Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Apostasía de un creyente | Alegoría del olivo

Los arminianos creemos que Dios, nuestro amoroso Padre celestial, no quiere que ningún ser humano se aparte de la salvación que Él en su bondad nos ha proporcionado en Cristo. Pedro nos recuerda que «[El Señor] es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). No obstante, la Biblia también enseña que los creyentes que han aceptado a Cristo como Salvador se pueden perder si ignoran repetidas veces las enseñanzas de las Escrituras, se resisten continuamente a la convicción que les da el Espíritu Santo, y alcanzan finalmente un punto en el cual se alejan de su Salvador. Jesús habla de esta situación en la Parábola del Sembrador, en la cual, hablando de algunos que se han hecho creyentes, dice: «Creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan (Lucas 8:13).

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Naturaleza condicional de la salvación

El arminianismo abarca una visión condicional de la salvación. Los arminianos creemos que la salvación es por la gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo, pero creemos que las Escrituras también enseñan que debemos continuar en nuestra fe y perseverar en ella hasta el final si queremos alcanzar la promesa. Creemos que Dios le ha dado al hombre el libre albedrío para elegir seguir a Jesús o rebelarse contra él. Esto se debe a que Dios desea ser amado por criaturas libres, no por títeres movidos a su antojo. Por tal motivo, el arminianismo concibe la elección como algo condicional. La elección bíblica no es una elección arbitraria ni se fundamenta en el caprichoso decreto de un Dios fatalista, sino que la elección es por fe en la sangre de Jesús. Los elegidos son aquellos que se arrepienten de sus pecados y se convierten en discípulos de Jesús. Nos convertimos en los elegidos si estamos en Cristo (Gálatas 3: 26-27; Efesios 1: 3-14). La elección pues, se confirma a través de la perseverancia.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Vida Cristiana

Arminianismo: Bíblico, equilibrado y ortodoxo

Muchos cristianos temen identificarse como calvinistas o arminianos. Dicen estar hartos de las etiquetas y de los conflictos teológicos entre ambos sistemas. Muchos incluso reclaman estar posicionados teológicamente en un término medio entre el calvinismo y el arminianismo. Otros intentan justificar su indecisión con slogans piadosos: “¡Yo solo predico la Biblia!” Te dirán. “¡No sigo a hombres!” Argumentan otros. “Yo soy simplemente cristiano, no soy ni calvinista ni arminiano” Dice la mayoría. No culpo a estas personas por rendirse en su intento por comprender un poco (cuando menos) la inmensidad de quién es Dios, muy en el fondo quizá los inspire un deseo de ser pacificador, o cualquier otra razón. Los más honestos quizá admitan: "No sé, estoy indeciso, ambos sistemas teológicos tienen fuerte sustento en la Palabra de Dios. Eso me confunde.” ¿Es ese tu caso?

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¿Han sido algunos predestinados al infierno?

La doctrina de la "reprobación" es la enseñanza de que Dios es soberano no sólo sobre aquellos que vendrán a la vida eterna, sino también sobre aquellos que resucitarán a la muerte eterna (Juan 5:29). La reprobación pues, es el acto por el cual Dios condena a los pecadores al castigo eterno (Salmo 15:4, 1 Corintios 9:27, 2 Corintios 13:5-7). De acuerdo con la doctrina calvinista de la predestinación, Dios escoge a los individuos a quienes salvará antes de que nazcan. Él no elige a cada individuo, sino que elige sólo algunos. Así, la elección es limitada. La elección por su naturaleza no se aplica a todos, sino que sólo los elegidos son llamados a salvación (Mateo 24:22, 24, 31, Romanos 8:33). Pero ¿Qué hay del resto de seres humanos a quiénes Dios no ha elegido? Dios es plenamente consciente del resultado de la vida de una persona antes de darle vida. Dios sabe a quién no escogió antes de crearlo, y aun así lo crea de todos modos. Vemos esto descrito en Apocalipsis 13:8 y 17:8. Dichos versículos afirman que la gente adora el anticristo porque “sus nombres no han sido escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida del Cordero.” Dios sabía que sus nombres no estaban escritos en el libro de la vida, y él los creó de todos modos. Para ser claros: Dios crea personas que él sabe que no salvará, y aun así las crea y les da vida para que puedan usar su vida para su gloria incluso en su rebelión (Romanos 9:17). Esta es la doctrina de la reprobación.

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El Dios de Calvino, autor del pecado

En su intento por defender la soberanía de Dios a niveles antibíblicos, los calvinistas han creado un “dios” muy diferente del Dios de la Biblia. De hecho, la versión calvinista de Dios es, en muchos sentidos, el verdadero villano de la historia humana, no el diablo mismo. ¿Por qué? Porque el dios calvinista es el autor del mal, el diablo es apenas un pobre peón en este juego macabro y cruel, donde la libertad y el albedrío de los seres creados es pura ilusión. Tales ideas erróneas sobre Dios son un producto natural de la doctrina calvinista de la predestinación, la cual no difiere en mucho del viejo fatalismo de los paganos. La doctrina de la predestinación se expresa claramente en el segundo punto del calvinismo: La elección incondicional.

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La Biblia niega la doctrina de la gracia irresistible

El calvinismo afirma que la gracia salvadora no admite condiciones por parte del hombre redimido, y no es opcional recibirla. ¿Por qué? Porque creen que cuando Dios obra en el creyente este es sellado con el Espíritu Santo y convertido en nueva criatura aún antes de creer (2 Corintios 5:17). Por lo tanto, lo único que podrá hacer es amar a Dios porque este le amó primero (1 Juan 4:19) y lo predestinó para ser salvo y amarle. En este sentido, la gracia irresistible implica la imposición de la salvación sobre el pecador sin tomar en cuanta su deseo o decisión personal. 

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¿De quién depende mi salvación?

Por años los calvinistas han acusado a los arminianos de promover una forma de salvación basada en obras o enfocada en la propia habilidad del hombre para salvarse a sí mismo. Dicha crítica, muy común en círculos calvinistas, es tanto falsa como maliciosa, y nace de la falta de la ignorancia y falta de comprensión que los calvinistas tienen de nuestras doctrinas. Tal caricaturización del arminianismo busca convencer a los indecisos teológicamente que nosotros, los arminianos, no podemos experimentar la seguridad de nuestra salvación, ya que no puede haber seguridad si la causa última de nuestra redención se encuentra en nosotros mismos. El calvinista cree que la doctrina arminiana destruye el fundamento bíblico de la seguridad de la salvación.  ¿Por qué? Porque ellos afirman erróneamente que nosotros los arminianos creemos que nuestra salvación no depende de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que posteriormente nosotros hacemos por nosotros mismos. Esto es falso. Los arminianos no creemos tal cosa. Tales afirmaciones representan solo uno de los muchos puntos en los cuales los calvinistas tergiversan la teología arminiana.

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¿Van al cielo todos los bebés que mueren?

¿Cuál es el destino eterno de aquellos bebés que fueron abortados y nunca llegaron a nacer? ¿Qué ocurre con esos niños que mueren en su infancia? ¿Podrían algunos de ellos estar entre los perdidos y reprobados? ¿Qué hay de quienes, debido a una discapacidad cerebral o alguna otra limitación de sus facultades mentales, no tienen capacidad de discernimiento moral, deliberación o voluntad y mueren? ¿Van todos al cielo, o es que algunos de ellos estarán entre los condenados? Estas preguntas van más allá de ser una cuestión teórica diseñada para la especulación, pues toca una de las experiencias más inquietantes de la vida, emocional y espiritualmente hablando: la pérdida de un niño o de una persona discapacitada mentalmente.

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Salvación, predestinación y amor de Dios

Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).

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Raíces gnóstico-maniqueas del calvinismo

El concepto agustiniano (y calvinista) acerca de la depravación humana, la doctrina de la elección incondicional y la doble predestinación fueron originadas en mito gnóstico y fueron combatidas por Ireneo y otros obispos y pastores de la iglesia en los primeros siglos. Ireneo también enseñó que los gnósticos, antes que explicasen su sistema, sonaban muy “ortodoxos y bíblicos”. Él siempre se refería a la advertencia de Jesús sobre los falsos apóstoles. Enseñó que ellos eran “lobos con piel de oveja”. Él escribió: “Tales hombres exteriormente parecen ovejas; porque ellos parecen ser como nosotros por lo que dicen en público, repitiendo las mismas palabras como lo hacemos nosotros; pero interiormente son lobos.” (Ireneo, Herencia Histórica, página 36). Al igual que los gnósticos, los calvinistas se autoproclaman “creyentes bíblicos” y sus iglesias, “iglesias bíblicas”. Para aquel que no conoce la verdadera doctrina bíblica tales afirmaciones suenan auténticas. Sin embargo, como podemos constatar, la semejanza doctrinal entre el calvinismo y el gnosticismo es patente. El ADN espiritual del calvinismo, lo delata como lo que es: Un hijo legítimo del gnosticismo. Pero el parecido va más allá de lo doctrinal. Al igual que la secta gnóstica en la iglesia primitiva, los calvinistas modernos se infiltran en nuestras iglesias y seminarios para sembrar su cizaña y robar feligreses para sus iglesias “reformadas”. Esto no solo es sectario, sino carente de toda ética y moral cristiana. A muchos calvinistas se les ha animado incluso a “plantar tulipanes (símbolo de la doctrina calvinista) en iglesias arminianas” Sin embargo, tal proceder no debería extrañarnos, pues su desprecio por los arminianos es bien conocido en el mundo evangélico.¡Que Dios guarde a los creyentes de hoy de tal levadura!