Arminianismo Clásico, Calvinismo

Liberados por Gracia para creer

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pecado ha afectado cada aspecto de nuestro ser. De hecho, ha afectado nuestras vidas en la tierra y nuestro destino eterno. Cuando Adán pecó, uno de los efectos inmediatos de su caída fue que la humanidad (representada corporativamente en Adán, el patriarca y cabeza de nuestra raza) se separó de Dios. En el jardín de Edén, Adán y Eva tuvieron comunión perfecta y compañerismo con Dios. Cuando se rebelaron contra Él, esa comunión se rompió. Ellos se dieron cuenta de su pecado y se avergonzaron ante Él. Se escondieron de Él (Génesis 3:8-10), y el hombre ha estado escondiéndose de Dios desde entonces. Sólo a través de Cristo puede restaurarse esa comunión, porque en Él somos hechos justos y sin pecado a los ojos de Dios como Adán y Eva fueron antes de pecar. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21, LBLA).

Debido a la caída, la muerte se convirtió en una realidad, y toda la creación era sujeta a ella. Todos los hombres mueren, todos los animales mueren, toda la vida vegetal muere. “…toda la creación gime a una” (Romanos 8:22), esperando el tiempo cuando Cristo volverá para liberarla de los efectos de la muerte. Por causa del pecado, la muerte es una realidad ineludible, y nadie es inmune. “Porque la paga del pecado es muerte, más la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Peor aún, no sólo nos morimos, pero si morimos sin Cristo, experimentamos la muerte eterna. Otro efecto de la caída es que los seres humanos han perdido de vista el propósito para el cual fueron creados: Glorificar a Dios y disfrutar de una deleitosa comunión con Él para siempre (Romanos 11:36; 1 Corintios 6:20; 1 Corintios 10:31; Salmo 86:9). Cuando Adán eligió rebelarse contra su Creador, él perdió su inocencia, incurrió la pena de muerte física y espiritual, y su mente fue oscurecida por el pecado, como son las mentes de sus sucesores. El apóstol Pablo dijo de los paganos, “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada” (Romanos 1:28). Les dijo a los Corintios que “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46). Pablo recordó a los Efesios: “ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor” (Efesios 5:8, NVI). El propósito de la salvación es “[abrir] sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).

LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE, RESULTADO DE LA CAÍDA.

La caída produjo en los seres humanos un estado de depravación. Pablo habló de aquellos “teniendo cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:2) y aquellos cuyas mentes se obscurecen espiritualmente como resultado de rechazar la verdad (Romanos 1:21). En este estado, el hombre es totalmente incapaz de hacer o elegir lo que es aceptable a Dios, aparte de la gracia divina. “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo” (Romanos 8:7, NVI).

El tercero de Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610[1] afirma: “El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960).”[2]

Sin la regeneración sobrenatural por el Espíritu Santo, todos los hombres permanecerían en su estado caído. Pero en Su gracia, misericordia y bondad, Dios envió a Su Hijo a morir en la Cruz y tomar el castigo por nuestro pecado, reconciliándonos con Dios, haciendo posible la vida eterna con Él. Lo que se perdió en la caída se reclama en la Cruz.

EL HOMBRE CAÍDO, INCAPAZ DE VENIR A CRISTO POR SU PROPIA CUENTA.

Debido a que los seres humanos somos seres caídos y pecaminosos, no podemos pensar, ni haremos nada bueno (en lo que a Dios se refiere) por nosotros mismos, esta inhabilitad causada por el pecado hace imposible que el hombre, por sí mismo, pueda siquiera creer en el evangelio de Cristo y venir a Él. Por lo tanto, Dios, deseando la salvación de todos y habiendo provisto la expiación para todas las personas, tomó, de forma unilateral, la iniciativa en el propósito de llevar a todas las personas a la salvación al llamar a todas las personas, de todo el mundo, a arrepentirse y creer en el Evangelio (Hechos 17:30; Mateo 28:18-20), y al permitir que aquellos que escuchen el evangelio respondan positivamente en fe.

El hombre no posee mérito alguno al venir a Cristo, pues no fue su sola voluntad la que lo trajo. Sin la ayuda de la gracia, el hombre ni siquiera puede optar por agradar a Dios o creer en la promesa de salvación del evangelio. Como dijo Jesús en Juan 6:44, “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió” (NVI). Jesús también prometió: “Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12:32, NVI). Por lo tanto, es la obra de un Dios trino en el hombre la que atrae a todas las personas a Jesús, lo que les permite venir a Jesús con fe.

DIOS HACE RESPONSABLE AL HOMBRE POR RECHAZARLO

Aunque la humanidad pecadora está ciega a la verdad del evangelio (2 Corintios 4:4), Jesús vino al mundo perdido como la luz verdadera, que ilumina a todos (Juan 1:9; 12:36), la luz sobre la cual Juan el Bautista vino a dar testimonio, para que todos puedan creer a través de él (Juan 1: 7). ¡Un momento! ¿Creer? ¿Acaso no está el hombre inhabilitado para hacerlo por su propia cuenta? ¡Sí! Así es. Pero esto no cambia el hecho de que Dios manda a todos los hombres que se arrepientan y crean en el Hijo. Nótese que Jesús instó a los incrédulos: “Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo —les dijo Jesús—. Caminen mientras tengan la luz, antes de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en las tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tengan la luz, crean en ella, para que sean hijos de la luz.” (Juan 12:35-36, NVI). Jesús mandó a los incrédulos arrepentirse y venir a Él. Sin embargo, esto no sería más que una broma cruel si no pudieran hacerlo. Si Dios le manda al hombre arrepentirse, le dará también la habilidad para hacerlo. No lo dejará solo en esta importante tarea. Dios, en su infinita misericordia, “ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2 Corintios 4:6, NVI). Él hizo posible, por el poder del Espíritu Santo, que aquellos que escucharon el mensaje, fuesen liberados por la gracia, para poder creer y ser salvos.

Pablo afirmó: “«La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón». Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado». No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»” (Romanos 10:8-13, NVI).

Nótese que Pablo está aplicando Deuteronomio 30:12, que indica la capacidad de obedecer la palabra de Dios, el mensaje del evangelio, lo que indica que a los que escuchan el evangelio se les da la capacidad de creerlo. De lo contrario, Dios será injusto por exigir algo que el hombre no puede cumplir.

De acuerdo con Pablo, “la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:17, NVI), aunque no necesariamente causa fe en todos los casos, ya que “no todos… aceptaron las buenas nuevas” (Romanos 10:16, NVI), y esto a pesar de haberlas escuchado (Romanos 10:18). ¿Cómo es esto posible? En su infinita bondad, Dios ofrece su gracia salvadora a los pecadores, pero les permite elegir si la aceptarán o la rechazarán. Por lo tanto, en el caso de Israel y de toda la humanidad caída, el Dios que ama a todos y trabaja para la salvación de todos, también es el dios que dice: “«Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo desobediente y rebelde»” (Romanos 10:21, NVI). Y es que la gracia de Dios nos libera para creer, pero nunca nos obligará a hacerlo de forma irresistible. El que quiera permanecer bajo condenación podrá hacerlo de su libre elección. Ninguna culpa podrá ser imputada a Dios por ello, pero el tal hombre será hecho responsable por rechazar una dádiva de tal magnitud.

GRACIA PREVENIENTE, GRACIA PARA TODOS.

La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo ha venido para convencer “al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio” (Juan 16:8, NVI). A pesar de que los incrédulos tienen “oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios.” (Efesios 4:18, NVI), el Señor abre los corazones de las personas para que puedan responder positivamente al evangelio. El mensaje (Hechos 16:14) y la gracia impartida a través de él por el Espíritu Santo, llevan a los que tienen corazones duros e impenitentes hacia el arrepentimiento (Romanos 2:4-5). En su soberanía, Dios incluso “hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren” (Hechos 17:27; NVI). En otras palabras, Dios llama a todas las personas en todas partes a arrepentirse y creer en el evangelio. El crea las condiciones necesarias y prepara el terreno y las circunstancias específicas para que, los que hayan de ser salvos, puedan tener un encuentro personal con Él y, a través de la obra salvífica del Espíritu Santo, se rindan voluntariamente al toque de la gracia de Dios. Todo esto es lo que se conoce en el lenguaje teológico tradicional como la gracia preveniente de Dios. El término “preveniente” simplemente significa “precedente”. Por lo tanto, “gracia preveniente” se refiere a la gracia de Dios que precede a la salvación, incluida la parte de la salvación conocida como regeneración, que es el comienzo de la vida espiritual eterna otorgada a todos los que confían en Cristo (Juan 1:12-13).

En ocasiones, la gracia preventiva también se denomina gracia habilitadora o gracia previa a la regeneración. Este es el favor no merecido de Dios hacia las personas totalmente depravadas, que no merecen la bendición de Dios y no pueden buscar a Dios o confiar en él en y por sí mismos. En consecuencia, Hechos 18:27 indica que creemos a través de la gracia, colocando la gracia con precaución (es decir, lógicamente antes) de la fe como el medio por el cual creemos. Es la gracia que, entre otras cosas, libera nuestras voluntades para creer en Cristo y su evangelio. Como dice Tito 2:11: “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación“.

LA GRACIA NO ES IRRESISTIBLE.

El Cuarto Artículo de la Remonstrancia, el cual nos habla acerca de la Gracia, establece “Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo, en Hechos 7 y en otros muchos lugares.”[3]

Los arminianos hablamos de la voluntad del hombre siendo libre por la gracia para enfatizar que las personas no tienen un libre albedrío natural para creer en Jesús, sino que Dios debe actuar gentilmente para liberar nuestras voluntades si vamos a poder creer en su Hijo a quien envió por nuestra salvación. Cuando nuestras voluntades son liberadas, podemos aceptar la gracia salvadora de Dios con fe o rechazarla para nuestra propia ruina. En otras palabras, la gracia salvadora de Dios es resistible, es decir, que Dios (en su soberanía e infinita sabiduría) dispensa su gracia de llamamiento, atracción y convicción (que nos llevaría a la salvación si respondiéramos con fe) de tal manera que podamos rechazarla. Nos hacemos libres para creer en Jesús y libres para rechazarlo. La resistencia de la gracia salvadora de Dios se muestra claramente en las Escrituras, como lo atestiguan algunos de los pasajes ya mencionados.

En efecto, la Biblia está tristemente llena de ejemplos de personas que rechazan la gracia de Dios que se les ofrece. En Isaías 5:1-7, Dios realmente indica que no pudo haber hecho nada más para que Israel produjera buenos frutos. Pero si la gracia irresistible es algo que Dios dispensa, entonces él podría fácilmente haber provisto eso e infaliblemente, llevando a Israel a dar buenos frutos. Muchos pasajes en el Antiguo Testamento hablan de cómo Dios extendió su gracia a Israel una y otra vez, pero se resistieron y rechazaron su oferta de salvación (2 Reyes 17:7-23; Jeremías 25:3-11; 26:1-9; 35:1-19). En 2 Crónicas 36:15-16 se nos menciona que la perseverancia de Dios para llegar a su pueblo, que fue rechazada, fue motivada por la compasión por ellos. Pero esto solo podría ser posible si la gracia que les extendió les permitiera arrepentirse y evitar su juicio, pero era fuese, a la vez, resistible, ya que efectivamente la resistieron y sufrieron el juicio de Dios.

Nehemías 9 presenta un ejemplo sorprendente del testimonio del Antiguo Testamento de que Dios continuamente se acercó a Israel con su gracia, la cual se encontró con resistencia y rechazo. Nehemías 9: 20 dice: “Con tu buen Espíritu les diste entendimiento”, y le sigue un extenso catálogo de acciones divinas de gracia hacia Israel en los versículos del 20 al 25. Entonces Nehemías 9:26-31 dice: “Pero fueron desobedientes: se rebelaron contra ti, rechazaron tu ley, mataron a tus profetas que los convocaban a volverse a ti; ¡te ofendieron mucho! Por eso los entregaste a sus enemigos, y estos los oprimieron. En tiempo de angustia clamaron a ti, y desde el cielo los escuchaste; por tu inmensa compasión les enviaste salvadores para que los liberaran de sus enemigos. Pero, en cuanto eran liberados, volvían a hacer lo que te ofende; tú los entregabas a sus enemigos, y ellos los dominaban. De nuevo clamaban a ti, y desde el cielo los escuchabas. ¡Por tu inmensa compasión muchas veces los libraste! Les advertiste que volvieran a tu ley, pero ellos actuaron con soberbia y no obedecieron tus mandamientos. Pecaron contra tus normas, que dan vida a quien las obedece. En su rebeldía, te rechazaron; fueron tercos y no quisieron escuchar. Por años les tuviste paciencia; con tu Espíritu los amonestaste por medio de tus profetas, pero ellos no quisieron escuchar. Por eso los dejaste caer en manos de los pueblos de esa tierra. Sin embargo, es tal tu compasión que no los destruiste ni abandonaste, porque eres Dios clemente y compasivo.” (NVI).

El texto afirma que Dios dio su Espíritu para instruir a Israel (9: 20) y que Dios envió a sus profetas y advirtió a Israel con el propósito de hacerlos volver a él, pero se rebelaron. Esto muestra que Dios, soberanamente, permite que su propósito no se cumpla debido a que concede a los seres humanos elegir, voluntariamente, rendirse o no a su gracia.

Esteban también proporcionó un buen ejemplo de la resistibilidad de la gracia cuando dijo a sus compañeros judíos: “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo! ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, y ahora a este lo han traicionado y asesinado ustedes, que recibieron la ley promulgada por medio de ángeles y no la han obedecido»” (Hechos 7:51-53, NVI). Lucas 7:30 nos dice que “los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos.”. Y Jesús, quien habló a la gente con el propósito de salvarlos (Juan 5:34), encontró que se negaron a venir a Él y tener vida eterna (Juan 5:40). Jesús se lamentó diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!” (Lucas 13:34; véase también Ezequiel 24:13; Mateo 23:37; Romanos 2: 4-5; Zacarías 7: 11-14; Hebreos 10:29; 12:15; Judas 4; 2 Corintios 6:1-2; Salmos 78: 40-42).

CONCLUSIÓN.

Es difícil entender cómo funciona la gracia preveniente de Dios, probablemente porque las Escrituras en sí no dan una descripción detallada. Algunos arminianos creen que Dios continuamente capacita a todas las personas para creer en todo momento como un beneficio de la expiación. Otros creen que Dios solo otorga la capacidad de creer en Cristo a personas en determinados momentos, de acuerdo con su buena voluntad y sabiduría. Sin embargo, todos los arminianos estamos de acuerdo en que las personas son incapaces de creer en Jesús aparte de la intervención de la gracia de Dios. Es por su gracia que somos salvos. Es Dios quien libremente otorga su gracia a la humanidad, y es esa gracia la que atrae hacia la salvación a todas las personas moralmente responsables.

Finalmente, el concepto arminiano de “liberados por gracia para creer” también implica que es Dios, y no nosotros, quien tiene libre albedrío máximo y absoluto. Porque es Dios quien libera sobrenaturalmente la voluntad de los pecadores por su gracia, a fin de que estos puedan creer en Cristo. Esto es un asunto de la propia voluntad y soberanía de Dios. Dios es omnipotente y soberano, tiene el poder y la autoridad para hacer lo que quiera y es libre en sus acciones y voluntad (Génesis 18:14; Éxodo 3:14; Job 41:11; Salmos 50: 10-12; Isaías 40: 13-14; Jeremías 32:17, 27; Mateo 19:26; Lucas 1:37; Hechos 17: 24-25; Romanos 11: 34-36; Efesios 3:20; 2 Corintios 6:18; Apocalipsis 1:8; 4:11). Nada puede pasar a menos que él lo haga o lo permita. Él es el Creador Todopoderoso y Dios del universo a quien debemos todo amor, adoración, gloria, honor, gratitud, alabanza y obediencia. Por lo tanto, es bueno para nosotros recordar que detrás de la voluntad liberada humana se encuentra el que libera la voluntad, y que esto es un asunto de su gracia gloriosa, libre y soberana, totalmente inmerecida por nuestra parte, y que nos ha sido proporcionada por el amor y la misericordia de Dios ¡Toda gloria sea su santo nombre!

BIBLIOGRAFÍA:

[1] Los cinco artículos de Remosntrancia o Protesta del 1610 fueron proposiciones teológicas promovidas por los seguidores de Jacobo Arminio el cual falleció en 1609 en desacuerdo con la doctrina prevalente en Holanda de la doble predestinación supralapsariana―la creencia que Dios había decidido, incluso antes de la creación o la caída de Adán, que seres humanos en particular serían creados para salvación, mientras otros serían creados para condenación. El grupo de cuarenta y seis predicadores y dos catedráticos de la Universidad Estatal de Leyden para la educación de los predicadores eligieron llamarse los “Remonstrantes” (Véase: Kamen, Henry. Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna. Alianza Editorial. Madrid 1987. ISBN 978-84-206-0247-9. pp 135-13)

[2] Creeds of Christendom, Volume III. The Creeds of the Evangelical Protestant Churches.

[3] Íbid.

Arminianismo Clásico

¿Depravados o moralmente neutros?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Para muchos resulta sorprendente descubrir que el arminianismo y el calvinismo están totalmente de acuerdo con la doctrina de la depravación total. Tanto los calvinistas como nosotros los arminianos creemos que la humanidad es totalmente corrupta e incapaz, en sí misma, de aceptar el evangelio. Jacobo Arminio escribió:

“En este estado, el libre albedrío del hombre hacia el bien verdadero no solo está herido, mutilado, enfermo, torcido y debilitado; sino también encarcelado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo son debilitados e inútiles a menos que sean asistidos por la gracia, sino que no tienen ningún poder, excepto los que están excitados por la gracia divina. Porque Cristo ha dicho: Sin mí, nada podéis hacer. San Agustín, después de haber meditado diligentemente cada palabra en este pasaje habla así: Cristo no dice, sin mí, solo puedes hacer poco; ni dice Él, sin mí puedes hacer cualquier cosa ardua, ni sin mí puedes hacerlo con dificultad. ¡Sino que dice, sin mí nada podéis hacer! Tampoco dice, sin mí no se puede completar nada; pero sin mí no podéis hacer nada”. [1]

Asimismo, el Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no tiene la gracia salvadora de sí mismo, ni de la energía de su libre albedrío, en la medida en que, en el estado de apostasía y pecado, no puede ni por sí ni pensar, ni hacer nada que sea verdaderamente bueno; sino que es necesario que nazca de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Espíritu Santo, y que se renueve en la comprensión, la inclinación o la voluntad, y todos sus poderes, para que pueda entender, pensar, querer y efectuar correctamente lo que es verdaderamente bueno, de acuerdo con la Palabra de Cristo en Juan 15: 5, “Sin mí no podéis hacer nada”.[2]

La doctrina de la depravación total del hombre es reconocida unánimemente por la ortodoxia protestante. Sin embargo, en contraposición con el arminianismo clásico y el calvinismo, el pelagianismo y el semipelagianismo se oponen a la doctrina de la depravación total del hombre. El pelagianismo niega que las consecuencias del pecado de Adán pasaran a sus descendientes, afirma que todos los seres humanos nacemos en un estado moralmente neutral. Según esta doctrina, si un hombre recibe la enseñanza correcta, es capaz de vivir de una manera que agradaría a Dios. Debido a esto, el hombre tiene la opción de hacer lo bueno o lo malo sin ninguna restricción impuesta por su naturaleza pecaminosa. Por obvias razones, el pelagianismo es considerado una herejía.

El semipelagianismo, por otro lado, pretende ser un término medio entre el pelagianismo y la ortodoxia cristiana. Sostiene que hay una chispa de bien en el hombre, suficiente para permitirle comenzar el viaje, momento en el que Dios se hace cargo y termina el trabajo. Esta posición, también se considera herética por la ortodoxia cristiana, pese a ser sostenida, a veces inconscientemente, por muchos cristianos. Ahora bien, el énfasis tanto del pelagianismo como del semipelagianismo está en el libre albedrío humano, la capacidad de la humanidad para elegir libremente, sin la ayuda de Dios, y aceptar su oferta de salvación. Ambas herejías presentan un desafío a la ortodoxia bíblica y distorsionan el papel del hombre y de Dios en el proceso de salvación.

¿QUÉ IMPLICA LA DOCTRINA DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE?

Tanto Calvino como Arminio enseñaron la doctrina de la depravación total del hombre. Arminianos y calvinistas concordamos en este punto. La depravación total enseña que la humanidad fue creada a imagen de Dios y era santa. Pero esa humanidad cayó de su estado sin pecado cuando desobedecieron las instrucciones de Dios de no comer del fruto del Árbol del Conocimiento. Cuando hicieron esto, murieron espiritualmente, se separaron de Dios y cayeron en condenación.

Pero este concepto no debe ser tampoco mal entendido. Que la humanidad sea totalmente depravada no significa que sean tan malos como podrían ser. Lo que significa es que tenemos una inclinación natural al pecado y que nuestro estado natural es corrupto, incapaz de pensar o hacer algo por nosotros mismos que sea bueno. Esto incluye poder ganar cualquier favor de Dios, hacer cualquier cosa para salvarnos del juicio de Dios, o incluso creer en el evangelio de Cristo.

Significa también que el hombre no puede tomar la iniciativa en la salvación. Si Dios no hace primero algo que le permita creer, entonces el hombre nunca lo hará. Es un acto de gracia por parte de Dios que nos permite creer. Nuestra voluntad no es libre de elegir a Dios. El ser humano simplemente no tiene libre albedrío con respecto a elegir creer.

En oposición al pelagianismo y al semipelagianismo, la Biblia nos enseña que:

  • La humanidad fue creada santa, pero cayó en pecado a través de la desobediencia voluntaria (Génesis 1: 26-28; 3: 1-19).
  • Todos los humanos somos pecadores y desobedientes a Dios. Estamos muertos en nuestros pecados, no meramente heridos o dañados (Efesios 2: 1-3; Romanos 3:23; Colosenses 2:13). Tampoco somos moralmente neutros.
  • No hay ni siquiera uno de nosotros, por bueno que se considere, que haga el bien (Romanos 3: 9-18).
  • En nuestro estado natural de pecado somos incapaces de agradar a Dios (Romanos 8: 7-8).
  • Nadie puede venir a Cristo a menos que el Padre los atraiga (Juan 6:44).

Concordamos con el calvinismo en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia. Entendemos que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. Además, reconocemos que la voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.

¿LO ENSEÑA LA BIBLIA?

De acuerdo con la Biblia, por la caída de Adán toda la humanidad fue constituida pecadora y está “destituida de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, esta muerte incluye todas las malas consecuencias que han sobrevenido al hombre después de la caída. La caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad, inteligencia, y demás facultades están corrompidas por causa de la caída de Adán. Esto no significa que el hombre, aunque quiera, no puede acercase a Dios, sino que el hombre nunca quiere hacer la voluntad de Dios ya que no está en su voluntad hacerlo: Su voluntad está inclinada contra Dios de forma permanente, y de manera instintiva y voluntaria se torna hacia el mal. Nace enajenado de Dios y peca por elección.

En este sentido, podemos decir que el hombre perdió el libre albedrío en lo que a tomar la iniciativa en la salvación se refiere. Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. El hombre no perdió su libertad, sino que perdió su capacidad de hacer lo bueno. Debido a esta depravación humana y a la incapacidad del hombre de desear hacer lo bueno, Dios, aparte de la gracia especial que produce salvación, también obra una gracia común que permite que los impíos puedan ser buenos ciudadanos, que no sean delincuentes, asesinos, etc. Sin embargo, estas obras no son agradables a Dios ya que no nacen de un corazón que quiera agradarle. Como tampoco le agradan las acciones de quienes intentan agradarle por medio de cosas que Él no ha ordenado.

La doctrina de la depravación total del hombre halla su fundamento en las Escrituras. No es una invención calvinista o arminiana. La doctrina de la depravación total del hombre se fundamenta en pasajes como:

  • 1 Corintios 2:14 “…Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente…”
  • Génesis 2:17 “…Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás…”
  • Romanos 5:12 “…Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”
  • 2 Corintios 1:9 “…Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos…”
  • Efesios 2:1-3 “…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás…”
  • Efesios 2:12 “…En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo…”
  • Jeremías 13:23 “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”
  • Salmos 51:5 “…He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
  • Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…”
  • Romanos 3:10-12 “…Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…”
  • Job 14:4 “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”.

La depravación del hombre, como consecuencia de la caída, es total. Él está obligado a Satanás que lleva al hombre cautivo a su voluntad. El hombre es depravado en el sentido de que está muerto, ciego, sordo, imposible de enseñar y aprender las cosas de Dios y gobernado por Satanás a través de su corazón perverso y alma corrupta.

REFERENCIAS:

[1] Arminius, J., Complete Works of Arminius, Volume 1, Public Disputations of Arminius, Disputation 11 (On the Free Will of Man and its Powers)

[2] Article 3 of the Five Articles of the Remonstrance.

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Los 5 Puntos del Calvinismo: La Depravación Total del Hombre.

Por Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
La teología calvinista es identificada en la mente popular como los “cinco puntos del calvinismo,” que son un resumen de los juicios (o cánones) presentados por el Sínodo de Dort y que fueron publicados como una respuesta detallada (punto por punto) a los cinco puntos de la Protesta Arminiana. Calvino mismo nunca usó tal modelo, y nunca combatió el Arminianismo directamente. Estos puntos, pues, funcionan como un resumen de las diferencias entre el calvinismo y el Arminianismo, pero no como una suma completa de los escritos de Calvino o de la teología de las iglesias reformadas en general. Los 5 puntos del calvinismo son: Depravación total, elección incondicional, gracia irresistible, expiación limitada y perseverancia final de los santos. Analicemos bíblica y racionalmente el primero de dichos puntos: la depravación total del hombre.

EL SÍNODO DE DORT Y LA CONFESIÓN DE FE DE WESTMINSTER:
El Sínodo de Dort (1618-1619) fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda. fue convocado con el fin de solucionar una seria controversia en las iglesias holandesas iniciadas por el surgimiento del Arminianismo. Jacobo Arminio, un teólogo profesor en la Universidad Leiden, cuestionó la enseñanza de Calvino y sus seguidores en un número de puntos importantes. Después de la muerte de Arminio, sus seguidores presentaron sus posiciones en cinco de estos puntos en la “Protesta de 1610”. En este documento o en escritos tardíos más explícitos, los teólogos arminianos enseñaron que la elección estaba basada en fe prevista, que la expiación fue universal, que la depravación es parcial, que la gracia es resistible, y la posibilidad de una caída de la gracia. En los Cánones el Sínodo de Dort rechazó estas posiciones e impuso la doctrina calvinista en estos puntos: la elección incondicional, la expiación limitada, la depravación total, la gracia irresistible, y la perseverancia de los santos. Estas doctrinas fueron descritas en el documento final llamado Cánones de Dort. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse.

La doctrina calvinista alcanzó su máxima expresión en la confesión de Fe de Westminster. En 1643, el parlamento inglés convocó a “teólogos piadosos, doctos y juiciosos” para que se reunieran en la Abadía de Westminster para dar su opinión sobre cuestiones de adoración, doctrina, gobierno y disciplina de la Iglesia de Inglaterra. Sus reuniones, que se llevaron a cabo a lo largo de cinco años, produjeron la confesión de fe, así como una Catecismo Mayor y un Catecismo Menor, publicado formalmente en 1646. La Confesión es una exposición sistemática de la ortodoxia calvinista (a la cual los eruditos neo-ortodoxos se refieren como “calvinismo escolástico”), influenciada por la teología puritana y de los covenants. Incluye doctrinas comunes a la mayoría de la cristiandad, como la Trinidad y la muerte sacrificial y resurrección de Jesús, e incluye doctrinas específicas del movimiento protestante tales como sola scriptura y sola fide. Sus rasgos más controvertidos incluyen la doble predestinación, el pacto de obras con Adán, la doctrina puritana que dice que la seguridad de salvación no es necesariamente concomitante con la fe, una concepción minimalista de la adoración, y un sabatarianismo estricto. Aunque se hizo primeramente para la Iglesia de Inglaterra, permanece como un ‘estándar subordinado’ de doctrina para la Iglesia de Escocia, y ha influido sobre las iglesias presbiterianas de todo el mundo. Por más de tres siglos, varias iglesias a lo largo del mundo han adoptado la confesión y sus catecismos como su estándar de doctrina. Muchos grupos, sin embargo, han rechazado o modificado dicha confesión de fe. La Confesión de Fe de Westminster fue modificada y adoptada por los congregacionalistas de Inglaterra dando lugar a la Declaración Saboya (1658). De la misma forma, los bautistas de Inglaterra modificaron la Declaración Saboya para producir la Confesión Bautista de Londres de 1689. Los presbiterianos, congregacionalistas y bautistas ingleses llegaron a ser conocidos todos ellos (junto con otros) como los “no conformistas”, puesto que no se conformaron al Acta de Uniformidad de 1662 que establecía la Iglesia de Inglaterra como la única iglesia aprobada legalmente, aunque ellos estaban unidos de muchas formas por sus confesiones comunes, basadas todas en la Confesión de Westminster.

EL CALVINISMO Y LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE:
La doctrina de la Depravación Total, también llamada Inhabilidad Total, dice que “el hombre natural [el que no ha sido regenerado por el Espíritu Santo] nunca puede hacer ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho, hace siempre el mal”. (PALMER, Edwin H. Doctrinas claves. El estandarte de la verdad. Edinburgh, 1976. Pág. 18).

La Confesión de Fe de Westminster nos habla de esta doctrina, dice “El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza”. (RAMÍREZ, Alonzo (traductor). Confesión de Fe de Westminster. Ed. CLIE. Lima, 1999. Cap. IX, Sec. III. Pág. 91).

De acuerdo con la doctrina calvinista, por la caída de Adán toda la humanidad fue constituida pecadora y está “destituida de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Romanos 6:23 nos enseña que “la paga del pecado es muerte”, esta muerte incluye todas las malas consecuencias que han sobrevenido al hombre después de la caída. De acuerdo con Calvino, además de la imputación del pecado original en nosotros, la caída hizo que el hombre, en todas sus partes, sufriera sus efectos. Su físico, voluntad, inteligencia, etc. están corrompidos por causa de la caída de Adán. Esto no significa que el hombre, aunque quiera, no puede acercase a Dios, sino que el hombre nunca quiere hacer la voluntad de Dios ya que no está en su voluntad hacerlo: “Su voluntad está inclinada contra Dios de forma permanente, y de manera instintiva y voluntaria se torna hacia el mal. Nace enajenado de Dios y peca por elección. Su inhabilidad no consiste en la inhabilidad de ejercer su voluntad libremente sino a la inhabilidad de querer ejercer voliciones santas” (BOETTNER, Loraine. La Predestinación. Ed. Libros Desafío. Gran Rapids, 2005. Pág. 56).

En este sentido, de acuerdo con el calvinismo, podemos decir que el hombre perdió el libre albedrío en Adán. Ahora él ya no puede elegir seguir el camino de Dios, no puede amar a Dios ni hacer nada agradable a Él debido a su naturaleza pecaminosa. El hombre no perdió su libertad, sino que perdió su capacidad de hacer lo bueno. Debido a esta depravación humana y a la incapacidad del hombre de desear hacer lo bueno, Dios, aparte de la gracia especial que produce salvación, también obra una gracia común que permite que los impíos puedan ser buenos ciudadanos, que no sean delincuentes, asesinos, etc. Sin embargo, estas obras no son agradables a Dios ya que no nacen de un corazón que quiera agradarle. Como tampoco le agradan las acciones de quienes intentan agradarle por medio de cosas que Él no ha ordenado.

La doctrina calvinista de la depravación total del hombre halla su fundamento en ciertos pasajes de la Escritura, entre ellos:

• 1 Corintios 2:14 “…Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente…”
• Génesis 2:17 “…Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás…”
• Romanos 5:12 “…Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron…”
• 2 Corintios 1:9 “…Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos…”
• Efesios 2:1-3 “…Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás…”
• Efesios 2:12 “…En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo…”
• Jeremías 13:23 “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”
• Salmos 51:5 “…He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
• Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…”
• Romanos 3:10-12 “…Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…”
• Job 14:4 “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”.

En resumen: De acuerdo con el calvinismo clásico la depravación del hombre, como consecuencia de la caída, es total. Él no posee libre albedrío, porque él está obligado a Satanás que lleva al hombre cautivo a su voluntad. Todos los hombres nacen en este mundo espiritualmente muerto en delitos y pecados. El hombre es depravado en el sentido de que está muerto, ciego, sordo, imposible de enseñar y aprender las cosas de Dios y gobernado por Satanás a través de su corazón perverso y alma corrupta. En consecuencia, se necesita mucho más que la asistencia del Espíritu para traer un pecador a Cristo, se necesita la regeneración por la cual el Espíritu hace que el pecador viva y le da una nueva naturaleza. La fe no es algo con que el hombre contribuya a la salvación, sino que es en sí mismo una parte del don de la salvación de Dios. Es el regalo de Dios para el pecador, no el don del pecador a Dios.

LA POSTURA ARMINIANA:
El sistema teológico conocido como Arminianismo debe su nombre al pastor y teólogo holandés Jacob Harmenszoon (n. Oudewater, 1560/m. Leiden, 1609), conocido mayormente por su nombre latinizado Jacobo Arminio. Jacobo Arminio, sin embargo, no es el creador de dichas doctrinas. Otros antes de él sostuvieron las mismas ideas, tanto en el movimiento anabaptista como a lo largo del cristianismo histórico. A disgusto de muchos calvinistas fanáticos, Arminio obtuvo su preparación teológica a los pies de Teodoro de Beza, el sucesor de Calvino en Ginebra; de modo que su formación teológica fue profundamente calvinista. Sin embargo, poco tiempo después de su ordenación al ministerio, comenzó a tener conflictos con la postura de los calvinistas holandeses en lo tocante al papel que juega la gracia de Dios en la salvación de los pecadores. Arminio concordaba con los calvinistas en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia. Arminio creía que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. La voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios. Evidentemente Arminio concordaba con Agustín, Lutero, y Calvino en este punto. Sin embargo, el punto en disputa radicaba en el papel de la gracia de Dios en la salvación de los pecadores. La postura Arminiana sostiene que toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo; es decir, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón. Por ende, de acuerdo con la doctrina Arminiana, si el pecador no responde al llamamiento, la culpa es enteramente suya y no de Dios.

El arminianismo sostiene que Dios concede a todos los hombres una gracia previa que hace posible la salvación de todos, al equipar el libre albedrío con la capacidad de responder afirmativamente al llamado del evangelio, pero sin asegurar la salvación de ninguno. Esta gracia previa es universal, pero no irresistible. De manera que la decisión final está en las manos del hombre, no en las manos de Dios. Sin embargo, el hombre no puede dar el paso inicial hacia la salvación, a menos que sea capacitado primero por la gracia “resistible” de Dios. Pero el paso final es una decisión de la voluntad humana en la que Dios no interviene. Como Dios es omnisciente, Él predestinó a todos aquellos que Él sabía de antemano que iban a dar ese paso, creer y perseverar hasta el fin con asistencia de su gracia. Los 5 puntos del Arminianismo pueden expresarse de la siguiente manera:

• Dios elige o reprueba sobre la base de la fe o incredulidad que Él prevé.
• Cristo murió por todos los hombres y por cada hombre, aunque solo los creyentes son salvados.
• El hombre está tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra.
• Esta gracia puede ser resistida.
• En lo tocante a si una persona en verdad regenerada ciertamente persevera en la fe, es necesario un mayor estudio. Más adelante este último artículo fue alterado para enseñar definitivamente que un creyente verdaderamente regenerado podía perder su fe y, con ella, su salvación.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA AL RESPECTO?
La Biblia es clara en relación con la Depravación del hombre. Romanos 3:10 y 23 nos dice que no hay ni uno solo justo que todos están separados por sus pecados de la gloria de Dios. En Génesis 6:5 Dios dijo que el pensamiento del hombre es de continuo hacia el mal. Todos los seres humanos se encuentran depravados arruinados por el pecado y necesitados de salvación, el hombre por sí mismo no puede buscar a Dios. Esto es verdad, pero el calvinismo enseña que ni siquiera puede el hombre responder a la extensión de gracia o a la invitación que Dios mismo le hace.

Si para el calvinista la solución al problema de la depravación e inhabilidad del hombre es colocar la regeneración como algo previo a la fe, para el arminiano la solución se encuentra en lo que Arminio llamó “gracia preveniente”. Con este término, Arminio busca referirse a aquella gracia que precede a la regeneración, y que, excepto cuando es finalmente resistida, inevitablemente llevará a la regeneración. Por definición, “gracia preveniente” es aquella obra del Espíritu Santo que “abre el corazón” del no regenerado (Hechos 16:14) a la verdad del evangelio, y lo capacita para responder positivamente en fe. De esta manera es Dios y no el hombre, el que toma la iniciativa en la salvación. Nadie puede ser salvo sin ser llamado primero por Dios. Escrituralmente este concepto intenta expresar la verdad encontrada en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 y Juan 16:8. La gracia preveniente por tanto incluye tres aspectos:

1. En primer lugar, convicción: si la mente del no regenerado se encuentra enceguecida (2 Corintios 4:4) a la verdad, este trabajo del Espíritu Santo abre sus ojos para ver y entender. De esta manera el pecador depravado es convencido de sus pecados y de su culpa, de que Dios es justo y de que Cristo ha provisto redención para él, si acepta el regalo de Dios en fe.
2. En segundo lugar, persuasión: enfatizando que la convicción no es algo meramente intelectual sino más bien el Espíritu hace que esta verdad afecte y compunja el corazón del pecador.
3. En tercer lugar, capacitación: siendo claro a través de las escrituras que el arrepentimiento y la fe no pueden ser ejercidos excepto si son concedidos como un don por Dios, las mismas escrituras y la naturaleza de estos dones enseñan que este don es entregado a modo de persuasión.

Podemos llegar a ser conscientes de nuestra necesidad de arrepentimiento solo cuando la gracia de Dios suscita esa conciencia dentro de nosotros. La gracia de Dios hace el primer movimiento. En la teología arminiana y bíblica, ese don inicial de la gracia se llama la gracia preveniente. (Preveniente significa “yendo antes”.) Esta enseñanza enfatiza una conexión entre la ley moral y nuestra salvación, pero por causa de la gracia preveniente de Dios que nos mueve a arrepentirnos, este arrepentimiento no es una expresión de nuestras buenas obras, sino que es la actividad de la gracia de Dios en nosotros (sobre este tema sugiero la lectura del libro: United Methodist Questions, United Methodist Answers; F. Belton Joyner Jr.).

La gracia preveniente sólo es otorgada mediante la predicación del evangelio. Es la palabra de Dios el instrumento usado por el Espíritu como base de convicción, persuasión y capacitación; siendo solamente posible abrir el corazón del pecador cuando se escucha en forma activa la predicación del evangelio (Romanos 10:17). Mientras que algunos calvinistas pudieran encontrar verdad en todo lo anterior y estar de acuerdo con ello, el punto de división principal entre calvinistas y arminianos en esta área específica es simplemente este: los calvinistas creen que esta obra es realizada sólo en los elegidos; los arminianos creen que esta obra es realizada tanto en el corazón de los elegidos como los no elegidos. Algunos que experimentan esta obra creen y son salvos; otros son llevados a exactamente el mismo punto de posibilidad, pero rechazan el evangelio, y por lo mismo son condenados (para un mayor estudio del tema sugiero la lectura del libro: Grace, Faith and Free Will, escrito por Robert E. Picirilli).

Como arminianos, fundamentados en la palabra de Dios, estamos de acuerdo en que el hombre se encuentra cegado por el pecado y totalmente sin esperanza (1 Corintios 4:4), pero diferimos en la interpretación de que ni siquiera puede responder a Dios, una vez que Dios le extiende su gracia al buscarle, de lo contrario, Dios creyó por nosotros o nos hizo u obligó a creer al programar nuestra mente a responder. Si el hombre no pudiera responder a Dios, la Biblia no llamaría continuamente al hombre a responder a Él en todas sus páginas ¿Como explicamos los reclamos que Dios presenta al ser humano por no responder a Él, si el hombre no pudiera hacerlo? ¿Acaso se le olvidó a Dios que no puede, pues no está predestinado por él a salvación? Romanos 10:21 nos dice: “…Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor…” Mateo 23:37 reafirma dicho punto: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (nótese la apelación de Dios al albedrío humano).

La doctrina de la gracia preveniente es una doctrina fundamental de la teología arminiana. No obstante, la gracia preveniente es simplemente aquella gracia de Dios que convence, llama, ilumina y capacita, y que precede la conversión y torna el arrepentimiento y la fe posibles. Los calvinistas la interpretan como irresistible y eficaz; la persona a quien se le opera creerá y se arrepentirá para salvación pues Dios le obligará a hacerlo sin que tan siquiera lo note. Los arminianos interpretamos dicha gracia como resistible; las personas son siempre capaces de resistir a la gracia de Dios, como la Escritura también lo enseña (Hechos 7:51). Pero sin la gracia preveniente, ellas inevitable e inexorablemente resistirán a la voluntad de Dios por causa de su esclavitud al pecado. La “gracia preveniente” prepara al alma para su entrada en el estado inicial de la salvación. Es la gracia preparatoria del Espíritu Santo ejercida para el hombre debilitado por el pecado. Por lo que se refiere a los impotentes, es tenida como fuerza capacitadora. Es aquella manifestación de la influencia divina que precede la vida de regeneración completa. El arrepentimiento y la fe son solamente posibles porque la vieja naturaleza está siendo dominada por el Espíritu de Dios. La persona que recibe la total intensidad de la gracia preveniente (esto es, a través de la proclamación de la Palabra y la llamada interna correspondiente de Dios) es vivificada espiritualmente por obra del Espíritu Santo. Entretanto, tal persona no está aun completamente regenerada. El puente entre la regeneración parcial por la gracia preveniente y la completa regeneración por el Espíritu Santo es la conversión, que incluye arrepentimiento y fe. Estos se vuelven posibles por dádiva de Dios, pero son libres respuestas de parte del individuo. En otras palabras, el Espíritu Santo opera con el concurso humano y por medio de este. En esta cooperación; no obstante, se da siempre a la gracia divina preeminencia especial. Es lo que torna el sinergismo arminiano “evangélico.” Los arminianos toman extremadamente en serio el énfasis neotestamentario en la salvación como un don de gracia que no puede ser merecido (Efesios 2:8), aun cuando los calvinistas quisieran hacer creer que pensamos lo contrario. La gracia preveniente no interfiere en la libertad de la voluntad. Ella no dobla la voluntad o vuelve cierta la respuesta de la voluntad. Ella solamente capacita la voluntad para que escoja libre y coopere con, o resista, la gracia. Esta cooperación no contribuye para la salvación, como si Dios hiciera una parte y los humanos hiciesen otra parte. Antes, la cooperación con la gracia en la teología arminiana es simplemente la no resistencia a la gracia. Es meramente decidir permitir la gracia hacer su obra renunciando a todos los intentos de autojustificación y auto-purificación y admitiendo que solamente Cristo puede salvar. Dios no toma esta decisión por el individuo; es una decisión que los individuos, bajo la presión de la gracia preveniente, deben tomar por sí mismos (Para un análisis más amplio recomiendo la lectura del interesante libro de Roger E. Olson, Arminian Theology: Myths and Realities, p. 35-36).

BASE BÍBLICA PARA LA GRACIA PREVENIENTE:
• Jeremías 31:3 “…Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia…”
• Mateo 23:37 “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
• Lucas 19:10 “…Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido…”
• Juan 1:9 “…Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo…”
• Juan 6:44 “…Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…”
• Juan 12:32 “…Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo…”
• Hechos 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”
• Hechos 16:14 “…Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía…”
• Hechos 17:26-27 “…Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros…”
• Romanos 2:4 “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”
• Romanos 10:17 “…Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios…”
• Efesios 2:8 “…Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios…”
• Filipenses 2:13 “…Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad…”
• 2Timoteo 1:9 “…Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio…”
• Tito 2:11 “…Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres…”
• Apocalipsis 3:20 “…He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo…”

CONCLUSIÓN:
Como arminianos, y fieles a la enseñanza bíblica, sostenemos que:

• Dios elige o reprueba sobre la base de la fe o incredulidad que Él prevé.
• Cristo murió por todos los hombres y por cada hombre, aunque solo los creyentes son salvados.
• El hombre está tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra.
• Esta gracia puede ser resistida.
• Un creyente verdaderamente regenerado puede perder su fe y, con ella, su salvación.

Además:
• Concordamos con el calvinismo en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil a menos que sea asistido por la gracia.
• Entendemos que, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral.
• Reconocemos que la voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios.
• Sin embargo, sostenemos que toda persona no regenerada posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo; es decir, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón. Por ende, si el pecador no responde al llamamiento, la culpa es enteramente suya y no de Dios.