Complementarianismo, Distintivos del Pentecostalismo, Feminismo, Hermenéutica Pentecostal, Igualitarismo, Ministerio Femenino, Ministerio Pastoral, Mujeres, Pentecostalismo, Teología Feminista, Teología Pentecostal

Priscila y Aquila: una sola carne, un solo ministerio

Un estudio exegético, histórico y ministerial de una pareja colaboradora en la iglesia primitiva

Por Fernando E. Alvarado

Resumen

Priscila y Aquila forman una de las parejas más citadas y de mayor relieve en el Nuevo Testamento. Su nombre aparece en Hechos, Romanos, 1 Corintios y 2 Timoteo, y en esas páginas se nos muestran como colaboradores de primer orden en la misión cristiana primitiva, con un papel que va mucho más allá del simple acompañamiento: abrieron su casa para que la iglesia se reuniera, fueron maestros de líderes emergentes y, en cuatro de las seis referencias neotestamentarias, el nombre de Priscila aparece antes que el de su esposo. Este artículo recorre con calma todas las menciones bíblicas de la pareja, su actividad ministerial, el testimonio de las fuentes extrabíblicas y las implicaciones de su liderazgo para comprender el lugar de la mujer en las comunidades cristianas primitivas. El análisis sugiere que Priscila ejerció una función docente reconocida dentro del movimiento cristiano naciente, lo que plantea serias dificultades a los modelos restrictivos del ministerio femenino.

Palabras clave

Priscila; Aquila; iglesia primitiva; ministerio femenino; iglesias domésticas; Pablo; Apolos; Hechos; Romanos 16; 1 Corintios 16; 2 Timoteo 4.

1. Introducción

Hay personajes del Nuevo Testamento que cruzan la historia casi sin hacer ruido y que, sin embargo, sostienen buena parte de ella. Priscila es uno de ellos. De las seis referencias explícitas a la pareja que formaba con Aquila, en cuatro el nombre de la esposa precede al del esposo: Hechos 18:18, Hechos 18:26, Romanos 16:3 y 2 Timoteo 4:19. En las dos restantes —Hechos 18:2 y 1 Corintios 16:19— se conserva el orden convencional. Esta inversión no parece un descuido literario ni una simple variante marginal: se repite en Hechos y en las cartas, y está presente en los manuscritos más antiguos y confiables. Conviene, con todo, ser precisos: en Hechos 18:26 la tradición manuscrita bizantina (la que subyace al Textus Receptus) lee «Aquila y Priscila», mientras que los testimonios alejandrinos más antiguos leen «Priscila y Aquila»; y en Romanos 16:3 el Textus Receptus trae «Priscila» donde la mejor evidencia textual lee «Prisca».1 Aun contando con esos matices, la erudición ha señalado el orden de los nombres como un indicio del estatus particular de Priscila dentro de la iglesia cristiana primitiva.2

El presente trabajo evalúa todas las menciones de Priscila y Aquila en el corpus neotestamentario, reconstruye su perfil biográfico y ministerial, examina las fuentes extrabíblicas disponibles y extrae conclusiones sobre el liderazgo femenino en la iglesia primitiva. Se sostiene que las comunidades cristianas de la primera generación otorgaron a las mujeres un espacio de participación y autoridad que sería progresivamente restringido en siglos posteriores.3 El método empleado en este artículo es exegético, histórico y comparativo, con atención a los datos literarios, epigráficos y arqueológicos.4

El recorrido es sencillo. Primero leeremos, una por una, las seis menciones bíblicas de la pareja (sección 2); después reconstruiremos lo que se puede saber de su origen, su oficio y sus viajes (sección 3); veremos qué hicieron y qué significó su ministerio (sección 4); consultaremos las fuentes extrabíblicas (sección 5); nos preguntaremos por qué el nombre de ella va, a menudo, primero (sección 6); y, por último, valoraremos lo que todo esto implica para el ministerio de la mujer, incluyendo las lecturas que discrepan de la nuestra (secciones 7 y 8).

Dos aclaraciones previas. Salvo indicación contraria, las citas bíblicas siguen la Reina-Valera 1960; cuando ofrezco una traducción más literal del griego, lo señalo de forma clara. Y la última mención de la pareja pertenece a 2 Timoteo, una carta cuya autoría paulina se discute; la usaremos con esa salvedad, porque, sea de Pablo o de un discípulo suyo, atestigua cuán recordados eran Priscila y Aquila.5

Tres personas conversan y estudian pergaminos alrededor de una mesa

2. Corpus de menciones en el Nuevo Testamento

Antes de entrar en cada pasaje, conviene tener a la vista el conjunto. El cuadro siguiente resume las seis menciones, la forma del nombre que usa cada texto y el orden en que aparecen los esposos.

PasajeForma del nombreOrden de los espososContexto
Hch 18:2PriscilaAquila → PriscilaLlegada a Corinto; el edicto de Claudio
Hch 18:18PriscilaPriscila → AquilaViaje con Pablo desde Corinto; escala en Éfeso
Hch 18:26PriscilaPriscila → Aquila (la tradición bizantina invierte el orden)Instrucción a Apolos en Éfeso
1 Co 16:19PriscaAquila → PriscaSaludos desde Éfeso; iglesia en su casa
Ro 16:3–5PriscaPrisca → AquilaColaboradores de Pablo en Roma; iglesia en su casa
2 Ti 4:19PriscaPrisca → AquilaÚltimo saludo; casa de Onesíforo

Dos detalles saltan a la vista. El primero es que Lucas, en Hechos, usa la forma diminutiva «Priscila», mientras que Pablo escribe siempre «Prisca». El segundo es que, de las tres menciones que corresponden a Pablo o a su círculo (Romanos, 1 Corintios y 2 Timoteo), dos ponen a Priscila primero. Veamos ahora cada texto con detenimiento.

2.1. Hechos 18:1–3: encuentro en Corinto

La primera aparición de la pareja se sitúa en Corinto, hacia el año 50 d.C. Lucas la introduce con la sencillez de quien presenta a unos recién llegados: Pablo «halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer» (Hch 18:2). Detrás de esa frase breve se adivina una historia de desarraigo: dos personas que acababan de perder su casa y su taller en Roma y que empezaban de nuevo en una ciudad portuaria desconocida. El texto especifica que Pablo, «como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas» (Hch 18:3); la palabra griega para ese oficio es skenopoioi. El verbo que utiliza Lucas, émenen («se quedó», «permanecía»), sugiere una relación que excedía el mero contacto laboral; es probable que Pablo no solo trabajara con ellos, sino que viviera bajo su techo, aunque el texto no lo diga de manera expresa.6 Pablo permanecería en Corinto dieciocho meses (Hch 18:11), y podemos imaginar que buena parte de ese tiempo transcurrió entre el banco de trabajo, la conversación de sobremesa y la predicación del sábado en la sinagoga.

Los datos cronológicos encajan con lo que sabemos de la época: la comparecencia de Pablo ante Galión, procónsul de Acaya (Hch 18:12), permite situar su estancia en Corinto entre los años 50 y 52.7

En esta primera mención, el orden es Aquila-Priscila. El texto no ofrece detalles sobre la conversión de la pareja, aunque el contexto sugiere que ya eran creyentes cuando Pablo los encontró, posiblemente convertidos en Roma antes del edicto de Claudio.8 Conviene decir con honestidad que Lucas no afirma que Pablo los convirtiera; dice simplemente que los «halló». Que fueran ya judíos creyentes en Jesús es una inferencia razonable, pero es una inferencia. Lo que sí es seguro es que lo que Lucas retrata, al principio, como una relación de trabajo se convertirá muy pronto en una de las alianzas misioneras más fecundas del Nuevo Testamento.

2.2. Hechos 18:18: salida de Corinto

El segundo pasaje menciona la partida de Pablo de Corinto. Lucas cuenta que, tras quedarse allí «muchos días» más, Pablo se despidió de los hermanos y navegó rumbo a Siria, y que con él iban «Priscila y Aquila» (Hch 18:18). La nave hizo escala en Éfeso, donde Pablo los dejó (Hch 18:19) mientras él seguía su camino hacia Jerusalén y Antioquía. Aquí Lucas invierte el orden y escribe «Priscila y Aquila». Este cambio marca el inicio de un patrón que se repetirá en las cartas paulinas.9

El mismo versículo añade que alguien se rapó la cabeza en Cencrea, el puerto oriental de Corinto, a causa de un voto. La construcción griega deja abierto si fue Pablo o Aquila, y los comentaristas se dividen. No es un asunto esencial para nuestro tema, pero, si fue Aquila, tendríamos un indicio más de que la pareja vivía su fe en continuidad con las prácticas del judaísmo. Resulta, por otra parte, sugerente pensar que Pablo no dejó a sus amigos en Éfeso por casualidad: estaba preparando un regreso que ya había prometido (Hch 18:21), y la pareja le abriría el terreno.

2.3. Hechos 18:24–26: la instrucción de Apolos

El episodio central para comprender el ministerio de Priscila es la corrección teológica de Apolos. Lucas lo presenta con generosidad: un judío natural de Alejandría, «varón elocuente, poderoso en las Escrituras» (Hch 18:24), que conocía solo el bautismo de Juan y enseñaba con fervor en la sinagoga de Éfeso. Al oírlo, Priscila y Aquila «le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios» (Hch 18:26).10

Vale la pena detenerse en la delicadeza de la escena. No hay denuncia pública ni polémica en la sinagoga. Dos artesanos que han escuchado a un orador brillante perciben que le falta algo y deciden hablar con él en privado, con respeto, quizá en su propia casa o en su taller. Es un pequeño modelo de corrección fraterna: sin humillar y sin callar.

El verbo griego traducido «expusieron», exéthento, procede de ekítithemi y aparece en Hechos también para la exposición ordenada de un asunto: Pedro «expone» ante la iglesia de Jerusalén lo ocurrido con Cornelio (Hch 11:4) y Pablo «expone» el reino de Dios a los judíos de Roma (Hch 28:23). Por su parte, la acción de «tomar aparte» (proslambanō) es la de acoger o atraer a alguien hacia uno mismo —el mismo verbo se usa para «recibir» al hermano en Romanos 14:1 y 15:7—, de modo que lo que Lucas describe es una exposición deliberada y cuidadosa en un clima de cercanía, más que una confrontación.11 La posición de Priscila en primer lugar en este pasaje, confirmada por los manuscritos más antiguos (aunque no por la tradición bizantina, como vimos), ha llevado a muchos estudiosos a pensar que ella tuvo un papel destacado en la conversación con Apolos.12

El resultado fue notable. Apolos, ya mejor instruido, pasó a Acaya con el apoyo de los hermanos de Éfeso y «fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído» (Hch 18:27). Años más tarde, Pablo escribiría a los corintios: «Yo planté, Apolos regó» (1 Co 3:6). Hay una fina ironía en ello: la conversación discreta de dos artesanos en Éfeso terminó regando el mismo campo, Corinto, donde esos artesanos habían conocido a Pablo.

2.4. 1 Corintios 16:19: saludos desde Éfeso

Pablo escribe desde Éfeso (1 Co 16:8) y envía saludos de Aquila y Prisca (la forma breve del nombre que usa en sus cartas), «con la iglesia que está en su casa» (1 Co 16:19). Los corintios los conocían bien, y el saludo, que el texto califica de caluroso («mucho en el Señor»), suena a recuerdo de amigos. Aquí reaparece el orden convencional, Aquila-Prisca. Se ha sugerido que ello obedece a que Aquila, como cabeza del hogar, figura como anfitrión formal de la reunión, pero no podemos pasar de la conjetura. Lo que no admite duda es lo que el versículo afirma: la pareja acogía —y, con toda probabilidad, animaba— una comunidad doméstica en Éfeso.13

2.5. Romanos 16:3–5: saludos a los colaboradores en Roma

Romanos 16:3–5 contiene la mención más densa de la pareja, tanto en lo teológico como en lo afectivo. Pablo los llama «mis colaboradores en Cristo Jesús» (synergoi mou en Christō Iēsou) y afirma que «expusieron su vida por mí» —literalmente, «pusieron su propio cuello» (ton heautōn trachēlon hypethēkan)—, añadiendo que no solo él les da gracias, «sino también todas las iglesias de los gentiles» (Ro 16:4). La expresión sugiere un peligro extremo, posiblemente durante un motín en Éfeso (cf. Hch 19:23–41), aunque Pablo no precisa la ocasión y los comentaristas han propuesto otras posibilidades, como el incidente ante Galión en Corinto (Hch 18:12–17) o las pruebas que el apóstol menciona en 1 Corintios 15:32 y 2 Corintios 1:8–10.14

El orden es «Prisca y Aquila», y Pablo menciona además «la iglesia de su casa» (Ro 16:5). La posición de Priscila inmediatamente después de Febe, a quien Pablo presenta como diákonos de la iglesia de Cencrea (Ro 16:1), ha llevado a algunos intérpretes a sugerir que Priscila ocupaba un cargo análogo. Es una lectura posible, pero hay que decir que Pablo no da ese título a Priscila: la llama synergos, «colaboradora», y es ahí donde descansa la evidencia.15 Añadamos que una minoría de estudiosos ha sostenido que el capítulo 16 estaba dirigido originalmente a Éfeso y no a Roma; la mayoría lo entiende dirigido a Roma, y esa es la lectura que seguimos aquí.

2.6. 2 Timoteo 4:19: último saludo

La última mención, en 2 Timoteo 4:19, vuelve a colocar a Priscila en primer lugar: «Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo». La forma «Prisca» —el nombre en su versión plena, que significa «antigua» o «venerable»— es la que usa Pablo en Romanos 16:3, en 1 Corintios 16:19 y aquí, mientras que Hechos emplea «Priscila», el diminutivo latino, más familiar y afectuoso.16 Que el nombre de la pareja figure entre los pocos que se citan al final de la carta, junto a la casa de Onesíforo —de quien 2 Timoteo 1:16–18 dice que sirvió en Éfeso—, habla de cuánto los recordaba quien escribe, y sugiere que Timoteo se encontraba entonces en esa ciudad.

Priscila y Aquila presidiendo iglesia doméstica

3. Perfil biográfico y contexto histórico

3.1. Origen y condición social

Aquila era natural del Ponto, región del norte del Asia Menor, junto al mar Negro, y de ascendencia judía. Su nombre es latino —aquila significa «águila»—, algo frecuente entre los judíos de la diáspora, que adoptaban nombres de su entorno. Priscila, cuyo nombre es un diminutivo latino de Prisca («antigua», «venerable»), probablemente pertenecía a una familia de libertos romanos; esa es la opinión de varios estudiosos, aunque no podemos demostrarla. Se ha propuesto también que ambos pudieron estar vinculados, como libertos o descendientes de libertos, a la gens Acilia, una familia senatorial romana; es una hipótesis atractiva, pero sigue siendo una conjetura. El nombre «Prisca» es relativamente frecuente en las inscripciones latinas, de modo que por sí solo no prueba la pertenencia a ninguna familia en concreto.17

La conexión con la gens Acilia suele apoyarse en un dato posterior: la Catacumba de Priscila, en la Vía Salaria, una de las más antiguas de Roma, lleva el nombre de una Priscila de la familia de los Acilii Glabriones y se desarrolló a partir de una propiedad funeraria de esa familia.18 Pero conviene andar con cautela: esa Priscila de la catacumba es una dama romana, y no hay prueba de que sea la Priscila de Hechos. Lo que el nombre muestra es que «Prisca» se usaba también en círculos aristocráticos romanos, nada más.

Sea cual fuere su origen, lo que sí sabemos es que eran gente de oficio. Pablo, que compartió su taller, recuerda en sus cartas que se fatigaba «trabajando con sus propias manos» (cf. 1 Co 4:12; 1 Ts 2:9), y es fácil suponer que Aquila y Priscila conocían bien esa clase de cansancio.

3.2. Ocupación: fabricantes de tiendas

Lucas identifica a Pablo, Aquila y Priscila como skenopoioi, término que designa a los artesanos que trabajaban con cuero o lona para fabricar tiendas, toldos y enseres similares. El material exacto se discute: Hock subraya el trabajo del cuero, Lampe propone un oficio más ligado al tejido, y Murphy-O’Connor considera que ambas posturas son demasiado categóricas.19 Esta ocupación les permitía viajar con relativa facilidad y establecerse en distintas ciudades, lo que facilitó su movilidad misionera. Algunos estudiosos sugieren que el taller de la pareja en Corinto pudo haber servido también como punto de reunión de la comunidad cristiana; Hock sostiene, de hecho, que el taller fue uno de los escenarios principales de la predicación de Pablo.20 Podemos imaginarlo sin demasiada fantasía: un local pequeño, abierto a la calle, con olor a cuero y a sudor, donde se hablaba de precios, de familia y, cuando llegaba la hora, de Jesús.

3.3. Itinerario misionero

El recorrido de Priscila y Aquila refleja el dinamismo de la misión cristiana primitiva:

  • Roma (antes del 49 d.C.): residían allí cuando Claudio expulsó a los judíos de la ciudad, según el testimonio de Suetonio, aunque la fecha del edicto se discute.
  • Corinto (c. 50–52 d.C.): llegaron tras el edicto de Claudio y conocieron a Pablo, con quien compartieron oficio y, muy probablemente, vivienda.
  • Éfeso (c. 52–55 d.C.): acompañaron a Pablo y permanecieron allí tras su partida. En Éfeso lideraron una iglesia doméstica y corrigieron la teología de Apolos.
  • Roma (c. 55–57 d.C.): regresaron, probablemente tras la muerte de Claudio (54 d.C.), cuando el ambiente se relajó, y establecieron nuevamente una iglesia en su casa, a la que Pablo saluda en Romanos 16.
  • Éfeso (c. 64–67 d.C.): 2 Timoteo 4:19 los sitúa de nuevo en Éfeso, donde probablemente permanecieron hasta donde alcanzan las fuentes.21

Vistas en conjunto, estas cinco estaciones narran la biografía de unas personas que cambian de ciudad al ritmo de las circunstancias —un decreto imperial, una oportunidad de negocio, una llamada misionera—. Nguyen ha propuesto leer ese itinerario como el de unos migrantes que, sin haberlo planeado, terminaron convertidos en misioneros.22 Las fechas son aproximadas y la reconstrucción depende, en parte, de cómo se fechen el edicto de Claudio y las cartas de Pablo.

4. El ministerio de Priscila y Aquila

4.1. Colaboradores de Pablo

Pablo designa a la pareja como synergoi («colaboradores»), término que en el corpus paulino denota una participación activa y autorizada en la misión evangelizadora. Es la misma palabra que reserva para Timoteo (Ro 16:21), Tito (2 Co 8:23) o Filemón (Flm 1). No se trata de simples asistentes, sino de compañeros de trabajo con función propia. En Romanos 16:3–4, Pablo afirma que «todas las iglesias de los gentiles» les deben gratitud, lo que indica un reconocimiento amplio de su contribución misionera.23

4.2. Fundadores y líderes de iglesias domésticas

Dos pasajes distintos (1 Co 16:19 y Ro 16:5) mencionan iglesias que se reunían en la casa de Priscila y Aquila: una en Éfeso y otra en Roma. Es frecuente ver citado también Colosenses 4:15, pero ese versículo habla de la iglesia que se reunía en casa de Ninfa (o Ninfas), en Laodicea, y no de nuestra pareja. La iglesia doméstica era la forma organizativa básica del cristianismo primitivo, y quien abría su casa para la reunión de la comunidad asumía de facto un rol de liderazgo.24 Esa inferencia sociológica es sólida, aunque Pablo no usa ningún título formal para ellos. Tampoco ellos fueron los únicos: el Nuevo Testamento recuerda otras casas que acogían a la iglesia, como la de Filemón (Flm 2), la de Gayo (Ro 16:23) o la de Cloe (1 Co 1:11). Y alguien tenía que preparar el espacio, recibir a los visitantes, alimentar a los hambrientos y mediar cuando surgían conflictos; esa clase de trabajo callado suele ser invisible en los textos, pero sin ella no habría habido iglesia.

4.3. Maestros de Apolos

El episodio de Hechos 18:26 es el más revelador del ministerio docente de Priscila. Apolos era un predicador elocuente y conocedor de las Escrituras, pero su comprensión del evangelio era incompleta. Lo que Lucas describe no parece un simple retoque doctrinal: Apolos conocía solo el bautismo de Juan, de modo que la corrección tocó el centro mismo del mensaje —el significado de Jesús y del bautismo cristiano (compárese Hch 19:1–7)—. Que el texto hable de «exponer más exactamente» sugiere una explicación ordenada y cuidadosa, más que una observación al paso.25

La pregunta que surge es inevitable: si Priscila no estuviera autorizada para enseñar, ¿por qué Lucas la presenta, junto con su esposo, corrigiendo a un líder cristiano varón? Una respuesta plausible, aunque no la única (véase 7.4), es que su autoridad docente era reconocida dentro de la comunidad.

4.4. Riesgo extremo por el evangelio

Romanos 16:4 afirma que Priscila y Aquila «expusieron su vida» por Pablo; el griego dice, literalmente, que pusieron «su propio cuello» (ton heautōn trachēlon hypethēkan). La expresión evoca la imagen del condenado que ofrece su cuello al verdugo, y sugiere un peligro de muerte inminente, probablemente durante la revuelta de los plateros en Éfeso (Hch 19:23–41), aunque no sabemos si llegó a haber una condena formal. Este dato revela un nivel de compromiso que trasciende la mera colaboración funcional.26 Quien arriesga el cuello por otro no lo hace por un cargo ni por reconocimiento, y esa es quizá la razón por la que Pablo, años después, todavía escribe con gratitud: sabe que debe a esta pareja algo que no se paga.

4.5. Hospitalidad, trabajo y vida compartida

Más allá de los títulos, la imagen que se desprende de los textos es la de un hogar abierto. Pablo vivió con ellos en Corinto; ellos recibieron a Apolos en Éfeso; en Éfeso y en Roma abrieron su casa a la iglesia. Los estudiosos discrepan sobre su posición económica: que se mudaran de ciudad con regularidad y que pudieran acoger a una comunidad se lee a menudo como indicio de cierto desahogo, pero Lampe advierte que viajar no es, en sí mismo, prueba de riqueza.27 Sea como fuere, lo que importa para nuestro propósito es otra cosa: Priscila y Aquila encarnan un cristianismo que se vivía en la mesa, en el taller y en la sala de estar, y en el que la hospitalidad era una forma concreta de liderazgo.

Priscila Aquila y Pablo armando tiendas

5. Fuentes extrabíblicas

5.1. Testimonio de Suetonio

El historiador romano Suetonio, en Vida de Claudio 25.4, escribe que Claudio expulsó de Roma a los judíos que provocaban continuos disturbios impulsore Chresto, «por instigación de Chrestus». Muchos historiadores identifican ese nombre con Cristo, y ven en la frase un eco de las tensiones en las sinagogas romanas a causa de la predicación sobre Jesús; la identificación, con todo, no es unánime. Este testimonio es compatible con el contexto histórico de Hechos 18:2.28

Otras fuentes complican el cuadro. Orosio (siglo V) fecha la expulsión en el noveno año de Claudio, es decir, el 49 d.C., y afirma apoyarse en Josefo, aunque no se conoce tal pasaje en la obra del historiador judío. Dión Casio, por su parte, cuenta que en el año 41 Claudio no expulsó a los judíos, pero les prohibió reunirse.29 De ahí que la fecha y el alcance exactos del edicto se sigan debatiendo, aunque lo esencial para nuestro estudio no cambia: Aquila y Priscila habían salido de Roma poco antes de llegar a Corinto.

5.2. La Catacumba de Priscila

En la Vía Salaria de Roma se encuentra la Catacumba de Priscila, uno de los cementerios cristianos más antiguos de la ciudad. Las inscripciones y los enterramientos cristianos que conserva se remontan, al menos, a finales del siglo II o comienzos del III. El nombre procede de una Priscila de la familia senatorial de los Acilii Glabriones, propietarios del terreno. Que haya relación con nuestra pareja es discutible: los itinerarios y el Liber Pontificalis sitúan en esa zona tumbas de Aquila y Prisca, pero no sabemos si se trata de los colaboradores de Pablo.30

El Liber Pontificalis, en la vida de León IV (847–855), refiere que este papa trasladó a lugares seguros dentro de las murallas numerosos cuerpos de santos, entre ellos los de Aquila y Prisca, ante la amenaza de las incursiones sarracenas; y en la vida de León III (795–816) registra una ofrenda al «título de los bienaventurados Aquila y Prisca».31 Estos datos no prueban que se trate de la pareja bíblica, pero muestran que, en Roma, la memoria de Aquila y Prisca se mantuvo viva durante siglos.

5.3. Inscripciones y tradición posterior

La tradición hagiográfica griega hace de Aquila obispo de Heraclea; la Iglesia ortodoxa lo conmemora el 14 de julio y recuerda a Priscila como su compañera en el trabajo apostólico y en el martirio. Estas noticias se transmitieron en listas como la atribuida a un Doroteo de Tiro que casi con certeza es legendario, y cuya compilación actual es muy posterior al siglo IV: se suele situar hacia el siglo VIII.32 A veces se afirma que esa tradición hace de Priscila «obispa de Colofón»; no hemos hallado esa noticia en las listas antiguas, en las que Colofón aparece asociada a otros nombres, como Sóstenes y Tíquico, de modo que conviene tomarla con reserva. Aunque tardía, la tradición refleja la memoria de un liderazgo compartido que persistió en la conciencia de la iglesia antigua.

La basílica de Santa Prisca en el Aventino, uno de los títulos cardenalicios más antiguos de Roma y documentado ya en el siglo V, conserva igualmente el recuerdo de una Prisca. La tradición la vinculó con la casa de Aquila y Priscila. Sin embargo, bajo la iglesia se han hallado restos de un mitreo y no una casa cristiana identificable, y la crítica tiende a ver en la titular a una mártir posterior del mismo nombre.33 Aun así, el episodio ilustra cómo la memoria cristiana buscó anclar en Roma el recuerdo de esta pareja.

6. El orden de los nombres: Priscila antes que Aquila

6.1. Las costumbres de la época

En el mundo grecorromano, lo habitual era mencionar primero al varón en contextos públicos y legales. La esposa se nombraba después del esposo, o simplemente se la omitía. La inversión de este orden en Hechos y en las cartas paulinas es, por tanto, digna de atención.34

6.2. Explicaciones propuestas

La erudición ha ofrecido varias interpretaciones:

  1. Mayor relevancia ministerial: Priscila podría haber sido la figura más prominente de la pareja en términos de actividad misionera y docente. Harnack, que llegó a proponerla como posible autora de la carta a los Hebreos, la consideraba una figura de singular relevancia en la misión primitiva.35
  2. Posición social superior: si Priscila era liberta de una familia senatorial y Aquila de origen más humilde, su estatus podría explicar la precedencia.
  3. Rol docente principal: algunos comentaristas sugieren que Priscila era la principal responsable de la instrucción de Apolos, y que Lucas y Pablo la mencionan primero para reflejar ese rol.
  4. Conversión anterior: es posible que Priscila se hubiera convertido antes que Aquila, y que fuera ella quien introdujo a su esposo en la fe cristiana. Esto explicaría su prominencia en la comunidad.36

6.3. Implicaciones

Cualquiera sea la explicación, el hecho de que los autores neotestamentarios invirtieran el orden convencional en cuatro de seis menciones sugiere que consideraban a Priscila merecedora de un reconocimiento especial. En el contexto de una sociedad patriarcal, esta elección literaria puede leerse como una afirmación implícita de autoridad y liderazgo.37

Priscila enseñando en iglesia doméstica

7. Implicaciones para el ministerio de la mujer en la iglesia primitiva

7.1. Priscila como paradigma del liderazgo femenino

El caso de Priscila muestra que las mujeres en la iglesia primitiva no estaban confinadas a roles domésticos o asistenciales. Ella enseñó, junto con su marido, a un líder varón, dirigió con él una iglesia doméstica y fue reconocida por Pablo como colaboradora a quien agradecían todas las iglesias gentiles.38

7.2. La iglesia doméstica como espacio de autoridad femenina

La estructura de la iglesia doméstica permitió a las mujeres ejercer un liderazgo que habría sido más difícil en espacios públicos formales. Al abrir su casa, Priscila y Aquila crearon un espacio donde la enseñanza y la celebración comunitaria —incluida, con toda probabilidad, la cena del Señor— se desarrollaban bajo su techo y bajo su responsabilidad compartida.39

7.3. La progresiva restricción posterior

El liderazgo de Priscila contrasta con las restricciones que se impondrían a las mujeres en siglos posteriores. A medida que la iglesia se institucionalizó y se vinculó estrechamente con el Imperio Romano desde el siglo IV, los roles femeninos de autoridad fueron, según varios historiadores, progresivamente marginados.40 Los especialistas discrepan sobre el ritmo y las causas de ese proceso: unos subrayan el cambio cultural cuando la iglesia pasó del espacio doméstico al público; otros recuerdan que los testimonios son mixtos, con textos restrictivos y, al mismo tiempo, mujeres con funciones reconocidas, como las diaconisas. Para quienes defienden la lectura restrictiva, en cambio, no hay «restricción» posterior, sino fidelidad a un patrón apostólico ya presente en el Nuevo Testamento. Para quienes ven una pérdida, el caso de Priscila se convirtió en una memoria incómoda.

7.4. Otras lecturas del texto

Sería injusto cerrar esta sección sin dar voz a quienes leen el mismo material de otro modo. Sus argumentos más repetidos son tres. Primero, Lucas no dice que Priscila enseñara en la asamblea, sino que ella y su esposo hablaron con Apolos «aparte», en privado. Schreiner concluye que Priscila debió de participar en la instrucción, pero la considera un ministerio no oficial y ejercido junto a su marido, y por tanto compatible con restricciones a la enseñanza autoritativa de mujeres en la asamblea (cf. 1 Ti 2:12).41 Segundo, Pablo no da a Priscila títulos como episkopos o diákonos; la llama colaboradora. Y tercero, la acción conjunta con el marido admite una lectura de complementariedad más que de igualdad de funciones.

A quienes defienden tal interpretación hemos de recordar que la distinción entre ministerio «oficial» y «no oficial» es moderna y que el texto no la formula; que la inversión del orden y el título synergos indican un reconocimiento que no se explica solo por el ámbito privado; y que, en una iglesia que se reunía en casas, la casa era precisamente el espacio donde la iglesia ejercía su vida.

8. Conclusiones

Priscila y Aquila representan un modelo de colaboración mutua en la misión cristiana primitiva. Su ministerio incluyó la evangelización, la enseñanza, la fundación de iglesias domésticas y el riesgo personal por el evangelio. Priscila, en particular, emerge como una figura de autoridad docente cuyo nombre se antepone al de su esposo en cuatro de las seis menciones neotestamentarias.

La evidencia bíblica, enmarcada por fuentes extrabíblicas que confirman el contexto histórico y por una tradición posterior que conservó su memoria, sugiere que las mujeres en la iglesia primitiva ejercieron funciones de liderazgo que serían progresivamente restringidas en siglos posteriores. El testimonio de Priscila invita a recuperar una visión del ministerio cristiano basada en los dones y el llamado, más que en criterios de género.

Quizá lo más valioso de esta pareja sea lo menos espectacular: que la historia del cristianismo naciente no se escribió solo en las grandes ciudades ni con grandes nombres, sino también en talleres, en mesas compartidas y en salas de estar. Allí, entre el cuero y la conversación, dos artesanos y amigos de Pablo sostuvieron una iglesia.

Priscila y Aquila vestidos en época bíblica

Notas

1.    Metzger, A Textual Commentary on the Greek New Testament, ad loc.; para Ro 16:3, p. 475.

2.    Lampe, «Prisca», 5:467–468; Murphy-O’Connor, «Prisca and Aquila», 40–51; Keller, Priscilla and Aquila, passim.

3.    Schüssler Fiorenza, En memoria de ella, sobre Priscila y Aquila; Taylor y Ramelli, Patterns of Women’s Leadership, introducción.

4.    Lampe, From Paul to Valentinus, passim; para los pasajes de Hechos, Bruce, Acts, ad loc.; Barrett, Acts, vol. 2, ad loc.; Fitzmyer, Acts, ad loc.

5.    Towner, Letters to Timothy and Titus, introducción y ad loc.

6.    Hch 18:1–3; Bruce, Acts, ad loc.; Haenchen, Acts, ad loc.

7.    Barrett, Acts, vol. 2, ad loc.

8.    Suetonio, Claudio 25.4; Orosio, Historia contra los paganos 7.6.15–16; Hch 18:2; Lampe, From Paul to Valentinus, passim.

9.    Hch 18:18–19; Barrett, Acts, vol. 2, ad loc.; Bruce, Acts, ad loc.

10.  Hch 18:24–28; Schnabel, Acts, ad loc.

11.  BDAG, s.v. «ἐκτίθημι» y «προσλαμβάνω»; Bruce, Acts, ad loc.

12.  Metzger, Textual Commentary, ad loc.; Witherington, Women in the Earliest Churches, sobre Priscila.

13.  1 Co 16:19; Fee, First Corinthians, ad loc.; Kistemaker, 1 Corinthians, ad loc.

14.  Ro 16:3–5; Jewett, Romans, ad loc.; Dunn, Romans 9–16, ad loc.

15.  Ro 16:1–5; Jewett, Romans, ad loc.

16.  2 Ti 4:19; Towner, Letters to Timothy and Titus, ad loc.; Lampe, «Prisca», 5:467–468.

17.  Lampe, «Prisca», 5:467–468; Lampe, «Aquila», 1:319–320; Murphy-O’Connor, «Prisca and Aquila», 40–51; Lampe, From Paul to Valentinus, 181–83.

18.  Stevenson, The Catacombs, sobre la catacumba de Priscila; Edmundson, The Church in Rome in the First Century, cap. «Aquila and Prisca or Priscilla».

19.  Hock, The Social Context of Paul’s Ministry, 20–21; Lampe, «Paulus—Zeltmacher», 256–261; Murphy-O’Connor, «Prisca and Aquila», 40–51.

20.  Murphy-O’Connor, «Prisca and Aquila», 40–51; Keller, Priscilla and Aquila, passim; Hock, The Social Context of Paul’s Ministry, passim.

21.  Hch 18:18–19; 1 Co 16:19; Ro 16:5; 2 Ti 4:19.

22.  Nguyen, «Migrants as Missionaries», 192–205.

23.  Ro 16:3; Jewett, Romans, ad loc.; Dunn, Romans 9–16, ad loc.

24.  1 Co 16:19; Ro 16:5; Banks, Paul’s Idea of Community, sobre las iglesias domésticas; Osiek y MacDonald, A Woman’s Place, passim.

25.  Hch 18:26; BDAG, s.v. «ἐκτίθημι»; Witherington, Women in the Earliest Churches, sobre Priscila.

26.  Ro 16:4; Jewett, Romans, ad loc.

27.  Lampe, From Paul to Valentinus, 181–83; Murphy-O’Connor, «Prisca and Aquila», 40–51.

28.  Suetonio, Claudio 25.4; Bruce, Acts, ad loc.

29.  Orosio, Historia contra los paganos 7.6.15–16; Dión Casio, Historia romana 60.6.6.

30.  Stevenson, The Catacombs, sobre la catacumba de Priscila; Edmundson, The Church in Rome in the First Century, cap. «Aquila and Prisca or Priscilla».

31.  Duchesne, Le Liber Pontificalis, 2:20 y 2:115; Davis, The Lives of the Eighth-Century Popes y The Lives of the Ninth-Century Popes; cf. Edmundson, The Church in Rome, loc. cit.

32.  Schermann, Prophetarum vitae fabulosae, ed. de las listas atribuidas a Doroteo; véase el estudio de la compilación en e-Clavis: Christian Apocrypha, s.v. «Pseudo-Dorotheus of Tyre».

33.  Edmundson, The Church in Rome in the First Century, cap. «Aquila and Prisca or Priscilla»; «St. Prisca», The Catholic Encyclopedia, vol. 12.

34.  Keener, Paul, Women & Wives, sobre las convenciones sociales; Keller, Priscilla and Aquila, passim.

35.  Harnack, «Probabilia über die Addresse und den Verfasser des Hebräerbriefs», 16–41.

36.  Keller, Priscilla and Aquila, passim; Schüssler Fiorenza, En memoria de ella, sobre Priscila y Aquila.

37.  Lampe, «Prisca», 5:467–468; Murphy-O’Connor, «Prisca and Aquila», 40–51.

38.  Witherington, Women in the Earliest Churches, sobre Priscila; Keener, Paul, Women & Wives, sobre los colaboradores de Pablo.

39.  Banks, Paul’s Idea of Community, sobre las iglesias domésticas; Osiek y MacDonald, A Woman’s Place, passim; Taylor y Ramelli, Patterns of Women’s Leadership, introducción.

40.  Madigan y Osiek, Ordained Women in the Early Church, introducción; Torjesen, When Women Were Priests, passim.

41.  Schreiner, «The Valuable Ministries of Women», cap. 11, a partir de la p. 211.

Bibliografía

Banks, Robert. Paul’s Idea of Community: The Early House Churches in Their Cultural Setting. Ed. rev. Peabody, MA: Hendrickson, 1994.

Barrett, C. K. A Critical and Exegetical Commentary on the Acts of the Apostles. Vol. 2. International Critical Commentary. Edinburgh: T&T Clark, 1998.

Bauer, Walter, Frederick W. Danker, William F. Arndt y F. Wilbur Gingrich. A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature. 3.ª ed. Chicago: University of Chicago Press, 2000. [BDAG]

Bruce, F. F. The Acts of the Apostles: The Greek Text with Introduction and Commentary. 3.ª ed. Grand Rapids: Eerdmans, 1990.

Davis, Raymond, trad. The Book of Pontiffs (Liber Pontificalis). Translated Texts for Historians 6. Liverpool: Liverpool University Press, 1989.

———, trad. The Lives of the Eighth-Century Popes (Liber Pontificalis). Translated Texts for Historians 13. Liverpool: Liverpool University Press, 1992.

———, trad. The Lives of the Ninth-Century Popes (Liber Pontificalis). Translated Texts for Historians 20. Liverpool: Liverpool University Press, 1995.

Dión Casio. Roman History. Vol. 7 (libros 56–60). Traducido por Earnest Cary. Loeb Classical Library 175. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1924.

Duchesne, Louis, ed. Le Liber Pontificalis: texte, introduction et commentaire. 2 vols. Paris: Thorin, 1886–1892.

Dunn, James D. G. Romans 9–16. Word Biblical Commentary 38B. Dallas: Word, 1988.

e-Clavis: Christian Apocrypha. «List of the Apostles and Disciples, by Pseudo-Dorotheus of Tyre». NASSCAL. https://www.nasscal.com/e-clavis-christian-apocrypha/list-of-the-apostles-and-disciples-by-pseudo-dorotheus-of-tyre/.

Edmundson, George. The Church in Rome in the First Century. Bampton Lectures 1913. London: Longmans, Green, 1913.

Fee, Gordon D. The First Epistle to the Corinthians. New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids: Eerdmans, 1987.

Fitzmyer, Joseph A. The Acts of the Apostles: A New Translation with Introduction and Commentary. Anchor Bible 31. New York: Doubleday, 1998.

Haenchen, Ernst. The Acts of the Apostles: A Commentary. Traducido por Bernard Noble y Gerald Shinn; rev. R. McL. Wilson. Oxford: Basil Blackwell, 1971.

Harnack, Adolf von. «Probabilia über die Addresse und den Verfasser des Hebräerbriefs». Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft 1 (1900): 16–41.

Hock, Ronald F. The Social Context of Paul’s Ministry: Tentmaking and Apostleship. Philadelphia: Fortress, 1980.

Jewett, Robert. Romans: A Commentary. Hermeneia. Minneapolis: Fortress, 2007.

Keener, Craig S. Paul, Women & Wives: Marriage and Women’s Ministry in the Letters of Paul. Peabody, MA: Hendrickson, 1992.

Keller, Marie Noël. Priscilla and Aquila: Paul’s Coworkers in Christ Jesus. Collegeville, MN: Liturgical Press, 2010.

Kistemaker, Simon J. Exposition of the First Epistle to the Corinthians. New Testament Commentary. Grand Rapids: Baker, 1993.

Lampe, Peter. «Aquila (Person)». En The Anchor Bible Dictionary, editado por David Noel Freedman, 1:319–320. New York: Doubleday, 1992.

———. From Paul to Valentinus: Christians at Rome in the First Two Centuries. Traducido por Michael Steinhauser; editado por Marshall D. Johnson. Minneapolis: Fortress, 2003.

———. «Paulus—Zeltmacher». Biblische Zeitschrift 31 (1987): 256–261.

———. «Prisca (Person)». En The Anchor Bible Dictionary, editado por David Noel Freedman, 5:467–468. New York: Doubleday, 1992.

Madigan, Kevin, y Carolyn Osiek, eds. Ordained Women in the Early Church: A Documentary History. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2005.

Metzger, Bruce M. A Textual Commentary on the Greek New Testament. 2.ª ed. Stuttgart: United Bible Societies, 1994.

Murphy-O’Connor, Jerome. «Prisca and Aquila: Traveling Tentmakers and Church Builders». Bible Review 8, n.º 6 (1992): 40–51.

Nguyen, VanThanh. «Migrants as Missionaries: The Case of Priscilla and Aquila». Mission Studies 30 (2013): 192–205.

Orosio, Paulo. Seven Books of History against the Pagans. Traducido por Roy J. Deferrari. The Fathers of the Church 50. Washington, DC: Catholic University of America Press, 1964.

Osiek, Carolyn, y Margaret Y. MacDonald, con Janet H. Tulloch. A Woman’s Place: House Churches in Earliest Christianity. Minneapolis: Fortress, 2006.

Schermann, Theodor, ed. Prophetarum vitae fabulosae, indices apostolorum discipulorumque Domini, Dorotheo, Epiphanio, Hippolyto aliisque vindicata. Leipzig: Teubner, 1907.

Schnabel, Eckhard J. Acts. Zondervan Exegetical Commentary on the New Testament 5. Grand Rapids: Zondervan, 2012.

Schreiner, Thomas R. «The Valuable Ministries of Women in the Context of Male Leadership: A Survey of Old and New Testament Examples and Teaching». En Recovering Biblical Manhood and Womanhood: A Response to Evangelical Feminism, editado por John Piper y Wayne Grudem, cap. 11 (inicio en p. 211). Wheaton, IL: Crossway, 1991.

Schüssler Fiorenza, Elisabeth. En memoria de ella: Una reconstrucción teológico-feminista de los orígenes del cristianismo. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1989.

«St. Prisca». En The Catholic Encyclopedia, vol. 12. New York: Robert Appleton, 1911.

Stevenson, James. The Catacombs: Rediscovered Monuments of Early Christianity. London: Thames and Hudson, 1978.

Suetonio. Lives of the Caesars. Vol. 1. Traducido por J. C. Rolfe. Loeb Classical Library 31. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1914.

Taylor, Joan E., e Ilaria L. E. Ramelli, eds. Patterns of Women’s Leadership in Early Christianity. Oxford: Oxford University Press, 2021.

Torjesen, Karen Jo. When Women Were Priests: Women’s Leadership in the Early Church and the Scandal of Their Subordination in the Rise of Christianity. San Francisco: HarperSanFrancisco, 1993.

Towner, Philip H. The Letters to Timothy and Titus. New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids: Eerdmans, 2006.

Witherington III, Ben. Women in the Earliest Churches. Cambridge: Cambridge University Press, 1988.

Deja una respuesta