Las narrativas que describen a Jesús expulsando demonios de individuos destacan su plena autoridad sobre el mundo espiritual en rebelión contra Dios. Es necesario distinguir entre las acciones de Jesús al expulsar demonios y lo que se practicaba comúnmente en esa época (y en algunos círculos hasta el presente) bajo el término "exorcismo". El verbo griego ἐξορκίζω (exorkizo) tiene el significado de "hacer jurar" o "obligar a prestar juramento" (se encuentra únicamente en la Septuaginta en Gn 24:3 y Jueces 17:2, y en el Nuevo Testamento en Mt 26:63). El sustantivo griego ἐξορκιστής (exorkistés), que denota a un "exorcista", solo aparece en Hechos 19:13, en donde algunos judíos que recorrían haciendo exorcismos intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que estaban poseídos por espíritus malignos, diciendo: 'Os conjuro por Jesús, a quien predica Pablo'.
Categoría: Pentecostalismo
La Guerra Espiritual en el Antiguo Testamento
Dios, como el Creador supremo, ejerce control sobre su creación, incluyendo a los seres espirituales y a los humanos que se rebelaron contra Él. La presencia de maldad en la creación se debe a las acciones de estos seres rebeldes, tanto espirituales como humanos. Sin embargo, Dios supervisa y guía esta maldad de acuerdo con sus propósitos y dentro de los límites de los tiempos que ha establecido. En el Antiguo Testamento, no hay indicios de que Dios haya empleado guerreros humanos en batallas espirituales; en cambio, parece que un ángel mensajero, posiblemente Gabriel, y el arcángel Miguel fueron los únicos seres que enfrentaron las fuerzas espirituales de maldad
Perspectivas cristianas sobre la guerra espiritual
La guerra espiritual es un tema que ha generado mucho debate durante los últimos años. Algunos sectores del evangelicalismo la consideran una herejía peligrosa, mientras que para otros (principalmente en círculos carismáticos, pentecostales y neopentecostales) la guerra espiritual es considerada la mejor estrategia para evangelizar al mundo. Numerosos libros y artículos han sido escritos tanto para defender como para oponerse a la práctica de la guerra espiritual. El desacuerdo es amplio, pero también los puntos en común: Todos los cristianos estamos de acuerdo en que todo seguidor del Señor Jesucristo está involucrado en una guerra espiritual y que tiene la responsabilidad de participar en ella bajo la autoridad de Cristo.
Continuismo, cesacionismo y el final largo de Marcos (Mc. 16:9-20)
¿Sabias que algunos de los manuscritos más antiguos no incluyen Marcos 16:9-20? Por tal razón, muchas traducciones recientes de la Biblia ya no lo incluyen en el texto. Esto ha dado lugar a que los defensores del cesacionismo impugnen dicho pasaje y utilicen tal impugnación para considerar heréticas ciertas afirmaciones pentecostales. ¿De qué se trata todo esto?
El Rapto de la Iglesia: La teoría del rapto parcial
La teoría del rapto parcial es una posición intermedia que sostiene que habrá una serie de arrebatamientos. Cada vez que un conjunto de creyentes esté preparado, será llevado de la tierra.
El Rapto de la Iglesia: Una perspectiva mesotribulacional y del rapto Pre-Ira
El punto de vista mesotribulacional del Rapto mantiene que el rapto de la iglesia ocurrirá a la mitad de los siete años de la Tribulación; es decir, después que hayan pasado tres años y medio. En este punto de vista, solamente la última parte de las semana septuagésima de Daniel es la Tribulación. A menudo es considerado como una forma de pretribulacionismo, puesto que enseña que el Rapto ocurre antes de las tribulaciones de la última mitad de los siete años.
El Rapto de la Iglesia: Una perspectiva postribulacional
El postribulacionismo, a menudo sostenido por aquellos que defienden una visión premilenialista histórica, mantiene que la iglesia pasará por una tribulación futura antes de ser quitada de la tierra por Cristo. La iglesia será protegida por Dios mientras experimente una tribulación continua, pero la iglesia no experimentará la ira de Dios. Los postribulacionistas no creen que la iglesia vaya a ser arrebatada antes de la segunda venida de Cristo, sino que se encontrarán con él en el aire cuando venga a juzgar a la tierra.
Cesacionismo, el movimiento que combate contra el Espíritu
El error de los macedonianos (o al menos el más grave de todos) fue negar la divinidad del Espíritu Santo. Tal herejía les merecía ser llamados “enemigos del Espíritu”. Hoy en día, sus herederos modernos se hayan dentro de la supuesta ortodoxia cristiana. Y es que ciertos grupos que se dicen ortodoxos en cuanto a la doctrina trinitaria se levantan como los nuevos “enemigos del Espíritu” en un área diferente: No niegan su divinidad, pero sí la vigencia de los dones que Él otorga a los hombres, negando, no teóricamente sino en la práctica, el poder divino de Aquél a quien dicen honrar.
Necesitamos un pentecostalismo bíblico
A los creyentes pentecostales del siglo XXI nos ha tocado vivir un tiempo maravilloso y emocionante: Un tiempo de llenura y derramamiento del Espíritu Santo tal como al principio. Sin duda, esto representa una amenaza para Satanás y su reino, por lo cual intentará dividirnos, traer oprobio sobre la obra legítima del Espíritu Santo y, si le fuese posible, acabar con tales manifestaciones en nuestras iglesias. ¿Cómo? Falsificando la obra del Espíritu e induciendo a los creyentes a escuchar espíritus engañosos, sustituyendo la presencia y el poder de Dios por las emociones humanas y llevando a otros a dudar de la vigencia de los dones espirituales para nuestra época. No sólo el cesacionismo (con su total negación de los dones espirituales), sino también el continuismo desenfrenado y sin sujeción a la Palabra, sirve perfectamente a los propósitos de Satanás de traer oprobio y debilidad a la iglesia de Cristo.
Cesacionismo, un homenaje a la muerte y a la distancia de Dios.
¡Pareciera que honrar a los profetas y apóstoles muertos es más fácil que aceptar la posibilidad del mover de Dios a través de sus siervos hoy! Esto no debería sorprendernos. Al igual que los fariseos de antaño, el cesacionista moderno prefiere hacer un barato y ostentioso homenaje a los profetas muertos y a las manifestaciones distantes del Espíritu antes que reconocer aquellas que pasan frente a sus narices.