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El anatema olvidado: la declaración oficial de la Ortodoxia que condenó al calvinismo como herejía

El presente artículo examina la declaración formal mediante la cual la Iglesia Ortodoxa Oriental condenó al calvinismo como herejía en el Sínodo de Jerusalén de 1672, plasmada en la Confesión de Dositeo. Se argumenta que dicha condena constituye uno de los anatemas más contundentes jamás pronunciados contra la teología reformada por una rama histórica del cristianismo, y que su existencia es sistemáticamente ignorada por el calvinismo contemporáneo, el cual, paradójicamente, se presenta a sí mismo como la única expresión legítima de la fe bíblica mientras acusa de herejía a todas las demás tradiciones. El artículo analiza el contexto histórico del sínodo, los decretos centrales que fundamentan la condena —particularmente los Decretos III y XIV—, los argumentos teológicos esgrimidos por los obispos ortodoxos, y las implicaciones de este veredicto para el diálogo teológico actual.

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PPA Biblia & Teología responde | ¿Robots programados o seres libres? El dilema detrás de la doctrina de la elección incondicional

La Biblia muestra que las personas pueden endurecer sus corazones (Hebreos 3:12-15) o resistir la verdad (Romanos 1:18-20). La gracia de Dios es suficiente para todos, pero no todos responden a ella, no porque Dios lo haya decretado, sino porque la fe implica una decisión personal.

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PPA Biblia & Teología responde | ¿Nos obliga Dios a salvarnos? (Juan 8:36)

Creer que la gracia es irresistible contradice frontalmente la Biblia, ya que la idea de una "elección forzada" por parte de Dios implica que la salvación o la libertad espiritual se impone al ser humano sin posibilidad de rechazo, como si el libre albedrío fuera anulado por una gracia que, lejos de ser gracia, se vuelve manipulación. Las Escrituras, sin embargo, presentan un panorama diferente: Dios ofrece libertad a través de su Hijo, pero esta libertad requiere una aceptación voluntaria. Si bien Juan 8:36 afirma que “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 8:36), es más que evidente que esta libertad no es automática ni impuesta; proviene de Dios, pero solo se realiza en aquellos que aceptan la intervención del Libertador, es decir, Jesucristo. La libertad divina no es un decreto unilateral que anula la voluntad humana, sino una propuesta que invita a una respuesta activa. Sin esta aceptación, el individuo permanece en su estado anterior de esclavitud al pecado, lo que contradice cualquier noción de una elección forzada.

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La elección incondicional: Un examen crítico de la doctrina de la predestinación

La doctrina de la "elección incondicional" ha generado mucha controversia a lo largo de la historia del cristianismo. Esta creencia, fundamental en la teología de Juan Calvino, sostiene que Dios ha elegido, desde antes de la fundación del mundo, a quienes serían salvos sin ninguna condición previa relacionada con la fe o el arrepentimiento del individuo. Esta doctrina es la segunda de las erróneamente denominadas “Doctrinas de la Gracia”.  Como hermanos en la fe, creemos que es esencial examinar si esta doctrina está realmente en armonía con la totalidad de las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

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¿Predestinados? ¿para qué?

Dios conoció con anterioridad a quienes lo recibirían por voluntad propia. No somos predestinados para salvación o condenación. Lo que está predestinado es nuestro destino después de haber creído. La presciencia de Dios no es lo mismo que la predestinación. El hecho de que Dios ya sepa quiénes son los que elegirán creer en Él, no significa que esa elección esté predestinada. Si estuvieras parado en la cima de un edificio muy alto y vieras dos automóviles aproximándose a una intersección a toda velocidad en un ángulo de 90°, sabrías ‘de antemano’ que va a ocurrir un accidente, pero no porque lo veas tienes algo que ver con aquel accidente. Podrías prepararte para lo que va a suceder llamando al 911, pero el resultado del accidente no está bajo tu control.

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El Dios de Calvino, autor del pecado

En su intento por defender la soberanía de Dios a niveles antibíblicos, los calvinistas han creado un “dios” muy diferente del Dios de la Biblia. De hecho, la versión calvinista de Dios es, en muchos sentidos, el verdadero villano de la historia humana, no el diablo mismo. ¿Por qué? Porque el dios calvinista es el autor del mal, el diablo es apenas un pobre peón en este juego macabro y cruel, donde la libertad y el albedrío de los seres creados es pura ilusión. Tales ideas erróneas sobre Dios son un producto natural de la doctrina calvinista de la predestinación, la cual no difiere en mucho del viejo fatalismo de los paganos. La doctrina de la predestinación se expresa claramente en el segundo punto del calvinismo: La elección incondicional.

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¿De quién depende mi salvación?

Por años los calvinistas han acusado a los arminianos de promover una forma de salvación basada en obras o enfocada en la propia habilidad del hombre para salvarse a sí mismo. Dicha crítica, muy común en círculos calvinistas, es tanto falsa como maliciosa, y nace de la falta de la ignorancia y falta de comprensión que los calvinistas tienen de nuestras doctrinas. Tal caricaturización del arminianismo busca convencer a los indecisos teológicamente que nosotros, los arminianos, no podemos experimentar la seguridad de nuestra salvación, ya que no puede haber seguridad si la causa última de nuestra redención se encuentra en nosotros mismos. El calvinista cree que la doctrina arminiana destruye el fundamento bíblico de la seguridad de la salvación.  ¿Por qué? Porque ellos afirman erróneamente que nosotros los arminianos creemos que nuestra salvación no depende de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que posteriormente nosotros hacemos por nosotros mismos. Esto es falso. Los arminianos no creemos tal cosa. Tales afirmaciones representan solo uno de los muchos puntos en los cuales los calvinistas tergiversan la teología arminiana.

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¿Van al cielo todos los bebés que mueren?

¿Cuál es el destino eterno de aquellos bebés que fueron abortados y nunca llegaron a nacer? ¿Qué ocurre con esos niños que mueren en su infancia? ¿Podrían algunos de ellos estar entre los perdidos y reprobados? ¿Qué hay de quienes, debido a una discapacidad cerebral o alguna otra limitación de sus facultades mentales, no tienen capacidad de discernimiento moral, deliberación o voluntad y mueren? ¿Van todos al cielo, o es que algunos de ellos estarán entre los condenados? Estas preguntas van más allá de ser una cuestión teórica diseñada para la especulación, pues toca una de las experiencias más inquietantes de la vida, emocional y espiritualmente hablando: la pérdida de un niño o de una persona discapacitada mentalmente.

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Salvación, predestinación y amor de Dios

Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).

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Si Dios sabía que Adán caería ¿Por qué lo permitió?

El carácter de Dios ha sido difamado por aquellos que enseñan que Dios predeterminó la caída. En su intento por reafirmar la soberanía de Dios, sólo lograron difamar su carácter y convertirlo en una especie de titiritero cósmico. El fatalismo y predestinacianismo propio del calvinismo y otros grupos heréticos es, por tal razón, antibíblico. Peor aún, es de origen pagano. En el calvinismo, dados sus orígenes maniqueos, esto no es de extrañar.