Exégesis, hermenéutica y crítica al uso sionista-cristiano de Sal 122:6-9
Por Fernando E. Alvarado
Resumen
Durante décadas, el Salmo 122:6-9 ha sido esgrimido en buena parte del evangelicalismo contemporáneo como un mandato divino: orar sin descanso por el Estado de Israel y respaldar, sin hacer preguntas, sus políticas (1). Este artículo sostiene que esa lectura es una extrapolación hermenéutica. Arranca el texto de su suelo, lo pone al servicio de un sistema teológico-político moderno —el sionismo cristiano de raíz dispensacionalista— y contradice la naturaleza misma del salmo: un cántico de peregrinación de la comunidad del antiguo pacto (2). Mediante un análisis exegético del hebreo, una contextualización histórica y canónica, y una evaluación teológica desde la gracia, se muestra que el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por un Estado-nación moderno ni legitima el apoyo irrestricto a sus acciones (3). Bajo la gracia, la exhortación apostólica de 1 Timoteo 2:1-2 ensancha el horizonte de la intercesión hasta abrazar a «todos los hombres», israelíes y palestinos por igual (4). La conclusión es clara: ser fieles al texto exige rechazar toda instrumentalización del salmo al servicio de agendas geopolíticas y recuperar su sentido original, una oración por el shalom integral de una ciudad concreta, dentro de una comunidad pactual que reconocía la soberanía de Dios sobre toda nación (5).
Palabras clave: Salmo 122, shalom, sionismo cristiano, dispensacionalismo, exégesis, teología de la gracia, hermenéutica bíblica, Israel, Palestina.

1. Introducción
En innumerables congregaciones evangélicas se ha vuelto costumbre recitar o cantar el Salmo 122:6-9 como fundamento para orar «por la paz de Jerusalén», entendida como la seguridad y la prosperidad del moderno Estado de Israel (6). «Orar por Israel» se presenta como un deber ineludible del creyente. Y quien se atreve a cuestionar el respaldo acrítico a las políticas del Estado judío suele recibir etiquetas conocidas: «teología del reemplazo», antisemitismo, desobediencia a la Escritura (7).
Conviene decirlo desde el principio: este artículo no niega que la oración por el bienestar de Jerusalén y de Israel tenga un lugar legítimo en la devoción cristiana. Lo que cuestiona es otra cosa. Cuestiona que un texto poético del antiguo pacto se convierta en mandato normativo para el creyente del nuevo pacto, y que ese texto quede subordinado a un sistema teológico-político —el sionismo cristiano— que lo usa para justificar un apoyo incondicional a un proyecto estatal moderno (8). El propósito es demostrar, con rigor exegético, que el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por el Estado de Israel ni una licencia para cerrar los ojos ante sus pecados, y que la perspectiva neotestamentaria de la gracia amplía el mandato intercesor a todos los seres humanos, sin excepción (9).
2. Análisis exegético de Salmo 122:6-9
2.1. Contexto literario y genérico
El Salmo 122 forma parte de los «Cánticos de las Subidas» (Shir ha-Ma‘alot), una colección de quince salmos (120–134) que entonaban los peregrinos mientras ascendían a Jerusalén para las fiestas anuales (10). El salmo se despliega en dos movimientos. Los versículos 1-5 celebran la llegada gozosa del peregrino a la ciudad santa; los versículos 6-9 recogen una serie de votos y bendiciones pronunciados sobre Jerusalén (11).
La palabra hebrea shalom (שָׁלוֹם), que aparece en el versículo 6 y vuelve en el 7, significa mucho más que la ausencia de guerra. En la mentalidad hebrea, shalom abarca plenitud, integridad, armonía, restauración y bienestar completo (12). Keil y Delitzsch lo explican bien: pedir el shalom de alguien es «buscar la prosperidad de alguien preguntando por ella, alegrarse de saber y ver que le va bien, y por tanto estar animado por el deseo de que prospere» (13). Es, pues, un deseo de bienestar integral, que toca lo material, lo social, lo espiritual y lo relacional (14).
La estructura de los versículos 6-9 avanza paso a paso:
- v. 6a: Sha’alu shalom Yerushalayim — «Pedid la paz de Jerusalén». El verbo sha’al está en imperativo plural, dirigido a la comunidad de peregrinos (15).
- v. 6b: Yishlayu ohavayikh — «Prosperen los que te aman». La bendición alcanza a quienes aman a Sión (16).
- v. 7: Yehi shalom be-ḥeilekh, shalvah be-armenotayikh — «Haya paz dentro de tus murallas, tranquilidad en tus palacios». Ḥeil designa los baluartes exteriores; armenot, los palacios interiores (17).
- v. 8: Lema‘an aḥai ve-re‘ai adaberah shalom bakh — «Por amor de mis hermanos y amigos, diré: “La paz sea en ti”» (18).
- v. 9: Lema‘an beit Adonai Eloheinu avaqshah tov lakh — «Por amor de la casa de Adonai nuestro Dios, procuraré tu bien» (19).
2.2. Los móviles de la oración
El salmista da dos razones para interceder: «por amor de mis hermanos y amigos» (v. 8) y «por amor de la casa de Adonai nuestro Dios» (v. 9) (20). Las dos son relacionales y cultuales; ninguna es político-nacional en el sentido moderno. Lo que sostiene la oración es el amor a los hermanos —los conciudadanos de la comunidad pactual— y el amor a la casa de Dios, el templo como centro de su presencia (21). No se ora por Jerusalén como capital de un Estado soberano, ni por su ejército, ni por sus políticas. Se ora por la ciudad como corazón de la vida comunitaria y religiosa de Israel (22).
Hay un detalle que no podemos pasar por alto: el salmo no menciona en ningún momento a enemigos externos ni pide victoria militar sobre naciones adversarias. La paz que se solicita es shalom integral, no triunfo bélico (23). El salmista no ruega que Jerusalén aplaste a sus rivales; ruega que dentro de ella haya armonía, seguridad y bienestar para todos sus habitantes (24).
2.3. El sujeto de la oración y su alcance
El imperativo sha’alu («pedid») se dirige a peregrinos que acaban de llegar a Jerusalén y que, tras saborear la alegría de la comunión con Dios en su casa, se disponen a interceder por la ciudad (25). Es una oración comunitaria y ocasional, ligada al contexto litúrgico de la peregrinación. No es un mandato universal ni perpetuo, sino una exhortación a una comunidad concreta, en un momento concreto de su vida cultual (26).
Además, la «Jerusalén» del salmo es la ciudad del antiguo pacto, centro del culto mosaico y sede de los «tronos de la casa de David» (v. 5), y su encabezado lo asocia con David. Es la Jerusalén anterior al exilio, o la reconstruida tras el retorno; en ningún caso es el moderno Estado de Israel, fundado en 1948 sobre principios políticos secularistas y en un contexto geopolítico radicalmente distinto (27).
Cabe una objeción: si el v. 6 no obliga al creyente por haber nacido en un contexto litúrgico concreto, ¿no valdría lo mismo para todo el Salterio? No. Los salmos siguen siendo Escritura para la Iglesia y alimentan su oración, pero leerlos como Escritura no equivale a convertir cada imperativo en una norma política vigente. La tradición cristiana, además, ha leído a Jerusalén en clave eclesial y celestial (Gál 4:26; Heb 12:22), y esa lectura —que recoge el propio Comentario Crítico y Explicativo— apunta a la Iglesia, no a un Estado moderno. Si el v. 6 se aplica hoy al cristiano, se aplica como oración por la paz, la justicia y el bien de toda ciudad y de todo pueblo, no como respaldo a un gobierno concreto.

3. El Salmo 122 en el sionismo cristiano: génesis y crítica
3.1. El sionismo cristiano y el dispensacionalismo
El sionismo cristiano es la creencia teológica de que el establecimiento del Estado judío moderno en 1948 era un requisito bíblico previo para la segunda venida de Cristo (28). Esta corriente tiene antecedentes restauracionistas anteriores, ya en el puritanismo del siglo XVII, pero encontró su sistematización y su gran difusión en el dispensacionalismo, el sistema teológico que John Nelson Darby desarrolló en la década de 1830. Divide la historia de la salvación en dispensaciones o períodos independientes y sostiene que Dios tiene un plan de salvación para el pueblo judío aparte del plan para la Iglesia (29).
El dispensacionalismo, con su lectura excesivamente literal y futurista de la Escritura, postula que el regreso del pueblo judío a su antigua tierra desencadenaría los acontecimientos previos a la segunda venida de Cristo (30). Esta teología se difundió en el mundo evangélico anglosajón a través de la Scofield Reference Bible (1909), cuya matriz interpretativa convirtió esa edición en una de las Biblias más vendidas de la historia (31). Teólogos como Charles C. Ryrie definieron el dispensacionalismo como una visión del mundo entendido como un hogar administrado por Dios, quien dispensa sus asuntos según diferentes economías divinas (32).
3.2. La instrumentalización del Salmo 122:6
Dentro del sionismo cristiano, el Salmo 122:6 se ha transformado en un «mandato» de oración perpetua por el Estado de Israel (33). Se cita una y otra vez en campañas de oración, conferencias proféticas y movimientos como «Cristianos Unidos por Israel», donde se presenta como obligación del creyente «orar por la paz de Jerusalén», entendida como respaldo a las políticas del gobierno israelí (34). El obispo Stearns, por ejemplo, afirmó que el propósito del «Día de Oración por la Paz de Jerusalén» era «cumplir con el mandato del Salmo 122:6» (35).
Esta lectura, sin embargo, tropieza con cuatro errores hermenéuticos de fondo:
- Descontextualización histórica: identifica la Jerusalén del antiguo pacto con el Estado de Israel moderno, y así borra casi veinte siglos de distancia y las diferencias políticas, sociales y religiosas entre la ciudad davídica y el Estado-nación contemporáneo (36).
- Descontextualización literaria: convierte un cántico de peregrinación ocasional en un mandato universal y perpetuo para todos los creyentes de todas las épocas (37).
- Descontextualización teológica: somete el texto a un sistema escatológico —el dispensacionalismo— que le es ajeno y que surgió diecinueve siglos después de su composición (38).
- Descontextualización ética: usa el texto para justificar un apoyo acrítico a un proyecto político que, como todo Estado humano, está sujeto al juicio de Dios y a la crítica profética (39).
El propio Comentario Crítico y Explicativo de toda la Biblia observa que, en el Salmo 122, la prosperidad de Jerusalén representaba a la Iglesia, y que el bienestar de la ciudad estaba «envuelto» en sus relaciones civiles y religiosas, no en una agenda geopolítica moderna (40).
3.3. Consecuencias teológicas y éticas del sionismo cristiano
El sionismo cristiano no es una postura teológica inocua. Múltiples denominaciones y organismos eclesiales lo han criticado. La Diócesis Episcopal de Washington, en su Resolución n.º 4, rechazó «la teología del sionismo cristiano, ya que es una malinterpretación moderna de las Escrituras sin relación con los credos» históricos de la iglesia, y repudió «las posiciones políticas que fomentan dicha teología» (41). La resolución advierte que el sionismo cristiano «corrompe las promesas de Dios en las Escrituras hebreas, el mensaje de amor y justicia del Evangelio y el pacto bautismal» (42).
Uno de sus efectos más dañinos es la complicidad con la violencia. Cuando líderes evangélicos como John Hagee describen las guerras de Oriente Medio como «parte del plan de Dios» y piden que los enemigos de Sión sean «dispersados», recurren a un lenguaje de guerra que el Salmo 122 no contiene (la imagen de los enemigos dispersados pertenece más bien a pasajes como el Salmo 68:1) y que termina legitimando la destrucción de seres humanos creados a imagen de Dios (43). Es una hermenéutica violenta: convierte un salmo de paz en instrumento de guerra y transforma la oración por el shalom en plegaria por la victoria militar (44).
Teológicamente, el sionismo cristiano desemboca, a juicio de sus críticos, en una forma de supersesionismo invertido. La teología del reemplazo decía que la Iglesia había sustituido a Israel; el dispensacionalismo dice que Israel y la Iglesia son dos pueblos con dos destinos distintos, y con ello, en la lectura de sus críticos, niega la unidad del pueblo de Dios en Cristo (los dispensacionalistas rechazan esa caracterización y sostienen que la salvación es por gracia, en Cristo, para todos) (45). Pablo, en cambio, afirma que en Cristo «ya no hay judío ni griego» (Gál 3:28) y que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen la fe de Abraham (Gál 3:7) (46). La elección de Israel no fue un privilegio étnico perpetuo, sino un llamado al servicio dentro del propósito redentor de Dios, que culmina en Cristo, pues «todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén» (2 Cor 1:20) (47).
4. La perspectiva de la gracia: orar por todos
4.1. El mandato neotestamentario de la intercesión universal
Si el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por el Estado de Israel, ¿qué enseña el Nuevo Testamento sobre la intercesión por las naciones y sus gobernantes? Pablo da la respuesta más clara en 1 Timoteo 2:1-2:
«Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.» (48)
El alcance es universal: «por todos los hombres». No se limita a Israel ni a los creyentes; abarca a toda la humanidad (49). Y su propósito no es que una nación triunfe sobre otra, sino «que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad» (v. 2): el mismo shalom integral que el salmista pedía para Jerusalén, ahora extendido a todos los pueblos (50).
Pablo añade que esto «es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2:3-4) (51). La razón de fondo de la intercesión universal es la voluntad salvífica de Dios, no la legitimación de ningún proyecto político. Y si Dios quiere que todos se salven, ¿cómo podría el creyente orar solo por el bienestar de una nación y desentenderse del sufrimiento de otra? (52).
4.2. Jesús y la oración por los enemigos
Jesús llevó la ética de la oración hasta su límite cuando mandó: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mt 5:44) (53). Si debemos orar incluso por nuestros enemigos, ¿con qué derecho levantaríamos una oración que deje fuera a los palestinos, a los árabes o a cualquier otro pueblo? (54). Leída desde la gracia, la oración por la paz de Jerusalén no puede ser una oración contra nadie. Es una oración por todos los habitantes de la ciudad: judíos, musulmanes, cristianos, israelíes y palestinos (55).
Y recordemos que Jesús, al acercarse a Jerusalén, lloró sobre ella y dijo: «¡Oh, si también tú conocieras, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!» (Lc 19:42) (56). Aquellas lágrimas no eran una bendición para las políticas de la ciudad. Eran una advertencia profética sobre las consecuencias de haber rechazado la paz. El Príncipe de Paz no respaldó incondicionalmente a Jerusalén: lloró por ella y anunció su juicio (57).
4.3. La oración por Israel en la perspectiva de la gracia
¿Quiere esto decir que el creyente no debe orar por Israel? En absoluto. La oración por Israel —entendido como el pueblo judío, no como un Estado moderno— es legítima y puede ser edificante. Pero debe hacerse bajo estas condiciones:
- Sin idolatría nacionalista: no se ora por Israel como si fuera un pueblo de privilegios espirituales permanentes o un Estado infalible. Israel, como toda nación, está bajo el juicio y la misericordia de Dios (58).
- Sin ceguera ante el pecado: la tradición profética de Israel es una tradición de autocrítica radical. Los profetas denunciaron los pecados de su pueblo —injusticia, idolatría, opresión del pobre— con una franqueza poco común en el mundo religioso que los rodeaba (59). Orar por Israel sin denunciar su pecado sería traicionar esa misma tradición profética (60).
- Sin exclusión de los demás pueblos: la oración por Israel debe ir de la mano de la oración por Palestina, por los pueblos árabes y por todas las naciones. La gracia de Dios no conoce fronteras étnicas ni nacionales (61).
- Con el shalom integral como meta: se ora para que haya paz, justicia y reconciliación en la tierra que Dios ama, no para que una nación prevalezca sobre otra (62).
5. Conclusiones
El Salmo 122:6-9 es un cántico de peregrinación. Expresa el amor del salmista por Jerusalén, su deseo de shalom integral para quienes la habitan y su confianza en la presencia de Dios en su casa (63). No es un mandato universal de oración perpetua por un Estado-nación moderno, ni una licencia para el apoyo acrítico a sus políticas, ni un texto que legitime la violencia contra otros pueblos (64).
Al instrumentalizar este salmo para sus fines teológico-políticos, el sionismo cristiano comete un doble error. Por un lado, descontextualiza el texto bíblico: ignora su género literario, su contexto histórico y su lugar en el canon. Por otro, somete la Escritura a un sistema escatológico moderno —el dispensacionalismo— que le es ajeno y que amplios sectores del cristianismo histórico han rechazado (65).
La perspectiva de la gracia, inaugurada en Cristo, ensancha la intercesión hasta «todos los hombres» (1 Tim 2:1) (66). El creyente está llamado a orar por Israel, sí, pero también por Palestina, por los pueblos árabes, por los gobernantes de todas las naciones y por toda la humanidad (67). Orar por la paz de Jerusalén, leído desde la gracia, no es pedir la victoria de una nación sobre otra. Es pedir el shalom integral de todos los habitantes de la tierra: judíos y palestinos, israelíes y árabes, creyentes y no creyentes (68).
El teólogo reformado Steven Paas, en su obra sobre el israelismo, rechaza tanto la teología del reemplazo como la idea de que Dios tenga preferencia alguna por motivos de etnicidad, biología o raza (69). La Iglesia no ha reemplazado a Israel, pero Israel tampoco goza de un estatus privilegiado que lo exima del juicio de Dios o de la crítica profética. En Cristo «ya no hay judío ni griego» (Gál 3:28), y la única elección que permanece es la elección en Cristo, ofrecida a todos los pueblos sin distinción (70).
Orar por la paz de Jerusalén es, en última instancia, orar por la paz del mundo. Y esa paz solo se realizará plenamente cuando el Príncipe de Paz sea reconocido como Rey por todos los pueblos. Mientras tanto, la Iglesia está llamada a ser instrumento de reconciliación y no de división; a bendecir a todos y a no maldecir a nadie; a orar por todos, sin excluir a ninguno (71).

Notas
(1) Protestante Digital, «“Pedid por la paz de Jerusalén” (Sal. 122.6-7)», Protestante Digital, 9 de septiembre de 2026, https://protestantedigital.com/palabra-y-vida/69075/pedid-por-la-paz-de-jerusalen-sal-122-6-7
(2) ETHOS Institute for Public Christianity, «Rightly Dividing the Word?: Prophetic Misreading and the Celebration of Violence», ETHOS, 13 de abril de 2026, https://ethosinstitute.sg/rightly-dividing-the-word/.
(3) Iglesia Episcopal, Diócesis de Washington, «Resolución n.º 4: sobre el enfrentamiento al sionismo cristiano», EDOW, 2022, https://edow.org/wp-content/uploads/sites/2/2022/01/Resolucion-no-4-sobre-el-enfrentamiento-al-sionismo-cristiano.pdf.
(4) 1 Timoteo 2:1-2 (RVR1960).
(5) Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005: Salmo 122», Santa Sede, https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/de/audiences/2005/documents/hf_ben-xvi_aud_20051012.pdf.
(6) Protestante Digital, «“Pedid por la paz de Jerusalén”».
(7) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?».
(8) Iglesia Episcopal, «Resolución n.º 4».
(9) 1 Timoteo 2:1-4.
(10) Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(11) Keil y Delitzsch, Comentario al Antiguo Testamento: Salmos, vol. 5 (Grand Rapids: Eerdmans, 1949), acceso en STEP Bible, https://www.stepbible.org/?q=version=KD|reference=Ps.122.6.
(12) Comentario Crítico y Explicativo de toda la Biblia (Jamieson, Fausset y Brown), «Salmo 122», StudyLight.org, https://www.studylight.org/commentaries/spa/jfb/psalms-122.html.
(13) Keil y Delitzsch, Comentario al Antiguo Testamento: Salmos.
(14) Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(15) Comentario Crítico y Explicativo, «Salmo 122».
(16) Ibíd.
(17) Ibíd.
(18) Ibíd.
(19) Ibíd.
(20) Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(21) Keil y Delitzsch, Comentario al Antiguo Testamento: Salmos.
(22) Comentario Crítico y Explicativo, «Salmo 122».
(23) Observación del autor sobre el texto del salmo; cf. Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(24) Ibíd.
(25) Comentario Crítico y Explicativo, «Salmo 122».
(26) Inferencia del autor a partir del género del salmo; cf. Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(27) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?».
(28) Ibíd.
(29) Ibíd.
(30) Ibíd.
(31) Iglesia Episcopal, «Resolución n.º 4».
(32) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?».
(33) Protestante Digital, «“Pedid por la paz de Jerusalén”».
(34) Ibíd.
(35) Ibíd. [Verificar nombre completo y fuente primaria de la cita del obispo Stearns.]
(36) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?».
(37) Inferencia del autor a partir del género del salmo; cf. Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(38) Iglesia Episcopal, «Resolución n.º 4».
(39) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?».
(40) Comentario Crítico y Explicativo, «Salmo 122».
(41) Iglesia Episcopal, «Resolución n.º 4».
(42) Ibíd.
(43) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?». [Verificar la cita textual de Hagee en fuente primaria.]
(44) Ibíd.
(45) Iglesia Episcopal, «Resolución n.º 4».
(46) Gálatas 3:7, 28.
(47) 2 Corintios 1:20.
(48) 1 Timoteo 2:1-2.
(49) Ibíd.
(50) Ibíd.
(51) 1 Timoteo 2:3-4.
(52) Ibíd.
(53) Mateo 5:44.
(54) Ibíd.
(55) Aplicación del autor; cf. Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(56) Lucas 19:42.
(57) Ibíd.
(58) Paas, Het Israëlisme en de plaats van Christus, reseñado por Philip La Grange Du Toit en In die Skriflig 52, n.º 1 (2018), https://scielo.org.za/pdf/ids/v52n1/25.pdf. Cita indirecta a través de la reseña; contrástese con la obra original.
(59) Cf. Isaías 1:10-17; Amós 5:21-24.
(60) Ibíd.
(61) 1 Timoteo 2:1.
(62) Aplicación del autor; cf. Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(63) Ibíd.
(64) ETHOS Institute, «Rightly Dividing the Word?».
(65) Iglesia Episcopal, «Resolución n.º 4».
(66) 1 Timoteo 2:1.
(67) Ibíd.
(68) Aplicación del autor; cf. Benedicto XVI, «Audiencia general del 12 de octubre de 2005».
(69) Paas, Het Israëlisme en de plaats van Christus.
(70) Gálatas 3:28.
(71) 1 Timoteo 2:1-4.
Bibliografía
Benedicto XVI. «Audiencia general del 12 de octubre de 2005: Salmo 122». Santa Sede. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/de/audiences/2005/documents/hf_ben-xvi_aud_20051012.pdf.
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ETHOS Institute for Public Christianity. «Rightly Dividing the Word?: Prophetic Misreading and the Celebration of Violence». ETHOS, 13 de abril de 2026. https://ethosinstitute.sg/rightly-dividing-the-word/.
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Keil, C. F., y F. Delitzsch. Comentario al Antiguo Testamento: Salmos. Vol. 5. Grand Rapids: Eerdmans, 1949. Accesible en STEP Bible. https://www.stepbible.org/?q=version=KD|reference=Ps.122.6.
Paas, Steven. Het Israëlisme en de plaats van Christus: Christocentrische interpretatie van bijbelse profetie. Reseñado por Philip La Grange Du Toit en In die Skriflig 52, n.º 1 (2018). https://scielo.org.za/pdf/ids/v52n1/25.pdf.
Protestante Digital. «“Pedid por la paz de Jerusalén” (Sal. 122.6-7)». Protestante Digital, 9 de septiembre de 2026. https://protestantedigital.com.
Textos Fuera de Contexto (obra consultada; no citada en el texto). «¿Debemos Orar por la Paz de Jerusalén?». Blogspot. http://textosfueradecontexto.blogspot.com.