Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Vida Cristiana

Arminianismo, la vía media, bíblica y equilibrada

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Muchos cristianos temen identificarse como calvinistas o arminianos. Dicen estar hartos de las etiquetas y de los conflictos teológicos entre ambos sistemas. Muchos incluso reclaman estar posicionados teológicamente en un término medio entre el calvinismo y el arminianismo. Otros intentan justificar su indecisión con slogans piadosos: “¡Yo solo predico la Biblia!” Te dirán. “¡No sigo a hombres!” Argumentan otros. “Yo soy simplemente cristiano, no soy ni calvinista ni arminiano” Dice la mayoría. No culpo a estas personas por rendirse en su intento por comprender un poco (cuando menos) la inmensidad de quién es Dios, muy en el fondo quizá los inspire un deseo de ser pacificador, o cualquier otra razón. Los más honestos quizá admitan: “No sé, estoy indeciso, ambos sistemas teológicos tienen fuerte sustento en la Palabra de Dios. Eso me confunde.” ¿Es ese tu caso?

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¿EXISTE UN SISTEMA QUE EQUILIBRE BÍBLICAMENTE LA CUESTIÓN DE LA SOBERANÍA DIVINA Y EL ALBEDRÍO Y LA RESPONSABILIDAD HUMANA? ¿EXISTE UNA VÍA INTERMEDIA ENTRE AMBAS VERDADES BÍBLICAS?

Sí, la hay. Existe una vía intermedia y equilibrada: ¡Se llama arminianismo! Muchos cristianos anhelan creer que hay espacio en la Biblia para una soberanía fuerte y meticulosa, y a la vez para la libertad humana. Un sistema que le dé a Dios la gloria debida a su nombre, que reconozca su soberanía sin necesidad de convertirlo en un titiritero universal ni difamar su carácter. ¿Adivina qué? ¡Eso es arminianismo! La verdad es que, pese a todo lo malo que se pueda decir de nosotros en círculos reformados, los arminianos simplemente amamos la Biblia y dejamos espacio para ambas posibilidades.

El problema es que lo que muchos conocen es una tergiversación del arminianismo. En círculos calvinistas al arminianismo se le ha llamado erróneamente semipelagianismo, si no es que pelagianismo absoluto. El pelagianismo es la creencia de que nosotros trabajamos para ganarnos la salvación. Como si nos despertáramos un día y dijéramos: “Sabes, quiero ser salvo”, y luego salgo a buscar a Dios y digo: “Oye, sálvame”. Y Dios respondiera: “¡Me encontraste! ¡Mereces ser salvo! ¡Toma! Pero ten cuidado, ahora estás solo en esto y, con cada error que cometas, puedes perder tu salvación y tendrás que empezar de cero una vez más”. No, ¡Eso no es arminianismo!

Jacobo Arminio, y los verdaderos representantes de su pensamiento creemos en una soberanía fuerte y meticulosa, en la que Dios busca a los pecadores, despierta sus corazones a su gracia y atrae a las personas, a menudo poco dispuestas como son, y los salva. Todo por su gracia y para su gloria. Para nosotros los arminianos ¡Incluso la misma fe es un regalo de la misericordiosa gracia de Dios!

“Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús…” (Efesios 2:8-9, NTV)

Es su gracia la que vence esa incredulidad inherente en el hombre y la mujer no regenerados. Creemos que, por la culpa y la maldad de los hombres, y en parte a la justa venganza de Dios, que abandona, ciega y endurece a los pecadores, todo el género humano está bajo maldición y bajo la esclavitud del pecado. Es su gracia la que nos libera para creer, es su gracia la venció nuestra resistencia natural; es por su gracia que hoy somos salvos por medio de la fe. ¿Atribuimos con esto mérito alguno al hombre por su salvación? ¡En ninguna manera! Antes bien afirmamos junto al profeta Jonás:

“Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de alabanza, y cumpliré todas mis promesas. Pues mi salvación viene solo del Señor».” (Jonás 2:9)

 Cuando los calvinistas no acusan de ser pelagianos o semipelagianos demuestran un pobre conocimiento de la teología arminiana. Si eres uno de esos calvinistas que han vivido engañados acerca de nosotros, déjame explicarme un poco nuestras verdaderas creencias. Quizá así tus prejuicios puedan desaparecer o, por lo menos, disminuir.

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PELAGIANISMO Y SEMIPELAGIANISMO

El pelagianismo es la doctrina enseñada por Pelagio (siglos IV-V), un monje británico, ascético y acusado de heresiarca, quien negaba el pecado original y afirmaba que la gracia divina no era necesaria, ni gratuita, sino merecida por un esfuerzo en la práctica de la misma; sufrió una dura persecución por parte de la Iglesia de Roma tras enseñar ideas consideradas heréticas por los líderes de ésta.

La doctrina de Pelagio enseña que el pecado de Adán no afectó a las futuras generaciones de la humanidad. Según el Pelagianismo, el pecado de Adán era únicamente suyo, y los descendientes de Adán no heredaron una naturaleza pecaminosa transmitida a ellos. Él creía que Dios crea directamente a cada alma humana, y, por lo tanto, cada alma humana comienza en la inocencia y está originalmente libre de pecado. No somos básicamente malos, dice la enseñanza pelagiana; somos básicamente buenos.

Pelagio enfatizó la libertad de la voluntad humana, enseñando esencialmente que todo pecado es el resultado de una elección consciente del mal sobre el bien; todos tienen la capacidad de elegir libremente hacer el bien todo el tiempo. Y, puesto que no hay tal cosa como el pecado original o una naturaleza pecaminosa heredada, entonces no podemos culpar a Adán. Dios nos creó buenos, así que nadie tiene una excusa para pecar. Si no estás viviendo una vida santa, es porque no te esfuerzas lo suficiente.

La característica principal del pelagianismo es su dependencia de la libertad humana y de la fuerza de voluntad, en lugar de la gracia de Dios. Sin embargo, al decir que todos poseemos un poder inherente para elegir la santidad para nosotros mismos, Pelagio dejó sin efecto la gracia de Dios. El Pelagianismo cree que los seres humanos podemos elegir obedecer los mandamientos de Dios, y, si tan sólo conociéramos nuestra verdadera naturaleza, podríamos agradar a Dios y salvarnos a nosotros mismos.

Pelagio y sus doctrinas fueron combatidos por Agustín de Hipona y condenados por el Concilio de Cartago en el año 418 d.C., el mismo año en que Pelagio fue excomulgado. Sin embargo, la doctrina no desapareció y tuvo que ser condenada de nuevo por el Concilio de Éfeso (431 d.C.) y por los concilios eclesiásticos posteriores. El pelagianismo sobrevive hasta el día de hoy y aparece en cualquier enseñanza de carácter humanista, antropocéntrica y en aquellos sistemas que, a pesar de identificarse como cristianos, creen en la salvación por obras.

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¿Qué podemos decir acerca del semipelagianismo? El término “semipelagianismo” fue acuñado en el siglo XVI para designar un movimiento religioso complejo, polarizado en torno a los problemas de la gracia, la predestinación y el libre albedrío. Sus oponentes lo llamaron las «reliquias de la corrupción pelagiana». Sus representantes más destacados fueron Juan Casiano, abad de San Víctor en Marsella; Vicente de Leríns y Fausto de Riez.

¿Qué creían los semipelagianos? Los semipelagianos admitían, en contraposición Pelagio, la necesidad de la gracia para el crecimiento en la fe y la perseverancia en el bien, pero afirman que en el alma humana reside una semilla de virtudes cristianas y es ella la que inicia el acto de fe, la cual es considerada una obra del propio querer. Es decir, excluyen la gracia del inicio de la conversión, haciéndola intervenir sólo posteriormente: al hombre se le debe el inicio de la conversión; a Dios, la perseverancia.[1]

Aunque los semipelagianos creían que la caída de Adán tuvo consecuencias para sus descendientes, por cuanto están físicamente conectados con él, también afirman que el estado moral que entró en vigor en la raza humana como resultado de la transgresión de Adán no es uno de pecado y culpa, sino de debilidad, carencia y enfermedad.[2] Para el semipelagianismo, la caída no fue tan profunda, sino que permitió que el hombre conservarse un poco de su voluntad para cooperar en su salvación. Enseñaban que el hombre retenía una medida de libertad con la cual puede cooperar con la gracia de Dios. La voluntad del hombre ha sido debilitada y su naturaleza afectada por la Caída, pero él no es totalmente depravado.[3]

El semipelagianismo pretendía ser el punto de equilibrio entre el agustinianismo y el pelagianismo. Pero la perspectiva semipelagiana del pecado original, apenas se apartaba de las ideas de Pelagio y estaba abierta a las mismas objeciones. Los semipelagianos consideraban la doctrina agustiniana de la predestinación como un «horrendo sacrilegio» que apaga en el alma la esperanza cristiana, frena la iniciativa en el hombre y limita la eficacia redentora de la sangre de Cristo. Su doctrina sobre el pecado original enseñaba que el pecado de Adán debilitó, mas no extinguió en nosotros, el vigor del libre albedrío. Con la caída, el libre albedrío quedó sencillamente debilitado. Según el semipelagianismo, al hombre le cuesta luchar contra el mal y practicar la virtud, sin embargo, no le es imposible. No hay excusa para el malvado y la desobediencia a la ley es producto de una voluntad libre y señora de sus actos.[4] Al menos en este punto, los semipelagianos coincidían con Agustín.

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¿QUÉ ASPECTOS DIFERENCIAN AL ARMINIANISMO DEL PELAGIANISMO Y EL SEMIPELAGIANISMO?

Al estudiar las diferencias entre estos tres sistemas, salen a debate 5 cuestiones teológicas principales:

  1. Cómo Dios gobierna sobre el mundo (Providencia)
  2. La naturaleza del pecado (depravación)
  3. La condicionalidad de la salvación (Elección)
  4. El papel de la gracia (gracia preventiva)
  5. La naturaleza de la expiación (Expiación)

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I.- LA PROVIDENCIA (COMO DIOS GOBIERNA SOBRE EL MUNDO):

La Providencia Divina se define como el medio por y a través del cual Dios gobierna todas las cosas en el universo. La doctrina de la Providencia Divina afirma que Dios está en control absoluto de todas las cosas. Esto incluye al universo en su totalidad (Salmo 103:19), el mundo físico (Mateo 5:45), los asuntos de las naciones (Salmo 66:7), el nacimiento del ser humano y su destino (Gálatas 1:15), los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y la protección de Su pueblo (Salmo 4:8). Esta doctrina se opone directamente a la idea de que el universo sea gobernado por la casualidad o el destino. El propósito, o la meta, de la providencia divina es llevar a cabo la voluntad de Dios. Para asegurar que Sus propósitos sean cumplidos, Dios gobierna los asuntos del hombre y obra a través del orden natural de las cosas. Las leyes naturales son nada más que una representación de Dios obrando en el universo.

Dicho de otra manera, la doctrina de la providencia divina afirma que Dios, desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de Su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece. Según la doctrina de la providencia Divina, el medio principal por el cual Dios cumple Su voluntad es a través de causas secundarias (las leyes naturales, la elección del hombre). En otras palabras, Dios obra indirectamente a través de estas causas secundarias para cumplir Su voluntad.

Los seres humanos no somos libres de escoger o actuar fuera de la voluntad de Dios. Todo lo que hacemos y todo lo que elegimos está en plena conformidad con la voluntad de Dios, aun nuestras decisiones pecaminosas (Génesis 50:20). Al final de cuentas, es Dios Quien controla nuestras decisiones y acciones (Génesis 45:5; Deuteronomio 8:18; Proverbios 21:1). Sin embargo, pretendiendo hacer malabares teológicos, el calvinismo afirma que, aunque Dios lo determina todo de antemano, Él lo hace de tal manera que esto no viole nuestra responsabilidad como agentes moralmente libres, ni tampoco invalide la realidad de nuestra decisión. A esto se le denomina compatibilismo.[5]

La cuestión de la Providencia es quizá el único aspecto en el cual estos tres sistemas (arminianismo, pelagianismo y semipelagianismo) se unen contra el agustinianismo/calvinismo y mantienen algún grado de acercamiento entre sí. Las tres posiciones rechazan la noción de determinismo (la idea de que todo lo que sucede debe haber sucedido o fue la voluntad directa de Dios). A su vez, las tres posiciones defienden el concepto de Libre Albedrio Libertario, o libertarianismo, el cual puede definirse como la conjunción de un rechazo al compatibilismo junto con la afirmación de que los humanos (al menos ocasionalmente) poseen libre albedrío. Es decir que el libertarianismo afirma que poseemos libertad de responsabilidad moral y racional[6] y que la libertad necesaria para una acción responsable no es compatible con el determinismo.[7]

En este sentido, de acuerdo con la enseñanza arminiana, un agente toma decisiones (al menos algunas veces) de acuerdo con el librepensamiento (razón), y no sujeto irremediablemente a las leyes deterministas de la naturaleza, a la manipulación de Dios sobre su voluntad o cualquier otra cosa. Por lo tanto, si los humanos somos libres y podemos pensar y tomar nuestras propias decisiones, también nos responsabilizamos por estas elecciones y acciones. Esta capacidad es la esencia del libre albedrío libertario y la Biblia es consistente con ella de principio a fin. En 1 Corintios 10:13 se nos dice:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.”

De acuerdo con Pablo, cada vez que hemos pecado, Dios nos ha provisto una salida para que no tengamos que hacerlo. Entonces, se deduce que cuando pecamos, fuimos capaces de no pecar, y pudimos no haber pecado si así lo hubiéramos elegido. Ni Dios ni nadie determinó que cayéramos. Fue nuestra elección. Sin embargo, elegimos pecar libremente de todos modos. De esto se deduce que tenemos libre albedrío. Puesto que somos capaces de no pecar, somos, por consiguiente, responsables de nuestro pecado. No podemos escapar de nuestro pecado diciendo: “el diablo me obligó a hacerlo”. Peor aún, jamás podríamos argumentar que fue Dios quien, en su soberanía, predeterminó que pecásemos de tal o cual forma. Somos responsables por nuestros propios pensamientos (2 Corintios 10:5 y Colosenses 2:8) y acciones.

Sin embargo, si bien estamos de acuerdo con la idea de Libre Albedrío Libertariano, los arminianos tendemos a pensarlo de manera diferente a como lo haría un pelagiano o semipelagiano. El arminianismo se centra en la creencia en la bondad de Dios. Entonces, para nosotros, el Libre Albedrío Libertario es principalmente un concepto teórico. En otras palabras, el Libre Albedrío Libertario es una mera conclusión a la que llegamos para defender el carácter y la personalidad de Dios de la acusación de que Él creó el mal, o de que Él hace el mal. De hecho, los arminianos conocedores rara vez hablan del Libre albedrío Libertariano. Cuando hablamos de salvación o moralidad, preferimos hacerlo en términos de fe o gracia. Esto no es así con los pelagianos. El pelagianismo se ocupa principalmente de la gestión de la moral. Entonces, el pelagiano está más enfocado en cómo el Libre Albedrío Libertario nos da el poder de hacer lo que es bueno. Esto también es cierto para la mayoría de los semipelagianos. Su enfoque está en usar nuestras voluntades para obtener el control de nuestras vidas y acciones, no en defender el honor, carácter y bondad de Dios.

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II.- LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE Y LA NATURALEZA DEL PECADO

El arminianismo se distancia del pelagianismo y el semipelagianismo en su doctrina acerca de la depravación del hombre. Los pelagianos creen que los humanos nacen moralmente neutrales o buenos. El pecado es algo que tenemos que aprender. Como tal, depende de la persona elegir lo bueno y evitar lo malo. Los semipelagianos están de acuerdo en este punto, aunque a veces admitirán algún daño o discapacidad que exista en nuestras almas, lo que obstaculizará el bien. En otras palabras, a menudo creen en la naturaleza del pecado. Pero, aun así, creen que nacemos capaces de hacer el bien.

Los arminianos no podríamos estar más en desacuerdo. En este punto nos unimos a nuestros hermanos calvinistas en su afirmación de que los humanos nacemos depravados: inclinados hacia lo que es malo, pecaminosos y egoístas por naturaleza. Los arminianos creemos en la depravación total del hombre. Creemos que el ser humano no tiene gracia salvadora de sí mismo, ni de la energía de su libre albedrío, en la medida en que él, en el estado de apostasía y pecado, no puede por sí mismo ni pensar, ni desear, ni hacer nada que sea realmente bueno. Esto incluye la fe salvadora, la cual el hombre es incapaz de ejercer por sí mismo sin auxilio de la gracia.

Arminio escribió:

“En este estado [tras la Caída] el libre albedrío del hombre hacia el verdadero bien no solo está herido, tullido, enfermo, deformado y debilitado, sino también encarcelado, destruido y perdido. Y, hasta que llega la asistencia de la Gracia, sus poderes no sólo están debilitados e inútiles, sino que no existen excepto cuando los estimula la Gracia Divina: Puesto que Cristo ha dicho: ‘Separados de mí, nada podéis hacer’… Cristo no dice, ‘separados de mí no podéis hacer más que unas pocas cosas’, ni tampoco, ‘separados de mí no podéis hacer ninguna cosa difícil’, o ‘separados de mí vais a tener muchas dificultades para hacer las cosas’. Lo que dice es ‘separados de mí nada podéis hacer’…”[8]

El Tercer Artículo de la Remonstrancia afirma:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960)”[9]

Pero el arminianismo va más allá en sus afirmaciones. El Cuarto Artículo de la Remonstrancia afirma:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni siquiera un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo…”[10]

En la teología arminiana el hombre está caído, desamparado espiritualmente y en estado de esclavitud de la voluntad. No hay ninguna habilidad humana natural dando al hombre condiciones para iniciar su salvación. A causa de la Caída, los hombres nacen, espiritual y moralmente, en estado de total depravación, y por lo tanto son incapaces de realizar cualquier bien delante de Dios sin el amparo de su gracia preveniente. Tal incapacidad es física, intelectual y volitiva. Todo aspecto de la naturaleza y la personalidad humana se ven afectados. No hay ningún bien espiritual que el ser humano pueda hacer aparte de la gracia divina. Solamente por la gracia los efectos del pecado original pueden ser superados y el ser humano, finalmente, podrá cumplir los mandamientos espirituales de Dios. La depravación total es extensiva, alcanzando, incluso, el libre albedrío. Por causa de la Caída la voluntad humana se tornó esclava del pecado. ¿Qué significa esto? Qué la voluntad del hombre se tornó perversa, su intelecto se oscureció, y sus afectos quedaron alienados; cada área de su vida quedó sujeta a servidumbre.

La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado. Por tal razón, todo verdadero arminiano defiende (en oposición al pelagianismo y el semipelagianismo) la doctrina de la depravación total. No somos culpables de negar dicha verdad como nos acusa el calvinismo. Los arminianos creemos que los humanos son totalmente incapaces de hacer cualquier bien espiritual aparte de la gracia divina.

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III.- LA CONDICIONALIDAD DE LA SALVACIÓN, ELECCIÓN Y EL PAPEL DE LAS OBRAS

Como se señaló con anterioridad, el pelagianismo se ocupa principalmente de fomentar la buena moral. No es de extrañar entonces que su punto de vista sobre la salvación sea legalista. Los pelagianistas creen que para ser salvo, uno debe vivir de acuerdo con la ley de Dios. Los que viven bien serán salvados, y los que no lo hagan serán condenados.

El semipelagiano también es legalista. Sin embargo, a diferencia de los pelagianos, no creen en la perfección moral, sino en la lucha por la perfección moral. Aquellos que buscan al Señor recibirán asistencia para hacer lo correcto, y luego serán salvos. Sin embargo, primero debemos tomar la iniciativa e invitar a Dios a nuestras vidas. Esto nos lleva a aclarar un punto importante: Mucho de lo que los calvinistas a menudo etiquetan como arminianismo en realidad no lo es. Los sistemas legalistas y de salvación por obras propios de sectas como los adventistas del séptimo día, mormones, testigos de Jehová, el catolicismo e incluso muchas iglesias que se dicen evangélicas, son en realidad semipelagianismo, no arminianismo. Es falta de integridad en los calvinistas afirmar que nosotros, los arminianos, practicamos un sistema de salvación por obras.

En el arminianismo, la elección está condicionada a la fe en Jesucristo, no a mis propios méritos. Ahora bien, la fe salvadora no es lo mismo que la simple creencia. No es que yo crea que Jesús es el Cristo; sino más bien que creo en Jesús, quien es el Cristo. No es lo que hago o lo que sé; es a quién conozco. Es la confianza y dependencia de Cristo lo que trae salvación, para que ningún hombre pueda jactarse. Entonces, no es por nuestras acciones o nuestros logros, que somos salvos, sino por estar en la presencia de nuestro Señor, Jesús el Cristo.

Para los pelagianos y semipelagianos, la elección para salvación depende de mis obras. De mi capacidad para perseverar y guardar los mandamientos. De mi buen récord como de fidelidad como creyente. En este sentido, para el pelagiano y el semipelagiano, la elección de Dios sobre mí depende de lo que yo haga para que él me considere un elegido. Nuestra obediencia le impone a Dios los términos de la elección. Por el eso el pelagiano y el semipelagiano no puede tener ni seguridad, ni certeza de su salvación. Vive en una constante pérdida y recuperación de la misma en base a sus obras, siempre luchando por la perfección moral y creyendo que, sin la misma, su salvación no es segura Lamentablemente esto es lo que se enseña en muchas iglesias evangélicas hoy día. Pero eso tampoco es arminianismo. En el arminianismo, las decisiones eternas de Dios son hechas sin ninguna condición impuesta sobre Él. Dios ha decretado de manera incondicional una elección condicional, escogiendo individuos como creyentes, a fin de salvarlos por gracia, por medio de la fe.

Los arminianos creemos que la gracia inmerecida del Señor es necesaria “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20). La única manera de recibir la gracia salvadora de Dios es a través de la fe en Cristo:

“pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de dios…la justicia de dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él” (romanos 3:21-22).

Creemos que la gracia salvadora resulta en nuestra santificación, y que a través de ella Dios nos conforma a la imagen de Cristo. En el momento de la salvación por gracia a través de la fe, Dios nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Y Él promete nunca abandonar a Sus hijos:

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Por eso, mi salvación no depende de mi capacidad para obedecer, ni de mi buen récord como creyente, sino de Dios. Los arminianos creemos además que no tenemos nada en nosotros que nos lleve a buscar a Dios (Romanos 3:10-11); no tenemos “gracia salvadora” por nuestra propia cuenta. Siendo básicamente inaceptables ante Dios, creemos firmemente que la salvación es la obra de Dios. Él da la gracia que necesitamos. Nuestra “gracia salvadora” es Cristo mismo. Su obra en la cruz es lo que nos salva, no nuestro propio mérito.

Los arminianos jamás hemos enseñado ni enseñaremos un sistema de salvación por obras. Enfatizamos, ciertamente, que la fe genuina en Cristo va a producir una vida cambiada y buenas obras (Santiago 2:20-26). Pero no creemos que la justificación es por fe más obras, sino que más bien una persona verdaderamente justificada por fe, va a tener buenas obras en su vida. Si una persona afirma ser un creyente, pero no tiene buenas obras en su vida, entonces es probable que no tenga una fe genuina en Cristo (Santiago 2:14, 17, 20, 26). Pablo, el apóstol de la gracia, dice lo mismo en sus escritos. Los buenos frutos que los creyentes deberían tener en su vida, se mencionan en Gálatas 5:22-23. Inmediatamente después de decirnos que somos salvos por fe y no por obras (Efesios 2:8-9), Pablo nos informa que fuimos creados para hacer buenas obras (Efesios 2:10).

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IV.- EL PAPEL DE LA GRACIA (GRACIA PREVENTIVA)

Otro punto importante de divergencia con pelagianos y semipelagianos es nuestra comprensión de la gracia. Todos los cristianos, desde los pelagianos hasta los calvinistas, creen que Dios nos otorga gracia antes de que seamos salvos. Donde todos diferimos es cuál es el acto, o actos de gracia, que ocurren antes de la salvación.

Los pelagianos tienen la comprensión más inusual de esto. Para ellos, la gracia preveniente de Dios es que nos creó con libre albedrío y una naturaleza moralmente neutral. Los semipelagianos consideran que, puesto que nacemos parcialmente discapacitados, la ley de Dios es tan estricta que es imposible cumplirla. Por lo tanto, la gracia preveniente de Dios está dando a los humanos la fuerza para hacer lo correcto, si lo invocan.

Sin embargo, los arminianos ven a Dios como mucho más activo en la vida de sus hijos y menos obsesionado con la perfección moral. Más bien vemos la gracia preveniente como algo que viene antes de que hagamos algo o tan siquiera la invoquemos como afirman los semipelagianos. La gracia preventiva es el primer acto de Dios dentro de la vida de cada persona. Es el sustento continuo de cada persona a lo largo de sus vidas caídas, y la atracción de cada persona al conocimiento de su Hijo. Los pelagianos piensan que Dios es amable y bueno por crearnos libres y ese fue su acto de gracia. Los semipelagianos piensan que Dios es amable por ayudarnos una vez le hallamos encontrado por cuenta propia. Los arminianos en cambio, creemos que Dios es bueno y muestra su gracia por alcanzarnos cuando aún éramos enemigos.

En la teología arminiana, la salvación comienza con lo que es usualmente llamado “gracia preveniente”; la cual incluye el primer deseo de agradar a Dios, el primer albor de luz en relación con la voluntad de Él, y la primera leve y transitoria convicción de haber pecado contra Él. La gracia se describe como la manifestación de la bondad de Dios, que afectuosamente se vuelve hacia el hombre en estado de miseria y, con amor, envía a su Hijo “para que todo aquel que en él cree tenga la vida eterna” (Juan 3:16). Dios toma la iniciativa en el proceso de salvación: Busca al pecador, lo redarguye de pecado, produce en él arrepentimiento y fe, lo regenera, justifica al pecador arrepentido y, en Cristo Jesús, le concede el derecho filial y la salvación.

Para el arminiano, la gracia es la obra del Espíritu Santo operando en el entendimiento y en la voluntad de la persona realizando una regeneración, infundiendo en el pecador (desprovisto de cualquier condición de pensar y hacer cualquier cosa buena) fe, esperanza y amor. La gracia es también la asistencia continua del Espíritu Santo inspirando al hombre en cuanto a las cosas buenas, infundiendo pensamientos loables y buenos deseos.

Este modo de concebir la gracia, coloca al arminianismo en una posición cómoda para mostrar cuán injustas son las acusaciones calvinistas de que el arminianismo es una especie de semipelagianismo (por no decir pelagianismo puro) y que reduce la gracia a una posición de segunda categoría, dándole un valor desmesurado al libre albedrío humano por encima de la gracia de Dios. El arminianismo jamás ha afirmado que el hombre puede salvarse a sí mismo.[11] Son los calvinistas quienes así lo han querido entender.

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V.- LA NATURALEZA DE LA EXPIACIÓN

Los arminianos creemos en la doctrina de la expiación sustitutiva. Desde la perspectiva arminiana, Cristo tomó nuestro lugar en la cruz por nuestros pecados. La descripción exacta de cómo funciona esto ha variado en el pensamiento arminiano, pero el efecto no. La teología arminiana entiende la muerte de Cristo como un sacrificio y el cumplimiento del culto sacrificial del Antiguo Testamento. Él es el sacrificio del verdadero pacto; así como el antiguo pacto fue confirmado por el sacrificio del pacto (Éxodo 24: 3-11), así también la sangre de Cristo es la sangre del nuevo pacto (Mateo 26:28; Marcos 14:24; Hebreos 9: 13).

Cristo es un sacrificio sustitutivo, la víctima del sacrificio por nuestros pecados (Efesios 5:2; Hebreos 9:26; 10:12), una ofrenda (Efesios 5:2; Hebreos 10:10, 14, 18); un rescate (Mateo 20:28; Marcos 10:45; 1 Timoteo 2:6) y, por lo tanto, denota el precio de la liberación, un rescate para comprar la libertad de alguien de la prisión, y por lo tanto un medio de expiación, una sacrificio por el cual cubrir el pecado de otras personas y así salvarlos de la muerte.

En concordancia con la Biblia, el arminianismo enseña que Cristo fue el pago (1 Corintios 6:20; 7:23; 1 Pedro 1: 18-19), el precio pagado por la compra de nuestra libertad; una ofrenda por el pecado que fue hecha pecado por nosotros (2 Corintios 5:21; 1 Juan 2:2; 4:10); el cordero pascual que fue asesinado por nosotros (Juan 19:36, 1 Corintios 5:7), el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y es asesinado para ese fin (Juan 1:29, 36; Hechos 8:32; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5: 6; etc.). Él es una expiación (Romanos 3:25), un sacrificio de expiación, quien fue hecho maldición por nosotros (Gálatas 3:13) y quitó la maldición de la ley.

Los arminianos creemos que somos personas pecaminosas, y la muerte de Cristo quita nuestros pecados y nos justifica. Una vez que la sangre de Cristo nos ha limpiado, estamos total y completamente justificados. Esto nos separa ampliamente del pelagianismo y el semipelagianismo. ¿En qué forma? ¿Qué diferencia al arminianismo de esas dos corrientes heréticas en relación con su entendimiento de la expiación? Para empezar, el semipelagianismo, no posee una postura definida en esta área. Algunos aceptan la expiación sustitutiva, otros creen que la cruz solo quita la naturaleza del pecado, y luego depende de nosotros vivir una vida mejor. La visión pelagiana es aún más radical. Creen que la muerte de Cristo en la cruz es solamente un ejemplo para nosotros. Su autosacrificio es la última demostración de la ética cristiana y la principal inspiración para vivir una vida moral, pero solo eso. Esta es, probablemente, la parte del pelagianismo que más molesta a calvinistas y arminianos.

Ante esto me pregunto: ¿Cómo puede un calvinista, con limpia conciencia, acusar a un arminiano de ser pelagiano o semipelagiano? ¿En verdad no entiende nuestra doctrina o simplemente actúa con malicia? Nuevamente, prefiero creer lo primero.

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ARMINIANOS Y CALVINISTAS, MÁS CERCA DE LO QUE CREES

Como lo destaqué en un artículo anterior, es un mito popular que el calvinismo y el arminianismo sean totalmente opuestos, o que chocamos en todos nuestros puntos de vista. De hecho, somos más parecidos de lo que muchos se atreven a admitir. Por eso me pregunto, ¿Cuál es el criterio que usan algunos para hacernos lucir como eternos adversarios y siempre contrarios al calvinismo? ¿El TULIP? ¿Ignoran acaso que los verdaderos arminianos somos más que simplemente lo contrario al TULIP calvinista? Si no leíste mi artículo anterior: “Calvinistas: ¿Hermanos o enemigos?” quiero invitarte a analizar conmigo el TULIP calvinista y compararlo con las creencias arminianas. El resultado quizá te sorprenda. ¡Comencemos!

(1) DEPRAVACIÓN TOTAL: En realidad, tanto los calvinistas como los arminianos estamos plenamente de acuerdo en que la raza humana es 100% incapaz de hacer el bien o de tan siquiera desear a Dios sin el auxilio de la gracia. Esto quedó claro al abordar las diferencias entre pelagianos, semipelagianos y arminianos. La depravación total y extensiva del ser humano es un hecho indiscutible en el cual, tanto calvinistas como arminianos, nos estrechamos la mano en señal de mutuo acuerdo.
(2) ELECCIÓN INCONDICIONAL: Se podría decir que los calvinistas creen que Dios eligió incondicionalmente salvar a algunas personas, mientras que los arminianos creemos que Dios eligió incondicionalmente brindar la oportunidad de salvación a todas las personas. Esto no es una cuestión de oposición, sino simplemente una cuestión de quién es capaz de recibir y beneficiarse de la salvación ofrecida por gracia. John Wesley, padre del metodismo y un reconocido arminiano, afirmó:
“Con respecto a la… Elección incondicional, creo lo siguiente: Que Dios, antes de la fundación del mundo, eligió incondicionalmente a ciertas personas para realizar ciertas labores, como por ejemplo a Pablo para predicar el evangelio; que ha elegido incondicionalmente a algunas naciones para recibir ciertos privilegios especiales; en particular la nación judía; que ha elegido incondicionalmente a algunas naciones para escuchar el evangelio… en la actualidad, y muchas otras en las edades pasadas; que ha elegido incondicionalmente a ciertas personas para disfrutar de muchas ventajas especiales, tanto en lo que respecta a lo temporal como a lo espiritual; y no niego (aunque no puedo demostrar que sea así) que ha elegido incondicionalmente a algunas personas a la gloria eterna. Empero no puedo creer lo siguiente: Que todos aquellos que no han sido elegidos así para la gloria deben perecer para siempre; o que haya un alma en la tierra que jamás haya tenido la posibilidad de escapar de la condenación eterna.”[12]
 (3) EXPIACIÓN LIMITADA: Los arminianos y los calvinistas simplemente no estamos de acuerdo sobre lo que es limitado con respecto a la expiación (es decir, lo que logra el sacrificio de Jesús). Los calvinistas limitan infamemente el alcance de la expiación, afirmando que Jesús murió solo por los elegidos, que Él no derramó Su sangre por toda la humanidad, porque aquellos predestinados por Dios al infierno no tenían la oportunidad del cielo y punto. Los arminianos sí creemos en una expiación limitada, pero no al estilo calvinista. Los arminianos limitamos la expiación en términos de su efecto, aunque creemos que la sangre es capaz de salvar a todas las personas, a esta gracia se accede solo por la fe (Romanos 5:2). Al igual que los calvinistas, los arminianos creemos que la fe también es un don de Dios y no un producto de la naturaleza caída humana, la cual es incapaz de tan siquiera creer en Dios por cuenta propia sin auxilio de la gracia divina.
(4) GRACIA IRRESISTIBLE: Los calvinistas y los arminianos tenemos ideas opuestas en relación con irresistibilidad o no de la gracia. Los arminianos creemos en la gracia resistible. De acuerdo con Esteban, eso es lo que la gente religiosa le hizo al Espíritu Santo, según Hechos 7:51. Más, sin embargo, aún en esta área podemos tener acuerdos significativos con los calvinistas; por ejemplo, John Wesley afirmó:
“Con respecto a la… Gracia Irresistible, creo lo siguiente: Que la gracia que produce fe, y por lo tanto salvación al alma, es irresistible en ese momento; que la mayor parte de los creyentes tal vez recuerden alguna vez cuando Dios los convenció irresistiblemente de su pecado; que la mayor parte de los creyentes descubre en algunas ocasiones que Dios actúa irresistiblemente sobre sus almas; y sin embargo creo que la gracia de Dios, tanto antes como después de esos momentos, puede ser y ha sido resistida; y que en general no actúa irresistiblemente, sino que podemos obedecerla o no. Y no niego lo siguiente: Que en algunas almas la gracia de Dios es a tal punto irresistible, que no pueden menos que creer y ser finalmente salvadas. Pero no puedo creer: Que deban perderse todos aquéllos en quienes la gracia de Dios no opera de esta forma irresistible; o que haya un alma en la tierra, que no tenga, y nunca haya tenido otra gracia, que aquella que en realidad aumenta su condenación, y que estaba designada por Dios para que así ocurriera.”[13]
(5) PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS: Esto, nuevamente, no es una cuestión de oposición, sino una cuestión de definición realmente. Los arminianos creemos en la perseverancia de los santos, pero también entendemos que un santo, según la Biblia, es un creyente. Cuando un creyente deja de creer o se aleja del Dios vivo (para citar al autor de Hebreos 3:12), ya no es un santo, por lo tanto, esta doctrina no se aplica a él. Ningún arminiano auténtico sugeriría que uno pierde accidentalmente su salvación. Es negligencia deliberada. No es cuestión de que alguien pueda arrebatar a los creyentes de la mano de Dios, sino más bien que es el creyente mismo quien le grita a Dios: “¡Quítame las manos de encima!”

Citando nuevamente a Wesley encontramos una vez más la postura equilibrada del arminianismo en estos temas:

“Con respecto a la… Perseverancia Final, me inclino a creer lo siguiente: Que existe un estado asequible en esta vida, del cual el hombre no puede caer; y que aquél que ha llegado a esto puede decir: Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”[14]

El lector cuidadoso notará que las cinco doctrinas centrales del calvinismo no son tan contrarias a la teología arminiana como se suele pensar. Cierto es que hay cambios sutiles con respecto a dichas doctrinas, más no un desacuerdo que deba llevarnos a enemistad con nuestros hermanos calvinistas. Por otro lado, el calificativo de pelagiano o semipelagiano que le dan los calvinistas al arminianismo es injustificado y malicioso. No tenemos que concordar en todo con ellos, pero eso tampoco les da derecho a considerarnos herejes, vernos con desprecio, caricaturizar nuestra fe, o mentir descaradamente sobre nuestras doctrinas.

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 CONCLUSIÓN

Luego de lo anterior debería ser claro para cualquiera que el arminianismo no es una teología antropocéntrica emparentada con el pelagianismo y el semipelagianismo como a menudo se le etiqueta en círculos calvinistas. Es, más bien, una doctrina teocéntrica hasta la médula. Una doctrina que no necesita distorsionar el carácter de Dios para que aparente ser más glorioso, pues su Dios ya es grande. El verdadero arminianismo es equilibrado y bíblico, predica sobre la asombrosa realidad de quién es Dios y cómo está dispuesto a salvar el mundo:

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” (Miqueas 7:18-19)

Los arminianos reales estamos enamorados de este gran Dios; de ese que los calvinistas creen posesión exclusiva suya. La diferencia está en que nosotros lo amamos a Él, no solo estamos enamorados de un pequeño desacuerdo miserable sobre la voluntad humana. Ni tampoco, en nombre de la soberanía y el honor de Dios, pisotearemos ni degradaremos sus otros atributos.

Muchos calvinistas suponen pequeño al Dios del arminianismo, pues consideran incoherente con sus ideas que el Gran Dios del universo haya concedido libertad a sus criaturas y negarse a predeterminar cada acto de la vida del hombre. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, ¡Un Dios aún más grande vive en el Arminianismo! ¿Por qué?, Precisamente porque Él todavía puede lograr lo que desea, y hacerlo a pesar de, o en congruencia con las decisiones libremente elegidas por las personas. ¡El Dios creído y enseñado en el arminianismo no le teme al albedrío humano! ¡No necesita determinarlo todo! ¡Él siempre estará en control de todo y es perfectamente capaz de llevar a cabo sus propósitos sin necesidad de robarle al hombre su libertad de escoger, ni obligarlo a amarlo! Verdaderamente este Dios puede decir:

“Todo cuanto el Señor quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.” (Salmo 135:6)
 “Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place.” (Salmos 115:3)
 “Que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” (Isaías 46:10)
 “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, más Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ¿Qué has hecho?” (Daniel 4:35)

¿Puedes imaginarlo? ¡Un Dios que no necesita usar de una “gracia irresistible” o compulsiva para seducir al hombre y lograr que le ame, y aun así es capaz de lograr lo que quiere! ¿Acaso no es grandioso el Dios de los arminianos? ¡Él sí es un Dios soberano! Un verdadero arminiano buscará la gloriad de Dios, hablará con pasión sobre quién es Él. Sus sermones, su retórica y su lectura de la Biblia serán teocéntricos y no centrados en el hombre.

A ustedes, hermanos que han comprada la mentira calvinista de que el arminianismo es pelagianismo, y por eso se avergüenzan del honroso calificativo de “arminiano”, les digo: O los calvinistas están desinformados sobre nuestras verdaderas creencias, o son engañosos y ocultan la verdad. Yo personalmente prefiero no creer lo último acerca de nuestros hermanos en Cristo que profesan la fe de Calvino. ¿Deseas conocer la verdad acerca del arminianismo? Hazte un favor a ti mismo y lee obras autorizadas sobre el mismo, no las críticas viciadas de sus oponentes. ¿Por qué no leer las obras de Arminio y otros teólogos arminianos respetados y descubrir, por tu propia cuenta, cuáles son sus verdaderos puntos de vista? Al hacerlo quizá descubras que no hay vía media entre el calvinismo y el arminianismo. ¡Nosotros los arminianos somos la vía media, bíblica y equilibrada entre los excesos doctrinales del calvinismo y el pelagianismo!

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REFERENCIAS:

[1] Juan Casiano, Collationes, XIII, PL 49,897-946.

[2] Bavinck H., Reformed Dogmatics: Sin and Salvation in Christ.

[3] Ryrie, C. C., Teologı́a Básica.

[4] Vicente de Leríns, Commonitorium, PL 50,637-686.

[5] El compatibilismo es la creencia en que el libre albedrío y el determinismo son mutuamente compatibles y que es posible creer en ambos sin ser lógicamente inconsistente. ​

[6] William Lane Craig & J.P. Moreland, Philosophical Foundations for a Christian Worldview, p. 268.

[7] William Lane Craig & J.P. Moreland, Philosophical Foundations for a Christian Worldview (2nd Edition), pg. 303.

[8] Jacobo Arminio, Disputation 11, On The Free Will of Man and its Powers, en The Works of James Arminius, 2:192

[9] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[10] Íbid.

[11] The Works of Arminius: A Declaration Of The Sentiments (La Declaración de Sentimientos) IV, Vol. 1, p. 130.

[12] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática (Editorial Vida), p. 80. Versión electrónica.

[13] Íbid.

[14] Íbid.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

La Biblia rechaza la expiación limitada

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La doctrina de la expiación limitada, enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”[1] en el calvinismo, la muerte de Cristo fue para todos en lo que respecta a la suficiencia de la satisfacción que Él logró, pero no en lo que respecta a su aplicación. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos y solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre. A menudo el término “redención particular” se usa como sinónimo de “expiación limitada”, porque busca dejar claro que Jesús no murió en lugar de cada pecador en la tierra, sino por su propio pueblo y por nadie más, limitando así el alcance del amor y la misericordia divinas. La pregunta es: ¿Apoya la Biblia la doctrina de la Expiación limitada o redención particular?

TULIP 2

LA SALVACIÓN ES PARA TODOS SEGÚN LA BIBLIA

La Biblia declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

  • “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.

  • “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.

  • “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.

  • “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.”

  • “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).

    “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

  • “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.

    “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).

  • “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

  • “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto, los elegidos no son los únicos pecadores.

  • “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

  • “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).

    “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).

  • “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

  • “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

  • “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).

  • “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

  • “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).

  • “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).

  • “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).

  • “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).

  • “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos declaran en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “el Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “el Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

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CONCLUSIÓN

Lamentablemente, en su deseo de defender el calvinismo muchos se ciegan a las Escrituras y a la razón. Obviamente, la multitud de versículos que claramente declaran que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos, no se anulan con otros versículos declarando que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate para muchos o la seguridad de que él murió por nosotros. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las obvias declaraciones de que Él murió por todos. Sin embargo, este mismo argumento es ofrecido repetidamente por calvinistas hasta este día.

Con tal razonamiento, Pablo no hubiera sido capaz de utilizar “vosotros”, “ustedes”, etc., en sus escritos a los Corintios porque eso significaría que los beneficios de la muerte de Cristo y la resurrección eran sólo para ellos. Por el mismo argumento, para David decir: “Jehová es mi pastor” (Salmo 23:1) significa que se trataba sólo de David. O cuando los profetas de Israel escribieron, “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15; Jeremías 50:34), significa que Dios solo era el Dios y el Redentor de Israel. Igualmente, absurdo sería para Pablo decir “el cual me amó” (Gálatas 2:20), lo cual significaría que Cristo solo amó a Pablo.

Otros argumentos que emplean los calvinistas son igualmente irrazonables. Tal falta de lógica lo vemos aun hoy en día en muchos eruditos neo-calvinistas. Por ejemplo, en un intento poco razonable de John Piper y su personal pastoral por explicar 1 Timoteo 4:10, él afirma:

“La muerte de Cristo demuestra tan claramente el aborrecimiento justo de Dios del pecado, que él es libre para tratar al mundo con misericordia sin comprometer su justicia. En este sentido Cristo es el Salvador de todos los hombres. Pero es sobre todo el Salvador de aquellos que creen. El no murió por todos los hombres en el mismo sentido… La muerte de Cristo realmente solo salva de todo mal a aquellos por quienes Cristo murió en forma particular”[2]

¡Su interpretación del texto es totalmente contradictoria! ¿Suena coherente afirmar que Cristo no murió por todos los hombres en el mismo sentido, pero que él es el Salvador de todos los hombres en el mismo sentido? ¿Cuál es este sentido? No podemos hallar ningún sentido en estas tonterías. Pero otra vez, muestra el extremo en el que muchos son capaces de caer para defender el calvinismo. Aún Spurgeon mismo se contradijo al decir que Dios es capaz de salvar a todo el que él desea salvar. Pero luego afirmó que Dios no puede ser sincero ya que no todos son salvos, ni es su deseo que todos los hombres sean salvos. Por lo tanto, el Dios del calvinismo es menos benevolente que Spurgeon, quien deseaba que todos los hombres fueran salvos, y seguramente menos benevolente que Pablo, quien estaba dispuesto a ser “anatema” para salvar a sus hermanos judíos (Romanos 9:1-5). ¿Cómo podría Dios desear que todos los hombres sean salvos, tener el poder para salvar a todos a quienes él desea salvar y, sin embargo, no salvarlos a todos?

John MacArthur (al igual que Spurgeon) intenta escapar de la contradicción evidente diciendo que Dios tiene una voluntad de “decreto” y una “voluntad de deseo”.[3] En el proceso de intentar escapar de una contradicción, cae en otra. ¿Cómo podría Dios, según la posición extrema del calvinismo en cuanto a su soberanía, no decretar algo que el realmente desea? Los calvinistas se jactan que ellos son exegetas de las Escrituras. ¿Pero dónde en 1 Timoteo 2:4 (o en cualquier otro lugar) existe incluso un indicio de “dos voluntades”, una de “decretos” y otra de “deseos” tal como lo enseñan Piper, MacArthur y otros? Es la imposición sobre las Escrituras de una teoría anti-bíblica que atrapa al calvinista en estas contradicciones. Obviamente, la contradicción desaparecería si admitiesen que Calvino y sus ideas están erradas, pero esto no se puede permitir, porque destruiría el becerro de oro del calvinismo. Neciamente, cierto erudito calvinista afirma:

“Si la muerte de Cristo estaba destinada a salvar a todos los hombres, entonces debemos decir que Dios no era capaz o no estaba dispuesto a llevar a cabo sus planes”.[4]

Tristemente olvida que la muerte de Cristo sólo beneficia a los que reciben a Cristo (Juan 1:12) y que la salvación es “la dadiva de Dios” (Romanos 6:23) y debe ser recibida voluntariamente.

En cuanto a los hombres teniendo poder de oponerse a los planes de Dios, ¿Es el mal en el mundo el plan de Dios? ¿Por qué entonces debemos orar, “Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra”? Las Escrituras dejan en claro que el beneficio de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo, como pago completo por los pecados del mundo, está disponible para ser recibido por todo aquel que cree al Evangelio. Mientras que la ira de Dios permanece sobre todos los que rechazan a Cristo y la salvación que Él verdaderamente ofrece a todos.

Sin lugar a duda, la expiación limitada es la parte de la doctrina calvinista que más flagrantemente niega las Escrituras y la magnitud del amor de Dios. Lamentablemente pocos calvinistas están dispuestos a admitirlo.

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REFERENCIAS:

[1] Cánones de Dort, II.8.

[2] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, (Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997), 14–5.

[3] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1862.

[4] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 155

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Razones para repudiar la creencia en una expiación limitada

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La expiación limitada, o redención particular, es el tercero de los 5 puntos del calvinismo clásico. La doctrina de la expiación limitada enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación”[1] La doctrina reformada, por lo tanto, afirma que Jesús murió sólo por sus elegidos. Esta doctrina se desprende lógicamente de la doctrina de la elección incondicional: Si Dios eligió a un grupo limitado de personas para que fuera salvo, entonces el sacrificio expiatorio que Cristo efectuó en la cruz fue realizado única y exclusivamente por ellos. La doctrina de la redención particular afirma que Cristo, en su muerte, limpió los pecados de los elegidos de Dios y aseguró que todos ellos alcancen la fe a través de la regeneración y por la fe sean preservados hasta alcanzar la glorificación. Según dicha doctrina, Cristo no pretendió morir por todos. La prueba de eso, según el razonamiento calvinista, es que no todos son salvos.

A pesar de lo anterior, cuando se usa la frase “Expiación limitada” o “Redención particular”, no se quiere decir que el valor de la expiación sea limitado. Debido a que el pecado de Adán ofende a un ser de una dignidad infinita, el sacrificio para limpiar ese pecado debía tener un valor infinito, lo cual se cumple con la muerte del Dios hecho carne: Jesús. Cuando se habla de “Expiación limitada” se quiere decir que los efectos de la muerte de Cristo son para un grupo limitado de personas. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos, y solo a aquellos, que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre.

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INTERPRETANDO A CONVENIENCIA EL TEXTO BÍBLICO

El ministro puritano John Owen (1616-1683), en su magna obra The Death of Death in the Death of Christ (La Muerte de la Muerte en la Muerte de Cristo), una obra que trata la doctrina de la redención particular plantea que Cristo murió sólo por los elegidos. Owen afirma que los elegidos por Dios son mencionados en la Biblia con las palabras Pueblo, Ovejas e Iglesia.

  1. Su Pueblo: Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” e Isaías 53:8 “Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.” Según la interpretación calvinista, ambos textos limitan la salvación que compra la muerte de Jesús en la cruz a un grupo llamado su “pueblo”.
  2. Sus Ovejas: El apóstol Juan usa el término “ovejas” para referirse a los “elegidos”. Juan 10:11 y 14 señala: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas… Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.” Según la interpretación calvinista, Juan limita la muerte de Cristo por “sus ovejas”, aquellas personas que eran conocidas por Dios y que conocían a Dios.
  3. Su Iglesia: Hechos 20:28 dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” y Efesios 5:25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” En el primer versículo Pablo está hablando a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso pidiéndoles que cuiden la iglesia debido a que Cristo pagó por ella, en el segundo Pablo está enseñando el cuidado y el cariño que debe tener el esposo por su mujer y lo ilustra usando el ejemplo del Señor, quien dio su vida por su amada iglesia.

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BUENAS NUEVAS QUE NO LO SON

La doctrina de la expiación limitada suele venderse como una de las “buenas nuevas” proclamadas en las “doctrinas de la gracia” (nombre utilizado para referirse al TULIP calvinista); sin embargo, está lejos de ser una buena noticia. En la práctica, la doctrina de la expiación limitada es una doctrina infortunada y desesperanzadora para la humanidad, ya que proclama que Jesús no ama a todos, ni murió por todos, ni todos tienen siquiera la oportunidad remota de salvarse. No debería extrañarnos que haya desatado tan fuerte oposición en la inmensa mayoría de iglesias bíblicas, las cuales han sabido reconocer sus desaciertos, su escaso fundamento bíblico y sus terribles implicaciones. Además, para aquel que llegue a comprenderla, dicha doctrina resultará chocante para su sentido de justicia y misericordia.

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POSTURAS EN CONFLICTO

Podemos reconocer dos tipos de crítica a esta doctrina:

a)    Unos dicen que Cristo murió por todos y que todos, sin excepción, serán salvos; esto se llama Universalismo. La Biblia es clara en demostrar que no todos los hombres serán salvos en el último día (Lucas 13:23-24, 2 Tesalonicenses 1:9-10, Apocalipsis 20:15). El Universalismo, por lo tanto, carece de fundamento bíblico.
b)    Otro grupo afirma que Jesús murió por todos los hombres, pero que los efectos salvadores de su sacrificio solamente son eficaces para aquellos que creen en Él y obedecen Su Palabra (Romanos 1:16, Tito 2:11, Hebreos 5:9, 2 Pedro 3:9). Dicho de otro modo, Cristo murió por todos, no sólo por un grupo selecto de elegidos o predestinados arbitrariamente para salvación; no obstante, aunque su sacrificio es suficiente para todos, solo se benefician de él aquellos que creen. Dicho concepto es enseñado en la Biblia y sostenido por el sector arminiano del protestantismo.

Los calvinistas, sin embargo, se oponen a la interpretación arminiana argumentando que, si la expiación fuese ilimitada en su alcance y requiriese la participación del hombre para hacerla eficaz, eso haría la muerte de Cristo totalmente ineficiente y pondría la salvación del hombre en lo que él puede hacer por sí mismo.

Dicho razonamiento no es válido, pues el hombre en ningún momento se convierte en su propio salvador por el simple hecho de aceptar voluntariamente el regalo de Dios. Extendemos nuestros manos para recibir dicho regalo a través del arrepentimiento y la fe en Cristo (Hechos 16:30-31), sin la cual nadie puede ser salvo. Además, el hombre sería incapaz de ejercer fe por sí mismo, a menos que sea auxiliado por la gracia preveniente de Dios (Efesios 2:8). Que el hombre deba responder en fe al ofrecimiento de Dios en nada roba gloria a nuestro Señor. Dios es el dador, nosotros los receptores (Romanos 6:23, Juan 3:16). Dios nos ofrece la salvación como regalo. Todo lo que tenemos que hacer es aceptarla. ¿Cuál es el mérito? ¿En qué le roba a Dios que nosotros, como simples mendigos de su gracia, aceptemos su regalo de amor?

Los calvinistas afirman también que, si el arminianismo está en lo correcto, parte de la sangre de Cristo se hubiera derramado en vano y su sufrimiento no hubiera sido suficiente. Entonces, según la lógica calvinista, la muerte de Cristo no sería una expiación ni un rescate en ningún sentido. Tal lógica es absurda. ¿Dónde en las escrituras dice que la sangre de Cristo no puede ser derramada para aquellos que no se pueden beneficiar de ella? En ninguna parte. Pero esta ficción es fundamental para la doctrina de la expiación limitada. Es más, aunque los calvinistas insisten en que los arminianos limitamos el poder de la expiación, parecen ignorar convenientemente que su doctrina de la redención particular limita el alcance de la expiación, reduciéndola a un pequeño grupo de elegidos como si la sangre de Cristo no tuviera suficiente poder para borrar el pecado de todo aquel que crea y reciba la dádiva de Dios. La eficacia de la expiación no se ve limitada porque sólo los que creen son salvos o porque algunos rechazan el sacrificio de Cristo a su favor. Esto sería igual a afirmar que la herencia dejada por un difunto se reduce en valor porque algunos herederos se niegan a participar de ella. ¡Sería absurdo!

Porciones como Juan 3:16 y 2 Corintios 5:14-15 objetan claramente que la muerte de Jesús tuviera la intención de limpiar sólo los pecados de sus elegidos. Jesús murió por todos los hombres sin distinción y sin excepción (Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9). Afirmar que Cristo murió sólo por los elegidos y no por toda la humanidad es difamar el carácter de Dios y pervertir las Escrituras.

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TORCIENDO LAS ESCRITURAS A SU CONVENIENCIA

Muchos calvinistas argumentan que cuando la Biblia señala que Dios ama al “mundo”, no quiere significar realmente que el ama a todas las personas, sino solamente al “mundo de los elegidos”. Tal afirmación es completamente ridícula y luce más como un intento desesperado por defender una doctrina notoriamente falsa, que una interpretación seria. El término “mundo” usado en Juan 3:16, por ejemplo, no significa “el mundo formado por aquellos que son elegidos por Dios”, sino más bien significa “todo el mundo”. De lo contrario, si como afirma el calvinismo la palabra “mundo” se refiere sólo a los elegidos, habría que entenderlo así en todos los casos en que se menciona, no sólo en aquellos casos que le son convenientes a los calvinistas para defender su error doctrinal, como, por ejemplo: 1 Corintios 1:20-21; 2 Corintios 7:10; Santiago 4:4; etc.

Sin ninguna declaración especifica en todas las Escrituras para apoyar el dogma calvinista de la redención particular o expiación limitada, este debe ser defendido a base de racionalizaciones. Ejemplo de ello son las casi blasfemas afirmaciones de cierto autor calvinista:

“Si Cristo murió por todos los hombres y no todos los hombres son salvos, la Cruz de Cristo no tiene ningún efecto. El Calvario es una farsa[2]

Por supuesto, eso no es lo que declara la Biblia. Que algunos por incredulidad no alcancen el galardón no significa que dicho galardón sea irreal para quienes sí lo reciben. De lo contrario, el haber dado los diez mandamientos también sería una farsa, porque no todos los hombres los cumplen. El valor de la expiación de Cristo es suficiente para cubrir los pecados del mundo. No solo de unos pocos. Tiene que ser así, porque su sacrificio perfecto debe ser de valor infinito. Aunque la enseñanza de la cruz suene a locura para aquellos que se pierden” (1 Corintios 1:18), ¡No es una farsa por cuanto salva a todos los que creen! La Biblia enseña fuertemente la doctrina de la expiación ilimitada. La doctrina de la expiación limitada, por otro lado, es negada específicamente en las Escrituras.

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MÁS FIELES A CALVINO QUE A LA BIBLIA

Lamentablemente, prefiriendo dogmas humanos a la Palabra de Dios, y en el peor de los espíritus sectarios, los calvinistas persisten en enseñar que:

“Sólo el calvinismo con su expiación eficaz limita el poder del hombre y exalta el poder y la gloria de Dios”[3]

El calvinista es conducido a tales argumentos falaces y anti-bíblicos en su desesperación por defender un dogma insostenible. Mientras que algunos que se llaman calvinistas rechazan la expiación limitada, es irracional el hacerlo mientras se aceptan los otros cuatro puntos. Un líder y autor calvinista escribe:

“Es en esta verdad de la expiación limitada que la doctrina de la elección soberana (y, de hecho, la predestinación soberana con sus dos aspectos de la elección y reprobación), se clarifican”[4]

En otras palabras, el sistema calvinista se desmorona en su totalidad si la expiación limitada no es bíblica. Y de hecho ¡No lo es! Calvinistas de alto rango han expresado sus dudas acerca de la expiación limitada. Spurgeon afirmó:

“No puedo imaginar un instrumento más dañino en manos de Satanás para la ruina de las almas, que un ministro que le dice a los pecadores que no es su deber arrepentirse de sus pecados y creer en Cristo, y así tener la arrogancia de llamarse a sí mismo un ministro del Evangelio, mientras que enseña que Dios odia a algunos hombres infinitamente e inalterablemente por ningún motivo sino solo porque él escoge hacerlo”[5]

Los eruditos calvinistas reconocen que la elección incondicional y la expiación limitada:

“Deben permanecer o caer juntas. Lógicamente no podemos aceptar una y rechazar la otra”.[6]

No obstante, la Biblia repetidamente declara que Cristo murió por toda la humanidad (no solo por un reducido número de elegidos) y que el Evangelio es ofrecido y está igualmente disponible para todos, pues Dios quiere que todos se salven.

Incluso John MacArthur (un erudito calvinista moderno) reconoce que Dios quiere que todos los hombres sean salvos. Tristemente, luego afirma que:

“Dios inexplicablemente no elige ni predestina a salvación a multitudes de aquellos que él desea que sean salvos”.[7]

¿Acaso no suena esto contradictorio? Como bien lo señalara otro erudito bíblico, el Dios calvinista de la expiación limitada:

“Difícilmente es el Dios de amor que encontramos en la Biblia. La Deidad determinista crea seres humanos hacia quienes Él no tiene ningún amor directo y quienes no tienen libre voluntad, creados únicamente para el tormento eterno. La muerte de Cristo no les afecta de ninguna manera y así están totalmente fuera de cualquier disposición redentora… La crueldad implícita en ese punto de vista es evidente para cualquier observador fuera de aquellos que han sido educados o han adquirido esta clase de teología. A pesar de argumentos capciosos dirigidos a cada texto alegado contra tal teología, los deterministas de este tipo son carentes de apoyo bíblico. Es absurdo, por ejemplo, el reclamar (como hacen a veces) que cuando la Biblia dice que, “Dios amo al mundo”, que esto solo habla del mundo de los elegidos”.[8]

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CONTRA LA RAZÓN, LA BIBLIA Y EL SENTIDO COMÚN

Al estudiar lo que dicen las Escrituras sobre este tema, queda claro que la única forma en que la expiación limitada puede ser defendida es asignar, arbitrariamente, un significado calvinista restrictivo a las palabras claves. Para mantener en pie el dogma de la expiación limitada, el calvinista razona:

“Si Cristo pagó la deuda del pecado, ha salvado, redimido, dado su vida por todos los hombres, entonces se salvarían todos los hombres”.[9]

En el mismo sentido, otro autor calvinista argumenta:

“Pero si la muerte de Jesús es lo que dice la Biblia, un sacrificio sustituto por los pecados… por el cual el pecador es realmente reconciliado con Dios, entonces es obvio que no puede ser para cada hombre… porque entonces todos se salvarían, y obviamente no lo son”.[10]

Sin embargo, tales argumentos se basan en la teoría anti-bíblica de que la muerte de Cristo salvó inmediatamente, al momento de su sacrificio, a todos los elegidos; sin fe, ni comprensión o aceptación de su parte. La Biblia, en cambio, enseña que un Salvador provisto no es suficiente: Dicho Salvador debe ser recibido. Debe haber ‘fe en su sangre’ (Romanos 3:25) y la fe es una cosa personal que debe ser ejercida. La Biblia enseña que Cristo gustó “la muerte por todos” (Hebreos 2:9), pero que esto no significa que, automáticamente, todos los seres humanos son salvos. En ninguna parte de la Biblia dice tal cosa. Los pecadores son invitados e instados a venir a Cristo y creer en Él. Tal es la responsabilidad del pecador (Hechos 16:30-31).

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 CONCLUSIÓN

El que Cristo murió por nuestros pecados es el mensaje que nos da el Evangelio. Sin embargo, debe ser creído para ser de beneficio al pecador. La muerte de Cristo, aunque ofrecida “a todos los hombres”, sólo es eficaz para aquellos que creen: Él es “el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10). La doctrina calvinista entra nuevamente en contradicción con la lógica y la Biblia:

“Si la naturaleza de la expiación era tal que en realidad y por sí misma proporcionó salvación para aquellos para los cuales fue diseñada, entonces los elegidos nunca podrían haber nacido muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1). Y, por lo tanto, ¿Cómo es posible que aquellos hombres quienes son salvos, redimidos, reconciliados, y justificados, hubieran sido “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás? (Efesios 2:3)”.[11]

La Pascua, reconocida como uno de los más llamativos símbolos de la obra de la cruz de Cristo que se encuentran en el Antiguo Testamento, es un claro ejemplo del principio de que la expiación y su aplicación deben ser distinguidos. La sangre del cordero sacrificado de la Pascua (Éxodo 12:6, 21) llegó a ser eficaz solamente después de que se aplicó al dintel de la puerta según las instrucciones (Éxodo 12:7, 22). La simple muerte del cordero no salvó a nadie: La sangre tenía que ser aplicada. Así es también con la muerte de Cristo.

El calvinismo difama y acusa abiertamente a Dios:

“Porque Dios ha amado a unos cuantos y no todos, porque él soberana e inmutablemente ha determinado que éstos en particular sean salvos, él envió a su hijo a morir por ellos, para salvar a ellos y no a todo el mundo”.[12]

Así, según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente. Sin embargo, según la Biblia, no todos son salvos, porque ellos (los perdidos) se niegan a creer en Cristo. Pablo escribe que la salvación viene a todos los que creen “por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23). Por cierto, el “todos pecaron” significa toda la humanidad. Así también el “todos los que creen” debe significar que toda la humanidad puede creer en Cristo y ser salvos si así lo quieren hacer.

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REFERENCIAS:

[1] Cánones de Dort, II.8

[2] Herman Hanko, God’s Everlasting Covenant of Grace, Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1988, 15.

[3] Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 49.

[4] Homer Hoeksema, Limited Atonement, p. 151.

[5] H. Spurgeon, New park Street pulpit; London: Passmore and Alabaster, Vol 6, 28-29; sermon preached December 11, 1859). Esto ha llevado a que la doctrina de la expiación limitada sea considerada “el talón de Aquiles del calvinismo” (Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism; Edmonton, AB: Still Waters Revival Books, 1990, 11.

[6] Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 151.

[7] John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville: Word Publishing (1997), p. 1862.

[8] Zane C. Hodges, “The New Puritanism, Pt. 3: Michael S. Horton: Holy War With Unholy Weapons,” Journal of the Grace Evangelical Society, Spring 1994, 7:12, 17–29.

[9] W. J. Seaton, the Five points of Calvinism; Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1970, 15

[10] Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 44

[11] Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 427

[12] Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 50.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Expiación Universal, más no incondicional

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN.

El Arminianismo afirma que Cristo llevó el pecado del mundo y Su expiación fue destinada, extendida y ofrecida a todos los hombres. Sin embargo, esto no significa que todos serán salvos. La expiación universal hecha por Cristo debe aplicarse al individuo; y esa aplicación está condicionada a la fe: Él salva a todos los que invocan su nombre con fe (Romanos 10:13). Cristo fue presentado como una propiciación, un sacrificio expiatorio, para todo el mundo (1 Juan 2:2) y, sin embargo, ese sacrificio expiatorio es efectivo por medio de la fe para la salvación (Romanos 3: 23-25).

 

EXPIACIÓN UNIVERSAL CONDICIONADA.

En sus ataques contra la teología arminiana, los calvinistas a veces argumentan que si Cristo murió por todos los hombres como enseña el arminianismo, entonces todos, de forma incondicional, serían salvos. Esta herejía, conocida como universalismo, nunca ha sido parte de la teología arminiana, sino más bien una acusación infundada hecha por los calvinistas a nuestra teología. Lo que el arminianismo sí enseña en realidad es que la expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y solo para los fieles de manera eficiente.[1] Los datos bíblicos apoyan tres líneas generales de pensamiento: (1) Cristo murió por todas las personas, demostrando que Su expiación está destinada, está disponible y es ofrecida a todos los hombres; (2), no todas las personas que han vivido, viven o vivirán en este mundo han sido o serán salvadas; (3), los beneficios de la expiación se aplican únicamente a los creyentes, imputándoles así la justicia de Cristo cuando son regenerados y justificados. De esta manera, la expiación es presentada en la Biblia como genuinamente diseñada y disponible para todos, pero únicamente aplicable a los creyentes. Es un perdón condicional. La expiación es, por lo tanto, efectiva en dos sentidos: Es suficiente para todos los hombres, y eficiente para los elegidos.[2] Pasajes como Juan 3:16 argumentan que la provisión para la salvación es universal (Dios amó al mundo), pero para que esto sea apropiado debe haber fe individual (quien crea). En otras palabras, la expiación es provisional hasta que se aplique, y sólo puede aplicarse con la condición de la fe y sobre la base de la unión con Cristo. Cuando se aplica, la expiación se vuelve eficaz.[3]

Por lo tanto, no es la realización de la expiación lo que es intrínsecamente salvífico; más bien, en virtud de la fe de un individuo, la expiación se aplica sobre él y éste es redimido de la maldición del pecado por los méritos de Cristo. La expiación se realizó para todos (1 Juan 2: 2), pero se aplica a través de la fe (Romanos 3:22, 25). La enseñanza arminiana clásica es que Cristo murió para proporcionar la salvación para todos, una disposición que es efectiva solo cuando se aplica a aquellos que creen.[4] Esta es la única manera de dar sentido a las palabras de Jesús cuando declara que su obra está consumada (Juan 19:30), pero luego Pablo afirma que los cristianos de Éfeso estaban muertos en sus pecados antes de creer aun cuando el sacrificio de Jesús ya había sido efectuado (Efesios 2:1-3). O de que a los corintios se les dice que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20) a pesar de que Él ya había reconciliado al mundo (2 Corintios 5:19).

La doctrina que afirma que la expiación es provisional para todos y se imparte condicionalmente a través de la fe no debería ser controvertida, ya que incluso la mayoría de los calvinistas sostienen que los elegidos no son salvos sin fe. En otras palabras, todos los puntos de vista están comprometidos con el hecho teológico de que la expiación aparte de la fe no salva. De lo contrario, los pasajes que hablan de que incluso los elegidos fueron enemigos de Dios (Romanos 10:10; Colosenses 1:21) e hijos de ira (Efesios 2: 3) serían inexplicables. Si la expiación ya se aplicó a estas personas elegidas desde su nacimiento, ya serían justificadas ante Dios y nunca enemigos o hijos de ira (incluso la fe sería superflua, pues ya serían salvas). Los calvinistas como William Shedd están de acuerdo con esto y escriben: “La expiación en sí misma, separada de la fe, no salva ningún alma… No es la realización de esta expiación, sino la confianza en ella lo que salva al pecador”.[5] El calvinista Norman Douty lo expresa de forma clara: “Sin estos actos [el arrepentimiento y la fe], incluso los elegidos solo son potencialmente los beneficiarios de estos beneficios”. Hasta entonces, “toda la obra salvadora de Cristo es solo suya potencialmente… Su muerte solo ha provisto estos beneficios para ellos; la aplicación de ellos está supeditada a su arrepentimiento y fe”.[6]

La fe (incluso si es irresistiblemente dada por Dios como sostiene el calvinista) todavía se requiere del individuo. Puede ser elegido incondicionalmente antes de la creación para hacerlo, pero el acto de la fe personal todavía es necesario para la salvación. La verdad bíblica de que la justificación, el perdón y la regeneración son por fe es una piedra angular del cristianismo. De modo que, tanto los calvinistas como los arminianos están comprometidos con la verdad teológica de que, sin la fe del individuo, la expiación no salvará ni podrá salvar a nadie. El problema con esto par el calvinista resulta evidente: Si esta perspectiva provisional es permitida para los elegidos en el calvinismo, entonces no hay nada incoherente o contradictorio en la aplicación de esta en un ámbito universal para el arminianismo. De hecho, eso es exactamente lo que enseña la Biblia.

 

LA BIBLIA ENSEÑA DE FORMA CONTUNDENTE LA EXPIACIÓN ILIMITADA

La doctrina arminiana de la expiación ilimitada, universal o general es bastante sólida bíblicamente. En artículos anteriores hemos dejado en claro que, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, sostienen el alcance universal de la expiación. Sin embargo, hay una serie de puntos auxiliares que asumen tácitamente una extensión universal de la expiación. Estos son:

(1.- LA OFERTA DE SALVACIÓN ES EXTENDIDA, DE BUENA FE, A TODOS LOS HOMBRES: Un fundamento sobre el cual sustentar la doctrina de la expiación general es el llamado general de Dios al arrepentimiento. Es decir, Dios llama a todos a volverse a Él y ser salvos (Isaías 45:22) mientras ofrece salvación a todos (Tito 2:11). Es Dios mismo llamando a todos los hombres al arrepentimiento y ofreciendo la salvación a todos (Hechos 17:30). No hay restricciones en la Gran Comisión (Mateo 28:19) y Dios incluso extiende sus manos y llama a todos, incluso a los que lo rechazan (Isaías 65: 2; Romanos 10:21; Jeremías 7:13; Oseas 11:1-2; Proverbios 1:24, etc.). El arminianismo es consistente con la enseñanza bíblica sobre este tema, lo cual no puede decirse del calvinismo. ¿Por qué no? Preguntémonos: En el calvinismo, ¿Es el llamado general de Dios y la oferta de salvación una oferta genuina? ¿Es este un acto genuino, sincero, auténtico de un Dios perfectamente moral? En el calvinismo, parece no serlo. El calvinista, lo quiera o no, está bromeando de forma cruel cuando dice que se ofrece salvación para todos y que todos pueden responder al llamado de Dios. Esto se debe a que Dios ha elegido incondicionalmente a quién salvar y a quién condenar en su ira. Esta fue la enseñanza defendida por Juan Calvino: No todos son creados iguales; algunos son creados para salvación, otros para la destrucción eterna. En el calvinismo Cristo no murió por aquellos creados para el tormento eterno, sino solo por los elegidos (expiación limitada). Pero ¿Sería Dios justo, santo, bueno, verídico y fiel a Su carácter si llamara y ofreciera algo que Él no puede dar, pues nunca estuvo en sus planes hacerlo? ¿Sería Dios fiel a su carácter si responsabilizara a las personas por rechazar algo que de hecho no está disponible para ellos? ¿Sería Dios fiel a Su carácter si hiciera a las personas culpables por hacer lo que fueron creadas para hacer, según su soberano, ineludible y eterno decreto? ¿Concuerda con el carácter de Dios el condenar a seres a quienes les ha negado la capacidad de responder a su llamado al arrepentimiento? Como se puede ver fácilmente, la expiación limitada pone el carácter de Dios en una posición precaria. La expiación general, por el contrario, encaja perfectamente con el texto bíblico. Dios extiende su llamado y ofrece a todos la oportunidad de arrepentirse: “El Señor… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9). Él ha hecho una provisión real y fidedigna para la humanidad. Por lo tanto, se responsabiliza a las personas por rechazar algo que Dios ha puesto a su disposición, y son responsables porque son capaces de responder al llamado universal de Dios (Juan 12:32). Dios ama a todos y no creó individuos destinados para el tormento eterno; más bien, desea que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

(2.- SEGURIDAD CONDICIONAL: Otra doctrina que presupone una expiación ilimitada es la doctrina de la seguridad condicional (Mateo 18: 23-35; Lucas 8: 11-15; Juan 15: 1-6; Romanos 11: 17-23; 2 Timoteo 2:12; Hebreos 6:4-8; 10: 26-31; 2 Pedro 2: 20-22; Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11). El hecho de que individuos que una vez creyeron puedan separarse luego del Señor y caer de la vida eterna que está en el Hijo, refuerza aún más la idea de una expiación provisional y universal. Esto se debe a que las personas que posterior a su conversión se alejaron, verdaderamente habían experimentado en sus vidas los efectos salvíficos de la expiación de Cristo y participaron del Espíritu Santo mientras creían. Sin embargo, cuando apostataron, renunciaron a esos beneficios y, por lo tanto, “negaron al Señor que los compró” (2 Pedro 2:1). En este caso, la expiación pasó de ser hecha y aplicada a ciertos creyentes, para luego ser retenida de ellos en virtud de su incredulidad posterior. De modo que, si la salvación puede ser poseída genuinamente por una persona y luego perdida por causa de la apostasía total, esto implicaría una expiación de carácter universal; ya que se extiende provisionalmente a todos, pero su aplicación está supeditada a la fe sostenida (1 Pedro 1:5). Mirando brevemente la Parábola del Siervo Despiadado en Mateo 18, esto se puede ver claramente. El sirviente no puede pagarle a su señor, y más tarde cae de rodillas y le pide más tiempo para hacer los pagos. El señor siente compasión por él y lo perdona de la gran deuda en su totalidad (v. 27). Lamentablemente, el sirviente pasa a actuar sin misericordia con los demás. El señor dice: “Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (V. 32-33). Luego, el sirviente es entregado a los acreedores hasta que pague todo lo que debe (v. 34). Jesús advierte que lo mismo se hará incluso a sus discípulos si actúan de la misma manera. La parábola es bastante explícita en el sentido de que una persona puede estar en un estado de perdón, luego perderá ese perdón y tendrá que pagar sus propias deudas. Esto no tendría sentido en una expiación limitada e incondicional, pero sí lo tiene en una expiación de carácter universal y provisional (con seguridad condicional).[7]

(3.- EVIDENCIA HISTÓRICA CONSENSUAL: Un último punto suplementario es el hecho de que la iglesia cristiana primitiva (todos los Padres de la Iglesia antes de Agustín, quizás incluso Agustín incluido) creyeron y sostuvieron la expiación universal.[8] El teólogo Roger Olson escribe: “La gran mayoría de los cristianos a través de los siglos, incluidos todos los padres de la iglesia de los primeros cuatro siglos… creyeron en la expiación universal”.[9] David Allen, en su magistral libro que da una revisión histórica de la doctrina de la expiación ilimitada, escribe: “La expiación limitada [en oposición a la expiación general o ilimitada] es una doctrina nueva en la historia de la iglesia”.[10] Lightner dice que hasta la Reforma del siglo XVI “la visión predominante y en su mayor parte indiscutible de la muerte de Cristo era que esta constituía un sacrificio provisional para toda la humanidad, salvífico solo para aquellos que creían”.[11] Hammett lo expresa sin rodeos: “En general, la posición mayoritaria en la historia cristiana está decididamente del lado de la Expiación universal”.[12] Para aquellos que dan peso a los teólogos de la iglesia primitiva, muchos de los cuales fueron enseñados directamente por los apóstoles o por aquellos que conocieron a los apóstoles, este es un golpe serio contra la expiación limitada enseñada por el calvinismo.

 

CONCLUSIÓN

Dada la evidencia examinada, parecería que cualquier soteriología que se precie de ser seria, y bíblica, debería aceptar la doctrina de la expiación ilimitada de Cristo; es decir, una expiación de alcance universal pero eficaz únicamente para los fieles. La posición no solo toma en serio la gran cantidad de pasajes que hablan de una expiación universal realizada por Cristo, mediante la cual pagó el precio por el pecado del hombre y probó la muerte por cada persona, sino que también responde de manera convincente a cualquier objeción presentada en su contra. Arminio lo resume claramente cuando escribe: “Cristo se ofreció en lugar de todos los hombres universalmente… y no en el lugar de los elegidos solamente”.[13] Concluye diciendo que la expiación “se obtuvo para todo el mundo, y para todos y cada hombre; pero se aplica solo a los creyentes y a los elegidos.”[14]

Por lo tanto, la posición bíblica (y de hecho, arminiana) afirma correctamente que Cristo verdaderamente es la propiciación para el mundo entero (1 Juan 2:2); El es el Salvador del mundo (1 Juan 4:14) y para todas las personas (1 Timoteo 4:10), ya que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11); Él probó la muerte para todos (Hebreos 2:9) y está reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19); Él quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y se ofreció en rescate por todos (1 Timoteo 2: 6); su muerte es para todos (2 Corintios 5: 14-15) y él ofrece justificación para todos (Romanos 5:18); el pan de vida es dado al mundo (Juan 6:33, 51) y su expiación se hace incluso para aquellos que lo niegan (2 Pedro 2:1) y para aquellos que luego apostatarán (Hebreos 10:26, 1 Corintios 8:11, Romanos 14:15). La Biblia es clara en su presentación de una expiación universal, que se hace, se ofrece, se extiende y se proporciona para todos (1 Corintios 15:3), pero es eficaz y se aplica solo a los fieles (Romanos 3:22, 25).

 

REFERENCIAS:

[1] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

[2] Robert Shank, Elect In The Son, 71.

[3] Forlines, Classical Arminianism, 234.

[4] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 100.

[5]  William Shedd, Dogmatic Theology, II:440.

[6] Norman Douty, The Death of Christ, 43.

[7] Shank, Life in the Son, 39.

[8] Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 79.

[9] Olson, Against Calvinism, 152.

[10] David Allen, The Extent of the Atonement, 767.

[11] Lightner, 9. FIX*** (Israel of God, 9).

[12] Hammett, Perspectives, 158.

[13] Jacob Arminius, Works, III:332.

[14] Jacob Arminius, Works, III:425.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación General en el Antiguo Testamento

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31). Pero esta doctrina no es exclusiva del Nuevo Testamento. La Expiación Ilimitada, general o universal, es enseñada también en el Antiguo Testamento.

EL ANTIGUO PACTO SEÑALA HACIA UNA EXPIACIÓN GENERAL, NO LIMITADA.

La naturaleza ilimitada, provisional y condicional de la expiación de Cristo puede vislumbrarse incluso en los tipos y figuras del Antiguo Testamento. Esto no tiene nada de extraño, ya que el viejo pacto era sombra y figura de lo que había de venir (Colosenses 2:17). Tres de esos tipos proféticos, en particular, nos ayudan a desentrañar mejor el alcance y la aplicación de la propiciación de Cristo.

El Cordero de la Pascua:

Muchas veces se menciona a Jesús como el “Cordero” sacrificial, un cordero que fue sacrificado por el mundo (Juan 1:29; 1 Corintios 5: 7; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5:12). Esto es seguramente en referencia al cordero de la Pascua en Éxodo 12, donde la disposición de la expiación y la posterior aplicación se llevan a cabo maravillosamente. En esta interacción, Dios le ordena al pueblo de Israel que mate a un cordero como un sacrificio para evitar su ira. Curiosamente, la nación de Israel no solo debía matar al cordero del sacrificio (v. 6), sino también comérselo y aplicar su sangre a los postes de la puerta (v. 7). La sangre aplicada era una cobertura que guardaba a Israel de la ira de Dios (v. 13) derramada sobre Egipto y sobre aquellos de Israel que se negaran a cumplir con dicho ritual. El punto crucial es que la simple muerte del cordero no protegía a Israel: Cada hogar no solo tenía que matar al cordero, sino también aplicar su sangre, de lo contrario, la ira de Dios se vería afectada por ellos.

Nótese lo bien que esto corresponde con lo que se enseña en el Nuevo Testamento acerca de Cristo y su obra expiatoria. Él es el Cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y es una propiciación para todos (1 Juan 2:2); pero esta propiciación es para aquellos que creen (Romanos 3:22, 25). En sí misma, la sangre de Cristo no salva a nadie, debe ser aplicada a través de la fe. La expiación es provisional para todos, eficaz sólo para los fieles.

Éxodo 12 es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben distinguirse. La sangre del cordero pascual muerto se volvió eficaz solo después de que se aplicó. La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tuvo que aplicarse.[1]  Incluso el renombrado calvinista A. W. Pink está de acuerdo con esto. En su comentario de Éxodo escribe: “Un Salvador provisto  no es suficiente: debe ser  recibido . Debe haber ‘fe’ en Su sangre ‘(Romanos 3:25), y la fe es algo personal… Debo por la fe tomar la sangre y refugiarme debajo de ella.” [2]

Pink señala correctamente que la Pascua es “uno de los más sorprendentes… presagios de la obra de la Cruz de Cristo que se encuentran en cualquier parte del Antiguo Testamento, [y] es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben ser distinguido. La sangre del cordero pascual muerto… se volvió eficaz solo después de que se aplicó al poste de la puerta según las instrucciones… La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tenía que aplicarse.”[3]

La Serpiente de Bronce:

En Números 21, el pueblo de Israel se impacientó con Moisés y con Dios, y se manifestó contra ellos en rebelión. Dios envió serpientes venenosas en medio de ellos como una forma de juicio por su comportamiento pecaminoso. Los israelitas rebeldes estaban siendo mordidos y muriendo. Después de que Moisés intercede por el pueblo, Dios responde ordenándole que ponga una serpiente de bronce en un palo. Dios dijo que todo el que fuere mordido, cuando mirare la serpiente bronce, viviría (v. 8).

De nuevo, nótese cuidadosamente la provisión hecha aquí por Dios. El medio de sanidad (la serpiente de bronce) fue dado y puesto a disposición de toda la nación de Israel. Todos habían sido mordidos por las serpientes venenosas (representando el pecado) y Dios había hecho una provisión para todos. Aun así, la disposición tenía que ser aplicada por el individuo mirando a la serpiente de bronce; sólo entonces vivirían. La limitación para Israel no estaba en la provisión de la serpiente de bronce (fue dada para todo Israel); más bien, la limitación estaba en la aplicación: solo los que dirigían su mirada hacia ella vivían. Había un remedio para todo Israel, y serían sanados si solo miraran. Hay un remedio en la muerte de Cristo para todos, y serán salvos si solo creen.[4]

Este pasaje es referido por el mismo Jesús: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:14-15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la creencia. La naturaleza universal se ve en el famoso pasaje de Juan 3:16, donde el amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17) a través de la fe. Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (12:32). Provisional para todos, eficaz para los fieles.

El Sumo Sacerdote

En el Antiguo Testamento, Dios ordenó que los sacerdotes designados llevaran a cabo un sistema de sacrificios para hacer expiación por los pecados del pueblo. Esto incluyó el llamado “Día de la Expiación” (Yom Kippur), que permitía al sumo sacerdote entrar al Lugar Santísimo (Levítico 16). Esto lo hacía el sumo sacerdote para realizar expiación por sí mismo y por la gente (v. 24) a fin de que el pueblo se limpiara de sus pecados ante el Señor (v. 30). Esto se hacía anualmente tanto por los sacerdotes como para todas las personas de la asamblea (v. 33). Hebreos 9:7 dice: “pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo”.

Obsérvese que la expiación era hecha para toda la nación, para todo Israel. Indiscutiblemente, la disposición del Antiguo Testamento para el pecado y la salvación fue para todo Israel, no para un grupo elegido y especial entre ellos. La desobediencia y la incredulidad fueron las únicas barreras que separaron a todos los israelitas de la gracia de Dios.[5] La reconciliación y las ofrendas por el pecado fueron para “todo Israel” (2 Crónicas 29:24; Esdras 8:25; Malaquías 4: 4). Sin embargo, uno tenía que permanecer como parte integrante de la nación de Israel para obtener esos beneficios. Y, sin lugar a duda, existían las condiciones para formar parte de, y permanecer, ‘en Israel’. Por ejemplo, si un hombre no fue circuncidado, sería separado del pueblo (Génesis 17:14); si alguien comía pan con levadura en ciertos días, sería “cortado de Israel” (Éxodo 12:15); el mal uso de varios aceites o perfumes resultó en ser separado del pueblo (30:33, 38); profanar el sábado (31:14); comer ciertas cosas (Levítico 7:20, 21, 25, 27) y cometer ciertos actos considerados abominables (18:29) provocarían ser excluidos de la congregación de los hijos de Israel; incluso Dios advierte que una persona de Israel puede ser separada de su presencia (22: 3). Números 15:30 resume bien este principio: Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo.”

Ser “cortado” no solo significaba la exclusión de un individuo de la congregación de Israel (y la salvación), sino que a veces también la destrucción inmediata. En Levítico 23:29-30, Dios declara que, si los del pueblo de Israel le son infieles, no solo serán cortados, sino que perecerán por completo. Dios pondrá Su rostro contra ellos y serán derribados por sus enemigos (26:17); perecerán entre las naciones (Levítico 26:38; Deuteronomio 8: 19-20). La nación fue llamada a ser el pueblo elegido de Dios, pero con eso se les ordenó también observar todas los estatutos y los mandamientos de Dios, de lo contrario serían maldecidos (11: 26-31) y luego serían destruidos, consumidos y perecerían (28: 20-24). Claramente, ser descendiente de Abraham no conllevaba ninguna garantía de que una persona permanecería entre el pueblo del pacto de Dios sin tener en cuenta su fe y su fidelidad al pacto de Dios.[6] Sin embargo, si el individuo infiel confiesa sus pecados y se humilla a sí mismo ante Dios, su fidelidad y compasión le permitirán regresar a Israel y los beneficios subsiguientes se volverán a aplicar (Levítico 26: 40-45).

El punto aquí es claro: mientras que Dios elige incondicionalmente a la nación corporativa de Israel como su pueblo, la participación en esa nación estaba supeditada a la obediencia. Ningún individuo fue posicionado incondicionalmente en Israel. Además, debe notarse que cualquier persona fuera del Israel étnico podría unirse a la comunidad y convertirse en israelita a través de la circuncisión y la obediencia (Génesis 17:12-13; Éxodo 12:48). Desde el principio, cualquier gentil podría convertirse en un judío de pleno derecho, profesando fe en el Dios de Abraham y siendo circuncidado. No existía ninguna barrera racial para evitar que los gentiles se convirtieran en participantes plenos en las promesas del pacto.[7] De hecho, aparentemente existía la posibilidad de salvación fuera del Israel étnico si uno estaba buscando fielmente a Dios (por ejemplo, Melquisedec, Job, Rahab, etc.).

Volviendo al caso del sumo sacerdote y al Día de la Expiación mencionados anteriormente, el sumo sacerdote hacía expiación por todo Israel, pero los efectos de la misma sólo se aplicaban a los obedientes, a los fieles. Este sistema del Antiguo Testamento era solo una sombra de las cosas por venir; un simple vistazo de lo que se encuentra en Jesucristo, que es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 3: 1). Él es un “sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (5:6; 5:10; 6:20; 7:17; 8:1). Los viejos sacerdotes tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de interceder por la nación, y debido a su mortalidad, tenían que ser reemplazados constantemente. Jesús tiene su sacerdocio eterno e inmutable (7:24) y, por lo tanto, vive para siempre para interceder por nosotros (7:25). Su muerte fue de una vez por todas por su propia sangre (7:27), un sacrificio realizado una vez y para siempre (10:12). Cristo fue tanto el sacerdote como el sacrificio por nuestros pecados, cuando entró en el cielo delante del Padre. Como los sumos sacerdotes del viejo pacto, que hacían expiación por todo Israel, también Cristo purificó los pecados y probó la muerte para todos  (1: 3; 2: 9). Su propiciación fue para todo el mundo (2:17; 9:28; 1 ​​Juan 2: 2; Juan 1:29; 1 Timoteo 2: 6). Aquí se ve cómo Jesús cumple con la sustancia misma de la expiación del Antiguo Pacto, que nunca podía quitar los pecados. Jesús inicia un nuevo sistema de sacrificios en el Nuevo Pacto mientras asume el papel de sumo sacerdote, para siempre. Nótese el fascinante paralelo:

  • El sumo sacerdote del Antiguo Testamento ofreció expiación por todo Israel. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe estar “en Israel” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Israel” a través de la obediencia (fe). Era una provisión de expiación para la nación, eficaz para los obedientes (fieles).
  • El sumo sacerdote del Nuevo Testamento (Jesús) ofrece expiación para todas las personas, por el mundo entero. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe). Es una provisión de expiación para el mundo, pero eficaz solo para los obedientes (fieles).

CONCLUSIÓN.

Habiendo examinado estos tres ejemplos del Antiguo Testamento, todos los cuales se aplican de diversas maneras a Cristo, la naturaleza provisional ilimitada de la expiación queda clara, junto con su aplicación condicional: La expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y para el Israel de Dios de manera eficiente.[8] Cristo es el Cordero que fue inmolado por todos, la provisión fue hecha para todos y el Sumo Sacerdote que hizo la propiciación la efectuó por todos.

 

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 427.

[2] A.W. Pink, Gleanings in Exodus, 84.

[3] Pink, Gleanings in Exodus, 88.

[4] David Allen, The Extent of the Atonement, 692-693.

[5] Dave Hunt, What Love is This?, 298.

[6] Palmer Robertson, The Israel of God, 36.

[7] Robertson, The Israel of God, 35

[8] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Las Cartas Paulinas y la expiación general

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

Los arminianos sostenemos la doctrina de la Redención universal o expiación general. La obra redentora de Cristo brinda a todos los hombres la oportunidad de ser salvos. Sin embargo, a pesar de que Cristo murió por todos los hombres, sólo los que creen en él son salvados. Su muerte es suficiente para la salvación de todos los hombres, pero sólo eficaz en los que creen. Pero esta no es una doctrina inventada por los arminianos, las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara también en las cartas de Pablo.

 

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PABLO.

El apóstol Pablo enseñó en sus epístolas la doctrina de la Expiación Universal, ilimitada o general. Pablo escribe en su segunda carta a los corintios: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.“(2 Corintios 5: 14-15). De acuerdo con Pablo, Cristo murió por todos porque todos murieron en Adán (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22) y están muertos en el pecado (Efesios 2: 1; Colosenses 2:13). Simplemente todos han muerto en Adán en virtud de su liderazgo representativo, por lo que Cristo murió por todos ya que es el segundo Adán (1 Corintios 15:45). El primer Adán trajo la muerte a todos a través de la naturaleza humana, mientras que el último Adán trajo la vida a todos a través de la fe (Romanos 5: 17-18).  Después de enseñar la extensión universal de la expiación de Cristo (Romanos 5: 8; 1 Corintios 15:3), Pablo continúa hablando de las implicaciones de la aplicación posterior de esa expiación universal para “los que viven” (v. 14). Los que “viven” son nuevas criaturas, en Cristo (v. 17), a través de la fe (Juan 20, 31).

Más adelante en el mismo capítulo, Pablo dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo ” (5:19). Aquí Pablo habla del ministerio de reconciliación (v. 18) dado a los apóstoles por Dios. Este ministerio es “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (v. 19). El alcance universal de la salvación de Dios puede notarse claramente en este pasaje.

Por supuesto, Pablo no está enseñando que todos se reconcilian de manera salvífica. Sin embargo, hay un sentido de una reconciliación objetiva que se enseña aquí: Cristo murió por todos. Pero también una reconciliación subjetiva: Dicha reconciliación debe ser recibida por la fe. Por esta razón, Pablo continúa diciendo: “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (v. 20). La expiación ilimitada (a través de la cual Cristo murió por todos) debe ser apropiada individualmente; es decir, cada persona debe obtener este objetivo de reconciliación universal de Cristo a través de la fe para reconciliarse con Dios de manera subjetiva e individual.

En Romanos 5: 15-21, Pablo escribe extensamente sobre el don gratuito de la salvación que aporta justicia y justificación, y lo compara con la transmisión del pecado de Adán. Lo que es de particular importancia en este pasaje es el alcance universal que ambos individuos tienen sobre la humanidad. Pablo usa a Adán y a Cristo como dos paralelos para mostrar el alcance ilimitado que ambos tienen en el hombre. De hecho, a Adán se le llama el “primer Adán” y Cristo el “segundo Adán” (1 Corintios 15:45). Pablo explica cómo el pecado y la muerte pasaron de Adán al resto de la humanidad: El pecado vino al mundo a través de un hombre, y la muerte vino por el pecado (Romanos 5:12). Luego compara la muerte ocasionada por el pecado de Adán con la oferta universal de Cristo del don gratuito de gracia en virtud de su sacrificio expiatorio (v. 15, 18).

Algunos calvinistas seguramente llamarán la atención sobre la palabra “muchos” usada en Romanos 5:15, “Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.”, queriendo indicar que la expiación fue efectuada por muchos, pero no por todos. Sin embargo, debe notarse que, aunque Pablo usa la palabra “muchos” en el v. 15, esta seguramente debe entenderse como toda la humanidad. Como la mayoría de los teólogos reconocen, “muchos” y “todos” se usan a menudo como sinónimos, como es el caso aquí. Esto se demuestra en el contexto anterior, donde Pablo dice que “la muerte se extendió a todos los hombres” debido al pecado (v. 12) y los “muchos murieron” (v. 15). Todos murieron porque la muerte se extendió a todos; todos nacen muertos en el pecado (Efesios 2: 3; Colosenses 2:13). Esto no tiene por qué ser un punto de discusión, ya que incluso Juan Calvino entendió este punto bíblico.

En numerosos pasajes que hablan de “muchos”, Calvino reconoció que el autor usó “muchos” como sinónimo de “todos”. Incluso compara muchos de estos pasajes con Romanos 5:15. Acerca de la expresión “muchos” que se usa en Mateo 20:28, Calvino dice: “Muchos se usa, no para un número definido, sino para un gran número, en el sentido de que se pone a sí Mismo contra todos los demás. Y este es el significado también en Romanos 5:15, donde Pablo no está hablando de una parte de la humanidad, sino de toda la raza humana”. Con respecto a los famosos pasajes de Isaías 53:12 que hablan del Mesías que cargó con los pecados de “muchos”, Calvino dice: “Él solo soportó el castigo de muchos, porque sobre él se impuso la culpa de todo el mundo. Es evidente a partir del quinto capítulo de la Epístola a los Romanos, que “muchos” a veces denota todos”. De Hebreos 9:28, dice: “Él dice muchos significando todos, como en Romanos 5:15” y “la palabra muchos es a menudo equivalente a todos” Finalmente, en Marcos 14:24, Calvino explica: “la palabra ‘muchos’ no significa solo una parte del mundo, sino toda la raza humana”.[1]

A través de la transgresión de Adán, hay una condena universal para todos, pero a través de la muerte expiatoria de Cristo, existe el regalo universal gratuito disponible para todos (Romanos 5:16). El poderoso pasaje de Romanos 5:12-21 no se basa en una distinción entre el reprobado y el elegido, sino en los efectos universales de Adán y Cristo para cada individuo; condena y justificación son las dos opciones de vida para todas las personas.[2] Pablo es quien mejor explica la relación simétrica y paralela entre la imputación del pecado de Adán y la expiación de Cristo en Romanos. Esto muestra un contraste en los resultados de los dos hombres: el don de la justicia versus la muerte, manteniendo la extensión universal en ambos casos. Sin embargo, mientras que, a través de Adán, la muerte se imparte a todos, ya que todos nacen por naturaleza como hijos de ira (Efesios 2: 3), a través de la expiación de Cristo, existe una justificación para todos los hombres, porque “si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.“(v. 17). En otras palabras, Pablo dice que recibir el regalo es necesario para experimentar la gracia de Dios. A diferencia del pecado de Adán, que se transmite a todos de manera inherente, el don gratuito de Cristo requiere aceptación. En Romanos 5:18, Pablo afirma una expiación y reconciliación universales que comprenden a todos los hombres, pero la actuación de la expiación universal para los hombres individualmente está supeditada a la apropiación personal (v.17).[3]

A través del pecado de Adán, la humanidad está bajo condenación y está espiritualmente muerta (v. 17-18). En contraste, a través de la muerte expiatoria de Jesús, existe el don de la justicia para todos, que depende solo de su recepción (v. 17-18). El pecado y la muerte están presentes en la humanidad, pero la gracia de Dios abunda y desborda aún más (v. 15, 20). La expiación universal está fuertemente respaldada por la indicación bíblica de que la disposición es tan amplia como el pecado.[4] La provisión o base para la justificación y la vida está hecha para todos, de modo que “todos” abarca a toda la humanidad.[5] Si podemos aceptar el hecho de que el pecado de un simple hombre ha traído el pecado y la muerte a todo el mundo, seguramente podemos creer que la muerte expiatoria del Hijo de Dios ha traído la salvación a todo el mundo.[6]

En virtud tanto del primer Adán como del segundo Adán (Cristo), existen profundas implicaciones para la raza humana: la muerte y el pecado universales, y la gracia universal obtenida a través de la aceptación del sacrificio expiatorio de Cristo. La obra salvadora de Cristo es pertinente para toda la raza humana, como lo fue la obra de Adán, y por lo tanto se ofrece a todos los pecadores.[7] A través del único acto de desobediencia de Adán, toda la raza humana se convirtió en receptora del pecado, y mediante un acto de obediencia, el último Adán trajo el don de la justicia a toda la raza humana. La desobediencia de uno fue co-extensiva con la obediencia del otro.[8]

De hecho, anteriormente en el mismo capítulo, Pablo escribe que Cristo murió por los impíos (Romanos 5:6). Uno de los puntos principales de Pablo en los capítulos anteriores fue que toda la humanidad está bajo pecado (3:9), y todos estamos destituidos de la gloria de Dios por causa del pecado (3:23) y no hay nadie justo (3:10). Así, cuando Pablo continúa hablando de los impíos, seguramente está hablando de la misma categoría, a saber, toda la humanidad. De esta manera, Cristo murió por los impíos; murió por todos. Pablo es claro al indicar que Cristo murió por los impíos, incluso murió por sus enemigos. Cristo actuó como parte del plan designado por Dios, que tenía como objeto toda la raza humana, ya que todos han pecado y no han alcanzado la gloria de Dios.[9] Esto puede compararse con Lucas 19:10 que dice que “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”, donde lo perdido es toda la humanidad bajo el pecado.

Uno de los versos más singulares sobre el tema se encuentra en la primera carta de Pablo a Timoteo. Él escribe, “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” (1 Timoteo 4:10). Aquí Pablo ayuda a desentrañar diferentes matices de Dios como Salvador. En un sentido, Dios es el Salvador de todos los hombres; pero en otro sentido, Él es el Salvador de los creyentes justos. Solo hay que mirar antes en la misma carta, donde Pablo habla de “Dios nuestro Salvador” (2:3) y dice que desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (v. 4). Debido a que Dios quiere que todos sean salvos, Él ha enviado a Cristo Su Hijo para que sea un rescate para todos (v. 6), ya que él es el mediador también entre Dios y los hombres, no solo los elegidos (v. 5). Aquí se ve exactamente lo que Pablo quiere decir cuando habla de Dios como “Salvador”. Dios es el Salvador de todos (y envió a Su Hijo como rescate por todos) en cuanto a que Él provee y desea que todos sean salvos, pero especialmente de los creyentes. en el sentido de que se aplica solo a los fieles (como se muestra en 4:10). Lo que es potencial o está disponible para todos, en realidad se convierte en una realidad para los creyentes.[10] Al afirmar que Él es el Salvador de todos los hombres se habla de provisión; al afirmar que Él es el Salvador, especialmente de los creyentes, habla de aplicación.[11] Sugerir, como afirman algunos calvinistas, que Dios es el “Salvador” de todos solo en alguna forma de “gracia común” en comparación con ser un verdadero Salvador de los elegidos, no está justificado. Sin duda, Dios es particularmente el Salvador de los creyentes, pero su papel como Salvador se relaciona tanto con los creyentes como con los no creyentes. En otras palabras, el tipo de Salvador es el mismo para ambos grupos. Además, la palabra griega para salvador aquí (soter) cuando se aplica a Dios la mayoría de las veces (si no siempre) hace referencia a la salvación, no a una simple gracia común. El apóstol Pablo aquí llama a Dios el ‘Salvador’ exactamente como lo hace en otros cinco lugares en sus epístolas (1 Timoteo 1:1, 2:3; Tito 1:3, 3:14), Es decir, siempre en el sentido de un salvador espiritual, no una mera gracia común extendida.[12]

En 1 Corintios 15, Pablo habla del “evangelio” que recibió y predicó. Las buenas nuevas de que “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (v. 3). Pablo dice que él y los otros apóstoles predican este mensaje (v. 11). Es decir, la buena noticia que predicaron los apóstoles fue que Cristo murió por “nuestros pecados”, los pecados del orador y los pecados de la audiencia. En esta predicación indiscriminada, los apóstoles no sabían nada de una expiación limitada. La predicación del evangelio, según Pablo, incluye o asume que Cristo murió por los pecados de todos aquellos a quienes les predicaban.[13] Pudieron proclamar honestamente que Cristo murió por todos. Debe tenerse en cuenta que Pablo predicó esto antes de la conversión de su audiencia. Este es el caso de un predicador que incluye a su audiencia no salvada con él en una declaración inclusiva. Lo más seguro es que no es una declaración de que murió solo por los pecados de aquellos que ya son creyentes, sino por todos.[14] Primera Corintios 15:3 es uno de los pasajes más fuertes que apoyan la expiación ilimitada.[15]

 

CONCLUSIÓN.

Uno puede ver cuán extraño es cuando los calvinistas se ven obligados a realizar una exégesis forzada para dar sentido a estos pasajes dados sus compromisos teológicos. Por ejemplo, la teóloga calvinista Loraine Boettner escribe: “[la Cruz] no era, entonces, un amor general e indiscriminado del cual todos los hombres son objetos por igual, sino un amor peculiar, misterioso e infinito para los elegidos, lo que hizo que Dios enviara a Dios. Hijo en el mundo para sufrir y morir”.[16] O cuando R.C. Sproul escribe: “[el] propósito o diseño [de la expiación] no incluye a toda la raza humana”.[17]

Contra el calvinismo, la narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31).

En contraposición al calvinismo, el apóstol Pablo, junto a todos los creyentes arminianos, enseñó que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él.

 

REFERENCIAS:

[1] Steve W Lemke, Whosoever Will: A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 202-204.

[2] Grant Osborne, Perspectives, 112.

[3] Robert Shank, Elect in the Son, 108.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 120.

[5] Robert Picirilli, Grace for All, 60.

[6] Jack Cottrell, The Faith Once For All, 184.

[7] John Wagner, Grace for All, xvi. See also Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 78.

[8] Robert Lightner, The Death of Christ, 142.

[9] Ben Witherington, Paul’s Letter to the Romans: A Socio-Rhetorical Commentary, 137.

[10] Howard Marshall, For All My Savior Died, 11.

[11] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 136.

[12] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 448.

[13] Hammett, Perspectives, 169.

[14] Howard Marshall, For All, For All My Saviour Died, 19.

[15] Allen, The Extent of the Atonement: A Historical and Critical Review, 710.

[16] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, 157.

[17] R. C. Sproul What Is Reformed Theology?: Understanding the Basics, 177.