Por Fernando E. Alvarado Justo el día en que partíamos hacia nuestro viaje misionero en Chile, Dark, el perro que alegraba el hogar de mis suegros y con quien todos estábamos profundamente encariñados, falleció. La urgencia del vuelo inminente nos impidió darle el último adiós y sepultarlo con nuestras propias manos; sin embargo, mi suegro… Sigue leyendo «¡Los perros no van al cielo! ¿O sí?» | La redención cósmica y el destino eterno de los animales (Una respuesta escatológica y ecoteológica a la restauración de toda la creación)
Categoría: ESCATOLOGÍA
El Misterio de la Esperanza — ¿A qué se refiere Pablo cuando afirma que «todo Israel será salvo»?
La frase "todo Israel será salvo" no se refiere a una futura conversión masiva de la nación judía al final de la historia. En cambio, "todo Israel" designa a la totalidad del pueblo de Dios, compuesto por judíos y gentiles que creen en Cristo y están unidos en la Iglesia. La salvación de "todo Israel" es, por lo tanto, la plena inclusión de los gentiles y la de los judíos creyentes en este único pueblo de Dios. La salvación de Israel no es un evento aparte, sino que se está cumpliendo a través de la misión de la Iglesia.
Cuando el sectarismo niega la legítima pentecostalidad: Una defensa del premilenarismo histórico
Dentro del amplio mundo pentecostal, existe una triste realidad: muchos creyentes, por malicia, sectarismo o simple ignorancia, pretenden negar el derecho a la pentecostalidad a aquellos hermanos que no abrazan el dispensacionalismo. Este fenómeno es particularmente visible en ciertas páginas y grupos que se autodenominan "defensores del pentecostalismo clásico", cuando en realidad lo que defienden es una versión tardía y distorsionada del movimiento. Es importante recordar un hecho histórico innegable: el pentecostalismo no nació dispensacionalista. Los primeros pentecostales, incluyendo figuras como Charles Parham, William Seymour y los participantes del avivamiento de la Calle Azusa (1906), no tenían un sistema escatológico uniforme, y muchos de ellos sostenían posiciones premilenaristas históricas o incluso posmilenaristas (Espinosa, 2014; Robeck, 2015). El dispensacionalismo, popularizado por la Escritura Scofield, fue una incorporación posterior, principalmente a través de influencias como la de Lewis Sperry Chafer y el Dallas Theological Seminary (Mangum & Sweetnam, 2009; Chafer, 1947). Por lo tanto, afirmar que el "pentecostalismo clásico" es sinónimo de dispensacionalismo es simplemente falso y constituye una manipulación histórica.
El mito de la antigüedad dispensacionalista: Cuando la historia corrige los créditos
Pocos sistemas teológicos han moldeado tan profundamente el rostro del evangelicalismo contemporáneo como el dispensacionalismo. Su manera de dividir la historia sagrada en épocas cerradas, la distinción tajante que establece entre Israel y la Iglesia, y su particular (y a veces muy imaginativa) interpretación de los eventos finales han colonizado Biblias de estudio, seminarios enteros, sermones dominicales y, sobre todo, la imaginación escatológica de millones de hermanos y hermanas alrededor del mundo. Pero hay un dato que pocos conocen, y que conviene poner sobre la mesa con honestidad: el dispensacionalismo, tal como lo escuchamos predicar hoy, sencillamente no existió antes del siglo XIX. No es una exageración retórica; es un hecho histórico documentado. Como bien anotó Clarence Bass en su ya clásico estudio sobre el tema, este sistema es «un desarrollo relativamente reciente en la historia de la teología» que brilla por su ausencia en la enseñanza de la iglesia primitiva.
Espíritu y esquemas: ¿Se quiebra la unión entre pentecostalismo y dispensacionalismo?
El dispensacionalismo, esa arquitectura teológica del siglo XIX urdida por John Nelson Darby y canonizada en las notas del Scofield Reference Bible (Scofield, 1909), destila una ironía tan provocadora como irresistible: un sistema forjado en el estéril terreno del cesacionismo, que clausuraba los dones carismáticos tras la era apostólica, encuentra hoy su defensa más fervorosa en los exuberantes círculos pentecostales, adalides del continuismo y de una espiritualidad vibrante. Esta paradoja, un verdadero drama teológico, no solo enfrenta cosmovisiones dispares, sino que forzó a los pentecostales a realizar piruetas exegéticas para conciliar su fe palpitante con un marco que, en su concepción, les era hostil. ¿Cómo se produjo esta contradicción? ¿Cuáles fueron las razones de esta alianza insólita? ¿Qué tipo de ingenio hermenéutico se requirió para que los pentecostales superaran esta tensión, constatando que los pioneros de Azusa Street, lejos de abrazar dispensaciones, danzaban al ritmo del Espíritu?
El nuevo pueblo de Dios y su unidad bajo el Nuevo Pacto: La unidad de judíos y gentiles en el plan redentor
La restauración de Israel es espiritual, no nacional, cumplida en la salvación por la fe en Cristo. Las promesas abrahámicas encuentran su clímax en Jesús, no en un Israel étnico separado. La iglesia, como cuerpo de Cristo, no perpetúa distinciones étnicas, sino que las trasciende en una nueva humanidad. La visión dispensacionalista progresiva, con su insistencia en una diversidad étnica perpetua, fragmenta artificialmente el plan redentor de Dios, que culmina en la unidad gloriosa de Apocalipsis 5:9-10, donde los redimidos de toda nación cantan como un solo pueblo al Cordero.
La restauración de Israel en Romanos 9–11: ¿Proyecto político judío, o consumación del reino de Dios en Cristo?
En “The Future of Israel as a Theological Question,” [Journal of the Evangelical Theological Society 44, no. 3 (2001): 437–440] el destacado teólogo dispensacionalista Craig Blaising explica que la salvación futura de Israel es literal y nacional, no simbólica ni espiritualizada como mera incorporación a la iglesia. En esto, al menos parcialmente, estamos de acuerdo. La pregunta aquí sería: ¿Qué entiende Balising por restauración de Israel?
Cristo: ¿El verdadero Israel o un mero representante?
Basado en Isaías 49:3-6, Michael Vlach, sostiene que el Siervo del Señor, identificado como “Israel”, es un individuo que representa a la nación sin reemplazarla, con la misión de restaurar a Jacob y reunir a Israel, manteniendo así su identidad nacional. Este planteamiento, aunque ingenioso, carece de solidez exegética y teológica al ignorar el peso abrumador de la tipología cristológica y la hermenéutica del cumplimiento en el Nuevo Testamento y la tradición patrística.
El descenso de Cristo a los infiernos (Descensus ad Inferos): Conquista, liberación y proclamación universal
El descenso de Cristo a los "infiernos" (o Hades, el lugar de los muertos en la tradición judía) es un evento teológico central en la fe cristiana, afirmado en el Credo de los Apóstoles. Este acto, que ocurrió entre la crucifixión y la resurrección, no fue una derrota, sino una conquista gloriosa que combina la proclamación de salvación y juicio, la liberación de los justos antiguos, la derrota del diablo y la universalidad de la redención. Basado en pasajes bíblicos como 1 Pedro 3:18-20, 1 Pedro 4:6, Judas 6, Génesis 6:1-4, Efesios 4:8-10, Hebreos 2:14-15 y Apocalipsis 1:18, este evento demuestra la autoridad de Cristo sobre la muerte, el diablo y toda la creación. Estos pasajes se entrelazan para formar una narrativa coherente, que bien podemos denominar “el Saqueo del Infierno”.
Escatología Propia | El premilenarismo Histórico-Clásico o Apostólico
El premilenarismo histórico, además de su énfasis en un milenio literal, afecta otras creencias escatológicas en varias formas significativas. Este sistema de pensamiento no solo influye en la visión del reinado futuro de Cristo, sino que también moldea las creencias sobre la resurrección, el juicio final, y la restauración de Israel.