que Cristo murió por todos ya que es el segundo Adán (1 Corintios 15:45). El primer Adán trajo la muerte a todos a través de la naturaleza humana, mientras que el último Adán trajo la vida a todos a través de la fe (Romanos 5: 17-18).  Después de enseñar la extensión universal de la expiación de Cristo (Romanos 5: 8; 1 Corintios 15:3), Pablo continúa hablando de las implicaciones de la aplicación posterior de esa expiación universal para “los que viven” (v. 14). Los que “viven” son nuevas criaturas, en Cristo (v. 17), a través de la fe (Juan 20, 31).

Más adelante en el mismo capítulo, Pablo dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo ” (5:19). Aquí Pablo habla del ministerio de reconciliación (v. 18) dado a los apóstoles por Dios. Este ministerio es “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (v. 19). El alcance universal de la salvación de Dios puede notarse claramente en este pasaje.

Por supuesto, Pablo no está enseñando que todos se reconcilian de manera salvífica. Sin embargo, hay un sentido de una reconciliación objetiva que se enseña aquí: Cristo murió por todos. Pero también una reconciliación subjetiva: Dicha reconciliación debe ser recibida por la fe. Por esta razón, Pablo continúa diciendo: “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (v. 20). La expiación ilimitada (a través de la cual Cristo murió por todos) debe ser apropiada individualmente; es decir, cada persona debe obtener este objetivo de reconciliación universal de Cristo a través de la fe para reconciliarse con Dios de manera subjetiva e individual.

En Romanos 5: 15-21, Pablo escribe extensamente sobre el don gratuito de la salvación que aporta justicia y justificación, y lo compara con la transmisión del pecado de Adán. Lo que es de particular importancia en este pasaje es el alcance universal que ambos individuos tienen sobre la humanidad. Pablo usa a Adán y a Cristo como dos paralelos para mostrar el alcance ilimitado que ambos tienen en el hombre. De hecho, a Adán se le llama el “primer Adán” y Cristo el “segundo Adán” (1 Corintios 15:45). Pablo explica cómo el pecado y la muerte pasaron de Adán al resto de la humanidad: El pecado vino al mundo a través de un hombre, y la muerte vino por el pecado (Romanos 5:12). Luego compara la muerte ocasionada por el pecado de Adán con la oferta universal de Cristo del don gratuito de gracia en virtud de su sacrificio expiatorio (v. 15, 18).

Algunos calvinistas seguramente llamarán la atención sobre la palabra “muchos” usada en Romanos 5:15, “Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.”, queriendo indicar que la expiación fue efectuada por muchos, pero no por todos. Sin embargo, debe notarse que, aunque Pablo usa la palabra “muchos” en el v. 15, esta seguramente debe entenderse como toda la humanidad. Como la mayoría de los teólogos reconocen, “muchos” y “todos” se usan a menudo como sinónimos, como es el caso aquí. Esto se demuestra en el contexto anterior, donde Pablo dice que “la muerte se extendió a todos los hombres” debido al pecado (v. 12) y los “muchos murieron” (v. 15). Todos murieron porque la muerte se extendió a todos; todos nacen muertos en el pecado (Efesios 2: 3; Colosenses 2:13). Esto no tiene por qué ser un punto de discusión, ya que incluso Juan Calvino entendió este punto bíblico.

En numerosos pasajes que hablan de “muchos”, Calvino reconoció que el autor usó “muchos” como sinónimo de “todos”. Incluso compara muchos de estos pasajes con Romanos 5:15. Acerca de la expresión “muchos” que se usa en Mateo 20:28, Calvino dice: “Muchos se usa, no para un número definido, sino para un gran número, en el sentido de que se pone a sí Mismo contra todos los demás. Y este es el significado también en Romanos 5:15, donde Pablo no está hablando de una parte de la humanidad, sino de toda la raza humana”. Con respecto a los famosos pasajes de Isaías 53:12 que hablan del Mesías que cargó con los pecados de “muchos”, Calvino dice: “Él solo soportó el castigo de muchos, porque sobre él se impuso la culpa de todo el mundo. Es evidente a partir del quinto capítulo de la Epístola a los Romanos, que “muchos” a veces denota todos”. De Hebreos 9:28, dice: “Él dice muchos significando todos, como en Romanos 5:15” y “la palabra muchos es a menudo equivalente a todos” Finalmente, en Marcos 14:24, Calvino explica: “la palabra ‘muchos’ no significa solo una parte del mundo, sino toda la raza humana”.[1]

A través de la transgresión de Adán, hay una condena universal para todos, pero a través de la muerte expiatoria de Cristo, existe el regalo universal gratuito disponible para todos (Romanos 5:16). El poderoso pasaje de Romanos 5:12-21 no se basa en una distinción entre el reprobado y el elegido, sino en los efectos universales de Adán y Cristo para cada individuo; condena y justificación son las dos opciones de vida para todas las personas.[2] Pablo es quien mejor explica la relación simétrica y paralela entre la imputación del pecado de Adán y la expiación de Cristo en Romanos. Esto muestra un contraste en los resultados de los dos hombres: el don de la justicia versus la muerte, manteniendo la extensión universal en ambos casos. Sin embargo, mientras que, a través de Adán, la muerte se imparte a todos, ya que todos nacen por naturaleza como hijos de ira (Efesios 2: 3), a través de la expiación de Cristo, existe una justificación para todos los hombres, porque “si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.“(v. 17). En otras palabras, Pablo dice que recibir el regalo es necesario para experimentar la gracia de Dios. A diferencia del pecado de Adán, que se transmite a todos de manera inherente, el don gratuito de Cristo requiere aceptación. En Romanos 5:18, Pablo afirma una expiación y reconciliación universales que comprenden a todos los hombres, pero la actuación de la expiación universal para los hombres individualmente está supeditada a la apropiación personal (v.17).[3]

A través del pecado de Adán, la humanidad está bajo condenación y está espiritualmente muerta (v. 17-18). En contraste, a través de la muerte expiatoria de Jesús, existe el don de la justicia para todos, que depende solo de su recepción (v. 17-18). El pecado y la muerte están presentes en la humanidad, pero la gracia de Dios abunda y desborda aún más (v. 15, 20). La expiación universal está fuertemente respaldada por la indicación bíblica de que la disposición es tan amplia como el pecado.[4] La provisión o base para la justificación y la vida está hecha para todos, de modo que “todos” abarca a toda la humanidad.[5] Si podemos aceptar el hecho de que el pecado de un simple hombre ha traído el pecado y la muerte a todo el mundo, seguramente podemos creer que la muerte expiatoria del Hijo de Dios ha traído la salvación a todo el mundo.[6]

En virtud tanto del primer Adán como del segundo Adán (Cristo), existen profundas implicaciones para la raza humana: la muerte y el pecado universales, y la gracia universal obtenida a través de la aceptación del sacrificio expiatorio de Cristo. La obra salvadora de Cristo es pertinente para toda la raza humana, como lo fue la obra de Adán, y por lo tanto se ofrece a todos los pecadores.[7] A través del único acto de desobediencia de Adán, toda la raza humana se convirtió en receptora del pecado, y mediante un acto de obediencia, el último Adán trajo el don de la justicia a toda la raza humana. La desobediencia de uno fue co-extensiva con la obediencia del otro.[8]

De hecho, anteriormente en el mismo capítulo, Pablo escribe que Cristo murió por los impíos (Romanos 5:6). Uno de los puntos principales de Pablo en los capítulos anteriores fue que toda la humanidad está bajo pecado (3:9), y todos estamos destituidos de la gloria de Dios por causa del pecado (3:23) y no hay nadie justo (3:10). Así, cuando Pablo continúa hablando de los impíos, seguramente está hablando de la misma categoría, a saber, toda la humanidad. De esta manera, Cristo murió por los impíos; murió por todos. Pablo es claro al indicar que Cristo murió por los impíos, incluso murió por sus enemigos. Cristo actuó como parte del plan designado por Dios, que tenía como objeto toda la raza humana, ya que todos han pecado y no han alcanzado la gloria de Dios.[9] Esto puede compararse con Lucas 19:10 que dice que “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”, donde lo perdido es toda la humanidad bajo el pecado.

Uno de los versos más singulares sobre el tema se encuentra en la primera carta de Pablo a Timoteo. Él escribe, “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” (1 Timoteo 4:10). Aquí Pablo ayuda a desentrañar diferentes matices de Dios como Salvador. En un sentido, Dios es el Salvador de todos los hombres; pero en otro sentido, Él es el Salvador de los creyentes justos. Solo hay que mirar antes en la misma carta, donde Pablo habla de “Dios nuestro Salvador” (2:3) y dice que desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (v. 4). Debido a que Dios quiere que todos sean salvos, Él ha enviado a Cristo Su Hijo para que sea un rescate para todos (v. 6), ya que él es el mediador también entre Dios y los hombres, no solo los elegidos (v. 5). Aquí se ve exactamente lo que Pablo quiere decir cuando habla de Dios como “Salvador”. Dios es el Salvador de todos (y envió a Su Hijo como rescate por todos) en cuanto a que Él provee y desea que todos sean salvos, pero especialmente de los creyentes. en el sentido de que se aplica solo a los fieles (como se muestra en 4:10). Lo que es potencial o está disponible para todos, en realidad se convierte en una realidad para los creyentes.[10] Al afirmar que Él es el Salvador de todos los hombres se habla de provisión; al afirmar que Él es el Salvador, especialmente de los creyentes, habla de aplicación.[11] Sugerir, como afirman algunos calvinistas, que Dios es el “Salvador” de todos solo en alguna forma de “gracia común” en comparación con ser un verdadero Salvador de los elegidos, no está justificado. Sin duda, Dios es particularmente el Salvador de los creyentes, pero su papel como Salvador se relaciona tanto con los creyentes como con los no creyentes. En otras palabras, el tipo de Salvador es el mismo para ambos grupos. Además, la palabra griega para salvador aquí (soter) cuando se aplica a Dios la mayoría de las veces (si no siempre) hace referencia a la salvación, no a una simple gracia común. El apóstol Pablo aquí llama a Dios el ‘Salvador’ exactamente como lo hace en otros cinco lugares en sus epístolas (1 Timoteo 1:1, 2:3; Tito 1:3, 3:14), Es decir, siempre en el sentido de un salvador espiritual, no una mera gracia común extendida.[12]

En 1 Corintios 15, Pablo habla del “evangelio” que recibió y predicó. Las buenas nuevas de que “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (v. 3). Pablo dice que él y los otros apóstoles predican este mensaje (v. 11). Es decir, la buena noticia que predicaron los apóstoles fue que Cristo murió por “nuestros pecados”, los pecados del orador y los pecados de la audiencia. En esta predicación indiscriminada, los apóstoles no sabían nada de una expiación limitada. La predicación del evangelio, según Pablo, incluye o asume que Cristo murió por los pecados de todos aquellos a quienes les predicaban.[13] Pudieron proclamar honestamente que Cristo murió por todos. Debe tenerse en cuenta que Pablo predicó esto antes de la conversión de su audiencia. Este es el caso de un predicador que incluye a su audiencia no salvada con él en una declaración inclusiva. Lo más seguro es que no es una declaración de que murió solo por los pecados de aquellos que ya son creyentes, sino por todos.[14] Primera Corintios 15:3 es uno de los pasajes más fuertes que apoyan la expiación ilimitada.[15]

 

CONCLUSIÓN.

Uno puede ver cuán extraño es cuando los calvinistas se ven obligados a realizar una exégesis forzada para dar sentido a estos pasajes dados sus compromisos teológicos. Por ejemplo, la teóloga calvinista Loraine Boettner escribe: “[la Cruz] no era, entonces, un amor general e indiscriminado del cual todos los hombres son objetos por igual, sino un amor peculiar, misterioso e infinito para los elegidos, lo que hizo que Dios enviara a Dios. Hijo en el mundo para sufrir y morir”.[16] O cuando R.C. Sproul escribe: “[el] propósito o diseño [de la expiación] no incluye a toda la raza humana”.[17]

Contra el calvinismo, la narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31).

En contraposición al calvinismo, el apóstol Pablo, junto a todos los creyentes arminianos, enseñó que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él.

 

REFERENCIAS:

[1] Steve W Lemke, Whosoever Will: A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 202-204.

[2] Grant Osborne, Perspectives, 112.

[3] Robert Shank, Elect in the Son, 108.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 120.

[5] Robert Picirilli, Grace for All, 60.

[6] Jack Cottrell, The Faith Once For All, 184.

[7] John Wagner, Grace for All, xvi. See also Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 78.

[8] Robert Lightner, The Death of Christ, 142.

[9] Ben Witherington, Paul’s Letter to the Romans: A Socio-Rhetorical Commentary, 137.

[10] Howard Marshall, For All My Savior Died, 11.

[11] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 136.

[12] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 448.

[13] Hammett, Perspectives, 169.

[14] Howard Marshall, For All, For All My Saviour Died, 19.

[15] Allen, The Extent of the Atonement: A Historical and Critical Review, 710.

[16] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, 157.

[17] R. C. Sproul What Is Reformed Theology?: Understanding the Basics, 177.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación Ilimitada en las Epístolas Generales

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Sin embargo, la obra de Cristo en la cruz es eficaz, válida y beneficiosa solamente para los que creen (1 Timoteo 4:10; Juan 3:16). Para decirlo de otro modo, Cristo murió una muerte sustitutiva e hizo un pago por los pecados que fue suficiente para todos los hombres, pero que es eficaz solo para los que creen en Él. Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara en las epístolas generales.

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LA CARTA A LOS HEBREOS.

El autor de Hebreos escribe: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” (Hebreos 2:9). El alcance universal de la expiación se sobreentiende al afirmar que Cristo gustó “la muerte de todos.” El contexto anterior de Hebreos 2 es universal, ya que los versículos anteriores citan el Salmo 8 y hablan de la preocupación de Dios por la humanidad (“¿Qué es el hombre [” seres humanos “NRSV], que lo recuerdes?” 2:6). El pensamiento inicial en Hebreos 2: 6 es “lo que es el hombre”, no lo que son los elegidos.”[1] De hecho, hasta el v. 9, el autor se centra exclusivamente en la humanidad y en que Dios coloca a toda la tierra bajo su dominio. En el v. 9, el autor vuelve a hablar de Jesús en particular. El autor continúa describiendo a Cristo como coronado de gloria por Dios, y prometió tener todas las cosas sometidas a él a su regreso. Por lo tanto, en el v. 9, no hay razón para interpretar la muerte de Cristo para todos como algo más que eso. El contexto anterior sugiere una lectura universal. Los versículos posteriores que hablan de “traer a muchos hijos a la gloria” (v. 10) se refieren a la aplicación de su muerte expiatoria (a través de la fe) y en ningún sentido limitan el alcance universal antes mencionado de la expiación provisional.

El hecho de que el escritor haya tratado con la universalidad de la sujeción en el versículo 8 apoya la universalidad de la provisión de la redención en el versículo 9. A esto se añade el cambio de lo general a lo particular en el pasaje. Cristo gustó la muerto por cada hombre (v. 9), pero el traer a muchos hijos a la gloria (v. 10) solo se relaciona con aquellos santificados o apartados por medio de la fe (v. 11). Por lo tanto, los “hermanos” y “los que están santificados” constituyen un grupo de aquellos para quienes probó la muerte.[2]

Además, el autor de Hebreos da serias advertencias a su audiencia si descuidan la salvación de Dios (2:3), si endurecen sus corazones (3:7-8), si se apartan de Dios (3:12), si fracasan Debido a la incredulidad (4:6). Incluso a aquellos que han participado del Espíritu Santo se les advierte que pueden caer por apostasía (6:4-6) y los que continúan en el pecado ya no tienen un sacrificio por sus pecados (10:26). Por lo tanto, el amplio contexto de Hebreos es plausiblemente visto como dirigido a los creyentes y potenciales apóstatas (1 Timoteo 4:1). La extensión de la expiación en Hebreos 2:9 es, por lo tanto, universal.

EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PEDRO.

En las cartas de Pedro, podemos ver cómo incluso aquellos que rechazan la gracia de Dios todavía son “comprados” a través de la expiación de Cristo. 2 Pedro 2: 1 dice: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.“. Obsérvese primero que hay una clara negación del Maestro (Cristo) aquí (Compárese con Judas 1:4). Pedro está enseñando aquí que Cristo compró incluso a los falsos maestros a través de su muerte. Este lenguaje de “comprar” es bastante común en el Nuevo Testamento al hablar de la expiación de Cristo. El mismo lenguaje puede observarse en 1 Corintios 6:20 y 7:23, donde Pablo dice que los cristianos fueron “comprados por precio”. El paralelo con Judas 4 y la referencia a ser “comprado” apunta claramente a Cristo. La mayoría de los intérpretes favorecen claramente que “comprado” se refiere a un sentido soteriológico en lugar de cualquier tipo de simple liberación o beneficio temporal. Una de las razones principales es que la palabra para la redención que se usa aquí, agorazo, la cual nunca se encuentra en el Nuevo Testamento en asociación con Cristo en un sentido no valioso.[3] Cada aparición en el Nuevo Testamento de esta palabra, cuando se usa en el contexto de la muerte de Cristo, tiene un significado soteriológico.

Por lo tanto, Pedro enseña que la expiación no se limita en ningún sentido al mero cuerpo elegido, ya que hay un claro ejemplo de personas que niegan a Dios, luego son destruidas y, sin embargo, son compradas por Él. El precio de compra o la redención fue pagada por el Señor, incluso para los falsos profetas y maestros, a pesar de que, obviamente, nunca lo aceptan.[4] 2 Pedro 2: 1 parece indicar claramente que las personas por las que murió Cristo pueden perderse.[5]

CONCLUSIÓN.

En contraposición al calvinismo, los arminianos sostenemos que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él. El don de Dios ha sido comprado, ofrecido y presentado a todos (1 Juan 5:11), pero tiene que ser recibido personalmente por fe (1 Juan 5:12; Juan 1:12).

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 450.

[2] Robert Lightner, The Death Christ Died, 71-72.

[3] John Hammett, Perspectives on the Extent of the Atonement, 156.

[4] Robert Lightner, The Death Christ Died, 75.

[5] Millard Erickson, Christian Theology, 758.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación Ilimitada en los escritos de Juan

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

La doctrina cristiana de la expiación de Jesucristo es sin duda una cuestión primordial en el plan de salvación. La doctrina cristiana de la expiación afirma que Cristo es la satisfacción y reparación del pecado de la humanidad ante Dios. Cristo hace posible la reconciliación entre el hombre y Dios gracias a su muerte sustitutiva, a través de la cual cargó con nuestros pecados y el castigo debido por los mismos (1 Pedro 2:24; Hebreos 9:28). Algunos cristianos sugieren erróneamente que Cristo simplemente llevó el castigo del hombre y no sus pecados reales. Sin embargo, tal afirmación resulta bíblicamente insostenible. La Biblia afirma claramente que Cristo cargó con los pecados de las personas (Isaías 53: 6, 11, 12), y él cargó con su sufrimiento y castigo; lo cual es visto poderosamente en Isaías 53, donde él experimenta sufrimiento por las transgresiones de su pueblo y Dios carga en él el pecado de todos nosotros. Jesús llevó tanto el castigo como los pecados de todos cuando se convirtió en pecado por causa nuestra (2 Corintios 5:21).

 

EXTENSIÓN DE LA EXPIACIÓN.

Aunque existen diversas teorías en el mundo evangélico sobre la naturaleza de la expiación, basta con decir que la mayoría de los cristianos evangélicos están de acuerdo en que la expiación explica cómo Dios perdona a los pecadores y restaura a los individuos a su relación apropiada con Él a través de la fe. Es por gracia que Dios cancela la deuda pecaminosa en la Cruz a través de Cristo. Dios exuda su amor supremo y su justicia completa hacia la humanidad rebelde al derrotar a la muerte, a Satanás y al pecado en el Calvario.

La extensión de la expiación, sin embargo, es un área que es fuertemente debatida entre los calvinistas y los arminianos. Esto se debe a que muchos calvinistas sostienen lo que se llama expiación limitada (a veces llamada “redención particular”) y dicen que la expiación no solo se aplica, sino que también se pretende, se proporciona, se hace y se extiende a los elegidos, pero no al mundo entero. En otras palabras, Cristo no cargó con los pecados y el castigo de todos; no fue propiciación y rescate por todos. Más bien, él solo soportó y pagó los pecados y el castigo de los elegidos. La extensión solo incluye a aquellos a quienes Dios ha escogido incondicionalmente para salvar, y este es el punto de desacuerdo. ¿Murió Cristo por todo el mundo y su pecado para que la salvación esté disponible para todos? ¿Fue Cristo castigado por los pecados de todas las personas? ¿Fue un rescate por todos? ¿O murió y sufrió el castigo solo por los elegidos, y proporcionó la salvación solo a un grupo selecto?

Vale la pena señalar que los calvinistas no niegan que la muerte de Cristo fue potencialmente suficiente para toda la humanidad. Cristo podría haber muerto por cada persona si quisiera. El aspecto limitado o particular de la expiación, insiste el calvinista, no se debe a alguna falta en la capacidad de la expiación; más bien, es su decisión soberana salvar a quien Él elige, y Él eligió solo expiar a algunos de la raza humana (los elegidos). Como el teólogo calvinista William Shedd escribe: “El Padre Divino, al dar al Hijo Divino como un sacrificio por el pecado, determinó simultáneamente que este sacrificio debería ser apropiado a través de la fe por un número definido de la familia humana.”[1] Hay un número definido de personas, a saber, las elegidas incondicionalmente, para quienes Dios hizo la propiciación. Esta comprensión de la expiación se deriva lógicamente de la visión calvinista de la elección, la predestinación y la gracia. Debe señalarse, sin embargo, que algunos calvinistas, pasados ​​y presentes, han negado este aspecto particular de la soteriología de Calvino: algunos estudiosos incluso argumentan que el mismo Calvino no sostuvo una expiación limitada.[2]

Ahora bien, en la lógica calvinista, Si Dios elige incondicionalmente y si su gracia es irresistible (lo que afirman ambos calvinistas), es lógico (el calvinista argumenta) que la expiación solo se extenderá y se proveerá para los elegidos. No habría ninguna razón para extender o proporcionar expiación a las personas que han sido creadas para la destrucción eterna por Dios. Pero lo que es lógicamente coherente dentro del marco calvinista no es de ninguna manera una garantía de exactitud bíblica. Antes de hacer un resumen sistemático, los datos relevantes deben ser revisados. Mientras leemos los pasajes de la Biblia que tratan este tema, debemos recordar el principal punto de desacuerdo: ¿Cristo murió por todos los hombres? ¿O simplemente murió por los elegidos? ¿Se extiende la expiación a todas las personas, o solo a aquellos que han sido elegidos incondicionalmente? ¿Fue Cristo un rescate y propiciación para todos, o simplemente para los elegidos? También vale la pena hacerse la pregunta: si los autores bíblicos quisieran enseñar una expiación ilimitada, ¿Qué tipo de lenguaje, palabras y frases emplearían?

 

LOS ESCRITOS JOANINOS Y LA EXPIACIÓN ILIMITADA.

Comenzando en el libro de Juan, Jesús es llamado el Cordero de Dios que “quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). De acuerdo con Juan, Jesús, descrito como un cordero sacrificial, vino a esta tierra para quitar el pecado del mundo. Este pasaje sigue los pasos de Juan el Bautista proclamando al Mesías venidero para que todos puedan creer a través de él (Juan 1:7). Como la verdadera Luz, Jesús “ilumina a todo hombre” (Juan 1:9). El alcance universal de la expiación es consistente con la proclamación de que Jesús quitará el pecado del mundo (kósmos). Ahora bien, la palabra “mundo” nunca se usa para denotar a los “elegido”.[3] De hecho, en los escritos de Juan, la palabra kosmos es mencionada 105 veces, siempre para referirse al mundo de los incrédulos que son hostiles a Dios y, sin embargo, son el objeto del amor y la misión de Dios.[4] W.A. Elwell explica: “No hay un solo lugar en todo el Nuevo Testamento donde mundo signifique iglesia o los elegidos.”[5]

En Juan 4:42, los creyentes dicen, “nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Esta afirmación se produce después de la historia de Jesús interactuando no solo con una mujer dentro de un sistema patriarcal, sino también con un samaritano despreciado. “Muchos más creyeron” (v. 41) porque vieron que Jesús no solo hablaba la verdad, sino que también interactuaba y cuidaba incluso a los discriminados y marginados. Se dice que Jesús es el Salvador del mundo porque se preocupa por todos y ofrece su agua de vida eterna a quien quiera beberla (v. 14). Él es capaz de ofrecer vida eterna a todos precisamente debido a su muerte subsiguiente, que es de alcance universal.

En escritos posteriores, Juan resalta este mismo punto diciendo que el “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.” (1 Juan 4:14)”. En 1 Juan, el “mundo” se usa veintitrés veces y siempre es usado como antítesis de la iglesia (creyentes). Así, cuando Juan dice que el Hijo es el Salvador del mundo, explica que la propiciación se hizo para el mundo (1 Juan 2: 2), incluido el “mundo” que no conoce a Dios (1 Juan 3: 1) y que se encuentra en el poder de Satanás (1 Juan 5:19).

En Juan 6, Jesús habla del pan del cielo y de la vida (v. 32, 33) y dice que este pan de Dios “da vida al mundo” (v. 33). Más adelante en el mismo capítulo, Jesús se identifica a sí mismo como el pan vivo y ofrece vida eterna si uno simplemente come el pan (v. 51). Además, concluye el mismo verso diciendo: “el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (v. 51). Obsérvese que este pan, que representa a Jesús, se da para el mundo. Además, se dice que este pan de vida se da (v. 32) incluso a aquellos que luego se alejaron de él y abandonaron su ministerio (v. 66). De hecho, “Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían” (v. 64) y aun así estaba disponible el pan de vida para ellos.

El mundo es así el objeto de los esfuerzos salvíficos de Dios. El pan, que representa el cuerpo de Cristo, se da para el mundo, se aplica a través de comer de él, de creer en Cristo. Debemos tener en cuenta que el pan se entrega a todos, igual que en el desierto con Moisés (Éxodo 16: 4; Números 11: 8); Sin embargo, el pan debe ser recogido y comido. Se hace una provisión universal, con la condición necesaria de recepción para obtener vida. El mero hecho o provisión del pan por sí solo no salva.

El famoso pasaje de Juan 3:16 no debe olvidarse al comprender el alcance de la expiación. Es precisamente porque Dios amó tanto al mundo (kósmos), que dio a Su Hijo. Sería extraño sugerir que la provisión de la salvación es menor que el amor universal de Dios. La lectura natural y correcta es que, debido al amor universal de Dios, hay una provisión universal en Su Hijo, aplicada a los creyentes.

El contexto anterior de Juan 3:16 es ilustrativo al respaldar esta interpretación de la expiación universal. Jesús recuerda y se compara con Moisés levantando a la serpiente en el desierto (Números 21). La conexión con Jesús es sorprendente. La serpiente de bronce hecha por Moisés fue levantada para toda la nación, pero solo los que miraban la serpiente de bronce se beneficiarían. La provisión se hizo para todos, pero no benefició a todos. Jesús hace referencia a este pasaje en Juan 3. Él dice que de la misma manera, como la serpiente de bronce fue levantada, él también debe ser levantado, para que todo aquel que crea en él, tenga vida eterna (Juan 3, 14- 15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la fe genuina. El amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17). Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (Juan 12:32). La expiación se extiende a todo el mundo (kósmos), no solo a los elegidos.

Si hay un versículo que es el más explícito en relación con el alcance de la expiación, es 1 Juan 2: 2. Juan escribe: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”. El versículo es tan directo en su enseñanza e implicaciones que uno se pregunta cómo una doctrina de expiación limitada podría sostenerse sobre bases bíblicas. Robert Lightner señala acertadamente: “A uno le resulta difícil imaginar cómo Juan pudo haber sido más claro al afirmar el aspecto universal de la expiación de lo que fue en este pasaje”.[6] Cristo es la propiciación por “nuestros pecados”, es decir, por los creyentes a quienes Juan se dirige; pero también Cristo es la propiciación por los pecados de ” todo el mundo”. El “todo el mundo” del que se habla aquí se refiere inequívocamente al resto del mundo incrédulo aparte de la iglesia. Cuando uno lee la carta de Juan no puede llegar a otra conclusión. Algunos calvinistas argumentan que cuando Juan dice “todo el mundo”, simplemente está hablando del resto de los gentiles y / o judíos elegidos incondicionalmente fuera de su audiencia directa y no literalmente del resto del mundo incrédulo. En la interpretación calvinista Juan no está hablando del resto del mundo; más bien, solo está hablando del resto del cuerpo de creyentes (los electos) de todo el mundo. Esta interpretación se hace para negar el alcance universal de la expiación. Sin embargo, aunque lo dicho por Juan desagrade a los calvinistas Cristo, en términos inequívocos, es el sacrificio expiatorio para todas las personas. El sacrificio expiatorio se extiende tanto para los creyentes como para los incrédulos; para el mundo entero.

La negación de la enseñanza clara en 1 Juan 2: 2 y otros versos que muestran la naturaleza universal de la expiación parecen deberse en gran parte a las presuposiciones calvinistas y a la negativa de estos a reconocer su error teológico. Sin embargo, nadie puede negar que la forma más natural de entender este versículo es considerar que el sacrificio propiciatorio tenía la intención de hacer expiación por los pecados de todo el mundo. Las únicas personas que pensarían de otra manera son las que creen en el calvinismo. No obstante, la única razón para tomar un verso cuyo significado es evidente, y para aplicar una interpretación forzada (es decir, tratar de hacer que se ajuste a la idea de limitación expiación), es más el dogmatismo religioso que un apego sincero a la verdad.

 

CONCLUSIÓN.

El mensaje central del evangelio es que Cristo murió por los pecados de la humanidad (1 Corintios 15: 3; 1 Juan 4:10) y, por lo tanto, se entregó a sí mismo como ofrenda y sacrificio a Dios (Efesios 5: 2; Romanos 8: 3). A través de este sacrificio, Cristo canceló la deuda de la transgresión y se convirtió en pecado por la provisión de justicia para todos (Juan 1:29; Colosenses 2:14; 2 Corintios 5:21). En este gran intercambio, Cristo lleva el pecado de la humanidad e imputa justicia a los fieles (Romanos 3: 21-22; 4: 6, 5:17, 10: 3). Él es, por lo tanto, el sacrificio expiatorio a Dios por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2: 2; Hebreos 1: 3) para que, a través de la fe, cualquiera pueda obtener la justicia de Dios (Filipenses 3: 9).

 

REFERENCIAS.

[1] William Shedd, Dogmatic Theology, 475-476.

[2] David Allen, A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 69-71.

[3] Norman Douty, Did Christ Die Only for the Elect: A Treatise on the Extent of Christ’s Atonement, 39.

[4] Grant Osborne, Perspectives on the Extent of the Atonement: 3 Views, 108.

[5] Evangelical Dictionary of Theology, 116.

[6] Robert Lightner, The Death Christ Died: A Biblical Case for Unlimited Atonement, 81.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Arminianismo y Universalismo Condicionado

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En su intento por desvirtuar la doctrina arminiana, muchos calvinistas acusan al arminianismo de enseñar la herejía soteriológica conocida como Universalismo. El universalismo es una creencia que afirma que en la plenitud de los tiempos todas las almas se liberarán de las penas del pecado y serán restaurados en su relación con Dios. Históricamente conocida como Apocatástasis, el universalismo o doctrina de la salvación universal final niega la doctrina bíblica del castigo eterno.

Además de los pasajes que hablan de la naturaleza de amor y misericordia infinitos de Dios, el versículo clave del universalismo en Hechos 3:21, donde Pedro afirma:

“Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas.” (Hechos 3:21, NVI)

Pero ¿Es esto lo que quiso decir Pedro? ¿De verdad enseña la Biblia que todos, penitentes e impenitentes, serán salvos? Definitivamente no. El erudito pentecostal Stanley Horton explica dicho pasaje de la siguiente manera:

“Algunos toman la expresión griega apokatastáseos pánton (“restauración de todas las cosas”) como poseedora de una intención absoluta, en lugar de limitarla a “todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas”. Aunque es cierto que las Escrituras se requieren a una restauración futura (Romanos 8:18–25; 1 Corintios 15:24–26; 2 Pedro 3:13), a la luz de todas las enseñanzas de la Biblia sobre el destino eterno, tanto de los seres humanos como de los ángeles, no es posible utilizar este versículo para apoyar el universalismo. Hacerlo equivaldría a violentar exegéticamente lo que la Biblia afirma a este respecto.”[1]

Otros pasajes, usados fuera de su contexto, para sostener la doctrina universalista son:

“Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:18-19, NVI)

 “Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo, esto es, reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.” (Efesios 1:9 -10, NVI)

“Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir” (1 Corintios 15:22, NVI)

Sin embargo, ninguno de dichos versículos enseña que todos los seres humanos serán finalmente salvos. Una exégesis honesta de dichos pasajes desvirtúa tales afirmaciones universalistas.

Ahora bien, la creencia en la salvación universal es por lo menos tan antigua como el cristianismo. Los primeros escritos claramente universalistas datan de los denominados “Padres de la Iglesia Griega”, sobre todo Clemente de Alejandría, su discípulo Orígenes y Gregorio de Nisa. De ellas, las enseñanzas de Orígenes, quien creía que hasta el diablo finalmente se salvará, fueron los más influyentes. Numerosos partidarios de la salvación universal final se encontraban en la iglesia post apostólica, pero fueron ampliamente combatidos por Agustín de Hipona. Principalmente por su influencia, la teología de Orígenes fue finalmente declarada herética en el Concilio de Constantinopla en el 553 d.C.

 

UNIVERSALISMO UNIVERSALISTA Y PLURALISMO SALVÍFICO.

Los arminianos rechazamos tanto el denominado Universalismo universalista (todos, incluso Satanás y sus demonios, alcanzarán el perdón y la salvación gracias al sacrificio expiatorio de Cristo) como el Pluralismo Salvífico (la creencia de que puede haber diversos caminos dadores de vida o vías de salvación en diferentes tradiciones y prácticas religiosas).

En cambio, nos aferramos a la Palabra de Dios, la cual afirma que:

“y del polvo de la tierra se levantarán las multitudes de los que duermen, algunos de ellos para vivir por siempre, pero otros para quedar en la vergüenza y en la confusión perpetuas.” (Daniel 12:2, NVI)

“El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Luego vi un gran trono blanco y a alguien que estaba sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo, sin dejar rastro alguno. Vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Se abrieron unos libros, y luego otro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados según lo que habían hecho, conforme a lo que estaba escrito en los libros. El mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno[a] devolvieron los suyos; y cada uno fue juzgado según lo que había hecho. La muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda. Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:10-15, NVI)

“Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no reconocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todos los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos.” (2 Tesalonicenses 1:6-10, NVI)

“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5, NVI)

 “De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos” (Hechos 12:2, NVI)

No toda la humanidad será salva, ni todos los caminos o religiones llevan a Dios. Solo Cristo salva. La biblia afirma claramente que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios (Juan 3:36). Jesucristo mismo afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.” (Juan 14:6, NVI).

 

PARTICULARISMO CALVINISTA, EXPIACIÓN LIMITADA O REDENCIÓN PARTICULAR.

Un distintivo del calvinismo es su doctrina de la expiación limitada, o redención particular. Dicha doctrina, conocida también como “Particularismo”, enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”.[2] La doctrina reformada afirma que Jesús murió sólo por sus elegidos. Esta doctrina se desprende lógicamente de la doctrina de la elección incondicional: Si Dios eligió solo a un selecto grupo para que fuera salvo entonces el sacrificio que Cristo hizo debía ser sólo por ellos. La doctrina de la redención particular afirma que Cristo, en su muerte, limpió los pecados de los elegidos de Dios y aseguró que todos ellos alcancen la fe a través de la regeneración y por la fe sean preservados para alcanzar y heredar la gloria venidera. Según dicha doctrina, Cristo no pretendió morir por todos. La prueba de eso, según el razonamiento calvinista, es que no todos son salvos.

El teólogo pentecostal Stanley M. Horton resume las afirmaciones calvinistas de la siguiente manera:

“Los particularistas toman los pasajes que dicen que Cristo murió por las ovejas (Juan 10:11, 15), por la Iglesia (Efesios 5:25; Hechos 20:28), o por “muchos” (Marcos 10:45). Citan también numerosos pasajes que, en el contexto, asocian claramente a los “creyentes” con la obra expiatoria de Cristo (Juan 17:9; Gálatas 1:4; 3:13; 2 Timoteo 1:9; Tito 2:3; 1 Pedro 2:24). Los particularistas alegan lo siguiente: (1) Si Cristo murió por todos, entonces Dios debe ser injusto si alguno perece por sus propios pecados, puesto que Cristo tomó sobre sí todo el castigo debido por los pecados de todos. Dios no podría exigir dos veces el pago de la misma deuda. (2) La doctrina de la expiación ilimitada conduce lógicamente al universalismo, porque si pensamos de otra forma, tenemos que poner en duda la eficacia de la obra de Cristo, que fue para “todos”. (3) Una exégesis y una hermenéutica sólidas hacen evidente que el lenguaje universal no es siempre absoluto (Lucas 2:1; Juan 12:32; Romanos 5:18; Colosenses 3:11)”.[3]

Tan importante es para el calvinista la doctrina de la Expiación Limitada que diversos teólogos calvinistas han afirmado que “sólo el calvinismo con su expiación eficaz limita el poder del hombre y exalta el poder y la gloria de Dios”.[4] Otro líder y autor calvinista escribe: “Es en esta verdad de la expiación limitada que la doctrina de la elección soberana (y, de hecho, la predestinación soberana con sus dos aspectos de la elección y reprobación), se clarifican”.[5] En otras palabras, el sistema calvinista se desmorona en su totalidad si la expiación limitada no es bíblica, y de hecho no lo es.

Incluso calvinistas de alto rango han expresado sus dudas acerca de la expiación limitada. Charles Spurgeon afirmó: “No puedo imaginar un instrumento más dañino en manos de Satanás para la ruina de las almas, que un ministro que le dice a los pecadores que no es su deber arrepentirse de sus pecados y creer en Cristo, y así tener la arrogancia llamarse a sí mismo un ministro del Evangelio, mientras que enseña que Dios odia a algunos hombres infinitamente e inalterablemente por ningún motivo sino solo porque él escoge hacerlo”.[6] Esto ha llevado a que la doctrina de la expiación limitada sea considerada “el talón de Aquiles del calvinismo”.[7]

Ya sea que los calvinistas lo reconozcan o no, el calvinismo atenta contra el carácter mismo de Dios:

 “Porque Dios ha amado a unos cuantos y no todos, porque él soberana e inmutablemente ha determinado que éstos en particular sean salvos, él envió a su hijo a morir por ellos, para salvar a ellos y no a todo el mundo”.[8]

¿Entendemos lo que tal afirmación implica? Según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente.

 

ARMINIANISMO: EXPIACIÓN UNIVERSAL O UNIVERSALISMO CONDICIONADO.

En contraposición al particularismo calvinista, los arminianos creemos en la doctrina de la Expiación Ilimitada, conocida también como universalismo condicionado. Dicha doctrina sostiene que la expiación es ilimitada en el sentido de que se halla a disposición de todos; más sin embargo es limitada en el sentido de que sólo es eficaz para aquéllos que crean. Así, aunque la Expiación y sus beneficios están a disposición de todos, no todos se benefician de ella. El perdón de pecados y la salvación está condicionada a la fe en Cristo.

La doctrina arminiana, en plena concordancia con la Biblia, declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

  • “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.

 

  • “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.

 

  • “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.

 

  • “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.

 

  • “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

 

  • “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

 

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.

 

  • “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).

 

  • “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

 

  • “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto que los “elegidos” no son los únicos pecadores.

 

  • “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

 

  • “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).

 

  • “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).

 

  • “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

 

  • “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

 

  • “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).

 

  • “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

 

  • “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).

 

  • “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).

 

  • “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).

 

  • “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

 

  • “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

 

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos afirman claramente en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “el Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “el Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

Pero si los argumentos bíblicos no fuesen suficientes, podemos agregar también que la posición arminiana (el universalismo condicionado) goza de las siguientes fortalezas:[9]

(1) Es el único que le da sentido al ofrecimiento sincero del evangelio a todos los seres humanos. Los calvinistas objetan que la autorización para predicar el evangelio a todos es la Gran Comisión. Un calvinista seguramente argumentará que “Puesto que la Biblia enseña la elección, y puesto que no sabemos quiénes son los elegidos (Hechos 18:10, “Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”, es decir, en Corinto), les debemos predicar a todos”. Sin embargo, la doctrina arminiana, la lógica y la Biblia se impone al argumento calvinista y responde: ¿Sería genuino el ofrecimiento de Dios cuando dice “Todo el que quiera”, a sabiendas de que esto no es realmente posible, pues la salvación se limita solo a los elegidos?

(2) La historia eclesiástica reafirma también la posición arminiana. Desde el principio de la Iglesia, hasta que surgió el calvinismo, el universalismo condicionado fue la opinión mayoritaria. Así pues: “Entre los reformadores, encontramos esta doctrina en Lutero, Melanchton, Bullinger, Latimer, Cranner, Coverdale, e incluso Calvino en algunos de sus comentarios. Por ejemplo, Calvino dice acerca de … Marcos 14:24, ‘que por muchos es derramada: Con la palabra “muchos”, [Marcos] no define solamente a una parte de la humanidad, sino a toda la raza humana’ ”.[10]

(3) No es posible sostener la acusación de que, si fuese cierta una expiación ilimitada, Dios sería injusto, y de que el universalismo universalista sería la conclusión lógica. Necesitamos tener en mente que es necesario creer para ser salvos, y esto incluye a los supuestos elegidos. La aplicación de la obra de Cristo no es automática. El que una persona decida no creer, no significa que Cristo no haya muerto por ella, o que quede bajo sospecha la integridad personal de Dios.

Sin embargo, el punto culminante de la defensa arminiana es que no resulta fácil pasar por alto el evidente propósito de muchos pasajes universalistas. Incluso el teólogo calvinista Millard Erickson reconoce que la doctrina arminiana de la Expiación Ilimitada o Universal “puede dar cuenta de un segmento más amplio del testimonio bíblico con menos distorsión que la hipótesis de la expiación limitada”.[11]

Horton observa de forma certera que: “En Hebreos 2:9 dice que, por la gracia de Dios, Jesús probó la muerte “por todos”. Es bastante fácil alegar que el contexto (2:10–13) señala que el escritor no está hablando de todos en sentido absoluto, sino de los “muchos hijos” que Jesús lleva a la gloria. Sin embargo, una conclusión así extiende demasiado la credibilidad exegética. Además, en el contexto hay un sentido universal (2:5–8, 15).3 Cuando la Biblia dice que “de tal manera amó Dios al mundo” (Juan 3:16), o que Cristo es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), o que Él es “el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14), es eso precisamente lo que quiere decir. Ciertamente, la Biblia usa la palabra “mundo” en un sentido cualitativo, para referirse al sistema de maldad del mundo, dominado por Satanás. Sin embargo, Cristo no murió por un sistema; murió por las personas que forman parte de ese sistema. En ningún lugar del Nuevo Testamento, la palabra “mundo” se refiere a la Iglesia o a los elegidos. Pablo dice que Jesús “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6) y que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4). En 1 Juan 2:1–2 tenemos una separación explícita entre los creyentes y el mundo, y una afirmación de que Jesucristo, el Justo, “es la propiciación” (v. 2) por ambos”.[12]

Así pues, la doctrina arminiana es más coherente con el texto bíblico al afirmar que la expiación es ilimitada en el sentido de que se halla a disposición de todos; más sin embargo es limitada en el sentido de que sólo es eficaz para aquéllos que crean. Está a disposición de todos, pero no todos se benefician de ella.[13]

 

CONCLUSIÓN.

La Biblia declara que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos. Los versículos que declaran que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate por su pueblo, o la seguridad de que él murió por sus ovejas, no anula la realidad de que su sacrificio expiatoria se ofrece libremente a todos. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las claras declaraciones de que Él murió por todos.

 

REFERENCIAS:

[1] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva Pentecostal (1996), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 367.

[2] Cánones de Dort, II.8

[3] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (1994), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 375.

[4] Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? The Ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 49

[5] Homer Hoeksema, Limited Atonement, 151; citado en Vance, The Other Side of Calvinism, pp. 406.

[6] C. H. Spurgeon, New park Street pulpit; London: Passmore and Alabaster, Vol 6, 28-29; sermón predicado en diciembre 11, 1859

[7] Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism; Edmonton, AB: Still Waters Revival Books, 1990, pp. 11.

[8] Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, pp. 50.

[9] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (1994), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 375.

[10] Walter A. Elwell, “Extent of Atonement”, Evangelical Dictionary, p. 99.

[11] Millard J. Erickson, Christian Theology (Grand Rapids: Baker Book House, 1985), p. 835.

[12] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal (1994), Editorial Vida, Miami, Florida, pp. 376.

[13] Henry C. Thiessen, Lectures in Systematic Theology (Grand Rapids: Wm.B. Eerdmans, 1979), pp. 242. Véase también Isaías 53:6; Mateo 11:28; Romanos 5:18; 2 Corintios 5:14–15; 1 Timoteo 4:10; 2 Pedro 3:9.

 

Arminianismo Clásico

¿Por quiénes murió Jesús?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Uno de los pilares del arminianismo clásico es su creencia en la Expiación Ilimitada. En concordancia con el cristianismo primitivo, Jacobo Arminio creía firmemente que Cristo murió por toda la humanidad, no sólo por unos pocos elegidos: “El pacto en el que Dios entró con nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo, consistió, por parte de Dios, en la exigencia de una acción a realizarse, y en la promesa de una inmensa remuneración. Por parte de Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, consistía en una aceptación de la Promesa y un compromiso voluntario para llevar a cabo la acción. Primero, Dios le pidió que dejara su alma como víctima en sacrificio por el pecado, (Isaías 53:11), que diera su carne por la luz del mundo (Juan 6:51) y que pagara el precio de la redención por los pecados y el cautiverio de la raza humana.”[1]

Los Remonstrantes, herederos del legado arminiano, también afirmaron esta enseñanza de las escrituras: “En ese sentido, Jesucristo, el Salvador del mundo, murió por todos los hombres y por cada uno de los hombres, para que haya obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, la redención y el perdón de los pecados; sin embargo, nadie en realidad disfruta de este perdón de los pecados, excepto el creyente, de acuerdo con la palabra del Evangelio de Juan 3:16: ´Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.´. Y en la primera epístola de 1 Juan 2:2: ´Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo´…”[2]

 Pero Arminio y los Remonstrantes no fueron los únicos en sostener dicho punto de vista. Repetidamente las Escrituras expresan el amor y la preocupación de Dios por todo el mundo. En contraposición con la clara enseñanza bíblica, los calvinistas argumentan que el término “mundo” no se refiere realmente al mundo entero, sino solo a representantes selectos. Sin embargo, resulta difícil ignorar lo que parece ser la clara enseñanza de la Biblia de que Dios ama a todo el mundo; lo cual implica a todos los seres humanos que Él ha creado. Limitar el alcance de “todo el mundo” a “todos los elegidos de todo el mundo” parece ser un caso de interpretación de estos pasajes de una manera que apoya una doctrina específica, la expiación limitada, en lugar de permitir que la Escritura defina la doctrina. 1 Timoteo 4:10 distingue a los creyentes de los incrédulos en la salvación, pero aun así dice que Cristo es el salvador de todas las personas: “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” La expresión “mayormente de los que creen” apoya la creencia arminiana en la Expiación ilimitada, es decir, que el sacrificio de Cristo fue hecho por todas las personas, pero que solo es aplicable para aquellos que creen.

 LA DOCTRINA DE LA EXPIACIÓN ILIMITADA EN LOS PADRES DE LA IGLESIA.

La doctrina de la Expiación Ilimitada es plenamente enseñada y sostenida por las Escrituras. Juan 3:16-18 deja claro que Dios nos ama; que él ama a todos en el mundo, no solo a unos pocos. También queda claro en este pasaje que Dios hizo lo que se necesitaba para proporcionar la salvación a aquellos que amaba. Dios dio a su Hijo para ser el sacrificio expiatorio para todo el mundo (1 Juan 2:2), para probar la muerte para todos (Hebreos 2:9). Jesús fue nuestro cordero sacrificial (Juan 1:29), Aquél que nos libra de la ira de Dios (1 Tesalonicenses 1:10) que justamente merecíamos. Una y otra vez en las Escrituras vemos que Jesús murió por los pecados del mundo. Su sacrificio fue hecho para todos, no solo para unos pocos. Pero si bien la muerte de Cristo fue para todas las personas, los beneficios de su sacrificio son efectivos solo para aquellos que creen en Cristo. Solo aquellos que creen obtendrán la vida eterna. Los que no creen permanecen en estado de condenación. Esto se repite en Juan 3:36; los que creen tienen vida eterna, mientras que los que rechazan al Hijo permanecen bajo la ira de Dios.

Negar la universalidad de la expiación es negar la clara enseñanza de las Escrituras de que Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4) y que nadie perezca (2 Pedro 3:9). La expiación universal, o ilimitada, fue la enseñanza de la iglesia, tanto de las iglesias orientales como del occidente, hasta la Reforma Protestante con Lutero y Calvino. El corazón de la teología Ante-Nicena la doctrina de la Expiación Ilimitada ocupa un lugar de honor. Esta doctrina se encuentra expresada claramente en las enseñanzas de Ireneo (140-202 E.C.), Hipólito (170-235E.C.) y Clemente de Alejandría (150-212 E.C.). Ireneo, en su “Prueba de predicación apostólica” y “Contra las herejías”, enseña que, como resultado de la desobediencia de Adán y Eva en el Jardín, cada ser humano sufre las consecuencias del pecado original: el alejamiento de Dios, la muerte y la amenaza de la corrupción eterna. Sin embargo, a través de Cristo y su sacrificio expiatorio, la salvación es posible para “todos los hombres”.[3] Él declara: “Dios recapituló en sí mismo la antigua formación del hombre, para que Él pueda matar el pecado, privar a la muerte de su poder, y vivifica al hombre ”.[4] Los primeros cristianos creían que, si bien la obra redentora de Cristo está destinada a todos, la humanidad tiene libre albedrío para resistir el llamado del Espíritu Santo a la salvación, rechazar la gracia de Dios en Cristo, seguir las falsas enseñanzas y experimentar la experiencia del juicio final, padeciendo en sí mismo la ira de Dios.

En su tratado “Sobre Cristo y el anticristo”, Hipólito habla del Hijo de Dios como uno que ilumina a los santos, enseña a los ignorantes, corrige los errores, reconoce a los pobres y “no odia a la mujer

debido al acto de desobediencia de la mujer al principio, ni tampoco él rechaza al hombre a causa de la transgresión del hombre, sino que busca a todos, y desea salvar a todos, deseando hacer a todos hijos de Dios.”[5] Hipólito luego identifica el deseo de Dios de salvar a todos los hombres y mujeres como la motivación para la encarnación de Cristo y los “sufrimientos en la cruz”[6].

Clemente de Alejandría, en su “Exhortación a los paganos”, proclama la intención de Dios de hacer posible la redención para cada persona. a través del Hijo. Él describe a Cristo, ante los incrédulos, como “el amante del hombre” y “esto, y nada más que esto, es su única obra: la salvación del hombre”[7]. Porque Cristo es el “salvador de todos los hombres”, los “paganos” pueden tener confianza que Cristo los ama y usa muchos medios diferentes para llevarlos a la salvación. Concluye su llamamiento con la exhortación “a ser partícipes de la gracia (de Cristo)”, la cual está disponible para todos.

En una sección conmovedora de “Caín y Abel”, Ambrosio habla de la obra de Dios y su amor salvífico para todas las personas. Él escribe: “Él por lo tanto… nació de una virgen y vino por mi salvación y para la salvación del mundo entero… Él percibió que los que sufren no pueden ser curados sin un remedio. Por esta razón, él otorgó la medicina a los enfermos y con su ayuda hizo posible la salud para todos”.[8]

Jerónimo, en una carta al noble romano Oceanus, explícitamente aborda las ideas asociadas con la expiación limitada, la cual, en su época, afirmaba que hay algunos pecados que Cristo no puede limpiar y pecadores por quienes Cristo no murió. Jerónimo trata dicha enseñanza como una herejía. En su refutación de tal pensamiento, sostiene: “¿Qué más es esto sino decir que Cristo ha muerto en vano? Él, de hecho, murió en vano si hay alguno a quien él no pueda hacer vivir. Cuando Juan el Bautista señala a Cristo y dice: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo “, él dice una falsedad si después de todo hay personas que viviendo hoy cuyos pecados Cristo no ha quitado”.[9] Cristo murió para perdonar el pecado de todo ser humano.

Juan Crisóstomo (349-407 E.C.), contemporáneo de Jerónimo, en sus “Homilías sobre Efesios”, proclama que Dios desea grandemente nuestra salvación y que la única razón por la cual los impíos no son salvos es porque esto es lo que ellos han elegido.[10] Otro contemporáneo de ambos, Teodoro de Mopsuestia (350-428 E.C.), en su “Comentario sobre el Evangelio” escribe sobre la causa del juicio de Dios sobre los injustos: “El propósito establecido por Dios no es que alguien sea condenado, sino que todos sean salvos… De hecho, su gracia se ofrece a todos los que la quieran”.[11] Al final, los condenados son los autores de su propia condenación, no Dios, porque Dios envió a su Hijo al mundo para que todos puedan ser salvos.

Las citas podrían continuar, sin embargo, a este punto es evidente que en el período Ante-Niceno, ningún padre de la iglesia, teólogo o erudito respetado puede ser citado dentro de su contexto literario como limitando el alcance de la salvación, o más particularmente la expiación. La creencia en una expiación limitada parece haberse introducido con los reformadores, pero implicó no un volver a la doctrina de los primeros cristianos, sino más bien una desviación de esta.

Y LA BIBLIA, ¿QUÉ DICE AL RESPECTO?

Los cristianos primitivos y los padres de la Iglesia creían que la expiación era ilimitada en su alcance, aunque sólo aquellos que se apropiaban de la misma, a través de la fe, gozaban de sus beneficios. Sin embargo, su opinión, aunque valiosa, es de valor secundario ante la verdad revelada por Dios a través de la Biblia.

La Biblia declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

  • “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.
  • “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.
  • “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.
  • “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.
  • “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).
  • “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).
  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.
  • “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).
  • “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
  • “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto, los elegidos no son los únicos pecadores.
  • “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).
  • “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).
  • “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).
  • “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).
  • “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
  • “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).
  • “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).
  • “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).
  • “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).
  • “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).
  • “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).
  • “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos declaran claramente en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “El Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “El Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada.

CONCLUSIÓN.

Por desgracia para los calvinistas, la Biblia apoya la doctrina arminiana de la expiación ilimitada: Cristo murió por todos, no solamente por un reducido grupo de elegidos, pero el efecto salvífico de su expiación solo es aplicable para aquellos que creen. La Biblia abunda en referencias directas a la Doctrina de la Expiación Universal. Por ejemplo, la Biblia nos dice que Dios ama a toda la humanidad (Juan 3:16), que Dios desea que todos sean salvos y lleguen a un conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4), que Dios no desea que nadie perezca, sino que todos se arrepientan (2 Pedro 3:9), que Cristo probó la muerte para todos (Hebreos 2:9), que Cristo es el sacrificio expiatorio por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2:2), que Cristo se dio a sí mismo como rescate por todas las personas (1 Timoteo 2:5-6), que Cristo es el salvador de todas las personas (1 Timoteo 4:10), que Cristo murió por todos (1 Corintios 5:15), que la gracia de Dios ofrece salvación a todas las personas (Tito 2:11) y que Cristo es el salvador de todos, especialmente de aquellos que creen (1 Timoteo 4:10).

REFERENCIAS:

[1] The Works of James Arminius – Vol. 1, Oration 1: The Priesthood of Christ.

[2] The Five Articles of the Remonstrance, Article 2.

[3] Irenaeus, “Against Heresies,” trans. Alexander Roberts and William Rambaut, Ante-Nicene Fathers, vol. 1, eds. Alexander Roberts, James Donaldson, and A. Cleveland Coxe (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1885), 3.18.1.

[4] Irenaeus, “Against Heresies,” 3.18.7.

[5] Hippolytus, “On Christ and the Antichrist,” trans, J. H. MacMahon, AnteNicene Fathers, vol. 5, eds. Alexander Roberts, James Donaldson, and A. Cleveland Coxe (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1886), 3.

[6] Ibid., 4.

[7] Clement of Alexandria, “Exhortation to the Heathen,” trans. William Wilson, Ante-Nicene Fathers, Vol. 2, eds. Alexander Roberts, James Donaldson, and A. Cleveland Coxe (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1885), 9.

[8] Ambrose, “Cain and Abel,” tran. John J. Savage, Fathers of the Church, vol. 42, ed. Roy Joseph Deferrari (New York: Fathers of the Church, Inc., 1961), 2.3.11.

[9] Jerome, “To Oceanus,” trans. H. Fremantle, G. Lewis and W. G. Martley, Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, vol. 6, eds. by Philip Schaff and Henry Wace (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1893), Letter 69.

[10] John Chrysostom, “Homilies on Ephesians,” trans. Gross Alexander, Nicene and Post-Nicene Fathers, First Series, vol. 13, ed. Philip Schaff (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1889), 1.

[11] Theodore of Mopsuestia, Commentary on the Gospel of John, trans. Marco Conti, in Ancient Christian texts (Downers Grove, IL: IVP Academic Press, 2010), 34-5.