Juventud y Cristianismo, Ministerios Juveniles

Biblia y Espíritu Santo, lo que la juventud necesita

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Hemos escuchado las estadísticas, leído los artículos, incluso lo hemos visto en nuestras propias congregaciones. Los jóvenes están abandonando la Iglesia. Hay muchas razones por las que los adolescentes abandonan la iglesia, desde la hipocresía hasta el legalismo o la presión de los compañeros.

Muchos de esos jóvenes que abandonan la iglesia desconocen casi por completo las verdades bíblicas. Verdades que pudieron haber salvado sus almas, transformar su corazón y mantenerlos a salvo en el casa del Padre. Desgraciadamente muchos de ellos solo recibieron un mensaje diluido, un evangelio incompleto, una formación bíblica superficial, un entrenamiento en reglas basado en “haz esto”, “no hagas aquello”. ¿Nos extraña entonces que hayan abandonado la iglesia? Jamás fueron confrontados realmente con la Palabra de verdad ni tuvieron un encuentro personal con Dios, mucho menos la experiencia vivificante del bautismo en el Espíritu Santo.

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Como sucede en muchas iglesias llenas de activismo y programas, muchos de ellos crecieron siendo entretenidos en el grupo de jóvenes, aislados de seguidores de Cristo más viejos y más sabios. Llegaron a la iglesia hambrientos espiritualmente, se sintieron atraídos por las fiestas “cristianas”, los juegos y dinámicas de los grupos de jóvenes, los campamentos, el humo, las luces y el ruido estridente de los conciertos juveniles, entre otras cosas; pero se retiran con los temas candentes de sus corazones aún sin respuesta. Al parecer, sus líderes ignoraron que no son los juegos y los tiempos de diversión los que mantienen a los jóvenes en la iglesia, ni les ayudan a mantenerse de pie mientras luchan contra la turbulencia, las pasiones y desafíos de la juventud. En cambio, es la verdad empapada en el evangelio la única que puede sostenerlos. Esa verdad que muchos temieron enseñarles por temor a “aburrirlos con tanta religión” ¿Olvidaron acaso dichos pastores y líderes que el Evangelio es más que una religión? ¿Ignoraron acaso que el Evangelio es poder de Dios para salvación? (Romanos 1:16).

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LOS JÓVENES NECESITAN LA BIBLIA

Los adolescentes necesitan la Biblia, pues contiene las respuestas a sus preguntas más profundas. Al recordar mi propia vida como adolescente y mis interacciones con los adolescentes de hoy, he descubierto cuatro temas centrales que necesitamos escuchar que nos ayudarán a mantenernos fuertes en Dios y enraizados en la iglesia.

(1. LA JUVENTUD NECESITA ESCUCHAR LA BIBLIA

Los adolescentes necesitan la Biblia, pues contiene las respuestas a sus preguntas más profundas, y la sabiduría para enfrentar y vencer las luchas más difíciles. Ellos no necesitan una versión abreviada. Ellos no son tontos. De hecho ¡Son más listos de lo que crees! Animemos a nuestros jóvenes a leer la Biblia por sí mismos. Modelemos para ellos un estilo de vida centrado en la Palabra de Dios. Creemos una atmósfera de confianza en las Escrituras que abra su apetito por la Palabra y genere en ellos más hambre y sed de Dios.

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(2. LA JUVENTUD NECESITA ESCUCHAR ACERCA DEL PECADO

La iglesia necesita hablar claramente a los adolescentes sobre el pecado. No de manera grandilocuente, sino de manera amorosa, firme, y bíblica. Sus ojos deben abrirse al hecho de que el pecado no es mero lenguaje cristiano; es una realidad que se manifiesta en nuestra vida cotidiana. Cuando nuestros jóvenes entiendan la severidad de su pecado, su desesperada necesidad de gracia, y que Jesús es la única esperanza que tienen, nuestros grupos de jóvenes experimentarán una transformación. Solo cuando nuestros jóvenes sean confrontados con la profundidad de su pecado cara a cara, se podrá desatar el poder total del perdón y la gracia.

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(3. LA JUVENTUD NECESITA ESCUCHAR LA VERDAD BÍBLICA SOBRE LOS TEMAS ACTUALES

Los adolescentes están saturados en una cultura con puntos de vista no bíblicos sobre temas como el aborto, la atracción por personas del mismo sexo, la pornografía, el sexo prematrimonial, la identidad de género, el suicidio, la masturbación, entre otros temas. Pero la iglesia a veces no encara estos temas de frente.

Muchos jóvenes cristianos están confundidos. Necesitan escuchar la verdad bíblica desesperadamente. La homosexualidad, el aborto, y el suicidio no son solo ideas sombrías para los adolescentes de hoy. Están personificadas y son reales. Estos problemas pueden aparecer en su amiga al otro lado de la calle, o en la nueva chica de la escuela, o en el video con el que se encuentran en YouTube. Los adolescentes cristianos deben tener respuestas reales, honestas, y bíblicas para las preguntas difíciles.

Como creyentes maduros debemos ayudarles a entender lo que creemos los cristianos y lo que dicen las Escrituras sobre estos temas candentes. Ellos no se conformarán con una simple regla que les diga qué hacer y qué no. Necesitan saber en qué creer y por qué, porque el mundo luchará por destruir esas creencias. Así que por favor no esquivemos la verdad ante nuestros jóvenes. Los adolescentes anhelan respuestas reales. No se conformarán con menos.

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(4. LA JUVENTUD NECESITA ESCUCHAR ACERCA DE LA TRANSFORMACIÓN RADICAL Y LA OBEDIENCIA

Cuando Jesús habló de la salvación, pintó un cuadro radical. Él habló de nacer de nuevo, un proceso tan drástico y alucinante que cambia la vida de uno (Juan 3:1-21). Habló de arrepentimiento: apartarse de un modo de vida para abrazar un modo completamente diferente (Mateo 5-7). Habló de llevar la cruz y seguir a Cristo hasta el punto de la muerte, renunciar a todo por el privilegio de conocerlo y amarlo (Mateo 16:24-26).

Este es el evangelio que los adolescentes necesitan escuchar. Los adolescentes necesitan un evangelio y una teología que durarán más que las arenas movedizas y los sentimientos temporales provocados por eventos de entretenimiento cristiano. Nuestros jóvenes necesitan construir su casa sobre la roca de Jesucristo, o nunca sobrevivirán a las tormentas que la vida les arroja (Mateo 7:24-27). ¿Está mal crear nuevos programas, ministerios y eventos para jóvenes? No lo creo. Pero estos deben ser encausados por el camino correcto. El camino de la Palabra, de la transformación y del compromiso real con Dios y el Evangelio.

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LOS JÓVENES NECESITAN SER BAUTIZADOS EN EL ESPÍRITU SANTO

Hemos fallado en cultivar los dones y el fruto del Espíritu Santo en nuestra existencia individual y corporativa. No hemos servido como testigos a nuestros jóvenes de la experiencia dinámica y activadora del bautismo del Espíritu Santo. El deseo apasionado por el bautismo del Espíritu Santo y la vida llena del Espíritu está menguando entre las personas que dicen ser pentecostales. En las congregaciones donde esto ocurre, los jóvenes quizá no vean a las adultos buscando el bautismo del Espíritu Santo, utilizando los dones del Espíritu en la adoración pública, o testificando sobre sanidades milagrosas y transformaciones de vidas.

Sin importar la pasividad de los creyentes pentecostales al buscar el bautismo del Espíritu Santo y la llenura del Espíritu Santo en sus vidas, Dios ha prometido que el derramamiento (bautismo y llenura) del Espíritu Santo es para los niños, jóvenes y cualquier persona que el Señor llame. En Hechos 2:38-39, Pedro, inmediatamente después de experimentar el bautismo del Espíritu Santo, declara:

“Y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.

¡La promesa del Padre es para todos! ¡Nuestros jóvenes pueden y deben ser bautizados en el Espíritu Santo! Esto coloca una gran responsabilidad sobre los hombros del pastor o líder de jóvenes. A parte de personalmente ejemplificar una vida llena del Espíritu, el líder tiene que enseñar formal e informalmente sobre la persona del Espíritu Santo, nuestra necesidad por Él, y la constante dependencia del creyente en Él para la vida y el ministerio.

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¿Comprendes lo que eso significa? El líder de jóvenes debe ser un promotor, planificador y creador de entornos, actividades y programas en los cuales la presencia del Espíritu Santo sea el factor principal. La ministración del Espíritu Santo entre los jóvenes debe impactar el currículo, las prácticas y los entornos utilizados por cada ministerio juvenil. El currículo del ministerio de jóvenes, su programa de discipulado, debe incluir enseñanzas sobre la persona y obra del Espíritu Santo. Se le debe enseñar a los jóvenes sobre el ministerio del Espíritu Santo en su vida, antes de su salvación, en el momento de su conversión, en el bautismo del Espíritu Santo y en el ministerio.

Las enseñanzas especiales sobre la obra del Espíritu Santo deben preceder eventos eclesiásticos tales como campamentos, retiros y conferencias, preparando a los jóvenes para las experiencias sobrenaturales con anticipación. A medida que los líderes desarrollan un plan de enseñanza del Espíritu Santo, se darán cuenta que sus jóvenes buscarán y experimentarán más de Él. A medida que los líderes y pastores juveniles se enfoquen en la presencia y obra del Espíritu Santo en el ministerio y en los jóvenes, el Espíritu Santo se convertirá en la presencia central del joven y también del ministerio de jóvenes. Esto, sumado a un conocimiento sólido de la Palabra y de la sana doctrina, formará una generación de jóvenes, firmes, estables, maduros y cimentados en el Evangelio. Solo así evitarán el naufragio de su fe.

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CONCLUSIÓN

¿Entiendes ahora la importancia de la Biblia y del Espíritu Santo en la vida de tus jóvenes? Seguir a Jesús no es fácil. Esta es una verdad que los adultos sabemos bien y que los jóvenes irán descubriendo a lo largo de su vida. A medida que nuestros jóvenes aprendan lo que dicen las Escrituras sobre los problemas que enfrentan a diario, tendrán que tomar decisiones difíciles. ¿Serán obedientes a la Palabra y fieles a sus principios, o harán concesiones? ¿Se mantendrán firmes ante la presión del mundo? ¿Se deslizarán lentamente hacia el pecado o se mantendrán firmes en la fe?

Hoy más que nunca la iglesia necesita fortalecer y proveer recursos para los adolescentes y desafiarlos a ir a las Escrituras, equiparlos para el ministerio, enseñarles teología sólida y guiarlos hacia la gloriosa experiencia de ser bautizados con el Espíritu Santo. Estas son las cosas que necesitamos para encender un avivamiento juvenil en toda la iglesia.

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Mi amado hermano pastor o líder de jóvenes: Por favor, escucha el corazón de los adolescentes. No tengas miedo de abordar los temas que ellos necesitan escuchar, incluso si son difíciles o no populares, incluso si van en contra de la cultura, e incluso si parece que ellos mismos no quieren escucharlos. Es mi oración que Dios te guíe, ilumine y empodere con Su Espíritu mientras conduces a estos preciosos jóvenes hasta Su presencia.

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5 SOLAS, Continuismo, Dones Espirituales, Hablar en Lenguas, Neumatología, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante, Teología

Solus Spiritus, la Sexta Sola olvidada

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión latina ‘Solus Spiritus’ significa ‘Solo el Espíritu’ y constituye la ‘sola’ olvidada de la Reforma Protestante. Los pentecostales, al igual que el resto de las iglesias nacidas de la Reforma o derivadas de ésta, reconocemos que las enseñanzas del protestantismo pueden resumirse en las famosas cinco solas: Sola scriptura, Sola fide, Sola gratia, Solus Christus y Soli Deo gloria.

Aunque los pentecostales estamos orgullosos de ser protestantes y nos gozamos en nuestro legado evangélico; no obstante, como herederos de un legado espiritual igualmente valioso, estamos cada vez más convencidos de que sería teológicamente correcto y necesario añadir una nueva sola a la lista: Solus Spiritus.

¿Por qué pensamos de esta manera? ¿Por qué añadir una más a la lista de las 5 Solas? Los pentecostales, en plena concordancia con la biblia, entendemos y proclamamos que el conocimiento de Dios por parte del creyente no puede nunca ser completo si no conoce a la tercera persona de la Deidad. En opinión de muchos teólogos, el ministerio activo del Espíritu Santo marca la edad de la Iglesia como la “Edad del Espíritu”, en contraste con la era de los Evangelios que es descripta como la “Era del Hijo”, y el Antiguo Testamento que es llamado “La era del Padre”. Todos aquellos que están genuinamente en la Iglesia del Señor Jesucristo, son producto de la obra creativa del Espíritu Santo por medio de Sus múltiples ministerios.[1]

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¿QUÉ DIFERENCIA AL CRISTIANISMO DE CUALQUIER OTRA RELIGIÓN?

Ante la pregunta: ¿En qué se diferencia el cristianismo de cualquier otra fe o sistema de creencias? El creyente pentecostal responderá sin dudarlo: ¡Es el Espíritu Santo! El Espíritu Santo morando en el creyente le asegura la verdad de que el cristianismo no es una mera religión filosófica o moralista. La doctrina cristiana llega a ser una fe vivificada con ímpetu dinámico y validez convincente gracias al Espíritu Santo. En la medida que el creyente ha apropiado el Espíritu Santo, en esa medida ha participado del poder del Evangelio de Cristo Jesús.

Para el creyente, el Espíritu Santo es la llave a toda dádiva y aproximación espiritual. A través de su ministerio le son transmitidos al creyente los frutos de la victoria de la obra consumada por Cristo en el Calvario. El estudio del Espíritu Santo permite al creyente: (1) Apreciar más adecuadamente la naturaleza y la persona de Dios; (2) comprender mejor la naturaleza de la Iglesia como cuerpo orgánico vivificado por el poder del Espíritu Santo y (3) comprender el plan de Dios para el creyente y Su provisión divina para una vida Cristiana victoriosa.

Al estudiar acerca del Espíritu Santo el creyente no está estudiando acerca de un ser extraño; él está estudiando a Dios. La naturaleza y el ministerio del Espíritu Santo son exactamente los de Dios el Padre y Dios el Hijo. El Nuevo Testamento hace mención del Espíritu Santo constantemente: 56 veces en los evangelios; 57 veces en el libro de los Hechos; 112 veces en las cartas de Pablo; 36 veces en el resto del Nuevo Testamento. ¿Osaría alguien cuestionar la importancia del Espíritu Santo en la Biblia y en el cristianismo en general?

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¿DE QUIÉN ESTAMOS HABLANDO?

La Biblia afirma categóricamente que el Espíritu Santo es Dios. No es una mera suposición teológica, pues en la Palabra de Dios encontramos la afirmación de Su divinidad. La Biblia enseña claramente que el Espíritu Santo posee los atributos divinos: omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, eternidad. Incluso le llama “Dios” en Hechos 5:3-4. En este versículo, Pedro confronta a Ananías por haber mentido al Espíritu Santo, y le dice que él “…No había mentido a los hombres sino a Dios…”. Es una clara declaración de que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios.

También podemos saber que el Espíritu Santo es Dios, porque El posee los atributos o características de Dios. Por ejemplo, el hecho de que el Espíritu Santo es omnipresente, lo vemos en Salmos 139:7-8 “… ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás…”. Luego, en 1 Corintios 2:10-11 vemos la característica de la omnisciencia del Espíritu Santo: “…Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios…”. La eternidad del Espíritu Santo también es enseñada en Hebreos 9:14 y Zacarías 4:6.

La Biblia también nos dice que el Espíritu Santo es una Persona, un Ser con una mente, emociones, y una voluntad. De acuerdo con la Biblia, y es lo único que importa acá, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Sabemos que el Espíritu Santo no es un simple poder o fuerza impersonal pues:

  • La Escritura le atribuye una personalidad distintiva, al igual que al Padre y el Hijo (Mateo 3:16-17; Juan 14:16-17).
  • El Espíritu Santo piensa, conoce el lenguaje, tiene voluntad, se le puede tratar como una persona, se le puede mentir, se le puede probar, se le puede resistir y se le puede contristar (Hechos 5:3; 7:51).
  • Podemos conocer que el Espíritu Santo es en verdad una Persona, porque Él posee una mente, emociones y una voluntad. El Espíritu Santo piensa y sabe (1 Corintios 2:10). El Espíritu Santo puede ser afligido (Efesios 4:30).
  • El Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26-27), lo cual no sería posible si no fuera una persona.
  • El Espíritu Santo hace decisiones de acuerdo con Su voluntad (1 Corintios 12:7-11).
  • El Espíritu Santo es Dios, la tercera “Persona” de la Trinidad. Como Dios, el Espíritu Santo puede funcionar verdaderamente como Consejero y Consolador, tal como lo prometió Jesús (Juan 14:16, 26; 15:26) Jesucristo habló de Él llamándolo el “otro Consolador” y utiliza el pronombre personal “Él” para referirse al Espíritu Santo, lo cual sería absurdo si no fuera una persona real igual que Jesús (Juan 16:7-8; 16:13-15; Romanos 8:16-26).
  • El Espíritu Santo es mencionado en conexión con el Padre (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:13), lo cual sería ilógico si no fuera una persona igual que Él.
  • El libro de los Hechos nos muestra al Espíritu Santo obrando en la plenitud de su poder, mostrando cualidades y hechos personales como hablar y guiar a los creyentes, manifestándose claramente como la tercera persona de la Trinidad (Hechos 8:29; 10:19-20; 10:38; 13:2; 15:28; 16:6-7; 20:28).[2]

Pero el Nuevo Testamento no es el único testigo de la personalidad y Deidad del Espíritu Santo. Aún el Antiguo Testamento da fe de la personalidad divina del Espíritu Santo. Así, en el Antiguo Testamento leemos que:

  1. EL ESPÍRITU SANTO HABLA: La presuposición fundamental de la inspiración de las Escrituras es que el Espíritu de Dios habló a través de los profetas escogidos. Antes de morir, el rey David declaró que “el Espíritu del Señor habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua” (2 Samuel 23:2). El Espíritu hablando es una clara señal de su personalidad, ya que las fuerzas impersonales son incapaces de comunicarse. El dinámico libro de Ezequiel dice algo parecido: “…Entonces el Espíritu entró en mí, me hizo ponerme en pie y habló conmigo, y me dijo: ‘Ve, enciérrate en tu casa’…” (Ezequiel 3:24). Al entender que el Espíritu habló personalmente con el profeta, es fácil reconocer que se trata de un agente consciente y personal.
  2. EL ESPÍRITU SANTO NOS GUÍA Y PASTOREA: Otro atributo personal del Espíritu Santo es que nos guía: “…Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe a tierra firme…” (Salmo 143:10). El Espíritu es como el buen pastor que procura llevar a las ovejas del Señor a delicados pastos. La misma verdad se repite en Isaías 63:14, donde el profeta escribe que “…como a ganado que desciende al valle, el Espíritu del Señor les dio descanso. Así guiaste a Tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso…”. El Espíritu guio al pueblo en los días de Moisés para que heredaran la tierra prometida.
  3. EL ESPÍRITU SANTO SE ENOJA: Isaías resalta que el Espíritu Santo se enojó con el pueblo de Dios en los días de Moisés por su dureza de corazón: “…Pero ellos se rebelaron y afligieron Su Santo Espíritu; por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos…” (Isaías 63:10). El texto es otra muestra más de que el Espíritu es una persona, ya que las fuerzas abstractas e inanimadas no pueden enojarse. El enojo santo es propio de personas.
  4. EL ESPÍRITU SANTO ENSEÑA: Hay un par de hermosos textos en Nehemías que defienden la personalidad del Espíritu Santo. El primero se encuentra en Nehemías 9:20: “…Y enviaste tu buen Espíritu para instruirles…”. La idea aquí es que el Espíritu de Dios es el que enseña al pueblo del Señor. Se trata de otro atributo personal. Diez versículos después, sucede lo mismo: “…Sin embargo, Tú fuiste paciente con ellos por muchos años, y los amonestaste con Tu Espíritu por medio de Tus profetas, pero no prestaron oído. Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras…” (Nehemías 9:30). Es la misma realidad vista en el versículo 20. El Señor quiso enseñar a los hebreos y advertirles por medio del ministerio del Espíritu.[3]

La personalidad del Espíritu Santo y su Deidad son enseñadas claramente en las Escrituras. El Espíritu habla, guía, pastorea, se enoja, y enseña. Dado que el Espíritu es una persona, podemos tener una relación con Él también. ¡El protestantismo en su totalidad necesita incorporar el Solus Spiritus para estar vivo, ser verdaderamente bíblico y presentar un Evangelio completo!

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SOLUS SPIRITUS, LA “SOLA” NECESARIA PARA UN EVANGELIO COMPLETO

Francamente, es difícil entender la razón por la que ‘Solus Spiritus’ nunca llegó a formar parte de las cinco solas dado que la Reforma se centró en dar a conocer las gloriosas verdades de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo es omnipresente en la Biblia. En el Pentateuco, los libros históricos, los escritos proféticos, los Evangelios, el libro de los Hechos y las epístolas, el Espíritu está literalmente por todos lados.

No obstante, pese a su gran habilidad teológica, los primeros protestantes no consiguieron desarrollar una profunda teología de lo que Cristo ahora hace ‘en’ nosotros por medio del Espíritu. El protestantismo apenas estaba en pañales y tendría que esperar hasta los grandes avivamientos evangélicos del siglo XVIII y el auge del pietismo para entender plenamente la obra del Espíritu de Dios en el creyente.

Poco a poco la Iglesia protestante empezó a darse cuenta de que hace falta algo más que simplemente profesar fe en ciertos principios para mantener una fe viva. También entendió que sin el Espíritu Santo y su poder en el creyente es imposible cumplir con la Gran Comisión de manera eficaz. El Espíritu tiene que aplicar dichas verdades al corazón del impío a través de la regeneración y empoderar al creyente para que su mensaje sea más que palabras. Con el surgimiento del movimiento pentecostal y carismático el protestantismo recuperó los elementos vitales que habían estado ausentes a lo largo de casi toda la época medieval y que fueron característicos de la iglesia apostólica: La experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo y la consiguiente manifestación de los dones del Espíritu. Además la llenura del Espíritu Santo, la santificación y la Gran Comisión llegaron a ser cada vez más prominentes en la teología protestante gracias al nuevo giro hacia la obra del Espíritu. En este sentido, si decidiéramos añadir una sexta sola a nuestro Credo Protestante, tendríamos una confesión más robustamente bíblica y más plenamente protestante.

Incorporar ‘Solus Spiritus’ le daría al Espíritu Santo el lugar que le corresponde en la doctrina y la adoración Protestante. Desde sus inicios, el movimiento de la Reforma se caracterizó por una fe ortodoxa en la Trinidad. Siguiendo el credo de Nicea, los primeros protestantes confesaron a una sola voz la deidad del Espíritu del Señor. La primera confesión de fe protestante, la Confesión de Augsburgo (1530), redactada por el brazo derecho de Lutero, Felipe Melanchthon, declara lo siguiente en su primer artículo:

“Nuestras iglesias enseñan, en perfecta unanimidad la doctrina proclamada por el Concilio de Nicea: a saber, que hay un solo Ser divino que llamamos y que es realmente Dios. Asimismo que hay en Él tres personas, igualmente poderosas y eternas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; todos los tres son un solo ser divino”.

Si el Espíritu es divino, entonces es lógico que le glorifiquemos juntamente con el Padre y el Hijo.

Sin el ‘Solus Spiritus’ las cinco solas carecen de sentido. Sin el Espíritu Santo no existe ‘Sola scriptura’, pues el que inspiró la Escritura es el Espíritu y el que nos convence de la sola autoridad de la Palabra de Dios también es el Espíritu. Sin el ‘Solus Spiritus’ no habría ‘Sola gratia’, pues el canal que el Señor emplea para derramar de su gracia sobre una humanidad caída y pecadora es el Espíritu de Dios. En cuanto a ‘Solus Christus’, el que se encarga de testificar y glorificar al Hijo en este mundo es el Espíritu Santo. El Espíritu está tan absorbido en exaltar al Hijo que Pablo le llama “el Espíritu de Cristo”. El mismo Lutero afirmó que no podríamos saber nada acerca del Hijo si no fuese por el ministerio del Espíritu. En cuanto a ‘Sola fide’, ¿Qué es la fe sino un regalo del Espíritu de Dios? ¿Quién obra la fe en el corazón del pecador sino el Espíritu? Sin la obra del Espíritu, la fe ni siquiera existiría. En cuanto a ‘Soli Deo gloria’, somos llamados a glorificar al Espíritu juntamente con el Padre y el Hijo. Si el Espíritu es Dios, no hay ninguna razón teológica para no glorificarle. Además, el que nos impulsa a glorificar al Dios trino es el Espíritu. Por todo lo anterior, una sexta sola, ‘Solus Spiritus’, serviría para hacer patente lo que ya está latente en la confesión Protestante.

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SOLUS SPIRITUS, LA PRIMAVERA DE DIOS SOBRE LA IGLESIA

‘Solus Spiritus’ representa la realidad innegable de la iglesia evangélica del siglo XXI. A pesar de los prejuicios, el mover del Espíritu Santo a través del movimiento carismático y pentecostal es imparable. Hay pentecostales en prácticamente todas las denominaciones y familias evangélicas. La primavera del Espíritu ha llegado para barrer con el largo invierno del cesacionismo y la frialdad espiritual que imperó por siglos en iglesia, incluso entre los protestantes. Esta no es una moda que está de paso. Dios nos ha devuelto el mismo don que depositó sobre la iglesia primitiva.

La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, en su artículo 7 y 8, afirma:

“Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49, Hechos 1:4, Hechos 1:8, 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12-17, Hechos 10:44-46, Hechos 11:14-16, Hechos 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como: la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39, Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43, Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos, Marcos 16:20)… El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4)”.[4]

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LO QUE EL PENTECOSTALISMO TIENE QUE OFRECERLE AL PROTESTANTISMO

Desde los primeros días del siglo veinte, muchos creyentes cristianos han enseñado y han recibido una experiencia espiritual que llaman el bautismo en el Espíritu Santo. En la actualidad, centenares de millones de creyentes se identifican con el movimiento que enseña y promueve la recepción de esta experiencia. La expansión global de este movimiento muestra el cumplimiento de las palabras de Jesucristo a sus discípulos cuando les prometió que el Espíritu Santo vendría sobre ellos, y recibirían poder para ser sus testigos a todo el mundo (Hechos 1:5,8).

El Nuevo Testamento enfatiza la centralidad de la función del Espíritu Santo en el ministerio de Jesús y la continuación de esa función en la iglesia primitiva. El ministerio público de Jesús fue iniciado por el Espíritu Santo que vino sobre Él (Mateo 3:16; Marcos 1:10; Lucas 3:22; Juan 1:32). El libro de los Hechos presenta una extensión de ese ministerio a través de los discípulos, mediante el empoderamiento del Espíritu Santo.

Los rasgos más característicos del bautismo en el Espíritu Santo son los que siguen:

(1) Teológicamente y como experiencia se distingue del nuevo nacimiento y los sucede.
(2) Está acompañado por las lenguas que habla quien lo recibe.
(3) Tiene un propósito que lo distingue de la obra del Espíritu en la regeneración del corazón y la vida de un pecador arrepentido.

El bautismo del Espíritu es una “inmersión del Espíritu Santo”. Cuando uno es bautizado con el Espíritu, recibe fuerza, poder y audacia por parte de Dios, para llevar a cabo su obra y vencer el pecado en su propia vida.

El término “bautismo en el Espíritu Santo” es una conveniente designación para la experiencia que anuncia Juan el bautista, que Jesús bautizaría “en Espíritu Santo” (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), que Jesús mismo repetiría (Hechos 1:5), y también Pedro (Hechos 11:16). Cabe notar que la expresión aparece en los Evangelios y también el Libro de los Hechos. La ilustración del bautismo presenta la inmersión, como se ve en la analogía del Juan el bautista del bautismo en agua que él administraba y el bautismo en el Espíritu Santo que administraría Jesús.

Algunos sectores del cristianismo que rechazan el movimiento pentecostal y la continuidad de la obra del Espíritu Santo en nuestros días, definen el bautismo del Espíritu Santo como la obra mediante la cual el Espíritu de Dios coloca al creyente, al momento de la salvación, en unión con Cristo y en unión con otros creyentes en el Cuerpo de Cristo. Para nuestros hermanos no pentecostales, el bautismo del Espíritu Santo sólo hace dos cosas: Nos une al Cuerpo de Cristo, y hace realidad nuestra co-crucifixión con Cristo. Por ende, según dicha interpretación, experimentar el bautismo de un mismo Espíritu sirve como base para mantener la unidad en la iglesia, y ocurre única y exclusivamente al momento de la conversión sin ninguna evidencia física inicial más que la regeneración del creyente. Estar asociados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo del Espíritu establece la base para nuestra separación del poder persistente del pecado que está en nosotros y nuestro caminar en una vida nueva (Romanos 6:1-10, Colosenses 2:12). Fundamentan dicha afirmación en 1 Corintios 12:13.

Aunque respetamos su postura, nosotros, como pentecostales, afirmamos que ser bautizado en el Espíritu Santo se debe diferenciar de lo que Pablo declara en 1 Corintios 12:13 que, según la sintaxis griega, lee: “por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”. El contexto de este pasaje muestra que “por” es la mejor traducción, indicando que el Espíritu Santo es el instrumento o medio por el cual se lleva a cabo el bautismo. En los versículos 3 y 9 del capítulo, Pablo usa la misma preposición dos veces en el mismo versículo para indicar una actividad del Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:13, “bautizados en un cuerpo” habla de la obra del Espíritu Santo de incorporar a un pecador arrepentido al cuerpo de Cristo (Romanos 6:3; Gálatas 3:27 para una expresión equivalente a “bautizados en Cristo”). Este es el “un bautismo” de Efesios 4:5; es el bautismo indispensable e importante que resulta en el “un cuerpo” del versículo 4. Dicho de otra manera, en la conversión el Espíritu Santo bautiza en Cristo/el cuerpo de Cristo; en una experiencia subsiguiente y diferente, Cristo bautizará en el Espíritu Santo.

El bautismo en el Espíritu Santo es una realidad bíblica y experimental innegable. En la Biblia se usan diversos términos bíblicos para referirse a esta experiencia, especialmente en el libro de los Hechos, que registra el primer descenso del Espíritu sobre los discípulos de Jesús y da ejemplos similares de encuentros del Espíritu con el pueblo de Dios. Las siguientes expresiones en Hechos se usan de manera intercambiable para describir la experiencia:

(1.- Bautizado en el Espíritu—Hechos 1:5; 11:16; véase también Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33. El término “bautismo en el Espíritu” generalmente sirve como un conveniente sustituto y también se usa en este documento
(2.- El Espíritu viene, o desciende, sobre— Hechos 1:8; 8:16; 10:44; 11:15:19:6; véase también Lucas 1:35; 3:22
(3.- El Espíritu derramado— Hechos 2:17,18; 10:45
(4.- El don que mi Padre prometió— Hechos 1:4
(5.- El don del Espíritu— Hechos 2:38; 10:45; 11:17
(6.- El don de Dios— Hechos 8:20; 11:17; 15:8
(7.- Recibir el Espíritu— Hechos 8:15,17,19; 19:2
(8.- Lleno con el Espíritu— Hechos 2:4; 9:17; además Lucas 1:15,41,67. Esta expresión, junto con “lleno del Espíritu”, tiene una aplicación más amplia en los escritos de Lucas. El mandato de Pablo de “ser llenos con el Espíritu” (Efesios 5:18) no se refiere a la plenitud inicial del Espíritu; es un mandamiento para continuar llenándose del Espíritu.[5]

Ninguno de estos términos expresa todo lo que envuelve la experiencia. Son metáforas que expresan la idea de que el receptor es completamente dominado o saturado por el Espíritu, que ya mora en él (Romanos 8:9,14-16; 1 Corintios 6:19; Gálatas 4:6).

El bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta y posterior a la regeneración. Cada vez que en el Nuevo Testamento encontramos el bautismo en el Espíritu, veremos que se manifiesta el orar en el Espíritu u orar en lenguas, como la señal del derramamiento del Espíritu. También encontramos en algunos casos la manifestación de profecía y alabanza además del hablar en lenguas. Pero siempre es algo que se ve y oye:

“Y [Jesús] exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros VÉIS Y OÍS” (Hechos 2:33).

En Pentecostés el Espíritu se derrama sobre cada uno, y se ponen a hablar en lenguas según el Espíritu les concedía expresarse. Ellos eran los que hablaban, pero el Espíritu les daba el lenguaje a expresar (Hechos 2:1-4).

En Hechos 10:44-46 se relata:

“Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos AL VER que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, PUES LES OÍAN hablar en lenguas y glorificar a Dios”

Pedro está predicando de Cristo a Cornelio y su gente, cuando repentinamente cayó el Espíritu sobre todos ellos, incluidos los gentiles. ¿Cómo sabían que había caído el Espíritu sobre todos ellos? Porque los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Ellos también habían recibido su bautismo en el Espíritu tal como los Apóstoles en Pentecostés, porque hablaban en lenguas.

En Hechos 19:1-6 leemos:

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a HABLAR en lenguas y a profetizar…”

¿Qué sucedió cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo? Se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. A todo lo anterior, la conclusión es obvia: El bautismo en el Espíritu Santo es siempre una experiencia visible (o cuando menos audible) y no siempre ocurre al momento de la conversión. Tampoco es lo mismo que la regeneración. Ser sellado con el Espíritu Santo al momento de nuestra conversión y recibir el bautismo en el Espíritu Santo son dos experiencias distintas.

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CONCLUSIÓN

A quienes todavía cuestionan la validez de este mover del Espíritu, les remitimos a las pruebas y al respaldo de Dios sobre el mismo: Los pentecostales sólo representaban el 6 por ciento de todos los cristianos en el año 1980. Hoy ese número ha aumentado al 26 por ciento. Y el Pulitzer Center informa que 35.000 personas se unen a las iglesias pentecostales cada día. Algunos investigadores predicen que habrá 1.000 millones de cristianos pentecostales en el mundo en 2025. A pesar de los estereotipos, en absoluto se puede decir que los pentecostales seamos marginales en la sociedad. Fieles a la Palabra y a nuestro legado Protestante, los pentecostales declaramos: ¡Sola Scriptura! ¡Sola fide! ¡Sola Gratia! ¡Solus Christus! ¡Soli Deo gloria! Pero también declaramos sin avergonzarnos: ¡Ha llegado el tiempo de Solus Spiritus!

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REFERENCIAS:

[1] J. José Alvarez, El Tiempo del Espíritu: Hacia una teología Pneumatológica, Editorial Eunsa, 2006.

[2] Lucas Mateo Seco, Teología trinitaria. Dios Espíritu Santo. Ediciones RIALP. Madrid 2005.

[3][3] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, Editorial Vida, 1990.

[4] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículos 7-8.

[5] Stanley M. Horton, Teología Sistemática: Una perspectiva pentecostal, Editorial Vida, 2012.

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Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Distintivos de un verdadero pentecostal.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Cuáles son las características o distintivos de ser pentecostal? ¿Qué nos marca como movimiento del Espíritu Santo? Ser pentecostal significa modelar una la vida conforme al día de Pentecostés que nos narra el capítulo dos de los Hechos. La experiencia pentecostal necesariamente implica la recepción del bautismo en el Espíritu y la experiencia de sus dones (Hechos 2:1-13), lo cual implica también comunión y dependencia del Espíritu Santo, la proclamación fiel de la Palabra de Dios (Hechos 2:14-41), el entendimiento de nuestro llamado y la vivencia del evangelio en una comunidad transformada (Hechos 2:42-47). Todos estos aspectos son indispensables para una auténtica pentecostalidad.

EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO.

El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas como la evidencia física inicial era y sigue siendo la base tanto de la vida cristiana como del ministerio pentecostal. El bautismo en el Espíritu Santo no es simplemente resultado de la búsqueda de una experiencia, sino que es el principio de una vida y un ministerio empoderado. En el libro de Hechos, el escritor Lucas establece la correlación entre el derramamiento del Espíritu Santo y el poder para testificar. Las últimas palabras de Jesús en la tierra incluían las de Hechos 1:8, “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Luego en Hechos 4:31, se cuenta, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. La Nueva Traducción Viviente traduce la última frase, “predicaban con valentía la palabra de Dios”.

Las tres partes del patrón de Hechos 1:8 y de 4:31 siguen igual para hoy:

  1. Buscar (orar, esperar)
  2. Recibir (bautismo, llenura del Espíritu Santo)
  3. Predicar (testificar, ministrar) con poder (valentía)

El creyente pentecostal de hoy puede y debe esperar la misma experiencia, y no en una sola ocasión. El Apóstol Pablo nos anima en Efesios 5:18, “Sed llenos del Espíritu” como un estado continuo y constante. Lamentablemente, se ha observado una tendencia peligrosa en las últimas décadas. La cifra básica que nos define como pentecostales, el porcentaje de creyentes bautizados en el Espíritu Santo ha bajado cada década. Es urgente cambiar esta peligrosa tendencia. Aquellos que nos hacemos llamar pentecostales en el siglo XXI debemos buscar y recibir la llenura del Espíritu y ministrar en su poder.

COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU SANTO Y DEPENDENCIA DE ÉL

Los pentecostales creemos en el sacerdocio del creyente que afirma que no se necesita un sacerdote humano para buscar el perdón o hablar con Dios. Tenemos un Gran Sacerdote que siempre intercede por nosotros. Además, por la obra salvífica de Jesucristo, se rompió la cortina y ahora tenemos pleno acceso al Lugar Santísimo, a nuestro Padre Celestial. Así, cada creyente tiene la oportunidad y responsabilidad de aprender a acercarse a Dios para escucharlo, obedecer y depender del Espíritu Santo. Esta espiritualidad no solo está disponible para todos, sino que es lo que Dios espera observar en todo creyente.

El bautismo en el Espíritu Santo le da al pentecostal la alta sensibilidad del obrar de Dios en la vida diaria y ministerio. Ahí entra la práctica de hablar en lenguas, pero ahora en las lenguas privadas. Hay lenguas que operan en contextos públicos que son para la edificación del cuerpo de Cristo. Pero, también hay las lenguas privadas que son para la edificación de la persona. Es un lenguaje celestial para adoración e intercesión. Cuando hablamos en lenguas en nuestra cámara de oración, el Espíritu Santo ayuda al pentecostal a lograr mayor intimidad con Dios. Ya que es el Espíritu que habla por medio de nuestra lengua, nuestro espíritu puede enfocarse en Dios y escuchar su voz.

Es importante recordar que la oración es comunicación de dos vías. En los ricos tiempos de adoración y oración, habrá momentos de silencio para reflexionar y dejar al Espíritu oportunidades para hablarnos, a veces en suaves susurros. El primer deber del creyente es aprender a escuchar la voz del Espíritu Santo, comprometerse a obedecerla sin condición y desarrollar la dependencia absoluta de Él. Nuestra formación pentecostal tiene base, desde el principio, en la creencia en el bautismo en el Espíritu Santo y en el llamado universal del creyente al servicio. El Espíritu Santo le da a todo creyente poder y dones para servir y ministrar.

ROL IMPRESCINDIBLE DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA Y EL MINISTERIO DEL CREYENTE

Además, por la obra del Espíritu Santo, “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). El Espíritu Santo mora en nosotros y Él comienza a sembrar y cosechar su fruto en nuestras vidas: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23). Además, Él nos bendice con dones espirituales que nos habilitan para servirle a Él, a su cuerpo y un mundo desesperado sin Él.

A veces, tomamos como común el desarrollo del fruto del Espíritu Santo, o peor error, como producto automático de ser pentecostales. Sin embargo, cultivar el fruto del Espíritu Santo es resultado de la misma relación íntima con Jesús – más de Él y menos de mí. Y esa experiencia es la base de una relación íntima con el Espíritu Santo. A través de la llenura del Espíritu Santo recibimos poder para ser testigos de Jesucristo. Además, cuando practicamos estar en la presencia del Espíritu Santo, la sensibilidad se aumenta, no solamente de su presencia, sino también de la operación de los dones que Él nos imparte para servir la diversidad de ministerios. 1 Pedro 4:10 dice, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. La NTV dice, “Dios, de su gran variedad de dones espirituales, le ha dado un don a cada uno de ustedes”.

El creyente pentecostal aprende como depender del Espíritu, y no de su propio talento o conocimiento, y como ministrar en el poder del Espíritu. La iglesia pentecostal reconoce y aprecia la diversidad del ministerio e igualmente de los dones espirituales.

LLAMADO INDIVIDUAL UNIVERSAL AL SERVICIO

Otro distintivo pentecostal desde el principio ha sido la creencia que Dios ha llamado a todo creyente servirle a Él. No existía ninguna brecha entre ministro y laico en el principio. En la iglesia verdaderamente pentecostal, la brecha debe ser mínima. Sí, la iglesia aprueba y aparta a algunos como ministros aprobados y acreditados. Sin embargo, lo hace en pleno reconocimiento que todo creyente tiene ministerio y ha recibido dones para habilitar su ministerio. Así, los pentecostales afirmamos que el Espíritu sigue llamando y potenciando a todo creyente participar en el gran plan de Dios para alcanzar el mundo para Cristo.

CONOCIMIENTO Y COMPROMISO CON LA SANA DOCTRINA BÍBLICA Y PENTECOSTAL

Un verdadero pentecostal debe poner énfasis en el conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal. El apóstol Pablo instruyó a Timoteo en 2 Timoteo 2:15, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. La NTV dice, “Esfuérzate para poder presentarte delante de Dios y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad”.

La gran meta es presentarnos a Dios de tal manera que recibimos su aprobación. El versículo sugiere que requerirá esfuerzo y diligencia personal, alto conocimiento y uso recto de la Palabra de Dios, y compromiso con obedecerla y vivirla. El conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal son resultado de cumplir con el consejo de 2 Timoteo 2:15. Seamos obreros aprobados, con conocimiento y compromiso con la sana doctrina bíblica y pentecostal.

CONCLUSIÓN

Conocimiento bíblico y fervor espiritual deben caracterizar nuestra fe pentecostal. No es el uno sin el otro. Conocimiento sin fervor omite la dinámica del Espíritu que activa y aplica el conocimiento. Fervor sin conocimiento deja al obrero no aprobado, avergonzado porque no maneja bien la Palabra de Dios. Conocimiento y fervor juntos, en equilibrio pone al obrero en el lugar más seguro donde el Señor lo puede usar. Es nuestro distintivo de ser pentecostal – bautizado, empoderado, conectado, llamado, involucrado y comprometido. ¡Eso es ser pentecostal!

Dones Espirituales, Hablar en Lenguas, Neumatología, Pentecostalismo Clásico, Vida Espiritual

Aspecto animístico y dinámico de la obra del Espíritu.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés constituyó el clímax de una promesa que Dios había hecho siglos antes. El libro de Hechos nos cuenta que:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. Desconcertados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!»” (Hechos 2:1-11, NVI)

Los pentecostales entendemos que la institución del nuevo pacto fue también el comienzo de la era del Espíritu. Dios prometió por medio del profeta Ezequiel:

“Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes.” (Ezequiel 36:26-27, NVI).

A través del profeta Joel, el Señor también prometió:

“Después de esto, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán sueños los ancianos y visiones los jóvenes. En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los siervos y las siervas.” (Joel 2:28,29, NVI).

De acuerdo con estas profecías, la venida del Espíritu Santo de un modo inusual anunció el amanecer de la nueva era prometida por Dios, la era del Espíritu. Si bien es cierto que, entre el nacimiento de Jesús y el descenso del Espíritu sobre los discípulos, el Espíritu Santo estuvo activo en el ministerio de Jesús, la inauguración no estuvo completa sino hasta el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés. El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús al momento de su bautismo por Juan en el río Jordán (Mateo 3:16), junto con la actividad del Espíritu a través de Él por medio de su ministerio terrenal (Lucas 4:18,19; Hechos 2:38,39), sirve como un paradigma para todos los creyentes a los cuales Dios en el Antiguo Testamento prometió la morada interior y la capacitación de poder del Espíritu Santo.

ASPECTOS DE LA OBRA DEL ESPÍRITU.

Las profecías de Ezequiel y Joel destacan dos aspectos distintos del ministerio del Espíritu Santo bajo el Nuevo Pacto de la gracia. La promesa dada por medio de Ezequiel es que todo el pueblo de Dios del nuevo pacto experimentará la morada interna del Espíritu Santo. Recibirán un nuevo corazón y un nuevo espíritu; por causa de la morada interna del Espíritu Santo podrán andar en rectitud.

La promesa dada por medio de Joel es de distinta naturaleza. En la profecía de Joel, el derramamiento del Espíritu Santo es de naturaleza dramática, por la cual los receptores profetizarán, tendrán sueños, y verán visiones. La profecía de Joel es similar al deseo expresado por Moisés: “¡Cómo quisiera que todo el pueblo del Señor profetizara, y que el Señor pusiera su Espíritu en todos ellos!” (Números 11:29, NVI).

Las profecías distinguían claramente dos obras del Espíritu Santo:

  1. Morada Interna: Se le denomina también Aspecto Animístico de la obra del Espíritu. Se relaciona con la regeneración y la consiguiente morada interna del Espíritu Santo.
  2. Dotación de Poder. Se le conoce también como Aspecto Dinámico de la obra del Espíritu. Se refiere a la dotación de poder, que con frecuencia se manifiesta por medio de algún fenómeno desacostumbrado.

Una diferencia significativa entre las experiencias del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento es que las personas en el Antiguo Testamento no parecen haber recibido una morada permanente del Espíritu Santo. Aún más, comparativamente el Espíritu Santo fue dado a unos pocos, y por lo general para profetizar. En el Nuevo Testamento, por el contrario, el Espíritu Santo es dado a todos los creyentes. Bajo el Nuevo pacto, es imposible ser un creyente del Nuevo Testamento sin contar con la morada interna del Espíritu Santo (Romanos 8:9,14-16). Además, todos los creyentes del Nuevo Testamento pueden ser dotados de poder por el Espíritu Santo (Hechos 1:8).

La voluntad de Dios fue que todos los creyentes experimentaran tanto la morada interna como la dotación de poder del Espíritu Santo. Y aunque la Biblia nos muestra que fue la intención de Dios que estas dos operaciones del Espíritu fueran distintos aspectos de la obra única del Espíritu en conexión con el nuevo pacto, el Nuevo Testamento parece indicar que una persona puede experimentar ambas obras del Espíritu casi simultáneamente, como sucedió con la casa de Cornelio (Hechos 10:44-46). Es difícil determinar el punto preciso en el cual estas personas fueron regeneradas. Parece que en medio de la predicación de Pedro ellos creyeron y fueron llenos del Espíritu Santo. Estas dos experiencias, aun cuando pueden distinguirse teológicamente, no están necesariamente separadas en forma cronológica. No hay garantía bíblica para enseñar que debe existir un intervalo entre la regeneración y el ser lleno del Espíritu Santo. Pero también es cierto que muchos cristianos han experimentado sólo la obra básica del Espíritu Santo (la de regeneración) por medio de la cual el Espíritu de Dios habita en ellos (Juan 14:17).

Esta terminología para la segunda obra del Espíritu Santo es variada. Los pentecostales por lo general designamos esto como el bautismo en el Espíritu Santo. Al hacer esto estamos sobre terreno firme, bíblicamente. Además de la declaración de Juan el Bautista (Mateo 3:11), Jesús dijo a los discípulos: “ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.” (Hechos 1:5, NVI). Sin embargo, cuando Lucas registra el cumplimiento de esa promesa en Hechos 2:4, dice: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo”. Esta experiencia inicial de ser “llenos” del Espíritu Santo es, por tanto, sinónima de ser “bautizados” en el Espíritu Santo. En otros lugares cuando Él habla de esta experiencia, Lucas dice que el Espíritu viene o cae sobre la gente (Hechos 1:8; 8:16; 10:44; 11:15; 19:6). A veces él habla del derramamiento del Espíritu o del Espíritu que es derramado (Hechos 2:17,18; 10:45). Como quiera que uno designe esta segunda experiencia del Espíritu, nunca debiera interpretarse como que significa que el receptor con anterioridad a ese momento no tenía la morada del Espíritu. ¡Un creyente sin el Espíritu Santo es una contradicción de términos! Pero es posible que un creyente no experimente la obra adicional del Espíritu Santo denominada el bautismo en el Espíritu.

Los diversos términos usados para la experiencia del bautismo en el Espíritu no deben atrapar nuestra atención desmedidamente, son simples intentos por parte de los escritores bíblicos para ayudarnos a entender mejor el significado de la experiencia. Expresiones como “bautizado”, “lleno”, y “revestido” ponen énfasis en que el creyente está enteramente dominado o gobernado por el Espíritu Santo. Entre otras cosas, la obra del Espíritu Santo que ya mora en el creyente se intensifica y llega a una culminación por la experiencia de ser lleno con el Espíritu Santo.

LA PROFECÍA DE JOEL.

El derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés está asociado con la profecía de Joel. El apóstol Pedro señaló esto claramente:

“Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: «Compatriotas judíos y todos ustedes que están en Jerusalén, déjenme explicarles lo que sucede; presten atención a lo que les voy a decir. Estos no están borrachos, como suponen ustedes. ¡Apenas son las nueve de la mañana! 16 En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel: “Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. En esos días derramaré mi Espíritu     aun sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán. Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y nubes de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y esplendoroso. Y todo el que invoque el nombre del Señor     será salvo”.  (Hechos 2:16-21).

Tal como en el Antiguo Testamento, la venida del Espíritu sobre los hombres y mujeres resultó en que profetizaban, tal como Joel había declarado que el derramamiento del Espíritu sobre toda carne resultaría en profecía. Joel mencionó también otras indicaciones de la venida del Espíritu, las que parecen no haberse cumplido en el día de Pentecostés. Sin embargo, Pedro recalcó el elemento de profecía, porque añadiendo a la cita del pasaje de Joel, él también insertó palabras, “y profetizarán”, en medio de la cita de Joel (Hechos 2:18). En otras palabras, Pedro estaba dando énfasis a que la profecía acompañaría al derramamiento del Espíritu Santo.

¿HABLARON EN LENGUAS O PROFETIZARON?

Luego de leer Hechos 2 muchos quizá se pregunten ¿profetizaron los discípulos el día de Pentecostés? Lucas nos dice que hablaron en lenguas (Hechos 2:4). Con anterioridad al día de Pentecostés, no hay registro de que alguien haya hablado en lenguas bajo el impulso del Espíritu Santo. Entonces ¿Cómo relacionamos el hablar en lenguas con la profecía? Esto no es difícil si recordamos que la profecía es hablar bajo el impulso directo del Espíritu Santo. Esto es precisamente la naturaleza del hablar en lenguas: Es hablar bajo el impulso del Espíritu Santo, o como lo expresa Lucas, “como el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). La diferencia obvia entre profecía y hablar en lenguas es que la profecía es en un lenguaje bajo el control de quien habla, mientras que el hablar en lenguas es en una lengua desconocida para el que habla. Hablar en lenguas es, en consecuencia, una forma especializada de profecía.

¿DEBE HABLAR EN LENGUAS TODO AQUEL QUE RECIBE EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO?

La experiencia de ser bautizado en el Espíritu está acompañada por hablar en lenguas, o glosolalia. En Hechos 2:4 Se nos muestra que todos aquellos que fueron bautizados en el Espíritu Santo hablaron en lenguas. El sujeto es “todos” (griego pantes). Un sencillo análisis gramatical muestra que ese único sujeto se aplica a ambas cláusulas principales, de modo que la clara intención es que todos fueron llenos del Espíritu Santo y que todos comenzaron a hablar en otras lenguas. Lucas tenía a disposición los medios lingüísticos por medio de los cuales pudo haber dicho que todos fueron llenos del Espíritu Santo y que algunos hablaron en lenguas, si ése hubiera sido el caso. Pero es claro que todos fueron llenos y que todos hablaron en lenguas.

En Hechos 10, se nos dice que el Espíritu Santo “cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hechos 10:44). Los creyentes compañeros de Pedro, que estaban atónitos de que los gentiles recibieran el bautismo del Espíritu Santo, supieron que el derramamiento había tenido lugar sólo porque “los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:46). El versículo 46 es introducido por la palabra griega gar, que es una conjunción causativa que a menudo se traduce “porque” o “por”. El hablar en lenguas convenció a estos hombres de que Cornelio y los de su casa verdaderamente habían sido llenos del Espíritu Santo. La evidencia en Hechos indica ciertamente que la glosolalia es un acompañamiento necesario del bautismo en el Espíritu Santo.

¿POR QUÉ HABLAR EN LENGUAS?

Con frecuencia surge la pregunta: “¿Por qué Dios eligió el hablar en lenguas como señal?” La Biblia nos presenta una triple respuesta:

  1. Primero, es definitivamente una señal de la nueva era inaugurada por Dios. Esto resulta claro cuando leemos la profecía de Joel a la luz de Hechos 2. En un sentido personal, el hablar en lenguas significa también la entrada del creyente a la nueva era, si recordamos que la morada interna y la dotación de poder del Espíritu Santo son realmente dos aspectos de la obra única del Espíritu en la nueva era.
  2. Segundo, el hablar en lenguas sugiere firmemente la responsabilidad misionera de la Iglesia. La comunicación del evangelio debe ser verbal. En consecuencia, la multiplicidad de lenguas en el día de Pentecostés sugiere la responsabilidad evangelística mundial de la Iglesia (Hechos 1:8). Esto, ciertamente, no significa que el creyente tiene el dominio de un idioma extraño con el cual predicar el evangelio. Significa simplemente que la variedad de lenguas que los creyentes hablan cuando están llenos del Espíritu es un recordatorio implícito de la tarea misionera de la Iglesia.
  3. Tercero, hablar en lenguas es un medio por el cual el creyente se identifica espiritualmente (1 Corintios 14:4). De todas las manifestaciones o dones del Espíritu mencionados en el Nuevo Testamento, sólo en conexión con la glosolalia se dice que la persona se edifica a sí misma. Todas las otras manifestaciones o dones son para la edificación de la Iglesia. Parece que Dios no retendría de alguno de sus hijos algún medio por el cual pudiera ser edificado espiritualmente.

La afirmación del pentecostalismo clásico de que la glosolalia es la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo no contradice la necesaria respuesta negativa a la pregunta de Pablo, “¿hablan todos lenguas?” (1 Corintios 12:30). Todo aquel que ha sido bautizado en el Espíritu Santo suele emplear la glosolalia a menudo como forma de adoración privada. Pablo nunca prohibió esto ni afirmó que no fuera posible. En 1 Corintios 12-14, Pablo está dando énfasis a los aspectos público y corporativo de los dones. No todos hablan lenguas en el sentido en que no todos son llamados por Dios a dar expresiones públicas en lenguas, lo cual debe ser seguido de interpretación. Pero el ejercicio privado de la glosolalia es un asunto distinto.

CONCLUSIÓN.

Hay dos experiencias identificables del Espíritu: regeneración y plenitud. Ambas están incluidas en la promesa del Espíritu en el Antiguo Testamento. Cada una complementa a la otra. En la regeneración, el énfasis está sobre el cambio de corazón y de vida. En el bautismo en el Espíritu, el énfasis está en la dotación de poder para servicio. Todos los creyentes experimentan la obra regeneradora del Espíritu; de igual forma, todos debieran experimentar su dotación de poder.

Pentecostalismo Unicitario

El Pentecostalismo Unicitario: Un desafío a la ortodoxia pentecostal.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El concepto de la trinidad de Dios está presente a través de toda la Escritura. No es un concepto que sea fácilmente comprendido por la mente finita. Y debido a que el hombre quiere que todo tenga sentido en su teología, regularmente se levantan movimientos heréticos para tratar de explicar la naturaleza de Dios. Desde luego, esto sencillamente no puede lograrse sin violentar el texto bíblico. Los cristianos han llegado a aceptar que la naturaleza de Dios no está sujeta a limitaciones que nos gustaría imponerle. Simplemente le creemos cuando nos dice, “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9). Si no podemos entender Sus pensamientos y caminos, aceptamos que tampoco podemos comprender Su naturaleza. El pentecostalismo no ha estado exento de la aparición de grupos heréticos antitrinitarios dentro de sus filas. Prueba de ello es la existencia del movimiento conocido como “Solo Jesús”.

El movimiento “Solo Jesús,” también conocido como Pentecostalismo Unicitario, o teología de la unicidad, enseña que solo hay un Dios, pero niega la trinidad de Dios. En otras palabras, la unicidad teológica no reconoce a las diferentes personas de la Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tiene varias formas – algunos ven a Jesucristo con el único Dios, quien a veces se manifiesta a Sí Mismo como el Padre o el Espíritu Santo. La doctrina central del pentecostalismo unicitario /solo Jesús, es que Jesús es el Padre y Jesús es el Espíritu. Hay un Dios que se revela a Sí Mismo en diferentes “maneras.”

Esta enseñanza de Solo Jesús/Pentecostalismo Unicitario ha estado vigente por siglos, de una u otra forma, como modalismo o sabelianismo. El modalismo enseña que Dios se ha revelado a Sí Mismo en tres modalidades o formas en diferentes momentos – a veces como el Padre, otras como el Hijo, y otras como el Espíritu Santo. Pero pasajes como Mateo 3:16-17, donde dos o las tres Personas de la Trinidad están presentes, contradice la visión modalista. El modalismo fue condenado como herético ya en el siglo II d.C. La iglesia primitiva condenó fuertemente la opinión de que Dios es estrictamente una Persona singular que actuó en formas diferentes en diferentes momentos. Ellos afirmaban que, en base a la Escritura, la tri-unidad de Dios es evidente en que más de un Persona de la Divinidad es vista a menudo simultáneamente, y con frecuencia interactúan una con la otra (Génesis 1:26; 3:22; 11:7; Salmos 2:7; 104:30; 110:1; Mateo 28:19, Juan 14:16). Por tal razón, la doctrina del Pentecostalismo Unicitario/Solo Jesús, es considerada antibíblica de acuerdo con la ortodoxia cristiana. A algunos practicantes aislados del pentecostalismo unicitario se les ha criticado incluso por sostener ciertas posturas arrianas. ​ No obstante, las acusaciones de herejía han sido insuficientes para frenar el crecimiento de dicho grupo religioso. Actualmente, el número de creyentes pentecostales unicitarios supera ya los 40 millones de adherentes alrededor del mundo.

 

¿CÓMO SURGIÓ EL PENTECOSTALISMO UNICITARIO?

El pentecostalismo unicitario surgió del movimiento pentecostal, que tiene sus orígenes en las enseñanzas de Charles Parham en Topeka, Kansas y del Avivamiento de la Calle Azusa liderado por William J. Seymour en 1906. Rechazados por las iglesias históricas, los pentecostales comenzaron a formar sus propias organizaciones. Uno de estos nuevos grupos fue las Asambleas de Dios que se formó en 1914.

Algunos predicadores evangelistas pentecostales y comenzaron a aceptar y predicar la doctrina de la Unicidad y el bautismo el nombre de Jesús durante ese tiempo, lo que condujo a fricciones dentro del nuevo movimiento. Cuando las Asambleas de Dios oficialmente afirmaron la doctrina tradicional de la Trinidad en su Cuarto Concilio General en octubre de 1916, los pentecostales unicitarios se vieron obligados a retirarse. Dos meses más tarde, varios ministros unicitarios se reunieron en Eureka Springs, Arkansas, y el 2 de enero de 1917, formaron una organización Pentecostal Unicitaria llamada Asamblea General de las Asambleas Apostólicas.

La Asamblea General de las Asambleas de la Sede Apostólica se fusionó con otra iglesia, las Asambleas Pentecostales del Mundo (Pentecostal Assemblies of the World – PAW) y aceptó el liderazgo de G. T. Haywood, un afroamericano. Este grupo celebró la primera reunión en Eureka Springs en 1918. Esta organización interracial adoptó el nombre de la PAW y permaneció como el único organismo Pentecostal Unicitario hasta finales de 1924. Las leyes Jim Crow del sur, junto con otras normas raciales y culturales, condujo a que muchos dirigentes blancos salieran de la PAW en vez de permanecer bajo el liderazgo afroamericano. Muchas congregaciones locales en el Sur, no obstante, quedaron integradas mientras que intentaran cumplir con las leyes de segregación local.

En 1925, se formaron tres nuevas iglesias unicitarias: las Iglesias Apostólicas de Jesucristo, la Alianza Ministerial Pentecostal, y la Iglesia de Emmanuel en Jesucristo. En 1927, se dieron pasos hacia la reunificación de estas organizaciones. Reunidos en un convenio conjunto en Guthrie, Oklahoma, la Iglesia de Emmanuel en Jesucristo y las Iglesias Apostólicas de Jesucristo se fusionaron, tomando el nombre de la Iglesia Apostólica de Jesucristo. Esta fusión unió alrededor de 400 ministros pentecostales de la Unicidad. En 1931, una conferencia de unidad con representantes de cuatro organizaciones unicitarias se realizó en Columbus, Ohio, tratando de unificar a todos los pentecostales Unicitarios de Estados Unidos. La Alianza Ministerial Pentecostal votó a favor de fusionarse con la Iglesia Apostólica de Jesucristo, pero los términos de la fusión propuesta fueron rechazados por ese organismo. Sin embargo, una unión entre la Iglesia Apostólica de Jesucristo y la PAW se consumó en noviembre de 1931. El nuevo organismo mantuvo el nombre de las Asambleas Pentecostales del Mundo.

En 1932, la Alianza Ministerial Pentecostal cambió su nombre a la Iglesia Pentecostal Incorporada para reflejar su estructura organizativa. En 1936, ministros de la Iglesia Pentecostal Incorporada, votaron para trabajar hacia una fusión con las Asambleas Pentecostales de Jesucristo. La unión final, sin embargo, resultó difícil de conseguir hasta 1945 cuando estas dos organizaciones Pentecostales unicitarias se integraron para formar la Iglesia Pentecostal Unida Internacional. La fusión de estos dos organismos pentecostales de la Unicidad unió a 1.838 ministros y aproximadamente 900 iglesias. En los últimos años, la IPUI se ha vuelto étnicamente más diversa. Numerosos pastores, presbíteros y superintendentes de distrito afroamericanos ocupan posiciones de liderazgo en la IPUI hoy día. La comunidad hispana/latina tiene su propio organismo de la IPU llamada Iglesia Pentecostal Unida Hispana Inc., con congregaciones localizadas por todos los Estados Unidos. La IPUI es, hoy por hoy, la mayor de las iglesias del pentecostalismo unicitario, pero no es la única. Otras denominaciones pentecostales unicitarias de importancia numérica son la Iglesia Apostólica Internacional, la Iglesia de Jesús en Filipinas, la Asamblea del Señor Jesucristo, la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo de la Fe Apostólica, los Cristianos Evangélicos en el Espíritu de los Apóstoles, la Verdadera Iglesia de Jesús, las Asambleas Pentecostales del Mundo, Inc., la Iglesia del Espíritu Santo de Jesús, la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, la Iglesia Apostólica de Pentecostés de Canadá, las Asambleas Pentecostales de Jesucristo y la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, entre muchas otras.

(Para un mayor estudio referente a la historia del pentecostalismo unicitario, recomiendo la lectura del libro en inglés: Bernard, David. 1999, A History of Christian Doctrine, Volume Three: The Twentieth Century A.D. 1900–2000. Hazelwood, MO: Word Aflame Press).

 

CREENCIAS DISTINTIVAS DEL PENTECOSTALISMO UNICITARIO.

 I.- UNICIDAD DE DIOS:

El pentecostalismo unicitario se adhiere al concepto de Unicidad de la Deidad, en contraste a católicos, ortodoxos y protestantes de entendimiento tradicional, que incorporan el dogma trinitario. Por lo tanto, un entendimiento de la Unicidad es fundamental para comprender la posición del pentecostalismo unicitario. Mientras que los Trinitarios creemos que Dios es un ser que existe eternamente como tres personas que son uno en esencia, la enseñanza de la Unicidad afirma que Dios es un espíritu singular. “Padre”, “Hijo” y “Espíritu Santo” no son más que los títulos que reflejan las diferentes manifestaciones del Único Dios Verdadero en el universo. El Padre y el Espíritu Santo son uno y el mismo, dice esta doctrina; “Padre” se refiere a Dios en relación paternal, mientras que “Espíritu Santo” se refiere a Dios en su actividad. Según este entendimiento de la Deidad, estos dos títulos no reflejan personas distintas en la Deidad, más bien dos diferentes maneras en que el único Dios se revela a sus criaturas.

Según el entendimiento de la Unicidad, el “Hijo” no existe en alguna forma antes de la encarnación de Jesús de Nazaret, excepto en la presciencia de Dios. En Jesús, Dios tomó carne humana en un momento preciso en el tiempo, sin dejar de ser plena y eternamente Dios: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Juan 1:1-14; 1 Timoteo 3:16, Colosenses 2:9). Así, el Padre no es el Hijo (esta distinción es fundamental), pero está en el Hijo como la plenitud de su naturaleza divina (Colosenses 2:9). Para el pentecostalismo unicitario, Jesús es el único Dios verdadero, manifestado en la carne. Por esta razón, prefiere usar el título “Hijo de Dios” en lugar de “Dios el Hijo” para referirse a Cristo.

El pentecostalismo unicitario cree que su concepción de la Deidad es fidedigna al monoteísmo estricto del cristianismo primitivo, lo cual es cuestionable tanto bíblica como históricamente. Ellos contraponen sus puntos de vista no sólo con el Trinitarismo, sino también con el arrianismo adoptado por la Santos de los Últimos Días (mormones), que creen que Cristo era “dios” totalmente separado del Padre y del Espíritu Santo, y los Testigos de Jehová, que lo ven como una deidad menor que su padre. El entendimiento de Dios dentro del pentecostalismo unicitario es similar al Modalismo, aunque no puede ser exactamente caracterizado como tal. Así pues, esta diferencia entre el pentecostalismo unicitario y otros pentecostales y evangélicos (tal como las Asambleas de Dios), ha provocado que las iglesias nacidas del pentecostalismo unicitario sean caracterizadas como sectas.

II.- SOTEROLOGÍA:

El pentecostalismo unicitario deriva su soteriología de Hechos 2:38 y Juan 3:3-5. Creen que, a fin de recibir la salvación bíblica, una persona debe ser espiritualmente nacida de nuevo. Para ellos, esto se logra por morir al pecado mediante el arrepentimiento, siendo sepultado con Jesucristo en el bautismo en agua, y ser resucitado mediante la recepción del bautismo del Espíritu Santo, evidenciado por el hablar en lenguas. Por tal motivo, el bautismo en agua y el hablar en lenguas son considerados esenciales para la salvación.

El pentecostalismo unicitario no reconoce la soteriología aceptada por la mayoría de protestantes y evangélicos (incluidos otros pentecostales), particularmente la creencia en la salvación por fe solamente. Para los pentecostales unicitarios, uno recibe a Cristo cuando sigue su mandamiento de arrepentirse, es bautizado en agua en su Nombre (usando la fórmula del Nombre de Jesús) y recibe el bautismo en el Espíritu Santo evidenciado por el hablar en otras lenguas. Sin estos 3 requisitos no hay salvación. Sólo aquellos que “perseveren hasta el fin” (Mateo 24:13) en esta relación con Cristo serán salvos. Mientras tanto, no hay verdadera seguridad ni certeza de la salvación.

Este sistema soteriológico es considerado herético por los evangélicos ortodoxos, quienes ven en el mismo un sistema de salvación por obras, muy cercano al semipelagianismo. Los pentecostales unicitarios, sin embargo, insisten en negar tal acusación, afirmando que ellos creen que uno es salvado, no por obras, sino por la gracia de Dios. No obstante, insisten en afirmar que la gracia se recibe no sólo por la fe en Jesucristo sino por la obediencia a su mandamiento de nacer de nuevo (ser bautizado en agua en el nombre de Jesús y hablar en lenguas, según su interpretación) y seguir la paz con todos y la santidad sin la cual nadie será salvo. Estas obras, insisten, son hechas por fe en lo que ya está establecido en la Palabra de Dios.

III.- EL ARREPENTIMIENTO:

Los pentecostales unicitarios creen que el arrepentimiento es esencial para la salvación, como se indica en Lucas 13:5 y Hechos 2:38. El arrepentimiento es definido por ellos como un total alejamiento del pecado y con dirección a Dios. Según el pentecostalismo unicitario el arrepentimiento exige al pecador arrepentido tomar los próximos pasos bíblicos hacia el perdón y la reconciliación con Dios: el bautismo en agua en el Nombre de Jesucristo y el bautismo del Espíritu Santo. Por otra parte, el arrepentimiento debe ir acompañado de “quebranto divino”. Esto no es solo pesar, sino un gusto genuino interno del desagrado de Dios sobre el estilo de vida pecaminoso de uno, que a su vez rompe su corazón y lleva a la determinación de abandonar absolutamente el pecado sin remordimientos ni dudas.

El arrepentimiento es considerado un prerrequisito para recibir el Espíritu Santo. Los pentecostales unicitarios enfatizan que nadie puede arrepentirse por su propio poder, sino que requiere un don sobrenatural de la gracia de Dios. Consideran, sin embargo, que el arrepentimiento no conlleva por sí mismo el poder de la salvación, pues a menos que se siga con el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo y del bautismo del Espíritu Santo, el creyente sigue perdido y condenado.

IV.- BAUTISMO EN EL NOMBRE DE JESÚS:

El bautismo en agua en el Nombre de Jesús es un componente esencial de la doctrina del pentecostalismo unicitario. Ellos afirman la necesidad indispensable del bautismo en agua, citando Juan 3:5, Hechos 2:38 y Mateo 28:19. Apuntan a Mateo 3:13-16 como evidencia de que incluso el mismo Jesús fue bautizado. El modo de bautismo es por inmersión completa en agua, efectuado en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.

Esta doctrina de Nombre de Jesús es un punto de discordia entre los pentecostales unicitarios y los cristianos trinitarios. Los pentecostales unicitarios bautizan “en el nombre de Jesucristo”, mientras que los trinitarios utilizamos la fórmula enseñada por el mismo Jesús: “en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Curiosamente, los pentecostales unicitarios utilizan Mateo 28:19 para apoyar sus afirmaciones, sosteniendo que el nombre singular del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es Jesús. Insisten en que el nombre en la Escritura es singular, e implica que los tres títulos se refieren a Jesús. Otros creyentes de la Unicidad afirman que Mateo 28:19 fue cambiado a la fórmula tradicional triuna por la Iglesia Católica, pero tal afirmación es falsa e infundada desde la perspectiva bíblica e histórica.

La creencia del Nombre de Jesús se origina en Hechos 2:38, y los miembros también ponen énfasis en Hechos 8:16, Hechos 10:48, y Hechos 19:5, afirmando que estas son las únicas escrituras que muestran cómo la Iglesia primitiva hizo bautismos, y que la Biblia no autoriza el desvío de esa fórmula.

V.- HABLAR EN LENGUAS:

Los pentecostales unicitarios abrazan la creencia de que el hablar en lenguas es la inmediata, externa, observable, y audible evidencia de la llenura inicial del Espíritu Santo, y es el cumplimiento del mandamiento de Jesús de ser “nacido del Espíritu” en Juan 3:5. En concordancia con el pentecostalismo clásico, consideran que la experiencia de hablar en lenguas implica hablar en una lengua que nunca se ha aprendido antes, y puede darse a todos, independientemente de raza, cultura o idioma. Sus creencias al respecto se derivan de Hechos 2:4, 17, 38-39; 10:46; 19:6, y 1 Corintios 12:13.

Al igual que los grupos pentecostales ortodoxos, los unicitarios consideran que la lengua se convierte en el vehículo de expresión para el Espíritu Santo (Santiago 3), y simboliza el control completo de Dios sobre el creyente. Su doctrina distingue entre el acto inicial de hablar en lenguas que acompaña al bautismo en el Espíritu, y el don de “diversos géneros de lenguas” mencionado por Pablo en 1 Corintios 12:10, 28-30. Mientras que el primero se considera evidencia indispensable del Bautismo en el Espíritu Santo, el regalo último no es necesariamente mantenido para todos los creyentes una vez que han hablado en lenguas inicialmente. Consideran que los incidentes de hablar en lenguas descritos en Hechos, aunque son lo mismo en esencia, son diferentes en operación y propósito de las lenguas dichas en 1 Corintios 12 -14. Estos últimos son dados a los creyentes seleccionados como el Espíritu decide.

Sin embargo, se separan de la ortodoxia pentecostal al afirmar que el hablar en otras lenguas sirve como signo y es además considerado una parte indispensable del proceso de salvación de una persona: Nadie es considerado salvo si nunca ha hablado en otras lenguas.

 (Para una mayor explicación sobre las doctrinas del pentecostalismo unicitario, recomiendo la lectura del libro en inglés: Bernard, David K., 2011. The Apostolic Life. Hazelwood, Missouri: Word Aflame Press)

 

VI.- VIDA CRISTIANA:

Los pentecostales unicitarios enfatizan teóricamente que la salvación se logra por la gracia mediante la fe en Cristo, pero añaden que esta no es posible sin la obediencia a su orden de “nacer de agua y del Espíritu” (Juan 3:5); es decir, bautizarse en el Nombre de Jesús solo y hablar en lenguas. Afirman creer, al menos de palabra, que ninguna cantidad de buenas obras u obediencia a las leyes o las normas pueden salvar a nadie (Tito 3:5). Sin embargo, en contradicción con lo que dicen creer, enseñan un código de conducta que debe ser observado si se desea ser salvo. Ellos creen que dicho código fue ordenado en la Escritura por los Apóstoles.

Según su interpretación, la santidad interior, como demostración de los frutos del Espíritu en la vida del cristiano, se acompaña de signos externos de santidad. Estos incluyen la creencia de que las mujeres no deben cortarse el cabello, además, que deben usar vestidos o faldas en lugar de pantalones. Según su interpretación, tal prohibición está en conformidad con el mandato bíblico dado en Deuteronomio 22:5, el cual manda que “la mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer “. En cuanto al largo de las faldas se espera generalmente que lleguen por debajo de la rodilla. Mujeres y hombres por igual son alentados a “adornarse [ellos mismos] de ropa decorosa, con pudor y modestia”, y son disuadidos de usar cosméticos o joyas, bíblicamente definido como “oro, o perlas, o adornos ostentosos” (1 Timoteo 2:9-10). La severidad precisa para que estas normas sean acatadas.

Algunas denominaciones como la IPUI incluso llegaron en un tiempo a considerar pecado la posesión de un televisor. Esto podría parecer trivial para nosotros, pero no lo es dentro de dicho movimiento. Por ejemplo, en un intento de agilizar la causa de la evangelización, la Conferencia General de 2007 de la IPUI vio una mayoría de ministros votar a favor de una resolución que permita el uso de la televisión en la publicidad. Esta propuesta fue aprobada por sólo 84 votos, y actualmente permite la publicidad a través de este medio. La resolución fue examinada por un año por un comité especial antes de la votación final y no se adoptó sino hasta después de una cuidadosa consideración. Esta resolución causó que muchos ministros amenazaran con abandonar la IPUI. Por lo menos una nueva organización, la Comunidad Pentecostal Mundial, se formó en Tulsa, Oklahoma por este motivo. Otros temas controvertidos incluyen: hombres vestidos con pantalones cortos, la asistencia a cines y baños mixtos.

 (Para una mayor explicación sobre las prácticas y normas del pentecostalismo unicitario, recomiendo la lectura del libro en inglés:An Overview of Basic Doctrines, Section IV “Holiness and Christian Living,” Word Aflame Press, 1979).

 

LITURGIA EN EL PENTECOSTALISMO UNICITARIO.

Los servicios de adoración en las iglesias pentecostales unicitarias son a menudo descritos como de naturaleza festiva y emocional, con miembros saltando, danzando, cantando, gritando y aplaudiendo, como en todas las iglesias pentecostales. Algunas personas corren por los pasillos de la iglesia, lo que se conoce como “marcha de victoria”. Los servicios a menudo son interrumpidos por actos de hablar en lenguas (glosolalia), interpretación de lenguas, mensajes proféticos, e imposición de manos para propósitos de sanidad. Estos acontecimientos pueden ocurrir espontáneamente. A menudo se realizan masivas “llamados al altar” donde la congregación entera es animada a venir y orar juntos en el frente de la iglesia.

 

CONCLUSIÓN.

El pentecostalismo unicitario, también llamado pentecostalismo del nombre de Jesucristo o Solo Jesús, ​ es una de las cinco ramas del pentecostalismo moderno. Se caracteriza por practicar la doctrina de la Unicidad de Dios, es decir, por no creer en la Santísima Trinidad y considerar al «Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» como manifestaciones de YHWH, EL Dios del Antiguo Testamento, ​ siendo su principal manifestación la figura de Jesucristo. En consecuencia, sus creyentes practican el bautismo en el nombre de Jesús, en lugar de seguir la forma trinitaria del bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los pentecostales unicitarios fundamentan su unitarismo en pasajes del Antiguo Testamento como Deuteronomio 6:4; sin embargo, el modalismo de los pentecostales unicitarios ha sido duramente criticado por los movimientos pentecostales trinitarios.

Al afirmar que el bautismo en agua y el hablar en lenguas equivalen a nacer de nuevo y, por lo tanto, son indispensables para la salvación, los pentecostales unicitarios se alejan enormemente de la ortodoxia pentecostal. Su legalismo y contradictorio sistema soteriológico también han sido cuestionados duramente, ya que muestran un alejamiento de la teología protestante ortodoxa. Por tal motivo, muchos evangélicos no vacilan en catalogar como sectas a las diversas iglesias pentecostales unicitarias. En artículos posteriores analizaremos con mayor amplitud las doctrinas del pentecostalismo unicitario a la luz de la Biblia.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Bernard, David (1999). A History of Christian Doctrine, Volume Three: The Twentieth Century A.D. 1900–2000. Hazelwood, MO: Word Aflame Press.
  • Bernard, David K. (2011). The Apostolic Life. Hazelwood, Missouri: Word Aflame Press.
  • Thomas A. Fudge: Christianity Without the Cross: A History of Salvation in Oneness Pentecotalism. Universal Publishers, 2003.
  • An Overview of Basic Doctrines, Section IV “Holiness and Christian Living,” Word Aflame Press, 1979.

 

Vida Espiritual

Pentecostal sin fruto, no es pentecostal.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

Nuestro Señor Jesucristo expresó su voluntad para nosotros al afirmar: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” (Juan 15:8). Muy comúnmente, los Pentecostales y los Carismáticos somos acusados de descuidar el Fruto del Espíritu en preferencia de los Dones, los cuales son más vistosos. Sin embargo, las Escrituras nos llaman a un balance de los dos, tal como una fruta perfectamente formada en un paquete apropiado y atractivo. Juntos los dos, el paquete y la fruta, hacen un equipo perfecto. De igual manera, los creyentes del Nuevo Testamento vienen a ser como esa fruta bien envuelta y presentable.

Los Dones Espirituales comúnmente son visibles. Al igual que la envoltura de un paquete, es lo primero que se ve y muchas veces son ruidosos (1 Corintios 13:1). La Palabra de Dios nos enseña la necesidad de ambos, los dones y el fruto. El uso de los Dones debe ser juzgado y evaluado cuidadosamente en cuanto a lo que se dice (1 Corintios 13:29,32) por la asamblea, para el uso apropiado de los dones. Las Escrituras no nos mandan evaluar la madurez cristiana de un creyente por la cantidad de dones que posee, pero Jesús sí nos dijo que debemos evaluar a otros que se dicen creyentes por la manifestación de los frutos que ellos den. Las instrucciones de Dios son que seamos inspectores de frutos: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). En ningún lugar en las Escrituras dice “Por sus dones los conoceréis.” Sería como formar una opinión de un campesino por las herramientas que tiene. Debemos de basar nuestra opinión por la cosecha que él produce.

“Por sus Frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos ni el árbol malo dar buenos frutos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:16-20).

Está claro que las herramientas son una parte importante para la siembra, pero no lo son todo. Una manera de ver las cosas en relación con los dones y el fruto del Espíritu sería: Los dones son como las herramientas que Dios nos ha dado para poder producir frutos en su jardín. Si no hay fruto, las herramientas están de más o pierden su razón de ser.

LO QUE NO SON LOS DONES.

Muchos creyentes pentecostales suelen menospreciar el fruto del Espíritu y sobrevalorar los dones debido a que no entienden la naturaleza de estos. Necesitamos entender qué son y qué no son los dones para colocarlos en la dimensión correcta de nuestra vida cristiana.

  1. LOS DONES NO SON SEÑAL DE SANTIDAD: De alguna manera por todo el mundo pentecostal se ha creído y entendido que los dones son señal de santidad. En el Movimiento Pentecostal se ha creído erróneamente, debido a las malas enseñanzas, que aquellos que tienen dones nunca cometen errores. ¡Desafortunadamente no es así! Debemos entender que los dones del Espíritu no son señal de santidad. Este es un malentendido de muchas iglesias. De hecho, los dones del Espíritu muchas veces son dados como instrumentos a personas imperfectas dentro de las iglesias para que lleven fruto. Son dados a personas imperfectas en el cuerpo de Cristo para que les ayuden a perfeccionarse, a fin de que den frutos y no solo estén cubiertos de hojas (Mateo 21:18-19). Cuando las Escrituras hablan de las actitudes y comportamiento humanos, no están hablando de los dones, están hablando de los frutos. La pregunta es: ¿Por qué muchas iglesias prefieren hablar de los dones en vez de los frutos? La gran diferencia es que los dones son dados y los frutos tienen que crecer en uno. El amor, el gozo, la paz y el resto de las virtudes o características que se mencionan en la lista de Gálatas 5:22-23 son frutos que usted y yo tenemos que hacer crecer. Para poder producir frutos hay que trabajar duramente.
  1. FRUTO ES LO QUE SOY, NO LO QUE HAGO: Hemos olvidado algo muy importante en nuestra vida cristiana: El fruto no es lo que nosotros hacemos. Fruto es lo que nosotros somos. Los dones, por sí mismos, no son pruebas de una fortaleza espiritual. En el sistema de valores de Dios el “ser” tiene más alto valor que el “hacer”. ¿Por qué? Simplemente porque ¡Es más fácil liderar un grupo que ser un modelo del fruto del Espíritu! ¡Es más fácil que su nombre sea inscrito en una placa por dar su ayuda financiera a la iglesia, a que le conozcan a usted en la congregación cómo un modelo de amor o de mansedumbre!
  1. EL FRUTO NO NECESARIAMENTE SIGNIFICA GANAR ALMAS: Siempre se ha pensado que cuando se menciona en las Escrituras acerca del fruto se refiere a ganar almas. No estoy diciendo que es una mala interpretación. Creo que legítimamente esto se puede ver en las Escrituras (Proverbios 11:30). Pero también debemos recordar que alguien puedo ser eficaz en hacer prosélitos y no estar dando el fruto que Dios espera de una vida transformada (Mateo 23:15). Es más bíblico decir que el fruto de un creyente se refiere a las características de nuestra naturaleza interna, causada por una actitud de obediencia, regeneración y entrega sincera al Señor.

DEBEMOS PERMANECER EN EL SEÑOR PARA LLEVAR FRUTO.

Para llevar fruto que permanezca debemos permanecer en el Señor. Jesús dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” (Juan 15: 4-5,10)

Pero no todo en este proceso de llevar fruto resulta agradable y placentero, ya que es un proceso formativo de nuestro carácter cristiano con miras a alcanzar la madurez del creyente. No debemos olvidar que llevar fruto lleva implícito un proceso de poda. Nuestras “hojas” frecuentemente serán cortadas a fin de que podamos llevar fruto: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:1-2).

EL FRUTO DEL ESPÍRITU ES MÁS PODEROSO QUE LOS DONES DEL ESPÍRITU.

Pero ¿Por qué Dios le da tanta importancia al fruto del Espíritu? Porque el fruto del Espíritu es más poderoso que los dones del Espíritu. Tampoco quiero ser malinterpretado. No hay manera que pueda desvalorar la importancia de los dones. Pero recordemos esto: Los dones del Espíritu son solamente las herramientas que se le han dado a la iglesia para trabajar en el campo y producir frutos.

Preguntémonos ¿Para quién son los frutos? La respuesta más común es, para el Señor. Lo cual es verdad, pero solo indirectamente. El fruto en nuestra vida produce, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, (Gálatas 5:22), y esto es para los cansados viajeros. Es aquí cuando el fruto del Espíritu viene a ser uno de los instrumentos más dinámicos creados por Dios para alcanzar a los perdidos a través de nuestro ejemplo. El mundo está cansado del pecado. Las personas están profundamente metidas en sus seducciones, en no querer saber de Dios, en sus filosofías, en sus derrotas, están separados de Dios. Ellos saben muy bien cuáles son los canales de televisión cristianos, ellos conocen las estaciones de radio cristianas. Ellos son expertos en sobrepasarlas cuando buscan otras estaciones o canales. Ellos son los que piensan que las iglesias están llenas de hipócritas, y que no hay nadie que los pueda convencer de hacerse cristianos.

Mas sin embargo ellos están sedientos y con hambre. Ciertamente, ellos quizá hayan oído tanto acerca del evangelio que hasta lo pueden oler de lejos para evitarlo. Pues lo que andan buscando no es una religión más. Pero un carácter personal transformado puede ser definido como fruto y puede desarmar las dudas. El fruto cuando está presente puede atraer y alimentar al cansado viajero. El pecado enferma las almas del mundo, debilitándolas por medio del pecado, pero pueden ser bendecidas por el fruto: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Juan 13: 35).

Esta es la manera como trabaja el fruto del Espíritu: Cuando usted se encuentre uno de esos cansados viajeros y él le diga “Las iglesias me enferman, no quiero saber nada de religión”, usted le mostrará sus frutos y ellos desearán probar de él. Cuando ellos vean su humildad, su bondad, su amor, su fe, su gozo, le van a preguntar, “¿Dónde puedo obtener lo mismo?”. Es muy posible que muchos de ellos nunca hayan conocido lo suficiente del evangelio para llegar a saber de sus pecados y la necesidad de un Salvador. El Cristo y el evangelio que usted y yo reflejemos quizá sea el único que lleguen a conocer. Sin el fruto adecuado, jamás podremos presentar a Cristo de forma eficaz, incluso poseyendo los dones.

La belleza del fruto, valorada grandemente por el Señor, atraerá las almas a un lugar de arrepentimiento y asociación con Jesús. Debería preocuparnos que en nuestras iglesias pentecostales no se valore tanto el fruto como los dones del Espíritu. Es algo que no se enseña en muchas de nuestras iglesias, pero en el Nuevo Testamento el llevar frutos fue la herramienta más grande que tuvieron para evangelizar.

CONCLUSIÓN.

La prueba de la transformación de un alma es el fruto (1 Juan 3:14). Mostrar frutos cambia nuestras vidas y las de los demás (Juan 13:15; 1 Tesalonicenses 1:7,8). Claramente los frutos de los tesalonicenses (gozo, la fe) fueron ejemplos no solo en Macedonia sino también en todo lugar que se mencionó su testimonio.

El fruto que damos dice todo de nosotros: ” No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto” (Lucas 6:43). Las cualidades que le agradan a Dios en una vida madura son las mismas cualidades que los ojos de un pecador ven en nosotros: ” En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8). Solo recuerda: La madurez en Cristo no es descuidar los dones para alcanzar los frutos o viceversa, sino balancear los dos de tal manera que podamos complacer al Padre y sanar las naciones.

Hablar en Lenguas

El Apóstol Pablo y el hablar en lenguas.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

¿Qué creía Pablo acerca del hablar en lenguas? El tratamiento principal de Pablo respecto del hablar en lenguas se halla en 1 Corintios 12-14. Esto incluye 12:10, 12:28, 12:30; 13:1, 13:8 y muchas referencias en 14:1-40. Varios pasajes relacionados pudieran referirse al hablar en lenguas o cantar en lenguas, aun cuando no se emplee siempre el término. Estos pasajes incluyen Romanos 8:26,27; Colosenses 3:16; y Efesios 5:19; 6:18. Cuando Pablo escribe, considera tanto el uso privado como público de las lenguas.

EL CASO DE CORINTO.

Aparentemente, la asamblea local estaba usando el don de lenguas en manera impropia, de modo que Pablo escribe 1 Corintios 12-14 en forma correctiva. En el proceso, él va más allá de lo correctivo y dice muchas cosas buenas respecto de las lenguas, como también de la interpretación de lenguas y la profecía. Él les asigna un alto valor a las lenguas, pero también da pautas para la manera de ejercer el don.

En las cartas paulinas la esencia de las lenguas no es diferente que en Hechos. Con respecto a los propósitos y usos, el énfasis de Pablo está en la edificación del cuerpo local de la iglesia. Para que el cuerpo de la iglesia reciba edificación, sus comunicaciones debieran ser inteligibles. En su instrucción respecto del uso de las lenguas en las reuniones públicas, Pablo pone énfasis en el hablar que edifica. Pablo enseña que el hablar en lenguas edifica únicamente a los que hablan, mientras que las lenguas con interpretación edifican a todo el cuerpo de Cristo. Las lenguas preparan el corazón de los creyentes para la interpretación.

1 CORINTIOS 12-13

Muchos eruditos sostienen que el hablar en lenguas en Corinto fue una experiencia de éxtasis. Algunos advierten en contra de la pérdida del control mientras se habla en lenguas. Aunque 1 Corintios 12:1-3 no menciona éxtasis ni hablar en lenguas, los eruditos pueden referirse a este pasaje. Sin embargo, debemos tomar en cuenta algunas cosas.

Es posible estar en condición extática, en cierto sentido, sin pérdida del control, aun cuando Pablo no hace uso de tales términos.  Él dice: “los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (1 Corintios 14:32).

En 1 Corintios 12:10 pablo identifica “diversos géneros de lenguas” (gene glosson) como uno de los dones del Espíritu. En 1 Corintios 12:28 él vuelve a mencionar este don. Él repite que Dios ha colocado en la iglesia “los que tienen don de lenguas” (gene glosson). Esta frase sugiere dos preguntas clave. Una, muchas personas discuten si las lenguas son idiomas humanos actuales o si son expresiones en lenguajes no humanos. De cualquier modo, todos están de acuerdo en que lo que se habla no es aprendido o entendido por la persona que habla. Aún más, en los escritos de Pablo no hay registro de alguien que estuviese presente y que entendiera una declaración en lenguas. Con respecto a este asunto y al comentario de Pablo en 1 Corintios 12-14, el erudito pentecostal Gordon D. Fee escribe: “Sin embargo, en el análisis final esta cuestión parece sin importancia. Todo el argumento de Pablo es predicado respecto de la ininteligibilidad tanto del que habla como del oyente; él ciertamente no considera que alguien hubiera estado presente y que pudiera entenderlo, porque era también un lenguaje humano” (Gordon D. Fee, God’s Empowering Presence: The Holy Spirit in the Letters of Paul. Peabody: Hendrickson Publishers, 1994, 173). Cuando una persona habla en lenguas podría estar hablando un idioma no entendido por el que habla, ni por alguien de los presentes. Algunos han testificado de oír a alguien hablar un idioma desconocido para el que habla, pero conocido de los oyentes. Una persona puede hablar con expresiones ininteligibles que no son lenguajes humanos. Algunos objetores declaran que esto es jerigonza. Sin embargo, se trata de un lenguaje de propósito especial, el cual Dios entiende.

Pablo no define con precisión la frase “géneros de lenguas”. Es similar a la frase “otras lenguas” en el día de Pentecostés (Hechos 2:4). En cuanto a lo que concierne a los escritos de Pablo, la frase puede referirse a idiomas humanos, lenguajes con propósitos especiales, o lenguajes de hombres y de ángeles (1 Corintios 13:1). Además, varias clases de lenguas puede referirse a oración y cantos, en privado y en público, y lenguas junto con interpretación de lenguas.

Pablo hace una pregunta retórica en 1 Corintios 12:30: “¿hablan todos lenguas?” Algunos eruditos señalan esto como evidencia de que no todos hablan lenguas cuando reciben el bautismo en el Espíritu Santo. Sin embargo, esto contradice el contexto de las declaraciones de Pablo. Él se está refiriendo al ejercicio de las lenguas como un don espiritual en el ministerio de la iglesia. No podemos igualar esto con el hablar en lenguas del día de Pentecostés, lo que no fue el ejercicio de este don espiritual en la iglesia. Las funciones son diferentes.

Pablo declara en 1 Corintios 13:1: “Si yo hablase lenguas [glossais lalo] humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”. Algunos eruditos sostienen que “lenguas humanas o angélicas” se refiere a un lenguaje elocuente o extático. Sin embargo, otros dicen que tanto los lenguajes de los hombres como los de los ángeles son expresiones inspiradas por el Espíritu que el que habla no las entiende. Una variación de este punto de vista es que el que habla entiende las lenguas humanas inspiradas por el Espíritu, pero que no entiende las lenguas de los ángeles.

James D.G. Dunn, en su libro Jesus and the Spirit, (Jesús y el Espíritu) dice: “Puesto que él [Pablo] está pensando supuestamente en 13:1-3 de diferentes tipos de carismata, tales como ‘lenguas de hombres’ querrá decir no simplemente ‘lenguaje humano corriente’, sino diferentes clases de lenguajes vernáculos . . . en tanto que ‘lenguas de ángeles’ sería la descripción de Pablo y/o de los Corintios de la glosolalia(James D.G. Dunn, Jesus and the Spirit, London: SCM Press Limited, 1975), 244).

Suponiendo que Pablo se está refiriendo a la carismata, las lenguas de hombres podrían incluir la profecía, que es entendida por el que habla, y las lenguas humanas no entendidas por el que habla. Respecto de las lenguas de ángeles, muchos sostienen que Pablo estaba hablando hiperbólicamente y que nadie puede realmente hablar el idioma de los ángeles. Otros van más lejos y ponen en duda que haya lenguaje de ángeles. Sabemos que los ángeles se comunican. La Biblia enseña que las lenguas de los ángeles son una realidad, y que el Espíritu podría inspirar a alguien para hablar en tales lenguas.

Muchos eruditos, en base a 1 Corintios 13:8-10, sostienen que el hablar en lenguas ha cesado. Por consiguiente, ellos creen que el hablar en lenguas en la actualidad no es válido, o genuino. En este pasaje, Pablo hace estos comentarios: “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará”.

Los que creen que el hablar en lenguas ha cesado, con frecuencia citan el versículo 10 como apoyo. Ellos creen que “lo perfecto” se refiere a la Palabra de Dios; ahora que tenemos la Palabra, dicen, no necesitamos el don de lenguas. Aquellos que sostenemos que los dones espirituales están en operación en la actualidad, creemos que “lo perfecto” se refiere al retorno de Cristo.

1 CORINTIOS 14:1-40

En 1 Corintios 14:1-40, Pablo da instrucciones para hablar en lenguas en la iglesia. Mientras discute esto, él menciona las lenguas en la oración privada. También aclara la estrecha relación que hay entre el hablar en lenguas y la profecía. Los primeros cinco versículos tratan de las lenguas y de la profecía, como también de la interpretación de lenguas.

“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación” (1 Corintios 14:1-5).

Dirigimos las lenguas a Dios, porque solamente Él las entiende. Pablo dice que el que habla expresa misterios (musteria). La palabra espíritu del versículo 2 podría referirse al espíritu del que habla, a hablar mediante el Espíritu de Dios, o al espíritu del que habla siendo inspirado por el Espíritu de Dios. La última opción es la favorita, pues el Espíritu inspira al humano que habla para que hable en lenguas.

A veces Pablo usa la palabra “misterios” para referirse a verdades que han estado previamente ocultas y que ahora han sido reveladas. Sin embargo, según dice el teólogo C.K. Barrett, “Aquí el significado es sencillamente ‘secretos’; el que habla y Dios están compartiendo verdades ocultas que a otros no les es permitido compartir” (C.K. Barrett,A Commentary on the First Epistle to the Corinthians, second edition, London: Adam and Charles Black, 1971), 315–16). Según como lo ve Barrett, el que habla puede entender lo que es su intención (1 Corintios 14:28), pero no el significado de las palabras o declaraciones. El contenido podría ser oración, alabanza, confesiones, las poderosas obras de Dios, una carga personal, o alguna otra cosa.

Respecto de la profecía, debiéramos considerar a quien está dirigida, la relación entre revelación y profecía, y el contenido de la profecía. Cuando alguien profetiza, se dirige a la gente de la congregación. Ellos hablan en un idioma que todos pueden entender. La profecía, de igual modo que las lenguas, es inspirada por Dios (1 Corintios 12:10). La profecía y la revelación están muy estrechamente relacionadas, pero no son totalmente sinónimos. La revelación provee usualmente la base para el mensaje que se entrega. Una profecía puede ser una declaración de información que se haya revelado con anterioridad o en el momento. El que habla dando una revelación puede conocer que el mensaje es relevante y aplicable a la audiencia. Según 1 Corintios 14:3, el contenido de la profecía edifica, exhorta y consuela.

El versículo 4 compara las lenguas y la profecía respecto a edificación. Aun cuando el idioma expresado es desconocido del que habla, la persona misma es edificada. Esto sugiere que el que habla puede entender, en algún grado, la intención de los misterios expresados. El que habla también se beneficia por expresar sentimientos personales a Dios. Por consiguiente, las lenguas sin interpretación son para edificación privada. La profecía, sin embargo, es para la edificación de la iglesia. En 1 Corintios 12:10 la “interpretación de lenguas” está en la lista como uno de los dones espirituales. En el versículo 5, Pablo expresa su deseo de que haya expresiones espirituales entre los creyentes. El deseo de Pablo de que todos hablen en lenguas sin duda se refiere a la oración privada, pero también puede referirse a lenguas sin interpretación.

Debemos tener presente que la interpretación puede no ser una traducción exacta de lo que se ha expresado en lenguas. La palabra griega para “intérpretes” es diermeneuei y puede significar también “explicar”, “interpretar”, o “traducir” (Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, fourth revised and augmented edition, translated by William F. Arndt and F. Wilbur Gingrich, Chicago: University of Chicago Press, 1952), 194).  Esto abre muchas posibilidades para la interpretación. Cuando no hay una interpretación, el que profetiza es mayor que el que habla en lenguas. El intérprete de lenguas se dirige a la congregación. Del mismo modo como la profecía edifica a la iglesia, la comprensión del mensaje en lenguas produce edificación. En este caso, cuando alguien interpreta una expresión en lenguas, el valor para la iglesia es igual al de aquel que profetiza.

Aun con interpretación, el que habla dirige las lenguas a Dios. Cuando se expresan las lenguas, solamente Dios entiende el significado. Sin embargo, el mensaje puede estar dirigido a Dios, a la gente, o a ambos. La intención y la dirección serán claros cuando se dé la interpretación. El contenido puede ser alabanza, oración, iluminación de la verdad evangélica, o cualquier otra cosa que el Espíritu mueva a alguien a decir.

En 1 Corintios 14:6-12, Pablo compara las lenguas con el llamado de una trompeta. Él amplía sus anteriores declaraciones con estos comentarios: “Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí. Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia”. Pablo plantea una pregunta que incluye la frase “¿qué os aprovechará, si no os hablare . . .?” Desde este punto en adelante, hay tres maneras posibles de interpretar el significado de las palabras de Pablo.

Podríamos decir que cuando alguien habla por medio de revelación, conocimiento, profecía y enseñanza, hace que el hablar en lenguas sin interpretación sea aceptable. En otras palabras, el que habla ejerce estos dones adicionalmente al hablar en lenguas. Sin embargo, esto no parece ser así. Pablo ya dijo que el hablar en lenguas sin interpretación no edifica a la iglesia. El añadir mensajes por vía de otros dones independientes no cambiaría la situación.

Otra manera de verlo es decir que Pablo expresa “a menos que” en el sentido de “en vez de”. En otras palabras, él hablará por medio de revelación, conocimiento, profecía, o de enseñanza, en lugar de hablar en lenguas. Los otros dones toman el lugar de hablar en lenguas sin interpretación. Esta interpretación es posible, pero el pasaje parece decir que el que habla también se expresa en lenguas, como asimismo ejerce los otros dones.

Finalmente, tal vez Pablo usa “a menos que” en el sentido de ofrecer interpretación por medio de otros dones. Visto de este modo, el versículo siguiente amplifica el mensaje, cuando Pablo dice que el que profetiza es mayor que el que habla lenguas, a menos que el mensaje en lenguas incluya una interpretación para edificación. En otras palabras, la interpretación podría contener revelación, conocimiento, profecía, o enseñanza. Esto armoniza con el consejo de Pablo en el versículo 13: “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla”. En este contexto, esta manera de verlo parece ser la más lógica.

CONCLUSIÓN

En sus escritos, Pablo hace frecuentes alusiones a la naturaleza, propósitos y usos del hablar en lenguas. Cuando una persona habla en lenguas, dicha persona no entiende los sonidos que está expresando. En lo concerniente a los propósitos y usos, Pablo incluye la oración privada y el uso público de las lenguas, en tanto las lenguas sean interpretadas. Su preocupación respecto del uso público es que el mensaje edifica a la iglesia. Cuando hay interpretación, el hablar en lenguas edifica al cuerpo de Cristo.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Gordon D. Fee, God’s Empowering Presence: The Holy Spirit in the Letters of Paul. (Peabody: Hendrickson Publishers, 1994), 173.
  • James D.G. Dunn, Jesus and the Spirit (London: SCM Press Limited, 1975), 244.
  • K. Barrett, A Commentary on the First Epistle to the Corinthians, second edition (London: Adam and Charles Black, 1971), 315–16.
  • Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, fourth revised and augmented edition, translated by William F. Arndt and F. Wilbur Gingrich (Chicago: University of Chicago Press, 1952), 194.