Por Fernando E. Alvarado Justo el día en que partíamos hacia nuestro viaje misionero en Chile, Dark, el perro que alegraba el hogar de mis suegros y con quien todos estábamos profundamente encariñados, falleció. La urgencia del vuelo inminente nos impidió darle el último adiós y sepultarlo con nuestras propias manos; sin embargo, mi suegro… Sigue leyendo «¡Los perros no van al cielo! ¿O sí?» | La redención cósmica y el destino eterno de los animales (Una respuesta escatológica y ecoteológica a la restauración de toda la creación)
Categoría: Estudio Teológico
¡Te invitamos a conocer nuestro Diplomado Superior en Filosofía y Apologética Cristiana!
El Seminario Teológico Pentecostal Donald Gee, consciente de los desafíos intelectuales y espirituales que enfrenta la iglesia cristiana en el siglo XXI, presenta su Diplomado Superior en Filosofía y Apologética Cristiana como una respuesta académica y pastoral a las crecientes demandas de un mundo pluralista, secularizado y cada vez más alejado de las verdades fundamentales de la fe cristiana. Este programa de estudios superiores ha sido cuidadosamente diseñado para formar líderes, pastores, maestros y creyentes comprometidos que, movidos por el amor a la verdad y la pasión por las almas, estén capacitados para "presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Pedro 3:15). No se trata de un mero ejercicio académico, sino de una preparación integral que integra el rigor intelectual con la sensibilidad pastoral, la profundidad teológica con la relevancia contextual, y la fidelidad doctrinal con la gracia evangelizadora.
Cristo, no Israel: La clave hermenéutica
Cuando se recorre la Escritura con atención, se advierte que ninguno de los pactos divinos queda inconcluso ni flotando en el aire. Cada uno de ellos, desde el que Dios estableció con Abraham hasta el que selló con David, y también aquel antiguo pacto mediado por Moisés, encuentra su destino final en una sola persona: Jesucristo. No se trata de una mera correspondencia simbólica o de un cumplimiento parcial que deje aún expectativas pendientes. Es más bien la convicción que atraviesa todo el Nuevo Testamento: Cristo es la clave hermenéutica que abre el sentido último de las promesas veterotestamentarias. El apóstol Pablo lo expresa con claridad en 2 Corintios 1:20 (NBLA): «Porque todas las promesas de Dios son en Él ‘sí’; por eso también por medio de Él, nuestro ‘Amén’ es para gloria de Dios por medio de nosotros». No hay promesa huérfana ni pacto que quede sin su plenitud.
¿Juan el Apóstol, Juan de Patmos o Juan el Teólogo? ¿Quién fue el autor del libro de Apocalipsis?
El debate en torno a la autoría del libro del Apocalipsis constituye uno de los capítulos más fascinantes de la crítica textual y la historiografía del cristianismo primitivo. Durante siglos, la tradición eclesiástica ha sostenido con firmeza que el autor del último libro del canon bíblico fue Juan el Apóstol, el discípulo amado de Jesús e hijo de Zebedeo. Esta identificación, consolidada hacia el siglo II d.C. por figuras clave como Justino Mártir e Ireneo de Lyon, respondía en gran medida a la necesidad de la Iglesia primitiva de garantizar el origen apostólico de los escritos para legitimar su inclusión en el canon. Sin embargo, cuando este relato tradicional se somete al escrutinio del método histórico-crítico contemporáneo, la certeza sobre dicha autoría se desvanece de forma drástica. En el ámbito académico actual, el consenso es abrumador: la probabilidad de que el discípulo de Jesús haya redactado el texto es estadísticamente insignificante, estimándose que menos del diez por ciento de los especialistas defienden hoy esa postura.
El ídolo de la homilética: La sacralización de la predicación expositiva frente al modelo de Jesús
En las últimas décadas, un sector considerable del ala conservadora de la iglesia ha elevado la predicación expositiva a un estatus casi sagrado, incluso presentándolo como una señal de una iglesia verdaderamente bíblica. Lo que comenzó como un esfuerzo loable por recuperar la profundidad teológica y la fidelidad al texto, ha derivado en algunos círculos en una suerte de "monopolio metodológico". Se afirma, con una seguridad que roza el dogmatismo, que este es el único método verdaderamente bíblico, desplazando a cualquier otra forma de comunicación a la categoría de entretenimiento o superficialidad. Sin embargo, al analizar esta postura bajo la lupa de la historia sagrada, surge una ironía ineludible: Jesús, el Verbo encarnado, no era un predicador expositivo.
Más que letras: el legado del Pueblo del Libro
Hagamos honor a nuestro título de "Pueblo del Libro". Que este Día del Libro sea un recordatorio para retomar el hábito de la lectura, entendiendo que un cristiano que lee es un cristiano que profundiza en la verdad y se capacita para servir mejor. Ocupémonos en la lectura; leamos más.
La farándula cristiana y sus “salmistas” sin Biblia y sin teología
Dios nos insta a adorar "en espíritu y en verdad" (Juan 4:24), un mandato que trasciende el mero entusiasmo emocional para anclarse en la solidez de la Palabra revelada. No basta con melodías que exciten los sentidos o provoquen lágrimas temporales; las canciones deben ser faros de doctrina pura, capaces de instruir, corregir y edificar (2 Timoteo 3:16). Sin embargo, en el panorama actual, abundan composiciones que priorizan el "sentir" por encima del "saber", reduciendo la adoración a un ejercicio terapéutico narcisista. Ante esta avalancha de teología diluida y errores bíblicos camuflados en estribillos pegajosos, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué pensaría el salmista que nos exhorta a "cantar con inteligencia" (Salmo 47:7)? Probablemente, se horrorizaría al ver cómo su llamado a una alabanza informada e inteligente ha sido suplantado por un analfabetismo que no solo empobrece la música, sino que pone en riesgo la fe de millones. Es hora de que los verdaderos adoradores reclamen la inteligencia bíblica, desechando el ego mercantil por la humildad de la verdad eterna.
Cristo: ¿El verdadero Israel o un mero representante?
Basado en Isaías 49:3-6, Michael Vlach, sostiene que el Siervo del Señor, identificado como “Israel”, es un individuo que representa a la nación sin reemplazarla, con la misión de restaurar a Jacob y reunir a Israel, manteniendo así su identidad nacional. Este planteamiento, aunque ingenioso, carece de solidez exegética y teológica al ignorar el peso abrumador de la tipología cristológica y la hermenéutica del cumplimiento en el Nuevo Testamento y la tradición patrística.
La Impassibilitas Dei (la impasibilidad de Dios) y la revelación escritural de un Dios profundamente emocional, compasivo y apasionado
La teología clásica ha luchado, desde sus primeros siglos, con la aparente paradoja entre la impassibilitas Dei (la impasibilidad de Dios) y la revelación escritural de un Dios profundamente emocional, compasivo y apasionado. Por un lado, la tradición filosófica griega, filtrada en los primeros escritos patrísticos, insistía en que Dios, como Ser perfecto e inmutable (cf. Mal 3:6; Sant 1:17), no podía ser afectado por emociones humanas, pues estas suponen cambio y potencialidad. Por otro lado, las Escrituras presentan a un Yahvé que se duele (Gén 6:6), que ama con "amores eternos" (Jer 31:3), que se enoja (Sal 7:11) y que, en Cristo, llora ante la tumba de Lázaro (Jn 11:35). Esta tensión no es mera abstracción doctrinal, sino que tiene implicaciones vitales para la espiritualidad pentecostal, que celebra la experiencia íntima con un Dios cercano, sensible al clamor y movido por la intercesión.
Los Nefilim y los «Hijos de Dios» en los textos apócrifos y el Nuevo Testamento: ¿Negó Jesús, o algún otro autor inspirado, el origen sobrenatural de los Nefilim?
La narrativa de los ángeles rebeldes que cohabitaron con mujeres humanas y dieron lugar a los nefilim, una descendencia híbrida, se menciona de manera escueta en Génesis 6:1-4, pasaje que, aunque breve, es de gran relevancia teológica y narrativa.