Arminianismo Clásico, Calvinismo

Expiación Universal, más no incondicional

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN.

El Arminianismo afirma que Cristo llevó el pecado del mundo y Su expiación fue destinada, extendida y ofrecida a todos los hombres. Sin embargo, esto no significa que todos serán salvos. La expiación universal hecha por Cristo debe aplicarse al individuo; y esa aplicación está condicionada a la fe: Él salva a todos los que invocan su nombre con fe (Romanos 10:13). Cristo fue presentado como una propiciación, un sacrificio expiatorio, para todo el mundo (1 Juan 2:2) y, sin embargo, ese sacrificio expiatorio es efectivo por medio de la fe para la salvación (Romanos 3: 23-25).

 

EXPIACIÓN UNIVERSAL CONDICIONADA.

En sus ataques contra la teología arminiana, los calvinistas a veces argumentan que si Cristo murió por todos los hombres como enseña el arminianismo, entonces todos, de forma incondicional, serían salvos. Esta herejía, conocida como universalismo, nunca ha sido parte de la teología arminiana, sino más bien una acusación infundada hecha por los calvinistas a nuestra teología. Lo que el arminianismo sí enseña en realidad es que la expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y solo para los fieles de manera eficiente.[1] Los datos bíblicos apoyan tres líneas generales de pensamiento: (1) Cristo murió por todas las personas, demostrando que Su expiación está destinada, está disponible y es ofrecida a todos los hombres; (2), no todas las personas que han vivido, viven o vivirán en este mundo han sido o serán salvadas; (3), los beneficios de la expiación se aplican únicamente a los creyentes, imputándoles así la justicia de Cristo cuando son regenerados y justificados. De esta manera, la expiación es presentada en la Biblia como genuinamente diseñada y disponible para todos, pero únicamente aplicable a los creyentes. Es un perdón condicional. La expiación es, por lo tanto, efectiva en dos sentidos: Es suficiente para todos los hombres, y eficiente para los elegidos.[2] Pasajes como Juan 3:16 argumentan que la provisión para la salvación es universal (Dios amó al mundo), pero para que esto sea apropiado debe haber fe individual (quien crea). En otras palabras, la expiación es provisional hasta que se aplique, y sólo puede aplicarse con la condición de la fe y sobre la base de la unión con Cristo. Cuando se aplica, la expiación se vuelve eficaz.[3]

Por lo tanto, no es la realización de la expiación lo que es intrínsecamente salvífico; más bien, en virtud de la fe de un individuo, la expiación se aplica sobre él y éste es redimido de la maldición del pecado por los méritos de Cristo. La expiación se realizó para todos (1 Juan 2: 2), pero se aplica a través de la fe (Romanos 3:22, 25). La enseñanza arminiana clásica es que Cristo murió para proporcionar la salvación para todos, una disposición que es efectiva solo cuando se aplica a aquellos que creen.[4] Esta es la única manera de dar sentido a las palabras de Jesús cuando declara que su obra está consumada (Juan 19:30), pero luego Pablo afirma que los cristianos de Éfeso estaban muertos en sus pecados antes de creer aun cuando el sacrificio de Jesús ya había sido efectuado (Efesios 2:1-3). O de que a los corintios se les dice que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20) a pesar de que Él ya había reconciliado al mundo (2 Corintios 5:19).

La doctrina que afirma que la expiación es provisional para todos y se imparte condicionalmente a través de la fe no debería ser controvertida, ya que incluso la mayoría de los calvinistas sostienen que los elegidos no son salvos sin fe. En otras palabras, todos los puntos de vista están comprometidos con el hecho teológico de que la expiación aparte de la fe no salva. De lo contrario, los pasajes que hablan de que incluso los elegidos fueron enemigos de Dios (Romanos 10:10; Colosenses 1:21) e hijos de ira (Efesios 2: 3) serían inexplicables. Si la expiación ya se aplicó a estas personas elegidas desde su nacimiento, ya serían justificadas ante Dios y nunca enemigos o hijos de ira (incluso la fe sería superflua, pues ya serían salvas). Los calvinistas como William Shedd están de acuerdo con esto y escriben: “La expiación en sí misma, separada de la fe, no salva ningún alma… No es la realización de esta expiación, sino la confianza en ella lo que salva al pecador”.[5] El calvinista Norman Douty lo expresa de forma clara: “Sin estos actos [el arrepentimiento y la fe], incluso los elegidos solo son potencialmente los beneficiarios de estos beneficios”. Hasta entonces, “toda la obra salvadora de Cristo es solo suya potencialmente… Su muerte solo ha provisto estos beneficios para ellos; la aplicación de ellos está supeditada a su arrepentimiento y fe”.[6]

La fe (incluso si es irresistiblemente dada por Dios como sostiene el calvinista) todavía se requiere del individuo. Puede ser elegido incondicionalmente antes de la creación para hacerlo, pero el acto de la fe personal todavía es necesario para la salvación. La verdad bíblica de que la justificación, el perdón y la regeneración son por fe es una piedra angular del cristianismo. De modo que, tanto los calvinistas como los arminianos están comprometidos con la verdad teológica de que, sin la fe del individuo, la expiación no salvará ni podrá salvar a nadie. El problema con esto par el calvinista resulta evidente: Si esta perspectiva provisional es permitida para los elegidos en el calvinismo, entonces no hay nada incoherente o contradictorio en la aplicación de esta en un ámbito universal para el arminianismo. De hecho, eso es exactamente lo que enseña la Biblia.

 

LA BIBLIA ENSEÑA DE FORMA CONTUNDENTE LA EXPIACIÓN ILIMITADA

La doctrina arminiana de la expiación ilimitada, universal o general es bastante sólida bíblicamente. En artículos anteriores hemos dejado en claro que, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, sostienen el alcance universal de la expiación. Sin embargo, hay una serie de puntos auxiliares que asumen tácitamente una extensión universal de la expiación. Estos son:

(1.- LA OFERTA DE SALVACIÓN ES EXTENDIDA, DE BUENA FE, A TODOS LOS HOMBRES: Un fundamento sobre el cual sustentar la doctrina de la expiación general es el llamado general de Dios al arrepentimiento. Es decir, Dios llama a todos a volverse a Él y ser salvos (Isaías 45:22) mientras ofrece salvación a todos (Tito 2:11). Es Dios mismo llamando a todos los hombres al arrepentimiento y ofreciendo la salvación a todos (Hechos 17:30). No hay restricciones en la Gran Comisión (Mateo 28:19) y Dios incluso extiende sus manos y llama a todos, incluso a los que lo rechazan (Isaías 65: 2; Romanos 10:21; Jeremías 7:13; Oseas 11:1-2; Proverbios 1:24, etc.). El arminianismo es consistente con la enseñanza bíblica sobre este tema, lo cual no puede decirse del calvinismo. ¿Por qué no? Preguntémonos: En el calvinismo, ¿Es el llamado general de Dios y la oferta de salvación una oferta genuina? ¿Es este un acto genuino, sincero, auténtico de un Dios perfectamente moral? En el calvinismo, parece no serlo. El calvinista, lo quiera o no, está bromeando de forma cruel cuando dice que se ofrece salvación para todos y que todos pueden responder al llamado de Dios. Esto se debe a que Dios ha elegido incondicionalmente a quién salvar y a quién condenar en su ira. Esta fue la enseñanza defendida por Juan Calvino: No todos son creados iguales; algunos son creados para salvación, otros para la destrucción eterna. En el calvinismo Cristo no murió por aquellos creados para el tormento eterno, sino solo por los elegidos (expiación limitada). Pero ¿Sería Dios justo, santo, bueno, verídico y fiel a Su carácter si llamara y ofreciera algo que Él no puede dar, pues nunca estuvo en sus planes hacerlo? ¿Sería Dios fiel a su carácter si responsabilizara a las personas por rechazar algo que de hecho no está disponible para ellos? ¿Sería Dios fiel a Su carácter si hiciera a las personas culpables por hacer lo que fueron creadas para hacer, según su soberano, ineludible y eterno decreto? ¿Concuerda con el carácter de Dios el condenar a seres a quienes les ha negado la capacidad de responder a su llamado al arrepentimiento? Como se puede ver fácilmente, la expiación limitada pone el carácter de Dios en una posición precaria. La expiación general, por el contrario, encaja perfectamente con el texto bíblico. Dios extiende su llamado y ofrece a todos la oportunidad de arrepentirse: “El Señor… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9). Él ha hecho una provisión real y fidedigna para la humanidad. Por lo tanto, se responsabiliza a las personas por rechazar algo que Dios ha puesto a su disposición, y son responsables porque son capaces de responder al llamado universal de Dios (Juan 12:32). Dios ama a todos y no creó individuos destinados para el tormento eterno; más bien, desea que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

(2.- SEGURIDAD CONDICIONAL: Otra doctrina que presupone una expiación ilimitada es la doctrina de la seguridad condicional (Mateo 18: 23-35; Lucas 8: 11-15; Juan 15: 1-6; Romanos 11: 17-23; 2 Timoteo 2:12; Hebreos 6:4-8; 10: 26-31; 2 Pedro 2: 20-22; Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11). El hecho de que individuos que una vez creyeron puedan separarse luego del Señor y caer de la vida eterna que está en el Hijo, refuerza aún más la idea de una expiación provisional y universal. Esto se debe a que las personas que posterior a su conversión se alejaron, verdaderamente habían experimentado en sus vidas los efectos salvíficos de la expiación de Cristo y participaron del Espíritu Santo mientras creían. Sin embargo, cuando apostataron, renunciaron a esos beneficios y, por lo tanto, “negaron al Señor que los compró” (2 Pedro 2:1). En este caso, la expiación pasó de ser hecha y aplicada a ciertos creyentes, para luego ser retenida de ellos en virtud de su incredulidad posterior. De modo que, si la salvación puede ser poseída genuinamente por una persona y luego perdida por causa de la apostasía total, esto implicaría una expiación de carácter universal; ya que se extiende provisionalmente a todos, pero su aplicación está supeditada a la fe sostenida (1 Pedro 1:5). Mirando brevemente la Parábola del Siervo Despiadado en Mateo 18, esto se puede ver claramente. El sirviente no puede pagarle a su señor, y más tarde cae de rodillas y le pide más tiempo para hacer los pagos. El señor siente compasión por él y lo perdona de la gran deuda en su totalidad (v. 27). Lamentablemente, el sirviente pasa a actuar sin misericordia con los demás. El señor dice: “Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?” (V. 32-33). Luego, el sirviente es entregado a los acreedores hasta que pague todo lo que debe (v. 34). Jesús advierte que lo mismo se hará incluso a sus discípulos si actúan de la misma manera. La parábola es bastante explícita en el sentido de que una persona puede estar en un estado de perdón, luego perderá ese perdón y tendrá que pagar sus propias deudas. Esto no tendría sentido en una expiación limitada e incondicional, pero sí lo tiene en una expiación de carácter universal y provisional (con seguridad condicional).[7]

(3.- EVIDENCIA HISTÓRICA CONSENSUAL: Un último punto suplementario es el hecho de que la iglesia cristiana primitiva (todos los Padres de la Iglesia antes de Agustín, quizás incluso Agustín incluido) creyeron y sostuvieron la expiación universal.[8] El teólogo Roger Olson escribe: “La gran mayoría de los cristianos a través de los siglos, incluidos todos los padres de la iglesia de los primeros cuatro siglos… creyeron en la expiación universal”.[9] David Allen, en su magistral libro que da una revisión histórica de la doctrina de la expiación ilimitada, escribe: “La expiación limitada [en oposición a la expiación general o ilimitada] es una doctrina nueva en la historia de la iglesia”.[10] Lightner dice que hasta la Reforma del siglo XVI “la visión predominante y en su mayor parte indiscutible de la muerte de Cristo era que esta constituía un sacrificio provisional para toda la humanidad, salvífico solo para aquellos que creían”.[11] Hammett lo expresa sin rodeos: “En general, la posición mayoritaria en la historia cristiana está decididamente del lado de la Expiación universal”.[12] Para aquellos que dan peso a los teólogos de la iglesia primitiva, muchos de los cuales fueron enseñados directamente por los apóstoles o por aquellos que conocieron a los apóstoles, este es un golpe serio contra la expiación limitada enseñada por el calvinismo.

 

CONCLUSIÓN

Dada la evidencia examinada, parecería que cualquier soteriología que se precie de ser seria, y bíblica, debería aceptar la doctrina de la expiación ilimitada de Cristo; es decir, una expiación de alcance universal pero eficaz únicamente para los fieles. La posición no solo toma en serio la gran cantidad de pasajes que hablan de una expiación universal realizada por Cristo, mediante la cual pagó el precio por el pecado del hombre y probó la muerte por cada persona, sino que también responde de manera convincente a cualquier objeción presentada en su contra. Arminio lo resume claramente cuando escribe: “Cristo se ofreció en lugar de todos los hombres universalmente… y no en el lugar de los elegidos solamente”.[13] Concluye diciendo que la expiación “se obtuvo para todo el mundo, y para todos y cada hombre; pero se aplica solo a los creyentes y a los elegidos.”[14]

Por lo tanto, la posición bíblica (y de hecho, arminiana) afirma correctamente que Cristo verdaderamente es la propiciación para el mundo entero (1 Juan 2:2); El es el Salvador del mundo (1 Juan 4:14) y para todas las personas (1 Timoteo 4:10), ya que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11); Él probó la muerte para todos (Hebreos 2:9) y está reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19); Él quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y se ofreció en rescate por todos (1 Timoteo 2: 6); su muerte es para todos (2 Corintios 5: 14-15) y él ofrece justificación para todos (Romanos 5:18); el pan de vida es dado al mundo (Juan 6:33, 51) y su expiación se hace incluso para aquellos que lo niegan (2 Pedro 2:1) y para aquellos que luego apostatarán (Hebreos 10:26, 1 Corintios 8:11, Romanos 14:15). La Biblia es clara en su presentación de una expiación universal, que se hace, se ofrece, se extiende y se proporciona para todos (1 Corintios 15:3), pero es eficaz y se aplica solo a los fieles (Romanos 3:22, 25).

 

REFERENCIAS:

[1] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

[2] Robert Shank, Elect In The Son, 71.

[3] Forlines, Classical Arminianism, 234.

[4] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 100.

[5]  William Shedd, Dogmatic Theology, II:440.

[6] Norman Douty, The Death of Christ, 43.

[7] Shank, Life in the Son, 39.

[8] Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 79.

[9] Olson, Against Calvinism, 152.

[10] David Allen, The Extent of the Atonement, 767.

[11] Lightner, 9. FIX*** (Israel of God, 9).

[12] Hammett, Perspectives, 158.

[13] Jacob Arminius, Works, III:332.

[14] Jacob Arminius, Works, III:425.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La Expiación General en el Antiguo Testamento

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31). Pero esta doctrina no es exclusiva del Nuevo Testamento. La Expiación Ilimitada, general o universal, es enseñada también en el Antiguo Testamento.

EL ANTIGUO PACTO SEÑALA HACIA UNA EXPIACIÓN GENERAL, NO LIMITADA.

La naturaleza ilimitada, provisional y condicional de la expiación de Cristo puede vislumbrarse incluso en los tipos y figuras del Antiguo Testamento. Esto no tiene nada de extraño, ya que el viejo pacto era sombra y figura de lo que había de venir (Colosenses 2:17). Tres de esos tipos proféticos, en particular, nos ayudan a desentrañar mejor el alcance y la aplicación de la propiciación de Cristo.

El Cordero de la Pascua:

Muchas veces se menciona a Jesús como el “Cordero” sacrificial, un cordero que fue sacrificado por el mundo (Juan 1:29; 1 Corintios 5: 7; 1 Pedro 1:19; Apocalipsis 5:12). Esto es seguramente en referencia al cordero de la Pascua en Éxodo 12, donde la disposición de la expiación y la posterior aplicación se llevan a cabo maravillosamente. En esta interacción, Dios le ordena al pueblo de Israel que mate a un cordero como un sacrificio para evitar su ira. Curiosamente, la nación de Israel no solo debía matar al cordero del sacrificio (v. 6), sino también comérselo y aplicar su sangre a los postes de la puerta (v. 7). La sangre aplicada era una cobertura que guardaba a Israel de la ira de Dios (v. 13) derramada sobre Egipto y sobre aquellos de Israel que se negaran a cumplir con dicho ritual. El punto crucial es que la simple muerte del cordero no protegía a Israel: Cada hogar no solo tenía que matar al cordero, sino también aplicar su sangre, de lo contrario, la ira de Dios se vería afectada por ellos.

Nótese lo bien que esto corresponde con lo que se enseña en el Nuevo Testamento acerca de Cristo y su obra expiatoria. Él es el Cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) y es una propiciación para todos (1 Juan 2:2); pero esta propiciación es para aquellos que creen (Romanos 3:22, 25). En sí misma, la sangre de Cristo no salva a nadie, debe ser aplicada a través de la fe. La expiación es provisional para todos, eficaz sólo para los fieles.

Éxodo 12 es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben distinguirse. La sangre del cordero pascual muerto se volvió eficaz solo después de que se aplicó. La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tuvo que aplicarse.[1]  Incluso el renombrado calvinista A. W. Pink está de acuerdo con esto. En su comentario de Éxodo escribe: “Un Salvador provisto  no es suficiente: debe ser  recibido . Debe haber ‘fe’ en Su sangre ‘(Romanos 3:25), y la fe es algo personal… Debo por la fe tomar la sangre y refugiarme debajo de ella.” [2]

Pink señala correctamente que la Pascua es “uno de los más sorprendentes… presagios de la obra de la Cruz de Cristo que se encuentran en cualquier parte del Antiguo Testamento, [y] es un claro ejemplo del principio de que la Expiación y su aplicación deben ser distinguido. La sangre del cordero pascual muerto… se volvió eficaz solo después de que se aplicó al poste de la puerta según las instrucciones… La muerte del cordero no salvó a nadie: la sangre tenía que aplicarse.”[3]

La Serpiente de Bronce:

En Números 21, el pueblo de Israel se impacientó con Moisés y con Dios, y se manifestó contra ellos en rebelión. Dios envió serpientes venenosas en medio de ellos como una forma de juicio por su comportamiento pecaminoso. Los israelitas rebeldes estaban siendo mordidos y muriendo. Después de que Moisés intercede por el pueblo, Dios responde ordenándole que ponga una serpiente de bronce en un palo. Dios dijo que todo el que fuere mordido, cuando mirare la serpiente bronce, viviría (v. 8).

De nuevo, nótese cuidadosamente la provisión hecha aquí por Dios. El medio de sanidad (la serpiente de bronce) fue dado y puesto a disposición de toda la nación de Israel. Todos habían sido mordidos por las serpientes venenosas (representando el pecado) y Dios había hecho una provisión para todos. Aun así, la disposición tenía que ser aplicada por el individuo mirando a la serpiente de bronce; sólo entonces vivirían. La limitación para Israel no estaba en la provisión de la serpiente de bronce (fue dada para todo Israel); más bien, la limitación estaba en la aplicación: solo los que dirigían su mirada hacia ella vivían. Había un remedio para todo Israel, y serían sanados si solo miraran. Hay un remedio en la muerte de Cristo para todos, y serán salvos si solo creen.[4]

Este pasaje es referido por el mismo Jesús: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:14-15). Jesús se ofrece a sí mismo como una provisión universal, condicionada a la creencia. La naturaleza universal se ve en el famoso pasaje de Juan 3:16, donde el amor de Dios por el mundo lo motiva a enviar a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:17) a través de la fe. Cuando Jesús es elevado como la serpiente de bronce, atrae a “todos los hombres” a sí mismo (12:32). Provisional para todos, eficaz para los fieles.

El Sumo Sacerdote

En el Antiguo Testamento, Dios ordenó que los sacerdotes designados llevaran a cabo un sistema de sacrificios para hacer expiación por los pecados del pueblo. Esto incluyó el llamado “Día de la Expiación” (Yom Kippur), que permitía al sumo sacerdote entrar al Lugar Santísimo (Levítico 16). Esto lo hacía el sumo sacerdote para realizar expiación por sí mismo y por la gente (v. 24) a fin de que el pueblo se limpiara de sus pecados ante el Señor (v. 30). Esto se hacía anualmente tanto por los sacerdotes como para todas las personas de la asamblea (v. 33). Hebreos 9:7 dice: “pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo”.

Obsérvese que la expiación era hecha para toda la nación, para todo Israel. Indiscutiblemente, la disposición del Antiguo Testamento para el pecado y la salvación fue para todo Israel, no para un grupo elegido y especial entre ellos. La desobediencia y la incredulidad fueron las únicas barreras que separaron a todos los israelitas de la gracia de Dios.[5] La reconciliación y las ofrendas por el pecado fueron para “todo Israel” (2 Crónicas 29:24; Esdras 8:25; Malaquías 4: 4). Sin embargo, uno tenía que permanecer como parte integrante de la nación de Israel para obtener esos beneficios. Y, sin lugar a duda, existían las condiciones para formar parte de, y permanecer, ‘en Israel’. Por ejemplo, si un hombre no fue circuncidado, sería separado del pueblo (Génesis 17:14); si alguien comía pan con levadura en ciertos días, sería “cortado de Israel” (Éxodo 12:15); el mal uso de varios aceites o perfumes resultó en ser separado del pueblo (30:33, 38); profanar el sábado (31:14); comer ciertas cosas (Levítico 7:20, 21, 25, 27) y cometer ciertos actos considerados abominables (18:29) provocarían ser excluidos de la congregación de los hijos de Israel; incluso Dios advierte que una persona de Israel puede ser separada de su presencia (22: 3). Números 15:30 resume bien este principio: Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo.”

Ser “cortado” no solo significaba la exclusión de un individuo de la congregación de Israel (y la salvación), sino que a veces también la destrucción inmediata. En Levítico 23:29-30, Dios declara que, si los del pueblo de Israel le son infieles, no solo serán cortados, sino que perecerán por completo. Dios pondrá Su rostro contra ellos y serán derribados por sus enemigos (26:17); perecerán entre las naciones (Levítico 26:38; Deuteronomio 8: 19-20). La nación fue llamada a ser el pueblo elegido de Dios, pero con eso se les ordenó también observar todas los estatutos y los mandamientos de Dios, de lo contrario serían maldecidos (11: 26-31) y luego serían destruidos, consumidos y perecerían (28: 20-24). Claramente, ser descendiente de Abraham no conllevaba ninguna garantía de que una persona permanecería entre el pueblo del pacto de Dios sin tener en cuenta su fe y su fidelidad al pacto de Dios.[6] Sin embargo, si el individuo infiel confiesa sus pecados y se humilla a sí mismo ante Dios, su fidelidad y compasión le permitirán regresar a Israel y los beneficios subsiguientes se volverán a aplicar (Levítico 26: 40-45).

El punto aquí es claro: mientras que Dios elige incondicionalmente a la nación corporativa de Israel como su pueblo, la participación en esa nación estaba supeditada a la obediencia. Ningún individuo fue posicionado incondicionalmente en Israel. Además, debe notarse que cualquier persona fuera del Israel étnico podría unirse a la comunidad y convertirse en israelita a través de la circuncisión y la obediencia (Génesis 17:12-13; Éxodo 12:48). Desde el principio, cualquier gentil podría convertirse en un judío de pleno derecho, profesando fe en el Dios de Abraham y siendo circuncidado. No existía ninguna barrera racial para evitar que los gentiles se convirtieran en participantes plenos en las promesas del pacto.[7] De hecho, aparentemente existía la posibilidad de salvación fuera del Israel étnico si uno estaba buscando fielmente a Dios (por ejemplo, Melquisedec, Job, Rahab, etc.).

Volviendo al caso del sumo sacerdote y al Día de la Expiación mencionados anteriormente, el sumo sacerdote hacía expiación por todo Israel, pero los efectos de la misma sólo se aplicaban a los obedientes, a los fieles. Este sistema del Antiguo Testamento era solo una sombra de las cosas por venir; un simple vistazo de lo que se encuentra en Jesucristo, que es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 3: 1). Él es un “sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (5:6; 5:10; 6:20; 7:17; 8:1). Los viejos sacerdotes tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de interceder por la nación, y debido a su mortalidad, tenían que ser reemplazados constantemente. Jesús tiene su sacerdocio eterno e inmutable (7:24) y, por lo tanto, vive para siempre para interceder por nosotros (7:25). Su muerte fue de una vez por todas por su propia sangre (7:27), un sacrificio realizado una vez y para siempre (10:12). Cristo fue tanto el sacerdote como el sacrificio por nuestros pecados, cuando entró en el cielo delante del Padre. Como los sumos sacerdotes del viejo pacto, que hacían expiación por todo Israel, también Cristo purificó los pecados y probó la muerte para todos  (1: 3; 2: 9). Su propiciación fue para todo el mundo (2:17; 9:28; 1 ​​Juan 2: 2; Juan 1:29; 1 Timoteo 2: 6). Aquí se ve cómo Jesús cumple con la sustancia misma de la expiación del Antiguo Pacto, que nunca podía quitar los pecados. Jesús inicia un nuevo sistema de sacrificios en el Nuevo Pacto mientras asume el papel de sumo sacerdote, para siempre. Nótese el fascinante paralelo:

  • El sumo sacerdote del Antiguo Testamento ofreció expiación por todo Israel. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe estar “en Israel” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Israel” a través de la obediencia (fe). Era una provisión de expiación para la nación, eficaz para los obedientes (fieles).
  • El sumo sacerdote del Nuevo Testamento (Jesús) ofrece expiación para todas las personas, por el mundo entero. Sin embargo, para que los beneficios de la expiación sean eficaces, cada individuo debe permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe), y permanecer “en Cristo” a través de la obediencia (fe). Es una provisión de expiación para el mundo, pero eficaz solo para los obedientes (fieles).

CONCLUSIÓN.

Habiendo examinado estos tres ejemplos del Antiguo Testamento, todos los cuales se aplican de diversas maneras a Cristo, la naturaleza provisional ilimitada de la expiación queda clara, junto con su aplicación condicional: La expiación es eficaz para todos los hombres potencialmente, para ningún hombre incondicionalmente, y para el Israel de Dios de manera eficiente.[8] Cristo es el Cordero que fue inmolado por todos, la provisión fue hecha para todos y el Sumo Sacerdote que hizo la propiciación la efectuó por todos.

 

REFERENCIAS:

[1] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 427.

[2] A.W. Pink, Gleanings in Exodus, 84.

[3] Pink, Gleanings in Exodus, 88.

[4] David Allen, The Extent of the Atonement, 692-693.

[5] Dave Hunt, What Love is This?, 298.

[6] Palmer Robertson, The Israel of God, 36.

[7] Robertson, The Israel of God, 35

[8] Robert Shank, Elect in the Son, 86.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Las Cartas Paulinas y la expiación general

Por: Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

Los arminianos sostenemos la doctrina de la Redención universal o expiación general. La obra redentora de Cristo brinda a todos los hombres la oportunidad de ser salvos. Sin embargo, a pesar de que Cristo murió por todos los hombres, sólo los que creen en él son salvados. Su muerte es suficiente para la salvación de todos los hombres, pero sólo eficaz en los que creen. Pero esta no es una doctrina inventada por los arminianos, las Escrituras enseñan que el sacrificio del Cordero de Dios incluyó el pecado del mundo (Juan 1:29) y que la obra de redención (1 Timoteo 2:6; 2 Pedro 2:1), reconciliación (2 Corintios 5:19), y propiciación (1 Juan 2:2) del Salvador fue efectuada a favor de toda la humanidad (1 Timoteo 4:10). Esta doctrina bíblica (conocida como Expiación Ilimitada, general o universal) es enseñada de forma clara también en las cartas de Pablo.

 

LA EXPIACIÓN GENERAL EN LAS CARTAS DE PABLO.

El apóstol Pablo enseñó en sus epístolas la doctrina de la Expiación Universal, ilimitada o general. Pablo escribe en su segunda carta a los corintios: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.“(2 Corintios 5: 14-15). De acuerdo con Pablo, Cristo murió por todos porque todos murieron en Adán (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22) y están muertos en el pecado (Efesios 2: 1; Colosenses 2:13). Simplemente todos han muerto en Adán en virtud de su liderazgo representativo, por lo que Cristo murió por todos ya que es el segundo Adán (1 Corintios 15:45). El primer Adán trajo la muerte a todos a través de la naturaleza humana, mientras que el último Adán trajo la vida a todos a través de la fe (Romanos 5: 17-18).  Después de enseñar la extensión universal de la expiación de Cristo (Romanos 5: 8; 1 Corintios 15:3), Pablo continúa hablando de las implicaciones de la aplicación posterior de esa expiación universal para “los que viven” (v. 14). Los que “viven” son nuevas criaturas, en Cristo (v. 17), a través de la fe (Juan 20, 31).

Más adelante en el mismo capítulo, Pablo dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo ” (5:19). Aquí Pablo habla del ministerio de reconciliación (v. 18) dado a los apóstoles por Dios. Este ministerio es “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” (v. 19). El alcance universal de la salvación de Dios puede notarse claramente en este pasaje.

Por supuesto, Pablo no está enseñando que todos se reconcilian de manera salvífica. Sin embargo, hay un sentido de una reconciliación objetiva que se enseña aquí: Cristo murió por todos. Pero también una reconciliación subjetiva: Dicha reconciliación debe ser recibida por la fe. Por esta razón, Pablo continúa diciendo: “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (v. 20). La expiación ilimitada (a través de la cual Cristo murió por todos) debe ser apropiada individualmente; es decir, cada persona debe obtener este objetivo de reconciliación universal de Cristo a través de la fe para reconciliarse con Dios de manera subjetiva e individual.

En Romanos 5: 15-21, Pablo escribe extensamente sobre el don gratuito de la salvación que aporta justicia y justificación, y lo compara con la transmisión del pecado de Adán. Lo que es de particular importancia en este pasaje es el alcance universal que ambos individuos tienen sobre la humanidad. Pablo usa a Adán y a Cristo como dos paralelos para mostrar el alcance ilimitado que ambos tienen en el hombre. De hecho, a Adán se le llama el “primer Adán” y Cristo el “segundo Adán” (1 Corintios 15:45). Pablo explica cómo el pecado y la muerte pasaron de Adán al resto de la humanidad: El pecado vino al mundo a través de un hombre, y la muerte vino por el pecado (Romanos 5:12). Luego compara la muerte ocasionada por el pecado de Adán con la oferta universal de Cristo del don gratuito de gracia en virtud de su sacrificio expiatorio (v. 15, 18).

Algunos calvinistas seguramente llamarán la atención sobre la palabra “muchos” usada en Romanos 5:15, “Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.”, queriendo indicar que la expiación fue efectuada por muchos, pero no por todos. Sin embargo, debe notarse que, aunque Pablo usa la palabra “muchos” en el v. 15, esta seguramente debe entenderse como toda la humanidad. Como la mayoría de los teólogos reconocen, “muchos” y “todos” se usan a menudo como sinónimos, como es el caso aquí. Esto se demuestra en el contexto anterior, donde Pablo dice que “la muerte se extendió a todos los hombres” debido al pecado (v. 12) y los “muchos murieron” (v. 15). Todos murieron porque la muerte se extendió a todos; todos nacen muertos en el pecado (Efesios 2: 3; Colosenses 2:13). Esto no tiene por qué ser un punto de discusión, ya que incluso Juan Calvino entendió este punto bíblico.

En numerosos pasajes que hablan de “muchos”, Calvino reconoció que el autor usó “muchos” como sinónimo de “todos”. Incluso compara muchos de estos pasajes con Romanos 5:15. Acerca de la expresión “muchos” que se usa en Mateo 20:28, Calvino dice: “Muchos se usa, no para un número definido, sino para un gran número, en el sentido de que se pone a sí Mismo contra todos los demás. Y este es el significado también en Romanos 5:15, donde Pablo no está hablando de una parte de la humanidad, sino de toda la raza humana”. Con respecto a los famosos pasajes de Isaías 53:12 que hablan del Mesías que cargó con los pecados de “muchos”, Calvino dice: “Él solo soportó el castigo de muchos, porque sobre él se impuso la culpa de todo el mundo. Es evidente a partir del quinto capítulo de la Epístola a los Romanos, que “muchos” a veces denota todos”. De Hebreos 9:28, dice: “Él dice muchos significando todos, como en Romanos 5:15” y “la palabra muchos es a menudo equivalente a todos” Finalmente, en Marcos 14:24, Calvino explica: “la palabra ‘muchos’ no significa solo una parte del mundo, sino toda la raza humana”.[1]

A través de la transgresión de Adán, hay una condena universal para todos, pero a través de la muerte expiatoria de Cristo, existe el regalo universal gratuito disponible para todos (Romanos 5:16). El poderoso pasaje de Romanos 5:12-21 no se basa en una distinción entre el reprobado y el elegido, sino en los efectos universales de Adán y Cristo para cada individuo; condena y justificación son las dos opciones de vida para todas las personas.[2] Pablo es quien mejor explica la relación simétrica y paralela entre la imputación del pecado de Adán y la expiación de Cristo en Romanos. Esto muestra un contraste en los resultados de los dos hombres: el don de la justicia versus la muerte, manteniendo la extensión universal en ambos casos. Sin embargo, mientras que, a través de Adán, la muerte se imparte a todos, ya que todos nacen por naturaleza como hijos de ira (Efesios 2: 3), a través de la expiación de Cristo, existe una justificación para todos los hombres, porque “si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.“(v. 17). En otras palabras, Pablo dice que recibir el regalo es necesario para experimentar la gracia de Dios. A diferencia del pecado de Adán, que se transmite a todos de manera inherente, el don gratuito de Cristo requiere aceptación. En Romanos 5:18, Pablo afirma una expiación y reconciliación universales que comprenden a todos los hombres, pero la actuación de la expiación universal para los hombres individualmente está supeditada a la apropiación personal (v.17).[3]

A través del pecado de Adán, la humanidad está bajo condenación y está espiritualmente muerta (v. 17-18). En contraste, a través de la muerte expiatoria de Jesús, existe el don de la justicia para todos, que depende solo de su recepción (v. 17-18). El pecado y la muerte están presentes en la humanidad, pero la gracia de Dios abunda y desborda aún más (v. 15, 20). La expiación universal está fuertemente respaldada por la indicación bíblica de que la disposición es tan amplia como el pecado.[4] La provisión o base para la justificación y la vida está hecha para todos, de modo que “todos” abarca a toda la humanidad.[5] Si podemos aceptar el hecho de que el pecado de un simple hombre ha traído el pecado y la muerte a todo el mundo, seguramente podemos creer que la muerte expiatoria del Hijo de Dios ha traído la salvación a todo el mundo.[6]

En virtud tanto del primer Adán como del segundo Adán (Cristo), existen profundas implicaciones para la raza humana: la muerte y el pecado universales, y la gracia universal obtenida a través de la aceptación del sacrificio expiatorio de Cristo. La obra salvadora de Cristo es pertinente para toda la raza humana, como lo fue la obra de Adán, y por lo tanto se ofrece a todos los pecadores.[7] A través del único acto de desobediencia de Adán, toda la raza humana se convirtió en receptora del pecado, y mediante un acto de obediencia, el último Adán trajo el don de la justicia a toda la raza humana. La desobediencia de uno fue co-extensiva con la obediencia del otro.[8]

De hecho, anteriormente en el mismo capítulo, Pablo escribe que Cristo murió por los impíos (Romanos 5:6). Uno de los puntos principales de Pablo en los capítulos anteriores fue que toda la humanidad está bajo pecado (3:9), y todos estamos destituidos de la gloria de Dios por causa del pecado (3:23) y no hay nadie justo (3:10). Así, cuando Pablo continúa hablando de los impíos, seguramente está hablando de la misma categoría, a saber, toda la humanidad. De esta manera, Cristo murió por los impíos; murió por todos. Pablo es claro al indicar que Cristo murió por los impíos, incluso murió por sus enemigos. Cristo actuó como parte del plan designado por Dios, que tenía como objeto toda la raza humana, ya que todos han pecado y no han alcanzado la gloria de Dios.[9] Esto puede compararse con Lucas 19:10 que dice que “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”, donde lo perdido es toda la humanidad bajo el pecado.

Uno de los versos más singulares sobre el tema se encuentra en la primera carta de Pablo a Timoteo. Él escribe, “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” (1 Timoteo 4:10). Aquí Pablo ayuda a desentrañar diferentes matices de Dios como Salvador. En un sentido, Dios es el Salvador de todos los hombres; pero en otro sentido, Él es el Salvador de los creyentes justos. Solo hay que mirar antes en la misma carta, donde Pablo habla de “Dios nuestro Salvador” (2:3) y dice que desea que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (v. 4). Debido a que Dios quiere que todos sean salvos, Él ha enviado a Cristo Su Hijo para que sea un rescate para todos (v. 6), ya que él es el mediador también entre Dios y los hombres, no solo los elegidos (v. 5). Aquí se ve exactamente lo que Pablo quiere decir cuando habla de Dios como “Salvador”. Dios es el Salvador de todos (y envió a Su Hijo como rescate por todos) en cuanto a que Él provee y desea que todos sean salvos, pero especialmente de los creyentes. en el sentido de que se aplica solo a los fieles (como se muestra en 4:10). Lo que es potencial o está disponible para todos, en realidad se convierte en una realidad para los creyentes.[10] Al afirmar que Él es el Salvador de todos los hombres se habla de provisión; al afirmar que Él es el Salvador, especialmente de los creyentes, habla de aplicación.[11] Sugerir, como afirman algunos calvinistas, que Dios es el “Salvador” de todos solo en alguna forma de “gracia común” en comparación con ser un verdadero Salvador de los elegidos, no está justificado. Sin duda, Dios es particularmente el Salvador de los creyentes, pero su papel como Salvador se relaciona tanto con los creyentes como con los no creyentes. En otras palabras, el tipo de Salvador es el mismo para ambos grupos. Además, la palabra griega para salvador aquí (soter) cuando se aplica a Dios la mayoría de las veces (si no siempre) hace referencia a la salvación, no a una simple gracia común. El apóstol Pablo aquí llama a Dios el ‘Salvador’ exactamente como lo hace en otros cinco lugares en sus epístolas (1 Timoteo 1:1, 2:3; Tito 1:3, 3:14), Es decir, siempre en el sentido de un salvador espiritual, no una mera gracia común extendida.[12]

En 1 Corintios 15, Pablo habla del “evangelio” que recibió y predicó. Las buenas nuevas de que “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (v. 3). Pablo dice que él y los otros apóstoles predican este mensaje (v. 11). Es decir, la buena noticia que predicaron los apóstoles fue que Cristo murió por “nuestros pecados”, los pecados del orador y los pecados de la audiencia. En esta predicación indiscriminada, los apóstoles no sabían nada de una expiación limitada. La predicación del evangelio, según Pablo, incluye o asume que Cristo murió por los pecados de todos aquellos a quienes les predicaban.[13] Pudieron proclamar honestamente que Cristo murió por todos. Debe tenerse en cuenta que Pablo predicó esto antes de la conversión de su audiencia. Este es el caso de un predicador que incluye a su audiencia no salvada con él en una declaración inclusiva. Lo más seguro es que no es una declaración de que murió solo por los pecados de aquellos que ya son creyentes, sino por todos.[14] Primera Corintios 15:3 es uno de los pasajes más fuertes que apoyan la expiación ilimitada.[15]

 

CONCLUSIÓN.

Uno puede ver cuán extraño es cuando los calvinistas se ven obligados a realizar una exégesis forzada para dar sentido a estos pasajes dados sus compromisos teológicos. Por ejemplo, la teóloga calvinista Loraine Boettner escribe: “[la Cruz] no era, entonces, un amor general e indiscriminado del cual todos los hombres son objetos por igual, sino un amor peculiar, misterioso e infinito para los elegidos, lo que hizo que Dios enviara a Dios. Hijo en el mundo para sufrir y morir”.[16] O cuando R.C. Sproul escribe: “[el] propósito o diseño [de la expiación] no incluye a toda la raza humana”.[17]

Contra el calvinismo, la narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31).

En contraposición al calvinismo, el apóstol Pablo, junto a todos los creyentes arminianos, enseñó que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él.

 

REFERENCIAS:

[1] Steve W Lemke, Whosoever Will: A Biblical-Theological Critique of Five-Point Calvinism, 202-204.

[2] Grant Osborne, Perspectives, 112.

[3] Robert Shank, Elect in the Son, 108.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 120.

[5] Robert Picirilli, Grace for All, 60.

[6] Jack Cottrell, The Faith Once For All, 184.

[7] John Wagner, Grace for All, xvi. See also Terry Miethe, The Grace of God and the Will of Man, 78.

[8] Robert Lightner, The Death of Christ, 142.

[9] Ben Witherington, Paul’s Letter to the Romans: A Socio-Rhetorical Commentary, 137.

[10] Howard Marshall, For All My Savior Died, 11.

[11] Picirilli, Grace, Faith, Free Will, 136.

[12] Laurence Vance, The Other Side of Calvinism, 448.

[13] Hammett, Perspectives, 169.

[14] Howard Marshall, For All, For All My Saviour Died, 19.

[15] Allen, The Extent of the Atonement: A Historical and Critical Review, 710.

[16] Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, 157.

[17] R. C. Sproul What Is Reformed Theology?: Understanding the Basics, 177.