ESCATOLOGÍA, Estudio Teológico, Teología

Una mirada bíblica al Premilenialismo

Por Fernando E. Alvarado

 INTRODUCCIÓN

El Premilenialismo (o Premilenarismo, conocido históricamente como Quiliasmo y más propiamente como Milenarismo), es una enseñanza escatológica que dice que la Segunda Venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reinado Milenial, y que el Reino Milenial es literalmente de un período de 1,000 años donde Cristo va a reinar sobre la tierra.[1]

Este modelo de interpretación se puede dividir en dos corrientes principales: el Premilenialismo Histórico y el Premilenialismo Dispensacional. Esta postura teológica se desprende primordialmente de Apocalipsis 20, pero está vinculada concomitantemente a las promesas de reino futuro tanto en el Antiguo Testamento como en las palabras de Jesús (Hechos 1:6-7).

 

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ORÍGENES DEL PREMILENIALISMO

El término Premilenialismo o Premilenarismo no era manejado sino hasta mediados del siglo XIX. Hasta ese momento solo se lo conocía como milenarismo, que fue el término acuñado por los primeros padres de la Iglesia. De hecho, el punto más impactante en la escatología de la edad pre-nicena es el prominente quiliasmo, que es la creencia en un reino visible del Cristo glorificado sobre la tierra con los santos resucitados por un período de mil años y antes de la resurrección general y juicio final.[2]

Aunque la doctrina del Quiliasmo o milenarismo no fue plasmada en algún credo o forma de devoción, distinguidos eruditos de los primeros siglos del cristianismo como Bernabé, Papías, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Metodio y Lactancio confirman, a través de sus escritos, que el quiliasmo era la doctrina aceptada por la iglesia primitiva.[3] Fue en siglos posteriores que autores y teólogos como Cayo, Orígenes, Dionisio Magno, Eusebio (y más adelante Jerónimo y Agustín) se opusieron al milenarismo, abandonando la fe de la iglesia antigua.[4]

El quiliasmo puede trazar sus orígenes incluso con anterioridad al período neotestamentario. Existe literatura judía temprana que alude a un reino mesiánico temporal previo al estado eterno, como IV Esdras 12:34, II Baruc 24:1-4; 30:1-5; 39:3-8; 40:1-4; Jubileos 1:4-29 y 23:14-31. La creencia judía en una era mesiánica terrenal transitoria continuó expandiéndose durante y más allá del tiempo de la redacción del libro del Apocalipsis.[5]

Entre los denominados Padres de la Iglesia Primitiva, Justino Mártir, en el siglo II, fue uno de los primeros escritores cristianos que declaró concordar con la creencia judía de un reino mesiánico temporal previo al estado eterno. En sus ideas escatológicas, Justino comparte los puntos de vista de los quiliastas respecto al milenio. Justino afirmó que habrá dos resurrecciones, una de los creyentes antes del reino de Cristo y luego una resurrección general más adelante. Justino escribió en el capítulo LXXX de su obra Diálogo con Trifo:

“Yo y otros cristianos en nuestros justos juicios estamos convencidos de que habrá una resurrección de muertos, y un bloque de mil años en Jerusalén que luego será erigido… porque Isaías habló en esos términos respecto a este período de mil años”.[6]

Ireneo (130-202), el otrora Obispo de Lyon en el siglo II, fue un premilenialista declarado. Es mejor conocido por sus tomos voluminosos escritos contra la amenaza gnóstica del segundo siglo, comúnmente conocido como Contra Las Herejías. En el quinto libro Contra Las Herejías, Ireneo se concentra primordialmente en escatología. En un pasaje él defiende el Premilenialismo al argüir que un futuro reino terrenal era necesario por causa de la promesa de Dios a Abraham. En otra porción Ireneo también explica que la bendición a Jacob “pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino cuando los justos llevarán espada luego de levantarse de entre los muertos”.[7]

Muchos de estos teólogos y otros de la iglesia primitiva expresaron su creencia en el Premilenialismo por medio a su aceptación de la tradición sexta-septimilenial. Esta postura aduce que la historia humana continuará por 6,000 años y luego disfrutará de un sabático de 1000 años (el reino milenial), de ese modo toda la historia humana consistirá de un total de 7.000 años previo a la nueva creación.

Por todo lo anterior, aunque hay otras posturas en relación con el Milenio, es evidente que la historia de la iglesia tiene un marcado énfasis premilenial. Hoy en día, el premilenialismo se divide en dos escuelas de pensamiento principales: El premilenialismo histórico y el dispensacional. Analicemos brevemente cada una de estas posturas premilenialistas.

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POSTULADOS DEL PREMILENIALISMO HISTÓRICO[8]

El Premilenialismo Histórico o Clásico es distintivamente no Dispensacional. Esto significa, entre otras cosas, que no ve distinción teológica radical entre Israel y la Iglesia. A menudo se perfila como post-tribulacional, lo cual significa que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá luego de un período de tribulación. El Premilenarismo Histórico se adhiere al Quiliasmo por causa de su enfoque de que la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales. Entre los proponentes de esta postura se encuentran Charles H. Spurgeon, George Eldon Ladd, Francis Schaeffer y Albert Mohler. A grandes rasgos, el Premilenialismo Histórico, o clásico, enseña que:

(1. La Iglesia de la era del Nuevo Testamento es la fase inicial del reino de Cristo como fuese profetizado por los profetas del Antiguo Testamento.
(2. La Iglesia al final no tendrá éxito en su misión de discipular a todas las naciones a medida que la maldad crezca mundialmente hacia el final de la era eclesiástica.
(3. La Iglesia atravesará la Gran Tribulación, un tiempo de prueba mundial sin precedentes que marcará el cierre de la historia contemporánea.
(4. Cristo retornará al final de la Tribulación a arrebatar a la Iglesia, a resucitar a los santos fallecidos y al juicio de los justos en “un abrir y cerrar de ojos”.
(5. Cristo luego descenderá a la tierra con Sus santos glorificados, peleará la batalla del Armagedón, atará a Satanás y establecerá un reino político mundial que será personalmente administrado por Él por 1,000 años desde Jerusalén.
(6. Al final del milenio (Ap. 20:3-8), Satanás será suelto y se materializará una rebelión masiva contra Cristo, contra Su reino y contra Sus santos.
(7. Dios interviene con álgido juicio para librar a Cristo y a Sus santos. La resurrección y juicio de los malvados se lleva a cabo e inicia el estado eterno.

PREMILENIALISMO TRADICIONAL -GRÁFICA

POSTULADOS DEL PREMILENIALISMO DISPENSACIONAL[9]

El Premilenialismo Dispensacional inició alrededor del 1830, como fuese planteada por John Nelson Darby. Simplificando un poco esta postura, podríamos decir que el Premilenialismo Dispensacional entiende que la nación de Israel será salvada y restaurada a un lugar de preeminencia durante el Milenio. Además, y de manera general, los que se suscriben a esta enseñanza creen en un rapto pre-tribulacional. Es decir, que los escogidos no han de pasar por toda o la mayor parte de la Gran Tribulación. Esta postura es sostenida por eruditos modernos como Donald Barnhouse, Norman Geisler y Evis L. Carballosa. Entre los principales postulados del Premilenialismo Dispensacional podemos mencionar:

(1. La era eclesiástica es una era totalmente distinta y no anticipada en el plan de Dios. En toda su amplitud, era desconocida e inesperada por los profetas del AT. Es entendida como un “paréntesis”.
(2. Dios tiene un programa separado y un plan distinto para el Israel étnico que se distingue del de la Iglesia.
(3. Cristo volverá secretamente desde los cielos para arrebatar a los santos que aún viven (1.ª fase de su Segunda Venida) y resucitar los cuerpos de los santos ya fallecidos (1.ª Resurrección). Estos serán sacados del mundo antes de la Gran Tribulación. El juicio de los santos se efectuará en los cielos durante el período de los 7 años de Tribulación antes del retorno corporal de Cristo a la tierra.
(4. Al cierre de los 7 años de la Gran Tribulación, Cristo descenderá visiblemente con Sus santos a la tierra (2.ª fase de su Segunda Venida), a fin de establecer y administrar personalmente un reino político judío con sede en Jerusalén por 1,000 años. Durante este tiempo, Satanás será atado y el templo y sistema de sacrificios será restablecido en Jerusalén como memorial. Es en este tiempo cuando Dios cumple las promesas que hizo a los judíos.
(5. Hacia el final del Reino Milenial, Satanás será desatado para nuevamente salir a engañar a las naciones.
(6. Cristo hará descender fuego del cielo para destruir a Sus enemigos. Ocurre entonces la resurrección (Muerte Segunda) dando paso al juicio del Gran Trono Blanco para los impíos, iniciando el estado eterno.
(7. Los dispensacionalistas entienden que los judíos y la iglesia pertenecen a dos distintos pueblos de Dios.

La mayoría de los dispensacionalistas creen en un arrebatamiento secreto antes de la Gran Tribulación. A esto se lo conoce como pretribulacionismo. Otros creen que el arrebatamiento sucederá 3 años y medio luego del inicio de la Gran Tribulación, a lo que se le llama midtribulacionismo. Aun otros creen en el postribulacionismo presentado en el Premilenialismo histórico.

Hay premilenialistas que creen que Dios solo tiene un pueblo (el olivo silvestre en Romanos 11).

PREMILENIALISMO DISPENSACIONAL - GRÁFICA

PUNTOS DÉBILES DEL PREMILENIALISMO

Como todo modelo interpretativo, el premilenialismo no está libre de cuestionamientos. A menudo se citan los siguientes:

(1. Hay ciertos pasajes difíciles de interpretar desde la perspectiva premilenialista, como Isaías 11:6 “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (compárese con Isaías 65:25). Ahora bien, analizando el contexto y poniendo atención a los detalles de la narración, parece ser que el autor intercambia aspectos de un reino terrenal con un estado eterno, y obviamente no es congruente entender que estos detalles serán distintivos en ambos períodos.

(2. La restauración del templo y el sistema de sacrificios. El Dispensacionalismo Clásico enseña (basado en una interpretación literal del templo que describe Ezequiel 40–46, en Daniel 9:27; 12:11; 2 Tesalonicenses 2:4 y Apocalipsis 11:1-2) que en el reino milenial futuro se reinstaurarán los sacrificios al modo del Antiguo Testamento. Una poderosa refutación y crítica a este punto de vista es el señalamiento de que Cristo es el Cordero inmolado que ya dio Su vida y derramó Su sangre en sacrificio por Su Iglesia, y en Su calidad de mediador y agente catalizador del Nuevo Pacto, ya no es necesario ofrecer oblaciones ni sacrificios de animales que solo constituían una sombra del sacrificio perfecto que habría de venir: habiéndolo consumado todo, hace obsoleto el Viejo.

Sunset In Orbit

FORTALEZAS DEL PREMILENIALISMO[10]

Ante esos dos cuestionamientos, las fortalezas del premilenialismo superan con creces cualquier aparente debilidad en dicho sistema. Por ejemplo:

(1. La frase “esta es la primera resurrección” en Apocalipsis 20:5 implica que habrá otra resurrección, separando así una resurrección de creyentes con una resurrección general para condenación (cp. Ap. 20:11-15).
(2. La pregunta hecha a Jesús: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6-7). Él pudo haberles desmentido, o al menos aclararle que no habrá tal cosa como un reino en particular destinado a un Israel étnico. Sin embargo, solo se limitó a comunicarles que no era asunto de su incumbencia.
(3. La contundente y explícita declaración de Jesús en Mateo 19:28: “vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
(4. Apocalipsis 5:10 declara: “y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 1:6; 19:15; 12:5; 2:27).
(5. En cuanto a la literalidad de la frase “mil años”, repetida 6 veces en Apocalipsis 20:2-6, es importante entender que dentro del libro tenemos elementos concretos; el libro no es simbólico sino simbiótico. Muy pocos cuestionan el número 7 en Apocalipsis como no literal. Muy pocos ponen en tela de juicio que los 144 mil sellados no sea un número literal (Apocalipsis 7:14). Pocos argumentan que las 12 puertas de 12 perlas en la Nueva Jerusalén no sean literales (Ap. 21:21). Nadie reclama que los 4 seres vivientes o los 4 ángeles no sean 4 criaturas en específico (Apocalipsis 7:2, 11; 9:14; 14:3). Si este es el caso, ¿por qué pensar en estos “mil años” como algo no literal?

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(6. Quizá la mayor fortaleza del premilenialismo es su apropiado método para la interpretación de la Escritura. El método de interpretación bíblica empleada por los premilenialistas requiere que la Escritura sea interpretada de manera que sea consistente con su contexto. Esto es, que un pasaje debe ser interpretado de manera que sea coherente con la audiencia para quién fue escrita, aquellos de quiénes se escribe, por quiénes fue escrito, etc. Es crucial conocer al autor, la audiencia a quién se proyecta, y los antecedentes históricos de cada pasaje que se interpreta. Al establecer el aspecto histórico y cultural, con frecuencia revelará el significado correcto que tiene un pasaje.
También es importante recordar que, en el modelo premilenialista, la Escritura interpreta la Escritura. Esto es, muchas veces un pasaje cubrirá un tópico o tema que también se trata en alguna otra parte de la Biblia. Es importante interpretar todos estos pasajes consistentemente el uno con el otro. Pero lo más importante: Los pasajes deben siempre ser tomados en su significado normal, regular, sencillo, y literal, a menos que el contexto del pasaje indique que es de naturaleza figurativa. Una interpretación literal no elimina la posibilidad de que se usen figuras literarias. Más bien, anima al intérprete a no leer el lenguaje figurativo en el significado de un pasaje, a menos que sea apropiado para ese contexto. Es crucial nunca buscar un significado “más profundo, más espiritual” que el que es presentado. Espiritualizar un pasaje es peligroso, porque cuando se hace, las bases para la verdadera interpretación se colocan en la mente del lector, en lugar de las que vienen de las Escrituras. En este caso, no puede haber parámetros objetivos de interpretación, sino que la Escritura se convierte en objeto de la impresión y significado propio de todas y cada una de las personas que la leen. Esta ha sido la falta grave cometida por modelos escatológicos como el amilenialismo y el postmilenialismo. En cambio, 2 Pedro 1:20-21 nos recuerda:
“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

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(7. El premilenialismo distingue entre Israel (los descendientes físicos de Abraham) y la Iglesia (todos los creyentes del Nuevo Testamento), considerándolos dos grupos diferentes. Entender que Israel y la Iglesia son distintos es de vital importancia porque, si esto no es comprendido, la Escritura será malinterpretada. Específicamente, los pasajes que tratan con las promesas hechas a Israel (tanto cumplidas como por cumplir) son propensos a malentenderse y malinterpretarse si uno trata de aplicarlos a la iglesia, y viceversa. Por ejemplo, en Génesis 12:1-3, leemos:
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.
Aquí Dios promete a Abraham tres cosas: que Abraham tendría muchos descendientes, que esta nación ocuparía y poseería una tierra, y que del linaje de Abraham (los judíos) vendría una bendición universal que llegaría a toda la humanidad. En Génesis 15:9-17, Dios ratifica Su pacto con Abraham. En la manera en que esto es hecho, Dios coloca toda la responsabilidad del pacto sobre Él mismo. Esto es, no había nada que pudiera hacer Abraham que ocasionara el fracaso del pacto que Dios hizo. También en este pasaje, se establecen las fronteras para la tierra que los judíos eventualmente ocuparían. Para una lista detallada de los límites, basta con leer Deuteronomio 34. Otros pasajes que tratan con la promesa de la tierra son Deuteronomio 30:3-5 y Ezequiel 20:42-44.
También, en 2 Samuel 7:10-17 vemos la promesa hecha por Dios al rey David. Aquí Dios le promete a David que tendrá descendientes y que de esos descendientes Dios establecerá Su reino eterno. Esto se refiere al gobierno de Cristo durante el Milenio, y para siempre. Es importante tener en mente que esta promesa debe ser cumplida literalmente, y que aún no ha tenido lugar. Algunos creerían que el gobierno de Salomón fue el cumplimiento literal de esta profecía, pero hay un problema con eso. El territorio sobre el cual Salomón reinó, no es propiedad de Israel en la actualidad, y Salomón tampoco reina sobre el Israel actual. Puesto que Dios prometió a Abraham y a sus descendientes que poseerían la tierra para siempre, y que en 2 Samuel 7 se nos dice que Dios establecería un Rey que reinaría eternamente, resulta obvio que Salomón no pudo ser el cumplimiento de la promesa hecha a David. Por consiguiente, esta es una promesa que aún tiene que ser cumplida. Con esto en mente, podemos examinar lo registrado en Apocalipsis 20:1-7 y concluir que los mil años que son mencionados repetidamente en Apocalipsis 20:1-7 corresponden literalmente al reinado de 1,000 años de Cristo sobre la tierra. ¿Por qué? Porque la promesa hecha a David respecto al reinado, tiene que ser cumplida literalmente, y aún no ha tenido lugar. El Premilenialismo ve que este pasaje describe el futuro cumplimiento de la promesa con Cristo en el trono. Dios hizo pactos incondicionales con ambos, Abraham y David. Ninguno de estos pactos ha sido cumplido total o permanentemente. La única manera de que estos pactos puedan ser cumplidos como Dios prometió que serían, es el literal y físico reinado de Cristo en la tierra.
La aplicación del método de interpretación literal de la Escritura empleado por el premilenialismo, da como resultado que las piezas del rompecabezas se unan. Todas las profecías del Antiguo Testamento sobre la Primera Venida de Jesucristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, debemos esperar que las profecías respecto a Su Segunda Venida, también sean cumplidas literalmente. El Premilenialismo es el único sistema que concuerda con una interpretación literal de los pactos de Dios y la profecía del fin de los tiempos.

Al analizar todos estos aspectos, no nos resulta extraño qué la iglesia primitiva adoptara el modelo premilenialista como su sistema de interpretación escatológica.

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 CONCLUSIÓN

Como se mencionó al inicio de este artículo, el premilenialismo es el punto de vista de que la Segunda Venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reinado Milenial, y que el Reino Milenial es literalmente de un período de 1,000 años donde Cristo va a reinar sobre la tierra. El premilenialismo fue el sistema escatológico creído y aceptado por la iglesia primitiva. A grandes rasgos, el premilenialismo enseña que en los últimos tiempos habrá un Período de Tribulación en el cual un anticristo emergerá y Dios derramará Su ira sobre el mundo. Al final de este Tribulación, Jesús regresará visible y físicamente a la tierra para derrotar a Satanás y al anticristo, y luego él establecerá un reino milenario en la tierra. A esta hora, aquellos que murieron tiempo atrás como creyentes recibirán cuerpos humanos glorificados y reinarán con Cristo. Aquellos creyentes que sobrevivan la Tribulación también reinarán con Cristo. Durante este período, Satanás estará atado y echado al abismo. Al final de los 1,000 años Satanás será puesto en libertad y orquestará una rebelión final en contra de Dios. Él será derrotado y enviado permanentemente al lago de fuego.[11]

Todos los premilenialistas (históricos y dispensacionales) afirman que el milenio es un reino intermedio que dará paso al Reino Eterno (o el Estado Eterno) que será el destino final y condición para todos los creyentes. El Premilenialismo, pues, ve el milenio de Apocalipsis 20:1–6 como siendo cumplido en el futuro.

La principal diferencia entre el premilenialismo histórico y el dispensacional se encuentra en el hecho que, en el premilenialismo dispensacional, se incorpora la teoría de un Rapto Secreto al inicio o en medio de la Gran Tribulación. La Segunda Venida de Cristo es considerada un evento en dos fases: Cristo volverá secretamente desde los cielos para arrebatar a los santos que aún viven (1.ª fase de su Segunda Venida) y resucitar los cuerpos de los santos ya fallecidos (1.ª Resurrección). Estos serán sacados del mundo antes de la Gran Tribulación. El juicio de los santos se efectuará en los cielos durante el período de los 7 años de Tribulación antes del retorno corporal de Cristo a la tierra. Al cierre de los 7 años de la Gran Tribulación, Cristo descenderá visiblemente con Sus santos a la tierra (2.ª fase de su Segunda Venida), a fin de establecer y administrar personalmente un reino político judío con sede en Jerusalén por 1,000 años.

En su mayoría, las iglesias pentecostales se adhieren al premilenialismo dispensacional. Sin embargo, y tras un proceso de revisionismo doctrinal, algunas iglesias pentecostales y otros grupos evangélicos, están abandonando gradualmente la idea de un futuro rapto secreto de la Iglesia.

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REFERENCIAS

[1] Ladd, George Eldon. Las últimas cosas . Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

[2] Ernst Lee Tuveson (1949). Millennium and Utopia. Berkeley: University of California Press.

[3] Alcañiz S.J., Florentino; Castellani, Leonardo (1962). La Iglesia patrística y la parusía. Buenos Aires: Ediciones Paulinas.

[4] Phillip Schaff, Historia de la Iglesia Cristiana. Tomo I, Hendrickson Publishers, Inc. (2006)

[5] Duby, Georges (1988). El año mil: Una nueva y diferente visión de un momento crucial de la historia. Editorial Gedisa.

[6] Jústino Mártir, Diálogo con Trifo, Cap. LXXX.

[7] Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, Libro V.

[8] Peters, FNB El Reino Teocrático . 3 Vols. Grand Rapids: Kregel, 1952.

[9] Osbourne, Grant R., Apocalipsis. Comentario Exegético Baker del Nuevo Testamento (Baker: Grand Rapids: 2002).

[10] Ryrie, Charles C. La base de la fe Premilenial . Neptuno, NJ: Loizeaux Hermanos, 1953.

[11] Walvoord, John . El Reino del Milenio . Grand Rapids: Zondervan , 1959.

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Cesasionismo, Continuismo, Distintivos del Pentecostalismo, Estudio Teológico, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Hacia un pentecostalismo sano

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Soy Pentecostal. No me sonrojo ni me avergüenza decirlo. Estoy orgulloso de mi legado y mi herencia espiritual dentro del Pentecostalismo. Mi pneumatología, mi doctrina del Espíritu Santo y los dones del Espíritu, me etiquetan como un continuista. Los continuistas (y todos los pentecostales lo somos) creemos que todos los dones del Espíritu Santo mencionados en el Nuevo Testamento son para todo el período entre Pentecostés y la segunda venida del Señor. Nuestra exégesis nos lleva a creer que todos los dones identificados en el Nuevo Testamento siguen vigentes y accesibles para los creyentes. Sin embargo, nuestra creencia en la vigencia actual de los dones debe también obligarnos a ser cuidadosos y moderados, evitando caer en los excesos tan comunes en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas.

DEBEMOS EJERCER LOS DONES ESPIRITUALES DENTRO DE LOS PARÁMETROS BÍBLICOS

Cómo pentecostales de sana doctrina debemos practicar los dones dentro de parámetros bíblicos. Si eres continuista tienes que vivir en 1 Corintios 12 al 14. Tienes que saber lo que la Biblia permite en las reuniones de la iglesia. Nadie debe hablar en lenguas a no ser que haya un intérprete. No se debe hablar en lenguas más de una persona a la vez. En tal efecto, en un servicio tienes que tener la valentía de detener prácticas erróneas en el momento que se presentan. Ninguna manifestación es apropiada si la Biblia claramente la prohíbe, sin importar si “sentimos” la presencia de Dios. Ignorar esto es precisamente lo que ha dado vida a movimientos heréticos como la Nueva Reforma Apostólica, el movimiento “Palabra de fe” (confesión positiva, declarar y decretar, etc.), el Evangelio de la Prosperidad o las herejías y excesos en torno a la guerra espiritual, entre otras.

Creo que todos los que amamos la Palabra de Dios y el evangelio lamentamos todas las manifestaciones que se están dando de una casi total falta de orden en algunas iglesias y lugares (risas descontroladas, éxtasis de danza desenfrenada, vómitos y ataques incontrolables, gritos, movimientos frenéticos y sonidos extraños, etc.). Creemos en el dicho de Pablo de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). El caos no honra al Dios de orden. Sin embargo, es precisamente el caos que vemos en muchas congregaciones pentecostales y carismáticas lo que ha llevado a muchos otros creyentes a dudar o negar la validez y vigencia actual de los dones espirituales. Es gracias a nuestra falta de orden y decencia que el Pentecostalismo fue y sigue siendo caricaturarizado por muchos, los cuales equiparan la postura “continuista” propia del Pentecostalismo con el desorden. No tiene por qué ser así. Había una serie de desórdenes en Corinto, pero el remedio que propuso el apóstol Pablo no era el desuso de ninguno de los dones, sino el uso correcto de todos ellos. Los pentecostales necesitamos urgentemente recuperar el orden en nuestras congregaciones. Sabemos que los dones espirituales, todos ellos, siguen vigentes. No estamos equivocados al decirlo pues la Biblia nos respalda. Pero no es suficiente tener la postura correcta: la práctica también tiene que ser bíblica y correcta.

LA NECESIDAD DE PREDICACIÓN EXPOSITIVA EN NUESTRAS IGLESIAS

Si eres un creyente continuista, específicamente pentecostal, te aconsejo hacer de la predicación bíblica una prioridad, particularmente la predicación expositiva. ¿A qué me refiero con eso? A qué nuestra forma de enseñar la Palabra necesita ser reevaluada. ¡Muchos predicadores pentecostales ni siquiera saben o comprenden lo que es una predicación expositiva! Y es que lo que define que un sermón sea o no expositivo no es lo largo que sea el texto, ni si el sermón es parte de una serie consecutiva que cubre un libro completo de la Biblia. Tampoco tiene que ver con si el predicador explica el sentido que algunas palabras tienen en el idioma original, o si va explicando cada frase del versículo sin una unidad o dirección dominante.

Lo que hace que un sermón sea expositivo es que el énfasis y propósito del sermón sea el énfasis y propósito del texto en su intención original. Predicación expositiva es la predicación en la cual el principal punto del texto bíblico que se considera llega a ser el principal punto del sermón que se predica, y se aplica a la vida actual. Predicar expositivamente implica que el texto bíblico va a dirigir el sermón de principio al fin. Esto también significa que el predicador pasará la mayor parte de su tiempo, durante la semana, tratando de entender el significado de su texto.

¿Acaso no hacen esto nuestros pastores y predicadores pentecostales? No siempre (lo admito con vergüenza). Y es que para muchos “pentecostales” o creyentes “del Espíritu”, la preparación adecuada en el ámbito teológico no siempre es bien vista, lo cual no solo es vergonzoso, sino extremadamente preocupante. ¿Quién confiaría la educación secular de sus hijos a un maestro que odia el estudio y jamás actualiza sus conocimientos? ¿Quién se sometería a una cirugía de corazón abierto poniéndose en manos de alguien que jamás ha estudiado cirugía? ¿Por qué entonces ponemos nuestra formación espiritual y en la Palabra en manos de personas que ni siquiera la conocen ni entienden sus normas de interpretación? ¿Acaso nuestro destino eternos es menos importante? Desgraciadamente uno de los problemas principales que afectan a nuestras iglesias continuistas (carismáticas o pentecostales) es que a muchos les emociona más tener un buen ministerio de danza, el sonido ensordecedor de los instrumentos en los cultos, declarar, decretar, atar al diablo y presumir de dones proféticos de dudosa reputación, que la fiel exposición de la Palabra de Dios. ¡Esto no puede ni debe ser así! Solo la Biblia, la Palabra escrita de Dios, es infalible y plenamente inspirada. Ninguna “profecía” dada en nuestra época puede ser considerada más importante que la Biblia. Este es uno de los puntos que más le preocupa a nuestros hermanos cesacionistas (y con justa razón). Es problemático cuando vivimos más emocionados por lo que comparte un hombre falible que lo que dice la infalible Palabra de Dios. Toda supuesta profecía, toda expresión “inspirada”, todo mensaje transmitido e interpretado en lenguas, siempre tiene que estar sujeto a la Biblia. Como continuista moderado y fiel a la Palabra, creo y entiendo que todos los dones de revelación tienen que estar sujetos a la Palabra de Dios y no debe haber ninguna revelación nueva que sea normativa (1 Corintios 14, 1 Tesalonicenses 5).

CUIDADO CON PONER NUESTRAS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES POR ENCIMA DE LA PALABRA

Una terrible tendencia en muchos creyentes pentecostales es usar sus experiencias espirituales o de carácter místico-religioso de forma autoritativa o apologética. Cuando defendamos nuestra fe ¡Hagámoslo con la Palabra! Tus experiencias personales, visiones, sueños o impresiones espirituales puede que cumplan una función o sean de utilidad para tí. Pero no son de carácter autoritativo ni puedes fundamentar tu doctrina y prácticas cristianas en ellas. Sabemos claramente que la Biblia nos dice que ciertas manifestaciones no necesariamente serán del Espíritu (Mateo 7:22-23). Estemos convencidos por la Palabra, no por experiencias místico-religiosas cuestionables. Tampoco solo hables de tus experiencias. No estoy diciendo que no es bueno compartir los testimonios de lo que Dios ha hecho. Al contrario, es importante hacerlo. Pero a fin de cuentas, la Palabra es el mayor regalo de Dios para Su pueblo. Su Palabra ha sido revelada para que podamos conocer Su carácter. Entonces, ¡Hablemos más de la Biblia que de lo que hemos experimentado en nuestros momentos de éxtasis espiritual! La infalibilidad de la Biblia es segura (2 Timoteo 3:16-17), la veracidad de nuestras impresiones o supuestas experiencias espirituales siempre estará sujeta a escrutinio (1 Juan 4:1), pues no siempre podemos estar seguros que es Dios, y no nuestro propio corazón, la fuente de dicha revelación. Y de nuestro corazón se nos dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).

¿Significa lo anterior que no creo en la profecía y en los dones de revelación para esta época? ¡En ninguna manera! Yo mismo he presenciado y he sido bendecido en varias ocasiones a través del uso correcto e inspirado de estos dones. Además, la Biblia también nos advierte: “No menospreciéis las profecías” (1 Tesalonicenses 5:20). Lo que intento decir es lo mismo que dijo Pablo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Para todos los verdaderos creyentes y para todas las verdaderas iglesias, la Biblia es la autoridad suprema; ella siempre tiene la última palabra. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20). Los bereanos “eran más nobles…, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). ¡Hasta las palabras del apóstol Pablo fueron sometidas a la prueba de las Escrituras! ¿Por qué? Porque no todo lo que se presenta como “palabra del Señor” lo es; hay que ejercer el don del discernimiento, juzgar cada manifestación a la luz de la Biblia y separar lo bueno de lo malo. Por lo tanto, que sea la Palabra de Dios la que abunde cuando hablemos de cualquier tema y queramos establecer doctrinas y prácticas en la iglesia y no simplemente anécdotas u opiniones.

DEFENDAMOS LA SUFICIENCIA DE LA BIBLIA

Los pentecostales afirmamos creer en la suficiencia de la Biblia. Pero dicha afirmación a veces es más una mera declaración teórica que una verdad que llevemos a la práctica. La suficiencia de la Biblia significa que la Biblia sola es suficiente para revelar la verdad acerca de Dios y acerca del ser humano, para revelar todo lo que el ser humano necesita saber para poder ser salvo, y para revelar todo lo necesario para que las personas salvas puedan vivir sus vidas para la gloria de Dios. Para todo eso no hace falta ninguna otra fuente de revelación; la Biblia sola es más que suficiente. No necesitamos ninguna revelación moderna o extrabíblica para decirnos cómo vivir la fe. Ese ha sido el error de sectas como los mormones, adventistas del séptimo día o los pentecostales del movimiento “Solo Jesús”, los cuales pusieran las revelaciones extrabíblicas de sus fundadores al mismo nivel que la Biblia, cayendo en graves errores teológicos y de praxis cristiana.

CONCLUSIÓN

A los creyentes pentecostales del siglo XXI nos ha tocado vivir un tiempo maravilloso y emocionante: Un tiempo de llenura y derramamiento del Espíritu Santo tal como al principio. Sin duda, esto representa una amenaza para Satanás y su reino, por lo cual intentará dividirnos, traer oprobio sobre la obra legítima del Espíritu Santo y, si le fuese posible, acabar con tales manifestaciones en nuestras iglesias. ¿Cómo? Falsificando la obra del Espíritu e induciendo a los creyentes a escuchar espíritus engañosos, sustituyendo la presencia y el poder de Dios por las emociones humanas y llevando a otros a dudar de la vigencia de los dones espirituales para nuestra época. No sólo el cesacionismo (con su total negación de los dones espirituales), sino también el continuismo desenfrenado y sin sujeción a la Palabra, sirve perfectamente a los propósitos de Satanás de traer oprobio y debilidad a la iglesia de Cristo.

Sí, están pasando cosas preocupantes, poco bíblicas y que no honran al Señor en muchas de nuestras iglesias pentecostales. Pero, por otra parte, el Señor está obrando, la Iglesia Pentecostal está madurando y reformándose a sí misma, el Evangelio de Cristo se está predicando y se está levantando una nueva generación de creyentes e iglesias pentecostales comprometidas con el Señor, con su Palabra y con el Evangelio. Y esto apenas es el principio de lo que Dios hará… ¡Esa es mi esperanza!

Anti-Intelectualismo, Estudio Teológico

¿Qué “la letra mata”? ¿En serio?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Alguna vez has intentado corregir a un cristiano, pastor o líder religioso con escasa preparación teológica y que presta más valor a la experiencia subjetiva que a la Palabra escrita de Dios? ¡De esos abundan hoy en día! ¡Incluso lideran grandes e importantes congregaciones, y hasta predican en la radio, la Tv y las redes sociales! Quizá, al intentar explicarles la sana doctrina y pretender orientarles en el uso de una sana exégesis te hayas encontrado con la siguiente respuesta: “Hermano, estás enfocándote demasiado en el texto. Recuerda: la letra mata, pero el espíritu vivifica. Nosotros somos cristianos del Espíritu, no de la letra”.  Y es que 2 Corintios 3:6 suele malinterpretarse para justificar cualquier extravagancia o error exegético nacido de interpretaciones subjetivas del texto sagrado. Peor aún, le atribuimos al Espíritu Santo dichos errores. Esta práctica ha sido común en muchas congregaciones pentecostales que prestan poco valor al estudio serio de la Biblia. Algunas iglesias y sus ministros incluso consideran pecado la formación teológica, negándose a sí mismos y a sus congregaciones la asistencia a seminarios teológicos, institutos bíblicos o universidades cristianas. Todo esto amparado supuestamente en 2 Corintios 3:6, el cual dice: “Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra, sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2 Corintios 3:6; NVI).

 Pero interpretar dicho texto como justificación para rechazar el estudio bíblico y la erudición teológica es incorrecto. ¿Cuál es el problema con esta interpretación? Tal interpretación es diabólica, y asume erradamente lo siguiente:

  1. Que la “letra” en el pasaje se refiere al estudio de la Biblia. La vivificación del Espíritu Santo se produce aparte de la Palabra.
  2. El Espíritu Santo opera de manera independiente de la Palabra. Es decir, alguien puede crecer en comunión con Dios y madurez a la semejanza de Cristo Jesús sin la renovación de su mente a través de las Escrituras.

Muchos pentecostales, en exceso de fanatismo espiritualista, piensan que el Espíritu Santo es su única autoridad. Por ende, la revelación o las impresiones, supuestamente dadas por él, están por encima de la Biblia. Es cierto que el Espíritu Santo es libre de obrar según le plazca, sin embargo, en Su Soberanía ha elegido obrar a través de exposición de las Escrituras, “agrado a Dios salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación” (1 Corintios 1.21) a fin de llevar a pecadores al arrepentimiento a Cristo. Y es que el Espíritu no obra en contra de la Palabra que él mismo ha inspirado, “Él no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2.13). Prohibir a una persona que estudie las Escrituras, usando todo su ser (emociones, voluntad e intelecto), no abre la puerta al obrar del Espíritu Santo sino a espíritus demoníacos y engañadores. De esta manera se previene la madurez espiritual en la vida del creyente.

Por todo lo anterior, muchos quizá se pregunten ¿Qué fue lo que quiso decir Pablo? ¿Acaso Pablo, el erudito en la Palabra, se oponía a que otros fuesen instruidos como él?

 

UN ASUNTO SERIO.

Aunque muchas interpretaciones nacidas de la experiencia subjetiva y el desconocimiento bíblico pueden resultar risibles para un cristiano educado en la Palabra, tomar un pasaje como 2 Corintios 3:6 y darle una interpretación incorrecta es cosa seria. Aunque somos humanos falibles interpretando la Palabra de Dios infalible, el Señor nos hace responsables por cómo usamos la Biblia, especialmente si somos maestros de ella. Santiago escribió: “Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad.” (Santiago 3:1; NVI).

Para personas que enseñan lo que Dios no dice, Dios tiene reservada una condenación más grande. Cuatro veces en el Nuevo Testamento se habla de personas que recibirán “mayor condenación” (Mateo 23:14; Marcos 12:40; Lucas 20:47; Santiago 3:1), y todas tienen que ver con líderes religiosos que abusan de la fe para imponer mandamientos que no provienen de Dios. Esta es una gran blasfemia, porque intenta usurpar el nombre de Dios. Para personas así, Dios tiene reservada una condenación más grande.

 

¿QUÉ QUIERE DECIRNOS PABLO EN 2 CORINTIOS 3:6?

2 Corintios 3:6 es uno de esos versos que ha sido malinterpretado desde los primeros siglos de la Iglesia cristiana. Por ejemplo, Orígenes, quien murió en el siglo III y es famoso por sus alegorías de la Biblia, interpretaba “la letra” como el sentido gramático del texto, mientras que “el espíritu” se refería a la interpretación espiritual. De acuerdo a Orígenes, el sentido gramático era inferior al espiritual. Él usó este versículo para justificar sus interpretaciones alegóricas, y después muchos siguieron su ejemplo, malinterpretando incontables versículos por toda la Biblia.

Hoy en día, este verso se usa para justificar una falta de seriedad al estudiar la Palabra. Si un creyente dedicado quiere estudiar en el seminario, alguna persona quizá bien intencionada lo toma aparte para advertirle que “la letra mata, pero el espíritu vivifica”. Otros, al señalar a la luz de la Palabra las prácticas antibíblicas que quizá existan en su iglesia, a menudo son reprimidos con el mismo texto. Este verso, sin embargo, no tiene que ver con el sentido espiritual de un pasaje, ni con el peligro de estudiar teología. Mucho menos debe usarse para justificar en la iglesia cosas que son contrarias a la Palabra de Dios. Para entender el sentido del pasaje, debemos estudiar el contexto.

Al estudiar el contexto de 2 Corintios 3:6 descubriremos que había personas en Corinto que dudaban del apostolado y la autoridad de Pablo. Probablemente algunos falsos maestros intentaban desviar a la congregación de la autoridad apostólica. Sin embargo, Pablo les responde: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Corintios 2:17).

Pablo continúa explicando que no era necesario mostrar algún tipo de currículum vitae. Ni siquiera necesitaba alguna carta de recomendación, porque la carta eran los creyentes en Corinto, una carta “siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” (2 Corintios 3:3). Este verso nos da una pista para interpretar 2 Corintios 3:6, pues vemos el contraste que Pablo hace entre las “tablas de piedra” (una referencia al pacto de la ley del Antiguo Testamento), y la obra del Espíritu, la cual se hace directamente en el corazón humano. Indudablemente Pablo está pensando en pasajes como:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:33).

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezequiel 36:26).

El apóstol estaba diciendo que su autoridad apostólica era evidente pues el Espíritu había transformado sus vidas mediante la predicación del evangelio por parte de Pablo y aquellos que ministraban junto a él. Esto no era algo que Pablo había logrado por sí mismo, esa suficiencia tampoco venía de ellos mismos, más bien:

“no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica.”  (2 Corintios 3:5-6).

Aquí está la clave para entender este versículo: Pablo era ministro del nuevo pacto (del Espíritu), no del antiguo pacto (de la letra; es decir, de la Ley). Este versículo, entonces, se refiere a un contraste entre dos pactos: el antiguo y el nuevo. El antiguo pacto, dice Pablo, es el de la letra, y mata. Por el otro lado, el nuevo pacto, del Espíritu, vivifica. Según Pablo, el antiguo pacto, escrito en letra, mata por varias razones:

  1. Primeramente, era un pacto de muerte (2 Corintios 3:7), sin capacidad de dar vida, sino todo lo contrario. El pecado que mora en el ser humano se aprovecha del mandamiento para producir más pecado (Romanos 7:8) y finalmente la muerte (Romanos 7:11). Este pacto, por sí mismo, no tenía capacidad alguna de producir vida. Era un código condicional que Dios había hecho con su pueblo, pero que sin embargo quedaría reemplazado por un nuevo y mejor pacto (Hebreos 7:22, 8:6, 12:24).
  2. Segundo, era un pacto “de condenación” (2 Corintios 3:9). Tanto así que la persona bajo ese pacto estaba bajo maldición (Deuteronomio 27:26; Gálatas 3:10). Ninguna persona podía cumplir con los requisitos de la ley, y por lo tanto, toda persona bajo ese pacto sería juzgada y encontrada culpable. El nuevo pacto viene con la promesa y el poder del Espíritu Santo, con la ley escrita en el corazón; es el pacto de la regeneración, es el pacto que produce vida.

Por el otro lado, el nuevo pacto, el del Espíritu, “da vida”. Este nuevo pacto inaugurado y mediado por el Señor Jesucristo (Mateo 26:28; Marcos 14:24; Lucas 22:20; 1 Corintios 11:25; Hebreos 12:24) era el mismo prometido en el Antiguo Testamento (Ezequiel 36:26; Hebreos 8:8). A diferencia del antiguo pacto, este nuevo venía con la promesa y el poder del Espíritu Santo (Jeremías 31:31), con la ley escrita no en tablas sino en el corazón (Jeremías 31; Ezequiel 36). El nuevo pacto es el pacto de la regeneración (Ezequiel 37), es el pacto que produce vida (Juan 6:63; Romanos 8:6). Así que Pablo, en este texto, enseña la maravillosa bendición que tenemos aquellos que estamos bajo el pacto de vida por medio de la regeneración del Espíritu, por la obra de obediencia de Jesucristo al Padre.

 

LA BIBLIA NOS MANDA ESTUDIARLA.

La Biblia nos manda estudiarla, y nos da muy buenas razones para hacerlo. Leer la Biblia no “mata” la espiritualidad, por el contrario, le da un sentido correcto. Pero no basta con leerla, hay que “escudriñarla”, estudiarla de forma sistemática. Es ahí donde el estudio teológico se vuelve importante para el creyente, principalmente para el creyente pentecostal, frecuentemente acusado de no darle la importancia debida y poner la experiencia por encima de la Palabra. A aquellos que creen que estudiar teología y dedicarse al estudio bíblico es pecado, o que el estudio sistemático de la Biblia es “la letra que mata” les decimos:

  1. Debemos estudiar la Biblia y sus enseñanzas por que Jesús lo mandó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). La Biblia y su estudio no es “letra muerta”, sino palabra viva: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12).
  2. Dios nos manda leer y estudiar la Biblia simplemente porque es su Palabra para nosotros. 2 Timoteo 3:16 dice que “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”. En otras palabras, no solo no es pecado estudiarla de forma sistemática, sino que es nuestro deber como creyentes y, particularmente como ministros. Las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, son las mismísimas palabras de Dios para nosotros ¿Cómo podrían ser letra que mata?
  3. Se nos manda leer y estudiar la Biblia porque, a diferencia de las experiencias subjetivas del ser humano o de las supuestas revelaciones que algunos afirman recibir, la Biblia es totalmente confiable y sin error: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Juan 17:17).
  4. Se nos manda leer y estudiar la Biblia porque existe mucha enseñanza falsa. La Biblia nos da la medida mediante la cual podemos distinguir la verdad del error: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.” (Salmo 19:7-8). Se nos manda defender la fe: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Contender por ella: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 1:3). Pero ¿Cómo podríamos defender lo que no conocemos? La Biblia nos guarda del error, nos dice cómo es Dios. Tener una impresión equivocada de Dios es adorar un “ídolo” o “dios falso”. Estamos adorando algo que ¡No es Él! Y si adoramos algo diferente al Dios y al Jesús de la Biblia ¡Estamos condenados!
  5. Se nos manda dedicar nuestra vida al estudio de la Palabra porque la Biblia nos equipa para servirle a Dios (2 Timoteo 3:17; Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Nos ayuda a saber cómo podemos ser salvos de nuestros pecados y sus últimas consecuencias (2 Timoteo 3:15). Al meditar en ella y obedecer sus enseñanzas, nos llevará a una vida victoriosa (Josué 1:8; Santiago 1:25). La Palabra de Dios nos ayuda a ver el pecado en nuestra vida y nos ayuda a deshacernos de él (Salmos 119:9,11). Será una guía en la vida, haciéndonos más sabios (Salmo 32:8; 119:9,11; Proverbios 1:6). La Biblia nos libra de perder años de nuestra vida en aquello que no dura ni tampoco importa (Mateo 7:24-27).

La Biblia es un libro que no es sólo para leerse. Es un libro para estudiarse, a fin de poder ser aplicado. De otra manera, es como tragarse el bocado de comida sin masticarlo y después escupirlo de nuevo, sin ningún valor nutricional aprovechado. La Biblia es la Palabra de Dios. Como tal, es tan necesaria como las leyes de la naturaleza. No podemos ignorarla, pero lo hacemos para nuestro propio mal. No puede ser lo suficientemente enfatizada la importancia que tiene la Biblia en nuestras vidas. El estudiar la Biblia puede compararse al extraer oro de una mina. Si hacemos un pequeño esfuerzo y sólo escarbamos superficialmente, sólo encontraremos un poco de polvo de oro. Pero si nos esforzamos en realmente “excavar en ella”, la recompensa será de acuerdo a nuestro gran esfuerzo. ¡Vale la pena estudiar teología! ¡Vale la pena consagrarnos al estudio bíblico! Esto jamás sería pecado o “letra muerta”, sino vida para el alma y, por si fuera poco, un mandato.

 

CONCLUSIÓN.

Cuando nos enfrentamos a algún texto difícil en las Escrituras, lo mejor que podemos hacer es mirar el contexto, tanto el inmediato como el más amplio. Es importante tener un panorama robusto y completo de toda la Palabra, para interpretar la Biblia con la Biblia misma. Así no caeremos en condenación, sino que seremos, como Pablo, ministros y proclamadores del nuevo pacto que trae vida.