Este artículo examina el Capítulo 2 de la Confessio sive Declaratio Sententiae Pastorum qui in Foederato Belgio Remonstrantes vocantur (1621), titulado «Sobre el conocimiento de la esencia de Dios». Se analiza cómo los autores remonstrantes construyen una teología de los atributos divinos que, siendo fiel a la tradición protestante, despliega una visión de Dios profundamente personal y relacional. El estudio muestra que el Capítulo 2 no es una mera enumeración escolástica de perfecciones divinas, sino una invitación a conocer a Dios de manera salvífica, donde cada atributo se convierte en fundamento para la adoración, la confianza y la vida ética del creyente. En el contexto posterior al Sínodo de Dort (1618-1619), esta exposición de la naturaleza divina constituye una afirmación de que el Dios de los remonstrantes no es un déspota arbitrario que decreta la condenación de unos y la salvación de otros, sino un Padre bueno que se revela en Cristo y que respeta la libertad de sus criaturas.
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La Confesión Arminiana de 1621: Prefacio y Capítulo 1 — Fundamentos epistemológicos y hermenéuticos de la protesta remonstrante
Este artículo analiza el Prefacio y el Capítulo 1 de la Confessio sive Declaratio Sententiae Pastorum qui in Foederato Belgio Remonstrantes vocantur (1621), documento fundacional del arminianismo holandés. Se examina cómo los autores establecen una defensa teológica y ética de su posición, articulando una doctrina de la Escritura que, siendo formalmente protestante, desplaza sutilmente los ejes de autoridad al enfatizar la perspicuidad escritural por encima de las decisiones sinodales, y al definir un marco hermenéutico que prioriza la interpretación individual piadosa frente al magisterio eclesiástico post-Dordrecht. El estudio demuestra que el Prefacio y el Capítulo 1 constituyen una respuesta integral al contexto polémico posterior al Sínodo de Dort (1618-1619), configurando una epistemología teológica diseñada para justificar la disidencia doctrinal dentro de los límites de la ortodoxia reformada.
La doctrina de la depravación del hombre en la teología oriental
La teología oriental ofrece una perspectiva matizada sobre la condición humana tras la caída, rechazando la noción de una depravación total en favor de una visión que equilibra la gravedad del pecado con la permanencia de la imagen divina y la libertad humana. A través del concepto de sinergia, la tradición ortodoxa enfatiza la cooperación entre el hombre y Dios en el camino hacia la salvación, presentando un modelo teológico que destaca la esperanza y la participación activa en la vida divina. Este enfoque no solo distingue a la teología oriental de sus contrapartes occidentales, sino que también refleja su enfoque en la theosis como el propósito último de la existencia humana.
La Imago Dei y la dignidad humana: Una crítica al pesimismo antropológico excesivo de algunos sistemas teológicos de origen agustiniano
Una soteriología defectuosa, impregnada de un pesimismo antropológico excesivo, distorsiona irremediablemente nuestra comprensión de la naturaleza humana y su relación con Dios. Ciertos sistemas afines a la tradición agustiniana, con su énfasis excesivo en la depravación total, han llevado a muchos a internalizar una visión del ser humano como un ente vil, un "gusano", una "escoria de la creación", un "trapo de inmundicia" (Isaías 64:6). Esta perspectiva, aunque pretende exaltar la gracia divina, termina menoscabando la doctrina bíblica de la Imago Dei, que afirma la dignidad inherente del ser humano como portador de la imagen de Dios. Lejos de ser una mera reliquia teológica, esta distorsión tiene consecuencias profundas: al degradar al hombre, olvidamos que Dios mismo nos creó con un valor intrínseco, reflejado en nuestra capacidad para reflejar Sus atributos, aun en nuestra condición caída. No es necesario menospreciar la humanidad para magnificar la gracia divina; tal dicotomía es innecesaria y, en última instancia, antibíblica
La depravación humana en la Biblia y los Padres Pre-Agustinianos en contraste con la teología agustiniana
La doctrina de la depravación humana ha sido un pilar central en la teología cristiana, especialmente en la tradición agustiniana, que sostiene que el pecado original corrompió por completo la naturaleza humana, dejándola incapaz de buscar a Dios o hacer el bien sin la gracia divina. Sin embargo, un análisis más detenido de las Escrituras y de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia preagustinianos revela una visión más matizada. Mientras que la teología agustiniana enfatiza una depravación total extrema, las perspectivas anteriores reconocen la pecaminosidad universal sin negar del todo la capacidad humana de responder a la iniciativa divina.
Mitos reformados: ¿Ser calvinista es la única forma de ser protestante? ¿Ser arminiano es ser católico?
Defender el calvinismo como la única expresión “pura” del protestantismo, y hacerlo bajo la premisa de que está completamente desvinculado de la tradición católica, es tan irónico como hipócrita. Los mismos que condenan el catolicismo como un “vástago de Roma” parecen olvidar que en el templo de su teología reformada hay numerosos altares simbólicos dedicados a San Agustín. Se niegan a admitir que, de todos los padres de la Iglesia, el pensamiento de Agustín es el que más influye en su sistema doctrinal, como si cerrar los ojos ante esto pudiera convertirlo en un “protestante honorario.” Tal vez deberían aceptar que, por más que pretendan erigirse como los verdaderos campeones de la fe, su teología reformada descansa, paradójicamente, sobre cimientos que ni siquiera ellos se atreven a cuestionar.
El fuego que no se apaga: La defensa del continuismo en un mundo que niega lo sobrenatural
El cesacionismo —la creencia de que los dones milagrosos del Espíritu Santo cesaron con la muerte de los apóstoles o con el cierre del canon bíblico— ha penetrado en muchas iglesias pentecostales, al punto de que hoy nos encontramos con pentecostales que, en la práctica, se han convertido en cesacionistas. Esto es un fenómeno peligroso y contradictorio que requiere una respuesta clara y contundente. En el panorama teológico actual, es fundamental que como cristianos comprometidos con la verdad bíblica, y particularmente como pentecostales, presentemos una sólida defensa del continuismo.
El amor de Dios: ¿Forzado o libre? (un análisis crítico dela gracia irresistible)
En el ámbito de la teología reformada, la doctrina de la gracia irresistible ocupa un lugar central dentro del esquema soteriológico del calvinismo. Esta doctrina postula que la gracia salvadora de Dios, otorgada a los elegidos, es irresistible, lo que significa que aquellos a quienes Dios ha elegido para la salvación no pueden resistir su gracia, sino que responderán de manera inevitable y efectiva al llamado divino. Sin embargo, a lo largo de la historia del pensamiento cristiano, ha habido voces que han cuestionado la validez bíblica y lógica de esta enseñanza.
La expiación limitada, una herejía destructora
Hay doctrinas que nadie se atreve a llamar herejía pero que, ciertamente, lo son. La expiación limitada es una de esas doctrinas. Dicha enseñanza sostiene que Cristo murió solo por los elegidos, es decir, por aquellos que Dios predestinó para ser salvos, y no por toda la humanidad. Pero ¿Por qué deberíamos considerar dicha enseñanza como una herejía? Hay por lo menos 3 razones principales: (1) es antibíblica; (2) es cruel e injusta y (3) es diabólica en sus consecuencias.
¿Es nuevo calvinismo es el Evangelio?
El nuevo calvinismo, con su sectarismo recalcitrante, ha generado divisiones innecesarias dentro del cuerpo de Cristo, afectando negativamente la relación entre los creyentes reformados y aquellos que no comparten esta interpretación teológica. En lugar de promover el amor y la unidad que Jesús nos enseñó, este movimiento ha contribuido a la fragmentación de la iglesia. Al insistir en un enfoque dogmático y exclusivo, más que en la cooperación y el entendimiento mutuo, el nuevo calvinismo ha causado más daño que bien a la causa de Cristo. En lugar de ser un vehículo para la edificación de la fe y el avance del Evangelio, ha creado barreras que obstaculizan la unidad cristiana que tanto necesitamos en este tiempo. Para ellos no hay más verdad que “su verdad”, todo lo demás es error o falso evangelio. ¿Su lema? Al parecer: ¡Todos son herejes menos yo! ¡Los demás deben ser re-evangelizados!