Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Vida Cristiana

Arminianismo, la vía media, bíblica y equilibrada

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Muchos cristianos temen identificarse como calvinistas o arminianos. Dicen estar hartos de las etiquetas y de los conflictos teológicos entre ambos sistemas. Muchos incluso reclaman estar posicionados teológicamente en un término medio entre el calvinismo y el arminianismo. Otros intentan justificar su indecisión con slogans piadosos: “¡Yo solo predico la Biblia!” Te dirán. “¡No sigo a hombres!” Argumentan otros. “Yo soy simplemente cristiano, no soy ni calvinista ni arminiano” Dice la mayoría. No culpo a estas personas por rendirse en su intento por comprender un poco (cuando menos) la inmensidad de quién es Dios, muy en el fondo quizá los inspire un deseo de ser pacificador, o cualquier otra razón. Los más honestos quizá admitan: “No sé, estoy indeciso, ambos sistemas teológicos tienen fuerte sustento en la Palabra de Dios. Eso me confunde.” ¿Es ese tu caso?

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¿EXISTE UN SISTEMA QUE EQUILIBRE BÍBLICAMENTE LA CUESTIÓN DE LA SOBERANÍA DIVINA Y EL ALBEDRÍO Y LA RESPONSABILIDAD HUMANA? ¿EXISTE UNA VÍA INTERMEDIA ENTRE AMBAS VERDADES BÍBLICAS?

Sí, la hay. Existe una vía intermedia y equilibrada: ¡Se llama arminianismo! Muchos cristianos anhelan creer que hay espacio en la Biblia para una soberanía fuerte y meticulosa, y a la vez para la libertad humana. Un sistema que le dé a Dios la gloria debida a su nombre, que reconozca su soberanía sin necesidad de convertirlo en un titiritero universal ni difamar su carácter. ¿Adivina qué? ¡Eso es arminianismo! La verdad es que, pese a todo lo malo que se pueda decir de nosotros en círculos reformados, los arminianos simplemente amamos la Biblia y dejamos espacio para ambas posibilidades.

El problema es que lo que muchos conocen es una tergiversación del arminianismo. En círculos calvinistas al arminianismo se le ha llamado erróneamente semipelagianismo, si no es que pelagianismo absoluto. El pelagianismo es la creencia de que nosotros trabajamos para ganarnos la salvación. Como si nos despertáramos un día y dijéramos: “Sabes, quiero ser salvo”, y luego salgo a buscar a Dios y digo: “Oye, sálvame”. Y Dios respondiera: “¡Me encontraste! ¡Mereces ser salvo! ¡Toma! Pero ten cuidado, ahora estás solo en esto y, con cada error que cometas, puedes perder tu salvación y tendrás que empezar de cero una vez más”. No, ¡Eso no es arminianismo!

Jacobo Arminio, y los verdaderos representantes de su pensamiento creemos en una soberanía fuerte y meticulosa, en la que Dios busca a los pecadores, despierta sus corazones a su gracia y atrae a las personas, a menudo poco dispuestas como son, y los salva. Todo por su gracia y para su gloria. Para nosotros los arminianos ¡Incluso la misma fe es un regalo de la misericordiosa gracia de Dios!

“Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús…” (Efesios 2:8-9, NTV)

Es su gracia la que vence esa incredulidad inherente en el hombre y la mujer no regenerados. Creemos que, por la culpa y la maldad de los hombres, y en parte a la justa venganza de Dios, que abandona, ciega y endurece a los pecadores, todo el género humano está bajo maldición y bajo la esclavitud del pecado. Es su gracia la que nos libera para creer, es su gracia la venció nuestra resistencia natural; es por su gracia que hoy somos salvos por medio de la fe. ¿Atribuimos con esto mérito alguno al hombre por su salvación? ¡En ninguna manera! Antes bien afirmamos junto al profeta Jonás:

“Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de alabanza, y cumpliré todas mis promesas. Pues mi salvación viene solo del Señor».” (Jonás 2:9)

 Cuando los calvinistas no acusan de ser pelagianos o semipelagianos demuestran un pobre conocimiento de la teología arminiana. Si eres uno de esos calvinistas que han vivido engañados acerca de nosotros, déjame explicarme un poco nuestras verdaderas creencias. Quizá así tus prejuicios puedan desaparecer o, por lo menos, disminuir.

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PELAGIANISMO Y SEMIPELAGIANISMO

El pelagianismo es la doctrina enseñada por Pelagio (siglos IV-V), un monje británico, ascético y acusado de heresiarca, quien negaba el pecado original y afirmaba que la gracia divina no era necesaria, ni gratuita, sino merecida por un esfuerzo en la práctica de la misma; sufrió una dura persecución por parte de la Iglesia de Roma tras enseñar ideas consideradas heréticas por los líderes de ésta.

La doctrina de Pelagio enseña que el pecado de Adán no afectó a las futuras generaciones de la humanidad. Según el Pelagianismo, el pecado de Adán era únicamente suyo, y los descendientes de Adán no heredaron una naturaleza pecaminosa transmitida a ellos. Él creía que Dios crea directamente a cada alma humana, y, por lo tanto, cada alma humana comienza en la inocencia y está originalmente libre de pecado. No somos básicamente malos, dice la enseñanza pelagiana; somos básicamente buenos.

Pelagio enfatizó la libertad de la voluntad humana, enseñando esencialmente que todo pecado es el resultado de una elección consciente del mal sobre el bien; todos tienen la capacidad de elegir libremente hacer el bien todo el tiempo. Y, puesto que no hay tal cosa como el pecado original o una naturaleza pecaminosa heredada, entonces no podemos culpar a Adán. Dios nos creó buenos, así que nadie tiene una excusa para pecar. Si no estás viviendo una vida santa, es porque no te esfuerzas lo suficiente.

La característica principal del pelagianismo es su dependencia de la libertad humana y de la fuerza de voluntad, en lugar de la gracia de Dios. Sin embargo, al decir que todos poseemos un poder inherente para elegir la santidad para nosotros mismos, Pelagio dejó sin efecto la gracia de Dios. El Pelagianismo cree que los seres humanos podemos elegir obedecer los mandamientos de Dios, y, si tan sólo conociéramos nuestra verdadera naturaleza, podríamos agradar a Dios y salvarnos a nosotros mismos.

Pelagio y sus doctrinas fueron combatidos por Agustín de Hipona y condenados por el Concilio de Cartago en el año 418 d.C., el mismo año en que Pelagio fue excomulgado. Sin embargo, la doctrina no desapareció y tuvo que ser condenada de nuevo por el Concilio de Éfeso (431 d.C.) y por los concilios eclesiásticos posteriores. El pelagianismo sobrevive hasta el día de hoy y aparece en cualquier enseñanza de carácter humanista, antropocéntrica y en aquellos sistemas que, a pesar de identificarse como cristianos, creen en la salvación por obras.

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¿Qué podemos decir acerca del semipelagianismo? El término “semipelagianismo” fue acuñado en el siglo XVI para designar un movimiento religioso complejo, polarizado en torno a los problemas de la gracia, la predestinación y el libre albedrío. Sus oponentes lo llamaron las «reliquias de la corrupción pelagiana». Sus representantes más destacados fueron Juan Casiano, abad de San Víctor en Marsella; Vicente de Leríns y Fausto de Riez.

¿Qué creían los semipelagianos? Los semipelagianos admitían, en contraposición Pelagio, la necesidad de la gracia para el crecimiento en la fe y la perseverancia en el bien, pero afirman que en el alma humana reside una semilla de virtudes cristianas y es ella la que inicia el acto de fe, la cual es considerada una obra del propio querer. Es decir, excluyen la gracia del inicio de la conversión, haciéndola intervenir sólo posteriormente: al hombre se le debe el inicio de la conversión; a Dios, la perseverancia.[1]

Aunque los semipelagianos creían que la caída de Adán tuvo consecuencias para sus descendientes, por cuanto están físicamente conectados con él, también afirman que el estado moral que entró en vigor en la raza humana como resultado de la transgresión de Adán no es uno de pecado y culpa, sino de debilidad, carencia y enfermedad.[2] Para el semipelagianismo, la caída no fue tan profunda, sino que permitió que el hombre conservarse un poco de su voluntad para cooperar en su salvación. Enseñaban que el hombre retenía una medida de libertad con la cual puede cooperar con la gracia de Dios. La voluntad del hombre ha sido debilitada y su naturaleza afectada por la Caída, pero él no es totalmente depravado.[3]

El semipelagianismo pretendía ser el punto de equilibrio entre el agustinianismo y el pelagianismo. Pero la perspectiva semipelagiana del pecado original, apenas se apartaba de las ideas de Pelagio y estaba abierta a las mismas objeciones. Los semipelagianos consideraban la doctrina agustiniana de la predestinación como un «horrendo sacrilegio» que apaga en el alma la esperanza cristiana, frena la iniciativa en el hombre y limita la eficacia redentora de la sangre de Cristo. Su doctrina sobre el pecado original enseñaba que el pecado de Adán debilitó, mas no extinguió en nosotros, el vigor del libre albedrío. Con la caída, el libre albedrío quedó sencillamente debilitado. Según el semipelagianismo, al hombre le cuesta luchar contra el mal y practicar la virtud, sin embargo, no le es imposible. No hay excusa para el malvado y la desobediencia a la ley es producto de una voluntad libre y señora de sus actos.[4] Al menos en este punto, los semipelagianos coincidían con Agustín.

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¿QUÉ ASPECTOS DIFERENCIAN AL ARMINIANISMO DEL PELAGIANISMO Y EL SEMIPELAGIANISMO?

Al estudiar las diferencias entre estos tres sistemas, salen a debate 5 cuestiones teológicas principales:

  1. Cómo Dios gobierna sobre el mundo (Providencia)
  2. La naturaleza del pecado (depravación)
  3. La condicionalidad de la salvación (Elección)
  4. El papel de la gracia (gracia preventiva)
  5. La naturaleza de la expiación (Expiación)

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I.- LA PROVIDENCIA (COMO DIOS GOBIERNA SOBRE EL MUNDO):

La Providencia Divina se define como el medio por y a través del cual Dios gobierna todas las cosas en el universo. La doctrina de la Providencia Divina afirma que Dios está en control absoluto de todas las cosas. Esto incluye al universo en su totalidad (Salmo 103:19), el mundo físico (Mateo 5:45), los asuntos de las naciones (Salmo 66:7), el nacimiento del ser humano y su destino (Gálatas 1:15), los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y la protección de Su pueblo (Salmo 4:8). Esta doctrina se opone directamente a la idea de que el universo sea gobernado por la casualidad o el destino. El propósito, o la meta, de la providencia divina es llevar a cabo la voluntad de Dios. Para asegurar que Sus propósitos sean cumplidos, Dios gobierna los asuntos del hombre y obra a través del orden natural de las cosas. Las leyes naturales son nada más que una representación de Dios obrando en el universo.

Dicho de otra manera, la doctrina de la providencia divina afirma que Dios, desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de Su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece. Según la doctrina de la providencia Divina, el medio principal por el cual Dios cumple Su voluntad es a través de causas secundarias (las leyes naturales, la elección del hombre). En otras palabras, Dios obra indirectamente a través de estas causas secundarias para cumplir Su voluntad.

Los seres humanos no somos libres de escoger o actuar fuera de la voluntad de Dios. Todo lo que hacemos y todo lo que elegimos está en plena conformidad con la voluntad de Dios, aun nuestras decisiones pecaminosas (Génesis 50:20). Al final de cuentas, es Dios Quien controla nuestras decisiones y acciones (Génesis 45:5; Deuteronomio 8:18; Proverbios 21:1). Sin embargo, pretendiendo hacer malabares teológicos, el calvinismo afirma que, aunque Dios lo determina todo de antemano, Él lo hace de tal manera que esto no viole nuestra responsabilidad como agentes moralmente libres, ni tampoco invalide la realidad de nuestra decisión. A esto se le denomina compatibilismo.[5]

La cuestión de la Providencia es quizá el único aspecto en el cual estos tres sistemas (arminianismo, pelagianismo y semipelagianismo) se unen contra el agustinianismo/calvinismo y mantienen algún grado de acercamiento entre sí. Las tres posiciones rechazan la noción de determinismo (la idea de que todo lo que sucede debe haber sucedido o fue la voluntad directa de Dios). A su vez, las tres posiciones defienden el concepto de Libre Albedrio Libertario, o libertarianismo, el cual puede definirse como la conjunción de un rechazo al compatibilismo junto con la afirmación de que los humanos (al menos ocasionalmente) poseen libre albedrío. Es decir que el libertarianismo afirma que poseemos libertad de responsabilidad moral y racional[6] y que la libertad necesaria para una acción responsable no es compatible con el determinismo.[7]

En este sentido, de acuerdo con la enseñanza arminiana, un agente toma decisiones (al menos algunas veces) de acuerdo con el librepensamiento (razón), y no sujeto irremediablemente a las leyes deterministas de la naturaleza, a la manipulación de Dios sobre su voluntad o cualquier otra cosa. Por lo tanto, si los humanos somos libres y podemos pensar y tomar nuestras propias decisiones, también nos responsabilizamos por estas elecciones y acciones. Esta capacidad es la esencia del libre albedrío libertario y la Biblia es consistente con ella de principio a fin. En 1 Corintios 10:13 se nos dice:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.”

De acuerdo con Pablo, cada vez que hemos pecado, Dios nos ha provisto una salida para que no tengamos que hacerlo. Entonces, se deduce que cuando pecamos, fuimos capaces de no pecar, y pudimos no haber pecado si así lo hubiéramos elegido. Ni Dios ni nadie determinó que cayéramos. Fue nuestra elección. Sin embargo, elegimos pecar libremente de todos modos. De esto se deduce que tenemos libre albedrío. Puesto que somos capaces de no pecar, somos, por consiguiente, responsables de nuestro pecado. No podemos escapar de nuestro pecado diciendo: “el diablo me obligó a hacerlo”. Peor aún, jamás podríamos argumentar que fue Dios quien, en su soberanía, predeterminó que pecásemos de tal o cual forma. Somos responsables por nuestros propios pensamientos (2 Corintios 10:5 y Colosenses 2:8) y acciones.

Sin embargo, si bien estamos de acuerdo con la idea de Libre Albedrío Libertariano, los arminianos tendemos a pensarlo de manera diferente a como lo haría un pelagiano o semipelagiano. El arminianismo se centra en la creencia en la bondad de Dios. Entonces, para nosotros, el Libre Albedrío Libertario es principalmente un concepto teórico. En otras palabras, el Libre Albedrío Libertario es una mera conclusión a la que llegamos para defender el carácter y la personalidad de Dios de la acusación de que Él creó el mal, o de que Él hace el mal. De hecho, los arminianos conocedores rara vez hablan del Libre albedrío Libertariano. Cuando hablamos de salvación o moralidad, preferimos hacerlo en términos de fe o gracia. Esto no es así con los pelagianos. El pelagianismo se ocupa principalmente de la gestión de la moral. Entonces, el pelagiano está más enfocado en cómo el Libre Albedrío Libertario nos da el poder de hacer lo que es bueno. Esto también es cierto para la mayoría de los semipelagianos. Su enfoque está en usar nuestras voluntades para obtener el control de nuestras vidas y acciones, no en defender el honor, carácter y bondad de Dios.

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II.- LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE Y LA NATURALEZA DEL PECADO

El arminianismo se distancia del pelagianismo y el semipelagianismo en su doctrina acerca de la depravación del hombre. Los pelagianos creen que los humanos nacen moralmente neutrales o buenos. El pecado es algo que tenemos que aprender. Como tal, depende de la persona elegir lo bueno y evitar lo malo. Los semipelagianos están de acuerdo en este punto, aunque a veces admitirán algún daño o discapacidad que exista en nuestras almas, lo que obstaculizará el bien. En otras palabras, a menudo creen en la naturaleza del pecado. Pero, aun así, creen que nacemos capaces de hacer el bien.

Los arminianos no podríamos estar más en desacuerdo. En este punto nos unimos a nuestros hermanos calvinistas en su afirmación de que los humanos nacemos depravados: inclinados hacia lo que es malo, pecaminosos y egoístas por naturaleza. Los arminianos creemos en la depravación total del hombre. Creemos que el ser humano no tiene gracia salvadora de sí mismo, ni de la energía de su libre albedrío, en la medida en que él, en el estado de apostasía y pecado, no puede por sí mismo ni pensar, ni desear, ni hacer nada que sea realmente bueno. Esto incluye la fe salvadora, la cual el hombre es incapaz de ejercer por sí mismo sin auxilio de la gracia.

Arminio escribió:

“En este estado [tras la Caída] el libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, tullido, enfermo, deformado y debilitado, sino también encarcelado, destruido y perdido. Y, hasta que llega la asistencia de la Gracia, sus poderes no sólo están debilitados e inútiles, sino que no existen excepto cuando los estimula la Gracia Divina: Puesto que Cristo ha dicho: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’… Cristo no dice, ‘separados de mí no podéis hacer más que unas pocas cosas’, ni tampoco, ‘separados de mí no podéis hacer ninguna cosa difícil’, o ‘separados de mí vais a tener muchas dificultades para hacer las cosas’. Lo que dice es ‘separados de mí nada podéis hacer’…”[8]

El Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960)”[9]

Pero el arminianismo va más allá en sus afirmaciones. El Cuarto Artículo de la Remonstrancia afirma:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni siquiera un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo…”[10]

En la teología arminiana el hombre está caído, desamparado espiritualmente y en estado de esclavitud de la voluntad. No hay ninguna habilidad humana natural dando al hombre condiciones para iniciar su salvación. A causa de la Caída, los hombres nacen, espiritual y moralmente, en estado de total depravación, y por lo tanto son incapaces de realizar cualquier bien delante de Dios sin el amparo de su gracia preveniente. Tal incapacidad es física, intelectual y volitiva. Todo aspecto de la naturaleza y la personalidad humana se ven afectados. No hay ningún bien espiritual que el ser humano pueda hacer aparte de la gracia divina. Solamente por la gracia los efectos del pecado original pueden ser superados y el ser humano, finalmente, podrá cumplir los mandamientos espirituales de Dios. La depravación total es extensiva, alcanzando, incluso, el libre albedrío. Por causa de la Caída la voluntad humana se tornó esclava del pecado. ¿Qué significa esto? Qué la voluntad del hombre se tornó perversa, su intelecto se oscureció, y sus afectos quedaron alienados; cada área de su vida quedó sujeta a servidumbre.

La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado. Por tal razón, todo verdadero arminiano defiende (en oposición al pelagianismo y el semipelagianismo) la doctrina de la depravación total. No somos culpables de negar dicha verdad como nos acusa el calvinismo. Los arminianos creemos que los humanos son totalmente incapaces de hacer cualquier bien espiritual aparte de la gracia divina.

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III.- LA CONDICIONALIDAD DE LA SALVACIÓN, ELECCIÓN Y EL PAPEL DE LAS OBRAS

Como se señaló con anterioridad, el pelagianismo se ocupa principalmente de fomentar la buena moral. No es de extrañar entonces que su punto de vista sobre la salvación sea legalista. Los pelagianistas creen que para ser salvo, uno debe vivir de acuerdo con la ley de Dios. Los que viven bien serán salvados, y los que no lo hagan serán condenados.

El semipelagiano también es legalista. Sin embargo, a diferencia de los pelagianos, no creen en la perfección moral, sino en la lucha por la perfección moral. Aquellos que buscan al Señor recibirán asistencia para hacer lo correcto, y luego serán salvos. Sin embargo, primero debemos tomar la iniciativa e invitar a Dios a nuestras vidas. Esto nos lleva a aclarar un punto importante: Mucho de lo que los calvinistas a menudo etiquetan como arminianismo en realidad no lo es. Los sistemas legalistas y de salvación por obras propios de sectas como los adventistas del séptimo día, mormones, testigos de Jehová, el catolicismo e incluso muchas iglesias que se dicen evangélicas, son en realidad semipelagianismo, no arminianismo. Es falta de integridad en los calvinistas afirmar que nosotros, los arminianos, practicamos un sistema de salvación por obras.

En el arminianismo, la elección está condicionada a la fe en Jesucristo, no a mis propios méritos. Ahora bien, la fe salvadora no es lo mismo que la simple creencia. No es que yo crea que Jesús es el Cristo; sino más bien que creo en Jesús, quien es el Cristo. No es lo que hago o lo que sé; es a quién conozco. Es la confianza y dependencia de Cristo lo que trae salvación, para que ningún hombre pueda jactarse. Entonces, no es por nuestras acciones o nuestros logros, que somos salvos, sino por estar en la presencia de nuestro Señor, Jesús el Cristo.

Para los pelagianos y semipelagianos, la elección para salvación depende de mis obras. De mi capacidad para perseverar y guardar los mandamientos. De mi buen récord como de fidelidad como creyente. En este sentido, para el pelagiano y el semipelagiano, la elección de Dios sobre mí depende de lo que yo haga para que él me considere un elegido. Nuestra obediencia le impone a Dios los términos de la elección. Por el eso el pelagiano y el semipelagiano no puede tener ni seguridad, ni certeza de su salvación. Vive en una constante pérdida y recuperación de la misma en base a sus obras, siempre luchando por la perfección moral y creyendo que, sin la misma, su salvación no es segura Lamentablemente esto es lo que se enseña en muchas iglesias evangélicas hoy día. Pero eso tampoco es arminianismo. En el arminianismo, las decisiones eternas de Dios son hechas sin ninguna condición impuesta sobre Él. Dios ha decretado de manera incondicional una elección condicional, escogiendo individuos como creyentes, a fin de salvarlos por gracia, por medio de la fe.

Los arminianos creemos que la gracia inmerecida del Señor es necesaria “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20). La única manera de recibir la gracia salvadora de Dios es a través de la fe en Cristo:

“pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de dios…la justicia de dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él” (romanos 3:21-22).

Creemos que la gracia salvadora resulta en nuestra santificación, y que a través de ella Dios nos conforma a la imagen de Cristo. En el momento de la salvación por gracia a través de la fe, Dios nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Y Él promete nunca abandonar a Sus hijos:

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Por eso, mi salvación no depende de mi capacidad para obedecer, ni de mi buen récord como creyente, sino de Dios. Los arminianos creemos además que no tenemos nada en nosotros que nos lleve a buscar a Dios (Romanos 3:10-11); no tenemos “gracia salvadora” por nuestra propia cuenta. Siendo básicamente inaceptables ante Dios, creemos firmemente que la salvación es la obra de Dios. Él da la gracia que necesitamos. Nuestra “gracia salvadora” es Cristo mismo. Su obra en la cruz es lo que nos salva, no nuestro propio mérito.

Los arminianos jamás hemos enseñado ni enseñaremos un sistema de salvación por obras. Enfatizamos, ciertamente, que la fe genuina en Cristo va a producir una vida cambiada y buenas obras (Santiago 2:20-26). Pero no creemos que la justificación es por fe más obras, sino que más bien una persona verdaderamente justificada por fe, va a tener buenas obras en su vida. Si una persona afirma ser un creyente, pero no tiene buenas obras en su vida, entonces es probable que no tenga una fe genuina en Cristo (Santiago 2:14, 17, 20, 26). Pablo, el apóstol de la gracia, dice lo mismo en sus escritos. Los buenos frutos que los creyentes deberían tener en su vida, se mencionan en Gálatas 5:22-23. Inmediatamente después de decirnos que somos salvos por fe y no por obras (Efesios 2:8-9), Pablo nos informa que fuimos creados para hacer buenas obras (Efesios 2:10).

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IV.- EL PAPEL DE LA GRACIA (GRACIA PREVENTIVA)

Otro punto importante de divergencia con pelagianos y semipelagianos es nuestra comprensión de la gracia. Todos los cristianos, desde los pelagianos hasta los calvinistas, creen que Dios nos otorga gracia antes de que seamos salvos. Donde todos diferimos es cuál es el acto, o actos de gracia, que ocurren antes de la salvación.

Los pelagianos tienen la comprensión más inusual de esto. Para ellos, la gracia preveniente de Dios es que nos creó con libre albedrío y una naturaleza moralmente neutral. Los semipelagianos consideran que, puesto que nacemos parcialmente discapacitados, la ley de Dios es tan estricta que es imposible cumplirla. Por lo tanto, la gracia preveniente de Dios está dando a los humanos la fuerza para hacer lo correcto, si lo invocan.

Sin embargo, los arminianos ven a Dios como mucho más activo en la vida de sus hijos y menos obsesionado con la perfección moral. Más bien vemos la gracia preveniente como algo que viene antes de que hagamos algo o tan siquiera la invoquemos como afirman los semipelagianos. La gracia preventiva es el primer acto de Dios dentro de la vida de cada persona. Es el sustento continuo de cada persona a lo largo de sus vidas caídas, y la atracción de cada persona al conocimiento de su Hijo. Los pelagianos piensan que Dios es amable y bueno por crearnos libres y ese fue su acto de gracia. Los semipelagianos piensan que Dios es amable por ayudarnos una vez le hallamos encontrado por cuenta propia. Los arminianos en cambio, creemos que Dios es bueno y muestra su gracia por alcanzarnos cuando aún éramos enemigos.

En la teología arminiana, la salvación comienza con lo que es usualmente llamado “gracia preveniente”; la cual incluye el primer deseo de agradar a Dios, el primer albor de luz en relación con la voluntad de Él, y la primera leve y transitoria convicción de haber pecado contra Él. La gracia se describe como la manifestación de la bondad de Dios, que afectuosamente se vuelve hacia el hombre en estado de miseria y, con amor, envía a su Hijo “para que todo aquel que en él cree tenga la vida eterna” (Juan 3:16). Dios toma la iniciativa en el proceso de salvación: Busca al pecador, lo redarguye de pecado, produce en él arrepentimiento y fe, lo regenera, justifica al pecador arrepentido y, en Cristo Jesús, le concede el derecho filial y la salvación.

Para el arminiano, la gracia es la obra del Espíritu Santo operando en el entendimiento y en la voluntad de la persona realizando una regeneración, infundiendo en el pecador (desprovisto de cualquier condición de pensar y hacer cualquier cosa buena) fe, esperanza y amor. La gracia es también la asistencia continua del Espíritu Santo inspirando al hombre en cuanto a las cosas buenas, infundiendo pensamientos loables y buenos deseos.

Este modo de concebir la gracia, coloca al arminianismo en una posición cómoda para mostrar cuán injustas son las acusaciones calvinistas de que el arminianismo es una especie de semipelagianismo (por no decir pelagianismo puro) y que reduce la gracia a una posición de segunda categoría, dándole un valor desmesurado al libre albedrío humano por encima de la gracia de Dios. El arminianismo jamás ha afirmado que el hombre puede salvarse a sí mismo.[11] Son los calvinistas quienes así lo han querido entender.

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V.- LA NATURALEZA DE LA EXPIACIÓN

Los arminianos creemos en la doctrina de la expiación sustitutiva. Desde la perspectiva arminiana, Cristo tomó nuestro lugar en la cruz por nuestros pecados. La descripción exacta de cómo funciona esto ha variado en el pensamiento arminiano, pero el efecto no. La teología arminiana entiende la muerte de Cristo como un sacrificio y el cumplimiento del culto sacrificial del Antiguo Testamento. Él es el sacrificio del verdadero pacto; así como el antiguo pacto fue confirmado por el sacrificio del pacto (Éxodo 24: 3-11), así también la sangre de Cristo es la sangre del nuevo pacto (Mateo 26:28; Marcos 14:24; Hebreos 9: 13).

Cristo es un sacrificio sustitutivo, la víctima del sacrificio por nuestros pecados (Efesios 5:2; Hebreos 9:26; 10:12), una ofrenda (Efesios 5:2; Hebreos 10:10, 14, 18); un rescate (Mateo 20:28; Marcos 10:45; 1 Timoteo 2:6) y, por lo tanto, denota el precio de la liberación, un rescate para comprar la libertad de alguien de la prisión, y por lo tanto un medio de expiación, una sacrificio por el cual cubrir el pecado de otras personas y así salvarlos de la muerte.

En concordancia con la Biblia, el arminianismo enseña que Cristo fue el pago (1 Corintios 6:20; 7:23; 1 Pedro 1: 18-19), el precio pagado por la compra de nuestra libertad; una ofrenda por el pecado que fue hecha pecado por nosotros (2 Corintios 5:21; 1 Juan 2:2; 4:10); el cordero pascual que fue asesinado por nosotros (Juan 19:36, 1 Corintios 5:7), el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y es asesinado para ese fin (Juan 1:29, 36; Hechos 8:32; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5: 6; etc.). Él es una expiación (Romanos 3:25), un sacrificio de expiación, quien fue hecho maldición por nosotros (Gálatas 3:13) y quitó la maldición de la ley.

Los arminianos creemos que somos personas pecaminosas, y la muerte de Cristo quita nuestros pecados y nos justifica. Una vez que la sangre de Cristo nos ha limpiado, estamos total y completamente justificados. Esto nos separa ampliamente del pelagianismo y el semipelagianismo. ¿En qué forma? ¿Qué diferencia al arminianismo de esas dos corrientes heréticas en relación con su entendimiento de la expiación? Para empezar, el semipelagianismo, no posee una postura definida en esta área. Algunos aceptan la expiación sustitutiva, otros creen que la cruz solo quita la naturaleza del pecado, y luego depende de nosotros vivir una vida mejor. La visión pelagiana es aún más radical. Creen que la muerte de Cristo en la cruz es solamente un ejemplo para nosotros. Su autosacrificio es la última demostración de la ética cristiana y la principal inspiración para vivir una vida moral, pero solo eso. Esta es, probablemente, la parte del pelagianismo que más molesta a calvinistas y arminianos.

Ante esto me pregunto: ¿Cómo puede un calvinista, con limpia conciencia, acusar a un arminiano de ser pelagiano o semipelagiano? ¿En verdad no entiende nuestra doctrina o simplemente actúa con malicia? Nuevamente, prefiero creer lo primero.

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ARMINIANOS Y CALVINISTAS, MÁS CERCA DE LO QUE CREES

Como lo destaqué en un artículo anterior, es un mito popular que el calvinismo y el arminianismo sean totalmente opuestos, o que chocamos en todos nuestros puntos de vista. De hecho, somos más parecidos de lo que muchos se atreven a admitir. Por eso me pregunto, ¿Cuál es el criterio que usan algunos para hacernos lucir como eternos adversarios y siempre contrarios al calvinismo? ¿El TULIP? ¿Ignoran acaso que los verdaderos arminianos somos más que simplemente lo contrario al TULIP calvinista? Si no leíste mi artículo anterior: “Calvinistas: ¿Hermanos o enemigos?” quiero invitarte a analizar conmigo el TULIP calvinista y compararlo con las creencias arminianas. El resultado quizá te sorprenda. ¡Comencemos!

(1) DEPRAVACIÓN TOTAL: En realidad, tanto los calvinistas como los arminianos estamos plenamente de acuerdo en que la raza humana es 100% incapaz de hacer el bien o de tan siquiera desear a Dios sin el auxilio de la gracia. Esto quedó claro al abordar las diferencias entre pelagianos, semipelagianos y arminianos. La depravación total y extensiva del ser humano es un hecho indiscutible en el cual, tanto calvinistas como arminianos, nos estrechamos la mano en señal de mutuo acuerdo.
(2) ELECCIÓN INCONDICIONAL: Se podría decir que los calvinistas creen que Dios eligió incondicionalmente salvar a algunas personas, mientras que los arminianos creemos que Dios eligió incondicionalmente brindar la oportunidad de salvación a todas las personas. Esto no es una cuestión de oposición, sino simplemente una cuestión de quién es capaz de recibir y beneficiarse de la salvación ofrecida por gracia. John Wesley, padre del metodismo y un reconocido arminiano, afirmó:
“Con respecto a la… Elección incondicional, creo lo siguiente: Que Dios, antes de la fundación del mundo, eligió incondicionalmente a ciertas personas para realizar ciertas labores, como por ejemplo a Pablo para predicar el evangelio; que ha elegido incondicionalmente a algunas naciones para recibir ciertos privilegios especiales; en particular la nación judía; que ha elegido incondicionalmente a algunas naciones para escuchar el evangelio… en la actualidad, y muchas otras en las edades pasadas; que ha elegido incondicionalmente a ciertas personas para disfrutar de muchas ventajas especiales, tanto en lo que respecta a lo temporal como a lo espiritual; y no niego (aunque no puedo demostrar que sea así) que ha elegido incondicionalmente a algunas personas a la gloria eterna. Empero no puedo creer lo siguiente: Que todos aquellos que no han sido elegidos así para la gloria deben perecer para siempre; o que haya un alma en la tierra que jamás haya tenido la posibilidad de escapar de la condenación eterna.”[12]
 (3) EXPIACIÓN LIMITADA: Los arminianos y los calvinistas simplemente no estamos de acuerdo sobre lo que es limitado con respecto a la expiación (es decir, lo que logra el sacrificio de Jesús). Los calvinistas limitan infamemente el alcance de la expiación, afirmando que Jesús murió solo por los elegidos, que Él no derramó Su sangre por toda la humanidad, porque aquellos predestinados por Dios al infierno no tenían la oportunidad del cielo y punto. Los arminianos sí creemos en una expiación limitada, pero no al estilo calvinista. Los arminianos limitamos la expiación en términos de su efecto, aunque creemos que la sangre es capaz de salvar a todas las personas, a esta gracia se accede solo por la fe (Romanos 5:2). Al igual que los calvinistas, los arminianos creemos que la fe también es un don de Dios y no un producto de la naturaleza caída humana, la cual es incapaz de tan siquiera creer en Dios por cuenta propia sin auxilio de la gracia divina.
(4) GRACIA IRRESISTIBLE: Los calvinistas y los arminianos tenemos ideas opuestas en relación con irresistibilidad o no de la gracia. Los arminianos creemos en la gracia resistible. De acuerdo con Esteban, eso es lo que la gente religiosa le hizo al Espíritu Santo, según Hechos 7:51. Más, sin embargo, aún en esta área podemos tener acuerdos significativos con los calvinistas; por ejemplo, John Wesley afirmó:
“Con respecto a la… Gracia Irresistible, creo lo siguiente: Que la gracia que produce fe, y por lo tanto salvación al alma, es irresistible en ese momento; que la mayor parte de los creyentes tal vez recuerden alguna vez cuando Dios los convenció irresistiblemente de su pecado; que la mayor parte de los creyentes descubre en algunas ocasiones que Dios actúa irresistiblemente sobre sus almas; y sin embargo creo que la gracia de Dios, tanto antes como después de esos momentos, puede ser y ha sido resistida; y que en general no actúa irresistiblemente, sino que podemos obedecerla o no. Y no niego lo siguiente: Que en algunas almas la gracia de Dios es a tal punto irresistible, que no pueden menos que creer y ser finalmente salvadas. Pero no puedo creer: Que deban perderse todos aquéllos en quienes la gracia de Dios no opera de esta forma irresistible; o que haya un alma en la tierra, que no tenga, y nunca haya tenido otra gracia, que aquella que en realidad aumenta su condenación, y que estaba designada por Dios para que así ocurriera.”[13]
(5) PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS: Esto, nuevamente, no es una cuestión de oposición, sino una cuestión de definición realmente. Los arminianos creemos en la perseverancia de los santos, pero también entendemos que un santo, según la Biblia, es un creyente. Cuando un creyente deja de creer o se aleja del Dios vivo (para citar al autor de Hebreos 3:12), ya no es un santo, por lo tanto, esta doctrina no se aplica a él. Ningún arminiano auténtico sugeriría que uno pierde accidentalmente su salvación. Es negligencia deliberada. No es cuestión de que alguien pueda arrebatar a los creyentes de la mano de Dios, sino más bien que es el creyente mismo quien le grita a Dios: “¡Quítame las manos de encima!”

Citando nuevamente a Wesley encontramos una vez más la postura equilibrada del arminianismo en estos temas:

“Con respecto a la… Perseverancia Final, me inclino a creer lo siguiente: Que existe un estado asequible en esta vida, del cual el hombre no puede caer; y que aquél que ha llegado a esto puede decir: Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”[14]

El lector cuidadoso notará que las cinco doctrinas centrales del calvinismo no son tan contrarias a la teología arminiana como se suele pensar. Cierto es que hay cambios sutiles con respecto a dichas doctrinas, más no un desacuerdo que deba llevarnos a enemistad con nuestros hermanos calvinistas. Por otro lado, el calificativo de pelagiano o semipelagiano que le dan los calvinistas al arminianismo es injustificado y malicioso. No tenemos que concordar en todo con ellos, pero eso tampoco les da derecho a considerarnos herejes, vernos con desprecio, caricaturizar nuestra fe, o mentir descaradamente sobre nuestras doctrinas.

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 CONCLUSIÓN

Luego de lo anterior debería ser claro para cualquiera que el arminianismo no es una teología antropocéntrica emparentada con el pelagianismo y el semipelagianismo como a menudo se le etiqueta en círculos calvinistas. Es, más bien, una doctrina teocéntrica hasta la médula. Una doctrina que no necesita distorsionar el carácter de Dios para que aparente ser más glorioso, pues su Dios ya es grande. El verdadero arminianismo es equilibrado y bíblico, predica sobre la asombrosa realidad de quién es Dios y cómo está dispuesto a salvar el mundo:

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” (Miqueas 7:18-19)

Los arminianos reales estamos enamorados de este gran Dios; de ese que los calvinistas creen posesión exclusiva suya. La diferencia está en que nosotros lo amamos a Él, no solo estamos enamorados de un pequeño desacuerdo miserable sobre la voluntad humana. Ni tampoco, en nombre de la soberanía y el honor de Dios, pisotearemos ni degradaremos sus otros atributos.

Muchos calvinistas suponen pequeño al Dios del arminianismo, pues consideran incoherente con sus ideas que el Gran Dios del universo haya concedido libertad a sus criaturas y negarse a predeterminar cada acto de la vida del hombre. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, ¡Un Dios aún más grande vive en el Arminianismo! ¿Por qué?, Precisamente porque Él todavía puede lograr lo que desea, y hacerlo a pesar de, o en congruencia con las decisiones libremente elegidas por las personas. ¡El Dios creído y enseñado en el arminianismo no le teme al albedrío humano! ¡No necesita determinarlo todo! ¡Él siempre estará en control de todo y es perfectamente capaz de llevar a cabo sus propósitos sin necesidad de robarle al hombre su libertad de escoger, ni obligarlo a amarlo! Verdaderamente este Dios puede decir:

“Todo cuanto el Señor quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.” (Salmo 135:6)
 “Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place.” (Salmos 115:3)
 “Que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” (Isaías 46:10)
 “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ¿Qué has hecho?” (Daniel 4:35)

¿Puedes imaginarlo? ¡Un Dios que no necesita usar de una “gracia irresistible” o compulsiva para seducir al hombre y lograr que le ame, y aun así es capaz de lograr lo que quiere! ¿Acaso no es grandioso el Dios de los arminianos? ¡Él sí es un Dios soberano! Un verdadero arminiano buscará la gloriad de Dios, hablará con pasión sobre quién es Él. Sus sermones, su retórica y su lectura de la Biblia serán teocéntricos y no centrados en el hombre.

A ustedes, hermanos que han comprada la mentira calvinista de que el arminianismo es pelagianismo, y por eso se avergüenzan del honroso calificativo de “arminiano”, les digo: O los calvinistas están desinformados sobre nuestras verdaderas creencias, o son engañosos y ocultan la verdad. Yo personalmente prefiero no creer lo último acerca de nuestros hermanos en Cristo que profesan la fe de Calvino. ¿Deseas conocer la verdad acerca del arminianismo? Hazte un favor a ti mismo y lee obras autorizadas sobre el mismo, no las críticas viciadas de sus oponentes. ¿Por qué no leer las obras de Arminio y otros teólogos arminianos respetados y descubrir, por tu propia cuenta, cuáles son sus verdaderos puntos de vista? Al hacerlo quizá descubras que no hay vía media entre el calvinismo y el arminianismo. ¡Nosotros los arminianos somos la vía media, bíblica y equilibrada entre los excesos doctrinales del calvinismo y el pelagianismo!

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REFERENCIAS:

[1] Juan Casiano, Collationes, XIII, PL 49,897-946.

[2] Bavinck H., Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ.

[3] Ryrie, C. C., Teologı́a Básica.

[4] Vicente de Leríns, Commonitorium, PL 50,637-686.

[5] El compatibilismo es la creencia en que el libre albedrío y el determinismo son mutuamente compatibles y que es posible creer en ambos sin ser lógicamente inconsistente. ​

[6] William Lane Craig & J.P. Moreland, Philosophical Foundations for a Christian Worldview, p. 268.

[7] William Lane Craig & J.P. Moreland, Philosophical Foundations for a Christian Worldview (2nd Edition), pg. 303.

[8] Jacobo Arminio, Disputation 11, On The Free Will of Man and its Powers, en The Works of James Arminius, 2:192

[9] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[10] Íbid.

[11] The Works of Arminius: A Declaration Of The Sentiments (La Declaración de Sentimientos) IV, Vol. 1, p. 130.

[12] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática (Editorial Vida), p. 80. Versión electrónica.

[13] Íbid.

[14] Íbid.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

¿Son algunos predestinados al infierno?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Al pensar en el segundo punto del calvinismo (la elección incondicional) solemos asociarlo exclusivamente con la idea de salvación, pasando por alto la otra cara de esta doctrina: La reprobación para condenación de la mayoría de la humanidad. La doctrina de la “reprobación” es la enseñanza de que Dios es soberano no sólo sobre aquellos que vendrán a la vida eterna, sino también sobre aquellos que resucitarán a la muerte eterna (Juan 5:29). La reprobación pues, es el acto por el cual Dios condena a los pecadores al castigo eterno (Salmo 15:4, 1 Corintios 9:27, 2 Corintios 13:5-7).

De acuerdo con la doctrina calvinista de la predestinación, Dios escoge a los individuos a quienes salvará antes de que nazcan. Él no elige a cada individuo, sino que elige sólo algunos. Así, la elección es limitada. La elección por su naturaleza no se aplica a todos, sino que sólo los elegidos son llamados a salvación (Mateo 24:22, 24, 31, Romanos 8:33). Pero ¿Qué hay del resto de seres humanos a quiénes Dios no ha elegido?

Dios es plenamente consciente del resultado de la vida de una persona antes de darle vida. Dios sabe a quién no escogió antes de crearlo, y aun así lo crea de todos modos. Vemos esto descrito en Apocalipsis 13:8 y 17:8. Dichos versículos afirman que la gente adora el anticristo porque “sus nombres no han sido escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida del Cordero.” Dios sabía que sus nombres no estaban escritos en el libro de la vida, y él los creó de todos modos. Para ser claros: Dios crea personas que él sabe que no salvará, y aun así las crea y les da vida para que puedan usar su vida para su gloria incluso en su rebelión (Romanos 9:17). Esta es la doctrina de la reprobación.

En defensa de su postura, los calvinistas citan Romanos 9:22-23, donde Pablo pregunta:

“¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?” (NVI)

Para el calvinista, tanto la elección como la reprobación suceden “de antemano”. Así que la elección y la reprobación ocurren antes de la creación, y ambas se basan en el plan de Dios para mostrar su gloria en la creación y a través de las vidas de sus criaturas. La elección es salvadora, la reprobación es condenatoria.

La doctrina de la elección y su gemela, la reprobación, enseñan en conjunto que Dios es soberano sobre la salvación, y Dios forma un alma para su destino, sea este el cielo o el infierno. A esto se le conoce como la “doble predestinación”. Juan Calvino creía en “la doble predestinación, es decir, en que desde el principio de la Creación Dios había predeterminado ya quién se salvaría y quién se condenaría”.[1]

Esta doctrina, sin embargo, ha sido repudiada por los arminianos y aún por cierto sector del calvinismo debido a sus implicaciones y afrenta al carácter de Dios y a las Escrituras.

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¿UNOS POCOS ELEGIDOS?

Muy en lo profundo de su alma, algunos calvinistas experimentan en algún momento de su vida cierta repugnancia o rechazo natural hacia la doctrina de la elección y reprobación incondicional. Un bloguero calvinista afirmó en cierta ocasión:

Sé que pensar en que Dios de antemano creó a personas para salvación y otras para condenación eterna es difícil de digerir, pero con una madurez espiritual óptima se logra entender y comprender que Dios es soberano, que tenemos una mente limitada para lograr comprender la sabiduría de Él y que más bien debiéramos estar agradecidos por su gracia y amor”.[2]

C. Sproul, incapaz de responder las contradicciones planteadas por la doctrina calvinista, prefiere echarle la culpa a Dios de tales contradicciones:

“Y me pueden preguntar ¿Por qué me da esa gracia a mí y no a otra persona?… Si hay algo que la Biblia enseña una y otra y otra vez, es que la salvación es del Señor. Y esto, sí, está en el corazón de la Teología Reformada, no porque estemos interesados en asuntos abstractos de la predestinación soberana y que solo disfrutamos del placer intelectual que la especulación sobre esta doctrina produce, sino más bien el punto central en esta teología… volviendo a Agustín… Dios… tiene el derecho eterno y soberano a tener misericordia de quien tenga misericordia; por lo que, no es del que quiere, sino de la voluntad divina, no del que corre, sino de Dios. Ahí es donde se encuentra el peso en la doctrina reformada de la elección.”[3]

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OBLIGADOS A SER INTELECTUAL Y TEOLÓGICAMENTE DESHONESTOS

Hacer callar el sentido natural de justicia implantado por Dios en el hombre no es fácil. Para ello los teólogos calvinistas deben recurrir a sofismas y argumentos elaborados para desviar la atención de las tristes implicaciones de su doctrina. Tristemente, y a pesar de la erudición de la cual se jactan, los calvinistas necesitan tergiversar o reinventar el significado básico de ciertas palabras para defender su postura. Por ejemplo, 1 Timoteo 1:15 nos dice:

“Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores” (Nueva Biblia al Día).

Como cualquier estudiante honesto reconocerá, 1 Timoteo 1:15 quiere decir que el deseo de Dios es que todos los pecadores sean salvos. Obviamente, tal afirmación bastaría para refutar la doctrina calvinista de la elección incondicional de unos cuantos y, lógicamente, también de la reprobación. De forma deshonesta y maliciosa, la palabra “pecadores” es redefinida por los calvinistas como queriendo indicar que Cristo vino sólo por “los elegidos entre los pecadores”, lo cual no se enseña implícita o explícitamente en el texto, ¿Qué necesidad hay de torcer así el texto bíblico? Si quisieran ser honestos y dejar todo sectarismo fanático, los calvinistas tendrían que reconocer que no hay nada en la Biblia, que sugiera que “los pecadores” habla de aquellos pecadores elegidos.

Las palabras “pecador” y “pecadores” se encuentran casi setenta veces en la Biblia: “los hombres de Sodoma eran malvados y pecadores” (Génesis 13:13); “Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo” (Proverbios 13:22); “he aquí, el hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores” (Marcos 14:41); “Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6:32); “Nosotros sabemos que ese hombre es pecador” (Juan 9:24); “sabemos que Dios no oye a los pecadores” (Juan 9:31); “la ley no fue dada para el justo… sino para los transgresores y desobedientes” (1 Timoteo 1:9); “más este… es santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores” (Hebreos 7:24 – 26), etc.. No hay un solo lugar en la Biblia donde podría interpretarse la palabra “pecadores” como “los elegidos”. Pero cuando se habla de la salvación de los pecadores, o el amor de Dios por los pecadores, el calvinista insiste en que “los pecadores” significa los elegidos, como en las siguientes declaraciones: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13; Lucas 5:32), “este a los pecadores recibe” (Lucas 15:2); “en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), y así sucesivamente. Estas redefiniciones deshonestas se requieren a lo largo de las Escrituras para apoyar el calvinismo.

Por desgracia para los calvinistas, a lo largo del Nuevo Testamento, siempre se utiliza la misma palabra griega para “pecadores”. Así que no hay ninguna licencia para dar un significado diferente en algunos casos con el fin de rescatar al calvinismo de su ruina teológica. Claramente, el calvinismo se derrumbaría si la Biblia realmente indicara que Cristo vino a salvar a todos los pecadores sin discriminación alguna, en lugar de sólo algunos pecadores, o aún, los elegidos entre los pecadores.

El estudiante honesto de la Palabra de Dios reconoce que la Biblia usa el término “elegido” y “escogido” en una variedad de formas: para Israel (Isaías 45:4-6), Cristo (Isaías 42:1; Lucas 9:35), una dama (2 Juan 1), una iglesia (1 Pedro5:13) y los ángeles (1 Timoteo 5:21). Sin embargo, nunca, se utiliza esta palabra para indicar que hay un grupo selecto que ha sido predestinado para salvarse. Nunca.

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¿PREDESTINADOS AL INFIERNO?

Con respecto a la doctrina de la reprobación, Ironside, el famoso maestro bíblico y teólogo, declaró:

“En ninguna parte de la biblia las personas son predestinadas para ir al infierno, y en ninguna parte son simplemente elegidos para ir al cielo… predestinación siempre es hacia un algún lugar especial de bendición”.[4]

El calvinismo es antibíblico en su definición de los “elegidos” como el grupo seleccionado a quien Dios desde la eternidad pasada, ha designado a la salvación. Es aún más antibíblico al afirmar que todos los demás están predestinados por Dios para la condenación eterna. ¿Cuál sería la consecuencia lógica de esto? Simple: El evangelio podría ser predicado día y noche a estos condenados y sin embargo sería en vano, porque son totalmente incapaces de creer. Dios supuestamente no tiene deseo alguno de abrir sus ojos cegados y darles la fe para creer. Lo hace solo para los elegidos (a través de la elección incondicional), aunque lo podría hacer para todos.

Quizá suene ofensivo para un calvinista obcecado y testarudo, pero esta doctrina repugnante (elección de algunos, reprobación de muchos) nunca fue, es o será enseñada en las Escrituras. Calvino admite:

“Muchos… consideran incongruente que del gran cuerpo de la humanidad algunos debieran ser predestinados a la salvación y otros para destrucción”.[5]

También admite:

“El decreto, lo admito, es terrible y sin embargo, es imposible negar que Dios supo con anterioridad el fin del hombre antes que fuese porque él lo creó, y supo con anterioridad, porque así lo había ordenado por su decreto”.[6]

Nótese que Calvino se ve obligado a mantener lo que admite como un decreto “terrible”. ¿Por qué? No por las Escrituras, sino por su insistencia antibíblica de que Dios solamente puede saber de antemano solo lo que decreta. De ese error, se deduce que, puesto que Dios sabe todo lo que sucederá, debe decretarlo todo para que pueda suceder, desde la caída de Adán hasta el destino final de miles de millones. Gracias a Dios que la Biblia dice lo contrario:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Lamentablemente, para el calvinista, más fiel a Calvino y a sus dogmas que a la palabra de Dios, “mundo” y “todo aquel” deben cambiarse por “elegidos” para que el calvinismo pueda sostenerse. Pero la Palabra de Dios es clara:

“El Señor no demora el cumplimiento de su promesa, como algunos suponen. Más bien lo que quiere es que nadie se pierda, por lo que está alargando el plazo para que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9, NBV)

¿Lo entendemos? ¡Lo que Dios quiere es que nadie se pierda! ¿Cómo entonces los calvinistas afirman que ha predestinado a la mayoría de la humanidad a una eternidad de condenación en el infierno, sin que puedan hacer nada para escapar de ello? ¿O es que para el calvinista Dios nos miente al afirmar su deseo de salvarnos en 2 Pedro 3:9?

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¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA AL RESPECTO?

De acuerdo con la Biblia la verdadera elección, o predestinación, es el resultado del pre-conocimiento de Dios (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2). Aquellos quienes Dios supo de antemano que creerían, los predestinó (únicamente en unión a Cristo y su cuerpo, que es la iglesia) a bendiciones especiales, entre ellas la salvación del castigo del pecado (1 Corintios 2:9). Es la iglesia corporativamente, y no un individuo en particular, la que ha sido predestinada. Cualquier individuo puede venir a Cristo, llegar a formar parte de su cuerpo que es la iglesia, y heredar el destino que Dios preparó para los tales. Igualmente puede apartarse de Cristo, dejar de ser parte de la iglesia, caer de la gracia y perder el “destino” que Dios señaló para los fieles. Todos están invitados a venir, nadie es excluido. Dios continuamente invita al hombre a venir a Él (Isaías 1:18). Razona con Israel, envía a sus profetas para advertir a su pueblo elegido y en varias ocasiones los castiga por sus malas obras (Deuteronomio 28: 20; Jeremías 9:13). Dios mismo afirma que envió a su Hijo a morir por los pecados del mundo, debido a su gran amor para toda la humanidad (Juan 3:17; 1 Juan 4:14). Con base en lo anterior, sólo podemos concluir que la elección incondicional (y con ella la doctrina de la reprobación incondicional de otros) no es más que una invención humana. De hecho, la conciencia del hombre dada por Dios y las Escrituras claman en protesta en contra de esta doctrina. Dios no actúa con parcialidad (Santiago 3:17). No hace acepción de personas (Hechos 10:34), y todos los hombres son igualmente dignos de condena e igualmente indignos de su gracia.

Los calvinistas según su punto de vista admiten que los “elegidos,” al igual que toda la humanidad, eran una vez totalmente depravados, incurablemente en contra de Dios e incapaces de creer en el Evangelio, con ninguna cosa que merezca la gracia de Dios, igual que los “no elegidos”. Preguntémonos entonces ¿Por qué fueron estos seleccionados para la salvación y todos los demás a la condenación? No se puede encontrar ninguna razón en Dios o en el hombre, ni en cualquier lugar en las Escrituras. No hay escapatoria a la inquietante pregunta: ¿Por qué el Dios de Calvino escogió salvar a tan pocos cuando podría haber salvado a todos? Al no poder presentar excusa alguna, los calvinistas admiten:

“¿Por qué unos hombres son puestos para vida eterna y otros dejados a la destrucción eterna? …Por el beneplácito de Su voluntad [de Dios]”.[7]

Así que, para un calvinista, la bondad de Dios es la causa de salvar a tan pocos y condenar a muchos. ¿Es esto lógico? Lo dudo. Como arminianos estamos horrorizados por este concepto, y nos sentimos ofendidos en nombre de nuestro Dios por la afrenta que se hace a su carácter y personalidad.

Bíblicamente hablando, no hay duda de que Dios tiene el derecho de salvar a quien quiera y nadie puede reclamar. Todos somos merecedores del castigo eterno requerido por la santidad de Dios en contra del pecado. Pero el punto es que varias veces se nos dice en la Biblia que Dios es amor y que Él es misericordioso con todos, exactamente lo que esperaríamos de Él debido a su mandato a nosotros de amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos y hacer el bien a todos. De seguro que no esperaríamos del “padre de misericordias” y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3) retener su misericordia de cualquiera que tan desesperadamente lo necesita, mucho menos que halle placer en hacerlo.

Calvino se esconde detrás de la autoridad del sacerdote católico Agustín para justificar esta contradicción, pero en su esfuerzo, se queda corto. Calvino afirma con total crueldad: “Dios ordena todas las cosas por su soberano consejo, de tal manera que las personas que nacen, que están condenados desde el vientre a una muerte segura, deben glorificarle por su destrucción. Si tu mente está preocupada, no te niegues a aceptar el consejo de Agustín”.[8]

Con insoportable crueldad, Calvino también afirma:

“No dudaré en.… confesar con Agustín que la voluntad de Dios es necesidad… [y] que la destrucción como consecuencia de la predestinación es también más justa… El primer hombre cayó porque el Señor consideró bien que debería… porque él vio que así se mostraría su propia gloria”.[9]

Quizá un calvinista enceguecido por sus razonamientos se niegue a reconocerlo, pero el que Dios imponga “la necesidad de pecar” sobre el hombre, y después lo condene por pecar, no puede llamarse “justo” por ninguna maniobra de semántica. Sin embargo, esto es exactamente lo que enseñó y defendió Calvino:

“El réprobo (predestinado a la condenación), excusaría sus pecados… porque una necesidad de esta naturaleza se coloca sobre ellos por la ordenación de Dios. Negamos que puedan ser debidamente excusados… todos los males que llevan son impuestos por el justo juicio de Dios”.[10]

La crueldad que Calvino atribuye a Dios es atroz. Seguramente, castigar por no hacer lo que es imposible hacer o por haber hecho lo que solo podía hacer, es lo contrario a la justicia. Si eso no fuera suficiente malo, que Dios predestine al hombre al pecado para tener a quien juzgar, es aborrecible incluso para los impíos. Esto es ofensivo para la conciencia que Dios ha dado a toda la humanidad. Calvino atribuye el mal a Dios y luego lo llama justo simplemente porque “todo lo que Él quiere debe sujetarse a ser justo”.[11]

La Escritura nos dice lo contrario. Dios manda a todos los hombres que se arrepientan, el clama a la humanidad para hacerlo y está dispuesto a perdonar y promete la salvación a todos los que creen en Cristo.

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NO SE TRATA DE SER ARMINIANO, LO DICE LA BIBLIA

Los siguientes pasajes, en los cuales Dios exhorta a la humanidad a aceptar la salvación que Él ofrece, son sólo unos pocos entre las muchas Escrituras similares que refutan la doctrina de la elección incondicional y de la reprobación enseñada en el calvinismo:

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. (Isaías 55:7)
“Y me buscareis y me hallareis, porque me buscareis de todo corazón”. (Jeremías 29:13)
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca”. (Mateo 7:24)
“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar”. (Mateo 11:28)
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. (Juan 7:37)
“Y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. (Apocalipsis 22:17)

Cada uno de los anteriores versículos claramente incluyen dos hechos que refutan las doctrinas de la elección y la reprobación incondicional:

(1) El mandato y la invitación se ofrecen a todos, y no sólo a un grupo selecto. Las palabras “perverso” e “injusto” y “cualquiera” y “todo” dicen claramente lo que dicen y no pueden ser convertidos en “elegidos.”
(2) Hay condiciones que deben cumplirse. Hay un mandato y una invitación a cumplir con ciertos requisitos: “abandonar” el pecado, y buscar a Dios con todo el corazón, y “escuchar y hacer” lo que Cristo manda, “venir” a él y “tomar y beber” el agua de la vida que Cristo da. La elección no es incondicional.

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CONCLUSIÓN

El calvinismo jamás podrá explicar cómo Dios, quien es amor, podría tomar placer en maldecir a miles de millones que podrían ser salvos, si así lo deseara. Esta es la gran pregunta que la misma conciencia que Dios ha implantado en todos y la humanidad encuentra tan preocupante, pero que Calvino se negó o no pudo tratar. Bíblicamente, la soberanía de Dios se ejerce solamente en perfecta unidad con su carácter total. No es un soberano despótico. Su soberanía se aplica en armonía con su amor, gracia, misericordia, bondad, justicia y verdad, pero Calvino no tiene casi nada que decir sobre estos atributos, porque estos no se pueden conciliar con su teoría. Los calvinistas declaran que las razones de la condenación de los no elegidos es un misterio, pero declarar “misterio” y exaltar la ignorancia son contrarios a la palabra de Dios, que nos dice que debemos estar “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Sin embargo, Calvino dijo que estaba mal el buscar una razón.

Según la doctrina de la elección incondicional, tanto la fe para creer y la salvación para recibir es impuesta a los elegidos, por la soberanía de Dios, anulando totalmente la voluntad humana. Un destacado calvinista admite que Dios:

“Aun me obliga a mí, quien realmente no ama a Jesús, amarlo y creer en Él”.[12]

Por el contrario, la biblia y la razón enseñan que nadie puede ser obligado a querer o aceptar un regalo, mucho menos cambiar su mente sin la voluntad para hacerlo. Esa voluntad debe provenir del corazón; no se puede crear de la nada. Nadie puede ser forzado a cambiar de parecer. No importa cómo traten de explicar la elección incondicional, el calvinista no puede escapar un hecho reconocido por toda la humanidad: que cualquier cambio significativo de actitud o creencia del ser humano, debe ser por consentimiento y razones que acepta voluntariamente. Pero según el calvinismo ese hecho del sentido común socava la soberanía de Dios. Tal razonamiento es falso.

Algunos, como Juan Calvino, sin reparo dicen que Dios no quiere que todo el mundo sea salvo, de hecho, afirman que esa es su “buena voluntad” condenar a muchos. Otros, al darse cuenta de lo repulsivo que es esta idea a cualquiera que tenga un sentido normal de misericordia y bondad, llaman a esto “Ultra-Calvinismo” e intentan encontrar otras explicaciones por las que Dios no elige irresistiblemente a todo el mundo. La necesidad de superar las objeciones de los no calvinistas a la insensibilidad aparente de Dios (en predestinar multitudes al tormento eterno antes de que nacieran) ha sido la madre de un sinnúmero de intentos y racionalizaciones.

Algunos intentan escapar del desastre moral simplemente diciendo que la respuesta está escondida en el secreto de la voluntad de Dios, esto es esquivar. Otros, si bien reconocen la contradicción monstruosa, insisten en que lo que nos parece aborrecible a nosotros, no lo es para Dios, que nosotros no podemos imponer nuestros estándares sobre él. Sin embargo, ese argumento, es demolido por el hecho de que Dios ha escrito sus estándares en cada conciencia y razona con la humanidad sobre esa base (Isaías 1:10 – 20).

El arminianismo, en concordancia con la Biblia, enseña que aquellos que reciben a Cristo no tienen nada de que gloriarse sino en Cristo solamente, quién pagó la pena por sus pecados. Y aquellos que sufren la pena por sus pecados (y sólo ellos) son culpables de haber rechazado obstinadamente la salvación de Dios provista y libremente ofrecida como un regalo de su amor. Dios no es el culpable de su condena ni Él los predestinó al infierno. Tal es la enseñanza clara de las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero para hacer frente a ese hecho, el calvinista tendría que abandonar los dogmas a los que ha dedicado su vida y su reputación. Muchos lo han hecho y han sido liberados de las erróneas enseñanzas del TULIP.

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REFERENCIAS:

[1] Schwanitz, Dietrich (2002). La Cultura. Todo lo que hay que saber. Taurus.

[2] Oscar Humberto Díaz Jurado, La Predestinación – Elección Incondicional. Publicado el 20 enero, 2019. Disponible en: ingdiaz.org/la-predestinacion-eleccion-incondicional/ Consultado el 22 de octubre de 2019.

[3] R. C. Sproul, elección Incondicional. Edición del 13 de agosto de 2018. Disponible en: https://es.ligonier.org/RTM/eleccion-incondicional/ Consultado el 22 de octubre de 2019.

[4] H. A. Ironside, in the Heavenlies, Addresses on Ephesians; Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1937, 34.

[5] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 1.

[6] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 7)

.[7] James R. White, The Potter’s Freedom; Amityville, NY: Calvary Press Publishing, 2000, 177.

[8] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 5, 6.

[9] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9.

[10] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 11.

[11] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9.

[12] Palmer, Five Points of Calvinism, p. 21.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

El Dios de Calvino, autor del pecado

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En su intento por defender la soberanía de Dios a niveles antibíblicos, los calvinistas han creado un “dios” muy diferente del Dios de la Biblia. De hecho, la versión calvinista de Dios es, en muchos sentidos, el verdadero villano de la historia humana, no el diablo mismo. ¿Por qué? Porque el dios calvinista es el autor del mal, el diablo es apenas un pobre peón en este juego macabro y cruel, donde la libertad y el albedrío de los seres creados es pura ilusión.

Tales ideas erróneas sobre Dios son un producto natural de la doctrina calvinista de la predestinación, la cual no difiere en mucho del viejo fatalismo de los paganos. La doctrina de la predestinación se expresa claramente en el segundo punto del calvinismo: La elección incondicional. El autor calvinista John Piper define la elección incondicional de la siguiente manera:

“La elección incondicional es la elección libre de Dios antes de la creación, no en base a la fe prevista, otorgando fe y arrepentimiento a los traidores, perdonándolos, y adoptándolos en el seno de su familia eterna de gozo”.[1]

El concepto puedo sonar piadoso y hasta bíblico, pero está lejos de ser las buenas nuevas que presume ser. La denominada “elección incondicional” implica, en su aspecto positivo, que Dios escogió desde antes de la fundación del mundo, previendo el pecado del hombre, a una multitud incontable de personas para salvarlas, no porque vio que creerían o consideró algo bueno en ellas, sino que lo hizo por amor y misericordia, según Su voluntad para alabanza de la gloria de Su gracia. El aspecto negativo de la misma suele pasarse por alto, ya que establece que Dios, en su soberanía, también ha determinado de antemano quienes serán condenados eternamente sin que puedan hacer algo para cambiarlo. La Confesión de Fe de Westminster (una declaración de fe calvinista) habla de este decreto eterno de Dios afirmando que:

III.- Por el decreto de Dios y para la manifestación de su gloria, algunos seres humanos y ángeles son predestinados y preordenados para vida eterna, y otros preordenados para muerte eterna.
IV.- Estos ángeles y también los seres humanos, así predestinados, y preordenados, están particular e inmutablemente designados, y su número es tan cierto y definido, que no se puede aumentar ni disminuir.
V.- A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, según su eterno e inmutable propósito, y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, antes que fueran puestos los fundamentos del mundo, por su pura y libre gracia y amor, sin la previsión de la fe o buenas obras, o la perseverancia en ninguna de ellas, o de cualquier otra cosa que haya en las criaturas, como condiciones o causas que le muevan a ello, y todo para la alabanza de su gloriosa gracia.
VI.- Puesto que Dios ha designado a los elegidos para gloria, así también, por el eterno y más libre propósito de su voluntad, ha ordenado todos los medios para ello. Por lo tanto, los que son elegidos, estando caídos en Adán, son redimidos por Cristo, son eficazmente llamados a la fe en Cristo por su Espíritu que obra a su debido tiempo, son justificados, adoptados, santificados y por su poder son guardados para salvación por medio de la fe. Ni hay otros que sean redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados, y salvados, sino solamente los elegidos.
VII.- Al resto de la humanidad, agradó a Dios pasarla por alto y destinarla para deshonra e ira por su pecado, según el inescrutable consejo de su propia voluntad, por la cual extiende o retiene misericordia como a Él le place para la gloria de su poder soberano sobre las criaturas, para la alabanza de su gloriosa justicia.[2]

¿Suena esto a buenas nuevas para los perdidos? ¡No lo creo! Los calvinistas, sin embargo, insisten que sí lo son. Y es que la elección incondicional es exigida por la visión distorsionada de la soberanía de Dios, que presenta el calvinismo.

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LA LÓGICA DEMENTE DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA

De acuerdo con la teología calvinista cada pensamiento, palabra y acción es decretada por Dios, incluyendo todo pecado. Esta perspectiva es irracional y no bíblica, pero para el calvinista es una base importante de su creencia. Como bien lo afirmara cierto autor calvinista:

“El total énfasis en la soberanía de Jehová Dios Todopoderoso es la verdad y la belleza del Calvinismo”[3]

Ciertamente, los calvinistas (en el peor y más amargo espíritu sectario) presumen de ser los únicos que entienden y defienden la soberanía de Dios. Otro escritor calvinista añade:

“Sólo el calvinismo… reconoce la soberanía absoluta de Dios”.[4]

Tal afirmación es falsa. Por el contrario, todos los cristianos creen que Dios es absolutamente soberano, pero muchos reconocen que la soberanía no es incompatible con la libertad de elección. Los arminianos afirmamos que Dios no es menos soberano porque Satanás y la humanidad se hayan rebelado y desobedezcan continuamente. A Dios, en su soberanía, le plació concederle a los ángeles y a los hombres la libertad para escoger. Dios no está detrás de todo lo que pasa como un maestro titiritero. De lo contrario, Él sería el responsable de todo mal y pecado en el mundo, pues si Dios ha predeterminado cada evento que ocurre, aún el pecado ha sido predeterminado por Él. Muchos teólogos calvinistas declaran, sin aparente sentido de contradicción ni culpa alguna que:

“Dios… ha preordenado… incluso el pecado”.[5]

Pero el hecho es que el pecado es rebelión contra Dios, así que difícilmente podría ser por voluntad de Él. Sin embargo, los calvinistas insisten en que:

“Cada evento está preordenado porque Dios es omnisciente… por lo tanto de todo lo que Dios dice, ‘así debe ser…’ ¿No deberían colgar sus cabezas en vergüenza los que dicen que Dios no preordena el mal?”.[6]

Dichos autores simplemente hacen eco de Calvino, quien dijo:

“Dios prevé las cosas que deben suceder, simplemente porque él ha decretado que estás van a suceder… es vano el debate sobre pre-conocimiento, porque está claro que todos los eventos toman lugar por el decreto soberano de Dios”.[7]

Siguiendo a su líder, muchos calvinistas mantienen que, si un solo evento puede ocurrir fuera de la soberanía de Dios, entonces no es totalmente soberano, y no podemos estar seguros de que se cumplirá su plan para las edades. ¿Cómo, entonces, pueden negar los calvinistas de hoy que el calvinismo enseña que Dios provoca el pecado? Esta teoría, como hemos visto, no se encuentra en las Escrituras, ni es razonable. Para ser libre de esta falsa creencia se necesita reconocer que existe una gran diferencia entre lo que Dios decreta y lo que permite, entre lo que Dios desea y lo que sus criaturas hacen en desobediencia a su voluntad y el rechazo de su amor. Eso, aparentemente, es imposible de entender para un calvinista.

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EL EXTRAÑO DIOS DEL CALVINISMO

Como arminianos, pero sobre todo como creyentes en la Palabra de Dios, afirmamos que Dios es omnisciente, y sabe todo antes que suceda, y, por lo tanto, no puede suceder nada que Él no sepa. Sin embargo, para que nuestro Dios omnisciente lo sepa todo, claramente no es necesario que deba decretar y causarlo todo. El calvinismo, en contradicción con la Biblia y la razón, limita el pre-conocimiento, insistiendo en que Dios sabe solamente lo que él ha decretado; por lo tanto, para que Dios lo sepa todo, también debe ser el causante de todo, incluyendo de todos los males.

Sin que los calvinistas parezcan incomodarse por ello, la doctrina de la elección incondicional presupone que, como Dios es creador de todo y autor de la elección, también lo es de la maldad. Todo lo que ocurre ha sido decretado por Dios, no por la voluntad del hombre. La posición calvinista sostiene erróneamente que:

“El negar el pre-conocimiento de Dios es negar su omnisciencia… Pero hay que ir más lejos: no sólo vio su ojo omnisciente a Adán comer del fruto prohibido, sino que él lo decretó antes que lo hiciera”.[8]

En su afán por sostener ideologías religiosas humanas, los calvinistas olvidan que Dios está separado del universo. Él trasciende su creación, el tiempo y el espacio. Él observa desde fuera del tiempo; por lo tanto, su previo conocimiento del futuro deja al hombre libre para elegir. Para Dios no hay tiempo. Pasado, presente y futuro son significativos sólo para el hombre como parte de su existencia temporal en este universo físico. El conocimiento de Dios de lo que para él es un eterno presente no tendría efecto sobre lo que es para el hombre todavía futuro. Calvino mismo aceptó este punto de vista sin darse cuenta de su impacto devastador en su propia negación de la capacidad del hombre para tomar decisiones genuinas:

“Cuando atribuimos el pre-conocimiento a Dios, queremos decir… que para su conocimiento no existe pasado ni futuro, sino que todas las cosas están presentes y de hecho realmente las ve y contempla como un hecho que sucede bajo su inmediata inspección”.[9]

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TORCIENDO LA PALABRA DE DIOS DESDE EL GÉNESIS

La doctrina calvinista afrenta el carácter y la sabiduría de Dios. Pero eso no es todo, en su intento por sostener las doctrinas de herencia agustiniana enseñadas por Calvino, el calvinismo tergiversa la palabra de Dios para que encaje en su sistema teológico. El calvinismo razona que Dios, habiendo predestinado desde la eternidad pasada que Adán y Eva comieran del árbol del conocimiento, ¡Les prohíbe comer de él y así Él puede castigarlos por hacer lo que él pre-ordeno y causó que hicieran! Luego, por la elección incondicional, salva a un número selecto de sus descendientes para mostrar su gracia. Ese escenario increíble es contrario al carácter mismo de un Dios Santo y justo que “no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13). Lejos de causar el pecado, Dios ni siquiera tienta al hombre a pecar. La palabra hebrea traducida como “tentar” es nacah y significa probar o demostrar, y no atraer al pecado.

Cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, Él no estaba tentando a Abraham para cometer un asesinato, sino que estaba probando la fe y la obediencia de Abraham. Al sugerir que cada pensamiento de Abraham, palabra y acción ya habían sido predestinados por Dios, hace que la “prueba” de fe de Abraham no tenga sentido. Lo mismo sería válido para los cientos de veces que Dios puso a prueba la fe y la obediencia de los individuos y las naciones en la Biblia. Pedro declara que la prueba de su fe es “mucho más valiosa que el oro” (1 Pedro 1:7). ¿Cómo puede hablar de “su fe” Si la fe es de Dios? Y ¿cómo puede haber cualquier “prueba” significativa de ella si el hombre no tiene voluntad y todo ha sido predeterminado por Dios desde la eternidad pasada?

Dios no provocó ni predestinó la caída del hombre. Es más, Dios le dio a Adán y a Eva el mandato más fácil posible. De los muchos árboles del huerto del Edén ellos podían comer de cualquiera o de todos ellos, excepto uno (Génesis 2:16 – 17). Este mandato fue una prueba necesaria de obediencia y de amor por su creador. Dios estaba probando, y no tentando a sus criaturas. Pero este concepto del hombre recibiendo advertencia para no tentar a Dios y las pruebas de obediencia y fe, no tienen sentido si todo ha sido preordenado eternamente por Dios. Esta doctrina hace una burla de los alegatos de Dios a través de sus profetas para que el hombre se arrepintiera, y hace redundante el mismo evangelio. ¿Por qué suplicarle, advertir, o predicar a aquellos cuya respuesta ha sido preordenada desde la eternidad pasada?

El calvinismo se contradice a sí mismo, pues si el hombre es incapaz de ir en contra del decreto divino y está predestinado a hacer lo que Dios ya preestableció desde la eternidad para él ¿Cómo puede el hombre aún ser responsable por sus actos pecaminosos? Si por su decreto eterno, Dios ha predestinado al hombre cada pensamiento, palabra y acción, incluyendo las atrocidades más horrendas cometidas por los peores criminales de todo el mundo ¿Cómo puede juzgar al hombre haciéndolo responsable de lo que él mismo lo obligó a hacer? En el calvinismo, la rebelión del hombre es sólo la interpretación de lo que Dios ha determinado sobre la voluntad del hombre y esto se debe cumplir. Así que, según el calvinismo, el hombre no es un rebelde sino una marioneta. ¿Cómo puede ser condenado como rebelión pecaminosa contra la voluntad de Dios aquello que Dios mismo preordenó y causó? ¿Cómo es posible que sea desobediencia el hacer la voluntad de Dios? ¿Cómo podría Dios quejarse cuando el hombre hace lo que él le predestinó a hacer? Y ¿cómo podría el hombre entonces ser justamente castigado por hacer lo que no tiene ninguna capacidad de no hacer? Tal doctrina difama el Dios de amor y la justicia que se revela a la humanidad en las escrituras. En defensa del verdadero carácter de Dios, John Wesley argumentó razonable y bíblicamente:

“Dios no castigará a nadie por hacer algo que no pudo evitar; ni por algo que no podría omitir. Cada castigo supone que el agresor podría haber evitado el delito para el cual está siendo castigado. De lo contrario castigarlo sería palpablemente injusto e incompatible con el carácter de Dios”.[10]

Sorprendentemente, los calvinistas no ven la injusticia ni la contradicción en Dios pre-ordenando el pecado del hombre y luego castigándolo por lo que no pudo evitar hacer.

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ALTERANDO EL ORDO SALUTIS

Esta visión extrema de la soberanía y la predestinación se aplica a la salvación por la doctrina de la elección incondicional. Aunque la Biblia claramente enseña en varias ocasiones que la fe es la condición para la salvación, la elección incondicional del calvinismo ni siquiera permite fe para salvación. Dios simplemente decide salvar a algunos, llamados “los elegidos”, los regenera soberanamente y, solamente después de esto, les da fe para creer en Cristo mientras que maldice al resto de la humanidad por su eterno decreto. En otras palabras, el calvinismo coloca la regeneración antes del arrepentimiento y la fe en Cristo. Esto contradice la misma Biblia (Juan 1:12; Hechos 2:38; 3:18).

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CONCLUSIÓN

La perniciosa doctrina de la elección incondicional resta validez y sentido a las Escrituras. Por ejemplo, ¿Qué sentido tendría cumplir con la gran comisión si el número de los salvos ya está predeterminado por Dios y nada puede hacerse para cambiarlo? Sin embargo, las Escrituras y la conciencia imponen al hombre el deber de rescatar a todos los que sean posibles. Pero el calvinista insiste en que glorifica a Dios el rescatar sólo a un limitado grupo de elegidos caprichosamente. John MacArthur llama a los escogidos:

“Los elegidos de Dios para salvación”.[11]

Y afirma que Dios escoge condenar al resto de forma arbitraria. Según la mentalidad calvinista, esto muestra lo maravilloso que es Dios por salvar al menos unos pocos, causando así a los elegidos estar sumamente agradecidos. Con esto el calvinista intenta escapar a la pregunta de ¿Por qué Dios, ¿quién es amor, salva a tan pocos? El calvinista se conforma con afirmar, mediocremente, que la verdadera maravilla es que Dios salvara a alguno; pero esta no es una buena respuesta en lo absoluto. Es más, difama el carácter de Dios quien no quiere “que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Los Cánones de Dort establecen la parcialidad de Dios al afirmar lo siguiente:

“Que Dios, en el tiempo, a algunos conceda el don de la fe y a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras, y: hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Con arreglo a tal decreto ablanda, por pura gracia, el corazón de los predestinados, por obstinados que sean, y los inclina a creer; mientras que a aquellos que, según Su justo juicio, no son elegidos, los abandona a su maldad y obstinación…”[12]

Refiriéndose a esta declaración doctrinal del Sínodo de Dort el rey James de Inglaterra (cuyo legado es la Biblia King James en inglés), a pesar de que él no era Arminiano y mucho menos un “Santo”, expreso su repugnancia:

“Esta doctrina es tan horrible, que estoy convencido, que si hubiese un Consejo de espíritus inmundos reunidos en el infierno, y su príncipe fuera el diablo y se les pidiera su opinión sobre los medios más probables de agitar el odio de los hombres contra Dios su creador; nada podría ser inventado por ellos que fuera más eficaz para este propósito o que podría poner una mayor afrenta al amor de Dios para la humanidad que ese decreto infame del último Sínodo”[13]

Según la cosmovisión calvinista, Dios es un tirano cruel cuya antojadiza voluntad condena o salva a algunos por puro capricho. O peor aún, según la teología calvinista (ya sea que lo admitan o no), Dios finge ser bueno, misericordioso y justo mientras que, en realidad, es el autor de todo mal y desgracia que azota al universo por Él creado. Un erudito calvinista admitió desvergonzadamente que:

“Las dos tesis más inaceptables para el arminiano están en que Dios es la causa del pecado y que Dios es la causa de la salvación”.[14]

Los arminianos tenemos fuertes razones para no aceptar dichas tesis calvinistas. Para empezar, ambas tesis se contradicen, pero más importante aún, porque la Biblia firma lo contrario. La Biblia nos dice:

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1 Juan 1:5-7)
“Cuando alguien tenga una tentación, no diga que es tentado por Dios, pues a Dios no lo tienta la maldad ni tampoco él tienta a nadie. Uno es tentado cuando se deja llevar por un mal deseo que lo atrae y lo seduce.” (Santiago 1:13-14, PDT).

Nótese que en 1 Juan 1:7 no se nos dice que Dios es una luz, sino que Él es la luz. La luz es parte de su esencia, como lo es el amor (1 Juan 4:8). El mensaje es que Dios es sin reservas, completa y absolutamente santo, sin mezcla de pecado, sin contaminación de iniquidad y sin ningún indicio de injusticia. Por lo tanto, si Dios es luz y no hay maldad en Él, si Dios no es tentado por el mal ni Él tienta a nadie ¿Cómo pueden pensar los calvinistas que Dios es el autor del mal y quien pre-ordena, en su soberanía, todo acto humano, incluso el pecado? Dios no es el autor del mal.

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REFERENCIAS:

[1] John Piper, 5 Razones para abrazar la elección Incondicional; publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Sandra Merino.

[2] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 3, Secciones I-VII

[3] David J. Engelsma, Hyper-Calvinism and the Call of the Gospel; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1980, 133

[4] Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 15

[5] Edwin H. Palmer, the five points of calvinism (Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg., 1999, 26.

[6] Gordon H. Clark, predestination (Phillipsburg, PA: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1987, 63–64.

[7] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 6.

[8] Arthur W. Pink, the Sovereignty of God; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 2nd prtg. 1986, 249.

[9] John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 5.

[10] John Wesley, citado por Laurence M. Vance en “The Other Side of Calvinism”; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 236.

[11] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1939.

[12] Cánones de Dort, 3:VI.

[13] King James I; in Jacobus Arminius, the Works of James Arminius, trans. James and William Nichols; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1986, 1:213.

[14] Gordon H. Clark, Predestination; Phillipsburg, PA: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1987, 185.

IMAGEN DESTACADA

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

La Biblia niega la doctrina de la gracia irresistible

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Cuando Dios desea la salvación de alguien y le llama a través de la predicación del Evangelio, ¿esta persona puede negarse a venir a Él? Los calvinistas dirían que no sin pensarlo pues creen que Dios, soberanamente y por el sabio consejo de Su voluntad, llama eficazmente a sus escogidos y los trae a la vida, dándoles la fe y el arrepentimiento genuino: los lleva a los pies de Jesucristo. Este don es inmerecido e irrevocable, de manera tal que el elegido no se niega ni hace caso omiso del preciado regalo de la salvación. Esta enseñanza calvinista es conocida como la doctrina de la gracia irresistible.

El calvinismo afirma que la gracia salvadora no admite condiciones por parte del hombre redimido, y no es opcional recibirla. ¿Por qué? Porque creen que cuando Dios obra en el creyente este es sellado con el Espíritu Santo y convertido en nueva criatura aún antes de creer (2 Corintios 5:17). Por lo tanto, lo único que podrá hacer es amar a Dios porque este le amó primero (1 Juan 4:19) y lo predestinó para ser salvo y amarle. En este sentido, la gracia irresistible implica la imposición de la salvación sobre el pecador sin tomar en cuanta su deseo o decisión personal. 

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¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE DIOS ES ASÍ?

En contraste con dicha herejía humana, la Palabra de Dios brinda repetidas garantías de que el amor de Dios, su gracia y perdón son para toda la humanidad:

“Pero tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste” (Nehemías 9:17, LBLA)
“Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo” (Nehemías 9:31, LBLA)
“Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan”  (Salmos 86:15, LBLA)
“Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal” (Joel 2:13, LBLA)
“Y oró al Señor, y dijo: ¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas” (Jonás 4:2, LBLA)

Como cientos de otros, cada uno de estos versículos se dirigen a toda la nación de Israel; sin embargo, la mayoría de los israelitas rechazaron la gracia de Dios. No hay ningún indicio de que la compasión y misericordia de Dios se limite a unos cuantos elegidos, sino que es ofrecida a todos los hombres: “Le amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19) Nuestro amor es en respuesta al amor de Dios. ¿Y qué de aquellos supuestos no elegidos a la salvación, que Dios nunca pretendió salvar, para quienes Cristo no murió, y para quienes no existe esperanza alguna? ¿No es sádico el ordenarles amar a Dios? Porque este, el primero de los diez mandamientos, como todos, es un mandamiento para todos. ¿Cómo podrían los no elegidos amar a Dios, cuando Dios no los ama a ellos? Tal enseñanza deshonra a Dios y sólo puede causar resentimiento hacia Él. Ese es el fruto real del calvinismo. Mateo 7:17-19 nos dice:

“Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”

TITERE 1

DE ACUERDO CON LA BIBLIA LA GRACIA NO ES IRRESISTIBLE

El amor infinito del Dios de la Biblia, Su gracia y Su misericordia se demuestran poderosamente en su trato con Israel. Y Su amor brilla aún más debido al rechazo y el odio contra Él, por un Israel desobediente. Si en verdad la gracia fuera irresistible, los elegidos no podrían menos que rendirse ante Dios y hacer Su voluntad.

La gracia divina puede y ha sido a menudo resistida. Por ejemplo, la profecía completa de Oseas es una representación sorprendente del amor de Dios. En ella, el Dios Todopoderoso se asemeja a un marido traicionado y engañado. Pero la intensidad de la pasión de Dios por la nación del Pacto llega a su apogeo en Oseas 11.

“Cuando Israel era muchacho” Dios declara, “yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo,” (11:1). “Pero entre más amaba Dios a Israel, más se alejaban. Dios fue el que se preocupaba por ellos… el que “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (Oseas 11:4).

Sin embargo, ellos sacrificaban a Baal y amaban la idolatría. Así que Dios promete juicio. Volverán a Egipto y Asiria, es decir, a la cautividad y la esclavitud, “porque se niegan a arrepentirse” (11:5). Sus ciudades serán destruidas (11:6). Esto da a entender como si se ha pronunciado una sentencia implacable. Pero después es como si Dios no puede tolerar la idea. En una agonía de intensidad emocional, Dios se compunge:

“¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboím? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad” (Oseas 11:8, 9)

Estos versículos muestran que Israel, el pueblo elegido, resistió el llamado y la gracia, los cuales supuestamente son eficaces e irresistibles. Pero también recalcan otra verdad importante: Si el calvinismo estuviera en lo correcto, estos ruegos son una farsa ¿Por qué? Porque los elegidos no los necesitan, y los no elegidos no les prestan atención. Los que son totalmente depravados y elegidos a la salvación deben ser regenerados e infundidos con la Gracia Irresistible, por lo que únicamente podrían responder en amor y aceptación al toque de Dios, mientras que el resto de la humanidad está condenada y sin remedio. Pero eso no es lo que vemos en la historia de Israel. Además, ¿Por qué fingir este amor y preocupación cuando el hombre no tiene opción y Dios irresistiblemente puede hacer que alguien haga lo que él quiera? Supuestamente, el elegir sólo unos pocos selectos y condenar al resto es necesario para demostrar la soberanía de Dios y su justicia, y será eternamente para su mayor gloria. Sin embargo, es obvio que Dios no necesita maldecir a nadie para demostrar su soberanía o su justicia. Si no es una amenaza a la soberanía de Dios el salvar a los elegidos, tampoco sería una amenaza rescatar a un millón más, 100 millones más, o aún, salvar a toda la humanidad.

Múltiples pasajes de la Biblia quitan toda duda de que Dios ama y desea bendecir no solo a un grupo de elegidos, sino a toda la humanidad, incluyendo aquellos que rechazan su amor y su oferta de gracia y bendición. El carácter mismo de Dios se refleja en los mandamientos que Él dio a su pueblo elegido. Ellos debían restaurar, incluso a un enemigo, su buey o asno que se había extraviado (Éxodo 23:4). ¿Y, sin embargo, Dios no daría a la humanidad errante la bondad que Él manda al hombre dar a los animales? Tal enseñanza no es fiel a las Escrituras o a la conciencia que Dios ha puesto dentro de cada persona (Romanos 2:14-15).

Otra prueba de que la gracia no es irresistible la encontramos en el hecho de que Dios envió a sus profetas, generación tras generación, para abogar por el arrepentimiento de un pueblo que repetidamente rechazó la oferta de su gracia. ¿Por qué esa gracia no fue “irresistible”? Si el poder omnipotente de Dios puede hacer que cualquiera reciba el don de su gracia, entonces el “regalo” no es un regalo, y la “gracia” no es gracia, y el hombre no es un ser moralmente responsable. En todos los ruegos de Dios con Israel para arrepentimiento y sus promesas de bendición si lo cumplían, nunca hay ninguna sugerencia de que podría o que sería impuesta su gracia sobre ellos irresistiblemente. Por el contrario, Dios clama:

 “Oye, pueblo mío, y te amonestaré… En un momento habría yo derribado a sus enemigos… Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo” (Salmo 81:8 – 16).

En cambio, el juicio de Dios cayó sobre Israel. ¿Era juicio lo que Dios quiso para ellos todo ese tiempo?, y ¿Fueron sus ruegos falsos? Uno es conducido a esa conclusión por el calvinismo, el cual socava todas las Escrituras. Tales ruegos de Dios a Israel y a toda la humanidad se convierten en un pretexto vergonzoso.

La Biblia enseña que la gracia para venir a la salvación se les da a todos, no sólo a un pequeño grupo de elegidos. Si no todos vienen a los pies de Cristo se debe a que ellos resisten dicha gracia. Tito 2:11 nos dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.” (No solo a los elegidos)

La Biblia enseña que aquellos que no vienen a la salvación después de ser expuestos a la verdad, han resistido y rechazado la gracia. 2 Tesalonicenses 2:10 dice:

“y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.”

Se puede resistir el llamado de salvación de Dios. Hechos 7:51 dice:

“Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros”.

¿Acaso la gracia no es Irresistible? ¿No que no se puede resistir el llamado eficaz y la gracia impartida por el Espíritu Santo?

Juan 5:40 afirma:

“y no queréis venir a mí para que tengáis vida.  Y rehusáis venir a mí para tener vida”.

¿Qué acaso no sabía Cristo que los elegidos no puede rehusar venir a Él? (Gracia irresistible). ¿O no sabía Cristo que, si no son parte de los elegidos, no pueden venir a Él, pues no son capaces de hacerlo? (pues su voluntad estaba depravada y la gracia no les ha sido dada, ni les será dada jamás, pues la redención es limitada solo a los elegidos)

Lucas 19:41 nos dice:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”.

¿Por qué lloro Jesús por Jerusalén si ese era el designio de la voluntad perfecta de Su Padre? ¿Por qué no simplemente dijo que era la voluntad de Su padre que la ciudad pereciera junto con los que no eran elegidos? Si él deseaba salvar a su pueblo elegido, ¿Por qué su gracia no fue irresistible en este caso y los salvó?

Lucas 7:30 afirma:

“Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”.

¿Por qué recalcar tanto la responsabilidad de los fariseos al rechazar la gracia y los designios de Dios en sus vidas? ¿Acaso no era esta gracia y este designio divino algo irresistible? Obviamente era el designio de Dios para ellos que se arrepintieran, pero ellos lo rechazaron libremente probando que la gracia no es irresistible.

Hechos 13:46 nos dice:

“Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.

Es claro que aquí los “elegidos” desecharon el mensaje y la vida eterna (¿Qué acaso no sabía Pablo que la gracia es irresistible?). Según la lógica calvinista los elegidos hallan irresistible la gracia de modo que se arrepienten y creen. No tienen opción de rechazar la gracia y el mensaje que se les predica. Pero aquí vemos a los “elegidos”, la nación del pacto, rechazarlo, resistirlo y condenarse.

IRRESISTIBLE 1

CONTRADICCIONES INTERMINABLES EN EL CALVINISMO

El sistema teológico calvinista malinterpreta el concepto de soberanía y omnipotencia de Dios. Este elemental, pero sincero malentendido de la soberanía y omnipotencia divina es fundamental para el calvinismo. Cierto erudito calvinista afirma erróneamente:

“Si cada hombre posee un libre albedrío que es lo suficientemente fuerte como para resistir la voluntad de Dios en la salvación, ¿Qué le evitaría el resistir la voluntad de Dios en la condenación eterna del juicio del Gran Trono blanco?”[1]

Dicho autor parece estar confundido o peca deliberadamente de deshonestidad. Los que están presentes en el juicio del Gran Trono Blanco están allí debido a su repetido endurecimiento contra el amor de Dios y de la oferta de salvación. Ahora se enfrentan a su juicio. La gracia se ofrece en amor; el juicio es impuesto por la justicia y el poder. ¿Acaso los calvinistas no ven ninguna diferencia entre la salvación ofrecida en la gracia de Dios y el juicio impuesto por su justicia? ¿Hablan en serio cuando sugieren que por rechazar una, también se puede rechazar la otra? No todos los calvinistas están de acuerdo. Muchos están descubriendo lo contradictorio y errado de dicho sistema teológico.

Pero las contradicciones del calvinismo no terminan ahí. Otro autor calvinista afirma que la “soberanía incondicional de Dios y la responsabilidad de los seres humanos son compatibles entre sí”[2] Dicho argumento es ridículo.

Los arminianos no minimizamos la soberanía de Dios, más bien entendemos que esta debe ser equilibrada con sus otros atributos. La soberanía absoluta de Dios no impidió la rebelión de Satanás y de Adán, tampoco impidió la desobediencia continua del hombre y su extravío como oveja perdida en rechazo a la voluntad de Dios. La soberanía de Dios tampoco significa que Dios está detrás de todo y que por consiguiente sea Él quien esté causando cada pecado por designio de su voluntad, como lo requiere el calvinismo. Este error dio lugar a la creencia de que la gracia debe ser irresistible, lo cual es totalmente falso. Las Escrituras no se burlan de nosotros al decir que, “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103:13).

Algunos calvinistas intentan escapar de las terribles consecuencias de su doctrina. Muchos sugieren que la predestinación a la condenación, y la invitación de Dios a todos a creer, son ambas verdades bíblicas, aunque se contradigan entre sí. Supuestamente, el problema es que no sabemos cómo conciliar estos aparentes conflictos y tampoco se debe intentar, porque todo será revelado en la eternidad. Esto no es más que un argumento sin sentido que pretende callar la disidencia y el intelecto.

La verdad es que el calvinismo ha creado este “misterio” particular. Aunque hay muchas cosas que no comprendemos los seres humanos, se nos ha dado una conciencia con un agudo sentido del bien y el mal, de justicia y de la injusticia. Dios nos llama a razonar con Él sobre estas cosas. Llega hasta límites extremos para explicar su justicia y su amor e incluso le ha dado al hombre no regenerado, a través de su gracia preveniente, la capacidad de entender el Evangelio y creer en Cristo o rechazarlo. El calvinismo, como hemos visto repetidamente, es repugnante a la conciencia dada por Dios.

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LA GRACIA IRRESISTIBLE DEL CALVINISMO SE OPONE A LA GRACIA BÍBLICA DEL EVANGELIO

La mayoría de los calvinistas intentan honrar el mandamiento de Cristo de predicar el Evangelio a toda criatura. Sin embargo, es difícil defender la importancia del evangelio cuando el no regenerado es incapaz de creerlo, y los elegidos se regeneran sin él, luego se les da fe para creer soberana y sobrenaturalmente.

Según el TULIP, ¿Cómo puede el Evangelio afectar la salvación de alguien? El no regenerado, sea un elegido o no elegido, no puede responder ni tampoco creerlo. Tampoco se beneficia el no electo de entender, porque estos han sido predestinados a la condenación eterna desde el principio. Los elegidos se regeneran sin el Evangelio y sólo entonces pueden creer (y esto de forma impuesta por ser irresistible). Pero el imponer cualquier cosa a alguien es la antítesis de la gracia. Incluso el forzar un regalo tan valioso y deseable, sobre alguien que no desea recibirlo, sería totalmente contrario a la gracia. Por lo tanto, el término “Gracia Irresistible” es otra contradicción. Sin embargo, dicha doctrina es un elemento integral sin la cual los otros cuatro puntos del ‘TULIP’ se desmoronan. Y es que la palabra “irresistible” para referirse a la gracia no aparece en la Biblia. Esto es irónico si se tienen en cuenta que la maravillosa gracia de Dios es una de las más preciosas verdades en Su palabra.

La palabra “gracia” aparece 170 veces en 159 versos. Y nunca en ninguna mención hay alguna sugerencia de que la gracia se impone irresistiblemente. Siempre la inferencia es que la gracia de Dios es entregada libremente y es voluntariamente recibida (Génesis 6:8; Salmos 84:11; Romanos 1:5; Romanos 12:6; 1 Corintios 1:4; ; Efesios 3:8; Efesios 4:7; 1 Pedro 3:7; Zacarías 12:10; Hechos 4:33; 2 Corintios 9:8). Aunque resulta evidente que Dios es el otorgador de la gracia, no hay ningún indicio bíblico de que la gracia de Dios se imponga irresistiblemente sobre cualquiera. Cada uno de su propia voluntad, debe elegir recibirla o rechazarla.

Muchos calvinistas, en defensa de su contradictorio sistema teológico más que del honor y del carácter divino, hacen sorprendentes declaraciones. Por ejemplo, cierto autor calvinista afirma:

“Porque la voluntad de Dios siempre se cumple, la voluntad de cada criatura debe conformarse a la voluntad soberana de Dios”[3]

Entonces, siguiendo la lógica calvinista, cada pensamiento, palabra y acción de la humanidad (incluyendo la maldad más atroz) ha sido determinada por Dios. Otro erudito calvinista comenta:

“La fornicación y la ingratitud son realmente parte de la voluntad ‘secreta’ de Dios’ y no debe sorprendernos a la luz de… el concepto calvinista de todo el decreto de Dios”[4]

¿Realmente creen lo que dicen? ¿Acaso no es repugnante y blasfema tal doctrina que afirma que todo el mal es cumplido por la voluntad de Dios? Sin embargo, los calvinistas luchan por reconciliar esta cruel y blasfema doctrina con el repetido testimonio bíblico de la bondad de Dios, su compasión y amor para todos. Teólogos neo-calvinistas como MacArthur y John Piper proponen una solución pseudo-bíblica e irracional: la idea de que Dios tiene dos voluntades que se contradicen una a otra, pero que realmente no están en conflicto:

“Por lo tanto afirmo con Juan 3:16 y 1 Timoteo 2:4 que Dios ama al mundo con una profunda compasión, y que desea la salvación de todos los hombres. Pero también afirmo que Dios ha escogido desde antes de la fundación del mundo a quien él salvará del pecado. Puesto que no todas las personas son salvas debemos elegir si creemos (con los Arminianos) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso de la libre determinación humana o si creemos (con los calvinistas) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso con la glorificación de su soberana gracia (Efesios 1:6, 12, 14; Romanos 9:22-23)… la voluntad de Dios para que todas las personas sean salvas no es una contradicción con la soberanía de la gracia de Dios en la elección. Esta es mi respuesta a la pregunta sobre lo que frena la voluntad de Dios para salvar a todas las personas en su supremo compromiso de respetar y mostrar la gama completa de su gloria a través de la manifestación soberana de su ira y misericordia para el gozo de sus escogidos y los creyentes de cada tribu, lengua y nación”[5]

Una vez más, tenemos una contradicción evidente de Piper. En su gran amor y compasión, Dios “desea la salvación de todos los hombres”. Sin embargo, para “Mostrar la gama completa de su gloria” no salva a todos a pesar de la insistencia en que él podría salvar a todos, si él así lo deseara. Aclaremos esto: El Dios de Piper desea la salvación de todos los hombres; y con su imposición soberana de la gracia irresistible, él podría salvar a todos, pero no lo hace para demostrar su ira. Aquí tenemos la contradicción más clara posible. ¿Cómo puede escapar de ella el calvinista? Según Piper Dios ama y realmente quiere salvar incluso aquellos a quienes él ha predestinado a la condenación desde la eternidad pasada, pero no lo hará porque desea mostrar su ira y presumir su soberanía; por lo tanto, Dios tiene dos voluntades que, aunque se contradicen entre sí, en secreto realmente están de acuerdo. ¿Es esto lógico y coherente con el carácter del Dios de la Biblia? Se nos pide creer que no se trata de ninguna contradicción para Dios mismo contradecirse, siempre y cuando fomente la “soberana demostración de su ira y su misericordia”. Piper falla en su razonamiento, pues condenar a miles de millones sin duda demostraría la ira de Dios, pero ¿Cómo glorifica esto su misericordia? Y aunque de alguna manera fuera este el caso, no hay forma de conciliar la reprobación con las claras expresiones del amor y el deseo de salvación para todos.

Piper tiene otro problema. Dios no se contradice. Por lo tanto, Piper debe conciliar lo que él llama las “dos voluntades” de Dios para mostrar que éstas están de acuerdo, aunque directamente se contradicen y auto-cancelan mutuamente. Y no logra conciliarlas porque es imposible. Una contradicción es una contradicción y no existe una manera honesta de que dos proposiciones contradictorias puedan ser manipuladas para que logren concordar. ¿Será el Dios del calvinismo un dios esquizofrénico? Por lo tanto, los calvinistas están en una posición bastante incómoda de pretender hacer una oferta válida de la salvación a los no elegidos, mientras que niegan que la única disposición de salvación (es decir, la muerte de Cristo) no está disponible para ellos. Para agregar insulto a esta lesión, reclaman que esta es la manera que Dios lo quiso desde la eternidad pasada.[6]

Los calvinistas afirman que la voluntad y las acciones del hombre no pueden estar en conflicto con la voluntad de Dios, porque esto haría al hombre mayor que Dios. Esa posición relativa y antibíblica de la soberanía de Dios, les conduce a proponer que las dos voluntades en conflicto no son la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, sino las dos voluntades del designio de Dios. En otras palabras, afirman que la batalla no es entre Dios y el hombre, como dice la Biblia, sino más bien de Dios contra sí mismo, como insiste el calvinismo. Sin lugar a duda el carácter y el honor de Dios está siendo tergiversado por la doctrina calvinista.

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CONCLUSIÓN

Todo el mundo que oye el Evangelio es llamado a la fe en Cristo, no sólo externamente sino también internamente. El Espíritu habla a cada corazón, haciendo todo lo posible para persuadir al pecador a confiar en Cristo. Sin embargo, los pecadores son capaces de resistir el Espíritu Santo, y no van a ser regenerados a menos que y hasta que se arrepientan. Para decirlo de otra manera, la aplicación del Espíritu de la obra salvadora de Cristo está condicionada a la aceptación previa del pecador del evangelio.

El Espíritu Santo no puede impartir nueva vida espiritual a menos que el pecador esté dispuesto a recibirla. No obstante, debe entenderse que la gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, con respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Esto resulta evidente al estudiar pasajes ampliamente conocidos como Hechos 7 y muchos otros.

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REFERENCIAS:

[1] Tom Ross, Abandoned Truth: The Doctrines of Grace; Providence Baptist Church, 1991, 56.

[2] D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 52.

[3] Steven R. Houck, The Bondage of the Will; Lansing, IL: Peace Protestant Reformed Church, n. d., 3.

[4] Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 481.

[5] John Piper, “Are There Two Wills In God?” In Still Sovereign, ed. Thomas R. Schreiner and Bruce A. Ware; Grand Rapids, MI: Baker Books, 2000, 130–31.

[6] George L. Bryson, The Five Points of Calvinism: Weighed and Found Wanting; Costa Mesa, CA: The Word For Today, 1996, 56.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

¿De quién depende mi salvación?

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Por años los calvinistas han acusado a los arminianos de promover una forma de salvación basada en obras o enfocada en la propia habilidad del hombre para salvarse a sí mismo. Dicha crítica, muy común en círculos calvinistas, es tanto falsa como maliciosa, y nace de la falta de la ignorancia y falta de comprensión que los calvinistas tienen de nuestras doctrinas. Tal caricaturización del arminianismo busca convencer a los indecisos teológicamente que nosotros, los arminianos, no podemos experimentar la seguridad de nuestra salvación, ya que no puede haber seguridad si la causa última de nuestra redención se encuentra en nosotros mismos. El calvinista cree que la doctrina arminiana destruye el fundamento bíblico de la seguridad de la salvación.  ¿Por qué? Porque ellos afirman erróneamente que nosotros los arminianos creemos que nuestra salvación no depende de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que posteriormente nosotros hacemos por nosotros mismos. Esto es falso. Los arminianos no creemos tal cosa. Tales afirmaciones representan solo uno de los muchos puntos en los cuales los calvinistas tergiversan la teología arminiana.

ATRAPADO 1

EJERCER FE ES UN ACTO DE DEPENDENCIA

Afirmar, como hacen los calvinistas, que el arminianismo cree que la salvación no depende de Cristo, sino de nosotros, es una mentira descarada. La Biblia enseña claramente que los beneficios de la expiación son recibidos por la fe (Romanos 3:25).  El problema para el calvinista reside en la cuestión de si depende de nosotros poner fe en Cristo (o en su “sangre” como dice Romanos 3:25), o si es Dios, a través de su supuesta gracia irresistible, quien opera en nosotros y nos obliga a creer sin tomar en cuenta nuestro albedrío. En la mentalidad reductiva del calvinista, si el ser humano elige libremente (por sí mismo) ejercer fe en Cristo como Salvador, entonces la salvación no dependería de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que nosotros hagamos por nosotros mismos.

Pero, ¿En qué sentido poner fe en Cristo y Su expiación es un ejercicio de autodependencia y rechazo de la soberanía de Dios? ¿Realmente no se dan cuenta los calvinistas que es exactamente lo contrario? En pocas palabras, si pudiéramos salvarnos a nosotros mismos, no necesitaríamos confiar en Cristo para salvarnos. Si pudiéramos expiar nuestros propios pecados, no necesitaríamos confiar en Su sangre para recibir los beneficios de Su expiación. De hecho, decir que necesitamos confiar en Cristo para salvarnos es lo mismo que decir que necesitamos “depender” de Él para salvarnos. Confiar en Jesús es un acto de dependencia. Es por eso que la fe es la perfecta condición no meritoria para recibir el regalo de salvación gratuito, no merecido e inmerecido (Romanos 4).

REGALO

 

LA ABSURDA LÓGICA CALVINISTA

Una declaración simple con la que todos los arminianos y calvinistas deberían estar de acuerdo es la siguiente: “Necesitamos confiar en Cristo para salvarnos”. Tal declaración no es nada controvertida, ¿verdad? Ahora hagamos una pregunta simple con respecto a esa declaración: ¿Quién es el autor, o causa determinante, de la salvación en esa declaración? ¿Es el que confía en Cristo? Por supuesto que no. Cristo efectúa la salvación de aquél que cree en Él. Nuevamente, es por eso por lo que necesitamos confiar en Cristo para salvarnos porque no podemos salvarnos a nosotros mismos. Si pudiéramos salvarnos a nosotros mismos, no necesitaríamos confiar en Cristo para salvarnos, ¿verdad? Que necesitamos confiar en Cristo para salvarnos demuestra que somos impotentes para salvarnos a nosotros mismos. Es tan dolorosamente simple y obvio que es difícil entender cómo los calvinistas pueden pasarlo por alto tan fácilmente.

Ahora pensemos: ¿Somos nosotros los responsables de confiar en Cristo? Sí. Pero eso de ninguna manera significa que nos salvemos a nosotros mismos. Todavía es Cristo quien efectúa todo el proceso de la salvación de principio a fin. Confiar en Cristo para salvar depende del poder de Cristo para salvar, no del nuestro. Si dependemos de Cristo para salvarnos al confiar en Él, ¿cómo puede un calvinista no ver cuán falso es afirmar que el arminianismo enseña que la salvación, desde este punto de vista, no depende de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que nosotros subsecuentemente hagamos por nosotros mismos? El arminianismo de ninguna manera enseña que la salvación depende de nosotros. Enseña que la salvación depende totalmente de Cristo y de su obra expiatoria en la cruz. Debido a que somos impotentes para salvarnos o para expiarnos, debemos confiar en Él para hacer lo que no podemos hacer por nosotros mismos. El arminianismo no puede ser acusado correctamente de promover la auto salvación o la salvación por obras. Creemos plenamente en la salvación por gracia a través de la fe, mientras rechazamos la idea no bíblica de que, si no se nos hace irresistiblemente confiar en Cristo, esa fe es de alguna manera una “obra”. Pablo (en quien los calvinistas se amparan) no lo creía así, ni la lógica exige tal conclusión. Entonces, ¿por qué los calvinistas persisten en calumniar al arminianismo de tal manera?

Woman giving Christmas gift to beloved

 

LA GRACIA HABILITADORA

Otra razón por la cual las acusaciones de los calvinistas son ridículas podemos hallarla en la doctrina arminiana de la Gracia Habilitadora o Preveniente. En el Arminianismo, ni siquiera podemos confiar en Cristo en primer lugar sin la intervención previa de la gracia habilitadora de Dios para vencer nuestra depravación y hacer posible la fe. No solo necesitamos confiar en Cristo para salvarnos (demostrando que somos impotentes para salvarnos a nosotros mismos), sino que también dependemos completamente de Su gracia para poder confiar en Él para salvarnos. Por lo tanto, la acusación del calvinismo contra el arminianismo es completamente carente de fundamento.

La causa primera y última de nuestra redención no se encuentra en nosotros, se encuentra en Cristo, por lo que debemos confiar en Cristo para redimirnos. Él es el alfa y la Omega de nuestra salvación (Efesios 2:8-9, Judas 1:24, Filipenses 1:6, 2:13). Lo que los calvinistas se rehúsan a entender es que el hecho de que necesitemos confiar en Cristo para redimirnos de ninguna manera significa que somos la causa de la redención. Es como decir que, si recibimos un obsequio, totalmente gratuito e inmerecido, de alguien (aunque igualmente podríamos haber rechazado el obsequio) entonces somos de alguna manera la “causa última” del obsequio. Recibir libremente un regalo de alguien no significa que lo hayamos ganado. No significa que hayamos comprado el regalo. No significa que hayamos contribuido al regalo. No significa que hayamos causado el regalo, y ciertamente no significa que nos hayamos dado el regalo a nosotros mismos. Todo eso es claramente absurdo y, sin embargo, ese absurdo forma la base de este argumento calvinista contra el arminianismo. Detrás de este argumento también se encuentra la extraña suposición de que un regalo no puede ser realmente un regalo a menos que se entregue de manera irresistible o incondicional (es decir, que te obliguen a aceptarlo). Es realmente difícil entender por qué tantos calvinistas (aparentemente inteligentes) todavía encuentran convincente esta línea de razonamiento.

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CONCLUSIÓN

Entonces, ¿De quién depende nuestra salvación eterna? Ciertamente no de nosotros; todo depende de Dios: “Por su misericordia y por medio de la fe, ustedes son salvos. No es por nada que ustedes hayan hecho. La salvación es un regalo de Dios y no se obtiene haciendo el bien. Esto es así para que nadie se sienta orgulloso.” (Efesios 2:8-9, NBV). Nuestra capacidad de elegir a Jesús es el resultado de la gracia habilitadora que Dios da primeramente al hombre, la cual compensa los efectos de la caída, y le permite a este decidir aceptar o rechazar a Cristo. Incluso nuestra fe es regalo de Dios: “Como mensajero por la bondad de Dios les advierto que no se consideren mejores de lo que son; valórense según el grado de fe que Dios les ha dado.” (Romanos 1:23, NBV).

En otras palabras, Dios debe hacer algo incluso para posibilitar la elección de la salvación, ya que “las bendiciones de Dios no las obtienen quienes las quieran, ni quienes se esfuercen por obtenerlas. Dependen de que Dios tenga misericordia de ellos.” (Romanos 9:16, NBV). Nunca son nuestras obras ni mucho menos nuestra voluntad sola la que nos salva, pues aún esta necesita ser influida por la gracia o jamás elegiría a Dios por su propia cuenta ya que “es Dios el que les da a ustedes el deseo de cumplir su voluntad y de que la lleven a cabo.” (Filipenses 2:13, NBV). ¿Lo comprendemos? ¡Ni siquiera tendríamos el deseo de creer, ni mucho menos de hacer la voluntad de Dios sin auxilio de la gracia! Cuando algo bueno hacemos, cuando creemos, cuando hacemos la voluntad de Dios ¡Es la gracia operando a través de nosotros! El gran apóstol Pablo tuvo que admitir que todos sus logros no eran suyos, sino producto de la gracia: “Pero lo que soy, lo soy por la gracia de Dios. Y su gracia no ha sido en vano, porque he trabajado más que todos ellos, si bien es cierto que no he sido yo, sino la gracia de Dios que ha obrado por medio de mí.” (1 Corintios 15:10, NBV). Todas estas preciosas verdades de la gracia son creídas por nosotros los arminianos ¿Cuál es la intención oculta, entonces, tras la falsa acusación de los calvinistas sobre nuestra doctrina? ¡Puro sectarismo religioso!

El ser humano ha de cumplir su parte en el proceso de salvación, es decir, creer. Cristo mismo lo dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (Juan 3:36). Ejercer fe en Cristo para salvación es un acto libre y voluntario, pero jamás representará mérito alguno para el hombre, ni se le considera la causa final y última de la salvación, “En cambio, quien no hace obras para que Dios lo considere bueno, pero cree que Dios lo hace justo por creer, esa fe se le cuenta para declararlo justo.” (Romanos 4:5, NBV). De principio a fin, la salvación es del Señor:

“Pero yo para siempre te rendiré homenaje y te ofreceré sacrificios rituales en agradecimiento por lo que has hecho por mí. Cumpliré las promesas que te hice. ¡Solamente el Señor me puede salvar!”

(Jonás 2:9, NBV)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Salvación

¿Van al cielo todos los bebés que mueren?

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

¿Cuál es el destino eterno de aquellos bebés que fueron abortados y nunca llegaron a nacer? ¿Qué ocurre con esos niños que mueren en su infancia? ¿Podrían algunos de ellos estar entre los perdidos y reprobados? ¿Qué hay de quienes, debido a una discapacidad cerebral o alguna otra limitación de sus facultades mentales, no tienen capacidad de discernimiento moral, deliberación o voluntad y mueren? ¿Van todos al cielo, o es que algunos de ellos estarán entre los condenados? Estas preguntas van más allá de ser una cuestión teórica diseñada para la especulación, pues toca una de las experiencias más inquietantes de la vida, emocional y espiritualmente hablando: la pérdida de un niño o de una persona discapacitada mentalmente.

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UNA COBERTURA ESPECIAL DE LA GRACIA

En el arminianismo la creencia general es que todos los que mueren en la infancia, así como aquellas personas con discapacidad mental y que debido a ella son incapaces de tomar una decisión informada, se encuentran bajo una cobertura especial de la Gracia y son contados entre los redimidos. Es indiscutible que Dios, en su soberanía, permitió que ciertas personas nacieran mentalmente incapaces. También es un hecho que millones de niños mueren anualmente en condiciones lamentables: abortos, hambrunas, enfermedades, desastres naturales, asesinatos, etc. Nada de ello toma por sorpresa a Dios, quien conoce el fin desde el principio (Isaías 46:10). Él, en su soberanía, permite que ciertos sucesos ocurran como consecuencia natural de habitar en un mundo caído dominado por el pecado, la maldad, la enfermedad y la muerte. Dichos actos no pueden ser atribuidos a la voluntad perfecta de Dios, sino a la naturaleza caída del hombre. No obstante, aún en medio de todo ello, Dios continúa mostrando gracia inmerecida hacia sus criaturas, permitiendo que los infantes y las personas que nacen mentalmente incapacitadas sean salvos por gracia.

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UNA NOTA DISCORDANTE PROVENIENTE DEL CALVINISMO

Aunque para la totalidad de los arminianos (y la gran mayoría de los cristianos en general) cuando un niño o recién nacido muere va al cielo, destacados maestros de la Biblia como el pastor bautista reformado Miguel Núñez (uno de los más prominentes defensores del TULIP en Latinoamérica), se oponen a la creencia de que todos los niños al morir van al cielo. Núñez y otros calvinistas han llegado a afirmar que solo los bebés elegidos por Dios desde la eternidad para ser salvos irán al cielo y que solo Dios conoce el fondo de esto. Según esta interpretación, no todos los bebés han sido elegidos para salvación y, por lo tanto, forman parte de los reprobados y estarían condenados eternamente.

En el siguiente vídeo, Núñez explica su postura:

OTRO FRUTO AMARGO DE LA HEREJÍA CALVINISTA

Honestamente, no debería extrañarnos que Núñez piense de esta forma. Es una consecuencia lógica de la doctrina calvinista de la elección incondicional, la cual afirma que Dios escogió desde antes de la fundación del mundo a una cantidad determinada de personas para salvarlas, no porque vio que creerían o consideró algo bueno en ellas, sino según Su voluntad soberana y para alabanza de la gloria de Su gracia.

La doctrina de la elección incondicional es la aplicación de la predestinación en cuanto se relaciona con la salvación de los hombres. El calvinismo afirma la existencia de un decreto de Dios eterno que se realiza debido a la voluntad de Dios sin variación y es independiente del obrar humano. Es por este decreto que Dios separa a la humanidad en dos grupos y ordena a uno a vida eterna y a otro a muerte eterna.

El tercer capítulo de la Confesión de Fe de Westminster (una expresión de la fe calvinista) habla de este decreto eterno de Dios, en las secciones 3 al 6 dice:

III.- Por el decreto de Dios y para la manifestación de su gloria, algunos seres humanos y ángeles son predestinados y preordenados para vida eterna, y otros preordenados para muerte eterna. Estos ángeles y también los seres humanos, así predestinados, y preordenados, están particular e inmutablemente designados, y su número es tan cierto y definido, que no se puede aumentar ni disminuir.

IV.- A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, según su eterno e inmutable propósito, y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, antes que fueran puestos los fundamentos del mundo, por su pura y libre gracia y amor, sin la previsión de la fe o buenas obras, o la perseverancia en ninguna de ellas, o de cualquier otra cosa que haya en las criaturas, como condiciones o causas que le muevan a ello, y todo para la alabanza de su gloriosa gracia.

V.- Puesto que Dios ha designado a los elegidos para gloria, así también, por el eterno y más libre propósito de su voluntad, ha ordenado todos los medios para ello. Por lo tanto, los que son elegidos, estando caídos en Adán, son redimidos por Cristo, son eficazmente llamados a la fe en Cristo por su Espíritu que obra a su debido tiempo, son justificados, adoptados, santificados y por su poder son guardados para salvación por medio de la fe. Ni hay otros que sean redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados, y salvados, sino solamente los elegidos.

VI.- Al resto de la humanidad, agradó a Dios pasarla por alto y destinarla para deshonra e ira por su pecado, según el inescrutable consejo de su propia voluntad, por la cual extiende o retiene misericordia como a Él le place para la gloria de su poder soberano sobre las criaturas, para la alabanza de su gloriosa justicia.[1]

Al leer las palabras arriba citadas no podemos evitar pensar que el Dios enseñado por el calvinismo es un tanto diferente al Dios enseñado en la Biblia. Por eso, aunque no todos los calvinistas comparten la interpretación de Núñez y sus discípulos, cualquier observador externo puede deducir fácilmente que tales afirmaciones son derivados lógicos de la doctrina de Calvino. No podemos pedir más de dicho sistema teológico, a fin de cuentas “todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.” (Mateo 7:17-18).

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¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

La Biblia enseña que todos los que mueren en la infancia, así como aquellas personas con discapacidad mental y que debido a ella son incapaces de tomar una decisión informada, se encuentran bajo una cobertura especial de la Gracia y son contados entre los redimidos. La evidencia bíblica para este punto de vista es significativa:

  • En Romanos 1:20 Pablo describe a los recipientes de la revelación general como aquellos “que no tienen excusa”. No pueden atribuir su incredulidad a la falta de pruebas, pues hay suficiente revelación en el orden natural acerca de la existencia de Dios como para establecer la responsabilidad moral de todos los que la presencian. En el sentido opuesto, esto implicaría también que aquellos que no han sido beneficiarios de la revelación general (infantes y personas discapacitadas mentalmente) no son, por lo tanto, responsables ante Dios o sujetos a Su ira. En otras palabras, los que mueren en la infancia y los retrasados mentales no pueden ser juzgados y condenados, ya que estos no han recibido revelación general, ni tienen capacidad para responder a ella.
  • Hay textos que afirman o implican que los niños no distinguen la bondad de la maldad, y, por lo tanto, carecen de capacidad para tomar decisiones morales informadas. De acuerdo con Deuteronomio 1:39, se dice que ellos “no tienen conocimiento del bien o del mal”. Sin embargo, muchos argumentan que esto en sí no garantiza la salvación de los infantes, puesto que todavía podrían ser considerados responsables por el pecado de Adán. Tal afirmación es absurda pues la Biblia enseña que los hijos no son castigados por los pecados cometidos por sus padres. Cada uno de nosotros es responsable de sus propios pecados. Ezequiel 18:20 nos dice, “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo”.
  • La idea de quemar a un niño incapaz, o torturarlo temporal o eternamente, es ajena al carácter de Dios. A través de Jeremías, Dios recriminó al pueblo hebreo por semejante maldad: “Han edificado santuarios paganos en Tofet, el basurero en el valle de Ben-hinom, donde queman a sus hijos y a sus hijas en el fuego. Jamás ordené un acto tan horrendo; ¡ni siquiera me pasó por la mente ordenar semejante cosa!” (Jeremías 7:31, NTV). Aquí, como en muchos otros casos, la doctrina enseñada por Núñez, la cual se fundamenta en las afirmaciones del calvinismo, difama de forma obscena el carácter de Dios.
  • El testimonio coherente de las Escrituras es que las personas son juzgadas en base a los pecados cometidos voluntaria y conscientemente en el cuerpo (2 Corintios 5:10; 1 Corintios 6:9-10; Apocalipsis 20:11-12). En otras palabras, el juicio eterno siempre es basado en el rechazo consciente de la revelación divina (ya sea en la creación, la conciencia, o Cristo) y en la desobediencia voluntaria. ¿Son los niños y los discapacitados mentales capaces de alguna de estas? Las Escrituras no presentan evidencia explícita de ningún otro juicio basado en otro fundamento. Por lo tanto, los que mueren en la infancia o nacieron discapacitados mentalmente son salvos porque en verdad no pueden satisfacer las condiciones del juicio divino.
  • La noción de que un niño pequeño e inocente pueda ser consignado a una eternidad en el infierno es ilógica, abominable y contraria a todo sentido de justicia, misericordia, amor y sentido común. ¿Por qué? Porque si un infante que ha muerto fuese enviado al infierno, la mente del infante quedaría en una perfecta incógnita en cuanto a la razón de su sufrimiento. Bajo tales circunstancias, estaría consciente del sufrimiento, pero no tendría entendimiento acerca de la razón de su sufrimiento. No podría explicarse a sí mismo ni a nadie más el porqué de tan terrible aflicción. Por lo tanto, todo el significado, la importancia de su sufrimiento, y la esencia misma del castigo estarían ausentes siendo que son un enigma consciente; y la justicia, entonces, quedaría decepcionada de su vindicación. Tal infante podría sentir que está en el infierno, pero no podría explicar a su propia conciencia la razón de estar allí. Ahora bien, con base en la justicia, la Biblia enseña que “El criado que sabe lo que quiere su amo, pero no está preparado ni lo obedece, será castigado con muchos golpes. Pero el criado que sin saberlo hace cosas que merecen castigo, será castigado con menos golpes. A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más.” (Lucas 12:47-48, DHH). Si aquel que pecó por ignorancia será castigado poco debido a las atenuantes de su caso, ¿Qué castigo creerán los calvinistas que merece alguien que no ha hecho nada malo? Si ni siquiera los tribunales humanos imperfectos condenarían de falta alguna a un infante, acaso creen los calvinistas que Dios, el Juez Perfecto de toda la tierra, ¿No ha de hacer lo que es justo? Como Abraham, preguntamos al Dios calvinista enseñado por Núñez y sus discípulos: “¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables?… ¡No es posible que hagas eso de matar al inocente junto con el culpable, como si los dos hubieran cometido los mismos pecados! ¡No hagas eso! Tú, que eres el Juez supremo de todo el mundo, ¿no harás justicia?” (Génesis 18:23-25, DHH). Lamentablemente, en la mentalidad calvinista ser hijo de Adán (aunque seas un bebé) es suficiente motivo para merecer el odio de Dios y ser enviado al infierno.
  • En Mateo 19:13-15, Marcos 10:13-16 y Lucas 18: 15-17, Jesús declara: “Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de ellos es el reino de los cielos”. Con estas palabras, Jesús enseñó que los niños son beneficiarios de su gracia salvadora.

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CONCLUSIÓN

Dada nuestra comprensión del carácter de Dios como se presenta en las Escrituras, ¿Es lógico creer que Dios condenaría eternamente a los niños basado solamente en la transgresión de Adán? ¡Absolutamente no! (a menos que seas calvinista y hallas renunciado a toda lógica y a las claras verdades bíblicas sobre el tema). Por lo tanto, los arminianos creemos en la salvación de los que mueren en la infancia y de aquellos incapacitados mentalmente. Afirmamos su salvación porque a Dios, en su soberanía, misericordia y sabiduría infinita, le ha placido darles vida eterna y otorgarles los beneficios de la salvación por medio de la sangre de Cristo, aun sin una fe consciente.

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REFERENCIAS:

[1] Confesión de Fe de Westminster.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Salvación, predestinación y amor de Dios

Por: Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN:

Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. A pesar de ello, muchas personas se confunden en este punto. Algunos cristianos ven la predestinación como la clave de la salvación, pero eso no es cierto. Para quienes sustentan dicho punto de vista, somos salvos (si es que acaso pudieran estar seguros de ello) debido a una decisión irrevocable o “decreto” que el Dios Soberano hizo antes de que el mundo comenzara.

Pero, ¿Es eso lo que dice la Biblia? No. La Biblia no enseña en ninguna parte que seamos salvos por un decreto eterno de Dios. Esa es una forma distorsionada de entender la predestinación. Más bien, somos salvos por la provisión de la gracia de Dios para la salvación de todos. Estamos plenamente convencidos de que Jesucristo “murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.” (2 Corintios 5:15, NVI).

LO QUE SIGNIFICA SER PREDESTINADOS.

Bíblicamente, la predestinación significa que aquellos que confían plenamente en Jesucristo para la salvación están “predestinados” para ser conformados a su imagen mientras caminan en la luz. “Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29, NVI). En otras palabras, la predestinación es la predeterminación del “destino” al que conduce la salvación. La salvación significa la restauración de la imagen de Dios en nosotros, y en última instancia, significa la “la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas.” (Hechos 3:21, NVI).

Bíblicamente, la predestinación no se refiere a la voluntad específica de Dios para una persona en particular, sino a la certeza y soberanía del plan de salvación de Dios en la historia, mediante el cual la salvación se ofrece a todos y finalmente se cumplirá plenamente en la justicia, el juicio y la misericordia.

LOS CÁNONES HUMANOS JAMÁS ESTARÁN POR ENCIMA DE LA BIBLIA.

Muchos cristianos entienden las Escrituras principalmente a través de los cánones del Concilio de Dordt, celebrado en Holanda en 1618-1619. Incluso muchos teólogos de la línea reformada consideran que el Concilio de Dort es la declaración definitiva del significado de la salvación. Esto es absurdo, ya que colocan este consejo por encima de las Escrituras. Esta visión de la salvación fue declarada sucintamente por el autor reformado holandés Arnold A. van Ruler en su libro de 1989, Calvinist Trinitarianism and Theocentric Politics: Essays Toward a Public Theology. Van Ruler escribió: “En el tema de la elección eterna, todo depende del libre poder soberano de Dios… El libre poder soberano de Dios busca ser reflejado en la voluntad por la cual aprobamos a Dios en su soberanía. Después de todo, de eso se trata la redención: sumergirse en el abismo de la soberanía de Dios, eventualmente en la forma de resignarse a la reprobación (resignatio ad infernum).”[1]

Sin embargo, esto no es de hecho de lo que se trata la “redención”. Esta es una vista estrecha que invierte el orden de las cosas, haciendo que lo que es segundo vaya primero, y que lo que es primero, vaya en segundo lugar. Bíblicamente, en el tema de la elección eterna, todo depende, no del antojadizo capricho de un tirano universal, sino del libre amor y la gracia de Dios. La gracia soberana y gratuita de Dios busca ser reflejada en la disposición por la cual aceptamos y respondemos responsablemente a Dios. Contrario al pensamiento calvinista la redención se trata de sumergirse, no el abismo de una soberanía cruel y fría, sino en el abismo del amor de Dios, confiar plenamente en el carácter amoroso de Dios y en el poder soberano con total fidelidad a las promesas de su pacto.

CONCLUSIÓN.

Esta, entonces, es la entrada al cumplimiento de todas las maravillosas promesas de Dios de llevar su reino a plenitud. El amor y la gracia de Dios son lo primero, la voluntad de Dios de que todos sean salvos. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).

REFERENCIAS:

[1] Arnold A. van Ruler, Calvinist Trinitarianism and Theocentric Politics: Essays Toward a Public Theology (1989) Lewiston, N.Y.: Edwin Mellen Press. Pp. 83.