Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Depravación Total: ¿Intensiva o Extensiva?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La doctrina de la Depravación Total, a veces conocida como “Depravación Radical”, constituye el primero de los 5 puntos del calvinismo (TULIP). El Canon de Dort nos dice:

“Por consiguiente, todos los hombres son concebidos en pecado, y al nacer como hijos de ira, incapaces de algún bien saludable o salvífico, e inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado; y no quieren ni pueden volver a Dios, ni corregir su naturaleza corrompida, ni por ellos mismos mejorar la misma, sin la gracia del Espíritu Santo, que es quien regenera.”[1]

Que los calvinistas se aferran a esta doctrina es conocido por todos, pero ¿Cuál es la perspectiva arminiana acerca de dicho punto? A diferencia del pensamiento común entre los calvinistas, Arminio y los primeros remonstrantes no negaron la Depravación Total. Arminio escribió:

“En este estado [tras la Caída] el libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, tullido, enfermo, deformado y debilitado, sino también encarcelado, destruido y perdido. Y, hasta que llega la asistencia de la Gracia, sus poderes no sólo están debilitados e inútiles, sino que no existen excepto cuando los estimula la Gracia Divina: Puesto que Cristo ha dicho: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’… Cristo no dice, ‘separados de mí no podéis hacer más que unas pocas cosas’, ni tampoco, ‘separados de mí no podéis hacer ninguna cosa difícil’, o ‘separados de mí vais a tener muchas dificultades para hacer las cosas’. Lo que dice es ‘separados de mí nada podéis hacer’…”[2]

El Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960)”[3]

Pero el arminianismo va más allá en sus afirmaciones. El Cuarto Artículo de la Remonstrancia afirma:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni siquiera un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo…”[4]

En la teología arminiana el hombre está caído, desamparado espiritualmente y en estado de esclavitud de la voluntad. No hay ninguna habilidad humana natural dando al hombre condiciones para iniciar su salvación. A causa de la Caída, los hombres nacen, espiritual y moralmente, en estado de total depravación, y por lo tanto son incapaces de realizar cualquier bien delante de Dios sin el amparo de su gracia preveniente. Tal incapacidad es física, intelectual y volitiva. Todo aspecto de la naturaleza y la personalidad humana se ven afectados. No hay ningún bien espiritual que el ser humano pueda hacer aparte de la gracia divina. Solamente por la gracia los efectos del pecado original pueden ser superados y el ser humano, finalmente, podrá cumplir los mandamientos espirituales de Dios. La depravación total es extensiva, alcanzando, incluso, el libre albedrío. Por causa de la Caída la voluntad humana se tornó esclava del pecado. ¿Qué significa esto? Qué la voluntad del hombre se tornó perversa, su intelecto se oscureció, y sus afectos quedaron alienados; cada área de su vida quedó sujeta a servidumbre. Por tal razón, todo Arminiano Reformado (o Arminiano Clásico) defiende la doctrina de la depravación total. No somos culpables de negar dicha verdad como nos acusa el calvinismo. Los arminianos creemos que los humanos son totalmente incapaces de hacer cualquier bien espiritual aparte de la gracia divina.

DEPRAVACIÓN INTENSIVA.

Ahora bien, los arminianos no creemos que la Depravación Total sea intensiva, sino más bien extensiva. ¿Cuál es la diferencia? Por Depravación Total Intensiva se entiende la destrucción integral de la naturaleza humana y de sus potencialidades esenciales. Es decir, en estado de Depravación Total Intensiva el pecador es tan pecador cuanto es posible y se involucra en todas las formas posibles de pecado. Los arminianos rechazamos tal postura.

Al afirma que el hombre es totalmente depravado no queremos decir que la persona no regenerada sea totalmente insensible en cuestiones de conciencia, de lo correcto e incorrecto. La Depravación Total no significa que todos los seres humanos sean potencial y extremadamente malos. Significa que no son tan buenos como necesitarían ser para ganar su propia salvación por mérito propio. La gracia, y sólo la gracia, es el único medio que puede superar los efectos graves y devastadores del pecado. Así pues, en el arminianismo, la depravación total implica que incluso el altruismo de la persona no regenerada siempre contiene un elemento de motivación inapropiada.

DEPRAVACIÓN EXTENSIVA.

Lo que sí creemos los arminianos es que la depravación total es extensiva, es decir, se extiende a todas las dimensiones de nuestro ser. Ella afecta la plenitud del ser del hombre. La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado.

CONDICIÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE EN SU ESTADO CAÍDO.

La Biblia describe el estado de la humanidad bajo los efectos devastadores del pecado llamándoles ‘impíos’ (Romanos 5.6), ‘hijos de desobediencia’ (Colosenses 3.6), ‘hijos de la ira’ (Efesios 2.3), ‘esclavos del pecado’ (Romanos 6.20), ‘abominable y corrupto’ (Job 15.16), ‘insensatos, desobedientes, extraviados’ (Tito 3.3).

La Depravación Total del hombre tiene graves consecuencias en relación a Dios: Por su rebeldía, el hombre está alejado de Dios (Romanos 3:12); por eso recibe el salario del pecado, a saber, la muerte (Romanos 6:23); además, en su estado de carnalidad el hombre no puede agradar a Dios (Romanos 8:8), sino que vive en un estado continuo y permanente de enemistad con su Creador (Romanos 8:7).

CONCLUSIÓN.

En esto consiste la Depravación Total del hombre. Y eso es lo que creemos y defendemos los arminianos. Cesen pues, los calvinistas, de difamar y caricaturizar al arminianismo, enseñando que nosotros ignoramos o nos oponemos a dichas verdades bíblicas.

REFERENCIAS:

[1] Canon de Dort, Capítulo 3-4, IIL

[2] (Jacobo Arminio, Disputation 11, On The Free Will of Man and its Powers, en The Works of James Arminius, 2:192).

[3] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[4] Íbid.

Arminianismo Clásico, Calvinismo, Historia de la Iglesia

Raíces gnóstico-maniqueas del calvinismo

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Juan Calvino (1509-1564) admitió en diversas ocasiones que su teología ya había sido desarrollada por Agustín, por lo que la pregunta es entonces: ¿Cómo llegó Agustín a su visión de doctrinas como la predestinación, que es todo lo contrario de lo que se enseñaba públicamente dentro de la iglesia de los primeros 300 años de historia de la iglesia temprana? Esta pregunta es importante porque el calvinismo afirma ser un movimiento cristiano de gran antigüedad. Pero lo cierto es que las ideas que dieron vida a dicho sistema teológico pueden trazar su origen no en la iglesia primitiva, o en una correcta interpretación de la Biblia, sino en el gnosticismo[1], un movimiento herético enemigo del cristianismo bíblico desde sus orígenes.

Como cualquier historiador serio del cristianismo podrá constatar, Agustín de Hipona, el verdadero padre de calvinismo, fue él mismo un gnóstico maniqueo durante casi una década antes de convertirse al catolicismo. En general, se piensa que Agustín desarrolló su teología sobre la predestinación después de debatir con Pelagio (354-420/440), Sin embargo, estudios recientes sugieren que la doctrina de la Predestinación de Agustín fue desarrollada a partir de los debates de Agustín con los maniqueos, en términos de la inevitabilidad de ordenamiento cósmico divino y del mal personal (soberanía divina, si se quiere).

Pero ¿Quiénes eran los maniqueos? Los maniqueos representaban la rama persa del gnosticismo, y enseñaron tanto el determinismo y la depravación total. Sin embargo, su determinismo se basa en la mitología dualista[2] y también mantuvieron una actitud carnal de placer corporal. Aunque muchos calvinistas preferirían ignorarlo, los escritos de Agustín fueron influenciados por el maniqueísmo[3], que, a la vez, fue influenciado por el gnosticismo.

DOCTRINAS EXTRAÑAS ATACAN LA IGLESIA.

En el segundo siglo de la era cristiana, el verdadero enemigo de la iglesia, era el interno; la herejía. El gnosticismo era una falsa enseñanza que prevalecía. Alrededor del año 180, Ireneo de Lyon, Francia, escribió cinco libros, para salvaguardar a sus creyentes de la herejía gnóstica. Los gnósticos enseñaban que la salvación se basaba en un conocimiento secreto que solo ellos sabían. Se decían cristianos y asechaban a los creyentes de poco conocimiento; usaban un lenguaje “cristiano” adornado de versículos bíblicos, sembrando desconfianza hacia los pastores, diciendo que los mismos les ocultaban la verdad para controlar a sus feligreses y evitar que los creyentes obtuviesen la “gnosis”, una especie de conocimiento secreto reservado para unos pocos elegidos. Hablaban con gran convicción y sinceridad. Pero, aunque sonaba parecido al cristianismo bíblico, sus palabras no tenían el mismo significado[4]. Cuando ya habían atrapado la atención de los incautos, los gnósticos les explicaban una de las versiones del mito gnóstico: El “Padre” de quien hablaban los gnósticos era la deidad eterna, incognoscible, espiritual y suprema. Dicho ser ha emanado de sí mismo seres conocidos como eones. Los eones han asumido diversos nombres como “Cristo”, “Logos”, “Salvador” y “Sofía”. En cierto punto, “Sofía” decidió impropiamente, con orgullo y arrogancia, que ella podría y debería arribar a un conocimiento de lo incognoscible, el Padre excelso. Su orgullo y arrogancia dio como resultado que ella engendrara otro ser llamado “Yaldabaoth”[5], quien fue conocido como “Demiurgo”, o creador. Él heredó las fallas y pecados de su madre: orgullo arrogancia y maldad. Fue este ser, no el Padre supremo, quien creó el mundo físico. Para ellos, el creador, el dios del Antiguo Testamento, el Yahveh de Israel, no era el padre supremo. Él era un ser inferior malvado y arrogante.[6] Cuando explicaban un pasaje profético como el de Isaías 46:9, en el cual Dios anunció su exclusividad diciendo: “Yo soy Dios y no hay otro”, decían que este era el Demiurgo, el cual afirmaba con orgullo su unicidad, ignorando al verdadero Padre.[7] Como consecuencia, el mundo material creado por el Demiurgo tiene características del Creador. Todo lo físico, la tierra y particularmente el cuerpo humano, es visto como malvado, maligno y hasta pútrido.[8]

El gnosticismo crecería con el paso del tiempo y amenazaría la pureza doctrinal del cristianismo. A su vez, el gnosticismo se dividiría en numerosas sectas. Una de ellas, el maniqueísmo (gnosticismo de origen persa), lograría permear los cimientos mismos de la fe cristiana a través de uno de sus viejos adherentes: Agustín de Hipona.

AGUSTÍN, EL MANIQUEO.

Agustín de Hipona (en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis; Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hipona, 28 de agosto de 430), el verdadero padre del calvinismo, fue un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Antes de su conversión al catolicismo, en su búsqueda incansable de respuestas al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente, decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal.

Los años posteriores a su conversión como cristiano estuvieron marcados por su oposición al determinismo Maniqueo. Él mismo, habiendo sido un Maniqueo, y ahora católico, deseó distanciarse de la atribución maniquea del pecado humano al poder de la oscuridad, que supuestamente se apodera de la persona humana, eliminando el albedrío moral y la responsabilidad individual.

Los primeros escritos de Agustín como católico, por contraste, subrayaron el poder del libre albedrío y de la responsabilidad individual por la acción de la propia persona: su tratado más nuevo que proclamó este mensaje –Sobre el Libre Albedrío– sería arrojado a su cara en décadas posteriores por los opositores pelagianos de Agustín, quienes citaron los mismísimos escritos de Agustín para oponerse a su ya madura teoría sobre la predestinación.[9] Así pues, las ideas agustinianas sobre la predestinación, la elección y muchas otras, recicladas más tarde por el calvinismo (y que hoy se nos quieren presentar como “doctrinas de la gracia”) marcaron simplemente un retorno de Agustín a su pasado maniqueo, ya que los maniqueos enseñaron un determinismo basado en un Orden Cósmico, doctrina que formó parte de las enseñanzas fundamentales que recibió Agustín bajo esa orden.

Si bien es cierto luego de su conversión al catolicismo, Agustín se opuso a esas doctrinas e incluso escribió un tratado para defender el libre albedrío y la responsabilidad personal de cada ser; luego, en las controversias con Pelagio (quien exageró el papel del libre albedrío), Agustín retornó a una estancia determinista y desarrolló su propia teoría de la predestinación a partir de la influencia gnóstica recibida por más una década como miembro de los maniqueos.

Al final de su vida, Agustín confirmó la predestinación con tal severidad que sus oponentes lo acusaron de regresar al fatalismo pagano, lo cual no estaba lejos de ser cierto. Más tarde, sus ideas sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores como Tomas de Aquino, Martín Lutero y Juan Calvino.[10] Sin embargo, es innegable que la predestinación absoluta no fue la posición original de Agustín. Su posición inicial fue sinergista como la de sus predecesores.[11]

INFLUENCIA GNÓSTICO-MANIQUEA EN AGUSTÍN.

Entre otras cosas Agustín tomó prestado de los maniqueos su noción dual del mal como “maldad” y como “mortalidad”. Estos fueron considerados el mal, porque ellos son la antítesis del placer tranquilo en el espiritual y en el nivel físico de la existencia. Agustín compartió con los Maniqueos la opinión de que estos aspectos del mal son inevitables, siempre y cuando la vida sea vivida en este mundo. En conjunto, estos enfoques tomados acerca del mal ayudaron a Agustín para formular una explicación alternativa del principio del mal personal.[12]

El marco del orden cósmico en el que Agustín desarrolló su doctrina es un resultado de su respuesta a la opinión maniquea del universo como una mezcla del bien y del mal. En esta respuesta, de nuevo emplea la idea maniquea del bien al firmar que el universo entero es bello a pesar de la presencia del mal. Siempre y cuando el mal sea colocado en su lugar correcto, se preserva la armonía cósmica.[13] Pero ¿Estuvo este tipo de “orden cósmico” en apoyo de, o en contradicción con la teología de los primeros 300 años de historia de la iglesia? El clima teológico en el tiempo de Agustín fomentó el libre albedrío y la responsabilidad. El Determinismo habría ido contra la corriente aceptada por la iglesia primitiva como ortodoxa.

Pero la dependencia agustiniana del maniqueísmo no termina ahí. Los maniqueos negaban el libre albedrío y la responsabilidad humana por los males cometidos, pues no creían que los actos humanos fuesen producto de la libre voluntad. La comunidad maniquea se dividía en dos grupos: (1) Los elegidos, en latín electi, pasaban su tiempo en oración, practicaban el celibato y eran vegetarianos. Tras su muerte, según la teología maniquea, los elegidos alcanzaban el Reino de la Luz; (2) Los oyentes, en latín auditores, debían servir a los elegidos, podían contraer matrimonio (aunque les estaba desaconsejado tener hijos) y practicaban ayuno todas las semanas.[14] A su muerte, esperaban reencarnarse en elegidos. Lo que buscaban los maniqueos, era un retorno al estado original, la separación del Bien y del Mal. Como creían que el mal es indestructible, la única forma de alcanzar el Reino de la Luz es huir de las Tinieblas. El concepto de “elegidos” y “réprobos” fue modificado, pero finalmente incorporado en el agustinianismo y, de ahí a su heredero teológico, el calvinismo.

La explicación maniquea de la causa del mal personal es relativamente sencilla. Uno no puede escapar del mal moral, porque hay un principio del mal metafísico que trabaja detrás del alma. En otras palabras, uno peca involuntariamente. Considerado cosmológicamente, el alma humana es puesta en la difícil situación de constante lucha con el mal, no por su propia voluntad, sino por la determinación de un factor externo. Según el mito maniqueo, este factor es el principio del bien o el Dios que envía el alma buena para ser mezclada con el mal, a fin de bloquear la invasión de un enemigo que avanzaba.[15] Una vez que Agustín empezó a responder a la visión maniquea en relación con el macrocosmos, no pudo evitar el tema del determinismo.

En su propuesta alternativa, un ordenamiento cósmico divino, Agustín tuvo que hacer frente a la cuestión de lo que en última instancia determina el lugar del individuo en el orden universal.

Para Agustín la determinación es hecha por el Dios que ordena el cosmos. Expresado en el lenguaje de la predestinación, esta visión significa que Dios tiene el poder de elegir de la massa damnata[16] los que reciben la salvación y dejar el resto en condenación.[17] Así que la pregunta es: ¿Acaso Agustín tomó la mitología del Determinismo Gnóstico, y lo puso bajo el cercado de la ortodoxia cristiana, simplemente para juguetear con esto, mediante la eliminación del componente dualista mitológico, y hacer que la causa del mal, sea enteramente el producto de un ordenamiento cósmico divino monista? o dicho de otro modo ¿Estableció la soberanía divina de la forma en que la entiende aún hoy el calvinismo? Ese parece ser el caso. ¿Quién de los teólogos de la Iglesia primitiva, antes de Agustín, enseñó la predestinación agustiniana? ¡Ninguno!

DEPRAVACIÓN TOTAL, GNOSTICISMO Y CALVINISMO.

La doctrina de la Depravación Total, también llamada Inhabilidad Total, o corrupción Radical, dice, en su versión calvinista, que “el hombre natural [el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo] nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal“.[18] La Confesión de Fe de Westminster nos habla de esta doctrina, dice “El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza“.[19] En la teología calvinista, además de la imputación del pecado original en nosotros, la caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad e inteligencia están corrompidos por causa de la caída de Adán. Por tal razón, el calvinismo considera que el hombre perdió el libre albedrío en Adán.[20] Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. A causa de la caída el hombre perdió su capacidad de hacer lo bueno, por ello el calvinismo le niega totalmente al hombre una salvación que pueda llegar por medio de las capacidades o decisiones del hombre por sí mismo.

¿Qué piensa el arminianismo al respecto? Los arminianos clásicos reconocemos la naturaleza pecaminosa del hombre caído. El Tercer Artículo de la Remonstrancia, el cual trata sobre la Depravación Total de la Humanidad, afirma “Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que él, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo en Juan 15:5: Separados de mí nada podéis hacer.”

Ahora bien, es importante aclarar a qué nos estamos refiriendo aquí́, porque algunos pueden llegar a la conclusión equivocada de que el pecador es una especie de víctima en las manos de un Dios cruel que le está pidiendo hacer algo que Él sabe de antemano que no puede hacer, tal como ocurre en el hipercalvinismo. Ese no es el caso en el arminianismo. Para el arminiano, la depravación total no significa que todos los hombres sean todo lo malo que pueden llegar a ser, o que todos los seres humanos sean completamente incapaces de hacer alguna cosa relativamente buena. El hombre está totalmente depravado en el sentido de que todas sus facultades han sido profundamente afectadas por el pecado: su intelecto, su voluntad, sus emociones. En la teología arminiana, por su pecado, Adán, en cuanto primer hombre, perdió la santidad y la justicia originales que había recibido de Dios no solamente para él, sino para todos los humanos. Adán y Eva transmitieron a su descendencia la naturaleza humana herida por su primer pecado, privada por tanto de la santidad y la justicia originales. Como consecuencia de la caída, la naturaleza humana quedó debilitada en sus fuerzas, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al dominio de la muerte, e inclinada al pecado.

Hasta aquí la enseñanza arminiana podría parecer idéntica a la doctrina calvinista; sin embargo, el arminianismo difiere del calvinismo, y de su padre el gnosticismo, en un aspecto fundamental. Por siglos, los teólogos reformados han declarado que la “imagen de Dios” en Génesis 1:26-27 hace referencia a una perfección espiritual que se perdió en la Caída. Por ende, han concluido que el hombre moderno ya no porta la imagen de Dios. El reformador Martín Lutero creía que la “imagen de Dios” era una justicia original que se perdió completamente. Pero él no estaba solo en sus afirmaciones. Frecuentemente Juan Calvino mencionó que el pecado destruyó la imagen de Dios, que la Caída la eliminó, y que la injusticia finalmente la desfiguró. Pero ¿Concuerda la Biblia con tales afirmaciones? No. La Biblia revela que el hombre todavía porta la imagen de Dios después de la Caída. Génesis 9:6 declara: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. Según este pasaje, el hombre caído todavía porta la imagen de Dios. Se había registrado la caída de Adán y Eva anteriormente en el libro de Génesis; se señala claramente el hecho que el hombre había llegado a ser un pecador total en el contexto inmediato del pasaje (“…el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud”—8:21). Aunque la evaluación de Dios en cuanto a la humanidad es correcta, se prohíbe el homicidio porque el hombre es creado a la imagen de Dios, es decir, él todavía porta esa imagen. Si alguien argumenta que este pasaje habla solamente en cuanto al pasado y no dice nada en cuanto al futuro, malinterpreta el significado del pasaje. Al escribir alrededor de 2,500 años después de la Caída, Moisés dijo que el homicidio es incorrecto porque la víctima es alguien creado a la imagen de Dios. Si el hombre no portara la imagen de Dios después de la Caída, estas palabras no hubieran tenido sentido para los israelitas (y no tuvieran sentido para el hombre moderno).

En el Nuevo Testamento se puede leer que Santiago escribió: “Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios” (Santiago 3:8-9). La expresión “están hechos” se deriva del griego gegonotas, que es el participio perfecto del verbo ginomai. Se usa el tiempo perfecto en griego para describir una acción que se completó en el pasado, pero cuyos efectos se expresan en el presente. Por ejemplo, cuando la Biblia dice, “Escrito está”, usualmente esta expresión está en el tiempo perfecto. Se escribió la Escritura en el pasado, pero se aplica en el presente. La idea central de la expresión griega traducida “que están hechos a la semejanza de Dios”, es que los seres humanos en el pasado han sido creados según la semejanza de Dios y que todavía son portadores de esa semejanza. Por esta razón es inconsistente bendecir a Dios y maldecir a los hombres con la misma lengua. Esto nos lleva a concluir que, aunque el pecado es destructivo para el hombre y repulsivo para Dios, la Biblia no enseña que la entrada del pecado al mundo destruyó la “imagen de Dios” en el hombre. En cambio, el hombre moderno todavía está hecho a la imagen de Dios. Debería causarnos sobrecogimiento y humildad el hecho que todos los hombres posean características inherentes que le asemejen a Dios y le diferencien de la creación inferior. Pero al parecer, esto le ofende al calvinista, heredero moderno del viejo gnosticismo, que ve solo el mal, y únicamente el mal, en la naturaleza humana.

GNOSTICISMO, CALVINISMO Y ELECCIÓN.

Pero el calvinismo no solo parece haber heredado del gnosticismo su creencia extrema en la depravación del hombre. Siguiendo con el mito gnóstico, dicha secta afirma que hubo un intento de los seres espirituales buenos de corregir la perversión de la creación del mundo físico. Pero Yaldabaoth capturó algunos elementos espirituales, celestiales y los mantuvo cautivos dentro de algunos cuerpos físicos malos. Estos elementos espirituales fueron llamados de “semillas de luz”, “la persona interior”, o más comúnmente, los “espíritus”. En resumen, según ellos, algunos tienen cuerpos corruptos que hospedan el único elemento de valor eterno, el espíritu. En el gnosticismo hay dos clases de humanos: los que tienen la semilla o espíritu (los elegidos) y los que no. Los humanos elegidos son buenos, pero los otros humanos son innecesarios o réprobos.[21] ¿Suena esto parecido a la doctrina de la elección incondicional?

CONCLUSIÓN.

En muchos aspectos, los gnósticos eran muy similares a los calvinistas modernos, los cuales se infiltran en nuestras iglesias y seminarios para sembrar su cizaña y robar feligreses para sus iglesias “reformadas”. Esto no solo es sectario, sino carente de toda ética y moral cristiana. A muchos calvinistas se les ha animado incluso a “plantar tulipanes (símbolo de la doctrina calvinista) en iglesias arminianas” Sin embargo, tal proceder no debería extrañarnos, pues su desprecio por los arminianos es bien conocido en el mundo evangélico. John Piper[22], reconocido pastor y teólogo calvinista, afirmó en cierta ocasión:

“¿Puede un arminiano predicar el evangelio en su plenitud?… ¿Puede un arminiano predicar el evangelio sin defectos teológicos implícitos o explícitos?… ¿Puede un arminiano predicar el evangelio sin tendencias que lleven a la Iglesia en direcciones dañinas?… ¿Puede un arminiano predicar el evangelio de la forma que exalta más a Cristo? Y mi respuesta a todas esas preguntas sería: No, no puede.”[23]

Sin duda, el concepto agustiniano (y calvinista) acerca de la depravación humana, la doctrina de la elección incondicional y la doble predestinación fueron originadas en el mito gnóstico y fueron combatidas por Ireneo y otros obispos y pastores de la iglesia en los primeros siglos. Ireneo también enseñó que los gnósticos, antes que explicasen su sistema, sonaban muy “ortodoxos y bíblicos”. Él siempre se refería a la advertencia de Jesús sobre los falsos apóstoles. Enseñó que ellos eran “lobos con piel de oveja”. Él escribió: “Tales hombres exteriormente parecen ovejas; porque ellos parecen ser como nosotros por lo que dicen en público, repitiendo las mismas palabras como lo hacemos nosotros; pero interiormente son lobos”.[24]

Al igual que los gnósticos, los calvinistas se autoproclaman “creyentes bíblicos” y sus iglesias, “iglesias bíblicas”. Para aquel que no conoce la verdadera doctrina bíblica tales afirmaciones suenan auténticas. Sin embargo, como podemos constatar, la semejanza doctrinal entre el calvinismo y el gnosticismo es patente. El ADN espiritual del calvinismo, lo delata como lo que es: Un hijo legítimo del gnosticismo. ¡Que Dios guarde a los creyentes de hoy de tal levadura!

REFERENCIAS:

[1] El gnosticismo es una doctrina religiosa esotérica y herética que se desarrolló durante los primeros siglos del cristianismo y que prometía a sus seguidores conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas que les conduciría a la salvación.

[2] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 128, 209.

[3] Maniqueísmo es el nombre que recibe la religión universalista fundada por el sabio persa Mani (o Manes) (c. 215-276), quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad. El fenómeno maniqueo es esencialmente gnóstico y dualista. Los maniqueos, a semejanza de los gnósticos, mandeos y mazdeístas, eran dualistas: creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal, que eran asociados a la Luz (Zurván) y las Tinieblas (Ahrimán) y, por tanto, consideraban que el espíritu del hombre es de Dios, pero el cuerpo del hombre es del demonio. Los maniqueos aspiraban a reencarnarse como «elegidos», los cuales ya no necesitarían reencarnarse más. En la práctica, el maniqueísmo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad, sino del dominio del mal sobre nuestra vida. Se divulgó desde la Antigüedad tardía por el Imperio romano e Imperio sasánida, y en la Edad Media, por el mundo islámico, Asia Central y China, donde perduraría, al menos, hasta el siglo XVII.

[4] Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 34-35.

[5] Yaldabaoth, el Demiurgo es una deidad asociada al platonismo y al gnosticismo. Según algunos credos de raigambre platónica, al principio la materia no existía y todo era el espíritu. Sin embargo, Yaldabaoth, un dios soberbio y celoso, intentó estructurarlo todo recreando al espíritu en un mundo material y confinándolo todo en dicho plano. Pero sólo logró fabricar un mundo imperfecto, una burda imitación del espíritu original. Su forma de ser presuntuosa le impidió admitir su error. Yaldabaoth, presuntuoso y estúpido, odia a los hombres porque, a diferencia de él, tienen alma, cosa de la que él carece y que desearía obtener por cualquier medio, aunque le resulta imposible. Por ello, maltrata, castiga y reprime a los mortales para vengarse de ellos.

[6] Runciman, Steven (1982 [1947, primera edición]). The Medieval Manichee: a study of the Christian dualist heresy.

[7] Puech, Henri-Charles (2006). Sobre el maniqueísmo y otros ensayos. Traductor: Marís Cucurella Miquel. Madrid: Editorial Siruela.

[8] Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 35-36.

[9] Valeria Finucci and Kevin Brownlee, Generation and Degeneration: Tropes of Reproduction in Literature and History from Antiquity Through Early Modern Europe Medieval and early modern studies”. Duke University Press, 2001. Páginas 19-20.

[10] Jeffrey Burton Russell, The Prince of Darkness: Radical Evil and the Power of Good in History. Página 99.

[11] Harry Buis, Historic Protestantism and Predestination. Página 9.

[12] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 205.

[13] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 206.

[14] Bermejo Rubio, Fernando (2008). El maniqueísmo: Estudio introductorio. Madrid: Editorial Trotta. Pp. 316.

[15] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 208-209.

[16] Frase medieval que resume la idea de que, porque nosotros frecuentemente caemos al ejercitar nuestras responsabilidades morales, entonces por eso la mayoría de nosotros iremos al Infierno.

[17] Kam-Lun-Edwin Lee, Augustine, Manichaeism and the Good (1997), pp. 210.

[18] Palmer, Edwin H. Doctrinas Claves. El Estandarte de la verdad. Edinburgh, 1976. Pág. 18.

[19] Ramírez, Alonzo (traductor). Confesión de Fe de Westminster. Ed. CLIE. Lima, 1999. Cap. IX, Sec. III. Pág. 91.

[20] García, Ricardo M. (2003). El concepto de libre albedrío en San Agustín. Bahía Blanca (Argentina): EdiUNS. Capítulo 3: Maniqueísmo. Pp. 161.

[21] Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 35-36.

[22] John Piper es un reconocido teólogo calvinista, fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros y se opone abiertamente a la teología arminiana.

[23] Artículo de internet publicado el 16 de diciembre de 2015 en Coalición por el Evangelio: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/predican-los-arminianos-un-evangelio-suficiente/ Consultado el 21-06-2019.

[24] Ireneo, citado en Jeffrey Bingham (2006), Herencia Histórica, Editorial Patmos, Miami, FL. Pp. 36.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Liberados por Gracia para creer

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pecado ha afectado cada aspecto de nuestro ser. De hecho, ha afectado nuestras vidas en la tierra y nuestro destino eterno. Cuando Adán pecó, uno de los efectos inmediatos de su caída fue que la humanidad (representada corporativamente en Adán, el patriarca y cabeza de nuestra raza) se separó de Dios. En el jardín de Edén, Adán y Eva tuvieron comunión perfecta y compañerismo con Dios. Cuando se rebelaron contra Él, esa comunión se rompió. Ellos se dieron cuenta de su pecado y se avergonzaron ante Él. Se escondieron de Él (Génesis 3:8-10), y el hombre ha estado escondiéndose de Dios desde entonces. Sólo a través de Cristo puede restaurarse esa comunión, porque en Él somos hechos justos y sin pecado a los ojos de Dios como Adán y Eva fueron antes de pecar. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21, LBLA).

Debido a la caída, la muerte se convirtió en una realidad, y toda la creación era sujeta a ella. Todos los hombres mueren, todos los animales mueren, toda la vida vegetal muere. “…toda la creación gime a una” (Romanos 8:22), esperando el tiempo cuando Cristo volverá para liberarla de los efectos de la muerte. Por causa del pecado, la muerte es una realidad ineludible, y nadie es inmune. “Porque la paga del pecado es muerte, más la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Peor aún, no sólo nos morimos, pero si morimos sin Cristo, experimentamos la muerte eterna. Otro efecto de la caída es que los seres humanos han perdido de vista el propósito para el cual fueron creados: Glorificar a Dios y disfrutar de una deleitosa comunión con Él para siempre (Romanos 11:36; 1 Corintios 6:20; 1 Corintios 10:31; Salmo 86:9). Cuando Adán eligió rebelarse contra su Creador, él perdió su inocencia, incurrió la pena de muerte física y espiritual, y su mente fue oscurecida por el pecado, como son las mentes de sus sucesores. El apóstol Pablo dijo de los paganos, “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada” (Romanos 1:28). Les dijo a los Corintios que “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46). Pablo recordó a los Efesios: “ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor” (Efesios 5:8, NVI). El propósito de la salvación es “[abrir] sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).

LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE, RESULTADO DE LA CAÍDA.

La caída produjo en los seres humanos un estado de depravación. Pablo habló de aquellos “teniendo cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:2) y aquellos cuyas mentes se obscurecen espiritualmente como resultado de rechazar la verdad (Romanos 1:21). En este estado, el hombre es totalmente incapaz de hacer o elegir lo que es aceptable a Dios, aparte de la gracia divina. “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo” (Romanos 8:7, NVI).

El tercero de Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610[1] afirma: “El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960).”[2]

Sin la regeneración sobrenatural por el Espíritu Santo, todos los hombres permanecerían en su estado caído. Pero en Su gracia, misericordia y bondad, Dios envió a Su Hijo a morir en la Cruz y tomar el castigo por nuestro pecado, reconciliándonos con Dios, haciendo posible la vida eterna con Él. Lo que se perdió en la caída se reclama en la Cruz.

EL HOMBRE CAÍDO, INCAPAZ DE VENIR A CRISTO POR SU PROPIA CUENTA.

Debido a que los seres humanos somos seres caídos y pecaminosos, no podemos pensar, ni haremos nada bueno (en lo que a Dios se refiere) por nosotros mismos, esta inhabilitad causada por el pecado hace imposible que el hombre, por sí mismo, pueda siquiera creer en el evangelio de Cristo y venir a Él. Por lo tanto, Dios, deseando la salvación de todos y habiendo provisto la expiación para todas las personas, tomó, de forma unilateral, la iniciativa en el propósito de llevar a todas las personas a la salvación al llamar a todas las personas, de todo el mundo, a arrepentirse y creer en el Evangelio (Hechos 17:30; Mateo 28:18-20), y al permitir que aquellos que escuchen el evangelio respondan positivamente en fe.

El hombre no posee mérito alguno al venir a Cristo, pues no fue su sola voluntad la que lo trajo. Sin la ayuda de la gracia, el hombre ni siquiera puede optar por agradar a Dios o creer en la promesa de salvación del evangelio. Como dijo Jesús en Juan 6:44, “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió” (NVI). Jesús también prometió: “Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12:32, NVI). Por lo tanto, es la obra de un Dios trino en el hombre la que atrae a todas las personas a Jesús, lo que les permite venir a Jesús con fe.

DIOS HACE RESPONSABLE AL HOMBRE POR RECHAZARLO

Aunque la humanidad pecadora está ciega a la verdad del evangelio (2 Corintios 4:4), Jesús vino al mundo perdido como la luz verdadera, que ilumina a todos (Juan 1:9; 12:36), la luz sobre la cual Juan el Bautista vino a dar testimonio, para que todos puedan creer a través de él (Juan 1: 7). ¡Un momento! ¿Creer? ¿Acaso no está el hombre inhabilitado para hacerlo por su propia cuenta? ¡Sí! Así es. Pero esto no cambia el hecho de que Dios manda a todos los hombres que se arrepientan y crean en el Hijo. Nótese que Jesús instó a los incrédulos: “Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo —les dijo Jesús—. Caminen mientras tengan la luz, antes de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en las tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tengan la luz, crean en ella, para que sean hijos de la luz.” (Juan 12:35-36, NVI). Jesús mandó a los incrédulos arrepentirse y venir a Él. Sin embargo, esto no sería más que una broma cruel si no pudieran hacerlo. Si Dios le manda al hombre arrepentirse, le dará también la habilidad para hacerlo. No lo dejará solo en esta importante tarea. Dios, en su infinita misericordia, “ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2 Corintios 4:6, NVI). Él hizo posible, por el poder del Espíritu Santo, que aquellos que escucharon el mensaje, fuesen liberados por la gracia, para poder creer y ser salvos.

Pablo afirmó: “«La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón». Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado». No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»” (Romanos 10:8-13, NVI).

Nótese que Pablo está aplicando Deuteronomio 30:12, que indica la capacidad de obedecer la palabra de Dios, el mensaje del evangelio, lo que indica que a los que escuchan el evangelio se les da la capacidad de creerlo. De lo contrario, Dios será injusto por exigir algo que el hombre no puede cumplir.

De acuerdo con Pablo, “la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:17, NVI), aunque no necesariamente causa fe en todos los casos, ya que “no todos… aceptaron las buenas nuevas” (Romanos 10:16, NVI), y esto a pesar de haberlas escuchado (Romanos 10:18). ¿Cómo es esto posible? En su infinita bondad, Dios ofrece su gracia salvadora a los pecadores, pero les permite elegir si la aceptarán o la rechazarán. Por lo tanto, en el caso de Israel y de toda la humanidad caída, el Dios que ama a todos y trabaja para la salvación de todos, también es el dios que dice: “«Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo desobediente y rebelde»” (Romanos 10:21, NVI). Y es que la gracia de Dios nos libera para creer, pero nunca nos obligará a hacerlo de forma irresistible. El que quiera permanecer bajo condenación podrá hacerlo de su libre elección. Ninguna culpa podrá ser imputada a Dios por ello, pero el tal hombre será hecho responsable por rechazar una dádiva de tal magnitud.

GRACIA PREVENIENTE, GRACIA PARA TODOS.

La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo ha venido para convencer “al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio” (Juan 16:8, NVI). A pesar de que los incrédulos tienen “oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios.” (Efesios 4:18, NVI), el Señor abre los corazones de las personas para que puedan responder positivamente al evangelio. El mensaje (Hechos 16:14) y la gracia impartida a través de él por el Espíritu Santo, llevan a los que tienen corazones duros e impenitentes hacia el arrepentimiento (Romanos 2:4-5). En su soberanía, Dios incluso “hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren” (Hechos 17:27; NVI). En otras palabras, Dios llama a todas las personas en todas partes a arrepentirse y creer en el evangelio. El crea las condiciones necesarias y prepara el terreno y las circunstancias específicas para que, los que hayan de ser salvos, puedan tener un encuentro personal con Él y, a través de la obra salvífica del Espíritu Santo, se rindan voluntariamente al toque de la gracia de Dios. Todo esto es lo que se conoce en el lenguaje teológico tradicional como la gracia preveniente de Dios. El término “preveniente” simplemente significa “precedente”. Por lo tanto, “gracia preveniente” se refiere a la gracia de Dios que precede a la salvación, incluida la parte de la salvación conocida como regeneración, que es el comienzo de la vida espiritual eterna otorgada a todos los que confían en Cristo (Juan 1:12-13).

En ocasiones, la gracia preventiva también se denomina gracia habilitadora o gracia previa a la regeneración. Este es el favor no merecido de Dios hacia las personas totalmente depravadas, que no merecen la bendición de Dios y no pueden buscar a Dios o confiar en él en y por sí mismos. En consecuencia, Hechos 18:27 indica que creemos a través de la gracia, colocando la gracia con precaución (es decir, lógicamente antes) de la fe como el medio por el cual creemos. Es la gracia que, entre otras cosas, libera nuestras voluntades para creer en Cristo y su evangelio. Como dice Tito 2:11: “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación“.

LA GRACIA NO ES IRRESISTIBLE.

El Cuarto Artículo de la Remonstrancia, el cual nos habla acerca de la Gracia, establece “Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo, en Hechos 7 y en otros muchos lugares.”[3]

Los arminianos hablamos de la voluntad del hombre siendo libre por la gracia para enfatizar que las personas no tienen un libre albedrío natural para creer en Jesús, sino que Dios debe actuar gentilmente para liberar nuestras voluntades si vamos a poder creer en su Hijo a quien envió por nuestra salvación. Cuando nuestras voluntades son liberadas, podemos aceptar la gracia salvadora de Dios con fe o rechazarla para nuestra propia ruina. En otras palabras, la gracia salvadora de Dios es resistible, es decir, que Dios (en su soberanía e infinita sabiduría) dispensa su gracia de llamamiento, atracción y convicción (que nos llevaría a la salvación si respondiéramos con fe) de tal manera que podamos rechazarla. Nos hacemos libres para creer en Jesús y libres para rechazarlo. La resistencia de la gracia salvadora de Dios se muestra claramente en las Escrituras, como lo atestiguan algunos de los pasajes ya mencionados.

En efecto, la Biblia está tristemente llena de ejemplos de personas que rechazan la gracia de Dios que se les ofrece. En Isaías 5:1-7, Dios realmente indica que no pudo haber hecho nada más para que Israel produjera buenos frutos. Pero si la gracia irresistible es algo que Dios dispensa, entonces él podría fácilmente haber provisto eso e infaliblemente, llevando a Israel a dar buenos frutos. Muchos pasajes en el Antiguo Testamento hablan de cómo Dios extendió su gracia a Israel una y otra vez, pero se resistieron y rechazaron su oferta de salvación (2 Reyes 17:7-23; Jeremías 25:3-11; 26:1-9; 35:1-19). En 2 Crónicas 36:15-16 se nos menciona que la perseverancia de Dios para llegar a su pueblo, que fue rechazada, fue motivada por la compasión por ellos. Pero esto solo podría ser posible si la gracia que les extendió les permitiera arrepentirse y evitar su juicio, pero era fuese, a la vez, resistible, ya que efectivamente la resistieron y sufrieron el juicio de Dios.

Nehemías 9 presenta un ejemplo sorprendente del testimonio del Antiguo Testamento de que Dios continuamente se acercó a Israel con su gracia, la cual se encontró con resistencia y rechazo. Nehemías 9: 20 dice: “Con tu buen Espíritu les diste entendimiento”, y le sigue un extenso catálogo de acciones divinas de gracia hacia Israel en los versículos del 20 al 25. Entonces Nehemías 9:26-31 dice: “Pero fueron desobedientes: se rebelaron contra ti, rechazaron tu ley, mataron a tus profetas que los convocaban a volverse a ti; ¡te ofendieron mucho! Por eso los entregaste a sus enemigos, y estos los oprimieron. En tiempo de angustia clamaron a ti, y desde el cielo los escuchaste; por tu inmensa compasión les enviaste salvadores para que los liberaran de sus enemigos. Pero, en cuanto eran liberados, volvían a hacer lo que te ofende; tú los entregabas a sus enemigos, y ellos los dominaban. De nuevo clamaban a ti, y desde el cielo los escuchabas. ¡Por tu inmensa compasión muchas veces los libraste! Les advertiste que volvieran a tu ley, pero ellos actuaron con soberbia y no obedecieron tus mandamientos. Pecaron contra tus normas, que dan vida a quien las obedece. En su rebeldía, te rechazaron; fueron tercos y no quisieron escuchar. Por años les tuviste paciencia; con tu Espíritu los amonestaste por medio de tus profetas, pero ellos no quisieron escuchar. Por eso los dejaste caer en manos de los pueblos de esa tierra. Sin embargo, es tal tu compasión que no los destruiste ni abandonaste, porque eres Dios clemente y compasivo.” (NVI).

El texto afirma que Dios dio su Espíritu para instruir a Israel (9: 20) y que Dios envió a sus profetas y advirtió a Israel con el propósito de hacerlos volver a él, pero se rebelaron. Esto muestra que Dios, soberanamente, permite que su propósito no se cumpla debido a que concede a los seres humanos elegir, voluntariamente, rendirse o no a su gracia.

Esteban también proporcionó un buen ejemplo de la resistibilidad de la gracia cuando dijo a sus compañeros judíos: “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo! ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, y ahora a este lo han traicionado y asesinado ustedes, que recibieron la ley promulgada por medio de ángeles y no la han obedecido»” (Hechos 7:51-53, NVI). Lucas 7:30 nos dice que “los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos.”. Y Jesús, quien habló a la gente con el propósito de salvarlos (Juan 5:34), encontró que se negaron a venir a Él y tener vida eterna (Juan 5:40). Jesús se lamentó diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!” (Lucas 13:34; véase también Ezequiel 24:13; Mateo 23:37; Romanos 2: 4-5; Zacarías 7: 11-14; Hebreos 10:29; 12:15; Judas 4; 2 Corintios 6:1-2; Salmos 78: 40-42).

CONCLUSIÓN.

Es difícil entender cómo funciona la gracia preveniente de Dios, probablemente porque las Escrituras en sí no dan una descripción detallada. Algunos arminianos creen que Dios continuamente capacita a todas las personas para creer en todo momento como un beneficio de la expiación. Otros creen que Dios solo otorga la capacidad de creer en Cristo a personas en determinados momentos, de acuerdo con su buena voluntad y sabiduría. Sin embargo, todos los arminianos estamos de acuerdo en que las personas son incapaces de creer en Jesús aparte de la intervención de la gracia de Dios. Es por su gracia que somos salvos. Es Dios quien libremente otorga su gracia a la humanidad, y es esa gracia la que atrae hacia la salvación a todas las personas moralmente responsables.

Finalmente, el concepto arminiano de “liberados por gracia para creer” también implica que es Dios, y no nosotros, quien tiene libre albedrío máximo y absoluto. Porque es Dios quien libera sobrenaturalmente la voluntad de los pecadores por su gracia, a fin de que estos puedan creer en Cristo. Esto es un asunto de la propia voluntad y soberanía de Dios. Dios es omnipotente y soberano, tiene el poder y la autoridad para hacer lo que quiera y es libre en sus acciones y voluntad (Génesis 18:14; Éxodo 3:14; Job 41:11; Salmos 50: 10-12; Isaías 40: 13-14; Jeremías 32:17, 27; Mateo 19:26; Lucas 1:37; Hechos 17: 24-25; Romanos 11: 34-36; Efesios 3:20; 2 Corintios 6:18; Apocalipsis 1:8; 4:11). Nada puede pasar a menos que él lo haga o lo permita. Él es el Creador Todopoderoso y Dios del universo a quien debemos todo amor, adoración, gloria, honor, gratitud, alabanza y obediencia. Por lo tanto, es bueno para nosotros recordar que detrás de la voluntad liberada humana se encuentra el que libera la voluntad, y que esto es un asunto de su gracia gloriosa, libre y soberana, totalmente inmerecida por nuestra parte, y que nos ha sido proporcionada por el amor y la misericordia de Dios ¡Toda gloria sea su santo nombre!

BIBLIOGRAFÍA:

[1] Los cinco artículos de Remosntrancia o Protesta del 1610 fueron proposiciones teológicas promovidas por los seguidores de Jacobo Arminio el cual falleció en 1609 en desacuerdo con la doctrina prevalente en Holanda de la doble predestinación supralapsariana―la creencia que Dios había decidido, incluso antes de la creación o la caída de Adán, que seres humanos en particular serían creados para salvación, mientras otros serían creados para condenación. El grupo de cuarenta y seis predicadores y dos catedráticos de la Universidad Estatal de Leyden para la educación de los predicadores eligieron llamarse los “Remonstrantes” (Véase: Kamen, Henry. Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna. Alianza Editorial. Madrid 1987. ISBN 978-84-206-0247-9. pp 135-13)

[2] Creeds of Christendom, Volume III. The Creeds of the Evangelical Protestant Churches.

[3] Íbid.

Arminianismo Clásico

¿Depravados o moralmente neutros?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Para muchos resulta sorprendente descubrir que el arminianismo y el calvinismo están totalmente de acuerdo con la doctrina de la depravación total. Tanto los calvinistas como nosotros los arminianos creemos que la humanidad es totalmente corrupta e incapaz, en sí misma, de aceptar el evangelio. Jacobo Arminio escribió:

“En este estado, el libre albedrío del hombre hacia el bien verdadero no solo está herido, mutilado, enfermo, torcido y debilitado; sino también encarcelado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo son debilitados e inútiles a menos que sean asistidos por la gracia, sino que no tienen ningún poder, excepto los que están excitados por la gracia divina. Porque Cristo ha dicho: Sin mí, nada podéis hacer. San Agustín, después de haber meditado diligentemente cada palabra en este pasaje habla así: Cristo no dice, sin mí, solo puedes hacer poco; ni dice Él, sin mí puedes hacer cualquier cosa ardua, ni sin mí puedes hacerlo con dificultad. ¡Sino que dice, sin mí nada podéis hacer! Tampoco dice, sin mí no se puede completar nada; pero sin mí no podéis hacer nada”. [1]

Asimismo, el Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no tiene la gracia salvadora de sí mismo, ni de la energía de su libre albedrío, en la medida en que, en el estado de apostasía y pecado, no puede ni por sí ni pensar, ni hacer nada que sea verdaderamente bueno; sino que es necesario que nazca de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Espíritu Santo, y que se renueve en la comprensión, la inclinación o la voluntad, y todos sus poderes, para que pueda entender, pensar, querer y efectuar correctamente lo que es verdaderamente bueno, de acuerdo con la Palabra de Cristo en Juan 15: 5, “Sin mí no podéis hacer nada”.[2]

La doctrina de la depravación total del hombre es reconocida unánimemente por la ortodoxia protestante. Sin embargo, en contraposición con el arminianismo clásico y el calvinismo, el pelagianismo y el semipelagianismo se oponen a la doctrina de la depravación total del hombre. El pelagianismo niega que las consecuencias del pecado de Adán pasaran a sus descendientes, afirma que todos los seres humanos nacemos en un estado moralmente neutral. Según esta doctrina, si un hombre recibe la enseñanza correcta, es capaz de vivir de una manera que agradaría a Dios. Debido a esto, el hombre tiene la opción de hacer lo bueno o lo malo sin ninguna restricción impuesta por su naturaleza pecaminosa. Por obvias razones, el pelagianismo es considerado una herejía.

El semipelagianismo, por otro lado, pretende ser un término medio entre el pelagianismo y la ortodoxia cristiana. Sostiene que hay una chispa de bien en el hombre, suficiente para permitirle comenzar el viaje, momento en el que Dios se hace cargo y termina el trabajo. Esta posición, también se considera herética por la ortodoxia cristiana, pese a ser sostenida, a veces inconscientemente, por muchos cristianos. Ahora bien, el énfasis tanto del pelagianismo como del semipelagianismo está en el libre albedrío humano, la capacidad de la humanidad para elegir libremente, sin la ayuda de Dios, y aceptar su oferta de salvación. Ambas herejías presentan un desafío a la ortodoxia bíblica y distorsionan el papel del hombre y de Dios en el proceso de salvación.

¿QUÉ IMPLICA LA DOCTRINA DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE?

Tanto Calvino como Arminio enseñaron la doctrina de la depravación total del hombre. Arminianos y calvinistas concordamos en este punto. La depravación total enseña que la humanidad fue creada a imagen de Dios y era santa. Pero esa humanidad cayó de su estado sin pecado cuando desobedecieron las instrucciones de Dios de no comer del fruto del Árbol del Conocimiento. Cuando hicieron esto, murieron espiritualmente, se separaron de Dios y cayeron en condenación.

Pero este concepto no debe ser tampoco mal entendido. Que la humanidad sea totalmente depravada no significa que sean tan malos como podrían ser. Lo que significa es que tenemos una inclinación natural al pecado y que nuestro estado natural es corrupto, incapaz de pensar o hacer algo por nosotros mismos que sea bueno. Esto incluye poder ganar cualquier favor de Dios, hacer cualquier cosa para salvarnos del juicio de Dios, o incluso creer en el evangelio de Cristo.

Significa también que el hombre no puede tomar la iniciativa en la salvación. Si Dios no hace primero algo que le permita creer, entonces el hombre nunca lo hará. Es un acto de gracia por parte de Dios que nos permite creer. Nuestra voluntad no es libre de elegir a Dios. El ser humano simplemente no tiene libre albedrío con respecto a elegir creer.

En oposición al pelagianismo y al semipelagianismo, la Biblia nos enseña que:

  • La humanidad fue creada santa, pero cayó en pecado a través de la desobediencia voluntaria (Génesis 1: 26-28; 3: 1-19).
  • Todos los humanos somos pecadores y desobedientes a Dios. Estamos muertos en nuestros pecados, no meramente heridos o dañados (Efesios 2: 1-3; Romanos 3:23; Colosenses 2:13). Tampoco somos moralmente neutros.
  • No hay ni siquiera uno de nosotros, por bueno que se considere, que haga el bien (Romanos 3: 9-18).
  • En nuestro estado natural de pecado somos incapaces de agradar a Dios (Romanos 8: 7-8).
  • Nadie puede venir a Cristo a menos que el Padre los atraiga (Juan 6:44).

Concordamos con el calvinismo en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia. Entendemos que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. Además, reconocemos que la voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.

¿LO ENSEÑA LA BIBLIA?

De acuerdo con la Biblia, por la caída de Adán toda la humanidad fue constituida pecadora y está “destituida de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, esta muerte incluye todas las malas consecuencias que han sobrevenido al hombre después de la caída. La caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad, inteligencia, y demás facultades están corrompidas por causa de la caída de Adán. Esto no significa que el hombre, aunque quiera, no puede acercase a Dios, sino que el hombre nunca quiere hacer la voluntad de Dios ya que no está en su voluntad hacerlo: Su voluntad está inclinada contra Dios de forma permanente, y de manera instintiva y voluntaria se torna hacia el mal. Nace enajenado de Dios y peca por elección.

En este sentido, podemos decir que el hombre perdió el libre albedrío en lo que a tomar la iniciativa en la salvación se refiere. Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. El hombre no perdió su libertad, sino que perdió su capacidad de hacer lo bueno. Debido a esta depravación humana y a la incapacidad del hombre de desear hacer lo bueno, Dios, aparte de la gracia especial que produce salvación, también obra una gracia común que permite que los impíos puedan ser buenos ciudadanos, que no sean delincuentes, asesinos, etc. Sin embargo, estas obras no son agradables a Dios ya que no nacen de un corazón que quiera agradarle. Como tampoco le agradan las acciones de quienes intentan agradarle por medio de cosas que Él no ha ordenado.

La doctrina de la depravación total del hombre halla su fundamento en las Escrituras. No es una invención calvinista o arminiana. La doctrina de la depravación total del hombre se fundamenta en pasajes como:

  • 1 Corintios 2:14 “…Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente…”
  • Génesis 2:17 “…Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás…”
  • Romanos 5:12 “…Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”
  • 2 Corintios 1:9 “…Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos…”
  • Efesios 2:1-3 “…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás…”
  • Efesios 2:12 “…En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo…”
  • Jeremías 13:23 “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”
  • Salmos 51:5 “…He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
  • Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…”
  • Romanos 3:10-12 “…Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…”
  • Job 14:4 “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”.

La depravación del hombre, como consecuencia de la caída, es total. Él está obligado a Satanás que lleva al hombre cautivo a su voluntad. El hombre es depravado en el sentido de que está muerto, ciego, sordo, imposible de enseñar y aprender las cosas de Dios y gobernado por Satanás a través de su corazón perverso y alma corrupta.

REFERENCIAS:

[1] Arminius, J., Complete Works of Arminius, Volume 1, Public Disputations of Arminius, Disputation 11 (On the Free Will of Man and its Powers)

[2] Article 3 of the Five Articles of the Remonstrance.

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Los 5 Puntos del Calvinismo: La Depravación Total del Hombre.

Por Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
La teología calvinista es identificada en la mente popular como los “cinco puntos del calvinismo,” que son un resumen de los juicios (o cánones) presentados por el Sínodo de Dort y que fueron publicados como una respuesta detallada (punto por punto) a los cinco puntos de la Protesta Arminiana. Calvino mismo nunca usó tal modelo, y nunca combatió el Arminianismo directamente. Estos puntos, pues, funcionan como un resumen de las diferencias entre el calvinismo y el Arminianismo, pero no como una suma completa de los escritos de Calvino o de la teología de las iglesias reformadas en general. Los 5 puntos del calvinismo son: Depravación total, elección incondicional, gracia irresistible, expiación limitada y perseverancia final de los santos. Analicemos bíblica y racionalmente el primero de dichos puntos: la depravación total del hombre.

EL SÍNODO DE DORT Y LA CONFESIÓN DE FE DE WESTMINSTER:
El Sínodo de Dort (1618-1619) fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda. fue convocado con el fin de solucionar una seria controversia en las iglesias holandesas iniciadas por el surgimiento del Arminianismo. Jacobo Arminio, un teólogo profesor en la Universidad Leiden, cuestionó la enseñanza de Calvino y sus seguidores en un número de puntos importantes. Después de la muerte de Arminio, sus seguidores presentaron sus posiciones en cinco de estos puntos en la “Protesta de 1610”. En este documento o en escritos tardíos más explícitos, los teólogos arminianos enseñaron que la elección estaba basada en fe prevista, que la expiación fue universal, que la depravación es parcial, que la gracia es resistible, y la posibilidad de una caída de la gracia. En los Cánones el Sínodo de Dort rechazó estas posiciones e impuso la doctrina calvinista en estos puntos: la elección incondicional, la expiación limitada, la depravación total, la gracia irresistible, y la perseverancia de los santos. Estas doctrinas fueron descritas en el documento final llamado Cánones de Dort. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse.

La doctrina calvinista alcanzó su máxima expresión en la confesión de Fe de Westminster. En 1643, el parlamento inglés convocó a “teólogos piadosos, doctos y juiciosos” para que se reunieran en la Abadía de Westminster para dar su opinión sobre cuestiones de adoración, doctrina, gobierno y disciplina de la Iglesia de Inglaterra. Sus reuniones, que se llevaron a cabo a lo largo de cinco años, produjeron la confesión de fe, así como una Catecismo Mayor y un Catecismo Menor, publicado formalmente en 1646. La Confesión es una exposición sistemática de la ortodoxia calvinista (a la cual los eruditos neo-ortodoxos se refieren como “calvinismo escolástico”), influenciada por la teología puritana y de los covenants. Incluye doctrinas comunes a la mayoría de la cristiandad, como la Trinidad y la muerte sacrificial y resurrección de Jesús, e incluye doctrinas específicas del movimiento protestante tales como sola scriptura y sola fide. Sus rasgos más controvertidos incluyen la doble predestinación, el pacto de obras con Adán, la doctrina puritana que dice que la seguridad de salvación no es necesariamente concomitante con la fe, una concepción minimalista de la adoración, y un sabatarianismo estricto. Aunque se hizo primeramente para la Iglesia de Inglaterra, permanece como un ‘estándar subordinado’ de doctrina para la Iglesia de Escocia, y ha influido sobre las iglesias presbiterianas de todo el mundo. Por más de tres siglos, varias iglesias a lo largo del mundo han adoptado la confesión y sus catecismos como su estándar de doctrina. Muchos grupos, sin embargo, han rechazado o modificado dicha confesión de fe. La Confesión de Fe de Westminster fue modificada y adoptada por los congregacionalistas de Inglaterra dando lugar a la Declaración Saboya (1658). De la misma forma, los bautistas de Inglaterra modificaron la Declaración Saboya para producir la Confesión Bautista de Londres de 1689. Los presbiterianos, congregacionalistas y bautistas ingleses llegaron a ser conocidos todos ellos (junto con otros) como los “no conformistas”, puesto que no se conformaron al Acta de Uniformidad de 1662 que establecía la Iglesia de Inglaterra como la única iglesia aprobada legalmente, aunque ellos estaban unidos de muchas formas por sus confesiones comunes, basadas todas en la Confesión de Westminster.

EL CALVINISMO Y LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE:
La doctrina de la Depravación Total, también llamada Inhabilidad Total, dice que “el hombre natural [el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo] nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal”. (PALMER, Edwin H. Doctrinas claves. El estandarte de la verdad. Edinburgh, 1976. Pág. 18).

La Confesión de Fe de Westminster nos habla de esta doctrina, dice “El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza”. (RAMÍREZ, Alonzo (traductor). Confesión de Fe de Westminster. Ed. CLIE. Lima, 1999. Cap. IX, Sec. III. Pág. 91).

De acuerdo con la doctrina calvinista, por la caída de Adán toda la humanidad fue constituida pecadora y está “destituida de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, esta muerte incluye todas las malas consecuencias que han sobrevenido al hombre después de la caída. De acuerdo con Calvino, además de la imputación del pecado original en nosotros, la caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad, inteligencia, etc. están corrompidos por causa de la caída de Adán. Esto no significa que el hombre, aunque quiera, no puede acercase a Dios, sino que el hombre nunca quiere hacer la voluntad de Dios ya que no está en su voluntad hacerlo: “Su voluntad está inclinada contra Dios de forma permanente, y de manera instintiva y voluntaria se torna hacia el mal. Nace enajenado de Dios y peca por elección. Su inhabilidad no consiste en la inhabilidad de ejercer su voluntad libremente sino a la inhabilidad de querer ejercer voliciones santas” (BOETTNER, Loraine. La Predestinación. Ed. Libros Desafío. Gran Rapids, 2005. Pág. 56).

En este sentido, de acuerdo con el calvinismo, podemos decir que el hombre perdió el libre albedrío en Adán. Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. El hombre no perdió su libertad, sino que perdió su capacidad de hacer lo bueno. Debido a esta depravación humana y a la incapacidad del hombre de desear hacer lo bueno, Dios, aparte de la gracia especial que produce salvación, también obra una gracia común que permite que los impíos puedan ser buenos ciudadanos, que no sean delincuentes, asesinos, etc. Sin embargo, estas obras no son agradables a Dios ya que no nacen de un corazón que quiera agradarle. Como tampoco le agradan las acciones de quienes intentan agradarle por medio de cosas que Él no ha ordenado.

La doctrina calvinista de la depravación total del hombre halla su fundamento en ciertos pasajes de la Escritura, entre ellos:

• 1 Corintios 2:14 “…Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente…”
• Génesis 2:17 “…Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás…”
• Romanos 5:12 “…Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”
• 2 Corintios 1:9 “…Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos…”
• Efesios 2:1-3 “…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás…”
• Efesios 2:12 “…En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo…”
• Jeremías 13:23 “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”
• Salmos 51:5 “…He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
• Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…”
• Romanos 3:10-12 “…Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…”
• Job 14:4 “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”.

En resumen: De acuerdo con el calvinismo clásico la depravación del hombre, como consecuencia de la caída, es total. Él no posee libre albedrío, porque él está obligado a Satanás que lleva al hombre cautivo a su voluntad. Todos los hombres nacen en este mundo espiritualmente muerto en delitos y pecados. El hombre es depravado en el sentido de que está muerto, ciego, sordo, imposible de enseñar y aprender las cosas de Dios y gobernado por Satanás a través de su corazón perverso y alma corrupta. En consecuencia, se necesita mucho más que la asistencia del Espíritu para traer un pecador a Cristo, se necesita la regeneración por la cual el Espíritu hace que el pecador viva y le da una nueva naturaleza. La fe no es algo con que el hombre contribuya a la salvación, sino que es en sí mismo una parte del don de la salvación de Dios. Es el regalo de Dios para el pecador, no el don del pecador a Dios.

LA POSTURA ARMINIANA:
El sistema teológico conocido como Arminianismo debe su nombre al pastor y teólogo holandés Jacob Harmenszoon (n. Oudewater, 1560/m. Leiden, 1609), conocido mayormente por su nombre latinizado Jacobo Arminio. Jacobo Arminio, sin embargo, no es el creador de dichas doctrinas. Otros antes de él sostuvieron las mismas ideas, tanto en el movimiento anabaptista como a lo largo del cristianismo histórico. A disgusto de muchos calvinistas fanáticos, Arminio obtuvo su preparación teológica a los pies de Teodoro de Beza, el sucesor de Calvino en Ginebra; de modo que su formación teológica fue profundamente calvinista. Sin embargo, poco tiempo después de su ordenación al ministerio, comenzó a tener conflictos con la postura de los calvinistas holandeses en lo tocante al papel que juega la gracia de Dios en la salvación de los pecadores. Arminio concordaba con los calvinistas en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia. Arminio creía que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. La voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios. Evidentemente Arminio concordaba con Agustín, Lutero, y Calvino en este punto. Sin embargo, el punto en disputa radicaba en el papel de la gracia de Dios en la salvación de los pecadores. La postura Arminiana sostiene que toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo; es decir, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón. Por ende, de acuerdo con la doctrina Arminiana, si el pecador no responde al llamamiento, la culpa es enteramente suya y no de Dios.

El arminianismo sostiene que Dios concede a todos los hombres una gracia previa que hace posible la salvación de todos, al equipar el libre albedrío con la capacidad de responder afirmativamente al llamado del evangelio, pero sin asegurar la salvación de ninguno. Esta gracia previa es universal, pero no irresistible. De manera que la decisión final está en las manos del hombre, no en las manos de Dios. Sin embargo, el hombre no puede dar el paso inicial hacia la salvación, a menos que sea capacitado primero por la gracia “resistible” de Dios. Pero el paso final es una decisión de la voluntad humana en la que Dios no interviene. Como Dios es omnisciente, Él predestinó a todos aquellos que Él sabía de antemano que iban a dar ese paso, creer y perseverar hasta el fin con asistencia de su gracia. Los 5 puntos del Arminianismo pueden expresarse de la siguiente manera:

• Dios elige o reprueba sobre la base de la fe o incredulidad que Él prevé.
• Cristo murió por todos los hombres y por cada hombre, aunque solo los creyentes son salvados.
• El hombre está tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra.
• Esta gracia puede ser resistida.
• En lo tocante a si una persona en verdad regenerada ciertamente persevera en la fe, es necesario un mayor estudio. Más adelante este último artículo fue alterado para enseñar definitivamente que un creyente verdaderamente regenerado podía perder su fe y, con ella, su salvación.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA AL RESPECTO?
La Biblia es clara en relación con la Depravación del hombre. Romanos 3:10 y 23 nos dice que no hay ni uno solo justo que todos están separados por sus pecados de la gloria de Dios. En Génesis 6:5 Dios dijo que el pensamiento del hombre es de continuo hacia el mal. Todos los seres humanos se encuentran depravados arruinados por el pecado y necesitados de salvación, el hombre por sí mismo no puede buscar a Dios. Esto es verdad, pero el calvinismo enseña que ni siquiera puede el hombre responder a la extensión de gracia o a la invitación que Dios mismo le hace.

Si para el calvinista la solución al problema de la depravación e inhabilidad del hombre es colocar la regeneración como algo previo a la fe, para el arminiano la solución se encuentra en lo que Arminio llamó “gracia preveniente”. Con este término, Arminio busca referirse a aquella gracia que precede a la regeneración, y que, excepto cuando es finalmente resistida, inevitablemente llevará a la regeneración. Por definición, “gracia preveniente” es aquella obra del Espíritu Santo que “abre el corazón” del no regenerado (Hechos 16:14) a la verdad del evangelio, y lo capacita para responder positivamente en fe. De esta manera es Dios y no el hombre, el que toma la iniciativa en la salvación. Nadie puede ser salvo sin ser llamado primero por Dios. Escrituralmente este concepto intenta expresar la verdad encontrada en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 y Juan 16:8. La gracia preveniente por tanto incluye tres aspectos:

1. En primer lugar, convicción: si la mente del no regenerado se encuentra enceguecida (2 Corintios 4:4) a la verdad, este trabajo del Espíritu Santo abre sus ojos para ver y entender. De esta manera el pecador depravado es convencido de sus pecados y de su culpa, de que Dios es justo y de que Cristo ha provisto redención para él, si acepta el regalo de Dios en fe.
2. En segundo lugar, persuasión: enfatizando que la convicción no es algo meramente intelectual sino más bien el Espíritu hace que esta verdad afecte y compunja el corazón del pecador.
3. En tercer lugar, capacitación: siendo claro a través de las escrituras que el arrepentimiento y la fe no pueden ser ejercidos excepto si son concedidos como un don por Dios, las mismas escrituras y la naturaleza de estos dones enseñan que este don es entregado a modo de persuasión.

Podemos llegar a ser conscientes de nuestra necesidad de arrepentimiento solo cuando la gracia de Dios suscita esa conciencia dentro de nosotros. La gracia de Dios hace el primer movimiento. En la teología arminiana y bíblica, ese don inicial de la gracia se llama la gracia preveniente. (Preveniente significa “yendo antes”.) Esta enseñanza enfatiza una conexión entre la ley moral y nuestra salvación, pero por causa de la gracia preveniente de Dios que nos mueve a arrepentirnos, este arrepentimiento no es una expresión de nuestras buenas obras, sino que es la actividad de la gracia de Dios en nosotros (sobre este tema sugiero la lectura del libro: United Methodist Questions, United Methodist Answers; F. Belton Joyner Jr.).

La gracia preveniente sólo es otorgada mediante la predicación del evangelio. Es la palabra de Dios el instrumento usado por el Espíritu como base de convicción, persuasión y capacitación; siendo solamente posible abrir el corazón del pecador cuando se escucha en forma activa la predicación del evangelio (Romanos 10:17). Mientras que algunos calvinistas pudieran encontrar verdad en todo lo anterior y estar de acuerdo con ello, el punto de división principal entre calvinistas y arminianos en esta área específica es simplemente este: los calvinistas creen que esta obra es realizada sólo en los elegidos; los arminianos creen que esta obra es realizada tanto en el corazón de los elegidos como los no elegidos. Algunos que experimentan esta obra creen y son salvos; otros son llevados a exactamente el mismo punto de posibilidad, pero rechazan el evangelio, y por lo mismo son condenados (para un mayor estudio del tema sugiero la lectura del libro: Grace, Faith and Free Will, escrito por Robert E. Picirilli).

Como arminianos, fundamentados en la palabra de Dios, estamos de acuerdo en que el hombre se encuentra cegado por el pecado y totalmente sin esperanza (1 Corintios 4:4), pero diferimos en la interpretación de que ni siquiera puede responder a Dios, una vez que Dios le extiende su gracia al buscarle, de lo contrario, Dios creyó por nosotros o nos hizo u obligó a creer al programar nuestra mente a responder. Si el hombre no pudiera responder a Dios, la Biblia no llamaría continuamente al hombre a responder a Él en todas sus páginas ¿Como explicamos los reclamos que Dios presenta al ser humano por no responder a Él, si el hombre no pudiera hacerlo? ¿Acaso se le olvidó a Dios que no puede, pues no está predestinado por él a salvación? Romanos 10:21 nos dice: “…Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor…” Mateo 23:37 reafirma dicho punto: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (nótese la apelación de Dios al albedrío humano).

La doctrina de la gracia preveniente es una doctrina fundamental de la teología arminiana. No obstante, la gracia preveniente es simplemente aquella gracia de Dios que convence, llama, ilumina y capacita, y que precede la conversión y torna el arrepentimiento y la fe posibles. Los calvinistas la interpretan como irresistible y eficaz; la persona a quien se le opera creerá y se arrepentirá para salvación pues Dios le obligará a hacerlo sin que tan siquiera lo note. Los arminianos interpretamos dicha gracia como resistible; las personas son siempre capaces de resistir a la gracia de Dios, como la Escritura también lo enseña (Hechos 7:51). Pero sin la gracia preveniente, ellas inevitable e inexorablemente resistirán a la voluntad de Dios por causa de su esclavitud al pecado. La “gracia preveniente” prepara al alma para su entrada en el estado inicial de la salvación. Es la gracia preparatoria del Espíritu Santo ejercida para el hombre debilitado por el pecado. Por lo que se refiere a los impotentes, es tenida como fuerza capacitadora. Es aquella manifestación de la influencia divina que precede la vida de regeneración completa. El arrepentimiento y la fe son solamente posibles porque la vieja naturaleza está siendo dominada por el Espíritu de Dios. La persona que recibe la total intensidad de la gracia preveniente (esto es, a través de la proclamación de la Palabra y la llamada interna correspondiente de Dios) es vivificada espiritualmente por obra del Espíritu Santo. Entretanto, tal persona no está aun completamente regenerada. El puente entre la regeneración parcial por la gracia preveniente y la completa regeneración por el Espíritu Santo es la conversión, que incluye arrepentimiento y fe. Estos se vuelven posibles por dádiva de Dios, pero son libres respuestas de parte del individuo. En otras palabras, el Espíritu Santo opera con el concurso humano y por medio de este. En esta cooperación; no obstante, se da siempre a la gracia divina preeminencia especial. Es lo que torna el sinergismo arminiano “evangélico.” Los arminianos toman extremadamente en serio el énfasis neotestamentario en la salvación como un don de gracia que no puede ser merecido (Efesios 2:8), aun cuando los calvinistas quisieran hacer creer que pensamos lo contrario. La gracia preveniente no interfiere en la libertad de la voluntad. Ella no dobla la voluntad o vuelve cierta la respuesta de la voluntad. Ella solamente capacita la voluntad para que escoja libre y coopere con, o resista, la gracia. Esta cooperación no contribuye para la salvación, como si Dios hiciera una parte y los humanos hiciesen otra parte. Antes, la cooperación con la gracia en la teología arminiana es simplemente la no resistencia a la gracia. Es meramente decidir permitir la gracia hacer su obra renunciando a todos los intentos de autojustificación y auto-purificación y admitiendo que solamente Cristo puede salvar. Dios no toma esta decisión por el individuo; es una decisión que los individuos, bajo la presión de la gracia preveniente, deben tomar por sí mismos (Para un análisis más amplio recomiendo la lectura del interesante libro de Roger E. Olson, Arminian Theology: Myths and Realities, p. 35-36).

BASE BÍBLICA PARA LA GRACIA PREVENIENTE:
• Jeremías 31:3 “…Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia…”
• Mateo 23:37 “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
• Lucas 19:10 “…Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido…”
• Juan 1:9 “…Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo…”
• Juan 6:44 “…Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…”
• Juan 12:32 “…Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo…”
• Hechos 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”
• Hechos 16:14 “…Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía…”
• Hechos 17:26-27 “…Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros…”
• Romanos 2:4 “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
• Romanos 10:17 “…Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios…”
• Efesios 2:8 “…Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios…”
• Filipenses 2:13 “…Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad…”
• 2Timoteo 1:9 “…Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio…”
• Tito 2:11 “…Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres…”
• Apocalipsis 3:20 “…He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo…”

CONCLUSIÓN:
Como arminianos, y fieles a la enseñanza bíblica, sostenemos que:

• Dios elige o reprueba sobre la base de la fe o incredulidad que Él prevé.
• Cristo murió por todos los hombres y por cada hombre, aunque solo los creyentes son salvados.
• El hombre está tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra.
• Esta gracia puede ser resistida.
• Un creyente verdaderamente regenerado puede perder su fe y, con ella, su salvación.

Además:
• Concordamos con el calvinismo en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia.
• Entendemos que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral.
• Reconocemos que la voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.
• Sin embargo, sostenemos que toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo; es decir, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón. Por ende, si el pecador no responde al llamamiento, la culpa es enteramente suya y no de Dios.