Este artículo examina si el Estado moderno de Israel posee un «derecho divino» sobre el territorio que ocupa y cómo deberían posicionarse los cristianos ante el conflicto israelí-palestino. Mediante una lectura canónica y cristocéntrica de las Escrituras se sostiene que: (1) Dios eligió a Israel y le prometió la tierra en el pacto abrahámico; (2) esa promesa estuvo siempre vinculada a la fidelidad al pacto, y la tierra pertenece a Dios; (3) la violación reiterada del pacto, culminada en la no recepción del Mesías, trajo el juicio del año 70 d. C.; (4) el Nuevo Testamento afirma la fidelidad de Dios hacia el Israel étnico (Ro 11), pero no anuncia un Estado político con estatus privilegiado antes de la segunda venida de Cristo; y (5) la salvación y la herencia se universalizan en el Mesías. Se concluye que el Estado de Israel debe ser juzgado, como cualquier otro, conforme al derecho internacional, la justicia y la dignidad humana, y no por una prerrogativa teológica; y que el amor al pueblo judío y la compasión por el pueblo palestino no son lealtades en competencia. El estudio incluye un examen de las principales objeciones, notas y bibliografía.
Categoría: ESCATOLOGÍA
El espejismo profético
Este artículo examina la lectura popular según la cual el establecimiento del Estado de Israel en 1948 es la señal cronológica decisiva de la segunda venida de Cristo, y según la cual Israel funciona como un «reloj profético» de Dios. Se repasa brevemente la historia de la interpretación de Mateo 24 y se analizan la parábola de la higuera (Mt 24:32-35) y su contexto, las setenta semanas de Daniel 9 sobre las que se apoya la idea de un «reloj detenido», y Romanos 9–11. Se argumenta que la parábola enseña cercanía y vigilancia, no una cuenta regresiva; que la imagen del reloj procede de un sistema interpretativo moderno y no del texto; y que la esperanza de Israel que describe Pablo es la salvación en Cristo, no una cronología política. El artículo reconoce los mejores argumentos del lado contrario, distingue entre variedades de dispensacionalismo y no pretende juzgar al Estado moderno de Israel ni al pueblo judío.
Egipto, Sodoma, Babilonia y Jerusalén — Una lectura incómoda de Apocalipsis 11:8
Ninguna institución, ninguna nación, ningún movimiento religioso está exento de corromperse. Ni siquiera el que lleva el nombre de Dios en la puerta.
«¡Los perros no van al cielo! ¿O sí?» | La redención cósmica y el destino eterno de los animales (Una respuesta escatológica y ecoteológica a la restauración de toda la creación)
Por Fernando E. Alvarado Justo el día en que partíamos hacia nuestro viaje misionero en Chile, Dark, el perro que alegraba el hogar de mis suegros y con quien todos estábamos profundamente encariñados, falleció. La urgencia del vuelo inminente nos impidió darle el último adiós y sepultarlo con nuestras propias manos; sin embargo, mi suegro… Sigue leyendo «¡Los perros no van al cielo! ¿O sí?» | La redención cósmica y el destino eterno de los animales (Una respuesta escatológica y ecoteológica a la restauración de toda la creación)
El Misterio de la Esperanza — ¿A qué se refiere Pablo cuando afirma que «todo Israel será salvo»?
La frase "todo Israel será salvo" no se refiere a una futura conversión masiva de la nación judía al final de la historia. En cambio, "todo Israel" designa a la totalidad del pueblo de Dios, compuesto por judíos y gentiles que creen en Cristo y están unidos en la Iglesia. La salvación de "todo Israel" es, por lo tanto, la plena inclusión de los gentiles y la de los judíos creyentes en este único pueblo de Dios. La salvación de Israel no es un evento aparte, sino que se está cumpliendo a través de la misión de la Iglesia.
Cuando el sectarismo niega la legítima pentecostalidad: Una defensa del premilenarismo histórico
Dentro del amplio mundo pentecostal, existe una triste realidad: muchos creyentes, por malicia, sectarismo o simple ignorancia, pretenden negar el derecho a la pentecostalidad a aquellos hermanos que no abrazan el dispensacionalismo. Este fenómeno es particularmente visible en ciertas páginas y grupos que se autodenominan "defensores del pentecostalismo clásico", cuando en realidad lo que defienden es una versión tardía y distorsionada del movimiento. Es importante recordar un hecho histórico innegable: el pentecostalismo no nació dispensacionalista. Los primeros pentecostales, incluyendo figuras como Charles Parham, William Seymour y los participantes del avivamiento de la Calle Azusa (1906), no tenían un sistema escatológico uniforme, y muchos de ellos sostenían posiciones premilenaristas históricas o incluso posmilenaristas (Espinosa, 2014; Robeck, 2015). El dispensacionalismo, popularizado por la Escritura Scofield, fue una incorporación posterior, principalmente a través de influencias como la de Lewis Sperry Chafer y el Dallas Theological Seminary (Mangum & Sweetnam, 2009; Chafer, 1947). Por lo tanto, afirmar que el "pentecostalismo clásico" es sinónimo de dispensacionalismo es simplemente falso y constituye una manipulación histórica.
El mito de la antigüedad dispensacionalista: Cuando la historia corrige los créditos
Pocos sistemas teológicos han moldeado tan profundamente el rostro del evangelicalismo contemporáneo como el dispensacionalismo. Su manera de dividir la historia sagrada en épocas cerradas, la distinción tajante que establece entre Israel y la Iglesia, y su particular (y a veces muy imaginativa) interpretación de los eventos finales han colonizado Biblias de estudio, seminarios enteros, sermones dominicales y, sobre todo, la imaginación escatológica de millones de hermanos y hermanas alrededor del mundo. Pero hay un dato que pocos conocen, y que conviene poner sobre la mesa con honestidad: el dispensacionalismo, tal como lo escuchamos predicar hoy, sencillamente no existió antes del siglo XIX. No es una exageración retórica; es un hecho histórico documentado. Como bien anotó Clarence Bass en su ya clásico estudio sobre el tema, este sistema es «un desarrollo relativamente reciente en la historia de la teología» que brilla por su ausencia en la enseñanza de la iglesia primitiva.
Espíritu y esquemas: ¿Se quiebra la unión entre pentecostalismo y dispensacionalismo?
El dispensacionalismo, esa arquitectura teológica del siglo XIX urdida por John Nelson Darby y canonizada en las notas del Scofield Reference Bible (Scofield, 1909), destila una ironía tan provocadora como irresistible: un sistema forjado en el estéril terreno del cesacionismo, que clausuraba los dones carismáticos tras la era apostólica, encuentra hoy su defensa más fervorosa en los exuberantes círculos pentecostales, adalides del continuismo y de una espiritualidad vibrante. Esta paradoja, un verdadero drama teológico, no solo enfrenta cosmovisiones dispares, sino que forzó a los pentecostales a realizar piruetas exegéticas para conciliar su fe palpitante con un marco que, en su concepción, les era hostil. ¿Cómo se produjo esta contradicción? ¿Cuáles fueron las razones de esta alianza insólita? ¿Qué tipo de ingenio hermenéutico se requirió para que los pentecostales superaran esta tensión, constatando que los pioneros de Azusa Street, lejos de abrazar dispensaciones, danzaban al ritmo del Espíritu?
El nuevo pueblo de Dios y su unidad bajo el Nuevo Pacto: La unidad de judíos y gentiles en el plan redentor
La restauración de Israel es espiritual, no nacional, cumplida en la salvación por la fe en Cristo. Las promesas abrahámicas encuentran su clímax en Jesús, no en un Israel étnico separado. La iglesia, como cuerpo de Cristo, no perpetúa distinciones étnicas, sino que las trasciende en una nueva humanidad. La visión dispensacionalista progresiva, con su insistencia en una diversidad étnica perpetua, fragmenta artificialmente el plan redentor de Dios, que culmina en la unidad gloriosa de Apocalipsis 5:9-10, donde los redimidos de toda nación cantan como un solo pueblo al Cordero.
La restauración de Israel en Romanos 9–11: ¿Proyecto político judío, o consumación del reino de Dios en Cristo?
En “The Future of Israel as a Theological Question,” [Journal of the Evangelical Theological Society 44, no. 3 (2001): 437–440] el destacado teólogo dispensacionalista Craig Blaising explica que la salvación futura de Israel es literal y nacional, no simbólica ni espiritualizada como mera incorporación a la iglesia. En esto, al menos parcialmente, estamos de acuerdo. La pregunta aquí sería: ¿Qué entiende Balising por restauración de Israel?